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  • Tacones

    Tacones

    No era la primera vez que lo hacía y si soy completamente honesta me gustaba hacerlo, iba a un bar costoso, me arreglaba de una manera sutilmente atrevida y pedía una copa de vino hasta que alguna mujer interesada se me acercara.

    Una de ellas ya me había puesto la mirada y delicadamente mostraba un poco más mis piernas y levantaba el pecho para mostrarme, me excitaba sentirme deseada, que me vieran como un postre que quieren probar.

    Todos mis movimientos funcionaron porque mando a un mesero a darme un mensaje, que quería que me sentará junto a ella en su mesa.

    Ya me había hecho desear, así que acepte con muchas ganas, era un mujer adulta, llevaba un traje y parecía que después de salir de su trabajo fue a tomarse un trago para relajarse, era delgada, cabello negro largo de esas mujeres que con solo verlas sabes que son mandonas en el sexo, me atraía demasiado.

    Cuando me acerque a la mesa me recibió con un beso en la mejilla y ella fue la primera en hablar.

    -¿Cual es tu nombre, preciosa?

    -Me puedes llamar Delani, ¿se puede saber su nombre?

    Ella me sonrió de vuelta y me dijo su nombre, sabía que si me mostraba tímida y servicial iba a llegar a algo con ella, a su tipo de mujer le encantan las sumisas atrevida.

    Bebimos una botella de vino juntas mientras charlamos y coqueteabamos un poco pero cada vez se hacía más atrevido el coqueteo, me acariciaba la pierna bajo mi vestido corto y apretaba fuerte, como diciendo que quería probarlos, yo me ría de sus chistes y me acercaba mucho a ella para rozar mis senos a sus brazos, que tenían un gran escote y ella ya no podía disimular su mirada.

    -Tienes las mejillas tan rojas -me dijo acariciando mi cara- ¿se ven así cuando estás fatigada también?

    Me reí y le dije que si mientras me pegaba más a su cuerpo, la verdad es que estaba excitada, la energía de esa mujer y su olor me tenía con muchas ganas por lo cual intenté ser más atrevida.

    -En el sexo me pongo más colorada aún.

    -Que delicia, me gustaría verte así.

    Otra vez pegue mi cuerpo al de ella, tanto que mi cara quedó muy cerca de su cara y ella no desaprovecho la oportunidad, me besó, fue un beso hambriento, deseoso quería comerme, agarre su mano que estaba en mi muslo y lo subi hasta mi vagina, para que sintiera lo húmedo y caliente que estaba, sentí un pequeño gemido en sus labios cuando separó un poco mi bragas y paso sus dedos por toda mi húmeda.

    Nos separamos un poco para respirar y acariciándome el cabello me preguntó si quería ir a su habitación arriba.

    -Vivo en los apartamentos de arriba, ¿quieres acompañarme?

    Obviamente acepta, caminamos juntas de la mano hasta que llegamos a la puerta de su apartamento, era un apartamento enorme, ella ya no quería hablar más, al cerrar la puerta me apretó contra si y agarro mis nalgas con tanta fuerza que mi vagina dio un salto.

    Nos acercamos a su sofa y ella se sentó en el medio, saboreandome con la vista.

    -Quitate ese vestido y déjate los tacones puestos y acércate a mi.

    Fui obediente y me quite mi vestido delicadamente, veía que su mano abría su pantalón y comenzaba a masturbarse, me excito y me quite todo, le di la espalda y doble mi espalda para que viera mi vagina, comence a meter mis dedos, lento y suave jugando con mi humedad y gimiendo bajito, veía muy poco su cara pero escuchaba como se masturbaba duro, me ponía demás de caliente y eso que ni me estaba tocando.

    Distraída por mi masturbada y escuchando los gemidos de ella ni me di cuenta cuando se acercó a mi y me puso en el sofá en 4 y se arrodilló tras de mi.

    -Ni se te ocurra quitarte los tacones, Delani.

    Me masajeaba las nalgas, me las unia y separaba y sentía la humedad de mi vagina escurriendo cuando lo hacía, jugaba mucho conmigo pero no me tocaba todavía, sabía que cuando lo hiciera iba a explotar.

    Me masajeaba las piernas mientras me besaba y mordía las nalgas, me masajeaba todo, los senos, me jalaba poquito el cabello y mi vagina no dejaba de escurrir y desear que su boca me chupara toda.

    -¿No estás cansada de jugar con tu comida? -le dije gimiendo, con la cara empujada en el sofá y ella lamiendo mi espalda y dejando pequeños mordiscos.

    -Asi vas a disfrutar más cuando te coma.

    Y definitivamente así fue, sentí su lengua pasando por mi ano y mi vagina comenzó a chorrear, nunca había mojado tanto, estaba escurriendo mientras ella tenía sus dos manos en mi nalgas y las juntaba más, comence a mover mis caderas para sentir más cuando me chupaba el ano, agarre su cabeza para acercarla más pero con el movimiento se me cayó el tacón y ella paro, me dio una nalgada fuerte que me sorprendió.

    -Te dije que no te quitarás los tacones, vuelve a ponerlos.

    Estar excitada y humillada por una mujer con carácter me mojaba más de lo normal, sentía mi ano mojado y mi vagina palpitando, hice lo que me pidió mientras ella me miraba con malicia, ya puesto, desnuda con el cabello desordenado me figuraba que estaba penosamente vulgar y justamente en los ojos de esa mujer se notaba le excitaba.

    -Ponte de cuclillas y abre bien las rodillas, quiero ver tu vagina roja y palpitando.

    Fue difícil hacerlo con tacones pero lo logré y la brisa fría que había me daba una caricia en mi vagina ardiendo, se sentía placentero, como calmando ese ardor, ella se quedó mirando mi vagina, era una persona muy visual, le excitaba ver.

    -Ven, quiero que te masturbes con mi pierna.

    Me senté en una de sus piernas, que eran grandes y al sentir la presión comence a moverme, ella agarraba mis caderas y me ayudaba a moverme más rápido mientras me lamía el cuello, le gustaba ver mi cara y estaba tan mojada que en su pierna me resbalaba, suave y mojado, cuando me corrí le moje toda la pierna y ella me apretó más así para besarme, sentia su lengua invadiendo mi cavidad bucal y gemía en su boca bajito, recuperándome excitada, sentía que ese beso era para confirmar que podía hacer lo que quisiera conmigo y me mojaba devuelta.

    Ella me acostó y fue por algo, tenía los ojos cerrados y la respiración normalizando cuando ella llegó, con un arnés puesto, los había usado antes, así que no me molestó para nada.

    Me levanté y fui a besarla, con ganas y hambre, quería que esa mujer me cogiera hasta quedar totalmente exhausta.

    -¿Como quieres que me ponga?

    -Apoyate en esa mesa, quiero ver tus senos aplastados ahí mientras te doy.

    Si mi humedad se había rebajado, aumento con creces, me excitaba la charla sucia, hice lo que me dijo y gracias a los tacones era una posición perfecta.

    Comenzó jugando con el por fuera, para mojarlo, era una delicia calmaba ese ardor en mi vagina, no dejaba de gemir y cuando ya estaba apunto de correrme otra vez, lo metió en mi vagina sin preguntar, duro y profundo, subi mi culo para darle más profundidad y ella bajo una mano a mi clitoris y comenzó a torturarme con sus embestidas más y más duro mientas apretaba mi clitoris, gemía con mi cara pegada a la mesa y sentía su miraba que pasaba de mi cara a mis nalgas para ver como me me cogía.

    La mesa fría en mis senos me lastimaba un poco pero en vez de molestarme me excitaba más, ella le comenzó a bajar la rapidez pero le daba profundo, pegando su pelvis todo lo que podía de mis nalgas, sabía que estaba por correrse así que comencé a empujar mi trasero cada vez que me la metía, me encantaba sentir mi vagina caliente y mojada, aún con sus manos presionandome el clitoris comenzó a darle movimientos circulares para hacerme tener un orgasmo, cosa bien lograda porque mi vagina comenzó a apretar y mis piernas se debilitaron y estuve un orgasmo delicioso.

    Ella se acostó en mi espalda y me daba besos en el cuello, con su respiración cortada y cansada.

    -Sientate en el sofá -le mandé.

    Me dio un beso rápido y fue a sentarse con el arnés puesto, quería más.

    Me senté en el dildo y comencé a subir y bajar como una insaciable, ella me miraba masajeando mis senos, gemía bajito mientras me acariciaba me jodía a mi misma.

    Pero cuando que se recuperó un poco y me agarró de la cintura, y comenzó a darme mientras yo bajaba, no pasó mucho tiempo para que volviera a tener un orgasmo y la mojará toda otra vez.

    Me quite de encima y le pregunté si ya podía quitarme los tacones, se rió satisfecha y me dio un beso suave.

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  • Mi debut como infiel, tanto me presumía.

    Mi debut como infiel, tanto me presumía.

    Tengo la suerte de tener un marido que me idolatra, él dice que le fascina mi cuerpo, siempre está chuleando mis tetas, mis nalgas, mis piernas.

    Tengo personal en la casa que se encarga de la limpieza, comida etc., y todo el tiempo me manda al manicure y pedicure, la depilación de todo mi cuerpo constante, sobre todo piernas y panochita.

    Para mí el único tema es que le encanta presumirme.

    Una buena parte de los fines de semana, la pasamos comprando ropa, pero solo me escoge ropa ajustada, faldas muy cortas, blusas con bastantes escote, tacones altos, lencería de encaje con tangas muy pequeñas.

    La otra parte del fin de semana en reuniones, bares y restaurantes.

    Le encanta que no traiga sostén y que se noten mis pezones, que el viento me levante la falda o que si bajo de un coche o subo escaleras se vea por debajo de mi falda.

    Al principio me incomodaba atraer miradas y la atención de todos los hombres, ya fueran desconocidos o sus amigos, pero con el tiempo comencé a disfrutarlo, a mi esposo le entusiasma mucho como me ven con morbo y deseo los hombres que están cerca o por donde voy pasando, cuando estoy sentada en un banco alto, le encanta como otros hombres están esperando que cruce mis piernas para poder ver entre ellas.

    Mi marido frecuente, si me distraigo, me levanta la falda por detrás para mostrar mis nalgas, pellizca suavemente mis pezones para estimular que se paren y se noten a través de la blusa o incluso a jalado mi top para provocar que quede alguno al descubierto.

    Disfruta mucho poner cachondos a los hombres que están viéndome y me dice “mira como se les para la verga”.

    Últimamente además de que lo he llegado a disfrutar, me ha estado excitando bastante toda esa atención, nunca estuve con otro hombre y todo esto me hace imaginar que algunos de los que me miran, me cogen con toda esa lujuria con la que me ven.

    El siempre me acompaña y cuida que no se me acerquen de más, pero en lugares muy concurridos ha sido inevitable que alguno alcance a manosearme, lo cual francamente me calienta.

    Después de reuniones o salidas en donde pasa todo eso, regresamos a la casa y cogemos con gran intensidad, pero no puedo dejar de pensar que es alguno de los que me desnudaban con la mirada quien me está dando todo ese placer.

    El fin de semana pasado, mi marido puso sobre la cama todo lo que quería que vistiera.

    Esta vez era especialmente provocador, una tanga de hilo dental diminuto, la parte de enfrente de encaje apenas lograba mantener cubiertos los labios de mi vagina.

    Unos tacones con solo 2 tiras, altos y rojos, mis pies lisos y recién pintadas las uñas estilo francés se veían espectaculares.

    Una falda volada que apenas alcanzaba a tapar mis nalgas y una blusa corta de enfrente y con la espalda totalmente descubierta, sin sostén por supuesto.

    Me estaba vistiendo y sentía mucha excitación de solo imaginar toda la atención que tendría, todas las miradas penetrantes y las manos inquietas que tratarían de alcanzar distintas partes de mi cuerpo.

    Salí y me dice, ¡qué bárbara te ves tan ricamente cogible!

    Íbamos en el coche y me abrió las piernas para tocar mi panochita, me fue dando dedo hasta que llegamos al antro y el valet abrió la puerta, antes de que bajara, mi esposo me agarró los pezones y dijo “bien paraditos para que vean lo que traigo todos los que están en la entrada”.

    En la cadena del antro estaba el dueño del lugar, quien es amigo de mi esposo y preguntó de broma “sus entradas”, mi esposo levantó mi blusa dejando al descubierto mis tetas y dijo, “aquí están”.

    Sonriendo el tipo le dio indicaciones al personal para que nos dieran la mejor mesa.

    Apenas estuvimos 20 minutos, se fue mi esposo a contestar el celular y llegó el dueño del lugar con un amigo, ambos son guapísimos y me comenzaron a hacer plática, pasado muy poco tiempo ambos me tomaron de la mano y me dijeron, vamos a seguirla a otro lado, pregunté por mi marido y me dijeron, ya nos está esperando.

    Salimos del lugar y nos subimos a una limosina, cuando iba entrando el dueño del lugar me agarró las nalgas, entramos los 3 yo quedando en medio de estos dos hombres.

    Avanzó la limosina con solo nosotros y volví a preguntar por mi marido, pero en lugar de responder comencé a sentir las 4 manos sobre todo mi cuerpo, su bocas en mis hombros, cuello, espalda…

    Mi reflejo fue tratar de detenerlos, pero yo ya tenía mucha excitación acumulada, los dos eran muy agradables y sus caricias en mi vagina, pechos, nalgas… Dificultaba bastante mi resistencia.

    Cerré mis ojos y disfrutaba todo ese manoseo, sentía dedos en mi clitoris, Lenguas en mis pezones y de pronto sonó mi celular.

    Me dijeron contesta y vincularon mi celular al altavoz de la limosina.

    Dije hola, con la voz jadeante y temblorosa, era mi marido y me dijo dónde estás, contesté con pujidos y con respiración entrecortada, con tus amigos en una limosina.

    Me estaba cuestionando de por qué estaba ahí y al mismo tiempo me estaban lamiendo mi clitoris y el otro los pezones, al momento que iba a contestar gemí.

