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  • Mi mejor amigo Ricardo (Parte 1)

    Mi mejor amigo Ricardo (Parte 1)

    Recuerdo que desde la secundaria la mayor parte del tiempo estábamos juntos, ideando infinidad de cosas como cualquier adolescente, intentábamos ligar chicas más grandes que nosotros con la esperanza de tener sexo como típico adolescente.

    Recuerdo mucho una tarde de fin de semana, su mamá trabajaba y nos dejaba dinero para comprar pizza y rentar alguna película, pero esta vez fue muy diferente puesto que habíamos conseguido unas películas porno, entonces, comenzamos a verlas muy emocionados y llego un momento en el que Ricardo se sacó la verga y comenzó a masturbarse frente a mí con normalidad, me animo a que yo también lo hiciera, entonces lo hice y con ello descubrimos un nuevo pasatiempo, cada fin de semana era igual, competir de todo lo que pudiéramos (quién se venía más rápido, quien aventaba más, quién más lejos, etc.)

    Con el tiempo las cosas fueron cambiando, recuerdo una vez que llevamos a una compañera que era putísima, según nosotros haríamos un trio, nunca sucedió, ella lo más que hizo fue darnos sexo oral a los dos, uno de los peores orales de la historia, pero en ese momento nos sentimos maravillados.

    Hubo una ocasión que Ricardo se hizo una novia, la chica que a mí me gustaba de hecho, la invitó a la casa y tuvo sexo por primera vez con ella, después supe que se vino a los 10 segundos, aunque él lo contó cómo una escena de película porno.

    Un día tuvimos la brillante idea de yo esconderme en el armario y observarlos tener sexo, obviamente sentía muchos celos, pero me excitaba la idea, las cosas no salieron como esperábamos y ella lo terminó antes de cualquier cosa.

    Ese día, conseguimos comprar cerveza y debido a la ruptura amorosa de Ricardo decidimos emborracharnos, fue de nuestras primeras borracheras, ya muy borrachos el me insinuó que nos hiciéramos sexo oral mutuamente a manera de broma, nos reímos y estuvimos escuchando música hasta dormirnos, esa ocasión su mamá no estaría todo el fin de semana por lo cual estuvimos solos en la casa, ya en la madrugada mientras dormíamos (él dormía en su cama y yo en una colchoneta en el suelo) sentí que se bajó a la colchoneta y quedamos en posición de 69, ambos usábamos bóxer, pero me empezó a palpitar muy fuerte el corazón de nervios, tenía sus partes a unos 30 cm de mi cara, no podía evitar notar que la tenía parada, comenzó a acercarse poco a poco más a mi cara, hasta el punto que tenía su verga pegando en mi cara, yo también la tenía muy parada, entonces sentí como me empezó a levantar el bóxer y chupar poco a poco mi verga, sin pensarlo yo también hice lo mismo y comenzamos a hacer un 69, no sé qué sucedió que lo sentía eyacular pero seguía en el acto y su erección no se bajaba, ni la mía, luego comencé a chuparle el glande y lo sentía retorcerse pero lo sujete por las nalgas para que no se quitará hasta que comenzó a aventarme su lluvia dorada en la boca, el hizo lo mismo conmigo, hasta que nos eyaculamos hasta la última gota en la boca, justo después de eso, nos quedamos completamente dormidos.

    A la mañana siguiente desperté con la resaca y algunos breves recuerdos de lo sucedido, lo vi dormido sin ropa y sentí muchísimo asco de lo que había sucedido, entonces sin pensarlo me puse mi ropa rápidamente, me eché pasta de dientes y enjuague bucal que había en el baño y me fui de su casa sin avisar.

    No podía creer lo que habíamos hecho, a la semana siguiente me hice la pinta tres días seguidos con tal de no verlo, sabía que no podría mirarlo a los ojos, ya que no me considero gay, nunca me ha llamado la atención un hombre, por lo tanto me daba asco pensar en las cosas.

    Por fin se llegó el día en que inevitablemente nos tendríamos que ver y pues todo fue normal, como siempre, no mencionó nada ni yo tampoco.

    Así pasaron muchos años en los que seguimos siendo muy amigos y en una ocasión el me invitó con una amiga, fuimos a una cabaña e hicimos un trio, pero mientras él la cogía no podía evitar las ganas de chupársela, no lo hice…

    Entonces en un momento mientras yo la cogía a ella, sentí como el me sacó la verga de la vagina de ella y comenzó a chupármela y luego me la volvió a acomodar para penetrarla y así en ratos sentía que me chupaba los huevos y el pene, después yo hice lo mismo.

    Cuando termine en las nalgas de la amiga el comenzó a chuparla hasta limpiarle todo mi semen y después el término adentro de su vagina y yo no pude evitar hacer lo mismo.

    Después de eso un día hablamos de lo que había pasado y coincidió que parte de lo que más nos había gustado era habernos chupado, le pregunté que si él se consideraba gay y me juro que no, igual yo nunca me he considerado gay pero ambos coincidimos en que nos excita mucho el chupar la verga del otro, únicamente eso, nunca hemos hecho más, nunca ha habido besos, ni penetración, he estado en tríos con otras personas y nunca he tenido ganas de chupar a otro.

    Continuará…

  • El ermitaño y su sobrina

    El ermitaño y su sobrina

    Saulo era un ermitaño, y como tal nada quería saber de la sociedad. Ya sobrepasaba los cincuenta años. Era alto. Su rostro moreno, casi mulato, debido a sus largas exposiciones al sol, contrastaba con sus ojos azules y su barba blanca, una barba que le llegaba al ombligo. Estaba tan cachas, que su torso desnudo parecía el de un culturista.

    Saulo, vivía en una cueva en la que había una cama hecha con ropas viejas, helechos y plásticos, unas piedras en la que se sentaba y otra piedra larga y plana sobre la que hacía el fuego para cocinar pájaros, ranas, lagartijas, serpientes, saltamontes, grillos y otros bichos. También tenía una lata para beber.

    Estaba cogiendo una sandía del pequeño huerto que tenía delante de su cueva cuando sintió un ruido infernal que hizo que tuviera que taparse los oídos con las manos. Era el ruido que hacía una moto Montesa subiendo la pendiente. La moto se detuvo delante del pequeño huerto.

    De la moto se bajó una rubia clavada a la del anuncio original de «Busco a Jacq´s». La rubia se quitó el casco, abrió la cremallera de la funda roja, y mostrando el canalillo de sus grandes tetas, dijo:

    -Busco a Saulo.

    El Ermitaño, mirándola de mala manera, le respondió:

    -Lo que buscas son problemas. ¿Quién eres?

    -¿Eres Saulo Bermúdez Bermúdez?

    – Sí. ¿Quién lo pregunta?

    -Tu sobrina Diana.

    -¿De quién eres hija, de María o de Amalia?

    -De Amalia.

    -¿Y qué te trae por aquí?

    -Vengo a notificarte que el mes pasado murió tu madre y te ha dejado como único heredero de una inmensa fortuna.

    Aunque su madre y él anduvieran a la gresca desde que era un niño, la noticia hizo que una lágrima rodase por su mejilla.

    -Descanse en paz.

    Diana acabó de abrir la cremallera de la funda roja y se quitó la parte superior -unas tetazas redondas con unos grandes pezones se marcaron en su camiseta blanca de tiras- ¡Cómo pega el sol aquí arriba!

    Saulo, se centró en las tetas y se olvidó de su madre, momentáneamente.

    -Esas tetazas las trajo aquí el Mal. Como si no tuviera suficiente con lo que ya me dio.

    Diana, sonrió mostrando unos dientes blancos como la nieve.

    -No las trajo el Mal, tío, las trajo una Montesa. ¿Qué fue lo que te dio el Mal?

    -Nada que tenga que ver contigo. ¿De qué murió mi madre?

    -De vieja. Tenía más de ochenta años.

    -Ya sé que edad tenía.

    Saulo no quitaba la vista del canalillo de su sobrina.

    -¿Me estás mirando para las tetas?

    El Ermitaño no se andaba con medias tintas.

    -Estoy. Si no quieres que te miren para ellas no las enseñes.

    -¡Qué cara!

    -Date la vuelta.

    Diana se dio la vuelta, giró la cabeza. y vio que su tío le estaba mirando para el culo, que por cierto, era un culazo.

    -¡Qué cosas más lindas hace la naturaleza!

    -¿Me debo empezar a preocupar?

    Saulo, no le respondió a su sobrina, estaba más interesado en una de las urracas que le picoteaban las sandías.

    -¡Largo, apestosa! -le dijo Saulo a la urraca que se había posado en el pequeño huerto- No dejan en paz las sandías.

    La urraca salió volando y soltando graznidos. Diana, le preguntó a su tío:

    -¿Hablas con los animales?

    -A veces. Cuando me dicen algo con lo que no estoy de acuerdo.

    Diana, creyó tener motivos para preocuparse.

    -Buuueeeno.

    -Era broma, carita de ángel.

    -Espero que lo de carita de ángel sólo sea un cumplido. Aunque la carita de ángel, las tetas, el culo…

    De repente cayó un chaparrón de una tormenta de verano. Diana quedó empapada. Sus pezones y sus areolas rosadas se marcaban en la camiseta. Saulo, mirando para aquellas maravillas, le dijo:

    -Entra en la cueva que hago un fuego para que seques esa ropa.

    -No se si no será mejor que me cale la lluvia hasta los huesos. Tu mirada no me da buena espina.

    -Entra que no te voy a hacer nada que tu no quieras que te haga.

    Aquellas palabras, sin decirle nada, le dijeron todo lo que Diana quería saber. Metió la moto en la cueva. Saulo echó unas ramas, unas piñas y unos troncos y encendió el fuego, que ya estaba con brasas. Diana se desnudó, con Saulo de espaldas, después se puso al lado del fuego, sentada en una piedra, se cubría con una gabardina con sietes a punta pala. Las tetas las tapaba con los brazos y juntaba las largas piernas. Saulo estaba sentado en la cama. Se dio la vuelta. Diana, le preguntó:

    -¿Vas a regresar al pueblo para recoger la herencia?

    -No, no me interesa el dinero. Además, aunque quisiera volver y vivir una nueva vida, no podría.

    -¿Por qué?

    -Por lo mío.

    -¿Qué es lo tuyo?

    Le enseñó las marcas de dos colmillos en una pierna.

    -Me mordió un lobo rabioso.

    -¿Y qué?

    -Que ya no creo en Dios, ni me fío de los hombres, y mucho menos de mi mismo.

    -Ahora sé de donde salen eses pectorales y esas piernas tan fuertes. Dejaste de rezar y te pasas el día haciendo ejercicios… En fin, si no quieres la herencia, me podías hacer rica a mí.

    -¿A eso has venido?

    -Si te digo la verdad, no. Oí hablar mucho de ti. Tenía ganas de conocerte. ¿Es verdad que antes de ermitaño fuiste mercenario?

