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  • Mi marido pone a prueba mi fidelidad

    Mi marido pone a prueba mi fidelidad

    Desde que éramos novios, a mi marido le gusta mucho poner a prueba mi fidelidad hacia él. Unas veces lo hace con mi conocimiento y otras a escondidas. Al principio yo me lo tomaba como un juego y le seguía la corriente pero, poco a poco, ha llegado a molestarme un poco esa actitud, ya que con ello demuestra que en el fondo nunca se ha fiado de mí, a pesar de no haberle dado jamás motivos para que no lo hiciera.

    A los dos años de nuestro matrimonio, una noche que salimos de copas con varios amigos y amigas, se le metió en la cabeza que me gustaba un amigo suyo. Entonces simuló que se marchaba al baño de la discoteca, cuando en realidad se escondió tras una columna para vigilar si yo le tiraba los tejos a su amigo. Cuando regresó de su escondite, y tras comprobar que no había pasado nada anormal, parecía como si estuviera de mal humor. A veces he llegado a pensar si lo que en realidad desea es que le ponga los cuernos con alguien en su “presunta ausencia”.

    Estas situaciones se han ido sucediendo de forma similar en el transcurso de los años, y debo reconocer que nos han causado más de una discusión, sin que por mi parte haya habido ningún motivo para ello. Después de quince años de matrimonio sigue poniéndome “cebos”, aunque ya no tan insistentemente como antes. Pues bien, tanto va el cántaro a la fuente que termina por romperse. Y eso es precisamente lo que sucedió hace dos meses.

    Era el cumpleaños de mi amiga Conchi (31 años), que está casada con Carlos (32 años). Para celebrar su onomástica nos habían invitado a cenar a su casa. Por cierto, yo me llamo Carmen (42 años) y mi marido Julio (45 años). Julio, aprovechando aquella circunstancia, después de cenar se inventó uno de sus macabros juegos para ponerme a prueba una vez más, solo que en esta ocasión le salió el tiro por la culata.

    A sabiendas de que nuestros anfitriones, a pesar de estar felizmente casados, son una pareja muy liberal y promiscua, propuso que yo le hiciera una paja a Carlos y que Conchi se la hiciera a él, por supuesto estando los cuatro juntos en la misma habitación, con la apuesta de que Conchi conseguiría que él se corriera antes que Carlos. A nuestros amigos les pareció una idea brillante y divertida. Yo, pese a que por dentro no podía creer lo que estaba escuchando de mi propio marido, me propuse seguirle el juego para darle un escarmiento.

    Para darle mayor morbo al asunto, se decidió que los cuatro debíamos permanecer completamente desnudos mientras realizábamos la apuesta. Y así lo hicimos. Una vez que los cuatro nos quedamos en cueros, Carlos y Julio se sentaron juntos en el tresillo. Conchi se arrodilló entre las piernas de mi marido y yo entre las de Carlos. A una señal de mi marido las chicas comenzamos a masturbarles utilizando nuestras mejores armas, ya que se trataba de hacer que nuestro respectivo hombre se corriera antes que el otro.

    La cara de Julio adquirió una mueca de cierta preocupación cuando comprobó que la polla de su amigo era bastante más larga y gorda que la suya, y que yo, aparentemente, la masturbaba con decisión. La muy zorra de Conchi le acariciaba los huevos a mi marido al mismo tiempo que su mano le recorría el pene con maestría, y al muy cabrón de Julio parecía gustarle aquello demasiado. Entonces un sentimiento de rabia y celos me hicieron comportarme como lo que no soy, o al menos como lo que nunca había sido hasta entonces: Un “putón verbenero”.

    Agaché mi cabeza y, mientras masturbaba la polla de Carlos, comencé a lamerle la comisura de los huevos. Aquella primera acción ocasionó que Julio y Conchi se desconcentraran en su faena, ya que ambos me miraban con expresión atónita. Al mismo tiempo la polla de Carlos se puso enorme y más dura que el cemento. Sin acobardarme separé mis labios y me introduje en la boca aquel monumental trozo de carne, que dicho sea de paso comenzó a emitir un olor fuerte, producto de que las primeras gotas de líquido preseminal rezumaban por su hinchado y rojizo capullo. Aquel hedor, lejos de producirme asco me puso cachonda.

    Mis labios recorrían el miembro de Carlos suavemente, al mismo tiempo que mi lengua le repasaba en círculos el glande, asumiendo sus líquidos previos. Paralelamente mis manos le trabajaban los huevos, imprimiéndoles un masaje sin pausa. Carlos sollozaba de placer y cerraba los ojos sometiéndose a mis maniobras, sin la más mínima negativa. Pese a los esfuerzos de Conchi, a Julio aquel espectáculo se la estaba poniendo cada vez más flácida. Aquella sensación de triunfo que estaba experimentando, unida a que me había puesto cachonda de verdad, provocó mi siguiente acción: Me levanté del suelo, me coloqué a horcajadas sobre Carlos y apunté su verga entre mis labios vaginales.

    Julio pensaba que era una treta mía para darle un escarmiento, pero que no me iba a atrever a dar el siguiente paso. Estaba equivocado. Me introduje el capullo de Carlos en la vagina y, sin darme tiempo a arrepentirme, me senté sobre su pubis con fuerza, de modo que su polla me penetró hasta el fondo.

    Acto seguido comencé a cabalgarle sin parar. Su rabo entraba y salía a toda velocidad en mi húmedo coño, clavándose con fuerza en mis entrañas cada vez que dejaba caer mi cuerpo sobre su pubis. Conchi ya había abandonado sus quehaceres, puesto que la polla de mi marido estaba más flácida y pequeña que la de un crío de 6 años, mientras que la de Carlos parecía no parar de crecer y endurecerse a cada embestida que le daba. Era como una taladradora penetrando en un muro de hormigón.

    A los pocos segundos me sobrevino un tremendo y larguísimo orgasmo que me hizo gritar de placer. Julio estaba aterrorizado, no podía creer que me estuviera follando a su amigo delante de él, pero lo cierto es que lo estaba haciendo a conciencia. Además, como Carlos se sabía controlar a las mil maravillas, aquel polvo se fue prolongando de una forma increíble.

    No llevaba reloj, pero puedo calcular que estuve follándome a Carlos durante más de quince minutos sin parar, a juzgar por los cinco orgasmos que me proporcionó. En agradecimiento de ello, cuando comprendí que Carlos ya no aguantaba más, volví a agacharme entre sus piernas, me la metí en la boca y seguí mamando hasta que se corrió en mi garganta.

    Cada vez que Carlos se retorcía y emitía un gruñido de placer, me obsequiaba con un potente y caudaloso chorro de leche condensada. Tenía el semen muy espeso y abundante, pero ello no fue óbice para que me lo tragara todo sin el menor reparo. Los lefazos fueron remitiendo, después de cinco o quizás seis descargas, y el cuerpo de Carlos se fue relajando poco a poco, aunque su polla seguía tan grande y dura como al principio, por lo que aproveché para metérmela en el coño, aun goteando esperma, y alcanzar un último, pero no menos intenso orgasmo.

    Cuando terminamos de follar me quedé un rato sentada sobre Carlos. Notaba en mi interior como su miembro iba perdiendo dureza y tamaño, mientras que mi marido no daba crédito a sus ojos y Conchi se había ido a la cocina a preparar unas copas. Permanecí sentada sobre Carlos, con su rabo clavado en mi coño, durante dos o tres minutos más, mientras me recuperaba.

    Cuando finalmente me fui a levantar, Carlos me lo impidió. Entonces comenzó a besarme en la boca y a masajearme las tetas. En menos de dos minutos noté como su polla, que no había abandonado mi raja todavía, comenzaba a engordar otra vez. Aquello me provocó tal excitación que comencé a responder a sus besos hasta ponernos otra vez cachondos.

    Luego comencé a cabalgar de nuevo, pero Carlos me obligó a parar. Me pidió que me levantara de encima de él. Luego me sentó en el sillón, se arrodilló entre mis piernas y me la clavó de un solo empujón. Esta vez quería mandar él. Me colocó las piernas sobre sus hombros y empezó a follarme ante la horrorizada mirada de mi marido. En aquella posición, su polla me entraba hasta los mismísimos huevos, los cuales parecían querer entrar también en mi coño.

    Esta vez me proporcionó más de diez orgasmos antes de que él se corriera, ya que su aguante se había multiplicado por dos. En un momento dado pensé que me iba a desmayar de placer, pero justo en ese momento Carlos empezó a vaciarse en mis entrañas. El muy cabrón se estaba corriendo dentro de mi coño sin ni siquiera preguntarme si “iba segura”, pero aquel detalle no importaba en ese momento.

    Su leche rebosaba por debajo de mi coño hasta alcanzarme el ano, el sillón y la alfombra, pero él seguía follándome sin parar. Desde ese momento, hasta que ya no pudo más, consiguió que yo me corriera dos veces más. Aquello no era un hombre, era una máquina de follar y dar placer a las mujeres.

    De esa forma mi marido tuvo su escarmiento y yo el mejor polvo de mi vida.

    Fin

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  • Aprendiendo con maduros (4)

    Aprendiendo con maduros (4)

    Habían pasado ya casi cuatro meses desde que Carlos se marchó. En ese tiempo mi vida se limitaba a ir de casa al trabajo y viceversa. Las lloreras iniciales fueron desapareciendo progresivamente y durante ese tiempo no había vuelto a dejarme tocar por un hombre, aunque propuestas no me faltaron. Mi vida sexual se había reducido a masturbarme en la soledad de mi habitación mientras por mi mente pasaban los recuerdos imborrables de mis experiencias con Carlos, con el que charlaba por teléfono dos o tres veces al mes.

    En una de esas conversaciones (después de las cuales casi siempre terminaba llorando) Carlos me preguntó si había vivido experiencias nuevas en el sexo. Le dije que no, que no me sentía con fuerzas, pero sus palabras consiguieron que me diera cuenta que por mucho que lo deseara Carlos no iba a volver. Me aconsejó que siguiera disfrutando, que probara cosas nuevas y que siguiera experimentando con maduros. Tardé en convencerme a mí misma que lo mejor era seguir hacia delante, pero al final lo conseguí. Lo haría con tiempo, con tranquilidad y hasta encontrar un maduro que realmente me resultara atractivo y que me hiciera sentir bien.

    Mi trabajo de relaciones públicas en el hotel me resultaba de lo más ameno. Conocía muchísima gente nueva, algunos muy interesantes, otros normalitos y hasta los típicos perdonavidas que piensan que dentro del sueldo y las funciones de una relaciones publicas está incluido el servicio de puta particular en sus habitaciones. Dentro del grupo de los interesantes conocí a Emilio. Un señor viudo, de 50 años, con una conversación muy amena y envolvente y que venía a la ciudad una vez al mes por motivos de trabajo que se quedaba alojado durante 3-4 días. Poco a poco la confianza entre Emilio y yo fue creciendo.

    En una de sus estancias y cuando ya tenía las maletas en el hall para volver a Madrid le pregunté si todo había sido de su agrado. Me contestó que el servicio había sido de sobresaliente, aunque todavía no llegaba a matrícula de honor. Me picó la curiosidad y le dije que para su próxima visita lo sería y que me dijera en que habíamos fallado para no ofrecerle un servicio perfecto. Emilio me contestó: “si la relaciones publicas me dejara invitarle a cenar entonces les daría la nota máxima”. Nos reímos los dos con el comentario sin darle mayor importancia. Emilio se fue, pero yo me quede pensando en su propuesta.

    Era un señor atractivo, muy interesante, amable y simpático conmigo y con los empleados y la propuesta de invitarme a cenar me hacía sentir halagada. Además, ya había superado lo de Carlos y mi cuerpo me daba señales de que necesitaba una alegría con mayúsculas, un hombre que me hiciera disfrutar y volver a hacerme sentir como una mujer plena y satisfecha.