    Me preguntó, qué estás haciendo, yo solo podía gemir, el no colgaba y yo jadeaba y gemía con el teléfono en altavoz.

    Él gritaba pero yo no ponía atención, uno de ellos dijo, no sabes qué rico la estamos pasando los tres.

    Ese tipo continuó hablando y dijo, Perdón por no contestar, pero le estaba dando con la lengua en su panochita, pero ahorita que la estoy poniendo en cuatro ya sólo tendré la verga ocupada y podemos platicar.

    Diciendo la última palabra, me jaló de las caderas contra él y me penetró, solté un gemido muy fuerte.

    Mi marido hablaba muy agitadamente, pero me bombeaban tan rico que solo podía gemir y pujar.

    Saco su verga y el otro tipo me jaló para que lo montara y yo sobre el recibí su verga y me empecé a mover descontroladamente.

    Me acostaron y me montó el otro, me volvieron a poner en cuatro y se metió el otro.

    No supe cuando se colgó la llamada, ni cuánto tiempo me estuvieron cogiendo, ni cuantos orgasmos tuve.

    Se detuvo la limosina en un lugar y se bajaron, yo me quedé y me llevaron al antro y mi marido estaba esperando en la calle.

    Abrió la puerta y se subió, me preguntó si estaba bien, la limosina comenzó a avanzar, yo le dije, me cogieron delicioso, en eso se bajó una pantalla y comenzó a salir el video de todo lo que me hicieron, mi vagina estaba súper dilatada, sensible y latía, al ver eso, le desabroche el pantalón, le saqué la verga y lo monté.

    Mi marido viendo el video me cogió en varias posiciones, tuve diversos orgasmos y me quede dormida.

    Solo recuerdo despertar en mi cama con una pijama de franela y el desayuno en mi cuarto, con una nota que decía, “nunca pensé que me fueras infiel de esa manera, si vuelve a pasar, no me dejes fuera de la fiesta”.

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  • Amor entre nosotras

    Amor entre nosotras

    Ya pasó un tiempo, y con Gabriela estamos pasando las dos un momento hermoso, si bien no convivimos (por ahora, queremos darnos tiempo), pasamos los fines de semana juntas, ambas no vemos la hora de que llegue el viernes. Este fin de semana voy a ir a la casa de Gaby por primera vez, ella siempre vino a mi casa, (para quienes no conocen esta historia de amor entre dos mujeres, les recomiendo que lean, “Él, ella o ambos”, son cuatro episodios).

    En el trabajo somos dos compañeras de trabajo, no levantamos sospechas que estamos juntas, para evitar habladurías, tampoco se dió salir, pero no creo que falte mucho, para nosotras es como algo nuevo también. En mi caso tuve sexo con otras mujeres, pero como algo casual que se dió, nada de relación o amor, Gabriela me comentó que no tuvo sexo con mujeres, salvo lo que cuento en el relato “Entre amigas”.

    Llegó el viernes, nos vimos en la oficina, yo tenía un poco de temas pendientes, en eso escucho un chistido, levanté la vista y era Gabriela, me hacía señas, comencé a reírme, no entendía nada, y le envió un WhatsApp “no te entiendo un carajo, vamos a tomar un café”. Mientras tomábamos el café me dice

    Gaby: “¿vienes esta noche?”

    Yo: pero no quedamos en que voy mañana

    Gaby: estoy ansiosa, venite hoy, dale.

    Yo: bueno ok, pero salgo de acá voy a casa agarro algunas cosas y voy

    Gaby: siii gracias amor

    Yo: recuerda que estamos en el trabajo y no nos podemos besar.

    Gaby: uffa, como sabias

    Yo: te conozco tontis jajaja

    Gaby: vas a ver cuando estés en casa

    Yo: ay que miedo, me río.

    Pasó la jornada, me fui volando a casa, preparé un bolsito, puse algunas ropas, cerré mi casa y me fui.

    Llegué al departamento de Gaby, vive a pocas cuadras, en cuanto llegué a su puerta ella me esperaba, no hice más que entrar y nos besamos, ella me dice al oído, “dime que no nos podemos besar”, “no nos podemos besar estamos en el pasillo” jajaja, ella me responde, “sigue jodiendo y te hago el amor aquí” y me echo a reír. Paso y miro el departamento, se lo halago, es muy lindo, buen gusto en los muebles.

    Me acompaña al dormitorio, dejo el bolso, y digo “me encanta el departamento que tienes, es hermoso”, me responde gracias amor, con cara de emoción. Vamos a la cocina y digo, ¿hay que comprar algo?, descuida me responde ya está todo, a Gaby le pregunto, “¿tu familia ya sabe lo nuestro?”, me responde que todavía no, pero que lo quiere blanquear, pues no tenemos nada que ocultar.

    En eso suena el timbre, y nos miramos con sorpresa, ella atiende, y era Guillermo, nos miramos las dos, casi que nos paralizamos, a penas saludamos con un “hola”, cuando él me quiso besar, le giro la cara para que me bese la mejilla.

    Guillermo: ¿que raro que tú estés con mi tía?

    Yo: mirando a Gabriela, y ella como queriendo decir, anda dicelo. Le digo, mira ella y yo estamos en una relación.

    Silencio de Iglesia.

    Guillermo: mirándonos sin entender pronuncia ¿que?

    Gabriela: Si, estamos en una relación las dos.

    Guillermo: me mira y dice, “pero si…”

    Yo: sé lo que te dije, no me olvido, pero tú ¿no diste más señales de vida?. La vida y Gabriela me ofrecieron algo, algo maravilloso que no quise rechazar ni dejar pasar, por ahora te diré esto, no estoy en mi casa, no es el lugar ni el momento que hablemos, si quieres vienes a casa y hablamos mas tranquilos.

    Guillermo nos miró a las dos, no dijo nada y se marchó.

    Con Gaby nos miramos, mi corazón galopaba, la miro a ella y le digo: “disculpa, wow”.

    Gaby: no te preocupes, tarde o temprano iba a pasar, además espera que no termina acá, en cualquier momento me llama su mamá, osea mi hermana, ya veraz.

    Yo: uh perdón, amor, no quise que fuera así.

    Gaby: ven siéntate.

    Ambas nos sentamos en el sillón, yo apoye mi cabeza en su pecho, ella me rodeo con su brazo.

    Gaby: Descuida cielo, tú no tienes la culpa de nada, quizás mejor que fuera así, para no andar con rodeos, como tu dices y prefiero que sea así.

    Ella me tomó de la pera, me levanta la cabeza y nos besamos, y me dice te amo Andre.

    Y tranquilízate que te va a explotar el corazón. Me toca la teta y dice “late como caballo desbocado”.

    Yo: si, no se si es por lo que le dije a Guillermo o porque me estás tocando la teta.

    Gaby: boba jajaja.

    Nos pusimos a preparar algo para cenar y chan, suena el celular de Gaby, ambas nos miramos.

    Gaby: que te dije, es mi hermana que me dice “Felicidades hermana, buen noviazgo”.

    Yo: Fijate y pensá que le vas a responder.

    Gaby: la voy a mandar a cagar.

    Yo: quitándole el celular le digo ¡estás loca!… vas a complicar todo, se que estas caliente, pero respondele como que te chupa un huevo, quieren verte caliente, demostrarles que estás muy feliz y los calientes van a ser ellos, pensa mi amor y guiñandole un ojo y dándole un beso, la miro a ver que hace.

    Gaby: tienes razón, no se que haría sin vos, por eso te amo tanto, ya la iba a cagar.

    Yo: mientras respondes me voy a sacar esta ropa, quiero estar mas cómoda, ¿puedo?

    Gaby: obvio, si no lo haces te desnudo.

    Yo: ¡Joder…!

    Me voy al dormitorio, me quito toda la ropa, lenceria inclusive y me pongo solo una remera que me tapa el culo, paso por el baño, me higienizo y salgo. Gaby respondió a su hermana, no obtuvo respuesta, le pregunto si con esto su hermana va a seguir, o que puede pasar.

    Gaby: va a seguir rompiendo las bolas, ella es mayor que yo, pero igual soy adulta y puedo hacer lo que me dé la gana, no tengo que pedirle permiso ni a ella ni a nadie.

    Yo: si tienes razón, para que Gabriela no se quede mal, le digo, ya me cambié, no me miraste, y doy una vuelta.

    Gaby: hija de puta, solo una remera, me abraza y nos besamos.

    Yo: en un susurro, disfrutemos amor este fin de semana, ya está olvidate de tu hermana, y nos besamos muy rico con la lengua, mientras me acariciaba el culo.

    Preparamos la cena entre ambas, y le digo a Gabriela, “no estas muy vestida”

    Gaby: sabes que si, y comienza a desvestirse.

    Yo: no paro de reirme, y le digo, estas re loca jajaja

    Gaby: así me tienes, re loca de amor Andre.

    Yo: y dándole una palmada en el culo le digo andá a ponerte algo, que sirvo la cena.

    Mientras cenamos, ambas sentadas enfrentadas volvemos a tocar el tema de la hermana de Gabriela.

    Yo: oye, tu hermana vive cerca de aquí.

    Gaby: y más o menos.

    Yo: el próximo paso que vamos hacer es salgamos y que nos vean juntas, caminamos de la mano, del hombro, un besito si quieres y no más, y a cagar todos. Y el fin de semana que viene vamos a ver a mi familia, y que explote todo.

    Mientras hablo, Gaby me toca la pierna con su pie por debajo de la mesa, sube por el muslo, le acomodo el pie en mi conchita, y le digo, ¿escuchaste lo que dije?, y mientras me saca la lengua de manera sexy me responde, “si te escuche, y estoy de acuerdo, tu y yo somos como uno, me encanta”.

    Terminamos de comer, su pie en mi conchita, nuestras manos unidas y nos miramos en silencio, hasta que le digo, “junto la mesa, andá a la cama, porque quiero estar en la cama abrazada con vos”. Gaby me responde, estoy caliente.

    Levanté la mesa acomodé algunas cosas, apagué las luces y me fuí al dormitorio, Gaby me esperaba recostada, corre un poco las cobijas y ella desnuda me miraba, me quité la remera y quedé desnuda también, estire los brazos ella tomó mis manos, y me puse a horcajadas sobre ella, su cara cerca de mi vagina, le comenzó a pasar la lengua, solté mis manos, hice la cabeza hacia atrás, y comencé a acariciar mis tetas, después de un rato, seguí sobre ella hasta estar de frente, nos besamos, ella con sabor a mi jugos, en un susurro nos dijimos te amo, nuestras vaginas se juntaron en forma de tijera, nos movíamos, y jadeamos, hasta que ambas llegamos a un hermoso orgasmo, agitadas nos besamos, nos abrazamos y quedamos dormidas.

    Al día siguiente, desayunamos e hicimos planes, fuimos juntas al súper, muy pocas personas nos miraban, nosotras naturales como si nada, así anduvimos por el super, compramos y volvimos al departamento, nos dimos un beso como haber cumplido un objetivo, hicimos algo de comer, y Gaby se sentó a mirar su celular en el sillón, yo me acosté en sillón usando sus piernas de almohadas, “puedo” le pregunté, “lo que pasa es que estoy enamorada”, Gaby me miró y con apenas una sonrisa me dijo, “me gusta que me lo digas” y nos dimos un beso.

    Yo miré un poco el celular y me quedé dormida, pasó un buen rato, y siento que me acarician, la cabeza, la cara, y por los labios siento algo que no sé que es, era el pezón de Gaby, lo bese le pasé la lengua, y dije “¿qué pasó?, “te quedaste dormida, dormilona”, y me sonríe.

    Yo: perdona.

    Gaby: me gustó verte.

    Yo: me gusta estar contigo, me haces muy feliz, y eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

    Gaby: recuerda que soy llorona.

    Yo: joder, cierto. Y nos besamos.

    Así pasamos el sábado, sin mucho más que disfrutar el momento que estamos viviendo, el domingo veremos que nos tiene reservado.

    Espero que les haya gustado.

