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  • Sudor, vello y deseo: entre mi esposa limpia y mi adicción sucia

    Sudor, vello y deseo: entre mi esposa limpia y mi adicción sucia

    Yo era agente federal, con años de experiencia, sangre fría… hasta que la conocí.

    No fue en una redada ni en una operación, fue en una de esas casas donde uno va a buscar placer sin nombre. Pero ella… ella no era una más. Morena, de cuerpo lleno, piel tersa y vello que no ocultaba: entre sus piernas, en sus axilas… justo como me enloquecía.

    Tenía 27 años, mirada baja y sonrisa tímida. No hablaba mucho, pero me bastó con verla levantar los brazos para enredarme. Un hilo de sudor resbalaba por su axila izquierda, entre el vello negro y corto, y yo… perdí la razón.

    —¿Tú eres policía? —me dijo bajito, con algo de nervios.

    No le respondí. Me acerqué, olí su piel cruda, salada, y pegué la boca a esa axila tibia. Ella se tensó, pero no me detuvo. Le besé cada centímetro, su aroma me tenía al borde.

    La llevé a la cama del cuartito. La abracé desde atrás, la acaricié por debajo del vientre, y cuando mis dedos rozaron sus vellos húmedos, un quejido ronco me confirmó que ella también quería más. Le abrí las piernas, me acomodé entre ellas y le lamí lento, con hambre. Me aferré a su piel, a su sabor, al vello espeso que no ocultaba su deseo. Me lo bebí todo.

    La penetré con rabia contenida. Ella se dejaba, rendida. Me miraba con ojos de duda y placer. Al final, cuando jadeaba vencida sobre el colchón, me abrazó fuerte y me dijo bajito:

    —No suelo dejar que hagan eso…

    No respondí. La besé en la axila sudada una vez más, como quien besa una obsesión.

    Volví a esa casa una semana después. No sabía si la encontraría, pero el cuerpo me ardía por repetirla.

    Entré con la seguridad de siempre, saludé al portero como si fuera rutina… pero al preguntar por ella, la respuesta me cayó como agua helada:

    —Ya no trabaja aquí.

    Me quedé mudo.

    Salí, pero no me fui lejos. Me quedé en el coche, esperando… algo. Tal vez una señal, un número. Nada. Esa noche no dormí. Me quedé con su olor metido en la piel, con la memoria de su axila tibia rozando mi boca, con su sabor salado en mi lengua.

    Pasaron días hasta que me escribió desde un número desconocido:

    “Hola… soy yo. ¿Te acuerdas de mí?”

    Como si pudiera olvidarla.

    Me citó en una casa muy distinta. Más sencilla, más suya. Vivía sola. Estaba nerviosa al abrir la puerta. Tenía una camiseta larga y el cabello mojado. Ni rastro de maquillaje.

    —¿Por qué viniste? —me dijo sin mirarme a los ojos.

    —Porque no te saqué de mi cabeza.

    No dijo nada. Cerró la puerta, se dio la vuelta, levantó los brazos y apoyó las manos en la pared. Su camiseta se estiró, y bajo la tela, las curvas de su cuerpo se marcaron deliciosas. Me acerqué a su espalda, le subí la camiseta y volví a ese rincón que me volvió loco. Sus axilas seguían como antes: tibias, ligeramente húmedas, con vello corto, natural… la piel suave, el olor más fuerte, más íntimo.

    —Pensé en esto toda la semana —le susurré, pegando mi lengua a esa hendidura.

    Ella gimió, bajito. Ya no era la tímida. Ya no me preguntaba nada. Se dejaba hacer.

    La tomé con más deseo que la primera vez. Le lamí el ano, la vagina, las axilas, y no me bastó. Me monté sobre ella como si necesitara marcarla. Se corrió apretando mis manos. Yo no me cuidé. Me vine dentro, completo, salvaje.

    Al terminar, se acostó sobre mi pecho.

    —No sé qué me pasa contigo —dijo sin abrir los ojos.

    Y yo tampoco sabía. Solo que me estaba metiendo en algo más profundo que una calentura.

    Era la cuarta vez.

    Y esta vez… no tenía que inventar excusas. Mi esposa había salido de viaje y no volvería hasta el día siguiente. Era como si el universo me hubiera abierto la puerta directo al infierno, y yo me metí sin mirar atrás.

    Le escribí, sin rodeos:

    “Estoy solo. ¿Nos vemos?”

    Respondió con una sola palabra: “Ven.”

    Cuando llegué, ya me esperaba. Tenía una bata delgada, el cabello recogido y los pies descalzos. Su axila izquierda estaba expuesta sin pudor al levantar el brazo para cerrar la puerta. Me agaché sin decir nada y metí la nariz en su piel húmeda. El olor me golpeó con fuerza. Salado. Vivo. El vello tibio rozando mi boca. Me quedé ahí, como un perro marcando territorio. Ella soltó un suspiro lento, denso.

    —Te volviste adicto a esto, ¿verdad? —me dijo bajito, llevándome la mano entre sus piernas.

    Estaba mojada. Y no se había rasurado. El vello de su sexo estaba suave, crecido, espeso… como me gusta. Hundí mis dedos sin cuidado, la abrí y la lamí completa. Vagina, ano, axilas. Mi lengua viajó por todo su cuerpo como si fuera mío. Me entregó el cuello con la cabeza echada hacia atrás. Le abrí la bata, se la arranqué.

    Me la cogí en la sala, en la pared, en el piso. Le abrí las piernas y la llené sin freno. Ella se dejó, gimiendo bajo, tragándome con los ojos entrecerrados. Se subió sobre mí, me lo metió dentro sin pedirme permiso, y mientras me montaba, me pegaba las axilas sudadas a la cara. Las lamí como si fueran la entrada al paraíso.

    Terminó de pie, jadeando, con mis dedos todavía dentro. Yo, tirado, con la cara llena de su olor. Le di la última lamida en el ano, despacio, mientras temblaba.

    Me fui sin bañarme. No quise. Me subí al coche con la piel caliente y su aroma pegado a mi barba. Dormí así, sucio, satisfecho, marcado.

    Al otro día, mi esposa llegó temprano. Me abrazó, me besó… y sin avisar, se arrodilló y empezó a mamarme el pene.

    No dijo nada. Solo lo hizo.

    Y yo… yo la dejé. Cerré los ojos y me dejé llevar.

    Pero en mi mente, aún estaba ella.

    La otra.

    Su sabor seguía en mi piel.

    Y mi esposa… lo tragaba todo, sin saberlo.

    Después de esa mañana, ya no fui el mismo.

    Mi esposa se durmió entre mis brazos, sin imaginar que su boca había recorrido lo que otra había marcado. Yo fingía normalidad… pero por dentro, ardía.

    Me sentía sucio, sí.

    Pero más que eso… me sentía vivo.

    Volví a verla días después. No lo planeé, simplemente no me aguanté. Le escribí:

    “Necesito olerte.”

    Ella no preguntó. Solo me dijo:

    “Estoy sola. Ven.”

    Entré con el corazón latiendo en la garganta. Ella tenía una blusa negra pegada, sin mangas. No llevaba sostén. Cuando me acerqué, levantó los brazos y me lo ofreció sin palabras.

    Ahí estaban: sus axilas húmedas, morenas, velludas. Brillaban. Olían a deseo.

    Me arrodillé.

    Le lamí una. Luego la otra.

    Volví a hundirme en su olor como si fuera oxígeno. Le besé el vello, lo succioné, lo dejé pegado en mis labios. Ella gemía bajito, empapada, entregada.

    —Te encanta mi olor, ¿verdad? —susurró.

    —No. Me enloquece.

    La tomé contra la pared, con su cuerpo temblando. Le abrí las piernas, le separé los glúteos y le lamí el ano hasta que me rogó que se lo metiera. Lo hice con rabia. Ella gemía mi nombre con la cara contra la pared. Cuando me vine dentro de ella, no pude evitarlo: le mordí la axila. No fuerte… solo lo justo para marcarla.

    Nos quedamos tirados en el piso. Sudados. Mezclados. Respirando como animales.

    —Ya no puedo dejarte —le dije, mirando el techo.

    —Entonces no lo hagas —respondió ella, sin voltear a verme.

    Al volver a casa, esa noche me metí a la cama sin ducharme. Mi esposa me abrazó y me dijo:

    —Hueles a ti… diferente.

    Sonreí.

    No dije nada.

    Porque no olía a mí.

    Olía a ella.

    A su piel cruda.

    A su sudor.

    A su axila.

    A su alma.

    Y ya no quería que se me fuera nunca del cuerpo.

    Pasaron un par de días. Me porté normal. Trabajé, hablé poco, dormí a su lado.

    Pero algo cambió.

    Mi esposa empezó a mirarme distinto. Más deseosa. Como si mi olor, esa mezcla que arrastraba sin querer de la otra, le hubiera despertado algo. Una necesidad. Una intuición. Un hambre.

    Una noche, mientras me cambiaba en la recámara, ella se me acercó por la espalda. Sin decir nada, me bajó el pantalón, me tocó entre las piernas… y se arrodilló.

    No fue como otras veces. Esta vez lo hizo con hambre. Con deseo de marcar.

    Me lamió lento. Me lo metió completo.

    Y mientras lo mamaba, se detuvo un momento, lo miró con los labios húmedos y dijo:

    —Hoy hueles diferente… pero me gusta.

    Y volvió a chupármelo.

    Yo la miraba desde arriba, con la piel erizada. Porque en mi mente, sabía de qué estaba hablando.

    Aún quedaban rastros de la otra.

    De su sudor. De su esencia.

    Y mi esposa… se lo tragaba todo, sin saberlo.

    Esa noche, mientras hacíamos el amor, ella se subió encima, me clavó las uñas en el pecho y me exigió que le dijera cosas sucias.

    Yo cerré los ojos… y vi a la otra.

    La piel morena.

    Las axilas sudadas.

    El vello entre sus piernas.

    La lengua temblando mientras se venía.

    Mi esposa gemía encima de mí.

    Me apretaba. Me decía que la cogiera más fuerte.

    Y yo lo hacía.

    Pero en el fondo, me la cogía a ella con la imagen de la otra.

    Cuando terminé, jadeando, mi esposa se echó a mi lado, sonriendo.

    Me abrazó como si todo fuera perfecto.

    —No sé qué te pasa últimamente, pero estás más caliente —me dijo entre risas.

    Y tenía razón.

    Porque ahora, cuando me metía en ella… me venía pensando en otra.

    Algo en mi esposa cambió.

    No solo era más intensa en la cama.

    Ahora, me pedía cosas. Cosas que antes no se atrevía.

    —¿Te excita que no me depile? —me preguntó una noche mientras salía del baño.

    La miré sin responder.

    Se levantó la bata, me mostró su axila con apenas un par de días sin rasurar.

    —¿Así? —dijo, y se la frotó con los dedos.

    Yo sentí el estómago caerme al suelo.

    La imagen de ella, la otra, me golpeó con toda su crudeza.

    Me acerqué a mi esposa, le levanté el brazo y le metí la lengua.

    La lamí como si fuera otra.

    Y ella… se estremeció.

    —Nunca te había visto así —susurró.

    —Ni yo a ti —le respondí.

    Esa noche me pidió que le lamiera más. Me abrió las piernas, me lo mostró sin rasurar del todo. Me retó con los ojos. La complací. Le hice lo que nunca. Le metí la lengua entre las nalgas, en su ano, como hacía con la otra. Ella no entendía, pero se dejaba.

    Me vine dentro de ella, sudando, temblando, con una mezcla en la cabeza: su cuerpo… y el de la otra.

    Días después, en el supermercado, me la encontré.

    Ella.

    Morena. Gordita. Con una camiseta pegada y el cabello suelto.

    Iba sola. Me miró, bajó la cabeza, pero se acercó.

    —¿No me vas a saludar?

    —¿Y si mi esposa está cerca?

    —¿Y si no me importa?

    Su mirada era la misma: fuego tímido, pero listo para explotar.

    Me dejó una nota doblada en la mano. No decía mucho:

    “Esta noche estoy sola.”

