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  • Secuencias: Elvira, ‘Ndowo y yo mismo

    Secuencias: Elvira, ‘Ndowo y yo mismo

    Elvira Suokko estaba en su último curso. No quiero decir, obviamente, que la doctora Suokko estuviera terminando su carrera, sino que cuando comenzó el curso en octubre ya se hizo público que dejaba la docencia al fin del mismo, que acababa de cumplir los sesenta, y ya no impartiría más clases.

    ‘Ndowo y yo teníamos problemas para sacar las notas, y Suokko nos había convocado terminada la clase. Nos explicó que, dada nuestra evolución, remontar a esas alturas del curso era prácticamente imposible; ella quería terminar aquel, su último curso, aprobando a todos los alumnos, y no deseaba que ‘Ndowo y yo frustrásemos sus planes. A puerta cerrada nos propuso, sin ambages, una “forma” de arreglar las cosas. Directa y clara. Habló con el aplomo de quien ya no tiene nada que perder… y tiene un poder sobre los demás.

    Y así, nos citó en un respetable club privado de la calle Tuset. Al llegar, un portero nos dejó pasar cuando mencionamos su nombre. Después, una sonriente rubia nos condujo a un Sutes reservado.

    La habitación era una sala de mediano tamaño, con suelo enmoquetado y con un gran ventanal cubierto con una cortina de encaje azul celeste, que confería una gran luminosidad a todo el espacio. En un rincón había un largo y ancho asiento con anchos brazos a cada lado, en forma de semicírculo de color magenta en cuyos extremos adyacían dos mesas bajas. En el centro había también una mesita redonda; varias botellas de licores, vasos y copas sobre una bandeja plateada componían todo el mobiliario.

    Sentada en medio, sosteniendo una copa de licor de menta, estaba sentada Elvira. Vestía una larga bata color malva, abierta por el centro. Tenía las piernas color caoba cruzadas y el corte dejaba ver sus piernas y la mitad de los muslos. Sonreía con sus vistosos dientes blancos. No llevaba sus habituales gafas sin montura.

    Nos invitó a sentarnos y nos ofreció las bebidas. ‘Ndowo fue el primero en sentarse del lado derecho. Tomó un vaso y lo llenó a medias de ginebra; yo me senté a su lado, dejándolo más cerca de Suokko.

    Nos explicó algo sobre el club y su historia. Había sido el lugar en que la vieja aristocracia tenía sus reuniones, charlas y conferencias exclusivas; más tarde, la alta burguesía de la ciudad lo transformó en el club actual, lugar de encuentros de negocios e intercambio social, y también de citas secretas personales, donde tampoco faltaban ruidosas orgías en las que, se rumoreaba, participaban consejeros, famosos abogados, médicos, jueces, militares y algunos capellanes de incógnito. Ahora estaba abierto a quienes pudieran permitirse alquilar las salas de conferencias y las discretas habitaciones y servicios.

    Elvira se levantó y vino a sentarse más cerca; se quedó frente a nosotros, en medio, con la copa girando entre los dedos. ‘Ndowo se movió haciendo un hueco entre nosotros. Suokko se giró y depositó la bebida sobre la mesita.

    Al agacharse, las formas de sus nalgas, grandes y circulares se marcaron completamente bajo la lisura brillante de la bata. Se sentó entre ambos sonriente. Yo estaba nervioso; no sabía cómo actuar, qué debía hacer, qué querría hacer Suokko, cómo comenzar y qué vendría después. Miré a ‘Ndowo. Él estaba tranquilo y seguro, parecía estar acostumbrado a cosas como aquella —luego supe que no, que estaba tan asustado como yo, y que disimulaba su tensión con una aparente impasible serenidad—. Elvira rompió el hielo que empezaba a resultar embarazoso.

    Se giró ligeramente y puso su mano sobre el muslo de ‘Ndowo, pasándola desde allí hasta la rodilla y de esta a la entrepierna. Él se giró también hacia ella y acercó su cara a la de Elvira. Los labios se pegaron; la boca carnosa de Suokko, abierta, se apoderó de los labios de él, se volteaba y succionaba comiéndole la boca entera mientras él le abría la bata, que cayó desde los hombros hasta el sofá. En sus senos ligeramente caídos pero esbeltos, con sus pezones oscuros y rugosos destacaban dos pezones grandes y amarronados.

    Mi compañero bajó y empezó a chuparle aquellas maduras mamellas. Con todo, la escena me estaba poniendo más cachondo de lo que hubiera imaginado. ‘Ndowo se levantó y se bajó el pantalón. Un miembro enorme saliendo de sus pelotas, hinchado y brillante quedó delante de Suokko que lo tomó con sus dos manos y lo masturbó antes de tragárselo. Elvira hacia sonar la mamada mientras la extraía y la volvía a meter. Decidí participar.

    Me desnudé y me acerqué por detrás del sofá. Comencé a manosear las tetas y jugar con aquellos pezones maduros. Los encontré muy duros y tiesos. Los pezones como dos bolitas. Suokko se dejaba sobar, facilitando las caricias.

    Sentía mi polla erecta. ‘Ndowo sacó la gigantesca pija y tumbó a Elvira. La entrepierna estaba pelada, con unos grandes labios del chocho muy abiertos. ‘Ndowo le abrió las piernas y la abertura del coño mostraba su hendidura mojada por la excitación. Él la estiró hasta que quedó sobre el ancho brazo del sofá y se agachó para follarla. Entonces yo me arrodillé y le puse mi verga en los labios. Elvira la cogió y la lamió antes de chuparla y comenzar a sorberla. Sus labios anchos y negros tenían mucha pericia. Su mamada era lenta, pero sabía cómo desatar la libido a tope.

    ‘Ndowo sujetó a Elvira por el culo y comenzó a penetrarla vigorosamente. Su tranca se hundía hasta el fondo de aquel coño abierto. Suokko jadeaba rítmicamente a cada follada con mi polla en su boca. Mientras me comía el falo subía y bajaba por mi mango; su lengua chupaba mi capullo divinamente, hasta que con un latigazo de placer dejé escapar todo mi líquido seminal en la cálida caverna bucal de Elvira. Ella gemía por los pollazos de ‘Ndowo y tragaba mi leche que salía a borbotones mientras yo dejaba escapar un alarido.

    De repente, mi compañero se dejó caer sobre las tetas de Suokko. Se dejó ir dentro de ella. Jadeaba intensamente con cada espasmo portador de semen caliente que llevaba el coño de Elvira Suokko.

    Yo saqué mi verga cuando descargué del todo. ‘Ndowo siguió penetrándola un rato con el mandoble negro dentro del chocho chorreante. Salió de la carne femenina cuando se agotó la fuerza de su gran chisme amatorio. Pero entonces, Elvira pidió que le comiéramos el clítoris. Quería tener su orgasmo.

    Uno debería hacerle el cunnilingus, y el otro lamerle el ojo del culo. Yo me arrodillé debajo de ella y le abrí el higo reluciente de flujo. Comencé por lamer los dos pétalos que dejaban paso al agujero por el que aún salía un reguero de leche de ‘Ndowo. Él se colocó detrás de su culo y le besó y lamió el pequeño pocito haciendo que Suokko lanzara sonoros “uuhhmm”, en cadena. Lamí su almejita oscura hasta que se corrió con chillidos entrecortados. ‘Ndowo continúo hasta que ella dejó de jadear. Esa forma del amor sexual le gustaba, sin duda.

    Cuando los tres nos sentamos, desnudos todavía. Elvira nos acarició los falos y dijo con una sonrisa sibilina: habéis aprobado el examen.

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  • El desvirgue del hijo de mi jefe

    El desvirgue del hijo de mi jefe

    Era un viernes normal en el trabajo, y mi jefe me llamó a su oficina para hacerme una propuesta fuera de lo común.

    Se trata de que su hijo cumplirá 18 años el día siguiente y el muchacho le pidió a su padre que le llevase a un burdel para desvirgarse con una puta. Al principio pensé que me iba a pedir que yo llevara al muchacho, pero luego mi jefe me dijo que prefería que su hijo no vaya a esos lugares llenos de enfermedades y gente de baja calaña. Yo le dije que me encargaba del asunto y que pasaría por el muchacho al medio día de su cumpleaños.

    Conversé con mi esposa Rudy del asunto y le propuse que Joseph el hijo de mi jefe, se cogiera a su amiga Naty como un favor personal. Rudy me dijo que hablaría con Naty ya que su marido está fuera de la ciudad, y que le iba a preguntar.

    Al día siguiente, Rudy me dijo que le traiga al muchacho a nuestra casa. Yo pensé que ya todo estaba hablado con Naty, sin embargo no pregunté detalles a mi esposa. Pasado el mediodía fui por Joseph y noté que era un tipo alto, medio trigueño y al parecer hacía mucho ejercicio pues se notaba en su cuerpo. Fuimos platicando sobre su futuro, las chicas y lo que iba a suceder. El muchacho se le notaba las ganas que tenía por coger con una buena hembra, ya que me preguntaba de todo, inclusive sobre el tamaño de las tetas de la hembra que tenía para él.

    Llegamos a casa y le hice pasar a la sala. Le di una bebida y fui a buscar a Rudy para ver si ya estaba arreglado todo con su amiga. Entre al baño y sólo estaba Rudy maquillada y vestida con una faldita y una pupera. Le pregunté por su amiga y me dijo que no podía venir y que ella se encargaría del chico.

    Yo le dije que las cosas no deberían ser así y me dijo que si quería, solo podría observar. Le dije que estaba bien y salí de la habitación para sentarme al frente de Joseph.

    Luego de unos minutos, Rudy salió y se presentó con el chico. Le dio un beso y le dijo que la ayudara a abrir una botella de champán. El chico se fue con ella y bebieron una copa los dos. Ella lo llevó al sofá y empezó a desnudarlo… pude notar que el pene del muchacho estaba con una tremenda erección y ella lo tomó empezando una feroz felación.

    Joseph estaba sentado en el sofá mientras Rudy succionaba su pene… En un momento Rudy empezó a desnudarse mientras el chico no perdía detalle de su delicioso cuerpo. Dejó caer sus enormes tetas y metiendo el pene en medio de ellas, empezó a pajearle mientras las apretaba con sus manos. El chico no dio más y empezó a correrse en las tetas de Rudy mientras ella saboreaba la leche de aquel muchacho.

    Ambos rieron y Rudy le preguntó si quería continuar y el muchacho le dijo que si. Rudy lo tomó de la mano y le fue llevando a nuestra habitación cerrando la puerta con llave. Desde mi celular me conecté a la cámara de nuestra habitación y pude ver cómo Rudy le hacía acostar a Joseph mientras ella se subía encima de él. El muchacho traía el pene nuevamente ya erecto y Rudy se lo sobaba en el clítoris hasta que se lo introdujo.. ambos empezaron a moverse frenéticamente mientras el chico succionaba las tetas de Rudy.

    Estaban así por un buen rato hasta que Rudy se bajó y se puso en cuatro diciéndole al chico que la penetrara. El chico estaba muy arrecho y al ver las nalgas de mi mujer se puso como loco. La tomó de las caderas y metió su pene en medio de sus nalgas hasta que Rudy arqueó la espalda sacando más las nalgas. Esto arrechó más a Joseph que la daba con todo hasta que pude ver que ella empezó a correrse de la fuerza descomunal con la que el muchacho la penetraba. Ella empezó a decirle que le dé leche adentro y el muchacho empezó a jadear terminando y dejando todo su esperma en la chepa de Rudy.