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  • Tu muñeca

    Tu muñeca

    Toco tímidamente la puerta de tu domicilio y estás allí. Si bien eres para todos un varonil hombre, hoy vistes con un hermoso vestido corto negro y sandalias altas de tacón que te dan un aire de mujer segura y dominante. Me ves despectivamente, me tomas del brazo y cierras la puerta, empujándome adentro de tu casa. “¡Quien manda soy yo!” exclamas afirmando lo que yo ya deseo y muy bien sé. Me llevas a la sala de estar y frente al sofá me desvistes y yo, esta travesti de closet que ha llegado voluntariamente a entregarse a tus más perversos deseos, me dejo ver por alguien por primera vez. Te ríes de mi insignificante miembro. Noto tu verga gruesa debajo de tu vestido. Chasqueas tus dedos y entiendo tu orden pues eres mi dominatriz. Me arrodillo, levanto la tela y siento el calor y el vapor de tu cuerpo y olor de tu hombría. La tomo con mis ambas manos y descapoto tu glande mientras mis glándulas salivales hacen agua mi boca y por vez primera siento el sabor salado en mi lengua de un pene. Lo chupo como a un sabroso helado arriba, a los lados, a tus testículos. Es maravilloso.
    El tiempo pasa muy rápido y comienzo a sentir un sabor muy intenso salado, es tu líquido preseminal que anuncia que estás a punto de estallar. Explotas como un volcán en mi cara. Tu semen es blanquecino, espeso, ligoso y un deleite al paladar. Lo unto en toda mi cara y mamo hasta la última gota.
    Me pones de pie, me llevas a una habitación y me ordenas: “no salgas hasta que parezcas una muñeca real”. He soñado este momento desde que leí tu correo. Veo tanta ropa de nena que dudo en encontrar la ideal para complacerte. Al cabo de casi una hora abro la puerta y salgo de la habitación. Estás en la sala de estar, con un cinturón en la mano. Te acercas a mi y caminas a mi alrededor, examinándome.
    Para ti, me he vestido como una verdadera muñeca de juguete: peluca rubia con dos colitas con moño rosa a cada lado de la cabeza; vestido rosado corto muy arriba de las rodillas y abultado en los hombros y brazos; calcetas escolares caladas dobladas al tobillo; sandalias blancas que combinan con las calcetas y, cubriendo mi pantaleta rosada de encaje traslucido, una tela estilo pañal blanco. El discreto maquillaje rojo en mis mejillas y labios complementa a la perfección.
    Ries complacido. Levantas el cinturón y me pegas duro con él en las nalgas. “Soy tu dueña” me ordenas y yo asiento con la cabeza, abandonándome a tus órdenes. Me besas apasionadamente, me conduces a tu habitación, me quitas el pañal y la pantaleta dejándome puesto todo lo demás. Aprietas mi micropene y mis testículos. Gimo del placer combinado con dolor. Me lanzas y volteas sobre la cama, me das dos nalgadas. Te desnudas, pero yo me volteo y te suplico. “Por favor mi ama. Quiero que me vea a los ojos mientras me penetra”. Y así fue, con saliva escupida en tu mano humectaste tu miembro duro que buscó mi ano. No tuviste compasión: me penetraste duro, de un tirón y hasta dentro de mí. Sentí enloquecer de dolor. Rasgaste los músculos de mi esfínter y sangré del culo como una princesa desvirgada.
    Tus cabalgadas fueron supremas, cada vez me penetrabas mas duro y mas dentro, eras una inagotable máquina de potencia sexual. Yo no pude más y perdí el control sobre mí. Mi cuerpo se alocó en espasmos incontrolables y mi micropene lanzó por todas partes y en todas direcciones la leche de mi orgasmo. Pero tu seguías inclemente. Te dio más gozo ver la relajación de mi eyaculación. Tu ritmo se aceleró, te sentí muy adentro hasta que finalmente con un grito delicioso sentí tu leche inundar hirviente mi recto.
    Te desplomaste sobre mí y me tiraste fuerte del cabello: “¿Quién es tu ama? ¿Quién te manda? ¿Eh?” me increpaste. Respondí obediente: “¡Solamente tú, mi ama! ¡soy tu muñeca travesti de closet privada! ¡Soy tu esclava sexual para tus deseos, ordena y obedezco!
    Sonreíste. Me sacaste tu gran verga del culo y sentí un gran vacío. “Duerme un rato” me ordenaste y concluiste: “Cuando despiertes te vestirás de Barbie. Tu ano que hoy es una vagina, no tendrá tregua todo el fin de semana… mi muñeca”.

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  • La bruja (2): La noche en el cerro

    La bruja (2): La noche en el cerro

    Este relato está conectado con “La bruja”, que publiqué antes. No es indispensable leerlo primero.

    Los primeros brillos de la tarde se reflejaban sobre las piedras grises. La vegetación seca y los cactus levantaban grandes sombras. Unas doscientas personas caminaban por los caminos terrosos que envolvían en espiral al cerro, desde las faldas hasta casi la cima, haciéndolo parecer una especie de Babel.

    Los hombres llevaban camisa fresca y pantalón de mezclilla; algunos también sombrero. Muchas de las mujeres llevaban vestidos largos de colores brillantes. Se juntaban en grupos de tres o cuatro amigas y bromeaban, se jalaban de los brazos o se sacaban fotografías. Por su alegría, parecía como si todas se hubieran extraviado camino a un bar.

    Casi al final de todo este grupo, Martín caminaba embelesado. Al frente de él, como a tres metros, iba Selene. La cara grande, circular y blanquísima, volvía cada tanto a mirar a Martín y le sonreía con unos labios claros, casi imperceptibles a esa distancia. El rímel acrecentaba un poco sus ojitos achinados. Su cabello negro se rizaba hacia adentro y, cuando giraba la cabeza, casi se podía sentir cómo las puntas le tocaban delicadamente el cuello.

    Aunque los separara tanto espacio, quien viera a Martín y a Selene habría advertido que iban juntos. Quizá hasta habría pensado que se conocían desde hace mucho. Pero no, eso último no era cierto. Se habían conocido solo una semana antes. Así que permítanme volver a empezar.

    Se terminaba el octubre de 2018 y Martín tenía 35 años. Algunas arrugas se habían formado en torno a sus hoyuelos, porque durante su vida había reído mucho; las arrugas en su frente delataban que era burlón y que sospechaba de muchas cosas. La barba de tres días cubría de negro buena parte de sus mejillas morenas. Usaba ropa caqui, muy gastada pero limpia; el pelo rizado, al hombro; los ojos, húmedos como aceitunas negras.

    Martín había llegado con su guitarra a un restaurante que invadía descaradamente la calle con mesas de cristal y macetas pesadas. Se había puesto junto a una pareja de gringos, a espaldas del marido y de frente a la mujer, y había empezado a tocar una tonada que decía:

    Y hoy voy llegando a Veracruz, dichoso,

    donde la vida pasa lenta y suave,

    cortando a los turistas dulces cocos

    y oyendo conchas en que silban mares.

    Mientras cantaba, la gringa desconocida hundía en el café una madalena y veía a Martín con ojos retadores. Martín tocaba su guitarra amorosamente, mientras sonreía con cinismo. Al cantar, recordaba una versión que conocían solamente sus compañeros de juerga:

    Y hoy voy llegando a Veracruz, rijoso,

    donde el aire me pone duro el cobre,

    tocando a las turistas —dulces cocos—,

    libando conchas que gotean amores.

    El marido gringo se volteó a Martín. Tras sus lentes de color sepia, los ojos azules parecían no tener alma. El sombrero de copa ancha le cubría una nariz ganchuda y requemada.

    —Nada más toca usted y se mueve el viento, ¿verdad? —le dijo el gringo en un español perfecto. —Tendremos una fiesta, ¿no querría usted venir a tocar?

    Era verdad que Martín tocaba con mucho sentimiento. La primera de las muchachitas ricas a las que, en palabra de su padre, él había “deshonrado”, se quedó tan triste con lo que fue su vida después de Martín que solía decir: “cuando él tocaba la guitarra, las palomas de las plazas gorjeaban más bajito”.

    Martín estaba a punto de aceptar la invitación, y la gringa ya estaba remojando otra vez su madalena, cuando Selene pasó airosamente por el restaurante. Al sentir la brisa que Selene movió a su paso, Martín recordó de golpe. Recordó a su maestra de 6º de primaria, que era absolutamente idéntica a Selene: su cara redonda, su pelo corto, su sonrisa difuminada, su paso decidido y libre.

    Recordó el día que lo habían castigado toda la tarde por pelear a golpes con un compañero en el futbol. Recordó el calor bochornoso del verano, contra las ventanas de un salón rural de teja. Para cuando terminó el castigo, ya no quedaba casi ningún adulto en la escuela. Era hora de que Martín pensara su camino de media hora a pie, de vuelta a su casa. Si su padre se había enterado de la pelea, la verdad prefería no llegar nunca. Algunas partes de su cuerpo aún recordaban la última vez que su padre se había enterado de algo. Pero entonces salió la última profesora, que en los recuerdos de Martín ya no tenía ni nombre. No le mostró piedad: le sonrió y se despidió de él cerrando la palma de su mano tres veces.

    El aire quedó lleno de ella y lleno de calma. Martín ya había fantaseado locamente con esa maestra, pero ahora tuvo la certeza de que no iba a olvidarla. Fue a casa de don Claudio (que era su tío, pero el “don” seguía siendo necesario) y le pidió que le enseñara a tocar la guitarra.

    Sin responder nada al gringo, el Martín de 35 años empezó a tocar la melodía más triste que se le ocurrió: “te fuiste cantando / y hoy vienes trayendo / la pena en el alma”. Y entonces Selene se dio la media vuelta, vio a Martín, le sonrió y siguió su camino.

    Durante esa semana se encontraron muchas veces. Por lo gracioso de la coincidencia, empezaron a saludarse, a hablarse como si se fueran conociendo poquito a poco a fuerza de verse sin querer. Martín supo que se llamaba Selene, que era diez años menor que él, y que se la encontraba tanto porque caminaba de escuela en escuela, juntando las poquitas horas de muchos trabajos. En sus tiempos muertos, Selene empezó a visitar las plazas en las que tocaba Martín, mirándolo con la mejilla sostenida sobre el puño. El día en que finalmente se besaron, Selene le hizo la invitación:

    —¿Vienes a la fiesta el martes? Quiero subir al cerro para que bendigan una cruz que me regaló mi abuela.

    E inmediatamente, se persignó, lo que significaba que la tal abuela había muerto hace poco. Martín la abrazó y le confirmó que iría.

    Ahora, en el cerro, Martín veía cómo Selene caminaba de espaldas, para poder verlo. La cruz de plata titilaba sobre sus pechos, ceñidos con cariño por un suéter ligero de color turquesa. El suéter tenía un tejido a rayas, que se entrecruzaban con diseños florales. Martín quería sentir ese tejido en sus manos. Selene llevaba unos pantalones negros y Martín empezó a pensar en lo que pasaría esa noche.

    En ese pueblo, las lluvias de noviembre hacían germinar la fresa. El día 30 de octubre, la gente ese lugar subía al cerro para pedirle a la Virgen “lluvias de noviembre”. También se acostumbraba bendecir objetos sagrados. Algunos ancianos llevaban pequeñas estatuillas y en grupos de cuatro hombres fuertes se podían llevar un altar completo. Pero la religión y la fiesta siempre están cerca: llegados a la Cueva, sancta sanctorum de esa fiesta, el rito se volvía cerrado y secreto. Y, mientras los fieles esperaban que las fuerzas del cielo bajaran a sus reliquias, mataban el tiempo con el baile y la borrachera.

    Por eso los hombres se habían puesto sus camisas más frescas y la mujeres sus vestidos más lindos, buenos para los giros en el baile y suficientemente discretos para no ser impíos. En el clima de fiesta, Selene se veía extraña. Como maestra que era, había llegado hacía muy poco del pueblo de Lagunilla Blanca, donde estaba la Escuela Normal. No era raro, entonces, que no tuviera las vestimenta de las locales, ni fuera con un grupo de amigas. Pero igual parecía gustarle la fiesta. Martín, al ver sus pantalones negros, pensaba que, ya entrada la noche, muchas chicas se entregaban en los primeros recovecos de la cueva o al abrigo de la maleza tupida. Pensaba en qué tan fácil sería bajarle esos pantalones cuando llegara el momento.

    Llegaron a la Cueva. Los oficiantes se encerraron con los objetos a santificar, entregando boletitos de cartulina para recogerlos. De algún lado apareció una bocina enorme, conectada a quién sabe qué electricidad, y de la que salieron los primeros compases de alguna cumbia. Con cínico desenfado, las mujeres escogieron a los hombres que les gustaban para los primeros bailes, mientras los compañeros no escogidos se pegaban a la piedra del cerro para alcoholizarse, esperando que alguna chica, harta, decidiera hacer un cambio de pareja.

    Martín y Selene bailaban con cierta dificultad. Él, que se había negado a quitarse la guitarra de la espalda, se la pasaba golpeando las nalgas de otros bailarines. Selene lo encontraba muy gracioso, y se le abrazaba bailando cuando quería evitar que tropezara. Entre las letras de las canciones, que invitaban a las mujeres a quitarse el vestido, y la cercanía de los pechos de Selene, Martín tuvo una erección. Como no podía hacer mucho al respecto (no tenía cómo alejarse de Selene ni con qué cubrirse), se limitó a hacer un gesto de resignación y a reírse de sí mismo.

    —Me gusta que no la disimules —le dijo Selene, compartiendo su risa. —Me da confianza.

    Fue una alivio cuando los oficiantes salieron a repartir los objetos benditos. Selene de inmediato se puso su cruz al cuello y empezó a alejarse de la fiesta, caminando cerro abajo. Se habían ido los últimos rayos de la tarde. Martín caminaba detrás y Selene se volteaba a verlo cada tanto. La luz de la luna iluminaba su cara blanca entre el pelo negro y, en toda esa oscuridad, Selene parecía como una segunda luna.

    —Se ve que a la Virgen le debe gustar mucho la cumbia —se rió la chica.

    La belleza de Selene le despertó a Martín un momento del fervor religioso, popular y pasional, que él había vivido de niño. Sacó su guitarra de la funda y le improvisó unas estrofas:

    —Compa, que la cumbia

    suene entre las piedras,

    entre los vestidos

    y las camisetas.

    Compa, que las morras

    bailen en la Cueva, y

    llovera la Virgen

    sobre nuestras fresas.

    Selene lo besó tomándolo de la cara. Salieron del camino y se escondieron donde pudieron. Martín consideraba eso una victoria: si Selene lo acompañaba, era que también quería acostarse con él. Ahora necesitaban encontrar un lugar adecuado para eso.

    —Supongo que es normal —empezó a decir Selene, mientras buscaban. —La cumbia, los colores vivos, las chicas que vienen con la certeza de que voy van a recibir… bueno, lo que los hombres están queriendo darles… Después de todo, es una fiesta de la lluvia, de la fertilidad. Y, aunque nos digamos que es para la Virgen… la verdad es otra cosa. Es para alguien que nos puede dar el agua y los frutos… alguien muy anterior a que llegara la Virgen.

    Martín estaba muy esperanzado de que Selene mencionara el sexo, pero el resto del diálogo le parecía raro. Algo le decía que las palabras de Selene eran un poquito más paganas de lo que se podía esperar en una chica que había llevado su cruz a bendecir. Pero, ¿qué más daba todo eso?

    Llegaron finalmente a un claro iluminado y desierto. Martín echó al suelo una colcha que había guardado en la funda de su guitarra. Al instante, Selene se recostó y él la siguió. Le desabotonó el pantalón, se lo bajó hasta las rodillas y ella misma terminó de quitárselo. Martín acarició sus muslos pesados con las yemas de los dedos y le pasó los labios por el cuello. Selene empezó a vocalizar sofocadamente, como un perro que sintiera un pequeño dolor. Le abrió el pantalón a Martín y se lo bajó junto con la ropa interior.

