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  • Una noche de copas con el DJ

    Una noche de copas con el DJ

    ¡Hola! Como ya he comentado en mis anteriores relatos y como ustedes han leído soy una mujer sin tabúes, y si los tuve algún día ahora ya no están.

    Me gusta disfrutar de mi cuerpo y siempre tengo presente lo que quiero, y eso es parte de mi madurez como mujer.

    Les he contado varias de mis experiencias sexuales, en las cuales disfruto el momento además de que son personas con las que he repetido algunos encuentros, esta ocasión les contaré de un encuentro casual, un encuentro que solamente ocurrió una vez y jamás volví a saber de él, aunque aclaro fue con una persona que ya conocía de años y la cual me gustaba muchísimo.

    En esa ocasión pedí permiso para ir al bar, y digo pedí permiso porque como pareja o esposo es una regla que tenemos y más que pedir permiso es saber si la otra persona está de acuerdo además de que es para que sepan dónde “ando” en caso de algún percance, así que pues me fui al bar con mis amigas.

    Era noche de karaoke, así que pues era la ocasión de sacar el sentimiento en las letras de las canciones.

    En esa ocasión pedimos de tomar mis amigas y yo, y pues se acercaron unos chicos, la verdad no los conocíamos, simplemente nos querían invitar algo pero nosotros nos negamos, en fin. Pasaron los minutos y con ellos las cervezas, los chicos nos mandaron más vino como cortesía, sin embargo nosotros no aceptamos y se los regresamos, uno de ellos se me hacía conocido pero no recordaba de donde, era las 1 am aproximadamente y tenían que cerrar el bar así que decidimos seguir en una disco que justamente estaba a media calle del bar.

    Bueno, al salir y llegar a la disco notamos que mucha gente que estaba en el bar se había ido al mismo lugar que nosotras. Seguimos tomando y bailando, la verdad la estábamos pasando muy bien. Sin saber quién era, el DJ nos mandó saludos justamente a la mesa donde estábamos nosotras, solamente gritamos y dimos las gracias, en su descanso ese DJ bajo y nos saludó, si lo conocía y era un amigo nuestro de cuando trabajaba en mi antigua empresa, él también había trabajado ahí, Ricardo muy guapo él aunque muy gordito y chaparrito, sus ojos verdes, sus labios gruesos, su barba cerrada lo hacían ver atractivo, estaba guapetón a pesar del físico, y la verdad me atraía desde que trabajábamos en la otra empresa.

    Comenzamos a platicar, comento que él invitaba a las chicas a subir a bailar y hacer ambiente en donde tenía la consola, invitó a varias mesas donde había mujeres a bailar y después nos invitó a nosotras, subimos mis amigas y yo, así que empezamos a bailar ahí, empezó un cachondeo rico yo me movía y él también lo hacía el coqueteo era delicioso y la verdad me había mojado demasiado ya en esos momentos, entre el licor y el movimiento estaba que ardía.

    Bajamos de ahí, puesto que no podíamos estar mucho tiempo y seguimos bailando abajo, fue cuando llegaron los chicos del bar y se sentaron a unos metros de nosotras, no nos quitaban la mirada de encima así que pues seguimos nosotras bailando y moviéndonos, la noche se había hecho para disfrutarla, mi esposo me llamó para saber cómo estaba, le dije que bien que no se preocupara, le dije que llegaría más tarde y colgamos.

    Fue entonces cuando se me acerco uno de ellos yo lo conocía o por lo menos se me hacía conocida su cara pero no recordaba en ese momento de donde debido a mi estado de ebriedad, solamente recuerdo que ese día tenía una playera amarilla, usaba lentes, alto y delgado. Me invito a bailar por lo que accedí al terminar de bailar cada uno se fue a su mesa, mientras Ricky no dejaba de mandar saludos a nuestra mesa, en alguna que otra ocasión intercambiábamos miradas, me sentía excitada solamente de echar a volar mi imaginación, mi amigo de la otra mesa me volvió a sacar a bailar otras piezas más.

    Eran casi las 4 am cuando estaban dando por terminada la noche en la disco, los clientes pedían más tiempo, por lo que nos pusieron como condición consumir mínimo 300 por mesa para esperar más tiempo a cerrar. Así que pagamos y nos llevaron más alcohol, una de mis amigas ya estaba dormida, prácticamente tirada en la mesa las demás seguimos bailando y tomando.

    Se me acerco el chavo de amarillo y me dijo que ya había rentado el privado, que fuéramos que solamente íbamos a platicar a lo que yo accedí, sabía que no iba a platicar si no tal vez a algo más así que me llevé mi bolsa, ya estando en el privado, si comenzamos a platicar me dijo su nombre pero que todos le decían “chicon” y que era primo de mi esposo, ¡así como lo leen!

    Era primo de mi esposo, ya que según a lo que me explicó él era hijo de una prima hermana de mi suegra, que nos habíamos conocido en mi boda y en algunas reuniones familiares, la verdad no me lo esperaba, me dijo que le gustaba mucho que siempre le había atraído, quiso besarme y no lo deje, le expliqué que no quería problemas, así que desistió y me preguntó que si ya me iba a ir que él me acompañaba le dije que no, que tal vez más tarde, salimos del privado, y si solamente platicamos, no pasó nada, aunque estaba tan excitada pensando en una situación familiar que yo quería que pasara de todo en ese momento, sin embargo la verdad no quise problemas con él ni mi esposo.

    Al salir mucha gente ya se había ido, quedaban pocas mesas así que decidimos dejar el lugar, al ver que íbamos a salir Ricardo nos mandó de nuevo saludos y dejo la música puesta, bajo y nos dijo que nos esperáramos que él iba a terminar y nos llevaba a la casa, la verdad Isabel ya estaba muy dormida, Caro ya quería irse y Yuri entraba a trabajar a las 8 así que no podíamos esperar, se ofreció a llevarnos a la casa así que accedimos, terminó la música y “Chicon” solamente observaba como me subía al carro de Ricardo junto a mis amigas.

    Comenzamos a repartir a una por una, yo era la más sobria de las 4 al menos eso creo, y como no si con tremendo susto que me pego el primo de mi esposo se me bajo la borrachera. Cuando dejamos a la última de mis amigas Ricky me dijo que se le había olvidado su chamarra que si lo acompañaba al bar por ella, yo accedí la verdad era agradable su compañía y como lo dije era guapo a pesar de estar llenito y chaparrito.

    Se bajo del auto y me dijo que si no quería pasar a la disco que él me invitaba algo de tomar, bajé, sin embargo ya no había nadie en el bar estábamos sólitos, me sirvió un tequila y comenzamos a platicar, eran casi las 6 am y le dije que me tenía que ir, que la plática había estado exquisita pero que era tiempo de irme, sin embargo al decirle eso me dijo que si estaba segura, y me beso sorprendentemente.

    Era el momento que esperaba pero no quería verme muy urgida, comenzó a besarme y yo a él, me hice la difícil, con mi clásico “estoy casada”, sin embargo dijo que ya sabía, que siempre veía cuando mi esposo iba por mí al trabajo, y que no le importaba, me acariciaba desesperado, me apretaba las tetas y mordía mis labios, yo pasaba mi mano por su pantalón esperando una reacción y así fue, se quitó la playera y el pantalón yo hice lo mismo, solamente me quede en ropa interior, seguimos besándonos y fue ahí cuando me subí a la barra y me comenzó a hacer sexo oral, se puso un hielo en la boca y fue riquísimo, sentía delicioso el sentir el hielo en mi clítoris mientras él jugaba con sus dedos en la entrada a mi vagina.

    Siguió y yo la verdad no quería que parará sin embargo era mi turno, le baje el bóxer y… ¡Oh dios mío! Era un pene corto pero sumamente grueso, la verdad era algo que no había visto en mi vida hasta ese momento, había probado penes de todo tipo sin embargo la de él era gruesísima, comencé a mamar su cabecita y vaya que era pequeña su cabeza, pero a partir de ahí hacia el tronco era gruesa, me daba miedo engullir todo eso y que no me cupiera comencé a mamar poco a poco hasta que llegó un momento en el que me la metió toda a la boca, la mame, él solamente me tomaba de la cabeza sin sacarla de mi boca yo con la desesperación de que ya me dolía la quijada de no tomar descanso.

    Seguí chupando ese grueso y digamos corto pene, al sacarlo me pego con él en la boca me dijo que si me gustaba, le dije que si, tomo mis tetas y lo colocó en medio de ellas, yo solamente las apreté mientras él se movía, una tremenda rusa para esa corta y gruesa verga.

    Quite mis manos de mis tetas y me dijo que si traía condones, le dije que si, y saque de mi bolsa un par, mi sorpresa fue que no le quedó, ¡así como lo leen! No le quedó, no entraba en el condón, decidí disfrutarla así, al natural, pero recordé que no debía darme esos gustos y menos con desconocidos, así que hice el intento una vez más y como pude se lo coloqué, claro, con su ayuda.

    Me recargue en la barra y subí mi pierna a un banco, atrás de mi se colocó él y se dispuso a penetrarme, al momento de hacerlo era un dolor rico y una exquisita sensación de placer, sin embargo no entraba del todo o más bien, en esa posición no alcanzaba a meterla toda, así que no era totalmente placentera mi relación, lo acosté encima de la ropa que estaba tirada, y tomé su pene en una de mis manos mientras con la otra me recargaba en su abultado abdomen, en cuclillas introduje poco a poco su verga hasta tenerla toda adentro, así en cuclillas, con tacones y con su gruesa dentro de mi me moví, solamente disfrutaba el ver su cara y el que me tomara de las tetas mientras me movía.

    La verdad era rico pero me dolía un poco, hasta que mi vagina se dilato y se adaptó. Me cansé de los tacones y decidí cambiar de posición, me recargue en la barra de nuevo y le pedí que me la metiera, estábamos del mismo tamaño ya quitando mis tacones, sin embargo al momento de querer hacerlo así no pudimos, no entraba toda que era lo que yo quería. Así que me puse en 4 en el suelo, le pedí la verga en la posición de perrita.

    Una de mis posiciones favoritas así que se arrodilló atrás de mí y me la metió, se movía mientras se abría camino en mi vagina, era delicioso yo solamente gemía y le pedía que no parará, jalaba de mi cabello y me nalgueaba mientras yo pedía más y más, era mi noche de andar de puta.

    Sin embargo no llegaba hasta adentro, pero era por lo corta que la tenía, así que le ayude, comencé a moverme junto con él, así en 4 me movía para sentirla lo más que se pudiera dentro de mi, estuvimos varios minutos cogiendo de esa manera, andaba pedisima.

    Decidí sacarla y me acosté sobre la ropa, le abrí mis piernas y comenzó a dedearme, yo solamente me apretaba los labios y pedía su pene dentro de mi, así fue, tomo mis piernas juntas las levanto y me la metió, mientras lo hacía tocaba mi clítoris, no paraba de gemir y de pedir más, yo quería seguir sin embargo comenzó a moverse más y más rápido, mientras mis piernas descansaban en sus hombros se movía demasiado rápido, estábamos excitados, abrió mis piernas y se recostó sobre mi, mientras yo con mis piernas alrededor de su cintura lo aprese para que no me la sacará y así fue, comenzó a moverse más y más rápido, su sudor caía en mi cara mientras él se ponía coloradito, era rico sentir como su verga entraba y salía de mi, hasta que llegó su orgasmo, ¡si!

    Se vino y yo aún no. Lo saco y se acostó en el suelo, le dije que iba al baño y me lleve mi ropa, cuando salí ya estaba cambiado él y yo también, solamente me puse mis tacones y me llevó a mi casa, cuando íbamos en camino no hablamos de más, solamente me dijo que él trabajaba los fines de semana en el bar y que cuando quisiera ir estaba a mis órdenes. Le dije que si, que no se preocupara me dijo que ojalá lo hubiera disfrutado tanto como él, solamente le dije que a excepción de que no llegó ni orgasmo todo había estado bien, me respondió que ya habría tiempo para eso, jamás volví a esa disco dicho sea de paso mientras él estuvo de DJ.

    Llegué a casa, mi esposo estaba dormido y yo tenía ganas de tener un orgasmo, estaba aún caliente así que entre al baño, me limpie un poco y entre a la recamara, tome mi vibrador y mientras mi esposo estaba dormido salí al baño y comencé a tocarme imaginándome que Ricky me seguía haciendo suya hasta que llegó mi orgasmo, metía y sacaba ese pedazo de látex de mi vagina tocaba mi clítoris con la otra mano hasta que me vine, ya siendo muy tarde cuando termine solamente me bañe y prepare el desayuno, cuando se levantó mi marido ni cuenta se dio a que hora había llegado o al menos eso pienso yo.

    Mis anécdotas sexuales son amplias y trato de no dejar detalle alguno fuera de ellas, espero disfruten todos y todas así como yo disfruto de mi vida sexual.

    Espero sus comentarios.

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  • Tavo, Sandra, yo y… (1)

    Tavo, Sandra, yo y… (1)

    A mis dieciocho años, me hice amigo de chicos de otro barrio mayores que yo. En promedio me llevaban cinco años de edad más o menos. La mayoría de ellos vivían en la misma calle. A pesar de la diferencia de edad me aceptaron con ellos. Creo que ayudó que mi apariencia era mayor a la edad que tenía.

    Casi siempre pasábamos el tiempo en la calle, otras veces nos reuníamos en casa de Tavo, teníamos tanta confianza con él que era común entrar a su casa como si fuera la nuestra.

