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  • Por calienta huevos

    Por calienta huevos

    En la Universidad de Alabama estudiaba una hermosa muchacha que calentaba más que el sol y era más caliente que cualquier picante. Su nombre era Jade.

    Jade desfilaba por la universidad con sus pequeñas y provocadoras prendas que hacían voltear la mirada de muchos jóvenes y profesores. Su hermosura y perfección era única y sin igual, de eso no había duda.

    Jade le encantaba coquetearle a Esteban un joven bien parecido y de muy buenas notas, un alumno ejemplar y según muchos profesores un modelo a seguir. Ella solía acosarlo hablarle de una forma muy sensual y cierto gesto que evidenciaban sus intenciones.

    Esteban se perdía siempre en sus curvas y su escote tan sensual y sus largas y muy bien delineadas piernas.

    Lo que aprovechaba Jade para obtener tareas y favores del chico que se moría por acariciar su melena castaña. Ella se acercaba a él y en cierto modo le restregaba el culo en la entrepierna de Esteban.

    Pero lo peor de todo es que ella no lo dejaba que el la tocará. Sólo le gustaba calentarlo lo hacía como un deporte.

    Un día Esteban por fin después de tanto pensarlo decidió hacer algo para calmar ese fuego que lo estaba consumiendo por dentro. Ya que durante las noches no podía dormir por pensar en ella y sólo en ella.

    Cierto día en la universidad se había hecho para los dos muy tarde dado a que tenían que entregar algunos trabajos. Jade vivía bastante retirado de la universidad, además sus padres no estaban en la ciudad y la casa de Esteban quedaba realmente cerca.

    Así que el la invitó a quedarse en su casa y ella aceptó sin pensarlo pensó lo torturare con mi sensualidad toda la noche.

    Mientras caminaban al departamento de Esteban que se encontraba a unos 3 minutos de la universidad pudo contemplar que la Jade venía vestida de forma súper sensual. Una camiseta roja y una minifalda negra y unas medias de franjas rojas que le llegaban a las rodillas.

    Llegaron al apartamento, Esteban como todo buen caballero dejo que ella entrará primero.

    J- que bonito departamento tienes Esteban.- con voz sensual.

    E- Gracias.

    Entonces cerró la puerta. Cuando Jade se disponía a dejar su mochila en un sillón del apartamento sintió una mano que le tapaba la boca y le presionaba el pecho. El comenzó a manosear sus pechos y a decirle en el oído «Con que te gusta andar de puta, eeeh de calienta huevos, te metiste con el chico equivocado» y de un tiro le rompió su camisa y la dejo con sólo su sujetador el cual también retiró y luego bajo hasta su falda y dejándola sólo con sus bragas. Dejando su enorme culo a su alcance lo que no desaprovechó para darle una buenas nalgadas y sin esperar mucho le quitó sus bragas se bajó el pantalón y sacó su pene y lo posicionó en la entrada de coño.

    E- ¡ahora si por fin te voy a llenar todos agujeros perrita!

    Ella lloraba y gritaba pero de nada servía por la mano de Esteban. Este sin lubricar la entrada de su coño la penetro y le quitó la mano de boca y escucho un grito de dolor por parte de ella.

    J- ahh mi coño.

    E- ufff que apretadita estas.

    E inició a follarla de forma muy brusca y agresiva. Tirando de sus brazos hacia atrás y de cabello. «que rica estas puta que estrecho tienes tu coñito» en tanto con una mano acariciaba su clítoris estimulando y acariciando sus vellos.

    Jade no paraba de gemir y pedir clemencia pero Esteban estaba decidido a romperla. En tanto Esteban se entretenía viéndola gemir y llorar de dolor. Y en tanto maltrataba sus nalgas y le manoseaba sus pechos a placer.

    Esteban no aguanto más y se vino en sus coño, pero le siguió dando por otro buen rato. Hasta que se corrió varias veces en el coño de Jade.

    Pero aún tenía la necesidad de romperle el culo. Decidido sacó su polla del coño de Jade y colocó su glande en la entrada de su virgen culo y Jade al sentirlo exclamo «no por fa vor alto por ahí no apiádate de mi» sin embargo hizo caso omiso «para las putas no hay piedad» y de un golpe inició a penetrarla jade no para de gemir y gritar al sentir como se abría paso en su culo. «Ahh» sólo podía exclamar y cuando estuvo completamente adentro inició a embestirla con fuerza y sin piedad.

    Provoco Jade se descontrolara en sus gritos lo que excito más a Esteban quien aumentó sus ataque. «te voy a romper el culo putita» y así lo hizo se vino y la dejo con un hueco enorme del que salían sólo su fluidos.

    Jade al ya no tener la polla cayó al suelo rendida sin poder levantarse, llena de sudor y lágrimas que desparramaban su maquillaje y de repente ¡BOOM! la verga de Esteban apareció, quedó atónita era enorme y el la acerco a su boca «no esa cosa no me va entrar» y la tomó por su melena y se la ensarto hasta el fondo «como verga no perrita» y la comenzó a follar desquiciadamente.

    Parecía que le iba a romper el cuello dado a lo brutal de sus embestidas. Los ojos de Jade estaban en blanco y estaba muy desorientada. Se vino poco después y la lleno con su semen La boca que hasta le inició a salir por la nariz.

    La dejo caer en el suelo y Esteban se arrodilló y le sonrió «qué bueno que te gustó porque tenemos toda la noche para divertirnos».

    Instantáneamente ella abrió los ojos como plato.

    3 horas después…

    Luego de practicarle el Kama Sutra entero. Él fue a la cocina y cuando regreso trajo consigo un kit de tortura. Ella ya estaba agotada de tanto sexo por lo que no tenía fuerza ni el tampoco pero quería verla sufrir. Y acostaba de frente en una mesa. Abrió la maleta y ella al verlo todo le entró un miedo terrible.

    E- Con cuál inicio? mmm a ver ya, vamos a ver qué tanta resistencia tienes en ese culo vamos a ver que tanto se puede expandir. -Entonces abrió una bolsa llena de largos gruesos dildos en forma de pepinos- los pondré en el nivel máximo.

    Se fue hacia atrás de Jade y se colocó en el culo y boom le ensarto el primer dildo y ella no reacciono y él decidido metió dos y ella inmediatamente tiro un grito.

    J-ahhh.

    E- te duele verdad puta, mmmm pues ahí te va otro.

    Y sin pensarlo se lo ensarto y ella inició a gritar como una puerca y el decido a terminar le colocó un cuarto lo que expandió su ano a lo máximo.

    Ella no paraba de gemir pero a él no le importó y siguió con su tortura.

    Tomó unas pinza de carro y se las colocó en las chiches y la conectó a una pequeña máquina de descargas y en su máximo nivel le inició a dar descargas que no eran peligrosas pero si lastimaban a Jade.

    Luego por la nariz le colocó una pinza para que no pudiera respirar y los otros cuatro dildos estos junto a los otros en el culo bañados en salsa habanero se los ensarto.

    Lo que le quemaba la panochita y su anito ella no paraba de gemir y el disfrutaba de su dolor. Por fin merecía el calor y castigo por ser una calienta huevos.

    El término de jugar con ella en la madrugada agotado y cansado de torturarla se colocó un traje negro, la sacó de su casa. Arrastró por la calle por los pelos y la sentó debajo de un poste enfrente de la universidad.

    Volvió a su casa por un garrafón llenos de mecos.

    E- lo que uno consigue en internet putita.

    Y se lo vacío en su cuerpo finalmente le colocó un letrero que le colgaba en el cuello:

    «POR CALIENTA HUEVOS»

    Luego se fue y dio media vuelta feliz de venganza.

    Fin?

    FIN.

  • Me descubrieron

    Me descubrieron

    Empiezo con decirles que soy una persona TV de closet, he tenido algunas experiencias en mi condición femenina, pero siempre he seguido manteniéndome en el closet, ya que así lo prefiero, y la vida se hace mucho más interesante, abrirse sería romper con un secreto tan bonito que lo llevamos encima, esperando que sea de alguna experiencia rica de la cual podemos aprovechar a lo máximo.

    Ahora ley voy a contar una noble experiencia que la empecé a vivir hace algún tiempo atrás, como ustedes saben, mi condición es de una TV de closet, vivo mi sexualidad escondida en mi casa, vivo sola, y tengo un buen trabajo en mi condición de profesional varón, pero ya desde hace mucho tiempo, permanentemente uso ropa íntima femenina las 24 horas del día, la misma que la escondo con mi ropa de apariencia de varón, por las noches cuando llego a mi casa la mayoría de las veces me visto como toda una mujercita, tengo un ropero bastante variado de ropa femenina, tanto externa como íntima, tengo algunos elementos para maquillarme, pelucas, zapatillas con tacos y vestidos, falditas y una variedad de ropitas que he ido comprando poco a poco de acuerdo a mi propio gusto, con decirles que tengo ropa femenina, más que de varón, me gusta y me siento muy feliz y realizada.

    Estas ropitas de las que les estoy hablando las uso por las noche en el interior de mi casa, no sin antes cerrar las ventanas, que por cierto la casa tiene un bonito jardín hacia adelante y no cuenta con rejas o algo parecido, por lo que siempre tengo mucho cuidado cuando hago mi transformación, siempre tomo los recaudos necesarios a objeto de no ser observada por los transeúntes que circulan por la calle, en mi intimidad me siento la mujer más realizada y sueño mis fantasías, hasta conciliar el sueño, los fines de semana por lo general no salgo de casa y me dedico a mis quehaceres domésticos y del trabajo, estas actividades casi siempre las realizo vestidita de una linda damita.

    El vecindario donde vivo es de clase media alta, los vecinos son bastante discretos, cada familia vive su vida, importándole muy poco la de sus vecinos, la relación que tenemos en muchos casos no pasa de saludo formal y el algunas ocasiones solamente nos limitamos a comentar cosas banales, como ser el tiempo, el clima, la política y otras cosas más de no mucha trascendencia, a lado de mi casa he notado con el tiempo que vive un señor maduro, creo que vive sólo, ya que nunca he percibido otra gente en su casa, con él casi todos los días nos saludamos y alguna vez nos hemos puesto a conversar, sobre diferentes temas, no hemos compartidos temas personales para poder conocernos un poco más, y así venía pasando la vida, hasta que un día lunes, al salir al trabajo me lo encontré casi en la puerta de mi casa y yo normalmente procedí a saludarle, con un Buenos Días, a lo que él me contesto, “Buenos Días Mamita”, lo que me llamó mucho la atención y torcí mi mirada alrededor mío, pensando que había alguien más cerca de mí, y constate que no había nadie por lo que el adjetivo “Mamita” era para mí, esa situación que me puso totalmente incómoda, estaba totalmente avergonzada, me ruborizó, me sentía humillada, tenía una tristeza en mi corazón que no sabía cómo proceder, cómo reaccionar, qué decir, ese momento pasó todo por mi cabeza, qué le pasaba aquel señor para dirigirse de esa manera hacia mi persona, me había descubierto me había espiado, qué es lo que había pasado realmente, en la medida que me alejaba del lugar, me sentía totalmente desdichada, llegue a mi trabajo y realmente todo el día no pude concentrarme en los quehaceres del mismo, trabaje a media máquina, pero gracias a Dios, creo que nadie se dio cuenta de mi situación psicológica en la que me encontraba, pensaba y pensaba el por qué me saludó de esa manera, construía varias hipótesis y la que se acercaba más a la realidad es que aquel tipo me venía espiando y una de esas noche posiblemente me descubrió vestida de damita, y ahora él quiere aprovechar esta situación posiblemente para chantajearme o algo parecido, una primera conclusión fue que no le haría caso para nada y si se presentaba una nueva situación similar a la de la mañana tendría que enfrentarla y cortarla de raíz, ya que era mi vida que estaba en juego.

    Pasaron los días y aquel caballero no se aparecía, se había esfumado, y yo estaba totalmente preparada para enfrentarlo y poner los puntos sobre las ies, pasó más de una semana y una noche cuando retornaba a mi casa recuerdo que no tenía nada para preparar la cena por lo que me dispuse cenar en un restaurant cerca de casa e ingrese al mismo con el fin de comer algo ligero, pido una cena y cuando estaba disfrutando de la misma por atrás me sorprende aquel caballerito, y me saluda normalmente, y se sienta en una silla que estaba libre y pertenecía a mi mesa, yo le respondo con mucha personalidad y hago de cuenta que no me había dado cuenta de aquel saludo cuyo adjetivo era “Mamita”, conversamos un momento, él también se dispone a cenar y ahí aprovecha para contarme un poco de su vida, me dijo que era un hombre viudo, ya que su esposa había fallecido algún tiempo atrás y no tenía hijos y que la casa donde vivía era del trabajo en pareja, y que se encontraba bastante sólo, esa situación despertó una gran curiosidad dentro de mí, qué le pasa a este hombre, por qué me cuenta su vida, haciendo énfasis en su soledad, qué le pasa por su cabeza, me está insinuando algo, qué es lo que quiere de mí, y otras cosas más, hasta que me lleva a asumir una actitud de consideración hacía él, me apena su situación, no siento lastima pero eso sí, veo su situación con mucho más cariño, pero no llego a relacionar tal situación con el saludito del que fui objeto en pasados días.