    Selene apenas tuvo la oportunidad de confirmar que Martín estaba erecto a más no poder cuando éste se le puso de frente y la abrió de piernas para masturbarla. Apenas él sintió que ella estaba suficientemente húmeda, le metió un dedo y empezó a arremeterla. Por la sonrisa maliciosa que tenía, podía saberse que Martín sentía el ritmo de su masturbación e intentaba pensar en que ya estaba penetrando a Selene. Ese ritmo que llevaba con la mano esperaba muy pronto llevarlo con su miembro.

    Martín sabía que no estaba siendo amable y eso le causaba alguna culpa. Quizá Selene le reprocharía que había sido brusco… pero, en ese momento, quería decirse a sí mismo que lo guiaba una fuerza incontenible. Era falso, claro, pero generalmente esa falsedad se les concede a los hombres. Si había oportunidad, ya se disculparía; podría ser más considerado la próxima vez. Si ésta era su única oportunidad para coger con Selene, quería disfrutarla a profundidad. Sacó el dedo de Selene y, discretamente, lo olió, antes de usar esa misma mano para tomar su miembro y dirigirlo a ella. Selene gemía y le sonreía.

    Martín puso el pene en la entrada de su vagina, y lo paseó un poco por el resto de la vulva. Dio dos golpecitos al clítoris, y lo llevó a la vagina de nuevo. Selene gritó cuando empezó a meterlo, y tuvo que llevarse la mano a la boca. Primero metió el glande y lo sacó. Vio la reacción de Selene, que le pedía con la cara volverlo a meter. Así lo hizo tres veces. Luego le metió el pene entero de golpe. Selene arqueó la espalda con fuerza, cerrando los ojos, mientras gritaba:

    —¡Qué bestia eres!

    ¿Era un insulto o un halago?

    Martín se dio un momento para sentir a Selene. Sentía como su propio miembro se movía involuntariamente y, con pequeños saltitos, rozaba el fondo. Antes de seguir, aún con el miembro completamente clavado en Selene, Martín se dio un momento para tocarle el pecho sobre el suéter. Por fin había conseguido tocar ese tejido de líneas entrelazadas. Ahora seguía lo de abajo. Le metió la mano bajo el suéter y tocó el pecho sobre el brasier. Luego, le metió la mano bajo el brasier Qué delicioso pecho.

    Aún con el frío, los pezones estaban distendidos y se adivinaban grandes. ¿Serían tan claros como los labios de Selene? Martín se dijo a sí mismo que no podía esperar para saberlo, penetró a Selene de golpe nuevamente y le pidió que se quitara el suéter. Así lo hizo ella. Martín mismo le jaló el brasier hacia arriba y encontró sus pezones.

    Finalmente. La penetró con fuerza una tercera y una cuarta vez, y luego se entregó con toda su atención a manosearla. Era el pecho más perfecto que había conocido, y reflejaba hermosamente la luna de esa noche dichosa. Apretó los pechos, delineó la aureola, besó y mordió los pezones. Cuando iba a penetrarla por quinta vez, la cara de Selene cambió y tomó la misma malicia que tenía la de Martín. Tomó de golpe su miembro y no lo dejó volver a penetrarla.

    —¿Te gustó “mojar la brocha”? —le dijo.

    Algo intentó contestar Martín, pero Selene lo calló untándose el miembro de él en la vulva, mientras con la otra mano se acariciaba delicadamente, ora los labios, ora el clítoris.

    —Tienes 35 años, Martín Martínez, y no sabes masturbar a una mujer apropiadamente —le dijo, burlona.

    Cuando Martín intentó zafarse para penetrarla de nuevo, Selene lo quitó definitivamente de su vulva y empezó a masturbarlo con rudeza. Ella, con una fuerza inesperada, se negaba a soltarle el miembro; él se negaba a aceptar la idea de que la penetración había terminado.

    —¿Ya no me vas a dejar gozarte? —le dijo Martín, intentando sonar seductor.

    Selene no contestó en lo absoluto. Siguió masturbándolo con la misma brusquedad que él había usado con ella. Martín ya estaba demasiado excitado: había penetrado a Selene, que era su ideal de mujer hermosa, y el sexo a la intemperie le daba demasiado morbo. Así, hicieron falta tan solo treinta segundos de masturbación y de forcejeo, para que Martín estuviera a punto de eyacular.

    —¡En mis pechos! —dijo Selene, justo antes.

    A toda velocidad se puso debajo de Martín y le puso los pechos alrededor del miembro. Al sentir el roce, Martín expulsó su blanco vigor en el pecho de Selene. El semen manchó la cruz recién bendecida de su abuela, pero, cosa rara, a Selene pareció no importarle gran cosa. Solamente se quitó el semen del pecho con tres dedos y lo arrojó a la tierra:

    —Allí donde esta leche cae, brotan margaritas —dijo Selene, sonriendo maliciosamente.

    El miembro de Martín aún no había perdido completamente su firmeza. Estaba frustrado: sentía que Selene le había quitado algo. Selene lo vio provocadoramente, se mojó la lengua con los labios y le dijo:

    —Oh, no es para tanto. Mira, te propongo un trato. Si se te vuelve a parar, me puedes coger otra vez.

    Entonces Selene se puso en cuatro patas, bajando el pecho y la cara, elevando sus nalgas. Martín sonrió de oreja a oreja. ¡Qué ilusa! Esa habilidad natural era precisamente el as que siempre le quedaba bajo la manga. No dijo nada, pero volvió a masturbar a Selene, esta vez con más cuidado, y se agasajó manoseando sus nalgas. Mientras hacía todo esto, pasó dos dedos por debajo del escroto y se dio un masaje en la base del pene. Este era su secreto para conseguir una segunda erección. No siempre funcionaba, pero esa noche tenía que funcionar.

    Martín le impuso su torso en la espalda a Selene, montándola como un perro. Desde atrás, le llevó las manos a los pechos y se los acarició mientras le gruñía le halagos en el oído.

    —Estas tetas que tienes… tienen que ser lo mejor que hay en la vida.

    Selene sintió como una de las manos de Martín dejó sus pechos y supo lo que iba a pasar. Lo sintió penetrar una y otra vez. Martín se aferraba sus pechos, cogiéndola de forma animal, empujándola al suelo. Selene gimió con todas sus fuerzas. Se llevó la mano al clítoris y se estimuló hasta que tuvo un orgasmo.

    Martín sintió como las paredes de Selene se cerraban a su alrededor. La estrechez de la vagina amenazaba con sacarlo a la fuerza, pero Martín puso más vigor a sus embestidas, empecinado en seguirla penetrando.

    —Eso, eso —le decía Selene con una voz ronca. —Sígueme cogiendo.

    Por un momento, Selene se alzó del suelo y se irguió. Todo su cuerpo reflejaba la luna, mientras sus pechos botaban por las arremetidas de Martín. Pero Martín era muy celoso de sus pechos, y entre los manoseos de él, los pezones de Selene estaban cubiertos casi todo el tiempo.

    Selene volteó. Así como lo volteó a verlo cuando se conocieron, así como volteaba cuando iban subiendo el cerro… así como había volteado su maestra para despedirse, justo así Selene se volteó a verlo. Martín la besó mientras seguía manoseándola. Luego puso delicadamente su mano en el cuello de ella y otra mano en su trasero; con estos puntos de apoyo, podía penetrarla aunque estuviera erguida.

    Cansados de esta posición, Selene cayó al piso. Martín se acomodó para darle tres estocadas profundas y Selene tuvo otro orgasmo. Pero Martín no se detuvo.

    —¡Qué fuerza tienes en las caderas, Martín! ¡Qué joven te siento adentro mío! —le dijo Selene, cuya voz estaba ya apagadísima: después del segundo, el placer del orgasmo era más extendido, y el gozo se empezaban a confundir con el sopor.

    Pasaba la noche y de la fiesta de la Cueva ya no llegaba más que algún eco perdido.

    Un momento antes de que Martín tuviera un orgasmo, Selene lo empujó, le puso una mano en el abdomen y evitó que la siguiera penetrando. De nuevo, la fuerza de Selene había crecido misteriosamente. En el momento de confusión que Martín tuvo, Selene usó la mano que le quedaba libre para tomar el miembro de Martín. Con la mano allí, Martín no podría meterle más que el glande.

    —¡Otra vez! ¿Por qué? —se quejó Martín.

    Pero no pudo discutir nada, porque, de pronto, sintió algo moverse en la vegetación. Caminando con toda calma desde arriba del cerro, venía la pareja de gringos para la que Martín estaba tocando en el restaurante el día que conoció a Selene.

    —Veo que sí vino a nuestra fiesta, a tocar para nosotros —le dijo el gringo.

    A su lado, la misma gringa del restaurante veía encantada el sexo entre Martín y Selene, y se mojaba los labios con la lengua. El gringo había tomado la guitarra de Martín y tocaba una vieja polca.

    Martín quería seguir cogiéndose a Selene, pero para eso sentía que necesitaba privacidad. Así que primero debía mandar al diablo al gringo. Un par de amenazas o un golpe en la cara serían más que suficiente. Esto, además, le permitiría arrancarle la guitarra de sus gringas manos. Sin embargo, Martín sentía que no podía moverse y eso empezaba a ponerlo nervioso. Sentía la mirada del gringo recorriendo el hermosos cuerpo de Selene y, peor aún, su propio cuerpo.

    —¡Váyase al Diablo! —le dijo Martín al mirón.

    —Véngase usted conmigo, pues —le contestó el gringo. —O véngase en mi esposa, a la que se está cogiendo usted tan exquisitamente.

    Selene, que aún estaba en cuatro en frente de Martín y aún sostenía su miembro con fuerza, le sonrió maliciosamente, y le dijo «sí» con la cabeza.

    —¿Cómo que esposa? ¡Me va a dar explicaciones de eso último, y luego se va usted a la chingada! —vociferó Martín.

    —A ver, Martín Martínez, calma. Sé que quieres seguir un rato con Selene. No te culpo: si por mí fuera, no saldría de mi cama nunca. ¿Te gustaría cogértela toda la noche? ¿Te gustaría repetir esta noche, justo así, una y otra y otra vez? Y Selene, claro, te gusta porque te recuerda a esa profesora de primaria. Se llamaba Eréndira, por cierto. Muy buenos pechos, la Eréndira. ¿No te gustaría volver al pasado y hacer realidad tus fantasías con ella? Claro, pero a lo mejor tu padre se enteraría, ¡y la madriza que te caería entonces!… ¿Te gustaría haber crecido sin ese borracho en tu vida?

    Entre todo este discurso, Martín casi había perdido su erección.

    —Uh-uh-uh-uh-uh —dijo el gringo. —Elige rápido o se te va la fuerza.

    Mientras Selene aún le tenía agarrado el miembro, la gringa se puso detrás de él, se acuclilló y empezó a acariciarle los testículos. Pasó un dedo por debajo del escroto y frotó con delicadeza la base del pene. Tanto creció, que por más agarrado que estuviera, en la misma posición, volvió a introducirse un poco en la vagina de Selene, que gimió un poquito.

    —Si cuando Selene te suelte, le metes hasta el fondo esa linda verguita que tienes, voy a asumir que tenemos un acuerdo, ¿va? Yo me quedaré aquí, quietecito, mirándolos. Cuando termines, me puedes pedir lo que quieras.

    Selene, entonces soltó a Martín.

    —¡Chingue a su madre, pinche patas-de-chivo! Yo no hago tratos con el Chamuco —vociferó Martín.

    Se subió los pantalones y se alzó inflando el pecho. Le dio un puñetazo al gringo en la cara. Él no se defendió. Le arrancó la guitarra de las manos y salió corriendo, cerro abajo.

    Como quizá ya sepan, el final de Martín no fue feliz. Mientras lo veía irse, la gringa se acercó a Selene y la ayudó a vestirse.

    —Ay, mi Selene, mi Delia, mi Cintia de mi corazón —le dijo la gringa, abrazándola sobre la manta que Martín había dejado. —No te achicolapes: ya será el próximo año. Ya ves: los hombres son como los peces, y no mueren precisamente por la boca.

    El gringo estaba triste por haber perdido la guitarra, pero se forzó a sonreír. Sí, ya sería la próxima. Mientras los tres regresaban a la cueva, él recordaba a Martín e iba canturreando:

    —¡Compa, que las morras

    bailen en la Cueva, y

    llovera la Luna

    sobre nuestras fresas!

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  • Terminé de criado de mi jefa (10): Festejo con orgía

    Terminé de criado de mi jefa (10): Festejo con orgía

    Al llegar a nuestra ciudad deje a Susana en su mansión, durante todo el viaje habíamos charlado, de nada personal, de la vida, de temas profundos, al bajarse de la camioneta me dio un tierno beso en los labios, por un segundo se quedo inmóvil, creo que quería invitarme a entrar y que pasáramos la noche juntos, pero volvió a cambiar su semblante.

    Susana: Hasta luego Señor Rodríguez, fue un lindo fin de semana.- otra vez volvió a poner una barrera aunque no era tan rígida si marcaba la distancia.

    Me dirigí hasta mi departamento, ya era muy tarde, me bañe y vi todo mi cuerpo, estaba morado por todos lados, rasguños, mordeduras y moretones, incluso hasta mis nudillos estaban hinchados y con raspones, me dolía todo el cuerpo, pero había sido un sexo raro, si me preguntan me gustaba la novedad, aunque dolía. Dormí como un tronco cansado, me costo un poco levantarme, me dolía todo.

