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  • Con una madurita amiga de mi padre

    Con una madurita amiga de mi padre

    Corría el verano en el cual yo contaba con 20 años recién cumplidos, no se puede decir que sea de mala familia y siempre nos han gustado los lujos y el glamour por eso cuando mi padre se aficionó a jugar al golf, yo también cogí esa afición, más que nada por hacer algo de deporte, aunque en principio este me pareciese un deporte de viejos.

    Además, desde el primer día que acompañé a mi padre al campo de prácticas ver cómo había chicas de mi edad, de mi misma clase social con bastante nivel y algunas de ellas eran realmente unas preciosidades. Aparte de que me resultaban bastante atrayentes el resto de actividades de este club de campo, tenis, paddle, hípica, polo, hockey, piscina privada… club social… y demás actividades lúdicas para el entretenimiento de un fin de semana.

    Mi padre me compró un juego de palos de golf, y poco a poco fui adquiriendo el resto de accesorios y complementos necesarios para la práctica de este deporte que ya me estaba empezando a gustar un poquito más. Una mañana fui con mi padre al campo de prácticas, pues los sábados y domingos me gustaba pasar el día allí lanzando unas bolas o jugando unos hoyos, y en ocasiones esporádicas jugar al tenis o montar a caballo con alguna pija amiga de mi edad de buena familia que había conocido por allí.

    Estábamos en la cabina de tiro cuando vi llegar a una señora de unos 50 años, rubia, con unas tetas enormes y un culazo de impresión enfundado en unos pantalones de color blanco cómodos pero que marcaban bien todas sus curvas y una camiseta que dejaba ver los dos grandes senos que se escondían detrás de ella. Cerró la puerta de su Mercedes y con una gorra se puso en la cabina de al lado a lanzar algunas bolas.

    Me sorprendí bastante cuando vi que saludaba a mi padre, por lo visto se conocían de verse por allí a menudo los fines de semana, no pensé en otra cosa pues era normal que de coincidir allí se conociesen y hablasen. Mi padre me la presentó, ella se llamaba Marisa, y tenía 54 años. Le propuso a mi padre ir a jugar unos hoyos, pero mi padre tenía cosas que hacer y no podía.

    —¿Te importa que te acompañe mi hijo?

    —No, en absoluto. —Contesto ella dedicándome una sonrisa que me turbó sobremanera.

    Cogimos las cosas y subimos a la casa club donde sacamos los tickets y comenzamos a jugar uno a uno los 18 hoyos, charlando, ella era muy abierta y yo me mostré también muy extrovertido contándole mis gustos sobre mi música, el cine, la literatura… la conversación se fue haciendo más amena al paso de los minutos.

    Incluso me atreví a preguntarle cosas un poco más personales como si tenía hijos, estaba casada. Marisa tenía una hija de 25 años, pero se encontraba separada y vivía sola. Su hija estaba ahora estudiando en la universidad en Francia. Marisa era francesa de padres españoles.

    Según fue pasando el tiempo me iba fijando en sus caderas, su cintura, en cómo se contorneaba a través de las calles de los hoyos. Y en lo bien que le sentaba a su melena rubia la gorrita de Lacoste y las gafas de sol. En uno de los lanzamientos la bola se fue a los árboles así que nos encaminamos en su busca, no había mucha gente puesto que estábamos en agosto y la mayoría de la gente estaba de vacaciones en otros sitios más interesantes. Llevábamos 10 minutos buscando la dichosa pelotita cuando por fin apareció pegada al tronco de un árbol.

    —Bueno… desde aquí creo que va a ser bastante difícil sacarla a green ¿no?

    —Si, la verdad es que sí. —Respondió Marisa.

    La verdad es que había pegado un tiro malísimo, lo cual demostraba que no estoy hecho para este deporte, pero todo era cuestión de práctica. En esto Marisa se agachó poniendo el culo en pompa para recoger la bola del suelo… y no lo pude evitar me acerqué a ella, y le planté la mano en el culo mientras se lo acariciaba, se dio la vuelta sorprendida y le planté un morreo de impresión, no se lo pensó dos veces y en cuestión de segundos nuestras lenguas se peleaban entre ellas y su lengua investigaba todos los rincones de mi boca.

    Nos fuimos detrás de unos setos y me desabrochó la camisa de golpe y el cinturón… para después de darme un mordisco en el cuello bajar hacia mi entrepierna. Empezó a acariciarme muy sensualmente mi paquete por encima de mis bóxer negros y mis 18 cm de carne se pusieron duros al momento.

    —A ver ¿qué tienes aquí pequeño pitufillo? —Me dijo sonriéndome y guiñándome un ojo.

    Mi polla salió erecta al instante, y enseguida esos labios de carmín oscuro engulleron uno a uno la longitud de mi miembro, chupeteaba el glande y le daba lametones a la base hasta que por fin se la metió en la boca y empezó a hacerme una mamada a un ritmo frenético, no me la chupaban así desde hace mucho tiempo, y la verdad es uno de los motivos por los que me encantan las mujeres maduras.

    Se levantó y se quitó la camiseta dejando a la vista dos tetas enormes con unos pezones prominentes que empecé a lamer, succionar y mordisquear sintiendo su dureza y excitación ahora le tocaba disfrutar a ella se quitó los pantalones y comencé a acariciar su coño por encima de un bello tanga de encaje morado por el cual escapaba una mata de pelo rubio que me puso a mil…

    Me arrodillé y ella como pudo empezó a frotar su monte de Venus con mi cara, el olor era embriagante, y seguidamente me empecé a dedicar a la cara interna de sus muslos, sus labios… su coño rezumaba flujos y yo me dediqué durante un buen rato a hacerle una mamada a su coño como buenamente podía, intentando hacerlo lo mejor posible pues es lo que más me gusta, no hay nada para mí como poderle dar sexo oral a una mujer madura y ver cómo disfruta…

    Sus manos me acariciaban mi pelo rebelde de punta y sus gemidos pidiéndome más que siguiese chupando y que no parase… se dio la vuelta y con el culito en pompa le hice un beso negro espectacular, lamiendo su ojete y penetrándola con mi lengua en él mientras veía cómo su mano con sus uñas largas y afiladas de color marfil se acariciaban su clítoris…

    Después saqué un preservativo y comencé a penetrarla allí mismo ella con las manos apoyadas en un árbol… y comencé un mete saca a buen ritmo suave por momentos alocado en otros. Después la metí un dedo en el culo e intenté sodomizarla, pero me dijo que no, aquí no.

    Se puso en frente de mí se morreo conmigo en busca de sus flujos y comenzó a hacerme una cubana frotándome la polla con sus tetas hasta que la avisé de mi inminente corrida que fue a impactar a sus tetas, su cara, su pelo y su boca tragando todo lo que podría de aquellos cinco trallazos potentes de espeso semen caliente. Se relamió los labios recogiendo todo lo que había en su cara, y se vistió… diciéndome:

    —Eres un cielo… Oscar

    Seguimos jugando los 7 hoyos que nos quedaban, después me invitó a tomar un refresco en la casa club y me propuso que fuésemos al cine y después a su casa donde pasamos todo el fin de semana juntos.

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  • Experiencias fuertes

    Experiencias fuertes

    Al otro día me levanté con el culo super adolorido, nunca había experimentado algo así, sentía que el culo estaba destrozado que me asusté y me senté en el baño triste sin saber qué hacer; en eso entró Manuel desnudo con la gran pinga colgando que me asusté y pensando: ¿cómo esta enorme pinga me aguanté ayer?, se acercó y me pidió que lo mamara, estaba súper flácido pero rico; que de un momento a otro se puso duro; luego me levanté del baño y me fui a la cama mientras se quedó.

    Me puse a dormir de nuevo pues el sueño era grande; Cuando de pronto, sentí que se acercó sobre mi culo y bajándome el short que estaba puesto; me decía: “¡que rico culo me he comido ayer mi amor!”.

    El miedo y temor invadía mi mente, empezó a golpear mi culo con su gran pinga parada; mientras le preguntaba si era verdad lo que me dijo el día anterior, que era el de la orgia de navidad; me aseguro que si me di la vuelta y lo abracé y me besó sintiendo su enorme polla rozar mi pequeña polla; me abrió de piernas y me penetró poco a poco que inundaba mi culo con su gran pinga; mientras trataba de respirar profundo porque el dolor era fuerte; moviéndose como loco; mientras me hacía saltar cuando sentía que lo metía todo; “auch, me duele por favor eyacula” le decía; me besó los labios y me dijo “eres mi mujer y vas a aguantarme siempre”.

    La verdad que me dolía y empecé a llorar “no llores” me dijo y me dio una cachetada que me asustó, luego me besó rico que me calmó y de pronto sentí invadir la leche dentro de mi culo adolorido; fue calmando mi dolor; porque paró y al final saco su pinga poniéndome al borde de la cama que sentí la leche salir de mi culo.

    “Que rico hueco, me dijo, si que te lo abrí al máximo”; toque mi culo y estaba huy abierto y suave. Me tapé con la sabana y me puse a dormir un poco más.