    La conversación durante la cena se puso bastante interesante e íntima, por lo que él me sugirió tomar una cerveza a lo que yo le rechace porque en Potosí, Bolivia, por las noches hace bastante frio a lo que sugerí tomar un singani o un wiski, él acepto muy gustoso y pidió un wiscacho, empezamos a beber y conversar sobre nuestras vidas yo le conté que era un profesional joven y que de un tiempo a esta venía trabajando en una empresa pública y que me iba bastante bien para ser uno de mis primeros trabajos y lo hacía con bastante profesionalismo, ya entrados en copas él me empieza a contar que hace dos semanas, un fin de semana específicamente él estaba sacando su basura por la noche y sin pensar se fue acercando a mi casa y sin querer observó por una de mis ventanas una silueta femenina, lo que le llamó la atención y se acercó un poco más y pudo ver que se trataba de mi persona haciendo mis quehaceres domésticos vestida de mujer, y le gustó mucho la escena que observaba, y sin pensar dicha escena le había excitado bastante, y el día lunes lanzó el famoso saludo, que luego de hacerla se sintió bastante apenado ya que él no tenía ningún derecho a hacer dicha insinuación por lo que estaba bastante arrepentido y procedió a disculparse, yo me sentía y encontraba en una encrucijada ya que había sido descubierta en mi intimidad sexual, por lo que procedí con bastante prudencia y me anime a contarle cual era mi situación y mi opción sexual, él lo tomó con bastante madurez y continuamos tomando y conversando de muchas otras cosas, ya un poco mareados, la dueña del restaurant nos comunicó que ya era hora de cerrar su negocio por lo que optamos por retirarnos, pero teníamos media botella de wiski, por lo que él me dice que podemos ir a su casa a continuar con nuestros tragos en eso espontáneamente sale de mí, que más bien yo le invito a mi casa y que si nos faltaba yo tenía unos buenos tragos en mi casa, sin decir más palabra alguna no retiramos del local y nos dirigimos a mi casa, ingresamos a la misma, y saque dos copas y sus aguas, le sirvo y continuamos tomando, la compañía era placentera ya que él tenía una buena conversación, retornamos al tema de mi situación y él me dice que él no tenía ningún complejo por las personas como yo, y que era una pena en tan bonita situación por qué no podría estar más cómoda, con lo que sentía por dentro, lo que él quería decir es que me cambiara y me transformara, yo sin pensarlo dos veces le digo que me esperara un momento que me iba a cambiar y presentarme con mi personalidad verdadera, ingreso a mi dormitorio, me desnudo completamente, me aseo, por fuera e internamente, escojo una lencería completa de color negro compuesta por un portaligas, medias nylon, una tanguita que cubría parte de mis nalgas que por cierto las tengo creciditas, mis piernas se ven de maravilla, me pongo un sostén ya que tengo mis tetitas bastante creciditas y luego me pongo un vestidito bastante apretado a mi cuerpo, me coloco una peluca negra, bastante larga que llega hasta mi cintura y procedo a maquillarme con bastante prudencia sin ningún tipo de exageración, una vez lista salgo al living, donde me esperaba el caballero, él me mira con bastante curiosidad, y yo me presento como Elizabeth, y él recién me da su nombre se llamaba David, tomo asiento en el sofá donde él se encontraba y le invito a servirnos nuestras copas y nuevamente procedemos a conversar, él me trata desde ese momento como una fémina, utilizando siempre el nombre de Elizabeth, me trató como una verdadera mujer, lo que realmente me gustó mucho, en eso me pregunta sobre mi desarrollo sexual, a lo que yo solamente me limito a contestar que las cuatro paredes que ve son las únicas testigos de mi desarrollo sexual y ellas conservan mi secreto oculto con bastante delicadeza, él me contesta que aparte de las cuatro paredes ahora es él uno más que sabe el secreto mío, y me dice que no me preocupe que dicho secreto se lo va a llevar a la tumba, lo que me relaja bastante y me pregunta si alguna vez no intente tener una relación que me permitieran hacer realidad mis fantasías, mintiéndole un poquito le dije que me gustaría pero que no tuve oportunidad y no sabía cuál sería el comportamiento mío, en eso él me toma de la mano yo accedo sin poder resistencia alguna y me dice que estaba declarando su amor y cariño hacia una persona que merecía todo el respeto por lo que era y por lo que sentía, esta situación me empezaba a derretir, estaba rompiendo todos mis sistemas de defensa, me encontraba deshecha sin pretextos y muy excitada, besa mi mano derecha y yo también acaricio sus manos, mostrando mi satisfacción por esa nueva situación que empezábamos a vivir, eso fue el inicio de un nuevo idilio de amor, me consulta si tengo música para bailar y le pregunto qué tipo de música quiere o le gustaría bailar, el me responde especialmente romántica, pongo una secuela de piezas románticas y empezamos a bailar en mi living, disminuyendo la luz, para que el lugar sea cada vez más romántico y excitante, él me toma de mi cintura y yo coloco mis brazos sobre sus hombros, nos acercamos bastante y luego de un momento él me roba un pequeño beso a lo que yo respondo con mucho erotismo, frente a esta situación, David, empieza a acaricias mi espalda que la tengo algo desnuda por el escote posterior del vestido que llevo, de la misma manera yo empiezo a acariciar su cabeza, bajando a su cuello y sus hombros, volvemos a besarnos pero esta vez son besos más largo llenos de erotismo, hasta que se llegan a entrecruzar nuestras lenguas, y de esta manera sellamos nuestra relación de pareja, me susurra al oído lo linda que estaba y que mis atributos femeninos no tenían nada que envidiar a cualquier dama, ya que los tenía bastante desarrollados, mis pechos son redondos y mis pezones algo creciditos y redonditos, mi cintura, tenía algo de rollitos, pero mis caderas eran bastante pronunciadas y daban lugar a mis nalgas redondas y grandes y mis piernas gruesas, por lo que comprendía su admiración, él empezó a acariciar mi espalda, bajando a mi cintura y luego llegar hasta mis caderas y mis nalgas, las empezó a acariciar con bastante sensualidad y como les dije mucho erotismo, lo que me hacía sentir mucha excitación y me encontraba en las nubes, yo deseaba que ese momento de baile con un hombre maduro no terminara nunca, que ese momento sea eterno, sus besos, sus caricias y las cosas dulces que me decía me hacían sentir toda una mujer, luego nos sentamos en el sofá y cruza su brazo por mis hombros y yo reposo mi cabeza sobre su pecho y nos volvemos a besar, y acariciar nuestros cuerpos, yo en ese momento estaba loca de excitación y llevo una de mis manos a sus partes íntimas y siento una hermosa verga semi parada, y algo dura, él aprovecha el escote delantero de mi vestido y lo baja para poner al aire libre mis tetas y empieza a acariciarlas para luego chuparlas, me muerde eróticamente mis pezones y acaricia mis piernas subiendo hasta llegar a mi entrepierna y dirige uno de sus dedos a mi culito, hace a un lado mi tanga y como yo estaba mojadita empieza a acariciar todo mi raya haciendo pequeños movimientos cada vez que pasa por mi agujero, lo que me hace sentir una extraña sensación de placer, pero es realmente rico, delicioso, deseando que lo haga una y otra y otra vez, me gusta lo que me hacía, era un hombre con mucha experiencia y sabía lo que hacía para hacerme sentir toda una mujer, saca su mano de mi culo y empieza a bajarme mi tanga, yo no pongo ninguna resistencia sino por el contrario facilitó la situación levantando mis pompis para lograr el objetivo trazado, colaboro con despojarme de dicha prenda quedando solamente con el portaligas y las medias, él continua acariciando mis piernas y todo cuanto se le antoja, mi pene pasa desapercibido por su tamaño y porque no era de interés de nadie, nos paramos y hacemos o simulamos bailar apechugados pero esa no era la intención sino por el contrario era tener mayor espacio y facilidad para acariciar nuestros cuerpos, es una situación como sí nos estuviéramos reconociendo nuestros cuerpos, con mucha sensualidad y erotismo, nos besábamos, nos metíamos mano yo sentía su pene, su hermosa verga en mis manos ya que la tenía fuera de su pantalón él acariciaba mi culo, metía su dedo dentro de mi hoyo, mojaba mi culo, realmente era un escenario de sexo explícito, de dos tortolos que se amaban y deseaban que ese momento sea eterno, en eso, yo tomo la iniciativa de hacerle sentar en el sofá y empiezo a frotar mis nalgas contra su pene situación que a él le gusta mucho y le excita bastante en cambio a mí me hace sentir una verdadera loca por el sexo, me doy la vuelta, me agacho y empiezo a besarle por el cuello y voy bajando sus hermosos pectorales hasta llegar a su ombligo, de beso con mi lengua, realmente lengüeteo todo su físico hasta llegar a su verga, me voy directamente a los testículos, los beso, paso mi lengua y los chupo suavemente para no provocar ningún daño, acaricio su esfínter con una de mis manos lo que le hace volver loco a mi David, voy subiendo por su pene con mi boca hasta llegara la punta y sin pensar más la empiezo a chupar, con suavidad al principio para luego hacerlo con mucho más descaro, estamos así un buen rato, chupando esa hermosa, gruesa y larga verga, hasta que él me toma de los hombros y lleva mi cara a la suya y me besar y nuevamente entrecruzamos nuestras lenguas, él me hace apoyar al espaldar del sofá con mis brazos, exponiendo mi hermoso culo, sube mi vestido hasta mi espalda y empieza a besar mi cuello por atrás, baja por mie espalda hasta llegar a mis glúteos o nalgas, las besa, las muerde las chupa y de rato en rato pasa su lengua por toda mi raya, pero cuando llega a mi hoyo, siento una sensación indescifrable, me vuelve loca y cada vez más y más quiero que me chupe mi culo, él como adivino o mejor por lo arrecho que se encontraba empieza a lengüetear mi culo, OH!!!! Que hermosa sensación más excitante, sentir que alguien desea penetrarte con la lengua es la sensación más rica que experimenta una mujer, sentir su lengua en mi culo me ha derretido, ahora puedo esperar lo que sea de mi macho, luego se para y empieza a meter y mojar con su dedo mayor mi culo, lo mete y realmente el dolor es insoportable, le ruego que pare por favor, él no me hace caso y sigue intentando meter su dedo, poco a poco mi culo se acomoda a la nueva situación y realiza un primer intento de meter su verga a mi culo, es bastante gruesa para penetrarme, pero por lo que veía mi hombre no se iba a dar por vencido a lo que me resigne a sentir el dolor, una vez que ingresa la punta de su verga a mi esfínter yo solamente imploraba que la saque ya que el dolor era terriblemente fuerte y no lo podía soportar, pero el empieza a besar todo mi cuello, mi espalda a lamer los óvulos de mis orejas y a acariciar mis tetas, aspectos que me distraen en cierta forma y me hacer distraer un poco del dolor, en ese periodo mi culo empieza a acostumbrarse a su nuevo huésped, y confundida con el dolor empiezo a sentir placer, que rico sentir una verga tan tura, larga y gruesa dentro de ti, y empieza con sus movimientos del saca y mete y siento una sensación de pleno placer y el dolor se hace parte del mismo, que rico, que sabroso, que excitante sentir una verga que entra y sale de tu culo, realmente esta situación me ha llevado a un orgasmo pleno, después de mucho tiempo llega el hombre a moverse con mucha más rapidez y erotismo, aprieta mis caderas contra su cuerpo y es cuando siento que mi culo es inundado por su leche, saca su verga de mi culo me da la vuelta y con sus movimientos me pide que nuevamente se la chupe, yo procedo a hacer caso a mi hombre y se la chupo, acción que no permite que su verga se duerma sino por el contrario reaccione nuevamente se vuelva dura y me tira en el sofá de espaldas y toma mis piernas las abre y se acomoda para tirarme de nuevo con un estilito de patas al hombro, me penetra y acerca su cara a la mía, y mientras me tira con el clásico mete y saca, me abrazo de su cuello y nuevamente nuestra bocas y lenguas se encuentras y hacen lo que más saben hacer en estas situaciones, nos besamos locamente, el me tira y rompe mi culo y yo disfruto de tal situación, estamos en esa pose por algunos momentos más hasta que me pide que me dé nuevamente la vuelta y se acomoda detrás mío en el sofá, esta vez estamos acostados de lado y hacemos la pose de la cucharita y me dice que deseaba sentir mis nalgas en su pelvis, sentir mi culo en su cuerpo, yo no me hago problema alguno, ya que lo que me interesaba ese momento era sentir su verga dentro de mi culo, que lo meta y lo saque todo el tiempo que aguantara, pero como él ya había terminado una vez, la segunda vez es una relación eterna, realmente no sé qué tiempo estuvimos tirando, en nuevas poses, repitiendo otras, hasta que le dio gana de terminar nuevamente y esta vez me pide que lo pueda hacer en mi boca yo en la situación arrecha en la que me encontraba, no puse resistencia y me incline con mi cara hacia su verga momento en que ayude con masturbarlo con mi boca, hasta llegar a su eyaculación, despacho bastante leche y sentí su sabor, que rica leche, me la tome bastante y otra parte se me escapo, no importa ya habrán otras situaciones para recobrar lo perdido. Ambos bastante agotados, volvimos a nuestras copas, yo me limite a arreglar mi traje que llevaba puesto y algo de mi maquillaje, nos sentamos y continuamos bebiendo, para luego ya algo ebrios ingresar a mi dormitorio que lo compartí con David.

    Al día siguiente despertamos y como no tenía nada para hacer el desayuno quedamos en ir a desayunar afuera y así lo hicimos, durante todo ese periplo no hablamos nada de lo que había pasado la noche antes entre nosotros y cual sería nuestro futuro, al retornar a nuestras casas, y antes de despedirnos, David me señala que dentro de una hora estará de retorno, que iría al mercado a comprar algunas cosas para cocinar el almuerzo, tiempo necesario y suficiente para que yo me “cambiara”, como a él le gustaría tenerme de aquí para adelante, sellando de ésta manera nuestra relación de pareja.

    Elizabeth

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  • La primera vez con mi tía Clotilde y Eva

    La primera vez con mi tía Clotilde y Eva

    Cuando Eva preguntó porque mi madre le había agradecido mucho, le dije que era porque mi tía Clotilde había dicho que ella me había ayudado a estudiar mucho y habló muy bien de ella con mis padres y a raíz de eso ahora están felices que sea mi enamorada.

    —¿Qué eso hizo en serio? No te lo puedo creer porque yo estaba segura que no soy de su agrado y lo digo por la forma en que me mira.

    — Debes entender que ella me quiere y cuida mucho de mí, pero ahora debe compartir su cariño contigo mi amor.

    Desde esa conversación con Eva las cosas mejoraron y comenzaron a llevarse mejor ambas, y eso me hizo sentir mejor pero aún no sabía cómo reaccionaría cuando conozca la relación que tenía con mi tía.

    Fuimos a una fiesta que habían organizado los amigos de ciclo de la universidad de Eva, ellos me recibieron bien aunque le jugaban bromas a ella por la diferencia de edades (ella 23 y yo 18 años) pero después toda la reunión la pasamos muy bien bailando y tomando algunos tragos.

    Cuando una muchacha llamada Karen se me acerco cuando Eva salió un momento de la fiesta para traer más licor con unos amigos y se presentó como su amiga y me dijo para bailar luego ya me buscaba muy seguido para bailar y comenzó a coquetearme mientras bailaba tenía muy buen cuerpo que pegaba al mío e hizo que tuviera una rápida erección y me susurro al oído.

    —Conozco muy bien a Eva y sé que le encanta mucho tener sexo seguido de formas que tú ni te imaginas y estoy segura que ella encontró en ti un buen motivo y tamaño para estar contigo y no estaba equivocada se siente muy rico y duro… Jajaja

    Aprovechando que la luz era oscura y mientras todos bailaban y seguían divirtiéndose Karen bajó su mano y sobaba el bulto que tenía entre las piernas sus pechos pegados a mí ya me tenía muy excitado pero también preocupado por si Eva se daba cuenta y sucedió cuando se acercó y la empujó separándonos.

    —Oye que te pasa carajo ahora también me quieres quitar a él… No te bastó con meterte con Iván… perra miserable.

    Tuvieron que separarlas porque ya se iban agarrar a golpes las dos estaban muy borrachas ahí recién me enteré que habían sido muy buenas amigas pero todo había terminado muy mal entre ellas por culpa de Iván como se gritaban diciendo cosas muy íntimas, y nos fuimos de la fiesta a la pensión.

    En el taxi de regreso le exijo que me diga todo o terminábamos en ese momento, llorando me contó que luego de una fiesta ellas terminaron haciendo un trío con Iván pero luego se veían a escondidas ellos hasta que Karen se lo quitó.

    Ahí vi la oportunidad que estaba esperando y le pregunte si le había gustado hacer un trío y cuantas veces lo hizo, ella dudo en responder pero le recordé quién era el que mandaba, al llegar a la pensión nos sentamos en el sofá de la sala.

