Categoría: Sin categoría

  • La lectura

    La lectura

    Siena se había ido pronto a la cama. José tenía turno de noche. Hacía frío aquella noche de enero; había llovido. Así comenzó hasta que las nubes grisáceas se hicieron más y más abundantes, y finalmente la lluvia se intensificó, se oyeron truenos, y algunos relámpagos iluminaron la aldea cuando se hizo de noche. Cayó una fuerte granizada y repentinamente todo cesó. La humedad calaba los huesos.

    Siena apagó el fuego del hogar y se fue a acostar. Echó un vistazo a la habitación. Juanito dormía. Tomó el libro de Aurora y se lo llevó a la cama. Así que, Siena se acostó pronto y se puso a leer.

    Se desnudó tiritando, se puso el camisón beige y se metió en la cama. Las sábanas estaban heladas. Dio un respingo; un escalofrío recorrió su cuerpo. Echó el vaho bajo las sábanas y cogió el libro que le prestó Aurora. Abrió la insinuante cubierta rosa del libro, con una mano, la otra sujetaba la recia sábana hasta el cuello.

    El comienzo de la novela la sorprendió. La autora desgranaba los párrafos con la melancolía de una historia de amor ya pasada. Era prosa, pero en las palabras escogidas se traslucía un sentimiento poético profundo. Lo que la impactó fue cómo, ya en el primer capítulo, la historia era fuertemente erótica. Se trataba de una aventura amorosa entre dos mujeres de mediana edad. Siena fue avanzando las páginas y dejándose llevar por la narración.

    En el tercer capítulo la descripción de las escenas de amor de convirtieron en una visión erótica tan clara que Siena casi podía ver a las dos protagonistas, haciendo el amor en la cala de la playa, desnudas, apretadas cada una contra el cuerpo de la otra, sobre la arena cálida.

    Un ardor fue subiéndole desde los pies hasta la cara. Leia con voracidad, dejándose llevar por cada línea; se tragaba los párrafos; quería saber más, como si estuviera allí, viendo los cuerpos, los besos, las caricias íntimas; oyendo la respiración, palpando la transpiración, oliendo los olores desprendidos por la piel. Por un lado, quería avanzar por los capítulos, las líneas y los párrafos para vivirlo todo; por otro temía que la novela se terminase, deseaba que fuera larga, como la historia de las mil y una noches.

    Cuando la escritora relataba la intensidad del sexo desbocado de las dos amantes, Siena comenzó a notar la humedad en su vientre; bajaba desde su vagina y sentía el flujo humedeciendo su vulva, hasta los labios exteriores. Se llenó de deseo. Quería sentir lo que las protagonistas sentían, el placer de las dos mujeres en su cuerpo, el cosquilleo en su sexo, el roce de las yemas de los dedos por las aberturas, las líneas de la piel, el empuje, la humedad impregnándolo todo.

    Bajó la sábana. Ya no sentía frío, sino un calor interior que manaba. Metió la mano por el cuello del camisón, abrió los botones y, leyendo, se acarició el pecho, lo bordeó y lo sopesó en la palma de la mano. El pezón estaba caliente y tieso, grueso, endurecido. Jugó con él; lo acariciaba, lo apretaba, lo estiraba ligeramente, le daba vueltas, lo que hacía crecer su hervor en el estómago, en el vientre. Entreabrió las piernas. Sentía el flujo y la humedad que resbalaba desde los labios exteriores deslizándose por el vello hasta la entrada del otro agujero, pequeño circulo estriado.

    Se retorció y apretó con fuerza los muslos. Con un movimiento de frotamiento circular, los labios se abrieron con la presión; entreabrió y cerró repetidas veces la raja mojada. Sentía un placer cada vez más intenso. Pasó a magrearse las dos tetas. Los pezones estaban completamente duros, tiesos y calientes, erguidos y muy sensibles a sus caricias.

    Dejó el libro a un lado y se desnudó completamente. El frío había desaparecido. Recogió las piernas y abrió con ambas manos su raja. La punta de los dedos se cubrió de la melaza cálida de sus flujos; los frotó entre sí y comenzó a acariciar los bordes de la vulva, pasando por cada labio, repasando sus formas irregulares. Fue introduciéndose en su propia vagina, ahondándose y haciendo girar dos dedos completamente llenos de flujo. Empezó a hacerse el amor con penetraciones lentas y caricias en el clítoris, que se fueron intensificando rítmicamente. Sacó los dedos y se abrió y totalmente la vulva.

    Inició los toques en el botoncito violeta, grueso, ardiente; lo subía y bajaba entre las yemas de sus dedos, lo recorría circularmente. Introducía los dedos entre los labios calientes y los sacaba chorreantes de fluido, que dejaba sobre el capullo tieso y seguía masturbándose entre jadeos. Llegaron los gemidos. Siena se movía para acelerar las descargas de placer, hasta el momento en que los espasmos se adueñaron de ella.

    Su respiración se desbocó, movía sus glúteos frotándose sobre la sábana, que estaba manchada del flujo femenino, hacia girar su sexo sobre la palma de la mano que apretaba el clítoris espasmódico aún. Suspiró y los jadeos fueron menguando hasta quedarse inmóvil, con la mano apretada contra el monte de venus, los rizos vellosos, la abertura resbaladiza, el goteo del flujo vaginal que empapaba también el agujero del ano.

    Tras un último suspiro largo y con una sonrisa satisfecha se tapó con la sábana y se cubrió hasta el cuello. Se acurrucó y antes de dormirse se prometió terminar el libro al día siguiente, repitiendo su viaje al cosmos del placer.

    Le debía una a Aurora. Le compraría un libro parecido y las dos comentarían sus impresiones de lectura. Para eso estaban las amigas.

    Loading

  • Crónicas de un sexting prohibido

    Crónicas de un sexting prohibido

    Día 1: El preludio

    (Lunes, 9 am — Hora de Afrodita / 5 pm — Hora de Ares)

    Afrodita: (Envía un relato erótico)

    “Soñé que estábamos en mi finca… tú, las enredaderas y yo sin escapatoria.”

    Ares:

    “Esta semana estaré solo. Podremos conversar más… y mejor.”

    Afrodita:

    “¿Quieres hace un maratón de sexting? Cada día te enviaré algo que te haga perder la cordura. Empecemos de una vez.”

    Ares:

    “Dime qué tienes en mente. Ya estoy completamente excitado.”

    Afrodita: (Envía foto de ella en el gimnasio: toalla rosada, piel sudorosa)

    “¿Quieres ver qué estoy haciendo ahora?” (Segundo mensaje: video con esa misma toalla pero ahora húmeda, cabello goteando, piel al descubierto pero sin revelar todo.)

    Ares:

    “Uff, esto me super enciende.”

    Afrodita:

    “Me imagino frente a ti, abriendo y cerrando mis piernas mientras tú intentas mantener la compostura… aunque tu miembro delate la verdad.”

    Ares: (Texto lento, deliberado)

    “Te acercas dándome la espalda. Inclinada, desatas la tira de tus zapatos. Yo, sentado, observo esos glúteos perfectos. Extiendo la mano… siento el aroma de una mujer que quiere. Mis dedos suben por tu rodilla hasta tu flor. Estás empapada.”

    Afrodita: (Respiración entrecortada, solo emojis)

    Ares:

    “Te toco el clítoris hinchado. Mis dedos entran. Pero tú quieres más… ¿verdad?” (Pausa dramática)

    “Abro el ziper. Aún no lo ves, pero sabes que mi miembro está libre. Te vendo los ojos. ¿Qué harías con él?”

    Afrodita: (Sin filtros)

    “Lo quiero completo en mi boca. Te lo chuparía hasta acalambrarte los dedos.” (Emoji de vergüenza)

    Ares:

    “Tu ‘francés’ es lo que necesito. Antes de venirme… te daré vuelta. En cuatro. Mi miembro resbalará en tu cueva. Suave al principio. Luego… hasta que tiembles.”

    Afrodita: (Interrumpe abruptamente)

    “Méteme un dedo en el culo. Please.”

    (Silencio en el chat. Ares escribe… borra… vuelve a escribir.)

    Ares: (Video adjunto: baño del trabajo. Mano empuñando su miembro, cabeza morada de tensión. Movimientos lentos.)

    Afrodita:

    “¡Ares! Qué pene tan… apetitoso.”

    Ares:

    “Algún día veré esa belleza tuya. Por ahora… ¿quieres escuchar mi voz? Quiero oírte venir. Te llamo”

    (Llamada perdida. Gemidos. Silencio. Fin abrupto.)

    Él revisó las “copias de seguridad” ocultas de sus conversaciones, no vaya a ser que un tercero reciba fragmentos anónimos.

    Día 2: El despertar del juego

    (Martes, más revelaciones)

    Afrodita envía un audio jadeante:

    “Ares, acabo de releer tu último mensaje de ayer antes de que se borre… y no puedo evitar tocarme. ¿Sabes lo que me haces hacer a esta hora?”

    Ares responde con canciones.

    “Tú empezaste esto, diosa. Mandando ese relato donde me describes comiéndote el coño. Ahora tengo una reunión en 10 minutos y no puedo parar de imaginarte desnuda, con ese vestido blanco que se te transparenta con el sudor.”

    Afrodita (foto de sus juguetes sexuales, sus piernas abiertas en la cama y el reflejo de su coño en el espejo de la cajita que guarda ese arsenal):

    “¿Quieres jugar conmigo? ¿Con cuál de estos quieres empezar nuestra nueva fantasía?: ¿de rodillas, con mi lencería rasgada y tu boca castigando lo que encuentres?”

    Ares (audio grave, susurrando):

    “Quiero verte con ese tapón anal y con el vibrador blanco con rosado al mismo tiempo… Sabes que hoy me fijé en cómo la humedad marcaba tus pezones duros en la foto de ayer. Por eso te envié el video, gatita. Para que vieras lo que me provocaste.” (Se escucha el roce de su mano sobre el cuero del cinturón).

    Ares despertó de su siesta sudando. Algo no cuadraba. ¿Por qué Afrodita mencionaba detalles que él no recordaba haberle contado? ¿Acaso alguien más leía sus mensajes? ¿O era que ella ya conocía su juego… y solo estaba devolviéndole la jugada?”

    Día 3: El juego de las palabras

    (Miércoles, la medianoche los une)

    Afrodita:

    “Verdad o atrevimiento: ¿Prefieres que te haga venir con mis senos o con mis muslos?”

    Ares (foto de su abdomen marcado, una gota de sudor recorriendo el vello):

    “Atrevimiento: mándame un audio gimiendo mi nombre mientras te metes los dedos. Quiero oír cómo mojas la sábana.”

    Afrodita (audio entrecortado):

    “Ares… ah… justo ahí… Mierda, cómo me gusta tu voz ordenándome—” (Sonido de piel húmeda, un gemido ahogado).

