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  • Con la pareja de Cancún (2)

    Con la pareja de Cancún (2)

    Nos sentamos y cada pareja inició con un buen faje, metiendo mano a nuestros cuerpos, Vicente me abrió las piernas y le dijo a Raúl, mira lo que te vas a comer, así mismo Raúl le abrió las piernas a Sandy para mostrarle a Vicente lo que también se comería.

    Sobé la verga de Vicente y baje el cierre de la bragueta para sacarla y darle una buena mamada, el solo inclinó su cabeza hacia atrás para disfrutar de mi boca, pude ver a Sandy hacer lo mismo con Raúl, volteando hacia nosotros me mostró la verga de Raúl diciéndome, amiga ¿se te antoja?, te la cambio y de inmediato me paré para iniciar el intercambio con una buena mamada.

    Raúl solo cerró los ojos y se dejó llevar, para estar más cómodos le bajé por completo el calzón y el pantalón abriendo sus piernas y me coloqué en medio, tomé su verga con ambas manos y comencé a chuparle la cabeza, lamiendo con la lengua la cabeza para después bajar por todo el tronco hasta los huevos y chuparlos, lo estuvimos disfrutando mucho, del otro lado también vimos a nuestras parejas hacer a un lado los calzones para iniciar un rico 69 comiendo sus sexos como locos Sandy gritaba y se retorcía de placer disfrutando mucho, Vicente ni se diga le metía la lengua hasta el fondo saboreando sus jugos que derramaba a chorros.

    Raúl me sentó y ahora fue el quien se hinco para abrir mis piernas hizo a un lado el bikini para darme una rica mamada de vagina, pero aprovechando mis jugos, por lo

    caliente que me tenía, apuntó con su dedo y lo fue metiendo en mi ano, nunca me lo habían hecho aunque sentí un poco de dolor al principio poco después sentí placer.

    Le pedí que si quería pasar al potro del amor o directo a la cama, se quedó pensando un poco y me dijo hazme un striptease en el tubo mientras te veo en el postro, listo para que me montes, le dije valla que me resultaste muy morboso y reí, acomodé un poco el vestido y me dirigí al tubo, Vicente y Sandy pararon su rica mamada para incorporarse y ver mi baile erótico, también se acomodaron en el otro potro del amor el recostado y ella en medio de los dos de tal forma que tenía las dos vergas a su alcance, puse en el celular algo de música y comencé a moverme lo más erótica que podía me agachaba mostrando el culo, viéndolos a ellos de lado.

    Y fui abriendo lentamente el cierre del vestido, deslice la parte de arriba hasta dejar ver mis pechos envueltos en el bra transparente seguido fui jugueteando con la cintura del vestido para poder bajarlo lentamente hasta las zapatillas, me moví de un lado a otro caminando sensual y de repente hacia a un lado el bikini para mostrarles mi panchita o me agachaba y les mostraba el culo, los dos estaban bien calientes con la verga parada, lo que aprovechó Sandy para darles una mamada alternada, mientras mamaba a uno al otro los masturbaba, esa escena a mí me calentó mucho y me baje del tubo para unirme a ella y disfrutar mamando a ambos, mientras Sandy lo manaba a uno yo al otro y nos cambiábamos.

    Sandy se quitó el vestido para quedar solo con la ropa interior.

    Aprovechamos la posición que tenían ellos para subirnos solo hicieron los bikinis de ambas a un lado y los montamos, yo lo hice de espaldas a él para que me diera una buena sobada de culo y se deleite viéndolo con el bikini a un lado y metiendo y sacando la verga de mi panocha, Sandy montó a Vicente de frente y le pedía que le sobara las tetas, Sandy estaba enloquecida de placer yo creo que por lo gruesa que la tiene Vicente ya que le decía así así así dame más, gritaba y apretó los brazos de Vicente encajando sus uñas, se vino escandalosamente.

    Raúl no se quedaba atrás también me sobaba las nalgas y me decía que gran culo tienes, quiero penetrarlo, pero yo le decía que no, aún me daba temor recibirlo por ahí.

    Me moví más rápido hasta tener varios orgasmos, fue muy placentero, me separé un momento y después de un rato decidimos irnos a las camas para estar más cómodos.

    Ya en la cama le pregunté cómo quería cogerme y me dijo que en cuatro pues quería seguir viendo mi culo mientras me penetra, me quite el bikini y me puse en cuatro para recibir ese hermoso trozo de carne, apuntó con la cabeza de su miembro en mi vagina y lo fue metiendo poco a poco sentí delicioso cada centímetro que entraba, me moví con mayor rapidez para hacerlo venir logrando inundar mi vagina con su leche caliente, fue delicioso sentirla me provocó otro orgasmo.

    Nos recostamos un rato para reponernos.

    Con la otra pareja, Sandy tomó la iniciativa tomó de la verga a Vicente y lo llevó a la otra cama, se acostó abriendo sus piernas para recibir a Vicente con piernas al hombro.

    Vicente se veía muy satisfecho de volver a penetrar a Sandy, seguramente por el perrito vaginal que ella posee, ella también se veía muy satisfecha de volver a ser penetrada nuevamente por esa verga gruesa de mi esposo se le veía una cara de satisfacción cuando Vicente se la fue encajando lentamente una vez que la tuvo adentro le pidió a Vicente que se moviera más rápido que ya quería venirse de nuevo los movimientos y jadeos de Sandy hicieron que Vicente se viniera junto con ella, clavó sus uñas en la espalda se Vicente soltando un largo gemido de satisfacción, recibiendo toda la leche dentro de sus entrañas, se tumbaron para descansar un poco.

    Raúl se repuso y me pidió que se la volviese a mamar solo que le dije que hiciéramos un 69 para que los dos lo dos disfrutemos, y así lo hicimos, yo le chupaba ese pitote desde la punta bajando por el tronco hasta los huevos aprovechando para limpiar los restos de semen que aún tenía, y entre los huevos y su ano le di lengua, esto lo hizo gozar más ya que suspiraba y me decía así así que rico, sabes mamar muy sabroso, él también me daba una buena lengüetada y también limpiaba los restos de su semen, creo que supo llegar a mi punto g ya que me hizo venir nuevamente, el también explotó en mi boca haciendo que me tragara toda su esperma.

    En la otra cama Sandy y Vicente ya se quedaron dormidos abrazados, sentí un poco de celos pero a la vez también me excitaba verlos.

    Raúl también se recostó y me abrazó acariciando mi cuerpo cómo no queriendo que terminara el momento, nos dormimos hasta las 10 de la mañana que nos despertaron los ruidos de las chicas de limpieza que realizaban el aseo en las otras habitaciones, nos duchamos y arreglamos, ya listos para salir Sandy nos invitó a desayunar a algún restaurante cercano, y aceptamos, antes de salir de la habitación, como despedida Vicente abrazo a Sandy y Raúl me abrazo a mi agarrando cada uno nuestras nalgas, nos dieron las gracias por todo el placer recibido.

    Salimos cada quien con su pareja, ya en el restaurante, Vicente le pidió a Raúl el monto de lo que se gastó en la habitación y se lo transfirió a su cuenta.

    En el restaurante mientras desayunamos comentamos la experiencia y a todos nos pareció muy buena, Vicente externo que Sandy es fenomenal cogiendo, que es la primera vez que se coge a una mujer con perrito, Raúl opino que a él le encantaron mis nalgas y que sí se podía dar le encantaría cogerme el culo, Sandy estaba fascinada con lo gruesa que la tiene Vicente y su aguante, que la dejo rendida, yo externé que Raúl tiene un muy buen miembro y que su leche sabe muy rica, saborear otro aroma, otro sabor fue riquísimo.

    Vicente propuso volver a repetir, pero que ya que Raúl tiene obsesión por penetrar el culo de Alicia, y Sandy no se queda atrás, la siguiente fuera con penetración anal, yo dije, no cuenten conmigo, pero Sandy me pidió que no la dejara sola, que ella si quiere experimentar, le dije que me diera tiempo para prepararme y todos festejaron.

    Después de un rato nos despedimos.

    Salimos del hotel con pareja intercambiada aún y nos despedimos ambas parejas dándonos un beso cachondo y tocando nuestros cuerpos antes de subir a los autos.

    Llegando a casa Vicente me dice, sigo sin creer que hayas aceptado que te rompan el culo, le dije que me excita pensarlo pero me da miedo el dolor de la penetración, voy a asesorarme y tal vez me convenza.

    Hasta aquí queridos lectores, ojalá que le haya gustado.

    Después a través de mi amiga les haré llegar el relato de como nos fue en el segundo intercambio.

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  • Mexicanita linda

    Mexicanita linda

    Era una tarde aburrida como cualquier otra, la verdad es que este curro no da para mucho más, el calor… agobiante, el aire acondicionado que no funciona y la caseta de plástico recalentándose de tal forma que un día de estos es como si se fuese a derretir como el queso de las pizzas.

    Trabajo como vigilante de seguridad, en un control de accesos, levantando las barreras, identificando a los coches y visitas que quieren acceder al recinto, así como a los respectivos empleados de los cinco edificios con sus respectivas tarjetas. Tengo veintitrés años, moreno con el pelo corto de punta, patillas un poco largas, y más o menos atractivo con buen cuerpo porque me gusta cuidarme en el gimnasio, aunque no esté todo lo grande que debería y me gustaría estar. Las tardes por otra parte son tranquilas puesto que a partir de las 17 van saliendo los empleados, y me deja estar un poco más a mi bola para leer revistas de deporte, música, merendar tranquilamente…

    Me acuerdo del primer día en que la vi, una voz femenina, bastante dulce a la que pedí identificación, era una profesora de inglés que venía al edificio número uno de TZR. Su nombre compuesto enseguida me hizo desvelar su procedencia… Mónica Lidia, su identificación el documento nacional de identidad de su país, México.

    —Aquí está mi credencial, vengo a dar clases de inglés, voy a venir los lunes y los jueves.

    —Vale, de acuerdo, el edificio es el que tiene ahí delante se entra por la izquierda un poco más adelante, ya le tomo los datos y no hace falta que enseñe la identificación a no ser que yo no esté y se la pida otro compañero hasta que la conozca.

    —Ok, muy amable

    —De nada…

    Fueron pasando las semanas, coincidí dos días más con ella, puesto que me solían cambiar los turnos, hacia turnos de noche y a veces, las menos me tocaba entrar en el turno de mañana. Saludos y el trato habitual.

    Mientras tanto, solía seguir fichando a mis empleadas favoritas del recinto, cuando salían. La verdad todas entre 25 y 35 años, había algunas mujeres que le quitaban el hipo a uno. Solía hacerles un seguimiento por la acera camino de sus coches, el bus, o la estación de Renfe… cámara… 05, zoom… autofocus near… y ahí lo tenemos, un culo perfecto. Moviéndose y contorneándose a lo largo de la acera, la verdad es que me he hecho buenos pajotes pensando en todos esos culos que se han cruzado delante de mi garita…

    —Holaaa ¿qué tal?

    Me quedé un tanto sorprendido por su simpatía, puesto que, aunque había mujeres simpáticas que saludaban solían ser la mayoría un poquito creidillas y subnormales ¿por qué no decirlo?, Sobre todo aquellas zorras que se pensaban superiores o algo así, cuando aparecían con el BMW serie 5 de la empresa o de sus maridos.. Y te miraban perdonándote la vida a ver si así les abrías la barrera, y así lo hacía incluso alguna vez alguna se ha llevado un buen “guillotinazo” con la barrera de entrada por pasarse de lista.

    —Muy bien… aquí muriéndome de calor, esto es insoportable, aquí con la caseta de plástico, pero que se le va hacer.

    Ella hizo un gesto similar de estar acostumbrándose al calor, me contó que en su país ya está acostumbrada al calor, pero que para ella estos días eran insoportables, porque el calor de España y de Madrid era mucho más seco según ella. Metió la mano en la caseta.

    —Ufff si que calor, que barbaridad…

    Siguió camino del edificio, su cara era preciosa, morena con el pelo rizado, unos 26 años, me encantan las mujeres con el pelo moreno y si encima son morenitas de piel y calientes… mmmm ya no digamos.

    Seguí escuchando algo de música en la radio, ya aproveché para merendar una manzana y una lata de Nestea fresquito que tenía en la neverita portátil que solemos tener para meter la comida o algún refresco… A los 15 minutos volvió otra vez… que rápidas eran las clases pensé.. cuando de repente se detuvo ante la caseta y asomándose por la ventana me dijo:

    —Oh, me han fastidiado… ahorita le mataba, no me avisó de que se iba a ausentar y ahorita ya he estropeado la tarde… porque tenía que hacer unos recados y los cancele por venir a dar la clase.

    —Ya la verdad es que es un fastidio, pero bueno, míralo por el lado bueno así tienes la tarde libre, yo ahora dentro de un poquito también salgo que hoy estamos a doce horas y mi compañero me releva a las siete.

    —Si, así te podrías meter en algún sitio lindo donde no haga tanto calor

    —Si, eso espero…

    Yo la verdad estaba que se me caía la baba de verla ahí mirándome, hablando, con esas gafas de sol, con esa voz que me estaba derritiendo, seguro que al llegar a mi casa, iba a tener que desahogarme por su culpa…

    —Bueno, yo no tengo nada que hacer ahora, si no te incomoda podríamos tomar un refresco en la cafetería del hipermercado de enfrente.

    —Ahí, ¿en el Hipercor?, si porque no, ah y no me incomoda en absoluto —le dije sonriendo.

    Joder, no me lo podía creer me estaba proponiendo tomar algo, y cuando me pregunto qué porqué no estaba el pasado lunes, que me extraño…, je je empecé a pensar por improbable que fuera que una chica como ella se podría haber fijado en mí, podría ser, pero nunca pensé que en el trabajo me pudiese pasar algo de esto, más aún después de lo que me pasó con mi jefa en uno de los servicios el verano pasado… así que decidí aceptar la cita y ver hasta donde podía llegar la cosa.

    Al fin mi compañero me releva, me vio que ella estaba esperando, pero no sospechó nada, simplemente pensó que era una amiga que había venido a buscarme. Ella me espera fuera mientras yo me cambiaba, al final cogimos y nos fuimos camino del Hipercor, mi compi se quedó un poco extrañado jeje…

    Ya allí más tranquilos sentados en una de las mesas de la cafetería, con el aire acondicionado, mejor acondicionado que el que teníamos en la puta caseta todo sea dicho, comenzamos a hablar un poco de todo, le pregunte por su nombre, diciéndole que recordaba que se llamaba Mónica pero bueno, que tampoco suelo mirar los nombres de la gente a la que le tomo los datos, puesto que me gusta ser discreto (y una mierda, se llamaba Mónica Lidia, con pasaporte y DNI mejicano, y no me aprendí el numero porque era muy largo y muchas letras, ni la fecha de expedición del DNI yo no sé porque, porque con lo buena que estaba.. Dios…). Le pregunté también que por donde vivía, si llevaba mucho tiempo en España y todas esas cosas lo típico…

    Me encantaba la forma de hablar que tenía, la verdad utilizaba expresiones que más tenían que ver con una argentina creo, pero aun así me encantaba… sobre todo cuando me dijo eso de…

    —Sois un chico muy relindo…

    Yo no supe que decir, salvo ser cumplidor y decirle que ella me parecía una mujer muy simpática, efectivamente tenía 27 años, uno más de los que le había echado en un principio. Me contó que no conocía mucha gente aquí, que vivía en Majadahonda en un piso de alquiler, era de buena familia, y podía permitirse alquilar un pisito ella sola, aparte del dinero que recibía mensualmente de sus padres. Me dio su número de teléfono y quedamos en vernos el sábado para tomar algo y salir, puesto que teníamos cosas de que hablar y la verdad había congeniado bien.