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  • Recuerdos

    Recuerdos

    Ya empieza la noche. Terminé una llamada que tenía pendiente desde la tarde, me acomodé un poco en nuestro sillón de la sala, una bebida refrescante en la mano, para contrarrestar el calor de la tarde y vino a mi mente el recuerdo de tu imagen arriba de mí, semidesnuda, con tus atractivos senos de fuera, montándome rico, dejando que mi pene entre profundamente en tu ser, moviendo tu cadera para frotar tu sexo con mi cuerpo, lo que te excita mucho, mientras tu vagina abraza mi pene en su recorrido interior y nuestras bocas se besan apasionadamente.

    Te separas e incorporas brevemente para recorrer mi pene con tu lengua, sentirlo bañado de tus líquidos, rodeas con tus labios la punta, lames mis testículos, y luego te acomodas de nuevo para guiarlo hacia tu entrada dejando caer tu cuerpo para que se aloje todo en ti. Entonces te inclinas nuevamente para besarnos, mientras retiro completamente tu blusa, para encontrar tus senos hermosos y dispuestos. Los acercas alternadamente a mi boca para que lama y succione tus pezones, lo que disfrutas mucho, mientras tu cadera hace su magia para sentir mi pene dentro de ti, lo que te provoca ligeras convulsiones con cada movimiento y vas mojando mi cuerpo poco a poco.

    Te levantas de nuevo, te vuelves a poner entre mis piernas y veo cómo llevas la punta de mi pene a tus pezones para frotarlos con él, mojándolos un poco. Es excitante ver cómo las gotas transparentes de mi líquido preseminal se van distribuyendo en tus pezones que ya están duritos de la excitación, además de yo experimentar cierto cosquilleo al frotar tú mi punta en tus senos. Vuelves a besar mi glande y rodearlo con tus labios, mojándolo con tu saliva. Entonces, te levantas, llevas tus pezones a mi boca, mientras te acomodas sobre mí de nueva cuenta.

    Pones uno de tus senos primero en mi boca, lo lamo y chupo completo y luego el otro, mientras tu mano sigue masturbando mi pene frotando el glande en tu entrada. Tu excitación es mucha y tu sexo esta deliciosamente mojado, lo que se escucha conforme lo frotas. La expresión de tu cara es de mucho deseo y ganas de seguir disfrutando del momento. Estiras tu mano un poco más y brevemente acaricias mis testículos, previo a volver a darle entrada a mi pene en tu sexo.

    Lo acomodas para que ingrese en tí y observo cómo tu cara refleja el placer de sentirte invadida de nuevo. Con tus piernas controlas tu descenso y con ello cómo se abre paso dentro de ti. Lo vas recibiendo rico, metiéndolo todo, frotándote mucho, mojándome nuevamente. Tú excitación es continua y es delicioso sentirte así.

    Ya completamente dentro de ti, lamo mis dedos, paso mi mano por tu cadera y llego hasta tu culito para acariciarlo superficialmente, lo que sé te provoca más placer. Eventualmente, saco mi pene de tu mojada cavidad, y lo froto a lo largo de la línea que separa tus nalgas, lo que hace estremecer tu cuerpo, llevas tu mano hacia atrás, lo pegas más para sentir su desplazamiento junto tu ano un par de veces, y lo vuelves a meter a tu vagina. Tus corridas son continuas y muy excitantes.

    Tu cuerpo se sacude con otro orgasmo más, y decides que es momento de que me venga en tí. Levantas tu cadera, me pides que observe como lo vas recibiendo de nuevo, nuestros besos se intensifican, las caricias, tu cuerpo abrazando mi pene, me va llevando al clímax, ensanchando mi miembro dentro de ti. Tu boca gime cerca de mi oído y al sentir próxima mi corrida, me pides que te llene toda, para que quedes impregnada de mi semen, acelerando tus movimientos de cadera, alternando el subir y bajar sobre mi pene, así como haciendo giros y desplazándose hacia adelante y atrás, lo que me proporcionan un gran placer, al cogerte mi pene en esa forma tan tuya, sensual y excitante.

    Sabes que estoy a nada de venirme. Me aprietas y provocas una intensa eyaculación dentro de ti, mientras te corres de nueva cuenta al sentir mi semen depositarse en ti.

    Sé que estos recuerdos, pronto, apenas llegues, serán sensaciones reales nuevamente. No tarda en sonar que metas la llave en la chapa de nuestra casa.

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  • Ayudamos a una amiga con un trabajo

    Ayudamos a una amiga con un trabajo

    Había quedado en Valencia con Macu, una amiga mía que tenía 23 años, mide 160 cm de altura, rubia, con poco pecho, pero bien puesto y un muy buen culo (Sus medidas serán 85-60-95), ella y yo nos llevábamos muy bien. Éramos dos grandes amigos, que nos contábamos todo, pero que nunca habíamos tenido ningún encuentro ni erótico ni sexual. Nos respetábamos demasiado. Ella era como una hermana para mí.

    Llegué a la puerta de su estudio, toqué y me abrió. Ella llevaba un top de esos que dejan el ombligo al aire y una pantalón corto de licra (De esos de hacer deporte) muy ajustado que no le marcaban la costura de la braga por delante, pero por detrás nada. Por lo cual pensé que llevaría un tanga, y eso que ella no estaba muy acostumbrada a ponerse tangas.

    —¿Cuál es el favor que te tengo que hacer? —le pregunté.

    —Mira Sergio, como tú sabes en mi carrera hay un asignatura que es fotografía. Te he traído hasta aquí, porque en mi última clase nos pidieron realizar un trabajo donde los modelos fueran reales y le he pedido a Marisa que hagamos un reportaje contigo y con ella.

    —¿Marisa ha aceptado? —respondí

    —Si, e incluso se trae ropa para posar. Pero no pienses mal, es una sesión para un trabajo. Sergio, ¿Lo vas a hacer por mí?

    Después de pensarlo un poco decidí aceptar, total, sería sólo para la visión de sus profesores. Y en el fondo compartir una mañana con Marisa y Macu no me era para nada desagradable.

    Marisa, tenía la misma edad de Macu y la misma mía, ella era castaña, pero tenía el pelo caoba, medía 165 cm, era guapísima de cara, con pechos normales y un culo de esos que quitan el hipo (Sus medidas serían 91-63-98) , sin ser un cañón de tía, si que te daba un poco de morbo.

    Estuvimos haciéndonos unas cervezas, hasta que por fin tocaron el timbre y era Marisa. Ella llevaba un pantalón muy ajustado rojo, y una camisa de color negro. Entro y después de hacernos unas cervezas y Macu explicando lo que quería entramos en su estudio para realizar el reportaje.

    Macu tenía dos cámaras, una en el trípode y otra en la mano. En el estudio había un sofá y la pared azul celeste. Empezó a realizar fotos. Marisa y yo posábamos y apenas si nos tocábamos. Todo esto tomando bastantes martinis ya que entre foto y foto trago. De momento cuando llevaba unas 30 fotos sacadas. Nos dice Macu:

    —Oye, es que están siendo fotos un poco aburridas, ¿no creéis?

    —¿Qué quieres que hagamos? —Respondí

    Macu, nos contó que darle un poco de picante no estaría mal. Marisa al principio se negó, pero como ya iba algo bebida finalmente aceptó.

    Empezábamos a realizar fotos entrelazados, a mi rozarme con Marisa me estaba excitando bastante. De pronto Macu le dice que desabotone mi camisa y seguía echando fotos. La siguiente orden fue que me besara el pezón, y Marisa sin rechistar lo hizo. Yo estaba alucinado. Ella me pidió que sacara su camisa y así lo hice, ante mi apareció un sujetador de lo más mono color burdeos con encajes en negro.

    De pronto siguiendo las ordenes de Macu (Que seguía haciendo fotos como una loca) Marisa desabotonó mi pantalón y me lo bajó dejándome con un bóxer ajustado gris que marcaba a tope mi paquete. Esto era demasiado, Marisa me frotaba el culo y el paquete por encima del bóxer a las órdenes de Macu.

    De pronto Macu pidió a Marisa que se pusiera a cuatro encima del sofá. Ella obedeció y me dijo que le bajara su pantalón. Yo lo hice y apareció ante mi un culazo, envuelto en un tanga también burdeos con encaje en negro. Que pedazo culo. Entonces Marisa paró, y muy enojada dijo:

    —Macu, nos estas aquí haciendo pasar vergüenza y tú todavía vas vestida.

    Yo alucinaba, pero llevaba razón, mira por donde iba a ver en ropa interior a dos chicas de puta madre.

    Macu, le dijo que llevaba razón y se sacó el top, no llevaba sujetador, y pude ver sus pezones super excitados y se sacó la malla dejando a la vista un tanga de hilo dental negro. Joder que visión.

    Empezamos la última sesión, y Macu pidió a Marisa que me bajara el bóxer, esta lo hizo, y salió lanzado mis 19 cm de pene. Marisa empezó a chupármela, Macu le animaba, hasta que dijo que no lo hacía bien, y vino y se metió toda mi polla en su boca. Entonces empezaron a mamármela las 2 a la vez, yo alucinaba. Macu se retiró un poquito y comenzó a chupar por detrás a Marisa. Me pidió que la enculara, yo por no hacerme de rogar así lo hice. Pero no tardé en correrme.