    Ares:

    “Eres fascinante, adictiva muy complaciente. Pasemos directamente al sexo”

    Afrodita (audio entrecortado):

    “Claro que sí pero antes quiero regalarte un poema—” (Sonido de la vibración de los juguetes, respiración entrecortada).

    Ares (después de leerlo):

    “Querida es genial, muy tierno. ¿Puedo traducirlo?”

    Afrodita:

    “Te lo agradezco corazón, para mí significas mucho. ¿Cuántas veces hoy te corriste pensando en mí?”

    Ares:

    “Три раза. В душе, в кровати и… сейчас.”

    (Tres veces. En la ducha, en la cama y… ahora mismo.)

    Adjunta un GIF de su mano bombeando su miembro grueso, la punta brillante de precum.

    Día 4: El final abrupto

    (Jueves, la realidad los alcanza)

    Ares (mensaje en negritas):

    “Mañana vuelve mi esposa. El sexting se acaba hoy.”

    Afrodita:

    “Entonces hazme tuya una última vez.

    (video de 15 segundos):

    La cámara enfoca sus senos balanceándose mientras se masajea con hielo y aceite de coco. Sus dedos se deslizan hacia el ombligo, pero se detienen antes de revelar el triángulo de vello oscuro. El mensaje: ¿Qué te parece?

    Ares (enviándole de vuelta la foto de ella que él guarda en su oficina):

    “Todos los días yo veo esta foto y mi mirada se concentra en tu elegante pecho, en mis pensamientos te desnudaba imaginándome cómo sería y hoy me muestras ese misterio”

    Afrodita:

    “Oh, Antón.”

    Ese día él no le envió nada a ella, por lo que Afrodita no se atrevió a enviar la foto última (que había sido preparada para el día viernes): su espalda arqueada, las marcas de sus propias uñas en las nalgas con los juguetes sexuales que él le había pedido ver en ella.

    Todo terminó igual que los días anteriores, con una llamada que obviamente terminaba en corridas al unísono.

    Afrodita:

    Me encantó tu video ayer. Lástima que no lo guardé… aunque quién sabe qué otras cosas sí conservas de mí.”

    Loading

  • Construyendo paraísos

    Construyendo paraísos

    Cuando llevas la vida soñada te apetece contarla, sin pretensión de levantar envidias, sólo para dejar constancia que la felicidad existe y se puede alcanzar, sin ánimo de ser pretencioso, tampoco sin vergüenza, esto último nos priva de muchos placeres de la vida.

    El destino también es importante, pero si te quedas esperando a ver qué te depara, no serás protagonista de tu vida, debemos salir al encuentro de él, pues la fuerza del sino depende de tus decisiones en la vida, del deseo que tengas por alcanzar tus metas y del empeño que pongas en ello.

    Esta filosofía me ha llevado a estar al frente de un rancho en Australia de varios kilómetros cuadrados. Me llamo Wily, antes mi vida y mi trabajo era de ciudad, con mi pareja Tara. Ese destino que he mencionado hizo que un tío mío, al que tenía mucho cariño, me dejara en herencia su rancho.

    La herencia no llegó caída del cielo, aunque tampoco lo esperaba, en muchas ocasiones le expresé a mi tío lo mucho que me gustaba su rancho. Siempre que tenía ocasión, ya desde niño, cuando era de su padre, o sea, de mi abuelo, me venía para estar con él y ayudar en todas las tareas del campo, por penosas que fueran, a mí me divertían y las hacía con todo el interés y ganas.

    Conocía todos los rincones del rancho y la experiencia hizo que dominara todo lo que había que saber para llevarlo, mi tío me llamaba a menudo para que fuera a estar con él, a veces pensaba que lo hacía para que le hiciera el trabajo, a mí no me importaba, al contrario, me apenó mucho la pérdida, tanto de mi abuelo como el inesperado fallecimiento, una década después, de mi tío.

    Le había manifestado alguna vez a mi tío que quería que me dejara alguna cosa del rancho, un recuerdo para tenerlo en nuestro piso de la ciudad, lo que nunca me imaginé es que me dejara el rancho entero, no nos cabía en el piso. A Tara le gustaba venir de visita en verano, en invierno ya no tanto y fue reacia a que cambiáramos la ciudad por el campo, al final accedió a ello después de acondicionarlo y llenarlo de comodidades.

    Lo primero que pusimos fue una piscina, terreno había de sobra, el primer año fue la atracción de familia y amistades, con el tiempo ya quedó para nuestro disfrute, incluso la pusimos un pórtico para cerrarla en invierno y calentar el agua por geotermia (calor de la tierra) y la verdad es que la disfrutamos todo el año, con sus 25 metros de largo por 5 de ancho hacemos deporte muy sano en ella. Luego vino un jacuzzi y una sauna, completado así un circuito de lo más relajante.

    En la casa, dejamos su apariencia de construcción al más puro estilo del Oeste Americano, pero por dentro rediseñada con lo más actual, desde grandes televisiones planas, casi pantallas de cine, cocina de diseño, con su isla central, sueño cumplido para Tara y nuestra habitación con una gran cama de 2 metros por 2 metros, además, Tara tiene su propio vestidor anexo.

    Aunque para mí ya era un paraíso, con el tiempo Tara ha construido su propio paraíso, en realidad se puede decir que ha mejorado el paraíso que ya existía, lo ha actualizado a los tiempos, todo lo que fuera necesario para que se sintiera a gusto. Calles de una ciudad, con tiendas y gente, era lo único imposible traer hasta allí, pero eso lo mitigamos yendo un par de veces a la semana, de compras, de visita familiar o de amistades.

    Volviendo a nuestra habitación, nuestro lugar de descanso, pero también de placer, del que disfrutamos con asiduidad, pues la llama sigue viva, aún después de tantos años, que los dos ya pasamos del medio siglo, pero en forma. Tara no me canso de contemplarla, es tan atractiva como cuando la conocí, o más, su madurez es espectacular, nadie se cree los años que tiene. Sus formas, sus curvas, siguen tan sensuales, tan deseables. Esas sensaciones me vienen tanto si está desnuda como vestida.

    Describiendo a mi querida Tara se me olvidaba que volvíamos a la habitación para decir que, además de la gran cama, tenemos espejos hasta en el techo. Era una fantasía compartida, ya en la ciudad habíamos puesto un espejo grande en una de las paredes. Nos resulta entre divertido y excitante vernos desnudos y si es follando a mí me pone a mil. Por partida doble: Me excita ver cómo me follo a una tía buena, como es Tara y me pone tanto o más ver como folla ella, como disfruta del sexo con sus contoneos, con su tensión, todo reflejado en el espejo.

    Muchas veces le digo que le voy a hacer unas fotos con el móvil o un vídeo y así tenerla disponible y hacerme un paja cuando ella no esté, a lo que me responde que mejor que cuando tenga ganas que se lo diga y me baja el calentón. Nos reímos y al final no se las hago, porque es verdad, siempre está, y si me apetece nos ponemos a ello, igual que cuando a ella le apetece.

    Nos da igual la hora y el lugar, aunque si estamos en casa terminamos en nuestra cama. A lo largo del día estamos cada cual a sus cosas, no nos falta qué hacer, ya sea porque es necesario o por placer, hay muchas cosas que se hacen por placer que no es sólo sexo, tenemos una casa con muchos placeres a nuestra disposición, desde ricas viandas criadas en nuestro huerto o nuestro establo, hasta juegos de mesa, incluida una de billar y otra de ping-pong, video-consolas, hilo musical, biblioteca, cineteca, conexión Internet, campo para pasear caminado y a caballo, las instalaciones acuáticas ya las he mencionado, pero es que también tenemos playa particular.

    Quizás sea por eso que nuestra hora más habitual de echar un polvo sea por la mañana, a la noche ya acusamos el cansancio de la actividad diaria, durante el día las distracciones son casi infinitas. Así que al despertar, casi como deliciosa rutina, nos despertamos con el sol iluminando la habitación, acentuada con los espejos. Nos miramos, nos besamos, nuestras manos empiezan a recorrer nuestros cuerpos, sin pararse en ninguna parte en particular, uno casi espejo del otro, si uno acaricia la espalda, el otro también, si uno acaricia los muslos, el otro también, si uno acaricia las nalgas, el otro también. Todo ello sin dejar de besarnos, fundiendo nuestras bocas.

    Algunas veces no puedo esperar a que Tara abra sus ojos, en verano sobre todo, porque dormimos desnudos, por lo que la veo al natural y en el espejo. Me resulta irresistible tener que posar mi mano en sus sinuosas curvas de la cadera con su redondito culo, a la visión se suma la sensación, la suavidad de su piel que noto al deslizar mi mano de arriba abajo y de abajo arriba.

    Contemplando esa belleza es la mejor manera de despertar y poder unir a la vista, el tacto y luego el gusto, todos los sentidos se van activando, decir todos es decir hasta los que no engloban los sentidos propiamente dichos, pero también lo son: la atracción, la excitación, el deseo, la pasión… con los efectos que eso produce y que nos lleva al éxtasis orgásmico.

    Muchas veces me despierto haciendo la tienda de campaña, con el mástil enarbolando la vela si hay sábana de por medio, y si no la hay se muestra apuntando al techo, con orgullo de quien lo cuenta, pues llegados hasta aquí, ni en mis mejores fantasías sexuales habría imaginado llevar una actividad tan activa y con mi edad, ya que cuando era joven pensaba que en la edad que tengo ahora sería ya una víctima de la “viagra”, será para más adelante.

    Nuestros retoces mañaneros siempre terminan en la posición que se denomina de “las cucharas” en el Kama Sutra, libro que he ojeado alguna vez, pero hemos practicado poco, experimentamos alguna postura diferente a las habituales nuestras y nos daba más la risa que las ganas de seguir en esa postura buscando el placer.

    De los buenos días iniciales pasamos a las caricias por todo el cuerpo se van haciendo más frecuentes en las zonas erógenas, donde las sensaciones hacen aumentar el deseo, pues nos adentramos en lo más íntimo de la otra persona, que la excitación mutua hace que vaya permitiendo acceder, notas que quien tienes al lado desea que lo haga, sumando deseos mutuos, llenos de pasión que nos lleva a abandonarnos al desenfreno de las sensaciones.

    Su suave, redondo y terso culo acapara mis manos, que no pueden dejar de apretarlo y sobarlo, los dedos se hincan en esas blandas nalgas, pero a la vez turgentes que recuperan su ser cuando cede la presión de mis dedos. Esta maniobra tan cerca de su entrepierna, no pueden evitar toparse con su perla escondida, mejor dicho, con su almeja, que no necesita una perla para ser deseada, sí, aunque Tara me lo niega, tiene una almeja muy apetecible.

