Categoría: Sin categoría

  • Rubia haciendo pete

    Rubia haciendo pete

    Todo comenzó tal fecha que no recuerdo, de un año cercano a este…

    Mi novia, es blanca, no muy alta, tetas grandes y un buen culo, cabello rubio…

    Yo soy alto, blanco, pelo castaño…

    Era un día de esos que hace demasiado calor, que las hormonas están a mil, por la tarde mi novia iba a venir. En mi casa la conocen y la quieren mucho, la conocen desde niña, entonces no había problema en que venga, sólo con decir «Voy a ver una peli con Rocío»… Nadie entra.

    La tarde de ese día comenzó normal, llegó comenzamos a ver una peli…

    Nuestra relación llegó a un punto que tocarnos era normal, pero nunca más allá del pantalón, este día mande a la vrg la peli y comencé a besarla, con un par de besos ya la senté arriba mío, y comencé a tocarla, por fuera del pantalón…

    Mis dedos cobraban vida y le tocaban su panocha y con la otra mano su gran teta mientras la besaba, sus gemidos se escapaban por la boca…

    Hasta que me dijo…

    -Para, quiero verlo, no aguantó más

    Se arrodilló y me desprendió el pantalón, cuidadosamente lo bajo, a el y al bóxer… Lo admiro un poco (Mide 18 cms) y se lo mando a la boca y comenzó a mamarlo, no le cabía entero, Solo la punta, lo lamia, lo chupaba, saboreaba cada lengüetazo…

    Mi reacción fue muy extraña, nada que esperaba pensar para la primera vez que me hicieran un pete.

    Estaba muy tranquilo, poco emocionado, lo tome muy normal… Ni me vine.

  • El lunes pasado

    El lunes pasado

    Después de hacerme participe de sus últimas fechorías, Félix me miró con cara de pícaro. Pero, al mismo tiempo, su semblante reflejaba cierta inquietud; como si quisiera seguir hablándome de algo que le parecía muy delicado.

    – ¡Espero que no me juzgues!, ¡eh!…

    Continué callado, y seguí escuchándole.

    Pero, la verdad, es que no podía ocultar mi excitación…

    Este cabrón, al que tanto quiero, me acababa de confesar que se trajina al más pequeño de sus hijos desde hace tiempo.

    – No te escandalices, ¡joder! Te aseguro que lo llevamos muy bien…

    … le va el rollo, a tope.

    – ¡No!, si no me escandalizo. Pero, tu no dejas de mirarme la entrepierna desde hace rato. Y ¡ya ves!…

    – ¡Jajaja!

    – ¡No te rías! ¡cabronazo!…

    Y, ¡sí!… me gustaría que conocierais a Quique, ¡la verdad!

    Es algo, extraordinario…

    … y muy calladito; como a mí me gustan.

    Habitualmente, risueño, estatura media, castaño claro, con los ojos color miel, pinta de machote, cara de bonachón y un culazo tremendo.

    ¡Pfffff!, como me pone el cabrón, cuando viene a buscar a su padre.

    – ¡Anda!, ¡vamos para adentro!, que nos van a llamar la atención.

    Ya pasaban, más de diez minutos, desde que se terminó la hora del bocadillo; y volvimos al almacén para seguir atendiendo los pedidos de la mañana.

    Y, mientras servíamos los dos últimos, me di cuenta de que Félix tramaba algo; e intuí, que quizá me hubiera pescado en algún momento mirando a Quique más de la cuenta, cuando va a buscarle al bar en el que suele pasar las tardes jugando al dominó y charlando con los amigos.

    Pero, antes de terminar…

    – ¡Me gustaría que fuéramos a buscar a Quique!, dijo de sopetón…

    … mi mujer se ha ido con Olga, de compras; y me ha dicho que no llegarán antes de las 21:00… ¡Por lo menos!…

    – ¿Que?

    Contesté sin terminar de entender lo que quería decirme.

    – ¡Me acaba de llamar!

    Y le miré interrogante

    – ¿Y?

    – ¡Quique, estará en el gimnasio! Hoy no tenía clase…

    … y, he pensado que podríamos comer con él.

    – Pero, ¿ahora?… ¿a la salida?

    – ¡Si!, claro…

    – ¡Pues!… por mí, ¡genial! Estoy harto de comer solo.

    – Entonces, voy a llamarle, ¿Ok?

    – ¡Ok!

    A las 15:00 terminaba nuestro turno. Y, después de ducharnos, cogimos el jeep de Félix y enfilamos la autopista de Andalucía.

    A las 15:50, ya estábamos esperando a Quique en el parking del Gimnasio.

    Cuando apareció, sentí como se alegraba mi entrepierna…

    Llegaba sonriendo y con el pelo húmedo; y unos pantaloncitos cortos, de algodón, que le marcaban maravillosamente

    Estaba muy sexy…

    – ¿Dónde vamos?…

    … ¡tengo hambre!

    – ¿Hay algún lugar que te guste, que nos pille cerca, hijo?

    – ¿Parque Sur?…

    – ¡Vale!…

    … ¡Parque Sur!

    Como era lunes, no había mucha gente para comer; y hubiéramos encontrado sitio en cualquiera de los establecimientos en los que se puede comer, a pesar de la hora… pero, “Flunch” nos pareció bien. Y después de coger nuestro carrito, con todo lo necesario, nos acercamos al mostrador a pedir paella, para los tres…

    … y bacalao con tomate para Félix y para mí; Quique ya había cogido una ensalada, y con eso y la paella, tenía suficiente.

    Pero, ¡qué raro! Félix no paraba de hablar.

    Demasiado charlatán, diría yo…

    … y, todo para convencernos de que, mejor café, que el que yo hago, en ningún sitio.

    – ¿Te importa que tomemos el café en casa de Pepe, hijo?

    Yo me quedé completamente alucinado… ¡de verdad! Despistáo del todo.

    – ¡Espero que a ti tampoco te importe! dijo mirándome.

    – ¡Será un placer!, Félix… ¡ya lo sabes!…

    … ¿te gusta el café, Quique?

    – ¡Bueno!, en casa no suele tomarlo…

    … pero seguro que hoy le apetece alguno, ¿verdad, hijo? Y, si quieres tomarte algo más… ¡lo que tú quieras!, ¡eh! Que ya eres mayor de edad.

    – ¿Has visto?, dijo Quique, con una sonrisa en la boca y guiñándome un ojo…

    – ¡Sí!, ¡sí!… ¡ya, veo!…

    … ¡como es tu padre!, ¡eh!…

    Así que, cuando terminamos de comer, nos acercamos a casa, a tomar café.

    Y como el ascensor estaba estropeado, tuvimos que subir por las escaleras…

    Yo, ya estaba muy excitado desde que apareció Quique. Pero, mientras las subíamos, no podía dejar de mirar ese culo. Esos pantaloncitos eran tremendos.

    Y yo, que subía detrás de él… ¡imaginaos!

    No podía más; la polla me iba a reventar…

    … ¡por culpa de ese pantaloncito!, si… que se le pegaba al culo, ¡de una forma!…

    – ¡Bfffff!…

    Nada más entrar en mi casa, Félix se acopló en un butacón, que tengo junto a la puerta de salida a la terraza; y tal y como le vi, tuve la impresión de que, incluso, podía quedarse dormido.

    Por lo que, enseguida, entré en la cocina a preparar los cafés.

    Y, cuando me asomé a la puerta, para preguntarle a Quique, si prefería alguna otra cosa, lo pillé haciéndose un canuto, sentado sobre uno de los brazos de la butaca en la que estaba sentado su padre.

    – ¿Si tiene té de rooibos?, Pepe… ¡eso, es lo mío!…

    – ¡Si!, pero mezclado con vainilla… ¿te vale?

    – ¡Perfecto!…

    Y cuando terminé de prepararlo todo, dejé la bandeja de los cafés y el té de Quique, sobre una mesita de latón, maravillosamente trabajada, que compramos en Estambul, mi mujer y yo; hace ya, casi veinte años.

    En nuestra luna de miel.

    Félix, me miraba con curiosidad, mientras le explicaba a Quique como usar la tacita en la que le había preparado el té; y se reía de mi…

    – ¡Tranqui, Pepillo!, que el nene tiene una de esas en casa.

    – ¡No le haga caso!, Pepe. Y… ¡muchas gracias!

    Le pasó el canuto a su padre; y se levantó…

    … cogió su taza, y empezó a mirar mis discos de Jazz.

    ¡Qué estampa!…

    ¡Cómo me gusta mirarle!

    Sentí que Félix me tocaba en el brazo. Y, al mirar, para ver lo que quería, me encontré con el canuto en las narices; y ya estaba casi matáo.

    Así que, levanté la mirada, con cierta sorna…

    – ¡Joooder!… pues, ¡toma, coño!, ¡hazte, tu otro!; y se levantó de la butaca, para mirar lo que estaba haciendo Quique.

    Entonces, me senté en el sofá, a liarme uno; y, de repente, empecé a escuchar Chelsea Bridge…

    Quique había dejado caer la aguja sobre un maravilloso disco de Gerry Mulligan. Y el salón se inundó con la maravillosa melodía, de Chelsea Bridge. Creando un ambiente, que quizá fuera el idóneo, para lo que seguiría…

    Me quedé embelesado, escuchando ese saxo, y viendo como Félix abrazaba tiernamente a su hijo; y le acariciaba el pecho, con la mano metida bajo la camiseta.

    El chico se había encogido entre sus brazos; y reflejaba el placer de quien se siente muy excitado… y libre de temor.

    – ¡Como me pones!, hijo…

    – ¡Papáaaa!…

    Me llevé el canuto a los labios y aspiré con fuerza; estaba empezando a notar la subida de temperatura.

    Luego, le cogió de la mano, y se acercaron…

    – ¿Has visto que guapo?, Pepillo.

    Cogió esa preciosa cara de machote; y empezó a morderle los labios con muchísima delicadeza…

    Y yo, que no dejaba de mirarles, terriblemente excitado; porque, esas manos, que bajaban lentas pero decididas, recorrían la espalda de Quique, con la intención de apoderarse de su culo, para disfrutarlo a conciencia, lo cogí de la cintura y lo senté entre mis piernas. Empecé a besarle en el cuello y a chuparle las orejas con vehemencia; y, mientras, su padre le quitaba los pantalones, aproveché para llevar mis manos a su entrepierna y palpar sus atributos, con absoluta desvergüenza. Y luego, con la ayuda de su padre, le coloqué tumbado sobre mis rodillas, a lo largo del sofá.

    – Te gusta mi Quique, ¿verdad?

    En ese momento, no podía decir nada; así que, solo asentí con la mirada.

    Pero, inconscientemente se me escapó una bocanada de aire; y aproveché para contestarle

    – ¡Mucho!

    ¡Qué sensación tan intensa!… ¡que arrebato de golferío!

    O, eso sentí yo, en ese momento; porque, enseguida me encontré con una preciosa polla, semierecta, ante mis ojos, ofreciéndoseme para que pudiera comérmela a mis anchas.

    – ¡Vamos, Pepillo!… ¡anímate!… que a Quique le encanta.

    Olisqueé, profundamente, toda la zona; y ebrio de excitación, le levanté las piernas, para percibir su olor debajo de los huevos…

    También, le metí la nariz en la raja del culo…

    … y después de respirar con fuerza unos segundos, le di lengua en el ojete; hasta que decidí recorrerla, arrastrándola, de arriba a abajo

    Después, con los ojos cerrados, le comí la polla; y me perdí en mi tremenda excitación…

    Luego, cuando levanté la cabeza, para ver lo que hacía Félix.

    Vi como el chico se comía la polla de su padre, con glotonería; mientras él jugaba con sus tetillas y le acariciaba la cara, lleno de ternura.

    ¡Qué relación tan excitante!, ¡joder!…

    Se había colocado, de tal forma, que Quique podía comerle la polla cómodamente.

    Pero yo; que necesitaba mucho más…

    … me desnudé, y fui al cuarto de baño; a por crema hidratante, aceite corporal, o lo que pillara, que me sirviera de lubricante, claro.

    Y volví al salón, frotándome la polla, y con la clara intención de follárme a Quique, sin más preámbulos.

    Félix me vio llegar con la polla embadurnada de crema hidratante; y levantó las cejas con una amplia sonrisa.

    – ¡Que golfo, eres!, Pepillo…

    Me subí en el sofá, para meterme entre las piernas de Quique; de las que ya se estaba encargando su padre, manteniéndolas en alto… y le puse crema, hasta en los huevos.

    Luego me centré en el ojete; y empecé a meterle los dedos hasta el fondo… jugando con ellos. Era evidente que el chico no era nuevo en estas lides; y cuando estuvo a punto, se la enchufe de un solo golpe, la empujé hasta el fondo; y apoyándome en sus muslos, me coloqué sobre él y empecé a pegarle zambombazos…

    ¡Que gozada!

    Félix, movía sus piernas, a ritmo; y se reía, animándome.

    – ¡Dale!, Pepillo… ¡dale fuerte!, ¡coño!… que pareces un viejo, ¡joder!

    Sin embargo, yo sabía lo que le iba a gustar a Quique; y procuraba que entrara hasta el fondo, y con rebote.

    Estaba dispuesto a dejarle loco de contento… ¡por supuesto!…

    Porque, ¡me encanta!, Quique…

    Me vuelve loco… ¡el cabrón!… y me lo voy a follar siempre que pueda. En cuanto lo pille descuidáo…

    Así estuvimos bastante tiempo, no miré el reloj. Y su padre, tampoco se quedó corto dándole candela…

    Él estaba encantado con nosotros, se le veía feliz; y dejó que le habláramos de todo lo que quisimos, mientras merendábamos.

    – Ha sido una tarde de locura, ¿verdad?, dijo Félix…

    … y los tres asentimos.

    – ¡De puta madre!, dijo Quique

    – Te hemos hecho de todo, ¡eh!, ¡mi vida!…

    … y lo hemos pasado en grande, ¿no crees?, me dijo a mí…

    – ¡Está claro!… con lo rico que está tu hijo…

    Y miré a Quique, de arriba a bajo

    – ¿Tu, te lo pasas bien?… ¿a ti, te gusta?

    El chaval, miró al suelo; y se puso colorado…

    – ¡De puta madre!, Pepe…

    … ¡me encanta!

    Jamás se me ocurrió, que pudiera ponerse colorado.

    Es maravilloso; y tan tragón…

    De repente, Félix se dio cuenta de la hora que era…

    – ¡Joder!, ya son las 20:25… ¡cago en la!

    Rápidamente se duchó y se vistió…

    – ¡Lo siento, chicos! Pero, tu madre llega a las 21:00, a casa; y quiero que me pille viendo la tele, le dijo a Quique

    – ¡Vale, luego voy yo!…

    … pero, no sé a qué hora llegaré, ¡eh!…

    – ¡Escucha, Félix! El chico y yo, vamos a seguir a lo nuestro, ¿no?

    Y miré a Quique

    – ¡Por mí!, si… dijo Quique

    – Lo estamos pasando bien… ¿no?…

    – Yo, ¡de puta madre!… volvió a decir Quique

    – ¡Así que!… ¡es mejor que se quede aquí a cenar!… ¡y ya!…

    … que se vaya cuando quiera, ¿no?…

    – ¡Está bien! Pero no llegues muy tarde, ¡eh! Quique.

    – ¡No!, ¡claro!… no tardo mucho, ¡de verdad!

    Y, por supuesto, que Quique y yo, continuamos follando…

    … ahora, por ejemplo, le tengo apoyado sobre la mesa del salón, con las piernas abiertas y el culo levantado; aguantándome el rabo, mientras balanceo mi pelvis lentamente, de atrás hacia adelante, y bien agarradito, con mis brazos rodeando su cintura, mientras le susurro al oído cuales son mis planes para esta noche.

