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  • Mi primera vez con mi vecina madura

    Mi primera vez con mi vecina madura

    Después de lo que pasó en su departamento, Vero y yo seguimos viéndonos.

    Ese fin de semana su hijo lo pasaría con su papá por lo que Verito y yo nos organizamos para estar juntos esos días.

    En primera me dijo que no quería que fuera en su departamento o el mío, como vive sola con su hijo no deseaba que hablaran chismes de ella, por lo que acordamos rentar una habitación de hotel.

    Fue el viernes, quedamos de vernos en un restaurante. Llegó hermosamente vestida con un vestido corto claro y un suetercito beige, y unas zapatillas negras de punta abierta.

    La tomé por la cintura y la besé, fue un largo y apasionado beso, extrañaba sus labios y el sabor de su boca, bajé mis manos a sus duras nalgas.

    —No tan rápido galán, tienes que ganártelo.

    —Te extrañaba muñeca.

    —Yo también—. Me dijo al oído.

    Después de comer fuimos a un bar, platicamos de muchas cosas, me dijo que le había encantado lo que hicimos en su departamento aquella vez.

    Mientras hablábamos ella frotaba su pierna contra la mía y me lanzaba miradas coquetas, yo acariciaba su rostro y la besaba con delicadeza. Pasada la medianoche salimos del bar.

    —Yo elijo el hotel—. Advirtió ella.

    Llegamos y subimos a la habitación. Le quité el suéter sin dejar de besarla en el cuello y los hombros.

    Vero dijo que se sentía un poco mareada por el alcohol y se recostó en la cama. Me detuve a contemplarla, era como la Maja vestida. Se levantó de pronto, me tomó por el cuello de la camisa y me besó apasionadamente, quise agarrarla por las nalgas pero quitó mis manos de ella y me empujó tirándome a la cama.

    Comenzó a mover sensualmente la cadera mientras se apretaba las tetas y deslizaba las manos por sus costados mientras se desabotonaba el vestido. Se inclinaba dándome la espalda y movía las nalgas de arriba hacia abajo.

    —¿Te gusta guapo?

    —Me encanta preciosa.

    Se volteó hacia mí.

    —Quítamela, pero sin usar las manos—. Dijo señalando sus bragas, se volteó y puso mis manos en su cadera.

    Con los dientes empecé a bajarlas, estas cayeron al suelo e inmediatamente hundí mi rostro entre sus duras nalgas, saboreé el dulce néctar que escurría de su vagina, ella solo gemía y se inclinaba entregándome las nalgas.

    —Levántate—. Me ordenó, se puso de rodillas, me sacó la verga y comenzó a chupármela mientras se dedeaba y frotaba mi pene contra sus pezones duritos.

    La levanté y la acosté boca arriba, tomé sus pies y empecé a recorrer con mi lengua sus plantas y cada uno de sus dedos con lujuria, Verito respiraba profundo y gemía mientras se dedeaba. Continúe con sus piernas besando y lamiendo sus muslos, subí a su cosita, di lamidas en su clítoris muy dilatado y seguí hacia su abdomen besándolo, también su cintura y el borde de sus nalgas. Mis manos la acariciaban y mi boca la recorría por completo.

    Verito me tomó del cabello y hundió mi cara en su conchita, ella gemía y se retorcía a la vez.

    —Ya métela—. Dijo con insistencia.

    Froté mi verga sobre sus labios húmedos, Verito me decía que ya se la metiera. Empujé suave y lentamente, podía sentir su calor y sus jugos lubricándome, cuando llegué al fondo ella soltó un fuerte gemido y sus piernas se tensaron aprisionándome. Por fin la había hecho mía.

    Me detuve y me subí en ella para que me hiciera una rusa.

    —¿Te gustan mis chichitas?

    —Me encantan.

    Ella me apretaba con sus tetas y yo empujaba para que me chupara la punta de la verga.

    —Quiero de a perrito—. Dijo exhausta.

    La volteé y la puse en cuatro. Le llevé la verga a la boca para que la lubricara. Entré lentamente, al tiempo que Verito relajaba la cadera. Sentía como iba entrando hasta el fondo y ella arqueaba la espalda gimiendo de alivio. La nalgueaba con fuerza pero con cuidado de no lastimarla. La tomé del cabello y la jalé hacia mí, no dejaba de gemir con cada embestida que le daba y ella se aferraba a las sábanas con uñas y dientes.

    Me detuve un momento para besarla pero ella seguía moviendo la cadera frenéticamente como si quisiera exprimirme cada gota de leche, fue riquísimo.

    —Acuéstate—. Me ordenó.

    Me tiré en la cama y comenzó a chupármela, me besaba la verga, me lamía los testículos y se la metía hasta el fondo de la garganta.

    Se montó sobre mí en cuclillas, subiendo y bajando rápidamente las nalgas.

    —¿Te gusta guapito?—. Me dijo sonriendo.

    —Me encanta muñeca hermosa—. Respondí sin aliento.

    Luego se volteó dándome la espalda y continuó moviendo deliciosamente las nalgas mientras yo la nalgueaba y le dedeaba el culo. Volvió a girarse hacía mí, me besó en el cuello y el pecho, resopló exhausta limpiándose el sudor de la frente.

    La puse boca arriba. Volví a ponerle las zapatillas, le abrí las piernas y me llevé sus tobillos a los hombros para poder lamer sus pies mientras ella recibía mi verga frenéticamente. Tensaba las piernas, era señal de que se estaba viniendo, pude sentir su néctar caliente escurriendo por debajo de mis huevos, eso me calentó bastante y yo empujaba con más fuerza sin dejar de lamer sus pies.

    Cuando sentí que me venía saqué la verga, tomé a Verito por el cabello, apunté a su cara y descargué un chorro de leche hirviendo, se la metí en la boca y ella chupaba y yo seguía corriéndome, abrió la boca y pude ver que se había tragado toda mi leche.

    Me tiré exhausto, jadeando, no sentía las piernas, Verito se acurrucó a mi lado.

    —Estuvo muy rico amor.

    —Desde que te vi me gustaste y deseaba probar tus besos, tus pies, todo tu cuerpo—. Dije mientras acariciaba su carita.

    —La verdad, al principio no me caías bien, parecía que siempre estabas enojado pero a la vez me gustabas porque estás musculoso.

    —Jajaja y ahora eres mía.

    —¿Tuya? Yo no tengo dueño corazón—. Ambos nos reímos.

    Seguimos abrazados en la oscuridad, nos besamos mientras nos acariciábamos. En algún momento nos quedamos dormidos.

    Lentamente algo me despertó, sentí el pene caliente y mojado, cuando abrí bien los ojos Verito estaba terminando de chupármela, se subió sobre mí introduciéndose mi verga y comenzó a cabalgarme frenéticamente, no sé cómo recuperó su energía, yo sólo me dejé coger.

    Cambiamos de posición, le abrí los muslos y comencé a embestirla, ella me abrazó con las piernas y apretándome me jalaba hacia ella. Chupaba sus pezones, le mordía los labios y ella gemía con fuerza sin soltarme.

    Se corrió, me aparté para probar sus jugos, eran espesos y salados. Succioné su conchita, ella se retorcía de placer y continué con su orto.

    Llevó su pie a mi boca, con el otro frotaba mi verga, volteé a verla, tenía su mirada fija en mí mordiéndose los labios. Restregué las plantas de sus pies en mi cara, lamía desde el talón hasta los dedos.

    Ya no aguanté y me corrí en sus plantas, solté un gemido de alivio y me vacié en sus pies, ella solo se rio coquetamente.

    Volvimos a abrazarnos en la cama.

    El día siguiente continuamos dándole, solo salimos para comer y regresamos para despedirnos en el jacuzzi.

    —Ya sabes ninguna palabra de esto a nadie.

    —Confía en mí—. Le di un beso y una pequeña nalgada.

    —Jajaja torpe—. Y me apretó la mejilla.

    Regresamos cada quien por su lado.

    Este fue el comienzo de una hermosa “amistad”; con encuentros prohibidos y complicidades que sólo ella y yo sabemos.

    Aproximadamente cuatro meses después Verito se mudó, yo todavía duré más o menos un año en ese departamento y también me mudé. Ahora no tenemos ningún problema con vernos en nuestras casas y hacernos lo que más nos gusta.

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  • Mi vecino del fin de semana (3)

    Mi vecino del fin de semana (3)

    -Estoy acalorado, debe ser la pastilla. Y vos también. ¿Vamos a darnos un chapuzón?

    -¿Así, desnudos, en la pileta?

    -Claro, ¿por qué no?

    Pusimos los celulares para grabar en dos sillas a ambos lados de la pileta. Nos duchamos al costado de la pileta, para limpiarnos el sudor y el semen, lo que aproveché para enjabonar bien su pene, el cuerpo y hurgar en su ano con mi dedo medio primero y con dos dedos luego, mientras Justi gemía de placer.

    -¡Estás otra vez el palo!

    -Me gustó tu jueguito con los dedos.

    -Mmmm…

    Me arrodillé en la ducha y volví a devorarme su pija, sin dejar de horadar su ano con mis dedos enjabonados. ya tenía su verga dura otra vez. Entre chupada y chupada a fondo, dedos en el ano y caricias de sus glúteos le dije, mirándolo a los ojos:

    -¡Sos incansable!

    -¡Vos también!

    Se la chupé varios minutos atrapando sus nalgas con ambas manos para que me siguiera cogiendo por la boca. Era un deleite permanente meterme su pija en la boca hasta llegar con mis labios hasta su pelvis. Me alcé para volver a besarlo frenéticamente en la boca.

    Paramos las grabaciones para ver los videos. Estábamos a mil. Nos chuponeamos frenéticamente, pajeándonos. Nos miramos a los ojos:

    -Estoy re caliente, le dije y lo besé con lengua a fondo, -¡Qué putos somos!, me dijo jadeando. -¡Sí!

    Nos filmamos comiéndonos la boca.   Nos zambullimos. Seguimos acariciándonos en el agua y debajo de la superficie, donde aproveché para chuparle otra vez la pija, bien erecta. Le lamí el cuerpo, los pezones, los abdominales y lo coloqué de espaldas a mí para hacerle lo mismo en toda la espalda, recorriendo la columna vertebral desde el cuello, que le lamí y besé con delicadeza para no dejarle marcas, hasta sus preciosos glúteos.

    La piscina tenía un descansillo en uno de los extremos, de un par de metros, con apenas unos 30 centímetros de agua, como para tomar sol sin salir de la misma. Lo hice inclinarse dejando su culo y piernas a mi merced, que le seguí besando y lamiendo, mientras gemía de gusto. Tomé mi celular y comencé a grabarlo.

    Su torso en V ya era atractivo de frente, un auténtico Adonis, pero de espaldas estaba fantástico, con formas casi femeninas, culminando en su estrecha cintura y sus nalgas redondas y perfectas, con forma de manzana, una delicia para la vista, un verdadero manjar para mi boca, como pude comprobar enseguida, cuando comencé a lamerle su rosado agujero, llegando a meterle la lengua dentro para arrancarle gemidos y suspìros de placer.

    Cuando estaba a punto de comenzar a gozar de su precioso culo, nos interrumpió el sonido de la llamada de su celular.

    -Debe ser mi mujer, que ya habrá llegado a la fiesta del bar gay.

    Lo solté de mala gana, le di un morreo de campeonato y lo dejé responder la llamada.

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  • Ari: Prisionero de mi piel (5)

    Ari: Prisionero de mi piel (5)

    El día que me hicieron mujer.

    Como todos los días después que mama se fue a trabajar y más tranquila por lo sucedido el día anterior, iba a empezar a trabajar cuando tocaron a mi puerta yo pensé que seguro era un mensajero o tal vez un vendedor, al abrir la puerta me quedé paralizado. No era un mensajero ni un vendedor como pensé, era Jordan. Sentí un nudo en la garganta y de inmediato traté de cerrar, pero su fuerza me lo impidió con facilidad.

    —¿Q-qué haces aquí? —pregunté con la voz temblorosa, apenas atreviéndome a mirarlo.

    Él dio un paso hacia adelante, forzando la entrada, con esa sonrisa que me puso aún más nerviosa.

    —¿Así recibes a alguien que solo quiere hablar? —me dijo con calma, como si todo lo tuviera bajo control.

    Retrocedí sin pensarlo, apretando las manos contra mi pecho. Sentía que el corazón me iba a salir por la boca.

    —No… no deberías estar aquí… mi mamá… —balbuceé, sin terminar la frase.

    Jordan me interrumpió con firmeza:

    —Tu mamá no está. Solo estamos tú y yo.

    Bajé la mirada. No podía sostener esos ojos tan seguros, tan dominantes. Estaba tan nerviosa que ni siquiera sabía qué hacer con mis manos.

    —Yo… no sé qué decirte… —murmuré, casi sin voz.

    Él se inclinó hacia mí, acercándose tanto que sentí su respiración.

