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  • Relato de una esclava feliz

    Relato de una esclava feliz

    Hola, mi nombre es Susana, pero todo el mundo me conoce por (Susi). Tengo 66 años. Soy soltera. He tenido diferentes relaciones… Tuve un novio desde los 18 años, hasta los 21. Entonces vivía en Vigo (Pontevedra). Luego me fui a Barcelona a trabajar yo sola… Encontré un restaurante y estuve allí casi un año, de camarera. Vivía en un piso compartido con tres chicas más.

    Una de ellas, Laly. Me encontró un buen trabajo de camarera, en un catering para una productora de Cine. Estuve 7 años trabajando allí, pues entonces se ganaba dinero entre el sueldo y las propinas… Como tenía dinero ahorrado, en 1994 me fui a Figueres (Girona), pues me salió un trabajo interesante en un hotel de allí, en el alto Ampurdán. Y hace 10 años, me vine a Madrid, después de tener un gran desengaño con Marisa, una mujer que vivió conmigo 4 años en Figueres, cómo pareja mía.

    Yo reconozco que he sido muy sumisa ante algunas mujeres, pero Marisa se pasó conmigo varios pueblos… Ella no hacía nada, todo se lo tenía que hacer yo… No aportaba casi nada, porque gastaba mucho y acababa siempre sin dinero. Y encima me daba tremendas palizas por cualquier chorrada. Yo la aguante 4 años. Pero al final la dejé y me vine a Madrid.

    Aquí tuve suerte y encontré trabajo en la calle Goya, como camarera, en una cafetería bastante buena y ahí conocí a la señora Laura. Una de las muchas clientes que tenía esa cafetería. Entonces… hace 10 años… la señora Laura tenía 34 años, y yo 56.

    Esta señora no es que fuera muy simpática o agradable… Más bien todo lo contrario. A veces parecía ser algo déspota, arrogante… Y cómo yo era la nueva, la mayoría de las veces era yo quién tenía que atenderla. Cuando venía con su marido y con su hija Rocío que era entonces una niña de 10 años, parecía un poco más amable, no gran cosa… pero bastante más agradable, que cuándo venía sola…

    A mí me tocaba muchas veces hacerle un café irlandés y rara era la vez que no protestaba… por la nata montada, por no haber quemado lo suficiente el Whisky, por la canela… Había días que por cualquier cosa protestaba y la verdad es que yo me desvivía por querer complacerla. La señora Laura, era muy elegante, guapísima, muy femenina. Sólo le afeaba su carácter, parecía que estuviese siempre enfadada con todo el mundo. Sólo la notaba cariñosa y diferente, con su hija Rocío.

    En el 2019 yo ya llevaba trabajando 4 años en esa cafetería, y aunque a la señora Laura siempre la trataba con mi máximo respeto y total educación, a veces ella, me hacia algún que otro comentario de cosas de actualidad, o de algún cotilleo de la tele… No es que tuviera amistad con Ella, pero sí comentábamos cosas a veces. En abril de ese 2019, una mañana la señora Laura me dice que se a separado de Andrés, su marido. Y que anda buscando una chica para trabajar de interna en su casa. Yo sin dudarlo ni un instante, me ofrecí para trabajar en su casa. Ella, la señora Laura me conocía bien, sabía que yo siempre me deshacía en elogios con ella, la trataba con suma educación, trataba de complacerle en todo…

    Cuando me ofrecí yo a trabajar en su casa, la señora Laura me dio una tarjeta suya, para que le llamase y poder hablar… Yo la verdad es que estaba como loca, pues en el fondo adoraba a esa mujer. Poder servirle a ella, para mí era un honor, un placer, un privilegio.

    Esa misma tarde la llamé a su casa, cuando salí de trabajar… serían las 5 de la tarde. Y la señora Laura me mandó subir a su casa, para tener una entrevista con ella. Me recibió, me llevo al salón y allí me dijo lo que quería de mí… Que me ocupara de la casa, y que le tuviera mucho respeto a ella y a su hija Rocío, que ya tenía 14 años… Yo le juré obediencia absoluta.

    La señora Laura me advirtió que ella era bastante exigente, que iba a tener que trabajar mucho… Yo le dije que no me importaba trabajar el tiempo que fuese necesario, con tal de poder complacerles a ella y a la señorita Rocío. Que yo no tendría horario ante ellas… que les juraba obediencia absoluta, obedecerlas totalmente… etc.

    La verdad es que a la señora Laura le pareció genial, me dijo que les diera los 15 días a los de la cafetería, para tener todo en regla. Que ella me daría de alta cuándo empezase a trabajar en su casa… y así fue. A últimos de abril de ese 2019, empecé a trabajar en su casa. Entonces yo tenía 60 años, la señora Laura tenía 38 y la señorita Rocío 14.

    Yo pronto me adapté a mi nuevo trabajo. Estaba muy ilusionada, pues la señora Laura me caía bien, su hija también. Y aunque la señora Laura fuese algo déspota a veces conmigo, me gustaba su carácter. Me gustaba sentirme dominada por ella. Yo desde el primer día, quise que viera mi sumisión, mi entrega… Pero la señora Laura tenía muchas cosas más importantes en su cabeza, pues tenía varios negocios que compartía con su ex marido y tenía que clarificar esa situación. Ella andaba un poco estresada, teniendo que ir cada día a una Asesoría Jurídica que era la que llevaba todos sus papeles.

    Afortunadamente aquello no duró mucho tiempo y pronto la señora Laura tuvo buenas noticias y se sintió más relajada. Yo la verdad es que me desvivía por poder complacerla cada día. Tanto a ella cómo a la señorita Rocío, yo cada mañana les preparaba y les servía el desayuno. Cada vez que se duchaban, yo recogía toda su ropa íntima, la llevaba a la lavadora, yo limpiaba los azulejos del baño, los suelos. Estaba siempre atenta a que no les faltase el rollo de papel.

    Me gustaba tener todo a punto, a la hora exacta que mi señora Laura me ordenaba. Siempre intentaba demostrarle mi total entrega con pequeños gestos. Mi más absoluta sumisión ante ellas. Siempre solía inclinarme ante ellas en señal de respeto. Ante la señorita Rocío también. Obviamente debería ser chocante y a la vez humillante, ver a una mujer cómo yo con 60 años, inclinándose ante una señorita de tan sólo 14 años. Pero era así como le gustaba a mi señora Laura, y yo me humillaba ante ellas a diario.

    A los pocos días de eso, en casa de la señora Laura, una mañana que ellas estaban desayunando… La señorita Rocío me dijo: Susi por favor, tráenos unas servilletas. Yo enseguida se las di. Y escuché a la señora Laura, que le dijo a su hija: A Susi, no le tienes que pedir nada por favor. Ella está aquí para servirnos, para hacer todo lo que nosotras le mandemos… Es nuestra criada. Yo le pago para que nos atienda y nos sirva en todo…

    Y acto seguido le quita a su hija un pequeño tenedor que la señorita Rocío estaba usando para partir su tostada, lo tira al suelo, entonces me llama y me dice: Susi, recoge el tenedor de la señorita y tráele otro limpio. Yo estaba al lado, había escuchado todo… Y sumisamente le contesté: Si señora, ahora mismo. Me agaché a recoger el tenedor, no se lo entregué a la señorita Rocío. Simplemente lo dejé a un lado de la mesa, le traje uno limpio, y haciendo aposta una genuflexión ante la señorita Rocío, se lo entregue a la señorita.

    La niña no se dio apenas cuenta, pero la señora Laura sí me vio hacer ese gesto de genuflexión, le gustó, y me dijo: Eso está bien susi, que te arrodilles cada vez que tengas que servirnos… que se note quienes mandamos aquí… Yo le dije: muchas gracias mi señora Laura, siempre será un orgullo y un privilegio, poder arrodillarme ante ustedes. Y la señora Laura añadió: pues que no se te olvide nunca… Te quiero siempre arrodillada ante nosotras… Y dirigiéndose a su hija le preguntó: ¿Tú quieres que Susi se arrodille siempre delante de nosotras?

    La chiquilla extrañada, pero divertida, dijo que sí. Y la señora Laura me dijo: ya has oído… a partir de ahora, te arrodillaras siempre ante nosotras… y no quiero excusas… cada vez que estés delante de nosotras te arrodillarás por completo, no quiero eso que tú haces… genuflexiones, no. Quiero verte totalmente arrodillada… ¿queda claro?

    Si mi señora Laura, muy claro. Siempre arrodillada a sus pies y los pies de la señorita Rocío. Y la señora Laura, dando palmas me contestó: muy bien Susi, así me gusta. Creo nos vamos a llevar muy bien a partir de ahora… Yo le contesté: ojalá mi señora Laura, estoy deseando poder demostrarles toda mi entrega, a usted y la señorita Rocío. Muchas gracias distinguida dueña y señora Laura.

    A partir de ese día, me tocó tener que arrodillarme delante de ellas montones de veces… Por supuesto sé que la culpa fue mía, pero quería demostrarle a la señora Laura toda mi devoción y mi entrega total ante ella. Ahora ya estoy muy acostumbrada… pero al principio lo pasé muy mal, pues aunque yo soy delgada y me mantengo en forma a pesar de mis 60 años… era y es un suplicio tenerse que arrodillar cada dos por tres, ante mis dueñas Laura y Rocío. Los castigos no tardaron en llegar…

    La señora Laura viendo que yo me mostraba sumisa con ella con su hija Rocío, pronto comenzó a imponerme pequeños castigos, que enseguida se hicieron bastante más grandes…

    El primer castigo que me impuso, fue una noche quedarme sin cenar. La señorita Rocío me había pedido hacerle una pizza, yo se la estaba preparando… pero la señorita Rocío impaciente me pidió la pizza repetidas veces y yo una de las veces le dije: lo siento señorita Rocío, no se la puedo dar hasta que no esté bien hecha… Reconozco que yo estaba un poco nerviosa, ante tanta insistencia por parte de la señorita Rocío. Y cuándo la tuve hecha, se la llevé al salón dónde ella estaba viendo la tele, se la serví, pero no me arrodillé ante ella.

    La señorita, tampoco se dio cuenta… pero la señora Laura sí y me preguntó el motivo por el cual no me había arrodillado ante su hija. Yo me quedé pálida, enseguida le pedí perdón, a ella y también a la señorita Rocío, pero su madre me castigó esa noche sin cenar. Obviamente yo acepte el castigo y la señora Laura, viendo que no le ofrecía ningún tipo de resistencia, pronto volvió a castigarme. Me empezó castigando sin comer o sin cenar, sin poder tomar un refresco durante todo el día. Me castigaba sin el café de después de comer… Yo todo lo aceptaba pidiéndole sumisamente perdón ante cualquiera de sus castigos.

    En poco tiempo mi señora Laura se fue creciendo, y una tarde después de comer al servirle el café a mi señora, ella se quejó de que no estaba todo lo caliente que ella quería… yo se lo había preparado cómo siempre, pero le pedí perdón. Y mi señora Laura me dijo: este domingo, te quedas sin librar… castigada. Para que la próxima vez, estés más atenta… ¿te ha quedado claro? -sí señora Laura, le ruego y le suplico que me perdone, le dije yo, por supuesto arrodillada ante ella.

    A los pocos días, una noche yo estaba en la cocina recogiendo todo lo de la cena, cuando escucho que mi señora Laura me llama. Voy corriendo al salón, me arrodillo cómo siempre ante ella, le pregunto ¿qué desea? Y mi señora Laura me dice: ¿no has visto que se me ha caído la zapatilla al suelo? No me di cuenta señora Laura, perdóneme, es que estaba en la cocina… Le dije yo. Tú siempre con tus excusas, me dijo ella. Y añadió: cógeme la zapatilla. Yo la cogí, se la iba a calzar, pero ella retiró su pie y me dijo: ¿eres tonta? Te acabo de ordenar que me des la zapatilla, no me la calces.

    Yo le di su zapatilla, pidiéndole perdón nuevamente. Y la señora Laura me dijo, ya que no quieres obedecer por las buenas, tendrás que obedecer por las malas… y con la misma zapatilla que le acababa de entregar, me dio un pequeño zapatillazo en la cara. Yo me quedé paralizada, extrañada… por supuesto no me hizo ningún daño. Pero al ver que yo lo aceptaba, mi señora tranquilamente me volvió a dar otro y otro zapatillazo, no muy fuerte, pero dejando claras sus intenciones.

    La señorita Rocío, que acababa de ver todo, pues estaba también en el salón, le preguntó a su madre: ¿le podemos pegar a Susi? Entonces mi señora Laura, que no se esperaba esa pregunta de su hija… Después de unos segundos de dudas… le dijo: A Susi, no se le puede pegar… yo le estoy enseñando a corregir sus errores. No le estoy dando una paliza, sólo es corregir lo que veo que hace mal.

    La señorita Rocío, no pereció entender aquello… y le preguntó a su madre: ¿pero yo también puedo corregir sus errores? Claro mi vida, le dijo mi señora Laura. Tú puedes corregirle como tú quieras… Al día siguiente, después de desayunar, la mi señora Laura se va comprar cuatro cosillas, yo me quedo en casa con la señorita Rocío, me pongo a hacer la habitación de mi señora Laura… y al poco rato oigo que me llama la señorita Rocío.

    Rápido voy a su habitación, me arrodillo ante ella, le pregunto ¿qué quiere…? Y la señorita Rocío me dice: ¿no has visto que se me ha caído el boli al suelo? Yo le digo: no lo escuché señorita rocío, le ruego que me perdone. Y ella extendiendo su pierna hacia mí… me dice: -quítame la zapatilla y dámela. Yo obedezco, le descalzo su zapatilla, se la entrego… Obviamente quedo arrodillada ante ella.

    La señorita Rocío, con su zapatilla en la mano, me da un zapatillazo en la cara, mucho más fuerte que el que me dio su madre la noche anterior, repitió y repitió al menos 6 veces y me dejó el lado izquierdo de la cara como un tomate. Yo le pedí mil perdones a la Señorita Rocío y así quedó la cosa. A los pocos minutos regresa a casa la señora Laura, yo me arrodillo ante ella para recibirla cómo siempre, le ayudo con las bolsas… dejamos todo en la cocina y allí que había más luz, enseguida mi señora Laura detecta mi cara colorada en el lado izquierdo, me pregunta… Yo le explico lo sucedido. Y mi señora no me dice nada más.

    Luego al rato estaba mi señora en la cocina conmigo explicándome cómo quería que le hiciera un arroz con pollo. En eso que entra a la cocina la señorita Rocío, para beber un vaso de agua… Y le comenta a su madre: ¿has visto cómo le he dejado la cara a Susi? Ya, ya se la he visto, se la has dejado bien roja… le dijo su madre. Y la señorita Rocío, sonriendo añadió: le he dado 7 zapatillazos mamá. ¿crees que son muchos o pocos, mamá? Y mi señora Laura contestó a su hija: no son ni muchos, ni pocos… son los que tú decides y punto. Tú eres la que castigas… Y lo que tú hagas y decidas es lo único que vale.

    La señorita Rocío dijo a su madre: ¿entonces lo he hecho bien, verdad mamá? Sí hija, muy bien. Desde ese día tanto mi señora Laura, como su hija, me abofetean siempre que lo consideran oportuno. A veces me dan con la zapatilla… pero normalmente son bofetadas normales o bofetadas de ida y vuelta… esas que se dan muy seguidas con el dorso y con la palma de la mano. Por supuesto a los 7 meses de estar con ellas, comenzaba diciembre y yo ya me consideraba esclava de ellas. Era finales del 2019.

    Esas navidades madre e hija decidieron hacerme un regalo… y ese regalo fue un pequeño látigo y una fusta. Me lo regalaron justo el 25 de diciembre. Y ese mismo día las dos estrenaron el regalo… La señorita Rocío su pequeño látigo, que sinceramente no hace mucho daño, pero si te golpean muy seguido con él y con cierta fuerza, si te puede llegar a doler. Y mi señora Laura, también estreno su fusta, que esa sí que duele, pues la temo. No sé la cantidad de veces que mi señora me habrá castigado con ella, pero yo la temo definitivamente. Pues mi señora Laura, me da con ella por todas partes… cuándo está enfadada no mira dónde da, ella golpea y golpea y yo tengo que aguantar hasta que ella se calma.

    Ha pasado mucho tiempo desde aquel 2019. Justo 6 años y lógicamente todas hemos cambiado algo… Yo ya tengo 66 años, me cuesta mucho tener que arrodillarme ante mis amas… pero tengo que hacerlo, porque ellas así lo quieren. Les agrada verme así, totalmente rendida a sus pies. Ahora mi ama Laura tiene 44 años y su hija, mi ama Rocío tiene 20. Han pasado muchas cosas desde aquellas navidades del 2019, dónde les juré total obediencia y dejé de ser sirvienta de ellas, para convertirme en la esclava de las dos.

    Mi ama Rocío ahora es más benevolente conmigo, me castiga de vez en cuando, pero no la considero sádica. También es verdad que estudia mucho, sale con sus amistades y para poco tiempo en casa. Sin embargo mi señora Laura sí me tiene a raya. Yo creo que con el tiempo se ha hecho más exigente conmigo. Se ha acostumbrado a mi entrega, a mi total sumisión y disfruta teniéndome arrodillada a sus pies, mientras ve la televisión, y se los beso, se los lamo o se los masajeo según su gusto. Ella es la que decide todo. Mi vida la puse bajo sus pies hace 6 años y ahí seguimos. Ella mandando, castigando. Y yo obedeciendo, resistiendo su dominio.

    Ahora me castiga muchas veces sin comer nada, únicamente sus sobras. Me pellizca los pezones, me los retuerce. Me los golpea con su temible zapatilla, que a veces me hace estar en los infiernos, pues me hace un dolor atroz. Me castiga a permanecer de rodillas toda la noche en su dormitorio. Mientras ella duerme y descansa plácidamente, yo tengo que permanecer inmóvil toda la noche, o hasta la hora que ella me haya impuesto como castigo. Sin poder hacer nada, simplemente arrodillada al lado de su cama, a veces hasta las 3 o las 4 o las 5 de la madrugada… según ella desee.

