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  • Mi ex no quería pero nos acostamos

    Mi ex no quería pero nos acostamos

    Santi y yo lo habíamos dejado hacía unos siete meses. Fue por mí. Las dudas eran cada vez mayores porque había aparecido Alex en mi vida y me lo había desordenado todo. Ya no sabía qué quería, así que le propuse dejarlo. Él estuvo de acuerdo, aunque luego lo pasamos ambos bastante mal, y llegué incluso a arrepentirme. Yo había sabido de él sobre todo los dos meses posteriores a nuestra ruptura. Ya se sabe, siempre queda esa sensación de ahogo y de duda, de no saber si hemos hecho bien, si el otro lo está pasando demasiado mal, etc.

    Después de aquellos dos meses de hablar de vez en cuando y vernos algunas veces, decidimos que la distancia era lo más apropiado, así que yo me centré en Alex y él encontró a una tal Laura con la que pasar el rato, así que ambos felices.

    Hasta aquí todo bien. La cuestión es que pasé por casualidad por delante de su piso de camino a la Universidad. Hacía un día de un calor brutal para ser otoño, y había decidido ponerme guapa. Era uno de esos días que amaneces tan decaída que necesitas animarte de alguna manera y decides ponerte sexy para subirte el ánimo. Así que saqué el vestidito verde que me habían regalado por mi cumpleaños y los zapatos con un poco de tacón que son tan cómodos. —El moreno del verano aún se deja traslucir — pensé—, y con este traje se me ven geniales las piernas—.

    Apenas me pinté porque nunca me ha gustado, pero me recogí el pelo de esa forma que sé que me queda tan bien. Así fui directa a clase, y cuando pasé por su calle, casi instintivamente (como había hecho tanto tiempo atrás cada día), alcé la vista hasta su balcón, más por costumbre que por querer encontrármelo. Y allí estaba Santi, mirando hacia abajo. Cuando me vio me saludó con la mano, un poco turbado. Le hice señas de que subía para saludar y me abrió por el portero.

    Es increíble, pero nada más entrar por aquella puerta sentí un golpe de calor por todo el cuerpo que me hizo tener que parar un segundo y sentarme en la escalera. Me sentía tan excitada que me asusté. No comprendo aún cómo me sucedió, tal vez puro conductismo, aquella vieja relación entre entrar en su piso y follar. No lo sé, la cuestión es que entré en el ascensor absolutamente húmeda, con unas ganas locas de que allí mismo cualquiera me la metiera hasta el fondo y me volviera loca.

    No digamos cuando me abrió la puerta y le vi. Estaba mucho más guapo que cuando lo habíamos dejado. Nos abrazamos y sentí su pelo recién bañado y su piel oliendo a perfume de bebés. Todo se me dio la vuelta. Estuve a punto de comerle la boca como una salvaje en aquel mismo momento, pero él estaba algo abochornado y me supe contener.

    Le pregunté si estaba bien, y me dijo que sí. Nos miramos largamente y nos dijimos que estábamos muy guapos, que tal vez la ruptura nos había sentado bien.

    Le pregunté si aún tenía en su cuarto la colección de vinilos que hacía años iba reuniendo y me dijo que tenía algunos nuevos, que se había acordado de mí comprándolos y que entrara para enseñármelos.

    Cuando vi su cama deshecha casi me derrito. Cada vez me sentía más húmeda y casi no podía disimular las ganas que tenía de que me amasara las tetas o me besara por todos lados. Me enseñó los viejos vinilos que acababa de reunir. Me fingí interesada y me senté en su cama. Él se colocó al lado mío, a prudente distancia.

    Empezamos a hablar sobre las clases. Él de cuando en cuando miraba el reloj, nervioso. Le pregunté si estaba esperando a alguien y me dijo que Laura estaría a punto de llegar. Le respondí que no se preocupara mientras me acercaba a él un poco más.

    Seguimos hablando un rato mientras yo me aseguraba de que el vestido estuviera bien subido con mis largas piernas al aire y el escote lo suficientemente desordenado para dejar intuir aquellos pechos decididos. De vez en cuando, al reírme, apoyaba casualmente mi mano en su muslo o le tocaba el brazo “sin querer” y notaba toda esa química de antaño, el arder sin tocarse. Recordamos viejos tiempos, y ya saben, una cosa llevó a la otra y acabamos hablando de lo bien que follábamos.

    Sólo pensar en aquello me hizo estremecer y noté de nuevo cómo me iba humedeciendo más y más sin poder controlarme. A aquel paso iba a dejarle la cama empapada sin siquiera tocarme. Me acerqué un poco a él y acerqué mi boca hasta su oreja. Respirando entrecortadamente le pregunté si su novia follaba tan bien como yo. No contestó. Estaba muy nervioso y miró el reloj. Se alejó un poco de mí y repitió: Laura está a punto de llegar.

    Yo sonreí, me sentía la zorra más puta del mundo. Sabía que estaba loco por follar conmigo, sabía que desde que me había visto se deshacía en ganas de tocarme, y todavía no me había puesto la mano encima. Siempre había sido fiel. Siempre. Él no paraba de pensar en su Laura y yo ni siquiera me había acordado de Alex en todo aquel rato. Lo cierto es que nuestra relación no iba demasiado bien, y en este momento sólo me interesaba volver a follarme a Santi.

    Aproveché que tenía la boca cerca de su oreja y le besé el cuello suavemente. Sentí cómo su respiración se agitaba y todo su cuerpo se tensaba. Hacía rato que le notaba la polla durísima contra el pantalón.

    —¿Tu novia te la chupa, Santi? — le pregunté mientras bajaba mi mano.

    —Eh… bueno, eh…

    —No te la chupa. No te la chupa porque le da asco y porque no me llega a los talones. Sabes que no encontrarás a otra que te la chupe mejor que yo.

    —Diosss…

    Yo estaba loca por quitarme toda la ropa y montarme encima de él para que me la metiera entera. Recordé lo grande que era su polla cuando la palpé a través del pantalón, y sí, recordé que follaba con él mucho mejor que con Alex.

    Le desabroché el botón y le bajé la cremallera.

    —Adri…

    —¿Sí?

    —Laura está a punto de llegar, no, nooo…

    —Bueno, pues que mire y aprenda.

    Él soltó un ligero gemido cuando tuve su polla entre mis manos. Le miré fijamente a los ojos y con toda la sinceridad y toda la excitación que a aquellas alturas sentía por todos lados, le susurré:

    —Te echaba de menos…

    Y empecé a chupársela lentamente. Primero me la metí en la boca hasta el glande, y apreté suavemente con los dientes, como sabía que le volvía loco. Le escuché gemir más fuerte. Mientras le acariciaba los huevos, le lamí todo el tronco con ternura, mientras él se afanaba en bajarme las tiras del vestido para tocarme las tetas, que tan duras estaban. Después me la metí entera en la boca, mientras soltaba ese gemido lento de placer que significaba lo mucho me gustaba mamársela.

    Después se la agarré con la mano y la agité mientras dejaba su glande en mi boca. Alternaba el metérmela hasta la garganta chupando y masturbarlo con la mano. Él se había echado en la cama hacia atrás y ya no parecía estar apurado porque Laura fuera a llegar. A mí aquella situación me ponía aún más cachonda, pensar en ser descubierta por la pija noviecita de mi ex.

    Después de un rato me dijo que parara, que a ese paso iba a correrse en seguida. Yo hice un ejercicio muy fuerte de dominación, le guardé la polla dura y caliente en el bóxer e hice muestras de marcharme, recordándole que Laurita iba a llegar y a lo mejor me pillaba allí, cosa que no le gustaría.

    Él me hizo sentar, y de un tirón me levantó el vestido y me arrancó el tanga, rompiéndomelo. Me empujó sobre la cama salvajemente (tan salvajemente que me asustó por un momento) y mientras se quitaba el bóxer me miró con dureza y me dijo:

    —Tú no te vas de aquí hasta que te folle como te mereces.

    Me volvió loca. Se había transformado. De niño tímido y fiel había pasado a fiera salvaje y totalmente presa de la excitación. Él cogió el mando. Yo me dejé llevar. Ya desnuda, paseó su lengua brutalmente sobre mis pechos y me agarró las tetas con fuerza. Yo ya no estaba para delicadezas, así que aquella potencia me puso a cien. Tal y como estaba tumbada, abrí las piernas. Él me miró de arriba abajo, y paseó su mano por mi coño caliente. Me dijo:

    —Esto está ardiendo, Adrianita, algo me dice que quieres que alguien te la meta.