    —Mi amor te diré toda la verdad pero por favor no me juzgues mal… Ya puedo imaginar que te dijo esa de mi lo peor… Pero no me dejes yo te quiero mucho…

    Le dije que empiece a hablar de una vez y me cuente todo detalle a detalle.

    —Iván me presentó a esa perra pero lo que no me dijo nunca fue que antes habían sido enamorados ella se hizo mi amiga, luego de un tiempo fuimos a una fiesta los tres y tome mucho y cuando reaccione estaba en la cama los tres teniendo sexo.

    E insistí que diga si le había gustado que no tenga vergüenza el que sea más joven no me hacía un cucufato.

    —Si me gustó me hicieron sentir cosas nuevas que nunca había disfrutado luego los dos me dijeron para hacerlo tres veces más pero ellos me estaban usando porque descubrí que nunca habían terminado y yo era la tonta que solo servía para tener sexo nada más…

    La abracé fuerte y le dije que conmigo sería muy diferente porque yo si la quiero mucho al igual que a mi tía, son las mujeres que nunca las dejaría y la lleve a mi cuarto. Rápidamente le quité la ropa mientras besaba su cuerpo y ella reacciona a mis caricias sus pezones se pusieron erectos luego puse en su boca la verga que Eva chupaba bien rico, luego entró al cuarto mi tía Clotilde también desnuda que comenzó a besar y chupar su vagina logrando que Eva dejé escapar un suspiro pero luego ella se sorprendió pero yo le dije que no se asusté y me permita también a mi saber y disfrutar de un trío con las mujeres que más quiero.

    En la fiesta aproveche cuando sus amigas de Eva la llevaron al baño para que se calme para llamar a mi tía y explicarle todo y decirle que espere cuando llegue con ella y luego de unos minutos entré para participar y tener un trío.

    Como dije antes mi tía Clotilde era muy buena con la boca y se lo hizo saber también a Eva sus gemidos se hicieron muy fuertes porque llegó a tener un orgasmo y se dejó llevar por el placer que recibía su cuerpo, luego las dos juntas se turnaban para chupar la verga que desde antes ya compartían pero ahora ya lo hacían juntas.

    —Ohhh… Qué rico así verlas juntas las quiero a las dos… ohhh…

    Sus bocas y lenguas jugaban con mis testículos y verga por momentos cada una y ambas recibieron su premio cuando eyacule en sus bocas una buena cantidad de semen que lo tragaron todo sin dejar escapar ni siquiera una sola gota.

    —Ahhh… siii ahí está su lechecita para las dos ohhh… las quiero… ohh…

    Yo en el medio de la cama y mi tía y Eva a mis lados nos besábamos los tres luego de un rato se quedaron dormidas las dos, al final lo había hecho realidad mi fantasía mi tía y Eva en mi cama y esto recién estaba empezando.

  • Compañeras de universidad (II)

    Compañeras de universidad (II)

    —Bienvenida a mi mundo de placer —susurró.

    —No es mala la idea… —murmura.

    —Me haces perder la razón, cuánto te deseo.

    Me besa, el cuello, las mejillas, yo entreabro la boca para recibir un beso lleno de ternura, saboreo su lengua. Lo disfruto, lo saboreo hasta que ella se retira. Abre su bolso y saca un paquete de Kleenex.

    —¿Qué te ha pasado? —la miro divertida.

    Sonríe y, negando con la cabeza, afirma:

    —Verte y no poder tocarte para mí una agonía.

    —¿Pues ahora qué quieres hacer? —le pregunto otra vez sonriente.

    —Lo que quiero hacer tiene que posponerse hasta después de la fiesta, cariño —susurra.

    —¿Regresamos a la fiesta entonces? si no hay más remedio.

    —¿Acaso lo dudas? me haces perder la razón.

    Regresamos entre risas y nos unimos a la diversión. La encuentro en la sala de descanso hablando por el móvil. Al verme sonríe feliz. Mi mirada se cruza con la suya a través del salón. Sabe lo que estoy pensando, porque se lame los labios lentamente sin apartar su mirada ardiente de mi cuerpo. De pronto se acercó y cogiéndome del brazo.

    —¿Puedes seguirme, por favor?

    —Sera un placer.

    Media hora después, aparcamos, ella el coche y yo mi moto frente a un bloque de apartamentos.

    —Adónde vamos —pregunté.

    —No seas tan curiosa, siempre hay alguna amiga con quien contar. Como supongo sabes no vivo aquí y aprovechando que mi marido está de viaje, tenía ganas de veros y una amiga me ha prestado el apartamento.

    —Sé que es una locura pero ¿te apetece subir?

    —Llevo deseándote… no puedo aguantar mucho más.

    En cuanto nos subimos al ascensor, la aprisioné en la esquina, y la alcé en brazos para acariciarle el culo bajo la tela del vestido. Entramos en el apartamento, tras cerrar la puerta.

    —Dime cuánto me deseas.

    —Mucho… mucho… —musitó jadeando.

    Y, antes de que pudiera decir nada más, con un movimiento rápido, le desabroche la cremallera del vestido y lo dejé caer al suelo, rozándole con mis dedos sus brazos. Su piel se erizó al primer contacto, sus ojos se cerraron y su boca se entreabrió. Momento que aproveché para entrar mi lengua y encontrarme con la suya. Su cuerpo se pegó al mío buscando mi calor, mi piel ardía en contacto con la suya, y mis manos abarcaban su espalda.

    —Tengo miedo…

    Al oírla, paré y, murmuré mientras la besaba:

    —No tengas miedo. Todo va a salir bien, déjate llevar.

    —Estoy un poco nerviosa, tengo que admitirlo. Yo nunca…

    —Lo sé, pero ha sido bueno hasta ahora.

    —Sí, realmente agradable.

    —Hagámoslo más agradable.

    —Sí, vamos.

    La habitación tenía las paredes pintadas de verde claro, el cabecero de madera blanca y las sábanas negras de raso. Un tocador también blanco y un pequeño sofá. Ella encendió una lámpara con una luz muy tenue. Aquello era puro morbo. Me acerqué a ella y, con delicadeza, paseé la mano por su cintura. La toqué, sin prisas, subí la mano por su espalda. La respiración se le aceleró y más cuando le desabroché el sujetador y sus pechos saltaron como movidos por un resorte, eran de buen tamaño, su color eran del mismo que el resto de su piel, seguro de tomar el sol en toples, no tenía prácticamente aureolas pero si unos sobresalientes pezones.

    —Tere, sujétate los pechos con las manos y ofrécemelos.

    Acalorada, ella obedeció, se los acaricié con mimo y le mordisqueé los pezones con delicadeza. Se los chupé, se los succioné, se le pusieron erectos y duros como piedras. Me desbroché los botones de mi camisa y su lengua recorrió mi cuello, sus dientes mordieron mis pezones por encima de la tela del sujetador consiguiendo que la excitación llegara al límite y más cuando sus manos empezaron a deshacerme de mi pantalón.

    No quería ir tan rápido, quería explorarla a placer, así que la tumbé en la cama. Me libre de mi ropa y me tumbé junto a ella, mi mano resbalaba por su pecho hasta encontrarse con uno de sus pezones. Hice círculos sobre él observando sus reacciones, y sustituyendo el dedo por mi boca. Le succioné el pequeño botón hasta el límite, una y otra vez. Ella se arqueaba, gemía y me agarraba la cabeza. Seguí con los dedos entre la tira de su tanga y acaricié su pubis con poco pelo y bien definido, como pude ya palpar e intuir en el hotel.

    —Encoge y separa bien las piernas —le digo.

    Enardecida y exaltada, hizo lo que le ordené. Me arrodille frente sus piernas. Tiré de la tela, esta pasó entre sus nalgas, apretando un rosado agujero del ano y por entre los labios carnosos de su sexo. Mis manos pasaron desde los tobillos ascendiendo por la cara interna de sus muslos. Había cerrado los ojos saqué la lengua y pasándosela muy lentamente, por sus ya mojados labios la hice jadear. Después introduje un dedo en su cálido interior, lo moví para darle placer, entonces ella abriéndose las nalgas con las dos manos ante mi sorpresa me ordenó y yo la obedecí.

    —Cómeme el culo, me gusta —metí mi lengua entre sus nalgas y empecé a lamérselo, se abría con placer ante las caricias de mi lengua.

    Empezó a gemir:

    —Así, así, más adentro —Me agarro del pelo y apretó mi cabeza entre sus muslos, mi lengua estaba completamente dentro de su culo y se movía lamiendo todos los rincones.

    —Oh, como me gusta esto —Mi lengua se movía a toda velocidad entre ambos agujeros.

    —Ahora me toca a mí, déjame.

    Me tumbé con las manos apoyadas bajo la cabeza y la dejé hacer. Sus manos acariciaban mi pecho, mi estómago y mis piernas, me llenaba de besos todo el recorrido. Paseó sus dedos por mi excitado coño acariciándolo, notaba mis labios vaginales hinchados de deseo, deslizó un dedo por mi mojado agujerito lo movió unos segundos y metió un segundo dedo mientras me decía ‘estás caliente’. Cuando siento que no puedo aguantar ni un segundo más, la aparto e intento tumbarla en la cama.

    —No… déjame hacer a mí —mientras tira del tanga sacándoselo.

    Se montó a horcajadas sobre mi pelvis. Sus movimientos son lentos, quizás inexpertos. Apoya las manos en mi pecho para darse impulso, y yo aprovecho la cercanía para acariciarla, para pellizcar sus pezones. Siento la necesidad de aumentar el ritmo, esta lentitud me está volviendo loca, y creo que a ella también. Finalmente la tumbo, cruzo mis piernas con las de ella, ahora yo sobre su cuerpo y al ritmo que ambas necesitamos en ese momento. Ella grita, agarrándome del trasero, gime y me clava las uñas en la espalda, cuando el orgasmo la arrasa, yo la acompaño con unas embestidas más y alcanzo el mío.

    Me tumbo sobre su pecho y la oigo suspirar satisfecha. Acaricio su cabello hasta que el sueño me vence, pero antes de caer dormida entre sus brazos la oigo susurrar.

    —Nunca te olvidaré.

    Me despierto sola en la enorme cama. El lado donde dormía ella ya está frío, señal de que hace bastante tiempo que se ha levantado. Tranquilamente me doy una ducha en el aseo anexo y sin vestirme salgo a buscarla sin éxito. Ya en la cocina, en la encimera encuentro un sobre con mi nombre.

    “Lo siento, lo he intentado, te juro que lo he intentado, pero soy incapaz de pertenecer a tu mundo. De momento no puedo por mucho que me esfuerce. No me busques pues en estos momentos seguro que ya estoy lejos, mi amiga vuelve mañana.

    Espero que encuentres a alguien que consiga hacerte feliz. Te quiero

    Sigue con tu vida.

    Tere”.

  • Mi prima lejana en el baño de Starbucks

    Mi prima lejana en el baño de Starbucks

    Ximena es una hermosa morena de cabello rizado, 1.65, unas enormes tetas que saltan a la vista y unas nalgas en su lugar, producto de sus años en el ejército. Ella no es exactamente mi prima; pero es prima del esposo de mi hermana, y dada la cercanía que siempre ha habido entre las dos familias, cuando nos presentaron hace casi 10 años, nos llevamos muy bien y ella comenzó a llamarme con cariño ‘prima’.

    Lo cierto es que convivíamos poco, apenas en las fiestas familiares, por que como dije, entró al ejército para estudiar odontología, lo cual significó mucho internamiento y esto no la dejaba asistir a todas las reuniones. Por lo que muchos años dejé de verle.

    Pero en las navidades pasadas, Ximena apareció en el festejo, con un vestido pegado y escotado que me dejó boquiabierta, imaginando inevitablemente la posibilidad de tener ese par de tetas en mis labios.

    Y como si fuera arte de magia, durante esa noche me confesó que lo suyo era salir con mujeres y que además apenas había tenido la oportunidad de salir con dos y acostarse solo con uno, por lo que en seguida me planteé que no la dejaría ir viva tan fácilmente. Para el final de esta fiesta ambas ya estábamos coqueteándonos a lo grande, pero lo nuestro no podía pasar de ahí porque las familias estaban presentes y aquello nos cohibía.

    Lo que sucedió a partir de ahí, es que comenzamos a intercambiar mensajes todos los días y a salir los sábados que ella estaba libre de la guardia. Poco a poco nos enlazamos en una especie de relación formal (pero que no podía serlo, porque yo seguía con mi novia formal).

    La verdad es que Xime me prendía muchísimo, sobre todo con su manera de vestir (que siempre dejaba entre ver sus tetas) y la forma en que pintaba sus labios y uñas; la hacían lucir muy femenina y que decir de sus piernas torneadas y su abdomen marcado, que más de una vez me hizo tocar en medio del coqueteo. Lo que más me gustaba de ella, es que siempre olía delicioso, y que era sumamente cariñosa; me enredaba del cuello con sus brazos y me besaba intensamente en cualquier lugar sin importarle que la gente nos mirara. Ella era muy desinhibida y me decía que le excitaba provocarme en lugares públicos.

    Así que no fue de extrañarse lo que ocurrió una tarde lluviosa en el baño de un Starbucks.

    Durante semanas, Ximena había estado portándose mucho más cachonda conmigo. Al ir en la calle me pellizcaba las nalgas, me besaba el cuello provocativamente y cuando se abrazaba a mí, me acercaba mucho las tetas, besaba mis oídos y un par de veces llegó a frotar ligeramente su vagina con una de mis piernas muy despacito y delicioso. Cuando una noche le dije que me gustó que lo hubiese hecho con mi pierna, ella me confesó que le había excitado mucho y que estaba con ganas de masturbarse, sesión que deliciosamente me hizo escuchar en mensajes de audio, provocando también que yo me masturbara escuchándola y terminara con un delicioso orgasmo nocturno.

    Unos días después fuimos a Starbucks. Se puso un short corto que me permitía tocar sus piernas cuando las subió sobre las mías, mientras disfrutábamos en la terraza de nuestro café. Pero la lluvia, nos obligó a entrar para no mojarnos y terminamos el café en la barra.

    El local estaba vacío por la lluvia, a excepción de una parejita al fondo que se comía a besos. Conforme bebíamos el café, yo volví a tocar sus piernas y con mi dedo pulgar me fui acercando un poquito hasta su vagina y apenas la rocé lentamente para luego seguir mi camino por sus piernas. Ximena soltó un suspiro y en seguida fue a besar mi cuello, luego mi oído y finalmente terminamos el café y me pidió que la acompañara al baño.

    Nos lavábamos las manos, cuando ella me acorraló hacia la pared con un beso profundo e intenso y sin más, metió una de sus manos bajo mi blusa. Eso me calentó y por encima de la ropa toqué sus tetas y las apreté.

    En seguida abrió el cubículo a sus espaldas y entramos, nos seguimos besando intensamente y tocándonos sobre la ropa hasta que levante su blusa y saqué una de sus tetas del sostén para comerla. Ella muy agitada por la excitación, tomó mi mano derecha y la introdujo en el short y la tanga, y pude sentir su vagina mojada y deliciosa. No parábamos de besarnos.

