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  • El liguero

    El liguero

    Desde luego es precioso. Aunque me parece un poco caro. Total para lo que me va a durar puesto no sé si debería gastarme tanto. ¡Qué demonios!… “Señorita por favor… ¿los probadores?”… “Si… como no… al final del pasillo”… “Gracias”… “De nada”.

    Me dirigí a los probadores sintiéndome observada, me giré incluso para comprobar si alguien me seguía y no, no había nadie, pensé: que raro… creí que me miraban y continué mi camino.

    Ya en el probador comprobé que el camisón semitransparente me sentaba fenomenal, se ceñía a mis curvas con suavidad, su tacto sedoso hacía de el una caricia para mi piel… (se volverá loco cuando me lo vea).

    Salí del probador dispuesta a comprarlo, pero en mi camino algo llamó poderosamente mi atención, se trataba de un liguero de color berenjena con el sujetador y el tanguita a juego. Como soy de naturaleza caprichosa y un poquito fetichista decidí probármelo, total aquella mañana había salido de casa con el ánimo muy bajo dispuesta a subirlo gastando dinero en algunos caprichitos y está claro que la lencería fina siempre ha sido uno de mis caprichos predilectos.

    ¡Pero si también lo hay en color granate! ¿Y ahora cual me llevo?

    Estaba con mi mente tan ocupada en decidir cuál de los dos colores me quedaría mejor que no advertí que alguien se me estaba acercando por detrás, cuando lo noté ya estaba demasiado cerca, me quedé inmóvil,  respirando un olor muy varonil, podía sentir a través de mi ropa el calor de otro cuerpo, podía sentir su aliento en mi nuca…

    Me recorrió un escalofrío y su cercanía me hizo sentir violenta… Me giré intentando conservar la calma, allí estaba él, un hombre alto y elegante con una mirada de descaro impresionante. Agarré los dos ligueros y al intentar evitar al desconocido se me cayó uno al suelo, nos agachamos a un tiempo, nuestras manos se tocaron al recogerle, sentí una mezcla extraña de temor, deseo y osadía… Su actitud hacia mí dejaba muy claras sus intenciones, era evidente que me deseaba… (¡me gusta a rabiar… que locura!… pero ¿cómo se atreve a acosarme así? Uff que calor).

    Una de las dependientas atendía a una señora entradita en carnes que se empeñaba en comprar un tanga de la talla 52, cuando la dependienta le dijo que no tenían tallas tan grandes la señora se marchó muy ofendida y muy enfadada empujándome sin querer al pasar por mi lado. Yo perdí el equilibrio sobre mis tacones de aguja y caí de espaldas, bueno… no caí… unos brazos fuertes me sujetaron y me sostuvieron impidiéndome separarme… (es él otra vez… ¿y si me da la vuelta y me besa?… si… ojalá lo haga)…

    Pero él no se movía solo permanecía pegado a mi cuerpo… muy… muy pegado… podía sentir en mi espalda todos y cada uno de sus músculos… y en mis nalgas sentía algo duro que crecía por momentos… algo que desde luego no era su teléfono móvil… me excitó ese pensamiento… (Dios mío… ¿estoy loca o qué?… si no me suelta pronto no respondo)… a pesar de nuestra mutua excitación intenté separarme como pude y para mi desilusión él me soltó… me sentí desprotegida sin ese corpulento cuerpo pegado a mí…

    Pero la sensación de desamparo duró muy poco tiempo. Al entrar en el amplio espacio del probador algo me impidió cerrar la puerta, era él que se coló sin contemplaciones en el interior del probador cerrando la puerta tras de sí.

    Despacio… muy lentamente se aproximó… evidentemente yo no protesté… me moría de ganas por ver donde acabaría todo aquello… mi respiración iba perdiendo su ritmo tranquilo a medida que él se acercaba… más y más… quedándose parado al juntarse su pecho y mi pecho… con el dedo índice en mi barbilla me alzó la cabeza y acarició mis labios con el dedo gordo… yo atrapé su dedo gordo entre mis labios y comencé a chuparlo y a acariciarlo con mi lengua… sin dejar de mirarle a los ojos.

    Me miró con aprobación como pensando que no se había equivocado al elegir a su presa… su mano se libró de mi boca… y me agarró del pelo tirando suavemente hacía atrás… para que yo levantase mi cabeza más aún… para demostrarme quien mandaba… yo le dejé… el pasó su lengua por mis labios recorriéndolos… una y otra vez… yo me limite a abrir los míos y rozar con mi lengua la suya… ese gesto bastó para que por fin metiese su lengua en mi boca… nuestras lenguas se enlazaron de inmediato… ansiosas… ávidas y deseosas de darnos placer.

    Mientras tanto nuestros dedos se afanaban desabrochando los botones de nuestras camisas… y los cierres de mi sujetador… al fin nuestros cuerpos se rozaron… mis pezones se endurecieron de inmediato al contacto con el vello rizado de su pecho… sin separar nuestros labios me desabrochó la falda… que cayó a mis pies… yo a mi vez también le desabroché el pantalón… que imitó a mi falda y cayó a sus pies… sus manos buscaron anhelantes mi sexo… y mis piernas se abrieron para él.

    Se arrodilló delante de mí bajando mi braguita y separó un poco más mis piernas… comenzó por acariciarme suavemente con los dedos… a continuación los introdujo en mi interior moviéndolos de una manera muy experta… al mismo tiempo que empezó a utilizar su lengua… lamiendo de abajo a arriba… y de arriba a abajo todos mis jugos… lamiendo en círculos todos mis pliegues… deteniéndose en mi clítoris… recreándose en morderlo con sus labios… con ternura… con devoción… apretándolo con exquisita suavidad… apretándolo con una dulzura infinita… regalándome de ese modo un orgasmo tan largo y tan intenso como no he vuelto a tenerlo jamás.

    Se levantó con una sonrisa de agrado… sabía que lo había hecho fenomenal… yo le devolví la sonrisa agradecida y me arrodille ante él bajándole su bóxer… su pene estaba completamente erecto… se mostraba orgulloso delante de mí… tieso… erguido… rígido… lo acaricié con mi mano y lo calenté con mi aliento… a continuación saqué la lengua y comencé a lamerle las ingles… los testículos… y por fin la cabeza tersa y rosada de su miembro… que ya mostraba una gota brillante en la punta… chupé esa gotita saboreándola… y enseguida me dedique a darle pequeños y cortos lametazos…

    Después me lo introduje en la boca solo un poco… lo suficiente para succionar delicadamente el capullo… sin apretarlo sin hacerle daño… proporcionándole un gran placer… noté como se hinchaba y como parecía a punto de reventar… y entonces no pude aguantar más mis ganas de sentirlo todo dentro de mi boca… y me lo metí hasta dentro… hasta la base… sintiendo como me ahogaba en la garganta… sacándolo entre mis labios apretados para volver a engullirlo despacito otra vez… dentro y fuera de mi boca hasta que la caricia de mi lengua le hizo correrse de una manera muy abundante… yo tragué toda su leche saboreándola… relamiéndome de gusto y dejándole completamente limpio y satisfecho… su cara de gozo lo decía todo.

    Después de vestirnos sonreímos, éramos cómplices, anotó un número de teléfono en un papel y sin decir nada lo metió en mi bolsillo al tiempo que me besaba en los labios en señal de despedida…

    No necesitamos cruzar ni una sola palabra para proporcionarnos mutuamente un encuentro sexual realmente fantástico, lleno de morbo, un encuentro único en la vida…

    Nunca le llamé, aunque tuve ganas de hacerlo muchas veces, es más, aún conservo su número y cada vez que uso el liguero de color berenjena que compré aquel día no puedo evitar sonreír al recordar a mi amante desconocido.

