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  • Un viejo verde y yo sola en la piscina

    Un viejo verde y yo sola en la piscina

    Menuda putada este año. Pablo y yo habíamos ajustado nuestras vacaciones a la perfección, pero justo el fin de semana anterior le plantaron un viaje. Tuvimos bronca, pero al final, el deber llama. Él se marchó y yo me quedaba en casita sólo toda la semana.

    De modo que ando sola en casa. Y con el calor que hace, toca piscina, claro. Será un poco extraño estar ahí solita. Con Pablo apenas puedo tomar el sol. Él es más de bajar, bañarse y subir. Hoy podré aprovechar, así que elegiré un bikini pequeño. Brasileño, que toca torrarse. Además, como tengo los pechos pequeños, puede ser uno muy muy pequeño. Bueno, las bragas no son tan pequeñas, quiero decir, con lo que se ve hoy día. Y aunque gasto buen culillo, tampoco me gusta enseñarlo. En general no me gusta enseñar demasiado. No es que no pueda, porque aunque soy poco voluptuosa, soy bastante delgadita.

    No hay mucha gente y cojo buen sitio al sol. Coloco el bikini para que entre el sol lo más posible en mi cuerpo y, al hacerlo, me parece ver un movimiento en las cortinas de casa… ¿cómo es posible? No, error, no hay nadie en casa… es en la ventana de al lado. Pero, según me fijo, veo que tras las ventanas aparece el jodío Roberto. Y joder está mirando… y aquí en la piscina no hay nadie… ¡el muy guarro me está mirando a mí!

    Hago como que no lo he visto, pero no puedo dejar de pensar en que el guarro de mi vecino me está mirando. De vez en cuando abro los ojos y veo que está ahí… mirándome… Pienso en subir a casa y cantarle las cuarenta, pero no, este cabrón no va a hacer que deje de tomar el sol. Además, no me gustan mucho los conflictos.

    Sigo ahí tumbada tostándome.

    Me sorprendo sintiendo algo raro. Tener ese tío mirándome es asqueroso, sí, pero tiene su aquel. Que se joda. Que mire bien un cuerpo que ni parecido se lo va a poder beneficiar él… ¿pero qué pienso? Mejor me doy un baño. Parece que demasiado sol está afectando a mi cabeza.

    Mi cuerpo recibe con agrado el frescor del agua. Y creo que mi cabeza parece que también, porque decido que voy a cambiarme de sitio como siga el guarro mirándome. Buscaré uno más alejado de su ventana, que donde estoy, me tiene a huevo.

    Doy unos cuantos largos y descanso. Bueno, parece que ya no está detrás de la ventana… joder… ¡Pero si ha bajado el muy guarro! Le veo llegar con su toalla y una nevera portátil. Ya no le vale con mirarme desde la ventana, ahora se baja. Por favor, vaya barrigón. Si es que ni se le ve la cintura del bañador al tío. Este tiene un infarto antes de que acabe el año. Claro que tampoco se le ve el tripón con tanto pelo…

    Me pongo a dar un par de largos más. Otro descanso. Qué cabrón, el tío ha puesto su toalla junto a la mía y me está mirando mientras se toma una cerveza… ¿qué voy a hacer?

    Intento aclarar mi cabeza mientras doy un par de largos más… “¿Qué voy a hacer?” me repito una y otra vez. No me apetece salir para tumbarme en bikini junto al guarro ése. Justo el bikini más pequeño que tengo. Busco alternativas. Puedo esperar a que se vaya para salir… Sí, claro, 6 horas seguidas dentro del agua hasta que cierren. Va a ser que no. También podría salir y mover de sitio la toalla. Sería más normal, pero es que… ¡Jo!, eso es ser muy grosera. Yo no puedo. No tengo tan poca vergüenza para hacer algo así, lo merezca o no.

    Pero es que es eso o salir y tumbarme a su lado. Creo que prefiero esperar las seis horas antes de ser tan maleducada… ¡A tomar viento! Paso de líos. Será sólo un segundo. Salgo y me tumbo. Si me encuentro incómoda, me seco al sol y para arriba.

    No retraso más la tortura. Salgo y me doy la ducha. Me doy cuenta de que el bikini elegido no ayuda a mantener mis pezones desapercibidos al salir del agua. Y bien que se da cuenta seguro el guarro. No tiene ningún reparo en mirarme mientras me ducho. Luego según voy hacia mi sitio, me doy cuenta de que es peor aún. No me mira a mí en general, ¡mira directamente mis tetas! Y encima yo voy acercándome y las va viendo más de cerca.

    Como digo, odio mostrarme maleducada. Me cuesta. Para colmo, no soy muy de conflictos, así que, mientras me miras las tetas, encima, te digo

    -Buenas tardes.

    -Buenas tardes vecina -Dice sin variar su objetivo visual mientras se ríe ¿Hace calor verdad?

    -Mucho.

    Me tumbo al sol boca arriba. Y trato de no dar conversación.

    Tumbada con los ojos cerrados, no puedo evitar preguntarme. ¿Me estará mirando las tetas?, pero prefiero no abrir los ojos y comprobarlo, porque, si es así, la situación será muy incómoda.

    -¿Y tu marido? ¿No le gusta bajar a la piscina contigo?

    -Mi marido está de viaje.

    Contesto sin abrir los ojos. Esperando que se canse.

    -Ah está de viaje… ¿Quieres una cerveza vecina? Aunque si eres tan borde como tu marido me dirás que no. -Me ofrece riéndose a carcajada limpia mientras se abre otra.

    -Mi marido no es borde, ¿cómo se atreve? Y no, desde luego no quiero una cerveza. Ya sabe, alcohol y sol no se llevan bien.

    Aún sigo con los ojos cerrados, pero ya no me queda más remedio que abrirlos. Y al hacerlo veo que me está mirando… efectivamente. Me mira fijamente las berzas.

    -Tú te lo pierdes está muy fresquita. Y tu marido ¿estará mucho de viaje, vecina?

    Instintivamente coloco mi bikini. Craso error, porque dejo claro que me he dado cuenta de dónde miraba. Trato de corregir la situación dando un giro y no respondiendo a su pregunta.

    -Vamos a ver, estamos puerta con puerta y ni nos saludamos cuando nos encontramos en el ascensor. ¿A qué viene ahora lo de la cervecita?

    -Jajaja. Tienes razón, pero es que no aguanto a tu marido, es un gilipollas. Tú, sin embargo, con lo buena que estás, no me puedo enfadar contigo, jajaja. Si mira cómo me tienes.

    Y se señala el bañador.

    -Pero ¿está usted loco? ¿Cómo se le ocurre hablarme así? Además, ¿cómo que mi marido es un gilipollas? El gilipollas aquí es usted, además de un guarro que me está mirando las tetas.

    Él vuelve a reír y señalar.

    -Mira, mira, no te miento

    -No voy a mirar nada, vecino

    -SÍ. Tienes razón en algo. Soy un guarro que te mira las tetas, pero no me bajo de la burra. Tu marido es un gilipollas.

    -No le aguanto. Me voy de aquí.

    Y comienzo a recoger mis cosas. Me doy cuenta de que ha ganado la batalla. Me va a impedir venir a la piscina, así que tengo que pensar un poco más, pero no puedo permitir que siga aquí diciéndome burradas. Además, ni siquiera en esa situación me siento cómoda con la grosería que le he dicho.

    -No es para tanto mujer, jajaja, te podría haber dicho cosas peores.

    En ese momento llegan dos chicas de 18 años, morenas, con bikinis parecidos al mío, pero rellenándolos más que yo. El viejo se queda mirándolas con la misma cara de salido que cuando me miraba a mí.

    -Bueno vecina, ya que tú te vas, yo me quedaré aquí otro rato. -dice echando otro trago a la cerveza.- Y ya sabes. Si necesitas cualquier cosa… ¡sabes donde vivo! Jajaja.

    No digo nada más, pero le veo mirar a las recién llegadas.

    Qué asco, pienso, joder y pensar que me miraba así a mí, ¡puaj!!

    Me voy de allí. Una vez en casa, me asomo a la ventana disimuladamente. Ahí sigue, bebiendo y mirando a las jovencitas, ¡vaya viejo verde! No me puedo creer lo guarrillas que son esas niñas, ahí pavoneándose ante un viejo verde…

    Poco a poco se me va pasando el enfado y lo que va quedando es una sensación rara. Empiezo a pensar en ese tío mirándome… Ni en sus mejores sueños podría tener a alguien como yo y saber que me ha estado mirando sin parar levanta un inesperado cosquilleo en mi interior. Cierto que este tío seguramente se excitaría hasta con un orco, pero no puedo evitar que, el saberme deseado por ese tío aumente mi ego.

    Casi involuntariamente, vuelvo a mirar por la ventana mientras pienso en sus palabras.

    “SÍ. Tienes razón en algo. Soy un guarro que te mira las tetas.”

    Madre mía. Vaya pintas tiene. Las pipiolas están riendo y él se toca el paquete ¡Será guarro! Aunque no puedo evitar fijarme. Parece que no está mal equipado ahí… ¡Uy! Creo que me ha pillado mirándole.

    Me alejo de la ventana y voy al baño a quitarme el bikini. Mis pezones totalmente empitonados. Perfecto, Silvia, ahora te pone que tu vecino te haya mirado así. Porque no te engañes, el agua fría no es la única culpable de eso. Esto hay que pensarlo con calma.

    Como algo y me voy convenciendo para volver a la piscina. No es para que me veas, me digo, sino para demostrarle que él no va a decidir cuándo puedo ir yo a la piscina. Que acabe de mirar por la ventana para ver si sigue ahí es simplemente curiosidad por ver si sigue haciendo el guarro con las vecinas. Y que me ponga otro minibikini es para que el sol no me deje marcas…

    Bajo con la intención de ponerme en el lado más opuesto que pueda a él, pero el sol juega contra mí. Ahora ya no pega el sol en toda la piscina. Más de la mitad está a la sombra. Y qué suerte tiene el tío. Ha atinado justo en el centro de la zona de sol. Si me quiero poner morena, no puedo distanciarme mucho de él.

    De pie, a punto de entrar en la piscina, me quedo mirando las posibilidades. Creo que él adivina lo que pienso, porque saca una sonrisa desagradable.

    Y después me mira descaradamente de arriba a abajo sonriendo.

    Yo recuerdo lo de mis pezones duros de antes. Ahora la sensación es mucho más evidente. Tengo que aceptarlo. No lo entiendo, pero, pese a lo desagradable de la situación, me pone que me esté mirando. El hecho de que haya llamado gilipollas a mi marido y ahora me mire así, me pone, qué se le va a hacer.

    Esa sensación es mucho más intensa de lo que imagino, porque, en ese momento aparece una idea en mi cabecita: ¡vaya morbazo si me vuelvo a poner a su lado! Obviamente no puedo hacerlo. Esta mañana me ha dicho directamente que me miraba las tetas. Si voy a su lado, estaría reconociendo que no me importa que lo haga, de modo que no puedo hacerlo.

    Claro que, joder, Silvia, ¿te imaginas? ¿Te imaginas poniéndote ahí después de que te ha dicho que te está mirando las tetas? ¿Ponerte ahí a su lado, como diciéndole, míramelas, guarro, que me mola…? ¿Te imaginas?

    Joder Silvia, deja de pensar en esas cosas mejor piensa en…

    … ¿En qué? No puedo. Mi cabeza ha cortocircuitado. Va por otro lado. Me acaba de lanzar unos “¿te imaginas?” y, sin darme descanso, vuelve a la carga.

    ¿Te imaginas cómo se sentirá el cabrón pensando en tu marido, Silvia? Le parece un gilipollas y, después de decírselo a la cara a su mujer y de decirle también que le está mirando las tetas… coge su mujercita y se vuelve a poner a su lado para que se las siga mirando ¡Uf!

    Que no, que no pienses en eso, coño. Piensa en su barriga y en la cerveza cayendo de su boca como un guarro. Piensa en cómo mira a las jovencitas pavonearse el muy viejo verde.

    Empiezo a encontrarme demasiado caliente. Atravieso la puerta de la piscina y dejo la toalla exactamente donde la puse antes cuando salí espantada. Exactamente en el sitio en el que este guarro me dijo que me estaba mirando las tetas y que mi marido es un gilipollas. Vamos sólo me falta aceptarle la cerveza ahora. Pero mi cabeza pierde batalla tras batalla. La imaginación vuelve a vencer a la lógica y me dice que ni de lejos lo peor que puedo hacer es aceptarle la cerveza sino…

    -Quería pedirle perdón por lo de esta mañana. Fue una falta de educación completa levantarme y marcharme así. Espero que no se haya ofendido.

    Sino pedirle perdón por marcharme después de que me dijera que se estaba empalmando mirándome las tetas.

    Él comienza a reírse a carcajada limpia.

    -No te preocupes vecina, no te lo tomo en cuenta. Te suponía mejor educada, pero no me ofendo.

    Y me mira de arriba a abajo sin ningún pudor. Obvio, si he vuelto y encima pidiendo perdón, está claro qué va a hacer él.

    -Veo que has decidido volver. Yo ya te he dicho que tu marido es gilipollas, pero tú estás demasiado buena, así que, entiendo aceptas que hablemos como si fuéramos dos amigos, ¿no? jajaja

    Le gusta tensar la cuerda, pienso. O no. En realidad lo que hace es dejar las cosas claras. Desde luego va de frente.

    -Me parece bien, vecino.

    -Pues lo que diría ahora a un amigo es, ¿qué te parecen las niñas éstas?, ¿están buenas eh? Jajaja.

    El comentario me parece totalmente fuera de lugar, pero he venido en son de paz, así que muevo la cabeza negando como diciendo, “anda que…”. Él se acerca a mi oído, lo que provoca que me impacte un olor corporal intenso y el aliento a cerveza.

    -¿Sabes que haría con ellas? Me las follaría jajaja. Pero, ¿sabes lo mejor de todo? Que a ti también te follaría ahora mismo.

    Y comienza a reír a carcajada limpia, haciéndola morir con un eructo.

