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  • Como me cogí a mi tía Adelita

    Como me cogí a mi tía Adelita

    De todas mi tías, hermanas de mi madre, la más joven de ellas, Adela aunque es bien fea e india era la más cachonda de todas. Bajita de estatura, delgada, morena labios carnosos, unas nalgas deliciosas y senos grandes, utilizaba el cabello corto, y era muy coqueta. Siempre había escuchado que todos mis amigos de la vecindad le decían de apodo “la camarona”, porque si le quitaban la cabeza lo único bueno que le quedaba y que se comerían seria el cuerpo y la verdad no se equivocaban, me decían que estaba buenísima, que querían cogérsela, siempre me pedían que se las presentara o como ellos decían que se las echara a andar, hasta me decían que me iban a hacer un primito. Esto me molestaba mucho, yo quería mucho a mi tía, además era muy amable y atenta conmigo. Yo me daba cuenta que todos los hombres la miraban con morbo y lujuria cuando pasaba y le decían piropos obscenos y volteaban a verle las nalgas y uno que otro vecino con el pretexto de saludarla la manoseaba cuando pasaba y ella no decía nada.

    Una vez sin que se diera cuenta escuché a un vecino decir a otro que ya se la había cogido, él era su compañero de trabajo en un supermercado y se expresaba de ella como si fuera una puta, decía que cuando tenía alguna movida inventaba pretextos con ella para quedarse en moteles con hombres que le gustaban y a quienes les pedía dinero, o también para poder escaparse toda la noche inventaba que se quedaba a inventario y se iba en lugar de eso a los antros y a los moteles con los hombres que le habían gustado, que para obtener trabajo de planta le dijo a su jefe que le gustaba y se dejó coger por él varias veces en su oficina y por puta la despidieron a la semana. Una vez también le robaron varios pantalones por andar de zorra y para que no se los cobraran y la corrieran le dio las nalgas a su supervisor que causalmente era aquel vecino que estaba contando la historia y se refería de ella como una golosa, ya que decía que la llevo a un motel y se la cogió como el quiso “me vacié dentro de ella” decía el hombre. Que en una ocasión un promotor cuando preparaban los inventarios se la tiro en el almacén sobre unos cajones de verdura mientras los demás escondidos veían como gozaba la perra y además que era una puta golosa que le encantaba mamar la verga y que se hacia la mosca muerta, lo cual en vez de enojarme me excitó bastante no sé por qué, ella siempre usaba unos pantalones de mezclilla ajustados y deslavados del culo que se le veían muy ricos, sobre todo cuando se empinaba a recoger algo.

    Yo siempre que podía a hurtadillas la espiaba cuando se bañaba y me masturbaba pensando en que me la follaba por el culo y lo delicioso que eso sería, aunque sabía que era mi tía, que no estaba bien que pensara así y era algo prohibido.

    En una ocasión que coincidimos en las vacaciones de verano en la casa de otra tía, por casualidad nos tocó dormir en la misma habitación, ella siempre se acostaba con un camisón transparente y destapada por el calor, yo todas las noches mientras ella dormía observaba como se veía su cuerpo semidesnudo y me imaginaba acariciándolo, me excitaba mucho que durmiera boca abajo porque podía ver claramente sus pantaletas ajustadas sobre su redondo y parado trasero con el cual fantaseaba y muchas veces fue motivo de masturbación, y cuando se volteaba veía sus senos grandes y redondos. Al cabo de unos días después que ella volvía de una reunión de trabajo, sin decir nada se fue a acostar más temprano de lo normal, me pareció verla algo distinta, al parecer estaba tomada.

    Cuando más tarde yo llegue al cuarto y me iba a dormir, me di cuenta que estaba en mi cama dormida, sorprendido me acosté con cuidado de no hacer ruido para no despertarla.

    En esa ocasión yo llevaba puesto un short y una playera, como hacía mucho calor me tapé solo una sábana que ella tenía también. De pronto mi imaginación comenzó a volar, me imaginaba teniendo sexo salvajemente con ella en distintas formas como en las porno que acostumbraba ver y que la hacía gritar de placer mientras venían a mi mente sus ricas nalgas y tetas, además del relato que había escuchado del vecino, pero algo dentro de mi decía que eso no era normal que no estaba permitido, era mi tía “Adelita” y nunca me había dado motivos para que pensara de ella así, hasta ese momento siempre había sido tan recta, tan cariñosa, siempre decía que me quería como su hijo y me abrazaba cada vez que podía yo aprovechaba para sentir sus tetas en mí. Cabe mencionar, sin embargo me recosté de lado y trate de no pensar más en ello y así pasaron varios minutos en los cuales no pude dormir con el dilema moral de pensar en sí o no en cogerme a mi tía. Además tenía 19 años y no podía pensar en otra cosa.

    De pronto sentí como ella se acercaba a mí y una de sus manos agarró mi cintura, pensé que estaba dormida, sin embargo después me jaló en dirección hacia ella y subió una pierna sobre mi cuerpo mientras suspiraba, nervioso acaricié su muslo, no lo podía creer esto para mí era algo que siempre había deseado poder manosear a mi tía… pensé… quizás esta soñando y piensa que soy algún galancillo suyo, que suerte tengo me dije, era todo lo que yo hasta ese momento había soñado y si nada más hubiera sucedido eso hubiera sido suficiente para satisfacer mis deseos sexuales sin embargo, de pronto pego sus senos hacia mi cuerpo y me excite mucho mi pene tuvo una erección muy fuerte, no sabía que hacer ella lo de haber sentido mi pene duro restregándose contra su pierna y comenzó a frotar su pierna contra mi pene, sentía algo ardiente dentro de mi cuerpo al tener sus tetas suaves y grandes tan cerca y fue entonces que después de varios minutos de pensarlo sin importarme ya nada agarre uno de sus senos y lo comencé a acariciar por encima de su camisón, se sentían tan suaves y sus pezones estaban duros y firmes. De pronto ella al ver mi reacción tomo y comenzó a acariciar mi pene erecto por encima de mi short yo me quedé sorprendido, pero me excite mucho estaba mudo era algo irreal. Después de un rato de acariciarlo metió su mano en mi short y lo saco y comenzó a subir y a bajar su mano suavemente y fue aumentando la velocidad poco a poco mientras yo acariciaba sus senos, mientras me masturbaba rápidamente con su otra mano agarro la mía y comenzó a apretar sus tetas, soltó mi pene y comenzó a acariciar mis huevos, inmediatamente me enderecé y al verla recostada semi desnuda no sé como pero me quité mi shorts y mi playera, en cuestión de segundos estaba totalmente desnudo con mi pene apuntando en dirección de mi tía, ella al ver mi pene erecto apretó los labios y levanto todo su camisón apresuradamente quedándose en unas sexies pantaletas y un brassiere muy bonito se enderezó y me pidió que me sentara, desabrochó su brassiere que era de los que se abrochan por el frente, de encaje color blanco y sus enormes senos salieron brincando con un movimiento sensual y pude ver sus pezones grandes y negros, ella me dijo “ven…”, me recosté en la cama y me dijo “súbete”, abrió sus piernas y me señalo sus pantaletas y rápidamente levante sus piernas y quite sus pantaletas…

    Por fin pude ver de cerca aquella belleza, su vagina estaba totalmente cubierta de vello negro y abultada, Adela abrió sus piernas y yo comencé a acariciarla con mi mano izquierda mientras con mi boca besaba uno de sus pezones negros. Era una escena que ni en sueños me hubiera imaginado, su vagina se sentía cálida y húmeda y a ella parecía agradarle mis caricias ya que apretaba mi mano contra su miembro, de pronto ella estiro su mano agarro mi pene que parecía una piedra y siguió masturbándome mientras gemía yo me estaba deleitando chupando sus enormes tetas mientras ella comenzaba a jadear, luego de un rato se sentó y me dijo «acuéstate» lo cual obedecí sin rezongar y me eche para atrás sobre las almohadas y su brassiere mientras mi pene apuntaba hacia arriba totalmente erecto y poco a poco vi como ella se inclinaba hacia el mientras elevaba su trasero en la obscuridad de la habitación, lo cual me excito demasiado y sentí como sus tetas rozaban mis piernas, tomo mi verga con ambas manos acariciándolo suavemente y después comenzó acariciando mis bolas con sus uñas y luego con su mano izquierda agarro la base de mi pene lo observo un instante y selo metió con unas ansias en la boca mientras cerraba sus ojos, comenzó a chuparlo de la cabeza y suavemente subía y bajaba su boca y con su lengua acariciaba la cabeza de mi miembro en forma circular, primero muy suave y luego más rápido mientras con su mano lo masturbaba rápidamente mientras abría la boca y sacaba su lengua para lamer la cabeza como esperando recibir mi semen, le chupaba tan rico y sentía que me succionaba le alma, ella hacía de momento algunas pausas para tragar saliva y continuaba viéndome de reojo pícaramente mientras me chupaba la verga, luego comenzó a lamerme desde las bolas y subía hasta la punta, donde escupía y volvía a lamer la cabeza, agarre su cabeza y comencé a jalarla hacia mi pene hasta que ella comenzó a arquear me vio y pícaramente se rio y continuo chupándome la verga hasta que se me salieron unas gotas de semen yo sentía que el alma se me iba a escapar por el pene, se levantó lamiéndose los labios y después de esto y pude ver su figura a través de la sombra era una imagen excitante de su cuerpo desnudo y sudado en la obscuridad que solía podía haber imaginado alguna vez.

    Luego se inclinó a un lado mío, paso una pierna sobre mi cuerpo y quedo sentada encima de mí, se inclinó hacia el frente y sus enormes tetas colgaban de manera sensual quedando casi frente a mi cara, los agarre con mis manos y los empecé a lamer y a apretar con una gran lujuria era lo que toda mi vida había soñado mientras ella con su mano derecha agarro mi pene y suavemente mientras paraba el culo y lo acomodo y apuntándolo lo metió en su vagina, era una sensación de humedad y calor mientras yo veía como ella gozaba y gemía mientras se lo comía, mientras más la veía más me excitaba, ya estando encima de mi pene comenzó a moverse primero lento mientras su cuerpo temblaba puse mis manos en su cadera y apretándolas la jale hacia mi pene fuertemente, ella grito despacio y poco a poco ella comenzó a moverse más rápido dando sentones con fuerza sobre mi cadera como si estuviera montando un caballo sus deliciosas tetas se balancean al ritmo que ella galopaba mientras elevaba su cabeza y jadeaba, se escuchaba el sonido de nuestras carnes chocando a lo que yo llamo aplausos sexuales hasta que comenzó a rechinar la cama matrimonial donde estábamos consumando el sexo es decir estaba siendo penetrada por mí, era el único ruido que se escuchaba en la callada noche, esto me excito demasiado y apreté sus caderas y comencé a levantar la mía con mucha fuerza y rapidez mientras chocaban sus nalgas con mi cadera y comencé a apretar el ritmo queriendo meterlo aún más mientras apretaba sus nalgas duro podía ver su cuerpo empapado en sudor ya que era una noche muy calurosa mientras apretaba sus nalgas y veía como brincaban sus tetas enormes de un lado a otro al ritmo que la follaba y gemía muy rico, hasta ese momento era lo más delicioso que había sentido ver ese cuerpo tan delicioso sobre el mío en lo cual era lo único que me había concentrado y de pronto voltee mi cara a ver la de ella reconociendo inmediatamente que era lacara de mi tía la verdad por lo caliente yo solo me deje llevar por mis instintos hasta ese momento que me di cuenta que era ella y entre en shock y pensé… no lo puedo creer que estoy haciendo me estoy cogiendo a mí tía querida “Adelita” esto no está bien, que estoy haciendo cómo es posible que llegara a esto…

    Pare por un instante asustado por ofender así a mi tía querida, me comencé a sentir como un gusano y ella se dio cuenta y se me quedo viendo sorprendida solo sonrió lujuriosamente, me puso las manos una vez más en su cadera y me dijo “no pares por favor, sigue así”, fue entonces que reaccione y al verla totalmente desnuda sentada sobre mi pene mientras jadeaba y babeaba como perra en celo que mi instinto de reproducción animal fue más fuerte y me dije que carajo ella parece estar gozándolo sin ningún remordimiento además la muy puta se lo busco, sí, eso es, una puta me dije porque solo una puta busca a su sobrino para coger y además ya la tengo bien ensartada a la perra, ya no hay marcha atrás ni en mis sueños imagine tenerla así y no lo voy a desaprovechar porque quizás nunca se repita, no la voy a dejar con las ganas ni yo me pienso quedar así fue entonces que volví a agarrar sus nalgas y comencé a cogérmela mas fuerte mientras veía su peluda vagina restregándose contra mi pene y ahora me la cogía pero con más fuerza y la veía con una lujuria enorme al ver como brincaban sus tetas mientras se lo metía duro y rápido mientras su cuerpo sudado temblaba de placer.