    No lo pensé.

    Le escribí al caer la noche.

    Mi esposa había salido a visitar a su madre.

    Volví a verla.

    Tenía un short y una blusa sin mangas. Estaba sudada. El vello de sus axilas brillaba bajo la luz tenue de la sala.

    —Hoy quiero que vengas con el olor de la otra —me dijo al oído.

    Y lo hice.

    Fui con el perfume de mi esposa aún en el cuello. Con su rastro entre mis dedos.

    Ella lo olió. Lo lamió. Lo tragó.

    Y me la cogí como nunca.

    Pensando en mi esposa.

    Y sintiendo a la otra.

    Ambas.

    Fusionadas.

    En mi cuerpo.

    En mi mente.

    En mi maldita adicción.

    Habían pasado semanas.

    La otra ya no era un secreto. Era una necesidad. Una sombra que me seguía incluso en los momentos más íntimos con mi esposa.

    Y ella… también había cambiado.

    Su piel, su aroma, su forma de montarme.

    Ambas, sin saberlo, estaban compitiendo por algo que ya no era mío: mi deseo.

    Una noche, mi esposa llegó después de entrenar.

    No se bañó.

    Se quitó la blusa, levantó los brazos y me mostró sus axilas sudadas, velludas, con una sonrisa cómplice.

    —Así te gusta, ¿no?

    No respondí. Me arrodillé. Me perdí en su olor. En su sabor. En su cuerpo vivo, natural, real.

    Me hundí en ella con la lengua, le lamí la axila, la entrepierna, el ano. Todo como venía.

    Y ella se venía sobre mi cara, mojándome, marcándome.

    La cogí con rabia. Ella me apretaba con fuerza, gimiendo como nunca.

    Se vino tres veces. Y yo… terminé dentro, sin pensar en nada. O en todo.

    Y justo al día siguiente, ella me escribió:

    “Necesito olerla a ella. Quiero que vengas con su cuerpo pegado al tuyo.”

    No supe si era un reto o una provocación.

    Pero fui.

    Sin bañarme. Con el olor de mi esposa en mi piel.

    Con la humedad aún en mis dedos.

    Cuando la otra abrió la puerta, me abrazó fuerte.

    Me olió el cuello.

    Me bajó los pantalones.

    —Mmm… así te quiero —me dijo.

    Se arrodilló. Me lo metió entero.

    Me lo chupó con hambre, con las axilas sudadas pegadas a mi cara.

    Le abrí las piernas, le besé el vello espeso, me perdí en su olor crudo.

    No había jabón. No había perfume.

    Solo cuerpo.

    Sudor.

    Verdad.

    Nos revolcamos en el piso. Se me subió encima.

    Mientras me montaba, jadeó:

    —¿Así te lo hace tu esposa?

    —Sí… pero tú me lo despertaste.

    Y se vino sobre mí, mojándome el pecho con sus jugos.

    Yo terminé dentro. Otra vez.

    Sin miedo. Sin culpa.

    Solo fuego.

    Esa noche, al volver a casa, mi esposa me esperaba.

    Tampoco se había bañado.

    Sus pies estaban descalzos, calientes.

    Se sentó sobre mí. Me lo metió sin decir palabra.

    Y mientras se movía, sentí cómo me marcaban las dos.

    Su sudor.

    Su vello.

    Su olor.

    Su deseo.

    Dos mujeres.

    Un mismo cuerpo.

    Yo, en medio.

    Obsesionado.

    Rendido.

    Y ya no importaba quién era quién.

    Lo que me ataba era lo que las dos compartían:

    Que no tenían miedo de ser reales.

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  • Enamorándome de Dianita (14)

    Enamorándome de Dianita (14)

    Cristian abrió la puerta trasera del auto para estar más cómodos, Natalia hizo que Cristian se sentara, y empezó a desabrochar su pantalón, lo hizo rápidamente, lo bajó un poco y luego bajó su bóxer, lo que liberó su pene quedando frente a su cara, ella lo tomó con su mano derecha y empezó a moverla de adelante para atrás, como una especie de calentamiento antes de meterlo en su boca, de rodillas miró hacia arriba mientras lo cogía, se mordió el labio pero no dijo nada, pasó su lengua por el tronco del pene y continuó metiéndolo en la boca, se ayudaba de sus manos para masajearlo mientras lo chupaba, Cristian podía sentir la humedad y los movimientos de su lengua que lo rozaban.

    Cristian puso sus manos sobre la cabeza de Natalia, sin hacer fuerza, le gustaba sentir su cabello mientras chupaba, ella lo sacaba de su boca y empezaba a masturbarlo con más velocidad, luego lo metía de nuevo a su boca para sumar esos labios húmedos al masaje. Estaba muy excitado con lo que pasaba, ver esa cara tierna, succionando su pene, le parecía increíble.

    Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo Cristian entre gemidos, logra decir:

    -Mmm, me voy a correr, ¿Me vengo en tu boca? -Le pregunto para no hacer algo que le desagradara.

    -Sí, dale quiero probar el sabor de tu leche. -le respondió con sus manos en su pene, y continuó chupándolo.

    Cristian empezó a sentir como las descargas de su pene entraban en su boca, ella seguía masturbándolo, 4 o 5 descargas hicieron que su cuerpo vibrara, Natalia se detuvo, pero no lo sacó hasta sentir que ya le habían dado todo, con una imagen morbosa, Natalia mira hacia arriba abre su boca, para mostrarle toda la leche que había en su boca, luego cerro su boca y se tragó todo el semen que tenía, abre nuevamente su boca mostrándole que se lo había tragado todo, con una sonrisa perversa.

    -¿Te gusto? -pregunto Natalia sonriendo.

    -Es en serio, fue una mamada fantástica, sí que tienes talento. -le dijo Cristian agitado.

    Pero Cristian seguía con su pene erecto, tenía ganas de seguir, Natalia lo mira y encantada le dice, -vaya sí que tienes aguante, se monta sobre las piernas de Cristian y agarrando su verga, la dirige a su coñito, rozando sus labios vaginales para lubricarlo, y muy lentamente se sienta sobre él, metiéndoselo hasta tocar los huevos con sus nalgas.

    Empieza a cabalgarlo frenéticamente, ninguno de los dos se contiene a la excitación que sentían, Cristian apretaba las nalgas de Natalia y con sus manos le imprimía mucho más ritmo a la penetración, por su parte Natalia podía sentir como el grosor de la verga abrir sus labios vaginales de manera exagerada, sentía cada centímetro ingresando en su interior.

    Ambos bañados en sudor, llegaron al orgasmo al mismo tiempo, su fundieron en fuerte abrazo y se besaron con lujuria, como demostrándose las ganas que siempre se tuvieron ambos, después de varios minutos Natalia se levantó y empezó a sentir como el semen empezaba a escurrir por entre sus piernas, con un pañuelo húmedo se limpió, se vistieron, y Natalia dijo.

    -Ahora como se lo decimos a ellos.

    Ambos rieron, no te preocupes por eso, todo a su debido tiempo, le dijo Cristian, cuando entraron al auto para ir sus casas, Natalia reviso su celular encontrando 30 llamadas y 20 mensajes de Dianita y Paula.

    Les contesto los mensajes a ambas diciendo, -aún no he llegado a mi casa aún estoy con Cristian mañana les cuento todo, ahora mejor descansemos las tres enviándole un emoticón con besos.

    Al día siguiente, en horas de la tarde Thiago recibe una llamada de un número que no conocía, al contestar se sorprende.

    -Hola Thiago como estas te habla Amanda.

    -¡Hola!, me sorprende tu llamada ¿paso algo? -contesto Thiago

    -No para nada, solo quería decirte que has sido elegido para una sesión de masajes en mi local, ¿puedes venir hoy?

    -¿Es en serio?, yo nunca me gano nada, pero ese masaje me vendría muy bien en estos momentos, a que horas puedo ir.

    -A la hora que tú quieras, yo te atenderé personalmente.

    -Ok, entonces llego en una hora.

    -Perfecto, te estaré esperando bye.

    Thiago llamo a Cristian para preguntarle si había pasado algo cuando fue a llevar a Sofia a su casa, en la conversación que ambos tuvieron se dijeron que no había pasado nada que todo fue tranquilo, -pero hay algo que quiero decirte, -comento Cristian.

    -Claro soy todo oídos. -contesto Thiago

    Ayer cuando dejamos a Sofia en su casa algo paso entre Natalia y yo, te voy a contar y cuando termine si tienes dudas pues la resolvemos, -dijo Cristian.

    -No te voy a dar detalles, pero ayer Natalia y yo cogimos. -dijo Cristian.

    -¡Pero que mierda!, es en serio.

    -Si es en serio, y fue espectacular, lo hicimos en el mirador.

    -Hey bro, te dije que Natalia era una buena chica, no aguanta que juegues con ella.

    -En serio me gusta, esa mujer es perfecta para mí, hace que quiera ser mejor persona.

    -Ok, solo te digo no la vayas a cagar con ella.

    -Tranquilo, tú tienes a Dianita y a Paula, yo tengo a Natalia

    Por eso mismo te lo digo bro, porque cuando Paula se entere que tengo algo con Dianita todo se ira a la mierda, no hay forma que yo salga bien parado de esta situación, la verdad creo que la mejor opción es aprovechar el chantaje de Sofia y alejarme de las dos.

    Que poco conoces a esas dos mujeres, Thiago ellas están enamoradas de ti, estoy casi seguro que hasta podrían unirse contra Sofía solo para poder estar contigo, quien quita y tengas un triángulo amoroso entre Paula, Dianita y tú, más bien me compadezco de Sofia no sabe a la que se enfrenta con esas dos, ja, ja, ja.

    -No le veo el chiste, pero bueno, te quiero bro, cuídate, me tengo que ir, tengo cita en la peluquería.

    -Bueno que te vaya bien, vaya que eres vanidoso.

    -Eso se llama envidia ja, ja, ja

    Thiago llego al salón de belleza y Amanda lo atendió de inmediato, lo hizo pasar al spa y lo ubico en una habitación privada, dónde había luces de neón, velas y esencias aromáticas que le daban un aire sensual a la habitación, pidió no ser molestada hasta que la sesión terminara.

    -Debes quitarte toda la ropa, solo debes quedarte con la toalla. -le dijo Amanda

    Amanda tenía un uniforme muy sensual, se notaba claramente que no traía corpiño, ya que los pezones de Amanda se le marcaban en la blusa, el pantalón marcaba perfectamente su culo, se apreciaba que si tenía tanga tenía que ser muy diminuta.

    Thiago al ver la belleza de mujer, trago saliva y en su mente decía, -sagrado rostro por favor aléjame de la tentación que es esta mujer, bueno deja la tentación, pero solo un poquito, Thiago se cambió y quedo solo con la toalla, Amanda lo hizo acostar en la cama de espaldas, su desnudes era solo cubierta por la pequeña toalla que tapaba sus nalgas, al acostarse puso su pene hacia abajo el cual ya se estaba empezando a endurecer, la punta podía verse al separar las piernas.

    -Relájate y no pienses en nada, voy a tratar que quieras regresar más seguido a hacerte masajes.

    Thiago tragaba saliva, cuando empezó a sentir las manos de Amanda recorrer su cuerpo, sentía electricidad por todo su cuerpo, Amanda esparcía aceite por toda la espalda, pantorrillas y pies, los movimientos eran super relajantes, la música del ambiente hacía que me olvidara del exterior.

    Hubo una pausa, pero no levante mi cabeza para mirar decidí continuar con mi concentración y seguir con mi relajación, cuando sentí nuevamente las manos de Amanda, pude notar que se ubicó encima de la cama, sus manos subían por mi pierna derecha y luego hacían lo mismo con la izquierda, llegaba hasta el principio de mis desnudas nalgas, pero la toalla impedía que tocara mis nalgas, en eso me dice, -puedo quitar la toalla para que el masaje sea en todo el cuerpo, te va a gustar, -dijo Amanda.

