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  • En la tienda de lencería

    En la tienda de lencería

    Hola hola, sé que ya los tenia desatendidos pero me es difícil de vez en cuando entrar a escribirles y contarles parte de mi vida.

    Bueno solo les recuerdo un poco de mí, soy Alexa, soy una pequeña de 23 años casi 24, morena clara cabello negro largo, unos pechos pequeños pero ricos les encanta besarlos y morderlos, piernas largas mido 1.75mts y eso si mi culo es fabuloso me encanta a mí misma me lo cuido mucho y caray odio las sentadillas pero es una forma de mantenerlo duro.

    Esto fue hace unos ayeres, de las primeras veces que salía con mi ex-profe grrrr yo joven tonta y estúpidamente caliente a mis 18 añitos, así que gócenlo así como yo lo goce.

    Esa tarde fuimos juntos a comprarme ropa interior muy sexy como me prometió mi profe consentido. Fuimos a Perisur saliendo de la Universidad como siempre escondiéndonos pero ya agarrando confianza ya se nos olvidaba de éramos sexy profe-caliente alumna. Era una tienda linda, coqueta y bastante cara, tenían lo mejor y además este culito se lo merecía todo y seguro que, con lo bonita que me veía, me quedo de ensueño.

    Miramos en los estantes, aparadores, había mucha variedad. Me dejo escoger un conjunto de tanga con bra muy coqueto. El enseguida le llamo la atención por uno blanco, con encaje y muy transparente que a mí también me gusto.

    Nos fuimos a los probadores para asegurarnos que era mi talla, había bastante gente pero quedaba un probador libre. El quería meterse conmigo en ese micro probador, intento hacerlo pero le dije «hey espera, mejor te aviso cuando ya lo tenga puesto ok”, algo decepcionado se quedó afuera, sé que le hubiera gustado estar dentro, ayudarme a desnudarme y claro rozarme mi pubis recién depilado como a él le gusta, mi piel perfumada, apretarme las tetas como le encanta y ver cómo me disponía a probarle esa linda lencería.

    Mientras esperaba, aprovecho para buscar más ropita para cubrir mis preciosas tetas y mi apretado culito. En cuanto vi aquel conjunto rojo me encanto, siempre me ha puesto muy cachonda la ropa interior roja, sé que me quedaría muy excitante. Parecería una putita linda y seguro que su verga reaccionaría de inmediato al verme así tan roja tan caliente tan zorrita. Ese conjunto era de un tanga roja pequeñísima como él sabe, un bra de media copa pffff que apenas cubría mis tetas por abajo y unas medias lisas que hacían ver mis piernas muy sexy, yo sabía que ya se estaba imaginando como me quedaría puesto y sé que ya estaba sumamente erecto.

    Me escogió un conjunto negro también, y sé que lo hizo imaginarme vestida en él, sexy, provocativa y lista para él, sé que se imaginó a mí con solo un abrigo encima y todos sus regalitos, así camino a casa en el auto, entrando a su depa, con el abrigo semiabierto por si alguien nos veía, supieran que cosas pasaran en ese departamento.

    Entonces me asomé y ahí estaba el parado entre desesperado en que yo saliera ya para enseñarle lo que compraríamos en casa pero mejor lo llame ya que no estaba la encargada, entro sigiloso y que nadie lo viera y claro entro con más prendas, pues estaba yo ahí con pena con vergüenza de dejarme ver así en una tienda, digo si soy exhibicionista pero eso era demasiado además antes no lo era tanto, pero una partecita de mi esa partecita entre mis piernas decía todo lo contrario y más porque le estaba enseñando lo bien que me quedaban sus regalos, yo sabía que le encantaría verme con tan poca ropa, demasiado pequeña y sobre todo casi transparente.

    Caray su cara cuando me vio!!! Embobado completamente, yo me veía muy linda, una diosa sexual jajajaja, Mientras me miraba directamente y al espejo donde se veía mi reflejo se veía mi culito y esa tanga bien metida en mis nalgas, en ese espejo se veía ese espacio entre mis piernas que lo vuelve loco -me dice al oído «en este momento te deseo más que nunca»- mientras me lo dice no pude evitar tocar su erección sobre su pantalón, ese pito que ya exigía salir del pantalón!!! Mientras lo seguía acariciando me di la media vuelta y sentí su mirada como como me recorría de arriba a abajo y se centraba en mi culo, ya empezaba yo a desearlo en ese momento!!!

    “Te la tengo que regalar!!!” -me dijo al oído «al menos la tanga!!!- y es que yo ya la había mojado un poquitico. Sonreí y mi mirada ya era excitación pura ya no lo podía negar “cómprame lo que quieras lo usare y modelare para ti en el momento que quieras en el lugar que quieras y con quien quieras”, yo ya estaba sumamente excitada y ese tipo podía ordenarme lo que quisiera y yo obedecería (todavía me vuelve loca), él tenía casi la punta de fuera de su pantalón y la excitación en la tanga era más que obvia ya estaba empapada yo y la tanga casi transparente pffff.

    Me mostro las demás prendas que había escogido para mí, estiro su mano con el conjunto rojo mientras me pregunto si me dejaba probármelo, deseaba mucho sentir sus manos y sobre todo yo sabía que no se conformaría con solo ponérmelo, dude un poco pero él me convenció a besos, me deje llevar entre sus manos, me quito el bra dejándome con las tetas al aire y de verdad que se fue directo a ellas a mis pezones y los empezó a besar y tocar tan rico, los metió entre sus labios sentí su lengua y claro mi primer gemido no lo pude ocultar.

    Sus manos empezaron a bajar y se posaron en mi cadera, sujeto la tanga y comenzó a bajarla dejándome completamente desnuda solo en tacones como le gustaba, ahí estaba yo frente de el con pena de pie con mi pubis depilado y mi calor a flor de piel excitada con un espejo enfrente y una cortina de la cual del otro lado había mucha gente. Termino de bajarme la tanga y ahí estaba el de rodillas frente a mí a mi sexo a mi pubis me recorría con la mirada esa mirada que me vuelve loca, acerco su boca a mi rajita y su lengua se hundía entre mis labios empapados, sabia a mí y mis flujos querían embriagarlo de placer.

    Le dije “por favor para!!! En casa me haces lo que quieras te permito todo pero para por favor”. Yo ya estaba demasiado cliente y no soy muy buena ahogando gemidos “para!!! Seré lo que quieras seré tu sirviente tu puta la más puta pero para!!!”. Se levantó y me ayudo a colocar el bra rojo, no pudo contenerse y me volvió a besar, su boca sabia a mi panochita mmm.

    Nuevamente se agacho para subirme la tanga, tuve que levantar mi pierna y en ese movimiento le deje ver toda mi raja que estaba excitada brillosa y semiabierta, se contuvo para no meterme la lengua otra vez, cuando la subió la metió bien bien entre mis nalgas esa tanga tan pequeña y linda como me gustan, me miraba desde abajo y caray sé que le gustaba todo lo que veía en mí, tomamos las medias y seguimos jugando, ahora me las puso con sumo cuidado en mis piernas kilométricas subiéndolas dejándolas bien estiradas.

    Ya ambos de pie le pregunte que como me veía, no pudo más que abrirse el pantalón y dejar salir su pito grande ya morado venoso extremadamente mojado apuntándome directamente «crees que me gusta lo que veo», me dijo mientras lo tome con mi mano sintiendo su erección a todo lo que da entre mis manos si entiendo sus ganar de penetrar lo que sea ahí mismo.

    “Ale, ya no aguanto más, te la quiero meter ya!!! prometo no hacer ruido”, me mordisqueaba el odio y solo pude sonreír “siempre te sales con la tuya cabron porque sabes que te pertenezco infeliz”, le dije mientras me giraba y hacía sentir su pene por mi cadera por mi pubis por mis nalgas, así quede con el rabo al aire dándole la espalda y lo veía por el espejo detrás de mí, como hacia la tanga de lado y veía como se preparaba para darme la primera embestida, me baje de los tacones y abrió un poco mis piernas y así quedaba mi cola a su altura ya para ese momento mi panocha mi vulva lo pedía a gritos.

    Sentí como sujeto su pito con su mano y me lo paso por toda la raja que con mis jugos me mojaba toda la cola, esa tanga ya estaba más que mojada y termino de recorrerla, sentí como coloco esa cabeza gruesa en la entrada de mi conchita apretada, yo ya me movía de nervios ya lo pedía a gritos, le dio tanto gusto y placer esa primer embestida que no pudo ocultar ese primer gemido, y en cada embestida se abría camino a esa verga sumamente excitada.

    Estaba yo tan mojada que para la tercera embestida ya me la había metido hasta el fondo, ya me había clavado toda su estaca, me hubiera gustado jugar más pero no era el lugar correcto para hacerlo como a mí me gusta, así que me sujeto del culo, siguió cogiéndome a buen ritmo con ganas de aumentar la intensidad, sentía como sus bolas rebotaban en mis nalgas, estábamos tan editados por el morbo de que nos fueran a cachar que en menos de 3 minutos sentía como tu falo que tenía dentro de mí se ponía cada vez más y más duro, sabía que se vendría y lo haría dentro de mí, decidí ganarle y él lo supo porque le estaba clavando las uñas en la pierna empujándolo hacia mi mientras yo temblaba, sentí como se ponía cada vez más duro y su carita me dejo ver cuando iniciaba a dejarme toda la leche dentro de mi -ahhhhgggg- me dejo toda la leche hasta el fondo de mi cola, cada espasmo sentía como dejaba más y más leche dentro de mí.

    Se quedó pegado a mí ya que sabe que no me gusta me la saque así rápido sino que hasta que pierda su erección y mi panochita lo saque ya se puede mover, me gire hacía el y vi sus ojitos de placer que estaba complacido mientras yo me avergoncé tantito nada más, después de un largo beso lleno de complicidad, nos quedamos en silencio le tome su falo y se lo coloque dentro de los jeans, toda su leche que me escurría se quedó en la tanga la cual cuando me la quise quitar para pagarla, pero estaba demasiada mojada, claro que no la entregaríamos así!!! Menos que confirmaran que me acaban de culear es sus vestidores.

    Así que le arrancamos el dispositivo de seguridad (nada que después no pudiera arreglar con hilo y aguja) nos arriesgaríamos a que no se dieran cuenta, le metí mi tanga a su pantalón por si revisaban mi bolsa, me apure a vestirme y cuando pudimos salir del vestidor sin que nos vieran según nosotros porque había miradas indiscretas, caminamos directamente a caja yo iba colorada jajaja mientras colocaba toda la ropa interior que me había llevado la que me alcance a probar y la que no se mojó jejeje me besaba por atrás y con su mano se sujetó de la cintura haciéndose sentir semi erecto detrás de mi «como puede estar así tan rápido mientras yo sentía como me escurría toda su leche todavía», no supimos ni cuanto fue el solo firmo yo solo sonreía mientras él me tomaba del culo o me abrazaba como marcando territorio, mi mirada me delataba mi sonrisa estúpida de «estoy satisfecha y rellena» no me dejaba mentir y mi donita bien glaseada no me dejaba mentir que me estaban cogiendo de la forma más rica y que yo «decidía» seguir así…

    Gracias por leerme, please déjenme sus comentarios para mejorar mis relatos y si me ponen atención también díganme de quien quieren que les escriba ya saben los nombre con los que he estado, bueno la lista aumentara eh.

  • Juliana y su padrastro

    Juliana y su padrastro

    Juliana, una joven delgada, morena, de cabello negro, de estatura mediana, con labios sensuales, tetas pequeñas con areolas rosadas y pequeños pezones, con un culo de película, y guapa a rabiar, desnuda sobre la cama se hacía un dedo. Pensaba en su padrastro, un cuarentón moreno, de pelo cano, alto, fuerte y con una sonrisa seductora, al que minutos antes había espiado mientras follaba con su madre, cosa que pudo hacer porque habían dejado la puerta de la habitación entreabierta.

    Al rato, mordiendo la almohada, para que no oyeran sus gemidos su madre y su padrastro, (dormían en la habitación de al lado), se corría como una loba. Después se tapaba y se echaba a dormir.

    Juliana era una chica que tenía una fantasía en especial metida entre ceja y ceja, pero no se decidía a dar el gran paso. Se decidió a darlo al encontrar en el bolsillo de un pantalón de su padrastro, que iba a meter en la lavadora una tarjeta con un nombre, una dirección y un número de teléfono. Después de leerla, se preguntó:

    -¿Compartiremos la misma fantasía?

    Eran las seis de la tarde de un día del mes de mayo. Juliana, llamó al timbre de la puerta de un piso. Le abrió un hombre alto, vestido de Batman, con una fusta en la mano y una venda en la otra. No hubo palabras entre ellos. Lo que quería ya lo había hablado Juliana con la ama. Juliana entró en el piso. El hombre le puso la venda en los ojos. La guio a una habitación a golpe de fusta en las nalgas.

    En medio de la habitación, mientras el hombre, por detrás, le giraba la cabeza y la besaba, sintió como unas tijeras iban rompiendo los hilos que sujetaban los botones de su blusa. Como cortaba su sujetador y como hacía trizas su pantalón vaquero. Cuando el hombre dejó de besarla sintió otros labios más suaves, más dulces. Eran los labios de una chica los que la besaban mientras el hombre le magreaba las tetas…

    Se vio volando y aterrizando boca arriba en una cama. El hombre le ató las muñecas con correas a la cama y la chica los pies. Sintió como la tijera cortaba sus bragas rojas y como una mano femenina se las metía en la boca.

    ACDC con The Jack Coroner con I want you. Marilyn Manson con Tainted love. Miss Construction con Fuck me too. Rammstein con Pussy. Dulce con Tu muñeca, y otros, pusieron la música que comenzó a sonar en lo que sería un día inolvidable para Juliana.

    Antes de empezar a darle placer, le dijo la joven ama a Juliana:

    -Di la palabra «quita» cuando ya no puedas soportar el placer o el dolor.

    La joven ama, estaba vestida de Cat Woman. Era una chinita, delgadita, tan delgadita que parecía que si entrase una racha de viento en la habitación se la llevaría por la ventana.

    Juliana, con las bragas dentro de la boca, le respondió:

    -Immmm.

    La chinita le dio un cachete en una teta.

    -¿Immmm, qué?

    -Immmm, ammma.

    La chinita le quitó la venda. Juliana vio como el hombre encendía con un mechero una vela azul aromatizada y empezaba a derramar cera sobre sus tetas, sobre su vientre y sobre su cuello. La chinita, besando a Juliana le mordió suavemente el labio inferior y la lengua, acto seguido, le volvió a poner la venda, cogió una fusta plumero y comenzó a jugar con el coño de Juliana, que ya estaba algo más que mojada. Juliana, comenzó a gemir. La chinita, le dijo:

    -Vas a tener tu primer orgasmo, perrita.

    La chinita, metió tres de sus finos dedos dentro del coño de Juliana y le masturbó el punto G hasta que se corrió soltando un torrente de jugo.