    Pasado el mes Emilio se volvió a alojar en el hotel. Era un martes por la noche cuando llegó y nada más verme me dijo que se marchaba el viernes y que esperaba que esta vez la puntuación al irse fuera de matrícula de honor. Nos reímos un rato y me propuso que antes de irme nos tomáramos un cerveza en el bar de al lado para charlar. Mi jornada había terminado así que acepté su propuesta. Tomamos una cerveza en un pub cercano al hotel, charlamos de todo un poco y le dije que esta vez todo iba a ser perfecto durante su estancia.

    El jueves libraba por la tarde así que le dije que me podía invitar a cenar esa noche. Emilio me llevó a uno de los mejores y más caros restaurantes de la ciudad… es lo bueno que tiene ser el dueño de tu empresa y poder cargar todos los gastos a la Visa de la misma. Cenamos muy bien y tomamos bastante vino, entre otras cosas porque Emilio era un gran aficionado y me dio toda un serie de consejos interesantes de como catar y degustar un buen vino. Charlamos agradablemente y tras la cena nos fuimos a tomar una copa al pub de al lado del hotel, tras lo cual Emilio me dijo que me acompañaba hasta casa para que no fuera sola, un verdadero caballero.

    La verdad es que no quería irme a casa. Mi cuerpo pedía guerra y tenía decidido que un señor de los pies a la cabeza como Emilio era el más adecuado para dárselo. “Me apetecería más tomar una copa de cava en una sitio tranquilo contigo” le dije. “Podríamos ir a tu habitación y estar allí relajados”. Emilio aceptó encantado. Yo fui por la parte trasera y como disponía de las llaves subí por una de las salidas de emergencia para que nadie me viera y ningún empleado hiciera comentarios raros al verme subir a la habitación de un cliente.

    Le di tiempo a Emilio para que subiera y a los 10 minutos me presenté yo. Me abrió la puerta y me recibió con una copa de cava. Nos habíamos bebido casi la botella y mi cuerpo no quería esperar más. Estaba excitada y creo que Emilio lo notó porque llegado el momento comenzó a besarme el cuello y acariciarme mis muslos por encima de mi falda. Se le notaba seguro de sí mismo, algo que me vuelve loca de los hombres maduros. Sus manos y sus labios eran expertos y entre besos y caricias me había dejado únicamente con la ropa interior sin que yo me diera cuenta…

    Yo también empecé a desnudarle y se quedó solo con los slips, mostrando un bulto sugerente, pero que no aparentaba ser la pedazo polla que vi cuando se le puso completamente dura. Me tumbó boca abajo en la cama y me terminó de quitar el sujetador y las bragas. Todo mientras me besaba el cuello, me acariciaba la espalda, las nalgas y las piernas y pasaba su lengua por todo mi cuerpo.

    Estaba un poco agarrotada (no estaba acostumbrada a que me tocara un hombre que no fuera Carlos) pero cuando sentí como incorporó un poco mi cuerpo y su lengua se abrió paso por mis nalgas para perderse en mi húmedo coñito me relajé por completo y comencé a disfrutar.

    Me comió el coño con delicadeza, tomándose su tiempo, explorando todos los rincones con su lengua, mordiéndolo, lamiéndolo mientras sus manos amasaban mis nalgas y le proporcionaban un masaje muy placentero. Terminé corriéndome como no lo había hecho desde que estaba con Carlos, empapando la cara de Emilio con mis jugos.

    Tras darme un par de minutos de respiro me tocaba a mi jugar con Emilio cuyo bulto se había transformado. Le quité el slip y delante de mí apareció una verga maravillosa. Totalmente proporcionada de tamaño y grosor, su glande rosado y grande, un tronco de piel más bien oscura y unos huevos enormes.

    Lo tumbé en la cama y me dediqué a lamer y succionar aquellos increíbles huevos mientras mi mano le pajeaba. Envolví su tronco con mis labios hasta llegar a la punta, la que ensalivé por completo y la lamí con mi lengua. Empecé a mermársela intentando meter toda su polla en mi boca como hacia con Carlos, pero no me fue posible.

    La trabajé con delicadeza, saboreándola, sintiendo como recorría cada milímetro de mi boca y notando como a medida que su excitación crecía el olor a macho que emanaba invadía mi boca en su totalidad. Emilio me tumbó boca arriba. Me tuvo otro ratito chupándosela hasta que decidió que era el momento de enterrarla en mi coño. Menudo gustazo cuando la sentí entrar. Lenta pero segura comenzó a taladrar mi coño de una manera que casi tenía olvidada.

    Me sentía llena, caliente, notaba como sus huevos me golpeaban a cada embestida y mi calentura no tenía límites. El orgasmo fue brutal. Me quedé temblando y sin fuerza, pero Carlos no tuvo piedad de mí. Siguió follándome como a una perra hasta que finalmente sacó su polla para pajearse encima de mis tetas. En mi vida había visto tanta leche junta. Salpicó mis pechos, mi cara, mi cuello, mi pelo… parecía que nunca iba a terminar de soltar leche.

    Cuando terminó me fui a duchar, charlamos un ratito y volví a mi casa, una vez más por la salida de emergencia para evitar tener que dar explicaciones a nadie sobre lo que yo hacía saliendo a aquellas horas de la habitación de un cliente.

    Al día siguiente Emilio bajó a las 10 de la mañana y me dijo al despedirse que esta vez sí que me daba la matrícula de honor. A partir de esa experiencia comencé a tener relaciones más habituales con maduros. Algunos eran clientes del hotel (quienes por cierto me han dejado unas propinas muy abultadas en recepción cuando se marcharon) y otros eran gente que iba conociendo como proveedores. El sexo está siendo muy agradable con ellos, aunque mis orgasmos todavía no han llegado a los límites máximos a los que me llevó Emilio esa noche y Carlos durante nuestra relación.

    Con Emilio sigo teniendo sexo cada vez que viene y estoy encantada de la vida. En el próximo capitulo (que será el ultimo) os contaré un fin de semana que pasé con Emilio en su habitación y en el que preparó un sesión muy especial que a día de hoy todavía me tiene un poco confundida.

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  • Casada fiel y recatada se entrega a mí

    Casada fiel y recatada se entrega a mí

    Luis es un hombre muy profesional, dedicado a su trabajo y a su familia, de 45 años, es el Director Financiero de la empresa en la que ambos trabajamos. Su mujer Marta, es una chica de 42, con la que tiene dos hijos. Una mujer dedicada a su familia en cuerpo y alma, una perfecta ama de casa; buena madre, discreta, tímida, viste de forma clásica y recatada. No es guapa pero debajo de su ropa, nada provocativa y siempre amplia para no marcar sus encantos, se adivina el cuerpo de una hembra necesitada de explorar su deseo sexual no satisfecho.

    Siempre la había visto junto a su marido y apenas hablaba debido a su timidez o por sumisión, pero me había percatado de sus miradas solapadas que me producían cierto morbo y curiosidad por descubrir lo que se escondía debajo de su ropa. La conocí algo más con ocasión de una cena de empresa en Navidad y no andaba muy descaminado en mis presentimientos. Terminada la cena, fuimos un grupo de compañeros con sus mujeres, a una discoteca a terminar la noche. En mi condición de divorciado iba solo. Bailamos en grupo y pronto Luis, que es bastante aburrido y poco dado a fiestas, se fue a la barra con algún otro compañero a seguir de copas.

    Después de un buen rato de baile movido, los acordes de un ritmo lento me pusieron en bandeja a Marta, que de forma natural la cogí de la cintura para bailar pegados. La apreté contra mí y ella se pegó sin resistencia, noté sus pechos duros chafados en mi pecho, junté mi cara a la suya, estaba sudorosa y ardiente, le hablé al oído de lo hermosa que era y como me agradaba sentirla en mis brazos, su excitación le hizo apretarse más contra mí y mis manos bajaron a su culo, palpé sus nalgas redondas y duras, realmente la señora estaba buenísima y como había imaginado era supercaliente.

    Notó mi erección y la buscó moviéndose al compás de la música, frotaba su pubis en mi paquete y ardía como un volcán, le hablaba al oído poniéndola cada vez más cachonda, se notaba su deseo de ser follada en aquel momento. No quiso llamar la atención y le dije de ir junto a su marido para evitar problemas.

    A los pocos días la encontré en unas galerías comerciales, donde ambos habíamos acudido a ultimar algunas compras de Navidad. La invité a un café y tuvimos ocasión de conocernos mejor y compartir algunas confidencias que nos abrió dándonos confianza. Le conté algunos pasajes de mi vida y ella me explicó que su marido era su único hombre, lo había conocido de adolescente y después de un largo noviazgo se casó con él siendo aún bastante joven. Solo había conocido el sexo con su marido y el transcurso de los años y la rutina, habían hecho que practicaran poco sexo y sin demasiado interés.

    Me confesó sentía con frecuencia deseo que su marido no satisfacía y que al estar siempre sola, ya que sus hijos pasaban el día en el colegio, solía masturbarse entrando a veces en páginas porno.

    La besé y fue receptiva, estuvimos un buen rato morreándonos y aunque en principio pareció poner reparos, acabó entregándose entremezclando su lengua y excitándose. Pude repasar sus tetas por encima de la ropa y me afirmé en la sensación del primer día de que aquella hembra estaba buenísima y muy follable. Nos despedimos sin más, no nos dimos móvil ni le pedí quedar, no me apetecía meterme en líos con la mujer de un compañero.

    No volví a verla hasta la primavera, con ocasión de una reunión de trabajo de directivos de la empresa, convocada en una ciudad de provincias, siendo invitadas las esposas al celebrarla en fin de semana. La convocatoria era el viernes a última hora de la tarde, así que llegué al hotel, ocupé mi habitación y después de asearme bajé justamente antes de la cena y allí la encontré con su marido. Los saludé y después de charlar un rato entramos en el restaurante ocupando un asiento a su lado, ella entre su marido y yo.

    Durante la cena acerqué mi pierna a la suya como de forma descuidada y no la apartó, eso me dio pie a bajar mi mano por debajo del mantel y tocarle la rodilla. Llevaba medias y fui subiendo hasta palpar su piel, suave, delicada, seguí acariciando mientras ella se abría para facilitar mi acceso, llegué a su sexo y al notar la presión de mis dedos sobre su vagina por encima de sus bragas, se mordió los labios denotando sus excitación. No quise comprometerla y retiré mi mano mientras ella me miraba de soslayo con cara de deseo.

    Terminada la cena su marido se lio en una partida de cartas con otros compañeros y ella se unió a otras esposas de tertulia. Yo me senté cómodamente con una copa de Cardhu, observando que pasaba a mi alrededor. Al cabo de un rato Marta salió al jardín del hotel, así que dejé pasar unos minutos y salí a su encuentro. Estaba fumando un cigarrillo, la abracé por detrás y la besé en el cuello, se dio la vuelta y nos besamos con pasión, para evitar nos vieran la arrastré de un brazo hasta un lugar oscuro y discreto del jardín para seguir besándonos con lengua como si nos faltara el aliento.

    La apoyé contra la pared y metí mano en su entrepierna, ella las separó y mis dedos fueron directamente a un costado de sus bragas para introducirlos en su vagina que estaba chorreando y dilatada. Le estimulé bien el coño mientras la hacía estremecer de gusto, gemía de gozo como una hembra hambrienta, era evidente que la muy zorra necesitaba de una buena polla que le hiciera disfrutar del sexo que nunca había tenido, que sacara la calentura reprimida desde hace años que no le había permitido saber la puta que llevaba dentro. No tardó en suplicarme se la metiera porque no aguantaba más.