    -Anda déjese de tonterías y deme una de esas cervezas antes de que lo maten de gases.

    Por el rabillo del ojo veo como las niñatas cuchichean. Seguro que están jodidas porque el viejo ya no las mira ¡Las muy guarras! Me sorprende notar una pequeña satisfacción por ser yo la acaparadora de la atención del viejo y no esas zorrillas.

    Coge una cerveza y me la da. Por supuesto, lo hace mirándome fijamente las tetas, pero me la da. Y sin dejar de mirarlas me dice:

    -Te las comería ahora mismo, pero bueno ya sé que estas casada y completamente enamorada del gilipollas de tu marido, jajaja.

    Joé qué fijación tiene con las tetas, se ve que está necesitado el buen hombre, pobrecillo. Dejo que las mire sin decir nada, pero trato de desviar la conversación de mis tetas.

    -¿Qué le pasa con mi marido? ¿Por qué le tiene esa ojeriza? Estamos puerta con puerta, me gustaría que nos lleváramos mejor.

    Inmediatamente cambiar su mirada lasciva y burlona por una más seria, casi despectiva.

    -Tu marido es un gilipollas estirado que se cree mejor que el resto de mortales que vivimos por acá. Y para colmo es de esos tontitos hombres modernos que le gusta ayudar en las tareas de casa y esas cosas. Además, muy estirado y eso, pero luego en el cara a cara se arruga, el tonto del culo. ¡Fíjate! ¡Un viejo como yo le planta cara y muy cobarde se achanta! ¡Será mariconazo!

    Y vuelve a cambiar su expresión para lanzar otra mirada escaneadora a mi cuerpo. Yo me he quedado sin nada que decir. No sé qué responder a eso. Por su parte, se tumba y la erección se hace evidente. “Pobre hombre”, pienso, “es charlar con una mujer y ya se pone así”. Doy otro trago a la cerveza. Ya me voy acostumbrando a notar sus miradas en mis tetas, y, pese a que dejan de llamarme la atención, mi cuerpo, o mejor dicho, mi sexo, las registra claramente. Al poco de estar tumbado, comienza a renegar del calor.

    -Bueno vecina, me voy a subir al piso, ya he tenido demasiada ración de calor por hoy, ya sabes dónde estoy si necesitas algo.

    Pongo cara de sorpresa. Es extraño. Esta mañana cabreada porque venías y ahora me da rabia que se vaya.

    -Vaya, ¿justo ahora que empezamos a llevarnos bien, se marcha? Si es por el sol, ahí tiene la sombra además, ni siquiera se ha bañado.

    Joder, le estoy pidiendo a este guarro que se quede conmigo, esto es increíble.

    -Es que vecina, creo que lo voy a pasar mejor en mi piso. -Adereza su comentario, como casi siempre, con una carcajada. Y sentencia. -¿Quieres venirte?

    De primeras, supongo que lo que me está diciendo es que se va a ir a su piso para, como esta mañana, mirar por la ventana. Pero me estaba mirando a mí, por lo que ahora mismo ya tiene lo que quiere. Entonces, ¿qué significa que lo va a pasar mejor en su piso? ¿A qué sube? Entiendo que quizá en su casa puedas hacer algo que aquí no… Se me ilumina la mente ¡se va a masturbar! ¡Y lo va hacer mirándome! No. Creo que estoy sacando las cosas de quicio. Además, si va a su piso a pajearse, ¿a qué me invita?

    Mi imaginación vuela. Me veo en su casa en bikini y él mirándome mientras se la menea. Creo que es esa imagen la que, aunque declinando su invitación, me hace enviarle un guiño.

    -Bueno, pues nada, me encantaría que lo pasara muy bien en su piso. Yo me quedaré un rato aquí tomando el sol.

    Veo cómo se acerca a las pipiolas y les dice algo, seguramente una burrada. Ellas sonríen y se despiden. Se aleja y entra en el portal. Yo me quedo tomando el sol. Y de nuevo, yo sola, soy la peor de mis enemigas. Mi imaginación entra a raudales y logra excitarme. Antes logró que me pusiera a su lado para que mirara las tetas y pedirle perdón. Ahora me da por imaginar que está en la ventana, mirándome mientras tomo el sol, aliviándose la excitación contenida. Imagino ser la musa que utiliza para masturbarse y sufro una excitación brutal. Imagino que mi marido tiene a su enemigo enfrente de casa pajeándose mientras mira a su mujer. ¡Buf!

    No puedo evitarlo. Aprovechando mis gafas de sol, fuerzo mis ojos a mirar a su ventana y veo que estás ahí, mirándome. No, no son imaginaciones mías el movimiento característico que detecto en ti. No sólo lo estoy imaginando. Está ocurriendo. ¡¡Ese guarro se está pajeando mientras me mira en bikini!! Bueno, pobrecillo, no hace ningún mal a nadie. Desde que se fue su mujer, estará necesitado y, qué coño, pues es normal que yo le ponga. Vuelvo a preguntarme para qué me ha invitado a ir e inmediatamente mi imaginación me devuelve la imagen de antes. Yo en su casa en bikini dejando que se pajee mirándome.

    Una de las chiquillas se levanta y se da una ducha. Veo que el guarro ya no me mira, la mira a ella. Y sigue tocándose. Vaya, la zorrilla se lleva ahora su atención. Eso no está bien. Entonces…

    … entonces me incorporo y, sacando pecho, me ato el bikini. Al hacerlo queda un poco al descubierto la parte de mi pecho que está más cercana al hombro….y a su ventana. Lo dejo así unos segundos y después juego con el triángulo para colocarlo. Primero tapo esa parte, pero dejo que la parte inferior de mi seno asome por debajo de la tela y ahí la dejo mientras coloco el otro triángulo. Un minuto después termino de colocar todo. Cuando termino, vuelvo a tumbarme y a mirar a tu ventana…. y ya no estás ahí… así que, o bien has ido a beber algo… o bien te la has acabado. Sonrío sabiendo de sobra cuál es la alternativa más probable. Y sonrío también porque la zorrilla ha perdido su batalla conmigo.

    Me tumbo y cierro los ojos. Estoy casi segura de que se ha corrido pensando en mí. Me parece curioso. Hasta ahora siempre me ha parecido algo asqueroso los tíos mirones y por eso visto de forma bastante discreta. Sin embargo, ahora un tío se ha pajeado mirando mi cuerpo y ¡no ha pasado nada! Creo que soy un poco exagerada con ese tema. Si se me ve esto demasiado, si se me ve lo otro… Coño, pues si se ve, tampoco parece que se hunda el mundo. Ahora se me ha visto. Hasta un viejo verde se ha pajeado con ello y no ha llegado el Armagedón.

    Sigo dándole vueltas a mis sensaciones. El hecho de que este guarro me mirara así ha ofendido mi parte educada, pero ha encendido cosas. Me parecía harto improbable que este tío pudiera excitarme y, sin embargo, lo ha logrado. Esto me rompe un poco los esquemas. El juego es obvio. Él se lo pasa bien mirándome las tetas y pajeándose, ¡pero es que yo disfruto y me excito mientras lo hace! Los dos ganamos. Y, sinceramente, no me parece un juego peligroso. El tío parece ser un gilipollas y un pelín violento, sólo cuando está mi marido. Conmigo se ha comportado encantador… a su manera.

    Acabo la cerveza y la tiro a la basura… creo que otra vez estoy pensando cosas raras… mejor me doy un baño. Me meto en el agua fría y nado un poco sin pensar en nada. Pero en cuanto salgo y me pongo al sol, mi vecino vuelve a inundar mis pensamientos. Me doy cuenta de que me apetece continuar el juego. En realidad, lo estoy deseando. Casi lo necesito.

    Subo al piso. De nuevo mis pezones mi dicen que estoy excitada. Miro la ropa que uso para estar en casa en verano. Nada de sujetador, lógicamente. Una camiseta ceñida de tirantes finos y el pantalón cortísimo que deja casi media nalga fuera, de modo que debo usar tanga para que no se vea la ropa interior… Finalmente me lo pongo y preparo un gazpacho y un flan. No es sólo mi cena. Es también la excusa para seguir jugando.

    Meto en un tupper parte del gazpacho y en otro parte del flan. Cojo las llaves y, con mi camiseta de tirantes ceñida marcapezones y mis microshorts, llamo a su puerta.

    Al otro lado aparece el viejo desnudo salvo por un pantalón corto y unas chanclas. No quiero fijarme, pero creo que el pantalón tiene una mancha significativa en el centro… De nuevo me mira de arriba a abajo y sonríe. Yo disfruto su mirada. A eso he venido.

    -Dime vecina.

    -He hecho gazpacho y flan… y creo que es demasiado para mí… además, me parecía justo cambio por la cerveza de antes.

    Disfruto con el juego, con sus ojos hambrientos. Mis pezones se tensan al recibir sus miradas.

    -Claro que sí, vecina -Dice riéndose.- Anda pasa y lo dejamos en la cocina.

    ¡Uf!… una cosa es mirar y dejarse mirar y otra es entrar en esa casa. Sobre todo después de haberme invitado antes… y la manchita del pantalón confirma lo que ha estado haciendo.

    -No, no. Deja, no hace falta. -Digo tendiéndole la comida.

    Sin hacer caso mis indicaciones, entra en casa y deja la puerta abierta para que entre. Me encuentro en el rellano con los tuppers en una situación ridícula. Finalmente paso y dejo abierto, pero cierra inmediatamente y me dice:

    -La cocina está por ahí.

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  • Después de 10 años por fin me puso mis cuernos (2)

    Después de 10 años por fin me puso mis cuernos (2)

    Las casualidades existen, sean para bien o para mal y en esa ocasión no pudo ser mejor, pues gracias a que lleve a Silvina a aquel congal, pudo constatar que muchas mujeres por más santurronas que simulan ser, la mayoría tendrá algún resbalón y que esos resbalones pueden ser causa de violencia y de separaciones.

    Si lo hubiera planeado, no creo que saliera tan bien como se dio.

    Claro que aproveche la situación y la use para insistir sin que fuese notoria, mi deseo o fantasía de que cogiera con otros y vaya que me resulto mas favorable el que viera a su amiga Margarita en pleno romance con un tipo que no era su marido.

    Tan convencida quedo, que cuando le confesé mi sueño de tenerla como prostituta, acepto y aunque solo bailarina con otros hombres, no mencionó tener sexo con ningún tipo.

    Para mi, fue un gran logro.

    Y lo que tenía que pasar, paso. La deje sola en la mesa y se le acercaron varios tipos con los que salió a bailar y en una de esas, se encontró con su amiga en la pista, quien según me platico mi piru, casi se le tinca para que no le dijera nada a su marido. Con la promesa de no hacerlo, su amiga se tranquilizó y le pregunto que por qué ella estaba en ese congal. Muy inteligente Silvina le dijo que a ella le gustaba ese ambiente y le pidió lo mismo, no comentar con nadie e incluso le dijo que iba con un amigo (yo) muy liberal) y que no tenía ningún problema con el si bailaba con otros hombres.

    Se despidieron y Silvina no paro de bailar con diferentes tipos y más de alguno le agarraron las nalgas.

    Casi amanecía cuando salimos del tugurio, ambos felices por aquella aventura. Aproveche para preguntarle si se sentía mal por haber bailado con otros o por que le agarraron las nalgas.

    -si me sentí incomoda por las manoseadas, pero no me siento mal, porque ambos estuvimos de acuerdo.

    -¡vaya hasta que lo entiendes! Te aseguro que si lo hubieras hecho como tu putiamiga, si que estarías temerosa de que alguien te viera, de mi reacción. Como ves, no tenemos nada que esconder y si mucho que disfrutar. Ahora seré yo quien no insista, porque te diste cuenta que sólo trate de que disfrutaras sin temor alguno, que es porque te amo de verdad y también, porque no ser sincero, porque me causa mucha excitación el saberte gozando con otros esperando a que me cuentes todo y hacernos el verdadero amor.

    Cogimos tan rico que sólo nos paramos de la cama para ir con los niños.

    Exactamente 15 días después, tuve que salir del país por 25 días para realizar unas encomiendas y una noche antes de ir al aeropuerto, estando acostados, le pregunte si le gustaría coger con alguien de su agrado, su respuesta fue: ¿tú quieres que me vaya a coger con otro?

    -de sobra sabes que si, solo que si decides abrir tu mente y correr esa aventura, te pido que sea con alguien que te llame la atención y te despierte el libido, que uses protección, que te cuides de gentes malintencionadas, que no generes compromiso sentimental, o sea que lo tomes como una aventura y ya. Y si así lo deseas, no tengas ningún temor de contármelo. Y por último, que por tu seguridad, me avises cuando vayas y cuando estes en casa.

    -ay mi rey, me pones bien nerviosa!

    Pero así lo hare.

    Si no te sale alguien de tu agrado, no lo hagas, no es obligatorio.

    Ah pero eso sí, lo hagas o no, cuando regrese del viaje, espero que me cumplas mi sueño, te avisaré que día y a qué hora llego a casa, para que ya estés arreglada bien sexy lo más que puedas, para irnos a un congal y disfrutarte como mi puta y que estés dispuesta, flojita y cooperando y tú también sepas que las putas aparte de ganar dinero, beber vino gratis también gozan y más que muchas casadas. La clave es no aceptar nada de quien no te guste. ¿estamos?

    -¡ay canijo! ¿Quieres desquitarte de tanto tiempo que me negaba verdad?

    -claro mi reina, ten en tu mente que ya eres aparte de mi esposa, cómplices de aventuras y mi puta de verdad.

    Sali de casa y casi cada tercer día le hablaba esperando muy excitado (sin decírselo) que me dijera que había cogido, pero no fue sino hasta 6 días antes de mi regreso, que me aviso haber conocido a un tipo que la abordó y a ella le agrado. Fueron a tomar un café quedando de verse al día siguiente por la tarde y dejaría a los niños con su mama.

    -¡mirala que suertuda! Me hablas antes y cuando llegues por favor.