    Se podría decir que Tavo era el líder del grupo. Creo que esto más que nada era porque siempre teníamos su casa a nuestra disposición, su familia era muy amable y siempre nos recibían muy bien.

    Yo hice mucha amistad con Tavo que ese entonces tenía veinticinco años. De alguna manera se convirtió en una especie de mentor para mí. Siempre me ayudaba a entender cosas de la vida y en un momento dado también de mujeres y sexo.

    Básicamente Tavo tenía tres reglas.

    1) Nunca obligues a una chica a hacer algo que no quiera.

    2) Si vas a coger, siempre usa condón, si no tienes uno, mejor ve a jalarte la verga y no hagas estupideces.

    3) El único orgasmo que importa es el de la chica con quién estés, ella siempre debe de venirse primero.

    Tavo me decía que siempre llevara conmigo un condón, me regalaba unos, pero nunca los acepté por temor a que mi madre o mis hermanas me los encontraran. Me dijo que cuando necesitara uno pasara a su cuarto y lo tomara, aunque él no estuviera.

    Una tarde llegué y no había nadie en la calle por lo que supuse que estaban adentro y entré a su casa. Vi a Tavo, lo saludé y me preguntó sorprendido que hacía en su casa, lo cual me extrañó, parecía que había hecho algo malo.

    –Wey, estoy esperando a Sandra, no puedes estar aquí.

    Sandra era una de las tres “buenotas” del barrio. En ese entonces tenía veinticuatro años. Era alta, delgada con buenos senos y trasero, parecía modelo, de hecho, tiempo después trabajó como edecán. Tavo ya le había pedido que fuera su novia, pero ella lo había rechazado, no era una chica fácil de conquistar. Lo que llamaba más la atención de ella, es que se sabía que era abierta al sexo.

    –Wey, la invité a ver una película, ¡la película!

    Tavo había preparado un videocasete vhs, era una película como cualquiera, solo que como a los cinco minutos de iniciada aparecía una pareja, ella dándole la espalda, pegando su cuerpo hacia él mientras movía la cadera sensualmente, la escena continuaba con él acariciando sus senos por encima de su ropa mientras ella levantaba lentamente su falda dejando ver su entrepierna.

    La escena duraba apenas unos segundos, lo suficiente para darse cuenta que no era parte de la película, y dejar en la imaginación que esa pareja tendría sexo. La película normal continuaba hasta que había otro corte en el que la chica lamía una gran verga, un corte a él chupándole la vagina a la chica, esta parte duraba un poco más. Seguía más de la película hasta que un nuevo corte aparecía con la chica montando y teniendo un orgasmo bastante intenso y escandaloso, el resto del video era porno.

    Tavo afirmaba que era un método infalible, casi siempre le daba buen resultado. Decía que en el segundo corte podía saber si la chica con la que estaba en ese momento con él, aflojaría o se apretaría. Ninguno de nosotros podía saber si solo alardeaba, aunque habíamos visto el video, nunca quiso prestarle a nadie el casete, lo cuidaba como un gran tesoro. En ese tiempo era común comprar o cambiar películas, fingía que así venía el video.

    Uno de sus hermanos vivía en Estados Unidos, Tavo le pedía que le mandara revistas porno, tenía una buena colección, algunas veces también le mandaba películas de adultos, todos teníamos acceso a ese material, pero no a su videocasete.

    –Wey, vete que me vas a echar a perder las cosas con Sandra, tengo que aprovechar que tengo la casa sola.

    En ese momento llegó Sandra, llevaba una playera azul claro y unos pantalones de mezclilla ajustados. Aunque en otras ocasiones mi mirada ya se había perdido en su cuerpo, esta vez vi con más detalle sus formas, sus senos redondos a través de su playera y la forma redonda y bien formada de su trasero, pensar que estaba viendo a una chica que posiblemente estaba a punto de tener sexo me hizo verla más a detalle.

    Nos saludó de beso y preguntó qué película íbamos a ver. Tavo discretamente me hizo una seña para que me fuera.

    –Nos vemos luego. –les dije para dejarlos solos.

    –¿No te vas a quedar? –Dijo Sandra. –No tienes que irte, veamos la película juntos.

    Tavo en muchas ocasiones había presumido su método del video, ¿sería posible que Sandra supiera las intenciones de Tavo y pedirme que me quedara era como una forma de que no pasara nada?

    –Anda, quédate. –Insistió Sandra.

    En la parte de arriba estaba la televisión. La construcción dejaba a la sala en medio, como un área común, y alrededor las habitaciones de la familia, cada habitación tenía una ventana que daba hacia esa sala. Subiendo las escaleras estaba la puerta del cuarto de Tavo.

    Al centro de la sala estaba un sillón para cuatro personas, a un lado un sillón para dos personas y al otro lado un sillón individual en el que me senté para dejar que ellos estuvieran juntos.

    –Vente para acá, aquí cabemos todos. –Dijo Sandra.

    Me sentía un tanto nervioso y ansioso de saber lo que iba a pasar. Quería estar en el sillón individual para poder ver sus reacciones, pero ante la insistencia de Sandra me acerqué a ellos. Sandra quedó en medio de los dos.

    Inició la película y llegamos a la primera escena, Tavo fingió sorprenderse.

    –Qué pena, no sé qué pasó, lo voy a quitar. –Dijo Tavo al tiempo que se levantaba por el control remoto de la videocasetera.

    Tavo no tenía prisa para quitar la película, todo estaba fríamente calculado para dejar que continuara. Por mi parte sentí algo de pena.

    –Ay chicos, ¿se espantan con eso? He visto cosas más candentes, eso no es nada. –Dijo Sandra.

    Tavo me miró con cierto orgullo de que Sandra estaba pasando la primera prueba.

    Durante la segunda escena de sexo, no parecía haber reacción alguna por parte de Sandra, estaba como si nada. Tavo nuevamente fingió sorprenderse.

    Los dos veíamos a Sandra para ver como reaccionaba, ella no dijo nada, solo miraba fijamente la pantalla.

    –Así la tengo de grande. –Dijo Tavo.

    Sandra no hizo ningún ademán, yo en respuesta al silencio reí, solo hice que el momento fuera más incómodo para nosotros.

    Tavo alcanzó el control de la videocasetera nuevamente, pero se quedó inmóvil, estaba sorprendido de que Sandra no tuviera ninguna reacción, no sabíamos si estaba molesta, a punto de decirnos algo e irse. Tavo se sentó con el control en sus manos, Sandra miraba la pantalla fijamente, y nosotros a ella esperando una reacción. Tavo le preguntó a Sandra si quería seguir viendo, pero ella no le contestó.

    La sensación de tensión y expectativa, saber que seguiría la escena fuerte del video había hecho que se me pusiera dura, algo que no podía esconder, el bulto en mi pantalón me delataba, pero no era algo que me preocupara esconder.

    Sandra había permanecido inmóvil con las manos sobre las piernas, cuando terminó la escena del orgasmo apretó sus puños.

    –¿Quieren hacerme eso? –Dijo Sandra.

    –Solo si tú quieres. –Le respondió Tavo.

    –¿Los dos quieren cogerme? Nunca he estado en un trio.

    –Solo si tú quieres, si no te sientes cómoda no.

    Sandra continuaba inexpresiva, lo único que había cambiado era la tensión en sus brazos.

    –¿Los dos me quieren coger al mismo tiempo?

    –Los dos al mismo tiempo o yo primero, tengo muchas ganas de hacerlo contigo, lo sabes.

    Tavo se acomodó al filo del sillón esperando que Sandra contestara. Yo también la veía esperando una respuesta, con los gemidos de los actores teniendo sexo, el silencio de ella se volvía eterno. Sandra me gustaba, pero, si no había querido ser novia de Tavo siendo él más experimentado que yo, y por la diferencia de edad, nunca pensé que podría tener algo con ella.

    –¿Qué dices?, si quieres vamos a mi cuarto tú y yo.

    También me puse a la orilla del sillón esperando su respuesta, en ese momento vi que la entrepierna de Tavo no dejaba nada a la imaginación, usaba un pants, y la delgada tela de la prenda no oponía resistencia a un miembro duro y grande, Tavo no mintió cuando dijo que la tenía igual de grande que el actor porno.

    –Vamos a ver qué pasa, que las cosas fluyan. –Dijo Sandra.

    Tavo no perdió el tiempo, de inmediato se acercó a ella para besarla, yo no sabía qué hacer.

    La mano de Sandra comenzó a acariciar mi pierna al tiempo que hacia lo mismo con Tavo, sujetó su pene y Sandra le dijo que la tenía muy grande, apenas podía hablar por los besos que él le estaba dando.

    Tavo la jaló para acomodarla hacia él y acariciar su cuerpo, Sandra quedó casi de espaldas hacia mí, me dejaba poco campo de acción.

    Acaricié uno de sus senos, pero con las manos de Tavo recorriendo todo su cuerpo era imposible no estorbarnos. Me di cuenta de que él iba por lo suyo y parecía que no quería compartir.

    La posición en la que quedó Sandra no le permitía seguir acariciando mi miembro fácilmente. Traté de levantar su playera, pero, con él encima de ella era imposible.

    Por un momento me quedé como un simple espectador, me había puesto muy caliente, sentía que mi pene iba a estallar, comencé a frotarlo por encima de mi pantalón tratando de aliviar un poco ese deseo de que Sandra siguiera tocándome.

    Acaricié su pierna subiendo hacia su cadera, seguí subiendo por su cintura siguiendo su contorno hasta su seno, pero seguía chocando con la mano de Tavo. Sandra seguía acariciando el pene de Tavo por encima de sus pants. Yo también quería que Sandra me la jalara, me estaban dejando fuera del juego.

    Tavo se puso de pie, su actitud era muy orgullosa, la longitud de su miembro se notaba por debajo de la tela, la sujetó de la base para que no hubiera duda de su tamaño, Sandra lo veía fijamente, sus labios se entreabrieron, volteo a verme, me vio masturbándome y se acomodó para alcanzar nuevamente mi pene que aún seguía adentro de mis pantalones.

    Tavo comenzó a bajarse lentamente el pants dejando ver la base de su miembro, poco a poco bajaba la prenda, Sandra se mordía los labios mientras su mano apretaba mi pene.

    Tavo continúo bajando su pants, haciendo que su miembro quedara paralelo a su pierna, y se fuera descubriendo poco a poco presumiendo su longitud. Toda esa zona estaba rasurada por lo que su miembro y sus testículos se lucían más. Cuando llegó a la punta, su pene se liberó golpeando hacia su abdomen como si tuviera un resorte. Su glande llegaba hasta su ombligo. Parecía que tenía ensayado ese movimiento.

    Mientras Tavo hacía su show yo había levantado la playera de Sandra y había metido mi mano entre su brasier para acariciar su seno, redondo, abultado y firme, pellizqué suavemente su pezón y deslicé mi dedo por el contorno de su areola. La mano de Sandra trataba de bajar el cierre de mi pantalón, su movimiento era torpe, no lograba hacerlo, no sé si estaba impactada por el pene de Tavo o era por la posición en la que estábamos por lo que se le dificultaba.

    Tavo acarició la punta de su pene embarrándose una gota que salía de él, lo sujetó por la base para apuntar hacia Sandra como si fuera una lanza, ella se incorporó lo suficiente para chupársela.

    Bajé el cierre de mi pantalón y lo desabroché, para que Sandra tuviera acceso a mi pene, su mano se envolvió en mi glande el cual ya estaba chorreando bastante. El masaje a mi pene y tocar su busto era en lo único en lo que había podido participar.

    Tavo se hizo para atrás y se masturbó mientras le pedía a Sandra que se quitara la ropa, ella se quitó la playera, su brasier desacomodado dejaba ver uno de sus senos, se lo desabrochó para dejarlas al descubierto, sus tetas eran hermosas. Antes de que Sandra pudiera hacer otra cosa, Tavo la tomó de las piernas, y la jaló de una manera un tanto brusca, como posesiva, Sandra quedó con la espalda apoyada en el sillón, casi acostada, Tavo le acarició los senos y comenzó a chupárselos alternadamente. Nuevamente quedé como espectador de una escena porno.

    La respiración profunda de Sandra y los chupeteos que Tavo le estaba dando me ponían muy ansioso, yo también quería tocar a Sandra y que ella me diera placer.

    Tavo se incorporó para desabrochar el pantalón de Sandra, ella levantó un poco su cadera para que el pudiera jalarlos. Sandra me miró, pero no me atrevía a besarla, se la acababa de mamar a Tavo, y sus senos estaban mojados de las chupadas que él le acababa de dar.

    Tavo levantó y separó las piernas de Sandra para chupársela, el vello de su sexo estaba recortado casi al ras. Tavo lamía su vagina, ella de inmediato le respondió con ligeros gemidos de placer, ella se sujetó los senos y exclamó.

    –Que rico me la chupas, que rico se siente.

    Yo me estaba masturbando esperando un momento adecuado para intervenir. Sandra volteó como buscando mi pene y abrió un poco su boca. No dudé en acercarme, me puse de rodillas en el sillón junto a ella para que me la chupara. Su lengua se movía recorriendo mi glande, me miraba fijamente para ver mi expresión. Lo succionaba como si su boca fuera una ventosa, sus labios se apretaban amoldándose al grosor de mi pene.

    –La chupas bien rico, siento mucho placer. –Le dije a Sandra.

    Sandra sujetó mi glande con sus dedos, dándole un masaje, lo levantó para darle un par de lengüetazos a mis bolas.