    Nos fuimos camino de la Renfe, me conto que tenía coche, pero como no la dejaban plaza para aparcar dentro del recinto pues que se venía cerca, que total para una parada le daba igual. Yo me cogí el tren con ella, me daba igual pasar por Chamartín o Príncipe Pio, por 5 minutos más de trayecto, también estaba cinco minutos más de trayecto con ella lo cual merecía también la pena.

    Al final llego el sábado, me arregle más acorde con la cita del otro día, que lógicamente iba con ropa cutresport de diario. Fuimos a cenar a un Vips, ella estaba preciosa, unos pantalones vaqueros delavados, y una blusa negra escotada… la verdad tenía unos pechos muy bien proporcionados con el resto de su cuerpo, su cara era perfecta, morbosa… como a mí me gusta, y su cuerpo en general estaba muy bien, quizás un poco caderona, pero siempre me han gustado las chicas un poco culonas, pero bien puesto…

    Le pregunte por sus gustos, y bueno decidí llevarla a un sitio de música house, bien decorado, con estilo en José Abascal 56, entramos y nos sentamos en una de las mesas, para tomar la primera copa tranquila….la conversación fue haciéndose algo más personal preguntándome ella que si yo tenía compromiso con alguien, etc…

    Apuramos respectivamente su ginebra con limón y mi malibú con piña y nos fuimos a la pista, a bailar un rato, realmente me dijo que le gustaba todo tipo de música y que allí no había muchos sitios en Méjico donde escuchar house, pero que realmente le gustaba salir así, a mí me gusta de todo.. pero para salir el house es lo que mejor rollito me da.

    La noche iba avanzando, nuestras manos se juntaron alguna que otra ocasión, mientras que seguíamos ese juego de provocarnos, mirarnos… me encanta, de repente la cogí de la cintura, mientras bailábamos al ritmo de la música y me miro, fijamente… mientras sin hablar, sin mirar a otro lado que no sean los ojos de la otra persona y casi sin respirar, es el momento mágico en el que está a punto de estallar todo el que más me gusta, comenzamos a besarnos con todas nuestras ganas, a jugar con nuestras respectivas lenguas en la boca ajena… pedimos un par de copas más y la noche se alargó hasta las 4 de la madrugada…

    —Ven conmigo…

    Me saco del local, bajamos hasta el parking donde habíamos dejado su Peugeot 206 azul claro. Me monté, arrancó, y salimos de allí, por Cea Bermúdez, Pza. de Cristo Rey, Moncloa… carretera de la Coruña, no pregunte dónde íbamos, era evidente… miré a través del espejo interior sus ojos… me miró, me sonrió cómplice… mire el siguiente desvió Majadahonda / El Plantío… deceleró su “auto pequeñín” como ella lo llamaba, su mano acarició mi muslo, redujo una marcha… giro su cabeza y me susurro al oído “te deseo chico lindo…”.

    Yo creo que se me puso más dura que nunca solamente con oír esas palabras de esa forma… metimos el coche en el garaje, subimos por el ascensor… cerró la puerta, colgó el bolso en la entrada.. y no pasaron ni 15 segundos cuando estábamos en el sofá de su casa, morreándonos, acariciándonos… y mis manos jugando con todo su cuerpo, besaba su cuello, ella me metía la mano por debajo de la camiseta acariciándome el pecho, ummm me encantaba aquello.

    Le quite suavemente la blusa… y aparecieron, aquellos dos pechos redonditos, escondidos aún bajo un sujetador de encaje de Intimísimi que con mi mano derecha, no tarde en desabrochar y bajar los tirantes por esos hombros morenos… que tanto había deseado en mis tardes de curro… besé sus hombros… bajé hasta sentir el calor de sus pechos ya erectos, mi lengua jugueteaba con ellos… deliciosos… su vientre plano, su ombligo, y su piercing perlado azul, atravesando aquella tripa…

    Ella se desabrocha el cinturón, y yo termine de desabrochar el botón de sus vaqueros con mi boca y entre los dos mis manos con las suyas por encima se desnudó del todo… su tanga, de encaje negro… aquel monte de venus, destilaba, calor, ganas de sexo, y ganas de terminar una noche como hacía tiempo que no se repetía… me encanta el sexo salvaje, pero con mucha pasión y mucho juego, con intimidad… con saber hacer, me gusta y desde siempre he sido un buen amante del buen sexo y de la buena lencería…

    Ella me había quitado la camiseta y jugaba con mi pecho acariciándolo, lamía mis pezones y los mordisqueaba, dulce y suavemente aquello me ponía a cien, estaba totalmente salido y más duro que una piedra, pero sabía que si aquello no quería que se acabase pronto debía controlar mis instintos…

    Ella siguió bajando y me ayudo a mi también a quitarme los vaqueros… mis boxers blancos… Con aquel miembro que deseaba salir urgentemente de allí y probar aquel jugoso sexo de mi mexicanita linda… Probar aquellos carnosos labios enfundados en pintalabios rosáceo brillante… Recorriéndolo suavemente.

    —Vamos a la cama, amor… está arriba ven.

    Joder, si que vivía bien… casita dúplex y todo. Subimos por las escaleras, los peldaños pintados de blanco… Aquella barandilla de madera, su cuerpo desnudo aquel tanga acentuando la redondez de sus glúteos… calló tumbada en la cama… ella se incorporó… me besó mi tripa y me bajó con la boca los boxers, lamiendo mi paquete a través de ellos por fuera, por fin salió mi miembro totalmente erecto saludando alegremente al exterior, copado con una gotita de líquido preseminal.

    Su lengua recorrió toda la longitud de mi pene, hasta que le lo introduzco en la boca, su lengua jugueteaba con mi glande, me acariciaba el frenillo y hundía la lengua en él, eso sí que era una buena mamada, se la sacó y acariciándome los huevos con una mano, tumbándome en la cama, se retiró el tanga, y yo se lo terminé de sacar, a la vista su sexo precioso, depiladito por los lados, con un ligero triangulo de vello recortadito por encima… su calor, podía sentirse a mil kilómetros, mi boca se acercó a él, jugueteaba con sus muslos, besándolos, provocándola… besando sus labios, comiéndolos con mi boca, y lamiendo su sexo con avidez y como he aprendido a hacerlo, por lo visto nadie se ha quejado hasta ahora…

    Mi lengua surcaba su sexo, saboreaba toda aquella humedad, sus ojos se entrecerraban, y de su boca escapaban pequeños gemidos, acariciaba mi cabeza con una mano mientras con que la otra apretaba mi mano fuertemente, allí estaba ella poniéndome su sexo en la boca, para que me deleitase con él, para saborearlo y hacerla acabar con un buen orgasmo, su clítoris, se mostraba ante mí, pidiendo guerra… mucha guerra y estaba claro que esa noche iba a haber mucha guerra entre ella y yo… mi lengua guiaba en círculos alrededor de su clítoris, en el sentido de las agujas del reloj, en el sentido inverso… Arriba, abajo… movimientos diagonales, y vuelta a empezar.

    De repente ella me apretó la nuca fuertemente y la mano clavándome sus uñas en mis manos, de repente se contrajo y se empezó acorrer. Yo continué hasta que continuaron los espasmos y se detuvieron con un gemido seco, su cabeza en la almohada mirando al techo con ojos de perdida. Se incorporó de nuevo y su mirada ahora era la de una gata salvaje que me iba devorar.

    Ahora me tocaba a mí, me tumbo en la cama. Y de nuevo agarrándome las manos bajo por mi pecho, mi tripa hasta llegar a mi verga, que se la metió en la boca nuevamente y comenzó muy despacio a mamármela con mucho gusto, y con mucho vicio… realmente era una pasada sentir aquella mamada de sus labios carnosos, cerré los ojos y me dejé llevar, sintiendo el calor de su boca en cada milímetro de mi polla…

    —En la mesilla hay condones

    Giré la cabeza y abrí el cajón, saque un condón y le lo di… ella ya sabía que quería que me lo pusiese con la boca y así lo hizo… termino de ponerme el condón y se puso en cuclillas sobre mi miembro… acariciándolo con su sexo húmedo de nuevo… ella se había estado acariciando el clítoris nuevamente mientras me la mamaba, y ya estaba húmeda y suficientemente lubricada de nuevo, se restregó un par de veces más mi bolla sobre su sexo y se hundió en mi… creí que me corría ya mismo, empezamos un ritmo suave como a mí me gusta.. pero terminamos salvajemente.. .

    Mientras la penetraba ella me ofrecía nuevamente sus pezones duros para seguir saboreándolos y disfrutando de ellos… ella echo la cabeza hacia atrás y retirándose… me dijo que ahora me tocaba sudar a mí un poquito más, se dio la vuelta y se colocó a cuatro patas… besé sus nalgas redonditas… y le comí el culo con mucho vicio, con más ganas que nunca, estando bien ensalivada, la introduje un dedo mientras le daba un nuevo repaso a su clítoris y sin pensarlo más.. le introduje mi polla de nuevo por detrás…

    Penetraba su sexo acariciando aquel culo, cogiendo aquellas caderas, inclinándome hacia atrás y apoyando mis manos en sus hombros mientras hacía que el ritmo creciese, contrayéndome para aguantar un poco más… besando su cuello, diciéndole cosas…, intente metérsela por el culo, pero ella no me dejó, me dijo que lo había probado un par de veces, pero que no le gustaba hacerlo por el culo en la primera noche, lo respeté, y continué con lo mío…

    Me encantaba su tatuaje, un tribal parecido al mío al final de la espalda, que le quedaba genial… me pidió que me corriese sobre su espalda… ella inclinada, saque de nuevo mi bolla me quite el condón y apoyándome entre sus nalgas comencé a descargar mi leche, que resbalaba espesa y ardiendo por el hueco de su espalda hasta su cuello ella se corrió en cuanto sintió mi chorro de semen impactar y deslizarse sobre su espalda…

    Mmmm se dio la vuelta, me tiro de nuevo sobre la cama… Se la metió en la boca para limpiarla un poco… escupió dejando caer los restos de semen y saliva sobre sus pechos y nos quedamos allí tumbados mientras fumábamos un cigarro… después como las natillas Danone repetimos un par de veces más, nos duchamos juntos y fuimos a la cocina donde preparamos un desayuno potente a medias.

    Estuvimos charlando un buen rato, ya había amanecido y eran las 9 de la mañana, estábamos rendidos. Se ofreció a acercarme con el coche hasta la estación de Renfe de Majadahonda, que en coche no eran más de 5 minutos desde su casa. Y despidiéndome con un fuerte beso, me dijo que deseaba volver a repetir esto algún día, yo le dije que jala así fuese.

    Yo me fui de vacaciones de mi empresa y me he ido de mi empresa porque me ha salido otro trabajo mejor, ella está pasando el verano con sus padres en Cancún y hasta septiembre no volverá. Ojalá se acuerde de mi a su regreso, y podamos disfrutar de una noche como aquella y de muchas más.

    Nunca pensé que una tarde de curro aburrida en tan solo 4 días pudiese acabar así.

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  • Baños clausurados (1)

    Baños clausurados (1)

    Llegó al grupo de WhatsApp de la oficina el mensaje que desencadenaría todo lo que vino después:

    “Marta: los baños quedarán clausurados por un tiempo, queda habilitado el baño para discapacitados para ambos sexos al final del pasillo, gracias por entender.”.

    En la oficina somos 5 personas y Marta es la gerenta, se encarga de todo como pueden ver.

    Yo (Tadeo) soy el más nuevo y entré casi a final de año pasado, llevo 3 meses ya. Con mis jóvenes 23 años y un físico que sin llegar a ser destacado, en la oficina comparado con Carlos y Ricardo estoy muy bien. Claro ellos ya tienen 45 y 47 años cada uno. Si bien Carlos sigue entrenando no tiene los abdominales marcados como yo.

    De Ricardo no hay mucho para decir vida sedentaria y una panza incipiente, si bien se nota que en la juventud hacía mucho gimnasio, es lo que diríamos un tipo grande y musculoso.

    Además de Marta en la oficina trabaja Emma, lo mejor por lejos para ver, 27 años, pelirroja, bien blanca (piel de porcelana) y con pecas en la cara, lentes grandes sin armazón y una pinta que denota secretaria por donde la mires.

    A esto se le suma que siempre usa polleras cortas y ajustadas a pesar de ser caderona y tener una cola redonda y bien parada. Una manzana hermosa y carnosa si la ves agachada de atrás, siempre estoy atento cuando se mueve de su escritorio. Algo que siempre me pone muy caliente son sus tetitas, como no tiene mucho pecho generalmente no usa corpiño, las camisas o blusas se le pegan al cuerpo y los pezones siempre están duros, el aire acondicionado juega a mi favor en este sentido.

    Como se imaginarán Emma me tiene caliente desde que empecé a trabajar y cuando el baño de hombres estaba habilitado me metía en uno de los cubículos y le dedicaba unas buenas sacudidas a esos pezones duros. Ese día no sería la excepción.

    Antes de ir al baño pasé por su escritorio con una carpeta de boletas ya ingresadas.

    –Emma ¿dónde dejo las boletas del mes pasado? Ya están todas ingresadas.

    –Las dejamos en el armario como siempre, que serio vienes hoy Tade…

    En ese momento hice la mejor jugada que se me ocurrió, apoyé la carpeta en la esquina de su escritorio y la mitad estaba en el aire, cuando las fue a agarrar las empuje apenas y se cayeron al piso.

    Se incorporó y la blusa blanca de tres botones escotada que llevaba se le pegó a sus pechos, en seguida saltaron sus pezones duros y se notaban unas tetas pequeñas que los acompañaban. Mi verga dio un salto como una premonición de lo que iba a venir. Rodeó la mesa y se agachó para juntar las boletas del piso. Su culo estaba mirando para el otro lado, pero logré distinguir cómo se le notaba una tanga en la parte baja de su espalda, que lindo quedan cuando los elásticos van encima de la cintura pensé.

    Sin duda estaría todo metido el hilo del medio en esa cola parada y dura. Decidí ayudarla… y me puse detrás de ella, la cola se veía hermosa sus caderas anchas ¡y la tanga sobresaliendo en la pollerita invitaban a nalguearla! Me contuve.

    Girando la cabeza por encima de su hombro, con los lentes en la punta de la nariz, el culo en pompa y esos ojos caramelo que derretían todo lo que miraban me dice:

    –¿Está muy linda la vista que te quedaste petrificado?

    –¡Perdón, perdón! –Y me agaché con ella a levantar las pocas boletas que faltaban.

    Las dejé encima de la mesa y con una erección que no podía disimular me dirigí al fondo del pasillo al único baño habilitado.

    Mi pene no es grueso más bien fino, sobre todo la cabeza, pero lo más destacado es que los 18 cm que mide cuando está parado lo hace con una curva hacia a la izquierda. Lo que genera que con el slip y el pantalón de vestir se notara muchísimo de forma evidente.

    Ni bien entré al baño me bajé los pantalones y el slip, no tenía intención de dejar pasar mucho tiempo. Tenía en mi retina aquella diosa grabada a fuego y la pija durísima.