    Cuando me corrí, me levanté pillé la cámara y les dije que quería yo realizar un reportaje. Creedme fue una sesión lésbica de puta madre.

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  • El amigo de mi hermana se desquita conmigo

    El amigo de mi hermana se desquita conmigo

    Esa noche de agosto del 2021 ni tenía ganas de fiesta. Pero algo pasó.

    Helena, mi hermana, había armado todo en casa e invitó a su grupito, entre ellos al pelotudo de Lucas.

    Lo había visto mil veces chamuyándola. Ella no le daba bola, pero ahí estaba, prendido.

    Yo me fui a dormir temprano, no estaba para nadie.

    Serían como las cinco cuando me levanté para ir al baño. Estaba medio dormida todavía. Caminé por el pasillo con las luces apagadas y la música bajita. Entré al baño e hice lo mío.

    Cuando salí, vi a Lucas ahí parado contra la pared, en penumbras. Me miraba con una cara que me dio escalofríos. No me dio tiempo ni a hablar.

    Me agarró del brazo, me empujó contra la pared.

    —Mirá cómo estás vestidita, la puta madre… —me gruñó al oído.

    Me besó, me manoseaba las tetas por abajo de la musculosa. Le empujé el pecho, forcejeé.

    —Lucas, ¡pará boludo! ¡Andate! —susurraba.

    No le importó un carajo. Me tenía contra la pared, me apretaba con todo el cuerpo.

    —Mirá cómo me ponés —me dijo.

    Con toda la fuerza que pude, me zafé un segundo.

    —Basta. Me voy a mi cuarto —le dije temblando.

    Caminé rápido y cerré la puerta apenas entré. No me dio tiempo a trabarla. El tipo la abrió de una, entró y la cerró atrás.

    Me agarró de nuevo, esta vez más fuerte. Me empotró contra la pared de mi pieza, me chupaba el cuello, me apretaba el culo. Yo le decía “pará”, pero era como hablarle a una pared.

    Afuera escuchaba voces. Helena salió de su cuarto con un chabón, se reía.

    Si alguien preguntaba por Lucas, nadie iba a tener idea de que estaba adentro conmigo.

    Mientras tanto, me metió la mano bajo el short. Yo intentaba frenarlo.

    —No… Lucas… pará… —suplicaba.

    Me levantó el short y la tanga de un tirón. En dos segundos me tenía medio en bolas.

    Me tiró en la cama, se sacó la remera. Me bajó la musculosa, me dejó las tetas al aire y las chupaba con bronca, me mordía los pezones.

    —No me digas que no te gusta —me bufó entre dientes.

    Yo le agarraba la cabeza con bronca.

    —La concha de tu madre… —le dije, pero no lo saqué.

    Me hundía la cara en las tetas, me restregaba. Yo gemía bajito, sin querer. No podía evitar que el cuerpo me reaccionara.

    De repente se puso de rodillas en la cama, me abrió las piernas y me empezó a chupar la concha.

    Yo apretaba los dientes para no gemir fuerte.

    Mientras me chupaba, se sacaba el jean a las apuradas. Vi la pija marcada en el bóxer, durísima.

    En un momento me puse de rodillas y me arrastré hasta quedar boca abajo entre sus piernas.

    Le pasé la cara por el bóxer, sentía la pija latiendo contra mi cara. Empecé a morder la tela, babeándola toda.

    Le bajé el bóxer despacio. La pija era ancha, con una vena gorda cruzándole el tronco. La cabeza morada, hinchada.

    Le pasé la lengua por todo. No pude seguir. Me agarró la cabeza con las dos manos y me la metió de golpe en la boca, hasta el fondo. Me bombeaba rápido, me hacía toser, me caían lágrimas.

    Yo me puse boca arriba, las piernas abiertas. Me miraba con cara de bestia. Se subió encima mío y de un empujón me clavó la pija hasta el fondo.

    Arqueé la espalda de dolor y placer mezclados. Me tapó la boca con la mano.

    —Callate, puta —me dijo, apretándome fuerte.

    Cada estocada me partía. Sentía cómo la pija me llegaba al fondo de la concha, me desgarraba por dentro. Las lágrimas me corrían solas.

    Me dio vuelta de un empujón. Me puso en cuatro. Apenas me apoyé con los codos cuando me agarró el pelo y me tiró para atrás, dejándome con la cabeza levantada.

    De un solo golpe, me volvió a clavar la pija. Me bombeaba sin piedad. Yo me mordía los labios para no gritar.

    Me pegó una cachetada fuerte en el culo.

    —Así me gusta, bien puta —gruñía.

    Me ardía la concha. Sentía cómo me llenaba entera. No sabía si quería que terminara o que siguiera.

    En un momento me dejó boca arriba otra vez. Se arrodilló sobre mi pecho, la pija en la mano. Se la pajeaba con fuerza. Yo abrí la boca y saqué la lengua.

    —Abrime bien esa boquita, putita —me ordenó.

    Los primeros chorros me pegaron en la cara. Me chorreaba semen tibio por las mejillas, la nariz, la boca. Yo jadeaba, sintiéndome una sucia.

    Me agarró la mandíbula fuerte.

    —Ahora limpiame la pija. No dejes ni una gota —me ordenó.

    Empecé a lamerla despacio, tragándome todo.

    Cuando terminó, se vistió. Me besó la boca todavía manchada.

    —Qué rica boquita tenés… —dijo dulcemente.

    Yo me vestí como pude. Espié el pasillo. Volví a la pieza.

    —Todo bien —le hice señas.

    Salí primero, él atrás, pegado a la pared. Cuando cruzamos el pasillo, abrió la puerta y se fue.

    Yo me quedé ahí, con el sabor de su leche en la boca, y sin saber si lo odiaba o si lo quería coger nuevamente.

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  • Esta noche mi marido no dormirá en casa

    Esta noche mi marido no dormirá en casa

    Me llamo María y tengo 45 años y llevo casada con el que es mi novio desde la universidad desde hace 22 años, ya sé que va a sonar triste, pero mi marido no me toca desde hace más de tres años y me imagino que algo de culpa tengo, pero el tampoco ayuda mucho, estar todo el día sentado en el taxi no creo que sea lo más erótico del mundo y llegar a casa y verme sentada viendo tv imagino que no le levanta la lívido a ningún hombre.

    Al final todo termina siendo un círculo vicioso y a fuerza de no tocarnos cada vez nos apetece menos estar juntos y eso que no tengo queja de nuestros primeros años de novios y casados. Creo que no estoy todavía mal, mido cerca de 1,65 y no peso más de 53 kilos y las pocas veces que he hecho sexo por internet con muchachos mucho más jóvenes que yo siempre he pensado que si les hubiera dado la dirección de mi casa habrían venido como un cohete a apagar sus ansías de sexo.

    Yo sabía y sé que Daniel, mi marido, se va de putas, pero al no tener contacto físico conmigo y salvo que las ETS se transmitan por la lavadora siempre me he sentido a salvo de agarrar nada, aunque no sé, esos picores y rascadas que se da en la entrepierna, miedo me da algunas veces. El sexo con Daniel al principio era bestial, dotado con un miembro que es la envidia de todas mis amigas era infatigable y sus manos y boca era de una voracidad infinita, no pasaba noche sin que follásemos al menos un par de veces y que nos llevase horas, pero todo eso se acaba y lo malo es que casi ni lo recuerdo.

    Algunas veces cuando estoy sola y después de que despidieran de mi último trabajo, una empresa de publicidad en la que realizaba los castings de los modelos, mis ganas de sexo cayeron, pero no solo las mías, las de Daniel ya estaban de capa caída me masturbaba con el grifo de la ducha o con un patito de goma muy pícaro que compré en una tupper sex en casa de mi amiga Carolina, una mujer muy cachonda que creo que siempre me está tirando los tejos y a la que nunca la he dicho que no.

    El que Daniel no acabase la carrera nunca fue un freno a nuestra relación a pesar de lo que decían las lobas de mis amigas, más pendientes de que se quedase libre para amarrarlo con sus muslos, pero Daniel es uno de esos hombres que la única fortuna que han conocido es que su equipo gane la liga una vez cada 20 años, el resto es todo trabajo y esfuerzo y creo que por eso disfruta tanto de lo que hace y como lo hace, incluso cuando me folla, o, mejor dicho, me follaba.

    Como nada es eterno, y por eso me he atrevido a escribir aquí, es que la semana pasada Daniel había llegado a casa con un humor de mil demonios, yo le había preparado una merienda y me dispuse a tender la ropa recién lavada de la lavadora; yo no oía si Daniel estaba tomándose ese gazpacho fresquito que decía que le encantaba y tampoco le estaba prestando atención, ya es mayorcito para levantarse a por algo si lo quiere, abrí el tambor de la lavadora y eché la ropa mojada al suelo, haciendo caso omiso de lo que dicen de que doblase la rodillas para agacharme yo doblaba la espalda poniendo en pompa mi trasero.