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  • Peludita y natural

    Peludita y natural

    Esta historia lleva dos años de estacionamiento emocional, por consiguiente, las culpas han prescripto y las costas familiares saldadas.

    Como decía hace dos años Doris y quien relata, adornamos la testa de Gustavo, con un buen par de cuernos.

    Gustavo, cuñado en ese momento, compañero del fútbol sabatino, se ufana de tener una relación abierta con su mujer, me tenía harto de alabarse de lo bien que lo pasaban y sobre todo de tan buena que es en la cama y que tiene la “cosa” tan peluda.

    Tanto así que me daba por pensar que la estaba promocionando o era un ofrecimiento encubierto, pero nunca me animé a avanzar sobre esa temática, un tanto escabrosa como para hablarlo tan de frente.

    Un sábado, como tantos, pasé a buscarlo, Doris me hizo pasar, bata entreabierta, hasta bien arriba, exhibe generosa porción de ese cuerpazo tan esbelto y tan blanco. Tacones altos, algo poco usual para esas horas de la mañana de un sábado hacen más estilizadas sus bellas piernas, me conduce al living meneando sus caderas. Tomé asiento mientras espero al amigo, se sienta sobre el brazo del sillón, frente de mí, para acomodarse uno de los zapatos, en la acción, accidentalmente, se le abrió más la bata y “la selva negra” púbica retuvo toda mi atención, ojos incrédulos escudriñan más allá de la imprudencia, absorto por esa intimidad que me tenía atrapado.

    —¿Un… café? —Sonrió, cerró la bata con osada y morosa lentitud, jugando al gato y el ratón.

    —Sí, sí… lo que digas.

    Café mediante, hablando cualquier cosa, ella que no era nada tonta, había notado cierta turbación en mi ánimo y alguna muestra inevitable en mí de ese momento de latencia masculina, sabía que estaba ansioso esperando ver otro poco, deseando que el marido demorara una eternidad en volver, sus gestos decían tanto de una mujer que sabe cómo manejar la seducción y jugar con la ansiedad del hombre.

    —¡Ah!…, casi olvido, decirte que Gustavo, no está… Salió anoche, un viaje de apuro, falleció la tía, recién vuelve mañana por la noche.

    Recostada sobre el brazo del sillón, diría que una pose artísticamente estudiada para propiciar que la indiscreta abertura de la bata exponga la renegrida vellosidad enrulada, su nada inocente descuido permite mi deleite lascivo y perderme en arrobada admiración.

    —¿Qué pasa?

    —Nunca vi tanto… y… ¡tan negro!

    —¡Ah!… y… ¿Qué te parece? A Gustavo lo enloquece, ¿y a vos? —Desafió, un albur para elevar la apuesta, está mostrando sus cartas y espera…

    Acepté el reto, descubierto, no tuve más remedio que mostrar las cartas, los calores que me subían desde los genitales taparon la prudencia, la excitación soltó el freno y aceleró la acción. De súbito, de pie, entre sus piernas tomé la cara entre mis manos y la besé. Nos besamos de lengua. El calor húmedo de su boca me subió en la espiral de la excitación, deshice el lazo de la bata, despojé de la cáscara de raso, blanca piel se deja a la caricia y al beso ardiente.

    La erección oprimida en el jean se frota contra la espesura negra de su “cosa”, vibra y sacude al contacto. Abre sus piernas para favorecer el contacto, que sienta el calor interior del peludo orgullo del cornudo ausente.

    En el camino a la cama perdí la ropa, desnudos y abrazados nos revolcamos. Las bocas intercambiaron salivas y mimos, los dedos exploran la selva negra, tragados por el abismo húmedo recorren el interior de la caverna, las delicias del contacto digital la hacen vibrar y aullar como los lobos a la luna llena. Sus gemidos llenan de música, el aroma que emana su cosa peluda embriaga los sentidos y enciende la hoguera del deseo más ardiente. Ella me agarra del miembro, juega pajeándola para incrementar a full las ganas de cogerla.

    Levantó las piernas, abrió del todo, el matorral piloso quedó en primer plano, la jugosa valva rezuma jugos que brillan a la sombra del vello deliciosamente enrulado. Qué razón tenía el cornudo de Gustavo, poder llenarse los ojos de una cosita sabrosa condimentada de vellos tupidos y emprolijados aportan el valor agregado del deseo, compiten y salen ganando en la comparación de tantas cosas lampiñas, que encontrar una de este porte es algo digno de admirar y apreciar entre las delicias gourmet como el mejor alimento afrodisíaco del comensal lujurioso.

    El choto, erecto, la incipiente calentura asomando desde el ciclope de su cabezota brillante, desbroza el suave vello, se lanza con vehemencia a lo profundo de la caverna, pasionalmente salvaje, a lo bestia, tal como impone el manual de la calentura repentina.

    —¡Así, así! ¡Quiero más! —Aúlla sin freno, desbocada, perdiendo los estribos, levando las anclas para navegar en el mar de la infidelidad y naufragar en los cuernos a manos de su cuñado. Sonría mientras pensaba, que todo quedaba en familia.

    Lujuria avasalladora, máquina de coger, sin límites ni contención, insaciable a la hora del placer, dos orgasmos larguísimos, agarrada de mis nalgas quería meterme más adentro de los límites físicos. No paró de gemir y aullar, rostro desencajado en loco goce, le daba para que “tenga y guarde”, atravesarla con el choto, sentía el fondo del útero, autista en el goce, seguía en lo suyo.

    — Más, más, ¡más!

    Consecuente y obediente estaba para cumplir sus deseos más ardientes, elevé su pierna izquierda, subido el pie junto a mi cara, asido del muslo con mis manos, colocado casi en una tijera, podía entrarle todo el grosor de mi poronga, bastante más gorda que la del cornudo ausente con aviso, le doy el sexo salvaje. Los gemidos agradecen el tratamiento brusco y desmedido, la calentura promueve otro orgasmo, y van… hasta perderse en el fragor de la cogida estruendosa.

    En medio del carnaval de acabadas de Doris, eyaculé con todo, dentro, sin aviso previo, me dejé perder en su cosa peluda.

    —¡Sí, así, ¡qué lindo, más, más! —El chorro incentivó sus vibraciones y hasta un postrer orgasmo a modo de coronación de una estruendosa acabada.

    Extasiado por un delicioso polvo, que como todos sabemos, cuando se producen fuera de programa, siempre son los que nos llenan de placer. Doris, vuelve del baño, como dios la trajo al mundo, la cosa peluda resalta contra la blancura extrema de la piel, mis recuerdos solo tienen archivo de vellos recortados o depilados, esta visión realza y enriquece la memoria visual de un calentón. Focaliza mi fantasía, me “aboco” sobre la fronda a buscar el manantial de jugos, hurgué con la lengua y retornaron los aullidos, el clítoris quedó atrapado en mi boca, el shock la sacudió, me atenazó entre los muslos.

    Después del segundo lingual, breve paseo por el 69, se arrodilla, de bruces sobre la almohada, se entrega permisiva y sumisa. Piernas separadas, labios gruesos barnizados de jugo, el culo elevado incita ser poseído en cogida impetuosa y desaforada, la zona anal la tiene deliciosamente tratada, es evidente que la “tira de cola” se robó hasta el mínimo vello de la zona “del marrón”.