    Es para mí de sus peores castigos, pues se hace larguísima la noche, en pleno silencio y sin poder moverme ni hacer nada, para no despertarla, para no interrumpir su feliz descanso, sólo estar arrodillada en mitad de ese silencio… Mi ama Laura a ese castigo le llama, hacerle la vigilia. Ahora no me castiga mucho así, pero hace tres años, era su castigo favorito… cada dos por tres me decía: esta noche castigada, te quiero haciéndome una vigilia hasta las 4 de la madrugada. Otra veces se la tenía que hacer hasta las 6 de la madrugada… Obviamente luego estaba que me moría todo el día, pues sin poder dormir y sin poder descansar bien, no podía tirar de mi cuerpo…

    Por fin, mi ama Laura lo comprendió, y ahora me castiga con alguna que otra vigilia, pero muy de tarde en tarde. Ahora lo que más utiliza para castigarme son sus manos… Las bofetadas son con diferencia su castigo favorito y también el de mi ama Rocío. Las dos saben como darme de bofetadas, y como hacerme llorar cuándo les da, por pellizcarme los pezones.

    A pesar de no ser todo un camino de rosas, viviendo como esclava de mis amas Laura y Rocío, éstos últimos 6 años con ellas han sido los mejores de mi vida. Poder estar rendida y arrodillada a los pies de mi ama Laura, es lo mejor que me ha podido pasar… se lo agradezco constantemente y ella lo sabe. También disfruto siendo esclava de su hija rocío, aunque no es igual obviamente. Mi ama Rocío es una mujer muy guapa, muy atractiva con sus 20 años recién cumplidos… Pero mi ama Laura, lo es todo para mí. Desde que la vi por primera vez en la cafetería, quedé prendada de ella. Siempre la traté con distinción, con elegancia.

    Entonces no podía imaginar que iba a terminar siendo su esclava. Me ha pegado mucho, me ha humillado, me ha maltratado de mil formas diferentes, pero ni un sólo instante he dejado de adorarla, de servirle con mi máximo respeto y mi total admiración. Ella ha sido el eje de mi vida, quién ha cambiado mi destino. Ella ha sido quien más me ha hecho sentirme viva bajo su inmenso poder, bajo su total dominio.

    Sigo estando a su merced, rendida bajo sus pies todas las horas del día… Para mí es un orgullo, un honor y un privilegio ser su esclava. Ella no sabe nada de este relato. Quizás no lo sepa nunca, pues no sé como se lo iba a tomar… Pero ahí quedará para siempre, que hay amores que traspasan las fronteras de todo lo establecido. Amores como este, que nacen desde lo más profundo de los sentimientos… y perduran en la clepsidra de los tiempos aguantando los temporales. Gracias a todas aquellas personas que hayáis querido leerme hasta aquí. Soy la esclava de mis amas Laura y Rocío. Pero… una esclava feliz.

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  • A Sandra le gusta violento (2)

    A Sandra le gusta violento (2)

    Yo supongo, que todos y todas que hemos tenido o tienen varios amantes, ya sea por estar solteros y tener “ganado” o ser casados y tener directamente amantes, les clasificamos, según nuestro gusto y feeling con esa persona.

    Yo, de mis muchas amantes, tenía una “reina”, un par de “princesas”, y un par de “destacadas”, cuyos nombres sólo ejemplifican el lugar de privilegio y preferencia que tenía para con ellas.

    Sandra era la Reina. No había ninguna como ella, caliente, rica, ganosa siempre, y además, vivía sola, lo que facilitaba mucho las cosas, nos encontrábamos recurrentemente en su departamento, donde siempre me esperaba o desnuda, o semi desnuda, incluso alguna vez, ya había comenzado a tocarse mientras me esperaba, caliente debido a la charla previa al encuentro.

    Yo era el hombre más afortunado del mundo. Tenía una amante exquisita, soltera, que vivía sola, multiorgásmica, que adoraba mi verga y era muy muy caliente y ganosa. Yo sabía que no era el único con el que tiraba ella, pero no me importaba, al contrario, le pedía me contara de los otros, y siempre insistí en que nos juntara a todos y le diéramos en conjunto, ella acababa de sólo pensar en esa opción, pero nunca se dio. Era además una amante, que disfrutaba su lugar de amante, le gustaba ser la otra, le encantaba saber, que luego de follármela a ella, yo llegaba a casa a follarme a mi esposa. Me pedía que pensará en ella mientras me follaba a mí esposa, cosa que alguna que otra vez hice y luego le conté.

    Era increíble mi vida sexual con ella, hasta que un día me dice:

    Sandra: ya tenemos la suficiente confianza, como para pedirte que me cumplas mi mayor fantasía.

    Yo: dime, yo te la cumplo con gusto

    Sandra: no te lo había dicho, porque es algo raro, fuerte, y necesitaba la suficiente confianza contigo para poder pedírtelo y hacerlo. Quiero que me pegues.

    Yo: Pero si ya te cacheteo, escupo e insulto… ya lo hago

    Sandra: no, quiero más… quiero qué durante el sexo, me golpees de verdad, quiero combos, patadas, ser arrastrada y que abuses de mí. Sólo no me la metas por el culo (para eso teníamos un acuerdo, que nunca pudimos hacer, así que nunca le hice anal). Quiero esto:

    Y me muestra un video, donde a la chica le pegaban combos en la cara y el cuerpo, la tiraban al piso y la pateaban, la escupían, la meaban, la arrastraban tirándola del pelo, le follaban muy duramente la boca, la zorra y el culo… y la violentaban de forma repetida entre varios hombres.

    Sandra: Todo esto, menos el anal, quiero que tú me lo hagas a mí. Quiero que me golpees de verdad.

    Quedé helado ante tal pedido, nunca había hecho algo así, y aún para mí, que me considero muy morboso, era demasiado. Cachetadas, escupes, insultos, tirones de pelo, un poco de fuerza bruta en ciertas ocasiones, era rico, era caliente. ¿Pero combos? ¿Patadas? ¿Arrastrarla del pelo? Excedía mis límites.

    Lo conversamos durante varios días, especificando que era lo que quería, como, donde, con que fuerza, todo tipo de detalles para saber exactamente que quería, y, si es lo iba a hacer, no quedarme corto, ni pasarme tampoco, esto último en este tipo de cosas, puede ser peligroso.

    Le dije que para ella –que era mi reina–lo haría todo, pero no sabía si eso podía hacerlo. Me imaginaba, que, con alcohol en el cuerpo, y muy caliente, quizás podría hacerlo. Pero en ese momento, yo era casado, la opción de salir juntos, y llegar borrachos a su departamento a hacer eso, era imposible. Nosotros nos juntábamos luego de salir de la oficina, o los fines de semana, antes de irme donde mis amigos, pasaba a darle un rapidín. Pero la opción de estar juntos varias horas, con alcohol, no era viable.

    Pasaron los meses, y yo me separé. Debía hacer un viaje y volviendo recibiría el departamento donde comenzaría a vivir. Pero antes del viaje, necesitaba alojamiento durante un fin de semana, Sandra, gustosa, me recibió.

    Llego el viernes a su departamento, y me cuenta que tiene un asado con unos amigos, y me invitó. Antes de salir, me lo chupo bien chupado, pero no acabé, ya que nos tuvimos que ir, así que me fui muy caliente. Nos fuimos al asado, tomamos, compartimos, nos calentábamos con lo que haríamos al llegar a la casa… nos decíamos al oído que tanto nos la chuparíamos, como me la follaría, de las ganas que tenía de cachetearla, cosas así de como tirábamos normalmente.

    En el carrete había una mina, que le empezó a coquetear a Sandra, y ella jugueteo harto con esta chica, bailaron, se acercaron, aunque no llegó a más, propusieron hacer un trío en las semanas posteriores. Aunque finalmente esto no llego a nada, sirvió para calentar el ambiente.

    Cerca de las 3 am, decidimos irnos, principalmente, porque ya no soportábamos la calentura. Mientras ella manejaba, yo la iba manoseando, y ya en el ascensor del edificio, la venía cacheteando, a pesar de que ella me decía que no lo hiciera, que nos verían por las cámaras. Intenté que me la chupará en el ascensor, pero a eso si se rehusó.

    Al entrar al departamento, la tomo del cuello y la empujo hacía atrás, cerrando con su propio cuerpo la puerta del departamento, ella gimió, una mezcla de asombro y excitación, y le dije con voz muy dominante: “si te quiero cachetear, lo hago, si te pido que me la chupes, lo haces, no quiero volver a escuchar un no de tu puta boca, eres mi juguete y haces lo que yo quiera… ¿entendiste puta?” sólo pudo decir “ajam” en señal de aprobación.

    En ese momento algo se encendió dentro de mí. Y sin mediar palabra alguna, comenzamos a cumplir su fantasía más grande.

    “Chupa mierda” le dije mientras con mi mano en su cuello la tiraba hacía abajo se agacho, en cuclillas, y comencé a meter mi verga en su boca, cada vez más profundo, que su nuca quedo pegada a la puerta, y ahí sin rango de movimiento, empecé a follarle la boca… se atragantaba, se ahogaba, botaba saliva por los costados y ya le comenzaron a llorar los ojos… mi verga estaba más dura que nunca y no le daba descanso su boca y garganta… le saque la verga de la boca, y agarré su cabello, y comencé a caminar, tirando su pelo como si de una correa de perro se tratara, ella como podía, a cuatro patas, como la perra que es, me intentaba seguir el paso.

    Llegué al borde de la cama, me senté sin soltar su pelo dirigiéndola para que siguiera chupando. Esta vez la dejé hacer su trabajo, mientras yo la escupía y cacheteaba cada tanto, hasta que agarré su nuca y le forcé una garganta profunda riquísima, mientras se atragantaba y babeaba. La solté, y tirando su pelo la hice mirarme

    Yo: ¿Ahora si serás una buena puta? –dije mientras le daba una cachetada más fuerte de las que le daba normalmente

    Sandra: aja –dijo moviendo la cabeza afirmativamente mientras se limpiaba mi saliva de su ojo

    Yo: ¿Serás mi juguete sexual?

    Sandra: si, quiero

    Yo: Ahora desnúdate y espérame en la ducha con el agua tibia, si me quemo, te rompo el culo

    Sandra: Lo que usted quiera

    La solté y se levantó, comenzó a desnudarse mientras yo me dirigí a la sala a tomar agua. Me desnudé y fui a la ducha… abrí la cortina, y la vi… hermosa como siempre, esas tetas enormes esperando ser castigadas, me miro con su cara de “quiero más por favor” con la pintura de los ojos corrida por estar llorando de las atragantadas que le pegué. Entré a la ducha, la abracé y comencé a besarla mientas con mis manos recorría su cuerpo, apretaba fuerte sus senos, y masajeaba sus nalgas… la hice agacharse a chupármela.

    Se puso de rodillas esta vez, así que mi vista era de su nuca moviéndose, su espalda y su culo. Comencé a forzar su cabeza para que se atragantara con mi verga mientras fui nalgueándola, cada vez más fuerte, y más fuerte, hasta que en algún momento la nalgada fue tan fuerte en su ya irritada nalga, que se sacó el pene de la boca para dar un aullido de dolor… eso me calentó, escucharla sufrir fue gasolina en mi interior, sabiendo que, eso era lo que ella quería ya lo estaba consiguiendo.

    A ratos le tiraba el pelo para que me mirara y le escupía y cacheteaba muy fuerte. Yo sé que, en ese momento, ella estaba esperando los combos. Pero aun así de caliente como estaba, no pude darle en la cara. La volví a atragantar con mi verga y empecé a darle combos en el costado del cuerpo, en la cintura y en el costado de los pechos y el estómago. Alternaba los combos en el costado con las nalgadas fuertes en el culo, y sus gritos de dolor, se empezaron a mezclar con placer. Mis combos cada vez eran más fuertes y con cada combo la sentía estremecerse en orgasmos. La zorra estaba disfrutando el maltrato.

    Cuando vi que su culo y cuerpo estaban muy rojos, incluso una de sus nalgas ya morada, salí de la ducha, le dije que se pusiera de rodillas, me la chupo un poco, y le di lo que quería, una cachetadota como nunca había dado una antes, que la mandó al piso. La agarré del pelo y empecé a arrastrarla hasta la pieza. Intentaba como podía intentar levantarse, pero entre mis tirones y lo mojado del suelo, resbalaba, y patas arriba como cucaracha iba arrastrándose mientras yo tiraba su pelo y ella chillaba del dolor.

    Al llegar a la pieza (fueron unos 5 metros lo que la arrastre), le di un último y fuerte jalón el pelo, lo que hizo que se golpeará con la cama. “Así te gusta, ¿cierto perra?” le grité y comencé a patearla. En las piernas, en las tetas, en la guata, le di una fuerte patada en el culo, que yo creo que la sintió hasta en la zorra. Ella chillaba de dolor, pero ya no gritaba, ahora gemía la muy perra. La volví a tirar del pelo, para arrastrarla y de un fuerte tirón azotarla contra un mueble, ahí le di unas patadas más, mientras la escupía e insultaba.

    La hice levantarse, y tomada del pelo, le indiqué que se pusiera en la cama con la cabeza colgando y comencé a follarle la boca sin piedad mientras le cacheteaba las tetas hasta dejarlas rojas. Luego, mientras seguía follando su boca, le empecé a masajear suavemente el clítoris, sacándole un rico orgasmo, uno más de los cuantos que ya había tenido. Y cuando abrió totalmente las piernas, entregada a mis caricias en el clítoris, le cacheteé fuertemente la zorra, sacándole un grito exquisito. Me subí encima, la penetré y empecé a follármela fuertemente. No duré ni un minuto y me vine abundantemente en el fondo de su zorra. Fue la primera y única vez que le acabé dentro.

    Me levanto y la miro…la cara y tetas rojas de las cachetadas, los ojos llorosos del facefuck, sus tetas, la zorra escurriendo mi semen. La tomé de un brazo y la giré para terminar de ver como la había dejado. Una nalga roja, una morada, los costados de la espalda rojos de los combos, y ella, una cara de felicidad, satisfacción y placer. Una obra de arte verla así.

    En cuanto paso la calentura, mi primer instinto fue preguntar si estaba bien, había sido muy brutal lo recién sucedido, al menos para mí.

    Yo: ¿Estás bien?

    Sandra: si, estuvo increíble, fue riquísimo.

    Yo: ¿Segura? ¿Era lo que querías? ¿No se me pasó la mano?

    Sandra: Tranquilo, estoy bien, estuvo rico. Pero la próxima vez quiero algún combo en la cara, y por favor, no te contengas, patéame más fuerte.

    PD: Este es una relato real, de mis experiencias. Tengo muchas más que quisiera contar, y que conforme me vaya dando el tiempo, iré relatando.

    Cualquier consulta, tema que quieran que aborde (créanme que tengo historias para todo tipo de gustos), favor dejármelo en comentarios.

    Gracias por leer.

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  • Comentarios a su amante de 65 (ella de 57)

    Comentarios a su amante de 65 (ella de 57)

    Comentarios de mujer.

    Buenos días.

    Te puedo decir que estoy muy bien, dormí delicioso me siento feliz al leer todo esto que escribiste.

    Me encanta que tú al igual que yo disfrutes plenamente de hacer el amor conmigo, es cierto ya no cuento los orgasmos que tengo, me olvido de todo y solo quiero disfrutar de estar a tu lado, de tus besos, de tus caricias, de como tocan tus dedos mi punto G, eso es una locura, es una sensación tan sublime de mi cuerpo, que se entrega todo mi ser al placer cuando tengo un delicioso orgasmo así, y muchos más.

    Sabes es similar tener tus dedos dentro, a tener tu pito dentro de mí, de perrita, tu pito toca mi punto G y tus huevos mi clítoris, pegan en él y hacen que se hinche más y explote en un orgasmo grande y varios pequeños, y sentir como palpita tu pito al venirse, mi panochita comienza a palpitar mucho y estalla… aaah a qué rico.

    Es una delicia que no quiero que se termine en ese momento es como tocar el cielo con mis manos, es el paraíso.

    Sabes que mis hormonas se han disparado más, creo que si no estuviera operada ya me hubieras embarazado, mi panochita está excitada constantemente sin que yo la toque, y sabes ahora está mojada de un líquido como de moco transparente, eso recuerdo que me pasaba unos días al mes, creo que en mis días más fértiles.

    Me masturbé rico anoche, pero me quedé con la sensación de querer tener aquí en mi cama dentro de mi entre mis piernas.

    Me dormí y por la madrugada sentí tus caricias en mi panochita, descubriste mis senos y mamaste mis pezones, pasabas tu lengua en ellos, es tan deliciosa, decías: y tus chiches y tu clítoris me vuelven loco.

    Comenzaste a chupar mi clítoris, lo jalabas suavemente con tus labios lo apretaste despacito, movías tu lengua en círculos yo me movía, me arqueaba, gritaba, gemía, te decía ya no, ya no, cógeme, cógeme y seguiste chupando te estabas devorando mi panocha, explote en un orgasmo delicioso, yo estaba como loca pidiendo verga, y tú seguiste mamando me dijiste, más perrita mía más, vente toda.

    Vinieron varios orgasmos seguidos y más pequeños, tu seguías chupando, metiendo dedos, tu verga estaba dura, cuando me dijiste, quieres verga te dije si y la metiste en mi culito, yo decía duele y tú seguías, era como si lo prohibido te excitara, decías, es mío este culo, es mío, gritaste me vengo, en mi culo… aaaah.

    Sentí como mi panocha se venía en un rico orgasmo, desperté bien mojada con mis dedos tocando el culo y la panochita fue delicioso darte mi culito en mi sueño Y que me hicieras tuya totalmente poseída.

    Te amo te mando besos amor.

    Ella sigue…

    A mí también me gusta tener orgasmos, los cuales tu provocas desde que comienzas a besarme siento que me está cogiendo tu lengua, la boca, cuando chupo tu lengua es como si estuviera mamando tu verga y me detengo porque mi mente está fantaseando, estoy sintiendo como cuando chupas mi clítoris con tu lengua, cuando tú lengua lo recorre, en ese momento sentí que me venía yo, me contuve y tú te diste cuenta y seguiste con más pasión, cogiendo mi boca con tu lengua, ahí ya no aguante y vino un pequeñito orgasmo, en ese momento quería sentir tu verga dentro de mí, no tienes idea de cuánto mi panocha desea ser penetrada, y comenzó a doler un poco la entrada de mi vagina.

