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  • Consejos de una prostituta

    Consejos de una prostituta

    Se dice que el cerebro es el más importante órgano sexual.

    Yo diría que el hombre cuando aplaca un poco su carne, generalmente luego de los 50 años, con suerte logra entenderlo. Yo Claudia, con 32 años, tengo un cliente que pidió aprender aquello que no logra la lengua y menos un gran y orgulloso pene erecto. Estos alumnos vienen casi a cero, creyendo que todas los abundantes encuentros, como embestidas de toros fue lo mejor para su acompañante a la que pagaron y les fingió con destreza un orgasmo.

    Vendedoras de efímero placer. Maduramos en la carrera y mejoramos luego de los 30. Solemos ser psicólogas del hombre, que no logra abrirse con su mujer. Si se deja, lo educamos.

    Le damos eso a riesgo de perder el cliente, la sutileza sexual para conquistar a su mujer que creen frígida. No es culpa de ninguno, pero si el entiende los detalles simples y perfectos, por una actitud de control y admiración, a la imperfecta belleza de ella. Esa belleza a veces se desperdicia.

    El buen alumno aprende a mejorar en estos factores:

    • A) Darle la seguridad de que es muy bella. En general lo son pero ahí el no logra trasmitirlo.
    • B) Dejarla ser, no creas que siempre es la moral mamá. Seguro la más estructurada del día a día puede soñar las fantasías qué tu no te atreves a proponerle.
    • C) Hazla tuya, necesita sentir tu poder.
    • D) Tu placer viene cuando arranca el de ella. Motivada recorrerá tu cuerpo como una montaña con altura y llanura de espasmos regalados con su lengua con misteriosos huecos que descubrirá con pasión. Si no pides ni presionas, una mujer necesitará tu fuerza para excitarse.
    • E) Todas mayoritariamente quieren su macho alfa y allí servil y vulnerable (el acting esperado) no habrá poro que no explote.
    • F) Recuerda, un poco de adulación y dejarla ser centro. Ahí ella se pondrá a tus pies y entrará a todos los terrenos vírgenes que no conociste, aunque hayas conocido mil.
    • G) Se inteligente y verás que la mejor puta duerme en tu cama todos los días.

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  • Ari: Prisionero de mi piel (2)

    Ari: Prisionero de mi piel (2)

    Desde aquel día, mi vida dejó de ser la misma. Jordan comenzó a aparecer con frecuencia cerca de mi casa, como si el barrio entero se hubiera convertido en su terreno de cacería y yo en su presa favorita.

    Cada vez que yo salía, ahí estaba él. Apoyado en una pared, con los brazos cruzados, mostrando sus músculos como si lo hiciera sin darse cuenta. Su voz grave se imponía en el aire apenas me veía pasar:

    —Hola, preciosa… ¿a dónde tan solita?

    Yo bajaba la mirada al suelo, con el rostro encendido, murmurando un tímido “buenas tardes”, apenas audible. El corazón me latía con fuerza, y aunque quería escapar de esa presencia tan intimidante, algo dentro de mí me mantenía cerca, atrapado en el magnetismo de sus palabras.

    Cuando iba a la tienda por pan o por alguna golosina, él siempre encontraba la manera de interceptarme. Se inclinaba hacia mí, su sombra enorme cubriéndome, y con una sonrisa burlona me lanzaba un piropo que me dejaba sin aliento.

    —Con esas piernotas y ese culaso, cualquiera se vuelve loco, Ari. Estas bien rica chiquita.

    —No te escondas, Ari… que no te voy hacer nada que tu no quieras.

    Yo temblaba, apretando las bolsas en mis manos, sin atreverme a responder. Me decía a mí mismo que estaba equivocado, que él pensaba que yo era una mujer, que todo era un error. Pero en el fondo, algo en su insistencia me hacía sentir viva, deseada de una forma que jamás había imaginado.

    Jordan jugaba con mi timidez. Si me veía sonrojar, reía satisfecho, como si disfrutara mi vergüenza. Si intentaba alejarme rápido, aceleraba el paso y me bloqueaba el camino, obligándome a mirarlo, aunque fuera unos segundos.

    —Mírame, princesa… ¿qué te cuesta regalarme una sonrisa? —decía con esa voz gruesa que hacía vibrar mi pecho.

    Y yo… obedecía. Sonreía nerviosa, bajando los ojos al instante, sintiéndome diminuta frente a él.

    Con el tiempo, esa rutina se volvió inevitable. Cada salida era un encuentro con Jordan, cada compra en la tienda, un momento en que mis secretos temblaban de salir a la luz. Y aunque mi razón me gritaba que debía alejarme, mi cuerpo, mi alma entera, empezaban a rendirse ante la intensidad de su presencia.

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  • Como nació mí deseo de ser un cornudo

    Como nació mí deseo de ser un cornudo

    Tengo una esposa maravillosa, tenemos aproximadamente 15 años juntos y hace 7 años pasamos momentos difíciles en nuestra relación. Estábamos envueltos en la monotonía del trabajo y la crianza de los niños, nuestras relaciones íntimas eran muy rutinarias y no dedicábamos el tiempo suficiente a nuestra vida de pareja, siempre era por trabajo o por no tener quien se quedara con los niños.

    Hasta que un día estábamos viendo una serie de televisión y boom… salió una escena donde el esposo se sentó en un sillón y le dijo a su esposa cierra los ojos qué te tengo un regalo, ahí se partió mi vida con esa escena, comencé a investigar, a indagar en las redes que era eso que había visto, que era algo nuevo y que me había quedado dando vueltas en mi cabeza, y que me había generado mucha excitación imaginarme en una escena así con mi bella esposa.

    Lo mas complicado en ese momento era como le mencionaba a ella lo que estaba pasando por mi cabeza, aunque ella estaba viendo la tele conmigo cuando salió esa escena, ella también se sorprendió, pero su reacción fue que este mundo estaba bien loco y sin valores. Esto último era lo que mas me llenaba de temor en decirle algo en relación a la escena que habíamos visto.

    Hasta que un día estábamos haciendo el amor y en la calentura del momento solté la bomba “te gustaría que otra persona participe con nosotros haciendo el amor” y para tan mala suerte que su reacción fue parar y preguntar que si yo quería estar con otra mujer y salió de esa habitación muy rabiosa, ¡pensé que hay se había acabado nuestra relación para siempre!…

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  • Mejores amigos

    Mejores amigos

    Geo y Fabricio habían conocido a Larissa y Edy a través de una aplicación para parejas. El interés fue inmediato para todos, tal vez no supieron explicarlo, pero había algo entre ellos que despertaba un sentimiento recíproco y una identificación muy íntima. Mismas edades, hijos, deseos, todo los hacía muy unidos. No tardaron en hablar en grupo sobre sus deseos, fantasías y placeres. Pasó el tiempo y la amistad creció. Separados por muchos kilómetros, un día finalmente decidieron encontrarse cara a cara, para poder abrazarse, besarse, abrazarse y hablar de tantas cosas que seguramente no sabrían dónde parar.

    Planeaban hacer un viaje corto de fin de semana y acampar juntos les parecía una gran idea. Buscaron un lugar tranquilo. Eligieron el Parque Nacional a mitad de camino. El mayor desafío entonces fue poder dejar a los niños con sus familiares o amigos. Fue difícil, pero una vez logrado, comenzó la verdadera planificación. Los novios dejaron su coche a primera hora de la mañana, con todo listo para encontrarse en el camping sobre el mediodía, aprovechando su primera cita para quizás encender un fuego, hacer una barbacoa y brindar para celebrar el momento.

    Fue espectacular y pronto se rompió el hielo, estaban preparando bebidas y estaban preparando la carne, y todos compartieron un momento especial. Al final de la tarde caminaron juntos, visitaron una cascada cercana al parque y decidieron regresar al campamento antes del atardecer y el frío de la noche. Pero ahora Geo y Edy, que habían entrado al agua y estaban mojados y fríos, siguieron adelante solos. Lari y Fabri se quedaron hablando un poco más antes de regresar. Una vez en el campamento y tiritando de frío, la negra se dirigió directamente a uno de los baños donde se entregó al confort de la ducha caliente.

    Se dio cuenta de que había olvidado la toalla, el champú, el jabón y la ropa seca, pero como tenía su celular consigo, llamó a Edy para pedirle algunas cosas. Rápidamente arregló todo y fue al baño donde ella lo esperaba bajo la lluvia que corría por su cuerpo de ébano. Tocó la puerta, la abrió lentamente, lo miró que aún estaba sin camisa, lo tomó del brazo y lo arrastró hacia adentro con ella y bajo el agua. Con sus cuerpos apretados, se besaron desesperadamente al mismo tiempo que ella le arrancaba la ropa al marido de su amiga. Apoyándola contra la pared, Edy se arrodilló y besó el cuerpo de Geo, deteniéndose justo entre sus piernas para disfrutar chupando su rosado y delicioso coño.

    Les encantaba todo, y Ge estaba loca de lujuria, besando la boca de ese hombre que tanto alimentaba sus fantasías. Pensó que a Fabri le encantaría verla entregarse a su amigo, pero no estaría dispuesto a esperar a que él llegara. Ella quería que la llevaran en ese mismo momento. Edy se imaginó a Larissa, hablándole al oído, diciéndole: “Cariño, fóllate muy bien a esta negra para que siempre recuerde cada centímetro que la penetraste”. Él la levantó sobre su regazo con los brazos y ella sostuvo su polla y la guio dentro de ella. Pronto Edy ya estaba completamente dentro de Negra.

    Dentro y fuera una y otra vez. Podía sentir todo su eje llenándola. Sin duda fue maravilloso ver estos cuerpos mojados poseyéndose unos a otros con tanto deseo. Ge no tardó mucho en empezar a correrse en su polla. Sosteniendo su cabeza a los lados y llevándola a su boca, se arrodilló frente a esa polla que tanto placer le había dado. Lo sostuvo fuerte y lo lamió desde las pelotas hasta la cabeza. Levantó la mirada, miró directamente a los ojos de Edy y dijo que era hora de que se corriera. Ni siquiera le tomó 1 minuto explotar de placer en la boca de Ge en innumerables chorros de semen cálido y espeso.

    Amaba cada segundo, amaba la situación, el calor del cuerpo, el beso, la penetración, y amaba el sabor de la alegría que ya era parte de ella.

    Al mismo tiempo… Larissa y Fabricio los vieron irse y pensaron en lo hermosos que se veían juntos. Lari rápidamente comenzó a tomarles fotos desde la distancia, pero también fotos de Fabri observando.

    Él no pensó que merecía estos destellos y le pidió que aterrizara porque quería inmortalizar su imagen en el paisaje. Ella pensaba que era preciosa, pensaba que era el tipo de persona que luce hermosa desde cualquier ángulo, con ese magnetismo único para ser retratada. No podía dejar de hacer clic, a través de las fotos pudo ver a detalle cada parte del cuerpo de esta musa. Las fotos eran cada vez más íntimas y cada vez más cercanas. La atmósfera se volvió mínima. En algún momento entre una foto y otra, sus bocas estaban pegadas y los besos eran intensos. Sus lenguas continuaron calentando sus cuerpos y ya no les importaba el frío.