    Se quedaron dormidos por un rato, hasta que despertaron y empezaron a culear nuevamente, pero esta vez, pude notar que el chico le daba solo por el ojete a mi mujer y en cuatro patas. De igual manera terminó el chico y saliendo del cuarto pude ver su cara de felicidad y satisfacción. Le llevé a su casa y luego de las gracias de mi jefe y sus halagos del cabrón, me propuse regresar al departamento.

    Al llegar pude ver el auto de Naty afuera, entre y me recibieron mi esposa Rudy y su amiga Naty completamente desnudas. Me llevaron al cuarto y me sacaron la ropa, pero esa historia se los contaré en otro relato.

    Déjame tus comentarios y se los compartiré con Naty y Rudy.

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  • La fantasía de Stephany (2): Un gesto inesperado

    La fantasía de Stephany (2): Un gesto inesperado

    El aula estaba llena de murmullos y risas mientras los estudiantes se agrupaban para el trabajo final. Era uno de esos momentos caóticos en los que todos buscaban a sus amigos de confianza, formando equipos casi por instinto. Stephany, como siempre, estaba con sus compañeras habituales: un trío inseparable que pasaba tanto tiempo juntas dentro como fuera de clases. Reían y planeaban cómo dividirían las tareas, con esa naturalidad que da la amistad de años. Su coleta negra se balanceaba mientras anotaba algo en su cuaderno, organizando todo antes de que el profesor terminara de dar las instrucciones.

    En el fondo del aula, Erick estaba solo. No era una sorpresa, en realidad. Con su cabello castaño despeinado y esos lentes que siempre parecían a punto de caerse, no era el tipo de persona que destacaba en estas situaciones. Los grupos se habían armado rápido, y nadie lo había invitado. Se quedó ahí, mirando al frente, con las manos metidas en los bolsillos de su sudadera, como si estuviera acostumbrado a que las cosas fueran así.

    Stephany lo notó casi por casualidad. Sus ojos se desviaron hacia él mientras charlaba con sus amigas, y algo en su postura —esa soledad silenciosa— le apretó el pecho. No era lástima, no exactamente. Era más bien esa necesidad suya de no dejar a nadie atrás, ese impulso que la hacía ser quien era. “¿Y Erick?” murmuró, más para sí misma que para las demás.

    Sus amigas siguieron su mirada. “Déjalo, Steph,” dijo una de ellas, encogiéndose de hombros. “Que se las arregle solo. No es tu problema.”

    “Sí, ya tienes equipo,” añadió otra, revisándose las uñas. “Además, ese chico es raro. Siempre está callado.”

    Pero Stephany no era así. Nunca lo había sido. Ignorando los comentarios, se levantó de su silla y caminó hacia Erick con esa seguridad tranquila que la caracterizaba. Él levantó la vista cuando la vio acercarse, y por un segundo, sus ojos se abrieron más de lo normal, como si no pudiera creer que ella estuviera ahí, frente a él.

    “Hola” dijo Stephany, con una sonrisa suave. “¿Ya tienes equipo?”

    Erick parpadeó, ajustándose los lentes torpemente. “Eh… no, aún no,” respondió, con la voz un poco ronca, como si no estuviera seguro de qué decir.

    “¿Te parece si trabajamos juntos, entonces?” preguntó ella, inclinando la cabeza. “No me gusta la idea de que alguien se quede solo con esto.”

    Él la miró fijamente, incrédulo. Stephany era todo lo que él no era: segura, brillante, admirada. La había observado tantas veces desde lejos, con una mezcla de fascinación y algo más que no se atrevía a nombrar. “¿En serio?” soltó, antes de que pudiera contenerse.

    “Claro” respondió ella, riendo bajito. “Va a ser un trabajo pesado, mejor hacerlo entre dos, ¿no?”

    Antes de que Erick pudiera procesarlo del todo, Stephany se giró hacia sus amigas para explicarles. “Chicas, voy a hacer el trabajo con Erick. No quiero que lo haga solo.”

    “¿Qué? ¡Steph, no seas tonta!” protestó una, frunciendo el ceño. “Nosotras ya estamos organizadas.”

    “Ya, pero no pasa nada” insistió ella, firme pero amable. “Ustedes son tres, se las arreglan genial. Yo me encargo de esto.”

    Ellas rodaron los ojos, pero no insistieron más. Conocían a Stephany lo suficiente como para saber que, cuando se le metía algo en la cabeza, no había forma de hacerla cambiar de opinión.

    Volvió con Erick, que todavía parecía aturdido. “Listo” dijo ella, sacando su celular. “¿Dónde nos juntamos para empezar? ¿Te parece mañana?”

    “Eh… sí, claro” balbuceó él. “Puede ser en… ¿mi casa? Vivo cerca, si no te molesta.”

    “Perfecto” respondió Stephany, anotando algo en su teléfono. “Mándame la dirección después, y nos vemos mañana por la tarde. Traigo mis apuntes.”

    Cuando el aula empezó a vaciarse, Erick se quedó un momento más, mirando la silla vacía donde ella había estado. Todavía no entendía cómo había pasado, pero una cosa era segura: Stephany, con esa bondad suya que lo descolocaba, acababa de cambiar algo en su mundo.

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  • Mi esposo me entregó a su mejor amigo

    Mi esposo me entregó a su mejor amigo

    Comenzaré diciendo que mi esposo (Armando) y yo (Jenny) empezamos a ser novios desde los 18 años. Yo soy baja, mido 1,55 m y siempre he tenido una cintura y unas caderas pronunciadas, nalgas algo paraditas, lo que desde entonces hacía que los hombres volvieran la mirada cuando me veían.

    Nosotros vivíamos en la ciudad de Monterrey y, desde el principio, comenzamos a mantener relaciones sexuales a escondidas. Yo le mamaba la verga hasta correrse, yo le pedía que terminara en mis pechos y, algunas veces, en mi boca. Luego aprovechábamos cuando la casa de alguno de los dos estaba sola para irnos a hacer nuestras cosas.

    Cuando nos casamos, a los 19 años, nuestro sexo siempre fue muy rico y muy abierto, pues siempre complacía sus deseos.

    Después de que nació nuestro primer hijo, nos mudamos al pueblo donde nació mi esposo, pues le ofrecieron trabajo.

    Ya en su pueblo, comenzamos a convivir con los amigos de mi esposo. En el sexo, él comenzó a tener fantasías, pues me preguntaba si me gustaría tener sexo con alguno de sus amigos, algo que nunca se me ocurrió. Cada vez que teníamos sexo, me hacía esas preguntas y yo le decía que sí. Después de terminar, le decía que estaba loco. Así pasaron algunos años y nacieron nuestros otros dos hijos. Después de eso, él seguía insistiendo con esa idea y, como teníamos Sky, contratamos el servicio de adultos y comenzamos a ver películas en las que salían mujeres con dos hombres y me preguntaba si me gustaría estar así, lo que hacía que tuviéramos sexo muy rico.

    Después nos cambiamos de casa y nos fuimos a vivir al lado de donde vivía uno de sus mejores amigos con su mujer. Nos llevábamos muy bien. Efra, el amigo de Armando, siempre fue respetuoso conmigo, pero yo notaba que me miraba cuando pasaba, porque compartíamos el mismo porche de enfrente y el patio trasero donde se guardaban los coches. Era una casa dividida en dos. Eso hizo que nuestra convivencia fuera más fácil y entráramos en confianza.

    Como él me seguía preguntando si me gustaría estar con dos a la vez, le dije que sí. Cuando me preguntó quién me gustaría, le contesté que Efra, su mejor amigo. Yo sabía que él me veía cada vez que podía; se me quedaba viendo las nalgas y así pasó algún tiempo hasta que una noche los escuché regresar con sus otros amigos. Los escuché hablar en la sala y, después de un rato, entró Armando en el cuarto. Me levanté y le dije que iba a la sala a por agua para los biberones.

    Me besó y me dijo:

    —Sí, está bien. Y se regresó. Para ir a la cocina yo tenía que pasar por la sala.

    Yo, que por entonces tenía 25 años, acostumbraba a dormir con un short de licra que me quedaban justo debajo de las nalgas y un top negro.

    Cuando entré, me sorprendió ver a Efra sentado en la sala. Algo nerviosa, lo saludé y me dirigí a la cocina. Tomé una jarra de agua y regresé a la habitación. Al pasar por la sala, Armando me detuvo, me abrazó por la espalda y me dijo al oído:

    —Te tengo una sorpresa.

    Yo miré a Efra y me reí nerviosa. Acababa de dejar de amamantar, así que tenía los pechos grandes y no llevaba sostén. Vi que Efra fue lo primero que miró.

    En eso, Armando le preguntó a Efra:

    —¿Qué te parece, Jenny? Al verme sonriente, contestó que era una chaparrita muy linda y, Armando al oído, me preguntó si me gustaría hacerlo con los dos. Nerviosa, pero sonriendo, mirando a los ojos de Efra, le pregunté:

    —¿Y él quiere? ¿Le gusto yo?

    Él contestó de inmediato:

    —Sí.

    Esta hermosa, mientras él me veía, Armando me besó en el cuello y me levantó mi top, dejando mis pechos al aire y a la vista de Efraín. Por un momento nos observó hasta que le sonreí y eso le dio entrada a levantarse y comenzó a tocar mis pechos y a besarlos mientras Armando me besaba el cuello y la espalda. Yo comencé a gemir al sentir cómo otro hombre me mamaba las tetas mientras mi esposo me besaba el cuello y la espalda.

    Después, Efra me comenzó a besar en la boca y me tocaba la entrepierna, que en un instante se me puso húmeda. Empecé a tocar la verga de los dos por encima del pantalón. Sentía una sensación muy extraña, como si me pusieran un sándwich.

    Después, Efra se sentó en el sillón y yo me agaché para desabrocharle el pantalón con ansias de ver su verga por primera vez. Quizá por el nerviosismo, aún no tenía una erección total, pero tenía una verga blanca y recta (la de Armando la tiene curva hacia abajo). Entonces, empecé a sacarla. Después, comencé a mamarla recorriéndola con la lengua de punta a punta, logrando ponerla dura. Pude ver que su verga era más grande y gruesa que la de Armando, así que la metí en mi boca hasta donde me cupiera y le di una mamada riquísima. Que hasta entonces solo le había hecho Armando.

    Por la cara de Efra, pude ver que le gustaba cómo se lo hacía. Mientras Efra gozaba, yo no paraba de mamarle la verga. Armando aprovechó que yo estaba de rodillas y empinadita para empezar a cogerme.

    Tal vez por la excitación y los nervios del momento, los dos terminaron rápido.

    Esa noche Efra no me penetró y Armando terminó dentro de mí, mientras yo hacía terminar a Efra con mi boca y probé por primera vez su semen recibiéndolo en mi boca, algo que, por su reacción, le encantó a Efra. Con una sonrisa pícara, me limpié la boca y me levanté mirándolos a los ojos con picardía: Después, me acerqué a Armando y le dije: «Eso es lo que querías, ¿no?». Así fue como comencé a ser la puta de mi esposo y su amigo Efra.

    Días después, hablando con Armando, le dije que me daba pena ver a Efra, que seguramente pensaría de mí después de lo que pasó. Me respondió que Efra le había dicho que yo era maravillosa, pero se había quedado un poco raro y por eso había terminado muy rápido. También me dijo que le gustaría repetir y que ahora me quiere coger. Le pregunté: «¿Tú quieres que me coja?». Y me dijo: «Si tú quieres, sí». Por supuesto que yo quería sentir esa verga dentro de mí, así que dejé que las cosas se dieran.

    Pasaron varios días y un fin de semana. Como era costumbre, Armando y Efra se salían con sus amigos, dejándonos a nosotras como esposas en casa. La relación entre su esposa, Sandra, y yo era cordial y solo convivíamos lo estrictamente necesario.