    Comenzamos por la peludita, pero en el metisaca resbaló “por accidente” y “se” entró por el orto, sin llamar, y se le escurrió bien adentro. Con la escasa lubricación se puede sentir el fragor de piel a piel con toda la intensidad, goce del macho y molestoso goce de la hembra, el mejor combo para un polvo de antología por el culo de esta belleza tan blanca y ardorosa.

    La cabeza se mandó por el canal, sin pedir permiso. Intentó salirse, en vano, volqué todo el peso sobre ella para asegurar la ocupación ilegal. Meta y ponga intenso, consumé el derecho de goce a fuerza y calentura, me demoré en gozarla omitiendo puteadas y reclamos de la sometida. En ese momento pensamos en Gustavo y le dije mientras le entraba de forma algo más salvaje, “coronado de gloria a morir”, acompañando con un par de ruidosas nalgueadas, enterrando toda la verga dentro de mi puta cuñada.

    —Hijo de puta, ¡más despacio que me matás! ¡Despacio guacho! ¡me lo vas a desgarrar puto de mierda! —vocifera y putea a discreción, mientras el macho responde con nalgadas, enterrándose en lo profundo del culo de Doris.

    Los gritos y sacudidas me recalientan, nuevos bríos, le doy “a todo trapo”, respondo cada insulto con una nalgada, cada gemido con un empujón. Nos dejamos llevar en la vorágine “culinaria” estábamos cocinando un exquisito polvete anal, y ella apunto de tragarse mi leche.

    Culmina la culeada cuando descargo la enema de esperma con toda la fuerza. A pesar de la violencia ejercida en el tramo final, concluyó del mejor modo, aunque la “guacha” quedó reprochando haberle reventado el culo y dejado ardiendo y marcadas mis manoplas en sus nalgas. Sonreímos por el delicioso deleite de compartirnos en el placer de un polvo, tan urgente como imprevisto, pero digno de volver a repetirlo.

    —¡Me gustaron tus nalgadas! ¡Que se repintan! esta noche estoy sola…

    La respuesta quedó flotando, las ganas navegando en las tranquilas aguas del relax y los cuernos coronando la testa de mi cuñado.

    Nazareno Cruz

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  • Trío fetichista al cuero

    Trío fetichista al cuero

    El calor sofocante se acumulaba dentro del traje de cuero negro que envolvía mi cuerpo como una segunda piel. Cada centímetro de mi ser estaba atrapado en su abrazo ceñido, desde los hombros hasta los tobillos, con solo mi cabeza y mi entrepierna expuestas al aire. La máscara de cuero que cubría mi rostro, ajustada con hebillas plateadas, restringía mi visión periférica, intensificando cada sensación. Sus aberturas dejaban libres solo mis ojos, mi boca y un pequeño espacio para respirar por la nariz, haciendo que cada inhalación oliera a cuero curtido y a mi propio calor corporal.

    El peso del material, su rigidez al moverse, me hacía sentir contenido, poderoso, como si el traje canalizara mi deseo en algo palpable, casi eléctrico. Cada paso resonaba con un leve crujido del cuero, un recordatorio constante de mi envoltura. Mis manos, enfundadas en guantes de cuero negro brillante, se deslizaban por el cuerpo voluptuoso de mi amante. Ella, recostada sobre una cama cubierta de sábanas de látex rojo, me llamaba con un susurro provocador. Llevaba un corsé de cuero marrón que ceñía su cintura hasta lo imposible, realzando sus curvas, y guantes largos de cuero que se extendían hasta sus hombros, reluciendo bajo la tenue luz de las velas.

    Sus dedos, también enguantados, rozaron mis brazos, y el contacto del cuero contra cuero envió un escalofrío por mi espalda. Detuve mis manos en sus pechos, que se asomaban tentadores por encima del corsé, mientras mi falo, erecto y libre de la abertura del traje, palpitaba con anticipación. La penetré lentamente, sintiendo cómo el calor de su cuerpo contrastaba con la frialdad del cuero que nos envolvía a ambos. Sus gemidos llenaban el aire, y su rostro, enmarcado por una máscara veneciana de cuero con detalles dorados, revelaba un éxtasis que me enardecía aún más.

    Ella deslizó sus manos hacia mi pecho, masajeando mis pezones a través del traje, y la sensación, amplificada por la presión del cuero, hizo que mi erección se intensificara, como si el traje mismo estuviera exprimiendo mi deseo. De pronto, una presencia a mi espalda me hizo estremecer. Un par de manos enguantadas, firmes pero delicadas, recorrieron mi cuerpo. Giré ligeramente la cabeza, lo suficiente para vislumbrar a una figura envuelta en un hábito religioso de cuero negro, tan ajustado que parecía fundido con su piel. Su rostro estaba oculto tras una capucha de cuero con aberturas mínimas, dejando ver solo unos ojos brillantes y una boca pintada de rojo intenso.

    La capucha, con su diseño austero pero erótico, le daba un aire de misterio casi sobrenatural. Sin mediar palabra, sus dedos enfundados encontraron la abertura trasera de mi traje, diseñada con precisión a la altura de mi ano. El roce del cuero frío contra mi piel expuesta me hizo jadear, y cuando sus dedos comenzaron a estimular mi próstata con movimientos expertos, sentí una corriente que recorrió mi cuerpo entero.

    La máscara que llevaba amplificaba cada sensación: el cuero apretaba mi rostro, calentándose con mi respiración agitada, mientras el aroma a cuero se mezclaba con el sudor y los fluidos que empezaban a impregnar el aire. Entonces, ella se acercó aún más, y su lengua, cálida y precisa, comenzó a explorar mi ano en un beso negro que me hizo temblar. Cada lamida era un torbellino de placer, intensificado por la presión del traje, que parecía comprimir cada nervio de mi cuerpo, haciéndome hipersensible. Seguía penetrando a mi amante frente a mí, cuyos besos apasionados y roces de cuero contra mi piel me mantenían al borde del abismo.

    La combinación de ambos estímulos —la penetración, los besos negros, el roce constante del cuero— era abrumadora. Mi cuerpo, atrapado en el traje, se sentía como si estuviera a punto de estallar, cada movimiento amplificado por la fricción del material y el calor que se acumulaba dentro. El clímax llegó como una ola imparable, una corrida tan intensa que casi me hizo perder el equilibrio. Con las últimas fuerzas que me quedaban, me giré hacia la figura encapuchada. La penetré, sintiendo cómo su hábito de cuero crujía con cada embestida, sus gemidos amortiguados por la capucha resonando en mis oídos.

    Finalmente, exhausto, me desplomé en la litera, rodeado de sábanas de látex que se adherían a mi piel sudorosa. El aire estaba cargado de un olor embriagador: cuero curtido, sudor, fluidos corporales y un toque de cera quemada de las velas. Mi máscara, aún en su lugar, seguía apretando mi rostro, como si quisiera retenerme en ese estado de éxtasis. Cada respiración era un recordatorio del traje que me envolvía, un capullo de cuero que había transformado cada sensación en algo casi sobrenatural.

