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  • Presa de mi morbo me follé al mejor amigo de mi hijo

    Presa de mi morbo me follé al mejor amigo de mi hijo

    Viernes, 13 de diciembre de 2002; 09:30 horas de la mañana. Mi marido ya se había marchado a trabajar, como de costumbre. Mi hijo Oscar también había salido camino de la universidad, aunque los viernes termina las clases a las 14:30 horas. Yo estaba sentada frente a la mesa de la cocina removiendo el humeante café con leche del desayuno, en bata y con los pelos alborotados de la cama. Después confeccioné la lista de la compra mientras me fumaba el primer cigarrillo del día. Me duché, me arreglé, me vestí informalmente y salí al mercado.

    Cuando regresé a casa con la compra serían las 13:30 horas del mediodía. Subí en el ascensor hasta la octava planta, donde se encuentra mi domicilio. Al salir de la cabina del ascensor, en el rellano de la escalera, me encontré con un chico de la edad de mi hijo, que parecía esperar a alguien. Cuando me vio introducir la llave en la cerradura de la puerta de mi piso, se dirigió a mí preguntándome si allí vivía Oscar. Yo le respondí que era mi hijo. Entonces se presentó educadamente, me dijo que se llamaba Eduardo, y me contó que era amigo de Oscar y que habían quedado para comer juntos ese día.

    Entonces le expliqué que su amigo estaba en la facultad y que no vendría hasta las 14:45 horas aproximadamente. El chico, algo contrariado, me dijo que pensaba que Oscar no tenía clases los viernes. Como apenas quedaba una hora y cuarto para que mi hijo regresara, le invité a que le esperara en casa tomando una Coca-Cola. Tras un ligero titubeo Eduardo aceptó mi invitación.

    Abrí la puerta de la casa, le acompañé hasta el salón y le serví una Coca-Cola y unas patatas fritas. Luego me disculpé para ir a ponerme ropa más cómoda mientras él se tomaba aquel aperitivo. Sin caer en la cuenta de que Eduardo, a pesar de su juventud, era ya un hombre, me vestí como habitualmente suelo estar en casa, es decir, me quité la ropa y me enfundé una bata ajustada sobre las prendas interiores. Después me recogí el pelo en una coleta y me lavé la cara para quitarme el maquillaje.

    Nuevamente entré en el salón y me volví a disculpar, ya que tenía que preparar cosas de la casa. Eduardo con una sonrisa encantadora me dijo que no me preocupara por él, que esperaría allí a Oscar sin molestarme. Le agradecí sus palabras y me dirigí a la cocina para fregar los cacharros del desayuno. Mientras fregaba repasé mentalmente el aspecto de aquel chico. Era moreno, con el pelo muy corto por los laterales y terminando en una especie de cresta engominada en su parte superior, como lo solían llevar los chicos jóvenes del barrio. Tenía los ojos marrones, casi negros, bastante bonitos por cierto.

    En el lóbulo de su oreja derecha lucía un pendiente consistente en un pequeño aro plateado. Era bastante alto y muy delgado. Vestía un pantalón vaquero ajustado bastante raído, una camiseta negra, calcetines blancos y deportivas negras. Como se había remangado la camiseta, pude observar que llevaba tatuado el dibujo de una sirena en su antebrazo izquierdo. En definitiva, Eduardo no era muy distinto a cualquier chico del barrio de su edad, incluyendo a mi hijo Oscar.

    Después de fregar los cacharros me dispuse a hacer el cuarto de baño. Me encontraba agachada sobre la bañera cuando de pronto vi el reflejo de Eduardo en el espejo. El corazón me dio un vuelco ocasionado por la visión inesperada del chaval. Él se disculpó amablemente, argumentando que tenía muchas ganas de orinar. Yo asentí con la cabeza y me dispuse a recoger el bote de lejía para salir y dejarle el baño libre, pero Eduardo, sin esperar a que lo hiciera, se bajó la cremallera de su bragueta, se sacó el pene y comenzó a mear como si nada.

    Turbada por la situación no me atreví a moverme del sitio, ya que para abandonar el cuarto de baño tenía que pasar por detrás de Eduardo a escasos centímetros. Entonces, sin querer, los ojos se me fueron hacia el pene del muchacho. Lo tenía bastante largo y gordo pese a su estado de flacidez. También pude observar que su glande se mostraba totalmente descapullado. Cuando retiré los ojos de su miembro me percaté de que Eduardo se había dado cuenta de que le estaba mirando el pene, y me sonrió pícaramente, a lo que yo respondí poniéndome colorada como un tomate.

    Cuando el chaval terminó de mear, se la sacudió varias veces y en lugar de guardársela en su bragueta, se la dejó fuera colgando. Luego, mirándome a los ojos directamente, me preguntó que si quería probar su polla. Aquellas palabras hicieron que un hormigueo, mezcla de miedo, vergüenza y excitación, recorriera todo mi cuerpo. Me quedé varios segundos sin reaccionar, mirándole a la cara, pero sin verle. Luego un desconocido y brutal impulso provocó que me arrodillara frente a Eduardo y metiera aquel trozo blando de carne en mi boca, sin mediar palabra alguna.

    En un tiempo récord el pene del muchacho se puso duro como una piedra. Si ya me había parecido grande antes, ahora era descomunal. Debía medir más de veinte centímetros y su capullo se veía terso e hinchado como un globo. No sé ni como, ni porqué, pero el caso es que se la estaba chupando sin parar.

    Al rato, Eduardo me cogió por los hombros para que me incorporara del suelo. Al hacerlo la polla del chaval se salió de mi boca acompañada de un borbotón de mi propia saliva. Cuando finalmente me puse de pie, me agarró la cara con ambas manos y comenzó a besarme en la boca con habilidad. Su lengua exploraba mis encías como una serpiente nerviosa y sus labios acariciaban suavemente los míos. Luego, sin dejar de besarme, me abrió la bata, me desabrochó el sujetador y comenzó a acariciar mis tetas.

    Irrefrenablemente mis pezones se pusieron duros como pitones. Después comenzó a lamerme los pechos y a mordisquear mis pezones. Yo me estaba derritiendo de placer. Una de sus manos, abandonó mis tetas y fue resbalando por mi tripita. Hábilmente la introdujo bajo mis bragas y comenzó a acariciar mi ya húmedo coño. Presa de la excitación le agarré la polla y empecé a masturbarle lentamente.

    Eduardo se sentó sobre la tapa del wáter, me quitó las bragas y la bata, me cogió por ambas manos y me condujo hasta colocarme a horcajadas sobre él. Con una de sus manos apuntó su rabo entre mis labios vaginales hasta introducirme el glande. Luego me fue sentando lentamente hasta que sus huevos hicieron tope en mis nalgas. Parecía mentira que mi vagina pudiera engullir su descomunal miembro, pero lo cierto es que sin el más mínimo dolor me la había metido entera.

    Comenzó a estrujarme las tetas y a retorcerme con delicadeza los pezones al mismo tiempo que me besaba en la boca con su particular destreza. Yo por mi parte apoyé los pies en el suelo, me sujeté con fuerza en sus brazos y comencé a cabalgarle. En cada movimiento de ascensión su glande se salía casi por completo de mi vagina, mientras que cuando procedía al descenso se me clavaba profundamente. Aquel bombeo extraordinario, aderezado con sus besos de tornillo y su masaje en mis tetas provocó lo inevitable: Un orgasmo como hacía tiempo que no había gozado.

    Mi cuerpo se retorcía de placer con aquel pilar de hormigón trepanándome el coño. Su lengua ahora recorría mis pezones y sus dedos masajeaban mi clítoris al mismo tiempo. Notaba como mi vagina cada vez se abría más y más. Ni que decir tiene que el segundo orgasmo no se hizo esperar. Fue de mayor intensidad que el primero, aunque un poco más corto. Nuestros cuerpos estaban cubiertos de sudor y nuestras lenguas se entrelazaban frenéticamente intercambiando saliva.

    Cuando Eduardo se aseguró que mi segundo orgasmo había finalizado me retiró de encima de él, se levantó del wáter, se quitó toda la ropa excepto los calcetines blancos y, cogiéndome de la mano me pidió que le llevara al dormitorio. Yo obedecí ebria de excitación y lo conduje hasta la cama. Me colocó a cuatro patas sobre la cama. Él se situó, de rodillas, por detrás de mí. Me abrió las nalgas con sus manos y me la metió en el coño sin siquiera apuntarla antes. Y es que la tenía tan dura que ella sola se abría paso entre mis piernas.

    Luego me agarró por las tetas y comenzó a follarme a un ritmo frenético. En menos de dos minutos encadené tres orgasmos seguidos que me hicieron gritar de placer. Yo tenía el chocho tan mojado y dilatado que su polla entraba y salía a una velocidad endiablada.

    Minutos más tarde Eduardo volvió a sacármela, cerciorándose antes de ello de que había terminado de correrme. Me tumbó sobre la cama, boca arriba, y recostándose entre mis piernas comenzó a comerme el coño.

    Su lengua me recorría la vagina por completo. En cada pasada comenzaba por el clítoris y terminaba prácticamente en mi ano. Luego movía la punta de su lengua dibujando círculos sobre mi clítoris. Aquello me hizo ver el firmamento. Mi cuerpo rebotaba sobre la cama en espasmos de placer mientras que de mi garganta salían sollozos cada vez más fuertes, hasta el punto de temer que los vecinos me oyeran.

    Su lengua seguía su recorrido incansable provocando que mi coño segregara una gran cantidad de flujo. Pero eso no parecía importarle ya que incluso me succionaba de vez en cuando el coño con sus labios para tragárselo todo. Decía que no había sabor más exquisito que el flujo de una hembra en celo.

    El reloj de la mesilla indicaba las 14:30 horas. Oscar estaba a punto de llegar y no podía permitir que fuera espectador de aquella singular orgía, así que puse en antecedentes a Eduardo para que fuera terminando. El muchacho dejó de lamerme el coño, se recostó encima de mi cuerpo y me la volvió a clavar. Luego empezó a follarme otra vez mientras volvía a chuparme las tetas. El chaval jodía como los ángeles. En cada embestida parecía que su polla se me iba a salir por la boca. Entonces empezó a venirme un nuevo orgasmo.

    Eduardo se percató de ello y aumento su velocidad al máximo, al tiempo que su lengua penetraba en mi boca hasta casi rozarme la campanilla. Aquel orgasmo fue tan brutal, intenso y prolongado, que estuve a punto de desvanecerme de placer. Cuando mi último orgasmo concluyó, el muchacho me la sacó del chocho y, avanzando en cuclillas hasta mi cara, me la metió en la boca y eyaculó como un toro de lidia.

    Interminables borbotones de leche condensada me inundaban la garganta al mismo tiempo que Eduardo se retorcía de placer. Su glande seguía vomitando semen sin parar, por lo que no tuve más remedio que ir tragándomelo todo. Luego sus chorros comenzaron a perder fuerza y volumen, pero, aun así, yo seguía tragando y tragando. Cuando finalmente vació sus huevos en mi estómago le limpié con mi lengua los restos de lefa que le colgaban del capullo.

    Antes de levantarse de encima de mí, me dijo que nunca una mujer se había tragado su semen y que le había vuelto loco de placer. Yo le dije que, confesión por confesión, jamás ningún tío me había follado como él. Nos besamos durante unos segundos más y luego nos vestimos y nos sentamos en el salón, fumando un cigarrillo, mientras llegaba Oscar.

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  • Un día caluroso con mi prima y sus amigas

    Un día caluroso con mi prima y sus amigas

    Empezaré por describirme tengo el pelo negro, ojos marrones-verdosos, mido 1,91 m y tengo una compleción normal, ni gordo ni flaco y siempre he tenido bastante éxito con las mujeres y también indicar que soy del sur de España.

    Esto que les voy a contar sucedió haces unos años mientras estaba estudiando en la universidad, yo tenía 20 años. Tengo una prima que se llama Marta, la cual es mayor que yo unos 10 años (al igual que sus amigas), por aquellos entonces estaba casada y tenía un hijo. Ella es castaña ojos negros, cuerpo atlético por el gym, un par de tetas que quitan el sentido y un culo perfecto, vamos que es un pibón.

    Pues bien, ella vive en una casa en el campo con jardín, piscina, etc., y cada vez que tenía un problema en el ordenador me llama para que lo resolviera. Un día me llama diciéndome que le salía una alerta diciendo que tenía 5 o 6 virus y no podía acceder a internet, que si podía arreglárselo, a lo cual yo como es natural le dije que si, que iría el viernes por la tarde después de comer.

    Llego el viernes y estaba con una amiga suya, Mirian (rubia, ojos verdes, un poco jamoncilla, un par de tetas de infarto, esta buenísima), con esta amiga de mi prima siempre me he llevado muy bien y tengo mucha confianza con ella, al igual que con mi prima, les di dos besos a las dos y me dirigí al ordenador, cuando estaba viendo que ocurría al ordenador entran las dos en bikini (que me quedé alucinado, cosa que debieron notar) y me dicen:

    Marta: ¿Cómo estamos con nuestros nuevos bikinis?

