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  • Viaje de negocios con mi jefe (Primera parte)

    Viaje de negocios con mi jefe (Primera parte)

    Mauro es un hombre maduro que impone con sólo mirarle, es un hombre extremadamente reservado, frío y calculador, pero luego está su físico, es alto, de tez apiñonada, ojos verdes, cabello castaño claro siempre en su lugar, y un cuerpo tan bien esculpido que aparenta todo menos cuarenta y tantos, y si a todo esto le añadimos un par de líneas de expresión en su frente que lo hacen lucir bastante interesante, podríamos decir que estamos frente a un monumento de hombre.

    Conocí a Mauro el día que me entrevistó para el trabajo que hasta el día de hoy conservo, había pasado 3 filtros de entrevistas y estaba segura de que obtendría el empleo, no consideré lo contrario hasta el momento en que lo vi, atravesó la puerta de la sala de reuniones con un semblante serio y saludando con un apretón de manos firme, al tomar asiento dijo lo que menos esperaba.

    -¿Has visto la película de Iron Man?- preguntó con curiosidad mientras se sentaba frente a mí.

    -Si- respondí un tanto extrañada, por lo que él prosiguió.

    -Necesito una Pepper en mi vida- manifestó con mucha seguridad.

    No pude evitar sonrojarme por el desenlace de la pareja en la película, y aparentemente él se había percatado tanto de mi reacción, como de lo que había dicho. Por lo que sintió la necesidad de aclararlo.

    -Me refiero al ámbito laboral… quiero decir… estoy felizmente casado y tengo dos hijos- puntualizó disimulando la incomodidad.

    Luego de esa pregunta, mis respuestas se volvieron un desastre, no podía quitarle los ojos de encima, y tampoco podía disimular mi atracción por él, solamente pensaba en comérmelo, desafortunadamente, acababa de dejar en claro que eso no iba a suceder y eso me frustraba de sobremanera, una hora después, salí un tanto derrotada del lugar.

    No contemplaba la posibilidad de que me llamaran de nuevo, para mi suerte, no abundan mujeres políglotas que se dediquen a las relaciones públicas. Mi trabajo consiste en hacer y saber un poco de todo, desde negocios, compras, relaciones públicas, administración, comunicación, historia, política, etcétera.

    Luego de 3 años, me había convertido en la mano derecha de Mauro, y todo gracias a la genial idea de hacer una agenda sobre cada cliente que tuviera la empresa, una agenda que me decía qué preguntar a cada uno de ellos, su familia, sus vacaciones, su estado de salud, el de su esposa o hijos. Inclusive los nombres de todos y cada uno de sus allegados. Era una manera práctica de conectar con nuestros clientes y Mauro estaba encantado con la iniciativa.

    Todo este tiempo mi atracción por Mauro se había calmado, y sentía un enorme respeto hacia su persona y su empresa, él sigue siendo igual de reservado en cuanto a su vida personal, pero en lo laboral, lo sé todo, cada movimiento, cada negocio, inclusive lo he apoyado en muchas de sus labores, por lo que la confianza ya es mutua. Pero aun así, sigue siendo mi jefe, y era todo un logro haberme mantenido a raya tanto tiempo.

    Un día, las cosas simplemente pasaron a ser diferentes, a pesar de la seriedad de Mauro, nunca ha sido un hombre malhumorado. Era lunes por la mañana y yo había tenido un fin de semana agitado, vamos que también tengo una vida social, no suelo ser impuntual, pero ese lunes mi cuerpo me impedía despegarme de la cama, por lo que me retrasé para llegar al trabajo. En el momento en que entré a la oficina, me cuestionó con tono molesto.

    -¿Qué horas son estas de llegar Fanny? ¿Dónde carajos te habías metido?, ¡llevamos casi 15 minutos de retraso para la reunión!- dijo con un tono de voz fuerte y muy irritado.

    Me limité a disculparme por la tardanza, aunque me ofendió un poco el tono en el que me había hablado, aquello pasó a segundo plano cuando observé que no traía su argolla de matrimonio. Soy una persona bastante observadora, tenía varios años de conocerlo y jamás se la había quitado, por lo que mi mente empezó a maquinar una infinidad de teorías para explicarlo, y en ninguna de ellas saltó la posibilidad de haberla olvidado. Al salir de la reunión, me espetó un poco alterado.

    -Alinea mi agenda con la tuya, atiende todas mis reuniones y llamadas, no quiero que nadie me moleste durante la semana, y por nadie me refiero a absolutamente nadie, ¿de acuerdo?- soltó con un dejo de molestia.

    Solamente afirmé con la cabeza, pensando ¿a dónde rayos habían ido su temple y sus modales? Todo parecía indicar que los había dejado junto a su argolla de matrimonio. Atendí todas sus reuniones, llamadas, almuerzos y comidas, mientras Mauro se limitaba a estar en su oficina, mi oficina está contigua a la suya, pero esta vez no lo escuchaba hacer nada, no hablaba por teléfono, no ordenaba comida, no salía a su hora, no sabía lo que hacía, y así fue por un par de días más.

    Para el jueves por la tarde, me encontraba llegando exhausta a mi oficina, había tenido reuniones toda la mañana, y aún tenía algunos pendientes que atender. Llegué cansada a quitarme las sandalias y el blazer para trabajar más cómoda, había olvidado al jefe malhumorado que se encontraba al lado, sólo quería terminar e irme a casa, de pronto, se escuchó la puerta de su oficina. Segundos después, entró a la mía sin siquiera tocar la puerta y con un semblante más tranquilo, en lo único en lo que podía pensar es en que no me había dado tiempo ni de ponerme las sandalias.

    -¿Qué haces aquí?- preguntó un poco extrañado y con voz áspera.

    -¿Terminando mis pendientes?- enfaticé a modo de pregunta/respuesta con el mismo tono distante que él había utilizado al inicio de la semana a la vez que le lanzaba una mirada fría. Por un instante tuve la sensación de haber sonado algo grosera.

    -Vengo en son de paz- dijo entre dientes mientras alzaba las manos en señal de rendición. -sólo quería disculparme por estos últimos días- prosiguió con un gesto de arrepentimiento.

    Al alzar sus manos, observé que su argolla continuaba brillando por su ausencia, por lo que no tuve más remedio que ofrecerle una sonrisa.

    -No te preocupes, puedo entenderlo- realmente no podía entenderlo del todo, ¡pero vamos, que algo estaba pasando!

    -¿Tienes planes para este fin de semana?- indagó con su mano en la cabeza, como si fuera a rascarse, tuve el presentimiento de que sólo la estaba ocultando, pareciera que se hubiera dado cuenta de lo que yo intuía acerca de la sortija.

    Sabía que en su agenda había un viaje a Las Vegas para el viernes, había dos pasajes de avión comprados, pero yo no lo tenía anotado en mi calendario, seguramente aprovecharía para llevar a su esposa, pasa todo el tiempo cuando los compromisos son más sociales, en esta ocasión no me había atrevido a preguntar acerca de eso, por lo que sólo respondí negando con la cabeza.

    -Bien, no los hagas, has los arreglos necesarios para ir a Las Vegas este viernes- dijo recuperando su tono serio de siempre.

    -Sí, señor- espeté como de costumbre. Por lo menos su cólera había desaparecido.

    -Y ya deja el trabajo, descansa un poco que nos espera un fin de semana largo- concluyó mientras salía por la puerta de mi oficina.

    Como no me permitieron cambiar el nombre del boleto de avión, cancelé ambos, y compré dos en un vuelo diferente, revisé el hotel donde se iba a hospedar, no había habitaciones disponibles, por lo que reservé en otro hotel. Tomé mis cosas y me fui a casa con la intención de meterme en la bañera con una enorme copa de vino e ir a dormir como si no hubiera un mañana, estaba muy agotada, y pensar que esto era lo que Mauro había hecho toda su vida por su compañía. Aunque él tiene una enorme ventaja, no tiene que llevar sandalias de tacón.

    Me desperté recargada de energía y un tanto pensativa, tenía dos llamadas perdidas de Susana, la esposa de Mauro, no sabía si era correcto regresar la llamada, por lo que lo postergué y me dispuse a ir al gimnasio, terminé mi rutina en una hora con 20 minutos, sólo para regresar a casa a ducharme y hacer la maleta, tenía tiempo de sobra, por lo que decidí almorzar y llegar a la oficina temprano.

    Al llegar a la oficina, Mauro se veía más fresco que nunca, nuevamente en mi desidia de decirle sobre las llamadas de su esposa concluí que lo mejor sería no hacerlo. Me di a la tarea de utilizar las “influencias” de Mauro para reservar una habitación en el Grand, pero mis intentos fueron en vano, acabé con algunos de los pendientes que había dejado a medias el día anterior y partimos al aeropuerto. No era la primera vez que viajaba con Mauro por negocios, pero sin duda era la primera vez que hacía un cambio de planes tan drástico.

    De camino al aeropuerto lo noté pensativo, por lo que me animé a cuestionar si se encontraba bien, a lo que simplemente respondió.

    -No quiero hablar al respecto, ¿Pudiste reservar otra habitación en el Grand?- interrogó intuitivo.

    -No, desde hace meses no tienen disponibilidad de habitaciones, intenté hablar con el manager pero… -cuando de pronto me vi interrumpida.

    -Te he dicho que siempre lo pidas de mi parte- dijo con aire presumido y sacando su teléfono celular del bolsillo.

    No tenía muchas ganas de discutir y decirle que realmente lo había intentado, pero que mis esfuerzos por hablar con la gerencia del hotel no fueron fructíferos, por lo que respondí con una sonrisa poniendo los ojos en blanco.

    Luego de hacer una llamada telefónica, todo estaba arreglado y mágicamente tenía una suite en el Grand, al lado de la de Mauro. Con un problema menos, el camino al aeropuerto no fue más que silencio, mi pregunta había creado cierta incomodidad que se sentía en aire.

    Ya en el avión, preparados para despegar, su teléfono sonó, era Susana, apenas miró la pantalla, colgó la llamada y puso el móvil en modo vuelo. Inmediatamente mi celular comenzó a timbrar, le mostré la pantalla a Mauro, no dijo nada y se limitó a negar con la cabeza en señal de que no tomara la llamada, obedecí y colgué, acto seguido, mi teléfono también estaba en modo vuelo.

    Durante el vuelo, la azafata se acercó a nuestro lugar para ofrecernos bebidas, yo pedí un vaso con agua, o al menos eso pretendía cuando Mauro me interrumpió para pedir dos whiskeys en las rocas mientras me miraba con un aire cómico, me parecía todo menos cómico, no bebo en horas de trabajo, y nunca le he visto el lado correcto por lo que se lo hice saber.

    -No me gusta que me vean tomar en horas de trabajo- le dije en voz baja mientras la azafata servía las bebidas.

    -Si quieres me puedo tapar los ojos- susurró en tono burlón con dirección a mi oído, lo que me provocó una risa ahogada a la par que ponía mis ojos en blanco.

    -Vamos que tienes el permiso de tu jefe- dijo divertido mientras la azafata le entregaba los tragos y ponía uno en la mesita de mi asiento.

    La verdad es que no me caía nada mal, por lo menos me serviría para liberar tanta tensión que mi pregunta incómoda y las llamadas de su esposa habían creado en el ambiente, le di un sorbo a mi vaso y lo regresé a la mesa. Al fijar la mirada en Mauro, su whiskey había desaparecido y ya estaba pidiendo otros dos. Todo parecía indicar que también planeaba borrar aquella tensión, después del tercer trago, habló.

    -Gracias por todo el apoyo esta semana- soltó sin más con un semblante duro en su rostro.

    -Sin problema, ¿está todo bien?- indagué un tanto insistente, estaba demasiado intrigada como para no preguntar.

    Sus palabras me dejaron petrificada, había encontrado a su esposa con otro hombre, no me hizo saber los detalles, apenas y pudo articular las palabras le dije que lo sentía mucho e inmediatamente me arrepentí de mi insistencia.

    -¿Y cómo lo llevan tus hijos?- pregunté para cambiar un poco el rumbo y humor de la conversación.

    -No sabría decirlo, no he regresado a casa desde entonces- argumentó con un dejo de dolor apretando su mandíbula. El silencio reinó por algunos segundos. -Por cierto, programa una reunión con mi abogado a primera hora del lunes- espetó recuperando su acento profesional.

    Tomé el móvil para hacer la anotación y las 2 horas restantes del vuelo hablamos sobre el itinerario del viaje. Al aterrizar, la limusina del hotel nos esperaba en el aeropuerto, por lo que tomamos nuestras maletas y abordamos el vehículo. De camino al hotel, Mauro comenzó a interesarse por otros asuntos más personales.

    -¿Qué te gustaría hacer en Las Vegas?- preguntó curioso mientras me observaba atento.

    La cuestión por si misma me dejó sin palabras, no entendía a qué venía el interés tan repentino. No era la primera vez que visitaba la ciudad, la había visitado tanto por negocios como por placer, por lo que no había mucho que me llamara la atención, entre casinos y lugares concurridos, realmente no estaba en mi ciudad de ensueño, así que decidí improvisar.

    -A veces lo único que se me antoja es conocer la otra cara de la ciudad- dije intentando evadirlo y sonar sensata a la vez.

    -No intentes evadir las preguntas conmigo Fanny, yo te enseñé eso- concluyó intimidante.

    ¿Qué demonios esperaba que le respondiera?,¿que tenía unas ganas enormes de comérmelo? Me encontraba entre la espada y la pared con su curiosidad. Pero pensé en una respuesta ideal para satisfacer su sed de conocimiento.

    -De hecho, habrá un concierto privado de mi banda favorita en el hotel Sam’s Town- repliqué triunfante y satisfecha.

    -Y… cuando es ese concierto? Cuestionó aún más interesado.

    -Sinceramente, lo olvidé en el momento en que vi que las entradas no se ajustaban a mi presupuesto- manifesté apenada. Mauro soltó una risotada repentina.

    -¿Me estás queriendo decir que no te pago lo suficiente?- cuestionó divertido.

    -Para nada, todo lo contrario, sólo que tengo un amigo que se dedica a las bienes raíces y está por poner en venta unos departamentos exclusivos, por lo que he estado ahorrando para comprar uno-.

    -¿Qué tiene de malo donde vives ahora?- inquirió mirándome a los ojos.

    -No tiene nada de malo, simplemente es mucho espacio para mí- argumenté en mi defensa, por supuesto que no iba a decirle que era un residencial familiar, y que los vecinos comenzaban a hablar de la vecina que llevaba hombres y mujeres por igual a altas horas de la madrugada. Por no decir de las esposas celosas que me clavaban sus miradas como si fueran puñales, probablemente pensaban que robaría a todos los maridos de los alrededores, cosa que sí que había hecho en algunas ocasiones, pero vamos que no había obligado a ninguno.

    -Y… ¿qué tiene de bueno donde quieres vivir ahora? cuestionó persistente, como si quisiera presionarme.

    -Se acomoda más a mis necesidades actuales, son pisos para una sola persona, tienen piscina, gimnasio y todo un centro comercial en el subterráneo, por si me apetece comprar algo de emergencia, no cocinar o ir a beber algo- dije con un aire de satisfacción.

    -¡Ya! ¿Todo un paraíso para solteros no?- alegó incrédulo.

    -Mmm algo así- expresé apenada. No esperaba que sonara de esa manera, pero realmente estaba deseando vivir en ese piso.

    -Con mi situación, igual y te pido el móvil de tu contacto- manifestó con vehemencia.

    No me lo creía, mira que hacer bromas cuando el asunto es tan reciente es de preocuparse, pero me preocupaba más que hablara en serio. Nos echamos a reír unos segundos, cuando sus palabras siguientes me nublaron la razón.

    -Averigua cuándo es ese concierto, yo invito, y asegúrate de comprar una entrada para mí también- afirmó con mucha seguridad.

    ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Interés repentino?, ¿Invitándome algo?, vamos que me había hecho regalos antes, pero no pasaba de decirme el día de mi cumpleaños que me comprara algo lindo a su cuenta, jamás se había molestado en saber mis gustos o algo más allá. Me sentía, más que halagada, bastante confundida.

    Me limité a sonreír y cambiar la conversación lo que restó del camino. Llegamos al hotel, saludamos al gerente que jamás atendió mis llamadas y abordamos el elevador.

    -Bien, son las 3 de la tarde, tenemos una cena a las 7, ¿Cuál es tu plan?- preguntó con su ya trillado acento profesional.

    -Enviar mi vestido a la tintorería, ordenar algo para beber y tumbarme un rato en el jacuzzi de la habitación- dije despreocupada.

    -Suena como un plan- espetó entusiasmado.

    No entendí exactamente lo que quiso decir, por lo que llegué a mi habitación y le pedí al mozo que esperara para que se llevara mi vestido a la tintorería, se retiró e inmediatamente me saqué toda la ropa y me envolví en una bata del hotel, me dirigía hacia el jacuzzi cuando vi a Mauro entrando en bañador a mi habitación, lo primero que pensé fue ¿en qué momento había entrado?, ¿había dejado la puerta abierta?, ¿qué rayos hacía con un bañador puesto? Luego de la sorpresa inicial, mis ojos se desviaron para apreciar cada centímetro de su cuerpo, se le veía tan… perfecto, definitivamente una portada de revista no le hacía justicia a este hombre, su abdomen marcado, su pecho erguido, sus bíceps definidos y unos oblicuos que me invitaban a imaginar lo que se escondía bajo el bañador, podría jurar que había imaginado un millón de situaciones con él, pero ninguna como la que tenía frente a mí.

    Estaba simplemente tan concentrada en admirarlo que no me percaté que si yo le veía, él también podía verme, inmediatamente sentí un calor abundante en mi rostro, lo que me permitió darme cuenta que estaba sonrojada, mi primera reacción fue ir a la maleta, tomar mi bikini de emergencia y correr al sanitario, por Dios, estaba segura que se había dado cuenta de mi reacción. ¿Qué pensaba entrando así? Recapitulando en mi mente resonaron sus palabras -suena como un plan-, ¡por supuesto que sonaba como un plan! Y al parecer yo era la única que no estaba enterada. Fui al lavamanos a empaparme el rostro que ya para ese momento ardía, estaba tan roja como un tomate, luego de controlarme un poco procedí a cambiarme, me puse un diminuto bikini de dos piezas color blanco que no dejaba mucho a la imaginación, menos mal que siempre cargo uno cuando salgo de viaje, pensé, respiré profundo un par de veces, me remojé el rostro nuevamente, y me volví a poner la bata de baño para salir del servicio.

    Salí del sanitario directo al teléfono de la habitación para ordenar algo de vino, mientras que Mauro se encontraba merodeando en el área del jacuzzi con el objetivo de prepararlo, todo parecía indicar que él tenía un plan bastante definido, generalmente soy yo la que hace esos planes, la que toma la iniciativa y crea confusión, no al contrario, por lo que me descubrí bastante intimidada. Para el momento en que se alejó del jacuzzi yo no sabía cómo actuar, por suerte me salvó el timbre de la puerta, el vino había llegado. Mauro se acercó a la puerta para recibir el vino, mientras yo me dirigí al jacuzzi corriendo, me deshice de la bata y me sumergí de golpe.

    Observaba como Mauro se dirigía a la cocina, tiene unas piernas bastante torneadas, pensé para mis adentros, tomó dos copas y la cubitera con la botella de vino dentro, la instaló en el jacuzzi y sirvió las copas a tope, inmediatamente me pasó una de ellas, acto seguido, le di un largo sorbo a la mía, por fin, mi lubricante social por excelencia, tenía la ligera esperanza de que el vino surtiera efecto y pudiera desinhibirme un poco, le di otro sorbo pequeño y la recargué en el jacuzzi, no pude evitar ver que Mauro me observaba expectante, me sentía bastante intimidada, tanto por la situación como por su mirada, de pronto se sentó en la orilla y se metió de golpe.