    Fabricio ayudó a Lari a levantarse, levantándola sobre una gran roca horizontal. La musa estaba ligeramente encima de él, pero continuaron besándose con deseo, hasta el momento en que las manos de Fabri comenzaron a recorrer el cuerpo de la rubia, desde su vientre hasta su torso. Pronto él ya le había arrancado la blusa y su boca se perdió en sus perfectos senos y pezones. La recostó entera sobre la fría superficie de la piedra, y la excitación recorrió su cuerpo junto con la percusión de sus manos. en algún momento entre besos y caricias, quedaron desnudos.

    ¡La imagen de ellos entrelazados sobre la piedra era ciertamente hermosa!, y lamentaron que Ge y Edy no estuvieran allí para grabarla, pero definitivamente la arreglarían más tarde en la tienda. Fabri la puso a cuatro patas, le separó un poco las piernas y por detrás entrelazó sus brazos levantando su cuerpo y llevándose su coño a su boca. Le encantaba todo esto, su sabor a miel, llenando la boca de Fabri desde el coño hasta el ano. Larissa temblaba con cada succión. Su lengua logró capturar cada vibración que emitía su cuerpo. No se detuvo hasta que sintió su semen invadir su boca. Pero tampoco paró cuando continuaron devorándose mutuamente durante un 69.

    Ya era de noche, pero no les importó, ella quería sentirlo, quería sentir su semen en sus entrañas, y se sentó en su regazo para montar esa aventura. De frente y con los pechos en la cara.

    Saltó una y otra vez sobre el sexo de su nuevo amante. El fuego estaba en el aire, y los jadeos cada vez más intensos anticipaban un orgasmo explosivo que pronto inundó a Larissa con la abundante leche de Fabri. Estuvieron pegados (literalmente) a esa roca durante varios minutos. Se miraron, rieron, pensaron una vez más en cómo sería esa noche juntos en la tienda. Unos minutos después, tomaron el mismo camino que un rato antes habían tomado sus amores. Se veían hermosos.

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  • Compadre que no le agarra a la comadre las caderas

    Compadre que no le agarra a la comadre las caderas

    Mi esposo tiene un amigo que es un patan, simpático, servicial, espléndido…. pero un patan.

    Lo conoció en el club de chopoers, es como 10 años más grande que el, desde que éramos novios su amigo ya estaba casado y tenía un hijo.

    Este tipo me veía de pies a cabeza y le decía a mí entonces novio, “presta para un domingo en la tarde” y se reía.

    Me veía con un vestido ajustado y enfrente de mi novio y el resto de amigos me decía cosas como “unos brinquitos para los cuates”, es un tipo simpático y hasta me sacaba una risa.

    Para nuestra boda, nos regaló el viaje de luna de miel, en la comida que nos anunció el regalo, me dio un abrazo y me dijo al oído, “yo quiero ser padrino de claveles”.

    En la fiesta de la boda, fue él y su esposa a tomarse una foto con nosotros y cuando estábamos posando bajo la mano y me agarró las 2 nalgas, no una tentadita ni rose, con toda la mano agarro y apretó cada una de mis nalgas.

    Nos pidió ser padrinos de la primera comunión de su hijo de 12 años, en la fiesta, andaba ya con la novedad diciéndome comadre y abrazándome mucho, el “compadre“ ya con un par de copas empezó a acariciar mis piernas y en un momento tuve que apretarlas por que ya casi me alcanzaba mi panochita.

    Y así pasaron 10 años, con muchas situaciones similares en reuniones y fiestas familiares.

    Pero no van a creer lo sucedido este fin de semana pasado.

    El sábado yo tuve una despedida de soltera, mi esposo estaba de viaje de trabajo e iba a llegar a tiempo para ir por mí a la despedida, como yo iba a terminar tarde no me quería ir en coche por qué no manejo de noche.

    Por la temática de la despedida iba muy provocativa, con tacones altos, falda corta y escote, por lo que no quería tomar Uber tampoco y como él iba a llegar en avión como a las 10:00 de la noche, se acomodaba perfectamente para irme con una amiga que vivía por mi rumbo y como ella tenía otro evento, no me podía regresar con ella, pero el iría por mí como a las 2 de la mañana.

    Como a las 11 de la noche me llama mi esposo y me dice que ya habían abordado pero el avión no salió por mal tiempo, pero que ya había hablado con el compadre para que le hiciera el favor de ir por mi.

    No me encantó por lo que ya les platiqué y además iba con ropa que seguramente le iba a excitar y me iba a estar diciendo cosas.

    Dicho y hecho, llegó a las 2 de la mañana y me vio y dijo “que hermosas piernas, a qué hora abren”.

    Había sido una fiesta muy divertida y tomé un poco, por lo que andaba de muy buen humor, no vi tan mal el comentario y me reí.

    Cuando llegamos al carro me topé con 2 sorpresas.

    Venía su hijo que es mi ahijado, muy arreglado, ya es un hombre de 22 años, pero siempre anda en ropa de ejercicio porque es muy deportista y está becado en la universidad y verlo así me sorprendió, porque nunca se viste así y nunca sale a fiestas, lo saludé de beso y le dije, “que guapo, que rico hueles”, me abrazó de la cintura y me pego mucho a su cuerpo, hasta me sonroje.

    La segunda sorpresa fue que venían en una camioneta pick up de cabina sencilla, teniendo otros vehículos, por que escoger una donde iríamos los 3 apretados, claro, el compadre quería aprovechar y tenerme pegada.

    Peor aún, la camioneta era estándar y cada que hacía cambios tocaba mi pierna.

    Pero además mi ahijado, desde que se subió, me puso una mano en el muslo y no la quitó en todo el viaje, solo la movía a lo largo del muslo y subía la falda hasta casi verse mi tanga.

    Llegamos a mi casa y me dijo el compadre, te acompaño a la puerta, le dije, no es necesario, pero no le importo y me siguió, me despedí y abrí la puerta, intenté entrar rápido y se metió el compadre diciendo, necesito hablar contigo.

    Cerró la puerta y le dije, no compadre, no hay nadie, el contestó, mejor.

    Me abrazó fuerte y comenzó a besarme el cuello y manosearme, le dije, por favor suéltame, me dijo, ándale, estoy loco por ti solo quiero un ratito de ti.

    Me insistió diciendo, solo dejarme lamer tu clítoris, dame unos minutos y si quieres que me vaya me voy.

    Habían sido tantos años de su parte deseándome y yo venía tan enfiestada que pensé, un sexo oral no está mal.

    Por lo que le dije, ok, te dejo lamerla un poco y te vas.

    Inmediatamente me sacó la tanga, abrió mis piernas y comenzó a comerme la panochita, con un gozo enorme de su parte.

    Yo me relajé y comencé a disfrutar, sus manos alcanzaron mis pechos y los sacó de la blusa y sosten, al tiempo que su lengua daba vueltas en mi clítoris, sus manos acariciaban mis 2 pezones.

    Mi panochita estaba toda dilatada, me cabía cualquier cosa en ella, estaba camino a tener un orgasmo y de pronto se levanta y tenía la verga de fuera, estaba enorme y firmemente erecta, y me dice, ¿crees que te quepa esta?

    Para lo patan que era, pensé que estaba siendo muy decente al preguntar, yo hubiera pensado que solo me la hubiera metido.

    Me quede viendo la verga y mi panocha la estaba deseando, por lo que le contesté, móntame de una vez.

    Se subió en mí y me penetró, estuvo bombeando y yo ya estaba suelta gozando el momento, cuando me dice al oído.

    Tu ahijado ya tiene 22 años y no ha cogido, se la pasa en el deporte y no ha tenido novia, hace días me confesó que se masturba pensando en ti.

    Te quiero pedir que seas su madrina de primera vez y se meta a cogerte, está allá fuera oyendo tus gemidos, seguro está más que listo.

    Me sorprendió mucho, pero estaba tan cachonda que le dije que si.

    Se paró, abrió la puerta y entró mi ahijado con muchos bríos, se quitó de inmediato la ropa y se subió en mi, me penetró y bombeaba como todo un atleta, como a los 5 minutos sentí que se vino, sentí toda su leche caliente dentro de mi, pero no sacó la verga y seguía entrando y saliendo.

    De repente me puso en cuatro y siguió, tuve un orgasmo pero estaba eso tan intenso que lo dejé seguir, con mucha desesperación se sentó y me puso encima de él, uno frente al otro cogiendo.

    El eyaculaba una y otra vez y no se detenía, mis orgasmos llegaban pero yo continuaba, por lo menos ya llevábamos 5 palos sin que me sacara la verga.

    De pronto recordé al compadre y estaba sentado en una silla grabando todo con su celular.

    La verdad poco me importó y seguí ordeñando a mi ahijado.

    Fueron horas deliciosas, llegó el amanecer y mi ahijado me subió en brazos a mi cuarto.

    Mi compadre me envió el vídeo, el cual lo he estado viendo toda la semana.

    Ahora que vea a mi ahijado le diré que no se distraiga con novias y que siga con el deporte, que si un día necesita un desahogo, nos ponemos de acuerdo.

    Y cuando vea a mi compadre le diré:

    “Compadre que no le agarra a la comadre las caderas, no es compadre de adeveras”

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  • Chica mañanera

    Chica mañanera

    Me desperté sobre las 6 de la mañana, el sol aún no había salido y el frío inundaba mi habitación mientras despertaba cálidamente entre las sábanas y el colchón. Desactivé la alarma, estuve mirando al techo unos segundos para planear todo lo que iba a hacer durante el día (que iba a ser la rutina de siempre): Prepararme sobre las 7, ir a trabajar, volver a las 2, comenzar a estudiar sobre las 4 y cenar a las 10, simple.

    Agarré el móvil y comencé a deslizarme entre las historias de la gente en Instagram, al acabar me metí a reels y mi algoritmo no me falló, lo primero que veo es una chica vestida de negro, labios negros oscuros y una mirada atrapante, sentí cositas ahí abajo, dejé escapar un corazón con mis dedos. Seguí scrolleando, mi calentura iba aumentando cada segundo, no pude resistirme, tenía que hacerlo.

    Tenía puesto un pijama rosa y unas bragas. Para estar más cómoda y por lo caliente que estaba me desnudé sobre mi cama. Dejé al descubierto mis pezones, tensos y sensibles por el frío de mi dormitorio. Mi coño, suave y depilado, estaba ansioso de que lo manosease. Puse una toalla sobre la cama y me tumbé de nuevo con las piernas abiertas y el coño al descubierto. Pasé las puntas de mis uñas por todo mi cuerpo, recorriendo cada curva y colina de mi figura. Mi respirar hacía que mi vientre subiese y bajase de forma muy sensual.

    Comencé con la búsqueda en mi página web favorita de contenido para adultos. Quería algo sexy y femenino… ¿por qué no una mujer masturbándose?. Mientras scrolleaba, ahora en una página porno, me toqueteaba los labios para que no se me enfriase el deseo de masturbarme, ninguna mujer querría empezar un día con un dedeo frustrado ¿no? Quiero pensar que no. Mi vagina estaba cada vez más húmeda con todos los videos que me aparecían pero uno me llamó especialmente la atención. La actriz era bellísima, tenía unas tetas muy lindas, una mirada dulce y un cuerpo perfecto “Este es” pensé en mi cabeza de mujer hormonal y masturbadora crónica.