    Ese día llegaron poco antes de medianoche, porque nuestras casas estaban pegadas y compartían patio, donde metían los carros. Cuidando de que la esposa de Efra no se diera cuenta de que ya habían llegado, se metieron en la sala. Para ello, Armando ya me había dicho que me pusiera una tanga azul que casi no usaba porque no estaba acostumbrada. Me puse un pequeño short y una camisa sin sujetador. Nos fuimos a la sala, charlamos un rato mientras tomábamos cervezas. Efra me miraba y Armando le preguntaba si le gustaba mi cuerpo mientras me levantaba del sillón frente a ellos. Esta vez, Efra comenzó a abrazarme y besarme mientras Armando nos veía.

    Luego, Efra me comenzó a quitar la ropa y a besar todo mi cuerpo. Me empezó a chupar mi vagina, algo que me excitó mucho, pues lo hacía muy bien. Yo también le mamé la verga y, en un momento dado, comenzamos a tener sexo delante de Armando, como si él no estuviera ahí. Nos veía mientras nos tocábamos y nos besábamos, dejando entrever que nos queríamos.

    Efra es más atlético que Armando. Efra me recostó sobre un sillón, me tomó de las piernas y las puso en sus hombros, apuntó su verga hacia mi vagina y me penetró de una manera desenfrenada que me causó dolor y placer al mismo tiempo. Al sentir cómo me entraba su verga, comencé a gemir deliciosamente. Sentía cómo le golpeaban sus testículos contra mi vagina, como si quisieran entrar, pues me la metía hasta el fondo. Así continuamos durante unos diez minutos, fundidos en un mismo cuerpo. Los dos perdimos de vista que Armando nos veía.

    Cuando sentí cómo Efra vaciaba sus chorros de semen dentro de mí, esa fue la primera vez que Efra terminó dentro de mí. Después de unos momentos, se quitó de encima de mí y, como esperando su turno, Armando me vio saciada, me levantó y me puso delante de Efra para que volviera a mamar su verga, aun con restos de semen, mientras él comenzaba a penetrarme. Yo sentía cómo, con cada embestida, se me salían los mecos de Efra, lo que lo hizo terminar rápido y vaciando también su semen dentro de mí.

    Fue una experiencia formidable, pues era la primera vez que sentía tanta leche dentro de mí. Me levanté, escurriendo semen por mi entrepierna, y me senté en el sillón algo apenada. Les dije: «Están locos los dos», me limpié y me fui a la habitación. Después de un rato, Armando entró en la habitación y, preguntándome si me había gustado, volvió a cogerme de una manera que sentía cómo su verga se hacía gorda dentro de mí, y supe que le había gustado compartirme con su mejor amigo. Ver cómo otro hombre poseía a su mujer lo excitaba, terminó nuevamente dentro de mí y nos dormimos.

    Los días siguientes, cuando teníamos sexo, Armando me preguntaba si me gustaría volver a acostarme con Efra. Le dije que sí, siempre y cuando no le diera celos, que su amigo me cogiera.

    Me dijo que era solo sexo, por lo que fue algo que se comenzó a repetir cada vez que se podía. Cuando llegaban de con sus otros amigos, antes de dormir, venían y me convertían en su puta y yo los complacía en sus deseos. Los encuentros fueron haciendo que nos acopláramos los tres en el sexo, pues alternaban los dos conmigo mientras me montaba sobre uno. Le chupaba la verga al otro hasta que lograron hacerme mi primera doble penetración. Una noche, mientras montaba a Efra, Armando comenzó a ponerme saliva en el culo hasta penetrarme.

    Gemía un poco de dolor, pero también de placer, pues Efra me penetraba con su verga en la vagina y, mientras Efra me besaba, Armando me bombeaba su verga en el culo. Sentía cómo chocaban sus vergas dentro de mí hasta que sentía cómo Armando se vaciaba dentro de mi culo, se quitaba y seguía moviéndome sobre Efra hasta venirme de nuevo en un orgasmo, sentía cómo llenaba mi ser con su semen.

    Cabe decir que yo ya estaba operada, por lo que no había problema de embarazarme. Armando ya me cogía por el culo desde que éramos novios, por lo que no le costó tanto. Sin embargo, sí me causaba un poco de dolor y de placer. Los siguientes encuentros fueron más ricos, pues me acostumbré a sentir sus vergas al mismo tiempo. Yo gemía y me movía como si estuviera poseída, hasta que terminaban. Armando siempre terminaba primero, por lo que observaba cómo Efra seguía cogiéndome y cambiando de posiciones hasta terminar dentro de mí. Luego, Armando volvía a cogerme sintiendo el semen de Efra. Me cogía y volvía a terminar dentro.

    Fue entonces cuando comencé a sacar la puta que tenía dentro y complacerlos, pues Efra me hacía suya de todas las maneras que quería. Yo sabía que a su mujer no se lo hacía como a mí y eso me llenaba de placer. Así pasó un tiempo en que, cada vez que podían, Efra llegaba a nuestra casa para cogerme entre los dos.

    Cuando Armando no estaba por cuestiones de trabajo, me decía que le pediría a Efra que estuviera pendiente, así que Efra no desperdiciaba la oportunidad de cogerme. Me tocaba por la ventanita del baño y yo salía al patio trasero con cuidado de no ser vista por su esposa. Yo siempre salía con una licra y una camiseta, sin sujetador.

    En la oscuridad, me ponía a mamarle la verga, algo que me encantaba. Después, me empinaba sobre el cofre del coche, bajaba mi licra y me la metía, haciéndome gemir sin poder gritar de placer. Eso lo calentaba mucho, pues al oído me decía que le encantaba cogerme. Me calentaba demasiado saber que era la puta de Efra y se lo mandaba a su mujer bien exprimido.

    Esto duró algo así como dos años, hasta que tuvimos que regresar a vivir a la ciudad de las montañas por el trabajo de Armando. Durante los seis años que estuvimos allá, Efra nos visitaba una o dos veces al año, por lo que las dos noches que se quedaba me cogían de todas las formas algo que me excitaba mucho, más aún si venía con muchas ganas, como solía hacer. Yo me vestía con liguero y medias para ser su puta esas dos noches y que disfrutara de mi cuerpo. A veces, me mandaba fotos de su verga por teléfono y, recordando esos momentos, Armando me la cogía de maravilla y me decía que quería ver cómo me cogía alguien más, hasta que su cuñado logró convencerme. Pero esa es otra historia.

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  • Visita inesperada de mi madre

    Visita inesperada de mi madre

    Hacía poco tiempo que me había mudado a vivir solo, siempre he sido muy independiente y estaba deseando encontrar trabajo estable para poder irme a vivir solo, por fin lo conseguí. Al poco de mudarme a mi nueva casa, invite a mi madre para conocerla y que viera que le parecía. Era sábado, mi madre me llamó para ver si necesitaba algo para traer a mi casa pero no era necesario así que le dije que no. Como media hora después sobre la hora de cenar, suena el timbre, era mi madre, venía espectacular con una falda negra y una camisa blanca a juego que le quedaba de maravilla y unos tacones negros estaba muy guapa.

    Aun así, ella trajo algo de cena, la cual dejamos sobre la mesa del salón, mire por curiosidad la bolsa que había traído, eran unos dulces que había cogido en una panadería de camino a casa, siempre me habían gustado y al verlos me hizo la boca agua. Me dijo si podía traerle agua que en la calle hacia un calor horrible y estaba muy sofocada del calor que hacía, enseguida fui a por ella y viene con una taza, sin querer se la eché sobre su escote, mojándole la camisa que llevaba y el sujetador negro el cual podía ver perfectamente junto con la falda que también cayó ahí, la puse perdida jajaja.

    Fui a por un paño para poder secarla, disimuladamente le sequé por la zona de las tetas y acto seguido me dijo entre risas, “mi amor me has puesto perdida”, se puso de pie para quitarse la camisa y pude ver el sujetador negro más de cerca diciéndole, “mamá ese sujetador te queda de escándalo”, ella se echó a reír mientras avergonzada por mi comentario se tapaba con la camisa. Mamá se fue a duchar y dejo la camisa en la mesa, yo por mi parte trate de lavarla para intentar quitarle la mancha pero fue imposible.

    Escuché el sonido de la ducha, mi madre se estaba duchando y después de ver a mi mamá en sujetador tenía ganas de ver más, estaba cachondo y no me podía quitar esa imagen de la cabeza así que fui hacia el baño donde mi madre se estaba duchando ¡Con la cortina de la ducha abierta! Lentamente me acerqué un poco podía ver perfectamente a mi madre desnuda como se enjabonaba en ese momento el culo y los brazos pero termine pecando de arriesgado y mi madre me terminó pillando, al verme se sorprendió y rápidamente se tapó con la cortina de la ducha.

    Necesitaba una excusa rápido y le dije que le traía una toalla que me parecía que no tenía, ella sonriendo me dio las gracias por ser tan amable le dejé la toalla sobre la repisa del lavabo y salí del baño.

    Posteriormente mientras la esperaba para cenar se acercó en bragas y camiseta, mientras empezábamos a cenar le dije que agradecía tener su visita por aquí que la casa se notaba más llena y me dijo que estaba pensando en quedarse unos días, yo le dije que se quedara todo el tiempo que quisiera, fue entonces cuando me dijo que desde que se divorció de papá hacía mucho que no se sentía acompañada por nadie, yo le dije que estaba ahí para lo que fuera y entonces ella, acariciándome el brazo me dijo “qué bueno eres y que bueno has sido siempre”.

    Seguí comiendo mientras ella seguía observándome tiernamente continuamos comiendo y al terminar, me fui a recoger mientras mi madre se sentaba en la cama con las piernas estiradas, le llevé un te como ella me pidió, ella dio las gracias con una plena sonrisa mientras observaba sus largas piernas, entonces me lance y le dije a mi madre que me encantaba verla así de plena y con poca ropa, ella se echó a reír poniéndose colorada, observé varias veces sus pies con esas uñas pintadas de color naranja rojizo le quedaban de maravilla muy veraniegas y le dije entre bromas y broma si sabía hacer muchas cosas con los pies, ella a su vez los movía mientras me miraba y se echaba a reír.

    Brindamos por la compañía y le dije si le apetecía un masaje de pies, ella me dijo que si sonriendo y me acomode para dárselo, recuerdo lo suaves que los tenía a medida que el masaje avanzaba a mamá le empezó a subir la temperatura se acomodó en la cama y dejó la taza sobre una repisa de mi habitación. Seguí subiendo por los gemelos con mis suaves manos y mamá se puso boca abajo para que siguiera con el masaje, esas bragas rojas no podía parar de mirarlas, como se le abría metían por el culo, y lo mucho que ansiaba comérselo.

    Seguí palpando la pierna mientras ella disfrutaba del masaje. Sentía como el calor se apoderaba de mi me agarre la polla sin que ella lo viera, estaba cachondo y no podía ocultarlo. Tímidamente le empecé a chupar los dedos de los pies, mi madre de repente se le escapó un pequeño gemido, seguí subiendo lentamente mis manos por sus gemelos hacia sus glúteos mientras ella por su parte me miraba lo que hacía, pude ver cómo se mordía el labio inferior y hacia pequeños jadeos.

    Seguí chupándole los pies mientras ella emitía más jadeos y más fuertes, la temperatura seguía subiendo en la habitación y mi madre se estaba poniendo cada vez más cachonda.

