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  • Tentada por su hermano

    Tentada por su hermano

    Esa mañana cuando recibió la visita de su hermano, lejos estaba de imaginar la importancia de ese día su vocación no había cambiado en los ocho meses de oración y ejercicios espirituales, si bien sabía que agradaba a los chicos, los veía como amigos, así también a su hermano cuatro años mayor que ella, un poco más alto que sus 1,68 era un hombre, ella lo había visto varias veces desnudo y sus pocas fantasías sexuales eran con él, al subir al colectivo ella se sentó del lado de la ventanilla, el contacto con su piel, quizás el calor de noviembre, química de sexo, llevaron su vista al prominente bulto, que denotaba un tamaño ya grande sin erección, ella sabía mucha teoría del sexo, por haber cursado la escuela secundaria, con una profesora muy liberal, algo le pasaba por su sangre, no entendía, Daniel (su hermano) transpiraba más allá del calor de una primavera y del sol de esta hermosa ciudad, fue un momento al intentar bajar en la parada del parque la mano de él quedo agarrada del asiento, una pequeña frenada llevo su sexo directamente al puño, las hormonas estallaron, la mano se abrió, ella se siguió apoyando, ambos sintieron, ese golpe, esas ganas, en un segundo quedaron atrás las oraciones, surgió la mujer, supo al instante que esa prueba era algo, que no podría superar.

    Pasearon por el parque, cuando él la tomo de la mano y le dio un beso, ya se sentía entregada, su vocación de virgen era un pasado lejano. Un cartel de un hotel les indicaba la oportunidad de que la tentación se hiciera pecado, entraron excitados, su cuerpo blanco de tantos meses de encierro, daban a su figura mayor volumen que el real, sus senos parados, denotaban la alegría interna de ese momento, Daniel nunca había desvirgado una mujer y sabía que ella era su hermana, pero le era imposible igual que ella, no seguir.

    Se ducharon juntos, acariciando todo el cuerpo uno al otro, al ver su miembro erecto, no dejo de sonreír y decir tengo miedo, fueron a la cama, sus dedos tocaban el clítoris que acariciado inducía al flujo vaginal, apoyando suavemente el falo, hizo que abriera bien las piernas, poco a poco fue penetrando, el himen se fue abriendo, los talones de ella apoyados en las piernas, le pedían que la penetrara totalmente, su semen exploto en su vagina, ambos no habían podido parar ese hermoso pecado, no querían, esa tarde era para gozar, no sabían donde estaba escrito, el porqué, pero fue inevitable, así como de la química del roce en el colectivo, surgió la satisfacción plena, el ardor, por la estrechez de sus labios, no impidieron, consumarlo nuevamente, el alma perdida en el pecado brotaba en cada roce y penetración en su cuerpo, jamás hubiera imaginado tanta lujuria dentro de sí , tantas ganas de ser mujer.

    Varias gotas de sangre, una mancha, eran testigos de su virginidad perdida, al cambiarse, no hablaron palabras, los besos suaves entre ellos, predecían un arrepentimiento ante la debilidad, ante el pecado.

    Las fiestas habían llegado y cada una de las novicias se fue a su casa de vacaciones, volverían en marzo, el retraso menstrual la llevo a hacer una prueba de embarazo, la prueba era positiva, con la cara desencajada, pidiendo algún tipo de solución a su Dios, por su debilidad, fue directamente a la iglesia a confesarse con el cura, su amigo, el que la había inducido al convento, por supuesto que le dijo que por favor no abortara, no matara ese ser en sus entrañas, el padre de la criatura (ella no le dijo quién era), a tu madre, a tu familia, ellos te apoyaran, el convento por supuesto que no es para vos, ahora debes criar a tu hijo.

    La madre no la recrimino, su padrastro tampoco, menos su hermano, la vida le había cambiado, de un futuro de monja a madre soltera, a madre incestuosa, la niña nació el 26 de agosto, la madrina su abuela y el padrino su tío (padre).

    Daniel, siguió manteniendo relaciones con ella, pero estas nunca fueron lo mismo, no encontró nunca ese deseo de aquella tarde, ahora usaba preservativo, poco a poco todo parecía terminado.

    Una tarde la abuela había llevado a su nieta al parque, fue la primera vez, que su padrastro se le acerco en forma inequívocamente con la intención de avanzar sobre su cuerpo, no le resulto difícil, al final, ya era un templo del pecado y buscaba en el, la satisfacción, esa satisfacción que esa tarde le cambio la vida, mucho le hizo acordar de esa tarde en Mendoza, pero esta vez le pidió que se cuidara, ella misma le puso un preservativo, de esos que Daniel le había dado para que siempre tuviera, ante ese miembro, instintivamente lo empezó a mamar, la lamió con esas ganas que brotan desde el principio del ser, lo chupo, no tenía dudas eso era a mamar como una buena puta, siguió todos los consejos que él le dio, ella gozaba, succionando ese pene, sabía que su camino al infierno, estaba asegurado. Por lo menos dos veces por semana, era mujer de su padrastro, entre el Daniel, parecían estar de acuerdo en los días, decidió, irse.

    Hoy vive en San Telmo, su hija está con su abuela, sabe que la vida de prostituta es corta, pero sabe que las cosas se dieron así, en la casa la conocen como la novicia, su especialidad es mamar de rodillas, fue una compañera del colegio, que les contó la historia a sus nuevas colegas de su paso por el convento, su cuerpo es un verdadero templo del pecado, cada una de sus relaciones las goza y siente haciendo que sus clientes, sean de esos que creen, que son los únicos que puedan hacerla gozar, no recibe a más de dos o tres por día, su logro personal, es que su cura el amigo, descarga sus debilidades en ella, su cliente predilecto Daniel, su padrastro viene esporádicamente.

    ¿Cuánto le cambio la vida en cuatro años?

  • Mi madre me consiente

    Mi madre me consiente

    Lo que me ha sucedido es brutal. Pero (siempre hay un pero) es algo que no se puede andar contando por ahí; no es algo que se vea comúnmente con buenos ojos; aun cuando, al menos en alguna remota ocasión hayamos pensado; soñado, con ello. Bueno, la cosa es que como no se puede contar esta experiencia, la posibilidad de divulgar un relato escrito, es un respiro de alivio.

    Vamos por el principio. Me llamo Xavier. Yo nací cuando mi mamá era muy joven (tenía 19) y por la misma época, murió mi padre. Conocerán de sobra la historia: una mujer joven con un hijo pequeño que se abre camino sola en la vida, avocada al trabajo, alejada completamente de la vida social: amigos, novios, etc. (bueno en realidad que yo recuerde, tuvo dos novios cuando yo era niño, pero no duraron mucho).

    Mentiría si digo que mi madre a sus 44 años es una reina de belleza, con un cuerpo esculpido en el gimnasio y el SPA; y sin embargo es hermosísima (y la verdad no lo digo por ser su hijo) Su rostro es angelical, no representa la edad que tiene: sus ojos son de color castaño, grandes y expresivos, casi seductores, hace poco unas arruguitas empezaron a bordearlos, pero lejos de demeritarlos, los volvieron más intensos; Su piel es blanca con un tono apiñonado, su cabello es negro y ya lo invaden unas cuantas canas, cuando era niño lo llevaba siempre largo, a últimas fechas se lo recortó a los hombros. Tiene la nariz finita y recta, su boca también es finita, no muy grande, no muy chica, basta decir que su sonrisa (aunque siempre ha tenido un cariz de tristeza, o tal vez por eso mismo) embruja. Su cuello es fino y largo, su cuerpo… ¡Su cuerpo! (es mi parte favorita) No es muy alta, mide algo así como 1.60; sus hombros son delicados, sus senos grandes, enormes, de perfecta forma, la cadera un poquito ancha, muy sensual; sus piernas son delgadas (sin rastros de celulitis) y su cintura, si no es de avispa, tampoco es gruesa, invita a abrazarla, a tomarla para deslizarse después, como por accidente, a sus nalgas, firmes y grandes; deliciosas… Es una tentación, y más tentación es por el hecho de ser mi madre.

    Me encanta, y siempre me ha encantado. Si ahora es linda, hace diez años era un portento. De adolescente, nunca necesité revistas porno o películas; ella era la fantasía de todas mis masturbaciones: La espiaba cuando salía de bañarse o cuando se cambiaba, imaginando el sabor de esa piel blanca y suave; cuando no estaba, hurgaba en sus cajones, sobre todo en los de ropa interior, tomaba prendas al azar (nunca uso algo como de encaje o seda; todo era de algodón, a veces hasta con estampados de ositos y eso) y frotándolas sobre mi cuerpo imaginaba su candor, el roce de sus pezones endurecidos sobre mi pecho, mientras nos fundíamos en un beso salvaje con mi lengua acariciando todos los rincones de su boca; mis manos aprendiendo el contorno de sus nalgas mientras iba bajando lentamente sus pantis, enroscándolas hasta la mitad de sus muslos, develando su monte de vellitos rizados y oscuros, y la tenue línea que divide sus nalgas, dejando libre el olor cálido de su humedad sintiendo como se excitaba más y más, hasta un punto sin regreso. La imaginaba mientras tanto, entre gemidos (creo que eso hacía más excitante la fantasía) pidiéndome que parara, que eso estaba mal, que esas cosas no debían pasar entre madre e hijo, la podía ver con sus ojos cerrados, suspirando que me quería, ahogando sus alegatos en un beso de su boca por mi cuello hasta mis hombros mientras empezaba a acariciar el bulto de mi pene hinchado de sangre. También solía tomar una de sus pantis (en una época, su ropa íntima se volvió para mí una especie de fetiche, como se habrán dado cuenta) del cesto de ropa sucia y la besaba, la olía, la mordía; la enrollaba en mi verga, sintiendo casi vívidamente como sus labios la abrazaban, como la devoraba ansiosa, envolviéndome el glande con la lengua; otras veces podía imaginar la vibrante presión de su anito estrecho en ella; o la humedad del interior de su vagina; terminaba siempre dejando que mi semen se derramara sobre las prendas; no sé, creo que de esa manera podía poseerla, aunque fuera en sueños.

    Pasó el tiempo, y pronto las fantasías se hicieron más lejanas, menos reales; llegó un momento que las creí que las calenturas por mi madre habían desaparecido. Todo aquello que en alguna ocasión soñé para ella, lo fui realizando con muchas (y no es por ser jactancioso) chicas en los años siguientes; aunque inevitablemente, había veces que viendo a mi mamá, no podía evitar volver a soñarla, sintiendo esa excitación que pocas veces he llegado a sentir.

    En diciembre pasado, justo cuando salí de vacaciones, me sorprendió con la noticia de que había pedido una semana libre en su trabajo y que había rentado una casa en la playa. Yo, y dada la atracción que me provocaba, había procurado desde siempre evitar salir con ella de vacaciones (y más a la playa) así que siempre buscaba escaparme con mis amigos o con mis primos; pero esta vez no hubo manera; todos mis amigos salieron o estaban ocupados. Ella por su parte, y dada mi actitud, se iba de vacaciones con mi tía y sus hijas, pero en esta ocasión quería ir conmigo. Yo me negué claro, pero empezó con eso de que eran probablemente las últimas vacaciones que teníamos para estar juntos, y que ya nos quedaba poco tiempo como familia, que yo me iba a ir, en fin; cosas de madre; acabé aceptando.

    Los primeros cuatro días de las vacaciones estuve prácticamente ausente. Me iba solo a la playa muy temprano; regresaba solo para que comiéramos, y me salía desde eso de las seis de la tarde a algún antro a tomar algo, a hacer amigos, a ligar; el caso es que estuve completamente ausente.

    El penúltimo día, me desperté a eso de las doce del día después de una mega borrachera, crudísimo, mareado, con nauseas; y casi por instinto me dirigí por el pasillo rumbo a la cocina. Pasé frente a la puerta de la recámara de mi mamá y no pude encontrarla, ya se había levantado. Me asomé a la terraza y pude verla en la alberca nadando despreocupada, como si no hubiera sentido mi presencia. Sin saber porqué, me quedé inmóvil contemplándola. Era tan hermosa como siempre. Su piel blanca, perfecta; suave y tersa; enrojecida por la luz del sol. Tenía puesto un bikini rojo; sus nalgas deliciosas aprisionaban la tanga pensada de agua; sus piernas relucían firmes, tensas, como esperando un beso que las hiciera estremecer. Sus pezones estaban endurecidos al choque del aire sobre su cuerpo húmedo, sobresalían de la prenda de licra, que sostenía con dificultad sus enormes senos; su cabello mojado, enmarañado sobre la espalda, dejaba libre el contorno de su cuello blanco; era una belleza, nunca había dejado de serlo. Sin poder contenerme empecé a masturbarme debajo de los shorts, no podía dejar de verla, de imaginarla de nuevo gimiendo de placer. En un cierto momento, en el que ya no podía detenerme, mi presencia y mi mirada llamaron su atención. Me quedé frío, me detuve de inmediato sin alcanzar a sacar mi mano de los pantalones. Me dí la vuelta rápidamente tratando de regresar desapercibido al cuarto, pero me llamó:

    – Xavier, ¿dónde andas?

    – Aquí estoy- dije nervioso.- me voy a bañar, ahorita te veo.

    Me metí a la regadera, sin poder dejar de pensar en ella, en su piel, en su rostro… estaba pasando de nuevo… pero bueno, la cosa era desaparecer rápidamente, olvidarlo todo; conseguir a alguna chavita esa noche y sacarla de mi mente, digo, faltaban solamente dos días de vacaciones y podía esquivarlos con facilidad… ¡pero se veía tan hermosa, tan rica!

    Salí de bañarme, e intenté escabullirme sin ser notado, mi mamá estaba tendida en un camastro tomando el sol. Lamentablemente, para salir de la casa, tenía que pasar por la piscina, y ella notó mi presencia.

    -¿a qué horas llegaste anoche?

    -no sé, como a las cuatro.

    – ¿y qué tal estuvo?

    -Bien, bien- cualquier respuesta era buena para escaparme.

    – Si, se nota. ¿Quieres que te prepare algo?

    – No, no hace falta. Yo ahorita veo que me preparo.

    – pero no te vayas, ven acá, quiero platicar contigo.

    -¡Qué pasó?

    -¿Pues cómo qué, Xavier? En estos días casi no nos hemos visto

    – Pues si…

    -Pues si… amor, ¿no venimos a pasar tiempo como familia?

    – Si ma, pero es que, pues, es que me aburro.

    – ¡Mira! Qué bonito. ¡Gracias!

    -No es eso, ma. Mira, hoy vamos a comer y ya.

    – No, así no.

    -Bueno, dime que quieres.

    – No si no quieres, no.

    – Si, si quiero, dime, ¿Qué hacemos?

    – Bueno, hoy en la noche nos quedamos aquí a cenar.

    – ¡No, a cenar no!

    – Bueno, jugamos algo, o ya veremos… porque además no me gusta que salgas y te pongas así.

    -Bueno está bien- Bueno, me había comprometido, pero por fin parecía que podía escaparme de ahí, de mis fantasías, y de tantas sensaciones que me provocaban ver a esa hermosura medio desnuda. Cuando ya iba de salida, me detuvo de nuevo.

    -¿a dónde vas?

    – A comer algo, tengo hambre.

    – No. Ahora te esperas a la hora de comer, digo, si no vamos a cenar en la noche… Ándale, ya que andas aquí, mira; traigo un dolorcito aquí, aquí… mira, toca- casi a regañadientes acercó mi mano a su espalda. La reacción al roce de su piel fue inmediata, y mis shorts parecían una carpa.

    – Ándale, hazme masajito, sirve que me pones bronceador en la espalda.

    – ¡No, ma!

    -¡Ándale Xavier, no seas así!

    Se sentó en el camastro soltando los tirantes de su top. Yo estaba nerviosísimo; ansioso por tocarla, con miedo porque se diera cuenta de mi erección. De lejos, muy de lejos empecé a frotar su espalda, como si no quisiera tocarla.

    – No, así no. ¡Ándale, amor! Hazle bien, ni que te fuera a morder.

    No era una mordida lo que me preocupaba. Y Bueno, aun así me acerqué más procurando alejar mi cadera de su cuerpo. En un momento dado, mis manos se acomodaron en su cuerpo, estaba disfrutando a tal grado el roce de esa piel suave que palpitaba por el calor, que me olvidé de todo.

    -¡Ay! Así mi hijito, así… que rico.

    Era por supuesto una frase inocente, que yo escuché como a lo lejos. Estaba absorto, embebido en fantasías locas y salvajes que pensaba ya olvidadas, y hubiera continuado si no hubiera sido porque, mi mamá se movió de tal manera, que se rozó con mi verga erecta en toda su espalda. Ambos nos separamos violentamente.

    Sin poder mirarla a la cara, le dije que en serio tenía algo de hambre y corrí a la cocina. Después de un silencio incómodo me gritó que no me llenara, que se iba a bañar para irnos a comer.

    Pasaron un par de horas, hasta que salió y nos fuimos. Todo el camino predominó el silencio, hasta el restaurante, parecía que los dos nos habíamos quedado sin palabras. De pronto, después de un rato, como si no hubiera pasado nada, ella introdujo un tema trivial sobre la escuela de mi prima o algo. Yo inmediatamente me sumé al comentario con mi mejor cara; me parecía un buen punto de borrón y cuenta nueva.

    Así regresamos a la casa. Yo le dije que me iba a dormir un rato, y antes de irme, me recordó la promesa de la cena a la cual yo accedí sin mayor queja. La verdad me sentía bastante mal por la desvelada y caí como piedra. Dormí unas tres horas, me metí a bañar nuevamente, me puse unos shorts y una camiseta, y bajé a la salita, dónde habíamos acordado vernos. Ella se había puesto de nuevo su bikini rojo, y había vuelto a la alberca.