    —No tienes que decir nada. Solo escucharme.

    Tragué saliva, sintiendo un calor extraño en mi cara. Alcé la mirada apenas por un segundo, y sus ojos me atraparon. Fue demasiado, la bajé enseguida.

    —Por favor… yo no… nunca… —quise explicar algo, pero las palabras se enredaban en mi boca.

    —Shhh… tranquila —me interrumpió otra vez, con ese tono grave que me hacía temblar—. No voy a hacerte daño. Pero tampoco voy a dejarte escapar.

    Sentí un escalofrío recorrerme de pies a cabeza.

    —Tengo miedo… —admití al fin, con un hilo de voz.

    Él sonrió, inclinando apenas la cabeza.

    —Está bien que tengas miedo. Eso significa que entiendes quién manda aquí. Mientras me iba acorralando con su enorme cuerpo.

    Me quedé contra la pared, sin saber qué hacer con mis manos, sin poder controlar los temblores en mi voz. Jordan me miraba fijo, tan cerca que apenas podía respirar.

    —¿Sabes qué no puedo sacarme de la cabeza? —me dijo de pronto, con esa media sonrisa que me heló la sangre.

    No contesté. Me limité a bajar la mirada, nerviosa.

    —La imagen de ti, con esa lencería… —continuó, bajando la voz como si fuera un secreto solo para mí—. Te veías hermosa.

    Sentí que la cara me ardía. Abrí la boca, pero las palabras se ahogaron en mi garganta.

    —Yo… yo no… no fue… —intenté explicarme, pero me interrumpió enseguida.

    —Shhh —susurró cerca de mi oído—. No tienes que justificar nada. Me gustó. Y quiero volver a ver esa imagen.

    Mi respiración se aceleró. Me cubrí el pecho con las manos, como si eso pudiera protegerme de su mirada, pero sabía que él ya había visto demasiado.

    —N-no puedo… —murmuré con un hilo de voz, sintiéndome cada vez más pequeña frente a su presencia.

    Jordan rio suavemente, inclinando la cabeza.

    —Claro que puedes. Lo único que falta… es que me obedezcas.

    Sentí que mis piernas flaqueaban. El miedo, la vergüenza y algo más que no quería admitir me tenían atrapada. No podía apartar la mirada de él, aunque lo intentaba.

    —Por favor… —susurré, sin saber si le pedía que se detuviera… o que siguiera.

    Él sonrió con calma, seguro de sí mismo.

    —Te ves aún más hermosa cuando tiemblas —me dijo, y esas palabras me atravesaron como un golpe suave pero certero.

    Me quedé quieta, temblando, sin saber si retroceder o dejarme llevar. Jordan me miraba con esa seguridad que me desarmaba.

    —Mírame… —ordenó con suavidad.

    Levanté la vista apenas, y en ese instante sus labios rozaron los míos. Sentí un escalofrío recorrerme entera, mis rodillas casi no me sostenían.

    —No… —alcancé a susurrar, pero mi voz se quebró entre jadeos.

    Él me sostuvo del mentón, obligándome a mantener la mirada.

    —Sí… —respondió con calma, como si no existiera otra opción.

    Su boca volvió a buscar la mía, esta vez con más firmeza. Me quedé sin aire, sin defensas. Cada beso me robaba la voluntad.

    Cuando me di cuenta, sus brazos me rodeaban, y con una seguridad que me hizo temblar aún más, empezó a conducirme hacia mi habitación mientras me besaba el cuello y me agarraba la cintura y nalgas. Yo apenas podía caminar, cada paso era un torbellino entre miedo y deseo.

    —Tranquila… —me susurró al oído mientras avanzábamos—. No voy a soltarte.

    Entramos y la puerta se cerró detrás de nosotros. Mi respiración era agitada, sentía mi piel arder. Él me miraba como si ya fuera suya desde antes de besarme y tocarme.

    —Eres mía… —sus palabras fueron un golpe dulce, del que no pude escapar.

    Me sentí desarmada. Su presencia llenaba el espacio, y yo, tímida, asustada, apenas podía sostenerle la mirada. Él, en cambio, parecía disfrutar cada instante de mi nerviosismo, y sumisión.

    Me habló de la imagen que tenía grabada en su mente desde ayer: yo, en lencería, vulnerable, expuesta. “Te veías hermosa”, me dijo, y esas palabras me atravesaron más que cualquier gesto. Yo temblaba, me encogía, quería esconderme… pero al mismo tiempo sentía que algo dentro de mí se abría paso hacia él.

    Sus manos subieron lentamente por mi abdomen, agarrando el borde de mí polera. Yo apenas podía respirar, atrapada entre su pecho y el espejo. Sentí cómo la tela ascendía; rozando mis costillas y me estremecía. Alcé los brazos, temblando, y la prenda salió de mi cuerpo y cayó al suelo, dejándome en buso.

    Me miraba fijo, sin prisa, disfrutando de mi vulnerabilidad. Sus dedos entraron por el borde de mi buso, sujetándome y demorando en mi cintura, como saboreando el instante, bajando lentamente hasta mis caderas y nalgas. Sentí cómo me bajaba poco a poco el buso, obligándome a soltar un gemido nervioso. El aire frío de la habitación me envolvió cuando lo retiró por completo, y dejándome expuesta solo con mi cachetero, que se ceñía a mi piel como un secreto íntimo.

    Me quedé frente a él, con el pecho agitado, apenas cubierta por mi cachetero. Sentía su mirada clavada en mí, quemándome, desnudándome más que sus manos. Y de pronto, sin apartar los ojos de los míos, comenzó a desabrocharse la camisa.

    Uno a uno, los botones se fueron abriendo hasta dejar al descubierto su torso firme. Tiró la prenda al suelo y enseguida bajó el cierre del pantalón. Yo tragué saliva, nerviosa, viendo cómo lo empujaba hacia abajo junto con la ropa interior. Mi mirada tembló cuando su erección apareció desnuda, dura, gruesa, grande, apuntando hacia mí con una intensidad que me hizo estremecer.

    Me cubrí instintivamente con las manos, avergonzada, y al mismo tiempo excitada. —Es demasiado… —susurré, temblando, ya que ese descomunal tamaño pudiera romperme. Él se acercó despacio, tomándome del mentón para obligarme a verlo. —No tengas miedo… —murmuró—. Quiero que sientas cómo te deseo.

    Con un movimiento firme me alzó y me llevó a la cama, tumbándome sobre las sábanas. Se inclinó sobre mí, atrapándome bajo su cuerpo, y sus manos descendieron directo a mi cintura. Tiró del borde del cachetero lentamente, bajándolo apenas unos centímetros, lo suficiente para hacerme jadear de ansiedad.

    Su respiración caliente chocaba contra mi cuello mientras lo deslizaba cada vez más abajo, con una calma cruel, disfrutando de cómo me retorcía entre el deseo y el miedo. Yo cerré los ojos, mordiéndome el labio, hasta que al fin el encaje cedió del todo y quedé completamente expuesta bajo su mirada.

    Su erección rozó mis muslos, dura, palpitante, y sentí un escalofrío recorrerme entero. Me sentía vulnerable, atrapada, pero también profundamente encendida. Esa mezcla me desgarraba por dentro, y lo único que pude hacer fue gemir su nombre.

    Me hundió en la cama, su peso sobre mí, su respiración enredada con la mía. Podía sentirlo, duro, palpitante, rozando mi piel desnuda como una amenaza dulce e insoportable. Yo temblaba bajo él, encogida, con las manos intentando cubrirme, pero él las sujetó con fuerza contra las sábanas.

    —No huyas… —susurró—. Esto es lo que quiero… lo que necesitas.

    Me besó con hambre, con una intensidad que me cortaba la respiración, y al mismo tiempo su cuerpo presionaba más, reclamando el mío. El roce se volvió más insistente, más claro, y mi resistencia se quebró entre jadeos. El miedo y el deseo se confundían en un mismo latido.

    Su miembro parecía tener vida propia, a que solito empezó a buscar mi hoyito, y su cabezota me empezó a lubricar, lo sentí entrar en mí poco a poco, como una ola que me arrasaba. Gemí, arqueando la espalda, atrapada entre el dolor dulce y el placer que me desgarraba por dentro.

    Empezó a penetrarme de pocos y muy suave, creo que me estaba cuidando de no hacerme daño o lastimarme ya que su pene era enorme, yo empezaba a gemir, mientras le decía que por favor no lo haga, Jordán reía mientras me iba penetrando.

    Sus embestidas eran firmes, profundas, cada vez más voraces, y yo no podía más que aferrarme a él, clavando mis uñas en su espalda.

    —Mírame… —ordenó, y abrí los ojos solo para encontrarme con los suyos, llenos de deseo y dominio. Esa mirada me hizo rendirme por completo.

    El ritmo se aceleró; mis gemidos llenaban la habitación, y la tensión en mi cuerpo crecía hasta ser insoportable. Sentí cómo me consumía, cómo todo se quebraba dentro de mí al mismo tiempo que un clímax me atravesaba, haciéndome gritar su nombre.

    Y en ese instante, ya no había miedo. Solo entrega, solo fuego, solo nosotros.

    Jordan me estaba haciendo el amor, me sentía diminuta, frágil, débil, vulnerable, me olvide que yo era un hombre y empecé a disfrutar como una verdadera mujer, le empecé a decir que lo amaba mientras lo abrazaba fuerte, le decía que no me deje , que soy tuya , lo abrazaba fuerte, así estuvimos como media hora, yo gritaba y gemía fuerte hasta que empecé a convulsionar, sentía que me iba de este mundo no se que paso pero perdi el conocimiento después supe que lo que había pasado era que había tenido un orgasmo.

    Quedé tendida bajo su cuerpo, la respiración desordenada, el sudor pegando mi piel a las sábanas. Mis piernas aún temblaban, abiertas, vulnerables, mientras él permanecía encima de mí, caliente, firme, sin apartar su mirada de la mía.

    Quise cubrirme, esconderme, pero me sostuvo del mentón con suavidad, obligándome a mantener los ojos abiertos.

    —Mírate… —susurró—. Nunca fuiste tan hermosa como ahora.

    Sentí un nudo en la garganta. Yo estaba desnuda, frágil, entregada, y aun así esas palabras me atravesaban más que todo lo demás. Me descubrí sonriendo entre lágrimas, temblando, y entendí que la vulnerabilidad que tanto me asustaba era también la que me hacía sentir viva.

    Él me rodeó con su brazo, apretándome contra su pecho fuerte, y en ese silencio solo se oía nuestro jadeo compartido. Yo sabía que el deseo no había terminado; que esa tensión seguía ardiendo entre nosotros, lista para devorarnos otra vez.

    Su respiración comenzó a calmarse, pero sus manos nunca dejaron de recorrer mi piel. Yo pensaba que todo había terminado, que me dejaría descansar, pero su cuerpo seguía ardiendo contra el mío. Sentí cómo su erección seguía como al inicio, rozando mis muslos aún sensibles, y un escalofrío me recorrió entera.

    —¿Creías que ya había terminado? —me susurró al oído con una sonrisa oscura.

    Apreté las sábanas, temblando, sabiendo que me provocaba otra vez. Su lengua se deslizó por mi cuello, bajando hasta mis pechos, y mis gemidos reaparecieron, más débiles, rendidos. Intenté apartarlo, con un “ya no puedo” apenas audible, pero él me sujetó las muñecas sobre mi cabeza y me obligó a mirarlo.

    —Sí puedes… conmigo siempre puedes.

    Su boca y sus manos volvieron a encender cada rincón de mí, hasta que el deseo me devoró de nuevo. El segundo encuentro fue distinto: más salvaje, más desesperado, Jordan era un experto me dominaba a su antojo me puso boca abajo donde sentía su cosota llegar hasta mi estómago, me puso en 4, me hizo el amor por toda mi habitación en varias posiciones. Cada embestida era un choque de cuerpos y emociones, un incendio que nos consumía. Yo gritaba su nombre, él me reclamaba con fuerza, y en medio del caos sentí que me rompía y me volvía a armar dentro de sus brazos.

    Cuando finalmente caímos exhaustos, cubiertos de sudor y jadeos, me abrazó con fuerza. Su pecho era una muralla caliente donde hundí mi rostro, aún temblando. Me besó la frente con ternura, como si ese gesto simple fuera más íntimo que todo lo anterior.

    —Eres mía —dijo en un susurro—. Y yo, me sentía suya mientras me aferraba fuerte a su pecho.

    Me quedé en silencio, desnuda en su abrazo, sabiendo que esa mezcla de deseo, miedo y ternura era lo que me mantenía viva. Y aunque estaba agotada, dentro de mí ardía la certeza de que esa tensión jamás se apagaría.