    –Me toca cogerte, levántate. –Le dijo Tavo a Sandra al tiempo que me hacía una seña para que me quitara.

    La acostó en el sillón, le abrió las piernas y se puso un condón.

    –Mira lo que te voy a meter. Ya tenía muchas ganas de cogerte, con esta verga te vas a venir muchas veces.

    –Despacio, la tienes muy grande, deja que me acostumbre a ella. –Le respondió Sandra.

    Le levantó las piernas y empezó a hundir su miembro, Sandra hacia exclamaciones de placer, entraba y salía poco a poco, y cada vez la hundía más. Las piernas de Sandra se aferraron a él, sus manos se envolvieron en su cuello. Tavo estaba midiendo hasta dónde podía metérsela. Cuando se la había metido un poco más de la mitad, sus movimientos fueron más firmes.

    –Un poco más. Métemela más. –Dijo Sandra.

    Tavo le estaba metiendo casi las dos terceras partes de su miembro cuando Sandra le dijo que era suficiente. Le había tomado la medida, hasta dónde se la podía meter sin lastimarla, apoyó sus manos a los lados de Sandra, el movimiento para penetrarla era desde su cadera, casi se la sacaba por completo y la metía hasta donde ella le había indicado, más fuerte y rápido cada vez. Sandra gemía y le decía que era una vergota deliciosa.

    Con Tavo casi acostado sobre ella yo no podía hacer nada. Me sentí algo frustrado, estaba muy caliente, después de la pequeña mamada que me dio Sandra, masturbarme no era suficiente. No me quedaba más que esperar mi turno.

    Tavo se puso de pie levantando a Sandra. Pensé que sería mi turno.

    Él se sentó en el sillón y le pidió a Sandra que se pusiera frente a él.

    –Móntame, siéntate en mi verga a ver si te la puedes meter toda.

    Sandra se acomodó, sujetó el pene para dirigirlo a su entrada y se dejó caer sobre él.

    –Qué rica verga, grande y durísima, no me la acabo.

    Sandra gemía, sus senos rebotaban con el movimiento de su cuerpo subiendo y bajando sobre el pene de Tavo. Él se aferraba a su cintura guiándola en sus movimientos.

    Pensé que podía coger a Sandra por el ano y hacer una doble penetración, busqué si había otro condón y no, sabía en dónde estaban los condones, pero sentí que si no aprovechaba el momento lo perdería, además, pensé que si la penetraba por el ano no lo necesitaría.

    Me paré detrás de Sandra tratando de alcanzar su otra entrada. Tavo la abrazó y el trasero de Sandra quedó más accesible para mí, al cambiarla de posición, Tavo se la metía como si fuera un pistón clavándosela con mucha fuerza. Agarré a Sandra de sus nalgas tratando de abrírselas. Tavo la penetraba con más fuerza, moviéndose más rápido, haciendo imposible que pudiera penetrarla.

    Traté de mantener firme la cadera de Sandra para poder entrar en ella, esto molestó a Tavo.

    –¡Ahorita no cabrón! ¡Déjanos coger en paz! –Dijo Tavo en tono enojado.

    Su reacción hizo que me molestara, no sabía si esperar a que él terminara para poder hacerlo con Sandra, o irme y dejarlos solos.

    Sandra estaba riquísima, yo sabía que sería imposible estar con ella en otra ocasión, no tendría otra oportunidad. Sandra me llevaba seis años, nunca me haría caso.

    Sandra gemía de placer, indiferente a lo que había pasado.

    Con tanta excitación que tenía me sentí muy frustrado, estaba muy caliente, aun así, decidí irme, me puse los pantalones. Debía calmarme antes de irme, el bulto de mi pene duro se notaba, si me encontraba a alguien en la calle no podría ocultarlo. Pensé en bajar a la estancia a esperar a que se me bajara, pero con sus gemidos no sería fácil.

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  • Enamorándome de Dianita (8)

    Enamorándome de Dianita (8)

    Sofía pasó sus brazos sobre mi cuello y me abrazó pegando su cuerpo al mío, sus senos los sentía en mi pecho y su respiración agitada, en un movimiento desabotono tres botones de mi camisa, metiendo una mano y acariciando mi espalda, yo besaba su cuello, mientras Sofia echaba su cara hacia atrás, su perfume me embriagaba, mis manos acariciaban sus senos que tenían los pezones erectos, los apretaba, quería morderlos, agarraba sus duras nalgas, acosté a Sofia encima del capo del auto, levante su blusa y empecé a morder y besar sus tetas, las agarraba fuerte, no sabía si Sofia se quejaba o gemía de placer, fui bajando con mi lengua por su abdomen hasta llegar a sus caderas, fui subiendo su falda, Sofia levanto sus nalgas para darme acceso total.

    Su tanga negra estaba empapada, pase mis dedos por la raja sobre la tela, la respiración de Sofia estaba agitada, pase mi lengua sobre la tela y su sabor y olor me embriagaban, le había prometido a Dianita que no caería en los encantos de Sofia, pero era imposible estaba segado por el olor de su perfume, Sofia sonreía como señal de victoria, abrió más sus piernas y con su mano aparto la tela que cubría su sexo, estaba totalmente depilado, sus labios rosados me cautivaban, pase mi lengua sobre ellos y Sofia soltó un gemido, arqueando su espalda al sentir mi lengua sobre ellos, empecé a lamer su clítoris.

    Sofia se retorcía de placer, sentí que fueron solo segundo pero tenía rato de estar haciéndole sexo oral a Sofia, me tomo de mis cabellos y hundió más mi cara en su sexo, y exploto en un tremendo orgasmo dando un grito que no puedo contener, -Ah, ah, me corroo, -dijo Sofia.

    Me levante y empecé a bajar el cierre de mi pantalón, saque mi verga erecta y Sofia se sorprendió por el tamaño, se mordió los labios, cuando estaba a punto de penetrarla y caer en sus redes, sonó mi teléfono y me hizo bajar a la realidad, -es Paula le dije.

    Sofia agarra mi verga y empieza a masturbarme muy lentamente, la aparte muy sutilmente, -Sofia por favor no podemos hacer esto, perdóname, debo contestar, Sofia quedo con la respiración agitada, estaba caliente, quería coger conmigo, me retire un poco y conteste, la llamada:

    -¿Amor estas bien, donde estas? -me preguntaba Paula.

    -Hola amor, tranquila estoy bien, -no quería decirles que estaba con Sofía, pero…

    -Sabemos que estas con Sofia, esa loba donde te tiene.

    -¿Cómo saben que estoy con Sofia?

    -Cuando fuimos a buscarte para irnos, vimos que Sofia te llevaba arrastrando. -dijo Dianita

    No quiso exponer a Cristian, el teléfono estaba en altavoz todos escuchaban lo que hablábamos, dinos donde están para ir a buscarte decía Paula, necesitas curar tus heridas para que no se infecten, -tranquilos ya Sofia muy amablemente me limpio la sangre y la herida, estoy bien, pero no sé dónde estamos, -dije mintiendo claro que sabía perfectamente donde estábamos, no sé porque lo hice.

    Sofia al escuchar lo que dije, sonrió, ella sabía que había mentido, del otro lado del teléfono me dijeron no supe quien, ya que todos hablaban al mismo tiempo, Thiago pon el teléfono en altavoz para poder hablar con Sofia, -creo dijo Natalia, -Te quieren hablar y puse el teléfono en altavoz

    -Sofia, gracias por cuidar a Thiago podrías decirnos donde están para pasar a buscarlo. -dijo Paula

    -Podría, pero no quiero.

    -¡Pero que te pasa!, estamos preocupados por Thiago, por favor dinos donde están. -dijo Paula casi llorando.

    -Tranquila niña, solo bromeaba, además no lo voy a obligar hacer nada que él no quiera hacer. -dijo guiñándome un ojo y sonriendo

    Me pase la mano por la cara, no sabía qué hacer, realmente quería ir donde estaban Dianita y Paula. Pero también sentía el deseo por Sofia, sabía que podría pasar si durábamos mucho tiempo solos. Tranquilos no se angustien, no tienen por qué venir les dije, yo cojo un taxi y llego donde ustedes, ¿díganme dónde están?

    -Estamos en mi apartamento. -contesto Cristian.

    -Listo ya salgo para allá. -les dije

    -Nada de eso, tú no te vas en taxi en ese estado, yo te llevo me dijo Sofia. -todos escucharon.

    -Ya sea en taxi o con Sofia, pero ven rápido por favor. -dijo Dianita

    Diana, recuerda que te dije que mientras Thiago este conmigo nunca le iba a pasar nada, así que quédate tranquila, -le dijo Sofia, Dianita no le contesto nada, -solo tráelo por favor fue lo único que dijo con voz triste.

    Ya con la llamada cerrada, -en serio te quieres ir, podemos terminar lo que empezamos hace un momento, me dice Sofia, -no me hagas esto Sofia, tú eres demasiada tentación, no quiero arrepentirme, mejor vámonos, otro día hablamos mejor, -por lo menos tengo la certeza que si te gusto solo por eso estaré esperando con ansias tu llamada, me dijo a las ves que me daba un tierno beso.

    -Sabes que ahora o después vamos a terminar cogiendo de eso puedes estar seguro. -Me dijo Sofia

    Me quedo callado sin responderle nada, pero en mi mente pensaba, “a eso es lo que le tengo miedo, que tienes razón”.

    Llegamos al apartamento de Cristian, los chicos nos esperaron con unos refrescos y comida, en un ambiente distendido, como si todos fuéramos buenos amigos, hablamos de la pelea con Tony, y de los sorprendidas que estaban todas con mi destreza para defenderme, Natalia le dice a Cristian, -tú sabias que esa pelea iba a terminar con Tony destrozado, por eso no interviniste cierto.

    En eso Paula me toma de la mano y me lleva a una de las habitaciones que ya conocía, ya que habíamos estado varias veces en el apartamento de Cristian, -disculpen chicos, pero después todo lo vivido hoy, quiero tener un momento a solas con Thiago, necesito hablar con él, nos levantamos y nos fuimos. Dianita no pudo disimular los celos que le dieron, era ella quien deseaba estar a solas conmigo, quería consentirme, pero sabía que no podía, por lo menos no en este preciso momento.

    En la habitación, nos sentamos en la cama, Paula me pasa la mano por mi rostro, y muy suavemente acaricia la herida que tengo el labio, con lágrimas en los ojos me dice, -no vuelvas hacer eso, sentí mucho miedo que te pasara algo.

    -Perdóname no quería asustarte, pero es que no sé porque no puede contenerme.

    -Tu eres un chico especial Thiago, eres de los que defiende a los débiles, no te gustan las injusticias, creo que el detonante fue ver que golpeaban a Diana.

    -Pero debí controlarme, si no es por la policía, no sé qué hubiese pasado.

    -Deja de pensar en eso. -me abraza y me empieza a besarme.

    Si te llega a pasar algo, me muero sabes que tú eres mi mundo Thiago, me dice mientras me sigue besando, la recosté en la cama, y continúe besándola, acariciaba su cuerpo con ternura, me la quede mirando fijamente con ternura y pase mi mano por su rostro, su cabello, sus labios, baje mi mano a su abdomen, Paula temblaba con mis caricias, fui subiendo hasta meter mi mano por su blusa y tocar sus senos, sentía sus duros pezones, pude sacar un seno de su sostén, sentía su piel caliente en mi mano, su respiración agitada, su corazón acelerado.

    Paula abrió mi camisa, pasaba sus manos por mi pecho y abdomen, subí su blusa, y pasé mi lengua por sus senos, -¡ah, ah, ah! que delicia, no pares por favor, sigue besando mis senos de esa forma. Yo tenía una erección que Paula podía sentir en todo su esplendor, paso su mano por mi verga sintiendo lo dura que estaba, desabrocho mi cinturón y libero mi tiesa verga, empezó a masturbarme con movimientos suaves, el placer que estaba sintiendo me hacía olvidar todo, en eso momento éramos solo Paula y yo, empecé a abrir su pantalón para empezar a bajarlo, Paula sube su culo para darme más facilidad para bajar su pantalón.

    Cuando ya tengo sus nalgas a mi vista, escuchamos un ruido que nos volvió a la realidad, -Thiago no podemos, me da vergüenza con todos allá fuera, mejor paremos, ya tendremos tiempo para los dos, me acaricia la cara y me dice, -sabes que te amo, -lo sé, yo también te amo, le dije y no mentía amaba a Paula, pero también sentía que amaba a Dianita, no sé cómo explicarlo.

    Nos arréglanos la ropa y salimos de la habitación, ambos preguntamos qué había pasado, Cristian nos respondió diciendo, -tranquilos a Sofia se le cayó un vaso de vidrio y se rompió, no pasa nada, fue un accidente. La mire y le pregunte preocupado, ¿no te cortaste con los vidrios?, con una mirada picara me dice, -gracias por preocuparte por mí, pero no me paso nada solo fue el susto.

    Dianita trataba de controlar sus celos, pero eran evidentes para todos, menos para Paula, en eso Sofia se acerca a Dianita y la aparta un poco de nosotros diciéndole, -por cierto, de nada.

    -Que quieres decir con eso, que es lo que te tengo que agradecer. -le contesta Dianita

    -Haber evitado que Thiago y su noviecita se pusieran a coger, estando nosotras aquí, de nada, le vuelve a decir.

    -Ok, entonces lo del vaso fue intencionalmente.