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  • Bailemos

    Bailemos

    Bailemos sobre la mesa

    Bailemos sobre la luna

    Bailemos mirando las estrellas

    Bailemos sobre la arena en la playa

    Bailemos vestidos

    Bailemos desnudos

    Bailemos

    Hagamos locuras

    Seamos traviesos, perversos, lujuriosos

    Pero papi nos van a llamar locos

    De eso se trata, mi adorable niña traviesa

    Que nos vean

    Que somos unos locos traviesos

    Y que se unan a nuestras locuras.

    Fdo. Malvado Diplomático

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  • Buscando una doble

    Buscando una doble

    Pasé meses extrañando a Mauricio mi ex pareja y para ellos me había comprado un consolador y me masturbaba pensando en él, pero me daba cuenta que me hacía daño a mí mismo, pues había momentos que venían a mi mente de suicidio ya que un día salí a un sauna gay donde conocí a un hombre que estaba sólo, y yo con mi tristeza me acerqué a él y le pregunté si era primera vez que venía me dijo que si, yo también le dije aunque ya había venido.

    Le invité ir al 2º piso que había cuartos oscuros donde me lancé a su pinga que era regular y me cachó rico, donde algunos entraron a ver aunque un poco oscuro se morboseaban, eyaculó y salimos a tomar recordando a mi ex y llorando que me calmó y me llevó a su cuarto, cachamos toda la noche pero al día siguiente me dijo que tenía su esposa y ese era el cuarto de su hermano que estaba de viaje.

    Salí triste al día siguiente pues para esa época estaba sin trabajo pues me habían despedido porque estaba deprimido y a veces discutía.

    Ese día salí a unas cabinas de internet y vi un anuncio de alguien decía tener su pareja y buscaban un pasivo para hacerlo doble penetración, ese anuncio causó una curiosidad en mí y lo escribí y me respondió dándome su número en el cual nos comunicamos, me dio su dirección y fui a su casa.

    Llamé y abrió un hombre flaco alto quien me hizo pasar a su tercer piso, encontrando como 4 gatos que criaba, era una gran sala con espejos enormes pues me dijo que era maestro de baile, entramos al cuarto y estaba Antonio un hombre cuerpo ancho que estaba con la pinga dormida, mientras me pedían desnudarme pues el flaco se había desnudado rápido y tenía la pinga larga, pero delgada, era la primera vez que veía una pinga delgada, me dijeron ponte en cuatro queremos ver tu culo, yo obedecía y puse mi mejor pose que dijeron ¡wao que rico ano tienes mi amor! gracias les respondí.

    Me puse en cuatro para mamé la verga de Antonio que estaba a decir verdad gruesa y era dura como un fierro, me encantó mientras sonaba mi cabeza con sus manos y me cacheteaba la cara excitante y rico, mientras el amigo flaco me metía su pinga delgada que a decir verdad no me causaba sensación de éxtasis pero disimulaba ante ellos diciendo: ay que rico, luego me senté en la pinga de Antonio que me hizo gemir de placer y dolor al máximo, era una sensación placentera y rica que me empezó a besar tan rico y delicioso que me enamoró todo de él.

    El flaco sentado también cambié a él y me senté es allí donde Antonio por detrás intentó meterme su pinga, me dolía, pero no sé rendía, llenó de saliva mi culo y empujó con fuerza logrando entrar aunque con un grito de dolor, pero con el éxtasis de sentir las dos pingas dentro, mientras me mordía el cuello y la espaldas llenándome de besos de pasión que gozaba hasta que el flaco eyaculó y murió su pinga, me puso en cuatro dando riendas suelta a cada cachada con fuerza, no aguantaba, pero seguía.

    Me eché boca abajo sintiendo las cachadas fuertes en mi culo que sentía dolor en mis glúteos, pero estaba rico hasta que me dijo vamos a la sala, que estaba llena de espejos me dió una cachada rica que se veía todo dándome cuenta y viendo la pinga gruesa como entraba y salía hasta que eyaculó en mi culo, sacando su pinga goteando y poniéndolo en mi boca que lo mamé rico, me abrazó y me dijo al oído, me gustas mucho Miguel.

    Tú también Antonio le respondí con un beso en su boca fuimos al baño a lavarnos y veía su pinga aún con ganas, me cambié y me despedí a lo que Antonio dijo, yo también me voy debo hacer unas cosas, resulta que vivía cerca de mi cuarto, en el camino le dije que me encantaba y que tenía una bonita pinga, ele respondió que le gustaba mi buen culo, le invité a mi cuarto y cachamos de nuevo estaba rico, le propuse que deje al amigo y duerma conmigo, aceptó de inmediato y desde allí cachábamos rico todas las noches aunque a veces nos reuníamos con el amigo para evitar problemas y hacíamos de todo.

    Hasta que decidió vivir conmigo y dejarlo para siempre, hasta hoy vivimos juntos y lo pasamos super genial pues tratamos en lo posible de evitar que sepan de nuestras opciones pues nos comportamos como debe ser pues siempre hemos dicho que somos primos hermanos.

    Ahí fue que cambié y dejé el pasado quizás con idas y vueltas pero hoy estoy tranquilo y me siento feliz, quizás como en toda pareja a veces discutimos pero nos calmamos y solucionamos nuestros problemas.

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  • Descubriendo mi rol

    Descubriendo mi rol

    Hace unos años, cuando tenía 24, tenía algo de éxito con las mujeres, tenía novia y una vida “normal” de heterosexual.

    Mi novia, por esos días, me había regalado su virginidad anal, la había penetrado por atrás y conjuntamente con eso surgió en mi un deseo por penetrar a un hombre. Me atraía la idea de estar con un hombre en el rol activo, comencé a fijarme en algunos rasgos o modos femeninos que tenían algunos hombres y me daban ganas de penetrar a uno, de tenerlo para mí y entrar con mi pene entre sus cachetes. Me imaginaba sentir los gemidos de un hombre mientras lo penetraba tal como había sentido los gemidos de mi novia cuando la desflore analmente.

    Quería estar con un hombre y gozar de él.

    En ese tiempo estudiaba en la universidad y con regularidad iba a fiestas dónde conocía gente de diversas partes, en una de esas fiestas fuimos con un compañero a la casa de un amigo de él, Oscar era su nombre, estuvimos en su casa y congeniamos, nos caímos bien y estuvimos conversando harto esa noche, a mi me pareció atractivo, no era afeminado, era bien varonil, pero sentí deseos de descubrir su lado femenino, intercambiamos números telefónicos y quedamos de juntarnos.

    No sé si Oscar era gay o no, pero esa noche me pareció que él me había coqueteado y creo que yo también lo hice, como sea, nos habíamos gustado mutuamente, por lo menos eso me pareció a mí. A los días lo llamé y lo invite a salir, le dije si quería ir a tomar unas cervezas por ahí, me dijo que sí. No sabía realmente si él buscaba algo más que solo ir a tomarse unas chelas o si solo le interesaba una junta de amigos, por mi parte tenía claro que yo quería “algo más”.

    Para mí decepción, cuando nos juntamos él estaba con otro amigo, éramos tres, se había arruinado mi propósito, me sentí un poco frustrado.

    Yo: “Hola, ¿cómo estás Oscar?”, lo saludé, “viniste con otro amigo, ¿cómo estás?”, saludé al amigo de Oscar.

    Oscar: “Hola Rodrigo (es mi nombre)”, me saludó y me presento a Felipe, “Felipe se va, nos habíamos juntado porque tenía que prestarle un libro, pero tiene que hacer”

    Nos despedimos de su amigo Felipe y nos fuimos con Oscar a una cervecería que había por ahí, nos miramos y ambos sonreímos y entramos al lugar a beber unas cervezas, ahí me di cuenta que Oscar también quería algo conmigo.

