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  • Una vecina alegra mi noche

    Una vecina alegra mi noche

    Hace un tiempo se mudó una chica nueva a mi edificio. Vive con sus padres, tiene alrededor de 25 años —luego supe que eran 26— y estudia Derecho.

    Yo siempre he sido alguien discreto. Aunque fuera de aquí muchos saben que soy de los que nunca repiten con la misma mujer, en el edificio nadie me ha visto llegar acompañado. Para mis vecinos soy el tipo responsable, serio, casi invisible, alguien que nunca se mete en problemas ni participa en nada.

    Desde que Camila llegó, había algo en nuestras miradas. Cada vez que coincidíamos en los pasillos o el ascensor, un coqueteo sutil flotaba en el aire, como un juego silencioso que ninguno terminaba de iniciar. Me llevaba bien con sus padres; les había echado una mano en pequeñas cosas, cargar bolsas, sostenerles el ascensor… lo típico. Pero con ella, todo era diferente. Su forma de mirarme, de moverse… sabía perfectamente el efecto que causaba.

    Una noche de sábado, regresé de una fiesta bastante aburrida. Me quedé en la portería fumando un cigarrillo, disfrutando la calma de la madrugada antes de subir. Entonces la vi llegar. Se bajó de un coche, supuse que un Uber. Llevaba un vestido ajustado, corto, y tacones que hacían que sus piernas parecieran interminables. El escote dejaba ver la curva perfecta de sus pechos, y su cabello suelto caía desordenado sobre los hombros.

    La saludé con naturalidad y seguí fumando, pero sentí su mirada sobre mí.

    —¿Me regalas uno?

    Saqué la cajetilla de mi bolsillo y la acerqué hacia ella. Camila se inclinó ligeramente, tomó el cigarro con los labios, y en ese movimiento su escote se abrió un poco más, dejando al descubierto una línea profunda y provocadora. Mi mirada bajó sin poder evitarlo, admirando esa piel tersa, la forma perfecta de sus senos. Ella lo notó. Me sonrió con picardía mientras yo sacaba el encendedor y acercaba la llama a su cigarro. Su rostro estaba muy cerca, podía oler su perfume dulce mezclado con el aroma del tabaco.

    —¿Por qué tan solo un sábado? Por cierto… nunca te he visto con nadie. ¿Eres gay o algo así?

    Levanté una ceja, la miré directo a los ojos, con una media sonrisa.

    —¿Te parezco gay? Hoy estoy solo porque el evento era un aburrimiento. Apenas pude escapar, me vine directo a casa.

    —Es que nunca te veo con nadie. Es más, casi no te veo los fines de semana.

    —Porque no suelo quedarme aquí. Normalmente paso los fines fuera.

    Su risa era suave, casi traviesa. Aproveché para empezar a preguntarle cosas, tantearla, conocer qué le gustaba. Y mientras hablábamos, las miradas, los gestos, las pequeñas provocaciones se iban colando entre las palabras. Le decía lo bien que le quedaba ese vestido, lo sexy que se veía siempre. Ella reía y jugaba con su cigarro, inclinándose ligeramente, acercándose más a mí.

    Cuando terminamos de fumar, abrí el portón y la dejé pasar primero. No pude evitarlo: mi mirada se clavó en su trasero, redondo, firme, que se balanceaba al caminar. Y lo sabía. Lo movía con intención, exagerando cada paso.

    Llamé el ascensor y entré tras ella. Apenas las puertas se cerraron, sentí cómo la tensión entre nosotros alcanzaba el límite. Sin pensarlo, me acerqué de golpe. La empujé suavemente contra el espejo, pegando mi cuerpo al suyo. Mi boca fue directa a su cuello, besándolo, lamiéndolo, mientras mis manos la rodeaban, subían por sus muslos descubiertos hasta llegar a sus caderas, sus senos. Su piel era caliente, suave, vibrante bajo mis dedos.

    Camila soltó un gemido bajo, intentando no hacerlo evidente, pero su cuerpo ya me respondía, arqueándose hacia mí, presionándose contra mi erección que palpitaba dentro del jean. Sentía su respiración agitada en mi oído, su pecho subía y bajaba rápido mientras mi lengua dibujaba líneas lentas en su cuello, mordisqueándolo suavemente.

    Me atreví a bajar una mano hasta el borde de su vestido, deslizándola por debajo, subiendo por la parte interna de su muslo, sintiendo su piel suave y caliente. Mis dedos tocaron la tela de su tanga, ya húmeda, y presioné suavemente. Ella se estremeció, apretando las piernas contra mi mano, como queriendo más.

    Cuando el ascensor llegó a nuestro piso, no la dejé ir a su puerta. La jalé de la muñeca hacia la salida de emergencia. Apenas cruzamos la puerta, la pegué contra la pared. La besé con hambre, sintiendo cómo sus labios se abrían, cómo su lengua buscaba la mía. Mi mano subió otra vez por su pierna, apartándole la tanga hacia un lado, acariciando directamente su sexo húmedo. Camila jadeó fuerte en mi boca, hundiendo las uñas en mi espalda.

    —Vaya… pero qué atrevido eres —susurró, con la voz ronca.

    —¿Eso crees? Si no te gusta, puedo parar.

    —Ni se te ocurra.

    De repente me empujó contra la pared y su mano descendió directo a mi entrepierna. Me masajeaba por encima del pantalón, sintiendo mi dureza, mirándome con deseo encendido. Lentamente bajó el cierre de mi jean, metiendo la mano dentro y sacando mi pene, acariciándolo mientras lo observaba con fascinación.

    —Creo que va siendo hora de liberarlo —susurró, bajando aún más y quedando de rodillas frente a mí.

    Su mano lo sostuvo con firmeza mientras su lengua empezó a lamerlo, lenta, provocadoramente. Subía y bajaba, dibujando círculos alrededor de la cabeza, dejándolo brillante de saliva antes de llevárselo a la boca. La calidez, la humedad, el movimiento de su lengua eran un placer hipnótico. Me miraba desde abajo, esos ojos llenos de lujuria mientras su boca se deslizaba cada vez más profunda. Me sujetaba las caderas, atrayéndome hacia ella, controlando el ritmo mientras se lo metía hasta la garganta, gimiendo suavemente mientras lo tragaba.

    Cada vez que lo sacaba de su boca, lo lamía completo, dejando un hilo de saliva antes de volver a chuparlo con más fuerza. Mis manos acariciaban su cabeza, su cabello suelto. Su lengua presionaba justo debajo de la cabeza mientras succionaba, arrancándome gemidos bajos. Me sentía al borde, el calor subiendo por mi cuerpo, la presión creciendo con cada movimiento.

    —Si sigues así… no voy a durar —jadeé.

    Su sonrisa fue traviesa. Aceleró, metiéndoselo completo mientras con las manos me apretaba las nalgas, obligándome a empujar más profundo en su garganta. No pude resistir más. Mi cuerpo se tensó, la respiración se me cortó mientras me venía dentro de su boca, sintiendo cómo tragaba cada gota, sin soltarme, sin apartar su lengua, siguiendo con pequeñas succiones hasta limpiar todo rastro.

    Cuando me soltó, lamió suavemente alrededor de la cabeza, mirándome con una mezcla de satisfacción y picardía. Se levantó despacio, dándome un último beso en los labios, su sabor mezclado con el mío.

    —Mmm… qué rico. Así da gusto regresar a casa.

    Yo apenas podía respirar, mirándola maravillado.

    —Vaya vecina… así sí dan ganas de convivir.

    Mientras me subía los pantalones, ella seguía acariciándome con suavidad, jugando con mi miembro mientras la erección bajaba. Volví a besar su cuello, mis manos recorriendo otra vez su trasero, su cintura. Pero ella se arregló el vestido con una sonrisa pícara y dijo:

    —Tenemos que repetirlo.

    Abrió la puerta de emergencia y se fue, moviendo las caderas con intención. Desde la entrada de su apartamento me lanzó un guiño y un beso al aire antes de entrar.

    Yo me quedé ahí, jadeando, sin acabar de procesar lo que había pasado. Me acomodé la ropa, salí tras ella, y la vi cerrar la puerta con una última sonrisa.

    Eso fue solo el principio… porque después vinieron más encuentros, que poco a poco iré contando.

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  • Luci y sus masajes

    Luci y sus masajes

    Hace años que Luci y yo somos amigas, trabajamos en la misma oficina pasamos mucho tiempo juntas.

    Ella comenzó hace un año a estudiar para hacer masajes relajantes, siempre prometo ir a su nuevo consultorio para unos masajes pero no e tenido tiempo, ella sigue además de dando masajes trabajando en la oficina por lo que nos vemos todos los días, hoy llegué con dolor en el cuello y Luci se ofreció a darme un rápido masaje, me senté en la silla de mi oficina y ella comenzó con el masaje en mi cuello, cerré mis ojos y poco a poco sentí sus manos cálidas en mi nuca, la suavidad con la que pasaba sus manos, mis ojos cerrados, su respiración era muy excitante, sentí mi tanga mojada, cuando me di cuenta noté que Luci paro y en su rostro vi que ella estaba sonrojada, paro y me dijo para que a la tarde fuera a su consultorio, acepte.

    El día fue largo, cuando a la hora de irme vino Luci a decirme para ir a su consultorio estaba agotada y dije mejor no, ella se acercó y me tomó la mano diciendo no acepto un no de respuesta, salimos derecho a su consultorio que solo estaba un par de cuadras de ahí, al llegar ella me dio una bata y me dijo que me cambié, obedecí subí a la camilla y ella me pidió que me ponga de espalda y quité mi bata, suavecito comenzó a masajear mis hombros, mi espalda, mis piernas, mis pies luego quitó por completo la bata que cubría mis nalgas y comenzó a masajear las, no pude evitar gemir y ella continúo sentí como me ponía caliente, ella suavemente abrió un poco mis piernas y comenzó con las yemas de sus dedos a tocar mis labios mi vagina en ese momento me gire y la mire ella roja se acercó y me besó.

    En ese momento sólo pude responder, ella beso mi cuello y bajo a mis pechos yo excitada al máximo solo disfrute del momento, hasta que ella bajo y paso su lengua en mi vagina, tomo mi clítoris y lo chupo yo solo podía gemir cerré los ojos y me entregué por completo al placer, ella chupo y lamió toda mi vagina hasta que acabé, Luci sonrió y me besó aún con mis jugos en su boca.

    Me miró y ofreció seguir en una cama que tenía al fondo por supuesto dije si y de la mano fuimos, le quite su ropa y bese sus grandes pechos pase mi lengua y mordí sus pezones, baje besando su vientre hasta su concha, estaba muy mojada tomé su clítoris y lo chupe ella gemía, luego pase mi lengua de abajo arriba y de arriba a abajo por su concha mojada, depilada y sabrosa, ella me tomo del cabello y trajo hacía arriba, alguna vez le conté que me encanta el sexo duro, me miró y dijo ahora solo serás sumisa y yo te voy a dominar.

    Se levantó y tomo un dildo grande sin decirme nada me lo metió de una en mi vagina, grite de dolor y placer ella solo embestía fuerte y acabe entre gritos y gemidos, pero ella solo me besó y dijo ponete en cuatro puta de inmediato lo hice y ella sin más me penetró mi culo fuerte sin avisar, grite y pedí que pare ella siguió y a medida que me daba más fuerte me gustaba más hasta que volví a acabar.

    Ella me dejó descansar y saco su teléfono me mostró que todo estaba grabado y me ofreció que podía llamar a un amigo para que él nos diera a las dos, por supuesto que dije si… ¡Pero esa historia es para otro día!

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  • En mi nuevo trabajo en Coppel

    En mi nuevo trabajo en Coppel

    Después de lo que pasó en el taller mecánico y que Armando se dio cuenta, Armando me insistía en querer verme coger con tres o cuatro a la vez, como cambie de trabajo ahora estaba de vendedora en Coppel, y después de algunos meses me empezaron a invitar a los convivios y salíamos a fiestas juntos.

    Armando él se daba cuenta como me veían los chavos, y me decía, «estoy seguro que te quieren coger», para esto en una de esas fiestas le pidieron a Armando llevarlos a comprar más cerveza entonces uno de los chicos que era invitado de uno que si trabajaba ahí quien no se percató que yo era su esposa y les comenta, «oigan la chaparrita que buenota está», esto armando lejos de molestarse dijo si, «se ve bien cogible»

    Cuando llegaron y vio que él se fue conmigo se dio cuenta que yo era su esposa y después de rato se acercó con él y le pidió disculpas por lo que había dicho, como ya íbamos de salida le dijo no te preocupes y riendo le dice «yo sé que esta buena mi vieja» a lo que él responde, con todo respeto, pero si, es la mejor de todas las de aquí y así quedo.