    Nos miramos mutuamente mientras ella se mordía el labio, no hizo falta decir más, mamá se dio la vuelta y me dijo, “ven cariño, acurrúcate conmigo aquí”, hicimos la cucharita mientras le abrazaba seguí besándola por la espalda y fui subiendo mi mano izquierda tocándole las tetas, no llevaba sujetador y notaba sus pezones duros, ella me llevó con su mano hasta su teta izquierda, estrujándola mientras ella jadeaba, no podía creer lo que estaba pasando de nuevo, que ganitas tenía de seguir estrujando esa teta y que ganas de comerla entera.

    La bese por el cuello y ella no tardó en llevarme mi mano a su entrepierna tocando esas bragas rojas de tela, tenía el coño empapado y las bragas más aún. Normal que estuviera así, no pude resistirme y enseguida la cogí del cuello y le di un buen beso en sus labios, que bien besa mamá pensé para mí. Le levanté la camiseta dejándole las tetas al descubierto mientras nos besábamos, fui directa a sus tetas y no pude por menos, se las comí enteritas que ricas estaban. Ella me desnudo, me quitó la camiseta, me bajo el vaquero y fue directa a la polla me la saco del bóxer, claro que después de tanto jugar la tenía a mil.

    Me empezó a hacer una paja y enseguida le quité las bragas y fui directa a comerle el coño, que rico sabía ese coño depilado y baboso estaba delicioso seguí comiéndoselo mientras le metía los dedos. Me acerqué con la polla a su boca, me hizo una mamada de infarto previa a metérsela lo cual estaba ansioso por hacer. Empezó a cabalgarme segundos después, el mejor momento de mi vida y como lo hacía fue maravilloso, instantes después la tumbé boca abajo y le metí la polla por el coño como gemía estaba a mil y a punto de correrse cada vez le daba más fuerte por suerte no termine dentro aunque cerca estuvo, termine por encima de su coño, corriéndome sobre su tripita. ¡Un día perfecto!

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  • Mi hermano se cobra sus cuernos

    Mi hermano se cobra sus cuernos

    Somos una pareja con 8 años de matrimonio, Stella de 32 y yo de 34 años, nos llevamos muy bien hasta en la cama, ella médica, de 1.7 m de estatura, pelo corto negro, tetas 34B con pezones paraditos siempre y un culo de campeonato dicen las malas lenguas.

    Mi hermano mayor, Alfonso, de 42 años y viudo tuvo un evento de corazón y su convalecencia la paso con nosotros en el apartamento. En la mañana lo cuida una enfermera y mi esposa regresa a casa de trabajar hacia las dos de la tarde y le recibe el paciente a la enfermera.

    Yo salgo de la universidad algunas veces a las 8 de la noche y otras a las 10 y voy para la casa.

    La convivencia con mi hermano era buena, él me decía que su cuñada era muy estricta, que no le permitía en su almuerzo comer algo de postre por sus comienzos de diabetes, y mi mujer decía: “cuñado tienes que cuidarte y pues para eso estoy yo, para cuidarte, un día de estos si te portas bien tomándote los medicamentos te daré un poquito de postre, final de las quejas”.

    Mi hermano se bañaba por las tardes, hacia las 6:30 pm mi esposa le supervisaba y cuidaba, normalmente él en bóxer y mi esposa imagino que vestida le ayudaba con su baño y dormía desde las 8 de la noche, según me habían contado. Mi hermanito siempre fue mano larga, imagino que mas de una vez debió sobarle el culo y las tetas en la ducha haciéndose el tonto.

    Una noche mi esposa me contó: “yo hoy estaba en short acompañando en la ducha a tu hermano, y él me metió la mano entre las piernas y me sobo el chocho, él tenía la verga muy parada, yo de verlo intuyendo como es su verga me mojé y excité. Me puse brava y le recriminé su acción, y él me respondió”, “perdóneme Stellita, pero es que estas muy buena”. Yo, le dije: “¡Ah! Ya sé por dónde va mi hermanito, quiere follarse la cuñada, ¿y tú quieres follártelo?” Y me dice: “¿acaso estás loco?”.

    Esa noche follamos muy rico, mi esposa estaba salida y super arrecha, se comportó como toda una puta en la cama, me lo mamó, se tragó mi corrida y siguió manándomelo, por el morbo que teníamos seguí con la verga como una roca, la follé duro me decía dame duro, métame los huevos, echa tuvo un par de orgasmos, yo la gire a 4 patas le chupe el culo y con sus flujos se le lubriqué el ano y se la metí mi verga por su culo, una buena culiada y le llené los intestinos de semen, y ella volvió a mamármelo dejándolo limpiecito.

    Ella me dijo: “tu hermano al parecer es igual de dotado que tú, esposo mío, te amo, tú tienes 23 cm de verga que adoro y bien gruesa, ¿cómo la tendrá mi cuñadito?”. Yo, le respondí: “no lo sé, eso tendrás que averiguarlo tú misma, me cuentas cómo es su verga”.

    Una noche llegué hacia las ocho y media de la noche, abrí la puerta del apartamento con mucho cuidado, entré, sin ruido alguno, había luz tenue en la alcoba de mi hermano y la puerta ligeramente abierta, se oían gemidos y jadeos, me acerqué con sumo cuidado y quedé estupefacto con lo que veía.

    Mi esposa desnuda en cuatro sobre mi hermano y le está mamando la verga con unas ganas, la sacaba de su boca le lamia y chupaba el glande y luego se la metía todita, mi esposa es una excelente mama polla, metía esa verga y sacaba, de nuevo metía y sacaba, ella solita se está follando, y decía: “que rica verga tienes cuñadito, como la de mi marido y sabe deliciosa..”, mi hermano movía su cadera y con su mano guiaba la cabeza de mi mujer y se la metía toda, los pelos de la verga pegaban a los labios de mi mujer y tenía arcadas, pero seguía ese mete saca intenso y de pronto mi hermano bufo y le lleno su boca de semen.

    Ella muy diligente se lo trago y comento: “está delicioso este semen, que rico cuñis..”, pero ella no termino y siguió en la mamada de verga, haciendo que la verga siguiera dura. A estas alturas yo estaba super excitado, mi verga estaba a reventar y me la estaba meneando.

    De pronto, mi mujercita se sube sobre mi hermano y acomoda su verga a la entrada de su chocho y se sienta en ella, y comienza a follarse en un sube y baja intenso, en cada sentada la verga de mi hermano le entraba todita, sus huevos pegaban contra su culo y le decía a mi hermano: “fóllame quiero correrme con tu verga adentro…”, mi hermano dice: “me voy a correr…” y ella: “espera, espera no me dejes así…” y mi hermano bufa y le llena el chocho de semen, ella no alcanza el orgasmo, entonces se baja se pone de nuevo en cuatro y sigue mamando la verga de mi hermano para mantenerla dura, su chocho brilla y le sale semen.

    Yo no aguanto más y entro con mi verga super parada, y la penetro con tres dedos y le hago un mete saca violento y le saco semen de su vagina y le meto los dedos a la boca para que siga degustando el semen de mi hermano, ella comparte el semen con mi hermano porque sus lenguas luchan, mientras tanto yo le doy un par de nalgadas y le meto mi verga de un solo empujón, ella gime, y sigue besándose con mi hermano, le besa el pecho, le muerde las tetillas y sigue mamando la verga de mi hermano y yo sigo follándola con fuerza, que morbo tan berraco, metérsela teniendo ella el chocho lleno de semen, y seguí el mete saca con fuerza casi con violencia.

    Y ella comenzó a decir “me corro, estoy llegando, fóllame más fuerte…” y eso hice follé y follé, ella tuvo un orgasmo tras otro, casi que convulsionaba, hasta que yo me corrí y le llene el chocho de semen, se lo saque y le dije límpielo, y ella simplemente me mamó le verga también. Una vez limpio mi verga se la saqué de la boca y le dije sigue mamando la verga de mi hermano, hazlo llegar, eres toda una soberana puta, y la espero abajo.

    Cuando ella bajo la abrace, la bese, le chupe las tetas e hicimos un 69, le chupe el clítoris con sabor a semen, sacaba semen de su chocho y se lo ponía en su ano, le metí un par de dedos en su culo y lo dilaté, la puse en cuatro y le metí mi verga en su ano lentamente hasta que le entró toda y follamos hasta que le llene los intestinos de semen. A partir de ese día Stella mi esposita disponía de dos pollas, la de mi hermano y la mía, el compromiso que le hice jurar fue: todos los días vamos a follar, y siempre tendrás el chocho lleno se semen cuando yo vuelva a casa.

    Ese fin de semana le dije a mi hermano: “hasta que te follaste a mi mujer, eso era lo que querías, ¿verdad?”. Él me respondió: “si , eso quería, “finalmente estamos a mano, porque tú te follabas a mi mujer”. Le dije: “¿lo hiciste por venganza?”. Y me dijo: “no, tu mujer es muy hermosa y me fascina, igual te pasó con mi mujer porque ella te fascinaba”. Dije: “si, me enamoré de ella, siempre la amé”.

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  • Secuencias: Maggie y Edison

    Secuencias: Maggie y Edison

    Acababa de pinchar a su marido con morfina y regresó a su dormitorio. Edison estaba allí, tumbado en la cama, sin zapatos y con la corbata suelta. “¿Cuándo es la próxima?”, preguntó. Maggie pasó y cerró la puerta. “Dentro de ocho horas”, respondió.

    Él se levantó y la tomó por la cintura, la empujó hasta el tocador y la besó en la nuca. Un beso suave, con la lengua humedecida. Subió una mano hacia el seno derecho y lo acarició; buscó el pezón y lo apresó entre el índice y el pulgar, lo apretó y lo hizo girar. La otra mano hizo subir el vestido. Maggie suspiró. Edison encontró el borde inferior de la braga e introdujo el dedo inquisidor; tiró de la goma hacia arriba. La prenda trepó por la piel suave y toda la nalga quedó desnuda al aire. El dedo trazó su forma esférica, aquella media luna todavía firme, y tanteó la entrada de la hendidura, entre los apretados labios vaginales de Maggie, echando a un lado el vello.

    Dibujó la forma de su rajita y los abultados labios. Edison levantó el vestido hasta la cintura. Maggie agitada semi giró el cuello y pudo ver por el rabillo del ojo a Edison, disfrutando de la vista sensual del cachete de su culo. Sus ojos centelleaban ávidos. Reclinada contra el mueble, separó una mano y alcanzó la entrepierna de él, sintió el tacto endurecido de su miembro, lo acarició y volvió a sujetarse con ambas manos. Edison le estaba bajando las bragas. Estas cayeron hasta los talones.

    Edison se bajó los pantalones y quedó así, con su pene apretado contra las esferas túrgidas. Se frotaba, despertando los deseos de Maggie. Repasó con la punta de la verga la línea entre hemisferios del culo, con ligeros golpecitos, como si la fustigara. Ella rio contenidamente y abrió más las piernas separadas. Entonces Edison jugó a introducir la polla en el agujerito de ella, y de éste a la abultada figa, simulando penetraciones. Maggie se retorcía ligeramente. Su hendidura ya estaba ardiente y completamente húmeda. Edison introduce dos dedos por la raja del coño y llega hasta el fondo.

    Maggie gime varias veces al sentir dentro de ella los trotantes dedos. Él los mueve, los saca totalmente goteantes del semen femenino y los conduce a la boca de ella. Luego los lleva al chocho de nuevo, iniciando una masturbación, follándola con movimientos circulares y de penetración.

    Los dedos de Edison chorrean del caliente y espeso flujo de Maggie, cuyos jadeos son fuertes, continuos. “Ahora, querido”, dice con voz quebrada. “No puedo más, jódeme hasta el final”. Edison extrae los dedos cubiertos de fluido y acaricia el ojete saliente de Maggie. Juega con las líneas estriadas, introduce lentamente el dedo, aprieta, sale y entra hasta meterlo cuanto de largo es. El túnel está caliente. Edison va abriendo el canal estrecho y va follando a Maggie por el culo con su dedo. Maggie gime y se agacha ligeramente para facilitar las empecinadas intromisiones. Disfruta de la forma en la que Edison sabe satisfacer sus fantasías.