    Al acabar de correrse, el hombre apagó la vela, cogió dos pinzas sujetas al final de un collar de perlas y se las puso en los pezones. La chinita lamió el coño empapado de Juliana. Después cogió un dildo anal y se lo metió en el culo. Juliana, soltó un gemido de pacer, luego encendió un vibrador y se lo metió en el coño. Les puso una cinta adhesiva por encima para que no se salieran. Le quitó las bragas de la boca. El hombre, (ya en pelotas y sólo con la máscara de Batman) que tenía una polla de más de 20 centímetros y gordita, le dio con ella en ambos lados de la cara y en la boca, después le llevó el glande a los labios. Juliana, lamía pero no podía mamar, no le daba suficiente polla. Lamiendo la cabeza del gran cipote, con los pezones apretados por las pinzas, el dildo en el culo, la chinita magreando sus tetas y el vibrador haciendo estragos dentro de ella, se volvió a correr, y a los pocos segundos, al meterle la polla en la boca el hombre, tuvo un segundo orgasmo y un tercero, y un cuarto. La chinita le quitó el dildo del ano y el vibrador del coño por miedo a que le diese un chungo con tanto gusto, ya que Juliana no diría «quita», ni viendo a la de la guadaña delante.

    Le desataron las manos y los pies, y la chinita, a golpe de fusta en las nalgas, le ordenó:

    -¡Arrodíllate en la cama y pon las manos en la nuca!

    Juliana hizo lo que le dijo. La chinita le azotó las nalgas con una fusta y el hombre le dio suaves toquecitos con otra fusta sobre el capuchón del clítoris. Juliana, gemía con el placer y con el dolor, un dolor tan llevadero que la encendía más, más y más, lo que la hacía decir:

    -¡Uyuy, ayayaya, uyuyuy..!

    Al tenerla cachonda de nuevo, la chinita le ordenó:

    -¡A cuatro patas, perrilla!

    -Sí, ama.

    Juliana se puso a cuatro patas sobre la cama.

    Le azotaron las nalgas, las tetas y la espalda con dos fustas. Juliana, gemía. Le gustaba. Había pagado una buena suma por aquella sesión pero fuera la mejor inversión de su vida.

    La chinita, mientras el hombre azotaba las nalgas, las tetas, y besaba y lamía la espalda de Juliana, se había puesto un arnés con una pequeña polla de plástico, a la que le puso un condón que untó con vaselina. Volvió y se puso detrás de Juliana. Le lamía el coño para penetrarla, cuando le dijo Juliana a la chinita:

    -¿Me deja que le coma un poquito el coño, ama?

    -¡No se hizo la miel para los labios del asno, y menos para los de una burra! ¡Qué te de tu padre verga, ramera!

    Juliana, preguntó, extrañada:

    -¡!¿Qué padre, ama?

    -El padre Matías, puta. ¡Estás follando con un cura y una monja.

    El hombre, al sentirse aludido, había tirado del collar de perlas y con él de las pinzas que sujetaban los pezones.

    -¡Tan fuerte no! ¡Me vas a arrancar los pezones!

    La chinita, le dijo:

    -¡Amo, pelandrusca!

    El hombre volvió a tirar.

    -Clemencia, amo, clemencia!

    Le seguía hablado la chinita.

    -¡Esa no es la palabra, cerda!

    -¡Quita, amo, quita!

    El hombre le quitó las pinzas de los pezones. Se echó boca arriba sobre la cama, con su gran verga tiesa. La chinita, azotándole las nalgas, le ordenó:

    -¡Sube encima de tu amo, zorra!

    Juliana subió encima del hombre. La chinita le dio con la fusta en las nalgas y después untó con más vaselina el condón. Lubricó con ella la polla del hombre, y metiéndole un dedo en el culo, el ojete de Juliana.

    -¡Métela en el culo y fóllalo! ¡Fóllalo o te arranco la lengua como se la arranqué a él!

    -Sí, ama.

    La verga del hombre entró tan apretada en el culo de Juliana que hizo que le lloraran los ojos. La chinita estaba caliente. Con un cutter hizo un corte a la altura de su coño. Se subió a la cama, y donde dijo digo, ahora dijo Diego. De pie, le cogió la cabeza a Juliana, le puso el coño en la boca, y le ordenó:

    -¡¡Come, guarra!!

    Juliana, cogiendo a la chinita por la cintura, pasó la lengua por el chocho empapado. La chinita seguía azotando su culo y su espalda.

    -¡Haz correr a tu loba, Caperucita!

    A la chinita no le hizo falta mucho para correrse. Antes de dos minutos, o lo que es lo mismo, menos de cincuenta lametazos más tarde, el jugo de su corrida bajaba por la comisura de los labios de Juliana y caía sobre el pecho del hombre.

    Al acabar de correrse la chinita, se puso más vaselina en la pequeña polla de plástico, se arrodilló detrás de Juliana, y le ordenó:

    -¡Mete la verga en el coño y no la saques hasta que no lo tengas lleno de leche!

    Juliana cambió de agujero la polla del hombre y lo cabalgó. La chinita, detrás de ella, le lamió el culo. Juliana se lo puso en posición para que se lo trabajase. La chinita se lo folló con la lengua y después la enculó mientras le daba en las nalgas con la fusta. Juliana, al volver al sentir que se iba a correr, le preguntó al hombre:

    -¿Puedo quitarte la careta, papa?

    Berto, el padrastro de Juliana, sorprendido, le preguntó:

    -¡¿Cómo supiste que era yo?!

    -El antojo en el culo. A veces os espío a ti y a mamá

    -¡Serás…!

    Le quitó la máscara.

    -¿Mamá sabe a qué te dedicas?

    -Sí hija, sí, pero si se entera de que te follé me cruje.

    -No se va, no se vaaa. ¡Aaaah! ¡¡¡Me cooorro!!!

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • El día anterior lo comentamos

    El día anterior lo comentamos

    Mientras cogíamos con mi esposa el fin de semana pasado muy rico salió en el tema uno de los que le habían dado sus cogidas y que le encanta por lo grueso que la tiene y se vino abundantemente le comente que justo esos días había mensajeado con ese amigo con quien quedo abierta la invitación para cuando se ofreciera y a lo cual ella no dudo en decir que sí y le dije que si era de su agrado que fuéramos al siguiente día me lo hiciera saber temprano para avisarle a este amigo.

    El día sábado por la mañana me acerco insinuante durante dos ocasiones y le dije que tenía un par de nalguitas deliciosas y ella quería que la manoseara metí la mano y estaba bastante húmeda le recordé que si quería ir con nuestro amigo a lo cual ella accedió de inmediato entonces solo fajamos. Una hora después ya me había puesto de acuerdo con él y quedamos que a las 8:30 pm.

    Como a las 7:30 Se metió a dar un baño y se comenzó a arreglar salimos justo 8:25 pasamos a hacer algunos pendientes que teníamos y ya había recibido dos mensajes del amigo quien también estaba impaciente por tenerla.

    Llegamos 8:45 pm nos invitó a pasar en un cuartito a la entrada donde vive donde tiene varios muebles nuevos sin acomodar pero un sofá pequeño en el que nos acomodamos tenía la tv prendida, nos invitaba un tequila una cerveza a lo cual no accedimos de hecho cuando salgo con mi esposa no lo acostumbro por seguridad de ella charlamos un par de minutos y comento que le diéramos oportunidad de ir a conseguir unos preservativos a lo cual le comente que no se preocupara que ella ya los traía en su chamarra; comento si ya comenzamos a lo cual nos dispusimos a entretenernos y a disfrutar con el rico cuerpo de mi esposa que aunque es de pechos pequeños tiene unas nalguitas muy ricas y paraditas. Él decía que si le subía el volumen a la tv a lo cual yo le comente que por el contrario que solo le bajara y nos quedamos con la luz de la misma.

    Ella se levantó del sofá hacia donde estaba, le ayude a quitarse su chamarra y la volteé en dirección hacia el amigo quien ya se había quitado su saco se abrazaron y el empezó a agarrarla de sus pechos y después en sus nalgas yo la abrazaba por atrás y le agarraba sus pechos y le tallaba mi verga en su trasero mientras el amigo le agarraba las nalgas con una mano y con la otra le apretaba su panocha sobre el pantalón; es necesario aclarar que ella es muy caliente y no aguanta mucho en el cachondeo ella quiere verga lo antes posible; observe que quería desabrocharle el pantalón al amigo a lo cual yo desabroche el suyo, mientras que el invitado estaba desabotonándole su blusa, ella gemía sin aun tener la verga dentro estaba muy excitada le baje sus pantalones y se los quite al mismo tiempo le quitaba los zapatos de tacón que traía mientras que el amigo se quitaba toda su ropa yo le ayude a quitarse el sostén, se abrazaron y la empezó a acariciar ya sin nada de ropa le pidió a él que se pusiera su condón a lo cual accedió de inmediato ella se volteó y se inclinó un poco para que la penetraran solo se escuchaba el choque de sus cuerpos y el mmmm haaaa mmmm de mi esposa que estaba dedicada a acabarse el vergon del amigo con su panochita mientras yo aprovechaba para desnudarme ella seguía gimiendo.

    Me puse frente a ella y me comenzó a mamar de forma espectacular durante unos 5 minutos mientras que sentía todas las embestidas que el amigo le daba por detrás a mi mujer le acariciaba yo sus pechos y la espalda al mismo tiempo que su hermoso cabello largo castaño claro; que mujer tan excitante pensaba yo mientras observaba lo que a la vista tenía que era que le estaban empalmando una verga completa el amigo se salió y la volteamos ella le pidió cambiarse el condón porque se la iba a mamar, ahora yo era el que le empujaba mientras ella degustaba la verga al amigo quien solo cerraba los ojos haciendo la cabeza hacia arriba y yo empujaba de manera rítmica con ella para que mamara a su comodidad claro estaba que ya estaba algo grande su vagina porque el amigo tiene un buen ancho de verga y mi mujer seguía con su concierto mmmm haaaa mmmm, rico se escuchaba y solo se escuchaba sus sonidos el chupeteo de la verga que daba sus gemidos y mi verga entrando y saliendo por su vagina bastante cremosita, se cansó el amigo o más bien ya tenía ganas descargar sus pelotas y se salió de mi mujer se acomodó el en el sillón y mi mujer se sentó sobre el encajándose todo el vergon de una sola sentada yo me baje frente a ella para observar todo a detalle pero tenía las piernas cerradas y dándose sentones sin parar en la verga del amigo me vio las abrió y las levanto me dispuse a mamar la orilla de su vagina ya que el interior estaba muy ocupado con el mete y saca del tercero en la acción; le lamia sus ingles, su pubis y la orilla del clítoris mientras le acariciaba sus piernas ella cada vez se expresaba con mayor energía no importaba si escuchaban fuera estábamos disfrutando de nuestros cuerpos y en compañía de otro además que llovía y no era una calle muy transitada su pared era de adobe obviamente gruesa y no tenía ventanas que eso ayudo bastante; se escuchaba sus venidas de mi esposa y los gemidos cada vez más intensos de ambos mientras yo degustaba de los jugos vaginales que dejaba escapar la verga de nuestro invitado se levando se la trepo de frente con las piernas abiertas y haaaammm de mi mujer la comenzó a ensartar la empujaba hacia arriba y la dejaba caer de lleno al tope de su verga ella gemía, se vino continuamente y se aferraba a la verga con intensidad para sacar toda su energía en la venida que tenía mi mujer el noto que ya estaba terminando y la envistió con más fuerza para sacarse la leche que ya tenía acumulada comenzó a quejarse con fuerza mientras yo abrazaba a mi esposa por detrás y le acariciaba sus pechos él se venía con vigor.

    No más se retiró de ella a quien le había dejado el condón casi adentro se lo quito se lo dio mi mujer y se lo dio mientras él amigo se hacía su limpieza yo me puse a descargar la mía que estaba tiesa por todo lo que estaba pasando me queje sobre manera ya que es una sensación indescriptible la que siento al ver a mi esposa disfrutando y ser penetrada por otros, mi mujer se quejaba un poco al sentir mi verga claro un poco más chica pero disfrutaba del evento al que habíamos asistido para ser invitados y tener un invitado para disfrutar de nuestros cuerpos en compañía de este amigo quien nos ha hecho favor de compartir esto por más de 10 ocasiones fue poco más de una hora donde disfrutamos lamentablemente como no tenía una cama disponible en esa recepción ya no quisimos continuar ya que en ocasiones anteriores le hemos dado sus cogidas por más de 5 horas, pero si hay una buena cama de por medio y hemos turnando la posición de mi mujer quien es la que más se esfuerza pero claro la que más lo disfruta.

  • Fiesta de disfraces (Parte II)

    Fiesta de disfraces (Parte II)

    Como el policía me indicó me arrodille frente a él y comencé a chupar la punta de su duro miembro con mi lengua. Después, poco a poco me lo fui introduciendo en la boca mientras lo miraba fijamente a sus misteriosos ojos. El tamaño de este me hacía difícil introducírmelo todo, pero el policía ante su excitación me agarro de la cabeza e hizo que me la introdujera toda de golpe llegando hasta lo más profundo de mi garganta y produciéndome incluso arcadas. Poco a poco me fui acostumbrando a su tamaño y se la fui masturbando a buen ritmo hasta que note como exploto y lleno mi boca con su leche llegando incluso a desbordarse.

    -Oh si pirata muy bien, ahora trágate toda mi leche -ante lo cual obediente me la trague toda.

    Estaba terminado de limpiarme cuando vi a alguien que entro en la habitación. Cuando me di la vuelta me encontré con un zorro visiblemente excitado.

    -Pirata esta noche no te me escapas -dijo mientras me abalanzaba sobre la cama y me comía la boca.

    Tras esto se deshizo de toda su ropa y se sentó sobre mi cara.

    -He visto lo que le hacías al policía ahora repítelo conmigo -entonces dirigió su polla hasta mi boca introduciéndomela de golpe y comenzando a cabalgar sobre mi boca. Su polla no era tan gruesa como la del policía pero era bastante larga también.

    Mientras le masturbaba con la boca note como el policía restregaba su miembro en mi entrada y acto seguido me la introducía de un solo golpe. Me empezó a bombear suave pero poco a poco fue aumentando de velocidad produciendo que se me escapara algún gemido que quedo ahogado por la polla que seguía en mi boca.

    Mi excitación estaba por las nubes cuando de repente note unas nuevas manos que empezaban a jugar con mis pezones. La situación no me permitía saber de quien se trataba pero lo estaba haciendo delicioso. Primero me pellizco ligeramente ambos pezones, luego mientras masajeaba uno de ellos, se introdujo el otro en su boca chupándolo y succionándolo con delicadeza, después lo mordió y estiro de él lo que hizo que se me escapara un grito de nuevo acallado por la polla que tenía a punto de explotar en mi boca. Después repitió la misma operación con el otro pezón.

    Yo ya no podía más y note como un cosquilleo recorría por el interior de mi cuerpo hasta estallar en un enorme orgasmo a la vez que el zorro se corría en mi boca. El policía siguió envistiéndome con gran intensidad hasta que momentos después se corrió en mi interior. Tras finalizar ambos se apartaron de mí y pude ver a una catwoman que seguía jugando con mis pezones. Esta me dedico un mirada sexy y lamiéndome entera fue bajando hasta mi sexo donde empezó a lamer los restos de semen que había dejado el policía.

