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  • Orgasmo en el ascensor

    Orgasmo en el ascensor

    Me llamo Mónica, tengo algo más de treinta años, y la verdad es que nunca había hecho demasiado caso a los maliciosos cotilleos que circulaban por el bloque en el que vivo con mis padres, respecto a que mi amiga y vecina Paqui, de mi misma edad, era una lesbiana. He de reconocer que algunas veces me había dado la sensación de que me miraba con un cierto deseo e interés. Pero como ella nunca me había hecho ni la más mínima insinuación achaqué esta impresión a haber oído alguno de esos rumores, y no le di ninguna importancia.

    Ese día iba a salir de compras con mi amiga, y estaba muy contenta porque, gracias al buen tiempo, podía volver a ponerme un vestido de primavera que me gustaba mucho, pero que me costaba horrores de abrochar ya que tenía un montón de odiosas trabillas en la espalda que eran muy difíciles de ajustar. Dio la casualidad de que también estrenaba un coqueto sujetador calado con cierre por delante, realmente precioso, que me ayudaba a realzar todavía más mis ya de por sí grandes y firmes pechos; que siempre he pensado que eran la parte más atractiva de mi anatomía, dado que es en la que más se fijan todos los hombres que conozco.

    Mi vecina iba con una corta minifalda, que le permitía lucir sus largas piernas; y un fino suéter, que lucía como de costumbre sin sujetador. Pues, en verdad, sus pequeños senos apenas necesitan nada que los mantenga firmes. Aun así, en más de una ocasión le había aconsejado su uso, aunque solo fuera para disimular los traviesos y puntiagudos dardos de carne que se marcaban claramente en la ceñida blusa, como queriendo atravesarla.

    Les cuento todos estos detalles para que se hagan una idea de lo mal que lo pase cuando nada más arrancar el ascensor, en el que por suerte bajábamos las dos solas, note que se me soltaba el cierre del sujetador. Así se lo dije a Paqui, y esta paro el ascensor de inmediato. Le comenté que tendríamos que subir hasta mi casa a que me lo pusiera bien, pero ella me dijo que lo más seguro es que no hiciera falta llegar a esos extremos.

    Después, soltándome el lazo del vestido con desenvoltura, se metió hábilmente debajo del mismo, para intentar arreglar la incómoda situación allí mismo. Yo me sentí muy violenta, sobre todo cuando noté la insinuante presión de su rodilla en mi intimidad, bien instalada entre mis piernas separadas, pues mis braguitas eran muy finas y me hacían notar todos sus roces con demasiada intensidad. Pronto sentí su cálido aliento entre mis senos; y, aunque no vi ningún motivo para ello, noté como apretaba suavemente mis pechos al tiempo que conseguía cerrar de nuevo el sujetador.

    Mientras Paqui salía de debajo de mi vestido pude notar claramente cómo se apoyaba, brevemente, en mi sensible entrepierna. La verdad es que no me enfade lo más mínimo ante su osadía; al contrario, me sentí bastante excitada con la insólita experiencia. Por eso me puse roja como un tomate y no me atreví a mirarla de nuevo a los ojos. Ni siquiera cuando, a los pocos instantes de arrancar, note que se me volvía a soltar el sujetador. Al oírme maldecir se imaginó lo que sucedía, volvió a parar el ascensor y, dedicándome una sonrisa de lo más turbadora, se introdujo de nuevo bajo mi vestido.

    Esta vez Paqui palpo de manera rápida, pero claramente posesiva, toda mi intimidad por encima de las bragas, antes de llegar a mis pechos, que ya temblaban de excitación. Y, durante todo el tiempo que estuvo bajo el vestido, el continuo roce de su inquieta rodilla se hizo tan insidioso que termine por empapar las braguitas con mis dulces flujos. Luego, al llegar a la altura de mis senos, abrió totalmente el sostén, aunque no tenía porqué.

    Dedicó todo el tiempo que quiso a contemplarlos con detenimiento, mientras yo sentía su cálido aliento a escasos centímetros de mi piel más sensible. Después utilizo las dos manos para, con mucho tacto, y unas caricias tan suaves como enervantes, volver a introducir uno de los senos dentro de su copa.

    Como vio que yo no decía nada (aunque mi corazón latía a toda máquina y mi respiración era cada vez más agitada), al introducir mi otro seno en su copa correspondiente, me masajeo a fondo todo el pecho; amasándolo, y estrujándolo, de una forma realmente cariñosa y sensual. En vista de mi pasividad aprovecho la estupenda ocasión que se le brindaba para acariciar y jugar, dulcemente, con mi grueso pezón rosado; hasta que este, agradecido, se endureció como una pequeña piedra entre las amorosas manos que lo cobijaban.

    Una vez que Paqui hubo abrochado mi sujetador, no puso el menor disimulo en apoyar toda la palma de su mano en mi excitada entrepierna; llegando al extremo de deslizar uno de sus dedos a lo largo de mi húmeda rajita, antes de salir del vestido, con una sonrisa de oreja a oreja. Pues mientras salían sus dedos se deslizaban por encima de mis bragas, de un modo turbador, empapándose en el abundante fluido que encharcaba la prenda.

    Después, ya con el ascensor en marcha, me miró fijamente a los ojos, y empezó a oler su mano como si se hubiera probado el mejor de los perfumes. Yo estaba tan cortada que no acerté a reaccionar, ni siquiera cuando se me volvió a soltar el cierre del sujetador; pero se me debió de notar en la cara, pues ella, sin necesidad de consultarme, volvió a detener el ascensor.

    Esta vez, sin decirme ni una sola palabra, se fue directa al asunto. Paqui solo se detuvo unos breves instantes en juguetear con mis húmedas braguitas, haciendo que sus hábiles dedos con solo unos movimientos separaran mis labios menores hasta provocar un indecente bostezo, antes de llegar de nuevo ante mis pechos. En cuanto abrió el sujetador del todo, perdió solo unos momentos en recrearse la vista con el abrupto paisaje, antes de empezar a masajear uno de mis senos con sus largos y hábiles dedos. Su boca, y su lengua, se encargaron de que el otro se convirtiera en un auténtico volcán; y pensé, al sentir sus maravillosos mordisquitos en mi pezón, que me iba a correr en cualquier momento.

    Pero fue su otra mano, la que introdujo dentro de mis bragas, para explorar mi todavía virginal cueva, la principal culpable de que me corriera como nunca antes lo había hecho, mientras mordía mis manos para amortiguar los escandalosos jadeos que emitía. Mi viciosa vecina no se conformó solo con eso y, desentendiéndose de mis agradecidos pechos, bajo su cabeza hasta llegar a la altura de mi entrepierna. Allí, después de bajar mis lindas braguitas hasta sacármelas por los tobillos, se dedicó a contemplar a su gusto mi encharcada intimidad, generosamente expuesta ahora que por fin podía separar mis piernas mucho más, como ella deseaba.

    Pronto se entregó a una larga serie de succiones y lameteos que me hicieron alcanzar una increíble serie de orgasmos que, aun hoy, los recuerdo y me tiemblan las piernas. Sobre todo el ultimo que alcance dentro de aquel ascensor, en el que Paqui además de pellizcarme el abultado clítoris con una mano mientras saboreaba golosamente mi cueva, se las ingenió para introducir uno de los expertos dedos de su otra mano en mi estrecho orificio posterior; incrustándolo casi por completo en su interior antes de empezar a maniobrar hábilmente, consiguiendo arrancarme un auténtico aullido de placer.

    Quedé tan floja después de este violento orgasmo que me tuve que apoyar en mi amiga, debido a que mis débiles rodillas amenazaban con doblarse de un momento a otro. Desde luego ese día no fuimos de compras, subimos a su casa y me enseño todo lo que una mujer puede enseñar a otra respecto a los secretos del amor. Desde entonces vivimos juntas, y no hay día que no riamos al recordar la cara que pusieron los ancianos vecinos que abrieron, aquella mañana, la puerta del ascensor, y vieron el aspecto que teníamos.

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  • Una oportunidad perdida

    Una oportunidad perdida

    No dejaba de mirarme. Yo bailaba sin hacerle mucho caso, aunque cada vez iba devolviendo más miradas. Se iba acercando.

    Mi amiga se fue al baño sin darme la oportunidad de acompañarla.

    Estaba a mi lado y empezó a moverse siguiendo mi ritmo. Un poquito más cerca. Nuestros brazos se rozaban al moverse. Más cerca:

    —Tienes una boca alucinantemente sensual.

    No dije nada. Seguí bailando como si no estuviera allí. Pero sí estaba. Me cogió de las manos.

    —Quiero besarte.

    Me quedé paralizada. Cerré los ojos. Su aliento me anunció su beso. Rígida como una estaca lo acepté. Rico, húmedo, cálido. Dejé que su lengua entrara en mi boca y jugara con la mía. Sus manos se posaron en mi cintura y me atrajo hacia él.

    —Gracias.

    Seguía sin poder hablar. Él se alejaba. Más y más. Tal como había llegado.

    —¿Qué te pasa?

    La voz de mi amiga me sacó de mi parálisis.

    Lo busqué con la mirada, pero no lo encontraba. Anuncié que iba al baño, pero no lo encontré, aunque di varias vueltas.

    Salí a la puerta. Tampoco estaba. Encendí un pitillo por si mi amiga me preguntaba qué hacía allí fuera.

    Fumé nerviosa, excitada, anhelando que apareciera por cualquiera de las esquinas que controlaba desde la puerta.

    Nunca lo volví a ver.

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  • Con mi suegra y mi novia

    Con mi suegra y mi novia

    Habían pasado unas semanas del encuentro con mi suegra y me iba a quedar a dormir en lo de María.

    Habíamos salido a bailar con amigos, estábamos volviendo en un taxi, bastante excitados, con muchas ganas de coger, si bien estaba su madre en la casa, sus hermanos se habían ido a la casa del padre.

    María venía un poco borracha, pero sin estar detonada, yo había tomado un par de tragos, pero estaba al 100%.

    Ella me decía al oído que me iba a dejar los huevos secos, que estaba super caliente, yo le decía que le iba a hacer el culo que siempre me había negado, ella decía que no, que solo me iba a dejar que le tirara la leche en la puertita pero que no se iba a dejar meter la pija en el culo, que eso era de muy puta y que ella no era taaan puta.

    El chofer del taxi nos miraba por el retrovisor y para darle un extra, le levanté la pollera a María dejándole a la vista las medias y tanga blanca de mi novia.

    Llegamos, pagué y nos bajamos rápidamente, entramos al edificio y en lugar de ir al ascensor, la llevé al cuartito de los contadores y me hice chupar la pija ahí mismo, después la levanté en brazos, corrí la tanga y le clavé la pija hasta el fondo, empecé un mete y saca violento con María a volandas, ella cerraba los ojos y tiraba la cabeza hacia atrás gimiendo de placer.

    La quería tener bien caliente para que me entregara el culito, que era su fuerte a diferencia de su madre que tenía mejores tetas.

    Le saqué la pija y la guardé como pude en el pantalón, ella protestó la agarré de un brazo y nos fuimos al ascensor, mientras subimos al noveno piso, le levanté la pollera y la penetré desde atrás como a ella le gusta, paré el ascensor y se la metía hasta el fondo de nuevo, para mantener la calentura a tope.

    M: Hoy me tenés loca, entre el alcohol y el porrito que me fumé con Yessi y como me estás cogiendo, no respondo de mí.

    Y: Te voy a coger toda, pero toda.

    M: La cola no te la voy a entregar.

    Y: ¿Voy a tener que salir a buscar cola por otro lado?

    M: Si estás insatisfecho avísame.

    Y: Esa cola va a ser mía.

    M: No

    Y: Tarde o temprano te la voy a coger.

    Todo mientras la seguía penetrando en el ascensor, agarrada de las caderas y mirando en el espejo.

    Llegamos al noveno piso, abrió la puerta del apartamento y yo la penetré de nuevo, ella se tapaba la boca y cuando llegamos al living, casi se me cae el alma al piso.

    Estaba mi suegra con la tele prendida, masturbándose mirando el video de cuando la estaba cogiendo por el culo, se nos veía la cara y como entraba mi verga en su culo y se escuchaba “ay siii yernito, hágale la cola a esta vieja que la nena no te la da”.

    La pija se me murió en ese momento.

    El grito de María fue tremendo.

    M: ¡Mamááá nunca pensé que fueras tan traidora y puta y vos hijo de puta! ¡Con mi madre, con mi madre me engañaste!

    Por poco esquivé un cachetazo que me tiró María, que cayó de rodillas agarrándose la cara y llorando.

    Cerré la puerta tras de mí, la madre vino a levantarla del piso, ella lloraba y le pegaba, la madre me hizo señas para que me quedara en la entrada y se fue con su hija a hablar en la cocina.

    S: Te voy a hacer un tecito para que te tranquilices y charlamos mejor.

    M: hija de puta, nunca te lo voy a perdonar.

    Un tecito pensé para mis adentros… esta mujer es terrible.

    Desde el recibidor no veía mucho, pero escuchaba algún llanto y reproche que venía de la cocina, mi suegra pasó para su cuarto y de pasada me mostró las tetas y me tiró un beso.

    No se cuantos minutos pasaron, pero vino mi suegra y me dijo, vení que vamos a hablar mejor los tres.

    Había 2 tazas vacías, mi novia ya no estaba enojada, pero estaba con la mirada un poco perdida y mi suegra estaba con cara muy sonriente, en un estado de alegría un tanto artificial.

    Estaba por hablar y mi suegra me hizo seña de que no emitiera palabra, se me acercó y me dijo al oído que esa noche íbamos a disfrutar los tres a más no poder.

    Le avisé que María se había fumado un porro con una amiga antes de venir y dijo “uy, esto se va a desmadrar”, así que empezó a mamármela, María nos vio y se acercó, sin decir nada, se agachó al lado de la madre, le sacó las tetas fuera del camisón se las amasó, se las chupó

    S: Uy sii mamita te da el pechito, mame, mame chiquita.

    Y: ¿Quien me va a entregar la colita hoy?

    S: Yooo yernito.

    M: Yo también quiero que me hagan la colita.

    Y: Hay verga para las dos, sigan, sigan.

    María se vino a mamarla con la madre y estaban haciendo un hermoso oral a 2 bocas, pasaban las lenguas, una chupaba la cabeza y la otra los huevos.

    Le pedía a mi suegra que dejara a María chupando sola y que me trajera esas tetas para chupárselas un rato.

    M: ¡Yo también quiero tetas!

    Fuimos al cuarto de mi suegra, la acostamos nos desvestimos, María quedó con esas medias blancas que tanto me gustaban y nos pusimos a chupar cada uno una teta, mi suegra me masturbaba y le hacía un dedo a la hija, yo le metía un dedo en el culo y la hija en la concha, aquello era una monumento a la paja de a tres.

    Y: Me voy a garchar a tu madre y vos lo vas a ver.

    M: A mi primero.

    Y: A vos ya te garché un ratito en el cuarto de contadores y en el ascensor, la gula es un pecado, hay que compartir.

    S: Garchame pero de costadito, como le gusta a la nena.

    La puse de costado y empecé a jugar con la cabecita en le entrada de la concha, mi suegra gemía y yo le agarraba las tetas desde atrás, le metía la cabecita despacito y se la sacaba.

    S: Ay hija, no sé cómo soportas esto, me mata de deseo.

    M: Pero lo que viene después vale la pena Mami.

    Se la enterré hasta el fondo y la veterana chillaba, con una pierna levantada, María se la mantenía en alto para que la penetración fuera más profunda y le tocaba el clítoris. Mi suegra bufaba de gusto y empezó a correrse.

    Apenas se acabó, la hija vino, me acostó en la cama y se clavó la verga hasta el fondo, empezando a rebotar arriba mío.