    Mis dedos son mis ojos cuando se deslizan por el cuerpo de Tara, ellos me van diciendo por dónde voy y lo que se encuentran. Mis avances son lentos y delicados, no es para menos, también porque me gusta recrearme en su maravilloso cuerpo, satisfacción que se acrecienta cuando noto su humedad en mis dedos, unas veces ya aflorada entre sus piernas y otras al adentrar mis dedos en su apetecible almejita, notar que se deslizan solos, sin yo ejercer ningún esfuerzo, debido a sus propios jugos, aumenta mi excitación.

    Esas sensaciones vienen de mis manos, a la vez que mi boca pasa de fundirse con su boca, a sus pechos, a besarlos y mordisquearlos, dos bultos carnosos con esas terminaciones sonrosadas formando sendas aureolas y pezones que atraen tanto mis ojos como mi boca y son lo más goloso que se me ha puesto delante, la primera vez me pareció una visión increíblemente hermosa y me lo sigue pareciendo todos estos años.

    Las manos de Tara no han permanecido quietas en ningún momento, seguían por mi cuerpo como las mías por el suyo. Cuando yo me adentré entre sus piernas, ella se agarró a lo que sobresalía de mi de forma erecta y dura, me lo cogió con sus dos manos menudas y disfrutaba de ello como yo lo hacía de ella. No tardó mucho en darse la vuelta y volver a agarrar el mástil para llevárselo a su zona más que húmeda, entre sus piernas.

    Sabiendo por mis dedos que Tara estaba bien lubricada, en cuanto mi punta notó la entrada no pude reprimir mi deseo de estar dentro de ella, de llenarla con parte de mí, de juntarnos “cuchara con cuchara” tumbados unidos, yo detrás de ella, disfruto de su cuerpo a la vez que contemplo su goce.

    Mientras agarro con una mano una de sus tetas y aprieto su pezón con los dedos, la otra mano masajea su clítoris cuando sus piernas me lo permiten, ya que cuando las junta me expulsa. Los movimientos se van acelerando, mis dedos en su almeja, mi polla en su cuevita, hasta que ella se para en seco, cazando mis dedos entre sus piernas y hundiendo toda mi polla dentro de ella. Así nos quedamos mientras jadea de gusto y le vienen risitas de satisfacción.

    Poco a poco nos vamos despegando, ella se da media vuelta, me coge la polla con una mano, toda mojada de sus efluvios, me empieza a pajear mientras me pide que le meta un dedo en su culete y con la otra mano no hace falta que me diga lo que tengo que hacer. Disfruto de su redondito culo mientras un dedo entra su centro, rodeando el músculo todo él, mientras, por delante froto su clítoris cuando la presión de sus piernas me lo permite.

    Sus jadeos me excitan muchísimo, ahora me toca a mí correrme, pero no quiero dejar de disfrutar de su clítoris y de su culo, seguimos cada uno con sus maniobras para dar placer al otro, sin olvidar el placer propio, me doy cuenta que Tara me ha adelantado.

    Noto sus espasmos en el dedo que tengo metido en su culo, al mismo tiempo que el ritmo de su mano en mi polla ha variado, es mayor la presión que el vaivén, eso me indica que debo mantener el ritmo de mis dedos sobre su clítoris hasta que mayor presión de sus piernas me vuelven a impedirlo por segunda vez, esa presión prolongada también lo noto en su culito, se ha vuelto a correr, lo que me agrada sobremanera y retoma su mano que rodea mi polla a moverse, veo en el espejo cómo me está haciendo una paja, los dos desnudos, hasta que mis ojos se cierran inconscientemente porque me viene la corrida, intento sujetar la erupción pero no llego a tiempo, su mano se llena de mi leche y salpicando el resto.

    Nos quedamos tumbados los dos, boca arriba, mirándonos en el espejo del techo, con cara de satisfacción. Me supone cierto fastidio que se me cierren los ojos cuando me viene el orgasmo, es algo involuntario, porque yo quiero ver la escena mientras el placer inunda mi cuerpo, pero no lo consigo.

    Loading

  • El reencuentro menos esperado (2)

    El reencuentro menos esperado (2)

    Después de dejar a mi hijo con la niñera y resolver algunos pendientes en la oficina, el teléfono vibró sobre el escritorio. El nombre de Lucas apareció en la pantalla:

    —Hola Alma —decía el mensaje—. ¿Tenés tiempo hoy para revisar un problema con el audio del evento?

    Mis uñas repiquetearon sobre la superficie de madera antes de responder:

    —Hola Lucas. Sí, puedo quedarme hasta las 18 en la oficina si querés pasar.

    Los puntos suspensivos de su respuesta aparecieron y desaparecieron varias veces antes de que llegara el mensaje definitivo:

    —Mmm… ¿te parece mejor en mi casa? Te paso la dirección.

    Una carcajada nerviosa escapó de mis labios mientras escribía:

    —¿Por qué?

    Su explicación llegó demasiado rápido para ser espontánea:

    —Es uno de los parlantes grandes. Quería que lo veas para decidir si afectará mucho al evento.

    El pulso se me aceleró al responder:

    —Mmm… bueno. ¿A las 17 te parece?

    —Dale, perfecto —confirmó él casi al instante.

    Terminé mis tareas con una eficiencia inusual, la mente dividida entre la preocupación por el equipo y… otra cosa. Cuando el GPS indicó que llegaba a un complejo de apartamentos cerca de mi propia casa, las manos me sudaban ligeramente sobre el volante.

    Al tocar el timbre, la puerta se abrió para revelar a Lucas vestido solo con un short deportivo ajustado que dejaba muy poco a la imaginación. Demasiado poco.

    —Hola Lucas, ¿cómo estás? —dije, esforzándome por mantener la mirada en su rostro.

    —Bien, Alma. Gracias por venir —respondió él, haciendo un gesto para que entrara—. El problema es… realmente enorme.

    —Sí, lo veo —murmuré sin pensar, mientras mis ojos traicioneros descendían brevemente.

    —¿Cómo? —preguntó él con una sonrisa cómplice.

    —Que… que me imagino que debe ser muy grave para que me hayas llamado hasta aquí —me corregí rápidamente, sintiendo el calor subir a mis mejillas.

    —Ah, sí, sí —asintió, pasando una mano por su torso sudoroso como si acabara de hacer ejercicio.

    El ascensor “descompuesto”.

    Justo cuando nos dirigíamos al ascensor, el conserje nos informó con una disculpa:

    —Señores, el ascensor está en reparación. Tendrán que usar las escaleras.

    Lucas se volvió hacia mí con una mirada que pretendía ser inocente:

    —Es solo hasta el tercer piso. ¿Te animás?

    Antes de que pudiera responder, ya me guiaba hacia la estrecha escalera de emergencia, insistiendo con galantería:

    —Vos primero.

    La escalera era tan angosta que apenas cabíamos de lado. Apenas comenzamos a subir, sentí el peso de su mirada quemándome la espalda. Al girar ligeramente la cabeza en el primer descanso, lo pillé: ojos oscuros fijos en mis caderas, labios entreabiertos.

    Una idea traviesa cruzó por mi mente. Con calculada lentitud, comencé a balancear las caderas con cada paso, asegurándome de que el vestido se pegara a mis curvas con cada movimiento ascendente. Su respiración se hizo audible detrás de mí.

    —¿Todo bien ahí atrás? —pregunté dulcemente sin volverme.

    —Perfecto —respondió con voz más ronca de lo habitual—. Solo… admirando la vista.

    Al cruzar el umbral de su departamento, mis cejas se arquearon por sí solas. El espacio era amplio, moderno, con ventanales que dejaban entrar la última luz dorada del atardecer.

    —Vaya… —silbé suavemente, recorriendo el lugar con la mirada—. Mira el departamento que tenés. ¿Quién lo hubiera dicho, eh?

    Lucas se encogió de hombros, pero no pudo ocultar una sonrisa de orgullo:

    —Fruto del cambio radical que hice. Pero bueno —se acercó, pasando deliberadamente cerca de mí— a lo que vinimos.

    —Sí —asentí, tragando saliva—. Muéstrame dónde está el equipo con problemas.

    Me guio hacia una habitación contigua donde varios parlantes profesionales estaban dispuestos sobre una mesa. Su mano rozó mi espalda al señalarlos:

    —Creo que solo están sucios. ¿Vos decís que servirán?

    Me incliné para inspeccionarlos, sintiendo su aliento en mi nuca:

    —Sí, parece que solo necesitan una buena limpieza —respondí, manteniendo la voz lo más estable posible.

    —¿Cuándo hay que llevarlos al salón? —preguntó él, ahora tan cerca que su pecho casi rozaba mi hombro.

    —En una semana. ¿Podrás encargarte vos?

    —Sí —sus labios se curvaron en una media sonrisa—, pero capaz que necesite un poco de ayuda.

    —No hay problema —dije rápidamente—. Puedo ayudarte yo. Estos no parecen muy pesados.

    —Perfecto —asintió, mordiendo ligeramente su labio inferior—. El equipo más pesado lo llevarán dos amigos míos.

    Un silencio cargado se instaló entre nosotros antes de que yo rompiera el hechizo:

    —Bueno… ¿entonces quedamos así?

    —¿Ya te vas? —preguntó, deslizando las manos en los bolsillos de su short, haciendo que la tela se estirara aún más sobre su entrepierna.

    —Sí, tengo que volver a casa. Estoy agotada desde esta mañana.

    Hizo una mueca exagerada:

    —Qué lástima. Te iba a invitar un café para relajarnos un rato.

    —Otra vez será —reí, aunque mis piernas parecían haberse quedado sin fuerzas.

    Entonces lanzó el anzuelo, con una mirada que me recorrió de arriba abajo:

    —Deberíamos salir a bailar algún día. Aunque… ¿ya no salís por estar casada?

    —Exacto —respondí, cruzando los brazos sobre el pecho—. Soy una mujer casada. Pero si querés, podés invitar a alguna chica y nosotros iremos con mi marido.

    Su carcajada resonó en el amplio departamento:

    —Mmm… mejor paso —se acercó peligrosamente—. Aunque vos te lo estás perdiendo, Almita.

    —Ay, bueno —logré reír, aunque el corazón me latía a mil por hora—. Chau, Lucas. Nos vemos el viernes para lo del equipo.

    —Chau, hermosa —murmuró mientras su mano grande se cerraba con firmeza en mi cadera, tirándome hacia él.

    El beso en la mejilla rozó peligrosamente mis labios, y por un instante loco, sentí sus dientes mordisquear ligeramente mi piel. Al separarme, cada fibra de mi cuerpo gritaba para darme vuelta, empujarlo contra la pared y devorar esa boca insolente. Pero algo —quizá el último vestigio de cordura —me hizo salir por esa puerta con las piernas temblorosas.

    El trayecto hasta el ascensor fue un borrón. Solo podía sentir el ardor donde sus dedos habían estado, y el eco de su risa burlona diciendo “te lo estás perdiendo”… porque Dios mío, sabía que tenía razón.