    Ahora si asociaba ese sexo con Adela sin remordimientos a partir de ese momento esa mujer aparte de ser mi tía “Adelita” era una puta común para mi comencé a apretar sus tetas y apreté todavía más el ritmo sin importarme el lazo de sangre que me unía a ella y tan solo de escucharla gemir y como me pedía a gritos mi verga me motivaba a metérselo más duro, es más ahora ya no me arrepentía de estar metiéndole la verga a mi tía Adelita, me sentía realizado por cogérmela como lo estaba haciendo mientras lo hacia la veía a su cara y me excitaba más y la muy puta hasta lo estaba gozando, al oírla gemir de placer y poner sus ojos en blanco, pensaba que rico me estoy bombeando a esta puta y con las ganas que le traía quien se imaginaria que mi tía fuera tan golosa, todo lo que escuche de ella era cierto ahora me voy a desquitar porque siempre creí que era muy santa la putisima, me la voy a coger como a una puta de barrio, mientras acariciaba sus nalgas y mordía sus senos, ella gemía y se retorcía de placer mientras me pedía más, me sentía orgulloso de aquella hazaña de estar parchándome a la mujer que todos mis amigos deseaban, en ese instante recordé una ocasión que ella me descubrió viendo película porno donde le dan una mega cogida a la actriz y ella me había regañado por pervertido, fue así como lo recordé y comencé a imitar la manera en cómo se cogían ala protagonista solo que la protagonista de mi historia porno era mi querida y putita tía Adelita ella no se hubiera imaginado que esa película seria inspiración para que yo me la cogiera muy rico, le apretaba las nalgas y besaba sus enormes tetas mientras se lo metía duro y rápido viendo como mi verga entraba y salía de su panocha peluda y escuchándola quejarse de placer ella sin preguntar nada hacía todo lo que le pedía sin darse cuenta que estábamos repitiendo es a escena porno, ansiaba poder contarles aquella faena que le estaba dando a la muy puta para que se murieran de envidia, presumirles que me dio las nalgas antes que a alguno de ellos, me sentía como todo un semental preñando a su hembra y excitado comencé a metérselo más y más rápido y fue así que sin darme cuenta por lo caliente que estaba sentí que mi cuerpo explotaba y cuando me di cuenta estaba terminando dentro de ella incluso la escuche decirme así así asiiii. fue el momento más largo de mi vida sentí que de mi pene salían litros y litros de semen mientras veía el movimiento de sus senos y su cara de satisfacción mientras sus ojos se ponían en blanco, comencé a empujar mi pene hasta el fondo de su vagina mientras apretaba sus nalgas a la vez que salían de mi pene los últimos chorros de semen, después de descargar mi leche dentro de ella no saque mi pene hasta casi 10 minutos después de acabar, ella se recostó a un lado nos quedamos callados sin decir nada como sabiendo que lo que hacíamos no era normal, que era algo prohibido y peor aún nos había gustado además de saber que nos habíamos satisfecho mutuamente.

    Después de unos minutos, nos quedamos callados sin decir nada fue entonces que pensé que diablos lo hecho, hecho esta ya no hay marcha atrás además ella se lo busco y puede ser que esto no se repita nunca y me sentí con una gran alegría de solo recordar lo que acababa de pasar y me excite otra vez y nuevamente con una gran erección y con la firme intención de no desaprovechar esa oportunidad me recosté sobre mi tía y comencé a besar y acaricia salvajemente sus senos, comencé a besar su abdomen y acariciando sus caderas mientras abría sus piernas y las besaba sus muslos, ella solo se dejó llevar metí mi mano entre sus caderas y las levante un poco mi pene estaba húmedo todavía lo agarre y pasándolo por su vagina lo metí nuevamente y con mi mano lo removía comencé yo sobre de ella a meterlo primero despacio mientras ella gemía en cada embestida y después más y más rápido con una lujuria cada vez más grande, mientras ella gemía y decía que se lo metiera duro, agarre sus piernas y las puse sobre mis hombros comencé a metérselo con más fuerza mientras apretaba sus caderas y las jalaba hacia mí al mismo tiempo que sus piernas se mecían al ritmo de mis embestidas, yo escuchaba como gemía y pedía más y más me sentía como perro en celo no me importaba que esa mujer a quien follaba con gran lujuria como su fuera una ramera de barrio cualquiera fuera mi tía “Adelita” y a ella tampoco parecía interesarle que yo fuera su sobrino por la forma en que me lo pedía, y la verdad siendo honestos me la folle por calentura y porque una oportunidad así no se puede desaprovechar ella también lo hizo así mientras me la follaba salvajemente pensé que puta eres Adela pensar que yo te tenía en otro concepto el de una mujer respetable y solo te follaba en mis sueños, ahora es una realidad y no la voy a desperdiciar tengo que reventarle el culo a mi tía Adelita y me reí por dentro, saqué mi pene para no terminar y comencé a besar sus tetas, ella de un movimiento rápido se volteo boca abajo y levanto su cadera, yo metí mi mano bajo de su cadera levantándola aún más y tome una vez más mi pene que estaba duro como una piedra y se lo metí de una sola estocada deslizándose suavemente en su vagina loco por la lujuria comencé a follarla a estilo perrito mientras veía sus tetas balancearse hacia atrás y delante de una forma enloquecedora y ella apretaba los dientes, la agarre de la cadera y comencé a jalarla hacia mi tan fuerte y rápido que recuerdo haber escuchado mi corazón muy acelerado al igual que el de ella así como su jadeo, nuestros cuerpos estaban sudando mucho solo veía se cara de gozo y me excitaba mucho más y le daba metidas duras mientras ella gritaba a partir de ese momento para mí no era más que una zorra a quien le había perdido el respeto y al única forma en que la veía apartar de ese día era tirada en una cama follando cual vil prostituta; sentía como mis huevos pegaban con su vagina y con mis manos comencé a acariciar sus enormes tetas mientras escuchaba el choque de sus nalgas contra mi cadera, de pronto ella metió su mano debajo y comenzó a caricia mi huevos mientras me pedía que se lo metiera más y más rápido así continúe por un buen rato, saque una vez más mi pene y estando ella en la posición de perrito tome mi pene y lo apunte a su ano negro y apretado ella al principio me dijo que no lo hiciera pero estaba tan caliente que no me importaba lo que la puta opinara ya le había perdido todo respeto yo solo quería cogérmela escupí sobre la cabeza de mi pene y sobre su ano y con el pulgar comencé a estimularla después de un rato tome mi verga y comencé a empujarla en su ano, sujete su antebrazo y fui metiéndolo primero a la fuerza mientras ella de quejaba y después cuando por fin entro la cabeza comencé a meterlo despacito ya que la sentía muy apretada, ella agarro con ambas manos las sabanas y recargo su cabeza mientras mordía la almohada y gemía de placer comencé a apretar la velocidad poco a poco y ella comenzó ahora ya con menos dolor a gemir de gozo me reí una vez más y le dije “si Adela te dije que te iba a reventar el culo, ahora si comete mi verga perra”, ella solo me vio y me dijo “si papito si” y comencé a cogérmela por el culo salvajemente mientras me deleitaba oyéndola gemir mientras sus enormes tetas brincaban con cada metida de verga que le daba y veía como sus nalgas estriosas se movían al ritmo de mis embestidas y apretones que le daba con mis manos mezclados con algunas nalgadas ya muy caliente y lujurioso comencé a apretar el ritmo más y más rápido era delicioso sentir su ano apretado alrededor de mi verga hasta que comencé nuevamente a sentir esa sensación tan gloriosa y con ambas manos tome su cintura y la jale hacia mi pene mientras salía una vez más mi leche dentro de su ano, después de eso descansaba un rato y continué, esa noche me la folle varias veces y termine tres veces dentro de su vagina hasta la última gota de semen sin medir las consecuencias, hasta después me puse a pensar que hubiera pasado si la hubiese preñado a la vil perra.

    Al día siguiente ella se hizo la desentendida, yo trate de buscarla, le llamaba, le decía que la necesitaba, pero cuando la volví a ver se hacia la enojada conmigo y era muy cortante, dejo de hablarme y ahora se las da de muy pura, pero yo se la verdad que folla como una puta profesional y solo espero que se vuelva a repetir pronto pero ahora si le voy a hacer una mejor faena.

    Esta historia es real por increíble que parezca y mi tía hasta la fecha no me habla.

  • Sexo inesperado en el hotel donde trabajaba

    Sexo inesperado en el hotel donde trabajaba

    Me encontraba una vez trabajando en un hotel. Yo era la camarera del bar de la planta baja. No me iba mal, y conocía bien el trabajo, así que nunca había quejas de mí, y me permitía mantenerme. Conmigo trabajaban Iván y Pedro, el barman y otro camarero que venía por la noche cuando había más trabajo por hacer. El primero era un chico joven, de unos 25 años, guapo, con el pelo castaño peinado hacia atrás, siempre bien perfumado y aseado. Verle daba sensación de bienestar y se podía hablar con él, como yo hacía en los ratos en que no había clientes, sin aburrirse ni desear marcharse, era un chico de los que gustan a las chicas. Tenía buen cuerpo, normal de estatura y atlético. El segundo era más joven, tendría la edad adulta recién cumplida. Era rubio de ojos verdes, tez blanca, y menos hablador. Aunque nos llevábamos bien. Éramos un buen equipo, y los clientes que querían emborracharse a base de bien lo conseguían.

    Un día en el turno de noche nos avisaron de que vendrían de una empresa a limpiar los conductos de ventilación, a causa de que en verano siempre se previene el contagio de enfermedades por ese canal, y en el hotel si algo hacían bien era mantener todo limpio. Cuando fueron las 10, el encargado nos dijo que recogiéramos y que podríamos irnos esa noche antes. Le di las gracias con una amplia sonrisa y me quede hablando con Iván y Pedro de la suerte que teníamos. Comenzamos a comentar nuestros planes. Yo no tenía ninguno ya que pensaba trabajar hasta tarde para luego irme a la cama. Recogía la barra con Iván y Pedro se encargaba de las últimas mesas.

    – Pues yo he quedado con mi novia esta noche -dijo Iván, pero a la vez me puso la mano en el culo.

    -Que pasa -le dije, y él siguió tocándomelo. No sabía que pensar.