    Yo solo asentí con mi cabeza, no me parecía fuera de lo normal la petición de Amanda, por lo que ella retiro la toalla y quede como Dios me trajo al mundo, aplico aceite en mis nalgas y empezó a masajear, en mi espalda podía sentir sus dos manos, pero también sentí que aparte de las manos algo frotaba mi espalda, levante la vista y pude ver la ropa de Amanda en el piso.

    Me exalte y gire mi cuerpo pude ver totalmente desnuda a Amanda, sentada sobre mis nalgas, podía sentir el calor que emanaba de su pelvis y la cual con movimientos hacia arriba y hacia abajo se frotaba todo su sexo contra mí, sus senos eran espectaculares igual que ella, tetas grandes paradas y pezones marrones parados, los cuales restregada sin disimulo sobre mi espalda.

    -Pero qué es esto Amanda, sabes que estoy con Dianita y es tu amiga. -le dije

    -No te preocupes por eso, tenemos el permiso de Dianita para esto, solo me puso la condición que le avisara antes para ella estar enterada. -me dijo

    -¿Es en serio Dianita sabe de esto, y no dijo nada?

    -Así es, la otra vez los vi tener sexo en la sala por las cámaras y llegamos a ese acuerdo, ¿te molesta, quieres irte?

    -No, claro que no me molesta, pero si me asombra.

    -Entonces seguimos con el masaje ya que tenemos el permiso de la patrona. -me dijo con una sonrisa pícara.

    -Bueno si a ella no le molesta a mí tampoco, ja, ja, ja, ja, sigamos. -le dije

    Seguí acostado boca abajo, Amanda siguió frotando sus senos contra mi espalda, y su pelvis contra mis nalgas que ya sentía mojadas debido a todo el jugo que salía del sexo de Amanda, estaba caliente, y me la hacía saber cada vez que susurraba gemidos cerca de mi oído, pasaba su lengua por mi cuello, y empezó a darme besos por toda la columna con dirección hacia mis nalgas, al llegar medio un pequeño mordisco.

    Que nalgas lindas tienes, pero esto es son más hermoso todavía, -me dice, metiendo su mano entre mis piernas y agarrando mi pene, me toco levantar un poco mi culo para que no me hiciera daño, empezó a ordeñarme, realizando suaves masajes en mi pene, la masturbación era lenta, pero se sentía muy bien esas caricias.

    Amanda me hizo girar y mi pene quedo erecto cerca de su cara, inmediatamente paso su lengua por mi glande, haciendo gemir de placer, se metió por completo mi pene en su boca y empezó a chupar, no sabía porque se sentía tan rico, luego descubrí que tenía una pastilla de menta de halls negro, le que hacía que el placer fuera aun mayor, debido al contraste de lo caliente que estaba mi verga con el frio intenso que emanaba la boca de Amanda, el placer era abrumador, por esta acción estaba que llegaba al orgasmo.

    -Uf, que rico se siente, siento que voy acabar.

    -Puedes acabar en mi boca, quiero probar el sabor de tu leche. -Me dijo

    Mis puños apretaban la tela del colchón y explote en un orgasmo intenso, me salió tanta leche que por la comisura de sus labios se le escapaba el semen que no podía contener, con sus dedos limpio sus labios y se terminó de beber mi leche, -pero que rica leche tienes, -me dijo sonriendo.

    -Uf, Amanda esa mamada estuvo espectacular, pero ahora quiero darte cariños a ti, -le dije

    -Soy toda tuya, haz conmigo lo que quieras. -me contesto.

    Pase mis manos por sus senos, y los apreté eran duros y sus pezones puntiagudos, pase mi lengua por ellos y les di un pequeño mordisco para después chuparlos, Amanda presionaba mi cabeza contra sus senos, muy lentamente fui bajando hasta su depilado coñito, pase mis dedos y sentí lo mojada que estaba, bese sus labios vaginales y pase mi lengua por su clítoris, Amanda apretaba sus senos con sus propias manos y chupaba sus propios pezones, yo seguí jugando con su clítoris y metí dos dedos en su coño haciendo presión hacia arriba para darle más placer.

    Que rico cabrón, sigue no pares ya no aguanto más voy acabar, Amanda arqueo su espalda y llego al orgasmo de forma descomunal, sus pechos se inflaban porque su respiración era agitada, le dije que se pusiera en cuatro y lo hizo rápidamente, uf, que hermoso culo tenía esta mujer, le di una sonora nalgada una en cada nalga, dejando mis dedos pintados en ellas.

    -Me encanta que me des nalgadas, quiero que me trates como tu perra. -me dijo

    -Cuidado con lo que pides. -le dije

    -Soy tuya, soy tu perra hazme lo que quieras.

    Rápidamente cogí mi pene y lo ubique en su coñito la penetre suave, cuando ya tenía toda mi tiesa verga dentro, tire de sus cabellos hacia atrás y comencé a penetrarla con vehemencia, con mi otra mano le daba sonoras nalgadas, ya su culo se tornaba rojizo, pero Amanda no se quejaba, -dame más, -me decía mirando hacia atrás, mientras con sus manos apretaba sus pechos.

    Cambié de posición y la puse de lado la seguía penetrando con violencia, y mi mano apretaba su seno, estaba poseído por la lujuria, la cargue tenía sus piernas apoyadas en mis brazos y ella rodeo mi cuello con los suyos para apoyarse mejor, las embestidas que le daba eran brutales, cada vez que sus nalgas chocaban con mi pelvis se escuchaba como una palmada.

    -Vaya que fuerte eres. -me dijo Amanda.

    -Eso es porque quiero disfrutarte al máximo. -le dije

    Seguí penetrándola, pero en un momento sentí que me pene se salió, ella lo tomo con la mano y se lo ubico en su ano, y fui penetrando suavemente, -quiero me penetres igual que ahora, pero en mi culo. -me dijo

    Cuando ya la tenía totalmente empalada, empecé con movimientos suaves y fui acelerando poco a poco, hasta llegar al ritmo que tenía antes de que se saliera de su coñito, Amanda ahogaba sus gritos en mi cuello, para que no se escucharan afuera, la violencia con que le estaba penetrando su ano era inimaginable, pero ella aguantaba estoicamente.

    Cuando mis fuerzas me estaban abandonando la acosté en la cama sin salirme de su culo, y seguí con las penetraciones, ahora era yo quien le tapaba la boca, ya sus gritos iban en aumento.

    -¡Me estas partiendo en dos, cabrón!, pero me gusta. -me decía entre jadeos.

    -Esto es para que no olvides quien es el dueño de ese culo de ahora en adelante. -le dije

    -Si desde ahora soy solo tuya.

    Al escuchar esas palabras sentí que ya llega al orgasmo.

    -Ya voy acabar. -le dije.

    -No, por favor aguanta un poco yo también estoy acabar.

    Los dos llegamos al orgasmo al mismo tiempo, quede exhausto arriba de Amanda, nos fundimos en un apasionado beso, Amanda me abrazaba y me daba suaves caricias en mi espalda, cuando recuperamos el aliento, nos separamos y quedamos acostados uno al lado del otro mirando hacia el techo de la habitación, respirando agitadamente.

    -Vaya polvo que me acabas de echar, fue mucho mejor de lo que esperaba. -me dijo

    -Tu vuelves loco a cualquier hombre, eres una diosa, como te dije quería saborearte para nunca olvidarte.

    -Y porque me vas a olvidar si soy tuya, ya te lo dije, cuando quieras, donde quieras y a la hora que quieras estoy disponible para ti. -me dijo

    Amanda me mira a los ojos y pudo ver mi expresión, no quería hacerla sufrir, pero lo único que podía ofrecerle era solo sexo, no íbamos a ser pareja ni nada, aunque no me atrevía a decirlo. -tranquilo soy sensata y sé que tienes tu pareja no quiero casarme contigo, solo quiero aprovechar tu juventud, esto es solo sexo, -me dijo sonriendo y acariciando mi cara, yo solo la bese.

    Nos bañamos estábamos agotados de nuestra faena que no hubo fiesta en la ducha, cuando salimos me vestí, Amanda seguía totalmente desnuda, y me dice; -cuando llegues a tu casa revisa los mensajes en tu teléfono te mandé un regalo para que me recuerdes siempre. -me dijo.

    No aguante la curiosidad y revise mi teléfono, pude ver varias fotos de Amanda totalmente desnuda, con las piernas abiertas mostrándome todo su sexo, -uf, pero que buena esta, me dije mentalmente.

    -Vaya que si es un buen regalo, como podría olvidarte. -le dije

    -Ya sabes regresa cuando quieras, de ahora en adelante yo te atenderé personalmente. -me sonrió y me guiño un ojo.

    Sali del local, con una sonrisa y totalmente relajado, cuando me disponía a montarme en mi motocicleta, sonó mi teléfono, era la profesora Violeta, -vaya pero que sorpresa, habrá pasado algo?, me pregunte.

    -Hola Thiago estas ocupado. -me dijo.

    -Para nada profe Violeta. -le conteste

    -Veo que guardaste mi número.

    -Usted me dijo que nadie más lo tiene en la U, así que es un privilegio por eso lo guarde.

    -Y si es un privilegio porque no me has regalado una llamada entonces. -me dijo

    -Mm… no supe que responder.

    -Tranquilo solo te molestaba, será que puedes venir a mi casa, te invito a comer algo, y de paso me ayudas en algo que necesito. -me dijo.

    -Claro que sí, no tengo más nada que hacer en estos momentos, si quiere me manda la dirección por mensaje y yo salgo para su casa.

    Recibí la dirección, pero después de la conversación reaccione, pero en que podría yo ayudar a la profe Violeta, bueno de todas maneras verla y que no sea en la U, sería muy agradable para la vista me dije, puse en marcha mi motocicleta y me dirigí a la casa de la profesora.

    Continuará.

    Si te ha gustado el relato, por favor, no dudes en dejar un comentario y una valoración, lo apreciare mucho. Siempre agradezco las muestras de apoyo de los lectores, son muy importantes para mí.

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  • Ansia

    Ansia

    Me cogió de la mano, me estremecía toda, mi cuerpo sabia donde me llevaba, al infierno, a su infierno y eso me excitaba como una sucia perra en celo como hacía tiempo que no me ponía.

    Este caballero que el solo contacto de su piel conseguía que me estremeciera toda, su solo contacto despertaba en mis sensaciones tanto tiempo olvidadas, ¿Qué me ocurría?

    ¿Era su aplomo?, ¿era su seguridad, era su mente perversa y lujuriosa? Yo creía saberlo y solo de pensarlo se me erizaban los vellos de la piel, en lo más profundo de mi alma lo sabía y solo pensarlo mi sexo, tanto tiempo dormido, reaccionaba solicitando lo que tanto ansiaba, volver a sentirme poderosa y esa sensación me excitaba.

    Mi mente aun no quería decirme lo que mi cuerpo me gritaba, lo que mi sexo tanto tiempo dormido me gritaba, ve, déjate llevar, goza, disfruta, vive, hazte dueña de tu dolor, ese que tantas veces te llevo al placer, abre tu mente, déjate guiar, lo deseas, te sientes viva de nuevo y sabes que te desean, aun tienes mucho que dar y mucho que recibir, cierra tus heridas y disponte a recibir otras, pues así es la vida.

    Sientes la excitación en tu sexo, sabes que es inevitable, no puedes reprimirlo y no quieres reprimirlo, haz lo que tanto deseas, grítale a tu amante lo puta que te sientes con solo una orden suya, hazlo, grítaselo, soy tuya.

    Deja que fluya, no te atormentes más, libera tus demonios, saca a esa bestia sedienta de placeres que llevas oculta, sabes que te va a llevar al paraíso, grítale a tu señor lo que tanto deseas: Soy tu puta.

    Fdo. Malvado Diplomático

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  • ¿Y si le digo que no fue mi imaginación?

    ¿Y si le digo que no fue mi imaginación?

    Mi esposo es director en una institución financiera y lo acompañe a un evento en donde había clientes, ahí conocí a uno de ellos de origen italiano de nombre Piero, hombre alto, se mantenía en forma con una presencia elegante y distinguida. Ese año había cumplido 50 años.

    Desde un principio encontramos temas muy interesantes, entre ellos, un nuevo producto que estaba lanzando su compañía.