    No era el sitio apropiado, pero no iba a desaprovechar la ocasión de follarme un putón reprimido, antes de que le vinieran remordimientos y se le pasara la calentura. Me bajé la cremallera de la bragueta, le abrí bien las piernas y sacando la polla puse el capullo entre sus labios abiertos deseosos de recibir mi verga a punto de explotar. La metí por un costado de sus bragas y una vez que entró la mitad de verga, la agarré con las manos por las corvas de las rodillas y la elevé mientras mi polla entraba entera hasta los huevos.

    Ella se sujetó bien cruzando sus piernas en mi cintura y empecé a clavarle de abajo a arriba flexionando mis rodillas y empujándola contra la pared que hacía de tope para poder clavarle bien. La zorra se estremecía de gusto mientras pedía más polla y me mordía como una yegua salvaje en el cuello y me metía la lengua hasta las amígdalas. No tardamos en corrernos a la vez y cuando terminamos la bajé al suelo con cuidado y le di mi pañuelo para que se limpiase y no ensuciara su ropa. Me lo devolvió empapado y lo tiré a una papelera.

    Le dije convenía volviera al hotel para no levantar sospechas y yo salí por otra puerta del hotel a la calle para dar un paseo antes de acostarme. Antes de despedirme le había dicho que al día siguiente la esperaba en mi habitación después del desayuno, para follarla como se merecía y que disfrutara de un buen polvo que su marido nunca le había echado.

    Al día siguiente me ausenté de la reunión que empezaba a primera hora de la jornada, con la excusa de que había surgido un asunto urgente que había que resolver y subí a mi habitación. No tardó Marta en llamar a la puerta, nos besamos de forma apasionada y empezamos a quitarnos la ropa de forma apresurada. En segundos estábamos tumbados en la cama, desnudos, devorándonos con lujuria. Como había imaginado tenía un cuerpo escultural, hecho para pecar, era todo vicio, imposible que aquellas tetas, piernas, culo, chocho, no hubieran sido disfrutadas por nadie más que por el bobo de su marido.

    Le comí las tetas y bajé por su piel hasta su vulva, la tenía ardiendo y echando flujos como una fuente, su clítoris duro y erecto lo lamía haciéndole temblar y mi lengua trabajó a conciencia su vagina produciéndole orgasmos seguidos mientras se convulsionaba como si le dieran ataques epilépticos. Tenía la polla que no me la aguantaba y me levanté dispuesto a metérsela. Ella tumbada boca arriba, subió sus piernas flexionándolas sujetas con sus manos por las corvas de las rodillas, ofreciéndome un coño espectacular que pedía a gritos ser penetrado.

    Aún recuerdo la imagen de aquella hembra en celo, ofreciendo su coño dilatado, chorreando jugos y sus labios abiertos deseando recibir la verga de un macho cabrón que iba a hacerla sentir mujer por primera vez. Me coloqué de rodillas entre sus piernas y se la metí de un golpe, le arremetí con todas mis fuerzas haciéndole gritar de placer, aguanté lo que pude para que se corriera seguido mientras gemía y pedía más, hasta que no pude más y solté mi esperma inundándole el coño. Al sacarla un chorro de leche y fluidos escaparon de su chocho. Se hacía tarde y regresé a la reunión dejándola en la habitación.

    De vuelta a Madrid no tardé en llamarla para disfrutar de otra sesión de sexo y lo hice nada más llegar a mi despacho el mismo lunes. Quedamos para el día siguiente por la tarde en mi casa. Me sorprendió con una ropa interior sexi, me dijo la había comprado para la ocasión, algo que agradecí, pero estaba tan buena que sin más preámbulos la dejé completamente desnuda y sin perder tiempo la empecé a follar. Lo hicimos sin parar toda la tarde, de todas las maneras posibles. Me corrí hasta tres veces y ella me mamaba para recuperarla y volvía a metérsela dentro para disfrutar y tener orgasmos.

    Como colofón me pidió le follara el culo, dijo que su marido nunca se lo había hecho y quería probar. Le había resbalado tanto semen y flujos que lo tenía empapado y me sirvió de lubricante para dilatárselo con dos dedos. Le dije que se relajara y cuando el esfínter ya permitía el acceso, llevé mi capullo hasta el ano y fui introduciendo la verga con cuidado hasta que entró entera.

    La zorra se frotaba el clítoris con una mano y con la otra se sobaba las tetas dando alaridos de gusto y pidiendo le rompiera el culo. Le di unos buenos azotes que la excitaban más, a la vez que le decía lo puta y guarra que era, eso le hacía excitarse hasta el punto que empezó a llamarme cabrón y me gritaba que era mi puta y que le diera polla. Le metía una y otra vez la verga por el culo hasta que me vine corriéndome dentro.

    Las sesiones de sexo duro siguieron un par de meses una vez por semana. Ella necesitaba joder más y me llamaba a todas horas, la guarrilla ya empezaba a ser impertinente pues me cansaba de decirle que no tenía más tiempo para ella entre semana y ella no podía quedar en fin de semana por razones obvias. Acabé por sugerirle que se registrara en una página de contactos, subiera unas fotos, pusiera un anuncio y le sobrarían tíos dispuestos a follársela. Hizo caso de mi consejo y cuando quedamos me confesó ya había tenido varios encuentros y tenía unos amigos que la satisfacían cuando tenía necesidad, que debía ser a todas horas a la vista de su adicción al sexo.

    Cada vez eran menos frecuentes nuestros encuentros, habían pasado más de tres meses y volvimos a quedar. Ese día me confesó estaba preñada, pero no sabía quién era el padre, aunque estaba segura que no era de su marido. Mas tarde supe que había dado a luz un niño cuando Luis me dio la noticia. Le felicité y pregunté por el estado de salud del niño y de la madre, a la que envié mis saludos y felicitaciones. Pasado un tiempo se divorciaron.

    Ya no me acordaba de Marta, hasta que pasados un par de años, un día de copas con un amigo la encontramos en un puticlub. Se alegró de verme y me contó su separación, que habían resuelto el divorcio con normalidad, le había quedado una buena pensión y que, aunque no necesitaba trabajar de puta para vivir bien, su deseo sexual le llevó a ello, así follaba y encima cobraba en lugar de hacerlo gratis. Su versión no era del todo cierta, por lo que me contó su marido cuando le dije la había visto en el puticlub.

    Se hartó de ser cornudo consentido y lo que era peor, tenía desatendidos a los hijos por su adicción al sexo, así que le puso un detective y una vez con pruebas pidió el divorcio y la custodia de los hijos, que actualmente atendía con la ayuda de la madre que era viuda. La pensión que le pasaba era ajustada, de supervivencia, y ella acostumbrada a vivir bien optó por dedicarse a la prostitución como solución fácil para vivir desahogada. Se veía le iba bien, en el local observé tenía muchos clientes.

    Se la recomendé a mi amigo que me contó volvió otro día para comprobar si era tan buena zorra como le había dicho. Me aseguró era mucho mejor y que volvería como cliente fijo de vez en cuando.

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  • Aventura casual con una tetonasa

    Aventura casual con una tetonasa

    Estaba de malas, era una tarde desastrosa, un sábado más que era mejor olvidar. El proyecto había salido mal, y se tenía que muchas correcciones adicionales, o sea trabajo extra y forzado para los que estaban en el fondo de la pirámide laboral. Que podría hacer un trabajador sueldo minimalista no podría exigir piedad. Pero el trabajo llega y se va, pero no era la razón principal por la cual esa tarde había sido amarga y punzante, ojalá habría sido solo esa.

    María Elisa una practicante de derecho, bella por donde se le mire, delicada, elegante, culta y exquisita como un ramo de flores, la tenía en la mente por muchas semanas, iba invitarla a salir de una vez, la tarde explosiva y caótica no iba impedir mis propósitos con ella. Era lo único que me importaba en medio de montañas de papeles, usbs y ladridos de jefes obesos.

    Pero no, los milagros no existen, esa tarde recién empezaba, a la salida del trabajo inmediatamente me fui hacia ella, un saludo amistoso era la premisa, le pregunté cómo estuvo su trabajo, como la tratan, etc. Y luego lancé la clásica: «Te invito un café… para relajarnos».

    Ella casi avergonzada o incomoda me responde con excusas que ni ella misma se lo creía, y como siempre tuve que insistir, ¡tremendo error!, ella peor no quería. Y la remato diciendo: «Ya tengo que irme, tengo cosas que hacer…». Simplemente se fue, no la podía seguir, pero ¡caramba! justo tenía su lapicero que me presto, ¡otra oportunidad más!. Ella se había ido por una esquina, fui hacia ella y al voltear en la esquina: ¡Bum! Se estaba yendo con el guapo de Certificaciones, un tipo alto, galán, bien vestido, caballero, un galanazo de telenovela. La cdsm estaba asado, quede como niño que le suspendieron el paseo.

    No podía creerlo mis planes se habían ido por el wáter, era como si me hubieran asaltado en los sentimientos, ¿que podría hacer?: me fui al centro comercial, justo tenía en los bolsillos toda la plata que iba gastar en la cita perfecta, hasta tenía látex, listo para usarse. Pero que mierda, me lo iba gastar todo en cualquier tontería que se me ocurrirá, María Elisa ya era historia muy a mi pesar tenía que olvidarla lo más rápido que pueda.

    Estaba amargo y berrinchudo, iba hablarle a cualquier mujer que se me cruce, miraba como abriendo cualquier tienda de ropa o cosas de mujeres, uy justo delante mío había dos mujeres de espaldas, un alta y el otro medio ancho, el alta tenía una punta en el pecho, ¿Qué será? Bueno las ignore. hasta que me topé con la puerta de un stand de cosméticos, me pare un rato y al voltear justo las dos mujeres venían en la misma dirección, y de loco las hable: «¿Amigas saben dónde está el gimnasio?».

    Me fije bien a quien les estaba hablando, y ¡fucking!, eran dos mamacitas, una de ellas era bonita, voluptuosa, gordibuena ,con unos labios sexys, pero la otra era la bomba: alta, hermosa, y sobre todo unas tetas del infierno, eran como 2 melones gigantes y bien paradas que parecían conos. Su ropa hacia intentos para taparlo, pero era imposible.

    Me quede paralizado unos segundos, pero inmediatamente mi instinto animal se activó, alargue la conversación lomas que pude. Sus acentos parecían de venezolanas, cubanas o colombianas y una pisca de criollada limeña. Eran absolutamente sexys al 200%, no podía creerlo, se llamaban Alejandra (la alta) y Xiomara. Conversaba intensamente con ellas, pero oh sorpresa Alejandra era más entusiasta, ahí me di cuenta. Ellas buscaban lo mismo que yo, la menos Alejandra sí.

    No dude demasiado les invite un café de 5 minutos, toda la plata se las iba regalar a ellas, que me importa, pedí el más caro, la mesa más cara, a la mierda. Alejandra hacía que me vuelva loco cada minuto, solo pensaba ver esos dos mundos. La bombardeaba de halagos y risas. No podía dejarla escapar, hasta les dije que era el jefe de una empresa, todo era válido, ni siquiera escuchaba lo que decían. Mas tarde los roses, toquecitos, manitas, abrazos crecían en medio de la lluvia de halagos.

    Había preparado frases esculpidas con el corazón para regalarlas a María Elisa, todas, todas las regale a Alejandra hasta la última migaja, no quería guardar recuerdos de ella. Tome su mano en medio de palabras hermosas y se las baje a mi muslo, y ¡buah! Rocé su muslo apropósito, ella me miro con agrado. No sé cuánto tiempo habrá pasado. El mozo me trajo la cuenta, bueno ya era hora de que empiece el juego, el ritual de apareamiento.