    -Sí, en la guerra de Angola. Me apodaban El Sanguinario. Estaba drogado día y noche y maté más gente de la que debería. Por eso vine aquí, buscando el perdón de Dios, pero parece ser que para mí nunca habrá paz. Llevo el Mal dentro. ¿Qué más te dijeron de mí?

    -Dice mi madre que también te apodaban el Follalotodo. Y que le gustabas a las mujeres más que a las abejas la miel.

    -No se me daban mal, no.

    -¿Qué tipo de mujeres te buscaban?

    -No es algo que deba decir a una jovencita que está desnuda, por muy sobrina mía que sea.

    Se quedaron mirando para la pequeña hoguera. La cueva, en ese momento, olía a humedad, a piñas quemadas, a curiosidad y a lujuria. Diana, insistió.

    -¿Cómo eran las mujeres que te buscaban?

    -Nunca te dijeron que la curiosidad mató al gato.

    -En mi caso sería gata. Cuenta, que si no perdí a virginidad con chicos que estaban como quesos, no la voy a perder con mi tío.

    Saulo, se soltó.

    -Las mujeres me buscaban por motivos diferentes. Unas porque sus maridos, o novios, no las hacían correr. Otras porque a sus maridos, o novios, les daba asco comerles el coño. Otras porque sus maridos, o novios, no les daban por detrás…

    -¿Por el culo?

    -Sí, por el culo.

    -¿Una mujer se corre dándole por el culo?

    -En casos contados, pero al estar muy caliente lo disfruta.

    -¿Comiste algún coño virgen?

    -Por la manera que hablas me parece que tú te comiste alguno.

    -Sólo uno, el de mi amiga Maribel, una morenita muy hermosa, compañera de estudios.

    -¿La sedujiste o te sedujo?

    -Ni una cosa ni la otra. Surgió. Habíamos dormido juntas decenas de veces. Esa noche de invierno el trueno de una tormenta y el resplandor del rayo que cayó cerca de su casa la asustó. Se abrazó a mí poniendo sus manos sobre mis tetas. Le debió gustar porque me las empezó a magrear. Yo sintiendo sus pequeñas y duras tetas pegadas a mi espalda, sus manos magreando mis tetas y jugando con los pezones, me puse cachonda. Me di la vuelta. Nos miramos. Nuestros labios, temblando con el nerviosismo, se juntaron. Nos besamos, con ternura al principio y con pasión después. Al rato estábamos desnudas. Yo le comí las tetas a ella y ella me las comió a mí. Al bajar mi mano a su chochito lo encontré chorreando. Le metí un dedo y ella me metió otro a mí. Nos masturbamos y nos besábamos… Gimiendo, me dijo que se iba a correr. Bajé y le lamí el chochito hasta que sentí como jadeando y retorciéndose me llenaba la boca con el jugo calentito de su corrida. Se lo bebí, lamiendo como una perra. Al acabar de correrse, bajó ella y poco después, fui yo la que me corrí en su boca. Fue el mejor orgasmo que haba tenido en mi vida por lo intenso y largo que fue. ¿Tú a cuántas se lo comiste?

    -A docenas. Es lo que tiene cuando se corre la voz entre las jovencitas.

    Diana, se abrió la gabardina y separó las piernas. Saulo vio sus preciosas tetas y su coño rodeado de pelos rubios. Diana sabía lo que tenía y lo que buscaba. A Saulo se le olvidó quien era y hasta donde estaba.

    -¡Coooño!

    -¿Te gusta lo que ves, tío?

    -¡Cómo no me va a gustar! ¡Vaya pastelito!

    Diana, se volvió a tapar. Siguió con su enredo, y su tío se iba a dejar enredar.

    -Cuéntame con quien echaste el polvo más escandaloso, tío.

    -Ahora mismo lo que tengo es ganas de follarte.

    -Y yo de saber cosas. Cuenta un polvo que echaras que me impacte.

    -¿Te vale el de tu tía María?

    -¡¿Follaste a tu hermana?!

    -Hace 40 años.

    -¡Hace 40 años tenía…!

    -Sí, esa edad. En aquellos tiempos era una morenita delgadita, con tetas pequeñas, con grandes ojos negros, y muy guapa. Llevaba el cabello negro recogido en dos trenzas… El caso fue que me pilló comiéndole el coño a tu madre…

    -¡Eras un cabronazo! ¿También te follaste a mi madre?

    -También. Es que tu madre me había pillado follando con la mujer del vecino y me dijo que o la follaba a ella o se lo decía a su marido.

    -¿Con Andrea, la mujer de Carlos?

    -Sí, Y tu tía, me amenazó con decirle a nuestro padre lo mío y lo de tu madre. ¿Qué querías que hiciera?

    -¿Qué hiciste?

    -Follarlas a las dos.

    -Detalles, dame detalles.

    -¡¿De tú madre y de tu tía?!

    -Sí, tiene un morbazo que te cagas.

    -Ven a la cama que te lo voy a explicar con obras.

    Diana, cubierta con la gabardina, fue a la cama, se sentó al lado de su tío, y le dijo:

    -Mi virginidad no te va a salir gratis.

    -Lo sé. Vienes por la herencia y la tendrás.

    -¿Cuándo?

    -Después de follarte.

    -Ya, ¿pero después de follarme, cuándo?

    -En la luna nueva. Iré al pueblo y te pasaré todo lo mío.

    -Tienes obsesión con la luna.

    -¡Qué remedio!

    -¿Cuándo te diste cuenta de que quería seducirte?

    -Cuando te apeaste de la moto y bajaste la cremallera. Soy lobo viejo.

    -Ya será perro viejo,

    -No, lobo, lobo viejo. Tenemos cuatro horas. Al salir la luna llena más te vale estar muy lejos de aquí.

    -Ni que fueras un hombre lobo.

    -Lo soy, Diana lo soy.

    -Ya, un lobo que me quiere comer. -se despojó de la gabardina y se echó boca arriba sobre la dura cama- ¡Come, lobo!

    Saulo, le levantó, quitó el pantalón y una polla normalita quedó apuntando al frente. Se echó al lado de su sobrina, la besó y le comió las tetas a conciencia. Más de media hora le llevó lamer y chupar cada poro de la piel de las tetas y cada pezón. Al terminar de comérselas, bajó al coño y lo encontró chorreando. Empezó a comerlo como un cristiano, lamiendo y chupando labios, y clítoris, follando con la lengua vagina y ojete… Cuando sintió que se iba a correr lamió como si fuera un perro, lo que le ayudó a beber la inmensa corrida que salió del coño de su sobrina. Al ver que terminara de correrse, le clavó la polla en el coño mojado. Entró apretadísima, tanto que a Diana se quejaba, pero fue al principio, después la gozaba, tanto la gozó, que al sentir la polla de su tío latiendo dentro de su coño, se volvió a correr.

    Al acabar, Saulo, la puso a cuatro patas. La agarró por las tetas y la folló a toda hostia. Al ratito, se la quitó y se corrió en la entrada de su ojete. Diana, empujó y Saulo acabó de correrse dentro de su culo. Diana ya estaba cachonda otra vez.

    -No la quites, tío, sigue metiendo.

    Saulo se la fue clavando hasta llegar al fondo. Le folló el culo largo rato. Llegó un momento en que Diana, disfrutaba una cosa mala. Quiso tocarse el clítoris para correrse de nuevo. Saulo le agarró las dos manos y le llevó los brazos a la espalda, luego le volvió a follar el culo como le follara el coño, a toda hostia. Diana, acabó exclamando:

    -¡¡¡Me corro!!!

    Se corrió sacudiéndose y gimiendo. De su coño salió un torrente de jugo que caía sobre un jersey que había en la cama cuando Saulo comenzó a correrse de nuevo dentro del culo de Diana. Esta vez, levantando la cabeza, aulló con alegría:

    -¡Auuuu!

    Descansaron un rato, y después, Saulo, hizo que Diana se corriese tres veces más.

    Cerca de caer la noche, le dijo Saulo a su sobrina.

    -Vete y aléjate de este monte lo antes posible.

    Diana, vistiéndose, le dijo a su tío:

    -Ya, eres un hombre lobo. ¿Te has parado a pensar que la soledad te pudo afectar el cerebro? Con atención médica…

    Saulo, le ordenó:

    -¡Qué te acabes de vestir, coño!

    -Vale, vale. Te espero en la ciudad.

    -Espera, ahora vete

    Diana se acabó de vestir, sacó la moto de la cueva, se montó, la encendió y se fue ladera abajo. Casi llegando a la carretera, se le caló. Ya cayera la noche. La luna llena estaba en su máximo esplendor. Oyó un desgarrador aullido humano.

    ¡¡¡Auuuu!!!

    Decenas de lobos le contestaron con sus aullidos. A Diana se le heló la sangre en las venas. Miró para la moto y vio que se olvidara de abrirle la llave de paso de la gasolina, la abrió, encendió la moto y regresó a la ciudad.

    Se agradecen los comentarios, buenos y malos.

  • Te necesito a ti

    Te necesito a ti

    Me acosté en la cama y sentí como me faltaba algo.

    Necesitaba tus manos recorriendo mi cuerpo, acariciándome, bajando por mi cuello, siguiendo por mis voluminosos pechos, deteniéndote en cada uno de ellos hasta hacerlos endurecer, continuando tus caricias por mi estómago llegando a mi ombligo, parándote en él y haciéndote de rogar hasta continuar tu camino, llegando por fin a mi sexo que te espera mojado y deseoso de sentirte.

    Tus dedos comienzan a trazar círculos, haciéndome contener el aliento, tus ojos se clavan en los míos y dos dedos se adentran en mi interior, comienzan a entrar y salir a un delicioso ritmo mientras sigues torturándome con tu mirada y una de tus manos jugando con mis pezones.

    Me conoces bien por eso sabes que no durare mucho más así, por lo que decides sacar tus dedos e introducir tu miembro en mí de un solo golpe. Comienzas a moverte con un ritmo continuo y tú mano estimulando mi clítoris. Sabes que estoy a punto de caer, por lo que aumentas la velocidad de tus embestidas hasta que finalmente caigo en un maravilloso orgasmo a la vez lo haces tú.

    Abro los ojos pero tú no estás. Mi mano todavía continua en mi empapado sexo mientras me recupero de lo que acaba de ocurrir pensando en ti.

    Espero que tú también estés pensando en mí.

  • Pendeja perversa

    Pendeja perversa

    La vida se va jalonando con recuerdos y vivencias, gratas y de las otras. De las otras, mejor olvidarse, de las gratas, algunas más caras a nuestros afectos van quedando como gota de miel que endulza las que no lo han sido tanto, rebuscar esos momentos y compartirlos, es darles vigencia.

    Este recuerdo se muestra vívido, forma parte del inventario erótico personal, será gratificante recrear los hechos tal y como los recuerdo, para compartirlo con las mujeres que disfrutan del sexo con hombres mayores.