    Yo: Genial, estáis guapísimas

    Miriam: son nuevos, estábamos deseando que llegaras para que nos dijeras como nos quedaban, pero por la cara que pones, veo que te han gustado bastante.

    Yo: (bastante cortado) la verdad es que estáis muy sexys con ellos, y por el corte me volví para el ordenador.

    Marta: Cuando termines vente, para la piscina que hace mucho calor aquí.

    Yo: no he traído bañador

    Marta: no te preocupes ponte uno de Juan (su marido) se ha ido con mi hijo todo el fin de semana a el pueblo con sus padres y n le hará falta.

    Yo seguí con el ordenador y con un calentón que no se me quitaba de la cabeza después de lo que acababa de ver. En 15 minutos estaba todo resuelto, era muy fácil, cogí el bañador que mi prima me había dejado y me dirigí a la piscina donde estaban las dos.

    Al llegar mi prima Marta estaba tumbada boja abajo en una hamaca y me fijé que tenía la parte del bikini desabrochada para no dejar marcas, pero no le di importancia, y Mirian estaba bañándose en la otra parte de las piscina, apoyada en el borde y solo se le veía la cabeza, por lo que no podía ver su atractivo cuerpo. Las salude, y me tire a la piscina para quitarme el calor y la calentura que tenía, hice un par de largos y me puse en el borde a hablar con mi prima.

    Yo: Marta ya tienes el ordenar ok, era sencillo quitar los problemillas que tenías. En esto Marta con toda naturalidad se incorpora y me dejar ver sus tetas, con toda naturalidad.

    Marta: muchísimas gracias primito, que haría yo sin ti.

    Yo me quede con la boca abierta y ella lo noto. Mi prima tenía las tetas grandes y se veían duras con unos pezones de tamaño medio y que apuntaban al cielo, Miriam tenía las tetas un poco caídas y con unos pezones que parecían galletas María, para mi gusto las dos tenían las tetas perfectas

    Miriam llego por detrás y se agarró a mí, poniendo sus brazo en mi cuello y cruz sus piernas por delante mía, yo estaba que iba a estaba, no sé cómo el agua no hervía de lo caliente que me estaba poniendo, podía notar perfectamente las tetazas de Mirian en mi espalda.

    Marta: Espero que no te importe que estemos en topless no queremos que nos queden marcas, y como tenemos confianza contigo hemos pensado que no te importaría.

    Miriam tenía sus pies encima de mi polla, que estaba a punto de reventar por la situación, y la muy zorra no paraba de moverlos y dijo…

    Mirian: Creo que por lo que estoy notando aquí abajo si que le importa y mucho y las dos empezaron a reírse.

    Mirian salió de las piscina y me dijo que me saliera con ellas, pero yo les dije que no, que todavía quería un poco más de agua.

    Miriam: mentirosooo, lo que te da vergüenza es salir del agua porque estas empalmado (y era la verdad, eso me ocurría) que no nos vamos a asustaaar, y se volvieron a reír las dos.

    Yo todavía cortado por la situación y con una erección brutal me Sali de la piscina y me tumbe en la hamaca que me habían dejado libre, entre las dos.

    Marta: joder Miriam, si que tenías razón, va a reventar el bañador ,que bulto tiene.

    Miriam: Felipe ¿por qué estas así? ¿Es por qué estamos en topless? Dio esto tocándose ambas tetas con las manos y moviéndolas.

    Yo no respondí, a todo esto Miriam me pide que le ponga bronceador y claro no iba a negarme, se puse de espaldas y yo empecé a aplicárselo, a todo esto suena el timbre de las casa y mi prima va abrir la puerta.

    Miriam: Con lo que tienes ahí encerrado debes tener a tus amigas muy contentas, ¿no?

    Yo: a ver, hacemos lo que podemos.

    Miriam: la verdad es que se podrían hacer muchas cosas (con cara de perra en celo).

    Yo estaba flipando, masajeando las tetas de una de mis musas, no me lo creía, ella estaba con los ojos cerrados y emitió un pequeño gemido, creo que lo estaba disfrutando igual que yo.

    A todo esto aparece mi prima con otra amiga suya, Sora (morena delgadita y con unas tetas pequeñitas pero muy bonitas). Nos saludan y Sora va a cambiarse. Cual es mi sorpresa cuando también viene en topless y dice:

    Sora: Espero que no os importe, como estabais las dos en topless también me he puesto yo.

    Miriam: a nosotras no, pero a Felipe igual si, ¿te importa Felipito?

    Yo: No, para nada.

    Miriam se vuelve para que siga poniéndole el bronceador y me dice, por favor ponme mucho bronceador en los pechos, que el año pasado se me quemaron y me dolían mucho, me coge las manos y me las pone sobre sus tetazas.

    Miriam: Sora mira si le importa que estemos las tres en topless (dice esto y me coge la polla por encima del bañador).

    Sora: Joder Miriam y al pobre muchacho le está obligando a magrearte las tetas, normal que este así.

    Miriam: Perdona Felipe te duelen estos huevos (me los coge).

    Yo: La verdad que empiezan a dolerme.

    Dicho esto, me baja el bañador de un tirón me coge la polla y me pregunta: ¿quieres que te ayude? No puede responder, empezó a masturbarme ahí mismo.

    Marta: Joder Miriam que bruta eres, además así vas a tardar mucho, deja que te ayude.

    Aparta a Miriam y empieza a mamarme la polla como una loca.

    Marta: Joder primito que polla más rica tienes, ¿te gusta cómo te la chupo? A mi me está encantando y me estoy poniendo muy cachonda.

    Sora: Marta, si esta tan rica déjamela a mí un poco, estoy deseando probar ese rabo. (empieza a chupármela), Marta sí que es verdad está muy rica, esto hay que aprovecharlo, esta durísima.

    Miriam: yo soy la que tengo que aprovecharlo, yo he empezado y quiero esa leche en mi boca, así que aparta ya que yo todavía no la he catado.

    Dicho esto Miriam empezó a mamármela como un bebe hambriento, mientras yo le comía las tetas a Sora, estaba a punto de reventar.

    Yo: Miriam no te pares estoy a punto, diooos me estas matando con esa boca de zorra que tienes . Ella solo me miraba y no dejaba de chupar.

    Miriam: Quiero tu leche, dámela, seré tu zorra, pero dámela ya quiero saborearla.

    Yo: Me corrooo…

    Miriam no paraba de chupar y mamar mi leche, no quería dejar una gota, sora gemía por la mamada de tetas que le estaba haciendo y refregaba su coño bajo el bikini contra mi pierna.

    Miriam estaba saboreando mi leche cuando de repente Sora le dice:

    Sora: déjame saborearla a mí también, necesito tener ese sabor en mi boca. Y empezó a comerle la boca a Miriam.

    La verdad es que yo estaba en el paraíso, tres tías buenísimas en topless delante de mí y peleándose por comerme la polla, yo estaba que no me lo creía.

    Marta: ¿primito te ha gustado?

    Yo: joder me ha encantado, nunca me lo habría imaginado, se ha cumplido el sueño de mi vida.

    Marta: Cuéntame tus sueños (tocándome la polla todavía semidura). ¿has soñado alguna vez conmigo?

    Yo: si, muchas veces

    Marta: ¿te pajeas pensando en mí? Yo me he tocado pensando en comerte la polla muchas veces.

    Yo: sí, he soñado muchas veces en que te follaba hasta reventar, y me la he cascado mil veces pensando en ti y en lo buena que estas (a mí ya se me había quitado el corte).

    Marta: (se quita el bikini) pues se acabó eso de cascártela pensando en mí, a partir de ahora me follas y ve empezando por comerme el coño.

    Empecé a comerle el coño coger que rico estaba, metía mi lengua, le lamia el clítoris, le metía los dedos, ella gemía del gusto. Mientras las otras dos empiezan a tocarme todo el cuerpo, sora empieza otra vez a comerme la polla y Miriam me dice al oído:

    Miriam: te voy a hacer algo que no olvidas.

    Se chupa el dedo y empieza a acariciarme el ano, yo ya no podía parar estaba que no podía recoger tanta información, yo comiendo el coño a mi prima, sora comiéndome la polla y Mirian me estaba metiendo el dedo por el ano, parecía un hombre orquesta, pero en plan porno.

    Marta: primito como ves somos tres amigas muy diferentes, pero tenemos cosas en común, las tres somos unas zorras calientes y las tres llevamos años queriendo que nos folles, porque está buenísimo cabrón, pero yo he puesto una condición.

    Yo: ¿cuál prima?

    Marta: Yo voy a ser a la primera de las tres que te folles, cada una de las tres tiene un deseo y ese es el mío, ellas tienen otro que ya te irán contando. Así que como ya te he dicho antes fóllame, y fóllame ya que me tienes chorreando con esa comida de coño que me has hecho.

    Pues dicho y hecho, me puse encima de mi prima y empecé a darle con todo lo duro, joder que placer, mi prima me decía, más fuerte cabrón que llevo mucho tiempo esperando esto y no quiero que pares dame duro, yo la penetraba como un loco sin parar. Se puso encima mía y empezó a cabalgarme, mientras tanto Sora me puso el coño en mi boca para que se lo comiese y Sora se lo comía a Miriam (a esto lo llamo yo el trenecito de la muerte). Mi prima saltaba me galopaba y gemía como una perra.

    Marta: Cabrón no te corras todavía que no puedo parar de sentirte dentro de mi, que dura la tienes, me vas a desgarrar, aaah joder que me voy a correr ya, no pares, aguanta, aaaah.

    Y callo sobre mi exhausta, joder primo que bien follas y que calladito te lo tenías. Yo no me había corrido todavía y a ver que mi polla estaba mirando al cielo mientras le comía el coño a Sora, Mirian vino hacia mí y me dijo:

    Miriam: Felipe, ahora quiero yo mi deseo. ¿te has follado alguna vez alguna mujer por el culo? ¿Te gustaría romperme el culo?

    Yo: Miriam, nunca lo he hecho, siempre lo he deseado, pero todas con las que he estado han sido muy reticentes al sexo anal, pero me encantaría que tu fueras la primera, quiero partirte el culo hasta ver sangre.

    Esta última frase la puso a 100, me cogió la polla, la unto con aceite bronceadora, se puso en el culo, y se sentó en mi polla, poco a poco se la estaba metiendo, costaba bastante que entrara, lo que me producía muchísimo placer, sentía como que me estaban arrancando la piel de la polla, pero n me importaba. Por fin entro, ella tenía los ojos cerrados y de repente se paró como 10 segundos y me dijo:

    Miriam: ya la siento toda en mi culo, esta durísima, nunca había tenido una polla tan buena, gorda y dura aquí dentro, espera un poco a que me acostumbre para que no me duela.

    De repente empezó a subir y bajar de mi polla, y fue aumentando el ritmo, gemía como loca

    Miriam: Felipeee como te siento dentro, me siento llena, aaaah, parece que me vas a abrir en canal, siii, estoy a punto de correrme cabronazo.

    La cogí la puse a 4 patas y empecé a taladrarle el culo con mucha fuerza, a ella se le saltaban las lágrimas, no sé si por dolor o placer, creo que por las dos cosas a la vez, empezó a gritar como un cerdo en una matanza, Marta le comía el coño mientras la taladraba y se corrió como nunca había visto correrse a nadie, de su coño salió un caño de flujo viscoso que caía por mis piernas, yo estaba alucinando.

    Yo: no puedo más estoy que me corro otra vez, no sé si puedo aguantar más.

    Marta: tienes que cumplir mi deseo, quiero que me folles otra vez el coño y te corras dentro de mí.

    Se colocó a 4 patas delante mía y empecé con un ritmo muy fuerte para inundarle ese coño tan rico que tenía, hasta que me corrí, tampoco había visto salir tanto semen de mi polla nunca, y más después de haberme corrido una vez antes, fue increíble.

    Sora: ¿cómo estas cielo? (me decía dándome besos mientras estaba tumbado en la hamaca relajándome). Cada día que pasa estas más bueno, nos tienes a las tres locas, ellas ya han tenido lo suyo, pero todavía no te he dicho mi deseo, ahora descansa que luego te lo dire.

    Nos bañamos en la piscina los cuatro y después echamos una siesta los cuatro desnudos junto a la piscina, como a la hora de dormirnos me desperté sora me estaba mamando la polla.

    Sora: Vamos despertad, que ya habéis descansado bastante, ahora me toca a mí pedir mi deseo. Quiero hacer algo que seguro le encantara y no creo que lo haya hecho antes (saco un arnés del bolso, la muy puta ya venía preparada) quiero follármelo yo por el culo mientras vosotras dos le coméis la polla, pero cuando se vaya a correr debéis darme el relevo, para que derrame toda su leche sobre mi lengua.

    Miriam: yo te relevare.