    Después, me desabrochó los jeans y me los bajó con todo y tanga hasta el suelo, yo acerqué mi vagina a su pierna para que sintiera mi humedad, lo cual la excitó mucho. Ambas estábamos muy mojadas, por lo que mis dedos pudieron penetrarla con facilidad y sin dejar de besar su boca, comencé a meter y sacar mis dedos de su vagina, mientras frotaba mi vagina con su pierna. Nuestras bocas solo dejaron de besarse para que ella me dijera «que rico te mueves» mientras me rasguñaba la espalda y las nalgas con sus uñas pintadas de rojo y mis dedos seguían penetrándola.

    Terminamos al mismo tiempo y con sus jugos en mis dedos y los míos en su pierna, volvimos a acomodarnos la ropa, para salir del baño y del local. Había terminado de llover.

  • Héctor de abogado a amante (1/3)

    Héctor de abogado a amante (1/3)

    Trabajo en un edificio donde en cada piso se renta y hay abogados, contadores, médicos, dentistas y demás.

    Soy italiana, 37 años, nutrióloga, delgada, de tez muy blanca, ojos grandes color miel, cabello rizado largo a media espalda, color rubio cenizo, piel exageradamente blanca, tengo un cuerpo bien proporcionado aunque nunca me he sentido muy sexy, siempre tengo mucha suerte con el sexo opuesto, Y en general soy atractiva.

    En mi piso somos puras mujeres entre las nutriólogas, las doctoras y la secretaría el material masculino digamos que no abunda, así que cuando vimos que se mudaba una forma de abogados, puros hombres la curiosidad hizo presa de todas.

    Al piso 8 se mudó una firma de abogados, dos de ellos, los socios fundadores son dos hermanos de buen ver, uno se presentó como Jorge es de cabello negro y rizado de 1.75 m de altura, complexión atlética, abogado laboral y el otro se presentó como Héctor, 1.90 m de altura, piel bronceada, sonrisa amplia, cachetón con aire juvenil, cabello rizado color castaño, muy atractivo, de complexión atlética, muy varonil, brazos fuertes y piernas largas, con una sonrisa hermosa, justo el tipo de hombre que me gusta; se presentó como abogado civil, me saludaron muy amistosos me ofrecieron sus servicios en caso de que desgraciadamente llegase a necesitar un licenciado.

    Todos los días estacionaban sus autos en el espacio junto al mío y coincidentemente siempre me los encontraba, nada pasaba de un:

    —buenos días vecino.

    —buenos días vecina!

    Conforme fueron pasando los meses los fui conociendo mejor y nos empezamos a hablar por nuestros nombres, nos llevábamos bien pero jamás como para irnos a comer o a tomar la copa, todo era entre pasillos o recepción, compartir el elevador o cedernos el espacio de los estacionamientos.

    Un día me llegó un citatorio y se me ocurrió llamar a Héctor para que me asesorara, llamé al número de la tarjeta que me dio Jorge y le pedí el celular de su hermano, le expliqué el asunto y sin preguntas me dio el número de Héctor, marqué y cogió el celular enseguida, me dio una cita para el día siguiente en su oficina el piso 8 a la una de la tarde.

    Yo tengo mi consultorio en el primer piso así que subir 7 pisos por el ascensor era bastante cómodo, al día siguiente subí a las oficinas del octavo piso, la secretaria me abrió la puerta y tomé asiento en la sala de espera, después vestido de traje color azul marino con corbata roja salió Héctor, con una gran sonrisa, me saludó y pasamos a su oficina a hablar de mi caso, era una oficina amplia justo igual a la mía, tenía un escritorio y a diferencia de la mía tenía un sofá de dos plazas del lado derecho color beige, platicamos sobre el caso su secretaria nos trajo algo de tomar y al verme nerviosa saco unos dulces de su cajón y me ofreció, ambos comimos varios y pude notar que era muy amable y carismático, no sólo tenía buen gusto para vestir, también usaba una loción deliciosa que me erizaba la piel.

    La cita terminó y quedamos de vernos la semana siguiente; las citas continuaron y siempre se extendían horas, terminábamos platicando de cosas que no tenían nada que ver con mi caso, siempre preguntaba cosas de mi vida, si tenía novio, si era divorciada, etc.

    Entre pláticas salió el tema de la edad y resultó que tenemos la misma edad 37 años, se me hizo agradable, entre las citas nos empezamos a llevar mejor, como amigos; un día le comenté que las sillas eran incómodas que si mejor nos sentábamos en el sillón, así también era todo más informal, sin escritorio de por medio, accedió y tomamos asiento, platicamos de más cosas y le mostré unas fotos de mi celular al acercarme pude notar que se puso tenso y se quedó callado; imaginé que yo me había acercado demasiado y que invadía su espacio personal, me alejé, continuamos la plática por un momento, me despedí y me retiré con un beso en la mejilla como buenos amigos.

    Un día sin más, le mande un mensaje al móvil para preguntarle cómo iba mi caso, ya había pasado un año y este tema de asuntos legales en México es muy tardado así que sólo quedaba ver cómo avanzaban las cosas, me contestó muy amable y comenzó a hacer la plática, de la nada me dijo que deberíamos un día mejor tomarnos un café porque siempre terminamos platicando, yo le contesté que sería agradable en vez de que me llenara la boca de dulces en su oficina. Los dos reímos y la conversación terminó.

    Meses después le mande mensajito porque necesitaba un abogado penal, el me mando el contacto de uno de sus amigos, y empezamos a bromear, que si me iba a la cárcel, que si sería prófuga de la justicia etc. Entre lo que platicamos me dijo que si me iba a la cárcel el me llevaba los cigarros o si preferiría una visita conyugal.

    Yo sólo le dije que era un atrevido que ni al caso, no iría a la cárcel por un accidente de auto y él puso que tenía que intentarlo en una de esas igual y le decía que sí.

    Y las bromitas empezaron yo trataba siempre de darle la vuelta, él es casado, y yo tengo a mi casi prometido, siempre le decía que no contestaría ninguna de sus preguntas subiditas de tono porque a fin de cuentas él era casado y cualquier cosa entre nosotros sería imposible por no decir que más que improbable sería incorrecto.

    Al el esa parte parecía no importarle, yo sólo le dije que era un atrevido y que para ser tan guapo era muy ofrecido a lo que contestó con algo que jamás hubiese imaginado,

    —Me gustas

    —acepto el cumplido, lo agradezco y hasta ahí

    —aguafiestas

    —si, caray

    —¿te gusto?

    —esa es una pregunta comprometedora

    —ok, pero contéstala

    —si sabes lo que tienes para que preguntas

    —Jajajaja ya no pongas esas fotos de perfil que no respondo

    —soy libre de lucir tan sexy como pueda

    —Y yo de decirte que me encantas y de preguntarte si te gusto o no jajaja

    —lo que yo diga no cambia nada eres casado

    —Bueno te dejo no vaya ser que por mi si te metan a la cárcel y no puedas evitar que vaya a mi visita conyugal que en verdad me gustaría que pasara, bueno lo de la cárcel no.

    —Santo Dios!

    —te gustaría? Contesta sí o no

    —Ya hablé con tu contacto no me voy a la cárcel por chocar así que dormiré más tranquila, eres un sol gracias por el contacto.

    —de nada que bueno que te sirvió, entonces sí o no?

    —No pienso contestar esa pregunta; Entre personas decentes, está muy subida de tono

    —Pero contigo no quiero ser decente

    —uy, que mal Es la parte que se me hacía más atractiva de ti

    —Y en el fondo lo soy pero tengo mi lado indecente jajaja o tú no? Y no digo que necesariamente conmigo

    —Eres peor que un cura queriéndome sacar la confesión

    —Jajaja. Bueno te dejo con mis indecencias te mando un beso espero que algún día me respondas alguna de las preguntas que hice, estaré esperando

    —Me parece bien, en una de esas te logro contestar alguna

    —Me encantaría y en serio lo espero

    —Que tengas una excelente tarde, luego hablamos

    —Igual un beso

    —Te mando un beso, guapetón!

    —Jajaja ves cómo eres

    La conversación era broma, enserio y broma de nuevo, cuando subía de tono sólo le daba evasivas o le decía que no le iba a contestar esa pregunta.

    Empezamos a mandarinos mensajes todos los días, después llamadas y después quedamos en tomarnos un café, pasó por mí a la oficina en su flamante Mercedes Benz CLS, nos quedamos de ver a una cuadra de la oficina para que ningún mirón sacara conclusiones o hiciese chismes.

    Todo un caballero me abrió la puerta y fuimos por un café, me preguntaba cómo era mi relación con mi novio y le comenté que accedí a salir con él aun siendo casado porque mi relación con mi novio no estaba yendo bien, estaba comportándose como un loco, me mandaba seguir y al chofer para todo, sólo hablaba de tener hijos y me estaba sofocando, nuestra vida sexual nunca fue buena, duraba muy poco y le costaba mantener una erección, se quedaba sin aliento, se mareaba y era 11 años mayor que yo, pero el problema no era la edad sino la condición física y los problemas en la cama ya habían salido de la habitación, él era divorciado y como su ex mujer le puso los cuernos, vivía enfermo de saber que su mal desempeño en la cama me llevaría a buscar a alguien más, y su constante presión por formalizar las cosas, acosarme con sus incesantes llamadas y mensajes, su constante exigencia para que yo me arreglara en exceso, de vestido y tacones altos todo el tiempo, era algo agotador.

    Todas queremos ponernos un día unos jeans y unos flatos, andar cómodas también es algo que nos gusta, sus exigencias y acoso terminaron por orillarme a buscar a alguien más, necesitaba saber si era algo en mi lo que causaba que sus erecciones fueran mediocres, si yo era atractiva o simplemente era problema de él, y saber que le gustaba a aquel atractivo licenciado, era halagador, el tema de que fuese casado no era mi hit, pero la falta de relaciones sexuales satisfactorias y a fin de cuentas me convencí de que Héctor era casado pero yo estaba a una de ponerme el anillo de compromiso con alguien que no me dejaba contenta en la cama ni fuera de ella, me ponía enferma, accedí a tomarme el café.

    Fuimos al Starbucks de WTC que estaba cerca de la oficina y cada que frenaba el auto me besaba y me decía lo guapa que era y lo linda que me veía, creo que obtuve lo que estaba buscando, ya en el café por miedo a que alguien pudiese reconocernos actuamos como dos amigos, platicamos de mi situación y de la suya, que desde que habían tenido a su bebé, la vida sexual era mediocre por no decir que casi estaba extinta, yo por mi parte le conté mi situación, ya tengo 37 sigo soltera y mi novio era el hombre ideal ante la sociedad, divorciado, miembro de los rotarios, un empresario con varias empresas en México, buena posición social y económica, una casa hermosa junto al club de golf lista para que acomodara mis maletas y una vida cómoda, aparentemente.

    Pero detrás de bambalinas no todo era tan perfecto, los problemas en la cama también traían problemas de comunicación, la infidelidad no superada de su ex mujer era una sombra que al parecer yo siempre tenía que aclarar, decirle donde y con quien estaba, contestarle el móvil al segundo al igual que los mensajes, no tenía libertad alguna, me sentía observada, me faltaba el aire, casarme con él sería un martirio aún peor, pensar en ello me hacía sentir que entraría en una especie de prisión con barrotes de mármol y un BMW en la cochera, GPS que estaría bajo escrutinio permanentemente, sentía que de aceptar perdería mi libertad, mi satisfacción sexual y nunca volvería a sentirme atractiva o amada, sólo sería un trofeo para eventos políticos y sociales. Una prisionera.

    Estar con Héctor era una sensación diferente, era un hombre diferente y el hecho de que fuese casado era una especie de garantía de que no iba a llamarme cada 5 minutos ni sería un intenso obsesivo con “donde estas y con quién?”

    Héctor no iba a ser un celoso patológico porque a fin de cuentas es casado. Y yo a dos de casarme con mi carcelero.

    Es un respiro estar con él, es agradable, me hace reír, y bromeando todo el tiempo, de no estar casado sería perfecto, ya que la comunicación entre ambos es excelente, llevadera, como si nos conociésemos de toda la vida.

    Terminamos en café y al llegar al estacionamiento, me aprisiono entre el auto y su cuerpo, sentía su peso contra mi cuerpo, su calor, su aroma delicioso me embriagaba hasta la médula, me besó apasionadamente, toda la piel del cuerpo se me erizó, era un beso ardiente, desesperado, apasionado, cargado de deseo, sentir sus labios devorando los míos, y sus manos en mi cintura, el beso se puso algo intenso y nunca me ha gustado dar numeritos en lugares públicos así que paré, argumentando que alguien podría vernos que ese no era lugar para dejar que la pasión nos domine, sólo sonrió pero aceptó, me abrió la puerta del auto y entré en él.

    Cuando él subió continuó el beso, me sentía tan excitada que pensaba pasarme a su asiento sobre él y darle fin al deseo que tenía en mi interior, pero mi consciencia aún estaba ahí y sólo nos besamos.

    Me llevó a mi oficina dejándome a media cuadra para evitar que algún metiche chismoso nos viese y los rumores comenzaran, yo no iba a poner mi reputación en el borde ni tampoco quería que su matrimonio termine por un chisme de oficina, si termina que sea porque no funciona y no es feliz, no por mi culpa.

    Comenzó a llamarme diario, hablábamos por horas, accedimos a mandarnos mensajes antes de hablar para que no tuviésemos problemas con nuestras parejas sobre todo por mi novio psicópata, le contestaría licenciado en los mensajes si no podía hablar en ese momento, y el con algo referente a mi asunto si él se encontraba en un momento comprometedor, borraríamos cualquier conversación por aquello de que nos revisasen los teléfonos nuestras parejas, tomar precauciones es básico, yo jamás había hecho algo así, serle infiel a mi novio, jamás fue una opción en mi vida, si la relación no funcionaba solo la terminaba, pero con Sergio era algo enfermizo no sabía cómo terminar la relación de forma amigable y que no se pusiera como loco.

    Continuará…

  • Con una joven madre

    Con una joven madre

    Buenas a todo el mundo. Esta historia es de mi inicio en la escuela sabatina, dado que mi familia es sustentada por mi madre, me vi en la obligación de abandonar la escuela para poder darme mis gustos, trabajé un año de cajero y repartidor, hasta que llegó el punto en el que mi madre insistía con la escuela, accedí con la condición de que fuera sabatina, ella aceptó.

    Mi primer día en la universidad fue un poco aburrido, llegué a las instalaciones, pero como no se había completado mi grupo en esa escuela me trasladaron a otro plantel perteneciente a la misma escuela. Llegando al grupo ya había comenzado la clase, era clase de química.

    Cuando entré todas las miradas estaban sobre mi persona por lo que busque butaca de inmediato, encontré un sitio rodeado de puros hombres, pedí el cuaderno a un compañero de junto para copiar los apuntes que no tenía. Así transcurrió el día, todos los maestros presentándose y dando la introducción a su materia.

    Termino el día, pero no sin antes haber echado ojo a las compañeras, que en si eran la mayoría, pero solo había 3 o 4 que estaban pasables. Con ninguna tuve contacto hasta mitad de semestre que fue cuando la mayoría de los hombres comenzó a salirse, quedando solo 3 hombres conmigo incluido. Mi nueva butaca estaba atrás de una de las 4 chicas ya mencionadas, esta no era para mí la gran cosa pero se defendía, siempre traía abrigo largo por lo cual no sabía si estaba muy buena o de plano no había nada, era chaparrita, yo le echaba como 1.50, era de pelo castaño muy claro, ojos café, y su único defecto era un poco su nariz, pero de ahí en fuera como diríamos los compas «si aguantaba un caldo».

