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  • El deber de un hijo

    El deber de un hijo

    De la misma forma en la que una madre tiene la obligación de cuidar a su hijo, un hijo tiene el deber de ayudar a su madre, haciendo lo que sea con tal de que está este bien (y cuando digo lo que sea, me refiero a literalmente cualquier cosa), y de eso trata la historia que les voy a narrar hoy: de un hijo que, con tal de ayudar a su madre, hizo lo que se consideraba impensable.

    Nuestra historia comienza en un departamento como cualquiera, en la que vivían una pequeña familia confirmada por:

    Betty (42 años): es una mujer divorciada pelinegra de ojos verdes, poseedora de unos muslos inmensos, unas tetas gigantes, de un culo enorme y redondo. Pese a ser una milf hermosa y muy sexy, su marido la terminó dejando por una mujer mucho más joven.

    Leo (18 años): es el hijo de Betty, y es un joven delgado y con lentes. Tras el divorcio de sus padres, decidió quedarse con su madre y, desde entonces, intenta ayudarla a sobrellevar la tristeza que ella siente a causa de la infidelidad que había sufrido.

    Nuestra historia comienza una noche normal, en la que Leo se encontraba lavando los platos cuando, de pronto, escuchó a su madre sollozando en la sala, y fue a hablar con ella para intentar animarla.

    “¿Estás bien, mamá?” preguntó Leo, preocupado.

    “¡No, hijo, está todo bien!” exclamó Betty, deprimida “Es solo que… volví a acordarme de tu padre y… me hizo entristecer”

    “¡No deberías seguir pensando en eso!” exclamó Leo, mientras abrazaba a su madre.

    “¡Si, sé que no debería seguir pensando en lo que tu padre me hizo, pues ya pasaron más de dos semanas, pero es que simplemente no puedo! Seme sincero, Leo ¿Tan fea soy como para que tú padre decidiera dejarme por su secretaría?”

    “¡Ni pienses eso! Papa es un idiota y se arrepentirá de dejar a una mujer tan hermosa y sexy como lo eres tú”

    “¿Así que crees que soy sexy?” preguntó Betty, quien dejó de sentirse triste y comenzó a sentir curiosidad.

    “Bueno… mis amigos siempre han dicho que eres una mujer muy atractiva”

    “¡Te pregunté si yo te parecía sexy, no lo que decían tus compañeros!” exclamó la milf.

    “¡Bueno… si… creo que eres muy sexy!” exclamó Leo, con cierta incomodidad.

    “¡Pues entonces bésame!” exclamó Betty, con firma, mientras se paraba enfrente de su hijo.

    “¿Cómo?” preguntó Leo, sorprendido.

    “¡Si realmente crees que soy sexy, pues entonces dame un beso en la boca porque, si no lo haces, entonces quiere decir que todo lo que me has dicho es mentira!”

    Para evitar herir los sentimientos de su madre, Leo acato sus órdenes, y le dio un pequeño besito en los labios.

    “¡Listo, ya lo hice!” exclamó Leo, quien se sentía incómodo a la par de excitado por la situación “¿Feliz?”

    “¿A eso le llamas beso?” preguntó Betty, mientras garraba a su hijo de la cabeza “¡Deja que mami te enseñe lo que es un verdadero beso!”

    Sin pensarlo ni por un minuto, Betty le dio un apasionado beso a su hijo, el cual parecía no tener fin y en dónde su lengua y la de Leo se entrelazaron con fuerza. Luego de un rato, madre e hijo separaron sus bocas, y jadearon un poco por lo intenso que había sido.

    “Bien… creo que eso es todo” preguntó Leo, mientras trataba de ocultar la erección que le había provocado el beso “¿Vemos una película?”

    “¿Y si mejor vamos a coger a mi cuarto?” preguntó Betty, mientras agarraba la mano de su hijo.

    “¿Cómo?” preguntó Leo, en shock por la propuesta de su madre “¡Pero por supuesto que no!”

    “¡Entonces eso quiere decir era mentira que me consideradas una madura atractiva!” exclamó Betty, con tristeza.

    “No es mentira pero… ¡Somos madre e hijo!”

    “¡Si realmente soy una mujer tan sexy como dices que soy, te importaría un carajo que fuera tu propia madre, y aceptarías gustosamente tener sexo incestuoso conmigo!” exclamó Betty, con firmeza “¿O es que te parezco tan desagradable que te da asco la idea de que comportamos la cama?”

    “¡No, claro que no, pero…!”

    “¡Nada de peros! Si realmente quieres que te crea todo lo que dijiste de mí, pues entonces acompáñame a mi cuarto para tener una noche de placer”

    Al temer dañar el autoestima de su madre si rechazaba su oferta incestuosa, Leo termino cediendo ante los deseos de Betty, y la acompaño hasta su cuarto.

    Una vez allí, ambos se desnudaron, y comenzaron a besarse apasionadamente, al tiempo que se manoseaban.

    Luego, Betty colocó la cabeza de Leo entre sus pechos, y este se los comenzó a chupar.

    “¡Que bien se siente el ser deseada por un hombre después de tanto tiempo!” pensó Betty, mientras gemía de placer “¡Se nota que mi hijo genuinamente disfruta lo que hace, pues lo hace con una gran pasión!”

    Tras chupar los pechos de su madre por un buen rato, Leo se acostó boca arriba sobre la cama, Betty se colocó encima de él, y ambos comenzaron a hacer el 69.

    “¡Debo hacer que mamá se sienta hermosa o, de lo contrario, nunca podrá superar su depresión!” pensó Leo, mientras chupaba el coño de su madre, al mismo tiempo que está le daba una intensa mamada “¡Dios, la chupa mejor que mi exnovia!”

    Luego de disfrutar del sexo oral mutuo, Betty se levantó.

    “¿Qué pasa, mamá?” preguntó Leo “¿No te estaba gustando el sexo oral?”

    “¡No, al contrario, tu lengua me enamoró, pero ahora quiero que me des un beso apasionado!”

    “¡Por supuesto!” exclamó el joven, e intento besar a su madre, pero está lo detuvo.

    “¡No, no lo quiero en la boca, lo quiero en el culo!” exclamó ella, muy excitada, mientras se ponía en cuatro, y le enseñaba a su hijo su gigantesco trasero.

    “Pero mamá… yo…” dijo Leo, quien no estaba seguro si debía acatar la orden de su madre.

    “¡Solo un beso negro apasionado puede ayudar a sanar mi roto corazón!” exclamó Betty “¡Si realmente quieres ayudarme a olvidar a tu padre, pues entonces mete tu cabeza entre mis nalgas, y besa mi ano como si fuesen los labios del amor de tu vida!”

    Al principio, Leo tuvo ciertas dudas si debía o no darle un beso negro a su madre pero, al final, enterró su cara entre las nalgas de Betty, y comenzó a chuparle el culo.

    “¡Puta madre!” grito de placer la milf “¡Vamos, sigue chupando! ¡Quiero que devores mi culo como si fuese una bandeja de helado!”

    “¡Que sabroso que es!” pensó Leo, mientras chupaba el ano de su madre con gran entusiasmo.

    Leo chupo el culo de su madre hasta que está tuvo un gran orgasmo, y luego Betty se acostó boca abajo sobre la cama.

    “¡Eso fue grandioso!” exclamó Betty, con una sonrisa.

    “Entonces ¿Ya te sientes hermosa?” pregunto Leo, quien tenía una gran erección.

    “¡Aún no, pero ya casi lo logras!” exclamó ella, mientras abría sus nalgas, y le mostraba a su hijo su ano bien ensalivado “¡Solo debes meter tu verga aquí adentro, y cogerme hasta que me venga!”

    “¡Cómo mandé, señora!” exclamó Leo, mientras agarraba el inmenso culo de su madre, y besaba la nalga izquierda.

    “¿Sabes? Tu padre, en todos los años que estuvimos casados, nunca quiso tener sexo anal conmigo, pese a que yo siempre se lo pedía, porque a mí me encanta que me cojan por el culo”

    “¡Ya olvídate de papá!” exclamó Leo, mientras metía su verga dentro del culo de su madre, haciendo que está pegará un grito de dolor y de placer “¡Él es un estúpido que no supo apreciar a la bella mujer que tenía al lado suyo, pero yo le daré a tu inmenso trasero todo el amor y el semen que se merece!”

    Tras dar su declaración, Leo comenzó a coger a su madre tan fuerte como pudo, al tiempo que está mordía la sábanas de la cama y se retorcía a causa del inmenso placer que sentí.

    “¡Eso es, maldito burro pitudo de mierda!” grito Betty, mientras agitaba su culo, el cual era nalgueado por su hijo mientras se lo cogía “¡Vamos, cumple tu deber como hijo! ¡Rómpele el culo a tu madre para sanar su roto corazón!”

    “¡Cómo mandé, mi amada madre!” exclamó Leo, mientras aumentaba el ritmo de sus embestidas “¡Que suerte tengo de tener una madre tan hermosa y sexy como tú!”

    “¡Y que suerte tengo yo de tener a un hijo tan bien dotado! ¡Menos mal que no heredaste el micropene de tu padre!”

    Tras mucho sexo anal intenso, Leo, por órdenes de Betty, saco su verga del culo de su madre, y acabo en la cara de está, dejándole el rostro cubierto de espeso semen.

    “¡Eso sí que fue increíble!” exclamó Betty, mientras lamía el semen que le escurría por la cara “¡Ahora sí que me siento la mujer más hermosa del mundo!”

    “¡Y me alegra saber que te sientas de esa manera, porque realmente lo eres!” exclamó Leo, mientras se acostaba al lado de su madre.