    Sabes sentí riquísimo cuando me pusiste aceite de coco, el sentir como acariciabas mi espalda fue la llave para desbordar lujuria, sentir tus dedos en mis nalgas, resbalaban por mi piel tan rico, tan erótico, sentí tus dedos tocando mi culito ufff, es lo más delicioso que he sentido, pero cuando tocaste la entrada de mi panocha, ahí si ya deseaba la verga dentro de mí, ser tu perrita, tu hembra, sentir como tú verga toca mi clítoris o tus huevos, y ahí si ya vale. Me entregué a ti y fui tuya totalmente.

    Sentir como entra tu pito en mi panochita es como una caricia y no paro hasta sentir y escuchar que gimes y decirme que te vienes, eso es delicioso, tu lechita es vitamina para mi panocha, por eso no me quise lavar, así me quedé, quería que mi panocha absorbiera tu leche, la leche de mi novio, del único amante que me ha hecho sentirme plena completa, mujer llena y muy satisfecha.

    Eres mi cabrón cogelón, así te grito mientras me coges, mi macho, ese verdadero hombre que me hace sentir delicioso, cada que me haces tener orgasmos y sabes perfectamente que cada vez buscas el que yo tenga más y más y eso es súper delicioso…

    Y tú puedes decir que mi cuerpo es el que los tiene, y es cierto, pero tú los provocas, tus manos tienen algo que a mí cuerpo le gusta, es como si al acariciarme estuvieras tocando mi clítoris o el punto g.

    Sabes yo disfruto que hagas todo lo que quieras, es como si dijeras; es mía, me siento dominada, y eso me gusta, me excita, me provoca los orgasmos.

    Sabes; me tocas delicioso, como si tus manos me conocieran, y creo que te gusta descubrir mis puntos eróticos, te gusta verme retorcer de placer, arquearme de gusto, pedirte más y más verga, en esa posición de tijera también muy deliciosa.

    Sabes amor sentí que venía un orgasmo, y otro y otro, me dieron como nervios y placer por eso decía; no ya, ya no, pero tú pensaste; cuál no, y seguiste como si yo te hubiera dicho más más, y ahí ya no pude parar, vino un orgasmo tremendo, delicioso, y uno pequeño, y otro pequeño y más que quedó temblando.

    Mi culo estaba caliente, mi espalda también, tus huevos habían tocado mi culo, yo me sentía tu perrita, en ese momento, mi papi me estaba haciendo suya, con amor, con ternura, eso desbordó mi lujuria, dije es mi cabrón cogelón, tuve el mayor organismo, sentí como llego esa sensación de mi orgasmo, sentí un chorro de leche que salía, con una sensación bien rara, quise detenerme, por qué me dieron ganas de hacer pipí, pero otro orgasmo llego y al tenerlo salió leche y pipí, solo sentí como se mojaban tus huevos, el pito, tu pierna y la cama, me estaba dando pena, pero apreté mi suelo pélvico para detener la pipí, sin querer hice mi fantasía de orinar tu verga es deliciosooo.

    Jajaja

    Perdón fue sin querer.

    Tú tienes la culpa por provocarme tan deliciosos orgasmos, lo malo es que está panocha cada vez quiere más pito…

    Estoy caliente, solo de recordar tus dedos tocando mi culito… Me vengo.

    Estoy tocando mi puntito del placer, que delicioso es tener el clítoris parado.

    Y yo le pregunto:

    Esta chiquita mi verga y has tenido otros mejores que yo.

    Y ella responde:

    Te responderé tu duda va, la verdad.

    El primero tiene su pito más delgado y supongo que más chico porque la única vez que le hice sexo oral si entro en mi boca completo.

    El del segundo, ahí si no se, porque nunca me permitió tocarlo pero supongo que del tamaño del inútil del primero.

    Estuve con un tercero, una persona con un pito chico, pero grueso pero no hice nada la verdad no me gustó y aparte estaba bien peludo se perdía entre el matorral parecía un champiñón, no cuenta, jajaja.

    Estuve con otra persona la cuarta, que más tardo en ponerse el condón que en venirse o sea bien pendejo y todavía me dio la escusa más pendeja, es que tú vagina está bien caliente y no aguanto, no buey, pues coje con una muerta para que esté fría, ese tenía el pito como el tuyo pero medio flácido no duró o sea un puto precoz, no cuenta.

    Cuando te conocí y me diste un beso dije: si coje como besa mmm.

    Y no me equivoqué. Cuando vi tu verga parada la primera vez la vi rica y la felicidad y mi asombro es cada que veo tu verga, erecta, dura, grande, rica, no puedo evitar, pongo con cara de lujuria y pienso voy a coger delicioso.

    Voy a ser tuya no me interesan los demás pitos sabes ¿por qué?, solo tu verga me ha hecho venirme, y no solo una vez, es una delicia cuando va entrando, digo que rica verga tiene mi cabrón cogelón, está grande por qué no entra toda en mi boca, y está del tamaño del largo de mi cavidad vaginal, siento como tocas algo dentro de mí.

    Es una delicia tener al mejor novio y amante, gracias por hacerme feliz cuando estoy cogiendo contigo, te amo.

    Está húmeda mi panocha. Sabes quiere tu verga mi panocha, quiere un mañanero, voy a masturbarla pensando en tu vergota deliciosa y tus dedos en mi culito… mmmm.

    Sabes algo, me estoy tocando rico dice mi panocha que le encanta cuando frotas el clítoris con la verga mmmm.

    Me encanta tu verga, está deliciosa, sabrosa, me encanta, estoy viendo tu verga en una foto y sigo tocando mi panocha, me excito, mando besos a tu verga deliciosa.

    ¡Ahhh me vengooo!

    Pero todo es delicioso y no esta chiquita tu verga está perfecta.

    Si tú piensas que la tienes chiquita pues no es verdad, está rica tu verga a mí me gusta yo la disfruto y pongo cara de lujuria cuando la veo, y cara de babosa creo y bueno físicamente me gustas eres un hombre muy atractivo y guapo y a mí me gustas y a las demás también o crees que no me doy cuenta.

    Que te observan y más la señora de dónde entregas, se le caen los calzones cuando te ve. Se le antoja tu pito… jajaja.

    Pues, ¿por qué será? Eres amable coqueto natural y guapo, tengo al mejor novio, amigo amante y cabrón cogelón y lo mejor: esa verga es mía.

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  • La propuesta de Lari y Sharon

    La propuesta de Lari y Sharon

    Era viernes por la noche y el frío en la ciudad se sentía hasta en los huesos. Estaba en casa, sin planes, cuando recibí un mensaje inesperado.

    Lari:

    *Hola, Doc. ¿Estás ocupado? Sharon y yo queremos invitarte a nuestro departamento. Tenemos vino… y una propuesta que no creo que puedas rechazar…

    Me sonreí al leerlo. Lari era siempre directa, pero esta vez el tono tenía algo distinto. Seductor. Intrigante.

    Yo:

    Hola, Lari. No tengo nada que hacer. Claro que les ayudo… ¿pasó algo?

    Lari:

    *No te preocupes, bebé. Te va a encantar.

    Yo:

    ¿Bebé? Primera vez que me decís así… pero no me enojo, jeje.

    Lari:

    Es solo una pista de lo que te vamos a pedir…

    No lo dudé. Me cambié, me perfumé, y en menos de una hora estaba frente al edificio. El guardia me dejó pasar sin preguntar. Subí al piso 7, el corazón latiéndome con una mezcla de ansiedad y curiosidad.

    Cuando toqué el timbre, la puerta se abrió casi de inmediato. Lariza me recibió con una sonrisa pícara. Tenía un shortcito rosa que le moldeaba las caderas y con un culo bien formado sin ser muy grande y una campera negra que apenas ocultaba sus curvas. Detrás de ella, en el sofá, estaba Sharon, piernas cruzadas, copa en mano, con una mirada de esas que atraviesan.

    Lariza es brasileña, 21 años, piel blanca, pelo negro lacio que le caía como seda por la espalda. Delgada, pero con un culito perfecto, de esos que uno no se olvida. Sharon era todo lo contrario: alta, morena, con un cuerpo de modelo—piernas largas, pechos llenos y una retaguardia que parecía diseñada por dioses con malicia.

    Me invitaron a pasar. Me senté en el medio del sofá, Lariza a mi derecha, Sharon a mi izquierda. La calefacción estaba encendida, el ambiente cálido, sensual. Tomamos vino, hablamos de cosas triviales —la medicina estética, el trabajo, lo rápido que pasaba la semana.

    Hasta que Lariza me miró a los ojos y dijo:

    —Bueno, Doc… es hora de contarte por qué estás acá.

    Sharon sonrió.

    —Y ya te avisamos: es imposible que digas que no.

    —A ver, sorpréndanme —les respondí, con una sonrisa ladeada.

    Lariza apoyó su copa, se acercó un poco más, su perfume me envolvía.

    —Queremos ser madres… y te elegimos a vos.

    Me quedé en silencio por un segundo. No porque me sorprendiera, sino porque de repente entendí lo que estaba pasando.

    —¿En serio?

    —Sí —dijo Sharon—. Nos gustás, Emilio. No solo físicamente… también por tus genes, tu energía, tu forma de ser. Queremos hijos tuyos.

    Lariza añadió:

    —Y no por inseminación ni con médicos. Queremos hacerlo de verdad. A lo natural. Las dos… al mismo tiempo, en un trío.

    Las miré. No había dudas en sus ojos. Solo deseo.

    —Y, por supuesto —dijo Sharon mientras se desabrochaba el primer botón de la blusa—… sin preservativo.

    Lariza se acercó aún más, me tomó la mano y la llevó a su muslo desnudo.

    —Podés acabar dentro de quien quieras. No va a haber reclamos… solo placer.

    ¿Quieren que siga?

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  • Emilia (1 y 2)

    Emilia (1 y 2)

    Emilia (1):

    Hacía tiempo que Emilia me venía invitando a tomar mate. Una tarde acepte y fue ahí que comenzó todo. Mi nombre es Néstor, Tengo 67 años

    Emi así la llamamos desde chica es ahijada de mi ex compañera (hace unos años que falleció) hija de una amiga con la cual se criaron juntas, cuando esta amiga se separó y no podía tenerla, mi compañera y yo nos hicimos cargo de ella, tendría 11 o 12 años cuando vino a vivir con nosotros. Siempre la tratamos como una hija y ella nos llamaba tíos. Siempre la respeté. Pasó la vida, se hizo mayor, se casó. No dejé de pajearme en su nombre.

    Hoy que estoy solo acepte ir a tomar mate con ella. Llamé a su puerta, abre envuelta en una toalla y con otra secándose el pelo. Tuve el impulso de quitarle la toalla, para ver ese cuerpo tan deseado por años, pero me comporté. Nos saludamos con un beso y me dice:

    –Pasa tío, anda preparando el mate, yo recién llego y me pegue una ducha, ya estoy con vos. Yo respondí sin pensar:

    –Bueno espero, me gustan recién bañaditas. Ella lanzo una risita yéndose hacia el dormitorio. Yo preparé el mate y puse todo en la mesa del comedor. Apareció ella con un vestido suelto y arreglándose el pelo con las maños, más divina no podía estar. Vestido fino le marcaba la zanja de ese orto precioso, se le marcaba la ropa interior, deduje que tenía bikini.

    –Voy a bajar la tele así charlamos mejor.

    –Tengo que pedirte disculpas porque el chiste que hice no fue apropiado, al decirte que me gustan bañaditas.

    –Yo no debería haberte recibido así, sabiendo tu situación. Pero como nos tenemos tanta confianza, bueno ¡ya está! Olvídalo.

    –¡Ojalá pudiera olvidar! Los primeros tiempos ni me acordaba de las mujeres, pero ahora tengo necesidades.

    –Yo pensaba que ya no se te “paraba”

    –Vos estas decidida a avergonzarme

    –¡No, para nada, tío! Y no tienes alguna que te ayude a “descargar”.

    –Quien me va a dar “pelota”, ¡viejo y sin plata!

    –No, no digas eso vos siempre gustaste a las mujeres. Las hermanas de la tía estaban locas por acostarse con vos.

    –Me lo hubieras dicho antes, ahora están viejas como yo.

    –Hay muchas jóvenes a las que les gustas todavía.

    –¡No me digas!

    –Vos no querés darte cuenta.

    Así, tomando mate y charlando, siempre la charla era sobre el tema sexual. Paso la tarde y era hora que me retirara, así se lo hice saber. Ella se levantó y me abrazo de atrás y susurrando en mi oreja, me dice:

    –Yo te quiero ayudar, mi “viejo” querido.

    En ese momento no tome nota del tipo de ayuda a la que se refería.

    –Por el momento, si bien tengo mis necesidades, solo me arreglo.

    Me respondió con una sonrisa de esas que hacían que le quisiera partir esos labios con mis besos y después ponerle la pija en la boca para que la envolviera con esos labios.

    –Sí, pero la “paja no es como el trigo” Antes que te vayas quiero hacerte un regalo que te va a venir bien, espera que te lo traigo.

    Se fue hacia el dormitorio, me quede esperando intrigado. Apareció radiante y entregándome una bolsa de papel, me dijo:

    –Esto te va ayudar, no lo abras hasta llegar a tu casa.

    Agarro mi cara con sus dos manos y dándome un beso en la boca me despidió.

    –Te quiero “viejito” Te llamo.

    Solo atine a despedirme, pensando que me había besado en la boca. Llame un remis que me llevara a casa, pensaba en ese beso que me había dado y sentía un cosquilleo en la pija. Realmente me había dejado caliente, sentí urgencia por llegar a casa y abrir el paquete envuelto con papel de regalo que me dio en la bolsa. Al entrar en casa tiré las llaves sobre la mesa del comedor y me dirigí al dormitorio para cambiarme la ropa y vestirme para entrecasa.

    Una vez cambiado, me pregunté. ¿Qué me habrá dado? Y agarré el paquete y lo abrí, la sorpresa fue total, tenía en mis manos una bikini roja, fue instinto puro llevarla hasta mis narices y oler profundamente. Un hermoso olor a concha invadió mis sentidos y llego hasta mi pija porque de inmediato se me paró. No hice más que bajar mi short junto con el slip y empezar a hacerme una paja que fue apoteótica, acabe oliendo las bikini de Emi y quedé pensando cómo hacer para chupar esa conchita que seguro que era sabrosa por el olor que impregnaba su bikini.

    Emilia (2):

    Paso una semana cuando recibí un nuevo llamado de Emi, yo había pasado la semana a pura paja, olía la bikini y me tenía que pajear por la calentura.

    –Veni mañana, tenemos que hablar. Dijo ella, yo pensé, se arrepintió, pero ahora ya es tarde ni loco le devuelvo la bikini. Estuve inquieto hasta la tarde del otro día.

    Como lo había hecho la semana pasada llame a su puerta, ahora no recibió envuelta en una toalla, sino que una solera fina, suelta por el calor, cuando se dio vuelta se le marcaban las nalgas que se movían con cada paso de ella, estaba hermosa, para comérsela. Llegamos al comedor–cocina.

    –Siéntate, mientras preparo el mate.

    Cuando trajo el mate y se sentó frente a mí, dije apresurado:

    –Mira, si te sientes mal por lo que paso el otro día, no te hagas problemas de mi parte no voy a pedirte nada.

    –Yo sí, primero quiero que me digas si te gusto el regalo y si te ayudo, después seguimos hablando.

    –No dejas de sorprenderme Emi, el regalo fue hermoso y me ayudó mucho.

    –Bueno, me pone contenta que te haya gustado, ahora cuenta como te ayudo, yo quiero saber todo, ¡me gusta cómo te pones colorado!

    –Bueno, te voy a contar todo. Cuando abrí el paquetito que me diste y toque tu bombachita, todavía húmeda, la lleve a la nariz y el olor a concha y perfume hizo que recordara cuando le chupaba la concha a tu tía, pero no era el mismo y pensé que era el olor de tu conchita. Me saque el slip y comencé a hacerme una paja, no dure mucho y me acabe. Seguí oliendo chupando tu bikini hasta que se me paro de vuelta y me hice otra paja, más lenta, disfrutando de tu olor a concha e imaginando los labios de tu conchita en mi boca.

    –¡Ay tío, me haces poner “cachonda”!

    –Y eso no es todo, me estuve pajeando todas las noches de esta semana y cada noche pienso más en vos.

    –Yo también pensé en vos.

    –Ahora quiero llevarme la bombachita que tienes puesta, porque me imagino que debe estar mojada, te calentaste con lo que te conté.

    –Antes tengo que proponerte algo, que se me ocurrió. Te ayudaría a vos y a mí me daría… satisfacción.

    –Bueno, veamos que tienes para ayudarme.

    –El otro día te di mi bikini, para que olieras concha, que dijiste, que no lo hacías en mucho tiempo. Ahora vas a tener la posibilidad de tocar una concha, supongo que hace mucho no tocas.

    –Es verdad, hace mucho tiempo que no siento en mis dedos la suavidad de los pliegues de esa cavidad de las mujeres. ¿Qué tengo que hacer, para ganar eso?

    –Quiero ver y sentir como se te para la pija.

    –¿Y vos te dejarías tocar la concha? ¿Puedo chuparla también?

    –No, veremos cómo nos va hoy, después puede ser.

    –Bueno, ¿Dónde lo hacemos?

    –Vamos al dormitorio, creo que en la cama será más cómodo.

    Nos dirigimos al dormitorio, ella delante, caminaba moviendo el culo, no me aguante y le metí la mano queriendo llegar al cielo. Se dio media vuelta y pasando su mano por encima del pantalón, me toco la pija.

    –No seas impaciente, ya la vas a tocar todo lo que quieras. Pasó por el baño y voy, la esperé en la puerta, sentí el chorro de ella haciendo pis, no sé porque, pero eso me calentó más todavía. Salió con un toallón en la mano. Llegamos al borde de la cama y dijo:

    –Vos debes saber cual posición es mejor para que nos toquemos al mismo tiempo.