    -¿Pasa algo?- cuestionó Mauro repentinamente mientras le daba un sorbo a su copa.

    -Todo bien- aclaré al instante.

    Mis pómulos comenzaban a sentirse adormecidos, el vino estaba haciendo su trabajo y moría de ganas por ir al servicio. Tomé un largo trago de mi copa nuevamente, se había terminado, Mauro me extendió la mano en señal de que le tendiera la copa, se la di y me levanté del jacuzzi de espaldas a él, podía sentir su mirada, había mucha tensión en el ambiente y por lo visto, en mi entrepierna también, finalmente me disculpé para ir al sanitario y no pude resistirme a mirar hacia atrás, me miraba el culo mientras se mordía el labio inferior, al parecer no dudaba en hacerme saber lo que quería, por lo que sonreí y cerré las puertas del servicio.

    Para ese momento estaba más que claro que pasaría algo entre nosotros, pero mi cabeza no dejaba de darle mil vueltas a la situación, su situación en particular, mi empleo, ¿y si luego se reconciliaba con su esposa y yo salía sobrando?, y no me importaba el hecho de que lo hicieran, me importaba mi empleo, y mucho, luego de reflexionar un poco, tomé aire y salí del servicio. Al salir, Mauro continuaba mirándome, no reparaba en recorrerme con la vista, tenía muchas ganas de comérmelo, y aparentemente era mutuo. Me senté para introducir primero los pies en el jacuzzi, apenas me disponía a meterme por completo cuando Mauro se inclinó y se puso de rodillas aún dentro del jacuzzi y me detuvo por la cintura.

    -Espera, ¿no habías dicho que no llevabas tatuajes? Indagó sorprendido.

    -Lo has dicho bien, no llevaba- solté una risita traviesa.

    -Conoces muy bien las políticas de la empresa Fanny- dijo intentando sonar decepcionado pero con un dejo de asombro imposible de ocultar.

    Las políticas de la empresa, por no decir que las de Mauro no me lo permitían, pero vamos que no estaban en un lugar muy visible para mi trabajo, llevaba uno en el costado derecho a la altura de las costillas, una sola palabra, pero de tamaño considerable, y otro más en el lado izquierdo de la espalda media, una frase completa en horizontal acompañada de los planetas del sistema solar sobre la columna vertebral.

    -Ya, pero las políticas de la empresa dictan un código de vestimenta que sigo al pie de la letra y jamás los he mostrado- puntualicé un tanto triunfante.

    Mauro observaba el de mi costado cauteloso a la vez que rosaba mi piel con las yemas sus dedos, la sensación me humedeció por completo.

    -Tendremos que tomar medidas más estrictas al respecto- dijo mientras me jalaba por la cintura a su cuerpo y rozaba mi cuello con sus labios, comenzó con delicados besos mientras subía hasta mi mandíbula, me tenía, estaba pasando y no había manera de escapar. Pero en mi cabeza resonaban mil interrogantes. Mauro se percató de mi distracción, se detuvo y preguntó:

    -Fanny, ¿segura que estás bien con esto?, si no lo estás, me retiro en el momento en que lo digas, hablo en serio- manifestó con un dejo de inquietud.

    -Estoy bien, es sólo que… no sé qué va a pasar si cruzamos esa línea, tu sabes… no quiero perder mi empleo, me gusta mucho lo que hago- expliqué preocupada.

    -¿Y quién demonios te está diciendo que vas a perder tu trabajo?, independientemente de esto, trabajo es trabajo, y tú sabes de sobra que yo no lo mezclo- espetó con franqueza a la vez que se acercaba pera abrirse paso entre mis muslos.

    La verdad es que tenía razón, siempre había separado su vida personal de su empresa, con excepción de esta semana, aunque podía entender que estaba atravesando una situación bastante difícil, de alguna manera me convencí a mi misma de que hacía lo correcto, Mauro prosiguió con los roces de sus labios por todo mi cuello mientras aferraba una de sus manos a mis caderas y paseaba la otra por mi entrepierna, mis gemidos no se hicieron esperar.

    -Sabes que tienes el permiso de hacer lo que quieras ¿verdad?- me dijo entre besos al oído con su voz más seductora.

    De pronto ya no pude aguantar más, volteé mi rostro un poco para encontrarme con sus labios y me dejé llevar, mientras le besaba, Mauro tiró de mis caderas, me acomodó en su regazo y se sentó en el jacuzzi, podía sentirlo, estaba tan duro y exquisito que instintivamente comencé a hacer un vaivén con mis caderas para complacerme un poco, mi excitación era más que evidente, entre besos se me acercó al oído con respiración entrecortada.

    -Tómalo con calma nena, no llevamos prisa- susurró mientras daba pequeños mordiscos al lóbulo de mi oreja.

    Si supiera que yo llevaba más de 3 años esperando ese momento, entendería mi prisa, pero bueno, que me tenía a la expectativa, y la sensación me encantaba. Pasó sus manos de mis caderas a mi cintura, y subió discretamente a mi espalda para jalar los cordones de la parte superior de mi bikini con la intención de sacarlo de tajo, al descubrir mis pechos, tomó uno entre sus manos a la vez que lo apretaba con firmeza, acercó su boca al otro, comenzó con ligeros roces de su lengua en mi pezón rosado ya muy duro por la situación y de un sólo mordisco lo introdujo en su boca mientras succionaba de a poco.

    La situación me tenía muy húmeda y desesperada, pero me limité a disfrutar aquello que me ofrecía, paseaba sus manos por todo mi cuerpo mientras me comía las tetas a su antojo, me besaba el cuello y los hombros hasta aterrizar nuevamente en mis pechos, lentamente me dejé ir en un mar de sensaciones que nublaron todos mis sentidos, estaba completamente extasiada, pero quería más, lo quería dentro.

    Luego de una pausa para reincorporarme del delicioso primer orgasmo de un día que sin duda prometía muchos más, él sólo observaba, confiado en sus habilidades, satisfecho por su logro, me incorporé a su regazo para besarlo y volver a empezar el jugueteo, apagué el jacuzzi y esta vez el silencio fue mi perdición, el sonido de los ligeros movimientos del agua combinado con sus besos me puso a mil nuevamente, por donde quiera que pasaba sus manos sentía un ligero cosquilleo, era el juego previo más largo de mi vida, pero lo estaba disfrutando en grande.

    Busqué en su entrepierna algo a lo que pudiera aferrarme, cuando lo encontré lo tomé con mis manos y comencé a darle masaje, su cara me dejó saber que lo estaba disfrutando, y su instinto le llevó a sentarse en la orilla del jacuzzi con las pantorrillas aún en el agua, sabía perfectamente lo que yo estaba buscando, me acerqué a su entrepierna y le descubrí su grande, delicioso y respingado miembro, acerqué mi lengua lentamente a su glande y comencé mi trabajo, estaba delicioso, mientras mi boca lo deleitaba, con mis manos deshice los nudos de la parte de abajo de mi bikini, y me deshice de mi pequeña prenda.

    Me puse a cuatro con la intención de que mi culo saliera a flote, Mauro tardó en darse cuenta, estaba demasiado concentrado empujándome contra su verga para atragantarme, me encantaba la sensación, cuando se percató me dio una fuerte nalgada que resonó en toda la habitación, esto me puso a mil y alimentó mis ganas de seguirlo complaciendo, de manera simultánea me masturbaba bajo el agua mientras paseaba mi lengua por en medio de sus testículos y le recorría toda su longitud, al llegar a la punta, abría mi boca para dejarla pasar, hice esto por un largo rato, de cuando en cuanto volteaba a ver su cara de placer, me tomaba del cabello y me ahogaba con su verga, aumenté la velocidad y la mantuve constante hasta que su respiración se entrecortó con un suspiro, sus espasmos comenzaron y mi boca se llenó de sus cálidos fluídos, la situación me provocó correrme inmediatamente después que él, pero quería más, quería mucho más.

    Jugué un poco con su semen en mi boca y me lo tragué de a poco, Mauro simplemente miraba fascinado y con un semblante demasiado perverso, aún la tenía muy dura, estaba muy tentada a montarme en ella sin pedir permiso alguno, cuando sonó el teléfono de la habitación. Mauro sacó sus pies del jacuzzi y se levantó para contestar, cuando colgó me hizo saber que mi vestido ya estaba en camino a la habitación y que en 30 minutos teníamos la cena con nuestro cliente. ¿Cómo rayos iba a alistarme en 30 minutos? ¿En qué momento había pasado tanto tiempo?

    Salí del jacuzzi a ponerme una bata y a recibir el vestido que usaría para la cena, aunque me quedaban pocas ganas de ir a cenar, apenas estábamos en el juego previo, y necesitaba mucho más, lamentablemente no era un viaje de placer, en el sentido más literal de la palabra, con lo mucho que me molesta quedarme con ganas, pensé, tomé mi bolsa de baño y me metí a la ducha, no ayudó mucho que Mauro entrara conmigo a “bañarse” o mejor dicho, a ponerme todavía más caliente y hacerme perder más tiempo.

    Salí de la ducha apresurada, y mientras Mauro se había ido a cambiar a su habitación, me sequé un poco el cabello y lo recogí en un moño bastante improvisado, apliqué un maquillaje natural y un lipstick rojo cereza, indispensable para complementar mi vestido del mismo color, procedí a ponerme un liguero de encaje en color piel a juego con una diminuta tanga invisible, sólo faltaba el vestido, Mauro entró con un esmoquin negro, acompañando de una camisa blanca, su cabello peinado hacia atrás, bastante elegante, y pensar que me lo acababa de comer, le pedí ayuda para ponerme mi vestido, pero antes de reaccionar me echó un vistazo y se relamió el labio superior, Dios, moría por tenerlo, mi vestido era largo y ceñido, de un hombro, sin espalda y con una abierta en la pierna derecha, me puse las sandalias, un poco de perfume, tomé mi cartera y corrimos al ascensor.

    Apenas entrar y percatarse que estábamos solos, se me acercó por la espalda y me besó el cuello, solamente provocaba que mi entrepierna estuviera más húmeda, sentía su miembro endurecerse poco a poco.

    -Hueles delicioso- susurró en mi oído entre besos a la vez que paseaba sus manos por mi cintura y los llevaba hasta mis pechos.

    Seguí su jugueteo arqueando mi espalda para que mi trasero quedara más accesible. Me apretó con fuerza a la vez que se entrecortaba su respiración, la paciencia no era una opción en ese momento, el elevador llegó a la planta baja y partimos a la cena. Fuimos los primeros en llegar, a pesar del apuro en el que nos encontrábamos hacía apenas 30 minutos, Mauro me indicó el lugar y se sentó a mi derecha, justo en ese momento llegó nuestro cliente, quien se acomodó frente a nosotros, nos dedicamos a comer y hablar de negocios durante largo rato, acabada la cena, el cliente se disculpó para ir al servicio, aún le veíamos cuando mi jefe metió su mano por debajo de mi vestido, buscando desesperadamente mi entrepierna, se abrió camino para proceder a tocarme, me encontraba en una situación incómoda pero muy excitante, por lo que me dediqué a disfrutarlo.

    Al regreso de nuestro cliente a la mesa, me vi en apuros, pues Mauro no dejó de tocarme ni un sólo momento, por el contrario, cada vez que yo tomaba la palabra, aumentaba la intensidad de sus dedos en mi clítoris, lo que me provocaba sonrojarme, ahogar mis gemidos con sonidos extraños y tartamudear en una que otra ocasión, estaba tan húmeda, pero seguía queriendo más, aproveché la señal que le hizo al mesero para disculparme e ir al sanitario, llegué al servicio acalorada y sonrojada por la excitación, me mojé un poco las mejillas, retoqué mi maquillaje y respiré profundamente para calmar mi ansiedad, apenas tomar mi cartera, entró un Mauro apresurado al sanitario, me levantó por el culo y me recargó en el lavamanos mientras me besaba impaciente, respondí a sus besos de la misma manera, me apretaba fuerte por la cintura contra sus caderas, estaba muy duro, rápidamente me bajó del lavamanos apretándome a su pecho.

    -Te ves preciosa hoy, no puedo esperar a regresar- soltó con un semblante travieso.

    Ni siquiera le había respondido cuando ya estaba saliendo del servicio, me acomodé el moño improvisado intentando lucir como antes del asalto y salí decidida a desquitarme un poco de sus fechorías. Me acomodé nuevamente en la mesa y lo primero que hice fue poner mi mano en su miembro, comencé a hacer mi trabajo, y su verga respondió con su dureza característica, me sabía de memoria su discurso de cierre con todo y el brindis con champaña, pero mi objetivo era hacerle trastabillar, moví habilidosamente mi mano hasta que lo conseguí, pero no conseguí hacer más, se limitó a disculparse, aclararse la garganta y proseguir, ¿cómo podía tener tanto control de si mismo? me pregunté en silencio.

    Acabado el brindis despedimos a nuestros cliente mientras esperábamos nuestra limusina, el cliente se fue, y apenas entramos a la parte trasera de la limusina, Mauro se abalanzó sobre mí para besarme, eché una mirada de reojo hacia el chofer y pensé algunas cosas, o no se había dado cuenta de lo que ocurría, o estaba más que acostumbrado a esto, o tal vez era todo un caballero, por lo que mi confianza aumentó y me monté sobre Mauro, me bajó el único tirante del vestido para saborear mis pechos, yo me movía desesperada en su regazo y gemía como si estuviéramos a solas, no podía aguantar más, comencé a pronunciar más mis movimientos con las caderas para saciar el hambre que tenía mientras Mauro me ayudaba con sus manos, ejerciendo presión en mis caderas, al cabo de unos minutos mi cuerpo se adormeció y los espasmos me invadieron por completo, para ese momento no estaba consciente de dónde estábamos o quién podría estar observando.

    Después de calmar un poco mi calentura con ese rico orgasmo, y disimular con recato todo el numerito que le habíamos montado al chofer, llegamos al hotel, apresurados por llegar a la habitación, al abordar el ascensor y cerrarse las puertas, Mauro oprimió el botón de stop, me acorraló por la espalda frente a una de las paredes de metal y me inclinó mientras se desabotonaba el pantalón, hábilmente me levantó el vestido y me embistió por sorpresa violentamente mientras me apretaba las tetas, estaba gozando el momento, sólo quería llegar a la habitación y comérmelo de mil maneras distintas y todo indicaba que no íbamos a parar hasta conseguirlo, pasados unos minutos, Mauro echó a andar nuevamente el elevador mientras continuaba embistiéndome, por fin estaba dentro, lo que estuve esperando todo el maldito día, estaba a punto de terminar cuando Mauro se detuvo de golpe.

    -¿Te parece si continuamos en tu habitación?- me dijo al oído con una voz divertida mientras escuchaba cómo se abotonaba el pantalón. Sabía que lo había hecho a propósito. Mierda, con lo cerca que estaba de terminar, pensé.

    Llegamos a la habitación entre besos y caricias desesperadas, lancé la cartera y procedí a deshacerme de mis sandalias mientras Mauro se quitaba la corbata de lazo y se desabotonaba la camisa, le tenía tantas ganas que me abalancé sobre él sin darle tiempo a terminar, por lo que lo ayudé mientras nos besábamos, me tomó por el culo y caminó un poco hacia la pared, me acorraló y me dejó saber que estaba muy duro y preparado, me volteó de espaldas, se quitó el saco y bajó el cierre de mi vestido que se encontraba en el costado, apenas bajarlo me libré de él dejando mis pechos al descubierto, inmediatamente los atrapó entre sus manos a la vez que me besaba la espalda y paseaba su miembro por todo mi culo, lo necesitaba adentro.

    Se deshizo de su camisa y se desabotonó de nueva cuenta el pantalón, tomó mi tanga y la hizo a un lado para penetrarme, esa verga respingada justo en esa posición fue la gloria, me sentía tan extasiada que me bastaron unos minutos de sus movimientos constantes para correrme por cuarta ocasión en el día, pero seguía queriendo más y él lo sabía, apenas terminé aumentó la velocidad de sus embestidas, dejándome saber que no pretendía parar, tomó mis caderas con fuerza y me jaló hacia él para arquearme la espalda, su vaivén era cada vez más rápido, y me tenía gimiendo como puta que no se detuviera, en menos de un minuto me estaba corriendo nuevamente y Mauro proseguía con insistencia, entre espasmos y una cantidad enorme de mis fluidos, continuó penetrándome con tenacidad, me deshizo lo poco que quedaba del moño en mi cabello y de un jalón me obligó a arquear mi espalda aún más mientras alcanzaba mis labios para besarme, llevó su otra mano hacia mi entrepierna y mientras me penetraba, comenzaba a pasear sus dedos a gran velocidad sobre mi clítoris, de a poco comenzaba a dar ligeros pellizcos en la zona que me daban ganas de ir al servicio. Reconocí la sensación y me dejé llevar.

    -Córrete para mí nena- me susurró al oído con su respiración entrecortada.

    Sus palabras me llevaron a un clímax inigualable y me hicieron eyacular a chorros mientras continuaba con su ritual de placer, mis gemidos aumentaron en cantidad y volumen, mi cuerpo se entumió completo mientras las pausas en sus embestidas me daban la oportunidad de descargarme un poco con un orgasmo extremadamente duradero y delicioso, sin duda sabía lo que hacía con mi cuerpo, sabía cómo hacerlo responder aún con el más ligero roce. Pasados un par de minutos me permitió descansar, sacó su verga aún muy dura de mis adentros sólo para quedarse completamente desnudo. Mientras yo aún me regocijaba en mil sensaciones, tomo los elásticos de mi liguero y los soltó, se agachó para remover mis medias y en la misma posición desabrochó mi liguero y bajó mi tanga.

    Separó un poco mis piernas y comenzó a comerme completa, no estaba dispuesto a permitir que me relajara, y la verdad es que yo estaba más que abierta de piernas, abierta a todas sus intenciones, por lo que me incliné un poco para recibirle, se comía todo lo que había quedado de mis orgasmos, lo saboreaba a la vez que mi excitación aumentaba nuevamente, me penetraba con su lengua y la sacaba para pasearla por mi clítoris, las sensaciones me pusieron a tono nuevamente, se levantó y me volteó frente a él sólo para cargarme del culo y llevarme a la cama, se abalanzó conmigo debajo e inmediatamente comenzó a besarme, tenía un ligero sabor salado, sabía a mí, luego de algunos minutos de juego previo y de pasear su miembro por mi clítoris en algunas ocasiones, me volvió a penetrar, esta vez más pausado y concentrado en su disfrute personal, mientras me besaba y me comía las tetas, me tomaba fuerte de las caderas y me penetraba hasta el fondo, la sensación me elevó nuevamente al orgasmo, aunque ya había perdido la cuenta, los seguía disfrutando demasiado, y Mauro parecía muy satisfecho por ello.

    Luego de reincorporarme, sacó su miembro y me volteó con sus manos en mis caderas, me puso a cuatro y empujó mi cabeza contra la cama, se acomodó nuevamente y continuó penetrándome mientras paseaba sus dedos por mi culo, no pude resistirme, ni a la situación ni a mi intento desesperado por complacerle, sabía que tenía sus ojos puestos en mi culo, por lo que tomé su mano y la llevé a mi boca, chupé enardecida sus dedos uno por uno y los llevé a mi culito indicándole la entrada, instintivamente metió uno de sus dedos mientras seguía penetrándome, estaba tan extasiada, que me tenía muy dispuesta a dejarlo entrar, por lo que le pedí que metiera otro de sus dedos, obediente, Mauro continuó metiendo y sacando sus dedos, preparándome para lo que venía, al cabo de unos minutos, un tercer dedo apareció en la escena, yo no paraba de gemir y de pedirle que me reventara el culo entre jadeos y respiración entrecortada.