    “¿Sabes? Creo que debería estar agradecida con tu padre porque, gracias a su infidelidad, ahora tengo a un amante mucho más joven, pitudo, y amoroso”

    “¡Es verdad! Y yo también tengo de amante a la milf más bella de la tierra” dijo Leo, con gran alegría.

    Tras limpiarle el semen de la cara, Betty regreso a la cama, y le pidió otra sección de sexo anal intenso a Leo, con acepto sin dudarlo, pues era su deber como hijo complacer a su amada madre.

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  • El felino y la curiosidad

    El felino y la curiosidad

    Tenía veinte y seis años, una figura que coleccionaba miradas y halagos, un marido celoso y un sexo deplorable, que hasta ahí desconocía.

    Cesar “el gato” Mansilla era el almacenero qué atendía la despensa mal surtida del barrio Amanecer de la ciudad de Cardona. La vida cotidiana y monótona se acentuó más con la huelga de la construcción, rubro en que se desenvolvía Rubén (mi esposo) el solo verlo todo el día mirando tv y quejándose por todo era insufrible y lo único que lo amenizaba era Maritza, la esposa del Tiño el gran amigo de mi marido.

    La nevera se fue vaciando, y las facturas de deudas engrosando, a veces mamá me ayudaba con algo pero apenas sosteníamos los servicios elementales y Rubén no quería que trabajará bajo ningún concepto. La sola idea le provocaba ira, como si fuese algo maldito, prohibido. Yo lo acate por supuesto, como siempre, aunque estaba pasando una etapa donde la desilusión era mayúscula.

    A la libreta del fiado no le cabían más números después de un mes de huelga, el resoplido del gato detrás del mostrador era audible aun antes de entrar y la vergüenza me inundaba cada vez que tenía que comprar a cuenta.

    Los días continuaban sucediendo uno tras otro como la película sin novedad en el frente, Rubén y el Tiño se iban a jugar al fútbol por las tardes como dos adolescentes y nosotras ahí hastiadas, masticando bronca quejándonos de ellos.

    Una de esas tantas tardes calurosas de Marzo, Maritza me preguntó:

    –¿Qué onda, con el gato? Mientras tragaba el último sorbo de mate.

    –¿El almacenero, decís?…. Asintió con la cabeza. –Nada, le debemos la vida… pero nada. ¿Por?

    -Ayer, me hizo un comentario y… como que me dio a entender que le gustabas. Dijo dándome el mate.

    –No, serán cosas tuyas. Argumente. La charla siguió en ese tenor, ella punzando y yo restando importancia. La verdad es que hacía un tiempo había notado cierto interés de él, era demasiado atento siempre sonriente, sacando charla, en fin había un feeling difícil de explicar, un tanto particular que yo trataba de disimular pero que al mismo tiempo me agradaba.

    El hombre traspasaba los cuarenta y era alto, debía medir más de uno ochenta, de cabello rapado y bigote espeso encima de su boca grande. Ojos azules y profundos qué parecían desnudarme cada vez que iba, desde el otro lado del mostrador. Voz gruesa que se ataviaba conmigo, y un dócil trato que no tardó en convertirse en indirecta.

    –Bienvenida a la madriguera del felino. Aviso, mostrando los dientes.

    –Ni, que fuera un roedor. Contesté casi sin pensar.

    –No. ¡¿Pero sabes cómo te como?!

    Amenazó, creo que también sin pensar. La luz del mediodía pegaba de frente, no tanto como su mirada y tiño de magia ese momento. Un calor diferente escaló por las piernas escurriéndose por la abertura de la pollera e instalándose en mi intimidad. Como no supe que decir, no dije nada. Compré lo que iba a llevar y me fui.

    Regrese 1 hora y 20 minutos después, con más calor y decisión.

    –¿Que olvidaste? Preguntó el gato leyendo un listado.

    –Mi marido se fue a jugar un partido… capaz usted quiera jugar otro. Sugerí bajando la mirada.

    Faltaban unos minutos para las dos de la tarde cuando Cesar volcó a prisa el cartel de cerrado, una cortina azul que sellaba un pasadizo lateral se abrió y engullo su humanidad y la mía tras él. Un catre rudimentario nos esperaba en la penumbra y crujió cuando me tumbe, su sonrisa ensancho el bigote. La cama sonó nuevamente y una mano desconocida y áspera hurgo por debajo de la blusa, crema. Nos besamos desesperadamente, como dos insanos qué acaban de perder la cordura y recorrimos nuestras pieles sudadas de antojo.

    Sentí los mordiscos medidos en los pezones erizándome las nalgas y las bragas desprendiéndose de mi como la cáscara de una fruta. Sentada en aquellas piernas vigorosas hundí mi mano por su cremallera y noté el pene durísimo luchando por emerger. Hubo un según de sosiego, lo suficiente para escuchar la respiraciones y despojarse de los harapos. Mi entrepierna hervía empapada cuando me senté en la punta nueva de aquél mástil poderoso y controle la caída lenta de la pelvis contra la masa musculosa. Fue incontrolable, el gato comenzó a envestir desde abajo con firmeza y me vine enseguida, y otra vez.

    Recordé a mi esposo y me vine una vez más gritando el nombre de Cesar, el crujir del catre se confundió con los gemidos de la mujer casada y las órdenes del felino qué me montaba como quería. Exhausta dormite en su pecho sintiéndome mujer más que nunca y desperté para seguir con aquel calvario divino. El tipo me hizo de todo, lo que pedí y lo que no. Fue glorioso.

    Tres meses y algo fue en lo que tardo Rubén en darse cuenta que el gato me estaba arañando y fue a reclamarle. Cesar le dijo que no me hizo nada que yo no quisiera, y era verdad. Regrese a vivir con mamá un tiempo, casi cometo el error de regresar con mi ex, estuvimos ahí en la vuelta pero él no podía olvidar y yo tampoco. Finalmente, el gato también se comió a Maritza y a otra docena de mujeres y yo me fui a la capital desde donde escribo esta anécdota.

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  • Todo por una comisión

    Todo por una comisión

    Mi esposa Rudy se desempeña en el campo de la compra y venta inmobiliaria, teniendo mucho éxito al sector norte por las cumbres de Lorena periferia a la ciudad de Bogotá.

    Este año las ventas no han estado muy bien y su jefe inmediato le ha propuesto, dada su experticia, añadir a su portafolio de propiedades unas tres casas que no se han podido vender durante meses. Rudy me contó que es una buena oportunidad para un ascenso y que se comprometería a venderlas.

    Luego de una par de semanas me llamó mi esposa en la tarde, para decirme que iba a reunirse con un cliente para conversar sobre una de las casas. Ella me contó que se reunió con un tipo llamado Esteban y su esposa, quienes buscaban una propiedad. Al revisar la información ellos quedaron fascinados y acordaron ir a conocer, sin embargo la esposa dijo que enviaría a su hermano arquitecto para que revise por menores y llegar a un acuerdo final.

    Rudy me contó que iba a mostrarles la propiedad a dos clientes hombres y eso llamó mi atención; conseguí la dirección de la casa y me propuse ir para ver si todo marcharía bien, incluso conseguí copias de las llaves en la oficina de Rudy, y luego acudí al sitio antes que llegaran ellos.

    La visita estaba planeada para las 16 h por lo que llegué unos 30 minutos antes y me escondí en los clósets de uno de los cuartos superiores. Escuché que estacionó un vehículo y pude ver a dos tipos grandes bajar del auto de Rudy, los mismos que reían con ella haciendo bromas y caminando hacía la casa.

    Entraron y se escuchaba voces, risas y pasos. Rudy les mostraba y hablaba sobre todos los aspectos de la casa. Cuando llegaron por la habitación pude notar que mi esposa estaba con un vestido entero alto que dejaba ver sus piernas y pronunciaba masivamente sus nalgas; más arriba, el descote también dejaba ver sus enormes tetas apretadas y junto con sus labios rojos y cabello recogido era una atracción para cualquier macho. Entre plática y bromas de doble sentido pude ver que los tipos le tomaban de la cintura, mano y de vez en cuando bajaban y tocaban su trasero.

    Yo me escabullí y pude ver que se quedaron en un hall del segundo piso en donde había una mini sala empotrada. Al rato, estos cabrones empezaron a seducir a mi esposa diciendo lo sexy que estaba y sobando sus penes simulando bailes y bromas. Rudy les pregunto que si les gustó la casa y Esteban respondió que necesitaría convencerlos. Rudy se bajó el cierre del vestido dejando ver un cuerpo delicioso completamente desnudo. Estos cerdos estaban a mil y su miradas se clavaron en las tetas y la vagina depilada de mi esposa. No esperaron más y empezaron a desnudarse de una manera frenética mientras Rudy empezó a sobarse el clítoris acostada en el sofá.

    Estos cabrones la hicieron colocar de rodillas, y ella empezó a mamarles la verga de arriba hacia abajo, tomándola del cabello y provocando arcadas con cada embestida. Rudy al ver que esos penes ya estaban bien erectos se levantó y se puso en cuatro patas en el sofá a lo que Esteban se acercó y escupió el culo de la mujer para empezar una lamida de ojete brutal. Este cerdo lamía y metía su lengua en el ano de Rudy mientras le sobaba el clítoris. El cuñado arquitecto se acostó en el sofá y empezó a masturbarse mientras veía esa escena, para luego Rudy acercarse y lamer su pene mientras recibía lengua de Esteban.