    —Por favorrr…

    Y se puso sobre mí atrapándome las manos contra las suyas. No podía moverme. Con su polla durísima empezó a moverse sobre mí, masturbándome con ella y rozándome el clítoris a una velocidad vertiginosa, mientras yo sentía que a ese ritmo me iba a correr sin que me la metiera. Pensé en disfrutar de esa espera, en seguirle el juego y aguantar sin desear que entrara, pero me fue imposible. Estaba loca por sentir su polla dentro, como tantas otras veces la sentí, como no había vuelto a sentir una.

    Y entonces sucedió: me soltó las manos y colocó mis piernas sobre sus hombros, metiéndomela de un golpe. El grito que pegué fue tan escandaloso que me tapó la boca mientras me follaba cada vez más rápido y con más potencia. Ese no poder hablar ni gemir y casi ni respirar me ponía tan caliente, y pensar que me estaba follando como un loco en el mismo sitio donde se enrollaba con su novia… ufff… Mientras follábamos yo cerré los ojos y me agarré con fuerza a la almohada, pero él me cogió la cabeza y me dijo con firmeza:

    —Abre los ojos, Adriana, quiero que me mires mientras me muero por ti

    Aquello me desbancó. Todo lo que sentí tantos meses atrás me vino de golpe al corazón. Sentí que le amaba, que follar con él era hacerle el amor, que no había nada como aquello, que sólo por sentirle dentro merecía la pena la vida.

    En aquel momento sacó su polla y me hizo ponerme a cuatro patas. En aquella posición me metió dos dedos y empezó a sacudirme con fuerza pero sin hacerme daño. Aquello era la gloria. Quería que me la volviera a meter, pero sus dedos no lo hacían nada mal y yo apretaba para que él también sintiera mi tensión. Me preguntó si quería que me la metiera y apenas pude responder de lo agitada que estaba, así que me agarró del pelo hacia atrás y me preguntó más alto:

    —¿Lo quieres o no?

    —Sí… sí… —le respondí entre gemidos.

    Y entró directa, y grité más fuerte. No podía evitarlo, me sentía tan vencida, tan vulnerable a lo que él quisiera, me sentía tan vendida a su cuerpo, a sus manos, que sabíamos ambos que él podía hacer lo que quisiera conmigo.

    Después de poco tiempo a cuatro patas me hizo estirar las piernas y se colocó sobre mí, metiéndola por detrás, mientras me atrapaba las manos entre las suyas y me susurraba al oído que follaba como una verdadera puta y que me echaba de menos.

    Yo no podía decir nada porque casi no podía respirar, sólo sentía el calor y el placer que se derramaba por todo mi cuerpo, notaba mis pechos moverse sobre sus sábanas, y sentir su aliento en mi oído diciéndome aquello sólo me hizo sacudirme de nuevo y gritar con gemidos entrecortados.

    —San… Santi… me voy… me voy…

    —Sí, Adri, te vas a correr, te vas a correr…

    Y se sacudió con más fuerza y toda la tensión que sentía se disparó, y los dos llegamos casi al tiempo, y él me gimió en la oreja mientras se corría dentro de mí y yo me sentí desfallecer de felicidad.

    Estuve un rato fuera del mundo, como en una dimensión paralela, mientras escuché que decía algo que no sé qué fue. Sentí su peso sobre mi cuerpo y un beso suyo en mi oreja.

    Luego se levantó y se limpió un poco. Se puso la ropa con cuidado mientras me miraba desnuda en su cama. Volví a la realidad cuando me dijo:

    —Adri, Laura se retrasa, pero estará al llegar, por favor, vístete.

    Hice lo que me pedía y me puse el vestido. El tanga roto lo metí en el bolso y poniéndome los zapatos, escuché la puerta del piso abrirse y una vocecilla decir:

    —Santi, siento el retraso, ¿Ya comiste?

    Santi me miró tenso como su polla hacía dos minutos y dijo:

    —No, está aquí Adriana, que vino a pedirme CD´s.

    Yo me arreglé el pelo y salí del cuarto cogiendo un Cd en la mano. Conocía a aquella chica desde hacía unos años. Era compañera de clase de Santi, y parecía haber estado esperando la oportunidad de que yo me alejara un poco para abalanzarse sobre él. Me miró con desdén y me saludó como si fuera una asesina. Yo, al mirarla, empecé a sentirme húmeda de nuevo pensando en decirle:

    —Mírame, niñata, voy sin tanga porque tu novio me lo ha roto antes de follar conmigo, y si te acercas a mí un milímetro más descubrirás que huelo a él, a su sexo.

    Lógicamente no le dije nada y me largué del piso casi sin despedirme de Santi, que a estas alturas sabía que su relación con Laurita ya no tendría futuro.

    Así fue, porque hace un momento he recibido este mensaje:

    “Adri, sentirte tan caliente debajo de mí es lo que quiero. Quiero tu cuerpo y tus labios, quiero follarte siempre.”

    Sólo pensar en él me ha sacudido todo el cuerpo.

    Y qué quieren que les diga, la casualidad de haber pasado ayer por su piso me ha devuelto a la vida.

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  • Mi primera vez fue con un maduro

    Mi primera vez fue con un maduro

    Hola, me llamo Nahuel y actualmente tengo 30 años, soy de Ezeiza, Argentina.

    Empecé a sentirme atraído por hombres desde los 19 años aproximadamente, pero no me atraían hombres de mi edad, solo me gustaban muchos mayores que yo. De eso me di cuenta cuando miraba porno y me gustaba ver siempre a una chica con un hombre grande de 50 años o más, me re calentaba. De ahí empezó a nacer mi curiosidad con hombres mayores, me calentaban gordos, peludos y muy grandes, me morboseaba estar con un hombre viejo y me hacía pajas siempre pensando en esa fantasía.

    Más o menos mi primer encuentro con un hombre ocurrió cuando tenía unos 21 años. Trabajaba de lunes a sábados y mis únicos días libres eran los domingos, me gustaba mucho entrar a chats públicos y buscar hombres maduros por ahí, pero nunca tenía suerte, o estaban muy lejos de dónde yo vivía, o si estaban más o menos cerca, no tenían lugar o no podían cuando yo estaba libre. Igual el hecho de chatear me calentaba mucho, ya para ese entonces me empezó a gustar mucho usar lencería femenina.

    Es un morbo que de a poco fui explorando, me gustaba ponerme tanguita, medias y corpiño y verme al espejo, me sacaba muchas fotos y las pasaba por chat, obviamente sin mostrar la cara. Me calentaba mucho sentirme como mujer.

    Un domingo como muchos estaba en estos chats gays, y me habla un hombre. Tenía 45 años y era de Lanús, me decía que era activo 100% y estaba libre todo el día, para ese momento eran como las 2 de la tarde aproximadamente, por su edad no me convencía, pero cuando me mandó foto me gusto, se veía mucho más grande que su edad, era morocho y moreno, lampiño, me gustan peludos, pero tenía una pija grande y muy gruesa, me calentó mucho cuando la vi, le pase fotos mías en tanguita y corpiño, y le guste, me dijo si quería ir.

    En ese momento me paralicé un poco, sería mi primera vez con un hombre y además con un hombre maduro como a mí me gusta. No lo pensé mucho más y le dije que sí, si mal no recuerdo hacia bastante calor ese día, estábamos en primavera. Decidí entrarme a bañar y cambiarme. Obviamente le dije que solo la chupaba, le mentí diciendo que ya había estaba con otros hombres, tenía miedo que me dijera que no, ya que solo se la iba a chupar.

    Me dijo que vivía a unas 15 cuadras de la estación de Lanús, la idea era que me vaya en tren desde Ezeiza y allá me tomé un taxi.

    Salí de mi casa eso de las 15:30 h aproximadamente y a un par de estaciones antes le hable para que me espere en la estación, en ese momento por seguridad preferí verlo antes que ir directo a su casa, cuando llegue eran las 16 h o quizás más no me acuerdo bien de los horarios. Baje del tren y me camine 1 cuadra hasta la esquina del bingo de Lanús. Y lo veo venir hacia mi cruzando la calle, estaba muy transpirado, hacia mucho calor ese día, nos damos un beso en la mejilla y caminamos juntos hacia la entrada del bingo a tomar un taxi. Yo estaba bastante tranquilo y a él se lo notaba un poco nervioso ya que se puso hablar mucho con el taxista.

    Cuando bajamos, me habló preguntándome con cuántos hombres estuve, le dije de nuevo que con dos (lo cual era mentira) caminamos una cuadra y media hasta su casa. La casa de él daba directamente a la vereda, era un mono ambiente, abrió la puerta y directo al frente estaba su cama, a la derecha una mesa y la cocina y luego pasillo chiquito llevaba al baño, y había una ventana grande que daba obviamente a la vereda.