    Esa semana había sido muy calurosa y llevaba una ligera bata que dejaba mis piernas al aire y que al inclinarme, permitía ver mis bragas color carne; con el pelo revuelto y apenas cepillado y casi saliéndose mis tetas por entre el escote de la blusa, era la cosa más anti—erótica que puede uno imaginarse y mis ganas de sexo pues otro tanto.

    Agarré unas de sus cientos de camisas blancas y me coloqué sobre el borde de la ventana para tenderla, yo no prestaba atención a los posibles mirones, ya me consideraba demasiado mayor como para andar vigilando si alguno se masturbaba mientras se asomaba alguno de mis pezones por entre la blusa, repetí la operación y a la tercera prenda, mientras estaba apoyada sentí unas manos duras y poderosas clavándose en mis caderas y una voz olvidada vino a mi cabeza.

    —Había olvidado lo buena que estás.

    Un aliento apestoso de ajo me llenó todo el cogote y sus manos su cuerpo ya gordo y torpe por los años se echaba sobre mí.

    —Pues que mal estás de memoria, pues sigo llamando igual, peso lo mismo y lo único que cambio es el tinte, que el rubio platino me da alergia al chichi.

    —Mira que eres, te digo un piropo y ya estás cortándome todo el romanticismo.

    —¿A eso le dice tu romanticismo? —Respondí enojada aunque no tanto como quería parecerlo y más por lo que sentía entre mis glúteos creciendo poco a poco.

    —Psss, no hables, solo cierra los ojos.

    Daniel metió sus manos por los huecos de la bata cubriendo mis senos, aún fríos pero ansiosos de caricias, sus manos cubrían mis pechos en una curva perfecta y entreabriendo los dedos dejaba salir mis pezones que pellizcaba suavemente, al ver que su piel estaba demasiado seca, llevó sus dedos a mi boca que los lamí y besé como si de una polla se tratase y cuando mi saliva impregnaba sus dedos volvió a llevarlos a mis tetas que agradecieron la humedad cálida de mi boca haciendo que se erigiesen apuntando al techo.

    La boca caliente de Daniel mordisqueaba mi cuello y el lóbulo de la oreja, nunca fue de meterme la lengua en el oído, siempre me pareció una guarrada, pero sus suaves pasadas de la punta de la lengua en mi cuello eran una delicia y me llevaban al edén.

    Sus piernas separaron mis apretados muslos colocándose entre mis glúteos y soltando uno de sus pechos se soltó el cinturón y se bajó los pantalones, su palpitante polla pedía salir de esos bóxer blancos amplios tan feos y que nunca llevaría George Clooney y levantándome la batita me bajó la braga anti lujuria que llevaba puesta ese día.

    Yo aún seguía con los ojos cerrados y apretaba mi culo contra su cada vez más dura polla, la quería dentro de mí, quería que me destrozase el chocho como hacía cuando aún éramos novios, un ligero gemido se escapó de mi boca pues me sentía la más puta de las putas y estaba siendo follada por un semental de bella estampa. Abrí ligeramente los ojos y aunque el sol se había puesto hace horas, aún había luz en el patio donde tendía.

    Daniel liberó su hermosa polla y la apoyó entre mis glúteos para que sintiera su dureza, al sentirse poderoso de nuevo la metió entre mis muslos, acariciaba los labios de mi chocho mojándose de una humedad ya casi olvidada, mientras su polla se acariciaba con mi chochito cada vez más caliente calvó sus dientes en mi hombro derecho mientras su mano derecha buscaba mi clítoris.

    Tengo que reconocer que Daniel sabía muy bien como tocarme, y sus hábiles dedos, mojados aún por mi saliva se movían con extrema dulzura, unas veces jugando con mis labios, otras abriéndolos para tocarme mi botoncito de placer, vibraba con sus caricias y poco a poco mi chochito empezaba a mojarle la polla. Se mojó los dedos con los jugos de mi sexo y se los llevó a la boca, ahora era él el que gemía de excitación y placer y me echó sobre la ventana con mis tetas al aire, yo ni miraba, me limitaba a poner mis sentidos al resto de emociones que Daniel me estaba brindando.

    Daniel se separó ligeramente y agarrándole la polla con mi mano derecha, se la puse en la puerta de mi chochito hambriento casi suplicándole que me la metiese hasta las entrañas y Daniel fue todo lo que casi había olvidado, una toro salvaje que me la metió casi de un golpe, a pesar de la excitación casi llegué a sentirme molesta pero no era verdad, sus 18 cm de polla se acomodaban divinamente dentro de mí, Daniel se paró una instante para acariciarme la espalda y agarrándose de las caderas como si la vida le fuese en ellos empezó a moverse con suavidad pero en movimientos muy profundos.

    El olor de la lejía de la ropa contrastaba con la peste a gasoil de sus prendas y los botones de su camisa incluso se me marcaban en la espalda y el sudor de su barriga se mezclaba con el mío, me estaba emputeciendo por instantes, estando tan sucia y vulgar y sentir esa polla dentro de mi por un hombre que se había olvidado por completo de que existía era como un volver a nacer.

    Apoyó sus manos ahora sobre mis hombros arqueando mi espalda haciendo que su penetración más profunda, pues sentía su polla tocar el fondo de mi chocho y llenándome por completo, un ruido húmedo era lo único que se podía escuchar cada vez que entraba y salía de mí, unas especie de chof, chof que turbaba mi sentidos y que delataba que no había ni espacio para el aire dentro de mi cuando esa polla entraba hasta el fondo.

    La forma de la polla de Daniel confieso que me parece perfecta, debería ser actor porno, si no fuese por esa barriga que se le ha puesto, aún sería un tipo muy apuesto, pues su polla es grande y si una mujer os dice que no importa el tamaño os miente, cosa que dice mucho de ella pues lo hace por satisfaceros y no daros un disgusto, pues mide calculo unos 18 cm y gruesa debe andar por los 5 cm, pienso que en un vaso de cubalibre no le cabe pero nunca he hecho la prueba; tiene la forma de un champiñón, si de esas que es más gruesa en la punta y cuando entra y sale de mi es casi eléctrico, mmm, casi me corro solo de recordarlo.

    Perdonar, se me va la cabeza, Daniel apretaba sus manos y me arrimaba cada vez con más fuerza, pero sus movimientos seguían siendo lentos y muy profundos, mi chochito cada vez más mojado dejaba deslizar mis jugos por el interior de mis muslos y se mezclaban con el sudor que estábamos generando los dos, sea como fuere, su mano izquierda se soltó de mi cadera y la llevó a mi cuello y boca y sin poderlo remediar, le mordí levemente los dedos saboreando su piel mientras él aumentaba el ritmo de sus embestidas.

    A pesar de la acción el silencio era tremendo, sólo se oía nuestra respiración que se confundía con el ruido de los aires acondicionados del patio, ahogábamos nuestros gemidos como podíamos hasta que Daniel rompió ese silencio:

    —Que puta eres Verónica, como me gusta follarte desde atrás, te va a doler el coño una semana.

    Yo no hice oído a lo que acababa de escuchar, estaba a punto de correrme y si cortaba en ese instante, sería pasar otro día sin sexo. Sus ásperas manos me acariciaban y sentía el calor de su cuerpo a pesar de esas lijas que tenía por manos, yo era una mera espectadora pasiva, dejaba que ese hombre empujara su cuerpo contra el mío como si la vida le fuese en ello y mi espalda soportaba todo su ímpetu. Jadeos silenciosos y mis temblorosas piernas avecinaban que estaba a punto de correrme.

    —Me corro, me corro —dije entre los dedos de su mano que me cerraban la boca.

    Apenas unos segundos después mientras soportaba mi peso sentí el caliente chorro de semen de Daniel entrando como una bala dentro de mi inundado chochito y sus espasmos me abrasaban por dentro.

    Un vozarrón me dejó medio sorda cuando su semen me empapaba y se escurría entre los labios de mi chocho cuando sacaba la aún grande y palpitante polla y yo seguía sin girarme para no mirarle a la cara.

    —Uf chata, que polvo más rico, —me decía mientras se subía los pantalones con la polla aún llena de semen y se volvía a la salita de estar.

    Yo aún sin girarme noté como el hijo de la vecina de enfrente estaba mirando por entre la cortina, un muchacho de 18 años bien parecido que no me hubiese importado que hubiese sido él el que me hubiese follado, lo que si me importaba es que no conocía ninguna clínica para que me hiciesen los análisis rápidos de las ETS y por donde él dormiría esa noche, porque un polvo no se desperdicia porque te llamen Verónica, pero si un matrimonio.

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  • La sorpresa en un mal día

    La sorpresa en un mal día

    Hoy tenía toda la pinta de ser un día jodido más. El mes de agosto en Monterrey no acaricia. El verano pega con toda su intensidad, el sol ataca con fuerza y dedicarte al transporte de pasajeros por medio de aplicación no parece en estos momentos la mejor de las ideas para sobrevivir. ¿Pero qué más podía hacer? Hace 2 meses me despidieron de la oficina en la que ejercía como contador. Y eso solo fue una parte del desastre de año que llevaba. En enero de este año mi esposa me dejó, se cansó de mis errores, de mi arrogancia, de que siempre antepusiera el trabajo sobre la familia y también de mis deslices.