    -¡mi amor, jurame que no te enojaras y que tampoco me abandonaras!

    -mira mi reina, creo que fui muy claro, si lo hicieras a escondidas si tendríamos problemas. ¡Soy el padre de tus hijos, te adoro y ahora te deseo mucho más! Así que a disfrutar mi cielo, ya verás que es algo super excitante y rico. Ya me contarás cuando llegue. Tranquila y ve dispuesta a disfrutar. Te amo

    Colgué y mi verga parecía mástil de acero, por fin se haría realidad mi fantasía.

    Al día siguiente a eso de las 2 de la tarde, Silvina me llamo para decirme que ya se iba y que le deseara suerte.

    ¡Pasaron 5 largas horas y en mi mente imaginándola revolcándose de lujuria! No me despegue del teléfono hasta que recibí su llamada acusándole que ya estaba en casa. La pregunta natural salió de mi boca, ¿cómo te fue?

    -muy bien mi rey, tenías mucha razón. Gracias por ser el mejor esposo del mundo.

    Y de una vez te aviso que mañana volveremos a salir.

    -ok sin problema, solo cuídate mucho.

    Tal como se lo había prometido, un día antes le avise que llegaría como a las 10 de la noche. Mentiría si les dijera que no se me hizo eterno el regreso.

    ¡Por fin llegue a casa, entre y las luces apagadas! Prendí las de la sala, deje mis maletas en el piso, de una de ellas, saque tres cajas que contenían una pulsera de oro, un perfume y un reloj de pulso. Me senté en un sofá cuando la vi entrar a la sala, ufff con una minifalda morada que sólo le tapaba las nalgas, una blusa color fucia transparente y sin brasier, con su frondosa cabellera peinada estilo afro, mucho maquillaje y pintada con pinturas de colores chillantes. Unas pantimedias negras y brillantes, zapatillas moradas muy altas.

    -¡Hola mi rey! ¿Quieres una copa de licor?

    A modo de broma, le contesté:

    -perdón ¿pero quién es usted? ¿No se equivocó de casa de citas?

    -¿por qué me dices eso?

    -¡porque te ves putisima y me encantas!

    -¡sirve la copa, entro al baño y nos vamos al puntero! ¿Estás de acuerdo?

    -¡claro que si mi rey! Lo que tu mandes.

    Bebí el licor, tome un saco y salimos de casa y al subir al auto, una vecina le gritó, que guapa vecina, ¡por eso trae de un ala a su marido!

    Maneje hasta un congal y en el camino, Silvina quiso contarme su aventura pero le pedí que en el puntero me contará.

    Ya en el tugurio sentados, pedí una botella de coñac las luces estaban a medias y me contó que Pedro era un campesino adinerado y que al abordarla le dijo piropos muy bonitos y como le gustó acepto ir con él a una cafetería, donde no dejo de chuparla y que al despedirse le dio un beso en la mejilla.

    Al día siguiente, Pedro ya la estaba esperando en su camioneta, le pregunto que deseaba comer y de cuanto tiempo disponía. Silvina le mintió diciéndole que sólo disponía de máximo dos horas.

    Y vaya que el tal Pedro era un costal de mañas, diciéndole que era muy poco tiempo, que no se fuera a molestar si la llevaba a un lugar muy discreto donde tendrían mucha privacidad y que servían comida muy rica acompañada de buenos vinos de mesa.

    Silvina jamás imagino que ese lugar era un motel de lujo a las orillas de la ciudad. Se dio cuenta cuando ya estaban entrando.

    El noto el nerviosismo de ella y muy caballeroso le hizo saber que el era casado y también ella, por eso en ese lugar nadie los vería.

    Ella se tranquilizó, entraron a una swit pidieron comida y vino.

    Terminando de comer, siguieron bebiendo y ella se sintió mareada, sin decir nada y claro que el se dio cuenta y comenzó a chuparla, brindaba por ella, hasta que el la abrazo y la beso, Silvina mareada no opuso resistencia, además de tomada, ya estaba muy excitada. Unas copas unos besos y caricias más y ya la tenía en la cama.

    Silvina se levantó y fue al WC al salir Pedro ya estaba todo desnudo en medio de la cama con su verga muy parada.

    -¡no lo podía creer! ¡Pero tiene una vergota enorme cabezona y muy gruesa!

    Pedro la llamo y ella se subió a la cama, el le quitó la tanga y como pulpo se la cachondeo. ¡Cuando quiso meterle la verga no le entraba, él tuvo que abrirle con sus manos la panocha y fue como logró metérsela! Le provocó 3 orgasmos en el primer palo, luego se ficharon y se la volvió a coger y ella muy dejada. Tuvo dos orgasmos más y pasada la pasión, ella lo apresuro para salir del motel. No sin antes sacarle cita al día siguiente.

    -oye mamita, ¿por qué aceptaste salir con el de nuevo? Dímelo con confianza y verdad

    -si mi amor, acepte porque me encantó sentir su vergota dentro de mí, porque me hizo sentirme bien llena y 5 orgasmos. También porque nunca me trató mal. Sali 3 días seguidos me cogió bien rico como nunca lo imaginé. Pero ya no nos volveremos a ver.

    -me siento feliz por ti, porque gozaste mucho, porque te la pásate a gusto y sin preocupaciones ni angustias. Y eso mi reina me lo debes a mí, ¿o no?

    -si mi rey, que tonta fui y cuanto tiempo perdido.

    -nada perdido chiquita, todo llega cuando tiene que llegar. Pero es la hora de cobrarme, y así como tu disfrutaste y gozaste, ahora te toca complacerme ¿o no?

    -claro que si mi rey, lo tienes muy merecido.

    -pero no me has dicho que quieres que hagamos. Pídele lo que sea, que por todo el amor que te guardo, pondré todo de mi parte para complacerte en lo que me pidas.

    -¿estas segura?

    -si mi rey, te compensare todo lo que hiciste por mí, por hacerme una mujer plena, sin prejuicios, segura de mi familia, y sentirme libre y apoyada por ti. Así que habla que tus palabras son órdenes.

    -gracias mamita. Debes saber que aunque pude tener otra mujer como amante y que complacida mis fantasías, necesidades nunca lo intente, pues tu eres y serás el amor de mi vida. ¿Sabes por qué es tan excitante hacer travesuras? Porque las hago con mi esposa, madre de mis hijos, la mujer que estuvo conmigo en la pobreza, mal haría si hubiera decidido correr estas aventuras con otras mujeres.

    Así que si no te perjudicó ni te hago sentir mal, es hora de quitarnos los prejuicios y miedos de decirnos lo que debemos, h ya tome valor mami.

    Comencemos con tu nombre artístico, porque aquí nadie se llama como les nombran, todas las prostitutas se dejan hacer por dinero, te sonríen por dinero, o sea todo lo hacen por dinero. Así que dime cuál será tu nombre artístico.

    -Esmeralda

    -ok y oye Esmeralda, ¿eres consiente de que desde que entramos al congal para todos y todas eres otra puta mas?

    -si.

    -sabes que esto que estás haciendo, como arreglarte bien vulgar, verte bien putota y que tendrás que alternar con clientes que te manoseadas toda, te bailarán como a las putas agarrada de las nalgas, y más de alguno querrá llevarte al hotel a cogerte usándote como instrumento de desahogo, no estás obligada a hacerlo, ni yo te presionó para que lo hagas si no quieres? Solo si te hago saber que si lo haces, tendrás que hacerlo como todas, la diferencia será que tu no lo hagas con cualquiera por dinero, sino sólo con clientes que te agraden. Si así lo haces, me darás mucha felicidad y provocadas que te desee a un más. Pero no se puede dañar a otros para lograr nuestros deseos. Así que lo dejo en tus manos.

    -fijate que a muchas mujeres nos da curiosidad la vida de las putas, y aunque nunca lo externe yo siempre quise estar en el lugar de ellas.

    Así que aclarando, quieres que tu puta baile con clientes, que me siente con ellos y dejarlos manosearme, y también quieres que salga al hotel a coger con los clientes que me gusten y me paguen bien ¿verdad?

    -si Esmeralda, solo así te consideraré mi puta de verdad.

    -así lo hare y con mucho gusto papito.

    La deje en el congal, me salí un rato para que se sintiera a gusto. Regrese en una hora y la muy decente bailó con muchos clientes se sentó en sus piernas y salió a coger 2 veces. Y yo feliz, feliz.

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  • La piel morena de mi exsuegra y el sabor sucio de su traición

    La piel morena de mi exsuegra y el sabor sucio de su traición

    Calzones usados y axilas morenas.

    Silvia no era mi tipo… o eso me repetía yo a los 18 años cuando salía con su hija. Andrea fue mi primera novia seria. Morena clara, flaca, de sonrisa fácil. Pero aunque creía estar descubriendo el sexo con ella, en realidad lo que me consumía por dentro era el deseo reprimido por su madre.

    Silvia tenía 39. Morena, de piel canela, caderas anchas, brazos gruesos, senos pesados, culo redondo y blando. Una mujer que transpiraba sin pudor. No usaba perfume, y eso era parte de su hechizo: olía a cuerpo. A casa. A carne. A día vivido. Ese olor espeso y denso que se queda en los colchones, en la ropa sucia, en los rincones. Ese que no se puede esconder con desodorante. Su aroma me desquiciaba.

    Siempre me recibía con ropa de estar en casa: pantalones cortos, camisetas pegadas al torso por el calor, sin sostén. A veces tenía el cabello recogido, a veces suelto y mojado por la transpiración. Sus axilas eran velludas. Negras. Húmedas. Las mostraba sin disimulo, y yo me quedaba viéndolas fijo cada vez que levantaba los brazos para buscar algo en la alacena o colgar ropa.

    Andrea salía tarde de la facultad. Yo llegaba antes. Silvia y yo tomábamos mate o café, solos, en silencio, como si fuéramos cómplices. Me gustaba verla doblar ropa en la sala. Me encantaba cuando entre la pila asomaba una tanga negra, vieja, con el elástico vencido y una pequeña mancha blanca seca en el centro. Me quedaba mirando. Ella lo notaba, pero nunca decía nada. Solo sonreía.

    Esa noche, en mi cuarto, me masturbé con esa imagen: el calzón usado entre mis dedos, la axila abierta sobre mi boca, su vientre blando apoyado contra el mío.

    Mi relación con Andrea duró dos años. Terminó sin escándalos. Pero Silvia me quedó incrustada como una espina. Ella fue mi verdadero duelo.

    Pasaron ocho años. Me convertí en diplomático. Viajé, trabajé, envejecí un poco. Pero nunca la olvidé.

    Un viernes de diciembre, con ánimo bajo y necesidad de distracción, fui a un bar que ya no recordaba bien. “Sounder”. Música fuerte, gente madura, grupos de mujeres bailando sin culpa. Y entonces, la vi.

    Silvia. Más morena que antes. Más ancha. Más viva. Vestía un vestido ajustado que dejaba ver sus piernas gruesas, sus tobillos fuertes, sus pies metidos en unas sandalias plateadas que le abrazaban los dedos sudados. El escote mostraba el canal de sus senos pesados. Bailaba. Reía. Sus axilas se abrían al ritmo de la música, oscuras y mojadas, naturales. Me quedé sin aliento.

    Ella tardó en verme. Cuando nuestros ojos se cruzaron, se le iluminó el rostro. Se acercó, me saludó con un beso largo y húmedo en la mejilla, y me apretó la cintura como quien saluda a un viejo amante. Su olor a piel mojada, mezclado con la humedad de la noche, me dio un vuelco en la entrepierna.

    Pedimos copas. Luego otra botella. Me contó que estaba casada de nuevo, con un hombre mayor, que ya ni la tocaba. Yo le hablé de mis viajes, de mi aburrimiento con las mujeres de cartón que conocía. Ella me miraba, como si supiera.

    Bailamos. Le puse la mano en la espalda baja. Ella no se corrió. Pegó su culo contra mí y me lo restregó al ritmo de la cumbia. Yo le hablaba al oído, lento:

    —Siempre quise saber cómo olés después de un día largo.

    Ella no contestó. Solo me miró con una sonrisa torcida.

    A eso de las cuatro, se quedó sola. Sus amigas se fueron. Le propuse llevarla. Aceptó sin dudar. En el coche, saqué otra botella de champagne. Ella la tomó del pico. Se rio. Me puso la mano en la pierna y sin aviso me desabrochó el pantalón.

    —No hables —me dijo—. Solo dejame olerte.

    Me la sacó. La olió. Me la lamió despacio. Con hambre vieja. Con lengua espesa. Mientras manejaba hacia el motel, ella no se detuvo.

    En la habitación no hubo charlas. Le levanté el vestido. No tenía nada abajo. Estaba mojada. Y su olor era tal como lo había soñado: a transpiración rancia, a deseo guardado, a rajita apretada que estuvo húmeda todo el día.

    Le lamí el cuerpo entero sin que se limpiara. Axilas, pies, vientre, culo. Ella me dejaba. Me guiaba. Me ofrecía su carne como quien ofrece un plato caliente.

    —Siempre quise que me espiaras más —me dijo entre gemidos—. Dejaba mis tangas sucias a propósito. Me calentaba saber que podías tocarlas.

    Me la cogí como si fuera la única mujer del mundo. Le acabé adentro. Me abrazó. No se limpió. Se durmió oliendo a mí.

    Desde esa noche, Silvia fue mía.

    La veía en su casa cuando su marido no estaba. Me cocinaba en tanga. Me pedía que no la dejara bañarse. Que la follara con todo encima. Me dejaba sus calzones usados en el auto. A veces me los metía en la boca mientras la montaba.

    Una vez llamó a su esposo desde mi cama, con mi polla metida en su culo. Le habló con voz dulce, como si nada.

    —Sí, mi amor. Ya casi salgo. Me retrasé en la reunión.

    Me besó mientras colgaba y me dijo:

    —Sos mi vicio. Y no pienso dejarte.

    Fueron años de sexo crudo. Ella y yo. Yo y su cuerpo. La piel morena, el sudor, el vello, los olores. Todo eso que la sociedad esconde… yo lo adoraba.