    La verdad es que toda la semana no paré de pensar en Lucas, pero una frase muy famosa que aprendí es “tiempo al tiempo”. Sabía que podía pasar algo con él. Era muy lindo, con un gran físico y un seductor nato, así que tenía claro que la próxima vez que intentara algo, no podría resistirme…

    Llegó el día de ir a verlo para pasar por el equipo y llevarlo al salón. Decidí vestirme un poco atrevida: me puse una lencería roja con tirantes, un pantalón vaquero súper ajustado, tacos no muy altos y una musculosa que dejaba mi pecho bien a la vista. Para cubrirme un poco y que mi marido no sospechara, me puse un saco marrón que tapaba todo. Cuando llegué al auto, me maquillé un poco, sin exagerar. Quería acostarme con él, pero me gusta que me provoquen hasta el clímax exacto, ese momento en que no aguanto más y me lanzo a devorarlo a besos…

    Cuando llegué, le dije que me esperara en el estacionamiento. Quería subir las escaleras con él para que viera mi culo marcado por el pantalón vaquero. Cuando apareció, estaba ahí, con un pantalón deportivo un poco más ajustado que dejaba ver un bulto que, apenas lo noté, me hizo morderme los labios sin que él me viera. Al bajar del auto, él se quedó mirándome, embobado.

    —Hola, Lucas, ¿qué onda? ¿No me vas a saludar? —dije con una sonrisa pícara.

    —Eh, sí, perdón. Hola, estás… wow, hermosa —respondió, claramente nervioso.

    —Es que tengo una reunión después, así que me tuve que producir un poco, ¿viste? —dije guiñándole un ojo.

    —La verdad, te ves increíble —dijo, sin quitarme los ojos de encima.

    —Ay, pará, Lucas. Vamos, terminemos rápido con esto —dije, fingiendo apuro.

    —¿Querés subir por el ascensor? Ya está arreglado —ofreció, todavía mirándome.

    —Mmm, prefiero las escaleras, ¿sabés? —dije, con tono sugerente.

    —Jaja, yo también amo las escaleras —respondió, siguiéndome el juego.

    Empezamos a subir. Él estaba totalmente perdido en mi culo. Yo caminaba lento, moviendo las caderas con cuidado y levantándome un poco el saco para que pudiera verlo mejor. En eso, al subir la tela, se me cayó el celular. Él se ofreció a levantarlo, pero le dije que no se molestara. Me agaché lentamente, poniendo mi culo casi en su cara mientras recogía el celular, y él dio un paso adelante, como queriendo rozarme…

    Cuando llegamos a su departamento, los equipos ya no estaban…

    —Lucas, ¿dónde están los equipos? —pregunté, sorprendida.

    —Ya los llevaron unos amigos míos —dijo, con una sonrisa culpable.

    —¿Y por qué no me avisaste, loco? —reí, dándole un golpecito en el brazo.

    —Y… digamos que quería una excusa para tomar algo con vos —confesó, con tono seductor.

    —Jaja, qué chamuyero que sos —dije, siguiéndole la corriente.

    —No me digas que no te gusta —retrucó, acercándose un poco.

    —Me senté en su sofá mientras él servía dos copas de vino. Me saqué el saco para que pudiera ver mis pechos, y él no disimuló su mirada.

    Acá tenés. Brindemos por nosotros, por la reconciliación y el perdón, ¿no? —dijo, alzando su copa con una risa.

    ¡Salud! —respondí, chocando mi copa con la suya.

    Empezamos a hablar del evento, y yo le conté todo lo que teníamos planeado. Él respondía con comentarios vagos, claramente distraído por mis pechos…

    —Y así, el evento está casi listo. Gracias por la ayuda, sin vos nos hubiera costado encontrar a alguien para el equipo de música —dije, agradecida.

    —Sí, sí, genial… Pero, ¿qué pasa con nosotros? —preguntó, yendo al grano.

    —¿Nosotros? ¿De qué hablás? —dije, haciéndome la desentendida.

    —Dale, Alma, vos sabés de qué hablo. Basta de jueguitos —dijo, acercándose más.

    —Pero, Lucas, ¿y mi marido? —pregunté, tocándome el anillo.

    —Ojos que no ven, corazón que no siente —respondió, quitándome el anillo y dejándolo en la mesa.

    En ese momento, empezó a besarme el cuello…

    —Para, Lucas, no puedo… pará… —murmuré, sin mucha convicción.

    Pero mis palabras eran puro teatro. Agarré su cuello con las dos manos y lo besé con todo. Él, sin perder tiempo, me sacó la musculosa y apartó mi corpiño, empezando a chuparme los pechos.

    —Aaah, sí, Lucas, seguí así —gemí, completamente entregada.

    —Qué pechos increíbles tenés, nena —dijo, entre besos.

    Estábamos los dos encendidos. Nos besamos como quince minutos, hasta que decidí sacarme la ropa de manera sensual.

    —Mirá lo que sos, por favor —dijo, agarrándome y besándome el culo.

    —Soy toda tuya, pero tenemos poco tiempo —susurré, provocándolo.

    —Qué lástima, podría estar con vos todo el día —respondió, con voz cargada de deseo.

    —Sí, pero no se puede… ¡Ah, ah! —gemí cuando empezó a besar mi vagina.

    Estuvimos un rato así, él devorándome sin parar.

    —¡Sí, sí, seguí, qué rico! —exclamé, perdida en el placer.

    —¡Aaah, se siente increíble! —gemí de nuevo.

    De repente, volvió a mis pechos.

    —¡Mirá estas tetas, nena! —dijo, admirado.

    —¡Oh, seguí, son todas tuyas! —respondí, arqueándome.

    —Qué delicia —murmuró, perdido en mí.

    —¡Metémela, por favor! —supliqué, ya sin control.

    —Ponete en cuatro, que te rompo ese culito —dijo, con voz firme.

    —Despacio, por favor, tenes un martillo —dije, algo nerviosa.

    —Tranquila, nena, confía en mí —respondió, suavizando el tono.

    Empezó a penetrarme. Al principio dolió un poco, pero el placer fue más fuerte.

    —Ya sos mía, princesa —dijo, con voz profunda.

    —¡Aaah, qué ricooo! —gemí, entregada.

    —¡Por favor, qué delicia! —exclamé, sintiendo todo.

    —Oh, nena, qué culo tenés —dijo, acelerando.

    —¡Sí, papi, más, por favor! —pedí, fuera de mí.

    Seguimos un rato hasta que quiso cambiar.

    —Vení, subite encima mío —dijo, recostándose.

    —Como quieras, amor —respondí, besándolo mientras me posicionaba.

    Empezó a penetrarme de nuevo, y el placer fue indescriptible.

    —¡Así, así, aaah! —gemí, moviéndome.

    —Oh, nena, sos increíble —dijo, mirándome con lujuria.

    —¡Qué ricooo! —exclamé, perdida.

    —Mmm, no podés moverte tan bien —gruñó, agarrándome fuerte.

    —¡Aaah, qué grande la tenés, Lucas! —dije, al borde del éxtasis.

    Estuvimos un buen rato en esa posición, hasta que, de un movimiento, me dio vuelta y puso mi espalda contra su pecho, sosteniéndome las piernas.

    —¿Qué hacés? —pregunté, sorprendida.

    —Ahora no voy a ser tan suave, nena —dijo, con tono juguetón.

    —Me penetró con fuerza por atrás, y el placer fue abrumador.

    —¡Aaah, sí, qué ricooo! —grité, entregada.

    —Oh, nena, quiero sacarte todo —dijo, acelerando.

    Empezó a chuparme los pechos y a tocarme la vagina al mismo tiempo.

    —¡Oh, por Dios, seguí! —gemí, al límite.

    —¡Aaah, qué ricooo! —exclamé, temblando.

    —Nena, vas a hacer que me venga —gruñó, al borde.

    —¡Sí, yo también me vengo! —dije, sintiendo el clímax.

    —Oh, Alma, sos tan sexy —dijo, jadeando.

    —¡Aaah, me corrooo! —grité, explotando de placer.

    Los dos terminamos, exhaustos, tirados en el sofá, sudados y jadeando, pero seguimos besándonos.

    —Uf, Lucas, vas a ser un amante inolvidable —dije, todavía agitada.

    —Van a ser las mejores tres semanas de mi vida —respondió, acariciándome.

    —¿Tres semanas? ¿Cómo que tres semanas? —pregunté, confundida.

    —La verdad, Alma, no vivo acá. Estoy en Estados Unidos, vine por trabajo y alargué el viaje por vos —dijo, mientras me acariciaba el culo.

    —¿En serio? Yo quería más de esto —dije, tocándole el pene con picardía.

    —Todavía no me voy, así que por tres semanas sos mía —afirmó, con una sonrisa.

    —Mmm, obvio, pero ahora me tengo que ir o mi marido me mata —dije, apurándome.

    —No te olvides esto —dijo, devolviéndome el anillo con un guiño.

    Nos vestimos, me acompañó hasta la puerta y salí al estacionamiento. Por suerte, nadie me vio, así que mi marido no sospecharía. Tuvimos sexo tres veces más, una por semana. Menos mal, porque ya se me acababan las excusas para desaparecer tres horas, jajaja.

    En fin, esta es la historia de cómo un compañero odiado se convirtió en mi fiel amante. Espero que les haya gustado y no se olviden de comentar qué les pareció.

    Estas semanas están siendo muy ocupadas para mí, así que probablemente tarde en subir más relatos, pero nunca me olvidaré de ustedes, mis fieles seguidores. Si tienen alguna duda sobre mis relatos pueden dejarme un comentario.

    De nuevo, espero que les haya gustado y los haya calentado tanto como a mí me calienta recordar estas aventuras tan ardientes que tuve en mi vida… Saludos, Alma Carrizo.

    Loading

  • En mi trabajo, en Farmacias Guadalajara

    En mi trabajo, en Farmacias Guadalajara

    Cuando nos mudamos a la ciudad donde radicamos actualmente en Monterrey yo trabajaba en las farmacias Guadalajara, por lo que me dieron mi cambio y me toco en una que se encuentra en el centro, durante poco más de un año todo trascurrió sin novedad, como Efra también vive aquí volvimos a reanudar nuestros encuentros con él, «volví a ser su puta»

    Y cada vez que había oportunidad ambos me llevaban a un motel o cuando había oportunidad en nuestra casa me hacían suya satisfaciendo sus deseos, los de Efra de cogerme y desquitar sus ganas de lo que no podía hacer con su esposa y Armando de como su mejor amigo se coge a su mujer, entre los dos me hacían llegar al cielo con orgasmos, nunca me he negado ser su puta en el momento que ellos lo querían y eso les calienta demasiado.