    Desde la distancia ambos hombres observaban la escena mientras se recomponían de sendos orgasmos, lo cual no les costó mucho, pues momentos después el policía estaba bajando la cremallera el ceñido mono de látex que llevaba catwoman. Mientras yo seguía disfrutando de los lametazos que me propinaba la gatita a los que acompaño con dos dedos, que introducía y sacaba de mi interior, acompasados con sus lametazos. A pesar de que era la segunda vez que se comían mi conchita esta vez catwoman lo hacía con una delicadeza increíble provocándome una sensaciones indescriptibles.

    Esto no era lo único que ocurría en la sala pues los hombres seguían en acción. El policía situado tras la gatita jugaba con su culito dándole suaves azotes y amasándolo, pasando posteriormente a jugar con su mojada rajita y aprovechar a lubricar con estos jugos la entrada de su culito. El zorro tampoco estaba quieto sino que se masturbaba su duro miembro a la vez que torturaba con su otra mano los dulces y erguidos pezones de catwomen. El policía embistió de golpe a catwomen introduciendo su grueso miembro en el culito de esta, la cual soltó un gemido en mi conchita creándome un escalofrió por todo el cuerpo, que seguido por más lametazos me llevo a explotar por consecutiva vez en esta noche.

    El policía siguió bombeándole por detrás mientras yo me aparte a recuperarme y me acerque al zorro para ayudarle a masturbar su miembro. Este me soltó las manos de su miembro y lo llevo hasta en medio de mis pechos guiándome para que le masturbara así. Yo le fui masturbando su caliente miembro entre mis pechos hasta que exploto y sobre estos llenándolos con su leche. A pesar de la noche que llevábamos parecía que aún quedaban fuerzas y Carlos (el zorro) se acercó a mí y me susurro al oído “Todavía no he estado dentro de ti” y acto seguido me comió la boca. Después, se sentó sobre la cama y me indico que me colocara sobre él. Guío su miembro hacia la entrada de mi conchita y después me dijo sensualmente al oído “Ahora déjate caer sobre mi pirata” a lo cual obedecí introduciéndome de golpe todo su miembro y soltando un profundo grito. Dejo un tiempo para que se acomodara en mi interior y empezó a mover sus caderas provocándome para que cabalgara sobre él, hasta que finalmente alcanzo el orgasmo llevándome a mí a este también.

    Exhaustos nos tiramos sobre la cama y nos recuperamos un poco de tanta acción. Mientras el policía y catwoman acababan también sus jueguecitos tras unos largos gemidos de placer. Carlos me susurro al oído “Creo que es hora de irse a casa pirata” y me guiño un ojo. Tras esto recompusimos nuestros disfraces (aunque yo sin mi tanga ya que se lo había quedado el policía), nos despedimos tanto del policía como de catwoman y bajamos las escaleras rumbo a casa.

    Quien sabe… quizás esto solo haya sido el comienzo de la aventura junto a mi amigo Carlos.

  • Se sacrificaron mi esposa e hija para evitar la bancarrota

    Se sacrificaron mi esposa e hija para evitar la bancarrota

    La situación económica de la empresa no era nada buena. Teníamos muchas deudas y el personal se había reducido de 30 empleados a sólo 7. Estábamos llegando al punto de tomar la decisión de declararnos en bancarrota, pero mi esposa Claudia de 40 años y mi hija Jimena de 18, me motivaban a no tomar esa decisión tan dolorosa, ya que la empresa de textiles había pasado de generación en generación a lo largo de estos últimos años desde la gran bisabuela hasta yo.

    – “Estamos dispuestas a hacer lo que sea con tal de seguir adelante con la empresa”, me repetían una y otra vez ellas dos.

    Cierto día, en que yo buscaba llegar a un acuerdo con los dos más grandes deudores, el Doctor Javier Martínez y el Doctor Horacio Jiménez, mi esposa y mi hija me llamaron al celular y acordamos encontrarnos en el restaurante donde almorzaba con mis acreedores.

    Hablábamos del monto de la deuda y yo me daba cuenta de que la condición de pago era muy difícil de cumplir.

    – “Por qué no me dan más tiempo y les prometo que les pagare en tres meses”- decía yo infructuosamente buscando convencerlos de que me dieran más plazo.

    Si lograba un acuerdo con ellos la empresa se salvaba, pero si no lo hacía, estaba condenada a desaparecer.

    – “Lo siento César, pero no es posible”, me repetían una y otra vez los doctores.

    En ese momento, Claudia y Jimena llegaron al restaurante y se acercaron a la mesa. Me di cuenta de que ellas se acercaban porque los Doctores no les quitaron su mirada desde que entraron al restaurante. Mi esposa Claudia lucía un vestido ajustado al cuerpo el cual terminaba bien arriba de las rodillas. A pesar de sus 40 años ella conservaba los mismos rasgos físicos que me conquistaron hace 21 años, que era lo que llevábamos de casados. Sus redondos y voluptuosos pechos lucían hermosos y eran más destacados por lo ajustado de su blusa y el brassiere 36C que usaba. Sus piernas y su cadera eran muy femeninas, y como ella hacía ejercicio con regularidad y no estaba pasada de kilos, se veía muy atractiva. Su trasero era bien delineado por la apretada falda y se notaba que tenía unas bellas nalgas. Su rostro, libre de arrugas, dejaba ver una combinación interesante, ojos miel y cabello rubio corto que apenas cubría su cuello.

    Mi hija Jimena lucía un vestido similar al de su madre, por donde destacaba su delicado y bien formado culo juvenil. Pero lo que más se resaltaba de ella era el contraste de sus senos. Ella heredo la misma cualidad de su madre. Sus pechos eran de la misma talla de Claudia con la diferencia que Jimena era de cuerpo delgado, lo que hacía que las tetas de mi hija lucieran verdaderamente espectaculares. Su vestido ajustado a su torso dejaba entrever que sus tetas eran dos deliciosos melones dignos de ser lamidos por completo. No era normal ver a una adolescente de su edad con esos pechos tan redondos y parados, y ella me comentaba que en el colegio siempre le insistían que ella se los había operado porque los tenía perfectos. Por si todo esto fuera poco, además de sus piernas delgadas destacaba su espectacular y deseable trasero. Involuntariamente, pensé en Raúl, el novio de Jimena y lo envidié, debe ser un afortunado por montarse encima de ella y clavarle su verga en esa delicia de culo.

    – “Mucho gusto, mi nombre es Claudia… Mucho gusto mi nombre es Jimena…”, dijeron ellas presentándose ante los Doctores sin sentarse a la mesa.

    Ambas me dieron un beso, Claudia en la boca y Jimena en la mejilla mientras que el Doctor Martínez admiraba el precioso cuerpo de Jimena, el Doctor Jiménez no quitaba sus ojos de las tetas de Claudia.

    – “Cariño aquí están los documentos que me pediste”, me dijo ella pasándome un sobre que le había pedido.

    – “Bueno señores mucho gusto en conocerlos, espero que lleguen a un acuerdo”, dijo mi esposa Claudia despidiéndose de los Doctores.

    – “No se vayan por favor… siéntense un rato y tómense una copa… les invitamos”, dijo el Doctor Martínez poniéndose de pie.

    Ellas sonrieron y agradecieron por la invitación mientras que el Doctor Martínez de forma caballerosa les acercaba una silla. Mi esposa Claudia quedo sentada entre los dos Doctores mientras que Jimena quedo en frente de ellos a mi derecha.

    De forma sorpresiva el tema de conversación cambio.

    – “Y Claudia, ¿tú a que te dedicas?”, preguntó el Doctor Jiménez turnando su mirada entre el rostro de ella y sus pechos.

    Claudia les empezó a contar de su actividad con la empresa y de lo importante que era para ella, haciéndoles énfasis en que ella estaría dispuesta a todo por sacarla adelante.

    – “Así que harías cualquier cosa?” -respondía preguntando el Doctor Jiménez haciendo una sonrisa burlona que no me gustaba para nada.

    El almuerzo se convirtió en una charla amigable para los doctores mientras que ellos no dejaban de mirar descaradamente las tetas de mi hija y mi esposa. Al finalizar, se acercaron a ellas y cada uno les dio un beso en la mejilla. Me moleste por la forma que ambos miraron el trasero de Jimena mientras se alejaba hacia el baño. En sus miradas se notaba el deseo por clavar esa belleza de culo.

    – “Creo que llegaremos a un acuerdo que nos convendrá a ambas partes” -fueron las palabras de alivio que pronunció el Doctor Martínez saliendo del sitio.

    Dos días después, llegué a casa como a eso de las 11:00 PM y para sorpresa encontré a Claudia aún levantada. Ella me esperaba en la sala y tenía puesta su sexy pijama la cual se ponía en ocasiones especiales. Su pijama tenía un delicado top trasparente que colgada de dos tiras en sus hombros y escasamente ocultaba sus voluptuosos pechos. El top quedaba puesto sobre sus tetas de tal forma que era cuestión solamente de levantarlo y esos dos ricos melones quedaban a disposición de mi boca.

    – “Vaya, vaya, pero que mujer tan hermosa”, le dije yo halagándola.

    Ella me sonrió y sin moverse del sillón espero a que yo me acercara. Me senté al lado de ella y simplemente levanté su top, besándole sutilmente sus pezones y lamiendo cada una de esas ricas tetas durante un par de segundos. Baje mi mano a su corto calzón buscando acariciarla y ella me detuvo.

    – “Amor… tenemos que hablar… “Prométeme que no te vas a enfadar, por favor”, su rostro cambio de aspecto, lucía preocupada.

    – “Este paquete llegó hoy… es de los Doctores… dice que llegaremos a un acuerdo si se cumplen las condiciones…”, me dijo pasándome el sobre.

    Lo tome sorprendido y animado porque la empresa se salvaría. Al abrirlo, yo no entendía de qué se trataba.

    Tenía dos reservaciones en un lujoso hotel de Monterrey. Una reservación estaba hecha a mi nombre para una habitación sencilla, la otra estaba hecha a nombre de los Doctores y allí también aparecían el nombre de Claudia y Jimena. Era una suite con cama doble. También figuraban los documentos en que la deuda de 300,000 pesos quedaba al día y saldada.

    – “Aun no entiendo… ¿Qué es lo que ellos quieren? de que se trata esto?”, pregunté sorprendido.

    Claudia me abrazó y me aclaró lo que yo, estúpidamente, no entendía.

    – “Recuerda que estamos dispuestas a hacer lo que sea por salvar la empresa”, me dijo ella acariciando mi cabello.

    – “Iremos a Monterrey el próximo fin de semana con todos los gastos pagados. Tú te quedarás en una habitación sencilla, Jimena y yo nos quedaremos en una suite con cama doble haciéndoles compañía a los Doctores… la deuda quedará pagada luego de tener sexo con ellos toda la noche…”, me dijo Claudia de forma seca.

    Quedé en shock. Una lágrima de impotencia se escurrió de mis ojos.

    En los siguientes cuatro días Claudia y yo hicimos el amor todas las noches. Me daba envidia que su cuerpo iba a ser compartido con dos abusivos extraños, así que cada noche mi esposa recibía mi verga en su vagina sin compasión.

    A Jimena no le gustó la idea para nada. Decía que le daba asco dejarse montar por esos hombres perversos. Le dijimos que no nos acompañara, pero al final decidió ir en solidaridad con su madre. Me daba envidia que su precioso trasero iba a ser clavado duramente por los doctores.

    Llego el sábado y viajamos a Monterrey en la mañana. Los Doctores llegaron en el vuelo de la tarde y nos encontramos en el lobby del hotel. Claudia y Jimena lucían verdaderamente espectaculares, ambas tenían puesto el mismo tipo de vestido, el cual colgaba de sus hombros y destacaban sus espectaculares tetas.

    Los vestidos bajaban completamente ajustados a sus cinturas y caderas, forrando sus nalgas y dejando entrever que sus deseables culos eran cobijados por diminutas tangas. Las dos parecían novias al lado de sus prometidos, pero el culo de mi hija Jimena lucía sensacional. El vestido permitía ver como sus nalgas se movían alegremente cuando ella caminaba y el movimiento de la falda notaba que ocultaba un exquisito y redondo trasero. Por supuesto los doctores quedaron sorprendidos de ver los culos de Jimena y Claudia. Parecían no creer que esos delicados y hermosos traseros serían clavados por sus vergas esa noche.

    Como era temprano acordamos tomar algo en la habitación, así que mientras me dirigía al bar por unas bebidas, vi como Claudia era tomada de la mano por el Doctor Martínez mientras que mi hija Jimena era llevada por el Doctor Jiménez. Ambas parejas entraron al elevador rumbo a la habitación y presencié, mientras la puerta se cerraba frente a mí, como las manos del doctor Jiménez se posaban sobre la cintura de Jimena y bajando, le acariciaban su formidable trasero.

    Pasaron cerca de diez minutos cuando subí con las bebidas y al llegar a la puerta de la suite, escuché quejidos y gemidos. Abrí la puerta y coloqué las copas sobre la mesa de la entrada.

    Justo frente a mí estaba el Doctor Martínez, ya se encontraba desnudo sentado cómodamente sobre el sillón de la sala. Sobre su abdomen estaba mi esposa Claudia, sentada y con sus piernas entreabiertas. El Doctor Martínez estaba devorándola a besos, mientras que sus manos recorrían una y otra vez acariciando sus nalgas. El Doctor no se dio cuenta de que yo entre a la suite, ya que estaba ocupado disfrutando de esos dos ricos pechos y sus manos buscaban afanosamente su vagina.

    Me controlé para no salirme de mis casillas y me dirigí a la suite. Allí estaba Jimena tirada sobre la cama mientras que el Doctor Jiménez a un lado de ella la acariciaba con sus manos. Al igual que su madre, él la desnudó rápidamente y se devoraba sus dos espectaculares pechos, mientras que la otra mano del Doctor acariciaba su deseable trasero. Ella volteaba su cara hacia un lado expresando su desagrado de tener a un hombre de 45 años encima de ella, tocando su culo y lamiendo sus tetas.

    Volví a la sala dispuesto a salir de la suite, y vi como Claudia ya tenía visible su tierna tanga rosada. El Doctor Martínez seguía comiéndose sus tetas mientras que sus manos recorrían libremente las redondas nalgas de Claudia.

    Salí de la suite y bajé al bar dónde tomé un Martini en las Rocas. Pensé que, si ellas pasaban por esta humillación, yo debía estar allí y no mostrar ninguna debilidad, por lo que me armé de valor y decidí regresar a la suite.

    Abrí la puerta y entre dispuesto a acompañar a mi esposa y mi hija en esta prueba tan difícil, y vaya que prueba. Sobre el mismo sillón seguía sentado el Doctor Martínez disfrutando del cuerpo de mi esposa. El seguía ocupado comiéndose los pechos de Claudia mientras que ella se mecía sobre su abdomen descargando su cuerpo sobre el de él. Baje mi vista y entre las nalgas de ella se veían las bolas de él colgando de la parte baja del pene, el resto de su tronco no se veía puesto que permanecía oculto dentro de la vagina de Claudia. Por sus pausados y lentos movimientos me di cuenta de que ambos ya se habían venido y que habían tenido un fantástico orgasmo.

    Quien aún no terminaba era el Doctor Jiménez.

    – “Jimena… Jimena… me vengo… arghhhh… uyyy que ricura… Dios mioooo…”, fueron los gritos que escuché en ese preciso instante.