    Cuando cierra la puerta entré en muchas dudas, era la primera vez que hacía algo así, me dio bastante miedo, pero tenía que cumplir esta fantasía, así que no pensé y solo actúe.

    La terminar de cerrar él se apoya contra la puerta y me voy a su cuello y lo beso y con la mano le agarro la pija, tenía puesto una camisa y un jean muy grueso, y me dice:

    Él: ¿la querés tocar un poquito?

    De inmediato me arrodilló y le empiezo a bajar el pantalón, el me ayuda sacándose el cinturón, le termino de bajar el bóxer, y por fin tengo frente a mí una pija de un maduro. En ese momento me calenté mucho pero a la vez estaba temeroso. Me la lleve a la boca y empecé a chupársela, no tenía ningún sabor en particular, pero me calentó mucho la situación, eso sí tenía mucho olor a transpiración, pero en ese instante no me importo.

    El luego me aparta la cabeza y se saca la camisa, todo el jean y se acuesta en la cama boca arriba, abre las piernas y yo me vuelvo arrodillar para seguir chupándosela, le pase la lengua por todas lados hasta los huevos me comí, pero no estuve mucho tiempo ya que su olor a transpiración era muy fuerte. Le dije que se valla a bañar que lo esperaba. Me dijo que si. Agarro un toalla que tenía en una silla y se metió al baño.

    Yo había llevado una mochila, y aproveché a desnudarme todo. Soy muy bajo, mido 1.60, piel blanca y con muy buena cola y piernas. Saque una tanguita y un corpiño para ponerme, pero de los nervios no me pude abrochar el corpiño así que solo quedé en tanguita, me senté a un lado de la cama y espere a que saliera.

    Cuando salió me hizo acostarme boca abajo en la cama, con mi cabeza sobresaliendo de la misma, se puso enfrente de mí y me hizo chuparle la pija mientras el me manoseaba toda la cola. Que rico se sentía cuando me tocaba.

    Después se puso arriba mío, coloco su pija entre mis nalgas y empezó a frotarse, estuvo un rato. El sabía que yo no buscaba penetración así que fue muy respetuoso. Estuvimos un rato largo así, se la chupaba en muchas posiciones. Lo malo que no se mojaba, no largaba líquido preseminal. Y eso era algo que estaba dentro de mi morbo, ya que yo cada vez que me pajeaba me encantaba tomar mis fluidos, eran muy ricos y salados.

    Después de un rato, él se volvió a sentar al costado de la cama abrió sus piernas y yo se la chupe arrodillado. Ya en ese momento quería acabar el, obviamente activo 100% ni hizo por tomarme más allá de mi cola, ni besos me dio y yo tenía una ganas de besarlo.

    Se la chupé más y más, y cuando quería acabar me quedé con su pija en mi boca y me tomé todo su leche, y ese fue el momento más rico, tenía una leche bien calentita y espesa y muy salada, ahí se me puso bien dura a mí, y me calenté un montón, abro la boca y le muestro como tenía toda su leche y me la tomé, que cosa más rica, nunca me había calentado tanto me sentí tan puta y sucia, se la seguí chupando para limpiársela bien y le di un par de besos en la panza y cuello.

    Y ahí terminamos. Él se vistió y yo también, me llamo un remis y nos despedimos. (Dato que me di cuenta cuando salí, es que la ventana grande había quedado abierta, y no se olviden que da directo a la vereda, así que alguien nos vio, y eso más adelante me generó mucho más morbo).

    Volví a mi casa, mucho más adelante nos volvimos hablar pero ya no coincidimos en horarios y días libres, pero bueno tuve otros encuentros que ya luego les contaré, gracias por leer, y los leo en los comentarios, nos vemos.

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  • Cosas de la vida, regresar a lo mismo

    Cosas de la vida, regresar a lo mismo

    Después que convencimos a mi esposo regresar a Lima con el juramento de ser fiel, pasaron más de 10 años cuando logramos comprar una casa con el banco, pero resulta que empezamos a tener deudas, quizás porque me gustaban las compras y gastos excesivos soy consciente; hasta que un día una vecina mía me comentó que viajaría a Chile pues había excelentes oportunidades de trabajo.

    Es así que convencí a mi esposo; pues le había demostrado el cambio ya que frecuentaba una iglesia cristiana; al final decidió enviarme a Chile; el cual salí rumbo a Santiago donde me instalé con mi amiga; pero ella conoció a un chileno y a veces me pedía el cuarto para encerrarse a cachar; hasta que decidí buscar otro cuarto y conocí a Franco un chileno que alquilaba cuartos, quien muy amable me dio un cuarto y que podía pagarle a fin de mes que me pagaban en mi trabajo; pues ya estaba trabajando.

    Me di cuenta que le gustaba mucho y me invitó a cenar en un restaurante el cual lo vi algo sospechoso, me preguntó si tenía pareja y cometí el error de decirle que era madre soltera y que vine a trabajar a Chile para darle una nueva vida a mis hijos. Luego me invitó a un bar tomamos unos tragos que me sentí mareada y al final amanecí desnuda en su cuarto; quizás me dio algo en la bebida no lo recuerdo, solo que amanecimos desnudos al otro día en su cama, me asusté y me dijo que me había emborrachado tanto que yo le pedí hacer el amor.

    Turbada volví a mi cuarto para cambiarme y salir a mi trabajo; todo el día me quedé pensando y preocupada en todo lo que había hecho pues sentía un estado de culpa por mi esposo; al regresar llegué a mi cuarto y estaba esperando con un gran ramo de rosas que siempre me han gustado las rosas.

    Me alegré y pasó a mi cuarto me besó y me puse a llorar; me dio pena por mi esposo lo que le había hecho; pero cuando me preguntó le dije que tenía miedo quedar embarazada ya que tenía 3 hijos ese fue mi pretexto; me abrazó con amor y me dijo que me ayudaría con mis hijos y que se había cuidado de no eyacular en la noche; lo abracé y le agradecí; nos desnudamos y dimos rienda suelta a nuestros bajos instintos, cachando como dos locos empedernidos; no era dotado pero si muy viril.

    Me ofreció pasarme a su cuarto y en ese momento de la noche lo hicimos, pasaron los días y éramos el uno para el otro. Al final pensé en quedarme en Chile para siempre; me pidió matrimonio y acepté iniciando los papeleos; siempre me llamaba mi esposo al cual le decía a Luis que era mi primo hermano que cuidaba a mis hijos en su casa ya que todos los depósitos iban a su nombre, mi mentira sobrepasaba los límites y lo sabía, pero me había enamorado pues Luis era muy atento conmigo y prometió traer a mis hijos a Chile.

    Cosa que pensé que sería fácil; hasta que cierto día mientras dormía tomo mi celular y saco el número de mi esposo y lo llamó invitándolo a nuestro matrimonio; sé que esto no le cayó bien a mi esposo en Perú que le dijo toda la verdad y había hablado con mis padres quienes inmediatamente llamaron para decirme que compraban los pasajes de su retorno o se quedaba y se olvidaba que tiene familia e hijos.

    Esa noche llegué y Luis me recriminó mi mentira al cual acepté la realidad llorando y le dije que nunca amé a mi esposo y que a él lo amaba; pero había decidido regresar a Perú porque mis padres me dieron a elegir entre él o sus hijos, llorando aliste mis cosas y salí al cuarto de mi amiga; hasta que me llamaron mis padres diciendo que al día siguiente regresaría a Perú, cosa que así fue.

    Mi esposo no fue a recogerme y no sabía lo que me esperaría.

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  • Nuevo trabajo, nuevas experiencias

    Nuevo trabajo, nuevas experiencias

    Llegué antes de las 9 am a la dirección que me entregó el amigo; era una casona antigua por el centro de Lima, lo llamé y salió un hombre un tanto moreno y alto que me hizo entrar a una sala de espera, lo primero que vi sus grandes piernas y su gran porte.

    Me habló que tenía unos ambientes que administraba y necesitaba un ayudante, el pago era mínimo; pero tendría comida y cama; porque necesitaba cama adentro; le dije que estaba bien y aceptaba me enseñó lo que debía hacer, eran ambiente cerrados para parejas o solos con un mueble y TV debía poner videos al pedido del cliente sin excepción; también extendería productos y bebidas.

    Acepté sin mediar palabras alguna y me dijo que debía traer mis cosas a su casa le dije que vivía por villa el salvador y estaba lejos.