    Tras un par de minutos, Rudy fue por el cuñado y subiéndose en su pene empezó a cabalgarlo de manera suave hasta acomodar todo ese pedazo de carne. Empezaron las embestidas y en cada una de ellas Rudy cerraba los ojos mordisqueaba sus labios mientras el macho se aprovechaba succionando sus tetas. En un momento Rudy miró hacia atrás y se percató que Esteban estaba masturbándose con la mirada clavada en sus nalgas y espalda… ella se escupió la mano y la dirigió hacia su ojete llamando al otro cerdo para que la empalara.

    Esteban se acercó y colocó su pene en la entrada del orto de Rudy. Su cuñado paró un momento y Esteban empezó a meter el chorizo en medio de las nalgas de mi esposa; cuando ya todo entró empezaron a moverse ambos machos lentamente.

    Yo estaba a mil y ni me di cuenta que tenía mi verga erecta y saliendo gotas de semen… Me la estaba jalando mientras veía todo ese espectáculo. Tras unos minutos, alcé nuevamente la mirada y vi a Rudy meneándose para adelante y hacia atrás de manera frenética; esta puta estaba clavándose las dos vergas mientras éstos cerdos disfrutaban de sus jugos; podía ver como terminaba una y otra vez lanzando sus líquidos hacia este par de cabrones. Tras unos minutos ella empezó a suplicar que terminen porque no daba más.

    Al cuñado que le cabalgaba por la chepa le dijo que por favor la dejara preñada, que la deje con todo su semen adentro. Este puerco empezó a darle más duro tomando sus caderas y mordiendo sus pezones; Rudy volteó hacia Esteban quién perforaba con todo su ojete le dijo que quiere sus entrañas llenas de semen… Así estos tres cerdos empezaron a moverse fuerte hasta que Rudy empezó a gritar y los cabrones sudando y meneando sus cuerpos dejaban todo su esperma en los huecos de mi esposa.

    Se incorporaron y sacudiéndose la verga le dijeron a Rudy que haga los papeles. Se vistieron y salieron de la casa dejándola completamente abierta tirada en el sofá… Tras unos minutos mi esposa me dice que ya puedo salir. Yo me quedé perplejo y ella insistió en que yo salga. Al exponerme me acerqué a ella y vi su vagina y ojete goteando leche.

    Ella me dijo que quería ser usada por esos puercos y me tomó de la verga abriendo sus piernas para que la penetre; así lo hice y empezamos a coger de una manera salvaje y deliciosa; luego la puse en cuatro y verifique que su ano estaba abierto y estaba listo para otro pene…, tras unos momentos me ordenó que me acueste en el sofá y se puso en posición 69. No lo vi llegar, pero terminé lamiendo su vagina y ojete dilatados escurriendo del semen de ese par de machos. La verdad me lleno mi cara de semen y fluidos hasta que me volteé y le clave el pene en su orto hasta que empecé a darle toda mi leche que tenía desde que empezó la sesión de sexo y lujuria.

    Después de unos minutos la tomé y fuimos a ducharnos juntos, para luego regresar a casa. En el camino ella me dijo que supuso que yo iba a estar allí porque no encontró la copia de las llaves de esa casa. Le pregunté si se culea a cada cliente y me dijo que era la primera vez, aunque yo creo que ya lo ha realizado otras veces en que ha llegado a casa con la vagina y el ojete inflamados.

    Si quieres más relatos de nosotros, escríbenos aquí…

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  • Grata sorpresa (8)

    Grata sorpresa (8)

    Por la mañana me despertó como siempre que estábamos juntos Laura, con un muy dulce despertar, puesto que siempre me despertaba con mi pene en su boca, y su desayuno era mi semen.

    Cuando abrí los ojos lo primero que vi fue a Silvia a mi lado, mirándome, al verse sorprendida, esta cambio su mirada hacia Laura, yo como siempre cuando despertaba me dejaba llevar para darle su premio a mi sumisa.

    Al terminar y después de limpiarme Laura venía a darme los buenos días con un beso, todo eso bajo la atenta mirada de nuestra anfitriona, Silvia estaba con los pezones duros, tiesos, estaba seguro que le había gustado estar de espectadora a nuestro lado y que en esos momentos estaría ya húmeda, con mi mirada busque a su marido, al cual vi sentado en el suelo apoyado con su espalda en la pared, observándonos.

    Laura y Silvia fueron a ducharse, yo por mi parte me quede en la cama, hablando con Luis, le pregunté si estaba bien, pues estaba muy callado, me contó que no se esperaba lo que había pasado la noche anterior, por una parte se sentía humillado y por la otra que le gusto lo que paso, por lo que le recomendé que se quedara con la parte buena, y olvidara la otra, y que intentara disfrutar del día que aún le esperaba, que había descubierto algo nuevo en su sexualidad, y que por ello no era gay, simplemente bisexual y que le gustaba disfrutar de los placeres del sexo y de ello no debía arrepentirse, puesto que podía seguir practicando ese tipo de sexo con su mujer en privado con tan solo adquirir un arnés, pero que hoy se dejara llevar, que disfrutara, y que no escondiera que le gustaba, que fuera más normal, más espontáneo.

    Cuando las chicas salieron, Luis se fue a duchar y aproveche para hablar con ellas, las quería por casa desnudas toda la mañana, le pedí a Silvia que llevara el arnés puesto todo el día, con sus plugs correspondientes metidos dentro de ella.

    También le pedí a Silvia que sedujera a su marido, y que se lo follara, a lo que me indico que esa era una de sus fantasías, y nunca se había atrevido a contársela a nadie, pero que tenía miedo a la reacción de su marido si lo intentaba, no pude aguantarme y me eché a reír, Silvia, si te rechaza es por pudor, no porque no lo desee o no le guste, pues ya me ha dicho que le gusto, por lo tanto, creo que tienes suficientes armas para poder follártelo, además Laura y yo saldremos después de desayunar a dar una vuelta al pueblo y así poder dejaros solos para que tengáis la libertad de hacer lo que queráis sin nuestra presencia, cuando volvamos quiero veros con cara de satisfacción y de haberlo pasado bien.

    Cuando Luis salió de la ducha las chicas y yo estábamos en la cocina acabando de preparar el desayuno, Luis apareció con un pantalón y camiseta, viéndose totalmente fuera de lugar, cuando nos echamos a reír de el al verlo vestido, por lo que no dudo de desnudarse y quedarse en bolas como todos, al acabar de tomar café Silvia se sentó en el regazo de su marido, cara a cara, mirándolo, con la polla de Silvia entre ellos, esta empezó a besarlo, y abrazarlo, Luis empezó a tocarle los pechos, a besárselos, su mano bajo hasta cogerle la polla a Silvia, esta se levantó poniéndole el pene a la altura de la boca de su marido, empezando está a metérsela en la boca.

    Silvia lo cogió por la cabeza para hacer que se la metiera más y así llevar ella el ritmo de la felación estando así durante unos minutos, cogió a su marido lo levantó y lo apoyo en la mesa de la cocina, tumbando su pecho contra esta, Laura le tendió con la mano lubricante que Silvia rápidamente le aplicó en el ano a su marido, empezando luego a meterle la punta del consolador en la entrada del culo, y luego empezando a follárselo a un muy buen ritmo, Laura vio que yo estaba empalmado e intentó ponerse a comerme la polla, cosa que le impedí, y la mande colocarse debajo de la mesa para que se la pudiera comer a Luis, cosa que hizo, y este no tardo ni 5 minutos en correrse en la boca de Laura.

    Silvia pareció no darse cuenta de ello, pues ni paro ni aflojó su marcha, seguía follando a su marido con empeño y dedicación, Laura trago el semen de Luis, e intentó recomponerle de nuevo su polla consiguiéndolo nuevamente.

    Silvia no tardó en correrse y empezó aflojar la follada, estaba extenuada, y Laura nuevamente consiguió que Luis se corriera en su boca, salió de debajo de la mesa, se incorporó y le paso la leche que tenía en su boca a la boca de Luis, diciéndole que ahora le tocaba a él bebérsela, me levante me acerque hasta Silvia, le quite el arnés, le saque los plugs, la apoye en la mesa como antes había estado su marido y empecé a encularla, le indique a Laura que se colocara nuevamente debajo de la mesa, solo con eso sabía que debía hacer, comerle el coño a Silvia, esta no tardó mucho en correrse en la boca de Laura, y yo me vacié en el culo de Silvia.

    La única que no se había corrido aún era Laura, por lo que le mande que me la comiera para volverla a poner a punto, le mande a Silvia ponerse nuevamente el arnés, y tumbarse en el suelo boca arriba, Laura se subió encima de ella, la empuje hacia adelante para hacerme sitio y así poder metérsela por el culo, y empezamos una doble penetración la cual Laura nos agradeció dedicándonos una sonora corrida.

    Laura y yo nos vestimos y nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo dejando solos a Luis y Silvia, está con su arnés puesto y desnuda junto a Luis que le estaba limpiando el consolador de la penetración a Laura, aprovechamos para comprar un par de pollos al ast pues dudaba que tuviéramos tiempo para preparar algo de comer. A nuestra vuelta la pareja estaba en el piscina, estando ella sentada y su marido mamándole nuevamente la polla a su mujer.

    Nos desnudamos y nos dimos un chapuzón en la piscina, siguiendo ellos con lo suyo, Laura aprovechó para tomar un rato el sol y me junte a ella para lo mismo hasta la hora de comer, creo que nos dormimos. Al rato Silvia nos avisó que la mesa estaba puesta, sentándonos todos a comer y charlar sobre lo acontecido el fin de semana, comenzamos una rueda de confesiones.