    Preferí no verla esta vez, me dirigí hacia ella después de repetirme una y otra vez «es mi mamá, es mi mamá» Le pregunté que si estaba lista. Solo salió se secó y subió a su cuarto prometiendo no tardarse mucho. Yo me quedé en la sala, tratando de pensar en cualquier otra cosa. Regresó. No se había quitado el bikini. Solo se cepillo el cabello deteniéndolo en una cola; se puso unas sandalias y uno de esos trapos como falda (No me acuerdo como se llaman esas cosas) sobre la tanga; seguía viéndose deliciosa, pero estaba firmemente dispuesto a pasarlo por alto.

    Seguimos un rato con la conversación trivial, pero empezamos a tomar, lo que me pareció raro porque ella no bebe, y más raro porque me iba siguiendo el ritmo. Cuando llevábamos unas cinco cervezas cada uno, empezó a reírse de cualquier cosa; es bastante simpática cuando está medio tomada. Me contó sobre su vida (de lo que, aunque pareciera raro y me di cuenta entonces, no sabía mucho) de las presiones en su trabajo, de la soledad que siente… de pronto maldijo a su jefa, en lo que yo la apoyé porque me cae muy mal la mentada licenciada. Entonces decidió que había sido suficiente, que no quería perderse esa noche por estar ebria, y dejó de beber.

    Llegó el momento de hablar de mí. Me preguntó cómo me iba, me preguntó de la universidad; le dije que todo iba bien, que no había problema. Luego me preguntó por Carolina, mi más reciente ex novia. Le conté que las cosas no habían salido muy bien, que nos habíamos peleado. Con tono de madre sabelotodo, me dijo que ya sabía, que esa muchachita no la daba buena espina. Luego de un silencio raro en ella, me dijo que de cualquier manera yo era guapo, y que no me faltarían pretendientes. Como cambiando el tema, se dio cuenta que no había música. Fue al estéreo, sacó su caja de discos y puso uno de Pink Floyd. Cuando empezó la canción de Shine on You Crazy Dimond, suspiró muy profundo, dijo que esa canción le encantaba y me invitó a bailar. Alegué que necesitaba otras tantas cervezas para bailar, pero no le importó, me tomó de la mano y me llevó al centro de la sala, yo quedé inmóvil como piedra, mientras ella empezaba a moverse.

    Empezó a bailar bajo esa lámpara de luz ocrecina que dotaba de sensualidad infinita los movimientos de sus brazos y sus piernas desnudas; primero lentamente, casi tímida; luego a medida que subía de intensidad la canción, su cadera, sus hermosas nalgas apenas cubiertas por la tanga del bikini bajo la falda transparente, empezaron a estremecerse con más libertad, adelante y atrás, cada vez más libres, más suaves y hermosas; hasta el punto en que las contracciones parecían cercanas al orgasmo; poseídas por las notas que iban llenando ese ambiente inflamado de mis deseos y la frenética sexualidad de mi madre, que ni en todas mis fantasías había podido vislumbrar tan espectacular.

    Aquella imagen superaba por mucho mis fantasías de adolescente; se veía especialmente hermosa aquella noche, perdida en la vieja canción. Tenía los ojos cerrados, y en sus labios una sonrisa mágica que suspendía solo para entre abrir la boca a punto de dejar escapar un gemido o un suspiro cuando la guitarra tocaba notas sensibles profundas; parecía de pronto que estaba excitada, como una hembra en celo; tal vez por la sensualidad que manaba de cada palmo de su cuerpo, tal vez por la sensación de mis ojos trémulos que recorrían su piel, fijándose en su cintura, en su espalda descubierta, en sus senos que se movían chocando uno con otro… o en sus piernas.

    No se cómo llegamos a eso, habrá sido el alcohol, la música, no sé qué cosa… tal vez era mi madre que no veía morbo en dejarse llevar por la música frente a su hijo; de cualquier manera, yo estaba a punto de estallar, si algún día iba a pasar algo, era ese día, pero, y a pesar de tener aparentemente la mesa puesta, no sabía cómo hacerlo. Finalmente me decidí a dar ese paso: me moví hacia ella, tratando de inducir algún roce entre mi verga erecta y sus nalgas en alguno de sus movimientos. El contacto se dio casi de inmediato, y una sensación eléctrica me recorrió el cuerpo; ella no se detuvo, estaba (pensé en ese momento) perdida en la canción. Viendo la situación me acerqué otro poco; buscando esta vez rozarla yo. Sobrevino una nueva descarga, que se hizo más profunda, cuando ella intensificó los roces, como «sin querer» Entonces, en un gesto creo, de plena inocencia, volteó hacía mí y me tomó de las manos incitándome a moverme, tenía en los ojos una extraña mirada traviesa, que clavó en los míos confundiéndome todavía más.

    – Estoy agotada. Vente, vamos a sentarnos, ¡UF! Hace años que no bailaba.

    – Pues bailas muy bien, ma.- Le dije como tratando de sacar algo de lo que había pasado.

    – Gracias, ¡Qué lindo amor! Ven, siéntate conmigo.

    La indiferencia, o más bien el tono maternal de esa última frase me sacó de onda. Regresó la vergüenza, tal vez, pensé, me imaginé algo que no debía.

    Apareció otro tema trivial, algunos recuerdos de mi infancia. Yo estaba muy confundido, estaba ahí sentado junto a mi madre, sintiéndome el peor de los pervertidos… Después de un breve silencio, que mi madre aprovechó para tomarse el resto de una cerveza, y después de meditar un poco las palabras que iba a usar, dijo:

    – Xavi, tengo que decirte algo que me ha estado dando vueltas en la cabeza todo el día- me tenía acorralado en el sillón, y aunque escaparme hubiera sido patético, no lo dudaría un momento según el rumbo de la conversación.

    – Ma, yo…- Me interrumpió con gesto conciliador, me dio unas palmaditas en la pierna como si fuéramos a tratar el asunto como adultos, y dejó su mano sobre mí cerrándome el acceso de escape.

    -dime, ¿qué pasó hoy en la alberca? -estaba ya muy cerca, creo que pudo escuchar el latir de mi corazón apresurado, a punto de reventar, mientras su mano que estaba posada sobre mi pierna empezó a moverse, provocando una caricia.

    -Nada, nada… bueno, tú viste que pasó. Le dije nervioso como nunca.

    -¿y cómo te sientes?

    -Mal.

    -¿mal?

    -Bueno, avergonzado.

    -¿si? ¿Te digo la verdad?, digo, tú y yo siempre hemos podido hablar sinceramente, ¿no es cierto? -su mano se detuvo en mi muslo, cerca de mi verga que cada momento se hinchaba más.

    Estaba fascinada con el masaje, como soñando; y cuando sentí el roce de tu miembro… bueno, me electricé. Me sentí muy rara, no sabía que hacer o que decir… por un lado se me hizo confuso el hecho de que mi hijo se excitara tocándome, pero por otro, me gusto…

    -¿sí?- le pregunté helado por la sorpresa. El calor de su mano suave sobre mi pierna y la sensación de sus senos estremecidos por su respiración agitada tan cerca me estaban volviendo loco.

    -Sí. Me encantó la idea de poder excitarte, dime una cosa, ¿te masturbaste después?

    -No- conteste titubeante. Me miró con una sonrisa incrédula.

    -Xavier… quedamos que íbamos a hablar sinceramente, dime, ¿te masturbaste?

    -Sí- respondí un tanto avergonzado (finalmente estaba hablando con mi madre).

    -¿Si? Y cuéntame, ¿Lo habías hecho antes?

    Cuando te vi nadando hoy en la mañana, no pude evitarlo- su voz, que se había tornado íntima, me despojó de toda la vergüenza, y como por instinto mi mano buscó su pierna; notando mi intención se acercó un poco más, a la distancia de un beso, dejando la tersa piel de su muslo a mi alcance, abrí mi mano atrapando toda su pierna, comprobando su deliciosa suavidad, dejando, entre rose y rose, sus piernas descubiertas de aquella falda.

    – ¿de veras? Preguntó con voz traviesa, mientras su mano dejaba mi pierna para juguetear en mi pecho- ¿te digo algo? Yo también me toqué después de lo que pasó. Subí a la recamara, me enrollé el traje hasta los muslos…

    La interrumpí, deslizando mi dedo por su muslo caliente hasta un cierto punto

    – ¿aquí las bajaste, ma?

    – no amor, un poquito más abajo…

    -entonces, ¿aquí?- pregunté señalando más abajo, cerca de su rodilla, mientras me inclinaba para besar su hombro.

    – no cariño, no tanto- Dijo estremecida, mientras su mano se posaba en mis pantalones descubriendo la forma de mi pene erecto, y de mis bolas…

    – Entonces fue aquí… dije mientras alcanzaba otro punto de su pierna, esta vez con los labios. Lanzó una risa plena que nunca había escuchado en ella; como la risa de una niña que se divierte en un juego. Era como si compartiéramos una dulce travesura: yo recorriendo su pierna hasta el resorte de su bikini con besos, ella acariciando mi cabeza, intentando ansiosa hundirme en su cuerpo.

    – no amor, mira.- se despegó un instante de mí, y levantándose un poco, tras quitarse ese molesto trapo transparente, enroscó su tanguita hasta media pierna, dejando descubierto su monte de vellitos oscuros recortados para el bikini. Abrió sus piernas, mientras sus ojos se clavaban en mí, inquietos, ansiosos, incluso un tanto nerviosos por una posible desaprobación. Pero era imposible desaprobar aquella maravilla: la única parte de su cuerpo que no estaba bronceada, se veía casi inocente, los pelitos más cercanos a su vagina ya estaban empapados, pronto el interior de sus muslos también lo estuvo. La visión de su vulva húmeda y brillante y su olor, el delicioso olor salado de sus jugos incitaban a un beso, a devorar aquella parte de su cuerpo, hasta oírla gemir desesperada, pero… ya me había gustado ese juego.

    – ¿y dime, ma? ¿Luego que hiciste?- dije separándome un poco, deseoso de contemplarla.

    – Acerqué mi mano a mi cosita- llevó su mano a su vagina- y empecé a hacerme cariñitos, amor -empezó a moverse, a dibujar pequeños círculos, con dos dedos separó sus labios descubriendo su clítoris, y empezó a frotarlo visiblemente excitada…

    – Eres muy hermosa, ma -dije maravillado- pero -continué, mientras jalaba el resorte de su top y besaba su hombro- no me vas a decir que tenías esto puesto, ¿verdad?

    Dijo que no con un gemido.

    – Entonces quítatelo- balbuceando perdida en el placer me pidió que yo lo hiciera. Separé sus tirantes, bajándolos por sus hombros, y luego develé lentamente sus senos enroscando la prenda hasta su pancita. Eran maravillosos, mejor de lo que me había imaginado. Blancos, perfectamente redondos, con forma de gota; eran enormes; sus pezones rozados estaban erectos como dos piedras, y su leve movimiento se volvió un golpeteo violento a medida que se acercaba al orgasmo. Después de darle un suave beso en la teta derecha, nuevamente me separé de ella, como si admirara esos dos nuevos portentos que exhibía. Gimió como intentando retenerme cerca de su cuerpo, pero siguiendo la travesura, le sonreí negando.

    – ¿y en que pensabas mientras tanto, mami?

    – en ti- respondió casi sin voz.

    – ¿en qué? Es que no te oí.

    – en que te amo, en que te quiero- gritó como loca.

    – ¿y nada más?

    – en tu pito, amor, pensaba en tenerte dentro… en hacerte el amor…

    – ¿si? ¿Te gusta mi pito?

    – si, si, si; me encanta amor… te amo, te amo…

    Por fin me acerqué a ella, y nos fundimos en un beso exquisito. Su lengua recorría mi boca, como tratando de ahogarme con ella; sus brazos se tendieron sobre mi cuello, mientras mi mano aprisionaba una de sus tetas; la acariciaba, la estrujaba, pellizcaba su pezón sintiendo como temblaba y se estremecía, su respiración cálida estaba al mil por hora. Nos separábamos entre beso y beso, yo mordía sus labios, besaba su nariz; de cuanto en cuanto intercalábamos te quieros suspirados; Ella tenía sus ojos cerrados, yo contemplaba su rostro hermoso; cada vez con más seguridad nuestras manos recorrían nuestros cuerpos; me había quitado la camiseta, y ella, no sé cuándo, pero se terminó de quitar la ropa. No hubo un solo palmo de su piel que no aprisionara en ese momento, Su espalda, sus nalgas, Sus senos, sus piernas que trataban de aprisionar mis manos cuando se acercaban a su interior; los vellitos de su monte de Venus y la parte rasuradita alrededor del mismo; acercaba mi mano a su vulva trémula para sentir la humedad y el calor que expedía, a veces la rozaba, todavía sin llegar a tocarla, sintiendo su inminente orgasmo, sin embargo, parecía incómoda cuando rozaba su vientre; no obstante con una mirada le hice saber que no había problema (y de hecho no lo había, no está gorda, pero como casi todas las mujeres, tiene la idea de estarlo)que me volvía loco tal como era; que la deseaba, que la necesitaba desde hace no sé cuánto tiempo, desde siempre; y sonriendo satisfecha, sabiéndose hermosa ante mis ojos; como si hubiera vencido su última defensa, se entregó a sus impulsos, Me tocaba, me arañaba, me mordía los hombros; movía su cadera sobre el sofá como una gatita en celo; era mía, como siempre había soñado. En un momento dado, deslizó su mano libre hasta mis shorts, y con un rápido movimiento descubrió mi verga, erecta como nunca, y empezó a frotarla con tal pasión, con tal ternura, y con tal seguridad, esa que solo puede tener una mujer madura; que estuvo a punto de hacerme venir ahí mismo. Precisamente para que no lograra hacer venir, aceleré las caricias en su clítoris, mientras metía un dedo en su vagina, conduciéndola a un fabuloso orgasmo, su mano quedó fundida en mi verga, mientras extenuada, me regalaba un dulce beso.

    Tras estar así, con sus labios y los míos fundidos un rato, su lengua y mi lengua jugueteando; mi mano acariciando sus senos y su vientre, y ella recorriendo con su dedo mi verga y mis huevos, Se separó de pronto, como si hubiera estado soñando…

    – ¿Fue así como lo hiciste, ma? ¿En eso estabas pensando? – le pregunté mientras la besaba…

    – casi.

    – ¿cómo casi?

    -Antes quiero que sepas, amor; no sé, bueno; no sé si esto está bien o mal; pero tengo muchas ganas de hacerlo… ¿y tú? ¿Te gusto?

    – Me encantas, ma. Siempre he soñado con esto. Bueno pero dime, ¿por qué casi?

    – No, te toca a ti, primero dime ¿qué es eso que has soñado?

    – adivina.

    -No se vale, Xavier; yo te conté.

    – No, adivina.

    – ¡Eres un niño consentido!

    – Pero solo tú me consientes…

    – Para eso soy tu mami, ¿no?

    Me lanzó esa mirada traviesa que mantenía desde hace rato, y se hincó frente al sofá, inclinándose sobre mí, sin soltar mi verga, hecho su cabello hacia un lado; acomodó algunos pelitos que tenía pegados a lo largo, me besó el glande y la metió en su boca, profundamente, como si quisiera ahogarse. Parecía insegura, como si nunca, o por lo menos hace mucho no lo hiciera. Tuve que guiarla un poco, pero después fue maravilloso: la abrazaba con sus labios, humedeciéndola completamente; subía y bajaba: se separaba de pronto para lamerla y besarla, la jalaba; la metía en su boca nuevamente; la sensación era maravillosa, y más maravillosa era la imagen: seguía con sus ojos cerrados, saboreando el cacho de carne, lo escupía, lo tallaba contra su cara… Su mano de nuevo se metió entre sus piernas, y no lo pude aguantar; quería que esa mano fuera mía; quería que fuera mi lengua, y la separé de mi cuerpo. Ya voluntariosa se levantó, separó sus piernas y se hincó sobre mí; acomodó mi verga en su vagina y empezó a dar sentones, luego giraba, se estiraba y se contraía; yo estaba extasiado, besando y mordiendo sus pezones; separando sus nalgas y buscando introducir uno de mis dedos en su ano. Cuando por fin lo logré, ella lanzó un gemido frenético, acelerando el movimiento de su cadera, abriendo por fin sus ojos y clavándolos en mi como tratando de entender que significaba ese dedo en su anito.

    – Voltéate, quiero metértelo en el ano. Le dije, con la respiración quemándome.

    – No, no se amor, nunca lo he hecho así. Seguí moviendo mi dedo en su hoyito mientras la clavaba más fuerte, ella estaba al punto del orgasmo.

    – No Xavi, no se- dijo en tono de súplica, tratando de no ceder ante mi, vencida por su excitación. Sabía que si insistía más podría terminar con todo; pero igual me arriesgué.

    – es eso, eso es lo que he soñado- me miro suplicante si dejar de moverse sobre mi verga. Me miró con ojitos tiernos, como haciendo un último esfuerzo por convencerme. Sonreí como cuando niño quería un juguete caro, besé sus labios, y susurré a su oído que la amaba; después de pensarlo un momento, me devolvió el beso, y solo respondió: yo también, ¿Qué hago?

    Se separó de mi cuerpo quedando de pie, Yo rápidamente me levanté detrás de ella, besando su cuello, frotando su culo con mi verga (ella se repegaba ansiosa como si quisiera aprisionarla con las nalgas) y metía mi mano entre sus piernas. Le dije que se pusiera en cuatro patas, se río, -nerviosa supongo por la indicación obscena- y abrazándome para no separarme de su cuerpo movió la mesita frente al sofá y se puso en cuatro patas en el piso, como una perrita. Empecé a besar sus nalgas, la línea que las separa y su agujerito que ya estaba un tanto dilatado por las caricias anteriores. Luego con una mano empecé a frotar su vulva, ella ante la caricia abrió un poquito sus piernas dándome paso a su sexo y dejando expuesta esa entradita rosada y virgen. Ahí metí primero un dedo, y jugué con él un rato.