    Me hice al tonto fingí que no tenía mi tarjeta: «No encuentro mi tarjeta, creo que la tengo en mi mochila.», y saque las cosas que tenía en la mochila y las puse en la mesa, y llego la magia: Saque un regalo que iba dar a María Elisa, una flor de cristal con nieve y una casita adentro, salió como una estrella de mi mochila. Alejandra y Xiomara se quedaron pasmadas. Lo había comprado desde mucho antes, lo tenía en la mira desde mucho antes, pero no me importaba, estaba dispuesto a votarlo a la basura esta noche.

    —¿Y eso?, que cosita tan hermosa —hablo sorprendida Xiomara.

    —Es lo más hermoso que he visto —dijo con los ojos sorprendidos Alejandra.

    —¿Lo quieres? ¿Te lo regalo?… No lo necesito

    —En serio —Hablaron las dos como dos niñas. Tratado de explicarse porque lo hacía.

    —Espera… Se los doy, pero con una condición.

    —¿Cual?

    —Me pueden acompañar a tomar un hotel, hay un hotel cerca que no acepta hombres, si voy con Uds., me aceptaran rápido. Solo quiero que me den la llave y luego ya se pueden ir.

    Ambas se miraron los ojos, no sé qué habrán pensando, pero al final aceptaron, con el: «Solo te acompañamos a la puerta, después nos vamos…». Nos fuimos los tres, me puse romántico empedernido, un abrazo por el día de la mujer era infaltable en el paseo.

    Perfecto, ya conseguí el cuarto, subí a abrirlo deje ahí mi mochila, y bajé, estábamos en la puerta del hotel, ya les estaba diciendo un: “adiós cuídense…» pero el ellas me decían con los ojos: ”¿y el regalo?”… jajaja.

    —Ahhh perdón, ¿el regalo?, jajaja, me olvide en el cuarto jajaja. —Voltee hacia Alejandra y mirándole a los ojos

    —Alejandra acompáñame te daré el regalo arriba, no quiero que nos vean, se ve mal, hay cámaras por acá.

    Ella dudando o casi sonriendo, no tenía opción, pero qué diablos un minuto y chau. Ella subió le di el regalo, y casi sexualmente le dije: «Espero que lo disfrutes, que te guste tanto como yo a ti…». Ella casi dudando, no sabía si irse o quedarse, recibió el regalo como si no quisiera, lo recibió en la mano. Entre sonrisas nos miramos por 1 minuto, y le di el toque mortal: «¿Un abrazo de despedida?» , me acerque y ella estaba dispuesta a recibir el abrazo con el regalo en las manos, me acerque y ¡Bum!, le estampe un beso como el paso final de danza hermosa. Que chistoso estaba de puntitas como bailarín de valet.

    Ya había pasado muchos minutos Xiomara estaba desesperada por la demora. Se fue arriba de inmediato. no había nadie en el piso, así que toco la puerta, ni siquiera estaba con llave, así que la abrió, y ¡oh! sorpresa nos encontró besándonos apasionadamente.

    —¡Pero qué es esto! Ale tenemos que irnos… Yo no me iré sola, no conozco este sitio.

    Estaba arruinado, pero estaba demasiado excitado para permitírmelo. Saqué un billete, y le dije:

    —Ten toma 200, anda al supermercado y cómprate el mejor zapato que quieras… Ale y yo no nos demoraremos.

    Xio de inmediato se le pego un risa de alegría, no podía negarse a eso , y necesariamente respondió: «Pero no se demoren… ahh, usan protección…, dame la llave» le di llave y ¡Bum! Cerré la puerta, esta noche iba ser larguísima, estaba como monstro, el café me levanto el apetito como dinamita.

    Bese como loco a Alejandra, y la tumbe a la cama. ¡Dios mío! Esos senos eran formidables, ese cuerpo era enorme, sus labios eran dulces, su cuello la perdición. Le di lluvia de besos, parecía perro hambriento, constantemente le decía al oído casi como música: “Eres muy hermosa… me gustas… Me enloqueces…Te quiero hacer el amor ahora mismo…». Alejandra cerraba los ojos ante tanta excitación, su monumental de cuerpo se retorcía de excitación, era irresistible, le di un beso hasta atravesar toda su boca, mi lengua era un látigo de placer…

    No resistí más fui directo a su pecho, iba besar el corazón de toda su sensualidad, quedé estupefacto solo tocando los bordes, saque mis manos y se los agarre como si fuesen montañas de oro, eran inmensos, un torrente de electricidad paso por mi cuerpo, que me quemaba de goce. Estaba ansioso de tocarlos desde el primer segundo de conocerla.

    Ella se levantó, estaba tan excitada con sus senos que iba servírmelos, hora de alimentar al niño lujurioso que tenía a su frente. Se sacó su sudadera, dentro tenía un polo que lo cubría todo, con una mirada fatal de mujer mala, agarro su polo y se lo saco. La cdsm eso que tenía era una maravilla, eran inmensos como un par de sandias gigantes, su sostén apenas podía soportar el peso de ambas montañas.

    Ella se mordió los labios, me miro como una loba hambrienta, agarro el gancho de su sostén, estas estaban casi al borde de romperse, tomo el gancho, lo desabrocho y con una voz sexual casi como un susurro orgásmico: “Ten… comételos…». Soltó el sostén y descubrió sus senos tal cual como vinieron al mundo.

    Eso era una avalancha de deseo, lujuria, excitación, morbo, fantasía, sueños, etc. todo en ese momento. Me lancé como gato hambriento al pescado, dos pescados… que eran como mundos, sueños y deseos. Alejandra disfrutaba lujuriosamente como le mordían y estrujaban los senos, era un elixir exquisito que solo las mujeres lo podían sentir, agarro ambos monumentos y apretó contra mi cara, eso incendio mis deseos, agarre mi bragueta, el monstruo de abajo estaba destruyéndome el pantalón, era hora de sacarlo a disfrutar…

    Xiomara había regresado, pasaron 2 horas desde que dejo a su amiga, pero no era suficiente, ni una tarde entretenida, ni uno nuevos zapatos hermosos, ni que muchos hombres le miraban con deseo, nada, esa tentación de encontrar el placer, detrás de una puerta no la dejaba tranquila.

    Esa chispa explosiva que la estremecía solo al pensar en las cositas que podría hacer, no podía perdérselo, no quería, y no podrá resistirlo. Cuando llueve todos tienen que mojarse, cuanto hay bailes todos bailan… En su mente se dijo casi con rabia: «A la mierda… yo hago lo que se me da la gana»…

    Continuará.

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  • Encarando al culpable del mensaje

    Encarando al culpable del mensaje

    Pasé unos días sin trabajar y la depresión era fuerte por todo lo que me había pasado, decidí ir en busca de la casa donde un día estuve en la orgia era como las 5 de la tarde y no contestaba el timbre por lo cual al costado había un bar que me puse a tomar unas cervezas, aprovechando escribirlo diciéndole que era el joven de la orgia que hicimos en la época de navidad; aunque no me contestaba las llamadas seguía tomando como a las 8 de la noche recibí la llamada del amigo a quien le dije que estaba al costado de su casa; apareció a los minutos y me dijo que podíamos ir a su casa a donde fuimos, estaba decidido a decirle todo lo que sentía.

    Ya en su cuarto puso música y me puse a llorar por todo lo que me había pasado mientras le contaba lo que pasó en aquella época que envió el mensaje.

    Me abrazó fuerte y me besó que me calmaba mi dolor, me respondió que había sospechado que tenía problemas por eso decidió no contestar las llamadas y mensajes, le conté que el hermano de mi pareja me tendió una trampa, me acariciaba diciendo que ya todo pasará y que la vida continuaba.

    Estaba ebrio y triste que me abrazaba mientras lloraba mi triste pena.

    Me desnudó diciendo que mi ropa estaba sucia y mal oliente, aunque debo reconocer que me había descuidado mucho, me agarró de la mano y me sacó a un negocio cerca donde me compró ropa nueva y volvimos a su cuarto.

    Me llevó va la ducha y nos bañamos desnudos mientras me pasaba el jabón mi cuerpo pasando sus dedos en mi culo; me sentía excitado y agradecido por lo que estaba haciendo que me agaché y empecé a mamar su pinga venosa y rica no era larga pero si un poco gruesa y noté que estaba arrecho y me besaba con pasión, me dio la vuelta y me metió la pinga en seco que me hizo gritar, me di la vuelta mientras me tocaba el culo, me dolía, si que me dolió.

    ¡Así no! Mientras tenía ganas de llorar del dolor le dije que me había dolido mucho, me besó y me dijo que por favor le perdone; “amor lo vamos a hacer bonito” me abrazó y me llevó a su cama; mientras me besaba los labios luego empezó a mamar mi culo adolorido y llenarlo de saliva que sentía que me excitaba subió sobre mí y me penetró despacio; poco a poco, hasta que sentí que entró abriendo mis adentros de las paredes anales, entró todo; mientras me besaba la espalda y cuello que me excitaba de pasión, “ya está mi amor, tienes el culo muy rico bebé”, me decía.

    Luego me dio la vuelta y me abrió de piernas; mientras metió su pinga hasta los huevos una y otra vez que me hacía suspirar de pasión y deseo, me excite tan rico que le decía que siga; mientras que sus besos y caricias me llenaban de pasión.

    Así me cachó una y otra vez; hasta sentir que eyaculó hasta en dos oportunidades dentro mío que sentía la leche salir una parte de mi culo abierto por esa gran pinga rica y deliciosa.

    Sacó su pinga de mi culo, feliz de haber probado tan rica pinga; me dijo “quiero que seas mía y solo mía”.

    Le respondí que así sería.

    Le dije que debía ir a mi cuarto eran como las 11 de la noche, me dijo que espere pues llegaría un delivery con hamburguesas, en eso llego un delivery con hamburguesas y comimos alegres mientras me decía que duerma esa noche.

    Acepté mientras le decía que deseaba trabajar y si comía algún trabajo para mí, me dijo que tenía un amigo en el centro de lima que pensaba buscar un chico para que le ayude en su negocio, le pedí que hable con él y aceptó; llamándole a su amigo quien me citó para el otro día a las 9 de la mañana. Dormimos y al día siguiente me desperté detrás de él, sintiendo su pinga dura; acerqué mi culo y cachamos de nuevo, dejándome con la leche dentro; luego se alistó para ir a su trabajo y me dio la dirección para ir a la persona que me iba a dar el trabajo.

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  • El maduro que tanto amé

    El maduro que tanto amé

    ¡Hola! Hace algunos años estuve con una persona que me hizo dudar de seguir con mi marido, de estar en mi hogar y con mis hijos, ha sido el único con el que había durado muchísimo tiempo de amantes, fueron casi 3 años, él casado, yo casada, el único que me ha puesto entre la espada y la pared, pero también el único que me dio y me ha puesto en mi lugar, les hablo de Manuel; el exgerente de tiendas Garcés. Maduro, de casi 55 años, alto, barba cerrada, con un aroma exquisito, el cual me sometía en la intimidad pero en la sociedad un total caballero.

    Hace 7 años me reencontré con él, como les decía fuimos amantes mucho tiempo, éramos discretos, cada semana o quincena nos encontrábamos en las noches, nos ajustamos a nuestros tiempos ya que ambos teníamos a nuestras parejas, así fue durante casi 3 años.

    Les voy a platicar una de esas ocasiones que más recuerdo en la cual cogimos, era un 21 de septiembre, “nuestro aniversario”. Cumplíamos si mal no recuerdo 2 años de relaciones, tenía planeado algo especial con él, ese día pedí hasta permiso para no ir a la escuela, ese día era especial para mí por lo especial que era él en mi vida, no sabía si lo amaba o lo quería, como les comento hasta ese momento había sido el único que puso en duda lo que siento por mi esposo.

    Bueno, ese día nos quedamos de ver temprano, antes de salir de casa arreglé mi maletita, con mis juguetes y mis cosas necesarias para un día así, a las 7:30 am, después de dejar yo a mi hija en la escuela fui al centro y dejé mi auto en un estacionamiento, ahí mismo ya estaba él esperándome.