    Luis le explicó a Silvia los motivos que le habían llevado a contactar con nosotros, añadiendo al final que lo que se esperaba no era lo que realmente había ocurrido, pero que lo ocurrido le había agradado notablemente, y nos daba las gracias por ello, Silvia no se esperaba nada de lo ocurrido, su marido no le había comentado absolutamente nada de sus intenciones, y que en un solo fin de semana había realizado muchas de sus ocultas fantasías y perversiones, nos invitó a volver con ellos cuando lo deseáramos, pues lo había pasado genial a nuestro lado.

    Cuando acabamos de comer y estaban preparando los cafés, le indique a Laura que quería que preparara para antes de irnos, tanto Luis como Silvia preguntaron por Laura, y les dije que ahora volvería, pues estaba preparando un último juego de despedida, Silvia puso una pícara y agradable sonrisa, Luis sin embargo hizo una especie de mueca al oír lo del último juego.

    Cuando Laura nos avisó, fuimos al cuarto de ellos, antes de entrar les tapamos los ojos tanto a Luis como a Silvia, había una silla puesta justo enfrente de la cama, con uno de los consoladores del arnés sujetada en esta con una cinta, Laura acompañó a Luis a sentarse en la silla, haciendo que este se metiera el consolador en su culo, luego le ató las manos a la espalda, y las piernas en la silla, yo lleve a Silvia a la cama, la puse a cuatro patas sobre ella en el borde de esta, a escasos centímetros de su marido, la fui agachando hasta que llegara a la polla de Luis, poniéndole entonces las manos a la espalda y atándoselas allí.

    Laura se puso el arnés, separo las piernas de Silvia y desde atrás se tumbó debajo de ella hasta meterle el consolar dentro, yo me puse de pie, con las piernas abiertas obligado por la postura de Laura, detrás de Silvia y se la metí por el culo, empezando así nuestra sesión final, doble penetración para Silvia y su boca llena, follada y mamada también para Luis, Laura también con su coño y culo lleno con los plugs del arnés y follando a Silvia, y yo enculando a Silvia y con los huevos masajeados por Laura.

    Los cuatro casi al unísono empezamos a corrernos, la música que destilaba aquella habitación era del contenido de tanto placer, en aquella habitación se oía, se respiraba y se vivía el sexo, el placer, el sudor, y las feromonas que todos desprendíamos a la vez, la estampa era de puro vicio.

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  • El caliente almacén

    El caliente almacén

    Durante un tiempo me estuve ocupando del almacén de una compañía de discos. Mi labor consistía en clasificar y colocar todos los CDs que llegaban a la compañía, usaba un pequeño y viejo ordenador para hacer la ficha de cada uno y rellenarla con todos los datos: artista, título, año, canciones, fecha de lanzamiento y el nº que hacía en el conjunto del almacén para localizarlo fácilmente.

    Era sencillo y entretenido vaya. Entre la gente que había en la compañía me había llamado la atención una chica delgadita, morena, de ojos claros y una gran boca. Sin ser guapísima tenía mucho morbo y atractivo, sus maneras eran atentas y era muy extrovertida. Yo la echaba poco más de mi edad (yo tenía 23 por entonces), pronto descubriría cuán equivocado estaba.

    Las cañas después de la jornada eran habituales entre algunas de las personas que allí trabajábamos, en el bar de enfrente, lo típico, y ella se solía apuntar, cosa que me alegraba. En una de esas reuniones había descubierto su nombre: Sofía. Y había salido el tema de la edad. La mayoría eran mayores que yo, y eso aprovechaban para hacerme las típicas bromas de “crío” y demás. En una de esas me defendí aludiendo a Sofía

    “bueno, no soy el único jovencito, ella también así que meteos con ella ¿no?” dije riéndome “jovencita… ¿yo? dijo Sofía riéndose más. Yo dejé de hacerlo.

    “Hombre no sé, pero más o menos tendrás como yo o poco más ¿no?” Pregunté yo ya dudoso y nerviose por temor de meter la pata.

    “¿Me echas poco más de tu edad?” dijo. Y se rio. “Pues te equivocas, tengo 31” soltó contundentemente y mirándome fijamente.

    “Uauh” solté boquiabierto, “de… de verdad que te calculaba unos 26 a lo sumo, la verdad que no los aparentas para nada”. Me había quedado cortado, pero más aún con lo que dijo a continuación

    “Pues sí 31… tampoco son tantos ¿no? Además, podría enseñarte muchas cosas” soltó delante de todos, dejándome pasmado y con un “oh” y unas risas generales por parte de los demás.

    Aquella frase se me clavó como una daga, vaya dos sorpresas que me había llevado en un momento: la “delgadita morbosa” me sacaba 8 años y encima me tiraba los tejos, vaya vaya vaya…

    Llegó la hora de irse, y ya en la calle Sofía montó en su moto y me ofreció llevarme hasta la boca del metro. Dudé porque me dan miedo las motos, pero no pude negarme. Monté tras ella y arrancamos. El trayecto era muy breve, pero suficiente para ponerme malo: mis manos se agarraban fuerte a su cintura estrecha y dura, y su culo estaba totalmente pegado a mi entrepierna, mi mente retenía su frase del bar… uf, recorría con mi mirada sus piernas y su culo que tan sexy postura adoptaban montada en la moto. En eso que llegamos al metro, una pena, ojalá me hubiera llevado así 200 km. más. Me bajé, se quitó el casco y me dijo:

    “Bueno, nos vemos pronto por la compañía ¿no?” y se despidió dándome un leve piquito en los labios. Era la guinda. Me metí en el metro sonriéndome, estaba deseando que “me enseñara todas esas cosas que ella sabía”, era cuestión de tiempo y de una ocasión adecuada. Pasados unos días volvimos a coincidir una tarde en la compañía. Yo andaba muy atareado ese día, tenía montañas de discos que clasificar y colocar y mi salida se preveía tarde. Ella había terminado ya y antes de irse pasó a saludarme al almacén. “Veo que te queda para rato ¿no?” me preguntó

    “Sí, hoy sí” dije yo, “me queda tela, a ver si no acabo muy tarde”.

    Pareció leerme la mente, porque su respuesta era la que yo deseaba oír.

    “bueno, no tengo prisa hoy, no tengo nada que hacer, ya que no nos podemos tomar unas cervezas me quedo a hacerte compañía, igual puedo ayudarte” dijo sonriendo.

    Se me iluminó la cara: “claro claro, por mí estupendo” dije yo con gozo.

    En la compañía solo quedaba el encargado y un par de personas en el estudio, que estaba pegado justo a mi almacén. Sofía se acomodó a mi lado en una silla. De repente el encargado vino a decirnos que tenía que salir, a menos que necesitáramos algo.

    “¡No no! puedes irte tranquilo” exclamó ella casi cortándole la pregunta. Yo creo que él se olía algo, porque se quedó un rato allí con nosotros, pero ella le insistió en que no necesitábamos nada y que podía irse sin problemas.

    Por mi mente pasaba de todo, y no “beato” precisamente, y más viendo a Sofía como se las apañaba para quedarnos a solas allí, se ponía bien la cosa. Oímos la puerta cerrarse, sin embargo Sofía salió a comprobar que se había marchado el tipo. Al volver cerró la portezuela del almacén y echó el cerrojo.

    Yo la miré haciéndome el sorprendido, pero estaba excitadísimo con lo que estaba pasando. Ella se sentó y mirándome mientras me agarraba la cara dijo: “Se ha ido por fin, puedes dejar un momento el trabajo para hacer otras cosas ¿no?” y sin dejarme responderla me besó la boca, abriendo la mía con su lengua e introduciéndomela hasta el fondo. Por fin. Respondí a su beso del mismo modo apasionado.

    Era muy salvaje, me estaba comiendo la boca y yo la cogía de su cintura, nuestras lenguas giraban veloces dentro de nuestras bocas, nuestros labios se succionaban mutuamente, ¡qué manera de besar! Me puse a cien en un momento. Ella se levantó de su silla y se sentó encima de mí, moviendo su delgado, elástico y fibroso cuerpo en círculos apretando su entrepierna a la mía.

    Era un morreo salvaje, ella daba pequeños saltos sobre mí, nos estábamos devorando la boca intensamente, nuestra respiración era rápida y sonora, con gemidos, mis manos deseosas de su cuerpo se deslizaron dentro de su jersey y acaricié sus caderas y su vientre a viva piel, que dura estaba, que fibrosa, deslicé mis manos por sus caderas hacia su culo y lo agarré fuerte contra mí, su bragueta besaba a la mía.

    Su respiración era un jadeo sonoro en mi boca, me estaba devorando, estaba cachondísima, como un volcán. Se movía sin cesar sobre mi duro paquete, así que decidí hacerla enloquecer y le bajé la cremallera del pantalón, metiendo mi mano entre sus piernas y acariciando su vagina por encima de las braguitas negras que llevaba. Soltó un sonoro gemido y siguió mordiéndome los labios.

    De repente cobré la cordura y recordé que en la habitación contigua había gente en el estudio, y temí que necesitasen algún disco del almacén, que viniese a pedirlo, que sonase la puerta… menuda pillada, pero cuando mi mano derecha removió a un lado las braguitas de Sofía y uno de mis dedos entró en contacto con su suave clítoris se me evaporó esa momentánea estela de cordura y los gemidos de mi chica me devolvieron al lugar correcto.

    Mientras seguíamos enredados en ese interminable beso (más bien devoramiento mutuo de bocas…) podía acariciar dulcemente su clítoris dentro de sus vaqueros, lo hacía despacio, notaba como se humedecía y jadeaba intensamente, estaba llegando al clímax y ella misma se movía adelante y atrás para que la caricia fuera más intensa y veloz.