    Estuvimos conversando y bebiendo cerveza un buen rato con Oscar, yo lo miraba mientras hablábamos de diversas cosas, nos estábamos conociendo, él también me miraba y me coqueteaba, ya estábamos un poco tocados con las cervezas, para nada ebrios pero algo “contentos”.

    Oscar: “¿Cómo has estado?”

    Yo: “bien, he estado bien”

    Oscar: “así se ve”, me decía y se reía.

    Yo: “tú también te ves bien, de hecho me gustas, jajaja”

    Oscar: “¿Te gustan los hombres?”

    Yo: “No sé, no me gustan todos los hombres, me gustan solo los hombres cómo tú. ¿A ti no te gustan los hombres?”

    Oscar: “Un poco, jajaja”

    Yo :”Podríamos probar, tal vez te terminen gustando, jajaja, yo te puedo dar a probar mi hombría si quieres”

    Oscar: “jajaja, y a ti no te gustaría probar por ambos lados, ¿solo quieres dar?, ¿no te gustaría recibir también?”

    Yo: “No, quiero darte a ti. Yo sé que tú quieres, desde que nos conocimos el otro día que no has parado de coquetearme, jajaja”

    Oscar: “¿Yoo?, tú me has coqueteado todo el rato, jaja”, “¿De verdad te gusto?”

    Yo: “Si, me gustas, me he sentido atraído a ti desde el día que estuvimos en tu casa, nunca he estado con un hombre y me gustaría ir a la cama contigo, jajaja. ¿Tú has estado con un hombre alguna vez?”

    Oscar: “Si, si he estado con un hombre, dos veces…”

    Yo: “¿No eres virgen?”

    Oscar: “Si, soy virgen aún, la dos veces que he estado con un hombre no me penetraron, di y me dieron sexo oral, y una vez yo fui el activo”, “Si quieres podemos ir a mi casa, estoy solo en la casa, te invito a mi cama, jaja, tu también me gustas, ¿vamos?”

    Yo: “vamos, jajaja, me encantaría ser el primero en penetrarte”

    Nos fuimos a casa de Oscar.

    Una vez ahí nos fuimos directamente a su pieza, estando ahí Oscar tomo la iniciativa y me besó, me dijo que me pusiera cómodo y que lo espere en la cama, él iba al baño y volvía.

    Yo me saque la ropa (quede solo en calzoncillos) y me metí a la cama. Al rato entro Oscar a la pieza, estaba desnudo, tenía el pene semierecto, se paró al lado de la cama y me dijo, calmado y suavemente, pero con tono de autoridad:

    Oscar: “Tú no quieres penetrarme, tu quieres que yo te penetre a ti, así que, si quieres, puedes tomar mi pene, chuparlo bien chupado, dejarlo bien erecto y luego me vas a pasar tu poto para que te ponga las cosas bien puestas, porque desde que nos conocimos el otro día no has hecho otra cosa que pedirlo a gritos, jajaja, ¿te parece?”

    Yo no le respondí nada, solamente tome su pene y le devolví el beso que me había dado pero en su cabeza, y mientras le pasaba la lengua, se ponía erecto y crecía dentro de mi boca. Yo miraba hacia arriba a Oscar mientras le lamía su verga, él se reía y yo le devolvía la sonrisa y mientras saboreaba su rico pene me convencía de que mi rol no era la del macho-activo. Oscar me estaba poniendo en mi lugar, me enseñaba cual era mi posición.

    Yo esperaba o creía que iba a tener un hombre saboreando mi hombría, pero era yo quien estaba alucinando con el pene de Oscar. No quería parar, le pasaba la lengua desde la base hasta la cabeza, le daba besitos por todas partes, me lo pasaba por la cara. Oscar se subió a la cama y se acostó de espaldas con su verga erecta enteramente disponible para mí, yo me tiré sobre su pene y lo hice desaparecer dentro de mi boca, Oscar me tenía ahí en su cama dándole sexo oral, se lo estuve chupando como unos 40 minutos, de repente me decía que parara porque podía acabar, yo dejaba de chuparlo un rato y luego volvía a mi rol, que era complacer a un hombre.

    Luego Oscar me dijo que me pusiera yo de espaldas a la cama y me saco los calzoncillos, me dijo que levantará las piernas y que me las tome yo mismo por detrás de las rodillas, él acomodo su cara a la altura de mi ano y comenzó a chuparme el ano, yo cerré mis ojos y sentía como su lengua recorría todos los pliegues de mi ano, sentía como sus labios besaban la entrada de mi ano y como pasaba su lengua por toda la línea que va desde mi entrepiernas, pasando por mi ano y terminando en el final de mis cachetes y como luego volvía a hacerlo una y otra vez.

    Oscar me estaba haciendo temblar y estremecer de placer, me estaba preparando para él, me estaba preparando para montarme. Sentí como me metía sus dedos y como me acariciaba con sus dedos la entrada de mi ano.

    Se acercó y me dijo al oído que me quedara ahí mismo, que no me moviera, que iba a buscar algo y volvía, yo me quedé ahí mismo, con mis piernas levantadas y tomadas por detrás de las rodillas y con mi ano todo ofrecido esperando el pene de Oscar. Luego Oscar volvió y empezó a lubricar la entrada de mi ano, sentí como con su dedo me untaba con el lubricante. Me dijo que me soltara las piernas, yo obedecí, luego tomo mis patas y las puso en sus hombros y se volcó sobre mí, sentí, por primera vez su pene entre mis cachetes, yo rodie su cuello con mis brazos y me colgué de él, Oscar me tomo con una mano de una nalga y con la otra acomodo su pene en la entrada de mi ano y me dijo al oído:

    Oscar: “Ahora vas a tener lo que buscas”

    Yo: “Dale, entra con cuidado, no me rompas”

    Oscar: “Imposible, te voy a romper igual, pero voy a entrar con cuidado, tu relájate y deja todo en mis manos”

    Yo: “Bueno, estoy en tus manos”

    Yo me relaje y trate de abrirme lo más posible para Oscar. Estaba en mi posición, con las patas levantadas, en los brazos de un hombre y con un pene entre mis cachetes, y mientras sentía como el pene de Oscar se habría espacio en mi ano descubría cual era mi rol, el rol de pasivo. Estaba perdiendo mi virginidad y Oscar estaba poniendo mi hombría patas para arriba. A medida que me ponía su pene me ponía a mí mismo en mi lugar, y cuando me presionó con fuerza y entro completamente no solo me saco un gemido sino que me hizo descubrirme a mí mismo.

    No deseaba penetrar a un hombre, lo que deseaba y que ahora tenía era un hombre dentro de mí, un hombre llenando mi ano y dándole la forma de su pene, eso estaba haciendo Oscar con mi poto, lo estaba moldeando a la medida de su hermosa verga, y si bien en las primeras embestidas suyas me saco gemidos de dolor, una vez que su pene encontró su espacio en mi poto las embestidas se sentían más suaves, ya su pene se deslizaba en mi ano y en cada entrada el tronco de su pene pasaba acariciando las paredes de mi ano, cada vez que me lo sacaba y me lo volvía a meter la cabeza de su pene se sentía deliciosa.

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  • Las aventuras de Dick y Jane

    Las aventuras de Dick y Jane

    Mi nombre es Dick, soy hombre de 37 años, piel morena, cabello negro, mido 1.77, de contextura normal.