    Me dirigí a la suite y allí Jimena estaba como me la imaginé, así como cualquier hombre la desearía tener, en especial por lo atractivo de su cuerpo y su perfecto culo. Su delicado vestido estaba sobre el piso junto con su tanga de color blanco. Ella estaba en posición de perrito sobre la cama, completamente desnuda, sus hermosas tetas bailaban con el movimiento de su cuerpo y aferrado a su cintura, por detrás de ella, con la totalidad de su verga dentro de su vagina, el Doctor Jiménez gritaba y se sacudía celebrando esa monumental derramada, levantando su cabeza al techo cerrando los ojos y viviendo un instante único mientras que su abdomen se sacudía sin control y su verga llenaba, con chorros de semen, la vagina de mi hija. Mi hija se veía muy sexy, su cabello suelto se mecía con las sacudidas de su cuerpo, sus manos se aferraban a las sabanas y su hermoso trasero parecía que se hubiese quedado pegado al abdomen del hombre que la clavaba. Ese maldito bastardo expresaba en su rostro lo maravilloso que se sentía al explotar su verga dentro de ella en esa posición de perrito. Mi hija con sus ojos cerrados expresaba el placer de tener una verga taladrándole su vagina. Luego los dos permanecieron quietos en esa posición por unos segundos.

    Me imagino que de su verga no salió más semen después de la brutal derramada. El Doctor Jiménez parecía no creer que su verga reposaba dentro de aquel monumental cuerpo de Jimena y obsesivamente bajaba su mirada hacia su culo para asegurarse de que su tronco aún estaba en lo profundo de su sexo. En ese momento entró a la habitación el Doctor Martínez quien se dirigía al baño.

    – “Termina con ella Jiménez que ahora es mi turno de clavar a esa belleza de mujercita”, fue el comentario del Doctor Martínez mientras que su verga seguía dura y erecta.

    – “César, lo felicito, las tetas de Claudia son una delicia…”, dijo antes de entrar al baño.

    El Doctor Jiménez colocó la mano de Jimena sobre sus nalgas y abriéndolas, empezó a retirarle su verga lentamente, permitiendo ver como su grueso tronco salía de su vagina junto con su semen.

    – “Esto es mucha hermosura… Ahora si entiendo porque pagamos tanto dinero por ti Jimena…”, le dijo Jiménez a mi hija mientras sus manos seguían sujetando sus nalgas y le permitían ver el delicado ano virgen, sus gruesos labios vaginales y el gigantesco y húmedo clítoris colgante de mi hija. Él se agacho un poco y con su lengua empezó a lamerle el clítoris mientras uno de sus dedos se introducía en su ano.

    Me dirigí a la sala y vi a Claudia sentada sobre el sillón. Me senté al lado de ella y nos abrazamos en silencio.

    – “Claudia ven… siéntate aquí y regálame ese par de tetas ricas que tienes”, interrumpió nuestro abrazo la voz del Doctor Jiménez quien ahora se preparaba a tener sexo con mi esposa luego de haberlo hecho con Jimena.

    Él se recostó en el sofá dejando sus piernas entreabiertas e invitando a que mi esposa Claudia se posara sobre su abdomen.

    – “César… su hija Jimena es una diosa en la cama… y creo que tú, Claudia, con esas redondas nalgas y esas ricas tetas eres aún mejor…”, dijo el Doctor Jiménez.

    Mi esposa se puso de pie y se acercó a él. Abriendo sus piernas, Claudia se paró sobre el sillón y bajo su cuerpo dejando que sus tetas rozaran la cara de Jiménez mientras que él le abría las nalgas y ubicaba su verga en la entrada de su vagina. Ella descargó su cuerpo sobre él y vi como su erecta verga se hundía en lo profundo de su vulva. El Doctor Jiménez dejó escapar un largo quejido de placer mientras terminaba de acomodar su verga dentro de ella.

    – “César te amo”, me dijo mi esposa volteando su mirada mientras que ella empezaba a mecer su cuerpo sobre él, colocando sus brazos detrás de su cabeza y dejando sus voluptuosas tetas en frente de su boca.

    Me puse de pie y presencié con dolor como ellos parecía que se habían puesto de acuerdo para disfrutar de las suntuosas tetas de Claudia y del delicado culo de mi hija Jimena. Mi esposa estaba teniendo sexo en la misma posición, la que les permitía comerse sus tetas mientras sus vergas yacían en lo profundo de su vagina, y me imagine que el Doctor Martínez se encontraba clavando a Jimena en posición de perrito disfrutando de su juvenil trasero.

    En efecto, regresé a la suite y allí estaba Jimena a la orilla de la cama, en posición de perrito. Al estar ella así yo podía ver perfectamente su estrecho ano y esos jugosos labios vaginales. Justo detrás de ella, agachando un poco su cuerpo, con sus piernas abiertas, y jalando con ambas manos el trasero de mí hija, el bastardo del Doctor Martínez hundía y sacaba su pito de la vagina, repitiendo ese movimiento una y otra vez. Su abdomen se movía cadenciosamente y como yo estaba justo atrás de ellos, veía perfectamente como los labios vaginales de Jimena cobijaban su verga, la cual entraba totalmente y salía de forma parcial. Los pesados testículos de él y las deliciosas nalgas de ella se sacudían con el movimiento de sus cuerpos.

    – “Ahhhh… Esto es mucha delicia… desde que te vi en el restaurante con esta hermosura de culo deseé cogerte así… esto es un sueño hecho realidad…”, repetía una y otra vez el Doctor mientras que ella en esa posición recibía su verga.

    Me quede un rato allí viendo como llegaban al orgasmo, ya que me encontraba justo a sus espaldas, y el expresaba con sus exagerados gros y gemidos la fantástica sensación de tener sexo con Jimena en esa posición. Después de que él se derramó y su cuerpo finalmente se quedó inmóvil, escuche los gemidos de Claudia desde la sala así que decidí regresar a donde ella estaba.

    Como si nada ocurriera, salí de la habitación donde Jimena acababa de ser clavada y vi como mi esposa Claudia había sido cambiada de posición. Ella ahora estaba con los ojos cerrados tirada sobre el piso boca arriba abrazando fuertemente la espalda del Doctor Jiménez quien se sacudía encima de ella gimiendo de placer mientras que las piernas abiertas y dobladas de Claudia se aferraban como un gancho a la cadera del cuerpo desnudo de su amante.

    Era la típica posición de misionero solo que mi esposa con sus piernas recogidas abrazaba el cuerpo del doctor, y con sus manos abrazaba su cuello. Mi esposa estaba siendo penetrada con fuerza y me imagine que sus ojos cerrados y lo fuerte que abrazaba al Doctor indicaba que ella estaba disfrutando intensamente como esa verga se sacudía dentro de su vagina. Los gestos mezclados de placer de él mostraban la fantástica sensación de meter su pene en lo profundo de la vagina de mí esposa.

    El Doctor Jiménez coloco su cabeza al lado de la de ella y sacudiendo su abdomen rápidamente le susurró al oído:

    – “Claudia… no aguanto más… no resisto… me vengo…”

    Un desgarrador gemido salió de la boca del Doctor. Parecía que él hubiese tratado de contener la eyaculación todo ese tiempo, pero no lo aguanto más y su verga estalló dentro de su vagina. Claudia abrió sus ojos por unos segundos y me miró, su mirada inicial denotaba la angustia y la pena de tener a su esposo en frente de ella presenciando como otro hombre le hacía el amor. Luego, su rostro cambió a uno más relajado, apretó sus labios y abrió los ojos desorbitadamente y me di cuenta de que mi esposa no pudo disimular el fantástico orgasmo que tuvo al sentir como los chorros de semen que expulsaba a borbotones en ese instante la verga del Doctor le llenaban su vagina.

    Su espalda formo un arco hacia arriba levantando ligeramente su cuerpo y el de Doctor que estaba encima de ella, con sus brazos parecía que fuera a estrangular el cuerpo desnudo de su afortunado amante y de su boca salió el largo gemido típico que mostraba que ella se había venido y que el orgasmo había sido maravilloso.

    Me quede inmóvil y en silencio frente a ellos viendo como sus cuerpos se seguían sacudiendo, cada vez más lentamente, y los movimientos del culo de él mostraban que su verga aun no terminaba de eyacular su semen dentro de ella mientras que mi esposa seguía con los ojos cerrados disfrutando de su orgasmo.

    Me sentí impotente. Acababa de presenciar como un hombre se le derramaba en la vagina a mi esposa y yo no podía hacer nada para evitarlo. Luego de 21 años de matrimonio, era la primera vez que una verga diferente a la mía, eyaculaba dentro de su vagina y la segunda vez que mi esposa se dejaba penetrar por un hombre diferente a mí. El primero había sido el doctor Martínez quien 15 minutos antes se le derramó mientras él se comía sus tetas.

    En ese instante, un raro grito vino de la habitación:

    – “Arghhhh…!!! Jimena Siiii…!!!”

    Me regresé a la habitación y vi a Jimena acostada boca abajo sobre la cama, su rostro miraba hacia la puerta dónde yo estaba y expresaba la sensación de placer que tenía, sus ricas tetas estaban oprimidas por el peso de su cuerpo, sus piernas estaban semiabiertas y claro su hermoso trasero quedaba disponible para cualquier cosa. El Doctor Martínez estaba encima de ella con sus brazos puestos sobre la cama soportando su peso, con su verga totalmente hundida en su vagina sacudiéndola con fuerza.

    Claro que el rostro de él no era el mismo, se veía desfigurado. Al parecer el placer de penetrar, así en esa posición a mi hija, era muy intenso y se reflejaba en las expresiones de su cara mientras que su verga continuaba expulsando semen dentro de su vagina. Su mirada agachada no se retiraba del culo de Jimena. Al parecer quería asegurarse que su verga no saldría de su vagina hasta que no terminara de expulsar la última gota de su leche, o mejor, le parecía increíble ver como su verga se mecía en frente de ese culo tan deseable. De pronto, vino la sorpresa. Cuando terminó de sacudirse y de su verga no salió más esperma, él se quedó inmóvil y me dijo:

    – “César… tengo 4 hijos y llevo 20 años de matrimonio… me he acostado con modelos y actrices… pero quiero decirle que me acabo de pegar la mejor derramada de mi vida… es la cuca más rica que me he podido comer… vi el cielo cuando me vine dentro de Jimena… su hija es una delicia y ese culo que se carga es verdaderamente perfecto…”.

    En ese instante vi como el empezó a levantarse y de la vagina de Jimena empezó a salir su rígida verga completamente embadurnada de un semen color gris bastante desagradable.

    Mi cuerpo pareció desfallecer. Mi bella y dulce Jimena, esa jovencita por la cual yo daría la vida con tal de que no le faltara nada, acababa de recibir en su vagina la poderosa derramada del Doctor Martínez.

    No aguante más ese espectáculo y decidí entonces salir de la suite. Al pasar por la sala vi que el Doctor Jiménez seguía aún encima de Claudia ya estando los dos completamente inmóviles. Su verga seguía escondida dentro de lo profundo de su vulva y su boca repasaba las tetas de mi esposa una y otra vez.

    Me dirigí a mi habitación a ver TV. Al cabo de una hora, mi teléfono sonó y al otro lado de la línea estaba el Doctor Martínez quien me invitaba a cenar en el restaurante del hotel.

    Quince minutos más tarde estábamos todos reunidos, comiendo y bebiendo, como si nada hubiese pasado y celebrábamos el acuerdo que salvaba la empresa. Jimena y Claudia lucían los mismos vestidos que al inicio de la tarde ellos les habían desgarrado de sus cuerpos. Ellas lucían igual de hermosas y radiantes, sus cabellos estaban aún húmedos ya que ellas habían tomado una ducha antes de cenar, sus cuerpos y sus culos no reflejaban el hecho de que cada una tenía ya en sus entrañas el esperma de sus afortunados amantes, y ellos reflejaban en su rostro la satisfacción por haberlas clavado.

    Luego de la cena salimos a caminar por la ciudad un rato con Jimena y Claudia tomadas de mi mano, disfrutando del hermoso paisaje y los suntuosos hoteles.

    Volvimos al rato al hotel y nos encontramos con los Doctores en la discoteca. No me despegue de Claudia y estuvimos todo el rato bailando abrazados mientras que ellos se turnaban con Jimena.

    Durante el baile, Claudia me contó que luego de que yo salí de la suite, se turnaron para cogerlas a ambas, mientras el doctor Martínez follaba a mi esposa, ella le hacía sexo oral al doctor Jiménez, e hicieron lo mismo con Jimena, luego les hicieron doble penetración, primero a Claudia y después a Jimena. Luego ambas fueron colocadas sobre la cama y allí, nuevamente fueron clavadas por sus vergas en diferentes posiciones hasta llenar nuevamente sus vaginas con su semen, incluso me confesó, que los doctores las obligaron a besarse varias veces, mientras ellos descargaban su leche.

    Luego de la demostración de lealtad de mi hija Jimena y mi esposa Claudia, al entregar sus cuerpos a cambio de la deuda que tenía la empresa, volvimos a nuestras actividades diarias de forma normal. Jimena seguía asistiendo a la universidad y mi esposa seguía dedicada a la compañía, sacando adelante la producción y muy empeñada en sacar nuevos productos al mercado.

    Jimena seguía con Raúl, su novio, y se les veía muy animados como una pareja muy estable. Ella seguía luciendo sus ajustados vestidos, su sensacional culo y sus femeninos pechos y me imagine que él era el afortunado que disfrutaba de su cuerpo. Desde la noche en que ella fue el objeto con el que la empresa pagó la deuda empecé a observar a mi hija con otros ojos. Recordar como los doctores gritaban, gemían y sus rostros desfigurados por el placer, expresaban la maravillosa sensación de derramarse mientras que sus vergas reposaban en lo profundo de la vagina de Jimena, me dio a entender que mi hija era un verdadero regalo de oro para cualquier hombre que, como Raúl, tuviera la fortuna de montarla y clavarla en la cama.

    Por otro lado, mi esposa Claudia seguía igual de bella y radiante y yo por supuesto seguía disfrutando de sus bondades. Su delicado culo y sus ricas tetas seguían siendo solo mías y el sexo anal era parte activa de nuestras vidas, cuando con relativa frecuencia yo la montaba y en posición de perrito le hundía mi verga en su ano.

    Cierto día invitamos a cenar a Raúl a la casa y Claudia preparó, junto con Jimena, un plato especial con camarones.

    Mi esposa lucía un ajustado vestido color gris y tacones altos. Bajo el vestido era parcialmente visible el brassiere y sus voluptuosos pechos. Jimena tenía puesto un vestido de sastre muy elegante y ajustado que marcaba perfecto ese fantástico trasero y sus paradas tetas.

    Mirando el deseable culo de mi hija entiendo porque los Doctores pagaron 300,000 pesos por tener la oportunidad de montarla toda una noche y comprendí porque el doctor Jiménez ofreció una cantidad extra de dinero para tener sexo anal con ella. Durante la cena empecé a observar con curiosidad, pero con cierta molestia como Raúl observaba a mi esposa con interés. A pesar de que Raúl y Jimena tenían ya dos años de noviazgo, nunca observé con ojos de celo a mi futuro nuero. El miraba las tetas de Claudia de forma descarada y por supuesto, su corta minifalda era el objeto de detalle cuando mi esposa se paraba de la mesa e iba por más comida a la cocina. Sus ojos se quedaban estáticos viendo el movimiento del trasero de mi esposa bajo esa diminuta falda. Raúl, de 20 años, se mostraba interesado y atraído por la madre de su novia, la cual le doblaba la edad. No lo puedo negar, pero Claudia se veía muy deseable y sexy, y por supuesto yo tenía en mente esa noche montarla y hundirle mi verga.