    Yo me he dedicado al hogar, pero mi esposo siempre tiene muy presente que en la universidad participé en un concurso de mercadotecnia y gané el primer y tercer lugar, siempre lo platica de forma muy agradable y Piero pidió mi opinión sobre cómo debería de llevar la campaña de publicidad, platicamos de eso por horas, siendo los últimos que salimos del evento. Fue una velada muy agradable.

    Unos meses después Piero nos invitó a cenar, nos recibió en su casa con una cena espectacular, la verdad, muy bien vestido, su loción olía delicioso y me impactó su sonrisa, muy sexy por cierto.

    Nos dijo que la cena era para agradecerme los consejos de aquella noche, incluso que había basado la campaña en todo lo que había dicho, y por ello nos quería invitar al evento de lanzamiento en la CDMX, nos dio las fechas, era jueves y viernes, regresando el sábado, mi esposo revisa la agenda en su celular y levanta la cabeza diciendo, no sé por qué tengo tantas cosas ese jueves y viernes, lo veo muy complicado.

    Piero dijo, se me hace muy difícil cambiar la fecha, pero si no tienes inconveniente, nos vamos Lorena y yo, para no complicarte.

    Mi esposo no dudó y comentó me parece perfecto, por mí no hay problema, ¿Lore quieres ir?

    La verdad, a mí me emocionó mucho el saber el impacto que habían tenido mis recomendaciones y no tenía intención de perderme ese evento, por lo que rápidamente dije que sí.

    CDMX nos queda a un par de horas, por lo que el plan era ir por carretera el jueves en la tarde, el evento era viernes a mediodía y posteriormente se realizaría un cóctel de celebración, por lo que nos regresaríamos el sábado.

    Se llegó el jueves, llegaron a la casa en una camioneta oscura de lujo muy grande. Solo íbamos Piero y yo, la camioneta estaba modificada por dentro, el asiento era muy amplio y había bastante espacio, eran cabinas separadas pasajeros y chofer/copiloto, le dije a Piero que vehículo tan padre nunca había visto algo así, dijo Piero está modificada para tener espacio y privacidad, voy mucho a México y ya verás la suspensión en carretera hace que no se sienta que vamos avanzando.

    Era tan grande la camioneta, que yo iba muy cómoda en un lado y Piero en otro, platicamos mucho, se nos hizo corto el camino, cuando menos pensé estábamos en Plaza Andares en Polanco, bajamos en la puerta de palacio de hierro y dijo Piero, yo tengo la costumbre de siempre, estrenar mi atuendo en un evento importante, te pido Lore de favor hagas lo mismo, escoge lo que te guste para usar en el evento de mañana, va por mi cuenta.

    Yo le dije no como crees, y él contestó es lo menos que puedo hacer después de las grandes ideas que me diste.

    Compre ropa para el evento y unos zapatos rojos y lencería roja para darle una sorpresa a mi esposo a mi regreso.

    Tardamos un par de horas, nos volvemos a subir al vehículo y llegamos a una casa muy grande a poca distancia de ahí.

    Bajamos y dijo aquí tienes tu casa Lore, veo que bajan el poco equipaje que traía y comento, pensé que nos íbamos a quedar en un hotel, y dice no es necesario la verdad es que la casa es muy cómoda, tengo preparadas varias cosas, aquí es el cóctel de mañana y estamos también a pocos minutos de donde es el evento.

    Me pareció muy razonable, pasamos a la casa, que era muy grande y me acompañaron a lo que sería mi habitación.

    Era una habitación hermosa, con una sala y un pequeño comedor, un baño con un jacuzzi, estaba decorada muy bonita con muchas flores y habían preparado el jacuzzi con agua caliente y aceites de esencias listos para vaciar al agua.

    Me preguntaron si quería cenar, la verdad es que ya era tarde y les dije no, voy a aprovechar el baño y me voy a acostar.

    Me metí al jacuzzi con agua caliente vacié los aceites, olía delicioso, me relaje bastante, salí directo a la cama todo olía delicioso y me sentía muy relajada, aún y cuando había estado nerviosa por el evento del día siguiente.

    La habitación no tenía pantalla, yo siempre la programo para dormirme, pero vi un control en donde podía programar que se cerraran las cortinas, apague toda la habitación y programe que se cerraran las cortinas, había luna llena y entraba la luz de la luna delicioso.

    Estaba disfrutando de la habitación oscura cuando de repente se abre la puerta y veo a alguien entrar en una bata, escuché que puso seguro a la puerta, no se veía el rostro, pero la claridad de la luna me dejaba apreciar la figura que se acercaba a la cama y pregunté, ¿eres tú Piero?, respondió si.

    De repente empiezo a ver que se quita la bata y estaba totalmente desnudo, se apreciaba su silueta y noté su pene erecto, alza la colcha y se mete a la cama.

    Se acerca a mí y comienza a besar mi espalda y cuello, toca mi cuerpo con sus manos, las sentía en mis tetas, en mis piernas, en mis nalgas, yo me sentí muy desconcertada.

    La verdad es que no había estado con ningún hombre que no fuera mi esposo, pero sentía su cuerpo tibio, olía muy bien su loción y todo el entorno no me daba la fuerza para detenerlo, en poco tiempo ya me había despojado de toda mi ropa, y sin darme cuenta, ya estaba su cara frente a la mía, yo con las piernas abiertas y su cuerpo entre ellas, empecé a sentir como entraba y salía en mí, cerré los ojos y solo pensé en disfrutar el momento, estuvo largo tiempo a un ritmo delicioso, yo solo empecé a acariciar sus brazos que se sentían grandes y duros, sentí el sudor de su cuerpo y mi vagina dilatada como nunca, recibiendo su miembro una y otra vez.

    De un momento, a otro, se contrajo mi cuerpo y tuve un orgasmo impresionante. Lo presione con mis piernas y grite.

    Se tomó un momento sin moverse, sacó su miembro, empezó a masturbarse, eyaculo y cayó su semen caliente sobre mi abdomen.

    Me dio un beso en la mejilla y me dijo descansa, se puso la bata y salió de la habitación.

    Fue un momento que nunca imaginé, francamente lo disfruté y no quise pensar en nada, no busqué mi ropa solo cerré los ojos y me quede dormida.

    En la mañana desperté y había en el comedor mucha fruta, carnes frías, quesos etc. en fin un buffete de desayuno y una nota que decía

    “Lore, toma tu tiempo, no hay prisa, fui a supervisar la preparación del evento, no tardo”

    Desayuné y poco tiempo de haber terminado entró una empleada de la casa y me dice, la voy a acompañar a el área de la alberca para que tome un masaje.

    Llegue y estaba un joven muy agradable, me pidió que me despojara de mi ropa, me envolviera en una toalla y me recostara bocabajo.

    Trabajo mi cabeza, cuello, espalda, pies, piernas todo fantástico, se detuvo y un minuto después sentí que retiró la toalla, me dio un poco de nervios pero lo vi muy profesional y confié.

    Comencé a sentir sólo una mano en mis glúteos, de forma muy suave, no era el masaje anterior, después sentía nalgaditas que me excitaban, mi vulva reacciono con humedad y de repente la mano estaba en ella, primero la mano entera la toco y luego los dedos separando mis labios para poner uno en mi clítoris.

    Levante la cara y era Piero, me vio a los ojos y siguió estimulando mi clítoris sin decir ni una palabra.

    Mi cuerpo empezó a contonearse sin que lo pudiera controlar y un momento después me volteó y me jaló hasta quedar mis glúteos en la parte de los pies de la cama de masaje, levantó mis piernas y las recargó en sus hombros, sacó su miembro y me penetró muy suavemente, entraba y salía sin prisa, disfrutando como resbalaba en cada ocasión, hasta que tome la toalla, la mordí y grité de placer.

    Perdí un poco la noción hasta que oí que dijo, toma tu tiempo, no hay prisa.

    Me quedé recostada de lado, mi vulva seguía lubricando y francamente quería más.

    Me puse a pensar un momento en como ese hombre sin decir una palabra, llegaba y tomaba lo que quería de mí, sin ninguna resistencia de mi parte y además me sentía tranquila y sin remordimientos.

    Vi el reloj, casi era las 13 h, me fui a mi habitación y en ella había peinadoras y maquillistas, me dieron oportunidad de ducharme, ponerme el atuendo que era una blusa y un trajecito que sentí muy profesional y se dedicaron a arreglarme el pelo y maquillarme

    Me llevaron sola en un Mercedes Benz y llegando estaba Piero con un traje impecable, me dio el brazo para entrar juntos, aplaudieron a nuestro ingreso, me dejó en la mesa principal y se subió al escenario, hablo de la campaña, me dio el mérito y anunció que sería la asesora de mercadotecnia y publicidad del Grupo Empresarial.

    Me sentí muy sorprendida, mil ideas pasaron por mi cabeza, siguieron un par de presentaciones de las cuales no recuerdo nada y regresamos a la casa.

    Llegando me escoltaron a mi habitación en donde había otro atuendo más casual, un vestido suelto, arriba de la rodilla y unas zapatillas abiertas de tacón más amable.

    Me llevaron al área de la alberca donde todo estaba decorado para el cóctel, con música en vivo, mucho personal, bastantes invitados y gran ambiente.

    Todo mundo quería platicar conmigo, estuve con mucha gente y rápidamente se hizo de noche.

    Cuando quedaban unos cuantos invitados lejos de donde estaba, me recosté en un camastro, Piero despide a esos pocos y va conmigo y se sienta en el mismo camastro a un lado.

    Me pregunta Piero, Lore, ¿qué te ha parecido todo?

    Me explayé comentando lo maravilloso que para mí había sido, no incluí en mis palabras las ocasiones en las que me había hecho suya, hice como que no había pasado.

    Acabo mi comentario y me dice, espero no te hayas molestado con tu marido, debo confesar que hablé con sus jefes e hicieron imposible su ausencia a la oficina.

    Al tiempo que decía eso, puso cada mano en cada uno de mis muslos, fue subiéndolas suavemente por la parte externa entrando por debajo de mi vestido hasta llegar a las caderas, sujeto mi ropa interior y empezó a quitarla diciendo “si hubiera venido no nos hubiéramos divertido igual” y entonces bajó entre mis piernas y empezó a lamer mi vulva, que había quedado deseosa desde medio día.

    Yo ya gemía sin pudor, Piero lo hacía muy bien, de pronto se levanta, me toma de la mano y me pasa al sillón de un lado, de rodillas tomando con mis manos el respaldo, me saca el vestido por arriba, me quita el sostén dejándome desnuda solo con tacones, el detrás de mí me besaba los hombros y el cuello al tiempo que acariciaba mis nalgas y tetas, abre mis piernas y mi panochita empieza a recibir por detrás a su verga, una y otra vez, a la luz de la luna en el área de la alberca.

    No había más sonido que mis gemidos y su respiración agitada, de pronto mi cuerpo perdió el control con un orgasmo que me hacía temblar, grité sin importarme nada.

    Me abrazo por detrás un momento y después me recostó, mi vagina latía sin control y lubricaba tanto, Piero llegó con una bata para mí y me llevó a mi habitación.

    Dormí, dormí y dormí.

    Se llegó el sábado, desperté cerca de medio día, mi habitación estaba llena de alimentos como el día anterior, comí algunos, me duché y me puse la tanga y sostén rojo, un vestido de mezclilla con botones a todo lo largo del vestido y los tacones rojos que había comprado.

    Salgo de mi habitación, veo a Piero en el pasillo y me dice, todo está listo para el momento en que quieras que nos regresemos, contesté vámonos.

    Subimos a la camioneta y por unos minutos no cruzamos palabra.

    Iba pensando que Piero había hecho que yo me viniera primero en las 3 ocasiones que me cogió y pensé en tomar revancha.

    Entonces volteo y le digo, Pero yo también voy a pedir tu opinión en varias cosas.

    Primero, ¿qué opinas de mi vestido?

    Y me contesta yo te desabrocharía algunos botones.