  • Alma, Belén, el bomboncito y la yogurina

    Alma, Belén, el bomboncito y la yogurina

    Alma era abogada y esposa de abogado. Morena, de 50 años, de pelo corto, tipo fino, con buenas tetas y un hermoso culo. Tomaba una limonada con ron en una terraza con su amiga Belén, una mujer de su misma edad, con un cuerpo muy similar al suyo, a la que hacía 30 años que no veía, cuando vieron venir por la acera a un jovencito muy guapo, alto, rubio, de ojos verdes, que vestía una camiseta roja de tiras donde se marcaba su tableta, y unos vaqueros apretados donde resaltaban su gran paquete y su redondo culo. El Adonis se sentó a una mesa de la terraza donde lo esperaba una jovencita preciosa, que llevaba puesta una minifalda muy corta y una camiseta blanca apretada en la que se marcaban los pezones de sus puntiagudas tetas. Belén le dijo a Alma:

    -Cuando veo a un chavalito como ese quisiera tener treinta años menos.

    -Yo no. Yo, si puedo, me lo follo.

    -Te has vuelto una viciosa.

    -Todas las mujeres de nuestra edad deseamos follar con un bomboncito y con una yogurina y con hacer un trío con ambos, sólo que algunas lo reconocemos y otras no lo hacéis.

    Belén se hizo la ofendida.

    -¡¿Qué dices?! Soy una mujer respetable.

    -Que probablemente esta noche al acostarse con su marido no esté follando con él sino con el bomboncito.

    -¡¿Eso haces tú?!

    -Hice, hasta que me lo follé en su piso.

    Belén pensaba que su amiga se hacía la vampiresa, y le dijo:

    -¿Cuándo te empezó el complejo de tía buena?

    -No tengo complejos. Tengo ganas de disfrutar la vida, y la disfruto.

    -¡Anda ya! Tienes más fantasías sexuales que una adolescente.

    -¿Fantasías? Tres veces me corrí una tarde. El completo: Oral, vaginal y anal, pero lo que jamás olvidaré es lo de: «Estás de coge pan y moja».

    Belén, sintió curiosidad.

    -¿Y eso qué es?

    -Es que después de hacerme un pijama de saliva estaba más mojada que mi primera vez.

    -¿Y?

    -Y cuando le dije que no sería la cosa para tanto, el bomboncito abrió el cajón de la mesita, cogió un trozo de pan, hizo una sopa en mi coño y se la comió.

    -Tú imaginación es muy superior a la mía.

    Alma abrió su bolso, de un compartimento secreto sacó una tarjeta y se la dio a Belén.

    -Toma. Te advierto que el bomboncito son 1.000 euros, pero vale la pena, porque… hasta aquí puedo leer.

    Belén, cogió la tarjeta, la leyó y se la dio de vuelta.

    -Yo no engaño a mi marido.

    -¿Ni con el pensamiento? ¿Nunca te hiciste un dedo pensando en un yogurín?

    -No, no lo hice.

    -¿Y en jovencitas como la que está con él? Mira que piernas, que tetitas más ricas, que labios más apetitosos. Seguro que tiene un coñito pequeñito y jugoso.

    Belén, miró para la joven y le respondió:

    -Andas salida.

    -¿No te la follarías?

    Belén no le quería contestar a la pregunta.

    -Eres una perdida, Alma.

    -Dime la verdad. ¿Nunca se te pasó por la cabeza comer un coño fresquito o mamar una polla tierna y dura?

    A Belén le costaba trabajo mentir, pero mentía.

    -Yo no soy como tú.

    -Ya, ya, ya. No te gustan los jovencitos, ni las jovencitas… ¿Qué te gusta?

    -Mi marido.

    Alma era zorra vieja, por eso le dijo:

    -A ese ya lo tienes tan visto como tengo yo al mío. ¿No te gustaría ver como se corre una mujer? Y me refiero a una mujer como yo, no a las del porno. ¿O es que tampoco ves porno?

    -Yo no veo esas obscenidades.

    Alma le dio un trago a su bebida, y después le dijo:

    -Hace treinta años no eras así. Le llamabas al pan, pan, y al vino, vino. ¿Tanto te cambió tu marido para dejar de hablar en plata?

    -Es que algunas cosas hay que callarlas, Alma.

    -Confiésate. ¡Qué somos amigas de la infancia! ¡Que nos hicimos el primer dedito juntas, coño! ¿Ves porno?

    -¿Por qué no hablamos de otra cosa?

    -¿Ves porno o no?

    Belén, empezó a quitarse la careta.

    -A veces, cuando tengo ganas de hacer un dedo. ¿Y tú?

    -Sí, porno de maduras con jovencitas y con jovencitos. Porno gay, lésbico… Me hago unos dedos deliciosos.

    Belén ya se soltó.

    -Yo soy asidua a una página. Me corrí con la mayoría de las chicas.

    -Les comes el coño al masturbarte.

    -Siempre. Y me corro cuando se corren ellas.

    -¿Te chupas los dedos después de correrte?

    -Siempre. ¿Y tú?

    -También. ¿Quién fue el primero con el que le pusiste los cuernos a tu marido?

    -Fue una mujer.

    -¿Cómo ocurrió?

    -Fue el día de mi boda. Yo estaba sentada en el borde de la cama, desnuda. Me iba a poner una lencería blanca. Entró mi futura suegra en la habitación, y me dijo:

    -«No te puedes vestir antes de maquillarte».

    -Mi suegra era una mujer morena, de 44 años, bella, y con un buen tipo. No me imaginaba que aquel cuerpo tuviera tanto vicio… Después de pintarme los labios, me dijo:

    -«Te voy a pintar los otros labios. Cuando José Luis te coma el chochito deben estar arreglados».

    -No me lo podía creer. Tenía a mi futura suegra arrodillada delante de mí. Olía a Chanel. Con dos dedos me abrió el coñito y con el carmín, muy, muy despacito, fue pintando los labios. ¡Joder! Me calenté de tal manera que los pezones de mis tetas parecían astas de toro. Mi coñito se empezó a abrir y a cerrar y a mojarse. Fue imposible que le dijera que no cuando me preguntó:

    -«¿Me dejas que te bese los labios del chochito, cielo?»

    -Besa.

    -«Esto te va a encantar, cariño».

    -La viciosa me los besó con lengua. Me eché hacia atrás sobre la cama, abrí bien las piernas y magreé las tetas… ¡Qué lengua tenía! Aquella mujer debió comer coños desde muy joven… Tardé menos en derretirme en su boca de lo que tarda en derretirse un helado de cucurucho bajo el sol de agosto al mediodía… Mientras me corría me encantó oír el ruido del chapoteo que hacía su lengua con el jugo que salía de mi coño y sentir la barra de labios entrar y salir de mi ojete… Llegó un momento en que dejé de oír. Todo era sentir, sentir un placer que llegó a ser tan brutal que casi pierdo el conocimiento. La corrida fue tan larga y tan intensa que en la luna de miel no follé con mi marido, follé con su madre.

    Era el turno de Alma.

    -Me acabas de poner cachonda.

    -No me extraña, recordando mojé mis bragas. ¿Con quién fue tu primer desliz?

    -Mi primer desliz fue con un sobrino de mi marido. No era mucho como hombre, muy guapo, sí, pero maricón perdido. ¿Y qué hace un maricón?

    Belén, sonriendo, exclamó:

    -¡No!

    -Sí, me desvirgó el culo y, ¡oh, sorpresa! Con él tuve mi primer y último orgasmo anal.

    -¿Me gustaría haber visto tu cara cuando te corriste?

    -¿Quieres verla esta tarde?

    Belén ya estaba desatada.

    -Sí. ¿Vamos a un hotel?

    -Me puedo correr para ti aquí mismo. Delante de todas y de todos.

    -Tendría su morbo que te masturbaras en público.

    -Ahora vengo.

    Alma se levantó y fue al lavabo. Al ratito volvió, le cogió la mano a Belén, le puso en ella un pequeño mando a distancia, se volvió a sentar en su silla, y hablando en bajito, le dijo:

    -Dale al uno.

    -¡¿Tienes un vibrador dentro del coño?!

    -Silencioso.

    Belén le dio al uno.

    -¿Y ahora, qué?

    -Dime algo bonito.

    Belén, la miró a los ojos, y le dijo:

    -Te quiero, putilla.

    -Dime cosas sucias.

    -Te comería el culo como se lo comí a mi sobrino Paquito la semana pasada.

    -Ooooh. Si ese jovencito debe tener… Ooooh. Cuenta, cuenta. ¿Cómo se lo comiste?

    -Se estaba duchando. Abrí la cortina, y vestida, me puse detrás de él. Le lamí la espada hasta llegar a las cachas, se las abrí con las dos manos y le lamí y le follé el ojete con la punta de mi lengua. Cogí con una mano sus huevos y con la otra mano su pequeña y delgada polla. Ya estaba empalmado. Era una polla ideal para que me follara el culo. Lo masturbé sin dejar de comerle el culo. Sentí como su meato soltaba aguadilla que se mezclaba con el agua. No me iba a aguantar nada. Se dio la vuelta y me metió la polla en la boca, se la mamé y segundos después me llenó la boca de leche calentita. La polla seguía erecta. Me bajé las bragas, me di la vuelta y le dije que me enculara. Me cogió las tetas y me la clavó a tope. Me masturbé mientras me daba caña. Poco después era el jugo de mi brutal orgasmo el que bajando por mis muslos se mezclaba con el agua, pues la leche de su nueva corrida estaba dentro de mi culo.

    -Eres más libertina que yo, putona. ¡Qué gustito! Me gustaría meterme un dedo en el culo. Cuéntame algo que hicieras. Aaaaay. Algo real que te obligara a hacerte un dedito.

    -La hija de una vecina que cada vez que me veía me sonreía y bajaba la cabeza…

    -¿Jovencita? Ooooh.

    -Sí, era una yogurina. Rubita, delgadita, con tetas pequeñitas. Una tarde su madre, que era inglesa, viniera a tomar el té. Al acabar se fue y la yogurina se quedó merendando.

    -«¿Me dejas que te de un beso en la boca, Belén?»-me preguntó.

    -No me cogió de improvisto. Sabía que le gustaba por eso no la corregí. Le pregunté si le gustaban las chicas.

    -«No, me gustas tú» -me respondió.

    -Yo llevaba un mes sin follar. Y aquella preciosidad estaba para comerla. No podía dejar pasar la ocasión. Le dije que sólo uno para que saciara su curiosidad.

    -«Vale, uno sólo» -dijo mirándome a las tetas.

    -Me rodeó el cuello con sus brazos y me besó con tanta dulzura que mi coño se comenzó a mojar. Le devolví el beso y sentí como temblaba entre mis brazos.

    -«Hazme el amor»-me dijo con voz azucarada.

    -Le levanté la camiseta… Le comí las tetas… Debía ser su primera vez, ya que sus dulces gemidos me dijeron que no tardaría en correrse. Me arrodillé delante de ella. Le bajé las bragas mojadas. Le abrí el chochito con dos dedos. Aún era virgen. Metí la lengua en medio de su pequeña raja. ¡Qué buena estaba! Sus piernas empezaron a temblar. Se corrió y con el gusto se meó en mi boca. Al acabar de correrse se bajó la camiseta, se subió las bragas y salió corriendo de mi casa… Me arrimé a la pared y me hice una paja que dejó mi chocho temblando con la inmensa corrida que echó.

    Alma ya echaba por fuera.

    -¡Ufffff! No tardo en correrme. Mete dos dedos en el chocho. Quiero probar tu jugo.

    Belén abrió las piernas, con una mano las tapó con el mantel y la otra la metió dentro de las bragas. Al entrar dos dedos en su coño sus ojos se cerraron y le dijo a Alma:

    -Me muero por un beso tuyo.

    -Y yo por comer tu boca. Dale al dos.

    Belén, le dio al dos. Alma, se encogió y echó las manos al coño por encima del vestido. Belén ya estaba cachondísima.

    -Mírame, Alma, quiero ver tu cara cuando te corras.

    Alma, la miro, y le dijo:

    -¡Cómo me gustaría que me comieras el coño!

    -¿Vamos al lavabo? Te lo como, me toco un poquito y me corro yo también.

    -Vamos.

    Belén apagó el vibrador. Se fueron al lavabo. Después de entrar, Belén, cerró la puerta con llave.

    Alma, se quitó del coño el pequeño vibrador y lo guardó entre las tetas, empotró a Belén contra la pared. Se comieron las bocas. Se metieron las manos dentro de las bragas, luego dos dedos dentro de sus coños empapados y se masturbaron una a la otra.

    Alma le quitó a Belén los dedos del coño y, empapados, los metió en la boca y los chupó.

    -¡Qué rico!

    Belén sacó los dedos, probó el jugo de Alma, se agachó, le bajó las bragas, chupó un dedo, se lo metió a Alma en el ojete y follándoselo, le comió el coño empapado.

    Alma comenzó a gemir, Belén se metió los dedos en el coño, y al rato, sintiendo que se iba a correr, le dijo:

    -Dámela, Alma.

    Alma le cogió la cabeza con las dos manos, movió de abajo arriba la pelvis, de arriba abajo y alrededor, y un par de minutos más tarde, le dijo:

    -¡Tooooma!

    Alma se corrió. Los ojos le quedaron en blanco. Se sacudía y temblaba. Belén, al llenarle Alma la boca de flujo, se corrió con ella. Del coño de Belén salieron varios chorros de jugo que dejaron empapadas su mano y sus bragas.

    Desde ese día, cada vez que Belén follaba con su marido pensaba en el joven, y cuando se hacía un dedo pensaba en Alma o en la joven del bar.

    Belén tenía memoria de elefante. Un mes más tarde, marcó un número de teléfono. Le respondió una voz femenina, y con ella concertó una cita para esa misma tarde.

    Belén, al llegar al piso llamó al timbre. Le abrió Nita, que era la minifaldera que había visto en la terraza, una universitaria de 19 años, delgadita, rubia, de ojos azules, tetas medianas, culito pequeñito, prieto y redondito. Tenía más curvas que una carretera comarcal gallega.

    Nita, le dio un pico en los labios. Al entrar Alba en el piso, y después de cerrar la puerta, le dijo:

    -Teníamos ganas de follar contigo después de verte hablar con Alma.

    -¿De verdad?

    Nita le dio otro beso, ahora con lengua, después le dio una palmada en el culo, se lo apretó, y le dijo:

    -Puedes apostar tu coñito a que sí. Claro que tú eliges con quien hacerlo.

    Nita llevó a Belén de la mano a una habitación donde estaba sentado en la cama el jovencito cachas. Belén lo escogió a él. Se sentó a su lado en la cama y le acarició el cabello.

    Nita, se sentó en un taburete, y le dijo a Belén:

    -Si en algún momento quieres que participe, dímelo.

    Toni, el jovencito, empezó a comerle la boca a Belén. Enseguida Belén tomó la iniciativa. Devoraba a su bomboncito. Era todo suyo y lo iba a saborear. Le quitó la camiseta y se lanzó a por sus tetillas, se las chupó al tiempo que le acariciaba la verga por encima del pantalón. Toni le quitó la blusa a Belén y le acarició y comió las tetas, unas tetas blandas, con pezones enormes y areolas rosadas. Belén ya gemía como una adolescente en su primer polvo.