    Me empecé a masturbar con los ojos cerrados recordando aquellas tetas y esos pezones duros, grandes y apuntando al frente. Me imaginaba pasando la lengua despacio por ellos y luego chuparlos como si me fueran a alimentar.

    Quería levantarle esa pollera y ver el color de esa tanga, abrirle las nalgas y pasar la lengua por ese culo… ¡ahhh que hermoso!

    –¡Tadeo! ¿qué haces?! En el puerta estaba ella con los ojos tan grandes como los lentes, una mano en la boca abierta y las otra en el pecho.

    En el apuro me había olvidado de trancar la puerta y si bien el baño era más grande de lo habitual podían caber 4 personas sin problema, el váter estaba de frente a la entrada, por lo que Emma veía era a mí sentado en el “trono” con los pantalones bajos mi pija muy dura apuntando a la zurda y mi mano masturbándome con fuerza.

    Indescriptible todo lo que pensé en fracciones de milisegundos. Ella seguía parada con la puerta abierta y cara de sorpresa.

    –¡Cierra la puerta Emma!

    Lo hizo rápidamente, pero con ella dentro.

    Cambia la mirada y me mira a los ojos, con voz pícara y de haber dado en el clavo con una corazonada, me dice:

    –¡Sabía que estabas en esta situación! Me cuentas que te ha puesto tan caliente.

    –¿No te lo imaginas?

    –Fue todo por gusto lo de las boletas ¿no?

    –Sí y no en parte fue sin querer (mentira) pero aproveché la situación.

    –¿Y con esos pocos segundos ya te pusiste así? Lo dijo mirando fijamente mi verga y noté como sacó la lengua y mordió su labio de abajo.

    –Te pido perdón si te molesta, pero es que me tienes loco desde hace tiempo.

    –¿Y quien te dice que tú a mí no?

    A Emma le volaba la cabeza en mil pensamientos por segundo. Se dará cuenta que estoy muy caliente, siento claramente como mi concha se está mojando. Esta tanga no me ayuda, me aprieta tanto y la tengo tan metida en la cola que vivo caliente o incómoda. Además, es evidente que no va a contener mucho mi flujo, a este ritmo de calentura.

    En ese momento mi cabeza estaba en un torbellino, decidí seguir el juego. Me incorporé, dando pasos cortos los que el ancho del pantalón me permitía me acerqué a ella. Nuestras caras estaban muy cerca casi sentía su respiración profunda y su perfume cítrico me embriagaba. Le dije al oído:

    –Eres hermosa.

    Apoyo su cuerpo contra el mío como si quisiera que todo él tuviera contacto con el mío. Me abrazó y la abracé mis manos fueron en seguida a esa cola que tanto añoraba tocar. La apreté para que sintiera la dureza y lo caliente que estaba mi pija.

    Elle me susurró al oído:

    –No tenemos mucho tiempo acá, se darán cuenta que no estamos.

    Y luego se dejó caer a mi frente de rodillas.

    Acomodo mi pija y lo primero que hizo fue metérsela toda en la boca y casi lo consigue, pero no pudo, lo volvió a intentar con más fuerza, una arcada la detuvo, le ponía actitud y eso me calentaba mucho más.

    Decidí darle un segundo más y le dije si me pides que te acabe en la boca no llegaré a un minuto.

    –Entonces no lo haré déjame saborear esta verga qué es más larga de lo que me imaginaba. Me escupió la pija y empezó a pajearme sin parar.

    Mi excitación era imposible de contener, luego de desear tanto tiempo a esa chica la tenía frente a mí de rodillas y haciéndome una mamada digna de los videos porno que no dejaba de mirar, incluso no se achicaba con las ordinarieces que le decía.

    La detuve y le dije:

    –Si sigues me voy a correr y te voy a llenar la cara de leche

    –Ahhh la quiero en la cara y en la boca… ¡dame esa leche que es mía me la merezco! ¡La vengo calentando desde hace meses!

    Diciendo esto abría su boca frente a la cabeza de mi pija y no paraba de pajearme

    No me pude contener más, era imposible, todo me calentaba y ella quería que yo acabara no pude frenarme. El momento previo en que se venía el orgasmo intenté de avisarle para no acabarle en la cara, ella no tuvo tiempo y el primer latigazo de mi pija con la salida de la leche fue a dar a sus lentes y mejilla. ¡Para el segundo ya la tenía dentro de su boca y eso fue increíble!

    ¡Sentirla dentro de algo calentito y húmedo y seguir acabando era lo mejor! Era lo que deseaba. Fue un orgasmo contrarreloj yo no pude parar y ella no quería.

    Con un lente y una mejilla llena de leche y recién haber recibido mi eyaculación en su boca se incorporó, estaba colorada y hermosa. Me buscó la boca para besarme… era tal la calentura que me generaba que no pude negarme y así fue la primera vez que probé semen y una boca con gusto a pija, la mía.

    La separé y le dije no te vas a ir así, le levanté la pollera por encima de la cintura, descubrí que la tanga que traía era transparente, muy pequeña y estaba toda brillosa. Estaba empapada no podía creer como tenía la entrepierna de mojada. La senté en el váter y aprovechando el pasamanos de esos baños apoyé una de sus piernas ahí. Ella instintivamente se llevó las manos a sus labios de la concha corrió la tanga y los abrió. Me acerqué y antes de devorar esa conchita pequeña, olí y me excitó aún más.

    Hice una pausa que ella no pudo aguantar vi como salía flujo de su vagina con algunas cositas blancas aproveché esa lubricación para pasar todo el ancho de mi lengua por su labios de abajo arriba hasta llegar a su clítoris.

    –¡Ahhh no pares! ¡Cómeme la concha y frótame el clítoris con esa lengua Tade! ¡Me voy a correr en seguida! ¡Quiero acabarte en la boca como lo hiciste vos!

    Esa forma cerda y sin prejuicios a la hora de hacer el amor me hacía arder de deseo.

    Decidí jugar un rato con su clítoris, ella con sus dos manos se abría los labios que eran muy grandes comparados con el ancho del hueco de su vagina. Esos labios podían pegarse uno con otro y ocultar la entrada a ese manantial de humedad y calor.

    Así abiertos como los tenía, por ella misma, decidí meter un dedo dentro buscando acariciar despacio el techo y paredes de esa cueva llena de flujo. Ella soltó sus labios y llevó sus manos a la boca no podía gritar, pero estaba entrando en el comienzo de un orgasmo deseado y prolongado.

    Decidí meter otro más sin soltar su clítoris con mi boca, no fue sencillo, pero entraron los dos y eso detonó en ella unos temblores involuntarios y cerró tan rápido sus piernas que tuve que sacar la cabeza de ahí. Las dedos dentro de su vagina siguieron moviéndose un segundo más y luego quedaron dentro quietos acompañando ese placer inconmensurable.

    Se volteó y quedo de costado con las piernas cerradas mis dedos en su concha y sus manos apretando su boca unos segundos.

    –Saca la mano despacio por favor Tadeo me dejaste muy sensible, me encantó lo que hiciste.

    –¡Quería que disfrutaras mucho!

    Saqué la mano y me llevé a la boca los dedos que chorreaban todo lo que ella había acabado. Me vio hacerlo y se excito de nuevo, me sacó los dedos de mi boca y se los llevó a la de ella y los chupo con pasión.

    –La leche y el flujo son mis sabores favoritos cuando estoy caliente, por suerte me mojo mucho… para lo otro te tengo a ti.

    Me incorporé otra vez con la pija dura. Ella me dijo:

    –Vestite y salí primero no podemos demorar más.

    Le hice caso, aunque no quería.

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  • Solo coquetear con una madurita

    Solo coquetear con una madurita

    Habían pasado unos dos meses que no nos veíamos desde lo sucedido en aquella fiesta de disfraces. Ese hecho nos había dejado tan extasiados y perplejos que no volvimos a encontrarnos, hablamos varias veces por teléfono, pero sin volver a hablar del tema. Comentándonos cosas varias o de su ex novio o de alguna de mis mujeres, pero nada de aquel memorable suceso. Un sábado pasé por su negocio, habíamos quedado en almorzar en una pizzería muy cercana junto con una de sus amigas.

    Faltando cinco minutos para el cierre de mediodía ingresó al local Yanha, que vivía encima del local de Leylia, una mujer bastante alta, de musculatura rígida, delgada, de cabello muy corto color negro azulado que le realzaba su presencia y grandes ojos azules, clienta algo habitual, de unos 50/55 años. Vestía una gabardina por encima de las rodillas y botas largas de altos tacones que mostraban piernas delineadas y le brindaban un toque bastante sexy.

    Yo ya la había visto una o dos veces comprando dentro del local, en alguna de mis visitas anteriores. Pese a su edad se notaba que cuidaba mucho de su cuerpo y no era de descartar que se hubiera hecho algunas operaciones para mantenerse joven y bella. De hecho, realmente lo estaba, y no aparentaba para nada su edad.

    Sin desear ni imaginarme nada decidí coquetear un poco con Yahna. La amiga de Leylia era una buena chica, pero algo pesimista, por lo que sugerí de atender a la mujer mientras ella se iba al encuentro con su amiga. La mujer se mostró complaciente que la atendiera y Leylia salió hacia la pizzería. Le dije mientras se iba, que la alcanzaría en unos 5 o 10 minutos.

    Sugerí a Yanha que colgara su gabardina en un perchero, respondiéndome con una sonrisa cómplice que “no podía” y que estaba contenta que yo la atendiera. Ambos comentarios me sorprendieron un poco sin saber bien a que se refería, entendiendo que no querría dejar dinero o documentos fuera de su alcance. Le entregue las dos prendas que me pidió (de esas que se cierran y abrochan por dejo de los genitales) y se marchó al probador encimando la puerta hasta el filo del marco, pero sin trabarla de adentro.

    Mientras estuvo ahí dentro me comentó que no podía colgar la gabardina en el perchero, porque como vivía arriba, para facilitar la prueba de ropas, era lo único que traía puesto, al tiempo que con uno de sus brazos al quitarse algo, empujo suavemente la puerta que se abrió unos diez centímetros. Allí puede observar su delineado cuerpo, cubierto solo por sus botas y un diminuto y muy sexy sostén.

    Me acerqué y mientras abrí un poco más la puerta, le pregunté si necesitaba ayuda. A lo que respondió que si, que necesitaba que me quite el pantalón mientras su mano se deslizaba sobre mi bulto masajeándolo con firmeza. Así lo hice al tiempo que Yahna se agachaba para lamer por dentro y hacia arriba mis piernas, llegando lentamente hasta mi polla que ya había comenzado a crecer lo suficiente para entrar en acción.

    Se entretuvo un rato recorriéndola de arriba hacia abajo deteniéndose a lamer mis bolas y masajear de forma suave firme y segura mi polla, subiendo nuevamente luego de un rato su atrevida lengua para mordisquear y tragar mi glande con sumo gusto. Era una verdadera experta mamadora de pollas, dijo que le encantaba ver como se dilataban las venas de mi artefacto y como le crecía rápidamente dentro de su boca, le respondí que dentro de su coño crecería más aún, lo que aumento su excitación y la ansiedad de engullir el trofeo que estaba comiéndose. Quité su mínimo sostén para saborear sus rígidas tetas y erectos pezones.

    No podía creer aun lo que estaba pasando… mi simple intención de coqueteo me había permitido tener allí a esa mujer vestida solo con sus altas botas (que a mí me excitaba más, ya que la hacía ver como una verdadera y descontrolada puta), tragándose ansiosa mi polla dentro del pequeño probador.

    Ella estaba ya bien húmeda y la penetré por delante. Al decirle mi sorpresa de su calentísimo pero pequeño coño me respondió que se lo había operado y achicado para poder gozar más, mientras se contorsionaba y echaba hacia atrás y adelante clavándose mi pedazo hasta el final con vigor. Se colgó con ambas manos del travesaño del probador y rodeo mi cintura con sus piernas, así estuve clavándola repetidamente durante un rato. El probador era decididamente pequeño y Yanha, decididamente putísima.

    El asiento tenía en su esquina opuesta al ángulo del probador una saliente hacia arriba coronada con una bola de madera de extremo pulimento y de unos 6 u 7 cm de diámetro. La senté de frente al rincón haciendo que la bola de madera se introdujera no sin dificultad en su pequeña coño. Le susurré lo mucho que me excitaba que fuera tan puta, a lo que respondió estirando hacia atrás sus brazos abrazándome por la espalda donde me clavó con fuerzas sus largas uñas.

    Coloqué algo del jugo que caía de su agujero sobre mi endurecida polla y lentamente me fui metiendo en su agujero trasero. Con mis manos cogí sus piernas enfundadas en las largas botas elevándolas hacia arriba y hacia atrás. Dejándola totalmente vulnerable. Habiendo entrado todo mi nabo, lo retiré lentamente y arremetí con toda mi fuerza. Yahna aulló como una loba y yo seguía perforando su culo. Ella jadeaba y se contorsionaba, refregándose contra mi garrote y la polla de madera que aun seguía en su tajo delantero.

    Me agaché un poco hacia delante trabando sus pies contra los costados de mi pecho para sostener con mis manos sus tetas y saborearlas nuevamente al tiempo que podía mordisquear su largos pezones, respondiéndome con entrecortados gemidos. No había reparado en el tiempo pasado o si Leylia pudiese haber ingresado, pero había observado a pocos minutos de comenzar la faena que las cámaras de seguridad de los dos probadores estaban orientadas hacia nosotros. Se lo comenté a Yanha y comenzó a moverse frenéticamente, la idea de poder ser espiados la excitó más.

    Con fuerza clavé nuevamente mi polla en su culo…dió su último gemido entrecortado y bañó la bola de madera y el asiento con el flujo de su caliente coño. Yo continué rompiéndole su fogoso y ya agrandado agujero del ano, cuando nos sorprende Leylia (a quien no le gustan en lo más mínimo las mujeres) abrazándome por la espalda metiendo su caliente lengua en mi cuello, orejas y boca. No me había equivocado, había entrado sigilosa y nos espío un buen rato a través de los monitores.

    Leylia continuó bajando por mi espalda su larga lengua recorriendo cada centímetro de mi piel hasta llegara mis bolas, donde se acomodó un poco y se detuvo a saborearlas un buen rato. Comenzó a lamer mi nabo aun metido en el culo de Yanha. Esto me excitó de tal manera que sentí como se dilataban las venas de mi nabo al punto de hacerlo estallar junto con mis bolas. Leylia supo que yo me correería en unos momentos y diciendo irónicamente que el local le pertenecía y por lo tanto también el premio, quito mi garrote del dilatado culo de Yanha y mamándomelo con voracidad y destreza, arranco un chorro de mi caliente jugo, que como es habitual en ella tragó gustosa, relamiéndose lo que salpicó su cara.

    Metí mis dedos en el coño de Yanha estimulando nuevamente su clítoris; le dediqué uno de mis últimos gemidos a “mi amiga” mordiendo con fuerza su espalda casi debajo de su hombro. Quedaba muy poca de mi leche por salir, Leylia se levantó y salió del probador ofreciéndole a Yahna terminar el trabajo de exprimido. Nos tendimos sobre el suelo, chupo mi polla con angurria hasta extraer la última gota de leche mientras yo metía mi lengua dentro de su raja y lamía su clítoris produciéndole otro nuevo orgasmo.