    Luego, cuando estaba ya acostumbrada a eso, metí otro; ella bramaba y gemía como loca; movía su pelvis atrás y adelante como si quisiera comerse mis dedos, mientras con unas pequeñas contracciones, los aprisionaba con deliciosa fuerza. Ya finalmente, presintiéndola lista, le acerqué la verga, primero la cabeza, ella lanzó un gritito de dolor, pero se repuso rápidamente levantando su culo, ofreciéndolo para una nueva embestida. La empecé a introducir lentamente, intercalando besos en su espalda intentando no lastimarla mucho. Gimió, se mordió los labios pero resistió hasta tenerla dentro, estaba muy excitada para detenerse, y además pareció que el sexo anal le había encantado, porque después la apretaba con sus nalgas; gemía como una loca; no resistí más salí rápidamente, y empecé a derramar semen sobre su espalda… volteó en ese momento, tomó mi verga agitándola para que los últimos restos del jugo cayeran en su boca, luego de saborearlos, se levantó para enjuagarse la boca, regresó a mi lado y quedamos abrazados, besándonos con un amor que no había sentido con ninguna chava, luego de un breve descanso continuamos, lo hicimos de todas las formas posibles, jugamos: bebí una cerveza en su cuerpo, dejando que el líquido se filtrara por sus vellitos y se mezclara después con la humedad de su vulva mientras me la comía desesperado… Creo, y espero no sonar cursi, que ha sido la primera vez que he hecho el amor.

    Los dos días que quedaban de nuestras vacaciones familiares se convirtieron en una semana más, y hubiera sido más tiempo de no ser porque ella tenía que volver al trabajo y yo a la universidad. Fueron días maravillosos: hicimos el amor en cada espacio de la casa, en la regadera, en la alberca, en el cuarto, en la cocina; descubrí que si le lamía el clítoris se volvía loca; que le encantaban los besos en la espalda y en el interior de los muslos. Repetimos varias veces el sexo anal en esos días, siendo ella quien lo proponía, no sé, tal vez en su afán de consentirme; salimos varias veces en la noche como pareja, primero le dio pena, temiendo que pudiéramos encontrar algún conocido; pero pronto con besos y caricias dejó la vergüenza; Se veía feliz; radiante, más hermosa que nunca; procuró comprarse ropa más sexy, que me hacía volver loco; fuimos a varios antros, a cenar… parecía que nos queríamos mucho, dijo una señora que nos vio una noche. Y era muy, pero muy cierto. Al final de cuentas, es mi mamá.

  • La nueva compañera de piso

    La nueva compañera de piso

    Después de un tiempo, con Mercedes, ya no éramos solo amigos, pero tampoco éramos una pareja fija. Actuábamos como si fuéramos novios, pero no lo éramos.

    Después de salir del colegio, con Jorge, mi mejor amigo, y yo habíamos comprado un pequeño apartamento. Era grande para ser un apartamento, tenía tres cuartos, un baño, una sala y una cocina. Por un problema, Jorge tuvo que irse. Como ahora tenía todo el apartamento para mi solo, Mercedes pasaba viniendo, prácticamente vivía ahí.

    Yo estaba planeando pedirle que fuera mi novia oficialmente, pero quería que fuera algo especial. Así que la llevé a una colina que está en las afueras de la cuidad, la cual tiene una vista hermosa de la ciudad en la que vivimos. Al anochecer, con el cielo pintado de miles de colores formando uno de los paisajes más bonitos que había visto, se lo pedí. Sin decir ni una palabra se abalanzó sobre mí envolviéndonos en un beso largo y apasionado.

    Por si no lo sabían yo soy estudiante de universidad, estoy en primer año. Mi familia tiene bastante dinero pero no es que seamos millonarios o algo así. Por lo que yo estaba trabajando medio tiempo en una cafetería, para poder pagar el apartamento. Cuando vivía con Jorge no tenía problemas con el pago, pero ahora, que me tocaba pagarlo toda a mí, me di cuenta de que no me alcanzaba. Tenía una pequeña reserva que me iba a durar dos meses. Pero si quería seguir viviendo en el apartamento tenía que conseguir otro compañero. Así que puse un letrero de que se buscaba compañero.

    Los primeros días no vino nadie. Pero, como a la semana de haber puesto el letrero, yo estaba viendo tele en la sala, cuando escucho alguien tocar la puerta. Al abrirla me encontré frente a mí a una chica hermosa, entre blanca y morena, cabello castaño, ojos marrones y tenía unas buenas tetas. La verdad es que no podía quitar mis ojos de sus tetas, pero hice todo lo que pude por solo verla a los ojos.

    -¿Este es el apartamento del cartel?- le pregunté.

    -Emm, sí. Pasa ¿Estas interesada?

    -Ocupo algún lugar donde quedarme. Antes vivía con unas amigas, pero no separamos por unos problemas.

    Le enseñé el apartamento y el cuarto que tendría si se mudaba.

    -Y… una pregunta. ¿Cómo te llamas? Se me olvidó preguntarte- le dije mientras me reía.

    -Valentina.

    -Y… ¿Qué te pareció el apartamento?

    -Me parece que es algo caro

    -No, no mucho.

    -Y… ¿No tienes problemas con que sea mujer?

    -No, tranquila.

    Una semana después ya estaba en el apartamento.

    Unas noches después Mercedes vino y las presenté y estuvimos hablando un rato. Casi a media noche ella se fue a dormir. Mi novia y yo nos fuimos a mi habitación y pusimos una película.

    Ya en la cama nos comenzamos a besar. Al comenzar a quitarnos la ropa paramos por un momento.

    -¿Y si nos escucha?- me preguntó.

    -No creo.

    Sin pensarlo otra vez seguimos desvistiéndonos. Yo estaba acostado en la cama, mientras que ella estaba sobre mí. Ella gemía, mientras intentaba hacerlo lo más suave posible. Después nos giramos para yo quedar sobre ella y poder cogérmela con mayor facilidad. Después seguimos intentando varias posiciones hasta que los dos nos vinimos. Nos quedamos dormidos completamente desnudos y abrazados.

    Al día siguiente al despertarnos Valentina ya estaba despierta.

    -¿Te hicimos ruido?- le preguntó Mercedes.

    Al oír la pregunta me sobresalté un poco, pero rápidamente pasó.

    -No, tranquilos, no escuché nada.

    Seguimos hablando hasta que Mercedes se fue y Verónica se fue a bañar. Yo me quedé en la cocina tomándome un café porque solo hay un baño. La silla en la que yo estaba veía hacia el lado opuesto al baño. Por lo que cuando salió no me di cuenta. Al darme vuelta para ir al baño la veo. Estaba frente a mí, desnuda y mojada. Yo me quedé sin palabras. Tenía un cuerpo perfecto, sus curvas eran como los trazos más finos del más fino de los pinceles. Tenía un buen culo, era grande y estaba parado. Veo como una gota cae desde la punta de su nariz hasta sus tetas y sigue bajando por su estómago, hasta llegar a su vagina y después cae hasta el piso. En solo un momento mi pene pasó a estar completamente erecto.

    -Lo oí todo- dijo con una voz sensual- y quiero que me hagas gritar como nunca nadie me ha hecho.

    Sin pensarlo mi cuerpo reaccionó si se comenzó a desvestir. Ella se acercó hacia mí. Ya los dos estábamos desnudos, ella se acercó a mi boca y le dio un beso rápido, pero, al terminarlo no nos separamos del todo, ya que me estaba mordiendo el labio inferior, mientras con la otra agarró mi pene y lo empezó a masturbar. No mucho tiempo después se puso de rodillas y con un solo movimiento comenzó a chupármela. No era la mejor que me habían hecho pero estaba bien. Por un momento sentí algo de culpa, pero rápidamente se fue cuando ella empezó a chupármela con más ganas.

    La levanté con un salto y la atrapé en el aire al tiempo que la tomaba por la cadera y la atraía hacia mí. Bajé mis manos de su cadera hasta su culo para poder sostenerla mejor y ella se agarraba a mi espalda, sentía como sus uñas se clavaban en mi espalda. Nos besábamos mientras que nos movíamos como si estuviéramos cogiendo, pero aún no se la metía. Mi pene estaba pegado a su vagina, sentí la necesidad de metérsela. Así que mientras la sostenía con una mano, con la otra tiré todas las cosas que estaban en la mesa. La tire sobre la mesa y con un movimiento brusco metí mi pene dentro de su vagina, con mis manos agarré su cadera y la empecé a mover sobre la mesa fuertemente. Sus tetas se movían como locas, en su pecho, lo que me excitó aún más, así que la seguí empujando y atrayendo hacia mi más fuerte. La mesa se movía como si estuviera temblando mucho, parecía se estaba a punto de romperse. Ella gemía tan fuerte que no se escuchaba nada más.

    Le di la vuelta sobre la mesa, dejando su culo y su vagina frente a mí. Le di una nalgada muy fuerte, al mismo tiempo que se la metía lo más fuerte que pude. Me agaché un poco sobre ella para que mis manos pudieran llegar hasta sus tetas y se las agarré mientras las apretaba fuertemente.

    De su boca salía una mezcla de muchos sonidos, gemía, gritaba y decía palabras que no se lograban entender.

    Al dejar de agarrar sus tetas la agarré otra vez por la cadera y la seguí moviendo para penetrarla aún más duro. Volví a ver su culo y vi como la marca que le había dejado con mi mano estabas roja.

    Ella gritó aún más duro hasta terminar de venirse.

    Yo aún no me venía, pero estaba a punto. Al sentir que ya iba a salir mi semen la penetré lo más fuerte que pude. Sentía como mi semen salía y salía dentro de su vagina, pero yo seguía penetrándola. En eso escucho como la mesa comienza a romperse, pero no sabía lo que era, así que seguí penetrándola con todas mis fuerzas hasta que terminé de sacarlo todo. Al terminar le di vuelta y me acosté sobre ella, mientras la besaba. En eso nos caemos y vemos como la mesa se había roto en pedazos. Nos dimos vuela, para que ella quedara sobre mí. Y nos seguimos besando mientras aún tenía mi pene dentro de ella.

  • Era criada y la convirtieron en puta (Segunda parte)

    Era criada y la convirtieron en puta (Segunda parte)

    Para Lara, mi más fiel lectora.

    Lola se levantó al día siguiente temprano. Quería olvidar lo que había ocurrido, y pensar que todo lo que le ocurrió era una pesadilla, pero no era así. Tras desayunar, hizo lo propio para sus señores, Manuel y Josefina. Por un momento se le pasó por la cabeza contarle a Josefina lo que su marido había hecho con ella, pero luego se contuvo. Estaba segura de que la despedirían si le decía algo.

    Cuando hubo preparado todo, como ellos no bajaban, decidió llamar a su tía y contárselo.

    -Tía, soy Lola. Le dijo. Tengo que contarte algo.

    -¿Y qué es? Supongo que será importante para que me hayas llamado tan temprano.

    -Es qué… me da vergüenza.

    -Anda, no será para tanto. Cuéntame.

    -Manuel ha abusado de mí.

    -¿Qué dices? ¿Estás sola en casa?

    -Sí, estoy sola, ¿por qué lo dices?

    -Para que nadie te oiga. Mira, me ha costado mucho conseguirte este trabajo. Yo hablé personalmente con Manuel y al principio no quería darte el trabajo y al final accedió porque me dijo que tendría que follar con él para que te lo diera.

    -¿Follar? ¿Qué es eso?

    -Hija, pareces tonta. Follar es lo que ha hecho contigo. Es el poder que tienen los hombres de tomar lo que ellos quieren y hacer con una mujer lo que les dé la gana.

    -Pero yo te vi a ti haciéndolo con un hombre aquella noche y no parecía que te obligase a nada.

    -¿Estabas despierta esa noche? Vaya, pensé que te habías tomado las pastillas.

    -No, no las tomé. No sabía que eran y las dejé allí.

    -Estaba haciéndolo con Julián, el de la tienda a la que fuimos para comprarte la ropa. Una vez me acosté con él para pagar mi ropa, porque no tenía dinero, y aquella noche lo hice porque quería. Me apetecía follar con él para demostrar mi poder.

    -Yo nunca pensé eso de ti. ¿Y el tío qué pensaría si se enterase?

    -Tu tío solo me folla cuando le apetece. Me usa cuando quiere. Me levanta el camisón y me la mete sin más, sin excitarme primero y sin preocuparse si disfruto yo o no. Pero ahora tú tendrás que dejarte hacer si quieres seguir trabajando en esa casa.

    -¡No, tía! ¡No voy a dejar que abusen de mí!

    -Tienes que aceptarlo. Manuel tiene el poder y te usará cuando quieras, te guste o no.

    -Pues entonces me iré de esta casa.

    -¡Ni se te ocurra! ¡Manuel te buscará!

    -Lo dices por algo, ¿eh? No volverá a follar contigo, seguro.

    Ahora, por primera vez en su vida, había dicho la palabra follar.

    Justo en ese momento, Manuel y Josefina bajaron la escalera y Lola tuvo que colgar el teléfono.

    -Buenos días Lola, le dijo Manuel, veo que has preparado ya el desayuno.

    -Las tostadas deben estar frías, volveré a calentarlas. Es que me levanté muy temprano y…

    -Tranquila, no pasa nada. Le contestó Josefina. Esperaremos sentados.

    Lola se puso a calentar las tostadas. Manuel no le quitaba ojo de encima. Se acercó a decirle algo al oído a su mujer. Esta asintió con la cabeza.

    Más tarde terminaron de desayunar y Lola recogió los platos. Manuel se levantó y se puso detrás de ella.

    Al principio Lola no se dio cuenta, pero enseguida notó como Manuel le tocaba el culo y se lo sobaba.

    -¿Qué pasa señor?

    -Nada, Lola, que hoy te he visto muy guapa y vamos a hacer algo.

    No podía creer que su mujer estuviera ahí enfrente sentada, mirándolos a los dos. ¿Quería decir eso que ella consentía lo que su marido iba a hacerle?

    Lola no podía pensar mientras Manuel le levantaba la falda. Le bajó las bragas y le dio la vuelta.

    Él se bajó el pantalón y el calzoncillo, su polla erecta apuntaba a su cara.

    -Ahora agáchate y chúpamela.

    Lola obedeció como un autómata. Se agachó y se la metió en la boca, aunque le daban arcadas como aquella vez.

    Empezó a chuparla con desgana, pero Manuel le obligó a ir más rápido sujetando su cabeza y moviéndola adelante y detrás.

    Al poco se corrió. Se corrió en la boca de Lola y le cerró la boca obligándola a tragar todo su semen.

    Lola casi vomita. El sabor del semen era asqueroso para ella y lo había llegado a saborear un poco antes de tragárselo.

    Se levantó mientras Manuel, aun desnudo de cintura para abajo, la miraba sonriente. Se fijó en que su pene goteaba algo de semen. Ahora ya sabía que era el semen y lo había probado a su pesar.

    En ese momento Josefina se levantó de la mesa y se dirigió a ella. Lola seguía con las bragas bajadas y con su sexo expuesto.

    Josefina metió un dedo en su sexo y empezó a masturbar a Lola.

    -Señora, no puede…

    -No te resistas. Eres nuestra y tienes que obedecer.

    No sabía dónde se había metido. ¿Eran un par de pervertidos o qué?

    Josefina seguía masturbándola. Lola estaba empezando a disfrutar. Parecía que solo una mujer sabía cómo hacer disfrutar a otra. ¿O no? Su tía también había disfrutado con aquel hombre. Los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Quería cerrar los ojos y abandonarse al placer que estaba sintiendo. Pero por otro lado le daba miedo.

    Al final Josefina aceleró el ritmo y le metió dos dedos y Lola no pudo más y se corrió.

    -¡Aaaaah! ¡Aaaaah!

    Se sentó en el suelo extasiada. Los dos la miraban de pie. Lola no se levantó al principio.

    Josefina agarró la polla de su marido y empezó a masturbarle.

    En poco tiempo, el volvió a empalmarse. Josefina hizo un gesto para que Lola se levantase y esta, no sabiendo cómo, se levantó.

    Manuel la apoyó contra el fregadero y le levantó la pierna derecha y la penetró.

    -Uff, gimió Lola.

    Manuel comenzó a bombear. Solo que ahora Lola se dejaba hacer. No opuso resistencia.

    Este entraba y salía de ella con fuerza, mientras su mujer los miraba.

    Al poco, Josefina se acercó y le quitó la blusa y el sujetador, dejando los pechos de Lola al aire.

    Empezó a sobarlos, mientras su marido seguía follándose a Lola. Luego el matrimonio se besó.

    Lola lo miraba todo como si no fuera ella la que estuviera viviendo todo eso. Parecía de locos lo que le estaba pasando y que ella se dejara hacer.

    Pensaba que tal vez, habían echado algo en su café sin que ella se diera cuenta, o que, lo que más temía, es que se estuviera convirtiendo en una puta. Una criada, que ahora era la puta de Manuel y también, porque no decirlo, de su mujer.

    Siguieron besándose los dos. Un rato más tarde, Manuel volvió a correrse. Lo peor de todo es que sus lenguas estaban entrelazadas en ese beso de pasión, cuando Manuel eyaculó dentro de Lola.

    Al fin todo terminó y Manuel se salió de Lola. Josefina se arregló la ropa y sin decir nada, salieron de la cocina.

    Lola ya sabía qué hacer, y tras vestirse, limpió el suelo de algunas manchas de semen y sudor que había quedado en él.

    Al día siguiente Manuel quiso comprobar que Lola no podía pegarle ninguna enfermedad y mandó a esta al consultorio del doctor Sánchez, un médico de toda confianza.

    Lola no entendía nada. Ella era virgen y nunca había estado con un hombre. Así que ¿qué enfermedad podía pegarle? Además, si pensaba que podía pegarle algo, ¿porque no se puso protección? Solo que ella creía que el motivo realmente era otro. Que no quería que se quedase embarazada.

    Llegó a eso de las 11 a la consulta. Estaba en un bloque grande de pisos. Llamó al ascensor y subió hasta la 7ª planta.

    En la puerta ponía: José Luis Sánchez. MEDICO DE CABECERA. Tocó el timbre y abrieron. Era el propio doctor.

    -Tú debes ser Lola, ¿verdad? Toma asiento, enseguida estoy contigo.