    Sea pues este testimonio personal, un reconocido agradecimiento para alguien que hoy transita por otro andarivel de la vida. Los hechos sucedieron de este modo:

    Mi hijo y sus compañeros se reunieron para organizar el tradicional viaje de fin de curso a Bariloche. No tuvieron mejor idea que venirse a casa, toda una tarde, varones y muchachas, hasta bien entrada la madrugada delineando proyectos e intercambiando opiniones acerca del futuro viaje que los despega a una importante etapa de sus vidas, para muchos una despedida de la adolescencia y adentrarse en estudios o tareas de crecimiento personal.

    Llegada la hora de marcharse, colaboré devolviendo a sus hogares a las niñas, en realidad es una forma graciosa de decirles, casi todo el grupo supera los dieciocho años y algunas de belleza y atributos contundentes, para hacerle los ratones y perder la cabeza al más pintado. Yo me ocupé de reintegrar a tres, a cuál más apetecible, pero ni pensar en “eso”, traté de comportarme como una persona de otro planeta, luchaba fuertemente por no verlas como el fruto prohibido, de no hacer caso de la serpiente haciéndome ver el color de la lascivia y pensar con la cabeza de abajo, prefería escuchar las virtudes que invocaba el angelito bueno, pero… bien sabido es que la codicia de la lascivia siempre triunfa sobre la virtud y la austeridad de la prudencia.

    Todas con el desenfado propio de festejar el fin de la adolescencia, con el “sex a peal” de mujer que se quiere beber el mundo de un sorbo. Ropas de fin de primavera, top ajustado y mini, muy mini, mostrando más allá de lo prudente y exhibiendo más de lo debido, no contribuía demasiado en calmar mi ánimo, ya de por sí soliviantado por haber escuchado sus juegos y comentarios bien subidos de tono buscando levantar el ánimo de los chicos, menos mal que los muchos estaban metidos en los detalles del viaje y no como este veterano luchando con la intención de pegarles una revolcada.

    Estábamos por llegar a la casa de Claudia, la última en cuestión. Rubiecita, todo picardía y sensualidad, toda ella emanaba un halo de tentación y pecado, manejaba sus encantos con la precisión de un médico realizando una cirugía a corazón abierto. Me hizo detener el auto, en una zona apartada, la nocturnidad permisiva autoriza el desliz. Me miró, se colgó del cuello, tomó mi cara en sus manos y besó, sus labios sabían tan dulce como no tenía memoria. Nada le costó para meterme la lengua en la boca, nos dimos unos besos de amantes, de esos que sientes que se te va la vida, me comía la boca sin dejarme respirar.

    Nos separamos, agitados, ella con sus hormonas revolucionadas, yo con el sexo excitado como nunca. Posó su mano en él y se asombró de lo rápido que reaccioné.

    – Papi, que bien, cómo te pusiste.

    – Nena, yo no soy de madera.

    – Sí, y yo te puse al palo, no?

    Por suerte nadie nos vio, hasta ese momento conservaba un poco de sentido común, los frenos éticos activos. Con tal de poder irme y zafar de esta situación comprometida aceptaba todas sus propuestas, primaba poner distancia física, accedí a la promesa de buscarla al día siguiente por la tarde en donde me indicaba, bien sabemos que las promesas bajo amenaza no son tales…

    Dudé en ir a buscarla, pero tenía miedo que esta pendeja viniera a casa, como amenazó si no fuera a la cita. Pasé por ella, subió y rajamos del lugar, buscando un sitio alejado, menos transitado. Me pegó una apretada y una franela de no creer.

    – Qué bueno papi, otra vez estás al palo.

    Sin tiempo para nada, la turrita es práctica y decidida, liberó al rígido prisionero de la bragueta y comenzó a acariciarlo.

    – Qué gorda y dura papi! Me gusta!

    Fue lo último que le escuché, sin más preámbulos la metía en la boca. La situación era tórrida, no paraba de mirar para todos lados, delirante de calentura y sumamente inquieto de que pudieran vernos mientras ella hacía su faena como si estuviera en medio del Sahara. La adrenalina por el peligro era un nuevo ingrediente pero sumamente excitante en la colosal mamada con esta preciosura.

    Mamó como nunca me mamaron, con calidad y variedad de movimientos bucales increíbles. La acabada llegó urgente, podría decir que la acabada fue larga y el caudal debió superar todos mi record, seguramente la situación extrema motiva y condicionan para que sea de ese modo. Necesitó tragar en dos movimientos, luego siguió chupando, hasta que se aseguró que no me quedaba más leche calentita. Retiró el choto de la boca, se relamió lo que queda, se había tragado todo, hasta esa última lamida para retirar la postrera lágrima que emerge del cíclope vencido por la decisión de esta deliciosa pendeja.

    Sabía hacer todo y bien, para no mancharme el pantalón con saliva o restos de semen, había tomado la precaución de poner un pañuelo, rodeando la verga a modo de babero, era una consumada experta en “oratoria”.

    – Tócame acá!.

    Llevó mi mano a su entrepierna, metiendo un par de dedos comprobé lo mojada que la tenía.

    – Muévelos, por favor, mueve…

    Se abrazó a mí, frotándose, gemía, estaba transitando un profuso y ardiente orgasmo con mi mano en su chochita. No fue muy largo pero sí de gran intensidad, agitada pero algo más serena serenarse, bajó la tanga y recogió todo el flujo en el mismo pañuelo que me sirvió de babero, dobló y guardó como trofeo.

    – Por ahora me basta, pero también quedaste con sabor a poco no? –indefenso, asentí con un gesto.

    Por hoy fue bastante, pero quedamos con ganas de más. Su voluntad y decisión pudieron más que todos mis miedos y prevenciones, accedí a que el viernes próximo nos diéramos con todo.

    No podía conciliar el sueño, andaba a palo, quería sacarla de mi mente, pero estaba presente en la humedad de mi sexo. En el conflicto de pasión y obligación, la pasión ganó por varios cuerpos en el sprint final.

    Llegó el ansiado viernes, la llevé a un telo. La desnudé casi a mordiscos, le dejé la piel toda besuqueada, lamida y hasta irritada fregando la barba sin afeitar de dos días. Los pechos firmes, coronados con de frutilla turgente, golosamente mamada y retenida en mi boca, recorrí la planicie del vientre dejando ensalivado el hoyito del ombligo, el matorral de pendejos trigueños mojados con la lengua ansiosa buscando el oasis fragante y salado para saciar el deseo de su sexo.

    En la ruleta del deseo encontramos el número de nuestro deseo: el 69. Trabajaba a destajo frotando el miembro, lamiendo y mamando, saboreando esa humedad previa de cuando adquiere la condición de hacerse merecedor a juguetear dentro de la cueva de todos los placeres. Lamía la vulva, abrí los labios vaginales con los dedos, la lengua hurga y explora, saborea los secretos guardados en el cofre de los pecados de la carne, cuando encerré el clítoris en mi boca, los dedos mágicos habían conseguido llevarla al séptimo cielo, su gemidos se atragantaron hasta sentir el contacto de sus dientes en el tronco carnoso de mi verga. Por suerte, me liberó para poder gemir todo lo necesario ese impetuoso orgasmo que ahogaba sus sentidos.

    La calentura aceleró los tiempos, pidió urgente tenerme dentro. La abrí de piernas y le apoyé la poronga en la entrada, empujé en ella, se resistió retrocediendo un poco diciendo que sentía dolor. No entraba fácil. Repetía, que a pesar de las ganas le costaba, por no tener mucha experiencia o por tan gorda.

    – Teneme paciencia, muero de ganas, anda despacio.

    Colaboró con voluntad y dedicado esmero en la cogida, hasta que fue entrando, resbalando por el estrecho pasadizo. Se sentía estrecho y lo disfrutaba a morir, sentía el rigor de la fricción, metisaca urgente, perentorio, abriendo y llegando al fondo de su sexo. No paró de quejarse y gemir durante toda la duración del polvo, estrujarse las tetas para soportar el angustioso asedio de la excitación que hormigueaba por dentro de sí.

    Gritó de placer por el orgasmo, apuré el movimiento, más rápido y más profundo, prolongando su orgasmo al máximo, demorándome el mío, mis momentos de gloria son durante el proceso de ir en pos de ese momento que corona el acto. Cuando consideré que la muchacha tenía suficiente, nos dedicamos al mío, entré en ella hasta el último momento.

    En ese momento supremo cuando llegar la hora de la verdad, de consumar el momento de gloria, un destello de lucidez me hizo recordar que no estoy habituado a usar forro (condón), que tampoco había usado los que el telo pone como cortesía de la casa. Me retiré de su conchita y con la urgencia que amerita la inminencia de la eyaculación, terminar en su boca era lo indicado.

    Ahorcajado sobre sus tetas, abrió la boca, eyaculé dentro, chupó con fruición sus propios jugos y cuando llegó el borbotón de leche caliente se la tragó toda. Durante la venida dentro estuvo mirándome, atenta a mis gestos y reacciones disfrutando de ver el goce reflejado en mi sonrisa.

    Le costó reponerse, las emociones la superaron, abrazados durante un tiempo recuperamos el deseo de otro polvo. Le dolió menos que el anterior, lo disfrutamos igual.

    Seguimos teniendo sexo una vez a la semana, hasta el viaje a Bariloche, luego muy de vez en cuando, ahora tenía un machito que la tenía bien nutrida. Nos hicimos amigos, qué bueno.

    Espero que las jóvenes lectoras lo hayan disfrutado tanto como yo al memorar estos hechos que abrigo entre los más excitantes y enternecedores, tanto que ahora mismo estoy considerando que estaría bueno buscar su número de teléfono y llamarla, tal vez me tenga presente en un rincón de su libido y podamos darnos el permiso de volverlo a revivirlo, al menos por una vez…

    Joven mujer tienes algo para decirme… [email protected] y te responderé

    Nazareno Cruz

  • Dentro de ti

    Dentro de ti

    Me apetece tenerte sobre mí. Notar la presión de tu cuerpo sobre el mío. Tu calor sobre mí. Tu perfume invadiéndome. Sentir el roce de tus pezones duros sobre mi pecho. Ver tus ojos cerca de los míos. Ver la intensidad de tu deseo en ellos. Ver cómo te incorporas. Te vas colocando sobre mi… y sentir como coges mi polla… la apuntas a la entrada de tu mojado coño… y sentir como tu humedad y calidez interior va absorbiendo mi pene poco a poco hasta envolver toda la longitud de mi miembro. Esa sensación es maravillosa…