    –Creo que lo mejor es, yo acostado boca arriba y vos arrodillada al lado, si te cansas cambiamos de posición.

    Metió las manos debajo del vestido y en un gesto característico de las mujeres se bajó la bombachita, sacándola por los pies. Yo me sacaba los pantalones.

    –Guárdame esa bikini, que la llevo.

    Sonriéndose se subió a la cama, yo en slip hice lo mismo. Ella tendió el toallón.

    –Sácate el calzoncillo y acuéstate sobre el toallón.

    –Tengo que decirte, si bien vos me gustas mucho y estoy caliente, siempre fui tímido con las mujeres y estoy muy nervioso.

    –Bueno, cierra los ojos y déjame a mí.

    Sentí como bajaba mi slip y agarrando la pija empezó a masturbarme suavemente, a la vez tomó mi mano derecha y la llevo a su entrepierna, roce los labios de su concha, que estaba caliente y mojada. Metí dos dedos dentro y los saque mojados por sus jugos, los lleve a mi boca y los chupe con deleite.

    –Mi amor, gracias mi amor por dejarme probar el jugo de tu hermosa concha.

    Así estuvimos unos minutos, solo se escuchaban nuestros gemidos, gimió más fuerte y sentí como se contraía su concha y baño mi mano con su acabada. Mis dedos apretaban el clítoris, mientras de mi pija comenzó a salir borbotones de semen, ni ella ni yo dejamos de masturbarnos por un rato.

    –Veni, vamos a lavarnos.

    Cuando entramos al baño se desvistió y abrió la ducha, me saque la remera y entre con ella a la ducha, al verla desnuda no pude aguantar y tomándola de los glúteos la apoye contra mi cuerpo y la bese, busque su lengua y se la chupe.

    –Bueno, basta por hoy.

    –¿Te gusto?

    –Me gusto y mucho.

    Salí del baño y fui a vestirme al dormitorio, allí sobre la cama estaba la bombachita, la hice un bollo y me la metí en el bolsillo. Nos despedimos en el comedor con un piquito.

    Mi principal objetivo, es ahora, que me deje chuparle la concha, lo demás viene solo.

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  • Mi novia y mi padrastro (4)

    Mi novia y mi padrastro (4)

    Dios mío, ese video duraba 45 minutos, eso era más de lo que yo podría asimilar, pero ya estaba ahí, por lo que decidí darle al play. Ahora la cámara estaba quieta en un rincón de la habitación, permitiendo ver todo lo que pasaba en la cama. Mi novia estaba sentada con las piernas cruzadas y mi padre parado con la verga erecta, los dos viéndose. Mariana dijo “Quiero que me hagas tu puta”, y Gustavo respondió “De ahora en adelante, solo te voy a usar para sacar mi semen”. Mi padre subió a la cama y comenzó a besarla, se separó un poco, le apretó el cuello y le dio una cachetada fuerte, haciendo que volteara la cabeza. Ella lo volteó a ver sonriendo y mordiéndose el labio, y él, le golpeó una teta igual de fuerte.

    No podía creer lo que estaba viendo, una cosa era tener relaciones sexuales, lo cual de por si ya era mucha información para digerir viniendo de mi padre y mi novia. Pero esto era una relación de un ser dominante con una persona sumisa, ver a Gustavo comportándose como un amo y a Mariana como a una sirviente. Mi excitación se fue por los cielos, ver su teta rebotar con el golpe, mientras sonreía, pudo conmigo más que los celos que también sentía. Tenía mi pene ya endurecido y ya me lo sobaba para al menos disfrutar lo que estaba por venir.

    Comenzaron a besarse, mi padre inclinado sobre mi novia, el pene reposaba en el estómago de Mariana, ya dejando caer gotas de líquido preseminal. Mi novia lo masturbó durante el beso, mientras mi padre apretaba una teta con su mano derecha, ya que con la izquierda sostenía su cuerpo. Era un beso salvaje, no uno normal, se besaban con ímpetu, usando mucho la lengua, él la sacaba para que ella la chupara como si de su pene se tratase. Luego ella le lamía todo alrededor de la boca, por encima de sus labios y adentro de su boca también. Ninguno de los dos dejó de estimular sus genitales.

    Se comenzaron a acariciar sus cuerpos, ella exploraba los músculos de él, los de sus brazos, su abdomen y hasta donde alcanzaba a tocar de sus piernas y sus glúteos. Él, de la misma forma recorría sus brazos, su estómago, sus caderas y sus piernas, los dos debían estar excitados. Terminaron ese beso con el lamiéndole toda la cara, le lamió la nariz, la frente, las mejillas, sus ojos cerrados, mientras ella recibía su lengua apretándole el pene y dejando salir pequeños gemidos. Mariana le lamió el cuello después, pasando desde la parte más arriba del pecho hasta su barbilla.

    Ahora él se acomodó para ponerle la verga cerca de la cara, se veía imponente, siendo del tamaño suficiente para cubrir todo el rostro de mi novia. El desgraciado se sentó en sus tetas, sus glúteos de hombre, encima de los pechos de Mariana. Se vio como ella apenas aguantaba el peso, pero no le importó, empezó a mamársela con desesperación, con deseo, acariciando sus piernas mientras lo hacía. Gustavo aprovechó para sobarle la vagina, que ya goteaba de la excitación.

    La ayudó poniendo su mano sobre su cabeza y haciendo que trague todo lo posible, llevándola cada vez más adentro. Cuando le sacaba el pene de la boca, se derramaba la saliva que no podía controlar por concentrarse en chupársela, él usaba la saliva para embarrársela en la cara y cachetearla.

    Siguieron así un minuto más, para que después ella se acostara completamente en horizontal y viendo hacia arriba. Él se puso como si hiciera lagartijas, pero con su pito en la boca de mi novia, y si, se puso a hacer las flexiones, sintiendo la calidez de la mamada. Ella ahora se masturbó por cuenta propia, disfrutaba mucho siendo usada así, con él profanando su boca de esa manera. Terminaron con esa posición con mi padre dejando caer su peso con su verga llegando hasta el fondo. Dios mío, que rico se tuvo que sentir eso, ella comenzó a ahogarse, y el en lugar de salir, hizo el movimiento como si se estuviera cogiendo una vagina. Mariana flexiono las piernas y comenzó a moverse con desesperación, no podía respirar, por fin le sacó la verga de la boca.

    Sorprendentemente, mi novia sonrió y le dijo “me encanta que me trates como a una prostituta”, Gustavo sonrió, afirmando que, en ese momento, eso era, una prostituta. La tomó del cabello y la volteó, teniendo su culo enfrente de él, la acostó y se hundió de lleno en su trasero. Ella comenzó a gemir con fuerza, parece que sabía como mover la lengua, y si vi que sus movimientos eran frenéticos, como alguien desesperado por comer. Aprovechó para darle nalgadas, y puso su pene en una de las plantas del pie de mi novia, para poder estimularse mientras le lamía la vagina, y al parecer el ano. Me di cuenta de eso porque subía y bajaba su cabeza, y en esos puntos, hasta arriba y hasta abajo, se quedaba lengüeteando y sacando y metiendo la lengua.

    Se alcanzó a ver que la planta del pie de Mariana ya estaba mojada, en ese momento terminó con el oral. Se puso de rodillas en la cama y puso su verga entre las nalgas de mi novia, sin penetrarla, moviéndose para que la sienta por atrás. Ella tenía el culo parado y la cabeza hasta el colchón, disfrutando de los roces que le proporcionaban. Gustavo comenzó a nalguearla con fuerza, e incluso su mano en lugar de dar en donde deben de dar, daban algo más arriba, haciéndole daño en la espalda. Eso era lo que quería, demostrar que el que mandaba era él, y que podía utilizarla como quisiera. Siguió con los roces un rato más y por fin la penetró.

    Ella exclamó un “¡Ay si!” al sentir la primera embestida, que fue directamente hasta el final, haciendo sonar el choque de sus pieles. La tomó fuerte por las caderas y comenzó un mete y saca violento, los gemidos de mi novia se escuchaban deliciosos, solo había escuchado gemidos así en el porno. Por supuesto le dio azotes mientras la penetraba, era evidente que tenía un fetiche por los golpes, que afortunada o desgraciadamente compartía con Mariana.

    Detuvo el movimiento, se estiró para poner sus manos encima de sus hombros y siguió, ahora ella sintiendo todo el peso de las embestidas. Mientras más la penetraba menos aguantaba el peso, llegando al punto en que ya estaba completamente en horizontal. Aquí cambió el mete y saca por solamente frotarse en ella con el pene adentro, ahora poniendo una mano en su cabeza.

    Se separó de ella, volteándola para tenerla boca arriba, abalanzándose sobre sus tetas, lamiéndolas por completo. Las apretaba, las cacheteaba, le jalaba los pezones, les escupía y hacía que ella misma les escupiera. También se tomaba pausas para besarla en la boca, y en una de esas ocasiones le pidió que abriera la boca grande y aprovechó para escupirle, ella se tragó su saliva. Apuntó entonces su pene a su vagina y la penetró, tomó sus tobillos, llevándolos a la altura de su cabeza, quedando sus tetas juntas y aprisionadas. Así la comenzó a embestir, era muy morboso verlo, sus pies pequeños aprisionados por las manos toscas de mi padre, mientras el dejaba caerse para meterle la verga.

    Se enderezó un poco, ahora los pies de Mariana estaban en vertical, el los lamió, pasando su lengua por los dedos y hasta los talones. Luego juntó las dos piernas y así siguió metiéndosela, aprovechando de vez en cuando para seguir lengüeteando sus pies. El sonido era alucinante, mi novia gimiendo y la vagina y el pene chocando para que sonara como aplauso. Pararon un momento, mi padre se levantó y jaló a Mariana para que hiciera lo mismo, la volteó y se la cogió por atrás, parados los dos. Amasó sus tetas igual dándole ligeros golpes, le lamió el cuello y las orejas. Hizo que se agachara un poco, la tomo del cabello y siguió penetrando.

    Se detuvieron de nuevo, ahora mi padre la cargó, tomando sus piernas y embistiéndola así, con sus pies colgando. Aquí ella tuvo un squirt, se vio riquísimo, el líquido parecía agua, recorriendo las piernas de mi padre y gimiendo más fuerte aún.

    Él no paraba, seguía con más violencia, hasta que supongo que sentía que se iba a venir. En ese momento la bajó y la puso de rodillas para que le diera otra mamada. Así duraron unos minutos, y luego él la puso de espaldas a la cama, aún de rodillas, todo para que pudiera estar cómodo para masturbarse con sus tetas. Ella las tomó y las apretó alrededor de su pene, y él las usó como vagina, le estaba penetrando los pechos. Nuevamente le pidió que les escupiera, tanto a sus tetas como a su verga, ella por supuesto o hizo. Él se movió con más fuerza, haciendo que mi novia se moviera hacia atrás por la fuerza del movimiento.

    Le dijo que ya se iba a correr, por lo que incrementó la velocidad, las tetas de Mariana rebotaban delicioso. Ya cuando se iba a venir, paró y se la empezó a jalar, apuntando al pecho de mi novia, ella abrió la boca. Se corrió, grandes lefas terminaron en sus tetas, en su cara y su cabello, era demasiado, como si tuviera los huevos llenos de leche a pesar de que ya se había corrido en ella. El semen escurría y caía sobre sus piernas, y el al verla así llena de su corrida, le pasó su pene por la cara, pidiéndole que se lo limpiara.

    Mariana lamió todo rastro de leche del pene de mi padre, incluso se pasó la lengua por las tetas para dejarlas limpias. Gustavo le llevó el semen de la cara hacia la boca, quería que se tragara todo. Se quedaron unos segundos viéndose mutuamente, sonriendo, hasta que el decidió que estaría bien una última cachetada, esta vez con una violencia tan fuerte que yo creo que ni siquiera se midió. Lo hizo diciéndole “Eres una maldita puta”, y ella sonrió, mi padre fue hacia el teléfono diciendo “vámonos a bañar”.

    He contado el contenido del video, pero a mí me costó mucho tiempo verlo, me vine unas 4 veces viéndolo, con pausas de unos 10 minutos en lo que me recuperaba. ¿Qué demonios hacía yo viendo ese video mientras me masturbaba? Yo no era así, pensaba que al descubrir una infidelidad de mi novia me enojaría y me daría asco, pero en lugar de eso lo disfrutaba. Bueno, es cierto que mi siguiente paso era terminar con Mariana, pero se me hacía injusto que mi padre la siguiera usando. Descansé un poco y los celos por fin llegaron, ¿por qué me hacían esto? No se hacía quien sentía más coraje, si hacia mi novia por traicionarme o hacia mi padre por hacerlo sabiendo que es la novia de su hijo.

    Para colmo, me volví a tocar imaginando como se bañaban, seguramente el disfrutando de su cuerpo mojado, jugando con esas tetas que tanto me gustan a mí. Supuse que de eso era el siguiente video, ya que me quedaban aún dos por ver. Decidí dejarlo para el día siguiente, ya no tenía energía para otro más, así que cené y me fui a dormir. Al siguiente día saludé y platiqué con Mariana como de costumbre, no fui a la escuela, no tenía cabeza para eso. En lugar de eso aproveché para acabar las tareas que aún no había concluido. El día pasó sin nada relevante, hasta que en la noche me despedí de Mariana para irnos a dormir. Yo por supuesto me preparé para el tercer video, que no duraba tanto, la miniatura indicaba 3 minutos.

    Le di a reproducir, el video empezaba con un primer plano de la cara de Mariana sonriendo, para después alejarse y que se viera que estaba desnuda, abierta de piernas y masturbando a Gustavo con los pies. Los subía y los bajaba para recorrer todo el tronco y hasta al cabeza, tomó un aceite para ponérselo en los pies y en su pene y siguió con la masturbación. Se apretaba las tetas ella sola para excitar a mi padre, y el a veces tomaba sus pies para guiarlos por su pene. Él le dijo que se masturbara, y así lo hizo, se metió primero dos dedos a la boca, que después introduciría en su vagina. Comenzó a gemir, enajenada en ver la verga de mi padre aplastada por sus pies.

    Gustavo le indicó que se detuviera, que ya se iba a correr, entonces ahora él puso un pie sobre la teta izquierda de Mariana y los dos se masturbaron al mismo tiempo. Mi padre le dijo que le acercara sus pies para correrse en ellos, y así lo hizo, las dos plantas de los pies de mi novia quedaron llenas de semen. Ella los juntó para jugar con la leche, veía como se iba deslizando y como se despegaba. Se terminó llevando los pies para limpiarlos con la lengua. Aquí terminó el tercer video. Al menos no fue tan largo, pero tenía un morbo especial, era como si mi padre quisiera profanar cada parte del cuerpo de mi novia. Jamás esperé ver como sus pies eran usados para masturbar.

    Aunque yo también me vine con lo que vi, decidí que aún podía ver el último video, por lo que me limpié y vi la miniatura. Inmediatamente me di cuenta de que era la videollamada que tuvieron los dos el día antes de verme a mi:

    G: Hola preciosa, ¿cómo estás?

    M: Hola Gustavo, ya estoy en la bañera jaja

    G: Muy obediente, enséñame

    Mariana enfocó su cuerpo ya desnudo, en la regadera, fue enfocando primero el cuerpo completo, luego sus pechos y al final su trasero.

    G: Que rico mi reina, te ves bien buena.

    M: A ver tu cómo estás jaja

    Gustavo mostró su cuerpo, él estaba en su cama, se vio su pene grande y erecto, junto con su abdomen marcado.

    M: Ay papi que pitote.

    G: ¿Te gusta amor?

    M: ¡Me encanta!

    G: Quiero que me des un espectáculo para masturbarme.

    M: Si papi, deja abro el agua.

    Mi novia colocó el celular supongo que encima del lavabo, ya que se quedó quieto y con un primer plano de la regadera. Abrió la llave y fue tentando el agua en espera de que salga caliente.

    M: ¿Te vas a masturbar tu vergota mientras me vez bañándome papi?

    G: Ufff claro que si puta, estas bien sabrosa, como me encantaría estar ahí para poder clavártela

    M: Jeje ya sé, pero mañana viene Javi y no podemos.

    G: No pasa nada amor, sirve para que me extrañes más. Ábrete las nalgas, perra.

    Mariana se puso de espaldas a la cámara, tomo una nalga con cada mano y las separó para enseñar su vagina y su ano.

    G: Ay que rica estás, como quiero cogerte el ano.

    M: Quedamos que despacito amor jaja que eso me puede doler mucho.

    G: Una vez que te la meta por ahí ya no la vas a querer por otro lado, zorra.

    Ella se dio nalgadas para excitar más a Gustavo, que por el movimiento de su cámara se adivinaba que se la estaba jalando.

    G: Eso puta, me gusta que seas así de sumisa.

    M: Solo para ti bebe.

    Antes de meterse al agua, Mariana se acercó a la cámara y se escupió una gran cantidad de saliva en las tetas, para esparcirla por todo su pecho, Gustavo la veía super excitado. Se metió ya al agua, dejando que escurriera por todo su cuerpo, se enjuagó el cabello, la cara, las tetas y en general ya todo, estaba completamente mojada.

    G: Ay perra ya no recordaba lo rica que te veías mojada, mira nada más esas tetas de puta con el agua escurriendo.

    Mi novia ya no hablaba, ya solo le estaba enseñando a mi padre su cuerpo. Deslizaba sus manos por toda la extensión de su piel, por sus brazos, tetas, estómago, piernas, pies, cara y cabello. Se metió los dedos a la boca y después los llevó a su vagina, comenzó a masturbarse frente a la cámara. Con la otra mano se apretó una teta y jugó con ella, amasándola y acariciando su pezón, el agua seguía cayendo sobre su cuerpo.

    G: Dios mío que rica te ves, eres una completa puta. Sigue así mami, demuéstrame que eres mi perra.

    Mariana solo gemía al escuchar a Gustavo, cada vez que la insultaba ella se masturbaba con mayor velocidad, sonreía y asentía con la cabeza para mostrarle que estaba en lo correcto. Tomó su celular y lo colocó ahora en el piso, ella se sentó con las piernas abiertas, dejando sus pies mojados colgando y su vagina expuesta.