    El medico volvió a entrar en su despacho.

    Lola obedeció y ojeó una revista. Se oiga a alguien dentro de la consulta.

    Como diez minutos después, una señora mayor salió y se despidió del doctor.

    -Ahora podré atenderte, le dijo.

    Lola se dio cuenta de que el medico echaba el pestillo a la puerta de la calle.

    Entraron en la consulta y Lola pensó que la haría desnudarse y que se la follaría, pero no fue así. Es verdad que la hizo desvestirse, pero no hizo nada sucio con ella. Solo le pasó un palito por sus partes y lo guardó en tu tubo. Examinó también su vagina, pero no vio que el hombre se excitara ni nada por el estilo.

    Después le pidió que se vistiera y la acompañara a otro cuarto.

    -La enfermera ha tenido que irse antes, así que te haré yo los análisis de sangre. Tranquila, es solo un pequeño pinchazo y ya hemos terminado.

    Tras acabar, el doctor le dijo que esperará en la salita.

    El doctor llamó por teléfono y habló con alguien. Lola al principio no oía nada, pero más tarde se dio cuenta de que estaba hablando con Manuel. Le decía algo de sífilis y gonorrea y por supuesto, le habló de embarazo, tal y como ella había temido.

    Terminó la conversación diciendo que le mandaba con ella dos cajas de preservativos para que lo hiciera siempre con protección. O sea que el medico estaba al tanto de que Manuel se estaba follando a todas las que habían sido sus criadas.

    Acabó la llamada y le entregó a Lola dos cajas envueltas en papel que metió en una bolsa de plástico. Eran los preservativos.

    Se despidió y salió de la consulta y de la casa.

    Para atajar hasta su casa, bueno donde servía, Lola se metió por el parque de San Esteban que estaba cerca de allí. Pasó por debajo de un puente y vio a alguien a lo lejos. El corazón se le aceleró, pero se tranquilizó al ver que era Tomás, el jardinero.

    Se saludaron y pensó que pasaría de largo, pero Tomás se paró.

    -Qué guapa te veo hoy Lola, le dijo. Se habían conocido hacia poco tiempo en el pueblo y hasta el día en que llegó, Lola no sabía que trabajan en la misma casa.

    -Gracias, Tomás, aunque no me he arreglado mucho hoy.

    -Estás muy guapa. ¿Qué llevas ahí?

    -Un encargo para Don Manuel.

    -Anda, déjame verlo.

    -Qué no, qué no, que es privado.

    Le cogió la bolsa y miró dentro. Vio que eran los condones, pero no dijo nada.

    Siguieron andando y Tomás se quedaba detrás mirando como su culo se iba bamboleando a cada paso.

    Lola tropezó en una piedra y cayo de bruces en el suelo. Su falda se levantó antes de caer y Tomás pudo ver sus bragas rosas.

    La ayudó a levantarse.

    -Gracias.

    En ese momento la besó. Lola se resistió, pero Tomás estaba muy excitado y siguió besándola y tocándola.

    La apoyó contra un árbol. Aunque era temprano, nadie pasaba por allí, por lo que no los verían. La levantó la falda y le bajó las bragas. Acto seguido se bajó el pantalón y los calzoncillos y la penetró.

    -¿Tú también? ¿Es que no vais a dejarme en paz ninguno?

    -El jefe te folla, agh, agh, dijo jadeando. ¿Por qué no iba yo también a probarte? Siempre te miraba en el pueblo cuando lavabas la ropa en el río, agh, agh, siempre me pusiste muy cachondo y me pajeaba a escondidas mirándote. Agh, agh, agh, siguió hablando. Y aquella vez que te vi desnuda bañándote. Me hice una paja y salpiqué tanta leche que no me lo creía ni yo.

    Lola creía que estaba a punto de acabar porque dejó de hablar.

    Pero entonces, la sacó, la giró y se la volvió a meter de espaldas.

    -Tienes un culo divino Lola. Ahora acabaré contigo así.

    Lola se agarró al árbol y se dejó hacer. Ya estaba claro que la habían convertido en una puta y estaba terminando de aceptarlo.

    Tomás siguió dándole un poco más y al poco terminó. Lola sintió como se corría dentro de ella, como su semen se derramaba en su interior. Tomás no había querido usar uno de los preservativos de su jefe, para que este no castigara a Lola por haber perdido uno de ellos. Y porque Manuel pensaba que era solo para ella.

    Tomás se salió de ella. Lola se giró, se subió las bragas y se arregló el vestido.

    -¿No vas a limpiarme? Le dijo el, burlón.

    -Arréglate tu solito.

    Lola cogió la bolsa con los preservativos. Afortunadamente no se habían perdido, estaban en el suelo junto a ellos y se marchó, dejando a Tomas con la polla al aire ya perdiendo la erección.

    Al día siguiente Lola se levantó con otra mentalidad. Necesitaba el trabajo y no podía dejar que la despidieran. Así que aceptó mentalmente lo que le pasaba. Si su jefe quería hacerlo con ella, no le quedaba otro remedio. Si su mujer quería estar presente, pues qué remedio. Y si a Tomás el jardinero también le apetecía follársela, no le quedaba otra que aceptarlo.

    Así llegó la hora de la comida. Manuel le comentó que ahora tendría que llevarle la comida a Joaquín, el mecánico que tenían trabajando para ellos. Tenían tanto dinero que disponían de dos coches. Para esa época era mucho.

    Lola llegó al garaje con la bandeja de la comida. La dejó sobre un bidón que había fuera y llamó a la puerta. Una voz se oyó desde el interior:

    -Pase, está abierta.

    Lola entró en la penumbra del taller, pero no vio a nadie.

    Joaquín salió de debajo del coche. Llevaba el torso desnudo y manchado de grasa. La visión de este puso nerviosa a Lola, a la que le tembló la bandeja. A punto estuvo de caérsele.

    Se presentaron y Joaquín se puso una toalla por encima. Charlaron un rato y finalmente se despidieron.

    Lola llegó al baño muy azorada. Se sentó en la taza, tras bajarse las bragas y se masturbó con ganas. Estaba muy húmeda. Había aprendido gracias a Josefina.

    La visión de Joaquín la había dejado excitada.

    Cuando se corrió, se relajó. Recuperó la respiración y se quedó sentada en la taza. Nadie la llamó.

    Pensaba que si alguien iba a obligarla a follar, solo deseaba que se lo hiciese Joaquín.

  • Pesadilla en el autobús (Parte 3)

    Pesadilla en el autobús (Parte 3)

    Yo salí despavorida de ese lugar, mientras secaba mis lágrimas y arreglaba mi ropa para no levantar sospechas, pero estaba destrozada por dentro literalmente. Había sido violada dos veces en menos de dos horas.

    Ese día jure que jamás volvería a pasar por el lado de la casa del viejo asqueroso, quería olvidar todo. Guardaba la esperanza de no volver a saber nada de los tipos del bus ni del depravado de don Julio. Los días fueron pasando y yo empecé a recuperarme del trauma en mi soledad y silencio, aunque a veces tenia pesadillas siendo violada nuevamente y en ocasiones despertaba llorando o gritando pero, en otras con mi vagina majada por mis fluido.

    No supe más de los tipos del bus, y mucho menos de don Julio. Yo volví a ser la misma de antes, la chica alegre que jugaba por todo y hacia bromas a mis padres, todo estaba mejorando. Termine mi año de colegio y estaba ya preparando planes con mis padres para en una semana irnos de vacaciones a Cartagena y solo esperaba con ansias que mis padres terminaran su año laboral e irnos.

    Un viernes en la noche como de costumbre, jugaba con mi padre y mi madre a guerra de almohadas en mi habitación, y sin querer mi padre con un almohadazo que me tiro, derramo una jarra con agua que tenía en mi mesa de noche y oh sorpresa cayo justo en un toma corriente y esto generó un mini corto que dejo sin luz mi habitación y de paso la explosión me dio un susto terrible.

    – Nooo padre les toco darme posada esta noche, yo sin lámparas no duermo.

    – Tranquila hija mañana mismo te dejo tu habitación como nueva, ya se quien organizara el daño. Lo siento mi niña hermosa. Saca tu pijama y vente para nuestra habitación.

    – Si Marce, dormiremos como en los viejos tiempos – dijo mi madre.

    Mientras sacaba mis cosas con mi madre, mi padre se dispuso a llamar a la empresa de energía supuse yo. Me fui para el baño me cambie me puse una pijama decente para dormir con ellos y aliste unos shorts blancos, una blusa también blanca tipo esqueleto que me encantaba porque era muy fresca, algo escotada y por los lados muy libre pues se podían ver fácilmente parte de mis senos, obvia mente mi top negro y unas tangas brasileras también negras.

    Esa noche estuvimos viendo tele y hablando mientras nos dormimos, como toda hija única, me acosté en medio de mis padres y como cuando estaba más pequeña pedí a mi padre que me abrazara y yo abrazar a mi madre. Apagamos las luces la tv y nos dispusimos a dormir. Mi padre me abrazo y me dijo.

    – Hace ya casi tres años que no pasábamos la noche juntos como una familia mi niña hermosa, pero ya estás tan grande que si me muevo me caigo de la cama.

    – Jajajajaja -nos echamos a reír todos.

    – No seas malo papi, solo es esta noche además soy tu niña, jajajaja

    – Siii es verdad ustedes dos son mi vida –dijo mi padre mientras se acomodaba.

    Mi madre era muy dormilona y con solo poner la cabeza en la almohada ya estaba dormida, – papi acaríciame el cabello- le dije para así dormirme más fácil. El empezó a jugar con mi pelo y luego de un rato creo que se cansó y puso su mano en mi vientre y empezó a hacerme círculos como lo hacía, cuando estaba más pequeña. Solo que esta vez yo sentí algo muy diferente a lo que sentía antes, sentí un calorcito en todo mi cuerpo, que me gusto pero me hizo sentir incomoda.

    Me moví un poco para acomodarme pero, por accidente mi cola quedo justo en la entrepierna de mi padre, lo que hizo que el pegara un pequeño brinco y se le noto la incomodidad.

    – De verdad que has crecido hija.

    Dijo para disimular y yo reí también para disimular mi calor y nervios, el continuo sobando mi vientre algo que me hacía subir más el calor y hacia que yo moviera un poco mis nalgas y mi cadera por las cosquillitas. Empecé a respirar algo fuerte y más cuando sentí que algo empezaba a crecer en su entrepierna, a lo que el por tratar de disimular hizo un pequeño movimiento y retiro su pene de mi cola e intento retirar su mano de mi vientre.

    Yo para no hacerlo sentir mal fingí que no había sentido nada y tome su mano y lo hice abrazarme más, algo no muy apropiado pues, su pene estaba ya muy erecto y se acomodó en medio de mis nalgas, separado solo por mi pantalón pijama y su pantaloneta. El solo se quedó quieto pero, de pronto continuo sobando mi vientre esta vez un poco más fuerte algo que hizo que se subiera la blusa de mi pijama y su mano quedara sobre mi abdomen, me halo un poco y me apretó contra el yo solo sentía que su pene palpitaba en mis nalgas, algo que me hacía respirar más fuerte y aumentaba mi calor.

    Yo seguía haciendo pequeños movimientos con mi cadera y ya sus dedos se hallaban en la pretina de mi pijama, la cual levanto suavemente y dejo deslizar su mano hasta toparla con el borde de mi tanga. Esto hizo que me agitara más y empezara a tragar saliva, mientras el indeciso de continuar movía sus dedos en el borde de mi hilo, recorriéndolo de lado a lado y posando su mano en un costado de mi cadera para luego levantar la tira de mi tanguita y sobar suavemente parte de mi nalga, yo solo respiraba fuerte, mordía mis labios y hacia pequeños movimientos.

    De pronto llevo su mano a mi parte de adelante y la poso en mi vagina por encima del triángulo de mi tanga, hizo pequeños círculos en él, y creo que noto que ya estaba mojada, de nuevo saco su mano y tomo la pretina de mi pijama y empezó a bajármelo por mi costado derecho muy lentamente yo levante un poco mi cuerpo para que el lado que estaba sobre el colchón saliera con facilidad.

    Y fácilmente logro llevarlo hasta mis rodillas, quedando así solo con mi tanga. Luego sentí como fue bajando su pantaloneta para dejar su pene justo en mi cola y posarlo entre mis nalgas ya a esas alturas lubricado, acaricio mi cola, mi muslo e inicio un vaivén con su pene entre mis nalgas arriba y abajo, a ese momento ya quería sentir su pedazo dentro de mí, incline un poco mi culo y levante mi pierna para ser penetrada, sentí como su mano corrió el hilo de la tanga que estaba entre mi cola y mi coñito mojado, y mordí mi cobija para no hacer ruido al momento de ser clavada por mi daddy.

    Paso su mano por el medio de mis labios vaginales introdujo un dedo, luego el otro y noto que podía meterme su pene sin problema. Y justo cuando yo ya me sentía en pleno éxtasis, lista para ser perforada y sentía como acomodaba su pene entre mis piernas, mi madre pego un pequeño grito causado por una pesadilla lo que hizo que padre en un movimiento muy rápido acomodara su pantaloneta y saliera disparado de la habitación.

    Yo acomode mi pijama y fingí estar dormida y despertarme con el grito de madre, le pregunte qué ¿qué le pasaba? Pero, ella ni se inmuto y siguió profunda en su sueño. Me senté en la cama, acomode bien mi pijama y espere un momento a ver si mi padre subía de nuevo. Al ver que no subía pensé en bajar a buscarlo pero, de un momento a otro me entro un sentimiento de culpa y remordimiento por lo que había causado.

    Pero, al no lograr dejar de sentir el calor que invadía mi cuerpo y las tremendas ganas de ser penetrada, decidí salir a buscarlo y lo encontré sentado en la sala tomando un vaso de agua y muy pensativo. Cuando me vio puso el vaso en la mesa de centro, se paró me tomo la cara con ambas manos, me dio un beso en la frente y me dijo:

    – Perdóname mi niña, esto no debió pasar soy el peor ser del mundo.

    – No padre no digas eso, ya olvidémoslo y vámonos a dormir.

    – No hijita, ve tu yo dormiré acá, es mejor evitar. Mañana en la noche que llegue de mi viaje te llevare a comer algo y hablaremos como padre e hija, por ahora ve y hazle compañía a tu madre.

    – Está bien padre descansa, te amo.

    Subí y me acosté llena de vergüenza y al poco tiempo creo me quede dormida. Mi padre al día siguiente tenía que viajar a otra ciudad hacer una auditoria por lo cual debía madrugar y era costumbre de madre levantarse a organizarle su ropa despedirlo y luego salir de prisa para el gym, le encantaba cuidarse y aunque tenía 39 años, parecía de 25. Cara súper linda, cuerpo bien tonificado unas piernas de infarto y su cola la cual yo había heredado y pues su belleza obvio.

    – Hija, Marce levántate para que vamos para el gym ya son las 5 am amor.

    – No maa déjame dormir más, tu sabes que yo voy más tarde y además anoche no pude dormir bien por tus gritos.

    – ¿Gritos? Ah ya seguro alguna de mis pesadillas jajaja. Está bien mi nena, duerme yo ya me voy.

    Me di la vuelta y me dormí al instante, para despertarme a las 8 de la mañana, ya mi madre había llegado del gym, se había duchado de nuevo y llevaba puesta una blusa algo parecida a la que yo me iba a poner pero de color azul y una falda tipo porrista algo corta.

    – Hola madre, ¿cómo te fue? Me voy a duchar.

    – Me fue bien hija y bueno vete a duchar mi niña hermosa.

    Me dirigí al a ducha y son el timbre de mi casa, ¿quién podría ser?

    – Yo abro nena debe ser el señor de la electricidad.

    Me metí al baño de la habitación de mis padres y allí me estuve casi 45 minutos pues era muy cuidadosa y me encantaba el agua fría para tonificar mi cuerpo. Salí me eche crema corporal me puse mis tangas negras mi short blanco y mi blusa pero, me dio pereza ponerme el top. Me peine y salí a la cocina a buscar a mi madre.

    Cuando llegue a la cocina note que no estaba mi madre, entonces salí a la sala y cuando me dirigía hacia mi habitación para ver si estaba allá, escuche a mi madre discutiendo con voz llorosa y un poco alterada, me dirigí a mi habitación y la puerta estaba medio ajustada, pero, cuando iba a entrar me detuve al escuchar que hablaban de mí.

    – Usted como pudo hacerle eso a mi hija, maldito, lo voy a demandar.

    – Ella fue la que me busco doña Diana, y sería muy triste que usted me demande y que el video y las fotos que nos tomamos Marce y yo salgan en las redes, mientras usted me demanda yo ya me habré ido lejos y solo quedara la reputación de su hija por el suelo, que pesar del vecino la decepción que se llevara al ver a su hija porteando como una zorra y con un hombre mucho mayor que el al cual trajo a su casa a arreglar un daño.

    – Maldito desgraciado la va a pagar muy caro – escuche decir a mi madre

    – No vecina como ya le dije todo tiene solución, en usted está, en lo que decida hacer, yo ya le dije así que. ¿Qué espera?

    Yo no podía creer lo que escuchaba, mi cuerpo empezó a temblar, ese no podía ser el viejo degenerado de don Julio, la felicidad en mi rostro se apagó de nuevo y más cuando llena de valor intente asomarme para dar crédito a lo que oía y vi esa imagen tan terrible. Comprobando que el que estaba ahí era el viejo ese pero, peor aún al ver sus pantalones en sus tobillos y a mi hermosa madre de rodillas frente a él, chupando el falo ya erecto del viejo, viendo como lo metía y lo sacaba de su boca, como lo lamia y a él tomándola de su larga cabellera guiándola en la desgracia mientras salían lágrimas de los ojos de mi madre.