    Silvia fue la mujer que más me marcó. Me hizo amar lo real, lo sucio, lo que se huele antes que se ve. Me enseñó que la piel guarda memoria. Que hay cuerpos que, cuando te tocan, se te quedan adentro para siempre.

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  • La masturbación con Esteban

    La masturbación con Esteban

    Mi primo Esteban volvió con un DVD en la mano.

    —Verás, éste si es bueno, chaval.

    Yo dejé la revista erótica a un lado.

    —Oye, ¿cuándo vuelven los titos? -Los “titos” eran sus padres, porque yo estaba de vacaciones en su piso una semana.

    —No vuelven hasta la tarde; han salido a comer al japonés -Introdujo el DVD en el aparato y, señalando mi revista dijo-: Esto se mueve… y -riendo- además te deja las manos libres.

    La camarera y su alumna se divierten. Así se titulaba.

    Una rubia maciza, vestida con un uniforme ridículamente corto -se le veían las braguitas de encaje- y una cofia extemporánea, hacia la cama en una habitación. Un minuto después entraba en el cuarto de hotel -supuestamente-, una mujer morena más bajita y con menos kilos, vestida de la misma forma: eso que los varones tradicionales denominan “provocativa”. Cada una tiraba de las sábanas por cada lado, iban incrementando los tirones en los extremos en medio de una cascada de risas hasta que el juego se hizo más agresivo en una lucha de almohadas.

    La escena dio paso a otra en que las mujeres se besaban violentamente y se desvestían una a la otra. La pequeña tenía unas tetas inmensas y un coño de labios muy salidos; las mamellas de la rubia eran pequeñas, pero sus pezones erectos y rosados compensaban la descompensación; tenía una preciosa vulva con los labios vaginales internos, pero una sensual línea en la boca cerrada del coñito. Ambas se tumban en la cama y montan un excitante 69.

    En eso, entra un muchachote con un traje ajustado y corbata -el supuesto y nada creíble cliente-, que las “pilla” en su lúdico entretenimiento laboral

    El hombre es invitado al juego por las caricias de la rubia, que los desnuda, mostrando una musculatura exagerada y varios tatuajes enormes en los antebrazos y el cuello. Y comienza el ménage à trois. El tipo tiene un buen rabo y, para mostrar mejor los intensos primeros planos, va depilado.

    —¿Qué, a que es mejor?

    Naturalmente, es mejor. Bajo mi short mi pija está apretada contra la bragueta con una fuerte erección. Disimuladamente echó un vistazo a Esteban. Su mano reposa entre los muslos y el montículo que forma entre sus ingles habla por sí mismo. De alguna forma, eso incrementa mi excitación. Mi boca de llena de saliva caliente y espesa, lleno de deseo sexual.

    En la pantalla, en un plano lateral en zoom, la morena le está haciendo al rubio una felación de profesional. Su tranca está completamente dentro de la boca glotona. La otra le chupa el higo desde detrás; el interior del chocho es de un color rosado. La rubia lame los largos labios de la vulva y hunde su lengua en el canal dilatado de la morena; mete dos dedos y comienza a masturbarla, sin que la otra abandone la mamada.

    —¡Ya me gustaría que esa morenita me hiciera a mí esa mamada! -exclamó mi primo.

    —Joder, ¡y la rubia, chico! -le respondo-, ¿no te la follarías?

    —Me dejaría follar por ella… uauuuh -en la televisión, el hombre coge por detrás a la rubia y, a la vez que la morena se soba el coño y le magrea las tetitas a la rubia, la penetra de un solo golpe. La polla se clava y comienza a galoparla-. ¡No puedo más, Juan! -y se baja el pantalón. Hasta ahora solamente había visto a Esteban con la pija relajada, en el vestuario de la piscina. Tenía un falo enorme, con un glande grueso en la punta y enrojecido por la tensión sexual.

    El folleteo sigue en las imágenes. Yo miró de reojo a Esteban, que se acaricia los huevos y se baja lentamente el prepucio. Escucho su respiración agitada… Tampoco yo puedo más. Me abro el short y mi polla salta al vacío. La tengo durísima, con el capullo húmedo por el flujo.

    —¡Joder, tío! -exclama mi primo- Ya no podías más… -y estalla en una carcajada.

    Yo me voy sobando el glande. La corona está morada y las venas del mástil hinchadas. Las escenas me han puesto cachondísimo. Me giro y observó a Esteban. Con una mano hace girar el capullo entre los dedos; con la otra se oahes despacio. Me pilla mirando.

    —Yo me masturbo cada noche, ¿y tú?

    —¿Viendo la peli? -le pregunto.

    —No, no hace falta… con la imaginación y los recuerdos. ¿Y tú? -inquiere a su vez-.

    —No tan seguido. Prefiero follar con Nati, o sobre todo que me haga una mamada.

    Ahora es la rubia la que se está comiendo el pollón del rubio, que gime. La morena se ha metido un dildo en el coño y se retuerce de gusto con él dentro.

    —A veces -dice-, yo prefiero hacerme una paja. Conozco mejor mi polla -y se ríe de nuevo a carcajadas. Abre los muslos y su miembro está vertical.

    Yo juego con mis testículos, que están duros: noto los huevos pegados a la base de mi tranca. También está tiesa.

    —¿Cómo te gusta a ti que te lo hagan? -su voz es pastosa, presa de la lubricidad.

    Yo respiro con dificultad y trago sonoramente saliva. Grito toda la verga; el anillo del glande está caliente y morado.

    —Así -respondo y sin saber bien porque le hago una demostración.

    Esteban se acerca. Su polla se balancea a cada paso. Observa con atención. Se acaricia los cojones. Su verga tiene la boca del capullo completamente llena de flujo. Yo me pajeo sólo el glande. Esteban me imita.

    —¿Así? -dice. Pasa sus dedos por el grueso glande.

    Entonces lo suelta y pone su mano si te la miau.

    —¿Quieres que pruebe? -me pregunta con ojos vidriosos-.

    Yo me he quedado asombrado. No esperaba esto. Lo miro fijamente. La verdad es que su propuesta me ha puesto caliente a tope. Nunca he tenido experiencias homosexuales me digo a mí mismo:

    —Ahí la tienes -y quito las manos.

    Esteban se arrodilla frente a mí. Veo la tele. El rubio tiene a las dos mujeres arrodilladas, con los culos hacia él. Va jodiendo alternativamente a una y otra. Los coños están dilatados y brillantes de flujos: la tranca entra y sale con facilidad; las mujeres abren la carne con una mano; la otra está en los clítoris, masajeándolos. Bajo la mirada. Esteban me ha agarrado el falo. Su mano acaricia mi pijo y sube al capullo. Observo que mi suave carne rosada está completamente cubierta de fluido preseminal, transparente. Dos dedos de Esteban aprisionan la corona del glande.

    No puedo evitar dejar escapar un gemido. Él igualmente excitado comienza a masturbarme lentamente…, pero no puedo aguantar más y con un espasmo me cierto en su mano. La leche ardiente sale a borbotones, como un manantial. Él acaricia la polla y la aprieta para escurrir el esperma, que mancha los pelos de mi vientre. Luego suelta el miembro y se queda mirando mi éxtasis.

    Cuando paro veo la corrida del rubio sobre las tetas de las chicas.

    —Ven -le digo-, tomando entre mis dedos su polla. Es muy grande y está tan dura que la mía nunca ha estado así. Tiene un glande grueso, morado y firme. Al tacto como seda. Me impregno los dedos de su viscoso líquido. Doy vueltas al capullo y Esteban gime. Lo siento y me concentro en su prepucio. Bajo y subo la piel. Siento las venas gruesas y azules. Brilla todo el largo miembro tieso y duro. Tengo un impulso…

    Llevo mis labios a la polla de mi primo. Y paso la lengua por el capullo. Lo beso y me lo meto en la boca.

    —¡Ahh! -gime Esteban, cerrando los ojos.

    Yo lamo y chupó la tranca caliente. La lleno de saliva y juego con mi lengua en ella.

    —¡Uf, así! -dice Esteban. Yo noto de nuevo mi polla en erección. ¡Cómo quisiera una mamada ahora! He parado un momento y él dice:

    —¡Vamos…, sigue!

    Yo continúo la mamada más enérgicamente, hasta que en mi boca se desparrama la leche a golpes, llenando mi lengua y mi boca. Tengo la eyaculación hasta que Esteban deja de sacar semen. Entonces dejó que el blanquecino y espeso resbale por mi barbilla y la limpio después.

    —¿Quieres que te la mame yo ahora? -pregunta.

    No necesito responder. Esteban me la agarra y se pone a la tarea. Sus labios chupan, mientras me pajea la verga con pericia. De golpe siento como se me escapa otra oleada de leche en una nueva eyaculación. Esteban extrae todo el semen, lo deja salir de los labios y lo recoge en el cuenco de su mano.

    —¿Lo has hecho antes? -pregunto. Él niega con la cabeza.

    —¿Y tú? -pregunta a su vez.

    —Tampoco, nunca… ni imaginaba …

    Esteban se levanta camino del lavabo. los huevos y dice con tono pericial:

    —Nosotros conocemos mejor los puntos de placer de nuestras pollas, ¿verdad?

    Yo me echó a reír y me acarició las satisfechas pelotas y mi picha… que recordando, no la película, sino la felación de Esteban, vuelve a ponerse morcillona.

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  • Mi suegro y yo emputecemos a otra de su nueras, Aby

    Mi suegro y yo emputecemos a otra de su nueras, Aby

    Un día mi suegro me llamó y me ordenó presentarme esa tarde en su chale, cuando llegue me abrió Violeta y me dijo:

    -El señor la esperara en el salón.

    Ella me acompañó hasta la puerta, iba delante de mí, y al verla mover su culo yo soñaba con que mi suegro me ordenara follar con ella, al llegar a la puerta se volvió y me dijo:

    -El señor ha dado órdenes que solo la señorita puede abrir la puerta y entrar.

    Cuando ella entro en la cocina yo abrí la puerta del salón y cerré rápidamente, y en el salón sentado en el sofá, con su pola al aire se encontraba mi suegro, me acerqué a él y me arrodillé, y después le dije:

    -Supongo que quieres que te chupé la polla.

    Y me puse a hacerlo, se la estuve chupando hasta que él me hijo una señal al levantarme él se tumbó de lado con su polla completamente dura, yo comencé a desnudarme y después me tumbé en el sofá delante de él y desde esta postura el introdujo su polla dentro de mi coño y comenzó a follarme, mientras lo hacía me explicó:

    -No te llamo solo para follar, como habrás observado, todas mis nueras ya estáis en mi sistema, bueno falta la última, Aby y aquí es donde tu entras en juego, no sé si sabes que Aby tiene fama de hacer cositas con mujeres.

    -¿Y eso te parece mal, no nos has llevado a las demás a hacerlo?, le pregunté

    -Si dijo él, pero es algo que quiero controlar, así que quiero que esta vez tu la intentaras seducirás y trataras de enterarte su ya la gustan los chochos, luego yo entrare.

    Después de darme estas instrucciones seguimos follando mi suegro me pidió cambiar de postura, el se sentó en el sofá y yo me puse encima de él y me puse a cabalgarle mientras el me chupaba las tetas y decía:

    -Lorenita, cada día me alegro más de haberte hecho follar conmigo, lo haces divinamente.

    Yo seguí cabalgándole, debía de reconocer que pese a su edad mi suegro era un follador excepcional, estuvimos así un rato hasta que él se corrió, en ese momento me dijo:

    -Bueno de momento está bien, luego si todo sale bien follaremos con Abý.

    -Seguro que sí, dije yo, ya ves que nos has llevado al huerto, mejor dicho, al sofá a todas sus nueras.

    Mi suegro se vistió y según lo previsto, primero llamó a Abý para decirle que le había surgido una urgencia y que tardaría en llegar a casa, pero que yo que había ido al chale por otro asunto me encargaría de hacerle compañía hasta que él llegará.

    Después se vistió la idea era que él vería todo lo que su otra nuera y yo hacíamos desde el cuarto de invitados situado junto a la piscina del chale, y salió hacia allí.

    Yo me lavé y después me vestí para que no quedaran restos de lo que había hecho con mi suegro, y así me puse a esperar la llegada de Aby.

    Aby la última de las nueras que a mi suegro le quedaba por cazar era como nosotras de tetas medianas, pelo moreno, pero si algo la caracterizaba de las demás era su larga melena que la llegaba hasta la cintura.

    Oí como sonaba el timbre de la puerta, Violeta contestaba y efectivamente era Aby, quedaba esperar que entrara en el salón, no tardó mucho en hacerlo, llevaba un vestido blanco, a media piernas, como el mío, nos saludamos y comentamos lo del retraso de nuestro suegro, yo le conté que había ido a por unos documentos y él al enterarse me había pedido que me quedase a esperarla, nos sentamos en el sofá a conversar, una conversación normalita, hasta que yo, de forma aparentemente improvisada, llevé una de mis manos a sus muslos, y dije:

    -Menudas piernas tienes, cuñadita, no me extraña que nuestro suegro esté siempre mirándotelas, seguro que Pascual, tu marido esta siempre sobándotelas.

    -No tía, contestó ella, lo que nuestro suegro está mirando siempre es tu culo, ¿No me digas que no te has dado cuenta?

    -Debe haber algo en el sofá que me molesta, dije yo, pongámonos de pía para ver que es.

    Las dos nos pusimos de pie, en ese momento yo la abracé y llevé una de mis manos hacia sus tetas mientras decía;

    -Quizá lo que mira nuestro suegro son tus tetas.

    Y mientras lo decía llevé una de mis manos hacia esta parte de su cuerpo y me puse a acariciársela por encima del vestido, ella no protestó y eso me animó a seguir avanzando, comencé a subir su vestido, hasta recogérselo por la cintura, llevaba un precioso tanga rojo.

    -Como de dura se le pondrá a Pascual cuando te vea así.