    La mañana comenzó bastante agitada, con muchos mensajes en el grupo de WhatsApp, en el básicamente habían reenviado un mensaje de Javier el esposo de Hernán, dándonos indicaciones legales, y de mi querían que pasara lo más desapercibido posible, que me estuviera quietito por unos días. Cuando llegue a la empresa un empleado de seguridad de llamo a un costado y me dirigió a la oficina de su jefe, el viejo me pidió lo mismo que el mensaje, y me dijo que siempre iba a haber uno de sus muchachos cerca. Me di cuenta que había chicos nuevos de seguridad, el viejo zorro me confirmo que en realidad eran policías que se hacían pasar por empleados de la empresa, y no son los únicos me advirtió.

    Ya en el café de media mañana recibí un mensaje para encontrarnos en el despacho de Hernán. En el ascensor me encontré con mis amigos que venían del área de informática, y me avisaron que dos colegas de azul se habían hecho cargo de sus lugares, no había que ser un genio para entender que la policía había copado aéreas especificas en la investigación.

    Voy a explicar otra vez de que va la empresa. A parte de tener múltiples ramas menores, la principal en la que estábamos se dedica por un lado a la administración de puertos, teniendo en el país dos puertos propios y seis concesionados, y en la región, o sea los cinco países vecinos tienen siete puertos más , a esto hay que sumarle los parques que rodean al puerto, donde se ha construido una infraestructura ferroviaria y de galpones que se alquila a otras empresas, y de la mano de esto esta el área de tanto terrestre, aéreo y naval. A parte de esto tiene bases o sucursales en veinticinco países más, generalmente con los que más comercio tiene la región.

    Nuestro rubro es algo sensible, por lo tanto las autoridades siempre están con un ojo encima, por el hecho de que pueda entrar o salir algo ilegal del país.

    Cuando llegamos la secretaria de Hernán nos hizo pasar a la sala de juntas, cada gerencia tenia su piso y su sala de juntas, al lado de la oficina del gerente, La Gerencia de Operaciones era la más grande de la empresa, en empleados y tamaño. Al entrar estaba Hernán, Clara, Vale, el jefe de Seguridad Enríquez, y un sujeto que tenia toda la pinta de ser policía.

    Hernán: Chicos pasen, siéntense, ahora le traen su café.- se paro y nos saludo a los tres con la mano, tenia mucha más confianza con los chicos después de estar trabajando juntos en el programa informático.- Mira este es el Comisario Ordoñez.- se dirigió a mi.- Es el jefe del operativo.

    Ordoñez: así que ustedes fueron los que vieron la punta del iceberg, miren el robo y fraude a la empresa es uno de los delitos que hacían esta organización, el que nos importa y por el que estamos aquí es el trafico, esta gente alquilaba containers para empresas y meter mercadería de forma ilegal al país, en un principio pensamos en drogas, pero no, es tecnología proveniente de China, celulares, tablets, computadoras, todo sin pagar ningún impuesto. Millones y millones de dólares ingresan por mes bajo esta misma forma.

    El comisario siguió explicándonos y nos dijo que la investigación estaba en una etapa de resolución, que esa semana se iba a llevar adelante la finalización de la misma, que mientras tanto tuviéramos bajo perfil todos, y me miro a mí, como si supiera algo. En un momento dado el Comisario y Enríquez se fueron para organizar sus cosas, nosotros mientras seguíamos tomando nuestro café, mi novia se paro y me dio un beso delante de todos y después se dirigió a los chicos y le dio un beso en la mejilla a cada uno, estos estaban rojos no estaban acostumbrado que los dueños lo trataran así, Hernán para incluirlos empezó a preguntar por las modificaciones del software que le había pedido, los chicos inmediatamente respondieron comentando todo lo que habían hecho.

    Hernán: Genial eso me gusta gente con iniciativa y que resuelva. Mi hermana esta al tanto de todo y los apoya, no pudo venir porque quedo un poco golpeada del ejercicio que practico el fin de semana.- esto lo dijo mirándome fijo.- y se quedo para reponerse, ya que tiene la tarde cargada de reuniones en el banco.

    Los chicos después del café se fueron a sus lugares, o a su área para ser precisa, por que sus lugares estaban ocupados por la policía, iban a aprovechar para mejorar el software de nuestra empresa. Yo me quede solo, las chicas me miraban y se reían, y Hernán me miraba como si estuviera por decirme un chiste o algo así.

    Clara: Ya se, siempre te he dicho que eres un salvaje, creo que para ser exactos eres un León, y te apareaste con una Leona guerrera, sabes que en el apareamiento de estos es normal las mordidas y que se claven las garras.- Vale se reía del otro lado.- ahora ella entiende por que a mi me dolía la pelvis después de estar contigo.- Clara se reía, y los otros también.- eres un animal jaja.

    Hernán: Hasta ahora son todas cosas positivas, cuando le pregunte esta mañana no dijo nada de ti, en casos anteriores despotrica o insulta a sus amantes, pero contigo dijo un escueto estuvo bien, para ella eso es un enorme gesto.

    Vale: Pasaste la prueba cariño, ahora te tengo una mala noticia, tengo que viajar al interior hoy al medio día, pero vuelvo el Jueves a la noche, me voy con Clara.

    Bueno charlamos un rato más, todo con buena onda entre risas y después me fui a mi trabajo. Cuando llegue mi jefe me reto por la demora, había tardado de más en el café de mitad de mañana, yo solamente acepte el regaño y seguí, no podía decirle de donde venia y quedar descubierto. Volví a mi tedioso y aburrido trabajo, según me entere por un compañero, Martín el Director de Compras había vuelto y se lo veía un poco maquillado y que no salía de su oficina ni hablaba, yo pensé que era para disimular los moretones, después me entere que no hablaba por que le fracture la mandíbula.

    Ya me hacia yo a la idea de una semana sin sexo, Clara y Vale de viaje, a Juli la habían cargado de trabajo en el Banco y estaba como loca, Susana según las chicas tenia periodos de sexo explosivo de uno o dos días y después semanas sin nada, así que no contaba con ella. Así que seria mi descanso. Baje a almorzar al comedor y ya estaban Kevin y Lautaro, me mataron a preguntas sobre mi relación con Vale, y si todo estaba bien. Yo me reía de ellos.

    Kevin: Que gol que te anotaste, la tienes encandilada.- dijo riéndose.- no sabia que tenia problemas de vista, porque es la única opción, teniendo a dos galanes como nosotros.

    Lautaro: ¿No tendrá amigas para nosotros? Mira que somos unos partidazos.

    María desde la otra punta del comedor charlaba con sus compañeras de Recursos Humanos, y nos miraba y cada vez que me veía me sonreía, los chicos se dieron cuenta al toque, y empezaron a decirme barbaridades. Pero era la primera vez que me pasaba, nunca una mujer me miraba así, y la verdad analizando las cosas es que María siempre se portaba rara conmigo, y se lo comente a mis amigos.

    Lautaro: Es que eres tonto, yo no se como una hermosura como Valentina se prendo de ti. Esa chica quiere algo contigo y hace rato.

    Kevin: Es que eres otro hombre, te paras con seguridad, tu caminar y semblante han cambiado, te viste de puta madre, que me imagino que tendrá que ver Valentina en eso. No eres tan lindo como nosotros pero tienes una pinta de macho duro, de esos alfas con pelo en pecho.- hizo todo esto haciendo la mímica, no parábamos de reinos.

    Lautaro: te has vuelto un tipo enigmático, encima corren rumores sobre ti.- yo lo mire riéndome.- vamos esta el rumor de que tu golpeaste al ex de Valentina, y nosotros sabes cositas como para afirmar eso.

    Los chicos cortaron la conversación porque María se nos unió, saludo a todos, y se quedo a conversar con nosotros, como no teníamos muchos temas en común nos pregunto si sabíamos algo de la investigación que habíamos hecho, nosotros negamos con la cabeza. Después nos conto que había hecho con su bono, y empezó a hablar parecía que no se callaba más, no nos daba ni oportunidad de decir algo. Cuando se hizo la hora de volver nos despedimos, y nos fuimos cada uno a nuestras aéreas, pero ella me alcanzo camino al ascensor. Me miraba directo a los ojos o a la boca, y me dijo que el fin de semanas sus amigas y ella saldrían a tomar algo, que si quería podía ir con mis amigos.

    Le agradecí pero tenía que volver a mi ciudad para el cumpleaños de mi madre, así que para la próxima vez. Me pareció un poco decepcionada pero bueno, no era mi problema.

    El resto de la jornada fue más que aburrida, termine me fui al gimnasio a entrenar un poco y después al departamento. El martes y el miércoles fueron igual, y en estos dos días también se acerco María a charlar con nosotros, incluso invito a los chicos a salir el fin de semana con ella, los chicos volvieron a burlarse de mí, y me dijeron que yo estaba atrapado, que ello harían el honor.

    En estos días estuve bastante activo con el grupo de WhatsApp siempre escribían y preguntaban cosas, la única que no era activa y contestaba poco era Susana. También mantenía comunicación constante con mi novia, o hacíamos videos llamadas, incluso tuvo el descaro de cortarme para ir a tener sexo con Clara. Pero bueno, tener sexo todos los días y de repente cortar, lo tome como un descanso merecido.

    El jueves a la mañana antes de entrar al trabajo recibí un mensaje de la Jefa, doña Susana me pedía que subiera urgente a su oficina ni bien llegara a la empresa, y asi lo hice, su secretaria me dejo pasar en el acto.

    Susana: Alberto, por favor escribe los cinco directores que para ti deben ocupara los cargos en la Gerencia Financiera. – me paso un bolígrafo y papel.

    Me pego un gancho al hígado aquello, porque yo pensaba que estaba más que capacitado para ocupar alguna de esas direcciones, conocía todo al detalle. Escribí mi nombre como Director de Compras. Ella se la notaba nerviosa, movía sus pies y repiqueteaba con las uñas en el escritorio cada tanto.

    Susana: No puedes estar tú, aunque se que estas capacitado, te necesito en otro lado. Elige a alguien capaz y afín a ti.

    De malas ganas lo escribí, en realidad puse a las personas más capaces y que estuvieran limpias, no puse nadie afín a mí.

    Susana: Ven aquí, necesito que me calmes los nervios.- dijo separándose un poco del escritorio.

    Ella llevaba un traje con pollera hasta las rodillas, abrió bien sus piernas, no me cansaba de ver sus perfectas piernas, se ve que estaba necesitada, porque remango su pollera y me jalo de los cabellos con destino a su cueva mágica, tenía una tanga de algodón blanca, la aparte y empecé el trabajo con mi lengua, la señora tenia necesidad por que me estampaba contra su vagina, ella se movía en su asiento, ya como veía que lo quería rápido introduje dos dedos en su vagina y empecé a moverlos, ella se apretaba los pecho y resoplaba.

    En menos de tres minutos la señora estaba teniendo un orgasmo, mientras se estrujaba las tetas. Yo me pare y pensé ahora me toca a mi, con una carpa evidente en mi pantalón. Ella una vez recompuesta me tomo del cinto y me trajo hacia ella, mirándome a los ojos como loba, pero el intercomunicador sonó.

    Secretaria: Señora el jefe de Seguridad la busca, es urgente.

    Me hizo seña y yo me senté en mi lugar, colocando mi portafolio sobre mis piernas para tapar mi erección. El señor Enríquez entro y Susana con un movimiento de la mano empezó a hablar, básicamente venia a informarle que el operativo estaba por empezar, solamente estaban esperando la llegada del fiscal con las ordenes firmadas por el juez.

    Susana: Ve a tu puesto Alberto y disfruta del show.

    Ella me miro y sonreía al ver como me cubría con mi portafolio, y caminaba con cierta dificultad. Seguro lo hizo a propósito, mis sentimientos estaban encontrados en este momento, me sentía bien por un lado porque todo esto iba a terminar, y por el otro mal, es porque me sentí usado, no tan solo en el sexo inconcluso de ahora, sino más bien porque no se me daría un ascenso, como dije estaba más que capacitado para ocupar cualquiera de las Direcciones. Antes no hubiera dicho nada, pero mi nuevo yo estaba molesto y pensaba decirlo en cuanto tuviera oportunidad.

    Al llegar a mi puesto de trabajo el Director de Recursos Humanos me estaba esperando para disciplinarme, por llegar tarde, solamente les conteste de muy malas ganas que se comunicaran con Presidencia, que estaba en una reunión con la Sra. Susana, se lo dije tan mal y con tan mala cara que ni me contesto y se fue de mi área de forma inmediata, no estaba de humor.

    El show comenzó casi una hora después, a mi me avisaron por mensaje, fue Hernán, mire y tenia un Memorándum donde detallaba los nuevos cinco Directores de la Gerencia de Finanzas, era un Memo general que recibía todo empleado de la empresa. Muchos no lo veían inmediatamente, es más yo lo vi por que me avisaron. De los cinco nuevos, cuatro eran nombres que yo había puesto, el quinto era un alguien que trabajaba en otra empresa del grupo, que conocía de nombre nada más. Todos buenos empleados, pero yo pensaba que era mejor.

    Uno de los chicos que estaba en un cubículo más adelante que el mío vio el Memo y se lo empezó a comunicar a todos, en pocos segundos las veinticinco personas que pertenecíamos a esa área lo sabia, incluso la secretaria del director se dio cuenta y fue a su computadora a confirmarlo, el cuchicheo y hablar por lo bajo se era prácticamente lo que pasaba entre todos y nadie entendía, casi al mismo tiempo unas diez personas entraron al área, todas identificadas con camperas y gorras de la policía, alguien que exhibiría una hoja en alto hablo, y nos pidió que nos alejáramos de nuestras computadoras, acto seguido aprendieron a dos de mis compañeros, a la secretaria y al director, lo mismo pasaba en cada Dirección de la Gerencia de Finanzas.

    Fue prácticamente un asalto de la policía a la Gerencia de Finanzas, estaba todo perfectamente coordinado, se llevaron a todos esposados y sacaban cajas con computadoras, celulares y archivos. Algunos tuvieron que salir de testigos de todo el allanamiento, nos desocupamos para el medio día, en realidad no podíamos trabajar.