    Nita abrió las piernas, se levantó la falda y comenzó a tocarse el coño por encima de sus bragas blancas. Al verla, Toni, se quitó el pantalón y el calzoncillo. Tenía una verga espectacular y casi empalmada. Belén la cogió con la mano derecha, le lamió el capullo, la metió en la boca, la masturbó, se la mamó, la puso tiesa, la miró y dijo:

    -¡Qué delicia!

    Mientras se la mamaba, Toni, le quitó la falda. La viciosa ya venía sin bragas. Su coño era peludo y estaba encharcado de flujo.

    Nita se quitó la camiseta dejando al descubierto sus tetas puntiagudas con enormes areolas marrones y erectos pezones. Belén, al verlas, relamiéndose, le dijo:

    -Ven, pequeña.

    Nita se metió en cama y compartió la verga con Belén. Lamieron de los cojones hacia arriba hasta que sus lenguas se encontraron. Se besaron largamente… Después mamaron su glande, lo masturbaron a dúo. Le comieron la verga a dos bocas… Le hicieron un trabajo impecable.

    Nita, cuando ya estaba ardiendo, se quitó la falda y las bragas. Su coño, sin un solo pelo, tenía la raja pequeñita, dándole la espalda a Toni, se lo puso en la boca. Toni la cogió por la cintura y comenzó a trabajarle el coño y el culo… Nita le masturbó la verga, mientras Belén le devoró a ella las tetas y le comió la boca…

    Al rato largo, Toni, salió de la cama para ponerse un condón. Nita aprovechó para comerle el coño a Belén.

    -Joder, bonita. ¡Qué bien lo haces!

    Toni volvió a la cama y le magreó y le comió a Belén las tetas y la boca.

    Belén cerró los ojos y se entregó al placer.

    Al rato…

    -Estoy que ya… estoy…

    Nita, le dijo:

    -Estás de toma pan y moja.

    -¿Tan buena estoy?

    Toni abrió el cajón de la mesita de noche, cogió un trozo de pan hizo una sopa con el jugo de su coño y la comió. Belén estaba como una moto. Su coño echó más flujo, y exclamó:

    -¡Puuuuf!

    Nita, le metió dos dedos dentro del coño, le buscó el punto G, la masturbó, aceleró los movimientos circulares y de abajo arriba de su lengua sobre el clítoris, y Belén se corrió, diciendo:

    -¡¡¡Jeeesus que coooorrida!!!

    Belén, sacudiéndose, le fue llenando la boca de jugo a Nita.

    Al acabar de correrse, Toni y Nita le lamieron el coño juntos.

    -¡Que viciosos sois, criaturas, que viciosos sois!

    Belén aún no había visto nada. Toni, le dijo:

    -Date la vuelta, Afrodita.

    Belén se dio la vuelta, sonriendo. Le gustara que le llamara Afrodita. Nita le besó el cuello, le mordió los lóbulos de las orejas y le metió la lengua en ellas. Toni, lentamente, pasó un dedo desde su nuca hasta el ojete… luego fueron sus labios, con besos y su lengua con lametazos las que hicieron ese recorrido. Al llegar al culo, le abrió las cachas y después llovieron nalgadas y besos negros en el ojete de Belén. Nita, se puso detrás de Toni y le hizo lo que a él le gustaba, que le tirara de la verga hacia atrás y se la mamase, que lamiese sus cojones, le comiese el culo y lo nalguease.

    Unos minutos después, les dijo Toni:

    -Hacer un 69.

    Hicieron el 69. Belén se puso arriba y Nita debajo. Toni le puso la verga en la entrada del ojete a Belén. Quiso meterle la puntita. Era demasiado gorda. Fue a por lubricante, Belén, que veía salir flujo del coño de Nita, aprovechó para comérsela con lujuria, Nita, le dijo:

    -Para que me corro, para que me… ¡¡No pares! ¡¡Sigue, sigue!! ¡¡¡Siiiii!!!

    Nita, retorciéndose de gusto, y clavando las uñas en las cachas de Belén, desbordó. De su coño, abriéndose y cerrándose, salió un pequeño torrente de flujo, que bajó por su culo y cayó sobre la cama.

    Aún se estaba corriendo Nita cuando Toni le clavó la punta de la verga en el ojete a Belén. Le dolió:

    -¡Me vas a romper el culo!

    Toni la nalgueó y se la quitó. Volvió a meter la puntita y se la sacó… a la sexta vez, Belén, echó el culo para atrás y la metió hasta la mitad. Toni, nalgueándola con las dos manos, se la clavó hasta el fondo.

    Nita, al recuperarse, le siguió comiendo el coño. Belén, a los diez o quince minutos, ya disfrutaba de la verga dentro de su culo, pues de la lengua de Nita disfrutara desde el principio. Con la verga entrando y saliendo de su culo y la lengua haciendo estragos en su coño, sintió que se corría.

    -¡Me voy a morir de gusto!

    Nita, le succionó el clítoris y Belén, se volvió a correr.

    -¡¡¡Me mueeero!!!

    Tremenda corrida echó Belén, corrida que caía en la boca de Nita y bajaba por ambos lados de su cara, ya que su culo no tenía parada.

    La dejaron descansar.

    Toni y Nita, arrodillados en la cama, se besaban y se masturbaban el uno al otro. Habían hecho un buen trabajo, pero aún faltaba rematar la faena. Nita, le dijo a Toni:

    -Métemela un poquitín, cariño.

    Nita se echó boca arriba y Toni la montó. Belén, que estaba boca abajo, se puso de lado y besó a Nita, dulcemente, después le comió las tetas, y al rato hizo algo que le encantaba hacer. Se puso detrás de Toni y le comió el culo. Sintió como el ojete de Toni apretaba la punta de su lengua al cerrarse, era como si la quisiera comer, pero la lengua resbalaba hacia fuera. Se puso cachonda de nuevo, y más al ver como Nita apretaba contra ella el culo de Toni con sus manos. Como se movía debajo de él, como se clavaba las uñas en las cachas y como se volvía a correr chillando como juna coneja…

    Al terminar de correrse la joven. Toni se echó boca arriba en la cama. Nita estaba jadeando a su lado. Toni le preguntó a Belén:

    -¿Quieres que me corra sobre la cama, en tus tetas, en tu boca o dentro de ti?

    -Dentro de mí. Quiero que me llenes el coño de leche calentita.

    Belén subió encima de Toni, le cogió la polla. La puso en la entrada del coño, empujó con el culo y la metió hasta el fondo. Le entrara muy apretada, lo que le produjo un inmenso placer. Le pasó la mano por el coño a Nita. La humedad la excitó aún más… Cabalgó a Toni a su aire… ahora lento… ahora aprisa… ahora lento de nuevo… Lo estaba follando despacito cuando Toni la cogió por la cintura y la folló a lo bestia. Su verga entró y salió del coño a mil por hora. Nita se puso por detrás de ella, le cogió las tetas. Belén, giró la cabeza y se besaron.

    Era mucha clavada de Dios. Llenándole los cojones de jugo a Toni y dejando de chuparle la lengua a Nita, Belén, se corrió chillando como una loca sin medicación.

    Belén, en su vida había gozado tanto. Fueron los 1000 euros mejor gastados de su vida.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Dos calientes se dejan ver por la ventana

    Dos calientes se dejan ver por la ventana

    Les dejo este relato cortito donde yo no participo, o sí. Espero lo disfruten. A mí me impactó y encantó.

    Les cuento en este momento estoy esperando en bus, y mirando a la ventana del edificio de enfrente veo como una pareja se está matando cogiendo. Ella reflaquita tiene su cuerpo pegado al ventanal sus pechos se apoyan expandiéndose en el vidrio la está recibiendo de parada toda, por atrás el hombre fuerte tiene sus manos en su cinturita, ella disfruta y parece gritar de placer, pero no se les escuchada el ventanal está cerrado, la habitación es un segundo piso, están justo frente a mí.

    Ella está mirando para a fuera… Ayyyy!!! No sé si me vio, pienso que sí, pero no sé, que vergüenza. Estoy ahora disimulando escribiendo esto, no sé si volver a levantar la vista o no, ellos seguirán como si nada o que, me mantengo mirando el celular escribiendo.

    Ahora siento, si si… escucho los gemidos, no lo puedo creer!! Levanto la vista y siguen… pero ahora con el ventanal abierto, pienso si me habrá visto o no; si me vio ni se inmuto o más bien les gusta exhibirse y abrieron para que los escuche.

    Un poco me siento parte de la escena de ellos, soy solo yo en la que está en la cuadra y es de noche… Uhhh que osados, ahora ella está de rodillas frente a él, metiendo una chupada colosal aferrada con sus manos a sus glúteos, ellos ambos completamente desnudos.

    Creo que sí… si si seguro el me vio, pero yo corrí la vista y ahora les estoy dando la espalda. Que zarpados me lo están haciendo a propósito, ahora él exclama alto un «chupa bonita chupa que la leche la tengo dentro para darte chupa chupa nena chupa así nena así»

    Llevo la mirada de vuelta a escena, es inevitable e irresistible no mirar, como estos dos tienen sexo y yo soy su espectadora circunstancial. Ella sigue chupando no se desprende de la entrepierna del señor, que por cierto ahora que se lo ve mejor él es bastante maduro, podría decir que la dobla en edad a ella.

    La atención bucal a su miembro parece terminar, ella se está parando, lo hace y mira sobre su hombro para aquí, como asegurándose que sigo aquí. Y ahora me vio seguro, tuvimos contacto visual, que intente no atender baje mi vista.

    De vuelta estoy disimulando haciéndome la desentendida, les puedo decir que ella es preciosa alta, flaquita con cabello rizado, que se suman a los buenos senos que al principio lucían sobre el ventanal.

    Que estarán haciendo ahora?? No sé, pero ella lo disfruta mucho, sus gemidos hablan, hasta se siente el golpear de los cuerpos en el vidrio en el ventanal abierto. Ha de ser duro como le está dando ese señor por el sonido que se escucha y el «me encanta así… no me sueltes, no pares» que ella exclama y suspira con intensidad.

    Esto es impactante por lo vivo, que pasión estos dos calientes y atrevidos, se dejan ver… por dios!! Es una maquina este señor y ella parece una contorsionista enrollada con sus piernas y colgada de él, se ve como entra al fondo y sale su miembro en forma magistral con estos movimientos pélvicos del señor, ella mantiene su espalda el ventanal, por dios son salvajes, como la coge!, -como quiero-, no sé cómo hacen aquí afuera esta frio, pero ellos están calientes dándose placer. Y ese pene no para de entrar y que dolor o placer ella esta golpeando su espalda contra el vidrio en cada embestida.

    No nooo… aquí viene el bus… viene… lo paro… esto se acaba, ya está!!

    Subí al bus dura e impactada por lo que acabo de presenciar.

    Que hermoso es que una pareja tenga esa pasión… y que lindo lo compartan.

  • A nuestra amiga argentina se la follan por boluda

    A nuestra amiga argentina se la follan por boluda

    Esto que les voy a contar, me pasó por boluda, por buscar el límite, por calentona, por pendeja, por jugar con la gente, por forra.

    Resulta que el otro día vino a casa el chico (bahh tendrá 30 años) que arregla las computadoras, es el mismo que las arregla en la oficina de papa, en realidad viene hacerles un service, yo sabía que tenía que venir, pero no sabía cuándo.

    Ese día, a la mañana salgo de mi cuarto y lo veo en el escritorio de papa con la computadora (para que entiendan el escritorio era un dormitorio que daba al living, tiraron la pared abajo y está unido con el living con una arcada). Yo estaba vestida como estoy en casa, ¡porque no sabía que él venía!, tenía esas polleritas de jean recortitas (una vez conté que me las compre solo para ir a la playa y ponérmelas arriba de la bikini), zapatillas y una remerita, lo salude, y los ojitos se le daban vuelta jaja.

    Cuando termina va a mi cuarto a ver la mía y yo voy con él, me pongo bien, bien cerquita, tanto que cada vez que se movía me rozaba y me pedía disculpas, después agarre una silla y me siento al lado de él, ¡como para ver que hacía!, pobrecito, no podía concentrarse, porque (para los hombres que no saben) cuando una se sienta con esas polleritas se suben y quedamos ¡casi en bolas!, si no cruzamos las piernas se nos ve ¡hasta la bombachita! yo le miraba la pija y se veía un lindo bultito jaja, bueno termina, me dice que tiene que volver otro día a ver la mía, y se va, creo que hubo pajita, pajita, porque lo deje calentito jeje.

    La verdad es que lo hice solo para calentarlo, ni en pedo quería algo con él, primero porque no es nada de otro mundo, y segundo porque lo conoce mucho a papa.

    A los dos días vuelve, yo tampoco sabía, ¡porque en casa nunca me avisan nada!, era temprano, estaba vestida igual pero sin corpiño, porque todavía no me había duchado, hacía poco me había levantado y obvio para dormir me lo saco.

    La cosa es que viene a mi cuarto a ver mi computadora, y yo seguí con esa boludez de calentarlo, al pedo (es lo que yo creía), ahh me pide que ponga la clave, así que me puse delante de él, me incliné parada delante de él sacando la colita (no sé si me vio la bombacha jeje) y pongo la clave, después, como el otro día me siento al lado de él.

    Todavía no sé si era necesario que viniera o fue una excusa, porque no paraba de mirarme las piernas, está bien sé que lo estaba calentando y como dije estaba ¡casi en bolas!

    En un momento una amiga me manda un ws para decirme que encontró al novio con otra, no lo podía creer, y me puse hablar con ella por ws, y no le di más bola al chico este.

    En un momento me dice algo así como “¿puedo entrar acá?, porque me parece que hay algo sucio que la está trabando” yo estaba distraída con lo que me decía mi amiga, así que le dije que sí, sin saber qué carajo me preguntaba.

    Ahora viene la parte en LA QUE ME QUERÍA MORIR

    Levanto la cabeza y me doy cuenta que en donde me pidió permiso para entrar era en mis imágenes ¿y que tengo ahí? Mis fotos, ¿qué fotos? En la que estoy desnudita y un par que me sacó mi novio mientras se la chupaba (obvio me las sacó con mi celular jeje y yo las baje a la computadora).

    Me puse colorada, me quería morir en serio, me había visto en bolas ¡y chupando una pija!, le pido que por favor, no diga nada, que salga de ahí, no sabía qué hacer.

    Me dice que no lo joda, que lo estoy calentando desde el otro día ¿o no?, me pregunta, le digo que no, que me perdone, me sentí una boluda, no sabía qué hacer ¡ni que decirle!

    Agarra mi mano y la pone sobre su pija y me dice “mirá como me tenés” mientras me pone una mano en mi pierna, mejor dicho en la entrepierna (es mi perdición), y no sé cómo explicarlo, de una sube la mano sin darme tiempo a nada y me pone la mano en mi conchita, y me la empieza a tocar, yo me mojo enseguida si me la tocan, no pasó nada y ya estaba mojadita, y el aprovecha y me empieza a meter algún dedito y su pija ya explotaba.

    Son esos momentos en los que no pienso nada, tocar una pija dura, no me deja pensar jaja, entonces le empiezo a desabrochar el pantalón hasta que la encuentro, se la acaricio, estaba reparada, ¡y linda pija tenía! sin que me diga nada porque era obvio lo que yo tenía que hacer, me agacho y se la empiezo a chupar, despacito hasta que me la meto toda y le doy una linda chupada, mientras él me sacaba la remera y me acariciaba, más bien me amasaba mis tetitas.

    Ahh, me pedía que lo mirara mientras se la chupaba (que morboso).

