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  • La piel morena de mi exsuegra y el sabor sucio de su traición

    La piel morena de mi exsuegra y el sabor sucio de su traición

    Calzones usados y axilas morenas.

    Silvia no era mi tipo… o eso me repetía yo a los 18 años cuando salía con su hija. Andrea fue mi primera novia seria. Morena clara, flaca, de sonrisa fácil. Pero aunque creía estar descubriendo el sexo con ella, en realidad lo que me consumía por dentro era el deseo reprimido por su madre.

    Silvia tenía 39. Morena, de piel canela, caderas anchas, brazos gruesos, senos pesados, culo redondo y blando. Una mujer que transpiraba sin pudor. No usaba perfume, y eso era parte de su hechizo: olía a cuerpo. A casa. A carne. A día vivido. Ese olor espeso y denso que se queda en los colchones, en la ropa sucia, en los rincones. Ese que no se puede esconder con desodorante. Su aroma me desquiciaba.

    Siempre me recibía con ropa de estar en casa: pantalones cortos, camisetas pegadas al torso por el calor, sin sostén. A veces tenía el cabello recogido, a veces suelto y mojado por la transpiración. Sus axilas eran velludas. Negras. Húmedas. Las mostraba sin disimulo, y yo me quedaba viéndolas fijo cada vez que levantaba los brazos para buscar algo en la alacena o colgar ropa.

    Andrea salía tarde de la facultad. Yo llegaba antes. Silvia y yo tomábamos mate o café, solos, en silencio, como si fuéramos cómplices. Me gustaba verla doblar ropa en la sala. Me encantaba cuando entre la pila asomaba una tanga negra, vieja, con el elástico vencido y una pequeña mancha blanca seca en el centro. Me quedaba mirando. Ella lo notaba, pero nunca decía nada. Solo sonreía.

    Esa noche, en mi cuarto, me masturbé con esa imagen: el calzón usado entre mis dedos, la axila abierta sobre mi boca, su vientre blando apoyado contra el mío.

    Mi relación con Andrea duró dos años. Terminó sin escándalos. Pero Silvia me quedó incrustada como una espina. Ella fue mi verdadero duelo.

    Pasaron ocho años. Me convertí en diplomático. Viajé, trabajé, envejecí un poco. Pero nunca la olvidé.

    Un viernes de diciembre, con ánimo bajo y necesidad de distracción, fui a un bar que ya no recordaba bien. “Sounder”. Música fuerte, gente madura, grupos de mujeres bailando sin culpa. Y entonces, la vi.

    Silvia. Más morena que antes. Más ancha. Más viva. Vestía un vestido ajustado que dejaba ver sus piernas gruesas, sus tobillos fuertes, sus pies metidos en unas sandalias plateadas que le abrazaban los dedos sudados. El escote mostraba el canal de sus senos pesados. Bailaba. Reía. Sus axilas se abrían al ritmo de la música, oscuras y mojadas, naturales. Me quedé sin aliento.

    Ella tardó en verme. Cuando nuestros ojos se cruzaron, se le iluminó el rostro. Se acercó, me saludó con un beso largo y húmedo en la mejilla, y me apretó la cintura como quien saluda a un viejo amante. Su olor a piel mojada, mezclado con la humedad de la noche, me dio un vuelco en la entrepierna.

    Pedimos copas. Luego otra botella. Me contó que estaba casada de nuevo, con un hombre mayor, que ya ni la tocaba. Yo le hablé de mis viajes, de mi aburrimiento con las mujeres de cartón que conocía. Ella me miraba, como si supiera.

    Bailamos. Le puse la mano en la espalda baja. Ella no se corrió. Pegó su culo contra mí y me lo restregó al ritmo de la cumbia. Yo le hablaba al oído, lento:

    —Siempre quise saber cómo olés después de un día largo.

    Ella no contestó. Solo me miró con una sonrisa torcida.

    A eso de las cuatro, se quedó sola. Sus amigas se fueron. Le propuse llevarla. Aceptó sin dudar. En el coche, saqué otra botella de champagne. Ella la tomó del pico. Se rio. Me puso la mano en la pierna y sin aviso me desabrochó el pantalón.

    —No hables —me dijo—. Solo dejame olerte.

    Me la sacó. La olió. Me la lamió despacio. Con hambre vieja. Con lengua espesa. Mientras manejaba hacia el motel, ella no se detuvo.

    En la habitación no hubo charlas. Le levanté el vestido. No tenía nada abajo. Estaba mojada. Y su olor era tal como lo había soñado: a transpiración rancia, a deseo guardado, a rajita apretada que estuvo húmeda todo el día.

    Le lamí el cuerpo entero sin que se limpiara. Axilas, pies, vientre, culo. Ella me dejaba. Me guiaba. Me ofrecía su carne como quien ofrece un plato caliente.

    —Siempre quise que me espiaras más —me dijo entre gemidos—. Dejaba mis tangas sucias a propósito. Me calentaba saber que podías tocarlas.

    Me la cogí como si fuera la única mujer del mundo. Le acabé adentro. Me abrazó. No se limpió. Se durmió oliendo a mí.

    Desde esa noche, Silvia fue mía.

    La veía en su casa cuando su marido no estaba. Me cocinaba en tanga. Me pedía que no la dejara bañarse. Que la follara con todo encima. Me dejaba sus calzones usados en el auto. A veces me los metía en la boca mientras la montaba.

    Una vez llamó a su esposo desde mi cama, con mi polla metida en su culo. Le habló con voz dulce, como si nada.

    —Sí, mi amor. Ya casi salgo. Me retrasé en la reunión.

    Me besó mientras colgaba y me dijo:

    —Sos mi vicio. Y no pienso dejarte.

    Fueron años de sexo crudo. Ella y yo. Yo y su cuerpo. La piel morena, el sudor, el vello, los olores. Todo eso que la sociedad esconde… yo lo adoraba.

    Silvia fue la mujer que más me marcó. Me hizo amar lo real, lo sucio, lo que se huele antes que se ve. Me enseñó que la piel guarda memoria. Que hay cuerpos que, cuando te tocan, se te quedan adentro para siempre.

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  • La masturbación con Esteban

    La masturbación con Esteban

    Mi primo Esteban volvió con un DVD en la mano.

    —Verás, éste si es bueno, chaval.

    Yo dejé la revista erótica a un lado.

    —Oye, ¿cuándo vuelven los titos? -Los “titos” eran sus padres, porque yo estaba de vacaciones en su piso una semana.

    —No vuelven hasta la tarde; han salido a comer al japonés -Introdujo el DVD en el aparato y, señalando mi revista dijo-: Esto se mueve… y -riendo- además te deja las manos libres.

    La camarera y su alumna se divierten. Así se titulaba.

    Una rubia maciza, vestida con un uniforme ridículamente corto -se le veían las braguitas de encaje- y una cofia extemporánea, hacia la cama en una habitación. Un minuto después entraba en el cuarto de hotel -supuestamente-, una mujer morena más bajita y con menos kilos, vestida de la misma forma: eso que los varones tradicionales denominan “provocativa”. Cada una tiraba de las sábanas por cada lado, iban incrementando los tirones en los extremos en medio de una cascada de risas hasta que el juego se hizo más agresivo en una lucha de almohadas.

    La escena dio paso a otra en que las mujeres se besaban violentamente y se desvestían una a la otra. La pequeña tenía unas tetas inmensas y un coño de labios muy salidos; las mamellas de la rubia eran pequeñas, pero sus pezones erectos y rosados compensaban la descompensación; tenía una preciosa vulva con los labios vaginales internos, pero una sensual línea en la boca cerrada del coñito. Ambas se tumban en la cama y montan un excitante 69.

    En eso, entra un muchachote con un traje ajustado y corbata -el supuesto y nada creíble cliente-, que las “pilla” en su lúdico entretenimiento laboral

    El hombre es invitado al juego por las caricias de la rubia, que los desnuda, mostrando una musculatura exagerada y varios tatuajes enormes en los antebrazos y el cuello. Y comienza el ménage à trois. El tipo tiene un buen rabo y, para mostrar mejor los intensos primeros planos, va depilado.

    —¿Qué, a que es mejor?

    Naturalmente, es mejor. Bajo mi short mi pija está apretada contra la bragueta con una fuerte erección. Disimuladamente echó un vistazo a Esteban. Su mano reposa entre los muslos y el montículo que forma entre sus ingles habla por sí mismo. De alguna forma, eso incrementa mi excitación. Mi boca de llena de saliva caliente y espesa, lleno de deseo sexual.

    En la pantalla, en un plano lateral en zoom, la morena le está haciendo al rubio una felación de profesional. Su tranca está completamente dentro de la boca glotona. La otra le chupa el higo desde detrás; el interior del chocho es de un color rosado. La rubia lame los largos labios de la vulva y hunde su lengua en el canal dilatado de la morena; mete dos dedos y comienza a masturbarla, sin que la otra abandone la mamada.

    —¡Ya me gustaría que esa morenita me hiciera a mí esa mamada! -exclamó mi primo.

    —Joder, ¡y la rubia, chico! -le respondo-, ¿no te la follarías?

    —Me dejaría follar por ella… uauuuh -en la televisión, el hombre coge por detrás a la rubia y, a la vez que la morena se soba el coño y le magrea las tetitas a la rubia, la penetra de un solo golpe. La polla se clava y comienza a galoparla-. ¡No puedo más, Juan! -y se baja el pantalón. Hasta ahora solamente había visto a Esteban con la pija relajada, en el vestuario de la piscina. Tenía un falo enorme, con un glande grueso en la punta y enrojecido por la tensión sexual.

    El folleteo sigue en las imágenes. Yo miró de reojo a Esteban, que se acaricia los huevos y se baja lentamente el prepucio. Escucho su respiración agitada… Tampoco yo puedo más. Me abro el short y mi polla salta al vacío. La tengo durísima, con el capullo húmedo por el flujo.

    —¡Joder, tío! -exclama mi primo- Ya no podías más… -y estalla en una carcajada.

    Yo me voy sobando el glande. La corona está morada y las venas del mástil hinchadas. Las escenas me han puesto cachondísimo. Me giro y observó a Esteban. Con una mano hace girar el capullo entre los dedos; con la otra se oahes despacio. Me pilla mirando.

    —Yo me masturbo cada noche, ¿y tú?

    —¿Viendo la peli? -le pregunto.

    —No, no hace falta… con la imaginación y los recuerdos. ¿Y tú? -inquiere a su vez-.

    —No tan seguido. Prefiero follar con Nati, o sobre todo que me haga una mamada.

    Ahora es la rubia la que se está comiendo el pollón del rubio, que gime. La morena se ha metido un dildo en el coño y se retuerce de gusto con él dentro.

    —A veces -dice-, yo prefiero hacerme una paja. Conozco mejor mi polla -y se ríe de nuevo a carcajadas. Abre los muslos y su miembro está vertical.

    Yo juego con mis testículos, que están duros: noto los huevos pegados a la base de mi tranca. También está tiesa.

    —¿Cómo te gusta a ti que te lo hagan? -su voz es pastosa, presa de la lubricidad.

    Yo respiro con dificultad y trago sonoramente saliva. Grito toda la verga; el anillo del glande está caliente y morado.

    —Así -respondo y sin saber bien porque le hago una demostración.

    Esteban se acerca. Su polla se balancea a cada paso. Observa con atención. Se acaricia los cojones. Su verga tiene la boca del capullo completamente llena de flujo. Yo me pajeo sólo el glande. Esteban me imita.

    —¿Así? -dice. Pasa sus dedos por el grueso glande.

    Entonces lo suelta y pone su mano si te la miau.

    —¿Quieres que pruebe? -me pregunta con ojos vidriosos-.

    Yo me he quedado asombrado. No esperaba esto. Lo miro fijamente. La verdad es que su propuesta me ha puesto caliente a tope. Nunca he tenido experiencias homosexuales me digo a mí mismo:

    —Ahí la tienes -y quito las manos.

    Esteban se arrodilla frente a mí. Veo la tele. El rubio tiene a las dos mujeres arrodilladas, con los culos hacia él. Va jodiendo alternativamente a una y otra. Los coños están dilatados y brillantes de flujos: la tranca entra y sale con facilidad; las mujeres abren la carne con una mano; la otra está en los clítoris, masajeándolos. Bajo la mirada. Esteban me ha agarrado el falo. Su mano acaricia mi pijo y sube al capullo. Observo que mi suave carne rosada está completamente cubierta de fluido preseminal, transparente. Dos dedos de Esteban aprisionan la corona del glande.

    No puedo evitar dejar escapar un gemido. Él igualmente excitado comienza a masturbarme lentamente…, pero no puedo aguantar más y con un espasmo me cierto en su mano. La leche ardiente sale a borbotones, como un manantial. Él acaricia la polla y la aprieta para escurrir el esperma, que mancha los pelos de mi vientre. Luego suelta el miembro y se queda mirando mi éxtasis.

    Cuando paro veo la corrida del rubio sobre las tetas de las chicas.

    —Ven -le digo-, tomando entre mis dedos su polla. Es muy grande y está tan dura que la mía nunca ha estado así. Tiene un glande grueso, morado y firme. Al tacto como seda. Me impregno los dedos de su viscoso líquido. Doy vueltas al capullo y Esteban gime. Lo siento y me concentro en su prepucio. Bajo y subo la piel. Siento las venas gruesas y azules. Brilla todo el largo miembro tieso y duro. Tengo un impulso…

    Llevo mis labios a la polla de mi primo. Y paso la lengua por el capullo. Lo beso y me lo meto en la boca.

    —¡Ahh! -gime Esteban, cerrando los ojos.

    Yo lamo y chupó la tranca caliente. La lleno de saliva y juego con mi lengua en ella.

    —¡Uf, así! -dice Esteban. Yo noto de nuevo mi polla en erección. ¡Cómo quisiera una mamada ahora! He parado un momento y él dice:

    —¡Vamos…, sigue!

    Yo continúo la mamada más enérgicamente, hasta que en mi boca se desparrama la leche a golpes, llenando mi lengua y mi boca. Tengo la eyaculación hasta que Esteban deja de sacar semen. Entonces dejó que el blanquecino y espeso resbale por mi barbilla y la limpio después.

    —¿Quieres que te la mame yo ahora? -pregunta.

    No necesito responder. Esteban me la agarra y se pone a la tarea. Sus labios chupan, mientras me pajea la verga con pericia. De golpe siento como se me escapa otra oleada de leche en una nueva eyaculación. Esteban extrae todo el semen, lo deja salir de los labios y lo recoge en el cuenco de su mano.

    —¿Lo has hecho antes? -pregunto. Él niega con la cabeza.

    —¿Y tú? -pregunta a su vez.