    El comedor era un bullicio total, cada uno tenia un plan más loco que él otro, justo en el momento en que estábamos comiendo con mis amigos nos cayo María y sus compañeras, quiso sacar cara preguntándome directamente si era por nuestra investigación delante de ellas, yo solamente respondí que estaba todo en manos de la justicia yo no sabia nada de lo que hablaba. Ella vio su metida de pata y para cambiar de tema quiso ser condescendiente conmigo diciéndome que yo me merecía alguna de las Direcciones, ni respondí. Ahí nos llego un nuevo memorándum, en el básicamente decía que tras una investigación interna, se descubrió que personal de la empresa incurría en múltiples delitos, tras una denuncia en la justicia la misma llevo adelante durante meses una investigación que confirmo los hechos, eso era todo.

    Después de todo eso nos dieron el resto del día libre a toda nuestra área. Yo me fui a mi casa, no estaba de humor para nada, como seguía así salí a correr, llegue me bañe y me cambie, un mensaje cariñoso de mi novia me saco de mis pensamientos, básicamente me decía a que hora llegaba al aeropuerto y que me pusiera algo lindo, lo bueno es que me lo dijo cariñosamente, por eso me peso menos, pero igual lo hice de malas ganas.

    Ellas ya me estaban esperando, y notaba las miradas masculinas sobre ellas, la verdad que eran dos mujeres que sobresalían de la media, eran hermosas realmente, y su forma de vestir resaltaba su belleza, eran muy elegantes.

    Vale: Hola cariño.- dijo lanzándose hacia mí y estampándome un beso.- te extrañe.

    Clara: Hola Salvaje.- y me dio un beso en los labio, alguno de los hombres que observaba me miro con envidia y otro con orgullo.

    Ya en la camioneta me pidieron que me dirigiera a la Mansión de Susana.

    Vale: Es que esta invitado el nuevo Gerente Financiero, te va encantar, y hay que celebrarlo en grande.- a mi cada vez me gustaba menos todo.

    Llegamos a la mansión y todos estaban de buen humor, y la cosa estaba más que animada, no había nadie extraño, el único que no era del grupo era Javier el esposo de Hernán. Pensé que el nuevo gerente estaba por llegar, yo seguía parco, hablaba poco y tenia cara de pocos amigos. El personal empezó a servir la comida y no esperamos a nadie más, en un momento dado Susana pidió que nos llenaran las copas de vino a todos.

    Susana: Por el nuevo Gerente Financiera de la empresa y el futuro marido de Valentina.- todos dijimos salud al unisonó.

    Ahí me di cuenta que estaba hablando de mi, yo era el nuevo gerente de la empresa. No lo podía creer, todos me rodearon y abrazaron, Susana me miraba con una sonrisa y aplaudía, igual que Hernán y su esposo aplaudía. Todos estaban eufóricos, y yo en estado de shock, yo no podía creerlo, todavía no reaccionaba. Seguimos brindando y comiendo, yo estaba seguro que estaba preparado para ser Director, ahora Gerente era otra cosa, todo eso circulaba por mi mente. Ya habíamos terminado de comer y se había retirado el personal, fuimos a otro lugar, una habitación con sillones por todos lados, yo ya había estado ahí, no me di cuenta porque seguía hundido en mis pensamientos.

    Susana: Yo se lo que estas pensando.- Me dijo al oído.- no tienes de que preocuparte, yo te ayudare y estaré muy cerca.

    Me tomo de la corbata y me trajo hacia ella, metió la lengua hasta la garganta, ahí recién pude reaccionar y responder a su beso, era posesivo parecía que me quería comer, me tomo un poco de sorpresa. Hernán y su marido traían una bandeja con tragos para nosotros y las Clara y Juli también comenzaron a besarse, al soltarme mi novia estaba esperando y ocupo el lugar de Susana para besarme, mientras creo que era Susana frotaba mi pene por encima de mi pantalón. Rápidamente todos nos desvestimos, creo que la presión y estrés de estos días había que liberarlo de alguna forma, y el sexo era bueno para ello.

    Susana me empujo contra un sillón, ya era la dominante de siempre se veía en su mirada. Puso un pie en el apoya brazos y su vagina quedo a la altura de mi cara, mientras mi novia se arrodillaba entre mis piernas y empezaba a succionar mi pene. Susana quiso empujarme hacia su vagina, pero tome yo la iniciativa agarre fuertemente de sus nalgas clavando mis dedos en ellas y traje su vagina a mi boca y empecé a devorarla como si fuera una fruta madura, ella tuvo que apoyarse con las dos manos en el respaldo del sillón para no caerse. Mientras Juli y Clara hacían un 69, Javier estaba encima de Hernán besándose en la otra punta del salón. No quería acabar tan rápido, y Vale estaba haciendo un placentero trabajo en mi pene.

    Alberto: Cariño, te necesito aquí.- le dije abriendo bien las nalgas de la jefa.

    Mi novia me entendió en el acto y empezó a lamer el ano de la jefa, y unos segundos después introdujo un dedo en su vagina y otro en su ano, era un ataque múltiple, tanto es así que Susana empezó a gemir como loca, y los otros dejaron de hacer lo suyo y vieron el impresionante orgasmo que tuvo la jefa, tanto es así que cayo semi inconsciente sobre el sillón.

    Cuando se repuso, le dieron un trago, mientras yo me dedicaba a mi novia, besándome con ella, y acariciándonos, nos dejaron un momento de intimidad para los dos, mientras todos hacían lo suyo, yo puse a Vale en un sillón alto, tome de sus piernas y la puse sobre mis hombros, sabia que mi novia le encantaba que la penetrara así, yo arriba y mirándonos. La penetraciones eran profundas y rápidas, mientras le acariciaba los pechos Vale tuvo un orgasmos, yo quería seguir y acabar dentro de mi novia pero me detuvo.

    Vale: Cariño guarda tu semilla para fecundar a las chicas.

    Mire y Clara y Susana nos estaban viendo como esperando su turno, más allá una escena que no me gusto tanto, pero ya la vi como algo casi normal, Hernán estaba en un sillón, su marido se la estaba mamando de rodillas y Juli estaba dándole un beso negro mientras jalaba el pene a Javier. Yo no quise mirar más así que tome a Clara y la acosté en el mismo sillón, en la misma posición que mi novia.

    Alberto: No te molestara comérselo a Susana verdad.- esta la llamo a Susana y se subió arriba de su cara.

    Así que Clara se la comía a la jefa, mientras yo la penetraba, en un momento nos acercamos con Susana y empezamos a besarnos, era un comportamiento que no era normal en ella, pero la posición difícil y prácticamente estábamos doblando a la pobre de Clara hicieron que nos separaremos, Vale vino y ella empezó a besarme y cuando me dejaba hacia lo mismo con Susana. En la habitación solo había gritos y gemidos, Clara acabo y con ella también me fui yo en su interior, Susana se quedo a medias por eso cuando se bajo de arriba de Clara se fue encima de mi novia y empezaron a frotarse los sexos.

    En el otro lado, Javier seguía en cuatro, pero ahora Hernán le estaba detonando el ano, dándole con todo mientras lo nalgueaba y Juli estaba recibiendo un tratamiento oral por parte de Javier.

    Yo me recupere en el acto, el descanso me vino bien. Agarre desde atrás a la jefa y la penetre, que rica sensación ahí me quedaría hasta acabar. La orgia se prolongo hasta la madrugada.

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  • Antes de irse de viaje

    Antes de irse de viaje

    Me escribió y dijo que si íbamos por alitas… le respondí que sí y me dijo “bueno, mejor pide el día completo”.

    Nos vimos como a las 10, fuimos a desayunar y me platicó que ese fin de semana se iba a ir unos meses a Mérida por chamba, que por eso quería verme.

    Anduvimos un rato en la plaza comprando cosas que le hacían falta, algo de beber y nos fuimos a un hotel.

    Round 1.

    Desde que llegamos dijo “es a morir eh, tengo que aguantar 3 meses” me empecé a reír y desde que subía las escaleras veía contornearse ese culo que tanto me gusta, la tomé por detrás y empecé a manosearla, hasta llegar a la cama. La aventé hacia la cama boca abajo, me puse sobre ella besando su cuello y desabotoné su pantalón para meterle mano, intentó girar, pero no la dejé.

    “Así quédate” le dije mientras jalaba su pantalón y me sentaba a lado… empecé a nalguearla y frotar su ropa interior. Cuando noté que empezaba a mojarse pasé mis dedos por sus labios abriéndolos despacio… Regué un poco su humedad y después metí de golpe dos dedos sacándole un gemido. “Te quiero bien mojada” le dije mientras mis dedos entraban y salían haciéndola gemir fuerte mientras que con mi otra mano la sostenía de la cintura.

    No pasó mucho tiempo para que sus gemidos expusieran el primer orgasmo con mis dedos dentro de ella. Yo ya no aguantaba y quería metérsela.

    Con mi mano acaricié su espalda hasta tomarla del cabello y dándola una nalgada más le dije: -ven.

    Se levantó de la cama y sosteniéndola del cabello hice que se hincara mientras me bajaba el pantalón. Ella metía su mano al bóxer… sacó mi pene y empezó a tocarlo.

    Lamía cada centímetro de mi verga apretando mis bolas como me gusta; escupía y metía a su boca una y otra vez. Cada vez que intentaba comerla toda le empujaba la cabeza hasta escuchar sus arcadas… fue en uno de esos momentos donde mi primer brote explotó y llegó a su garganta llenándola de lechita caliente.

    Golpeé sus mejillas con la verga escurriendo de saliva y con una sonrisa le dije: -“ya sabes“.

    Se levantó, quitamos la ropa que un teníamos y se puso en 4 sobre la cama y yo de pie, detrás de ella mi erección seguía dura. Apenas en posición pasé mi verga por sus nalgas, abrí ligeramente y entré directo… el golpeteo de mis bolas y su humedad parecían competir con los gemidos que emitía, entraba rápido y con fuerza: -“¿quién es mi putita?”, le preguntaba…

    Mis manos acariciaban su espalda y bajaban a sus pechos, de pronto saqué mi pene y le dije: -“gira ” y antes de subir sus piernas a mis hombros chupé esas tetas grandes, redondas, duritas con sus pezones erectos, grandes, me encantan esos pechos que fue lo que me hizo querer conocerla y que iniciaran estos encuentros casuales desde hace ya casi 10 años.

    Volví a penetrarla retomando el ritmo que tenía, haciendo que terminara rápido, le avisé y rápidamente se incorporó para que me viniera en su boca como le encanta y llenando de leche su garganta nuevamente.

    Round 2.

    Pues pasamos al jacuzzi.

    Ahí todo fluía más tranquilo, me acariciaba despacito nos dábamos algunos besos mientras charlábamos. Me empezó a tocar bajo el agua, me la jaló un poco y me pidió sentarse sobre mí, seguía jalando mientras masajeaba sus pechos y me recreaba con esa vista espectacular.

    Todo era un rico jugueteo y mientras se ponía más duro mi pene, mis manos comenzaron a acariciar sus nalgas y pasar los dedos por su anito.

    Con mi dedo hacía círculos y lo presionaba poco a poco, así un par de veces hasta que logré meterlo un poco. Para ese momento ella ya estaba clavadísima en mi verga moviéndose despacito y riquísimo mientras yo estaba chupando sus pechos. Dejé sus boobies y le dije: -“por atrás” y sin cuestionar nada se giró.

    Volví a pasar unos segundos los dedos y empecé a penetrarla muy despacio. Sentía como comenzaba a entrar la cabeza y salía. Volvía a hacerlo.

    Así un par de veces hasta que mi verga entró con más facilidad. Entonces la tomé de las nalgas y no salió, poco a poco fue penetrando más. Para ella según dijo era una sensación rara… al inicio le dolía y así lo dejaba saber con sus gemidos que parecían gritos, pero yo acariciaba su espalda tratando de calmarla y le decía: -“tranquila chiquita, lo estás haciendo muy bien”.

    La empujaba haciendo un vaivén muy despacio hasta que entró toda la verga. Se pegó a mí y le a acaricié nuevamente esos pechos preciosos y le besé la espalda, parecía que no se movía. Inmediatamente me percaté que se sentía más relajada.

    Yo le decía lo apretada que estaba, que se sentía delicioso apretadita. Y le preguntaba que si sentía lo duro que me tenía. Y así, volvió a sentir mis movimientos suaves pero con un poco más de fuerza. Se volvió más frecuente… se sentía tan bien. La escuché agitarse y sabía que se iba a venir

    Entonces le volví a preguntar: -¿quién era mi putita?

    Ella me dijo sin dudar -“Yo”.

    Sabía que nadie había entrado ahí, así que le dije que quería ser el único que le diera así. Tenemos un acuerdo de poder ver a otras personas. Pero después de 10 años, yo era el primero en darle por atrás.

    Y entre mis peticiones y sus gemidos era momento de venirse. Fue delicioso como sentí chorrearme todo dentro de ella.

    Terminé, salí despacio. Volvimos a sentarnos y entre besos le dije: -“estás bien apretadita”.

    Metí de nuevo mis dedos en su vagina para que ella terminara.

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  • Juguete de ella, juguete de él (3): El regalo

    Juguete de ella, juguete de él (3): El regalo

    Erin no se molestó en tocar la puerta. Entró directo a la oficina de Salvador, cerrándola con calma detrás de ella, como si el lugar le perteneciera tanto como a él. Llevaba puesto un vestido ligero, que al moverse dibujaba sus curvas con naturalidad. Sus tacones repiqueteaban suavemente contra el piso mientras avanzaba hacia el escritorio.

    —Mira —dijo con una sonrisa traviesa, mostrando la pantalla de su celular. En ella brillaba la imagen de unos pendientes finos con su collar a juego—. Son perfectos.

    Salvador la observó en silencio unos segundos, reclinándose en su silla con esa seguridad que tanto la desarmaba. No miró el celular, la miró a ella. Sus ojos la recorrieron de arriba a abajo como quien evalúa una posesión, un aire de dueño que Erin conocía bien y que, lejos de incomodarla, la excitaba.