    Y tras decirla eso llevé mis manos hacia su culo y me puse a acariciárselo, en ese momento ella dijo:

    -Cuñadita, nunca me imaginé que tu hicieras esto, pero si lo vas a hacer creo que es mejor que nos quitemos los vestidos para no arrugarlos

    Me pareció una excelente ides y así lo hicimos, al vernos desnudas las dos tuvimos la misma sensación y dijimos a l vez;

    -Menudo cuerpazo tienes, cuñada.

    Nos aproximamos y nos besamos en la boca. Después yo la pedí que se pusiera en el sofá a cuatro patas, me puse detrás de ella y su coño quedó a mi alcance, así que le metí mi lengua en su interior, ella al sentirla dijo:

    -Caramba cuñada, no me esperaba esto de ti, se nota que te van ls mujeres y comes el coño muy bien, se te nota que tienes práctica.

    Yo consideré que la mejor manera de responderla era seguí lamiéndole el coño, sus gemidos se fueron haciendo más grandes, se notaba que los rumores que había escuchado mi suegro sobre la actividad sexual de Aby no iban desencaminados, mi lengua seguía explorando su coño buscando sus puntos más calientes y sus gemidos me demostraban cuales eran, así que fui atacando con mi lengua los puntos más sensibles de su coño, hasta que la oí decir:

    -Zo zorra lo comes muy bien, se nota que no es la primera vez que lo haces y estas logrando que me corra.

    Nada más decir eso note como se venía y sus líquidos fueron a mi boca.

    Descansamos un momento, después fue ella la que dijo:

    -Bueno cuñada creo que te debo un favor.

    Yo, comprendiendo su idea me senté sobre el borde del sofá y ella se puso de rodillas ante mí metió su legua en el interior de mi coño, y de una manera magistral comenzó a comérmelo, creo que, viéndola, como seguramente estaba haciendo, mi suegro debía de tener muy claro que Abý no se estaba estrenando en ese momento en el sexo lésbico.

    Su lengua recorría cada centímetro de mi coño proporcionándome un placer increíble, no fue nada extraño que me corriera rápidamente, tras ello las dos nos quedamos desnudas en el suelo, ella me dijo:

    -Oye, la verdad es que de las nueras de nuestro suegro, si alguna no era lesbiana, yo hubiera pensado que eras tú, para mí esto está siendo una verdadera sorpresa

    Yo la besé en la boca y le dije:

    -Pues está claro que para ti no ha sido la primera vez.

    Ella me iba a contestar, pero en ese momento la sonó el móvil, era nuestro suegro, ya había solucionado su supuesto problema y estaba de camino, de hecho, según la dijo a Aby estaba ya cerca de su chale.

    Al oír esto ella para que no la pillara, y yo para disimular nos vestimos rápidamente y cuando mi suegro abrió la puerta del salón nos encontró completamente vestidas teniendo una conversación normalita entre concuñadas.

    Mi suegro entró nos saludó y fue derecho al grano, dirigiéndose a Aby le repito el discurso que nos había repetido a las demás, y le planteo el mismo dilema que a las demás seguir siendo honrada, pero con su marido fuera de la empresa y sabiendo que iba a tener fuertes problemas para encontrar trabajo, o volverse puta, a cambio de que su marido tuviera un trabajo en la empresa, para sorpresa de Aby yo le ayude a bajarse los pantalones y los calzoncillos y con su polla al aire Aby sabía que podía irse y atenerse a las consecuencias, o quedarse arrodillarse ante él y chupársela.

    Y como habíamos hecho las demás Abý se arrodilló, pero a diferencia de las otras mi concuñada tenía que compartir la polla de nuestro suegro conmigo. De esta manera las dos nos pusimos a chúpasela mientras ella se ocupaba de lamerle los testículos, yo me ocupaba de su polla, mi suegro estaba en la gloria y dijo:

    -So zorras vais a hacer que me corra antes de haceros otras cosas y después en plan mandón, nos ordenó, quiero que mientras Abý me chupa la polla, tu Lorenita te desnudes, que las zorras follan desnudas.

    Yo me aparté un poco mientras Aby se encargó plenamente de su polla, mi suegro le dijo:

    -Joder nuera que bien la chupas, vas a tener que venir de vez en cuando a hacerlo.

    -Estoy a tu servicio, dijo la aludida que había comprendido muy bien la naturaleza de nuestra relación con nuestro suegro.

    Me terminé de desnudar y ayudé a Aby a desnudarse sin dejar de mamársela a mi suegro. Pero él le hizo una señal para que se apartase, yo estaba de rodillas y me puse desde atrás a chupar el culo y el culo de Abý, en ese momento mi suegro, que seguía sentado en el sofá nos ordenó:

    -Abý cariño, pone encima de mí, quiero follar contigo.

    -Como tu gustes amado suegro, contestó la aludida.

    T de un movimiento rápido se puso de rodillas en el sofá encima de mí suegro, e introdujo la polla de este en el interior de su coño, mi suegro al sentirla se puso a gemir mientras decía cosas como:

    -Que bien follas, so zorra.

    Yo miraba como follaban, mi suegro estaba en la gloria con las embestidas de la última de sus nueras, está en un momento determinado me hizo una señal para que me acercara y cuando lo hice, sin dejar de cabalgar a mi suegro, llevó su boca hacia uno de mis pezones y se puso a chupármelo, en ese momento mi suegro dijo:

    -Aby se te nota que además de puta eres tortillera, jaja

    -Querido suegro, alguna vez lo he hecho, pero procuro ser fiel a tu hijo, respondió Aby.

    -Di que procurabas, respondió mi suegro, porque a partir de ahora les vas a poner unos cuernos de campeonato, jajaja.

    Mientras tenían esta profunda conversación Aby seguía cabalgando la polla de mi suegro, y estuvieron así hasta que mi suegro dijo:

    -Quiero cambiar de coño, Abý salté y túmbate sobre el sofá con las piernas bien abiertas, y tu Lorenita ponte de rodillas y baja la cabeza hasta comerle el coño.

    Primero Aby se levantó de encima de mi suegro, después fue este el que se puso de pie, Aby se puo como le había ordenado mi suegro, con una pierna colgando, yo me puse en la posición indicada y comencé a comerle el coño a Abý este se puso a gemir, mientras decía:

    -Vaya, con mi cuñadita la recatada, lo puta que está resultando ser.

    En ese momento noté como mi suegro me cogía por la cintura y de un golpe metió su polla dentro de mi coño, Aby al darse cuenta dijo:

    -Esto es alucinante, nunca había hecho un trio y que la zorra de Lorena me esté comiendo el coño me resulta igualmente de excitante,

    -Pues zorrita, dijo mi suegro, prepárate a vivir momentos alucinantes jajaja.

    Y seguimos follando así hasta que mi suegro dijo:

    -Tengo fanas de correrme, Abý chúpame la polla.

    Después me sacó la polla y se quedó de pie, yo me levanté, y Aby también, para ponerse de rodillas delante de él comenzó a chuparle la polla, verla chupársela resultaba y un espectáculo muy erótico, no pude meno de llevar mis dedos hasta mi coño y comencé a acariciarme. Hasta que mi suegro ordenó:

    -Lorenita, tengo ganas de metértela por el culo.

    -Ya sabes que me encanta complacerte en todos tus caprichos, le respondí.

    Los dos estábamos de pie, yo doble la parte por encima de la cintura de mi cuerpo y con mis manos me apoyé en uno de los respaldos del sofá, mi suegro estaba detrás de mí, y me la metió de golpe. Aby contemplaba el espectáculo, también de pie y dijo:

    -Suegrito no me imaginaba que te lo hicieras con dos de tus nueras.

    -De dos nada, dijo mi suegro, todas sois unas putas y todas habéis rendido culto a mi polla.

    Mientras tenía esta instructiva conversación, su polla se movía en el interior de mi culo, debía de reconocer que lo hacia muy bien, me estaba dando mucho placer, mientras Aby miraba y se masturbaba. Yo ante esto no pude menos de correrme.

    Mi suegro lo notó y la sacó de mi culo, luego se dirigió a su otra nuera y la ordenó:

    -Aby, ahora te toca a ti.

    Aby imitó mi postura, y dobló la parte superior de su cuerpo, pero esta vez no fue contra el sofá, sino contra una de las paredes, y mi suegro poniéndose detrás de ella se la clavo por su culo, los dos comenzaron a gemir, mientras yo, viéndolos, no podía dejar de masturbarme, mi suegro mientras la enculaba dijo:

    -Todas mis nueras habéis resultado tener unos culos fantásticos para follar, y pensar que por respeto a mis hijos yo he estado tantos años perdiéndomelo.

    Siguió enculandola hasta que finalmente se corrió dentro de su trasero, en ese momento se tumbó en el suelo, yo pensé que era solo cansancio, pero la realidad era más perversa, nos ordeno a Aby y a mí:

    -Nueritas mías dejarme la polla completamente limpia.

    Sin considerar de donde había salido esa polla Abý y yo nos tumbamos a su lado, y de una forma muy coordinada, como si lo hubiéramos coordinado Aby y yo nos dedicamos a limpiarle la polla, hasta dejársela completamente libre de cualquier rastro de semen y con ello dimos por terminada la sesión de sexo.

    Pocos días después recibí la señal para conectarme, cuando lo hice en el lugar habitual del chale Aby hacia una especie de estriptis para mi suegro, quedándose completamente desnuda, mi suegro en un primer momento la contemplaba completamente vestido, pero no pudo resistir la tentación y se fue quitando toda su ropa, poco a poco hasta quedarse desnudo, cuando lo hizo, se levanto del sofá y se tumbó sobre la alfombra del salón y dijo a su nuera:

    -Chúpamela so puta.

    Aby se tumbó sobre él y llevó la polla de este al interior de su boca haciéndole una mamada, estuvo un rato mamándosela hasta que a él se le puso durísima, y en ese momento él la ordenó;

    -Ponte encima de mí y follemos.

    Abý se puso de rodillas y acopló la polla de mi suegro dentro de su coño y comenzó a subir y bajar, mi suegro se puso a gemir mientras creo sentir que miraba a la cámara sabiendo que el resto de sus nueras lo veíamos

    De esta manera sus cinco nueras nos habíamos convertido, todas, en putas de nuestro suegro.

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  • Cuando le pedí dos vergones a mi esposo (1)

    Cuando le pedí dos vergones a mi esposo (1)

    Había transcurrido unos meses en el cual no me atrevía a hablarle de sexo con otras personas a mi esposo, ya que le había hecho problemas por los hijos que dejó en las esposas de los amigos con quienes hicimos intercambio de parejas, aunque mi conciencia estaba cochina, pues sin qué el sepa aborté un bebé del cual quedé embarazada y para evitar situaciones embarazosas con él nunca lo confesé.

    Una noche cachando le dije que deseaba hacer sexo con otras personas, me respondió que intercambio de parejas nunca mas, pero que me daría el gusto, le dije que quería con dos vergones, me respondió que buscaría y me avisaría.

    Pasaron los días y me sentí un poco impaciente ante la promesa que no cumplía, hasta que un día después que llegó del trabajo me dejó su celular para una video llamada con las dos personas me dijo que en el whatsapp estaban las conversaciones y que los llamara, pues estaban esperando verme, llamé a uno primero quien era un hombre fuerte y apuesto que estaba desnudo en su cama le saludé y era muy atento, pues me encantó su forma de ser, pidió verme así desnuda y lo hice viendo mi gran culo, en el cual se quedó admirado enviándome flores y diciendo que era super deliciosa, me encantó sus adulaciones y me mostró su verga parada y sí que era grande.

    Y así nos despedimos con besos volados, quedando para el fin de semana como lo habían coordinado con mi esposo, luego llamé al otro amigo quien eran un hombre pelucón alto y fuerte, se veía enorme, pensé que era por la cámara, me vio mi cuerpo desnudo y noté su ojos sádicos y como se lamía al verme, me pidió que me ponga la cámara al culo para que vea mi enorme culo, se quedó anonadado diciéndome ese culo está como para mí verga, si mi amor le dije y yo quiero tu rica verga en son de risas, de inmediato pude ver su grande verga, si que se veía enorme que me puse cachonda, pensando en lo que me gozaría el sábado.

    Aunque por mi mente pensé que era por la cámara de su celular, me despedí con un beso y me puse la ropa para evitar problemas con mi esposo, quien al entrar al cuarto me preguntó que tal lo veía, le dije que estaba muy bien y que esperaba el momento, lo besé y esperamos para el fin de semana como solíamos hacer.

    Ya el día sábado salimos en el auto al hotel como a las 9 de la noche, compramos las ultimas 8 cervezas que quedaban, en el cual nos pusimos a beber mientras llegaban los invitados y era como las 10 de la noche que llegó uno de ellos quien era un instructor de gym, no era alto pero si fuerte con el cuerpo marcado por los ejercicios y me encantó ver a una persona super fuerte, bebimos juntos hasta que mientras esperábamos al otro amigo quien decía que estaba en camino nos propusimos realizar una sesión de fotos los tres luego desnudos y al final pude ver su gran verga si que estaba rica las fotos eran sin penetración que fueron muchas que hasta hoy lo conserva mi esposo.

    Luego molesta porque no llegaba el amigo pues pensé que se había burlado de nosotros, empezamos a cachar que lo hicimos super rico, el hombre me cacho por la concha que me hacía vibrar de pasión, era super rico, hasta que me dijo que quería mi culo, me puse en cuatro con el culo para arriba y la cara a la cama, que me metió con fuerza que me hizo retorcerme de dolor, que empecé a llorar sin control, mi esposo se molestó con el amigo mientras me acariciaba con besos, el culo me dolía mucho y le dije que lo haga puro vagina ya que me dolía mucho y era bruto me pidió perdón, lo hizo una y otra vez mientras por mi conchita mientras me llenaba de saliva el culo adolorido.