    Edison escudriña el agujero distendido de ella. Ve la facilidad con que su dedo discurre dentro de ella. Su tensión sexual está ya a tope, mientras prosigue su exploración anal. Finalmente, la toma por las caderas, a la vez que lleva el dedo hasta la boca de Maggie. “Chupa”, le dice. Maggie abre los labios y se apodera del dedo, lo chupa sonoramente.

    Edison mete la formidable tranca en el chocho chorreante de ella. Se la clava hasta el final y la cabalga dos o tres veces. El falo, cubierto de flujo, sale y Edison lo enfoca hacia el ojo del culo de Maggie. La polla entra sin resistencia, con un ligero sonido húmedo, y Maggie se inclina más, para facilitar la penetración. La secuencia rítmica lleva a Edison al borde de la eyaculación. Nota el esperma pugnando por salir. Para unos instantes y le pregunta “¿Por dónde lo quieres?”.

    Maggie respira entre jadeos y responde: “Déjate ir por el culo, cariño”. Edison saca completamente su órgano, tan tieso que parece de madera. Le excita verlo con unas gotas de semen que escurren por la punta. Recoge el líquido y lo pasa por toda la verga, que cimbrea, y lo introduce hasta el fondo del ojete. Con fuerza acomete el conducto de Maggie hasta que un grito de éxtasis acompaña los chorros de leche ardiente que inundan el recto de ella. Maggie prorrumpe a su vez en una exhalación aguda, sus dedos acarician el clítoris y su corrida de produce instantáneamente.

    Ambos se dejan caer hasta el suelo. Edison abraza por los pechos a Maggie. “¿Mi hermano nunca te ha jodido por detrás?”, pregunta. “Nunca”, responde ella, “sólo he sido su receptáculo; jamás ha sabido satisfacerme, cariño. Sólo tú”.

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  • Con la pareja de Cancún (1)

    Con la pareja de Cancún (1)

    Hola queridos lectores, esta vez les voy a dejar el relato de una pareja que conocimos en Cancún en enero del 23, mi esposo Johnny hace mención de este hecho en el relato que subió titulado “Un poco más para tener mis primeros cuernos”, jajaja y vaya que ya los ha tenido, me convirtió en una hotwife, elegante nombre para no decir esposa puta jajaja.

    Pues bien, en ese viaje que Johnny organizó para convencerme de abrir nuestro matrimonio a otras experiencias sexuales conocí a Alicia, durante todo este tiempo mantuve contacto telefónico con ella pero no se había podido dar una reunión hasta hace poco que nos vimos para tomar un café.

    Platicamos de nuestra experiencia después de aquel encuentro en Cancún, le conté como ha sido nuestra apertura con los tríos y ahora con un primer intercambio, ella me comentó de su primer intercambio y me pareció muy interesante al grado que le comenté que teníamos relatos en esta página invitándola a qué los leyera, le pareció muy interesante, y le propuse que me dejara contar su experiencia, me dijo que siempre que se cambiaran nombres y lugares pues tal vez su esposo no estuviera de acuerdo, le prometí que antes de publicarlo ella lo leería y cambiaría lo que ella considere oportuno.

    Así lo hicimos esta es la narración de su primer intercambio, esperamos sea de su agrado, se las presento:

    ¡Hola!, soy Alicia, amiga de Carmen, me considero una mujer madura actualmente de 56 años, chaparrita 1.56, llenita conservada con ejercicios de yoga y natación, cuando uso leggins aún voltean a verme los hombres maduros y uno que otro joven, mi mayor atractivo son mis pechos 36c y un culo respingado que conserva todavía algo de su dureza.

    Vicente mi esposo, él es 10 años mayor que yo bien conservado, delgado ya que hace ejercicios de yoga y corre diariamente, su mayor atractivo en la cama es su aguante, con un miembro de 17 cm, grueso que sabe mover muy bien y muy rico, él es de una sola venida pero la controla hasta sacarme los orgasmos suficientes para sentirme satisfecha, de hecho soy yo la que le digo para que él se corra.

    Pues bien esto que les cuento sucedió hace 5 años aproximadamente, después de 35 años de matrimonio igual que a muchas parejas, nos encontramos en la monotonía sexual, a pesar de incluir a nuestra variedad sexual películas porno, lencería cachonda, juguetes que en un principio dieron su resultado, pero llegó el momento en que tampoco nos llenaba, sentía que algo faltaba, empecé a leer relatos en la red y me calentaba con las historias de intercambios y de tríos HMH, y me imaginaba ser la protagonista.

    Un día le mencioné algo a Vicente sobre mi inquietud y solo atinó a decirme que como fantasía estaba bien, pero en la realidad a él no le convence, ya que ve difícil que ambas parejas se atraigan y sobre todo que tengan los mismos gustos sexuales, me dijo, por ejemplo a ti no te atrae el sexo anal y cuando hemos intentado, ni siquiera soportas que te meta la cabeza, creo que no se podría, no soportarías una doble penetración como se ve en las películas, además sabes que soy de una sola corrida y no creo que eso les guste a muchas que desean les metan leche por todos sus agujeros.

    Así que ante la negativa de Vicente preparé la ida a Cancún en donde coincidí con Carmen, pero ni así pude convencer a Vicente así que me resigné a solo seguir fantaseando.

    Cuando cogíamos, cerraba los ojos imaginando alguno de los relatos que leía en donde estábamos en un intercambio y que era otro el que me cogía, y que mientras eso sucedía, mi esposo estaba cogiendo a la esposa del otro, esto hacía que me calentara tanto que llegaba al orgasmo más rápido, Vicente lo noto pues me preguntó ¿Por qué estás tan excitada? y solo le dije pensando en la fantasía de estar montada en otra verga mientras tú culeas a la esposa del otro, eso me calienta mucho, movía la cabeza y no decía más.

    La oportunidad se dio de la manera que menos esperaba, un día quedé de tomar un café con una amiga en el centro de la ciudad de México, pero por el tráfico ella llegó una hora más tarde, en otra mesa cercana charlaban muy animadas 4 amigas como de mi edad, pude oír su plática, hablaban como les iba en el sexo con sus esposos, una de plano dijo riendo que su marido ya no la atendía y cuando llegaban a tener sexo se venía rápido y la dejaba insatisfecha así que le ponía el cuerno desde hace algún tiempo con un chico veinteañero que conoció en el metro y que tiene una pija de 22 cm, que le pagaba para que se la cogiera y que una o dos veces al mes, lo citaba en algún hotel para guardar cierta discreción.

    Otra les contó que ella junto con su esposo se metieron a una página de parejas y hacían a través de Zum enlaces en vivo cogiendo y viendo coger a otras parejas que eso los pone mucho muy calientes, inclusive pasó el enlace del chat.

    Otra comentó que su esposo tiene una amante y que el fin de semana llega todo deslechado y que ella se buscó varios amigos cariñosos y que su esposo por andar con la otra ni cuenta se da que le pone el cuerno o de plano ya se dio cuenta se hace pendejo jugando a qué yo le creo y el me cree.

    La última fue a la que más le presté atención porqué relató algo parecido a mi fantasía, comentó que sexualmente está muy bien con su esposo pero tiene ganas de experimentar un intercambio de parejas, solo que su esposo está renuente porque no conocen a parejas que lo hagan y que además ambos deben sentirse atraídos por la otra pareja y eso lo hace creer que es muy difícil, y esto le frustra.

    En eso estaban cuando llegó mi amiga a toda prisa, estuvimos platicando un rato y poco después pidió la cuenta diciendo que tenía que pasar por su hijo a la escuela de Karate, yo aún no terminaba mi café así que se despidió pagando ella la cuenta.

    Mientras, en la mesa de al lado también se fueron despidiendo quedó solo Sandy la mujer que habló del deseo de un intercambio de pareja.

    Tomé valor para acercarme a ella y preguntarle, le dije que sin querer había escuchado la plática con sus amigas y que a mi desde hace algún tiempo me pasa algo parecido, que si le interesaba podríamos intentar persuadir a nuestras parejas para realizar un intercambio, ya que ambas lo intentaríamos por primera vez, se ruborizó y no atinaba a contestar, le dije, que te parece si lo piensas eres muy guapa y te aseguro que mi esposo te va a gustar y sobre todo te va a dejar muy satisfecha, mira te proporciono mi número telefónico y si te ánimas nos ponemos de acuerdo para conocernos más y si hay química con nuestros esposos damos paso a realizar nuestra fantasía.

    Agregó mi número telefónico al directorio de su celular y solo me dijo, lo voy a pensar, gracias.

    Estando en casa estuve pensando de qué manera se lo decía a mi esposo, esperé a que llegara del trabajo y le platiqué lo que había pasado, le comenté que Sandy es una mujer madura pero muy atractiva, que estoy segura que le va a gustar, solo movió la cabeza y dijo, ok si se dan las cosas, adelante cuenta conmigo, pero si en algo no nos ponemos de acuerdo nos retiramos ¿ok?

    Habían pasado casi dos semanas cuando sonó mi celular y al contestar oigo, hola soy Sandy, la persona que estaba con un grupo de amigas en el café, ¿me recuerdas?, le dije claro cómo Cres que te olvidaría tan rápido, me dice, lo platiqué con mi marido y lo convencí de probar, me dijo que solo con la condición de que antes nos conozcamos en algún café, para conocernos y convivir un rato, si hay química poner algunas reglas de para poder seguir adelante, le dije que yo también convencí a mi esposo y me expuso lo mismo, así que pongan fecha y lugar para vernos.

    Quedamos de vernos en un bar que ellos conocen, por la colonia Roma de la ciudad de México, es discreto y tiene reservados para hablar más en confianza.

    Nos arreglamos lo mejor que pudimos al igual que ellos, se notaba que ambas parejas queríamos quedar bien en esta primera cita.

    Nos presentamos, Sandy y Raúl l, nosotros Alicia y Vicente, se sintió de inmediato que hubo química en los cuatro, pues al saludarnos nos miramos con cara de aprobación, tomamos asiento y para romper el hielo pedimos unos cócteles, hablamos de nuestros matrimonios, cuántos hijos tenemos, los años de casados, aficiones, gustos y aquí fue cuando la plática tomó la dirección por la que estábamos reunidos.

    Hubo un silencio como para ver quién tomaba la iniciativa, así que lo hice yo diciendo, pues bien, creo que somos dos parejas maduras y conscientes de lo que queremos y en busca de experimentar algo que nos devuelva esa chispa de erotismo que se nos ha ido perdiendo con los años, esto no quiere decir que ya no amemos a nuestra pareja, pero hace falta algo que detone volver a descubrirnos como esposos.

    Todos estuvieron de acuerdo, seguí diciendo, de nuestra parte ustedes nos han caído muy bien y nos gustaría seguir adelante, Sandy contesto también ustedes nos agradan y también deseamos seguir con esto, pues bien, sé que Raúl quiere que antes de dar el siguiente paso pongamos algunas reglas para estar más cómodos y confiados, así que yo digo una regla y damos un si para aprobarla o un no para descartarla, ¿ok?, yo inicio y después cada uno de ustedes dicen otra.

    Yo: Si alguno se siente incómodo con algo y no acepta participar, se respeta el no es no.

    Si aprobada.

    Vicente: Ninguna interacción en casa, solo en hoteles.

    Si aprobada.

    Sandy: Interactuar solo con el consentimiento de la pareja.

    Si aprobada.

    Raúl: Los gastos que se generan repartidos a la mitad.