    Sentir como te lo introduces todo. Toda mi polla dentro de ti. Ver como eso te produce placer. Verlo en tu cara. Oírlo en tus gemidos. Y ver, sentir como aceleras tus movimientos. Oír como tus jadeos crecen. Crecen en intensidad. Empiezas casi a chillar. Y eso me excita. Tus gemidos escandalosos me calientan. Provocan mi excitación. Hacen que clave mis pies en la cama y empuje mis caderas hacia arriba. Clavándome dentro de ti. Empujando mi pelvis contra tu coño. Pegándome a él en cada empujón. Sintiéndote. Sintiendo ese calor tuyo que me incita a incorporarme y besar tus pezones. A pellizcarlos. A chuparlos. Sintiendo la fusión de nuestros sexos. Dejándome caer de nuevo sobre las sábanas para cerrar los ojos y deleitarme con esa rica sensación de notar y oír el golpe sonoro que cada vez que te dejas caer sobre mí produce el encuentro de tu mojado coño sobre mi pelvis ya encharcada de tus jugos. Clavo mis dedos en tus nalgas. Aprieto. Las amaso. Te doy azotes. Varios. Te excitas. Me cabalgas. Me montas. Me posees. Y agarro tu cintura atrayéndote hacia mí. Haciendo que te ensartes en mi polla. Una y otra vez. ¡Mas! te pido. Sentir como apoyas tus manos sobre mi pecho. Como te empujas apretando sobre él. Para sentir luego como tus dedos se clavan en mi pecho. Sentir como te dejas caer de golpe sobre mí. Notando esa bajada rápida y deliciosa sobre mi polla, para luego gozar con tu subida lenta y de nuevo rápido te vuelves a ensartar mi miembro hasta el fondo de tu vagina. Rápido. Profundo. ¡Sigue! te insisto. ¡Dale! ¡Follame! ¡Siiii! Mmm… Nuestros jadeos, gemidos y gritos se mezclan. Nos ponen más y más cachondos. Se aceleran. Gritamos. Mientras mis dedos juegan con tu clítoris. Lo acaricio. Lo aprieto. Despacio. Rápido. ¡Siiiii! gritas. ¡Más!. Mmm… Mojas mis dedos. Mi entrepierna. Estas excitadísima. Estas a punto. Pellizcas mis pezones. Los retuerces. ¡Joder! Te lo noto. Te estiras. Te tensas. Gritas. Y tus espasmos empiezan. Tiemblas. Siento como estrangulas mi polla con tus contracciones interiores. Me llevas al límite. No paras de moverte. Hasta que estallas. Explotas con un grito tremendo. Llega tu intensa oleada de placer en un escandaloso orgasmo que me arrastra contigo a correrme también. Notando como prendes la mecha de mi orgasmo. Como provocas que sienta como mi leche empieza a salir de mis huevos. Sintiendo como haces que se deslice por el interior de mi pene… hasta estallar como un volcán dentro de ti. Derramándome dentro de tu coño. En varios empujones de mis caderas. Temblores. Varias sacudidas. Varios chorros. Dándotela toda. Vaciándome por completo dentro de ti. Mmm…

  • Tres relatos de sexo (Segunda vuelta)

    Tres relatos de sexo (Segunda vuelta)

    Un desconocido muy persuasivo (2)

    Cuando sube la pequeña escalera para llegar a la puerta, a Natalia, el corazón empieza a latirle a mayor velocidad. De repente recuerda la conversación que tuvo con sus amigas hace poco: “¿Será verdad que se acuesta con Gaby?” Había preguntado Florencia. “Qué va a ser verdad, si el tipo ya tiene más de cuarenta. Es muy viejo para ella. Además ¡Es un profesor!” comentó Tamara, aparentando estar escandalizada, aunque Natalia percibió que más que escandalizada estaba incómoda. “Pero aunque esté viejo, no está muy mal que digamos” dijo Florencia, y agregó “además, ¿te pensás que no pasó nada con Gaby cuando fue hasta la casa del profe a llevarle el trabajo práctico?”, Natalia, que hasta ese momento sólo se había limitado a oír a las otras, dijo “Que haya ido a su casa no significa que haya pasado algo” Florencia soltó una risita sarcástica que Natalia odió. “¿No me digas que a vos también te dijo que le lleves el trabajo a su casa? ¡Cuidado amiga, ese tipo es un turbio!” y soltó otra risita.

    Ahora Natalia toca el timbre del departamento. La puerta se abre automáticamente y entra al edificio. Piensa que Florencia tenía algo de razón. ¿Por qué el profesor le había pedido que le lleve el trabajo a su casa? En su momento, ni siquiera se lo había planteado, pero luego se enteró por Gaby que el docente le había pedido eso, porque se acercaba la fecha de cerrar las notas, y era conveniente corregir el trabajo con la alumna presente para que sus observaciones sean claras, cosa que vía mail sería más difícil de lograr. La explicación la satisfizo por un tiempo, pero a medida que se acercaba el día en que tenía que llevarle el trabajo al profesor, una sensación de extrañeza se apoderaba de ella. Y ahora que se mete en el ascensor y la puerta se cierra, piensa si no sería mejor salir de ahí y volver a su casa. Después de todo, coincidía con Florencia en algo, el profesor de introducción al conocimiento científico era turbio: era frío, y hablaba justo lo necesario, era muy distante con los alumnos, pero a pesar de eso parecía tener un apetito voraz por las chicas más lindas de la comisión, ella misma incluida. Esto último era difícil de percibir, porque sabía disimularlo, pero cada tanto se dejaba descubrir embelesado con las tetas turgentes de Tamara, o con las nalgas apretadas de Gaby. En esas miradas efímeras dejaba traslucir un deseo animal que nada tenía que ver con una intención de seducir a las féminas de la comisión, sino más bien parecía querer poseerlas a toda costa, incluso, contra su voluntad.

    Cuando llegó al piso que le había indicado el profesor, sus piernas, y su mano, con la que cargaba la carpeta con el trabajo práctico, temblaban como hojas. Le vino a la mente el rostro de Tamara, quien, mientras escuchaba las insinuaciones de Florencia, parecía más indignada que la propia Natalia: “No andes divulgando rumores, si no sabés de qué estás hablando” le dijo, casi gritando. “Si alguien de la comisión te escucha, van a empezar a decir cosas de Gaby, y también de Natalia”. Se la veía muy enojada, pero también parecía tener la necesidad apremiante de cambiar de tema. ¿Por qué? Se preguntó Natalia ¿por qué estabas tan inquieta, Tamara? Cuando terminó con sus cavilaciones, se dio cuenta de que acababa de tocar el timbre del departamento de su profesor. Una certeza implacable se apoderó de ella: “tengo que irme” se dijo. La puerta se abrió. El profesor no dijo nada. Se hizo a un costado. “Tengo que irme” Pensó Natalia. Pero su cuerpo no parecía convenir con su cabeza, dio unos pasos y entró en el departamento. Una mezcla de miedo y excitación hicieron erupción dentro de ella, y la sensación de que algo inminente estaba a punto de suceder la hicieron entrar en un estado similar al de la embriaguez.

    “Acá está el trabajo, profe” le dijo, balbuceando, estirando el brazo tembloroso, mientras la puerta se cerraba a su espalda.

    El profesor agarró la carpeta y la tiró al piso. Las hojas quedaron desparramadas sobre la cerámica. Se acercó a ella, hasta quedar casi pegados. Le acarició el rostro, y le metió el pulgar en la boca. Mientras, la otra mano se deslizaba por el muslo desnudo. “¿Por qué traje este vestido tan corto?” se preguntaba Natalia, sin obtener una respuesta. “¿y por qué no me puse ropa interior?” se preguntó luego, cuando sintió dos dedos enterrarse en su sexo palpitante.

    **************************************

    Una sincronización perfecta

    Ya habían pasado treinta minutos desde que comenzaron. Se veía en el rostro de los cinco hombres una mirada concentrada. Los músculos de las caras estaban contraídos y en sus mejillas y frentes se deslizaban gotitas de sudor que iban a parar al piso, formando un diminuto charco debajo de ellos.

    Cada tanto alguno parecía no poder aguantar más. Pero en esos momentos, alguno de sus compañeros lo miraban con una sonrisa fraternal, como diciéndole “Vamos, vos podés”, y entonces el hombre disminuía el ritmo de sus movimientos, y así podía adaptarse a los demás.

    La mujer estaba en el piso, tumbada boca arriba. Su marido creía que estaba en casa, limpiando. Nunca había hecho eso, y nunca pensó en hacerlo, pero ver diez mil pesos, todos juntos, fue tentador. Estaba desnuda, igual que los cinco tipos que formaban un círculo a su alrededor. Eran hombres jóvenes, y todos eran diferentes: lampiños, peludos, rubios, morochos, pelados, gordos, flacos, musculosos… sin embargo tenían algo en común: las cinco vergas que ella veía dese abajo, eran hermosas: alguna más gruesa que otra, alguna más corta que otra, alguna más asimétrica, alguna más cabezona… pero todas eran hongos de una base gruesa y venosa. Todas comenzaban a largar el líquido preseminal, cuyo olor ya inundaba la habitación. Y todas se habían alzado en honor a ella. Las cinco vergas erectas como lanzas, y duras como rocas eran las responsables de que se haya convertido en una puta.

    La mujer comenzó a acariciarse el clítoris, mientras se mordía el labio inferior. Cuando vio que los machos estaban a punto, abrió la boca y sacó la lengua, moviéndola arriba abajo, como invitándolos a que apunten ahí. “a la cuenta de tres” dijo uno de ellos, y comenzó a contar: “unooo” alguno tuvo que dejar de tocarse para resistir los segundos que faltaban. “dooos” varios de ellos mostraban sus dientes apretados, señal de lo difícil que era seguir reteniendo el semen. “trees” dijo el hombre, y entonces las vergas que la rodeaban expulsaron, simultáneamente, cinco chorros blancos, que salieron con potencia inusitada, y cayeron con una precisión maravillosa sobre el cuerpo de la mujer que esperaba, golosa, la leche de los machos.

    Un cálido hilo cayó, justo donde ella quería. Lo saboreó, al mismo tiempo que más chorros poderosos impactaban con su piel. Haber retenido tanto tiempo el orgasmo no fue en vano. La eyaculación fue abundante y varios lograron que sus vergas escupan tres veces sobre ella.

    Nunca había estado con tanta leche encima, nunca se había sentido tan puta, y jamás habría imaginado disfrutar de esa humillación. Los cinco hombres se acercaron, y la ayudaron a tragar hasta la última gota de semen.

    ***********************************

    Una deuda con muy altos intereses

    Gonzalo estaba temblando como una hoja. A pesar de que se encontraba en su propia casa, se sentía extremadamente asustado y nervioso. La presencia de Mario y sus secuaces siempre lo ponían incómodo, pero ahora era mucho peor, y tenía sus motivos para sentirse así, puesto que sabía perfectamente a qué venían esos hombres.

    —Vos sabés que soy un tipo muy tolerante, Gonzalo. —le dijo Mario, sentado frente a él en la mesa de la pequeña cocina. El hecho de que lo haya llamado Gonzalo, y no Gonzalito como otras veces, era de por sí, una señal de alarma.— Pero con la plata no se jode. —Siguió diciendo. Gonzalo trató de sostenerle la mirada, pero le resultó imposible. Miró al piso e intentó decir algo.

    —Yo te… te voy a pagar Mario, vos sa… sabés que siempre cumplo. — dijo Gonzalo, tartamudeando.— Además te… te juro que es verdad que me robaron.