    En un momento le pido que no me acabe en la boca, me hace parar me saca la pollerita y la bombacha, ¡ya estaba desnudita! y mientras me chupaba las tetitas, me las comía, mis pezones ya decían ¡todo!, me ponía deditos en la conchita, hasta que me dice “ahora te voy a coger” y yo ya estaba, como siempre entregada, y le digo que sí, que me coja, le doy un forro (siempre tengo jeje) me tiro en la cama él arriba mía y me empieza a coger, y el hijo de puta mientras me cogía me decía mira la hija de dr. ¡Lo putita que es! ¡Sos muy putita! Te gusta cómo te cojo y yo a todo le decía que sí que era una puta, que me gustaba como me cogía, bueno fue algo rápido, yo como siempre acabé enseguida y después él.

    No tenía mucho tiempo, ¡me había cogido en mi casa!, ¡en mi cama!, solo ahí cojo ¡con mi novio!, me vestí el pasó al baño, me terminó de arreglar la computadora, mientras yo me quedé en el living pensando en ¡lo que había hecho!, y cuando se va me dice que nadie se iba a enterar.

    Obvio, después me quede pensando, ¡que boluda!, si mi viejo se enterara de algo, está bien a mi me caga a pedos, pero él pierde un cliente que le paga mucho, ¡mucho por mes!

    Bueno, esto me paso por boluda.

  • Venancio, el viejo tendero (Parte 6)

    Venancio, el viejo tendero (Parte 6)

    Ya era domingo, y desde el jueves pasado; el día de la orgía en el bar, no había vuelto a ser follado por Venancio, ni por nadie más. Estaba escuchando el partido de fútbol, cuando entraron en el bar la pandilla de chavales del jueves, con los que venía Luca, el jovencito con el que habíamos tenido la orgía, y nos había grabado con el teléfono. Al principio no le había dado mayor importancia a lo de la grabación, pero al día siguiente, después de recapacitar, no estaba muy tranquilo. ¿Para qué quería aquella grabación? No fuera a ocurrírsele publicarla en las redes. Ya se lo había comentado al Camarero Marcos, y me había dicho que no me preocupara, que solo la quería para uso particular.

    Aquello seguía sin terminar de convencer, pero ya no se podía hacer nada, a lo hecho pecho. Le había dicho a Marcos, que cuando se volviera a poner en contacto con Luca, le comentara lo de la grabación; no se le fuera a ocurrir publicar en las redes.

    Después de que Marcos sirviera a la pandilla de chavales, Luca vino a saludarme. Hola, soy Luca, ¿te acuerdas de mí? Me dijo.

    Sí, le contesté. Ya me he dado cuenta cuando habéis entrado en el bar, que es la pandilla con la que estabas el jueves, y ya reconocí tu voz cuando entrasteis.

    Me ha comentado Marcos, que estabas preocupado por la grabación del otro día.

    Sí le contesté. Al principio no le di mayor importancia, pero luego… No me gustaría que la fueses a publicar por las redes.

    Espera que voy a buscar la copa y te cuento.

    Fue por la copa, y volvió con ella en la mano, sentándose a mi lado.

    No te molesta que me siente junto a ti, ¿verdad?

    Claro que no, le contesté.

    La grabación, solo la tengo yo. La tengo para verla y hacerme unas pajas. No tenía pensado publicarla. Además, si lo hiciera, primero os pediría permiso, y antes de publicarla, la editaría y distorsionaría las caras, para que no se pudieran reconocer.

    Bueno eso ya me tranquiliza un poco. Pero me gustaría tener una copia. Si puedes me la envías por correo, o si tienes Whatsapp, también me vale.

    Me pidió el correo, y el número de teléfono para hacerme una perdida, y lo agregara a los contactos. No sin antes preguntarme como hacía para leer el correo o los chats, de Whatsapp, y como hacíamos los ciegos, si teníamos un teléfono especial, y como usábamos el ordenador.

    Le estuve explicando cómo usábamos el ordenador, luego saqué mi iPhone, le expliqué, y después de hacerle una demostración, se lo pasé a él, para que pudiera verlo y usarlo.

    Como puedes ver, solo tengo que activar la accesibilidad; en mi caso solo VoiceOver, luego usar los gestos para navegar. Los que ven, para abrir una aplicación, la tocan con un dedo, nosotros, cuando tocamos con el dedo, nos dice el nombre de la aplicación, y fija el foco en ella, luego si la quiero abrir, damos 2 toques con el dedo; es como si llamaras a la puerta para que se abra. Los demás gestos pues es similar, en lugar de usar un solo dedo, usamos 2, 3, o 4 dedos, todo depende del gesto que tengamos que hacer. Por ejemplo, le dije: Si deslizo 3 dedos a la izquierda, avanzo una página o pantalla, si lo hago a la derecha, pues retrocedo; es como pasar hojas a un libro, pero en lugar de usar un dedo, usamos 3.

    Si los 3 dedos los deslizo abajo, pues según donde nos encontremos, deslizo un documento arriba o abajo, o si estamos en la pantalla principal, pues activamos el buscador. Si en lugar de 3 dedos deslizamos 2, pues nos lee desde donde se encuentra el cursor, hasta el final, si los deslizamos arriba, pues nos lee todo, pero desde el principio.

    Luego si toco la pantalla con 2 dedos, pues para de hablar, si vuelvo a tocar, se reanuda el habla.

    También el gesto de los 2 dedos sirve para contestar una llamada, cortar la llamada, poner en pausa una grabación, o reanudarla.

    ¿Pero esto es igual en todos los teléfonos? Me dijo.

    No, es parecido, le contesté. Esto es en los iPhone, en teléfonos con Android, por ejemplo, los gestos son parecidos, pero no son los mismos. El programa de accesibilidad en Android, que usamos se llama Talkback, bueno hay otros, pero ese es el nativo de Google, o sea del sistema operativo Android.

    ¿¿Y porque no usan los mismos gestos?

    Problemas de las marcas y temas de patentes, le contesté.

    Llevábamos ya un buen rato hablando del tema; era algo que a mí me encantaba, y él sentía curiosidad; cuando se acercó uno de los compañeros de Luca, y le preguntó, si se iba a quedar, o se iba marchar con ellos; nosotros nos vamos para casa, le dijo; No, yo me quedo un rato más, mañana cuando me levante, te doy un toque y quedamos.

    El amigo se fue junto a los otros, y nosotros seguimos con el tema de los teléfonos e informática.

    En un determinado momento, Luca puso una mano sobre mi pierna, y cuando me percaté de ello, ya me estaba sobando la polla y huevos.

    ¡Joder! Le dije, me vas a poner cachondo, y además aquí nos pueden ver.

    Tranquilo, no nos ve nadie. Tengo ganas de follarte, me dijo.

    Pues aquí ahora va a ser difícil, le contesté.

    Puedes esperar un poco, a ver si viene el viejo Venancio, y vamos a su casa.

    Bueno, a ver si no se me hace muy tarde, mañana es lunes, y aunque no tengo que madrugar, tengo cosas que hacer.

    Pedimos otras copas, y seguimos con el tema de los teléfonos e informática. Terminó por pasarme el vídeo que había grabado, por Whatsapp, y agregamos nuestros correos electrónicos.

    Tengo que ir al servicio le dije, me estoy meando, y no aguanto más. Me levanté, y entré en los servicios. Cuando entré, no había nadie, pero al poco de estar meando, se abrió la puerta, y el que entraba era Luca. Yo también tengo que mear, dijo. Pasó por detrás mía hacia el Wáter, y al pasar me acarició el culo con una mano, luego se arrimó restregándome su paquete, mira como estoy de empalmado, me decía echando una mano a mi polla; quiero follarte hoy, estoy que reviento de ganas, me susurró al oído mientras me acariciaba los huevos y se restregaba por mi culo.

    Terminé de mear, y Luca seguía acariciándome y mordiendo la oreja. Para que puede entrar alguien, le dije.

    Ven, me dijo mientras me empujaba al Wáter, y después de entrar los 2 en el Wáter, cerrar la puerta.

    ¡Hostia Luca, que nos pueden ver, le dije! Espera que me estoy meando. Después de levantar las tapaderas, se escuchaba el sonido de la meada. Mientras tanto yo terminaba de abrocharme el pantalón.

    Al terminar de mear, se giró hacia mí, me abrazó fuertemente, se abalanzó sobre mi boca, empezando a morrearme.

    Mordía mis labios, saboreaba con su lengua, y como si fuera el fin del mundo, empezó a bajarme los pantalones. Me desabrochó el cinturón, desabotonó el pantalón, y de un tirón, me lo bajó junto al slip, a los tobillos.

    ¡Me muero de ganas por darte de nuevo por el culo, estoy que reviento!

    Le bajé los pantalones y el tanga que traía puesto, y se los llevé hasta los tobillos. Una vez hecho, la polla había quedado a mi altura, así que, sin más demoras, la agarré con mi mano, y la llevé a la boca. Nada más chuparla, me percaté de que terminaba de mear, y todavía la tenía mojada, y con olor y sabor a la meada. Pero bueno, ya la tenía dentro de la boca, así que seguí chupando.

    Luca, gemía, jadeaba y empujaba mi cabeza para que metiera más adentro su polla. Chúpala,

    Chúpala toda, ¡oooohhhh, que gusto, ummm!

    Después de saborear y chupar bien aquella joven polla, me puse de pie, dejando que Luca me diera la vuelta, y apoyando las manos sobre la pared, le di el culo para que lo tuviera a su entera disposición.

    Colocó su polla en la entrada a mi ano, me sujetó con sus manos por las caderas, y empezó a empujar la polla, hasta que empezó a entrar en mi culo.

    ¡Ufff! Ya la había metido. Colocaba sus pies para pegarse más a mí, notaba sus pelos púbicos pegaditos a mi culo, y como suspiraba Luca de placer al meter la polla dentro de mi culo.

    Luca, jadeaba y arremetía su polla con todas las ganas, ¡oooohhhh! Que ganas tenía, tenía ganas de meterte la polla en este culo, ¡oooohhh! Nada más llegar y verte, ya se me puso la polla tiesa a más no poder. ¡Hostia que culito más bueno tienes! Y no paraba de culearme, cada vez iba a mayor velocidad, era como un toro envistiendo.

    Yo estaba que me caía la baba de tanto gusto que estaba sintiendo. Notaba como la polla de Luca me rozaba la próstata, y metía y sacaba tan rápido su polla en mi culo, que el rocé que me estaba dando, me hacía morder los labios por el gusto que me daba y el placer que me hacía sentir, ¡ooohhh! Que gusto me estaba dando.

    No podía más, si aquello no terminaba pronto, iba terminar con los labios ensangrentados por tanto morderlos. Era la única manera que tenía de aguantar los gemidos, y me los estaba destrozando.

    La polla no paraba de gotearme semen y Luca no dejaba de meter y sacar su polla en mi culo, aquello era maravilloso, era como un sueño, ojalá que nunca terminará.

    Si alguien llega a entrar en los aseos, se hubiese dado cuenta de lo que estaba pasando, pues el sonido al golpear su pelvis y huevos en mi culo se escuchaba perfectamente. Pero poco nos hubiese importado, ya que, en esos momentos, solo estábamos sumergidos en el placer que estábamos sintiendo. En esos momentos, estábamos en otro mundo.

    Luca empezó a clavarme más fuerte los dedos en las caderas, y a jadear más fuerte, hasta que empezó a correrse, ¡aaahhh! Me corro, ¡aaahhh! Me corro, ¡aaahhh!

    Cuando terminó de eyacular, y haberlo hecho dentro de mi culo, me dio la vuelta, besó mis labios, y me decía, asido maravilloso, tienes un culo que me encanta.

    ¡Pero tú no te has corrido! Me dijo, al verme subir los pantalones y slip. No, le dije, pero no importa, espero poder hacerlo más tarde.

    ¿Qué has, quedado con alguien?

    No, pero seguramente que Venancio, hoy quiere darme por el culo.

    ¿Venancio, quien es, el viejo del otro día?

    Sí, le contesté.

    ¡Joder, menudo pollón que se gasta el cabrón del viejo! Me tiene hechizado esa polla que se gasta, tengo ganas de que me vuelva abrir el culo con esa tranca. Se sentía muy rico el otro día cuando me metió esa polla en el culo.

    Tenemos que quedar un día para follar, y que me vuelva abrir el culo con esa polla.

    Pues no creo que tarde mucho en llegar, y puedes hablar con él, y quedar un día.

    Ya nos habíamos vestido, y salíamos de los aseos, volviendo a ocupar la mesa donde estábamos sentados. Nada más sentarnos, entraba por la puerta el viejo Venancio. Nos saludó, y pidió permiso para sentarse en la mesa con nosotros.

    El viejo Venancio pidió de beber, y nos invitó a otras copas. Nos sirvieron, estuvimos hablando un buen rato, hasta que salió lo de que Luca, quería volver tener la polla del viejo en su culo.

    No hay problema, dijo Venancio, si queréis, cuando terminemos aquí, vamos a mi casa.

    Pues por mí, no hay problema, dijo Luca. Como queráis, les contesté, pero vamos a terminar las copas con tranquilidad.

    Una vez terminamos de beber, pagamos, salimos y nos fuimos para la casa del viejo Venancio.

    Cuando llegamos a la tienda casa del viejo Venancio, iban dar las 12 de la noche. Nos abrió la puerta, y nos llevó para la cocina que había en el fondo. Vamos a tomar unas cervezas primero, para irnos poniendo en situación. Mientras nos sentábamos en el banco, Venancio fue a la nevera, y sacó 3 botes de cerveza. No hacen falta vasos, verdad, nos dijo mientras nos daba una a cada uno. No le contestamos ambos a la vez.

    Abrimos los botes de cerveza, y mientras íbamos bebiendo, Luca y yo, nos empezamos a meter mano; me estaba besando y mordiendo los labios, a la vez que me empezaba a desabrochar el cinturón; como Luca quedaba en el medio de los 2, el viejo Venancio, no se hizo esperar, y empezaba a desvestir a Luca. Primero empezó por sacarle la camiseta que traía, luego mientras yo le mordía los pezones, sacó mi camiseta, luego terminó de bajarme el pantalón y slip, y mientras Venancio, hacía lo mismo con el pantalón de Luca.

    Cuando vio el tanga que llevaba, acariciando su culito, me decía, ¡ay princesa, tienes que usar unas tanguitas de estas! ¡Uffff! Cómo me ponen estas tanguitas, decía mientras tiraba de ellas para sacárselas.

    Luca y yo, ya estábamos en pelota picada, solo faltaba el viejo Venancio, y eso no tardó en suceder. Luca se giró dándome la espalda, y comenzó a sacarle el pantalón a Venancio. Mientras Luca iba desvistiendo a Venancio, yo le iba mordiendo por la espalda a la vez que jugaba con su polla.

    Cuando terminó de sacarle la ropa a Venancio, agarró su polla llevándola a la boca. Venancio dio un suspiro, y echó mano a la cabeza de Luca, marcándole el ritmo.

    Mientras tanto, yo me encargaba de la polla y huevos de Luca, e ir abriendo con mis dedos su precioso ano.

    Llevábamos ya un rato jugando, cuando Venancio dijo que esperáramos un momento, que iba por el lubricante que había comprado, y por un juguetito que había comprado para mí.

    Subió a la habitación, y cuando bajó con el lubricante y juguetito, nosotros seguíamos en la misma posición, Luca de rodillas en el banco, y yo metiendo un dedito en su ano, y acariciando su polla y mordiendo sus cachetes y espalda.

    Luca ya gemía y jadeaba pidiendo más, ¡ooohhh! Me gusta, así, así, méteme otro dedo, me pedía.

    Venancio me pasó el lubricante, diciéndome, toma úntale un poco de lubricante mientras él me va mamando la polla. Me pasó el lubricante, y dejó en la mesa el juguetito.