    Luego de levantarnos Yahna se vistió, pagó su compra y me dio un largo beso mientras acarició el hombro de Leylia al marcharse. “Mi amiga” me miró con cara de mala y ojos pícaros y dijo que le debía “una reparación” por mi abuso de su local…

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  • Mi suegra de visita y me atrapó

    Mi suegra de visita y me atrapó

    Hola, es mi primer relato, siempre quise escribir algo y llegó el momento, hace dos semanas por fin ocurrió lo que me permitió tener mi historia.

    Bueno me presento mi nombre es Luis, soy un hombre casado de 26 años, mido 1.74 nada del otro mundo, cabello negro, tengo una espalda marcada por el hecho de practicar natación, brazos comunes, ni muy musculosos ni delgados, unas piernas anchas y ligeramente marcadas y buenas nalgas, bueno hoy les voy a contar lo que pasó hace dos semanas.

    Mi esposa Coral una mujer de estatura promedio con pechos ligeramente grandes y un culo bastante grande y unas piernas que hacen juego con su culo, tiene 8 meses de embarazo así que mi suegra se ofreció a venir a ayudarnos con unas cosas de la casa para que ella esté más cómoda mientras yo trabajo, aunque mi esposa aún puede trabajar y aún sale algunos días a su trabajo, mi suegra Sonia es una mujer de 1.50 aproximadamente con un culo más grande que el de mi esposa unas tetas un poco más grandes aunque algo colgadas por la edad, tiene 58 años.

    Llevaba ya 4 días con nosotros, yo trabajo de noche así que la veo cuando llegó y en la mañana y después de despertar ya en la tarde pero al 4 día que estaba con nosotros mi esposa salió a trabajar antes de que yo llegara así que llegue y solo estaba Sonia, estaba tomando una ducha cuando llegue, subí a mi cuarto y toque en la puerta del baño y le avisé que había llegado.

    –Buenos días señora ya llegué (siempre le he dicho señora, antes y después de ser mi suegra)

    –Si hijo que bueno, ahorita salgo para hacerte el desayuno

    –No se preocupe, creo que me meteré a dormir

    –No, no, nada de eso primero desayunas, ya salgo.

    Espere unos 5 minutos sentado en mi cama mientras salía, cuando salió se me acercó me saludo de beso y bajo a hacer el desayuno, ni siquiera se metió a vestir, bajo en bata de baño, una bata relativamente corta, de echo cubría todo muy bien, yo la seguí y espere sentado en el comedor en un momento escuché como se le cayó una espátula.

    –Yo la recojo señora para que no se agache –pero me quedé pasmado viendo que Sonia ya se había agachado a recogerla, pero de tal forma que la bata se subió hasta encima de su culo, y si de por si son grandes sus nalgas así se veían mucho mejor, se levantó y la bata seguía atorada sobre sus nalgas y yo no podía voltear para otro lado.

    –No te preocupes ya la recogí –volteo rápido y al darse cuenta que yo no dejaba de verla se acomodó la bata y sonrojada me pidió disculpas.

    –De verdad discúlpame hijo no era mi intención, que vergüenza de verdad disculpa.

    –No se preocupe señora no pasa nada, igual nos tenemos confianza no es como que la haya visto un desconocido.

    Sirvió el desayuno, platicamos de mi noche en el trabajo, le di las gracias y subí a mi recámara a dormir, pero no salía esa imagen de mi mente, sus nalgas desnudas frente a mí, así que aprovechando para dormir mejor y más rápido comencé a masturbarme con algunos relatos, y a la mitad me surgió el morbo de que mi suegra me viera, así que abrí la puerta, y me desnude completo me recosté en la parte de la cama que se veía desde fuera de la recámara y comencé a masturbarme lento, haciendo tiempo hasta que mi suegra subiera.

    Y cuando escuché los pasos en los escalones solo cerré los ojos pero aún podía ver un poco y vi como Sonia me vio y en un principio como que se quiso meter más rápido a su habitación pero regreso a ver, solo estaba quieta viendo, sin ninguna reacción la verdad esperaba que fuera como en los videos que quien los atrapa se empieza a tocar afuera de la puerta o entra a ayudar, pero no fue así, solo me veía sin moverse, en un punto lo hice más rápido hasta que me vine a chorros tan fuertes que cayó en mi pecho, abrí los ojos y mi suegra iba entrando a su habitación pero no cerró la puerta y aproveché eso, me pare así desnudo y me dirija al baño por papel para limpiarme pero “me sorprendí” la ver qué mi suegra me vio y me tape con mis manos mi pene.

    –Discúlpeme señora creí que seguía abajo, no pensé que me fuera a ver.

    Ella lago agitada solo me respondió:

    –No te preocupes hijo la verdad no pasa nada, igual ya tenemos confianza y es tu casa, tú puedes hacer lo que quieras

    –Bueno igual una disculpa, pero igual aprovechando no tendrá toallitas húmedas (yo sabía que en su cuarto había toallitas húmedas) para limpiarme, es que me manche.

    –Si hijo ya sabes que si déjame te las doy

    –No se preocupe señora yo paso por ellas

    Entonces me descubrí y deje ver mi pene semierecto tome las toallitas que estaban así lado en su mesita de noche y comencé a limpiarme frente a ella, a todo esto, yo estaba súper nervioso, no sabía ni de donde saque tanta fuerza para hacer eso.

    –Bueno señora ¿y le puedo preguntar algo?

    Ella sin dejar de ver mi pene.

    –Claro hijo lo que quieras

    –¿Le gustó lo que vio hace un ratito en mi habitación?

    Sonrojada no podía responder.

    –No se preocupe, usted puede responderme igual estamos en confianza y nadie sabrá nada de esto.

    –La ve… ver… dad hace mucho que no sentía algo así, mi esposo hace mucho que no me puede hacer nada así que lo dejamos por un lado

    –¿De verdad?

    –Si, yo creía que ya no sentiría nada, pero hoy que te vi mi corazón se aceleró, mi cuerpo se calentó muchísimo, sentí ganas de correr a chupártelo mientras tú estabas ahí con los ojos cerrados, pero no puede ser eso, eres mi yerno y está mal

    –Tranquila, ya le dije que estamos en confianza y nadie sabrá nada de esto, solo déjeme hacerla sentir eso que creía que ya no sentiría

    Puse mi mano en su cabeza y sin hacer mucha fuerza la empuje para que metiera mi pene en su boca.

    –Es que esto está mal, si mi hija se entera me va a odiar y se van a separar

    –Tranquila no se va a enterar, por ahora no piense en eso mejor hágame lo que quería hacerme hace rato

    Y comenzó a chupármelo sin tocarlo con las manos, en unos pocos segundos mi pene se puso durísimo y su tamaño creció (porque team sangre), no es muy grande, pero es más que el promedio 17 cm y es algo gruesa, al principio lo chupaba sin problema.

    –Espera no me cabe toda –me decía entre arcadas.

    –Si solo siga comiéndose la toda señora –y con mi mano la empujaba de la cabeza– siga por favor siga señora.

    –No me digas señora, llámame por lo que soy para ti, dime suegra, me excita el escuchar que me digas suegra mientras me como el pene de mi yerno.

    –Muy bien suegra entonces siga comiéndoselo que no quiero perder tiempo

    Le levanté de la cama donde estaba asentada y la puse de rodillas y seguía chupándomelo quiso agarrarlo con sus manos, pero se las quite y las puse en mis nalgas y ella sola me empujaba y jalaba para que se lo metiera hasta la garganta.

    –Ya vi que mi suegra también es una experta en esto, debió de ser muy puta en sus tiempos, y pensar que ahora haré que mi propia suegra sea mi puta personal.

    La ayudé a levantarse y le pedí que se desnudara y cuando lo hice la acosté en la cama y comencé a mamar sus pezones enormes, después de un rato baje a chupar su coño que al parecer depilaba seguido pues estaba bien depilado.

    –Si sigue por favor, mi esposo nunca lo hizo, y a mi tanto que me gustaba, por favor sigue, méteme tu lengua, si, no pares.

    Continúe hasta que se vino con un squirt en mi cara algo que nunca he logrado que mi esposa haga –por pena de ella.

    –¡¡Métemela ya!!

    –A mi suegrita lo que me pida, se lo comencé a meter de misionero mientras mamaba sus tetas, después le dije, la quiero en la posición favorita de su hija, de perrito.

    Teniéndola en cuatro le mamé el culo hasta que me pidió de nuevo que se la metiera y así lo hice.

    –Si yerno si, ya sé porque mi hija se casó contigo, aunque eres menor que ella –mi esposa me gana por 5 años– sigue si, enséñame todo lo que le haces ¡y hazme lo que no le has hecho!

    Esas palabras para mí fueron cantos de ángeles.

    –Muy bien suegra la voy a hacer mi perra y el voy a hacer lo que se me antoje, pero primero quiero que haga algo

    Me tumbé en la cama boca arriba.

    –Póngame esas dos nalgas tan deliciosas que me enseñó en el desayuno en la cara porque yo eso quiero de postre

    Ella se sentó en mi cara y pude chupar su ano y vagina al mismo tiempo mientras ella me restregaba las nalgas en la cara y después de un rato la volví a poner de mi perra.

    Y después de un rato metiéndoselo, escupí en su ano y metí de golpe mi dedo pulgar y comencé a meter y sacar con fuerza.

    Sonia aunque creí que gritaría de dolor empezó a gritar pero de placer entonces saque mi dedo y mi pene y metí mi pene en su ano, algo que nunca había hecho con Coral, lo metí hasta que termine dentro y cuando saque mi pene escurrió mi semen de su ano, lo tome con mis dedos y se lo metí en la boca.

    –Tome suegrita cómaselo todo

    Me limpie con las toallitas y me fui a bañar y después a dormir, ya paso más de una semana de eso y en tres ocasiones más que mi esposa sale a trabajar me he podido coger a mi suegra.

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  • Culo y pedo: tradición, medicina y sexo

    Culo y pedo: tradición, medicina y sexo

    Diana nunca pensó que aquello pudiera ser bueno, mucho menos saludable. Aunque pensándolo bien tenía lógica. Los alimentos saludables, al principio, generan rechazo. Cuesta renunciar a una dosis de azúcar o no caer en el hábito de devorar una bolsa de patatas fritas ultra procesadas. Enfrentarse a una coliflor cocida por primera vez no suena como lo más excitante del mundo, eso por no hablar del olor de las coles de Bruselas.

    Sin embargo, todo es acostumbrarse, y una vez que el hábito se instala y la conciencia de estar comiendo algo saludable crece dentro de uno, entonces todo se convierte en rutina y es más fácil renunciar al efímero placer gustativo.

    Luego estaba eso de hacer ejercicio, que también cuesta al principio.

    Ejercicio, dieta y… y lo otro.

    El supuesto estudio científico, el mismo arte… si, aquello tenía que ser importante lo único… bueno, lo único era encontrar a alguien con quien compartirlo.

    -Diana García.

    -Sí, soy yo. -respondió la mujer dejando de lado sus pensamientos.

    Juan, como cada mañana, se metió en un vagón de metro lleno de gente. Buscar la posición adecuada para evitar caerse en un frenazo, encontrar dónde apoyar al menos una mano para guardar el equilibrio, usar el maletín con el portátil como escudo entre su abultada entrepierna y el generoso trasero de una joven, mirar de reojo caras desconocidas e imaginar historias, todo eso constituía parte del camino al trabajo. Y Juan era de los que disfrutaban del viaje a su modo.

    Sin embargo esta vez no iba al trabajo directamente.

    El metro se detuvo y el rebaño salió en tropel del redil. Juan enfiló el pasillo y encontró sitio en el lado derecho de las escaleras mecánicas. A la izquierda, los que tenían prisa, o estaban en forma o simplemente se animaban a escalar, subían con decisión escalón a escalón. Juan a veces lo hacía, no tanto por el ejercicio o las prisas, si no por ir en pos de un buen culo. Sí, tenía una cierta obsesión con esa parte de la anatomía. Le gustaban todo tipo de traseros, contundentes, bamboleantes, tersos, temblones, caídos… incluso un culo plano o desinflado no le desagradaba.

    Aquel día estaba de suerte, a veinte centímetros, tenía un culito femenino enfundado de unos pantalones de tela blancos. A pesar de su pequeño tamaño, la raja, generosa, engullía con avidez la tela marcando cada nalga de manera individual.

    Discretamente Juan colocó su maletín tapando su entrepierna, evitando así, que alguien pudiera ver la erección.

    -¿Me quito los pantalones? -preguntó Diana innecesariamente.

    La doctora levantó la cabeza del informe y contestó.

    -Sí, por favor. Bájese los pantalones y las braguitas y póngase de rodillas sobre la camilla.

    Diana obedeció mecánicamente.

    -Apoye las manos aquí y levante el culete. Piernas separadas por favor.

    En parte por la posición y en parte por cierta vergüenza, la cara de la paciente se pintó de rojo.

    La doctora se puso unos guantes de látex azules e impregnando el dedo índice en una sustancia viscosa, procedió con la inspección anal.

    -Todo correcto. -dijo la doctora dirigiéndose a dónde tenía su portátil.

    Diana se subió las bragas y los pantalones y comenzó a abrocharse el botón.

    -Con estas pastillas lo otro irá mucho mejor. -dijo la médico mientras tecleaba algo en el ordenador.

    Al salir del cuarto, Diana paró brevemente ante un hombre sentado.

    -Buenos días. -saludó el varón

    -Ah, qué tal…

    -Juan, soy Juan.

    -Es verdad Juan.

    -Bien, todo bien, aquí que tengo cita con…

    -Juan del Río. -dijo la doctora.

    -Tengo que… oye, pero pásate por mi casa esta tarde, a las 7 y hablamos de…

    Diana fue a responder, pero su vecino ya estaba dentro de la sala…

    “¿Hablar de qué?… No sé si… bueno, no tengo su teléfono para… bueno, iré…”

    El piso de Juan era coqueto y estaba lleno de colores cálidos.

    Diana se sentó en el sillón de cuero y aceptó la lata de cerveza.

    -No debería estar tomando esto. -comentó la mujer.

    -Ya, el alcohol.

    -Sí, y lo otro.

    Juan la miró con interés. Aquella vecina tenía algo.

    -¿qué miras? -dijo la invitada.

    “Definitivamente es muy directa.” Pensó Juan.

    -Obvio, a ti… por cierto…

    -¡Libros! -exclamó Diana interrumpiéndole mientras se levantaba y comenzaba a ojear los títulos.

    -Este parece oriental… chino

    -Japonés. -dijo el anfitrión.

    Diana abrió el libro y paso las páginas, había pinturas antiguas, grabados de carácter erótico….

    -Vaya, vaya. -dijo

    Juan se ruborizó durante un segundo. Carraspeó y adoptó un tono adulto y didáctico.

    -Son grabados antiguos, muchos de ellos anónimos.

    Diana pasó una página y se encontró ante un cuadro donde unos hombres y algunas mujeres, vestidos con kimonos parecían enfrentarse en…

    -Es una guerra de flatulencias. -dijo en voz alta Juan.

    -¿Te gusta el tema? -preguntó a quemarropa Diana.

    -Bueno, para, para ser sincero… esto… siempre he tenido una admiración por los traseros.

    -por el culo. -dijo Diana llenándose la boca con la palabra.

    Se hizo el silencio durante unos segundos. Diana pasaba las páginas del libro.

    -Estaba en el médico porque tengo un problema de gases -confeso Diana.