    —Eso es caro, princesa —respondió al fin, su voz grave y calmada, sin una pizca de duda—. Vas a tener que hacer más cosas para ganártelo. No basta con lo que ya me das… tendrás que cumplir tareas, una a una, como yo las disponga. Quiero que cada vez que lo pida, me demuestres que sabes obedecer.

    Mientras hablaba, se incorporó lentamente. Con un gesto pausado, se desabrochó el cinturón y dejó caer sus pantalones. Esa fue toda la señal que Erin necesitó.

    Dejó el celular sobre el escritorio, se arrodilló frente a él con naturalidad. Sus labios se curvaron en una sonrisa cómplice, sus ojos brillando con deseo y sumisión.

    —Sabes que haré lo que sea… —susurró, justo antes de liberar su polla y llevársela a la boca.

    El silencio de la oficina se llenaba únicamente por el sonido húmedo y constante de la boca de Erin. Ella estaba concentrada, entregándose por completo, sintiendo cada reacción de Salvador y respondiendo con deseo. Sus labios lo recorrían con precisión, su lengua marcando cada contorno mientras sus manos ayudaban a guiarlo con delicadeza y fuerza al mismo tiempo.

    Salvador la observaba desde arriba, una mano apoyada en su cabeza, sin apresurarse, disfrutando cómo se esforzaba, cómo parecía devorarlo con hambre contenida y, al mismo tiempo, placer.

    Erin tragaba todo con cuidado, sin derramar nada, controlando cada movimiento, cada jadeo, consciente de lo que hacía y disfrutando el poder de su entrega. Cada movimiento de sus labios y lengua lo excitaba más, mientras ella se sentía dueña de la situación en su sumisión, orgullosa de complacerlo hasta el final.

    Cuando él llegó al clímax, ella sostuvo todo con firmeza, mirándolo a los ojos, mostrándole su obediencia antes de tragarse cada gota sin titubeos. Un instante de conexión silenciosa los unió: él satisfecho, ella plena, ambos conscientes de la intensidad del momento.

    Las semanas siguientes transcurrieron con una rutina en apariencia tranquila, pero marcada por silencios punzantes y una nueva, incómoda intimidad. En casa, Erin y Zandro mantenían la apariencia de una pareja normal. Zandro la observaba a menudo, notando los pequeños cambios: la forma en que caminaba, cómo miraba el teléfono con una sonrisa fugaz, cómo su cuerpo irradiaba una satisfacción que él no podía darle. A pesar de la humillación, él no se atrevía a confrontarla; temía que cualquier reproche lo alejara de ella para siempre.

    Una noche, mientras ella dormía profundamente, él se acercó a su cabello, inhalando. El aroma de ella, conocido, se mezclaba sutilmente con una colonia amaderada que no era la suya. El conocimiento le cayó encima como una losa, pero en lugar de despertarla y preguntar, Zandro giró, dando la espalda y abrazando el vacío en su lado de la cama.

    Aun así, la amaba con intensidad. Cada vez que la veía, sentía esa mezcla de deseo y vulnerabilidad que lo mantenía atado a ella. Aunque la situación lo hacía sentirse impotente, en el fondo se aferraba a una esperanza absurda: que Erin, pese a todo, algún día lo elegiría.

    Mientras se recostaba solo en el sofá, su mirada se perdía en el techo. Aún tenía fresca en su mente la confesión de Erin: su infidelidad y lo que le había hecho hacer esa noche. La mezcla de excitación y desconcierto lo envolvía, y no podía apartar de su cabeza lo ocurrido, preguntándose cómo manejaría aquello y qué significaba para su relación con ella.

    El silencio de la casa lo envolvía, cargado de ese recuerdo, recordándole lo mucho que necesitaba a Erin, pese a todo lo que había sucedido.

    Otro día, llegando al departamento de Salvador después del trabajo, Erin y él cruzaron el umbral. Dejaron los abrigos a un lado, y mientras él acomodaba algunas cosas, Erin comenzó a desvestirse lentamente. Su vestido ligero cayó al suelo, revelando su tanga y su piel brillante por la emoción. Salvador la observaba con una sonrisa de dueño, disfrutando la tensión que la recorría.

    Se acomodaron en la cama, respirando con anticipación. Salvador se sentó al borde, evaluándola con intensidad. Erin lo miró, excitada y obediente, con el teléfono en la mano.

    —¿Lista para una nueva tarea? —preguntó él, firme—. Hoy quiero que llames a tu esposo y lo hagas escuchar todo mientras yo te follo. Y no solo eso… quiero que le cuentes lo que te hago.

    Erin asintió sin dudar y marcó a Zandro, dejando el teléfono cerca de su oído.

    —No cuelgues —le indicó Salvador—. Esto es para ti.

    Salvador se acercó a ella, la tomó suavemente y la colocó sobre la cama, en la posición de perrito. Erin respiraba agitada, con el teléfono pegado al oído, mientras comenzaba a describir cada sensación a Zandro:

    —Zan… me está tocando… me acaricia el culo… siento su mano en mí… —jadeaba, excitada, mientras Salvador le arrancaba el tanga con fuerza, dejándola completamente expuesta—. Me está rozando la polla por mi concha… ahhh… lo sientes, Zan… cada sensación… cada movimiento… me hace temblar…

    Salvador, disfrutando de su sumisión, hundió la punta de su polla contra la humedad de su concha, provocando un gemido profundo de Erin. Una nalgada resonó en la habitación y él le reclamó:

    —Cuéntale todo, Erin. No te detengas.

    Ella obedeció, su voz entrecortada y excitada:

    —Me folla en la pose de perrito… Zan, siento cómo me llena… cómo me mueve… cada embestida me quema… ahhh… me hace temblar…

    Salvador no esperó a que terminara y la penetró de un solo golpe, provocando un grito de placer de Erin. La conexión con Zandro seguía activa; él escuchaba incrédulo, pero el sonido del golpe seco de los cuerpos chocando y la voz de Erin lo convencían de que era verdad: su esposa estaba siendo follada en ese instante.

    —Me siento tan… tan suya… tan completamente tuya, Salvador… —jadeaba Erin, mientras él controlaba el ritmo y la profundidad de las embestidas, asegurándose de que cada golpe la hiciera estremecerse—. Ahhh… cada empuje me hace temblar… Zan, lo sientes… lo siento todo…

    Salvador, viendo que Erin estaba muy mojada y cerca del orgasmo, aceleró las embestidas. Ella continuó narrando, perdida en el placer:

    —Ahhh… Zan… me está destrozando… me hace perder el control… me siento llena… ¡Dios! cada movimiento… ¡más, más intenso!

    Finalmente, Erin no pudo contenerse más y se corrió, empapando su concha mientras sus gritos resonaban. El teléfono se le resbaló de las manos, pero una nalgada firme de Salvador la hizo volver a tomarlo:

    —Zan… lo siento… ahhh… la polla de Salvador… me está follando tan profundo… me llena por completo… —jadeaba, rendida y satisfecha.

    Salvador también llegó a su clímax, hundiéndose en ella con un gruñido mientras se corría dentro de su concha. Erin, jadeando y temblando, le dijo a Zandro:

    —Zan… está dentro mío… muy adentro… me está dejando toda llena… como la otra noche… es Salvador… me corre dentro… —perdida en el placer, con cada palabra transmitiendo la intensidad del momento.

    Una vez terminado, Salvador se dejó caer junto a ella, arrastrándola hasta quedar en cucharita. Con voz grave y dominante, le dio la nueva orden:

    —Ahora dile algo bonito a tu esposo.

    Obediente, Erin respondió:

    —Te amo, Zan… Ya voy para casa.

    El teléfono quedó entre sus manos, transmitiendo cada gemido, cada embestida, cada palabra. Zandro escuchaba impotente, incrédulo, atrapado en la excitación y la humillación de lo que su esposa estaba haciendo.

    Zandro permanecía sentado en el sofá, el celular aún en la mano. Cada gemido, cada jadeo y cada suspiro de Erin retumbaban en sus oídos, dejando un eco imposible de ignorar. No podía creer lo que escuchaba: la mujer que amaba, su esposa, suplicando y gimiendo con otro hombre mientras él lo escuchaba en tiempo real.

    La incredulidad lo dejó paralizado. Su mente gritaba que debía cortar la llamada, que esto era imposible, pero su cuerpo reaccionaba por sí solo. Un calor intenso se acumuló en sus pantalones, una erección traicionera que desmentía su mente llena de ira y dolor. No entendía cómo podía excitarse escuchando a Erin con otro hombre, mientras su corazón se llenaba de humillación y desesperación.

    Sus manos se llevaron al rostro, intentando contener la confusión y el tormento que lo devoraban. Ira, indignación, deseo y traición se entremezclaban en una mezcla que lo dejaba rígido, paralizado y a la vez alerta. Cada gemido, cada golpe, cada sonido húmedo del teléfono lo atravesaba, provocando que su cuerpo reaccionara en contra de su voluntad. Quería gritar, quería llorar, quería apartar el teléfono… pero no podía. Algo en él lo mantenía pegado, escuchando, sintiendo.

    Se sentía atrapado en un torbellino de emociones contradictorias: excitación y humillación, amor y traición, deseo y desesperación. Todo era intenso, demasiado intenso, y no podía escapar. Sabía algo con certeza: necesitaba a Erin, aunque lo que ella hacía lo desgarrara por dentro. La erección, traicionera e imposible de ocultar, era la prueba física: su cuerpo, humillado, se negaba a repudiar el deseo. Quería gritarle que parara, pero lo único que podía hacer era escuchar y seguir duro.

    Salvador se recostó al lado de Erin, encendiendo un cigarrillo mientras la observaba con su mirada calculadora de siempre. El humo se enroscaba en el aire, pero no apartaba la atención de ella.

    —Vas aprendiendo —dijo con una sonrisa satisfecha, su voz grave—. Si sigues así, pronto tendrás tu premio.

    Erin se acomodó a su lado, acurrucándose contra él con una mezcla de cansancio y satisfacción. Su corazón aún latía con fuerza, y una sonrisa de complicidad se dibujaba en su rostro. Cumplir la tarea le había dado un sentido de poder y logro. Cada orden que había obedecido, cada movimiento que había hecho siguiendo sus indicaciones, la hacía sentirse viva y deseada.

    —¿Y cuándo tendré mi premio? —preguntó Erin, juguetona, aunque con un brillo en los ojos que mostraba que el verdadero placer estaba en cumplir y obedecer.

    —Pronto —respondió Salvador, sin dar detalles—. Pero primero quiero que sigas demostrando que puedes cumplir cada indicación, cada prueba. Quiero verte completamente obediente, completamente entregada.

    Erin asintió, sintiéndose orgullosa de sí misma. No había culpa en su interior, solo la certeza de que estaba obteniendo lo que quería. Cada tarea cumplida la acercaba más al control de su placer, a la intensidad de sus experiencias, y a la sensación de poder que le daba complacer a Salvador.

    Se recostó junto a él, relajándose mientras el humo del cigarrillo se dispersaba lentamente. Estaba satisfecha, plena, y sobre todo consciente de que cada paso que daba la acercaba al premio que la esperaba, un premio que no tardaría en llegar.

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  • Universitarias a la cama: Tania

    Universitarias a la cama: Tania

    En mi vida universitaria fue de las épocas que más sexo casual he tenido hoy quiero relatarles unas de esas historias. En los primeros ciclos llevaba cursos de estudios generales donde nos juntaban con estudiantes de otras carreras en un mismo curso.

    Gracias a eso podía entablar amistad con estudiantes de otras carreras y conocerlos hasta que nos dividan a cada uno de acuerdo a su especialidad, así fue cuando un sábado terminando el curso de liderazgo y desarrollo personal quedamos un grupo de haciendo vida social.

    Un compañero ofreció su casa para seguirla ya que vivía cerca de la universidad éramos un grupo de 8 personas 4 mujeres y 4 hombres, compramos en el Oxxo latas de cerveza, unas botellas de licor, hielo y piqueo (Snacks).

    Una vez instalados en su casa, todo era bromas y risas entre nosotros. Hasta que una compañera de nombre Camila se le ocurre que juguemos el famoso juego del “Juego de la botella” o “Botella Borracha” en algunos países.

    Nos juntamos en forma de círculo alrededor de la sala y empezaron a girar la botella, la primera persona que selecciono la botella fue a Ignacio y Karina tenía que escoger si Ignacio debía responder una pregunta o cumplir un reto.

    Karina: Dale un beso en la mejilla a la persona que está a tu lado derecho

    A su lado derecho estaba Miguel, una vez que le dio el beso en su mejilla ambos se sonrojaron y lo demás nos comenzamos a morir de la risa.

    Al siguiente giro de botella me tocó a mí y Camila debía hacerme una pregunta o cumplir un reto. Camila se quedó un rato pensando hasta que lo decidió.

    Camila: Dale un beso francés a la persona de tu izquierda

    A mi Izquierda estaba Tania una chica de 21 años de la carrera de Ingeniería Industrial, una estatura de 1.68 metros, ojos de color verde oliva con centro ámbar, de piel blanca y una cabellera de tono rubio avellana que le hacía resaltar su rostro.

    Un silencio cayó sobre el grupo, esperando cual iba a ser la reacción de ambos. Tania voltea a mirarme esperando una respuesta, la presión esta sobre mí.

    Sin perder más tiempo me lanzo sobre Tania sorprendiéndola, cruzo mi brazo sobre su espalda y la inclino hacia atrás, juntando mis labios con los de ella procedemos a besarnos nuestras bocas se entreabrieron. Mi lengua tocó ligeramente la de Tania, provocando un cosquilleo que le recorrió la espalda. Ella respondió, torpe al principio, pero pronto el beso se volvió más fluido, más profundo. Era un beso francés, pero también creo que descubrí algo más: una confesión muda, un “me gustas” sin palabras.