    Yo estaba a 4 patas, Sora empezó a chuparme el culo, yo le comía las tetas a Miriam que estaba debajo de mí y mi prima le ponía el arnés a sora. Sora empezó a meterme su polla de goma por el culo, me dolía bastante, pero no me queje, me incorpore un poco y empezaron marta y Miriam a chuparme los huevos y la polla, me estaba empezando a gustar, aunque todavía me dolía un poco, a los pocos segundos me encanto, era increíble nunca había sentido nada igual era fascinante, en menos de 10 minutos estaba a punto de correrme y así lo indique.

    Sora empezó a mamarme la polla, Miriam empezó a meter sus dedos en mi culo y yo mientras le comía las tetas a mi prima. Me corrí, no sé cómo todavía salía algo de leche, Sora no paraba de mamar me la estaba dejando reluciente.

    Sora: joder niño, esa leche es adictiva, deberías envasarla y venderla,

    Jajaja, todos no reímos.

    Mi prima de repente desapareció, y volvió a los 5 minutos con unas copas de champan y una botella.

    Marta: vamos a brindar. ¿Sabes por qué Felipin?

    Yo: ¿por la follada que no hemos pegado, no?

    Marta: No, por eso no, acabo de hablar con tu madre y le he pedido un favor, como mi marido y el niño se han ido al pueblo, le he dicho que me daba un poco de miedo quedarme sola aquí en el campo, que si podías quedarte todo el fin de semana, a lo que ella me a respondido que sí, que si tu no tenías problema que te quedaras, y le he dicho que te preguntaría, pero imagino que te querrás quedas, ¿no?

    Yo: Madre mía, claro que si, esto es un sueño hecho realidad.

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  • Con mi madre en la boda de mi hermana

    Con mi madre en la boda de mi hermana

    Luego de meses de preparación mi hermana se casaría. La boda se realizó en otra ciudad, donde radica su flamante esposo y próximamente ella. No tenía muchas amistades por su carácter recatado y tímido.

    Mi madre estaba efusiva, pero a la vez triste porque sin ella viviría sola. Aún usaba su anillo de casada a pesar de que mi padre había muerto hace años.

    Llevaba un vestido esmeralda largo ajustado un tanto recatado que resaltaba sus caderas anchas, pero el escote no podía disimular el par de tetas que tenía, un tanto caídas a sus 50 años, pero bien llevados. Me senté a su lado tratando de que se sintiera mejor, la saqué a bailar muchas veces demostrando mucha destreza y alegría. Todos los invitados estaban felices y muchos querían brindar con ella, por lo que se le subieron las copas y empezó a cogerme del trasero en algunas ocasiones y hasta me dio un beso en los labios repitiéndome muchas veces lo mucho que me quería.

    Luego de la fiesta la acompañé a su habitación, durante el camino me cogió del brazo para no caerse y de vez en cuando me agarraba de una nalga. Cuando la dejé en su habitación me dijo: “¿Y si te quedas conmigo?” Se veía hermosa su cabello largo negro caía hasta la altura de su culo, no pude evitar besar su hombro y cuello a lo que ella respondió con un soplido.

    “¡No! ¡Estoy vieja!” –dijo. “Te ves hermosa” respondí, mientras continuaba besando su cuerpo, por diferentes partes, le bajé la cremallera del vestido el cual se deslizó por el suelo. Ella respondía con gemidos las caricias que le propinaba. Jugué un rato con sus tetas y chocho por encima de su ropa interior hasta que se las quité. Estaba completamente desnuda. La visión era hermosa y perfecta. Su estatura pequeña resaltaba sus caderas anchas, su coño peludo negro combinaba con su cabello largo que caía por sus hombros contrastando con su piel clara y pezones erectos de color rosado. “Te ves hermosa” le dije mientras le mostraba su cuerpo en el espejo de su habitación.

    Luego la llevé a la cama, la puse de perrito y besé sus labios vaginales que ya soltaba grandes cantidades de jugos. Mientras mi madre me apretaba la mano de forma cariñosa y gemía de forma tierna. Le dije que se tumbara sobre la cama y me quitase los pantalones.

    Cuando me los baje, mi falo salió como un resorte a lo que ella sonrió pícaramente.

    —Se lo que sientes, y aunque al principio me chocó debo reconocer que me excita un montón y quiero que me eches el mejor polvo de tu vida.

    Se subió a horcajadas sobre mí y tomando mi pene se lo introdujo lentamente en la vagina, húmeda y estrecha.

    —Ahhh. Gemimos los dos mientras nuestros ojos se clavaban en las pupilas del otro.

    —Oh mamá que gusto.

    —¡Cállate, hijo y fóllame! Empezó a moverse poco a poco y en un instante estaba cabalgando sobre mí como una fiera, la sensación era indescriptible.

    En pocos minutos noté que estaba a punto de correrme y así se lo dije a mi madre, quien me respondió

    —¡Oh sí, córrete hijo!, ¡hazlo dentro de mi coño! ¡Ooohh! ¡Qué gusto! ¡aguanta un poco más que yo también estoy por correrme!

    —Aaahhh. Grité cuando lancé tres chorros de semen que golpeaban contra las paredes de la vagina que me vio nacer.

    Los dos caímos agotados entre arrumacos y besos. Le confesé todo el amor que sentía y ella me dijo que me amaba.

    Durante mucho tiempo continuamos con nuestros escarceos, enseñándome mi madre todo lo que se sobre el sexo

    —De haberte aceptado antes creo hubiese sido la mujer más feliz del mundo. Soy muy afortunada.

    A la mañana siguiente no salimos del hotel, mi madre empezó a investigar nuevas formas de placer, ya no era la mujer mojigata y recatada de antes. Es feliz. Saliendo de la ducha me agarró la polla con su mano derecha, la cabeza de mi madre subía y bajaba recorriendo todo mi falo. Su caliente saliva ayudaba a facilitar el deslizamiento. Mi madre solo respondió con gemidos y acelerando el ritmo de su mamada.

    Con la otra mano me agarraba los huevos. Lo más increíble era que mi madre parecía estar disfrutando casi más que yo. Cuando ya parecía que aquello no podía mejorar mi madre separó su boca de mi verga. Me miró a los ojos sonriendo, su mirada brillaba de alegría. Mi polla, reluciente cubierta de saliva, apuntaba hacía ella más dura que nunca.

    —¿Te está gustando mi niño? —Preguntó ella, aunque la respuesta era obvia— Pero parece que ahora te está costando correrte más que antes… a ver, vamos a probar con esto.

    Entonces se quitó la toalla y por primera vez pude ver a mi madre totalmente desnuda. Ahí de rodillas en el suelo frente mi, contemplé sus preciosas tetas paraditas y su rico y peludo coño. El tono rosado de su raja se distinguía claramente entre la mata de pelo negro. Sin duda estaba tan excitada como yo. Se acercó un poco más a mí, agarró mi polla y se la puso suavemente entre sus tetas. Empezó a masturbarme haciéndome una deliciosa cubana que solo había visto hacer en películas porno. Mi polla se deslizaba fácilmente gracias a la saliva y el líquido pre seminal que la cubría.

    —¿A qué te gustan las tetas de mami? ¿A que sí? —Dijo mientras aceleraba el movimiento— Pues ahora las vas a probar…

    No me lo creí cuando se levantó y acercó sus melones a mi cara. Casi por instinto, los agarré con la mano y empecé a chupar sus pezones mientras ella me apretujaba la cabeza contra ella.

    —Mmmm siii… chúpale las tetas a mamá… me gusta…

    Noté como su mano acariciaba suavemente mi polla y parecía querer acercarla hacia ella. Me separé de sus tetas y me fijé en que parecía que mi madre quería meter mi pene en su coño.

    Sin rechistar más, fue pasando la punta del glande por su rajita húmeda. Sus pelos me hacían cosquillas. Ella gemía suavemente. Lentamente fue introduciendo mi polla hasta que se acomodó dentro de su vagina. Luego empezó un lento movimiento de su culo. Mi madre me estaba follando sentada encima de mí. Me abrazaba y gemía a mi oído. Me besó suavemente en la mejilla. Mi madre cogió mis manos y las puso en su culo. Agarré fuerte de sus nalgas y acompañando sus movimientos le clavaba la polla lo más hondo que podía dentro de su coño.

    —¡Mmmm!… ¡así muy bien hijo!… ¡qué rico!… ¡Estás aguantando como un machote…!

    Me dio un ligero pico en los labios y se levantó. Pero aquello no había acabado, se dio la vuelta y me ofreció su precioso culo. Con la mano me ayudó a volver a meter la polla dentro. Apoyándose con los brazos en la mesa movía su culo follándome mientras yo seguía sentado en la silla.

    Aquello era increíble. Su generoso culo moviéndose encima de mi polla. Sus gemidos, cada vez más fuertes, me volvían locos. Yo la agarraba por las caderas e intentaba clavar mi polla con fuerza pero en aquella postura era difícil moverse. Decidí levantarme y reclinar a mi madre un poco más encima de mi mesa. Mi madre aceptó un poco sorprendida y así, en esa postura, empecé a bombear lo más fuerte que pude.

    —¡Ooooh siii! ¡Dame así bebé!… ¡siií, que rico!…—Gemía ella desesperada mientras que yo, como poseído, la follaba sin parar.

    Como podía, mi madre se agarraba de la mesa.

    Me agarró el pene y me dio un beso en la boca, metiéndome la lengua. —Ven, vamos a la cama —y sin soltarme la polla me guio hasta allá. Se tumbó con las piernas abiertas ofreciéndome su coño mojado y abierto. Yo me puse encima suyo y sin esperar un segundo se la metí y empecé a follármela. Sabía que iba a aguantar poco tiempo más antes de correrme.

    —¡¡Ooh siii… follame mi niño, ¡follame!! ¡Follame, hijo! ¡¡Lo necesitooo!! —gritó desesperada.

    Los pechos de mi madre se movían al ritmo de mi follada, ella estaba gozando como una loca. Ya casi estaba a punto de correrme, empecé a sentir la presión del semen subiendo por mis huevos.

    —No puedo más mamá… me voy a correr ya…

    —No te corras dentro, ¡sácala!

    Rápidamente saqué la polla, le di un par de sacudidas y un gran chorro de semen salió escupido con fuerza. Tanta que llegó hasta la cara de mi madre. Los siguientes chorros fueron saliendo con igual de energía cayendo por todo su cuerpo mientras yo gemía de gusto. Mi madre también gimió al sentir la lefa caliente en su cuerpo.

    Acto seguido caí rendido al lado de mi madre. Ella se reía por como la había dejado. No me fijé mucho, pero debía ser algo digno de ver. Mi madre completamente cubierta por la leche de su propio hijo. Se estiró hasta alcanzar la toalla que estaba en el suelo y se limpió un poco.

    —Vaya corrida, bebé… más que la primera vez —Dijo mientras se tumbaba a mi lado y me cogía del brazo.— ¿Te ha gustado, verdad?

    Yo asentí con la cabeza y entonces nos besamos. Estuvimos morreándonos un buen rato, los dos desnudos en la cama. Pasados unos minutos mi madre se levantó, haciéndome volver a la realidad.

    Volvimos a casa, me mudé junto a mi madre manteniendo una relación de esposos. Mi madre se quitó el anillo que siempre usaba para convertirse en mi mujer, exploramos nuestros cuerpos conociendo cada rincón, los puntos G de cada uno. A mi mamá le gusta que acabe en su cara untándose todo el semen como crema facial. Creo que funciona porque su piel se mantiene elástica y aparenta de menos edad. Algunos de sus cabellos se han vuelto canos, por lo que se lo cortó hasta la altura del hombro, por lo que puedo besar su cuello cuando quiera.

    Han pasado 12 años, ahora tengo 35 y mi madre 62. Hemos vuelto a aquel hotel por el funeral del esposo de mi hermana. Mi madre viste un vestido estrecho negro con una falda hasta las rodillas y pantis negras. Mi hermana se mudará con nosotros, a quien le hemos ocultado nuestra relación de una década.

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  • Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (5)

    Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (5)

    —Vale…, venga. Lo haré.

    —Entonces… ¿Haremos cositas ricas delante de mis amigos?

    Ella sonrió tímidamente y asintió con la cabeza.

    —¿Y no vas a rechistar como una estrecha?

    Negó con la cabeza.

    —Así me gusta, cariño.

    Le dio un breve beso y con paso ansioso la arrastró de la mano hasta donde estaban los otros universitarios.

    Nicolau intentaba descifrar el comportamiento ambivalente de Minerva y el negro respecto al gordo y el flaco: Minerva, a espaldas del negro, se dejaba tocar de los otros chicos, pero frente a él los despreciaba. Y el negro, aunque era celoso y posesivo de su trofeo, también quería exhibirlo y poseerlo frente a sus amigos, como si le excitara demostrarles que ella podía ser de él y no de ellos.

    —Pardillos, prometéis no tocar, ¿verdad? —les preguntó el negro—. Que es mi chica, no la vuestra.

    —Lo p-prometo.

    —Te mentiría si te digo que no estoy loco por follarla —dijo el flaco mirando a Minerva—, pero me conformo con mirar y hacerme una paja.