    Luego de la cena decidimos salir a bailar a una discoteca. Como casi no bailo, Raúl se turnaba las piezas de baile con Jimena y Claudia, mientras que yo me quedaba observando desde la mesa. A medida que avanzaba la noche, vi como Raúl y mi esposa bailaban muy apretados el uno del otro, y se les veía muy entusiasmados. Como una pareja normal ambos juntaban sus cuerpos y el la abrazaba tomándola por la cintura. Mientas tanto yo me tomaba unas copas de vino al lado de Jimena.

    – “Ven papá, ven a bailar”, me llamó Jimena tomándome de la mano e invitándome a la pista de baile, lo cual acepté.

    En ese momento, Raúl y mi esposa terminaban de bailar por largo rato y se acercaban a nuestra mesa. Justo cuando Jimena me empezaba a enseñar a bailar, vi cómo Raúl pasaba su mano por el trasero de Claudia acariciando su culo lentamente mientras iban a sentarse. Rápidamente se sentaron a la mesa y empezaron a beber y platicar, sin darle importancia a lo sucedido.

    Mientras que Jimena me seguía indicando unos pasos de baile, Raúl seguía con Claudia charlando y riendo en la mesa mientras que su mano tocaba la parte alta de sus piernas. Como tenía sus piernas cruzadas, le permitía disfrutar de la vista de la corta falda y sentir la tersa piel.

    Pensé que Jimena no había notado eso, pero me equivoqué.

    – “Papa, ¿has notado como están mamá y Raúl…?”, me preguntó.

    – “Si los he observado y no me gusta eso… los veo muy cerca el uno del otro”, le respondí.

    – “Raúl está muy interesado en mamá y a mí ni siquiera me presta atención”, me comentó muy molesta.

    En ese momento Jimena me apretó más a su cuerpo y seguimos bailando el uno muy cerca del otro. Podía sentir perfectamente sus voluptuosos pechos rozando mi cuerpo y su rostro reflejaba el malestar del comportamiento de su novio con su madre. Su cabeza estaba pegada a la mía y podía sentir su respiración cerca de mi oreja.

    Justo cuando terminábamos de bailar, Jimena bajo su mano y me toco el trasero. Me sentí excitado por esa caricia tierna de ella y eso prendió mi mecha. Nos acercamos a ellos tomados de la mano y nos sentamos a la mesa. Jimena me tomo por el brazo y dejo que yo le colocara mi mano sobre sus piernas. Unas copas de vino más empezaron a afectar nuestras cabezas y empezamos a actuar extraño.

    Mientras Raúl y mi esposa seguían con su juego de manos bajo la mesa, yo me dejaba llevar por la conversación de Jimena quien quería despertar celos en Raúl al sentirse desplazada esa noche. De pronto Jimena me lanzó una pregunta tentadora que mostraba su desespero por ver a su novio coqueteándole a su madre.

    – “Papá, como Raúl no me desea hoy, ¿me llevarías a un hotel esta noche?

    Sonreí, me mantuve en silencio y aunque ya tenía desde hace mucho una respuesta a eso, no podía ser tan directo con Jimena. Su pregunta reflejaba su inconformismo de ver a su novio coqueteando descaradamente con su madre. Soy su padre, pero también me sentía molesto de ver a mi esposa con un hombre mucho más joven qué yo, y claro, el sensacional cuerpo juvenil de Jimena era un regalo muy especial para cualquier hombre.

    – “Dejarías que tu novio se escape con tu madre?”, le respondí con otra pregunta.

    Ella me sonrió y no supo que decir.

    Pasaba el tiempo y la situación era muy tensa. Jimena y yo, molestos, seguíamos viendo como Raúl tocaba sin escrúpulos el culo de Claudia cuando bailaban y luego al sentarse en la mesa, las piernas de mi esposa eran recorridas por sus manos, mientras que ellos riendo parecían no percatarse de que era muy obvio nuestra inconformidad.

    Salimos de la disco y acordamos llevar a Raúl a su casa. Él y Claudia se encontraban un poco afectados por las copas que bebieron mientras que Jimena y yo seguíamos aun incómodos por la situación. Me puse al volante mientras que Jimena se sentó a mi lado colocándome su mano en mis piernas. En el asiento de atrás, Claudia y Raúl, abrazados, seguían su juego.

    Llegamos a casa de Raúl y sorpresivamente Claudia se bajó con él.

    – “Cariño, voy a acompañar a Raúl hasta la puerta… el pobre está ebrio y no creo que pueda abrir la puerta”, dijo ella de forma sarcástica y burlona. Mi hija y yo sabíamos que Raúl no estaba ebrio y era una oportunidad más de estar con él.

    Raúl y ella se bajaron del auto y abrazados se dirigieron a la puerta mientras que Jimena y yo nos quedamos en el auto esperando que Raúl entrara a la casa y Claudia regresara para irnos. De pronto con sorpresa vimos como Raúl jalaba del brazo a Claudia y entraban a la casa cerrando la puerta. Pensé que era otra broma pesada de Claudia esa noche así que esperamos pacientemente con Jimena en el auto hasta que, pasados 10 minutos, ninguno de los dos se asomaba por la puerta.

    En vista de que aun mi esposa no se asomaba, decidimos salir del auto a golpear la puerta y pedirle a mi esposa que regresara al auto para irnos a casa. Cuando estábamos a punto de golpear la puerta, escuchamos gemidos y quejidos que venían de adentro. Nos acercamos por el ventanal de la sala y vimos a Claudia y Raúl en la cocina.

    Claudia estaba sentada sobre una mesa que la dejaba a la altura del pene de su amante, aferrado a ella estaba Raúl, quien con sus pantalones abajo, clavaba con su verga a mi esposa.

    Él la tomaba por las piernas y era perfectamente visible como su verga entraba y salía de su vagina, mientras el rostro de placer de Raúl reflejaba la maravillosa sensación de sacudir su verga dentro del sexo de mi esposa, y la cadencia rápida con la que su abdomen se mecía contra el sexo de Claudia mostraba que estaba a punto de eyacular.

    – “Raúl, eres un desgraciado… maldito”, dijo Jimena al ver la escena.

    – “Papá, llévame a casa ya… por favor”, me dijo Jimena escurriendo una lagrima de sus ojos.

    La abracé y cuando nos volteábamos para regresar al auto escuchamos el grito de Raúl al derramarse dentro de mi esposa, y el gemido típico de Claudia al sentir en su vagina el esperma cálido de su amante. Su gemido era una indicación de que ella había llegado al orgasmo y me hizo recordar los momentos que presencié en la suite del hotel cuando la verga del Doctor Jiménez le vació toda su carga en su vagina.

    Prendí el auto, aceleré y llegamos a casa sin decirnos palabra. Yo aún no salía del shock mientras Jimena seguía llorando.

    Ella subió y se encerró en su cuarto. Yo entré a mi habitación y tomé la foto de matrimonio que tenemos y sentí mucha rabia por lo que Claudia acababa de hacer. Allí aparecíamos jóvenes y muy guapos, aunque no puedo negarlo, ella aún conservaba su belleza y esos rasgos físicos que la hacían atractiva y por la cual los hombres aún la deseaban.

    En ese instante, Jimena golpeó la puerta

    – “Papá, ¿puedo pasar…?”, preguntó ella

    – “Si pasa”, respondí sin voltear a mirarla.

    Pasaron un par de segundos mientras yo seguía mirando la foto hasta que Jimena rompió el silencio.

    – “Papá… no te desanimes, me tienes a mí”, me dijo Jimena con tono alentador.

    – “Si… es cierto… eres muy valiosa y eres…”, interrumpí mi respuesta al voltear a observarla.

    Jimena había entrado a mi cuarto luciendo una delicada tanga negra tipo hilo dental, una blusa de seda y brassiere del mismo color, que hacía destacar esos hermosos pechos. Tenía puestas unas medias con liguero y unos zapatos de tacón alto que le daban porte de reina. Ella caminó y se acercó al espejo de la habitación. Yo no podía creer lo que estaban viendo mis ojos, se veía espectacularmente deseable y sus perfectas nalgas sobresalían de entre la tanga.

    – “Me ayudas?”, preguntó ella colocándose de frente al espejo, quitándose la blusa y llevando sus manos a su cintura dispuesta a bajar su tanga.

    Me acerqué y bajé su tanga lentamente, después de un tirón solté el brassiere. Sus voluptuosas tetas quedaron libres y empecé a disfrutar verlas tan deseables. Coloqué mis manos sobre ellas y empecé a besar a Jimena en los hombros y el cuello. Luego mis manos recorrieron su culo y como un desesperado empecé a tocarla y recorrer la redonda superficie de sus nalgas mientras mi boca saboreaba de frente esas dos deliciosas tetas.

    El culo de Jimena era perfectamente redondo y sus nalgas tiernas y suaves. Su cintura delgada y sus largas piernas le daban un porte elegante para una mujer de tan solo 18 años. Pensé que era mi oportunidad para vengarme de Claudia así que me olvidé de que era su padre.

    Al cabo de 5 minutos, Jimena estaba aún de pie, pero completamente desnuda mientras que yo agachado me comía su dulce clítoris y lamía su vagina, yo también ya me encontraba desnudo. Me puse de pie con mi verga en plena erección y la tomé de la mano acercándola a la cama.

    Sin cruzarnos palabra, ella sonrió y leyó mi mente. No fue necesario que habláramos para saber qué era lo que yo quería. Ella se subió a la cama y se colocó en posición de perrito. Me ubiqué detrás de ella y parecía un sueño hecho realidad, puesto que me agaché y abriéndole sus nalgas seguí lamiendo su tesoro hasta dejarlo suficientemente lubricado. El espectáculo no podía ser mejor, tenía enfrente sus espectaculares nalgas, su estrecho hoyo del ano y esa vulva cuyo clítoris colgante era un inmenso y delicioso pedazo de carne de color rosado oscuro, su clítoris estaba listo y húmedo. Luego toqué el cielo. Mi verga se hundió en lo profundo de su vagina y me aseguré de que la tuviera toda dentro de su sexo. Sin moverme, la tomé por la cintura y empecé a sentir una sensación de placer única, al empezar lentamente a mover mi abdomen permitiéndole a mi verga entrar y salir de su vulva.

    En los siguientes instantes me acordé de los Doctores Martínez y Jiménez recordando sus rostros y sus caras desfiguradas por el placer, finalmente los entendí y supe el porqué de su reacción. En esa posición me dediqué a clavar a Jimena y a entregarle tres fenomenales y poderosas descargas de semen. Durante tres ocasiones descubrí lo mismo que ellos sintieron cuando se le derramaron y grité con todas mis fuerzas cada fantástico orgasmo, pero la primera y la segunda fueron muy especiales, ya que traté de controlar la eyaculación hasta el final, hasta cuando mi cuerpo y mi verga soportaron lo que era inminente y lo que yo infructuosamente trataba de controlar: el estallido de mi verga en lo profundo de su vagina.

    La primera vez sentí como mi pene explotaba lanzando poderosos chorros de semen y mi orgasmo duraba más o menos 30 segundos, tiempo durante el cual mi verga seguía escupiendo mi leche dentro de ella.

    En la segunda la cambie de posición y de medio lado seguimos expresando nuestros deseos, el orgasmo fue también increíble pero mi pene escupió menos semen. Luego finalmente, en posición misionero, estando encima de ella, me le derramé por tercera vez, mientras yo le lamía sus tetas y ella me apresaba el cuerpo con sus brazos al mismo tiempo que ella llegaba al orgasmo.

    Me acordé de mi esposa Claudia y me imaginé que Raúl estaría haciendo lo mismo con ella.

    Luego le saqué mi verga escurriendo y ella me dijo:

    – “Eres un buen amante, papá… estuviste increíble… me dejaste la vagina llena…”.

    – “Tienes el culo más fantástico que haya podido ver, cariño…”, le respondí mirando esas deliciosas y redondas nalgas.

    – “Tengo un regalo especial para ti… ven…”, me dijo ella parándose de la cama y saliendo de la habitación.

    La seguí hasta su habitación sin quitarle la mirada al movimiento sensual de su trasero. Me parecía increíble que le había taladrado su vagina en posición de perrito y su hermoso culo golpeaba mi abdomen cada vez que mi verga entraba en su vulva. Y claro ese culo lucía igual de parado, como si nada hubiese pasado.

    Entramos a su habitación y ella me invitó a que me acercara a su cama.

    – “Acuéstate y cierra los ojos”, me dijo Jimena coquetamente.

    Así lo hice y escuché como ella abría unos cajones y sacaba algo de allí. Luego de escuchar sus risas, ella colocó algo sobre mi mano derecha.

    “Ahora abre los ojos”, me dijo.

    Al abrirlos vi en mi mano un pequeño frasco de gel facilitador mientras Jimena se ubicaba sobre su cama.

    Ella se colocó sobre la cama boca abajo y sus brazos quedaron sobre la cabecera dejando sus piernas ligeramente entreabiertas. Su trasero quedó resaltado por la posición de su cuerpo y era visible su clítoris salpicado de mi semen y un poco más arriba ese oscuro agujero del ano. Me puse de pie y mi erecta verga quedó exactamente a la altura de su culo.

    – “Ábreme las nalgas y aplícame el gel papi…”, me dijo ella volteando su cara hacia mí.

    En efecto, destapé el gel, abrí sus nalgas y durante tres o cuatro minutos me encargué de ponerle todo el gel en su espectacular hoyo del culo.

    – “Olvídate que eres mi padre… esta noche eres un afortunado hombre… muchos han deseado mi culo, pero Raúl era el único que lo podía hacer… quiero olvidarlo, así que por favor ayúdame… penétrame y disfrútalo…”, fueron las palabras que me convencieron.

    Abrí su culo y dejé que mi verga se hundiera al empujarle lentamente mi abdomen contra su trasero. En los siguientes minutos vi estrellas, Ángeles y sentí el olor del cielo. En esa posición clavé salvajemente a Jimena descargando todo el deseo por su atractivo trasero y vengándome porque mi esposa Claudia en ese momento seguramente abría las piernas para darle paso a la verga de Raúl.

    Luego me senté en una silla indicándole a mi hija se siente sobre mis piernas. Jimena se subió, tomando mi verga con su mano la guio directamente a su culo, y mientras me cabalgaba suave y profundo, yo me devoraba sus hermosas y juveniles tetas.

    Después de esa fantástica montada, se levantó dándome la espalda, se ensartó mi pene dándome unos ricos sentones, no podía creer que mi hija tuviera tanta experiencia a su corta edad, sentía delicioso como entraba mi pene hasta lo más profundo de su vagina mientras miraba el movimiento de sus nalgas a cada embate. No tardé mucho para volverme a vaciar dentro de su vagina, aun así, ella me seguía cabalgando hasta que no salió más esperma.