    Salimos a un municipio contiguo llamado Cd. Hidalgo, a 30 minutos de aquí de donde yo vivo. No queríamos que nadie nos viera, era una ocasión especial más para mí que para él.

    Así que nos fuimos, cuando iba manejando me tomaba la pierna, me agarra a las tetas, me estaba excitando y calentando para lo que me esperaba, yo solamente me limitaba a tocar su verga por fuera del pantalón, íbamos pasando un municipio llamando Tuxpan cuando comenzamos a excitarnos más y más, lo besaba a él, le besaba el cuello, le pasaba mis manos por el pecho y el pene, hasta que se paró en un pequeño acotamiento y se lo saco, sin pensar nada más hice mi asiento hacia atrás, me recogí el cabello, y se la comencé a mamar, él tomó el volante y siguió manejando.

    Mientras, yo con mi mano derecha sostenía su pene, mi boca y mi lengua hacían el resto, succionaba y lamía mientras él se limitaba a manejar, pasaba mi lengua por su “ojito”, lo chupaba y succionaba, quería usar sus manos sin embargo yo no lo dejaba, solamente oía como le gustaba que lo mamara, comencé a pegarme con su pene en la cara, en la lengua, era todo mío y él no podía hacer nada para detenerme, seguí haciendo mi trabajo, engullendo ese pene en mi boca hasta que oí su gemido de placer, me dijo que ya venía, le dije que bueno, y sin parar tome más velocidad en mis chupadas.

    La mamaba sin parar y él lo disfrutaba al igual que yo, hasta que me dijo “ya, ya, ya…”. Y así fue, se vino, sin sacar su pene de mi boca, recibí toda su leche, me la tomé así calientita cómo salió, me la pasé de un solo sorbo, y le limpie lo que quedó con la lengua, mame y mame hasta no dejar nada de leche en su ver94, me reincorporé a mi asiento, y lamiendo algún dedo que se llenó de semen, había realizado mi cometido, se limitó a decir que había estado fabulosa como siempre, llegamos al municipio y empezamos a almorzar en un negocio conocido de ahí mismo, después directamente nos fuimos al motel Paradise.

    Al llegar y entra a la habitación le pedí que esperara, le tape los ojos y lo acosté en la cama, entre al baño con mi pequeña maletita, me quite el pantalón de mezclilla, mi blusa y toda mi ropa interior, me coloqué un conjunto de encaje blanco, transparente, una tanga blanca, y mis tacones blancos. Me coloqué el perfume que más le gustaba y salí al cuarto. Puse mi maletita en el buró y comencé a modelar frente al espejo el conjunto que ya había estrenado con mi esposo, pero que había comprado para Manuel.

    Subí a la cama, Manuel con sus ojos vendados me quiso tocar, sin embargo no lo deje, tome sus manos, con unas vendas que yo llevaba le amarre sus manos, no podía tocar mi ver, así que lo amarre a la cama, lo único que deje libre fueron sus piernas, me dijo que lo dejara ver aunque sea, yo me límite a decirle “no”.

    Después de asegurar ambas vendas, subí a la cama, comencé a tocarlo todo con mis manos, lo acariciaba, le besaba su pecho, sus labios, su cuello, hasta que vi que reacciono quién me interesaba. Al ver la reacción de su verga me arrodille en la cama y lo tome en mis manos, comencé a masturbarlo hasta que vi la erección como me gusta, tome mis tetas y lo coloque en medio de ellas, las apreté con mis manos y comencé a moverlas, las movía hacia arriba y hacia abajo, me las saque del baby doll y comencé a pegarme con su verga en ellas, primero el pezón derecho, luego el izquierdo, él solamente decía que quería ver, que lo dejara observar, mi respuesta fue la misma “no”.

    Seguí usando mis tetas para masturbarlo hasta que me cansé, tome entre mis manos mis pechos y los metí de nueva cuenta a mi conjunto, proseguir a usar la boca, y comencé a mamar, mientras mamaba, él usaba sus piernas para moverse y meter más su pene, yo ponía la boca, la lengua y él solamente el movimiento de sus caderas para introducir su verga a mi boca, se la mame hasta que me cansé. Pare y me levanté sobre su cuerpo, sus caderas exactamente.

    Hice a un lado mi tanga y poco a poco y en cuclillas fui descendiendo hasta su pene, lo tomé con mi mano y lo fui introduciendo hasta que llegó hasta el fondo, comencé a moverme y a cabalgar arriba de él, pero solamente dando probaditas, ya que me subía a cabalgar pero también me lo sacaba y bajaba a mamar sobre su ver94 la combinación de fluidos míos y de él.

    Eso fue hasta que decidí ponerle mi colita en su cara, me di media vuelta y baje poco a poco hasta ponerle mi vagina en su boca, comenzó a usar la lengua, mientras jalaba sus manos para desamarrarse, yo con mi voz excitada de placer le dije “no” mientras él ponía la lengua y su boca yo ponía los movimientos, hacia adelante y así atrás, él rozaba y chupaba mi clítoris, yo gemía hasta que me recosté sobre su vientre y comencé a mamar yo también, un 69 exquisito, mis piernas abiertas recibiendo lo poco que podía darles, yo mamando su verga y repasando mi boca con ella, no fue hasta que pare yo, sentía mi orgasmo llegar y le dije que no parara.

    Me levanté y me recargue con mis manos sobre su pecho, mientras de espaldas me movía para venirme sobre su boca, seguí moviendo mis caderas hacia adelante y hacia atrás hasta que sentí como mi vagina comenzó a contraerse y me vine, llegó mi primer orgasmo y con el mis fluidos que salieron hacia su boca, mojado del cuello y lamiendo sus labios no me dijo nada, mientras yo me recuperaba de mi pequeñísimo squirt, tome su verga y así sin desamarrarlo subí en ella, comencé a moverme, comencé primeramente a darme unos sentones.

    Sentones en los cuales solamente se oían mis gemidos y mi vagina húmeda chocar contra su pelvis, seguí con mis movimientos de cadera hasta que me cansé, quite mis tacones y le dije que si se quería mover, me dijo que si, que quería cogerme él, que lo desamarrara, sin embargo le dije que no, que esa no era mi idea, así que sentada sobre su pelvis, y con su verga dentro de mí, hice mis piernas hacia adelante, me recargue con mis brazos en su pecho y comencé a moverme, le dije que me cogiera a ver si podía y si fue así, encogió sus piernas y comenzó a moverse, mientras yo solamente recargada en su pecho con mis manos disfrutaba la tremenda vista que me estaba creando yo misma.

    Veía como con sus piernas se movía mientras su verga entraba y salía de mi vagina que estaba a punto de estallar, siguió con sus movimientos mientras yo me limitaba a gemir y pedir que no parará, fue ahí cuando me dijo que ya se venía, y yo también estaba a punto de venirme, me levanté de su pecho y le dije que encogiera sus piernas para sostenerme de sus rodillas, así fue.

    Comencé a moverme y a darme los sentones mientras me apoyaba de sus rodillas, sin embargo también comenzó a moverse al sentir que se venía, ambos estábamos realizando movimientos que nos causaban placer, muchísimo placer, fue ahí cuando como si estuviéramos conectados llegó su orgasmo y llegó el mío, su semen entro de golpe a mi zorrita mientras yo bañaba su pelvis con los fluidos de mi squirt, seguí moviéndome sobre él hasta que me vacíe toda, él solamente se limitó a empujar su pene hasta adentro varias veces para vaciarse bien, sudada, cogida, llena de semen, con mis piernas llenas de lo que me había escurrido y muy satisfecha, me levanté de su verga, y me acosté a un lado de él.

    Le quité solamente la venda de los ojos y me besó…

    Bueno, pues después de habernos besado y quitarle la venda de los ojos me acosté sobre su pecho, comenzamos a platicar y me pidió agua, le di de beber de una botella sin desamarrar sus manos aún. Pasaron los minutos y yo comencé a sentir ese cosquilleo de nueva cuenta, esa comezón que nos da a las mujeres cuando queremos más, así que entre al baño de nuevo con mi maleta. Me quité el conjunto blanco que traía y me coloqué una tanga solamente, un bra coqueto con encaje solamente y push up.

    Salí del baño con mis tacones negros y mis 2 juguetes inseparables en la mano. Solamente levanto la cabeza y me dijo que me veía hermosa, que lo desamarrara, sin embargo tome 2 almohadas se las coloqué debajo de la nuca y así acostado, miraba como caminaba por todo el cuarto, le dije que si le gustaba y me dijo que si, me pidió de nueva cuenta que le quitará las vendas sin embargo, mi respuesta seguía siendo la misma, así que me recosté en el potro que estaba ahí.

    Tomé mis juguetes y me senté frente a la cama, hice mi tanga a un lado y comencé a masturbarme tocando primero mi clítoris, dándole suaves masajes y posteriormente introduciendo uno de mis dedos, luego 2 y mientras una mano me la metía en la vagina y me tocaba esa parte, la otra mano tocaba mis tetas y me metía los dedos a la boca, me pedía que lo desatará y le dije que no.

    Tomé uno de mis juguetes y comencé a meterlo a mi boca, lo chupaba como si fuera su verga hasta que me lo metí a mi zorrita, lo metí poco a poco dando movimiento circular, después la mitad, hasta que metí esos 25 cm dentro de mí, comencé a mover mi mano, entraba y salía ese dildo mientras él solamente observaba, con mi otra mano me saque las tetas y las comencé a apretar y tocar más fuerte hasta que me cansé.

    Saqué el dildo de mi vagina y me puse en 4 en el sillón frente a él, con mi plug anal ya humectado con lubricante comencé a tocar mi ano poco a poco, metí primero uno de mis dedos lubricado, y después de que me di un pequeño masaje para dilatar, metí el plug todito, no quedó nada afuera.

    Me levanté del sillón y comencé a caminar por el cuarto para que mi cavidad anal se acostumbrara a él, me acerque a la cama y le di mis tetas a probar, nos besábamos con pasión, deseo, lujuria, le daba pequeñas lamidas en la verga esperando que se pusiera más dura y sin que se diera cuenta le quite el nudo de una venda, me levanté de la cama y me fui de nueva cuenta al sillón, con el chupón que traía el dildo lo coloqué sobre el sillón y me subí sobre él.

    Tenía mis dos cavidades ocupadas por mis juguetes, me movía y cabalgaba como si estuviera Manuel abajo hasta que me provoque un orgasmo, antes de venirme de nuevo le dije que si le gustaba lo que veía, me dijo que si pero que lo dejara ayudarme, le contesté que se estaba tardando que tenía una mano ya libre, ni tardo ni perezoso se desató la otra mano, mientras yo lo esperaba sentada en esa verga de plástico que tanto placer me ha dado.

    Sin pensarlo dos veces me tomo entre sus brazos, me besó y comenzó a tomarme toda, me dio la vuelta y me recargo en la parte más alta del potro, me abrió las piernas y sin sacarme el dildo me la metió toda, me estaba cogiendo tan rico que no sentía los jalones de cabello que me daba, ni las nalgadas tan duras, al contrario, me estaba excitando aún más, y él sabía que eso me encantaba.

    Yo solamente me agarraba del sillón y le pedía más y más, aún recuerdo sus palabras y las mías.

    Mis cavidades estaban llenas de placer en ese momento, hasta que decidió cambiar de posición, saco su pito de mi vagina, y se sentó en el potro, me dijo “móntame” y así fue lo monté dándole la espalda y comencé a moverme, mientras él solamente se dedicaba a observar mis movimientos y a tomarme de la cadera y cintura con ambas manos.