    Mi ex, la protagonista de las aventuras, Es una mujer hermosa de 37 años, mide 1.60 aproximadamente, de tez blanca, cabello rulo, su nombre es Jane, mujer inteligente, del hogar, posee estudios y un empleo estable, carita angelical, labios carnosos, senos pequeños pero firmes y paraditos bien bonitos y sabroso, buen culo super buen culo, la forma de sus nalgas son espectacular.

    Tuvimos una bonita relación de 17 años, ahora ya no estamos juntos, Pero fueron tantos momentos que me animé a relatar algunos de ellos.

    Una noche estando en casa de mi madre, ya que al separarnos me fui a vivir con mi madre, bueno esa noche comenzamos a chat vía WhatsApp temas varios normales, de un momento a otro la conversación tomó un tono erótico, le pedí una foto a ver cómo estaba vestida para dormir, me respondió que tenía un short normal y le dije que no importaba, que me mostrara, accedió y me envió unas fotos normales

    Pero luego llegó una foto dónde mostraba sus nalgas sin quitarse el short (ella sabía que ese tipo de fotos me prenden). No pude evitar masturbarme dos veces seguidas aquella noche pensando en ese culaso que se gastaba.

    La mañana siguiente era una mañana normal cómo todas las otras, desperté, tomé una taza de café, un cigarrillo y fui al baño, me di una ducha, haciéndolo tuve una erección descomunal, pensando en las fotos en short rojo que me había enviado mi ex la noche anterior, me di otro pajazo en su nombre, terminé de bañarme y me vestí para irme al trabajo, saliendo de casa de mi madre algo me dijo que fuera a casa de mi ex para verla temprano, me arriesgué y fui hasta su casa, le llamé por teléfono para que me lanzara la llave de la reja, al principio no quería pero luego de insistir accedió.

    De sólo lanzarme las llaves provocó en mí una erección de inmediato, iba subiendo a su casa con el pipí parado y el corazón acelerado hasta más no poder, al abrir la puerta estaba en una toalla ya que recién se había bañado, ufs que espectáculo de mujer me acerqué a ella lentamente y le pedí un abrazo, no quería pero accedió a ellos.

    Al abrazarla sentí un montón de cosas increíbles, la cargué y acosté contra la puerta, le di un beso, un beso de esos únicos, con ganas, con amor y pasión, no opuso resistencia alguna y me regreso el beso, le aparte un poco la toalla y ufs se dejaron ver esos lindos senos, pequeños pero firmes, paraditos y divinos, gran vista tenía de esa hermosura de mujer, piel blanca, cuidadito.

    Daban ganas de comérsela enterita allí mismo, comencé a mamarle las tetas poco a poco de una manera dulce y agradable, a besarla por su pecho y luego subí a su cuello, ya en ese punto ella gemía ahhh que rico papi, su cuerpo temblaba de lo excitada que estaba.

    Me dijo que parara y fue a la habitación y se estaba vistiendo, le dije que me mostrará el pantys que se había puesto a lo que sin pensarlo apartó la toalla y dios mío, una pantys verde oscura que le quedaba divinísima, mi guevo no podía estar más parado, babeaba líquido preseminal, babeado por completo, sentía que iba a soltar cargas de leche de tan sólo verla así. Me acerqué a ella, la cargué frente al espejo y wao me encantaba verla así, montada sobre mí, agarrándole las nalgas y besándola, si ella supiera lo increíble que se veía así. Nos besamos sabroso, con más amor y pasión que los besos en la puerta.

    La tumbé en la cama, aparte un poco su pantys y estaba mojada de una manera exquisita, le toqué su cuca y palpitaba cómo solía hacerlo cuándo estaba excitada, gemía, se retorcía de placer, diciéndome que rico mi amor, sigue papi.

    Me acerqué y pasé mi lengua suavemente por su clítoris, una y otra vez, estaba disfrutando mucho ese momento, ella comenzó a moverse cómo una diosa mientras le hacía sexo oral, me agarraba por los cabellos y apretaba a su cuca con muchas ganas, le veía su cara, se mordía los labios, estaba en llamas llena de placer, en un momento rápido, se sentó me dijo “negro” con la voz entrecortada e intento quitarme la correa del pantalón ufs lo que brotaba en esa habitación no era normal.

    Al decirme “negro” la tomé por el cuello y le dije que no me dijera así ya que eso me prendía aún más, me desabroché el pantalón y saqué mi pene, ella al ver semejante erección, se paró de la cama, se puso a un lado y se lo metió en la boca ufs comenzó a succionarme sólo la cabeza y eso lo hace de una manera única y muy sabroso, me veía con cara de puta con ansias de leche mientras me lo mamaba, ya en ese punto quería llenarle la boca de leche caliente, pero no quería desaprovechar la oportunidad de hacerle el amor una vez más.

    Siguió haciéndome sexo oral, se metía todo el guevo en la boca, quien la viera con su cara de inocente y resulta que las apariencias engañan ya que era una demonia mamándome el guevo, de un momento a otro me pidió que me acostara en la cama y me bajó todo el pantalón y el bóxer, lo que se venía era memorable ya que esa mujer montada es una fiera jaja de verdad que sí, cuesta aguantar el polvo con esa mujer encima moviéndose.

    Cómo lo sospeché, se arrimó la pantys y se metió solita su pipí, ufs esa cuca estaba caliente, echando candela, al entrar en ella se sintió wao sabroso, esa totona palpitaba y comenzó a subir y bajar lentamente, al momento en que le mamaba las tetas y le masajeaba las nalgas ricas que tiene, ella gemía, decía groserías, que guevo tan rico no joda, jadeada, estaba echa toda una potra montada, la vista era espectacular cómo entraba y salía mi pipi de su cuca.

    Mi pipi lleno de sus fluidos era espectacular verle la cara cómo se mordía los labios, entre gemidos de ambos y groserías aceleró el ritmo de la montada hasta que sonaba sabroso, la respiración ya era bastante agitados entre ambos, ella acabo en un orgasmo divino llenándome el guevo de sus fluidos, le dije que iba a acabar y se metió de nuevo el guevo en la boca como una diosa y me decía dame mi leche mi amor anda, ufs que maravilla, comencé a acabar y a llenarle su boca de leche, ella seguía mamando, sin dejar derramar una gota de esa leche que tanto le gustaba, nos dimos un beso y ella aún tenía leche en la boca, esos besos nos prendían aún más, eran muy excitantes.

    Quedamos sudados y agitados en la cama luego de ese polvazo que nos habíamos echado…

    Continuará.

    A los pocos meses hubo otro encuentro en mi cumpleaños, dejen sus comentarios a ver si quieren otro relato, son muchos.

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  • Relato de una traición (2)

    Relato de una traición (2)

    Después de aquel día, las cosas se fueron poniendo más y más calientes.

    Yo sentí culpa, por lo que traté de enfriar algo para no ir más allá, pero la carne es débil y la mente traiciona con fantasías y deseos imposibles de detener.

    Tampoco podía cambiar mucho mi comportamiento porque iban a preguntarse la razón, por lo que los momentos a solas seguían ocurriendo y el contexto no ayudaba, calor, playas paradisíacas, poca ropa todo el tiempo…

    Él me buscaba con sus caricias suaves disimuladas, sus comentarios al oído de lo sensual y bella que era, o preguntándome si estaba pensando e imaginando las mismas cosas que él, eso me mataba, cada vez que me decía algo así mi mente volaba a ese momento y recordaba su pija y a él metido entre mis piernas, era demasiada excitación, yo vivía caliente y claramente él también.