    Después de algunos minutos, tomó su miembro y me sacó del trance en el que me tenía, lentamente comenzó a introducirlo en mi ano, la sensación inicial fue de dolor, pero una vez que logró abrirse paso hasta el fondo, fue solamente placer, vamos que no era la primera vez que me reventaban el culo, pero si que era la primera vez que yo lo pedía a gritos, apoyaba con fuerza sus manos sobre mis caderas a la vez que me penetraba aumentando la velocidad gradualmente, se sentía tan bien ahí dentro, las sensaciones me invitaron a tocarme, a saciar todas las ganas que había acumulado por tantos años, mientras Mauro me embestía concentrado, escuché sus gimoteos, su respiración, el sonido de mi culo al verse impactado por ese cuerpo de infarto que tenía, seguía queriendo complacerle y se lo hacía saber, le pedía que me destrozara el culo, que se corriera dentro, que no se detuviera, mi cuerpo comenzó a sentir espasmos por doquier al mismo tiempo que mi culo empezó a sentirse cálido y Mauro soltaba gritos con un dejo de alivio, todo se combinó de manera tan perfectamente bien, que mi cuerpo ya adormecido por tantos orgasmos, no respondía a mis órdenes.

    Esperamos a reincorporarnos por un par de minutos para tomar un poco de aire, Mauro se desplomó a mi lado sobre la cama, luego de eso, todo se nubló y mis ojos se cerraron. Unas horas después, desperté desorientada y aprisionada, Mauro estaba detrás mío abrazándome por la cintura, no entendía exactamente lo que pasaba, por lo que al reaccionar me sobresalté un poco, mierda, yo no duermo con nadie, pensé mientras intentaba escabullirme, como pude me quité sus manos de encima y me levanté de la cama, fui a mi maleta y tomé mi cigarrillo electrónico, me serví una copa del vino que quedaba y abrí las puertas corredizas que daban hacia el balcón de la habitación, desnuda contemplaba la ciudad, se veía tan llena de vida, y aun así mis ánimos no eran los mejores, ¿qué era todo esto?, simplemente no podía despejar mi mente. Pasados unos minutos Mauro despertó y me sorprendió en el balcón con un abrazo por la espalda y acurrucando su boca en mi cuello.

    -¿Por qué no estás en la cama?, susurró mientras besaba mi cuello y espalda.

    -No podía dormir- dije entre jadeos provocados por su aliento en mi cuello.

    -¿Todo bien?- cuestionó preocupado.

    -¿Qué es todo esto Mauro?- indagué confundida.

    -Lo analizas demasiado Fanny- respondió hastiado.

    -Simplemente no parece lo correcto, trabajo para ti, tienes esposa e hijos- puntualicé determinada.

    -Ok, lo del trabajo lo he dejado claro, mi matrimonio se acaba de ir al carajo, no sé exactamente cómo tienen que ser las cosas de ahora en adelante ni con mis hijos ni contigo, y tampoco es que tú me ayudes mucho- respondió con un tono de voz molesto.

    -Ya, pero… ¿por qué de pronto el interés?, ¿las citas? ¿dormir abrazados?, esas cosas no van conmigo- puntualicé determinada.

    -Dios Fanny, llevo más de 12 años casado, ¿realmente crees que estoy buscando una relación ahora?- dijo separándose un poco.

    -Si lo que quieres es sólo sexo, estás enviando señales equivocadas, y no me malinterpretes, me encanta la idea del sexo contigo- concluí con mil imágenes del día anterior en la mente.

    -De acuerdo, ¿te parece entonces si de ahora en delante establecemos qué líneas podemos cruzar y cuáles no?- espetó sensato.

    -Me parece bien- afirmé a la vez que me terminaba mi copa de vino.

    -Bien, ahora que está todo arreglado… ¿Regresamos a la cama?- soltó mientras hacía una reverencia en dirección a la cama con un semblante divertido.

    Le respondí con los ojos en blanco mientras me llevaba una mano a la frente resignada.

    -No me malinterpretes, sólo quiero cogerte otra vez- replicó con un gesto de hambre en el rostro a la vez que me cargaba por el culo y me llevaba a la cama.

    Mientras me besaba, acomodé mis piernas alrededor de su cadera, se sentó en la cama a la vez que yo me quedaba encima suyo y comenzaba a moverme en su regazo, esta vez no me detuvo y el hecho de que estuviéramos desnudos facilitó las cosas de sobremanera, en el momento que sentí su verga lo suficientemente dura, levanté un poco más mis caderas para que su verga se acomodara en la entrada, bajé intuitivamente sin ayuda de las manos hasta que su rica verga ya estaba en mis adentros, se sentía tan caliente y familiar, mis muslos estaban un poco doloridos, pero no iba a desperdiciar la oportunidad de tener el control, por lo que comencé a moverme a ritmo constante, Mauro paseaba sus grandes manos por el arco de mi espalda y se aferraba a mis nalgas mientras nos besábamos, nuevamente mi cuerpo anticipado respondió en minutos a los dulces estremecimientos y mi orgasmo no se hizo esperar, era una delicia tenerlo así de dispuesto en todo momento, con todo lo bueno que tenía para ofrecer.

    Mauro se inclinó de espaldas para recostarse en la cama a la vez que yo continuaba moviéndome encima, me incliné hacia él mientras me llevaba sus manos hacia mis tetas, estaba disfrutándolo tanto, no pretendía parar hasta hacerlo correr dentro mío, mientras lo cabalgaba, le arrimaba las tetas a la cara de cuando en cuando, otras tantas nos besábamos, luego de unos minutos, tomé sus brazos y los llevé arriba de su cabeza, mi ritmo era cada vez más acelerado, y me excitaba demasiado no dejarlo tocarme, aparentemente él también estaba disfrutándolo, pues su respiración entrecortada aumentó el ritmo, mientras se desesperaba por no poder mover sus brazos, continué gimoteando al ritmo de mis movimientos, ya no aguantaba, no podía más, pero quería hacerle terminar primero, me miraba con un aire asustado, por lo que le solté una sonrisa traviesa y hambrienta.

    -Estoy a punto de correrme, como no te quites, no respondo- dijo en medio de jadeos intentando sonar intimidante.

    No me importaba mucho que se corriera dentro, siempre me he cuidado, pero él no estaba al tanto de ello, por lo que procedí a ignorar completamente sus palabras a la vez que aumentaba la velocidad de mi vaivén y me inclinaba para besarlo, mi objetivo era claro, al cabo de unos minutos Mauro liberó sus manos y me agarró por la cintura para ejercer presión contra su pelvis, me penetró tan placenteramente fuerte que en cuestión de segundos ya me estaba corriendo, para el momento en que mis espasmos se hicieron notar, Mauro se quedó quieto en el fondo mientras soltaba grititos de alivio, se estaba corriendo, y la sensación me tenía completamente embelesada, un orgasmo intenso y duradero, definitivamente este hombre tenía algo que no todos tienen, realmente no entendía qué carajos hacía su esposa engañándolo, inmediatamente deseché el pensamiento y me quedé encima de él para reincorporarme un poco.

    Pasados unos minutos, mi cuerpo me pedía continuar, por lo que, aún encima suyo y con su miembro dentro comencé a moverme lentamente gimoteando por la situación, sabiendo que tenía absoluto control, después de todo, tenía el permiso de mi jefe ¿cierto?, su miembro aún estaba un poco duro, por lo que no tardé mucho en ponerme caliente de nueva cuenta, Mauro se retorcía con mis movimientos, su orgasmo había dejado secuelas de espasmos y sensibilidad.

    -Me estás matando Fanny- expresó entre jadeos y respiración entrecortada.

    Mis movimientos se volvieron lentos y suaves durante algunos minutos, a la vez que su verga se ponía firme nuevamente, mi cuerpo pedía mucho más, por lo que mi desesperación me llevó a sacármela de golpe y comérsela suavemente, poco a poco su miembro respondió a los reclamos de mi lengua y una vez que estuvo lo suficientemente duro me volví a montar encima, pero ahora dándole la espalda, me acomodé y la metí de golpe mientras comenzaba a moverme con rapidez, Dios, tenía un hambre insaciable, y no pretendía detenerme hasta que mis ganas se agotaran, disfrutaba moverme encima suyo, dejándole saber que continuaba teniendo el control, Mauro se limitaba a pasear sus manos por donde pudiera y empujarme contra su verga de cuando en cuando, luego de un largo rato auto complaciéndome con su jugoso miembro, los escalofríos acompañados de espasmos se hicieron presentes, noté a Mauro desesperado por continuar, pero mis deseos por tener el control sobre él no se habían esfumado, por lo que, al momento de escuchar la aceleración de su respiración, me detuve y la saqué de tajo de mis adentros.

    Me volví frente a él y me abalancé, abrí mis piernas para montarlo nuevamente, Mauro buscaba desesperado la entrada, pero no lo iba a tener sencillo, no después de dejarme así en el elevador, elevé mi pelvis por encima de sus caderas y fui directo a su oído.

    -Tómalo con calma, no llevamos prisa- le susurré entre besos y roces con mi lengua.

    Su primera reacción fue una risa incómoda que me dejó saber que no le había encantado la broma, antes de que pudiera articular palabra lo besé, pero entre besos comenzó a forcejear con mis caderas para encontrar su alivio, como no se lo permití me tomó fuerte de las caderas y me volteó violentamente, en un par de segundos ya se encontraba sobre mí y ya me estaba penetrando, no voy a negar que la violencia de la circunstancia me puso a mil nuevamente, por lo que lo dejé continuar, me penetraba enérgico, se levantó y se puso sobre sus rodillas mientras me acomodaba a su antojo para continuar embistiéndome, estaba a punto de alcanzar al clímax cuando escuché sus jadeos de alivio, por lo que me dejé llevar y me corrí momentos después.

    Luego de reincorporarnos, le pedí que se fuera a dormir a su habitación, pero luego de ignorarme durante algunos minutos, fui yo la que terminó rindiéndose y cayendo en un profundo sueño.

  • Como una madre con su hijo

    Como una madre con su hijo

    Verán, mi nombre es Azucena, y soy cinco años mayor que mi hermano Roberto.

    Ahora he cumplido los treinta y seis y él los treinta y uno.

    Por esa diferencia de edad, él ha sido desde muy pequeño, al estar nuestra difunta madre siempre enferma, una especie de hijito para mí.

    Yo lo lavaba, bañaba cuando era un niño y cuidaba siempre de él, riñéndole por sus travesuras y tomándole las lecciones.

    Un mal día me case con Ambrosio, mi difunto marido, que era mucho mayor que yo, el cual me dio muy mala vida y no me proporciono al ser homosexual, según me entere muchos años después, ni los hijos que deseaba, ni tan siquiera la relación marital a las que aspiraba cuando me llevo al altar siendo virgen.

    Mi hermano siempre me ha visto como una «tía buena» o una «mujer cañón».

    Yo soy muy crítica conmigo misma y aparte de monilla, quiero facilitaros mis medidas que son: 100 de busto, 65 de cintura y 98 de caderas, para que saquéis vuestras conclusiones y juzguéis si soy un monumento de mujer o una más, corriente y del montón.

    Un poco tetuda sí que me veía, pero aunque siempre quise reducirme el volumen de mis mamas, al ver que a Roberto le gustan las tetas cuanto más grandes mejor, no quiero ya ni hablar de entrar al quirófano y me veo más sexy que nunca.

    Ya veis también que por tener 1,79 centímetros de estatura, soy una mujer alta y por cierto, me siendo muy orgullosa, cuando oigo de labios de algunas personas, que desconocen nuestro parentesco, que Roberto y yo formamos una buena pareja.

    El caso es que quede viuda y por la terrible y larga enfermedad de mi marido, las deudas nos asfixiaron y me quede sola y sin recursos económicos.

    No tenía para subsistir más que una modesta pensión de viudedad; que me dejo mi difunto al ser autónomo y tener la mínima cotización, durante su vida laboral.

    Yo no trabajaba, pues siempre fui por deseo de mi difunto, ama de casa.

    Por esa razón le comente a Roberto un día mi difícil solución y él me pidió que me fuera a vivir a su piso, pues era soltero, aunque un ligón, y necesitaba sentar cabeza teniendo a una mujer como yo a su lado.

    Cuando fui a su hogar Roberto me instalo en el dormitorio contiguo al suyo.

    Yo me convertí en la ama de casa, que mi hermano siempre quiso tener a su lado, cuando se casara, echo que se prorrogaba indefinidamente sin que encontrar a su «media naranja».

    Cuando yo tome posesión de mi rol de dueña y señora mi hermano despidió a Fátima, su criada a la que de vez en cuando echaba un «polvete», pero que dejando aparte el que follase bien, al parecer era muy vaga y ladrona, pues le sisaba en las compras, amparándose en que era de alguna manera su amante doméstica, cuando no podía traerse alguna amiguita para que compartiera su cama y satisficiera sus necesidades sexuales.

    Mi hermano me confeso una noche en que los dos estábamos muy abrazados y excitados, dándonos besitos en los labios y caricias más que prohibidas para dos hermanos normales, que se sienten muy feliz tras nuestro reencuentro, que se produjo varios años después de que yo me fuera a vivir con mi marido a Madrid, mientras que Roberto no se movió de Zaragoza.

    Debo aclarar que me halago que Roberto al verme y después de darme una afectiva bienvenida a su casa, me dijera que me veía más madura como mujer, aunque reconocía que mi cuerpo tenía unas curvas más apetitosas que las que poseía siendo una adolescente.

    Yo coqueta y provocativa, consciente de que lo excitaba, caminaba con autoridad por su casa, con un maravilloso porte de señora y luciendo mis bonitas piernas, que le excitaban, y que a veces cruzaba descuidadamente mostrándole la braguita, que a duras penas tapaba él triangulo de mi feminidad, poniéndosela muy tiesa, aunque el pobrecillo se empeñara en disimular sus erecciones.

    Yo también me enamore como una tonta de Roberto, e imagine que follábamos juntos y más de alguna braga moje pensando en él, y alguna que otra vez metí mis dedos en la conchita vaginal para consolarme de las calenturas, que el bueno de mi hermano me producía.

    Una noche decidí jugarme el todo por él todo y le serví en la cena copiosa un buen vino, en el que eche unos polvos de cantárida, que excitaban al hombre o a la mujer que los tomase, hasta extremos insospechados.

    Sin pensármelo dos veces yo también me serví otro vaso con esos polvos.

    -Oye Roberto ¿podrías ayudarme después de cenar a afeitarme mi chochin? Él se quedó estupefacto.

    Me miro a los ojos con deseo, pues el afrodisíaco hacia su efecto y note mi clítoris erguido, saliéndose de su capucha por la excitación y me encontré con la vulva chorreante de caldos.

    – Bueno, ¿No puedo cortarte? – Si no te importa usaremos tus viejas cuchillas de afeitar, cariño.

    Terminamos de comernos el postre y sin quitar ni la mesa, él me siguió como un corderillo.

    Fuimos al cuarto de baño, y me lave el chumino para que estuviera bien limpio, pues no quería que por un mal olor pudiera perder mi hermano Roberto, ese deseo que se veía con solo mirarle la bragueta del pijama, con su verga grandísima a punto de salir al exterior, cosa que me hubiera encantado.

    Me recree tocándome el chichi y después sin secármelo me senté en una banqueta, desnuda de cintura para abajo, sin falda, ni braga.

    Ahí delante de él abrí los muslos, para exhibir ante mi hermano mi sexo, rojo como si estuviera irritado.

    Roberto me dio jabón que extendió luego con sus dedos torpes y rozo como sin querer, o tal vez a idea mis labios mayores.

    Con nerviosismos mi hermano metió su cabeza entre mis muslos y con cuidado para no cortarme, me fue afeitando el vello que crecía en torno a mi raja.

    Sudaba copiosamente y su aliento me daba en la vulva ofrecida, hambrienta.

    – ¿No eres mayor Azucena, para afeitarme el chorrete, como si fueras una niña impúber? – Lo hago por higiene.

    Si, Roberto, sigue así, porque te vas a convertir desde hoy en mi peluquero vaginal preferido; ya que hasta ahora yo me hacía mucho daño al quitarme los pelos y algún cortecillo que otro siempre me hacía en el chocho, y tú no sabes lo doloroso que es eso, querido hermanito.

    Cuando note que mi concha estaba limpia, me quito mi hermano los restos del jabón y me lavo la chirla con agua.

    Como observe que estaba tan excitado le pedí, casi le rogué con vocecita de niña cursi, que me chupara mi conejito, porque la saliva cauterizaba.

    Él no se hizo rogar, saco la lengua y pego su rostro a mi entrepierna, poniendo su boca en mi vulva viscosa.

    Succiono mis labios mayores y me lamió hasta el ano.

    Al verlo tan empalmado, yo le toque el miembro con delicadeza.

    Roberto saboreaba mi higo, disfrutando del jugo espeso y licoroso, que destilaba.

    Sigue succionando y yo no podía resistir el deseo de ser follada por Roberto.

    La cantárida nos desinhibió totalmente a ambos, pero especialmente a mí, que me porte obscenamente cuando su lengua iba y venía como un pincel, por mis labios mayores; Mientras que yo me acariciaba los pechos y tiraba sin saber qué hacía, presa de la lujuria más frenética de mis pezones.

    Cuando se inclinó sobre mí y me magreo los senos, besándome al mismo tiempo en la boca, no pude resistirlo más y deje que me penetrara con su verga tiesa.

    Mi pussy estaba repleto de su picha, llegándome hasta el fondo.

    Él me dijo que mi vagina era la ideal para joder y que mis paredes interiores se separaban lo suficiente, a su juicio de hombre follador, para dejarle sitio a su cipote.

    Sacudí mi culo por culpa de los espasmos, que los orgasmos que tuve me causaron, cuando él al fin eyaculó dentro de mí.

    Goce lo máximo que recordaba en mi vida y agotadísima por nuestras copulas salvajes, me abrace al y le di un montón de besos y las gracias por hacerme sentir tanto gusto.

    Nos fuimos a la ducha y nos dejamos rociar por la lluvia pulverizada que nos quitó el fuego exterior que hacia arder a nuestros cuerpos.

    Le masajeé el glande y los testículos a Roberto, sin olvidarme de sobar su bajo vientre y esas nalgas prietas que me volvían loca, apretarlas.

    Ya no disimulamos y somos pareja.

    Nos amamos a todas las horas, siempre que estamos juntos y Roberto, mi hermano, me ha prometido que jamás se casara, porque yo soy su mujer y sabe por experiencia, después de joder a muchas hembras, que yo soy la única que puede darle el goce que durante tantos años estuvo buscando en cientos de coños y que yo le ofrecí generoso, sin salir de su propia casa.

    Por esta felicidad que siento al ser su amada, me he animado a relatar mi experiencia incestuosa.

    Para nada estoy arrepentida.

  • Mi mujer y yo y un señor mayor

    Mi mujer y yo y un señor mayor

    Mi mujer me comenta en una ocasión que le gustaría estar con otra persona a parte de mí. Yo, la verdad, después de pensarlo un par de veces le digo que está bien. Ella comenta que tiene la fantasía de estar con un señor mayor. Así que después de encontrarlo por uno de estos chats de televisión nocturna en los que ponen películas educativas me lo dice. El problema es que él se siente un poco incómodo ya que sería su primera vez de trio. Así pues el día señalado nos dirigimos al lugar establecido para quedar. Ella al llegar se cambia a su coche y yo sigo detrás.

    Ese día ella estaba espectacular pues vestía una falda larga que le marca más su espectacular culazo, un sujetador de estos que levanta hasta un puente por lo que las tetas se le veían aún más grandes, paradas y bellas, una tanga de hilo de esas que hay que apartar las nalgas para ver el hilo y una blusa de escote de las que quitan la respiración. Vamos que la cara del viejo cuando subió a su coche fue de infarto repentino.