    Después de un tiempo invitaron a Armando a una fiesta de parejas en una quinta en la que van parejas y hombres solo si son invitados de alguna pareja y para nuestra sorpresa llego este chico que habíamos visto en el convivio de Coppel, él se sorprendió de verme y dudo en si éramos nosotros, pero después de un rato se animó y se acercó, nos preguntó y le dijimos -sí, «somos nosotros». Nosotros era la primera vez que íbamos a una fiesta así, pues la idea de Armando era encontrar quien participara en su fabuloso plan de verme coger con varios a la vez, charlamos un rato intercambiaron teléfonos Armando y el y nos retiramos de la fiesta.

    Después de unos días le mando mensajes y empezaron a hablar de mí, me pregunto si me agradaba el chico y yo respondí, «pues no está mal» aunque se ve jovencillo, Armando estuvo conversando con él durante unas semanas en las que sus pláticas fueron más allá y supo que ese chico tenía experiencia en tríos con otras parejas y le envió algunas fotos mías, Chuy quien tenía 24 años (muy joven para nosotros) le dijo que tenía una mujer muy hermosa y muy buena que lo felicitaba.

    Entonces Armando le dijo que si le gustaría hacer un trio con nosotros, Chuy dijo claro, sería maravilloso cogerme a tu mujer, ya lo he hecho antes con una pareja por lo que después de aclarar algunos puntos quedaron en que la primera oportunidad se lo decía, para esto las chavas de Coppel me invitaron a un bar que andaba de moda aquí el “Gallo Nacional” Armando le pregunto a Chuy si podía ese día y de inmediato dijo que si y quedaron de verse a las 12 pm.

    Como ya era tiempo de frio y Armando me dijo que me pusiera un liguero abajo del vestido, pero Armando me convenció de irme solo con el conjunto del liguero, sin tanga, y solo un abrigo largo y mis zapatillas. con mucha adrenalina llegue al bar, las muchachas no sospecharon que no llevaba nada abajo, estuvimos un rato, algunos hombres que nos veían solas iban y nos sacaban a bailar, yo baile con uno solamente, pues sentía miedo y adrenalina a la vez.

    Ya después de media noche me avisa Armando que ya está ahí afuera, salí al coche y en la parte de atrás estaba Chuy, platicamos un rato camino al motel, compraron unas cervezas y cuando llegamos Chuy me observaba mientras me sonreía entonces desabroché el abrigo y al abrirlo se dio cuenta que iba sin nada, solo con el conjunto del liguero y dijo «wow así andabas» que rica te vez, pude notar una erección en su pantalón al verme.

    Armando le dice ¿Qué te parece mi mujer? El atónito respondió ¡sin duda bellísima! Armando me quito el abrigo y dejo que me empezara a tocar y a besar, empezamos a cachondearnos mientras Armando nos veía y se quitaba a ropa y empezó a jalar su verga mientras nos veía, como es mi costumbre le empecé a mamar la verga que era muy parecida a la de Efra.

    Le recorrí todo su tronco y mame sus huevos durante un rato, después el me pidió que me montara y me empecé a mover como se hacerlo encima de él, luego me junto hacia el para ser el quien me bombeara haciéndome gemir delicioso. Armando al ver eso me apunto su verga en mi culo y junto con Chuy me hicieron una doble penetración, moviéndome y gimiendo riquísimo así duramos hasta que Armando termino en mi culo, como siempre lo hace.

    Chuy aun no terminaba, pero después de esos movimientos quedamos cansados, fui y me di un baño cuando regrese Armando le pregunto, ¿no terminaste tu verdad? Mientras me repongo quieres seguir cogiéndotela, puedes hacerle lo que quieras a Jenny le encanta la verga, -Chuy le dijo ¿puedo cogérmela por el culo? y yo viéndolo a la cara con mi sonrisa accedí encantada.

    Le agarre la verga y se la mame para llenarla de saliva y me empecé a sentar en su verga dándole la espalda, de frente a Armando que veía como me metía la verga de Chuy en mi culo hasta que entro por completo. Ya con la verga adentro de mí, me empecé a mover y Chuy me bombeaba haciéndome gemir, mientras yo veía a Armando como disfrutaba de ver como se cogían a su esposa por el culo, Armando me puso su verga en mi boca y se la mame, cuando Chuy iba venirse se pararon los dos en la cama yo hincada recibí sus chorros de semen en mi cara y mi boca, yo les limpiaba sus vergas, algo que le encanto a Chuy, pues dijo que nunca había hecho eso y que yo era maravillosa pues dejaba hacerme lo que quisiera.

    Chuy le mandaba mensajes a Armando en los que le decía que le había gustado mucho cogerme, que si se podía repetir y Chuy y mi esposo me estuvieron cogiendo en varias ocasiones en las que yo me ponía sexy para ellos y me cogían, no sé, si era por lo joven o tomaba algo, el caso que Chuy duraba mucho bombeándome y yo para hacerlo terminar se la mamaba y se la jalaba recio para que terminara en mi boca, eso siempre ha calentado mucho a Armando, ver como recibo el semen de otros en mi boca.

    Fueron varios encuentros con Chuy que alternaba con mi compadre, ahora era yo la puta de ellos y Armando gustoso me llevaba para que me cogieran, su mejor amigo y ahora también Chuy, eso hizo que se obsesionara más por ver cómo me cogían cuatro, pues no sacaba de su cabeza lo que paso en el taller, después Chuy le dijo a Armando que si podía mostrarle unas fotos mías a un amigo que quería entrar a el ambiente de los tríos, a quien le había platicado de mí, de lo complaciente que yo era en el sexo, Armando le pregunto qué edad tenía y si era discreto y le dice que era de su misma edad.

    Armando accedió a enviarle mis fotos, pero sin el rostro, me pregunto que con cuantos aguantaba coger, yo en broma le dije que 5 y Armando caliente por ver cómo me cogían planeo que me cogieran mi compadre Efra, Chuy, el chico nuevo Tony, y el, desafortunadamente para Armando Efra por su trabajo no pudo y ese día me cogieron solo ellos tres.

    Ese día Armando y yo nos fuimos en el carro yo llevaba una falda de vuelo y una blusa con escote gris, abajo mis medias y mi liguero, recogimos a Chuy y cuando fuimos por Tony nos esperaba en una plaza donde nos bajamos, Armando me pidió que caminara un poco frente a ellos para que viera Tony lo que se iba a comer, eso lo entusiasmo mucho pues llegando al motel, Armando me subió a la mesa de centro, yo viéndolos a ellos sentados, me sentía la atracción siendo su puta, les dije ¿Qué me quieren hacer?,¡ hoy seré su puta!

    Ellos emocionados se levantaron y comenzaron a besarme y a desnudarme, al igual que a los chicos del taller los agarre de sus cabezas para que se pegaran a mis tetas cada uno como mis nenes, se prendieron a mis pechos, cabe decir que yo con 37 años y ellos de 25 eran mis niños y los estaba acabando de criar, Tony el más emocionado me metía sus dedos en mi conchita y me mamaba mi culo y mi vagina, después me senté en la mesa y agarre sus vergas que me puse a mamar.

    Armando junto con ellos me rodearon y estuve mamando las tres vergas por un rato, observe que Tony tenía la verga grande y gruesa, y unos huevos que le colgaban, casi como la de Miguel el del taller, solo que Tony era un joven, le chupe los huevos a Tony uno a uno mientras con mis manos jalaba la de Chuy y Armando, ya caliente les decía «que ricas vergas tienen»

    Tony se quitó y se fue a poner un condón, se puso atrás de mi para comenzar a penetrarme con su verga, me empezó a bombear que cuando sentí como su verga entro en mi vagina solté un gemido de placer, agarrándose de mis caderas Tony me estaba dando unas embestidas muy ricas mientras yo seguía mamando la verga de Armando y Chuy así estuvieron por un rato, y Armando no quería perder ese espectáculo, estuvo observando por primera vez como yo era cogida por dos vergas que no eran la de Efra y la suya.

    Me estaban cogiendo riquísimo, cambiando posiciones alternando entre uno y otro, duraron mucho cogiéndome, Tony estaba muy activo y no quería dejar de estarme cogiendo lo que me hizo varios orgasmos, Tony me tenía empinada bien agarrado de mis caderas, mientras yo mamaba la verga de Chuy y armando cuando apunto su verga por mi culo y sin preguntar me la enterró de un solo golpe, al sentirla di un grito de placer, sentí como tenía dentro de mi culo otra vez una verga grande, me estaba cogiendo delicioso Armando no dejaba de ver mi cara de satisfacción y mis gestos de sentir como partían mi culo, escuchar a Armando como les decía, que era su puta me hizo tener otro orgasmo.

    Después de ponerme en las posiciones que quisieron me recostaron boca arriba y mientras Armando me cogía yo tenía la verga de Chuy y Tony en mi cara, mamándolas en eso Chuy me aventó sus chorros de semen en mi boca, alcanzando a llenar a Tony, yo le limpie la verga a Chuy y con mi boca limpie el semen que había caigo en los huevos de Tony que seguía jalando su verga hasta vaciarse sobre mi cara y boca, Chuy se quitó y Armando acerco su verga para vaciarme también el su lechita, yo seguía limpiando esas vergas con todo su semen escurriendo sobre mis tetas, terminaron y ahí estaba yo, una vez más llena de semen de tres hombres, yo los veía sonriendo y satisfecha, me levante y fui a bañarme, mientras ellos conversaban.

    Después de unos minutos entro nuevamente Tony quien al parecer no había llenado y me dice ¿puedo? Yo le sonreí y como estaba mojada acaricio mi cuerpo y con sus dedos sobre mi clítoris logro ponerme otra vez cachonda, ya los dos en la regadera agarro mi cabeza y me bajo a su verga para mamarla, después me inclino sobre la taza del baño, con el gua cayendo sobre nosotros me penetro, pero ahora sin condón, sentí su verga otra vez dura y muy recta, nuevamente me estaba bombeando de manera que se escuchaba como chocaba su cuerpo en mis nalgas.

    Yo gemía y se escuchaba fuerte por el eco, agarró shampoo y lo derramó sobre mi culo metiendo uno de sus dedos lo lleno de jabón para apuntar su verga y me la fue metiendo, yo la sentía más dura y como resbalaba con el shampoo, sentía como me topaban su huevos por lo que asumo me la metía toda, hasta que termino dejándome toda su leche adentro, fiel a mi costumbre le mame la verga y se salió.

    Cuando salí me senté en la cama secándome el agua y Chuy y Armando ya repuestos y con la verga otra vez parada, se acercaron me quitaron la toalla y me besaron cada uno mis pechos y nuevamente Chuy me recostó y poniendo mis piernas en sus hombros me volvió a coger mientras Armando veía como me la metía sin condón y le dice «échaselos adentro» Armando se acercó y sin dejarme bajar las piernas me empezó a coger, quizá por esa sensación de tener tanto semen en mi vagina el termino casi de inmediato con un gemido de placer. Me quede recostada un momento después nos cambiamos y nos fuimos casi amaneciendo del motel. Ese día sentí como me temblaban las piernas al subir al carro y así durante varios días.

    Pasaron algunos meses sin novedad, hasta que uno de mis jefes resulto conocido de Chuy y en pláticas comentó de una señora buenísima de Coppel que se había cogido con otro amigo y su esposo, pero es otra historia.

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  • Sexo casual con una desconocida (2 – final)

    Sexo casual con una desconocida (2 – final)

    Como les comenté en la primera parte Roxana andaba de paseo por la ciudad y se estaba quedando en una pensión, luego de volver a tener sexo en mi habitación y quedarse recostada a mi lado, nos dormimos un momento, cuando despertamos ya era eso de las 20 horas, estaba algo oscuro y además se había puesto helado.

    Yo le comenté que porque no tomábamos algo y se quedaba conmigo y se iba mañana a la pensión, lo pensó un minuto y me dijo “¡bueno, pero voy a llamar a la pensión para avisar que no llegare!”.

    Mientras ella llamaba me levante como andaba solo con bóxer y fui a la cocina a destape una botella de vino, a los minutos llego ella solo con una polera sin ropa interior debajo y un tanga muy pequeña y ajustaba que no pude evitar mirar, a lo que ella se dio cuenta y con un leve movimiento coqueto se la acomodo, a lo que mi reacción fue un beso muy sutil en su cuello.