    Recuerdo que al lado de nosotros estaba el chistosito del salón, un tipo alto, barbón, gordo, que siempre hacia los peores chistes, bastante prepotente y creído, nadie lo tomaba en serio, recuerdo que todo empezó volviendo de receso, yo estaba guardando mi agua en la mochila y el tipo este estaba con la «werita» la chica de enfrente, y este al parecer la estaba acosando, claro todo siempre con su finísimo sentido del humor, a lo que ella voltea con cara de ayúdame por favor.

    Y yo solo miro a este tipo y le pregunto que si vio como perdió su equipo el fin de semana, cabe recalcar que este era un sujeto que cada ocho iba al estadio con su banderita y tambor, un hincha de hueso colorado, al decir que si había visto la derrota de su equipo tome toda su atención, y empecé una pequeña discusión acerca de nuestros equipos, ella solo me sonrió.

    Al termino del día estaba por retirarme y al parecer el la quería invitar a comer, a lo que ella me alcanza del brazo y le contesta, lo siento ya había quedado de comer con él, yo no sabía muy bien lo que estaba pasando pero si entendía que le había salvado el pellejo, ya en las afueras y estando solos me dice:

    —Muchas gracias por todo lo que has echo por mí, en verdad que no soporto más a este tipo. Creo no nos habíamos presentado como se debe, soy Laura.

    Al fin sabía el nombre de esa chicuela, también me presente y le conteste:

    —Mucho gusto Laura, yo me llamo Santiago y es un honor defender a la princesa del ogro.

    Ambos reímos, pero ella un tanto sonrojada, pasaron algunos días y cada vez éramos más cercanos, conseguí su celular y comenzábamos a charlar extra clase, todo iba muy bien y mejoró un poco cuando el chico hincha me mando solicitud, le acepte y enseguida me mando un saludo, conteste y platicamos de boberías hasta que me tocó el tema de Laura, me dijo:

    “vaya suerte la tuya, andas a todos lados con Laurita, no te separa la vista, lástima que me hayas ganado, mendigo suertudo!!!”.

    Yo respondí un tanto sorprendido ya que para mí no era gran cosa contestándole que no era para tanto, que solo en su favor tenía que era wera, él me contesta:

    “Creo que no la has visto sin saco verdad??? Vaya que te estás perdiendo de un buen festín, no te contare velo por ti mismo y agradéceme después”

    Yo me quede con la duda, estará tetona?? Tendrá algo de culo??? No podía dormir por estar pensando en eso. Ya en la escuela aun con la curiosidad invite a Laura a comer a la terraza de la escuela, eran aproximadamente las 12 del día, y hacía un calor insoportable en la planta alta siempre, estaba seguro que al invitarla era seguro que la vería sin saco, lo cual me resulto, llegamos y ordenamos y al poco rato la note abochornada, y le mire y dije:

    —pues quítate el saco mujer te vas a morir con eso encima.

    Ella asintió y se lo empezó a retirar. Mis ojos aplaudían de felicidad al ver aquello, era un tesoro encantador, aunque estuviera bastante bajita hacia lucir ese cuerpo fenomenal, tenía sin mentir copa d o c, unas buenas nalgas y una cintura muy bien definida. Me dejo con la boca abierta y desafortunadamente se dio cuenta y me miro algo avergonzada.

    —No me mires así que me incomoda.

    Yo le pedí disculpas de inmediato. Acabando de comer vinieron sus padres y tuvo que irse, toda la tarde estuve pensando en ella, en si yo le gustaba, en lo que le haría si tuviera oportunidad, entre mi delirio el hincha me había mandado mensaje, le dije:

    “Wey, no seas cabron Laurita está súper!!”

    Él me dijo:

    “Ves, lo que te pierdes hermano!!! y aun no sabes que Laurita está loca por ti, mira nada más esto”, adjuntó una screenshot de su conversación con Laurita, él le preguntaba de mí, ella respondía, “me encanta pero se está haciendo el difícil”.

    Yo brinque de mi asiento al leer eso y estaba decidido, el próximo sábado iba con todo por Laura, no sin antes trabajarla un poco. Ella el sábado me manda mensaje súper angustiada ya que no había tenido oportunidad de copiar la tarea de química, yo se la paso y me dice “gracias”, yo le digo “cual gracias??? Me debes un beso eehhh”, ella me dice, “claro solo si te dejas…”. “Obvio me voy a dejar, solo que tu novio no me pegue…”. “No tengo novio, nadie me quiere…”, “no hables por todos, nos vemos el sábado eeehh no olvides mi beso”.

    Llego el sábado y tal cual fui decidido a todo, al verla la saludé y le dije:

    —Ya vengo por lo mío.

    A lo cual ella hace el beso y yo la agarro por la nuca y le acomodo un pico, ella no tan tímida me responde:

    —Si así va ser ven, que te enseño ahora como te agradezco.

    Me comió la boca, mi pene enseguida hizo acto de presencia pero alcance a disimular. Ya en la salida me la comí a besos, eso fue un poco así durante un mes, en una ocasión yo iba retardado para la escuela y tuve que tomar el colectivo, ya nos íbamos pero la vi llegar corriendo, y hacer la seña al taxi el cual le dijo que estaba lleno que esperara el siguiente, yo conteste, “no yo me la llevo”, ella me vio y sonrió al instante, se subió a mis piernas.

    Ya en el camino todo se fue al cielo, el camino era abrupto lleno de baches, ya que a rebotar las llantas dejaba sentir su trasero en mí, a lo cual mi amigo no resistió y despertó, ella lo sintió y lejos de incomodarse abrió un poco las piernas y empezó acomodarse, aquello fue el mejor viaje en colectivo en mi vida, ya en nuestro destino, me dijo:

    —Vaya que vienes despierto.

    —Y como no…

    Tremenda mujer que llevaba, era normal que pasara algo así, después solo se rio y la abrace dándole un arrimón antes de separarnos. Nos vimos en la salida y me dijo:

    —Ven vamos a pagar unas copias aquí afuera de la escuela, total, pagamos y ya de regreso.

    Se voltea y me da de besos, yo le correspondo pero me sorprende al meter la lengua, yo me empecé a excitar y ella lo noto y se me pego, me dijo:

    —Quieres hacerme el segundo???

    Yo me quede en blanco y ella me responde:

    —Perdón por no decirte pero tengo un nene de 2 años.

    —No te preocupes —le dije— seguro esta igual de hermoso que la madre.

    Yo solo le daba el avión, yo quería seguir besándola, seguimos en lo nuestro y noto como abre su capa, y me abraza, yo no sé como pero empecé a masturbarla con mi mano, ella me empezó a dar besitos en el cuello y dar pequeños gemidos, yo estaba que me la atoraba ahí.

    En eso suena su celular, era su hermana que estaba en la escuela y quería verla, fuimos hacia la escuela y su hermana le dijo, “espera un poco nos vamos juntas solo deja termino el proyecto de grupo” (si, su hermana también iba en la nuestra uni). Ella accede y le dice si, al cabo tengo compañía. Yo mire a su hermana y era la misma cosa pero morena, entre mí me la sabrosee mentalmente pero eso es otra historia que después relatare.

    Durante la espera a mí me andaba del baño y le dije:

    —Iré al baño no tardo.

    —Voy contigo yo también tengo ganas —me dice ella.

    Ya al salir del baño me estaba esperando, y me vuelve a ofrecer la capa, yo la abrazo esta vez por las nalgas y empiezo lo antes interrumpido, ella me jala hacia el baño de mujeres, yo solo obedezco. Ya adentro abrimos un cubículo y cerramos, ella se quita la capa y se voltea dándome las nalgas, me empieza a dar un perreo súper cachondo, yo en mi calentura bajo el cierre y me lo saco a lo que ella se voltea y me abraza, alza las piernas y empieza a brincotear, yo no podía mas con aquello y le dije:

    —Aquí???

    —Traes algo con que protegerte? —yo me quedo callado y ella me contesta— que lastima hubiéramos cogido súper rico.

    Yo pensando que todo acababa ahí me bajoneo, pero al verla arrodillarse y meterla en su boca sin aviso me dijo “en hielo”, no podía creer que me la estuviera mamando en el baño de las mujeres, por inercia le tome del cabello y la empujaba a mí, solo sonaba como la succionaba y el sonido de su saliva en la garganta, termine en su boca y volteándola le alzo la blusa y le pongo la verga en la espalda, le susurre, “hoy te salvas pero mañana no sé”, salimos y nos reincorporamos como pudimos.

    El siguiente sábado falto pero mensajeando me había dicho que su abuela había fallecido, y que su familia se ausentaría para ir al pueblo de su fallecida abuela, y que su madre se llevaría a su hijo y solo se quedarían ella y su hermana en casa, a lo que me propone, “quieres hacerme compañía el fin???”. Yo respondo que si al instante.

    Llegado el día saliendo de la escuela me voy con ella apenas dando la hora, el trayecto fue eterno, jamás menciono que su casa estaba a 2 horas de la escuela, era un día caluroso y yo solo quería bañarme. Llegamos a su casa y yo igual que ella nos tumbamos en su sillón, ya un poco descansados me dice:

    —Quieres algo de comer.

    Yo me niego, ya solo tenía ganas de cogérmela, la abrazo y la tumbo al sillón, y le comienzo a comer el cuello, entre pujidos y gemidos me dice, “aquí no, vamos a mi cuarto”. Me sujeto por el cuello y me dirigió hasta ahí, ya ahí me sienta en la cama y se posa en mí, retira mi camisa, y yo hago lo mismo con su camisa y su brasiere, ante mi unas tetas de copa d al desnudo, no he visto jamás unas iguales, su pezón rosado y aunque algo caídas por el embarazo no había mas que quejarse.

    Me las metí a la boca y ella comenzó a delirar, me quito el pantalón y el bóxer, y comenzó con una mamada de locos, estaba parecía hambrienta de verga, estaba desatada. Ya acabando ella la incorporo y la tumbo sobre la cama, le pongo la verga sobre su pantalón, y comienzo a empujar, ella solo pone los ojos en blanco y gime un poco, desabrocho el pantalón y meto la mano, ufff, baboso todo su peluche, estaba listo para mí, lo quito por completo dejándole solo el cachetero, hago lo mismo pero esta vez empiezo a moverme como si me la estuviera ya cogiendo, ella me abraza y solo me pide ser cogida…

    —ya métela por favor —me decía una y otra vez, hasta que le hago de lado el calzón y se la meto poco a poco, ella me entierra cada vez más las uñas conforme avanzo en ella, y esta vez solo en silencio me miraba con cara de hazme pedazos, mirándola fijamente a los ojos acelere poco a poco hasta que su cara me decía que rico, continúe embistiéndola hasta el punto que gritaba, así así así así!!!

    La cama rechinaba como si fuera a deshacerse, ella cada vez estaba más húmeda y sus flujos comenzaban a hacer sonidos en cada mete saca que le daba, la deje de espaldas y la abrace, en posición de cucharita comencé a penetrarla tomando su cuello y dándole cada vez más duro, era un delirio estar ahí, ya los dos empapados en sudor, la incorporo en cuatro y le quito todo, la tomo por los hombros y la penetro, dándole una que otra nalgada.

    Ella ahora solo pujaba, sus nalgas estaban completamente rojas debido a las continuas nalgadas que le daba, ella estaba cansada que de tanto empujarla quedamos al borde de su cama, donde empezaba la cuna de su hijo, ella me dijo “cerca de aquí no por favor”, a lo que yo tomo su cintura y la apoyo en la cuna, esta vez a punto el chiquito ella lo siente y alza una pierna para permitir mejor la penetración. Poco a poco le fui metiendo la verga en el culo hasta quedar totalmente adentro.

    Yo empecé lento ya que al parecer le dolía mucho y hacía gestos de dolor, pero al sentirme tan apretado inconscientemente me desenfrene y cuando reaccione ella estaba sin fuerza recargada en la cuna y yo rompiéndole el culo a gran velocidad. Ya sentía mi clímax así que la sujete del cuello y la arrodille haciendo que se tragara todo mi semen.

    Ya en el suelo ambos totalmente complacidos nos abrazamos y dormimos ahí toda la tarde, así todo el fin de semana rompiéndole el culo a esa pequeña mamá.

  • Cartas homoeróticas (VI): De Janpaul a Mikel

    Cartas homoeróticas (VI): De Janpaul a Mikel

    Mi querido queridísimo, Mikel:

    Preciosa carta la última que me has mandado, ya no pensaba en aquella meada tuya, pero al recordármelo no ha podido más que reír y reír. Lo que son las cosas del amor: te gusta todo lo del amado, incluso sus orines, te mojas la cara frente a su pene orinando y no me doy cuenta que estropea el elegante equipo que me había puesto. No me apena, sino me divierte y me hace pensar: “es verdad, yo quiero a Mikel, y después de Mikel, sigo queriendo a Mikel y no descubro a quién podría querer yo más que a Mikel”.

    Voy a recordar nuestro viaje a la Reserva Nacional de Paracas. Como no lo habíamos visto nunca y se hablaba tanto de la belleza de Paracas, pues decidimos irnos tres noches, así dos días dedicaríamos a Paracas y uno a Nazca. Nos fuimos directamente a Paracas, tú conducías en esta ocasión mi carro. Como siempre, era tanto lo que te gustaba conducir y para mí era una paliza que decía: “toma tus llaves, tu coche y tu carga”, esta última era yo, te decía tu carga porque una vez te dije tu paquete y me interpretaste muy cochinamente. Pasa que siempre acabamos riéndonos hasta de lo más importante.

    En nuestro viaje desde Lima pasamos por Cañete, Chincha y Pisco, las tres veces te dije que entráramos para ver y saludar a nuestros amigos. Las tres veces me contestaste que yo soy para ti y tú para mí, como tenías razón no insistí y al regreso me olvidé de ellos porque me dolía el culo. Ibamos vestidos los dos igual, excepto en el color, un short y una camiseta; esa vez no llevabas ropa interior porque te pusiste un short de baño, pero tenías calzoncillos en tu mochila, pero te olvidaste de ellos para que yo te metiera mano rápidamente. Además cómo nos gustaba meter mano cuando algún solitario nos veía…

    Como siempre, a buscar hotel para pasar la noche bajo techo. Nunca se nos ocurría ir a un hotel de 5 estrellas, ni de 4 estrellas, siempre decíamos, “total no vamos a dormir y casi y cuando dormimos es porque hemos pasado la noche atareados, así que un hotel barato. Buscamos y encontramos un hostal, creo que fue el Kokopelli. Cuando yo era más niño y salía con mis padres, siempre guardaba todos los billetes, facturas, tickets, hasta el más mínimo papel. Pero cuando he viajado contigo y ahora mismo, todo lo tiro una vez usado. Contigo había otras cosas que me interesaban más que esos recuerdos.