    Me eché lubricante en el coño para después frotarme suavemente y esparcirlo por toda mi entrepierna. Deslizaba mis dedos en círculos sobre mi conejito sensible excitándome mientras la actriz hablaba dulcemente a la cámara con una mirada atrapante por sus ojos claros. Recorrí mi dedo medio entre mis nalgas metiendo ligeramente la yema dentro de mi ano sin que este opusiera resistencia, dejando que mi dedo deslizase dentro de él. Parte del lubricante me lo eché en las tetas haciendo que estas reflejasen la luz de las farolas que penetraban entre los agujeros de la persiana de mi ventana.

    El dedo que antes estaba en mi ano me lo metí en la boca para saborear el lubricante de melocotón, mis papilas gustativas y mis hormonas explotaron de placer a sabiendas de que ese sabor tan dulzón provenía directamente de mi culito. La chica se toqueteaba por encima, estaba abierta de piernas con su vulva apuntando directamente a la cámara.

    Cuando la modelo empezó a masturbarse comencé yo también. Me metí dos dedos en mi vagina para darme placer mientras miraba a los ojos de la actriz, mi vista recorría su mirada, sus labios, sus tetas, su coño y su ano que tenía un plug azul. Al principio traté de seguir el ritmo lento y sereno de ella pero conforme iba avanzando más rápido me iba dedeando independientemente de lo lento que fuese ella. Me excitaba masturbarme viendo a otra mujer tocarse, me encantaba mirar a sus ojos y saber que siento lo mismo que siente ella, que ambas estamos disfrutando de nuestra sexualidad.

    Mi coño estaba más mojado y pringoso que nunca, mis fluidos más el lubricante hacían que el mis dedos estuviesen viscosos. Me metí los dedos en mi boca para de nuevo saborear el melocotón esta vez mezclado con mi líquido vaginal.

    La chica del vídeo agarró un vibrador que tenía al lado, se lo puso encima del clítoris y empezó a masturbarse. Yo hice lo mismo: saqué mi juguete del cajón de noche, después de comprobar que aún tenía batería (aunque poca) lo puse encima de mi clítoris y lo encendí. Inmediatamente una sonrisa dibujó mi cara, empecé a soltar ligeros gemidos por lo cachonda y excitada que estaba. Fui frotando la vibrante cabeza del juguete por todo mi coño en círculos.

    Cuanto más lo apretaba contra mí más intenso se sentía y más excitación creaba en mi. También introduje la cabeza del vibrador varias veces dentro de mi vagina, se sentía tan placentero que me era imposible no gemir. No tardé en tener un orgasmo acompañado de un agudo grito que me hizo soltar un pequeño chorro que mojó parte de la cama y mis muslos.

    Tras el orgasmo me quedé un rato viendo cómo la modelo seguía disfrutando de ella misma. Entonces ella agarró un dildo enorme y empezó a frotar su glande entre sus labios vaginales. Abrí el mismo cajón de los juguetes y agarré un dildo rosa de 16 cm, eché lubricante sobre él, lo masturbé con mis manos para lubricarlo del todo y me lo metí en mi coño mojadísimo, caliente y dilatado. Fui penetrándome con un ritmo lento al igual que la modelo, disfrutando de cada centímetro de mi juguete y de cómo su textura rozaba con mis húmedas y excitadas paredes vaginales. La actriz entonces fue aumentando su ritmo, cosa que yo también hice.

    Conforme iba subiendo el ritmo de las penetraciones más excitada me estaba sintiendo y más costaba contenerme los gemidos. Tras un rato follándome con el dildo alcancé el orgasmo por segunda vez soltando otro chorro pero esta vez la chica del video también se corrió encima y gimió por todo lo alto. Ella no paró de masturbarse frenéticamente motivándome a hacer lo mismo, después de mi orgasmo sin segundos de descanso volví a meterme el dildo en el coño y follarme tan rápido como antes. De nuevo, tuve otro orgasmo y otro chorro más potente que me hizo soltar el gemido más alto hasta entonces.

    Solté el móvil y empecé a frotarme el clítoris con una mano mientras que con la otra me penetraba a mí misma con mi espectacular dildo el cual estaba mojadísimo. La velocidad y la intensidad con la que me masturbaba eran tan exageradas que hacía mover toda la cama y que mis brillantes y puntiagudos pechos no parasen de botar. Seguí escuchando los gemidos de la modelo cosa que facilitó aún más mi excitación haciendo que alcanzase mi último orgasmo de esa mañana.

    El video terminó, yo estaba exhausta y satisfecha con mi trabajo. Me quedé un buen rato tumbada lamiéndome los dedos mientras me tranquilizaba después de tal frenesí sexual. Mi cuerpo volvía a enfriarse. Miré la hora, eran las siete menos cuarto. “Toca prepararse” me dije a mi misma, dando por concluida mi rutina mañanera.

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  • No toques mi guitarra (versión relato)

    No toques mi guitarra (versión relato)

    Romina vio por la mirilla. Afuera, Tristán esperaba con las manos metidas en las grandes bolsas de una chamarra color verde olivo, viendo nerviosamente a ambos lados. Enfadada pero respirando lento para tranquilizarse, Romina lo dejó allí y volvió al cuarto. El sol de la tarde entraba por el gran ventanal del balcón, se colaba por la delicada cortina anaranjada e impregnaba todo en el cuarto: los bordes de dos camas individuales; la guitarra de Romina, momentáneamente detenida sobre su cama; los hombros desnudos de Miranda.

    Romina dio una vuelta por la habitación, rápida, como un gato remolón que estuviera eligiendo dónde acostarse. Finalmente, quitó la guitarra de su cama, se sentó y se la puso en el regazo. A su lado, Miranda estaba ensimismada en el bajo; calcaba un ritmo que estaba en su mente, y que iba midiendo con los giros de su cabeza hacia un lado y hacia otro. Su pelo negro hacía olas con el movimiento.

    Tocaron a la puerta de nuevo.

    —Puede estar allí toda la tarde, Romina —le advirtió su amiga.

    —Ya lo sé —le contestó ella, llevándose las manos a la cara. —¡Carajo!

    Romina se levantó, fue a la puerta de nuevo y, sin abrir, preguntó con una voz grave y fuerte:

    —¿Qué quieres, Tristón?

    —Hola, Romi. ¿Está Casandra contigo?

    —Y, si estuviera, ¿qué?

    —Lo siento, Romi, de verdad no vendría a verte así, pero es que no sé por qué está molesta conmigo.

    Cuando Romina le abrió la puerta. Lo primero que vio Tristán fueron los brillos anaranjados que llegaban de las cortinas de la sala y del cuarto. A esa luz, los rizos cortos de Romina, entre castaños y pelirrojos, parecían fuego y su cara harta era como la de un querubín que quisiera fulminarlo.

    —Tristón, Casandra no está molesta contigo…

    —¿Puedo pasar? —la interrumpió Tristán —Me serviría mucho hablar contigo.

    Puede parecer por este diálogo que Tristán no le temía a Romina… ¡y sí que le temía! Ocurre que Tristán siempre encontraba lo bueno en las personas. Cuando Romina abrió la puerta, y después de su espanto inicial, interpretó que ella quería darle un consejo. Pero no. Romina solamente se había cansado de hablarle a la puerta y quería despacharlo pronto:

    —No, no puedes entrar —le dijo, con voz definitiva. —Estamos en ensayo.

    —¿Entonces Cassy sí está? —dijo Tristán y, por un segundo sus ojos ansiosos se iluminaron, como si le hubieran quitado un peso de encima.

    Romina tuvo que poner un brazo sobre la jamba de la puerta, preocupada de que Tristán intentara entrar. Es verdad que eso no era algo que Tristán, tan tímido… pero no quería arriesgarse.

    —No. Cassy no está aquí. Hoy no llegó al ensayo. Estamos sólo Miranda y yo.

    —¡Hola, Miru! —gritó Tristán, aunque no podía verla desde donde estaba.

    —¡Hola, Tristón! —le contestó Miranda desde adentro, con un tono risueño que buscaba molestar a Romina.

    Y consiguió molestarla. Romina cerró los ojos y pensó: “¿qué haces, Miranda? Saludar así de alegre a este infeliz es como invitar a entrar a un vampiro”.

    —Ya conseguí el disco que me pediste —siguió gritando Tristán. —Justo lo traigo.

    —¡Gracias, Tristón! —gritó de vuelta Miranda.

    A Romina le aterraba que su amiga y Tristán continuaran con su penoso diálogo de larga distancia, así que se recargó en la jamba con hartazgo y le hizo un gesto al chico para que pasara al departamento. Él fue directo al cuarto (“como Pedro por su casa”; Romina tenía la esperanza que no pasara de la sala), sacó un disco viejo de su mochila y se lo dio a Miranda. Ella se limitó a sonreírle… pero a Tristán le gustaba que Miranda le sonriera, con esa boca grande y esos ojitos cansados. Así, de alguna manera, era el pago que esperaba. A Tristán, tan emocionado por las épocas pasadas, le gustaban los discos, y a Miranda le gustaba mandarlo a buscar cosas.

    Caminando muy lento, Romina llegó al cuarto y se tiró a la cama con pesadez. Viendo alternativamente a las dos amigas, Tristán empezó a explicar su punto:

    —Chicas, necesito su ayuda. Son las mejores amigas de Casandra… hace seis días que no me responde. Estuve tocando a su puerta el otro día…

    —Sí… eso hemos oído —le dijo Romina, con algo de pena ajena.

    —De verdad no sé qué hice.

    —No hiciste nada, Tristón —le recordó Romina, cansada de tener que repetirlo. —Pero no eres el novio de Casandra. No le interesas así.

    —Pero ella y yo llevamos casi dos meses…

    —¿Qué? —le interrumpió Romina. —¿Cogiendo?

    Tristán se puso colorado. Casi sin querer volteó a ver a Miranda, que evitó su mirada, con una cara de vergüenza, como si quisiera decir “sss…, esa fue una verdad terrible”.

    —No la entiendo, chicas.

    “Este tipo no entiende nada”, pensó Miranda.

    —Un día me pide que vaya a verla, a las once de la noche. Otro día me dice que soy un estorbo —dijo Tristan, tomando la guitarra de Romina y tocándola cariñosamente. —Dice que a veces necesita mi compañía, pero que le harta que siempre esté allí para ella. Dice que soy demasiado y demasiado poco.

    Romina estaba estupefacta: mientras oía a Tristan, solamente podía pensar “mi guitarra… este infeliz, ¿qué se cree?”. Miranda, que veía a Romina pálida y desencajada, se reía para sus adentros. Cuando Tristán por fin terminó, Romina le arrancó la guitarra de las manos, diciéndole:

    —¡Epa! Vuelves a tocar mi guitarra y te vas a la verga de aquí.