    —Para el fracaso siempre hay excusas. —Dijo Mario. Gonzalo levantó la mirada, y vio los ojos implacables de su acreedor. “No lo voy a convencer” se dijo. Luego observó a los dos hombres que se encontraban parados, flanqueando el cuerpo robusto de Mario. Eran dos tipos que pasaban los veinte años. A diferencia de su jefe, que era corpulento, estos otros eran delgados, pero musculosos. Ambos imitaban la mirada intimidante de Mario, cosa que no vaticinaba nada bueno para Gonzalo.

    De repente un sonido interrumpió el silencio incómodo que se había sostenido por unos interminables segundos. La puerta principal se abrió. Se oyeron unos pasos livianos y rápidos, que se dirigieron a la cocina, donde estaban los hombres reunidos. Antes que nada, lo que entró por la puerta fue el perfume fresco y femenino; luego irrumpió ella en esa habitación cargada del sudor frío de Gonzalo, y de la virilidad apabullante de los visitantes.

    —Hola mi amor. —Dijo alegre, casi cantando. Pero inmediatamente se percató de la presencia hostil de aquellos hombres. Se rostro se transformó rápidamente. No conocía a ninguno de ellos, pero la escena que tenía frente a ella no le gustaba nada. Su novio estaba como achicado, con la cabeza gacha, en una de las sillas que rodeaban la mesa cuadrada de madera. Del otro lado estaba un tipo enorme, que apenas cabía en la silla, secundado por otros dos que parecían sus guardaespaldas. Parecía estar viendo una película de gánster.

    —Llegaste temprano mi amor. —Dijo Gonzalo, haciendo un esfuerzo inhumano para no quebrar su voz.

    Ella le miró el rostro por primera vez, y ahora ya no le quedaban dudas de que estaba pasando algo malo.

    —¿Por qué no vas a hacer las compras para la cena, mientras hablo con mis a… amigos? —Dijo Gonzalo, sin poder evitar tartamudear en la última palabra.

    —No seas maleducado che. —Dijo Mario, al tiempo que se dibujaba una sonrisa desconcertante en su rostro.— así que sos la novia. ¿Cómo te llamás?

    —Micaela. —dijo ella, todavía estaba más cerca del umbral de la puerta que de ellos.

    —Micaela, estamos discutiendo unas cositas con tu novio. Enseguida nos vamos. —Gonzalo sintió una pizca de alivio. Quizá a Mario no le gustaba que personas ajenas a sus negocios se enteren de que era un mafioso y usurero, y tal vez eso le diera un día más para conseguir la plata.— Por favor no te vayas por culpa de nosotros, no quereos molestar.

    —No pasa nada… —Dijo Micaela. Se veía encantadora con su cara asustada. Llevaba un vestido suelto de color azul, que le llegaba hasta las rodillas, y su pelo castaño, un tanto rojizo, estaba atado en dos colas que le daban un aire infantil.

    —¿Me harías un favor? —Dijo Mario, dirigiéndose a ella.— Acá tu novio no es un buen anfitrión. ¿Me traerías un vaso de agua?

    —Bueno. —Dijo Micaela, tratando de encontrar la mirada de su novio, para que le explique qué estaba sucediendo. Pero Gonzalo había devuelto la vista hacia la cerámica del piso.

    Micaela se fue hasta la heladera, y Mario y sus secuaces la incomodaron aún más, ya que se la comían con la mirada, descaradamente, como si su novio no estuviese ahí. Cuando sirvió el vaso de agua, y se dio vuelta, todavía le clavaban los ojos ahí, un poco más debajo de la cintura, por lo que dedujo que mientras estaba de espaldas, le realizaron una minuciosa inspección a su trasero. Le entregó el vaso en la mano a Mario, y sintió cómo esos dedos fuertes y seguros aprovechaban para acariciar los suyos, finos y delicados.

    —Muy linda tu novia. —Comentó Mario. Gonzalo apenas levantó la vista, y fingió agradecer el comentario con una sonrisa retorcida, más falsa que un billete de tres pesos.

    A Micaela la indignó ver así a su novio. Comprendía que se sienta inhibido por la presencia de ese tipo, pero, ¿no podía conservar un poco de entereza y hombría?

    —¿Cuántos años tenés Mica? —Preguntó Mario.

    —Diecinueve. —Dijo ella. Se encontraba todavía al lado de Mario. Parecía que ese hombre tenía una especie de fuerza magnética, y ella no se sentía con la libertad de alejarse, salvo que él se lo permitiese.

    —Diecinueve añitos.  Repitió Mario.— Así que hasta hace poco estabas en la escuela. Sos una criatura. —Y luego dirigiéndose a Gonzalo, dijo en tono de broma.— Así que sos un roba cuna eh.

    Los dos hombres que estaban detrás de Mario, y ahora también detrás de ella, rieron, en una suerte de coro condescendiente.

    —Y decime Mica. —siguió diciendo.— ¿ibas a escuela privada?

    —Sí. —dijo ella, escuetamente.

    —Entonces usabas jumper…

    —Sí. —Respondió ella, sin entender a dónde quería llegar.

    —No sabés cómo me gusta cogerme a pendejas con jumper. —dijo Mario. Micaela abrió grande los ojos. No esperaba ese comentario. Vio a su novio, que seguía mudo, no parecía otra cosa que una sombra.— en serio te digo. No hay cosa más sexy que una chica con su uniforme de colegiala. —la miró a los ojos. Ella estaba petrificada, pero la mirada lasciva de Mario le hizo sentir un hormigueo en la entrepierna.— Igual no te creas que me cojo a menores de edad eh. No, eso es para quilombos. Pero me gusta que mis putitas se vistan de colegialas. Eso sí, nada de lencería erótica eh. Esas ropas terminan siendo todas iguales. Sabés de qué te estoy hablando ¿no? que disfraz de enfermerita, disfraz de policía, disfraz de colegiala… no, no, no, a mi me gusta el uniforme de verdad. ¿Vos tenés todavía tu uniforme de la secundaria?

    —No. —Dijo Micaela, tragando saliva.

    —Qué lástima. —Dijo Mario, y poniéndose de nuevo serio preguntó.— Mica ¿sabés por qué estamos acá?

    —Ella no sabe nada… —balbuceó Gonzalo.

    —¡Vos callate la boca! —Estalló Mario. Su voz retumbó en toda la cocina. Pero enseguida recobró la calma.— Tu novio nos debe plata.

    —¿Plata? —Preguntó ella.

    —Sí. Te explico. Yo le vendo merca a él y una vez que Gonzalito la vende, me da lo que me tiene que dar. Pero ahora dice que no tiene nada.

    —¿Qué? —preguntó Micaela. Era demasiada información toda junta.— ¿Sos dealer Gonzalo?

    Pero el novio había quedado totalmente mudo después del grito de Mario. Era evidente que le tenía pavor.

    —Sí, nos debe plata. Y de una forma u otra, hoy se la voy a cobrar. ¿Se te ocurre una manera de ayudar a tu novio a pagarme Mica?

    Ella no dijo nada. Estaba totalmente decepcionada. Gonzalo siempre fue un chico normal. Bueno, y cariñoso. Quizá un poco vago, pero ese era su único defecto. Al menos el único que ella conocía pero ahora se enteraba que era un delincuente, y encima, de los peores: un dealer.

    De repente sintió unos dedos deslizarse por sus piernas. Miró a Mario, que se humedecía los labios con la lengua mientras metía su mano, que subía lentamente hasta meterse por debajo de su pollera.

    —Qué lindo culito tiene tu novia. —dijo Mario, mientras, con las yemas de los dedos frotaba suavemente las nalgas de Micaela.

    Gonzalo vio la escena un instante y volvió a bajar la vista.

    —¡Mirame! —Le ordenó Mario con otro grito. Gonzalo volvió a mirar, como Mario metía la mano con más vehemencia. Sus ojos brillaban, a punto de llorar, no tanto porque Mario estuviese manoseándole el culo a su novia, sino porque ella no daba señales de rechazarlo. Seguramente estaba muy asustada, además, nada podría hacer contra esa bestia, pero ¿por qué no hacía un mínimo gesto de rechazo?

    Micaela por su parte, no podía creer que Gonzalo fuese capaz de presenciar cómo la violaban sin hacer absolutamente nada. Ya sabía que no había manera de que la defienda de esos tres hombres que se veían tan fuertes y además seguramente estaban armados, pero ¿no debería intentar algo, aunque sea infructuoso, aunque el resultado sólo sea recibir una paliza? ¿No le quedaba nada de hombría?

    En una inusitada, y retorcida actitud vengativa, Micaela se quedó parada, sin dar señales de oponer resistencia, mientras sentía como esos dedos hambrientos estiraban el elástico de la bombacha para bajársela.

    —Es una puta divina tu novia, mirá cómo le gusta que le manoseen el culo delante de vos. —Dijo Mario, humillando a Gonzalo.— ¡levantá la vista! —Gritó de nuevo, cuando vio que el otro esquivaba la escena. Gonzalo lo hizo, y vio como Mario levantaba el vestido, y le daba un beso negro a Micaela.

    El rostro de ella se relajó, y reflejó una sonrisa involuntaria ya sea porque le daba cosquillas o placer.

    —Disfrutá el espectáculo Gonzalito, gracias a esto voy a esperarte una semana más para que me pagues.

    La agarró de la cintura.

    —Apoyá tu mano en la mesa. —le dijo a Micaela.

    Ella lo hizo. Separó sus piernas, y luego apoyó también su torso sobre la madera, quedando con el culo levantado, a merced de Mario.

    Él no tardó en levantarle el vestido de nuevo, dejando el trasero blanco y erguido al aire. Se mojó los dedos con su propia saliva y enterró dos de ellos en el sexo húmedo de ella.

    —Cómo no se me ocurrió venir antes a conocerte bebé. —Dijo Mario.— La próxima vez quiero que te pongas un uniforme de colegiala, ya te lo consigo yo.

    Acto seguido se bajó el cierre del pantalón. Corrió hacia abajo el elástico del bóxer, y sacó la verga ya dura. No se molestó en bajarse el pantalón, no quería que sus guardaespaldas le vieran el culo. Sin embargo, ambos tenían una vista privilegiada del culo apretado de Micaela, y vieron nítidamente como la poronga de su jefe, quien no se había molestado en ponerse preservativo, se metía lentamente en su sexo.

    Micaela largó un gemido cuando el falo se enterró varios centímetros en ella. Su rostro había quedado apenas a unos centímetros del de Gonzalo, y este recibió cada sonido emitido por ella como un balde de agua helada.

    Mario hacía suaves movimientos pélvicos, pero su miembro era muy grande para el estrecho sexo de Micaela, acostumbrada a vergas más humildes.

    El hermoso pelo ondulado, tirando a rojizo de Micaela se despeinaba cada vez más, a medida que su cuerpo se sacudía con mayor violencia, sobre la frágil mesa de madera, que parecía a punto de venirse abajo, cada vez que Mario la embestía con más vigor.