    La habitación quedó en silencio después del torbellino, todo el lugar estaba impregnado del olor a sudor y sexo. Yo estaba tendida en la cama, desnuda, apenas podía moverme, rendida, con el cuerpo agotado y tembloroso. Mis piernas aún no respondían, mi respiración era corta, muda de tanto gemir y sin embargo no podía apartar los ojos de él. Jordan seguía erguido, mirándome como si yo fuera suya desde siempre, como si mi entrega fuera la única certeza que necesitaba.

    Jordan se levantó sin apuro, sereno, como si todo hubiera sido parte de un plan cuidadosamente ejecutado. Se vistió frente a mí, abrochando cada botón de su camisa con calma, sin necesidad de hablar. Yo lo miraba en silencio, con los ojos vidriosos, sintiendo un vacío extraño en el pecho: agotada, pero con el corazón latiendo con fuerza.

    Cuando estuvo listo, se acercó y me tomó del mentón, obligándome a alzar la mirada hacia él. Su sonrisa era oscura, dominante, y su voz un susurro que me atravesó:

    —Mírate, Ari… cansada, rendida, y aun así deseando más. Sabes que eres mía.

    Mis labios se abrieron, pero no encontré palabras. Solo un suspiro, una confesión muda de que tenía razón. Yo estaba rota y al mismo tiempo llena, enamorada hasta la médula, atrapada en un lazo que no podía romper.

    Me besó la frente como si fuera un dueño marcando su posesión, y se apartó sin mirar atrás. La puerta se cerró con un clic suave, dejándome sola en la penumbra.

    Me abracé a las sábanas arrugadas, todavía oliendo a él. Y en ese momento lo supe: Jordan me tenía. Me tenía por completo. Yo era suya, estaba enamorada de ese chico de 19 años de ese macho 6 años menor que yo… y aunque él se hubiera ido, su dominio se quedaba conmigo, grabado en cada rincón de mi piel.

    Jordan no solo me tomó: me transformó. Después de esa primera vez, ya no fui la misma marcando un antes y un después en mi vida.

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  • Aun en el armario (3): Aparece el ex de mi novio

    Aun en el armario (3): Aparece el ex de mi novio

    Sigo con Roberto, nos vamos a la playa una vez al mes, invento una historia en mi casa y todos me la creen. No soy muy aficionado a los bares gay, he ido solo una vez, a Robertito en cambio (mi novio) le agradan, asi que por complacerlo fuimos a uno bastante exclusivo. La mayoría eran hombres, todos con buena pinta. Algunas mujeres son travestis pero todos y todas muy simpáticas; llevábamos como una hora y Robertito me hace ver que en una mesa esta su anterior papi. Se saludaron y nos presentaron.

    El hombre es un oso de unos 60 años productor de música. Peludo, de barba, muy alto, musculoso y fornido, Roberto me conto mas tarde que el hombre -se llama Tulio- es gay pero adora tener sexo con hombres, no con afeminados, esa fue la causa por la que no siguieron. Roberto ya parece una niña, cada vez luce ropas mas femeninas y ya tiene pechitos que le han crecido con el tratamiento hormonal (que lo financio yo). No, definitivamente no es del gusto de Tulio, compartimos la mesa y note que Tulio no me quitaba la vista de encima, muy insistente y simpático y adulador.

    Roberto me advirtió que yo había enamorado a Tulio me dijo: “lo conozco bien y se cuando se enamora”. Pero esa noche era de Roberto y yo, sin embargo, Tulio insistente nos esperó a la salida y nos invitó a su casa que estaba cerca. Fuimos y confieso que yo estaba algo nervioso. Me mostro su casa, tomamos unos tragos y en un momento en que Roberto fue al baño el lo siguió, charlaron unos minutos, yo me escondi a fisgonear, se besaron, Tulio lo abrazo y yo en vez de ponerme celoso, tuve una erección.

    El beso se convirtió en manoseo y Roberto le tomo el paquete luego se arrodilló y le mamo la verga gigante del grandote, recordando de seguro antiguas escenas porno vividas entre ellos. No en vano estuvieron juntos como dos años. Meti ruido para avisar que estaba ahí y que no me olvidaran. Aparecieron abrazados, luego Tulio me propone bailar y los tres bailamos al ritmo de jazz. Me invadio un acento gay y confieso que me comporte como mujer, es algo que nunca me había pasado. Tulio me toma y me besa, yo soy alto pero tulio mide 2,00 metros o algo mas, es inmenso.

    No pude zafarme, Roberto se desapareció y quedé disponible para Tulio yo ya convertido en una niña. Me besa, me toca, me calienta, me masajea la verga, luego me con mucha fuerza me toma y hace que me ponga de rodillas, acato. Se quita el pantalón y veo ante mi una verga monstruosamente grande y gorda, como un brazo con dos preciosas bolas. La tomo y la pongo en mi boca, el hombre resopla y dice que es exquisito. Un olor a pene me inundo la nariz. Vamos machito mamame el pene, me decía. Sentir un pene de ese tamaño en mi boca de hombre era algo inesperado, duro como piedra, grande cabezon y soltaba jugos dulces por cantidades.

    Me desnuda me besa todo el cuerpo, me toma de la mano y me lleva al dormitorio. Ahí estaba Roberto esperando, me besa, nos besamos. “ven amor disfrutemos” me dice Roberto. Tulio besa a Roberto y le pide que lo mame. Mi joven amante toma el picaporte del monstruo y se lo chupa, entonces Tulio me besa depravadamente escarbando con su lengua. Pasan los minutos, los 3 estábamos erectos, Tulio me pone boca abajo y hace que Roberto me chupe el hoyo, entonces se sienta en mis nalgas y me penetra, dios mio, exquisito. Una verdadera penca monstruosa me estaban metiendo. Mientras Roberto lo besaba como una niña, no termina se sale y se culea a mi chico.

    Roberto grita de placer, luego se lo chupa una vez mas y nuevamente soy objeto del placer de ese monstruo humano. 9 chorros de semen me llenaron el intestino de semen, quede feliz. El hombre no pudo seguir, quedo agotado. Entonces me subi sobre mi niño y en la posición del misionero lo penetre hasta eyacular… fue una orgía gay.

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  • Clara, mi primera maestra trans super voluptuosa

    Clara, mi primera maestra trans super voluptuosa

    Siempre me llamaron la atención las mujeres voluptuosas de senos grandes y traseros grandes, desde muy chico tuve experiencias con mujeres mayores que eran las típicas Tremebundas ( tal cual la suegra de condorito) caderonas, nalgas grandes y senos inmensos, en mi proceso de juventud, encontré un vhs de mujeres trans y me quede colgado, el tamaño de sus traseros y las dimensiones de sus senos era lo que me atraía, les diré que me daba un poco de sorpresa que al ver sus penes flácidos y pequeños me gustaba ver la feminidad en sus cuerpos.

    Al pasar los años, cuando tenia 19 ya era asiduo de visitar las primeras páginas de “shemales”, destacando trans como mi diosa Allanah, entre otras. Me imaginaba besarlas, lamer sus senos, sus nalgas, me considero asiduo al beso negro, tanto dar como que me lo den (revisen mi historia en la sección de maduras.

    En mi país, hay una zona donde están las trans caminando esperando al cliente , siempre me gustaba al salir de tomar , caminar por esa zona en una de mis visitas conocí a Clara, ella era alta de 1.75 m, blanca, pelo negro largo, ojos café, tenia unos senos muy grandes talla 42B que me impactaron, era muy femenina usaba tacones mule (aquellos que se ven sus tobillos descubiertos y sus dedos con sus uñas de color rojo intenso), vestía un enterizo ceñido de color negro y reflejaba unas nalgas enormes, creo que el alcohol y todo el deseo reprimido que tenia de tanto masturbarme me dio el impulso para acercarme:

    Yo: Hola como estas, disculpa que te moleste, pero quiero decirte que eres muy hermosa, se que estás trabajando pero es la primera vez que te veo y me encantaría poder conocerte.

    Clara: Hola que tierno, eres un bebe (ella tenia 32 y yo 19) mira ahora no puedo salir porque estoy trabajando pero si es cierto lo que me dices, apunta mi número y coordinamos.

    Al día siguiente, tuve mucho miedo de llamarla ya que en el fondo sabia que era una travesti y que comenzaría a cuestionar mi sexualidad pero entendí que para mi era una mujer que cubría mi deseo, cuando la llame me contesto super amigable, charlamos y le dije cuando podía visitarla a lo que me respondió (si quieres ven ahora que estoy desocupada).

    Fui a su departamento con el corazón a mil, me compre halls y cigarro, obviamente la llame para decirle que estaba afuera ya que había mucha gente por su casa, toque y me dijo: Pasa y cierra la puerta. Cuando ingrese y me senté la vi venir con un camisón blanco escotado donde se le veía las tetas enormes y sus pezones grandes, parecía mujer, estaba en sandalias bajas y se descubría sus piernas torneadas y femeninas, me quede idiotizado.

    C: ¿Sabes que me sorprende que seas tan lindo, es tu primera vez con alguien como yo?

    Yo: Si, nunca me imagine estar en esta situación pero eres bellísima y quiero estar contigo.

    C: Quiero que sepas que te voy a cuidar y vamos a pasar un momento deliciosos, tranquilo en todo.

    Clara me beso y me devoro con la lengua, yo estaba manoseando todo su cuerpo, sus tetas grandes, su abdomen plano, ella se paró y se quito el camisón, se quedo desnuda completamente sus tetas eran grandes y gordas, sus pezones marrones, era de una mujer totalmente, su cintura era angosta en proporción a las dimensiones descomunales de su culo y tetas, baje la mirada y pude ver su pene pequeño y totalmente depilado, nunca me había llamado la atención pero se veía delicioso, prohibido, sensual, su piernas contorneadas, sus caderas anchas que hacían referencia a un reloj de arena.

    Lo único que hice fue devorarle los pezones mientras le agarraba las nalgas y le metía un dedo, me costó llegar al ano porque tenías una nalgas muy grandes y gordas, me moría por oler ese ano y devorarlo pero antes que la volteará, ella se arrodilló, me quito el pantalón y el boxer y comenzó a mamarme la pinga , era una sensación increíble, yo que estuve con varias mujeres( maduras, abuelas y jóvenes), puedo decir que este fue el mejor, sentía su lengua y como ella se lo tragaba por completo, atorándose y llenando de saliva mi glande, intercambiaba en mis huevos lamiéndolos, oliéndolos, era una sensación brutal.

    C: amor que rica pinga tienes y es grandecita, me encanta quiero que te levantes las piernas para hacerte un rico regalo, ¿te han hecho alguna vez el beso negro?

    Yo: Si y me fascina.

    Clara me levanto las piernas y abrió las nalgas lo cual me dijo:

    C: Amor que rico huele tu culito, te lo haz preparado, me encanta esta rosadito pero hay que hacer depilación, igual se ve delicioso.

    Yo: Te comento que me encanta tenerlo así, he estado con mujeres mayores y me enseñaron que si te gusta el beso negro, debes de ser limpio y pulcro.

    C: ¿Alguna vez te han metido los dedos?

    Yo: Si y me gusta, estuve con una señora de 62 años cuando cumplí 18 y a ella le encantaba comerme el culo, me metía su lengua, pero nunca me metió un dildo, una vez quiso ponerse un arnés con un vibrador pero me dio miedo.

    C: Quiero que te relajes pq el sexo se disfruta a tope , no te voy a presionar, quiero que disfrutes al máximo toda esta experiencia y juntos vamos a explorar muchas cosas.

    Se callo y comenzó a devorar el ano, metía su lengua que parecía una culebra, me estaba violando el culo y me fascinaba, lamia de arriba a abajo y me lo llenaba de saliva, intercalaba mi pinga y mi ano, en una de esas ella comenzó a meter un dedo y no lo sentí por la excitación en la que estaba se paro y me dijo:

    C: Me fascina tu culo, me lo quiero comer todos los días, eres delicioso, ahora te toca a ti comérmelo.

    Cuando se puso en el sofá, con el culo abierto, era una imagen sensacional, su ano era rosado oscuro, sus nalgas inmensas, su piel tersa, me agache y comencé a olerlo y lamerlo, le metía toda la lengua como devorándolo como si no hubiera un mañana, era increíble que hasta ella tenia que ayudarme a abrirse las nalgas por la dimensión que tenia, yo no paraba de lamerle en culo y pajearme, en una de esas me dice:

    C: Ven quiero que pruebes algo y me chupo la pinga y luego me beso, ese sabor delicioso es de tu liquido pre seminal, tu agüita de coco, ¿te gusto?

    Yo. Si es delicioso, me fascinas Clara, eres una diosa, un sueño.

    C: Hay mi bebe, tu me encantas, ven quiero que me des besitos en mi pinga.

    Yo: Nunca lo he hecho y me da miedo hacerlo, me da cosas.

    C: Amor no te estreses, dale besitos y métetelo en la boca y si no te gusta está bien, me encantaría sentir tus labios.