    M: ¿Así que te garchas a mi vieja? ¡Pero a mi nunca me vas a dejar sin leche y pija, hijo de puta!

    Le día un chirlo bien sonoro en el culo, para que supiera quien manda, ella seguía rebotando y gimiendo.

    Y: Suegra, prepárele el culo, que de hoy no pasa.

    La madre abrió el cajón de la mesa de luz, sacó el lubricante, se pudo en un dedo, le fue poniendo en el agujerito y después metió un dedo.

    M: Ay mamá, me lastimas con la uña.

    S: Aflojate que vas a gozar como una perra.

    M: ¿Como la perra que sos vos?

    S: Si, porque sos mi hija y tenés que ser bien puta como tu madre.

    Tomé las riendas de la situación antes de que se saliera todo de control, puse a María en cuatro patas al borde de la cama, escupí su culo y enfilé despacio, disfrutando de la penetración centímetro a centímetro, hasta que hice tope. el culo de mi novia no era enorme, pero era bien duro y parado, y era mi ambición desde que había empezado a andar con ella.

    La madre le empezó a tocar la conchita, María se relajó y pude empezar a moverme, estaba super estrecho, era la inauguración de un culo de 19 años y lo iba a disfrutar a como diera manera.

    Me movía despacio, sintiendo cada milímetro, ella se quejaba, pero el trabajo de la madre hacía que el placer fuera más intenso que el dolor. Comencé a tener cierto ritmo, la madre dejaba caer más lubricante para que resbalara mejor y se fue colocando en posición de 69 y empezaron a comerse las conchas, mi suegra alternaba la concha de la hija con mis huevos, yo ya estaba con un buen ritmo y María no se quejaba más de dolor, estuve más de 20 minutos horadando ese culo y María se acabó en la boca de la madre.

    Yo quería el culo de la madre también, así que la veterana se puso en 4 y ni lerdo ni perezoso se la metí hasta el fondo.

    María vino a mi lado, me mordía el cuello y me decía al oído, solo te falta garcharte a mi hermana, pero vas a tener que esperar 3 semanas a que cumpla 18, ¿no te dan ganitas de cogértela también? Mirá que ella quiere que la cojas como a mamá y a mí.

    Yo tenía el morbo por las nubes, le había hecho el culo a mi novia por primera vez, se lo estaba haciendo a mi suegra y mi novia me estaba entregando a la hermana en bandeja.

    Y: ¿Donde vas a querer la lechita?

    M: Tiramela en la cola y que me chorree por las nalgas

    S: Pará pará, primero haceme frente fondo.

    5 cogidas en el culo, 5 cogidas en la concha, 5 y 5, 5 y 5.

    M: ¡Ay… yo también quiero eso!! ¡Quiero el conchiculo!

    S: No estás acostumbrada

    M: Aprovechen hoy que estoy muy puta.

    Salí de la madre y me fui a hacerle un frente fondo furioso a María, que gritaba “Que puta que estoooy”

    M: Me duele pero me gusta, ¿por qué no había dejado que me hagas el culo antes mi amor?

    S: Porque la frígida de tu abuela te metió en la cabeza que eso es de puta.

    Yo seguía meta y ponga, bomba y plena yendo del culo a la concha y María se acabó largando un fuerte chorro de flujo, manchando las sábanas, parecía que se había orinado, la saqué y saltó la leche como si se tratara de un volcán, chorreando por las nalgas. Mi suegra le frotaba la leche en las nalgas, metiéndole los dedos en concha y culo a la vez, y María seguía gozando.

    S: ¿Sentís los deditos de mami con la leche de tu novio? Vas a ver que lindo es que te llenen el culo de leche, ya vas a ver hijita.

    Fueron las dos a ducharse, yo me fui a la cama de mi novia y me quedé dormido.

    Había sido una noche espectacular, había hecho un trío con mi novia y la madre, le había estrenado el culo a mi novia y esperaba que pasaran esas 3 semanas para tener a mi cuñadita entre mis brazos.

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  • Orgía sexual en la oficina de Jeniffer

    Orgía sexual en la oficina de Jeniffer

    Había recibido una llamada de Jennifer, mi amiga que me convenció de ir a clases de inglés. Me dijo que tenía algo que mostrarme e hicimos cita para el día siguiente.

    A la mañana siguiente llegó temprano a mi casa, y desayunamos con algo de calma. Lo que llamó mi atención fue que había venido en pijama y yo también lo estaba.

    —¿Has oído hablar de los juegos de rol? —dijo de pronto.

    —Sí, yo los he hecho alguna vez, ¿por qué lo preguntas?

    —Bueno, hoy vamos a hacer eso, así que yo creo que mejor nos vamos en cuanto terminemos de desayunar. Me guiñó el ojo y terminamos de desayunar sin hablar mucho.

    Salimos de inmediato, ni siquiera me dejó ponerme algo decente para ir a donde tenía que llevarme. Después de media hora más o menos llegamos a una parte céntrica de la ciudad donde había muchos edificios y entró al estacionamiento de uno.

    —Estás loquita si crees que voy a salir del carro en pijama.

    —No te preocupes, por allá está el elevador que nos lleva directo al piso donde tengo mi nueva oficina.

    —Hablando de eso… ¿para qué compraste una oficina?

    —Ya te lo dije, para venir a jugar.

    Sonrió con un poco de malicia y bajamos del carro, yo caminaba con prisa para evitar que alguien me mirara, pero Jennifer caminaba normalmente. Entramos al elevador y llegamos al tercer piso, admito que estaba algo nerviosa al no saber los detalles del plan de Jennifer. Al fin llegamos al tercer piso del edificio, miré el pasillo y suspiré con alivio al ver que varias puertas, de lo que asumo eran otras oficinas, estaban cerradas, sólo dos estaban cerradas y las personas que estaban dentro no se veían por ninguna parte, sólo se oían sus murmullos.

    Me señaló la puerta al final del pasillo. Metió su llave y abrió la puerta, al entrar había otra puerta, era corrediza de vidrio. Estaba oscuro, prendió las luces y me mostró la pequeña sala.

    —El edificio es nuevo, bueno sólo entre comillas, derrumbaron los interiores y dejaron la estructura, al ver el anuncio en internet no pude dejar pasar la oportunidad. Después mi primo me ayudó a diseñar la oficina, le mencioné que quería poner material aislante de ruidos y me recomendó el que se usa en cines, que además de hacer eso también era retardante de fuego y térmico. Así que no se construyó prácticamente nada, sólo se armó la nueva estructura, todo el trabajo se terminó en poco más de un mes. Para aislar el ruido de la puerta me aconsejó poner esa puerta corrediza de vidrio un poco grueso, cuando alguien está afuera, no se oye nada de lo que pasa aquí dentro. Las ventanas son también del mismo grosor que el vidrio de la puerta.

    Sonreí y después entramos a la verdadera oficina, era más grande de lo que parecía, había dos pequeños escritorios en cada pared, un pequeño sillón cerca de la puerta y al final había otra puerta.

    —Estos son los escritorios de mis secretarias, llegarán después. Ven, ahora sí, podremos vestirnos decentemente o incluso mejor —me invitó a pasar y noté que era otra oficina, un poco pequeña pero acogedora, en ella había también dos escritorios en cada pared.

    —Escoge uno —dijo mientras hacía ademán con su brazo.

    —Este —dije y de inmediato me senté en la silla del escritorio de la izquierda.

    —Bien, te dejo para que te cambies, en el closet de al lado está tu ropa, mientras voy a avisar al lobby que la oficina ya está abierta para las chicas, no tardo.

    Sonreí de nuevo y en cuanto ella salió abrí el closet, en él había un coordinado de saco, chaleco y falda grises en un gancho, en otro había una blusa rosa de manga larga. En un pequeño cajón estaba la ropa interior, un bra y pantaletas negras de encaje con detalles florales, un paquete de pantimedias grises y en el fondo un par de zapatos de tacón alto.

    Me desnudé y guardé mi pijama en el pequeño cajón bien doblada, después de pensarlo un poco decidí con malicia ponerme las pantimedias primero. Me senté en la silla y comencé a ponerlas poco a poco con cuidado, primero con la pierna izquierda, subí la media hasta la rodilla, después con cuidado me puse la parte derecha, me levanté y comencé a subir el resto con movimientos circulares alrededor del panti, las estiré lo más que pude para evitar estar incómoda. Me puse la pantaleta después, la cual resbaló sin problema gracias a las medias. Me puse el bra y todo el coordinado rápidamente.

    Más o menos diez minutos después regresó Jennifer.

    —Ya está… ¡ay, olvidé pedir el almuerzo!, ¿podrías hacerlo tú? Baja hasta el lobby y a mano derecha de los elevadores verás un pequeño restaurante, tiene carta así que no te preocupes, pide cuatro almuerzos, los que tú más gustes y diles que los traigan a la una.

    Así lo hice, en el tiempo que me tomó bajar, hacer el pedido y regresar a la oficina, Jennifer ya estaba lista. Tenía un coordinado similar al mío, sólo que el de ella era color azul marino con blusa negra semitransparente, medias azul marino también y tacones negros.

    Me indicó que en uno de los cajones del escritorio había maquillaje, un cepillo, un pequeño atomizador y una lata de spray para el cabello. Saqué todo y comencé a maquillarme, puse un poco de rubor a mis mejillas, delineé mis ojos un poco y me puse un poco de sombra. Procedí a peinarme, mientras Jennifer hacía lo mismo. Sus pómulos resaltaban muy coquetamente con el rubor que ella usó, sus ojos café claro resaltaban debido a la sombra oscura que se puso y su cabello negro brillaba gracias al spray, lo traía recogido en una cola de caballo. Su esbelta figura resaltaba gracias su ropa.

    Ya listas, esperamos en la pequeña sala a que sus secretarias llegaran.

    Veinte minutos después llego la primera, tocó la puerta y Jennifer la hizo pasar, nos presentó, ella se llamaba Mónica, traía un coordinado también, era rojo, con blusa blanca, minifalda, medias blancas y tacones rojos. Después fue a sentarse a su escritorio y sacó unos papeles para revisarlos. Su cabello era largo y castaño claro.

    Al poco tiempo llegó la otra, al igual que a Mónica la hizo pasar y nos presentó, ella se llamaba Alexis, al igual que todas llevaba coordinado; de color negro con blusa blanca, minifalda y medias color natural brillantes, tacones negros. Su cabello no era tan largo como el de Mónica y era color castaño oscuro. También fue a su escritorio y al igual que Mónica se dispuso a revisar papeles.

    Jennifer y yo entramos a la otra oficina y ya en privado le comenté:

    —¿No te parece que Mónica y Alexis tienen algo raro?

    —¿A qué te refieres?

    —Bueno… sus rasgos eran un poco diferentes, por así decirlo y su voz…

    —¿Tú crees? A mí no me parece —Me interrumpió antes de poder terminar la frase.

    Antes de que pudiera decir algo más, Jennifer sacó dos sobres de papel tamaño carta y me dio uno, me indicó que revisara los papeles que contenía. Así lo hice. Era un contrato de arrendamiento, pero al poco tiempo le dije a Jennifer que el escrito estaba lleno de errores ortográficos y de redacción.

    Volteó a verme y entrecerró los ojos, salió de la oficina y llamó a Alexis. Al entrar ella con Alexis me pidió los papeles.

    —Tu captura está toda mal hecha, Alexis. Creí que tenías experiencia al contratarte —,Alexis bajó la cabeza, pero no respondió— ¿Cuál es tu excusa?

    —Lo siento señorita Jennifer, lo hice a última hora y como ya quería irme no lo revisé —dijo con voz baja.

    —Ya veo, así que salir a divertirte es más importante que tu trabajo.

    Alexis negó con la cabeza.

    —Lo siento señorita, volveré a capturarlo.

    —No hace falta, tú sabes que yo castigo cualquier error —Después de decir eso, Jennifer agarró del brazo a Alexis y la reclinó sobre el escritorio, mostrando el trasero. Acto seguido Jennifer la nalgueó algo fuerte, el chasquido que produjeron sus nalgas sonó un poco fuerte.

    Después de eso, Jennifer dejó salir a Alexis. Miré a Jennifer con mis ojos abiertos como platos y ella sólo se limitó a sonreír.

    Pasó media hora sin novedades, la hora del almuerzo aún se veía lejana. Mientras leíamos otros escritos oímos que tocaban nuestra puerta. Nos miramos una a la otra y alzamos los hombros en duda. Jennifer abrió la puerta y eran las chicas, Mónica estiró su brazo e hizo retroceder a Jennifer empujándola hacia la pared. Me levanté de inmediato, no sabía qué estaba pasando, si eso era parte del juego o no. Voltee a ver a Alexis que estaba cerrando la puerta y ella al verme negó con la cabeza, indicándome que todo estaba bien.

    —Ya estamos hartas, señorita Jennifer, no toleraré un maltrato más —Dijo Mónica mientras tomaba a Jennifer de los hombros y la hacía girar, dándonos la espalda. La inclinó y le torció ambos brazos hacia la espalda, sometiéndola por completo. Mientras acomodaba los brazos de Jennifer en una de sus manos. Con la otra comenzó a tocarle su trasero, que al estar inclinada, hacía que la falda se estirara mucho.

    Intenté moverme para evitar algo peor, pero Alexis colocó su brazo rápidamente frente a mí, impidiéndome el paso, choqué con su brazo y noté que tenía mucha fuerza, demasiada diría yo, para una mujer de su talla. De nuevo volteó a verme y negó con la cabeza, tenía su mirada relajada, así que me limité a estar de pie detrás de su brazo.

    Mónica seguía tocando a Jennifer, que gemía y le decía con voz fuerte que la soltara, pero Mónica la tenía completamente sometida, había subido la falda de Jennifer y ahora tenía acceso a sus nalgas, que estaban enfundadas en sus pantimedias.

    —¡Suéltame ya!, ¡te voy a denunciar!

    —¿Es que nunca deja de cacarear? —Dijo Mónica mientras con un movimiento preciso golpeó la parte trasera de la rodilla de Jennifer con su rodilla, haciendo caer a Jennifer de rodillas. Mónica la hizo retroceder un poco, se acomodó frente a Jennifer y acto seguido subió su minifalda y bajó sus pantimedias. No pude creer lo que veía. ¡Mónica tenía pene! Ahogué un grito al verlo.

    Después comenzó a meterlo en la boca de Jennifer, la cual sólo gemía con ese pene erecto entrando en su boca. Mónica movía su cadera para meterlo más profundo, mientras Jennifer seguía gimiendo ahogadamente.

    De pronto, Mónica volteó a vernos a Alexis y a mí e hizo un gesto con la mano, a lo cual Alexis me tomo de los hombros, me indicó con la mirada que me sentara y así lo hice, empujó la silla y me colocó casi en medio de la oficina. Mónica gemía de placer, ahora, desde donde estaba colocada, podía ver que Jennifer estaba mamando el pene de Mónica por cuenta propia.

    Movía su cabeza lentamente las chupadas comenzaban a sonar fuertemente, abría la boca y lamía el miembro erecto de Mónica. Momentos después Mónica separó la cabeza de Jennifer y eyaculó en su cara, los chorros intermitentes de semen, de los cuales el primero soltó la mayor cantidad, golpeó uno de los ojos de Jennifer, otro sus pómulos y uno más cayó en su cabello.

    Mónica tomó su pene y lo golpeó en la cara de Jennifer.

    —Ahora nos van a complacer ambas a nosotras —dijo mientras le quitaba la ropa a Jennifer, que estaba aún de rodillas sin hacer nada. Mónica se quitó la ropa y pude ver que en realidad era hombre travesti. Mónica le hizo un gesto con la cabeza a Alexis, la cual comenzó a acariciarme.

    Lo hizo sin pensar ya que de inmediato comenzó a acariciar mis senos, debo admitir que estar en una situación así hizo que me excitara, bajé la cabeza y miraba las manos de Alexis apretar y acariciar mis senos en círculos, tratando de abarcar mis senos con toda la manos.