    Yo, petrificada aterrorizada solo veía como el viejo gemía y se deleitaba con la boca de madre. Pero, peor aún fue ver a otro tipo acercarse con la cámara con que yo había sido grabada haciendo lo mismo con mi madre. Y mientras don Julio ponía a chupar a mi madre el otro instalo la cámara y se dirigió a mi madre, acabo de levantar su faldita dejándola sobre su cintura y quedando expuesto su monumental trasero de acero solo cubierto por sus sexis cacheteros de encaje color azul.

    – Pero qué cosa más sabrosa, tu si sabes cómo chuparlo mujer ufff y ese pedazo de culo que tienes, con razón Marcela esta tan rica.

    El otro tipo empezó a manosear su trasero y lentamente fue bajando sus cacheteros, para dejar su vagina expuesta y ya con su pene al aire libre, posarse en medio de sus piernas. Arrodillándose también y tomándola de sus caderas, puso su pene en la entrada de su concha, ya expuesta para irla penetrando muy lentamente mientras mi madre pegaba un gemido ahogado por el pene de don Julio y se retorcía.

    Yo seguía congelada viento como el tipo se lo metía despacio y selo sacaba rápido, para luego de un tajo clavárselo hasta el fondo, mi madre solo gemía no sé si ya solo de dolor o de placer, luego don Julio saco su pene aun erecto dela boca de mi madre y el otro tipo dejándola de clavar pero, con su pene erecto también. La hicieron poner de pie.

    – Que rica estas, ya es hora de que te lo meta por esas piernas, pero quiero ver tus tetas que se ven deliciosas vecinita puta.

    – Si tío esta vieja ya está gozando y que vagina más deliciosa.

    De inmediato quitaron su blusa, y mi madre solo se dejaba. Sentí algo de ira ¿sería que lo disfrutaba? Al ver sus bien paradas tetas, don Julio se abalanzó sobre ellas y se las metió a la boca para saborearlas y tumbándola sobre mi cama, le abrió las piernas y la penetro de un solo golpe. Ella solo gemía. Se dejó besar sin ningún problema, empezó a mover su cadera al compás de las embestidas del viejo así paso unos minutos y de nuevo don Julio saco su pene aun erecto y dio paso a su sobrino.

    Él se paró frente a ella, y ella sin más ni menos se sentó en mi cama y sin chistar metió el pene en su boca como devorando un helado, el viejo reía y el joven gemía y mi madre estaba hecha toda una puta. Luego el tipo la acostó de nuevo le dio la vuelta le dijo:

    – para ese culo que te lo voy a partir.

    Y mi madre solo levanto sus nalgas abrió sus piernas y en un gemido dijo:

    – si pártemelo bien duro.

    El tipo se puso tras ella y fue poniendo su pene en el orificio y cuando lo logra medio encajar entre sus nalgas se lo penetro de una lo cual hizo que mi madre gritara de dolor y el de placer. Yo del grito de mi madre medio reaccione pero, también medio moví la puerta, lo cual hizo ruido a lo que yo, salí corriendo antes de ser vista, en medio del llanto y el desconcierto de ver a mi madre sometida del placer.

    Me encerré en la habitación de mis padres y me eche a llorar, a odiar a mi madre por ser tan perra y caer tan fácil, a mi padre por llamar el viejo y a mí por tonta y no haberlo denunciado. Pensé que dentro de la casa corría peligro y me decidí a salir y de paso llamar a mi padre y contarle todo, abrí con cuidado la puerta de la habitación y tome camino a la puerta de salida intente abrir la puerta con cuidado de no hacer ruido pero, los malditos le habían echado seguro y puesto pasador.

    Yo me llene de impaciencia y cuando me iba a devolver a la habitación sentí como una mano tapo mi boca, mientras otra me tomaba por el abdomen. Sentí morir intente gritar pero no pude, de inmediato sentí que la mano que estaba en mi abdomen se metió bajo mi blusa y se apodero de mis senos con gran facilidad por falta de mi top.

    – A donde ibas Marcela, veo que estas más rica tus téticas son más grandes y más duras, tengo buena mano, jajajaja

    – Además hueles delicioso, estas recién bañadita. ¿acaso sabias que venía a hacerte la visita mi perrita hermosa?

    Y diciéndome eso al oído, empezó a lamer mi cuello y a manosear mis senos, y sentía como su pene se frotaba en mi trasero, me recostó contra la puerta y bajo su mano de mis senos a mi entrepierna por encima de mi short, para luego intentar zafar el botón de este. Yo me llene de valor y mordí su mano y le di un pisotón, algo que hizo que me soltara de inmediato, y como pude intente salir corriendo a encerrarme en el primer sitio, por instinto entre a la cocina y cuando iba coger un cuchillo, sentí una zancadilla y un empujón.

    Caí boca abajo en medio de la cocina, me di súper duro en las manos y de inmediato sentí como don Julio cayo sobre mí, volteándome del pelo y dándome una bofetada la cual me dejo sonsa y reventó un poco mi boca.

    – Ves cómo te haces pegar puta, ¿te vas a portar bien o te muelo a golpes? Y más vale que te quedes calladita, porque si no vamos a tener que contarle a tu padre lo putas que son tú y tu mamacita rica, me entiendes.

    – Usted nos violo viejo asqueroso.

    – Jajaja eso no es lo que parece en los videos, recuerda como lo disfrutaste y como lo está disfrutando tu madre, ni siquiera se preocupa por ti. Esta allá siendo penetrada por mi sobrino y ni te recuerda.

    Me dijo, mientras me tenía de las manos, a lo que yo le respondí:

    – Usted a mí me drogo viejo asqueroso lo mismo debió haber hecho a mi madre.

    De inmediato y riéndose se paró y me paro del pelo, y empujándome contra una pared y mirándome con risa y con placer me contesto:

    – Pero mira nada más que rica estas Marcela, esos pantaloncitos cortos te quedan deliciosos y mira cómo se salen tus senos por las mangas de tu blusa, eres toda una perrita, ya me hacía falta verte.

    Me tomo nuevamente del pelo y me dio vuelta dejándome de espalda contra él, tomo uno de mis brazos y lo puso en mi espalda y de me llevo hacia la habitación donde estaba mi madre.

    – Vamos a ver cómo es que sufre tu madre según tú, como es forzada.

    La puerta estaba medio abierta y para que yo no hiciera ruido tapo mi boca con su mano, lo que vi me destrozo el alma y perdí toda esperanza. Mi madre estaba debajo del tipo en pose de 69, total mente entregada al placer, estaba hecha toda una guarra, una puta y por mis ojos salieron lágrimas. Yo no existía para ella en ese momento y el viejo tenía razón eso no parecía una violación.

    – Ves cómo lo goza, es toda una puta y una puta muy sabrosa y apretada. Pero no los interrumpamos se ven muy felices.

    Y diciéndome eso al oído, me arrastro a la cocina de nuevo y aprovechando mi estado de conmoción, rasgo mi blusa dejándome solo en short me recostó a la pared y empezó a lamerlas, a morderlas a saborearlas mientras con sus manos masajeaba mis nalgas, Lugo zafo el botón de mi corto, bajo la cremallera y metió una de sus manos dentro de mi tanga para introducir sus dedo en mis labios vaginales.

    Besaba mi cuello y metía y sacaba sus dedos, luego con ambas manos bajo mis apretados shorts se inclinó frente a mí, para acabarlos de quitar dejándome solo en mis pequeñas tangas negras, ya mi vagina estaba muy mojada y los fluidos traspasaban mi braguita, me dio un lametazo, me miro y me dijo.

    – Ves como si se podía amorcito que cuerpo más hermoso y que prenda más delicada y provocativa. Ves cómo es que causas que te quiera penetrar. Solo tú tienes la culpa de estar tan buena. Podría quedarme chupando tu vagina todo el día, pero ya te lo quiero meter.

    Acto seguido se puso de pie levanto una de mis piernas, corrió mi tanga a un costado dirigió su pene a la entrada de mi vagina, y me lo metió de un solo golpe mientras bajaba como cerdo. Lamio mi cara mientras empezaba su mete y saca, no paraba de bombear mi vagina con más y más fuerza. Yo solo sentía como su pene se apoderaba de mí, nuevamente.

    – Ufff ufff siii siii mamacita estas más apretada se nota que nadie más te lo ha clavado yo soy tu dueño y tu mi puta junto con tu madre.

    – Ahora te voy a cumplir lo que te prometí la última vez amorcito.

    Y sin darme tiempo a reaccionar, saco su pene dentro de mi vagina, me llevo hasta la barra de la cocina, me puso sobre ella boca abajo. Reventó mi tanga de un tiro abrió mis piernas y se posó dentro de mis nalgas puso su mano en mi cara apolándomela contra la mesa de la barra, escupió varias veces en mi culo. Y cuando yo pude reaccionar.

    – Nooo nooo por favor noooo ahí nooo se lo suplicooo.

    Puso la cabeza de su pene en la entrada de mi culito virgen y sin ninguna compasión me lo metió hasta donde más pudo por lo estrecho de mi colita.

    Aaaaayy aaaaay -grite de dolor.

    – Uffff es verdad eras virgen pero ya no.

    Y de otro empujón me lo metió hasta el fondo, desgarrándome y de inmediato sentí como chorreaba un hilo de sangre entre mis nalgas perdiendo el sentido por unos segundos. Lo dejo unos momentos dentro de mí solo movía su cadera pero al notar que reaccione lo saco hasta cierta parte y me lo clavo de nuevo hasta el fondo. Y empezar un bombeo más y más seguido, y con cada embestida yo solo pujaba y gemía de dolor, mientras él lo hacía de placer.

    – Ahhhh ahhh rico mmmm siii esto es lo que imagine.

    Y fue tanto su placer, que bombeo y bombeo más seguido. Hasta que se vacío por completo dentro de mi culo. Y en medio de mi dolor y llanto sentí la voz de mi madre también llorando acercarse a mi empujar a al depravado y abrazarme. Ambos rieron al vernos ahí totalmente desnudas y llenas de su leche.

    – Ni una palabra de esto a nadie, por su bien perras ricas, y ya saben cuándo quieran sexo de verdad búsquenos. Jajajaja -se vistieron y se fueron.

    Mi madre y yo quedamos en el piso, nos miramos y continuamos llorando nos abrazamos.

    – Perdóname hija lo hice para que nadie supiera lo que te paso, pero de nada sirvió ese hijo de puta se salió con la suya, fui una estúpida.

    – Tranquila ma, lo superaremos pero no aguanto el dolor en mi culo, tengo miedo.

    Mi madre me cargo me limpio y me llevo a mí a su cama, saco fuerzas de donde pudo se bañó y salió a comprarme medicina. Hicimos un trato de no contar jamás a mi padre de olvidarlo y de convencer mi padre que marcháramos a otra ciudad. Y así fue pasaron dos meses y ya estábamos ubicados en Itagüí. Todo parecía mejorar

    Continuara…

  • Los celos pueden matar pero también follar

    Los celos pueden matar pero también follar

    Violeta Velmon’t

    Viernes 12 de Octubre.

    Era viernes, las clases habían terminado durante el transcurso de la semana. Era el mejor día para salir con las amigas, tener relaciones con tu novio, ir a comer y beber hasta no saber cómo carajos terminas en la cama de quien te cae por él culo. ¡Era viernes! Y yo anulé todos aquellos planes para estudiar mis pruebas de cardiología para él lunes a primera hora de la mañana. Era médico residente y mi carrera estaba despegando.

    -Violeta no puede creer que me dejes por un libro. ¡Dios mujer! Tienes dos días más para estudiar, nosotros solo una noche ¡Maldita sea!- dijo Chase, mi novio.

    Trate de acercarme pero él me alejo.

    Suspire.

    -Violeta no se en que mierdas estás pensando pero yo- Se detiene viéndome detenidamente. Sus ojos azules estaban a punto de estallar de la rabia- Para que haya una relación debe existir dos malditas personas, no uno y un libro. Al menos que te metas el libro por la vagina. ¡Me pones hasta los cojones! ¡Quiero sexo! ¡Lo necesito! -Grito

    -Chase entiéndeme, tengo que estudiar.- le dije lo más calmada que pude. Chase se dio la vuelta y golpeo la pared del muro del hospital. Rodé los ojos.

    – ¡No! Tú entiéndeme. Él día de mañana que me veas con otra mujer que me esté chupando él pito no me preguntes el por qué. ¿Si? – Rugió. Yo me quede perpleja y le tome el brazo.

    -Chase podemos hacerlo- dije molesta.- Pero que sea rápido.

    Chase quito fuertemente su brazo de mis manos y me miro de mala manera- Yo no quiero un polvo rápido, amorcito. Yo quiero un sexo fuerte, divertido apasionado como antes y que pueda disfrutarlo toda la noche Violeta Velmon’t. – Me dijo enfurecido dándome la espalda para volver a entrar al hospital.

    -CHASE- Grite pero él no me hizo caso. Me sentía mal por él, por nosotros, pero estaba consiente que mi carrera era primero que todo y luego estaba todo aquello. Tenía que estudiar y así lo hice. Salí del hospital molesta, cansada y angustiada. Chase se comportaba como una damisela en apuros, una perra en celos, una persona egoísta e inmadura. Sexo hay para cualquier hora y momento pero para atender a un paciente no pasa eso y el como médico debería entenderlo. Salí del hospital, de mi turno, con mis libros en la mano hacia la parada de autobús. Durante 30 minutos, ningún maldito autobús había pasado. Ya eran las 22:00 horas, demasiado tarde. Tome un gran suspiro y no me quedo más remedio que caminar hasta el ferrocarril más cercano. Las calles estaban desoladas, el aire era helado, un silencio profundo que podría jurarse como muerto. Tenia miedo, me apresure a caminar más rápido pero en eso los libros resbalaron de mis brazos, maldije por dentro y me agache para tomarlo deprisa, en aquel instante una mano tapo mi boca y otra mi abdomen. Me removí instantáneamente pero aquella persona me tenia sujeta muy fuertemente.

    -¡Shshshshshs! No hagas ningún ruido.-susurro en mi oído. Temblaba del miedo. Sus brazos me tomaron fuertemente y me llevaron a un callejón espantoso rodeada de dos edificios. Trate de zafarme de sus brazos pero no pude, el jalo de mi cabello y apretó mi abdomen mas fuerte, pude sentir todo el aire saliendo de mi diafragma. Se adentró mas al callejón y pateo una puerta trasera de uno de los edificios, me tomo nuevamente por los pelos y me tiro dentro del edificio.

    Chillé al dar mi mentón contra él piso, aquella persona me empujó mas fuerte hasta quitarme de la puerta de la entrada y luego cerró la puerta de un portazo.

    Traté de levantarme pero aquella persona me tomo por los pelos.

    Chillé.-¡Suéltame! ¡Suéltame! !Ayuda! ¡Ayuda!-Grité y recibí una bofetada como respuesta. Tenía puesto un pasamontañas, sus ojos verdes me miraban con mucha rabia y deseo. Su cuerpo era él de un hombre joven pero muy fuerte.

    -¡Cierra la boca maldita zorra!- me dijo. Yo comencé a llorar y a removerme debajo de él. Él forcejeo conmigo hasta que logro inmovilizarme poniéndome boca abajo y atándome las manos con las sogas de unas cortinas. – No tienes ni la mas mínima idea-dijo rabioso- Tú y tu maldito cuerpo moviéndose de un lado a otro, en aquel maldito hospital.- dijo entre dientes.

    -¡Suéltame maldito pervertido! ¡Suéltame! ¡Ayuda! ¡Por favorrrr! Ayu- Me interrumpió jalándome fuertemente él cabello.

    -Cierre la maldita boca Dra. Velmon’t.- Me dijo. Con una de sus manos jaló hacia tras mi cabello y con la otra estrujó fuertemente mis mejillas- Es lo mejor que puedes hacer- Sonrió. En aquel momento sus ojos brillaban, juraría que esta alegre. Lo escupí. Él se rio. – ¡Oh Dios! Había olvidado lo respetuosa y atenta que eres.- Dijo riéndose, la mire furiosa.

    -Sabes Violeta, es mejor verte de cerca que de largo.- Dice, soltando mi cabello, para tocar uno de mis pechos. Me remuevo y él lo tomo por completo y lo estruja. Cerró los ojos y sonrió. Aquella sonrisa se me hizo parecida, parecida a alguien en un tiempo atrás pero no recordaba bien. – Eres una morena tan hermosa, con grandes pechos y un gran trasero que no dudo que el idiota del Dr. Chase no pudo haber saboreado antes. – Me dice apretando mi pecho agresivamente al mencionar a Chase. ¿Quién era este tipo? – Voy a gozar lo que es mío por derecho.- Gruño, sentí que mi pecho reventaría y gemí de dolor.-Voy a gozar de este cuerpo tan lindo como el tuyo- Me escupió en la cara, y tapó mi boca con su mano.

    Me tenía dominada.

    Comenzó a reír- No sabes cuánto tiempo he esperado para esto- Carcajea- Una morena como tú, con culo y tetas, tan pequeña e ingenua, toda para un imbécil que no merece la pena de estar dentro de ti y hacerte fingir deseo y perversidad. Me levanto de una jalada, y me arrincono a una esquina de la habitación.

    -Escuchaaaaa, po…rr fa…a…vorrr- Mi voz temblaba- No sé quién eres, peerooo porrr faavor- Lloré- ¡Dejame ir!. – Él ignoro mis plegarias y se acercó a mi con su pene flácido a mi labios. Gire mi rostro.

    -Escucha preciosa, tu cooperas y yo coopero, esto será más rápido y sencillo si te ayudas a ti misma.-Dijo. Yo lloraba y apretaba fuertemente los labios- Me estoy hartando, estoy siendo compasivo contigo Doctora, así que abra la boca, y CHÚPEMELA-Grito. Yo seguía negándome. Él gruño y me dio una bofetada. Tapo mi nariz y volvió abofetearme. Abrí la boca involuntariamente y él introdujo su pene hasta el fondo de mi garganta, proporcionándome una arcada.

    Él gimió. Tomo mi cabeza y empezó un vaivén de caderas de adelante hacia atrás, conducía el ritmo de las embestidas.

    -¡Ah ah! Si ¡Dios!- Grito con una gran sonrisa en la cara.