    —Tampoco, nunca… ni imaginaba …

    Esteban se levanta camino del lavabo. los huevos y dice con tono pericial:

    —Nosotros conocemos mejor los puntos de placer de nuestras pollas, ¿verdad?

    Yo me echó a reír y me acarició las satisfechas pelotas y mi picha… que recordando, no la película, sino la felación de Esteban, vuelve a ponerse morcillona.

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  • Mi suegro y yo emputecemos a otra de su nueras, Aby

    Mi suegro y yo emputecemos a otra de su nueras, Aby

    Un día mi suegro me llamó y me ordenó presentarme esa tarde en su chale, cuando llegue me abrió Violeta y me dijo:

    -El señor la esperara en el salón.

    Ella me acompañó hasta la puerta, iba delante de mí, y al verla mover su culo yo soñaba con que mi suegro me ordenara follar con ella, al llegar a la puerta se volvió y me dijo:

    -El señor ha dado órdenes que solo la señorita puede abrir la puerta y entrar.

    Cuando ella entro en la cocina yo abrí la puerta del salón y cerré rápidamente, y en el salón sentado en el sofá, con su pola al aire se encontraba mi suegro, me acerqué a él y me arrodillé, y después le dije:

    -Supongo que quieres que te chupé la polla.

    Y me puse a hacerlo, se la estuve chupando hasta que él me hijo una señal al levantarme él se tumbó de lado con su polla completamente dura, yo comencé a desnudarme y después me tumbé en el sofá delante de él y desde esta postura el introdujo su polla dentro de mi coño y comenzó a follarme, mientras lo hacía me explicó:

    -No te llamo solo para follar, como habrás observado, todas mis nueras ya estáis en mi sistema, bueno falta la última, Aby y aquí es donde tu entras en juego, no sé si sabes que Aby tiene fama de hacer cositas con mujeres.

    -¿Y eso te parece mal, no nos has llevado a las demás a hacerlo?, le pregunté

    -Si dijo él, pero es algo que quiero controlar, así que quiero que esta vez tu la intentaras seducirás y trataras de enterarte su ya la gustan los chochos, luego yo entrare.

    Después de darme estas instrucciones seguimos follando mi suegro me pidió cambiar de postura, el se sentó en el sofá y yo me puse encima de él y me puse a cabalgarle mientras el me chupaba las tetas y decía:

    -Lorenita, cada día me alegro más de haberte hecho follar conmigo, lo haces divinamente.

    Yo seguí cabalgándole, debía de reconocer que pese a su edad mi suegro era un follador excepcional, estuvimos así un rato hasta que él se corrió, en ese momento me dijo:

    -Bueno de momento está bien, luego si todo sale bien follaremos con Abý.

    -Seguro que sí, dije yo, ya ves que nos has llevado al huerto, mejor dicho, al sofá a todas sus nueras.

    Mi suegro se vistió y según lo previsto, primero llamó a Abý para decirle que le había surgido una urgencia y que tardaría en llegar a casa, pero que yo que había ido al chale por otro asunto me encargaría de hacerle compañía hasta que él llegará.

    Después se vistió la idea era que él vería todo lo que su otra nuera y yo hacíamos desde el cuarto de invitados situado junto a la piscina del chale, y salió hacia allí.

    Yo me lavé y después me vestí para que no quedaran restos de lo que había hecho con mi suegro, y así me puse a esperar la llegada de Aby.

    Aby la última de las nueras que a mi suegro le quedaba por cazar era como nosotras de tetas medianas, pelo moreno, pero si algo la caracterizaba de las demás era su larga melena que la llegaba hasta la cintura.

    Oí como sonaba el timbre de la puerta, Violeta contestaba y efectivamente era Aby, quedaba esperar que entrara en el salón, no tardó mucho en hacerlo, llevaba un vestido blanco, a media piernas, como el mío, nos saludamos y comentamos lo del retraso de nuestro suegro, yo le conté que había ido a por unos documentos y él al enterarse me había pedido que me quedase a esperarla, nos sentamos en el sofá a conversar, una conversación normalita, hasta que yo, de forma aparentemente improvisada, llevé una de mis manos a sus muslos, y dije:

    -Menudas piernas tienes, cuñadita, no me extraña que nuestro suegro esté siempre mirándotelas, seguro que Pascual, tu marido esta siempre sobándotelas.

    -No tía, contestó ella, lo que nuestro suegro está mirando siempre es tu culo, ¿No me digas que no te has dado cuenta?

    -Debe haber algo en el sofá que me molesta, dije yo, pongámonos de pía para ver que es.

    Las dos nos pusimos de pie, en ese momento yo la abracé y llevé una de mis manos hacia sus tetas mientras decía;

    -Quizá lo que mira nuestro suegro son tus tetas.

    Y mientras lo decía llevé una de mis manos hacia esta parte de su cuerpo y me puse a acariciársela por encima del vestido, ella no protestó y eso me animó a seguir avanzando, comencé a subir su vestido, hasta recogérselo por la cintura, llevaba un precioso tanga rojo.

    -Como de dura se le pondrá a Pascual cuando te vea así.

    Y tras decirla eso llevé mis manos hacia su culo y me puse a acariciárselo, en ese momento ella dijo:

    -Cuñadita, nunca me imaginé que tu hicieras esto, pero si lo vas a hacer creo que es mejor que nos quitemos los vestidos para no arrugarlos

    Me pareció una excelente ides y así lo hicimos, al vernos desnudas las dos tuvimos la misma sensación y dijimos a l vez;

    -Menudo cuerpazo tienes, cuñada.

    Nos aproximamos y nos besamos en la boca. Después yo la pedí que se pusiera en el sofá a cuatro patas, me puse detrás de ella y su coño quedó a mi alcance, así que le metí mi lengua en su interior, ella al sentirla dijo:

    -Caramba cuñada, no me esperaba esto de ti, se nota que te van ls mujeres y comes el coño muy bien, se te nota que tienes práctica.

    Yo consideré que la mejor manera de responderla era seguí lamiéndole el coño, sus gemidos se fueron haciendo más grandes, se notaba que los rumores que había escuchado mi suegro sobre la actividad sexual de Aby no iban desencaminados, mi lengua seguía explorando su coño buscando sus puntos más calientes y sus gemidos me demostraban cuales eran, así que fui atacando con mi lengua los puntos más sensibles de su coño, hasta que la oí decir:

    -Zo zorra lo comes muy bien, se nota que no es la primera vez que lo haces y estas logrando que me corra.

    Nada más decir eso note como se venía y sus líquidos fueron a mi boca.

    Descansamos un momento, después fue ella la que dijo:

    -Bueno cuñada creo que te debo un favor.

    Yo, comprendiendo su idea me senté sobre el borde del sofá y ella se puso de rodillas ante mí metió su legua en el interior de mi coño, y de una manera magistral comenzó a comérmelo, creo que, viéndola, como seguramente estaba haciendo, mi suegro debía de tener muy claro que Abý no se estaba estrenando en ese momento en el sexo lésbico.

    Su lengua recorría cada centímetro de mi coño proporcionándome un placer increíble, no fue nada extraño que me corriera rápidamente, tras ello las dos nos quedamos desnudas en el suelo, ella me dijo:

    -Oye, la verdad es que de las nueras de nuestro suegro, si alguna no era lesbiana, yo hubiera pensado que eras tú, para mí esto está siendo una verdadera sorpresa

    Yo la besé en la boca y le dije:

    -Pues está claro que para ti no ha sido la primera vez.

    Ella me iba a contestar, pero en ese momento la sonó el móvil, era nuestro suegro, ya había solucionado su supuesto problema y estaba de camino, de hecho, según la dijo a Aby estaba ya cerca de su chale.

    Al oír esto ella para que no la pillara, y yo para disimular nos vestimos rápidamente y cuando mi suegro abrió la puerta del salón nos encontró completamente vestidas teniendo una conversación normalita entre concuñadas.

    Mi suegro entró nos saludó y fue derecho al grano, dirigiéndose a Aby le repito el discurso que nos había repetido a las demás, y le planteo el mismo dilema que a las demás seguir siendo honrada, pero con su marido fuera de la empresa y sabiendo que iba a tener fuertes problemas para encontrar trabajo, o volverse puta, a cambio de que su marido tuviera un trabajo en la empresa, para sorpresa de Aby yo le ayude a bajarse los pantalones y los calzoncillos y con su polla al aire Aby sabía que podía irse y atenerse a las consecuencias, o quedarse arrodillarse ante él y chupársela.

    Y como habíamos hecho las demás Abý se arrodilló, pero a diferencia de las otras mi concuñada tenía que compartir la polla de nuestro suegro conmigo. De esta manera las dos nos pusimos a chúpasela mientras ella se ocupaba de lamerle los testículos, yo me ocupaba de su polla, mi suegro estaba en la gloria y dijo:

    -So zorras vais a hacer que me corra antes de haceros otras cosas y después en plan mandón, nos ordenó, quiero que mientras Abý me chupa la polla, tu Lorenita te desnudes, que las zorras follan desnudas.

    Yo me aparté un poco mientras Aby se encargó plenamente de su polla, mi suegro le dijo:

    -Joder nuera que bien la chupas, vas a tener que venir de vez en cuando a hacerlo.

    -Estoy a tu servicio, dijo la aludida que había comprendido muy bien la naturaleza de nuestra relación con nuestro suegro.

    Me terminé de desnudar y ayudé a Aby a desnudarse sin dejar de mamársela a mi suegro. Pero él le hizo una señal para que se apartase, yo estaba de rodillas y me puse desde atrás a chupar el culo y el culo de Abý, en ese momento mi suegro, que seguía sentado en el sofá nos ordenó:

    -Abý cariño, pone encima de mí, quiero follar contigo.

    -Como tu gustes amado suegro, contestó la aludida.

    T de un movimiento rápido se puso de rodillas en el sofá encima de mí suegro, e introdujo la polla de este en el interior de su coño, mi suegro al sentirla se puso a gemir mientras decía cosas como:

    -Que bien follas, so zorra.

    Yo miraba como follaban, mi suegro estaba en la gloria con las embestidas de la última de sus nueras, está en un momento determinado me hizo una señal para que me acercara y cuando lo hice, sin dejar de cabalgar a mi suegro, llevó su boca hacia uno de mis pezones y se puso a chupármelo, en ese momento mi suegro dijo:

    -Aby se te nota que además de puta eres tortillera, jaja

    -Querido suegro, alguna vez lo he hecho, pero procuro ser fiel a tu hijo, respondió Aby.

    -Di que procurabas, respondió mi suegro, porque a partir de ahora les vas a poner unos cuernos de campeonato, jajaja.

    Mientras tenían esta profunda conversación Aby seguía cabalgando la polla de mi suegro, y estuvieron así hasta que mi suegro dijo:

    -Quiero cambiar de coño, Abý salté y túmbate sobre el sofá con las piernas bien abiertas, y tu Lorenita ponte de rodillas y baja la cabeza hasta comerle el coño.

    Primero Aby se levantó de encima de mi suegro, después fue este el que se puso de pie, Aby se puo como le había ordenado mi suegro, con una pierna colgando, yo me puse en la posición indicada y comencé a comerle el coño a Abý este se puso a gemir, mientras decía:

    -Vaya, con mi cuñadita la recatada, lo puta que está resultando ser.

    En ese momento noté como mi suegro me cogía por la cintura y de un golpe metió su polla dentro de mi coño, Aby al darse cuenta dijo:

    -Esto es alucinante, nunca había hecho un trio y que la zorra de Lorena me esté comiendo el coño me resulta igualmente de excitante,

    -Pues zorrita, dijo mi suegro, prepárate a vivir momentos alucinantes jajaja.

    Y seguimos follando así hasta que mi suegro dijo:

    -Tengo fanas de correrme, Abý chúpame la polla.

    Después me sacó la polla y se quedó de pie, yo me levanté, y Aby también, para ponerse de rodillas delante de él comenzó a chuparle la polla, verla chupársela resultaba y un espectáculo muy erótico, no pude meno de llevar mis dedos hasta mi coño y comencé a acariciarme. Hasta que mi suegro ordenó:

    -Lorenita, tengo ganas de metértela por el culo.

    -Ya sabes que me encanta complacerte en todos tus caprichos, le respondí.

    Los dos estábamos de pie, yo doble la parte por encima de la cintura de mi cuerpo y con mis manos me apoyé en uno de los respaldos del sofá, mi suegro estaba detrás de mí, y me la metió de golpe. Aby contemplaba el espectáculo, también de pie y dijo:

    -Suegrito no me imaginaba que te lo hicieras con dos de tus nueras.

    -De dos nada, dijo mi suegro, todas sois unas putas y todas habéis rendido culto a mi polla.

    Mientras tenía esta instructiva conversación, su polla se movía en el interior de mi culo, debía de reconocer que lo hacia muy bien, me estaba dando mucho placer, mientras Aby miraba y se masturbaba. Yo ante esto no pude menos de correrme.

    Mi suegro lo notó y la sacó de mi culo, luego se dirigió a su otra nuera y la ordenó:

    -Aby, ahora te toca a ti.

    Aby imitó mi postura, y dobló la parte superior de su cuerpo, pero esta vez no fue contra el sofá, sino contra una de las paredes, y mi suegro poniéndose detrás de ella se la clavo por su culo, los dos comenzaron a gemir, mientras yo, viéndolos, no podía dejar de masturbarme, mi suegro mientras la enculaba dijo:

    -Todas mis nueras habéis resultado tener unos culos fantásticos para follar, y pensar que por respeto a mis hijos yo he estado tantos años perdiéndomelo.

    Siguió enculandola hasta que finalmente se corrió dentro de su trasero, en ese momento se tumbó en el suelo, yo pensé que era solo cansancio, pero la realidad era más perversa, nos ordeno a Aby y a mí:

    -Nueritas mías dejarme la polla completamente limpia.

    Sin considerar de donde había salido esa polla Abý y yo nos tumbamos a su lado, y de una forma muy coordinada, como si lo hubiéramos coordinado Aby y yo nos dedicamos a limpiarle la polla, hasta dejársela completamente libre de cualquier rastro de semen y con ello dimos por terminada la sesión de sexo.

    Pocos días después recibí la señal para conectarme, cuando lo hice en el lugar habitual del chale Aby hacia una especie de estriptis para mi suegro, quedándose completamente desnuda, mi suegro en un primer momento la contemplaba completamente vestido, pero no pudo resistir la tentación y se fue quitando toda su ropa, poco a poco hasta quedarse desnudo, cuando lo hizo, se levanto del sofá y se tumbó sobre la alfombra del salón y dijo a su nuera:

    -Chúpamela so puta.

    Aby se tumbó sobre él y llevó la polla de este al interior de su boca haciéndole una mamada, estuvo un rato mamándosela hasta que a él se le puso durísima, y en ese momento él la ordenó;

    -Ponte encima de mí y follemos.