    Minerva asintió con la cabeza.

    El negro arrojó su tolla del gimnasio al suelo rocoso y la hizo arrodillar. Como ella le había prometido, lo hizo sin rechistar. Los tres chicos rodearon a Minerva Magnusson. Tras sus bóxeres, los tres penes erectos se cruzaban en sus pelvis como espadas en su funda. El negro desenfundó la suya. La chica se sorprendió cuando el largo y grueso pene saltó como un resorte, haciendo que unos goterones de lubricación transparente salieran despedidos sobre su rostro y tetas; algo que causó risas a la chica y a todos.

    —¡Wow! Estás muy lubricado —dijo ella.

    —Así me pones. Ven, cómeme la polla.

    Con una mano, Minerva Magnusson tomó el pene por su base. Lo miró. Su piel marrón oscura, su dureza y las venas tortuosas le daban la apariencia de un leño con su corteza. Se lo metió en la boca y empezó a mamarlo; al principio con calma, pero pronto se volvió impetuosa y hambrienta. El pene llenando su boca le impedía que pudiera tragar saliva, por lo que esta se le escapaba por las comisuras de los labios hacia el cuello.

    Mientras tanto, el flaco y el gordo se quitaron los bóxeres y se empezaron a masturbar alrededor de Minerva. Sin dejar de chupar, ella deslizaba la mirada, alternando entre la polla de la izquierda: corta y gruesa, y la de la derecha: larga y delgada, con una gruesa argolla en el glande. Nicolau Prats, desde su escondite, también se empezó a masturbar.

    El negro le soltó los broches al sujetador y este se deslizó sedosamente por su piel, dejando al aire a unas tetas que desafiaban la gravedad, y liberando unos pezones de aspecto hinchado, como los de una mujer amamantando gemelos.

    Tras unos minutos de felación, el negro se impacientó al ver que Minerva no lograba entrar todo su pene en la boca, así que tomo firmemente la cabeza de ella con las dos manos, y empujó su pene hundiéndolo más profundo, hasta que tras tres envites pareció vencer una resistencia y el pene entro en la garganta de la chica, tan profundo, que su pubis chocó contra los labios de ella. Le dio una arcada, pero él le aguantó el pene así, hasta que le pasó. Luego empezó a follarle la boca de esa manera.

    Minerva se dejaba follar la boca con la misma docilidad que lo hace una muñeca hinchable. Le sobrevenían algunas arcadas, que hicieron que los ojos se le hicieran agua, humedeciéndole el maquillaje, haciendo que ríos de lágrimas negras serpentearan a lo largo de sus mejillas. Tras unos minutos, tuvo una intensa arcada, por la que le dio unas palmadas al negro en su muslo, y este le retiró el pene de la boca.

    —Casi me haces vomitar, ¡capullo! —dijo ella tosiendo, y escupiendo la espesa saliva que tenía acumulada en la boca.

    —Eso no es por mi polla. Es por haber bebido tanto. Ven aquí —le dijo, poniéndola de pie.

    Él se puso de cuclillas y le bajó el tanga hasta sacársela por los pies. Su vulva estaba lubricada hasta la raíz de los muslos.

    —Te has puesto cachonda, ¡he! Enséñanos —le dijo subiéndole el pie izquierdo sobre una roca. Ella apoyó una mano en su hombro para no perder el equilibrio—. Eso es, preciosa, así; que mis amigos te vean el coño.

    Los chicos también se pusieron de cuclillas para ver mejor.

    —M-menudo c-coño tienes.

    —Es un coño de guarrilla.

    Era verdad que no era una vulva corriente, con ese aspecto casi infantil de un ojo cerrado que tienen la mayoría de las chicas. Minerva tenía una vulva exuberante. Sus labios menores, de color rosa pálido, eran redundantes, de tal manera que sobresalían por entre los labios mayores, impidiendo que la vulva cerrara. En la posición de pie en que se encontraba, los labios menores le colgaban como unos hermosos pendientes. De esa orquídea en esplendor, estaba emanando un cálido y dulce néctar cristalino, que colgaba de los labios en forma de hilos filantes, que todos miraron con detenimiento hasta que los hilos se rompieron y gotearon sobre la superficie rocosa.

    —N-nunca había v-visto una m-mujer tan mojada.

    —Tú nunca has visto una mujer desnuda, pardillo —se burló el flaco. El gordo se sonrojó y Minerva lo miró con condescendencia.

    —¿P-puedo c-comértelo?

    Minerva hizo el ademán de contestarle, pero el negro habló primero:

    —¡He! Tu quieto donde estás. Mejor mira y aprende cómo se come una pussy.

    Así, en cuclillas, el negro pegó sus gruesos labios a la vagina de Minerva, y se llenó su boca de ese clítoris y de esos suculentos labios, y los succiono y lamió como si llevara varios días sin comer.

    Minerva empezó a exhalar unos breves gemidos, los cuales intentaba contener mordiéndose el índice de su mano libre. Una suave lluvia que humedecía la boca del basquetbolista parecía fluir del fondo de su vagina; misma de la cual, tras unos minutos, explotó una tormenta que empapó la boca de él, y la boca de ella emitió un largo gemido a la vez que las rodillas le tiritaban.

    El negro se secó la boca con el antebrazo y se puso de pie.

    —Despejen eso, pardillos.

    Sus dos amigos quitaron sus mochilas de la roca plana. Entonces, el negro tumbó a Minerva bocarriba, con el culo en el borde de la roca, y le abrió las piernas. Mordiéndose un lado de su mullido labio inferior, la chica observó cómo el negro tomó su pene con una mano, se lo encajó entre los labios vaginales y lo resbaló dentro de ella. Ambos exhalaron un profundo gemido.

    Tras unos segundos, empezó a follarla, pero sin metérsela toda, como dando tiempo a que las carnes de la chica se acostumbraran al tamaño de ese leño marrón oscuro.

    —Dame más duro. No te cortes —jadeó ella.

    —¿Y si te duele?

    —No me importa —dijo a la vez que ella misma se llevaba sus muslos hacia atrás hasta apoyarlos sobre la superficie de la roca, a cada lado del cuerpo, y a continuación, con la ayuda de las manos, llevaba los pies hasta cruzarlos tras su nuca—. ¡Has que me duela!, si te apetece.

    Los tres chicos se miraron boquiabiertos, sin dar crédito al grado de elasticidad que tenía esa chica.

    —¡La leche!

    —¿Pe-pero qué narices!

    —¡Qué cojones! ¿Cómo has hecho, eso? —dijo el negro, a la vez que empezaba a follarla de nuevo, ensartándole la polla hasta hacer chocar sus testículos a gran velocidad contra el ano de la joven.

    —Eso es, ¡así! Ábreme el coño, estíramelo con tu pollón.

    Los angelicales gemidos de Minerva iban llenando cada espacio del idílico paraje.

    —¡Búa, Minerva!, ¡eres lo puto mejor! Es como follarse a alguien sin piernas.

    Los otros chicos, quienes sonreían deleitándose con el espectáculo sexual, aprovecharon el frenesí del folleteo para acercarse gradualmente, hasta el punto en el que, de una manera descarada, estaban masturbándose a la altura de la cara de Minerva; tan cerca de su boca entreabierta y jadeante, que parecían a punto de meterle sus penes en la boca; tan cerca que, si ella hubiese estirado su elongada lengua, podría habérselas lamido. La joven no luchó contra el atrevimiento de esos chicos; pues parecía tener suficiente lucha intentando no desmayarse del placer que le estaba dando el basquetbolista.

    De repente, Minerva dejó de gemir y giró la cabeza hacia el arbusto de boj donde Nicolau Prats se escondía. Se quedó mirando fijamente hacia allí, con el ceño fruncido, como intrigada, mientras su cabeza se zarandeaba rítmicamente por las impetuosas penetraciones a las que estaba siendo sometida. Nicolau interrumpió su masturbación y contuvo el aliento. El tiempo pareció entrar en modo ralentizado, y tuvo la sensación de que el rostro de Minerva se acercó a él, como si hubieran usado el zum de una lente fotográfica. «Es imposible que me esté viendo», pensó, pues confiaba en que el arbusto y la oscuridad del bosque a su espalda lo ocultaban.

    Tras varios segundos, Minerva empezó a gemir de nuevo mientras seguía mirando fijamente hacia el arbusto. No dejó de mirar hacia allí hasta el momento en que estiró su cuello hacia atrás, y mirando al cielo, exhaló un largo y adorable quejido que resonó en todo el paraje, tras el cual quedó desmadejada sobre la roca. En ese estado, el negro siguió follándola un par de minutos más, y luego sacó su pene y eyaculó una abundante cantidad de semen sobre el abdomen de ella.

    Como el negro se fue a la balsa de agua a refrescarse y el flaco se entretuvo preparando un porro, el gordo sacó una camiseta blanca de su mochila y se le ofreció a Minerva a limpiarle el semen del abdomen. Ella dejó que lo hiciera mientras, con sus manos entrelazadas tras la nuca y con gesto divertido, miraba cómo lo hacía. Al final quedaba un goterón sobre el pubis, casi sobre un labio mayor; miró a los ojos de Minerva con timidez y ella asintió con la cabeza; la limpió con parsimonia y casi con amor, y acariciando con el torso de sus dedos la piel del juvenil y lampiño monte de Venus.

    Cuando pareció resignarse a que no había más disculpas para acariciar a la chica, vio que ella deslizó sus pupilas hacia su teta derecha; entonces, el gordo vio dos largos goterones de semen sobre esta, uno de ellos cruzando el pezón. Con un arco de sonrisa en sus labios, agarró innecesariamente la teta con una mano, y con la otra se puso a limpiarla, aprovechando la situación para palpar la firmeza de su juvenil teta y para hacer saltar como un muelle al pezón cada vez que pasaba la camiseta sobre este. Estaba haciéndolo cuando se percató de que el flaco los miraba. Lo hacía sonriendo con malicia, sentado en el suelo, lamiendo el papel del porro.

    —Ya está bien, David. Gracias. —le dijo Minerva en tono casi maternal.

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  • Una hermosa polla en mi boca y ano

    Una hermosa polla en mi boca y ano

    Hola, les cuento una experiencia de mi vida no tan secreta de mujer trans, creo que mis amigos y conocidos no lo saben, ya que soy de clóset, aunque a veces la locura del deseo me lleva a no ser tan discreta. Estaba en casa, presa de nuevo de esa excitación cíclica y deseos enormes de que un hombre me hiciera suya, de tomar su pene, pajearlo, besarlo y chuparlo hasta que se me impregne su delicioso sabor en mis labios, luego, sentarme sobre él y recibirlo en mi cola. Pero vayamos por partes.

    Estaba que me quemaba de ganas por ser follada, llegué a casa, me saqué la ropa de chico y me vestí de nena, con ropas discretas como de señora, unas lindas sandalias, pantaletas y un vestido floreado. Me relajé y horas más tarde, pasé a arreglarme. Me desnudé, pasé al baño y me repasé depilación por todo el cuerpo, poniendo especial atención al pubis y a la zona alrededor del ano. Tomé un baño y me puse cremas en todo el cuerpo. Me repinté las unas de los pies, untándoles crema especial.

    Tengo lindos pies desde siempre, pequeños, blancos y suaves. Saqué mis dildos para seleccionar alguno y bajar la calentura, pero de pronto, me llegó un mensaje enviado por un amigo, con quien ya había estado como mujer trans, me decía cosas hermosas y morbosas, me deseaba como loco y quería cogerme durante horas hasta dejarme el ano hinchado y escurriendo de su semen. Llegaría en un par de horas, ya entrada la noche. Comencé a maquillarme y a elegir ropa para recibirlo como toda una ramera.

    Me puse una tanga de encaje rojo e hilo dental hasta media nalga y hacia arriba un bordado de flores hasta el coxis, por delante un breve triangulo negro y transparente, que apenas cubría mi micro-pene; todo el pubis depilado excepto un triángulo de vellos justo arriba del pequeñísimo pene; cubriendo mis pechos un brasier color rojo de media copa, mis pechos eran talla B totalmente naturales, levanta busto, de escote profundo, broche al frente y tirantes de espagueti; un hermoso liguero color lila, también de encaje atado a medias súper transparentes color mosco.

    Una blusita top halter color metálico, cubriendo tórax y de espalda desnuda; una micro-falda de encaje, con volantes y cintura baja, una peluca rizada, color negro, hasta los hombros; finalmente, unas zapatillas destalonadas, taco muy alto de aguja, color rojo. Me perfumé abundantemente y quedé lista para una noche de locura y placer. Todo esto me había llevado un par de horas, así que al terminar ya estaba entrada la noche. Me encantó mi arreglo, vestida de mujer muy putita, expresando así mi enorme deseo de ser complacida con mucho amor y verga.