    Yo estaba en la gloria, quería acariciarla y besarla así hasta que tuviese un orgasmo, pero de pronto se levantó violentamente y se arrodilló entre mis piernas, levantando mi camiseta y lamiendo mi vientre con fuerza. Lo hizo tan rápido que ni pude hacer nada. Hubiera querido seguir masturbándola pero… ella tenía otros planes.

    Su lengua descendió hasta mi entrepierna, y desabrochó mis pantalones, los bajó, sobó mi pene por encima del bóxer, lo lamió y engulló, el calor de su boca era increíble así con la tela en medio… estaba deseando que me la comiera y no se demoró. Bajó mis boxers, mi pené salió hacia arriba y así se quedó, para pronto introducirse en su boca profundamente. Me la estaba chupando, que gusto me vino. Me eché hacia atrás en la silla cerrando los ojos… ahhh que placer.

    Los abrí para mirar cómo me la comía. Su mano derecha me masturbaba y se la introducía profundo en su cálida boca. Bajaba mi piel descubriendo el glande y lo comía como un helada, con frenesí. Yo estaba alucinando. Hasta hacía pocos días la miraba con morbo y cierto deseo.

    Ahora la tenía arrodillada ante mí haciéndome una mamada, en nuestro trabajo y con gente al lado y el encargado por llegar en cualquier momento. Era para no creérselo, pero el placer que desde mi polla subía por todo mi cuerpo me indicaba que estaba pasando de verdad. Que gusto, como me la estaba comiendo.

    Era una loba, era hasta salvaje, furiosa, violenta diría, estaba como una moto de cachonda y se estaba saciando conmigo, con mi polla para ser exactos. Me la estuvo chupando mucho rato más, masturbándome en su boca, dando lamidas y chupadas sonoras a mi glande. Yo no sabía como parar, quería que follásemos, pero el placer que me daba su boca me tenía inmóvil, no veía el momento de actuar, y ella seguía mamando y mamando mi polla, estaba claro que no iba a cansarse ni a parar.

    De repente se la sacó de la boca y se estiro para besarme, pero sin parar de masturbarme velozmente. Me tenía a su merced, yo no tenía voluntad ninguna, era demasiado gusto y porque no decirlo, demasiada mujer para mí en aquel momento.

    “Sofía como sigas me voy a… a… ” dije sollozando de gusto

    “Te vas a qué, ¿eh? ¿a qué? dijo ella lascivamente masturbándome más deprisa.

    “Aaaah” solté mientras mi semen estallaba en su mano, poniéndosela blanca y perdida.

    “Uaaah, que bueno…” decía mientras seguía haciéndome esa monumental paja que me había hecho correrme en su mano sin remisión.

    “Te lo dije, te lo dije, eso era exactamente” dije, y me sentí mal, había dejado a aquella mujerona sin orgasmo y me había corrido en su mano como un chiquillo, ¿pero que opción tuve? No me dejó hacer más la muy vampira.

    “Eh tranquilo, ha estado muy bien, mira como me has puesto la mano” decía riéndose, yo aunque algo cortado también me descojonaba.

    “Si quieres te hago algo ¿eh?” la dije sonriéndola y acariciando de nuevo su entrepierna por encima del pantalón

    “Mmmm no, aquí no, el encargado vendrá pronto. Mira ya que hoy me he quedado sin orgasmo, vente mañana a mi casa y nos echamos la siesta ¿vale?” dijo maliciosamente.

    “Ufff, me va a destrozar”, pensé, “aunque que mejor manera de ser destrozado no?”

    Pero esa es otra historia.

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  • Entre libros

    Entre libros

    Desde que empecé en la universidad, suelo utilizar la biblioteca pública de mi ciudad para preparar los exámenes. Allí encuentro la tranquilidad necesaria para estudiar, y la ausencia de distracciones me facilita también esa tarea. Bueno, a veces sí hay distracciones: unas distracciones altas y delgadas, otras más bajitas pero igual de hermosas, otras que claramente dedican su tiempo para leer la prensa y acudir al gimnasio que está al lado de la biblioteca…

    En fin, un día que estaba yo peleándome con el derecho administrativo algo me distrajo de repente: era un chico de unos 23 años, como de 1.80 de estatura y delgado. Supongo que por curiosidad se me quedó mirando un rato, también porque yo levanté la vista para verle a él, y difícilmente pude apartarla, por cierto. Además, me quedé con la duda sobre el significado de su mirada. Intenté seguir a lo mío, pero de vez en cuando no podía evitar mirarle, aprovechando que estaba al otro lado de una estantería abierta.

    Al rato me levanté para ir al baño; luego de mear, cuando me estaba lavando las manos, entró él, y después de una especie de suspiro, dijo: “joder, necesito lavarme la cara o me duermo encima de los apuntes”. “Sí, la verdad es que hay días en que es imposible mantenerse despierto; a mí me funciona muy bien el café”, respondí yo sobre todo por ser cordial. “Pues ya está, nos vamos ahora mismo a tomarnos uno tú y yo… vamos, si te apetece”. ¿Como iba a rechazar semejante invitación?

    Mientras estábamos en una cafetería cercana charlamos sobre nuestros respectivos estudios y Javier (así se llamaba) me dijo que vivía en la ciudad porque estaba cerca de la facultad y sus padres tenían allí un pequeño apartamento donde él pasaba la semana. No hizo falta mucho más para que quedáramos en que esa misma tarde me pasaría por su casa (vivía solo) para que me prestase unos libros, ya que estudiábamos carreras similares.

    Llegué puntual a las 4 de la tarde y ya tenía la cafetera al fuego. Me ofrecí a ayudarle con las tazas y en aquella diminuta cocina fueron inevitables algunos roces. A esas alturas ya estaba bastante claro lo que queríamos ambos, así que aproveché uno de esos momentos para abrazarle por detrás y acariciar su pecho por encima de la ropa. Él inclinó su cabeza hacia atrás permitiendo que yo pudiera besarle el cuello y la cara, cubierta por una dura barba de dos días extremadamente sensual.

    Fui bajando mi mano y la posé sobre su entrepierna, sintiendo entonces un bulto de generosas dimensiones. Se volteó, quedando enfrentados, y acercó su boca a la mía, al principio cerrada, y luego fue abriéndose para dejar paso a su juguetona lengua. Nos besamos durante un largo rato al tiempo que nos acariciábamos lentamente. Luego dijo: “no prefieres que vayamos al dormitorio?”. “Lo estoy deseando”.

    Me cogió de la mano y me guio hasta su habitación; al llegar me dejó caer suavemente sobre la cama y se inclinó para besarme de nuevo, me subió la camiseta para acariciar mi pecho lampiño hasta que yo me incliné un poco para permitirle que me la sacase del todo.

    Cuando él hizo lo mismo con la suya descubrí algo fascinante: tenía, efectivamente, 23 años, pero su pecho parecía de un chico mayor; estaba cubierto completamente de un vello negro y sus pectorales estaban bastante marcados (se notaba que hacía ejercicio). Babeaba viendo aquello así que me senté en la cama para acariciar aquella selva negra y comencé a chupar sus pezones y a pasar mi lengua por todo su pecho y abdomen. Al llegar al ombligo desabroché su cinturón para poder bajar sus vaqueros. Cuando lo conseguí descubrí una polla de unos 16 cm y bastante gruesa.

    Era más o menos como la mía; sin circuncidar ambas. Mi boca se abalanzó sobre aquello; bajé el prepucio con la mano y pasé suavemente mi lengua sobre el glande. Luego comencé a chupar aquel sabroso caramelo rosado, con cierta calma al principio y más rápido después. Javi jadeaba sin parar cogiendo mi cabeza entre sus manos para acompañar el vaivén. De repente me pidió que me parase para no correrse tan pronto.

    No recuerdo en qué momento me desprendí de mis pantalones pero cuando caímos en la cama los dos estábamos ya completamente desnudos. Nos besamos y acariciamos durante un rato y entonces le pedí que me follase. Estaba acostado boca arriba y entonces Javi levantó mis piernas sobre sus hombros, estando él de rodillas, y comenzó a tocar mi culo con su pene.

    De vez en cuando echaba un poco de saliva en su mano y me untaba mi agujero, que no tardó mucho en dilatarse, aunque no demasiado. Fue relativamente fácil entonces que pudiera empujar suavemente su polla hacia mi interior (en ese momento no vi si se había puesto condón pero luego descubrí que lo había hecho; desde luego, no esperaba otra cosa). Me dolió, para qué negarlo, pero al mismo tiempo sentí un enorme placer cuando su polla estaba completamente dentro de mí.

    Entonces comenzó un ritmo un poco más acelerado de mete-saca, inclinándose sobre mí al mismo tiempo para besarme y lamer mis pezones. Cuando vio que estaba a punto de acabar, agarró mi polla con su mano y comenzó a masturbarme. Yo me corrí sobre mi pecho enseguida (confieso aquí que no logro aguantar mucho tiempo) y segundos después noté por sus gemidos que también él había terminado.

    Sacó su verga pero se dejó caer sobre mi cuerpo para besarme, esta vez apasionadamente, como agradeciéndonos mutuamente el enorme placer que nos habíamos proporcionado. Sentí todos sus pelos en mi pecho y ese gusto me llevó a obligarle a permanecer así durante un rato, estremeciendo cada vez que se movía suavemente sobre mí.

    Tomamos café aquella tarde y muchas otras después de eso.