    Abý se puso de rodillas y acopló la polla de mi suegro dentro de su coño y comenzó a subir y bajar, mi suegro se puso a gemir mientras creo sentir que miraba a la cámara sabiendo que el resto de sus nueras lo veíamos

    De esta manera sus cinco nueras nos habíamos convertido, todas, en putas de nuestro suegro.

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  • Cuando le pedí dos vergones a mi esposo (1)

    Cuando le pedí dos vergones a mi esposo (1)

    Había transcurrido unos meses en el cual no me atrevía a hablarle de sexo con otras personas a mi esposo, ya que le había hecho problemas por los hijos que dejó en las esposas de los amigos con quienes hicimos intercambio de parejas, aunque mi conciencia estaba cochina, pues sin qué el sepa aborté un bebé del cual quedé embarazada y para evitar situaciones embarazosas con él nunca lo confesé.

    Una noche cachando le dije que deseaba hacer sexo con otras personas, me respondió que intercambio de parejas nunca mas, pero que me daría el gusto, le dije que quería con dos vergones, me respondió que buscaría y me avisaría.

    Pasaron los días y me sentí un poco impaciente ante la promesa que no cumplía, hasta que un día después que llegó del trabajo me dejó su celular para una video llamada con las dos personas me dijo que en el whatsapp estaban las conversaciones y que los llamara, pues estaban esperando verme, llamé a uno primero quien era un hombre fuerte y apuesto que estaba desnudo en su cama le saludé y era muy atento, pues me encantó su forma de ser, pidió verme así desnuda y lo hice viendo mi gran culo, en el cual se quedó admirado enviándome flores y diciendo que era super deliciosa, me encantó sus adulaciones y me mostró su verga parada y sí que era grande.

    Y así nos despedimos con besos volados, quedando para el fin de semana como lo habían coordinado con mi esposo, luego llamé al otro amigo quien eran un hombre pelucón alto y fuerte, se veía enorme, pensé que era por la cámara, me vio mi cuerpo desnudo y noté su ojos sádicos y como se lamía al verme, me pidió que me ponga la cámara al culo para que vea mi enorme culo, se quedó anonadado diciéndome ese culo está como para mí verga, si mi amor le dije y yo quiero tu rica verga en son de risas, de inmediato pude ver su grande verga, si que se veía enorme que me puse cachonda, pensando en lo que me gozaría el sábado.

    Aunque por mi mente pensé que era por la cámara de su celular, me despedí con un beso y me puse la ropa para evitar problemas con mi esposo, quien al entrar al cuarto me preguntó que tal lo veía, le dije que estaba muy bien y que esperaba el momento, lo besé y esperamos para el fin de semana como solíamos hacer.

    Ya el día sábado salimos en el auto al hotel como a las 9 de la noche, compramos las ultimas 8 cervezas que quedaban, en el cual nos pusimos a beber mientras llegaban los invitados y era como las 10 de la noche que llegó uno de ellos quien era un instructor de gym, no era alto pero si fuerte con el cuerpo marcado por los ejercicios y me encantó ver a una persona super fuerte, bebimos juntos hasta que mientras esperábamos al otro amigo quien decía que estaba en camino nos propusimos realizar una sesión de fotos los tres luego desnudos y al final pude ver su gran verga si que estaba rica las fotos eran sin penetración que fueron muchas que hasta hoy lo conserva mi esposo.

    Luego molesta porque no llegaba el amigo pues pensé que se había burlado de nosotros, empezamos a cachar que lo hicimos super rico, el hombre me cacho por la concha que me hacía vibrar de pasión, era super rico, hasta que me dijo que quería mi culo, me puse en cuatro con el culo para arriba y la cara a la cama, que me metió con fuerza que me hizo retorcerme de dolor, que empecé a llorar sin control, mi esposo se molestó con el amigo mientras me acariciaba con besos, el culo me dolía mucho y le dije que lo haga puro vagina ya que me dolía mucho y era bruto me pidió perdón, lo hizo una y otra vez mientras por mi conchita mientras me llenaba de saliva el culo adolorido.

    Hasta que eyaculó dentro de mi concha, decidí hacerme la dormida, porque el dolor en el culo aún persistía, mientras oía entre ellos que le decía a mi esposo, yo quería ese rico ano, mi esposo le señalaba que debía excitarme el ano y así no era, hasta que me quedé muy dormida, aunque entre sueños sentía que me penetraban en culo, si no fuera por el video que me mostró el video que me cachó por el culo mientras dormía eyaculando dentro de mi carro o sea se dio el gusto con mi culo, despidiéndose luego de mi esposo.

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  • Confesiones de una mujer casada (2)

    Confesiones de una mujer casada (2)

    Hola amigos lectores hoy vamos a continuar contándoles mis inicios como cornudo, resulta que después de haber tenido una noche de sorpresas y sentimientos encontrados. Mi esposa regresa a casa contándome lo bueno que la paso con dos desconocidos con quienes tuvo relaciones sexuales toda una noche y parte de la tarde del día siguiente.

    Aunque llego cansada no fue impedimento para que ambos hiciéramos el amor con tanta pasión y lujuria. Terminado en un orgasmo múltiple fenomenal. Ella quedo profundamente dormida.

    Al otro día me levante y le prepare el desayuno llevándoselo a la cama despertándola de su sueño.

    -Buenos días dormilona.

    -Ahí papi me trajiste desayuno.

    -Si señora hoy me toca a tenderte como a una reina.

    -Jajaja me va tocar seguirte poniendo los cuernos para seguir disfrutando de tus atenciones ¿y la niña?

    -Está jugando en su cuarto ya le di el desayuno.

    Me quedo a su lado mientras come y con ganas de hablar sobre lo ocurrido la noche y el día anterior.

    -Bueno mami contame como fue, que paso, quiero saber cada detalle.

    Termino de tomarse su café, le retire la bandeja y se quedó ahí sentada.

    -Pues que te dijera papi, desde que llegamos pues todo iba bien yo estaba contenta estaba pendiente de ti hasta cuando vi en otra mesa que había dos papacitos así todos deliciosos a mí me encantaron con su sonrisa y a la vez comencé a coquetearles con mi mirada sonriéndoles y hasta les pique el ojo, yo creí que tú te diste cuenta de eso ¿cierto?

    -si, si me di cuenta.

    -Entonces cuando comenzamos a bailar y que hubo cambio de pareja yo busque a Ariel para bailar con él, y ya estando con él le dije que no cambiáramos y siguiéramos los dos y así bailamos varias piezas. A mí se me olvido que tu estabas y seguí conversando con él en el intermedio, me viste como seguíamos abrazados y yo lo acariciaba.

    La música continuo varios vallenatos sonaron y ahí aproveche para dejarme manosear. Tú te me perdiste no te vi y antes de terminar el vallenato ya nos estábamos besando, yo estaba recostada en una de las vigas el beso duro bastante tiempo y el manoseo de ambos también, por que como tenía una camiseta Lacoste pude meter mis manos y tocar su espalda y rozarle mis uñas, Tu que te hiciste que te me perdiste no te veía.

    -Entre al baño y luego salí a fumarme un cigarro

    -bueno te perdiste de eso papi. A Ariel le conté que también me gustaba su amigo y que me gustaría bailar con él. Ahí fue que me dieron ganas de ir al baño y al regresar me acerque a ti nuevamente. Y al volver a sonar la música, Gustavo vino a sacarme a bailar.

    -mucho gusto preciosa vengo a que disfrutes del baile conmigo

    -Ahí papacito con mucho gusto.

    Me toma de la mano te sonrió y me voy a bailar con el, nos hicimos en todo el centro de la pista, baila delicioso además que mi comentario lo animo a atreverse aún más conmigo cuando le dije. Que bien bailas, su así eres en la cama me voy contigo. Y ahí me agarro abrazándome contra él y besándome apasionadamente, cada beso lo sentía, me hervía mi cuerpo, nuestras lenguas se rozaban. Y fue ahí que Ariel se acercó y nos propuso ir a su apartamento para estar más a gusto, yo acepte de una y fue ahí que vine hacia ti para avisarte que me iba con ellos.

    -Mami me dejas perplejo, te desconozco, tu quien eres, en donde está mi niña hermosa y recatada que conocí hace unos años.

    -Jajaja no papi de eso ya no queda nada. Tú te has encargado de volverme así. Yo era toda inocente como las que no rompen un plato.

    -bueno mami ¿entonces te gusto hacer tu primer trio?

    -Si y no.

    -¿?

    -si me gusto el trio, y no te me vayas a disgustar por lo que te voy a comentar.

    -No mami tranquila haber cuéntame, ¿hiciste algo ayer?

    -No, no de ayer pues ya viendo tu reacción a lo que paso y que no pusiste problema y que hace rato quería contártelo.

    Lucia suspira expande sus pulmones y comienza a hablarme.

    -Papi no es el primer trio que yo he hecho, he estado con otros hombres.

    -Como así mami ¿has estado teniendo relaciones sexuales con otros hombres?

    -Si… lo he hecho.

    -¿Y cuándo pensabas contarme?

    -pues hace rato estaba que te contaba.

    -A ver si entendí no es el primer trio que has hecho ¿Ha habido mas tríos?

    -Si he hecho ya con este ocho tríos.

    -Que bárbaro en serio, guau no te creo y me lo cuentas así sin dolor. Has estado en la cama en ocho oportunidades teniendo relaciones sexuales con ahí que bárbaro con 16 hombres. Todos diferentes o ha habido alguno que repita.

    -no, no he repetido con ninguno en otro trio. Todos han sido en diferentes momentos lo que si he hecho es tener varias veces tríos sexuales con los mismos caballeros. Por ejemplo con Antonio y Julián lo hemos hecho ya 10 veces.

    -¿Y esos quiénes son?

    -Son empleados del banco donde tengo mi cuenta corriente.

    -No mami me dejas sin palabras, ni sé que decirte.

    -Y como empezaste tu a esto.

    -Pues con ellos fue muy fácil. Yo venía pensando en hacer un trio sexual, de tanto ver a esas mujeres en las películas porno disfrutar tanto, tenía ganas de hacerlo por eso los escogí. Ellos van a almorzar y yo los seguí, al verme entrar al restaurante me llamaron y me senté con ellos a almorzar. Así nos vimos varias veces para almorzar empezó a haber mas confianza varias veces caminaba abrazada de uno de ellos y para un fin de mes ellos salen mas temprano entonces los invite a tomarnos unas polas y a bailar yo pedí permiso en la oficina. Y nos fuimos de goce yo a lo que iba ellos a conquistarme. Al principio los vi como en ese jueguito de quien me conquista primero pero los pare diciéndoles.

    -Bueno ya ustedes dos dejen la joda, que yo ni estoy acá para estar con uno de ustedes, a mí me gustaría estar con los dos así es que diviértanse conmigo, ambos.

    Hace seguimos tomando, bailando, besándonos. Hasta que les dije que nos fuéramos a un motel a terminar la fiesta. Nos fuimos a uno de los moteles de Fontibón. Y ahí fue la primera vez que hice un trio.

    -¿Y por lo que veo te quedo gustando?

    -Me encanto fue espectacular hay entre la inexperiencia pero apoyada en lo que había visto en las películas porno, mis orgasmos fueron múltiples y prolongados. Esos dos muchachos estaban felices y muy activos y yo disfrute de sus vergas como toda una puta.

    Me le siento al lado y la abrazo se recuesta en mi pecho, Lucia nació en Flandes Tolima un municipio que queda al lado de Girardot, sus padres viven allá.

    -Papi hace ocho días al fin no me fui a visitar a mis papas.

    -No ¿y para donde agarro la señora?

    -Me fui con Camilo a la mesa.

    La mesa es un municipio cercano a Bogotá.

    -Camilo ¿tu jefe?

    -El mismo.

    -Y él está casado.

    -Si pero su mujer está viajando con sus dos hijas.

    -¿hace cuanto te has acostado con él?

    -pues ese viaje fue la celebración de nuestro primer aniversario ya llevo un año disfrutando de su verga que es el doble de grande que la tuya. Me encanta mamársela, él fue mi primer anal, como tú nunca quisiste, eso me ha sacado unos orgasmos los hijuputas de ricos.

    -No con razón te llevaste la maleta desde el viernes, si salieron de la oficina derechito a su nido de amor.

    -Si papi yo lo planee así y nos quedamos hasta el lunes haciendo la tarea juiciositos.

    -Cada vez estoy mas sorprendido.

    -Papi solo tranquilízate porque hay harto que contar.

    -No me quiero imaginar.

    Por hoy no es más espere las confesiones de la esposa de un cornudo inocente.

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  • Juegos calientes y retorcidos

    Juegos calientes y retorcidos

    Hola a todos los seguidores de este sitio. Esta historia trata de cuando mi marido puso en marcha un juego de dominación y control para someterme a sus retorcidas ideas. Me describo para ustedes: soy una mujer de 40 años, morena clara, linda, ojos cafés y cabello largo color negro hasta media espalda, de complexión delgada, pero con un trasero firme y redondeado.

    Mi marido sabe bien cómo excitarme con jueguitos calientes que a menudo solemos llevar a cabo. Un viernes él se fue trabajar y más tarde me despertó un mensaje de texto suyo: “Hoy harás lo que yo te ordene puta”. Ufff me encanta cuando se pone en plan dominante.

    Durante el resto del día recibí varias instrucciones suyas mediante los mensajes que me envió: darme una ducha, depilarme perfectamente el coño y ponerme encima solo un abrigo largo que me cubría hasta la altura de la rodilla sin usar ninguna otra prenda por debajo, para luego trasladarme a un conocido centro comercial, específicamente al sex—shop.

    Arribé a la tienda y desde que entré iba ya muy mojada. Sin perder tiempo pedí al propietario me vendiera un par de bolas chinas, las trajo, se las pagué, las saqué de su embalaje y delante de él me abrí el abrigo, subí una pierna al mostrador y sin titubear introduje dentro de mi húmedo coñito el par de esferas que entraron como cuchillo caliente en mantequilla jajaja. El locatario no tuvo ni tiempo de reaccionar, antes de que lo hiciera me di la media vuelta y salí contoneándome de ahí.

    Lo siguiente que me ordenó mi cónyuge fue caminar por el centro comercial por varios minutos hasta que ya no aguantara más. Anduve deambulando de allá para acá por los pasillos, a cada zancada las bolas se agitaban dentro de mi interior, fue muy estimulante tener que contraer mis músculos vaginales para evitar que las esferas salieran expulsadas y si a eso le sumamos la emoción por estar en un lugar público sin que nadie supiera lo que sucedía debajo de mi abrigo, mi orgasmo era inevitable.