    -Gla Gla Gla -Se escuchaba cada vez que metía su pene en mi. Mi cabeza golpeaba fuertemente con la pared, la saliva resbala por mi mentón y sus bolas golpeaban mi barbilla con mucha potencia.

    -Sé que te gusta bebe, solo mírate con mi amigo en tu boca.-Dijo. No podía respirar su pene era demasiado grande, y me daba arcadas, lo sacaba y volvió a embestirme hasta la garganta. Saco su pene de mi boca y lo restregó por toda mi cara, lloraba y le suplicaba que me dejara pero solo sonreía como respuesta. Aquel proceso era continuo, me embestía, sacaba su polla y la introducía nuevamente cada vez, con más fuerza y euforia.

    Su polla era gruesa, larga, mas grande y profunda que la del cualquier hombre que había visto.

    Saco su pene de mi boca y pude respirar agitadamente. Él me jalo nuevamente el pelo para obligarme a verlo.- Ahora te toca chupármela Dra. Velmon’t. Hazlo, AHORA. – Su voz era amenazante. Lloré mientras me acercaba a su pene, con los ojos cerrados, abrí la boca, y atrape con mis labios solo la punta del glande, y succione, él gimió fuertemente y acaricio mi cabello, continúe succionando solo la punta hasta que el introdujo mas su pene para que yo chupara más y lo hice.- Así bebe, así se hace. -Dijo.

    Subía y bajaba mis labios por toda su longitud hasta llegar a su ingle, me mantenía unos segundos allí hasta cuando ya no soportaba más. El gemía fuertemente; su pene tenía un sabor salado y dulce a la vez pero aquel acto me daba tanto asco que deseaba que todo esto ya acabara. Así que comencé a chupar mas rápido para que el pudiera correrse y así dejarme ir.

    -¡Oh Dios tu si que eres toda una mujer! Sigue asi ¡Oh mierda como la chupas!- Succionaba fuertemente. Después de un rato volvió a tomarme del cabello y comenzó con sus fuertes embestidas.

    -GLA GLA GLA AH HAHAH!!! – Lo saco y volvió a meterlo. Lo mantuvo fuertemente en mi garganta hasta que con un grito se corrió.- Trágatelo y mírame mientras lo haces-Me dijo, me sentí humillada pero aun así lo hice. Él sonrió pícaramente y saco su pene de mi boca, acerco sus bolas a mi y me obligo a chupárselas. Eran redondas, claras y gruesas, tuve que chupar y succionar cada una. El golpeaba mis mejillas al momento de tener sus bolas en mi boca.

    Se retiró de mi y se quito sus pantalones. -Por faaavorrr de…j…ameee irrr- Dije lloriqueando tratando de levantarme del piso, pero él volvió a tirarme al suelo. Tomó mi camisa de pijama y con sus manos la rompió dejando ver mi brasier, el cual también procedió a romperlo, sonrió de oreja a oreja al ver mis pechos, los tomo desesperadamente y los chupo como un niño. Grite, llore y seguí gritando pero nadie venia, nadie al parecer me escuchaba. El seguía allí entre mis pechos, chupando como un niño recién nacido, tomo mis pechos con sus dos manos y las junta, embistiéndolas a su placer.

    Dejo mis pechos, y escupió sobre ellos, con su mano esparció toda su saliva por todo mi pecho, y llevo sus dedos a mi boca, donde los introdujo hasta el fondo causándome arcadas. Escupí. – Eres un maldito, mal parido. Déjame- Le dije furiosa.

    Él se alejó de mi y fue a la parte trasera de la habitación. En aquel momento que él se dio la vuelta yo me levante de un salto y salí corriendo a la salida. Di un giro para tomar con mis manos la manecilla, pero el brinco de un salto. – ¡NO NOOO DÉJAME MALDITO IMBÉCIL!! – El me empujo de la puerta y le puso el cerrojo, colocando una cuerda sucesivamente. Él se me tiro encima y me cargo entre sus brazos hasta ponerme de boca abajo en una mesa. Amarro mi abdomen con una doble cuerda y la enlazo por debajo de la mesa, dejándome sujeta a la mesa. Maldije por dentro.

    -Eres una idiota. ¿Lo sabía Doctora?- Me dijo retóricamente palmeando mi trasero duramente.

    -Te voy a demandar maldito, per…v ¡aaahhhhh! -Dije pero él me interrumpió volviendo a palmear mi trasero. Con sus manos rompió mi pantalón y lamio todo mi trasero. Grite mas fuerte por ayuda pero al parecer mis gritos no lo molestaban.

    -Sabes-Me dijo palmeando otra vez mi trasero, mi piel ardía. Jadié de dolor. – Te voy a dar tanto placer que me vas a pedir mas, hasta que tu vagina y todos los hoyos de tu maldito cuerpo este llena de toda mi leche. Eres una zorra- Gruño y palmeo mi trasero.

    Jadee- Por favor déjame.-Suplique. En aquel momento él se bajó de mi y se acercó a mi rostro. Rio y negó con la cabeza.

    -¿Por qué me sigues suplicando que te deje? Sabes que no lo voy hacer preciosa- Llore. Aquel hombre tomo mis mejillas y me obligo a besarlo. – Abre la boca y bésame zorra, bésame o serás que quieres una linda cicatriz en tu cara. Así que béseme doctora.

    Las lágrimas salían de mis ojos, como una lluvia en invierno. Sus labios se acercaron a los míos, y los tomaron con desesperación, su lengua saboreaba todo dentro de mi. Sujeto mas fuerte mi cara y presiono mas sus labios, al separarse tomaba aire y volvía a besarme haciendo ruidos fuertes y empalagosos. Bajo sus labios de los míos y lamio todo mi cuello, hasta posicionarse debajo de mi oreja y succionar fuertemente. Mi piel quemaba.

    -Y este es solo el inicio mi querida Violeta-Susurro en mi oído profundamente y después mordió el lóbulo de mi oreja.

    -¿Porr q…ueee me ha…c…es.s.s es…to? – Dije entre lloriqueadas. Él se alejó de mi y se puso enfrente. Su polla se estaba volviendo a poner eréctil. Volvió a restregarla en mi cara y palmear su polla en mis labios para introducirla nuevamente, y golpear mi mejilla un par de veces con su pene en mi boca.

    -Porque quiero y me lo debes- dijo introduciendo de una estocada su pene hasta el fondo. Causándome una arcada. Saco su pene de mi y se agacho.- Ay Violeta.-Negó con la cabeza, mientras me miraba toda desecha. Se quitó su pasa montañas y mi mundo cayo a sus pies. – Sabes que me lo debes.- Dijo tomándome del pelo y volviendo a introducir su pene en mi.

    Flashback

    01 de Enero del 2015

    20:30 horas. Sala Preoperatoria

    -Verónica Martínez, paciente de 26 años con cáncer de pulmón en etapa IV, se le hará un trasplanté de pulmón derecho para la eliminación y prevención de metástasis en un futuro. – Dije al Doctor James. La paciente me sonrió débilmente y luego voltio a ver al Doctor.

    -¿Cuánto son las posibilidades de vida? -Pregunto ella. El Doctor y yo nos miramos rápidamente, y él asintió con la cabeza.

    -Un 10% si no se presenta complicaciones durante la intervención.- Dije y ella asintió mientras salían unas lágrimas de sus ojos. Me acerque a ella y acaricie su fina y delicada piel. -Escuche Verónica todo estará bien, confié en nosotros, haremos lo que está a nuestro alcance para salvarla- Dije. Ella tomo mi mano y la beso.

    – Lo sé Doctora, confió en ustedes y sé que podrán hacerlo y…- Se vio interrumpida, por un muchacho – Harry. – Susurro.

    El doctor James y yo giramos a verlo. – Verónica, tienes que hacerlo, tienes que hacerlo por mi, por ti y por todo los que te queremos.-le dijo mientras me miraba a mi.- ¿Doctora pueda puedo hablar con usted a solas? -Pregunto. Asentí.

    Salí de la sala y me jalo hasta los baños de limpieza y me beso desesperadamente. – ¿Harry qué estás haciendo?- Le dije separándome de él. Sus ojos verdes, me miraban con lujuria.

    -Te necesito Violeta, te necesito conmigo.- Dijo en un gemido, se acercó pero yo lo empuje. – Deja a Chase, yo te amo y tú sabes que lo hago.

    Negué- No Harry, yo soy la doctora de tu novia, y tú eres un, un… ¡ah! Escucha esto está mal, tu y yo jamás debimos tener esto. Tu novia está muriendo y tu estas aquí suplicando que este contigo. No puedo y no lo hare.

    -No la amo, estoy con ella por compromiso, yo te quiero a ti. Deja a Chase.

    -No dejare a Chase, Harry.-Le dije y Harry me odio en aquel momento. Salió del cuarto enfurecido y yo rece en mis adentros.

    Harry era novio de mi paciente. Era alto, castaño, con ojos verdes y muy divertido, lo conocí en una de las citas que tuvo con el Dr. James, mientras yo era su interna de rotación. Atendí a Harry y a su novia en los momentos mas difíciles del cáncer, pero Harry se interesó mas por mi, venia constantemente al hospital con o sin su novia y me escucho cuando tenía una crisis en mi relación con Chase, hasta que llego a enamorarse de mi pero yo no de él.

    Al terminar la operación lamentablemente Verónica murió la sala de operaciones, y al decirle a sus familiares. Harry se volvió loco y trato de echarme la culpa a mi. La situación se complicó y después de 1 año ante lo sucedido. Harry se presentaba constantemente en el hospital molestando a Chase y a mi, hasta tal punto de que casi perdimos nuestro segundo año de residencia. Chase se peleó con Harry y Harry amenazo a Chase de pagárselas en un futuro y desde aquel entonces no volví a verlo.

    Y me jure a mi misma no volverme a involucrar con ningún paciente y/o sus familiares.

    Fin del Flashback

    Harry saco su polla de mí y yo tosí. – En verdad que eres un maldito-Le dije. – Déjame ir. Tu y yo nunca tuvimos nada, ni lo tendremos.- Le grite. Harry rio fuertemente.

    -Así que “nunca tuvimos nada” -Carcajeo- Vaya quien es la mala de la historia, tu o yo Violeta? –Se giró y se subió encima de mi palmeando mi trasero. Sentí su respiración en mi entrepierna y yo me removí pero Harry me pellizcaba o me pegaba cada vez que lo hacía.– Tu mataste a Verónica- Escupió mi entrepierna. Me tense por dentro.

    -Yo no mate a Verónica, el cáncer mato a tu novia.- Le dije pero él me ignoro y siguió escupiendo mi entrada. Yo permanecí inmóvil mientras él separaba sus húmedos pliegues con los pulgares por debajo de la trama en forma de diamante. Harry inclino su cabeza, grite, el lamio, chupo y succiono las hebras de mi feminidad. Harry separo mis rodillas y ahueco mis pechos con las palmas de sus manos. Su polla se restregaba en mi entrepierna, subiéndolo de arriba hacia abajo.

    -Y tú me mataste a mi- Dijo metiendo de una sola embestida su pene dentro de mi. Gemí fuertemente. -¡Dios! ¡Si! ¡No sabes cuánto deseaba esto!-Sus caderas comenzaron a moverse desenfrenadamente dentro de mi. Me embestía con cólera, fuerza, arrogancia y mucha agresividad. Sus bolas chocaban fuertemente con mi trasero y su pene se anchabas cada vez mas dentro de mi.

    -AHHHHH AHHHH HARRY BAS… AAHHA TAAAAA- Gritaba mientras me destrozaba por dentro. – Azotaba mi trasero y me embestía a la misma vez. Él gemía, jadeaba y gruñía al sentirme estremecer.

    PLA! PLA! PLA! Se escuchaba cada vez que descendía dentro de mi. Sus caderas chocaban agresivamente. Podía sentir como su virilidad entraba y salía de mi, tan rápido, tan fuerte, sentía como dentro de mi se habría cada vez mas, y se acomodaba al tamaño de su pene. – AHHH HARRY BA…S.T.S.A…AAA- Decía entre lloriqueos. Cada maldito segundo que pasaba lo sentía mas violento, mas rudo, él gruñía y golpeaba mi trasero hasta verlo tenso. Después de un rato bajo mi trasero que estaba en pompa y se acostó encima de mi, tiro de mi cabello hacia atrás, hasta dejarme verlo a él, cara a cara.

    -Me sientes ¿Puedes sentirme Violeta?- Me pregunto introduciéndose fuertemente dentro de mi -Esto es lo que quería hacerte desde el primer día que te vi en aquella consulta. – Gruño y me beso. Mientras me besaba mordí su labio inferior y él se quejó, como resultado el embestía más fuerte, mi vagina ardía y dolía. Quería que todo acabara.

    Harry se bajó de mi y soltó un poco las cuerdas que me tenía atada, me bajo de la mesa sin soltarme y me dejo de pie, con el dorso acostaba en la madera. Palmeo mis glúteos, me tomo de las caderas y volvió a entrar. Gemí fuertemente

    -Oh Violeta yo sé que tú también deseabas esto. Admítelo- Dijo besando mi cuello.- Admítelo bebe- Me mordió la clavícula. Mis labios estaban muy apretados para no tratar de gemir. Harry continuo dominándome. Se detuvo y se retiró de mi. – Hoy vamos hacer algo divertido- Me dijo.

    -Yo no veo nada divertido en esto. Eres un desgraciado.- Escupí. – Estas enfermo- Le grite. Él solo sonrió, sacando una cámara de un bolso.

    -Para eso, estas aquí para curarme- Dijo sonriendo y encendió la cámara. Me sobresalte.- Ahora le haremos un pequeño obsequio al idiota de tu novio ¿si bebé?

    Me desborde por dentro, y comencé a pensar la forma de zafarme de su amarre.

    -Vas a gemir, a abrir tu linda boquita y decir cosas sucias para tu novio mientras yo te estoy cogiendo, y si no lo haces voy a matar a tu lindo novio con cara de pito, y no lo volverás a ver jamás. – Amenazo.

    -Harry por favor no lo hagas.-Rogué.- Hare lo que quieras pero no me obligues hacer esto, no lastime a Chase ni a nadie, por favor. -Dije entre lloriqueos. Él estaba desquiciado, ya no era el Harry que conocía.

    El negó-Nena esto es lo que quiero y vamos hacerlo.- Dijo acercándose a mi, me dio una bofetada y después tomo mi cara con su mano derecha y con la otra me enfoco con su cara. – ¿Entendido?- No respondí.- DIJE QUE SI ENTENDIDO.- Grito, soltando su mano de mi cara para retorcerme un pezón. Gemí de dolor. -Lo tomare como un si.- Dice y se coloca la cámara en la frente con una faja especial.

    Trate de patalear o arañarlo mientras me daba vueltas, y me ponía cara a cara con él, me abrió las piernas y enfoco la cámara allí. Apreté los labios mientras él pasaba los dedos en mi feminidad, levanto la cabeza y me pregunto. -¿Te gusta lo que te hago mi amor?- Aquella pregunta tenía en lo mas profundo una amenaza. Asentí. -¿Por qué no te tocas para mi eh?

    Maldije a Harry aquel momento. Tome mis senos y los acaricie suavemente. Harry introdujo sus dedos en mi, y comenzó a masturbarme no pude evitar gemir mientras hacía aquello. Me sentía apena, no estaba disfrutando pero mi cuerpo no estaba de acuerdo conmigo, Harry grababa todo aquello y me sentía tan mal por Chase y por mi, yo en verdad lo amo.

    -Ah Ah ah ya, ya por favor.- dije entre un gemido.

    -¿Quieres que siga bebe? Dime que quieres que haga- Me sonrió sin sacar a un sus dedos en mi. Me mordí la lengua pero hable.

    -Quiero que sigas bebe, sigue. Follame, tomame ah ah ah s… ooyyy ahhh ah toda tuya.-Harry movió sus dedos mas rápidos.- Pene… tra…m…e con t…u gran pollaaa, ha…zme tuyaaa ah- Sentí como mi vagina se estremecía y mi corazón también

    Harry gimió mientras se levantaba, se acercó a mi y puso su pene cerca de mis labios. Sabía lo que tenía que hacer. Con una de mis manos, comencé a moverlo de arriba hacia abajo.

    -Oh si bebe sigue, sigue. – Jadeo. Acerque mi labios a su pene y lo lamí, Harry solo reía y acercaba la cámara a mi. Chupe fuertemente hasta soltarlo y ¡Plop – Ves cómo me chupa la polla tu novia Chase, es una gran zorra. – Dijo. Seguí chupando y lamiendo. Harry bajo la cámara de su frente y la puso encima de otra mesa, saco su pene de mi, abrió mi entrepiernas y me penetro, no pude evitar sacar un gemido.

    Comenzó nuevamente un vaivén fuerte y lleno de cochinas. Harry chupaba mis tetas, las estrujaba y me movía a su placer, yo solo gemía. Después de un rato sentía estremecerlo, se acercó a tomar la cámara y grabar aquella gran escena.

    -Ahora Chase mira como me corro dentro de tu bella Doctora.- Dijo moviéndose más rápido y enfocando todo. El subió rápido la cámara y espero a que dijera algo.

    -Más Harry dame más. -Fue lo único que pude decir pero él seguía viéndome mal.- Lléname Harry, lléname.- Y sonrió. Bajo la cámara y embistió rápido, con una de sus manos abrió mi pierna y enfoco como se venía dentro de mi.

    -Eres un maldito Harry, un maldito.- Dije y lo patee tan fuerte como pude.

    Continuara…

  • Mi debut gracias a la señora Nelly

    Mi debut gracias a la señora Nelly

    Se habían mezclado en su chucha caliente nuestros jugos y aun así seguíamos cogiendo con mucha fuerza, haciendo un sonido muy agradable para mí cuando salía y entraba el falo de ella.

    Ahora era yo quien manejaba el ritmo de la penetración mis manos las tenía sobre su cintura bien sujeta, ahora Nelly parecía que ya había olvidado que su hijo dormía en el segundo piso porque sus gemidos eran muy fuertes y también porque hablaba pidiendo más y más eso aumentaba más el placer en ambos.