    Rápidamente se levantó, y dirigiéndose a mi pene, se dedicó a darme una deliciosa mamada como nunca lo había sentido, comiéndosela por completo junto con el semen que había quedado en mi pene, mientras que con sus manos masajeaba mis huevos, eso me provocó una erección tremenda, sin duda estaba listo para volverla a clavar.

    Luego dejó de mamarme y se dirigió a la cama y se acostó boca abajo colocando una almohada bajo su abdomen, de la misma forma que el Doctor Jiménez la penetró, y yo me ubiqué encima de ella, le abrí las nalgas y le hundí mi verga nuevamente dentro de su culo para estallar y entregarle mis últimas gotas de esperma y cerrar así esa noche fantástica.

    Tener sexo anal con Jimena fue una experiencia maravillosa y nos ayudó a olvidar como mi esposa Claudia y el novio de Jimena, Raúl, en ese mismo momento unían sus cuerpos y expresaban con gemidos y gritos cuanto se deseaban. Claudia se comía el pene fresco y joven de Raúl mientras que él clavaba su verga dentro de sus entrañas.

    Al otro día nos levantamos y Claudia llego como a las 11:00 a.m. con un ramo de flores para disculparse por lo sucedido. Me dijo llorando que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de que continuáramos la relación. Acepté sus disculpas sin contarle lo ocurrido con Jimena mientras que mi hija decidió terminar su relación con Raúl al no aceptar lo que había pasado con su madre.

    Como escarmiento y lección para Claudia por lo ocurrido y en vista de que ella se ofreció a “hacer cualquier cosa” por salvar la relación, le ofrecí una noche con mi esposa al Auditor Contable de la empresa. Siempre deseó a Claudia y la miraba con mucho interés. Ella expresaba su repudio y claro no le gustaba la forma como la miraba. A mí me parecía buena persona y yo sabía que él me envidiaba por tener a Claudia como mi esposa.

    – “No me acostaría con él ni por todo el oro del mundo”, recuerdo que me dijo mi esposa.

    Exactamente una semana después de que Claudia se dejó clavar por Raúl, mi esposa entraba a la habitación luciendo el mismo vestido que Raúl le levantó antes de tener sexo con ella. Esta vez ella se quedaba frente al espejo del tocador dejando que el Auditor recorriera su cuerpo con sus manos, los cuales el culo y las tetas de mi esposa fueron su objetivo. Estando ella completamente desnuda, y tomándola de la mano, él la invito a que se acostara boca arriba sobre la cama.

    Dos minutos más tarde, yo desde la puerta presenciaba en silencio y con cierta satisfacción por la venganza, como Don Mario, el auditor de la empresa clavaba su cabeza entre las piernas de Claudia comiéndose el clítoris y la vulva con desesperación.

    Cuando su verga ya estaba lista, él se puso de pie y se desnudó, para luego ubicarse encima de mi esposa y abriéndole sus piernas, dejó que su cuerpo se posara sobre el de Claudia hundiéndole su pito en lo profundo de su vagina. En los siguientes 30 minutos, él se sacudía y mecía su cuerpo encima de ella mientras que Claudia, sin abrazarlo, esperaba a que esta pesadilla terminara. Su grito se escuchó en tres ocasiones, tres fantásticos orgasmos los cuales el disfrutó intensamente.

    Durante una hora ese hombre vivió la mejor noche de su vida al poder tener sexo con la mujer que más deseaba. Durante esa hora Claudia descubrió que nuestra relación vale más que una noche loca de sexo con un joven y me lo expresó, con rostro de desagrado y asco, al sentir los chorros de semen caliente del auditor mientras que el gritando se le derramaba estando ella en posición de perrito.

    Dos meses después de esa noche Claudia y yo fortalecimos nuestra relación, pero aún sigo mirando a Jimena con otros ojos. Aún me parece increíble que fui un afortunado al poder penetrar y derramarme dentro de ese regalo tan especial.

  • Jubilada necesita emociones fuertes

    Jubilada necesita emociones fuertes

    Ese vienes, último día de trabajo de doña Rosario, encargada de liquidación de sueldos, los compañeros habían preparado un brindis en la oficina como saludo, los más próximos en el bar, un after office recargado.

    Con poco más de 55 de edad y 30 de trabajo, se retira del servicio activo, pero viéndola moverse en un improvisado “perreo” al ritmo del reggaetón pensaría que se equivocó el calendario, los tragos de más y las ganas de divertirse la hicieron el alma de la fiesta.

    El motivo y la animación alargó la festichola mucho más de lo habitual, los invitados se fueron retirando, el encargado del sector me pidió que hiciera el favor de no dejarla conducir en estado, que la llevara a la casa.

    No estaba tan ebria, sino diríamos “bien entonada”, las bromas y juegos los siguió hasta su domicilio, utilizó esa condición para pedirme que la acompañe, risueña dijo que para llegar a salvo.

    -Tomamos un trago, bebé?

    -Mejor un café. No le parece doña…

    -Doña, ¡las pelotas! No soy más tu jefa, la doña quedó en la oficina. Rosario o Nené como me llamas mis íntimos. Sí!, ah lo de bebé es como un mimo, sos todo un macho…

    La seriota mandona quedó atrás, es otra mujer, risa fácil y juguetona, me pidió que hiciera café mientras se cambia de ropas.

    Regresó subida en sus zapatos de tacón alto, medias bucaneras, cubierta con sutil bata celeste que permitía entrever la silueta de dos tetazas libres del sostén, sentó en el sofá cruzando las piernas lentamente al mejor estilo de S. Stone en bajos instintos, el efecto fue el mismo que en la peli. Ella jugaba a seducirme, yo a… ya ni sé a qué, confundido y excitado, quedé absortó perdido en esa visión que me había turbado la razón.

    Rosario manejaba la situación sabía, entendía, comprendía y deseaba sacar el deseo, mostrar el interés por lo que me ofrecía en bandeja.

    -Qué pasó? No me habías imaginado así? Estamos solos, mi marido fue de pesca, vos podes ir “a la pesca” de esta mujer, ¿te animas?

    -Claro, está bien buena.

    -Hmmm… me gusta, no te haces rogar, te voy a hacer sentir cómo no te imaginas.

    Olvidamos el café, ella había puesto “toda la carne en el asador” la sorpresa inicial se derritió cuando Nené comenzó a desprender el pantalón, hacerme una felatio de órdago, una mamada con estilo, sabiendo cómo y dónde accionar los resortes eróticos que me encendían como una brasa. Lamía con ansiedad, su boca era una boa devorando mi carne, sus ojos no perdían el mínimo gesto para acrecentar mi calentura, sabe frotar sus dientes sobre el tronco, encerrar el glande entre sus labios moviendo la lengua hasta el delirio.

    Sabia en manejar los tiempos, me sacó de su boca, sentada en el sofá, abrió las piernas hizo a un lado la tanga, abrió los labios, los dedos navegando en el húmedo nácar de la vagina, me invita a degustar el mar de su deseo. Arrodillado, entre las piernas, lamiendo la herida ardiente de su calentura, saboreando la textura de sus feromonas, cegada por el placer, perdida en el goce producido por mi lengua, me incrusta hasta frotarme con los vellos húmedos.

    El orgasmo la sorprendió, subida en la cresta de la ola contra los acantilados, sacudida y latiendo epítetos, pidiendo más acción, zarandea su pelvis, estruja sus pechos, muerde los labios. Todo a la vez, agitada, temblando, solo aflojó la tensión cuando dejé de asediar su deliciosa cuevita.

    -Vamos, vamos a la cama, no me aguanto, necesito esta cosota dentro…

    Me llevó tomado de la “cosota” sin parar de elogiarla por gruesa y por dureza, que había tenido un amante así de dotado, que ahora está alucinando con tenerlo en su otra boca.

    Era una mujer que sabía lo quiere, directa, me tumbó de espaldas, se tumbó encima, mamando y pajeando a todo dar. Solo se la sacaba para amenazarme con que me mataría cogiendo, que ahora sentiría lo que es una hembra caliente, una perra ardiente.

    -Bebé ahora vas a sentir lo que es una concha bien apretada. Desde el parto me la dejaron más estrecha que antes de parir, todos cuantos pasaron elogiaron esta cualidad, ahora te toca probarla.

    Sin darme tiempo a nada, se ahorcajó, separó los labios y se fue dejando caer, despacio, sentía como esa boca pulposa se abría dejando entrar la verga. La pausa fue solo para sentirla latir dentro, apoyó sus manos en mi pecho, despacio comenzó el subibaja, echando el torso hacia adelante, lento y pausado.

    Es la quietud que precede al huracán, mueve y agita su cuerpo, la dinámica del erotismo en su máxima expresión, sabe gozar y hacer gozar, la pelvis toma el ritmo de los labios vaginales. Es una máquina que succiona mis sentidos, todo nervio, todo lujuria, los gemidos llenan el cuarto de música.

    No afloja, exige y se entrega al placer de dar y recibir, me cuesta seguirle el vibrante ritmo de la cogida, tomé sus tetas con las manos, estrujando y apretando más de lo usual.

    -Sí, sí, así, apriétame las tetas! Sí, fuerte, fuerte, no se rompen, dale, dale! Más, más…

    Galopa en el corcel desbocado de la desmesura, los gemidos se tornan gritos, las caricias nalgadas, todo comienza a girar al son de esta máquina de garche. La naturaleza de la excitación la eleva, agita y sacude en el torbellino del orgasmo, explosivo y contundente.

    Se dejó caer con todo el peso de su cuerpo sobre el pene, un momento de silencio y elevarse para retomar el ritmo, una segunda y otra y otra… vez con el efecto devastador de sus orgasmos llevados al paroxismo sexual, los labios vaginales siguen moviéndose aprisionando la verga.

    Mientras ella dibuja su placer puedo demorar y prolongar el mío, ahora es mi tiempo, las manos bajo las nalgas ayudan a elevarse, sus manos agarradas de los barrotes de la cabecera de la cama ayudan a moverse, contagio el ritmo, un nuevo orgasmo esta en ciernes, mi eyaculación llega a la cúspide de la lujuria.

    -Me voy, me voy mamiiii

    -Apura, apura, más, más voy también…

    Llegamos juntos, el mismo grito, la misma gloria. La pausa, el silencio, la risa sin sentido, la sintonía perfecta. Desmonta del empalamiento, las fauces del carnívoro seso liberan mi verga del encierro, emerge totalmente bañada con el semen eyaculado.

    Sin perderse uno solo de mis gestos comienza a lamer el semen escurrido sobre el miembro, relamió los labios para no perderse una sola gota. Sin solución de continuidad, volvió a mamar, había quedado con sabor a poco, su carne pedía más sexo.

    Ansioso y excitado me tiré sobre sus tetas, sobando, manoseando, alucinado con devorar esas carnes que parecen no sentir el tiempo de uso, nuevamente a mil, empoderado por la potencia sexual que tenemos a los casi veinte años, el físico da para todos los excesos, sobre todo cuando una hembra como Nené aparece como regalo de la vida. La calentura y la incitación a dejar las delicadezas para una novata, ella quiere todo, si rudo y salvaje tiene mejor sabor.

    -Dame vuelta, boca abajo. De perrita me gusta más, puedo moverme y cogerte mejor.

    Arrodillada esperó con las cachas abiertas que fuera a dominarla, tomado de sus caderas, de un solo golpe se la mandé toda, seguía apretadita, complaciente esa queja era su grito de triunfo, el mío enterrarme con la fuerza y potencia de un pendejo que se está haciendo a esta vieja con mejor disposición y ganas que las pendejas de mi barrio.

    Montando, comencé a “darle máquina”, empinado sobre sus nalgas, el peso y la vehemencia del bombeo pudo más que sus piernas, la almohada, doblada, bajo el vientre y se tendió sobre ella para que su sexo estuviera expuesto a pedir de mis ganas. Ahora era tiempo de galopar a todo dar.

    -Dale, dame, dame fuerte, no me vas a romper… tal vez desarrugar… Dame pija guachito lindo!

    Grita, se mueve, se queja, sacude sus caderas al ritmo que impone su calentura, literalmente es ella quien me esta cogiendo, la dejo hacerlo, disfruto esa forma tan viril de coger. El acto se convierte en un revoltijo de emociones, no quien domina, ella moviéndose y apretando los labios vaginales o soy yo que bombea sin compasión, incitado sigo nalgueando al ritmo de la cogida. Las nalgas rojas y con la marca de mis dedos, ella en un ruidoso orgasmo pidiendo mi esencia viril.

    -Vamos bebé, vamos, me vengo, me vengo… Dame mi leche, dame mi leche!!!

    Con esta mujer no hay forma de negarse, pide, exige, disfruta la entrega de mi esperma. El golpe fuerte hasta el fondo en el primer chorro de semen, luego los otros, latiendo en los fuertes labios de la vagina que exprimen como a un limón. Nené me sacó hasta la última gota de leche.

    Perdí la noción del tiempo, pude despegar los ojos, pegado al cuerpo de esta mujer tan especial, el pene erecto a full fregando la vulva la reviven, arquea el cuerpo y se ofrece, gira más hasta ofrecerse para hacer la tijera con las piernas, el miembro se desliza fácil, deslizarse entre jugos y restos de semen, nos movemos despacio, de lado buscando el placer del roce tan sensual. Salió del encastre para ir al baño, al regreso sentada me dio un beso que me comió la boca, y que bien besa.

    Mientras pajeaba para sostener la erección, ja, cómo si hiciera falta!

    -Te quedaste con ganas de más, yo también. Pero ahora quiero que me lo hagas por atrás, me encanta que me hagan el culo, comenzó despacio, lo tengo apretadito pero hace más de dos años que no tengo sexo por ahí, y esta cosota es grosa. Me pongo culo p´arriba y me haces el orto, te lo traje bien limpito…

    No paraba de sorprenderme, se lo había estado tocando y hasta entrando un dedo mientras la montaba pero no me animé a pedirlo, ahora ella me lo entregaba, tan fácil.

    Ya conozco sus gustos, el sexo áspero y rudo, nada de sutilezas durante el garche, la pasión justifica todo, ni me importa ser su sex toy, tampoco la pequeña perversión de hacerme su fetiche sexual, me da todo lo que un joven puede desear, todo un parque de diversiones sexuales dispuesto.

    Nuevamente la almohada eleva el culo en pompa, un par de metidas en la conchita para calentar motores, el dedo jugando con el marrón, saliva y jugos lubrican el aro, el glande hace presencia, empujando suave pero firme, sus manos abren las cachas, presiono hasta que pase toda la cabeza, la pausa para relajarse y comienza el baile.

    Prontamente todo se convierte en un revoltijo de pasiones, gemidos, quejas, gritos, nalgadas, todo al mismo son del bombeo impiadoso y continuado. También puede mover a su antojo el esfínter apretando en la entrada, aflojando en la salida, disfruta la rudeza incesante del bombeo, sus manos accionan en la vagina. El anillo muscular se frunce al ritmo de la excitación de ella, el nivel de calentura es insostenible, los gemidos del orgasmo vibran, reproducidos en el apriete anal, inquieto por no poder sostener la calentura, comienzo el avance final.

    Un par de sonoras nalgadas previas a tomarme de sus cabellos y comenzar a montarla, salvaje y hasta cruel por momentos, inicio esta segunda parte, diría que le tomé el gusto a la pequeña perversión de darle el castigo que me pide, disfrutado, empujo dejando aflorar esa actitud de macho castigador que exige. El momento es tormentosamente sublime, no encuentro adjetivos para reflejar ese momento vivido y sentido por ambos.