    En uno de los días, alquilamos un bote en Cabo Rojo y nos fuimos con bebida y comida a uno de los cayitos cercanos. Un paraíso literalmente, había otros botes y pequeños veleros y lanchas en el lugar, algunos algo alejados para no invadir la privacidad (como el nuestro) y otros agrupados para armar fiesta juntos con música y conocer gente.

    Mi novio y mi amiga dijeron de ir hasta donde estaba agrupados dado que se veía super divertido, yo dije que sí, pero que me dejaran agarrar mi vaso y un sombrero del bote primero. Ellos empezaron a alejarse mientras yo iba por mis cosas al bote. No me di cuenta que nuestro amigo venía detrás mío.

    Di un rodeo al bote porque por el otro costado parecía algo menos profundo y me resultaría más fácil super. Cuando me dispongo a subir (lo cual por mi estatura y profundidad no me resultaba fácil sola, escucho detrás de mí que mi amigo dice “¿te ayudo Ro? no vas a poder subir sola sino”

    Mi corazón se aceleró, del lado del bote donde estábamos nadie nos veía, yo con un bikini diminuto, él obviamente solo con un short de baño.

    Le dije que sí, que solo necesitaba un pequeño empujón desde mi cintura.

    Me preparé para subir, sentí sus manos en la cintura, pero no me empujó hacia arriba sino hacia él.

    Ufff, sentir nuevamente su pija dura pero ahora incrustándose entre mis nalgas, hizo que me mojara instantáneamente y largué un suspiro que no pude reprimir.

    Mis brazos se aflojaron y quede agarrada al bote, pero parada en el agua con él apoyando su pija en mi culo.

    Me besó el cuello y me dijo que no aguantaba más, que se estaba matando a pajas pensando en mí y que cada vez que cogía con su esposa (y amiga mía) pensaba en mí.

    Sus manos corrieron el corpiño de mi bikini y masajeaban mis tetas acariciando mis pezones, cada vez que mordía suavemente mi cuello apretaba mis senos y hundía más su pito entre mis nalgas.

    Yo jadeaba suavemente y empinaba mi culo hacia atrás para sentirlo más.

    La adrenalina subía sabiendo que no podíamos tardarnos tanto y estábamos ahí, escondidos detrás del bote.

    Yo estiré la mano hacia atrás y liberé su pija para sentirla en mi culo y pajearlo, él no dudó, corrió mi diminuta tanga y desde atrás se acomodó para penetrarme, lo que le facilite empinándome más y bajando algo mi torso.

    La traición se había terminado de consumar, su hermosa pija entraba y salí de mi conchita que la recibía abierta y humectada, aun siendo debajo del agua entraba y salía suave, profundo. “Cógeme fuerte Ale, dame rápido” le pedía, estaba caliente, deseosa de que me pegue una buena cogida, el agua no permitía un ritmo muy rápido, así que él hacía su mayor esfuerzo y el agua se agitaba como si fuera una tormenta alrededor nuestros mientras me apretaba las tetas y yo me agarraba al bote y empujaba hacia atrás en cada embestida para sentir más y más profunda su pija en mí.

    No tardé mucho en tener mi orgasmo, “aaaah, acabame adentro, dale, cogeme y acabame Ale, coge a la puta novia de tu amigo hijo de puta, dame la leche, ahhh” contrayendo mi vagina lo sentí contraerse y largar potentes chorros de semen dentro de mí.

    Me di vuelta y nos besamos apasionadamente, él me apretaba tocándome el culo con fuerza y yo me apretaba a su poderoso pecho con mis tetas, yo quería más y él también, pero no podíamos demorarnos más.

    Me ayudó a subir al bote, tomé mis cosas y nos fuimos al encuentro del resto.

    Estando en el agua, fue sencillo que no quedaran rastros de semen en nosotros.

    Nos encontramos con mi amiga y su amigo, nuestras respectivas parejas que ya estaban integrados a la fiesta con el resto de la gente de otras embarcaciones.

    De todas formas nos preguntaron por qué la demora y Alejandro les dijo, es que la pequeña Roxi no podía subir al bote, menos mal que yo fui, sino seguía ahí. En fin, tampoco prestaron demasiada atención a la explicación y nos presentaron a varias personas que estaban ahí.

    Terminamos de disfrutar el día y nos regresamos al departamento para luego salir a cenar y seguir compartiendo las hermosas vacaciones entre mejores amigos… y ambos pensando en el momento en que pudiéramos estar a solas para poder cogernos bien y sacarnos todas las ganas.

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  • Mi gran fantasía

    Mi gran fantasía

    Debo confesarles que al principio me costó mucho el diseñar mi fantasía, pues siempre he sido asediada por los hombres y no tenía ninguna necesidad de pensar en algo así, pero desde que un amigo me lo propuso, me entró la curiosidad de desarrollar esa fantasía, la entendí como algo que a mí me gustaría hacer más alla de lo convencional y que me hicieran, algo que me volviera loca de placer, algo que yo pudiera manejar.

    Poco a poco fui pensando en cómo me gustaría realizar mi fantasía, y conforme iba avanzando y entrando en detalles, cada vez más me excitaba mucho. Por fin después de varios días de imaginación, ya tengo en mi cabecita la fantasía perfecta que me gustaría mucho realizar.

    Como ya saben, soy casada, de 25 años, morena clara, de buen cuerpo bubis redonditas y duritas, talla 36 b, acinturada, caderas de 95 cm y dicen con buenas nalgas, mis piernas son torneadas desde los tobillos hasta los muslos, quizá es lo que más me chulean los chicos en la calle.

    He tenido ya varias infidelidades muy excitantes en diferentes lugares, y mi esposo me desea mucho y me coje riquísimo, pero les cuento algo quizá para algunas fuera de lo normal, pero que a mí me gustaría llevar a cabo y disfrutarlo sin límites.

    En diferentes ocasiones y por resultarme fácil para conseguir chicos sin consecuencias, me voy a un putero muy elegante y a donde van muchos señores y chavos bien, y me ha resultado tan rico, que ahí desarrollé mi fantasía. Mi amigo me propuso que le consiguiera a alguna sexoservidora para que hiciera feliz un rato a mi marido, incluso dejó entrever además que sedujera a alguna chica bisexual de las que acuden a los muchos puteros del país. Así que con todos estos condimentos preparé mi fantasía.

    Será una fantasía que debo compartir con mi maravilloso marido, mi Luis, y quiero recompensarlo por ser tan buen amante y maravilloso marido. Así que alguna mañana en que mi Luis esté en casita, me levantaré de la cama antes que él y no me pondré más ropa que unas tangas rojas de hilo dental, le llevaré a la cama el desayuno y lo chiquearé mucho, toda la mañana lo mantendré en casa y yo seguiré solo en tanga, eso le parecerá extraño y estoy segura que él me preguntará el por qué no me visto.

    Yo antes de contestarle me le acercaré mucho, le repegaré todo mi cuerpo y le diré al oído que lo amo tanto, que quiero que ese fin de semana sea maravilloso para los dos, y que quiero que me cumpla todo lo que yo le pida sin renegar, estoy segura que me complacerá, pues trataré de ser lo más sensual que pueda para irlo seduciendo y convenciendo de que me complazca.