    Me replicó que iríamos en su carro y así fue fuimos y regresamos con su carro; mirar su gran cuerpo me excitaba pero a la vez tenía miedo que no le gusten los gay. Es así que me instalé en su carro que tenía una gran cama y un colchón en el suelo donde dormiría, me envió a bañarme para luego empezar a trabajar pues estaría conmigo para aprender; fui a la ducha mientras él se echó en su cama un rato revisando su celular; regresé desnudo tratando de provocarlo; me cambié en el cuarto mostrando mi culo de reojo noté un gran bulto entre su ropa que me asustó, la verdad era grande.

    Le dije que estaba feliz de estar con él; almorzamos y abrimos a las 2 de la tarde; ese día lo pasé genial y me preguntó si me gustaba el trabajo a lo que le dije que si, estaba excelente.

    Dormía con una pijama provocativa que había comprado.

    Un día llegó casi para cerrar un ingeniero bien vestido y pidió un video como faltaba poco para cerrar; le puse un video que dejó la puerta semi abierta y se masturbaba; eso me provocaba y tenía ansias locas de entrar; quizás se dio cuenta porque pasaba de rato en rato mirando; me llamó y me pidió una gaseosa y galletas corrí y lo traje viéndole con la pinga dura, le pagó y luego me dijo: “si lo mamas te daré 50 soles”.

    La tentación fue tan grande que le dije que cerraría el local y vuelvo; ese día Manuel quien era el dueño estaba durmiendo, mamé su pinga y me puso 100 más para cacharme me cachó complemente, su pinga era chica no me importó me di mi gusto volví al cuarto y encontré dormido a Manuel, me dormí feliz

    Al día siguiente vino de nuevo y cachamos otra vez; pero no me había percatado su Manuel estaba durmiendo pues dejamos la puerta abierta y él nos observaba mientras me cachaba.

    Volví al cuarto y encontré a Manuel desnudo haciéndose el dormido; tenía una gran pinga fenomenal que no me imaginaba.

    Me dijo que tal caché que te han dado me dijo, asustado le respondí que me perdone por haber hecho eso pues me había advertido, te perdono si mamas mi pinga, me acerqué y metí mi boca en tremenda pinga que me asusté; me puso en cuatro y intentaba meterme; pero la pinga salía.

    Me echó boca abajo y trajo una crema que untó todo mi ano mientras metía sus dedos que me hacían doler; hasta que sentí que poco a poco partía mi culo; fue super doloroso que sentía dolor horrible, puja, puja respira profundo me dijo mientras sentía en mis adentros abrirme el culo.

    Me cacho hasta sentir a borbotones la leche invadir mi culo fue una noche sensacional y alucinante.

    Dormí con el culo adolorido mientras me decía que era el moreno de la orgia.

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  • Rosy, definitivamente hermosa

    Rosy, definitivamente hermosa

    Después de haber penetrado a Beto, Rosy quiso que me quedara a dormir con ellos ya que al ver que era mi tercer palo, comprendió que su fantasía podía esperar un poco más, ya que Beto se había comido uno y los otros dos, entre ella y unas ricas mamadas, así que nos acostamos a dormir en la misma cama, yo a pesar de estar cansado seguía intuyendo que Beto tal vez no solo quería saber lo que sentía su vieja, creo que este cabrón ya era puto tapado y estaba por salir del closet con permiso de su mujer.

    Pero me dormí pensando en ello, como a la hora de estar dormido, me despertó una sensación muy rica, alguien me estaba mamando la verga muy suave y tiernamente, con delicadeza, eso me hizo emitir un gemido de placer, y escuché la voz de Rosy que me dijo:

    —Te gusta papi.

    Solo atiné a decir:

    —¡Siii!

    —Que rico mi vida, bueno que bien que te gusta —dijo Rosy— porque Beto quiere que se los eches en su boquita ¿verdad bebé?

    Abrí los ojos y en realidad era “Bety” quien me mamaba tan rico, sonreí a Rosy y le dije que se arrimara a mí, le comencé a mamar la tetas, que las tiene muy ricas, y le pedí enseguida que me pusiera su panochita depilada, así como pueden apreciarla, me la pusiera en mi boca para darle una rica mamada, mientras que el puto de su marido me hacía una rica felación.

    Después de hacer venir a Rosy unas dos veces con mi lengua en su rica panocha, le pedí que se pusiera en cuatro para penetrarla por el chiquito, (ya no eran tiempos de andar con terminologías rebuscadas de terapia, ya teníamos una cogedera y una desinhibición marca propia) así que a pesar de la momentánea molestia de “Bety” porque le quitamos su cupón un rato, le dije que su mujer quería saber que se sentía que le dieran por el culo como a él hacia un momento, eso lo hizo reflexionar, pero enfatizo que él quería saber a qué sabían los mecos, y que cuando me fuera a venir les avisara, para que un momento antes pudiera él disfrutar de ese gusto… no tuvimos ningún inconveniente…

    Ya que Rosy quería complacerlo porque ella estaba siendo complacida, lo hacía buey con su permiso y él era toda una puta con la anuencia de su mujer, y además Rosy, ya había terminado dos veces en mi boca y yo aún tenía cuerda, pues era el mañanero, después de tres palos de la noche anterior, con solo una hora de diferencia, estaba que no cabía de gusto, pues no había tenido esa experiencia y estaba dándome cuenta que podía tener más potencia con esta modalidad de descanso.

    Rosy se puso a gatas, y procedí a hacerle lo que a Beto, la lubriqué, mientras Beto seguía mamando con el pretexto de que quería lubricar para que su mujercita no sufriera, no me apuraba porque ahora tenía el aguante de un buen palo… así que cuando estuvo lista después de la estimulación, se la metí parsimoniosamente, mientras ella gemía rico, diciendo:

    —Pinche Bety con razón te gusta esto que rico se siente, hay papi que rico, hay mi amor culéame rico mmm, que bien sabe, déjame ser tu puta la mejor de todas, o tu puto como Betito ¿verdad mi amor? —le dijo a Beto, a lo que él solo sonrió y me acariciaba lo huevos.

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  • Angustiosa pesadilla

    Angustiosa pesadilla

    Solo oscuridad y a lo lejos ruido de tráfico, sirenas, voces lejanas, murmullo de la ciudad dormida. Siento la humedad fría en mi espalda, olor a hierba mojada, una fuerza irreconocible me impide mover brazos y piernas.

    Manos ásperas, zafias, recorren mi cuerpo con lujuria. Intento huir, pero varias manos me sujetan e impiden mis movimientos. Abren mi boca tapando mi nariz y un miembro viril me penetra hasta la garganta produciéndome nauseas. Ropa rasgada, arrancan mis bragas dejando mi vulva al aire. Apartan mis piernas y aunque intento apretarlas, una fuerza superior las separa. Siento un peso encima y un pene duro penetra mi sexo. Me duele, intento expulsarlo, pero su dureza penetra mi vagina seca haciéndome daño. Varias voces jalean al desconocido agresor.

    Vergas, a cada cual más dura, se turnan en conquistar mi boca y mi sexo. Líquidos tibios inundan mis entrañas.

    Huelo a hierba húmeda y siento mi cara chafada contra el suelo embarrado de tierra mojada. Humedad de rocío en mis tetas, vientre, sexo y un dolor irresistible en mi ano inundado por abundante esperma. Risas, palabras soeces, muñecas doloridas por la opresión y moratones en las piernas. Pierdo el sentido.

    Despierto sobresaltada, impregnada de sudor frío en todo mi cuerpo, abro los ojos, todo está en su sitio en la penumbra de mi habitación. Siento alivio. Un rayo de sol se cuela por la rendija de la ventana anunciando un día espléndido. Lo disfrutaré.

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  • Historias del spa ¡Relájame mucho!

    Historias del spa ¡Relájame mucho!

    Os voy a contar algo que me pasó hace muy poco y que jamás me imaginé que me podría suceder a mí. No voy a decir que soy una mujer guapa, pero soy bastante alta, morena, de ojos grandes y negros y labios carnosos. Soy bastante curvilínea, lo que nunca me ha ido mal con los hombres, siempre y cuando les gusten las hembras de verdad, porque además necesito que me tengan bien satisfecha en cuanto a asuntos de cama se refiere.

    Sexualmente siempre he sido bastante activa, aunque no he tenido más que tres parejas a lo largo de mi vida, pero soy de las que nunca tiene un dolor de cabeza nocturno. Hace diez años me casé muy enamorada de mi marido y nos ha ido muy bien en todos los aspectos hasta hace unos seis meses. Él me engañó con una compañera de su trabajo y le pillé enseguida porque resulta que es incapaz de mantenernos a las dos contentas a la vez y la que se quedó a dos velas fui yo.