    -Es que mi novia de esta noche podrías ser tu Jessy, si quieres claro.- Me sentó mal, había visto a su novia, una chica pelirroja, alta y delgada, todo lo contrario a mí.

    -Pero hombre, y que hay con tu novia de verdad, ya no la quieres eh? -En ese instante su mano bajo hasta el final de la falda de trabajo y rozó mis muslos, sentí un escalofrío de excitación. Pedro entro también a la barra y viniendo por delante me puso las manos en las tetas. De repente volví en mí y se las aparte a los dos.- ¿Qué coño os pasa, es que lo habéis planeado?

    Su mirada me hizo comprender. Pero al tiempo parecían expectantes, como asegurándome que podría irme si quería. La cuestión era, ¿quería? Lo sabía muy bien. Tenía a dos chicos guapos y fuertes enfrente, comiéndome con los ojos, dispuestos a todo, podía irme con ellos en un descanso «pagado», o volver a casa a aburrirme y quedarme dormida.

    Le pase los brazos por el cuello a Iván (me gustaba más que Pedro) y mirándolo con carita inocente dije: -¿entonces tu novia?

    -Que la jodan, es una guarra.

    -No -dije- que me jodan a mí, que soy la guarra.- Sus miradas eran de felicidad y lujuria.

    – Tenemos las llaves de una habitación, si quieres subimos -Yo acepte y fuimos arriba.

    Tras cerrar la puerta empezaron a despelotarse, rápidos y ansiosos. Yo los deje acabar, y comencé a hacer un striptease, de lo más sexy, con el uniforme de trabajo. Era una faldita con una camisa. Yo llevaba siempre desabrochados los botones de arriba, pero entendí que el escote que dejaba no había pasado por alto a los ojos de mis compañeros todo ese tiempo. Me quite los zapatos y las medias, y fui bajando la faldita poco a poco. Llevaba un tanga negro y al quedar al descubierto adivine que se les empalmo del todo –Joder Jessica y parecías tonta- dijo uno. Me quite la camisa dejando ver unas tetas apretadas en el sujetador. Me di la vuelta y me lo quite, de modo que vieran mi espalda desnuda y el tanguita, y así cuando me volví vieron mi delantera en toda su gloria. Me contonee de arriba abajo y fui bajando el tanga hasta los pies, y acabe de quitármelo con estos. Ya estábamos los 3 desnudos.

    La cama era de matrimonio. Sabían lo que hacían, pensé con gusto. Yo me tumbe boca arriba, y los deje gozar un poco. Se vinieron a por mis tetas, las querían sobar y amasar, les encantaban así de grandes y solo para ellos. Luego mientras una mano me sobaba las otras bajaban. Tengo el chocho depilado dejando un triangulito de pelos justo donde lo tapa un tanga, y el resto bien depilado. Me empezaron a meter los deditos en el coño, lo tenía muy húmedo. Iván frotando y metiéndolos más adentro. Yo empezaba a moverme y a retorcerme de placer, gimiendo. Me sobaba las tetas y apretaba los pezones, recibiendo oleadas de gusto. Entre los dos se estorbaban ya ahí abajo, así que decidieron cambiar. Pedro, el rubito, me comería el coñito. Iván se sentó sobre mí, justo delante de mis tetas. Las agarro y puso su polla, bastante grande, entre ellas. La apretaba y comenzó a follarmelas. La punta me llegaba casi hasta la boca, y podía levantar la cabeza un poco y sacar la lengua cuando la embestida era hacia mí. Pedro estaba pasándome la lengua por todas partes, y cada vez estaba más mojada y a punto de correrme. Iván apretaba mucho mis tetas, y el pequeño dolor se convertía en un placer inmenso. Él estaba gozando muchísimo, y cuando la agarre con mi mano, que estaba desatendida, y ayude a la cubana, su cara delataba que iba a correrse. Le había agarrado la punta con mi mano derecha, entre mis tetas, así la tenía cogida. De repente algo me salto a la cara y me cubrió un ojo, los cerré, acto reflejo, y sentí mas jugo caliente en el pecho y la barbilla, en la boca. Iván había acabado. Y yo casi al instante empape la cara de Pedro, tras un fuerte orgasmo y mi clítoris repasado a fondo. Este se levantó y se acercó a mí. Iván seguía encima de mí. Pedro había estado mamándome y pajeándose a la vez. Verme llena de semen le había excitado más y me dijo –Así que te gusta que se te corran putita, aquí tienes mas- Había estado un buen rato tocándose la polla y al instante la enfilo frente a mi cara y estallo. Me puso perdida. 4 oleadas y su corrida era de las más abundantes que había visto. Toda mi cara quedo empapada. Él se apartó un momento y abrió la mesilla. Saco una cámara de fotos. –Eh, no Pedro.- Pero Iván no se había quedado encima por nada. Y me impedía hacer nada. –Anda, se buena, que estas muy guapa llena de lefa zorrita- Sacaron unas fotos, de mi cara y de mi coñito. No me importaba tanto. Sabía lo que significaba, me usarían todo lo que quisieran a partir de ese día. Pero estaba demasiado cachonda. Pose para que me sacaran con semen en la boca, tragando. Luego con la polla en la boca, con la otra, con las dos. Pero les dije que no estábamos allí para hacer putas fotos. Así que lo dejaron. – ¿Ahora qué?

    Iván quería follarme el coñito, pero Pedro se había hartado y me agarro el culito. No hacía falta decir lo que quería el. Lo hicieron por turnos. Iván primero, me levanto las piernas y me penetro a fondo, despacio para luego ir aumentando. –Siempre he querido follarte Jessica, desde que te vi, y esas tetas, mmmm mi novia no tiene comparada contigo-. Gozábamos como perros. Entonces Pedro se sentó cerca y me pidió que se la chupara un poco para ir calentando. La comía con placer, girando la cabeza a un lado, y el la empujaba del pelo para que entrara hasta mi garganta, pero no chupe mucho, lo que quería él era darme por culo. Tras un buen rato siendo follada y mamando, Iván se corrió. Lo hizo dentro de mí, llenándome el coñito de semen calentito. Con ello dentro, yo no me contuve y se mezcló su leche con la mía dentro de mí. Chorreaba en mi rajita y la cama hecha se llenó de flujos y lefa en un trozo de la colcha. Pedro la saco de mi boca. Me dijeron –habrá que limpiar esto ¿no? Yo saque la lengua y chupe la mancha sobre la cama, volviendo a notar el sabor en mi boca.

    -Ahora te voy a reventar- me dijo Iván. Y estaba en su derecho. Me pusieron a cuatro patas en la cama. Pedro cogió la cámara, pero no pude decirle nada, porque me agarraban de las nalgas y me untaban saliva y una crema en el culo. Estaba fría. Me fue abriendo el culito con las manos poco a poco y metiendo un par de dedos suavemente. Luego note su polla a la entrada. La clavo de un golpe, me hizo mucho daño y grite, pero aún más cuando me agarro las tetas y apretó –Calla, que va a gustarte puta.- Fue sacándola y metiéndola, mientras su amigo fotografiaba todo. Yo me iba recuperando y comencé a disfrutar. Estuvo follandome por detrás unos 20 minutos, sin dar mucha fuerza para durar más. Yo gemía, gritaba de placer. Apoyaba en la cama mis manos para seguir en equilibrio mientras Pedro e Iván también me sobaban las tetas y la rajita. Estaba a cien. Y tuve el orgasmo. Me corrí de gusto entera. Revente y grite. –¡Ahhhh! Reviéntame el culo ya!

    Él se corrió también, dejándome todo el culito empapado. La saco y Pedro aprovecho que estaba agotada para meterla un rato. Fue poco, pero me estremecí también. A los dos minutos de follarme como si quisiera metérmela en el estómago se corrió el. No podía más, ni sabía qué hora era. Al cabo de un rato nos vestimos y nos despedimos. Me dijeron:

    -Recuerda que ahora eres nuestra putita.- pero no eran tan mala calaña. –No te preocupes, las fotos son para nosotros, pero ¿qué tal una mamadita después de trabajar cada día? – Un beso en la boca a cada uno los dejo convencidos.

  • Una de las veces que me he masturbado

    Una de las veces que me he masturbado

    Estaba un día en el sofá aburrida, mirando una propaganda de productos alimentación y demás, deje la propaganda en la mesa camilla y pensé que hago…

    Porque no ver una película x, entonces me fui al dormitorio me vestí, me arregle un poco y salí camino del video club para alquilar una.

    Como soy un caso tuve que volver a casa porque había cogido el bolso sin mirar si llevaba la tarjeta, menos mal que está cerca. Al llegar introduje la tarjeta en la máquina y empecé a mirar las que había dude entre unas cuantas y al final escogí una que si no recuerdo mal era “Nacho el rompe culos”, como me gusta el sexo anal y me hizo gracia el titulo la alquile.

    Al llegar a casa ya estaba impaciente, me fui al cajón de mi mesilla de noche y cogí uno de mis vibradores, es de color blanco de unos 20 cm y nos dos dedos de ancho, y ya también me quite el vestido y medias, tanga y sujetador, vamos que me quede desnuda.

    Para los que no lo sabéis mido 1.66 peso unos 55 kg, soy morena clarita, ojos castaños, mi pecho es mediano, pero firme, de pezones pequeños y rosados, no tengo mal tipo aunque tampoco soy nada especial, mi culito es un pelín respingón y me depilo mi coño dejando solo vello en lo que sería la anchura del tanga.

    Bueno me fui al sofá puse la película y la empecé a ver, jolín con el Nacho, mujer que pillaba mujer a la que penetraba por todas partes además bien dotado y una buena polla es algo que me pone mucho, tenía los pezones duros y comencé a acariciármelos pesquisándolos suavemente, pronto note que estaba húmeda y mi mano dejo los pezones y se dirigió a mi clítoris.

    Me lo acariciaba suavemente sin prisa, con dos dedos frotando sobre mi botoncito que poco a poco iba sobresaliendo cada vez más, poco a poco fui aumentando la velocidad, hasta llegar a estar totalmente mojada necesitaba meterme algo, me chupe un dedo metiéndolo un rato en mi boca para después llevarlo a mi coño e introducírmelo, entro muy fácil normal estaba muy mojada, me lo metía y sacaba rítmicamente disfruto como una loca haciendo eso. Me saque el dedo de mi coñito y lo volví a lamer, esta vez con un rico gustito a coño, y volví a bajarlo pero esta vez para metérmelo en mi culo, la acaricie también un poco y después empecé a presionar para metérmelo, no me costó mucho ya que también dilato bastante bien analmente. Así estuve un buen rato hasta que de nuevo mi coño me volvía a pedir guerra esta vez eche mano de mi vibrador, lo lamí bien lamido pasando la lengua por todo el aparato, lo puse en marcha y me lo puse tocándome los pezones que aún se me pusieron más duros, de ahí pase a ponerlo sobre mi clítoris, me abrí todo lo que pude para notar bien la sensación estaba realmente cachonda, movía el vibrador de arriba abajo para restregarlo por todo mi coño.

    Tenía el coñito realmente empapado y unas ganas locas de meterme el vibrador, comencé a mételo y sacarlo, moviéndolo rápidamente mientras movía mis caderas a ritmo de entrada y salida, gemía sin parar y no paraba de follarme con el vibrador.