    Quizás Camila sabía algo que yo no sabía y por eso fue que ordeno este reto. Nuestras lenguas jugaban entre sí, olvidándonos por completo que todo el grupo nos estaba viendo. Hasta que Miguel alzo la voz.

    Miguel: ¡O ya, queremos continuar con el juego!

    Cuando nos separamos, nuestras respiraciones estaban entrelazadas, Tania sonrió.

    La botella siguió girando cuando me toco mi turno justo tenía que darle un reto a Roger como Camila estaba a su costado le ordene.

    Yo: Pellizca las nalgas de la persona a tu izquierda.

    Roger con todas las ganas y malicia le dio un fuerte pellizcó a Camila en sus nalgas.

    Camila: ¡Auchh!

    La noche continua entre risas, juegos y besos hasta que las chicas decidieron marcharse. Esa noche llegue pasando las 00:00 am a casa, estaba con el miembro erecto recordando el beso Francés que le había dado a Tania, así que busque fotos de ella en su cuenta de Facebook encontré una de ella en bikini de sus vacaciones en Cartagena, Colombia. Debo reconocer que tiene un bonito cuerpo, delgado y muy comestible lo que me provoco hacerme una paja viendo esa foto hasta votar mi producto lácteo ya luego más relajado me eche a dormir.

    El día jueves llegue 18:30 pm a la universidad para recibir el curso de Comercio Electrónico, eran 18:45 pm y el profesor no venía, hasta que nos informan que el profesor del curso por X motivos no podrá dar la clase hoy y si quisiéramos nos podíamos retirar, algunos compañeros se marchan yo no me podía retirar porque tenía otra clase a las 9 pm, así que debía esperar hasta esa hora era un recreo de 2 horas, decido ir a la cafetería de la universidad para comprar algo para tomar mientras hago hora.

    En unas de las mesas de la cafetería veo sentada sola a Tania, estaba revisando unos apuntes en su cuaderno, decido acercarme y hablar con ella.

    Yo: Hola Tania – alza la vista para verme

    Tania: Hola – me saluda con una sonrisa, jalo una silla y me siento a su costado.

    Yo: ¿Tienes un curso hoy?

    Tania: Hoy no, bueno si lo que pasa el martes falte y el profesor de estadística tomo una prueba sorpresa y a mí me falta esa nota, hable con el profesor por WhatsApp y me dijo que viniera hoy que me tomaría la prueba, fui a su salón donde está dando clase ahora me dijo que mejor me la toma terminado su clase, pero su clase termina a las 9:00pm faltan todavía 2 horas es un pesado.

    Apoya su rostro sobre una mano e infla sus cachetes, me dieron ganas de darle un beso en ese instante, pero me contuve.

    Yo: Yo también tengo 2 horas libres el profesor que me tenía que dar clase no vino y tengo otro curso a las 9 pm por lo que no me puedo retirar aun.

    Tania voltea a mirarme

    Tania: Oye haz visto que han abierto un nuevo centro comercial a 6 cuadras de aquí vamos a conocer.

    Yo: bueno si no hay otra cosa que hacer vamos a conocer.

    Salimos de la universidad caminando con Tania me daba cuenta lo guapa que era, sabía que por el camino pasaríamos por un hotel y esa era una oportunidad que no podía desaprovechar, comenzamos a conversar y yo llevaba la conversación siempre a una broma jugando con ella, hay aprovechaba y realizaba toques casuales e inocentes para así poco a poco ir aumentando la confianza.

    A las mujeres les encanta el sexo tanto como a los hombres y sabía que tenía que ir llevando la conversación a ese punto.

    Yo: Tania, recuerdas el mejor beso que te han dado.

    Tania voltea a mírame con una sonrisa

    Yo: Eso quiere decir que el mío fue el mejor

    Tania: Si, me gusto el beso que nos dimos. Pensé que no lo harías, me sorprendiste.

    Aproveche y coloque mi mano sobre su hombro izquierdo abrazándola, ella no me rechazo ni se apartó eso era una señal de que iba bien.

    Yo: Sabes, tengo muchas ganas de besarte, aunque no estoy seguro de hacerlo

    Tania me comienza a mirar de forma interrogativa, aproveche que pasamos por una zona oscura donde no había luz y la empuje hacia la pared, coloque mis manos sobre la pared rodeándola para que no se me escapara y me acerque lentamente a sus labios, comenzando a besarnos, nuestros labios se devoraban entre si mientras nuestras lenguas jugaban, poco a poco recorro sus mejillas y su mandíbula bajando a su cuello (esta zona es muy sensible en las mujeres) Regresaba nuevamente a sus labios y realiza todo el recorrido anterior después comencé a besar sus hombros y al mismo tiempo acariciaba su cabello y sus orejas (zonas erógenas).

    Llegando a este punto sabía que Tania ya estaba excitada, probé dejarla de besarla por un momento y ella se acercó a mí para que la siga besando. Así que seguí adelante, aumente la excitación al tomar su mano y la lleve a mi pene (esto por encima de la ropa) ella le dio un fuerte apretón con eso me dio a entender que ya estaba lista para el acto sexual. Sin más preámbulo le agarre de la mano y la lleve al hotel que estaba en la otra cuadra. Entramos, solicite una habitación pague el costo por 2 horas y me dieron la llave y un control remoto.

    Subimos por el ascensor, al recorrer el pasillo que nos llevaba a la habitación, escuchábamos los gemidos de las parejas teniendo relaciones sexuales, Entramos a la habitación y cierro con llave, Tania se encuentra en forma pensativa como dudando lo que está a punto de hacer, la agarro de la cintura y la lanzo sobre la cama, me lanzo sobre ella y comienzo a besarla mientras con mis manos voy desabrochando sus pantalones, ella me detiene.

    Tania: Espera creo que vamos muy rápido.

    Yo: ¡Demasiado tarde! Te dejaré ir solo después de haberte follado.

    Le bajo el pantalón junto con las bragas, agarro sus piernas y le doy la vuelta. Me desabrocho mi pantalón bajándomelo junto con mi bóxer.

    Yo: Espero que estés lo suficientemente húmeda.

    Coloco un cojín debajo de su monte de Venus, dejando su culo al aire. No se defiende, está más que preparada.

    La penetro con tanta fuerza que grita. Le agarro del cabello y la jalo hacia atrás, saco mi miembro y vuelvo a penetrarla. Todo su interior explota de deseo, engulle todo mi miembro. Continúo penetrándola con fuerza, una y otra vez hasta que ya no aguanta más y se corre, gritando fuertemente su orgasmo. La vuelvo a clavar dos veces más, continúa gimiendo y me vacío dentro de ella.

    Yo: Mmm… ¡qué bien! – Le acaricio la espalda

    Tania: ¿Qué, ahora los preliminares, después de follar? – Voltea a verme, empieza a sonreír y se le marcan dos hoyuelos en las mejillas.

    Le retiro mi miembro luego de haberle eyaculado y nos tumbamos agotados y felices en la cama, estábamos embarrados de semen.

    Tania: Estuvo delicioso, hace tiempo que no me hacían venir.

    La envolví con mi brazo dándole un beso en la cabeza, nos quedamos así un rato descansando.

    Yo: Vamos a la ducha a limpiarnos.

    Tania: Si vamos ya es tarde y no podemos regresar oliendo a sexo a la universidad.

    Nos dirigimos a la ducha no sin antes terminar de desvestirnos. Tania desnuda tiene un hermoso cuerpo lo que hizo que mi miembro se levantara. Ya dentro de la ducha al ver mi miembro parado comienza a morderse los labios sacando la lengua. Abro la llave de la ducha y el agua comienza a caer sobre nuestros cuerpos, con una mano le agarro del mentón.

    Yo: Supongo que tu lengua me quiere insinuar que quieres hacer una mamada

    Tania: Tal vez

    Baja colocándose de rodillas y abre la boca poco a poco, pasa su lengua sobre mi glande y lame el tronco de mi pene.

    Tania: Ya no puedo más, necesito que me folles.

    Yo: Todavía no. Primero abre la boquita. –Mi glande vuelve a pasar sobre sus labios.

    Tania me hace hago caso y engulle mi pene, lo comienza a chupar hasta que noto como se empalma. Mis manos se hunden en su pelo y mantienen fija su cabeza. Seguidamente, empiezo a moverme dentro de ella, mi pene le llena toda su boca.

    Chupa y lame mi pene que empiezo a gemir con intensidad y mientras le clavo los dedos en su cabellera y el agua de la ducha cae envolviendo nuestros cuerpos. Noto que Tania comienza a ahogarse por lo que la suelto para que respire, su boca estaba llena de mi semen.

    Tania: Por favor te lo imploro necesito, ahora mismo otra polla dentro de mí. ¡Me estoy volviendo loca!

    La lanzo sobre el piso de la ducha cayendo boca abajo, me monto encima de ella clavándola pero esta vez por el ano.

    Tania: ¡Espera! ¡Te equivocaste de hueco, por ahí no!

    Su ano se comienza a ensanchar al recibir a mi miembro, Tania comienza a gritar de dolor, pero no le hago caso a sus gritos sé que literalmente está hirviendo de deseo, su cuerpo empieza a convulsionar sin control mientras que yo la voy clavando como un poseso, después de unos minutos siguiendo el mismo ritmo, no noto dolor alguno, solo un deseo ardiente y desenfrenado. Mi polla empieza a convulsionar dentro de su ano, pero antes de darle rienda suelta a su orgasmo que la hace gritar de pasión, logrando Tania correrse.

    Caímos rendidos sobre el piso de la ducha yo encima de ella, con mi miembro aun en su interior terminando de eyacular.

    Tania: ¡Maldito burro! Me haz follado duro, me destrozaste el culo por completo creo que ahora tendré que usar pañal.

    Ambos sonreímos, nos terminamos de bañarnos y vimos que ya eran las 8:45 pm yo tenía clase a las 9 pm y ella una prueba de estadística. Mientras nos vestíamos suena su celular.

    Tania: Guarda silencio que es mi novio.

    Yo: ¿tienes novio?

    Tania: ¡Shhh! Hola amor, ¿qué tal tu día?

    Novio: Bien, ¿Dónde estás?

    Tania: En la universidad, tengo una prueba de estadística

    Novio: ¿Has estudiado?

    Tania: Claro, seguro apruebo.

    Novio: A qué hora quieres que vaya a recogerte amor

    Tania: No se, te timbro cuando este por salir para que vengas

    Novio: ok amor cuídate, te amo

    Tania: Yo también te amo, besitos.

    Y cuelga yo no podía aguantarme la risa y Tania me queda mirando

    Tania: ¿Qué pasa? Tú no vas a decir nada, sino ya no lo volvemos a tener sexo.

    Yo: Pobre muchacho

    Tania: El me ayuda pagándome la universidad, además como tiene carro también me ayuda a movilizarme.

    Yo: Supongo que lo recompensaras muy bien

    Tania: Claro, besitos, abrazos y mensajes de amor.

    Yo solo me agarre con mis manos la cabeza, salimos del hotel y regresamos a la universidad, Tania caminaba como un pingüino luego de la follada que le había dado. Hasta que llegó el momento de cada uno irse a su respectivo salón, nos despedimos con un beso.

    Tania: Oye estuvo delicioso, me escribes para coordinar que otro día lo volvemos hacer, quiero repetir.

    Yo: Ok te escribiré al WhatsApp

    Se marchó a su aula y yo a mi aula a recibir la clase, aunque creo que fue mala idea ir a clase ya que olía a jabón de hotel y a sexo, siento que algunas compañeras lo percibieron y volteaban a mirarme con una sonrisa. Terminando la clase salgo y decido pasar por el salón de Tania para saber si ya había terminado de dar su prueba, me imaginaba que si pero lo que me esperaba era una bandera roja que me indicaría que Tania era una chica solo era para usarla con fines recreativos.

    Me acerque a su aula y estaba cerrada visualice a través de la pequeña ventana de la puerta del salón y vi a Tania besándose con el profesor, esa boquita que hacer un par de horas tenía mi pene adentro de ella ahora estaba en los labios de su profesor hay entendí porque su profesor quiso tomarle la prueba después de su clase, para estar solo con ella. El profesor comienza a desabrocharse la correa del pantalón sacando su miembro e indicándole a Tania que le diera una mamada, Tania se agacha y comienza a mamarlo. Ya no quise seguir viendo más y me retire del lugar.

    Tania fue una de las tantas follamigas que tuve en mi etapa universitaria, de esa primera vez con ella habremos tenido sexo unas 20 veces más calculo, el siguiente ciclo luego de las vacaciones de verano ya no la vi más, según me conto Camila que Tania había terminado con su novio, seguro descubrió su infidelidad y como sé que él era el que le pagaba la carrera universitaria ahora tenía sentido su ausencia en este ciclo, Tania no me volvió a escribir por WhatsApp y yo tampoco le volví a escribir, al final todo quedo así.

    Me llevo los recuerdos de todas las jornadas de sexo que la hice mi mujer y continué con mi vida buscando nuevos culitos a los cuales reventar.

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  • Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (4) ¿lo publicamos?

    Nuestro ami étranger –amigo extranjero– (4) ¿lo publicamos?

    Yo iba de camino a otra ciudad, a una hora de distancia, el recorrido no era largo pero tenía una agenda que atender.

    Ella se hizo cargo de algunas actividades familiares y una reunión por la mañana mientras yo me dirigía a mi destino.

    Dentro de las actividades, fue a una reunión en donde yo sabía que se encontraría a nuestro amigo quien ya nos había hecho saber que estaba por mudarse de país al cierre del periodo que estaba atendiendo.

    Antes del medio día me mandó un mensaje… “Me encontré a nuestro amigo, le dije del mezcal y cuando nos vemos para darle su despedida”.

    Yo iba en carretera rumbo a una reunión, tenía planeado regresar hasta el día siguiente.

    El siguiente mensaje de ella “Pero puede hoy”…

    Estimado lector, por favor, quisiéramos saber si es de tu interés que publiquemos la última entrega de esta aventura. ¿Nos lo harías saber en los comentarios?

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