    Para no enrollarme mucho, resumiré diciendo que hace medio año que no hacemos nada de nada, así que no podéis ni imaginaros cómo estoy de histérica. No he querido nunca tener una aventura con otro hombre y no sé muy bien por qué, digamos que simplemente no puedo, no me apetece nada. Con el que siempre he querido tener sexo desde que le conocí, es con mi marido, que ha sido el que mejor me ha follado con mucha diferencia. No creo que haya nadie que me pueda hacer sentir lo que me hacía sentir él y no tengo ganas de experimentos.

    Hace dos semanas, cuando salí de la oficina y sabiendo que no me esperaba nadie porque mi marido estaba de viaje, decidí pasarme por un spa cercano a ver si podía darme un masajito relajante. No soy muy aficionada a este tipo de terapias, pero me entró el antojo repentino y me dije que por qué no iba a darme un capricho de vez en cuando, así que dicho y hecho, allí me presenté.

    Me recibió una señora de aspecto muy elegante de unos cuarenta y tantos años con el pelo recogido en un moño alto y vestida con una bata blanca. Le conté que estaba muy estresada últimamente y que lo único que quería era poder relajarme completamente durante el tiempo que duraba el masaje.

    —Tenemos exactamente lo que necesitas, además ahora hay una oferta estupenda de cinco masajes pagando solo cuatro. Y déjame que mire, pero creo que incluso la terapeuta ha tenido una cancelación de última hora y está libre ahora si quieres.

    —¡Oh! ¡Eso sería fantástico! —contesté.

    La señora me dejó esperando unos minutos en la recepción y volvió sonriente.

    —¡Efectivamente! Si lo deseas, Morgana está libre para ti.

    —¡Genial! No la hagamos esperar.

    Saqué mi tarjeta de crédito y pagué los cinco masajes. La señora me hizo seguirla por un pasillo donde la luz era tan tenue como en la recepción y olía a deliciosos aceites esenciales. Me llevó a una sala donde había una pequeña fuente en el medio y se escuchaba una música suave por el hilo musical. Me senté entre un montón de almohadones y me pidió que esperara allí a mi terapeuta. No se veía mucho movimiento de gente por ahí, solo unas voces de mujeres a lo lejos que debían estar usando un jacuzzi cercano a juzgar por los sonidos que me llegaban.

    Al poco apareció una empleada bajita con rasgos orientales que me ofreció agua con limón muy sonriente. Aquello me pareció muy buen comienzo. Justo cuando se marchó la chica del agua, llegó una mujer de unos treinta y tantos años que llevaba una bata blanca que le sentaba perfectamente. La verdad es que nunca me han atraído las mujeres, pero he de confesar que aquella tenía un cuerpo escultural.

    Sin ser muy alta, no tenía ni una gota de grasa, pero lo que más sobresalía de ella eran sus dos enormes pechos que se aprisionaban contra aquella bata abotonada. Llevaba su pelo liso recogido con una pinza en un moño y se sentó a mi lado cruzando las piernas y descansando en ellas una carpeta de plástico con un formulario que mucho me temía, era para mí.

    Tal y como esperaba, tuve que contestarle a unas cuantas preguntas de si me habían operado de algo, si tenía alguna lesión, alergias, bla, bla, bla. Cuando acabó me dirigió a los vestuarios y me dio una llave para una taquilla. Me dijo que cuando estuviera lista me llevarían a su cabina. La misma chica que me había llevado el agua me dio un albornoz, unas zapatillas y un paquetito que supuse que sería el típico tanga desechable.

    No hablaba mucho pero sí sonreía, así que deduje que no hablaba español. Tampoco necesitaba muchas más instrucciones, así que me desnudé y me puse el albornoz, guardé todas mis cosas en la taquilla y cerré con llave con una gran satisfacción de no llevar nada encima, sobre todo el móvil. Durante una hora iba a estar completamente perdida del mundo disfrutando de un relajante masaje.

    La chica oriental me hizo un gesto para que la siguiera y me llevó a través de pasillos y escaleras hasta la cabina donde me esperaba mi terapeuta. Nunca pensé que aquella casa diera tanto de sí, pero era mucho más grande de lo que parecía. Entré en la pequeña habitación donde había varias velas encendidas y un agradable aroma a rosas. La temperatura era un poco alta para mi gusto pero enseguida me di cuenta de que llevaba puesto un albornoz bastante grueso y que cuando me lo quitara, la cosa cambiaría.

    Por una pequeña puerta auxiliar apareció Morgana, mi terapeuta, frotándose las manos con un aceite o una crema. Me dijo que me quitara el albornoz y se lo diera y que después me tumbara boca abajo en la camilla. Me pareció un poco raro que se me quedara mirando descaradamente. Lo que había visto en otros sitios donde había ido, era que la masajista no entraba hasta que tú ya estabas tumbada en la camilla, pero en cualquier caso, no soy nada pudorosa, así que me quité el albornoz y se lo di.

    Ella me miró descaradamente de arriba a abajo y me sonrió. Mientras colgaba mi albornoz detrás de la puerta me tumbé en la camilla tal como me había dicho y pude oír como corría los cerrojos de las dos puertas. Estábamos solas y aisladas del resto del mundo.

    Como tenía colocada la cabeza en el hueco por el que solo podía ver el suelo, empecé a guiarme por los ruidos que venían hasta mis oídos. Morgana puso una música súper relajante y me tapó con una toalla para que no me enfriara. La oi manipular algunos frascos y seguidamente se acercó a la camilla y me destapó la espalda. Cogió una cantidad de aceite y se frotó las manos posándolas suavemente sobre mis omoplatos. En ese momento sentí electricidad desde la coronilla hasta la punta de los pies. El roce de sus manos contra mi piel me hizo respirar profundamente y Morgana se rio.

    —¡Buf! ¡Sí que vienes tensa! —dijo suavemente—. No te preocupes. Relájate que vas a salir nueva de aquí.

    Yo no pude ni quise contestar nada. Solo dejé escapar una especie de gruñido de satisfacción. El masaje continuó como todos, arriba y abajo desde los hombros hasta la mitad de la cintura. Entonces noté como me separaba ligeramente las piernas sin levantarme la toalla y se subía encima de la camilla de rodillas para hacer más fuerza sobre mi espalda.

    Aquello me pareció extraño pero excitante porque me la imaginaba detrás de mí frotándome con las dos manos estando yo casi completamente desnuda. Jamás se me habría ocurrido pensar algo así dándome un masaje. Me extrañó mi propia manera de pensar, pero decidí seguir imaginándome cosas… Después de todo era la primera vez que alguien acariciaba mi cuerpo desnudo en mucho tiempo, así que cerré los ojos y me propuse disfrutar.

    Cuando Morgana acabó con la espalda me volvió a cubrir y se colocó en uno de los lados de la camilla para masajearme una pierna. Cuando sentí que me levantaba la toalla, separé las piernas con tanto descaro que cualquiera podría haber pensado que lo hacía por comodidad. A ella no pareció importarle. Me masajeó deliciosamente los dedos de los pies, los tobillos, las pantorrillas… Se puso al final de la camilla y comenzó a masajearme la parte posterior de los muslos, desde la rodilla hasta la ingle.

    La toalla me cubría el culo y el principio de la pierna, así que notaba como sus dedos se metían por debajo de la tela y eso me excitó mucho. Sus movimientos eran largos y lentos desde la rodilla hacia arriba. Cada vez subían un poco más, yo creí que estaba probando a ver si me sentía incómoda si llegaba demasiado arriba, (ya se sabe que hay mucho tiquismiquis).

    Me di cuenta de que cada vez con más frecuencia, en cada pasada me rozaba “accidentalmente” con la punta de sus dedos en la ingle, incluso llegando a tocarme el labio mayor. Al principio me quedé petrificada, pero viendo que lo hacía con naturalidad, no solo no le di importancia, sino que separé un poco más las piernas para hacerle creer que lo hacía para ayudarla dándole un poco más de espacio.

    Creo que cuando vio que a mí no solo no me importaba, sino que parecía gustarme, con la mano izquierda levantó la toalla dejando al descubierto las dos piernas y el culo, mientras que colocaba su mano derecha de manera que podía masajearme la ingle desde atrás. Noté como su dedo pulgar se acercaba peligrosamente a la raja de mi culo mientras me amasaba la entrepierna sin llegar a tocar más allá con una mano y con la otra me estrujaba y sobaba el glúteo.

    En ese momento empezaba a darme igual casi todo. Supongo que con la facilidad que tengo para lubricar, en ese momento debía estar bien mojada y Morgana tenía que estar viéndolo. Simplemente me dejé hacer. De pronto paró y ni corta ni perezosa tiró lentamente de la tira del tanga desechable hacia abajo, como para sacármelo por las piernas. Eso me pareció realmente extraño, porque precisamente era una prenda que te daban para no quitarte… Para que quedara clara mi aprobación, levanté el culo de la camilla para ayudarla a desnudarme, pero tuve que juntar las piernas para que lo sacara. Entonces me dio vergüenza volverlas a abrir y esperé a ver qué hacía ella.