    Gonzalo era testigo silencioso de los cambios que operaban en el rostro de su novia. Su piel blanca empezó a perlarse de transpiración, su boca se abría cada vez más cuando la verga se introducía en ella, y sus gemidos, ya casi carecían del tono del dolor. Mario la sacudió con una fuerza impresionante cuando le dio la última embestida. La mesa se tambaleó, Micaela estuvo a punto de caer, y por una vez, Gonzalo reaccionó y haciendo una considerable fuerza con sus brazos, logró equilibrar la mesa. Gracias a su altruismo, Mario logró acabar cómodamente. Retiró su verga, pero el primer chorro ya había caído adentro de Micaela. El resto lo eyaculó en las piernas de la chica.

    —Eso estuvo muy bueno. —Dijo Mario, levantándose el cierre del pantalón.— Ojalá todas mis cobranzas fueran así.

    Micaela quedó sobre la mesa, con la cabeza oculta entre sus brazos. El vestido le tapaba ahora las nalgas, pero en sus piernas todavía se deslizaba el semen.

  • La pija más rápida del oeste

    La pija más rápida del oeste

    Don Ángel tiene un autoservicio en una ciudad del oeste de la provincia de Buenos Aires, eran tiempos cuando la economía popular estaba algo complicada, cuando no está, pero este relato no era para temas económicos, aunque esa causa sea la motivación primaria.

    Tiempos difíciles cuando el trabajo no abunda y el dinero es un bien escaso, el señor en cuestión, además de dueño maneja el sector de venta de carne, se considera afortunado de haber podido tener un negocio floreciente y un pasar con la situación económica resuelta. Dentro de sus posibilidades siempre está dispuesto a considerar, dentro de sus posibilidades, las situaciones difíciles de algunos de sus amigos y echarles una mano cuando se puede.

    Separado hace como cinco años, sin pareja pero con buena llegada al rubro femenino, es decir que siempre consigue compañía para no sentirse tan solo, tiene la vivienda en el piso superior del negocio. Una vecina viene dos veces a la semana para ocuparse de los quehaceres domésticos y alguna vez para atender las necesidades fisiológicas de carácter sexual, por decirlo de forma elegante.

    No es que Ángel esté falto de “carne”, pero tampoco le hace asco a ninguna mujer que se muestra accesible, el instinto de cazador que le dicen. Cuando tiene posibilidad de escoger, suele decir “me gusta, el vino añejo y la mujer joven, cuanto más joven mejor sabe”, y últimamente estaba en una racha de buena suerte.

    Al comercio, venían muchas mujeres, las conocía bien, casi podría decirse que las tenía en el catálogo erótico de su memoria. Una tarde, cuando recién abría y casi no viene nadie, se le acerca una vecina del lugar, Susana, que tiene dos niños y un marido desocupado y poco adicto a buscar nuevo trabajo, es de carácter afable, simpática, con buena figura, en suma que para su gusto reúne las características de una apetecible hembra.

    – Hola don Ángel, puedo hablarle?

    – Sí, Susana, como usted diga…

    – Es algo personal, mejor en privado puedo?

    – Bueno, como digas, pasá.

    La encargada de la caja quedó a cargo, pasamos al fondo, a mi oficina. Mucho de vergüenza y algo de pudor para contarme la situación azarosa por la que estaba pasando, al final de terminó por pedirme crédito para la compra de alimentos y reseñar brevemente su problema. Accedo a su pedido y poniendo una mano sobre la rodilla, le digo:

    – Ve tranquila, y esta tarjeta para que tu marido vea a esta persona y tal vez le dé trabajo.

    Se incorpora y me besa en mejilla, agradecida diciendo:

    – Gracias, don Ángel, eres un ángel.

    – Bueno, y cuéntame de los resultados.

    La quedó mirando salir y pensando qué buena está, qué buen culo tiene.

    A las dos semanas, vuelve a verlo para saludarlo, que ahora mismo está de prisa, pero que vendrá en la tarde para darle una cosa, él aduciendo que tal vez no esté en la tarde, dice que mejor sería a eso de las 2 pm, es decir la hora de cierre que tiene más tiempo disponible, pues la apertura vespertina es a partir de las 5 pm.

    A poco de cerrar, suena el timbre de la vivienda, es Susana, la hace pasar al living. Trae una bolsa de regalo, dentro una botella de un escocés 12 años como obsequio.

    – Esto por qué?

    – Por dos motivos, el primero, porque mi marido consiguió empleo con su amigo. –pausa.

    – Y el otro?… le doy pie para seguir.

    – El otro es que so agradecida… y quiero saldar mis deudas, agradecer… le todo lo que hizo…

    Se muestra sorprendido o indeciso sin saber qué hacer cuando ella toma la iniciativa y pone el dedo índice sobre su boca.

    – Yo soy el otro motivo, tu regalo. Esto explica el motivo? –le pone en la mano su tanga color rojo. La parte de arriba también me la saqué, vengo sin nada debajo. Tómame, soy el regalo!

    – No sé qué decir ni hacer, se da cuenta.

    – Shhh, y me pone un dedo en los labios, para que no hable y sigue diciendo: – Dejame ser tu regalo.

    En un tris, se quita el vestido, se muestra totalmente desnudita, se deja comer con los ojos, mira la erección del señor que le apunta desafiante.

    – Me está amenazando! -mira la pija y le tira un besito. Te debe molestar así tan dura…

    Trenzados en un abrazo, se besan con la misma urgencia de la erección, el beso fue la forma de establecer la intimidad previa al acto sexual. Las manos no descansan recorren todo su cuerpo, apretando las tetazas, entre las nalgas, explorando lo jugosa que está dentro del sexo, tan mojadita. Sin soltarse llegan al dormitorio, caen enredados.

    Todo se había dicho, ahora era tiempo de realización de consumar el acto sexual, el cunnilingus se produce casi con naturalidad, el reconocimiento de la calentura del otro, mamarse es la manera elemental de crear el clima. Las primeras sensaciones y los gemidos fue la acción directa del hombre sus genitales, revolcados, ella encima no para de comerle la verga y él lamiendo y hurgando con lengua el interior de la conchita.

    Ella toma la iniciativa de cambiarse, abierta de piernas hacer lugar en su vagina para empalarse de una, entrarla toda, sabe cómo les gusta a los tipos que ella se los monte. Conoce la forma de hacerlos delirar con sus evoluciones y movimientos de cadera, llevarlos al placer en un viaje sin escalas. Se aproxima para ofrecerle apretar sus tetas sin dejar de evolucionar haciendo chapotear la poronga del hombre dentro del jugoso batido de jugos.

    Ensartada, se movió un poco y volcó sobre el cuerpo del tipo, ofreciéndose darle a chupar, las tetas, llenarle la boca de pezones, ahogarlo de placer. Se remueve en la pija la concha ardiendo de ganas. Cogía y gemía gustosa de sentirse llena de carne, aceleró el movimiento llegando pronto al orgasmo.

    – Papi me vengo, me vengo, me vengo…

    El hombre no se detuvo, sigue dándole al traqueteo, la tomó de las caderas, elevándola y jalando con fuerza en la caída contra su cuerpo, seguía en las delicias del orgasmo cuando le avisó que estaba por venirse, sabía que no tenía condón. El señor se vino dentro, cuando terminaron los latidos propios de la eyaculación, no se retiró, quedó ensartada, con la verga dentro, mirándolo. La risa sin sentido propia de cuando termina el orgasmo los dejó enganchados en ese momento de plena e íntima relación de cuando un polvo es la suma de la satisfacción mutua.

    Levanta su cuerpo del empalamiento, al hacerlo algo de leche le va saliendo de la concha, cae sobre sobre el vientre de don Ángel. Ella le besa la pija, agradecida y rescata el sabor del semen del señor.

    Recostados y desnudos, le confiesa que su marido por estar desocupado había estado demasiado apático y su necesidad de tener sexo fue la consecuencia de los daños colaterales, el estrés por los magros ingresos había terminado por deteriorar la relación marital. Le pide asistencia sexual, que sea su proveedor de sexo cuando esté necesitada:

    – Por lo menos dos veces a la semana necesitaría su atención de macho para cubrir mis necesidades básicas insatisfechas. –risas.

    El mundo sigue andando, a los dos día, más o menos, viene a verlo, Rosalía, una pendeja de diecinueve, casada recientemente, dice que una amiga, la Susana del relato, le había confiado en secreto, que don Ángel le había encontrado solución a su problema, asegurándole que el señor tenía buena mano para manejar esos temas.

    Cebado por el sexo, le dice que se quede, que en un momento cierra. Suben al apartamento, ella va delante, moviendo el culito, desafiante, en un arrebato osado, estiró la mano debajo de la mini, llega y toquetea esa cola de carne firme, ahí mismo en el descanso de la escalera, la puso contra la pared, apoyando las manos, levantó la falda, corrió a un lado la bombacha y se la mandó de una. Tomada de las caderas comenzó el urgente movimiento, bombeando con toda la fuerza de la urgencia tormentosa de la calentura, los gemidos de la muchacha resonaban cuando el bufido de don Ángel tapó los gemidos, el semen brotó con fuerza pasional llenado la conchita de la joven.

    Entraron al apartamento, los pechos de Rosalía hinchados y paraditos fueron amasados y chupados por el goloso de don Ángel, y… como la muchacha había sido madre recientemente el señor pudo sentir el sabor dulzón de la leche materna.

    Terminaron de desnudarse, ella pasó al baño para sacarse la bombacha empapada de semen, volvió para darle al señor una soberbia mamada de pija, poco le costó ponerla en condición de batallar por el orgasmo de la muchacha. Lo tendió y se encaramó sobre el tipo, dándole una cogida de antología, tenía instrucciones de cómo hacerlo disfrutar. Le regaló dos estruendosos orgasmos antes de obligarla a venirse dentro de su conchita.

    Ella fue al refrigerador por unas cervezas, era el momento de relax, reponer fuerzas, la muchacha sabía que cuando el hombre está contento y satisfecho se facilitan los tratos, dejarlo satisfecho había sido su consigna.

    Le llevó la conchita al alcance de la boca de don Ángel, quería sentir el roce del bigote del señor frotándose entre los labios de su conchita depilada, estilo bebé.

    – Me dijeron qué cosas te gustan, yo tengo eso que tanto te gusta, te vi mirándome la cola, tocándola y jugando con el marrón. Te lo voy a dar, es todo tuyo, solo una condición, que comiences suave, que me des tiempo para poder relajarme. No me dijeron que la tenías tan gordota, la que me entró era larga pero mucho más delgada.

    – De acuerdo, voy a ser suave…

    Se puso en cuatro, el hombre va desde atrás lamiendo la conchita, caricias y el beso negro, la estremece, se lo ensaliva, pajea la verga y le pide que se abra las cachas.

    La preparó, separa las piernas, arrimando el pedazo a la rajita, frotó la cabeza en la vulva, para untarla en sus flujos, acompañando a entrar en ella. El primer contacto con esa carne joven con poco uso de la “puerta de servicio”, borracho de lujuria se apresta a dar el envión para entrarle por el culo.

    Ciego de deseo, la penetró de un solo golpe. No tuvo tiempo ni a gritar, solo cuando toda la carne entró a tope. Tomada de las nalgas, la estaba penetrando con rudeza, bien subido encima de sus caderas, embestía y nalgueaba sin pausa.