    Mientras Alexis me tocaba, Mónica ya tenía a Jennifer sometida de nuevo, la había inclinado y la tenía de cara al suelo, los brazos en la espalda de nuevo, el trasero al aire, la nalgueó varias veces. Después le indicó que no se moviera, salió a la otra oficina y volvió con un cable de internet, con el cual le amarró las manos detrás de la espalda. Le quitó la falda y después desgarró sus pantimedias, no se había puesto pantaletas y su sexo, ahora expuesto mostraba signos de excitación.

    De inmediato Mónica bajó un poco más sus medias y comenzó a penetrar a Jennifer, lo hizo lentamente, oí gemir a Jennifer y al oír un gemido más fuerte supuse que la punta del pene de Mónica había llegado a lo más profundo de su vagina. Acto seguido Mónica comenzó a bombear lentamente. Sacó todo el pene y volvió a penetrar, esta vez lo hizo rápidamente a lo que Jennifer volvió a gemir sonoramente, después Mónica comenzó a bombear a un paso regular. Comenzó a hacerlo más rápido, el sonido de su vientre chocando con las nalgas de Jennifer me hizo mojarme un poco más. Después le dio varias nalgadas, a lo cual Jennifer dio protestó con gemidos más sonoros.

    Mientras, Alexis ya tenía acceso a mis senos desnudos, había desabrochado mi saco, chaleco y blusa y había bajado mi bra, apretaba mis pezones delicadamente, los sobaba, al hacerlo, de inmediato se pusieron duros. Alexis comenzó a quitarme la ropa, poco a poco cada prenda caía a un lado de la silla donde estaba yo sentada.

    Ya con el torso desnudo, Alexis se puso frente a mí, beso la parte superior de mis senos, y después chupó mis pezones. Los gemidos de Jennifer eran cada vez más fuertes, Mientras Alexis me bajaba la falda y después las pantaletas. Ella se bajó la falda también y pude ver que también tenía pene, muy erecto y con pequeñas manchas de humedad en sus pantimedias. Se las bajó un poco y comenzó a restregar su pene en mi sexo enfundado. Sentía su calor, el líquido pre seminal que mojaba mis pantimedias. Daba pequeños golpes en mis muslos.

    Después se inclinó un poco y me susurró: —Vamos al escritorio, señorita Adela—, y me hizo ademán de abrazarla. Así lo hice y ella me tomó de los muslos; a pesar de su delgada figura, tenía brazos fuertes y pudo cargarme sin problema hasta el escritorio. Permanecí sentada mientras Alexis quitaba la pantalla de la computadora y después tiraba los papeles de encima.

    Se acercó a mí de nuevo y comenzó a besar mis piernas, las lamía desde mis muslos, acariciaba de arriba abajo. Al fin me abrió las piernas y rasgó mis pantimedias, los hizo de una manera poco común, siguió rasgando el panti hasta que desaparecerlo prácticamente, sólo quedo el resorte en mi cadera; ya no eran pantimedias.

    Tomó mis piernas de nuevo y las puso sobre sus hombros, mientras subía sus pantimedias, pero también las rasgó de tal manera que dejó libre su miembro erecto. Estaba casi morado de tanta sangre y después lo hizo, me penetró lentamente, y comenzó a bombear. Seguía oyendo los gemidos de Jennifer y esta vez los mío se unían a los suyos.

    Cada bombeo hacía llegar más profundo su pene, hasta el punto que comencé a sentir cómo su glande besaba mi cérvix. Al hacerlo, comencé a gemir más fuerte y a estirar cada músculo de mi cuerpo.

    Alexis me miraba fijamente, yo le correspondía la mirada pero también observaba mi alrededor con ese pequeño bamboleo que causaba cada una de sus embestidas. Estaba completamente a su merced. Comenzó a apretar mis senos, pellizcaba mis pezones a lo que yo gemía cada vez más fuerte. Embestía más rápido y más fuerte, yo comenzaba a perder el sentido del tiempo, no podía más que hacer puños con mis manos. Después disminuyó le bombeo, al mismo tiempo separó un poco mis piernas de sus hombros y quitó mis tacones.

    Al hacerlo instintivamente los puse sobre sus clavículas, intentaba empujarla, pero se dio cuenta y comenzó a echar todo el peso de su cuerpo sobre mí. Inmediatamente comenzó a bombear de nuevo. Agarraba mis piernas para impulsarse, los besos de su glande a mi cérvix eran muy placenteros.

    Pude ver por unos momentos cómo Mónica tenía a Jennifer de pie, ella seguía con los brazos atados en la espalda, mientras Mónica le agarraba un hombro y la pierna izquierda que tenía levantada. Estaban frente a frente, Mónica bombeaba y hacía dar pequeños saltos a Jennifer, gracias a la altura de Mónica y a la altura añadida por sus tacones, después de varias embestidas el zapato de Jennifer cayó al suelo y ella movía el pie inconscientemente en círculos, también estiraba y apretaba sus enfundados pies.

    Mientras, Alexis seguía penetrándome, pero ya sus embestidas habían disminuido de fuerza, de pronto la oí gruñir un poco y de inmediato sacó su pene, lo dirigió a mi pierna derecha y comenzó a eyacular. Su semen caliente caía y mojaba lo que ahora eran medias y no pantimedias.

    Vi sus gestos y después se alejó un poco de mí. Estaba un poco decepcionada, Alexis llegó a su clímax, pero a mí me hacía falta todavía más para poder disfrutar de esa hermosa sensación. Mónica se detuvo al ver a Alexis alejarse, se alejó de Jennifer también, pero después la volteó y le desató las manos, la agarró de un brazo y la llevó a la otra oficina. Alexis hizo lo mismo conmigo, y nos fuimos a sentar al sillón, donde Mónica y Jennifer ya se estaban poniendo en posición.

    Jennifer estaba un poco recostada en el sillón, con las abiertas y Mónica se disponía a penetrarla. Alexis en cambio, se sentó y se colocaba un condón, después me hizo ademán con las manos para sentarme en su pene.

    Así lo hice, teniendo cuidado de no estorbar a Mónica y Jennifer, lo hice de dando la espalda a Alexis, quien me ayudó a mantener el equilibrio, al fin pude acomodarme, tenía los pies un poco en la orilla, apretándolos para intentar sujetar la orilla del sillón con mis dedos, puse mis manos en los muslos de Alexis, sintiendo la suave tela de sus medias. Me senté poco a poco, sintiendo ese pene caliente y palpitante entrar.

    Comencé a moverme de arriba abajo, primero lentamente, acostumbrándome de nuevo a tener ese pene dentro de mí. Volteé a ver a Jennifer y Mónica. Jennifer se agarraba del respaldo como podía, Mónica se acomodó de tal manera que tenía la pierna izquierda apoyada en el piso y la derecha arriba en el sillón. Movía sus caderas penetrando a Jennifer, quien sólo gemía.

    Sin darme cuenta, ya había aumentado mi ritmo, subía y bajaba mi culo y Alexis intentaba seguirme el ritmo, mientras yo subía, ella intentaba bajar y cuando yo bajaba ella subía su cadera permitiendo a su pene besar mi cérvix de nuevo. Así estuvimos varios minutos, y gracias a esa posición pude tener el control. Sentía muy rico cuando Alexis encajaba su pene, me incorporé un poco, hice mi espalda para atrás e inconscientemente movía mis caderas en forma circular, haciendo que el pene de Alexis estimulara más mi cérvix.

    Gracias a ese movimiento al fin podía sentir que el gran momento se acercaba, movía mi cadera intermitentemente, subía y bajaba y cuando sentía el pene de Alexis en lo más profundo, movía mi cadera circularmente. Mientras, Mónica abría más las piernas de Jennifer agarrándolas por los tobillos.

    Al fin el momento esperado había llegado. De tanto moverme, había logrado estimularme lo suficiente. Comencé a bajar mi ritmo, esa sensación como de orinar me invadía, pero no era orina, de nuevo me incliné y puse las manos en las piernas de Alexis, las apreté y mis uñas le rasgaron un poco las medias. Me seguía moviendo poco a poco. Al fin el orgasmo había llegado, apreté más mis dedos tanto de las manos como de los pies, gemí fuerte y solté un pequeño grito. Mónica y Jennifer voltearon a verme y sonrieron. Quedé sentada en el regazo de Alexis, quien comenzó a acariciar mi cuerpo.

    —¿Te gustó esta experiencia, Adelita? —dijo Jennifer de pronto, que ya se estaba incorporando de nuevo.

    Suspiré y comencé a tomar aire de nuevo.

    —Sí… —Fue lo único que pude decir.

    —Qué bueno, espero que mis sumisos, a quienes me costó trabajo de convencer para que nos dominaran hoy, te hayan complacido.

    —Bueno… Aún me falta probar a Mónica.

    Mientras decía eso, Mónica sonreía. Alexis soltó una pequeña risa.

    —Y lo harás querida, por ahora ya es casi hora de almorzar, debemos recuperar fuerza para la tarde. Te apuesto a que no abres la puerta así como estás cuando traigan el almuerzo.

    —¿Qué ofreces? —Le respondí con una enorme sonrisa mientras me levantaba y subía las medias rotas hasta mis muslos.

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  • Noche de bodas muy deseada (1)

    Noche de bodas muy deseada (1)

    —¿Qué quieres qué?

    —Por favor, Irina, trata de entender que me hace mucha ilusión… apenas serán tres meses… por favor…

    No podía creer lo que me estaba pidiendo… Oli y yo por fin íbamos a casarnos, llevábamos algo más de medio año viviendo juntos, teníamos fecha para casi cuatro meses más tarde, y ahora me salía con que, desde ahora hasta la boda, no deseaba que siguiéramos viviendo juntos ni teniendo sexo…

    —Pero… pero, ¿por qué? No lo comprendo… vamos a casarnos, ¿y no quieres vivir conmigo…? Oli, ¿no estás seguro de lo que sientes por mí…?

    Oli me sonrió con esa sonrisa suya tan tierna y me cogió la mano sobre la mesa del restaurante en el que cenábamos.

    —Claro que estoy seguro. Te adoro. Pero… Irina, tú has sido la primera y la única mujer en mi vida, tú me has hecho un hombre… pero no he tenido tiempo de enamorarme, de desearte… sólo nos vimos tres veces y me hiciste el amor, y fue maravilloso… pero ahora vamos a casarnos, y quiero que nuestra noche de bodas sea algo muy especial… quiero que los dos lo deseemos, que sea algo mágico, algo muy—muy ansiado… me gustaría que fuera una “segunda primera vez”… algo que recordemos siempre. Si estamos acostumbrados a dormir juntos y hacer el amor todas las noches, ¿qué tendrá de especial nuestra noche de bodas…? Por favor…

    Cuando ponía esa vocecita tan dulce y esos ojitos de cordero degollado, era imposible negarle nada… pero iba a sufrir tanto sin él durante todo ese tiempo…

    —Y voy a tener que verte cada vez que vaya a la biblioteca de la Universidad, y seguiremos quedando…

    —Claro que sí —me apretó las manos— quedaremos todos los días, vendrás a mi casa, o yo iré a la tuya, o quedaremos en el pub donde nos conocimos… nos veremos todos los días.

    —A eso me refiero… voy a tener que verte sabiendo que eres intocable… va a ser muy duro…

    —Lo sé… también va a serlo para mí, pero te garantizo que valdrá la pena… yo te esperé a ti treinta y tres años, y ha valido la pena. Ahora quiero darle… un poco de expectación a un momento especial. Llámalo… una pequeña fantasía masculina.

    La cena terminó, y esa misma noche me dejó en mi casa… y él se fue a la suya. Hasta entonces, habíamos vivido por temporadas en la suya y la mía, y teníamos un montón de ropa y cosas propias en la casa del otro. Qué nostalgia sentí al ver en la cesta de la ropa sucia prendas suyas, sus zapatillas junto al sofá, su camiseta con la que dormía detrás de la puerta de mi alcoba, su crema de afeitar en el baño… “Dios mío, ¿es esto lo que se siente cuando alguien te deja,… o alguien se muere?”.

    Nunca en mi vida me había dejado de nadie, porque no había tenido relaciones sentimentales dignas de tal nombre, sólo diversiones, aventuras y me había sentido a gusto así… pero recordaba bien cuándo me padre había fallecido siendo yo adolescente, y la tristeza no había sido tanto en el velatorio o en el funeral, como al regresar a casa y ver sus cosas en ella, el olor que todavía se notaba, y saber que nunca más… Mis ojos estaban empañados y me acosté llorando. Sólo esperaba que aquello realmente valiera la pena para Oli, porque yo me sentía destrozada. Era la primera vez que me enamoraba seriamente y dolía mucho más de lo que jamás hubiera podido imaginar.

    A la mañana siguiente, mi cama estaba fría y vacía. Me faltaba mi Oli despertándose con su erección matutina y su sentirse violento porque esto le sucediera, su tiempo ocupando el cuarto de baño para ducharse, afeitarse, retocarse, higienizarse y empaparse en colonia hasta la exageración, sus intentos de tomar la temperatura de las tostadas del desayuno, cuando no el llevar la cuenta exacta de las galletas que se echaba en la leche, o medir en el vaso milimetrado la cantidad de cereales, sus infinitas manías,… pero sobre todo, me faltaba su calor, su cariño, su ternura… “¿y me esperan casi cuatro meses así…? No podré aguantarlo” Pensé mientras salía en mi coche camino al Instituto donde impartía mis clases de Lengua y Literatura.

    Afortunadamente, soy bastante rígida como profesora, y no me permito distracciones en mi trabajo, pero cuando a mediodía caí en que tenía que devolver un libro a la biblioteca de la Universidad, mi corazón botó en mi pecho, ¡iba a verle!

    Caminando hacia la biblioteca, entendí por primera vez qué quería decir Oli con “algo muy deseado por los dos… algo muy—muy ansiado…” Se refería a esto precisamente, a que los dos sintiéramos nostalgia el uno del otro por estar separados y mariposas en el estómago ante la idea de vernos, aunque fuese por un momento… es cierto que el dolor era inmenso… ¡pero la alegría y la emoción, también lo eran!

    Entré en la biblioteca de la Universidad, que está casi al lado de mi Instituto, y allí, tras el mostrador, colocando manualmente fichas de libros, absorto en sus tareas administrativas, estaba mi Oli… el bibliotecario jefe. Me acerqué silenciosamente, pero apenas había dado un paso, cuando él ya había levantado la cara y me sonreía abiertamente… era indudable que él también me echaba mucho de menos, porque siempre había sido muy discreto en lo que se refiere a exteriorizar nuestra relación en el trabajo; le daba muchísima vergüenza que nadie se enterase, y temía que hubiera murmullos o que él mismo pudiera distraerse, sin embargo, esa sonrisa era una declaración por megáfono de lo que sentía por mí.

    Silenciosamente, dejé el libro en el mostrador. La biblioteca estaba desierta, y por un perverso instante, admito que imaginé a Oli encajonándome contra una de las estanterías y poseyéndome salvajemente contra ella, ahogando los gritos de pasión, él tan sólo con el pantalón abierto, yo con las bragas en un tobillo y la blusa desabrochada, mis pechos botando a cada embestida… tuve que ponerme freno, estaba empezando a mojarme y mi respiración se aceleraba.

    —Me alegro mucho de verte… —susurró, nervioso— ¿cómo lo estás llevando?

    —Fatal… —admití, también en un susurro—… pero tenías razón en que desde luego, vamos a desearlo muchísimo…

    Oli sonrió con un poco de picardía y mis piernas temblaron al verle esa expresión… actualizó el programa de devoluciones con la que acababa de hacer, para que el libro volviera al estado de “disponible” y lo dejó a un lado para seguir hablando conmigo.