    Nos sentamos en sofá de la casa pero mirándonos de frente ambos con las copa de vino en la mano, ella separo sus piernas y me dijo con una risa coqueta y excitante “¡mira cómo me queda mi tanga en la parte de adelante!”, mientras se la apretaba con su vagina, marcándose sus deliciosos labios, a lo que yo solo le dije “mira como me pones mi verga al hacer eso”, apretándome sobre mi bóxer mi pene, a lo que ella respondió dejando su copa de vino en la mesa de centro y quitándome la mía para dejarlo donde mismo, para luego correrse su tanga en la parte de adelante y dejar al descubierta su vagina, pidiéndome que me acercara.

    Al acercarme no pude dudar en meter mi lengua y empieza a lamer su clítoris que ya en ese entonces estaba durito y el resto de su vagina mojado, mientras ella agarraba mi cabeza y la movía al ritmo de mi lengua, así estuve un buen rato hasta que me pidió que me diera vuelta para hacer la famosa posición 69, mientras seguía lamiendo su clítoris acompañado de dos dedos que introducía en su vagina ella comenzaba a chupar y lamer mi pene, sentía como lo recorría completo hasta mis testículos, como a veces hacia arcada por tanta intensidad, era una competencia de placer cuando cada uno le daba intensidad a su gusto.

    En un momento me dice “¡saca!”. Paro, me doy vuelta y comienzo a penetrarla de frente, sentía como mi pene envestía su vagina mojada, como mis manos se aferraban a sus senos y como me miraba con placer y deseo, mientras teníamos sexo ella me gritaba y me decía “¡no pares! Sigue que me tienes extasiada”.

    En un momento le digo que voy a acabar y ella me dice, “échamelo adentro quiero sentir tu leche caliente, sin miedo hacelo por favor” y así fue que me descargue dentro de su vagina, contemplando su cara de placer, luego saco mi pene y me lo chupo completo para no dejar restos de semen, fue algo delicioso, así continuamos tomando vino pero ahora decidimos hacerlo juntos abrazados acariciando cada parte de nuestro cuerpo sutilmente, nos relajamos tanto que decidimos irnos acostar, nos acostamos desnudos antes de dormir se da vuelta colocándome su trasero encima de mi pene y me dice “¡intentemos hacerlo de lado! “.

    Mi pene se introdujo en su vagina, pero esta vez no tan duro ya que igual estaba cansado, ella mojada nuevamente empezó a moverse y llevar el ritmo mientras yo masajeaba sus senos y ella acariciaba su clítoris, su movimiento de cintura me excitaban mucho, además sentir como ella gemía y afirmaba mis manos para que no las sacara de sus senos, no logre acabar, pero ella sí, dejando mi sabana mojada con sus fluidos a lo que tuvimos que secar la cama con secador para dormir.

    Dormimos abrazados hasta el otro día donde a eso de las 9 de la mañana se despertó se vistió y se fue, desde ese día que no hemos vuelto hablar, ella, me elimino de WhatsApp y nunca más supe de ella, pero solo queda una buena experiencia.

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  • Mi hijo mayor y mi amiga Andrea

    Mi hijo mayor y mi amiga Andrea

    Cuando le conté a mi hijo mayor, después de echar un buen polvo con él, que había estado follando con el hijastro de mi amiga Andrea, me imaginaba su reacción, me dijo:

    -Pues si tú te has follado al hijo, yo quiero hacerlo con Andrea.

    Como digo su reacción no me extrañó, de un lado mi hijo era un verdadero depredador sexual de maduritas, quería follarse a todas las que pudiera, de otro lado Andrea, pese a ser una cincuentona conversaba un cuerpo espectacular, cuando vamos juntas por la calle los tíos se quedan embobados mirándola.

    Y como no podía negarle nada a mi niño, preparé uno de mis guisos favoritos, y a una hora donde sospechaba que Andrea iba a estar sola en casa, mandé a mi hijo a llevárselo, lo que ocurrió, según me conto él fue lo siguiente:

    Cuando llegué a casa de Andrea, la amiga de mi madre, esta me recibió con una falda por encima de la rodilla, aunque sus piernas estaban cubiertas con unas medias negras muy sexys, y una blusa muy escotada que dejaba ver generosamente dos tetas de muy buen tamaño, me invitó a sentarme u me trajo una cerveza, y no pusimos a conversar de temas muy normalitos, aunque yo no podía dejar de mirar sus tetas, el tema derivó a hablar de los dolores de pies que tanto ella como mi madre padecen, y mi madre aunque no contaba lo nuestro, al parecer si contaba que yo le daba masajes en ellos.

    -Que envidia me da, dijo ella.

    -¿Envidia por qué? Dije yo, si tú quieres yo te doy un masaje ahora mismo.

    Ella me sonrió, se quitó los zapatos y sentada de lado, en el sofá, primero se quitó los zapatos, y puso sus pies descalzos, aunque como he dicho cubiertos por unas medias negras, sobre mis piernas, yo comencé a masajeárselos, mientras ella me decía:

    -Lo haces divinamente.

    Pero la verdad es que en esta postura todas sus piernas, hasta la altura de su tanga quedaron a mi vista, yo le acariciaba los pies, mi madre me había acostumbrado a hacerlo algunas veces antes de hacer el amor, y hacérselo a Andrea me estaba poniendo cachondisimo, cuando terminé ella me dijo:

    -Gracias, mi amor, no veas como me has relajado.

    Pero en ese momento ella se dio cuenta del estado en que estaba mi polla y me dijo:

    -Cariño, perdona no me había dado cuenta de que lo que me estabas haciendo te estaba excitando.

    -No pasa nada, dije yo, pero el asunto es que necesito aflojar mi pantalón porque mi polla va a hacerlo reventar, espero que no me consideres muy atrevido.

    -Para nada, dijo ella, comprendo lo que te pasa, imagina que soy tu madre.

    Yo en ese momento pensé:

    -Si supieras lo que hago con mi madre, jajaja.

    El asunto es que me desabroché el pantalón y a la vez que el short, me los bajé para dejar mi polla al aire.

    -Dios mío, dijo Andrea al ver mi miembro, lo tienes enorme y esta durísimo.

    Creo que debo masturbarme un poco a ver si se me baja, le dije, y luego añadí, aunque si no se si es muy atrevido por mi parte, pero yo te he dado un masaje, dame tu otro a mí.

    -Andrea me miro con cara de sorprendida, pero para mí alivio dijo:

    -Está bien, pero esto debe de quedar en un secreto entre nosotros,

    Ella con una amplia sonrisa en la boca agarró mi polla y comenzó a masturbarme, la muy zorra sabía hacerlo muy bien, y de otro lado ver moverse sus tetas a mi lado me resultaba muy caliente, así que la pregunté:

    -Andrea podría chuparte las tetas, mientras me masturbas.

    Miré su cara y vi la amplia sonrisa lo que me indicaba que iba por el buen camino, ella dijo:

    -Está bien, pero todo lo que pase entre nosotros se debe quedar entre nosotros, no quiero que ni tu madre ni mi marido.

    -De acuerdo, dije yo, aunque no iba a cumplir lo de mi madre.

    Andrea se quitó la blusa y el sujetador y ante mi vista quedaron dos tetas increíblemente deliciosas, yo me puse a chupárselas, era algo delicioso, mientras ella acariciaba mi polla, ella comenzó a gemir, mientras no dejaba de mirar mi polla con ganas, así que di el paso siguiente, la pregunté:

    -Andrea, ¿Me la chuparías?

    La noté, nuevamente, sorprendida, pro no de manera desagradable y me contestó:

    -Hace mucho que no lo hago, desde que me casé con mi marido dejamos de hacerlo por miedo de que nos pillara el niño.

    -Bueno, dije yo, pues practica conmigo para que no se te olvide.

    Ella sonrió nuevamente, y me pidió que me pusiera de pie, lo hice, entonces ella se arrodilló ante mí, y sacando su lengua comenzó a deslizarla por todo lo ancho y largo de mi polla, no se la notaba que llevará una temporada sin practicarlo puesto que su forma de hacerlo era deliciosa, si su marido había renunciado a sentir esto, debía dejarnos a los demás disfrutarlo, y esta sensación aumentó cuando ella se metió mi polla en su boca y comenzó a chupármela, que esa señora debería de chupar una polla a diario fue algo que quedó claro en mi cabeza.

    Sus mamadas eran maravillosas, aunque intenté retrasarlo no pude evitar correrme y un rio de semen salió de mi polla y fue a para a su boca, llenándola por completo, no pudo evitar que una parte de este se desparramara por su boca e incluso parte de él cayó sobre sus tetas, pero ella ajena a todo se puso a lamer mi polla hasta dejarla completamente limpia.

    En ese momento pené que debía de compensarla y la dije:

    -Andrea, voy a comerte el coño.

    -¿De verdad te apetece mi amor?, dijo ella, mi marido para hacerlo siempre me obligaba a depilarme el coño, y desde hace mucho tiempo ni, aun así

    -Pues yo te lo voy a comer, dije yo, lo tengas como lo tengas.

    Andrea pareció excitarse con mis palabras y en un visto y no visto se quitó la falda y las bragas dejando al aire un coño peludo, pero delicioso, que en ese momento me apetecía comerme, así que siguiendo mis indicaciones se tumbó en el sofá con las piernas bien abiertas, era una visión divina, así que me tumbé también en el sofá, bocabajo, dejando mi boca junto a su ciño y sacando mi lengua comencé a comérselo. Pese a los pelos, o quizá por ellos ese coño me supo muy delicioso, ella al sentir mi lengua sobre comenzó a gemir de placer mientras decía cosas como:

    -Joder con el hijo de mi amiga Clara, su madre pensando que es un niño y el con una polla grandota y una lengua que volvería loca a cualquier mujer.

    No era cuestión, al menos de momento de revelarle a Andrea el tipo de relación que teníamos mi madre y yo, aunque más adelante quizá habría que fomentar que ella tuviera algo parecido con su hijastro, pero en ese momento lo único que me importaba era hacerla gozar al máximo, de repente noté como ella apretaba mi cabeza con sus manos tuve la impresión de que estaba llegando al orgasmo, y efectivamente tras un gemido aún más fuerte que los demás noté como una gran cantidad de líquido inundaba su coño.

    Ella tardó un rato en recuperarse y después dijo:

    -Joder hacia muchísimo que no gozaba tanto, gracias, cariño.

    Y diciendo esto me beso dulcemente en la boca, pero yo quería mucho más y me da que ella también, así que la dije:

    -¿Follamos Andrea?

    -Joder, dijo ella, me vas a convertir en una puta, desde que estoy con mi marido ninguna otra polla había entrado en mis agujeros, la tuya es la primera.

    Desde luego para mí eso era un honor, que estaba dispuesto a aceptar, la pedí que siguiera tumbada en el sofá, yo me coloqué con una pierna doblada sobre el sofá y la otra en el suelo y en esta postura me puse un condón, y arrimando mi polla a su coño se la metí. Ella al sentir mi polla en su interior comenzó a decir:

    -Cariño la tienes más grande que mi marido, y la mueves muy bien, me estas dando muchísimo placer, no pares por favor, ni mi marido en sus mejores tiempos me lo hacía así, sigue, sigue

    Yo por supuesto la hice caso y seguí follandomela, su coño era delicioso y sus gemidos volverían loco a cualquier hombre, verdaderamente esta mujer necesitaba un macho que le diera placer de verdad, noté como ella se corría y yo seguí follandola hasta que me corrí también cuando lo hice y se la saqué ella me dijo:

    -Mi amor me has hecho una mujer muy feliz

    Y me besó dulcemente, después se fijó en mi polla y dijo:

    -Creo que este pollón se merece una buena limpieza después del gran trabajo que ha hecho.

    Primero con una expresión muy dulce en su cara me cogió la polla con sus manos y me fue sacando poco a poco el condón y dijo:

    -Es una pena que esta leche se desperdicie.

    Y sacando su lengua de la boca se puso a deslizarla por mi polla hasta dejarla completamente limpia, metió mi condón en una bolsita y dijo:

    -Esto mejor tíralo tu dónde puedas, mi marido no lo puede ver.

    La di la razón con mi polla bien limpia fui yo quien la pido:

    -Chúpamela otra vez

    Ella no se hizo de rogar y arrodillándose ante mi introdujo mi polla dentro de su boca y comenzó a chupármela, mientras lo hacía yo pensaba en que es una pena que hay maridos que no sepan apreciar la capacidad sexual de su mujer, y no sepan exprimirla a tope, aunque precisamente de eso disfrutaba yo, jajaja.