    Repentinamente llegó. Respiré agitadamente y con nerviosismo, ya que sólo habíamos tenido un encuentro sexual hacía meses y sin convivir, solamente sexo. Recordé que fue hermoso, me había quedado en la memoria que portaba una delicia de pene. Entró y ya venía con la polla dura, me relamí los labios y de inmediato puse mis manos en su bulto, que era muy notorio. Me dijo –Ay, putita, te voy a dar una cogida como nunca te han dado, -Ay sí papi, quiero sentir en mi ano la humedad de tu cuerpo-.

    Me besó en la boca con gran lujuria abrazándome con fuerza, puso sus manos en mis nalgas subiéndome la faldita, hizo a un lado el hilo de la tanga y metió un dedo en mi ansiosa y delirante cola. Gemí con la expectativa de que iba a ser clavada como una mujerzuela adicta al sexo anal. Me tocó los pechos, subió el top y bajó una copa del sostén, me lo besó y chupó unos minutos, el pezón se puso erecto, enseguida bajó la otra copa, sus labios chuparon el otro pezón mordiendo suave, succionando fuerte.

    A estas alturas ya se me estaba escurriendo el lubricante del ano. Bajé pantalón y trusa, saltando un hermoso, no tan grande, pero grueso, cabezón, venoso y húmedo pitote. Di un gritico de placer y de inmediato puse mis labios en la cabeza, succionando y besando. Se la besé y chupé desesperada y gustosa, lamí todo su tronco dando mordiscos y tragándolo todo o lo que me cupo. Mientras se la pajeaba con una mano y le sobaba las pelotas con la otra, le subía el prepucio con los dedos y se le bajaba con los labios.

    Así estuvimos un buen rato, yo mamando y adorando su polla y él gimiendo de placer. Realmente soy una fanática del sexo oral desde mi primera experiencia gay. Desde entonces, me volví adicta a tener una verga dentro de mi boca y su sabor me enloquecía. Sobre todo, el sabor ligeramente salado del precum, mejor si estaba mezclado con sudor púbico, restos de orina y el delicioso olor de miembro encerrado en una trusa.

    Al pasar unos 20 minutos de mamárselo, me lo saqué de la boca, me relamí los labios y con voz melosa y muy zorra de mujer trans, le pregunté, ¿Cómo quieres que me ponga, papi?, ya me urge tenerte dentro. Me miró lujuriosamente tomando mi rostro con ambas manos y respondió, -ponte de a cucharita mi reina, así te quiero hacer trizas el ano. Me puse de lado en la cama flexionando una pierna hacia el abdomen, al tiempo que arqueaba un poco la espalda, con lo cual, mi trasero quedó en pompa y mi ano bien abierto, ¿así?

    Para arquear más la cadera y que sobresaliera más el trasero, flexioné levemente la otra pierna recostada sobre la cama, él por detrás puso su pene en la entrada de mi orificio, jugó un poco metiendo y sacando sólo la cabeza y luego, comenzó a penetrarme lentamente esperando que me dilatara. Al introducir toda su herramienta de carne, besó mi cuello y la parte superior de la espalda y las orejas. Entretanto, puse una mano en la base de su pene haciendo un anillo con mis dedos para sentir sus movimientos de meter y sacar de mi cola de putita.

    En un movimiento desesperante me clavaba y me extraía la polla lentamente y, así varias, luego, comenzaba a aumentar el ritmo hasta que era un paroxismo de meter-sacar, me hacía gemir ruidosamente alternando con gritos, primero discretos y después, perdía todo pudor abriendo mi trasero con una mano y haciendo el trasero contra su pubis, su vello me hacía cosquillas, pues al tenerla toda dentro, hacía alto, rempujando ese delicioso pene sin separar nuestros cuerpos. Yo apretaba el recto repetidas veces, abrazando con furor esa herramienta de carne, dije -¡Así papi, cógeme duro, hazme trizas el ano!

    Se animó y empezó a salir y a entrar con furia abriendo mi colita, creí que ya se correría, pero aguantó varios minutos y yo de plano ya era una loca delirante, estaba en un cielo con ese pene en mi interior, deseaba que fuese eterno. Pero repentinamente lanzó un grito diciendo –Ay mamacito, tienes un culito riquísimo, ¿dónde quieres el semen?- balbuceando contesté, -dentro mío, papi- y explotó lanzando varios chorros de semen tibio y pegajoso, inundando mi entresijo, expulsó tanto semen que se empezó a salir de mi botoncito de amor, escurriendo por mis nalgas y piernas.

    Nunca cambiamos de posición, pero desfallecimos exhaustos. Ambos satisfechos y felices, creo que yo más debido a mi gran sentido de puta, adoradora de polla y de semen. Me la sacó escurriendo, se acomodó la ropa y dando un beso tronado en una nalga, salió. Ciao, nenas trans y chicos que gustan de nosotras, espero que les haya gustado y se hagan muchas pajas anales.

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  • Andrea mi crush, mi fantasía

    Andrea mi crush, mi fantasía

    Como había comentado en un relato anterior, tengo una amiga la cual me encanta, me gusta demasiado y aparte de eso la deseo sexualmente.

    No la había descrito pero es pelinegra, pelo liso, cara bonita, tiene uno senos que aunque no son grandes se ven bien, bajita y muy agradable como persona.

    Para entrar en materia, como había comentado antes, chateamos muy intermitentemente, en este momento vivimos en ciudades diferentes por lo tanto es muy difícil buscar un encuentro con ella.

    Hace varios meses se me ha ido incrementado el deseo por esta hermosa mujer, el solo chatear con ella, escucharle una nota de voz me empieza a generar cosas en el cuerpo.

    Nuestras conversaciones nunca son pasadas de tono, siempre manejando el respeto, pero últimamente con ese deseo sexual que me despierta he querido ir más allá de una forma mesurada y respetuosa, le hablo de robarle un beso y trato de enviar indirectas pero con miedo a que ella se ofusque o sienta que la estoy acosando.

    Quisiera ir más allá y saber de su vida sexual, preguntarle con cuantos hombres ha estado, que le gusta hacer en la cama, que le gusta que le hagan, que la excita, que fetiches tiene, si le gusta el sexting y muchas cosas más, hablar temas más explícitos, pero me da mucho miedo.

    Ella es una mujer que lo poco que he conocido es muy recatada, decente y eso hace que me de miedo dar el siguiente paso, además no me ha dado pie para hablar de estos temas naturalmente.

    Hace pocos días que le envié un indirectazo esperaba una respuesta que de pronto me abriera la puerta para hablar más ampliamente pero no se dio. Ese día me puse a chismosear desde otro perfil sus fotos y empecé a imaginarme muchas cosas, me imaginé con ella desnudos, me empecé a imaginar sus senos, su cola y en resumen todo su cuerpo desnudo, en diferentes situaciones, bañándose, cambiándose, masturbándose, teniendo sexo y eso me generó una gran excitación que terminó en una gran masturbación de mi parte.

    Ese día movía mi mano en mi pene totalmente erecto, primero despacio después duro mientras pasaban imágenes de Andrea por mi cabeza, fueron más o menos 10 minutos imaginando como se vería de linda desnuda, besando sus labios, chupando sus pezones, tocando su vagina mojada, penetrándola en 4 y haciéndome un delicioso oral, como siempre logré llegar a ese clímax derramando semen sobre mi mano.

    Desearía mucho que ella algún día me diera esa oportunidad de hablar con más amplitud de esos temas, tener conversaciones más calientes, por qué no enviarnos fotos, verla desnuda y por qué no tener sexo con ella.

    No sé qué opinen pero ojalá alguien tenga un consejo para poder lograr ese deseo tan anhelado de cumplir mi fantasía con esta hermosa amiga que tengo.

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  • Iniciación en el mundo lésbico

    Iniciación en el mundo lésbico

    —¿Así que eres reportera de “Vergara Mundi”?

    Marcela, ahora conocida mundialmente como “Marchu” me ofreció delicadamente una taza de café vienes, mientras cruzaba sus hermosas piernas para que pudiera ver sus muslos, de sus labios carnosos se desprendió una ligera sonrisa de complicidad.

    —Bueno, no exactamente —conteste nerviosa, al instante de que sentía sus dedos acariciando los míos al tomar el plato de porcelana que me ofrecía.— Soy estudiante y hago mi tesis apoyando a la editora de “Vergara”.

    —Ah, supongo que has oído hablar de mi obra.

    —Claro —Conteste rápidamente, ya que en este tema me sentía más segura.— Sus trabajos son excepcionales, aunque algunos críticos la califican de exagerada.

    —Querida, eres muy joven —Marcela deslizó su mano por debajo de mi blusa y empezó a acariciar mis senos con la punta de sus uñas.— Ay tantas cosas por conocer. Supongo que conoces la obra de Vergonio.

    —Si, claro, se le considera el iniciador de la doctrina.

    —Vamos, niña, relájate un poco —dijo riendo Marcela— Vergonio no es mas que un cobarde que no se atrevió a descubrir al mundo… ciertas cosas.

    Ahora sentía los dedos de Marcela juguetear libremente sobre mis pezones que –claro– respondían en forma casi inmediata a sus caricias. Delicadamente abrió su pequeña cartera y sacó una agenda con fotografías que fue mostrándome una por una. Cada imagen me dejaba helada, extasiada, me olvide de la pequeña taza de café vienes que me había servido y solamente tenía ojos para esas fotografías.

    —¿Son reales? Es decir, ¿existe algún truco?

    —No, claro que no, soy una artista, ¿te parecen exageradas?

    En la mayoría de las fotos se encontraba ella, ¡pero que situaciones! Marcela tragoneando la punta de un pene que podría pesar cinco kilos, Marcela deslizando por su culo un falo de más de 30 centímetros de largo, y más grueso que mi brazo, Marcela chupeteando unas bolas tan grandes que una sola no entraba en su boca…

    —¡Cielos!, es decir, no sé qué decir…

    —Todas son reales, querida. Ups, mira esta, la llamo “La Verga”, ¿te gusta?

    Por un momento sonreí, ¡claro que me gustaba!, pero lo que provoco mi sonrisa fue el sonido, tan maravilloso, tan especial, como un pequeño motor acelerado listo para entrar y salir por mi vagina con un ritmo desenfrenado, un pistón súper potente…

    Marcela me sonrío, y sacó de su bolso un hermoso dildo negro, lleno de venas, con todo y bolas, Cielos, debía de medir al menos unos 20 centímetros, con la mano no podía abarcar su diámetro y su textura era súper suave y a la vez maravillosamente firme.

    —Repite conmigo.

    Marcela empezó a pasar este dildo por mis labios obligándome con una suave presión a entreabrirlos, mientras que con la otra mano masajeaba suave pero firmemente los labios de mi vagina, obligándome a separar las piernas lentamente.

    —Repite conmigo, verga, verga, verga…

    Cielos, empecé a abrir un poco mas la boca y de manera totalmente inconsciente mi lengua recorría la punta de esa gran pija de suave látex, mientras susurraba entrecerrando los ojos esa maravillosa frase: —verga, verga, verga…

    —¡Vamos! ¡Pero si eres una putita maravillosa!

    Exclamó Marcela cuando me vio cerrar los ojos y sintió en sus dedos la humedad exagerada que brotaba de mi vagina.

    —Ahora trata, tan solo un poco de meterlo en tu boquita, inténtalo.

    Cuando escuche eso, estuve a punto de levantarme de la mesa, lo que me pedía me parecía imposible, apenas si podía cubrir la punta de esa pija con mis labios y ella me pedía que me la metiera en la boca, ¡imposible!

    —No sé si pueda.

    Alcancé a balbucear, mientras mi lengua, como un ser independiente a mi conciencia, giraba frenéticamente por toda la punta de ese magnífico dildo.

    —Te voy a ayudar.

    Con un tono divino, Marcela me quito de los labios esa magnífica pija y tomando mi rodilla, hizo que separara aún más mis piernas hasta dejar los muslos en cada lado de la silla, como si estuviese montando un gran corcel.

    Entonces colocó esa preciosa, grande, gigante, gruesa, tibia, suave y dura pija en la entrada de mi vagina empapada y empezó a empujarla con suave firmeza, como nunca lo hubiese yo imaginado.

    —Cielos, no voy a poder.

    Exclamé mordiéndome el puño de la mano en espera de un gran dolor…

    Pero increíblemente la punta de esa maravilla se deslizó en mi vagina como si fuese un guante hecho a la medida. Marcela lo giraba y lo retiraba casi en su totalidad para volver a empujarlo cada vez un poco mas adentro…

    —Uffff, uffff, uff.

    En cada arremetida mis muslos se separaban un poco más, pero mis nalgas y mi culo se apretaban tratando de mantener dentro de mi cuerpo esa monstruosidad. Marcela lo movía cada vez un poco mas rápido, aprovechando la excesiva lubricación de mi vagina sobre todo el dildo.

    —Ven, acércate a mí, pequeña. No digas uffff.

    Me tomó del cuello y me incliné hacia ella hasta apoyar mi frente en sus hombros, mis manos sujetaban rabiosamente la mesa y todo mi cuerpo se tensaba tratando de alcanzar un súper orgasmo.