    Era un éxtasis de placer en ese momento, le pedí que me la metiera atrás, que sacará el plug y que quería sentirlo a él, me saco el plug con sus dedos y sacando yo de mi vagina su vergota, me hice hacia atrás y comencé a sentarme poco a poco en ese pedazo de carne hasta sentir como atravesaba mi ano, teniéndolo dentro comencé a moverme poco a poco hasta que ya estaba bien acomodada y ensartada, seguí moviéndome hasta que me dijo que venía su orgasmo, que ya se venía, y en cuestión de minutos me lleno el ano de esperma. Era delicioso sentir como mi ano se abría para recibir su lechita.

    Llena de esperma en el ano, y muy satisfecha, decidimos acostarnos de nuevo. Comenzamos a platicar de nuevo hasta que me quedé dormida, al despertar me levanté con más ganas de que me hiciera suya, sin embargo seguía dormido.

    Me levanté poco a poco de su pecho y fui hacia el jacuzzi, abrí el grifo del agua caliente y entre al baño de nuevo, tome el tercer conjunto, un baby doll rosa, salí al cuarto, toque el agua del jacuzzi y estaba muy caliente, encendí la tv, puse el canal XXX, entré, me senté en una orilla a meter los pies, y observaba el canal mientras me imaginaba como sería si mi esposo me cogiera junto a Manuel, si ambos hombres de los que estaba enamorada y amaba me hicieran de todo entre los dos.

    Eso me llevo a comenzar a tocarme, subí un pie a la orilla del jacuzzi mientras el otro estaba dentro del agua chupe uno de mis dedos y me lo metí, seguí metiendo más dedos y tocando mis tetas hasta que me levanté por mis 2 amigos, los levanté del suelo, los limpie, antes de entrar al jacuzzi y aún con el ano humectado metí el plug, me metí completamente al jacuzzi, y recostada en una orilla, con las piernas abiertas metí el dildo en el agua y lo lleve a mi vagina, lo metí todo de un jalón, entraba y salía, comencé a gemir para despertarlo, y así fue, me veía desde la cama y ni tardo ni perezoso, se levantó y se acercó hacia mí.

    Entró al jacuzzi y se paró delante de mí, con una mano metía mi dildo y con la otra estaba tratando de levantar su verga, cuando la vi dura y erecta, me la metí a la boca una vez más, comencé a besar sus testículos, chuparlos, mientras él me tomaba de la nuca, me pase a su pene, lamí la cabecita primero, después el tronco hasta que me ahogo con ella, mis manos estaban ocupadas y mi boca también, entre gemidos y el placer de la mamada estaba extasiada.

    Saco su verga de mi boca y literal, me rompió el baby doll, lo tomo con fuerza que al sacarlo lo rasgo, me puso en 4 en el jacuzzi y me quito la tanga, sin sacar el plug, me penetró, el agua del jacuzzi se balanceaba hacia un lado y otro al ritmo de sus metidas, me estaba cogiendo tan rico que le pedía más y más, me nalgueaba y jalaba del pelo, me hablaba con palabras sucias, groserías, me tomaba del cuello mientras con la otra apretaba mis tetas, metía sus dedos a mi boca mientras él montaba a su hembra.

    Me saco del agua, y puso una toalla en una de las orillas, me sentó en esa orilla, y así, recargada en la pared, sentada y con las piernas abiertas me estaba cogiendo, lo tome del cuello con ambas manos y ambos nos balanceamos en ese éxtasis de placer y lujuria.

    Le pedía más y más, en ese momento quería mucho más, quería que no terminará de cogerme nunca.

    Así que tomo el dildo, y así como estaba sin sacar su verga, empezó a meter el dildo por mi vagina, así es, quería meter ambos por mi zorra, me lastimaba el que quisiera abrirla con ambos miembros, pero lo logro, saco su pene de mi vagina, y primeramente metió el dildo, entraba y salía, yo solamente me mordía los labios, le pedí la suya y sin sacar el dildo, comenzó a meter su pito, me seguía doliendo pero también sentía placer, se movía mientras el dildo estaba intacto, le pedí más y más, quería más!

    Era increíble pero tenía a 3 dentro de mis cavidades y yo quería más aún! Mientras le pedía más sentí mi orgasmo, fue ahí cuando le dije que parará y no lo hizo, siguió moviéndose hasta que mis jugos salieron de golpe de mi vagina, bañando su vergota y mi dildo.

    Sin cruzar más palabras lo bese apasionadamente, al hacerlo se salió su pene de mi vagina, mientras lo besaba saque con mis contracciones mi dildo y lo abrace, él no había acabado, así que me levanté del jacuzzi, salimos y lo invite a ir a la cama, tome mi dildo y al acercarme a la orilla del colchón me puse en 4, le pedí que sacará el plug, y que metiera el dildo atrás, esos 25 cm de plástico entraron como cuchillo caliente en mantequilla, le pedí que lo moviera hasta que se acomodara y estando así, metió su pene delante, comenzó a embestirme y cogerme una vez más hasta que se cansó, me nalgueaba y ayudaba al dildo a hacer su trabajo mientras me cogía, estaba muy caliente y lejos de sentir dolor era un placer inmenso el que sentía, el placer abundaba.

    Siguió cogiéndome hasta que paro, saco ambos miembros de mí y abrió mis nalgas, escupió dentro de ellas, y me recostó en la cama boca arriba, abriendo las piernas tomo el dildo y lo metió en mi vagina, después su pene entre sus manos y lo metió por atrás, me pidió que le ayudara, sacando y metiendo mi dildo de mi zorrita, mientras él tenía mis piernas en sus antebrazos yo tomaba el chupón de mi dildo y lo metía y sacaba una y otra vez, le pedía más, y más, tome el plug y lo metí en mi boca.

    Le pedí que me cogiera con todas sus fuerzas, que mi orgasmo estaba a punto de llegar, siguió metiendo su verga en esta zorra que solamente de acordarme se moja, se empapa, volví a llegar al orgasmo, le pedí que parará, comencé a retorcerme en la cama, mi ano se contraía y mi zorrita igual, mis jugos escurrían mojando la sábana.

    Le pregunté que si ya iba a terminar y me dijo que le faltaba poco, me levanté de la cama y lo tome de la mano, entramos a la regadera y mientras salía agua caliente lo bese, le decía que lo amaba, y mientras las palabras vanas salían de mis labios, mis manos no soltaban ese pedazo de carne, entramos a la regadera, tire una toalla al piso y me arrodille, mientras él agua tocaba su espalda yo estaba hincada mamando, puse su verga entre mis tetas, apreté y comenzó a moverse, mientras lo hacía baje la cabeza y cada de que su verga subía mi boca la recibía con una lamida de mi lengua, seguí mamando.

    Él solamente se limitaba a tomarme del cabello y a pegarme con su miembro en las tetas, en la lengua, en las mejillas, después de un rato mamando, sentí como su pene se estaba poniendo más erecto, más duro y era señal de que no aguantaría mucho, metí ese pedazo de carne de nuevo en una de mis mejillas de mi boca, y mientras chupaba oí su gemido, lo saqué y comencé a mover mis manos más rápido, me tomo del cabello más fuerte y tomando él su propia vergota entre sus manos, vacío la leche en la boca y parte de mi cara.

    Le enseñe el semen que había caído en mi boca, trague de golpe, limpie el otro de la cara y chupe mis dedos, ya con el pene un poco flácido lamí los restos de su esperma, y le dije que estaba calientito y rico, me ayudó a levantarme del suelo, me enjuagó la cara y me besó.

    Salimos del baño, y nos recostamos un rato más, recargada en su pecho hablamos de como sería nuestra vida juntos, yo, cómo les dije, estaba enamorada de sus modales, atenciones, de su forma de cogerme, me estaba pensando seriamente dejar a mis hijos y esposo por él, irnos lejos a pesar de los más de 15 años que me llevaba, sin embargo por milésima ocasión me dijo que no, que éramos casados y que cada uno debía “respetar” a su pareja, triste por sus palabras y con lágrimas en mis ojos me resigne a qué ambos seríamos amantes hasta que la vida nos permitiera.

    Termino el día y comencé a recoger mis cosas, enjuague mis conjuntos, mis juguetes, nos vestimos y regresamos.

    Espero les guste y por supuesto leo y contesto sus comentarios.

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  • Lima me cambió

    Lima me cambió

    Ya en Lima convencí a mi esposo venir pues mi hijo ya había nacido; decidimos vivir aquí y fue duro la verdad, el alquiler y todo los gastos eran fuertes; por lo que decidí trabajar y una amiga me dijo que había un trabajo entre comillas era una pollería; al menos eso le dije a mi esposo; el trabajo era turno noche; por lo cual mi esposo podía quedar al cuidado de mis hijos en la noche; mientras yo en el día; pero en realidad, no era una pollería; era un night club, donde se expendía bebidas alcohólicas.

    Allí conocí a Juan; el hermano de la dueña un joven de mi edad aproximadamente que me enamoraba cada vez que podía; entre copa y copas, me robaba besos.

    Teníamos que convencer a los clientes a consumir y por avance de consumos ganábamos un porcentaje era nuestro trabajo; pero resulta que me estaba enamorando de Juan; un día que terminábamos el trabajo, recuerdo que se realizaba las eliminatorias al mundial e hicimos una apuesta; la apuesta era el partido entre Perú y Chile.

    Me dijo que si perdía Chile me daría 500 soles y si Chile ganaba yo le mamaria su verga.

    La verdad que acepté pues estaba muy segura.

    Al día siguiente Perú perdió y tenía que mamarlo su verga; no sabía qué hacer; pero a la vez me moría por él.

    Es así que al final del trabajo tuve que cumplir y mamar su verga, delante de mi amiga.

    Porque ese era el trato.

    Corrí al baño a lavarme la boca y me siguió diciendo que los 500 estaban destinados para mí con la condición de ir a un hotel a cachar.

    Estaba entre la espada y la pared y al final acepté con la condición que me dé en el momento; sacó de su billetera y me dio el dinero. Limpiamos el local y salí con Juan a un hotel cercano.

    Al inicio estaba nerviosa; hasta que me besó rico y cedi a sus encantos nos desnudamos y como loco me penetró que me hizo suspirar de pasión, le pedía más; mientras me follaba como loco, descargando su leche dentro de mí, para esa fecha me cuidaba con pastillas del mes, me cacho por el ano también descargó su leche; fue sexo fuerte pero lo gocé y pude enamorarme más de él.

    Me cambié la ropa y salí como loca a mi casa de miedo que mi esposo sospeché, llegué a casa entre a la ducha me bañé y lavé mi ropa interior que estaba con semen.

    Entre a la cama a dormir; mientras mi esposo me servía el desayuno. Le dije que había demorado un poco porque la jefa había pagado entregándole los 500 para que lo guarde, al final no creo que sospecho, a veces lo llevaba pollo a la brasa porque le decía que era una pollería, a veces cachaba con Juan todos los días; hasta que deje de tomar las pastillas porque me enamore perdidamente de Juan y descubrí que estaba embarazada; pero hay cosas que no duran para siempre y la verdad siempre sale a la luz.

    Mi esposo me compró un celular moderno que todo lo que borrabas se guardaba en una bandeja no sé cómo lo había configurado mi esposo y eso yo desconocía, ya había planeado huir al sur con Juan y mis hijos; porque tenía miedo que se dé cuenta de mi embarazo y resulta que mi esposo ya sabía de mis planes y toda mi relación con Juan, las fotos y vídeos cachando que los eliminaba, pero él los había acumulado en su correo.

    Hasta que una madrugada que llegué de mi trabajo me cogió del brazo, me desnudó y pido ver mi vagina y notó que había semen de la verga de Juan. Me dijo que lo sabía todo y llorando me dijo que ni se imaginaba que sería infiel y encima de todo embarazada de un hijo de puta; me dijo que se iría de casa y le respondí que no había problema y aceptaba su decisión y porque yo amaba a Juan; alistó su ropa; mientras fui a a la ducha bañarme recalcando le que cuando salga no quería ver su cara nunca más; porque nunca lo amé; creo que eso le dolió más en al alma; cuando salí de la ducha todo estaba un silencio sepulcral; no estaba ni él ni mis hijos, salí como loca a buscarlo y no los encontré.