    Durante la mañana, le desfilaré prácticamente frente a su cara, me moveré muy provocativa enseñándole todo mi cuerpo, me agachare frente a él, me abriré de piernas y pondré mis bubis al alcance de sus manos, servirle unas copas de vino blanco, y a la hora de comida, pedir una pizza a domicilio y cuando llegue el chico decirle a Luis que yo le abriré y que me pondré una bata transparente hacerlo pasar al comedor y que mi esposo se esconda en la cocina para que observe como me ve el chico, luego pagarle y despedirlo.

    Cuando el chico se retire, le preguntaré a mi Luis, “¿viste como me vio el pizzero?”. Estoy segura que me dirá que el chico se volvía loquito por mí, y sentarnos a comer la pizza con algunas copas de vino blanco, cuando acabemos de comer, acercarme a el agachándome de tal forma que mis bubis casi queden frente a su boca, pero no dejar que me las bese, llevarlo a sentarnos al sofá y ver algún video porno, y yo estarle acariciando su verga.

    Entonces ya como a las 7 de la noche, sabedora de su excitación, decirle que quiero que me lleve a algún putero y estar ahí los dos, que esa noche será especial y que hagamos lo que nunca, destramparnos y dejarnos llevar por la situación, que quiero que él me disfrute como disfrutan a las chicas de los videos porno, que me quiero convertir esa noche en toda una prostituta para él, y que lo disfrutemos los dos.

    Yo sé que aceptará, entonces arreglarme bien puta, bien descarada e irnos los dos al putero, sentarnos en una mesa con tubo, cerca de la pista de baile y estar bebiendo los dos, que alguna chica se suba a nuestra mesa y baile para él, yo sé que se pondrá nerviosillo, pero yo animarlo para que acaricie a la chica, y mientras Luis la acaricia, yo agarrarle su verga para que se le pare.

    Luego del baile, decirle que me saque a bailar a la pista, que me abrace y que me agarre de las nalgas, para que todos vean que soy su hembra, ya después de varias copas y baile, decirle, “mi amor, esta noche realmente me quiero convertir en toda una puta, de esas que les encantan a ustedes los hombres, quiero que me disfrutes y que no sea tu esposa, sino una sexoservidora más, ¿estamos?”.

    Yo sé que aceptará, y le diré que me iré en busca de algún cliente y que no pierda detalle alguno, me pararé de la mesa y me iré sola a otra mesa, hasta que algún cliente me saque a bailar, irnos a bailar frente a la mesa donde esté mi marido y dejarme agarrar todo, y que Luis vea como me acarician, así estar hasta que pueda convencer a dos clientes de irnos a sentar en la mesa donde esté Luis.

    Presentarlo como un gran amigo y estar alternando con los tres, seducirlos para que nos vayamos todos al hotel, ya en el cuarto, sentarlos en la alfombra y hacerles una variedad, bailarles e irme desvistiendo frente a ellos enseñarles todo mi cuerpo, abrirme de piernas encuclillarme, ponerme a cuatro patas, y cuando ya estemos todos calientes, irnos los cuatro a la cama, ponerme a cuatro patas en la orilla de la cama y me vayan penetrando uno a uno…

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  • Los deseos y los recuerdos

    Los deseos y los recuerdos

    Esta es una historia traída de mis más profundos deseos… y con el toque justo de recuerdos que hacen falta para que quedara perfecta.

    Sus cuerpos humeantes antes de la salida del sol, denotaban simplemente un hecho… había sucedido lo que horas antes, ya especulaban

    Si bien, ninguno de los dos recordaba las palabras precisas que los habían conducido a esto, ambos tenían claro, que lo hecho, hecho está… y no hay vuelta atrás.

    Poco a poco, Iván miro a su acompañante que ya se iba iluminando por la luz que entraba por la ventana de la habitación con vista al mar e intentó descifrar lo que había ocurrido en esa habitación impregnada de lujuria, y por supuesto de sexo.

    Una hora antes sus cuerpos rendidos cayeron abrazados suspirándose enfrente y exhalando alientos gusto a sudor y a pasión. Y se dormían suavemente perdidos en los ojos del otro.

    1 hora 20 minutos antes un beso selló la noche de locura, lo que había entrelazado estos dos cuerpos tan perfectos y tan marcados por la pasión, las manos de Iván recorrieron el cuerpo de su amante y el beso se hizo eterno, se hizo precioso, se hizo magnífico.

    2 horas antes, Iván beso suavemente las tetillas de su compañía, bajó por sus abdominales y se centró en su ombligo, descendió a su sexo e hizo que gritara de lujuria, era increíble lo que hacía Iván, luego los roles cambiaron y el retumbar de los gemidos se trasladaron de una garganta a la otra, las cosas siguieron así hasta que ninguno pudo más, en este vaivén ambos acabaron al mismo tiempo, impregnándose en el resultado de sus juegos y de sus pasiones.

    3 horas antes, sumidos en el placer de lo que habían comenzado a hacer momentos antes, Iván agarró las caderas de su amante y dirigió su trasero hacia su erecta herramienta de placer, su amante gimió de placer y se retorció al sentir tan suculento regalo. Iván usaba sus manos en el sexo de su pareja para que ambos pudiesen sentir el placer y pudiesen volar alto, muy alto y alcanzar lo impensable.

    3 horas y media antes, suavemente se desnudaron, ambos temblaban, se sentían raros, se sentían fuera de sitio, delicadamente se despojaron de sus atuendos y comenzaron a besarse, primero tímidamente para luego perderse en profundos y sonoros besos, acabando en un espectacular 69.

    3 horas y 45 minutos antes, Iván le indicó donde era el dormitorio apenas habían llegado a la casa, no se dieron tiempo a más… ni siquiera tomaron los tragos prometidos, simplemente se besaron y fueron tumbándose en el camino. Los besos condujeron los cuerpos hacia el cuarto y una vez adentro sólo se miraron y desnudaron al otro con la mirada.

    4 horas antes, el taxi paró en la entrada de la casa, una casa muy linda pintada de azul claro por fuera y con una hermosa vista de mar atrás, Iván pagó al chofer y abrió rápidamente la puerta de la casa invitando a su amante a entrar. Ambos entraron y sólo se concentraron en comerse la boca a besos hasta llegar al comedor.

    4 horas y media antes, tomaron un taxi a la salida del bar, no les importó nada, se besaron apasionadamente, el taxista sólo miraba de reojo y se dedicaba a conducir… esa media hora de viaje fue alucinatoria, ambos estaban muy excitados, y era muy notorio por cómo se besaban.

    4 horas y 40 minutos antes, Iván le dijo suavemente al oído si quería irse junto con él a su hogar, tomados de la mano, la respuesta que recibió fue un sí, salieron a la calle de la mano Iván levantó la otra…

    5 horas antes, Iván se descosía diciéndole bellas cosas al oído, desde sus profundos ojos hasta su perfecta barbilla. Las palabras suavemente se convirtieron en caricias, las caricias en besos.

    5 horas y media antes, Iván levantó la vista, había mirado ya varias veces en esa dirección, se deleitaba con la figura que observaba, estaba anhelando poder hablarle… este deseo lo incentivó a pararse y a dirigirse al cuerpo de ojos oscuros y claros cabellos… le preguntó si se podía sentar en esa mesa e invitarle un trago… la respuesta que recibió fue un sí… luego de unos instantes de hablar, de unos cuantos tragos… Iván dijo “disculpa, no nos hemos presentado… mi nombre es Iván”… la respuesta que recibió, “y el mío es Juan”…

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