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  • Noche de verano

    Noche de verano

    Todo lo que narro es real, todas las historias me sucedieron en algún momento de mi vida y nunca he inventado nada, podéis creerme o no creerme, pero os repito que todo lo que cuento me pasó alguna vez.

    Ya con dieciocho empecé a tener contacto con el sexo, así que ya van muchos años de sexo, aventuras y desventuras. Soy delgada, de piel blanquita, pelo oscuro rizado, piernas largas, aunque solo mido uno setenta, cultito respingón y una talla ochenta de sujetador, vamos unas tetitas bonitas, pero chiquitas.

    El caso es que yo siempre he sido bastante desvergonzada y loca, nunca me cortaba de nada ni me daba pudor hablar o hacer nada, en lo que al sexo se refiere no tengo tabúes y vivo mi sexualidad a tope sin temor a que me tachen de “puta” o chica fácil, pues no lo soy, afortunados son aquellos que han tenido la suerte de compartir una cama conmigo, jejeje, también soy orgullosa y segura de mí misma.

    El caso es que el verano pasado me sucedió algo que nunca olvidaré, hice realidad un sueño que siempre había tenido.

    Eran las nueve de la noche y como siempre andaba con mi amigo Juan dando un paseo, él era mi mejor amigo y siempre andábamos juntos, muchas veces hablamos de sexo, pero él y yo solo éramos amigos, nunca habíamos hecho nada, y yo ni siquiera me lo había planteado. El caso es que nos sentamos en los césped a hablar, yo llevaba mis pantalones de lycra ajustados, tipo mallas y una camiseta blanca, el lugar estaba bastante solo pues los viernes por la noche en verano por allí no hay demasiada gente.

    Larry era el mejor amigo de Juan, media metro sesenta y era moreno, muy fuerte, siempre se le veía hinchado, parecía un chico duro pues siempre llevaba camisetas ajustadas que le quedaban perfectas, él era también un amigo de confianza y aquel día se unió a la conversación, pues el césped está bajo su bloque y aquella noche decidió bajarse un rato con nosotros.

    El caso es que yo bajo los pantalones llevaba un precioso tanga, y como estaba sentada por detrás se me podía ver no solo la parte de arriba sino casi todo el tanga con su forma de t, ya sabéis el hilo que rodea la cintura y parte del que baja hacia abajo.

    Entonces Larry me dijo:

    —Cinthia se te ve el tanga

    —¿Y qué? —le contesté yo— ¿nunca has visto uno o qué?

    Entonces comenzamos a debatir y les dije que no entendía que misterio tenía aquello, no podía entender porque se ponían así de excitados por ver aquello. Entonces comenzó Larry a picarme y la verdad… a mí en piques nadie me gana.

    —Si tan poca vergüenza te da… ¿por qué no te dejas que lo veamos? —me dijo

    —Tío, que a mí me da igual, bájame el pantalón si quieres y lo compruebas.

    Así que desabroché la cremallera del pantalón y le puse el culo en su cara mientras él ponía las manos en mi cintura.

    —Bájalo —le dije yo.

    Y aunque no sabía si iba a ser capaz, aunque supuse que lo haría, lo hizo dejando mi culito al aire, a mí me hizo gracia, pero como había gente por allí me lo subí rápido y me volví. Sus caras lo decían todo, había quedado prendados y yo pude notarlo.

    Juan entonces me recordó la última conversación que habíamos tenido sobre mi mayor fantasía sexual y si también sería capaz de ser tan lanzada con ella. Mi mayor fantasía era hacerlo con dos chicos a la vez y ellos parecían dispuestos a hacerme la realidad pues ambos estaban muy excitados. Había visto que no tenía miedo y que era fácil picarme así que parecían dispuestos a intentar acostarse conmigo los dos a la vez, el caso es que yo de primeras les dije que no, que eran amigos míos y no me molaba aquello, que prefería que fueran dos chicos desconocidos, pero claro… venga a picarme y picarme, que si no eres capaz, que solo eres lanzada de boquilla y tal, así que cogí y les dije:

    —Vamos, venga, pero aquí no puede ser.

    —Subamos a mi casa que estoy solo —dijo Larry.

    Tierra trágame, no contaba con eso, y es que pensé que así saldría de aquel embrollo en el que yo solita me había metido, ahora me encontraba entre la espada y la pared.

    Pero claro como yo soy mujer de armas tomar y pensaba que ellos no iban a ser capaces acepté la proposición y nos subimos a su piso.

    Entramos en su casa y nos fuimos a la habitación, yo volví a intentar asustarlos con mi decisión y mi poca vergüenza, y volví a hacerme la lanzada, me quité mis zapatos dejando mis preciosos pies desnudos y bajé mis pantalones quedando en tanga pues mi camiseta era tipo top y no me cubría ni el ombligo así que el culo… ya podéis imaginar.

    Cogí y me fui para la cocina, descalza y meneando mi culito, la escusa era beber agua, la intención provocarlos… al rato volví, ellos estaban también descalzos sin camiseta, pero con sus pantalones cortos pero dada el calor que hacía aquello no quería decir nada, gran error el mío.

    Me tumbé en la cama con total pasividad y cerré los ojos cuando de repente siento que alguien acaricia mis pies, me encantaba, pero más cuando empieza a subir, dos manos empiezan a subir por mis piernas mientras otras dos me invitan a levantarme quedando sentada en la cama, Juan que es el que está detrás me levanta la camiseta y me quita el sujetador, así que empieza desde atrás a cogerme las tetas y pellizcarme los pezones, me puso a cien, de allí ya no podía escapar.

    Entonces me vuelvo y me quedo frente a Juan, lo empujo y lo siento en la cama, mientras le quito el pantalón y los calzoncillos… pero claro… mientras yo hago esto… no olvidéis que Larry estaba atrás…

    Y no se iba a estar quieto, cuando mire hacia atrás este estaba ya totalmente desnudo y se disponía a arrebatarme la única prenda de ropa que me quedaba, mi pequeño tanga, tardamos poco en estar desnudos, que locura tan maravillosa, yo deseaba aquello, ya no podía echarse atrás, lo deseaba desde hacía tiempo, era mi gran fantasía.

    Entonces me senté sobre Juan, él sabía que yo tomaba la píldora por lo que pasábamos de condón, ni muerta, hubiera sido romper el aire místico que la situación tenía. Juan tumbado totalmente y yo encima, agarre su pene con mi mano y lo introduje en mi chochete, he de decir que Juan me sorprendió con tan buen aparato… estaba en la gloria cuando de repente sentí como Larry me penetraba por detrás… fue la mayor y más intensa sensación que jamás he sentido. Empecé a gemir, gritar y botar mientras uno me tocaba el pecho el otro me besaba el cuello y me agarraba de la cintura…

    De repente siento un gran calor dentro de mi cuerpo y oigo gemir a Larry, quería verlos correrse antes que yo así que aguante a que Juan se corriera dentro de mí… fue cuando explote… al notar ese fabuloso calor en mi interior… quedando entonces exhausta en la cama.

    Los tres quedamos varios minutos desnudos en la cama después del esfuerzo, me levante entonces, cogí mi ropa y entre en el cuarto de baño, me lave y me vestí y cuando salí estos se encontraban ya totalmente vestidos como si nada de aquello hubiera ocurrido, así que los tres nos hicimos los locos, nos bajamos y el verano siguió su cauce y aunque Juan de vez en cuando me lo recuerda he de decir algo, si volviera atrás repetiría, no me arrepiento, fue una noche de verano fabulosa.

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  • En la fiesta de mi hermano

    En la fiesta de mi hermano

    A mi hermano pequeño le hicieron una fiesta de cumpleaños, llegaron todos sus amigos, amigos de la familia y varios tíos y tías, por mi parte solo invite a mi novia de ese tiempo: Mónica.

    La fiesta estaba muy divertida para los niños, pero yo no paraba de ver las piernas de mi vieja, llegó con un vestidito floreado que le remarcaba sus tetas, un sujetador blanco, no traía medias y unos zapatos negros de tacón que se le veían super bien, Moni tenía en ese momento 18 años y en verdad que estaba bien rica.

    Ella es delgada, blanca, cabello lacio, mide 1.65, tiene un par de tetas grandes y bien formadas, sus nalgas son normales y estaba bastante piernona, entre juego y juego, el pastel y la celebración no veía la hora de irme a coger a mi vieja, noté que uno de mis tíos se le quedaba viendo y me dijo que mi novia estaba muy guapa.

    Moni me pidió ir al baño, el de la sala estaba ocupado y le pedí que pasara al de mi cuarto, Moni ya sabía a que íbamos, al cerrar la puerta de mi cuarto puse el seguro y comenzamos a fajarnos bien rico y me dijo “¡Métemela! ¡Ya métemela!”.

    Rápidamente saqué los condones de mi mochila, me quité el pantalón como pude y puse a Moni de cuclillas en el piso de mi cuarto ya que había alfombra, coloqué el condón y que le meto la verga, Moni solo empezó a gemir y me dijo “¡ya era hora! ¡dame verga!”.

    Yo estaba encantado pues ese día en especial, Moni se arregló y se veía riquísima, ella lo sabía y creo que eso le calentaba la pucha… Moni no se desvistió, de echo no le quité nada de ropa y estaba enculada hacia mí con todo y sus zapatos, yo le subía el vestido para que no se manchara de sus flujos y hacía de lado su calzón para poder cogérmela rico.

    En la sala estaban mis tías, primas, primos, papás, hermanos y yo estaba en mi cuarto dándole verga a mi vieja como a las 4 de la tarde.