    Cuando sentí que ya me llegaba, apenas pude refugiarme en uno de los sanitarios, cerré la puerta y me corrí deliciosamente sin poder evitar que se me escaparan unos gemidos. A continuación, saqué mi móvil y con la cámara que trae integrada tomé una foto donde se podía apreciar cómo iban saliendo las bolas pegajosas de mi depilado coño, misma que envié a mi marido como lo solicitó. Luego de eso me tuve que secar pues mis jugos escurrieron por mis ingles (recordarán no llevaba ropa interior) y al salir una señora se me quedó viendo con ojos inquisidores, creo que me escuchó gemir jajaja.

    La siguiente fase del plan de mi esposo consistió en tomar un taxi casa y convencer al conductor de pagarle el viaje con una mamada. Salí del centro comercial, hice la parada a la primera unidad disponible y me subí en la parte delantera del coche junto al taxista, un tipo normal de unos 35 años. Le di indicaciones del domicilio y abrí la parte inferior del abrigo para que apreciara mis piernas, que por supuesto él observó descaradamente. Iniciando el trayecto comenté:

    —“¡Mierda! He tirado en el centro comercial el billete con el que le pensaba pagar señor, lo lamento mucho. Me urge llegar a casa, si usted acepta le puedo compensar el favor, ¿qué me dice?” —le dije mientras le puse mi mano sobre su pierna derecha. Obviamente aceptó así que me incliné hacia él, saqué su verga del pantalón y comencé a mamarle. Astutamente me llevó a casa por la ruta larga para que le comiese la polla por más tiempo (por mi encantada, me fascina chupar). Justo como mis órdenes decían debía enviar una foto como evidencia, por lo que me tomé una selfie tragando ese pito y la envié a mi marido.

    Llegando a casa me indicó que sacara una caja que él había metido debajo de la cama. Dentro había varios objetos, el primero se trataba de un pepino grueso, de más de 30 cm de largo. Tenía que ensartarlo en mi conchita sin ayuda de ningún lubricante excepto de mis propios flujos y correrme con esa verdura dentro. Me recosté en la cama y masajeé un poco el clítoris, solo como costumbre, para ser sincera aún estaba muy mojada por los eventos de hacía un rato, así que no tardé mucho en alistar mi coño para recibir aquel pepino. Me lo fui ensartando de a poco, sentí que mi vagina se expandía y miraba como ese monstruo verde desaparecía en mi interior.

    En cada centímetro que iba entrando pude percibir las pequeñas protuberancias del pepino que estimularon de una forma deliciosa mis paredes vaginales pues provocaron pequeños calambritos eléctricos, supongo que tocó fibras nerviosas que un pene real usualmente no lo hace. Pude meter solo un poco más allá de la mitad, suficiente para que en un par de minutos llegara un orgasmo muy intenso, y es que las dimensiones de aquel objeto me hicieron mojar toda la cama, expulsé bastante líquido transparente, mucho más de lo que normalmente arrojo.

    Nuevamente tomé con mi móvil una fotografía del pepino ensartado bañado en jugos, la envié y me quedé un rato dormida pues había sido un día ajetreado y debía descansar para lo que me esperaba más tarde.

    Las instrucciones de la fase final fueron claras: a las 7 h alistarme y a partir de ahí no podía hablar a menos que así me lo pidiera. Luego de ducharme otra vez, fue tiempo de usar el resto de los objetos contenidos en aquella caja: un diminuto atuendo de piel en color negro, unas esposas, un collar con una cadena larga y un par de tacones. Me puse el atuendo que a decir verdad eran solo tiras de piel, no cubrían gran cosa.

    Luego abroché el collar alrededor de mi cuello y la cadena la uní del otro extremo a las esposas que coloqué por atrás de mi espalda. Me tiré bocabajo sobre el sillón de la sala totalmente indefensa y restringida por las esposas y el collar. Esperé excitada por varios minutos pues imaginé algunos juegos de dominación con mi esposo.

    Estuve ahí tendida a la expectativa hasta que escuché su coche llegar a casa, temblé de la ansiedad y emoción. La puerta principal se abrió y escuché pasos acercándose. Noté su presencia a mi lado y como jaló la cadena que unía el collar de mi cuello con las esposas en mis muñecas, eso obligó que mi cuerpo se arqueara hacia atrás. Colocó sobre mis ojos un antifaz parecido a los que se usan para poder dormir, me dejó en las penumbras. Me jaló del collar para hacerme bajar del sillón y ponerme hincada de rodillas en el suelo. No niego que me asusté un poco, sin embargo, mi conchita no dejaba de palpitar de la excitación.

    Escuché una cremallera abrirse y su mano me tomó del cabello para acercarme a él. Sentí su polla en mi mejilla derecha, la frotó por toda mi cara, no pude evitar decir unas palabras:

    —”Mmmm que rica verg…” —no alcancé a terminar la frase cuando ¡saz! una bofetada me calló al instante y me recordó que tenía prohibido hablar.

    —“¡Cállate zorra, tu amo no te ha dado permiso de hablar!” —me ordenó. Fue ahí cuando sentí como un balde de agua fría, no por la bofetada, sino porque me di cuenta que la voz pertenecía a otro hombre que no era mi marido.

    Forcejeé, más fue inútil, el tipo me tomó por la fuerza e hizo que me engullera su verga. Creo que sentirse en control de la situación lo excitó porque noté su pito más erecto que un momento antes. Me obligó rudamente a pegarme más él, hizo que me atragantara con su miembro que con cada arcada se engrosaba más, quienquiera que fuese tenía buena herramienta. Poco a poco comencé a disfrutar de su verga, le tomé sabor y me acoplé a su ritmo.

    —“Qué bien la chupas mujer. En verdad mamas de campeonato, no le creí a tu maridito, pero veo que tenía razón” —me comentó burlonamente. Así estuvo mucho rato usando mi boca como si fuera un coño, hacía llegar su verga hasta al fondo de mi garganta y sus testículos pegaban en mi mentón, hasta provocó que se me salieran unas cuantas lágrimas. Luego se le ocurrió apretarme el collar que llevaba puesto para asfixiarme un poco sin permitir que parase de engullirle el palo. Cada que hacía eso soltaba carcajadas, disfrutó ver mi boca llena de pija y mi cara tornarse roja por no poder respirar bien

    —“Bueno, ya basta con esto, vayamos a lo que sigue” –me dijo al momento que me levantó y empujó hacia el sillón. Me dobló hacia adelante quedando parada bocabajo con mi vientre sobre el descansabrazo.

    —“Ahora verás cómo trato a las zorras como tú” —exclamó aquel hombre al tiempo que enfiló su herramienta directo a mi anito. Fue ensartando su verga sin mucho preámbulo, solo la colocó en mi entrada y la empujó hasta que sus huevos toparon con mis nalgas. Sentí que me atravesó con una barra hirviendo que iba salirme del otro lado por la boca. Comenzó su poderoso vaivén, yo bufé y grité como desesperada, el solo se rio y continuó atravesándome.

    —“Jajaja ¿qué te pasa esclava, acaso te duele que te ensarte por el culo? Eres mía para hacer lo que me venga en gana ¿oíste? ¡Contéstame puta! ¿oíste bien lo que dije?

    —“Siii” —le contesté con un grito largo.

    —“¡Puta igualada, dirígete a mí con respeto o haré que te arrepientas!” —me reclamó.

    —“Si mi amo, haré lo que me pidas” —sumisamente tímidamente.

    —“Así es como debe contestar una vil esclava como tú, ¿qué te habías creído? Eres solo un objeto que usaré y luego te dejaré tirada aquí mismo” —me dijo con tono insultante. Sus palabras humillantes me mantenían sumisa y bajo su control. El móvil de aquel sujeto sonó y sin dejar de follarme el culo tomó la llamada.

    —“Amigo mío, carajo, había olvidado marcarte, con lo ocupado que estoy jajaja. Claro, todo ha salido muy bien, ahora mismo le estoy partiendo el culo a tu esposa, creo que le gusta lo rudo eh. Por cierto, tenías razón en cómo la chupa esta mujer, casi me corro en su boca amigo. Si, está bastante bien la zorra, vale cada centavo que te pagué por usarla”.

    Era evidente que mi marido le marcó y charlaba con él. No podía creer lo que escuché, me vendió como si fuera una prostituta. Continuó la conversación:

    —“Tengo que colgar amigo, me he desconcentrado con esta llamada. ¿Cómo dices? Está bien, dejaré el móvil en parlante para que escuches como la follo” —le dijo a mi esposo. Puso el teléfono sobre la mesa de centro que estaba junto al sillón y volvió de lleno a lo suyo.

    Nunca imaginé estar en una situación como esa: un extraño pagando una cantidad de dinero para someterme y encularme en mi propia casa, mientras mi esposo escuchaba todo del otro lado de la línea. ¿En qué momento se tornó aquello tan retorcido? Admito que follar con un desconocido es algo que siempre me ha producido mucho morbo, supongo que eso me hacía disfrutar del momento que a muchas otras mujeres les resultaría repugnante.

    El hombre me taladró con furia y azotó fuertemente mis nalgas. Por sus movimientos y respiración agitada supe que su orgasmo vendría enseguida. No tardó en inundar mi ojete con chorros y chorros de semen caliente, cada disparó de leche lo sentí llegar hasta mis entrañas. Una vez que se vació adentro, se desacopló. Me desplomé sobre el sillón pues el cansancio me pasó la factura, aguanté mucho rato sus embestidas y nalgadas. El desconocido se sentó en el sillón junto al descansabrazos y me advirtió:

    —“Que bien la he pasado en ese agujero tuyo. Ahora mismo me dejarás la polla reluciente, ¿Oíste puta?”.

    —“Enseguida mi amo” —le contesté al momento que nuevamente engullí su verga. Mientras le comí la polla percibí como el semen brotaba de mi recién violado anito, se resbala por mis muslos. El hombre masajeó mis nalgas con su mano derecha mientras con la izquierda me forzó a hundirme más profundamente su pija en mi boca. En eso escuché la puerta abrirse de nuevo:

    —“Pasa compañero, te estaba esperando. Aún queda puta suficiente para ambos” —dijo mi amo. La otra persona que entró a la casa no dijo palabra, ¿será mi marido? pensé. Solo pude oír cómo se quitó la ropa para segundos después poner sus masculinas manos sobre mis nalgas.

    —“La enculé sin piedad y me corrí dentro ¿ya viste?” —parecía dirigirse al otro sujeto que me exploraba el trasero. Acto seguido sentí como el recién llegado comenzó a lamer mis muslos, recogiendo con su boca los restos de semen hasta que al último ubicó su lengua ¡dentro de mi ano! Eso me calentó como no tienen una idea, me puse a mamar con más fuerza y ahínco el tronco que tenía en mi boca. Luego de literalmente limpiarme el culo con su lengua, la bajó para trabajarme el coñito. Un aghhhh ahogado salió de mi boca, ansiaba algo de diversión en ese agujero desde hacía rato.

    Lamió toda mi conchita con lengüetazos lentos desde mi clítoris, pasando por mis labios y hasta toparse de nuevo con mi dilatado ano. Repitió esos movimientos varias veces, en cada repetición mi vagina se mojaba más y más. Después introdujo dos dedos en mi vagina, frenéticamente los sambutió y meneó en círculos dentro, casi me hizo terminar.

    Unos momentos después cesó de lamerme y sentí la cabeza de su pene entrado por mi húmeda rajita. Fue entrando sin mucha resistencia, el pepino que tuve dentro esa tarde había dejado el camino más que espacioso jejeje. Comenzó con sus estocadas y se aferró a mi cintura para follarme con fuerza, más en ningún momento solté de mi boca aquella verga devoraba al otro hombre.

    —“Jajaja ahora tienes dos pollas para ti sola esclava. Eres más puta de lo que imaginé. ¿Te gusta cómo te follamos?” —me preguntó el primer sujeto.

    —“Me encanta que hagan de mi lo que les plazca, soy su puta esclava” —le contesté.

    —“Como has sido buena esclava me correré en tu cara. No dejes de mamar mi estaca zorra” —me advirtió.

    El compañero al escuchar esto aceleró sus embates, me follaba a una velocidad increíble. Mis gemidos anunciaron a mi amo que mi orgasmo estaba en puerta, que en cualquier momento me correría. Al notarlo me jaló de los cabellos para retirar mi boca de su pija.

    —“¿Qué haces esclava? ¿Acaso te he dado permiso de correrte? ¿Pensabas terminar sin mi autorización?” —me reclamó dándome nuevamente una leve bofetada en mi rostro. Hizo que su compañero se detuviera, le pidió que ya no me follara más. Me jaló de la cadena, me puso de rodillas y comenzó a deslecharse abundantemente sobre mi cara.

    —“Ahora si esclava, te doy permiso que te corras con la pija de mi compañero. Me retiro, tuve suficiente por hoy. Te la dejo para que la sigas follando, haz con ella lo que quieras.” —comentó. Así sin más se vistió y se marchó, sin siquiera conocer su rostro.

    El relevo me levantó, me quitó el collar y la cadena, mas no me removió las esposas ni el antifaz. Se sentó en el sillón y me jaló hacia él para que lo montara. Me ensarté su erecto pene de un sentón y comencé a cabalgarlo como loca. No tardé ni cinco minutos en correrme entre convulsiones y espasmos. Mi coñito palpitaba y contraje mis músculos vaginales para apretarle con más fuerza la pija, cosa que me produjo más placer en el momento del clímax. El tipo no pudo más y también terminó corriéndose dentro con chorros espesos y violentos.

    Nos quedamos unidos por unos instantes, luego me removió las esposas y finalmente el antifaz. Cuando mis ojos se abrieron miré que se trataba de mi marido. Me abrazó y me llevó cargando hasta nuestra habitación, dormimos por muchas horas.

    Hasta la fecha desconozco la identidad del hombre que fue mi amo aquella vez, quizá sea mejor así. Desde ese día comencé a idear la manera de vengarme de mi esposo, darle su merecido con una cucharada de su propia medicina, pero eso se los contaré pronto en otro relato.

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  • Relato de una traición (3 – final)

    Relato de una traición (3 – final)

    Después de esa rápida cogida en el agua, todo cambió en mi cabeza. Esa misma noche el sexo con mi novio fue descontrolado, yo estaba muy puerca y le pedí a mi novio que me garche duro, que me pase la pija bien por la cara, le pedí que me penetre el culo con fuerza mientras yo me ofrecía bien abierta, todo con nuestro amigo en mi cabeza, deseando chupársela a él, que su pija fuera la que me estaba ensartando. Fue una buena noche sexual, pero al otro día no hacía otra cosa más que desear que nos quedemos un buen rato a solas para matarnos en la cama con mi amigo.