    — Dilo, di ese nombre que tanto te gusta.

    Marcela me susurraba estas palabras una y otra vez al oído, mientras yo empezaba a sentir como un sueño las bolas de ese dildo ya pegadas a mi cuerpo y la mano de Marcela moviéndolo y girándolo maravillosamente rápido.

    — Verga, verga, verga, verga…

    —¿Vamos, putita, acaso no lo puedes tragar todo ahora?

    Marcela empujaba y arremetía con su mano esa pija maravillosa y yo podía sentir como su brazo ejercía presión para poder empujarlo hasta adentro, las bolas chocaban con mis nalgas haciendo un profundo sonido de “plosh”, “plash”, mi culito se encontraba empapado de mis propios jugos y yo repetía como hipnotizada en cada arremetida:

    —verga, verga, verga…

    Entonces Marcela retiro de mi vagina ese monstruoso pero delicioso dildo, el cual al salir goteaba escandalosamente mis jugos y lo llevó directamente a mi boquita, embarrando todo lo largo del dildo en mi carita, haciendo que lo cubriese de besos y lamidas a todo lo largo.

    Abrí la boca… y no sé cómo, aún ahora cuando veo este dildo en el cajón de la mesa de noche de Marcela, no puedo explicarme como lo logré, pero en aquella ocasión, mientras me venía como una perra puta, me trague todo esa pija, hasta sentir sus bolas pegando en mi barbilla, sintiendo momentos de asfixia que Marcela me ha ayudado a controlar, con las pantys mojadas y el vestido completamente empapado y arrugado de mis propios jugos, mientras Marcela repetía como una letanía maravillosa a mi oído, abrazándome y sujetándome para controlar mejor mi orgasmo, repitiendo una y otra vez esta palabra increíble para ambas:

    —verga, verga, verga…

    Esa noche dormimos abrazadas y desde entonces no nos hemos separado.

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  • Dominado por mis compañeras de piso (2)

    Dominado por mis compañeras de piso (2)

    A las 9 del domingo me despertó Ana de un golpe en los huevos. A continuación, empezó a tocarme todo el cuerpo viendo el resultado de la depilación. Sin decir nada me dio un beso en los labios, que me dejo perplejo. A continuación, me cogió de la oreja y me llevo hasta el cuarto de Vane. Me dijo al oído que la despertara chupándole el coño. Vane dormía plácidamente solo con unas braguitas, así que empecé a lamerla por encima de la braga para no despertarla al sacársela, tal como me había dicho Ana. Vane se empezó a despertar extrañada pero feliz, después de 4 minutos me ordeno que le bajara la braga y aumentara los lametones.

    Ana mientras desde detrás nos miraba. Vane empezó a gritar de una manera animal mientras me sujetaba de los pelos. En un instante note que Ana empezaba a acariciarme la espalda y el culo, lo que me produjo una sensación placentera. Se entretuvo un rato tocando mi ojete del culo, y sin ningún tipo de advertencia, Vane me cogió más fuerte del pelo y Ana me metió algo húmedo y largo de un golpe por el culo. Por la sorpresa me tire para arriba, pero Vane me sujetaba bien de los pelos y apretó aún más mi cabeza contra su coño. No me dolió mucho porque era delgadito y estaba muy bien lubricado. Ana me dio dos palmadas en el culo que me lo puso rojo para que siguiera con la faena que estaba.

    Ana empezó a meter y a sacar el vibrador de una forma muy suave y a la vez a acariciarme la poya. Y esta empezó a crecer, porque entre la comida de coño que le estaba haciendo a Vane, sus gritos, su olor, el placer extraño que me producía el vibrador en el culo, el increíble masaje que me daba Ana en la polla y las palabras obscenas que me susurraba al oído, mi excitación estaba por las nubes.

    Ana siguió con su masaje cada vez con más fuerza a la vez que encendió el vibrador. Un cúmulo de sensaciones circulaban por mi cuerpo y en el instante en que a Vane le llego el orgasmo, Ana me dio una sacudida en la polla a la vez que me metía el consolador de un golpe y me corrí en un éxtasis próximo al desmayo.

    Me quede tirado sobre el cuerpo de Vane, que también lo estaba, mientras me acariciaba el pelo y Ana me tocaba dulcemente el culo. A los 2 minutos Ana me dio una palmada en el culo y me dijo que recogiera con la lengua el abundante semen que había echado por las sábanas.

    Vane se fue a la ducha y Ana se tumbó y me ordeno lamerla de arriba abajo, y lo hice como nunca he hecho nada en mi vida. Le provoqué 3 orgasmos en algo más de 30 minutos. Vane salió de la ducha y se quedó mirándonos. Cuando Ana ya no podía más me cogió la cabeza y me dio un beso en los labios y un pequeño azote en el culo. Yo estaba medio muerto y aun no era ni la hora de comer.

    Mientras descansábamos un rato los tres desnudos sobre la cama, Ana me pregunto que como estaba yendo el fin de semana. Yo con una sonrisa de oreja a oreja le dije que “Increíble”. Me dio una palmadita en el culo y me mando a hacer la comida, eso si, con las bragas que había llevado puestas toda la noche Vane. Mi sorpresa llego cuando ella cogió mi plato y me lo puso en el suelo, y mientras me cogía del cuello me dijo “Las perritas comen en el suelo”. Yo me quedé helado, pero me puse a cuatro patas y me puse a comer los macarrones como un perro.

    Después nos fuimos a la cama y ambas se pusieron de espaldas y me ordenaron darles un masaje. Yo estaba que moría otra vez, tocando aquellos maravillosos cuerpos. Vane se quedó dormida, porque estaba extasiada, pero a Ana no había forma de que se le acabaran las ganas.

    Para no despertar a Vane nos fuimos a su cuarto y me tuvo lamiéndole los pies hasta que me dolía la boca, entonces me dijo que tenía ganas de verme disfrutar de verdad, me tiro en la cama y se sentó sobre mi polla totalmente erecta. Lo hizo de forma lenta, porque yo le había dicho el día anterior que era virgen. Creo que fue una de las sensaciones más increíbles de mi vida, ella cabalgando sobre mí, estaba viendo una diosa montada sobre mí. Pero de repente se levantó y dándome un golpe mano abierta en los huevos se fue. Yo me quede muerto, y le dije que volviera.

    Ella se rio y me dijo que se lo pidiera como era debido. Yo me puse de rodillas y le pedí que follara conmigo. Ella me dio una bofetada y me dijo que lo pidiera como debía. Así que le dije que por favor me diera el honorable honor de hacerle el amor y que sería su más ferviente esclavo para toda la vida. Ella sonrió y me dio un beso en la boca, eso produjo que mi polla saltara como un resorte. Me volvió a tirar sobre la cama y acabamos en un orgasmo monumental. Vane nos miraba desde la puerta con unos ojos de lujuria que nunca había visto. Tras acabar Ana se sentó sobre mi cara y obligo a limpiarle la mezcla de sus jugos y los míos. Cuando ya me empezaba a animar, me dijo que solo limpiara, que por ahora ya valía.

    Vane me cogió y me llevo hasta el sofá, me puso sobre sus muslos y me empezó a dar azotes mientras me decía que había sido muy mala. Su idea era buena, pero mi polla ya no podía más. Al rato vino Ana me tiro de una patada al suelo y me dijo que me pusiera en el suelo de alfombra. Vane aprovecho para que le lamiera los pies, mientras Ana jugueteaba con mis pezones y mis huevos. Volví a tener una erección que Ana intento bajarme a golpecitos en los huevos, pero eso ahora hasta conseguía que me excitara más. No sé como pero había conseguido que me excitara cuando ella me diera de esa forma.

    Vane le dijo a Ana que ya tenía ganas de perder la virginidad, así que nos fuimos a su cama, y tras estar chupándole tetas y coño durante más de 15 minutos y que tuviera unos orgasmos. Ana me coloco la polla sobre el coño de Vane y de una fuerte patada me empujo hacia Vane. Esta pego un grito cuando todo mi pene le penetro y le rompió el himen. Suerte que estaba muy lubricada y Ana me había puesto gel lubricante. Ana no me dejo sacar la polla y me obligo a follarla hasta acabar dentro.

    Saque la polla con restos de sangre, semen y fluidos, y ahí fue donde Ana me volvió a dejar otra vez de piedra. Tras limpiarme muy suavemente la polla me tumbo sobre la cama e hizo que Vane se sentara sobre mi cara para limpiarla. Me entraron unas ganas terribles de vomitar, pero los pellizcos que Ana me daba por las piernas me devolvían a la realidad. Vane se tiró sobre la cama y con una patada me tiró al suelo y me mando fuera.

    Nos pusimos a ver la tele mientras le masajeaba los pies a Ana. Durante todo el rato me decía que había estado increíble, que sería su esclavo amante, y otras cosas parecidas.

    Yo súper cansado recibía aquellos halagos sin darme cuenta que lo que hacía era minar mi voluntad.

    Por la noche me prometió que un día de estos iba a recibir una mamada y una cubana. Y eso hizo que automáticamente mi polla volviera a levantarse. Vane se rio y Ana de un golpe en los huevos consiguió que se me pusiera dura. Ella sonrió y yo alucinaba. Un solo golpe de ella y ya estaba totalmente empalmado. Vane se me pidió para pasar la noche, pero Ana le dijo que era el perrito de las dos. Vane era más adicta al sexo de lo que hubiéramos podido imaginar y Ana lo noto.

    Fuimos al cuarto y Ana mi hizo lamerlas a ambas para calentarlas, aunque no hacía falta la verdad. Vane me tumbo y se sentó sobre mí, Ana me hizo señas para que la acercara para chuparle las tetas, a lo que Vane respondió encantada. Ana le metió de un golpe por el culo el mismo consolador que me había metido a mí. Vane pego un grito increíble, pero estaba demasiado excitada para protestar, Ana lo encendió y se sentó sobre mi cara para disfrutar de una buena comida de coño. Vane termino en un orgasmo brutal e intercambio posiciones con Ana, que se sentaba sobre mi polla como si fuera de plástico, llegue a pensar que me la arrancaba.

    Cuando me iba a correr avise a ambas y Ana me cogió los pezones y me los retorció hasta que ella considero que mi erección no era tanta. Y siguió cabalgándome. Esto lo repitió dos veces más, yo estaba que me moría. Hasta que por fin me golpeo suavemente los testículos y consiguió la máxima erección de mi polla y me permitió acabar. Con la mano limpio mi polla y la llevo hasta mi boca y después me hizo limpiarle el coño. El sabor del semen ya no me desagradaba. Dormimos casi toda la noche.

    El lunes de madrugada Vane se presentó en mi cama totalmente desnuda y se sentó sobre mi cara dormida. Me estiro de las orejas y me mando empezar a chupar su coño. Empecé medio dormido, pero con dos estirones en mis pezones consiguió que me despertara del todo. Tras un rato Vane empezó a llegar al orgasmo y chillo como una loca. Cuando Vane se levantó de mi cara y se tumbó a mi lado, vimos que Ana nos miraba desde la puerta con una gran sonrisa.

    Se acercó a mí como si me fuera a besar y me dio un bofetón de campeonato. Me quede alucinado y Vane también. Ana me grito que porque no la había despertado lamiéndola. Y sin dejarme responde me dio otra bofetada. Yo aun alucinado no entendía nada, me cogió de la polla que estaba casi empalmada y me arrastro hasta la bañera, me hizo tumbarme sobre la fría piedra y mi erección desapareció.

    Me mando lamerle los pies y después se sentó sobre mi cara. Yo lamía como un loco, y ella empezó a darme golpecitos en los huevos. Sabía que ese era mi punto débil. Estaba disfrutando chupando su coño, cuando de repente sus jugos empezaron a manar de una forma descontrolada. Yo chupaba y tragaba, hasta que me di cuenta que no eran flujos vaginales, sino orina. La muy zorra se me estaba meando en la boca y yo bebiendo su meada. Cuando ella vio que yo había entendió lo que hacía, me dio dos golpes fuertes en los testículos lo que me produjo una sensación de placidez.

    Con 3 golpes consiguió que no protestara nada mientas me bebía toda su meada. Tras acabar me hizo limpiarla y se levantó, dejándome toda la cara meada. Se rio y llamo a Vane para que viera lo que acaba de hacer. Yo aún estaba alucinando. Ana cogió a Vane y la metió en la bañera y le hizo mearse sobre todo mi cuerpo. Mi polla empezó bajarse, pero Ana con el pie me dio un golpe en los huevos que hizo que volviera en sí. Vane mientras se meaba sobre mí y parecía que estaba llegando solita al orgasmo. Tras acabar se sentó de golpe sobre mi polla y me cabalgo durante el rato que quiso hasta que ella acabo, yo aún no había eyaculado y estaba frustrado.