    Llegamos a un lugar algo apartado y nocturno. No había ni luces, ni gente, ni nada por los alrededores. Cuando abren las puertas para pasar al asiento de detrás la luz interior me permite ver al señor. Era un señor mayor de unos 65 a 70 años aparentemente, delgado y algo calvo. En eso que pasan al asiento trasero de su coche y el comienza a acariciarla sobre la ropa. Yo desde mi coche podía verlo todo pues estábamos a un metro el uno del otro. Como intuí lo primero a por lo que se fue el viejo fueron las tetas, metió la cabeza en ellas y se perdió allí.

    Lo primero en salir fue la blusa, ese viejo sobaba y sobaba esas tetas como si la vida le fuera en ello. Luego vi que mi mujer se quitó la falda y se puso a cuatro. El señor comenzó a chuparle y sobarle las nalgas. Al poco vi cómo le quitaba el sujetador y se emocionaba chupando y tocando las tetas. La verdad es que son muy grandes y naturales, por lo que no me extraña que le llamasen la atención.

    En un momento veo como gira a mi mujer y la pone contra el cristal de la ventana con lo que se quedaron su tetas contra ella y vi el viejo detrás de ella sobándola sin cesar. Tras unos minutos mi mujer me hace señas para que me pase al otro coche. La verdad es que el viejo estaba un poco cortado al verme a mí y yo le dije “tranquilo, que aquí hemos venido a divertirnos” y acto seguido mi pantalón salió fuera nos quedamos los tres detrás con ella en medio y en eso ella comenzó a meneárnoslas. Parecía una escena de película porno. Luego se inclinó y comenzó a chupársela al viejo. Este se quedó con los ojos en blanco, pues la verdad es que ella sabe chuparla muy bien, yo mientras tanto ya tenía apartada la tanga y me dediqué a chupar su coño.

    La escena era un poco complicada pues el coche no era muy grande pero la excitación del momento suplió la carencia de espacio. Luego cambio a chupármela a mí para ofrecer su culazo, ya sin tanga al viejo, el cual se lo encontró de frente. Él enterró su cara dentro de aquel culazo y comenzó a chuparse incesantemente. Cuanto más se lo chupaba a mi mujer más profunda me hacia ella la mamada. Menos mal que el paraje estaba desierto porque sus gemidos eran fuertes. El viejo se emocionaba chupando y metiendo el dedo en ese jugoso y mojado coño. Luego ella se volvió a sentar en medio y abrió las piernas poniéndolas sobre nosotros y comenzó a tocarse el coño y abrírselo con sus dedos mientras se masturbaba para nosotros. Se frotaba fuertemente el clítoris y con la otra mano se acercaba el pecho a la boca para chuparse el pezón.

    Al rato mi mujer se mete los dedos en el coño, uno de cada mano, y dándonos a probar se su rico fluido nos dice, “¿quién quiere ser el primero en follarme?”, para después seguir masturbándose y gimiendo. Yo le digo que empiece él. Él pregunta “¿con o sin condón?”. A lo que mi mujer se lo dijo claro, “CON”. Entonces ella le puso un condón.

    Mi mujer se quedó a cuatro con su cabeza sobre mi polla chupando sin cesar mientras yo le acariciaba las tetas y el viejo se puso detrás de ese tremendo culazo y comenzó a meterla. Yo creo, por la cara suya, que nunca se había follado un coño como el de mi mujer. Empujaba y empujaba mientras le sobaba el culo. La escena era totalmente morbosa, mi mujer a cuatro chupándome la polla y el otro por detrás follándosela.

    Yo estaba en la gloria, mi mujer me estaba dando la mejor de las mamadas mientras me miraba a los ojos con cara de vicio. A ratos le decía “empuja, empuja, fóllate ese coño”. Al poco el viejo se vino, cayendo rendido en el asiento. En eso mi mujer se gira ofreciéndome su coño y abriéndolo con los dedos. Yo me puse detrás y empecé a follarla con fuerza mientras ella miraba al viejo y le decía, “mira como me la están metiendo, pon te debajo y mira mi coño abierto por la polla de mi marido”. El viejo metió la cabeza por debajo de ella y disfrutaba con el espectáculo de ver su coño abierto por el frenesí de la follada. Ella comenzó a pajearlo de nuevo. A momentos parábamos la follada y ella inclinaba el coño para que se lo chupara el viejo, el cual seguía debajo disfrutando de la follada. Ese viejo se bebía todo lo que salía de su coño, no le importó que mi polla hubiera estado dentro de ese coño. Había momentos en que mi mujer le tapaba toda la cara con su coño, pero él disfrutaba con eso. Luego inclinaba las caderas para arriba y me volvía a ofrecer su coño para follarlo de nuevo.

    Ahora el viejo se dedicaba a chuparle las tetas mientras ella le sobaba la polla y los huevos. Y yo a lo mío detrás de ella empujando. Yo tenía tal excitación que con los empujones que le daba hacia moverse el coche como si fuera una feria.

    Luego yo me puso boca arriba como pude y ella se montó en mi polla para cabalgarme mientras el viejo seguía disfrutando de su culo y tetas. Al rato la puse boca arriba y seguí con la follada mientras el viejo seguía perdido en sus tetas. Las tocaba y chupaba sin cesar mientras ella le daba alegría a su polla con la mano.

    Después de un rato de mete y saca ella se corrió y le ofreció al viejo su coño para que bebiera. A él le encanto ese regalo pues le dejo el coño limpio para acto seguido volver a llenarlo yo con mi polla. En eso ella le pregunta al viejo “¿Dónde quieres que me tire la leche mi marido?”. Él responde “En la boca y las tetas”. Entonces aceleré la marcha y le llene las tetas y la boca con mi leche. Ella miro al viejo mientras se relamía la boca con el semen. Luego terminó mi limpieza de polla con la boca y se restregó todo el semen por las tetas. El viejo miraba sorprendido la escena con mucho morbo en la mirada pues nos comentó que con su mujer era algo muy clásico y rutinario. Ahora el viejo ya no las toco más, jajaja, como estaban mojadas de leche ya no quiso más. Así que nos sentamos los tres a respirar. El coche entero olía a sexo y los cristales estaban totalmente empañados.

    La verdad es que fue un buen polvo. El viejo decía que muchas gracias, que había disfrutado mucho y le encantaría repetir. Yo pensé para mí ‘desde luego que te encantaría repetir, con lo bien que te lo has pasado’ je je. Así pues nos limpiamos y ya él se fue con su coche y nosotros con el nuestro. La verdad es que no hemos repetido trio en coche, pues se hace un poco incómodo, quizás si fuera una furgoneta, sería otra cosa.

    Cuando yo le pregunté qué le pareció ella me dijo que como experiencia morbosa había estado muy bien, pero que el viejo con la edad que tenía no daba gran cosa. Aun así me dijo que se divirtió mucho y que valió la pena.

  • Cogiendo sin salir de casa

    Cogiendo sin salir de casa

    Ya las cosas no eran como antes, mi marido y yo vivíamos en pleitos constantes, él con sus frecuentes borracheras y yo con mis reclamos, también le reclamaba que hubiera tenido una hija con otra mujer, cada día nos distanciábamos más, lo peor es que yo deseaba repetir mi experiencia infiel, lo hice para desquitarme lo que él me había hecho, pensaba en Luis, en Julio, en los yernos, en el camionero, en sus vergas que tanto me hicieron gozar y todo lo que me habían disfrutado y enseñado, tres semanas de recuerdos, tres semanas de ardor, tres semanas de insatisfacción con mi marido, con quien la cama solo servía para dormir y no para culear.

    Era sábado por la mañana, sonó el teléfono mientras me duchaba, mi esposo contesto. Salí solo envuelta en la toalla, sentada en mi cama empecé a secarme, sin darme cuenta mi marido me observaba, de pronto se acercó por detrás a mí y besándome el cuello me dijo:

    -Que rica estas mamacita, me encantas! Me despoje de la toalla y le mostré mi cuerpo moreno desnudo, se acercó, me besó y empezó a besarme y chuparme los senos, su mano bajó a mi coño y su dedo entró en mí, yo muy mimosa le susurre -Cógeme mi vida! Le dije, pasando mi mano por su pene muy putona. Él se bajó ante mí y empezó a chuparme el coño mojándome de inmediato, en lo más rico estaba cuando de pronto se puso de pie y dejándome allí temblando de cachondez se fue a duchar, un fiasco más, yo hambrienta de verga y el muy imbécil solo se le ocurre bañarse. Me vestí, el día se mostraba caluroso pero yo estaba más, decidí no usar ropa interior y seducir a mi marido, el vestidito que elegí era muy revelador, de color azul, muy delgado y muy corto, dejaba ver mis ricas piernas y al agacharme mostraba mis nalgas desnudas y más abajo mi depilado coño, prepare el desayuno y lo llame, tardo un tiempo y al llegar al comedor me di cuenta que se había arreglado para salir.

    -Tomare solo jugo mi amor, tengo que salir! Me dijo mi marido.

    -Pensé que hoy no trabajarías! Le dije molesta -Por lo menos desayuna, ya prepare todo! Sonó el timbre y mientras él se acomodaba en la mesa yo salí a ver quién era…

    -Buenos días señora, vengo por el contador! Se trataba de Abraham, uno de los choferes de la empresa en la que mi esposo trabaja, ambos atractivos y muy brutos, de hecho siempre me habían resultado los dos bastante cachondos, así que al ver a este tipo tan de cerca me estremeció involuntariamente, era un tipo bastante, fuerte y moreno, cierto es que ya lo había visto y siempre me atrajo, pero nunca lo vi tan de frente, alto, fornido, quemado por el sol y de brazos velludos…

    -Van a salir? Le pregunte entre ingenua y coqueta.

    -Sí, creo que van a supervisar a Cd. Altamirano!

    -Van? Que tu no vas con él?

    -No señora, los llevará Ramón, a su esposo y al Ing. Arturo!

    -Y yo que pensé que estaría conmigo hoy. Pero que se puede hacer con un marido tan ocupado verdad? Otra vez me la pasaré «solita»…! Le dije mientras le sonreía coqueta y enfatizaba la última palabra, le mire a los ojos insinuante, y el sosteniéndome la mirada solo me dijo:

    -Falta de confianza señora, eso se puede arreglar si Usted quiere…! Al decir esto me miro los senos descaradamente.

    -Estás loco! Le dije muy puta y sonriéndole me di la vuelta y moviendo las nalgas provocativamente entre a casa, al darle la espalda recogí el periódico que estaba en la entrada de la sala para que el observara mis nalgas desnudas y mi coño, para mi sorpresa me sentía mojada de la panocha, en parte las chupadas que me dio mi marido y en parte ese tipo que me había inquietado.

    Salí con mi marido a despedirlo, pero mi vista estaba en el chofer, el cual se despidió de mí dándome la mano con un prometedor:

    -Hasta luego… señora!

    Que yo reafirme con una leve e insinuante sonrisa!

    Ya despedido mi esposo regresé a casa y me imagine al chofer cogiéndome, se veía un bruto y me estremecí de pensarlo… pero el tiradero de la casa me hizo apartarlo de mi mente y me dediqué a mis quehaceres… Cerca de las 12 del día terminé y me fui a la sala, encendí el televisor y me fui quedando dormida… el ruido del teléfono me desperezó, conteste y me colgaron… eran las 14:00 horas… que flojera! Pensé entre mí. Fui al baño me lave la cara y me maquille levemente, estaba en eso cuando sonó el timbre del portón…

    -Quien será?

    Salí a ver y el clásico vendedor y al verme así me insinuó que le gustaría cogerme… el teléfono de nuevo y colgaron de nuevo.

    Una vez más el timbre de la casa y ahora mi vecina, charle con ella unos cinco minutos y se despidió, me di una ducha para ir a casa de mi madre, mis hijos estaban de paseo y pasar la tarde con ella, pero que aburrida me iba a dar, cambie de opinión le hablaría a mi amiga Merce para salir a comer con ella, me maquille, elegí un vestidito corto de color rojizo, decidí no usar ropa interior de nuevo, me encanta salirme a la calle sin nada debajo del vestido, recuerdan que así lo hice cuando me culeó el camionero, mi perfume favorito con olor a vainilla, mis sandalias de tacón, me vi al espejo, me veía muy bien, bonita más bien cachonda por mi cabello suelto, a pesar de mis cuarenta y tantos años… de nuevo el timbre de la puerta:

    -Como chingan pensé! Y de mala gana fui a ver quién era esta vez.

    -Hola! Qué tal si me invitas a pasar…

    -Abraham! Que haces aquí? Le dije sorprendida y nerviosa.

    -Vengo por ti, quiero culearte, hace días lo deseo y hoy es la oportunidad porque sé que tu marido todavía no regresa!

    -Estás loco! Vete por favor te puede ver alguien, o regresar mi marido y nos encuentre culeando!

    -Ni madres! Ya están en San José, y ahora vengo para darte lo que pides a gritos mamacita! Sin más me empujo y entro a la cochera, cerró el portón tras de sí y me tomo por la cintura, me acerco su cara rasposa de su barba sin afeitar y me besó, su lengua entro en mi boca, me explotó el sabor delicioso de su saliva, una de sus manazas me apretó las nalgas, intente separarme y no pude sus beso se prolongó y sin recato le correspondí, me tomo de la mano y prácticamente me arrastro al interior de la casa, en la sala me seguía besando, me sacó las tetas y se dio a chupármelas al tiempo que me seguía apretando las nalgas, no me dio tiempo de cerrar la puerta…

    -Me encantan las viejas como tú que no usan ropa interior, son las más calientes y putas! Cuando vine por tu marido me di cuenta que no traías nada debajo del vestido, y cuando te inclinaste a recoger el periódico me lo confirmaste, pude ver tu culo y tu rica panocha sin nada que los cubra!

    -Yo si uso! Le dije confundida,

    -Y ahora por que no traes?

    Me pregunto cínicamente mientras me seguía acariciando el culo.

    Y no dije nada y me gustó su atrevimiento, sus manos me habían levantado el vestido, me acariciaba mis desnudas nalgas y me miraba con lujuria, de su pantalón se levantaba un bulto amenazador sin pensarlo le toqué esa verga por encima del pantalón.

    -Llévame a la cama, quiero que me cojas mucho! Le dije con gran cinismo Y tomándolo de la mano y lo guie a mi recamara.

    -Que rica cama… aquí te culea tu marido? Solo asentí con un ligero movimiento de cabeza. -Me imagino que no te llena ese pendejo verdad? Ya está ruco y tu estas bien jugosa!!! Encuérate mamacita que ya me muero por culearte. Mira como traigo la verga! Al tiempo que decía se quitó el pantalón mostrándome un miembro tremendo, gruesas venas surcaban su verga, gorda y prieta, todo velludo me hizo temblar de solo verlo y mi coño se me contrajo al igual que mi culito de pensar en la verga que me iban a meter.

    -Encuérame tu -le dije muy caliente.

    Me quitó el vestido y me dejó totalmente desnuda ante sí, me vio y sus ojos brillaron.

    -Déjate las zapatillas, me encanta cogerme a las putas con las zapatillas puestas y tiene unas patitas ricas, buenas tetas para mamarte bien rico y una rica vagina para hundirte toda mi verga.

    Yo estaba temblando, en un santiamén él me desnudo y lo mismo hizo el, hincándome le tome la verga para verla de cerca, se la apreté y abriendo mi boca se la chupe rico como me gusta hacerlo.

    -Sí que eres puta! Me encanta que me la mamen así. Chúpala toda llénala de saliva para que te entre rico! Obediente lamí toda su verga, sabía a extraño, olía a ostras, pero se la seguí lamiendo y chupando, su verga dura, brillaba por mi saliva, que ricura de verga, dura, prieta, grande, más bien enorme!

    Me levanto y me acostó en la cama, de espaldas, su mirada me recorrió toda, instintivamente abrí las piernas y le mostré mi panocha abierta, afeitadita como me gusta tenerla siempre.

    – Que panochita más rica tienes Haydeé, se ve riquísima, debes estar bien estrechita! -Me dijo al tiempo que me pasaba la mano entre mis labios vaginales, me abrió las piernas y acomodándose entre mis muslos su lengua me entro en el coño, un gemido anuncio su triunfo, empecé a gemir más y más, hasta que a punto de correrme le pedí entre gritos entrecortados:

    -Cógeme Abraham! Métemela ya ¡te lo suplico! Trábame tu verga! Desde luego no se hizo de rogar, tomándome las piernas y abriéndome al máximo aproximo su verga a mi entrada, me jalo de las nalgas y de un golpe me ensarto hasta el fondo, haciéndome gritar de tan ruda metida, pero al tiempo le jale con mis piernas y me entregue a ese bruto que me lastimaba pero me hacía sentir mi panochita deliciosamente expandida, sus movimientos de culearme empezaron, primero rápidos y al poco tiempo lentos y deliciosos, me estaba disfrutando y yo me le entregaba entera. Me besaba y acariciaba todo el cuerpo mientras me ensartaba una y otra vez, acomodándose me besaba el cuello y chupaba mis tetas sin dejar de penetrarme, sus fuertes manos me tenían atrapada por las nalgas y a cada embestida me jalaba y me las apretaba con fuerza, parecía adivinar lo que esto me fascina, moviéndose logro ponerse mis piernas en sus hombros y con esto sus penetraciones se hicieron más profundas, yo sudaba y el me poseía a su antojo.

    -Estas apretadísima pinche putita, deliciosa, que bien coges, muévete rico mamacita!

    Yo cerrando los ojos no hacía más que entregarme a ese bruto, me movía como sé que les gusta a los hombres, cuando me embestía yo salía a su encuentro moviendo mi cadera, haciendo más profunda la invasión de su verga a mis entrañas, bombeando con furia y rapidez me hizo explotar, mi coño se contrajo rítmicamente como chupando esa verga rica que me ensartaba hasta el fondo y haciéndome gritar y gemir de gusto le di mi primer orgasmo intenso y prolongado como pocos, al tiempo que lo incitaba a que siguiera

    -Sigue más mi vida! Trábame toda! Cógeme más duro, Abraham mi vida, penétramela toda, me estoy viniendo, así, ayyyy, masss!!!

    El bruto enfebrecido me entraba más duro, más rápido, se acomodó de nuevo y me aplasto con su pesado cuerpo haciéndome abrir mis muslos al máximo, su cara con barba corta me irritaba las tetas, me chupaba los pezones con fuerza y me los mordisqueaba, mis talones le pegaban en las nalgas pidiéndole más verga, me hizo venir de nuevo y mis grititos entrecortados se lo hacían saber, mis piernas lo rodearon por la cintura totalmente abierta de mi coño y me le entregue moviendo mi pelvis, sintiendo en mi clítoris los golpes de sus embestidas, contraje mi coño con todas mis fuerzas y goce como la puta que soy, mis brazos lo apretaban y mis uñas se prendían a la piel de su espalda enterrándolas pero disfrutando como nunca lo besaba con mi lengua y gemía de la rica cogida que me estaba regalando… hasta que por fin, sus chorros de leche caliente me inundaron mi vagina lo que mi marido tenía días de no darme, era rica la sensación de sentir donde me recorría todas mis entrañas, pero él seguía bombeando, enloqueciéndome y su verga dura batía por dentro mi estrecha panochita convulsivamente pegada a su miembro, finalmente me afloje, me sentí desvanecer y el dejo poco a poco de moverse, quedando encima de mi jadeante y besándome tiernamente en los labios, pasando su lengua y encontrando la mía, mojada y ofrecida, salivosa para ese bruto que me había gozado como nadie. Tembloroso se dejó caer a mi lado tratando de no pesarme tanto, pero sin sacar su verga que poco a poco iba perdiendo su erección, al salirse un escurrimiento de su leche se hizo presente bajando entre el canal de mis nalgas y parando en la colcha de mi cama matrimonial, allí mismo en la alcoba de mi marido había sido cogida como nunca, estaba yo gozosa, me sentía transformada, estaba encantada con ese tipo, y se lo demostraba acariciándolo y abrazándome a él, me tenía rendida.