    Se sentó en el sofá y pude apreciar su cuerpo, era una locura y creo que la excitación fue más, me agache y comencé a besar su pinga que parecía una oruga, me la metí y comencé a succionar poco a poco.

    C: Amorcito así, despacito, te das cuenta que no es feo, mueve tu lengüita así también pruebas mi agüita de coco.

    No les miento que me gusto sentir como crecía en mi boca, comencé a pasar la lengua y chuparlo como un helado, estaba a mil y seguía succionando su glande y chupando cada gota del liquido.

    C: Amor que delicia, sigue bebe, sigue mi putito, que te vas a comer toda mi pinga.

    Yo seguía mamandole como si no hubiera agua, no me imagine que la calentura me iba a hacer cosas que nunca pensé, en ese momento solo quería disfrutar y que ella disfrute, seguía lamiendo también sus bolsas depiladas y su ano, en eso me puse el preservativo y comencé a penetrarla con las piernas al hombro, era delicioso la sensación, primera vez que me tiraba a un travesti y me fascinaba, mientras se la metía, le chupaba los dedos y sus pies y su cara era una locura, excitada a más no poder, agarrándose las tetas y gimiendo.

    C: Amor sigue mete toda tu pinga en mi poto, sigue que soy tuya mi bebe, tuya para siempre.

    Me gustaba empujar sus piernas hacia sus hombros, en eso ella se las agarra y pude ver verdaderamente la sensualidad de un trans, mientras mi pinga entraba totalmente en su culo, sentía unas ganas de mamarle la pinga pero no se podía, en eso comencé a corrérsela, después de unos minutos me abalancé y comencé a besarla, sentía que era mi mujer. ella se levanto y me hizo echarme en su alfombra, de pronto se puso en cuclillas y se sentó en mi pinga dándome la espalda, la imagen era una locura, veía ese culo tan grande como subía y bajaba, la imagen era una locura que estaba a punto de llegar, me aguante y escuchaba sus gemidos.

    C: Que rico amor, mira como me trago tu pinga en mi poto, todo mi poto es tuyo para que me lo rompas.

    Ella se detuvo y se volteo para sentarse y ahí si era increíble, miraba sus enormes tetas colgando, su cara de excitación, su pene que estaba muertito en mi pelvis, era delicioso:

    Yo: Amor me quiero venir ya no aguanto.

    Ella se lo saco, quito el condón y se lo metió a la boca, previamente me dijo que me parara, sus envestidas eran criminales, le estaba destrozando las amígdalas, se lo saco y me dijo:

    C: Dame tu leche toda en mi boca, quiero tomármela amor.

    Comenzó a darle mas fuerte y jugar con su dedo en mi ano, en eso no aguante y le eche toda la leche en la boca, en el ojo, ella se desesperaba porque nada se desperdicie y en eso se para y me da un beso, me agarro de sorpresa pero estaba sumamente excitado, sentía mi semen y su lengua recorrer mi boca, fue el famoso beso blanco.

    Ella se sentó en el sofá y me dijo que quería acabar, no les voy a mentir que me volví loco al agacharme y meterme su pinga en mi boca, comencé a mamarsela, morderla y cuando estaba dura , comencé a acelerar el paso, arriba y abajo, ella me decía:

    C: Amor sigue, sigue, que rico lo mamas, eres un puto, pareces experimentado, sigue, sigue.

    Lo único que quería era que este satisfecha, me detuve y comencé a masturbarla y la leche salió, no fue como la mía sino en proporción pequeña, la bese y comencé a lamerle las tetas.

    Yo: Clara, me encantas amor, me gustas mucho, espero que te haya gustado, quiero estar siempre contigo.

    C: Amor, nadie me ha hecho sentir como tú, nadie me ha hecho el amor con tanta pasión como tú, tu miedo te hizo ser un loquito en la cama.

    Ella se paro y se fue al baño, al pararse vi tremendas nalgas moverse de un lado a otro, era una locura, cuando entro a orinar, fue detrás de ella y me arrodillé a chuparle el ano, parecía embrujado se apoyo sobre la pared y abrí sus nalgas y metí mi boca, le daba unos lengüetazos de locura, estaba obsesionado con ese ano, ella me dijo que quería darse una ducha pero antes me puse agua en la boca y le enjuague su pinga, toda muerta, ella se rio y de pronto comencé a mamarsela como loco mirándole a la cara, ella me agarraba el pelo y mi cabeza y yo no dejaba de chupársela.

    Conseguí ponérsela dura y fue la primera vez que mame una pinga a una trans como si a mi me hubiera gustado que lo hagan, seguía chupando el glande como una fresa deliciosa, bajaba a sus huevos y subía por su tronco, sentía que me ahogaba pero era mi oportunidad para demostrarle lo que era capaz de hacer, me pare y le di un beso con lengua increíble con todo el sabor de su deliciosa pinga, fue una locura.

    En la continuación les contaré todo lo que hicimos durante mas de 10 años, si te gustan los relatos de maduras, orgias y trans femeninas… Lee todos mi relatos y coméntame tu apreciación.

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  • Enamorándome de Dianita (18)

    Enamorándome de Dianita (18)

    Sofia despertó, sola en la cama pensaba que yo estaba en el baño, pero al mirar detalladamente la habitación se dio cuenta que yo me había marchado, tomo las sábanas y se hizo como especie de un vestido, se dio cuenta de la nota que había dejado en la mesita de noche, la tomo y leyó el mensaje “Discúlpame por tener que irme y dejarte sola, pero se me presento un inconveniente con mi familia, no quise despertarte te veías hermosa acostada, no te enojes por favor, sé que en otra ocasión me lo harás pagar con intereses, ¡ah! y por cierto ese tatuaje me lo llevo grabado en mi mente, es realmente hermoso, más tarde hablamos de lo que paso en la noche”.

    Vaya que eres un tonto Thiago, pensé que estaría más enojada contigo, pero con esta nota te anotaste un punto a tu favor, terminando de leer la nota tocaron la puerta de la habitación, Sofia se asustó, no esperaba a nadie ni había pedido nada, pero pensó que yo me había devuelto, no sabía con exactitud la hora en que yo me había marchado, por lo que pregunta.

    -¿Quién es?

    -Room Service. -le contestan

    -Debe ser un error yo no he pedido nada. -responde Sofia

    -El señor Thiago, ordeno el servicio. -contestaron detrás de la puerta.

    Sofia antes de abrir, visualizo por el ojo de halcón de la puerta y pudo darse cuenta que efectivamente era el servicio a la habitación, abrió la puerta y el mesero, le entrego la orden, Sofia recibió el servicio y lo ubico dentro de la habitación y cerró la puerta, ya más calmada destapo los platos y pudo ver el desayuno de frutas, y el mensaje en crema de chocolate la cual eran acompañadas con unas fresas, que decía “perdóname por favor. -Thiago”, vaya sí que sabes endulzar a una chica, que tierno más tarde te las cobrare, le tomo una foto al desayuno y me envío la foto diciendo “eres tierno, pero me la debes no se deja a una mujer como yo sola en la cama”.

    Llegue a mi casa, me di un baño me puse ropa deportiva y baje a la cocina, la cabeza me daba vueltas mi madre me conocía perfectamente, y me preparo un desayuno para la resaca, un caldo de pollo y jugo de naranja.

    -Veo que la noche estuvo muy movida, ya que tienes una resaca que ni tú mismo puedes con ella. -me dijo

    -Que bien me conoces mamá, por eso eres la mejor, sabes que te amo. -le dije

    -¿Puedo preguntar si la resaca que tienes es por Paula o alguna otra chica?

    -Si mamá las dos cosas, pero igual creo que por querer protegerlas a las dos, terminé por hacerles daño, no creo que quieran volver a saber de mí.

    -No se puede tener a dos mujeres al mismo tiempo, no te enseñe eso mi niño, si realmente quieres a una, lucha por ella, la otra tendrá que entenderlo al final.

    -Gracias Ma, pero ojalá fuera tan fácil, igual te prometo que no te hare quedar mal.

    Le di un abrazo y Sali a correr, necesitaba pensar y aproveche para retomar mi hobby de la fotografía, ya que haciéndolo sentía calma, cuando termine de correr y me dispuse a tomar algunas fotografías mi teléfono sonó, mire y era Paula.

    -Hola Thiago como estas, tienes razón necesitamos hablar, Diana y yo vamos donde tu estas. -me dijo.

    Tragué saliva, no me esperaba que tuviera que enfrentar a las dos al mismo tiempo, aunque a decir verdad era mejor, por lo que les dije que las esperaba en la colina donde siempre hacia ejercicios y tomaba fotografías, Paula conocía perfectamente el lugar, me había acompañado muchas veces al lugar, además si por cualquier motivo se ponían violentas era un sitio donde no causaríamos trauma, además era la ocasión para hacer que ellas terminaran conmigo y así cumplir el trato con Sofia y proteger a Dianita de Tony y la misma Sofia.

    Las chicas dejaron la casa de Cristian impecable, y salieron a mi encuentro, Natalia no quiso acompañarlas era algo que debían hacer ellas solas, pero les aconsejo que antes de dejarse llevar por la rabia actuaran con cordura.

    Dianita y Paula llegaron a la colina y me encontraron sentado bajo un árbol, mi mirada se perdía a lo lejos del paisaje, se notaba que estaba intranquilo cuando las vi llegar se veían hermosas, pero no me atrevía a decirles algún halago solo las miré y sonreí un poco, me puse de pie y nos quedamos mirando los tres, el ambiente era tenso, Paula interrumpió el silencio y dijo muy seriamente bueno Thiago te escuchamos los que tienes que decir, quiero que seas honesto, creo que preguntas porque vine con Diana, sé que tienes sentimientos hacia ella, y que ya se acostaron aunque ella no me lo haya dicho con palabras, tampoco lo pudo negar, así que puedes ser totalmente honesto con nosotras.

    Miré a Dianita y ella solo movió los hombros, -ok podemos sentarnos así estaremos más cómodos, los tres nos sentamos bajo la sombra del árbol, y empecé hablar, la verdad no sé por dónde empezar les dije, sé que ya tienen conocimiento que Sofia y yo, ayer estábamos en un hotel, me hubiese gustado que se enteraran por mí ya que de igual forma se los iba a decir, hay una razón muy poderosa del porque lo hice, pero no puedo decirles esa razón.

    Lo único que puedo decirles es que para que ustedes dos estén bien yo debo alejarme, puede que no me crean, pero en serio me gustan muchísimo las dos, sé que no está bien no quería hacerles daño, pero ayer se nota que lloraron mucho por mi culpa, y no merezco sus lágrimas.

    -No necesitamos un discurso Thiago, es fácil te acostaste o no con Sofia. -me dijo Dianita

    -No lo sé, ayer bebí mucho alcohol y la verdad no recuerdo que paso.

    Pensé que eras más hombre, -te voy a refrescar la memoria, y me mostro la foto que Sofia le envió donde estoy dormido completamente desnudo.

    Puede que tengan razón, pero para mí tan solo están ustedes dos, pero si les hace feliz saber que estuve con Sofia, vamos a decir que sí, pero no me acuerdo, y si no me acuerdo…

    -¡No paso!, como te digo Natti Natasha. -me recrimino Paula.

    Dianita medio giro su rostro y esbozo una sonrisa, mientras en su mente decía, que tonto siempre me hace reír con sus ocurrencias.

    -Y tú le festejas todo. -le dijo Paula a Dianita.

    -Para nada. -le contesto Dianita.

    Y acto seguido me mostro la foto de la nota que le deje a Sofia en el nochero, -creo que esto lo dice todo cierto, eres un mentiroso claro que te acuerdas perfectamente de lo que hiciste anoche con esa perra, te dije que si no me fallabas lucharía contra el mundo por ti, me hiciste daño y aunque te extrañe sé que algún día te voy a olvidar y las lágrimas que ayer derrame por ti son las ultimas que te voy a dar, -me dijo Dianita, en su mirada había rencor y por su mejilla se asomaba una lagrima.

    Sabes una cosa, cuando te pregunten porque ya no estamos juntos cuéntale a la gente que no fuimos suficiente para ti, úsanos de excusa del porque no funciono y hazme todo el daño que sientas necesario, no quiero volver a verte nunca más. -me dijo Paula.

    Las entiendo y sé que no fue justo con ninguna de las dos, pero no les miento no estoy seguro si me acosté o no con Sofia, pero creo que si debió pasar. La nota la deje porque no tenía certeza de nada, por eso puse después hablamos de lo que paso en la noche, terminando de decir esas palabras Paula me pega una cachetada.

    -Ya no me interesa saber nada, Te amo demasiado Thiago, que hasta acepte incluso compartirte con Diana, pero no puedo amar tanto. -me dijo Paula.

    No nos busques, me dijeron las dos y se marcharon, quedé destrozado, pero por el momento era lo mejor, mientras buscaba la forma que me perdonaran, pero primero debía saber si me había acostado con Sofia o no, llame a Cristian y le conté lo que paso con Paula y Dianita.