    Armando después de saber que me había entregado a mi concuño (su cuñado) Armando continuaba insistiendo en que querer verme coger con otros, para esto un chavo que tenía un puesto de discos afuera de la farmacia me cortejaba mucho, me enviaba flores y me llevaba detalles, pero como era más joven yo no le daba mucha importancia yo tenía 35 años y el 26. Paso que me tocó el turno de noche y él iba y platicaba mucho con los demás pues era amigo de otra de las que ahí trabajaba (Denis) «que con ella hay otra historia que paso después», ya se las platicare, entonces le dijeron que, si me llevaba a comprar de cenar, el gustoso acepto.

    Ya de camino él se detuvo en un parque que está cerca y me comenzó a insistir en que le gustaba mucho que le diera una oportunidad de salir con él, yo le dije que era casada y aparte mayor que él, muy astuto me dice, «mejor sirve que me enseñas» le dije, no se lo voy a pensar y el me beso a lo que yo correspondí y me dio como dicen un agasajo, después de un tiempo Rubén no dejaba de insistirme en salir con él, a la vez que Armando cada vez que teníamos sexo me preguntaba si alguien de la farmacia me quería coger y le platique que había una persona que me llamaba la atención y Armando me dice ¿y te gustaría que te cogiera? «Yo contesté, pues no sé» y así quedo.

    Después Rubén este chico volvió a llevarme a comprar de cenar para las muchachas pero esta vez yo ya tenía en mente darle entrada para esto volvimos al parque a esperar mientras tenían las cena y ahí lo deje besarme y esta vez lo deje agarrarme todo el cuerpo pero como yo andaba en mis días.

    Le dije que no podía pero lo recompense bajándole el cierre y le comencé a jalar la verga no muy grande pero si muy gruesa, luego ahí en la camioneta comencé a mamarle la verga, por lo gruesa no me entraba toda en mi boca, le mamaba la punta metiendo lo más que me cabía para darle placer y complemente mamando sus huevos y jalándole la verga y viéndolo a la cara para hacerlo terminar, cuando sentí que iba terminar me metí la punta en la boca para recibir sus chorros de semen en mi boquita algo que le fascino, pues según él era la primera vez que alguien recibía sus chorros en la boca.

    Nos fuimos, pero quedamos de vernos después, ya se acercaba la posada de la farmacia y ese sería el día, como ya le había platicado a Armando que había un chavo que me insistía mucho, el me dio permiso de ir con el después de la posada con la condición de que más adelante nos acompañara a un trio y el ver cómo me cogía.

    Así que llego el día yo me puse un vestido rojo que me hacía ver bien mi cintura y mis nalgas, en la posada varios de los trabajadores de otras tiendas no me quitaban la mirada y me sacaban a bailar, al terminar Rubén ya estaba ahí afuera esperándome, por lo que subí a su camioneta y le pregunte ¿a dónde me llevaras? El contesto que a si podíamos ir su casa ya que vivía solo, yo acepte. Llegamos y el no paraba de observarme estuvimos besándonos un rato el tocándome todo el cuerpo, me bajo el cierre del vestido quedando en ropa interior, recostada sobre la cama me beso todo el cuerpo, como si fuera un trofeo para él.

    Después se desvistió y yo agarre su verga y comencé a mamarla recorriéndola por completo, mamando sus huevos grandes que no cabían en mi boca, el gemía y yo veía como disfrutaba de mi boquita, no aguanto y me acostó, tomo mis piernas las levanto y las puso sobre sus hombros le agarre su verga y me la apunte en mi conchita, el fue metiéndomela poco a poco, sentí como esa verga gruesa me topaba en las paredes de mi vagina que es algo estrecha, entonces el comenzó a bombearme despacio, cuando empecé a gemir agarro más velocidad pues sentía como me partía esa verga gruesa mi panocha.

    Después de un rato le pedí montarme sobre él, y lo comencé a cabalgar, con mis movimientos siempre logro hacerlos terminar muy rápido, por lo que él me abrazo apretándome hacia él, sentí como llenaba mis entrañas con su semen, caliente, quedamos ahí fundidos uno sobre el otro.

    Después de un momento me baje y agarrando su verga flácida y aun con semen y mis jugos se lo comencé a mamar viéndolo a los ojos con mi mirada de puta, le pregunte te gusta cómo te lo hago papi, eso lo emociono demasiado y mirándome como limpiaba su verga me repetía que era maravillosa en la cama.

    Durante el último mes que anduve en turno de noche, él iba por mí para llevarme a mi casa y al menos dos veces a la semana me iba con él y hacíamos el mañanero, me cogía delicioso pues también lo complacía en lo que me pedía, no sé si en verdad mi culo empinada les atrae tanto que quieran sentir su verga dentro de él, pues en una ocasión me tenía empinada y me pregunta.

    -¿te gusta por aquí? «Agarrando mi culo»

    Y le dije, -¿quieres metérmela? «no sé si lo aguanté»

    Y él me puso saliva y la fue metiendo poco a poco, yo gemía cada vez que lo sentía entrar, cuando sentí que me toparon sus huevos supe que estaba toda adentro, sentía que mi culo iba reventar, me bombeo unas cuantas veces y oírme gemir tanto supongo que lo éxito demasiado tenerme ensartada el culo que lanzo un gemido y me vacío sus chorros en mis nalgas y espalda.

    Armado me preguntaba como Rubén me cogía y me decía que quería ver cómo me entraba esa verga gruesa, sin embargó eso ya no paso, pues Rubén estaba tomando la relación más en serio y empezaba a tener actitudes de celos con mi esposo, por lo que preferí terminar pues él quería que dejara a mi esposo.

    Después de algunos meses y algunas fiestas, paso lo que Armando varias veces me preguntaba ¿Qué cuantas vergas juntas aguantaría? «Yo con voz cachonda le decía que tres» pero por las circunstancias el no estuvo presente y se conformó con saber los detalles de cómo cuatro mecánicos me hicieron su puta en un taller.

    Loading

  • Mi mujer entregada a mi empleado (2)

    Mi mujer entregada a mi empleado (2)

    Así, comenzaron los tocamientos primero por encima de la ropa y al poco ambos totalmente desnudos en el sillón. Mi mujer puso una cara de asombro al ver aquella herramienta en su plenitud, no solo por lo larga sino también por lo ancha. Mi mujer miró discretamente hacia donde sabía que yo me encontraba y con una sonrisa pícara hizo ademán de aprobación y sorpresa. Mi mujer estaba tumbada a lo largo en el sillón, mientras Luis de pie comenzó a masajearle la entrepierna con una mano y las tetas con la otra. Mi mujer cogió aquel nabo con la mano y con ritmo acompasado comenzó a hacerle una paja muy suave mientras tenía fija su mirada en aquel monumental falo.

    Luis se le acercó a la cara y mi mujer intentó meterse el pene en la boca, con el fin de hacerle una mamada, para lo cual tuvo que abrir sus labios a tope para que le entrase, pero no se le iba a resistir, por supuesto que entraba. Luis comenzó unos acompasados ritmos de mete saca mientras mi mujer se atareaba en procurar que aquella polla le entrase lo más posible en la boca mientras a la vez lo pajeaba.

    Mi mujer se encorvaba de piernas permitiendo que Luis le metiese dos o tres dedos en el coño. Yo por sus convulsiones con las piernas diría que tuvo una primera eyaculación, pues intentaba gemir de gusto con su boca llena a rebosar por aquel monumental pene. Luis se lo sacó de su boca a la altura de su cara y mi mujer casi no consiguiendo abarcarlo con la mano comenzó a pajearlo con ritmo más acelerado. Luis puso cara de placer y se corrió en la boca y cara de mi mujer. Esta se incorporó para ir al servicio a limpiarse mientras Luis quedó extenuado en el sillón. Mi mujer se quedó mirando hacia donde yo estaba. La leche de Luis le resbalaba por sus tetas y vientre.

    Yo le hice una señal de aprobación, pues mientras veía esto, me había hecho una paja monumental que me llenó con un orgasmo tremendo. Al regresar mi mujer con una toalla limpiándose los restos de la corrida de Luis, me dijo “dentro de poco nos iremos a la cama”.

    Era el momento de abandonar mi puesto y meterme en el vestidor de nuestra habitación. Este vestidor era de muy buenas proporciones, estaba frente a la cama y tenía cuatro puertas que se abrían por la mitad como una acordeón. En la parte derecha estaba la ropa y calzado de mi mujer, en la izquierda la mía. En medio un amplio pasillo de metro y medio. Las puertas eran de lamas de madera blancas separadas por un centímetro lo cual me permitía ver todo lo que ocurría en la habitación.

    Yo me desnudé completamente y me puse cómodo sentado en una silla. A los cinco minutos veo que la puerta de la habitación se abre y observo que Luis portaba a mi mujer en brazos, tumbándola en la cama. Luis se tumba junto a ella y comienzan a besarse y a acariciarse todo el cuerpo el uno al otro. Luis pretendió apagar la luz, pero mi mujer se lo impidió diciéndole que quería ver su gran polla en todo momento. Mi mujer no se la soltaba bajo ningún concepto, creo que se hizo el ama de aquella pieza de carne de unos 20 cm de larga y de considerable grosor.

    Hicieron un 69 en que observaba como mi mujer tenía unas buenas contracciones. Ella debajo y Luis encima metiéndole rítmicamente la polla en su boca mientras hacia un buen trabajo con su lengua en la entrepierna de mi mujer. Yo entretanto tenia de nuevo mi polla a punto de reventar y me hacia una paja a ritmo suabe pues no me quería correr inmediatamente, mientras no me perdía detalle de todo lo que allí pasaba. Al poco Luis se incorporó.

    Le abrió bien las piernas a mi mujer y le dijo “te voy a meter la polla, ya no aguanto más, si te duele dímelo que no te la meto totalmente”. “No te preocupes -le dijo mi mujer- Mi coño está acostumbrado a estar lleno”. “¿Entonces tu marido también calza buen aparato?”, le preguntó Luis. “No que va, la polla de mi marido es normal, lo que pasa que nos gusta que se lubrique el puño y me lo acabe metiendo entero en el coño”. “Uauuu -dijo Luis- Eso me excita… Pero por el momento te voy a llenar el coño con mi polla luego ya veremos”.

    Mi mujer se abrió bien de piernas y pude ver como Luis le comenzaba a introducir la polla poco a poco en su coño. Cuando le tenía metida la mitad comenzó a dar movimiento rítmicos de mete saca y con cada empujón la polla se le metía un poco más. En un momento mi mujer dio un pequeño aullido. “¿Te duele?” preguntó Luis. “Un poco, pero sigue, no te pares métemela entera hasta los huevos”. Dicho y hecho, Luis con un empujón final le introdujo su polla hasta el fondo. Le puso las piernas de mi mujer por encima de sus hombros, lo cual me permitió a mi ver como aquella polla llenaba todo el perímetro del coño de mi mujer, la cual comenzaba a suspirar y dar pequeños aullidos de placer.