    Sin hablar, sin decirnos nada, nos quedamos en brazos uno del otro, recuperándonos ambos, estábamos abrazados como marido y mujer en la cama.

    Haciéndolo a un lado me levante y sentí escurrir entre mis muslos su leche caliente, el me jalo de nuevo a la cama, me besaba, me acariciaba…

    -Ven Haydeé, te quiero coger de nuevo, estás muy rica y no quiero dejar pasar esta oportunidad de culearte cuantas veces quiera ahora que estamos solos aquí en la casa.

    -Espera mi vida tengo que ir al pipi…! ahora vuelvo!

    Al regresar él estaba de pie, su verga semierecta se veía aun mojada, que rico espectáculo para mí, yo completamente desnuda, salvo mis sandalias, me sentía sudorosa y caliente aun me acerque insinuante y le dije

    -Ven papi, cógeme en otro lugar! Lo lleve al estudio de la casa, me senté en el escritorio de mi marido y abriendo las piernas le dije insinuante

    -Quieres comer mi coñito? Ya lo lave muy bien! Sin hacerse del rogar se inclinó ante mí y levantándome las piernas se dio a lamer mi panocha, allí mismo en el escritorio de mi esposo, entre sus documentos, entre sus contabilidades, yo estaba dándole mi coño a la lengua de ese bruto.

    -Ahora ven, le dije, Siéntate en el sillón, yo te voy a chupar la verga como nadie te lo ha hecho!

    Muy obediente Abraham se acomodó en el sillón ejecutivo de mi marido, y yo como la secretaria puta, le chupaba su verga, como si él fuera mi jefe y yo la puta de la oficina, su verga dura me prometió más placer…

    -Espera aquí mi vida, no tardo, quiero que me cojas más!!! Ahora vuelvo… él se quedó quieto, algo sorprendido pero se quedó allí, rápido fui a mi recamara, me puse un liguero negro, medias negras y zapatillas de tiras de mis favoritas, me vestí estilo ejecutiva, falda y blusa sin ropa interior por dentro, me maquille como una puta y perfumándome mucho regrese a donde estaba Abraham, al verme no pudo más que alegrarse de lo que veía…

    -Siempre he querido ser la puta a la que se coge su jefe, ahora tu eres mi jefe¡ le dije descaradamente y mostrando mi trasero levante mi falda para mostrarle mis nalgas desnudas, enmarcadas en las medias y mi liguero negro, dándome la vuelta le dije muy coqueta…

    -Se le ofrece algo Contador? Quiere tomar alguna cosa en especial? Al tiempo que sonreía yo le insinuaba mis tetas y mis nalgas,

    -Ven aquí Haydeé, toma el dictado en mis piernas! Me dijo socarronamente, de inmediato me senté en mi supuesto jefe, totalmente desnudo y con su verga bien parada. Levantando mi falda me senté en su verga sin metérmela y empecé a mover mi trasero.

    -Se ve que no te han cogido en mucho tiempo verdad Haydecita?

    -Si jefe, el pendejo de mi marido me abandona mucho, usted cree? Es un imbécil, a veces creo que no le gusto!!!

    -Pues sí que es pendejo tu marido, mira que dejar este culito sin su verga diaria, pero ahora ya no será así, yo te cogeré cada vez que ese pendejo no lo haga! Tú serás mi puta desde ahora!!!

    -Si ingeniero lo que usted diga! Le dije siguiendo el juego. Sin que me lo pidiera le volví a mamar su verga y él se estremecía, le di mis mejores mamadas, y un rato después me le monte empalándome su pieza enorme en el coño y moviendo mi cadera me lo seguí cogiendo muy sabroso moviendo mi pelvis y sintiendo su verga en mis entrañas, suave, rico, mientras el me estrujaba las nalgas, y me chupaba las tetas de mi abierta blusa, al tiempo uno de sus dedos me invadió mi apretado ano haciéndome gemir…

    -Te gusta por el culito verdad puta? Coges muy sabroso Haydee. Y me imagino tu culito bien estrechito y apretado! me dijo Abraham.

    -No lo sé señor, nunca me han cogido por allí, tengo el culo quintito!

    -Pues ahora te lo romperé pinche puta!

    -No ingeniero. Mi marido se dará cuenta! yo seguía cogiéndolo más caliente que nunca, subiendo y bajando montada en su verga, mientras seguíamos con la charla caliente de nuestro juego.

    -No creo que se dé cuenta ese pendejo, y si lo hace me vale una chingada, que vea como se coge un macho a una puta como su mujer!

    -No! Eso no! Le dije al tiempo que me desmontaba de él y me dirigí al sofá del estudio, él me alcanzó y ya sin decir más, le ofrecí mis nalgas abiertas para que me culeara, dirigiendo su gruesa cabeza de su verga a mis pliegues de mi culito, me untó algo de saliva y se dio a penetrarme, fue un suplicio, pero finalmente me entró, poco a poco su verga ganaba terreno, yo sufría mi esfínter dilatado me dolía, pero lo alentaba a que me culera más, me entro de un golpe seco toda su verga, grite y me jalo, entrándome toda, haciéndome pujar y llorar, pero no dije nada, el siguió con su verga adentro, me salió un poco y vuelta, me entro de nuevo y me la sacaba hasta que empezó el rico movimiento de entrada y salido de mi distendido ano, me ardía terrible, le pedí que me la sacara, no hizo caso, a cambio me dio unas fuertes y sonoras nalgadas, enrojeciendo mis nalgas, me estaba culeando el maldito de una manera terrible, salvaje pero yo estaba encantada, lo deseaba así, con furia, y el cumplía a la perfección, me hondaba el culo una y otra vez, hasta que no pude más y sentí desmayarme del dolor, el mismo tiempo yo sentía delicioso, un dolor tremendo, sucio y humillante pero delicioso, me entregue a él y le empecé a gritar..

    -Más ¡más! Así cabrón ábreme el culo! Es tuyo papi!

    Y él lo hacía, me entraba con rudeza, me la sacaba casi hasta la punta y me la dejaba ir de golpe, mis pliegues del ano se expandían a cada metida, me explotaba, me sentía morir pero allí estaba aguantando hasta que por fin no pude más, y le suplique que me la sacara, creo que sintió lastima por mí, y lo hizo, al salirse tenia muestras de mí, olía a mí, y tuve que ir corriendo al baño a defecar, me había sacado la mierda y corrí al retrete, termine pero con más ganas de seguir, usando una pequeña manguera me lave el interior del recto y quede prácticamente limpia. Salí del baño y fui hasta el que se había aseado la verga en el otro baño, lo vi. Limpio, y se me contrajo el culo, fui a mi recamara y tomando algo de crema me unte el ano, regrese y me le ofrecí de nuevo, Abraham no lo podía creer, estaba yo ofreciéndole descaradamente mi culo adolorido, pero el entendió mi deseo y sin decir nada me apunto la verga y me la entro de un golpazo, me hizo gritar, pero la crema evito la fricción con mis tejidos, así me estuvo culeando, diciéndome lo puta que era y yo sollozando y jadeando me entregué a su verga de nuevo con mi culo abierto, disfrutando de ese animal que me culeaba, sus manos me tomaban por las nalgas y me apretaban con gran fuerza, me entraba y salía a un ritmo veloz hasta que una de sus manos se fue hacia mi panocha y empezó a dedearme al tiempo que me culeaba haciéndome gritar y explotar en un orgasmo doloroso y terrible al tiempo que él ya no aguantando más se vino en mi culo, en el interior de mi recto, ahora lleno de su leche, todo fue terrible, me entregue por el culo y el me gozo, al terminar me saco su verga y su leche con mi sangre confundidos gotearon, me limpió el culito y me lo besó, me agradeció lo rica que había sido con él y me enterneció, lo bese y recostados en el sofá empezamos a besarnos y a acariciarnos como dos amantes, me decía que le encantaba, que desde siempre me había deseado y que nunca pensó ni en sueños que pudiera tenerme sin embargo esto había sido para él lo máximo, yo le comenté lo mío, y le dije que mi marido ya no me cogía como antes, él se ofreció a ser mi amante por más tiempo y yo lo acepte, así que ya puestos de acuerdo nos bañamos, comimos algo pues ya eran cerca de las cuatro de la tarde, como si fuera mi marido le prepare de comer, comimos y vimos televisión un rato, pero al poco tiempo me empezó a acariciar las piernas y me saco los senos nuevamente y allí en la sala volvió a chuparme el coño, me puso de a perrito y me trabo de nuevo haciéndome gozar más y más, hasta que ya no pude resistir y le dije

    –Culéame de nuevo mi amor, lléname el culo de tu leche, claro que lo hizo, me agarró por las nalgas y así de perrito, me la metió y me bombeo como antes, solo que ahora ya más dilatada del culo no me dolió tanto, más bien si me dolió mucho pero se me adaptó el culo más rápido y lo disfrute enormidades, hasta que me vacié otra vez por la estimulación de sus dedos en mi coño y vaciándome contraje mi culito al máximo para provocar que de nuevo me llenara el recto de su leche.

    Ya cerca de las 6 de la tarde se vistió, lo acompañe al portón de mi casa, nos despedimos en un prolongado beso (un vecino que siempre rondaba mi casa me vio despedirme de él, siempre ha querido culearme) delicioso y me hizo la promesa de volverme a visitar cuando mi marido saliera nuevamente, de allí en adelante seria mi amante y claro que yo estaba dispuesta a entregármele todas las veces que él quisiera, después de ser suya, quería que me siguiera cogiendo muchas veces, en eso estábamos poniéndonos de acuerdo para la próxima culeada cuando a lo lejos se vieron las luces de un automóvil, sin saber quién era me volvió a besar y se marchó, mientras yo entraba a casa, solo que en minutos llego mi marido, una vez más con aliento alcohólico, todo paso muy rápido, entró a casa y sin decirme nada me tomo por la cintura

    -Y regresé mamita!

    Me dijo muy cachondo, al voltear mi cara me di cuenta que traía labial en el cuello y con mucho coraje lo separe de mí.

    -Por lo menos límpiate el cuello que lo traes todo pintarrajeado!

    Le dije molesta…

    -Se ve que no te lleno la puta con la que andas verdad? Él se desconcertó, se fue al baño y se limpió, regreso a mi lado, yo sentada en la sala, le reclame y el solo me pido perdón, solo que era tanto mi coraje que no aguante más… y comenzamos a culear en la sala, acostados en el sofá, le costó darme su leche. Cuando terminamos me fui al baño a lavarme mi panocha, cuando salí mi marido estaba dormido en la cama donde hacía unas horas había disfrutado de una rica verga y una buena culeada. Estaba acomodando las cosas de la sala cuando suena el timbre del portón y era mi vecino que me había visto despedirme del chofer, me dijo que quería hablar conmigo y ponernos de acuerdo o se lo iba a contar a mi marido, le dije:

    -Que quiere de mí.

    -Quiero culearte también.

    -Ahora no puedo.

    -Si no se deja le hablo a su marido y le cuento de la visita que tuvo el día de hoy, yo los observe desde la calle cuando entró el chofer y la beso, le subió el vestido para acariciarle las nalgas y le mamó las ricas tetas, y los observé cuando se metieron al cuarto a culear en la cama, yo escuché los gemidos de Uds. Estuvieron culeando desde las 2 hasta las 6.

    -Está bien, lo dejo que me culee solo una vez, no le cuente a mi marido y yo no le cuento a su esposa.

    -Está bien, cuándo lo hacemos?

    -Ya, en este momento, pase adelante, vamos a culear en la sala, mi marido está dormido, no podemos gritar ni gemir porque se puede despertar y nos encuentra culeando y va a ser un gran problema.

    -Está bien, sin hacer ruido.

    Lo paso a la sala y él me toma por la cintura y me atrae hacia él, me besa, me saca las tetas y me da una buena mamada, cuando hace esto siento donde su verga se pone erecta y la siento muy grande, creo que va a ser difícil no hacer ruido, me sube el vestido y mi culo desnudo queda a merced de sus manos, me acaricia las nalgas y un dedo lo baja hasta mi panochita que me hace suspirar, se me humedece y su dedo comienza a cogerme, me le muevo como si me estuviera metiendo la verga y esto lo hace excitarse más y le crece más su verga. Le meto la mano en el pantalón y logro agarrar una gran verga y la mido y no me alcanza en la mano, es un verdadero garrote de más de 22 cm. De imaginármela adentro se me contrae la vagina, pienso en lo que me va a meter en mi panochita, le bajo el pantalón y se lo quito, queda solo en bóxer, se lo bajo y sale aquel gran animalote con la cabeza rosada que me golpea la mano, lo beso pero no puedo metérmelo en mi boca, me preocupa mucho el tamaño.

    -Tu esposa aguanta todo esto adentro.

    -Sí, ya se acostumbró, al principio solo le podía meter la mitad, pero poco a poco se acostumbró a ella y ahora se la meto toda. Tiene un mes de estar donde la mamá porque está enferma, está en la capital, o sea que yo he pasado un mes sin poder culear, no lo he podido hacer ni pagando una puta porque donde ve el tamaño me dicen que no, que es temprano cuando yo llego a culear con ellas y después quedan adoloridas y no pueden seguir culeando durante el resto del día, espero que su vagina esté dilatada de la culeada que le dio el chofer, porque él se ve que tiene grande la verga y yo no tenga problemas al meterle la mía.

    -Probemos si me entra la cabeza, si esta pasa lo dejo que me siga bombeando, sino hago ruidos para que se despierte mi marido y Ud. se tenga que ir.

    -Está bien, comencemos en la mesa del comedor, Ud. se acuesta y queda a la altura de mi verga.

    -Está bien.

    Me acuesto en la mesa de espaldas, levanto mis piernas a la altura de sus hombros, el coge su verga y me la acomoda en la entrada de mi vagina, la cabeza comienza a separarme los labios y poco a poco me la hunde, esta comienza a resbalarse ricamente con la mezcla de mis jugos vaginales y el semen de los dos hombres que me cogieron anteriormente (el chofer y mi marido) siento que mi vagina se expande al máximo, me duele, se lo hago saber y me la saca un poco, comienza con un rico meta y saca hasta la mitad, conforme pasa el tiempo me la va metiendo poquito a poco cada vez más, en un tiro me da un envión y me la mete toda, yo suspiro y tengo mi primer orgasmo culeando con él, siento donde me tiene bien penetrada, logro ver mi vagina y parece que los labios le están dando un gran beso, estamos culeando por más de quince minutos, con su gran verga ensartada me da vuelta en la mesa y quedo de espaldas hacia él y apoyo mis manos en la mesa para sostenerme y el me comience a bombear mi vagina, siento más rico porque ya se resbala más suavemente, sus estocadas me están haciendo disfrutar de nuevo, es otra buena culeada la que me están dando, lo escucho bufar como un toro embravecido, me hunde toda su verga y siento como expande toda mi vagina la cual ya se adaptó a su gran verga

    -Mi amor, que buena vagina tienes, se adapta perfectamente al tamaño de mi verga, otras mujeres le es difícil lograrlo y no puedo terminar de culearmelas y quedo con todas las gana. Ud. es la mujer perfecta para mi verga ahora que mi mujer no está. Que iba a sospechar yo que mi vecina podía culear perfectamente conmigo hasta que la vi ahora alborotándose con el chofer, esperé que él se fuera y duraron mucho tiempo culeando, me iba a esperar para venir mañana, cuando llegó su marido yo venía para acá a hablar con Ud., me tuve que quedar esperando que estuviera sola cuando vi era que su marido se la estaba culeando también, no cerró bien la puerta y yo los pude observar desde la calle su vagina aguanta muy bien las vergas grandes.

    -Para que iba a esperar si ahora me puede culear todo el tiempo que quiera, mi marido ya se durmió.

    -Mañana vengo otra vez a culear con Ud. Haydée. Se adapta perfectamente a mi verga y eso lo voy a tener presente para no ir a buscar putas si la tengo a Ud. a la par de mi casa.

    -Venga otra vez mañana y culeamos con más calma para disfrutar de su verga.

    El comienza su bombeo más apresuradamente en mi vagina, me agarra de mis tetas, se apoya firmemente para hundirme toda su verga y logro observar que él se está poniendo con los ojos en blanco y siento donde viene el gran chorro de leche y me llena toda mi vagina, es tanto que se me riega y termina en la mesa dejando un charco de leche, me la deja ensartada y sigue moviéndose hasta que esta se pone flácida y me la saca terminando de regarse su leche en mis piernas hasta mis pies, me pongo mi vestido y el sus pantalones, me da las gracias porque le aguante su verga y no hice ruido, le digo que venga el día siguiente a las 10 para que hablemos y podamos culear tranquilos en la cama a como se debe.

    Al día siguiente es domingo y mi marido está durmiendo, eran las 8 a.m. cuando llega el vecino,

    -Hola Haydée, disculpe que venga temprano, pero necesito que culeemos otra vez, tenía varias semanas de no hacerlo y ahora que Ud. me ha dado esta oportunidad no la voy a desaprovechar.

    -Está bien, culeemos otra vez, ya mi vagina se está amoldando a su verga y me duele poco donde me penetra, no hagamos ruido para que no se despierte mi marido.

    Yo tengo puesta mi bata de levantarme sin nada por dentro como de costumbre cuando estoy sola sin mis hijos, lo hago pasar y me arrincona en el garaje, me saca las tetas y me da una buena mamada, me arroya el vestido y me deja descubierta la vagina y me coloca su verga bien erecta sobre ella, me la masajea con el pantalón puesto, se me pone bien mojada y de sus caricias me hace tener el primer orgasmo del día, él se saca su verga y me la hunde poco a poco,

    -Culeemos aquí de pie, ayer no lo hicimos en esta posición.

    -Está bien, métamela poco a poco porque me siento cansada.

    Estamos culeando de pie, de las cogidas del día anterior me siento cansada para hacerlo en esta posición, escuchamos donde pasan los vecinos por la calle, ellos no saben que yo estoy en el garaje culeando con el vecino, estamos bien escondidos, después de cinco minutos lo paso al cuarto del fondo de mi casa que es para las visitas, ya ahí me desnudo y él se queda observando detenidamente mi cuerpo, me acaricia las tetas y me las vuelve a mamar, me acuesta al borde de la cama y se inclina a darme una buena mamada de vagina, me chupa el clítoris y me hace tener mi segundo orgasmo, le pido que me hunda de nuevo su verga, lo cual hace sin pensarlo dos veces, esta me penetra bien rico, ya mi vagina está adaptándose a ella, me tiene bien penetrada cuando mi marido me llama a nuestra habitación.

    -Haydée, donde estás, necesito desayunar, tengo que salir.

    No puedo contestarle inmediatamente porque estoy jadeando de la cogida que me están dando, paramos nuestros movimientos y logro contestarle,

    -Ya voy, Gerardo, estoy acomodando unas cosas en el cuarto de visitas, está muy desordenado.