    Rosalía gemía, excitada y dolorida por la dilatación anal, soporta ser sometida por la calentura extrema del macho que disfruta meter y meter pija sin pausa, cada vez más ansioso y concentrado en penetrarla en un impiadoso polvo. Ella soporta el peso y el rigor del cuerpo del hombre montado en calentura desenfrenada, agarrada de la sábana y mordiendo la almohada, el hombre deja de hablar y gemir, el silencioso y furibundo bombeo cobra velocidad y contundencia, insistencia y concentración en domesticar el culo de la muchacha.

    Un agónico gemido, extendido sobre el cuello de la mujer era el preludio de la intrusión salvaje, el tormentoso semen brotó dentro del dolorido culito. Sacársela fue como descorchar una botella de espumante, y también salió parte del cremoso semen burbujeando del culito dolorido.

    La contemplé salir caminando con cierta dificultad, apretando sus piernas, era la consecuencia de una tarea bien realizada. Quedó comprometida a volver y… según me portara el permiso para volverá a hacérselo.

    De este modo y de forma más o menos parecida, fue ampliando el plantel de carne infiel.

    Se comentaba que ellas lo habían denominado como “la pija más rápida del oeste”

    [email protected] está dispuesto para… leerte.

    Nazareno Cruz

  • Mujer seria y respetable (II)

    Mujer seria y respetable (II)

    Recomiendo leer antes la primera parte, la encontraras aquí: “Mujer seria y respetable (I)”

    Había llegado el día, después de todos estos días estudiando y observando a xxx estaba seguro que podía llevar a cabo una apuesta muy fuerte, estaba casi convencido que la aceptaría y la llevará a cabo, y aunque corría el riesgo de que saliera corriendo valía la pena probarlo.

    Había alquilado un apartamento, había preparado la habitación, encima de la cama tenía una mordaza, unas esposas, una cinta para tapar los ojos, y un reproductor mp3 con auriculares, además de una nota con sus instrucciones, que eran las siguientes:

    -Tienes 5 minutos para desnudarte

    -Ponte la mordaza en la boca

    -Tapate los ojos con la cinta

    -Ponte los auriculares y dale al play

    -Ponte las esposas con las manos en la espalda

    – y espera con las piernas abiertas a nuevas instrucciones

    Como veis fue todo un reto, yo le había indicado ya el número de la calle y el piso, debía comunicarlo a algún amigo por su seguridad y luego llamar al interfono para que la dejara entrar en el edificio, una vez llamó y le abrí la puerta de la escalera yo me salí del apartamento y espere en la planta de arriba hasta que entrara, pues deje la puerta entornada, oí que se abrió la puerta del ascensor, y la oí decir hola mientras entraba en el apartamento cerrando la puerta tras ella, había llegado el momento, seguirá adelante? O saldrá despavorida? Todo era incertidumbre, no había vuelta atrás, la apuesta era alta y ya estaba echada.

    Esto es lo que ocurrió, escrito por ella misma en las sensaciones que me envió después de la sesión, prefiero que sea desde su punto de vista quien os lo relate:

    Hola Alex,

    Ahí va cómo me he sentido, pero cualquier cosa que pueda contar, jamás explicará de verdad lo que he vivido… No hay palabras!

    Me he tenido que pensar el tocar ese timbre, estaba cardíaca. Cuando lo he hecho, he subido lentamente. No me había acabado de leer el mail, no vi lo de entrar sin picar y que estaría la puerta abierta… Estaba demasiado nerviosa… solo vi 6 piso 4 puerta… ahí paré de leer.

    En el momento de entrar, el corazón a tope. Cuando vi lo que había encima de la cama, miré alrededor, a ver si me podías estar observando de alguna parte. Tardé en reaccionar, cogí el papel y lo leí a trozos… no me podía concentrar en leer. Cuando llegué a lo de haz todo esto rápido que estoy a punto de entrar… fui rápido a la mesa, dejé el bolso, el abrigo, me quité la blusa, las bragas y seguí leyendo…

    Me puse el antifaz y claro luego no me veía para ponerme las esposas… me levanté el antifaz, me puse las esposas. Me bajé el antifaz como pude y me quedé en ese rincón, pensando: Que hago aquí? Porque me he puesto las esposas? agggg… me pasó de todo por la cabeza en esos minutos… des de que no fueras a aparecer, a que aparecieras con una cámara de vídeo…

    Me pareció oír la puerta… se me escapaba la risa de pensar en mi situación… pero no te oí en absoluto entrar en la habitación. Cuando te noté en mi cuello… pfffffff… fue potente!

    Del resto… creo que podrías contar tú, más que yo… me has llenado de atenciones y sensaciones… Me has saturado de sensaciones!!!… Ya no sabía si me dolía o me gustaba el que ni el dónde…

    Cuando he notado que me ponías una pinza en el pecho izquierdo, he flipado de notar que no me dolía… luego he notado que me ponías por abajo, y que también me ponías en el derecho y me ha entrado un poco de pánico… me ha dolido y aix… tú, buenazo me lo has quitado, masajeado y vuelto a colocar…

    El próximo día, si lo hay. Cuando me tengas llena de pinzas, me vas a hacer una foto a mí, con mi teléfono, ok? Mi foto, para mí… Waw… Increíble…

    A partir de ahí… todo placer… dolor, placer…

    Me daba reparo decirte que pararas para no correrme… sé que me cuesta correrme, y la verdad es que si paro, me cuesta más… pero tú allí con el succionador… el vibrador ese enorme (tiene nombre?) tus dedos… tu lengua… los plugs… pffff… bien… Ya me has visto… ha sido muy intenso…

    Las pinzas ha llegado un momento que no sabía si me las ponías o quitabas cuando notaba el dolor…

    Realmente tengo los pechos muy sensibles, cuando me los masajeabas, me dolían…Ya no el pezón (que me duele un poco ahora… es como si notara tu presencia…) si no el pecho en sí.

    En general me ha gustado la experiencia… Me ha sorprendido muchísimo el inicio, y la sesión en sí… me ha gustado porque me has dado mucho placer… pero me he quedado con las ganas de darte yo a ti.

    Me ha faltado sentirme un poco usada…

    Ya entiendo perfectamente tu posición y tus motivos para que fuera así… pero me ha faltado un poco centrar la atención en ti.

    No estoy acostumbrada a ser totalmente el centro de atención!!

    Y tus sensaciones y pensamientos??

    Un beso y un mordisco!!

    Muchas, muchas gracias por todo… de verdad. Ha sido muy bonito!! Mil gracias!!

    No me había equivocado, siguió adelante con el juego, fue como lo había planteado, y mi punto de vista de lo ocurrido fue el siguiente:

    Muy buenas,

    A ver si se explicarme ¿vale?

    Como ya te había adelantado, intentaría no hacer algo parecido a lo que estás acostumbrada, no quería que pudieras comparar, no era esa mi idea.

    Te lleve al límite antes de conocernos, «la carta», y sus instrucciones fue lo más duro para ti ayer, pero tenía la impresión que la pasarías sin dudarlo como así fue, por eso después te ofrecí la posibilidad de verme antes de seguir adelante, ahí me sorprendiste la verdad, no esperaba que me dijeras que «si» pero bueno era una especie de premio por lo que habías hecho, tu temblabas es cierto, pero yo también estaba nervioso…

    Para mí en este juego es imprescindible conocer a la persona que se tiene enfrente, y poder buscarle sus propios límites, ayer por ejemplo te daba más corte el pedirme permiso para que te dejara llegar, que dejarte hacer. Pero al final fuiste abriéndote un poco en este aspecto, si hubiera una próxima vez debes abrirte un poco más a mí, no tenerme miedo, nunca haré nada que pudiera causarte un dolor extremo, y si empezara un juego y yo detectara eso lo pararía.

    Es cierto que ayer solo me dedique a ti, y que no te use, pero esa era mi intención desde un principio, necesitaba descubrirte y creo que un poco si lo he hecho. Ve usted como sí que aguanta el tema de las pinzas? la que te dolía es porque se torcía, la que se mantenía recta esa la soportabas perfectamente.

    Ayer tuvimos poco tiempo, a mí al menos me gusta tener más si es posible, pero tranquila, esto puede ir subiendo de nivel a medida que lo deseemos, ya te sentirás usada no te preocupes, y ya te utilizare para mi propio placer cuando yo desee, mi premio ayer fue verte allí, temblando, tal y como te había pedido, sentir tu cuerpo vibrar entre mis manos, viendo tus reacciones, y descubrirte como mujer.

    Ayer fue suave en varios aspectos, desde la forma que te hablaba, y la que te permití también a ti, eso poco a poco iré endureciendo en las sesiones, pero sé que quizás sea lo que más te cueste a ti.

    En resumen, ¿cuándo vamos a comprarte un suje nuevo?

    Estuve muy a gusto contigo, y disfrute de ello.

    Y seguimos cruzándonos mails sobre la sesión:

    Entiendo perfectamente lo que me dices…

    Lo de ayer al entrar en esa habitación, para mi es único, te lo aseguro!! Entiendo lo de las comparaciones y que tampoco el primer día podrías hacer según que… Realmente, no sé hasta dónde puedo llegar…. así que tu aún menos!

    Lo de verte, lo necesitaba… necesitaba ponerte una cara antes de seguir… Y me lo pusiste en bandeja… Si no lo hubieras preguntado, seguramente no lo habría pedido… estaba aterrada…

    Estaba sola, atada, desnuda en una habitación con un desconocido…

    No puedo ir a comprarme un sujetador contigo… No tengo cara para eso!!! Soy una persona muy discreta… (Hasta que empiezo a reírme…)

    Esta fue la historia con la señorita xxx, después de ella hubieron otras, queréis mas?

  • De nuevo acabé follándome a mi ex, que buena puta

    De nuevo acabé follándome a mi ex, que buena puta

    Mi ex se vuelve a poner cachonda. Después de tres días de haber estado juntos a ella no la había visto hasta el cuarto día, se notaba muy apenada, lo que pasó fue que toqué en su casa y me pasó a la cocina para poder hablar

    ¿Qué pasa Isis? Pues, veras, me siento muy mal por lo del otro día, es que… ¡Cálmate no es para tanto! Tú necesitabas amor y yo y… pues te lo di y me lo diste ¡No quiero hablar de eso! Pues nada, bueno solo quería saber cómo estabas y ya lo sé. Me fui a casa un poco triste por su chorrillo mental. Por la tarde llevé a mi papá al parque a que le diera un poco de aire y al regresar nos encontramos a Isis saliendo de su casa ¡Cómo está señor! Saludó a mi padre como ignorándome a mi. Bien muchacha ¿Ya no vives en Tijuana? Sí solo que vine a visitar a mi papá. Bueno vente a la casa y me cuentas cómo anda todo por allá, de mi nieto y bisnieto. Sí claro, al ratito lo voy a ver, cuando esté solito. Nos metimos a la casa y papá se fue a dormir un poco, aproveché para limpiar y me iba a meter a bañar para irme al bar cuando tocó Isis la puerta. Pasa ¿Qué ocurre? Solo quiero hablar… Bueno pues… ¿Un café? Aceptó con un gesto.