    El mete saca de Luis cada vez fue más intenso, los alaridos de mi mujer también y mi paja era cada vez más rápida. Creo que mi mujer tuvo un par de orgasmos, pues Luis era un potente caballero, estuvo lo menos 5 minutos con el mete-saca hasta que los tres nos corrimos prácticamente a unísono. Mi mujer tuvo un tremendo orgasmo por lo que pude observar por sus piernas temblorosas por encima de los hombros de Luis. Luis lo mismo pues la leche de su polla salía del coño de mi mujer con intensidad, aun antes de sacar su polla y yo tuve una corrida espectacular contra la puerta del vestidor.

    Ambos se tumbaron boca arriba exhaustos encima de la cama. Y así estuvieron en silencio unos minutos, se veía que habían quedado bien servidos por sus respiraciones aceleradas las cuales fueron siendo más pausadas a medida que pasaban los segundos.

    “Bueno, tendremos que vestirnos” dijo mi mujer al poco. “¿no te apetece que echemos otro” dijo Luis. “¿otro?” me pregunté yo… “¿No has tenido bastante?” Le preguntó mi mujer”. “Si, yo aquí ya me daría por satisfecho, pero la verdad que el morbo de acostarme con la mujer de mi jefe, junto con la excitación de poder meterte mi puño en tu coño, la verdad que me excita” respondió Luis, y la verdad que le excitaba, pues según decía esto su polla que estaba en reposo, volvió de nuevo a estar activa. Mi mujer que se percató la cogió con ambas manos y comenzó a meneársela. “¿Dónde tienes el lubricante?” pregunto Luis.

    Mi mujer si incorporó, se fue a la cómoda y de un cajón saco un bote. Se lo pasó a Luis quien abriéndolo se lo puso en buena cantidad en su mano derecha. Ambos se pusieron en posición del 69. Mi mujer debajo y Luis encima. Mi mujer se llevó la polla a la boca mientras la pajeaba suavemente. Luis comenzó dándole una lametadas a los labios y clítoris de mi mujer, pero al momento comenzó a meterle primero dos dedos, luego tres, luego cuatro, un poco después los cinco dedos.

    A medida que Luis metía dedos mi mujer se abría más de piernas. Luis comenzó un mete-saca con la mano haciendo cada vez más fuerza con el puño hasta que transcurridos unos instantes el coño de mi mujer hizo “Plof” y el puño de Luis entró totalmente en su coño. Luis comenzó un mete saca más intenso y poco a poco comenzó a meterle más el brazo.

    Cuando se lo metió como hasta cinco centímetros después de la muñeca mi mujer dio un pequeño aullido de dolor, se sacó la polla de la boca y le dijo “No lo metas más ahí, me haces daño”. De nuevo se metió la polla en la boca y Luis comenzó un mete-saca casi salvaje a un ritmo muy acelerado lo que provocó que mi mujer tuviese un intenso orgasmo que yo diría que más se parecía a una pequeña meada. Luis apretó los dientes y se corrió dentro de la boca de mi mujer la cual casi se atraganta. De nuevo se tumbaron boca arriba en la cama, mientras yo no perdía detalle. Aquello me gustó de forma espectacular, pero mi polla ya no se volvió a poner erecta después de la segunda paja.

    A los pocos minutos mi mujer le dijo a Luis “Bueno, creo que debemos ducharnos y vestirnos, mi marido puede venir en cualquier momento”. “Esa es la pena” -le contestó Luis- “porque si tuviésemos más tiempo, te volvería a follar”. ¿Otra vez?, me preguntaba yo, este tío es incombustible ¿Pero no se cansa?

    “¿Serias capaz a echar otro?” -le preguntó mi mujer. “No lo dudes, eres sin duda la mejor mujer a la que me he follado y te aseguro que han sido unas cuantas, tienes una forma muy especial de hacer el amor, muy intensamente, besas con lujuria, chupas la polla como nadie y te prestas a todo, aparte que tienes la capacidad de aguantar mis embestidas sin rechistar y tus corridas son intensas, me presta porque agarras de piernas y subes el coño como nadie cuando te corres”.

    “Gracias por el piropo, mi marido también me lo dice, aunque él no es capaz de echar más de dos seguidos”. “Es normal -añadió Luis- él te tiene a disposición a todo momento… Después de esta jornada intensa, te echaré de menos, no podemos seguir con este juego, aunque a mí me gustaría, pero la verdad es que le tengo mucho aprecio a tu marido y no me gustaría que se enterase”.

    “No te preocupes, tendremos más oportunidades, mi marido en ocasiones se va fines de semana al extranjero, por cuestiones de negocios, cuando eso suceda te llamaré para que me hagas compañía, y ya sin la presión de que nos pille podremos follar toda la noche…”.

    Al poco se incorporaron se ducharon y se fueron a la salita a vestirse. Yo salí de casa por donde había entrado y me fui a por mi coche, como a la media hora estaba de regreso. Al entrar observé que cada uno estaba sentado en un sillón. Saludé efusivamente nos tomamos unos cubatas, mientras conversamos. Ya se había hecho muy de noche asique pese a que Luis quería regresar a su casa lo invitamos a que se quedara a dormir y ya por la mañana haría el viaje de regreso más descansado. Preparamos una de las habitaciones de invitados y así lo hicimos.

    Aprovechamos la noche conversando de cosas superfluas que nada tenían que ver con el trabajo y a eso de las 2 de la mañana nos fuimos a acostar. Esa noche le eché un par de polvos a mi mujer, “si un día se tercia, igual hasta te echo tres polvos” le dije a mi mujer. Entre risas nos relajamos y nos quedamos dormidos.

    A la mañana Luis regresó a su casa y mi mujer y yo tuvimos todo el día para hablar. Quedamos en seguir con Luis como amante de mi mujer, la cual se corría (según ella misma me confesó), solo de pensar en su polla y lo bien que la follaba. Debíamos organizar una nueva estrategia para el próximo sábado.

    Pero eso se lo cuento en una tercera parte.

    Loading

  • Mi cumpleaños

    Mi cumpleaños

    En mi último cumpleaños mi esposa realizó en el apartamento una reunión que se inició a las 7 pm con cena incluida, invitó a mis amigos con sus esposas, amigos solteros y a mis hermanos, hubo serenata y trago para todos los gustos, la cena se sirvió a las 9 pm y luego se siguió tomando y buena música, algunos bailaron todo fue muy bueno, hacia las once de la noche la mayoría de mis amigos se retiraron bajo cualquier disculpa.

    Quedamos mi amigo Rubén y su esposa, mis hermanos Alfonso y Henry, mi esposa y yo, continuamos bebiendo con música suave por lo tarde, las luces se dejaron en tenue, seguimos bailando muy rico entre todos, Alfonso y Henry bailaban los dos con mi esposa, le abrazaban y se turnaban con ella en los diferentes giros de la danza, Rubén y su esposa se fueron hacia medianoche y quedamos los cuatro en la sala bebiendo, mi esposa estaba bastante entonada.

    Mi hermano Alfonso puso un CD de boleros y seguimos los cuatro bebiendo y bailando, en un momento me fui al baño y al regreso me encontré con que mis hermanos tenían a mi esposa bailando en sándwich, Alfonso la tenía abrazada con sus manos en su espalda y Henry la abrazaba por su espalda y con sus manos le magreaba las tetas a mi mujer, ella decía apriételas duro, gemía y sonreía; Alfonso comenzó a besarla y mi esposa respondía metiéndole la lengua a mi hermano en su boca, lucha de lenguas y sus morreos, las manos de mi esposa sobaban las vergas de mis hermanos.

    Henry le bajo el cierre al vestido de mi esposa y comenzó a quitárselo ayudado por Alfonso, en un momento mi esposa estaba solamente en sus calzones de encaje, y mis hermanos le chupaban sus tetas y tiraban de sus pezones, ella gemía diciendo: chupen fuerte cabrones, muerdan mis tetas; estaba super excitada ya ella había sacado las vergas a mis hermanos y los pajeaba lentamente.

    Henry bajó y le chupaba el culo a mi esposa mientras que Alfonso le comía el chocho succionando su clítoris, ella se retorcía de placer pues ya había tenido un par de orgasmos, ella decía: sigan… sigan… por favor chupándome el culo y el chocho, entonces mis hermanos se desnudaron completamente quedando con sus vergas erectas y mi mujer se quitó sus calzones, mi esposa me miro, se arrodilló y comenzó a comerse las vergas de mis hermanos alternadamente, chupaba y pajeaba al otro y luego cambiaba, gemía y decía: que vergota que tienen, están riquísimas, largas, gruesas y venudas, así es que me fascinan, fállenme la boca cuñados.

    Yo estaba a mil observando como mi esposa les mamaba sus vergas y dejaba hacer lo ellos querían, también me desvestí completamente y me acerque para que me lo mamará, y entonces le dije eres toda una putita vas a disfrutar de tres vergas hoy, Alfonso se recostó en el sofá y mi esposa siguió mamándole la verga, Henry y yo le chupábamos el culo a mi esposa, Henry le metió un par de dedos en su ano, mientras que yo le pajeaba pues le temía tres dedos dentro de su chocho, ella gemía y gritaba diciendo que rico cabrones estoy gozando.

    Henry la acomodó y se la comenzó a follar metiéndosela por su chocho, ella seguía mamando la verga de Alfonso y yo le dilataba su ano metiendo dos dedos, Henry la sacaba y volvía a hundírsela, la follaba con fuerza, su ritmo era endiablado, comenzó a bufar y se la saco, toda su leche la echo sobre la cola y la espalda de mi mujer y la restregó por toda su espalda y culo como si fuera crema, Henry se fue al sofá a descansar, entonces Alfonso se levantó del sofá y yo me recosté, ella me lo mamaba mientras Alfonso se la follaba, y ella pedía que le follara duro, dame duro, rómpame el chocho cuñado, la excitación era bárbara, ver como se tiraban a mi mujer mientras ella me lo mamaba.

    Alfonso grito le saco la verga y se derramó sobre la espalda y trasero de mi esposa, mi mujer tenía las nalgas y parte de la espalda lleno de semen de las corridas de mis hermanos, entonces Henry ya recuperado y sentado en una silla se pajeaba lentamente, mi esposa al verlo se acercó y a mamar su verga, yo me acomode detrás de mi mujer y se la metí lentamente por su ano e inicie un mete saca fuerte, con la excitación y el morbo de follarla mientras se mamaba una verga, penetraba con fuerza e intensidad su ano, ella me decía: mi amor clávemela duro, rómpame el culo.

    Yo entraba y salía de su culo con fuerza hasta que le llené de leche sus intestinos, y nos sentamos a descansar, mi esposa me besó con sabor a verga y me dijo: gracias amor por permitirme disfrutar de sus vergas y convertirme un su putita; y se fue al lavabo.