    -Pensé que había sido muy evidente, pero ya me di cuenta que no ja, ja, ja, ja

    Realmente eres de lo peor Sofia, no tengo que agradecerte nada, te repito Thiago y yo solo tenemos una amistad, además Paula es su novia, y ellos pueden hacer lo que quieran, y si quieren coger pues que disfruten, pero en su mente si le agradecía a Sofia que hubiese hecho el acto del vaso, ya que se estaba muriendo de celos solo con pensar todo lo que estaba pasando en esa habitación.

    Se perfectamente que estas mintiendo, no tienes que disimular, igual que yo te mueres por Thiago, la única diferencia entre tú y yo, es que yo si te lo estoy aceptando, y solo quiero decirte que hoy no paso nada entre él y yo, solo porque ustedes llamaron en el momento indicado, pongámoslo de esta forma lo salvo la campana, pero la próxima vez, porque habrá una próxima vez si me lo voy a coger de eso puedes estar segura, solo quiero que lo sepas.

    Continuará…

    Espero les haya gustado este capítulo, dejen sus comentarios, para que me ayuden a mejorar y para motivarme para seguir con la historia, saludos.

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  • Una perforación más que profunda

    Una perforación más que profunda

    Hola cómo están, mi nombre es Gloria y lo que les contaré es algo que me pasó con unos de mis novios que tuve durante unos años, en esos momentos yo tenía 23 años (hoy tengo 43) y siempre tuve un cuerpo bastante agraciado, tengo lo justo de pechos sin ser gigantes puedo decir que son lo suficientemente grandes como les gusta a los hombres, mi culo es grande pero no desproporcionado, es lo que más me miran y elogian.

    Si bien yo a esa edad tenía uno que otro noviecito, ninguno era mi novio oficial, salíamos unos meses y luego cortábamos, ellos solo me querían para coger, y no voy a negar que yo también, por eso es que duraba poco la relación, yo a esa edad como ya había hecho casi de todo en el sexo, me creía que era una gran cogedora, pero nada me había preparado para lo que me ocurrió, que no solo habría de cambiar mi pensamiento, sino también mi vida sexual.

    Si bien yo tenía varios pretendientes, a algunos no le daba esperanzas y desistían, pero había uno que era muy insistente, y yo no quería darle oportunidad, debido a que no me gustaba, era muy alto y flaco, y su cara no era muy agraciada que digamos, pero a veces una de tanto que le insisten termina aflojando, así que le di la oportunidad, salimos unos días y yo no quería llegar a nada sexual, pero al conocerlo un poco más a Leo que así se llama, empecé a verlo con otros ojos, él siempre fue muy caballero conmigo, y trataba de no apurarme en ese tema, hasta que una noche después de salir y con un par de tragos.

    Decidí que debíamos dar un paso más, así que el me invitó a su casa y allá fuimos, nos besamos un rato y al momento de estar en la cama el me sacó toda la ropa, me comenzó a chupar la concha y lo hacía muy bien, que hasta me arranco mi primer orgasmo, hasta ahí yo me sentía muy bien, así que decidí que quería chuparle la pija, cuando se sacó la ropa y quedó su pija al aire no podía creer lo que veía, Leo tenía una pija enorme, parada le media 23 cm y 8 de diámetro (en otra ocasión se la medí) yo en ese momento no lo sabía pero la tenía que agarrar con las dos manos, nunca había tenido una así.

    Se la comencé a chupar como podía ya que no sabía como hacerlo, la recorría con mi lengua y como podía trataba de meterla en mi boca, entraba solo una parte, pero cuando quiso cogerme realmente me dio miedo, le pedí que lo haga despacio, pero lo gruesa que era me hacía doler, de a poco con las distintas noches de sexo que fuimos teniendo me acostumbré a su tamaño, y realmente la disfrutaba muchísimo, cada vez que teníamos relaciones me hacía acabar varias veces, pero esto que les estoy contando es el prólogo de este relato, ya que lo que realmente cambió todo, fue cuando me pidió tener sexo anal.

    Cómo les dije en la cama la pasaba increíble una vez que me acostumbré al tamaño de la pija de Leo en mi concha, y el chuparla se había vuelto un vicio para mí, teníamos mucha química y yo me sentía la mujer más afortunada del mundo, pero pasados unos meses de estar así, él me dice que le encantaría hacerme el anal, yo le digo que está loco, que me mataría con el tamaño de su pija, pero el insiste y me dice que sería muy cuidadoso, yo si bien anteriormente había tenido sexo anal con algunos de mis novios, ninguno se acercaba al tamaño de la pija de Leo, más que nada por lo gruesa que era.

    Yo le dije que me diera tiempo, que cuando me sienta preparada lo haríamos, él no muy convencido aceptó, cada vez que estábamos en la cama él me lo pedía, pero yo le decía que todavía no, pero podía notar que él también se estaba empezando a frustrar, así que empecé a convencerme yo misma de hacerlo, varias veces lo intento, pero la tenía tan grande que me causaba mucho dolor y lo dejábamos, él usaba lubricantes y ni así podíamos hacerlo, yo en ese momento tenía muchos sentimientos hacia él, bueno, no sé si hacía a él o a su pija, ya que me hacía gozar como nadie lo había hecho, hasta que un día me dije a mi misma que lo intentaría hasta lograrlo, y se los contaré como fue.

    Esos días trate de que nos guardemos para llegar al fin de semana con muchas ganas, pero también de mi parte trate de entrenar mi culo usando un juguete que tenía, todas las noches de a poco me lo iba metiendo para que mi dilatación fuera más fácil, si bien el tamaño de mi juguete no era como la pija de Leo, sabía que podría ayudar bastante a que el dolor fuera menos, yo realmente disfrutaba de mi juguete y deseaba pasarla de la misma manera con él, así que cuando llegó el fin de semana salimos a cenar y tomar algo, y después nos fuimos directo a su casa, los dos teníamos muchas ganas de coger, así que ni bien entramos nos comenzamos a besar apasionadamente.

    Yo mientras lo besaba acariciaba su pija que no paraba de crecer y ponerse dura, así que se la saco del pantalón y comienzo a chuparla como si mi vida dependiera de eso, trataba de meter todo lo que más podía en mi boca y la recorría con mi lengua desde sus huevos hasta la cabeza, Leo comienza a sacarse la ropa hasta quedar completamente desnudo, era hermoso ver su pija grande y dura, se acomoda en el sillón y abre sus piernas para que yo me arrodillé en medio y le dé una chupada de pija como se lo merecía, y no lo hice esperar, la lamía sin dejar un milímetro sin recorrerla, cuando llegaba a sus huevos que los tenía duros y casi pegados a su gran tronco.

    Yo disfrutaba el chuparlos y a la vez lo miraba a los ojos con cara de puta que es lo que a él le gustaba, cada vez que intentaba meter todo lo que más podía en mi boca lo volvía loco, no aguantó más y me sentó en el sillón, me sacó el pantalón y hundió su cabeza en mi concha, me la chupaba como nunca, metía su lengua en lo más profundo de mi ser, y se detenía a chupar y morder mi clítoris, no tarde mucho en sentir la electricidad en todo mi cuerpo y comencé a acabar dejando mis jugos en su boca, él no paraba de chuparme, pero está vez comenzó a meter un dedo en mi culo, me hacía llegar al cielo, lo metía y sacaba, luego fueron dos los dedos que metía, sin parar de chupar.

    Yo me sentía la mujer más feliz y más puta del mundo, no tarde mucho en volver a acabar, me estaba dando un placer indescriptible, entonces se incorpora y acomoda la cabeza de su pija en la entrada de mi concha, y muy lentamente me la empezó a meter, yo podía sentir cada una de sus venas de lo dura y gruesa que estaba, cuando la metió toda, al mismo tiempo comenzó a chuparme las tetas, estaba sintiendo todo lo que una mujer muy caliente desea sentir, cada vez que empujaba sentía como su pija estaba por llegar a mi estómago, cada vez me daba más duro y mi concha no daba más de lo caliente que estaba, podía sentir como la tenía abierta a más no poder.

    Tranquilamente podían meter una mano después de que él me cogía, cosa que pasó, pero eso se lo contaré en otro momento, luego de varios minutos de cogerme así me pide que me apoye en el respaldo del sillón para comenzar a cogerme de perrito, cuando me la saco puede escuchar que sonó como si descorchaban una botella cuando sacó la cabeza de su pija de mi interior, yo me encontraba tan excitada que deseaba que Leo no dejara de cogerme nunca.

    Creo que todo el sexo que me daba fue lo mejor de mi vida sexual hasta hoy en día, yo estando arrodillada en el sillón apoyando mis brazos en el respaldo creía que ya estaba lista para recibir ese enorme trozo de carne duro y venoso en mi culo, así que mirando para atrás asentí con la cabeza, dándole a entender que me encontraba preparada, así que el agarró la botella de vaselina y comenzó a pasarla por mi ano y su pija, cuando lo hace la siento fría al primer contacto, pero solo duró unos segundos, y siento que él apoya la cabeza de su pija en mi ano, por su grosor sabía que los juguetes que había usado en mi culo no alcanzarían para que dilate lo suficiente para recibir ese monstruo.

    Él se movía lentamente en forma circular haciendo presión, lo que no alcanzaba para que pudiera entrar su cabeza, él lo intentaba una y otra vez muy suavemente, el dolor que sentía hacia que le pidiera que se detenga, pero a la vez no quería que se frustre o desilusione, así que le pedí que usará más lubricante, y esta vez agarré mis grandes nalgas con mis manos y las abrí para que el tuviera una mejor visión y manejara la situación, yo decidí cerrar los ojos y poner mi cabeza en blanco, pero no sé si fue eso, que está vez el dio un empujón con firmeza y la cabeza de su pija entro en mi interior, el dolor que sentía me hacía pensar que me estaba partiendo en dos.

    Yo mordía el sillón para no dar estruendosos gritos de dolor, pero igual se podía escuchar mi sufrimiento, sabía y sentía que me había roto el culo, y luego lo comprobé al ver manchas de sangre, él me pedía que me relaje, pero el dolor no me lo permitía, luego de unos instantes saca su pija de mi interior, en ese momento sentía que volvía el alma a mi cuerpo, pero cuando menos lo esperaba volvió a presionar y a meter la cabeza de su pija dentro de mi culo, nuevamente sentí un gran dolor, pero no tan intenso como esa primera vez, él nuevamente volvió a dejarla clavada en mi culo sin moverla.

    Ahí supe que estaba intentando hacer, quería que mi culo se acostumbre a dilatarse para recibir esa gran pija, hizo esto varias veces, si bien cada vez que lo hacía entraba con más facilidad, nunca deje de sentir un gran dolor, pero luego de varios minutos de hacer esto comenzó a meter de a poco ese grueso tronco, cuando lo hacía además del dolor, sentía un ardor que hacía distinguir cada milímetro de su pija, cuando menos lo esperé sentí como su pubis chocaba contra mí, no podía creer que todo ese trozo de carne me esté abriendo el culo y alojándose en mi interior, cada movimiento por más pequeño que sea me causaba dolor, pero él lo hacía muy suavemente, la sacaba varios centímetros y la volvía a meter.

    Él me decía que le encantaba como se sentía cogerme el culo y que en cualquier momento estaba por acabar, yo daba gracias a Dios que lo hiciera ya que acabaría con ese sufrimiento, él de a poco subía más la velocidad con que me cogía, otra vez se intensificó el dolor y sentía como que en cualquier momento su pija saldría por mi ombligo, en unos instantes sentí como él se estremecía y llenaba mi culo con gran cantidad de leche, en ese momento tuve varias sensaciones encontradas, dolor, morbo, alivio, ardor y un extraño placer, pero cuando por fin la sacó caí desplomada de cansancio.

    Prácticamente quedé dormida al instante y él a mi lado, cuando desperté tenía un gran dolor y ardor en mi culo, cada movimiento que hacía me recordaba que hace unos momentos me habían roto el culo como nunca antes en mi vida.

    Realmente esa experiencia me había marcado, pero para nada había concluido ahí, durante el día sentía un dolor y una incomodidad como nunca, Leo solo me decía lo feliz que estaba por haberme cogido el culo, cuando llega la noche y vamos a la cama, yo realmente no tenía ganas de nada, así que me doy vuelta dando la espalda a Leo que me abraza con dulzura, luego de unos minutos así el comienza a darme besos en el cuello y espalda.

    Y en ese momento me ocurre lo que jamás hubiera imaginado, el ardor que sentía en mi culo me pedía tener una pija para que calmara, en mi interior sabía que si Leo me volvía a coger, volvería a sentir un intenso dolor, pero yo deseaba ser cogida para calmar ese ardor, así que comencé a responder los besos de Leo, sentía un fuego dentro de mí que no podía contener, así que sin que el se lo esperara me puse en posición de perrito y le pedí que me coja, él tuvo una agradable sorpresa, y no me hizo esperar, ensalivo la cabeza de su pija y haciendo a un lado mi tanga la clavo hasta el fondo en mi concha.

    Yo me sentía muy bien, pero necesitaba que Leo haga parar el ardor en mi culo, así que luego de unos minutos de que me esté cogiendo así, decidí dar un paso más, agarré mis grandes nalgas con mis manos y las abrí de par en par, dándole a entender que necesitaba que me coja el culo, así que apoyo la cabeza de su pija en mi entrada, presionó con firmeza y la metió en mi interior, nuevamente sentí un gran dolor, pero menos que la primera vez, y el ardor que sentía había desaparecido, cada vez que Leo se movía sentía como si me estuviera partiendo en dos, pero a la vez se hacía más tolerable.