    —He de irme ya, tengo clase en un cuarto de hora… ¿puedo besarte? —musité, casi suplicando.

    Oli sonrió y miró a un lado y a otro y luego consultó su reloj… no había nadie en la biblioteca, su ayudante había salido a comer y no volvería al menos, hasta dentro de cincuenta minutos, era mediodía y todos los estudiantes estaban o bien en clase o bien camino de las cafeterías, sino estaban ya en ellas, y tampoco era época de exámenes… no había peligro de que apareciese nadie por la puerta…

    —Uno cortito —consintió, y se acercó a mí, cerrando los ojos.

    Sintiendo que me derretía de impaciencia, acerqué mis manos a su cuello, le abracé y lentamente, sin acabar de cerrar los ojos, posé mis labios sobre los suyos… su boca cálida me supo a gloria… muy lentamente cabeceé, y mi lengua acarició sus labios, Oli abrió desmesuradamente los ojos al sentir que aquello, distaba mucho de un “beso cortito”, pero su boca le traicionó, y sus labios se entreabrieron un milímetro… y mi lengua rebasó esa frontera, introduciéndose lentamente en su boca, acariciando dulcemente sus dientes, y al tocar su lengua, un gemido se escapó del pecho de ambos…

    Las manos de Oli me apresaron por la espalda, para apretarme más contra él, y su lengua me devolvió las caricias… mis manos acariciaban su nuca, su cuello, sabía que eso le encantaba… Oli intentó emitir un gemido de protesta, pero éste se convirtió en un gemido de derrota cuando mi lengua hizo cosquillas en su paladar y una de mis manos acarició su cara y sus párpados… la lengua de Oli lamía la mía, mi sexo era una cascada, sus manos estaban iniciando una tímida bajada hacia mi trasero… y entonces el chasquido de la puerta nos hizo saltar a ambos y nos retiramos apresuradamente el uno del otro, con el corazón desbocado.

    —Buenos días, señor Oliverio —Era uno de los profesores de la Universidad, uno de los más antiguos, sólo ellos le llaman por el nombre completo, en lugar de decirle “Oliver”— Venía a dejar este libro.

    El catedrático me saludó gravemente con un gesto de cabeza, afortunadamente no parecía haberse dado cuenta de nada… musité un “hasta luego” y empecé a irme, cuando…

    —Señor Oliverio… ¿usa usted brillo de labios…? —un mazazo que me hubieran dado en la cabeza, no me hubiera aturdido tanto. Se hizo un silencio de piedra durante un par de tensos segundos…

    —Se me cortan…. Muy a menudo —logró decir Oli, manteniendo rostro inexpresivo y sin eludir la mirada— Y… duele. Sobre todo cuando me río.

    —Vaya, y nadie diría que usted sea una persona que se ríe mucho… —bromeó el catedrático, porque Oli suele ser bastante poco expresivo, por su timidez, pero de todos modos, encantado con su propia broma, dejó el libro y se marchó. Oli me dedicó una mirada casi asesina, pero yo no pude evitar sonreír… el evitar que nos descubrieran, no sólo tenía su morbo, sino que también era parte de vivir separados y aguantar sin sexo…

    Los días fueron pasando, y los primeros fueron los peores, los más duros… pasadas un par de semanas, me fui acostumbrando a dormir sola. No era agradable, desde luego, pero al menos, no era tan horrible como la primera noche. Me fui acostumbrando por igual a vernos sólo en el trabajo y cuando quedábamos; hablábamos por teléfono todos los días, con frecuencia durante varias horas… no pocas veces le propuse tener sexo telefónico, pero se negó tajantemente, teníamos que aguantar.

    Me parecía que el tiempo no pasaba nunca… llegué a detestar los fines de semana, porque aunque le veía más, no tenía nada que me distrajera cuando él no estaba, en cambio que entre semana tenía que preparar mis clases, corregir ejercicios, poner exámenes y evaluarlos, preparar actividades, leer, repasar… Los sábados por la noche eran criminales, cuando me dejaba en casa, me parecía que se me caía encima el mundo… ¡y lo peor, es que Oli parecía tan fresco, como si aquello no le afectase lo más mínimo! ¿Acaso no me quería, acaso le daba igual todo…?

    —¡Desde luego que no me da igual y claro que te quiero…! —me contestó, casi dolido, cuando se lo pregunté— Lo único que pasa es que yo tengo más experiencia que tú en estar solo, pero eso no implica que no lo pase mal o que no te eche de menos…

    Era un alivio saberlo, aunque pareciese llevarlo mucho mejor que yo… yo estaba francamente desesperada, le deseaba con toda mi alma… Eso sí, habíamos redescubierto los besos. Puesto que era lo único que Oli se permitía que hiciéramos, con mucha frecuencia pasábamos la tarde entera besándonos.

    Por regla general, esto lo hacíamos en cafeterías o pubs, donde por mucho que quisiéramos, no podíamos desbocarnos… cuando lo hacíamos en su casa o la mía, Oli se parapetaba detrás de un cojín en su entrepierna y una gruesa colcha, que agarraba como un ahogado un salvavidas, para que no pudiéramos tocarnos el cuerpo, sólo abrazarnos… sólo por fastidiarle un poco, me gustaba jugar a meter los brazos bajo la colcha, o colar mis manos por el cuello de su camisa… o llevar las suyas a mis pechos o mis nalgas.

    Aquello lo enloquecía, pero debo decir que tenía una voluntad de hierro, nunca conseguí descontrolarle. Sólo en alguna ocasión empezó a animarse demasiado, pero lo arregló huyendo a la cocina y pasándose hielo por la nuca, la zona que es su punto débil y que yo no cesaba de tentar, pero él aguantaba como un verdadero héroe… llevábamos más de dos meses de abstinencia cuando su necesidad de hielo empezó a hacerse tan frecuente, que cuando quedábamos en casa de alguno de los dos, ya teníamos preparado un cuenco con ellos, para ganar tiempo.

    Yo no lo sabía, pero Oli tampoco lo llevaba tan bien como aparentaba… empecé a notar que me desaparecía ropa, sobre todo jerseys y los picardías que usaba para dormir, y cuando los encontré en su casa, tuvo que admitir que efectivamente él los había cogido.

    —También te voy devolviendo los que tenías aquí… —dijo cómo disculpa— No los he usado para… bueno, para hacer cochinadas, sólo los quería para dormir con ellos… huelen tanto a ti, que así era un poco como tenerte conmigo, y no te echo tanto de menos por las noches… cuando se les gastaba el olor, te los volvía a llevar, y cogía el que estuvieras usando en ese momento para volver a tener tu olor cuando duermo…

    No estaba enfadada porque me cogiese ropa, pero aún en caso de haberlo estado, hubiera sido imposible seguirlo estando tras oírle decir aquello… ¿cómo podía nadie ser tan adorable….? Me lancé a su cuello y le cubrí de besos… y de nuevo, necesitó hielo. Intenté convencerle de que aquello era una tontería, ya habíamos aguantado casi tres meses, ¿por qué esperar dos semanas más? Ya habíamos sufrido suficiente… pero de nuevo se negó. Precisamente porque habíamos llegado hasta aquí, teníamos que aguantar hasta el final… hasta nuestra Noche de Bodas.

    —Verás cuando lleguemos al hotel, y te pase en brazos por la puerta, y la cerremos, y estemos aislados del mundo… Un maravilloso fin de semana para nosotros solos, sin trabajo, sin teléfono… solos tú y yo… y una suite nupcial… si tuvieras que llegar a un banquete maravilloso, ¿preferirías llegar con hambre, o con la tripa llena…?

    Se le iluminaban los ojos pensando en aquello… pero lo cierto es que yo no veía la hora de tenerle entre mis piernas… cada día le deseaba más. Los sueños eróticos, cada vez más explícitos, eran una constante, y las fantasías que inundaban mi mente eran cada vez más salvajes… yo misma estaba empezando a asustarme cuando imaginaba que lo ataba a la cama con cinturones y lo amordazaba con bolas porosas y lo torturaba sexualmente… a veces, imaginaba depilarle con cera, otras, hacerle cosquillas con plumas (tiene la piel muy sensible) y verle retorcerse… oh, sí, aquello de tenerle a mi merced, la idea de hacerle sufrir un poco, me encantaba, me excitaba muchísimo…

    Con frecuencia me masturbaba pensando en aquello, pensando en cómo me suplicaría que parase, en cómo me imploraría piedad… haah… sí, quería que lo hiciera, quería que me suplicara… Oli también empezó a notar ése cambio; yo ya no me lanzaba a besarle los labios, sino que atacaba directamente su cuello, más sensible en el aspecto sexual y que lo traicionaba siempre, produciéndole una erección casi instantánea. En un intento de defenderse, empezó a utilizar jerseys de cuello alto, a pesar de que estábamos en Abril y los días eran cada vez más cálidos.

    Conforme se acercaba la fecha, creía mi exacerbación, estaba convencida de que no aguantaría la semana escasa que quedaba, estaba dispuesta a violar a Oli si hacía falta… empecé a fantasear con echarle Viagra, o algún estimulante poderoso en el Nesquick, y si no me hubiera dado tanto miedo la posibilidad de matarle de un infarto, lo hubiera hecho… cada vez que venía a comer a mi casa, sazonaba todo con pimienta, canela, clavo y todos los supuestos afrodisíacos naturales que había leído… y debió dar resultado.

    Oli me miraba con ansia, decía tener un calor espantoso a pesar de que la temperatura en mi casa era agradable, tenía la camisa desabrochada tres botones (algo totalmente inusual en él, que sólo porque le era incómodo llevar las camisas abrochadas hasta arriba dejaba sólo suelto el primer botón y se pasaba todo el día cerrando la abertura con los dedo), de modo que yo podía ver su pecho velludo, y sudoroso… aquélla tarde, los besos fueron más intensos, las manos de Oli se dirigieron a mis nalgas sin tener yo que guiarlas, me apretaron contra él… pero cuando intenté desabrocharle la camisa por completo, se la agarró, negando con la cabeza, con expresión tímida y asustada…

    No quise dejar de jugar y yo desabroché la mía, dejándole ver mi sostén rojo (le gusta mucho ese color; le recuerda a nuestra primera noche). Devoró la visión por un segundo, y luego desvió la cara, cerrando los ojos y mordiéndose los labios… a pesar de estar cubierto con la colcha, a pesar de llevar los pantalones, el cojín que se ponía en la entrepierna se había deslizado y su erección era apreciable aun así… y potente. Debía incluso dolerle… me recosté sobre él, presionando mis pechos cálidos contra el suyo… aún a través de la camisa, podía notar su calor, su sudor que le quemaba la piel… estaba ardiendo como una plancha metálica recalentada y se ahogaba en su propia respiración jadeante…

    —Oli… —gemí, frotándome contra él, buscando su cuello con mi boca— hazme el amor… no resistas más… te necesito…

    Quería ceder, lo quería de veras, y estuvo a punto de hacerlo… volvió la cara para besarme, con expresión de estar pasando el peor apuro de su vida, y vi una lagrimita de impotencia y desesperación deslizarse por su cara.

    —Piedad… —musitó con su vocecita nasal— ten piedad de mí… por favor… —quise gritar de rabia… ¡estaba irresistible suplicando así…pero no iba a poder aprovecharme de él, no si lo pedía con esa carita!— tres días… sólo… sólo faltan tres días, Irina… —sus caderas daban convulsiones, buscando inconscientemente mi calor, mientras él trataba de frenarlas— ten… ten compasión de mí… —Oli crispó los puños sobre la colcha y la mordió a dentelladas, dando rugidos— ten piedad… de este pobre bibliotecario, ¡que daría hasta su alma por llenarte la cara de esperma!

    Se puso colorado como un tomate y supe que debía estar tan excitado como yo misma, si no más, porque Oli nunca dice cosas de semejante calibre… Casi me dio pena haberle puesto de aquella manera, y por más que me fastidiase su fortaleza de carácter, no puedo negar que me hizo sentir admirada su decisión y su voluntad… si bien cuando se marchó, me masturbé ferozmente en el mismo sofá donde habíamos estado besándonos, recordando su carita de desamparo, sus ojitos suplicantes, su vocecita de ruego tan dulce… “¡Mira lo que hago!” pensaba, mientras me metía dos dedos hasta los nudillos y me apretaba los pechos con la mano libre “¡Mírame, Oli… aaaah… mira cómo me doy placer pensando en ti!”

    Nunca dos días se me hicieron tan terriblemente largos. Al día siguiente, cuando fui a verle a la biblioteca, Oli no sabía ni dónde meterse. Aunque hubiera logrado ser fuerte, había estado a puntito de ceder, y lo que para él era indefiniblemente peor, había dicho algo que él consideraba una grosería. A pesar de que no teníamos mucho tiempo y que en la biblioteca había varias personas, le dije que no se preocupara por aquello… y que a mí incluso me gustaría si lo hiciera. Oli rio nerviosamente y con timidez, y a pesar de la gente, aceptó darme un besito para despedirnos…

    Esta vez, sí fue cortito, aunque al separarnos nos miramos a los ojos y no pudimos resistir besarnos una segunda vez, y Oli aguantó a pie firme las risitas y murmullos entre los estudiantes presentes; a fin de cuentas, pasado mañana era el gran día… Y hasta los bibliotecarios y los profesores son humanos y se enamoran.

    El día anterior a la boda, decidimos sólo hablar por teléfono, no vernos… Oli tenía demasiado miedo de caer, a sólo unas horas de haberlo logrado. Había estado demasiado cerca la última vez que cenamos juntos, el día anterior no había sido capaz de resistir el darme un único beso… y no quería arriesgarse. Eso efectivamente, le salvó… pero no le salvaría de lo que iba a suceder mañana.

    Continuará.

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  • La culpa la tienes tú (2): Después de la pillada

    La culpa la tienes tú (2): Después de la pillada

    No le di más vueltas al asunto. Lo importante era que esos terribles escenarios que me había imaginado con angustia se habían esfumado con las palabras de mi tía Lau. No tenía que irme de allí ni tampoco ya parecía especialmente molesta u ofendida o al menos no a la escala que yo lo había imaginado. De todos modos, un incómodo sentimiento de vergüenza aleteaba encima de mi cabeza.

    Pasaron los días. Unos pocos. Tal vez cuatro o cinco en los que no me hice pajas. Por miedo, vergüenza, desanimo, culpa. No sé por cual razón. Quizás por una combinación de un poco de todas. Pero eso no funciona así. La naturaleza y la dopamina son muy fuertes. Tremendamente fuertes como para pretender inútilmente enfrentarlas o ignorarlas. Nuevamente caí en la tentación. Cada vez en mi privacidad, estando solo en el apartamento, era difícil no volcarme a la zona de labores, destapar el cesto y tomar entre mis manos las prendas íntimas de mi tía Lau.

    Sencillamente, ahora debía yo tener más cuidado. Solo tomaba una a la vez, el cesto lo dejaba abierto y me pajeaba de pie justo allí, al lado de la lavadora y no completamente desnudo para deshacer la escena al mínimo ruido percibido. Así no corría riesgo de que Adolfito o mi tía Lau me pillaran. Estudiaba bien cómo y encima de que pieza estaba la prenda que tomaba para volverla a colocar allí, justo después de gozar de la eyaculación.

    Así pasaron varias semanas. Mis pajas cotidianas aspirando olores vaginales arrancados de los calzones sucios de tía Lau volvieron a hacer parte del placer diario. Mi relación con ella con los días fue volviendo lentamente a la normalidad, amable, tranquila sin tanto dialogo, pero con un aprecio que estaba a la vista. Sobre todo, porque Adolfito fue mejorando sustancialmente sus calificaciones en matemáticas gracias a mi ayuda. Parecía que después de ese percance, había podido encontrar un equilibrio entre el respeto a mi tía, mi buen comportamiento y mis impulsos sexuales materializados en pajas intensas bien aliñadas con sus bragas usadas.