    Pero hoy particularmente parecía un día pesado. La soledad se sintió muy fuerte la noche anterior y por más whiskey que bebí, no pude vencerla. El calor y el tráfico del centro de la ciudad se sienten peor cuando uno tuvo una noche anterior difícil. No hay más, la necesidad me obliga a salir a trabajar y transportar pasajeros por medio de una aplicación fue la mejor opción tras mi despido de la empresa a la que le di 10 años de mi vida. Me entregué, di todo y me dieron una patada en el culo cuando la situación económica no era la mejor para ellos. Así es este mundo. Hoy me quedé sin nada.

    Seguía en mi trance, solo esperando que sonara una alarma del celular para subir pasaje. Necesitaba que este día fuera bueno. La cabeza me retumbaba y éramos solo yo y la botella de agua. Hoy ni siquiera tengo el dinero para un electrolito. En la radio sonaba la música que utilizó para relajarme y sobrevivir, el álbum “()” de la banda Sigur Ros. En eso estaba cuando sonó el celular.

    La aplicación marcaba el inicio del viaje a unos 5 minutos de donde me encontraba. El problema era que era un viaje de tan solo 10 minutos.

    –Puta madre –dije mientras aceptaba porque no estaba en condiciones de rechazar el más mínimo viaje.

    Esos son los viajes que no sirven para nada, quitan tiempo, dejan poca ganancia y muchas veces son los usuarios más pesados. Pero me tocó resignarme y aceptar. La aplicación indicaba que recogería a una mujer de nombre “Lucía” y tenía una calificación de 4.8 estrellas. Llegué al punto de inicio y una chica de aproximadamente 25 años esperaba en la banqueta. Me detuve frente a ella, encendí las intermitentes y bajé la ventana.

    –¿Lucía? –pregunté.

    –Sí, ¿Guillermo? –respondió tímidamente.

    –Sube.

    Vestía una blusa negra en tirantes con un short de mezclilla bastante corto y sandalias negras. Llevaba el pelo recogido en una cebolla y anteojos. Calculé que medía alrededor de 1.60, tal vez menos. Su figura se veía bastante atlética, piernas torneadas, caderas notables y unos hombros que demostraban que pertenecían a una persona que realizaba ejercicio constantemente.

    Bajó para recoger unas bolsas que había colocado en el piso y se acercó al automóvil para abordarlo, acerqué mi brazo a la puerta trasera para abrirla y ayudarle a que entrara. Eso me sirvió para que cuando ella entrara pudiera notar con mayor claridad los preciosos senos que se escondían debajo de esa blusa. No eran enormes, pero sí de un muy buen tamaño.

    No sé si era mi falta de sexo, tenía casi 2 meses desde que estuve con una chica que ofrecía servicios en “X”. Para ser la primera vez que contrataba un servicio sexual, fue una experiencia mejor de lo que esperaba. Hubo química y la actitud amigable de ella fue de mucha ayuda.

    Pero volviendo al momento, Lucía parecía un ángel. Veía por el retrovisor mientras acomodaba sus cosas y se alistaba para que yo comenzara el viaje. Nunca he considerado que tengo fetiches, pero los hombros y la forma en que su clavícula se marcaban me tenían hipnotizado. Además, siempre me han gustado las mujeres con el cabello recogido y más en forma de cebolla. Estaba volteando a verla por el retrovisor cuando nuestras miradas se cruzaron.

    –Inicio el viaje –fue lo único que pude decir.

    –Gracias –respondió con una hermosa y pequeña sonrisa en su rostro.

    El viaje inició con normalidad, aunque se iba formando un poco más de tráfico por lo que las filas antes de cada semáforo del centro de la ciudad se iban congestionando más. Le di un trago a mi botella de agua y aproveché para verla por el retrovisor. Ella veía por la ventana y en verdad me parecía el ser más hermoso y sexy que había visto en mi vida.

    –¿Mala noche? –preguntó sorpresivamente.

    –Mal año, ¿pero por qué lo dices?

    –El trago al agua, el semblante bastante mal y Sigur Ros en el radio. Bastante obvio, ¿no? –sentenció.

    –Bueno, que alguien conozca a Sigur Ros ha hecho mejor mi día.

    –Jajaja los vi en vivo cuando vinieron a Monterrey –comentó con esa bella sonrisa en el rostro.

    –Yo los he visto 2 veces. Cuando vinieron aquí en Monterrey y una vez en CDMX ya hace algunos años. Los 2 mejores conciertos a los que he ido en mi vida.

    –Sí, son muy buenos. Pero, ¿se puede saber a qué se debe tu estado? –preguntó.

    –Bueno. Un despido, un divorcio y una noche de mucho whisky.

    –Suena a una borrachera justificable.

    Nos acercábamos a su destino y no podía creer 2 cosas. Haber conocido a una persona tan hermosa que compartiera el gusto por una banda que admiro. Sentía una conexión, aunque no sería la primera vez que me pasa esto. El pensar que porque alguien gustara de la misma música que yo siempre significaba que habría química entre nosotros 2 ya me había ocasionado decepciones anteriormente. Pero ese soy yo y a veces no me puedo detener.

    Lo segundo que me sorprendió es lo rápido que me volví vulnerable ante ella. Me tenía contándole cosas que normalmente no comparto con los pasajeros. De hecho, pocas veces interactúo. Como en su caso, siempre espero a que sean ellos quienes inicien la conversación en caso de que tengan ganas de hacerlo.

    –Donde ves la buganvilia, por favor –me indicó para terminar el viaje.

    –Con gusto.

    Estaba pensando en invitarle un café, ir a tomar algo a un bar, salir a cualquier lado, pero recordé que en estos momentos no tenía ni para comprar un electrolito y preferí dejar pasar la oportunidad. Total, todavía existiera la posibilidad de que solo tuviéramos ese gusto compartido por la misma música y no tuviera el mínimo interés en mí.

    –Disculpa, ¿ya tienes un viaje asignado? –preguntó para mi sorpresa.

    –No, aún no. ¿Necesitas que te lleve a otro lado? –respondí creyendo que lo quería era modificar el viaje.

    –No, lo que pasa es que necesito un poco de ayuda. Tengo dentro de la casa un mueble que necesito mover y yo sola no puedo. No he conseguido alguien que me ayude y estoy un poco desesperada. –me dijo con una mueca de preocupación en el rostro.

    –Claro, el día se ve un poco tranquilo en la aplicación. Y si paro 15 minutos no pasa nada.

    –Gracias –otra vez con esa hermosa sonrisa en el rostro.

    Me estacioné frente a su casa. Bajamos los 2 y le ayudé con las bolsas que traía para que pudiera abrir la puerta. –Gracias –me dijo mientras yo solo asentí con la cabeza como diciendo que no era nada. Abrió la puerta y la vi caminar dentro de la casa. Otra vez quedé hipnotizado por su figura, su sensualidad, sus movimientos. Pasé y pude ver que era una casa pequeña. Sala/comedor, una pequeña cocina, un pasillo, y lo que parecía un baño y una recamara. –Puedes dejar las bolsas en el suelo de la cocina, por favor –me indicó mientras ella caminaba hacia el refrigerador y lo abría. Sacó un electrolito, caminó hacia mi dirección y me lo entregó mientras me pasaba de largo. –Lo necesitas jajaja.

    Me indicó que necesitaba sacar un mueble del baño ya que le iban a realizar una reparación y el plomero le comentó que por mover el mueble cobraba 500 pesos adicionales y no se hacía responsable en caso de que sufriera algún daño el mueble. –Creí que conseguiría ayuda, pero esta no fue la ayuda que pensé –me dijo mientras sonreía.

    Entramos al baño y vi el mueble. Lo quise mover yo solo, y aunque gracias a los años de gimnasio noté que lo podía hacer preferí decirle que sí íbamos a tener que trabajar en equipo. Esto para evitar riesgos y también verla un poco haciendo flexiones y esfuerzo. –Si se ahorró 500 pesos, que al menos me dé un gusto a la vista –pensé.

    –Espero que la diferencia de estaturas no sea problema, ¿cuánto mides? –preguntó viéndome con la cara levantada, haciendo notar más la diferencia de altura entre nosotros.

    –Jajaja 1.90 m ¿Y tú?

    –Wow –dijo con cara de sorprendida.–Yo mido 1.58 m –concluyó.

    –Bueno, yo cargo el mueble de aquí y solo necesito que me apoyes a soliviar el peso para evitar riesgos. –le dije indicando que yo cargaría el mueble de espaldas a la puerta de salida. Nos agachamos y aproveché para volver a ver el hermoso escote que llevaba. Sus senos eran preciosos y no podía dejar de verlos. Creo que notó que la miraba pero tampoco me dijo nada.