    -¡Agg… así… qué rico… noo… parees… dameee… todooo… Migueel…!

    Hubiera querido poder filmar con el celular como la tenía apoyada sobre la mesa con sus manos sujetándose fuerte y con el culazo a mi entera disposición mientras aguantaba las fuertes embestidas a su riquísima chucha.

    Era lo que siempre había deseado desde tiempo tener así a una mujer y ahora que era realidad no quería que se acabará tan rápido así que baje la intensidad de la penetración, también había visto su ano y era ahora o nunca así que con mucho cuidado empecé acariciar y darle con el dedo de a poco luego fueron dos estaba Nelly tan excitada que no decía nada cuando tenía tres dedos metidos en su culo y una verga dura que seguía entrando y saliendo de su vagina.

    Mis dedos estaban bien mojados de su propios jugos de lo caliente que estaba y jugaban hasta tenerlos dentro, había llegado el momento que por primera vez metería la pinga en el culo a una mujer había resultado más fácil de lo que había pensado.

    Coloqué mi pinga en la entrada del ano y fui metiendo despacio la cabeza… Ufff se sentía bien rico y apretadito ya le habían roto el culo su marido pero el tiempo que había pasado que no había recibido visitas había hecho que se volviera a cerrar y ahora ya era el afortunado que volvía abrirlo nuevamente y a gozar de su culo, me detuve unos segundos hasta que se vaya acostumbrado a tener una buena pinga otra vez, luego seguí entrando de a pocos hasta que la señora Nelly lo tuvo todo en su esfínter.

    -¡Ayyy Migueeel despacitooo… asiii… queee deliciosooo… ahhh!

    Como dije anteriormente mi amigo Martín estaba totalmente equivocado con su madre ella era una mujer muy ardiente pero por el amor a él sabiendo lo celoso que era había renunciado desde que se murió su esposo a tener nuevamente un hombre en su vida, y ahora yo había vuelto a despertar ese fuego que llevaba en su interior mucho tiempo.

    -Así ¿te gusta cómo te lo meto todito?

    -¡Siii… papitooo me gusta mucho ahhh!

    La transpiración de su cuerpo y el mío mientras seguíamos cogiendo completaba la escena que pareciera extraída de una película para adultos, abría con las manos las nalgotas para tener una mejor visión de cómo su culo se tragaba la verga por completo.

    -¡queee ricooo culooo tienes… ahora yo seré tu cacherooo Nelly!

    -Siii tu eres mi amor… Ayyy que rico dameee tu leche calienteee!

    Como todo lo bueno siempre tiene su final y cumpliendo su deseo apure las embestidas y como si fuera una yegua que necesita ser bien montada proseguí dándole lo que ella tanto le gustaba hasta llegar a soltar semen en su interior.

    -¡ahiiii… tieneees tu lecheee para tiiii!

    Ella se volteó y me abrazó muy fuerte y me beso su cuerpo temblaba al igual que yo fueron unos minutos que parecieron una eternidad, ahora no solo mi presencia era importante en esa casa para Martín sino para ella también no me lo decía pero en sus ojos lo notaba.

    La vergüenza que sentía como una mujer de 42 años que había caído rendida ante el amigo de su hijo hacia que guardará silencio pero ahora yo la tenía abrazada dándole pequeños besos.

    -Nelly no te sientas mal eres una mujer muy linda y que también necesita sentirse amada y deseada y si yo puedo ayudarte lo haré con mucho cariño y discreción. Y ninguno de tus hijos lo sabrá. Ahora vistámonos ya debe por regresar Pilar.

    -Gracias por todo, por ser tan especial para mí y Martín…

    Cuando había caminado ya unos metros de la puerta de su casa regresaba Pilar con el imbécil de su enamorado nos saludamos rápidamente pero la mirada que me dio me dejó pensando y luego lo que dijo.

    – ¿Ya hicieron las paces con mi mamá? Lo mejor de las peleas es la reconciliación… jajaja no pongas esa cara es una bromita.

    (Continuará)

  • Venancio, el viejo tendero (Parte 2)

    Venancio, el viejo tendero (Parte 2)

    Hacía unos días que el viejo tendero, Venancio, me había dado por el culo en su tienda casa. Ya habíamos coincidido en el bar donde solíamos parar, y en varias ocasiones habíamos coincidido en el aseo. Cada vez que coincidimos me había metido mano todo lo que pudo. Me sobaba el culo con sus manos, y hasta me arrimaba su paquete mientras yo meaba, y a la vez que me comía la oreja, me susurraba que me quería volver a dar por el culo. Tienes que venir otro día a mi casa, y repetimos lo del otro día. Si puedes quiero que te quedes toda la noche, quiero hacerte mi mujer y preñarte ese culito que me vuelve loco, me decía cada vez que coincidíamos en el aseo del bar.

    -Sí, le decía yo, a ver si este sábado que seguramente tendremos una cena la pandilla.

    -No sé si aguantaré tanto tiempo, podrías venir hoy miércoles, ¿o tienes problemas por salir de casa tu solo?

    -No, no tengo ningún problema, pero no me gusta que sepan a donde voy, y para eso tendría que ir a casa, y luego volver a bajar yo solo, diciendo que había quedado con alguien.

    -Pues sí puedes venir, ven, yo si hace falta te espero en el portal.

    -No, como ya tengo tu teléfono móvil, te hago una llamada y me esperas en la puerta de tu tienda.

    Y así fue como volví a quedar con el viejo tendero, Venancio. Ese miércoles, me volvería a dar por el culo, y esta vez sería durante toda la noche.

    A las 11 de la noche, salía del bar con mi madre para irnos a casa. Una vez en casa, cené un pequeño bocadillo, y le dije a mi madre que iba a salir, ya que había quedado con un amigo para ir de fiesta, y que no volvería hasta la mañana siguiente.

    A eso de las 12 de la noche, ya había dado un toque por teléfono al viejo tendero. Salí de mi casa, y cuando llegué a la calle, antes de ponerme en camino, saqué un cigarrillo, lo encendí, de esa manera le daba tiempo a Venancio, el viejo tendero, para que me esperase en la puerta de su tienda.

    Me puse andar camino de la tienda del viejo Venancio, y cuando estaba llegando, ya me salió al camino, para ayudarme a entrar en su casa tienda.

    -Ven, mi princesita, que me tienes loco de ganas por follarte ese culito que tienes, y que tanto me gusta. Esta noche quiero tenerte en mi cama y follarte bien follado durante toda la noche, quiero dejarte bien preñado este culito, me iba diciendo, a la vez que me agarraba el culo con su mano.

    Nada más entrar cerró la puerta de la tienda, y agarrado a mi espalda, me abrazó por detrás y sobándome el culo a la vez que me arrimaba su paquete, me susurraba al oído -esta noche no vas poder dormir por el placer que te voy dar. Te voy dejar preñado y el culito repleto de leche. Hoy vas a ser mi princesita, y tu papi te va hacer gozar como nunca.

    Me fue empujando hasta el final de la tienda, que era donde estaba la cocina, el aseo, y las escaleras que llevaban a su vivienda. Ven vamos para la cocina que estoy bebiendo una cerveza, y en cuanto termine, subimos al dormitorio. Me puso una cerveza a mí, pero le dije que ahora no me apetecía, que mientras el terminaba, yo fumaría un cigarrillo. De eso nada, abrió la cerveza y dijo, toma, así no bebo yo solo.

    Antes de que me sentara, me dijo que podía dejar el bastón blanco allí doblado. Lo doblé y mientras lo dejaba sobre el banco, él me volvió a abrazar y empezó a sobarme por todas partes.

    Como me gusta tenerte así abrazado, me decía mientras con sus manos buscaba mi cinturón para irlo desabrochando. Me tenía agarrado por la espalda, y de esa manera me fue desabrochando el cinturón, para seguido desabotonarme el pantalón, e irlo bajando.

    Como vi que eso ya no iba a parar, busqué por encima de la mesa el cenicero, y allí dejé el cigarrillo que estaba fumando. Cuando lo hube dejado, ya tenía al viejo Venancio, bajándome los pantalones.

    -¡Ay que culito, dios! Cuantas veces desee hacerlo mío. Y hoy puedo saborearlo, princesita. Deja que te vaya desnudando, y verte totalmente desnudo mientras terminamos de beber las cervezas, mi princesa. Y poco a poco, me fue sacando toda la ropa, incluido los zapatos y calcetines.

    Una vez me tuvo en pelota picada, me dio la vuelta y haciéndome inclinar sobre la mesa, me hizo abrir las piernas, y pasando su mano por mi culo, me agarró las pelotas y polla, para agacharse y abriéndome todo lo que pudo las piernas, me empezó a lamer todo el ano -¡ummm! Que cosita tan rica que tienes, como la deseo, ¡ummm!

    ¡Dios! El viejo Venancio, tenía una lengua tan larga como la polla que se gastaba, y aquellas lametadas que me daba, me estaban haciendo estremecer de gusto.

    Después de lamerme bien el ano, se irguió, pero con su mano ahora iba metiendo uno de sus dedos en mi agujero -¡ohhh! Si sigues así, me vas hacer correr antes de empezar, le dije.

    -No te preocupes princesa, que esta noche pienso hacerte correr varias veces. Mientras me hablaba, echaba mano a su cerveza, y tras dar un trago a la misma, colocó la botella sobre mi espalda, cosa que me hizo estremecer por el frio de la botella. Tranquilo princesita, que solo voy derramar un poco cerveza, para seguir lamiendo tu agujerito, y además de lavarlo un poco, irte preparando este culito tan delicioso.

    Vertió un poco de la cerveza sobre la raja de mi culito, empezando a frotar con su mano por todo el ano. Luego se volvió a agachar, y a la vez que me iba lamiendo y saboreando con su lengua toda la raja de mi culito, volvió a verter otro poco de cerveza.

    ¡Ohhhhh! Dios, aquello ya me había puesto a mil por hora, y si seguía con aquella tortura, no tardaría en correrme.

    Después de lamerme todo el ano, me hizo erguirme, y darme la vuelta para ahora seguir con mi polla y pelotas.

    Con un dedo dentro de mi culo y a la vez que lo metía y sacaba, me frotaba las pelotas, y ahora con la boca, empezaba a chuparme la polla que ya la tenía tiesa a más no poder, y empezaba a estar empapada de precumen.

    -Por favor, para, que no quiero correrme tan pronto, ¡ohhhhh dios! Para por favor que me voy correr. Le pedía mientras con mis manos sujetaba la cabeza que allí sobre mi pubis, no dejaba de succionarme la polla.

    Sacó el dedo de mi culo, y poniéndose en pie, me abrazó, mientras me iba diciendo que esa noche me iba hacer delirar de placer.

    -Vamos sentarnos un poco y terminar de beber la cerveza, le pedí, mientras lo apartaba y buscaba el banco con una mano para sentarme un poco.

    Él se sentó a mi lado, y pasándome la mano por los hombros, me iba diciendo, esta noche quiero hacerte delirar de placer, quiero que goces hasta la locura, quiero dejarte los huevos secos de leche.

    Mientras terminábamos las cervezas, y él me tenía abrazado a él, como pude le fui desabrochando el cinturón, luego seguí con los pantalones, para una vez se los puse a la altura de los tobillos, sacarle la camisa, para al final dejarlo totalmente en pelotas, como me tenía él a mí.

    Una vez conseguí tenerlo en pelotas al igual que estaba yo, me apoderé de su larga polla, y llevándola a mi boca, empecé a lamer y succionar aquel manjar que esa noche tanto me iba hacer gozar.

    Después de llevar un buen rato chupando aquella larga polla, y haber ya terminado de beber las cervezas, me fue arrastrando hacia la salida del banco, para luego ponernos en pie, y colocándome otra vez el pecho sobre la mesa, me volvió a abrir las piernas, y mientras me metía un dedo en el culo, me mordía sobre el hombro y cuello, a la vez que me iba diciendo, espera princesita, que ya no aguanto más y necesito meterte ya la polla en este culito tan rico que tienes.

    Sacó el dedo de mi culo, y agarrando la polla con su mano, la fue colocando sobre mi agujerito, y poco a poco fue introduciendo aquella larga verga dentro de mí.

    -¡Ohhhh! Dios, ya estaba ensartado por la larga verga del viejo Venancio.

    ¡Ufffff! Cada vez que metía su polla hasta lo más profundo de mis entrañas, aquello me hacía sudar, y un escalofrío me subía por toda la columna vertebral. Cada vez que rozaba mi próstata, sentía aquel escalofrío por toda mi columna, y hacía que las pelotas se me encogieran, sintiendo un gran placer.

    El viejo tendero, me estaba follando de una manera lenta, muy pero que muy lenta, y las sensaciones que estaba recibiendo, al ser follado de aquella manera, sabía que pronto me iba hacer correr, porque la tortura y placer que estaba sintiendo, no me iban permitir aguantar mucho.

    Y efectivamente,

    No tardé mucho en empezar a correrme. Empecé a notar como el semen subía por mis huevos, y sin poder aguantar, mi eyaculación explotó haciéndome dar unos fuertes gemidos de placer.

    -¡Ohhh! Me corro, ¡ohhhh! Me corro, ya, ya me estoy corriendo, ¡ohhhh! Dios, ya no puedo más.

    Me quedé como medio muerto sobre la mesa, mientras el viejo tendero seguía con su mete y saca, y mi pobre polla, dejaba escapar las últimas gotas de semen, sobre el suelo de la cocina.

    -Así mi princesita, córrete y goza, que esta noche te voy dejar este culito preñado, y hacer gozar hasta la locura.

    Aún me estuvo taladrando el culo durante al menos unos 6 largos minutos, hasta que dando unas bestiales embestidas, empezó a soltar el semen dentro de mi culo.

    -¡Ohhhh! Princesa, ya me vengo, ¡ohhhhh! Ya, ya, ya me corro.

    Cuando terminó de soltar toda la leche dentro de mis entrañas, se quedó abrazado a mi espalda, a la vez que me decía, eres maravillosa mi princesita, que culito tan maravilloso tienes.

    Poco a poco fue sacando su larga polla de mi culo; el muy cabrón aún la seguía teniendo tiesa y dura; una vez repuestos, yo me senté en el banco, mientras él recogía un poco la cocina y limpiaba la corrida que le había dejado en el suelo. Una vez terminó de limpiar y recoger un poco, volvimos beber otras cervezas y fumar un cigarrillo.

    Una vez que terminamos de beber, me agarró por la cintura, y me dijo -ven mi princesita, vamos ahora para la cama, que allí seguiremos follando. Mira como me tienes, me dijo llevando mi mano a su polla; él muy cabrón ya tenía la polla más tiesa que el mástil de un velero; aquella polla iba a acabar con mi pobre culito.

    Me agarró por el brazo, y antes de subir por las escaleras a su dormitorio, fue a coger una tarrina de algo que no supe en ese momento que era, pero luego supe que se trataba de una tarrina de queso Philadelphia. Agarrado por el brazo, empezamos a subir las escaleras que llevaban a su dormitorio. Me sentó en la cama, dejando en la mesilla la tarrina que había cogido, y fue al cuarto de baño, donde cogió una toalla la cual humedeció con agua caliente por un extremo de la misma.

    Abrió la cama ordenándome que me acostara boca abajo, que me iba limpiar un poco la entrada a mi culito, ya que lo tenía escurriendo semen de la follada que me había dado en la cocina.

    Me coloqué como me había ordenado, mientras él con la toalla me iba limpiando mi ano.

    -Vamos limpiar tu agujerito, princesa, que hoy quiero probarlo y hacerte gozar antes de volverte a follar este culito tan precioso que tienes.

    Después de haber pasado la toalla por donde la había humedecido con agua caliente, por mi ano, pelotas, y polla, luego con el otro extremo de la toalla, me secó bien secado. -Así mi princesa, levanta un poquito el culo que vamos limpiar tu pollita me decía mientras me iba frotando mis pelotas y polla. Se recreó en ello todo lo que pudo, tanto que ya me estaba poniendo cachondo otra vez.

    Una vez terminó de secarme y magrearme bien magreado mis partes con la toalla, agarró la tarrina que había subido de la cocina, la abrió, empezando a untarme con sus dedos.

    -¿Qué es? Le pregunte.

    -No temas princesa, solo es queso para untar Philadelphia. Así nos servirá para lubricar y de paso comerte ese culito divino que tienes y me vuelve loco.

    Me untó el ano, y polla y huevos. Incluso con 2 de sus dedos, introdujo de aquello en mi agujerito.

    Cuando hubo terminado, dejó la tarrina en la mesilla, luego se subió a la cama, y levantándome un poco por la cintura, me hizo abrir las piernas, para empezar a lamer todo mi culito.

    ¡Ohhh dios! Que pedazo de lengua que tenía el viejo Venancio. Lamía desde los huevos, recorría todo el perineo, y luego con la punta de la lengua, la introducía en mi agujerito.

    ¡Ay dios mío! Aquella tortura que estaba sufriendo, me hacía agarrar la almohada fuertemente con las manos, hundiendo mi cara en la misma mientras gemía de una manera desesperada. El viejo tendero sabía hacerme gozar como nadie nunca lo había hecho. Me hacía gemir sin parar, y aquello me estaba volviendo loco de placer.

    Después de estar un buen rato sufriendo aquella maravillosa tortura, me hizo dar la vuelta en la cama. Me hizo subir un poco más hacia la almohada, luego me mandó flexionar las piernas, y abriéndolas todo lo que pudo, se apoderó con su boca de mi pequeña polla, chupando la misma como si fuera el mejor de los manjares.

    ¡Dios! La metía toda en la boca y succionaba sin parar. Hasta parte de los huevos se metía en la boca.

    Yo le agarraba la cabeza y no paraba de dar gemidos y retorcerme de placer. -¡Ohhhh! Me vas hacer correr otra vez, le decía entre gemidos.