    Cada vez que podíamos rozamos nuestros cuerpos a la pasada, los saludos con besos eran algo más largos, imperceptible para el resto pero cargados de deseo para nosotros.

    Al tercer día, finalmente ocurrió. Mi amiga quería ir de excursión a Bacardi, algo que a mí no me interesaba para nada, mi novio dijo que la llevaba y que quería también hacer la excursión. Por supuesto Alejandro dijo que prefería quedarse y de paso preparar un asado para cuando volvieran y podíamos disfrutar de la piscina de la casa que habíamos alquilado.

    Una vez salían de la casa, sabíamos que la excursión duraba unas 2 horas a lo que había que sumarle el tiempo de traslado al lugar, ¡lo que significaba que íbamos a tener toda la mañana solos en la casa! Mi corazón latía de excitación y mi cuerpo ardía de deseo.

    Me puse mi bikini más diminuta que tengo, apenas unos triángulos alargados que cubren mis pezones y dejan ver el resto de mis senos, y una tanga que por detrás es solo un hilo que se mete entre mis nalgas y por delante solo cubre la parte central, la vagina específicamente pero deja ver los costados de la zona, y me fui a la piscina en la parte trasera de la casa, esperando a que Alejandro viniera, porque aunque no lo hayamos planeado ni hablado, estaba 100% segura que ni bien se asegurada que nuestras respectivas parejas se fueran, vendría a garcharme.

    A los 10 minutos que me parecieron una eternidad, salió de la casa y vino directo en mi dirección. Yo lo miraba acercarse, lo deseaba, alto, fuerte, solo con su short de baño.

    Su mirada era de un hombre en celo, casi como un degenerado, sus ojos me recorrían entera. Yo abrí un poco mis piernas acostada como estaba en la reposera, ofreciéndome para que sus ojos se fijaran en mi entrepierna y ya no se movieran de ahí.

    “Te gusta lo que ves” le pregunte al verlo hipnotizado por mi apenas cubierta vagina.

    “Nunca te había visto con esa bikini” me responde. Yo me pare y le di un giro de 360 grados para mostrársela toda. “Te gusta?”, su pantalón se había abultado notoriamente. “Me volves loco Ro” respondió al tiempo que se acercó, se arrodilló, me giro y se puso a besarme y masajear mi culo. Yo lo subí un poco y abrí algo mis piernas. Corrió el hilo del bikini hacia un costado haciéndolo bordear mis nalgas y hundió su rostro en mi, beso y lamio mi conchita ya totalmente humectada de mis fluidos y caliente, palpitante, ofrecida. Su lengua lamia mi ano e intentaba penetrar en él y más me hacía empinarse y abrirlo.

    Yo jadeaba y gemía llena de placer, “chupame toda Ale, lameme bien la concha, haceme acabar así” le decía mientras la chupaba como un perro en celo y se iba sacando su short quedando desnudo. “No podes más de puta Ro, me haces calentar como nadie, ¿qué es lo más puta que hiciste en tu vida Ro? Contame mientras te la chupo toda” me dijo. Mi respuesta, llena de morbo y haciéndome excitar aún más por sentirme tan puta y débil antes el deseo de ser penetrada… “cogerme al amigo de mi novio y esposo de mi amiga”.

    Lo dije, mientras me apretaba las tetas y mojaba con mi propia saliva mis pezones y sentía esa lengua hurgar en mi dilatado ano y explotaba en un primer e intensísimo orgasmo.

    Él se levantó, me giro y me beso apasionadamente, su boca olía a mi sexo y me calentaba, sentía su pito duro y mojado con liquido preseminal contra mi abdomen y mis manos se dirigieron inmediatamente a pajearlo mientras nuestras lenguas se entrelazaban, sentíamos nuestros alientos jadeantes y llenos de deseo, sus manos apretaban mi culo y sus dedos se metían en mi ano haciéndome jadear aún más y decís grosería tras grosería. Me sentía muy puta y eso siempre me calienta, ver y sentir a los hombres tan deseosos, tan calientes por mí, me calienta, me excita.

    Mordía sus labios, lamía su boca, lo pajeaba intenso, fuerte, rápido, sentía en mi mano cada centímetro, cada vena de su pija caliente.

    Un dedo, dos dedos, tres dedos dentro de mi culo, cada vez más adentro, cada vez mi ano más expandido hambriento por ser penetrado.

    Tenía sed, sed de pija, me agache y antes de meterla en la boca, la oli toda, la pase por mi cara refregando por mi nariz y oliendo profundamente, ese olor a hombre, a pija caliente, esa pegajosidad que iba dejando sobre mis mejillas y nariz de líquido preseminal, me volvía loca.

    Apoyé su glande en mis labios y suavemente la fui introduciendo en mi boca, jugando con mi lengua y humectando con mucha saliva. Que rica estaba, que dura estaba… chupé, lamí, olí, pajeé desesperada, sedienta de semen. Yo estaba muy caliente y él sostenía mi cabeza acompañando mis movimientos de mete y saca y me miraba con cara de degenerado. “¿Tenías ganas de chuparme la pija Ro? ¿Te gusta la pija? Chupa, chupala toda” eso me iba diciendo haciéndome sentir bien puta y aún más excitada.

    Cuando su pito se puso tenso en preparación de acabar, el intento sacarme pero no lo deje, como dije antes, tenía sed, sed de semen, sed de la leche de Alejandro, quería sentir el semen caliente en mi boca. Así que me lo pase una vez más por mi nariz con mi lengua extendida pajeando y cuando estaba bien a punto me lo metí en la boca y apreté mis labios para sentirlo explotar. Potentes y calientes chorros de semen salieron dentro de mi boca y yo chupaba, chupaba y tragaba.

    Deje salir los últimos espasmos de semen sobre mis labios y lamí y oli, ese hermoso olor a semen mezclado con mi saliva me hacía latir mi conchita.

    Me trepe a él rodeándolo con mis piernas, refregando mi conchita super mojada en su panza, lo bese y chupe su cuello y él hacía lo mismo conmigo, nos besamos como amantes que éramos, a él no le importó que tuviera mi cara y boca con olor a pija y semen. Yo me refregaba fuerte ahí trepada mientras él metía sus dedos en mi culo.

    Me llevó así hasta dentro de la casa al sillón, y me bajo acostada boca arriba. Su pija estaba dura aunque no como al inicio. De todas formas fue suficiente para que me la pueda meter. Mis piernas estaban bien abiertas y mis rodillas bien altas, colocando mis pies por sobre sus hombros, de manera que él pudiera penetrarme bien hasta el fondo.

    Pronto su pito entrando y saliendo mi vagina tomo la dureza del inicio, fuerte, venosa, entraba y salía, su cuerpo sobre mí era una delicia, su jadeo uniéndose con el mío mientras nos besábamos, “Cogeme Ale, cogeme fuerte, dale, cogeme, ahhh, cogeme como puta”, jadeos, gemidos de placer, el sonido de nuestros cuerpos chocando uno contra el otro y el olor a sexo impregnando el ambiente. Todo era sexo animal entre dos amantes desesperados.

    Alejandro me penetraba cada vez con más fuerza, yo baje mis piernas de donde estaban y con ellas rodee su cuerpo y con mis manos en sus glúteos lo atraía a mi para sentirlo bien dentro de mí, por momentos él se quedaba con su pito bien incrustado en mí y se movía refregándose y estimulando mi clítoris, alternaba entre besarme y chuparme las tetas, mordía suavemente mis pezones y pasaba su lengua ancha sobre los mismos, refregaba su cara en mis tetas llenas de su saliva y yo sentía su pija tan profunda en mi vagina que no pude aguantar más, lo aprete bien contra mí y tuve un hermoso orgasmo.

    Él quería seguir taladrando, pero yo me salí, fue intenso y duradero, por lo que mi conchita se puso sensible, pero también quería seguir, quería usar todo el tiempo que teníamos antes de que se tenga que poner a hacer el asado para que me coja por todos lados. Me salí y me di vuelta, mis rodillas sobre el asiento del sillón, mi cara también, quedando bien empinada, “Haceme el culo Ale, meteme el pito bien en el culo, ¿queres cogerte por el culo a la novia de tu amigo?”. “Que puta sos Ro” fue todo lo que dijo, me volvió a lamer bien el culo y metió sus dedos.

    De a uno fue sumando hasta que metió los cinco dedos de su mano hasta los nudillos y con saliva los iba haciendo entrar y salir, como si mi ano necesitara ser dilatado, no le dije y nada y lo deje, y lo disfrute, pero estaba más que preparada para que me ensarte de una con su pija.

    “Que abierto tenés el culo Ro, me calienta” me dijo justo antes de meter de una su pito duro hasta hacer chocar sus bolas en mi conchita. Me lo metió todo todo, sentí como se abrió paso en mis intestinos, lo sentí bien adentro, duro , firme y yo más empujaba hacia atrás, quería eso, ser completamente sodomizada. Él se puso como animal, me daba fuerte, su pelvis golpeaba con fuerza mis nalgas bien abiertas para recibir su pija lo más adentro posible.

    No lo mencioné antes, pero su pija tiene un buen tamaño, de un largo apenas superior a la media pero lo mejor es que es gruesa y venosa.

    Él estaba como un animal, me estaba culeando con fuerza y su respiración era super agitada, era un toro, sus manos se cerraban fuerte en mis caderas llevándome hacia él en cada estocada, “¿Te gusta Ro?, ¿te gusta como te meto la pija en el orto? Abrime el orto, dale abrilo bien, ese orto todo cogido que tenés bien de puta Ro, te gusta que te hagan el culo ¿no?” Me decía todas esas cosas, con voz entrecortada y respiración agitada. “Si, dale, toda, metela toda, haceme bien el culo Ale, dale, cogeme el orto bien cogido Ale” respondía yo como podía, en medio de mis gemidos y sacudida por las embestidas que me daba por detrás con mi cara de costado aplastada contra el asiento del sillón.

    Que buena culeada me estaba dando, mi culo ya ardía de tanto que la hacía entrar y salir tan fuerte y rápido.

    Yo me frotaba mi clítoris y fantaseaba que mi novio me diera pija por la boca mientras me veía coger con su amigo, estaba muy puerca, muy puta.

    Cuando lo sentí estallar con una potente acabada dentro de mi culo yo acompañé con un orgasmo y me olía mis manos con olor a sexo y sentía su pene tener sus espasmos dentro de mis entrañas largando los últimos chorros de semen.

    Volcado sobre mí, exhausto, cuando su pija comenzó a achicarse la sacó de mi culo, que abierto como estaba comenzó a dejar caer el abundante semen que tenía adentro. Por suerte se dio cuenta y atajó con su mano para que no cayera sobre el sillón.

    Yo estaba cansada pero satisfecha, la culeada había sido fantástica y el mejor final que podía imaginar, aunque deseaba quedarme descansando en sus brazos decidí ir a darme una ducha pero antes le chupe los restos de semen de su mano, bien puerca, mirándolo a los ojos y luego metí apenas mis dedos en mi concha y se los día a chupar a él. “Me voy a bañar, te dejo este sabor de regalo” le dije y me fui al trote al baño.

    Él se fue a bañar al otro baño y cuando yo salí ahora con otro bikini, aún pequeño pero más normalito que el anterior, él ya estaba preparando el fuego para hacer el asado.

    Nuestras parejas, mi amiga y su amigo regresaron cuando ya estaban las achiras, los chorizos y la carne en la parrilla.

    Todo transcurrió con normalidad luego, nadie sospechó nada, nosotros no hicimos nada diferente, pero la traición se había consumado, la barrera se había roto y por supuesto fue la primera pero no la última vez que garchamos con Alejandro. Nunca voy a decir que lo que hacíamos el amor, cogíamos, teníamos sexo animal y morboso, yo la mas puta y él el mas degenerado, ambos amigos traicioneros, lo que nos daba mas morbo aun.

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  • Sentimientos de verano

    Sentimientos de verano

    El sol de julio derretía el horizonte cuando Afrodita llegó a la finca. Ares, sudando aquella soleada mañana, cortaba la hierba con furia, los músculos tensos marcándose bajo la camisa empapada. “Como un animal enjaulado”, pensó ella, mientras el motor rugía igual que su pulso.

    —¿Por qué volviste?

    —Porque esto no se borra con el tiempo… se grabó a fuego, mi querido caballero.

    Se miraron con lujuria y ternura a la vez. Él se secó el sudor, ella le brindó un vaso de agua. Traía consigo un cuaderno viejo dónde anotaba sus sentimientos.

    —¿Me ayudarás a responder unas preguntas? —dijo, fingiendo indiferencia, aunque el vestido blanco se le pegaba al cuerpo del mismo modo que sus pensamientos a él.

    Él apagó la máquina. El silencio fue más ruidoso que el motor.

    —¿Qué fantasías no has confesado?

    —Hacerte gritar donde todos escuchen… pero que solo yo entienda por qué.

    Ella tragó saliva.

    —¿Dominar o someterte?

    —Contigo… lo que sea. Aunque sé que prefieres que te chupe hasta el culo.

    Ares no se cansaba nunca de lamer chupar y disfrutar de los olores y sabores que le ofrece el coño y culo de su Afrodita, quien emanaba fluidos continuamente, cuanto más excitada estaba más jugos echaba. Afrodita se excitaba al ver como Ares lamia, chupaba mordía y no desperdiciaba nada de sus jugos.

    —¿Alguna fantasía con alguien más?

    —Sí. Verte correrte mientras otro te mira… pero sin tocarte. Solo yo tengo ese derecho.

    Sus piernas temblaron. ¿Era celos o posesión?

    El recuerdo los golpeó al mismo tiempo: años atrás, en aquel autobús, donde sus manos “por accidente” sus almas se encontraron. Él le había escrito después: “¿Estás interesada en mí, como lo está una mujer de un hombre?”. Pero ella sin entenderlo supo que eso fue el principio de todo.

    Cuando sus dedos rozaron el sudor de su pecho, Ares la empujó contra el cortacésped, levantándola de un tirón y la sentó sobre el motor aún caliente de la máquina. El metal quemaba sus muslos desnudos bajo el vestido, pero el dolor se mezcló con el placer cuando él, con un gruñido, le arrancó las bragas húmedas y la penetró de golpe.

    Ella sentada de espaldas a él, sus nalgas rozando el tanque de gasolina, mientras él la agarraba de las caderas y la empujaba contra su pelvis con furia.

    —¡Dios, cómo me gusta sentirte así! —jadeaba ella, mientras el calor del motor le hacía vibrar el clítoris.

    Todo olía a gasolina, hierba recién cortada y el aroma salado de su sudor.

    —¿Ves? Hasta esta máquina sabe que eres mía —le susurró él al oído antes de morderle el cuello.

    Cuando se corrieron, el cortacésped estaba manchado de sus fluidos.