    -¿tú?

    Juan no respondió.

    -Ya, soy muy directa… bueno

    -No, no es eso… te lo digo… fui a que me pincharan.

    -Una inyección, miedo miedito da

    Diana dejó el libro, volvió al sillón y cogiendo la lata de cerveza le dio un buen trago. Luego eructo con discreción.

    -Perdona. -dijo.

    -Bueno, al menos no te has tirado un pedo.

    Diana tomó la palabra.

    -Sabes que las flatulencias son buenas para la salud… dicen que oler los pedos de tu pareja es beneficioso.

    Juan hizo un comentario ligero. Pero, caprichosa, la conversación siguió con el mismo tema.

    -Oye… por qué no nos peleamos… con pedos. -propuso Diana.

    -La verdad es que yo ahora no tengo muchos… -dijo Juan.

    Diana sonrió pero no se dio por vencida.

    -¿Te gustaría verme el culo?

    Juan asintió.

    Diana se levantó del sillón, giró sobre si misma y de manera sensual se bajó los pantalones y las braguitas exponiendo su trasero.

    Juan experimentó una erección instantánea.

    Diana le observó y le indicó que se acercara.

    Se besaron y el hombre disfrutó sobando las nalgas de la mujer.

    -Sabes… no me he tomado la pastilla. -susurró Diana al oído del hombre.

    Luego se colocó acostándose de lado en el sillón.

    -¿Te gustaría recibir una dosis de salud?

    Juan se acercó, palpó el trasero y acercó su nariz a la raja.

    Diana dejó escapar el primero. Ruidoso y con olor.

    Era desagradable pero, al mismo tiempo, adictivo.

    Diana besó en la boca a Juan.

    -¿otro? -dijo cuando se separaron.

    -Vamos a la cama. -ordenó el hombre.

    Allí Diana se quitó la ropa y Juan hizo lo mismo. Su pene erecto, palpitante.

    Diana se tumbó boca abajo y Juan se tumbó boca arriba.

    -Ya viene. -anunció Diana mientras se incorporaba y se ponía en posición. Las piernas a ambos lados de Juan, el culo, en pompa, cerca de la nariz del anfitrión. Con las manos y la lengua comenzó a estimular el miembro del hombre.

    Juan aguantó con el semen presionando.

    El gas salió con fuerza, silbando al principio como el aire de una colchoneta para convertirse, más adelante, en un rugido poderoso.

    El olor, el momento, la visión del ano expuesto hicieron que Juan eyaculara mientras Diana, presa de la vergüenza y el placer mental, hiciera lo propio perdiendo durante un instante el control de su cuerpo.

    Minutos después, recuperados. Diana recibió media docena de nalgadas por cochinota… nalgadas que acabaron en besos con lengua que se alternaban con suaves pellizcos en los pezones.

    Para acabar, Juan vistió su pene con la goma transparente y penetró a Diana.

    La mujer repitió orgasmo.

    Mientras Juan, a su lado, relajado, contribuía soltando un pedo de esos que relajan.

    Diana, agradecida, aspiró el olor de la medicina natural.

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  • Baños clausurados (2)

    Baños clausurados (2)

    La oficina como tal… es bastante pequeña, en realidad tiene dos ambientes separados, uno donde estamos Carlos, Tadeo y yo, luego en otro ambiente por el pasillo al baño hay una salita con una puerta en la pared del fondo, que lleva al despacho de Marta la gerenta. En la salita está Emma con sus armarios y su escritorio.

    Desde que llegué me sentía incómodo, como si tuviera en el culo algo metido… y bueno efectivamente desde que llegué a la oficina tenía un plug anal de tamaño mediano en la cola. Quien iba a pensar que un tipo grande como yo de cuarenta y largos tendría esta conducta.

    La persona que me lo dio, me dijo en ese momento:

    -Quiero que seas mi osito gay, sos perfecto, 1 m con 87 cm de puro amor, te quiero con mucho pelo. Toma hoy llevarás esto puesto todo el día.

    No podía pensar en otra cosa que no sea: este es más grande que el anterior. Me fui al baño para discapacitados ahí había más espacio podían entrar 4 personas cómodas. Necesitaba un poco de estímulos para que entrara sin romper mi cola.

    Decidí abrir una aplicación que me gusta mucho. En la aplicación te toca al azar una persona transmitiendo en vivo a la vez que se activa tu cámara y tú también transmites, generalmente son hombres los que aparecen y casi sin errarle lo único que ves son pijas masturbándose. Claro si te logueas te prometen que aparecerán mujeres, nunca lo probé.

    Apoyé el celular en el piso, me puse en cuclillas, abrí bien mi cola y le puse lubricante al plug. Desde esa posición podía ver la pantalla y mostrar mi culo. Abrí la aplicación deseando que aparezca alguna linda verga.

    La primera que apareció fue una gorda cabezona y de tamaño mediano. Justo lo que precisaba. El dueño estaba sentado en un sofá y lo más probable que tuviera el celular en un trípode o fuera una computadora porque se lo veía del pecho para abajo y las dos manos manoseando aquella pija de color marrón y toda lubricada. La bandera argentina abajo del cuadro de su imagen indicaba que hablábamos el mismo idioma.

    -Corré la cámara que quiero ver bien ese culo, ahí no te da la luz.

    -¿Ahora?

    -¡Si ahí si! ¡Dale bebé! ¿Te vas a meter algo en la cola? Mirá cómo tengo la pija.

    -¡Ya la veo! ¡Está preciosa! ¡Quiero verte apretarla fuerte y pajearte con ganas! Me voy a meter este plug en la cola pensando que es tu pija cabezona

    -¡Si mi amor! Que lindo ese culito abriéndose.

    -No grites estoy en el baño del trabajo

    -¡El señor no quiere que grite! ¡Se mete cosas en el culo y no quiere que yo grite!

    -¡LPM! En serio, no grites

    -Tengo la pija dura ¿querés ver cómo me salta la leche? ¡Pedime la leche! ¡Pedime la leche!!

    En ese momento me termino de meter el plug en el culo más estimulado por apagar el celular que por la calentura.

    Se abre la puerta del baño era Carlos.

    -¡Ricardo! ¿Otra vez jugando con esas cosas?

    -¡Entrá y cállate Carlos!

    -¿A ver que tenemos ahora?

    -¡Mira lo que me pidió que me meta!

    -Te queda precioso esa gema violeta apareciendo entre las nalgas, ¡sabes cómo me calienta esa cola, cuando la dilatas así!

    En ese momento Carlos le subió la bombacha que Ricardo. Era una bombacha normal de algodón, negra, tipo vedetina no era muy chica atrás y adelante apenas podía guardar aquellos huevos grandes y peludos junto con su pene.

    Sintió que se calentaba al verlo sacar cola y que la gema del plug se notara a través de la bombacha. Se tuvo que acomodar su miembro que se estaba despertando. Ricardo, enorme como era con 96 kg y sus casi metro noventa de altura intentaba ser sexy y mover sus caderas y el culo.

    -¡Dale! ¡Cogetelo! ¡Está pidiendo!

    El argentino de la aplicación seguía ahí en la pantalla del celular gritando, a pesar que le habían dicho que no lo hiciera.

    En ese momento Carlos y Ricardo se miraron y se entendieron sin decir una palabra. Le iban a dar un show privado al porteño que nunca olvidaría.

    Carlos agarró el celular y mirando a la cámara le dijo:

    -Si te callas te voy a mostrar cómo me cojo este culito. ¿Te vas a callar?

    El porteño mostró su mano con el pulgar para arriba, dando muestra que había entendido.

    Carlos dio vuelta la cámara y apuntó hacia la cola de Ricardo. Bajó sus pantalones y sacó la pija que estaba medio parada la manoseo un poco para que estuviera bien dura.

    Ricardo se apoyó con las manos en la mesada del baño, separó un poco sus piernas y le dijo:

    -Primero despacio, por favor.

    Carlos agarró el pomo de lubricante y se puso un poco en la punta de su pene que ya estaba durísimo. Le volvió a bajar la bombacha hasta la mitad del muslo. Le pidió a Ricardo que con las dos manos se abra las nalgas. Lo hizo intentando mantener la posición. Le apoyó la cabeza de su pene sobre el plug y presionó un poco. Luego lo intentó sacar despacio, la cola apretada no dejaba que saliera fácilmente así que tuvo que hacer un poco de fuerza para sacarlo. Lo logró.

    Esa cola quedó unos segundos abierta, se veía como Ricardo excitado por lo que iba a pasar abría y cerraba la cola, casi invitando a ser penetrado.

    Carlos apoyó su cabeza brillosa producto del lubricante en la entrada de la cola y empujó suavemente, de a poco se fue estirando.

    -¡Ahhh que bien se siente! ¡Está calentita y dura, seguí así! ¡Métela toda!

    Ya estaba muy caliente, necesitaba ser penetrado y sentirla toda adentro. Una sensación de hacer caca lo invadió el no quería apretar la cola porque sabía que si lo hacía le iba a doler.

    Carlos empujó de a poco hasta que toda la cabeza entró en ese culo. Siempre apuntando con el celular, veía como el porteño se masturbaba a gran velocidad. Eso lo alentó a seguir metiendo todo el tronco de su pija dentro.

    -¡Que pija tenés! ¡Me encanta! ¡Quiero que entre toda! ¡Métela!

    Carlos no pudo contenerse más y empezó a empujar hasta que entró todo el tronco y su cadera chocó con las nalgas. El calor y lo apretado de ese culito lo ponía a mil.

    Empezó a sacarla también despacio. Sabía que no la podía sacar toda porque le iba a doler a Ricardo cuando saliera la cabeza que estaba anchísima, así que a mitad de camino decidió empujar de nuevo también despacio.

    -¡Ahhh que rico! ¡Así! ¡Quiero que me abras bien la cola! ¡Metemela ahora hasta el fondo de nuevo!

    Ricardo se sentía lleno. Carlos no paro en este movimiento lento pero sintió que el orgasmo se acercaba.

    -Esta colita apretada siempre me saca una buena cantidad de leche, ¿te la dejo adentro grandote?

    -¡Si lléname la colita de leche! ¡Acábame adentro! Quiero sentirte eyacular adentro mío.

    Ahí no pudo y no quiso frenarse. El mete saca fue más rápido y más violento. Se escuchaba el golpe de los cuerpos al chocar una vez que se la enterraba toda en el culo.

    Ricardo miraba por el espejo como Carlos se movía apuntando a su culo con el celular y esto lo excitaba más. Nunca había hecho algo así. El morbo de que lo cojan y que alguien lo mire hacerlo, lo volvía loco.

    Carlos ya sin miramientos cogía ese culo como si fuera su única posibilidad y le daba con ganas. No se iba refrenar. Le aviso estoy por acabar.

    En determinado momento se la dejó bien adentro, no la movió más y esperó. La oleada del orgasmo se acercó imposible de frenar y el primer latigazo de su pene demostraba que estaba acabando dentro sin moverse ni un milímetro. Quería sentir todo. El calor, la humedad, la estrechez de ese agujero, el orgasmo y la eyaculación.

    -¡Si! ¡Me estás acabando adentro! ¡Me encanta!

    Ricardo involuntariamente apretaba la cola para exprimir esa pija dentro de su cuerpo. Un líquido preseminal goteaba de la punta de su pene. Una placer inmenso lo completó.

    -¡Ufff gordito! ¡Fue hermoso acabarte adentro! La voy a sacar de poco pero te voy a poner el plug en seguida para que te lleves mi lechita adentro.

    En la pantalla el mirón también había eyaculado un montón de leche sobre su pecho. Ahora con la mano juntaba su propio semen y sin llegar a verlo, no cabía duda que se lo llevaba a su boca.

    Carlos sacó su pija del culo de Ricardo que todavía estaba un poco rígida. Tomó el plug y antes que su leche salga se lo volvió a colocar.

    La imagen era morbosa y excitante. Cerró la aplicación y dejó el celular apoyado en la mesada del baño.

    -¡Te luciste hoy!

    -Fue de lo mejor que hemos hecho.

    -¿Qué pensará tu mujer de esto?

    -Lo mismo que la tuya me imagino jajaja

    -Por lo menos vos no andas con cosas en el culo

    -Ella se lo pierde, si por lo menos lo intentara no estaría acá reventándote a vos la cola.

    -Tenemos que salir la gente ya llegó.

    Salieron juntos uno atrás del otro intentando de no ser vistos. Por suerte cuando pasaron por el despacho de Emma, estaban juntando un montón de boletas del piso con Tadeo. Ninguno los vio pasar. Tadeo no sacaba los ojos del culazo de Emma.

    Se sentaron cada uno en su escritorio. Empezaron a contestar mails, una vez más como si nada hubiera pasado.

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  • Le enseño fotos de mi novia desnuda a mi amigo

    Le enseño fotos de mi novia desnuda a mi amigo

    Llevo un año y medio de relación con mi novia. Ella se llama Mia tiene 25 años y ella es chaparrita, no es gorda pero tampoco delgada, es de piel blanquita, tiene poco pecho lo suficiente para cuando usa escote se le vean ricos sus pechos, pero no los tiene grandes, ella es de cabello rubio, lo que más me gusta de su cuerpo y lo que más resalta es su culo, tiene un culo grande, las nalgas se le mueven delicioso y unas caderas bien formadas.

    Tiene buenas piernas y una personalidad muy agradable cuando la conoces, pero cuando no le hablas se mira muy arrogante y mamona. Mi historia con ella es que la conocí en la universidad, no hablábamos demasiado, pero al finalizar la carrera empezamos a hablar cada vez más. No íbamos en el mismo salón por lo tanto solo nos conocíamos de vista y teníamos amigos en común.

    Nos volvimos buenos amigos y en ese lapso nos contamos muchas cosas, tanto de intimidad tanto de cosas fuertes que más adelante contare. Yo tenía dos buenos amigos en la carrera y en diferentes momentos cada uno intento enamorar a Mia. El primer amigo llamado Brian su mamá tenía un local de comida y le llevaba a veces comida a Mía y se quedaban platicando un tiempo en la camioneta y luego él se iba. Brian tenía novia, pero como buen hombre siempre regaba sus plantitas por si algún día quería que pasara algo con otra chica.

    Entonces él quería que pasara algo entre Mía y él. Varias veces intento proponerle que pasara algo entre ellos, pero Mía siempre le recordó que él tenía novia y que si quería que pasara algo tenía que dejarla, obviamente Brian estaba enculado con su novia que no la iba a dejar ni de chiste.

    Otro amigo que intento que pasara algo con Mía fue mi amigo Sebas, él tenía un noviazgo de 10 años con la que se iba a casar. Faltaban 6 meses para su boda y se enteró que ella lo engaño con otro hombre, luego ella quedo embarazada y terminaron. Sebas quedo totalmente destruido y buscaba desesperadamente a otra mujer con la cual salir y buscar venganza. Le hablo a varias de sus amigas y entre ellas le hablo a Mia. Mia siempre amable salió con él, pero no paso nada. Tuvieron una salida de amigos en la que platicaron, pero nunca supo envolverla con sus palabras. Estos dos de mis amigos se morían por cogerse a Mia, pero nunca se les hizo.