    Luca se volvió a apoderar de la polla del viejo, chupando y saboreando cómo si fuera un glotón insaciable, mientras yo iba untando su ano con el lubricante, y ahora metiendo 2 y hasta 3 dedos en su culo.

    Los gemidos y jadeos de Luca cada vez eran mayores, y ahora pedía que le metiera la polla en el culo. Quiero que me metas la polla, le decía a Venancio, ¡ábreme el culo con esta polla, y destrózamelo!

    Venancio sacó la polla de la boca, y le ordenó ponerse de rodillas en el banco, pero dándole el culo a él, y la cara a mí.

    Luca se colocó rápidamente y mientras se apoyaba la cara en mi regazo, Venancio, le iba metiendo la polla por el culo.

    ¡Ufff! Suspiraba Luca, y gemía al notar como le entraba toda la polla del viejo Venancio, ¡ooohhh! Me dio un mordisco en la pierna y gritaba de gusto al notar como lo iba taladrando aquel pollón del viejo, ¡aaahhh! ¡aaahhh! Gritaba Luca mientras estaba siendo culeado por el viejo Venancio.

    Buscó mi polla con su boca, llevándola a la boca, y empezando a chuparla como un desesperado.

    Ya llevábamos un buen rato follando en el banco, y los jadeos y gemidos no paraban de oírse cuando Venancio gritaba que se corría, ¡ooohhh! Ya, Ya me voy a correr, ¡ooohhh! Me corro, me corro. Y dando unas fuertes culeadas al culito de Luca, descargó su semen en el culo de Luca.

    Luca gemía y lloraba de placer, y ahora se apoderaba de mi boca, y mordía los labios, los chupaba, para al final meterme su lengua y dejarme los labios abrasados por el ímpetu de sus mordiscos y chupadas.

    Después de recuperar la respiración, nos volvimos a acomodar en el banco, y seguir bebiendo de la cerveza que aún teníamos. Como Luca seguía teniendo un empalme de campeonato, yo después de jugar con su polla, me acurruqué en su regazo, empezando a mamar y lamer su polla y huevos.

    Pero Venancio no quería dejarnos que nos enfriáramos, y nos mandó salir del banco, se sentó en la mesa, y agarrando mi cabeza me hizo agachar para que metiera la polla en su boca, y mientras se la iba chupando, Luca me volvía a dar por el culo esa noche.

    Tan pronto estuve en posición empecé a chupar la polla de Venancio, mientras Luca iba introduciendo su polla en mi ano, ¡ufff! Ya me la había metido toda, y empezaba a mover su pelvis a todo ritmo. Plas, plas plas, se escuchaba al pegar la pelvis y huevos de Luca en mi culito, ¡oooohhh! Aquello era maravilloso, ¡oooohhh, ummm! Era más que maravilloso, era una delicia que no quería que se terminara nunca.

    Así, princesita, así, chupa mi amor, que luego tu papi te va a dar un regalito.

    Luca ya me culeaba como un toro salvaje, y las envestidas presagiaban una eminente eyaculación. Y de repente, empezó a jadear más fuerte, a la vez que explotaba soltando su esperma en mi culito, ¡oooohhh! Me corro, me corro, ¡oooohhh!

    Quedó Luca pegado con su vello púbico y huevos a mi culo, sudando y a la vez apoyando su cara en mi espalda, mientras su polla terminaba de soltar el semen que le quedaba.

    No puedo más, decía Luca. Ha sido maravilloso, pero estoy agotado.

    Poco a poco la polla de Luca fue saliendo de mi culo, pero yo seguía chupando la polla del viejo Venancio.

    Toma le dijo Venancio, a Luca, méteselo a mi princesita en el culo, que quiero que disfrute de su regalito mientras me sigue chupando la polla.

    Luca agarró aquel juguetito con su mano, y fue introduciendo aquel consolador en mi culito.

    Al notar aquello entrar en mi culo, me estremecí y le pregunté que era. Es un consolador especial para el ano, que te va a masajear la próstata, y te va a hacer delirar de gusto, me dijo Venancio.

    Me tuvieron con esa tortura por lo menos durante 10 minutos, y mi pobre polla no paraba de chorrear semen. Cuando se cansaron de verme sufrir y llorar de placer, me sacaron aquel torturador del culo, y Venancio abrazándome para que no cayera al suelo, me subió a la mesa, me puso boca arriba, cogió mis piernas llevándolas a sus hombros, y me fue metiendo su tremenda polla que ya estaba lista para un nuevo combate, en el culo, ¡ooohhh! Volví a gemir, ¡ooohhh! Aquello iba a acabar conmigo. Sino acababa pronto, iba caer desmallado, pero desmallado por estar sintiendo tanto placer.

    Luca jugaba con mi polla, luego se apoderó de mis labios hasta dejarlos hinchados y colorados a más no poder, terminando por subirse a aquella mesa, y colocando sus huevos y polla sobre mi cara, se apoderó de mi polla, empezando a chupar, hasta que ambos acabaron conmigo. Yo tenía la polla flácida de Luca en mi boca y chupaba como si fuera un biberón, mientras Luca hizo que me corriera en su boca, y el viejo Venancio, me derramaba su leche en el fondo de mi culito, ¡ooohhh! Princesita, me corro, me corro, ¡ooohhh! Eres maravillosa princesita, ¡ooohhh! Amorcito mío, me corro, me corro.

    Una vez repuestos, y recuperado el aliento, volvimos a beber unas cervezas, terminamos por vestirnos, y marchar cada uno para su casa. Tanto Luca, como yo, llevábamos el culito bien abierto, el culito lleno de semen, y las piernas que aún nos temblaban.

    Pero íbamos tremendamente felices.

    Luca me acompañó hasta mi portal, allí nos despedimos con un largo beso y saboreando nuestras lenguas, mi mano estrujando su polla, y la suya sobando mi culito.

    Si queréis escribirme lo podéis hacer a:

    [email protected].

  • El diablo disfrazado de mujer madura

    El diablo disfrazado de mujer madura

    Regresando a los inicios de mis experiencias, les voy a relatar ahora, mi primera experiencia con una mujer madura como ya se los había prometido en los anteriores relatos que he publicado.

    En ese momento para mi ella era una mujer madura, ya que yo contaba con 21 años aproximadamente y ella ya andaba por los 34, realmente nunca supe su edad, era una mujer joven que estaba de empleada en el negocio de mi madre, ella venia de otro estado y vivía separada de su marido, tenía dos hijos que rondaban aproximadamente los 7 años de edad según recuerdo, era una mujer que no mostraba más allá de lo que no tenía, aparte de ser parte de una religión donde las mujeres se deben vestir sin que ofendan a su religión, en fin Olivia era una mujer que posiblemente no despertaría el libido de los mortales, sino fuera porque según contaban las malas lenguas tenía su “reputación” que después iría descubriendo con el paso del tiempo, ya que el diablo estaba disfrazado de esa frágil dama, aunque en pláticas de mi madre había escuchado que le comentaban los andares de ella, pero que solo quedaba en suposiciones, ya que aparte de ligarla a dos o tres personas de la comunidad donde ella vivía, también le achacaban que se merendara al pastor de su comunidad religiosa (vaya que el demonio estaba desatado).

    Yo a todo eso era ajeno, para mí en esa época donde estaba dedicado a mi escuela, los amigos, los amores y desamores. Con ella no tuve ninguna intención siempre la vi como una persona trabajadora, y tenía una mirada picara, en verdad el diablo lo traía en sus entrañas, porque yo creo que siempre estaba con ganas de coger, porque recuerdo esas miradas de loba ardiente que a veces tenia y escondía tras esa mirada de mujer indefensa y que se dedica a su trabajo, sus hijos y su religión (Esto es de un análisis de conciencia por lo que les contare más adelante).

    Como siempre solo la veía cuando iba al negocio de mi madre, y la relación entre allá y yo fue de respeto, no me interesaba como mujer, ya que para mí en esa época lo que me importaba eran las chicas de mi edad o aquellas niñatas de la preparatoria en adelante, aunque ella a veces sabia de mis desamores, en especial con una chiquilla que acabada de llegar del norte del país, ya que su padre tenía una franquicia de un producto y su local estaba casi a un lado del de mi madre, por lo que la anduve pretendiendo, sin mucha respuesta por parte de la chica en cuestión, pero decían las malas lengua que Olivia andaba comiéndose al papá de mi pretendienta, pero como les decía eso para mí ni fu ni fa, no era de mi incumbencia.

    Después de una pequeña remembranza de lo que era este diablo de mujer les contare ahora si como sucedió mi historia con ella, una tarde que ya no había clientes en el negocio dio inicio a esta aventura. Después de mis clases en la universidad que por lo regular mis materias transcurrían de la mañana a algunas esporádicas en la tarde, por lo que en la mañana estaba en la escuela y después del medio día iba y regresaba, por lo que una tarde en que el padre de mi pretendienta (la chica norteña) llego a platicar con mi madre al respecto de las ventas, cosas de política etc., yo estaba en algún rincón haciendo tarea, o viendo TV, y Olivia en el área de la cocina haciendo sus menesteres al respecto, y como ya les decía, esa mujer tenía el diablo en la panocha o no sé qué, pero en esa ocasión ocurrió lo que no podía imaginar, mientras mi madre estaba en el área de mesas platicando con mi supuesto “suegro” (que era un hombre ranchero del norte, de sombrero, botas y casi pistola al cinto).

    Olivia inicio con picardía a estarme jodiendo con algo de la norteñita hija de este señor, el cual entre broma y broma, pero pues era sabido que ella no torcía el brazo, ya me estaba picando la cresta, así que lo que casi nunca tuve con ella un acercamiento más personal con ella, hasta ese momento que sus comentarios me estaba siendo incómodos por lo que nos enlazamos en una serie de palabras de broma para contrarrestar lo que ella me decía, pero al diablo no se le puede ganar, y ya me estaba desesperando la situación, en un momento en que ella estaba en un rincón del área de la cocina, me acerque a ella para callarla de todo lo que me hacía burla, y como no paraba de hablar, la tome de los brazos, y calle su boca con mi boca, nos unimos en un leve beso sin pensarlo, aprovechando el que nadie nos veía en esa posición y simulando que yo la ayudaba con las tareas de la cocina, de ese beso que para mí fue tierno y no esperado ya que nunca se me había ocurrido haber tenido algo con ella, ya que era una mujer que a pesar de tener cierta coquetería, era mayor que yo y su vestimenta era muy apegada a los cánones de su religión. En fin que de ese primer besos, vinieron más besos y como ya les había comentado al diablo no se le gana, y ella tenía una cara de ingenuidad y de sorpresa después de ese primer beso, que me motivo a seguir besándola esa tarde le estuve robando uno que otro besos en la complicidad de ese rincón donde nadie nos podía ver.

    Ese día llego a su fin, y vinieron otros días normales comunes y corrientes, aunque yo me había llevado a la casa esa aventura, no podía hacer más, yo no tenía un ingreso o forma de “invitarla” a ella después de esto, además era mayor que yo, y la gente como iba a hablar si nos veía en una situación comprometedora, mi galana la norteñita no debía enterarse de esto, y mis otras posibles conquistas en la escuela pues estaban sobre esta bonita calentura de una tarde, en fin, los días transcurrieron, como si nunca hubiera pasado lo de la tarde anterior y nuestro intercambio de besos, no mencionábamos ninguno de los dos nada al respecto y yo la trataba con indiferencia, aunque ella me miraba con esos ojos expresivos y llenos de complicidad que me hacían recordar rica aventura pero a esa edad tampoco estaba para desperdiciar cualquier oportunidad que se ofreciera, y ella claramente estaba dejando la puerta y las piernas más que abiertas, ya que a veces me tiraba el calzón descaradamente y yo trataba de hacerme el pendejo (a veces unos de joven es muy pendejo y no ve las claras señales del “amor” en este caso no era amor, sino calentura) hasta que en un momento dado, tanto va el cubo al pozo que este sede, y fue así como una tarde en que no había clientela y ella estaba en la cocina y yo en el mostrador, de momento cuando pasaba por el pasillo del mostrador, con supuestas tareas que hacer por esa área, ella pasaba y me miraba con esos ojos de diablilla y me pedía permiso para pasar en aquel estrecho pasillo y a veces entre roce y roce, yo hacía alguna caricia y ella me provocaba más con esa mirada retadora, que me hacía recordar la tarde anterior donde nos besamos, así que la seguí hasta la cocina y en la privacidad de esa área, nos volvimos a besar, ya con un poco de más malicia de mi parte ya que me había dado tiempo a analizar toda esa situación ocurrida en la tarde donde ese demonio me hizo hecho pecar, y aun con la poca experiencia que yo tenía, deduje que esa hembra quería más que un solo beso, ella quería comerse mi verga, su actitud era esa, así que después de cachondear en la cocina, solo podía manosearla y besarla ya que era un horario de atención, y aparte desde el fondo de la cocina era riesgoso una aventura y que fuéramos descubiertos por algún cliente o si alguien de mi familia llegaba, además de que alguien debería estar en el mostrador para ver si llegaba algún cliente. Ella como siempre vestía de acuerdo con las reglas de su iglesia, mujeres no podían mostrar nada de su pecaminoso cuerpo, por lo que ella siempre trataba de ir al trabajo en vestidos que le llegaban hasta la rodilla la falda, blusas sin escote, y zapatos bajos, por lo que esa señora todos sus atributos eran naturales sin muchas expectativas o “producción” como le llamo.