    Después de algunas maniobras y pequeñas dificultades, pudimos dejar el mueble en la sala. –Si gustas descansa un poco y tómate el electrolito –me dijo mientras señalaba el sillón. Acepté y destapé el electrolito para darle un trago. –¿Me podrías hacer otro favor? No tardó más de 5 minutos –me comentó mientras juntaba ambas manos en señal de estar rogando por otro favor.

    –Claro, no tardamos tanto con el primero y puedo aprovechar para terminar el electrolito –concluí.

    –Gracias, ya vengo –tomó las bolsas que yo había dejado en la cocina y se dirigió a su cuarto.

    ¿Qué podría necesitar está chica? Pensaba en las múltiples cosas que me podría pedir, mi ansiedad se disparó pero preferí pensar en otras cosas y aprovechar el tiempo para echar una mirada a su sala. Tenían un hogar bastante bonito. Varias pinturas colgaban en las paredes, en una esquina de la sala había un mueble con una consola para tocar discos de vinilo y en la parte inferior del mueble había varios vinilos. Pensaba en pararme y revisar qué álbumes tenía en su colección pero preferí quedarme sentado y terminar de beber el electrolito, cuando escuché que se abría la puerta de su recámara.

    No podía creer lo que veía. Salió de su recámara solo vestida con un conjunto de lencería negro con encaje. Llevaba unos ligueros en sus muslos que acompañaban a unas medias también negras que hacían que la figura de sus piernas fuera un deleite de admirar. Toto terminaba con unos tacones color negro. Caminaba de una manera extremadamente sensual y coqueta, y con cada paso que daba el movimiento de sus senos era hipnotizante.

    Al terminar de recorrer el pasillo se detuvo, dio una vuelta en un movimiento por demás sensual y pude apreciar sus nalgas resaltadas por esa preciosa tanga que era parte de su conjunto. Lucía tenía un cuerpo de infarto y mi pene no hizo más que reaccionar al momento a lo que veía.

    –¿Te gusta cómo se me ve? –preguntó con una sonrisa en la cara y llevándose un dedo a la boca en una pose bastante sugestiva. Después juntó sus manos a la altura de su vientre juntando sus brazos como si quisiera presumir esos hermosos senos que se ocultaban bajo el sostén. Mientras me sostenía la mirada y sonreía, no podía dejar de pensar en que tenía a una Diosa frente a mi y no sabía ni cómo ni porqué estaba en esta situación.

    –Wow. Te ves espectacular. No sé qué decir –dije tímidamente.

    –No necesitas decir más. Sólo disfruta –me dijo mientras caminaba hacia mí. Se montó encima de mí, unió sus manos detrás de mi cuello colocando sus brazos sobre mis hombros. La tomé de la cintura, nos vimos a los ojos y nos besamos con pasión. Nuestras manos fueron recorriendo la piel del otro desenfrenadamente.

    Ella me quitó la camisa que llevaba y beso mi pecho, mientras yo me aferraba a sus nalgas. –No esperaba que tuvieras tan buen cuerpo jaja –me dijo. –No eres la primer sorprendida, pero aunque este año ha sido muy jodido, el ejercicio es algo que no he dejado –respondí para después lanzarme sobre esos preciosos senos. Desabroché el sostén y procedí a comerle los senos como si mi vida dependiera de ello. Tenían un tamaño perfecto, se sentían suaves, sus pezones eran perfectos y estaba disfrutando como hace mucho no hacía.

    –Mmmmm ¿te gustan mis tetas? Bufff, qué rico –me dijo después de que procedí a darles pequeñas mordidas a sus deliciosos pezones.

    En eso estaba cuando me paró en seco, se levantó y me guiñó un ojo. –Ya quiero ver lo que llevas debajo de tu pantalón. No me puedo concentrar con solo sentirlo –me dijo mientras se ponía de rodillas frente a mí que seguía sentado en el sillón. Desabrochó mi cinturón, luego el pantalón y de un solo movimiento me quitó tanto el pantalón como el bóxer liberando mi pene que estaba completamente erecto. La verdad tengo muy buen tamaño y siempre me han dicho que también tengo buena forma. Erecto mide unos 20cm y aunque no es muy grueso, tampoco es delgado.

    –Dios, qué rica verga me voy a comer –me dijo mientras se mordía el labio inferior y procedía a llevarse mi verga a la boca. Me estaba dando una mamada de infarto y una que otra vez se la sacaba para darse golpecitos en la cara. –Que delicia, eres una Diosa –fue lo único que alcancé a decir cuando de repente se colocó mi verga entre sus tetas para darme una rusa.

    Ahora me tocaba a mi hacerla gozar. La sujeté de los hombros y la traje hacia mí, haciendo que se sentara sobre mí con su espalda a mi pecho. Comencé a besarle los hombros y el cuello, mientras mis manos se dirigieron una a sus tetas y la otra bajaba por su abdomen hasta su entrepierna. Mi mano derecha se abría paso entre su piel y la tanga para llegar a su clítoris. Ahí me detuve y comencé a acariciarlo. –Pfffff no te vayas a detener, sigue así –me decía mientras comenzaba a gemir delicadamente.

    Mis dedos se introdujeron en su vagina y pude sentir toda su humedad. Saqué los dedos y me los llevé a la boca para probar sus jugos. –Qué mojadita estás, preciosa. Y tus jugos saben a gloria –le dije mientras volvía a llevarme los dedos a la boca y después procedí a con ambas manos darle suaves pellizcos a ambos pezones. Ella se retorcía y gemía. Mi mano derecha regresó a su entrepierna e introduje 2 dedos dentro de su vagina. Con mi boca comencé a besar su cuello y subí a su oreja.

    Después de estar un rato así, la coloqué en 4 con sus rodillas a la orilla del sillón y la cabeza en el respaldo. Me agaché e hice a un lado el tanga. –Que deliciosa panochita –le dije mientras con 2 dedos recorría toda su vulva, desde el clítoris hasta casi llegar a su ano. Mientras gemía comencé a comerle esa deliciosa panochita que sabía delicioso. Mi lengua se enfocó en su clítoris para luego recorrer toda la raja. A veces retiraba mi boca para introducir 2 dedos y darle pequeñas mordidas al clítoris. –Puta madre, vas hacer que me venga. Qué delicia, por favor ya reviéntame, te lo suplico –me decía mientras gemía.

    Me puse de pie, le di 2 azotes a cada una de esas preciosas nalgas y le escupí a su panochita. –Qué culazo tienes, chula. Te voy a clavar la verga hasta el fondo y quiero que todos tus vecinos se enteren del cogidón que te voy a dar –le indiqué mientras llevaba mis manos a mi caderas y me preparaba para penetrarla. La vista de sus nalgas en esa posición era impresionante y de una le clavé la verga hasta el fondo.

    –¡Aaaah qué delicia por favor no tengas piedad y cógeme como un animal! –gritaba mientras gemía.

    –Lo que tú ordenes, mi putita –le respondí para proceder a bombear. Me la estaba cogiendo como una bestia. Los choques de nuestros cuerpos y sus gemidos inundaron la sala en un ruido sensual que no tenía duda los vecinos estaban escuchando. De vez en cuando le daba una nalgada y le sacaba la verga para volver a llevar mi boca a su panocha. Subí una de mis piernas al sillón para clavarle con más fuerza la verga y ella gemía y golpeaba el sillón.

    Decidí cambiar de posición ya que deseaba ver como rebotaban esas preciosas tetas mientras cogíamos. La recosté boca arriba en el sillón y me fui sobre sus tetas. –No te entretengas mucho, mi panocha quiere más de tu verga –me dijo con una sonrisa coqueta en el rostro. –Ahora yo te pido que no digas nada y disfrutes –le respondí viéndola a la cara y con una mano sujetando su cuello.

    En esa posición llevé su pierna derecha a mi hombro y le clavé verga hasta el fondo. Comencé a penetrarla como si quisiera partirla en 2 mientras el movimiento de sus tetas me tenía en un trance. A veces soltaba su cuello para pellizcarle los pezones y darle pequeñas palmadas a esas tetas. –Qué rica estás, Lucía. Te mereces todos los orgasmos que desees –le dije antes de que me detuviera con sus brazos. –Ahora me toca a mí llevar el ritmo.

    Me recostó en el sillón y antes de montarme me ofreció su vagina para hacer un 69 mientras ella me volvía a dar una mamada. Estuvimos poco tiempo así, se levantó y se volteó. Me montó mientras nuestros ojos se miraban fijamente y comenzó a moverse. –Me encantas, Guillermo. Tienes una verga deliciosa –me decía entre gemidos mientras yo seguía perdido en el vaivén de sus tetas. Sus movimientos no eran rápidos pero lo hacía con una sutileza que me llevaba al cielo.

    –Eres una diosa. En estos momentos no sé si estoy soñando o esto es real, pero espero estés disfrutando tanto como yo lo estoy –le dije sonriendo. Llevó uno de sus dedos a mi boca y me guiñó el ojo. Me sujetó del brazo y me volvió a sentar en el sillón ahora con la espalda sobre el respaldo.