    Después de estos dos acontecimientos a los pocos meses yo empecé a salir más con Mia, íbamos al cine, íbamos a cenar, a tomar a barecitos y en una de esas salidas terminamos besándonos. Obviamente se me antojaba ella, pero yo no buscaba una relación seria ya que yo tenía algunas buenas amigas con las que me veía de repente y teníamos encuentros. Siempre he tenido muchas amigas y les invente una historia de que me había metido a un curso de masajes para que ellas me dejaran hacerles masajes semidesnudas, obviamente yo no quería una relación seria porque me la estaba pasando increíble con mis amigas.

    Pero lo que me encantaba de Mia es que me escuchaba y siempre estaba al pendiente de mí. Con el paso del tiempo empezó a preguntarme que “que éramos”, ya me empezaba a pedir el título de noviazgo y empezaba a meterme presión.

    Varias veces quedamos en que ya no íbamos a vernos, pero la verdad es que siempre terminábamos por volvernos a ver. Yo no quería perderla, así que me arme de valor y le pedí que fuera mi novia.

    Después de esta larga introducción quiero contar que ambos amigos me felicitaron por mi nueva relación, pero en su momento ambos me confesaron cosas por Mia, todos éramos del mismo grupo de amigos pero al final entre ella y yo sucedió lo que sucedió. En su momento Brian me conto que se quería besar a Mia y que tenía unas nalgotas bien ricas. Sebas en su momento me conto que Mia estaba bien rica y que se la quería coger.

    Al final ella y yo nos llevamos muy bien y empezamos esta relación que hasta ahora sigue vigente. Mia es una niña reservada, no ha tenido mucha experiencia sexual ni ha sido de muchos novios. Le gusta la atención masculina como a todas las mujeres pero desde que somos novios se ha comportado como una mujer cariñosa, leal, sumisa, es muy trabajadora en sus proyectos, no sube contenido sugerente a redes sociales

    Mi amigo Brian y yo siempre nos hemos enseñado fotos de nuestras novias o de amigas con las que nos acostábamos. Pero desde que andaba con Mia ya no hablábamos sobre eso. Hablando de Mia íntimamente tiene un cuerpo delicioso, la vagina le sabe delicioso que me encanta hacerle sexo oral, amo agarrarle las piernas, chuparle los senos, nunca le había chupado el culo a una mujer y el culo de Mia le sabe exquisito. Le chupo los pies, cuando la cojo las nalgas se le mueven bien rico, Su espalda se le ve femenina y excitante. Es una hembra deliciosa en toda la extensión de la palabra.

    Un día me llego un mensaje de Brian a las 12 de la noche, diciéndome que si quería ver fotos de su exnovia y obviamente le dije que si. Me encantaba ver a su ex porque la conocía y conviví con ella. Pero verla desnuda era demasiado rico. A lo que Brian me dice “yo siempre te mando fotos y tu no me mandas nada” A lo que me dio risa y le dije “¿Qué quieres ver? Y en eso el me contesta que “lo que sea”. Yo sabía que él se moría por ver fotos de Mia.

    Ese día yo estaba muy caliente y le mande por WhatsApp una foto de mía donde estaba sentada con los pies estirados, una foto tomada por ella que me mando un día que veía la TV pero se le veían las piernas hasta los pies. A lo que él me contesta, “eso que, yo te mando fotos más fuertes”. Y le mande una foto donde mi novia está tomándose una foto enfrente del espejo con ropa interior. A lo que me contesta “mucha ropa” pero yo ya sabía que estaba caliente y empezó a pedirme más. Ese día deje las cosas así y le dije que después le mandare más. A lo que se quejo y cada día que pasaba me pedías más fotos de ella.

    Le compre una lencería a Mia de blanca nieves. Y se le veía despampanante, se veía buenísima. Ella me mando unas fotos enseñando el culo y también de frente. Se veía tan tierna pero tan buenona. Que en la noche se las mande a Brian. Y el quedó embobado, quedo sorprendido por tremendas fotos que le enseñe de mi novia. A lo que me contesto “eres un pervertido”. Le mostré fotos de mía en cuatro patas, abriéndole las nalgas, le mostré unas donde le colgaban los senos, le mostré las fotos más pervertidas de Mia. En ese momento el dejo de contestar a lo que sé que obvio fue a masturbarse viendo a Mia.

    Luego él me manda videos y fotos con otras chicas. Pero yo sé que Mia lo vuelve loco. Gracias a todo esto me ha dado la afición por entrar a grupos de cornudos y enseñar a la bella Mia. A todos les encanta mi linda novia. Espero algún día poder convencerla de tener diferentes experiencias sexuales y no solo lo convencional.

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  • Economista y prosti: Con Manuel, sorpresa (2 – final)

    Economista y prosti: Con Manuel, sorpresa (2 – final)

    ¡Hola!

    Para el final con Manuel, cuya estadía se prolongó más que la noche en sí, incité a mi suegro, de ahí lo de clasificar el relato como Amor Filial.

    Sobre las 5 am me desperté y vi que Manuel dormía profundamente. Me levanté, rápida ducha caliente.

    Decidida a que me enculara, froté todo mi cuerpo desde la cintura hasta los pies, con aceite de bebé, y llevé la botella conmigo.

    Al llegar a la cama y ver que ya Manuel había despertado, encendí la luz, puse el dinero a full, y vi que mis piernas, entrepierna y culo brillaban aceitados.

    Me miró y dijo:

    –Buen día, se me ocurren muchas cosas al verte brillar así.

    Le sonreí, lo besé, y me acosté a su lado. Comencé a frotar su verga con aceite de bebé, y vi que respondería. Le di la botella y le ofrecí mi culo.

    Un masaje a mi trasero vendría bien dije, y se lo ofrecí en cuatro. Me masajeaba todo el culo, de a ratos me aceitaba el orificio y jugaba con uno de sus dedos. Me chupaba la concha, que yo había dejado sin aceitar.

    Hasta que me acosté, recogí mis piernas y le dije que se pusiera frente a mí. Que se pusiera con las piernas estiradas por fuera de mi cuerpo.

    Le ofrecí mis pies… y captó la idea. Los cubrió de aceite y me los masajeó un poco, luego me ofreció la verga casi dura.

    Puse mis pies rodeando su verga, el arco de los mismos formaba un agujero ideal (¿será el famoso cuarto agujero?) y comencé a masturbarlo con los pies.

    No es lo más cómodo, ¡pero como excita! Además yo me masturbaba o acariciaba mis tetas.

    Cuando la verga estuvo totalmente dura, lo liberé y volvió a aceitarme el esfínter, meterme dedos, y yo no aguantaba más.

    –Quiero que me metas la cabezona imploré.

    –¿No quieres llamar a tu marido?

    –¡Quiero tu verga en el culo! Atiné a decirle.

    Nos pusimos en cuatro, abrí un poco las piernas y él se puso semi parado, flexionando las rodillas. Me encanta cuando me cogen así.

    Apoyó su miembro en el orificio y comenzó a empujar jugando, sin forzar. Poco a poco se abrió. Un nuevo chorro de aceite cayó justo a mi culo. Posicionó su verga y empujó de una vez, mientras me distraía con una sonora palmada en el culo.

    Un relámpago de dolor me hizo gritar y clavar las uñas de mis manos en la sábana. Pero al instante, metida ya la cabeza, todo fue placer, el tronco es de grosor normal.

    Me dio algunos bombazos y con cuidado pasamos a posición normal en cuatro. Y en ese momento, pude dar rienda suelta a mi deseo de moverme yo, de cogerlo digamos.

    Me movía de adelante a atrás, con él quieto, de modo que me entraba y salía tanto como yo quería, hasta que en un momento se salió, me empujó y me hizo quedar tendida en la cama, abrió mis nalgas y me ma metió nuevamente, ¡que placer! En esa posición el control era suyo, el aceite de bebé hacia su trabajo y la verga entraba y salía casi sin fricción, incluso cuando la sacó y me la metió de nuevo.

    No pude detener una idea que pasó como relámpago por mi cabeza, “que manera de gozar, ¡y cobro por esto!

    Me la sacó, se acostó boca arriba y me dijo: “montame”… con gusto lo hice, casi que saltando sobre él me puse en vaquerita inversa y él apuntó la pija en mi culo, casi que me senté sobre él, segura de tenerla toda adentro.

    Comencé a subir y bajar tan rápidamente como pude, ayudada por sus manos que apoyaba en mis nalgas. Sentía como aquella cabeza estiraba mi interior, hasta que rápidamente no pudo aguantar más y soltó su esperma en mí. Ni me acordaba ni me importaba que en realidad no me gusta que me acaben dentro en anal. Pero esta vez gocé lo que otras veces apenas tolero o pido que me acaben afuera.

    Nuevamente nos besamos y nos acariciamos, no nos cansábamos de hacerlo. Me acariciaba las nalgas brillosas de baby oil, me besó la espalda de arriba a abajo. Me chupó un rato las tetas y nos fuimos a la ducha.

    Un agua bien caliente, y jabonarnos mutuamente dos veces, fueron suficientes para hacer desaparecer todo rastro de baby oil.

    Nos secamos ya eran las 7 y 30 de la mañana, estaba amanecido y Manu comentó:

    –Bueno… es de día, hemos pasado la noche, tendría que irme (en un tono de voz más triste que alegre).

    –¡No sin desayunar! Me visto y preparo nuestro desayuno.

    –¿Harás eso? Eres un amor. Y se acercó a besarme.

    Tomé su cara entre mis manos y lo besé de una manera que definiría como tiernamente, dulcemente, pero al mismo tiempo con pasión.

    Fue al dormitorio a vestirse. Yo me vestí en el vestidor con solamente te sandalias y un lindo vestido suelto veraniego

    El vestido, hecho por mi modista de siempre, con la cual no tengo secretos; es mini a medio muslo y tiene un escote en V muy pronunciado, genial para lucir tetas. Pero además debajo de las axilas tiene una abertura amplia, proyectada hacia adelante, que si giro o me muevo también descubre buena parte de mis senos.

    Y gran parte de la espalda es de tiritas horizontales que se van acortando al ser más bajas hasta que las últimas dejan ver al menos unos 5 centímetros de la famosa raya.

    Al pasar del vestidor al dormitorio, aproveché para cambiar las sábanas untadas de aceite de bebé y colocar otras nuevas

    –Cama lista, alguien la disfrutará murmuró Manuel.

    Yo alcancé a oírlo pero ya estaba bajando hacia el área de kitchinette de la planta baja. Separada obviamente del área de recepción y oficina, está completamente equipada, y en uno de sus lados tiene una barra para desayunos o comidas sencillas, con bancos altos estilo bar.

    En cinco minutos tenía preparados dos riquísimos cafés con leche y tostadas con manteca y mermelada de naranja (mis favoritas). Pero mientras tanto, había pensado como fidelizar a Manuel, no quería que se fuera triste.

    Bajó Manu, y comenzamos a desayunar. Me agradeció el tratamiento y lo que había disfrutado y le respondí (y es cierto) que también yo había disfrutado muchísimo. Disfrutábamos el desayuno, y dijo:

    –¿Sabes? Volveré a la brevedad, hablaré con la madre naturaleza para que las noches sean más largas… y quizás invitemos a Tommy, anoche me di cuenta que en realidad también, además de todo lo que hicimos me hubiera gustado verte cogiendo, como en la reunión de la subasta.

    –Pero, entonces ¿me estás diciendo que quedaste con ganas? ¿Serías capaz de hacerlo de nuevo?

    –Promesas son promesas, y lo hablado y convenido fue por la noche… ¡y ya es de día!

    –Manuel, te veo irte de alguna manera triste, no por lo hecho, sino por lo no hecho. Y bien sabes, te lo hemos dicho, que los encuentros duran hasta que el visitante esté satisfecho.

    –Sí, pero con seguridad tienes tus compromisos y yo lo entiendo, era lo pactado.

    –Manuel… ¿tienes un poco de tiempo? Quiero contarte algo.

    –Tengo todo el tiempo, en mi oficina (ya me había contado en la cama que tiene estudio de negocios rurales) saben que puedo llegar a cualquier hora.

    Entonces te haré una propuesta, pero antes debes saber algo. Quizás, casi seguramente, pueda satisfacer tus deseos de verme con alguien, y si tú puedes y quieres, pues me posees nuevamente. Pero debes oír y aceptar algo muy especial.

    –¿Harías eso por mí? No debe haber nadie como tú. Claro que acepto, y quiero oír lo que tengas que decirme.

    –Pues óyeme, no juzgues hasta el final, y en ese momento me dirás si quieres quedarte, estoy libre en realidad hasta las 12 y 30 al mediodía.

    –Escúchame bien. Luego de que probé con Ricardo que fue mi primer hombre aparte de Tommy, mi amigo, novio y esposo desde siempre, con seis años de casados, también sabes que comencé a tener amigos rentados.

    Pero algo se gestó en mi mente, y comencé a desear al padre de Tommy.

    –¿Lo dices en serio?

    –No me juzgues. Lo hablamos seriamente con Tommy, varias veces. Y su respuesta fue que si lo deseaba realmente, lo intentara. Me llevó tiempo seducirlo. Primero insinuarme durante un crucero familiar, luego en la piscina de la casa de los padres de Tommy en Punta del Este, y luego en Montevideo.

    Y finalmente lo comenzamos a hacer. Y hoy, lo gozamos plenamente, muchas veces con la participación de Tommy, feliz de ver feliz a su padre, que con la menopausia de la esposa, casi no tenía sexo. Y hasta me ha traído clientes.

    Él es la persona a la que puedo llamar si tú lo apruebas. Y si te disgusta, pues lo dejamos aquí y no hablamos más del tema.

    –¿Me dices que quizás venga y te pueda ver coger con él?

    –Exactamente, es mi propuesta, pero también si te animas puedes participar. Aunque es más difícil participar que observar. Ya me viste en acción, pero participar además de ver implica que los besaré a ambos, se las chuparé a ambos y quizás me penetren los dos.

    La gran pregunta es ¿Lo contacto? ¿Te atreves?

    Me besó, ¿como no querer estar más tiempo contigo? Me has interpretado completamente, ¡y debo agradecerte esto de no poner límites!

    Tomé el teléfono y escribí un mensaje en clave pre convenido:

    “Buen ¿día suegro, como han pasado? Días sin saber de ustedes”. Eso ya sabemos entre nosotros que quiere decir “tiempo libre y ganas de coger, llámame”, por supuesto sin despertar sospechas con la llamada.

    Al momento me estaba llamando. Estaba fuera de su casa y tenía tiempo.

    Le expliqué la situación sin mayores detalles y dije que lo esperábamos.

    Su respuesta fue que llegaba en media hora. “Entre con su llave” le dije.

    Manuel hizo un par de breves llamadas a gente de su oficina y en minutos estaba libre.

    Le adelanté algo que lo dejó intrigado:

    –Les voy a hacer algo que vimos con mi Tommy en un video de una actriz porno canadiense que nos encanta.

    –Contame que es.

    –¡Sorpresa! Será sorpresa.

    Pero querido, creo que has hecho mucho esfuerzo anoche, ¡tres veces lo hicimos! ¿Que tal si subimos al dormitorio y vamos entrando en calor?

    Asintió pero cuando me puse de pie, me tomó de una mano y me hizo girar.

    Me miraba y admiraba, ja ja. Comentó mi vestido, tan demostrativo. Le encantó como muestra todo sin mostrar nada (tampoco le queda nada que no haya visto ja ja). Por supuesto le agradecí los cumplidos, besándolo. Nos dirigimos a la escalera y al subir delante de él, comencé a bambolear mis caderas, mientras lentamente iba levantando el vestido, hasta llegar al fin de la escalera luciendo totalmente el culo y la falta de cualquier tipo de lencería.