    Me lo metí hasta en fondo y lo deje allí, disfrutando de sus vibraciones totalmente abierta, me tocaba con las manos las tetas, las apretaba y tiraba de mis pezones, mientras me mordía los labios de placer, sin parar de tocarme las tetas, baje una de mis manos hasta mi clítoris y empecé a frotarlo fuerte, eso ya fue demasiado, note como todo mi cuerpo se ponía tenso, notaba plenamente el vibrador metidito en mi vagina y con una de mis manos apretándome los tetas y la otra frotándome el clítoris, no podía parar estaba muy muy cachonda, acelere el ritmo de mis manos y de mis caderas, gemía aún más, me coño chorreaba y seguí así un instante más y me vino un orgasmo buenísimo e intenso que me hizo chillar de placer.

    Poco a poco me recupere de la excitación, y pensé ha sido una buena idea el alquilar esa película he disfrutado mucho, fui al bidet, me limpie, me vestí de nuevo y me fui a devolverla.

  • Los pies de la hermana de mi tía

    Los pies de la hermana de mi tía

    Todo empezó cuando me senté a su lado para acompañarla con su relajación tomando el sol. Su bikini azul con esa melena rubia y viniendo de chupar los pies de mi tía, estaba medio eufórico. Ella como ya comente, era una mujer de unos 45 muy alta, rubia, de piel más bien blanquita, y con buen cuerpo. Estaba tumbada en aquella terraza tomando el sol, justo en el medio, así que yo me senté a su lado. Sabía a lo que iba, así que me aproveche de la situación. Estuvimos hablando sobre las costumbres del pueblo al que vivían. No paso más de quince minutos a que le preguntara sobre el tamaño de sus pies. Me comento que hacía un 41, mientras movía los dedos mostrándome su pie. Incluso me comento que tenía los pies muy duros, cosa que me sonó un poco raro.

    Sin dudarlo, le pregunte si quería que se los tocara para ablandarlos, y ella me afirmo que sí. Nervioso, me senté delante de ella y pude ver esos pies a dos palmos de mi cara. Mi pene ya estaba bien duro, y notaba como estaba teniendo contracciones en la punta de mi polla. Llevaba una pedicura de color rojo sangre y unas uñas grandes. Un pie robusto y perfecto para un fetichista de pies. Con mi pene bien duro y con un poco de taquicardia, cogí esos pies, que olían a zapato cerrado, y empecé a tocarlos. A ella le encantaba porque no paraba de decirlo, y mi tentación en chuparlos cada vez iba a más. Lo único que me daba miedo era que entrara alguien en la terraza. Mientras iba masajeando todas las partes de esos pies, notaba que mi bulto se marcaba muchísimo en mis pantalones, e incluso note una mancha de mi liquido preseminal en los pantalones pero ella no podía verlo ya que seguía semitumbada. Quería metérmelo en la boca pero no sabía cómo podría reaccionar, así que me arriesgué y empecé besando las plantas de esos pies tan exquisitos. Como vi que no reaccionaba al besarlos, me la jugué metiéndome su dedaco gordo en mi boca. No me había podido contener y empecé a lamerlo como si fuera un chupachup. Notaba su pedazo dedo en mi boca, y de repente me fije en su cara y vi que está disfrutando de placer. Mi polla estaba teniendo espasmos, y moría de que alguien la tocara.

    Después de una media hora coqueteando con sus pies, le dije que tenía un poco de vergüenza por si venia alguien, y fue ella quien me propuso ir dentro, donde hay como una boardilla y podía cerrarse con llave.

    Una vez dentro, mis nervios empezaron a crecer, ya que mi situación se había descontrolado.

    No sé si es porque no sabía a lo que íbamos o porque si era yo me lo pensaba.

    Ella se sentó encima de una mesa y me dijo “ven”. Me acerque delante suyo, de pie, y ella levanto sus piernas hasta coger mi paquete entre sus pies. Tenía una rodancha ya toda marcada en los pantalones, lo cual ella ya se fijó, y aprovecho a reírse. Recuerdo que aún me dijo: te gusta eh?

    Me estaba muriendo. Mientras estaba rozando sus plantas de los pies con mi polla, estaba mirándome con cara de malas tentaciones. Aprovecho para meter su pie dentro de mis pantaloncillos y pudiendo llegar a tocarme los huevos. Empezaba a encantarme y tenía miedo de correrme. Me daba vergüenza la verdad, pero no fue lo suficiente como para que me bajara los pantalones quedando mi polla más dura que un palo, mirándola a ella, y goteando de líquido. Ella ni se inmuto y empezó a pajearme con sus pies. Tenía los pies calientes. Masajeaba la polla y de vez en cuando bajaba hasta los huevos. Le encantaba y vi como estaba poniéndose de enferma. Una de las veces que subió los dos pies y me los puso delante de mi cara, pude cogerlos y hacer una larga inspiración, olorando ese olor, lo cual me dejo casi a punto de correrme… Era una sensación que la hubiera repetido todos los días. Parecía que no era la primera vez que hacia algo así, o si lo era, es que le encantaba. Llevábamos mucho rato, así que ya hora de hacer un cambio, así que con su permiso, me acerque con la mano a su bañador y lo aparte hacia un lado, mostrando así su coño con una depilación brasileña. Mientras ella siguió pajeándome.

    No pude aguantar más ya que estaba a 1000, así que sin miedos me acerque a ella y encarando mi polla a su fantástico coño, fui entrándola poco a poco sin pausas, hasta tocar mis huevos en su piel. La saque y la volví a entrar, y así cada vez más rápido. Me la estaba follando, y ella disfrutaba como una joven… Pr la cabeza se me estaban pasando más cosas ya que con esa postura estaba mostrándome el ojete del culo. Pero ella me advirtió que sobre todo me corriera fuera. Me la estuve follando durante un buen rato, hasta que la tuve que sacar para correrme en sus pies.

    Para volver a follármela otra vez.

  • Un chiringuito como origen de placer

    Un chiringuito como origen de placer

    Hola a todos. Hacía tiempo que no escribía un relato, así que por fin he podido sacar algo de tiempo para ponerme. Algunos de vosotros que me habéis escrito correos para comentarme los relatos anteriores me preguntabais que cuál era la polla más grande que me ha follado, y sobre eso va este relato.

    Cuando mi experiencia no era aún mucha, trabajaba en un chiringuito de playa en verano, para pagarme los caprichos y poco más. Era uno de esos que servían desde cafés hasta paellas, con un buen número de clientes habituales.

    Una sofocante tarde, que ya me quedaba poco para acabar mi turno, hice un alto para ir al baño a echarme agua por la cara. Era poco más que un cuchitril, con un urinario, un lavabo y un wáter cerrado. Entré rápido pensando que estaría vacío al estar la puerta sin pestillo, pero resultó que había dentro un tío en el urinario meando.

    – Perdón… -empecé a disculparme, pero no pude acabar la frase porque mis ojos se fueron directos a la enorme polla que tenía el tío entre sus manos. Estaba en reposo pero ya era un palmo de larga, recta y circuncidada, y estaba acabando su meada, por lo que estaba viendo. Mis ojos se abrieron por el asombro ante ese monstruo y me quedé unos instantes paralizado por la sorpresa. Y quizás algo de ganas.

    Tardé unos segundos en poder apartar la mirada, y levantarla hacia la cara del dueño de ese portento. Era un cliente habitual que solía venir casi a diario a tomarse un café o algún helado, un tío de unos treinta y muchos, quizás cuarenta años. Él se giró hacia mí y con ese pedazo de herramienta entre sus manos me miró y se quedó ahí plantado.

    Mis ojos volvían una y otra vez a esa polla tan hermosa y de nuevo intenté farfullar una disculpa:

    – Perdona, solo quería usar el lavabo -notaba como me iba poniendo rojo, pero seguía sin poder evitar mirársela.

    – Por mí no te preocupes, pasa y sírvete -me dijo él con una incipiente sonrisilla en su cara, pero sin hacer amago de guardarse la polla o de moverse para esconderla.

    La timidez de mis 18 años y los nervios por estar en el trabajo me hicieron sordo a lo que luego entendí que era una invitación bien clara, así que continué unos segundos más ahí plantado mirando esa polla enorme y poniéndome como un tomate, mientras él se mostraba orgulloso. Al final, murmuré que ya volvería en otro momento y me salí avergonzado.

    Retomé mi trabajo, o al menos lo intenté, porque no se me iba de la cabeza la tremenda herramienta que acababa de ver, mientras me daba cuenta que hacía más de una semana que solo me masturbaba y no había follado. La calentura me estaba mareando.

    Unos minutos después vi al tío salir del baño y dirigirse a una mesa desde donde me hizo una seña para que fuera. Me acerqué a él, que me miró con esa media sonrisa suya, y me pidió un café y un agua. Mientras yo anotaba el pedido, vi por el rabillo del ojo que aprovechando que en esa postura no se le veía desde la barra o la playa, se echó mano al paquete y se colocó la polla hacia un lado. Llevaba un pantalón deportivo corto y ajustado, por lo que al levantar la vista de mi libreta pude ver ese monstruo de polla que estaba aún más crecida y dura marcándosele claramente en su ingle y parte del muslo. No debía llevar ropa interior, el cabrón.

    De nuevo me quedé unos segundos hipnotizado por esa polla, mientras él comprobaba mi reacción. Y debió de gustarle porque su sonrisilla se ensanchó. Rojo como la grana, me fui a la barra a preparar el café.

    Mi corazón latía desbocado y la excitación empezaba a equipararse con los nervios. Tomando aire para tranquilizarme, le eché un vistazo desde lejos. Era un tipo alto, con buenos hombros y parecía que estaba en forma, con una camiseta blanca ajustada. Aunque eso en realidad me daba igual, yo solo tenía pensamientos para esa enorme barra de carne, me imaginaba cómo sería totalmente erecta y me relamía de pensar en ella dándome golpazos en la cara conmigo a cuatro patas jadeando. Con esa edad no tiene freno un calentón. Y yo no es que sea conocido por tener mucho límite en estas cosas.

    Cuando terminé de prepararlo, tomé aire para relajarme y se lo llevé, acercándome lentamente a su mesa. Él al verme llegar, ya casi sin disimulo, empezó a masajearse la polla por encima del pantalón, y ante mi incredulidad seguía creciendo. Si seguía mucho más se le escaparía por la pata del pantalón, Dios mío! Decidí que aquello solo podía acabar de una manera, con esa polla dentro de mí, así que saqué sangre fría y sirviéndole lentamente el café y sin apartar la vista de su pollón le dije:

    – ¿Desea alguna cosa más?

    – Puede ser. Si la adivinas te llevarás una buena propina -me contestó él sin parar de tocársela.

    Uf, el cabrón sabía lo que se hacía, y yo perdí el poquito autocontrol que me quedaba, así que me envalentoné:

    – ¿Y dónde me darías esa propina?

    Se quedó quieto un instante, como si le sorprendiera que le hubiera seguido el juego.

    – Vivo a dos calles de aquí, seguro que algo encontramos que te guste.

    – Me queda media hora para salir -le contesté yo mientras empezaba a jadear por la excitación-. Si quieres te acompaño.

    – Vaya, eres lanzado. Ok, te espero, a ver qué se me ocurre mientras para darte.

    – Tengo un par de cosas en mente -me lancé yo.

    -¿Sí -respondió él-? A ver qué tal…

    Y mientras decía eso tiró el paquete de tabaco al suelo a su lado esperando mi respuesta. Mi polla ya me daba latidos y estaba en una nube de morbo, por lo tras asegurarme que no había nadie cerca, me puse a su lado y me incliné sin doblar las piernas para cogerlo, dejándole mi culo en pompa junto a su mano. Yo llevaba un bañador amplio, de pata hasta medio muslo, por lo que sabía que se marcaba bien. Enseguida note su mano recorriendo mis nalgas e incluso mis muslos.