    Si aprobada.

    Yo: Antes del primer encuentro hacernos análisis para disfrutar sin condón.

    Si, aprobada.

    Vicente: Sin fotos o vídeos del encuentro.

    Si aprobada.

    Sandy: Crear un grupo WhatsApp restringido para comunicarnos solo las dos parejas.

    Si aprobada.

    Raúl: las mujeres usaran lencería cachonda para los encuentros.

    Si aprobada.

    Vicente: me gusta la mujer sin rasurar, solo área de bikini, Raúl expresó a mí también.

    Nosotras pedimos lo mismo para ustedes.

    Si aprobada.

    Sandy: Fuera de los encuentros el trato es solo de amigos.

    Si aprobada.

    Yo: No hemos practicado sexo anal pero estamos abiertos, Vicente preguntó ¿segura?, le dije sí, Raúl expresó que ellos tampoco y que también estarían abiertos, Sandy dijo que si.

    Nos miramos todos con cara de aprobación, el ambiente se tornó de mucho morbo.

    Muy bien ya hice el chat en WhatsApp y les estoy enviando las reglas.

    Vi a Sandy dirigir discretamente su mano a la entrepierna de Raúl y sobarle el miembro, me dio la confianza de hacer lo mismo con Vicente, ambos estaban empalmados pues Sandy me guiño el ojo en señal de aprobación.

    Después de esto pusimos fecha inmediata para hacernos los exámenes en cuanto los tuvimos, a través del WhatsApp compartimos los resultados todos negativos, lo que nos dio la confianza para seguir con el siguiente paso.

    Quedamos de vernos el siguiente fin de semana en un bar con música para bailar al norte de la ciudad de México, para después irnos a un hotel en el que Raúl previamente reservó, una suite para 4 personas, con tubo para pole dance, dos potros del amor, también con una sala con dos sillones para fajar y una mesa de centro, todo muy ad hoc para disfrutar nuestra primera vez en un intercambio de parejas.

    En la semana Vicente me acompaño al centro de la ciudad de México para comprar lencería, quise que Raúl se recreara la vista con mi atuendo, así que antes le hablé a Sandy y le pregunté que lencería le gusta, pero que no le dijera para que fuera una sorpresa.

    Me indico que le encanta lo retro brasier y bikini transparente con liguero y medias con encaje y línea en la parte de atrás todo en color negro, con zapatillas altas sin que me las quite cuando estemos cogiendo, le agradecí la información y ella a su vez me pidió como le gusta a Vicente, le dije que también retro, brassier y bikini rojo o combinado negro con rojo liguero y medias negras brillantes con encaje y le dije que si ella acostumbra las zapatillas cuando está cogiendo, para Vicente será una muy agradable sorpresa además de cachonda.

    Aprovechamos para preguntarnos lo que nos gusta, le dije que a mí me gusta mucho el cachondeo antes de iniciar, abrazarnos, besarnos, tocar nuestros cuerpos antes de quitarse la ropa, el sexo oral, darlo y recibirlo para después ponerme en la posición que él quiera para penetrarme, pero la que más me gusta es que él esté abajo y clavarme yo, en un principio de espaldas para que se deleite la vista con mis nalgas moviéndose y después de frente para recibir una buena sobada de chichis, eso me hace llegar a los orgasmos muy rápido, ya que soy multiorgásmica.

    Ella me dijo que también le gusta el cachondeo, dar y recibir sexo oral, después que la penetren en cuatro y con las piernas a los hombros, esas dos posiciones la hacen sentir muy rico y llega rápido al orgasmo, ella tiene una vagina que le llaman con perrito pues cuando lo tienen adentro párese que se las están chupando.

    Le dije, amiga creo que nos va a ir de maravilla, me encantó tu esposo y se ve bien cachondo, se rio y me contesto, tu esposo no se queda atrás y se ve que atiende bien jajaja.

    Adquirimos la lencería como me sugirió Sandy y se la mostré a Vicente, me empezó a tocar y trato de meterme los dedos en mi vagina, que escurría pero me aguanté y le dije, nos aguantamos mi rey, quiero que lleguemos a nuestra primera vez con todo, y lo deje con el pito parado.

    El viernes quedamos de vernos a las 4 de la tarde en el bar para alcanzar mesa, ya que se llena de los que salen de las oficinas.

    Raúl y Sandy llegaron primero, cuando nos vieron nos hicieron señas, estaban en una mesa retirada en un lugar muy discreto ya había una botella de vino dulce.

    Ambas llevamos vestidos cortos entallados con cierre al frente, esto hacía resaltar nuestros atributos, creo que parecíamos adolescentes en nuestra primera cita, me vino a la mente que esos detalles de arreglarnos para la pareja, sentir qué aún atraemos las miradas, la inquietud de lo desconocido, es lo que nos faltaba a ambas, esto lo comenté en la mesa y Sandy añadió y también sentirse deseada, así que alcemos la copa y brindemos, por ésta primera vez, por nuestras parejas, por la mejor cogida de nuestra nueva vida, salud y apuramos nuestras copas.

    Se sirvieron las siguientes y esto ayudó a romper completamente el hielo, salimos a la pista a bailar las primeras 2 canciones de música romántica, cada quien con su pareja, esto ayudó a ventilar entre nosotros nuestras primeras impresiones.

    Vicente me dijo que se sentía muy a gusto y que Sandy se veía muy atractiva, yo le dije que me pasaba igual con Raúl y le sugerí que el siguiente baile lo hiciéramos cambiando parejas, así lo hicimos y fue mejor ya que pudimos hacer un acercamiento previo a lo que nos esperaba más adelante.

    Vicente tomó la cintura de Sandy con las dos manos, y Sandy puso sus brazos sobre su cuello, de tal forma que se acercaron para darse un beso muy apasionado, Raúl no se quedó atrás haciendo lo mismo conmigo, sentí como bajo sus manos hasta casi tocar mis nalgas y acercarme hacía el para sentir el gran tamaño de su paquete, le dije que rico se siente, me dijo Sandy que lo sabes mover muy bien, se sonrojo un poco y me responde tu misma lo vas a corroborar en un rato.

    Después de bailar varias canciones regresamos a la mesa, está vez también hicimos cambio yo me senté junto a Raúl y Sandy junto a Vicente, esto ocasionó un mayor acercamiento y ambas coqueteamos con ellos, Vicente tocó la pierna de Sandy y Raúl llevó mi mano a su paquete, que delicia lo sentí parado a todo lo que daba, de buen tamaño sobre todo muy muy caliente, le dije tú también me tienes muy excitada, tócame, y discretamente metió su mano en mi entrepierna frotando mi panochita, la retiró y la puso en su nariz diciendo que rico huele, me está invitando a mamártela, le dije espera un poco y te vas a dar vuelo con ella, es lo que quiero.

    Vicente también metió su mano en la entrepierna de Sandy pero el sí hizo a un lado el bikini para meterle un dedo, hizo que Sandy cerrará los ojos sacándole un suspiro, luego saco la mano y llevo su dedo a la lengua para probar sus jugos, le dijo que rico sabor tienes, Sandy le respondió al rato me das una buena mamada de panocha ya quiero sentir tu lengua.

    Los cuatro ya estábamos demasiado calientes así que les propusimos irnos al hotel, pidieron la cuenta y Vicente puso la mitad para cubrir el importe del consumo.

    Llegamos al estacionamiento y abordamos los autos cada quien con su pareja, le pregunté a Vicente como estás y me dijo muy caliente ya me quiero coger a Sandy, está bien buena y me encantó sentir como se moja, y tú como te sientes, igual de caliente Raúl tiene una verga grande y bien dura y me estuvo diciendo cosas muy cachondas al oído, así que apuremos la llegada al hotel.

    Llegamos al hotel y Raúl ya tenía la llave de la habitación en el piso 3 con vista a la avenida, cerramos la cortina y pasamos cada quien con su pareja a la salita en un sillón doble se sentaron Raúl con Sandy y en el otro Vicente conmigo.

    Raúl sacó unos vasos y una botella de vino dulce, tal vez fue para romper completamente cualquier mínimo de resistencia que pudiéramos tener, así que alzamos los vasos y brindamos nuevamente por este primer intercambio.

    Continuará.

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  • Gran escuela de hostelería (parte 13)

    Gran escuela de hostelería (parte 13)

    ¡Hola lectores!

    Para resumir un poco a los que habéis seguido la serie, y los que os incorporáis ahora, recuerdo que la protagonista es Lexa, salía con un chico llamado Roel, al principio eran amigos con derecho a roce, pero él se declaró y se hicieron novios durante una corta temporada. Lexa empezó sus estudios de cocina y allí se enamora de un profesor llamado Jorge, con el que tiene muchas fantasías, empieza a no sentir nada por Roel, y él se da cuenta.

    Tienen una bronca muy fea en año nuevo y la relación se rompe. Lexa se va de fiesta con sus compañeros de la escuela y aparece una tensión sexual con su amigo Nico, pero sin sentimientos de por medio, ella sigue con Jorge en su cabeza. Pero Roel ha ido a casa Lexa a arrastrarse por su comportamiento y han acabado teniendo sexo sin compromiso, Lexa sigue haciéndolo con Jorge en la cabeza.

    Se va con su amiga Ariadna a cenar y aparece Jorge en el restaurante, Lexa se pone muy nerviosa…

    ¡Espero que disfrutéis de otra parte de esta serie!

    Parte 13:

    Entonces recuerdo esa conversación telefónica en la que le oí hablar del restaurante.

    -Lexa, ¿estas bien? -me vuelvo a mirar a Ariadna.

    -Si -no sueno convincente, mi voz es un hilo sin apenas volumen.

    -Estas blanca. -me coge la mano con gesto preocupado. Yo me recompongo un poco y asiento con la cabeza con una sonrisa falsa.

    -Voy al baño un momento.

    -¿Te acompaño? -esta realmente preocupada, pero vuelvo a sonreírle.

    -No te preocupes, ahora vuelvo.

    Estoy en el baño y me lavo la cara con agua fría, me miro al espejo y ahí siguen mis ojos hinchados y cristalinos, que son realmente bonitos cuando están así, se me ponen verdosos, pero siempre acompañan al amargo recuerdo del llanto.

    Cuando me he calmado y me he convencido de que no pasa nada, me seco bien la cara me repeino un poco y salgo decidida a seguir mi velada con mi amiga, pero en cuanto abro la puerta, ahi esta Jorge mirándome a los ojos.

    -Hola Lexa -su tono no es el de la escuela, parece más amable y despreocupado.

    -Hola Jorge -consigo decir, pero no puedo mantener la mirada en sus ojos y me acabo mirando los zapatos. Noto su mano en mi barbilla que me obliga a levantar la cabeza.

    -¿Estás bien? -ahora sí que su tono es de preocupación. Yo asiento con la cabeza, pero mis ojos se nublan, me vuelven imágenes de lo ocurrido esta tarde en casa y de año nuevo. -¿Lexa? -rompo a llorar y de repente siento sus brazos alrededor de mi cuerpo, mi cabeza descansa sobre su pecho mientras sollozo. Al cabo de unos segundos me recompongo.

    -Lo siento, no sé qué me ha pasado… -me pasa su mano por mi mejilla húmeda secando un poco esas lágrimas derramadas, se pone serio y frunce el ceño sabiendo que hay algo que no le estoy contando.

    -Lexa…

    -¡Lexa! ¿Estas bien? -la voz de Ariadna interrumpe lo que iba a decir Jorge.

    Los dos damos un respingo y volvemos al mundo real, aparece Ariadna por el umbral de la puerta y se nos queda mirando con cara de pasmada y preocupación al verme llorando, doy un paso atrás y me seco las lágrimas.