    ¿Cuáles botones? Le pregunto y contesta todos los botones

    Comencé a desabrochar despacio, botón por botón. Al tercer botón ya se veía mi pecho completo con el sostén rojo de encaje que traía, en ese momento se acercó y le dio un beso a cada uno de mis pechos.

    Le dije, espera, me faltan muchos botones, desabroche hasta quedar mi vestido totalmente abierto, donde ya se podría apreciar mi tanga roja de encaje y se veía el juego completo de mi lencería y me tacones rojos.

    No lo deje acercarse y le dije por favor observa para que me des tu opinión.

    Me recorrió con su mirada de arriba abajo y dijo, esa lencería roja y tacones rojos me gritan cógeme todo el camino.

    Me reí, me quité el vestido y me subí de frente a Piero, y le puse las tetas en la cara y le puso sus manos en mis nalgas, lo fui llevando a que me manoseara poco a poco, que recorriera con sus manos todas mis piernas.

    Se volvía loco por quitarme el sostén, lo detuve lo más que pude, bajaba mi sostén para poder ver mis pezones, en cuanto los veía, subí a mi sostén, abrí su camisa, y también empecé a jugar con sus pezones, a besar su cuello, desabroche su pantalón, saque su miembro, quería quitarme mi lencería y no lo dejé, con ella puesta, agarre su verga y empecé dando besitos en la punta y luego a lo largo de ella daba besitos, después la agarré como paleta, daba lengüetadas desde la base hasta la punta, para después meterla toda a mi boca.

    Sentía su desesperación y deseo, no dejaba de acariciar mis nalgas, metió sus dedos en mis sostén para tocar mis pezones, lo dejaba hacerlo, pero no dejaba que quitara mis sostén y mi tanga, de repente, hizo a un lado la tanga para meter el dedo en mi panochita, estaba toda hinchada y muy lubricada. Su dedo se paseaba mientras yo tenía su miembro en mi boca.

    Cuando sentí que estaba a punto de venirse, hice una pausa y retíre mi lencería despacio, me subí de frente en el y me penetró, tome el control y me empecé a mover, se tragaba mis tetas, sus manos, recorriendo toda mi espalda, mis nalgas, mis piernas, yo me movía despacito después más rápido, calculando que no se viniera. Me detenían un momento cuando sentía que se iba a venir, y luego empezaba de nuevo.

    Así lo tuve, hasta que no pudo más y explotó, agarró fuerte mis nalgas y grito, empecé a sentir caliente dentro de mí, era toda la leche que le estaba sacando.

    Me retiré, dejé que se recuperará y repetí el acto varias veces, todo el camino de regreso cogimos.

    Llegué a la casa, bajaron mi equipaje y afortunadamente no había nadie, por lo que me dio oportunidad de darme una ducha y esperar a mi esposo.

    Cuando llegó mi esposo lo estaba esperando en la cama, recostada de lado, con la lencería roja y los tacones rojos.

    Me vio y me dijo, parece que te fue bien.

    Nosotros siempre fantaseamos con tener sexo con otras personas y me dijo me vas a platicar de cómo te cogió Piero.

    Inmediatamente empezó a lubricar mi vagina, y pensé “que gran oportunidad de confesar en forma de fantasía”.

    Por ello le dije, si te voy a platicar todo lo que me hizo, y le empecé a relatar, le encantó y cogimos increíblemente, me dijo, nunca habías fantaseado con tanto detalle, le dije no verdad.

    Desde entonces soy el asesor de mercadotecnia del grupo y hago al menos un viaje al mes con Piero y regreso con muchas “fantasías” que hacen feliz a mi esposo y lo dejan caliente un mes.

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  • Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (2)

    Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (2)

    Como lo comenté en la parte 1, conocer personas de otras culturas siempre es enriquecedor.

    Llegamos a casa, mi mente estaba puesta en lo que deseaba hacerle a mi mujer y así llegamos a nuestra habitación en donde ella mostró especial energía y ganas de iniciar la faena…

    Me pidió unos minutos para entrar al baño, quería prepararse.

    Mientras eso sucedía, yo hice lo propio también y aproveché el tiempo para comprender que ella había mostrado un espacial interés en este amigo, desde la ocasión que se le habían pasado las copas y me pidió ayudarlo, hasta esta cena en la cual abiertamente habían desarrollado más interés de manera conjunta. Todo el camino de vuelta a casa ella platicaba cosas y daba una referencia de nuestro amigo, fue muy interesante ver como estaba tan motivada y hasta cierto punto emocionada.

    Durante ese trayecto, además de escucharla, hice énfasis en lo guapa que se veía ese día y como, con la debida atención, su escote podría ser notado… ella solo se reía. Yo le aseguré que nuestro amigo lo había notado y eso lo había tenido cautivo. Ella se puso seria y me pregunto “crees que lo haya notado, que pena”, a lo que yo respondí, “cual pena, al contrario, estoy seguro que nuestro amigo se animó mucho al tener tan cerca”…

    De repente, sonó la puerta del baño, es importante aclarar que esa puerta da paso al vestidor y al baño. Salió ella, con una bata corta, negra, satinada, que dejaba ver el mismo bra que llevaba, mismo que mostraba el escote y la misma tanga de encaje negro que la había acompañado durante toda la noche.

    Sin perder el tiempo me apresuré a ella para elogiarla y empezar a besarla, fui a su cuello y a sus labios, ella puso sus manos alrededor de mi cuello mientras suspiraba. Yo la acariciaba sobre la bata y ella la abrió para que mis manos se encontraran con su piel. Así la estuve besando y acariciando hasta que llegue a su entrepierna, su tanga estaba empapada,

    Pasamos a la cama, los besos, caricias y palabras fluyeron con toda naturalidad. Al quitar su bra, encontré una huella de excitación total, sus pezones duros, levantados, gritando por ser besados y succionados, por ser acariciados; al quitar su tanga, su vulva estaba inflamada, lubricada… no pude hacer más que sucumbir ante esa imagen para acariciarla, abrir sus labios y usar mi lengua para llevarla al siguiente nivel, besando sus labios con suavidad para después darle más intensidad y penetrar con mi lengua.

    Fuimos avanzando, con palabras superficiales… me levante de sus piernas, fui a sus pezones para hacer lo propio con mi boca, después a su cuello y después su boca, en ese momento empecé a darle roces sin penetrarla, eso hacía un efecto increíble hasta que llegó el punto en el cual ella me pedía que ya la penetrara… cautivo por el momento, lo hice, ella exhalo y gimió de una forma natural y muy sensual.

    El misionero te permite ver directamente a los ojos y medir el nivel de excitación de tu pareja, eso es algo que yo estaba aprovechando y en ese tenor, empecé a preguntarle que sentía y como iba. Sus respuestas eran positivas y daban pie a seguir cogiéndola y llevándola cerca del orgasmo lo cual abría una puerta interesante, una mujer desinhibida, sin prejuicios, solo buscando placer. Fue ahí cuando salió el tema de la noche.

    Mientras la cogía le pregunté por como la había pasado y su respuesta fue “muy bien”, le pregunté que si había todo había cubierto sus expectativas y ella me respondió “casi”; le pregunté si se había quedado con interés en ir a casa de su amiga y ella respondió “tal vez, pero no lo sé”… lo que había iniciado como una pesca sin objetivo, se había vuelto en una cacería con objetivo fijo. Dejé que el éxtasis del momento la llenara y retomé la conversación diciéndole al oído “mejor hubiéramos pasado el plan a nuestra casa” y ella con una cara de entre inocencia y excitación me dijo que sí.

    Una de las características es que cuando ella está muy excitada, pide montar, sé que eso lo hace para controlar su orgasmo, ya sea para acelerarlo o para prolongarlo… así que se dio el cambio de posición, ahora ella llevaba el ritmo.

    En cuanto estuvo encima de mí, tomo mi verga entre sus manos y se la metió para empezar a moverse suavemente. En ese momento exalté la maravillosa vista que tenía y empezó un diálogo que escaló las cosas.

    Ella: “Te gusta lo que ves”

    Yo: “Claro, me encanta ver como te mueves, tu cara y la vista de tus tetas es increíble”

    Ella: “En serio o solo me lo dices porque estamos cogiendo”

    Yo: “En serio, a quien no le gustaría esta vista”

    Ella: “No lo sé, ¿a quién si le gustaría?”

    Yo: “Mejor tu dime a quien te gustaría que tuviera esta vista”

    Ella: Sonriendo coquetamente “No sé”

    Yo: “Y esa sonrisa… si sabes, dime quien”

    Ella: “No, no sé, porque que tal que te enojas”

    Yo: “Al contrario, tú sabes que eso me prende mucho y que puedes decirlo e inclusive hacerlo, dime el nombre.”

    Ella: “Nuestro amigo extranjero”

    Yo: Después de repetir el nombre de nuestro amigo le pregunté “Te lo quieres coger o ya te lo cogiste”.

    Ella: “Aún no, pero si quiero, aunque no sé si él quiera”

    Todo esto sucedía mientras ella seguía montando y llevando un buen ritmo.

    Yo: “Si ya te lo cogiste, no importa; que suceda de nuevo y ahora hagamos un trio. Si aún no te lo coges, le puedo escribir en este momento para ver si viene y que te coja y vemos si hacemos un trio”

    Ella: “Todavía no, pero si invítalo en otro día, pero quiero un trío”.

    Yo: “Solo una vez o quieres que sea invitado muchas veces”

    Ella: “Que sea invitado muchas veces, al fin que después ya no lo veremos”

    Seguimos el momento, hasta llegar juntos al orgasmo. Fue algo muy intenso que nos dejó exhaustos, empapados.

    Ahora venía la prueba de fuego. En cuanto nos recuperamos, la empecé a besar y antes de que ella se levantara de la cama para ir al baño, le comenté “en cuanto te levantes, le voy a escribir para empezar a preparar la visita”… ella se levantó y con una sonrisa coqueta, desnuda frente a mí, me vio a los ojos y acariciando sus pezones me dijo “pues vas”…

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  • Intenso conocimiento

    Intenso conocimiento

    Conociéndote, también pude descubrirme a mí misma.

    Sobre el pavimento de mi calle llueve deliciosamente y mientras lo observo no puedo evitar comenzar a escribir uno de mis mejores recuerdos, el brillo de la lluvia al caer sobre el andén, sobre las hojas de las plantas y los parabrisas de los carros, me recuerda el brillo de ese par de ojos color miel que me miraron con amor y deseo, haciendo que me sumergiera en una locura que a pesar de durar en si solo tres horas, para mí fue la primera experiencia en la que desinhibida me entregué por completo, permanecí dos años sin ningún acercamiento sexual después de mi primera vez.

    Aquel día el clima estuvo perfecto, con un poco de sol en la mañana y parte de la tarde. Estaba esperándolo, venía a conocerme desde otra ciudad a 6 horas de la mía, los nervios no me dejaron dormir la noche anterior. Quería verlo y deseaba conocerlo, pero el miedo seguía en mi mente. Fui a recibirlo a el terminal de transportes, a las 4:30 de la tarde, lo encontré sentado con un pequeño maletín a su lado.

    El levantó su mirada observándome de arriba a abajo, creo que causé en él buena impresión física, (en realidad él me lo reconoció después), aquel día quise verme muy bonita, pero sin caer en la exageración del arreglo. Me vestí con un jean azul, una blusa ceñida blanca, con dos aberturas en los hombros, me gusta esa blusa que marca bien mis curvas, sandalias blancas un poquito altas y ropa interior también blanca.

    Nos fuimos a caminar un rato, decidimos que pensaríamos en el hotel para él en la noche; nos dedicamos a hablar de todo un poquito. Hasta que llegó el tema de nosotros, fue en una pequeña tienda donde nos sentamos a hablar ya que había comenzado a llover y el día se oscureció de repente, exactamente igual al de hoy. Allí nos besamos por primera vez, cuando la noche apenas caía, aquel fue el primer beso de una extensa velada. En la noche, caminando por el centro y norte de la ciudad, repartiéndonos besos por cualquier motivo, riendo y olvidando el resto de nuestras vidas, la realidad de la distancia y las diferencias entre ambos, que a pesar de ser muchas compaginaban muy bien.