    Cuando regreso envuelta en una toalla la esperábamos los tres con nuestras vergas listas para una nueva sesión, la desnudamos yo me acosté en la alfombra de la sala y ella se subió sobre mí ensartándose mi verga en su chocho, y levantando su cola, mis hermanos no se hicieron de rogar y Alfonso de primero se la metió por el ano culeando con mucha fuerza y arrechera, ella gritaba: ¡si, métanmela duro, que delicia tener dos vergas dentro de mí, oh! Dios me corro… me corro.

    En cuatro minutos Alfonso se derramó dentro de su culo; en seguida mi hermano Henry se la empujo por su recto que estaba muy lubricado, nos sincronizamos y la follamos como diez minutos, ella solo gemía y gritaba, entonces Alfonso le metió la verga y la follaba por la boca para callarla y los cuatro llegamos al éxtasis, mi esposa se derramó en mi verga, yo le llené el chocho de lefa, Henry le lleno los intestinos y Alfonso lleno de semen su boca, semen que ella degustó y tragó.

    Nos tiramos a la alfombra a descansar mientras le metíamos los dedos en su chocho y en su culo, ella nos mamaba la verga alternadamente.

    Mi hermano Alfonso ya recuperado le clavó su verga super dura por el chocho follándola intensamente y descargó de nuevo sus huevos en el fondo de su vagina, mi mujer gritaba y gemía de gusto, mi hermano Henry no quedo atrás y le metió una vez más su verga por el chocho, gritaba que rica puta tienes hermano y descargó sus huevos dentro de su vagina, el chocho de mi mujer estaba hinchado de follar y rezumaba leche de los tres.

    Seguidamente mi esposa como buena y arrecha puta comenzó de nuevo a mamarnos las vergas, nos la chupaba y pajeaba alternadamente, los tres estábamos de pies y ella arrodillada chupando verga, finalmente cada uno de nosotros descargamos el semen en su boca, mi esposa se tragó todo el semen, era tanto el morbo, la lujuria y arrechera que no sabíamos de donde nos salía tanta leche y Stella nos mamó a cada uno el pene hasta dejar muy limpias nuestras vergas.

    Loading

  • Mi marido jamás lo supo

    Mi marido jamás lo supo

    Soy una mujer corriente de 30 años, estaba felizmente casada y mi vida no era diferente a cualquier mujer. Desde hacía unos años, mi trabajo en un colegio me había permitido vivir junto a mi marido, al que amo sobre todas las cosas. Desde hace unos años, Simón y Marta, compañeros de trabajo, se habían convertido en mi más íntimo grupo de amistades; en especial Simón, con el que había surgido una química especial, aunque lejos de lo que se pueda pensar.

    Aquel día Simón no vino a trabajar, se había pedido el día, me avisó el día anterior, nada inusual. Como cualquier día normal, hice lo que tenía planeado con los niños, al mediodía comí con los compañeros y después fui a la biblioteca del colegio, necesitaba terminar unos trabajos antes de salir a tomar el café. Mientras colgaba en el corcho unos dibujos infantiles, vi como Simón entraba por la puerta y la cerraba.

    —No sabía que ibas a venir, ¡qué sorpresa! —dije extrañada de verlo.

    Simón no habló, su ojos estaban irritados con lágrimas, simplemente se aproximó. Estaba serio, me pareció que su actitud era rara, algo le pasaba, pero no dijo nada. Esperé a que llegara a mi lado, quizás me respondería; pero me equivoqué. Al llegar a mi lado, me agarró por los brazos y sin una palabra, me besó.

    No supe reaccionar, aquello me cogió desprevenida; de nuevo intentó besarme, esta vez aparté la cara.

    —¿Qué haces? —pregunté sin entender nada.

    Seguí en silencio, traté de zafarme, pero Simón era fuerte y corpulento, cualquier movimiento era en vano. Sentí como sus labios besaban mi cuello, los hacía sin violencia, con ternura.

    —No lo hagas, Simón, ¡no!, por favor.— Supliqué intentando detenerlo.

    Me encontraba contra la pared, sin fuerza para detener a mi mejor amigo; la cabeza no paraba de buscar explicaciones, ni me di cuenta de tener los brazos libres; simplemente me quedé inmóvil mientras Simón jugaba con mis pechos. En ese instante pude pegarle y salir corriendo, pero seguí quieta.

    La ternura hacía que me sintiera tranquila, cuando bajé la vista me excitó ver como sus labios jugaban con mis pezones rígidos. Pero ese estado duró poco, de nuevo una ola de nerviosismo me invadió cuando sus manos, hábilmente, me bajaron la ropa interior. Aquello no estaba bien, pensé en mi marido, yo le amaba y sin embargo era incapaz de parar aquella situación; por qué me estaba haciendo aquello y por qué no decía nada. Cuando metió la cabeza por debajo de mi falda sentí vergüenza, podía ver el bulto su cuerpo agachado entre mis piernas.

    Mi respiración era agitada por el nerviosismo, pero me dejé llevar al sentir su lengua en mi clítoris, movía su lengua con tal práctica que nunca antes había sentido el placer como en ese momento. Ya no pensé más y dejé siguiera. Mi excitación iba a más, mi vagina se lubricaba rápidamente, en ese instante estaba completamente mojada, me introdujo un dedo, creí que acabaría penetrándome y me daba igual. Sin embargo, metió otro dedo, el movimiento conjunto de sus dedos y su lengua me hizo enloquecer; instintivamente puse mi mano sobre su cabeza escondida para que no se detuviera.

    Aquello era tan maravilloso que el orgasmo no tardó en llegar, me avergonzó escucharme gimiendo de aquella manera, pero había sido tan fuerte que sentía como mi cuerpo temblaba. Simón se levantó y mientras yo recuperaba el aliento me besó.

    —Espero que algún día me perdones. —añadió mientras se iba.

    Después de aquello, me encontré muy mal, no sabía qué hacer, no quería contar nada a mi marido, incluso barajé denunciarlo a la policía, quizás dejaría pasar el tiempo y hablaría con él, estaba confusa; aun así intenté aparentar normalidad, pero por ahora no quería volver a verlo. Al cabo de una semana Simón no se había incorporado al trabajo, creí que era por lo sucedido en la biblioteca, pero en un café escuché a la directora que había cogido una baja y quizás no volviera. Eso me extrañó, pues Marta me lo hubiera dicho, pero ella tampoco sabía nada.

    No tardé mucho en descubrir lo que sucedía, ojalá no lo hubiera sabido, Simón estaba enfermo y al parecer era terminal. Los días siguientes me sentí aún peor que antes, no podía creerlo, estuve dándole vueltas y lloré como una niña sin que nadie pudiera verme. En el fondo, más de una vez había deseado que Simón me hiciera el amor.

    Tomé una decisión dura, pese al amor que sentía por mi marido, no me hubiera perdonado que las cosas quedaran así, es más, en algún lugar de mi cabeza, necesitaba hacerlo. Pedí el día en el trabajo alegando una cita en el médico y me dirigí a su casa, lo había ido a buscar muchas veces para ir a trabajar y sabía el piso. Parecía decidida, pero estaba hecha un flan, nunca había pensado en hacer nada así y menos aún de aquella manera.

    Llamé a la puerta, me abrió Simón con cara de sorpresa, quizás yo fuese la última persona que iría a verle, estaba más delgado y sin pelo, me chocó verle así pero su mirada penetrante era la de siempre. Me invitó a pasar amablemente, le seguí por el pasillo hasta llegar al salón sin decir nada, al llegar se giró y extendió las manos para guardarme amablemente el abrigo; al quitármelo pude ver su cara de asombro al verme desnuda, mi nerviosismo crecía, pero no iba a echarme atrás.

    Me agaché y le bajé el pijama junto con los calzoncillos; me quedé asustada del tamaño de su pene, inconscientemente lo comparé con el de mi marido. Le empujé y cayó sentado en el sofá. No pude mirarle a la cara, sin pensarlo más tiempo agarré su polla erecta y me lancé a chupar lo mejor que supe; no dijo nada y me dejó hacer. Aunque me cueste reconocerlo, estaba disfrutando y eso me hacía sentir como una guarra, nunca antes mi boca se había llenado de verga como esa.

    Por un momento dudé de si debía seguir, pero de nuevo me dejé llevar por el impulso. Me senté en sus rodillas; disimuladamente le miré a la cara, sus ojos ardían en deseo; intenté mostrarme indiferente, pero yo mi deseo era incluso mayor. Coloqué su glande entre mis labios vaginales, muy lentamente bajé mi cadera, mordí los labios al sentir como me iba penetrando, agarré con fuerza el sofá cerrando el puño; esperé quieta, sintiendo ese monstruo dentro de mi abriéndome.

    —Quizás no deberíamos seguir. —dijo en ese instante.

    Estuve tentada a contestar, sin embargo, empecé a mover lentamente las caderas, al principio tuve miedo de que me desgarrara. Él me entendió rápidamente, posó una mano en mi cadera y la otra a mi entrepierna. Cerré los ojos mientras las yemas mojadas de sus dedos acariciaban mi clítoris y su boca lamía mis pezones. De nuevo una sensación agradable invadía mi cuerpo, poco a poco los movimientos de mi cadera se hicieron más rápidos hasta acabar con mis nalgas golpeando brutalmente sus muslos. En silencio, sentí mi cuerpo explotar en un primer orgasmo, pero el placer no cesaba en cada embestida, ambos acabamos jadeando como animales.

    Como si despertara de un sueño, Simón me detuvo, se giró y me dejó caer suavemente extendida sobre el sofá, yo estaba mojada y deseosa de sentirlo de nuevo, mirarle la polla dura seguía dándome miedo, pero en esta ocasión abrí mis piernas para que no se demorara. Me sentía ansiosa por volver a sentirla dentro; mi respiración se agitó; volví a notar como mi coño se abría de par en par; su glande rozaba por completo mi vagina dándome un placer tan intenso que hasta ese día desconocía. Volví a gemir como loca con sus embestidas. Perdí la vergüenza por completo y esta vez fui yo la estrujé con violencia mis pechos y movía sin descanso mi clítoris.

    Un instante inolvidable que me llevó por segunda vez el éxtasis más increíble que pudiera imaginar, al poco tiempo sacó su polla de mí; yo no quería, le hubiera dejado correrse dentro de mí, incluso lo deseaba en ese instante, pero él conservaba más el juicio. Apuntó a mi cuerpo y descargó sobre mí, era excitante ver como su cuerpo temblaba y su polla llenaba mis pechos de semen. Aun así, quise más, me erguí del sofá, volví a meter su polla en mi boca y saboreé las últimas gotas de semen de su glande mientras el resto se escurría por mi piel hacia abajo.

    Si tan si quiera limpiarme me puse el abrigo que estaba en el suelo y me fui hacia la puerta.

    —Espero que ahora me perdones tú a mí, adiós Simón. —dije entre la excitación y emoción del momento.