    Cuando menos lo esperé mis quejidos de dolor se habían convertido en jadeos, si bien esos jadeos estaban acompañados de dolor, este era de mucha menos intensidad, Leo me estaba cogiendo a gusto pero con suavidad, la dilatación a la que me estaba sometiendo me hacía tener mucha sensibilidad en mi culo, a los pocos minutos siento como su leche invade mi interior, pero no la saca de mi culo, y se queda ahí hasta que su pija se pone flácida, y prácticamente sale por si sola, esa semana me cogió analmente todos los días, hasta que por fin pude aguantarla sin dolor, y ahí sin pensarlo comenzaron innumerables experiencias, algunas que eran fantasías y otras que las hicimos por curiosidad, las cuales seguramente se las iré contando.

    Hoy al mirar para atrás puedo decir que mi vida sexual no la cambiaría, si bien ya no estamos juntos con Leo, todo lo vivido con él es algo que perdurará en mí, luego de eso tuve buenas experiencias, pero ninguna como esas, a partir de ahí me acostumbré a las grandes pijas, si bien no soy una adicta a las vergas gigantes, debo decir que son mi debilidad, y como estarán imaginando los hombres de color son mi prioridad, pero bueno, todo eso se lo dejaré para otro relato, estaré atenta a sus comentarios y preguntas.

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  • Doble penetración a mi esposa

    Doble penetración a mi esposa

    Mi esposa siguió mamando mi verga después de que mi hermano se la culeó y la enculó, lo vi a diez centímetros como la verga de mi hermano entraba y salía de su chocho y después de su ano, mi esposa quería más y siguió chupándome la verga, diciendo: “mi amor adoro tus 23 centímetros de verga y su sabor pero quiero sentirla dentro de mi coño, aunque mi cuñado también tiene una buena verga, yo quiero la tuya”.

    Una vez la tuve como a ella le gusta, se subió y se ensartó la verga en su coño y comenzó un sube y baja lento y profundo, mi hermano el ver ese culo que subía y bajaba, se le paró de nuevo y colocándose detrás de mí esposa de nuevo se la metió por el culo.

    Mi esposa gemía y gritaba diciendo: par de cabrones háganme gozar con sus vergas, rómpanme el culo y el chocho, quiero más denme duro como a lo que soy una puta. Mi hermano y yo aumentamos el ritmo de la culiada, con mucha sincronía entrábamos y salíamos de su culo y chocho, de pronto los tres explotamos yo le llame de semen su coño y mi hermano por segunda vez le lleno de semen sus intestinos, nos recostamos ella entre nosotros, mi hermano le metía un par de dedos en el coño y yo hurgaba su ano, y nos quedamos dormidos.

    De pronto me desperté y la zorra de mi esposa me empujaba con su culo porque estaba pegada a la verga de mi hermano y mamaba como loca, y mi hermano la pajeaba con sus dedos el coño de mi esposa, yo me excite viendo el cuadro de mi esposa mamando verga, le levante el trasero y le penetré por el coño dándole una culiada fuerte, la abracé y la puse sobre mí de espalda, luego quedó con su coño lleno de verga que mi hermano miraba súper cachondo, él ahora veía en primer plano como me follaba su cuñada, se acercó y puso la cabeza de su verga a la entrada del chocho de mi mujer.

    Yo hice una pausa y mi hermano apretaba hasta que su verga entró, no podía creer que mi esposa aguantara dos vergas en su coño, todos gemíamos de lo cachondos que estábamos, mi mujer gritaba, aullaba como una verdadera zorra, diciendo: “quiero más, no paren, fóllenme duro quiero sus vergas en el fondo de mi chocho, cabrones pártanme la panocha, denme más… más… duro quiero otra verga para mi culo y para mi boca”, y los tres llegamos simultáneamente y le llenamos su chocho de semen, nos tiramos a su lado a descansar, a mi mujer le salía de su chocho semen y sus propios flujos, mi hermano la besaba, era una lucha de lenguas y yo le metí un par de dedos por el culo a mi mujer y al parecer el sueño de nuevo nos venció.

    Al día siguiente nos levantamos conocimos a Jorge el mayordomo un joven rubio, alto y atlético de 28 años y su esposa María de 24 años, baja de estatura, con unas tetas y un culo de ensueño, mi esposa tiene 27 años, alta de 1,75 metros con unas piernas largas torneadas, un par de tetas firmes y un culo de campeonato, mi hermano tiene 32 y yo 30, a mi hermano y a mí la biología nos doto de un verga de 23 centímetros y de una cuerpo sólido y musculado sin ser de gym.

    Por la tarde fuimos los cinco a la piscina, mi hermano se morreaba a María, Jorge y yo morreábamos a mi esposa que nos desnudó y acariciaba nuestras pollas, joder decía: “Jorge tiene una verga de 17 centímetros pero como una lata de cerveza de gruesa, la quiero en mi chocho, después de ayer cualquier verga me cabe en mi chocho”, y comenzó a mamarnos la polla alternadamente, tumbo a Jorge de espalda y se empaló en su verga, haciendo un sube y baja frenético y con mucha fuerza, yo le metí par de dedos en su culo y se lo lamía, ella solo gemía pidiendo más, puse la cabeza de mi verga en su ano y comencé a apretar hasta que entró, se la fui metiendo suavemente hasta la totalidad.

    Comenzamos con un mete y saca profundo, sincrónico y frenético con mucha fuerza, el morbo y la lujuria mandaba sobre nuestros sentidos, follamos su chocho y su culo como 20 minutos, ella gritaba, aullaba pidiendo verga, mi hermano ya se había follado a María y se nos acercó con su verga erecta y se la metió a mi mujer en su boca para callarla, y follábamos con vehemencia los cuatro, explotamos en un clímax apoteósico.

    Jorge le lleno el chocho de semen a mi mujer, ella se corrió y le baño la verga y los huevos a Jorge, yo descargue mis huevos en sus intestinos y mi hermano exploto en su boca tragándose ella su corrida, nos tumbamos a descansar, pero mi esposa tenía ahora tres vergas para chupar, entonces María se unió a mamar verga también, pidiendo una penetración similar a la que le acabamos de dar a Stella mi esposa.

    Esa semana fue de sexo desenfrenado entre mi esposa, mi hermano, Jorge María y yo, cumplimos nuestras fantasías, hicimos doble penetración a María y a Stella de nuevo, los tres nos rotábamos por esos tres huecos de esas mujeres hambrientas de verga.

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  • Mi esposa y sus nuevas tetas

    Mi esposa y sus nuevas tetas

    Después de mucho tiempo vuelvo a escribirles, esta vez con una historia con mi esposa. Tengo ya 10 años de casado y dos hijos. Mi esposa es una chica muy guapa, tiene una buena figura que ha sabido mantener después de los embarazos. El único problema que tiene, según ella, era que, debido a la lactancia sus senos se habían caído y ya no eran igual que antes. Tenía unas tetas entre medianas y grandes, el problema era la flacidez.

    Por este motivo, nuestra vida sexual era un poco limitada, ella no se sentía bien con sus senos y le costaba soltarse a la hora de tener relaciones. Hace un tiempo, decidió hacerse un implante, no tanto para incrementar el tamaño, sino para recuperar la firmeza. El tamaño seguiría siendo el mismo, pero ya estarían más levantaditos y duritos.

    Después de su operación, tuvo que tener un tiempo de recuperación, el cual ella lo alargó más de lo normal, por miedo a que se le pueda complicar. Yo lo tomaba con calma, de vez en cuando me tenía que dar una escapada, ya que no podía hacer absolutamente nada con mi esposa.

    Después de unos 2 o 3 meses. Ella notó que sus senos ya estaban bien, después de una cita con el cirujano y su visto bueno, llegó a casa una noche, después de dejar a mis hijos con mis suegros.

    -Amor, el doctor ya me dijo que todo está bien, así que creo que el momento ha llegado –me dijo con una sonrisa en la cara.

    -¿Cómo? –respondí, ya que no entendía de que hablaba.

    -Mis tetas nuevas ya están bien, así que podemos hacer el amor sin problema –me dijo.

    Se veía tan hermosa con un vestido largo, que acentuaba sus nuevas tetas y su culo, el cual siempre fue hermoso. No me pude contener y me acerqué a ella, la tomé de la cintura y le di un beso muy apasionado, mi lengua recorría toda su boca, jugaba con su lengua. Mis manos comenzaron a recorrerá su cuerpo, apretaba sus nalgas por encima del vestido.

    Jalé su vestido hacia arriba, dejando libre sus hermosas nalgas, traía un hilo negro, por lo que podía sentir la suave piel de sus nalgas. Luego ella me sacó el polo y comenzó a besarme el cuello. Yo seguía disfrutando de sus nalgas. Ella se separó de mí, levantó su vestido y se lo quitó. Frente a mi quedaron ese par de nuevas tetas, que, si bien ya las había visto muchas veces antes, moría por besar y lamer.

    Me acerqué a ellas y por primera vez las pude besar, lamia sus pezones, las sobaba suavemente. Sus manos fueron directamente a mi pantalón, lo desabrochó y metió una mano para coger mi pene que ya estaba bastante erecto. Comenzó a sobarlo mientras yo seguía disfrutando de sus tetas.

    Un rato después, se agachó, bajó mi pantalón y mi bóxer por completo y me ayudó a sacármelo. Mi pene quedó a escasos centímetros de su cara, se lo metió a su boca sin demorar. Me di cuenta que ella también tenía tantas ganas de hacer el amor como yo. Me dio una mamada espectacular. Yo sobaba sus tetas y pellizcaba ligeramente sus pezones que ya estaban duritos.

    La levanté, la besé en la boca, jugábamos con nuestras lenguas, ella me seguía masturbando, yo con una mano le sobaba una teta y la otra jugaba con su clítoris. Comencé a besarle y lamerle el cuello. Ella gemía suavemente, seguí bajando, le volvía besar las tetas, dedicándome más a lamer sus pezones. Luego seguí bajando y le fui bajando el hilo, levanté su pierna, la puse en mi hombro y comencé a lamerle la vagina, estaba mojadita, tenía un sabor delicioso. Mi lengua pasaba entre sus labios, sintiendo sus jugos.

    -Ya no aguanto más, métemela de una vez, extraño que me hagas el amor –dijo, bastante excitada.

    -Yo también mi amor, quiero hacértelo y estrenar tus tetas bañándolas con mi leche –le dije mientras me levantaba y de la mano la llevaba al sillón que era lo que teníamos más cerca.

    La recosté en el apoyabrazos para que se arquee su cuerpo. su vagina al borde, levanté sus piernas y le metí el pene de un empujón. con la excitación que traíamos, entro sin dificultad. Comencé a penetrarla suavemente, ella gemía con los ojos cerrados, comencé a apretar suavemente sus tetas, mientras, con los dedos, frotaba sus pezones.

    La levanté, la cargué, aun con mi pene dentro de su vagina mojada y comencé a moverme así, parado, le estaba dando rápido, la agarraba de las nalgas y la movía para ayudar a la penetración. Su vagina chorreaba, ella gemía fuertemente. Me senté en el sillón, ella me abrazó con sus piernas y se movía de adelante para atrás. Esto hacia que se frote su clítoris contra mi cuerpo. aproveché esta pose para lamerle los pezones y las tetas.

    Después de unos minutos, se levantó, se apoyó en el sillón en cuatro y levanto el culo frente a mí. Sin pensarlo dos veces, fui y metí mi cara entre sus nalgas, comencé a lamerle la vagina, que ya chorreaba muchísimo. Mi esposa gritaba de placer.

    -¡asiii! Sigue, chúpame la concha mi amor –decía entre gemidos– me encanta como me la chupas.

    Yo seguía lamiendo, hasta que sentí como se contorsionaba, estaba teniendo un orgasmo mientras mordía uno de los cojines, para no gritar. Sentí como su corrida escurría de su vagina y trataba de tomármelo todo. Me levanté y comencé a penetrarla sin compasión, abrazándola por detrás y apretando fuertemente sus tetas, la excitación habían hecho que me olvidé que tenía que ser cariñoso con ellas. Ella no reclamó, imagino que le pasó lo mismo que a mí.

    Sentí que mi corrida estaba acercándose, le di la vuelta, la recosté al borde del sillón, levante sus piernas en mis brazos y la penetre rápidamente con su culo un poco levantado, le besaba la boca desesperadamente hasta que sentí que iba a venirme. Saqué mi pene de su vagina y lo acerqué a sus tetas.

    -Me voy a correr mi amor –dije– ¿quieres mi leche en tus tetas nuevas?

    -¡Siii! –me dijo, mientras sus dedos frotaban su clítoris para correrse conmigo– ¡yo también me voy a correr!

    Después de varios días sin sexo, dejé salir muchísima leche, cayendo toda en sus tetas. Una vez terminé, viendo que aún no se corría, me arrodillé frente a ella y la ayudé con la masturbación, hasta que varios chorros grandes salieron disparados a mi cara.

    Terminamos satisfechos los dos, pero después de tanto tiempo sin coger, no quería dejar de hacerlo. Después de un pequeño descanso y de limpiarnos nuestras corridas del cuerpo, la cargué, ella me rodeó con sus piernas y nos besamos muy apasionadamente. Así fui caminando y la llevé a la habitación. Al llegar me recosté en la cama y comenzamos un delicioso 69, mi pene, que estaba bastante flácido, comenzó a endurecerse de nuevo. Su vagina seguía muy mojada.