    Así que esa calentura de esa tarde no podía dejarme con la verga así parada y que me fuera a descremar hasta la privacidad de mi habitación en la noche, ya tenía mi verga parada y lista para la batalla pero era obvio que no se podía hacer algo en esas circunstancias, mi pene ya estaba jugoso y llorando por conectarse con la pucha de esa hembra calenturienta, que solo podía sentir mi verga a través de mi pantalón y sus vestidos que eran de tela suave, por lo que era evidente que ella sentía el calor y la rigidez de mi verga pegada a sus cuerpo en cada arrimón que le daba, ella se quería hacer la inocente con esas picaras miradas y sonrisas que incitaban a más, como pude me enfile hacia el mostrador, y estando allí pude acomodar mi verga y lo saque, a lo que la hice venir hacia mi desde la cocina y pudo contemplar mi verga fuera de su cautiverio, ella se haciendo gala de un falso pudor solo atinaba a hacerme reclamaciones gestuales de que estaba loco, pero la verdad es que ese demonio sabía lo que hacía, y se acercó a mí, para contemplarla y acariciarla, sabía muy bien lo que hacía, ya que así estuvo a mi lado, aparentando ante a gente que pasaba por la banqueta de la calle que solo estábamos platicando de cosas personales o del negocio, de vez en cuando ella se agachaba por abajo del mostrador y se metía mi verga a la boca, que delicia de boca de mujer, de hembra hecha y derecha que sabe lo que quiere y como lo quiere, esa hembra era en verdad una loba, un demonio con cara de santa y que no rompe ni una botella, cuando ella mamaba mi verga y me veía con esos ojos color miel a los ojos, era una sensación que no se puede un jovenzuelo imaginar y que solo en películas porno de la época podía ver y jalarse el pescuezo al ganso hasta que desfleme toda la leche, pero esta mujer me estaba cumpliendo una de las grandes fantasías de cualquier hombre a esa edad, que una mujer te mame la verga y te vea a los ojos con esos ojos claros disfrutando lo que ve y como puede manejarme a su antojo, se veía que tenía experiencia y ya estaba deduciendo que esa loba si era culpable de todos aquellas acusaciones que parecían chismes de mujeres envidiosas, ese demonio con piel de oveja traía el infierno bajo ese menudo cuerpo de dama religiosa y responsable. Me estaba aplicando una mamada de ensueño, acariciaba mi verga se la metía a su boca que apenas hace unos minutos había besado, sacaba la lengua para limpiar el exceso de su saliva alrededor de mi tronco, y se lo tragaba, era una guarra, con cara de inocente, y yo no me quedaba atrás, ahí parado con cara de pendejo viendo pasar a la gente por la calle que no imaginaban lo rico que me estaban mamando la verga esa hembra insaciable, así que ahora me tocaba a mi disfrutar de esa dama, así que ahora fue el turno de ella, de pararse frente al mostrador como si estuviera viendo la tv de enfrente mientras yo sentado abajo del mostrador haciendo a un lado la pila de refrescos y cachivaches que había debajo, para poder hacer un lugar para poderme colocar frente a ella, que iba enfundada en sus clásicos vestidos que parecen uniforme de los testigos de Jehova, no fue difícil ya estando en ese obscuro lugar debajo del mostrador y bajo su falda que era holgada y cabía ampliamente abajo de ella, por lo que esa hembra me permitía estar en su intimidad donde me incitaba a pecar, beber de su agua llena de lujuria, le baje su calzón que era normal pude sentir con mi boca aquella pelambrera de vello púbico, pude recorrer a mi antojo sus labios en aquella obscuridad, no podía ver mucho bajo su falda, solo era sentir con mis manos, mi lengua, y los aromas que me estaba regalando esa mujer tan caliente, de vez en cuando salía a tomar bocanadas de aire, ya que el calor de su pucha, y estar bajo su falda con esa pepa caliente a veces era asfixiante aunque no desagradable, sino más bien morboso erótico y sensual por lo que estábamos realizando casi en la vía pública, sabía que no teníamos mucho tiempo porque en cualquier momento podría entrar al negocio algún cliente, por lo que me enfoque a disfrutar de los placeres que me ofrecía su miel que ya estaba escurriendo de su concha, ella recargada en el mostrador con un periódico bajo sus brazos hacia como si lo leyera o prestara atención a lo que daban en las noticias de la TV, mientras un insulso jovenzuelo, le acariciaba la vulva y trataba de tragarse la pucha de esa hembra que sabía más que nada de los placeres carnales, con dos hijos, y varias parejas que se le achacaban, era más que obvio que esa hembra se las sabia de todas, y es por ello que me atrevo a decir que ese demonio no se le podía ganar, y menos por un jovenzuelo que apenas ha vivido unas cuantas experiencias o calenturas, pero bueno estaba yo aprendiendo, y que mejor que de las expertas, de aquellas mujeres que parecen que no hacen nada, pero son la candela por dentro. En fin así seguí tratando de darle placer con dedos lengua y olfato, ya que no podía ver ni oír nada bajo esa falda, tuve que explorar con los otros sentidos, cosa que creo que es un buen ejercicio que alguna vez debe tomar un aprendiz para una buena mamada a esas puchas golosas, don mis dedos podría recorrer la anatomía baja de esa mujer, recorrer esas piernas desnudas y sentir su erizamiento al recorrerla o cuando mi lengua saboreaba sus jugos mientras mi nariz pegada a su monte de venus con mi boca abierta para que mi lengua pueda entrar a su vulva, sintiendo toda esa pelera en la boca, que aunque no era mucho, pues era obvio que ella no tenía la costumbre de depilarse o arreglarse esa pucha, ya que eso es para “las mujeres de la calle” como en esa época se pensaba y ella no lo era, así que me tuve que sumergir y sentir esos vellos en toda mi cara, embadurnarme de sus jugos y sentir que ella a veces trataba de oprimir sus piernas, tal vez por lo que la hacía sentir o para alertarme de algún “peligro”, así que dedicándome a su pucha y agarrarle las nalgas o acariciarla, ¿fue como esa maestra me iba enseñando como hacerle mientras ella abría un poco las piernas y yo le propiciaba una mamada a esa vulva ardiente, la cual me regalaba de sus jugos, hasta que ella bajo su mano para agarrarme de la cabeza y dirigir mis movimientos sobre ella, hasta que en un momento se humedeció de más y me tuve que tragar sus jugos mientras ella oprimía mi casa en su vulva como si no quisiera que me separara de ella, no sabía que ella había tenido un orgasmo lo cual la dejo con la piernas temblorosas y justo cuando un cliente iba llegando, por lo que en lo que ella solo atino a darle la bienvenida y recoger el diario del mostrador, haciendo tiempo para darme a mi tiempo a respirar y limpiarme sus jugos de la cara, subirle su pataleta y acomodarle sus vestimenta no sin antes, dar mi último respiro a esa pucha ardiente y su beso por lo que me estaba enseñando, la manosee mientras ella desde la barra hablaba con el cliente, y yo trababa de devolverle la perturbación que a veces provocaba en mí, así que ahora ella estaba siendo torturada mientras la acariciaba por dentro de sus ropas mientras ella solo disimulaba y a veces me daba manotazos indicándome que me quedara quieto y no la metiera en problemas. Ese era el inicio de nuestros juegos cuando nos quedábamos solos en el negocio, no pasábamos a mayores cosas, hasta que una vez que estaba bien caliente por culpa de alguna chica de la escuela y yo con ganas de meter la verga donde pudiera, pues amanecí más que caliente al otro día con esas erecciones matutinas que no se aguanta uno ni estrangulando el pescuezo a ganso, así que esa mañana con toda la calentura del mundo me dirigí a la escuela ya que tenía una clase muy temprano, pero yo no podía aguantar mi calentura en mi cabeza solo estaba el sexo, en verdad que parecía toro de lidia esa mañana y en busca de quien la pagara, y para ello ya tenía mi plan, quien me iba a apagar el fuego de la lujuria que traía por dentro, ya estaba haciendo planes, sabía que Olivia siempre llegaba muy temprano al negocio, mi madre le confiaba la apertura del negocio y por lo regular permanecía adentro del mismo haciendo los preparativos de la cocina con la cortina cerrada, por lo que con toda la adrenalina del mundo después de terminada mi clase, me lance de inmediato para el negocio, recuerdo que fue como a las 9 de la mañana la hora en que más o menos llegaba ella, para abrir entre 10 y 11 de la mañana, tiempo en el que como les decía ella estaría dentro preparando algunas cosas para la venta, así que casi volé para llegar ahí lo más pronto posible, estaba sudando por la excitación, la lujuria, los nervios, o por la prisa. Yo no tenía llaves del negocio, así que llegue a la puerta y toque para que me abriera la puerta, ella pregunto quién era, así que le indique que era yo, ya me abrió la puerta y pase, a lo cual extrañada ella porque por lo regular no llegaba yo a esa hora y me cuestiono el motivo por el cual estaba yo ahí tan temprano, aunque esa loba con piel de cordero sabía que esa mañana íbamos a coger, así que después de darle mil excusas (no le podía decir que me la quería coger, aunque ahora entiendo que si se lo hubiera cantado directamente eso le hubiera encantado) y de darle unos besos en la boca y cariñosos de amantes ocasionales, ella se fue a la cocina a checar lo que estaba preparando en la estufa, y mientras me daba la espalda, ella seguía en la gran mesa de la cocina preparando algunos de los vegetales, los estaba picando, mientras me hacía platica, yo llegue por atrás de ella, y mientras la abrazaba por la cintura le pegaba mi pito que ya se la quería coger, en sus nalgas ella podía sentir mi verga dura y ardiente a través de su típica vestimenta de vestidos de tela sedosa y holgada, por lo que mis caricias alrededor de su cuerpo, llenarla de besos por su cuello, la estaban prendiendo, aunque yo creo que ella no necesitaba mucho combustible porque era una calienta palos, que ahora tenía que apagar el mío, porque pos su culpa estaba ya así por ella, por lo que la muy cabrona ya sabía lo que seguía, así que le bajo el fuego a la estufa, mientras se volteaba para darme la cara y besarnos como desesperados, los dos teníamos ganas de clonchar, aparearnos, fornicar, coger o como le quieran llamar, ella correspondía a mis besos y mis caricias me agarraba por atrás y me daba un masaje las nalgas, a veces pasaba la mano por delante para sentir mi verga ardiente, me besaba mirándome a los ojos, los suyos eran unos ojos de gata, aceitunados a veces color miel, en verdad que sabía cómo manejar la situación, yo me la quería coger, y aunque yo pensara que yo era el de la descripción, realmente todo lo había ella planeado, le había ya bajado su calzón a media pierna cuando ella estaba volteada, porque mis caricias habían iniciado por ahí, la había masajeando y ya ella tenía el calzón casi a media pierna, así que fui bajando frente a ella, donde ya le había besado su cuello, sus pechos, que era la primera vez que los tendría a mi merced, ya que anteriormente por la situación de riesgo en la que nos encontrábamos no había sido posible conocer sus tetas, y en esta ocasión yo ya estaba soltando su vestido que tenía un zipper en la espalda, y pude dejar al descubierto sus hombros los cuales bese, y acaricie, para ir bajando a sus pechos de piel morena, los cuales me di gusto mamándolos, eran pequeños y un poco caídos por haber amantado dos niños, y bueno quien sabe cuántos más se habían amamantado de ahí, ya que cada vez iba descubriendo sus cualidades. En esta ocasión la tenía semi desnuda frente a mí, lo cual solo baje hasta su ardiente pucha y me dedique a mamarle la pucha como en nuestros juegos debajo del mostrador, ya no había tal obscuridad y podía contemplarla ahora si a todo color, me dedique a amarle esa selva tupida de vello púbico, haciendo a un lado sus labios media mi lengua en su cueva y algún dedo para darle masaje al interior de su vulva, ella solo de paraba de puntitas, al sentir las embestidas de mi dedo o mi lengua, mientras solo apoyaba de la mesa y con la otra mano acariciaba mi cabeza para llevar el ritmo de mis embates en su ardiente pucha, por fin podía tenerle frente a mi desnuda así que recorrí su cuerpo a voluntad, ese cuerpo de mujer madura, estaba más que caliente y se le notaba en las gesticulaciones de su cara de guarra calenturienta, ella misma me iba quitando la camisa y desabrochar el pantalón, me besaba el pecho me acariciaba, era una experta en conocer lo que un hombre requiere en ese momento, ya que recorrió mi cuerpo con sus labios, acaricio mi pene, lo chupaba mientras con sus ojos color miel me miraba, yo la detuve, ya que no quería terminar en su boca me urgía y el motivo de esa visita mañanera había sido ella, y mi mente no estaría tranquila hasta no cumplir mi propósito de cogerme a esa putita calienta vergas, así que ya con mi tranca de fuera y bien lubricada, agarre a Olivia y la bese en los labios mientras nos veíamos a los ojos como retándonos a dar el siguiente paso, el cual ella misma se encargó de dirigir la maniobra de mi tranca para que se colocara frente a su cueva ardiente, la agitaba sobre su pucha, como queriendo introducirla inmediatamente, así abrazados y besándonos poco a poco mi verga fue penetrando aquella cueva que parecía la boca de un volcán ardiente con líquidos calientes en su interior, era sublime como la calentura contenida toda la noche por culpa de esa mujer, en ese momento el calor de su ardiente pucha estaba calmando y colmando de placer mi libido. Ella era un poco más bajita que yo así que la posición para poderla penetrar era que yo me agachara un poco y cargarla mientras ella con sus dos manos se apoyaba de la mesa de trabajo, medio la cargaba y ella sostenía el resto de su cuerpo en la mesa con sus brazos hacia atrás, mientras yo la sostenía de las nalgas y trataba de meterle lo más profundo que pudiera mi tolete, era fantástico el poder visualizar su menudo cuerpo de pecadora frente a mí, desnudo solo con su vestido a la cintura ya que no se lo había quitado por las prisas, porque no teníamos tiempo para ello, aun permanecíamos con un poco de ropa, ahí podía ver su pucha abierta a mí, mientras mi tolete todo húmedo entraba y salía de su cueva, sus jugos hacían brillar mi falo que parecía un pistón bien lubricado, sus pequeñas tetas solo se tambaleaban al ritmo de nuestros embates, y en su cara solo tenía ese rictus de ángel caído que incitaba al pecado, con los ojos un poco extraños, aquellos ojos de gata a veces en blanco solo echaba su cabeza hacia atrás, mientras yo la besaba por su pecho, su cuello, su barbilla, su cara y sus labios… Ella solo gemía suavemente no hubo muchas palabras ya que lo hacíamos en silencio para no delatarnos con cualquier persona que pudiera estar afuera, ya que estábamos en el negocio y aunque era temprano, alguien podría llegar a preguntar algo, o mi familia, así que tratábamos de hacer el menos ruido posible y solo dedicarnos a coger como animales en celo. Yo estaba más que feliz y caliente porque esa mañana estaba saliendo como lo había supuesto desde que desperté con mi verga bien dura, me estaba cogiendo a la puta de Olivia, esa madura que sí que sabía cómo calentar la verga sin tocarte, así que ya era hora de darle su premio, la baje de esa posición y la puse recargada en la mesa, con sus nalgas apuntándome, en ese momento baje, le abrí las nalgas y en ese momento le abrí las nalgas y me metí a mamarle su pucha desde atrás le daba lengua y ella respingaba y daba leve gemidos parando más la cola, mi verga a un dura quería estar dentro de su vulva, así que me incorpore y en esa posición se la deje ir toda, de un solo golpe, le tomaba de sus caderas para ir guiando el ritmo de mis embates, ella solo atinaba a pararse de puntitas ya que como era más bajita así era como mejor nos acomodábamos, yo la estaba penetrando desde atrás, y ella con su cara de gata en celo de vez en cuando volteaba para verme y tirarme sus miradas de gata arrabalera, lo cual me excitaba por sus gestos y su forma de ser tan calenturienta sin parecer, había llegado el momento esperado así que la sujete fuertemente de sus caderas y le daba embestidas suaves y duras, para después rematar con una mucho más fuerte, así varias veces hasta que ella tuvo espasmos y cayó sobre la mesa, mientras yo le agarraba fuerte su cadera como si no quisiera separarme de ella al sentir su pucha como tenia contracciones como si mamara mi verga, y fue cuando sentí la descarga de electricidad y un torrente de mi leche salió disparada hacia su cavidad aún caliente y palpitante, era increíble que toda la presión de la mañana en ese momento era tranquilidad me sentía más liberado, estábamos sudando ahí, por el calor de la estufa y nuestra actividad, pero satisfechos, me deje caer un poco sobre ella, la acaricie y bese, mientras nos veíamos a los ojos sin decir palabra alguna, no lo había, al menos yo no sabía que era esa situación, no éramos novios, no éramos amantes, ella en su posición de mujer madura y con todo su historial público.