    –Como me calienta ese culo…

    –¿Y mis tetas no? Dije mientras me giraba y una de ellas casi escapa por el costado del vestido.

    –Fue solamente una expresión al verte en la escalera, bien sabes que me gustas todas, de la cabeza a los pies… jamás olvidaré ese trabajo que me hiciste con los pies.

    –Me gustó hacerlo, dije mientras él desde atrás me metía ambas manos por el costado del vestido, para amasarme las tetas mientras me restregaba el bulto por el culo y yo giré mi cabeza y nos besamos.

    –Mmm la siento bastante dura, te la voy a chupar para que cuando llega Tomás, ya la tengas lista. Y diciendo eso, lo desvestí y con él tirado en la cama me arrodillé en la alfombra y comencé a chupársela. No fue casualidad que mi culo, aunque tapado por el vestido, apuntará hacia la puerta de la suite.

    Me entretuve chupando sus huevos, luego pasé a la hermosa cabeza, a la cual dediqué mis mejores esfuerzos y toda mi habilidad. Pequeños golpes con la punta de la lengua, chupada a fondo, lamerla circulando alrededor, un poco de lar el tronco, y a la cabeza de vuelta.

    Oímos entrar a mi suegro, subió al dormitorio y me tomé un momento para decir: “hola suegro, le presento a Manuel”, mientras con una mano me levantaba el vestido y le mostraba, abriendo bien mis piernas, todo el culo y la concha.

    Ni respondió, se desvistió en un momento y comenzó a lamer todo mi trasero, iba del ano a la concha y volvía, babeándome, acariciaba mis glúteos y los masajeaba con saliva. Me quedé en esa posición mientras Manu se desnudó.

    Me paré los atraje a mí, quedando entre ellos. Manuel dedicado a acariciarme las tetas y la concha; mi suegro me pasaba la verga entre las nalgas y me besaba la nuca (eso me encanta).

    Comencé a besarlos alternadamente, giraba mi cuello y besaba a Tomás, volvía mi cara al frente y hacía esgrima de lenguas con Manuel. Ninguno rechazaba mis besos. En otro gesto que sabe que me encanta, más bien me calienta mucho, Tomás se escupió una mano y se humedeció la verga.

    Escupió la mano, no solamente la ensalivó, repitió el gesto y mientras tanto yo había separado las piernas y Manuel lamía mi concha, encantado.

    –¿Qué querés hacer Sofi?

    –Mmm no sé… ¿Tal vez cogerlos?, respondí pícara.

    Los empujé a la cama, los hice acostar boca arriba uno al lado del otro, en paralelo.

    Les comencé a chupar las vergas alternadamente, preparando el terreno para copiar lo que había visto hacer a la actriz canadiense: Cogérmelos saltando de uno a otro, alternadamente, instantáneamente. Ella lo hizo pasando de uno a otro sólo una vez, cuando acababan, pero yo quería hacerlo más, si resistían sin acabar.

    No dije nada, pero me monté a Manuel mientras miraba fijamente a mi suegro, mordiéndome el labio inferior. Me incliné hacia adelante apoyando mis tetas sobre el pecho de Manuel, y comencé a mover mi pelvis suavemente, con toda su pija adentro, mientras Tomas se escupía la mano y se masturbaba.

    Manu aprovechaba para acariciarme las nalgas y chuparme las tetas, y yo disfrutaba sentir como la cabezota de su verga iba y venía a mi ritmo, como puliendo las paredes de mi vagina. Pero no quise que acabara aún, y después de unos dos o tres minutos le dije: “Ahora podrás mirar”.

    Me salí de él e instantáneamente me subí a mi suegrito, que estaba pegado a nuestros cuerpos, metiéndome yo misma su miembro.

    Repetí la posición que había tenido con Manuel, mientras éste se situaba detrás de nosotros para ver cómo me entraba y salía la picha de Tomás. Entusiasmado, Manu me sobaba las nalgas y me pasaba saliva en el esfínter.

    Sabía que mi suegro llevaba varios días sin cogerme, y estaba muy excitado, no iba a demorar mucho.

    Entonces le dije a Manu que volviera a acostarse, y lo hizo. Yo aceleré mis movimientos, encantada de repetir lo del video de la canadiense, y logré que mi suegro se viniera ya en esa primera penetración, abundante como era de prever, y con la pija bien adentro para no dar tiempo a que se me escurriera. Mientras, lo besé; y casi que salté para subirme a Manuel.

    Imagínense, un placer sentir como su miembro entraba en mí, casi que navegando en la leche que dejara adentro mi suegro.

    La sensación era diferente, la abundancia de semen tibio hacía que su privilegiado glande se deslizara dentro de mí de acuerdo a mis impulsos, sin fricción alguna.

    Era previsible, me acabé gozosamente, con unos temblores que casi llevan a que se saliera mi fuente de placer, pero no, se mantuvo adentro de mí.

    Y aunque cansada y un poco débil logré llevarlo al final, un final de poco semen de su parte, por haber acabado tres veces en la noche.

    Caí hacia el costado libre de la cama, entre aplausos. Mas que satisfecha de haber probado ese cambio instantáneo de machos, y ellos contentos de haberme tenido así.

    Pero no podía dejarlos, me puse a limpiarles las vergas, como corresponde y ellos me agradecieron lamiendo y chupando todo mi cuerpo de punta a punta.

    –Gracias, gracias gracias, dijo Manuel besándome de lengua sin importarle que segundos antes hubiera estado chupándolos a ellos.

    –¿Te gustó mi sorpresa? Me encantó pasar así de uno a otro, y me sacaste un hermoso orgasmo.

    –Eres una diosa, me encantó ese juego, me encantó cuando me montaste con el líquido de Tomás adentro, y me encantó verte de al lado cogiendo y chupando pija. Y susurrándome al oído dijo: “Te voy a llenar de leche siempre”.

    Ahora sí, Manuel decidió partir. Mientras se duchaba nuevamente, ja ja, Tomás y yo aprovechamos el tiempo para un rapidito en misionero, que culminó cuando se la chupé y me acabó en la boca. Créanme, ¡no desperdicié nada de nada!

    Con Manu ya listo, se saludaron con Tomás y yo acompañé, desnuda, a Manuel hasta la puerta.

    Casi llegando me preguntó:

    –Decime la verdad Sofi, ¿él es uno de los que te van a inseminar?

    –Bueno, sí, él es uno.

    –O sea ya sé de Tommy, Tomás y el francés… ¿Quién es el otro? ¿Un tío tuyo? ¿O un primo?

    –No, nada de eso… y le hice un guiño… Prueba de adivinar… piensa mal y acertarás…

    –Entonces… ¿Es lo que pienso?

    –Quizás…

    Y lo besé a modo de despedida.

    Hasta aquí amigos lo que sucedió en mi primer reunión con Manuel.

    Les aviso, nos tomaremos con mi Tommy unas hermosas vacaciones en mayo. Si es posible antes de mayo les relataré lo que ocurra con la visita de nuestros amigos de Francia, que llegan el martes, y en Buenos Aires, a donde me han invitado a una recepción.

    Y si no me da el tiempo (imaginen, tengo mucha gente que atender) nos encontraremos a fin de mayo.

    Un beso grande.

    Sofía.

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  • Profesora particular (12): No hay dos sin tres o más

    Profesora particular (12): No hay dos sin tres o más

    -Esther, ayer estuve hablando con Lole y me dijo que su hermana Juani y Lucas están tan contentos contigo.

    -¿A sí? –me ruborizo.

    -Dice que los chicos están sacando sobresalientes.

    -Bueno, en realidad… o sea… yo no…

    -No te quites mérito. Está claro gracias a ti y a tus clases. ¡Eres un sol! –me da un beso.

    -¡Gracias, mamá!

    Termino de desayunar y me visto para la universidad. Me encantan los profesores del máster. Creo que soy su alumna favorita. También estoy haciendo muy buenos amigos entre los compañeros de clase.

    Me quedo a comer en el comedor de la universidad con Sandro y otros compañeros del máster y luego ellos se van y yo me quedo un rato en la biblioteca a estudiar. A las cuatro y cuarto, me dispongo a marcharme, pero antes voy a cambiarme a uno de los lavabos, el que está más cerca de la salida. Me quito los jeans y también las braguitas, Después de mear y limpiarme con las toallitas que llevo en el bolso, me pongo una faldita muy corta al estilo colegiala, de cuadros azules y negros. Lucas me puso la condición de que no usara bragas cuando fuera a dar clase a sus hijos y la cumplo con satisfacción: me da morbo.

    Al salir de los aseos, me encuentro con Sandro, que se sorprende al verme vestida de esa manera. Me guiña un ojo y me dice que estoy muy guapa. Sonríe al exclamar que más que una universitaria, parezco una niña de escuela. Me arremango unos centímetros la falda y le pregunto si le gusta. Él se sonroja, me dice que le gusta mucho y me pregunta si siempre voy sin bragas. Le digo que solo cuando sé que me voy a encontrar con él. Aunque tengo poco tiempo, le pregunto si quiere entrar conmigo a los servicios.

    -¡Sandro, porfa! –arremango un poquito más la faldita.

    -¡Pues claro, Esther! –sorprendido.

    Entramos y allí me quito el top y el sostén, le tomo sus manos para que me agarre los pechos y me pongo de cuclillas. Le abro la cremallera del pantalón y le saco el miembro ya muy parado. Mientras me acaricia las tetas, le hago una de las mejores mamadas de mi vida. Él no tarda en correrse en mi boca y yo saboreo su semen y me lo trago. Me visto, nos damos un beso en los labios, salgo del lavabo y, pícaramente, me arremango la falda para él.

    Un profesor me mira y se queda sorprendido al ver como salgo de los servicios con un chico y más cuando ve que le enseño el culo. ¡Qué vergüenza! En fin, por suerte no nos conocemos. Me prometo que seré más prudente. Aunque me gusta exhibirme, no puedo arriesgarme tanto. Y menos en la universidad.

    Para no llamar la atención, voy con chaqueta larga por la calle, pero me aso de calor. Esta primavera empieza a hacerse notar con un sol radiante a ratos. Como veo que hay poca gente, me atrevo a quitarme la chaqueta. Noto que estoy muy excitada. Lástima que no haya podido estar un rato más con Sandro. Tengo la sensación de que todo el mundo me mira y que se da cuenta de que voy sin bragas bajo la faldita. Como camino deprisa, seguro que se me ve el culo. Tengo ganas de llegar y hacerme pasar la calentura con los dos alumnos particulares, así que me apresuro, aunque eso signifique que lo vaya enseñando todo andando.

    Llegó a casa de Lucas y Juani y los chicos están algo disgustados porque es un poco tarde, aunque solo pasan unos minutos de las cinco.

    -Lo siento, chicos. Es que he tenido algún contratiempo –cuando digo eso, aun noto el sabor del esperma de Sandro en la lengua y el paladar y me relamo. -Pero bueno, ya estoy aquí. Y os lo voy a compensar. ¿Os gusta cómo visto? –doy una vuelta de 360 grados y la faldita me sube hasta la cintura.

    -¡Mucho!

    -¡Oh, guau!

    Me siento en una silla delante de ello. Les ordeno que se arrodillen y miren bajo mi falda. Separo las piernas, primero unos milímetros, poco a poco, más. Ellos obedecen y miran fijamente mi sexo.

    -Poneos a cuatro patas. Cuando veáis que empiezo a mojar mi coño, por favor, lamed como buenos perritos obedientes. No dejéis de sorber ni una gota.

    -¡No, no, nos encantan tus jugos!

    -¡Saben muy bien!

    -Nos lo beberemos todo, de verdad.

    -Así me gusta, perritos buenos.

    Me bajo el top hasta debajo de los pechos. Me quito el sostén sensualmente.

    -¡No, malos chicos! ¡No me miréis las tetas, solo el chichi! Bueno ¡y el culo también, que sé que os encanta! No os preocupéis, luego os daré de mamar.

    -Sí, sí, Esther.

    -Yo soy vuestra perrita mimosa –separo más las piernas. –¡Venid, va!

    Mi vagina empieza a rezumar y los dos muchachos andan a cuatro patas hasta mí y me empiezan a lamer, desde el clítoris hasta el ano. Me besan los labios, me introducen sus lenguas, me chupan el clítoris, me lamen el culo. Yo me abro completamente de piernas y tengo la falda en la cintura. No tardo en tener mi primer orgasmo y ducho la cara de los chicos con varios chorros de squirt. Ellos se lo beben y me van dando placer con sus lenguas y labios. El segundo orgasmo es casi insoportable del gusto que siento y les lanzo tanto squirt que les empapa incluso la ropa. Gimo, suspiro y grito.

    Ellos siguen chupando, besando y lamiendo. Después de no sé cuántos orgasmos, sé que ellos deben estar a punto de explotar, así que les digo que se sienten en el sofá y que ahora seré yo la perrita que les dará placer. Acompaño mis palabras con un par de “guau, guau” y saco la lengua como una perra deseosa. Me pongo a cuatro patas y ando sensualmente hacia ellos. Tengo el top y la faldita en la cintura. Los pechos se balancean apuntando hacia abajo. Seguro que a ellos les encanta porque se sacan sus penes y están muy hinchados. Les doy un par de lametones y me encanta su sabor.

    -Me encantan vuestras pollas ya tan tiesas por mí. Oh ¿qué ha sido eso? –oigo un ruido –¿Hay alguien en la casa?

    -¡No hay nadie!

    -¿Y ese ruido?

    -No he oído nada.

    -Te lo habrás imaginado, Esther.

    -No, no, he oído algo, seguro.

    -Estamos solos.

    -Bueno, quizá sí me lo imaginé. –vuelvo a ponerme a cuatro patas y contorneo el culo. Vuelvo a emitir unos “guaus” mientras saco la lengua deseosa. El flujo me resbala por los muslos. Beso y lamo las vergas de los chicos, que no paran de aumentar de tamaño. Ahora una, ahora la otra. Voy sorbiendo el delicioso líquido preseminal que va humedeciendo sus glandes –¡Eh! ¿Y ahora lo habéis oído?

    -¡Será un ratón!

    -¡Un ratón! ¡No, por favor! ¡Les tengo pánico! –chillo y me levanto de golpe asustada. –Por favor, ¡decidme que no es un ratón!

    -No, no… es…

    -No temas, Esther. No es un ratón. Es solo que…

    -¿Qué? –me pongo el sostén.

    -Que tienes razón.

    -Es verdad, no estamos solos.

    -¿Cómo? ¿Qué? ¡Y yo así! –me subo el top y me doy cuenta de que la falda no me tapa nada, que lo enseño todo. –Pero ¿quién es? ¿Vuestro padre? ¿Vuestra madre?

    -No, no, Esther.

    -Es Nicolás.

    -¿Quién es Nicolás?

    -Un amigo, un compañero de clase.

    -De la clase de Ángel.

    -¿Está aquí?

    -¡Sí!

    -En la habitación.

    -¿Dónde? ¡Esperad, ya sé!

    Me precipito a la puerta del armario, la abro y sí, ahí está ese Nicolás, con los pantalones y calzoncillos en los tobillos y el pene erguido en la mano.

    -¡Sal del armario! ¡Ya está bien! ¡Me habéis fallado, chicos!

    -Lo siento, Esther.