    Extrañamente, en mi cabeza, no pululaban casi pensamientos incestuosos con mi tía Lau. A pesar de que sus olores nutrían poderosamente mis pajas, siempre al masturbarme, yo imaginaba escenas con otras mujeres de mi entorno pueblerino o incluso de mi nuevo entorno universitario. Pensaba mucho en las tetas de Clara, una chica de la universidad que hacía la pasantía conmigo. Era chiquita, bonita, algo gordita, bien culona y tetona. Me producía un erotismo fuerte.

    Pasaron varias semanas, hasta que llegó el cumpleaños de mi tía. Iba a cumplir cuarenta y cuatro años. Yo, con poco dinero, no podía regalarle gran cosa. Sin embargo, se me ocurrió una idea. Regalarle un arreglo floral. Un detalle un poco cursi, pero bueno, detalle al fin de cuentas. Unas flores de agradecimiento, no de enamorado claro está.

    Sabía que le gustaban mucho las flores porque la escuché comentarlo con amigas de ella con las que a veces hablaba telefónicamente. Justamente, Clara, la chica de la universidad con quien había hecho algo de amistad, tenía un tío cuyo negocio era una floristería, en donde ella trabajaba los sábados. Le comenté que yo quería regalarle un arreglo de flores a mi tía para ver que podía recomendarme a bajo costo.

    Clara no solo me dijo que ella si podía ayudarme, sino que era una buena idea. Me consiguió un tremendo arreglo de flores, de esos super caros, a precio de huevo. Lo hizo con retales de flores que van quedando y con vasijas de vidrio que, por tener un mínimo defecto, normalmente se desechan. Yo solo tenía que pagar por el envío prácticamente.

    Para celebrar su cumpleaños, ese viernes mi tía Lau, había invitado al apartamento a tres amigas colegas del trabajo. Todas más o menos de su edad. A una de ellas, ya antes yo la había conocido y las otras dos las conocía por referencia cuando mi tía de vez en cuando las mencionaba en conversaciones o comentarios. Eran bastantes amigas entre sí y para mi tía, mujer sola, tan lejos de su tierra natal y de su familia sanguínea, esas amigas eran casi como su familia.

    Yo la ayudé mucho a limpiar y a atenderlas, a servir comida y hasta bebidas. María, la más gorda, tomaba cervezas, Carla la de apariencia mayor y Jimena, la más bonita, tomaban aguardiente. Mi tía también se unía a éstas dos últimas bebiendo trago corto. Hablaban, se reían, charlaban y chismoseaban a todos los otros colegas de su trabajo. Yo saqué mis mejores galas para atenderlas como un buen barman, aunque también bebía cerveza con algo de moderación.

    Las flores llegaron a eso de las siete de la noche como una sorpresa para mi tía. Me dio algo de vergüenza cuando ese enorme ramo de flores blancas, amarillas y moradas entraron por la puerta. Era sorprendentemente más grande de lo que yo me imaginaba cuando Clara me lo describió. Me puse rojo. Mi tía asombrada, no podía creerlo. No se lo esperaba y no tenía la más mínima sospecha de quien podía haber enviado semejante detalle.

    Las otras mujeres, sorprendidas, con ojos atónitos y expresiones eufóricas en sus rostros, expresaron esa envidia amigable y emocionante típica de drama femenino. Un aroma floral invadió la salita. Ellas, hasta le hacían bromas a mi tía, inventando que debía haber algún un enamorado tapado del cual ella no quería contarles.

    El momento crucial llegó cuando tía Lau tomó la tarjeta después de acomodar el ramo de flores en la mesa de centro de los muebles. Todas quedaron en silencio, en ese suspenso de final de película de enamorados tontos. Mi tía leyó sin hablar. Todas expectantes miraban desesperadas a mi tía leer y ver como sus pupilas expresaban asombro y regocijo a la vez. Yo me sentía algo incómodo, allí, de pie frente a ellas cuatro. Parecían cuatro adolescentes.

    Yo no esperaba tampoco que el ramo llegara en ese momento, sino mucho antes de que las invitadas llegaran. Mi tía alzó la mirada para buscar la mía. Sonreí con gracia, vergüenza, regocijo. Ella se balanceó hacía mí, me dio un abrazo fuerte, un beso bien estampado en la mejilla derecha y me dijo “Ay gracias, sobrino lindo”

    Todas me miraron con rostros de emoción de telenovela. Me abrumaron.

    -¡Ah! Con un sobrino así en casa, pues, hasta corre peligro conmigo ja, ja, ja –dijo la gorda María con actitud algo vulgar. Me sonrojé.

    -Ya sabes nene. A donde María no vayas porque corres peligro. Es una loca enferma ja, ja –agregó Jimena con jocosidad.

    Carla, la que parecía más discreta de todas, me dio un abrazo y me dijo. Que lindo detalles. Tu tía lo necesitaba. Ella te aprecia mucho. No los dice a cada rato en el trabajo. Ya entiendo bien porqué.

    Todos esos cumplidos me hacían sonrojar y sentir algo de vergüenza y regocijo al mismo tiempo.

    Después de la euforia que causó el ramo de flores, los tragos de alcohol continuaron con algo menos de moderación. Jimena, que estaba quizás un poco borracha me sacó a bailar una vieja bachata que sonaba en la radio. Alzó el volumen y yo bailé con ella. Olía rico su perfume. Su cuerpo delgado y bonito se acopló con el mío. Todas se sorprendieron de mi manera de bailar. Siempre se me hizo fácil el baile. Hasta mi tía Lau quedó sorprendida y aplaudieron cuando la pieza acabó. Me sentía el centro de atención de esas señoras mayores con mucho sonrojo.

    La primera en despedirse fue Clara cuando su marido vino a buscarla en su auto. Al poco rato, ya pasadas las once de la noche, Jimena se marchó en un taxi, no sin antes bailar otra pieza conmigo. Finalmente, María, también bailó conmigo un poco torpemente de lo borracha y después su hermana pasó a buscarla. Era poco más de medianoche.

    Yo me apuré a recoger el desorden de platos y botellas que estaban regados por la sala. Me dispuse a ordenar un poco la cocina y botar cosas en la cesta de la basura. La música sonaba. Estaba yo de pie frente al fregadero de la cocina, sentí que un par de brazos delgados me abrazaron desde atrás. Mi tía reclinó su cabeza contra mi espalda y me dijo -¡Qué bonito detalle! Gracias. ¡Que lindo!

    Me giré. Le correspondí el abrazo con respeto. Sentí el tufo de aguardiente en su respiración. Su abrazo fue intenso. Nunca había sentido un abrazo de ella así de cerca, fuerte y caluroso. Un cosquilleo recorrió mi cuerpo. No necesariamente de morbo en ese momento.

    Ella me haló y me pidió que bailara con ella. Era una salsa lenta, de esas románticas que a ella le gustaban. Bailamos despacio. El abrazo se hizo intenso y sentí cierta seducción en su forma resuelta de bailar. Me daba algo de vueltas la cabeza a pesar de que yo no había bebido mucho. Mi tía Lau, aunque no estaba tan borracha como Jimena, parecía de todos modos bastante entonada. Sus pechos grandes contra mi cuerpo se sentían suaves y cálidos. Terminamos la pieza. Ella se separó sonriente y me dijo que tenía que ir a hacer chichi. Yo volví a la cocina a terminar lo que estaba haciendo.

    Otra vez mi tía regresó. Me haló por el brazo con un aire de mujer contenta de embriaguez y por su cumpleaños. Tenía un vestido color vinotinto, lizo y sencillo, de una sola pieza, con escote en forma de v y algo volado que le cubría hasta un poco por encima de sus rodillas. Sus senos voluminosos se asomaban sin vulgaridad. Lucía agraciada con el pelo tocado y sus labios pintados de rojo carmesí. Traía una mano escondida detrás de su espalda y me dijo –Ven, siéntate ahí –señalándome una de las sillas de la mesa de comedor contigua a la cocina.

    Me senté y me puso intrigado al verla con un rostro pícaro, su mano derecha la escondía detrás de su espalda, como tramando algo. Sonreí mirándola allí de pie frente a mí. Me pidió que cerrara los ojos. Lo hice, pero no se fiaba de ello así que se dispuso detrás de la silla y con la mano desocupada cubrió mis ojos y me dijo que me tenía una sorpresa y no se valía abrir los ojos ni tocar nada con mis manos. Me puse más intrigado todavía. Mi tía no solía ser juguetona, pero entendía que algo borracha estaba.

    -Huele este perfume. Sin tocar por favor –me dijo.

    Olí. Al inicio no sentí nada. Ella acercó su mano aún más hacía mis narices. Olí, aspiraba y un olor familiar, muy familiar comenzó a penetrar mis fosas nasales. Era, era un olor a todo, menos a perfume, era ese olor que me activaba. Por varios momentos pensé que lo estaba imaginando, pero no. El olor se hacía vivo y penetrante. ¿Era ese olor? No. No podía ser. Olía a, a, cuerpo sucio, a sexo, a vagina. No. No era posible eso. O era una broma pesada quizás. Mi tía no es de bromas. Lo debía estar imaginando.

    -¿Te gusta el perfume?

    -Tía, ¿perfume?, huele a otra cosa –respondí ingenuamente

    -¿Te gusta o no?

    -Ay, tía –yo no sabía que responder. Me sentía todo confundido. Inseguro de mis sensaciones.

    -Ay, Miguel, ya veo que no te gustó mi sorpresa –me dijo con tono de decepción sin destapar mis ojos.

    -Tía, si, si, es que… huele a… -me daba vergüenza decirlo. No podía creer que mi tía me estaba haciendo oler algo con aroma a sexo que yo no podía mirar porque tenía los ojos tapados.

    -¿A qué? ¿A qué huele?

    -Tía, huele como a zona íntima de mujer.

    -Ja, como conoces de bien ese olor, ¿te gusta o no?

    Respondí con un sí, breve y miedoso, aunque claro. Por fin mi tía destapó mis ojos, pero puso de un tajo su mano en mis narices. Sentí la textura de una tela sedosa y olor se hizo aún más fuerte. Olía a sexo puro. Pude ver entonces incrédulo que mi propia tía estaba restregando por mi cara una prenda de mujer con un penetrante olor a sexo. Me sentí abrumado y contrariado. No sabía si sonreír, reír, quedarme serio, hablar o no hablar.

    -Yo sé que este olor te gusta. No sientas vergüenza. Relájate.

    -Ay, tía, pero, pero ¿y eso? –apenas lograba medio articular palabras frente a la gestualidad pícara de una tía que normalmente es seria y recatada.

    -Me la acabo de quitar. Tiene los olores frescos de ahora mismo –me dijo al oído.

    -Tía, ay, tía, pero, pero…

    -Huele, huele, huélela –me restregaba suavemente su tanga color rojo por mi cara y mis narices.

    -Te gusta, ¿verdad?, dime que sí te gusta.

    -Sí, sí, tía, sí. Mucho. Lo siento, pero sí me gusta –me confesé confundido aún.

    -Shhh –habla pacito. Adolfito está dormido -después me dijo con voz muy baja y seductora otra vez al oído:

    -Quiero verte otra vez como aquel día.

    -¿Verme? ¿Qué día? –todo me daba vueltas en la cabeza. Honestamente no entendía nada a pesar de lo obvio. Estaba vuelto un ocho entre morbo, sorpresa, vergüenza y asombro, desconcierto, susto.

    -Ay, Miguel, ese día, que te pillé en la cama haciéndotela con mi tanga sucia en tu cara –me dio mucha vergüenza al oírla decir eso.

    -Tía, ¿es en serio? –ella se reía con picardía sin emitir carcajadas al verme tan desajustado.

    -Si. Si es en serio. Quiero verte otra vez. No creas que eres el único que sufre de morbo. A uno también le da eso de vez en cuando.

    Yo no dije más nada. Solo intenté digerir incrédulo la cantidad de emociones que semejante situación me generaban. Mi tía Lau, se sentó en la otra silla frente a mí, no sin antes dejar la prenda íntima encima de la mesa, justo en mi puesto como si se tratara de un postre.

    -Anda Miguel, quiero verte. Hazlo como aquella vez –enterneció su voz.

    -Ay, tía, me da, me da vergüenza –me puse colorado.

    -Nada de eso. Muy bien que estabas aquel día. Ándate.

    Tomé con timidez la tanga. Nueva, bella, con encajes. Pude tocar la humedad resbaladiza. Realmente se la acababa de quitar. Olía a gloria. La aspiré suavemente, con algo de recelo. Me daba asombro que ella me estuviera viendo en semejante acto. Me tocaba por encima de mi ropa. Mi pene a pesar de lo tenso y raro de esa circunstancia respondía bien al activante aromático. Me daba rubor la idea de sacármela. Solo me sobaba el bulto por encima. Cerré los ojos momentáneamente y me entregué a los aromas sexuales profundos.

    -Pero, sácala. Quiero ver todo como aquel día.

    -Sí, sí. Tía, pero… pero… ese día… yo, yo creí que estaba usted molesta y hasta ofendida.

    -Miguel, ay, Miguel, que poco conoces a una mujer. ¿Crees que yo dejaría mis calzones sucios en el mismo puesto, si eso me hubiese ofendido? Los sigo dejando ahí, en el cesto, como siempre. Donde los puedas encontrar fácilmente. Me gusta la idea de que te calientes con ellos. Anda y déjame verte otra vez, por favor.

    Todo me quedó claro. Sentí regocijo y asombro. Me bajé mi pantalón y mi calzoncillo a la vez. Volví a sentarme en la silla así, semi desnudo, con mis pantalones abajo hechos un ocho entre mis pantorrillas. No podía creer que yo me estaba desnudando, con una erección potente, frente a ella. Sus ojos eran expectantes, atónitos y con su boca hacía gestos procaces. Me comencé a masturbar despacio. Ella miraba mi rostro, mis gestos y a ratos mi acto de paja. Nos mirábamos fijamente por momentos a los ojos. Los tenía brillantes y más acuosos de lo normal, con sus pupilas dilatadas. Le gustaba lo que veía. Parecía de repente toda una puta, viendo como yo me pajeaba oliendo sus calzones.

    Me fui relajando, me fui sintiendo en confianza poco a poco. Mis jadeos fueron in crescendo. Ella allí, sentada en la silla frente a mí y en silencio, también comenzó a tocarse los muslos y sus piernas las iba abriendo como alas de mariposa. Pero la saya no me permitía ver más allá de dos muslos carnosos que se juntaban y se separaban. Ella no decía una palabra. Solo me miraba embelesada. Parecía disfrutar de todo eso. Mirar mis gestos genuinos de morbosidad le divertía. Se mordisqueaba los labios y se acariciaba sus muslos, su abdomen y sus pechos por encima de su vestido. Yo mantenía el mismo ritmo lento y excitante. Mi glande gordo se asomaba y se escondía entre mi mano derecha y con la izquierda sostenía pegado a mi cara la tanga sucia recién quitada.

    -Sigue, así, así, Miguel -por fin habló, casi en un gemido.

    Yo meneaba mi verga. Ella alzó las piernas en la silla doblando sus rodillas. Puso sus talones al borde de la silla. La saya del vestido se tumbó por gravedad desnudando por completo sus piernas. Pude divisar sus nalgas sin dejar de oler su tanga recién quitada. Abrió sus piernas con un aleteo sinuoso. Su mano derecha tapaba su sexo. Ella meneaba y frotaba sus dedos por su vagina oculta a mi vista solamente por su mano. La escena no podía ser más estimulante para un joven escaso de sexo real como yo. Me costaba creer que todo eso estuviera sucediendo. Pero así era. Todo era real. Mi tía también inició gemidos suaves sin dejar de mirar mi rostro y mi acto pajero.