    Y el mismo pensamiento rodeaba mi mente, el mismo pensamiento que me acompañó al levantarme, al prepararme para aquel día que sabía sería inolvidable, mi pensamiento fue el mismo en todo el día, ¿hasta dónde llegaríamos a conocernos?, ¿cuál sería la línea o el límite? Llegó el momento del silencio mientras caminando de la mano conectamos nuestros pensamientos, me propuso un tiempo y un lugar solo para los dos.

    Yo pensé un poco, por un lado parecía muy pronto, pero por el otro ¿a quién quería engañar? yo más que nadie sabía cuánto estaba pensando y deseando exactamente lo mismo, por eso no tenía otra opción que aceptar su propuesta que muy profundamente deseaba escuchar.

    Estuvimos en un bar donde se escuchaba mucho rock en español, el hablándome de las canciones y los grupos, y yo atenta a sus explicaciones; en medio de tanta concentración surgían besos, al principio pequeños, y a medida que pasaba el tiempo y las cervezas, aumentamos la intensidad, lo cual nos llevó a buscar el hotel para su hospedaje.

    Al llegar lo acompañé hasta el cuarto, sentía las hormonas sobrevolando nuestras cabezas, las miradas incontenibles de deseo, y las manos hasta ese momento reprimidas se atrevían a avanzar, mientras nuestros enloquecidos labios saboreaban y degustaban el sabor a piel. Un profundo beso abrió la puerta que restringía la imaginación, nos abrazamos fuertemente mientras él me aprisionaba contra la pared. Tomó mi cara entre sus manos, y comenzó lentamente a bajar por mi cuerpo, mirándolo y detallándolo, tal vez intentando descubrir mi cuerpo bajo la ropa.

    Me miró a los ojos y me despojó de la blusa, acarició mis senos por encima del brasier, los besaba los estrujaba, yo levanté su camiseta para acariciar su espalda, bajo por mi ombligo y besaba mi estómago mientras desabrochaba mi pantalón que comenzó a caer poco a poco yo ayudándole con mis piernas, lo dejaba tocar y acariciar todo mi cuerpo. Ahí de pie recostada contra la pared, me sentía con tanto deseo, un exceso que nunca había descubierto, el deseo me estaba invadiendo cada vez más, así lo despojé de su camiseta y acariciaba su pecho, pero el dejándome completamente desnuda hizo desaparecer mi ropa interior en medio de los besos.

    Permaneciendo solo él con su pantalón me acostó en la cama, extendió mis brazos y mis piernas, comenzando una lluvia de besos muy suaves por todo mi cuerpo, esta situación me excitaba aún más porque nunca antes alguien se había decidido a besarme de esa forma, con tanta entrega y tanto deseo como el que sentí ese día, la euforia y el ambiente en la habitación me motivaba a respirar muy fuerte, y pequeños corrientazos recorrían mi cuerpo, desde mi estómago hasta mi garganta y de mi garganta bajaban muy rápido a mi vagina que parecía que iba a estallar de los pálpitos tan fuertes que sentía, muy caliente y muy mojada, algo difícil de creer, después de tanto tiempo sin ningún contacto de este tipo. Fue más de lo que hubiera esperado sentir y apenas comenzábamos a vivirlo.

    Sus besos por todo mi cuerpo se acercaron a mi vagina, y a medida que pasaba delicadamente sus dedos solo rozándola a manera de tentación, yo sentía que esos corrientazos se convertían en uno solo como si pudiera electrocutarme.

    Pasó sus labios cerca de mi vagina, mientras yo lo observaba ansiosa, abría cada vez más mis piernas para dar paso a su cara, sentía su respiración como aire fresco que aliviaba mi caliente rincón, cuando la suavidad de su lengua tocó los alrededores del clítoris, la punta suave y mojada hacía círculos alrededor de él, y yo arqueaba mi espalda mientras mis manos temblorosas y tiesas se aferraban a la sábana, estaba al borde de mi primer orgasmo, era primera vez que alguien dedicaba besos y caricias tan delicadas a mi vagina.

    Cuando tocó y jugueteó con la puntica de mi clítoris deseoso, no recuerdo si lo que salió de mi boca fue un pequeño grito o un gran gemido, pero él levantó su cara con una pícara sonrisa, y disfrutó mi cara con el placer que él me proporcionaba, cuando sin darme cuenta su húmeda lengua se deslizó hasta el orificio, no aguanté más y alcancé un orgasmo tan profundo que casi me ahogo de la emoción.

    Volviendo a subir regresó a mi ombligo, yo me senté ubicándome frente a él que permanecía arrodillado, y besé su pecho completamente, bajando hasta el ombligo y repartiendo besos y lamidas alrededor de él. Puso una almohada en su espalda, acomodándose para lo que venía, mire su cara y cerrando los ojos se concentraba en el placer de las caricias, y los besos que se acercaban cada vez más al objetivo.

    Mi experiencia en la fellatio no es mucha pero algo había escuchado y aprendido de mis amigas, quienes me contaban lo que más le gustaba a la mayoría de los hombres, y ahora estaba a punto de probar el primer pene, de tocarlo como quisiera, y ver la expresión de un hombre al ver como lo hacía. Pasé mi lengua por el glande, el sabor al principio no me pareció agradable, pero tampoco era tan desagradable como me lo imaginaba, así que lo comparé con un aguardiente (su sabor es difícil de soportar la primera vez pero después termina por gustarte y mucho).

    Seguí pasando mi inexperta lengua por el glande en círculos, la moví rápidamente por el orificio de la punta, y después la bajé deslizándola por el tronco, pude admirar su rostro placentero, tranquilo, sintiendo más.

    Así que intenté introducir el pene completamente en mi boca y no pude, decidí madurar mi práctica con tiempo, y seguir con pequeñas caricias por el momento, después me acosté sobre él y seguí besando sus labios intensamente mientras él deslizándose debajo de mi con la humedad de nuestros cuerpos se introdujo en mí, haciéndome suspirar muy hondamente y arqueando mi espalda me senté y lentamente movía mi cintura en círculos sintiendo el placer del movimiento mientras me sentía más y más llena, acariciaba su pecho con una mano mientras con la otra me sostenía de sus piernas para poder subir y bajar despacio y con su ayuda conseguir una penetración completa.

    Suspirando, gimiendo, diciendo lo bien que se sentía estar así pero sobre todo sintiendo que dentro de mi crecía cada segundo un sentimiento incontrolable que me consumía, pensé ahogarme pero por el impulso o talvez por instinto no podía dejar de moverme violentamente sobre su cuerpo buscando saber cual era el final de esa pasión, alcanzando un segundo orgasmo con una sonrisa maliciosa y reduciendo el ritmo lentamente miré sus ojos pude notar la satisfacción que él también sintió, sintiéndome completamente mojada y unida a él lo vi como mi espejo, el único que podía reflejar lo que yo también sentía. Me desvanecí a su lado boca abajo, recibiendo de su parte un tierno abrazo de agradecimiento.

    Hablamos compartiendo nuestras emociones mientras descansábamos 15 minutos y cuando todo parecía tan tranquilo con sus caricias en mi espalda y glúteos, sentí que paseaba sus labios junto con sus manos, me di cuenta que su intención era una tercera vez, se sentó en mis piernas masajeando mi espalda, y yo me incorporé lentamente quedando ambos arrodillados y él detrás de mí.

    Me incliné hacia atrás y él deslizando sus dedos por mis senos, los bajo hasta mi clítoris jugando lentamente, yo puse mi mano en la de él para guiarlo en su labor, estaba masturbándome y él me ayudaba, en mi espalda pude sentir de nuevo su miembro muy duro, mientras me daba pequeños y delicados besos en mi cuello me empujo con su cuerpo hacia delante para ponerme en posición de perrito, y me acariciaba delicadamente, tentándome con su pene mi vagina de pronto comenzó a introducirlo despacio, suspirando y sintiendo como se deslizaba deliciosamente.

    Yo me sujeté de las barandas de la cama, mientras él comenzó un movimiento de vaivén que disfrute como nunca, así comencé a gritar suavemente, eso lo éxito más aún y me acariciaba todo mi cuerpo, y en el momento menos pensado se sujetó de mis caderas para acelerar el ritmo, su movimiento era de experto, ningún hombre sea ha movido como él para mi, me olvide del tiempo y en realidad no se cuanto tiempo duró esa tercera vuelta, solo me concentré en el placer que él me transmitía, alcancé un tercer orgasmo, él se demoró un poco más al ser su tercera vez pero cuando se vino sentí como goteaba entre mis piernas su líquido.

    Nos sentamos el uno frente al otro con cara de complicidad, dándonos el uno al otro una seguridad completa de nuestro buen entendimiento en asuntos sexuales.

    Así cerramos con broche de oro la primera visita, con una clara intención de ambas partes de que aquella no fuera la última.

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  • En unas vacaciones en Jamaica

    En unas vacaciones en Jamaica

    Cuando cumplí 18 años les pedí de regalo a mis padres que me mandaran en un crucero, pero para mala fortuna mía no encontraron lugar así que me conformé y tuve que ir a la isla de Jamaica.

    Oyendo pláticas sobre Jamaica oí decir a una tía mía, que fue, que estuvo con un negro que tenía una tranca descomunal, que le había hecho encontrar los placeres más profundos jamás imaginados.

    Entonces hice mis maletas y tome el avión rumbo a Jamaica, al llegar ahí me quedé sorprendida de las hermosas playas y el hablar tan chistoso del inglés que tienen los jamaiquinos, como fui con un grupo de personas algunas viejas y otros jóvenes, que tenían algo en común eran unos pelmazos completos y aburridísimos, entonces decidí conocer la isla por mí misma y tomé un jeep en el cual un muchacho negro como de 21 años me llevaría a conocer la isla.

    Yo enseguida lo empecé a molestar diciendo que eso de que los negros tenían una tranca enorme no era verdad, y él respetuosamente solo reía, pero después de molestarlo durante un rato, ya enojado me dijo que si quería comprobarlo pasaría por mí en la noche, y así fue en la noche llego por mí, y me subió al jeep y durante casi una hora nos internamos en la selva de esa isla, de repente paró había enfrente de mí una casita pequeña con unas luces apenas visibles, entonces me invitó a entrar, yo suponía que él y yo la íbamos a pasar muy bien.

    Al entrar a la casita casi no se veía nada mientras mis ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad vi que había otros dos negros en la casita y de repente él que me llevó me tomó por la espalda y me dijo:

    —Verás lo que son trancas grandes pequeña zorra y vas a ver lo que es bueno…

    Entonces él me arrancó mi vestido y de repente estaba solo con mi tanga parada en medio de esos tres tíos, y en un momento los tres se sacaron sus trancas, yo me quedé atónita del espectáculo que estaba viendo, eran unas trancas negras enormes y brillosas por lo duro que estaban, entonces uno de ellos de un solo jalón me quitó mi tanga que era lo único que me quedaba, entonces otro hizo que me pusiera en cuatro patas de frente a dos y él detrás de mí y me dijo: “vas a empezar a mamarnos la tranca a todos”.

    Yo me acerqué a uno de ellos y le tomé su tranca, era tremenda, mis dedos cuando la tomaban con mi mano quedaban súper separados, entonces me empujó hacia abajo, abrí mi boquita y solo pude meterme la cabeza de tan inmensa tranca, mi boca estaba al máximo de abierta y no podía pasar más que la cabeza de la tranca, pero esto pareció gustarle y me dejo chupársela como yo quise.

    Después de un momento de estar concentrada en tan tremenda tranca, sentí que uno me tomaba de la cintura y empezó a penetrarme, tomé un ritmo cadencioso mientras se la chupaba a uno y el otro, desde atrás me la metía un mi coño, mientras otro de ellos se conformaba con ver lo que hacíamos.