    -Es que le conté lo guapa que eres y lo que hacías cuando venías.

    -Ángel me dijo que qué me parecía si le invitaba un día cuando vinieras. –se excusa Jorge.

    -Pero solo a mirar. –exclama Ángel.

    -¡Pero me podíais haber avisado!

    -Temíamos que si sabías que había alguien mirando, tú no…

    -¡Pues claro que no! Y tú, métete la polla en los calzoncillos. ¿Nicolás, no?

    -Sí, señora. Perdón. Es que no… no puedo… la tengo muy dura.

    -¿Sabes que es de pervertidos eso de mirar estas cosas?

    -Sí. Bueno, no. No sé, señora. Es que Ángel siempre está hablando de usted … lo guapa que es. Y que les deja hacer de todo. Y yo no…

    -No te lo creías, ¿verdad? –intento que la falda me cubra un poco, pero es en vano.

    -Es que… la verdad… me parecía imposible que… una señora…

    -Oye, basta ya de llamarme señora. Tengo pocos años más que tú. Porque… ¿tendrás unos veinte años, no?

    -Sí, los cumplí en diciembre.

    -Pero te ves más niño.

    -Esther, perdona, es verdad que no hicimos bien en invitarle a mirar a escondidas.

    -Pues no, la verdad. Ya os digo, deberíais haberme pedido permiso.

    -Pero tú no…

    -… seguro que no lo hubieras aceptado.

    -¡Pues claro que no! Bueno, no sé… o sea… quizá sí. No me duele tanto que Nicolás me haya visto desnuda y dejando que los dos me comierais el chocho, sino que me hayáis querido engañar.

    -Señora, yo creo que… que a usted… que le ha gustado.

    -Sí, Nicolás, no puedo mentir en eso. Ya has visto que me he estado corriendo en su cara.

    -Y les ha lanzado chorros de… no sé… yo no sabía que… porque, perdone que le pregunte, señora, eso no es pipí, ¿verdad?

    -No, no es orina, no. Claro que no.

    -¡Es un líquido muy sabroso! –se relame Ángel.

    -¡Sale hirviendo y es como un caldo muy rico! –exclama Jorge, relamiéndose.

    -Y sale a mucha presión.

    -¡Nos encanta cuando te corres así!

    -Gracias, chicos. Bueno, la verdad es que ni yo misma sabía que eso existía ni que yo tenía ese líquido, dentro, no sé dónde. Ni que salía a chorros con esa presión. Hasta hace uno meses yo no… o sea… nunca antes…

    -¿Hasta que usted tuvo su primer novio, no?

    -No, no, Nicolás. Yo novios he tenido muchos. Pero nunca antes, con ninguno, había eyaculado squirt.

    -¿Y con Jorge y Ángel, sí?

    -Sí, ya lo has visto. Bueno, y antes de ellos con algunos amantes que he tenido últimamente. Pero ya te digo, desde solo hace unos meses. Eso sucede cuando estoy muy, muy excitada. Bueno, yo me voy a ir.

    -No, por favor. –ruega Jorge.

    -No te vayas. Nicolás, te vas tú y ya está. –le dice Ángel.

    -Sí, claro. –acepta Nicolás, que por fin se ha podido meter su miembro, ya solo morcillón, en el pantalón.

    -No seas maleducado, Ángel. Él es quien tiene menos culpa.

    -Señora, gracias, pero yo…

    -A ver, son ellos los que me han engañado, no tú. Mirad, la verdad es que por él me iba a quedar. E incluso a darle clase.

    -Pero… ¿y nosotros?

    -Ya sabéis que os estaba a punto de hacer una felación, pero no os la merecéis. Si me aseguráis que solo vais a mirar, le doy clase a vuestro amigo, si queréis, delante de vosotros.

    -Eso no es justo, nosotros te hemos hecho correr y disfrutar.

    -Además, es papá quien te paga por las clases, no los padres de Nicolás.

    -No te equivoques en eso. Tu padre no me paga por dar el tipo de clase que os doy. No habría suficiente dinero en el mundo para pagarme eso. El dinero que me da es por enseñaros Matemáticas –aunque yo mismo dudo de que sea así y que Lucas no sepa lo que enseño a los chicos en realidad.

    -Bueno, o me voy o aceptáis que solo podéis mirar.

    -¡Sí, sí, por favor! –casi suplica Nicolás.

    -Mejor que te quedes a que te vayas, claro.

    -Sí, sí. Quédate, Esther. Solo miraremos.

    -A ver, Nicolás ¿tú quieres que… o sea… que yo dé a ti la clase? –aunque tiene la cara llena de acné, es bastante atractivo. Y su pene me ha parecido el más grueso de los tres, aunque no es demasiado largo. En todo caso muy apetecible. -¿Quieres que te enseñe o que me vaya?

    -Yo, señora, me encantaría que usted… verla otra vez desnuda y… claro… pero es que no tengo dinero y no podría pagarle nada.

    -Pero… ¿es que te crees que soy una prostituta?

    -No, no, para nada. Al contrario. Usted es una señora educada y elegante. Pero ellos me han dicho que su padre le paga.

    -A ver, Nicolás, yo no cobro por eso. Lo hago porque me gusta. Y con quien me gusta. ¿Lo entiendes? Y tú me gustas ¿vale? Y lo que escondes debajo del pantalón, también. –le guiño un ojo mientras le miro la bragueta y me relamo.

    Me acerco a él y le desabrocho el pantalón. Se lo quito y también los calzoncillos, que están empapados. Los huelo, le miro con picardía, los beso y los lamo. Él se sorprende al verme hacer eso. Me relamo para indicarle que me gusta el sabor. Me arrodillo en la alfombra y veo que su pene no está erecto. No me había fijado que tiene unos testículos muy grandes y apetecibles. Quizá no había visto nunca unos tan gordos. Noto que eso me excita. Saco la lengua como una perrita y su verga empieza a crecer y más cuando me quito el top y el sostén. Noto mis pechos hinchados y los pezones erectos.

    Se los ofrezco para que me los acaricie, lo que hace con gusto y le agrada tanto que, en menos de unos segundos, su miembro está muy duro, aun sin habérselo tocado ni nada. Decido empezar por lamerle y besarle los testículos, pero al primer beso, Nicolás gime y se disculpa y me lanza chorros de su esperma a mi pelo y a mi cara. Le miro sorprendida, empapada de su abundante lefa caliente.

    -Perdone, señora, es que yo nunca antes… no he tenido nunca novia ni… y al dejarse usted tocar los pechos, yo… ya ha visto que…

    -No pasa nada, Nicolás, guapo. –con la cara llena de su abundante eyaculación- Oye, puedo… o sea… ¿me dejas que pueda lamer y tragarme tu leche ¿sí?

    -¿Le gustaría? ¿No le da asco?

    -¡Pues claro que no, seguro que está muy rico!

    Alcanzo todo el semen que puedo con la lengua y el que no, lo recojo con un dedo y lo llevo a mis labios y lo sorbo mientras miro al chico. Cuando ya no me queda en mi cara, veo que su pene sigue erecto.

    -¿Dejarías que te limpie tu polla? ¿Con mis labios y mi lengua? ¿Sí?

    -Sí, pero a lo mejor le da asco, no sé.

    -¡Y dale con el asco! Pero si lo estoy deseando desde que te he visto tu polla irresistible.

    Le aparto el prepucio y le lamo el glande. No hay manera de secarle la punta porque en lugar de bajarle la erección, su pene sigue creciendo y no deja de sacar líquido preseminal.

    -¿Dejas que te acaricie y te bese los huevos? ¿Y que te los lama y te los chupe? ¡Es que me encantan tus cojones enormes!

    -Sí usted lo desea, sí. ¡Pero son muy sensibles!

    -No te preocupes, te los trataré muy bien.

    Al cabo de un par de besos en su escroto, Nicolás suspira y grita que no puede resistir y vuelve a eyacular en mi cara. Esta vez, le agarro su pene y se lo ordeño con la punta en mis labios. Le acompaño sus manos hasta mis pechos y él me los agarra fuerte. Noto que alguien me sube la falda y me agarra por las nalgas y me levanta el culo. Es Jorge que además acerca la punta de su pene a mi ano.

    -¡No, Jorge! No te mereces que… ¡oh! ¡Ya está bien! ¡Eres malo! –ya tengo la mitad de su miembro en mi culo y aunque mis palabras lo niegan, deseo que me lo rompa y me bombee durante un buen rato –¡Saca, saca tu polla de mi culo!

    Por suerte, no me hace caso y el cabroncete me folla bien el culo, mientras sigo chupando el pene de Nicolás. Me sabe mal por Ángel y le llamo:

    -Ven, Ángel. Tú has sido obediente y te mereces que te levante el castigo. Oh, hum, Jorge… tú… ay… deja, deja que tu hermano me dé porculo.

    -Sí, sí, ven Ángel. –me saca su verga y noto el ano abierto para recibir la de su hermano.

    Jorge se viene y eyacula en mi cara, mientras Ángel ya me está enculando y yo chupo el pene de su amigo, aún erecto. Ha cogido gusto a mis pechos y no deja de acariciármelos y eso, además de mi mamada, le debe excitar mucho.

    Ángel demuestra haber sido buen alumno y resiste un buen rato follándome el culo. Siento mucho gusto, aunque de momento no me corro.

    -Oye, Nicolás ¿quieres tú también darme porculo?

    -¿Yo? Me gustaría, sí, claro. Pero no sé, yo nunca… quizá no sabré…

    -Sí, sí, verás como sí. Lo tengo muy abierto y empapado porque estos dos perritos me lo han estado follando bien. Tu polla es muy gruesa, pero verás como te entra. Porque… no te dará asco ¿no?

    -Al contrario, no. Me gustaría darle porculo, señora. Me he fijado que es muy bonito.

    -Pues va, apártate, Angelito, deja que tu amigo me encule con su polla gordota. Y tú, ven a eyacular en mi cara, ¡va!

    Ángel, muy obediente él, me lanza su abundante semen a mi cara y noto la punta del pene de Nicolás en mi ano. Apenas me penetra unos centímetros y a pesar de haberse corrido ya dos veces, no resiste ni unos segundos y tiene un orgasmo acompañado de suspiros y disculpas.

    -No pasa nada, Nicolás, es muy normal si nunca has estado antes con una mujer. Intenta metérmela un poco más, sí, sí, aprieta, no temas que no me haces daño. Aunque notes mi culo tan prieto, lo tengo muy flexible y abierto. Así, así, hum, ya la noto muy adentro. ¿Te gusta? ¿Te gusta mi culo?

    -¡Sí, señora, mucho, oh, hum!

    -Aprieta, aprieta, bombéame el culo, que me encanta. Agárrame las tetas, hazme sentir tu perra caliente.

    En menos de un par de minutos, Nicolás siente tanto placer que vuelve a eyacular en mis entrañas entre gritos y palabras de agradecimiento. Es su cuarto orgasmo. Realmente sus testículos son eficientes.

    A cabo de poco, siento que ha bajado la erección de Nicolás.

    -Bueno, chicos, ahora quiero correrme yo, así que, espero que seáis mis perritos buenos.

    Me quito la falda y quedo completamente desnuda. Me siento en el sofá y me espatarro.

    -Va, a ver, uno que me lama el coño y los otros dos, me mamáis los pechos. Y luego os vais turnando. A ver quién es el primero que me hace correr.

    -Esther, no, no puede ser. Es muy tarde.

    -¿Cómo? ¿Ya?

    -Sí, sí, son casi las ocho.

    -¡Las ocho!

    -Mamá está por llegar.

    -¡Vaya, con las ganas que tenía que me dierais un buen rato de placer! Es que me habéis excitado mucho.

    -Uy, creo que se oye llegar su coche.

    -Oh, no, pero ¿dónde tengo mi ropa?

    -No sé, Esther. Bueno, sí, el top lo tengo yo.

    -Y yo, el sostén.

    -Señora ¿puedo quedarme con su falda?

    -No, ¿pero cómo quieres que…?

    -¡La puerta, la puerta!

    -Esther, ¿todavía aquí? ¡Oh, hola, Nico!

    -Hola, Juani.

    -Nico vino también a… que Esther le diera clase de repaso. –explica Ángel.

    -Pero eso no puede ser. Esther, creo que mis hijos abusan de ti.

    -No, no, no me importa, Juani. Nicolás ha sido muy buen alumno ¿verdad?

    -Sí, sí, señora –rojo como un tomate.

    -Le diré a Lucas que te pague más, no es lo mismo dar clase a dos que a tres. ¡Y además hasta tan tarde!

    -No, no, no me importa. Al contrario, me ha encantado. Nicolás, ven siempre que quieras.

    -Bueno, veo que ya llevas puesta la chaqueta. Es que ya te ibas, ¿verdad, Esther?

    -Esto… o sea… sí… bueno…

    -Hace bastante calor en la calle, creo que no necesitas la chaqueta. –me aconseja Juani.

    -Sí, sí, quítate la chaqueta, venga –dice Jorge pícaramente.

    -No, no… bueno… me voy. ¡Hasta mañana, chicos! –doy un par de besos a cada uno y también a Juani.

    Ando por la calle sin nada debajo de la chaqueta. Noto que mi ano rebosa de las dos corridas de mi nuevo alumno y su semen resbala por mis muslos. Estoy caliente como una mona. Deseo llegar pronto a casa y masturbarme. Veo que un operario descargando unas cajas se me queda mirando y, muy amable, me piropea:

    -¡Guapa, o eres un ángel o una princesa!

    -Una princesa, señor. Un ángel, no. –me paro y me sorprendo al oírme decir -¿Quiere comprobarlo?

    -¿Cómo?

    El hombre se queda pasmado cuando ando coqueta hacia él, le tomo de la mano y le acompaño a la entrada donde descargaba las cajas. Aunque huele a sudor, no me molesta y le beso en los labios, me abro la chaqueta y acerco sus manos grandes a mis pechos. Él alucina y más cuando me quito la chaqueta y ve que no llevo nada debajo. Le doy la espalda y me inclino para exponer mi culo y mi sexo al desconocido. Aunque no hay mucha luz, sé que me lo ve todo.

    -Ya ve, caballero, que no soy un ángel. ¡Una princesa, sí! –me abro el ano con las dos manos y noto que el agujero es inmenso. Quizá él se da cuenta de que lo tengo lleno de esperma.

    Veo que se saca su miembro parado y lo apunta hacia mí.

    -No, no, por el culo –le acompaño su pene hasta mi ano.

    -¡Serás guarra!

    -No, no, es solo que tengo novio.

    -¡Puta, ah, toma, puerca, cerda!

    -¡Así, sí, hasta el fondo, métamela hasta el fondo, sí!

    Me bombea salvajemente el culo y hago que me acaricie el coño con una mano mientras con la otra me magrea los pechos. No sé cuántas veces me corro y realmente me siento una cerda, pero consigo que me pase la calentura. Él me llena el culo son su lefa mientras me grita improperios y palabras soeces. Al cabo de unos minutos, le saco la verga y se la chupo como si se la ordeñara hasta que le baja la erección.

    -Bueno, ya ha visto que de ángel nada. Más bien una diabla ¡je, je, je!

    -Oye, no llevo dinero en metálico, lo siento.

    -No, no quiero su dinero. Al ver que era usted tan amable de llamarme princesa y eso… o sea… pero nada de dinero.

    -Ah, vale… esto… ¿cómo te llamas?

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