    Cuando Andrea vio que mi polla estaba lo suficientemente dura me pidió que me sentara en el sofá y ella se puso encima de mi cabalgándome, mientras me decía:

    -Es maravilloso encontrar un chico con una polla maravillosa, que además respete a las mujeres y les de placer.

    Tener un primer plano de sus tetas mientras follabamos era un espectáculo maravilloso, a pesar de su edad, desnuda parecía una diosa y yo la adoraba, ella siguió cabalgándome mientras me decía:

    -Hacia muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto, gracias, mi amor, y seguía follandome.

    En un momento dado se giró y siguió cabalgándome, pero esta vez de espaldas, en esta postura podía sentir su culo rozando mi cuerpo, y no pude evitar preguntarle si su culo era virgen.

    -De joven alguna vez tuve alguna polla dentro, me respondió, pero hace tantos años que ya ni me acuerdo, seguro que ya está bien cerrado, como si nadie nunca le hubiera penetrado.

    Eso me dio una idea sobre que hacer más adelante, pero en esos momentos solo quería gozar a tope, así que me resistí a mis deseos de correrme, ella me propuso:

    -¿Y si nos tumbamos de medio lado en el sofá?

    Quería follar con ella y la postura me daba igual, así que acepté su idea y me tumbé en el sofá, sin sacarla, mientras ella hacia lo mismo, de esta manera nos encontramos tumbados en el sofá, conmigo metiéndosela en su coño desde atrás, ella seguía gimiendo mientras me decía:

    -Sigue así mi amor, sigue, no sabes cómo estoy gozando, me estás haciendo la mujer más feliz del mundo.

    -Tu sí que me estás haciendo feliz, muy feliz, le dije yo.

    Mientras los efectos de mi polla sobre su coño parecían estar haciendo efecto y ella dijo:

    -Joder so cabron que tarde me estás haciendo pasar, los chicos de tu edad parecéis niños todavía pero ya sois hombres hechos y derechos.

    Al menos nuestras pollas lo son, dije yo, y para intentar llevarla a mi terreno le pregunté, ¿Y tú hijastro tiene novia o se hace pajas?

    Ella pareció un poco sorprendida por mi pregunta y dijo:

    -Aún es muy joven, hace unos meses cumplió los dieciocho años.

    -Con dieciocho años, yo intentaba verles las bragas a las profes de mi instituto, tocaba las tetitas de mis compañeras e incluso me hacía pajas pensando en mujeres como tú, la dije.

    En ese momento sentí que se corría, así que aceleré el ritmo hasta correrme yo también, tras ello, ella se apartó y me quitó el condón y lo colocó al lado del otro y después me limpió la polla, sentí que podía aguantar otro salto, por lo menos y le dije:

    -Andrea, ¿Y si te la meto por el culo?

    -Pero cariño, dijo ella, ¿Tú crees que tu polla va a aguantar otro polvo?, me preguntó

    -Si tú me la chupas y me la pones en forma, no tengo ninguna duda, la respondí.

    -Está bien, dijo ella, me da que hoy es el día de robar cosas nuevas, dijo ella.

    Me dio una nueva mamada a mi polla, que una vez más se puso durísima.

    -Joder, dijo ella, lo que sois capaces de aguantar los chicos jóvenes, yo pensaba que nunca iba a tener una sesión como las que tenía cuando era jovencita.

    -Te toca cumplir tu parte, dije yo.

    Andrea se subió al sofá, y se puso a cuatro patas encima de él, aunque luego bajó una de sus piernas, para que su culo quedara más abierto y dijo:

    -Mi amor, mi culo es todo tuyo.

    Yo me puse detrás de ella, en el sofá, y arrime poco a poco mi polla a su culo hasta que se la introduje de un solo golpe:

    -Mi amor, dijo ella, hacia tanto tiempo que no gozaba de esto que se me había olvidado cuantos se disfruta con ello, sigue penetrándome.

    Sus palabras me animaron a seguir follandome su culo, era estrechito, pero era delicioso de penetrar, mi polla se encontraba muy a gusto en su interior, y mientras la penetraba ella me decía cosas tan deliciosas como:

    -Mi amor hace tanto tiempo que no era tan feliz, llevaba años sin tener tantos orgasmos, te adoro.

    Mientras me decía esto mis huevos chocaban con su culo provocando un sonido delicioso, decididamente esta mujer era divina, y la idea de conducirla a tener relaciones con su hijastro se fue introduciendo en mi cabeza, mientras ella me animaba a seguir penetrándola, con expresiones como:

    -Mi amor, sigue dándome gusto, nunca había gozado tanto en mi vida.

    La verdad es que yo con ella estaba pasando un rato divino, algo que me apetecía que se repitiera. Mientras mi polla seguía moviéndose dentro de su culo y disfrutando de una manera increíble, en un momento dado ella me dijo:

    -Mi amor me estoy corriendo.

    Y un fuerte gemido salió de su garganta, yo me sentía muy macho por estar siendo capaz de hacer gozar tanto a una mujer tan divina como ella, así que seguí moviéndome en el interior de su culo, hasta que sin poderlo evitar una gran cantidad de leche salió de mi polla y se estrelló contra su culo.

    No podíamos seguir mucho más tiempo, así que tras esto me lavé y luego me vestí, ella me acompaño hasta la puerta, cuando esta se cerró yo tuve a la sensación de que esto solo había sido el principio de algo, quería volver a follar con ella, y dado lo que mi madre me había contado de su hijastro, igual no estaría mal favorecer que los dos follaran para que su relación mejorara.

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  • Los cuernos duelen más ¿al salir o al crecer? (3 – final)

    Los cuernos duelen más ¿al salir o al crecer? (3 – final)

    Narración de David.

    Primera reunión después de la pesca; promediaba la sobremesa cuando una voz femenina se hizo escuchar; los cuernos duelen más ¿cuándo salen o cuando crecen? Esa fue la pregunta que una de las mujeres lanzó al ruedo para, según ella, amenizar la velada. Eduardo, esposo de Lorena, fue el primero en intervenir.

    -“Antes que nada deberíamos establecer qué es lo determinante para que haya cornada”.

    Lucio, esposo de Paula, aportó su parecer

    -“Entiendo que una cornada se produce cuando es conscientemente buscada, el resto me parecen debilidades, accidentes, o indefensión transitoria”.

    Ahí intervino Raúl, esposo de Beatriz.

    -“Mejor escuchemos a David, que seguro sabe y siente mejor que nosotros”.

    Imposible pensar mal del que había hablado, pues era un tipo incapaz de ofender gratuitamente; seguramente esa frase, mal sonante, había sido largada con total inocencia, pero la reacción de su mujer me dio que pensar, ya que empezó a palidecer, lo miró a su esposo lanzando llamas, como recriminando su dicho y luego bajo la cabeza; mi mujer también se puso pálida atragantándose con lo que estaba comiendo. Raúl compungido retomó la palabra.

    -“Hermano, por favor, con esta frase de mierda quise decir que vos, como profesional, más capaz y estudioso que nosotros, estás mejor capacitado para opinar, perdoname la burrada”.

    -“Raúl, querido amigo, que vos hables con mala intención es algo tan raro como un aimara de dos metros de alto, setenta centímetros entre hombros, ojos celestes, rubio y blanco como la leche; despreocupate, sé que quisiste decir”.

    -“Gracias hermano, cuando me di cuenta de lo que había largado se me estrujó el corazón pensando que te había ofendido”.

    -“Nada que perdonar y voy a contestar según yo entiendo la cosa. Si fuera una cuestión biológica debieran doler solo al salir, como los dientes, pero no lo es. Sin embargo, siendo un pesar emocional, que depende del conocimiento, siguen doliendo más al salir”.

    -“Mas explicación, por favor”.

    -“Para el engañado, conocer la traición siempre es el primer momento, aunque en realidad lo vengan engañando desde tiempo inmemorial. El dolor empieza en el instante que conoce la infidelidad y estimo que después no es más intenso sino más profundo, echa raíces, se transforma en encono”.

    -“Y qué hacer en ese caso”.

    Mi respuesta llevaba la intención de detener la traición, y dar una oportunidad para volver atrás.

    -“Vengarse, causando un dolor intenso o con liso y llano exterminio”.

    -“Me parece un castigo desproporcionado”.

    -“Puede ser, dependiendo de cuánto daño haya provocado la infidelidad. Hay personas que aman tanto que no conciben la vida sin la persona amada, y a veces llegan al suicidio. Haciendo un balance simple, es preferible que muera un culpable y no un inocente. Más aun, hay algunos que no llegan a la decisión traumática del suicidio, sino que su tristeza deviene en profunda depresión que les baja las defensas orgánicas, y así, cualquier bicho piojoso, que en condiciones normales de salud se cura con seis pastillas, entra al cuerpo y se lo lleva a la tumba””

    Terminado mi intento de explicación hice el esfuerzo de evadirme de las voces para concentrar mi atención en las mujeres, en particular Beatriz y mi esposa. Ambas se dieron cuenta de que las observaba atentamente y reaccionaron, aunque de distinta manera; la esposa de Raúl, si bien había recuperado el color, miraba para otro lado cuando mi vista iba hacia ella, pero la visión lateral me indicaba que cuando giraba para enfocarla a Marcia ella estaba pendiente de mí. En tanto mi mujer con la cabeza baja no podía controlar el temblor de las manos, por más que las juntara.

    La conclusión, triste y dolorosa, era que ya los tenía, incipientes o robustos, con puntas filosas o no, pero visibles, por lo menos para tres, los dos interesados y Beatriz. Esta situación que trituraba mi existencia no iba a terminar con mi vida, el odio que despertaba lo transformaría en el combustible apropiado para moverme y arreglar cuentas. Y eso requería por lo menos dos acciones, prestar suma atención a la conducta general de Marcia, sus gestos, sus palabras, su cuerpo, sus llamadas, todo; y por otro lado tratar de vigilar los lugares por donde ella se movía cuando no estaba conmigo.

    Respecto de la casa no era problema, pues cuando ella estuviera en el estudio haría instalar cámaras en varios ambientes; respecto de su despacho se me ocurrió pedirle usar la fotocopiadora de alta definición en colores, que ellas tienen, para imprimir una estadística que quería presentar y, para ello, emplear la mañana del sábado cuando la agencia no trabajaba; para no despertar sospechas futuras le diría que pensaba usar su máquina llevando un pen-drive, y me evitaba tener que conectar la mía a la impresora.

    Primero contraté y ejecuté la instalación en casa, dejando para un poco más adelante, la misma tarea en su lugar de trabajo. Ahora tenía que darle tiempo libre, sea para que se arrepintiera modificando su conducta, sea para afirmar mi convicción de que no había vuelta atrás; y para eso inventé un corto paseo de pesca con amigos del hospital, saliendo el viernes a la tarde para regresar el domingo a media mañana; el aviso de esa escapada se lo di el miércoles, dándole un lapso suficiente para pensar qué hacer.

    Tristeza y reincidencia de Marcia.

    Un error que cometí fue no comentarle a David la salida de copas a la casa de Sotelo y que se enterara por comentario de mis compañeras; si bien era posible un olvido, eso alimentó recelos en mi esposo y en mis socias; evidentemente la omisión había nacido en mi mala conciencia porque, en sí misma, esa actividad nada raro podía significar.

    El jueves, desde el estudio empleando el teléfono que solo uso para el trabajo, hablé con Jeremías diciéndole que al día siguiente por la noche estaría sola pues mi esposo salía en excusión de pesca alrededor de las siete de la tarde, su contestación fue:

    En un principio me preocupó recibirlo en casa, pues imperceptiblemente podría quedar alguna señal de su presencia, pero me hice el firme propósito de no permitir que durmiera aquí y el sábado limpiar bien.

    El viernes lo despedí a mi marido y me aseguré de tener hielo y un espumante en el freezer, hasta la noche se enfriaría lo suficiente; cuando a los pocos minutos sonó el timbre me pregunté quién podría ser y, al abrir, darme con la sorpresa de tener en frente a Jeremías y Ramón portando una botella de buen whiski; en lugar del común saludo de beso en la mejilla entraron cerrando la puerta tomándome como si fuera el queso del emparedado, el patrón por delante y el empleado por detrás, sentía dos pares de labios, uno en la boca y otro en el cuello bajo la nuca, dos pares de manos, uno en las nalgas y otro en las tetas, dos miembros duros, uno empujando mi sexo y el otro alojado entre las nalgas forzadamente separadas. A mi espalda sonó la voz.

    -“Casi dos semanas esperando este momento mamita”.