    —¿Esto es parte de tu encuesta? —gruñó, mientras su mano le regresaba el cuaderno.

    —No. Es parte de mi adicción —confesó ella, sintiendo cómo su cuerpo traicionaba su corazón.

    “Triste situación… amar a quien no debes”, (cantaba una canción en su mente). Aún desnudos, él la tomó de la mano y la llevó a la ducha al aire libre. La lavó demasiado lento con un jabón de menta que ardía en lugares prohibidos, volvieron a besarse apasionados y cayeron sobre las toallas.

    Esta vez ella en cuatro, pero con la espalda arqueada como una gata, mientras él, arrodillado, la penetraba por detrás y con una mano le apretaba los pezones.

    —¿Recuerdas lo que te dije en el cortacésped? —gruñó él. —Ahora repítelo… pero gritando.

    Ella, en medio del clímax y gemidos, sollozó —¡Soy tuya! —justo cuando le azotó las nalgas y sintió cómo se vaciaba dentro suyo nuevamente.

    El momento justo para disfrutar mamándole la polla a su amante, excitándose al sentir como esa polla crecía y se endurecía en su boca. Ella sabía que, si la mamaba bien, su amante disfrutaría y si él disfruta, ella disfrutaba más, porque estaba a punto de volverse a correr con la polla de su amado tapándole toda la boca.

    El verano terminó con un “Nunca más”. Pero años después, en un aeropuerto, un roce de manos los paralizó.

    —¿Recuerdas las preguntas? —susurró ella.

    Él no respondió. Solo la miró como en aquella finca: con hambre y culpa.

    Y supo que volvería a pagar por pecar.

    —¿Y si esta vez no huimos? —preguntó él, acercando sus labios a ese lugar del cuello que solo él conocía.

    Ella no contestó.

    Porque algunas historias no se necesitan palabras… solo el gemido de un verano que nunca murió.

    Y así, entre recuerdos húmedos y promesas rotas, supieron que nunca sería suficiente.

    Y yo me pregunto: ¿Caerán de nuevo? El suspenso es el mejor afrodisíaco.

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  • Seducida por el verdulero (1)

    Seducida por el verdulero (1)

    El recuerdo de Beto todavía me quemaba las entretelas. No era un galán, ni cerca. Tenía la nariz un poco torcida, las manos ásperas y una sonrisa que no sabía si era tímida o canchera. Pero ahí estaba lo jodido: me miraba como si ya supiera cómo me gemía. Y yo, en vez de espantarme, sentía que se me hacía un nudo en el estómago.

    Seis años mayor que yo, nada exagerado. Pero bastaba con cómo se paraba, con ese aire de “no te voy a rogar, pero sé que vas a caer”. Mi marido en ese momento estaba demasiado ocupado viajando —o, seamos honestas, cogiéndose a quien fuera— para notar que yo también tenía mis escapadas. ¿Hipócrita? Quizá. Pero cuando la pasión en tu casa es un fantasma, terminás buscando calor donde sea.

    Y Beto… por favoor. No hubo flores ni promesas. Solo un par de frases secas, una mano que se posó en mi cintura como si ya me conociera de antes, y yo, en vez de sacármela, apreté los dientes para no gemir. Porque era eso: me trataba como la puta que sabía que era, sin adornos. Y a mí, después de años de matrimonio gris, me volvía loca.

    Ahora, de vuelta en casa, cada vez que mi marido se iba “de trabajo”, yo me quedaba mordiendo el labio, imaginando otra vez esas manos que no pedían permiso. Porque al final, ¿qué tan santa podía hacerme si hasta el roce de la silla me recordaba lo mojada que estaba ese día?

    La mañana lucía diáfana cuando llegué al edificio. Llevaba un traje de lino color hueso, holgado pero que, pese a mi esfuerzo por vestir con discreción, no lograba ocultar del todo la línea de mis caderas ni el escote que se insinuaba bajo el blazer. Mis tacones —altos, pero discretos— resonaban en el mármol del vestíbulo, marcando un ritmo que solía hacer que los hombres apartaran la mirada con respeto.

    Hasta que tropecé con los cestos de verduras obstruyendo la entrada.

    —¿De quién son estos? —pregunté al guardia, con esa voz que sabía equilibrar elegancia y firmeza.

    —Un conocido de la señorita Ángela, doña Alma —respondió él, casi susurrando.

    No añadí nada. Avancé hacia el interior, pero una presencia me detuvo en seco.

    Él estaba allí.

    No era alto —de hecho, yo lo superaba en varios centímetros, incluso sin los tacones—, pero su corpulencia era innegable: brazos gruesos por años de cargar peso, una camisa de algodón desgastado que se adhería a su torso ancho, y manos grandes, con nudillos marcados y tierra bajo las uñas. Su rostro tampoco seguía cánones de belleza: nariz fuerte, labios gruesos y una barba de dos días que le daba un aire descuidado. Pero había algo en su mirada… una intensidad quieta, como si ya conociera cada uno de mis secretos.

    Pasé junto a él sin decir palabra, pero sentí el calor de sus ojos recorriéndome. No era la mirada tímida de los ejecutivos que bajaban la vista ante mi autoridad, ni la de los jóvenes que se ruborizaban al ser descubiertos. Él me observaba con una franqueza que hizo que mi nuca se erizara. Al llegar al ascensor, me volví ligeramente, solo para confirmar lo que ya sabía: seguía allí, clavándome esos ojos oscuros que parecían decir: “Sé que no eres tan imperturbable como finges”.

    Ya en la oficina…

    —Ángela —entré a mi despacho dejando caer el bolso sobre el sillón con un golpe seco—, ¿quieres explicarme por qué la entrada de mi edificio parece una feria rural?

    Mi secretaria alzó la vista de su computadora, con esa sonrisa pícara que solo ella podía permitirse.

    —¡Alma! Es solo por hoy, te lo juro. José —hizo una pausa, como si el nombre explicara todo— es un amigo de toda la vida. Vino a vender sus cosechas y necesitaba un lugar donde dejar las cosas un par de horas.

    Cerré los ojos un instante, fingiendo exasperación, aunque su tono casi infantil me desarmaba. Ángela era la única persona a quien permitía ciertas libertades; quizás porque sus galletas de limón eran el único consuelo en esas largas noches en que mi marido “trabajaba” hasta tarde.

    —Sabes perfectamente que el consorcio no tolerará esto —dije, pero el borde de mis labios se curvó levemente.

    —¡Por fa-vor! —arrastró las sílabas, acercándose—. Es buenísimo su zapallo anco. ¡Te llevaré uno!

    —Basta —corté, aunque sin dureza—. Dile que guarde todo en el depósito… temporalmente. Luego veré si el señor Rinaldi le permite un espacio en el mercado municipal.

    —¡Eres un sol! —exclamó, saliendo disparada antes de que pudiera arrepentirme.

    Pasaron unas horas. Estaba revisando unos contratos cuando escuché un par de golpes en la puerta de mi oficina.

    —Adelante —dije, sin apartar la vista de la pantalla.

    Se abrió la puerta y allí estaba él: José. Sostenía su gorra entre las manos como si fuera un objeto sagrado, y aunque se lo notaba algo cohibido, sus ojos me recorrieron con un descaro apenas contenido.

    —Hola, doñita… —empezó, carraspeando—. Quería ofrecerle una disculpa. Soy José, amigo de Ángela. Perdón por las molestias que le causé esta mañana.

    Le sostuve la mirada. Su voz era áspera, masculina, y ese acento arrastrado me recordó de golpe el sabor terroso de ciertas fantasías que creía tener bajo control.

    —Hola, un gusto. No hace falta que te disculpes. Entiendo que necesites vender tus cosas; todos necesitamos plata. Pero no son las formas aparecer y ocupar espacios comunes sin permiso.

    —Sí… unas disculpas. Y bueno… muchas gracias por esto… —murmuró, inclinando apenas la cabeza.

    —No hay de qué. Además, recién hablé con el dueño del mercado. Te conseguí un puesto para que puedas vender allí tus verduras.

    José alzó la vista, con una sonrisa que le iluminó todo el rostro.

    —¿En serio? ¡Muchas gracias, señora!

    Fruncí los labios, conteniendo una carcajada.

    —Por favor, no me digas “señora”.

    —¿No está casada? —preguntó, ladeando un poco la cabeza.

    —Sí, pero “señora” me hace sentir vieja —dije, cruzándome de brazos.

    Él soltó una risita grave.

    —Mil disculpas. Además… usted es todo lo contrario —dijo, bajando la voz y permitiéndose recorrerme de arriba abajo con una mirada que ardía.

    —¿Cómo dices? —pregunté, fingiendo molestia, aunque sentí el calor subirme por el cuello.

    —No quiero sonar grosero… pero su marido come muy bien —dijo, con un tono casi insolente, pero sin dejar de sonreír.

    —Bueno… creo que ya es momento de que te retires —dije, intentando retomar la compostura.

    —No quería causarle más molestias, que tenga un lindo día… y muchas gracias. Si necesita algo… aquí tiene un servidor.

    —Bueno, gracias… —respondí, soltando una pequeña carcajada que me traicionó.

    —Lo que sea, ¿eh? Puedo hacer entrega a domicilio —añadió, guiñándome un ojo.

    —¡Ya basta, por favor! Tengo mucho trabajo.

    —Okey, guapa… gracias y hasta luego —dijo, antes de salir cerrando la puerta con suavidad.

    Mientras el clic del picaporte se apagaba, me quedé quieta, sintiendo un escalofrío que me subía por la espalda. Era el mismo cosquilleo que me recorría cada vez que recordaba a Beto. Y aunque José no era precisamente un hombre de belleza clásica, había algo en su seguridad… en su descaro… que me hacía hervir la sangre.

    Pensé en sus manos ásperas, en su voz ronca. Y no pude evitarlo: un latido sordo me pulsó entre las piernas, mientras me pasaba la lengua por los labios, conteniendo un suspiro.

    Los días siguientes pasaron sin demasiados sobresaltos. O, al menos, sin sobresaltos visibles. Porque dentro de mí, todo parecía un campo minado.

    En mi casa, el silencio se había convertido en un invitado habitual. Mi marido y yo nos cruzábamos en la cocina, en el dormitorio, en el vestidor… como si fuésemos dos compañeros de trabajo que comparten el mismo espacio, pero no la misma vida.

    No hablábamos de nada que importara. Ni siquiera discutíamos. Y, a veces, eso dolía más que los gritos.

    Él llegaba tarde, con excusas cada vez menos creíbles: reuniones, cenas de negocios, viajes improvisados. Y yo, aunque hacía rato lo sospechaba, todavía no me animaba a preguntarle en la cara si estaba acostándose con otra. Quizá porque, en el fondo, me daba miedo tener que admitir mis propios pecados.

    Aunque, claro, mis aventuras habían terminado hacía tiempo. El año pasado Beto me hizo volver a despertar, y no quería volver a mis puterías… pero el calor en el interior era peor que un incendio.

    Una tarde, estaba revisando unas carpetas cuando Ángela irrumpió en mi despacho. Ni siquiera golpeó la puerta.

    —¡Almaaa! —canturreó, como si el mundo fuera un lugar maravilloso.

    —¿Qué pasa ahora? —dije, simulando fastidio.

    Venía cargada con dos bolsas enormes.

    —¡José te mandó esto! —exclamó, dejando una bolsa sobre mi escritorio.

    —¿Otra vez? —pregunté, aunque una parte de mí se sintió estúpidamente halagada.

    —Sí, señora Alma —dijo Ángela, marcando la palabra “señora” con intención burlona—. Dice que son duraznos y ciruelas de su huerta. Que te los merecés.

    —Ángela… —suspiré, llevándome la mano a la frente—. Sabés que estoy casada.

    —Bueno, ¡y qué! Estás casada, no muerta.

    —¡Ángela! —la reté, aunque no pude evitar soltar una risita.

    Ella me miró con esa cara suya de “sabés que tengo razón”.

    —Además —siguió, inclinándose hacia mí—… no estás tan casada.

    La miré en silencio. No supe qué contestarle. Ella bajó la voz, más seria.

    —Yo sé que no estás bien con él. Y sé que José te mira… distinto.

    Desvié la vista, incómoda. Saqué un durazno de la bolsa. Era grande, perfecto, de un color naranja casi imposible. Lo giré entre mis dedos, sintiendo su piel aterciopelada.

    —No voy a meterme en líos otra vez —murmuré, más para convencerme a mí misma que a ella.

    —Yo solo digo… que estás viva. Y que es una lástima que nadie te lo recuerde —dijo Ángela, antes de enderezarse con un suspiro—. ¡Ah! Y hablando de recordar… ¡mi cumple es la semana que viene!

    —¡No me digas que cumplís treinta! —exclamé, exagerando el tono dramático.

    —¡Vieja y acabada, lo sé! —bromeó—. Pero igual quiero fiesta. Va a ser en el club del pueblo. Quiero que vengas… y también tu marido.

    —¿Estás segura de quererlo ahí? —pregunté, arqueando una ceja.

    —¡Obvio! Sos mi mejor amiga. Y él… bueno, aunque sea para la foto familiar —se encogió de hombros.

    Suspiré.

    —Voy a intentar convencerlo…

    Esa noche, en casa, lo abordé mientras él revisaba su teléfono, recostado en la cama.

    —Amor… —empecé, con mi mejor voz suave.

    —Hmm —respondió él, sin despegar la mirada de la pantalla.

    Me senté a su lado. Acerqué mi mano a su pecho, sobre su camisa. Olía a colonia cara… y a desinterés.

    —Ángela cumple años. Me invitó al pueblo. Quiere que vayamos los dos.

    —¿Al pueblo? —preguntó, levantando apenas la vista.

    —Sí… Sería solo un fin de semana. Ella es mi amiga.

    Él soltó un suspiro breve, casi impaciente.

    —Sabés que no me gustan esas cosas. Gente que no conozco, música horrible… y encima ese calor.

    —Podría ser divertido… —insistí, rozándole apenas el cuello con mis labios.

    —No. Además, ese finde tengo cosas —dijo, apartándose ligeramente.

    —¿Qué cosas? —pregunté, conteniendo la amargura que me subía a la garganta.

    —Cosas del trabajo, Alma.

    —¿Otra vez? —dije, intentando mantener la voz neutra.

    Él me lanzó una mirada que no supe descifrar. Ni cariño. Ni deseo. Solo… hastío.

    —Mirá, andá vos si querés. Yo no voy. No tengo nada que hacer en ese lugar —cortó, antes de volver al teléfono.

    Me quedé en silencio, mirándolo. Era increíble cómo, a menos de medio metro de distancia, podíamos estar en mundos completamente distintos.

    Probé una última vez. Deslicé mis dedos por su brazo, buscando su piel.