    Fue el dolor más grande de mi vida, desesperada fui a casa de mis padres diciéndoles que mi esposo se había llevado a mis hijos; mamá me encerró en su cuarto y a correazos me hizo que le confiese toda la verdad, le dije que estaba embarazada de otro hombre y que amaba a Juan porque me había ofrecido una nueva vida y a mi esposo nunca lo amé pues ellos me hicieron casar porque tenía dinero.

    Eso enfureció a mamá y papá entró me agarró a correazos al igual que mi hermano mayor.

    Fue terrible ese día para mí; mamá conocía un doctor donde me hizo extraer el bebé de mi vientre o sea me hizo abortar.

    La verdad que me enfermé terrible.

    Lloraba mi triste realidad, pues el celular me había quitado mi hermano y usando a mi hermano lo citó en un lugar donde casi lo mata a golpes, para su suerte, la policía apareció.

    Juan tuvo que fugar al sur a esconderse, fue terrible, lloraba y quería morirme; pero mi mente estaba en que estará pasando con mis hijos, mis padres lograron contactar con mi esposo quien aceptó que me recibiría, me compró mis pasajes y salí rumbo a Yurimaguas.

    De allí me recibió junto a mis hijos, quienes lloramos mucho y nos llevó a 5 horas por el Río Huallaga arriba; era la montaña; horrible y tenebrosa, lloraba y tenía mucho miedo.

    Así aguanté pues la verdad me trataba muy mal pues el recuerdo lo atormentaba, tomaba mucho y cuando se acordaba me golpeaba; hasta que mi hermano mayor llegó; mi esposo me amenazó y me dijo que no hablara lo que he pasado que demuestre felicidad; pero la verdad que cambió mucho.

    Al final decidí retomar mi vida como esposa y comportarme como debe ser.

    Le hacía sus gustos, le complacía, decidí ser su gran amor; porque mi meta era volver a Lima con mis padres.

    Hablé con mis padres que le convenzan para vivir con ellos y que juraba que nunca más le fallaría; mi hermano también me ayudó en eso.

    Mi esposo vendió todo y salimos rumbo a Lima a vivir en casa de mis padres.

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  • La confidencia

    La confidencia

    Marcos poseía cincuenta y ocho años y con suerte llegaría a los sesenta, según la nefasta predicción del oncólogo qué lo trataba. Pero por suerte no tuvo esa suerte. Unos tres o cuatro meses antes de partir a la gira permanente, durante una tarde gris extraída de los primeros días de su último otoño mi marido Marcos preguntó sin rodeos…

    –¿Alguna vez, me has sido infiel?…

    –No, por supuesto que no. Apresure a contestar. Y agregué molesta. ¿A qué viene eso?

    -Es qué, eres la persona que más conozco en mi vida y no me gustaría irme desconociéndolo… si es que alguna vez tuviste un desliz… No te culparía. Añadió tosiendo nuevamente y mirándome fijamente desde el sofá frente al mudo televisor con el control en la mano. El silencio sepulcral contestó de alguna forma y salí del comedor fingiendo la ofensa.

    Los días fueron pasando y cada uno tenía su propia carga extra, quizá deba saberlo pensé, pero de inmediato interpelaba ese juicio y espantaba esa idea que erizaba mi piel. Casi no podía dormir el debate interno era cruel casi treinta años de casada con ese ser al que amaba y al que además le había dado su único hijo, ¿Por qué contarle aquello? ¿Por qué hacerle sufrir más aún?, estaba atrapada en un fuego cruzado, ¿Le iba a negar a un moribundo su último deseo? ¿Por qué diablos no me quitaba esa culpa deliciosa de una buena vez?…

    La segunda tanda de preguntas prevaleció y unos días después, grises como aquél decidí contarle el hermético secreto que atosigaba mi ser. Apagué el televisor a las 14.10 ante sus ojos apagados y expectantes, le ayude a acomodarse en el sofá donde días atrás me ofreció la extremaunción y le dije algo que jamás creí que le diría.

    –Si, te fui infiel. Confesé frotándome las manos congeladas.

    –¿Como fue?… Preguntó tranquilo con la voz desquebrajada.

    Tenía 28 años, 6 de casada y un cuerpo que ahora añoro, Thiago iba al preescolar y yo me despeñaba de docente en dos escuelas distintas. Habíamos decidido ampliar la casa y el verano del 98 parecía ser el momento perfecto. Relegamos las vacaciones y tu conducías el bus desde las 14 hasta las diez de la noche.

    Daniel “la sombra” Benitez, fue el encargado, y no solo de realizar la obra. Estaba todo finamente calculado, mi hermano iba a Brasil 15 días con su familia y nos quedaríamos ahí mientras que Benitez finalizaba la nueva habitación y cambiaba el piso del baño. –¿Te acuerdas? Movió la cabeza afirmativamente con la mirada ausente en la mesa ratona donde reposaba el té. Y continué…

    Una contingencia, no lo sé, se retrasó en una de su obras y la sombra empezó nuestra ampliación unos cuantos días después de lo que estaba planeado. Lo cierto es que mi hermano regresó a su casa y ofreció quedarse con nuestro pequeño mientras concluía la construcción. La casa parecía Sarajevo, el mal humor deambulaba por las paredes empolvadas y sé que no fue tu culpa, pero me dejaste ahí con la tentación en persona una brutal fascinación inconsciente fue en aumento, desde la primera vez que le vi.

    Daniel era un tipo fornido de más de 1.80, un negro lindo a pesar de la cicatriz vertical encima de una de las cejas, sonrisa perfecta que por momentos distraía la vista del festival de bíceps y tríceps. Todo se confabulo en tu contra, estaba caliente con ese hombre monumental y en las tardes después que salías a manejar el bus yo aparecía vestida sensual para verificar la expansión de la casa y la sombra intuyo mis intenciones y se aprovechó de la maestra que estaba de licencia.

    Ese día Benitez termino el piso del baño, en la parte superior de la casa y me mostró como había quedado, bajamos las escaleras y pude sentir su mirada en mis nalgas apretadas descendiendo detrás, a menos de un paso, la puerta marrón de madera que ves ahí no existía y entramos por el marco (como si fuera un portal a otra dimensión) a la habitación casi acabada de Thiago, el cemento y la calor asfixiaban no más que la calentura que poseía mi cuerpo por aquel espécimen de semental oscuro y él lo sabía o lo intuía o yo intuía que él lo hacía.

    Caminamos hasta la pared, donde nacía el andamio qué sostenía, un nivel, una cinta métrica y una cuchara sucia. Fuimos hasta ahí en silencio tenso como seleccionando el lugar donde ocurriría, las bragas negras como su piel estaban empapadas como su piel, mis shorts de jeans deshilachados marcaban el meneo de mis caderas y excitó al pardo que se acercó a su patrona sin miedo al fracaso. Nos besamos desenfrenadamente en donde luego colocamos la cama del niño.

    No recuerdo como me deshice del top pero lo hice o lo hizo, mis tetas grandes y aun firmes colisionaron con ese pectoral ébano macizo y macerado y estoy segura que lo tatué con los pezones. ¡Dios! Aun me estremezco. Admití. Mientras me costaba encender un cigarrillo.

    –Por favor continua, dijo Marcos intrigado con la voz repuesta, jugando con el pomo del bastón.

    El negro me alzó y me apoyó en su miembro ya preparado para atravesar a la maestra casada, yo lo besaba y jugaba con la marca encima de la ceja derecha. Casi no hablamos, nuestras pieles sabían lo que necesitaban y se tendieron para suministrárselo, pero antes me arrodillé frente a él, como una devota frente a un santo y de un tirón jalé sus pantalones hasta los tobillos, dos enormes bolas casi depiladas cayeron colgadas a varios centímetros de un cuerno grotesco qué apuntaba al techo, con su parte más fina y se engrosaba en la base, como un tronco pétreo.

    Succioné aquel falo enorme como posesa por un ente, los quejidos de Daniel retumbaron el sucio espacio al devorar el prepucio ennegrecido con forma de hongo, como si fuese una experta, pude haberlo hecho acabar ahí lo sé, pero extrajo el instrumento y se tumbó en el suelo que al otro día cubrió con cerámicas verdes qué aún están ahí, como ocultando aquel delito. Despojo mi piel de la única barrera que impedía su total desnudez y comprobó la mojadura de los labios con la yemas de sus dedos, esos mismos que desde la navidad los tenías olvidados “la sombra” los estaba por ensanchar.

    Me la quiso chupar y no lo deje, bueno al menos no ese día., no podría soportarlo. El olor a cemento y a enduido vagaba en el aire y aun hoy lo recuerdo. Tomo el miembro por la base con ambas manos, yo estaba abierta abajo y boca arriba y como si fuera un cincel comenzó a tallar la ranura mojada, rosadita con la punta del hongo que encastró poco a poco, ante mi delirio. El primer orgasmo llegó en mar de gemidos y el segundo casi enseguida. La sombra me transporto al limbo más hermoso y atroz que he vivido. Como si su piel estuviera echa con fibras de la mía, no sentí culpa de lo que hacía ni lo sentiría después.

    Daniel me cabalgo en el piso y de pie, y de las muchas formas, escogió acabar de perrito. Cuando los huesos crujían por las embestidas del gancho fabuloso. Los aplausos de las pieles sonaron mucho más rápido en la desolación de la pieza a estrenar, y en un atisbo de cordura le rogué que acabara afuera de la cueva que reclamaste esa noche, pero la negué por miedo a que te dieras cuenta y por el dolor delicioso que volví a sentir al otro día.

    El copioso semen liberado fue derecho a mis nalgas, igual que varios latigazos del ahora endeble pene, un rasgo de jugo quedó columpiándose del prepucio, mi cuerpo quedo totalmente exhausto, cuando la sombra Benitez arrimo ese resto a mi boca, le mire, arqueo la ceja de la cicatriz proponiendo el desafío y limpie ese instrumento de felicidad con la lengua, como una doméstica amaestrada. Agitó ese pedazo de manguera negra y escupió un chorro salino espeso y desagradable qué golpeó mi garganta.

    Así fue, te hice cornudo esa tarde, y las siguientes cinco hasta que la sombra se marchó. Dos o tres años después volvió una tarde cualquiera, pero yo no era la misma y creo que tampoco él. Jamás volví a ser infiel, ni me arrepentí de haberlo sido. Marcos lloraba sentado escuchando el final de la confesión y mientras yo encendía otro cigarrillo.

    Dijo –¡Gracias! Te amo. Con la voz lastimada apenas audible. Uno meses después partió conociendo mi secreto, conociéndome a mí.

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  • Nos lo montamos en la ducha

    Nos lo montamos en la ducha

    La historia que pasaré a relatarles me ocurrió hace poco más de un año, una amiga me invitó a su apartamento en la isla de Ibiza, y me fui con ella y con su marido dispuesta a pasar un fin de semana con ellos, muy sanamente en esa hermosa isla. En la mañana del sábado me llevaron a una playa casi privada, solo había unas 10 personas en ella y me atreví a quitar la parte de arriba de mi bikini, para broncear mis pechos. Era muy grata la sensación del sol acariciando mi piel, y la brisa fresca del mar hacía que mis pezones estuviesen erectos.

    Al caer la tarde nos fuimos de la playa a su apartamento y el marido de Nina se quedó ordenando comida para cenar.