    El vecino se queda con su verga toda metida en mi vagina, le digo a mi marido que ya llego al cuarto, que estoy ocupada, claro, ocupada mi vagina con una gran verga adentro, seguimos culeando y al momento mi vecino me da una de sus buenas descargas de semen, me saca la verga y me limpio mi vagina para ir a la habitación con mi marido y mi vecino pueda salir de la casa, mi marido me pregunta que está haciendo y le digo que estaba acomodando unas cosas en el cuarto de visitas, pero no le dije que lo que había acomodado era una gran verga en mi vagina y me había dado de tomar su leche, al momento salgo y me asomo por el cuarto y todavía no había salido el vecino, me toma por la cintura y me jala hacia la cama, me pone de perrito y nuevamente me hunde su gran verga durante diez minutos y me da otra buena ración de su leche, se está descargando la que tenía retenida por un mes, escucho que mi marido sale a comprar algo para su desayuno y mi vecino vuelve nuevamente a la carga para bombearme la vagina por 20 minutos más y nuevamente me descarga su leche, ya rendida me quedo acostada en la cama, él se viste y se marcha, llega mi marido y me encuentra acostada y me da una culeada y me pregunta que porque siente un poco floja la verga dentro de mi vagina y siente que se le resbala más la verga, tengo más lubricada la vagina, y le digo que son ideas de él, lo que él no sabe es que la tengo inundada de semen del vecino, me sigue con el meta y saca de su verga hasta que el me da una buena descarga de semen, sería la tercera que recibo en la mañana, en dos días me he comportado como una verdadera puta, culeando a gusto.

    En la tarde me quedo sola, me acuesto solo con mi bata, no me he puesto ropa interior porque me siento cansada, las piernas y mi vagina un poco adoloridas, suena el teléfono, es Abraham:

    -Hola Haydée, que estás haciendo, vi que salió tu marido, si quieres puedo llegar para que culeemos otra vez en tu casa o vamos a otro lado.

    -Estoy cansada, pero para no perder el tiempo ahora que estoy sola puedes venir y nos damos una buena culeada.

    -Está bien, ya llego.

    Suena el timbre y salgo para abrir la puerta, es Abraham, lo paso adelante, en la sala va a la carga y me besa, mete las manos por debajo de la bata y me toca y acaricia mis desnudas nalgas, me aprieta sobre su verga, está ya se está poniendo dura, me recuesta a la pared en una esquina de la sala, arrolla la bata hasta mi cintura quedando a su disposición toda mi panocha, se inclina y me comienza a dar una buena mamada, me introduce su lengua en mi vagina y comienzo a gemir y retorcerme de gusto, tengo mi primer orgasmo en su boca, me mama ricamente el clítoris, se pone de pie y saca su gran verga y me la coloca a la entrada de mi vagina sujetando otra vez su verga como una lanza, y me la enterró con un solo movimiento. Sentí la cabeza y el tronco deslizarse dentro de mí hasta hacer tope en el útero.

    Sólo sus pelotas quedaron afuera. Lancé otro bramido. Abraham me sujetó por las caderas, me clavó los dientes en las tetas y empezó a empujar con toda su potencia, metiéndome y sacándome su pedazo de carne dura sin piedad. A cada empellón se me escapaba un grito. Me estaba culeando sin piedad, la sentía llegar a fondo, salirse casi por completo y clavarse otra vez. Tuve la fantasía de que me llenaría de leche y me dejaría preñada.

    Abraham suavizó un poco sus empujones para no venirse. Yo para entonces tenía una cadena de orgasmos ininterrumpida, mis jugos me llegaban hasta los muslos y escuchaba el chas, chas, chas, de su verga clavándose en mi concha inundada.

    Hubiera querido tirarlo al piso y montarlo, cabalgar sobre él con todas mis fuerzas, pero justo en ese momento lanzó su densa descarga dentro de mí. Lo hizo dando un alarido, clavándome su verga bien adentro. Sentí toda su leche caliente inundándome y volví a tener un orgasmo. Le digo que vayamos a mi dormitorio, que culeemos en la cama nuevamente, lo paso a mi recámara, se desnuda, esta vez yo voy a la carga y le agarro su pene y comienzo a mamarlo hasta ponerlo bien erecto nuevamente, lo hago suavemente para que no me descargue el semen en mi boca, lo quiero dentro de mi vagina, me le monto sobre su verga, la coloco en la entrada de mi vagina y me siento suavemente, hasta que la introduzco toda, siento que me separa completamente los pliegues de mi vagina y comienzo a cabalgar sobre ella suavemente y cada vez aumento el paso, el para ayudarme me toma por las nalgas y me ayuda a subir y bajar de su verga, al verme el vaivén de mis hermosas tetas se endereza un poco y me las atrapa con su boca y me les da una buena mamada lo cual lo estamos disfrutando al máximo, cambiamos de posición, me acuesto sobre mi espalda y abro bien las piernas para que el me introduzca toda su verga, él se coloca mis piernas a la altura de sus hombros y queda a toda su disposición mi vagina, acomoda la verga a la entrada y suavemente me la introduce, como estamos bien lubricados esta se resbala ricamente, comienza el vaivén suavemente del mete y saca, al poco tiempo el comienza a apurar el paso, estamos en esta posición cuando escuchamos que mi marido llegó en su motocicleta, Abraham me tiene bien penetrada a punto de darme su semen, me está bombeando mi vagina, no podemos parar para que el salga rápidamente de mi cuarto, el apura el paso para descargarme su semen, escuchamos cuando abre el portón del garaje, Abraham me comienza a disparar su semen cuando escucho a mi marido en la sala de la casa.

    Me llama:

    -Haydée, estas dormida.

    No le puedo contestar porque estoy sintiendo la rica sensación del caliente semen recorriéndome las entrañas de mi vagina, estoy suspirando y no puedo hablar porque va a sospechar que estoy culeando. Nuevamente me llama:

    -Haydée, que estás haciendo.

    Abraham ya me descargó su semen y me tiene metida la verga en mi vagina sin moverse y le contesto a mi marido:

    -Ya voy, Gerardo, estoy acomodando la ropa que lavó la señora ayer.

    -Está bien, aquí te espero en la sala, voy a ver televisión, tal vez me preparas algo de comer.

    -Está bien, cuando me desocupe salgo. Claro, podía salir cuando me desocuparan mi vagina.

    Abraham se pone su ropa rápidamente, no puede salir porque mi marido está en la sala. Le digo:

    -Abraham, escóndase bajo la cama, cuando traiga a mi marido a la cama para entretenerlo Ud. sale, yo le dejo la puerta abierta.

    -Está bien, Haydée, después la llamo para que culeemos en otro lugar que no sea su casa cuando su marido esté cerca, no nos dimos cuenta del tiempo que estuvimos culeando.

    -Está bien, me llama para ponernos de acuerdo.

    Me limpio rápidamente las piernas y mi vagina del semen de Abraham, él se esconde bajo la cama, salgo a la sala y está mi marido viendo televisión, voy a la cocina y le traigo un fresco y un bocadillo, me le siento en las piernas y lo comienzo a acariciar.

    -Gerardo, quiero culear, vamos a la cama.

    El me mete la mano bajo mi bata y me toca mi monte de venus y me recorre con un dedo mi raja.

    -No traes nada debajo como siempre cuando estamos solos en la casa, me excitas Haydée, vamos a la cama.

    Me lo llevo al cuarto, él se desnuda y se acuesta boca arriba con su verga bien erecta, yo me quito mi bata y me acuesto sobre el para acomodar su verga en mi vagina y no vea hacia la puerta para que salga Abraham, siento una mano que me acaricia las nalgas, no es la de mi marido, es Abraham, me lleva su mano hasta la entrada de mi vagina y me acaricia el clítoris, lo dejo hacerlo para que mi marido no sospeche, quita su mano y yo me acomodo la verga de mi marido y me la hunde toda, comienzo a subir y bajar en ella cuando siento que me pellizcan una nalga y logro observar donde sale Abraham de mi cuarto, estoy cansada de las cogidas que me he dado en el día, apuro el paso y logro que mi marido me dé su semen rápidamente, él se queda dormido y yo salgo para el baño, estoy duchada cuando suena el teléfono, es Abraham:

    -Que rica se ve tu vagina cuando se está devorando una verga, gracias por dejarme observarte, te debo otra buena culeada.

    -Yo lo llamo cuando esté sola, yo también quiero darme otra buena culeada.

    En la noche Gerardo se fue en su moto y nuevamente me dejó sola, llaman a la puerta, es el vecino.

    -Haydée, se fue su marido, déjeme pasar nuevamente.

    -Ahora no, estoy cansada, hoy tuve que culear con Ud., me echo tres polvos, con Abraham que dio dos y con mi marido uno para que pudiera salir Abraham.

    -Déjeme entrar yo se la meto y nos damos solo un polvo.

    -Pase rápido, porque puede regresar mi marido, le voy a hacer el favor de dejarme culear porque ha estado un mes sin hacerlo y su verga me da mucho placer, disfruto de la cogida que me da.

    Lo dejo pasar y de una vez va al ataque, me mama las tetas y con sus manos me acaricia la vagina, se saca su gran verga, me acuesta en la mesa, me abre las piernas y me hunde su gran animalote, se desliza porque mi vagina ha pasado todo el día mojada, me bombea rápidamente sintiendo donde me separa los pliegues mi vagina, me dispara su semen, me inunda toda, se retira, se sube los pantalones, cuando me bajo de la mesa llega mi marido, salgo rápidamente a limpiarme los hilos de semen en mis piernas, el vecino se sienta a terminar de bajarse la erección, saluda a mi marido y se retira. Nos acostamos mi marido y yo a tratar de dormir porque me espera un nuevo día y no sé si voy a descansar o pasar culeando, le toco la verga a mi marido y la tiene llena de semen, seguro salió a culearse a la querida, lo dejo dormir, de todos modos yo he pasado culeando el fin de semana sin salir de la casa, culeando como una puta.

  • Sigue, fóllame, párteme en dos

    Sigue, fóllame, párteme en dos

    Sábado noche. Bar Motor B, Madrid, España, 11.30 pm.

    Buen ambiente. Sentada en un taburete de la barra. Estoy vestida para matar.

    Botines estiletos de 12 centímetros de tacón, minifalda, corpiño sexy y cazadora vaquera apoyada en el respaldo del taburete. Botellín de cerveza y chupito de whisky.

    La víctima no tarda en apoyarse en la barra y mirarme con ojos de galán de tercera.

    Pablo, treintaytantos, pelo negro, patillas y barba de varios días, botas, camiseta Gira Mundial de Nosequién y chupa de cuero. Me gusta. Me sirve.

    Quiere invitarme a la bebida y quiere conversación. Sólo me interesa una de las dos.

    Baño cerrado con pestillo. Mi espalda apoyada en una pared, las piernas apoyadas en la opuesta. Mis taconazos tacletean en la puerta. Bullicio tras ella. Más morbo.

    La cara del galán de tercera hundida entre mis piernas. Tiene hambre. Come. Su lengua es un torbellino de placer. Gozo mucho. El amigo promete.

    Me invita a dos tequilas. Magreos y besos lascivos. Sus manos se hunden en las profundidades de mi faldita. Me contoneo, y mi trasero se refrota en su abultado paquete. El galán acaricia mis pechos por encima del corpiño. Los asistentes tienen la llama del Deseo en la mirada. Me motiva. Le envidian. Anhelan sexo en vivo. Pero hoy la Diosa del Placer no atenderá sus súplicas. Ya ha encontrado quien sucumba en su herético altar.

    Vamos a ir a mi casa. No vivo lejos. En la puerta tiene su Honda VT 750 Shadow Spirit. Muy chula. Digna de mí.

    Vuelo prendida a su cintura. Le mordisqueo las orejas y el cuello. Mi lengua corretea por su nuca. El vello erizado sin remedio. Mi jinete aúlla a la Luna como un lobo salvaje. Mis dedos acarician su pubis. Su cuerpo, fundido con el mío, arde en deseo. No tardará en consumirse en mi pira.

    Bienvenido el planeta Maya Braun.

    El tintineo de decenas de velas ilumina sutilmente mi dormitorio. Huele a jazmín. Es perturbador. Delicado satén en las sábanas que acogerá mi lujuria desatada. Y un enorme espejo frente a la cama reflejará las escenas más sucias. Esa lascivia brutal de una fiera en celo. La música invade la estancia. This city never sleeps. Eurythmics. Esa canción saca la puta perfecta que hay en mí.

    Bailo al lúbrico ritmo que impone Annie Lennox. Sensual. Hipnótica.

    Mi nuevo amante recostado al borde de la cama. Su camiseta vuela por los aires. El pantalón desabrochado apenas mantiene protegida su arma más preciada. Me contempla embelesado. ¿Qué te parece lo que ves? Te gusta. Va a ser tuyo.

    Le ofrezco mi especial lap dance. Aprendido de la mejor stripper de Madrid. Cientos de hombres perdieron sus billetes por ese baile. Mi ropa cae al suelo como las hojas secas en otoño. Acaricio mis pechos, humedecidos con mi saliva. Mis yemas encendidas recorren este cuerpo pecador, que refulge ya por el ardor. El motero jadea obsceno. Se toca. Aplaude y jalea con frases procaces. Quiere matarme a polvos. Sabe que él también morirá de placer. Permito que roce mi trasero con su lengua mientras bailo. Ohhh, sí. Es tan cálida sobre mi piel. Juego con su cabello. Y la música me arrastra, me domina. Mi carne ya no me pertenece. Es ofrenda en la liturgia de los cuerpos.

    El galán no puede más. Quiere poseerme. Desnudo ya, muestra su miembro que, duro como roca, apunta hacia mí. Jugoso. Expectante.

    Sentada sobre él, le invito a conocer el sabor de mis pechos. Los agarra como un niño sujeta su bien más preciado. Lame con fruición. Mordisquea los pezones. Ohhh, Dios, qué bueno. Mi cuerpo se arquea. Le insto a que no pare, a que su boca se sacie de mí.

    Retozamos sobre el blanco satén. Nos comemos la piel a bocados. Lenguas vibrantes se enredan, se adoran. Uno sobre el otro nos damos mutuamente placer oral. Gritos ahogados rasgan el denso aire. Trago su miembro chorreante hasta rozar con los labios esos compactos testículos. Los siento repletos de deliciosa miel. Pronto será mía. Ávida recojo la saliva que desciende en cascada por el tronco. Mi sexo ha estallado. Es un océano embravecido. Mmmm sí, es todo para ti. Él agarra con fuerza mi cabeza, y da fuertes embestidas, clavándola hasta lo más profundo de mi garganta. Y su boca sabe a mar. Sabe a mí.

    Mis dedos impregnados de sexo se pierden dentro de su cuerpo. Conocen el camino. Un gemido sordo ahoga su éxtasis. Le duele. Le gusta. Le incomoda. Quiere que pare. Pero soy experta. Jamás. Vas a conocer el placer total.

    Muerdo su boca, lamo lasciva sus labios, su cara. Nos miramos. Sólo dos palabras necesito. Mi aliento resuena en la estancia como un mantra. “Déjate llevar”.

    Mis dedos ya juegan libres. Y mi boca saborea su miembro en un delirante vaivén. Se retuerce de gusto. Jamás ha sentido ese dulce picor. Esa profunda estimulación que hace que un hombre no distinga entre el Bien y el Mal.

    Manos ancladas al cabecero por unas esposas. Mi galán de tercera está preso. Enhiesto. Cachondo hasta la desesperación. Me inclino hacia adelante, artística y putísima. Frente a su rostro mis prietas nalgas y mi sexo entreabierto. Húmedo. Acogedor. El morbo le mata. Lámeme. No pares. ¡Ohhh, sí, así! Me encanta.

    Toma tu recompensa. Me siento delicadamente sobre su falo. Mi espalda contra su pecho. Woww, yeah, man!! Siento cómo cada parte de su hombría me taladra hasta llenarme entera. Perfectamente acoplados. Bombea furioso. El sonido de los cuerpos mojados, como olas rompiendo en un acantilado, me embriaga. Se mezcla con la música, con los gemidos, con los gritos de pasión. Ardo por dentro.

    ¡Sigue, fóllame, párteme en dos!

    Nuestra imagen queda reflejada en el espejo. La escena me estremece. Hace que mi sexo se desborde. Míranos. ¿No es perfecto? Mmmm sí, claro que lo es. Dale duro. Dame más. Entrégamelo todo. Mi galán vibra. Contempla la primitiva escena entre aullidos y embestidas. ¡Desátame, puta… diosa!. Voy a destrozarte. Déjame preñarte entera.

    Sus manos me abarcan toda. Ásperas. Arañan mi piel. Me hacen volar. Resbalan por mi cuerpo empapado en sudor. Aferrado a mis pechos hinchados, a mis caderas, a mi vientre colmado de él. Me penetra de lado. Acompasados. Febriles. Sujeta mi pierna para sentir más profundamente las acometidas. Y las siento. Él las siente. Su boca caníbal me devora la cara. El olor de mi cabello le ciega. Las horas son segundos y yo estoy en el Cielo.

    Quiero ver tu rostro. Quiero tu mirada en mí. Haz que el misionero me clave en la cruz. Aprieto su trasero en tensión. ¡Ohh, ahí, toda dentro!. Más fuerte, y más, y más. El galán de tercera ya es de segunda. Escupe dentro de mi boca, sobre mi pecho. Me excita mucho. Deseo su saliva. La reclamo. El aire asfixia. Condenados a morir de lujuria. Mis uñas horadan su espalda. Bramidos de placer. Hilos de sangre y sal adornan nuestro orgasmo. Mi interior de desborda con su marea. El amante convulsiona de gozo. Está precioso. Me fascina contemplar el rostro del amante al correrse. Pero aún no estoy saciada. Quiero más de él. No permito que se relaje.

    Agárrame del pelo. Cual cowboy en rodeo me cabalga sin freno a cuatro patas. ¡¡Ohhhh, Dios, me muero!! Me escuece tanto. Me gusta tanto. Fóllame el culo. No te cortes. Me clava su estaca en ambos lados de forma alterna. Es lo más. Es formidable. Eres preciosa. Eres la hostia, tía. Sí, soy la hostia. Hoy ha sido tu noche de suerte. Goterones de viril sudor caen sobre mi espalda. Son refrescante lluvia de verano en mi piel. Azota mi trasero. Pellizca mis pezones. Le encanta. Y a mí. Largo rato perfora mis cavidades hasta que un nuevo clímax me eleva al espacio exterior.

    Él quiere darme ya su esencia. No, aún no. Voy a hacer de ti un galán de primera.

    Su trasero profanado por un gran vibrador de látex. Velocidad 5. Y mi boca engulle su miembro hasta el fondo. Ruge como un león. Qué placer inigualable. Nunca ha sentido algo así. Lo sé. Por eso deseo que conozcas ese arrebato, ese delirio. Mi hábil lengua mima la cima de su poder. Lo penetro y mamo intensamente hasta que el galán, ya de primera, explota dentro de mi boca con una riada de blanco magma, entre alaridos y juramentos de amor eterno. Toma, Pablo, bebe del cáliz de mi boca. Descubre el sabor de tu pasión. Y mi complaciente amante cae rendido sobre el blanco satén con el dulce regusto del amor en la garganta.

    Casi al alba el galán de primera sale por mi puerta. Estoy saciada. Cinco polvos y cuatro orgasmos me avalan. Y su factoría lechera cerrada por defunción.

    No quiero su teléfono. No quiero citas. Quizás nos veamos por ahí.

    Quiero dormir con el olor del sexo salvaje en mi piel.

    Es domingo. Son las 14.40 h. Recién levantada, escribo con un café a mi lado.

    Luce un radiante sol y la mantis religiosa inicia un nuevo día tras una noche de cacería.

  • Segundo encuentro con Miguel

    Segundo encuentro con Miguel

    Nuestro segundo encuentro se dio luego de un par de meses de tener contacto Miguel y yo, tan sólo una semana antes, un viernes en la mañana definimos vernos en la ciudad donde vive. Contando los días para vernos, se dio el encuentro con un delicioso beso y apretando fuertemente mis senos contra su pecho. No pudimos cumplir la fantasía de aquel bar swinger en donde muchos presentes seguramente, nos verían disfrutando del sexo que tanto nos gusta a ambos, él con el deseo de desnudarme frente a extraños y yo con la idea de ver su cara y boca entre mis piernas. Fuimos a su apartamento, lugar donde iba a permanecer todo ese fin de semana, me lleva a su alcoba me desviste para yo tomar un baño y luego deleitarnos con caricias y besos; su perversión de morderme se sacia, dejando la marcas de sus dientes en mis senos y nalgas, es como si las quisiera arrancar…

    Disfruto la manera como lentamente introduce y saca su pene de mi vagina, sintiendo la humedad del placer que me genera sentirlo encima mío, solo con besarlo mi deseo se activa, sujeto su cuello y espalda mientras estoy tendida en la cama debajo de su rico cuerpo, me siento mojada, decide sacarlo y maniobrar con su pene para lograr venirse encima de mi pecho, untando mis manos también y llevando a mi boca uno de mis dedos para sentir aquel sabor dulce y salado de su semen, ya habrá oportunidad de tenerlo dentro de mi boca y beberlo. El placer del sexo juntos es inevitable.