    Hasta que eyaculó dentro de mi concha, decidí hacerme la dormida, porque el dolor en el culo aún persistía, mientras oía entre ellos que le decía a mi esposo, yo quería ese rico ano, mi esposo le señalaba que debía excitarme el ano y así no era, hasta que me quedé muy dormida, aunque entre sueños sentía que me penetraban en culo, si no fuera por el video que me mostró el video que me cachó por el culo mientras dormía eyaculando dentro de mi carro o sea se dio el gusto con mi culo, despidiéndose luego de mi esposo.

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  • Confesiones de una mujer casada (2)

    Confesiones de una mujer casada (2)

    Hola amigos lectores hoy vamos a continuar contándoles mis inicios como cornudo, resulta que después de haber tenido una noche de sorpresas y sentimientos encontrados. Mi esposa regresa a casa contándome lo bueno que la paso con dos desconocidos con quienes tuvo relaciones sexuales toda una noche y parte de la tarde del día siguiente.

    Aunque llego cansada no fue impedimento para que ambos hiciéramos el amor con tanta pasión y lujuria. Terminado en un orgasmo múltiple fenomenal. Ella quedo profundamente dormida.

    Al otro día me levante y le prepare el desayuno llevándoselo a la cama despertándola de su sueño.

    -Buenos días dormilona.

    -Ahí papi me trajiste desayuno.

    -Si señora hoy me toca a tenderte como a una reina.

    -Jajaja me va tocar seguirte poniendo los cuernos para seguir disfrutando de tus atenciones ¿y la niña?

    -Está jugando en su cuarto ya le di el desayuno.

    Me quedo a su lado mientras come y con ganas de hablar sobre lo ocurrido la noche y el día anterior.

    -Bueno mami contame como fue, que paso, quiero saber cada detalle.

    Termino de tomarse su café, le retire la bandeja y se quedó ahí sentada.

    -Pues que te dijera papi, desde que llegamos pues todo iba bien yo estaba contenta estaba pendiente de ti hasta cuando vi en otra mesa que había dos papacitos así todos deliciosos a mí me encantaron con su sonrisa y a la vez comencé a coquetearles con mi mirada sonriéndoles y hasta les pique el ojo, yo creí que tú te diste cuenta de eso ¿cierto?

    -si, si me di cuenta.

    -Entonces cuando comenzamos a bailar y que hubo cambio de pareja yo busque a Ariel para bailar con él, y ya estando con él le dije que no cambiáramos y siguiéramos los dos y así bailamos varias piezas. A mí se me olvido que tu estabas y seguí conversando con él en el intermedio, me viste como seguíamos abrazados y yo lo acariciaba.

    La música continuo varios vallenatos sonaron y ahí aproveche para dejarme manosear. Tú te me perdiste no te vi y antes de terminar el vallenato ya nos estábamos besando, yo estaba recostada en una de las vigas el beso duro bastante tiempo y el manoseo de ambos también, por que como tenía una camiseta Lacoste pude meter mis manos y tocar su espalda y rozarle mis uñas, Tu que te hiciste que te me perdiste no te veía.

    -Entre al baño y luego salí a fumarme un cigarro

    -bueno te perdiste de eso papi. A Ariel le conté que también me gustaba su amigo y que me gustaría bailar con él. Ahí fue que me dieron ganas de ir al baño y al regresar me acerque a ti nuevamente. Y al volver a sonar la música, Gustavo vino a sacarme a bailar.

    -mucho gusto preciosa vengo a que disfrutes del baile conmigo

    -Ahí papacito con mucho gusto.

    Me toma de la mano te sonrió y me voy a bailar con el, nos hicimos en todo el centro de la pista, baila delicioso además que mi comentario lo animo a atreverse aún más conmigo cuando le dije. Que bien bailas, su así eres en la cama me voy contigo. Y ahí me agarro abrazándome contra él y besándome apasionadamente, cada beso lo sentía, me hervía mi cuerpo, nuestras lenguas se rozaban. Y fue ahí que Ariel se acercó y nos propuso ir a su apartamento para estar más a gusto, yo acepte de una y fue ahí que vine hacia ti para avisarte que me iba con ellos.

    -Mami me dejas perplejo, te desconozco, tu quien eres, en donde está mi niña hermosa y recatada que conocí hace unos años.

    -Jajaja no papi de eso ya no queda nada. Tú te has encargado de volverme así. Yo era toda inocente como las que no rompen un plato.

    -bueno mami ¿entonces te gusto hacer tu primer trio?

    -Si y no.

    -¿?

    -si me gusto el trio, y no te me vayas a disgustar por lo que te voy a comentar.

    -No mami tranquila haber cuéntame, ¿hiciste algo ayer?

    -No, no de ayer pues ya viendo tu reacción a lo que paso y que no pusiste problema y que hace rato quería contártelo.

    Lucia suspira expande sus pulmones y comienza a hablarme.

    -Papi no es el primer trio que yo he hecho, he estado con otros hombres.

    -Como así mami ¿has estado teniendo relaciones sexuales con otros hombres?

    -Si… lo he hecho.

    -¿Y cuándo pensabas contarme?

    -pues hace rato estaba que te contaba.

    -A ver si entendí no es el primer trio que has hecho ¿Ha habido mas tríos?

    -Si he hecho ya con este ocho tríos.

    -Que bárbaro en serio, guau no te creo y me lo cuentas así sin dolor. Has estado en la cama en ocho oportunidades teniendo relaciones sexuales con ahí que bárbaro con 16 hombres. Todos diferentes o ha habido alguno que repita.

    -no, no he repetido con ninguno en otro trio. Todos han sido en diferentes momentos lo que si he hecho es tener varias veces tríos sexuales con los mismos caballeros. Por ejemplo con Antonio y Julián lo hemos hecho ya 10 veces.

    -¿Y esos quiénes son?

    -Son empleados del banco donde tengo mi cuenta corriente.

    -No mami me dejas sin palabras, ni sé que decirte.

    -Y como empezaste tu a esto.

    -Pues con ellos fue muy fácil. Yo venía pensando en hacer un trio sexual, de tanto ver a esas mujeres en las películas porno disfrutar tanto, tenía ganas de hacerlo por eso los escogí. Ellos van a almorzar y yo los seguí, al verme entrar al restaurante me llamaron y me senté con ellos a almorzar. Así nos vimos varias veces para almorzar empezó a haber mas confianza varias veces caminaba abrazada de uno de ellos y para un fin de mes ellos salen mas temprano entonces los invite a tomarnos unas polas y a bailar yo pedí permiso en la oficina. Y nos fuimos de goce yo a lo que iba ellos a conquistarme. Al principio los vi como en ese jueguito de quien me conquista primero pero los pare diciéndoles.

    -Bueno ya ustedes dos dejen la joda, que yo ni estoy acá para estar con uno de ustedes, a mí me gustaría estar con los dos así es que diviértanse conmigo, ambos.

    Hace seguimos tomando, bailando, besándonos. Hasta que les dije que nos fuéramos a un motel a terminar la fiesta. Nos fuimos a uno de los moteles de Fontibón. Y ahí fue la primera vez que hice un trio.

    -¿Y por lo que veo te quedo gustando?

    -Me encanto fue espectacular hay entre la inexperiencia pero apoyada en lo que había visto en las películas porno, mis orgasmos fueron múltiples y prolongados. Esos dos muchachos estaban felices y muy activos y yo disfrute de sus vergas como toda una puta.

    Me le siento al lado y la abrazo se recuesta en mi pecho, Lucia nació en Flandes Tolima un municipio que queda al lado de Girardot, sus padres viven allá.

    -Papi hace ocho días al fin no me fui a visitar a mis papas.

    -No ¿y para donde agarro la señora?

    -Me fui con Camilo a la mesa.

    La mesa es un municipio cercano a Bogotá.

    -Camilo ¿tu jefe?

    -El mismo.

    -Y él está casado.

    -Si pero su mujer está viajando con sus dos hijas.

    -¿hace cuanto te has acostado con él?

    -pues ese viaje fue la celebración de nuestro primer aniversario ya llevo un año disfrutando de su verga que es el doble de grande que la tuya. Me encanta mamársela, él fue mi primer anal, como tú nunca quisiste, eso me ha sacado unos orgasmos los hijuputas de ricos.

    -No con razón te llevaste la maleta desde el viernes, si salieron de la oficina derechito a su nido de amor.

    -Si papi yo lo planee así y nos quedamos hasta el lunes haciendo la tarea juiciositos.

    -Cada vez estoy mas sorprendido.

    -Papi solo tranquilízate porque hay harto que contar.

    -No me quiero imaginar.

    Por hoy no es más espere las confesiones de la esposa de un cornudo inocente.

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  • Juegos calientes y retorcidos

    Juegos calientes y retorcidos

    Hola a todos los seguidores de este sitio. Esta historia trata de cuando mi marido puso en marcha un juego de dominación y control para someterme a sus retorcidas ideas. Me describo para ustedes: soy una mujer de 40 años, morena clara, linda, ojos cafés y cabello largo color negro hasta media espalda, de complexión delgada, pero con un trasero firme y redondeado.

    Mi marido sabe bien cómo excitarme con jueguitos calientes que a menudo solemos llevar a cabo. Un viernes él se fue trabajar y más tarde me despertó un mensaje de texto suyo: “Hoy harás lo que yo te ordene puta”. Ufff me encanta cuando se pone en plan dominante.

    Durante el resto del día recibí varias instrucciones suyas mediante los mensajes que me envió: darme una ducha, depilarme perfectamente el coño y ponerme encima solo un abrigo largo que me cubría hasta la altura de la rodilla sin usar ninguna otra prenda por debajo, para luego trasladarme a un conocido centro comercial, específicamente al sex—shop.

    Arribé a la tienda y desde que entré iba ya muy mojada. Sin perder tiempo pedí al propietario me vendiera un par de bolas chinas, las trajo, se las pagué, las saqué de su embalaje y delante de él me abrí el abrigo, subí una pierna al mostrador y sin titubear introduje dentro de mi húmedo coñito el par de esferas que entraron como cuchillo caliente en mantequilla jajaja. El locatario no tuvo ni tiempo de reaccionar, antes de que lo hiciera me di la media vuelta y salí contoneándome de ahí.

    Lo siguiente que me ordenó mi cónyuge fue caminar por el centro comercial por varios minutos hasta que ya no aguantara más. Anduve deambulando de allá para acá por los pasillos, a cada zancada las bolas se agitaban dentro de mi interior, fue muy estimulante tener que contraer mis músculos vaginales para evitar que las esferas salieran expulsadas y si a eso le sumamos la emoción por estar en un lugar público sin que nadie supiera lo que sucedía debajo de mi abrigo, mi orgasmo era inevitable.

    Cuando sentí que ya me llegaba, apenas pude refugiarme en uno de los sanitarios, cerré la puerta y me corrí deliciosamente sin poder evitar que se me escaparan unos gemidos. A continuación, saqué mi móvil y con la cámara que trae integrada tomé una foto donde se podía apreciar cómo iban saliendo las bolas pegajosas de mi depilado coño, misma que envié a mi marido como lo solicitó. Luego de eso me tuve que secar pues mis jugos escurrieron por mis ingles (recordarán no llevaba ropa interior) y al salir una señora se me quedó viendo con ojos inquisidores, creo que me escuchó gemir jajaja.

    La siguiente fase del plan de mi esposo consistió en tomar un taxi casa y convencer al conductor de pagarle el viaje con una mamada. Salí del centro comercial, hice la parada a la primera unidad disponible y me subí en la parte delantera del coche junto al taxista, un tipo normal de unos 35 años. Le di indicaciones del domicilio y abrí la parte inferior del abrigo para que apreciara mis piernas, que por supuesto él observó descaradamente. Iniciando el trayecto comenté:

    —“¡Mierda! He tirado en el centro comercial el billete con el que le pensaba pagar señor, lo lamento mucho. Me urge llegar a casa, si usted acepta le puedo compensar el favor, ¿qué me dice?” —le dije mientras le puse mi mano sobre su pierna derecha. Obviamente aceptó así que me incliné hacia él, saqué su verga del pantalón y comencé a mamarle. Astutamente me llevó a casa por la ruta larga para que le comiese la polla por más tiempo (por mi encantada, me fascina chupar). Justo como mis órdenes decían debía enviar una foto como evidencia, por lo que me tomé una selfie tragando ese pito y la envié a mi marido.

    Llegando a casa me indicó que sacara una caja que él había metido debajo de la cama. Dentro había varios objetos, el primero se trataba de un pepino grueso, de más de 30 cm de largo. Tenía que ensartarlo en mi conchita sin ayuda de ningún lubricante excepto de mis propios flujos y correrme con esa verdura dentro. Me recosté en la cama y masajeé un poco el clítoris, solo como costumbre, para ser sincera aún estaba muy mojada por los eventos de hacía un rato, así que no tardé mucho en alistar mi coño para recibir aquel pepino. Me lo fui ensartando de a poco, sentí que mi vagina se expandía y miraba como ese monstruo verde desaparecía en mi interior.

    En cada centímetro que iba entrando pude percibir las pequeñas protuberancias del pepino que estimularon de una forma deliciosa mis paredes vaginales pues provocaron pequeños calambritos eléctricos, supongo que tocó fibras nerviosas que un pene real usualmente no lo hace. Pude meter solo un poco más allá de la mitad, suficiente para que en un par de minutos llegara un orgasmo muy intenso, y es que las dimensiones de aquel objeto me hicieron mojar toda la cama, expulsé bastante líquido transparente, mucho más de lo que normalmente arrojo.

    Nuevamente tomé con mi móvil una fotografía del pepino ensartado bañado en jugos, la envié y me quedé un rato dormida pues había sido un día ajetreado y debía descansar para lo que me esperaba más tarde.

    Las instrucciones de la fase final fueron claras: a las 7 h alistarme y a partir de ahí no podía hablar a menos que así me lo pidiera. Luego de ducharme otra vez, fue tiempo de usar el resto de los objetos contenidos en aquella caja: un diminuto atuendo de piel en color negro, unas esposas, un collar con una cadena larga y un par de tacones. Me puse el atuendo que a decir verdad eran solo tiras de piel, no cubrían gran cosa.