    La intensidad de todo eso se hizo más patente. Para mi fortuna, ella retiró su mano de su zona vaginal y se acarició sus muslos. Por fin le conocí su vulva, rojiza, carnosa y con vellos púbicos, aunque solo por un breve instante. Bajo después sus piernas y la saya volvió a cubrirlo todo. Se puso de pie. Yo detuve mi paja.

    -Sigue. No pares, hm, sigue por fa.

    Obedecí. Seguí pajeándome allí sentado con su tanga en mi cara todavía. Ella se acercó. Se acomodó de pie detrás de mi silla. La perdí de mi campo visual. Desde atrás su mano retiró la tanga que yo sostenía con mi mano. Restregó sus dedos índice y medio por mis narices. Estaban mojados. Sucios de ella. Sucios de sus jugos íntimos, cálidos acabados de recoger de su gruta húmeda. El olor intenso, pegajoso, invasivo, groseramente morboso. Aspiré como un drogadicto perdido y rastrero. Sus tetas grandes sirvieron de apoyo a mi cabeza que se balanceaba en un éxtasis sin precedentes. El cosquilleo en mi verga era inevitable. Punto de no retorno. Alcancé a decir:

    -Ay, tía-aa ah ahh, hmmm

    -Shhh, baja la voz –alanzó a decirme como con un eco lejano.

    Eyaculé a borbotones ahí sentado y vencido. Mi leche describía parábolas que chocaban con la zona del piso donde poco antes habíamos bailado. Mi tía, desde atrás me abrazo fuerte disfrutando sonriente con cada espasmo que yo daba al eyacular con mi pájaro en total libertad.

    -Hmm, si, que lindo, Miguel. Hm, sí. Te viniste por mí. Te viniste para mí. Que rico, que rico.

    Se reclinó un poco. Extendió su mano y para sorpresa mía. Me agarró la verga. Me masturbaba y acariciaba el falo con suavidad dejando que su mano se ensuciara de los últimos escupitajos de semen que salían ya sin mucha fuerza por la boquilla del glande. Le divertía sentir en su mano las palpitaciones post eyaculatorias del pene. Me miraba con ojos dilatados y desafiantes mordisqueando sus labios, como para que no me quedara ninguna duda de que eso era lo que ella quería ver, hacer y que estaba satisfecha. Yo exhalé el orgasmo.

    Sentí ganas de lanzarme, tocarla, quitarle el vestido, conocerle y comerle las tetas o alzarle le falda y meterle mano a su cuca mojada, lamérsela como perro hambriento. Quería ser yo el atrevido, pero fui mesurado. De todos modos, el respeto estaba allí. Sentado conmigo. Preferí dejar que siguiera siendo ella quien timoneara toda esta locura incestuosa.

    Mi verga se relajó hasta ponerse fláccida. Ella, con actitud de autoridad me hizo un gesto para que yo volviera a subirme mis pantalones y tapar mi desnudez. Lo hice. Entonces. Ella se me sentó en el regazo, con sus piernas abiertas, frente a mí, en esa pose tan fantaseada, como si estuviéramos copulando en la silla. Sentí el calor de su cuca desnuda justo encima del calor de mi verga ya medio dormida. Me abrazó. Pensé que me iba a besar. Pero no. Solo acercó su rostro peligrosamente al mío. El tufo a ron le salía en su respiración agitada. Ahí noté que ella también estaba alterada sexualmente. Respiramos en silencio varios largos segundos.

    -Ya sé que esto fue loco. No sé qué pienses de mí ahora. Soy tu tía, pero soy mujer también. Perdóname que te haya puesto incómodo con todo esto, pero eres irresistible a veces para una mujer tan sola como yo. La culpa la tienes tú.

    Me dijo cada frase con una precisión de financista. Tomaba un respiro antes de decir cada una. Su tono era de mujer algo tomada, pero bien consciente. Su mirada, esa mirada, con sus ojos grandes acuosos yo los conocía bien. Eran como de mujer enamorada.

    -No muchos hombres son así, Miguel. Juiciosos, lindos, detallistas, colaboradores, respetuosos, disciplinados, siempre limpios y bien vestidos. Eso nos pone loca a muchas por si no lo sabías. Gracias por esas flores tan lindas.

    Me quedé en silencio. Sonrojado otra vez. No era para tanto, pensé. Mirando sus ojos tan cerca a los míos. Oliendo su tufo de tragos y con ganas de estamparle un beso en la boca. Sentía tan rico su cuerpo pequeño, cálido envuelto tan seductoramente en el mío. No me resistí. Me lancé a buscar su boca. Ella retiró su rostro para esquivar mi atrevido intento de robo de beso. Me miró con ironía.

    -Hm, no, no, no. Miguel. Soy tu tía.

    No sabía leer ese juego de seducción. No entendía como una mujer que acababa de terminar de pajearme con su propia mano y darme a oler su dedo sucio de vagina, ahora no me permitía un beso. Un simple beso. Sentí vergüenza. Me daba pena haber cruzado la línea del irrespeto. No quería ofenderla.

    -Tía. Perdón –atiné a decir con torpeza ante su mirada pícara y sonriente.

    Se levantó. Se acomodó su vestido que se había desajustado de su cuerpo. Sonreía como feliz. Medio ebria, satisfecha de haber seducido a un hombre. Yo igual me puse de pie sin estar seguro de qué hacer o no hacer. Aun toda esta locura me daba vueltas en mi cabeza. Ella miró hacia las flores. Caminó hacia ellas y las acomodó bien en la mesita de centro para que lucieran más bellas. Volvió a leer mi nota en la tarjeta. Esta vez en voz alta. Después de leerla y sonreír me dijo:

    -Ven, ven aquí. Dame un abrazo.

    La abrace con ternura. Ella hundió su cabeza en mi pecho. Sentí excitación. Ganas de sexo, pero de sexo carnal esta vez. Deseaba eyacular otra vez, pero dentro de su vagina y comiéndome sus tetas. Hice un esfuerzo para alejar ese deseo. Ella ya no estaba en ese modo. Me dijo otra vez que muchas gracias y que esas flores eran un bello detalle que jamás le habían dado con tanto amor.

    -Miguel. Ni una palabra de todo esto a nadie. Esto que pasó es como un regalo muy secreto que yo te di. Bueno, ya es tarde. Hay que dormir.

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  • Sin querer hice un trío con Zaira y Román

    Sin querer hice un trío con Zaira y Román

    Hola soy Belu. Una chica que disfruto el sexo con chicas y chicos. Tengo la piel blanca, cabello corto oscuro. Senos de buen volumen y un trasero algo grande para mi estatura.

    Un sábado a la noche que me encontraba sola en casa, decidí ir a un local donde únicamente se reúnen mujeres.

    Después de aburrirme bastante, necesité ir al toilette. Allí conocí a Zaira que también había ido sola. Es una mujer alta, de piel trigueña y cuerpo muy bien proporcionado. Me dijo que le gustan las chicas blancas y menudas y que también le agradan los hombres robustos. Yo me reí al oír su afirmación, pero íntimamente me sentía halagada por ser de piel blanca, entonces le dije ―Tengo amigos y amigas. He tenido lindos encuentros nudistas en los que terminé siendo bien atendida. Se río Zaira.

    Continuamos hablando sobre gustos, hasta que me invitó a tomar una copa en la barra y allí nos contamos muchas cosas más. Me dijo que un buen amigo la esperaba en su casa. Me preguntó si había tenido sexo con chicas. Le respondí que únicamente he dormido desnuda abrasada con Vicki, y alguna travesura juntas, sin pasar de eso. Sus manos me acariciaron los hombros y mis brazos descubiertos. Luego una segunda vuelta de copas y fuimos a bailar tomadas de la mano.

    Me agradó su elegancia, la manera de dirigirse a mí y el contacto de su cuerpo cuando nos juntábamos bailando hasta apoyar mis pechos en su estómago.

    Luego de besarnos por primera vez, me dijo que le encantaría que la acompañe a su casa. Si deseaba pasar un buen momento. Respondí que con gusto iría. Zaira sonrió y me abrazó fuertemente. Continúo diciéndome que en su casa estaba Román. Que a él le encanta presenciar los encuentros lésbicos, y a veces pide participar del encuentro. La escuché sin responder, pensando que podría pasar.

    Cuando llegamos a su casa, ya un poco ebrias nos recibió un hombre robusto con barba candado. Un chico con sonrisa ingenua y labios gruesos. Me pareció un buen tipo. Me impresionó, su estatura. Era un gigantón.

    Zaira y Román fueron muy amables, haciendo que me sintiera a gusto con ellos. Ella me miraba con deseo mientras brindamos con Román. Luego tomándome de una mano me condujo a enseñarme su habitación.

    ―¿Te agrada? ―Preguntó señalando su hermosa cama y agregó― Está esperándonos. Luego me indicó el amplio baño, donde juntas nos quitamos la ropa y nos higienizamos.

    Zaira deslizó pausadamente una toalla por mi cuerpo y me dió un beso largo y profundo. Abrazándome hizo que se juntaran nuestros cuerpos desnudos. Mis pechos se apoyaron en su vientre. Ella ejerció presión en mi cabeza para que bajara, indicando que llegará con mis labios a su vulva tan depilada como la mía.

    Dos minutos así, de pie. Luego caímos sobre la mullida cama. Zaira tendida boca arriba, yo sobre ella. Me chupaba los pezones con maestría haciendo que me retorciera de placer. Luego en posición de sesenta y nueve, jalaba los labios de mi vagina como si fuese una perra hambrienta. Yo succionaba los labios carnosos y calientes de su sexo. Mi lengua hostigaba su clítoris crecido y duro, logrando hacerla estremecer. Nos dimos mucho placer y comencé a mojarme. Sus dedos acariciaban mi ano. Esa caricia me enloquece.

    Cuando oí la voz de Román, miré hacia la puerta.

    ―¿Puedo mirar? ―Preguntó. Estaba desnudo de pie acariciando su inmenso pene erecto.

    Zaira, volteo su cabeza para mirarlo y dijo ―Puedes mirar. ―Y volviéndose hacia mí, llenó mi boca con su lengua inquieta.

    Un orgasmo comenzó a gestarse en mi cuerpo y convulsionó cuando cuatro dedos de mi nueva amiga separaban mis labios vaginales.

    Román, meneaba su miembro y lo golpeaba en su mano izquierda, suspirando profundamente.

    ―¿Puedo participar? ―Preguntó en voz baja.

    Sin mirarlo Zaira me dijo al oído ―¿Le permites participar? ―Respondí que sí, que no me molesta.

    Yo estaba sobre Zaira en hermoso sesenta y nueve, de espaldas a él. Ella hizo un ademán e inmediatamente sentí los pelos del pecho de Román apoyados en mi espalda. También su grueso pene tocando los labios de mi vulva y entrando en la boca de Zaira.

    El imponente cuerpo de Román me apretaba sobre Zaira. Pero ella pronto gritó ―¡Me están matando!

    Él se dejó caer hacia un lado. Yo me dejé caer hacia el otro.

    Mi amiga se sentó en la cama y propuso ―Juguemos al caballito sobre la alfombra, a Román le encanta que lo monten.

    Él movió la cabeza afirmativamente y se puso de rodillas. Zaira me indicó que me sentará sobre su ancha espalda poblada de pelos. El roce de la abundante pelambre de su espalda acariciaba la vagina y elevaba mi excitación.

    ―Te paseará una vuelta mientras yo lo estimulo ―Dijo Zaira tirándose al piso y lamiéndole las pelotas desde atrás.

    Terminada la vuelta alrededor del sillón, Zaira se encaramó a su lomo y yo lo estimulé. El miembro de Román hacía movimientos pegándose en su vientre.

    Román se volteó hacia un lado, quedando tendido en la alfombra. Zaira se sentó a horcajadas sobre su amigo que estaba boca arriba en el piso mirando el techo. Ella movía su cuerpo, levantando el trasero y sentándose nuevamente sobre la verga de Román. Sus movimientos fueron cada vez más rápidos y las sentadas más violentas. Él la tomó por las tetas y decían palabras o emitían sonidos que no entendí.

    Ambos con los ojos cerrados.

    Llegaron juntos al orgasmo, gruñendo él y temblando ella.

    Debí recurrir a mis dedos para complacerme mientras los miraba. Zaira volteó su cabeza hacia mí, diciendo: ven preciosa hay para ti también, verdad Román. Me uní acariciando a ambos. Sin pensarlo, lamí la verga de Román cubierta de sus fluidos. El estiró un brazo para llegar con una mano de gigante a llenar mi entrepierna. Acarició mi vulva, perineo y ano abarcando todo en su mano. Presionó un dedo entre mis labios vaginales. Me sentí tan penetrada como si fuese un pene. Suspiré y me movía tocando mis pezones duros.

    Zaira se río. Me abrazo y volteando mi cuerpo boca abajo, lamió mi vagina desde atrás con maestría, también le dio placer a mi ano.

    Román tomo mi mano y la llevó hasta hacerla tocar su pene que ya despertaba nuevamente. Mis dedos no alcanzaban para rodear su circunferencia de su verga. Retiré mí mano rápidamente y Zaira volvió a sentarse sobre él.

    Ella subía y bajaba con violencia su culo sobre la pelvis peluda de Román, gimiendo. Él gruñía y acompañaba su movimiento sujetando sus caderas. Varios minutos estuvieron en un frenético sube y baja. Diciéndose palabras sucias. Y explotaron en un orgasmo conjunto Luego permanecieron quietos unos minutos. Él inmóvil, ella caída sobre su pecho, con las piernas abiertas. Yo podía ver el ano levemente abierto, su vagina roja con sus labios gruesos separados y el tremendo miembro de Román rezumando semen, brillante. Ambos muy mojados por sus fluidos.

    Román fue al baño de visitas, Zaira y yo nos bañamos juntas en el baño principal. Luego tomamos café y nos despedimos con un beso muy húmedo prometiendo vernos pronto.

    Belu

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  • Nuevamente el cubano

    Nuevamente el cubano

    Como ya había comentado antes tuve una fantasía hecha realidad.

    En días pasados le pedí a mi marido que me muestre los videos de aquella noche ya que habíamos estado teniendo relaciones y me pregunto si no me había contactado el negro, le dije que sí, que incluso me había ofrecido dinero para volver a estar conmigo. Me mostro los videos fuimos a un motel y me la pasé de maravilla, me corrí mucho ese día, ya que mi marido es muy puerco y me satisface plenamente.

    Pero siempre queda la fantasía de hacer algo más atrevido, entonces volví a entablar plática con el negro, el tipo la verdad es interesante es educado y como está casado pues solo quiere cumplir su fantasía, me dijo que él pone el motel, me paga y volvemos a estar juntos. Mi marido vio los mensajes ya que todo ke muestro y me dio tremenda clavada la verdad es que es buen amante.

    Así estuve dándole largas hasta que le die que, si vamos a salir, bailamos y me prestas el dinero que dijiste, en realidad él no lo sabe, pero se lo daría gratis, ya que, pese a que amo a mi marido, cuando el cubano me penetra siento otra experiencia, llegamos a un bar y empezamos con unos tragos, algunas cervezas y ya me puse a tono, flojita para volver a sentir la experiencia de tener dos machos para mi solita.

    Traía una falda corta, blusa de botones para que se me vea el culo y las tetas y al cubano se le antoje, me dijo vamos a un motel que tiene escaleras para poder admirarte toda completa, me vuelve loco tu culo y tus piernotas, esas chichotas que te mandas, empezamos a irnos y le dije que maneje mi marido quiero ir detrás contigo, todo ya está consentido porque a los 3 nos gusta lo que pasa, entonces nos subimos atrás y mi marido pregunto a donde les llevo jijiji, empecé a moverme sensual para prender al negro, ya tenía la verga dura como siempre la saco y empecé a subir y bajar su tremendo vergon, le di una buena mamada pero apenas me entra un poco menos de la mitad ya que está muy cabezona y gruesa 24 cm directo de matanzas cuba.