    Tiró el tanga al suelo y sin dudarlo metió sus dos manos entre mis rodillas para separarlas despacio pero firmemente desde la cara interna de los muslos, con sus palmas pegadas a ellos. Abrí las piernas todo el ancho de la camilla sabiendo que desde su perspectiva Morgana me estaba viendo todo el coño húmedo perfectamente. Mi respiración estaba bastante agitada, pero desde mi situación no podía ver si Morgana también estaba excitada. Sin saber muy bien qué esperar, Morgana empezó a masajearme mi redondo culo desde el centro hasta afuera, metiendo sin ningún sonrojo sus manos entre mis nalgas, separándolas.

    En cada pasada bajaba siguiendo la forma redonda para seguir por la línea de mis ingles hasta los muslos, así continuamente en un movimiento circular, separándome descaradamente el culo en dos y bajando por las ingles, con las puntas de sus pulgares rozándome los labios mayores. Yo no pude evitar levantar ligeramente las caderas con una ligera cadencia producida por la excitación.

    Ella debió darse cuenta de cómo yo estaba y decidió plantar sus manos abiertas sobre mis nalgas metiendo los dos dedos gordos en mi raja y bajando de manera que se apoyaran firmemente sobre los labios. Esta vez no fue un roce, sino que apretó más fuerte y sentí un placer muy parecido al que se siente al apretarse el clítoris.

    No pude evitar que se me escapara un pequeño gemido, pero traté de disimular porque temía estar malinterpretando sus acciones. ¿Y si después de todo era una técnica diferente de masaje de relajación? En realidad solo quería autoconvencerme de que eso no podía estar pasando ni aun menos, de que me estuviera gustando que una mujer me tocara tan íntimamente.

    Repentinamente y cuando estaba casi a punto de reventar, paró de tocarme y se acercó suavemente a mi oído para pedirme que me diera la vuelta. Había olvidado que todavía me faltaba la parte de delante. Ahora sí que estaba completamente expuesta ante ella. Cerré los ojos porque me dio algo de pudor y ella me cubrió otra vez con la toalla. Pensé que aquello había sido un gran malentendido y me avergoncé por haberme mostrado como una perra en celo.

    Morgana empezó a masajear mis brazos y mis manos con mucha sensualidad. Me levantó el brazo hasta la altura de su cara y lo masajeó desde el codo. Siguió bajando hasta la axila y el hombro apoyando descaradamente la palma de mi mano sobre una de sus gordas tetas. No me atreví ni a moverme ni a abrir los ojos, pero eso ya no me pareció tan normal. Se fue moviendo de manera que mi mano inerte terminó entre sus pechos, apoyada en el primero de los botones.

    Ella sabía bien que el botón estaba a punto de saltar y solo con el roce de uno de mis dedos, eso fue lo que pasó, pero en ese momento yo ya estaba decidida a no dejarme intimidar. Si ella tenía morro, yo doble ración, así que dejé que mi mano se moviera “tontamente” según ella masajeaba mi brazo y le acaricié el borde de sus preciosas tetas con la punta de mis dedos.

    Era la primera vez que hacía algo así y me excité como una perra, tanto que inconscientemente me moví en la camilla, flexionando las rodillas y separando las piernas, pero sin abrir los ojos. La jugada se repitió en el otro brazo y yo volví a tocarle sus pechos, redondos, suaves y duros. Tuve que contenerme para no meterle la mano más adentro buscando sus pezones y pellizcarlos. En ese momento yo ya estaba desbocada. Me dejó delicadamente la mano en la camilla y se puso detrás de mi cabeza. Ya sabía lo que tocaba ahora.

    Suavemente, retiró la toalla de la mitad superior de mi cuerpo, doblándola sobre mis piernas. Allí aparecieron mis dos tetas con los pezones tiesos como para cortar un cristal. Empezó a darme un suave masaje en el cuello y cuando menos lo esperaba bajó hasta mis pechos. Manipulaba los dos a la vez en movimientos simétricos, evitando tocarme los pezones. Noté que mi respiración no era precisamente la de alguien relajado, incluso tenía calor y había empezado a sudar ligeramente.

    El masaje de pecho no fue muy largo, pero en los últimos movimientos agarró mis pezones con todos sus dedos y los frotó como si estuviera sintonizando una emisora en una radio antigua. Se mantuvo así durante unos deliciosos segundos, consiguiendo que se endurecieran más y se alargaran. Entonces los soltó y los acarició suavemente con la palma de las manos.

    Se movió hasta los pies de la camilla. Yo vi que aquello estaba cerca del final y abrí los ojos. Ella me miraba divertida mientras yo la seguía con la mirada, con cara de desesperación por saber qué sería lo siguiente que me haría para excitarme. ¡Maldita zorra! ¡Me había puesto terriblemente cachonda y yo no tenía quien me consolara!

    Cogió la toalla que me había doblado antes sobre las piernas para taparme el torso, pero yo le pedí que no lo hiciera.

    —Hace mucho calor aquí —le dije mirándola con deseo.

    —Sí, es verdad, tienes razón —me contestó.

    Por un momento pensé que se desnudaría y se subiría encima de mí para que pudiéramos besarnos y acariciarnos, pero no lo hizo. Solo me quitó todas las toallas que me tapaban y me dejó completamente expuesta sobre la camilla. Se dirigió a masajearme la parte anterior de las piernas y justo cuando empezaba con la primera decidí flexionar la contraria y abrirme ante ella descaradamente. Casi me muero cuando la vi que levantaba la mirada hacia mí, muy seria y soltándome la pierna.

    En ese momento me quería morir de la vergüenza y cerré las piernas instantáneamente. Entonces ella sonrió y me agarró de los dos tobillos, echándomelos hacia atrás y abriendo mis piernas como si fuera un portón de una fortaleza. Para mi sorpresa, metió las manos debajo de la mesa y sacó dos alas extensibles de los lados, colocando mis pies en ellos.

    Inmediatamente recogió la parte del final de la camilla de manera que mi culo quedó justo en el borde, con mis pies sobre las extensiones, completamente abierta. Ahora sí que le estaba ofreciendo todo mi sexo baboso. Ella acercó un pequeño taburete de ruedas y se sentó de manera que quedó casi a la altura de mi sexo.

    Ya no había duda, pero aun así me miró y con una sonrisa me preguntó acercando cada vez más sus labios a mi coño. Creo que esperaba alguna reacción por mi parte, así que me incorporé sobre mis codos y dejé caer la cabeza para atrás justo en el momento en el que su boca entreabierta entraba en contacto con mi ansioso sexo. Me tumbé completamente y disfruté de aquellos profundos lametazos arriba y abajo que me daba aquella mujer.

    Después de saborear un rato todos los jugos que abrillantaban mi sexo, abrió la boca y apoyó sus labios rodeando mi clítoris. Después hizo que chocara delicadamente su lengua con mi pepita. Pasó unas cuantas veces la punta de su lengua por la bolita dura y yo no pude aguantar más. Levanté las dos piernas hacia el techo agarrándome de su cabeza mientras me corría como una salvaje, momento en el que Morgana aprovechó para meterme dos dedos en la vagina y otro en el culo, moviéndolos de dentro a fuera, al principio rápido y luego despacio hasta que vio que me había quedado relajada, con la cabeza hacia un lado y completamente despatarrada.

    Morgana me dejó así, tumbada en la camilla, después de haberme tapado otra vez y se marchó. Cuando me pareció bien, me levanté, me vestí y me fui hacia la recepción. Ni rastro de mi terapeuta, pero en el mostrador de la entrada estaba la misma mujer elegante de antes.

    —¿Qué tal? ¿Qué te ha parecido el masaje?

    —¡Oh! Ha sido simplemente delicioso. Soy otra persona.

    —¡Jajaja! —rio abiertamente—. Eso es lo que suelen decir de los masajes de Morgana. Es fantástica. Por eso está tan solicitada. La próxima vez llame antes porque no tendrá tanta suerte como hoy.

    —Desde luego —no pude decir más.

    —¿Nos vemos la semana que viene?

    —Sin duda. Llamaré antes para pedir hora.

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  • A mi mujer le gusta viajar en metro

    A mi mujer le gusta viajar en metro

    Carolina es mi esposa, es una mujer normalita, pero llama mucho la atención, porque le gusta vestir sexy, trabaja en un banco y siempre se va en metro, y la verdad que al principio no me gustaba, hasta que ella misma me dijo que me quedara tranquilo, que, aunque hay mucho pervertido, su cuerpo solo sería mío y además me contaría todo.