    Moni empezó a gemir y se comenzó a bañar de la conchita, yo estaba extasiado y tocaron la puerta de mi cuarto, Moni dijo “no abras y sigue cogiéndome que ya me voy a venir”. Como a los dos minutos tocaron más fuerte y mi papá dijo mi nombre preguntando “¿estás ahí?”.

    Yo respondí: “¡voy! ¡voy!”, pero tenía la verga dentro de Moni, ella me decía en voz baja “¡ya viene! ¡No pares! ¡No pares!”. Mi papá seguía tocando y ya se escuchaba molesto, me pregunto “pues ¿qué haces?”.

    Yo gritaba “¡ya voy!” y observé como caminó mi papá para la sala por la sombra de la puerta.

    Moni empezó a golpear la alfombra y me dijo “¡me estoy viniendo amor! ¿sientes?”… “¡ya termine! ¡que rico!”. Solo de ver la cara que puso me vine como a los diez segundos y la tomé bien fuerte de las nalgas para gozar a mi novia.

    Al terminar rápidamente saqué mi verga y me levanté para ponerme el pantalón. Moni se levantó como pudo y pasó al baño para peinarse pues estaba toda desfajada.

    Salí del cuarto para buscar a mi papá que estaba molesto conmigo y me pidió que trajera unos refrescos.

    Le dije que estaba en el baño y dijo “bueno, pero no tardes ¿si?”.

    Regresé a mi cuarto por Moni, ya estaba más repuesta y me dio un beso, yo todavía traía el condón puesto y me dijo que le había encantado la cogida, me preguntó si me habían regañado. Le dije que ya todo estaba arreglado y que en la noche quería cogérmela hasta que ya no pudiera, ella se rio y me dio un beso.

    Salimos de mi cuarto como si nada y fuimos a la tienda. Ese día en la noche recuerdo que la llevé a su casa tarde y como no había nadie me la cogí como tres veces en su cama, con ese vestido se veía riquísima y no daban ganas más que de estar dentro de esa preciosa mujercita de 18 años. Ella sabía que llamaba la atención, pero se hacia la desentendida.

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  • El liguero

    El liguero

    Desde luego es precioso. Aunque me parece un poco caro. Total para lo que me va a durar puesto no sé si debería gastarme tanto. ¡Qué demonios!… “Señorita por favor… ¿los probadores?”… “Si… como no… al final del pasillo”… “Gracias”… “De nada”.

    Me dirigí a los probadores sintiéndome observada, me giré incluso para comprobar si alguien me seguía y no, no había nadie, pensé: que raro… creí que me miraban y continué mi camino.

    Ya en el probador comprobé que el camisón semitransparente me sentaba fenomenal, se ceñía a mis curvas con suavidad, su tacto sedoso hacía de el una caricia para mi piel… (se volverá loco cuando me lo vea).

    Salí del probador dispuesta a comprarlo, pero en mi camino algo llamó poderosamente mi atención, se trataba de un liguero de color berenjena con el sujetador y el tanguita a juego. Como soy de naturaleza caprichosa y un poquito fetichista decidí probármelo, total aquella mañana había salido de casa con el ánimo muy bajo dispuesta a subirlo gastando dinero en algunos caprichitos y está claro que la lencería fina siempre ha sido uno de mis caprichos predilectos.

    ¡Pero si también lo hay en color granate! ¿Y ahora cual me llevo?

    Estaba con mi mente tan ocupada en decidir cuál de los dos colores me quedaría mejor que no advertí que alguien se me estaba acercando por detrás, cuando lo noté ya estaba demasiado cerca, me quedé inmóvil,  respirando un olor muy varonil, podía sentir a través de mi ropa el calor de otro cuerpo, podía sentir su aliento en mi nuca…

    Me recorrió un escalofrío y su cercanía me hizo sentir violenta… Me giré intentando conservar la calma, allí estaba él, un hombre alto y elegante con una mirada de descaro impresionante. Agarré los dos ligueros y al intentar evitar al desconocido se me cayó uno al suelo, nos agachamos a un tiempo, nuestras manos se tocaron al recogerle, sentí una mezcla extraña de temor, deseo y osadía… Su actitud hacia mí dejaba muy claras sus intenciones, era evidente que me deseaba… (¡me gusta a rabiar… que locura!… pero ¿cómo se atreve a acosarme así? Uff que calor).

    Una de las dependientas atendía a una señora entradita en carnes que se empeñaba en comprar un tanga de la talla 52, cuando la dependienta le dijo que no tenían tallas tan grandes la señora se marchó muy ofendida y muy enfadada empujándome sin querer al pasar por mi lado. Yo perdí el equilibrio sobre mis tacones de aguja y caí de espaldas, bueno… no caí… unos brazos fuertes me sujetaron y me sostuvieron impidiéndome separarme… (es él otra vez… ¿y si me da la vuelta y me besa?… si… ojalá lo haga)…

    Pero él no se movía solo permanecía pegado a mi cuerpo… muy… muy pegado… podía sentir en mi espalda todos y cada uno de sus músculos… y en mis nalgas sentía algo duro que crecía por momentos… algo que desde luego no era su teléfono móvil… me excitó ese pensamiento… (Dios mío… ¿estoy loca o qué?… si no me suelta pronto no respondo)… a pesar de nuestra mutua excitación intenté separarme como pude y para mi desilusión él me soltó… me sentí desprotegida sin ese corpulento cuerpo pegado a mí…

    Pero la sensación de desamparo duró muy poco tiempo. Al entrar en el amplio espacio del probador algo me impidió cerrar la puerta, era él que se coló sin contemplaciones en el interior del probador cerrando la puerta tras de sí.

    Despacio… muy lentamente se aproximó… evidentemente yo no protesté… me moría de ganas por ver donde acabaría todo aquello… mi respiración iba perdiendo su ritmo tranquilo a medida que él se acercaba… más y más… quedándose parado al juntarse su pecho y mi pecho… con el dedo índice en mi barbilla me alzó la cabeza y acarició mis labios con el dedo gordo… yo atrapé su dedo gordo entre mis labios y comencé a chuparlo y a acariciarlo con mi lengua… sin dejar de mirarle a los ojos.

    Me miró con aprobación como pensando que no se había equivocado al elegir a su presa… su mano se libró de mi boca… y me agarró del pelo tirando suavemente hacía atrás… para que yo levantase mi cabeza más aún… para demostrarme quien mandaba… yo le dejé… el pasó su lengua por mis labios recorriéndolos… una y otra vez… yo me limite a abrir los míos y rozar con mi lengua la suya… ese gesto bastó para que por fin metiese su lengua en mi boca… nuestras lenguas se enlazaron de inmediato… ansiosas… ávidas y deseosas de darnos placer.

    Mientras tanto nuestros dedos se afanaban desabrochando los botones de nuestras camisas… y los cierres de mi sujetador… al fin nuestros cuerpos se rozaron… mis pezones se endurecieron de inmediato al contacto con el vello rizado de su pecho… sin separar nuestros labios me desabrochó la falda… que cayó a mis pies… yo a mi vez también le desabroché el pantalón… que imitó a mi falda y cayó a sus pies… sus manos buscaron anhelantes mi sexo… y mis piernas se abrieron para él.

    Se arrodilló delante de mí bajando mi braguita y separó un poco más mis piernas… comenzó por acariciarme suavemente con los dedos… a continuación los introdujo en mi interior moviéndolos de una manera muy experta… al mismo tiempo que empezó a utilizar su lengua… lamiendo de abajo a arriba… y de arriba a abajo todos mis jugos… lamiendo en círculos todos mis pliegues… deteniéndose en mi clítoris… recreándose en morderlo con sus labios… con ternura… con devoción… apretándolo con exquisita suavidad… apretándolo con una dulzura infinita… regalándome de ese modo un orgasmo tan largo y tan intenso como no he vuelto a tenerlo jamás.

    Se levantó con una sonrisa de agrado… sabía que lo había hecho fenomenal… yo le devolví la sonrisa agradecida y me arrodille ante él bajándole su bóxer… su pene estaba completamente erecto… se mostraba orgulloso delante de mí… tieso… erguido… rígido… lo acaricié con mi mano y lo calenté con mi aliento… a continuación saqué la lengua y comencé a lamerle las ingles… los testículos… y por fin la cabeza tersa y rosada de su miembro… que ya mostraba una gota brillante en la punta… chupé esa gotita saboreándola… y enseguida me dedique a darle pequeños y cortos lametazos…

    Después me lo introduje en la boca solo un poco… lo suficiente para succionar delicadamente el capullo… sin apretarlo sin hacerle daño… proporcionándole un gran placer… noté como se hinchaba y como parecía a punto de reventar… y entonces no pude aguantar más mis ganas de sentirlo todo dentro de mi boca… y me lo metí hasta dentro… hasta la base… sintiendo como me ahogaba en la garganta… sacándolo entre mis labios apretados para volver a engullirlo despacito otra vez… dentro y fuera de mi boca hasta que la caricia de mi lengua le hizo correrse de una manera muy abundante… yo tragué toda su leche saboreándola… relamiéndome de gusto y dejándole completamente limpio y satisfecho… su cara de gozo lo decía todo.

    Después de vestirnos sonreímos, éramos cómplices, anotó un número de teléfono en un papel y sin decir nada lo metió en mi bolsillo al tiempo que me besaba en los labios en señal de despedida…

    No necesitamos cruzar ni una sola palabra para proporcionarnos mutuamente un encuentro sexual realmente fantástico, lleno de morbo, un encuentro único en la vida…

    Nunca le llamé, aunque tuve ganas de hacerlo muchas veces, es más, aún conservo su número y cada vez que uso el liguero de color berenjena que compré aquel día no puedo evitar sonreír al recordar a mi amante desconocido.