    Después de un rato los dos cambiaron de posición y al que se la estaba chupando se pasó atrás de mí y el otro se sentó enfrente de mí, le tomé la tranca un poco más chica que la del otro, y mientras se la chupaba yo probaba mis propios jugos que habían quedado sobre de ella. Entonces de repente el otro empezó a metérmela por mi coño, me dolió, y le mordí la tranca al otro y por esto me dio una bofetada. Entonces yo esperé a que el que estaba detrás de mí me la metiera toda, sentí un dolor tremendo, creí que me iba a partir en dos, pero después de un rato mi vagina se acomodó tan bien que empecé a disfrutar todo aquello.

    De repente el que tenía yo en mi boca empezó a endurecerse, sabía lo que iba a pasar entonces, en una eyaculación tremenda su tranca empezó a escupirme muchísimo semen viscoso y calentito, yo intenté tragar, pero no pude, me asfixiaba, era demasiado para mí, mi cara, mi cabellos, mi nariz, todo estaba cubierto por su semen. Después de pasarle mi lengua y limpiarle bien la tranca, sentí que el que me la estaba metiendo que de por si era grande me empezaba a lastimar.

    Yo me recargué en la pierna del que había terminado en mi boca y soltando sollozos de dolor y placer se vino dentro de mí, fueron unos instantes tremendos llenos de dolor y placer, que hasta mis lágrimas brotaron, pero me sentía muy bien, ya que había logrado dos orgasmos impresionantes que nunca había sentido antes, entonces ya más tranquila me dijeron “ahí va lo bueno”, entonces el negro que solo había estado viendo se puso de pie.

    Los otros dos me acostaron y me abrieron de piernas, y me las alzaron, alcancé a ver que el que se dirigía a mí tenía una lata de bronceador en la mano y que se había echado gran cantidad de este aceite en su tranca, en ese momento supe lo que me iban a hacer, entonces les pedí que por favor me soltaran, y le decía al que estaba a punto de clavarme que se lo haría con mi boca y que sentiría muy rico, pero nadie me hizo caso. Él se hincó frente de mí, subió mis piernas a sus hombros y empezó a clavarme por mi culito, sentí un dolor, grité como una loca, pero ya estaba dentro de mí, entonces los otros dos me decían, que si eso era lo que buscaba, que era una putita cualquiera y que no me iba a olvidar de esto jamás.

    Yo sentí que el tiempo se detenía, el que me la metía por mi ano parecía que nunca iba a acabar, entonces le supliqué que terminara, pero él respondió que si la sacaba de mi culo iba a ser solo para que me echase el semen en mi boca, y así lo hizo.

    Después de un rato de estar dándome duro, se salió ya eyaculando sobre mí y me metió su descomunal instrumento en mi boca, diciéndome que se la dejara totalmente limpia.

    Yo de tanto que estuve con ellos que no sé si me desmayé o me quedé dormida, en la mañana siguiente al despertar me encontré que ya estaba en el hotel, y vi mi cuerpo todo lleno de semen seco y toda adolorida, me metí al baño y me bañé para limpiarme, y pensando en lo que había dicho mi tía que era verdad, que esos negros tenían una tranca descomunal.

    Estuve unos tres días más, me dolían tanto mi boca, como mi coño y que decir de mi ano, me lo dejó este tío todo rosado, el solo hecho de pensar en sexo me daba asco, pero sabía que eso solo era temporal hasta que tuviera otra oportunidad.

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  • Doble infidelidad en Mocambo (1)

    Doble infidelidad en Mocambo (1)

    Así que un jueves por la noche salimos a Veracruz, el viaje fue algo cansado y en cuanto nos hospedamos en el hotel Colonial en el centro del puerto, mi marido se dio un baño, se arregló y salió a visitar a sus clientes.

    Yo por el cansancio, me bañé y me acosté en la cama quedándome profundamente dormida hasta las 7 de la noche. Bajé al restaurante y cené mariscos, por cierto deliciosos. sonó mi celular y era mi marido quien me preguntó que donde estaba, le dije que en el restaurant del hotel y al rato llegó Luis. mientras él comía, yo estuve bebiendo algunos toritos, bebida clásica del puerto.

    Ya más noche mi marido me dijo que ya nos fuéramos a dormir, pues estaba muy desvelado y que al día siguiente tenía mucho trabajo. subimos y él se quedó dormido en cuanto tocó la cama, yo estuve viendo televisión y a pesar del clima, me sentía con un calorcillo interno que no me dejaba dormir, no sé a qué hora me dormí.

    Al siguiente día, nos despertamos muy temprano, como a las 6 am Luis se dio un baño, se arregló y yo hice lo mismo, me dijo que bajáramos a desayunar y de ahí él se iría a ver a sus clientes, que ese día regresaría muy noche, pues iría a la ciudad de Córdoba, yo hice un gesto de disgusto, pero Luis me dijo que yo me fuera a alguna playa para que no me aburriera. Luis se fue dándome un beso en la mejilla y me dijo, “pásatela bien, disfruta del mar”.

    Como no llevaba traje de baño, me fui a visitar algunas tiendas de ropa de playa, el calorcillo dentro de mi cuerpo regresó, me sentía algo inquieta y por qué no decirlo excitada, el clima es caliente y húmedo, entré a una tienda y empecé a ver la ropa de playa, escogí una bata floreada hasta las rodillas y unas sandalias, luego de ver varios bikinis, encontré uno que me encantó, era micro bikini de color azul rey, la tanga tenía a los lados hilos con adornos y muy pequeña, y el bra, muy chiquito, un sombrero de paja de alas grandes, pagué en la caja y regresé al hotel.

    Le pregunté a la recepcionista por alguna playa tranquila que no tuviera oleaje alto, me dio varias opciones y entre ellas la de Mocambo, me dijo que estaba como a 15 minutos y que por ser temporada baja no había mucha gente, y que si yo lo deseaba, un taxi del hotel me llevaría.

    —Está bien —le dije— sólo subo a la habitación para arreglarme y bajo por el taxi.

    Subí a la habitación y me quité la ropa que traía puesta, me puse el bikini y luego fui a un espejo para ver cómo me quedaba, me quedé sorprendida al verme en el espejo, el color del bikini era muy llamativo y la tanga era tan chiquita que sólo me tapaba los vellos de la vagina y la parte de atrás por lo ajustada que me quedó se me metía entre las nalgas como si fuera de hilo dental, y las copas del bra tan pequeñas que sólo me tapaban los pezones.

    El verme así me provocó una fuerte excitación, luego tomé una toalla grande y mis sandalias, me enfundé en la bata playera, tomé mi monedero, el sombrero y bajé a la recepción, pedí el taxi y me llevó a la playa Mocambo.

    El taxista me dijo que ahí había varios taxis para cuando decidiera regresar. bajé del taxi y caminé hasta llegar a una palapa con servicio de bar, pedí una piña colada, la pagué y me fui caminando a la arena casi hasta donde llegaban las olas, tendí la toalla en la arena, me quité la bata me unté bloqueador y me acosté boca abajo bebiendo mi piña colada.

    La playa estaba casi desierta había muy poca gente, casi puras parejas que se notaba eran extranjeros, lo que si había eran varios vendedores de curiosidades, lancheros ofreciendo sus servicios de paseos en lancha y en banana.

    No tenía ni 15 minutos de estar acostada cuando empezaron a acercárseme muchos vendedores muy insistentes, incluso unos me decían que estaba bien rica, y no dejaban de verme las nalgas, pero ni caso les hacía, cuando acabé de beber la piña colada, fui por una más, el sol estaba a todo, regresé con mi piña y me volví a acostar en la toalla, pero ahora boca arriba, con las piernas recogidas.

    Seguí bebiendo mi bebida y de pronto se me acercó un lanchero, muy guapo por cierto, moreno de ojos verdes y de buen cuerpo, me dijo:

    —Linda, ¿te gustaría darte una vuelta en mi banana? Para ti por estar tan solita es gratis,

    —¿De veras? —Le pregunté y me contestó que sí, que me daría el mejor paseo en su banana, me dio su mano para que me levantara.

    Nos fuimos a la famosa banana, como el agua me llegaba casi a los pechos el chico me tomó de la cintura, me alzó y cuando yo estaba subiendo una pierna a la banana, me agarró las nalgas y me empujó. Su atrevimiento me gustó y yo volteé a verlo con una sonrisa, luego él se fue a la lancha y empezó el paseo.

    Después de casi 5 minutos del paseo, empezó a ir más rápido, y giraba la lancha muy bruscamente, lo que causó que yo cayera al agua, el chico regresó a donde yo estaba, se tiró al agua y nadó hasta donde yo estaba, jajaja rio, “¿te está gustando el paseo en mi banana?” mientras sus manos rodeaban mi cintura, y me fue repegando a su cuerpo, al sentir el contacto con su cuerpo, un escalofrío recorrió mi vagina, así me fue llevando a la lancha.

    Con una de sus manos se agarró de la orilla de la lancha y con la otra me sujetaba de la cintura, y me dijo: “que buenota estás”, y yo ya excitada le contesté, “¿te gusto?”, “mucho” me dijo, entonces me jaló más hacia él y me dio un beso en la boca, y su mano bajó a mis nalgas, yo abrí las piernas y lo rodeé de su cintura, sin dejar de besarnos.

    Luego él me empezó a desabrochar los hilos de la tanga y me la quitó, la aventó a la lancha sin dejar de besarme, con su mano me levantó de nuevo mis piernas y me acomodó la punta de su verga en la entrada de mi raja, yo estaba bien caliente, y su verga empezó a penetrarme, yo lo jalaba con mis piernas hacia mí para que me la metiera más adentro, estaba sintiendo muy rico, mi vagina se ensanchó mucho, y por el movimiento de las olas a veces tragaba agua, así que me agarré de la lancha.

    El lanchero seguía cogiéndome más y más fuerte, hasta que sentí un dolorcillo en mi vagina, era una verga grandísima, pero él no dejaba de cogerme, con la sensación del agua, y la vagina bien llena y el clítoris jalado hacia adentro y afuera me provocó un gran orgasmo, no saben como estaba yo pujando de placer,

    Luego el chico me sacó su verga y me volteó con la cara hacia la lancha yo puse mis manos en la lancha y me levantó de las caderas, me empezó a meter su verga por detrás y yo podía ver a la gente en la orilla de la playa, hasta parecía que estábamos dando una función de sexo, todo eso me tenía loquita de placer, mi lancherito siguió cogiéndome hasta que se vino.

    Luego se subió a la lancha y me dio mis tangas, me las puse como pude y me subió a la lancha con él, de regreso a la playa, me preguntó si me había gustado el paseo en su banana, “la tienes rica, le contesté, me llenaste toda la raja” me dejó en la orilla y se fue.

    Ya bien cogida, regresé a donde estaba mi toalla y me senté, estaba tan acalorada que fui a la palapa por otra piña colada, cuando llegué a la palapa, estaba sentado en una banca de la barra un señor como de unos 40 años, y cuando me dieron la piña, el señor muy gentil me dijo que él pagaba, que me invitaba a sentarme con él para platicar un rato, cosa que yo acepté, pues ya estaba demasiado acalorada.

    Se presentó y me dijo que era del D.F. que era viudo y que esa playa era su favorita para descansar, seguimos bebiendo y charlando cosas sin sentido, hasta que ya bebidos, entramos a la plática del plano sexual, me dijo que me veía muy sexy con ese bikini, que le gustaba mucho y que se me notaba que era yo muy sensual, que él tenía mucha necesidad de una mujer como yo, a lo que le contesté que a mí me gustaba mucho disfrutar mi cuerpo y hasta presumirlo.

    Entonces me dijo que nos fuéramos a un lugar más íntimo, a seguir bebiendo y a disfrutar nuestros cuerpos, acepté y nos fuimos a su camioneta, yo iba en el bikini, me abrazó y yo puse mi mano izquierda en sus piernas, con la mano que me tenía abrazada, la bajó hasta acariciarme el pezón, llegamos a un motel.

    Les sigo contando en otro relato.

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  • Después de una discusión con mi marido

    Después de una discusión con mi marido

    Parece que aquel día nos habíamos levantado ambos con el pie izquierdo, por un motivo trivial comenzamos una discusión que fue subiendo de tono hasta adquirir tono violento y nos intercambiamos palabras ofensivas, que me llevaron al paroxismo de traer lagrimas a mis ojos y mucho dolor a mi corazón.