    Llegamos al motel y le pidió permiso a mi marido para grabar con su celular pero que suba solo conmigo, este accedió así que el muy morboso venia detrás mío grabándome el culo y diciéndome guarradas que me ponen los pezones al 100 y la pucha chorreando, literal me la mamo en las escaleras es una descripción que no se puede explicar con palabras, tienes que vivir la experiencia, literal me vine en su boca y ya tenía ganas de que me la entierre así que me dio unas buenas punzadas en la escalera y mis gritos se escuchaban por todo el motel, pero de tanto placer que me brinda su poderosa verga.

    Mi marido se sumó a la fiesta y subió ente los dos me dejaron en pelotas, la verdad es que cuando veo al negro él se sacrifica para que yo los disfrute al máximo así que empecé a mamársela para darle placer y el negro me mamaba el culo, pero me da terror que me reviente el culo pero si me gusta que me lo chupe, y que también es puerco como mi marido, así que así seguimos hasta que lo monte otra vez al negro en el sillón como ya me acostumbre a su verga la verdad es que no dejo nada afuera me la trago completa y le doy unos sentones que lo hago venir, eso paso y me hecho sus mecos en la cara, si le probe tantito, su leche cubana está muy rica ya que se alimenta sanamente y hace ejercicio.

    Me dejo descansar llenamos el jacuzzi y me puse un traje de baño de dos piezas que realmente solo me tapa la panocha y los pezones, así que otra vez me calentó me encanta como me morbosea y como me agarra el culo con sus toscas manos, eso me prende ya que es muy duro, rudo, así que me comió el chocho y yo agarraba su verga con fuerza como diciendo ya quiero que me la entierres toda completa y si se puede hasta con huevos, esta vez me la metió muy despacio y yo correspondí haciéndole perrito para que sepa que cuando lo veo soy su putita.

    Así me la dejó enterrada por un minuto y yo mordiéndole su pinche vergota negra deliciosa, pero como ahí esta incomodo me llevo cargando hasta la cama y me iba dando mis buenas clavadas así hasta que me hizo venir, las piernas me temblaban y me volteo para clavar su boca en mis piernas ya que hasta ahí estaba mi jugo lo absorbió todo me mamo mi sapo hinchado y me volvió a dar tremenda clavada, mi marido no sé cómo aguanta de no participar, bueno si también disfruta verme gozar, me clavo de perrito de misionero.

    De lado, lo monte hasta que me moví de tal manera que lo volví a hacer venir, esta vez sí lo deje deslechado ya no pudo cogerme otra vez, así que le toco a él grabarnos y mi marido me dio tremenda cogida para que vea como me hace gozar también, ya como premio de consolación para el negro le di un mameluco cabrón para sacarle la misera leche que le quedaba.

    Mujeres si tienen la oportunidad de experimentar y complacer a sus machos háganlo, no se van a arrepentir, amo a mi marido y no lo dejaría por nada, pero cuando estoy con el negro me vuelvo su putita personal.

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  • Enamorándome de Dianita (7)

    Enamorándome de Dianita (7)

    Sofia no sabía que estaba pasando, porque esa mujer me estaba besando delante de todos, en eso le llegaron las palabras que Dianita le había dicho “de mí no es que deberías de preocuparte”, ¿será la novia? Se preguntaba Sofia.

    A pesar que a Dianita no le gusto lo del beso de Paula, se alegró que lo hubiese hecho, así me quitaba a Sofia de encima, el problema era que hasta ella tendría que contenerse.

    -¿Por qué te ríes, si tú también te veras afectada con la aparición de la novia de Thiago?, ¿por qué ella es la novia? -le decía Natalia

    -Si es la novia, yo también la estoy apenas conociendo hoy, es muy linda, pero lo que me alegra es ver la cara de tonta de Sofia ja, ja, ja.

    -Bueno podemos decir que ahora ambos están en la misma situación, quieren estar juntos, pero no pueden, por sus aun parejas

    Porque no dijiste que ya habías llegado, hubiese ido a buscarte en la entrada, además estas muy hermosa, Paula vestía unos jeans anchos y pegados en su cintura, que dejaban a la vista su hermoso y formado abdomen, y una blusa blanca que se ajustada perfectamente en sus senos no tanto en su piel, quedaba un espacio que daban ganas de meter las manos y tocar sus perfectas tetas, mangas a los hombros largas hasta el antebrazo, zapatos dorados de tacón no tan altos, un maquillaje que le resaltaba el color azul de sus ojos, su cabello a pesar que es lizo, esta vez lucia unos rizos que se le veían preciosos, se veía perfecta.

    No sabía que ya habías llegado, pensé en llamarte cuando ya estuviéramos ubicados en una mesa, pero la sorpresa me la llevo yo, cuando voy entrando y veo que esa chica te está coqueteando, no te puedo dejar un segundo solo, que todas las mujeres te quieren robar, por eso me vestí así para ti, para que no tengas ojos para nadie más, como me veo, dando una vuelta, aunque tú también estas muy hermoso, me dice.

    Aquí la única que se ve hermosa eres tú, le dije, -ven voy a presentarte a los del grupo, Paula pegada a mí, agarrando mi brazo, hola chicos les presento a Paula, todos me quedaron mirando y dije: -mi novia, disimuladamente miré a Dianita.

    Nuestras miradas se cruzaron y ella levantando su ceja, me queda mirando fijamente, -hola Paula, mucho gusto soy Diana, bienvenida, eres muy hermosa, Natalia notaba la tensión en el ambiente, ya a Cristian lo conoces, -hola Cristian como estas, lo saluda dándole un beso en la mejilla, continue con la presentación, ella es Natalia, y ella es Sofía.

    Cuando digo Sofia, ambas se quedan mirando fijamente, Paula decía en su mente, así que te llamas Sofia, -hola Paula es un gusto conocerte, le dice Sofia, -realmente el gusto es mío, poder conocer a los amigos y amigas de ¡mi novio!, dice mirando fijamente a Sofia.

    -Uy, esta niña es de cuidado, le dice Natalia a Dianita.

    -Me agrada, yo haría lo mismo, dejar claro que es solo mío. -dice Dianita

    -Si, aquí el problema es que se lo está diciendo a la persona equivocada ja, ja, ja. -dice Natalia.

    -¡cállate! Que te va a escuchar ja, ja, ja.

    Vengan hagamos más espacio, así los amigos de Paula pueden compartir con nosotros también, Todo iba bien hasta que Tony dice, -Si Paula porque no te sientas aquí a mi lado, mirándola morbosamente de arriba abajo.

    Paula levanta una ceja y lo queda mirando en semblante serio, y le contesta, -gracias eres muy amable, pero prefiero sentarme al lado de mi hermoso novio y le da la espalda, a todos le causo gracia la forma en que le contesto a Tony, dejándolo en mal lugar.

    Bailamos, tomamos, la estábamos pasando muy bien, todos se comportaban a la altura, Paula cada vez que podía me besaba, para espantar a cualquier chica que quisiera acercarse a mí.

    -No puedo más necesito mandar un mensaje, -le dice Dianita a Natalia.

    -Que es lo vas a hacer Diana, le dice Natalia.

    -Ya lo veras. -le contesta, me queda mirando y se levanta muy seria,

    La verdad me asusté, no sabía que iba hacer, pero la vi caminar muy sensual en dirección del DJ, luego sube a la tarima que estaba diseñada para el karaoke.

    -También canta. -dije

    -Como los dioses. -me dice Natalia

    -Esta mujer es una caja de sorpresas le dije disimuladamente.

    Dianita toma el micrófono y empieza a sonar la canción “amargura” de Karol G, empezó cantar, “Ayer te vi, aparentemente estabas contento, estabas feliz besándola a ella, así como antes me besaba a mí, en parte me alegra que uno de los dos no esté llorando, Ojalá me piense de vez en cuando. Y aunque yo hago como si na’, baby, qué amargura me da, saber que ahora tú estás vacilando con otra, por fuera me río, pero por adentro estoy rota”, cantaba y bailaba muy sensual, realmente lo hacía muy bien, todos la aplaudían, de vez en cuando me miraba disimuladamente y dice esta para ti.

    Tony le dice a Sofia, -lo sabía me está cantando a mí, -en serio no me digas le dice sarcásticamente Sofia, -si alguien le mando una foto a Diana, donde me estoy besando con Amber tu amiga, por eso me canta ja, ja, ja, -ya veo, -le contesta Sofia.

    Pero Sofia sabía que ese mensaje no era para Tony, estaba casi segura que era para mí, veía como me miraba Dianita cuando cantaba, pero me miraba a mí, y me veía molesto, le generaba dudas, realmente le estará cantando a Tony, -se preguntaba.

    En mi mente pensaba, -“pero que hace es en serio que le está cantando a ese imbécil, le afecto tanto ver como Tony besaba a la amiga de Sofia”, realmente estaba molesto tenía celos y ya se estaban empezando a notar.

    -Tranquiliza a tu amigo Cristian. -le dice Natalia

    -Porque lo dices.

    -Está muerto de celos y ya se empiezan a notar, el tonto cree que Diana le está cantando a Tony.

    -¿Y es que no es así?, entonces a quien le canta.

    Verdaderamente que ustedes los hombres son unos tontos, le está cantando a tu amigo, todos en este bar se dieron cuenta a quien le canta, quiere mandarle un mensaje, mi amiga esta locamente enamorada de Thiago, pero él no se da cuenta, los celos lo tienen ciego, hasta Paula se está dando cuenta.

    Todos en el bar le gritaban que la cantara de nuevo, Dianita les dio el gusto, pero les puso una condición la próxima canción una persona del público que ella escogiera tendría que cantar una canción con ella, todos estuvieron de acuerdo y la volvió a cantar.

    Cuando estaba por terminar de cantar, baja de la tarima y bailando sensualmente, hace como si estuviera escogiendo a la persona, mira a Cristian y este le hace señas con la cabeza que no, pero con los ojos le dice que me escoja a mí, Dianita sonríe pícaramente y me señala, todos en el bar empiezan gritar “que suba, que suba”, yo me puse las manos en la cara.

    -No puede ser, pero que le pasa si iba a escoger a Cristian. -pensaba

    -Amor te toco subir, no le vas hacer pasar vergüenza a tu amiga y no subir. -me dice Paula

    -Vergüenza voy a pasar soy yo. -le dije

    -No importa si no sabes cantar de todas formas, te vas haber lindo ja, ja, ja, ja y me besa.

    Me toco levantarme, y subir a la tarima, todos aplaudieron, menos Tony estaba furioso, porque lo escogió a él, ¿acaso la canción no era para mí? Se preguntaba, cuando íbamos subiendo le dije:

    -Pero que haces ibas a escoger a Cristian.

    -Si, pero tu querido amigo me hizo señas que mejor a ti y realmente tú eras mi primera opción, ¿no te gusto la canción que te cante?

    -¿Era para mí?

    -Para quien más tonto.

    -Es que pensé que, mejor olvídalo, -me volvió la sonrisa a el cuerpo.

    Dianita le hace señas al DJ, y pone la canción “Échame la culpa de Luis Fonsi y Demi Lovato”, les dimos un show a la gente del bar, la gente enloquecía con nuestra interpretación y nuestro baile.

    -¿No sabía que Thiago cantaba y bailaba también? -dijo Natalia

    -Por eso fue que le dije a Dianita que lo escogiera a él, sabía que iban a dar un buen espectáculo. -dijo Cristian

    -Entonces tu fuiste quien le dijo a Diana que escogiera a Thiago. -respiro Paula.

    -Si porque la pregunta. -dijo Cristian

    -Nada es solo que pensé, olvídalo estoy viendo cosas donde no las hay, -respondió Paula

    Cristian miro a Natalia y le guiño un ojo, ambos rieron, -acabas de salvar a tu amigo de una grande ja, ja, ja, -y también a tu amiga ja, ja, ja, – sí, pobre chica ja, ja, ja, en serio siempre estas cuidando a tu amigo, -ya te lo había dicho, mientras yo exista a ese hombre no le va a pasar nada.

    La gente del bar nos pedía otra canción, yo hacía con mis manos que no, Dianita solo reía, estaba feliz, me disponía a bajar del escenario, la gente se estaba dando por vencida cuando el dueño del bar nos dice por altavoz, que si cantábamos otra y el show era igual de bueno nos daba 4 cubatas a nuestra mesa regalo de la casa, toda nuestra mesa empezó a gritar “otra, otra, otra”, pero que vendidos son les dije riendo.

    El dueño del bar dijo, pero yo escojo la canción esta vez, viendo la química que teníamos Dianita y yo, escogió la canción de Karol G “Qlona”, quede mirando a Dianita, ella solo movió los hombros y dio la vuelta sensualmente, entonces empecé con la estrofa, “Ayer te vi solita esa carita bonita Diablo, qué mamacita, estás provocándome aunque lo haces sin querer, ya por ti pregunté y hace más de un mes, te dejaste con el bobo aquel, qué hijueputas ganas tengo de besarte, te vi en una foto y te imaginé sin ropa, te mentiría si no estoy loco por verte con ese jeancito, cómo te ves de culona”.

    Dimos otro espectáculo, Dianita cada vez que decía “qué hijueputas ganas tengo de besarte”, me pasaba la mano por la cara sensualmente, después se giraba y meneaba su hermoso culo casi pegándolo a mi verga, no lo hacía para no tentar la suerte, pero si miraba a Sofia con una sonrisa, eso me lo diría después.

    Todos se animaron a cantar, no lo hicieron también como nosotros, pero vimos buenos shows, la única que se acercó al show de nosotros fue Sofia, también tenía una voz hermosa, ella canto “cuando será de Aitana”

    Cuando Sofia bajo del escenario se acercó dónde estaba con Paula, y me dijo, -la próxima vez que vengamos tienes que cantar por lo menos una canción conmigo, me guiña un ojo, yo solo pude sonreír, además me debes un baile, espero que sea antes de que se acabe la noche.

    -¡Pero qué le pasa!, Thiago desde ya te digo si vas a bailar con esa, hoy no será, con las únicas que podrías bailar y no me molestaría son Natalia y Diana que me cayeron bien.

    Natalia mira a Dianita y aguantando la risa le dice a Paula, -tranquila Paula, nosotras te ayudamos a cuidar a Thiago, -gracias Natalia, porque esa bruja se ve que quiere algo con mi amorcito y me da un beso.

    Estando todo calmado, Tony se acerca a Dianita, y le dice que tienen que hablar, Dianita le dice que ahora no es el momento para hablar, la tensión se veía en el ambiente, Tony molesto y por el alcohol, aprieta el brazo de Dianita y le grita, ¡Te dije que ahora!, y la levanta bruscamente, Dianita con vergüenza se levanta y con una lagrima en su rostro, se marcha con Tony, yo hago para levantarme, pero Cristian me agarra del brazo.

    -Thiago no, deja mejor yo voy tranquilo.

    -Cualquier cosa me avisas, por favor cuídala, -le dije en voz baja para que nadie más escuche.

    -Está bien quédate tranquilo. -me dice

    No puedo esperar hasta mañana, necesito tu respuesta ahora o tu padre se va a la mierda, -le dice Tony a Dianita. -Tony, me dijiste que te dijera mañana, cual es la prisa, puedes esperar además aún no he tomado una decisión, que me asegura a mí que después no echen a mi padre de su trabajo, le dice Dianita.

    -No tienes ninguna certeza, pero si no me das tu culo si se va para la calle seguro.

    -Entonces el único que saldría ganando eres tú.

    En eso tienes razón, pero es tu culpa por estar haciendo bromas, que ya no me creo, estoy seguro que cogiste con otro, y esa ofensa me la tienes que pagar de una u otra forma, solo tengo que averiguar con quien fue.