    Luego abroché el collar alrededor de mi cuello y la cadena la uní del otro extremo a las esposas que coloqué por atrás de mi espalda. Me tiré bocabajo sobre el sillón de la sala totalmente indefensa y restringida por las esposas y el collar. Esperé excitada por varios minutos pues imaginé algunos juegos de dominación con mi esposo.

    Estuve ahí tendida a la expectativa hasta que escuché su coche llegar a casa, temblé de la ansiedad y emoción. La puerta principal se abrió y escuché pasos acercándose. Noté su presencia a mi lado y como jaló la cadena que unía el collar de mi cuello con las esposas en mis muñecas, eso obligó que mi cuerpo se arqueara hacia atrás. Colocó sobre mis ojos un antifaz parecido a los que se usan para poder dormir, me dejó en las penumbras. Me jaló del collar para hacerme bajar del sillón y ponerme hincada de rodillas en el suelo. No niego que me asusté un poco, sin embargo, mi conchita no dejaba de palpitar de la excitación.

    Escuché una cremallera abrirse y su mano me tomó del cabello para acercarme a él. Sentí su polla en mi mejilla derecha, la frotó por toda mi cara, no pude evitar decir unas palabras:

    —”Mmmm que rica verg…” —no alcancé a terminar la frase cuando ¡saz! una bofetada me calló al instante y me recordó que tenía prohibido hablar.

    —“¡Cállate zorra, tu amo no te ha dado permiso de hablar!” —me ordenó. Fue ahí cuando sentí como un balde de agua fría, no por la bofetada, sino porque me di cuenta que la voz pertenecía a otro hombre que no era mi marido.

    Forcejeé, más fue inútil, el tipo me tomó por la fuerza e hizo que me engullera su verga. Creo que sentirse en control de la situación lo excitó porque noté su pito más erecto que un momento antes. Me obligó rudamente a pegarme más él, hizo que me atragantara con su miembro que con cada arcada se engrosaba más, quienquiera que fuese tenía buena herramienta. Poco a poco comencé a disfrutar de su verga, le tomé sabor y me acoplé a su ritmo.

    —“Qué bien la chupas mujer. En verdad mamas de campeonato, no le creí a tu maridito, pero veo que tenía razón” —me comentó burlonamente. Así estuvo mucho rato usando mi boca como si fuera un coño, hacía llegar su verga hasta al fondo de mi garganta y sus testículos pegaban en mi mentón, hasta provocó que se me salieran unas cuantas lágrimas. Luego se le ocurrió apretarme el collar que llevaba puesto para asfixiarme un poco sin permitir que parase de engullirle el palo. Cada que hacía eso soltaba carcajadas, disfrutó ver mi boca llena de pija y mi cara tornarse roja por no poder respirar bien

    —“Bueno, ya basta con esto, vayamos a lo que sigue” –me dijo al momento que me levantó y empujó hacia el sillón. Me dobló hacia adelante quedando parada bocabajo con mi vientre sobre el descansabrazo.

    —“Ahora verás cómo trato a las zorras como tú” —exclamó aquel hombre al tiempo que enfiló su herramienta directo a mi anito. Fue ensartando su verga sin mucho preámbulo, solo la colocó en mi entrada y la empujó hasta que sus huevos toparon con mis nalgas. Sentí que me atravesó con una barra hirviendo que iba salirme del otro lado por la boca. Comenzó su poderoso vaivén, yo bufé y grité como desesperada, el solo se rio y continuó atravesándome.

    —“Jajaja ¿qué te pasa esclava, acaso te duele que te ensarte por el culo? Eres mía para hacer lo que me venga en gana ¿oíste? ¡Contéstame puta! ¿oíste bien lo que dije?

    —“Siii” —le contesté con un grito largo.

    —“¡Puta igualada, dirígete a mí con respeto o haré que te arrepientas!” —me reclamó.

    —“Si mi amo, haré lo que me pidas” —sumisamente tímidamente.

    —“Así es como debe contestar una vil esclava como tú, ¿qué te habías creído? Eres solo un objeto que usaré y luego te dejaré tirada aquí mismo” —me dijo con tono insultante. Sus palabras humillantes me mantenían sumisa y bajo su control. El móvil de aquel sujeto sonó y sin dejar de follarme el culo tomó la llamada.

    —“Amigo mío, carajo, había olvidado marcarte, con lo ocupado que estoy jajaja. Claro, todo ha salido muy bien, ahora mismo le estoy partiendo el culo a tu esposa, creo que le gusta lo rudo eh. Por cierto, tenías razón en cómo la chupa esta mujer, casi me corro en su boca amigo. Si, está bastante bien la zorra, vale cada centavo que te pagué por usarla”.

    Era evidente que mi marido le marcó y charlaba con él. No podía creer lo que escuché, me vendió como si fuera una prostituta. Continuó la conversación:

    —“Tengo que colgar amigo, me he desconcentrado con esta llamada. ¿Cómo dices? Está bien, dejaré el móvil en parlante para que escuches como la follo” —le dijo a mi esposo. Puso el teléfono sobre la mesa de centro que estaba junto al sillón y volvió de lleno a lo suyo.

    Nunca imaginé estar en una situación como esa: un extraño pagando una cantidad de dinero para someterme y encularme en mi propia casa, mientras mi esposo escuchaba todo del otro lado de la línea. ¿En qué momento se tornó aquello tan retorcido? Admito que follar con un desconocido es algo que siempre me ha producido mucho morbo, supongo que eso me hacía disfrutar del momento que a muchas otras mujeres les resultaría repugnante.

    El hombre me taladró con furia y azotó fuertemente mis nalgas. Por sus movimientos y respiración agitada supe que su orgasmo vendría enseguida. No tardó en inundar mi ojete con chorros y chorros de semen caliente, cada disparó de leche lo sentí llegar hasta mis entrañas. Una vez que se vació adentro, se desacopló. Me desplomé sobre el sillón pues el cansancio me pasó la factura, aguanté mucho rato sus embestidas y nalgadas. El desconocido se sentó en el sillón junto al descansabrazos y me advirtió:

    —“Que bien la he pasado en ese agujero tuyo. Ahora mismo me dejarás la polla reluciente, ¿Oíste puta?”.

    —“Enseguida mi amo” —le contesté al momento que nuevamente engullí su verga. Mientras le comí la polla percibí como el semen brotaba de mi recién violado anito, se resbala por mis muslos. El hombre masajeó mis nalgas con su mano derecha mientras con la izquierda me forzó a hundirme más profundamente su pija en mi boca. En eso escuché la puerta abrirse de nuevo:

    —“Pasa compañero, te estaba esperando. Aún queda puta suficiente para ambos” —dijo mi amo. La otra persona que entró a la casa no dijo palabra, ¿será mi marido? pensé. Solo pude oír cómo se quitó la ropa para segundos después poner sus masculinas manos sobre mis nalgas.

    —“La enculé sin piedad y me corrí dentro ¿ya viste?” —parecía dirigirse al otro sujeto que me exploraba el trasero. Acto seguido sentí como el recién llegado comenzó a lamer mis muslos, recogiendo con su boca los restos de semen hasta que al último ubicó su lengua ¡dentro de mi ano! Eso me calentó como no tienen una idea, me puse a mamar con más fuerza y ahínco el tronco que tenía en mi boca. Luego de literalmente limpiarme el culo con su lengua, la bajó para trabajarme el coñito. Un aghhhh ahogado salió de mi boca, ansiaba algo de diversión en ese agujero desde hacía rato.

    Lamió toda mi conchita con lengüetazos lentos desde mi clítoris, pasando por mis labios y hasta toparse de nuevo con mi dilatado ano. Repitió esos movimientos varias veces, en cada repetición mi vagina se mojaba más y más. Después introdujo dos dedos en mi vagina, frenéticamente los sambutió y meneó en círculos dentro, casi me hizo terminar.

    Unos momentos después cesó de lamerme y sentí la cabeza de su pene entrado por mi húmeda rajita. Fue entrando sin mucha resistencia, el pepino que tuve dentro esa tarde había dejado el camino más que espacioso jejeje. Comenzó con sus estocadas y se aferró a mi cintura para follarme con fuerza, más en ningún momento solté de mi boca aquella verga devoraba al otro hombre.

    —“Jajaja ahora tienes dos pollas para ti sola esclava. Eres más puta de lo que imaginé. ¿Te gusta cómo te follamos?” —me preguntó el primer sujeto.

    —“Me encanta que hagan de mi lo que les plazca, soy su puta esclava” —le contesté.

    —“Como has sido buena esclava me correré en tu cara. No dejes de mamar mi estaca zorra” —me advirtió.

    El compañero al escuchar esto aceleró sus embates, me follaba a una velocidad increíble. Mis gemidos anunciaron a mi amo que mi orgasmo estaba en puerta, que en cualquier momento me correría. Al notarlo me jaló de los cabellos para retirar mi boca de su pija.

    —“¿Qué haces esclava? ¿Acaso te he dado permiso de correrte? ¿Pensabas terminar sin mi autorización?” —me reclamó dándome nuevamente una leve bofetada en mi rostro. Hizo que su compañero se detuviera, le pidió que ya no me follara más. Me jaló de la cadena, me puso de rodillas y comenzó a deslecharse abundantemente sobre mi cara.

    —“Ahora si esclava, te doy permiso que te corras con la pija de mi compañero. Me retiro, tuve suficiente por hoy. Te la dejo para que la sigas follando, haz con ella lo que quieras.” —comentó. Así sin más se vistió y se marchó, sin siquiera conocer su rostro.

    El relevo me levantó, me quitó el collar y la cadena, mas no me removió las esposas ni el antifaz. Se sentó en el sillón y me jaló hacia él para que lo montara. Me ensarté su erecto pene de un sentón y comencé a cabalgarlo como loca. No tardé ni cinco minutos en correrme entre convulsiones y espasmos. Mi coñito palpitaba y contraje mis músculos vaginales para apretarle con más fuerza la pija, cosa que me produjo más placer en el momento del clímax. El tipo no pudo más y también terminó corriéndose dentro con chorros espesos y violentos.

    Nos quedamos unidos por unos instantes, luego me removió las esposas y finalmente el antifaz. Cuando mis ojos se abrieron miré que se trataba de mi marido. Me abrazó y me llevó cargando hasta nuestra habitación, dormimos por muchas horas.

    Hasta la fecha desconozco la identidad del hombre que fue mi amo aquella vez, quizá sea mejor así. Desde ese día comencé a idear la manera de vengarme de mi esposo, darle su merecido con una cucharada de su propia medicina, pero eso se los contaré pronto en otro relato.

    No olviden valorar esta historia. También pueden dejarme aquí sus comentarios.

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  • Relato de una traición (3 – final)

    Relato de una traición (3 – final)

    Después de esa rápida cogida en el agua, todo cambió en mi cabeza. Esa misma noche el sexo con mi novio fue descontrolado, yo estaba muy puerca y le pedí a mi novio que me garche duro, que me pase la pija bien por la cara, le pedí que me penetre el culo con fuerza mientras yo me ofrecía bien abierta, todo con nuestro amigo en mi cabeza, deseando chupársela a él, que su pija fuera la que me estaba ensartando. Fue una buena noche sexual, pero al otro día no hacía otra cosa más que desear que nos quedemos un buen rato a solas para matarnos en la cama con mi amigo.

    Cada vez que podíamos rozamos nuestros cuerpos a la pasada, los saludos con besos eran algo más largos, imperceptible para el resto pero cargados de deseo para nosotros.

    Al tercer día, finalmente ocurrió. Mi amiga quería ir de excursión a Bacardi, algo que a mí no me interesaba para nada, mi novio dijo que la llevaba y que quería también hacer la excursión. Por supuesto Alejandro dijo que prefería quedarse y de paso preparar un asado para cuando volvieran y podíamos disfrutar de la piscina de la casa que habíamos alquilado.

    Una vez salían de la casa, sabíamos que la excursión duraba unas 2 horas a lo que había que sumarle el tiempo de traslado al lugar, ¡lo que significaba que íbamos a tener toda la mañana solos en la casa! Mi corazón latía de excitación y mi cuerpo ardía de deseo.

    Me puse mi bikini más diminuta que tengo, apenas unos triángulos alargados que cubren mis pezones y dejan ver el resto de mis senos, y una tanga que por detrás es solo un hilo que se mete entre mis nalgas y por delante solo cubre la parte central, la vagina específicamente pero deja ver los costados de la zona, y me fui a la piscina en la parte trasera de la casa, esperando a que Alejandro viniera, porque aunque no lo hayamos planeado ni hablado, estaba 100% segura que ni bien se asegurada que nuestras respectivas parejas se fueran, vendría a garcharme.

    A los 10 minutos que me parecieron una eternidad, salió de la casa y vino directo en mi dirección. Yo lo miraba acercarse, lo deseaba, alto, fuerte, solo con su short de baño.

    Su mirada era de un hombre en celo, casi como un degenerado, sus ojos me recorrían entera. Yo abrí un poco mis piernas acostada como estaba en la reposera, ofreciéndome para que sus ojos se fijaran en mi entrepierna y ya no se movieran de ahí.

    “Te gusta lo que ves” le pregunte al verlo hipnotizado por mi apenas cubierta vagina.

    “Nunca te había visto con esa bikini” me responde. Yo me pare y le di un giro de 360 grados para mostrársela toda. “Te gusta?”, su pantalón se había abultado notoriamente. “Me volves loco Ro” respondió al tiempo que se acercó, se arrodilló, me giro y se puso a besarme y masajear mi culo. Yo lo subí un poco y abrí algo mis piernas. Corrió el hilo del bikini hacia un costado haciéndolo bordear mis nalgas y hundió su rostro en mi, beso y lamio mi conchita ya totalmente humectada de mis fluidos y caliente, palpitante, ofrecida. Su lengua lamia mi ano e intentaba penetrar en él y más me hacía empinarse y abrirlo.