    —Lo siento Romi… extraño tocar la guitarra —empezó Tristán. —¿Les he dicho que estuve en una banda indie en la preparatoria?

    —Tristón, literalmente estudié contigo —le contestó Romina. —Oí a tu banda tocar en todos los eventos de los que no pude escaparme.

    —Yo no. Cuéntame —se apresuró a decir Miranda, para molestar a su amiga.

    —Bueno, empezamos con cóvers de…

    —¿Les parece si regresamos a lo de Casandra? —dijo Romina, picándose los ojos y con el ceño fruncido.

    Miranda no pudo evitar reírse. Tristán, que sentía que las chicas iban a empezar a aleccionarlo, se sentó en flor de loto sobre el suelo. Desde allí abajo, veía a una y a otra, aún sentadas en sus camas respectivas, y las escuchaba con mucha atención.

    —A ver, Tristón —empezó Romina, tratando de tener paciencia. —Hace dos meses tuvimos nuestro concierto más importante hasta ese momento. ¿Entiendes? Incluso después de la gira, cuando regresamos, no esperábamos poder llenar ese lugar. Y fue una puta maravilla. Nunca nos habíamos sentido tan vivas. ¡Qué público! Y claro… era en casa. En la fiesta que siguió a eso estábamos un poco idas, y… bueno, Casandra necesitaba un festejo.

    —¡Sí, estaba muy alegre! —confirmó Tristán, inocentemente.

    —Y tú le gustaste, sí… a lo lejos. Y me pidió que los presentara… ¡Dios, no sé por qué pensé que sería una buena idea!

    —Ella también me gustó desde el primer momento —dijo Tirstán, como si estuviera jurando sobre la Constitución.

    —Tristán —concluyó Romina. —Ella sólo quería un “cojín”.

    —¿Cojín? —preguntó Tristán, entre extrañado y ofendido.

    —Un amigo en plenitud de derechos —trató de arreglar Miranda, al ver el efecto que las palabras de Romina estaban teniendo en Tristán.

    —Un compañero en la folladuría —trató de bromear Romina.

    —Una noche de pasión —añadió de nuevo Miru.

    —Una aventura inolvidable —precisó Romi.

    —Y ahora…

    —Después de estos meses…

    —Sólo quiere que la hagas sentir especial.

    —Sólo quiere que le digas “de verdad te necesito”.

    Esta secuencia cómica puso de muy buen humor a Romina, que se olvidó por un momento de las torpezas e impertinencias de Tristán. A él, por otro lado, la conversación lo estaba incomodando y excitando a la vez. No pudo evitar fijarse en cómo iban vestidas. Romina llevaba una playera gris muchas tallas mayor que ella, que le volaba sobre unas bermudas color lila. Miranda usaba unos shorts diminutos negros y una blusa de tirantes azul claro, que le dejaba ver sus hombros delicados y el primer tercio de su pecho. De las dos, solamente Miranda se dio cuenta de la manera en la que Tristán estaba viéndola. En sus ojos brilló una chispita de curiosidad y se dirigieron a los labios carnosos de él.

    —Siento que no la hago sentir especial —dijo Tristán

    —Nada repetitivo es especial, Tristón —le aclaró Romina. —La estás aburriendo.

    —Lo que necesitas —aventuró Miranda, —es precisamente no pensar en ella. Tomar algo de sana distancia.

    —Conectar un poco contigo mismo —añadió Romina.

    —Tendrías que poder soñar con otra persona —concluyó Miranda.

    —Y así, eventualmente, Casandra se dará cuenta de que no eres una molestia.

    Tristán se quedó pensativo un rato.

    —Mira, Tristón… —lo interrumpió Romina. —Lo ideal es que dejes de tomarte tan a pecho esta relación. Pero, si no puedes, al menos finge. Dile que conociste a una chica interesante… no, no guapa… sólo, qué sé yo, interesante. Y que has pensado (y no es que sea tu responsabilidad decírselo a Casandra, porque no son pareja, pero has pensado)… no lo sé, probar un poco de la fruta del Señor.

    —¡Ay, Romina! —se rio Miranda. —Tristón es un pésimo mentiroso. ¿Te acuerdas cómo hace un mes nos arruinó la fiesta sorpresa de Cassy? Llegando a casa de Indira, justo antes de que todos brincáramos a decirle “¡feliz cumpleaños!”, se puso nervioso y se empezó a reír como un pug con enfisema.

    Todos rieron al recordar. Miranda los vio y sonrió Se golpeó los muslos con las palmas de las manos, y se levantó. Los otros dos la siguieron, porque parecía muy decidida.

    —Bueno… —empezó a decir Miranda; Romina por un momento pensó que iba a echar a Tristán de la casa. —Si no puede ser fingido…

    Miranda se acercó a Tristán hasta estar a unos centímetros de su cara. Luego se quedó allí, unos segundo, sonriéndole con cariño y mirándolo a los ojos. Al ver que Tristán no la besaba, le preguntó, falsamente ofendida:

    —¿Que no te gusto?

    Tristán empezó a tartamudear una respuesta que tenía que ver con Casandra. Miranda lo tomó del cuello, lo atrajo hacia ella y lo calló con un beso.

    —Bueno… ésa también es una opción —comentó Romina, riendo.

    Después del primer beso largo, siguieron otros besos más breves. Las frentes y las barbillas cambiaban de posición, y Miranda se deleitaba en apretarse contra los labios carnosos de Tristán.

    —Este parece un beso de secundaria, Tristón. Así no vamos a resolver tus problemas con Cassy. Anda, tómame de la cintura.

    Al decir esto, Miranda tomó las manos de Tristán y las llevó a su cintura, al mismo tiempo que dejaba caer su pelvis contra la de él. Le echó los brazos al cuello y volvió a besarlo. Así, Tristán no pudo evitar tener una erección. Cuando Miranda la sintió, se le salió una sonrisa que interrumpió el beso e hizo que Tristán de ruborizara. Finalmente, ambos se rieron.

    —Ese sí fue un beso —confirmó Miranda. —Es buen material para que pienses, cuando quieras acordarte de Casandra y sientas que tienes que ir a buscarla.

    Siendo que sus shorts eran tan cortitos, a Miranda le impresionaba que Tristán no estuviera intentando tocarla más abajo de la cintura. Sus manos parecían algo agarrotadas. Pasaron un rato besándose, frotándose un poco las piernas en frente de Romina, hasta que Miranda decidió dar el siguiente paso. Se puso detrás de él y se pegó a su espalda. Le pasó los brazos por debajo de las axilas, tomándolo de los hombros en un abrazo extraño. Así agarrado, lo hizo girarse a ver a Romina.

    —Tiene labios muy dulces —le dijo a ella.

    —No me vas a convencer —le contestó Romina.

    —Anda. Ven. Yo sé lo que digo —insistió Miranda.

    Romina conservaba una cara de hastío, pero ya bastante fingida. Se acercó y puso su mano sobre el pecho de Tristán. Miranda recargó su barbilla sobre el hombro de Tristán, para escuchar el beso de cerca. Romina acercó sus labios a los del chico y los mantuvo así un momento, luego los pasó cerca de su mejilla, alejándose poco a poco. Y besó a Miranda.

    Miranda tomó a Romina de la nuca, encantada, y comenzaron a besarse apasionadamente con Tristán en medio.

    —¡Ay, Tristón, es sólo un beso! —le dijo Romina a Tristán, sonriendo con ternura, al sentir que la erección de Tristán creía. —Imagínate cómo estarías si nos estuviéramos tocando.

    Dicho y hecho, Miranda, todavía desde atrás de Tristán, metió una mano por debajo de la larga playera de Romina. Al principio sólo acarició cariñosamente el ombligo y la silueta, pero después subió y tomó el pecho. La playera caía sobre el brazo de Miranda, de forma que, salvo por un flashazo de la piel del vientre Tristán veía a Romina completamente vestida.

    —Ojalá pudieras ver lo que estoy tocando ahora, Tristón —dijo Miranda.

    Romina volvió a besar a su amiga y se quitó la playera. Los pechos de Romina, ni grandes ni pequeños, tenían la forma de una mitad de durazno y, cobijados por la luz de la tarde, a Tristán le parecieron tan flamígeros como su cabello pelirrojo. Sin embargo, no los tocó. Ese no era el estilo de Tristán.

    A Miranda le gustaba Tristán. O podía gustarle, de cierto ángulo. A Romina no, pero le halagaba mucho sentirse deseada. En ese sentido, quizá se parecía un poco a Casandra. Además, le gustaba la idea de compartir un hombre con Miranda. Por eso, en ese momento dijo:

    —Ojo por ojo.

    —Sí, Tristón, prenda por prenda —confirmó Miranda.

    Entonces Tristán, con sincera urgencia, se soltó el cinturón, se desabotonó, se bajó el cierre y se quitó los pantalones. Los dedos curiosos y delgados de Miranda bajaron hasta su miembro y, tras dibujarlo sobre la ropa interior, lo sacaron. De inmediato, la mano derecha de Miranda lo agarró con fuerza desde la base.

    —¡Se siente fuerte, Romi! —exclamó.

    —¡Muy bonito, Tristón, muy bonito! —agregó Romina.

    Romina se sentó en su cama e inspeccionó el pene. Tristán se recordaba el vello muy corto (para Casandra, probablemente), lo que hacía que el amigo de Tristán pareciera más grande. El prepucio se había retraído por la misma erección, y el color morado brillaba a la luz de la tarde.

    Romina acercó los labios al miembro de Tristán, los mantuvo allí, vio a los ojos al chico y dio un besito en el aire. Al sentir el soplo de ese beso, el pene de Tristán dio un brinco involuntario, que hizo reír a Romina.

    —¡Qué animado está “el amigo”! —se burló Romina.

    —Ahora imagínate que te lo soltara —le dijo Miranda, ligeramente amenazante.

    Romina finalmente retiró la cara y se tumbó sobre la cama. Empezó a hacer gestos lascivos, mordiéndose el labio inferior, pasando la lengua por los dientes y, por último, tocándose el pecho. Mientras hacía todo esto, Miranda empezó a masturbar a Tristán.

    —¿Cómo te vas a acordar de Casandra, teniendo esta belleza en tus pensamientos? —le susurró en el oído. —Romina es una diosa. Mira esos pechos, ese cabello

    —¿Vas a fantasear hoy conmigo, Tristón? —le preguntó Romina, con un tono anhelante, mientras seguía tocándose.

    Romina empezó a acariciarse los pezones en círculos y a gemir bajito. Miranda subió la velocidad con la que masturbaba a Tristón. Algunos cabellos, ligeramente húmedos por el clima, le caían a la chica sobre la cara.

    —Uff, hasta yo me caliento viendo esto, Tristón.

    Romina también necesitaba algo más. Se desabotonó las bermudas, se las bajó y se empezó a masturbar. Como la ropa le incomodaba para abrir las piernas, casi de inmediato se quedó desnuda por completo. Con las piernas bien abiertas y una mano agarrándose el pelo, Romina veía directamente a Tristán y, de tanto en tanto, a Miranda. Las chicas cambiaban miradas cómplices y se reían.

    —Me gustaría mucho verlos coger —dijo Romina.