    El tenor del saludo era consecuencia de lo sucedido durante la reunión de matrimonios en que Beatriz y yo habíamos acusado el impacto de la conversación, y eso originó una cierta sospecha en mi marido. La culpa y un poco de temor me habían llevado a evitar un nuevo encuentro con cualquiera, pero ahora la añoranza y el deseo causaron mi claudicación.

    Estaba en medio del ataque en dos frentes cuando, así apretada, me llevaron hasta el sofá; Ramón se sentó quedando yo en sus faldas y sacándome el vestido, el otro se encargó de dejarme sin biquini; evidentemente mi atacante trasero había sacado su miembro mientras estábamos parados, porque ahora, sentada en sus faldas dándole la espalda, sentía un cilindro de carne rondando mi entrepierna y no era Jeremías, totalmente dedicado a aplicarme crema en el culito, por lo cual supe lo que se avecinaba.

    La confirmación se produjo segundos después, mirando desnudarse al que había lubricado sentí el ingreso de una pija y la distención del esfínter; cerré los ojos concentrándome en la sensación de la empalada cuando, en la vagina, entró la otra; seguro que para ellos era costumbre porque el que me enculaba dijo.

    -“¿Alternados o simultáneos?”

    -“Primero alternados”.

    El significado de esas palabras algo enigmáticas, se me hizo entendible cuando una voz dirigía el movimiento haciendo que el ingreso de uno supusiera la salida del otro; pero la sensación de plenitud maravillosa la tuve cuando cambiaron a , donde ambos entraban juntos y, al unísono, salían. Cuando estos perversos complotados me echaron semen por los dos lados me había corrido ya dos veces, y eso porque mientras me taladraban uno retorcía mis tetas y el otro atormentaba mi clítoris.

    El insistente pedido de siguiéramos la farra en el dormitorio matrimonial, usando la cama que ocupábamos David y yo, no lo acepté y tampoco que se quedaran a dormir; creo no exagerar si digo que esa noche terminaron secos los dos.

    El sábado a media mañana me llamó Aníbal.

    -“Hola Marcia, espero no interrumpir alguna reunión”.

    -“Seguro que no, porque estoy sola”.

    -“Entonces la reunión de ayer, a la que me habían invitado, no fue para todo el fin de semana”.

    -“Eso pretendían, pero no era conveniente, David regresa mañana antes del mediodía y debo repasar bien todo, no sea que algo se me escape en la limpieza”.

    -“¿Podré ir a verte?”

    -“Te espero”.

    Media hora después lo tenía ante mi puerta, con la mirada de quien se alegra de verte. Su saludo fue expresivamente afectuoso y recién después de tener a sus espaldas la puerta cerrada dio cauce a la pasión; sus besos y caricias en nada se asemejaban al proceder de sus compañeros, mostraba deseo de posesión no solo carnal sino de la persona toda, completa, sin dejar nada afuera, y eso me trastornó; tomándolo de la mano lo arrastré al sillón, le bajé el pantalón descubriendo el enorme miembro rígido y, a caballo de sus muslos, hice a un costado mi biquini para ensartarme totalmente.

    Después de gozar varias veces como una yegua tomé conciencia de mi situación y, despidiéndolo, me dediqué a ordenar la casa. Fin de tristeza y reincidencia.

    Narración de David.

    Acerca de quién podía ser el macho que se sacaba las ganas con mi mujer, hice un ejercicio muy común para acercarme a su identidad, y el procedimiento era contestar una sencilla pregunta ¿qué sucede ahora que tres meses atrás no sucedía? La tarea, anotando las diferencias que surgían de la evocación, me llevaron en veinte minutos a la aparición de Jeremías Sotelo como cliente; a ese personaje prestaría especial atención.

    Algo llamativo era que, a pesar de haber redoblado la atención sobre cualquier aspecto que diera pie para pensar en una relación paralela, ella no recibiera llamadas telefónicas sospechosas, o consultara su celular atenta a mensajes en frecuencia desusada, pero podía ser que ambos fueran muy precavidos.

    El día viernes inicié mi supuesta salida de pesca cuando en verdad fui a un hotel cercano, donde ya había probado la conexión de mi portátil a las cámaras instaladas en casa; habiendo partido a las siete, veinte minutos después estaba ubicado y controlando mi hogar mediante el ordenador; mi suposición era que la acción se iniciaría después de cena, pero se ve que el grado de calentura de los involucrados era tal alto que mi apreciación fue errada, pues siete y media ya entraban a casa, no uno sino, dos varones.

    A pesar de sentir como si un hierro al rojo entrara en mi estómago tuve que reconocer que esos tipos le habían dado una cogida monumental a mi esposa a solo veinte minutos de haberme alejado del hogar. La presencia del cuarto actor, el día siguiente, solo corroboró que esta situación no tenía retorno.

    La firme decisión de Marcia, oponiéndose al uso del dormitorio y cama matrimonial, me hizo cambiar un aspecto importante de la venganza; en lugar de provocarle un daño permanente, le iba a causar un problema transitorio, y en esa modificación también influyó el reflexionar sobre mi pasado, cuando después de cometer un error de cierta importancia, del cual estaba arrepentido, rogaba por una nueva oportunidad; si así somos los humanos es porque una deuda debe poder pagarse, y una vez pagada tiene que haber alguna posibilidad de reconstruirse, aunque queden secuelas de lo vivido.

    Después de constatar fehacientemente la existencia de mis poderosos cuernos y además lo irreversible de esa triste situación me quedaba una pequeña, y en cierto modo intrascendente, incógnita ¿cuánto tiempo llevé, sin saberlo, adornos en la cabeza?

    Esa interrogación fue lo que me llevó a continuar con la pantomima de usar la fotocopiadora en el despacho de Marcia, quizá allí estuviera la respuesta que buscaba. Así que el sábado fui solo, la instalación prevista ahora era superflua; instalado en su escritorio busqué tranquilo en su ordenador, recordando sus palabras de no usar clave alguna; encontrados algunos emails entre ambos, lo único fuera de lo común eran expresiones deseando volver a verse, en las que él recordaba su pedido de no usar pantalones. Esos intercambios databan de unos dos meses y medio atrás.

    Continuando la pesquisa llegué a una carpeta identificada como Jer, allí había nada más que tres archivos.

    El primero muestra a mi mujer sentada en un sillón individual con la blusa abierta, el sostén corrido, una teta al aire, la otra siendo estrujada por una mano que deja aparecer el pezón entre los dedos, que más parecen garras; por si la imagen fuera poco sugerente, se ven dos caras de perfil, unidas por los labios, que corresponden a Marcia y su cliente-macho; pero hay más, pues la posición de ella responde a quien se encuentra frente al ginecólogo, ya que las corvas de las rodillas están sobre los apoyabrazos mientras sus manos separan los labios vulvares totalmente a la vista con la biquini corrida a un costado. Si alguien quisiera saber dónde ocurre eso solo tendría que averiguar cuál es la dependencia que tiene el hermoso cuadro que se divisa sobre la cabeza del hombre que, inclinado, besa a la hembra.

    El segundo es un corto video que data de unos minutos después de la foto anterior. Ella está despatarrada en un sillón grande, los ojos cerrados, la cabeza ladeada hacia un costado, con un líquido blancuzco que le sale de la comisura ubicada más abajo; su única vestimenta es la falda arrollada en la cintura, las nalgas en el borde del asiento y las piernas abiertas mostrando el brillo del flujo que empapaba el vello pubiano. Por supuesto yo hervía por dentro al ver que la misma boca, que me transmitía amor y pasión al besarme, ahora chorreaba semen ajeno en postura de abandono.

    El tercero, también un video de corta duración, sin duda estaba tomado en el estudio, pues el enfoque desde arriba muestra un primer plano de la cara de Marcia mamando el miembro que agarraba como si fuera de su propiedad, también mostraba que ella se encontraba de rodillas sobre los cerámicos grises y rugosos del piso conocido por mí.

    La venganza ya estaba decidida, tenía elegido qué iba a hacer, y cuanto daño quería provocar; solo debía ajustar algunos detalles y esperar que se diera la oportunidad con la llegada de un nuevo enfermo; mi profesión, desempeñada en el hospital público dedicado en especial a los infecto contagiosos, me daba una oportunidad inmejorable; no le iba a inyectar sangre de un sidoso haciéndola cargar con un problema para toda la vida, sino la de un sifilítico, problema con rápida solución desde el punto de vista orgánico, aunque anímicamente fuera de alto impacto para ellos y también para el círculo íntimo familiar.

    Llegado el momento ninguna complicación me llevó dormirla profundamente con una droga en la comida y luego en una vena del cuello inyectarle cuarto centímetro cúbico de la sangre que llevaba preparada. Lógicamente el recuerdo de este proceder mío lo sepulté tan profundamente como pude.

    Tres semanas después se quejó de algún dolor de cabeza y una cierta inflamación de los ganglios bajo el maxilar inferior; lógicamente le dije que lo más sensato era un simple análisis de sangre; como en este estudio no quería tener intervención pues, ante el resultado, ella podía alegar que yo estaba inventando para perjudicarla, le dije que en nuestro laboratorio estábamos haciendo los exámenes periódicos de una empresa por lo cual convenía que se hiciera los estudios con un colega de reconocido prestigio.

    Cuando se hizo la extracción de sangre y en qué momento retiró los resultados fueron datos que mantuvo en reserva; algo totalmente esperable, pues resulta extremadamente difícil que una esposa le cuente al marido, el cual lleva cerca de tres meses usando preservativo, que está contagiada de sífilis. Con los tres que había mantenido relaciones la cosa tampoco resultaba fácil, pues seguramente abundarían las acusaciones cruzadas sobre quién había iniciado el contagio, y quizá la trasmisión abarcara a alguien de las respectivas familias. En resumen, un maravilloso quilombo del que yo solo era espectador.

    Días después de que Marcia acusara los malestares se produjo un hecho auspicioso, el Consejo Publicitario, órgano de nivel nacional que agrupa a las agencias del rubro, le otorgó a las cuatro socias un premio a la creatividad por un producto preparado para la empresa de Sotelo; eso fue motivo para organizar una cena de festejo que por supuesto incluía a Jeremías y su esposa Marta, a quien ya conocíamos; en realidad ella era la poseedora de la parte más grande del paquete accionario del grupo de empresas que heredara de su padre, aunque había delegado en su esposo el manejo ejecutivo.

    En la reunión me ubiqué al lado de Marta, facilitando que el marido se sentara al lado de mi mujer; era una manera de tentarlos a ambos pues el morbo de lo prohibido resulta tan atrayente que muy pocos permanecen insensibles si se les presenta la oportunidad; terminados los postres veo que el galán, con el celular en la mano, le dice a mi señora que se acerque para ver la pantalla, eso afirmó mi convicción de que iban a caer en el lazo y así sucedió.

    En ese momento Raúl, el esposo de Beatriz comentó que esa tarde había oficiado de bombero, pues a una señora estacionada frente a uno de sus locales, se le había prendido fuego el motor y la ayudó usando el matafuegos del negocio; luego siguieron las bromas y cuentos sobre el tema cuando veo que mi esposa, con la cabeza en dirección al teléfono que le mostraban, cierra los ojos teniendo los puños apretados mientras el brazo del empresario estaba cruzado en dirección a su falda, y entonces la bronca guio mis palabras.

    -“Aprovechando que Jeremías tiene a Marcia al borde del orgasmo, acariciándola por bajo el mantel, y siguiendo con el tema roles, debo reconocer que lamentablemente es así, a veces la vida nos lleva a desempeñar un rol que ni siquiera soñamos, tomemos dos ejemplos cercanos; yo, desde hace unos meses y con mucho dolor, estoy fungiendo como cornudo pues ellos dos son amantes, pero como nada es gratis, ahora él está en el papel de portador del treponema pallidum, en otras palabras es sifilítico, igual suerte deben haber corrido los dos gerentes a los que él, como si fuera dueño de la puta, les permitió gozar sin costo. Marta ¿ya te mostró la úlcera que debe tener en el pene? Te sugiero hacerte los estudios de sangre si no están usando preservativo”.

    El silencio era tan denso que podía cortarse con un cuchillo, la esposa engañada, después de mirarme fijamente mientras palidecía, dejó sobre la mesa cubiertos, servilleta y, sin pronunciar palabra, salió; el afectado, que estaba como paralizado, hizo lo mismo cuando el sonido de la puerta al cerrarse lo trajo a la conciencia. Mi mujer también se levantó y en ese momento le advertí.

    -“Ni te molestes en ir a casa, no vas a poder entrar porque en estos momentos ya debe estar cambiada la cerradura, déjame mensaje en el teléfono dónde querés que envíe tus cosas”.