    Unos minutos después, se levantó y se subió encima mío, dándome la espalda. Sabía que me encantaba ver su culo rebotar encima mío en esa pose. Se sentó encima mío y se metió mi pene de un solo golpe. Se comenzó a mover delicioso. Había olvidado lo bien que se movía cuando me cabalgaba. Es una excelente bailarina, por lo que sabía cómo mover su cuerpo. Apretaba sus nalgas mientras ella saltaba y se movía en todas las direcciones. Con una mano me sobaba los testículos. Luego, se recostó hacia adelante y comenzó a mover el culo de arriba abajo. Podía ver como hacia desaparecer mi pene. estaba en la gloria.

    -¡me voy a correr amor! –dijo mientras se frotaba el clítoris sin parar de saltar encima mío.

    Se levantó, levantando el culo lo más que pudo para dirigir su vagina a mi cara y sin dejar de frotarse el clítoris, volvió a bañarme la cara con su corrida. Cayó rendida boca abajo en la cama. Me levanté y sin perder tiempo, la penetré por detrás, con mis piernas a cada lado de su cuerpo. ella levantó un poco el culo para ayudarme en la penetración. Comencé a embestirla fuertemente, ella mordía la sabana para no gritar. Le comencé lamer la espalda.

    Después de varios minutos en esa pose, le di la vuelta y la comencé a penetrar en misionero. Le besaba las tetas, esta vez sí me deje llevar y me concentre en el nuevo juguete. Se sentían muy bien esas tetas. ¡un aplauso para el cirujano!

    -¡Así chúpame las tetas mi amor! –me dijo– son todas tuyas. Lo hice para que las disfrutes.

    -Me encantan, están deliciosas. Quiero chupártelas todo el tiempo –dije.

    Estuvimos así varios minutos hasta que no pude contenerme más. Estaba en la duda de volverle a bañar las tetas o llenarle la concha de leche.

    -Me voy a venir mi amor. ¿quieres mi leche? –pregunté.

    -¡si mi amor! Lléname la concha de leche –dijo –pero espérame que también estoy por venirme.

    -¡ya mi amor! Quiero venirme contigo –dije.

    -¡sigue! ¡no pares! ¡asiii! ¡estoy cerca! –gritaba ella- ¡yaaa! ¡vente mi amor! ¡quiero tu lecheee! –dijo corriéndose y temblando.

    -¡ahí va mi amor! ¡toma tu leche!!! –dije acelerando los movimientos.

    Nos corrimos juntos, deliciosamente. Quedamos exhaustos. Nos recostamos, nos besamos por varios minutos. Un beso con lengua muy caliente. Después de eso, nos recostamos, y nos dormimos abrazados.

    Al día siguiente, despertamos muy tarde, abrazados, desnudos. Nos besamos y nos levantamos para ir a recoger a nuestros hijos donde mis suegros. Mientras nos cambiábamos no podía dejar de verle las tetas. Ella se dio cuenta.

    -¿te gustan mi amor? –preguntó ella, posando frente a mí, sacando pecho.

    -¡me encantan! –dije.

    -¡ven chúpamelas un rato más! –me dijo –pero rápido que nos tenemos que ir.

    Me acerqué corriendo y me abalancé sobre ellas, le chupé las tetas desesperadamente, como si fuera la última vez que las podría chupar. Luego nos terminamos de cambiar y salimos. En el camino conversamos de cómo se sentía, si sentía algo diferente en sus tetas.

    -La verdad que no, se sienten bien –dijo– no me duelen ni nada.

    -Qué bueno amor, por un momento pensé que había sido muy duro –dije un poco preocupado.

    -No mi amor, todo bien –respondió– creo que esperamos el tiempo justo.

    -Entonces, eso quiere decir que podemos hacerlo así más seguido –dije.

    -Claro mi amor, me ha encantado todo lo de anoche –dijo, acercándose y dándome un beso muy caliente.

    Después de ese día, nuestra vida sexual cambió muchísimo. Hacíamos el amor casi todos los días, la mayoría de veces en la casa, pero a veces también lo hacíamos en el auto, en algún lugar escondido, en la playa. Definitivamente esa operación hizo que mi esposa se sienta más segura de su cuerpo e hizo que se suelte más en el tema del sexo.

    Fin

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  • Lejos de casa y sin mi mujer (1): El hombre libre

    Lejos de casa y sin mi mujer (1): El hombre libre

    Una sensación de libertad plena y placentera reinaba en mi espíritu esa tarde. Hacía tiempo que no experimentaba esa agradable paz. Me tiré de espalda en la cama cómoda y blanda del hotel donde la compañía en la que trabajaba me había reservado hospedaje por una noche. Miré al techo pulcro con luces tenues. Eran ya pasadas las cinco de la tarde y tenía hambre.

    Debía bajar al restaurante del hotel para cenar, pero me sentía bien allí disfrutando de esa paz de no estar con mi mujer, aunque fuera solo por esa noche. Y no era porque no quisiera a Paola, sino porque un hombre necesita de vez en cuando estar solo, en paz, sin la rutina del matrimonio o como dice mi amigo Pablo, sin la rutina del matricidio.

    Me levanté y fui a cenar solo, tranquilo, un plato con pescado y ensaladas. Al rato subí nuevamente a la paz de mi habitación. Tomé una ducha y ese fantasma del morbo sexual fantasioso comenzó a tentarme. Estaba solo, lejos de casa, sin esposa que jodiera y diera lata. Salí del baño fresco y me vestí con ropa cómoda. Abrí mi laptop y en modo oculto ingresé a una de las páginas de chat que furtivamente frecuento las raras veces que Paola no está en casa o detecto que tengo privacidad garantizada. Pero esta vez, tenía toda la paz y privacidad del mundo.

    Ingresé al chat y escogí el canal de mi país. Había, como de costumbre, muchos hombres escribiendo esos mensajes típicos: “¿Alguna para escrito morboso?” “¿Quién para chat hot?” “¿Alguna gordita?”, pero también otros texteaban frases tácitas: “¿Quién curioso?” “Charla entre casados”, etc.

    Al saberme solo y lejos del peligro inquisidor de Paola, quise dar rienda suelta a mis curiosidades. Así que sin temor alguno escribí: “¿Algún casado curioso en Valledupar?”. Lo hice un poco por necedad. No esperaba que algún tipo me fuera a responder en una ciudad relativamente pequeña, pero contra todo pronóstico, un “hola” simple apareció en una pestaña que se abrió en mi chat. Respondí sorprendido con un “hola”.

    Resulto ser un hombre casado de cuarenta y tres años que respondía al seudónimo de CasaditoQ. Me dijo que era hetero curioso y que buscaba lo que surgiera. Al preguntarme él a mí, ¿qué buscaba yo en el chat?, le respondí igual: “Lo que surja”, sin estar realmente convencido. No obstante, la conversación se fue tornando amena a base de esas preguntas básicas que los casados curiosos nos hacemos en los chats al sentirnos seguros bajo el anonimato que otorga esos sitios. ¿Qué rol eres? ¿Qué te gusta hacer? ¿Has hecho algo real con hombres? Etc.

    CasaditoQ me dijo que era activo y que tenía experiencia real, pero que hacía más de un año que no se cogía a un hombre. Muchos dicen cosas inciertas en esos chats solo para impresionar o fantasear consigo mismos bajo el anonimato. El hecho es, que cierto o no, lo que él escribía me resultaba excitante e interesante. Por su parte, a él parecía seducirle mi sencillez y honestidad al escribir. Le comenté entonces que yo no tenía ninguna experiencia real, pero que sospechaba que probablemente yo debía ser pasivo, porque me generaba mucho morbo ver los penes e imaginarme en situaciones sexuales con hombres en donde yo era penetrado.

    La conversación se tornó más caliente, intensa y fluida. Ambos estábamos excitados leyendo lo que nos escribíamos. Los dos perfiles casaban como guante en la mano. Los ánimos se subieron y fue entonces cuando CasaditoQ me propuso una paja mutua por cámara. Me animé todo excitado, pero le advertí que debía ser sin mostrarnos los rostros. Preferí serle honesto y le dije que eso me daba miedo. Él, con mucha cordura y seriedad, escribió que igualmente prefería jugar al morbo sin mostrarnos las caras.

    Intercambiamos nuestras cuentas por el chat y nos conectamos por la aplicación Skype. Primero nos llamamos solo por voz. Él, así lo pidió arguyendo que le resultaba más excitante iniciar de ese modo. Yo seguí su sugerencia. Su voz era varonil, reposada y mesurada. Denotaba ese buen hábito de pensar antes de hablar. Entonces me contó brevemente su última experiencia sexual con un hombre. Me dijo que tuvo un amigo permanente durante algunos meses. Un tipo separado de su mujer, que vivía solo y que trabajó temporalmente en Valledupar. Lo había conocido a través del mismo chat por el que hablábamos hacía minutos.

    -Era fácil, porque como él vivía solito en un apartamento. Yo llegaba cuando podía escapármele a lmi mujer y le daba buena verga –me contaba con voz emocionada.

    Luego nos pusimos la webcam. En la pantalla de mi laptop, apareció entonces un tipo de pie sin cabeza, con un calzoncillo clásico gris y en camisilla blanca. Yo, al poner mi cámara, también estaba en bóxer corto y una franela puesta. Él se acariciaba su bulto que ya denotaba una erección manifiesta. Se quitó su franela y su pecho y abdomen velludos saltaron a la vista. Un típico cuarentón en forma con un cuerpo bien moldeado, con poco abdomen, muy natural, sin ser producto de horas de gimnasio. Su tez era oliva clara siendo un poco más clara en sus piernas.

    -Quitate la franela –me dijo.

    Yo lo hice. Me expresó que le gustaba mi cuerpo. Yo tenía vellos en el pecho como él, pero menos poblados. El continuaba sobando su bulto por encima de su calzoncillo hasta que éste devino en una punta grotesca como carpa de circo. Me encantaba ver ese bulto. Le dije que eso me daba morbo y el meneaba sus caderas para que el bulto se agitara ante la cámara. Me deleité mirando eso. Entonces se bajó el calzoncillo y su pájaro potente se liberó. Lo tenía grueso, perfectamente derecho, alineado con el eje vertical de cuerpo. El color rojizo del glande me resultaba llamativo y una vena central le reforzaba su virilidad. Su falo duro lo coronaba un espeso vello púbico.

    -¿Te gusta?

    -Mucho, sí, lo tienes, no sé, provocativo.

    -Déjame verte a ti. Quítate todo –me hablaba con cierta autoridad y eso extrañamente me gustaba.

    Me desnudé por completo. Mi pene erecto curvo y más delgado que el de él lo tenía en su pantalla.

    -Me gusta que lo tienes curveado.

    -No, a mí eso no me gusta, es difícil a veces para penetrar.

    -Ja, ja, ¿en serio? ¿pero tu mujer está contenta o no?

    -Pues, sí.

    -Bueno, eso es lo importante compadre. A ver, déjame conocer ese culito.

    Se lo mostré con algo de vergüenza. Tomé una silla de escritorio. Me subí a horcajadas con mis rodillas en el cojín y mis manos en el espaldar y empiné mi trasero para presentárselo de la mejor manera posible. Un silbido emitió.

    -Pero si tienes mejor culo que la mujer mía -dijo seguramente exagerando.

    Igualmente me sonrojé y me daba un morbo inexplicable sentir que un hombre hiciera cumplidos a mi culo. La verdad es que yo era bien consciente de que, por herencia, era un hombre nalgón al igual que mis hermanos y hermanas. Tenía las mismas nalgas redondas y algo velludas de mi papá. Me sorprendía de todas maneras que tal atributo físico podía ser atrayente para otro hombre.

    -¿Cómo puede ser que un culito así aun esté sin estrenar? No, no, no puede ser –decía medio riendo.

    Me giré entonces. Yo quería verle la verga. Él, muy complaciente, la acercaba a la cámara para que yo pudiera verla grande en mi pantalla. Era bella, perfecta a mi gusto, sin ser exagerada, tenía un grosor que armonizaba con la virilidad que CasaditoQ proyectaba desde que empezamos a escribirnos en el chat. Me encantaba su glande chato, recortado como media luna de un color entre rojizo y morado.

    -Óyeme, ¿y tu mujer? ¿no hay riesgo de que te pillé en estas? –le pregunté por precaución.

    -No-oh, es enfermera y está de turno nocturno esta semana. Ella llega casi a las once de la noche.

    -Ah vaya. Tienes esa ventaja.

    -¿Y la tuya? ¿A qué horas llega? -fue entonces cuando le dije lo que cambiaría toda esta historia.

    -No, yo estoy en un hotel. Pensé que te había dicho. Yo no vivo aquí en Valledupar. Mi mujer está en Cartagena.

    -¿Qué dices? ¿Es en serio? –exclamó con voz sorprendida.

    -Si, en serio –le respondí con voz interrogante.

    -Óyeme, ¿eres consciente de que tenemos una oportunidad única, ahora mismo de hacer esto real?

    -Pues, eh-hm…

    -Lo digo en serio. Tú estás solito, sin tu mujer que te joda la vida. Yo, ahora mismo también. ¿Hasta cuándo estas acá?

    -Me voy mañana. La empresa me envió para trabajar dos días. Hoy y ya mañana por la tarde viajo.

    -No puede ser compadre. ¡Es ahora o nunca! –dijo exasperado y excitado.