    -No había forma que salieras bien de eso, te lo dije hicieras lo que hicieras la ibas a terminar cagando. -me dijo Cristian

    -Desafortunadamente tienes razón, pero no les digas que tú sabias, no quiero que se dañe lo que tienes con Natalia, por favor cuídalas mientras soluciono todo. -le dije

    -Cuenta con eso bro. -me Contesto.

    Los días pasaban y no sabía nada de Dianita y Paula, para todos en la Universidad Sofia y yo éramos pareja, la profesora Violeta me envió un mensaje, “ya no eres el chico alegre, cuando quieras pasa por mi casa quizás te pueda devolver un poco la alegría” junto al mensaje un emoticón de una carita picando un ojo, sonreí por el mensaje, por lo que le respondí diciéndole: “claro que lo hare cualquier día de estos te doy la sorpresa”.

    Sofia quería distraerse así que el fin de semana salimos al bar de la bahía, como Cristian me decía que las chicas andaban con los ánimos por el suelo no pensé que me las encontraría, pero el destino es cruel, y estábamos todos en el mismo lugar, cuando Dianita entra al bar lo primero que ven sus ojos es el beso que Sofia me estaba dando, se quedó pasmada y con los ojos llorosos mirándome fijamente, nuestras miradas se cruzaron mis ojos también se tornaron llorosos, Sofia se dio cuenta de la escena y solo le sonrió a Dianita.

    Dianita dejándose llevar por la ira da dos pasos hacia donde estábamos, pero Paula la toma del brazo y le dice “no vale la pena, no te rebajes es lo que ella quiere, ya llegara nuestro momento de desquitarnos”.

    Así trascurría la noche, dos tipos se acercaron Dianita y a Paula, ellas les seguían el juego coqueteándoles, yo había tomado bastante y los celos me estaba matando de ira, ellas lo sabían se daban cuenta, pero el vaso que reboso la copa fue cuando Dianita se dejó besar del tipo y Paula le siguió el juego también besando al que estaba con ella.

    -Parece que las chicas se están pasando no crees. -le dijo Cristian a Natalia.

    -Estoy de acuerdo contigo amor. -contesto Natalia.

    No puede aguantar la escena y le dije a Sofia que me iba, que si quería se quedara, pero ella se fue conmigo, la deje en su casa malhumorada, no estaba para escenas de celos o de amor, quería estar solo.

    -Thiago estás muy tomado porque no dejas la moto en mi casa y te vas en taxi por favor. -me dijo Sofia preocupada.

    -Estoy bien, tranquila cuando llegue a mi casa te aviso y me fui.

    Lo que no sabía era que Tony me tenía preparado una sorpresa, en un semáforo y con las calles solas por la hora, atravesó su auto y yo caí al suelo, al tratar de esquivarlo, luego se bajaron varios tipos robustos y llegaron dos autos más, me agarraron y me llevaron a un callejón, junto con mi moto, me tenían agarrado y no podía moverme por lo que empezaron a golpearme sin compasión.

    ¿En serio creíste que la ofensa que me hiciste hace tiempo la había olvidado?, que pendejo eres -dijo Tony en tono burlón, acto seguido me cruzo la cara con un certero golpe logrando que mis piernas se doblaran, de la golpiza tenía toda la cara y camisa ensangrentada, eran demasiados y muy fuertes, no pude defenderme, -no me había vengado porque no sabía con quién me había puesto los cuernos la puta de Diana, si con Cristian o contigo, pero al estar Cristian con Natalia por descarte tenías que ser tú cabrón, además esa zorra siempre te miraba de forma diferente.

    Cada vez que decía una frase venia con un golpe directo a la cara, por mi boca salían hilos de sangre, pero en un momento agarre fuerzas y pude decir unas palabras – te crees el puto amo, pero no eres capaz de enfrentarme tu solo, y con una sonrisa terminé diciéndole eres el puto amo macho alfa, pero con unos cuernos del tamaño de la torre Eiffel, ja, ja, ja, ja.

    Tony se llenó de ira por lo que le dije y tomo un palo me miró fijamente a los ojos y me dijo – reza por dejar de existir, porque cada vez que te cruces por mi vista te daré una paliza que desearas mudarte de planeta hijo de puta, y acto seguido me dio un fuerte golpe en la cabeza dejándome inconsciente, unos de sus amigos le dijeron – ¡qué hiciste Tony lo mataste!, Tony asustado tiro el palo y me dejo tirado en suelo, pero antes de irse les dejo claro a todos que nadie podía enterarse de lo que paso conmigo.

    Sofia al ver que no la llamaba y no le contestaba las llamadas, pensó que me había devuelto a la discoteca, por lo que llamo a Amber y le pregunto si yo estaba en la discoteca.

    -Que paso se te perdió Thiago. – le pregunto Amber riendo.

    -No seas imbécil, está o no en la discoteca. -pregunto Sofia furiosa.

    -No esta, y tampoco está con Diana ya que se acaban de ir con Cristian. – le contesto.

    -Si sabes algo me avisas. – le dijo Sofia

    Sofia estaba preocupada ya que, si no estaba con Dianita, porque no contestaba sus llamadas, no se atrevía a llamar a mi casa, para no preocupar a mis padres, por lo que decidió esperar a la mañana para averiguar.

    No sé cuánto tiempo duré tirado en el suelo, cuando pude levantarme todo me daba vueltas no tenía fuerzas, como pude encendí la moto y salí del callejón, pero no tenía dominio de mi cuerpo, por lo que iba manejando en zigzag, en un momento no se si por los golpes o el alcohol, pero todo se oscureció, cuando sentí fue que choque contra la parte trasera de un auto, me salí de la moto y termine en el vidrio trasero del auto, quedando completamente inconsciente, parecía estar muerto.

    El lugar se llenó de gente, el conductor iba con su esposa, asustado se bajó del auto y me vio todo lleno de sangre, pensó que me había matado, inmediatamente llamo una ambulancia, pero la gente abarrotaba el lugar, Cristian y las chicas pasaron por el lugar y vieron el lugar lleno de gente, por lo que Natalia dice – parece que hubo un accidente.

    -¿será que no detenemos para mirar que paso? – pregunto Cristian.

    -Ni de broma, hay mucha gente pueden hacernos algo. – dijo Paula.

    -Tienes razón mejor seguimos nuestro camino, a cuál de las dos llevo primero a su casa. – dijo Cristian.

    -Si no hay problemas a mí por favor. – contesto Paula.

    Dianita al pasar por el lugar sintió una opresión en el pecho, por lo que puso su mano e hizo presión en él, Natalia se dio cuenta y le pregunto -¿te pasa algo Dianita?

    -Es que al pasar por el lugar sentí una fuerte opresión en el pecho, como si algo me jalara hacia ese lugar. – contesto.

    Todos la miraron sorprendidos, pero siguieron su camino, cuando estaban dejando a Paula en su casa, Dianita no pudo más con la sensación que la atormentaba, sentía que debía llamar a Thiago, por lo que toma su celular y marca el número, cuando le contestan escucha la voz de un hombre diferente a la de Thiago y pregunta – ¿Quién me habla, eres tú Thiago?, todos las miran sorprendidos.

    -Disculpe señorita es que el dueño del teléfono sufrió un accidente y esta grave, en este momento lo están trasladando al hospital San Sebastián.

    -¡¡Que!!, no Thiago no por favor. – dice mientras se pone a llorar.

    -¿Qué le paso a Thiago? – pregunto Cristian.

    Pero Dianita no podía decir ni una sola palabra estaba en shock, solo lloraba, por lo que Cristian le quita el teléfono, y habla con la persona que Tiene el teléfono de Thiago, recibe la explicación pertinente y responde – gracias ya vamos para allá.

    Paula y Natalia miraban a Cristian, esperando que les dijera que sucedía, por lo que en un tono calmado pero preocupado les dice – chicas la persona que se accidento en ese lugar era Thiago, ya la ambulancia se lo llevo para el hospital San Sebastián.

    Todos se pusieron a llorar menos Cristian, él sabía que debía mantener la calma, lo que no sabía era como decírselos a sus padres, mejor cuando lleguemos al hospital los llamo, cuando llegaron preguntaron por el estado de Thiago, pero nadie les daba razón, cuando el doctor salió y pregunto por los familiares de Thiago León, Cristian contesto – yo doctor soy su hermano.

    -El estado del paciente es crítico, en estos momentos esta inconsciente, presenta una fractura en un brazo, una laceración en la cabeza y muchos golpes, como si hubiese sufrido una golpiza, hay que operar, necesitamos la autorización de un familiar. -dijo el doctor

    -¿Podemos esperar a que lleguen nuestros padres? – dijo Cristian

    -Si, pero debe ser rápido. – contesto el doctor.

    Continuará.

    Si te ha gustado este capítulo, por favor, no dudes en dejar un comentario y una valoración, lo apreciare mucho. Siempre agradezco las muestras de apoyo de los lectores, son muy importantes para mí, para continuar con la historia.

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  • Mi nueva amiga (1)

    Mi nueva amiga (1)

    Sinopsis.

    Siempre me habían gustado los hombres, esa sensación de sentir la pija adentro de mi concha, de sentir toda la leche adentro, o de atragantarme con una verga en la boca, en fin, siempre fui loca por la pija. Pero últimamente me estaban pasando cosas con mi nueva amiga.

    Soy Nicole, tengo 22 años y la amiga de la que hablo se llama Paulina y tiene 24 años. Nos conocimos hace unos meses en el trabajo, ambas somos administrativas y la conocí cuando ella comenzó a trabajar en la misma empresa que yo.

    En seguida nos llevamos super bien y nos fuimos convirtiendo en amigas. En las horas de descanso almorzabamos juntas y conversábamos de todo, de nuestras vidas, de algunas compañeras que no nos caían bien, en fin, éramos muy compinches. Ella tenía novio, yo estaba soltera. Me contaba cosas de su relación, siempre cosas buenas, solo que le estaba molestando una cosa. Me decía que últimamente su novio le insistía con la fantasía que todos los hombres parecen tener, coger con dos mujeres.

    Me comentaba que a ella nunca le había pasado por su cabeza la idea o deseo de tener algo con una chica, y que si bien su novio no se enojaba por el hecho de que ella no le cumpliera esa fantasía, ella tenía miedo de que eso afectara la relación a futuro de alguna manera, entonces me preguntó qué podía hacer.

    Yo: ¿Nunca tuviste un pequeño deseo de probar con una mina?

    Pau: Antes nunca se me había pasado por la cabeza, pero te confieso que de tantas veces que me insistió, comencé a pensar esa idea. Hasta llegar al punto de que inconscientemente comencé a sentir cosas, por ejemplo cuando veo alguna escena lésbica en alguna película o cuando veo a una chica muy linda por la calle.

    Yo: Entonces capaz te termina gustando, podrías probar una vez y ver qué onda.

    Pau: Capaz que si boluda, es más, a veces cuando veo alguna escena lésbica en alguna película o serie, te juro que se me empieza a mojar la concha jajaja me da vergüenza decirte esto.

    Yo: jajaja es normal boluda, no quiere decir que seas lesbiana, quizá te gustan las dos cosas. A mí por ejemplo me encanta la pija pero a veces he visto videos porno de lesbianas y me re caliento.

    Pau: ¿Ah sí?

    Yo: Sii boluda, me re alza más eso que los videos porno de un hombre con una mina.

    Terminamos el descanso, y volvimos al trabajo. A la hora de irnos, siempre pasamos por los vestuarios para dejar algunas cosas en el casillero y cambiarnos, porque tenemos que dejar el uniforme que nos hacen poner para recepcionar al público. En un momento Pau se saca el pantalón, y veo que llevaba una tanga negra de encaje hermosa, le quedaba muy lindo por como resaltaba en su piel clarita. Además vi el precioso orto que tenía, bien formadito, y cuando se desprendió la camisa, llevaba un top en el que se le veía su abdomen planito y con un piercing en el ombligo.

    Yo hice lo propio y comencé a desvestirme para ponerme mi ropa, y noté que ella me estaba viendo, y de gusto abrí un poco las piernas para que me viera la concha debajo de mi tanga.

    Salimos juntas de la empresa y nos saludamos con un beso en el cachete ya que habitualmente nos íbamos en el mismo bondi porque vivíamos relativamente cerca, pero ese día fuimos por diferentes caminos porque ella tenía unas cosas para hacer.

    Ese día al llegar la noche, no podía dormir porque no podía dejar de pensar en ella. Me hice tremenda paja, me metí los dedos de una manera que nunca antes había disfrutado, todo pensando en Pau y su cuerpo que me ponía re caliente. Estaba tan alzada que casi me saco una foto y se la mandaba “por error”, pero acabé, me quedó toda la concha mojada, y me calmé, por lo que decidí acostarme sin mandar nada.