    No me atreví a estar así mucho tiempo, por lo que me levanté y quedándome de espaldas a la gente me aparté la riñonera con el cambio que hasta ese momento había impedido que se viera la erección que llevaba mucho rato ya y que saltó como un resorte.

    – Vaya, parece que lo pasaremos bien -me confirmó él con esa media sonrisa que me estaba poniendo frenético. Se giró un poco más para evitar las miradas y abrió del todo sus piernas, con esa polla enorme ya muy dura que había levantado una auténtica tienda de campaña en sus pantalones -. ¿Es esto lo que quieres, chico?

    Con la mirada fija en ella, tan dura que se notaba la cabeza con detalle, solo pude asentir mientras jadeaba, cachondo perdido.

    – Pues date prisa, cuanto antes acabes, antes la tendrás -y me dio un azote en el culo, que terminó por hundirme en un pozo de lujuria. Lo miré y con un hilillo de voz le dije:

    – Espera aquí.

    Me fui disparado a mi jefe y le dije que no me encontraba del todo bien y que si podía salir ya, que solo me quedaba media hora. Él interpretó mi cara roja y mis jadeos como un mal síntoma y me dijo que de acuerdo, que le avisara si mañana seguía mal y no iba a ir.

    Dejé la riñonera y cogí la toalla que tenía para ducharme y la coloqué estratégicamente para que no se notara mi erección. Pasé por delante de tío de la pollaza y le dije que nos fuéramos ya. Él se acomodó la polla hacia el lado y sin ningún pudor, con una herramienta gigantesca como esa tan a la vista, empezó a andar hacia una de las calles.

    Yo iba a su lado, en silencio, siguiendo sus pasos, en una nube donde solo podía mirar de vez en cuando esa polla que tan orgullosamente iba mostrando. Respiraba entrecortadamente y los nervios me atacaban por la situación.

    Sin mediar palabra, paramos en un portal y él abrió. Era un edificio pequeño, de 4 o 5 plantas. Entramos después a un ascensor y marcó el 4. Se giró hacia mí mientras la compuerta se cerraba y yo ya no pude más y acerqué mi mano a esa polla que no se me iba de la cabeza. Él se dejó tocar y emitió un quedó suspiro. La notaba durísima, palpitante, y se me hacía gigantesca.

    – Sí que tienes ganas…

    Yo solo pude asentir sin apartar mi mirada de ella.

    – Ponte de rodillas -me ordenó.

    – ¿Aquí?

    – Solo estoy yo en toda la planta.

    No pude aguantar más, lo necesitaba y me la sudaba si nos pillaba un vecino o no. Me arrodillé de golpe y él por fin la liberó. Era aún más grande de lo que temía, y más desde esa postura. Casi completamente recta con una ligera inclinación hacia arriba que me encantó. No hubo nada que decir, me lancé a chuparla, a lamerla de la base a la punta y finalmente, por fin, me la metí en la boca tanto como pude. Imposible meterla entera, pero el hecho de tenerla dentro fue sublime. Jugueteaba lo poco que podía con mi lengua y rápidamente noté como él movía sus caderas adelante y atrás, suavemente, aunque con tamaño miembro era como empalarme la boca. Lo disfrute como una perra, acariciando su culo para que me la metiera más.

    – Qué bien lo haces… ¿Tienes mucha experiencia siendo tan joven? -me pregunto.

    Sin sacármela de la boca, intenté asentir, pero no sé si él lo notó. Después de unos minutos así, notaba la boca casi desencajada y él me hizo detenerme y levantarme. Yo lo hice, pero mi mano se quedó rodeando su polla. Me tenía enganchado como una droga. Al darse cuenta, se rio pero lo dejó estar y me guio hacia la única puerta del rellano.

    Sin parar de acariciársela, lo seguí y entramos a un piso de buen tamaño. Conforme entré a lo que debía ser su comedor, me volví a arrodillar y a metérmela en la boca. Su sabor era maravilloso, a limpio y a sexo, y se dejó hacer mientras yo le quitaba los pantalones. Efectivamente iba sin ropa interior.

    Sus caderas iban aumentando el ritmo, y yo le acompañaba empujando con mis manos en su culo para que me la metiera más y más. Me golpeaba en el paladar y me daba arcadas a menudo, pero me encantaba. Mi saliva goteaba por el trozo de polla que no me cabía y le caía por sus huevos hasta el suelo, formando un charco, que se iba mezclando con la que a mí mismo me goteaba por las comisuras de la boca.

    Entre lágrimas que me caían, él me acariciaba la cabeza y me la mantenía cuando me daba una embestida profunda, dejándome sin escapatoria y llevándome cerca de la asfixia, pero siempre la sacaba a tiempo para frotármela por la cara y golpearme con ella. Estaba yo en la puta gloria.

    Con el culo apoyado en el suelo y mis piernas dobladas debajo de mí, me sentía como un fiel rezándole a su ídolo, una imponente polla que me estaba dando un enorme placer, que con cada golpe que me daba con ella cogiéndosela con la mano me provocaba un escalofrío de gusto que me hacía disfrutar de esa gran barra de carne.

    – Si sigues tragando así harás que me corra pronto.

    – Hazlo -y saqué mi lengua a modo de respuesta.

    Me cruzó la cara con un nuevo pollazo y cogiéndome la cabeza con sus dos manos, me abrió la boca y me la metió hasta que hizo tope. Sujetándome la cabeza así, empezó a follarme a saco, mientras yo solo podía tragar y tragar esa pollaza y acariciarle sus piernas y su culo. Cada vez iba más rápido y yo apenas podía respirar por la nariz, con las lágrimas ya a raudales y la saliva que lo impregnaba a todo. Entre sus gemidos le oí murmurar:

    – ¿A que no quieres que pare?

    Yo negué con la cabeza, mirando como el ansia lo dominaba. Estaba loco por darme su corrida y yo la deseaba.

    – Era esto lo que querías desde el principio, ¿verdad? ¡Pues toma tu propina!

    Y sin más, empezó a correrse entre gritos, como una fuente que me inundó la boca haciéndome que casi me ahogara. La sacó y aún le quedaba para llenarme la cara con varios chorros, que paso a restregarme con la misma polla. Yo me esperé a que sus espasmos pasaran y cuando dejó de manar semen, me la volví a meter para exprimirla bien.

    Con un terrible jadeo, se dejó caer en el sofá que tenía detrás, mirándome mientras que su respiración se iba relajando y su media sonrisa volvía a aflorar. Yo lo miraba a su vez desde el suelo, con su corrida en mi cara, mezclada con saliva y lágrimas, sintiéndome el puto rey del mundo y asombrado de ver que su polla apenas perdía la erección.

    – Me llamó Edu, por cierto -a estas alturas…

    – Yo Remy -le contesté.

    – Sigues teniéndola dura, Remy.

    Efectivamente yo estaba aún a mil, y eso se notaba.

    – Vamos la ducha y lo arreglamos.

    Se levantó y me hizo ponerme en pie, y esta vez fue él el que cogiéndome de mi polla que estaba como un hierro, lo que me hizo estremecer de placer, me guio hasta un baño con una ducha, donde entramos. En un parpadeo me desnudó a la vez que se quitaba la ropa que le quedaba y abrió el grifo. Con sus propias manos empezó a enjabonarme todo el cuerpo, limpiándome los restos de la mamada y posterior corrida. Mis jadeos iban creciendo al notar sus manos por todo mi cuerpo, pero subieron de intensidad cuando comenzó a masturbarme suavemente.

    Paralelamente, empecé a notar su otra mano agarrando mi culo, estrujándolo con fuerza, cosa que me encanta, y unos instantes después uno de sus dedos se acercó a mi agujerito y lo acarició, introduciéndolo levemente. Yo, con los ojos cerrados, notaba un infinito placer con la combinación de agua caliente cayéndome por todo el cuerpo y sus caricias que me ponían a mil.

    Podía sentir su aliento junto a mi cara, con aroma a café y una respiración que me derretía de deseo. Aún en mi nube, una imagen me seguía viniendo a la cabeza: esa polla tan grande que estaba a mi lado, así que solo pude extender de nuevo mi mano y comenzar a pajearla, recorriendo toda su longitud que se mantenía prácticamente igual de firme que antes de correrse en mi cara. Su respiración empezó a agitarse y pronto me empezó a besar en el cuello, a morderme suavemente. Me enloquecía.

    – Voy a correrme -jadeé.

    Con un movimiento fluido, se arrodilló ante mí y se metió toda mi polla en su boca, convirtiéndose la paja en una mamada mientras seguía jugueteando con mi esfínter. No pude aguantar más. Empecé a gritar y a correrme entre escalofríos mientras él no se sacó la polla de su boca y arreciaba la mamada, cuya corrida deposité enteramente en su garganta. Fueron varios espasmos, pero él los aceptó todos, mientras yo tuve que apoyar la espalda en la pared de la ducha para no caerme de lo intenso que había sido.

    Cuando dejó de manar, él se levantó y me plantó un besazo a través del cual compartimos mi semen con nuestras lenguas durante varios minutos. No lo solía hacer, pero reconozco que fue tan morboso que no solo me gustó, sino que colaboró a que mi excitación se mantuviera.

    Al parar de besarnos, usamos la misma agua para enjuagarnos y limpiarnos algo. Con esa sonrisa suya me preguntó si estaba cansado, lo que yo negué categóricamente. De hecho, esa gigantesca polla suya me golpeaba el abdomen y yo no podía dejar de pensar en ella, así que me arrodillé de nuevo y comencé a masturbarla con las dos manos.

    Él me acariciaba la cabeza y me animaba a seguir. Yo, hipnotizado por ella, comencé a restregármela por la cara, a golpearme con ella, a sentir ese tamaño en mis manos que me quitaba el aliento y me hacía perder el control. No podía más, le lancé un escupitajo y jugueteé con mi saliva a lo largo de su tronco y en sus huevos. Sus gemidos arreciaron.

    – ¡Cómetela de una vez, coño! -me soltó entre dientes.

    Sin dudarlo me la metí tanto como pude y comencé a saborearla mientras mis manos aún tenían suficiente extensión de polla como para continuar masturbándola. Él me la metía hasta el tope y a veces la sacaba para darme fuertes pollazos en la cara que me dejaban pidiendo más. Incluso acompaña a los golpes con un salivazo que me restregaba con su polla por mi cara mientras yo jadeaba. Sentir ese nabo en mi cara y dentro de mi boca era una de las mejores experiencias de mi corta vida, y el ansía me enloqueció hasta pedirle lo que no me había atrevido hasta ese momento:

    – Fóllame… -fue realmente un susurro anhelante, pero me oyó claramente.

    Me miró un instante como asegurándose y me hizo poner de pie para girarme contra la pared. Sentí sus manos acariciando mi espalda y llegar a mis nalgas, que entreabrió agachándose. Noté a continuación su lengua que comenzó a invadir mi culo mientras yo apoyado en la pared con mis manos, lo ponía en pompa para facilitarle el acceso y sentirla lo más profundamente posible.

    Me vuelve loco que me coman el culo, me hace gemir a gritos, estremecerme y ponerme muy verraco. Él lo notaba además por cómo me movía retorciéndome de placer e intentando apretar aún más mi culo contra su lengua, así que lo hizo cada vez más intenso.

    Cuando consideró que estaba suficientemente dilatado, se irguió y apretando su pecho contra mi espalda pude sentir ese enorme monstruo entrar en mí. El inevitable dolor inicial me paralizó al principio, pero la excitación me podía, por lo que empecé a culear en círculos para sentirla más y más y poco a poco el placer se intensificó. Ignoro cuanta longitud de carne me pudo meter, todo era imposible. Yo me sentía lleno, empalado por un tío mayor que me aplastaba contra la pared y cuyo aliento sentía en mi cuello, pudiendo percibir sus gruñidos de placer.