    Subimos a la habitación después de pagar las tres noches, porque no me gusta que me molesten, incluso ahora lo pago todo incluso antes de viajar en la misma agencia. Eso de estar tranquilos que ya no te vigilan, que te saludan como señores, te dejan en paz, es buenazo, porque se fían de ti y ya no están controlando. Estabas muy cansado, más por la tensión que por la tensión de las 3 horas conduciendo por la Panamericana.

    En Punta Hermosa habíamos entrado a la playa y nos bañamos, solo fue un momento, luego nos cambiamos junto al carro, pues no había nadie y te di una mamada para hacerte serenar. Te fue bien porque ibas contento por la carretera y cantando. En Mala yo tenía un amigo, pero como era muy celoso, mejor pensé que no íbamos a entrar y no te lo dije. En Cañete, en Chincha baja y en Pisco teníamos amigos los dos, pero no quisiste. En Chincha baja estaba el negro Almenar, un tío de muy buena polla, como dicen de los negros; Almenar confirma la regla. Si hubiéramos entrado se hubiera venido con nosotros, a ese le gusta viajar gratis y paga con su pollón. No te apetecía, ya lo he dicho antes. Solos tú y yo. Con la cara que ponías a ver quién es el guapo que te lleva la contraria.

    En el fondo me gustó que hiciéramos el viaje seguido. Te echaste sobre la cama y tardaste un nada dormirte. Estabas tan profundamente dormido que no te enteraste que te saqué las zapas, el short y la camiseta, te saqué tus gafas y la gorra. Te tenía a mi merced. Me desnudé y comencé a mamarte la polla con mucha suavidad para no despertarte. No te despertaste, pero tanto te mamé con “suavidad” que se te puso gorda, muy gorda, como nunca la había visto y trémula, así que cogí papel y esperé que te saliera tu escoria, puse la boca para catarla, pero no quería despertarte y lo recogí todo con papel. Solo probé de tu polla al acabar y siempre me ha parecido sensacional, fenomenal, magnífica tu leche. Te dejé dormir y me fui a masturbar. Cuando pensé que habías dormido suficiente, te iba pasando mi polla dura por la raja de tu culo y al rato despertaste, me la mamaste para calentarte y se te puso dura.

    Me di la vuelta, me puse con el culo saliente frente a tu polla, te la cogí con mi mano y la dirigí a mi hueco. Hice un ligero ejercicio de retroceso del culo y metí tu polla, volví a empujar y la metí del todo. Solo entonces te enteraste que tenías que poner algo de tu parte, es decir, te despertaste y ya pasaste a la acción. Comenzaste suave, pero ahí me abriste de verdad el culo y ya no se me cerró hasta que llegamos a Lima y te fuiste a tu casa dos días después de que llegáramos. No paraste, hasta incluso tenías tu polla inflamada de tanto darle a mi culo.

    Salimos a dar una vuelta por casi todo, porque paseamos mucho, pero ya habíamos decidido ir al día siguiente a saludar a los lobos de mar. Fuimos a cenar, pues estábamos sin comer desde el desayuno, solo habíamos comido un par de cruasanes al salir del baño en Punta Hermosa. Teníamos hambre. Nos sentamos a la mesa y comenzaste a pedir como si mañana se acabara el mundo. Pero lo comimos todo, cebiche, choros a la chalaca, causa y varias cosas más, pero todo me parecía bueno y al hambre un diente.

    Con la barriga llena y no muy tarde a pasear para ver y encontrar plan. Lo encontramos en la Discoteca As de Oros. Todo fue preguntar y allí, pero no había mucha gente, así que nos limitamos a tomar unas copas, porque había algunos chicos y chicas bailando, otros chicos mirando y nosotros dos. Nos entró un poco de vergüenza ponernos a bailar los dos, por si acaso eran homofóbicos. Salimos de allí después de una hora, según tú decías porque yo no llevé la cuenta y nos siguió un chico. Disimulamos sentándonos en el suelo y nos saludó, preguntó si queríamos un cigarrillo, pero como no fumamos, le dijimos que no. Se entretuvo con nosotros, no se veía peligroso, era de esos que parecen buenos y buscan plan como nosotros y no lo encuentran.

    Seguimos los tres caminando y nos iba diciendo a qué lugares debíamos ir y a cuáles no por ser peligrosos. Al final, después de mucho hablar y caminar se nos declaró como gay y si queríamos ir a algún lugar a pasarla bien. Le dijimos que teníamos hotel, pero él dijo que si nos hemos anotado dos, no dejarían entrar tres, pero en la casa de sus abuelos, que resultó cerca de nuestro hotel, no había nadie porque habían viajado. Con cierta precaución y mirándonos, fuimos. Tuvimos suerte. Nos ofreció una cerveza a cada uno y entramos a un patio interior, había un baño con cortina y desahogamos la vejiga. Ahí nos destapamos de verdad los tres, porque lo hicimos a la vez y el gachó la tenía larga, no muy gorda, pero larga y le preguntaste si ara activo o pasivo, te contestó que versátil y que deseaba que lo penetrara uno y él penetrar al otro.

    Todo comenzó con besos y proseguimos para hacer el trío completo. Yo me pedí que me follara y él te pidió que lo follaras. Suerte que llevábamos la tira completa de profilácticos, porque él pensaba follar sin protección. Como nos había invitado a cerveza, le dijimos que teníamos tantos condones cuantos nos hicieran falta. Fueron dos horas de actividad, pero lo mejor fue cuando lo penetramos tú y yo a la vez, cómo aceptó las dos pollas.

    Tú te tumbaste en la mesa, él se sentó sobre ti y le atravesaste el culo con tu polla y no se quejó, pero cuando ya se había acostumbrado, comencé a penetrar yo, y al lado de tu polla iba metiendo dedo, para dilatar más, hasta que cansado de tanta saliva, incluso la que me pasaste tú de boca a boca, aquello estaba super mojado, incluso por si acaso, lo besé y le pedí saliva, aumenté y yo ya no aguantaba más, me dolía mi polla de resistir, así que la metí y atravesé, notaba la tuya y él se puso a rabiar y a llorar. Yo le decía: “aguanta, aguanta” y me contestó: “tú no seas marica y échale, párteme por la mitad que ya falta menos”. Tú me ibas insultando diciéndome “puto cabrón”, “maricón de los cojones”, “me estás arruinando mi picha” y otras linduras de tu sucio vocabulario. Por fin entró, y me encontré junto a ti dentro de ese culo morboso. Nos quedamos todos los tres quietos después del grito de Walter, creo recordar que así se llamaba, y tú casi no podías moverte, pero comencé un ñaca-ñaca penetrando y retrocediendo sin salirme hasta que él chico Walter echó sus jugos sobre tu pecho y ya no pude resistir, me vine estando dentro y a continuación tú te la gozaste.

    Cuando sacamos nuestras pollas miré el hueco y cabía casi mi mano encogida. Lo intenté, pero retrocedí y Walter me pidió que siguiera, lo pidió con buenos modales y me atreví a meterla porque no tenía casi uñas. Entró, él quería que siguiera pero no me arriesgué a tener un accidente y saqué mi mano con muchas pizcas de mierda. Le di un beso a su culo y eso le gustó y se echó sobre ti.

    Al final, nos dijo que era lo mejor que le había pasado en su vida. Quedamos con él para el día siguiente, tenía que trabajar por la mañana y dijo que en la tarde vendría a buscarnos al hotel. Pasamos los tres días follando con un invitado que estaba para todo, pero ya te recordaré un día lo que vivimos en las líneas de Nazca con él donde le admitimos en nuestra puta compañía.

    Sabes que te quiero más que a mi vida.

    Saludos a tus padres.

    Mil besos seguidos,

    Janpaul

  • No lo pienses demasiado (Parte 13)

    No lo pienses demasiado (Parte 13)

    El mes de julio fue odioso, Carla y yo no conseguimos vernos ni un solo día, ninguna de las dos tuvimos vacaciones y con los turnos de trabajo que teníamos se hizo imposible que pudiéramos coincidir hasta en el mismo trabajo, parecía que los planetas se habían alineado en nuestra contra.

    Manteníamos contacto casi a diario por teléfono, de vez en cuando nos mandábamos alguna foto sugerente o explícita que ayudaba a «aguantar» la distancia.

    Carla (móvil): Vaya… ayer debiste estar muy entretenida para no acordarte de mí en todo el día.

    Irene (móvil): Fue un día de locos, pero vamos tampoco recibí ningún mensaje tuyo.

    Carla (móvil): Joder es que parece que si no voy yo detrás de ti, tú pasas.

    Irene (móvil): Sabes que eso no es así, va no te me enfades, bastante tenemos con no vernos como para estar también de morros.

    Carla (móvil): Es que estamos ya casi a finales de julio, no nos hemos visto en todo el mes y me jode estar como una gilipollas pendiente del móvil y no saber nada de ti.

    Irene (móvil): Lo siento, va no te me enfades rubia y vamos a ver cuándo podemos cuadrar para vernos.

    Hacíamos planes que siempre se acababan cancelando y eso hizo que algunos días acabáramos discutiendo por tonterías, que aunque rápidamente se solucionaban, hacían que el tiempo que no nos veíamos se hiciera más largo aún.

    El mes de julio por fin llegó a su fin y agosto llegó de la misma forma que julio se fue, con ansiedad, frustración y mil sentimientos más que se iban acumulando según pasaban los días. La primera quincena de agosto mi marido tenía vacaciones, las niñas estaban aburridas de estar siempre en casa y yo seguía trabajando con algunos días libres pero sin poder salir de viaje.

    Iván: Como tú esta semana solo libras dos días y vas de día casi no vas a estar por casa, estoy pensando en irme con las niñas a ver a mis padres 5 días, si te parece bien claro.

    Irene: Es buena idea así por lo menos no pierdes las vacaciones y cambiáis un poco de aires.

    Estaba deseando contarle a Carla que estaría sola en casa durante 5 días y que podríamos vernos.

    Irene (móvil): Rubia!!!

    Carla (móvil): Dime niña!!

    Irene (móvil): A qué no sabes quién se queda sola en casa la semana que viene?

    Carla (móvil): No jodas! Y eso?

    Irene (móvil): Iván se va unos días a ver a sus padres y yo como curro me quedo claro está. Cuándo nos vemos?

    Carla (móvil): Puff pues no sé tengo que mirar el cuadrante lo tengo muy apretado, ya te digo algo cuando lo sepa.

    Irene (móvil): Joder que corta rollos eres…yo trabajo de día así que a las 21 salgo de trabajar, ya me dices algo…

    No era la reacción que esperaba y menos después de tanto tiempo sin vernos, solo podía esperar a que me dijera algo y cruzar los dedos para tener algo de suerte. No volví a preguntarle por el tema, pues no quería ser pesada aunque me moría de ganas de estar con ella. Según pasaban los días estaba más molesta porque aunque hablaba con ella no me decía nada de si podríamos vernos. El día antes de que se fuera Iván no pude aguantar más, ni disimular mi enfado y le pregunté.

    Irene (móvil): Bueno qué? Tendrás un hueco en tu apretada agenda? O ya algún día si eso.

    Carla (móvil): Lo siento pero he estado intentando cambiar los turnos y ha sido imposible…

    Irene (móvil): Cojonudo, no me creo que sea tan difícil sacar un ratito…

    Carla (móvil): A ver Irene de verdad que lo he intentado pero no es tan fácil como te crees.

    Irene (móvil): Ya. Claro.

    Clara (móvil): No te enfades mi niña.

    Irene (móvil): Bueno ya hablaremos.

    Estaba muy enfadada con ella, en mi cabeza me había montado por lo menos un día perfecto con ella que ya estaba claro que no iba a pasar y que a ella le daba exactamente igual.

    A la mañana siguiente Iván se fue lo que quedaba de semana y yo me fui a trabajar de muy mal humor.

    Hugo: Madre mía como estamos no? Tienes más cara de perro de lo normal.

    Irene: Ja ja que gracioso él. No me des caña que estoy enfadada con el mundo.

    El primer día de mis días sola en casa pasó y no quise contestar a los mil mensajes de Carla. El segundo día volví a trabajar y con la cosa de que al día siguiente libraba mi cara cambió de perro a llorona.

    Hugo: Madre mía chiquilla si vas a cambiar esa cara me voy yo contigo a casa a hacerte compañía jajaja.

    Irene: Y lloramos juntos vale?

    Hugo: Vale y lloramos juntos.

    Hugo estuvo intentando animarme todo el día sin éxito, así que al salir del trabajo me pillé unas cervezas y me fui a casa a seguir con mis lloriqueos y ver una peli o algo.

    Entré en casa, dejé la bolsa de cervezas y mil guarrerías varias en la cocina, fui a la habitación a quitarme la ropa para ducharme y cuando me quité la camiseta sonó el timbre de casa, salí sin ponerme la camiseta ya que no tenía intención alguna de abrirle la puerta a nadie y miré por la mirilla, la luz del rellano estaba pagada y no podía ver quién era.

    Irene: Quién es? -Pegué un grito desde el otro lado.

    Nadie contestó al otro lado de la puerta y en lugar de eso se puso a tocar el timbre sin parar y poniéndome de los nervios.

    Irene: Vale por mi puedes tocar todo lo que quieras ya te cansarás. -Volví a gritar.

    Me fui al salón para hacer tiempo a ver si la persona se cansaba de molestar antes de meterme en la ducha y entonces sonó mi teléfono.

    Carla (móvil): Bueno pues si no me abres me voy.

    Salí corriendo a la puerta de la calle y ahora al mirar por la mirilla la luz estaba encendida y podía ver a Carla con una pizza plantada delante de la puerta. Abrí la puerta y me quedé mirando a Carla sin entender muy bien lo que estaba pasando.

    Carla: Yo también me alegro de verte pero tampoco hacía falta que salieras en sujetador.

    Irene: Pasa anda!

    Pasó y nada más cerrar la puerta empezamos a besarnos desesperadas.

    Irene: Qué haces aquí? Se supone que estás currando.

    Carla: Y lo estoy, o por lo menos eso piensa todo el mundo menos tú que sabes la verdad.

    Dejó la pizza en la mesa del salón y ella se sentó también encima de la mesa, rodeándome con sus piernas mientras hablábamos y nos besábamos.

    Irene: Entonces te quedas un ratito?

    Carla: No.

    Paré los besos de golpe y la miré medio extrañada y medio enfadada.

    Irene: Solo has venido a traerme la cena?

    Carla: He venido a quedarme toda la noche, sé que mañana libras.Y puso esa sonrisa tontita que puede conmigo.

    Seguimos comiéndonos a besos y subiendo pulsaciones entre caricias.

    Carla: Me enseñas tu habitación?

    Irene: La duda ofende jajaja, pero espera quiero ducharme antes de nada, llevo todo el día currando dame 5 minutos y soy toda tuya.

    Carla: 5 minutos? Eso es mucho tiempo, seguro que puedes tardar menos… Se quitó toda la ropa mientras lo decía.

    Irene: Vaaale visto lo visto 2 minutos…

    Carla: Tú verás si tardas mucho lo mismo empiezo sin ti…

    Irene: Que presión!! Le di una palmada en el culo y me fui al baño.