    G: Eso zorra, que pies tan hermosos tienes, ya quero ponerles mi verga encima otra vez.

    M: Ay si si papi por favor, sigue hablándome.

    G: ¿Te excita escuchar al padre de tu novio puta?

    M: ¡Ay si!

    G: Eres una perra, mostrando tus tetas mojadas y masturbándote conmigo.

    Mi novia se estaba dedeando con violencia, gimiendo ya fuerte, tuvo que poner los pies en el suelo, ya le estaban temblando las piernas.

    G: ¿Te vas a venir puta? ¿Quieres ver cómo me la estoy jalando contigo?

    M: Si por favor, enséñame tu pitote amor.

    Gustavo lo enfocó, ya estaba el muy mojado también.

    G: Todavía falta mucho para venirme pendeja, sigue masturbándote y di que eres mi puta.

    M: Ay mi amor soy tu puta, quiero que me des tu semen papi, dámelo en las tetas o en la boca o donde quieras, pero dámelo por favor

    G: Así me gusta puta de mierda, córrete ya prostituta.

    Mariana comenzó a tener movimientos bruscos en su cuerpo, para después correrse chorreando en el suelo.

    G: Ufff que rico se vio eso, lame tu desastre, perra.

    Mi novia obedeció, se puso en posición de perrito para bajar su cabeza y lamer el resultado de su corrida, por supuesto que también había agua, pero no le quitaba lo morboso. Sus tetas estaban tocando el suelo.

    G: Antes de que sigas puta, quiero ver como deslizas tus tetas por el suelo.

    Ella obedeció, pasando su pecho por el suelo, y siguió lamiendo.

    M: Ay mi amor estuvo muy rico.

    G: Todavía no acabamos estúpida, levántate y báñate que eso vine a ver, además yo todavía no me corro.

    M: Perdón papi, se me olvidó, deja acomodo el teléfono.

    Lo puso de nuevo en la posición inicial, para poder mojarse otra vez el cuerpo y comenzar con su rutina de baño. Comenzó poniéndose shampoo en el cabello y tallárselo haciendo espuma, que caía por su cuerpo. Se enjuagó y siguió tomando el jabón cerrando la llave, lo pasó por todo su cuerpo. Ya tenía todo lleno de espuma del jabón, se veía muy rica su imagen, mi padre le pidió que hiciera rebotar sus tetas con espuma, lo cual por supuesto obedeció. Le pidió también que se pegara en ellas, y lo hizo desde abajo, dándole palmadas fuertes para que se alzaran y cayeran por su propio peso.

    Abrió el agua para enjuagarse, dejando su cuerpo limpio y sin jabón, Gustavo le pidió que cerrara el agua pero que no se secara.

    G: Ahora si puta, vas a hacer que me corra, vuelve a masturbarte.

    M: Si papi.

    Comenzó de nuevo a masturbarse, desde el principio con violencia, sus tetas se bamboleaban con cada movimiento.

    G: Quiero que me hables mientras te masturbas perra, ¿que no sabes cómo excitar a un hombre?

    M: Ay papi, necesito tu pito, quiero que me cojas como la última vez, quiero que me maltrates y me hagas tu puta.

    G: Eso mami sigue.

    M: Ya no quiero coger con mi novio, solo contigo y tu verga enorme, quiero envolverla entre mis tetas y que me las folles con violencia.

    Aquí Mariana juntó sus tetas con un brazo y usó su dedo simulando que era un pene haciéndole una paja con ellas.

    G: Lo haré mi amor, solo serás mía, vivirás para sacarme el semen.

    M: Si papi, quiero que todos los días vengas y me cojas como si me odiaras, y mi premio va a ser tu semen en la parte que quieras.

    G: Eso puta, sigue que ya me voy a correr.

    M: Ay papi si, dame tu leche, quiero que me recorra el cuerpo, quiero que me escupas amor, quiero que lamas mi cara y me dejes lamer la tuya. Quiero que te corras en estas tetas que son solo para ti.

    En ese momento la que se corrió fue Mariana, teniendo un squirt que la hizo agacharse para terminar a gusto. El líquido escurrió por sus piernas.

    G: Maldita puta, ¿por qué te corriste antes que yo? Ni siquiera para eso sirves, te voy a coger solo para satisfacerme, sabes que no me importa una mierda si te sientes bien o no, ¿verdad puta? Solo eres mi saco de semen personal, una zorra que podría ser mi hija, pero es mi perra.

    Jamás me habría imaginado a mi padre hablando así y mucho menos a mi novia, era un salvaje, un hombre de esos que nadie quiere conocer. Lamentablemente eso al parecer atraía a sobremanera a Mariana y a todas esas mujeres con quienes hablaba.

    G: Mira cómo me corro estúpida.

    Gustavo enfocó su verga, se la jalaba rápidamente y comenzaron a salir los chorros de semen, era mucho y muy espeso. Mariana ya había tomado el celular y solo se veía su cara y sus tetas, estaba abriendo la boca simulando que se la tragaba. La leche seguía saliendo del pene de mi padre, llenando su abdomen y cayendo por su tronco.

    M: Ay mi amor que rico semen, ya quiero que te corras en mi boca, daría lo que fuera para lamerte hasta dejarte limpio.

    G: Eso me encantaría mi amor. Ufff, estuvo delicioso, creo que me pasé un poco, pero es que estaba muy excitado.

    M: Jeje no te preocupes me encanta que me hables así, me voy a masturbar recordando tus palabras denigrándome.

    G: Jaja ya lo creo que sí, ya sé que ya te lo dije, pero siempre que te sientas incómoda con ese lenguaje me dices.

    M: Jaja si ya se.

    G: Bueno, voy a colgar, nos vemos después, báñate otra vez que te volviste a ensuciar jaja.

    M: Jajaja pues sí, nos vemos entonces papi, te mando unos besos en tus huevos.

    Y mi novia enfocó su boca para dar besos al aire.

    G: Jaja ok, nos vemos.

    Aquí terminó la llamada, que, así como en el primer video, la vi en 3 partes porque era mucha perversión la que estaba presenciando. Mi novia se comportaba de una manera que me excitaba demasiado, pero no podía quitarme la duda de la cabeza de porque conmigo no. Era la relación perfecta la que tenían, y yo aquí solo masturbándome con lo que ellos estaban haciendo. Bloqueé el celular, me quedé recostado en la cama, teniendo flashbacks de los videos que había visto. Pensé en borrarlos ya que los había visto y sabía lo que habían hecho esos dos, pero eran un muy buen material de masturbación.

    Esto tenía que terminar, iba a romper con Mariana y a cortar comunicación con mi padre, primero debía separarlos, pero ¿cómo?, ellos encajaban muy bien los dos, seguro se seguirían viendo, aunque yo saliera de sus vidas.

    En el siguiente y último capítulo contaré como es que logré hacerlo, no sin llevarme una escena que me dejaría marcado para siempre.

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  • Intercambio en mi cumpleaños

    Intercambio en mi cumpleaños

    Era mi día y según las reglas del juego me correspondía ser homenajeado y disponer de todos los goces que pudieran proporcionarme Silvana y aquella pareja con la que habíamos entablado una simpática relación de buen rollo y placer sin límites. Para Silvana y para mí habían constituido un bálsamo en nuestra vida sexual, puesto que nos habían abierto una perspectiva totalmente lúdica, un juego sexual compartido en el que cabían las fantasías de todos los jugadores; y todo ello dentro de un marco de frescura vital, sin claroscuros.

    Por iniciativa de Artur, una iniciativa que le agradecí y valoré por su justa elegancia, habíamos decidido celebrar la fiesta en su casa. Así que cuando llegó el día acudimos a la cita en el ático de la calle Tallers, donde fuimos recibidos por una Esther sumamente atractiva -se había cortado la melena y el cabello corto le hacía parecer aún más juvenil, aparte de realzar su cara- embutida en un vestido-túnica que dejaba sus hombros al descubierto y no dejaba lugar a dudas acerca de la desnudez que envolvía. Artur se mantenía igual, jovial y educado, con aquella elegancia natural que le hacía atractivo.

    Nos acomodamos y dimos cuenta de una botella de champagne mientras nos poníamos al día de nuestras vidas desde la última vez que nos habíamos visto, que había sido precisamente allí mismo con ocasión del aniversario de Artur.

    La visión de Esther, espléndida, me complacía en extremo: estaba muy guapa. Mientras la veía no podía evitar pensar que dentro de poco podría disfrutar de ella y con ella y estos fugaces pensamientos iban anidando rápidamente en mi cabeza, haciéndome crecer el gusanillo de la excitación. Artur y Silvana hablaban entre ellos y en un momento dado, embelesado por la vista y la conversación de Esther, me pareció percibir que cuchicheaban algo en voz baja, de resultas de lo cual ambos se rieron quedamente.

    Pasé el brazo por detrás de los hombros desnudos de Esther y la abracé, atrayéndola hacia mí. Acomodó su cabeza en mi hombro y cerrando los ojos me ofreció su boca entreabierta. Nos besamos como dos enamorados y nuestras lenguas se enzarzaron en un placentero morreo que me hizo perder el mundo de vista, pues aquella chiquilla era una gozada dando lengua.

    Artur y Silvana nos contemplaban mientras bebían champagne y percibí que ella se levantaba para dirigirse al cuarto de baño. A los pocos minutos regresó a la sala vestida únicamente con braga y sujetador negros y nuevos, pues no los conocía. Se situó en el centro de la sala y giró lentamente varias veces sobre sí misma para exhibirse. -¿Te gustan?- me preguntó. -Sí, mucho- respondí -¿Son nuevos? -Sí, me los acaba de regalar Artur para ti-.

    Esther se levantó y mediante unos hábiles movimientos se despojó de su vestido, que cayó al suelo revelando su espléndida desnudez.

    Apremié para ir al dormitorio. Me senté en la cama y las observé atentamente. Silvana se quitó las bragas y continuó con su sujetador, se lo quitó sin demasiada prisa. Me fui quitando la ropa con ansiedad, sin poder quitar la vista de aquel par de cuerpos preciosos y excitantes que esperaban a que los hiciera míos. Al mismo tiempo Artur, que se había despojado de su última prenda y exhibía aquel enorme miembro casi totalmente erecto, abrazaba por detrás a Esther, la besaba y cuchicheaba palabras al oído, que eran recibidas por gestos de asentimiento complaciente. Yo había quedado en calzoncillos y comencé a masturbarme a través de la abertura de los slips.

    Desnudas estaban ambas espléndidas y formaban el mejor regalo de cumpleaños que jamás pude haber soñado… No pude esperar más, me senté en el borde de la cama y llamé a Artur diciéndole que debía arrodillarse frente a mí para rendirme el homenaje preceptivo, cosa que hizo con viveza tal que en pocos segundos, tras prodigarme un húmedo lametón a lo largo y ancho de mi escroto, engulló mi tranca en su boca con maestría y sumisión. Le dije que me gustaba lo que me estaba haciendo y anuncié que deseaba que me pusiera la polla a punto para poder follarme a su novia, a la que en aquel momento sobaba yo las tetas mientras tenía la otra mano en la entrepierna de mi mujer, ya que ambas se habían sentado una a mi izquierda y la otra a mi derecha.

    Pedí a Silvana que comiera el chochito a Esther y lo hizo con prontitud, permitiéndome solazarme en la visión de las dos preciosidades montándoselo mientras tenía al amante de mi mujer a mis pies, pagándome el tributo que le exigía como esposo cornamentado. Le pedí que comiera el culo a mi mujer mientras ésta me la mamaba. Silvana dejó a Esther para dedicarse a mí y Artur se puso tras ella en posición para cumplir su cometido, cosa que debió hacer con solicitud pues en seguida provocó en ella una serie de suspiros de gusto que se traducían en un mayor vigor de sus lametones.

    Al poco les hice parar y ordené a Esther, a quien mi mujer había puesto el chocho como un pantano, que se dispusiera a ser penetrada. A Silvana y Artur les prohibí tocarse entre ellos, pues ambos debían expiar su culpa de haber estado juntos a solas y ahora les correspondía observar y estar a mi disposición. Como prueba de reconocimiento pedí al novio de Esther que de vez en cuando me diera algún lametón en el culo, mientras Silvana debía hacer lo mismo con aquella siempre que tuviera ocasión.

    Esther se situó en el centro de la amplia cama y me acogió en sus brazos mientras suave pero insistentemente le iba introduciendo mi polla ya a punto de reventar. Iniciamos un folleteo fantástico y pronto comencé a sentir el valor añadido de las caricias linguales de su novio en pleno orificio anal. Esther se corrió ruidosamente en pocos vaivenes y salí de ella.

    Llamé a Silvana para que me la cogiera en la boca y de esta manera descargué todo mi esperma en ella; la tragó sin perder una gota y siguió lamiendo hasta dejar la polla limpia de cualquier resto de semen. Le dije que se había portado muy bien y que como premio podía hacer lo que quisiera. Como respuesta se colocó a cuatro patas sobre la cama y le dijo a Artur que la montara y que follara a su puta ardiente cuyo coño no podía aguantar más.

    Él la llamó putita de mis sueños y después de frotarle por toda la cara aquel inmenso miembro, que ahora lucía todo su esplendor, se colocó detrás suyo y con una mano la agarró abarcando sus pechos mientras con la cogió el cipote para dirigirlo a la ya chorreante entrada íntima de mi mujer. Me incorporé, me situé junto a ellos y con un gesto indiqué a Artur que se detuviera, al tiempo que agarrándole la polla con la mano me apresté a dirigirla con tiento y decisión hacia la vagina de ella, no soltándola hasta que se hubo introducido en su casi totalidad.

    Me aparté y volví a mi posición anterior para, junto a Esther, contemplar aquella escena. Follaron como posesos y se montaron en todas las posturas imaginables, se devoraron uno al otro hasta que las sacudidas de un orgasmo al unísono les dejaron derrumbados y jadeantes. Artur gritó mientras llenaba con su leche el coñito de Silvana, quien no cesaba de reclamarle todo el contenido de sus cojones.

    Me pusieron otra vez caliente y la polla empezaba a erguírseme otra vez. Esther ya tenía en su mano el miembro de su novio y lo masajeaba con suavidad y dulzura, mientras Silvana encendía un cigarrillo y me guiñaba el ojo sonriendo en señal de complicidad. Nos enviamos besos en el aire.

    Pero estábamos todos un poco exhaustos a consecuencia de los juegos amatorios, así que despachamos con bastante prontitud una botella de champagne mientras descansábamos. Artur dijo que desde que Esther se enteró de la fiesta prevista para hoy, hace unas dos semanas, no ha querido follar con él más que por el culo para tenerlo bien dispuesto para mí. Esther se ruborizó tímidamente dijo que en nuestro anterior encuentro se lo había pasado de puta madre y no recordaba nunca haberse sentido tan caliente.

    Había disfrutado sintiéndose como un objeto de placer entregándose completamente a nuestros placeres. Se había sentido la puta de los tres y aún se corría al recordarlo; y ahora quería sentir lo mismo, sólo que quería estar a mi merced, ser mi puta…

    Le previne que pretendía someterla a todos mis caprichos y que, para empezar, quería que comiera el culo a mi mujer hasta hacerla chillar de gusto. Quería oír a Silvana anunciar que sentía toda su lengua en su interior. Esther respondió “sí, amo” e introdujo la cara entre las nalgas de aquella, que ya se había puesto en posición para atender mi deseo. Ordené a Artur que hiciera lo mismo con su novia, aunque podía meterle también los dedos para ir abriéndola. Aquello era delicioso y me masturbaba lentamente mientras metía mano en todos los pliegues y prominencias que se ponían a mi alcance. Quise que Esther lamiera también el ano de Artur y así lo hizo.

    A continuación la agarré del cabello y tras llamarla todos los sinónimos de la palabra puta le dije que iba a mearme encima de ella. Su respuesta consistió en bajarse de la cama y ponerse de rodillas sobre el suelo embaldosado, con el pecho erguido hacia delante y la cabeza inclinada hacia atrás. No dudé en apearme del lecho y puesto de pie frente a ella, tras palparle groseramente las tetas agarré la polla con la mano y la dirigí hacia sus pechos para inmediatamente soltar la meada que hacía rato pugnaba por evacuar.

    La muy puta recibió el chorro sobre toda su parte delantera y ladeó la cabeza para que su cara quedara al alcance del mismo, por lo que sin dudarlo lo dirigí hacia su boca abierta, que se desbordó e inundó su mentón, mejillas, cuello y orejas. Era lo más fuerte que había hecho en mi vida: mearme encima de alguien; mearme encima de una mujer mientras su novio se folla a la mía, pues esto es ni más ni menos lo que estaba ocurriendo. La escena había sido también muy fuerte para ellos dos y especialmente para Artur, por lo que Silvana le pidió que se calmara en su coño, saciándola a ella también.

    Cuando hube terminado y tras habérmela sacudido con tranquilidad sobre su boca abierta para que pudiera absorber las últimas gotas, le dije que era la guarra más rastrera que había conocido y que fuera rápidamente a lavarse pues todavía sus servicios no habían hecho más que empezar. Fue al cuarto de baño y yo regresé al lecho para morrearme con Silvana, que yacía de espaldas con las piernas elevadas y Artur, entre ellas, la follaba con fuertes embestidas que resultaban agradecidas a juzgar por gemidos de la hembra.

    Metí mano a los dos cuerpos en todos sus pliegues y rincones, cebándome especialmente en el culo de Artur, cuyo orificio acaricié y fui entreabriendo con un dedo, lo que debía ser de su agrado pues cada movimiento mío provocaba en él un gemido y mayor ardor en la follada que estaba metiendo a mi esposa. Ésta se dejaba cabalgar y movía el culo sin cesar para mantenerse bien pegada al pollón que la taladraba. Estaba completamente entregada al goce que recibía y murmuraba entrecortadamente que quería más; que aquella polla la hacía arder; que mirara yo, cabrón, como jodía con otro hombre.

    Todo ello provocaba nuevas incursiones mías en el culo de aquel pervertido que eran recibidas con gritos de placer y nuevas sacudidas en el chocho de mi mujer.