    Cogiéndome las caderas fue incrementando el ritmo, acompasado por mis jadeos y mis murmullos animándolo:

    – ¡Así, así… Más, no pares…!

    No había sentido nunca una polla tan enorme dentro de mí, el control que ese tío podía ejercer sobre mí solo por la tremenda follada que me estaba dando. Hubiera hecho cualquier cosa porque no parara de metérmela, de hacerme sentir pleno, de estimular mi placer hasta muy cerca del umbral del dolor, haciéndome estar en éxtasis, con los ojos firmemente apretados y concentrado en mi culo.

    Cuando creí que no podría disfrutar más, paró, me giró de golpe y con sus brazos me subió en volandas para empezar a besarme en el cuello y morderme con relativa fuerzas. Colocó mis piernas en torno a su cintura, manejándome como un muñeco y yo jodidamente encantado de estar así de subyugado. Él era un tío mayor y fuerte, y yo su juguete sexual, estaba para darle placer y obtenerlo.

    En esa postura, conmigo abrazado a él con brazos y piernas, comenzó a metérmela de nuevo. Su impulso, mi sumisión ante el placer que estaba dando y la gravedad hicieron que esta vez me penetrara más profundamente, aunque tampoco conseguí metérmela entera.

    No puedo ni calcular el tiempo que me estuvo follando así. Mantuve los ojos cerrados y él llevó toda la iniciativa, silenciosamente, solo con gruñidos y jadeos, y conmigo concentrado en sentir esa pollaza en mis entrañas, matándome placer. En algún momento, la fricción de mi polla contra su cuerpo combinada con el placer de mi culo, provocaron que me empezara a correr entre gritos brutales de “¡SÍÍÍ!” Que debieron escandalizar a todo el vecindario y me hicieron apretar aún más mi esfínter que rodeaba su miembro.

    En breve sus arremetidas se intensificaron y con jadeos y bufidos, comencé a notar los chorrazos de su corrida en mi interior, tan profundamente que nunca había experimentado esa sensación. Yo me apretaba contra él mientras seguía descargándose en mí. Cuando por fin acabó, después de un buen rato, apoyó mi espalda contra la pared y estuvimos besándonos un rato, con su polla aún dentro de mí, aunque iba perdiendo dureza, lo que permitía que lentamente fluyera su semen fuera de mi culo.

    Al bajar mis piernas, apenas me sostenían, estaba agotado, satisfecho, pero el culo me latía y sabía que dolería próximamente.

    – No me suelen dejar que les folle el culo -me comentó sonriente mientras nos enjabonaba lentamente a ambos.

    – No me extraña – respondí yo con conocimiento de causa.

    Después de arreglarnos, estuvimos un rato hablando, nos intercambiamos los teléfonos y quedamos en vernos al día siguiente en el chiringuito.

    Quedamos varias veces ese verano, llegando a incluir a alguna persona más en nuestros encuentros, pero esta historia ya ha resultado bastante larga. ¡Para la próxima quizás!

    Ya sabéis que cualquier comentario, propuesta u opinión a [email protected].

  • Con mi novia al lado

    Con mi novia al lado

    Unos días después de lo que pasó en mi último relato Valentina y yo no nos habíamos vuelto a ver. Y no era que nos estuviésemos evitando, era porque era época de parciales y estábamos algo ocupados.

    Pero, el día que terminamos los parciales Mercedes vino al apartamento, después de un rato Valentina llegó. Los dos actuamos normalmente, como si nada hubiera pasado y estuvimos charlando hasta bastante tarde.

    Como casi siempre, Mercedes se quedó a dormir. Dos horas después de habernos dormido me despierto al oír mi puerta abrirse, esta al abrirse suena como las típicas puertas de películas de terror. Al principio creí que era Mercedes que había ido al baño o a la cocina. Pero al darme vuelta y verla acostada me extrañó que se abriera. Pero, no mucho después siento como unas manos empiezan a masajear mi pene por encima del pantalón. Me vuelvo hacia el lado y veo como Valentina está allí.

    -Quiero saborear otra vez tu polla y que me des toda tu leche- dijo susurrando.

    Yo estaba en una lucha interna entre mis ganas de volver a cogérmela y el miedo a que Mercedes se despertara. Estaba tan concentrado que no me di cuenta de que me había bajado el pantalón. Me sacó de mi lucha al comenzar a chupármela. En un instante mis dos lados opositores se volvieron uno solo que ansiaba estar dentro de ella.

    Ella seguía chupándomela, por lo que enredé mis dedos en su cabello y ayudé al movimiento de su cabeza. El temor a que Mercedes se despertara y nos viera así me excitó mucho más. Le quité la blusa, dejando ver sus hermosos pechos, con los cuales empecé a jugar mientras me la seguía chupando.

    Sentía la necesidad de ya estar dentro de ella, por lo que la sumí sobre mí con mucho cuidado para no despertar a Mercedes. No traía calzón, por lo que al ponerla sobre mi sentí lo mojada que estaba y mi pene empezó a meterse solo. Al principio lo hacía suave y despacio, para no despertarla, pero, cuando vimos que no se despertaba lo empezamos a hacer cada vez más rápido y más duro. La tomé por la espalda, la acosté sobre mí y la empecé a besar para que no gimiera. Me encantaba sentir sus perfectas tetas sobre mí, separarse por unos milímetros y volverse a juntar. Hubo un momento en el que dejamos de tener cuidado con el ruido y solo nos dedicamos a disfrutar el momento, nuestros cuerpos pegados y el sonido de nuestras pieles al chocar.

    Yo fui el primero en terminar. Ella no duró mucho después de que yo terminara, pero al venirse empezó a gemir muy fuerte. Traté de que hiciera silencio, pero, vuelvo a ver a Mercedes y estaba despierta.

  • El huésped

    El huésped

    Estaba sola en casa, acostada desnuda en mi cama viendo una película erótica y tocándome rico, recibí la llamada de mi jefe, «que raro» pensé, puesto que desde que me pidió un hijo con él yo dejé de hablarle salvo para cosas del trabajo, le atendí y me pidió reunirnos por tema laboral en media hora, no tuve tiempo de llegar a mi orgasmo, me duché, me vestí de manera formal y bajé junto a él que me esperaba a la puerta de mi departamento en su vehículo.

    Lo saludé y subí a su lado, estaba con un señor mayor, de 65 a 70 años aproximadamente, me presentó y me informó que el señor era amigo suyo empresario y que quería invertir en nuestra empresa.

    Nos dirigimos rumbo a un restaurante para charlar y comentarle los beneficios que obtendrá con nosotros, el señor es algo mañoso, o sea, no quiere quedarse en hoteles ni nada de eso, a lo que mi jefe me preguntó si podría hospedarlo por esa noche en mi casa, «te pagaré obviamente» me dijo.

    Lo pensé un instante y acepté, luego de la charla de negocios, cenamos, nos tomamos un par de copas y regresamos, nos bajamos a mi departamento con el señor y lo acomodé en mi cuarto, luego le dije que podía asearse mientras yo me cambiaba de ropa, no sabía que ponerme, todas mis ropas son transparentes o muy cortas, entonces me quedé desnuda con solamente mi bata de dormir, volvió a salir el señor del baño, se sentó en la cama, hablamos un rato, ya nos preparamos para dormir, lo dejé en mi cama y fui a acostarme en el sofá, mi rabia estaba en que no podía masturbarme porque soy ruidosa al hacerlo, entonces me concentré para dormir.

    En la mesita de luz que tengo en mi cuarto estaba un álbum de fotos mías, algunas en poses sexys y otras las que me tomé con Andrés penetrándome, fotos calientes en realidad, pasado la media noche, me levanté a tomar agua y escuché en mi habitación cierto gemido y el clásico ruido de un hombre al masturbarse… me llamó la atención y abrí lentamente la puerta y vi a este señor masturbándose por mis fotos! no niego que me calentó ver su pene erecto, grueso y canoso, entonces decidí hacer algo de ruido para que me escuche y entré a la habitación, obviamente el señor se tapó todo y fingió estar dormido, agarré mi álbum, saqué mi juguete y volví al sofá, entonces empecé a masturbarme, ya no disimulé, gemía mucho y en eso veo parado al señor en la puerta, mirándome, muy dentro mío quería que me escuche… «te parece si nos complacemos mutuamente» me preguntó… me levanté lentamente y fui a para acostarme en mi cama, de pasada le acaricié el pene, esa era mi forma de darle el OK a su propuesta…

    Cuando iba subiendo a la cama dejé caer mi bata mostrándome desnuda ante él, admiraba mi cuerpo mientras se bajaba la ropa interior, sin decirme más nada, fue besando mis piernas, metía sus dedos en mi vagina, iba levantando mis piernas y comenzó a chuparme el clítoris, me dejé llevar y mis gemidos no paraban mientras mis manos buscaban su miembro, se sube sobre mí y me lo pone en la boca, comienzo a chupárselo y siento lo salado de su pene mientras él me masturba, a ciegas busco en mi cajón preservativo, se lo pongo y voy acomodándome para que pueda penetrarme, me lo hunde lentamente mientras yo no paro de gemir, me bombea mientras me aprieta los pechos, lo volteo boca arriba y lo monto con suaves movimientos, estaba ya a punto de llegar y me salí, me puse de cuatro y me entró aún más profundo, sus bombeos fueron haciéndose más continuos y fuertes hasta que sentí como se corría en mi vagina… me recostó sobre la cama y me abrió las nalgas para lamer el culo, «aún puede más» pensé, me dijo que por las fotos que vio me gusta el anal… sonriendo le dije que me encanta, sin mediar palabras fue metiéndome los dedos hasta dilatarme bien, me levantó de vuelta y me lo fue metiendo poco a poco hasta llegar sus huevos al tope, me sentí muy complacida, hacía fuerzas contra él para que me entre más, y eyaculó a mares dentro mío, entramos para ducharnos y antes que encienda la ducha, me pidió que me ponga de rodillas para mostrarme algo, me puse y empezó a orinarme por los pechos, no sé porqué me dejé, me gustó mucho… esa noche dormimos juntos como pareja, mientras dormitábamos me abría las nalgas de costado y volvía a cogerme, le pregunté cómo aguanta tanto y me contestó que la pastillita hace milagros…

    Todo volvió a la normalidad al amanecer, me quiso dar dinero y le dije que no era necesario mientras lo que había pasado se quedará entre nosotros.

    Esa noche, ya sola en casa, me puse a pensar en cómo me volví tan promiscua hasta el punto de acostarme con extraños… no encontré respuesta, pero, me encanta hacerlo, es como que los hombres huelen que me pueden tener, tampoco soy callada cuando estoy con ganas…yo misma hago que sucedan las cosas, yo misma entrego mis agujeros para el deleite de mis hombres.

  • Nuestra amiga argentina se prostituye por afición

    Nuestra amiga argentina se prostituye por afición

    Lo que les voy a contar creo que es lo más loco y arriesgado que hice. Resulta estaba sola en casa porque mis viejos se fueron hacer no sé qué carajo a Junín se quedaban a dormir ahí y volvían hoy.

    Hace unos días leí sobre una chica que se prostituyo por una noche, fue donde estaban las putas, arregló con ellas lo que les iba a dar de cada cliente que tuviera.

    A mi esta cosa de la prostitución, siempre me dio adrenalina, curiosidad, por eso lo hice, pero nunca estando en la calle.