    -Así mi princesa, gime y disfruta que esta noche quiero que goces como nunca. Quiero gozar de tu cuerpo, y quiero llenar este lindo culito con mi leche durante toda la noche. Ay, Cuantas veces he deseado tenerte así. Cada vez que te veía, deseaba tener tu culito y poder meterle mi polla y hacerte gemir de placer, princesa, tienes un culito que me vuelve loco.

    Después de un buen rato comiéndome la polla y huevos, y haberme lamido por todas partes, me volvió dar la vuelta y dejándome boca abajo, se echó sobre mi espalda, metió sus brazos por debajo de los míos a la vez que colocaba sus manos sobre mi nuca, haciendo que no me pudiera mover. Me ordenó entonces que levantara un poco el culo, a la vez que lo hacía, él me iba encajando su polla en la entrada a mi culito.

    Poco a poco me fue metiendo su larga polla, y cuando ya la tenía dentro, empezó a moverse, metiendo y sacando la polla en mi culito.

    -¡Ohhh! Princesa que culito calentito y apretadito tienes, ¡ohhhh! Como me gusta, hoy te voy dejar preñado princesita.´

    ¡Ohhhh dios mío! Aquel ritmo lento y sin pausa, me estaba volviendo loco. Cada vez que aquella polla me rozaba la próstata, me hacía llorar de placer, y mi pobre polla no dejaba de estar goteando semen de manera continua. Como podía follar alguien de aquella manera tan maravillosa, y dar tanto placer, que no podía parar de gemir. ¡Ahhh! Como me gustaba aquello, bendita polla la de aquel viejo tendero, me estaba haciendo derretir de gusto. Y cuánto tiempo llevaba sin sentir aquel placer tan maravilloso. Aquello era un regalo de los dioses, después de tantos años sin sentir aquel placer que tanto deseaba. ¡Ohhh dios mío! Como necesitaba aquello.

    Me estuvo dando por el culo en aquella posición, al menos cerca de media hora.

    Cuando empezó a eyacular dentro de mi culo, las envestidas eran más profundas y rápidas. ¡Ohhh! Princesa, me corro, me corro, ¡ohhhh! Que gusto princesa, como me gusta. Soltó Venancio el viejo tendero, a la vez que me llenaba el culo con su semen.

    Cuando terminó de correrse, se dejó sobre mi espalda, y mientras se reponía, iba besando mi espalda y mordiendo mi nuca. Sacó luego sus brazos de donde los tenía, y empezó a buscar con su mano mi polla para empezar a meneármela. -Te has corrido princesa, que veo que estás todo mojadito.

    -No, le contesté, no me corrí, pero seguro que no ha dejado de estar goteando semen, le dije.

    Sin dejar de menearme la polla, me dijo -pues córrete mi princesa.

    Y notando como iba saliendo la polla del viejo tendero, de mi culito, me corrí en su mano.

    ¡Ohhhh! Gemí mientras me corría en su mano.

    Estando todavía encima de mi espalda, estiró uno de sus brazos, cogió la toalla que tenía allí, se limpió la mano, y luego volvió a limpiar mi polla, para luego limpiar la suya y terminar limpiando la entrada a mi culito. Una vez terminó de limpiarme y limpiarse él, tiró la toalla al suelo, y nos acurrucamos en la cama pegado uno junto al otro.

    -Vamos descansar un poco, y antes de levantarnos, te vuelvo a follar este culito, princesa.

    Yo debí quedar dormido al menos durante un par de horas, hasta que desperté con las caricias que me estaba dando el viejo tendero. Me besaba la espalda y cuello, a la vez que notaba como restregaba su polla que ya estaba tiesa de nuevo, por mi culo, y sus manos frotaban mi vientre y agarraban mis huevos y polla.

    Yo estaba de costado, acurrucado sobre su pecho, y con el culo pegado a su polla, la cual notaba como el viejo tendero, volvía a ir metiéndola de nuevo en mi culito.

    Me tenía abrazado a su pecho, y con su boca iba mordiendo mi nuca y cuello, mientras me susurraba al oído, como me gustas princesita, y cuanto te deseo. Con sus manos iba frotando mi vientre, y colocándome para encajarme su polla de nuevo. Una vez puso la punta de su polla en la entrada a mi culo, me agarró los huevos y polla, y me fue metiendo toda su polla de nuevo en mi culito.

    ¡Uffff! Aquello terminó por despertarme de todo, y suspirar al notar toda la polla del viejo tendero, dentro de mi culo.

    Quien iba a sospechar que el viejo tendero, Venancio, era todo un semental. Menudo aguante que tenía, y vaya polla que se gastaba. Ya me volvía a tener ensartado en su larga polla aquella noche. Iba quedar bien abierto mi culito, y repletito de leche. Después de algo más de 5 años sin probar una polla, ahora desde la semana pasada en la que el viejo tendero, me acompañó a mi casa, mi culito volvía a estar abierto y repleto de leche, y todo gracias a Venancio, el viejo tendero, el cual ya me conocía desde niño. Quién diría que aquel viejo tendero me iba hacer gozar y desearlo como lo estaba haciendo y que tanto tiempo llevaba necesitando. Venancio soñando con mi culito, y yo con una polla que me diera por el culo.

    Empezaba a mover sus caderas y meter y sacar lentamente su polla dentro de mi culito, y a la vez que me mordía la nuca y cuello, me susurraba, lo que me deseaba, y cuanto le gustaba tenerme así junto a él.

    Después de un buen rato metiéndome la polla en el culo, la sacó, y me pidió que me montara a horcajadas sobre él, que quería meterme la polla de esa manera.

    Me subí sobre él, y sujetando su polla con una mano, la coloqué en la entrada a mi ano, y fui bajando hasta enterrarme toda su polla dentro de mi culo.

    Una vez la tuve toda dentro empecé a cabalgar sobre él, mientras él con sus manos me agarraba por las caderas, para luego apretar mis tiesos e hinchados pezones. Los apretaba con fuerza y me hacía dar pequeños gritos y gemir de placer.

    Como él no estaba totalmente estirado, sino que casi estaba sentado en la cama y con la espalda recostada sobre el cabecero de la cama, si se inclinaba hacia mí, podía morderme los pezones, y hasta el cuello y boca.

    Cosa que empezó a hacer, para gusto mío.

    Esto me hizo volver loco de placer, y dar fuertes gemidos y grititos por el placer que sentía. Fue entonces que empecé a correrme de manera salvaje, llevándome aquello al clímax y extenuación. Me tuve que abrazar a él, mientras me corría salvajemente.

    Así mi princesa, así, córrete y goza, me decía Venancio mientras me seguía follando el culo, hasta que volvió a derramar todo su semen dentro de mis entrañas.

    -¡Ohhh! Mi amor, que culito, como me gusta, ¡ohhhh! Me has vuelto hacerme correr mi princesita.

    Quedamos abrazados durante un buen rato, siendo acariciado, magreado y besado por él, hasta que poco a poco fue saliendo su polla de mi culo, luego nos volvimos a limpiar con la toalla que estaba tirada sobre la alfombra.

    Una vez repuestos, le pregunté qué hora era y me dijo que eran las 5:22. -Será mejor que me vista y me vaya ya, le dije.

    -¿No quieres quedarte un poco más en la cama?

    -Igual me quedo dormido, ya que estoy cansado, y no puedo más.

    -No te preocupes, que si hace falta yo te llamo a la hora que quieras.

    -Bueno le contesté, pero a las 7, quiero marchar, no me gustaría que me viesen salir de aquí a primeras horas de la mañana.

    -No te preocupes, que la tienda no la abro hasta las 9:30, y si salieses a esa hora, podías hacerlo como si fueses un cliente que viene a comprar a esa hora.

    -Ya, pero prefiero salir antes de que abras.

    Nos quedamos tumbados en la cama, hablamos de todo un poco, y de cómo quedar para la próxima vez. Quedamos para el sábado, ya que yo ese día tenía una cena con los amigos, y luego antes de subir para mi casa, podríamos quedar. O bien me acompañaba desde el bar como la primera vez, o cuando estuviese en mi portal darle un toque por el móvil y hacer igual que hoy.

    Bajamos desnudos hasta la cocina, que era donde habíamos dejado la ropa, allí me vestí con la ayuda de él, ya que la ropa estaba tirada por el suelo. Una vez vestido, cogí el bastón blanco, lo desplegué, y acompañado por él, me llevó hasta el portal de mi casa.

    Allí terminé de fumar el cigarrillo que había encendido al salir de la tienda, y una vez terminado, se despidió dándome palmaditas en el culo, y magrearlo una vez más.

  • Vida real

    Vida real

    Hay algo que me ronda hace tiempo y quiero transmitir.

    Lo que ocurre en mis escritos es pura fantasía y cualquier intento de tratar de plasmar en la vida real lo que en ellos ocurre, seguramente ocasionara grandes trastornos en su vida a esa persona.

    La fantasía es una cosa y lo que se hace en la vida real… ¡una vez hecho, hecho está! No hay marcha atrás. Y luego hay que vivir el resto de nuestra vida con ello.

    Las probabilidades de que dos personas deseen exactamente ese tipo de cosas y que además sean familia es de un índice de probabilidad escasísimo, porque además, nunca estaréis completamente seguros de que la persona objeto de vuestras atenciones, no esté fingiendo y en realidad esté sufriendo con la situación.

    Solo desearos sabiduría en vuestras decisiones y que la felicidad os alcance.

    Un saludo.

  • Me puse caliente en el sauna

    Me puse caliente en el sauna

    Hola a todos los lectores del sitio. Ahora les contaré una de mis experiencias que tuve en el club deportivo donde me reúno de vez en cuando con unas amigas.

    Regularmente 1 o 2 veces al mes mis amigas y yo vamos a un club deportivo a las afueras de la ciudad, no tanto para hacer ejercicio sino más bien para relajarnos, nos apetece nadar en la enorme piscina que hay allí, tomar sol, beber cervezas y al final siempre vamos juntas al sauna.

    Una ocasión luego de nadar un poco nos tumbamos en las camillas y nos comenzamos a aplicar bloqueador solar entre nosotras 4, algo de lo más normal. Varios tipos nos observaban, nos comían con la mirada, pero no les hacíamos caso. Nosotras seguimos con el bronceado y ordenando más y más cervezas para no sentir tanto el calor. Varias rondas después nos sentimos algo mareadas y fue entonces que decidimos irnos a las duchas. A mí me apeteció entrar al sauna para poder sudar todas esas cervezas que me había bebido, pero mis tres amigas no pudieron acompañarme porque tenían compromiso, rápidamente se ducharon y se fueron.

    Yo por mi parte me envolví en una diminuta toalla y enseguida me metí al sauna, el cual se encontraba vacío en ese momento. El abundante vapor me impedía mirar claramente y a tientas me fui hasta el fondo de la cámara, me senté sobre una banca, cerré los ojos y me relajé completamente. A mi mente comenzaron a llegar pensamientos calientes, concretamente el recuerdo de la verga de un amigo que conocí por internet y me envió algunas fotos de su bello miembro, así como algunas webcams que tuvimos juntos donde miré como se deslechaba. En fin, me puse toda mojada y no precisamente de sudor, así que me abrí la toalla y con mis manos comencé a recorrer mi cuerpo, primero mis pechos, los frotaba y estrujaba con una mano o con ambas, pellizcaba mis pezones y movía las yemas de mis dedos a su alrededor, enseguida se pusieron erectos y duros. Continuaba frotando mi cuerpo empapado en sudor, fui bajando poco a poco por mi abdomen y vientre, lentamente, unas veces con toda la palma y otras solo usando las puntas de mis dedos. Finalmente se deslizaron hasta el fondo de mi pubis donde se toparon con mi clítoris que ya estaba hinchado y muy brotado, por lo que de inmediato lo atendí con movimientos circulares y pequeños golpeteos. Mis ojos permanecían cerrados y escuché como la máquina de vapor se detuvo como lo hace cada 15 minutos. No le di importancia, seguí en lo mío, mi respiración ya estaba agitada y uno que otro gemido se me escapaba de vez en cuando de la excitación, sentí que ya me venía el orgasmo y tardé solo unos cuantos segundos más cuando comencé a correrme deliciosamente. Permanecí inmóvil unos instantes, recuperando el aliento y disfrutando las sensaciones y emociones producto del clímax que acababa de experimentar.

    Fue entonces cuando me sentí observada, como cuando notas una presencia. Abrí los ojos y distinguí una silueta humana del otro lado de la cámara, por lo que me sobresalté un poco y me tapé enseguida con la toalla. Con el vapor restante que invadía el ambiente y la poca iluminación del sauna (solo un tragaluz en el techo) tardé unos instantes en mirar mejor de quien se trataba. Por fin quedó todo más visible y me quedé helada (vaya ironía) al comprobar que no se trataba de mujer sino un hombre de unos 40 y tantos, piel blanca, pelo negro, bien parecido.

    Por un momento no supe que hacer, el tipo tenía su toalla puesta sobre su regazo que le tapaba sus partes íntimas, se notaba que iba seguido al club (aunque no lo recuerdo de antes) ya que tenía buen cuerpo, nada de panza, algo marcado de sus músculos y me llamaron la atención sus piernas anchas. Me miró y una sonrisa pícara se asomó en su rostro, de inmediato supe que había visto todo lo que estuve haciendo ahí dentro, sentí como mi cara se ruborizó y me puse un poco nerviosa.

    Aquel hombre me miró fijamente y luego metió una de sus manos por debajo de su toalla para masajear sus partes íntimas. Después de unos instantes arrojó la toalla piso y pude mirar su miembro. Tenía la verga circuncidada e igual de blanca que su tono de piel, la cabeza era roja intensa que terminaba en pico, con muchas venas que le brotaban y además iba todo depilado.

    Me quedé pasmada viendo como ese individuo se pajeaba delante de mí, sus ojos eran de lujuria. No me percaté en qué momento también arrojé la toalla a un lado y mis dedos estaban de nuevo a toqueteando mi clítoris, me puse recaliente con el morbo de la escena, nunca había estado en una situación como esa.

    El caballero continuaba estrujando su verga, sus bolas eran muy grandes y le colgaban muy abajo, como si pesaran de plomo. Realmente me estaba excitando demasiado el estar ahí frente a frente con un desconocido y ambos masturbándonos. Por mi parte aceleré el frotamiento y en menos de lo que les cuento me vino el segundo orgasmo de la tarde, sin duda más intenso que el primero.

    Cuando me recuperé del orgasmo aún me sentía con ganas, lo que me animó a quedarme más tiempo ahí dentro a ver qué pasaría. Mi cómplice de pajas seguía con su mano recorriendo su palo, me miró y me habló:

    -¿Me ayudas con esto nena? -dijo con su voz grave y señalando su pito.

    No negaré que su propuesta me prendió bastante, y si a eso le sumamos que hacía varias semanas que no tenía una polla para mí, ya se imaginarán como andaba de emocionada. Fui enseguida hasta su lugar, acomodé la toalla sobre el piso y me arrodillé a sus pies. Tomé su verga con una mano, estaba muy tiesa, cuando la tuve agarrada comprobé sus dimensiones, unos 18 cm aproximadamente, poco más larga que la de mi ex. Tenía una forma peculiar, tan gruesa en la base que apenas podía empuñarla, pero iba adelgazando hacia la punta, me recordó a una zanahoria ancha. Comencé a masturbarlo lentamente con ambas manos, como era circuncidado no había que lidiar con la piel adicional, eso facilitaba mucho mi tarea. Con una mano le daba masajes a sus testículos, la verdad pesaban mucho, anticipé mucha leche acumulada en ellas.

    -Cómela un poco cariño -me suplicó suavemente el hombre.

    Obviamente no pude resistirme y terminé obedeciendo. Primero le propiné unas lamidas desde la base hasta la punta, lo hice muy lentamente mientras lo miraba a los ojos, pude constatar que su palo era de buen sabor. Luego le di una buena chupada de huevos, me los metía por completo a la boca de uno en uno y movía mi lengua en círculos cada que los comía. Al sujeto le agradó mucho esa maniobra, soltaba unos quejidos de placer. Por fin me engullí su miembro, efectivamente era como chupar una zanahoria gorda, nunca había tenido una polla así. Me la metí en la boca lo más que pude pero como se ensanchaba en la base se volvía un poco difícil. El tipo solo gemía y me tomaba de mi cabeza para que lo comiera más profundamente, mientras que yo me saboreaba su agüita pegajosa que emanaba del ojito en su punta.

    La verdad soy buena mamando, mis parejas me lo han dicho y a este desconocido le estaba dando una chupada de campeonato y quería ver qué tanto semen iba a expulsar. Instantes después noté que su palo se endureció más de lo que ya estaba y su cuerpo se comenzó a tensar, supe que iba a estallar en cualquier momento. Un par de chupadas y lengüetazos fueron suficientes para que comenzara a correrse. Chorros y más chorros de espesa leche salían disparados de su vergota en todas direcciones, unos fueron a dar hasta mi cabello, pechos, cara, un verdadero batidillo. Por supuesto que probé de su semen, aunque solo un poco pues en verdad parecía que vació litros enteros. El individuo quedó exhausto y muy agradecido conmigo, me dijo que la chupaba de lujo. Luego de limpiarnos se despidió de mi con un beso en la mejilla y se marchó.

    Mi calentura no había disminuido mucho que digamos así que me quedé en el sauna un rato más para seguir tocándome, con una mano atendí mi clítoris y con la otra metía un par de dedos adentró de mi coñito. Antes de irme a casa logré correrme intensamente otras 2 veces más, pensando en lo recién ocurrido con el cuarentón ese. El saldo del incidente en el sauna fue una insaciable calentura que me duró casi dos semanas. Por las noches me masturbaba a su salud recordando las vívidas imágenes del encuentro, tres orgasmos diarios en promedio fue la forma en la que tuve que sacar esa excitación incontrolable. He regresado al gimnasio pero no me he topado con él, cualquier cosa que surja les cuento luego.

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    Gracias a todos los que se toman el tiempo de valorar y comentar este relato, me alientan a seguir publicando más historias.

    Saludos cordiales a todos,

    Claudia.