    Continuará…

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  • Los pies de mi vecina milf

    Los pies de mi vecina milf

    Déjenme que les cuente cómo conocí a mi crush Verito.

    Hace cuatro años rentaba un departamento, yo vivía en el primer piso y Vero vivía con su hijo en el departamento que está justo arriba del mío. La primera vez que la vi pensé que ella tenía unos 35 años y no me pareció raro que tuviera un hijo de unos 7 años, lo que sí me extrañó es que nunca la vi con un vato por lo que pensé que era mamá soltera.

    Vero tiene unas nalgas maravillosas, morenita, ojos grandes, cabello negro y ondulado, siempre vestida entallada y calzado abierto.

    Yo salía a las 7:30 am para ir al trabajo justo a la hora que ella también, bañada en su fragancia sensual y con un maquillaje discreto pero que la hacía ver muy linda. Todas las mañanas bajaba apresuradamente las escaleras y se subía a su auto, algunas veces la saludaba cuando nos encontrábamos en las escaleras o en el estacionamiento pero me respondía cortante. Trataba de salir detrás de ella para ver esos hermosos pies delgados y morenitos que me enloquecían, siempre arreglados, cada semana tenía un esmalte distinto, mi mayor deseo era ver su pies completamente desnudos.

    Pasaban los días y solamente la saludaba porque rápidamente se subía a su auto, así fue durante poco más de un año.

    Un día estaba practicando con mi guitarra y de pronto alguien tocó el timbre, abrí la puerta y ¡oh sorpresa! Era Vero, hermosa como nunca la vi: llevaba un pijama blanco un poco holgado, blusa de tirantes y esos hermosos pies completamente desnudos y descalzos. Mi obsesión con mirarle los pies pronto me metió en una escena incómoda, pues al abrir la puerta y mirarla automáticamente mi vista se dirigió a sus pies y se quedó fija un par de segundos hasta que encogió los dedos en señal de incomodidad. Subí la mirada a sus ojos y la saludé, me encontré con su cara ruborizada de pena, quizás porque para ella no era aceptable ser vista así de sencilla. Me dijo:

    —Buenas tardes vecino, un favor… ¿Puedes bajar un poco el volumen de tu amplificador? Mi hijo y yo estamos estudiando y no nos concentramos mucho.

    —Claro, perdón por el escándalo—. Dije apenado y desconecté la guitarra.

    Ella me agradeció y dio media vuelta hacia su departamento, inmediatamente le pregunté que qué estaban estudiando. Ella volteó y dudó unos segundos si responder o no.

    —Matemáticas… operaciones con fracciones, para ser exactos, nada más no le entiende mi hijo.

    Sin dudarlo me ofrecí a ayudarles diciéndole que soy ingeniero y que eso era algo insignificante para mí. Ella dudó un momento pero terminó aceptando mi oferta.

    —Está bien, le diré que venga, aunque es un poco tímido.

    —Si quieres puedo subir, si eso hace lo hace sentir mejor—. Sonrió y aceptó. Subimos, abrió la puerta y ahí estaba su hijo, derrotado frente a su libro.

    —Va en quinto de primaria y tiene examen… por cierto, me llamo Vero y él es Johan—. Dijo dándome su delicada mano.

    —Angel, mucho gusto —respondí—. Hola Johan —dije dándole el puño al niño.

    —Disculpa el desorden, llevamos toda la tarde estudiando que no he tenido tiempo de arreglar la casa.

    —No te preocupes, mi departamento no está más arreglado.

    Sonrió tímidamente, remarcando sus hermosos pómulos.

    —¿Cuándo es el examen?—. Pregunté.

    —El lunes —quitó unas cosas de la mesa para hacerme espacio—. Siéntate aquí —dijo sonriendo y me dio el cuaderno de matemáticas.

    Me senté y le eché una mirada a los ejercicios. Comenzamos la clase mientras aquel mujerón caminaba por todo el departamento ordenando cosas y preparando papeles, quizás para su trabajo, yo la veía descalza, con el cabello medio recogido y con ese pijama blanco que dejaba ver un cachetero cuando se agachaba. De tanto ir y venir terminó por descubrirme una vez más mirándola con lasciva, su cara se sonrojó y se metió a una habitación. Pasó casi una hora ahí dentro, Johan y yo seguimos estudiando.

    Terminamos el tema correspondiente a división y multiplicación de fracciones, Johan dijo:

    —Mami ya acabamos, ¿puedo jugar la play?

    Verito salió de la habitación.

    —¿Ya terminaron?, ¿Sí entendiste?—. Le preguntó.

    —Sí mami, Angel sí sabe explicar.

    —¿Aaah yo no sé explicar?—. Respondió Verito riéndose y yo con ella.

    —Bueno, creo que me despido, avanzamos mucho, si quieres que le vuelva a explicar con gusto vengo de nuevo—. Dije mientras caminaba hacia la puerta.

    —Muchas gracias de verdad, no imaginé que fueras inge.

    —Pues ya ves, cuando necesites ayuda con mate puedes decirme—. Dije abriendo la puerta.

    —¿No quieres comer algo?—. Dijo sonriendo.

    —No, estoy bien, no quiero importunar.

    —Es lo menos que puedo hacer para agradecerte—. Dijo haciéndome una carita muy coqueta.

    —OK acepto—. No pude negarme.

    Me senté en el sillón para jugar con Johan mientras Vero calentaba la comida.

    Noté que se había puesto unas chanclitas rosas y empecé a excitarme, traté de controlarme y me animé con su compañía.

    Los tres en la mesa hablamos y reímos mucho. Johan se levantó de la mesa y salió a jugar con los niños de la calle. Me levanté y llevé los platos sucios al fregadero para lavarlos.

    —No no no déjalos, después los lavo—. Dijo Vero apartándome del fregadero.

    —No, como crees, rápido los lavo.

    —¡Que no, déjalos!

    —OK jajaja. Bueno, creo ahora sí ya me voy.

    —¿Ya te tienes que ir?, ¿Alguien te espera…?

    —Uhmmm no precisamente, pero creo que ya te querrás poner cómoda para descansar.

    —Aún es temprano y es fin de semana—. Vero fue a la cocina y regresó con un par de cervezas. Nos sentamos en el sofá a charlar.

    —Entonces cuéntame, ¿En qué trabajas, a qué te dedicas, qué te gusta?

    —Trabajo en Forvia, en el área de calidad, me gusta el metal y tocar la guitarra… a grosso modo.

    —A mí también me gusta el metal y el rock aunque no se note por cómo me visto pero es por el trabajo, trabajo en contraloría municipal.

    —No pensé que te gustara el metal.

    —No pensé que fueras inge., creí que eras contador o algo así —respondió riéndose—. ¿Cuántos años crees que tengo?

    —Uhmmm… unos… 33, 34…

    —Nah ah, tengo 36.

    —No te creo.

    —En serio, en mayo cumplo 37.

    —Pues no se te ven.

    —¿Tú cuántos tienes?

    —28.

    —Tú sí te ves de 30 y algo—. Respondió riéndose muy coqueta.

    —Jajaja sí, me lo han dicho.

    Seguimos bebiendo y pronto entramos en confianza y hablábamos como los más entrañables amigos.

    Después de 4 cervezas vi como ella se ponía más cómoda y se derretía sensualmente en el sofá, se quitó las chanclitas y subió los pies dejándolos muy cerca de mí. Me estaba volviendo loco por tocarlos pero no me atrevía. Empezó a sobarse las plantas y los dedos mientras platicaba, interrumpí su charla abruptamente para preguntarle si le dolían los pies.

    —Sí un poco, es cansado andar con tacones todo el día, de lunes a viernes—. Respondió más suelta por alcohol.

    No dudé ni un segundo y comencé a sobar yo también, ella me miró un poco asustada pero le dije:

    —Tranquila, tengo una amiga que es kinesióloga y me enseñó algunas cosas, se cómo ayudarte.

    Mi ex Karina me enseñó cómo dar masaje y no podía desaprovechar el momento. Me recorrí hasta el final del sofá y puse sus pies en mi regazo y comencé a sobar y acariciar cada hermoso dedo, sintiendo su suave textura, después amasé sus talones suavemente y cuando la sentí más relajada comencé a hundir las yemas de mis dedos en sus plantas.

    Estaba tan excitado con esos ricos pies en mis manos que no había percibo su rostro. La miré y estaba extasiada con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el recarga brazos del sofá. Seguí masajeando sus plantas y escuché un leve gemido escapar de su boca. Seguí el masaje, puse sus pies en mi pecho y ya sin control sobre mis deseos olí cada rincón y porción de piel de sus pies. Me perdí completamente y comencé a frotarlos en mi cara, supongo que mi barba le hacía cosquillas pues sus dedos se engarruñaban y eso me excitaba más.

    Ya no tenía freno y sin pensar en ninguna consecuencia los comencé a besar del talón hasta los dedos. Vero se sintió muy extraña pues en algún momento abrió los ojos y puso rígidas las piernas dificultando que las acercara a mi rostro.

    Nos miramos fijamente a los ojos, yo sabía que no había vuelta atrás; si daba un paso más podría ser para bien o para mal. Ella no me quitó la mirada de encima en señal de aprobación y yo me enfoqué en halar nuevamente sus pies hacia mí para besarlos. Ya sin miedo alguno saqué mi lengua y lamí sus plantas, ella se resistió un poco, por pena supongo, pero le pedí que cerrara los ojos.

    Ella lo hizo y yo me comí cada centímetro de pie; pasé mi lengua entre cada uno de sus dedos, lamía y besaba sus plantas con lujuria mientras ella se retorcía de placer hasta que de pronto su respiración se comenzó a sentir agitada. Arqueó la espalda mientras se apretaba las tetas, sus piernas se sintieron rígidas y sus pies se contrajeron, todo acompañado de un gemido sensual lleno de descanso. Disfruté mucho esa escena.

    Cuando el éxtasis bajó abrió los ojos y se encontró con mi mirada risueña, se veía apenada al principio pero después también sonrió, me dio un beso en los labios y se puso de pie. Me agradeció lo que había pasado y me pidió que fuera un caballero y lo mantuviera en secreto, yo le dije que no se preocupara que esto quedaba entre ella y yo, sonrió y me dio un beso más largo y apasionado.

    —El próximo fin de semana Johan se va con su papá, si quieres podemos hacer otras cositas—. Dijo traviesa.

    —Claro preciosa.

    Intercambiamos números y me acompañó, ya fuera del departamento me dijo escondiéndose detrás de la puerta y asomando sólo una carita pícara.

    —Entonces te veo el viernes.

    Cerró la puerta y me fui feliz.

    En la segunda parte les contaré lo que pasó ese fin de semana.

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  • La vida es hermosa, los sueños se cumplen (1)

    La vida es hermosa, los sueños se cumplen (1)

    “La vida es hermosa, los sueños se cumplen” escuche esta frase en una de mis series favoritas “Two and a half men”, en español “Dos hombres y medio”, cuando el personaje Alan Harper comienza una vida sexual con Candy una chica de 22 abriles.

    Mónica es una vecina del barrio donde vivía, una mujer de piel clara, cabello castaño claro, ojos azules verdoso, un rostro de forma ovalada, con pómulos marcados y un cuerpo tonificado, resultado de rutinas de ejercicio intensas, practica yoga. Lo que más me gusta de ella es su sonrisa y su mirada, una mirada muy expresiva.

    Me encanto desde la primera vez que la vi, ella llego al barrio cuando tenía 30 años como la novia de Manuel, fue madre soltera a muy temprana edad de una niña. Trabajaba vendiendo cosméticos en una empresa ahí fue donde conoció a mi vecino Manuel se enamoraron, se comprometieron y la trajo a vivir al barrio con su hija.

    Se hizo buena amiga de mi madre, a veces las encontraba en la sala de mi casa conversando de alguna novela, receta de cocina, los chismes del barrio, etc. Yo por aquel entonces era un muchacho de 19 años estaba en los primeros ciclos de universidad y trabaja de repartidor para costearme los estudios.

    Mónica salía a correr en las mañanas con unos leggings pitillo donde se le podía apreciar sus curvas y su trasero redondito. Recuerdo una noche llegando a casa, pase por la de los vecinos y se escuchaban unos gemidos acerque mi oreja a la puerta y pude escuchar como Manuel y Mónica tenían sexo, le estaba dando una follada que se podían oír los choques pélvicos, los aplausos sin manos, ustedes me entienden.

    Después de un rato de oírlos voy a casa a pajearme, alucinando lo rico que sería poder follarme a Mónica, darle duro a ese culito y boquita, hacerla mi mujer. Pensé en conquistarla, en seducirla pero las veces que interactuaba con ella sentía que me veía solo como un niño, además mi madre le contaba historias de mí cuando era pequeño que solo hacían avergonzarme. Tenía que pisar tierra y ver la realidad de algo que no podrá ser.