    Lógicamente, la onda expansiva de la bomba, dio lugar a varias consecuencias, dos divorcios, el despido del reputado empresario, una agencia con solo tres socias y el enojo de los tres maridos para conmigo, pues me achacaban desconsideración hacia el dueño de casa al haber hecho terminar de reunión de manera escandalosa. Ignoro que habrá sido de la vida de los otros dos que gozaron de mi esposa.

    Dejando que unas semanas calmaran las aguas lo busqué a Raúl y le pedí disculpas pues en algo tenía razón, de todos modos, entendió que quienes primero no respetaron su casa fueron los amantes, y que ese comportamiento fue el causante de mi bronca. Ya calmado este amigo me preguntó cómo era posible que tan súbitamente hubiera salido a flote el asunto si en realidad los amantes ya llevaban un cierto tiempo de relación.

    -“La primera sensación de portar cuernos fue en esa reunión donde largaste la frase ambigua que cayó mal y te disculpaste; pero tu esposa reaccionó como diciéndote , a lo cual se agregó que mi mujer palideció y empezó a temblar como el que acaba de ser descubierto en falta”.

    -“Qué raro que mi esposa no me haya hecho algún comentario”.

    -“De ella debo pensar bien porque sé cómo es, quizá tuvo la esperanza de que cambiara. Sigo la respuesta, por supuesto que el lapso hasta que terminó la reunión alterné mi atención entre las dos, Beatriz solo me miraba cuando yo dirigía la vista a Marcia y cuando volvía hacia ella la retiraba; en cambio mi mujer en ningún momento se atrevió levantar la cabeza y no recuperó el aplomo hasta el día siguiente, con decirte que esa noche durmió a los saltos”.

    -“Y qué hiciste”.

    -“Lógicamente redoble la vigilancia y además hice instalar cámaras en casa, no solo para ver sino también para oír; cuando confirmé la existencia de la relación me di cuenta también que el susto por lo sucedido en la reunión había durado poco; los encuentros de los amantes se repitieron más de diez días, ahí resolví terminar y, mientras pensaba cómo hacerlo, ella empezó con los síntomas propios de una infección, por lo cual la mandé a un colega de prestigio; yo con la bronca que tenía iba a ser un deficiente profesional, así que no era conveniente mi intervención; seguramente ella debe hacer retirado los resultados pero nada me dijo, por eso el bioquímico que había realizado el estudio, extrañado que yo no diera señales de vida ante lo descubierto, me llamó para decirme lo encontrado y la necesidad de ver también mi sangre, pues en Marcia había una infección de transmisión sexual”.

    -“Por Dios, qué macana”

    -“La llamada diciendo que yo estaba limpio me llegó horas antes de la última comida que terminó escandalosamente; resultado nada raro pues hacía más de dos meses que yo usaba preservativo para que ella descansara de las pastillas. En resumen, tenía buenos cuernos, pero no solo eso, sino cuernos enfermos. La metida de mano en la mesa fue la gota que rebalsó el vaso, de por sí, demasiado cargado”.

    Hoy nuevamente estoy integrado al grupo que alivia mi soledad, mientras las tres mujeres han hecho una apuesta sobre quien de ellas tiene mayor capacidad oficiando de celestina. El tiempo dirá.

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  • Muy ávida de pija

    Muy ávida de pija

    Mi nombre es Belén y soy una putita incorregible, cada día estoy dispuesta a nuevas experiencias y esta es la historia de una de ellas.

    Joel es un amigo con el que cogemos seguido, amigo con derecho, jaja, me coge muy apasionadamente, como a mí me gusta, se pasa mucho tiempo lamiendo mi conchita, mi culo, sabe cómo sacar mi costado más caliente y yo sé cómo sacarle hasta su última gota de leche y dejarlo exhausto.

    Una vez charlando, después de un hermoso polvo, le dije que me estaba gustando la idea de tener muchos hombres para mí y que quería sentir la locura de tener muchas vergas para satisfacerme sin parar…

    Joel se lo tomó en serio y me propuso juntar algunos amigos en su departamento.

    Pero yo, con mi bendito morbo, le propuse dar una vuelta de tuerca al encuentro, que ellos no sepan a que vendrían, que me dejase a mí calentarlos y armar la fiesta, quería ver sus reacciones.

    A Joel le encantó la idea y me dijo que los iba a invitar a jugar a la Play como solían hacer siempre.

    El juego estaba armado, solo quedaba disfrutarlo.

    Ellos se reunieron a las seis y yo me aparecí a las siete, con un vestido negro corto que dejaba apreciar mi apetitoso culo , un generoso escote que apenas contenía mi generosa delantera, una minúscula tanga blanca y sin corpiño para que todos puedan apreciar mis duros pezones excitados. Quería volverlos locos al mirarme, que desearan poseerme, que se fueran calentando hasta que todo estalle.

    Joel salió a abrirme y allí estaban los chicos en el living; Juan, Marcos, Rafa, Alberto, Luis, Pablo, Roberto, José, Edu y Javier… Todos entre 20 y 22 años… al verlos un golpe de calor (va, ¡de calentura!) me invadió pensando en la energía sexual que esos pendejos calentones desparramarían sobre mí.

    Ellos quedaron con la boca abierta, tímidos, se acercaron a saludarme y se los notaba nerviosos y calientes, Joel me presentó como una amiga que había invitado a jugar también.

    Tener a 11 machos calentones para mi me hacía hervir de calentura…y cuando me pasa eso soy capaz de cualquier cosa…

    Joel trajo unas cervezas Rafa y Luis jugaban en la consola y yo me senté entre los chicos que no estaban jugando, el que no me miraba las tetas, miraba mis piernas y no me quiero imaginar cómo abran mirado mi culo cuando me sentaba… yo charlaba muy desinhibida, y los chicos medio tartamudeaban, se los notaba con poca experiencia y eso me calentaba mucho… esa tarde sería su maestra…

    Demás está decirles que me convertí en un instante en el centro de atención, Joel me miraba y sonreía cómplice, a los chicos se los notaba excitados, sus bultos eran indisimulables… en un momento abrí un poco las piernas y mi corta falda dejó ver mi conchita entangada a los que tenía enfrente… enmudecieron… sus bultos en los pantalones estaban al máximo y ninguno intentaba disimularlo, ahora debía mostrarme a los que estaban al lado mío, me levanté para servirme más cerveza de la mesita ratona, me agaché y mientras lo hacía noté como se levantaba mi corta falda dejando mi culo solo cubierto con un hilito dental el silencio se adueñó de los muchachos… el golpe había sido mortal.

    Volví a mi lugar y los muchachos se me acercaron aún más, los que jugaban a la Play dejaron de hacerlo y se nos sumaron. Sus cuerpos rozaban el mío y yo los tocaba todo el tiempo, los tenía en un puño y estallarían en cuanto yo quisiera… ¡y ya estaba queriendo!

    En la charla comenté que estaba un poco dolorida de los hombros, enseguida Marcos se ofreció para unos masajitos, Sus firmes manos comenzaron su trabajo en mis hombros mientras yo ponía mi mejor cara de puta y suspiraba…

    Pablo era un poco más lanzado que los demás y propuso masajearme las piernas… una estupidez total si lo ponemos en otro contexto, pero con la calentura que circulaba en el ambiente lo dejé para ver hasta donde se animaba, puso una mano en mi rodilla e inclinado sobre mi comenzó un suave masaje, Edu estaba sentado junto a mí, del otro lado, mirando, sin poder creer lo que estaba pasando. Lo animé a que hiciese lo mismo con mi otra pierna…

    Marcos seguía en mis hombros por detrás de sofá, el respaldo no era muy alto y podía sentir como rozaba su pija por mi espalda, como descuidadamente, y lo que podía sentir era algo descomunal…ese chico portaba algo impresionante…

    Sus manos bajaban hacia mis pechos cada vez más, con la excusa de trabajar más cómodo bajó los breteles de mi vestido que se fue corriendo hacia abajo dejando mis pezones al borde de salir afuera.

    Los demás miraban atentamente lo que estaba sucediendo, se notaba sus bultos en los pantalones, mi boca había quedado muy cerca de la oreja de Pablo y cuando este subió un poco la mano dejé escapar un leve suspiro en su oído… la subió un poco más, dejándola muy cerquita de mi concha, que había comenzado a mojarse mucho… Marcos había convertido su masaje en caricias llegando hasta mis pechos, acariciando todo lo que había quedado fuera del vestido esta vez les susurré a mis masajistas que siguieran y muy obedientes Pablo y Edu llegaban a mi concha mojada frotándola por arriba de la tanga, mientras que Marcos dejaba caer mi vestido y se prendía de mis pezones amasándolos fuertemente.

    El resto de los chicos, con los pantalones bajos, jalaban sus pijas y se me acercaban. Todos se desnudaron mientras sentí bajar el cierre de mi vestido, en segundos sus hábiles manos me sacaron toda la ropa, sus manos hurgaban todo mi cuerpo, sus dedos entraban en todas mis cavidades… no tardé en estallar en un fuerte orgasmo y esto entusiasmó más a los chicos.

    Me arrodillé en el sillón y comencé a chupar sus pijas, una a una, comenzando por el tremendo vergón de Marcos… más de 20 cm de pija que no lograba meterme en la boca.

    Todos se pajeaban y yo metía una pija en mi boca y luego cambiaba por otra… todas lustrosas por mi saliva… esto era la gloria y recién comenzaba.

    Siento una lengua lamer mi culo de forma conocida… era Joel, goloso de mi culo que me estaba haciendo gozar como él sabía.

    Senté a Marcos en el sofá, sabía que había un lugar donde esa tremenda verga iba a entrar… le agarré la cabeza con la mano y poniéndome sobre el me dejé caer… sentir esa verga abriendo de golpe mis entrañas me excitó al máximo y acabé nuevamente muy fuertemente, mojando las piernas de Marcos.

    Aprovechando la excitación y la excesiva lubricación Joel se acomodó atrás y me enterró su hermosa pija en el culo, si bien no era tan grande como la de Marcos era mi querida pija que sabía cogerme tan bien…

    El resto de los chicos se pajeaban a nuestro alrededor y yo aprovechaba para ayudarlos y lamerlos…

    Joel no aguantó más y llenó mi culo de una cantidad enorme de leche… toda la que su gran calentura había producido.

    Joel salió y dejó su lugar a Juan que entró en mi culo sin problemas… super lubricado y enlechado como estaba.

    La verga de Marcos palpitaba dentro de mi concha y también descargó toda su leche caliente en mi interior.

    Un par de chicos acabaron en mi espalda y Juan, llegando a su clímax la sacó y también acabó en mi espalda.

    Salí encima de Marcos y me puse boca arriba. Esta vez fue Pablo quien me la metió por la concha, mientras el resto comenzaba a acabar sobre mis tetas… el fuerte olor a semen me embriagaba, en medio de ese éxtasis volví a acabar.

    Los chicos, jóvenes y muy excitados, se reponían muy rápidamente, se iban cambiando para cogerme a su antojo, las pijas se iban turnando también en mi boca, mi concha, mis tetas, mi cara se iban llenando de leche, verme enchastrada calentaba más aun a los muchachos que seguían dándome sin parar.

    En ese momento, y envalentonado por la calentura y la situación Juan sugirió que le gustaría chuparme la concha y tomarse la leche que salía de ella.

    Accedí inmediatamente, fue muy valiente Juan al confesar su bisexualidad evidente frente a sus amigos.

    Juan comenzó a lamerme la concha, tomándose la leche que salía de ella mezclada con los jugos de un hermoso orgasmo que le acababa de regalar.

    Ahí les sugerí que alguien le dé su pija para chupar a Juan, que disfrute también el de un hermoso lechazo en su boca. Ninguno se animaba pese a todos los buenos argumentos de disfrutar la bisexualidad que les di.

    Entonces fue Joel quien se animó, Joel, mi amigo y mi amante, siempre ávido a una experiencia nueva.

    Este ofreció su pija a Juan y yo le dije que lo haga pensando en cómo le gusta que se la chupen a él. Esta fórmula es infalible y es el tesoro de los que se animan a la bisexualidad.

    Juan lamió la pija de Joel, desde los huevos hasta su cabeza, luego envolvió su cabeza con los labios y de apoco comenzó a engullirla para sacarla y volver a tragarla nuevamente.

    Como premio para Joel me acerqué para chupársela junto a Juan. Entre los dos le dimos una tremenda mamada hasta que Joel acabó en nuestras bocas y besándonos con Juan, compartimos nuestro preciado tesoro.