    –Espero estés listo para lo que viene. No quiero que te vengas, quiero esa leche para mi carita, ¿ok? –me dijo como si me estuviera dando una orden a lo que yo solo asentí con la cabeza. Me dio la espalda y comenzó a bajar, sujetó mi pene con una mano y se lo llevó a la entrada de su vulva. De una se la clavó hasta el fondo. –Qué delicia, hace rato que no disfrutaba tanto de una verga –me dijo para comenzar a subir y bajar. Otra vez la sala se inundó del sonido de sus gemidos mezclado con el choque de nuestros cuerpos. Se clavaba mi verga con una fuerza que creía que su intención era destruir el sillón mientras yo me aferraba de sus tetas.

    –Uff no voy a soportar más, Lucía. Estoy a punto de venirme –le dije entre gemidos. Rápidamente salió y se inclinó frente a mi. Sujetó mi verga y bastaron pocos jalones para que toda mi leche saliera disparada hacia su cara y sus tetas mientras ella la recibía con cara de triunfo y los ojos cerrados. La escena era hermosa. Con su mano recogió todo lo que pudo y comenzó a llevar sus dedos a la boca para probarla. –Te viniste demasiado y sabe deliciosa –lo dijo mientras sonreía. La verdad esa siempre ha sido una de mis cualidades, el expulsar demasiada leche. Nos besamos otro rato hasta que se detuvo y me pidió tiempo para irse a limpiar.

    Desde el baño me indicó que sacara 2 botellas de agua del refrigerador. Hice caso y regresando a la sala comencé a vestirme, por más que quisiera necesitaba regresar a trabajar. Regresó del baño solo vistiendo una playera oversize de la saga de “Game of Thrones”una de mis series favoritas.

    –Vaya, hasta fan de “Game of Thrones”, ¿Qué más puedo pedir? – le dije sonriendo.

    –Jajaja te invitaría a comer, pero veo que ya tienes prisa. Al menos esperaste para despedirte –respondió mientras le daba un trago a la botella de agua.

    –Necesito trabajar, si no te juro que no saldría de esta casa hasta que me lo pidieras.

    –Jaja no te apures, tendrás que volver, necesito ayuda con eso y quiero esa deliciosa verga dentro de mi culito –me dijo indicando el mueble que habíamos movido y guiñándome un ojo.

    –Cuando tú órdenes, chula –respondí antes de darnos un beso de despedida mientras yo sujetaba una de sus nalgas y una de sus tetas con cada una de mis manos y ella me tomaba de la entrepierna. Al final tomó mi celular, guardó su contacto y se marcó para tener guardado mi número.

    Salí de su casa y me subí al carro dudando de que todo lo que acababa de pasar fuera real. Pero si era un sueño, al menos tenía la certeza de que se iba a repetir.

    Y con una sonrisa en el rostro enfrenté el resto de un muy buen día que tenía pinta de ser uno fatídico.

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  • Así da gusto cerrar un negocio (2): Noche de tentaciones

    Así da gusto cerrar un negocio (2): Noche de tentaciones

    Después de aquella intensa mañana con María José, me quedé en la habitación del hotel. El cuerpo me pedía descanso. Me dejé caer sobre la cama todavía tibia por el recuerdo de su piel, y no supe más del mundo hasta cerca de las cuatro de la tarde.

    Desperté con el cuerpo aún adormecido, pero con una paz que pocas veces había sentido. Me di un duchazo largo, con el agua cayendo como lluvia tibia sobre mi espalda. Me vestí ligero, con lo primero que encontré, y salí hacia la playa, buscando un poco de brisa y algo frío para beber.

    Caminé descalzo por la arena unos minutos, hasta que encontré un bar pequeño justo a orilla del mar. Pedí una cerveza bien fría y me senté a ver las olas mientras el sol comenzaba a caer lento, tiñendo todo de dorado. Fue uno de esos momentos en los que la vida parece detenerse, y solo el sonido del mar, el sabor amargo del lúpulo y el recuerdo de un cuerpo encendido flotan en el aire.

    A eso de las seis de la tarde, mi celular vibró. Era María José.

    —¿Dónde estás, bebé? —preguntó con ese tono que ya conocía, mezcla de travesura y deseo.

    —En la playa, tomando algo tranquilo.

    —Perfecto. Esta noche vamos a rumbear. Te espero a las 9 en una discoteca cerca del malecón. Te mando la ubicación. No me falles.

    —Jamás —le dije, con una sonrisa que ella no vio, pero seguro intuyó.

    A las nueve en punto, llegué al sitio. La música se sentía desde la calle. El ambiente era caliente, tropical, con luces suaves y olor a ron y perfume caro. La vi de inmediato: María José estaba en una mesa junto a tres amigas, todas tan llamativas como ella, con ese aire de mujeres seguras, sueltas, que saben que llaman la atención.

    Me presentó con una sonrisa que decía más de lo que sus palabras podían. Ellas me miraron con una mezcla de picardía y complicidad, como si ya supieran más de la cuenta.

    Bebimos. Reímos. Bailamos como si nos conociera de años. María José se pegaba a mí con descaro, sus manos viajaban por mi espalda, su boca me susurraba cosas al oído que me hacían desearla otra vez. Bajo la mesa, sus dedos jugaban con los míos… Y a ratos con algo más.

    Parecíamos un par de adolescentes enamorados. Ella se reía, se mordía los labios, me abrazaba por la espalda. Yo estaba embobado. Entre canción y canción, sus labios buscaban los míos y sus manos buscaban mi verga con total descaro, yo no me cobarde si ella quería jugar así, yo también sabia jugar, le agarraba las nalgas, al ritmo de la música pasaba mis manos por su cintura hasta subir a sus pechos y su cuello para luego tomarla y besarla intensamente.

    Al final de la noche, sabíamos que el destino era uno solo: mi habitación.

    Nuevamente mientras el ascensor sube nos devorábamos descaradamente, incluso escandalizando a algunos que tuvieron el des fortunio de compartir ascensor con nosotros.

    Luego de entrar a la habitación, automáticamente fuimos a la cama, y María José me tiro literalmente al colchón. Yo solo la miraba mientras ella se despojaba lentamente del vestido que llevaba puesto, dejándome ver un conjunto de lencería realmente sexy que invitaba a la tentación.

    —Me dejas quitártelo con la boca, —le dije mientras la jalaba hacia mí.

    Inmediatamente comencé a besar su piel, bajando por su cuello y al llegar a sus senos comencé a morderlos y jugar con mi lengua en sus pezones duros.

    María José solo gemía mientras me sujetaba del pelo.

    Continué bajando mientras la besaba hasta llegar a su panty de encaje negro que cubría su vulva, se sentía ya húmeda por toda la diversión que teníamos desde la discoteca, pase mi lengua por su panty y ella gimió mientras su piel se erizaba.

    Hice su panty a un lado y comencé a darle sexo oral, con mi lengua recorriendo toda su vagina, jugaba con mi lengua en sus labios y saboreaba todos sus jugos, chupaba y mordía levemente su clítoris.

    —Ahí que rico cabrón, me vas hacer acabar donde sigas así. Decía María José.

    —Eso me gustaría, poder tomarme todo esto que no pude bien esta mañana. Dije yo mientras seguía con mi labor.

    —Que rico, que rico, vamos sigue así, joder que gusto. Decía María José, mientras me tomaba del pelo y me hacía chupar más intensamente su vagina y tomarme sus jugos.

    Luego de haber tenido su primer orgasmo en mi boca, no la deje recuperar la voltee y levante sus nalgas mientras ella aún seguía recostada jadeando en la cama, baje su panty y pase mi lengua desde su vagina, siguiendo hasta su ano, donde me dedique a jugar con su culo y mi lengua. María José no paraba de gemir. Le di un mordisco en una de sus nalgas y me pare detrás de ella dándole una nalgada y diciéndole.

    —Espero que estes preparada porque esta noche si voy a disfrutar de todo este cuerpazo que tienes, incluido esto… (mientras introducir mi dedo índice en su culo.

    —Si, quieres que te de culito, no es virgen, pero hace mucho que no lo usan, así que debes ser gentil. Decía María José entre jadeo.

    Seguía estimulando su culito, mientras como podía me terminaba de despojar de mi ropa.

    Me acerque a ella para que me la chupara así, mientras seguía con mis manos masturbando su vagina y su culito. Cuando consideré que ya estaba lista mi verga, nuevamente sin dejarla cambiar de posición me hice detrás de ella, y con un poco de esfuerzo introduje mi verga en su culito. María José gimió mientras presionaba la cabeza de mi verga en su culito, fue una mezcla de dolor y placer lo que salió de sus labios cuando logre profanar su esfínter.

    De un solo empujón termine de enterrarle mi verga. María José soltó una lagrima mientras gemía con mi profanación. Yo no le di tregua y comencé un mete y saca intenso, poco a poco ella se acostumbró a mi verga y sus gemidos comenzaron a ser intensos, yo la tomaba de la cadera y le daba nalgadas mientras seguía penetrándola.

    No sé cuánto tiempo llevábamos, ni cuantos orgasmos llevaba María José, en un momento se la saque y pude ver como su culo quedaba abierto tras la profanación de mi verga, no pare y se lo metí vaginalmente y seguí penetrándola intensamente.

    No paramos de gemir.