    Había 11 años de diferencia entre ambos, ella estaba en una etapa de su vida de una relación sólida con Manuel un hombre de su misma edad, él era un buen proveedor trabajaba como supervisor en una empresa con buen sueldo que le cubría los bienes y servicios a ella y su hija, nunca les faltaba nada. Yo a duras penas podía costearme los estudios, eran esas las razones por la que ella no se atrevería a atentar contra su pareja y cometer infidelidad y menos con un muchacho que recién empezaba a vivir la vida y todavía no había logrado nada. Si quería engañar a Manuel con otro hombre yo sería su última opción.

    Además Manuel siempre conmigo se portó bien, siempre me saludaba cuando nos encontrábamos en la calle, recuerdo que una vez me vino a buscar a casa para ir a jugar futbol, le faltaba un jugador a su equipo y pensó en mí. Ese juego ganamos 3-1 y yo anote uno de los goles, desde ese día siempre me llamaba cuando iba jugar futbol con sus amigos. Si bien no éramos tan amigos, siempre existió una buena relación.

    Sabía que mis intenciones me traerían problemas y que seguramente terminarían mal para mí, pero deseaba a Mónica con ganas, estaba bien buena. Pensando con cabeza fría lo mejor era dejar soñar y dejar las cosas tal como están, con el tiempo sé que fue la mejor decisión. Un día almorzando con mi madre me cuenta que Mónica está embarazada, ahí supe que todo había acabado y lo mejor era seguir con mi vida y solo tener a Mónica en mis fantasías.

    Pero la vida da muchas vueltas y a veces lo que sueñas se vuelve realidad

    6 años después…

    Ahora tenía 25 años ya había terminado la universidad, tenía mi título profesional como Ingeniero de sistemas a nombre de la nación, trabajaba como full stack developer para una empresa internacional, mi sueldo era en dólares al tipo de cambio con la moneda de mi país era una fortuna, ese dinero lo invertía en bolsa lo que generaba dividendos, estaba soltero sin hijos, ni responsabilidades, mi vida era espectacular era como el tío Charlie de mi familia.

    Para Mónica la situación era distinta ahora era una mujer de 36 años, a su hija le detectaron una enfermedad que requirió una operación por lo que junto con Manuel tuvieron que endeudarse. Además tenían gastos de su pequeño hijo y para rematar, la época de pandemia dejo en muy mala situación financiera a la empresa donde laboraba, por lo que para poder mantenerse a flote se vio en la obligación de reducir personal, dejando a Manuel sin trabajo.

    Al perder su principal fuente de ingresos, se mantenían solo de sus ahorros que poco a poco se reducían, complicando su situación y también su relación de pareja. Recuerdo un día bajando de mi habitación a la cocina buscando algo que comer Mónica se encontraba en la puerta de casa conversando con mi madre, pase de largo pero escuche su conversación de lejos mientras me prepara un sándwich. Mónica estaba devastada por la situación que estaba pasando que si seguía así hasta había pensado en meterse de escort una amiga se lo había propuesto pero lo rechazo, mi madre le indicaba que tuviera fe que solo era un mal momento que todo iba a mejorar.

    Le pidió dinero a mi madre ya que al aparecer no tenían para comer ese día, mi madre saco de su cartera y se lo dio en un sobre.

    Los días pasaron…

    Recibo la llamada de Paul un amigo de la universidad para un reencuentro ya que hace más de 2 años que nos veíamos, acordamos el viernes por la noche. Llego el viernes y aparte de Paul, estaban Michael y Sebastián. Me dio gusto volver a verlos después de tanto tiempo estábamos en un bar, bebiendo y platicando como nos había ido la vida luego de la graduación.

    Para finalizar la noche Michael nos propone terminar el reencuentro con un final feliz, nos retiramos del bar siguiendo los pasos de Michael quien caminaba triunfante con una sonrisa en el rostro, batuteando al grupo.

    Nos llevó a una casona antigua en el centro de la ciudad de 3 pisos pintada todo de blanco, toco el timbre y dio una clave lo que nos permitió el acceso. Entramos y nos recibió una mujer joven de rasgos asiáticos que ese día le tocaba turno en recepción. Su nombre era Génesis, 23 años.

    Génesis: Hola Michael, veo que trajiste a tus amigos.

    Michael: Si, ¿Cómo estas preciosa? – dándole un beso en la mejilla

    Génesis: Bien, trabajando ando – todos sonreímos

    Michael: Que chicas están disponibles ahora para mis amigos.

    Génesis nos explicó en qué consistía el servicio, el servicio consiste en sexo oral, sexo vaginal, poses, caricias, masajes relajantes, baile sexy en lencería o desnuda en caso lo prefiera el cliente, está prohibido grabar y el sexo anal solo con consentimiento de la escort.

    El precio es de 200 soles (58 USD aprox.) la hora y 20% si desean una segunda hora. Incluye 2 polvos por hora, todo con preservativo en caso de no contar podíamos comprarlos en recepción, al igual que bebidas rehidratantes, aperitivos y lubricantes. Las habitaciones estaban en el 2 y 3 piso, cada una cuenta con una cama King, Tv Smart, Wifi, pole dance y ducha con agua caliente. Luego de darnos todas las indicaciones, nos hizo tomar asiento en los sillones de la sala de recepción y se fue a llamar a las chicas.

    Estamos sentados con una sonrisa en nuestros rostros, esperando con expectativa lo que nos íbamos a comer. Entraron un grupo de 10 chicas en fila todas vestidas con blusa transparente donde se podía apreciar su traje de lencería debajo y minifalda mostrándonos sus hermosas piernas.

    Mis amigos estaban anonadados por la belleza de cada una de las chicas que sería difícil escoger a una para el servicio, yo estaba sorprendido de los regalos que me da la vida “Gracias por hacerme vivir este sueño señor Deadpool” Mónica estaba entre las chicas, estaba sorprendida al verme como si hubiese visto un fantasma lo expresaba con su mirada y esos lindos ojitos azules verdoso que tiene, al final acepto el trabajo de escort que su amiga le propuso. Seguramente era la de mayor edad dentro del grupo de chicas pero su hermoso rostro y su cuerpo tonificado la hacían deseable a cualquier hombre.

    Michael comenzó a chasquear los dedos

    Michael: ¡¡Ey, despierten!!

    Paul: Michael, esto es el paraíso.

    Michael: ¿Van a escoger o yo escojo primero?

    Génesis: Chicas una vueltecita para los chicos

    Alzo el brazo antes que alguien me la gane

    Yo: Quiero a la penúltima de la fila, la de blusa blanca y minifalda celeste.

    Génesis: Azucena justo hoy esta debutando serás su primer cliente, prácticamente la vas a estrenar.

    Sebastián: Quiero a la del medio, la de minifalda morada.

    Génesis: Atenea, muy buena elección tiene las mejores calificaciones de los clientes.

    Paul: Quiero a la tercera de la fila, la de minifalda de flores

    Génesis: Alaska, súper complaciente te dejara satisfecho. ¿Y tú Michael a quien escoges?

    Michael: ¿Quién es mi favorita, preciosa?

    Génesis: Michael, no puedo hoy mi turno es estar recepción.

    Michael: Dile a unas de las chicas que te cubra el turno, esta noche quiero devorarte y sabes que tus gemidos son mi canción favorita.

    Génesis: Claudia, cúbreme por un momento – agarra una de las llaves de recepción

    Michael la agarra de la mano jalándola y se van rumbo a la habitación.

    Paul, Sebastián y yo nos quedándonos en recepción comprando condones, bebidas y lubricantes. El rostro que puso Mónica cuando escucho que solicite 3 cajas de condones y 2 pomos grandes de lubricantes. De ahí cada uno se fue con su pareja a la habitación.

    Agarre la mano de Mónica estaba helada se le veía nerviosa, sin perder más tiempo la lleve a la habitación, mientras subíamos las escaleras se escucha el timbre llegaron más clientes, entramos a la habitación y cierro con seguro la puerta.

    Mónica: Antes de hacerlo, quiero que me prometas que no le dirás a nadie de esto, ni siquiera a tu madre.

    Yo: Eso depende de ti, si eres súper complaciente y cumples todos mis deseos no diré nada.

    Mónica: Porque me escogiste, pudiste escoger a otra chica.

    Yo: Porque me gustas Mónica, me gustaste desde la primera vez que te conocí, tu haz sido siempre mi fantasía y esta oportunidad no la odia dejar pasar.

    Mónica: 2 cosas la primera aquí mi nombre es Azucena, te pido que me llames así. Segundo Tú sabes que soy una mujer casada y yo amo mucho a mi esposo.

    Yo: ¿Lo quieres mucho que por eso estas aquí?

    Mónica: Esto lo estoy haciendo por necesidad, estamos atravesando un mal momento económico, seguro lo sabes nunca quise llegar a esto pero tengo que apoyarlo en esta situación.

    Yo: Te prometo que seré una tumba, ahora Azucena desnúdate que quiero empezar a follarte.

    Me siento sobre la cama y Mónica me mira de manera expresiva, sin más opción comienza a deshacerse de cada una de sus prendas quedando en lencería.

    Yo: Te dije desnuda, te quiero desnuda completa.

    Mónica se desprende de su lencería quedando como dios la trajo al mundo, que cuerpo más delicioso tiene y ahora sería mío, cogí el control remoto y encendí la TV Smart YouTube y coloque música para hacer el amor y escogí una playlist.

    Yo: Azucena vez el pole dance que está ahí, ahora quiero que bailes para mi.

    Mónica agarra el pole dance con sus manos y comienza a menear su cintura de subiendo y bajando mi miembro se comienza a erectar poniéndose duro como roca. Mónica baila de manera muy sensual cruzando sus piernas en medio del pole dance y comenzando a girar.

    Ya no resisto más y comienzo a desvestirme, le ordeno a Mónica que ya era suficiente que venga a la cama y me diera una mamada. Me siento sobre la cama y ella viene hacia mi gateando.

    Mónica: Ponte el preservativo

    Yo: Toma pónmelo tú con la boca

    Mónica agarra el condón y se lo introduce en la boca, se inclina un poco hacia delante, agarra mi miembro con la mano y se mete mi glande suavemente en la boca. Poniéndome con su boca el preservativo poco a poco se fue metiendo más y más dentro de su boca hasta que sentí llegar a su garganta, de ahí empezó con un mete-saca se la metía entera en la boca sufriendo pequeñas arcadas.

    Hasta ese momento no podía creer que me estaba follando esa boquita. Mientras ella me hacía la mamada me agaché un poco y llevé una mano a cada pecho para pellizcarle con cuidado los pezones, que se fueron poniendo duros. Sin parar de chupármela empezó a soltar leves suspiros de placer por el pequeño masaje que le brindaba en las tetas.

    Estuvimos así por varios minutos, la mire y vi como gozaba con mi verga dentro de su boca, Mónica era hermosa y me estaba mamando la verga y disfrutaba con eso, me sentía en el paraíso. Después de un tiempo sentí que ya estaba a punto de correrme así que le ordene que se echara en la cama para penetrarla, se echó boca arriba a un costado yo me fui encima de ella y comencé a besar y manosear todo su cuerpo, estaba riquísimo y ella ya estaba mojadisima.

    Mónica: Ya no aguanto más hazme tuya, penétrame.

    La penetre suavemente, y aumente el ritmo enseguida, Mónica empezó a gemir fuerte mientras la cama se estremecía con nuestros movimientos. Sentir esa rica sensación de mi pene introduciéndose completamente en su vagina, no había palabras para describir ese rico momento. Ella me tomo fuertemente de la espalda, presintiendo un orgasmo cercano.

    Yo saboreaba sus senos lamiéndolos, entonces la envolví con mis brazos fuertemente y con mi miembro aun clavado en lo profundo de su vagina, empecé a bombear más fuerte, Mónica empezaba a gritar de placer y sentí que mi miembro ya no daba más, derramando un fuerte chorro de semen dentro de ella lo que le provoco un orgasmo intenso, su vagina comenzó a escurrir como llave de agua embarrándome de su producto lácteo, pero no me importa me gustaba, nos quedamos así acostados abrazados.

    Se podían escuchar los gemidos y gritos de placer de las otras habitaciones, parecen que mis amigos también la están pasando bien.

    Mónica: Vamos al baño a limpiarnos

    Yo: Claro, bañémonos juntos

    Salgo de estar encima de ella, Mónica se levanta y se dirige a la regadera y yo la sigo detrás, no podía creer lo que había ocurrido “¿De verdad me he tirado a Mónica?” me decía a mí mismo.

    Llegamos al baño, me retiro el preservativo que estaba lleno de semen botándolo al tacho. Mónica entra en la regadera, enciende la ducha y veo como el agua recorría su cuerpo, que cuerpo tan deseable, entro a la regadera y la envuelvo con mis brazos desde atrás agarrándola de la cintura, mientras el agua cae sobre nuestros cuerpos. Me acerco a su oído y le dijo.