    En fin que por fin había desflemado todo ese malestar de la noche anterior, y aun no me reponía del todo y aun quería más de aquella mujer, se volteo hacia mí para besarnos, sus besos eran dulces y a la vez con cierta picardía y exoticidad de aquella mujer vivida, nos acariciábamos y mi verga estaba retomando el vigor de la batalla anterior, así que se volvió a poner erecto y ella solo sonreía mientras mordisqueaba mi labio y lo estiraba levemente con los ojos hacia mis ojos y de repente a lo que palpaba entre su mano, así que nuevamente lo llevo hacia su vulva que aún estaba caliente y muy húmeda por sus líquidos y mi venida anterior así que no fue difícil penetrarla, ella de puntitas frente a mi como si montara a caballo se empalaba sola, se colgó de mí y así la sujete parado y ella clavándose mi pene, la estuve cogiendo por unos minutos de esa forma mientras le daba profundos vergazos en su concha ella solo me abrazaba para no caer colocando su cabeza en mi hombro, gimiendo suavemente, nuestras respiraciones y gemidos eran lo único que se escuchaba dentro del negocio, mientras afuera solo el bullicio de la ciudad que iba despertando a la actividad comercial de la zona. Me encamine con ella cargándola y ensartada, mientras su pucha escurría nuestros jugos que caían al piso, la lleve a un lado de una de las mesas e improvise una cama con un par de silla, donde pude sentarme para que ella me cabalgara y así lo hizo un rato ella misma, mientras nos besábamos y acariciábamos me permitía mamar de sus tetas pequeñas de piel morena y pezón café obscuro, la acosté sobre esa cama improvisada de sillas, mientras le acomodaba ella acariciaba mis pelotas y mi verga que se la trataba de llevar a la boca, así que solo le dio una mamadita a la punta de mi glande lo escupió y lo lleve hacia su concha peluda y ardiente, así entre la mata de pelo negro iba entrando mi tolete en su interior ella solo se empujaba hacia arriba al sentir la fricción de mi verga en las paredes de su ardiente pucha, lo cual al estar hasta adentro solo emitimos un leve gemido de satisfacción, así estuve cogiéndola un buen rato, porque en verdad fue difícil en esa cama improvisada, pero tratamos de hacerlo lo más placentero posible hasta que ya era inevitable mi segunda venida, lo cual descargue el resto de mi leche en su interior, nuevamente esa hembra me había ordeñado y estaba más que satisfecho, así que después de que mi palo fue expulsado de esa ardiente cueva, con restos de esa batalla, embadurnado de nuestros jugos y pelos de ambos, hasta ahí había concluido nuestro encuentro sexual, el cual fue más que satisfactorio por la forma en que se presentó, sin planearlo y solo por el impulso de que esa mañana alguien tenía que pagar los platos rotos de mi calentura y lo grato que Olivia fue la encargada de ordeñar mi verga esa mañana.

    Después de ese primer encuentro sexual seguíamos haciendo travesuras bajo el mostrador, o la visitaba en las mañanas para que se encargara de extraer la presión de juventud y de la escuela, como si de una olla de presión se tratara, ella fue la que me nivelaba, ella y yo no éramos novios ni amigos, solo amantes, y las miradas que a veces me echaba o cuando iba a platicar con la vecina norteña o había un comentario al respecto a veces al ver a Olivia hacia algunos gestos de complicidad que solo ella y yo entendíamos, ya que a ella la relacionaban con mi “suegro” y yo quería con la “plebe”… en fin… lo nuestro no prospero debido a los compromisos de ella con los demás sujetos, además de que ella me empezó a presionar pidiéndome dinero dique para consultas con el doctor, cosa que como estudiante no tenia y estaba más que pendejo, jajaja solo le podía pagar con leche fresca que me sobraba en cantidad…

    Como siempre, espero que les haya agradado mi relato y que no les haya aburrido, es un relato 100% real. Agradezco a aquellas personas que me han escrito para darme sus comentarios al respecto de los relatos y con gusto yo los escribo, sin motivación no existiría estos relatos, porque hay gente que le gusta leerlos y nosotros como escritores, pues sus comentarios son algo que nos motiva a contarlos. Ya saben mi correo es alien_project2004 en hotmail.com

    Para cualquier comentario, o donación en especie para caballero, estoy a sus órdenes…

  • Prólogo a una cita

    Prólogo a una cita

    Como muchos amigos y conocidos, siempre he pensado y deseado encontrar la manera de conquistar a la esposa de mi vecino: una mujer madura-mayor que yo, una mujer en la cúspide de su belleza, llena de su sensualidad y experiencia… desafortunadamente; el pensar y el hacer son solamente parte una fórmula de tantas situaciones que toman mucha energía con tiempo y paciencia, algo que hasta hace tiempo yo no tenía.

    Cuando mi mujer decidió irse de casa, lo primero que me vino por la mente fue cancelar la membresía del gimnasio; no tendría ni razones ni humor para explicaciones, como mirar a la cara a mis amigos y explicarles que ya se había largado, según ella por haberse cansado de mí, de la falta de dinero, de nuestro estilo de vida… y gracias a la magia de un medio social había encontrado un ex novio que la había contactado para preguntarle sobre no se quien; y según ella, «la vida era muy corta para quedarse con dudas, su deber era ir en busca del amor de su vida!» Puta, maldita, bendita Sonia, aunque nuestra relación se había convertido en una novela llena de drama y monotonía, la quería, sé que la extrañaría, la amaba demasiado… y como digerir algo que se te va de la noche a la mañana y se pierde en la nada; pero bueno, como dice el dicho que «un clavo busca a otro clavo,» y lo primero que hice fue usar la magia de internet para buscar amiga/s con quien charlar a las altas horas de la noche cuando el sueño no llega, y el insomnio es el peor verdugo que te atrapa y te castiga hasta temprana horas de la madrugada.

    Cuando pague la membresía de un sitio para damas de tercera edad, nunca había imaginado la posibilidad de encontrar una amante, yo solamente quería encontrar amiga con quien platicar, pero cual sería mi sorpresa al encontrar una mujer casada de 60 años que cambiaría toda mi perspectiva y expectativas para estas bellas criaturas a las que llamamos ‘mujer!’ Aquí el relato de una conversación previa a la primera cita en el la marina de la ciudad…

    Buen día paloma

    «No sé porque paloma pero bueno, que importa, el nombre es lo de menos, buen día.»

    Se me ocurrió llamarte Paloma por lo de Palomino en el nombre que aparece en la pantalla.

    «¡Oh! Ahora entiendo, palomino era el nombre de un caballo que cabalgaba hasta hace unos meses.»

    El caballo está bien, o decidiste venderlo; pero si prefieres, puedo llamarte flor lo de azucena antes de palomino. No sabría como combinar los dos nombres: posiblemente, flor-paloma o Paloma de las Azucenas, no sé, paloma sensual?

    «De joven me decían paloma, pero tengo mucho que nadie me ha llamado así, por eso me quede un poco sorprendida cuando me llamaste por ese nombre.»

    Pues entonces sigues siendo joven, ya te dije paloma dos veces.

    «Eso lo sé, eres artista o es que andas muy inspirado con el clima de primavera.»

    Una mujer nunca pierde ni su esencia ni su juventud Paloma.

    “Es correcto, yo moriré joven con muchos años.»

    Se ve y se nota… tienes la esencia y el candor de la flor, eres muy guapa.

    «Gracias. Muy amable.»

    Ya mire tu foto de perfil, tu pelo negro… tu piel morena clara, y tus ojos con esa mira profunda que domina! Ahh

    «La juventud es un estado del ser, y yo soy la juventud y belleza.»

    Uh… eso es profundo también, se oye muy bien, se siente e inspira. Practicas tal filosofía a diario?

    «Si. Es mi idioma.»

    Muy bello lenguaje para una bella dama.

    «Gracias.»

    Ahora veo porque tanto brillo en tus ojos… muy hermosa tu piel!

    «Gracias nuevamente.»

    Prefieres que te busque otro día, parece que no tienes ganas de charlar. No quisiera molestarte, tal vez estas ocupada, o estas charlando con otra persona y yo aquí incomodando con tanta palabrería. Es tarde, mil disculpas, gracias por tu tiempo.

    «A dónde vas, no seas impaciente, veo que te rindes muy fácilmente. Adiós guapo.»

    Gracias a ti Azucena.

    “Me gusta más cuando me llamas Paloma. Cuál es tu nombre?

    Soy Antonio pero mis amigos me dicen Gato.

    «Que interesante, un gato seduciendo una paloma; tanta ironía y tanto peligro, ya es de noche y no tengo sueño.»

    Yo tengo mucho sueño, gracias por tus palabras y por la lección sobre la filosofía de la vida

    «Y si te digo que ahorita estoy boca abajo, sin ropa, así como para que pases un hielo por mi espalda y después, como gato, tú lengua siga el mismo curso…»

    Como la foto donde estas tirada en la arena, como para besarte toda y todo lentamente.

    «Ahora es mucho mejor pues no tengo traje de baño, pero si gustas puede besarme, pero muy despacio, suavemente rozándola, y después un mordisco, y luego la caricia de tu aliento…»

    Así lo haría, así estoy imaginándote, déjame ver la diferencia,

    «No. Solamente quiero que me imagines.»

    Tengo más de 45 midias imaginándote…

    «Mentiroso.»

    Es verdad, en cuanto mire tu foto de perfil me llamo la atención tu mirada pero no sabía cómo mandar el primer mensaje. Tenía miedo, y solamente estaba deseándote, probando tu piel en mi imaginación.

    «Cierra los ojos y siénteme»

    Lo hare.

    «Ahora soy yo la que recorre tú cuerpo.»

    Esta grueso, fuerte, grande, cremoso.

    «Tranquilo. Aún no llegó allí y no pienso hacerlo hasta que pruebe todo lo demás.»

    Entonces espero.

    «Oh… si tienes que ser paciente, porque ya mire tu perfil también, y ésa boca tuya…Aaaaah se antoja morder!»

    Entonces nos vamos a comer a besos.

    «Y no sé cuántas veces me haga volver, mientras vas muevo mi cadera cerca de la tuya para que vayas sintiendo mi sexo húmedo.»

    Si. Así.

    «Recorrer tu cuello con mi lengua y morder él lóbulo de tu oreja, mover mi pecho contra él tuyo y sientas mis pezones erectos y endurecidos.»

    Voy a acarear tú entre pierna: me vuelves loco voy a sentir tu miel mientras te mueves suavemente en mí.

    «No, nada de eso, no me tocaras; y cuando llegue a tú abdomen, mmmmm, cerca muy cerca qué sientas mi aliento, pero solo lo rosare con mis senos y bajaré a tus piernas.»

    Oh. Cruel.

    «Porque?

    Continua

    «Aaaah mis manos acariciando… mmmm tu costado, y ésa boca que me hace regresar, para después voltearte boca abajo subirme en ti y besar toda tu espalda y morderte tus nalgas!»

    Mama mía.

    «Seguirás aguantando? Seguirías…»

    Claro, ya llegara mi turno, y a ver si aguantas tú. Sigue.

    «Jajaja jajaja jajaja travieso, a ver si aguantó que… y bien paso mis manos hacia abajo para poder tomar lo que tanto deseó y llevarlo a mí boca poder lamber todo.»

    Así.

    «Jugar con mi lengua por todo, con movimientos circulares bajar subir succionar. Ah!»

    Eso no voy aguantar mucho eh.

    “Si es así… Mmmmm en este punto has lo que quieras, aunque preferiría subirme en ti y comenzar a moverme muy despacio.»

    Eso está muy bien también, pero hasta este punto me importa poco, ya en ese punto no podría esperar; tendría que tomarte, besarte chuparte poco o mucho. Algo.

    «Haz lo que quieras, o mejor hazme todo entonces, tómame!»

    No te dejo entrar, te tumbo en la cama, y lo tomas, me besas, te pongo boca arriba, te beso y te toco tu concha suavemente.

    «Y luego»

    Te la acaricio mientras jugamos con nuestras lenguas, te abro las piernas y juego con tu clítoris, con tus labios con tu néctar mientras chupo tu lengua y tu saliva.

    «Y me darás a probar de mí, de mí, de mi miel, de mi sabor?»

    Si. Así.

    «Y chupo tus dedos»

    Ohhh eso es muy erótico.

    «Haaaaa! Me encanta y quiero más.»

    Sabor exótico? Prohibido?

    «Prohibido? Para nosotros no!»

    Una delicia, un manjar, chupa mis dedos, saboréalos. Mmmmm qué rico, ahora bésame y dame de tu boca, de tu miel en tu boca y de tu manjar!

    «Tómalo y tómame para poder rodear tu cintura con mis piernas.»

    Así?? Energía e inspiración mirándote a los ojos con tus pies al aire.

    «Sí así y me muerdes los labios, me besas el cuello y los hombros.»

    Tu cuello suavemente mientras acaricio tu concha empapada.

    «Haaaaa ya no puedo más.»

    Porque no si apenas empezamos, es el génesis.

    «Ahhhhh sigue»

    Todavía quiero chupar tus pechos, mamar tus pezones, apretar tus nalgas mientras entro suave y fuerte en tu boca para jugar con tu lengua. Y quiero sentir tu néctar en mis manos, quiero sentir tus nalgas mojadas en mis dedos, quiero que te empapes de tus propios deseos; de tu propio placer, de tu propia miel, y que la miel te corra por las nalgas hasta que moje eróticamente tu otro agujero.

    «Entonces sigue, no te detengas, y baja dé nuevo.»

    Me salgo de tu boca, y te chupo las costillas, tus muslos, y te como salvajemente, y te acaricio con el dedo, para después encajar mis manos en tu cintura, en tus pelvis, en tus muslos!

    «Sí, así sigue, que es hora de entrar en mí, lobo salvaje…»

    Y paso mis manos hacia tus piernas, y lo deseó lo necesitas, y hacia tus pantorrillas mientras mi lengua hace de las suyas, pero todavía no entro, y te sigo masturbando con mis dedos, pero te sigo deseando!

    «Te quiero dentro. Daniel.

    Todavía no. Y no soy Daniel.

    «Ahora.»

    Ahora te aguantas.

    «No. no me castigues, así no!»

    Todavía no es tiempo.

    «Ahora.»

    No. ahora no, tomo tus tobillos con mis manos…

    «Por favor»

    Te beso los pies, te chupo tus dedos, te miro a los ojos, y más te deseo, me deseas, y pongo tus pies en mi pecho para que mires el contraste de tu piel clara en mi piel morena; los beso nuevamente, y te miras impaciente pero te miras sensual, te miras hermosa, te miras deliciosa, y te miras impaciente-enojada!

    «Exactamente.»

    Qué bueno, así me gustas, más. Enojada. Así me seduces, así me atraes, y sigues esperando!

    «Ya no quiero.»

    No me importa. Te tengo en mis manos, y no tienes la fuerza para soltarte, y forcejeas, pero te aprieto con más fuerza, y eso te excita más.

    «Si. Y a ti también»

    Lo que viene te va excitar más, y vas agradecer esperado. Y de un tirón, te doy vuelta en la misma cama, y en el mismo lugar solamente que quedas boca abajo; y te suelto, y ahí esperas: estas en suspenso, y te abro las piernas lentamente, y colaboras, ya no peleas…

    «No.»

    Ya no te quejas, y viajo con mis manos hacia tu cintura, hacia tus nalgas, y te empiezo a levantar lentamente; suavemente, y mientras subes, quedas frágil, quedas indefensa, tus nalgas quedan al viento, tu sexo, tu culo. Eres hembra, y yo como un lobo hambriento, sobre su hembra bajo a tu ser; y huelo tu piel, tus nalgas, tu culo, tu sexo; y me embriago de tu esencia, de tu olor y te chupo todo lo que está corriendo, y te doy una nalgada, y tiemblas… y te doy otra y gimes de placer y te estoy chupando, y te doy dos más en cada nalga, y suavemente dices algo entre dientes y te tomo con las dos manos, y te jalo al filo de la cama y quedas en la posición correcta…

    «Entra. Malvado»

    No, todavía no voy a entrar, es hora de dormir, espero la imagen que te pedí y no me quisiste dar… Buenas noches!

    Continuará.

  • Don Ramón Ríos y sus diecisiete mujeres

    Don Ramón Ríos y sus diecisiete mujeres

    Rubén era un hombre de 30 años, gordito. El día que le tocó la lotería su vida empezó a cambiar. Se compró un local y en él montó un pub en el que puso detrás de la barra, y como anzuelo, a dos brasileñas, Marcia y Flavia. No llegaban a los 20 años y eran delgadas, tetonas, culonas y guapas.