    Un día me acuerdo que me excitó mucho lo que me había contado, que le había pasado en ese vagón del metro.

    Ese día llevaba unos pantalones de vestir color blanco que le quedaban bien apretaditos y le hacían ver su culito más paradito y abajo sus braguitas, una blusa color fucsia de encajes y por cierto bien escotada que con el brasier blanco de una talla menor que de costumbre tenia, se los paraban más de la cuenta y se los hacia ver más grandes y redondos unos zapatos de tacón mediano y su cartera.

    Bajó al metro y se metió en la fila, ya ella presentía que iba a tener varios arrimones, porque notó que enseguida varios hombres se pusieron detrás de ella.

    Al llegar el metro y con los empujones al entrar ya notó que el hombre moreno que tenía atrás, ya se le había pegado a su trasero con fuerza y el hombre que tenía delante con sus codos levantados estaba tocando y presionando sus tetas.

    Trató de abrirse paso en el vagón mientras sentía muy disimuladamente como tocaban sus nalgas y tetas, pudo llegar a la mitad del vagón y notó que el hombre moreno que había entrado con ella, lo tenía atrás.

    Y no tardó en recostarse sobre su culo otra vez, pero ella me contaba siempre que por maldad y porque a veces esos tipos pasaran pena.

    Ella se echaba a propósito más hacia atrás y empezaba a moverse discretamente para sacarles una erección a esos degenerados y así cuando se bajara ella en su estación, los dejaría al descubierto con su erección.

    Pero esa vez le pasó algo distinto al posar su trasero y moverse notó que ese pene no era normal, era mucho más grande y el bulto que tenía ese moreno debajo del pantalón.

    La estaba poniendo inquieta sentía algo que nunca había sentido en el metro y eso que ya había perdido la cuenta de cuantos penes le había recostado.

    Me contó que se estaba meneando más de la cuenta, y que sus braguitas se le estaban metiendo por la raja del culo y se estaba empezando a mojar su sexo.

    El moreno sintió que ella con ese movimiento le estaba gustando a ella y se lo recostó con más fuerza y con su mano la subió para agarrarse del tubo y así hacer más presión.

    Y también aprovechar con cada parada y arrancada del metro rozarle sus tetas, hasta ella me contó que se puso medio de lado, para que así con las manos de él tocaran más cerca sus tetas y en frenado llegarle a tocar hasta el pezón, así fue que se le fue notando debajo de su blusa el pezón ya durito y paradito.

    Figúrense que no se pudo bajar en la estación que le tocaba a ella porque esa tremenda verga que tenía pegada en su culo, no la dejaba pensar bien, pasaron cuatro estaciones más y el moreno fue quien se bajó primero, no antes al bajar sus manos tocar con descaro sus tetas, y despedirse sobándole también su culo.

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  • Me prueba la experta amiga de mi mujer

    Me prueba la experta amiga de mi mujer

    Para aquellos que nos leyeron en nuestro anterior relato, Nancy y yo somos una pareja de 50 y 45 años, que hemos vivido en varias partes de Latinoamérica, gracias al trabajo

    Nancy es una mujer de 45 años, tetas grandes producto de los 8 hijos que hemos procreado, muy hermoso abdomen, una nalgas sensacionales redondas bien formadas y muy bien cuidadas y una pera depilada con gusto. Una vieja caliente que le gusta disfrutar sesiones largas de sexo caliente.

    En nuestro pasado relato estando en un hotel en Costa Rico, en la víspera de nuestra salida por aniversario, donde después de un rato amargo, resulto que mi regalo era adelantar a mi mujer, nos dimos un buen revolcón y al casi terminar:

    Volteo a ver el reloj son las 2:15 de la mañana, llevamos tres horas…

    Ella quiere más… le digo que el avión sale a las 8:15.

    Ella me contesta solo uno más…

    Le contesto bueno…

    La cabrona me agarra la verga que estaba todavía placida, me la empieza a mamar, hasta que recupera su fuerza, mientras pone sobre mi boca su jugosa vagina y empezamos un 69, mi pene crece un poco más, ella lo chupa y lo chupa, yo no me quedo atrás y le meto la lengua entre sus rajitas, siento como se va calentando.

    Me dice que la idea del viaje fue de Luis, que me veía muy bajo, como que cualquier secretaria alborotaba su paquete.

    Le dije si mi amor, mientras la cabrona acariciaba suavemente mis huevos, llevando la excitación al máximo. Después cambiamos varias veces de posiciones, viniéndose cuatro veces, yo tenía ganas de vaciar, pero ella me decía no hasta a Miami, hasta Miami…

    De pronto suena el teléfono… volteo a ver el reloj eran las 7:15. Tomo el teléfono, ella estaba montada sobre mí, y me decía no descuelgues…

    Me informa la telefonista que son las 7:15 y que el aeropuerto está a diez minutos, que nos apuremos.

    Me dice, la última ahora si… Le contesto sí, pero con premio… Se levanta rápidamente se mete al baño y me grita: qué crees que esta puta quiere leche…

    Después de esto nos bañamos y salimos en veinte minutos, llegamos a tiempo y partimos para Miami.

    En el viaje mi mujer me dijo que sus amigas le habían organizado una despedida de soltera, de esto en otro relato ella les contara, yo venía pensando en las locuras de las amigas de mi mujer.

    Mi mujer es muy buena conversadora, luego se queda horas platicando con sus amigas, hay dos que especialmente me preocupan una que es una solterona, Berta empedernida, pero bastante trabajada, cuenta ella que se comido a más de 100 novios, y la otra Lupita que es una mujer casada de la misma edad que mi mujer, más chaparra que mi mujer, debe medir unos 1.65 metros, de muy buen cuerpo, se la pasa en el gym todos los días, muy buenas tetas, pero sobre excelentes pompas, como dice mi mujer. La pobrecita tiene un marido, que no le da batería, viaja mucho, esta fuera más de tres semanas al mes y se aparece los fines de semana, pero bueno eso es otra historia.

    Regresando a nuestro tema, Nancy y yo cuando la tengo bien posicionada, le he preguntado si el tamaño de mi verga 16 cm es suficiente, aunque muy grueso, apenas si me entran los condones extralarge, es adecuada, sino ha soñado con tener una verga más grande o más gruesa. Ella me dice que está bien, que si estoy a acomplejado, que ella está muy a gusto.

    Pero el otro día, un jueves, después de ir a cenar con Berta, la solterona, porque Lupita no estaba, cuando estaba yo ya adentro de ella, me empieza a decir, que esa noche el tema de conversación con Berta habían sido los hombres y especialmente los hombres y sus penes.

    Mi mujer le dijo a Berta que yo estaba preocupado por el tamaño, y ella que es una profunda conocedora de penes, le dijo varias cosas.

    Primero que el tamaño del pene es lo de menos, que lo más importante es el calor y ritmo de la relación, o sea de la cogida, que le han tocado novios, como ella le dice, que tienen poco camarón 13 o 14 cm y que traen un ritmo muy bueno en la cama, sin embargo ella ha notado que de 18 cm para arriba, son muy malos amantes, primero porque creen que el tamaño de verga es todo, segundo porque las vergas grandes son muy placidas, muy aguadas, dice ella que tiene que trabajar mucho para tener una buena erección, pero dice que lo más grave que por el tamaño solo puede practicar muy pocas posiciones, porque la verga estorba para coger.

    Berta dice que a veces mejor se las masturba a los creídos con pene largo, porque no dan satisfacción adecuada a la pareja, además dice que la primera vez que se cogió a uno que tenía una de 20 cm casi toda la noche, más de dos horas se la pasó agitando la verga para mantenerla erecta, y al final su vagina le costaba metérsela, pero dice que la segunda y tercera fue peor, porque no podían practicar un buen perrito, una buena mamada en 69, dos o tres caballitos y dos cabalgadas, que es lo que ella considera un buen amante, ya que la verga larga es un obstáculo.

    Ella que dice que por lo menos cinco se hecha a la semana, dice que prefiere vergas de 15 a 17 cm, con buenos huevos, con o sin panza, pero no esqueletos y no gordos compungidos, de su altura o 10 o 15 cm mas, vigorosos y que apunten por lo menos una hora sin eyacular, porque los grandotes a la primera quieren descargar.

    Ella le propuso a mi mujer, que le prestara a su marido, para calarlo, y que le daba su opinión completa, que con dos o tres días tenía para dar una buena opinión, para que te digo lo que le contestó, a mí me convino, esa noche me la mamó no una sino tres veces, se dejó culear hasta que eyaculé y luego después me dio mi postre favorito.