    —¡No, no! —se apresuró a decir Miranda. —No puedo. Yo tengo novio.

    —¡No, Miru; no digas eso! ¿Para qué llegamos hasta acá entonces? —se rio Romina.

    —Pues, amiga, hay otra bonita pared donde podríamos poner esta escoba —mientras Miranda decía esto, jalaba el pene de Tristán hacia un lado y hacia otro.

    Romina asintió. Miranda y Tristán, pegados aún, el pecho de ella con la espalda de él, caminaron pasitos siameses hasta Romina. Miranda acercó el pene de Tristán al cuerpo de su amiga. Primero, lo presionó contra un muslo y lo masturbó fuertemente a todo lo largo del tronco. Luego, lo puso sobre el vello pelirrojo de Romina y, agarrándolo firmemente de la base, le acarició el glande. Miranda temía que Tristán se corriera en el estómago de su amiga… por suerte no pasó. Romina sentía en su vulva como los testículos de Tristán se contraían al ritmo de la masturbación.

    Finalmente, Miranda llevó el pene de Tristán a la vulva. Lo frotó una y otra vez, hasta que el glande, por la propia geografía del sexo de Romina, se detuvo en la entrada de su vagina. Miranda lo detuvo allí. Ella no presionaba y Tristán no empezaba la penetración. Ese no era el estilo de Tristán.

    —Miru, si lo empujas y haces que me la meta… te mueres —dijo Romina en un tono juguetón.

    Mientras, abría más las piernas y, con una mano, se separaba los labios vaginales. No porque, en esta posición, Tristán hubiera tenido algún problema en penetrarla si no los abría, sino porque quería hacer ese gesto. Le gustaba que Tristán la viera y la sintiera abierta. Estaba a punto de pasar.

    De pronto, sonaron unas llaves, luchando por abrir la puerta.

    —¡Casandra! —gritó Miranda, soltando de golpe el pene de Tristán.

    En medio de la confusión, el chico se metió debajo de la cama de Miranda. Justo cuando estuvo ya metido, Casandra entró al departamento. Romina se puso el pantalón y pateó la ropa de Tristán para esconderla. Como Miranda vio que Romina no tendría tiempo para llegar hasta su playera y ponérsela, ella misma se quitó la blusa de tirantes.

    En el cuarto entró una chica más alta que las otras dos, cuidadosamente maquillada, con una ombliguera y una chamarra de cuero que se quitó en el mismo momento de entrar. La chamarra cayó en la cama de Miranda y una de sus mangas quedó justo frente a los ojos de Tristán. Casandra no le estaba prestando mucha atención al resto de su banda; tenía cara de haber pasado por un día largo. En un solo movimiento, dejó su estuche en el piso, sacó su guitarra y se la puso al hombro.

    —Perdón por la tardanza. Mi madre necesitaba que… —entonces se dio cuenta de que sus amigas tenían el torso desnudo. —¿Ensayo en topless?

    —Estamos en nuestra casa, Cassy. No es un crimen destetarnos cada tanto, ¿verdad? —le dijo Romina, con la voz vibrándole por la tensión y la culpa.

    —Pfff, no —aclaró Casandra, horrorizada de siquiera pensar en que alguien la juzgara—. Claro que no. Ustedes hagan lo que quieran. Que para eso estamos aquí.

    Romina y Miranda le sonrieron con sinceridad. No sólo les gustaba saber que la banda era un espacio más o menos fuera de las reglas del mundo… también pensaban que podrían usar esa frase para justificarse si lo de Tristán se descubría. Romina hasta consideró terminar, más tarde, lo que habían dejado en pausa. En realidad no era un mal chico y su devoción tenía algo muy excitante.

    Pero ahora era momento del ensayo.

    —Bueno, ya. ¿Qué canción estaban tocando? —preguntó Casandra, y Miranda tuvo que mover la cabeza de un lado a otro, para llevar el ritmo y acordarse.

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  • Mi novia no es solo mía: Conclusión

    Mi novia no es solo mía: Conclusión

    Esa noche no fue propiamente cena, sino que picamos algo de fiambre, queso y pan, con abundante bebida frente al televisor mirando un programa de entretenimientos; los tres con vestimenta liviana y reducida después de un baño y preparados para el habitual descanso, descanso para ellas porque la vestimenta de ambas me harían trabajar manualmente descomprimiendo el apéndice que estaba al borde de la explosión.

    Las dos mujeres vistiendo camisetas largas y holgadas, teniendo abajo solo bragas, las tetas oscilando al mínimo movimiento corporal y con los pezones queriendo traspasar la tela, las piernas casi totalmente desnudas, las prendas íntimas apareciendo de a ratos según se acomodaban sobre el asiento, tuvieron como natural resultado que mi bóxer apenas pudiera contener la verga dura y erguida que largaba jugo lubricante haciendo cada vez más grande la mancha de humedad en la prenda; eso me llevó a poner sobre mi falda un almohadón para disimular bulto y mancha. En ese momento Elena se levantó a buscar algo en la cocina y Lara preguntó

    -“¿Tenés frío o estás ocultando algo?”

    -“No quiero parecer exhibicionista y por eso tapo lo que me pasa al mirarlas a ustedes”.

    -“¡Si serás degenerado!”

    -“Hermanita, te enojás sin razón y encima me estás insultando, yo te contesté educadamente y me duele tu respuesta”.

    -“Perdón, me salió sin pensar, vení déjame que te abrace”.

    Para corresponder a su muestra de cariño me pegué a ella, puse mis brazos en su espalda recorriéndola en suave caricia, diciéndole en el oído.

    -“Gracias hermanita querida”.

    -“¿Es verdad que estás excitado con solo vernos?”.

    -“Sí hermosa, desde que estoy sin novia ando así con frecuencia, y para que veas que no miento dame tu mano”.

    Y sin darle tiempo para reaccionar la llevé bajo el almohadón y encima de mi pija que sobresalía por arriba del elástico.

    -“Santo cielo, ¡cómo estás! Soltame la mano, no está bien que haga esto”.

    -“Por favor, no me dejés así, acariciá la cabecita, sentí el líquido que larga”.

    -“No te voy a hacer una paja, te toco un poco y ya está”.

    -“Bueno mi amor, empapá los dedos y chupalos, seguro que ahí acabo”.

    Y estuve a un paso de largar la leche al ver el gesto de placer con que los llevaba a la boca y luego de sacarlos recorría con la lengua para sacar algún resto que hubiera quedado.

    -“No puedo creer que acepte hacer lo que me pedís, conste que lo hago contra mi voluntad”.

    -“Por supuesto cielo, y por eso te lo agradezco tanto”.

    -“Malo, me pasaste la lengua por la cara”.

    -“Es que, de la misma manera que vos probaste mi sabor yo quiero sentir algo del tuyo, aunque no sea del lugar que más me gustaría”.

    -“Eso no va a suceder, te dejo, no puedo seguir en esto”.

    Y en el camino se cruzó con Elena que vino a sentarse a mi lado en el sillón.

    -“¿Qué le pasó a tu hermana?”

    -“Dijo que tenía ganas de acostarse”.

    -“¿Seguro que no pelearon?”

    -“Seguro, a veces la hago renegar un poco pero nada serio; lo que me tiene en efervescencia es el recuerdo de lo que hicimos esta mañana y que disfruté maravillosamente”.

    -“Mi recuerdo también me hace añorar ese placer, pero me parece que vos estás más motivado”.

    -“Es verdad y te voy a mostrar algo aun a riesgo de parecer grosero, mirá”.

    Y corrí el almohadón dejando a la vista más de la mitad de mi miembro sobresaliendo de la cintura del bóxer.

    -“¡Chiquito de mi alma! Guardá eso que puede venir tu hermana, encima parece que aumenta de tamaño por horas”.

    -“Quizá haya aumento de volumen, pero poco y de manera transitoria, cuando la calentura la provocás vos”.

    Mientras hablaba le había tomado la mano y, haciendo un pequeño movimiento, la hice tomar el tronco del cilindro, se notó que con ganas, porque sola abrió la palma para después cerrar los dedos; su mirada era de deseo, de mucho placer al batir esa masa de carne que largaba gotas lubricantes haciendo que la fricción de la mano fuera placentera; cuando en el tramo de bajada emergía la cabeza lustrosa ella se mordía el labio, así que me animé a tomarla del cuello y dar el impulso inicial para que la boca bajara al encuentro del glande; esa leve presión era lo necesario para dejar a salvo su pudor ya que solita fue a engullir mi pija luego de cubrirla de besos.

    Vencida la reserva y luego de algún minuto lamiendo levantó la cabeza para juntar su boca con la mía, intercalando susurros «mi amor» para volver a la tarea de saborear el miembro que seguía firme en su mano.

    -“Dame tu leche, deseo saber lo que se siente teniéndola en la lengua”.

    Y le hice caso, yo expulsando y ella aspirando; soltadas las últimas gotas me arrodillé entre sus piernas, enrollando la falda en la cintura para besar sus muslos.

    -“Ahora querida me gustaría ver de cerca lo que pienso saborear hasta que vos me pongás freno”.

    -“Sí mocosito adorado, ya me saco la biquini y abro los labios para que parezca una flor, vos mirá lo que quieras y después bebé mis juguitos, yo te aviso para que con la verga me llevés a las nubes”.

    Después de usar mi lengua y labios para recorrer y beber de ese manantial se arqueó hacia atrás y tomó mi cabeza para juntar los labios y murmurar.

    -“Ahora dispongo yo, sigo queriendo un hijo, así que para ayudar a tu recuperación me voy a sentar en tus faldas, así, de costado, teniendo tu miembro bien metido, y vamos a madurar detalladamente tu próxima corrida”.

    -“Por supuesto querida”.

    -“Así, teniéndote dentro voy a moverme suave, como si rotara alrededor de ese eje de carne, haciendo que llegue a máxima dureza y ganas de explotar, de esa manera el primer disparo irá directamente a chocar contra mi óvulo, y los bichitos no tendrán que hacer mucho esfuerzo para penetrarlo, para hacerme gorda, preñada, panzona y feliz”

    Después de semejante polvo llegué a la cama casi en coma; dormí de corrido hasta media mañana y, cuando llegué al comedor ya estaba Elena con todo preparado; estaba tomando un café, buscando despertarme del todo, cuando llegó Lara con cara seria.

    -“¿Descansaste amiga?

    -“Mal, y por culpa de ustedes dos”.

    -“Pero si un rato después que te fuiste también lo hicimos nosotros”.

    -“Sí amiga, pero me cortaron el sueño con rugidos, ayes, quejas, alaridos, voces pidiendo más, gritos diciendo que entró entera, etc.”.

    -“Perdón por haber sido tan ruidosos”.

    -“Pero el asunto va más allá, porque quedé alterada y sin remedio, y eso lleva tiempo en desaparecer, además soñé que estaba en situación parecida y me desperté frustrada. En resumen, una noche de porquería, me voy a la pileta”.

    -“Perdón hermanita, algo voy a pensar para compensarte”.

    -“Lo que sea que te venga a la cabeza seguramente será para tu gusto, además te estoy viendo por el espejo que tenés la mirada clavada en mi culo, degenerado”.