    Su verga se había apagado un poco. Me propuso de vernos en real. Yo no atinaba ni a digerir la idea. El miedo me bloqueaba. Ni me había planteado yo llegar a eso. Pero si analizaba con cabeza fría las circunstancias, CasaditoQ tenía razón. Teníamos todo a favor y una oportunidad así, al menos yo, difícilmente la volvería a tener. Pero el miedo carcomía mis nervios. No tenía agallas para tal cosa. No. Imposible. No me daba el alma como para eso. Me quedé en silencio un momento. Luego tomé aire y le hablé.

    -Mejor, ¿por qué no seguimos por aquí, así virtual? –le dije con voz tímida, como resignado conmigo mismo. Su pene ya estaba completamente blando y colgando. Bello ante mis ojos.

    -Vamos, anímate. Somos dos tipos serios, casados, con el mismo morbo y necesidad sexual. Llevamos ya media hora dialogando rico desde que nos contactamos por el chat. Tú me caes bien. Yo creo que te caigo bien. Tú, pasivo. Eso se nota. Yo activo. Además, tengo experiencia y soy muy serio y respetuoso. Créeme. Ese culito tuyo me puso loco y lo quiero probar –Lo escuché sin interrumpir.

    -Es que, te digo, francamente. A mí el miedo me come. Lo siento.

    -Pero, dime algo, a ver. Tú, honestamente. ¿Quisieras hacer algo real con un macho o no?

    -Si te hablo con la verdad, verdad. Pues. Si. Si quisiera, pero…

    -Pero nada compadre, la vida es una sola. No hay muchas oportunidades estando casado. Te lo digo por experiencia. Vence al miedo.

    Hubo un silencio glacial. El miedo no me dejaba decidir, a pesar de que las cosas estaban claras. Mi corazón latía de susto. Nunca había estado tan cerca de dar el paso de una maldita vez y enfrentar el fantasma de este deseo oculto que ya llevaba años incrustado en mi ser. Lo deseaba. Lo quería experimentar, pero el miedo me paralizaba. Me sentía cobarde. La calentura se había ido y una suerte frustración se apoderó del ambiente. CasaditoQ estaba en la pantalla. Ahí sin cabeza con su cuerpo velludo y su verga colgando. Como esperando alguna reacción de mi parte. Pero me sacó de mis indecisas cavilaciones.

    -Para que veas que hablo en serio. Te propongo algo. Mira, ya que nos enfriamos, pongámonos la ropa, hablemos por la cámara unos minutos, mostrándonos las caras. Hablemos como tipos serios que somos. Sin riesgo de nada. Vestidos, como una llamada normal entre conocidos. Y que surja lo que surja, sin presiones ¿Qué dices?

    Me la pensé dos veces, pero la verdad apreciaba el esfuerzo, el interés, la seriedad y la confianza que ese tipo casi desconocido me inspiraba. No tenía excusas. Acepté. Con miedo, pero acepté.

    Él, entonces se vistió. Se puso una franela blanca y un blue jean. Yo me puse mi pantalón corto y un polo azul claro. Su rostro apareció en la pantalla de mi ordenador. Me dio tanto miedo presentar la mía. Por un instante dudé y hasta quise colgar la llamada y borrar su contacto para poner punto final a toda esta historia, pero mi ética me lo impedía. No sería justo ni limpio. Entonces también le mostré mi rostro, sonriente de nervio.

    Fue amable. Su cara denotaba tranquilidad y seriedad. Era un tipo bien parecido, bien afeitado con cejas algo pobladas y boca pequeña. Me sonreía y me dijo que le daba mucho gusto que nos viéramos y que no había nada que temer. Para mí todo esto era abrumador. Me sentí cruzando límites que ni me había planteado. Dialogamos unos minutos breves. Finalmente me propuso de vernos en persona, sin presiones, sin la obligación de tener sexo siquiera. Eso afirmó la percepción que yo tenía de hombre serio.

    -Si surge ok, y si no, si no te sientes seguro o no nos sentimos seguros o lo que sea, pues nada compadre, no pasa nada. Lo importante es crear la oportunidad y no quedarse uno con esa sensación de no haber aprovechado una oportunidad.

    Le di el nombre del hotel. Arqueó las cejas y sonrió.

    -Ah, en el centro, por la séptima con diecisiete. Estoy como a veinte minutos apenas. Mira, dime tú. Si quieres llego allá y vemos que hacemos. ¿Te parece bien?

    -Si. Está bien –dije con voz asustada.

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  • Una putita más para la biblioteca

    Una putita más para la biblioteca

    Como recordaran trabajo como bibliotecario en una escuela en México D.F., y ya he tenido varias experiencias sexuales en mi empleo.

    Ahora fue con una alumna de esta escuela la cual actualmente cursa el 5 semestre de la licenciatura en relaciones comerciales, se llama Sandra, ella es morena un poco alta, delgada, tiene unos senos pequeños pero muy exquisitos, unas caderas que de verdad amigos están muy ricas.

    Bueno pues todo inicio cuando ella entro llorando a la biblioteca, y la atendí, me dijo que necesitaba llorar porque acababa de tener una discusión con su novio, le preste como todo caballero mi hombro para que desahogara, me platico a grandes rasgos lo que le había sucedido, y al final de su plática me dijo que quería pagarle con la misma moneda a su pareja. A lo cual yo estaba más que dispuesto a ayudarle pues desde que nos hicimos amigos siempre me ha gustado.

    Empecé con lo clásico que hago cuando tengo un encuentro sexual aquí en la biblioteca, cerré la puerta con llave y apagué las luces de la sala de estudio, dejando prendidas únicamente las del acervo.

    Cuando terminé la abracé tiernamente, nos empezamos a besar, baje a acariciarle sus nalgas, su cintura, iba subiendo con mis manos por todo su cuerpo, empecé a quitarle su chamarra, ella me iba quitando mi saco, cuando terminó de sacármelo, me bajo el cierre de mi pantalón y extrajo de su prisión mi verga que ya estaba completamente erguida, y dura, lista para que ella la disfrutara.

    Yo seguí desnudándola, le quite su blusita y su brassier, cuando empecé a bajar su pantalón me di cuenta que traía una pequeña y diminuta tanga que apenas si le tapaba su conchita, pera este momento ella tenía varios de sus flujos vaginales deslizándose por sus piernas, baje de inmediato a lamer esos líquidos tan deliciosos, subí lentamente por entre sus piernas hasta llegar a su monte de Venus, la senté en una mesa, le abrí las piernas, y empecé a jugar con su clítoris…

    Ella empezaba a gemir muy rico, y eso es algo que a mi prende aún más, estaba yo en mi labor con su conchita cuando sentí que ya le venía un tercer orgasmo, se bajó de la mesa, y me senté en su lugar entonces empezó lo mejor, me regaló una mamada de campeonato, pues se metía toda mi verga a su boca, sentía mis testículos como golpeaban con su barbilla.

    Estaba mamando tan rico, que hizo que mi eyaculación tardara mucho más tiempo, cuando ella sintió que estaba ya a punto para ser penetrada, se sacó mi verga de la boca, y se puso recargada contra la pared y con las nalgas paradas, era un espectáculo maravilloso, su culo a mi disposición listo para ser taladrado por mis 21 cm. Empecé a jugar con la cabeza de mi verga con su concha, la fui metiendo lentamente, para no lastimarla, ella solo emitió un leve gemido, ya cuando tenía media verga dentro me pidió que se la dejara ir de un golpe.

    Y así lo hice le metí hasta la empuñadura, y empezó el mete y saca, estuve bombeándola casi 15 minutos, en diferentes posiciones, Sandra llevaba casi 3 orgasmos más, y quería tener más aunque no lo crean estimados lectores, entonces para esto me pidió que se la metiera por el culo, ella era virgen de ahí, y quería que yo la enculara, empecé a lamer un poco su ano para dilatarlo un poco, le metía uno o dos, hasta que lo sentí ya dilatado empecé a tratar de meterle mi verga, poco a poco, se la iba metiendo y ella solo atinaba a morderse los labios del dolor, hasta que me dijo “métela rápido cabrón encúlame papito, métela hasta el fondo” y así fue.

    Se le metí de un golpe, podía sentir como mis huevos pegaban con sus nalgas, su culo me apretaba demasiado mi verga que sentía que me iba a venir en su culo, así estuvimos como 5 minutos, cuando ya me iba a venir, me salí de ella, y le puse mi tranca en su boca, todavía alcanzó a mamarme un poco cuando termine dentro de su boca, le mandaba muchos chorros de caliente leche, que ella tragó casi en su totalidad, solo dejó escapara dos hilillos de semen por las comisuras de sus labios, mismos que ella limpio con sus dedos y luego los chupo.

    Nos levantamos, nos vestimos y nos volvimos a besar, no sin antes decirme ella, “quiero que seas mi verga personal y de nadie más, quiero que me cojas cuando quieras y cuando yo quiera, esta verga (me agarró de mi verga sobre mi pantalón), es para mí”, a lo que respondí, “claro preciosa cuando gustes, sabes que aquí estaré esperando para darte tu ración de verga”.

    Sellamos el pacto con un rico beso, se despidió de mí y salió de la biblioteca.

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  • Iniciación en actividades anales

    Iniciación en actividades anales

    Pues les contaré lo que me sucedió hace algún tiempo, todo empezó cuando un día una de mis amigas me dijo que quería confiarme un secreto, pero creo que se le olvidaba o no me lo quería decir, pero al fin se decidió ella se encontraba muy angustiada, y yo no sabía por qué, entonces ella me dijo que su novio al que quería mucho, la iba a dejar puesto que ella no le satisfacía completamente, ya que él quería tener sexo anal con ella.

    Ella me comentó que lo había intentado un par de veces, pero que la tranca de su novio era extremadamente grande y que cada vez que se le acercaba al ano esta se ponía más dura y que de las veces que lo intentaron ella sacó un tremendo dolor en su ano y hasta se puso a llorar del dolor que le infringía tan dura herramienta.

    Entonces ella me dijo que si le ayudaba, a lo cual le dije que como pensaba que yo la podría ayudar, entonces ella me recordó que un día en un juego de preguntas indiscretas con otras amigas, había yo dicho que si había tenido relaciones anales con varios tíos, después de esta aclaración no me quedó más remedio que decirle que si pero que tomaría algún tiempo y que fuera paciente, pero además tenía que prometerme algo, ella me dijo que quería yo, entonces le contesté que más tarde se enteraría.

    La cite un día por la tarde a mi casa, ya que ese día todos salen y nadie regresa hasta casi la medianoche, entonces ella llegó, le dije que tomara un baño y que subiría yo en un instante ya que me encontraba hablando por teléfono, oí la regadera y después que ella salió yo subí, estaba tapada con una toalla larga que le cubría todo el cuerpo, entonces le dije “a ver quítate la toalla”, entonces ella se la quitó y debajo de esa toalla había una joven bien formada, yo en broma le dije que sus jeans disimulaban mucho de lo que llevaba adentro.

    Empecé a ver su cuerpo lentamente tenía unos senos chiquitos y puntiagudos, su concha se encontraba rasurada, y tenía un culo envidiable, les seré sincera la verdad que al verla a ella me humedecí un poco, entonces le dije que se fuera a la cama y que se pusiera en cuatro patas y que me dejara ver su ano, esto fue maravilloso era un anito único, rosadito, chiquito, pensé en mí que me gustaría ponerle la punta de mi lengua en el ano de ella, pero tomé fuerzas y no lo hice.

    Lo primero que hice fue hacer que se masturbara, para que estuviera más receptiva, entonces yo tomé un poco de gel y lo unté en uno de mis dedos acercándolo a su ano, entonces le dije “te voy a meter un dedo tú me dices hasta donde aguantas”, entonces coloqué mi dedo en la entrada de su botoncito y empujé suavemente. Ella de momento hizo un movimiento de malestar, pero mi dedo ya estaba un poco adentro, me sorprendí al ver lo estrecho de su ano, y proseguí a metérselo poco a poco y empezar a moverlo dentro de ella.

    Después de un rato ella empezó a convulsionarse era eminente su orgasmo y en el momento que lo tuvo yo lentamente le fui sacando mi dedo de su ano para que ella lo disfrutara más. Después de eso ella se vistió me dio un beso y se fue, pero yo estaba tremendamente excitada y saqué mi consolador, que es como de 25 cm y bastante grueso, como estaba muy húmeda me dejé de preámbulos y de un solo golpe me lo metí hasta el fondo, después de un rato tuve un excelente orgasmo.

    Otra tarde que fue, le introduje un consolador delgado y ella empezó a soportarlo más, así consecutivamente por varias tardes iba cambiando lo grueso que le introducía en el ano, un día fue una zanahoria, otro día un pepinillo, y hasta llegar a mi hermoso consolador, que ella con una habilidad como si fuera una gran puto se lo logró insertar todo en su ano.

    Después de tanta práctica una tarde llegó y me dijo que si seguía el entrenamiento y le dije que solo quedaba la práctica porque ella ya podía hacerlo con su novio, ella alegremente me abrazó, y yo no me pude contener y la besé en la boca, entrelazamos nuestras lenguas en un beso maravilloso y después de un rato ambas nos encontrábamos en la cama en un 69 fabuloso…

    Ella me metía sus deditos en mi raja y en mi ano y yo lo hacía igual, luego por fin me decidí y le lamí su ano, era exquisito hacerlo y a ella le gustaba tremendamente, mientras cambiábamos de posiciones ella a veces arriba de mí y luego yo arriba me dijo que si podíamos tener un orgasmo, pero mientras yo se lo lamía. Entonces ella se abrió de piernas y yo me eché sobre de ella, lamiéndole su vagina metiéndole mi lengua y dándole por el culo con mis dedos, no tardó mucho y en ese momento sentí que sus labios vaginales me apretaban mi cara y empezó a tener un orgasmo tremendo del cual yo me comí todo lo que salía de su raja.