    Sentí como un estruendo en mis oídos cuando estalló el primer chorro de semen, solo pude emitir un bufido propio de una bestia en el momento de aparearse. Por influjo de las circunstancias y dejarme llevar por la forma de sentir el acto sexual dejamos aflorar los instintos más primarios, más honesto y auténticos de una pareja en el acto de la entrega incondicional goce.

    Cuando volví a despegar los ojos la mañana es joven, seguíamos en cucharita, volteó para mirarme, su boca volvió a comerse la mía.

    -Llévate el auto para volver a tu casa, cuando despiertes me lo regresas y si tienes ganas… yo también tengo, siempre tengo ganas de más…

    El lunes cuando estaba haciendo café en la oficina, la encargada del sector me preguntó:

    -Cómo lo pasaste?

    Ahí entendí, todo había sido causal, armado por sus compañeras, yo era su regalo de despedida, el premio a su jubilación. Sonreí, nunca se habrían imaginado que para mí, ella era el premio.

    Alguna jubilada tiene algo para decir, te escucho: [email protected].

    Nazareno Cruz

  • Un viaje a la playa con mi madre y yo

    Un viaje a la playa con mi madre y yo

    UN VIAJE A LA PLAYA CON MI MADRE Y YO.

    (MI PADRE LLEGARÁ PRONTO, O ESO CREEMOS)

    Para Lara, mi más fiel lectora.

    Durante los últimos 5 años he estado sin vacaciones. He sido un mal estudiante y he tenido que quedarme en la ciudad recuperando asignaturas y cursos. Ahora, por fin he terminado mis estudios, y puedo irme de vacaciones. Pero como no tengo trabajo por el momento, ni pareja, tengo que irme de vacaciones con mis padres.

    Mi padre trabaja toda la primera semana de agosto, así que primero nos iremos a la playa mi madre y yo, y luego cuando termine, vendrá el.

    Como él tiene un buen trabajo y gana mucho dinero, (mi madre dejó de trabajar después de tenerme a mí, soy hijo único) nos ha dado dinero para que mi madre se compre unos buenos bañadores o bikinis y para mí también. Pero si tu padre tiene tanto dinero, ¿tu madre y tú no teníais buena ropa de baño ya, o qué? os preguntareis. Pues es que mi padre es muy generoso y ha decidido renovar todo nuestro vestuario al terminar mis estudios. Si, teníamos ropa chula y eso, pero se ha liado la manta a la cabeza y ¡hala! a vaciar los armarios y cambiar de ropa.

    Os ahorraré los días que pasamos mi madre y yo comprando ropa y bañadores, bikinis, etc., porque es todo muy aburrido.

    El día 1 de agosto salimos a las 6 de la mañana para evitar atascos. Mi madre conducía y a esas horas, todavía se notaba fresquito.

    Paramos a descansar y a tomar algo. El resto del camino hasta llegar a la playa, conduciría yo.

    Quedaban como unos 150 km para llegar a nuestro destino. El sol nos daba de cara y aunque llevábamos el aire acondicionado a tope, estábamos sudando. Mi madre llevaba un vestido corto que dejaba ver sus piernas y el principio de sus muslos. Sus piernas estaban un poco húmedas y pese a que tenía la vista fija en la carretera, de vez en cuando miraba hacia ella y me fijaba en sus piernas, que pese a sus 45 años, todavía eran hermosas.

    Me sentí un poco acalorado por esa visión, pero no podía hacer nada.

    Un poco más adelante vi un área de servicio y me desvié para salir a ella.

    —Hijo, todavía nos quedan 50 km —me dijo mi madre—. No vamos a llegar nunca.

    —Tranquila mamá. Estamos sudando como pollos. Necesitamos parar y refrescarnos un poco.

    Habíamos comprado una garrafa de agua en la gasolinera y ahora me daba cuenta de que había sido una buena idea comprarla para refrescarnos.

    Paramos en al área de descanso. No había ningún coche allí. Saqué la garrafa y procedí a echarle agua por el pelo a mi madre, que lo agradeció. Yo también me refresqué la cara, pero vi que mi madre seguía acalorada, por lo que no se me ocurrió otra cosa que echarle más agua por encima de su cuerpo, mojando su vestido. Este se transparentó un poco, y yo me sentí un poco excitado. Entonces me vino a la cabeza cuando era más pequeño, y dormíamos juntos la siesta con mi padre. Recuerdo haber tenido alguna erección, pero sin saber todavía que era eso.

    Volvimos al coche, ya más frescos y finalmente llegamos a la playa.

    Sacamos las maletas y subimos al apartamento. En el ascensor nos encontramos a una pareja inglesa muy amable. Nos despedimos al salir y vimos que iban al apartamento que estaba junto al nuestro.

    Sacamos las cosas más necesarias y las colocamos en los armarios, la ropa de vestir y de playa y toallas y demás.

    Pese al cansancio del viaje, mi madre estaba deseando bajar a la playa. Tenía sobre la cama al menos cinco bañadores y un par de bikinis. Me preguntó cualquier quería que se pusiese.

    —Me gusta el verde claro —le comenté. Yo había escogido un bóxer verde oscuro y pensé que quedaríamos bien así los dos.

    Entonces se quitó el vestido delante de mí sin esperar a que saliera de la habitación. Yo giré la cabeza, avergonzado, mientras me figuraba que estaba quitándose el sujetador y las bragas.

    —No tengas vergüenza hijo, te he visto muchas veces desnudo. Anda, cámbiate tú también.

    No tuve más remedio que desnudarme delante de ella y ponerme el bañador. Me quedé de espaldas para que así solo pudiera ver mi culo.

    Cuando terminé, ella ya se había puesto el bañador y le sentaba bastante bien. Mi madre no es una mujer delgada, tampoco está rellenita, pero vamos, esta fuerte. Piernas anchas, aunque no demasiado. Caderas también anchas y un buen culo. Grande, como a mí me gustan. Sus tetas han empezado a caerse un poco hace años, pero son muy apetecibles aún.

    Ya preparados, bajamos a la playa. Mi madre se mete en el agua la primera. Disfruta como una niña pequeña. Nos empujamos, nadamos un poco y tonteamos como dos adolescentes.

    Yo me salgo el primero porque estoy muy cansado. Ella se queda un poco más. Me tumbo en la toalla y al rato veo cómo sale del agua. Su cuerpo está mojado y el sol cae sobre ella. Es alta, hermosa y sus caderas se mueven al ritmo de sus andares. Me quito las gafas de sol y me quedo contemplándola. Ahora mismo pese a sus kilos de más, no demasiados, me parece la mujer más hermosa del mundo. Mi padre tiene suerte de poder tirarse a una mujer así. Por un momento la deseo y tengo envidia de el.

    Recogemos todo a eso de las 2 de la tarde y nos marchamos. Antes mi madre reservó una mesa en un restaurante en el que nos conocen hacen años, ya que íbamos cuando yo era pequeño. Nos han preparado una paella para dos.

    Cuando llegamos, Manuela, que así se llama mi madre, saluda a Rodrigo, el dueño. Hace años que no se veían por culpa mía. La verdad, yo tampoco tenía la culpa del todo porque ellos podían haberse ido de vacaciones igualmente, aunque tuviese que recuperar el curso, ¿no?

    Nos sentamos y nos traen la bebida y al poco la paella. Mi madre se ha puesto una bata por encima del bañador que deja ver su escote. Cuando ha llegado el camarero me he fijado en que se ha quedado mirando sus tetas. La verdad es que son grandes y sobresalen del escote del bañador.

    —Tendrías que haberte tapado un poco más —le digo—. Te ha hecho una fotografía con la vista.

    —Déjale que se alegre la vista, me contesta. Seguro que está soltero o si está casado su mujer no tiene esta delantera. —Y diciendo esto se colocaba el escote para que sobresalieran un poco más.

    —Estás loca mamá.

    —Y a ti te encanta, ¿eh? —y se reía.

    Terminamos la comida y volvimos al apartamento. Al salir del restaurante me fijé como el camarero se le quedó mirando el culo a mi madre. Vaya con el tipo ese, pensé.

    Yo me fui directamente a la cama, estaba muy cansado y enseguida me dormí.

    No sé cuánto tiempo pasó cuando me desperté. Oía unos ruidos que venían del otro lado de la pared. Pegué el oído y escuché unos gemidos y un movimiento de la cama. Eran la pareja inglesa, que se habían puesto a hacer el amor a la hora de la siesta.

    —More, more —decía ella.

    —Yes, yes —le contestaba él.

    Yo ya no podía dormirme, así que seguí escuchándolos. Al poco tuve una erección y me bajé los calzoncillos y empecé a meneármela.

    En eso estaba, cuando vi una sombra en la puerta de mi habitación. Era mi madre que estaba plantada en el umbral de la puerta. Escondí mi polla en los calzoncillos y me tapé con la sabana.

    —¿Tu tampoco puedes dormir? —me preguntó.

    —No. La parejita se ha puesto a hacerlo y hacen mucho ruido.

    —Y te han puesto cachondo, ¿eh?

    Yo no sabía dónde meterme. Mi madre me había descubierto. ¿Y a que venía ese lenguaje? Con mi padre sería normal que lo dijera, pero ¿con su hijo?

    —Se nota tu erección a un kilómetro. —Me dijo muy seria, pero en el fondo no estaba enfadada.

    —Yo también me he excitado. Si quieres terminar, el baño es una buena opción.

    —Mamá, por dios, como voy a… —no me salían las palabras, sabiendo que estas detrás de la puerta.

    —Como si fuera la primera vez que te la cascas habiendo gente en casa.

    O sea que era consciente de todas las veces que la meneé en el baño. Vaya…

    Me levanté aceptando la situación y me metí en el baño. Eché el pestillo, como si eso fuera a hacer que mi madre desapareciera del apartamento, y seguí masturbándome hasta que me corrí.

    Tiré de la cadena y me lavé las manos y salí del baño.

    —¿Te has quedado a gusto? —me preguntó.

    —Mamá, otra vez. Vaya con la preguntita.

    Ella entró detrás de mí. Me dirigía a mi habitación, cuando no sé porqué, sentí morbo y volví lentamente sobre mis pasos. Pegué la oreja con cuidado a la puerta del baño y pude oír como mi madre se masturbaba y gemía.

    En ese momento lamenté que la puerta no tuviera cerradura, para poder espiar a mi madre en ese momento tan íntimo.

    Cuando salió del baño, la parejita seguía a lo suyo y mi madre me propuso que durmiera con ella. Se sentía muy sola, ya que mi padre, como sabéis, no llegaría hasta dentro de una semana. Acepté y nos tumbamos y nos acurrucamos juntos.

    Juraría que tuve otra erección en sueños.

    Eran las 7 de la tarde cuando nos levantamos. Mi madre me dio dos besos y me agradeció que le hiciera compañía.

    Nos sentamos en la terraza a tomar el fresco. El sol daba por la parte de atrás del edificio y a esa hora soplaba una frisa fresca. Mi madre seguía con el bañador puesto.

    Hablamos de cosas triviales y en ese momento cruzó sus piernas. Sus muslos se acentuaron aún más. Yo me estaba poniendo nervioso.

    La conversación dio un giro.

    —Hijo, ¿cómo te gustan las mujeres?

    —Pues… no sé… —no sabía que decirle.

    —¿Te gusta tu madre?

    Me quedé en blanco.

    —Que si te gusta tu madre —volvió a repetir la pregunta.

    —Eres una mujer muy hermosa. Papá es afortunado —le dije— pero eres mi madre y eso es todo.

    —¿Eres virgen?

    —Que pregunta es esa.

    —Que si te has acostado con alguna mujer.

    —Ya sé que significa virgen. Pues no, no me he acostado con ninguna.

    —He pensado —dijo, y volvió a cruzar las piernas— que como a tu padre le queda una semana para llegar, podríamos aprovechar para enseñarte un poco.

    —¿Un poco de qué?

    —¿Quieres echarte novia y no sabes qué hacer con ella?

    —¿Y qué propones? —Me estaba haciendo el tonto. Sabía perfectamente que me estaba proponiendo.

    —Soy tu madre, pero también tu amiga. Y partir de ahora seré tu maestra. Te enseñaré todo lo que tienes que saber sobre sexo. Y no te juzgaré. Te mostraré como hacer gozar a una mujer y llevarla al éxtasis. Yo tuve que enseñar a tu padre cuando éramos novios y ahora lo haré contigo.

    Como no sabía que decir, ella se adelantó:

    —Primera lección. Ama el cuerpo de una mujer con si fuera el tuyo—. Y diciendo esto me cogió del brazo y entramos en su habitación.

    Yo no sabía que pensar y mucho menos que hacer. ¿Dónde me metía? ¿Salía corriendo del apartamento? Mi madre quería enseñarme sexo y yo, como joven que era y aunque con la libido un poco por las nubes, no podía hacer eso. ¿Cómo iba a acostarme con mi madre? El incesto estaba prohibido en nuestra sociedad. Y más aún, si lo hacía, ¿con que cara miraría luego a mi padre?

    En esto estaba cuando me encontré con que mi madre ya había quedado en pelotas delante de mí. Sus tetas apuntaban a mi cara aunque cayesen y unas gotas de sudor mojaban su cuerpo, haciéndolo más apetecible aun.

    Me quedé sentado en la cama y mi madre se sentó conmigo.

    —Qué hijo, ¿te gustan mis tetas?

    No sabía que decir, pero estaba seguro de que sabía mi respuesta.

    —Me encantan mamá. Son lo más hermoso que he visto.

    —Están un poco caídas ya —me dijo.

    —Me da igual. Para mí son preciosas.

    —Anda, tócamelas.

    No me atrevía, pero ella cogió mi mano derecha y la llevó hasta su pecho izquierdo, y comenzó a sobarlo arriba y abajo. Su pezón se puso duro.

    Luego repitió la misma operación con mi otra mano y su otro pecho. Para entonces tenía una erección enorme.

    —Antes de que tengamos sexo, voy a tener que masturbarte. Hoy no lo haremos aun (el sexo). Quiero que disfrutes y luego me hagas disfrutar a mí. Pero luego siempre será al revés. En tus relaciones tendrás que anteponer el placer de tu chica al tuyo, porque ya sabes que las mujeres tardamos más en excitarnos. Y cuando penetres a tu chica, será cuando ella haya llegado al máximo de su excitación. ¿Entendido?

    —Claro, mamá.

    —Espera que voy a coger lubricante.

    Se levantó de la cama y se agachó para cogerlo de una bolsa que habíamos dejado en el armario. La visión de su culo en pompa hizo que casi me volviera a correr, pese a que hacía poco que me había corrido.

    —Mamá —le dije— ¿puedo tocarte el culo?

    —Todavía no, espera a que te hayas corrido.

    No podía llevarle la contraria y me dejé hacer.

    Mojó mi polla con el lubricante, sin mojar el glande, y empezó a subir y bajar muy despacio por él. Me recordaba a unos videos que había visto de una masajista que masturbaba así a sus clientes. Siempre me imaginé que yo era uno de ellos, y ahora me estaba pasando de verdad.

    Siguió subiendo y bajando un rato más, despacio, lento, yo estaba en el cielo.