    -Estoy bien Ariadna, vamos a la mesa.

    -No tienes por qué fingir, está bien no estar bien. -Esa frase de Jorge me hace abrir los ojos, realmente se preocupa por mí. Ariadna esta con la boca abierta intentando comprender que es lo que pasa.

    -Tienes razón, no estoy bien, pero espero estarlo pronto, gracias Jorge. Vamos a la mesa Ariadna.

    Ariadna me mira con el ceño fruncido mientras nos vamos a la mesa, casi le puedo leer los pensamientos.

    -¿Pero quién es ese chico?

    -Uno de la escuela de hostelería, ya te contaré, que están aquí detrás sentados. -Me mira con una sonrisa pícara y asiente con la cabeza. Yo niego con la cabeza y me echo a reír, porque sé que sus pensamientos no se acercan a lo que es la realidad.

    Pasamos una velada tranquila, evito mirar hacia atrás, no quiero que sea más incómodo de lo que ya lo ha sido, pagamos la cuenta y en cuanto salimos del restaurante nos encendemos un cigarro y seguimos hablando poniéndonos al día de todo lo que nos hemos perdido estos meses sin vernos.

    A mitad del cigarro sale Jorge con sus amigos del restaurante y veo que se despide de todos y se acerca a nosotras.

    -Buenas noches chicas, ¿necesitáis que os lleve a casa?

    -Bueno, lo cierto es que hemos venido en…

    -Ay mira, pues nos haces un favor, porque voy un poco mareada de tanto vino. -Ariadna me interrumpe y cuando acaba la frase me pega un codazo y me guiña el ojo, como si Jorge no pudiera verla, yo le pongo cara de póquer y la fulminaría con la mirada. Que bien sabe hacerse la tonta cuando quiere, la he visto conducir con más copas de las que lleva hoy. Jorge se come la risa, cuando lo miro hasta a mí se me escapa la risa.

    -Estupendo, pues acompañarme al coche, ¿vivís cerca?

    -Bueno, yo vivo lejos de Lexa, pero cerca de aquí, así que yo seré la primera parada.

    Me preparo el móvil con las direcciones en el GPS y al llegar al coche me pega un empujón para que me siente en el asiento del copiloto.

    Ya en el coche tenemos 15 minutos hasta la casa de Ariadna y se hacen eternos, porque mi amiga no para de hablar de anécdotas sin sentido. Cuando al fin llegamos, me bajo del coche y me despido de ella con un abrazo y me susurra:

    -Lánzate y así no te arrepentirás por no haberlo intentado. -Pongo los ojos en blanco.

    -Buenas noches Ariadna, que descanses.

    -Buenas noches Lexa, mañana te llamo. -y se asoma para despedirse de Jorge con la mano como si fuera una niña pequeña, yo niego con la cabeza y le doy la vuelta y empujó hasta el portal.

    Vuelvo al coche y está sonando Crash and Burn, de Lifehouse, muy apropiada para la situación.

    -Me encanta esta canción. -digo en un hilo de voz, presa del nerviosismo.

    -Y a mí. -Jorge me dirige la mirada, me sonrojo la pone desde el principio y miro por la ventanilla mientras mi cabeza empieza a fantasear…

    -Para en cuanto puedas, tenemos que hablar. -Pese a lo nerviosa que estoy mi tono es serio y seco.

    -Pero si aún quedan 20 minutos para llegar a tu casa, podemos hablar por el camino.

    -No, quiero que pares el coche, por favor.

    Jorge encuentra una gasolinera fantasma y aparca ahí mismo.

    -¿Qué pasa?

    Sin decir una palabra y aun con la canción sonando me desabrocho el cinturón y me inclino hacia él, le pongo una mano en su mejilla y le acaricio la barba mientras acerco mis labios a los suyos y nos fundimos en un tierno beso.

    Me separó un poco para ver su reacción, para en shock, pero no aparta la mirada de mis ojos, me coje la cara con ambas manos y me devuelve el beso. Noto que su lengua pide permiso para entrar y la dejo pasar y enredamos nuestras lenguas mientras mi corazón se acelera.

    Busco su cinturón del coche y se lo desabrocho, sin separarme de él, me levanto de mi asiento y me siento en su regazo, mis manos viajan por su pelo y le estiro suavemente de él, ahoga pequeños gemidos y deja de besarme para contemplarme.

    Llevo mis manos a su pecho y empiezo a desabrocharle la camisa botón a botón, dejo su torso al aire y lo masajeo mientras lo riego con pequeños besos.

    Le cojo las manos y me las llevo a mi pecho, el responde masajeándolos y mis pezones se ponen duros en respuesta.

    Me imita y me desabrocha la camisa, estira del sujetador hacia abajo y deja mis pechos desnudos a la vista, me envuelve en sus brazos y me aprieta hacia el mientras se lleva mis pezones a la boca y yo gimo con fuerza y elevó mi cabeza hacia el techo.

    Noto su erección en mi sexo y yo cada vez estoy más mojada.

    Cuando Jorge acaba con la tortura en mis pechos, inclina el asiento hacia atrás, lo que nos deja más espacio, se desabrocha el pantalón y yo lo ayudo a liberar su miembro, cojo la erección con ambas manos y empiezo a masturbarle, el me mira a los ojos y a más excitado esta más me aprieta las piernas con sus manos, de repente explota y me salpica el vientre, lo recojo con dos dedos y sin dejar de mirarle, me los meto en boca y lo saboreo, su erección se recompone de inmediato, pero ahora es mi turno.

    Jorge tira de mí, me tumba sobre él y nos la vuelta, ahora yo estoy debajo, con un movimiento ágil me coge por la cintura y me lleva lo más atrás posible, lleva sus manos a mi pantalón y me lo quita con destreza dejándome solo con las bragas empapadas.

    -Madre mía, Lexa, esto está chorreando. -su voz se ha vuelto oscura e increíblemente sexy.

    Yo ni corta ni perezosa elevo mi cadera hacia el dándole permiso para entrar, pero en lugar de eso empieza a recorrer mi torso con sus dedos, haciendo suaves caricias y giros hasta que llega a mis bragas, me un dedo en el elástico y recorre todo el contorno con él, cuando llega a la zona de mi sexo, noto un pequeño tirón y acto seguido con un tirón más fuerte oigo como las rompe y siento mi coño liberado, sin piedad mete dos dedos en mi interior y gruñe, mi cuerpo se arquea y no puedo evitar correrme nada más tocarme, pero a él le da igual y sigue su mete saca con los dedos hasta hacerme explotar en un squirt, después de eso me mete sus dedos en mi boca y yo los chupo con fuerza.

    -¿Estas lista?

    -Si, por favor, entra en mí, te deseo.

    Jorge me sonríe y me besa, sin separar nuestras bocas noto como se acerca su miembro a mi entrada y poco a poco me va llenando de él, cuando llega fondo gimo y muerdo su labio y el responde con un gruñido de placer. Abro los ojos y ahí está el, mirándome fijamente mientras inicia un delicioso ritmo de mete saca, me coge la manos, entrelazamos los dedos y se las lleva por encima de mi cabeza, el ritmo se va acelerando, las entradas se van endureciendo, noto sus embestidas en mis entrañas y esa es mi perdición, mientras emito un largo gemido, nos dejamos ir y caemos los dos en un delicioso y largo orgasmo…

    -¿Lexa? -la mano de Jorge sobre mi pierna interrumpe mis fantasías y me devuelven al mundo real.

    -Perdona, ¿que?

    -¿Que si te apetece tomar algo y charlar? Hay un bar de copas cerca de tu casa.

    -¡Oh! Vale… -No puedo sonar más nerviosa…

    Continuará.

    ¡Gracias a todos por leerme y apoyarme!

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  • Economista y prosti: Con Manuel, solos y sorpresa final (1)

    Economista y prosti: Con Manuel, solos y sorpresa final (1)

    No les extrañe que este relato sea rotulado como “Amor Filial”. Al final, sorprendo a Manuel con algo muy especial. Por razones de extensión del relato se publica en dos veces, la segunda aparecerá lunes o martes, después del feriado.

    Un beso, queridos lectores. Y a todos, felicidad en estos días especiales, al menos para algunos.

    Era notorio el deseo de Manuel (o Manu) de concretar cuanto antes. Me llamaba todos los días, y finalmente pude concretarle (Tommy estaba de acuerdo, ¿lo recuerdan?) una noche completa. Me aseguré incluso de poder descansar un poco al no tomar compromisos (de ninguna de mis actividades ja ja) hasta la 1 pm del día siguiente al comienzo del encuentro.

    Lo pude hacer un martes de noche. Y lo armamos tranquilamente, pues Tommy me dijo que cuando conversaron a solas antes de llegar yo, en la inauguración, Manuel le contó que es separado en trámite de divorcio.

    Manu propuso comenzar cenando, y luego ir a mi “oficina putihogar” lo cual me pareció un lindo detalle de su parte. No me causaría problemas, pues siempre puedo argumentar que es una cena de negocios, (lo fue en realidad, ja ja), con un interesado en informes de mi Asesoría.

    Una cena normal, muy agradable, donde Manu me contó un poco de su vida, y yo de la nuestra con Tommy, poniéndolo al tanto de cómo fue que decidí primero entregarme a otro hombre, y casi al mismo tiempo, probar de entregarme por dinero.

    Por supuesto, le conté que esto era algo muy placentero para mí, y que lo hago entregándome sin limitaciones, como ya dije alguna vez, “mi amor es de Tommy, pero en el sexo, trato a todos por igual”.

    Él, muy afable y divertido, comimos poco y liviano, y bebimos solamente agua, ambos debimos conducir hasta mi Asesoría. Les comento, que bien se ve el cartel en la puerta: Sofía XXX, Economista, Asesoría Financiera.

    Después de dos exquisitas ensaladas, abundante agua y dos cafés, eran apenas las 10 pm cuando nos fuimos a mi lugar, que, otro requisito de compra, tiene estacionamiento para dos vehículos.

    Al llegar, un encantador detalle de su parte… me entregó un sobre diciéndome: “cuenta, por favor”, a lo cual obviamente respondí: “de ninguna manera, confío en ti”. Nos besamos bastante y luego se excusó para ir al baño, (culpa del agua, ja ja), y yo subí a cambiarme, había ido con un sencillo pantalón negro, camisa blanca y un lindo chaleco de raso negro bordado con tema de flores.

    Dudé si encenderle el televisor para que me viera cambiarme, pero preferí crear algo de expectativa, aunque cuando la inauguración ya me había acariciado las tetas y me vio coger.

    Salí de la suite del piso superior y bajé la escalera, con mi querida boa de plumas blancas, bien enrollada en el cuello y en el busto, y colgando por delante hasta mi sexo. Una pequeña tanga blanca del tipo hilo y nada más. ¿Acaso debo decirles que llevaba zapatos de taco muy alto? De color negro, para contrastar con el blanco de las plumas de la boa y de la tanga.

    Bajé la escalera lentamente. Una vez abajo, me detuve frente a él y le pregunté si deseaba acaso un café. Dijo que no era necesario, que estaba muy despierto y atento.

    Conversamos un poco más acerca de nosotros, de su amistad y negocios con Tibu, y, la verdad, en todo momento me hizo presente cuanto le gusto.

    Sentados en el gran sofá de recibo de mi estudio de Economista, nos fuimos besando cada vez más, juego de lenguas, y lentamente yo misma me fui quitando la boa, lo cual causó en Manuel gran sorpresa, al advertir la desaparición de mi tirita de pelos, que en el futuro dejaré crecer nuevamente si me lo solicitan.