    -Ya te dije que no paso nada, solo quería hacerte sentir mal, no hay nadie.

    -No te creo y tiene que estar en el bar con todos, viéndome la cara de imbécil, no será Thiago.

    -Eso es problema tuyo lo que quieras pensar imbécil.

    Tony furioso levanta la mano para pegarle a Dianita, cuando esta apunto de pegarle, Cristian detiene su mano, cuidado con lo que vas hacer Tony, la tocas y no respondo.

    -Así que eres tú, el que se cogió a esta puta, ¡lo sabía!, pero me las vas a pagar pendejo.

    -Piensa lo que quieras, si Diana busco a otro, es porque tú no sabes satisfacer una mujer.

    -Acabas de cavar tu tumba imbécil.

    -Cuando quieras, sabes que yo no te tengo miedo, no soy de los tontos que te siguen.

    Dianita agarra del brazo a Cristian, que trata de acercarse para golpearlo, -¡Cristian no!, por favor detente, -le dice Dianita.

    -Entiende no puedo permitir que este cretino, insulte a la mujer de mi.

    -Que ibas a decir imbécil, ¿a la mujer de quién?, -pregunto Tony.

    -Tienes razón Diana, no vale la pena este imbécil.

    Ya sabes la consecuencia Diana, tu padre se va a quedar en la calle, no va a volver a trabajar en esta ciudad, mejor dicho, en este país, ja, ja, ja, ja, pero aun tienes una oportunidad de arreglar eso, igual es muy fácil para ti, solo necesita usar tu cuerpo, como siempre lo has hecho puta.

    Dianita se le acerca y le da una cachetada, dejándole los dedos pintados en la cara, -realmente eres un imbécil Tony, y si para ti soy una puta, pues te digo algo, nunca vas a poder tener el culo de esta puta, -le dice Dianita.

    En un acto de furia, Tony le da una bofetada a Dianita, rompiéndole el labio, me doy cuenta de la situación ya que en ese preciso momento estamos saliendo del bar, Natalia, Paula y yo, inmediatamente corro a donde esta Dianita, -¿estas bien?, -le pregunto, mirando su labio lleno de sangre, -Si, no te preocupes me dice llorando.

    Miré a Cristian furioso, estaba ciego de la rabia que tenía en ese momento, por lo que le dije: -te dije que la cuidaras, mis ojos estaban rojos, se podía ver en mi rostro la furia que tenía, Natalia al ver mi cara sintió miedo de lo que podía pasar.

    Me giro y quedo frente a Tony, -eres un imbécil, que solo para sentirse hombre maltratas a las mujeres, eso se te acaba hoy Tony, -le dije, -Y que vas hacer al respecto, -me dice Tony.

    Tony se sentía seguro, ya que estaba acompañados de sus cinco compañeros, nosotros solo éramos dos, pero a mí eso no me importaba, era el momento de darle una lección a ese imbécil de Tony.

    Fui caminando en dirección de Tony, pero al ver mi rostro empezó a dar pasos hacia atrás como alejándose, cuando estuvo cerca de sus amigos se quedó parado esperando a que yo llegara, le dije a Cristian, -no quiero que te metas pase lo que pase, tú solo cuida a las chicas, está claro.

    -Pero Thiago son muchos. -me dice

    -Necesito que solo cuides a las chicas, -le dije mirándolo fijamente.

    -Está bien como quieras.

    -¡Thiago no!, deja las cosas así por favor, no quiero que te pase nada, -me decía Dianita llorando.

    Le tome su rostro y le dije, -no te preocupes por mí, solo necesito que ustedes estén a salvo, en estos momentos no necesito esa preocupación, te dije que te protegería, -lo dije en voz baja que solo ella pudo escuchar, Cristian aparto a las tres a un lugar seguro, pero donde podía actuar si algo llegara a pasar, -Cristian por favor detenlo, -le decía Paula con lágrimas en los ojos.

    Natalia lloraba también, pero tenía agarrada de las manos a Dianita y a Paula, había escuchado lo que le dije a Cristian, por lo que les dice: -chicas por favor si queremos que no le pase nada a Thiago, no debemos preocuparlo, debemos estar en un lugar seguro, es la única forma de ayudarlo, las tres lloraban.

    Ya cerca de Tony, los amigos de Tony me rodean, uno de ellos tiene un tubo de metal en la mano, de donde saco eso me dije mentalmente, -y te haces llamar el macho alfa, que te escondes detrás de tus amigos, -le dije.

    -Si quieres llegar a mí, primero tienes que pasar por ellos, yo no me rebajo a pobres como tú, -me dice

    -Me lo imaginé, pero tranquilo en un momento nos vemos, -le dije

    Acto seguido uno de los amigos de Tony me lanza un golpe lo esquivo y le pego un golpe en la cara, dejándolo tirado en el piso, dos de ellos me lanzan golpes todos los esquivo, pero descuide mi espalda y uno de ellos me agarra inmovilizándome, cuando viene a darme golpes, haciendo palanca con el que me inmoviliza levanto mis piernas y les doy a los dos una patada en el pecho dejándolos sin aire, en el momento que mis piernas están cayendo al suelo hago un movimiento hacia delante y hago que caiga al suelo, donde le propino un golpe certero en la cara.

    Los otros dos, al ver que sus amigos estaban tirados en el suelo, se apartaron cuando me encamine a buscar a Tony, -ya estoy aquí, ahora somos tú y yo, y me vas a pagar la ofensa que le hiciste a Dianita, ella no está sola, -le dije, -No me digas que los dos amigos se la están cogiendo, ja, ja, ja.

    Tony me lanzo un golpe, no trate de esquivarlo, ya que siendo honesto me lo merecía, yo primero fui quien hizo que le pusieran los cuernos, pero no esperaba que el golpe fuera certero, me hizo retroceder tres pasos, haciéndome una cortada en el labio, lanzó dos golpes más y los esquive, devolviéndole el golpe, haciendo que besara el piso, me le subí encima y empecé darle golpes, estaba cegado, Tony tenía toma la cara llena de sangre, me levante y lo agarre del cuello, Tony no se mantenía en pie de la golpiza que le estaba dando, en eso escuchamos las sirenas de la policía, todos los presentes salieron corriendo, Cristian fue a tomarme del brazo para llevarme junto con las chicas, pero vio a lo lejos que Sofia me llevaba jalando de la mano.

    Con Tony hicieron lo mismo sus amigos se lo llevaron en su auto, después me entere que fueron a un hospital para que le trataran las heridas.

    ¡¿Cristian donde esta Thiago?!, pregunto alterada Dianita, -chicas no quiero mentirles, cuando fui a buscar a Thiago, vi que Sofia se lo llevaba jalando de la mano, no sé dónde están.

    -Pero porque esa perra se llevó a mi novio. -dijo Paula.

    -Todos sabemos porque se lo llevo. -dijo Dianita.

    -Bueno tranquilicemos todos, por lo menos sabemos que Thiago está bien, Sofia no va a dejar que le pase algo eso seguro. -dijo Natalia.

    -Si, aquí el problema es que ella es la que le quiere hacer algo. -dijo Dianita llena de celos.

    -Bueno hay que conseguir el número del celular de Sofia, para ir a buscar a Thiago. -dijo Cristian.

    -¿Qué le paso al teléfono de Thiago? -pregunto paula.

    Sofia hace que me monte en su carro, y me lleva a un faro que estaba cerca de la bahía, desde allí podíamos ver la ciudad, estábamos los dos solos, allí sentados en el capo del auto, Sofia me toma de las manos y con una botella de agua lava la sangre que tengo en las manos.

    -Gracias Sofia, no tenías por qué arriesgarte de esa manera. -le dije

    -Yo fui quien llamo a la policía Thiago, si no matas a Tony, estabas cegado de la rabia.

    -Si, no sé porque no pude controlarme, yo no soy así.

    -Te molesto mucho que Tony golpeara a Diana cierto.

    -No es que fuera Dianita, creo que hubiese reaccionado igual si hubiese sido cualquier mujer.

    -Y por mí, ¿hubieses hecho lo mismo?

    -Claro que sí, a una mujer no se le debe pegar, aunque exista un motivo. -dije

    También podemos decir que tu reacción se debe al alcohol, que tomamos esta noche, Sofia seguía limpiando mis heridas, con un pañuelo limpiaba la sangre de mi labio, aunque tengo que decirte que me dejaste sorprendida no sabía que eras tan buen peleador, -solo fue suerte.

    -¡Suerte!, ambos sabemos que eso no fue solo suerte, no seas modesto.

    -No quiero hablar de eso, por favor, no me enorgullece haber actuado así.

    -Realmente eres especial Thiago, ya veo porque tienes locas a la mayoría de las chicas de la Universidad y las que no son de la u.

    -Tampoco, que exagerada eres.

    Bueno por lo menos a mí, me tienes loca, sabes que me gustas, yo no te gusto ni un poquito, -me dice, la quedo mirando fijamente, -sabes que esa pregunta no es justa, tú eres muy hermosa a que hombre no le llamarías la atención, -le dije, -entonces si te gusto, -Sofia por favor no me hagas contestar esa pregunta, sabes que tengo novia, -¿y qué? yo no soy celosa, por el momento te puedo compartir solo con ella, con nadie más haciendo referencia a Dianita. Me tomo con la defensa baja y me dio un beso, nuestras lenguas se entrelazaron.

    Continuará…

    Espero les haya gustado este capítulo, dejen sus comentarios, para que me ayuden a mejorar y para motivarme para seguir con la historia, saludos.

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  • Lorena y su suegro (3)

    Lorena y su suegro (3)

    Estamos de regreso después de un tiempo, espero poder seguir siendo de su agrado, y seguimos.

    Lorena salió del despacho sintiéndose más mujer que nunca, pero también más puta y perra que nunca, su suegro acababa de echarle la cogida de su vida y solo pensaba en cuando lo iba a repetir.

    Se paseo por las calles y llegó a un salón de belleza, se decidió y entro, pensó que hoy nacía una nueva mujer, una nueva hembra, se mandó a cortar las puntas del cabello y pintarlo de rojo intenso.

    Luego salió y entro en una tienda de lencería, Lorena se veía radiante con su nuevo corte, pero también arrasaba miradas masculinas, el vendedor de la tienda que era un señor de unos 50 años se le acercó se ofreció a ayudarla, Lorena decentemente le menciono que solo veía, que no buscaba nada en especial, el señor Braulio, como se llamaba el vendedor la guio hacia la zona hot, dónde exhibían las prendas más finas y pequeñas, diciéndole que es seguramente lo que ella debe usar, Lorena se sorprendió al ver al ver los precios de las diminutas prendas pero el ágil vendedor le dijo que le iba a regalar una como cortesía ya que era el dueño de la tienda.

    Lorena se sonrojo y no se atrevía a escoger nada, por lo tanto el señor Braulio tomo un pequeño hilo color rojo fuego y se lo dio, le dijo, este te combina con el cabello, llévalo y otro día que pases me avisas si te queda bien.

    Lorena salió excitada de la tienda, toda esa charla con el vendedor la hizo mojarse nuevamente, algo había nacido en ella, ahora parecía que estaba con los sentidos más alborotados, y sintiendo las miradas a su alrededor.

    Cuando llego a su casa su esposo se quedó perplejo, se veía radiante con el nuevo peinado pero algo había cambiado, el brillo de sus ojos era diferente.

    Ahora Lorena parecía más atrevida más sexy y su esposo no sabía ni cómo tocarla, la saludó con un tímido beso porque se sentía cohibido ante tanta belleza el día pasó normal y cuando llegó la noche Lorena estaba caliente nuevamente ella misma no entendía cómo podía estar tan caliente durante todo el día.

    Lo que Lorena no sabía es que cuando estaba en el despacho con su suegro, este aprovechó un descuido de ella para colocarle una gotitas de viagra femenino en el vaso de agua y eso la hizo alborotarse tanto así que llegó a coger con su suegro y luego coquetear con el vendedor de la tienda y aún todavía estaba caliente, eso era algo que el viejo Ernesto tenía preparado para su nuera y ella cayó fácilmente en su plan.

    Cuando Lorena despertó al día siguiente se sentía sucia, se acordaba perfectamente todo lo que había hecho, pero no daba crédito no entendía cómo había hecho eso.

    Alrededor de las 10 de la mañana sonó el timbre de su casa, se encontraba solo ya que su esposo salió a trabajar cuando abre la puerta para su sorpresa era su suegro que tenía una sonrisa de oreja a oreja y rápidamente La saludó con un beso en el cachete sin que ella pudiera evitarlo y pasó caminando y se sentó en el mueble en la sala.

    El viejo traía dos vasos de limonada en las manos uno para él y uno para su nuera le dijo que como el día estaba tan caluroso quería traerle un vaso de limonada para refrescarla.

    Lo que no sabía Lorena es que en el vaso ya había colocado nuevamente un chorrito de viagra del que anteriormente le había dado y así poder emputecerla poco a poco.

    Lorena agarró el vaso pero no tenía ganas de tomar nada sino por el contrario le decía su suegro que por favor se fuera que había sido un error, el viejo pausadamente, tranquilamente tomaba su limonada y la escuchaba y le decía que él está de acuerdo que había sido un error que hicieron las paces y no había pasado nada y seguía tomando su vaso de limonada tratando de que su nuera cayera en la trampa nuevamente y así fue el cabo de unos minutos y cuando ya según estaba listo para irse el suegro le pidió a Lorena que por favor no le despreciara al menos la limonada, está a regañadientes tomó el vaso entre sus manos y de un solo jalón se lo tomó todo, el viejo comenzó a reírse poco a poco porque sabía que lo mejor estaba por comenzar.

    El viejo le dijo a Lorena que está bien que se marchaba pero que primero por favor lo dejara ir al baño que necesitaba orinar antes de irse que la limonada ya le había hecho efecto, cuando el viejo se dirige al baño dejó la puerta entreabierta, Lorena al escuchar el chorro de orín en la poceta sintió que se comenzaba a mojar no entendió por qué pero comenzó a imaginar el guevo de su suegro y poco a poco comenzó a sudar la frente pero también a sudar en la cuca.

    Cuando el viejo salió del baño se dio cuenta que la actitud de su nuera había cambiado está más amable y con los ojos vidriosos él se dio cuenta que ya había hecho efecto y que la tenía caliente como él quería así que cuando se dirige a la puerta pasó para despedirse y cuando le fue a dar un beso de despedida en el cachete llevó su boca hacia los labios de su nuera y sus manos rápidamente agarrándole las nalgas a lo que la nuera solo suspiró y se dejó hacer.

    Seguidamente el viejo le echó una repasada de cogida que nunca olvidaría su nuera, comenzaron a ser un 69 en el mueble y luego le llevó a su cuarto donde dormía con su esposo y se la cogió de todas las maneras posibles le metió guebo en la boca y en el culo, su nuera solo gemía y pedía más.

    En cierto momento de la cogida Lorena estaba a cuatro patas mirando la foto de su matrimonio y con el viejo taladrándole la cuca y con un dedo metido en el fondo del culo, Lorena está extasiada te sentía perra se sentía muy perra pero se sentía mujer más que nunca, el viejo le azoto una nalga con una mano mientras con la otra seguía con El pulgar en medio de las nalgas de su nuera que eso lo pedía más y aullaba como una loba como una cerda que quería guevo y más guevo.

    El suegro sabía que la tenía como quería y comenzó a decirle que eso era un error que mejor paraban pero Lorena no podía necesitaba ser cogida necesitaba guevo por todos lados y le comenzó a decir que no que por favor siguiera cogiéndola que ella necesitaba ese guevo, que ella era su perra, que era su perra y que podía hacer con ella lo que quisiera.

    La pareja estaba en la mejor parte de la cogida cuando se escuchó la puerta de la casa, era el esposo de Lorena el hijo del viejo que había llegado del trabajo…

    Continuará.

    Muchas gracias por leernos.

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