    —Córrete cuando quieras mi niño. —Me dijo ella.

    Al oír estas palabras no pude aguantar más.

    —Mamá, acércate.

    Se acercó a mí y la besé en la boca. Luego puso su boca en mi oído y dijo: —En silencio, que no nos oigan los vecinos. —Justo en ese momento, di un espasmo y me corrí. Un primer chorro saltó a sus tetas y dos más, más cortos, a su tripa.

    Me quedé así, mirándola extasiado después de mi segundo orgasmo ese día. Mi madre me sonrió y cogiendo un clínex, se limpió toda. Por un momento pensé en que se restregaría mi semen por su cuerpo, como en las películas porno. Pero esto no era una película porno, era real y era mi madre.

    —Ahora mi niño, podrás tocarme el culo.

    Dijo esto y se puso con el culo en pompa en la cama.

    Yo me alcé y empecé a sobárselo. Ella me decía como le gustaba, que se lo tocara así o de otra manera.

    La visión de su culo así era lo más hermoso del mundo. Pese a su celulitis y defectos, el tenerlo tan cerca, húmedo y a mi alcance, era lo más.

    Luego me indicó como masturbarla. Se giró, se abrió de piernas y le abrí los labios como me indicó y le comí todo el chocho. Me concentré donde me dijo y finalmente llegué a su clítoris. Me hizo recorrerlo con mi lengua como a ella le gustaba, entonces pensé de nuevo en lo afortunado que era mi padre, y unos minutos después, se corrió con un grito que ahogó mordiendo la sabana. Los vecinos sabrían que éramos madre e hijo y no podían enterarse de los pecados que estábamos cometiendo.

    Mi madre me hizo sufrir y como me había dicho, hoy no haríamos el amor. Me prometió dejarlo para el día siguiente. Pero aún quedaba lo mejor.

    Abierta de piernas, mojada y yo de nuevo con una erección magnifica, se le ocurrió que pusiera mi pene justo encima de su entrada. O sea, mi polla subiría y bajaría sobre su sexo, pero sin entrar en él.

    Coloqué mi glande como me indicó y sobre su vello púbico, empecé a subir y bajar como si me la follara, pero sin hacerlo. Al final me permitió frotar su clítoris. Estaba al borde del orgasmo de nuevo y mi madre también. Me pidió que la avisara antes de correrme y así lo hice.

    Pocas gotas de semen salieron de mi interior después de mi tercera corrida, pero fue maravilloso. El orgasmo de mi madre también lo fue y terminamos los dos abrazados.

    Todavía quedaban 6 días para que llegase mi padre.

    Vaya semana que me esperaba…

  • Le pelé el culo con la lengua y el dedo

    Le pelé el culo con la lengua y el dedo

    Este es un relato que refleja una situación de mi vida real, no es para que nadie me juzgue. El hijastro de mi hermano es futbolista desde que está en la escuela- Se llama Abel. Ha jugado por toda su adolescencia y tiene una piernazas de futbolista, gruesas, lampiñas, tucos de piernotas que terminan con unas nalgas demasiado paradas y grandes, casi como si fueran de una puta operada. Cuando camina una nalga mueve la otra y en su adolescencia me desesperaba verlo crecer como si fuera inalcanzable.

    Finalmente se graduó de la secundaria y ya era todo un hombre rebelde. Blanco, como de 1.75, cuerpazo, cabello castaño, labios rosados y carnosos, usaba dos aretitos y tenía noviecitas correteándolo. Por motivos de trabajo quedó haciendo la práctica profesional donde trabajo en Santiago y allá se quedó conmigo varios fines de semana. Uno en especial había una patronal y fuimos juntos. Ahí lo vi bajando pintas como loco. Yo seguía viendo este muchachón riendo y tomando con sus amigos y solo pensaba en esos nalgones y muslotes. Decidí patrocinarles una botella de whiskey, un billetón me gasté pero que al final valió la pena. Le servía generosamente y ya veía a Abelito trastabillar. Sus amigas estaban cabreadas de la conversación entre hombres y se fueron retirando una por una. Cuando quedamos solo cuatro hombres en la mesa los veía conversar entre ellos y reírse tontamente. Pensé que siendo yo demasiado mayor para ellos, tenían sus vainas y así era. Uno le pasó a Abel un cigarrillito de crispy y pensó que yo no lo había visto. Al rato se acabó la parranda y cada uno agarró para su casa. En el camino le dije a Abel que prendiera el crispy y comenzamos a fumarlo. Cuando llegamos a la casa aún no me había hecho efecto pero si a él y fuerte. Creo que no era el primero de la noche. Se metió al baño a mear y yo esperé un rato sin escuchar nada hasta que me acerqué y entreabrí la puerta del baño. Abelito estaba sentado en la taza del servicio, mirando al piso y en calzoncillos.

    Me le acerqué y lo levanté y lo fui llevando a su cama. Solo de sentir el olor a sudorcito, la marihuana y el guaro me sentía yo súper arrecho. Me le acerqué y sin que se opusiera comencé a besarlo, suavecito, casi como una nenita. Le agarré las nalgas y el paquete pero el casi no respondía, parecía un zombi. Lo volteé y le bajé los calzoncillos, ahí estaba esa nalgona grandotota, dura, casi sin vellitos. Regresé al baño por una toalla mojada enjabonada y una rasuradora. Le separé los dos tucos de piernas y procedí a rasurarle los pocos pelitos que asomaban en su culo.

    No se imaginan la arrechura que cargaba, tanto que el crispy se me pasó de una vez. Metí mi cara entre sus nalgotas y sentí el aroma a macho más rico del mundo. Me pegué a mamarle el culote, demasiado rico ese culo. Abel ni se movía. Le metí dos almohadas debajo y lo levanté para poder seguir comiéndome ese culo con gusto. Le tomé fotos, videos, lo nalguee y le comencé a meter los dedos mojaditos con saliva. La baba la tenía espesa y el culo estaba demasiado apretado, ahí fue que se quejó un poquito pero seguía tirado del batazo y la borrachera.

    Pensé en culeármelo pero así dormido no tenía mucha gracia. Lo que hice fue separarle con una mano las nalgas para verle el ojo del culo y pajearme. La leche se la tiré encima. Me acosté a su lado y le puse una mano en su nalgona y me quedé dormido enseguida.

  • Mi cliente al verme enloqueció

    Mi cliente al verme enloqueció

    Él era un cliente que ya era la tercera vez que veía, un tipo loco por cogerme de mente muy abierta y de fantasías muy sucias. No me gustaba verlo, pero Ice… estaba de vacaciones y quería darle esa salida… para sentirnos más cerca y conectados todavía.

    Fui al encuentro, había preparado una pollera y una remera casual, el cliente insistió en que quería verme así vestida. Al salir de casa le envié una foto a Ice que estaba disfrutando de sus vacaciones y yo solo quería perturbarlo como siempre, inquietarlo, darle ganas de estar acá y no allá.

    Mi cliente al verme enloqueció, me saludo y ya empezó a tocarme las piernas y querer ir a fondo entre medio de mis piernas, estaba loco por cogerme y yo inquieta que pase la hora y media y contarle a Ice lo sucedido. Llegamos al hotel no me dio respiro solo dejo que apoye mi cartera y comenzó a tocarme, olerme, besarme, me tiró en la cama, corrió mi bombacha y bajó a besarme sin parar, no quería que me mueva, se levantó, tomo un preservativo y de ahí no paró de cogerme con la pollera puesta hasta acabarme entero.

    Me fui a duchar y al salir estaba esperando para seguir, que me resultaba difícil manejarlo, le dije que era mi turno y le comí la pija hasta un punto que me dijo “putita yo te cojo acá…”. Me tomó en el aire, me acostó y volvió a chuparme entera toda la vagina, estaba loco y quería más y más. Volvió a cogerme, se hacía difícil manejarlo no me agradaba, todo lo contrario tenia a Ice en cada rincón en cada sonido del celular estaba ahí conmigo, rara sensación de placer. El cliente que no paraba de darme órdenes como “decime que sos mi puta y grítalo fuerte”, me incomodaba, volvía a decirlo mientras entraba y salía de adentro de mí, “decilo putita, dale para mí, para el hotel entero se entere que sos mi puta”, estaba bravo, demasiado para mi gusto no poder dominarlo, me generaba impotencia sino de lo hacía y se me complicaba la cancha.

    Al fin sonó el bendito reloj y él quería seguir diciéndome que lo deje acabar en mi boca y de ahí a mis senos que quería eso “dale putita dale” repetía una y otra vez. Hasta que sabía que estaba entregado y le dije “si gordito dale” y no pudo llegar fue más fuerte murmurar un “si” en sus oídos y acabó de lleno.

    La experiencia más fuerte que no pude manejar, y la última que pude contar.

  • Buscando a Pilar (Parte 2)

    Buscando a Pilar (Parte 2)

    Pilar no dejó escapar ni una gota luego que había eyaculado todo el semen en su garganta que trago por completo su lengua recogía todo residuo en el falo hasta dejarlo limpió no tenía nada que envidiar a su madre haciendo el sexo oral.

    Luego cogió la cerveza y tomó un buen sorbo e igual hice yo, había que aprovechar el momento rápidamente afloje el botón de su pantalón y se lo quité antes que se le enfríe el cuerpo.

    -¡Nooo… Miguel ya es suficiente con lo que hice, ya me quité la curiosidad… ahora vámonos ya!

    Para ella tal vez era suficiente pero para mí no, su curiosidad había hecho que se cumpliera un sueño pero todavía faltaba mucho más, bajé su tanga roja y metí la cabeza entre sus piernas que belleza su vagina depilada con los labios hinchados.

    -¡Miguel… nooo… ¿Qué haces? Nooo!

    Hice algo de fuerza para que abriera las piernas más y besé al inicio su sexo la lengua recorría de arriba abajo los labios externos y seguí así un buen tiempo hasta que ya no había ninguna resistencia por parte de ella, sus gemidos me decían que ya lo estaba disfrutando.

    -Aggg Migueeel… ohhh

    -Déjame Pilar ahora a mí… ¡qué rico!

    Sus manos sobre mi cabeza mientras lambia su chucha que ya estaba caliente y húmeda ya indicaba que aceptaba mis caricias sus caderas se movían locamente cuando llegué al clítoris ahí se desarmó por completo.

    -Ahhh… ohhh… Migueeel… que rico eres.

    Cuando sus gritos eran más fuertes ponía más empeño en devorar el clítoris hinchado sus dedos jalaban fuerte mis cabellos pero no me importaba yo seguía chupando y lambiendo hasta que gritó fuerte cuando llegó a tener un orgasmo múltiple y sus jugos lleno mi boca.

    -Ayyyy Migueeel… ahhh.

    Pilar estaba temblorosa e agitada su cuerpo había experimentado una fuerte sensación de placer busqué su boca y me correspondió y nos besamos salvajemente, le quitó el polo mojado por su transpiración luego el brasier dejándola ahora totalmente desnuda no dejaría que se recupere, besaba sus deliciosos senos y luego los pezones duros y erectos, tanto tiempo que de sólo imaginar que los tenía en mi boca me hicieron masturbarme muchas veces ahora si era realidad mis manos sobaban sus tetas haciéndola gemir.

    Mi verga estaba otra vez dura lista para seguir cumpliendo lo que tanto había soñado con Pilar, no fue nada difícil meter la verga en su chucha por lo lubricada que estaba… parecía un guante hecho a la medida del falo por lo apretado que estaba.

    -¡Qué rico Pilar!

    Comienzo a cogerla muy despacio mis caderas se movían sobre ella metiendo la pinga hasta la base y besando su cuello y oreja, sus súplicas para que no continué eran muy débiles.

    -¡Nooo Miguel me gusta mucho, pero ahora no estoy en mis días fértiles!

    Tenía razón podía salir embarazada y no tenía en ese momento un preservativo porque nunca imagine llegar a tener sexo con ella hoy, pero tampoco podía quedarse así de caliente y dejar pasar esta oportunidad.

    -Si… ahhh… pero no podemos… quedarnos así… tú también estás caliente ¿Qué vamos a hacer?

    Ella me abrazó muy fuerte y luego se retiró dejándome con la verga afuera totalmente decepcionado y se sonrió pero luego vino la sorpresa cuando se volteó dejando su culo a mi disposición y con ambas manos ella se abrió las nalgotas y vi su ano marrón.

    -Siii yo también estoy muy arrecha y quiero sentir esa verga grandota que tienes bien adentro… métemelo por el culo.

    Sus dedos los metía en su chucha que estaba muy mojada de sus jugos y luego se lo metió al culo para facilitar la penetración, puse el glande a la entrada del culo y fui empujando despacio y veía como desaparecía muy rápido hasta que lo tuvo todo adentro se veía que no era la primera vez que su esfínter recibía una pinga pero aún apretaba bien rico.

    -Ayyy que buenooo… así… así… se siente bien rico… me duele un poco…

    El imbécil de su enamorado le había roto el culo antes pero yo se lo estaba destrozando porque mi verga era mucho más grande y gruesa ahí estaba bien ensartada Pilar aguantando el dolor y al mismo tiempo disfrutando nunca dejaría de agradecer a mi padre por su herencia.

    -Ayyy Miguel me estaaas abriendooo el culooo… ayyy… pero no te detengaaas…

    Y no me detuve seguía metiendo y sacando la pinga con fuerza de su esfínter que ya se había acomodado muy bien al tamaño del visitante que tanto placer le provocaba.

    -Pilar que culo para sabroso tienes te lo voy a dejar bien abierto… Aggg…

    Sus nalgotas saltaban a cada embestida que recibía su culo que ya había pasado a ser de mi propiedad, sus brazos los usaba como si fueran las riendas mientras la cabalgaba como a una yegua que domaba no con las espuelas sino con una buena verga grande y gorda como lo había conseguido con su madre.

    -Asiii Pilar, ahora soy tu cachero… esta pinga también ahora es tuya…

    Ella no me contestaba pero sabía que era cierto su curiosidad había sido la causante que ella también cayera presa de mí, y novia la cabeza afirmativamente cuantas veces le decía lo mismo.

    -Ahh… Miguel… yaaa noo puedoo maaas meee estaas matandooo amooor

    Sus nalgas estaban rojas de tanta frotación conmigo y di un fuerte empujón que su grito se ahogó en su garganta y llegue a disparar una buena cantidad de leche en su culo…

    Caí pesadamente sobre ella exhausto por el trajín realizado luego nos abrazamos y nos quedamos un rato así, el cansancio nos venció y nos dormimos para luego bañarnos juntos y salir del departamento cada uno por su lado.

    Paso una semana cuando recibo una llamada de ella, quería hablar conmigo se notaba muy nerviosa pregunté qué había pasado creía que algo había sucedido con su hermano o mamá…

    -Miguel he terminado con mi enamorado nos hemos peleado se ha dado cuenta que estado con otro hombre…

    Traté de calmarla y le pregunté cómo se dio cuenta que había sido infiel si hemos tenido mucho cuidado…

    -Él había dejado encargado a una vecina que viera quién llegaba a su departamento y nos vio Miguel y no sólo eso cuando hemos hecho el amor se dio cuenta que tengo el culo bien reventado cuando me penetro. Y lo peor es que sabe que eres tú.

    (Continuará…)