    El caso es que el apartamento tiene un solo baño y yo quería quitarme el agua salada de la piel, así que entré primero a ducharme, abrí el grifo del agua esperando a que saliese templada, observé la marca del sol sólo en la parte baja de mi cuerpo y me agradó. Pasaba un dedo dibujando la parte blanca de mi piel y el sol que había recibido por el día en mi entrepierna empezó a salir sintiendo unos deseos inmensos de masturbarme.

    Comencé a acariciarme. Primero mis labios, metiéndome un dedo dentro de la vagina, lo saqué y sentí su aroma. Pasé a contemplar mi clítoris, que en este momento estaba más grande, y no pude evitar exhalar un suspiro, casi gemido, de placer cuando el chorro de agua tibia calló directamente sobre él. En ese momento Nina llamó a la puerta, diciendo que necesitaba usar el sanitario.

    Le abrí la puerta sin cubrir mi cuerpo y la dejé entrar, ella se sentó en el WC y se puso a orinar. Yo quería entrar de nuevo a la ducha, pero ella me hablaba y no quise ser descortés. Me asombró cuando la vi tocándose el clítoris mientras orinaba, pero ella me dijo que le producía mucho placer cuando hacía las dos cosas simultáneamente.

    Cuando terminó de explicarme, estaba yo más ardiente aún y decidí meterme a la ducha de nuevo, y Nina dijo: “Debby, mi marido no tardará en llegar, ¿me puedo bañar contigo para ahorrar tiempo?”. No tenía ningún inconveniente de que una mujer tan hermosa se bañara junto a mí y le permití entrar a la ducha.

    Ella agarró la esponja y el gel de baño y empezó a enjabonar sus senos, yo le pedí que por favor me enjabonase la espalda y ella aceptó. Sentí su mano en mi piel y mi espalda se estremeció con la sensación. Le pedí que me dejara enjabonar la suya y con suavidad le di la vuelta para que su delicioso culo quedase a mi vista, (en este momento mi pulso estaba a millón) y empecé a enjabonar su cuello, pero sin la esponja, sólo con mis manos. Ella se dio cuenta, pero no dijo nada, así que seguí enjabonándola.

    Recorrí toda su espalda muy bronceada y morena, y llegué a su cola. Cuando la toqué entre sus nalgas con la mano llena de espuma dio un respingo, pero no se dio la vuelta y yo de nuevo quise sentir esa calidez que tenía allí dentro. Con la mano derecha seguí por su línea natural acariciando entre sus nalgas y con la izquierda pasé de su hombro a su seno.

    Ella arqueó la espalda echando su cabeza hacia atrás, lo que aproveché para lamer su oreja. Me di cuenta de que estaba a mi merced así que recosté mi cuerpo contra el de ella. Mis senos y pezones duros se acariciaban con su espalda, y mis manos hacían de su cuerpo lo que querían.

    Me retiré solo un poco y sujetando sus dos manos por las muñecas las subí por encima de su cabeza, y ella me dejo hacer. Me recosté de nuevo contra ella y acerqué mi boca a la suya, pero no la bese, sólo le recorrí los labios con la punta de la lengua, lo que la hizo estremecer. Acariciando sus senos fui bajando por su cintura hasta llegar a su coñito. Puse primero un dedo y la espuma de mi mano la lleno completamente. Acaricié siguiendo su abertura hasta llegar a su entrada, introduje un dedo y lo saqué para regresar de nuevo a su clítoris. Se estremecía de placer.

    Mientras yo la sujetaba y la acariciaba, le solté las manos para que se colocara debajo del chorro de agua y se aclarase el jabón que había puesto en su cuerpo. Cuando se fue todo el jabón la recosté de nuevo contra la pared y sujetándola por la cintura la besé, con un beso caliente, largo y húmedo. Mi lengua reptaba dentro de su boca y podía respirar sus jadeos… Ella se dejó besar y luego me beso ella a mí. Metió su lengua larga y reptante dentro de mi boca. Creí que me correría solo con eso. Me separé y teniéndola aún sujeta por la cintura, bajé hasta su coño y le pasé ligeramente la lengua por su clítoris pequeñito pero erecto.

    Ya bajo los efectos de mis caricias, sus vellos púbicos estaban todavía húmedos por la ducha y pequeñas gotitas colgaban de ellos. Yo quise beber de allí y así lo hice, aspirando todo su olor de hembra en celo, mi boca se pegó a su coño y la absorbió. Mi lengua entraba y salía de allí, mientras ella gemía como una loca. Apreté su clítoris con mis labios y lo sujeté con firmeza. Un brinco de ella me indicó que le gustaba. Mi boca, mis labios y mi lengua estaban allí comiéndola por completo, ella estaba a punto de correrse y sujetó mi cabeza con sus manos para atraerme más hasta su cuerpo.

    Dos de mis dedos entraron en acción para meterse dentro de ella y los metí profundamente de forma tal que quedasen con el movimiento hacia su punto interior de más placer. Allí dentro mis dedos se movían con frenesí, mientras mi lengua acariciaba su clítoris. El orgasmo no tardó mucho en llegar y entre un gemido, casi aullido, y un espasmo, la hice correrse en mi boca.

    Sus jugos estaban en mi cara, su aroma a sexo en mi piel y todavía mis dedos se movían dentro para exprimir las últimas oleadas de placer que quedaban en su cuerpo. Me incorporé y la besé, salió de la ducha y yo terminé de ducharme. Cuando salí del baño ella se vestía. Yo todavía demasiado excitada no la dejé terminar.

    Me pregunto si yo era lesbiana y le dije la verdad: “yo no soy lesbiana, esta es mi primera experiencia con alguien de mi mismo sexo, pero he de confesar que a veces me descubro siguiendo con la mirada a una mujer con un cuerpo hermoso, y otras me asombro cuando tengo pensamientos eróticos con alguna conocida, hasta llegué a excitarme una vez que una amiga me toco los senos en son de broma”.

    Ella soltó una sonora carcajada, y me dijo: “yo lo sabía, sabía que tú no eras totalmente heterosexual. Te leí en la mirada como recorrías mi cuerpo, te adiviné tu lado oculto de bisexualidad”. Le di la razón y reímos juntas, nos tumbamos en la cama y seguimos haciéndonos el amor hasta que llego su marido con la cena.

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  • Sin más me llevó al hotel

    Sin más me llevó al hotel

    Después de 15 días de haber tenido mi segunda experiencia extramatrimonial en el putero, y el siguiente fin de semana la llegada de mi marido, hicimos el sexo muy intensamente, yo tenía de cierta forma un sentimiento de culpa por haberle sido infiel y quise recompensarlo con mucha pasión de mi parte.

    El lunes, de nueva cuenta mi marido se fue de viaje y pasé todo el resto de la semana ocupada en mis quehaceres domésticos y laborales. Pero cuando llegó el viernes, fui a la oficina telefónica a realizar el pago correspondiente, la fila era larga, así que me formé.

    Detrás de mí se formó un señor como de unos 40 años, quien me saludó y al voltear a ver quién era, vi que era un hombre muy guapo, de aspecto agradable, con el cabello entrecano, como me agradó, le correspondí con una sonrisa, eso bastó para que el tipo iniciara conversación, me dijo que se llamaba Carlos y que tenía un negocio de agroquímicos, luego me preguntó mi nombre y me dijo que era una mujer muy atractiva, le agradecí su comentario y siguió platicando cosas sin sentido.

    Así llegué a la caja, realicé el pago y me retiré a mi automóvil, estaba ya por encender el auto, cuando Carlos tocó el cristal de la ventanilla, bajé el vidrio y Carlos me dijo que me invitaba a tomar un café, que deseaba conocerme más y yo acepté. Carlos me dijo que dejara ahí mi automóvil y nos fuéramos en su camioneta, así que me bajé y subí a su camioneta, me dijo que ese era su día de suerte, que se sentía muy afortunado de que yo le acompañara y que realmente le gustaba mucho.

    Ese día yo llevaba puesto un vestido a media pierna y escote moderado. “Tú también eres guapo, le dije, ¿a dónde me llevas?”, con una mirada pícara me dijo que si no me molestaba me llevaría a algún lugar donde pudiéramos estar solos y a gusto, lejos de las miradas de la gente, “¿eres casado?”, “sí, me contestó, debo serte sincero, pero eres tan hermosa que no me resistí a conocerte”. “Yo también soy casada, mi marido es agente viajero y ahorita se encuentra fuera de la ciudad”.

    Cuando me di cuenta, Carlos ya iba entrando a un motel en las orillas de la ciudad, “mira nada más que atrevido eres, no pierdes el tiempo” y reí Carlos me dijo que si me incomodaba pues no entraríamos, pero yo ya estaba excitada por su plática y por lo decidido que resultó ser, así que le dije, “no, está bien, pero no haremos nada malo ¿eh?”. Carlos sonrió y dijo, “nada malo, todo bueno ya verás”.

    Entramos al estacionamiento de una habitación y él se bajó, abrió la puerta de mi lado y cuando me iba a bajar, me pidió que me esperara, abrió la puerta de la habitación luego me cargó como si fuéramos recién casados, ese detalle me agradó muchísimo, me sentó en la orilla de la cama y fue a cerrar la puerta, habló por el interfono y pidió unas copas y condones.

    Cuando tocaron para llevar el servicio, me fui al baño me retoqué el peinado y luego salí. Carlos me dijo que me fuera a sentarme con él en un sofá de dos plazas, ahí bebimos varias copas y Carlos me abrazó, luego entre dulces palabras me fue acariciando los pechos, las piernas, me puse bien excitada, me volteé y le di un besote en la boca, luego nos paramos y me abrazó sin dejar de besarme, sus manos fueron quitándome el vestido luego la tanga y el bra.

    Cuando quedé totalmente desnuda, yo le quité la camisa, el pantalón y él se quitó las trusas, los zapatos y los calcetines, ya su verga estaba bien parada, no era muy grande, pero si muy gorda, me abrazó y me besó, acariciaba mi espalda, mis nalgas y me acostó en la cama, “que rica estás tienes bonito cuerpo”, y se acomodó a mi lado acariciando mis pechos, mi vagina y las piernas, se empezó a subir sobre mí, pero le dije que se pusiera el preservativo, se lo puso y se volvió a montar sobre mí.

    Me besó el cuello, las orejas la boca, luego con sus manos me abrió las piernas y yo las levanté, acomodó su verga en la entrada de mi vagina y me la fue metiendo poco a poco, sin dejar de besarme la boca, las orejas, “mi amor, que rica estas, te quiero”, me decía, por lo grueso de su verga, mi vagina se ensanchó, y sentía claramente todo el contorno de su verga, hasta que sentí que estaba por tener mi orgasmo, apreté la vagina y me vine riquísimo.

    Carlos siguió penetrándome y luego me pidió que yo me montara sobre él, me subí y le dije que él no se moviera, que me dejara a mí moverme a gusto, subía y bajaba. Luego me movía en círculos y apretaba la vagina, “ay que rico te mueves, sigue así mi reina”, cuando noté que Carlos estaba por venirse, me salí de su verga y me acomodé a cuatro patas, Carlos se puso detrás de mí y así me penetró hasta que sentí sus testículos chocar con mis muslos, me agarraba las nalgas, la cintura, hasta que me dijo que se venía, yo apreté nuevamente mis músculos vaginales y los dos terminamos en un riquísimo orgasmo.

    Ya relajados después de esa rica sesión de sexo, vi mi reloj, era tardísimo, pues había quedado de ir a ver a mis suegros, así que le dije a Carlos que ya nos fuéramos, pero Carlos insistía en que nos quedáramos otro rato, me negué y le dije que tenía un compromiso, así que después de asearnos, salimos del motel y me llevó a mi automóvil. Antes de despedirnos nos dimos nuestros números celulares para hablarnos posteriormente.

    Cuando llegué a casa de mis suegros, sentí que sus miradas eran acusatorias, me sentí incómoda y a la vez culpable, esa tarde fue una de las más largas de mi vida.

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