    —Solo es un hasta luego, me alegro de haberte conocido, Majo. — Respondió.

    Después de aquello me fui y no volví a verlo. Aún recuerdo el dolor que sentí el día que me llamó Marta para decirme que Simón había muerto. No se lo dije jamás a mi marido, no sé si debí hacerlo o no, si estuvo bien o mal, pero dentro de mí nunca me arrepentí de haberlo hecho.

    Loading

  • Mis dos hombres

    Mis dos hombres

    Ya en la ciudad donde radicamos actualmente como Efra también vive aquí volvimos a reanudar nuestros encuentros con él, «volví a ser su puta» y él no desaprovechaba oportunidad para tenerme en sus brazos, me llevaban a un motel o cuando había oportunidad en nuestra casa me hacían suya satisfaciendo sus deseos, los de Efra de cogerme y desquitar sus ganas de lo que no podía hacer con su esposa y Armando de como su mejor amigo se coge a su mujer, sucedió que en ese primer año, nuestros hijos se fueron con sus abuelos a la ciudad de las montañas por lo que nos quedamos solos, ese fin de semana Efra llego y ya había planes de salir los tres, su esposa pocas veces quería socializar lo que él tomaba de pretexto para venir a nuestra casa.

    Ese día salimos a un bar en el centro, tomamos un rato Armando veía como los hombres me veían, yo iba algo normal, una falda de mezclilla y una blusa, pero abajo llevaba una tanga azul, cuando llegamos a casa seguimos conversando en la sala y Armando siempre dejaba que Efra me tratara como su mujer por lo que él me abrazaba y me besaba.

    Después de un rato Efra me quito mi blusa y comenzó a mamar mis tetas ante la mirada de Armando que le ayudo a quitarme la falda, yo ya estaba acostumbrada a ser la mujer de los dos, entonces comencé a mamarles la verga, alternando entre una y otra, Efra quien siempre se pone muy excitado se levantó y yo hincada seguía mamando mientras Armando nos veía o tomaba alguna foto, después Efra me empezó a coger mientras yo le mamaba a Armando, me tenían a su disposición.

    Así estuvimos un rato, yo me monte en la verga de Efra y lo cabalgue por un buen rato mientras Armando jalaba su verga ahí al lado de nosotros, me pusieron de todas las posiciones que quisieron y yo gemía sin miedo pues estábamos solos y ya era casi de madrugada, así estuvieron hasta que ambos terminaron, como casi siempre Efra en mi vagina y Armando en mi culo, Efra después de terminar siempre necesita al menos media hora para reponerse, aun que aguanta más que Armando para terminar y Armando dura menos, pero se recupera casi de inmediato para seguirme cogiendo.

    Como ya era tarde, le dijo Armando aquí quédate, y yo en broma le digo «si, para dormir con uno de cada lado» creí que no lo tomarían en serio y eso los calentó, que me llevaron a la habitación y ya en la cama volvieron a empezar a cogerme, acostados de lado y tipo de cucharita Efra me empezó a coger, mientras Armando me comenzaba a meter su verga por mi culo y comenzaron a penétrame los dos, fue algo delicioso pues así nunca me lo habían hecho, estábamos tan calientes y me decían que yo era su puta y que les encantaba como me cogían, eso me excita demasiado, «saber que soy mujer de los dos» hasta que otra vez me llenaron de su semen y quedamos ahí exhausto, nos quedamos dormidos.

    Ya por la mañana ahí estaba yo, en medio de mis dos hombres, acaricie sus vergas, me bañe y me fui a hacer de desayunar, me puse un baby doll negro y mi tanga, así cuando ellos se levantaron ya en la mesa del comedor Efra me dice «que hermosa te ves así, chaparrita» se acercó y me repegó la verga que ya la tenía bien dura, Armando se estaba bañando mientras Efra no desperdició el tiempo y ahí en la cocina me puso a mamarle la verga «es algo que me encanta» me gusta ver su cara de satisfacción cuando lo hago, entonces me empino sobre la estufa y me empezó a coger nuevamente.

    Yo estaba gimiendo y me dice «voy a partirte el culo chaparrita» y me apunto su verga y me la dejo ir de un jalón, me estaba bombeando y se escuchaba como topaban mis nalgas cuando llego Armando, volteo a verlo con mi cara de puta, y me pone su verga para mamarla, hasta que Efra lleno mi culo de su leche, eso le calienta mucho a Armando, y se cambió para el meterme su verga en el culo lleno de semen, resbala muy rico mientras yo mamaba la verga ya flácida de Efra.

    Después de terminar, fui a lavarme y les serví de desayunar a mi esposo y Efra, que era como mi esposo también, me sentía curiosa de atender a los dos hombres que me cogían en la misma mesa, les sonreía, me sentía feliz. Y así fueron muchas las veces que entre los dos me hacían suya, ya fuera en nuestra casa o en un motel, hasta que se un chico que iba mucho a la farmacia logro tenerme, claro con la complacencia de Armando, pero es otra historia.

    Loading

  • Sexo con la hermana de mi abuela

    Sexo con la hermana de mi abuela

    Hoy les contaré un relato de como me cojo a la hermana de mi abuela.

    ‎Todo empezó una mañana que me dirija a entrenar fuera de Bogotá, quería probar una ruta más de sur así que decidí ir hacia Sibaté y un poco más allá. En ese transcurso de camino vive la hermana de mi abuela a la que llamaremos Rebeca. Rebeca es una mujer de 1.50 cara bonita a pesar de los años, unas buenas tetas grandes y redondas, una cintura de guitarra y un trasero no tan grande pero bien paradito y delicioso, ella es una mujer de 56 que le gusta ser muy coqueta pero nunca hemos podido quedar a solas así que ese día me animé a pasar por su casa con la excusa que se me había pinchado la bicicleta.

    ‎Cuando llegué a su casa me recibió con una pijama de mi esas de 2 piezas, una blusita amarilla casi transparente donde podía ver todos su sostén y sus grandes pechos, y un short muy muy corto que mostraba todas sus deliciosas piernas.

    ‎A: Hola Rebeca, ¿cómo estás?

    ‎R: Andrés, hola que milagro papi como estas de cambiando wuao estás súper fuerte y acuerpado…

    ‎A: Jejeje gracias Rebeca, tú estás igual que el vinito, ¿no? Más deliciosa cada año

    ‎R: Ayyy que dices estoy toda vieja ya nadie me mira… Sigue y dejas la bicicleta

    ‎A: Eso es lo que tú piensas Rebeca, yo creo que no te das tu das de cuenta como te miramos…

    ‎R: ¿Miramos? ¿Tú también me miras…?

    ‎A: …

    R: ¿Y ese milagro que me vienes a visitar?

    ‎A: Pasaba por aquí y dije voy y a visitar a mi hermosa tía Rebeca y le invitare algo de tomar mientras hablamos

    ‎R: Tan hermoso jejeje ven vamos a la cocina.

    ‎Antes de ir a la cocina me acomode bien mi verga por si en algún momento podía rosarla, y así fue, ya en la cocina lo primero que me pidió fue que le pasará el café que estaba en el estante de arriba, así que me acerque por detrás y se la restregué todo mientras le baja el café, fueron solo unos segundos, pero lo pudo sentir bien duro. Cuando lo sintió no pude dejar de verme el bulto tan grande que tenía y empezó con el coqueteo.

    ‎R: ¿Y la novia Andrés, como vas con ella?

    ‎A: la verdad hace poco terminamos

    ‎R: ¿y eso?

    ‎A: bueno pues Rebeca a mí me gustan mayores y estaba con una de 40 y no se tal vez solo quería sexo y ya, pero bueno se llevó 2 años de buen sexo jeje

    ‎R: Claro que imagino, la tenías muy feliz con eso… (y me mira el bulto)

    ‎A: Ayyy Rebeca me sonroja jejeje, pero si realmente esa era nuestra conexión, aunque a veces me decía que le molestaba que me demoraba mucho

    ‎R: En serio, ya quisiera yo unas horitas de buen sexo, pero… Y luego cuánto te demoras

    ‎A: Depende, a veces por media hora o una hora, y cuando ella quiere rápido pues como 15 minutos, pero ella me prendía mucho y cuando me prende una mujer yo duro mucho así me venga…

    ‎R: ¿En serio?… Wuaooo que rico… digo… ayy ya me pusiste nerviosa…

    ‎Cuando me dijo eso aproveche y me le acerque y le dije por qué Rebeca, esto también puede estar dentro tuyo y ser todo para ti. Ella se quedó quieta y no dijo nada más y luego le coloque su mano en mi bulto.

    ‎R: Wuao se siente muy grande… Pero no por favor Andrés yo soy casi tu tía… Por favor

    ‎A: Quieres verlo… tú y yo no nos vemos seguido ni nada, tú eres una mujer que está deliciosa y está buena, te mereces un buen sexo no más mira cómo me la pusiste.

    ‎R: No… Wuao hace mucho no veía una verga tan grande… (y se pasó la lengua por los labios y luego se los mordió)

    ‎A: Acércate… tócalo… Es todo para ti…

    ‎R: Ayyy Andrés no por favor… Uhmm se siente muy grande… Y grueso… Que quede entre nosotros por favor…

    ‎Apenas me dijo eso se agachó y se la metió a la boca y empezó a lamer y a chupar como una diosa ufff la mejor mamada de verga que me han hecho… ella tiene una boca pequeña así que se veía como una puta completa con la boca llena de mi verga, solo se pudo meter hasta la mitad y con el resto lo tomaba con sus manos.

    Así estuvo un rato hasta que no aguante y la puse encima de mí, al principio sintió un poco de dolor, pero lo soporto y se lo metió todo y empezó a cabalgar como toda una vaquera, la puse con su trasero hacia mi así que la tuve así un rato disfrutando todo su trasero en mi verga.

    ‎Después la puse boca abajo y yo encima así que, le fui metiendo de a poco en poco mientras la miraba a la cara y su expresión de sentirme dentro de ella, era todo un placer para mi poder penetrarla suavemente, así seguí hasta ya metérselo todo y es ahí cuando más me gusta porque a mí me gusta mucho moverme rico para una mujer y con ella no fue la excepción, empecé a hacerle movimientos de cadera de arriba abajo, de un lado al otro, después seguí con el remolino y por último me le moví en movimientos tipo C.

    En esos últimos movimientos la podía sentir tan mojada que saqué mi verga y estaba toda empapada y se la volví a meter y con movimientos más rápidos hasta que me empezó a decir para para me voy a orinar, yo no le puse atención y seguí hasta hacerle un squirt… le dejé temblando todas esas hermosas piernas, luego me vine en sus tetas y ella se comió un poco lo cual me excito tanto que me la puso más dura y la cogí por unas horas más…

    Ahora es mi amante y me la cojo cada vez que ella quiere, esta semana voy por su culito…

    Loading