    Pensaba y pensaba y sé que cuando pienso soy un peligro jaja, ¡porque hago realidad las fantasías!

    A eso de las 22 hs. me digo a mi misma de vestirme como una puta, a ver como quedo jeje. Me pongo una pollerita (que nunca había usado ni sé para qué me la compre), muy cortita, pero muy cortita y ajustada (yo así no salgo nunca a la calle), unos zapatos con taco, sin medias, una blusa, un saquito de lana y uno más abrigado, pero también cortito.

    Me miro al espejo y si, tenía toda la pinta de trola, con esa pollera que apenas me tapaba la cola, y sigo pensando, si me animaré a pararme así en una esquina y ver qué onda, y lo de siempre, esa adrenalina que empiezo a sentir, y que no me deja pensar.

    Empecé jodiendo vistiéndome de puta para ver como quedaba y ¡ya estaba pensando en hacerlo!, siempre me pasa lo mismo, me volví a mirar al espejo ¡y si! ¡Qué pinta de puta tenía!

    Pero esta vez no me engañe, si sabía que lo iba a terminar haciendo. Me puse un tapado largo (por si me encontraba con alguien en el ascensor), voy a la cochera, tiro el tapado atrás y salgo, no sabía a dónde, ¡pero salí!

    Agarro por Libertador y terminé por la calle Godoy Cruz, por donde está el ACA, veo un telo en una esquina, y pienso en que este tiene que ser el lugar, paro el auto a una cuadra, y me tenía que decidir si me bajaba y me quedaba parada en la esquina o no. Tuve así un rato hasta que digo, “me quedo 15 minutos, si no pasa nada, me vuelvo”.

    Me baje del auto, me sentía ¡desnuda en la calle!, ¡eso me calentaba mucho!, pero no sabía si prefería conseguir un “cliente” o no, estaba echada a la suerte, que pase lo que pase.

    Llego a la esquina, pasan unos pendejos, me gritan putita, ¡no te animas con todos juntos?, me sentía desnuda, avergonzada, denigrada, toda una puta y eso me daba mucha adrenalina y calentura.

    Pasan los minutos y nada, miro el reloj y faltaban dos minutos para que se cumplieran los 15 que me había prometido, faltaba un minuto (mi corazón iba a mil), se cumplió el tiempo, ya esta será otro día y voy a cruzar la calle para ir a mi auto, y justo se para un auto, baja la ventanilla del acompañante y me pregunta si estaba trabajando (otra vez mi corazón estallaba, que miedo tenía y que calentura también, estaba por poder cumplir mi fantasía ¡si decía que sí!) le digo que sí, me pregunta cuánto cobraba, le digo 300 pesos y vamos al telo que está a la vuelta.

    Abre la puerta y me subo (ni yo podía creer lo que estaba haciendo) obvio con esa pollerita ajustada, cuando me siento en el auto ¡estaba casi en bolas!, me toca las piernas y me dice ¡a ver cómo te portas!, y para hacerme bien la putita le toco la pija y digo, ¡como estamos!

    Entramos en la habitación (yo ya no estaba tan nerviosa, total coger no me da miedo jeje) se pone en bolas, yo también me saco la ropa, y como una putita se la empiezo a chupar, bien despacito, bahh como a mí me gusta jeje, y me puse de tal manera que a él le mostraba mi colita, así que mientras se la chupaba, jugaba con mi colita y mi conchita.

    Después lo de siempre, me pongo en cuclillas arriba de él y me empieza a coger, yo subía y bajaba, subía y bajaba, después me pongo en cuatro, seguimos cogiendo y acabó, (yo también jeje). No estuvimos mucho, habrá sido media hora.

    Nos vestimos, vamos al auto de él, me pregunta si me deja donde me levantó o en otro lado, le digo que me deje ahí.

    Bueno ahora viene la parte en la que ¡nunca me sentí tan boluda! ¡Y tan puta!, me dice que me cuide, ¡que no joda con hacer estas cosas!, y le digo ¿Por qué?, y me dice que yo no soy una puta, que no hago esto por plata, que las putas antes de sacarse un zapato, ya están cobrando, y vos nena, ¡te olvidaste de cobrarme!, ¡que boluda que soy!, igual me dio la plata, me subí a mi auto y volví a casa.

  • Mi polvo de hoy

    Mi polvo de hoy

    Ahhhmmm, bueno el chico tiene 20 años, llegó, hablamos un poco, yo estaba cargado porque estuve todo el día en casa viendo porno y me estaba masturbando pero no me había venido. Llegó, hablamos un rato, me acosté en la cama empecé a tocarme y se me paró de nuevo, me quité la camisa, él también, me bajé el pantalón y empezó a mamármelo ufff súper rico, por su edad creería que tenía poca experiencia pero lo hacía súper rico.

    Yo tenía muchas ganas, entonces lo agarré por la cabeza y empecé a moverme para que le entrara bien en la boca, y más mas rápido, hasta que se atragantaba, así duramos como 15 minutos. Luego le quité la ropa, le hice sexo oral también, lo tenía rosadito jajaja, luego lo subí encima de mí y mientras le hacía sexo oral él también me hacía a mí. Así duramos como diez minutos, se sentía ufff súper rico, luego terminé de empelotarlo, tenía unas nalgas ricas, se lo restregué un buen rato, yo estaba mejor dicho, antojadisimo, entonces le pregunte “quieres verguita? si? te lo meto?” entonces me dijo “si, si”, y saqué un condón.

    Al inicio casi no entra porque estaba súper estrecho yo quería iniciar despacio, pero como no entraba tocó empujar duro y entró un poco fuerte jajaja, dejé que se acostumbrara a sentirlo adentro, y empecé a moverme poco a poco, lo coloqué en cuatro al borde de la cama, yo me hice de pie, y ya estando ahí si empecé a ir mas rápido hasta que terminé dándole duro, se quejaba más rico jajajaja, ahí duramos un rato, lo agarré por los hombros para que le entrara bien y le di verga, él se estaba masturbando pero no quería que se viniera en mi cama entonces se volteó, se lo metí en pollo asado y le di otro rato hasta que se vino sobre el abdomen, verlo venir me calentó más entonces me iba a venir, empecé a darle más rápido y más duro y me dijo que no me viniera adentro, que me viniera en la boca e el, entonces se lo saqué me quité el condón se puso en cuatro frente a mí, me masturbé y cuando ya me iba a venir se lo metí en la boca y uffff me vine, y fue bastante jajaja porque andaba todo el día antojado, me vine, se la comió toda porque no me dejó ver ni una gota, nada.

    Y ya, nos quedamos un rato así sin ropa hablando, al cabo de un rato se vistió y se fue.

  • Vidas encontradas

    Vidas encontradas

    Le gustaba visitar las exposiciones, las películas de estreno y las salas de pintura, su ruptura matrimonial la había dejado un poco desencajada, de eso ya hacía tres años, aunque estos últimos días había tenido alguna esperanza, esfumada y decepcionada al mismo tiempo. El transito era muy fluido a esa hora, pero había prometido una visita a su amiga Nati. La cual la esperaba en la terraza del bar.

    – Pensaba ya no vendrías Eva

    – Para nada Nati, el tráfico… sabes que siempre que voy a ver a mi madre procuro pasar a verte.

    – Te veo algo decaída, un consejo de amigas, haz tu vida, no pienses más en él, todo paso.

    – No todo el mundo lo ve desde tu perspectiva Nati, tú lo has superado, se te ve radiante, por cierto, me gusta tu nuevo peinado tiene más volumen, tu color es exuberante.

    – Bueno, quizás el ser pelirroja influye, siempre me había sentido algo acomplejada de ello pero me he acostumbrado.

    – No digas tonterías, siempre has sido guapa, eres atrayente.

    – Jejejeje, haber pasado los cuarenta te da esa seguridad digamos.

    – Si, ya no somos niñas adolescentes la verdad.

    – ¿Y fue por eso Eva que el otro día te fuiste tan apresurada? ¿Qué te pasaba, no te encontrabas a gusto con mi otra amiga?

    – Nati, me sentía… no sé cómo decirlo… Esos chicos tan jóvenes…

    – No seas tan orgullosa, quizá no estaban a tu altura según tú. Aunque tienes que ser más modesta, distes la impresión de aires de grandeza.

    – ¡No! No es eso te equivocas. Además estaba cansada y tenía que ir a ver a mi madre, y sí, puede que estuvierais algo alegres.

    – No sé qué problema puede haber que junto con mi amiga nos divirtiéramos un poco. Sabes, tendrías que hacer lo mismo. Yo de tanto en cuanto me suelto la melena y me hago un monumento. Y te lo aconsejo, de verdad Eva, te relaja mucho.

    Todo el trayecto iba pensando en la conversación mantenida con Eva, puede que tuviera razón por muy frívola que fuera, aunque era hora de cenar y se hacía tarde. Entró en el restaurante que le gustaba tanto, de platos de vanguardia, una autentica gozada para su fino paladar. Ya era de noche, aún le faltaban varios kilómetros para llegar a casa de su madre, estaba sola y con disertaciones sobre su vida, pensando en lo que le había dicho su amiga. A no mucha distancia de donde se encontraba el local donde se había referido Nati, de eso hacía una semana, y sí, puede padeciera ese rencor de la separación y estaba enfadada con el mundo. Aunque a tenor de lo visto ese día sus amigas se comportaban como auténticas adolescentes con esos jóvenes.

    Dio una vuelta por los alrededores, y allí, volvía a estar presente ese local, el cual le quedaba a la vuelta de la esquina. En un sin querer queriendo se vio caminando hacia allí. Estaba ya escuchando el sonido de la música del local y con decisión entró. El local parecía salvaje, con colores chillones, había no mucha gente, pidió un Gin Fizz ante el aparente asombro del camarero y tardando un rato se lo sirvió; fue en ese momento que el camarero se dispuso a hablar con un joven de la barra, cuando se vio observada de forma penetrante por esa persona. En un recuerdo vago, creyó que era uno de los que la semana pasada se divertían con sus dos amigas.

    La persona susodicha mencionada, era en efecto el de la semana pasada. Apodado el Santos. Era un macho híbrido y musculado, el cual tenía unos registros importantes de hazañas follamentísticas con el género femenino, dotado por la naturaleza de un poder descomunal en su entrepierna. Su única obsesión eran sus triunfos mujeriegos y el apuntarse “una más”. Como es lógico en personajes mencionados, nada más entrar nuestra protagonista se pusieron en marcha los sensores de su radar, detectando movimiento y poniendo en su punto de mira a la recién llegada.

    – Que me aspen si esa no es la que estaba con las dos de la otra noche – dijo el camarero.

    – Sí, lo es, desde luego se hizo humo rápido el otro día, se la ve muy creída y arrogante, aunque le tengo ganas a la hembra.

    – Por cierto, ¿cómo llego a terminar la otra noche la cosa con las dos esas…?

    – Yo me levanté la pelirroja.

    – Eres un fiera, Santos.

    – Digamos que me gusta cagar al primer apretón.

    – Entonces te la llevaste, ¿qué tal fue?

    – Sí, eran carne de cañón, la disfruté arriba; incluso al final me puso culo.

    – ¡No me digas!

    – Sí, la finiquite en una soberana enculada.

    – Entonces le gustaba por ahí.

    – Solo con decirte que le entraba hasta la empuñadura, desde luego era un culo profanado.