    Un mes más tarde otras dos jovencitas, Graciela, venezolana y Eva argentina que tenían cuerpos de infarto se unieron a las brasileñas detrás de la barra para atender a las docenas de clientes que llenaban el pub Paraíso.

    Una semana más tarde, después de cerrar el pub y haciendo caja, le dijo Graciela a Rubén.

    -¿Sabía que trae loquitas a Marcia a Flavia y a Eva?

    Rubén, se lo tomó a broma. Nunca despertara pasiones entre las mujeres, y por mucho traje de Armani que llevase y mucho perfume caro que se pusiese, no dejaba de ser un hombre corriente.

    -Seguro, y a ti te late el chochito cada vez que me miras.

    -No, pero no me importaría que me lo hiciese latir.

    Rubén le miró para aquel escote que mostraba el comienzo de unas tremendas tetas, y le dijo:

    -No me provoques que soy de los que andan muy necesitados.

    -Hoy, si me deja, le quito las ganas, pero antes le voy a hablar de algo que le puede dar mucho dinero.

    -Soy todo oídos

    -¿Por qué no contrata más chicas para los y las que necesitan sexo?

    -¿Chicas de compañía?

    -Sí, con una docena se forraría. Le darían la mayor parte de sus ganancias. Las probaría a todas. Sería la envidia de sus amigos.

    Ser proxeneta era la gran fantasía de Rubén. Ser proxeneta y que las chicas se enamoraran de él.

    -La idea me gusta, pero, ¿qué ganas tú con esto?

    -Se gana más de meretriz que sirviendo copas.

    -¡Ahí me has dado!

    Acabaron de hacer caja, y le dijo Rubén a Graciela:

    -¿No me ibas a quitar las ganas?

    Graciela le cogió el paquete.

    -Y se las voy a quitar.

    Graciela, se arrodilló, le abrió la bragueta, sacó la polla morcillona, la metió en la boca, y meneándola y mamándola se la puso dura…

    Rubén le bajó las bragas, la levantó en alto en peso, la sentó en la barra, le quitó la camiseta, le comió las tetas y después el coño. Lo estaba haciendo con tanta dulzura que Graciela se sintió amada de verdad por primera vez en sus 19 años de vida. Rubén, sin proponérselo, no la estaba follando, le estaba haciendo el amor y Graciela se estaba enamorando.

    Al rato, Rubén estaba desnudo sobre la alfombra del pub. Graciela, encima de él, lo follaba lentamente. De repente, movió su culo de atrás hacia delante con rapidez, besó a Rubén, y le dijo.

    -¡Te quiero!

    Rubén, le dijo:

    -¿Te vas a correr para mí?

    -¡Azótame el culo con fuerza!

    Rubén le dio con ganas.

    -¡¡Plas, plas, plas!!

    -¡Más, amor mío, más, más y con más fuerza!

    Le dio como la muchacha quería.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    Al ratito, Graciela, exclamaba:

    -¡¡¡Me vengo!!!

    Graciela, retorciéndose de gusto descargó el pequeño torrente de jugo de su corrida sobre la polla de Rubén, pequeño torrente que fue bajando calentito y acabó mojando la moqueta.

    Quince días más tarde, tras unas reformas, el pub Paraíso, pasó a ser el club Paraíso. Ya se necesitaba ser miembro para entrar, y no aceptaban a cualquiera, fuese hombre o mujer.

    Rubén había rebajado tripa, a sus trajes de Armani los acompañaba un sombrero de ala ancha. Era, en porte, el Rick Blaine de Casablanca del siglo XXI.

    Tres meses más tarde, Rubén, se follara a las catorce meretrices que trabajaba para él y a las tres de detrás de la barra. Así las tenía anotadas y puntuadas en su agenda secreta:

    Bao, 19 años, «china», una muñeca diabólica. 10 puntos. Jina, 18 años, «negra», un caramelito. 10 puntos. Amy, «rusa», 20 años, un bombón. 10 puntos. Anna, «sueca», 18 años, un pecado. 10 puntos. Adelina, «portuguesa», 19 años, pasional. 10 puntos. Kinsey, «inglesa», 18 años, un sueño. 10 puntos. Sofía, «italiana», 20 años, una delicia, 10 puntos. Amelie, «francesa», 19 años, pura lujuria. 10 puntos. Elena, 18 años, «española», una hoguera. 10 puntos. Lupe, «mexicana», 18 años, tierna. 10 puntos. Graciela, «venezolana», 19 años, viciosa. 10 puntos. Nicoleta, «rumana», 20 años, juguetona. 10 puntos. Luciana, «colombiana», 19 años, sumisa. 10 puntos. Margot 18 años, «australiana», delicatessen. 10 puntos. Marcia, «brasileña», 18 años, un huracán. 10 puntos. Flavia, «brasileña», 19 años, ensoñadora. 10 puntos. Eva, 18 años, «argentina», un cielo. 10 puntos.

    Todas estaban loquitas por él, y esperaban con impaciencia el día que las llamara para follar, ya que cumplía sus fantasías, desde cogerla por el culo (Graciela) hasta hacer que corriera masturbándola después de una buena sesión de zapatillazos (Bao), pasando por la que le gustaba que le comiera el coño hasta correrse (Amelie), la que le gustaba hacer mamadas y tragarse la leche (Eva), la que le gustaba la lluvia dorada (Amy), o la que le gustaba que le metiese un consolador en el culo y le follase el coño hasta echar por fuera (Kinsey).

    Todo le iba de maravilla. Era el puto amo, pero la vida lo iba a poner a prueba.

    Un día que Rubén salió del pub y se disponía a subir en su Ferrari, se le acercó una gitanilla muy hermosa y muy mal vestida, de estas que andan a pedir, y le dijo:

    -¿Te hecho la buenaventura, payo?

    -Buena ventura ya tengo, en todo caso me echarías la mala.

    -Pos dame un euro que tengo que dar de comer a mis churumbeles.

    -¿Que son los churumbeles?

    -Mis hijos, payo.

    A Rubén le cayó bien aquella gitanilla, tan hermosa como mentirosa, pues tenía una cara de virguito que tiraba para atrás. Quitó la cartera, sacó un billete de 50 euros y se lo dio.

    -Toma. Cómprate un vestido, que los hijos aún te los tienen que hacer.

    La gitanilla, con una sonrisa inmensa en los labios, le dijo:

    -Déjame ver la palma de tu mano, payo. Si hay algo malo en tu futuro no te lo diré.

    Rubén, le enseñó la palma de la mamo, y le dijo:

    -Tengo curiosidad por saber que te inventas.

    La gitanilla le miró la palma de la mano, y le dijo:

    -No eres de aquí. Tienes 30 años. Eras gordito no hace mucho. Hay mucho amor en tu vida. Diecisiete mujeres suspiran por ti. Eres un hombre muy rico y aún lo vas a ser mucho más. Veo tres churumbeles en tu vida, una niña y dos niños. La madre será…

    La gitanilla se asustó con lo que vio y le soltó la mano. Rubén, le preguntó:

    -¿Quién va a ser la madre de esas criaturas?

    -Algo fue mal payo, algo fue mal.

    Rubén pensó que quería más dinero. Quiso sacar la cartera y ya no la tenía. La gitanilla era una carterista de primera. Quitó la cartera de su refajo y quiso devolvérsela.

    -Quédatela, pero dime quien va a ser la madre de mis hijos.

    -Ya te dije que algo fue mal, payo.

    -¿Pero a quién has visto? ¿Quién era esa mujer?

    -Yo.

    Rubén miró para la gitanilla, era preciosa, pero tenía la cara sucia. Su vestido no se sabía cual fuera su color original, y los dedos que salían de sus sandalias estaban que daban pena.

    -Tienes razón, sufriste una interferencia. Por cierto, lávate, que el agua es gratis. -se tocó el ala del sombrero- Que tengas un buen día.

    La gitanilla bajó la cabeza, avergonzada, Rubén subió en su Ferrari, arrancó y se fue, miró por el espejo retrovisor, vio a la gitanilla, y dijo:

    -Lo raro es que al principio lo acertara todo. En fin, no creo que la vuelva a ver.

    Pasaban los días y Rubén no se quitaba a la gitanilla de la cabeza. Hizo algo que pensó que haría que se olvidara de ella. Hacer que se corrieran las catorce meretrices que tenía a su servicio, las dos cubanas y la argentina que atendían el bar. Cerró el club por una noche, se tomó una viagra, y media hora después, les dijo:

    -Quiero, que os desnudéis, os comáis los coños y juguéis entre vosotras hasta estar a punto, y cuando estéis me montéis y me llenéis los cojones de jugo. Quiero ser el primer hombre que hace correr a diecisiete mujeres en una tarde.

    No hubo preguntas. Lo que don Rubén decía iba a misa.

    Entre catorce apartaron las mesas y las sillas y dejaron un gran espacio en la moqueta. Marcía, Flavia y Eva pusieron música de ambiente para hacer lo que hacía tiempo deseaban hacer, darse el lote con sus amigas.

    Rubén se desnudó y se sentó en una silla. Bao, la chinita se echó boca arriba. Sofía la italiana le comió la boca. Adelina la portuguesa, le comió el coño. Marcia y Flavia, las brasileñas, le comieron una teta cada una. Jina, la negra, por detrás le comió el coño a Sofía, Anna, la sueca, se lo comió a Flavia. Luciana la colombiana, se lo comió a Anna. Lupe, la mexicana, se lo comió a Amy, la rusa, y Amy a Adelina, Graciela, la venezolana a Luciana. Nicoletta, la rumana a Margot, la australiana. Elena, la española a Nicoletta. Kinsley, la inglesa a Elena, Amy a Kinsley, y Kinsley a Amelie, la francesa, y Eva, la argentina se lo comía a Amelie…

    Rubén meneaba la polla sintiendo como gemían y viendo cómo se comían los coños y los culos, como se besaban, como se masturbaban…

    La primera en estar a punto fue Bao, la chinita, que les dijo a sus cuatro amantes:

    -I am ready to cum.

    Bao, se levantó, fue junto Rubén, se sentó sobre su polla, rodeó su cuello con sus brazos, lo besó. Movió una docena de veces el culo alrededor, y echando la cabeza hacia atrás, le dijo:

    -¡¡¡I am cuming!!!

    La chinita se corrió como una loba, anegando los cojones de Rubén con el jugo de su corrida, después de ella empezó un rosario de viajes sobre a su polla. Unas se corrieron jadeando como perras, otras chillando como conejas, y otras, simplemente gemían, pero todas tuvieran orgasmos inolvidables.

    Cuando acabaron de follar se veía una charca sobre la moqueta, pues era tanto el jugo que echaron que no pudo chuparlo todo.

    Rubén, después de correrse dentro de Jina, se volvió a acordar de la gitanilla y se le fueron las ganas de follar. Les dijo a sus empleadas:

    -Tengo algo que hacer, seguir. Que no decaiga la fiesta. Hay barra libre.

    Dejó a sus enamoradas comiéndose vivas. Al salir a la calle se volvió a encontrar con la gitanilla. Estaba limpia y con un vestido nuevo. Era preciosa. Era una diosa morena.

    Y hasta aquí puedo llegar. Este es un relato que escribí para Rubén Ríos.

    Tú le pones el final, amigo.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Milagros

    Milagros

    I

    De lejos la vi, lento caminaba,
    pues este calor hacía que sudara. 
    Su piel era morena, reflejaba, 
    refulgía del sol; redonda, su cara. 
    Cuando me aproximé, ella se 
    tocaba
    sus dos pechos bajo su blusa clara;
    el sostén le apretaba y se lo quitó. 
    ¡Tal visión de pezones fue!, me turbó.

    II
    Me acerqué a ella y le pregunté su nombre:
    «Milagros», dijo, «da el tuyo, atrevido.»
    Alegre y risueña era; no os asombre,
    que me he empalmado cuando su voz he oído:
    «Me llamo Diego»; «Umm, masculino, de hombre,
    ¿qué quieres, señor Diego, estás salido?»;
    «Transparentáronse, vi tus encantos, 
    gozar de ellos deseo sin atragantos.»

    III
    La invité a churros; ella los mojaba
    en chocolate caliente y viscoso. 
    En su boca los metía y me miraba, 
    manchada su boca, rostro jocoso. 
    Su lengua por sus labios repasaba:
    «Umm, rico está el churro, no seas celoso, 
    que el tuyo más tarde también probaré, 
    mejor tendrá que ser, ¡qué hambre, me hincharé!»

    IV
    Paseamos juntos; yendo de camino; 
    y su ancha cadera rozó con la mía, 
    el vaivén de su culo, ¡ay, qué divino! 
    Pensé su desnudez, y me dió alegría:
    su blanda carne tiembla y mi pepino
    traspasa su coño: así me correría, 
    en su caliente urna amorosa abierta;
    unido a cuerpo de hembra, así me vierta. 

    V
    Fuímos a un hotel, tomé una habitación. 
    Vamos, nos besamos en el ascensor. 
    Abrí la puerta y entramos con decisión. 
    Milagros se descalzó: «Ven, follador», 
    me ordenó, la falda cayó de un tirón. 
    Su chocho velludo mostró sin pudor. 
    Su camisa desabroché y la tumbé. 
    Saqué mi polla y en el colchón la follé. 

    VI
    «¡Ay!», chilló, «¡Ah!», exhaló, «Hombrón, vaya cipotón.»
    Sus tetas mordí, suaves y calientes: 
    «Milagros», murmuré, «tú eres un bombón»;
    «Dame más, Diego, más», pidió entredientes;
    «Te doy, Milagros, qué me gusta, un montón»;
    «¡Ah, Diego, ah!»: que oí sus gemidos ardientes, 
    que derramé en su coño todo mi ser, 
    en su grieta honda y mullida de mujer.

    VII
    Debi quedarme dormido al instante, 
    mis recuerdos ahí nublados quedaron. 
    Y me despertó una caricia, no obstante, 
    en la punta de mi glande: bastaron
    sentir humedades, baba chorreante, 
    calentura de lengua; me indicaron
    de Milagros mamada mañanera:
    «Me corro»; «¡Umm!, dame tu corrida entera.» 

    VIII
    De mi polla, sedienta, el semen sorbió:
    se deleitó dando suaves lametones;
    Suspiró de placer, y a mí me rindió. 
    Dijo: «Hoy, umm, desayuno, umm, de cuajarones, 
    ¡lo que más me gusta!». Después me pidió:
    «Cómeme el coño», y lo hice, ¡qué cojones!:
    parecía que moría, fue delicioso:
    «¡Ay, Diego, ay, oh, ah, sí, qué lengua tuya, ay, oh, de oso!» 

    IX
    Milagros miró el rejoj: «Me he de marchar.»
    Saltó de la cama y quedé alucinado.
    Pensé: «Vaya tía me acabo de zumbar,
    tetas rollizas, culo bien plantado,
    cara bonita, con ella me he de atar.»
    «Milagros, ¿llamarte puedo?»; «¡Qué osado!
    ¿me querrás o sólo piensas en follar?»;
    «Milagros, contigo me quiero casar.»

    X
    Playa paraíso, noche calurosa;
    viaje de novios, seguimos el hilo;
    arena tan fina, la mar espumosa;
    Milagros me la chupa con sigilo. 
    Su cabeza en mi regazo revoltosa
    baja y sube, sube y baja; y vigilo
    que no nos molesten; sintiendo el roce
    de sus labios sobre mi polla, ah, oh, y mi goce.