    -“Hermanita, no solo miro esa parte tan atrayente, sino que te recorro de pies a cabeza, pues sos una mujer tremendamente atractiva”.

    La carcajada de Elena precedió a sus palabras.

    -“Amiga, con qué galantería te embromó”.

    -“Será muy galante, pero por parentesco me debe respeto”.

    -“No te enojés hermanita preciosa, tendría un desorden mental si no apreciara tu belleza o sería un eunuco en caso de no reaccionar ante la vista de tu cuerpo”.

    Nueva carcajada y aprobación.

    -“Te cagó nuevamente”.

    -“Váyanse los dos a la mierda, ya los veo complotados en mi contra”.

    -“Yo voy a hacer unas compras, los dejo como dueños de casa y con la misión de refrescarse en la pileta y hacer las paces”.

    Luego de ese aviso e invitación Elena salió a buscar el auto, Lara siguió camino a la pileta y yo a cambiarme para ir junto a ella y pedirle disculpas por haberla molestado.

    Cuando el joven salió al jardín la vio sentada en el borde opuesto, con los pies bastante separados apoyados en el salpicadero, tirada hacia atrás con los ojos cerrados y apoyada en los brazos estirados; al ver que por su delgadez la biquini le quedaba holgada y permitía divisar algunos vellos pubianos su intención de pedir disculpas pasó a segundo lugar, primero estaba el deseo arrollador de disfrutar de esa vista; lentamente se metió al agua y se impulsó para bucear hasta cerca de ella, emergiendo a pocos centímetros y encontrándome con su mirada.

    -“Hermanita vine a pedirte disculpas por haberte molestado”.

    -“En realidad soy yo quien debe pedir disculpas pues no sos responsable del mal día que tengo”.

    -“Quizá contando la causa de tu incomodidad baje la presión que sentís”.

    -“Tenés razón, pero me da mucha vergüenza porque es algo muy íntimo”.

    -“Como vos quieras, pero si te acostás de espaldas para no mirarme mientras hablás, quizá te resulte más fácil; igualmente mi afán es ayudar y no conviene forzar la situación”.

    -“Pruebo, si no me siento bien paro”.

    Y se dejó ir apoyando la espalda en el piso manteniendo la posición de las piernas, lo cual hizo que mi corazón empezara a galopar de alegría y los ojos pugnaran por salir de las órbitas para pegarse a esa entrepierna semicubierta; igualmente se tapó la cara con la toalla.

    -“Ocurre que cuando comienzo el período de ovulación me aumenta un poco la temperatura y el deseo de tener sexo y a eso se le agrega un cierto dolor en el bajo vientre; para colmo Pedro no está así que una de las posibilidades de mejoría desapareció”.

    -“Dejame que masajee suavemente la pancita”.

    -“Sin malas intenciones?”

    -“Si sentís algo que no te guste simplemente me sacás la mano”.

    Y sin dar tiempo a comentario alguno puse suavemente la palma de la mano inmediatamente arriba del borde de la biquini e inicié el recorrido circular llegando hasta bajo el ombligo; no habiendo muestras de rechazo hice ese trayecto varias veces progresando lentamente en correr hacia abajo el elástico de la prenda hasta dejar visibles lo primeros vellos pubianos.

    Ahí frené el avance pues un apresuramiento podía tener efecto negativo y el progreso lo hice variando la caricia; cuando tenía la mano al borde del elástico presionaba la piel llevándola hacia arriba, de esa manera, si mi estimación era correcta, el movimiento haría que la parte superior del canal se desplazara descapuchando el clítoris que, rozando la tela, recibiría una especie de caricia aumentando la excitación y eximiéndome de responsabilidad.

    Y tuve suerte pues a la segunda o tercera vez soltó un quejido mal disimulado, después siguió una subida de pelvis buscando mayor contacto hasta que, vencida toda resistencia, exhaló un lamento gozoso y tomando mi mano la llevó por debajo de la prenda a su conchita empapada, ahí hizo que dos dedos ingresaran para empezar un frenético movimiento de cintura provocando la entrada y salida de los intrusos. Poco duró el movimiento, pues con las facciones contraídas dijo fuerte lo que sentía.

    -“Sí hermanito, ¡qué rico lo que me estás haciendo, llevame al orgasmo de una burra, de una puta, de una yegua, haceme acabar!”

    Y su corrida fue estruendosa para después quedar tendida y laxa, relajamiento que acompañé con suaves caricias.

    -“Te ves preciosa así distendida y me dan ganas de besarte de puro cariño”.

    Salí de la pileta para ponerme a su lado y abrazarla como si la acunara, pero me pareció más cómodo para que se repusiera llevarla a la reposera ancha.

    -“Vení amor, allá vamos a estar mejor”.

    Y la llevé tomada de la cintura; ya tendidos, teniéndola entre mis brazos seguí con las caricias y castos besos en la frente, las mejillas, el cuello y un poco más abajo, pero sin llegar a las tetas. Ahí fue cuando abrió los ojos con gesto agradecido y tomando mi cabeza la movió para que los labios coincidieran realizando el camino del afecto a la pasión; y ahí decidí progresar para aliviar la presión de mis bolas que ya empezaban a doler.

    -“Vení Lara, te ruego que me des un gusto con el que sueño, sentate sobre los talones de espaldas a la pileta justo en el borde, y luego inclínate apoyando el pecho sobre los muslos, así quiero metértela desde atrás y yo de pie desde el agua”.

    -“Solo si vos me das a cambio algo que me encanta y Pedro no puede porque acaba en seguida”.

    -“Soy todo oídos.”

    -“Cuando esté en posición me voy a abrir con las manos en las nalgas, vos ponés solo la cabecita adentro y yo suelto los labios para que la abracen, después sacás y metés nada más que ese pedacito, me enloquece sentir que se abre y se cierra, yo te aviso el cambio, ¿te animás?”

    -“Sí tesoro, y voy a aflojar la tensión de los glúteos para durar al máximo”.

    Se desnudó totalmente y, al ponerse de pie, pasó los por detrás de mi cuello para besarme amorosamente para después pedirme.

    -“Ahora chiquito, cógeme mucho, haceme gozar y acabar como una hembra espantosamente arrecha”.

    Y ambos nos ubicamos, verla con la cabeza ladeada descansando sobre una toalla, las dos manos abriendo conchita y ano, su expresión de entrega y abandono, me conmovió.

    -“Amor, antes de entrar quiero darles besos a los dos majares que tengo en frente”.

    -“Hacelo, pero que no se te vaya la mano”.

    Imposible cumplir esa recomendación, besé y como despedida pasé la lengua a lo largo del canal; por supuesto, sin darle tiempo al reclamo ubiqué el glande adentro.

    -“Ahora vos movete para así graduar entrada y salida según lo sientas mejor”.

    -“Sí chiquito de mi alma, un ratito más, adentro y afuera solo la cabecita, es una locura sentir que se abre y se cierra, seguí amor”.

    -“Espero aguantar hermanita, avísame cuando quieras que la meta toda de un solo envión”.

    -“Ahora, adentro, toda, entera, hasta las bolas, quédate en el fondo y apretame fuerte las tetas, ¡me corro mi vida! Y siento tus palpitaciones, cuatro, y cada una es signo de escupida lechosa, ¡te amo hermanito!”

    La relajación fue hecha abrazados, intercambiando besos y acariciándonos amorosamente hasta que llegó la dueña de casa.

    Después de almuerzo y un rato de siesta, no reunimos alrededor de la pileta y, cosa rara, Lara traía un sobre bolsa mediano, sentándose junto a nosotros.

    -“Ahora que estamos tranquilos, con tiempo para pensar, charlar y ver entre los tres aquellos detalles que a uno se le puedan escapar y, como es algo importante para el futuro, les pido opinión lo más desapasionada posible”.

    -“Amiga, esa introducción da miedo pero, por supuesto, contá conmigo”.

    -“Ramiro, quizá esto te provoque dolor, pero ocultarlo sería faltar a la verdad, miren”.

    Y del sobre sacó una foto en papel, nítida, tomada desde muy cerca, buen enfoque, una cara de mujer joven, con una mano tomando un miembro, con la otra acariciando testículos, sus labios cubriendo la mitad del glande y sonriendo a la cámara. Hubiera sido una de las tantas fotos porno que hay por ahí, si quien sonreía complacida, no fuera mi ex novia Rocío.

    -“Tenés razón Lara, esta imagen duele, como dato curioso estaría bueno saber quién es el afortunado”.

    -“Es sencillo hermanito querido, mirá la mano sobre la cabeza de la chica y presta atención a los dos anillos, uno es alianza, el otro es de sello y fácilmente reconocible, sin duda es mi marido. Este sobre me llegó por mensajero el día siguiente después del incidente en la comisaría, simple venganza”.

    -Queridos amigos Lara y Ramiro, creo que este el momento de sincerarme, ahora les cuento”.

    Narración de Elena

    -“¿Recuerdan el almuerzo donde vos Ramiro contaste de por qué finalizó la relación con Rocío? Pues bien, esa tarde, después que ustedes se fueron, Tomás continuaba inquieto, quizá más que en el almuerzo; los años que llevamos juntos me han permitido percibir cuando algo lo preocupa sobremanera, así que directamente le pregunté. Algo te tiene alterado y es muy raro verte así”.

    -“Tengo que confesarte algo; yo tuve sexo con la novia de Ramiro; te pido perdón, vos sabés que te quiero y lo he demostrado a lo largo de los años que llevamos juntos, lo sucedido es fruto de una debilidad que no puedo controlar. Lo que decidas estará bien. Me voy a hacer los estudios para comprobar que estoy sano”.

    La sorpresa me paralizó; a pesar de intuir que esa era una conducta habitual en los dos amigos, la declaración explícita me impactó, sobre todo conociendo a la otra parte.

    -“Ahora dejame sola, yo te diré cuando seguir la conversación”

    Durante la cena fue el momento elegido para aclarar el tema pendiente.

    -“Te digo cuál es mi postura, nuestro matrimonio está roto, y hoy no veo manera de soldar la fractura. Si te conviene, en adelante, podemos aparentar que nada cambió, pero puertas adentro haré como si vos no existieras. Hacia afuera podrás seguir tus costumbres y, por supuesto, yo me conduciré según mis ganas. Necesito que hagás acondicionar el dormitorio de huéspedes para ser usado por mí y, hasta tanto eso suceda te conviene buscar dónde dormir, porque conmigo no lo vas a hacer”.

    -“Perfecto mi amor”.

    -“Me estaba olvidando, quiero seguir bien atendida en la cama, por lo cual buscaré quien lo haga; además deseo ser madre, ya veré el modo, vos podrás adjudicarte la paternidad y darle o no el apellido, yo me mantendré callada. Además, de la misma manera que no te controlé todos estos años, te pido que no lo hagas conmigo; si constato que lo estás haciendo me iré de casa, haciéndole saber, a quien quiera escuchar que sos un cornudo, pero antes visitaré a los recaudadores de impuestos”.

    Fin narración de Elena

    Ese fin de semana que compartí con Lara y Elena en la casa de ésta, fue no solo de inmenso placer sino que también sirvió para acomodar las cargas.