    En el baño puse la canción «mitad y mitad» de Kase O y me metí a darme una ducha rápida pensando en lo que tenía esperándome. Me estaba lavando el pelo y al abrí los ojos me encontré con Carla que me miraba desde fuera de la ducha.

    Irene: Ahora eres una mirona?

    Carla: En realidad no he venido a mirar…

    Se metió conmigo a la ducha y acorralándome contra la pared nos besábamos y acariciábamos bajo el chorro del agua.

    Irene: No sabes lo que he echado de menos tu cuerpo y tus besos.

    Carla: Sí lo sé sí…

    Me dio la vuelta contra la pared y fue besando mi cuello, mis hombros, fue bajando por mi espalda hasta llegar a mi culo y darme un buen mordisco que me hizo soltar un pequeño grito, volvió a subir recorriendo con besos mi espalda hasta llegar a mi cuello para besarlo mientras acariciaba mi clítoris. Apretaba sus pechos contra mi espalda, su respiración en el oído me ponía a mil y yo no podía controlar mis gemidos.

    Carla: No te aguantes mi niña y córrete… quiero verte…

    Con su otra mano apretaba mis pechos y pellizcaba mis pezones y con un mordisco en mi hombro que me dejo los dientes marcados, me corrí como tanto necesitaba…

    Me giré y la abracé pegando todo lo que podía nuestros cuerpos.

    Irene: Gracias por venir, te necesitaba ya.

    Salimos de la ducha, nos secamos y fuimos para la habitación.

    Carla: Por cierto me ha encantado esa canción que has puesto, no es de mi estilo pero me ha convencido jajaja.

    Irene: Es perfecta para tí.

    Carla se tumbó en mitad de la cama, me acerqué a ella, abrí sus piernas y me metí entre ellas, ahora yo mordía sus pechos y movía mis caderas entre sus piernas para rozar nuestros clítoris, las dos gemíamos y suspirábamos mientras nos mirábamos a los ojos como a Carla le gustaba. Paré el movimiento de la cadera, Carla me sujetaba y seguía moviéndose, se le notaba que necesitaba terminar, me separé completamente de entre sus piernas, besando su cuerpo fui bajando hasta que lo que quedó entre sus piernas fue mi cabeza, y jugué con mi lengua como sabía que le gustaba. Carla agarraba con fuerza las sábanas y arqueaba su espalda, cuando noté que estaba cerca de llegar paré y la miré sonriendo.

    Carla: No… no pares…

    Quería oírla suplicar como tantas veces me había hecho ella a mí, solo me quedé mirando su carita de necesidad hasta que dijo las palabras que quería oír.

    Carla: Sigue… por favor…

    Automáticamente bajé la cabeza y al mismo tiempo que jugaba con mi lengua le introduje dos dedos hasta que se corrió. Seguí limpiándolo todo abajo hasta que tiró de mi pelo hacia arriba, haciéndome subir a su lado para besarme aún con su sabor en mi boca.

    Irene: No sabes bien lo bien que sabes.

    Carla: Jajaja ahora mismo me hago una idea jajaja.

    Irene: Jajaja nooo, no lo sabes, hazme caso.

    Me tumbé a su lado y nos quedamos mirándonos durante un rato.

    Irene: Por qué no me has avisado de que ibas a venir? Me tenías echa polvo

    Carla: Lo sé desde la semana pasada pero era más divertido jugar contigo un poco.

    Irene: Que cabrona eres, como te gusta torturarme.

    Carla: Me ha costado no decirte nada, pero así la sorpresa ha sido mayor.

    Irene: Bueno y esa pizza que habías traído qué? Cenamos?

    Carla: No me digas que te has quedado con hambre!! Yo te doy más si quieres!! Jajaja

    Irene: Jajaja que pava, guárdate algo para el postre.

    Carla: Venga vamos fuera a cenar.

    Irene: De eso nada, traigo la pizza aquí. Mi rubia desnuda en la cama, cerveza y una pizza… qué más se puede pedir?

    Cenamos en la cama y hablamos de cosas varias para ponernos al día y cuando terminamos me levanté para llevar las cosas a la cocina.

    Irene: Espérame aquí que voy a improvisar algo de postre.

    Me fui a la cocina y cogí un bote de nata montada que tenía en el frigo y un bote de sirope de chocolate que estaba casi gastado. Volví a la habitación con las manos en la espalda.

    Irene: Como no sabía que venías no he comprado nada especial, pero igual creo que podemos apañarnos.

    Carla: Bueno tampoco pasa nada mi niña, contigo me sobra.

    Irene: Pues entonces te va a encantar jajaja. Saqué mis manos de la espalda y le enseñé los dos botes. Nata tenemos de sobra pero el chocolate tendremos que usarlo muy bien que casi no queda.

    Carla: Woooo!!Se le pusieron los ojos como platos y pegó un salto de la cama. Empiezo yo!! Es que soy muy golosa!! A ver… túmbate en la cama.

    Me quitó los botes de las manos, me tumbé en la cama y Carla se quedó mirándome y pensando como si fuera a pintar un cuadro.

    Irene: Me estás dando miedo… jajaja

    Carla: Me encanta la repostería, no te lo había dicho antes?

    Se puso de rodillas a mi lado y empezó con el bote de nata. Con cara de niña pequeña con un juguete nuevo, puso un pegote de nata en mi nariz y en mis labios.

    Irene: Que tonta eres!

    Carla: Eh! Las tartas no hablan!! Así que silencio!! Jajaja

    Miraba mi cuerpo de arriba a abajo, buscando el próximo sitio donde poner la nata. Puso una línea en mi clavícula y otra que bajaba hasta mis pechos y las lamió tomándose su tiempo, saboreando bien la nata. Cogió el chocolate y puso dos puntos en mis pezones que se derramaban por mis pechos, los lamió y subió a besarme.

    Irene: Mmmm besos de chocolate…

    Carla: Te gusta?

    Irene: Me gusta todo lo que haces.

    Puso varios puntitos de nata en mi vientre y una línea que iba desde debajo del ombligo hasta mi monte de Venus, lamió cada puntito de nata alternando con mordiscos en unos y en otros con succiones como chupetones. Lamió la última línea de nata y me miró sonriendo. Dejó el bote de nata y volvió a coger el de chocolate, separó mis labios y echó en mi clítoris una pequeña gotita de sirope que lamió con mucha delicadeza.

    Carla: Me encanta el chocolate…

    Volvió a separar mis labios y echó un chorro de chocolate que empezó a lamer con ansia para comérselo todo. Me incorporé un poco para poder ver mejor como se lo comía todo y gemía como mi respiración me lo permitía.

    Irene: Puuff… joder Carla…

    Carla: No voy a dejar nada de chocolate. Me miró a los ojos con esa mirada de puro morbo.

    Irene: Vale… cómetelo todo…

    Aguanté unos segundos más mirándola, me dejé caer hacia atrás y exploté en un orgasmo tremendo, arqueando mi espalda y agarrando las sábanas con fuerza.

    Carla: Ya? Aún no he terminado de comerme el chocolate…No pienso parar.

    Siguió lamiendo, succionando y penetrándome con la lengua, mientras yo me retorcía de placer.

    Carla: Ya queda poquito…

    Irene: No… ahora ya no pares…

    Sentía que me iba a volver a correr, así que sujeté su cabeza para que no se apartara, mi corazón y mis gemidos estaban descontrolados y a los pocos minutos me volví a correr, volviendo a arquear mi espalda con espasmos como si una descarga eléctrica me recorriera, dejándome hecha polvo en la cama intentando controlar mi respiración. Carla se tumbó a mi lado y se dedicó a mirarme mientras que me recuperaba.

    Carla: Qué tal mi niña?

    Irene: Puff no creo que pueda superar esto…

    Carla: Es verdad no creo que puedas jajaja.

    Irene: Eeeeh!!

    Cogí la nata y apreté el botón en su dirección, manchándole en la pierna.

    Carla: Oooh!! Ahora me lo limpias!!

    Irene: Ya! Oblígame!!

    Carla: Uy!

    Me quitó el bote de nata y me echó por el pecho.

    Irene: Bueno ya estamos en paz no?

    Carla: No, no, me tienes que limpiar la pierna.

    Irene: Venga vale, te la limpio…

    Me incorporé como para limpiarle la pierna y en lugar de eso le volví a quitar el bote de nata y le eché más nata, ahora en la barriga y en el pecho. Ella reaccionó de la misma forma y con el tira y afloja acabamos la dos llenas de nata.

    Irene: Mira la que has liado.

    Carla: Pero tendrás morro?

    Irene: Volvemos a la ducha?

    Carla: Casi que mejor.

    Irene: Bueno espera que yo no he comido postre.

    Me puse encima de Carla para limpiar la nata, tomándome mi tiempo, saboreando su cuerpo. Cogí un poco de nata con mis dedos índice y corazón y se los metí en la boca, ella los limpió, se los saqué de la boca y mientras seguía limpiando sus pechos, la penetré con los mismos dedos que ella había chupado y la masturbé con fuerza haciéndole soltar un gemido en cada embestida. Carla estaba empapada y mis dedos entraban y salían con mucha facilidad, así que añadí un dedo más y seguí penetrándola con fuerza y a morderle con rabia. La miré mientras gemía con los ojos cerrados.

    Irene: Te estoy haciendo daño?

    Carla: No… aprieta más.

    Y así lo hice, le metí los dedos con más fuerza y le mordí más fuerte, haciendo que ella gimiera más fuerte en cada penetración, corriéndose al poco tiempo.

    Carla: Joder que cosas me haces…

    Irene: Yo?! Solo hago lo que me pides.

    Las dos nos fuimos a la ducha aún llenas de nata y pegajosas. Carla se metió en la ducha y yo volví a la habitación con la excusa de ir a por las toallas, cogí un vibrador que tenía, me metí a la ducha con ella y escondí el vibrador entre las botellas de gel. Las dos nos enjabonamos la una a la otra mientras nos besábamos. Fui bajando mi mano por su espalda, hasta que llegue a su culo, metí uno de mis dedos y empecé a acariciarle, intentando introducirle poco a poco el dedo. Me miró fijamente a los ojos pero no dijo nada.

    Cuando ya podía introducir mi dedo con facilidad, la giré, la incliné un poco contra la pared de la ducha, cogí el vibrador, lo encendí suavecito, poco a poco empecé a metérselo hasta que entraba y salía con facilidad, con la otra me dediqué a acariciar su clítoris, gemía y se mordía la mano apoyando la cabeza contra la pared, corriéndose al poco. Sus piernas se debilitaron durante el orgasmo, dejé el vibrador, la sujeté por la cintura y me quedé abrazada a ella besando su espalda hasta que se recuperó.

    Se dio la vuelta y nos abrazamos en silencio durante unos minutos mientras el agua nos caía, Carla me sujetaba la cara con las manos, me besaba y me miraba a los ojos. No sé el tiempo que estuvimos así, pero podría haberme quedado así durante horas, sus ojos decían tanto que no hacían falta las palabras y no sería yo quien rompiera ese silencio.

    Carla: Te quiero mi niña, vamos fuera y descansamos un ratito?

    Irene: Te quiero rubia, vamos todavía tenemos tiempo.

    Salimos de la ducha y fuimos a la habitación.

    Irene: Mierda no me acordaba de cómo habíamos dejado la cama hay que cambiar las sábanas.

    Carla: Venga que tardamos poquito.

    Cambiamos las sábanas y nos quedamos desnudas hablando de nuestras cosas, entre caricias y besos.

  • Consulta ginecológica con mi hijastra

    Consulta ginecológica con mi hijastra

     

    Les aseguro que para los ginecólogos no hay nada más normal que una mujer con las piernas abiertas mostrando su vagina, resignándose a que las miremos las toquemos las penetremos con cualquier tipo de instrumento. He aprovechado en algunas ocasiones mi condición de médico para toquetear más de la cuenta cuando el caso lo ameritaba o percibía que, al menor roce, se excitaban y nada podían hacer para ocular la calentura.

    Más de una vez tuve sexo con alguna de mis pacientes, siempre con el debido consentimiento y siempre en una actitud de respuesta más que de iniciativa. Más de una vez también compré espejitos de colores y casi me denuncian por mal interpretar a una veterana que me pidió que le colocara un Diu seguro porque con tantos hombres con los que se acostaba no iba a tener la menor idea si, llegado el caso, la dejaran embarazada.

    Pensé que me estaba tirando onda y cuando le acaricié el pelo me cortó en seco: “Qué hacés pelotudo, vine a ponerme un Diu no a que te hagas lo rulos. No te denuncio porque es tu palabra contra la mía, pero sos un flor de pajero”.

    Estuve casado unos cuantos años. Nueve para ser preciso y me divorcié porque mi ex ya no se bancaba mis horarios y mis pocas ganas de coger con ella. Había conocido un par de pendejas en el hospital que de tanto en tanto me ponían la libido al día con unas buenas cogidas en la sala de guardia. La última aventura terminó mal: la mina quedó enganchada, me arañó toda la espalda y llamo a mi casa para “blanquear” la situación. Resultado: me divorcié con quilombo y división de bienes. Entre la calentura que tenía acumulada y el furor de Tinder, el año siguiente a la separación me la pasé cogiendo como si se terminara el mundo.

    Con la idea de sentar cabeza hace un año me animé a aceptar la invitación de convivencia de María, una vieja compañera de la facultad con la que siempre hubo buena cama y todo venía sobre ruedas hasta que apareció Yanina.

    Fue sorpresivo. Yo volvía de una guardia a las siete de la mañana y me estaba meando desde que salí del Hospital. Como tenía miedo de hacerme encima, durante el viaje me vine estimulando la pija para retrasar las ganas de orinar. Cuando entré a la casa estaba con un palo tremendo, con la pija afuera y encaré directo para el baño que habitualmente usaban las visitas. Entré con la pija al mango y me pare frente al inodoro con los ojos cerrados estimulando mi miembro como para poder mear de una buena vez.

    Habrían pasado 40 segundos y yo seguía con los ojos cerrados, una mano en la pared y la otra frotando suavemente el miembro para aflojar la erección. Cuando salió el primer chorro de orina me relaje y largué un gemido como esos que hago cuando estoy solo o cuando me masturbo. No percaté que en el baño estaba Yanina que acababa de bañarse y estaba con una toalla diminuta tratando de esconder sus enormes tetas. Era un hembrón de 29 años. Pelo ondulado, castaño claro, unos pómulos marcados hacían que todos sus rasgos fueran más sensuales y salvajes. Tiene una boca con labios carnosos y una nariz diminuta que resaltaba más su boca. En la frente tenía una cicatriz, y un tatuaje de una estrella en el cuello, casi imperceptible pero que le daba un toque interesante, intrigante. Un bombón.

    —Perdón no te vi, que vergüenza —le dije y realmente me quería morir.

    Me pareció que cada tanto ella me clavaba la mirada en la pija, que todavía seguía hinchada, mientras trataba de esconderla con mis dos manos e inclinando el cuerpo como para darle la espalda.

    —No te preocupes Raúl, no pasa nada. Pensé que sabías que me había vuelto a la Argentina —me dijo mientras se acomodaba la toalla en las tetas y dejaba el culo casi al aire.