    Esther había regresado tras darse una ducha que la había purificado del olor y el sabor de mi orina -¡cómo había tragado la guarra!- y se había parado junto a la cama contemplando ensimismada la escena. Le dije que quería que me ayudara a meter la polla en el culo de su novio y de inmediato se acercó al grupo y se ocupó de facilitar el acoplamiento lamiendo indistinta y alternativamente mi pene y el culo de Artur. Untó éste con vaselina e introdujo primero un dedo y luego dos y hasta tres en su esfínter. Cuando consideró que estaba a punto, guio mi polla hacia su interior hasta conseguir, ayudada por mis empujones, que todo el miembro desapareciera en el interior de aquel ano y se consumara la sodomización, mi primera introducción en un culo masculino.

    Abracé con fuerza a mi bujarrón con una mano a la altura de sus tetillas, acariciándole el pene enhiesto y follándole con todas mis fuerzas. Me enloquecía estar en aquel cabrón, literalmente dándole por el culo. La fricción de sus paredes cálidas sobre mi polla y la visión de ésta entrando y saliendo en el agujero negro de sus nalgas eran más de lo que podía aguantar, pero no quería correrme todavía y procuré refrenar el impulso de acabar llenándole el culo de leche. Silvana, empalada por Artur, se corría en sonoros orgasmos; y Esther, por su parte, se estaba metiendo prácticamente toda la mano en su culito y miraba nuestros tres cuerpos en plena borrachera de lujuria.

    Salí de golpe del culo de Artur con algún gemido de protesta por su parte. Y ordené a Esther que se fuera preparando para recibirme del mismo modo que lo acababa de hacer Artur. Este empezó a gritar que se iba a correr y extrajo el pene del coño de Silvana, la que rápidamente giró sobre sí misma para cogerlo con ambas manos y metérselo en la boca sin cesar de masturbarlo. Artur se corrió como un animal llenando de semen la boca de mi mujer, que tragó todo lo que fue capaz.

    Estaba encendido y necesitaba saciarme, por lo que me coloqué detrás de Esther y la cogí del cabello con una mano mientras con la otra guiaba a mi polla hambrienta hacia la entrada de su culo. La penetré sin miramientos, le tiré del pelo forzando su cabeza hacia atrás mientras la llamaba ramera y puta sodomita. Enculé como un poseso y al final expulsé todo el vicioso fluido de mis cojones en el interior de aquella criatura.

    Nos quedamos todos en silencio, sólo roto por nuestros jadeos. Al poco rato Esther gritó: ¡Feliz cumpleaños, Amo! Y el grito fue coreado por Artur y Silvana. De pronto los cuatro nos pusimos a aplaudir y nos abrazamos todos con todos. Había sido una bonita fiesta y… ¡el siguiente aniversario era el de Esther!

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  • Sexo con un señor de 65 años

    Sexo con un señor de 65 años

    Os voy a contar la experiencia que tuve un fin de semana. A mi padre, un cliente suyo le regaló un fin de semana en el balneario de Archena, en Murcia. Yo ese fin de semana no tenía pensado hacer nada, así que me dispuse a pasar un relajante fin de semana. Me dispuse a hacer mi maleta. Contemple los bañadores y bikinis que tenía… Yo siempre escojo mis bañadores de los más excitantes para el personal: los bikinis, muy pequeños y los bañadores, o blancos o les quito el forro para que se transparenten…

    Evidentemente, no podía llevarme ninguno de ellos… iba con mis padres, así que opte por uno azul, con estrellitas plateadas y unos volantitos en las caderas…el único problema era que me lo había comprado hacía unos años y de culo se me había quedado un poco pequeño y se me metía por entre las nalgas… pero bueno, era una manera encubierta de excitar al personal… ¿No?

    Salimos el viernes por la tarde y llegamos por la noche a Archena… Ya esa noche tuve que masturbarme a base de bien en el cuarto de baño para aplacar mi calor. No me había llevado ningún vibrador así que empleé los cinco dedos de mi mano… No paré hasta que tuve que recubrir mi boca para acallar mis gritos y mi mano quedo pringada de flujo mucoso… Mal asunto como me diera todo los días un calentón así…

    El sábado se hizo más pasable con los baños y los masajes, por un día me olvidé del sexo, completamente relajada, una delicia… El domingo me desperté tarde y encontré en la mesa una nota: mis padres habían ido a visitar a un amigo a Murcia y me decían que volverían después de comer… Bueno, me dedicaría al jacuzzi… Me duché, me puse el bañador y como siempre se me metió por el culo… Me puse el albornoz y bajé a la piscina termal.

    Llegué y vi que era la única que estaba allí… bueno, miento. Había un señor, de unos 65 años sentado en la piscina muy cerca de la escalerilla de bajada. Durante un rato pensé si me metía o no… pero al final decidí quedarme. Me despojé del albornoz y de espaldas a la piscina, me fui introduciendo lentamente en la piscina. Por fin, una vez dentro, me giré: el abuelete tenía la mirada clavada en mí… no me extraña, le había ofrecido una visión gloriosa de mi culo.

    Sonreí y me senté pensando en si había ligado con un hombre que podía ser mi abuelo… Volví a sonreír y, estirando los brazos a lo largo del borde de la piscina, apoyé la cabeza y me puse a mirar el techo… el calor y el burbujeo me fueron adormilando, el calentón de la mañana se iba pasando, comencé a cerrar los ojos, cerrar los ojos…

    —¿Perdona, bonita, te importa que me siente a tu lado?

    Abrí los ojos y miré a mi izquierda. El señor se había acercado hasta mí y se había sentado ya a mi lado. Me desperté por completo. Como ya se había sentado, le dije que como no, pero me hizo gracia… El señor me preguntó que de donde era. “De Madrid”, le contesté. Él me dijo que era de las Canarias y que estaba haciendo un viaje de placer por la península… De repente, apoyó su mano en mi muslo, bajo el agua… Veréis, yo soy enfermera y ya había trabajado con gente mayor y sé que mucho de ellos se apoyan en los lugares más comprometidos de la anatomía de una, pero sin malicia, así que no le di mayor importancia, dejé que se apoyara sin más problema.

    El señor me empezó a preguntar por mi edad y cuando le dije que tenía 24 años me dijo que una nieta suya tenía esa edad y comenzó a hablarme de su nieta. Mientras me la describía con un lujo de detalles anatómicos muy sospechoso, su mano comenzó a deslizarse muy lentamente hacia mi nalga. Así, cuando terminaba de describirme los muslos de su nieta (“Las chicas de ahora lleváis unas faldas tan cortas…”), su mano ya descansaba en mi nalga y mientras me contaba los lugares donde su nieta salía comenzó a amasarme el culo…

    Yo le miré muy seriamente, a ver si se daba por aludido y dejaba los toqueteos, pero él seguía y a mi comenzaba a hervirme dentro de mi algo muy, muy conocido…: “¡Dios mío!… ¿Cómo voy a hacérmelo con un viejo?”, pensaba, y cuanto más pensaba en ello, más me excitaba… Le mire a los ojos, por si se retiraba, pero mis ganas de que se retirara habían disminuido. Estaba entregada a él por completo.

    Entonces comenzó a hablar de la ropa tan, tan ajustada que se ponía su nieta (“Parecen, hija, que van desnudas…”) y su mano comenzó a ascender por mi cadera hasta que comenzó a descender por mi pubis hasta mi entrepierna. Abrí mis piernas y comenzó a deslizar arriba y abajo su mano por mi coño, tapado por el bañador. El ya no sé de qué hablaba, yo había echado la cabeza hacia detrás y había cerrado los ojos, entregada cien por cien a los toqueteos del “abuelo”… Retiró con suavidad la tela de mi bañador y suavemente, sin dejar de hablar introdujo un dedo en mí ya palpitante vagina.

    Resoplé, gemí un poco y el arreció en el mete-saca de su dedo, al tiempo que acariciaba mi clítoris con su dedo gordo… Me mordía el labio inferior de desesperación por no poder gritar de placer… Me estaba provocando un orgasmo bestial el vejete y yo no podía hacer otra cosa que resoplar y arañar las baldosas de la piscina termal… Finalmente, el orgasmo me llegó de manera rápida. Agité mis piernas en el agua y él notó lo que me pasaba porque hundió su dedo en mi sexo hasta el nudillo… Me relamí de gusto mientras las convulsiones de mi cuerpo y de mi útero me dejaban exhausta… Finalmente me relajé y él, al notar mi laxitud, sacó su dedo y para finalizar su discurso, me dijo:

    —¡Ay!… las chicas de ahora… vosotras sí que sabéis disfrutar de la vida… si me hubierais pillado de joven…

    “Joder”, pensé, “Si lo pillo de joven, me saca el dedo por la boca”.

    Me quede descansando, anonadada y mirándole. Él, sonreía. Finalmente habló:

    —¿Te gustaría ver alguna foto de mi nieta? Tengo en mi habitación unas cuantas.

    Me lo pensé una milésima de segundo y acepté… Salimos de la piscina. Me tuve que arreglar el bañador, pues me había quedado con el vello púbico al aire. Nos pusimos los albornoces y nos dirigimos al ascensor. Entramos en él y le dio a su planta. Mientras subíamos, me fijé en su entrepierna: el albornoz no podía ocultar un bulto descomunal… cada vez alucinaba más con el “abuelo”… Respiraba entrecortadamente mientras avanzábamos por el pasillo a su habitación, el corazón me latía con fuerza a la vez que los labios de mi almeja…

    Por fin llegamos a la habitación. Abrió la puerta y galantemente, me dejo pasar primero. Mientras él ponía en la puerta el cartel de no molesten, yo abrí el albornoz y lo dejé caer al suelo. Mis pezones estaban erizados en el húmedo bañador. Él se quedó mirándome y acercándose, lentamente, comenzó a retirar un tirante. Cuando lo retiró, comenzó con el siguiente. Finalmente, tiro del bañador hasta la cintura, quedando mis tetas al aire. Mi miró un rato a la cara y de repente, se inclinó sobre mí y se metió un pezón en la boca. Me agarré a él para no caerme… ¡Que gustazo!… Chupaba con fuerza mientras me amasaba la otra… Succionaba con fuerza mi pecho…

    Yo ya jadeaba, estaba cachondísima y no aguantaba más… así que le separe de un empujón. Me empecé a desnudar por completo. Me quité el bañador, que había quedado en mi cintura. Me acerqué a él. Mi pezón estaba durísimo y su saliva había dejado un reguero en mi teta… Me puse en cuclillas, le abrí el albornoz y de un golpe, le bajé el bañador hasta los tobillos… Mujer más sorprendida en el mundo no ha habido otra… De repente apareció un cacharro de 25 o 30 cm en toda su gloria… ¡¡¡Madre mía!!!… Si mi coño estaba ya mojado, al ver tamaña polla, parecía un grifo de flujo…

    Me quedé boquiabierta sin saber que hacer… Me decidí… comencé a lamerle el cipote… nada de lentamente… como una loca… comencé por los huevos, comiéndomelos con gusto y luego pasé al obus… apenas me cabía en la boca… era tremendo… el viejo jadeaba y me agarraba del pelo… me tiré un buen rato chupando aquel trozo de hierro, pero mi coño era un volcán y quería ser empalada ya mismo por el “abuelo”, así que me levanté y me tumbé encima de la cama, abriendo al máximo mis piernas. Notaba el calor de mi flujo, escurriéndose de mi coño y resbalando entre mis nalgas. Solo era capaz de articular una palabra:

    -¡Fóllame, fóllame, fóllame…!

    El abuelete no necesito más; se puso de rodillas, delante de mí, levantó mis piernas y lentamente comenzó a meter su cipote en mi coño, lentamente, muy lentamente. Mi vagina empezaba a recibir al monstruo. Nada más meterla, me vino un orgasmo delicioso que me recorrió el cuerpo de arriba abajo, hasta el último pelo de mi cuerpo… Era increíble. Un hombre mayor me estaba llevando a unos orgasmos nunca conocidos por mí…

    Continuaba su bestial avance en mi cuerpo, hasta que mi coño se dilató al máximo y la punta de su rabo llego hasta el fondo de mi vagina, tocando la punta de mi matriz. A partir de ese momento comenzó el mete-saca más bestial de mi vida. Me follaba de una manera salvaje. Solo se oían mis sollozos, el chapoteo de su rabo en mi almeja y algunos comentarios que decía acerca de su nieta. Mientras me alcanzaba en cuarto y quinto orgasmo y enroscaba mis piernas alrededor de él, hundió su polla hasta casi traspasarme el vientre.

    Comencé a sentir un calor dentro de mí. Se había corrido. Se quedó encima de mí un rato, jadeando y respirando. Se desacopló y se tumbó boca arriba en la cama, a mi lado. Yo dejé caer las piernas, mientras notaba como la mezcla de flujo y esperma se deslizaba en mi vagina, pugnando por salir al exterior. Respiraba profundamente, mirando al techo y analizando lo que me había pasado, cuando el abuelo volvió a la carga.

    En un par de minutos se le había vuelto a empinar… Me agarró de la cintura y me puso de costado. Comenzó a pasar su resbaladiza viga por mis nalgas y de un golpe la volvió a introducir en mi mejillón… el salpiconazo fue de aupa… sonó como cuando tiras una piedra al agua… ¡Chof!… Y otra vez con el mete-saca, golpeaba mi útero y afuera, golpea mi útero y afuera, además, había hecho presa en mis tetas y me las amasaba como si su salvación fuera en ello…

    Perdí la cuenta de los orgasmos, solo recuerdo que tuve que hundir mi cara en el colchón porque me puse a gritar como una desesperada, gritaba y gritaba intentando ahogar mis aullidos, creo que deje de gritar y me puse a llorar de puro gozo, ni siquiera me di cuenta de que se volvía a correr salvajemente…

    Lo siguiente que me acuerdo es de él abuelo tumbado a mi lado diciéndome: “Pobrecita, pobrecita…” y acariciando mi pelo. Mire mi entrepierna y descubrí un emplasto mucoso y viscoso que se escapaba de mis labios para caer en la cama: Menuda manguera tenía… Mire a su entrepierna y lo que vi ya no pude dejarme indiferente… de nuevo estaba empalmado. Sin palabras. Volvió a montarme. La humedad era tal en mi coño que apenas había fricción y cada embestida era respondida por un salpiconazo sonoro… Mi útero era un puro orgasmo y se convulsionaba tanto que parecía que me iba a salir por el ombligo.

    Como ahora estaba encima de mí, aprovechaba para chuparme a base de bien los pezones, que estaban durísimos, tan duros que casi me dolían… Me encontraba con la boca abierta, incapaz de emitir nada más que débiles gemidos cada vez que el abuelo se hundía en mis profundidades. De nuevo y por tercera vez se hundió hasta que su punta golpeo con la pared de mi vagina.

    Comencé a notar los chorros a presión inundar mi vagina… se tiró casi un minuto eyaculando a golpes intermitentes… ¡Increíble! Se desacopló de mí con todo su cacharro pringado de crema… Mi coño estaba abierto al máximo, derramando la mezcla de su lefa y mis jugos… ¡Como me folle otra vez…! Le volví a mirar y claro esta… ¡De nuevo empalmado!… Esta vez no me pude callar:

    —¡Pero oiga (yo le llamaba de usted, educación ante todo) ¿No habrá tomado Viagra?

    —Nada de Viagra, hija mía… Todo natural… a mi difunta mujer la tenía por la calle de la amargura…

    “Y seguro que a tu nietecita también”, pensé. Mientras ya se incorporaba para darme caña por cuarta vez, esta vez tome el mando yo. De un empujón le tumbé boca arriba en la cama. Y me senté encima de él.

    —Le voy a dar una cosa que seguro no le dio su mujer… “ni su nietecita” —musité por lo bajo.

    Agarré su monstruo y lo apoyé en mi ano. Si habéis leído mis relatos, sabréis que por ahí me ha entrado casi de todo… Dejé la punta en la entrada y apoyándome en sus hombros, comencé a empujar poco a poco, rítmicamente. Notaba como mi esfínter se iba dilatando, poco a poco, como el alíen iba entrando en mi recto. Empujaba un mucho y me salía un poco. Así estuve hasta que los 25 o 30 cm de carne se alojaron a pleno en mis intestinos… En ese momento, me senté a horcajadas en él, mostrándole donde realmente tenía metida la polla hasta la empuñadura. Comencé la cabalgada… ¡Acojonante!…

    Era increíble la caña que me estaba dando un abuelo de 65 años… ningún tío joven me había hecho sentir lo que él… creo que a este paso me paso a ellos… Mi culo se había lubrificado de los juguillos que expelía su pene y se había dilatado lo conveniente… entraba y salía sin dificultad de mis tripas. Estuvimos así un buen ratito, 15 o 20 minutos, un polvazo de impresión, hasta que en una de mis arremetidas, levantó sus manos hasta mis tetas, me las estrujó como si intentara sacar zumo y con un débil gemido, abrió el grifo de la crema…

    Notaba el cosquilleo en los intestinos, el calor que ascendía y luego resbalaba hacia arriba… una corrida de un minuto de reloj… este señor no tenía pelotas, tenía un depósito… Al rato, detuve mis movimientos y me saqué el fláccido miembro del ano. Los grumos comenzaron a salir de mi ojete…

    Estaba destrozadisima… ¡Y yo que había venido a descansar!… Me recosté en su tripa, un poco voluminosa y cerré los ojos mientras notaba como los regueros salían de mis dos orificios, repletos y satisfechos… Abrí los ojos… ¿Qué os voy a contar?… La polla estaba erguida como un menhir, brillante y mucosa de las folladas y las corridas…

    Antes de que me reventara, no perdí la ocasión; agarre el cipote y me metí lo que pude en la boca. Oía como sollozaba el viejo de placer. Apretaba mis labios contra el tronco y ascendía, llevándome en mis labios la más deliciosa crema que jamás había probado… me tiré cerca de 2 minutos, pajeándole, amasándole los cojones y metiéndomelos en la boca hasta que comenzó el festín… ¡Que pedazo chorro!… El semen era líquido, cremoso y cálido… apenas daba abasto mi boca, me resbalaba por los labios y caía en su pubis.