  • Adicto sexual

    Adicto sexual

    Nada es ficticio o fantasía sexual… Todo es 100% real pues es mi vida personal.

    Es la primera vez que escribo. Me describo brevemente… Hombre, 30 años, delgado, 1.78, nombre ficticio Fer.

    Actualmente me encuentro casado, sin hijos, me considero de mente abierta, todo esto inició hace unos 4 años atrás aproximadamente, en cierta ocasión comencé a leer todo tipo de relatos, distintas categorías, hasta conocer el tema del pegging, es decir cambio de roles en una pareja, tenía la curiosidad y así mi esposa en ese tiempo novia, se lo comente , lo propuse aunque con nervios de ver su reacción o respuesta pues tenía miedo a que pensará mal o me viera diferente, en el momento solo me comentó ya veremos, cuál fue mi sorpresa? Al igual que yo cada quien por su lado investigo o leyó el tema, descubriendo que el punto G del hombre está en el ano eso a ella le causó mucho morbo pues leyó que causaba tal placer que hasta uno se venía sin tocarse, yo no he llegado a eso pero si sale preseminal, por lo cual con gusto acepto y es así como comenzó esta aventura y deseo sexual, cada vez tengo la necesidad de probar más y hacerlo más frecuente, a ella le encanta, al inicio comenzamos con los arneses y dildos o vibradores tamaño normal (14-16 cm) hoy en día tenemos esos y otro uno que nos encanta a los 2, 22*5 mide. Se podría decir que es el favorito de los 2.

    No puedo explicar el gusto de auto satisfacerme con el dildo, a los dos nos encanta hacerlo juntos pero siempre hay un momento que uno quiere más y esa persona no llena ese deseo extra por lo cual a solas meto el dildo dentro de mí me gusta mucho tanto delicado como ser rudo, me gusta cómo abre mi culo poco a poco y meterlo al fondo que entre todo, me gusta sentirme lleno, incluso cuando tenemos sexo y saca el dildo para ella cogerme, me encanta pues hay una combinación de ternura y sexo duro ya no utilizamos arnés, le gusta más poner atrás de mí y yo acostado boca arriba o de perrito, mientras ella toca y acaricia mi cuerpo mientras me besa, acaricia o incluso muerde y succiona mis pezones y baja a hacerme tremenda mamada todo esto mientras ella juega con el dildo en mi culo pff me vuelve loco, al inicio era difícil aceptar tal placer, pero con el tiempo ya me gusta, pues solo se vive una vez y comentamos que es mejor disfrutar de nuestros deseos más profundos y gozar el sexo al máximo, me gustaría experimentar otras cosas, con el tiempo comentaré.

    Ahora creo ella le gusta tanto como a mí, a ella le gustan los dildos pero no tan grandes en cambio a mí me fascina entre más grueso mejor. A ella le gusta verme bien cogido, tener la polla toda adentro y me deje abierto, le encanta ponerse sobre mi como si ella me cogiera y cuando es vibrador pegarse a él para sentir la vibración en el clítoris mientras yo meto mis dedos en su jugosa vagina y morder sus pezones, de echo he pensado que el sexo es más rico cuando involucramos los dildos y tenemos ese precio juego antes de coger, pues se viene sin que la toque como cuando le hago oral y eso pues a mí me vuelve loco.

    Siempre y como todo al final de darnos placer el uno al otro, jugar, masturbarnos el uno al otro y claro nunca debe faltar un buen sexo oral pues me encanta cuando tiene sus orgasmos y explote en mi cara, puff me fascina hacerle oral y terminar cogiendo como locos después de que ella también haya jugado o disfrutado conmigo, aún que claro el que disfruta más soy yo pues me encanta, me transforma saca mi lado sexual más loco de mi el tener un dildo y sentirme lleno mientras succiona mis pezones y con su mano jala el otro, eso me vuelve loco, y solo pienso en disfrutar. (Creo eso es un poco de dominación o incluso fetichismo).

    Debo confesar que me gusta mucho el sexo anal, me gusta mucho complacer y hacer gozar a mi esposa pues es algo mutuo al igual ella me da placer a mi, sin embargo hay ocasiones que quisiera experimentar otras cosas lo cual se me hace difícil pues hay cosas que se me ocurren pero creo ella no aceptará… Tengo la fantasía de hacer sexo oral y me cojan rico, solo sexo.

    Por ahora es todo, luego continuaré compartiendo mis experiencias, a solas o con mi pareja, con o sin juguetes pues su deseo sexual se debe a mi ya que ella era más tranquila pero hay días que lo desea tanto como yo como si no hubiera un mañana, jugando, teniendo doble penetración conmigo y los dildos puff me encanta verla gozar.

    Como verán es la primera vez que escribo acepto todo tipo de comentarios, siempre es bueno para mejorar. Cualquier duda: [email protected].

    Incluso conforme agarre confianza me gustaría poder subir o compartir alguna imagen, tener contacto con alguien más, que se yo… El tiempo decidirá…!

  • Guiando a Carmen

    Guiando a Carmen

    Como estas putita hermosa, vienes o voy, estás sola…

    «No me escribas a mi celular lo tendrá mi hijo, todavía no se va a trabajar mejor te busco en un rato…»

    (Una hora después… a solas)

    -Oye, que te pasa, no me llames así. No te lo voy a permitir!»

    -Saboor. Me gustas mas así, enojada-intensa-sexy, sensual! Chiquita. Quieres garrote o quieres pepino pachiche.

    -«Por qué me dices así?»

    -Me gustas mucho, porque tienes dos semanas que no te has comunicado, te extraño y me extrañas, no me has mandado ni un saludo: el hola y el que pasa con el saludo de ser cordial como un después y algo más; o solamente vas a saludarme cuando tu esposo no esté en la ciudad, me gustas caliente y atrevida, pero también me gusta saludarte y besarte en la mejilla de vez en cuando.

    -«Tengo problemas, mi hermana está enferma. Son cosas de familia y no siempre puedo salir de mi casa para mirarte.»

    -Lo siento mucho pero no eres tú la que está enferma, y puede que lo que tu hermana es necesita amor o una buena cogida como las que te he dado en la playa.

    -«No sé si te comenté pero desde que murió su esposo no se ha podido recuperar»

    -Nunca me habías comentado, y hablando se entiende la gente, y siempre he dicho que primero lo primero; si es así, no hay problema, nada más avísame.

    -«No tenía cabeza para nada, estoy estresada, estoy preocupada, pero gracias por entender, y tu cómo estás, todo bien?»

    -Yo bien. Muy bien, mando vibra y…

    -«Muchas gracias por tus atenciones pero no seas ingrato…»

    -Porque me rechazas, si yo siempre estoy mandando energía para que todo salga bien, y para que tú estés en paz, y lo de putita no es ofensivo, es una palabra para nuestra intimidad, y para la privacidad cuando estés en tu posición favorita a punto de alcanzar tu clímax.

    -«Ya vas a empezar… me alegro que estés bien pero ahora no puedo, mi tiempo es limitado, y me tengo que marchar.»

    -Ya no tienes que ocultarlo… te gusta el nombre, y aunque no sabía lo que estaba pasando, y es importante la salud de tu hermana, la tuya lo es más, ya no te preocupes, cuida tu salud.

    -«Si no te preocupes.»

    -No me preocupo, no quiero que tú te preocupes, enfócate, quiero despertar el fuego como cuando te conocí.

    -«Creo que baje de peso.»

    -Pues no te vayas a poner muy flaca porque cuando pierdes peso pierdes volumen en tus pechos y en tus nalgas, y sigo esperando el día cuando regresemos a la playa para cogerte en falda y sandalias.

    -«Si lo sé.»

    -Y es más, somos nada más amigos, lo has recalcado varias veces pero me gusta seas mi putita…

    -«Si. Lo que tú digas!»

    -No corazón. Ven, acércate, no es lo que yo diga; es lo que tú digas también, sino cual es propósito, prefieres que el sexo aburrido de tu casa?

    -«Jajajaja… perverso, bueno, está bien, lo admito, me gusta.»

    -Muy bien, voy a recordártelo cuando estés bien caliente gimiendo mi nombre, o para cuando me estés dando el ignore como en las últimas dos semanas.

    -«Ya siempre ando caliente.»

    -Puta. No sabía pero tenía idea, ya que empiezas a liberarte y empiezo a conocerte, empieza a ser más obvio, que bueno que lo dices así mi vida  te me antojas, fogosa, deliciosa, atrevida.

    -«Jajaja… me están dando cosquillas como si mariposas empezaran a caminar por mis muslos.»

    y que me compartes poco de esa energía

    -Sabía que eras muy sensual, pero no tan sexual, y que buena combinación; tentación divina, voy decirte putita más seguido!

    -«Si. Seductor, puedes.»

    -Chiquita hermosa, eres una dama para ellos, atiende bien a tu esposo y a tu hijo, estoy consciente de tu situación pero para mí eres mi Putita, te parece?

    -«Si. Me parece bien, pero ya bésame, acércate más.»

    -Te emociona la energía sensual de la puta que estaba dormida?

    -«Si. Demasiado. Jajaja se siente bonito.»

    -Qué bueno, así va ser mejor así, más sabroso, más emocionante, mas tentador, con un toque prohibido… mi Carmen, mi hermosa, mi puta

    -«Auchh.

    -Que. Que te pasa, porque auchh; te gusta o te asusta el dedo entre tu panocha y tu pantaleta mojada. Puta te voy a dar una nalgada por resbalosa.

    -«Si. Hazlo, así si me gusta.»

    -Una nalgada para empezar y después te caliento más, veo que la que quiere nalgadas eres tu degenerada.

    -«Si. Así.»

    -Te calentó tu nuevo nombre, como ese día cuando te pregunte si ya habías cogido, o solamente te dejo sorprendida.

    -«Me sorprendiste, me sorprendiste, eres muy atrevido.»

    -Tal vez te sorprendo con mi atrevimiento, pero ya con la explicación siempre terminas emocionada, caliente, atrevida, sensualmente deliciosa.

    -«Pues para que digo que no. Es delicioso verdad…»

    -Abre las piernas un poco más, bésame, me gusta que expreses tu sensualidad, que te liberes a la puta fina en tú se

    -«Que si me gusta, para que te lo digo, ya lo sabes, para que te explico, si ya lo sabes, estoy empapada, quieres probarme?»

    -Quiero, pero eso, ya lo dijiste; pero dime cuando compraste esta prenda tan bella, fuiste con el de compras, o fuiste sola pensando en mí.

    -«Fui con él, pero no quiero hablar de eso, me gusta que tú me sorprendas, eso me calienta, me gusta, me excita, me embriagas con tu energía.»

    -Gracias, así muévete, y así se habla; así te entiendo mejor zorra, y no te alteres, me estas levantando la voz, quieres un beso o una cachetada.

    -«No. Si no grite corazón, estoy perdiendo el control.»

    -Puta, a que te pongo una nalgada, una cachetada, y después te pongo a gatas.

    -«Siiii. Así»

    -Así quieres, así prefieres, quieres que trate como en tu casa o como lo puta que eres.

    -«Si. Así, trátame como lo puta que soy, pero ya no uses tu dedo, entra, tómame. Hazme tuya.»

    -Mi amor. Deliciosa, eres la puta más hermosa y deliciosa del condado.

    -«Jajajaja… maldito, ahí, despacito, no seas cruel; y no te pertenece, pero es todo tuyo.»

    -Te ríes de nervios, y te ríes de gusto, esto es lo que necesitabas.

    -«Me dio gusto recibir tu mensaje, no esperaba tu mensaje, y que nervios pero que gusto.»

    -Porque no lo esperabas, ya sabes que me gusta sorprenderte; muévete así, como si estuvieras bailando.

    -«Disculpa pero me está llamando mi marido…»

    -Contéstale, dile que estás conmigo y que vas a llegar tarde.

    -«No. no hagas ruido, tengo que darle de almorzar en un ahora, y si no estoy en la casa me va estar buscando.»

    -Después que se vaya y te quedas sola voy a ir a cogerte nuevamente.

    -«No. Estás loco, ya no digas nada… ahhh bésame el cuello así, baja por mis hombros y muerde mis pezones; y entra fuerte, y vamos a viajar este fin de semana, no me vayas a buscar. Toro, torito, presumido; ya no juegues, entra mas rápido, y besa mi boquita.»

    -Cuando este en la playa, acuérdate de cuando fuimos a Marbella, y cuídate mucho, pero no vayas andar de coqueta, y cógetelo rico antes, durante, y después para que no vaya sospechar que te tengo bajo mi hechicería, y borra todo lo que está en el celular.

    -«Jajaja… si lo tendré en cuenta, pero ya no juegues, oh mejor si, deja apagar el teléfono, está vibrando demasiado.»

    -Piénsame, piensa en este orgasmo, y vuelve a pensar cómo te voy a tener cuando el salga nuevamente de la ciudad.

    -«Si Está bien…ya no puedo, estoy sudando, y mi viejo insistiendo, que le voy a decir; tómame y agárrame con la magia de tu ímpetu y la delicia de tu frenesí.»

    -Cuando llegues a la playa me mandas más fotos, modelando y seduciendo porque ya no tengo ninguna de las fotos que me regalaste.

    -«Y eso… por qué las borraste.»

    -Pues para protegerte. Voltéate perrita.

    -«Si. Es verdad… Ay que grande estas, no tan profundo, todavía no, déjame acomodarte.»

    -Quieres que guarde todo, más cuando estás bien provocativa, puta seductora, caliente!

    -«No, así está mejor, pues te lo agradezco.»

    -De nada mi amor. Agáchate. Y ya sabes bien

    -«Que. Dime. «

    -Que eres mi amor, eres mi puta, esta carne, estas nalgas, esta piel es mía chiquita. Me gusta más la puta que la dama. Ven

    -«Mmmm… Ahí se siente muy bien. Si lo sé, pero como no he apagado el teléfono, como que no me concentro.»

    -Concéntrate. Me gustas más concentrada, sensual, erótica, salvaje! A ti no te gusta más así?

    -«Si.»

    -Te gusta de tiga mi amor.

    -«Sii si si»

    -Y mi puta?

    -«Si. Más me gusta. No pares.

    -Lo sabía, te calienta, y te gusta que te saque lo puta que eres verdad.

    -«Si mucho»

    -Ahorita tienes nervios, pero te calienta la conversación, el garrote dominando tu panocha mojada.

    -«Si. Así es, y lo sabes. «

    -Perra, te gusta el peligro…

    -«No me llames así»

    -Te encanta… el deseo en tus ojos te delata, mira qué bonita se ve tu cara, tu boca, tus labios más carnosos.

    -«Si y la verdad amo el peligro, eso sí que me calienta»

    -Más te estas mojando, y no querías venir, mujer casada, ama de casa, esposa fiel; siento tu miel a chorros, mira que hermosa te ves, Ahora tú me estas calentando. Voy a cogerte por el culo

    -«Si, me gusta, y mucho pero ya no, ya me amenazaron que hoy le toca su postre a él. «

    -A qué hora cogen normalmente, ya de noche o de madrugada.

    -«Casi siempre en la noche… entre 9:00 o 10:00 y hace dos noches tenías tus zapatillas favoritas y cuando era la hora…»

    -Pensabas en mi cuando te quería poner a gatas o cuál es tu posición favorita.

    -«Si y mucho, más cuando me lo hace anal, pienso más»

    -Puta. Abre o te va doler…e s cuando te calientas más o más caliente estas

    «Más caliente estoy… ay que delicia, ahí, así, despacio, suave Yuni»

    -Tú se lo pides…

    -«Si»

    -Sí que eres puta, perra, hermosa, hembra deliciosa, ya te imagino.

    -«Le encanta hacérmelo»

    -Cogen mejor ya que te mando caliente como hoy…

    -«Si…s inceramente si»

    -«Ya me estoy cansando, tengo que irme, no quiero discutir cuando llegue a casa.»

    -Cuando estés cogiendo, emocionada y caliente, dile que tienes que ir al baño y me mandas algo… es una orden

    -«De echo siempre estoy caliente, ese no es un problema, el problema va ser detenerlo, no le gusta quedarse a media.»

    -Me gusta que te salga lo puta Carmen, ponte de puntitas; así, tus piernas que tanto me gustan.

    -«No voy a poder mandarte nada de imágenes, hasta que él se está bañando; ahorita que llegue va estar mirando televisión y va haber mucha luz.»

    -«Se lo mamas donde este sentado, y me piensas como lo mamabas hoy, y se lo mamas hasta que no pueda más…

    -«Si te lo voy a mamar bien rico y voy a estar ya bien caliente pero ya me tengo que ir.»

    -Me mandas mensaje de buenas noches, me dices si te gusto como te cogieron, o te gusta más como te chorreas en tu papel de puta hermosa.

    -«Claro que sí… lo hare mi amor»

    -Gracias, eres mi que…

    -«Soy tu puta»

    -SI. Lo eres, repítelo

    -«Soy tu puta.»

    -Quien es mi puta

    -«Yo»

    -Quien es yo, dímelo, dime quien es mi puta…

    -«Yo tu puta… Carmen»

    -Corazón, me calienta leerlo. Quien eres tu chiquita, quien es mi puta.

    -«Yo bebe, soy tu puta fiel»

    -tu nombre y después

  • Nuestra amiga argentina seduciendo pendejas

    Nuestra amiga argentina seduciendo pendejas

    Iba a ser una tarde tranquila, estaba en casa aburrida y no tenía mucho para hacer, hablo con mi compañera de la facultad (con la que me acosté un par de veces jaja) a ver qué onda, y me dice que iba una amiga de ella que es copada, que si yo quería ir que fuera, pero que su amiga no sabe nada que ella se acuesta con mujeres, así que tenía que ser todo tranquilo como dos amigas, nada más; me pareció bueno para salir un rato y fui.

    Llego, la saludo a Ana (mi amiga) y a Tati (su amiga), Tati, re buena onda, tiene mi edad, es linda, vestida normal (como me visto yo), daba la imagen que solo se acuesta con su novio y nada más (yo doy esa imagen también jeje).

    Hablamos boludeces hasta que Ana empieza hablar de sexo, Tati al principio media se quedaba, oía pero no decía nada, obvio yo conté el 0,000001 % de lo que hice jaja, y ninguna de las dos habíamos hablado del tema “acostarnos con mujeres” solo de algún trio que cada una hizo por su cuenta (obvio no contamos el trio que hicimos juntas con mi novio jeje)

    Hasta que le preguntamos a Tati, si había hecho un trío y nos cuenta que si, upaaa, ¡mira a la nena de cara buena jeje!, que lo había hecho con un chico y una chica y Ana le preguntó cómo había sido la cosa con la chica y Tati nos cuenta que fue la primera vez que había estado con una chica desnuda en una cama, que se besaron y se tocaron un poco.

    Ana, que es más viva que yo para manejar a la gente, le preguntaba que le había parecido, si le había gustado y Tati nos cuenta que sí, que jamás se había imaginado que las caricias, el beso, de una mujer la iba a excitar, pero que nunca más había estado con una chica.