    Me vestí muy enfadada y salí a la calle dando un portazo, llena de rabia por las palabras ofensivas que me había dirigido y sin rumbo de pronto me vi en un bosque cercano, hecha un mar de lágrimas y de esta guisa fui deambulando por los caminos del bosque sin poder parar el río de mis lágrimas.

    Ignoro el tiempo que llevaba caminando, cuando divisé al guardabosques, que se acercó a mi solícito a preguntarme que era lo que me sucedía y yo no quise o no pude contestarle, pero tomándome de los hombros me acercó a su pecho en gesto de querer consolarme, un gesto que le agradecí profundamente y seguimos caminando, hasta llegar a una cabaña, que enseguida identifiqué como la casa del guardabosque y me invitó a entrar, mientras me ofrecía acojo ofreciéndome un vaso de agua y un café cosas ambas que acepté agradecida.

    La habitación era pequeña, pero había sitio para un par de sillas, una estufa, una mesa y un catre lateral, sin poderlo evitar me dirigí a la cama y allí me lancé a llorar con más libertad, sobre su almohada.

    El guardabosque se acercó a mí con la taza de café ofrecida y se sentó a mi lado en el borde de la cama, mientras me preguntaba que le contara que me había sucedido para tener tantas ganas de llorar. Le dije que había tenido una gran pelea con mi marido y por eso había salido de mi casa.

    Me tomé a pequeños sorbos mi taza de café y se la devolví, él la llevó a la especie de estufa de donde la había sacado y volvió a la cama para sentarse a mi lado de nuevo, mientras ponía su brazo sobre mis hombros, intentando consolarme, yo me refugié en su hombro y seguí llorando, mientras él me acercaba más a su pecho pidiéndome que dejara de llorar, porque le estaba dando mucha pena verme así.

    Sacó un pañuelo de su bolsillo que me pareció casi una sábana y comenzó a secarme los ojos con mucho cariño, mientras me acariciaba la espalda y me pedía que me tendiera en la cama a descansar. Así lo hice y me ayudó a subir las piernas y ponerlas sobre la ropa, solo que al colocarlas noté como me las separaba y me quitaba los zapatos.

    Volvió a sentarse a mi lado, pero esta vez lo hizo a mis pies y comenzó a acariciarme los pies, como dándome un masaje, que incluía mis dedos y que noté me hacían un efecto tranquilizante, pasó a seguir el masaje en mis tobillos y en mis pantorrillas, mientras yo sentía un agradable sentimiento de tranquilidad y agradecimiento.

    Pronto noté que había llegado a mis rodillas que se mantenían separadas, tal como él me las había colocado al llevar mis piernas al acostarme, me dejé ir en ese sentimiento, hasta que noté sus manos grandes en mis muslos y ya comencé a sentir un agradable cosquilleo en mi vagina que hizo que la humedad me invadiera y el placer por la caricia fuera el sentimiento predominante.

    Dejé de llorar y quise decirle que ya estaba bien, pero ni una sola palabra era capaz de pronunciar, me abandoné y abrí aún más mis piernas muy despacito, pero él lo notó y notó que mi deseo dominaba a mi tristeza y a cualquier sentimiento que no fuera el de desear que continuara con sus caricias así que no hice ni un gesto cuando sus dedos se encontraron con mis braguitas que con mucha suavidad acarició por fuera y noté como sus dedos pasaban por encima de mi cueva y se hundían un poco en mi rajita, en una raja ya húmeda, para pasar a ponerme el pantalón a un lado y ya tocar mis vellos…

    Terminé involuntariamente de abrir mis piernas y su cabeza bajó y su lengua se hundió en el interior de mi vagina, cosa que me obligó a levantar mi trasero para recibir su lengua allá donde estaba ya loca deseando que llegara y en ese momento pronuncié la primera palabra en forma de quejido de placer. Rápidamente su lengua se apropió de mi clítoris y su mano hurgaba en su pantalón hasta sacar su pene que saltó como un resorte, mientras me decía:

    —Te voy a consolar mi bella dama y hacerte olvidar a quien te ha hecho llorar…

    Y mi vulva comenzó a humedecerse en forma irrefrenable y deseo que entrara ya en mí, pero él tomó mi mano y la llevó a su pene. Una hermosura de macho, dura sin piel en su comienzo y que acaricié con agradecimiento, mientras él se subía sobre mí y ya supe que me iba a penetrar. Subió mi falda hasta por encima de mis muslos y mi vagina quedó libre ante sus ojos por completo.

    Lamenté en aquel instante el no haberme rasurado desde hacía mucho tiempo por ello, por un instante pensé que a lo peor no le gustaba, pero no era ese el caso, mientras acariciaba mis vellos su mano me fue desabotonando la blusa y sacó una tras otro mis senos a los que se abalanzó como niño hambriento a succionarlos y masajearlos sin dejar de tocar mi vulva que ya hambrienta esperaba también que la usara y me hiciera la mujer más feliz del mundo además de que yo nunca había imaginado que eso que palpitaba en mi mano, pudiera entrar en mi por un segundo la comparé con la de mi marido y en la comparación mi marido perdía todos los puntos.

    Sin querer salió de mis labios una frase de la que nunca había pronunciado.

    —¡Por favor métemela dentro, ya no puedo aguantar más!

    Y casi antes de que yo la pronunciara sentí el primer empujón brutal, que hizo que me sintiera rota por la mitad, pero entrando en el paraíso y mi primer orgasmo me envolvió en una nube de placer que me hizo olvidar donde estaba, solo el placer dominaba todos mis sentidos y fui cayendo en una cima llena de luz y de placer que jamás había sentido, sentí como si este hombre se hubiese convertido en una fiera que entraba y salía de mi al mismo tiempo que estrujaba mis senos hasta hacerme daño y placer al mismo tiempo y sentí sus chorros calientes inundando mi interior caliente y suave, sin parar a pesar de saber que era su orgasmo primero, su rapidez no disminuyó ni la dureza de su pene bajó.

    Siguió y yo noté que a mí también me llegaba el orgasmo, que se unía a sus chorros sin parar, levanté mis piernas y las pasé sobre su cintura, con lo cual conseguí que la unión fuera aún más estrecha y como sus testículos me golpeaban el trasero.

    Por primera vez sus labios buscaron los míos y la aspereza de su barba arañó mi cara mientras nuestras lenguas se buscaban hambrientas. Tan pronto nuestras lenguas comenzaron a jugar entre ellas su cuerpo comenzó de nuevo a entrar con fiereza dentro de mí y yo noté que un nuevo orgasmo se acercaba a nosotros.

    Sin remedio nos entregamos y sus manos acariciaban sin parar todo mi cuerpo, sus manos acariciando mis muslos eran una delicia y mis nalgas agradecían sus caricias con escalofríos de placer, que me hacían apretar cada vez más mis piernas enrolladas en su cintura con más fuerza, yo no quería que aquello acabara nunca, pero mis sentidos me iban abandonando y perdí el conocimiento y de pronto todo a mi alrededor se puso negro.

    Desperté y me encontré toda desnuda, mi ropa había desaparecido. Él me había desnudado, mientras yo estaba inconsciente y sus labios recorrían mi cuerpo con su lengua por delante, creo que hasta había lavado mi vulva pues la note fría, pero su boca me hacía entrar de nuevo en calor y mi deseo seguía intacto.

    Oí su voz que me decía que le había dado un susto al perder el conocimiento pero daba gracias a que de nuevo estaba bien y añadió:

    —¿Tu marido nunca te lo ha hecho así?

    Tuve que contestarle que nunca tan rico y él me preguntó a continuación:

    —¿Y por tu traserito te ha probado alguna vez? —Le contesté que nunca y el siguió— ¿quieres que te pruebe yo?

    Y sin esperar mi respuesta me dio la vuelta poniéndome boca abajo y noté sus dedos en mi trasero buscando mi hoyito. Unos escalofríos recorrieron mi cuerpo y cuando lo encontró, metió sus dedos en mi vagina y así húmedos, lo fue introduciendo, causándome dolor y placer al darme cuenta de que iba a experimentar algo nuevo en mi vida y lo deseé dispuesta a sufrir el dolor que aquel macho me iba a causar, pero para terminar de redondear aquella casualidad que en destino había puesto en mi camino y fui sintiendo como la punta de aquella monstruosidad se acercaba a mi hoyito, mientras él me decía:

    —Te voy a hacer un poco de daño, pero después te gustará y me darás las gracias.

    Sentí una punzada que me llegó hasta la cintura y me hizo dar un grito de dolor. Él se quedó parado y me dijo:

    —Aguanta nena es solo un ratito —y a continuación siguió penetrándome.

    Fui sintiendo cada milímetro que se hundía su pene en mi con dolor, hasta que noté como sus testículos me golpeaban en la vagina y ahí se acabó el dolor para comenzar esa sensación de ser otra mujer, que le estaban arrebatando algo que nunca sospechó existiera y que además fuera placentero.

    Despacito se fue retirando y cuando creí que ya iba a salirse de mí, volvió a penetrarme hasta el fondo y un nuevo grito se escapó de mis labios, pero ya el placer era superior y ya fue un sin parar de entrar y salir de mí, mientras que también por esa parte el orgasmo me llegaba y con incredulidad sentí como me humedecía de nuevo y mi trasero se pagaba a él como para impedir que se saliera y volví a notar los impulsos calientes en mi interior, que me decía que me había vuelto a inundar con su esperma caliente.

    Un buen rato quedamos así unidos en un cansancio rico en sentimientos y poco a poco volviendo a la realidad. Tenía que volver a casa, pero pensé que esto no lo podría olvidar jamás.

    Me ayudó a levantarme dándome besos por todo el cuerpo sin poder apartar sus manos de todas partes y me fue facilitando mi ropa interior, que me ayudaba a ponerme, pasando mis braguitas por las piernas, mientras besaba mis labios, mis nalgas y mis senos antes de abrocharme mi sujetador.

    Me dijo que podía salir después de mirar el camino, que estaba desierto y me preguntó si volveríamos a vernos, le dije que no lo creía, pero él contestó que me esperaría cada día, que era soltero y me dijo que nunca me olvidaría, aquel había sido el día más feliz de su vida, yo le contesté sin mentirle que yo tampoco le olvidaría nunca, con un profundo beso abrió la puerta y me dejó marchar.

    Al comenzar a caminar noté un pequeño dolor en mi trasero, pero me dio alegría sentirlo y así poco a poco regresé a casa.

    Mi marido ya estaba preocupado y se deshizo en caricias para hacerme olvidar el enfado de esa mañana, mientras yo me decía internamente “bendito enfado”.

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  • A mi mujer ideal

    A mi mujer ideal

    He deseado tus besos desde esa vez que te vi… mujer de perfectos pechos y silueta de sirena.

    Desde que contemplé tu suave piel de marfil me he dado cuenta que tenerte junto a mí era lo que más anhelaba.

    Que belleza, que sutil encanto de mariposa; eres bella, eres preciosa, eres una diosa que flota sobre mis deseos, mis más profundas fantasías y por sobre mis pasiones.

    Cómo no tenerte junto a mí, cómo no deleitarme con tu cuerpo, cómo no disfrutar de tu aliento recorriendo mi viril persona… cómo no hacerlo, me pregunto; cómo no hacerlo, es lo que me invade desde hace tiempo.

    Tu voz, oh tu voz… cómo no hablar de ella, si es la paz en persona, es la delicadeza en sí misma… es ella la que me llena, es ella la que me conforta… es ella y tus ojos de tierra húmeda los que día a día van socavando en mis fantasías más secretas, en mis fantasías más obscuros… en mis fantasías.

    Mujer… tú, que a diario me llenas de alegría, mostrando tu cuerpo perfecto… déjame llegar a ti y probar el néctar que ofreces, déjame llegar a ti y deleitarme con tu aroma…

    Por favor, deja de ser ese vacío, deja de ser ese oculto deseo y se mía…

    Pero cómo serlo, si no eres más que un sueño, no eres más que eso… y es así que no te tengo… y es así.

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