    El contraste de los personajes – Eva y Santos – era un contrasentido, pero en la vida hay tantos que el azar lleva por otros derroteros los designios de la vida. Y nos encontramos de nuevo con Eva, la cual pidió un segundo Gin Fizz mientras estaba con sus divagaciones mentales, abstraída de la realidad, tras lo cual, y no estando muy habituada a la bebida le daba esa especie de confort falso de la mente que como bien se ha dicho la evadía. Como bien pasa en estos casos de debilidad volvió a pedir su tercer cóctel. A partir de ese momento, el Santos, vio la ocasión e inició el ataque correspondiente al ver su oportunidad: se levantó como si tuviera un resorte: estirado, echándose una mirada al espejo de la barra para cerciorarse de su categoría y camino con paso largo y balanceo de brazos hacía nuestra querida Eva.

    – ¿Qué tal guapa? – dijo, con naturalidad postiza.

    – Bie… bie… bien, gracias.

    – Te invito a otra copa – dijo, mientras levantaba la mano al camarero en un ademan chulesco.

    – No sé si me conviene, aunque… no… bueno. – contesto mientras el camarero ya se lo servía y al mismo tiempo tenía una mirada de complicidad con Santos.

    – No tendría que tomar más, debo llegar, o debería estar en otro sitio.

    – Bueno, no tiene nada de malo nena tomarse algo, para desconectar.

    – Ya, en verdad… pues no…

    La maquinaría había empezado a funcionar en el mecanismo de Santos, todo iba según lo estipulado la situación no podía ser mejor: aparentemente frágil, algo achispada y, sobre todo, la figura estilizada de Eva, con esos pechos como flanes, delgada, con ese atractivo femenino era lo que determinaba la decisión de nuestro protagonista. Siguiendo el curso de los acontecimientos paso lo más evidente:

    – Me siento algo descompuesta, tengo que salir.

    – Suele pasar, tranquila, te acompaño. Quizá quieras descansar un poco antes de proseguir tu trayecto, por mi encantado – dijo él con entusiasmo.

    – Pudiera ser, me convendría, no soy capaz de conducir.

    Se levantaron, ella algo dubitativa; él con tronío, se sentía observado y le gustaba esa sensación de gloria delante de la concurrencia, le daba ese valor añadido, inclusive se ocupó de los trámites de abonar las correspondientes bebidas a su amigo el camarero, no exenta de una breve conversación:

    – ¿Ya? – dijo el camarero.

    – Sí, la veo a punto, te puedo asegurar que en menos de media hora ya la estaré gozando.

    – Eres un cabronazo, ¡qué suerte!

    – Sabes, a mi me gusta cagar al primer apretón – dijo con una sonrisa socarrona y victoriosa.

    Una vez en la calle, donde la noche dejaba vislumbrar los faros de los coches y algo de bullicio el Santos la tenía abrazada en señal de protección y nada más ver unos amigos que aparcaban le rodeo el cuello y le asesto un soberano morreo de dinosaurio. Desorientada ella se sintió estimada y algo más segura.

    – No puedes conducir, lo sabes.

    – Ya, soy consciente de ello.

    – Justo en la esquina vivo en uno de esos apartamentos.

    – Bueno, solo un rato entonces.

    Así fue como fueron subiendo las escaleras del edificio hasta llegar al lugar. Al entrar ella no estaba acostumbrada a tan reducido espacio, con una decoración algo vulgar y macarra al mismo tiempo; y es que no nos engañemos, estaba metida en un habitáculo donde las necesidades primordiales, eran la cópula y todas sus vertientes. Es decir: un picadero o un follodromo. Nada más llegar ella sintió ganas de ir al baño, allí se limpió la cara e hizo pis. Al salir del baño frente a ella, de pie, y solo con los bóxer puestos y con su majestad de poderío estaba él:

    – Me tienes palote, sabes – dijo mientras se cogia el abultado miembro que se vislumbraba.

    – Yo no-no-no estoy segura…

    – Te voy a dar chorra como ninguno te la ha dado, como a una puta.

    Como un león sobre su presa se abalanzo sobre ella y le saco el vestido en un abrir y cerrar de ojos, inclusive tiro de su sostén y bragas quedando ella como una presa ante el verdugo. Se bajó el bóxer y su miembro salió rebotado como si llevara un resorte y acto seguido la sentó en el sofá poniéndole a la altura de su cara su cipote empalmado y tensionado erigiéndose ante ella como una torre palpitante con ligeros movimientos convulsionantes. Así, ante él estaba nuestra Eva, la cual fue incitada por Santos con un:

    – Toma biberón so puta… cómela, seguro que no has tenido nada en tu vida de tanta calidad.

    Tras lo cual ella empezó a tragar dicho miembro viril en un envite a su boca de nuestro personaje, el cual le iba cogiendo la nuca y haciéndole tragar todo el sable, atragantándose ella, babeaba, sus ojos estaban rojos. Por su parte él gozaba, retrocedía y avanzaba para adentrársela en esa boca pintada.

    – Venga, que tú puedes – dijo con bravura mientras le introducía todo el miembro en su boca.

    Al mismo tiempo le tapo la nariz, ella resoplaba como un tubo de escape, era una masa de carne jadeante de la cual surgían breves murmullos.

    – ¡Uhhh, aaahhh, aaaggg! – tosía con una mezcla de respiración fuerte e hiperventilada.

    – Aguántala un rato con toda dentro, vamos, 1-2-3-4-5 – Al instante que ella sacaba su boca para poder respirar, pero no dando ninguna tregua y volviéndosela a remachar en la boca.

    – Hasta diez esta vez, 1-2-3-4-5-6-7-8-9-10.

    La retiro y ella quedo cogiendo aire, era un ser subyugado baja la batuta de un macarra, lo sabía y no le quedaba otra. Apenas se sentía desahogada la tendió en el suelo abriéndole las piernas, para el colocarse – cogiéndose el miembro y poniéndolo en ángulo directo hacía la vagina – en postura de acometida para estar bien posicionado para tener un buen empuje. En una tacada sonora la empezó a bombear, parecía la embestida de un toro. El bombeo era constante y el ritmo de sus revoluciones corporales aumentaba.

    – La sientes bien adentro – dijo, mientras quedaba parado con todo su miembro dentro.

    Ella jadeaba se retorcía, su vagina chapoteaba (plof, plof, plof).

    – ¡Sí, sí! No pares ahora.

    – ¿La flipas, no? Ahora sabes lo que es un macho de verdad ¡Flípala, flípala! – gritaba con desespero.

    –¡Me vengo! ¡Me vengo ya! La noto, la siento, ¡me voy a venir! ¡¡¡Me vengoooo!!!

    Como si de una descarga eléctrica de alto voltaje se tratara ella empezó a convulsionar, al mismo tiempo que se podía observar como de su vagina salían flujos vaginales. Entonces él, en un movimiento rápido se levantó y enfoco su miembro hacia su cara, estallando esperma a chorros considerables sobre la cara de Eva. Su finalidad era que ella ingiriese dicho elemento, aunque su descarga fue apresurada, por lo que tras su deslefe le restregó el glande esparciendo su semen hasta su boca. Quedaron tendidos uno al lado del otro. Sudor, respiraciones profundas:

    – Has flipado como una cerda, se nota que no estás acostumbrada a que te hagan gozar.

    – Estoy mareada… quiero limpiarme – dijo ella, con la cara sucia de semen que ya estaba pegado a su cara.

    Entonces se levantó tambaleándose y se lavó la en el baño. Al salir ella, nuestro protagonista pegaba caladas a un canuto mirándola con ojos escrutadores y sentado en pose de gallito. Al llegar, se sentó en la butaca a su lado. En un acto de afabilidad achulada él le paso el canuto. En su juventud había probado algunas veces, teniendo un vago recuerdo de sus efectos. Fumaron, ella se adormilo. Se despertó de su morriña, notaba que le friccionaban el clítoris y le dedeaban su zona anal.

    – Lo tienes muy cerrado – dijo él.

    – Yo nunca… no… – contesto ella balbuceante y algo confusa debido a los efectos del canuto.

    Como pueden deducir aprovecho la ocasión y no tardo en levantarse y traer un bote de vaselina. Se unto el índice y lo inserto en el conducto anal, lo subía lo bajaba. Ella emitía ligeros quejidos, no tardo en intentar introducir dos, la vía empezaba a dilatarse, al mismo tiempo que ella decía:

    – ¿Qué haces?

    – Abrírtelo algo antes de encularte.

    – ¡No, no! – dijo ella algo desorientada.

    – Ponte en el suelo a cuatro patas.

    Una vez en el suelo y con ella en dicha posición, él se unto su miembro de vaselina y semiflexionado a horcajadas le entro el glande y empujo, encontrando algo de resistencia. Empezó unos empujes lentos hasta media verga.

    – ¿La notas?

    – ¡Sí! Me duele algo…

    – Pronto la tendrás toda, así que es mejor que te relajes, lo tienes muy cerrado – dijo mientras con las manos le separaba las nalgas para ver su penetración.

    – ¡Ten cuidado! Por Dios…

    – Prepárate a la de tres te la inyecto toda so puta, ya te he dado bastante margen.

    – ¡Espera! ¡No! Aún no.

    – A la de una, dos… y tres – de una embestida rápida y enérgica se la incrusto toda.

    – ¡Ayyyy! ¡ufff! – exclamo ella.

    Concluido el primer tramo de la sodomización la dejo insertada hasta el fondo, sus testículos se observaban antepuestos a la vagina, señal inequívoca que la penetración era profunda y todo el pene estaba introducido en dicha vía. En esta postura se mantuvo un pequeño intervalo de tiempo. Entretanto ella gemía y maullaba como una gata arañando la alfombra. A continuación empezó bombeos cortos y a medida que veía la viabilidad penetrante los iba intensificando, arqueando la espalda y dando más intensidad a sus movimientos mientras gritaba:

    – ¿La flipas? ¿La flipas? Tómala toda so cerda.

    – La siento muy adentro, es como si tuviera un ser vivo en mis entrañas – grito ella.

    Semiflexionado en la trasera de ella y arqueadas sus piernas empezó un intenso mete-saca, a ratos saltaba como si de una rana se tratara. No tardo en emitir bufidos guturales, era la señal evidente que iba a eyacular.

    – Toma, toma, toma, toma; tómala y que por el culo te la echo y por la boca lo eches ohhhhh.

    El tiempo quedo parado, ella se había desplomado al suelo y el encima aún con su verga dentro, la saco, el ano estaba rojo y lleno de esperma; él se levantó aún con su glande goteante de semen, estaba sudado, cogió el vestido de ella y se limpió su sudor para después limpiarse su miembro viril.

    – Me gustaría lavarme, tengo que irme – dijo ella en un susurro.

    – ¿Te crees que esto es una casa de acogida? – contesto él.

    EPILOGO

    Apenas podía caminar, le dolía al sentarse al volante, notaba como su asiento se mojaba que su culo iba dejando; paro en una gasolinera para ir al lavabo; se sentía sucia y usada. En el corto trayecto hacia el lavabo, pudo oír como dos operarios cuchicheaban “vaya putón, la has visto, apesta a lefa y la lleva incluso por el vestido, vaya nochecita la guarra.

    En el otro lado de la balanza el Santos volvía a entrar en el bar de copas con aires de gran gigolo; se sentó en la barra que horas antes había estado.

    – ¿Ya de vuelta? ¿Has triunfado? Han pasado apenas unas horas -dijo el camarero.

    – Ahora la he terminado – contesto él.

    – ¿Y qué tal, como ha ido?

    – Le he hecho un completo, inclusive he estrenado un precioso culo echado a perder.

    Y así, con esa demostración del poder y de la gloria de nuestro personaje termina la historia. Como todo en la vida, tiene sus perdedores, sus ganadores, sus vanagloriados y los humillados.