    Gracias Berta, por tu experiencia, mi mujer si te cree.

    En eso noto que el avión está aterrizando en Miami, mi paquete se endurece, mi mujer me dice, que rápido eres…

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  • En la fiesta de fin de año

    En la fiesta de fin de año

    El día de despedida de año vinieron muchas personas a casa porque mami y papi hicieron un fiestón enorme. Invitaron a toda la familia, amigos y vecinos, quienes a su vez trajeron más personas. Todo transcurrió normal para una fiesta de fin de año. Bebida, comida, mucha música, fuegos artificiales, etc.

    Cuando dieron las 12 se armó un escándalo, todo el mundo besando a todo el mundo. Yo sentí que me agarraban por la cintura y me apretaban unos brazos y un chico, al que no había visto nunca, bajaba su cabeza para darme un beso. No fue un beso normal, de felicitaciones, no. Este beso fue sumamente apasionado. Me estuvo besando por más de 30 segundos en los que su lengua no salió de mi boca. Cuando estuvo satisfecho, se retiró sonriendo con malicia.

    Yo me quedé temblando, con la boca abierta, el corazón a mil y las piernas de gelatina. Estuve así hasta que lo vi perderse entre los invitados. Tuve que ir al baño para refrescarme un poco la cara que me ardía como si tuviera fiebre. Cuando salí, empecé a buscarlo por todas partes. Tenía que saber quién era y sobre todo, tenía que volver a besarlo.

    Luego de hacer unas investigaciones con mi prima Ana María, descubrí que el chico en cuestión era amigo de mi prima Linda, hermana de Ana y que tiene 27 años. Me sorprendió su edad porque francamente, no la aparentaba, parecía menor.

    No voy a negar que me pasé el resto de la noche coqueteando con él, luego de ese beso, ¿quien no? Lo veía a lo lejos y lo provocaba. Le pasaba cerca y le sonreía con malicia. Cuando bailaba con alguien lo hacía de manera sensual, sin quitarle la vista de encima, tocándome el cuerpo como diciéndole que bailaba para él. Incluso le dejaba ver mi tanguita transparente para que pudiera apreciar mi chochita rasurada y brillante por mis jugos. Nunca se me volvió a acercar y cada vez tomaba más alcohol. Solo me miraba de lejos y nunca me quitó la vista de encima.

    La mayoría de los invitados empezó a irse desde la 1 am y ya a las 3 solo quedábamos un grupo de jóvenes: mis primos mayores con algunos amigos (entre ellos el chico que me besó), los primos más jóvenes y yo. Todos decidimos quedarnos hasta ver el sol salir. Mis padres se fueron a dormir y todos (aproximadamente 10) nos acomodamos en la terraza a jugar dominó, cartas, etc.

    Por haber tomado tanto, el chico empezó a sentirse mal. Yo lo vi ponerse pálido y con náuseas. Lo ayudé a salir para que tomara un poco de aire fresco. Eso pareció calmarlo un poco. Sin hablar, seguimos caminando hasta el fondo del patio y entramos a la casita del jardinero. Encendí el bombillo que colgaba del techo. Él cerró la puerta y se recostó de ella. Ya había cumplido mi deseo, lo tenía para mí solita. Me di la vuelta y me bajé el top para mostrarle mis tetas. Inmediatamente se acercó a mí, me agarró por la cintura y empezó a chupármelas…

    —Despacio. —Le dije.

    Pero él no quería ir despacio. Este era mi castigo por pasarme toda la noche calentándolo. Me levantó y me sentó en la mesa dejando mis piernas abiertas. Su boca no se despegaba de mis tetas: chupaba, mamaba, mordía. Me estaba provocando un dolor muy rico en mis pezones. Sus manos bajaron de mi cintura a mis caderas y hasta mis muslos, subieron mi falda y con una rudeza que me sorprendió rompió mis tanguitas haciéndome dar un respingo.

    —¡Te dije que despacio! —Le dije un poco más asustada. Pero ya él no parecía tener vuelta atrás. Me miró y en sus ojos vi lujuria, pasión, desespero y frustración.

    —Me has vuelto loco durante toda la noche, no puedo contenerme.

    Mientras hablaba, su boca iba recorriendo mi estomago hasta llegar a mi chochita destapada que estaba a su merced. Se sorprendió cuando la vio depilada y brillante por todos los jugos que había derramado mientras lo estuve calentando. No sé porque me excita tanto calentar a un chico, y cuanto más imposible me parezca, más me excita. Es como aquel viejo cuento del cazador y la presa. Solo que ahora parecía que la tortilla se me estaba virando.

    Mi atacante, porque ya para este momento era claro que me atacaba, me tenía sujetada por las dos manos con una de las suyas. Con la otra, abría los labios exteriores de mi chochita para meter su lengua y empezar a moverla sobre mi clítoris. Yo no paraba de moverme y pedirle, rogarle que se calmara, pues me estaba asustando. Mis movimientos solo servían para excitarlo más. Como un desesperado me quitó lo que quedaba de mis tanguitas y me ató las manos, mis nervios iban en aumento por cada segundo que pasaba.

    El siguió chupando mi chochita, yo no recuerdo si lo estaba disfrutando o no, pues mi preocupación era más grande que cualquier otra cosa. De pronto vi que se incorporaba y se desabrochaba el pantalón. Se sacó su verga como de unos 8 pulgadas de largo y que me pareció enorme. Empecé a llorar. No quería perder mi virginidad así. Tanto tiempo cuidándome para que este pendejo borracho me desflore.

    Cerré los ojos esperando la investida, el dolor, pero pasaron los segundos y no llegaban. Abrí los ojos y vi al chico que me miraba con sorpresa, como despertando de un sueño.

    ―¿Te hice daño? —Me preguntó.

    ―No, pero si me has asustado mucho.

    ―Perdona, no sé lo que me ha pasado. —Él se veía apenado y no me quería mirar a los ojos.

    ―Yo quiero disfrutar contigo, pero no a la fuerza…

    Me agarró por las manos y me levantó de la mesa. Lo vi tan apenado, que me conmovió. Iba a empezar a desatarme las manos, pero se lo impedí.

    —No. déjalas así. Quiero tenerlas amarradas mientras te mamo tu verga.

    La cara que puso, no la puedo describir. Sin perder tiempo se recostó de la mesa. Yo me arrodillé a su lado mientras el agarraba su verga y la guiaba hacia mi boca. Usualmente me gusta hacerlo yo, porque me hace pensar que yo soy la que decido cuándo empezar a mamar, pero ahora, al tener las manos atadas, no tenía elección. Con la boca abierta esperaba ansiosa a que mi lengua tocara la punta de su verga y empezar a probar su líquido preseminal. Ya del miedo ni me acordaba.

    Él se tomaba su tiempo, ahora le tocaba a él provocarme. Con su dura verga golpeaba mis mejillas antes de rozármela por los labios. Yo sacaba mi lengua tratando de alcanzarla, como me tenía agarrada por los cabellos, no podía mover mi cabeza. Me ordenó que abriera la boca y de un golpe me la llenó con su tranca. Yo empecé a mamar ansiosa, golosa. Con chupadas fuertes y prolongadas. El movía mi cabeza a su antojo aprovechándose que me tenía a su merced, atada y de rodillas.. pero esta vez con mi consentimiento.

    Sus movimientos se van haciendo cada vez más rápidos, más violentos. Siento su verga golpear el fondo de mi garganta con más fuerza y sus huevos golpear en mi barbilla. Lo miro a los ojos y me doy cuenta que está a punto de correrse. Chupo con más fuerzas y ganas, lamentando no tener mis manos libres para acariciar sus huevos, pero a él no parece importarle.

    Entonces, sin avisarme, me quita mi diversión y con sus manos empieza a pajearse. Veo hipnotizada como borbotones de leche salen de su hoyito y me llenan las tetas, la cara y trato con desesperación de no dejar desperdiciar nada. Con mi lengua, busco y recojo todo lo que está a mi alcance. El vuelve a meterme su verga en la boca para que se la limpie y yo obedezco y se la dejo brillante.

    Entonces me ayuda a ponerme de pie y me desata las manos. Me abraza y al oído me susurra: “Gracias por dejarme violar tu boca. Ha sido una de mis más grandes fantasías.”.

    Me arregla el top y me alisa la falda. Me da un beso y sale sin despedirse. Me dejó allí, en la casita del jardinero, como si nada hubiera pasado, todo igual que antes, todo, excepto mis tanguitas. o lo que quedó de ellas. Las busqué y no las encontré por ningún sitio. Parece que se las llevó para guardarlas como souvenir de esta fiesta de despedida de año.

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