    Mi presente es muy bueno, puedo estudiar sin pasar necesidades, emocionalmente he superado el engaño de mi novia, sentimentalmente cuento con el afecto sincero y profundo de Lara y Elena, que además me contienen para que la vida fácil no me haga descarrilar, mis deseos instintivos los tengo plenamente satisfechos con ellas dos y, por si todo esto fuera poca felicidad, Elena está embarazada de mi simiente y contentísima por ello. El tema paternidad lo tenemos hablado y acordado, es de exclusivo conocimiento nuestro y Tomás quiere darle el apellido sin pretender saber quién es el padre, cosa que Elena y yo aceptamos. Al futuro lo encaramos con optimismo y sinceridad, ojalá siga igual.

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  • Primera vez, yo 18 y mi tío 20 años mayor

    Primera vez, yo 18 y mi tío 20 años mayor

    Hola lectores, mi nombre es Danna y este es el primer relato que escribo de varios que tengo por contar, actualmente tengo treinta y tantos años, pero está historia me sucedió cuando tenía 18, y es sobre como conocí los placeres del sexo gracias a un tío 20 años mayor que yo.

    A los 18 era una chica delgada, con un culo paradito y rico, una tetitas pequeñas pero con aureolas cafés y grandes, pezones largos que siempre me hacían ver como si tuviese frío, una piel morena que siempre me caracterizó, siempre he sido bajita 1,55 aproximadamente.

    En ese tiempo mi personalidad era introvertida, ya que al ser hija única y querer siempre hacer feliz a mis padres trataba de verme como la chica responsable y tímida, hasta ese momento mi único acercamiento al sexo eran las pláticas con mis amigas, quienes ya habían tenido experiencias sexuales y las veces en que por cuestiones laborales de mis padres me dejaban a cargo de mi tío, y bueno ahí pude ver algunas películas eróticas sin que nadie supiera nada.

    Uno de eso días en que me quedé con mi tío, quien era un hombre atractivo y quién hacia apenas dos años se había divorciado y vivía solo y me tenía mucho aprecio, siempre fui su princesa; esa noche salí de mi recámara, algo caliente, vestida con una blusita delgada, sin bra, una tanga y short flojo y me propuse a tocar a su recámara para darle las buenas noches, toque varias veces y nada por lo que se me hizo fácil abrir su puerta y al hacerlo vaya sorpresa ¡Mi tío se estaba masturbando!

    Mientras supongo escuchaba y veía porno en su celular, eso me terminó de calentar. Me quedé viendo por unos segundos cuando el voltea y me mira, rápidamente se cubrió con el cojín del sofá, no esperaba que yo estuviera ahí, y me dijo:

    Tío: Princesa que haces, porque no tocas la puerta, estoy avergonzado.

    Yo me acerque al sofá y me senté a su lado y le respondí:

    Danna: Carlos no te preocupes, es algo normal, de hecho me gustaría saber más sobre el sexo, mis amigas ya han tenido relaciones y yo todavía no.

    Mi querido tío Carlos nunca espero esa respuesta de mi parte.

    T: Princesa pero yo… No podría eres mi princesita, pensé que quizás ya habías tenido relaciones con algún chico de tu edad, estás hermosa.

    D: Parece ser que no atraigo a los chicos de mi edad, además no diré nada, si me enseñas será un secreto.

    T: Ok, princesa te voy a decir cómo te toques y vemos hasta donde llegamos, yo sería incapaz de lastimarte, aunque si he pensado en ti como mujer.

    Esas palabras me erizaron la piel y me pusieron al cien, así que me puse de rodillas en el sofá y seguí las indicaciones.

    T: Princesa comienza por tocar tus pezones arriba de tu blusa, hazlo en círculos y apriétalos suavemente. Ahora chupa tus dedos y toca tus pezones por debajo de la blusa, jala y pellizca y un poco esos pezoncitos.

    Quítate tu blusa despacio para admirar esas tetitas. Cosa que hice y para ese momento mis pequeñas tetas estaban duras y mis pezones rectos listos para ser devorados. Cuando Carlos vio mis tetas quedó extasiado.

    T: Que delicia de tatas, están increíbles preciosa, no había visto pezones como esos. Ahora con una mano sigue tocando esas delicias y con la otra toca tu vagina, mete tus dedos y tócala suave, cuando estés mojadita me dices.

    Yo seguía paso a paso todo, pero estaba más que mojada, así que saque mi mano de la vagina y le acerque mis jugos, los probó y luego me lleve la mano a mi boca y le dije:

    D: ¿Así de mojadita está bien? Y acto seguido me quite el short y volví a posición. En ese momento mi tío se retiró el cojín de las piernas y pude ver la enorme verga que tenía, gruesa, larga y con unas venas que se le marcaba riquísimo.

    En posición seguí tocado me, hasta que le dijo lo siguiente:

    T: Haz a un lado tu tanguita y abre tus labios, y con la otra mano toca tu clítoris. Al abrir mis labios vírgenes y ver lo rosadita de mi vagina y lo apretada comenzó a decirme lo rica que la tenía, yo me hice la que no sabía cómo tocar mi clítoris, así que primero quiso ayudarme, poniendo su mano encima de la mía, pero ambos estábamos tan calientes que no aguanto más, y me dijo:

    T: ¡Oh princesa ya no puedo no tocarte, me tienes muy caliente! Siéntate en mis piernas.

    Al frente del sofá había un espejo de cuerpo completo, por lo que pude ver cómo me hacía suya. Me senté en sus piernas, me abrió las piernas y mis labios, empezó a tocar mi clítoris de una forma deliciosa, metía sus dedos en mi vagina virgen y daba palmaditas que me cercaban cada vez más al orgasmo, mientas veíamos todo por el espejo. Me volteo y me puso frente a él, podía sentir esa verga dura y caliente aún sin penetrarme, mientras estrujaba y chupaba mis tetitas, luego mordía mis ya duros pezones, los mordía suavemente de una forma que me erizaba toda.

    Después me recargo en el sofá, y él se hinco a chupar mi panocha llena de jugos, metía sus dedos suavemente, después de un rato le pedí probar su verga, obviamente le dije que no sabía cómo hacerlo pero que me explicará para hacerlo sentir rico, creo que mi inexperiencia y que el tuviera que dominar todo, lo tenía extremadamente caliente.

    T: Ok princesa, yo te diré como híncate y abre esa boquita pequeña, ahora cómela lentamente, chupa con tu lengua y déjame meterla lo más profundo. Nunca había tenido una verga en mi boca, fue una sensación riquísima, sentir ese gran trozo de carne dentro de mí. Después de un rato y de casi hacerlo venir en mi baca le pedí que me penetrara, que quería sentirlo dentro de mí.

    T: Ok, lo haré, pero si te duele me dices y páramos, no quiero causarte dolor.

    Me sentó como al principio, en sus piernas, dándole la espalda y me fue sentando poco a poco en su verga, obviamente gemía del placer y un poco del dolor de sentir ese enorme pene dentro de mí, pero moría por ser penetrada, hasta que logro entrar toda su verga en mí, después de eso lo cabalgue, mientas veía como me tocaba las tetas y me pedía que le diera tetitas en su boca, lo cabalgaba y el tocaba mi clítoris y abría mis labios y daba palmadas, era la cosa más deliciosa hasta que logré llegar al orgasmo, mi tío al verme estremecer, saco su verga y tiro todo su semen en mi monte de venus, podía ver lo rico que escurría por el espejo.

    Al terminar me dijo que nunca pensó que yo le entregaría mi virginidad, esa noche dormimos juntos y fue la primera de varias veces más, que ya les contaré.

    Espero que mi relato haya sido de su agrado, pueden dejar comentarios.

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  • Humillando a mi marido

    Humillando a mi marido

    Como he dicho en anteriores relatos, una de las ventajas de tener un marido sumiso y cornudo es que con él se puede hacer de todo, recuerdo que un fin de semana me encontraba con ganas de ser muy puta y cabrona, así que mi mente diseño un plan especial, le ordené a mi marido que cuando volviera del trabajo se preparara que nos íbamos de viaje a otra ciudad, alquilé una habitación en un hotel, y tras preparar nuestras maletas, nos preparamos nosotros, le ordené a mi cornudo ponerse un traje muy elegante, y yo hice lo mismo poniéndome una ropa que consideré que, a la vez, me hacía parecer una dama elegante y una puta.

    Emprendimos el viaje de ida, y tras el mismo llegamos a nuestro destino, un hotel con un cierto aire de elegancia, en la recepción nos dieron la llave, y un botones llevó nuestras maletas hasta el cuarto, comprobé que era elegante, y en ese momento pedí que nos trajeran una botella de champan caro.

    Yo no sé si mi marido concibió en su mente que íbamos a pasar un fin de semana romántico, pero yo le desengañe enseguida, nada más traernos el champan, y marcharse el camarero que nos la había traído le hice sentarse en una silla que había al lado de la cama y que arrimamos hasta que dio con la cama, en ese momento pedí a mi marido que se sentara en ella, y primero le puse un pañuelo para vendarle los ojos, y luego, con una cuerda que había traído le até las manos tanto a sus espaldas como a las de la silla, y en ese momento le dije:

    -Cornudo, voy a salir, espérame aquí.

    Cerré la puerta de la habitación, dejándole allí, fui a la recepción y pregunté por un lugar en la ciudad donde hubiera ambiente, el encargado de la recepción de habló de un local, lamamos a un taxi y allí me presenté, me encantó el ambiente y baile y morree con varios de los tíos que en encontraban en el mismo, hasta que mis ojos se fijaron en uno en especial no recuerdo su nombre, e ignoro si el que me dio era el real, pero mi instinto me decía que era el apropiado. Así que le dije que si se animaba a acompañarme a mi hotel y que haríamos de todo, pero que tenía un marido cornudo y tendría que ayudarme a humillarle.

    Creo que tenía muchas ganas de follar, así que aceptó mi idea, nos fuimos en su coche hasta mi hotel, durante el trayecto el muy cabron no paró de meterme mano y yo le sobé el paquete, que era muy prometedor, cuando llegamos subimos a mi habitación, ya en el ascensor nos dimos un buen morreo, cuando llegamos a mi habitación abrimos, le señalé a mi marido que no se había movido, nos cercamos a él y le dije:

    -Mira cornudo, como tú no sabes follar me he buscado un amigo para que me folle en condiciones, contigo oyéndolo todo, aunque no puedas ver nada.

    Mi acompañante, siguiendo mis indicaciones le dijo:

    -Hola cornudo, tu mujer me ha dicho que no te la sabes follar, y es una pena porque es una hembra que esta buenísima y parece muy puta, así que me la voy a follar yo, no es nada persona.

    Tras esta presentación tan especial, mi ligue y yo nos volvimos a besar de una manera muy apasionada, mientras me besaba el me sobaba el culo por encima de la falda, yo le dije:

    -Cariño que bien besa, no como algunos impotentes, quiero que me bajes la falda.