    La charla ya estaba muy caliente, con Ana nos miramos y ¡sabíamos dónde queríamos llegar! Tati nos pregunta si habíamos estado alguna vez ¡con una mujer! Que eso a ella le intrigaba, que nunca había tenido la oportunidad, y tampoco sabría si se hubiera animado.

    Ana, le dice que sí, que había estado con mujeres, se levanta, y me da un beso ¡en la boca! Uy Tati se quedó helada, le contamos que no somos lesbianas, pero que sí, que teníamos la misma curiosidad de ella y nos acostamos alguna vez.

    Después de esto creo que Tati se quería ir a la mierda, más que Ana, le pone la mano en la pierna, y yo la veía nerviosa, hasta que Ana nos dice “hagamos una cosa, nos sacamos los jean, nos quedamos en bombacha, pongo la alarma del celular en 20 minutos y si no pasa nada, listo” (es más o menos lo mismo que me hizo a mí la primera vez que me acosté con ella, que también era la primera vez que me acostaba con una mujer).

    Yo le digo que sí, Ana se saca el pantalón, yo también, y a Tati, no le quedó otra, también se lo saca, cuando se sacó el pantalón, veo que tiene unas lindas piernitas, una colita parada y me pareció que también tenía una linda piel, suave. Como me gusta a mi jaja

    Bueno la cosa es que estábamos las tres en tanga, Ana se sienta en el sofá al lado mío y nos empezamos a dar besos, pero esos besos que nos damos las mujeres, que solo jugamos con las lenguas, y a mí me ponen loquita, nos acariciamos, yo ponía mi pierna sobre la de ella (y por eso me gusta a veces estar con mujeres, el roce de las piernas es distinto, es sentir una piel suave, ¡me pone loquita!), y así estuvimos un ratito, no mucho porque teníamos que poner a mil a Tati antes que sonara la alarma del celular.

    Tati estaba sentadita en el sofá, pero me di cuenta que se estaba excitando, entonces nos sentamos con Ana cada una al lado de ella, y muy suave, muy despacito, le empezamos a acariciar las piernas, que las tenía rígidas, pegadas, pero de a poco, se ve que le iba gustando porque las empezó a aflojar, sentía nuestras caricias.

    Ana le agarra la cara para darle un beso, pero no le gustó nada, como que se corrió de golpe, intenta otra vez más, y otra y otra, mientras yo le seguía acariciando las piernas, ya las estaba separando, y empecé a acariciarle la entrepierna (ya se estaba entregando jaja), y Ana logra besarla, todo lo hacíamos muy de a poco, ¡porque era su primera vez!

    Bueno cuando se deja besar, se empezó a calentar ¡como loca!, yo ya le estaba metiendo la mano por debajo de la bombachita y estaba remojada, recaliente, le toque, bien tocada la conchita, y sus gemidos ya decían que le gustaba, ahí suena la alarma, nos hicimos las tres las boludas y seguimos, Tati no dijo nada, le gustaba lo que sentía…

    Ana, ya no sé lo que le hacía, yo me dedique a sacarle la bombachita, la corrí un poco le acariciaba la colita, se la besaba, que linda piel que suave, ¡cómo le gustaba!, yo me quedé ahí, mientras me saque la bombachita y me quede desnudita seguía besando… y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, no sé cómo fue, pero la sentamos bien en el sofá, le empiezo a besar la entrepierna hasta llegar a su conchita, no decía nada, le gustaba mucho, así que de a poquito se la empecé a chupar, se la mordía, le ponía los deditos, Tati estaba recaliente, yo me daba cuenta, como se movía, como gemía, hasta que tuvo ¡su primer orgasmo!, no se lo va a olvidar más, fue su primer orgasmo ¡con una mujer!

    Después, me siento yo en el sofá y le digo como tenía que hacer, le digo que me acaricie las piernas, que me las bese y despacito que vaya llegando a mi concha, mucho me di cuenta que no le gustaba, le daba cosita, yo le decía que a lo mejor era la única oportunidad que tenía de sentir lo que era chupar una concha, que quería que me hiciera gozar, calentar, todo eso la ponía a mil, hasta que de a poco me la empezó a chupar, y le gusto a la hija de puta, verme gozar, yo le agarraba la cabeza para que se metiera adentro de mi chonchi, siguió así hasta que acabé yo.

    Ana había desaparecido y aparece con un CINTURONGA JAJA, eso no le gustó, pero la empezamos a besar, a acariciar, a tocarle la concha, la pusimos en el sofá en cuatro, yo le besaba la cola, le tocaba la conchita, estaba (Tati) tan caliente que se dejó coger por Ana, ¡como la cogió!, ¡parecía desesperada!, Tati acabó como una perra, a los gritos, pedía más, se la siguió cogiendo ¡y acabó otra vez! Que ganas tenía esta pendeja ¡de estar con chicas!

    Después nada, Tati se vistió y se fue enseguida, la entiendo fue su primera vez, seguro su cabeza va a ir a mil, se va a preguntar si no será lesbiana ¡porque acabó con una mujer! Y todas esas cosas, hasta que se dé cuenta que por gozar con una mujer una no es lesbiana, bahhh, es lo que pienso yo.

  • Nuestra amiga argentina con un pendejo que visita Argentina

    Nuestra amiga argentina con un pendejo que visita Argentina

    El viernes a la noche, no iba hacer nada porque mi novio el sábado se levantaba temprano, así que estuvimos juntos a la tarde, y cumplí mi cuota sexual jaja

    Cuando llego a casa me dice mama que venía a cenar mi hermana, con mi cuñado y un sobrino de él que vive en España y vino de visita. Mamá, que nunca lo había visto, me decía que tendría 16 años, yo no sabía nada, porque con mi hermana, mucho no hablo, no es que me lleve mal, no nos damos bolilla, ella dice que soy una pendeja inmadura, no es que sea mucho más grande que yo, pero se casó hace un par de años, se recibió, el marido también, y nada, no nos hablamos mucho, por eso no tenía idea que ese pendejo estaba acá.

    Nunca lo había visto, porque es siempre mi hermana con su marido los que viajan a España a visitarlos.

    Pensé ¡QUE EMBOLE!, seguro es un pendejo con esas cejas de 4 cm que se juntan y lleno de pelos, jaja, no sé porque pensaba eso, ya que él nació acá y se fue de chiquito a España.

    Me quedé en mi cuarto hasta que llegaron, y salgo a saludarlos, POR FAVOR, CUANDO LO VEO ¡ES HERMOSO!, tenía más de 16, después nos contó que tenía 18, rubiecito, ¡blanquito! por lo que vi bastante lampiño (cosa que me encanta) y cara de guachito, es decir no tenía cara de boludo, al revés, ¿me explico?

    Me senté al lado de él, y el pendejo (Manuel), tampoco era un boludo hablando, con mi viejo (que es jodido) hablaba muy bien, yo no hacía más en pensar cómo sería su pija de nene, blanquita jaja, ¡estaba rebueno el pendejo!, pero sabía que iba a ser imposible salir con él, y menos que pasara algo, si se entera mi hermana ¡me mata! ¡Y se lo cuenta a mis viejos!, así que no hacía más que imaginarme lo lindo que sería.

    No se serían las doce, y mi hermana, me dice “ ¿Por qué no lo llevas a Manuel a tomar algo? y que conozca un poco como es de noche Buenos Aires, total tu novio no se va a molestar, ¡es un nene!”, yo sé porque lo dijo, porque para ella soy una boluda y puedo pasarlo bien con un pendejo 5 años más chico que yo, ¡lo hizo para joderme!, ¡estoy segura!, pero era mi oportunidad, al menos de ir a tomar algo, la verdad que dudaba mucho que pasara algo.

    Voy al cuarto a cambiarme me pongo una pollerita negra, no muy corta pero si un poco ajustada, medias negras, un sweater, botitas y un abrigo. No me podía vestir muy trola, pero tampoco me iba a vestir ¡como una monja! Y así taba bien.

    Bueno, la cosa es que bajamos a buscar mi auto, le pregunto si sabe manejar y le doy las llaves para que maneje (cuando voy con un chico no me gusta manejar a mi).

    ¿Dónde lo llevaba?, yo aparte me pierdo siempre jaja, bueno vamos para Plaza Serrano, le gustó, le digo de bajar, hicimos unas cuadras, dejamos el auto y empezamos a caminar. Hablamos mil boludeces y yo sé que cuando quiero soy buscona (eso es lo que dice mama de las chicas que hacen lo que hice). ¿Qué hice?, cada cosa que él decía me reía, como si él fuera un gran seductor, lo agarraba del brazo, y me apoyaba en su hombro y hacía todas esas cosas, trataba que se diera cuenta que me tenía ¡loquita jeje!

    Estábamos hablando de los lugares que hay a la noche para salir y me pregunta “¿cómo le dicen ustedes, a esos lugares donde van las parejas hacer el amor?” epa dije, mira al pendejo, y le digo “hoteles alojamientos”, y le pregunto “¿Por qué?” Y me dice “porque un amigo de él le dijo que las argentinas son muy calentitas jajajaja”, yo ya me estaba poniendo nerviosa, me daba cuenta a donde él quería llegar, pero yo no sabía cómo podía reaccionar, esta vez ¡en serio! Era arriesgado, pero pensaba también lo lindo que sería que me coja jaja

    Íbamos caminando al auto ¡y me agarra de la cintura! Y le digo que no, que acá hay mucha gente ¡y yo estoy de novia!!! (Como siempre me vendo sola, porque le dije acá ¿no?, obvio que le estaba diciendo que ¡en otro lado sí!, pero lo dije sin pensar, era lo que sentía ¡pero no lo pensé!)

    Llegamos al auto ¡y si!, me da vuelta, me apoya contra el auto y me mira fijo, lo miro, ninguno dice nada, nos quedamos los dos en silencio (ceo que él también tenía miedo de jugarse), me pasa las manos por la cintura y no le digo nada (con eso le estaba diciendo ¡que siga!), y me mete un beso, suave y otro, y otro hasta que nos besamos como locos, me pone la mano sobre la cola y me apoya bien su pija, ¡durita la tenía!, y el pendejo me dice “acá tampoco, ¿no?” (Me lo dice después que me había tocado el culo, me había hecho sentir lo dura que tenía su pija ¡y me había besado!) Obvio que le digo que ahí tampoco que puede pasar alguien conocido, entonces me dice, si quería ir a esos lugares que yo le había dicho, y le digo que sí.

    Que viaje más largo, quedamos en que de esto nadie se iba a enterar, porque él también iba a tener quilombos, lo que me dejo tranquila, no sé, estaba nerviosa, yo no soy una santa, pero situaciones así, nunca había vivido, en el camino en cada semáforo nos besamos, me tocaba las piernas, ya estábamos recalentitos, yo quería meter mano en su pija, ¡pero iba a pensar que era demasiado puta!

    Llegamos al Telo, nos sacamos los abrigos, nos matamos, la verdad que parecíamos dos adolescentes, en seguida nos arrancamos la ropa, nos acariciamos, solo tenía la bombacha y el su calzoncillo.

    Nos vamos a la cama, yo me voy directamente a besarle la pancita, ¡qué lindo que era! blanquito, el cuerpito trabajado, pocos pelitos, ¡era un bebe!, le empiezo a acariciar la pija (sobre el calzoncillo), ya la tenía redura, meto la mano, se la toco (suavecita sin haberla visto me gustaba), se la saco, ¡que linda pija!, se la acaricio, la beso de a poquito, bueno hasta que se la empiezo a chupar, bahh, me la comía jeje, y me voy dando vuelta para dejarle mi colita a su disposición.

    Mientras se la chupo me saca la bombachita, me acaricia la cola, y me acomoda y obvio me dejo acomodar para un 69, bueno, yo ya estaba a mil, excitada, gemía, era un pendejo ¡para comerlo todo! Mientras me chupaba la conchita y me acariciaba las piernas, me ponía los deditos, ¡me moría! Quería que me cogiera ¡con su lengua!, me hizo acabar por primera vez.

    Bueno después nos ponemos a coger, me pongo arriba de él, (quería ver su carita de placer), empiezo a cabalgarle sobre su pija (me encanta eso), me subo me bajo, seguimos en distintas posiciones, hasta que nos ponemos de costado, levanto mi piernita, y empieza a bombear, como una salvaje, hasta que acabamos los dos.

    Nos quedamos un rato hasta que se recupere, empiezo a tocarle la pija y veo que ya reacciona (que calentura que tenía el pendejo ¡qué lindo!) y empiezo con mi arma infalible, mi boquita jeje.

    Se la empiezo a chupar poniéndome para que quede mi cola y conchita de su lado, ¿me explico?, bueno enseguida estaba otra vez parada y el pendejo empieza a jugar con mi concha ¿y sabes qué hace?, me empieza a besar la cola, y me empieza a meter ¡la lengua! Dije ¡no!, me va a querer hacer la colita ¡también!, mi único miedo es que fuera la primera vez que hacía una cola.

    Bueno me pongo en cuatro como una perrita y me empieza a coger de nuevo, la saca, la pone, la saca, la pone y empieza a poner la puntita en la cola, no le digo nada, y sigue, muy despacito, y me la empieza a poner y me pregunta si me gustaba, le digo que si ¡que me encanta! ¡Qué siga! Y me dice que puta que eres, como te gusta coger (¡para que! me pone loca que me digan esas cosas) le digo que sí que soy muy puta que me gusta ¡que me hagan la cola! Y me dice que sí, que cada vez que venga ¡me va a coger! Si, le digo soy tu putita cogerme. Si te voy a coger putita, y así hasta que acabé en un estallido, ¡que orgasmo!, ¡como grite! Él también acabó y como.

    Bueno, miramos el reloj y ya nos teníamos que ir, era tarde y ¡que íbamos a decir!

    Lo dejo en la casa, nos despedimos con un terrible beso, me dice que me quiere coger otra vez antes de irse, le digo que no sé, porque se va la semana que viene.

    Lo peor es que no me arrepiento, me encanto que me cogiera, ¡qué lindo pendejo! Como me hizo gozar, me hizo ¡de todo!, a la noche soñé con él.

    La cosa es que antes de que se vaya, quedamos en que vengan a cenar de nuevo y me están rompiendo ¡que le diga a mi novio!, jeje a mí no me molesta, porque no es la primera vez que estoy con mi novio y un chico que me cogió, espero que él pendejo también disimule.

    Sabía que iban a venir a cenar de nuevo mi hermana, mi cuñado y Manuel, porque me estaban jodiendo que también le dijera a mi novio, bueno, la cosa es que el lunes me avisan que vienen a cenar a la noche, que le avise a mi novio, y bueno, le avise. Estas cosas a mí no me joden, me divierten.

    La idea era que vinieran a la noche, así que a eso de las cinco de la tarde me voy a duchar, salgo de ducharme y veo un mensaje de mi hermana avisándome que en un rato venía a casa con Manuel, y más tarde venía mi cuñado (otro día les explico porque me avisa cuando viene a casa y sabe que estoy sola).

    Me puse nerviosa, no sabía que venía antes, la verdad es quería que el pendejo me cogiera de nuevo, pero ¡en mi casa!, ¡con mi hermana!, imposible, pero algo tenía que hacer, al menos para divertirme un rato, y se me ocurrió una idea jajaja

    No le conteste el whatsapp (como si no lo hubiera visto), me puse esa pollerita de jean recortita, que tantas alegrías me dio jeje, zapatillas y una remera sin corpiño (me vestí como cuando estoy sola en casa, nada raro), y me pongo a ver tele en el living.

    Al rato escucho que llegan, y aunque no me crean me puso nerviosa porque con esa pollerita estoy casi en bolas, pero yo teóricamente, no sabía que venían jeje.

    Entran lo típico, ¿qué hacen tan temprano?, mi hermana me dice te mande un whatsapp, le digo no lo vi, y todo eso; ¡pobrecito el pendejo!, se le dieron vuelta los ojitos cuando me vio y mi hermana, como siempre, porque ella piensa que es mi mama y yo una pendeja, me dice “¡no te vas a quedar así vestida!” y le digo que no, que no sabían que venían que después me cambio.

    La cosa es que nos sentamos a tomar un café y escucho que mi hermana se pone a discutir por el celular con mi cuñado, le decía algo así como que quedaste vos en ir a buscarlas, algo así, corta y me dice que me quede un rato con Manuel que ella iba a su casa a buscar las empanadas (íbamos a comer una empanadas caseras que hace la chica que trabaja en su casa que son riquísimas). ¡Yo sola con el pendejo!, creo que en ese segundo ¡ya se me mojo la conchita! Jeje pero como tenía que disimular le digo que se vaya con el pendejo, que yo me lo banque el otro día (cuando me pidió mi hermana que lo sacara un rato a la noche y terminamos cogiendo jeje), me dice que no, que se quede conmigo.

    La cosa es que se va mi hermana, llamo a mama (para ver por dónde estaba) y me dice que todavía estaba en el estudio.

    No sé, fui a mi cuarto, caminaba, estaba nerviosa, y caliente con el pendejo ¡y lo tenía ahí! ¿Qué hago?, ¿lo traigo a mi cuarto? ¡Es una locura!, pero quería tener de nuevo esa pija hermosa, sabía que tenía más o menos una hora hasta que llegara mi hermana y también mi novio.

    Son esos momentos en que tengo esa adrenalina ¡que no me deja pensar!, ¿y si lo voy a buscar?

    Voy al living y lo agarro de la mano y lo llevo a mi cuarto, me dice ¡que estoy loca!, le digo que estamos solos (mi departamento es grande, la chica que limpia estaba en la cocina y no escucha lo que hago en mi cuarto), me dice que es una locura y le digo” vos sos una locura pendejo hermoso”, y me mete un beso, bahh, nos comimos la boca, me mete la mano por debajo de la remera y ve que estoy sin corpiño, me di vuelta, y me acaricia, me amasa las tetas con una mano y con la otra me la empieza a poner debajo de la pollerita, hasta que se da cuenta que yo ¡ya estaba mojadita!

    Me doy vuelta, nos besamos de nuevo, le empiezo a desabrochar el pantalón hasta que encuentro esa hermosa pija, ¡que linda pija tiene!, me agacho le saco los pantalones, se la chupo, mientras él me saca la remera.

    Bueno la cosa es que terminamos en bolas cogiendo ¡en mi cama! ¡Que calentura teníamos!, no teníamos mucho tiempo, pero bastó para que yo explotara en dos orgasmos, en el último me puse a cabalgar arriba de él, hasta que vi esa carita hermosa que tiene como acababa y yo también acabé, como me gustó que me cogiera.

    Después le digo que se vaya al living, me cambio, me visto como una señorita decente jaja ¡en serio!, me puse un pantalón, no muy ajustado, unas botas y una blusa.

    No se cuánto tiempo pasó, pero repoco ¡y llega mi novio!, y atrás de él ¡mi hermana! nos sentamos en los sillones, y ni sé que hablaban, yo solo pensaba que hacía menos de ½ hora el pendejo ¡me estaba cogiendo!

    Pero la cosa en la cena se complicó porque con el pendejo no podíamos disimular mucho la calentura que teníamos, no se miradas, o no sé qué, pero mi novio de algo se dio cuenta, porque cuando se fueron me dice de ir a tomar algo.

    La verdad es que no fuimos a tomar nada, pero me empieza a decir que ese pendejo no le gusta un carajo, que menos mal que ya se va, que me miraba como caliente, y bla, bla bla, le digo que nada que ver, que es un nene, que no sea boludo, y todo eso, le hago unos mimos ¡y si!, terminamos cogiendo, ¡lo tenía que convencer de alguna manera!, y las mujeres lo hacemos así jeje, pero la verdad es que mientras me cogía pensaba en el pendejo, igual acabé, en serio acabé ¡dos veces más! Con mi novio.

    Estoy reloca, no sé en menos de 4 horas me cogieron dos chicos distintos y acabé ¡con los dos!