    Los chicos volvieron a cogerme y a enlecharme hasta que la cosa se fue calmando a medida que fueron quedando exhaustos…

    Ya era noche tarde, ellos se fueron yendo de a uno y yo fui directo a la ducha… en mi vida había tenido tanta leche sobre mi cuerpo y brotando de todos mis agujeros…

    Con alguno de los chicos volvimos a vernos, alguna enfiestada, algún trío en especial uno que tuvimos con Joel y Juan donde pasó de todo… incluso entre ellos, pero esto es ya otra historia.

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  • La bibliotecaria y su secreto (1)

    La bibliotecaria y su secreto (1)

    No sé qué pensarán ustedes queridos lectores, pero hay experiencias en la vida que nos marcan para siempre. Cuando leemos relatos y narraciones de diferentes personas podemos adivinar que detrás de sus historias existen deseos incontrolados, fantasías insatisfechas, experiencias inolvidables y secretos inconfesables que si no fueran escondidos tras un apodo, más de uno sería incapaz de dar rienda suelta a su imaginación.

    Lo importante de todo ello es que cada historia esconde muchos fragmentos de nuestro ser. De ahí que seamos tantos los que disfrutemos de los relatos de los demás. En mi caso en cuestión les contaré una experiencia que ocurrió muchos años atrás. Más concretamente en mi último año de facultad y que evidentemente me marcó para el resto de mi vida.

    Todo empezó en el primer trimestre del curso. Acababa de romper una relación de 9 meses con una chica, más interesada en ir de fiestas que en estar a solas conmigo. Sobra decir que a esa edad mis hormonas estaban por las nubes y reconozco que pensaba a todas horas en el sexo. Era como válvula de escape a tantas horas de estudio. El único problema estribaba en que aquella chica no seguía ni de cerca el ritmo que yo marcaba.

    Como no podía ser de otra forma acabó mandándome a un “lugar muy lejano” que no voy a mencionar y me quedé sin novia y sin sexo. Pasaron semanas en las que vagaba como zombi por la universidad. Ni tan siquiera el deporte con los amigos calmaba mi desasosiego. Como tantas otras veces me recluía en la biblioteca a estudiar e imaginarme mil y una historias de encuentros amorosos.

    Uno de esos días, tuve que sentarme en una de las mesas cercanas a la de la bibliotecaria y eso significaba que, en caso de estar acompañado de un amigo, nuestras conversaciones serían rápidamente sancionadas por ésta. Pero tan pronto como tomé asiento en aquellas sillas tan “cómodas” fijé mi mirada en la mesa de la directora de todo aquel enorme conjunto de libros del saber humano.

    Comprobé que no era la mujer de días anteriores. Esta chica en cuestión era más joven. Imagino que rondaría los 35 años aproximadamente. No es que llamara excesivamente la atención, pero siempre me quedo con la cara de las personas y me gusta estudiar la fisonomía de cada una de ellas, con sus defectos y virtudes. Imagino que si pintara bien sería un estupendo retratista.

    La chica se sentaba erguida delante de su ordenador con rostro concentrado. Su cara era totalmente ovalada y unas pequeñas gafitas rectangulares le daban un toque de intelectualidad. Los ojos no eran demasiado pequeños, pero sí su boca, cuyos labios bien formados se entreabrían cada cierto tiempo mientras tecleaba frente a la pantalla. Lo que más llamaba la atención era que llevaba el cabello recogido en una especie de moño. El color era caoba y todo el pelo quedaba perfectamente recogido hacia atrás. Yo no dejaba de mirar cada detalle suyo. Vi que unas pequeñas manos regordetas eran las que hábilmente repiqueteaban sobre el teclado. Llevaba hecha la manicura y el color de uñas resaltaba un intenso rojo sangre.

    La gente pasaba de un lado a otro con sus carpetas, libros y otros enseres. Los asientos no dejaban de ser vaciados y ocupados por nuevos estudiantes. Era una de esas tardes de ebullición. Por un momento la perdí de vista entre tanta muchedumbre y cuando volví la vista a su mesa ya no estaba allí.

    Entre un grupo de chicas que ojeaba una de las enormes estanterías pude verla de nuevo. Había cogido un taburete para elevarse a las últimas baldas de la librería y se disponía a ordenar ciertos libros de filosofía. Llevaba un corpiño en cierto modo ajustado que mostraba un prominente busto y sus pantalones oscuros le quedaban holgados dejando caer las perneras hasta unos zapatos de tacón pequeño.

    Cuando pude fijarme mejor imaginé que debajo de aquellos pantalones se escondería un trasero voluminoso y unas anchas caderas. Su fisonomía así lo delataba. Tenía las piernas cortitas y su estatura era más bien bajita por lo que quizás aparentara mayor volumen del que tenía a primera vista. A mis 23 años y deseoso de sexo y con una imaginación desbordante, rápidamente me imaginé una sesión de sexo intenso con aquella menuda mujer de apariencia experta y algo antiguada.

    No dejaba de mirarla, poniéndose casi de puntillas para llegar lo más arriba del todo con un pesado libro y dejando al placer de la vista unas posaderas respingonas y apretadas. Ella por un momento se percató de la mirada indiscreta y, con una fugaz mirada, se cruzó con mis ojos. Al los pocos segundos volvió a sus quehaceres bajándose de la sillita. Se fue al fondo de otro pasillo caminando erguida. Su forma de andar era peculiar, sus pequeñas piernas le hacían dar zancadas muy cortas y los muslos apretados le hacían mover las caderas de forma graciosa.

    Ese día no le di mayor importancia a mi descubrimiento, pero tengo que reconocer a al volver a los pocos días volví a fijarme en aquella figura menuda. Cada día que pasaba por allí la veía más encantadora y sobre todo, deliciosamente apetecible. Así que decidí realizar un primer acercamiento.

    Al llegar a su mesa le pedí un libro de Derecho natural de una edición muy concreta. Ella levantó la vista y creo pensar que me reconoció. Imagino pensaría: ¡ya está aquí el pervertido éste!. Sin embargo, se levantó de si asiento ágilmente y con una sonrisa cortés me indicó que la siguiera. Yo la recorría con la mirada desde atrás mientras seguía sus pasos. Al llegar a una librería vio que el libro en cuestión estaba muy arriba, al igual que el primer día que la “descubrí”. Me dijo que esperara un momento. Llegó en seguida con el conocido taburete y se subió en él de forma decidida.

    Con las yemas de sus dedos buscaba entre tomo y tomo, pero casi le costaba dificultad llegar a ellos. En seguida y viéndola de puntillas, le puse una mano en la cadera y le mostré mi ayuda. No dejaba de mirar su tremendo culo mientras ella rechazaba mi cortesía y alcanzaba el dichoso libro solicitado. Al llegar a la mesa me tomó los datos y por primera vez entablé una vaga conversación con ella. Hablamos del tiempo, trabajo y cosas sin mayor trascendencia, pero observé que detrás de aquellos ojos inquietos, escondidos por unas finas gafas, se escondía una chica agradable y muy social.

    Pasaron las semanas y cada día que por allí pasaba la saludaba y le hacía alguna inocente broma o le contaba algo gracioso. Poco a poco me gané su confianza. Un buen día, estando sentado con la mirada perdida en su forma de andar, no me percaté que se dirigía con sonrisa maliciosa.

    ―¿En qué piensas chico?

    ―¡Ah! Nada, nada… Me preguntaba si alguien te está esperando en casa cuando acabes de trabajar.

    ―¿Cómo? Elevó la voz medio sorprendida. ¿No estarás seduciéndome? Sonrió.

    ―Bueno… ¿y si lo hiciera te molestaría? —Dije convenciéndome a mí mismo de mis palabras.

    ―Si te digo la verdad… hace mucho tiempo que no me espera nadie en casa y por lo demás… creo que eres demasiado joven para mí ¿no te parece?

    Sin dejar de mirarla le convencí que me dejara invitarla a un refresco a la salida del trabajo para contarme algo de su vida y no olvidáramos de nuestras obligaciones por unas horas. Costó trabajo, pero al final logré salirme con la mía y pasado un buen rato nos dirigíamos en mi coche a un bar del centro de la ciudad. Tomamos unas copas y la conversación se animó. Nos reíamos y charlábamos de multitud de cosas y yo no dejaba de mirar sus oscuros ojos con deseo. Ella me sorprendió invitándome a cenar con la excusa de que estaba hambrienta por un largo día de trabajo y yo accedí de inmediato.

    Cenamos en un restaurante pequeño, acogedor y de comida italiana. Bebimos vino y la conversación giró hacia nuestras vidas personales. Yo le conté mis breves aventuras con chicas y ella me confesó que había estado casada con un hombre durante dos años y que al poco la dejó por muchas razones. Una de ellas era que ¡le daba asco!.

    ¡Increíble! Era una mujer joven, de buen ver y agradable… ¿cómo podía darle asco a un hombre?

    El caso es que su vida amorosa se resumió en un corto noviazgo de juventud, muchos estudios y un corto matrimonio con final triste.

    Evidentemente no paré de halagarla y decirle que a pesar de mi edad la veía muy atractiva y medio en broma le solté que si fuera más mayor no dudaría en seducirla de verdad. Entonces ella me miró fijamente durante un rato. Pidió decidida la cuenta y me dijo que nos fuéramos a un lugar más tranquilo.

    Era una noche de lluvia y al salir nos pusimos empapados. Corrimos hacia el coche y al entrar en su interior me besó.

    Fue un beso apasionado, un beso de desesperación. Me mordió el labio e incluso me introdujo su lengua. Yo le correspondí subiendo mi temperatura corporal de inmediato. Nos fuimos a un parque ya que por aquel entonces mi apartamento era compartido por dos estudiantes algo estúpidos y ella no hizo por invitarme a su casa. Serían las una de la madrugada y no había un alma en el lugar. Con la radio de fondo volvió a besarme.

    Ella misma se desabrochó su camisa y entonces no dudé a su invitación. Metí la mano en su interior y masajeé sus tetas, firmes y voluminosas. Ella no paraba de besarme mientras le desabrochaba su sujetador para liberar aquellas dos maravillas. Su piel era blanca y sus aureolas oscuras y de tamaño exagerado. Justo en el centro estaban dos pequeños pezones erectos y rojos como las fresas. La mordí y saboreé el calor de sus pechos. Ella gemía de placer y en seguida buscó mi paquete.

    Me abrió la cremallera y se metió mi pene tieso en la boca. Sus tetas descansaban en mis piernas y su boca se deslizaba de arriba abajo acompasadamente. De vez en cuando levantaba la mirada buscando mi aprobación y ahora era yo el que gemía de gusto. Le cogí su cabeza, acariciando su pelo mojado y encendí la luz del coche para apreciar su mamada. Aquello me excitaba un montón. La vi allí, invadida por el éxtasis, con la mirada perdida mientras chupaba mi enrojecida polla. Su pequeña boca engullía una y otra vez dejando casi invisibles sus labios. Sólo podía verse una tremenda verga entrando y saliendo de su cara redondeada.

    Estaba a punto de llegar al final y no quería terminar así. Entonces la levanté y le volví a besar sus senos mientras daba descanso a mi desesperado órgano que gritaba por estallar. Quise meterle mi mano en su entrepierna, pero ella me paró en seco. Sorprendido por aquello ví que en seguida ella misma se bajaba sus pantalones seguidos de sus bragas. Luego se sentó a bocajarro sobre mí penetrándome hasta el fondo. Echamos el asiento hacia delante todo lo que pudimos para que su gran culo pudiera trabajar a gusto. Le arranqué la camisa y sus tetas salieron disparadas hacia mi cara.

    Ella movía sus caderas una y otra vez de delante a tras y algunas veces giraba en redondo dejándome disfrutar de sus cachetes. Le apretaba el culo con mis manos e incluso llegué a tocarle su agujero trasero. Ella ya no gemía, sino que soltaba tremendos griticos de placer que hicieron que se le soltara su cabello mojado. No era muy largo, pero recortaba las facciones de su cara. Estaba cachonda, excitada y no paraba de mover la cabeza, morderse los labios y suspirar entre grito y grito.

    ―Joder no puedo más ahhh sigue joder… muévete rápido por favor…

    ―Ahhh me voy… siii

    No aguanté más y la inundé por dentro. Ella exhausta cayó al asiento de al lado mientras respiraba aceleradamente.

    Al quitarse de encima mía comprobé que estaba mojado. Una tremenda pringue de líquido chorreaba de mi entrepierna. Estaba claro que tanto ella como yo habíamos disfrutado y una de dos: o yo había tenido una corrida como nunca o ella había chorreado como jamás había visto en una mujer.

    La llevé a su casa y le conté por el camino que había sido fantástico. No entendía que alguien no pudiera desearla.