    —¿Querés que me quede esta noche contigo? —susurré, esperando siquiera un atisbo de interés.

    —Estoy cansado, Alma —dijo él, con tono casi mecánico.

    —Claro… —respondí, sintiendo un nudo en la garganta.

    Me giré y me acosté del otro lado, de espaldas. Cerré los ojos, aunque sabía que no iba a poder dormir.

    En la penumbra, me invadió la misma pregunta que me asaltaba cada noche: ¿en qué momento se había muerto lo nuestro?

    Y, sin quererlo, me encontré pensando en José. En su manera de mirarme como si viera algo bajo mi ropa, en esas manos grandes y rudas…

    Me sentí sucia. Me sentí viva. Y me sentí más sola que nunca.

    A la mañana siguiente, mi marido me despertó con un beso suave en el hombro. Me sobresalté, no porque no estuviera acostumbrada a que me besara, sino porque hacía semanas —tal vez meses— que no lo hacía.

    —Alma… —murmuró, acariciándome el brazo—. Perdón por anoche.

    Me giré para mirarlo. Tenía ojeras, pero también una expresión casi vulnerable que hacía tiempo no le veía.

    —No quiero ir al cumpleaños de Ángela —dijo enseguida, antes de que yo pudiera abrir la boca—. Sé que te molesta, pero no me siento cómodo en esos lugares. Y estoy muy cansado.

    Lo observé un segundo, tratando de encontrar en su mirada algo que me convenciera de que seguía siendo el hombre del que me había enamorado.

    —Está bien —dije finalmente, en un susurro.

    Sonrió, como si se sacara un peso de encima. Me besó la frente y se levantó para ducharse. Lo escuché tararear mientras se metía en el baño, y me sentí ridículamente sola en la cama enorme.

    Iba a ir sola.

    La semana se presentó larga y calurosa. La fiesta de Ángela era el sábado y domingo siguiente, y ella no paraba de bombardearme con mensajes.

    —¡El sábado es solo de chicas! —me explicó por enésima vez, mientras me mostraba en su celular la lista de invitadas—. Vamos a ser seis nada más: vos, yo, Mariana, Caro, Luchi y Marta. Música, tragos y confesiones. Nada de hombres.

    —Miedo me da eso de “confesiones” —dije, rodando los ojos.

    —¡Ay, no seas amarga! —rio—. El domingo es la cena familiar y la fiesta grande. Pero el sábado quiero que estemos nosotras solas.

    Mientras tanto, José parecía haberse propuesto hacerse visible en mi vida. O, mejor dicho, meterse en ella.

    Apareció el martes en la oficina, cargado de bolsas de duraznos , aunque no había ningún pedido formal.

    —Estos están blanditos… —me dijo José, empujándome la caja de duraznos hacia mí—. Como la boca de una mujer que hace rato no besan bien.

    —José… ¡Basta! —le espeté, aunque un calor me subió por el cuello.

    —¿Me va a decir que su marido la tiene contenta? —insistió, bajando la voz, casi ronco.

    Abrí la boca para contestar, pero no salió nada. Me limité a fruncir el ceño.

    —No se preocupe —dijo él—. A veces hace falta probar otras frutas. Para saber lo que se está perdiendo.

    Me giré para irme, pero escuché a Ángela soltar una risita detrás mío.

    —Estás colorada como un tomate, Alma —se burló ella.

    —¡Andá a trabajar, Ángela! —retruqué, intentando que no se notara que temblaba un poco.

    El miércoles apareció de nuevo..

    —¡Hola, señora Alma!

    —José… —dije, exasperada—. No me digas señora.

    —Perdón. Alma… —repitió él, muy despacio, inclinándose hasta que casi pude sentir su respiración contra mi cuello.

    No pude evitar estremecerme.

    —¿Le puedo preguntar algo? —susurró.

    —Depende.

    —¿Hace cuánto no se corre gritando mi nombre… aunque sea en sueños?

    —¡José! —espeté, empujándolo apenas con la mano en su pecho, que estaba caliente bajo la tela gastada de su remera—. No digas esas cosas.

    —Es solo una pregunta, doñita… —sonrió él.

    Me alejé, pero no lo suficiente para que no me llegara el perfume terroso de su piel.

    El miércoles lo encontré en el pasillo. Venía con cajas sobre los hombros, sudado, con la camiseta pegada al torso. Me clavó esos ojos oscuros.

    —¡Mi doñita favorita!

    —No me digas doñita.

    —Bueno… Alma. Pero es que me gusta cómo suena “doñita” en mi boca —dijo, mirándome fijamente los labios.

    Rodé los ojos.

    —Sos imposible.

    —Y vos sos irresistible —me lanzó, casi sin espacio entre nosotros.

    Por un instante, me quedé mirándolo. Sus pestañas eran largas, polvorientas. Su boca estaba reseca, como la de alguien que trabaja al sol, y eso me provocó una punzada absurda entre las piernas.

    —José… —empecé, con voz más suave—. No me busques problemas.

    —Los problemas ya los tiene, Alma —dijo, clavándome la mirada—. Solo que no quiere admitirlo.

    Esa noche, me decidí a intentar algo con mi marido. Me puse un baby doll negro, casi transparente, con puntilla en el borde.

    Me metí en la cama y deslicé la mano bajo la sábana hasta encontrarlo. Estaba de espaldas, revisando el celular.

    —¿Tenés que trabajar esta noche? —pregunté, suave.

    —Mmm… no sé… mañana tengo que madrugar —dijo él, sin mirarme.

    Le bajé el celular, obligándolo a mirarme. Le di un beso, con lengua, empujándome contra él. Sentí que se le endurecía un poco bajo el pantalón de pijama.

    —Podríamos aprovechar… —dije, bajando mi mano y frotándolo suavemente.

    Suspiró.

    —Bueno… dale… pero rápido —respondió, ya con tono resignado.

    Me subí sobre él, moviendo las caderas. Al principio, me agarró de las tetas y me besó el cuello. Cerré los ojos, queriendo imaginar que era José el que me sujetaba.

    Pero apenas empezó a entrar y salir, él gimió dos veces, se puso tenso y terminó.

    —Uf… perdón, estoy reventado… —murmuró, saliéndose enseguida.

    Me quedé arriba suyo, con el calor palpitando entre mis piernas y una mezcla de rabia y vacío en el pecho.

    —¿Podés al menos…? —empecé a decir, bajando la mano hacia mi sexo.

    —Mañana, Alma… mañana, te juro… —dijo él, girándose para darle la espalda.

    Me tumbé a su lado, sintiendo las lágrimas picarme detrás de los párpados. Tenía la bombacha pegajosa, pero seguía caliente, casi furiosa de deseo. Cerré los ojos e, inevitablemente, pensé en José.

    El viernes, José volvió a aparecer en la oficina, con unas bolsas enormes de zapallitos. Llevaba la remera blanca mojada de sudor, marcándole los pezones duros.

    —¡Buen día, guapa!

    —Buen día, José… —dije, esta vez con menos severidad.

    Él me miró, sorprendido.

    —Mirá vos… hoy me saludás lindo.

    —Hoy estoy de buen humor —dije, acomodándome el pelo.

    —¿Y eso? ¿Tu marido se portó bien anoche? —preguntó con descaro.

    Lo fulminé con la mirada.

    —Eso no es asunto tuyo.

    —Para mí sí —replicó él—. Porque si él no hace bien las cosas… yo me ofrezco de suplente.

    No pude evitar soltar una carcajada seca.

    —¿Y qué sabés vos de lo que me gusta o no?

    José se inclinó, bajando la voz:

    —Sé lo suficiente para reconocer cuando una mujer anda caminando con la bombacha mojada.

    Abrí la boca, escandalizada.

    —¡José!

    —No me digas que no… —continuó él—. A veces basta cómo te sentás en la silla… o cómo respirás cuando me acerco.

    Me mordí el labio. Ángela entró justo en ese momento, con un café.

    —Bueno, bueno… ¿qué pasa acá? —intervino ella, divertida.

    —Nada, Ángela —dije, volviéndome rápidamente a mi escritorio—. José se va.

    —Yo me voy… pero usted sabe dónde encontrarme, Alma —dijo él, saliendo, sin dejar de mirarme.

    Cuando se fue, Ángela se me acercó.

    —¿Vas a negar que te calienta?

    —¡Ángela!

    —Bueno… yo nomás pregunto. Además… con el marido que tenés… no me sorprendería nada.

    Le di un manotazo amistoso en el brazo.

    —¡Callate!

    Pero cuando me senté, tuve que cruzar las piernas porque estaba húmeda. Otra vez.

    Finalmente, llegó el sábado. Preparé mi bolso y bajé al estacionamiento. Mi marido estaba tomando un café, ya vestido para salir.

    —¿Segura que querés ir sola? —me preguntó, dándome un beso rápido en la mejilla.

    —No es que quiera —dije, conteniendo un suspiro—. Pero si vos no vas, no pienso faltar al cumpleaños de mi mejor amiga.

    Él me miró con una mezcla de culpa y fastidio.

    —No quiero ir a meterme con tus amigas… ni con gente de campo… no es lo mío, Alma.

    —Ya sé que no es lo tuyo. Nada es lo tuyo últimamente —dije, incapaz de frenar el veneno que me salió en la voz.

    —No empecemos, Alma.

    Rodé los ojos, agarré las llaves y me fui.

    Mientras manejaba por la ruta, sentí el zumbido del aire acondicionado contra mi cuello. Y mientras veía los campos pasar, no pude evitar pensar que quizás, si todo en mi matrimonio seguía igual… no iba a poder resistirme a José por mucho más tiempo.

    Y lo peor —o lo mejor— es que ya no estaba segura de querer resistirme…

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  • Confesiones de una mujer casada (3)

    Confesiones de una mujer casada (3)

    Hola buen día para todos los lectores de esta página para el día de hoy continuamos contando las aventuras sexuales de mi amada esposa.

    Seguimos los dos en el cuarto hablando sobre sus experiencias sexuales las que disfrutaba a escondidas. Mientras que yo solo pensaba que lo que hacíamos los dos eran solo fantasías que nos imaginábamos los dos sin llegarme a imaginar que con eso lo que estaba haciendo, era despertar en ella ese apetito sexual que la incito a tener relaciones sexuales con varios hombres.

    Fue así como siguió contando su encuentros sexuales.

    -Papi te acuerdas de la boda de su amigo Roberto y que me preguntaste en donde había estado y yo te dije que en el baño y recorriendo la casa.

    -Pues resulta que no fue así, pues todo comenzó el día de la entrega de regalos el hermano mayor de Roberto a mí me encanto, alcance a imaginármelo desnudo acostado en la cama, así es que en varias ocasiones nuestras miradas se cruzaban, yo le sonreía coqueteándole, enviándole señales, hasta cuando tu nos presentaste y el muy lanzado se me arrimo para darme un beso en la mejilla y yo accedí dejándolo y hablándole en voz baja y al oído

    -Encantada de conocerte papacito.

    Me contesto igual en voz baja y al oído.

    -El gusto es mío preciosa.

    En ese momento se nos acercó su hermana quien nos saluda presentándose.

    -Mucho gusto.

    Te señalo con el dedo índice preguntándote

    -¿Tu eres Diego?

    -Si señora.

    -Ahí mucho gusto Ángela para servirte, me conto Roberto que tú vas a comprar carro.

    -Si, si señora.

    A ti se te acabo el trago de wiski y Ángela te llevo al bar y yo me quede con Antonio quien me pregunto.

    -¿Que estas tomando?

    -Vino

    -¿Y tu copa?

    -la deje en la chimenea, mírala allá esta.

    Me cogió de la mano y me llevo a la chimenea agarro la copa y una botella de vino que estaba en una mesita cerca y la lleno, luego me llevo al balcón en donde le pedí un cigarro. El que prendí y bote la primera bocanada al aire.

    -Afortunado el Diego al tener una mujer tan bella y sensual.

    -Ahí don Antonio gracias por el halago.

    Se me acomodo detrás mío.

    -Preciosa hazme un favor, decime Antonio.

    Su mano derecha agarra mi cintura y sus dedos e la izquierda me acaricia el hombro y posa sus labios sobre mi hombro dándome un beso en el hombro, me tomo un trago y fumo otra bocanada de cigarrillo y le pregunto.

    -¿y tu que casado, soltero o solo un chico infiel buscando seducir a una mujer casada?

    -Pues me encanta aprovechar las oportunidades que la vida te brinda.

    -Interesante, muy interesante o sea solterito y a la orden.

    Volvió y me dio un beso en la nuca, instintivamente acerque mi trasero a su cuerpo, mi mano derecha que estaba al otro lado de la puerta del balcón le acaricie el pantalón buscándole el bulto de la verga, mire por la puerta hacia el interior, coloque la copa de vino sobre la baranda del balcón y me volteo.

    -Ahí papacito si estas delicioso.

    Lo abrace besándolo y acariciándole el pantalón sintiéndole su verga ya en plena erección, se la apretó y le digo mientras nos besamos.

    -Ahí dios mío Esto tiene que parar acá Antonio papacito que ganas tengo de comerte todo.

    En ese momento yo la interrumpí.

    -Y a que horas paso todo eso, porque me acuerdo que con Ángela no me demore mucho y al llegar a la sala no te vi y luego te veo entrar del balcón con la copa en la mano.

    -No pues todo paso tan rápido y yo pare porque que iba a seguir, ¡no! no me toco calmarme por muchas ganas que tuviera de tener esa exquisita verga y que afortunadamente dos señoras salieron también a fumar pude soltarme de ese momento excitante y regresar.

    Lucia me mira y agarrándome las manos me dice.

    -Papi lo que sentí al agarrarle la verga fue un cilindro grueso y largo, mi cuerpo se estremeció, temblé ahí como nunca, esa noche me la pase pensando en esa verga, del resto de la noche estuve contigo y solo nos sonreíamos coqueteando y un breve momento que se acercó y me abrazo por la espalda, preguntándonos si estábamos bien con la bebida sirviéndome otra copa de vino o el néctar de los dioses como el lo dijo. Y le pregunte.

    -¿Tu vives acá?

    -No este apartamento es de mi hermana Ángela acá ella vive con su esposo y sus dos hijos, unas criaturas terribles, les decimos los magníficos, destrozan un balín.

    -Bastante grande el apartamento.

    -Este era de un colega mío que se fue a vivir a Medellín y a mi hermana le encantaba y se lo compro.

    -A mi me encanta esa vista que tiene abajo el sonar de la quebrada y muchas vegetación, me imagino que debe de haber pajaritos.

    -Si señora todo el día revolotean y silban es muy agradable y ella les tiene bebedero y comida hay en el balcón. Dice que le llegan todos los días unos amarrillos que le avisan con su trinar de su presencia.