    Después me hizo limpiarle todo el coño y el culo. Ana me hizo poner a cuatro patas y quitando la alcachofa de la ducha me medio metió la punta de la manguera por el culo y le dio al agua. Yo notaba como mis intestinos se llenaban de agua caliente. Vane mientas me sobaba el culo, la espalda y la tripa. Llego un momento en el que me empecé a encontrar mal, ya que estaba entrando demasiada agua en mi cuerpo. Ana me quito la manguera y me metió un dedo por el culo en forma de tapón. Y empezó a jugar con mi polla y mis huevos con la otra mano. Yo me moría de gusto y dolor por el agua.

    Siguió hasta que ya estaba a punto de correrme Vane presiono fuertemente con sus manos mi tripa contra la espalda y en ese instante Ana me quito el dedo del culo y me termino la paja. Acabe en un clímax total. Echaba chorros de semen por la polla y agua con restos de mierda por el culo saliendo a presión. Debió impresionarlas mucho a ambas porque se quedaron alucinadas. Yo me quede tirado en la bañera medio muerto y lleno de meado, semen y mierda. Ana encendió la ducha y con agua fría me lavo como si fuera un perro. Me dijo que me lavara bien y luego la llamara, eso si, nada de agua caliente.

    Tras limpiarme bien Ana me dio la ropa interior de Vane del día anterior. Y me dijo que de ahora en adelante llevaría la ropa interior después de que ella la usara. Me puso el sujetador y me puso unas mandarinas en el sujetador, pero se caían, así que busco algo más parecido a las tetas de Vane y me puso dos naranjas grandes. Yo me notaba raro, pero entre la licra de la braga y los toqueteos de Ana en mis pezones, verme como una tía y ver reflejado el cuerpo de Ana mientras me arreglaba, pues mi polla volvió a encenderse y sobresalía por encima de la goma de la braga. A Ana esto ahora no le hizo ninguna gracia.

    Y me dio un pizco en cada pezón, pero no se me bajaba. Me empezaba a gustar aquella sensación de dolor. Ana vio que no pasaba nada y me golpeo con la rodilla en los huevos y poya. Me caí al suelo redondo y por supuesto mi erección desapareció. Ana complacida me dio una patada en el estómago y me dijo que eso estaba mejor. Y que me pusiera a cuatro patas que no tenía ganas de andar.

    Se sentó sobre mí y me hizo llevarla al cuarto de Vane a caballito. Vane estaba tirada viendo la tele y se empezó a reír cuando nos vio llegar. Le grito a Ana que le faltaba la fusta y le dio una regla. Ana me empezó pegar fustazos con la regla en el culo. Al rato se subió Vane y me desplome sobre el suelo y me desmaye. Habían sido demasiadas sensaciones en tan poco rato.

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  • ¡Qué vacaciones! (3 – final)

    ¡Qué vacaciones! (3 – final)

    Tal y como habíamos acabado no estábamos para muchos trotes, así que nos dimos un pequeño baño en la piscina, de lo más pueril, y nos pusimos a tomar el sol, las niñas se pusieron a hacer top less y se dieron cremita mutuamente en los pechos, que en seguida denotaron excitación a la vista de los pezones. Seguimos un rato más medio adormilados cuando nos despertó la voz de la animadora del hotel que pedía un poco de ayudar para hacer el Gaita en la piscina, en el mini golf y por la tarde en las pistas de tenis y baloncesto.

    Se nos acercó para invitarnos a las actividades.

    ―Hola, soy Vanesa, soy la animadora del hotel, ¿de dónde sois? —y siguió con la retahíla típica.

    Juan y yo nos presentamos y nos hicimos los graciosillos con las cosas que nos comentaba, vamos, le metimos un poquito de caña, ante las miradas de nuestras mujeres, que contenían las risas, y para despedirse nos dijo:

    ―Si os puedo ayudar en algo, ya sabéis.

    Aquí fue cuando la interrumpieron las niñas, y parecía que la estaban esperando.

    ―Perdona, Vanesa, —comentó Sylvia— pero necesitamos alguna cosilla que no se si vamos a ser capaces de conseguir.

    La cara de Vanesa era un poema, en un principio pensó que queríamos coca, éxtasis o algo así, aunque ella fue algo más suave.

    ―Mira, es que hemos venido con muchas ganas de hacer otros tipos de deporte, no sé si me entiendes, y parece que nuestros maridos están algo desentrenados.

    Ahora la cara simplemente se le sonrojó, pero ya estaba más tranquila.

    ―Vamos que necesitan vitaminas, tu no sabrás por aquí si podemos conseguir Viagra, ¿verdad?

    ―Uy, que apuro, —contestó Vanesa— no os preocupéis, esto ya nos ha pasado antes, si bien que con personas algo mayores —Comentó con una cara de ironía increíble—. Se os pueden conseguir, pero son algo carillas, y creo que en chicos jóvenes hay que tener cuidado, que os podéis pasar todo el día alerta, ¿eh?

    ―Eso es lo que andamos buscando, disponibilidad 24 horas, tú nos entiendes Vanesa, —concluyó Lucía.

    ―Pues pasaros esta tarde por la pista de básquet y os las doy, y de paso echáis unos tiritos.

    La verdad es que no costó mucho hacer contactos en el hotel, después de esto se nos vino la hora de la comida encima, nos fuimos a nuestras habitaciones, nos duchamos, vestimos y fuimos al comedor, que tenía un Buffet de ensueño, nos pusimos hasta arriba de todo, con lo que al terminar de comer no teníamos ganas más que de echarnos una siesta, y así lo hicimos, aunque Sylvia propuso que fuéramos a nuestro cuarto por si alguien quería hacer uso del jacuzzi.

    Así fue, nos metimos en nuestra habitación, y nada más entrar, como si fuéramos un ballet, empezamos a quitarnos la ropa todos, para estar más cómodos, encendimos la tele y nos empezamos a acomodar por la cama, Juan se quedó completamente en pelotas, y yo no fui menos, Sylvia se quedó con unas braguitas tipo slip en color negro y Lucía con un tanguita blanco, nos acomodamos en la cama, y Lucía se fue al baño, nos quedamos en la cama Sylvia Juan y yo, ella nos agarró las poyas y empezó un suave masaje que de repente paró, se quedó dormida con nuestros cipotes en sus manos, Juan y yo nos miramos y también quedamos dormidos.

    Como al cabo de una hora noté como mi polla crecía, pensé que era un sueño, pero era demasiado real, efectivamente Sylvia había despertado y continuaba con la labor que había empezado, mientras tanto Lucía le comía el coño, por lo visto le había encantado, ya que no paraba de hacerlo casi desde que desencadenamos esta lujuria sin freno, estábamos empezando otra vez cuando sonó el teléfono de la habitación, llamaban de recepción para recordarnos la partida de baloncesto, las niñas saltaron como un resorte diciendo que teníamos que ir por las vitaminas.

    Así que nos pusimos todos un poco deportivos y nos fuimos a las canastas, allí estaba Vanesa esperando, con un pelota y dos tíos más con otra chica, los tres tenía pinta de hacer deporte, y según nos comentaron es que jugaban frecuentemente al baloncesto, Juan y yo jugamos a todo, y las niñas son algo más sedentarias, pero en el instituto jugaron al baloncesto, ahora sólo hacía jogging, step y esas cosas. Empezamos a charlar, Vanesa nos dijo que ya tenía nuestras vitaminas a lo que uno de los chavales, José se llamaba dijo:

    ―¿No jugareis dopados?

    Todos nos reímos y para disimular dijimos de jugar un cuatro contra cuatro, sorteamos los equipos y a mi tocó con el tal José, con Lucía y con Sylvia. Vicente, que es como se llamaba el otro chaval nos dijo que para que fuera entretenido hay que esforzarse un poco, y querer ganar, que si no nos íbamos a aburrir en cinco minutos, y así empezamos.

    Efectivamente era divertido lo del esfuerzo, entre bloqueos y rebotes y defensa, podías tocar carne fresca con permiso, Vanesa estaba impresionante, tenía un culito duro impresionante, y Amalia, la otra muchacha, unas tetas pequeñitas pero con unos pezones grandes, lo digo porque se le marcaron con el sudor de la camiseta, a través del top deportivo que llevaba, Juan no podía tocar nuevos cuerpos pero lo llevaba bien con su mujer y la mía, imagino que los otros pensarían raro, pero que les dieran por allí mismo.

    Acabamos sudando como pollos, y Vanesa nos dijo:

    ―Ahora para terminar de quemar los excesos del verano, ¿que? ¿Nos damos una sauna? Ya ha pasado la hora del Spa, pero pueden pasar los de las actividades extras, si os apetece, yo voy todas las tardes, y no hay nada más tranquilo.

    No hizo falta ni decir que sí, los siete como hipnotizados por la simpatía de Vanesa, morena, ojos azules, 1,60/1,65, buenas curvas sin ser exageradas, la seguimos casi en silencio por los pasillos del bajo del hotel, ella iba abriendo puertas y nosotros mientras callados como si fuéramos a robar, cuando abrió la sala de la sauna y entramos volvió a echar la llave y accionó las luces, eran algo tenues, había un par de piscinas de burbujas muy grandes, y otro pasillo que nos llevó a una pequeña sala con perchas y toallas, una vez allí los siete, Vanesa se empezó a quitar la ropa y se tapó con una toalla, todos las imitamos, y con nuestras toallas terminamos de acompañarla a la sauna, abrió, subió la temperatura, accionó el temporizador y se adentró con nosotros,

    ―Ahora a relajarse, —dijo Vanesa mientras se soltaba la toalla y se recostaba sobre las maderas de la sauna.

    Tenía unos pechos perfectos, como pequeñas manzanas, desafiaban la ley de la gravedad, con unos pezones marrones oscuros, tenía el pubis completamente rasuradito a excepción de una pequeña hilera de pelillos en el medio.

    Nos quedamos medio embobados y muy cortados mirándola, pero a nuestra mujeres no las dejaba atrás, hicieron lo mismo, apoyándose la una en la otra y recostándose en la balda que quedaba encima de Vanesa, Amalia no parecía estar en la misma onda, y se tumbó sin quitarse la toalla, sin embargo José y Vicente ya estaban desnudos y sentados, con dos tremendas pollas colgando, yo tenía un empalme del quince, pero estos dos estaban flácidos, que tíos, con el espectáculo que tenían delante, a lo mejor les iba más otra cosa, y me entraron ganas de comprobarlo.

    Me quede mirándolos de forma un poco disimulada, y me quité la toalla, dejando que vieran mi polla totalmente tiesa, me la cogí con una mano y me la toque un poco, pude ver como José le daba un pellizco en el culo a Vicente mientras decía en voz baja, aunque perfectamente claro.

    ―Aquí hay mucho vicio.

    Y acto seguido se agarraron los rabos mutuamente, mientras se empezaban a morrear, no sé si los demás pudieron verlo, Vanesa, Sylvia y Lucía seguro que no porque estaban casi en semi inconsciencia, pero Amalia y Juan seguro que si, es más, Amalia se levantó, e intentó salir, pero no podía, no se podía abrir hasta que terminara el ciclo.

    ―Perdona Vanesa, pero quiero irme ya, ¿te importa?

    ―Pero Amalia, ¿qué te pasa? —Dijo Vanesa que no se había inmutado.

    ―Que aquí hace demasiado calor, —continuó Amalia sin quitar vista del espectáculo de nuestros amigos, algo que ya comprobó Vanesa.

    ―Pero hija, si esto es muy divertido, verás que bien te lo pasas.

    ―No, Vanesa, que yo estoy de viaje de novios y paso, por favor.

    ―Hay chicos, hay que convencer a Amalia para que se quede, seguro que se lo va a pasar mejor aquí que esperando a su maridito en la habitación.

    Me levanté y me acerqué a Amalia, iba completamente desnudo y completamente empalmado, ella, sin embargo, se mantenía quieta, erguida junto a la puerta, con su toalla tapándola por completo, al llegar a su altura la cogí por la cintura y la atraje hasta mí, para que notara mi erección, ella se resistió y se soltó con rudeza, así que llamé a Juan y a nuestra mujeres y les dije que me la sujetaran, y a ella le dije:

    ―No te preocupes, no vamos a hacerte nada que te haga daño, sólo vamos a pasar un buen rato, ya verás como cuando salgas de aquí no te vas a acordar de tu marido.

    Diciéndole esto le retiré la toalla y le puse la mano entre las piernas, efectivamente no se había humedecido ni un poquito, la pobre estaba aterrada, me dio un poco de cargo de conciencia, así que rectifiqué y le dije:

    ―Mira, nosotros nos lo vamos a montar con Vanesa y creo que no estaría bien que te fueras, por el qué dirán, pero si de verdad no quieres, no te vamos a forzar, siéntate y mira, o duerme un rato, pero para Vanesa y su trabajo es mejor que te quedes con nosotros.

    ―Venga vale, pero dejarme tranquila, y no os preocupéis que no voy a contar nada.