    Después ella me dijo que si me ponía en cuatro a lo cual yo accedí y desde atrás me metió su boca entre mis nalgas y lamiendo mi concha y terminando en mi ano, no me pude contener por mucho tiempo y tuve un orgasmo fantástico.

    Ya en la cama le dije que si se acordaba que yo le enseñaría, si me cumplía una promesa, ella dijo que si y me preguntó que cual era la promesa, entonces yo le dije que quería ver el momento en que su novio la poseía analmente, ella se quedó sorprendida de momento, pero después de un rato y de decirle que podían utilizar mi cuarto que sirvió como aula de enseñanzas, ella dijo que si, y que si no me parecía mal que fuera el martes por la tarde, yo le dije que si.

    Esperaba con ansias el día martes y al fin llegó, para que no sospechara nada su novio, le di mis llaves para que ellos entraran libremente, al oírlos en la puerta, yo me metí rápidamente en el closet y cerré, para solo ver por una rendija, entonces ellos se empezaron a besar y se fueron directamente a la cama, después de un rato de estar manoseándose ella le saco la tranca a él y como ella decía era tremenda, entonces empezaron a hacerlo en sus posiciones clásicas.

    Después de un rato ella se recostó y él junto a ella, ella le tomó su tranca y suavemente se la empezó a besar para posteriormente chupársela, entonces mi amiga empezó a ensalivar toda la tranca hasta que la dejó bien mojada y con una voz dulce le dijo que si se la metía por el ano, el rostro de él dio un cambio tremendo.

    Entonces ella se puso en cuatro patas, abriéndose la muy puta de todo a todo mostrándole todo a su novio, él se puso atrás de ella y se le acercó y de un golpe certero se la incrustó en el ano, ella gritó, pero después fueron gemidos, y así siguieron… la tranca de su novio se veía tremendamente grande frente a tan pequeñito hoyito, pero después de un rato de estar bombeándose a mi amiga, él empezó a eyacular dentro del ano de mi amiga, y ella empezó a tener un orgasmo tremendo. Parecían perros en celo los dos, pero al fin terminaron, yo quedé súper húmeda y cuando se fueron me masturbé unas cuatro veces para calmar mi ansiedad.

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  • Virgen de novia y ninfómana de casada (2 – final)

    Virgen de novia y ninfómana de casada (2 – final)

    Los encuentros con Eva solían ser bastante frecuentes y como a los tres meses, en una de esas citas, me dijo había roto con su novio y solo quería estar conmigo. No eran esos mis planes, que me proponía seguir follándola después de casada, por lo que su decisión me produjo una gran contrariedad. De golpe se me venían abajo los líos con mis maduritas, así que tenía que pensar una salida. En principio le dije que no dijera nada de nuestra relación y que había que dejar pasar tiempo, en el que nos veríamos en secreto en mi apartamento. No podía aparecer como el causante de la ruptura de una boda tan deseada por ambas familias, si se descubría estaba muerto.

    Después del bombazo de la ruptura de Eva y Luisito, las aguas volvieron a su cauce y todas las tardes Eva venía a mi apartamento a recibir su ración de polla. La nena era insaciable, se había convertido en una experta folladora y ya llevaba la iniciativa en las prácticas amorosas, por cierto con bastantes variantes y guarras la mayoría de la veces.

    Entre tanto me iba muy bien en el trabajo y me habían promocionado con un aumento de sueldo considerable que me permitía vivir desahogadamente. Aunque no me apetecía nada atarme a un chochito caprichoso, pensé en las ventajas que me supondría ser el yerno de D Manuel. Con total seguridad pasaría a ser uno de sus directivos y hombre de confianza si me casaba con su hija.

    Pasado más de un año, decidí proponerle a Eva matrimonio. Se llevó un alegrón pues hacía tiempo lo estaba esperando. Dimos la noticia a los padres respectivos y se oficializó el compromiso. La boda se celebró por todo lo alto y empezó mi nueva vida de casado.

    En el primer año de casados todo transcurría con total normalidad, aunque Eva se quejaba de mi falta de atención por mi trabajo y de falta de sexo que cada día le gustaba más, tanto es así que alguna vez la encontraba masturbándose viendo algún video o páginas porno. Con el tiempo comenzó a practicar cibersexo y cuando la sorprendí la primera vez y le reproché su conducta, me contestó que eso era algo virtual sin importancia y que peor sería me pusiera cuernos con otros hombres, que no me quejara. Desde ese momento hice la vista gorda cuando la pillaba mostrando su sexo y masturbándose con chicos delante de la cámara.

    También me llevé una buena sorpresa con mi querida suegra. Una tarde que estaba esperando a unos clientes en la cafetería de un hotel, vi a Helena con un amigo de la familia, con fama de mujeriego y vividor, esperando al ascensor que conduce a las habitaciones. Era evidente a donde iban.

    Lo que terminó de aclarar mis sospechas, fue cuando un día que pasé por su casa a recoger unas bolsas de compras que se había dejado mi mujer, vi la puerta del jardín entreabierta y entré por allí por comodidad. Quedé petrificado al ver la escena, mi suegra en la piscina en bikini sentada en una tumbona y mamando la polla del jardinero, un chico joven que disfrutaba con aquella preciosa madura que tan bien le comía su pollón. Cuando el chico no pudo más, la tumbó boca arriba, le abrió las piernas y se la metió apartando un lado del tanga. La zorra era una buena folladora y se vino gimiendo de placer sacándole al chico hasta la última gota.

    Desde ese momento solo pensaba en el día que tendría la oportunidad de ser yo el agraciado en poseerla, algo que no tardó mucho tiempo en suceder. Tuve que pasar a recoger a mi mujer, pero me retrasé y Eva es muy impaciente y se fue sin esperar. Helena estaba sola y me sirvió una cerveza sentándose a mi lado en el sofá. Estaba preciosa, siempre había admirado la belleza y clase de esa mujer, aunque me había decepcionado viéndola entregarse al jardinero.

    Llevaba una falda ceñida por debajo de la rodilla y una blusa con un cierre casi en la cintura y por delante un escote cerrado con un amplio pliegue que no dejaba ver nada, aunque producía morbo que sus hermosas tetas estuvieran tan accesibles.

    No lo pensé más y pasando el brazo sobre sus hombros me incliné y la besé. En principio extrañada quiso rechazarme, pero cuando le dije “sé que eres una zorra y te gusta demasiado follar”, se relajó y correspondió con deseo, mi mano entró en su escote sobando unos pechos deliciosos, liberándolos del sujetador se los mamé a conciencia, mientras ella me besaba y me metía su lengua por un oído produciéndome excitación. Puse la palma de la mano en su entrepierna oprimiéndole el sexo y ella instintivamente se abrió de piernas, la tenía caliente.

    Me levanté y desabroché mi pantalón sacando la polla y poniéndola en su boca. La mamaba de vicio, me comía los huevos, los metía en su boca como si fueran caramelos, bajó su lengua lamiendo hasta el culo sin olvidar presionar el punto prostático y luego se la metió entera en la boca y agarrándola por los huevos me hizo una felación que casi me hace correr. No se aguantaba la calentura y empezó a desabrochar su falda, le ayudé estirando de abajo y sacándola por los pies, aparecieron sus bragas con un lamparón de flujos blanquecinos que anunciaba como manaba su coño, hice lo mismo con sus bragas.

    Allí estaba a mi disposición, deseando ser follada por otro joven semental que le iba a hacer gozar. La puse en cuatro apoyada en el sofá, le abrí las piernas y coloqué mi capullo entre sus labios ya abiertos, ofreciendo su coño dilatado espectacular, palpitando de deseo como el de una yegua en celo, se la clavé de un golpe y al sentirla en lo más profundo empezó a mover su culo para aumentar su goce, se frotaba el clítoris gimiendo y pidiéndome la jodiera duro y le tocaba las tetas mientras le embestía como un cabrón, hasta que nos vinimos a la vez en un fuerte orgasmos compartido Nos gustó demasiado el polvo y lo repetimos desde entonces una o dos veces por semana en total secreto.

    Por mi parte también me satisfacía sexualmente con mi secretaria, Sandra, una morena de 35 años que estaba como un tren. Casada con un funcionario de bajo nivel, mal trabajador, bebedor y que gracias al trabajo de ella y mi ayuda por sus extras, podían vivir holgadamente. El debía saber que me follaba a su mujer porque nunca protestó cuando llegaba tarde o cuando me acompañaba a viajes de trabajo y pasaba un par de días conmigo. Ella estaba enamorada de mi a sabiendas que mi relación con ella se limitaba a trabajo y sexo.

    Con Eva ya llevaba tres años de casado y desde hacía tiempo vivíamos cada uno a nuestro aire, aparentando una pareja feliz pero que en la realidad aquello no se parecía en nada a un matrimonio convencional. Eva llevaba su vida, llegaba a casa algunas moches a las tantas, en muchas ocasiones bebida y con la ropa descolocada que parecía le había atropellado en tren de mercancías. Cuando le apetecía sin ningún pudor hacía cibersexo en mi presencia y hablaba con hombres por teléfono delante de mi quedando con ellos sin cortarse. No me importaba mi papel de cornudo consentido con tal de que me dejara tranquilo.

    Salíamos a cenar algún fin de semana y terminada la cena, en la que bebía bastante, íbamos a tomar unas copas. Le gustaba bailar, asi que íbamos a alguna discoteca y allí flirteaba y coqueteaba con quien le venía en gana. Bailaba sola contoneándose en medio de la pista de forma sensual y provocativa, rodeada de hombre que intentaban manosearla y disfrutar de ella, ante mi mirada, algo que por cierto lejos de darme celos me ponía caliente. En alguna ocasión se enrollaba con algún tío, se dejaba besar y meter mano y acababa follando en los aseos o invitándole a casa donde se lo follaba delante de mí.

    Un día llegué a casa y vi había dejado su PC conectado. No pude resistir entrar a ver sus registros recientes, apareció una página de contactos, en la que ella estaba registrada como Afrodita. Tenía colgadas algunas fotos eróticas mostrando su cuerpo desnudo, en distintas poses. En su perfil había puesto: “Casada joven, insatisfecha, sexi, atractiva, con ganas de fantasías y aventuras eróticas. Sexo sin compromiso”. Tenía agregados más de trecientos contactos, entre jóvenes, maduros y parejas. Encontré más de veinte correos privados sin borrar donde le pedían quedar para follar o le decían groserías.

    Ella también había enviado algunos. A una pareja diciéndoles le indicaran día y hora para el encuentro que habían hablado, dejándoles su móvil para que llamaran. A un joven cachas al que le decía: “Me encanta tu polla, me gustaría disfrutarla, contáctame”, y aun maduro:” Me gusta que te calientes conmigo, contacta mañana a las 10 y te enseñaré mi coño recién levantada”. Me hice una copia de todo y decidí encargar a un detective un seguimiento para poder probar en su momento con quien se acostaba.

    En un mes me entregaron un dosier con el resultado de la investigación. Había fotos con un maduro de la edad de su padre entrando en un inmueble de apartamentos de alquiler por horas; con su exnovio Luisito dándose el lote y entrando en el edificio de su despacho; con un joven en un pub besándose y donde se ve como le mete mano por debajo de la falda, es un camarero de una cafetería que ella frecuenta. Varias fotos mas de su coche en un descampado donde se le ve, en diferentes ocasiones, desnuda follando dentro del coche con chicos jóvenes diferentes.

    Como me interesaba quedar bien con sus padres, por razones distintas pero en ambos casos de vital interés para mi, me reuní con ellos y les mostré las evidencia. No se sorprendieron pues me confesaron les habían hablado de las andanzas de su hija. Comprendieron mis razones para divorciarme de Eva y consensué con su padre la liquidación del patrimonio conyugal, que se realizó de forma amistosa y razonable.

    Ha pasado más de un año de mi separación, mantengo mi puesto de trabajo en la empresa de don Manuel, que me respeta y aprecia, siendo uno de sus directivos de confianza. Sigo manteniendo mis encuentros con mi exsuegra dos veces por semana, es la mujer que más me ha encoñado de todas la que he conocido, recordándome las similitudes con mi madre en cuanto a belleza y sus adicciones al sexo (Ya conté en un relato anterior las prácticas sexuales de mi madre).

    Estoy enamorado de Helena y cuando le digo de irnos a vivir juntos a otra ciudad, se me ríe y me dice que ella tiene la vida muy organizada y emocionalmente equilibrada. Quiere a su marido, con el que tiene la hija y además le da seguridad y confort, razón por la que en su día se casó con él dejando a su novio Enrique, que fue quien la desvirgó y del que aún sigue enamorada.

    Recuperó la relación con Enrique después de los años para convertirlo en su amante. Yo soy solo un joven macho que le da sexo, algo para ella imprescindible, le hace rejuvenecer y le gusta que los jóvenes la deseen y disfruten con ella. Me aclara que ese es solo mi papel en esa relación y que si no estoy conforme le sobran jóvenes que le pueden ofrecer lo que yo le doy. Como es de entender, sigo con ella para poder disfrutar de la mejor hembra que he conocido. Los celos y sentimientos que me produce saber que la comparto con otros dos hombres, me hace follarla con más pasión y ella lo disfruta.

    Fin.

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