    Por supuesto no hizo falta repetírselo, el llevó sus manos hasta la cremallera de mi falda y me la bajó, yo me quedé en bragas, y le hice una señal, mi acompañante dirigiéndose a mi marido dijo:

    -Que buena esta tu mujer, creo que voy a disfrutar mucho follandomela.

    A continuación, los dos nos tumbamos en la cama, él abrió la botella de champan, y llenando las dos copas que había brindamos:

    -Por una tarde de folleteo intenso.

    Después él comenzó a besarme el cuello, mientras decía:

    -Que buena que estas.

    Yo le pedí que se tumbará en la cama, y comencé a bajarle los pantalones, mientras él llevó una de sus manos a mi coño y se puso a acariciármelo encima de mis bragas, cuando, lo hube logrado me dirigí hacia sus calzoncillos y le acaricié su polla que quería salirse de ellos, le dije a mi marido:

    -Cornudo, lástima que no puedas ver la polla que fasta este chico, es una polla de verdad y no tu aparatito,

    Lo destapé y efectivamente era una polla de buen tamaño, y dije:

    -Que pollón más delicioso, me lo voy a comer.

    Y sacando mi lengua me puse a lamérsela, él comenzó a gemir y dijo:

    -Que bien la chupa tu mujer, me va a volver loco, lástima que contigo no lo haga.

    Mientras yo seguía chupando la polla de mi acompañante. En un momento dado se me ocurrió llevar uno de mis pies, no me había descalzado, hasta la polla de mi marido, y rozarle con mis tacones su polla que seguía aprisionada dentro de sus pantalones, y que tampoco se podía acariciar, la verdad es que la tenía bastante dura, de pronto tuve un deseo y no iba a dejar de satisfacerlo, y le dije a mi acompañante:

    -Cariño, quiero que me comas el coño.

    Después de decir esto, me quité las bragas y me tumbé en la cama, después abrí bien mi coño, él acercó su cabeza a mi coño, y antes de introducir su lengua en él le dijo a mi marido:

    -Cornudo tu mujer tiene un coño delicioso, uno de los mejores que he visto en mi vida, lástima que tú no te lo comas nunca.

    Y tras decir esto introdujo su lengua en mi interior, lo hacía fantásticamente bien, yo comencé a gemir y le dije:

    -Cornudo, este chico hace maravillas, me dan ganas de quitarte la venda de los ojos a ver si aprendes algo, pero me da que no.

    Él seguía chupando mi coño, lo hacía muy bien yo no podía evitar gemir como una zorra, bueno lo que soy y le decía:

    -Mi amor que bien lo haces

    Él continuó comiéndomelo y yo gimiendo como una loca, hasta que no pude más y me corrí en medio de un orgasmo bestial.

    -Menuda mujer más puta que tienes, lástima que este con un mariquita que no sea capaz de disfrutarla, dijo mi acompañante a mi marido.

    Lo oyes, dije yo, dirigiéndome a mi marido, la gente ve enseguida que eres un corundo impotente, y ahora vas a ver, bueno oír, jajaja, como folla un hombre de verdad, y dirigiéndome a mi nuevo amante añadí, ven aquí mi amor y deja que ese cornudo oiga como follas.

    Yo me tumbé en la cama y volvía a dirigirme a mi marido:

    -Cornudo, aquí tengo una polla en condiciones y ¿sabes lo primero que voy a hacer con ella? Darle una buena mamada.

    Hice una señal a mi nuevo amante para que se acercará, y al sentir su polla cerca de mi poca la introduje en el interior de esta, la verdad es que era una polla de dimensión notable y comenzar a lamerla y más sabiendo que mi cornudo no podía verme, pero lo estaba escuchando todo, me daba mucho morbo de esta manera me puse a lamérsela, él nada más sentirla le dijo a mi marido:

    Cornudo, menuda mamada me está haciendo tu mujer, ni a las putas más putas las había visto hacerlo tan bien.

    Ver como mi marido era humillado me puso todavía más caliente, así que seguí chupándosela, era delicioso, mientras él no paraba de gemir, y la polla de mi marido, sin ser de gran tamaño pedía salir del pantalón, pero tenía muy claro que se iba a quedar con las ganas, seguí chupándosela, hasta que él me dijo:

    -Mi amor, esta ha sido la mejor mamada que me ha hecho en mi vida, pero no puedo aguantarme más las ganas de follarte,

    -Me parece muy bien, que el cornudo de mi marido oiga como folla un macho de verdad, túmbate en la cama.

    Por supuesto me complació, me puse encima de él de rodillas, su pola aún no estaba dentro de mi coño, é al verme así me dijo:

    -Mi amor eres bellísima, si quieres deja a la piltrafa esa y vente conmigo.

    Y me acarició primero la cara, luego fue bajando, hasta llegar a mis tetas, me las acaricio un poco, y mantuvo una sobre una de mis tetas, mientras con la otra fue bajando hasta llegar a mi vientre, la verdad es que me estaba haciendo sentir algo delicioso, el miró a mi marido y dijo:

    -No te mereces tener a esta diosa.

    Pensé que este alago se merecía un premio y decidí que era el momento de que su deliciosa polla entrará en el interior de mi coño. Así que me la introduje y comencé a cabalgarle, él se puso a gemir mientras decía:

    -Eres una verdadera diosa del sexo, no se que pintas con esa poca cosa, tu necesitas un macho que te de mucho placer.

    La verdad es que yo prefería tener esa poca cosita en casa y luego buscar fuera lo que me faltaba, jajaja, pero no era cuestión de discutir con él, era cuestión de seguir follando, así que seguí cabalgándole, sus gemidos eran muy intensos, yo le decía a mi marido:

    -Cornudo, oye como disfruta un macho de verdad.

    Y continuaba cabalgándole, los dos estábamos disfrutando mucho, hasta que el me pidió:

    -Mi amor, me gustaría follarte de lado.

    Yo nunca me niego a ninguna postura y esa vez no fue una excepción, ýo me bajé de él y me giré, él también se giró, estaba detrás de mí, y desde esta postura me volvió a decir:

    -Mi amor, eres preciosa, esa piltrafa no te merece.

    -¿Lo oyes cornudo, como un macho de verdad sabe que soy mucho para ti?

    Mientras mi acompañante, había llevado su polla hasta la entrada de mi coño y me la metió, de nuevo, desde esta postura me marcó un ritmo delicioso que me hizo olvidar la existencia de mi marido, mi amante me estaba dando un placer muy intenso, llegué al orgasmo con mucha facilidad, en ese momento volví a acordarme de mi marido y le dije:

    -Cornudo, este macho me ha provocado un orgasmo bestial, algo que tu no has hecho en tu vida, ni podrás hacerlo.

    Él seguía cabalgándome hasta que dijo:

    -Me corro.

    Y su abundante leche regó mi coño. Cuando sentí que había terminado le hice tumbarse boca arriba, nuevamente, yo me puse boca abajo, y llevé mi cabeza hasta su polla y mirando por un momento a mi marido le dije:

    -Cornudo, si vieras como me ha puesto este macho mi coño con su leche, siento haber tomado anticonceptivos, hubiera sido divino que este semental me preñara, lastima, pero voy a chuparle el delicioso semen que se ha quedado pegado a su divina polla.

    Y me puse a lamer con mi lengua los restos del semen que se había quedado pegado a ella, él nada más sentir mi lengua sobre su miembro dijo a mí marido:

    -Decididamente es una delicia follar con tu mujer, la lame y la chupa divinamente, es adorable.

    Yo seguí lamiéndole el semen hasta que su polla quedó limpia y reluciente, en ese momento él me preguntó si era virgen por el culo, fui sincera con él y le dije que no, él me respondió, quiero gozar de tu culo.

    Me pidió que me pusiera a cuatro patas, él me dijo:

    -Que culo tan divino tienes, pero aunque no seas virgen, antes de follarte con él quiero jugar en su interior con mis dedos.

    Esto me hizo sentir curiosidad y me puse a cuatro patas, él llevó uno de sus dedos hasta la apertura de mi culo y lo introdujo en mi interior, aunque me habían entrado pollas de gran tamaño y grosor su dedo me resultó delicioso, y lo comenzó a mover de una manera tan precisa que me daba tanto o más placer que la mayoría de las pollas que habían visitado ese lugar, estuvo un rato, después me lo sacó, me pidió permiso para levantarse de la cama, fue a donde estaba mi marido y se lo acercó a la boca, luego le dijo:

    En mi dedo tengo un poco del sabor del culo de esa diosa, si ella está de acuerdo me gustaría que me lo chuparas.

    -Por supuesto que estoy de acuerdo, respondí, venga cornudo, chupa el dedo de ese macho alfa.

    Mi marido había prendido a ser obediente a todo lo que yo me mandara así que guado por su instinto llevó su boca hasta el dedo de mi amante y se lo metió en la boca y comenzó a chuparlo, como si fuera una polla de pequeño tamaño, y así estuvo un rato hasta que el dedo quedó completamente limpio, en ese momento mi amante se dirigió a mí y me pidio:

    -Me gustaría follarte por el culo.

    -Por supuesto cariño, es todo tuyo, le respondí.

    Me puse a cuatro patas, él se situó detrás de mí y de un golpe introdujo su polla dentro de mi culo, y comenzó a moverse a un ritmo delicioso, yo comencé a gozar y mis gemidos se hicieron más fuertes, mientras dirigiéndome a mi marido le dije:

    -Que pena, cornudo, que no puedas ver como este macho taladra mi culo con su polla, y lo hace tan bien que me esta volviendo loca del gusto, ¿Te enteras maricon?

    -Tu mujer tiene un culo delicioso, parece que está hecho para que se lo follen, lastima que tu no sepas hacerlo, le dijo mi amante.

    Y mientras seguía moviéndose en el interior de mi culo, yo sentía que estaba en la gloria, él me dijo:

    -Mi reina tienes el mejor culo que he visto en mi vida.

    Y me seguía follando, supongo que mi marido debía oír el sonido de su polla chocando con mi trasero, se le notaba molesto, pero excitado, jajaja, yo seguía disfrutando de las envestidas de mi macho alfa, que me hizo llegar al orgasmo, una vez más, pero llegó un momento en que me dijo:

    -Mi reina no puedo más me voy a correr en tu culo.

    En ese momento mi mente tuvo una idea perversa y le dije:

    -No mi rey salte, tengo una idea.

    Le hice señas para que se saliera y se levantara de la cama, después de la manera más silenciosa posible yo también me levanté y nos encaminamos hacia el lugar donde estaba atado mi marido, allí le hice poner su polla cerca de la cara de mi marido y comencé a meneársela, él dijo:

    -Joder tía, hasta cascándola eres la mejor.

    Seguí meneándosela, hasta que vi que se iba a correr, en ese momento la enchufé para que la mayor cantidad posible de su líquido fuera a parar a la cara de mi marido, que se llenó de su leche, en ese momento le dije:

    -Cornudo, esto es para que tengas algo de este macho, pero tu debes de agradecerle lo feliz que ha hecho a tu mujer, quiero que le chupes la polla.

    Mi marido que ya había asumido completamente que mis deseos eran órdenes para él abrió su boca e introdujo en su interior la polla de mi amante y fue limpiando con su lengua los restos de semen que había quedado pegados a ella.

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