    —Ahí papi que rico, Dios como me enculaste, vamos sigue hazme venir nuevamente.

    – Tranquila ricura que aún no terminamos. Le dije yo mientras seguía penetrándola.

    Luego de un buen rato penetrándola intercambiando entre su vagina y culo, sabía que estaba por venirme, así que volví a penetrarla analmente y con mi ultimas fuerzas le enterré mi verga y descargué todo mi semen en sus entrañas.

    María José también estaba teniendo un orgasmo mientras yo vaciaba mis huevos en su culo.

    Caímos rendidos en la cama, nos besamos y ella se recostó sobre mi pecho diciéndome que le había dejado el culo algo adolorido pero muy satisfecho. Yo me dormí con una mano en su nalga y ella recostada sobre mí.

    La madrugada nos encontró entre sábanas, con los cuerpos enredados y el deseo aún latente. Hicimos el típico mañanero con la misma entrega de antes, pero de manera menos intensa y nos quedamos dormidos nuevamente.

    Cuando desperté algunas horas después, eran cerca de las 8am, el sol ya comenzaba a llenar la habitación. María José dormía desnuda a mi lado, su respiración era suave, su cuerpo cubierto por apenas una sábana blanca que contrastaba con su piel morena. Me levanté con cuidado, me puse una pantaloneta que estaba en el suelo, preparé un café y me senté en el sofá con la laptop a revisar correos y leer un poco las noticias.

    Al rato, ella se desperezó lentamente, como una gata perezosa. Se acercó a mí, todavía desnuda, y me dio un beso suave.

    —Buenos días, bebe… —dijo con voz ronca, todavía somnolienta—. Ya pedí desayuno a la habitación. ¿Dormiste bien?

    —Como nunca —respondí, devolviéndole la sonrisa.

    Mientras esperábamos el desayuno, me contó que en la rumba de anoche había quedado de verse con sus amigas para un paseo en yate ese domingo. Me miró de reojo, como tanteando mi reacción.

    —Quiero que vengas conmigo —dijo, como quien lanza un anzuelo—. Pero acabo de ver tu guardarropa y se nota que eres un oficinista.

    Reímos. Y sin dejarme dar opinión, me dijo que por la tarde íbamos al centro comercial.

    La lleve en su auto a su casa para que se cambiara de ropa, ya en la tarde como me había advertido fuimos directo a un centro comercial. María José tenía buen gusto, y no dudaba en darme órdenes suaves pero firmes mientras me ayudaba a escoger un par de camisas, bermudas color pastel y unas gafas de sol que, según ella, “me hacían ver menos ejecutivo y más tentador”.

    —Ahora sí pareces un hombre de playa… Uno con el que provoca perderse en el mar —dijo mientras me guiñaba el ojo.

    Yo solo pensaba en que ese fin de semana seguía siendo una historia que valía la pena escribir en esta página. Y si esta es de su agrado, seguiré contándoles en otro relato sobre ese domingo en el yate, que fue un completo deleite de placer y lujuria de mi parte con tal morena y sus amigas.

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  • Volviendo a casa

    Volviendo a casa

    Alisté todo y tomé el avión de retorno ya que mis padres me habían comprado el pasaje de retorno a Perú; pues entre Franco Luis y mis hijos, elegiría mil veces a mis hijos.

    Regresé y mamá con mi hermano mayor fueron a verme al aeropuerto; cosa que mi esposo no lo hizo y creo que tenía razón; no era para menos lo que le hice, la verdad que sentía una inmensa culpa.

    En el taxi de retorno mamá y mi hermano me recriminaron mi proceder, lloré y les dije que la vida allá es triste y el me dio la mano y me apoyo en todo y caí en sus manos y me sentía mal.

    Llegamos a casa y ya estaba maquinando mis respuestas a mi esposo quien me recibió y nos dejaron solos, lloró triste y me dijo que no esperaba que le hiciera eso y que por el bien de nuestros hijos no debían saber de este tema para no provocarles un trauma, eso siempre cuidó él como yo y que haríamos las veces de pareja pero si algún día decidimos tomar otras vidas dejaremos la casa y nos iremos solo con nuestras cosas para no volver a encontrarnos jamás.

    Ese fue el acuerdo y lo expusimos a mamá y mi hermano quedándonos en casa como si nada hubiera pasado; por la noche lo busque para cachar y le di una gran cachada entregándome del todo o nada a él, diciéndole que sería su puta sin límites, mientras le decía que me cachetee por todo lo malo que le hice; quizás desfogo su rabia e indignación por todo lo que le hice que mi cara me ardía; pero sentía que era un castigo por todo lo que le hice pasar.

    Era su puta, me compró ropa diminuta y hacía lo que él me pedía; se volvió un salvaje que traté de complacerlo en todo despertando mi sexualidad al máximo que a veces eyaculaba tanto que se quedaba trapo y yo quería más.

    Llegó a un punto de sentirse impotente ante mis exigencias sexuales que me decía:

    -amor no sé qué ha pasado conmigo que me ha agotado todo lo que hicimos y me ponía a llorar ante esa situación.

    Hasta que un día decidió hacerme una pregunta que cambiaría el rumbo de nuestras vidas.

    -¿Cuál es tu fantasía sexual?

    No sabía si responderle con sinceridad lo que deseaba o mentirle y al final decidí hablarle a lo que venga.

    Mi fantasía sexual es hacer sexo con unos o varios hombres; quiero sentirme su puta y si me dan dinero mejor; pensé que esto haría enojar a mi esposo; quien me dijo que no había problema y cumpliría con mi fantasía sexual; pero él siempre estaría a mi lado; porque no permitirá que me hagan daño y que buscaría por Internet a las personas adecuadas y me daría la respuesta.

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  • A la novia de mi amigo le encanta provocar

    A la novia de mi amigo le encanta provocar

    Hola, este relato es breve pero caliente, bueno a mí me pone caliente recordarlo ya que es una anécdota.

    La novia de un amigo me gusta mucho, está muy buena. Es blanca, gordibuena, piernona, culona tetona, la cabrona sabe lo que tiene porque le encanta mostrarse, siempre anda con falditas, shorts, blusas escotadas o de tirantes, incluso sin sujetador, siempre se le notan los pezones.

    Es una locura verla, morbosearla, fantasear con ella, la he visto en bikini y uf es una locura verla, super marcados los pezones, las aureolas, los poros de las aureolas bien duros y definidos, igual la parte de abajo muy delgada, se le marca la vagina brutalmente, bien depilada por cierto y su culo de infarto, en los muslos tiene estrías bien marcadas, eso en particular me vuelve loco, cuando se sienta se le marca la celulitis también, es una locura verla, una mujer real, perfectamente imperfecta es lo más hermoso de ver.

    Hace poco la pude ver con un bikini rojo muy sexy, la parte de abajo era tipo tanga y por dios, solo de recordar como caminaba y su culo moviéndose de un lugar a otro, las estrías con bronceador le resaltan demasiado más, incluso la vi agacharse y logré ver el nacimiento de su ano, lo escribo y me pongo duro de las imágenes mentales que tengo de ella.

    En una ocasión, en una reunión con amigos, ella vestía con una falda holgada, corta como a media pierna, sentada sus muslos se veían increíble, tenía una blusa de tirantes. Mi amigo a cada rato le manoseaba las piernas discretamente, yo no perdía detalle, verlos hacía que se me ponga bien dura y yo volaba la imaginación. Pasó el rato en la fiesta y ellos tomaron de más, al grado de que estaban muy borrachos, recuerdo que en una ocasión cuando entré al baño, ella estaba ahí, vomitando, yo le ayudé, le recogí el cabello y le di papel.

    Aunque claramente no perdía detalle de sus tetas casi se le salían de la blusa, estaba sudada, le brillaba la piel delicioso, por un momento olvidé que estábamos ahí, ella vomitando de lo enfocado que estaba en sus tetas.

    Luego se movió de tal manera que la falta le quedó super arriba, pude ver su tanga, ¡dios! fue algo delicioso de ver, tenerla tan cerca de mí, casi desnuda, una locura, la mente me explotaba y sin pensarlo le manoseé las piernas, los muslos, los apretaba y los sobaba muy rico yo con el pretexto de ayudarle a acomodarse o a pararse.

    Era una locura tenía la verga durísima. Vi que ella no dijo nada, al contrario, parecía que le gustaba, me sonreía y me pedía disculpas por estar tan borracha.

    Yo estaba cerdísimo, aproveché el momento, tenía la adrenalina a mil, pero me atreví, la moví un poco de tal manera que las tetas le salían de la blusa, el sujetador era tipo de encaje, las aureolas de los pezones se le veían, tal y como las imaginaba, cafecitas, bien definidas, con los poros duros. Me atreví a meter mi mano, sentí sus tetas deliciosas, suaves, grandes, uf una locura, los pezones se le pusieron duros, yo manoseándola, una mano en las tetas, una mano en los muslos, no lo podía creer, me vine sin tocarme.

    Espero les haya gustado mi breve relato, en el siguiente detallaré lo que sucedió un día después.

    ¿Alguien ha vivido algo similar?

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