    Seguramente al ver que no intenté utilizar la fuerza ni nada se debió tranquilizar un poco, así que cuando me quise dar cuenta Vanesa estaba chupándole la polla a Juan con la ayuda de Sylvia, mientras Lucía me estaba mirando pidiéndome guerra, me fui hacia ella y le di un morreo de impresión, a la par que la abría de piernas contra la pared de madera, la alcé un poco y la penetré sin dilación, nuestros cuerpos estaban sudorosos, y resbalan nuestras caricias.

    Aguanté el equilibrio y me fui al banco con Lucía insertada en mi nabo, me senté y ella empezó a cabalgar como una loca, desde donde estaba ya casi no podía ver, con tanto movimiento se había creado una densa nube que no permitía distinguir, sólo se oían algunos gemidos aislados, y mucho movimiento, después de un rato penetrando a Lucía noté como agarraban a Lucía por detrás, alguien le estaba sujetando las tetas, y al instante alguien detrás mía hacía lo mismo, a la par que empezó a darme pequeños mordiscos por el cuello.

    Entonces me di cuenta de que era un tío, porque noté una polla recta en mi espalda, y como está fue bajando, ya que el individuo en cuestión empezó a bajar hasta sentarse alrededor mía, y meter su polla en la ranura de mi culo, me estaba poniendo cardiaco, ni intenté separarlo, debía ser Vicente, ya que lo imaginé más pequeño por el contacto de nuestros cuerpos, eché mis manos hacia atrás y agarré fuerte su polla, haciéndole una paja en difícil situación, entonces escuché su voz que me dijo.

    ―Sigue cabrón, que buenas pajas haces, te voy a llenar el culo de leche, súbete encima, verás como disfrutas.

    Ni en las más remotas de mis fantasías había imaginado algo así, pero como un resorte me levanté con Lucía en mi polla aún y me senté sobra la polla de Vicente, que aplasté con mi culo, noté como su punta tocaba mis huevos, y me hizo enloquecer, empezó a abrirme el culo con sus manos, mientras me pasaba saliva, sudor, y otros jugos por la raja, acomodó su rabo y empezó a empujar, yo intenté hacer fuerza para que entrara del todo, pero no había forma.

    ―Me la vas partir, relájate un poquito, —Me dijo Vicente mientras me rodeaba con sus brazos y agarraba el trozo de polla que salía del coño de Lucía.

    Esto hizo que Lucía empezara a correrse de una forma bestial, se convulsionaba de manera extrema, agarrando mi polla con su coño, que se contraía y dilataba como a pequeños espasmos, después de esto se salió y vi que quien estaba de tras de ella era José, con su rabo tieso, apartó a Lucía, y alzando mis piernas por encima de sus hombros, me empezó a chupar la polla, lo hacía de escándalo, y se la metía entera en la boca, parecía que iba a comérsela, en esto Lucía había ido a avisar a Sylvia y a Vanesa, que como imaginaréis ya había dejado yo a Juan.

    Hicieron un corro alrededor mía y empezaron a besarnos a Vicente y a mí, con tanto movimiento y lengua en mis bajos la polla de Vicente ya estaba casi completamente dentro, me agarró fuerte y zas, hasta la bola, me entró entera, noté un calor y un placer extremos, y más cuando Vicente vació su polla en mi culo, lo que me hizo explotar en la cara de José, que se levantó, y dándome un morreo junto con mi mujer me dijo:

    ―Vaya, vaya como son los hombres de hoy en día.

    Así que sonó el final de las calderas y la densidad fue desapareciendo, Juan estaba exhausto, recostado sobre las maderas, con su polla flácida, Lucía estaba sentada en el suelo a mis pies, acariciándome los pectorales, José se estaba limpiando con una toalla, Vicente se retiraba de mi culo y Sylvia y Vanesa se morreaban dulcemente mientras se acercaron a Amalia, que seguía envuelta con la toalla, se levantó me dio un beso en la mejilla y acarició mi rabo y dijo:

    ―Muchas gracias por el espectáculo y por la comprensión, perdonar que no haya participado.

    Nuestros horizontes sexuales en el hotel no habían hecho más que empezar.

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  • Casado con Raquel (2)

    Casado con Raquel (2)

    Raquel continuó educándome y al segundo mes me había desentendido por completo de darle placer pues me había dejado bien claro que no es lo que quería. Cada vez me corría más y más rápido y eso la hacía a ella más y más feliz. Me había convertido en un amante cada vez más perezoso, subconscientemente era algo que me preocupaba, pero no fue algo que combatiera.

    Había pasado una semana sin follarla y cuando Raquel se abrió de piernas toda ofrecida no lo dudé un instante. A los treinta segundos ya me había corrido, la saqué y me disponía a darme la vuelta para dormir cuando me preguntó:

    —¿No vas a hacerme correr?

    —Pero pensaba que…

    —No pienses… Ya sabes lo que quiero: Que me comas.

    Dio comienzo una nueva fase: Al principio la follaba para inmediatamente comerla pero ahora hacer el amor sería solamente con mi boca, besándola en los labios, chupando sus pezones, acariciándola mientras la comía y cambiando de postura cada pocos minutos hasta que alcanzaba el orgasmo.

    Por supuesto también tenía erecciones, pero Raquel declinaba que la penetrara. Se ofrecía para masturbarme. Lubricaba mi polla con aceite corporal y me masturbaba.

    —Tienes una polla preciosa…

    —Gracias Raquel.

    Las primeras dos veces me masturbó hasta correrme, pero después de pronto se quejaba que se le cansaba la mano y que siguiera haciéndolo yo.

    —Me gusta ver cómo te masturbas…

    Era verdad, le gustaba. Y a mí me gustaba montarle un numerito y tomarme mi tiempo hasta llegar a correrme. Raquel participaba activamente y su cansada mano para masturbarme de pronto encontraba la energía para acariciarme el escroto o que sus dedos juguetearan con mi ano.

    Raquel me limpiaba la polla del aceite corporal y mi vello púbico de toda la corrida al finalizar. Y entonces estaba dispuesta de nuevo para que la comiera. Una noche Raquel me confió que:

    —Tu polla realmente no me motiva nada… No me malinterpretes, aquellos orgasmos eran buenos pero tu lengua siempre me ha hecho sentir mucho mejor.

    —¿Y qué me dices de las pollas de otros hombres?

    —Es diferente… Esos orgasmos son de verdad excepcionales, pero a ellos no los quiero para comerme, sólo a ti.

    La confesión de Raquel fue como una potente explosión para mi ego, pero me aseguró que era feliz con la evolución.

    Hice un tímido intento de cambiar la situación, pero unas pocas palabras de Raquel implorándome que la llenara con mi semen y no tratara de aguantar más fueron suficientes para quebrar mi voluntad.

    —Ahora cómeme…

    Paulatinamente, Raquel empezó a comentar mi apetito por el semen y las sesiones de masturbación que siguieron tomaron otro cariz.

    Ya no limpiaba mi semen del pubis y se lo tragaba, sino que me lo devolvía con un beso. Al mes siguiente ya ni beso, sino que lo recogía con sus dedos y me hacia limpiárselos con mi lengua.

    —Sabe bien, ¿a que sí?… Ya sabes lo mucho que me excita esto, ¿verdad?… Voy a hacer que desees sólo comerme… Así… Estoy tan mojada… No puedo esperar más a sentir tu lengua.

    Sabía que estábamos embarcados en un proceso, Raquel era la guía y yo el todo voluntarioso discípulo. Inicialmente tenía una idea nítida de a dónde encaminaba Raquel nuestra relación.

    Hacía muchos meses que habíamos ido al club de parejas, pero Raquel me dijo que estaba dispuesta a que volviéramos. Sólo que esta vez no puso el pretexto de que estuviéramos con otra pareja.

    —Necesito muchas pollas, igual que la última vez… Para que me llenen de semen y así me comas… Tú también que sea así, ¿verdad?

    Igual que un perro bien entrenado, mi boca se hacía agua al pensarlo.

    Volvimos al club de parejas, pero esta vez Raquel no sólo me hizo buscarle hombres, también insistió en que estuviera viéndola. No fui muy selectivo en los hombres que escogí, pero Raquel me dijo entre polvo y polvo:

    —Pollas grandes… Quiero tíos con pollas grandes…

    Igual que un chico de los recados aplicado, sólo escogí los que Raquel quería.

    Ser testigo de su desbordante pasión mientras la follaban y saber que mi polla nunca la había hecho experimentar ese tipo de placer era humillante y me llevaba a preguntarme si acaso Raquel había fingido sus orgasmos conmigo cuando la penetraba.

    Al final de la velada me sentía completamente incompetente como amante, y Raquel lo sabía. Su solución fue bien sencilla. Se abrió de piernas y me aseguró que mi lengua era lo que siempre había deseado.

    Entre una lamida y otra le pregunté si había fingido su placer cuando habíamos follado.

    —Piensas demasiado… ¿Y qué si lo hice?… Es tu boca lo que siempre he necesitado… Y te gusta comerme, ¿verdad?… Especialmente después de que haya estado con otros hombres y esté llena de su semen. No te preocupes por tu polla dándome placer. Tienes la mejor lengua… Así… Chúpame… A fondo… Méteme tu lengua bien dentro… ¿Puedes saborearlos?… Se que estás tan excitado como me estás haciéndolo sentir a mí. Apuesto a que quieres correrte… Vamos, no trates de aguantar… Quiero que te corras… Y cuando nos hayamos corrido quiero verte chupándosela a alguien… Hazlo por mí… Porque quieres satisfacerme, ¿verdad?

    No pude aguantar más. Me corrí limpiando con mi lengua el semen de los ocho hombres que se habían corrido en Raquel. Y no habían pasado treinta segundos cuando ella también se corrió.

    Me encontraba exhausto, avergonzado y humillado. Y Raquel estaba pletórica, orgullosa de mí y feliz.

    —Espera aquí, voy a buscar a alguien…

    Raquel volvió unos minutos después y enseguida me encontré de rodillas ante un fornido camionero chupándosela. No paré hasta dejarlo seco por completo y sólo entonces Raquel y yo nos vestimos y regresamos a casa.

    Dimos un nuevo giro en nuestro proceso: Ahora Raquel iniciaba nuestras sesiones amatorias con las palabras:

    —Hazme el amor… Por todo mi cuerpo con tu boca y tus manos.

    Mientras lo hacía Raquel me preguntaba si me excitaba al ver un hombre tras otro follándola, llenándola con su semen, viendo su cuerpo resplandecer de excitación orgasmo tras orgasmo. No le mentí. Le dije, entre frenéticos besos y lamidas, que sí.

    —Demuéstramelo…

    Le enseñé mi erección. Mi polla estaba lista para explotar.

    —No, quiero que me lo demuestres de verdad…

    No sabía a qué se refería.

    —Córrete para mí…

    Empecé a masturbarme de nuevo.

    —No, no te toques… Deja que tus pensamientos te lleven a alcanzarlo… Ten en tu cabeza la imagen que más te excite y deja que ocurra…

    Cerré los ojos y, mientras mi lengua se enterraba en su vagina, por mi cabeza volvieron a pasar las imágenes de los hombres follándola, uno tras otro. Igual que un esclavo obedeciendo los deseos de su Ama recordé como iba a por más pollas para Raquel.

    Mi polla estaba que explotaba y con mi cara presionada contra su sexo, mi lengua hundida en lo más profundo de su vagina y el recuerdo del sabor del semen teniendo que limpiarlo todo hasta volver a saborear sólo la esencia de Raquel la sensación fue de tal magnitud que en ese momento me corrí en las sábanas sin haberme tocado.

    Gruñí al eyacular y no pude seguir lamiendo debido a los espasmos de mi polla.

    —Te has corrido… Me haces tan feliz… Sigue comiéndome… Tu lengua es lo mejor…

    Descansamos abrazados cuando Raquel se corrió también, pero era ella quien me sostenía a mí mientras yo besaba su pezón.

    —Me tratas tan bien que me siento una reina contigo. Nadie puede reemplazarte por mucho que lo intenten… Ni un hombre, ni cien hombres, ¿y sabes por qué?

    —No Raquel… —Musité retirando mi boca de su pezón.

    —Porque me has dejado conocer tu yo más íntimo, porque no tienes secretos para mí… ¿No te sientes liberado?…

    Con anterioridad siempre era Raquel quien tenía la necesidad de que la abrazara, pero ahora era yo quien encontraba confort en sus brazos.

    A Raquel le gustaba especialmente que volviera a tener una erección mientras me hablaba de nuestra forma de vida y, en particular, la forma en que hacíamos el amor.

    —Es única…

    Raquel me dejaba ponerme sobre ella e intentar volver a hacer el amor como antes, largas sesiones amatorias, pero era tan difícil para mí ejercer de nuevo el autocontrol necesario para lograrlo.

    —No te corras… Todavía no… Estoy casi a punto…

    Por supuesto no llegaba a conseguirlo, pero Raquel no se enfadaba por ello pues terminaba comiéndola. Las pocas veces en que sí conseguía aguantar hasta que ella orgasmara se mostraba igual de feliz.

    —Qué bueno eres conmigo… Aguantando hasta el final… Estoy orgullosa de tí… Ahora, cómeme toda…

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