    Instantáneamente me acarició la zona, por encima del mínimo triangulito de la tanga, alabando la suavidad de la zona, recién depilada. Y encantado de la sorpresa. Ni que decir, sentados lado a lado, mis tetas compartieron las caricias con mi pubis, mientras nos besábamos con verdaderas ganas.

    Me paré, me quité la tanga frente a él, y, sabiendo que varios orales serían inevitables, decidí atar mi cabello en una “cola de caballo” para que no molestara, pero en vez de un broche o una gomita, utilicé mi tanga…lo cual nos llevó a un “Wow” de su parte, mientras, él sentado y yo parada, me daba un par de lengüetazos en la raya de mi concha.

    Nada ganábamos quedándonos abajo, lo tomé de la mano y lo invité a la escalera, donde obviamente, subí adelante, como corresponde. Además, podía “sentir” el fuego de sus ojos mirando (y, según me dijo, admirando) mi culo. Al llegar al dormitorio, mientras se desvestía, y ya totalmente en confianza, me miraba, (yo acostada de espaldas a él), y me dijo cuánto le gusto, como considera que mi culo es prácticamente perfecto, ni enorme ni pequeño, duro, elástico, “un placer verte en la escalera”. Me giré, ahora de frente a él y moví apenas mis tetas, ya un poco excitada por sus requiebros. Su verga dura me decía que muy pronto habría acción.

    Me levanté y fui junto a él, me puse de espaldas y atraje sus manos a mis tetas. Entendió cuán encendida estaba por la dureza de mis pezones, mientras su verga, dura y, debo decirlo, muy cabezona, se deslizaba lentamente entre mis glúteos, como jugando.

    Lo que eran caricias a mis tetas, derivaron en pequeños pellizcos a mis pezones, una delicia, me giré, y nos besamos de lengua, saliva va, saliva viene. Me arrodillé ante él (esto a los hombres les encanta) y comencé a chuparle la pija, luego de alabar, con toda justicia, lo cabezona que es, sin dudas, como una ciruela de buen tamaño, sobre un tronco agradable y con dos venas que resaltan. Una lateral, que se bifurca antes dela zona de glande, y una por la parte superior, más corta.

    Me encantó metérmela en la boca y lamerla. Manu me tomó de la cabeza y empujaba, metiendo la verga cada vez más adentro, hasta casi ahogarme, entonces aflojó la presión y saqué la verga de mi boca, dejando caer un chorro de saliva sobre mis tetas. Me las manoseó y fuimos a la cama. Allí, como era de esperarse, se la seguí chupando hasta que fue su turno. Y abrí las piernas invitándolo a retribuir gentilezas.

    ¡Vaya si lo hizo! Puedo decir que es un excelso chupa conchas. Primero fue la lamida, lengüetazos largos, húmedos que iban desde cerca del ano hasta mi clítoris.

    Luego, situó su boca sobre los labios de mi concha, e introduciendo la lengua, la movía rápidamente como si me penetrara, y luego, el súmmum… comenzó a hacer ventosa en mi concha, succionando y parando repetidamente, me sentía morir de placer, nadie me lo había hecho. Toda mi concha entre sus labios ¡como si me espirara!

    Y luego, con mi conchita chorreando mis jugos y su saliva, fue al clítoris, que como nunca (lo tengo pequeño), se asomaba apenas de su capuchón, en llamas. Comenzó a lamerlo y al mismo tiempo dos dedos entraron en mi concha como si me cogiera. No sé si estuvo minutos o segundos, pero estaba como en otro mundo.

    Sentía mis labios ardiendo y lo atraje hacia arriba. Entendió mi necesidad de ser besada y comenzó a jugar con sus labios y los míos. Atrapaba uno de mis labios en sus labios húmedos, luego yo le hacía lo mismo y seguidamente bajaba a morderme un pezón, subía de nuevo a mi boca y retomaba el apresar uno de mis labios entre los suyos. Y mientras tanto, no paraba de refregarme la verga en la entrada de mi conchita.

    Los dos lo deseábamos, puse mis piernas sobre sus hombros, pero él las llevó hacia mi pecho, lo entendí y las sujeté con mis manos. Imposible ofrecerle más o mejor mi tan deseada concha, recuérdese depilada, llena de su saliva y mis jugos, con mi clítoris apenas a la vista saliendo de su capuchón.

    Tomó su verga con una mano y me la comenzó a pasar por la concha, abriéndome los labios. Subía hasta restregar el clítoris y bajaba para empezar de nuevo. Hasta que ubicó la entrada y posicionó esa hermosa cabeza de pija que tiene, grande, de color rojo oscuro y cuando comenzó a metérmela fue tremendo. Despacio y con toda la vagina bien lubricada, se metió en mi para comenzar un hermoso vaivén. Yo jadeaba, él entraba a fondo y atiné a pedirle que la sacara y metiera. Fue glorioso, además, bien tirado sobre mí, me chupaba las tetas.

    Se pueden imaginar mi goce cuando comencé a sentir tibieza y chorros en mi matriz.

    Estaba super deseoso y siguió un poco más, con lo cual, se lo agradeceré siempre, pude llegar a mi orgasmo, algo no muy frecuente, mi espalda tensa, gritando, fue mi turno de mezclar más jugos con su semen.

    Giramos aún con la pija dentro de mí, y entonces me levanté y comencé a gotear sobre su vientre. Leche, flujo, seguramente también saliva… fue hermoso, y para nada ofensivo.

    Le ofrecí mis tetas unos momentos y luego bajé a recoger con mi lengua todo lo que había chorreado y además, le limpié la verga como suelo hacerlo a todos.

    Me acosté de frente a él, una costumbre que he desarrollado. Es algo que me encanta. Permite besarse, acariciarse libremente, pueden chuparme las tetas, puedo acariciarles la pija, me acarician la concha, suelo tomarle la cara entre mis manos y besar dulcemente al cliente con el que esté. Y un detalle no menor, podemos frotar nuestros pubis, lo que es placentero aunque la verga esté blanda. Por supuesto en esa posición y mientras se hace todo eso, la conversación fluye, inocente, pícara, familiar o muy muy sucia, según el momento. Me estaba lamiendo las tetas y yo le masajeaba el miembro, y recordé haber prometido ambos a Tommy que nos vería.

    Se lo dije a mi partenaire de ese momento, y me dijo que si, que lo llamara, que recordaba haber prometido ese contacto… y además ya eran las 00.30 del día siguiente. ¡El tiempo vuela cuando se pasa bien y se goza! Le sugerí a Manuel demorar un momento la llamada para concurrir al baño, lo cual aceptó de inmediato, pidiéndome que lo dejara adelantarse. Toda el agua de la cena hacía efecto en ambos ja ja.

    Se adelantó , y en total confianza, lo seguí dos minutos después. Hice lo mío, sin pudor, en confianza, mientras él regulaba la ducha.

    –Por suerte llegué al baño, dijo, ¡no quería tener un accidente en la cama!

    –Por cierto, dije. Hubiera sido lamentable ja ja ja…

    –Aunque no lo creas una vez una dama me lo pidió, dijo Manu

    –Te creo, pues tengo una amiga que me ha confesado que eso es su fantasía más recóndita. (Aclaro que esa dama de la fantasía es Mary).

    –Decile que estoy a la orden ja ja.

    Y un minuto después disfrutábamos juntos de una hermosa y reconfortante ducha que nos dejó totalmente limpios y contentos.

    Volvimos al lecho, limpios para retomar la noche, Manuel desnudo, y yo con un mínimo babydoll rosado, transparente y sin mis tacos altos, que me puse al pasar por la antesala del baño de la suite, que es un vestidor de gran tamaño, y como se usa ahora, con una gran tina para baños de inmersión, sin duchero. Llamé a Tommy, video llamada. En altavoz para que Manuel oyera y si era del caso, participara. Nos saludamos, le conté de la cena, del exceso de agua, nos reímos.

    En esos momentos, Manu sostenía el celular y me enfocaba, recorriendo mi cuerpo completamente por delante y por detrás, para goce de Tommy, que le encanta ese babydoll rosa.

    Pusimos el celular sobre una mesita mientras Manuel, desnudo y semi erecto, me desnudó, y comenzó a manosearme las tetas y a darme besos y mordiscos suaves en el cuello.

    Nuevamente con el celular en mi mano y filmando tipo POV, me agaché a lamer la verga de Manuel, ya casi dura. Me despedí, habiendo cumplido la promesa de llamarlo en momentos de acción.

    Manuel estaba dedicado por completo a mis tetas y a mi cuello, aunque empezó a alternar besos en la boca.

    Nuevamente acostados y frente a frente, volvimos a conversar, le conté algo acerca de Mary, y quedé de consultarla acerca de si quería concretar su fantasía con Manuel. Y lancé una bomba, en plena sesión de besos de lengua y caricias de él a mi concha y mías a su verga. Un poco le acariciaba la poronga y otro poco bajaba a acariciar los huevos. Pero, decidí informarle de algunas cosas. Ya se imaginan, la visita del matrimonio francés, voyeurs,

    –¿Y qué vienen a mirar esos voyeurs?

    –Pues algo especial que algún día sabrás, y creo que de paso terminaremos de definir la participación del señor en mi fecundación, cuando lo decidamos con Tommy. ¡Mi mano sintió su verga endurecerse aún más!

    –¿Te van a fecundar más hombres que tu marido? ¿Vas a sumar fecundadores? ¿Y Tommy lo acepta? ¿Y quiénes son los otros fecundadores?

    –Obviamente Tom, el francés, que se suma de manera inesperada, y dos personas más, que algún día sabrás quiénes son. Son muy cercanos a nosotros.

    –Tienen que sumarme, me encantaría, es más, no hagas problema de dinero, ¡lo que sea!

    Mmm por el momento cupo cerrado, salvo que decidiéramos abrir uno o dos lugares más. Pero será como mínimo a fin de año, o después.

    –No se olviden de mí, haré lo que sea para que me acepten.

    Me acercó la pija, durísima, a mi conchita, ya caliente pues estas conversaciones me excitan. Sin esperar, pasé una pierna mía por encima de las de él y empezamos a coger. Gimiendo, besándonos. En un momento le ofrecí mis labios entreabiertos y succionó lo que pudo de mi saliva y mientras entraba y salía de mí, dejó caer todo lo de su boca en mis tetas. Forzando un poco la posición, logró lamerme las tetas y desparramar en ellas toda la saliva que me había echado. Inspirada, tomé una foto de mis tetas brillantes de baba y la envié a Tommy…

    Hice un pequeño movimiento para que la verga se saliera de mí, me giré y quedé de espaldas a él, repitiendo lo que hago muchas veces, para que me cogiera en cucharita. Mi pierna derecha por encima de las de él y nuevamente a disfrutar de la entrada en mí de esa pija. Es una maravilla sentir ese glande tremendo abrirse camino en mi vagina.

    Y más y más vaivén. Hasta que acabó, mientras estaba acariciando mis tetas. Y bien que me dio la impresión de ser una buena cantidad. Decidida a probar si él ponía límites, me subí a él y me monté, mi concha chorreando, sobre su cara. Chupo y lamió. Cero rechazo.

    Pasé a chuparle y limpiarle la cara y el miembro, y aproveché que él estaba boca arriba, para hacerle flexionar las rodillas, mi lengua se fue deslizando desde su verga a los huevos y de los huevos a su ano. El beso negro es una de mis especialidades, lo reconozco, y me dediqué a lamerle u puntearle el ano con mi lengua, mientras acariciaba las bolas y el miembro.

    Finalmente, cansados, volvimos a estar de frente y nos dormimos llenos de leche, besándonos.

    El final, dentro de tres o cuatro días, con una sorpresa que enloqueció de placer a Manuel.

    Un beso queridos lectores.

    Sofía.

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