    Yo jadeaba y gemía llena de placer, “chupame toda Ale, lameme bien la concha, haceme acabar así” le decía mientras la chupaba como un perro en celo y se iba sacando su short quedando desnudo. “No podes más de puta Ro, me haces calentar como nadie, ¿qué es lo más puta que hiciste en tu vida Ro? Contame mientras te la chupo toda” me dijo. Mi respuesta, llena de morbo y haciéndome excitar aún más por sentirme tan puta y débil antes el deseo de ser penetrada… “cogerme al amigo de mi novio y esposo de mi amiga”.

    Lo dije, mientras me apretaba las tetas y mojaba con mi propia saliva mis pezones y sentía esa lengua hurgar en mi dilatado ano y explotaba en un primer e intensísimo orgasmo.

    Él se levantó, me giro y me beso apasionadamente, su boca olía a mi sexo y me calentaba, sentía su pito duro y mojado con liquido preseminal contra mi abdomen y mis manos se dirigieron inmediatamente a pajearlo mientras nuestras lenguas se entrelazaban, sentíamos nuestros alientos jadeantes y llenos de deseo, sus manos apretaban mi culo y sus dedos se metían en mi ano haciéndome jadear aún más y decís grosería tras grosería. Me sentía muy puta y eso siempre me calienta, ver y sentir a los hombres tan deseosos, tan calientes por mí, me calienta, me excita.

    Mordía sus labios, lamía su boca, lo pajeaba intenso, fuerte, rápido, sentía en mi mano cada centímetro, cada vena de su pija caliente.

    Un dedo, dos dedos, tres dedos dentro de mi culo, cada vez más adentro, cada vez mi ano más expandido hambriento por ser penetrado.

    Tenía sed, sed de pija, me agache y antes de meterla en la boca, la oli toda, la pase por mi cara refregando por mi nariz y oliendo profundamente, ese olor a hombre, a pija caliente, esa pegajosidad que iba dejando sobre mis mejillas y nariz de líquido preseminal, me volvía loca.

    Apoyé su glande en mis labios y suavemente la fui introduciendo en mi boca, jugando con mi lengua y humectando con mucha saliva. Que rica estaba, que dura estaba… chupé, lamí, olí, pajeé desesperada, sedienta de semen. Yo estaba muy caliente y él sostenía mi cabeza acompañando mis movimientos de mete y saca y me miraba con cara de degenerado. “¿Tenías ganas de chuparme la pija Ro? ¿Te gusta la pija? Chupa, chupala toda” eso me iba diciendo haciéndome sentir bien puta y aún más excitada.

    Cuando su pito se puso tenso en preparación de acabar, el intento sacarme pero no lo deje, como dije antes, tenía sed, sed de semen, sed de la leche de Alejandro, quería sentir el semen caliente en mi boca. Así que me lo pase una vez más por mi nariz con mi lengua extendida pajeando y cuando estaba bien a punto me lo metí en la boca y apreté mis labios para sentirlo explotar. Potentes y calientes chorros de semen salieron dentro de mi boca y yo chupaba, chupaba y tragaba.

    Deje salir los últimos espasmos de semen sobre mis labios y lamí y oli, ese hermoso olor a semen mezclado con mi saliva me hacía latir mi conchita.

    Me trepe a él rodeándolo con mis piernas, refregando mi conchita super mojada en su panza, lo bese y chupe su cuello y él hacía lo mismo conmigo, nos besamos como amantes que éramos, a él no le importó que tuviera mi cara y boca con olor a pija y semen. Yo me refregaba fuerte ahí trepada mientras él metía sus dedos en mi culo.

    Me llevó así hasta dentro de la casa al sillón, y me bajo acostada boca arriba. Su pija estaba dura aunque no como al inicio. De todas formas fue suficiente para que me la pueda meter. Mis piernas estaban bien abiertas y mis rodillas bien altas, colocando mis pies por sobre sus hombros, de manera que él pudiera penetrarme bien hasta el fondo.

    Pronto su pito entrando y saliendo mi vagina tomo la dureza del inicio, fuerte, venosa, entraba y salía, su cuerpo sobre mí era una delicia, su jadeo uniéndose con el mío mientras nos besábamos, “Cogeme Ale, cogeme fuerte, dale, cogeme, ahhh, cogeme como puta”, jadeos, gemidos de placer, el sonido de nuestros cuerpos chocando uno contra el otro y el olor a sexo impregnando el ambiente. Todo era sexo animal entre dos amantes desesperados.

    Alejandro me penetraba cada vez con más fuerza, yo baje mis piernas de donde estaban y con ellas rodee su cuerpo y con mis manos en sus glúteos lo atraía a mi para sentirlo bien dentro de mí, por momentos él se quedaba con su pito bien incrustado en mí y se movía refregándose y estimulando mi clítoris, alternaba entre besarme y chuparme las tetas, mordía suavemente mis pezones y pasaba su lengua ancha sobre los mismos, refregaba su cara en mis tetas llenas de su saliva y yo sentía su pija tan profunda en mi vagina que no pude aguantar más, lo aprete bien contra mí y tuve un hermoso orgasmo.

    Él quería seguir taladrando, pero yo me salí, fue intenso y duradero, por lo que mi conchita se puso sensible, pero también quería seguir, quería usar todo el tiempo que teníamos antes de que se tenga que poner a hacer el asado para que me coja por todos lados. Me salí y me di vuelta, mis rodillas sobre el asiento del sillón, mi cara también, quedando bien empinada, “Haceme el culo Ale, meteme el pito bien en el culo, ¿queres cogerte por el culo a la novia de tu amigo?”. “Que puta sos Ro” fue todo lo que dijo, me volvió a lamer bien el culo y metió sus dedos.

    De a uno fue sumando hasta que metió los cinco dedos de su mano hasta los nudillos y con saliva los iba haciendo entrar y salir, como si mi ano necesitara ser dilatado, no le dije y nada y lo deje, y lo disfrute, pero estaba más que preparada para que me ensarte de una con su pija.

    “Que abierto tenés el culo Ro, me calienta” me dijo justo antes de meter de una su pito duro hasta hacer chocar sus bolas en mi conchita. Me lo metió todo todo, sentí como se abrió paso en mis intestinos, lo sentí bien adentro, duro , firme y yo más empujaba hacia atrás, quería eso, ser completamente sodomizada. Él se puso como animal, me daba fuerte, su pelvis golpeaba con fuerza mis nalgas bien abiertas para recibir su pija lo más adentro posible.

    No lo mencioné antes, pero su pija tiene un buen tamaño, de un largo apenas superior a la media pero lo mejor es que es gruesa y venosa.

    Él estaba como un animal, me estaba culeando con fuerza y su respiración era super agitada, era un toro, sus manos se cerraban fuerte en mis caderas llevándome hacia él en cada estocada, “¿Te gusta Ro?, ¿te gusta como te meto la pija en el orto? Abrime el orto, dale abrilo bien, ese orto todo cogido que tenés bien de puta Ro, te gusta que te hagan el culo ¿no?” Me decía todas esas cosas, con voz entrecortada y respiración agitada. “Si, dale, toda, metela toda, haceme bien el culo Ale, dale, cogeme el orto bien cogido Ale” respondía yo como podía, en medio de mis gemidos y sacudida por las embestidas que me daba por detrás con mi cara de costado aplastada contra el asiento del sillón.

    Que buena culeada me estaba dando, mi culo ya ardía de tanto que la hacía entrar y salir tan fuerte y rápido.

    Yo me frotaba mi clítoris y fantaseaba que mi novio me diera pija por la boca mientras me veía coger con su amigo, estaba muy puerca, muy puta.

    Cuando lo sentí estallar con una potente acabada dentro de mi culo yo acompañé con un orgasmo y me olía mis manos con olor a sexo y sentía su pene tener sus espasmos dentro de mis entrañas largando los últimos chorros de semen.

    Volcado sobre mí, exhausto, cuando su pija comenzó a achicarse la sacó de mi culo, que abierto como estaba comenzó a dejar caer el abundante semen que tenía adentro. Por suerte se dio cuenta y atajó con su mano para que no cayera sobre el sillón.

    Yo estaba cansada pero satisfecha, la culeada había sido fantástica y el mejor final que podía imaginar, aunque deseaba quedarme descansando en sus brazos decidí ir a darme una ducha pero antes le chupe los restos de semen de su mano, bien puerca, mirándolo a los ojos y luego metí apenas mis dedos en mi concha y se los día a chupar a él. “Me voy a bañar, te dejo este sabor de regalo” le dije y me fui al trote al baño.

    Él se fue a bañar al otro baño y cuando yo salí ahora con otro bikini, aún pequeño pero más normalito que el anterior, él ya estaba preparando el fuego para hacer el asado.

    Nuestras parejas, mi amiga y su amigo regresaron cuando ya estaban las achiras, los chorizos y la carne en la parrilla.

    Todo transcurrió con normalidad luego, nadie sospechó nada, nosotros no hicimos nada diferente, pero la traición se había consumado, la barrera se había roto y por supuesto fue la primera pero no la última vez que garchamos con Alejandro. Nunca voy a decir que lo que hacíamos el amor, cogíamos, teníamos sexo animal y morboso, yo la mas puta y él el mas degenerado, ambos amigos traicioneros, lo que nos daba mas morbo aun.

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  • Sentimientos de verano

    Sentimientos de verano

    El sol de julio derretía el horizonte cuando Afrodita llegó a la finca. Ares, sudando aquella soleada mañana, cortaba la hierba con furia, los músculos tensos marcándose bajo la camisa empapada. “Como un animal enjaulado”, pensó ella, mientras el motor rugía igual que su pulso.

    —¿Por qué volviste?

    —Porque esto no se borra con el tiempo… se grabó a fuego, mi querido caballero.

    Se miraron con lujuria y ternura a la vez. Él se secó el sudor, ella le brindó un vaso de agua. Traía consigo un cuaderno viejo dónde anotaba sus sentimientos.

    —¿Me ayudarás a responder unas preguntas? —dijo, fingiendo indiferencia, aunque el vestido blanco se le pegaba al cuerpo del mismo modo que sus pensamientos a él.

    Él apagó la máquina. El silencio fue más ruidoso que el motor.

    —¿Qué fantasías no has confesado?

    —Hacerte gritar donde todos escuchen… pero que solo yo entienda por qué.

    Ella tragó saliva.

    —¿Dominar o someterte?

    —Contigo… lo que sea. Aunque sé que prefieres que te chupe hasta el culo.

    Ares no se cansaba nunca de lamer chupar y disfrutar de los olores y sabores que le ofrece el coño y culo de su Afrodita, quien emanaba fluidos continuamente, cuanto más excitada estaba más jugos echaba. Afrodita se excitaba al ver como Ares lamia, chupaba mordía y no desperdiciaba nada de sus jugos.

    —¿Alguna fantasía con alguien más?

    —Sí. Verte correrte mientras otro te mira… pero sin tocarte. Solo yo tengo ese derecho.

    Sus piernas temblaron. ¿Era celos o posesión?

    El recuerdo los golpeó al mismo tiempo: años atrás, en aquel autobús, donde sus manos “por accidente” sus almas se encontraron. Él le había escrito después: “¿Estás interesada en mí, como lo está una mujer de un hombre?”. Pero ella sin entenderlo supo que eso fue el principio de todo.

    Cuando sus dedos rozaron el sudor de su pecho, Ares la empujó contra el cortacésped, levantándola de un tirón y la sentó sobre el motor aún caliente de la máquina. El metal quemaba sus muslos desnudos bajo el vestido, pero el dolor se mezcló con el placer cuando él, con un gruñido, le arrancó las bragas húmedas y la penetró de golpe.

    Ella sentada de espaldas a él, sus nalgas rozando el tanque de gasolina, mientras él la agarraba de las caderas y la empujaba contra su pelvis con furia.

    —¡Dios, cómo me gusta sentirte así! —jadeaba ella, mientras el calor del motor le hacía vibrar el clítoris.

    Todo olía a gasolina, hierba recién cortada y el aroma salado de su sudor.

    —¿Ves? Hasta esta máquina sabe que eres mía —le susurró él al oído antes de morderle el cuello.

    Cuando se corrieron, el cortacésped estaba manchado de sus fluidos.

    —¿Esto es parte de tu encuesta? —gruñó, mientras su mano le regresaba el cuaderno.

    —No. Es parte de mi adicción —confesó ella, sintiendo cómo su cuerpo traicionaba su corazón.

    “Triste situación… amar a quien no debes”, (cantaba una canción en su mente). Aún desnudos, él la tomó de la mano y la llevó a la ducha al aire libre. La lavó demasiado lento con un jabón de menta que ardía en lugares prohibidos, volvieron a besarse apasionados y cayeron sobre las toallas.

    Esta vez ella en cuatro, pero con la espalda arqueada como una gata, mientras él, arrodillado, la penetraba por detrás y con una mano le apretaba los pezones.

    —¿Recuerdas lo que te dije en el cortacésped? —gruñó él. —Ahora repítelo… pero gritando.

    Ella, en medio del clímax y gemidos, sollozó —¡Soy tuya! —justo cuando le azotó las nalgas y sintió cómo se vaciaba dentro suyo nuevamente.

    El momento justo para disfrutar mamándole la polla a su amante, excitándose al sentir como esa polla crecía y se endurecía en su boca. Ella sabía que, si la mamaba bien, su amante disfrutaría y si él disfruta, ella disfrutaba más, porque estaba a punto de volverse a correr con la polla de su amado tapándole toda la boca.

    El verano terminó con un “Nunca más”. Pero años después, en un aeropuerto, un roce de manos los paralizó.

    —¿Recuerdas las preguntas? —susurró ella.

    Él no respondió. Solo la miró como en aquella finca: con hambre y culpa.

    Y supo que volvería a pagar por pecar.

    —¿Y si esta vez no huimos? —preguntó él, acercando sus labios a ese lugar del cuello que solo él conocía.

    Ella no contestó.

    Porque algunas historias no se necesitan palabras… solo el gemido de un verano que nunca murió.

    Y así, entre recuerdos húmedos y promesas rotas, supieron que nunca sería suficiente.

    Y yo me pregunto: ¿Caerán de nuevo? El suspenso es el mejor afrodisíaco.

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