    Yo: Que bonito cuerpo tienes estas riquísima – Sonríe

    Mónica: Que bien que te guste mi cuerpo sabes estuvo delicioso, me gusto hace tiempo que no tenía un orgasmo.

    Yo: ¿Que Manuel ya no te cumple?

    Mónica: Desde que nació nuestro hijo nuestra intimidad ha bajado y ahora con los problemas económicos ya llevamos tiempo sin tener relaciones. Sabes, cuando me follastes y me hiciste tu mujer también sentí un alivio, sentía que botaba todo ese estrés y presión que llevaba todo este tiempo. Después del orgasmo me sentía tranquila en paz, ahora que lo pienso mejor estuvo bien que fuera contigo nos conocemos de años, hay confianza, tu madre es mi amiga. Si supiera que me acabo de follar a su hijo, se moriría ¿no vas a decir nada no?

    Yo: Preciosa, por supuesto que no le daría un infarto, será nuestro secreto solo entre los dos.

    Mi miembro se comenzó nuevamente a parar y Mónica comienza a sentirlo

    Mónica: creo que tu amiguito quiere acción otra vez

    Deslice mis manos hasta su vagina

    Yo: ¡Que rica vagina!

    Mónica: Es toda tuya.

    Cierra la llave de la regadera nuestros cuerpos completamente mojados, bajo hacia abajo y comienzo a devorar su vagina, mi lengua lamia sus labios vaginales, le daba de besos en los muslos y luego llevaba mi lengua de ahí hasta su clítoris, Mónica empezó a gemir coloco sus manos a la pared para apoyarse y cerró los ojos disfrutando el momento. Ya no aguante más y me puse de pie y la empuje contra la pared, comencé a darle nalgadas con mis manos procediendo a penetrarla nuevamente con fuerza.

    Mónica: Que rico se siente, métemela hasta el fondo

    Le hice caso y con fuerza se la clave hasta lo más hondo de su interior, Mónica empezó a gemir

    Mónica: Mmm, me encanta follame no pares

    Comencé a bombearla contra el muro, veía como los vellos de mi pelvis golpeaban sus nalgas, y como mi pene se introducía completamente en su vagina. Agarre sus manos clavándolos contra la pared dejándola completamente inmóvil. Que rica hembra, Que rica mujer.

    Mónica: ¡¡Diablos!! Que bien follas me vas a hacer venir nuevamente.

    Con mi miembro comencé a dar círculos dentro de su interior vaginal, con una mano agarro su caballera jalándola hacia atrás a la vez que la penetro profundamente, Mónica lanza un fuerte gemido llegando al orgasmo y yo procedo a eyacular en su interior.

    Mónica: Wow, creo que a partir de ahora serás mi amante – sonríe

    Con mi miembro aun en su interior vaginal comienza a apretarlo con sus piernas evitando que salga.

    Yo: Encantado de ser el amante.

    Hasta que siente algo raro, suelta mi miembro y se aparta dejándolo salir por completo. Abre por completo sus ojos y pone un rostro de sorpresa

    Mónica: Espera ¿Qué paso con el preservativo que tenías puesto?

    Yo: Ahh… este lo bote al tacho, estaba lleno de semen.

    Mónica: ¡Y por qué no te pusiste otro!

    Yo: La calentura me gano y ya no me dio tiempo de volver a la cama a buscar otro.

    Mónica: Yo te mato, ¡ahh!

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  • Mi joven esposa (2): Historia del pasado

    Mi joven esposa (2): Historia del pasado

    Nos tomamos un momento para descansar, no le conteste de inmediato, no por temor, al contrario, quería ver si después de tras la calentura aun quería hablar acerca del tema, permaneció observando como esperando una respuesta, yo voltee la cara para evitarla, pero ella no desistió, en verdad tenía interés de saber quién era don José, así que le platique sobre él.

    Don José era hermano de una tía, si, pero tía política, ella se había casado con un hermano de mi padre cuando eran jóvenes, todos en la calle eran muy cercanos, sus familias habían llegado ahí desde que la colonia se empezó a habitar, así que entre las pocas familias que había siempre terminaban emparentando con alguien cercano. Así también, en la época en que ellos se casaron, don José salía con otra de las hermanas de mi padre de nombre Carmela, su relación no duró mucho tiempo, más aún cuando esas familias ya se habían emparentado, siendo un poco extraño que otros hermanos también quisieran casarse.

    Eso no era impedimento para las amistades y menos para el sexo sin compromiso, se perfectamente que don José y mi tía Carmela habían mantenido relaciones en aquellos tiempos sin que hubiera mayor consecuencia, pero el problema se acrecentó cuando quiso competir con mi padre por el amor de mi madre.

    Mi padre ya la había cortejado antes, fueron novios por una temporada y terminaron su relación, pero lógicamente nunca dejaron de frecuentarse por la relación vecinal que había, cuando José se acercó a ella con intenciones más formales, mi padre no lo dejo pasar y él puso sus cartas en la mesa, sin ser novios, un día mi padre prácticamente un día le dio un ultimátum, “quiero que te cases conmigo, voy a ir en la noche a pedir tu mano”, ya en la noche cumplió su palabra, mi padre entró a casa de mi abuelo y le solicitó hablar con él, a las formas de antes le pidió la mano de mi madre y ella terminó aceptando.

    La de mi padre es la versión oficial, la que se cuenta en casa a nosotros sus hijos, pero él nunca menciona que mi madre en ese momento tenía una relación y menos con quien la tenía. La persona de la que escuche la otra versión es justamente mi tía Lupe, cuenta que su hermano llegó a salir con mi madre, tampoco es que fuera el mejor postor, pero ya empezaba a ser algo serio, por supuesto le tomó por sorpresa el día que mi madre le dijo que ya no podían tener nada porque ella se casaría con mi padre, don José reaccionaria yendo a casa de mis abuelos paternos a armar un escándalo, lo que terminó en pleito entre familias con conclusiones muy desagradables.

    Don José no era precisamente una pera en dulce, su familia era bastante grande, cuento cerca de 12 hermanos y hermanas, todos ellos siempre han sido buscapleitos (de hecho, mi tía Lupe me contó su versión con el simple propósito de causar problemas), borrachos de esos que toman en la calle y molestan al pasar, hasta delincuentes, en efecto son gente que se dedicaban al robo a transporte público. Así que, aunque mi padre y sus hermanos no eran nada ingenuos, si se vieron en problemas con la calaña de semejante familia.

    No se realmente nada más, pues no es algo que se cuente en la familia de mi padre, pero desde niño soy testigo de que entre esas familias no se hablan, es más, recuerdo que desde pequeño siempre sentí esa mala vibra de ellos al pasar por su casa y no mentiré, al ir creciendo había burlas de parte de los adultos y los hijos nos buscaban la pelea. Conforme uno se hizo adulto esto se hizo menos frecuente, pero aun así ocurría, de hecho, me molestaban cada vez que llevaba a alguien nueva a la calle, me gritaban cosas como “dónde dejaste a la otra”, ese tipo de comentarios que podían ocasionar un mal entendido, la primera vez que Yes pasó por la calle, justo me gritaron cosas que no entendí muy bien cuando ya habíamos pasado por donde estaban tomando.

    El relato parecía decir mucho sobre el por que no era un tema que había salido antes, por lo que consideré que, con el mismo, las interrogantes y, sobre todo, el juego con don José había llegado hasta ahí, increíblemente Yes me pregunto.

    Y: y don José, ¿Cómo fue contigo?

    Por un momento me quedé incrédulo, ¿en realidad ella quería saber cómo era el trato de don José hacia mí?, lo pensé, pero tenía su mirada fija esperando mi respuesta, con unos ojos expectantes que casi reflejaban un brillo especial, me convencieron para darle una respuesta.

    K: tampoco es que fuera especialmente malo conmigo, diría que más bien fue indiferente, cuando los demás llegaban a decirme algo, el no siempre participaba, la mayoría de las veces solo se reía un momento, pero el mismo les hacía dejar las burlas, les imponía respeto a los demás pues era el mayor de la familia que aún continuaba en el barrio. Alguna vez me pelee con uno de sus hijos y él salió a detenernos, yo me lleve la peor parte claro, te recuerdo que son lo que llamamos “chacales”, así que no teníamos trato ni relación alguna, si me lo cruzo por la calle lo saludo y me corresponde, de manera fría pero formal, lo que sí puede ser es que…

    Yes, ya había vuelto a comenzar con los roces, me acariciaba el pene, mientras ella misma ya había empezado a jugar con sus clítoris. Me quedé un momento con la palabra en la boca, buscando las palabras correctas, pero ella seguía expectante y no me dio tiempo de pensar más.

    Y: ¿qué?, no lo pienses, solo dilo

    K: la vibra que sienten los demás también la siento yo

    Y: ¿cuál vibra?

    K: una vibra como de respeto

    Y: ¿de respeto o dominación?

    K: cuando les da una orden a los demás, ellos le obedecen

    Y: ¿como si se tratara de su líder?

    K: si, algo así

    En ese momento ella volvió a tomar la iniciativa, se subió encima de mí y se introdujo mi miembro, por sí sola hacia movimientos abruptos de adelante hacia atrás, una vez que se entonó volvió a la conversación.

    Y: la verdad es que lo entiendo

    K: ¿qué entiendes?

    Y: Eso que mencionas, bueno, en realidad, lo siento dentro de mi

    K: ¿a qué te refieres, a su presencia?

    Y: no solo eso, siento esa dominación

    K: ¿tú también te sientes dominada por su presencia?

    Y: si, cuando me habla es como si solo existiera él, no puedo pensar en otra cosa, por las mañanas voy con la idea de negarme a subir a su camioneta, pero cuando él me dice que me suba, siento vértigo en el estómago y mi cuerpo se mueve solo

    K: ¿cuándo te pidió que se fueran a otro lugar, que sentías?

    Y: sentí que no me estaba preguntando, sino, que me estaba dando una orden, como si no pudiera desobedecerlo

    K: ¿entonces, porque no terminas yéndote al motel?

    Y: ya te lo dije, pensé en que podría molestarte, pero me costó mucho decirle que no

    K: y ahora que sabes cómo es en realidad, ¿te irías con él?

    Y: la verdad, sí, en ese momento no entendía por qué, solo lo sentía, pero ahora que me platicaste sobre su persona, ya lo entendí

    K: ¿de qué hablas?

    Y: su presencia me hacía sentir respeto, dominación y sumisión

    K: ¿como si de un macho alfa se tratara?

    Y: siii, esooo, lo sentí como un macho alfa, sentí esa necesidad de estar con él

    K: ¿pero no te da miedo, después de lo que te platique?

    Y: si me da miedo, pero la atracción es muy fuerte

    K: ¿aun sabiendo que se cogía a mi tía?

    Y: siii, porque sé que se cogía a tu tía y mucho más aún porque como mujer también te puedo asegurar… que si se cogía a tu mamá

    Me hizo reventar con ese comentario, pero aun debía preguntarle

    K: y por eso, quieres acostarte con él

    Y: no, con un hombre así una no se acuesta ni hace el amor, mi cuerpo me pide que… que me aparee con él

    K: ¿entonces?…

    Y: entonces, solo dilo, quiero escucharlo de ti

    K: quieres ponerme los cuernos con don José.

    Y: siii, quiero ponerte los cuernos con don José, quiero que me entregues con él para que me pueda aparear con ese macho

    K: si mi amor, te voy a entregar a él para que te coja como una puta

    K: gracias amor, te amo

    Y: yo también te amo

    La segunda vez que terminamos esa noche fue más intensa que la primera, los dos acabamos exhaustos, nuestra respiración era muy agitada, nos acostamos y nos pusimos frente a frente, mirándonos a los ojos con mucha intensidad nos dimos un beso muy intenso. Tras un largo beso, nos recostamos mirando hacia arriba, pasamos un largo tiempo en esa posición y sin mediar palabra, entre mis pensamientos cruzaba la idea de siempre, la fantasía era un ingrediente que volvía el sexo en pareja algo muy intenso, pero tras terminar, el calor del momento se apagaba y la mente se enfriaba, dejándolo solo como eso, fantasía.

    Hice un esfuerzo para levantarme, pero Yes me detuvo del brazo, me volvió a recostar y me abrazó, puso mi cabeza sobre su pecho y me acarició de una forma muy dulce.

    Y: te amo, estoy feliz de estar contigo

    K: yo también te amo, eres lo mejor que me ha pasado

    Y: y me encanta que tengas una mente tan perversa

    1. yo adoro que me sigas el juego

    Y: solo espero que estés preparado

    K: ¿preparado para qué?

    Y: para pasar de la fantasía a la realidad

    K: entonces, ¿deberás quieres hacerlo?

    Y: sí… déjame hacerlo, deseo coger con don José

    K: ok amor, si eso quieres, se hará como tu digas

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