    Te miro a los ojos como preguntándome si no te habías dado cuenta que Antonio mientras estuvo ahí su mano acaricio mi cintura y tu ni cuentas te diste. Se retiro y volvió dos veces mas, sirviendo mas vino, volví a salir al balcón pero tú te quedaste en la puerta lo que no dejo que Antonio pudiera acompañarme, además que no estaba cerca,

    Hasta ahí fue lo de esa noche ya el día de la boda supe aprovechar y esperar el momento propicio para ponerte los cuernos, ahí como se podría decir, bien puestos porque Antonio estaba delicioso y yo estaba que pedía a gritos su verga las ansias de verlo me tenían la cuquita húmeda.

    -Yo la detengo y le digo.

    -Yo si te note como rara ese día estabas, si se notaba como ansiosa estabas muy nerviosa, con razón.

    -No es que pensar todos esos días en ese hombre, nunca. Además que guardaba la esperanza del día de la boda dejarte unos cuernos bien grandes,.

    Lucia se reía y me tocaba la cara.

    -ahí mi cornudito tu querías que tu mujercita se divirtiera en la cama con otros hombres pues te he complacido con eso y la he pasado delicioso.

    -¿Por que no me habías contado que te estabas divirtiendo y nada conmigo?

    -Jajaja no me vas a creer pero eso le daba un tinte de picardía.

    -Que mala chica tu pasándola bueno y yo sin saberlo. Bueno conta como fue tu encuentro con Antonio.

    -Aja si no pues resulta que la misa trascurrió todo normal.

    Al llegar tu me dejaste sola con las damas de compañía y la madrina de la novia, momento que Antonio aprovecho para acercarse por detrás no lo vi venir con uno de sus amigos y saludarme.

    -Lucia como esta preciosa me abraza y me da un beso en la mejilla y que afortunadamente nadie noto.

    -Ni yo lo vi.

    Me volteo y nos agarramos de los brazos.

    -Antonio papi.

    Lo mire de arriba a abajo.

    -Que guapo estas bien papacito.

    En esmoquin que le lucia muy bien.

    -Y tu preciosa estas bellísima.

    Ese día te habías puesto un vestido de minifalda con la rosa en el hombro y el otro hombro destapado color guayaba y tus sandalias altas de correas sin medias veladas.

    -Mira te presento a Raúl.

    Quien también estaba de esmoquin.

    -Mucho gusto Lucia déjame decirte que Antonio se quedó cortico al describirte, estas bellísima.

    -Ahí Raúl el gusto es mío, muchas gracias por el halago

    En ese momento llego la novia y Antonio, Raúl y las damas de honor fueron a ocupar sus puestos, te busque con la mirada y venias hacia mí, nos acomodamos, la misa trascurrió los novios se casaron y pasamos a donde estaban las mesas el dio estaba asoleado, nos sentamos y sirvieron vino y wiski para los caballeros. Hable con las señoras de la mesa de la boda y pendejadas que pasaron. Tú te paraste de la mesa y te fuiste con sus amigos sirvieron champagne, se hizo el brindis y yo seguía ahí hablando con las señoras de la mesa esperando ver a Antonio. Nos tomaron la foto con los novios pues todo el protocolo de las bodas y tú te volviste a ir con tus amigotes

    De pronto lo veo salir de la casa grande con el Raúl ya venían sin la chaqueta solo en blusa. Antonio venia hablando por el celular y espere a ver para donde cogían. Había una mesa que no pertenecía a las de la reunión, metálica y de vidrio, se sentaron ahí con sus tragos y al ver que tu seguías con tus amigotes, decidí dar el zarpazo además que ahora eran dos con los que podría pasar un buen rato.

    Me levante de la mesa agarre la cartera y me fui hacia donde estaban, te cuento que en ese momento sentí mis piernas flaquear y una sensación en el estómago deliciosa, voltee a observarte mientras caminaba y no te veía y la mesa estaba un poco retirada lejos de la bulla y las miradas de los invitados.

    Al llegar a la mesa los salude dándole un besos a Raúl en la boca y viendo un butaco largo de cemento a unos pasos volví a besarlo y me encamine sonriéndoles y enviándole un beso a Antonio al butaco me senté cruzando las piernas me las acaricie y picándole el ojo a ambos, Raúl se me acerca primero, Antonio se vino mas lentamente pues seguía hablando por el celular. Raúl se sienta a mi lado derecho y levanto las piernas colocándolas sobre las suyas.

    -Ahí preciosa definitivamente eres una mujer bellísima y muy sensual.

    Raúl me acaricia las piernas y llega Antonio y se sienta al lado izquierdo me pongo mi mano sobre su pierna y me besa el cuello, miro a Raúl quien me acaricia y luego mi cara su dedo gordo rozan mis labios se lo chupo, Antonio me acaricia las piernas y sube a mi cuquita, mientras con mi mano atraigo a Raúl de la nuca y lo beso, le pregunto a Antonio.

    -¿y esta si es tu casa?

    Me responde besándome la nuca.

    -Si acá vivo yo.

    Vuelvo a besar a Raúl

    -Entonces vamos a tu cuarto y terminamos los que iniciamos el día de la entrega de regalos.

    Nos levantamos del butaco y caminamos en dirección a la casa mirando que no vaya a ver miradas que nos espíen, Me había soltado al subir unos escalones y dado vuelta en frente de ellos.

    -¿pasa algo? -me pregunta Raúl.

    -Buscando al cornudo de mi marido no vai y sea se nos tire el polvito.

    -No al parecer no está cerca.

    -Bueno entremos papacitos.

    Les acaricie la verga por encima de sus pantalones y me volteé entrando rápidamente, me siguieron también a paso apurado, los volteo a mirar me sonrió y les digo en son de broma.

    -Ahí auxilio que estos dos hombres me quieren violar.

    Nos reímos, llegamos a las escaleras y seguimos subiendo rápidamente, veo varias puertas y me detengo.

    -¿Cuál es?

    Antonio se adelanta y abre la puerta y entramos los tres, cierro con seguro no nos deben de interrumpir. Me quedo observando el cuarto.

    -¿Guau este es tu cuarto?

    -Si señora.

    -Esta grandísimo.

    -Me acerco a la cama y me siento deslumbrada por lo grande.

    -Caballeros trajeron algo para tomar.

    De una mesita mini bar Antonio levanto una de wiski y me la mostro.

    -Bueno hagámosle al wiski también.

    Raúl se sentó a mi lado de pronto sentí algo suave que me paso por los pies y me hizo parar.

    -Ahí que fue eso.

    Antonio se ríe

    -No tranquila es la gata de la casa.

    -Me asusto la gatica.

    Me le acerque a Raúl metiéndome entre sus piernas lo abrazo de la nuca y lo meto entre mis tetas, intenta mordérmelas por encima del vestido, sus manos me agarran mis nalgas levantándome el vestido, me lo quito quedando en toples pues no llevaba sostén, Antonio nos alcanza el trago se suelta el corbatín y se desapunta la camisa, me tomo un sorbo de wiski, le suelto el cinturón a Raúl y le desabotono el pantalón lo empujo para acostarlo y quitare el pantalón con sus bóxer y así verle la gruesa verga en erección, me quito el calzón y me hago a un lado acercándomele a su verga y así mamársela.

    Mientras que Antonio ya desnudo me abre las piernas y mete su cabecita y me lambe la cuquita, continuo disfrutando de la verga de Raúl en mi boca sintiendo todo ese grueso rollo de carne en mi lengua y paladar, se la lambo y le chupo los huevos, me la restriego en la cara y hasta le hago una paja con las tetas, mientras Antonio me sacaba gemidos de placer con su lengua en mi clítoris, así disfrute por casi 20 minutos hasta que Antonio se paró y me froto su verga varias veces y me penetro la cuquita sintiendo que me metían una barra grande y gruesa.

    Comienza a follarme suavemente aumentando la velocidad, siento mi cuerpo temblar, mi cara de desfigura entre gemidos y gritos de placer al sentir su verga entrar y salir como un pistón en plena aceleración dos veces me vengo Raúl se para un momento y toma varios sorbos de su wiski, y le pide a Antonio que lo deje. Antonio me la saca y Raúl me atrae hacia el al borde de la cama recuestos mis piernas contra su pecho, me restriega su verga en mi cuquita y me penetra sintiendo su grosor abrir mis paredes vaginales.

    Antonio se me acerca y se ubica enzima de mi y le veo su tremenda verga.

    -Guau mira esta cosota Antonio papacito que rico estas ahí dios si estas es bien dotado papi.

    Yo sabía que esto era delicioso desde el día de la entrega de regalos porque lo que toque era bien grande.

    Empecé a lamberle los huevos a masturbarlo, me restregó por toda la cara, deteniéndome al sentir sensaciones excitantes que Raúl me provoca con su follada y volver a lambérsela y luego metérmela a la boca abriéndola toda para sentir mi boca, llena de su carne exquisita.

    Papi te lo digo en serio tan solo en las películas xxx las he visto así de grandes, eso fue delicioso me gusto tanto que ya he tenido 10 veces relaciones sexuales con Antonio.

    -Tu mami eres una puta riquísima.

    -Culpa tuya papi culpa tuya. Yo era fiel y firme.

    -Raúl siguió follandome hasta que me vine a chorros en un orgasmo prolongado, delicioso. Raúl se detuvo y camino al mini bar a servir mas wiski, mientras Antonio se acostó boca arriba y me le monte encima agarrándole la verga me la metí otra vez en la cuca haciéndome gemir con mis manos encima de sus pechos comencé a follármelo sintiendo esa gruesa verga entrar y salir de mi cuquita, todo mi cuerpo estaba erizado disfrutando de un momento excitante con una energía desbordada, desbordando mi equilibrio sentimientos que me enloquecen y me incitan a seguir disfrutando del sexo.

    Lucia me toca la cara y me dice.

    -Eso papi te lo voy a agradecer toda la vida, he disfrutado de mi cuerpo un montón.

    Sigo follando como puta ese maravilloso instrumento de placer por un largo rato hasta hacerme venir, me detengo pero el sigue dándome con todo prolongando el orgasmo varios minutos. Nos detenemos y caigo sobre su pecho besándolo.

    -Ha hijueputa que rico estuvo eso papi.

    Me di media vuelta dándole la espalda y le agarre la verga y me la puse en la entrada de mi trasero y poco a poco me la fui metiendo casi que toda, sentí que mi culo iba a romperse pero poco a poco me la logro meter, Raúl se sube a la cama de pie y se me para en frente bajándome su verga a la altura de mi boca y se la mamo, mientras empiezo a follar muy suavemente aumentando con cada embestida hasta mantener una buena velocidad, que me pone a sudar frio, mi cara se desfigura, mis ojos se blanquean y le pido a Raúl.

    -Métemela por la cuca.

    Él se acomoda nos detenemos a esperar que me la meta y empiezan los dos a follarme.

    Eso papi fue tremendamente delicioso, que momento tan excitante, tan espectacular, a mí se me olvido todo, solo quería disfrutarlo a rabiar. Tuve varios orgasmo, Antonio se me vino adentro del culo, y Raúl como pudo me levanto y me siguió follando hasta que también se vino sacándomela y me arrodille junto a él para recibir su semen en mi boca y tomármelo todo y harto que boto.

    Papi fueron dos horas de sexo exquisito.

    Los dos estaban sorprendidos conmigo, el Raúl me halaga.

    -Ha lucia teresa eres además de hermosa una mujer espectacular, tu marido la debe de pasar delicioso contigo.

    Y el Antonio lo confirma.

    -mamita tenemos que repetir esto preciosa.

    -Cuando quieran yo también lo deseo.

    Me fui para el baño a limpiarme el semen de Antonio en la ducha teniendo cuidado de no dañar el peinado y luego componerlo frente al espejo. Antonio ya se había bañado mientras que Raúl y yo terminábamos de follar. Sirvieron mas wiski y brindamos, por más encuentros como este.

    Nos vestimos y salimos al corredor rumbo a la escalera y el Antonio pregunta.

    -¿Que le vas a decir ahora a tu esposo si pregunta dónde estabas?

    -Tocara decir que ustedes dos estaban conmigo mostrándome la casa y por favor actúen muy normal

    ¿Hay algún sitio así de la casa especial?

    -Si puedes decir que te encanto el vivero de mamá. Que ahí fue donde la pasamos, La cocina amplia y todo así amplio y bien decorado.

    -Ok nada de nervios que no se note la mentira.

    Los agarre de gancho a ambos y bajamos la escalera muy sonrientes y yo feliz y doblemente satisfecha. Salimos al jardín y tu no estabas, me dirigí a la mesa y me senté en ese momento ya estaban sirviendo la comida menos mal porque tenía un hambre, al rato te vi que venias con Jhon, Daniel y Ricardo del parqueadero te tenía tu plato de la cena y solo atinaste en decir que te disculpara por haberme dejado sola y haberse ido con sus amigos. Y yo te dije.

    -Mi amor no te preocupes por mi que yo la he pasado delicioso.

    Y mentalmente me dije y no sabes cuanto mi cornudo de mierda.

    -Vaya quien se iba a imaginar todo esto mami, pareciese que algo te poseyere tu. Bueno si yo sabía que eras una coqueta pero que llegaras a estos momentos no. Me acuerdo de la vez que fuimos a esa taberna en la 63 y tú le coqueteaste al mesero no nos habíamos casado. Paso algo con el cierto.

    -Si yo volví otra noche así entre semana que el movimiento es mas suave, me quede hasta que cerraron y caminamos por la trece, comimos perro caliente. Y me acompaño hasta al apartamento. Esa noche no paso nada. Hasta la tercera vez que no vimos, un beso la cuota inicial de un polvo. Me llevo a una de las residencias de la Carracas y tuvimos sexo. Pero no me satisfizo dejándome como iniciada. Eso fue hasta ahí. No volví a verlo.

    -Yo si lo sabía y me entro la duda.

    -Papi tu tuviste algo con esa vieja que trabajaba cerca al negocio de tu papá.

    -No solo la conocí porque no había mas mesas en el restaurante y me hice en la mesa de ella que estaba sola.

    -Y entonces te has vuelto a ver con Antonio.

    -Ahí si te acuerda que te he llegado varias veces a las tres de la mañana.

    -Si claro y según tu estabas con tus amigas que mentirosa eres.

    –Papi que culpa, las ganas de un buen polvo me ganan y con Antonio me encanta ese papacito.

    -Y yo que me estaba preocupando.

    -¿Y por qué?

    -Porque pensé que te me estabas volviendo alcohólica.

    Jajaja no solo ninfómana me encanta la verga.

    Bueno queridos lectores hasta acá llega este relato esperen el próximo capitulo que hay mucho más.

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