    Como ha hecho un calorón insoportable estos días iba con un shorcito. Se sentó y de reojo miré esas piernas que siempre han sido mi envidia, bien torneadas, curvilíneas, con un culo en forma de corazón bien apretadito. Su larga cabellera completamente lacia y su cara de lindas facciones, llevaba una playerita sin mangas que resaltaba sus pechos grandes y suaves. Sus ojos sin embargo se veían tristes ¿Qué pasa Isis? Pues… estoy triste, no es fácil aceptar que aun amo a mi aun esposo ¿Crees que vuelva conmigo? No sé, realmente no lo conozco, lo he visto solo dos veces y se hace un tipo creído, soberbio y mamón. Lo es pero me quiso mucho y a nuestro hijo lo trató siempre bien. Sí pero, él estudió aquí y yo le ayudé en su carrera lo más que pude, lo sé y él te quiere mucho siempre que se conectan le dice al bebé… cosas lindas de ti. Lo sé. Y créeme lo extraño mucho. Vendrá en agosto. Sí ¡Estoy impaciente por verlos! ¿Qué vas a hacer de tu vida Isis? No sé aun. Creo que me regresaré a ver si consigo un departamento cerca de nuestro hijo. Así platicando pasaron dos horas, oscureció y llamé al bar para avisar que no iría.

    De todas maneras la calle en reparación nos tiene sin clientes, George fue comprensivo y me dio la noche libre. Un rato después fui a ver a papá y ya dormía completamente aun sin cenar. Nos sentamos en la salita y le dije: Isis, para mí fue muy hermoso lo del otro día, de verdad gocé mucho el hacer el amor contigo. Y también lo fue para mí, fuiste el primero en mi vida y aunque no eres del todo lo que yo busco de un hombre por tu naturaleza femenina, debo reconocer que precisamente eso te sensibiliza mucho y sabes a una darle placer ¿Aun follas con vatos? Sí, de hecho tengo uno medio fijo, un señor, de 70 y tantos, pero está muy fuerte. Volteó sus ojos al suelo como si sintiera un poquito de celos ¡Te encanta que te la metan como si fueras una puta mujer! Sí, la verdad siempre me ha gustado eso, pero no desprecio a una mujer, son muy ricas también. Julieta, Julieta. No cambias ni por tu edad ¡Pues que le voy a hacer! Me gusta coger. Así platicando en medio del calor de las 9 de la noche y fumando casi media cajetilla entre los dos, nos quedamos mirando y supe que estaba ya en mis manos, que vino a buscar verga y eso le iba a dar ¡No faltaba más!

    Me acerqué y me hinque frente a sus piernas, acosté mi cabeza en ellas y comencé a besarle los muslos por la parte de arriba, ella echó la cabeza hacia el respaldo de la silla y separó las piernotas, desabroché el pantaloncillo y lo bajé quitándoselo completamente, hice a un lado su pantaletas blanca de encaje de marca cara y metí mi dedo anular derecho a su vagina, acariciando suavemente el clítoris y dedeándola rítmicamente. Ella comenzó a acariciarse los pechos con la mano izquierda y con la derecha mi cabello. Me alcé la falda y me senté encima de ella de espaldas para que sintiera mis nalgas encima de sus piernotas mientras me besaba el cuello y acariciaba bajo mi blusita mis senos. La tomé de la mano y la llevé a mi recámara, nos quedamos en 69 mamándonos y sacándonos nuestros jugos, su experta boquita mamadora succionaba rico mi pene al tiempo que yo le chupaba la papaya ensalivándola y metiendo mis dedos hasta el fondo, de a dos separó aun más sus piernas y mojándose los dedos con su papaya me metió dos de ellos en mi culo, suavemente, así en esa posición guie mi verguita a su vagina y se la metí, enterrada entre esas piernas y nalgas, caderas y besándole los pies acabamos al mismo tiempo.

    Luego me volteé y me dediqué a ver cómo salía mi semen de su vagina roja y blanca mientras le acariciaba su clítoris que se puso durito, se vino otra vez. Debo decir que a las 12 de la noche se fue a la casa de junto (la de su papá) muy contenta.

  • Mujer madura del trabajo

    Mujer madura del trabajo

    Para que entiendas el contexto de lo que estoy a punto de contarte, trabajo en el área de la salud, lo sucedido a continuación sucedió con una de las enfermeras que trabajan en el mismo lugar que yo, yo tengo 27 años y ella casada, 9 años mayor que yo tiene 36, desde que la vi me llamo mucho la atención porque a pesar de la edad que tiene, atravesar por dos embarazos está muy bien conservada debido a que practica ejercicio, chaparrita de 1.50m, 47kg, unas nalgas no tan grandes pero paraditas y unos senos de tamaño mediano.

    Siempre que tenemos oportunidad cuando el trabajo está bajo nos quedamos platicando generalmente en el área de ella, poco a poco nos fuimos ganando confianza al punto de contarnos historias de romances y aventuras pasadas, también recurrentemente me decía que no estaba feliz sexualmente hablando con su esposo ya que últimamente no la satisfacía como antes, y entre bromas decía que necesitaba a uno que le haga el favor.

    Sin entrar en detalles y con una evidente tensión entre los dos un día nos encontrábamos encerrados platicando, se acercaba la hora de salida y no había mucho por hacer, de repente alguien toco la puerta y como era su área de trabajo ella se levantó a ver quién era, resulta que era un paciente que tenía una duda sobre unos trámites, la duda fue sencilla por lo que el paciente se fue rápido, al retirarse ella cerró la puerta y note que le colocó seguro, se acercó hacia y mi y como yo me encontraba sentado me abrazo de frente, de tal forma que su escote quedo literalmente a la altura de mi cara, yo me puse algo nervioso pero quería aprovechar la situación, le dije mientras yo también le abrazaba:

    -Y este abrazo?

    -Nada más, estoy feliz porque ya se terminó el estrés del trabajo, porque te molesta? -Me contestó

    -Para nada, de hecho creo que me gusta abrazarte.

    -No quieres nada más? -me dijo al momento que me soltó y quedo parada frente a mí, luego tomo mi mano derecha y la puso sobre sus senos.

    Yo no le conteste y comencé a masajearlos con ambas manos, como ella llevaba filipina del uniforme fui bajando lentamente el cierre esperando su reacción, al notar que me lo estaba permitiendo le abrí la ropa completamente y la jale hacia mí para que se siente en mis piernas, ambos nos encontrábamos muy excitados, empecé a besar su cuello de manera intensa, recuerdo que el olor que tenía era muy agradable, nos empezamos a besar cada vez con más intensidad, nuestras lenguas se encontraron y empezaron a bailar cada una en la boca del otro, mientras mis manos apretaban sus nalgas y recorrían la piel de su espalda, yo pude notar como la respiración de ella aumentaba y daba pequeños y deliciosos gemidos cada vez que mi boca pasaba por su cuello, mi excitación era enorme, sabía que era peligroso lo que estábamos haciendo por que no encontrábamos en nuestra área de trabajo pero en ese momento no me importó, le baje los dos tirantes del brasier y saque sus senos para deleitarme con ellos, para este momento sus pezones estaban duros y mi sorpresa fue muy grata, estaba contemplando los hermosos pezones de una madura, la areola era pequeña, más pequeña que las de mi novia, el color era de café clarito, los pezones eran largos y gruesos, entendiendo que ya había pasado por la crianza de dos hijos, al verlos debo confesar que me excite aún más, empecé a mamarle ese par de pezones alternando mis chupadas y lamidas entre los dos, los gemidos de ella se hicieron más intensos

    -Me encanta como me mamas las tetas. -Me dijo- no pares, dale pequeños mordiscos, ay sí, así si papi que rico.

    Después de unos minutos así ella se levantó de mis piernas y se puso de rodillas frente a mí, yo entendí enseguida por lo que me desabroche los pantalones y saque mi pene que estaba completamente erecto, tomo la base de mi pene y empezó a darle pequeñas lamiditas sobre el glande, esto hacia que mi pene de brincos de lo excitado que estaba, yo solo observaba inmóvil y deseoso que se meta toda mi verga en su madura y experimentada boca, me empezó a masturbar de manera lenta mientras continuaba pasando su lengua luego poco a poco empezó a mamármela de arriba abajo cada vez más rápido, yo casi olvidaba que estábamos en peligro de ser descubiertos y la excitación era tal que estaba a punto de venirme por lo que la detuve

    -No quiero acabar tan rápido, quiero cogerte aquí mismo, en este momento.

    -Yo también me muero porque ser cogida no te demores más. Me respondió.

    Con los pechos afuera aun con el brasier puesto le desabroche el pantalón de su uniforme y se lo baje con todo y el calzoncito negro que traía puesto, me senté de nuevo en la silla y ella se sentó sobre mí, tomo mi miembro para acomodarlo e introducirlo en su vagina lentamente, no usamos ningún tipo de preservativo y pude sentir perfectamente lo lubricada que estaba, además de la sensación de su caliente vagina me puso al cien, ella empezó a montarme poco a poco y sus movimientos se volvieron mas frenéticos e intensos, yo por temor a que alguien nos escuchara, la abrace con uno de mis brazos por la cintura y sin despegarnos me puse de pie, de tal forma que ella quedo apoyada con los brazos en el borde de la tarja del lava manos, le pedí que me abrace con sus piernas y ahora si la tenía a completa disposición mía, la tome de la cintura y la empecé a embestir, mi pene entraba y salía dejando caer al piso los jugos vaginales que ella desprendía, sus gemidos era ahogados pero intensos, recuerdo muy bien como sus mejillas se pusieron muy rojas, me quede hipnotizado por el bamboleo de sus senos que se movían al ritmo de mis embestidas, a pesar de ser un rapidín, estaba disfrutando mucho del sexo salvaje que estaba teniendo y no era difícil apreciar que ella también lo estaba disfrutando, llegue al punto de no aguantar más ella dio un gemido largo y ahogado sus piernas me apretaron con más fuerza y su orgasmo fue mi señal para yo por fin correrme dentro de ella, los chorros de semen que sacaba la inundaron y mis embestidas eran cada vez más lentas, al final nos quedamos abrazados los dos exhaustos.

    Nos vestimos rápido de nuevo puesto que ya era la hora de salir del trabajo sin decirnos mucho, al día siguiente hablamos y ella me dijo que lo había disfrutado mucho, que no quería que me confunda que ella no quería nada serio pues estaba casada con dos hijos, yo le dije que tampoco buscaba nada serio que hasta gracia me causaba que me lo diga, simplemente yo sentía una atracción muy fuerte hacia ella y podíamos seguir en lo mismo y no pasaba nada, por el momento ambos hemos estado buscando algún día para quedar después del trabajo para poder coger sin ningún peligro pero hasta el momento no se ha dado, espero próximamente tenerles noticias.