    No podía dejar de mirar pero hice todo lo posible para que no se notara. Nos dimos un beso de compromiso y ahí advertimos que ambos estábamos acalorados, con los cachetes rojos. Confieso que lo mío, al final, era más calentura que vergüenza porque se me paró más de una vez pensando en esas tetas y ese culo. Era una mujer bellísima, interesante, de 1,60 de altura y una cintura bien marcada. Las tetas las tenía mucho más grande que la última vez que la había visto, seguramente por las consecuencias del amamantamiento de su hijo de dos años.

    Con mi pareja nos reencontramos gracias a Facebook, En esa época Yanina vivía en Australia y tenía 23 años. Se había ido por un novio que conoció en la facultad. Según lo que pude averiguar luego del encuentro fugaz en el baño su regreso intempestivo se debió a “problemas de convivencia”. Y que pudo volver a Buenos Aires con su hijo gracias a que le habían hecho lugar a una demanda complicada de “violencia física y violación”.

    La primera semana se quedó a vivir con nosotros. Varias veces me descubrí mirándola cuando se paseaba con ropa suelta por la casa. Tenía unos short de jean diminutos, esos que no se abrochan adelante y una pancita liza, con algunos abdominales todavía marcados a pesar del embarazo. Sus tetas eran grandes pero estaban paradas y la remeritas cortas les quedaban bien separadas del torso con los pechos marcados.

    Alguna vez también me pareció que ella me miraba, sobre todo una noche que me había quedado dormido en el sillón del living en calzoncillos y ella me despertó con un beso en la frente. No sé qué habría soñado pero después del beso estaba totalmente erecto. “Por qué no te vas a la cama”, me dijo y me calenté un poco más.

    Después de un par de semanas prefirió mudarse a un departamento que teníamos vacío en el mismo edificio donde yo tengo mi consultorio particular. Necesitaba intimidad y en casa era medio difícil. Pude apreciar que no tenía una gran relación con María, nunca supe bien los motivos, pero se notaba que mantenían un vínculo frío y distante.

    Dejé de verla por un mes aproximadamente. Pero cada tanto me venía la imagen del baño con mi pija durísima y ella casi en bolas. Me reprochaba no haber dicho nada o no haber tirado alguna indirecta. Pero al rato se me pasaba. Una vez casi me masturbo recordando ese culo. En el baño yo había podido ver que tenía un cuerpo esculpido, con la piel suave casi brillante. Olía a cremas humectantes. Tenía piernas flacas, pero con los mulsos torneados. El culo lo tenía bien parado. En definitiva era una pendeja de 29 años que venía de una experiencia traumática y estaba tomándose un respiro para volver al ruedo. Y eso me encendió el morbo también.

    Pero todo cambió hace tres semanas cuando me la encontré a la salida del trabajo. ”¿Raúl, a vos te molestaría mucho que yo hiciera una consulta ginecológica con vos?” –me preguntó a quemarropa cuando nos encontramos en el ascensor. El departamento que le prestamos estaba en el séptimo piso y mi consultorio en el quinto. “La verdad es que la pasé mal y hay días en los que tengo miedo de que me haya quedado alguna secuela”, me agregó con un tono triste.

    Le dije que no estaba muy seguro que conocía un montón de colegas hombres o mujeres que podían atenderla, inclusive sin cobrarle si iba de mi parte. “Raúl yo te vi en bolas y no me asusté jaja. Vos podés revisarme sin que te genere ningún conflicto. Yo me sentiría mucho más segura. Si querés consultalo con mi madre, pero yo no pensaba decirle nada”, me disparó y me dejó helado.

    Un escalofrío me corrió por la espalda y estuve al borde de la erección. Sabía que no podía dar ningún paso en falso y que todo dependería de lo que ella hiciera. “Yo no pensaba decirle nada”, esa frase desató mis ganas de cogérmela. Como me aclaró que no era urgente le dije que lo iba a pensar y que le decía. Me fui del consultorio excitado, la imagen de la pendeja en toalla reaparecía en mi cabeza a cada distracción.

    El fin me la pase pensando en ella. Tenía ganas de que fuera lunes para encontrármela de nuevo en el ascensor. Pero no hizo falta. El domingo a la tarde pasó a visitarnos con el niño y nos pidió si podíamos cuidárselo un par de horas. Cuando la acompañé hasta la puerta me miró fijo a los ojos y me susurró al oído: “Te mentí Raúl, necesito una consulta ginecológica urgente”. Y ahí sí, mandé todo a la puta que lo parió y le dije fuera a verme al día siguiente.

    Como yo sabía –por llevarlo en varias oportunidades– que el hijo de Yanina iba a la guardería de 13.30 a 17 la cité a las 14. Cuando le abrí la puerta me quedé boquiabierto. Estaba con el pelo húmedo pero recogido con un lápiz le que hacía resaltar más sus ojos y sus labios carnosos. Tenía un solerito blanco que le llegaba apenas hasta los muslos y sólo cuando se tuvo que estirar para darme un beso se le veía todo el culo. Sus piernas brillaban. En los pies tenía unas de esas ojotas con taco alto lo que le paraba más el orto y la hacía más esbelta a pesar de que no era muy alta.

    No llevaba corpiño y los pezones se le clavaban en el solero, sobresalían anunciando un hermoso par de tetas firmes. Era lo más lindo que me tocaría revisar por lo menos en los últimos cinco años. Una belleza que algo tenía en mente, estimo desde aquel encuentro fortuito en el baño.

    Me puse algo nervioso y me quedé mudo. Supongo que ella sabía que había logrado ponerme incómodo.

    “¿Me saco toda la ropa? Me preguntó y asentí con la cabeza. Se paró al lado de mi sillón ginecológico y cuando se subió el solero note que tampoco llevaba ropa interior. Tenía la concha rosada, casi perfecta, depilada y se cuándo se agacho para acomodar las cosas en la silla vi ese perfecto culo, con el agujero diminuto, rosado, una flor con una tonalidad un poco más arriba que la de su piel. Era blanca, pero con buen color y una piel suave. Se notaba que tenía relaciones por el culo también por la forma que adquieren los cachetes cuando las pacientes practican el sexo anal con cotidianeidad.

    Le dije que tenía que hacerle muchas preguntas para poder generar la historia clínica. Le pregunté como profesional y como curioso. Me contó que se quedó embarazada porque le tuvo problemas con un preservativo y que embalada con el proyecto de familia decidió tenerlo. Confirmó que tenía relaciones normalmente por vagina y ano, que no tenía ningún problema en particular y que quería que la revisaran porque había tenido una situación traumática. Le pregunté si quería contarme que le había pasado y me dijo que por el momento prefería reservárselo. “La pasé muy mal Raúl, pensé que me mataban”, me confesó.

    Le dije que tenía que hacerle un tacto en las tetas para ver en qué condiciones estaban y evitar cualquier sorpresa. Me paré atrás de ella y empecé a manosear sus senos con criterio profesional, para detectar la presencia de quistes o algo que ameritara algún estudio complementario. Tenía unas tetas grandes pero perfectas, con unos pezones que se ponían duros ante el primer contacto. Tenía ganas de chupárselas todas, pasarle la lengua por los pezones y mordérselos, pero no me animé. Me pareció advertir que se mordía los labios en un momento en el que le revisaba los pezones y hasta se le escapó un leve suspiro. Yo tenía la pija paradísima, pero me mantuve lo más frío posible. Esa pendeja me estaba volando la cabeza.

    Me comentó que también evaluaba la posibilidad de colocarse un Diu o de tomar pastillas anticonceptivas para evitar otra “sorpresa” pero que las pastillas les daban miedo y el Diu no era del todo seguro. La invité a sentarse en la silla de revisión, una especie de asiento adaptado en la que las piernas quedan abiertas a un lado y otro y nosotros podamos revisar bien a fondo las vaginas. Cuando me acerque noté que estaba toda mojada, chorreando un flujo espeso y tibio que le bajaba por la entrepierna. Eso me calentó un poco más. Le dije que le iba a tener que introducir un aparto para poder ver bien y me puse la lupa y la linterna con vincha que uso casi desde el día en que me recibí.

    Me puse los guantes y le dije que iba a tener que introducir algunos dedos en su vagina y tal vez en su ano para ver si estaba todo en orden. Cuando la toqué se retorció en la silla y las tetas parecían más grandes todavía, y se le escapó un gemido un poco más fuerte. Me calentaba mucho verla morderse los labios. Estaba seguro que quería guerra, pero no iba a hacer nada hasta que me lo pidiera.

    Vi que todo estaba bien y le dije que se quedara tranquila que al menos en la vagina no le había quedado ninguna secuela. Cuando le metí un dedo en el ano se le escapó otro suspiro grande. “ahhhh, Raúl, está todo en orden?”. Le reiteré que sí. Que se quedara tranquila que no hay lesiones internas y que tampoco veía nada extraño.

    No sé si me estaba prestando atención. Cuando saqué la pinza y me quité los guantes, con sus dos manos me hundió la cara en su vagina. ‘¿Huele bien? ¿En rica? –me preguntó mientras seguía presionándome con ambas manos. “Hace años que nadie me come la concha, ¿me la comerías vos Raúl?”, me suplicó y se la comí toda. Empezó a gemir con más intensidad, se mordía los labios y se acariciaba las tetas y me pedía que le hundiera más la lengua. “Voy a acabar, mordeme el clítoris, méteme algún dedo en el culo, por favor Raúl, me estoy volviendo loca, quiero acabar ay ay aaay”, gritó y se desplomó en la silla.

    “Ahora te voy a revisar yo a vos”; me dijo mientras me iba desabrochando uno a uno los botones de mi delantal. Le costó abrir el pantalón por la presión que hacía con mi miembro de la erección tremenda que tenía. “Tiene buen tamaño, es grueso y responde a los estímulos”; me dijo mientras lo acariciaba y me daba un beso. Me comió la boca y la pija se me puso un poco más dura. “Este va a ser el secreto entre vos y yo”, me tranquilizó.

    Me empujó con suavidad y me invitó a que me sentara en la silla de revisación. “Ahora voy a meterlo en mi boca para ver si está todo bien”; me dijo como imitándome. Y empezó a mamarla con desesperación. Se la metía tan hasta adentro que se le llenaban los ojos de lágrimas. Me pasaba la lengua desde los huevos hasta la cabeza y cada vez se la metía un poco más hasta que quedó con sus labios pegados a mi pelvis. “A su edad – agregó con tono médico – no es buena la acumulación de esperma porque le puede traer problemas en la próstata”.

    Me incendió la cabeza y tenía la pija a punto de explotar. Corrió la silla más para atrás me empezó a lamer también el culo mientras con la mano me masturbaba. Subió lentamente con la lengua hasta la cabeza y cuando se la volvió a meter en la boca traté de correrla porque iba a eyacular. Le dije que estaba por acabar, para avisarle, pero su respuesta fue decidida. “Dámela toda”, me suplicó y en lugar de correrse presionó con sus labios la cabeza de mi pija y se tomó toda la leche. “Qué rica y calentita leche que tiene doc. Lo voy a anotar en la historia clínica”, dijo mientras seguía lamiéndola como para que no quedara ningún rastro de esperma.

    “Ahora quiero una revisión a fondo”, me dijo. “Quiero sentir esa hermosa poronga bien adentro mío”, me advirtió. Y se trepó hasta quedar con su vagina a centímetros de la pija. La acercó y en lugar de metérsela empezó a frotarse con mi miembro. “Es tan gruesa, está tan dura, tan caliente”, me decía mientras se frotaba el clítoris con mi verga al palo y me pedía que le chupara las tetas. “Meteme los dedos en el orto, estoy muy caliente, quiero esa pija hasta las entrañas”, me suplicó y dejó de frotarse para metérsela hasta el fondo con un solo movimiento. Me empezó a comer el cuello y gemía con una voz dulce que me volvía loco.

    Se quedó quieta como esperando que su vagina estuviera toda cubierta con mi pija y empezó a moverse hasta que mi pija desaparecía en su entrepierna. Tengo un miembro normal pero es gruesa, eso me trajo más alegrías de las esperadas a la hora del sexo. “Me llenás toda Raúl, que buena pija, la quiero toda, dame fuerte, cógeme toda, quiero que me cojas toda. Cogeme fuerte, la quiero toda, ay, ay, ay”, gemía muy puta y me refregaba las tetas por la cara. “Mordelas, chupalas”, me pedía mientras seguía subiendo y bajando como en cuclillas. Tuve que contenerme para no acabar, quería cogérmela bien. Se sabe que si te cogés bien a una mina, te la volvés a coger.

    Siguió cabalgando hasta que volvió a acabar, sentí como sus jugos se chorreaban por mi pija que estaba cada vez más dura. Me apretaba los huevos con ambas manos como tratando de metérselos también en la concha. Se puso en cuatro y me levantó el culo. “Ahora la quiero por atrás”, me avisó. Se inclinó un poco más y me abrió los cachetes para que pudiera apreciar el hermoso culo que tenía. Estaba dilatado, mi dedo con sus jugos se deslizó en su orificio sin ninguna resistencia.

    Era perfecto, lo tenía parado y sin estrías. Los cachetes bien redondos y proporcionados. Se abrió un poco más con las tetas apoyadas en la camilla y tenía una espalda tan delicada que los pechos sobresalían por ambos costados cuando hacía presión en la camilla y me pedía que le diera por culo.

    “Rompémelo Raúl, hacemelo. Hace años que no me rompen el culo”, me suplicó y cuando se la apoyé traté de que entrara suavemente. Con el grosor de mi pija para el sexo anal era conveniente quedarse quieto hasta que los músculos se dilataran, pero ella quería otra cosa, quería que me la cogiera con violencia y me volvió a pedir.

    “Rompémelo todo, por favor”, y empecé a bombear con fuerza agarrándola de las tetas y los cachetes del ojete. “Que buena cogida, la quiero toda, lléname el culo de leche, rompémelo todo, ay ay aaayy” gritó y al mismo tiempo de mi pija salió un chorro caliente de leche que le llenó el orto. Me quedé un rato quieto, con la pija todavía parada, como si la tuviera clavada en su culo. No quería sacarla de ese agujero calentito y perfecto.

    Quedamos exhaustos, agotados, a los dos nos temblaban las piernas y estábamos plenos y relajados. “No le digas nada a mi madre”, me recordó como si hiciera falta. “Hay riesgo de que me convierta en tu paciente crónica”, me dijo mientras me besaba otra vez la pija, todavía chorreante de leche y sexo. M hizo otra mamada magistral pero esta vez le acabe en las tetas. Se lamió los lechazos en los que llegaba con la lengua y se trató toda la leche barriendo con uno de sus dedos y llevándoselo a la boca.

    Increíble, pero después de mucho tiempo me había echado tres polvos en una tarde. Me sentía un pendejo a pesar de mis 47 años. Y asi es que hace unos meses estoy en esta relación prohibida pero llena de placer con la hija de mi mujer. Los lunes de 14 a 16 no suelo tomar turnos desde que Yanina me pide sexo en el consultorio.

    Por ahora le doy para adelante pero sabiendo que esto puede terminar mal. Mientras tanto disfruto de la vida que es una sola y de esta pendeja que está recaliente y quiere pija en mi consultorio por lo menos una vez por semana.