    Se tiró un minuto corriéndose, yo tragando y al final, otro minuto hasta que le dejé la polla reluciente, limpia y su vientre sin un átomo de esperma… ¡Qué festín! Después de esta, el abuelete se quedó dormido como un tronco… Yo, deprisa, me pude como pude el bañador, el albornoz y me fui corriendo a mi habitación. Me preparé un baño de espuma y traté de relajarme… Hoy no iba a comer, tenía el estómago repleto… Al día siguiente, el señor ya se había marchado. Jamás supe su nombre ni es probable que lo llegué a saber… ni el de su afortunada nieta…

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  • Casada y puta

    Casada y puta

    Como ya lo han leído en mis anteriores relatos mi vida se había transformado a partir de lo complaciente que era mi esposo conmigo, mi marido me halagaba constantemente y al mismo tiempo me permitía seguir con Edgar y Julio, mis amantes en turno; durante más de seis meses, ya fuera uno de los dos de mis amantes me visitaban en casa dos veces a la semana y me cogían a su antojo mientras mi marido oculto nos veía y disfrutaba de verme empalada por alguno de ellos y al momento que se marchaban de casa, mi esposo salía de su escondite, me lamía el esperma que escurría de mis entrañas y me penetraba también como ya era nuestra costumbre.

    Al único que le ocultaba era a Mario, el arquitecto amigo suyo (“Señora de culo fácil”), al cual yo veía cada que él venía a esta ciudad. El único inconveniente con Mario era que sus visitas no sucedían tan frecuentes como a mí me hubiera gustado. Cerca de la llegada de la primavera mi esposo fue trasladado a otra entidad para supervisar la construcción de un complejo habitacional; con él se fue Julio y por si fuera poco también mi amigo Edgar se fue a estudiar a la ciudad de México, así que de repente me quedé sola sin ninguno de mis hombres obligándome así a la abstinencia sexual.

    Para mi fortuna muy pronto encontré a alguien que me llenara y aplacara mis ansias mientras mis amantes estables no estaban conmigo. Por instrucción de mi esposo yo tenía que pasar a la constructora con cierta regularidad ya que allí me enviaba dinero cada que él no podía venir a verme, de esta forma empecé a ir dos veces a la semana; desde luego para la alegría de los tipos que allí estaban, pues yo seguía con mi costumbre de usar ropa bastante sugerente y muy corta dejando ver mis encantos.

    La ciudad en la que vivo es de un clima caluroso permitiéndome usar constantemente ropas muy sugestivas, minifaldas muy cortas, vestidos entallados y muy translucidos, blusas vaporosas que permitían transparentar mis pezones y mi movimiento de cadera que es exagerado por el uso constante de zapatillas de tacón, siendo así objeto de piropos y obscenidades en la calle por parte de los tipos que me ven; desde luego esto me gusta, así que yo misma lo provocaba al salir a la calle sin hacer uso de mi automóvil, pues me encanta que me vean y sentirme deseada, razón por la cual me gusta caminar y usar el transporte urbano de la ciudad , coqueteando y sintiéndome deseada.

    En una de las ocasiones en que tuve que ir a la constructora iba yo vestida de forma atractiva, un vestidito muy corto de tela suave y translucida de color naranja y entallado dibujaba mi figura deliciosamente, y el uso de mis sandalias hacían que me moviera un poco más de la cuenta haciéndome lucir muy sabrosa, ya que en especial este vestidito me marcaba mis senos sin sostén debajo y mis abultadas nalgas de forma más que apetitosa para los hombres pues si me veían con atención se notaba mi tanga. Al llegar a la constructora vi que no había mucho movimiento salvo una secretaria y dos hombres que se hacían cargo de algunos trabajos de limpieza en el exterior de las oficinas.

    Al llegar los saludé y me dirigí a la oficina de mi marido, pero al hacerlo escuché algo que me resultó inconfundible, alguien estaba cogiendo allí mismo, puse atención y escuché como los sonidos venían de un pequeño almacén de papelería. Con sigilo me acerqué a la puerta y para mi suerte ésta se encontraba entreabierta, así que pude encontrarme con un cuadro erótico delicioso.

    Allí estaba uno de los trabajadores cogiéndose felizmente a una de las secretarias, eso no me hubiera sorprendido pues al no estar los jefes esto se me hizo muy común; lo que si me dejó boquiabierta fue el tamaño del miembro del tipo que se cogía a la chica, ¡se me hizo enorme! Cualquier mujer se sorprendería de su descomunal tamaño, instintivamente me pasé la lengua por los labios, era una verga capaz de enloquecer a cualquier hembra y vaya que la chica lo disfrutaba.

    Se oían sus quejidos de manera especial cuando ella misma, montada como estaba sobre el hombre se clavaba la verga hasta el fondo. Desde luego que ellos no se percataron de mi presencia y lo que más me intrigaba es que no alcanzaba yo a ver al tipo; al estar ella montada no le podía ver la cara al dueño de tan formidable macana, solo la espalda de la chica y la verga del tipo cuando ella se sentaba y se la tragaba toda. Me dio miedo seguir viendo más, pero la curiosidad me ganó, tenía yo que saber quien era ese hombre y por la forma en que ella disfrutaba me entró el implacable deseo de ser yo la que estuviera traspasada por él, y eso me hizo mojarme de inmediato. Haciendo un esfuerzo me retiré y me dirigí a la entrada del almacén…

    ―Hola, ¿qué no hay nadie aquí?… ―dije sonando mis tacones y entrando al pasillo…

    Me dirigí a la oficina de mi esposo y ya no escuché sonido alguno, creo que los sorprendió mi presencia y se habían detenido. Volví sobre mis pasos y me fui a la salida sin ir a la oficina en cuestión, mi intención era que ellos salieran y así poder ver quien era ese hombre que me había inquietado, la curiosidad fue tremenda. Al salir me ubiqué en un lugar del cual no me podían ver pero yo si, y no pasaron más de tres minutos cuando salió la chica. Iba como muy nerviosa y de prisa, poco después salió él, de hecho me sorprendí pues era un joven de los que trabajaban como auxiliares en topografía.

    Era un joven que siempre me había parecido bastante cachondo y me gustaba, muy atractivo y de unos 22 años de edad, alguna vez lo vi acompañar a mi marido a casa, se llama José Luis pero en la constructora lo conocían como Pepe. Al salir él de la oficina vi hacia donde se dirigía, así que sin pensarlo fui tras él, quería verlo de cerca, así lo hice y me percaté que entraba a las oficinas generales. Hice lo mismo y casi choqué con él en la entrada, quedamos frente a frente; lo vi y me estremecí sin quererlo. Era bastante más agradable de lo que yo lo había visto, él me miró también, en especial a mis tetas ya que mis pezones ya erectos punteaban bajo mi vestido…

    Haciéndome la ingenua, le pregunté por las demás personas y me dijo que habían salido casi todos; le pregunté por una de las secretarias con la cual yo tenía buena relación y me contestó que también había salido, entonces me presenté…

    ―Soy la señora Daniela, la esposa del ingeniero Quevedo y vengo por unos documentos, pero necesito que abran la oficina de mi marido…

    Me quedó viendo, barriéndome con la mirada como desnudándome toda, se notaba que era un cínico de primera y me agradó, no lo niego.

    ―Mucho gusto señora, si usted quiere yo le abro, creo que por aquí están las llaves…

    ―Se lo agradeceré mucho, joven; además quiero que me ayudé con unas cajas que hay que mover… ―desde luego que esto de las cajas era falso.― Espero que me envíe a alguien para que lo haga.

    ―No se preocupe, si usted quiere yo le ayudo… ―se ofreció muy solícito.

    Una vez encontrada la llave nos dirigimos a la oficina y él tras de mí, yo presentí su mirada en el movimiento de mis nalgas, intuía que me las miraba y las moví algo más de la cuenta para que notara mi culo sabroso. En la oficina me senté y él no dejó pasar la oportunidad de verme las piernas y los muslos con descaro, yo hice que no me di cuenta y empecé a buscar unos documentos que desde luego no existían ya que todo había sido inventado por mí para que me acompañara y al hacerlo me paseaba y meneaba mis nalgas para que me viera ya que estaba segura que aún estaba caliente pues le interrumpí la cogida que le estaba dando a la secre…

    Poniéndome de pie le pedí que moviera unas cajas con papeles, claro que tampoco era necesario pero lo hice para verlo más detenidamente… Lo hizo y vi sus brazos fuertes y nervudos, se me antojó hacer lo mismo que la chica que había estado con él allí mismo, pero me detuve, le agradecí y me despedí de mano y me estremecí al sentir el contacto.

    ―Este… En la tarde regresaré, ¿estarás aquí?… ―le pregunté tuteándolo entre insinuante y sonriente.― Vendré pero no quisiera estar aquí solita, me da miedo… ―esperaba yo que este comentario le sonara digamos algo más prometedor y entre coqueta e insinuante le sonreí.

    ―Bueno señora, en la tarde no hay nadie, pero si usted quiere yo vengo para ayudarle…en lo que usted quiera…

    Creo que esa propuesta incluía de todo y le sonreí muy coqueta, despidiéndome de nuevo e insinuándole también algo más.

    ―Espero encontrarte en la tarde, hasta pronto… ―salí de la oficina moviendo mi culo para provocarlo y él me siguió con la mirada, al menos así me lo imaginé y me moví como la puta que soy.

    Todo el resto de la tarde estuve muy cachonda, la imagen de Pepe cogiéndome me traía loca, sentía mi cueva mojada y las nalgas se me estremecían. Hice mis actividades y fui a casa, no me aguanté y me masturbé, metiéndome los dedos en mi mojada raja imaginándome que era la verga de este muchacho quien me lo hacía; esto me puso más caliente así que me di un baño delicioso, me esmeré en mi arreglo y vistiéndome con una faldita roja cortísima y un top del mismo color, mis zapatillas de tacón; me calé mi tanga y salí nuevamente para la constructora, necesitaba ser cogida y no se me escaparía ese chico. La tarde ya estaba cayendo y era bastante calurosa, así llegué a la constructora.

    Al principio no vi a nadie, eso me desconcertó, solo esperaba que no estuviera vacía, entré y al fondo escuché música, venía de una oficina; me dirigí allí y en ella estaba Pepe, sentado y bebiendo una cerveza.

    ―Hola, pensé que no estarías… ―le comenté sonriente.

    ―La verdad señora no debía estar aquí, ni yo ni usted… ―me dijo amablemente y me miró fijamente, esto me puso algo nerviosa.

    Pepe se levantó de su asiento y me ofreció sentarme, lo hice y le mostré una buena proporción de mis muslos, los cuales vio descaradamente, creo que él sabía lo que yo esperaba…

    ―¿Gusta una cerveza, hace mucho calor?…

    ―¿Quién más está aquí?… —dije volteando para todos lados, mientras la música se seguía escuchando.

    ―Nadie… ―dijo extrañado.

    ―Perdóname pero vengo algo nerviosa, fíjate que al entrar aquí, un tipo pasó corriendo y me dio una nalgada, estoy furiosa… ―era cierto, un infeliz pasó corriendo sin que me diera cuenta y me dio un tortazo que me dejó el culo en llamas.

    ―¿No le gusta que la nalgueen?…

    ―Si pero no de esa manera, me gusta que lo hagan cuando estoy teniendo sexo; que recorran mi trasero e incluso que me lo muerdan suavecito… ¡Discúlpame!, te estoy contando cosas íntimas sin siquiera conocerte.

    ―Está bien, no acostumbro a andar platicando lo que me dicen y mucho menos de mujeres tan guapas como usted…

    ―Lo que pasa es que cuando no tienes cerca a alguien, como mi esposo por ejemplo, trata una de sacar todo con la persona que más confianza le dé―

    ―¿Quiere la cerveza? ―volvió a preguntar…

    ―¡Oh está bien, solo espero que no venga nadie y nos vea aquí… bebiendo!… ―le dije sonriéndole y descaradamente volví a cruzar las piernas para mostrarle lo piernuda que estoy.

    ―¿Le gusta el masoquismo?…

    ―Tanto como gustarme, no… Me gusta ser dominada como a toda mujer, un tironcito de cabellos, jaloncitos en los pezones, nalgadas, palabras fuertes y cachondas, y mientras más fuertes y obscenas, más me enciendo…

    ―Yo sé porque vino usted Daniela… ―me dijo muy seguro de si mismo.

    Me le quedé viendo mientras cruzaba las piernas, lo que hacía más evidente mi insinuación. Bebí y me hice que no lo escuché, él se acercó a mí y de pie me tocó el cabello que yo llevaba suelto al tiempo que me decía:

    ―Huele delicioso y se ve muy bien vestida así, está usted muy bonita y muy buena, discúlpeme que se lo diga de esta manera, pero no conozco otra forma para ponderar su belleza y su sensualidad… ―le sonreí y le coqueteé con la mirada.

    ―¿Tú crees?… ―le contesté mimosa.― Lo malo es que mi marido no piensa como tú, ¡mira que me ha dejado solita!…

    ―Si usted quiere eso se puede arreglar…

    ―¿Ah si?… ¿Y cómo crees que se `pueda arreglar?… ―le dije levantándome del asiento y poniéndome frente a él, creo que ya estaba todo dicho entre nosotros…

    Me tomó de las manos y me jaló hacia él, me abrazó por la cintura y me besó tiernamente.

    ―No quiero romanticismos ni ternuras, soy una hembra sedienta de macho; así que déjate de cursilerías y tómame.

    Impúdicamente me introdujo al lengua en la boca y yo se la succioné; sus manos mientras bajaron a mis nalgas, como probando la dureza de las mismas, su boca bajó a mi cuello y yo gemí suavemente, ahora sus manos subieron a mis senos y me los apretó delicioso…

    ―¡Ah qué rico!… ―le dije muy caliente.

    ―¡Estas deliciosa, mamita; y qué pendejo es tu marido al dejarte solita y se nota que eres bien cachonda!… ―al tiempo que me decía esto su mano se fue a mis muslos, me apretó la pucha así como me tenía.

    Abrí las piernas y le permití que jugara con mi bollo cubierto por mi tanga, enseguida me volteó quedando yo de espaldas a él, me besaba la nuca y me apretaba las tetas al tiempo que sacándose la verga del pantalón, me la frotó en las nalgas, yo me empiné y le ofrecí mi redondo culo. Pepe me levantó la faldita y me acarició el trasero, me sobó su verga en las nalgas y me dio suaves nalgaditas con ella:

    ―¡Ahhh, papi, me tienes ardiendo!…

    ―¿La quieres probar verdad puta?…

    ―Sí, ¡me muero de ganas porque me la metas!…

    Él me volteo de nuevo y yo le acaricié su verga con mi mano, estaba enorme, dura y gruesa como ninguna que yo hubiera visto.

    ―Ven, siéntate aquí… ―le dije señalando el sillón giratorio.

    Una vez que lo hizo me incliné y le hice una chaqueta a su tremenda verga, se la acaricié con mis dos manos y sacándome el top le mostré mis chichotas y froté mis pezones contra la cabezota de su erecta macana, haciendo un tibio canal entre los globos de mis melones; lamí la punta de su verga mientras esta corría entre mis senos inflamados de deseo… Él jadeaba y se retorcía, mientras yo bajaba mi rostro y la atrapé entre mis labios, se la succioné y me la metí toda, mamándosela deliciosamente hasta hacerlo gemir.

    ―Puta, ¡qué rico mamas!… Sigue mamita lo haces delicioso…

    No la necesitaba más en la boca, quería que me la clavara en la panocha, así que lo dejé sentado como estaba, me puse de pie y me deslicé la falda y me quité el top quedando desnuda para él. Me bajé la tanga hasta quitármela, me abrí para montarme en él, pero me detuvo…

    ―Date la vuelta, por favor, quiero verte por detrás…

    ―¿Así?…

    ―¡Qué clase de culo tienes, hija de la verga!…

    ―¿Te gusta?…

    ―¡Mami!…

    ―¿Quieres que me empine para que me veas mejor?…

    ―Mejor siéntate en mi verga que ya quiero clavarte…

    Me puse saliva en los labios vaginales, estaba yo temblando al imaginar como la sentiría dentro. Me monté en él y me dejé caer sobre su vergota; despacio, como saboreando cada centímetro. Debo admitir que aunque ya se había cogido a la secretaria, aún tenía la fuerza y los ímpetus de un semental; pues al metérmela me amplió la raja, y sentí que me expandía la pucha, pero me dejé caer suavecito, saboreando cada pulgada de verga anidada en mi coño.

    ¡Qué delicia!, era tremendamente gorda y al sentarme en ella por completo me extasié y dejé que Pepe me bombeara, al tiempo que apretaba mis nalgas de una forma exagerada, con lo cual solo exacerbó mi placer.

    ―¡Qué estrechita estas mamacita, pareces quintito!…

    ―Parezco, pero soy una gran puta, sedienta de verga… ―le dije gimiendo.

    Yo me movía subiendo y bajando y él me empujaba de las nalgas haciéndome que me entrara completamente, como estaba yo de frente me empezó a chupar las tetas muy rico. Uno de sus dedos traviesos me entró en mi fruncido chiquito y me empezó así a dobletear; su verga en mi chocho y su dedo en mi culito que se contraía de gusto. Lo tomé del rostro y lo empecé a besar con toda mi experiencia, olía y sabía a cerveza y su olor a macho me excito más:

    ―¡Qué rica verga tienes chiquito, qué enorme está!… Me llegas hasta el fondo papacito… ―él estaba prácticamente vestido, solo su verga salía por la bragueta de sus jeans, los que sentía áspero pero me deleitaba.