    Prometimos volver a vernos dos días después. Sería un sábado entero para los dos y significó un fin de semana inolvidable. Esa noche dormí pensando en el encuentro y en cómo me había mojado tanto al follarla. Pronto descubriría su secreto, pero… no quiero cansaros.

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  • Amores lejanos

    Amores lejanos

    No voy a contar cómo fue que mi marido descubrió lo de Alejo. Fue una imprudencia mía, loca como estaba por él, loca por completo y sí, quizá con ganas de hacer lo que ahora estoy haciendo. No contaré lo duro que fue superarlo y, para él, perdonarme. Nunca sabrá que fui yo quien sedujo a Alejo, yo quien ansiaba cogérmelo. Nunca sabrá que aquello salvó nuestro matrimonio. Nunca sabrá que estuve otra vez, casi un año, sin más verga que la suya, ni sabrá que sé de ciencia cierta que necesito vergas, pero que las buscaré, las tendré con suma discreción y cuidado.

    La verdad es que en cuanto vi a Mariano me enculé durísimo. Yo estaba en su ciudad por cuestiones de trabajo (ya se habrán dado cuenta) para negociar algo con el gobierno de un estado del sur. Lo que importa es que al terminar el trabajo del primer día, él llegó por nosotros para ir a un bar: tres amigas saldríamos y una de ellas, casada, nos pidió permiso para hablarle… así que mientras ella se embellecía, yo que soy relativamente rápida para esos menesteres, charlaba con él en el loby del hotel.

    Me habló de su ciudad, una ciudad espléndida; me habló de su trabajo, que tenía que ver con la vida cultural de su ciudad… y yo lo miraba. Sus ojos brillaban en la penumbra y él brillaba con ellos, imaginé sus labios en mi cuello y sus manos de finos dedos en mi nuca.

    Lo miraba mirarme. ¿Cuánto dura una cerveza? Aquella alcanzó para hacerme creer que me miraba de manera especial. No es que lo entendiera de inmediato, de hecho, necesité varias semanas para entenderlo racionalmente, pero una parte de mi lo entendió. Lo entendió, porque se creó una corriente inmediata de atracción. Y yo lo miraba.

    Bajó mi amiga, su amante, y luego la tercera chica que nos acompañaría y partimos a un bar de copas. Me senté junto a él, del otro lado de mi amiga, y lo vi brillar. Envidié a mi amiga cuando él la besaba, cuando le hablaba a dos centímetros de su rostro, cuando acariciaba la piel enfundada en unos jeans hechos sólo para sus interminables piernas.

    Pero Dios existe y mi amiga no baila. No soy una gran bailarina, ya lo he dicho, pero me defiendo. Mariano, en cambio baila más que bien y me llevaba entre sus brazo mientras mi pantaleta se iba empapando y yo, aunque no debía, aunque sabía bien que por varias razones no debía, me seguía enamorando. La cercanía de su cuerpo felino, de movimientos de tigre, me permitía estrecharme contra su pecho sólido como una montaña.

    No bailamos más de tres canciones. No quería enamorarme perdida. No quería, pero uno no manda en esas cosas. Solo tres canciones, demasiados minutos de contacto, de roce de nuestros cuerpos, de sentir sus fuertes brazos desnudos, calibrar su cintura. Cada una de las terminales nerviosas de mi cuerpo, por una u otra vía, recibía el estímulo de su baile “Es mío, no seas puta”, me dijo mi amiga cuando nos sentamos, con una sonrisa torcida. Y yo lo recordé: esa noche no era, no podía ser mío.

    Esa noche no dormí. No me preocupaba saber que en la habitación de al lado, Mariano se estaba cogiendo a mi amiga, sino las múltiples razones por las que no podía, no debía ser mío. Desnuda, me rozaba con el lino de las sábanas y casi me hice daño con el consolador que a veces llevo a mis viajes.

    Regresé a la capital sólo por un día y volé al extremo norte. Solo pensaba en Mariano, solo en Mariano y no podía concentrarme en el trabajo, el trabajo que seguíamos haciendo, para el mismo grupo, con la misma gente. No podía concentrarme y todo me salía mal, pero el tercer día, que tenía la tarde libre milagrosamente, gracias al FB (¡inició la era del FB, FB bendito!) encontré en la misma ciudad en que yo estaba, a Salvador, un antiguo alumno con el que me mantenía en contacto por FB. Me gustaba, me encantaba su acento norteño, sus ojos de golondrina, su esbelta figura y tras largo día que incluyó carne a la parrilla y partido de beisbol, terminamos haciendo el amor en mi hotel.

    Desde que empecé a besarlo, desde que acaricié sus piernas de futbolista, pensé en otros labios, en otras piernas… en los labios y las piernas de aquel sureño que me había hechizado. Cuando mi amigo del norte me penetró, cuando la verga de Salvador se deslizó dentro de mí, era la verga de Mariano la que mágicamente me penetraba. Aquel chico casi desconocido, apenas tocado durante el baile, aquel de los ojos milagrosos y el fuerte pecho, los velludos brazos escote mágico; aquel, cuya mirada me imantaba; aquel, cuya magia me hacía descreer de la ciencia.

    Regresé otra vez a la capital, a mis labores cotidianas. Busqué pretextos para escribirle sobre diversas cosas y encontré pretextos para que me escribiera. Bendito FB… que tuve que cancelar, porque mi marido llegó a sospechar. Pasaron diez meses. Dirán que es un recurso literario, pero en esos meses no dejé de pensar en Mariano… Y a veces, también en Salvador. La verdad es que ahora pienso en Salvador cada vez más, pero esa es otra historia.

    Pasaron diez meses de fantasías desesperadas, los últimos diez meses en que realmente intenté serle fiel a mi marido. Por fin, volvieron a enviarme a la ciudad de Mariano. Esta vez, yo sola. Solo estaría un día y una noche y apenas tuve tiempo de invitarlo a cenar, rezando, poniendo veladoras a la imagen de San Judas Tadeo. “Que venga, que cene conmigo” Que cenara conmigo, sólo eso pedía, que cenara… y le hablé por teléfono.

    Aceptó la invitación y yo preparé los pretextos para la gente que me invitó: “Estoy muerta. Ni hambre tengo”. A las nueve me dejaron en el hotel. Me retoqué un poco el maquillaje, cambié mi traje sastre por un vestido rojo de tirantes, de una sola pieza, me puse las tangas de guerra y una chaqueta de cuero negra, como las medias, y a las nueve y media estaba en la mesa del restaurante en que nos habíamos citado. Me pedí una cerveza bien fría y traté de apagar mis fuegos, mis íntimas fantasías. “Sólo cenaré con él –me mentía a mi misma- sólo cenaré”.

    Tres horas después, pasada la medianoche, en un pequeño y hermoso bar, tres horas después de mirarlo, de desearlo, de querérmelo coger, de ver que él no daba paso en firme, le pregunté: “¿Puedo besarte?” Y no dejamos de besarnos el resto de la noche, hasta llegar al hotel, dos horas después, yo empapada y feliz. Ya había masajeado su verga por encima del pantalón, su mano había subido por mis muslos, su pecho había sido besado por mi boca, mi vagina estaba empapada y su pito espléndido en su grosor.

    Tan pronto entramos, le bajé los pantalones y sin advertencia, me metí su precioso trozo en la boca y empecé a chuparlo como poseída, no con la delicadeza que acostumbro, sino de inmediato. Mariano jadeaba mientras yo disfrutaba la textura de aquella gloriosa verga. Le fui quitando los zapatos, los calcetines, los pantalones, sin dejar de mamársela de abajo a arriba. Le empecé a besar los huevos, de tamaño normal, las ingles, le apreté las nalgas, que son pura fibra, y regresé a la verga, hasta que él se movió, me levantó en brazos, me acostó, me desnudó a zarpazos y me la metió, dejándome los ojos en blanco. Poco a poco entró toda y él embistió con fuerza, cada vez con más fuerza, viniéndose en tremendo orgasmo al mismo tiempo que el mío.

    Pero cuando me sacó la verga, aún la tenía durísima. Se la cogí y empecé a chupar y a succionar tan hermosa verga para pronto sentarme en ella, empalada de arriba abajo, gozando aquella noche interminable que abrió mi vida a tres meses de enamoramiento total: sí, amaba, amé, amo a Mariano tanto como, al mismo tiempo que amo a mi marido. Sí se puede.

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  • Sexo terapista

    Sexo terapista

    Está terapia es para gozar.

    Yo siento que disfrutaste tanto de mi instrumento que se vino tu panocha tan solo con chuparlo.

    Es una delicia maravillosa que una verga en tu boca provoque un orgasmo sin meterlo siquiera, una deliciosa mamada de pitote y de guevotes provocaron tal evento, liberar un orgasmo de placer, luego con mis dedos dentro de ti, tocando el punto exacto, para explotar en un maravilloso orgasmo tuyo.

    Apretar las piernas. Sentir mis dedos, disfrutar mi chupadas de pechos y mamadas de pezones mientras te masturbo con mi mano dentro de ti y me aprietas con tanta fuerza que lastimas mis otros dedos mal puestos, te contraes, gimes y disfrutas como nunca unos dedos adentro y una verga en la boca.

    Te la meto toda, gruesa, erecta, firme, venosa, palpitante ansiosa de las mamadas que le das, a punto de explotar y venirse me pides ponerte de perrita, me pones el culo, tus nalgas paradas tu panocha abierta de piernas, siento la entrada de tu vagina, la entrada a la felicidad mutua, y erecta la hundo en ti y la sientes toda, tu cuerpo goza y gimes de pasión, gozas de placer, disfrutas de mi pito dentro, te doy para dentro y lo recibes gustosa y feliz, mujer plena y completa, está llena la panocha y el pito dentro, el calor es intenso, la estancia agradable, la posición exquisita, la vista panorámica de tu cuerpo desnudo, empinada en cuatro.

    Me muevo y me quiero unir más, no entran mis guevos que tocan el clítoris, y chapolean de jugos, empiezas a sentir el clímax, el orgasmo se avecina y mi verga a lo que dentro de ti, gimes y gritas de placer intenso, no quieres que acabé, se prolonga el placer y mi pito goza la humedad y la presión y a punto está de explotar sus líquidos, que tan pronto te aviso y expuso mi leche, mi semen te inunda tu cavidad y se inflama tu interior, empieza el orgasmo, es intenso y fuerte, feliz, incontenible lo expulsas, tus glándulas explotan inundan el lugar y chorrean líquidos mutuos, mojas todo, gritando ser tu cabrón cogelon, otro orgasmo después y ya sin contarlo mi verga chorrea y lo sacas.

    Ha completado su tarea, y tú aún sin reponerte gozas esos instantes posteriores, en espasmos, aún la sientes dentro, esa sensación de placer no se termina como mi pito, goza también ese instante y sigues en cuatro palpitando tu panocha, se queda pasmada unos instante, el pito de fue a lavar, lo a mucosidad de ambos chorrean del pito que sigue erecto.

    Hasta que lo lavo y lo limpio, cumplió y termino chorreado, la cogida fue deliciosa, te limpias el exceso de moco de la panocha y los escurrimientos de las piernas chorreadas, y te recuestas y te tapas, cubres tu cuerpo, la sensación sigue aún latente, el placer fue delicioso, culminó exitosamente y reposa del placer.

    Todo se olvidó, vuelves a la realidad, estás en un cuarto de hotel con un hombre que te acaba de coger un buen cabrón.

    Es un experto en la parchada, te hizo gozar, disfrutar y venirte como nadie, ni contaste los orgasmos, quedaste rendida y temblorosa de las piernas, agotada y sedienta, de tanta agitación de placer, y de orgasmos, te viniste mucho y podrías seguir hasta la fatiga, Pero él no, su pajarito está vencido, flácido e inapetente, ya se comió tu cuerpo y te dio dos veces su semen, te inundó la vagina y te colmo de placer intenso, con su instrumento de la felicidad extrema

    Ni piensas nada, estás como ida, ausente sin pensar nada, solo disfrutas ese instante, junto a ese hombre culpable de tu estado, complaciente y cabrón por no cogerte tres veces por semana.

    Cómo es posible que solo te coja una o dos al mes.

    Te despides y te vas, tus piernas apenas responden esa caminata a tu transporte, te subes, pagas y te bajas, llegas a tu casa y te acuestas te quedas dormida, ese vaso de agua te calmó un poco la sed y el hambre, ero estás satisfecha y feliz, y lo disfrutas y te quedas dormida profundamente.

    Ya mañana será otro día y esto durará al menos hasta que tú cuerpo pida más.

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