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  • Peludita y natural

    Peludita y natural

    Esta historia lleva dos años de estacionamiento emocional, por consiguiente, las culpas han prescripto y las costas familiares saldadas.

    Como decía hace dos años Doris y quien relata, adornamos la testa de Gustavo, con un buen par de cuernos.

    Gustavo, cuñado en ese momento, compañero del fútbol sabatino, se ufana de tener una relación abierta con su mujer, me tenía harto de alabarse de lo bien que lo pasaban y sobre todo de tan buena que es en la cama y que tiene la “cosa” tan peluda.

    Tanto así que me daba por pensar que la estaba promocionando o era un ofrecimiento encubierto, pero nunca me animé a avanzar sobre esa temática, un tanto escabrosa como para hablarlo tan de frente.

    Un sábado, como tantos, pasé a buscarlo, Doris me hizo pasar, bata entreabierta, hasta bien arriba, exhibe generosa porción de ese cuerpazo tan esbelto y tan blanco. Tacones altos, algo poco usual para esas horas de la mañana de un sábado hacen más estilizadas sus bellas piernas, me conduce al living meneando sus caderas. Tomé asiento mientras espero al amigo, se sienta sobre el brazo del sillón, frente de mí, para acomodarse uno de los zapatos, en la acción, accidentalmente, se le abrió más la bata y “la selva negra” púbica retuvo toda mi atención, ojos incrédulos escudriñan más allá de la imprudencia, absorto por esa intimidad que me tenía atrapado.

    —¿Un… café? —Sonrió, cerró la bata con osada y morosa lentitud, jugando al gato y el ratón.

    —Sí, sí… lo que digas.

    Café mediante, hablando cualquier cosa, ella que no era nada tonta, había notado cierta turbación en mi ánimo y alguna muestra inevitable en mí de ese momento de latencia masculina, sabía que estaba ansioso esperando ver otro poco, deseando que el marido demorara una eternidad en volver, sus gestos decían tanto de una mujer que sabe cómo manejar la seducción y jugar con la ansiedad del hombre.

    —¡Ah!…, casi olvido, decirte que Gustavo, no está… Salió anoche, un viaje de apuro, falleció la tía, recién vuelve mañana por la noche.

    Recostada sobre el brazo del sillón, diría que una pose artísticamente estudiada para propiciar que la indiscreta abertura de la bata exponga la renegrida vellosidad enrulada, su nada inocente descuido permite mi deleite lascivo y perderme en arrobada admiración.

    —¿Qué pasa?

    —Nunca vi tanto… y… ¡tan negro!

    —¡Ah!… y… ¿Qué te parece? A Gustavo lo enloquece, ¿y a vos? —Desafió, un albur para elevar la apuesta, está mostrando sus cartas y espera…

    Acepté el reto, descubierto, no tuve más remedio que mostrar las cartas, los calores que me subían desde los genitales taparon la prudencia, la excitación soltó el freno y aceleró la acción. De súbito, de pie, entre sus piernas tomé la cara entre mis manos y la besé. Nos besamos de lengua. El calor húmedo de su boca me subió en la espiral de la excitación, deshice el lazo de la bata, despojé de la cáscara de raso, blanca piel se deja a la caricia y al beso ardiente.

    La erección oprimida en el jean se frota contra la espesura negra de su “cosa”, vibra y sacude al contacto. Abre sus piernas para favorecer el contacto, que sienta el calor interior del peludo orgullo del cornudo ausente.

    En el camino a la cama perdí la ropa, desnudos y abrazados nos revolcamos. Las bocas intercambiaron salivas y mimos, los dedos exploran la selva negra, tragados por el abismo húmedo recorren el interior de la caverna, las delicias del contacto digital la hacen vibrar y aullar como los lobos a la luna llena. Sus gemidos llenan de música, el aroma que emana su cosa peluda embriaga los sentidos y enciende la hoguera del deseo más ardiente. Ella me agarra del miembro, juega pajeándola para incrementar a full las ganas de cogerla.

    Levantó las piernas, abrió del todo, el matorral piloso quedó en primer plano, la jugosa valva rezuma jugos que brillan a la sombra del vello deliciosamente enrulado. Qué razón tenía el cornudo de Gustavo, poder llenarse los ojos de una cosita sabrosa condimentada de vellos tupidos y emprolijados aportan el valor agregado del deseo, compiten y salen ganando en la comparación de tantas cosas lampiñas, que encontrar una de este porte es algo digno de admirar y apreciar entre las delicias gourmet como el mejor alimento afrodisíaco del comensal lujurioso.

    El choto, erecto, la incipiente calentura asomando desde el ciclope de su cabezota brillante, desbroza el suave vello, se lanza con vehemencia a lo profundo de la caverna, pasionalmente salvaje, a lo bestia, tal como impone el manual de la calentura repentina.

    —¡Así, así! ¡Quiero más! —Aúlla sin freno, desbocada, perdiendo los estribos, levando las anclas para navegar en el mar de la infidelidad y naufragar en los cuernos a manos de su cuñado. Sonría mientras pensaba, que todo quedaba en familia.

    Lujuria avasalladora, máquina de coger, sin límites ni contención, insaciable a la hora del placer, dos orgasmos larguísimos, agarrada de mis nalgas quería meterme más adentro de los límites físicos. No paró de gemir y aullar, rostro desencajado en loco goce, le daba para que “tenga y guarde”, atravesarla con el choto, sentía el fondo del útero, autista en el goce, seguía en lo suyo.

    — Más, más, ¡más!

    Consecuente y obediente estaba para cumplir sus deseos más ardientes, elevé su pierna izquierda, subido el pie junto a mi cara, asido del muslo con mis manos, colocado casi en una tijera, podía entrarle todo el grosor de mi poronga, bastante más gorda que la del cornudo ausente con aviso, le doy el sexo salvaje. Los gemidos agradecen el tratamiento brusco y desmedido, la calentura promueve otro orgasmo, y van… hasta perderse en el fragor de la cogida estruendosa.

    En medio del carnaval de acabadas de Doris, eyaculé con todo, dentro, sin aviso previo, me dejé perder en su cosa peluda.

    —¡Sí, así, ¡qué lindo, más, más! —El chorro incentivó sus vibraciones y hasta un postrer orgasmo a modo de coronación de una estruendosa acabada.

    Extasiado por un delicioso polvo, que como todos sabemos, cuando se producen fuera de programa, siempre son los que nos llenan de placer. Doris, vuelve del baño, como dios la trajo al mundo, la cosa peluda resalta contra la blancura extrema de la piel, mis recuerdos solo tienen archivo de vellos recortados o depilados, esta visión realza y enriquece la memoria visual de un calentón. Focaliza mi fantasía, me “aboco” sobre la fronda a buscar el manantial de jugos, hurgué con la lengua y retornaron los aullidos, el clítoris quedó atrapado en mi boca, el shock la sacudió, me atenazó entre los muslos.

    Después del segundo lingual, breve paseo por el 69, se arrodilla, de bruces sobre la almohada, se entrega permisiva y sumisa. Piernas separadas, labios gruesos barnizados de jugo, el culo elevado incita ser poseído en cogida impetuosa y desaforada, la zona anal la tiene deliciosamente tratada, es evidente que la “tira de cola” se robó hasta el mínimo vello de la zona “del marrón”.

    Comenzamos por la peludita, pero en el metisaca resbaló “por accidente” y “se” entró por el orto, sin llamar, y se le escurrió bien adentro. Con la escasa lubricación se puede sentir el fragor de piel a piel con toda la intensidad, goce del macho y molestoso goce de la hembra, el mejor combo para un polvo de antología por el culo de esta belleza tan blanca y ardorosa.

    La cabeza se mandó por el canal, sin pedir permiso. Intentó salirse, en vano, volqué todo el peso sobre ella para asegurar la ocupación ilegal. Meta y ponga intenso, consumé el derecho de goce a fuerza y calentura, me demoré en gozarla omitiendo puteadas y reclamos de la sometida. En ese momento pensamos en Gustavo y le dije mientras le entraba de forma algo más salvaje, “coronado de gloria a morir”, acompañando con un par de ruidosas nalgueadas, enterrando toda la verga dentro de mi puta cuñada.

    —Hijo de puta, ¡más despacio que me matás! ¡Despacio guacho! ¡me lo vas a desgarrar puto de mierda! —vocifera y putea a discreción, mientras el macho responde con nalgadas, enterrándose en lo profundo del culo de Doris.

    Los gritos y sacudidas me recalientan, nuevos bríos, le doy “a todo trapo”, respondo cada insulto con una nalgada, cada gemido con un empujón. Nos dejamos llevar en la vorágine “culinaria” estábamos cocinando un exquisito polvete anal, y ella apunto de tragarse mi leche.

    Culmina la culeada cuando descargo la enema de esperma con toda la fuerza. A pesar de la violencia ejercida en el tramo final, concluyó del mejor modo, aunque la “guacha” quedó reprochando haberle reventado el culo y dejado ardiendo y marcadas mis manoplas en sus nalgas. Sonreímos por el delicioso deleite de compartirnos en el placer de un polvo, tan urgente como imprevisto, pero digno de volver a repetirlo.

    —¡Me gustaron tus nalgadas! ¡Que se repintan! esta noche estoy sola…

    La respuesta quedó flotando, las ganas navegando en las tranquilas aguas del relax y los cuernos coronando la testa de mi cuñado.

    Nazareno Cruz

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