    Le abrí la camisa y le acaricié el pecho sin dejar de moverle mi culo en círculos con su verga en lo profundo de mi raja; le quité la camisa y sentí su tórax en mis senos, mientras él me seguía bombeando con su enorme garrote y su dedo no dejaba de perforarme el ano. Estaba enloquecida, él me dejaba mover y empecé a subirme y bajarme empalándome en ese monstruoso palo; entonces me vine la primera vez, contraje mi panochita y Pepe sintió mis apretones en su verga:

    ―¡Mamacita, qué rico bizcochito, tienes perrito puta!… ¡Así exprímela y sácame los mocos; sigue apretándome el palo, hija de tu puta madre!…

    Yo seguí moviéndome mientras me venía, estaba ya sudorosa… Él me sujetó de las nalgas y se puso de pie, cargándome sin sacarme la verga, me llevó en vilo hasta un escritorio donde me sentó y de pie me empezó a limar a una velocidad tremenda. Aceleraba en sus embestidas y luego me la metía con lentitud, enseguida me levantó las piernas y se las echó en sus hombros, yo tuve que poner mis manos atrás apoyándome para resistir. Mi nuevo amante no cesaba de bombearme, así como me tenía de clavada me hacía dar grititos a cada metida que me daba. Ya no podía más, pues con su tremenda verga hundiéndose en mi raja mojada, me vine de nuevo y él seguía cañoneándome.

    Me sacó la verga de repente y agachándose ante mí se puso a chupar mi panocha mojada:

    ―¡Ah qué rico, te sabe deliciosa!… Se nota que no te han dado verga en mucho tiempo, estas apretadísima…

    Me siguió mamando la panocha y su dedo se ubicó en mi ano de nuevo, así mientras me mamaba la cuca, su dedo me ensartaba. Su saliva y mi jugo escurrieron hasta mi fruncido culito y su dedo me lubricó el ojete, después me volteó dándole las nalgas, me colocó su chilote en la entrada de mi puchita y de un golpe me la metió con gran fuerza, tanto que me sacó un pedo de lo fuerte que me la clavó, yo me sentí apenada por esto, pero él se rio y me dijo:

    ―¡Cabrona, estás tan estrecha que hasta los pedos te estoy sacando!… Pero ahora lo voy a hacer de verdad…

    No entendí a que se refería, pero Pepe me sacó su fierro de mi bollito y me la dirigió al culo, me asusté de momento y me negué:

    ―¡No, por el culo no, lo tengo sin inaugurar!… ―le dije mintiéndole.

    Desde luego esto no lo detuvo:

    ―¡Qué rico mamacita así te lo voy a desquintar y me lo agradecerás toda la vida, pinche puta!…

    Diciendo esto, fue empujando su endurecido garrote y forzó mi contraído ano, me dolió cuando me entró y me hizo sollozar, me jaló de las ancas y me la enterró a lo salvaje. Sentí que mis lágrimas afloraron y grité al sentir su enorme verga hundirse hasta el fondo de mi fundillo totalmente distendido, entonces, así como me la clavó me la sacó de golpe; me quedé con el culo abierto, teniendo como me había jalado el tejido de mi recto y que tiró de mi ano floreándome el culo… Me llevó del escritorio al sillón:

    ―Ponte empinada y ábrete las nalgas, aquí te la meteré mejor.

    Yo obediente me puse de rodillas en el sillón y le ofrendé mi tremendo culo abierto, Pepe me ensalivó el anillo de nuevo y se lubricó la verga con los jugos de mi cuca, me la acomodó y de nuevo de un golpe me la clavó hasta que sentí que me tronaba por dentro; así me tuvo y me hizo llorar y suplicar que se detuviera, pero le valió madres. Me entraba y salía a su antojo, mi culo me ardía horrible pero él no se detenía, al contrario me cañoneaba con más fuerza, lastimándome a cada embestida y yo empecé a lloriquear, suplicándole, pero nada, solo me la metía más duro… ¡Qué bruto, solo jadeaba y me decía obscenidades de mi culo y de mis nalgas!…

    En eso le llegó su momento, me la metió con más fuerza y empezó a descargar sus mocos en mi culito dolorido, pero al mismo tiempo me seguía bombeando. Era terrible pero me tenía enfebrecida dándole las nalgas, así hasta que terminó sudoroso y jadeante, me la sacó y me quedé así con las nalgas en alto. Cuando me quise sentar me dolió mi trasero, me senté de ladito mientras la leche de Pepe me escurría; al limpiarme con un pañuelo me di cuenta que estaba sangrando, me había rajado el esfínter y estaba escurriendo sangre y semen, creo que esto lo convenció de que aún era virgen.

    Sin querer, me imaginé a mi marido, contemplándome; con esa expresión de lujuria que pone cuando le estoy platicando de cómo me cogieron. Sobre todo cuando me han tomado a lo salvaje, eso lo desquicia. Solemos empezar a platicar desde que salgo de casa, los piropos de los taxistas cuando ven mis tetas bambolearse, pues muchas veces voy sin el molesto brasier; las miradas descaradas de los transeúntes a mi trasero, la rechifla de algún grupito de estudiantes, y hasta de personas mayores… Me coloco como lo estaba en ese momento, desnuda y abierta de piernas donde mi almeja se ve claramente, o también de ladito, levantando una nalga para que él vea lo rozado que me queda el esfínter anal…

    Le voy platicando y respondiendo todo lo que me dice, haciendo comparaciones de fulano con zutano, con quien he gozado más, cuantas veces me corrí con ese macho, hasta que no puedo detenerlo y termina enterrando su cara entre mis muslos para rebuscar las huellas de mis aventuras; absorbiendo la leche del macho que me haya cogido; y cuando se encuentra con algún moretón en mis muslos o en mis nalgas, me muerde suavecito la zona afectada, y vuelvo a derramarme de solo acordarme lo que me hizo mi amante…

    Pero volviendo a mi relato; José Luis continuaba con esa sonrisita sarcástica mientras yo lo veía con mis ojos llorosos. Me miró también y me sonrió, fue hacia mí y me abrazo, me acarició muy suavemente y me besó con ternura:

    ―Te quiero coger de nuevo mamita, nunca estuve con alguien tan sabrosa como tú… ―esto me halagó demasiado, en especial por venir de alguien tan joven y espontáneamente lo besé en la boca con mi lengua.

    ―Eres un salvaje…

    ―Pero querías verga, ¿no perra?…

    ―Si mi rey, pero mídete… Quiero que me cojas mucho, pero por favor ya no por atrás, me duele en serio… ¿Qué te parece que nos vayamos a un hotel?, quiero estar contigo mucho tiempo… ―le dije muy caliente.

    Nos vestimos y salimos de la constructora, ya era de noche y estaba oscuro; caminamos un tramo de calle hasta que paso un taxi, lo abordamos y nos llevó a un hotel cercano. Tan pronto entramos a la habitación me arrojé a sus brazos, estaba yo con más ganas de seguir siendo penetrada por ese chico lindo y tan vergudo. Me fui a la cama, me desnudé completita para él y recostándome me abrí de piernas mostrándole mi concha abierta. Él se desnudó de inmediato, se dirigió a mi rajita y me la chupó delicioso hasta casi hacerme venir, enseguida se trepó en mí y me la metió.

    Lo enredé con mis piernas en su cadera y empezó a bombearme rico y constante, me hacía gemir, me le entregué como a pocos… Lo besaba y mis manos lo atraían por la espalda, mientras mis piernas y muslos lo atrapaban, gemía y gozaba mientras Pepe me seguía bombeando, casi estaba a punto de venirme cuando le pedí que cambiáramos de posición:

    ―¡Cógeme de perrito mi rey!…

    Me volteé y le ofrecí mis abultadas nalgas, me la metió en esta posición haciendo me gritar de gusto, ¡que chico más caliente!… Me bombeaba incansablemente y de nuevo me vine, contrayendo mi panochita le di un nuevo orgasmo al mismo tiempo él me inundaba de su leche caliente y abundante.

    Descansamos fumando un cigarrillo. Pepe ordenó al servicio del bar y nos trajeron bocadillos y bebidas como yo se lo pedí, bebimos unos tragos y me lo llevé a la ducha. Lo bañé y me duchó, le mamé la verga en el baño mientras lo enjabonaba… Estaba súper encantada con ese chico, después volvimos a la cama ya bien bañaditos, me puse a succionarle la verga y él me volteó para acariciarme las nalgas mientras me nalgueaba suavecito, pellizcándome las pompas y metiéndome los dedos en la papaya. Empezó a comerme el coño en un rico sesenta y nueve, yo estaba con más ganas de verga, la ducha me había relajados y le pedí que me cogiera otra vez.

    ―Pinche Daniela, eres bien puta y golosa, pero me fascinas mi reina…

    Yo le seguía mamando esa verga enorme ya crecida en todo su esplendor, ahora me monté y me clavé su fierro hasta la raíz, me moví y le di mis ricos apretones con mi puchita. Lo sentí estremecerse y más me movía para hacerlo gozar como nadie, entonces atrapándome por las nalgas empezó a bombearme de abajo hacia arriba, ¡que delicia de macho!… Me levantaba con sus embestidas y me dejaba caer ensartándome por completo.

    Me salí de él y me la metió de patitas al hombro, ¡que delicia de nuevo, me vine otra vez y él como si nada!… Así me tuvo y me empezó a chupar mis pies, las plantas y los deditos diciéndome que le gustaban mis piecitos. Me estremecía una y otra vez con sus penetraciones, y no aguanté más y nuevamente me vine, pero ahora quería yo probar otra cosa…

    ―Papi, encúlame hasta el fondo, méteme la verga por atrás, te deseo sentir así de nuevo…

    ―Hija de tu reputa madre, hace rato estabas berreando porque no la aguantabas, cabrona…

    ―No importa que me lo rompas más, encúlame por favor, tu puta necesita sentir tu rigor por todos los orificios de su cuerpo…

    No se dijo más, me volteó y me puso en cuatro, me volvió a nalguear y me abrió las pompas de par en par, me chupó el fruncido ano, me embarró saliva todo el anillo del culo y me la dejó ir despacio al principio, luego con fuerza como la primera vez. Me hizo aullar como una perra y chillar pero me dio como quiso. Al final mi culo era una funda caliente y amplia que se abría devorando esa vergota que me estaba matando de gusto. Se vino en mi ano y yo me relajé dejando que me disfrutara… Nunca había gozado tanto como con ese chico, por lo menos no hasta ese tiempo.

    Agotados ambos nos quedamos dormidos, desperté hasta ya bien entrada la madrugada, estaba toda adolorida, olía a puta y leche de mi amante. Eran cerca de las cinco de la mañana, me levanté para ir al baño y el despertó también, regresé y para mi asombro su verga estaba cargada y erecta para mí, me agarró y me acosté junto a él. Me empezó a acariciar y yo cedí de buena gana, me besó el cuello, me mamó las chiches y no dejaba de halagarme con palabras, hasta que yo misma le pedí:

    ―¡Cógeme papacito, móntame otra vez, te deseo!…

    Sin hacerse del rogar, se me encaramó, pero debido al ajetreo, no se le paraba como a mí me gusta; se la mamé y me di cuenta que la tenía súper rozada, muy lastimada… Pero me taladró la pucha con esa ñonga tan rica. Me moví mientras sentía como me arponeaba hasta el fondo, estaba yo una vez mas empalada, y así me tuvo, disfrutándome y haciéndome dar grititos de gusto. Me la metía y me la sacaba haciéndome retorcer como una lombriz, me vine dos veces seguidas y él seguía limando mi coño, hasta que en la tercera me acompañó con su eyaculación llenando mi panocha de su cálido semen, todavía semierecta me la sacó y yo se la limpié de mis jugos y su leche, le di unas ricas mamadas y por fin terminamos.

    Nos vestimos sin prisas, bromeábamos y jugueteábamos como novios, salimos del hotel, esperamos un taxi y me llevó a casa, todavía en el taxi nos besamos y me acariciaba para asombro del conductor que sonreía con simpatía hacia nosotros; al bajar me acompañó hasta la puerta de mi casa, me besó y regresó al taxi, no sin antes hacernos la mutua promesa de seguir cogiendo tan rico como en esa ocasión.

    Le llamé a mi mamá, pues cuando mi esposo no está, siempre me telefonea para saber si se me ofrece algo; afortunadamente no había de qué preocuparse. Por lo noche le conté a mi marido, omitiendo el nombre de mi amante, todo lo que hice y lo que me hicieron, pero quedó de regresar lo más pronto posible (ya las obras estaban bastante adelantadas), para darnos un buen revolcón.

    Así sin más cuento, ante la ausencia de mi marido y mis amantes, muy rápido conseguí quien los sustituyera y con mejor resultado no podía pedir más, ya que ese niño me había dejado más que satisfecha y seguiría siendo suya aún por mucho tiempo. No me importaba que mi esposo estuviera ausente de casa el tiempo que quisiera y que su trabajo se lo exigiera, al fin que sola no me la pasaría y buena ración de verga había para mi panochita y mi culito.

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  • Las vacaciones con mi prima Vanesa

    Las vacaciones con mi prima Vanesa

    Mi prima Vanesa recién había llegado a la ciudad para pasar las vacaciones con nosotros. Sus padres se estaban divorciando, así que con todo el ajetreo burocrático, las discusiones y demás, ella decidió marcharse y alejarse de todo aquello, recurriendo a la casa de sus tíos, por encontrarse a cien metros de la costa y poder así disfrutar de la playa, del verano, etc.

    Hacia verdaderamente mucho tiempo que no la veía, supongo que es lo que suele pasar con los familiares que viven en distintas ciudades, pero ella había crecido y ¡ufff de qué forma! Sus 19 años había dibujados unas caderotas de infarto, un culo prieto y unas tetas verdaderamente bonitas, no demasiado grandes, pero lo suficientemente atractiva como para no dejar de besarlas y mamarlas.

    Hacía ya mucho tiempo desde mi última follada con la chica del piercing, ella no había dado señales, así que no sé si fue por la carencia de sexo en mi vida o por la presencia de mi prima en la casa, que no podía evitar el mirarla con deseo, con ganas de cogerla, me la pasaba con la verga en asta a diario.

    Como soy tímido, no tuve iniciativa alguna, para mí era un verdadero castigo el ver como cada tarde llegaba junto a mi hermana de la playa, como traía un short cortísimo que casi se le metía entre la línea de sus nalgas, el aroma a arena y sus pies descalzos, esta mujer me estaba volviendo loco.

    Ella pareció darse cuenta, o al menos eso hubiera querido yo, el solo pensar en ella era suficiente motivación como para que mi mano pajease mi verga y correrme, entre las ganas de deseo y las ganas de tenerla montándome.

    Finalmente o soy muy afortunado o alguien escuchó mis ganas, porque un día mientras me pajeaba ella entró en mi habitación, sin apenas avisar, entró descalza y desnuda, recién duchada, con el pelo mojado y sin haberse secado el cuerpo, yo en seguida como un niño al que su madre descubre ojeando revistas, hice ademán de ocultar mi pija, pero eso fue secundario, cuando vi su desnudez, brillante por el efecto del agua sobre ella. Era preciosa, tenía unas tetas bien paradas, de pequeños pezones, pero bien firmes.

    Ella me sonrió y comenzó a pasar sus dedos por los labios de su concha, ferozmente, mientras jadeaba, yo me apresuré a cerrar la puerta, porque mis padres y mi hermana estaban en la casa, cosas que a ella parecían importarle poco.

    Cuando hube cerrado la puerta, me dirigí a la cama, para sentarme y contemplar tan magnífico espectáculo, pero ella me detuvo, me tomó del brazo y llevó mi mano a su vagina, pudiendo sentir lo mojada que estaba. Comencé a besarla, a besarle el cuello e introducir mi lengua, mordisqueando el lóbulo de su oreja, mientras mi mano se sacudía duro entre sus piernas.

    Ella comenzó a restregar la palma de su mano en mi entrepierna, atormentando la pija que creo que nunca llegó a bajar, que había estado dura todo este tiempo. Ella contoneaba su cuerpo al ritmo de las embestidas de mis dedos, ya húmedos y pegajosos, mientras soltaba entrecortados gemidos. Yo hacía por calmarlos, por taparle la boca, pero no podía parar de hacerla disfrutar.

    Con mi mano libre, solté la correa de mi pantalón y liberé la polla, incitándola a que me la menease, y ella lo hizo, deteniéndose en ocasiones para pasar la yema de su dedo pulgar por mi glande, erizándome de placer.

    Ella comenzó a besarme duro, a morderme los labios, empujándome hacia la cama y arrodillándose ante mí, metiéndose toda mi verga en su boca, dándole embestidas de arriba abajo, deteniéndose y lanzado lametones a la punta, lamiendo mis huevos, estrujándomelos al tiempo que me la mamaba, era delicioso como hacía sexo oral. Me miraba, mostrándome sus dientes y mordisqueando levemente el glande, para arremeter de nuevo metérselo en la boca, hacía esfuerzos por lograr metérselo todo en la boca, pero pese a no conseguirlo, era delicioso sentirme perdido en su boca.

    Estaba a punto para correrme, pero ella se detuvo, sentándose encima de mí y frotando la punta de mi pija entre sus labios, para dejarse caer y arremeter dentro de ella, no pude aguantar y me vino un orgasmo tremendo, que me hizo incorporarme y abrazarla, mientras la sujetaba casi inmóvil, ella sacudía su cola, haciéndome estremecer de placer. Tuve que hacer verdadero esfuerzo de no soltar tremendo gemido, por miedo a que mis padres se dieran cuenta.

    Exhausto me derrumbé, aún dentro de ella, con lo que comenzó a cabalgarme, gimiendo como loca, yo hacía por taparle la boca, pero ella se zafaba, me clavaba las uñas en mi pecho, mientras yo estrujaba sus tetas al tiempo que ella gemía y gemía más fuerte, síntoma de que pronto le llegaría un orgasmos, intenté taparle la boca, para que nadie se diera cuenta, pero era tarde, me di cuenta de que la puerta de mi habitación estaba abierta y mi hermana nos miraba, al tiempo que se toqueteaba sus tetas, y pasaba su mano por encima del short que tenía puesto, me miró y con su dedo índice en su boca, me hizo un signo de silencio…

    Me hizo entender que sería nuestro secreto, seguidamente se metió ese dedo índice en la boca y jugueteó con él mirándome lascivamente, mientras mi prima me iba a llevar al borde de otro orgasmo, pero esta vez junto a ella. Ambas se miraron y sonrieron, parecía que estuviera todo preparado, pero ya bastante tenía yo con la gozada que me estaba dando Vanesa y no me pude contener, era la segunda vez que me corría dentro de ella.

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