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  • Breve encuentro (Episodios I, II, III y Final)

    Breve encuentro (Episodios I, II, III y Final)

    Episodio I.

    Sala de espera de la notaría. Jonás tiene cita a las 12 y media. Ha llegado con tiempo. Por enésima vez piensa en su último borrador, que le tiene algo obsesionado. 

    En ello estaba cuando Jana se sentó a su lado. Al sentarse la raja de su vestido mostró más pierna de lo estrictamente razonable.

    Jonás es un jubilata de 63 años. Abandonó anticipadamente su puesto de alto funcionario harto de politiqueo y de no encontrar satisfacción alguna en su trabajo. Su única ilusión es escribir, su verdadera pasión. Publica sus relatos en diferentes páginas en internet, y se estaba planteando seriamente hacerlo en serio. Su último borrador empezó muy bien pero como solía ocurrir perdía fuelle cuando se aproximaba el desenlace.

    Jana acababa de cumplir 39 años. Hacía tres meses que le habían diagnosticado una grave enfermedad degenerativa. El mejor pronóstico era que empezaría a afectarle en un año si se medicaba. El peor, en cualquier momento si dejaba de hacerlo. Soltera y sin compromiso, Jana padecía desde su niñez un defecto físico que la tuvo acomplejada hasta más allá de su adolescencia. Poco a poco fue desembarazándose de esa lacra y había aprendido a quererse a sí misma a medida que dejaba de importarle la gente. 

    Aun así, su espalda deforme estaba siempre presente y sabía que era objeto de compasión. “Tan guapa y mírala, pobre…” Eso pensaba que decía la gente al verla. Y no le faltaba razón. Acababa de heredar una impresionante cantidad de dinero, y dada su situación decidió dejar la ciudad, donde nada la ataba, y se fue a la costa, donde compró una casa frente al mar en una playa todavía a salvo de la masacre inmobiliaria a esperar su hora. No tenía intención alguna de prolongar su vida más allá de lo razonable.

    Las mujeres encontraban atractivo a Jonás. Alto y enjuto, su sonrisa levantaba pasiones. Le gustaban las hembras, claro, pero para él eran solo un objeto intelectual, en consonancia con su idea del sexo. Felizmente divorciado desde hacía muchos años, tuvo la suerte de que su ex era tan inteligente y con tanto sentido común como él, así que su separación fue irreprochable. Y al no tener hijos las cosas fueron muy fáciles. Quedaban de vez en cuando, y esos encuentros eran gratos para ambos.

    Su primer y único novio lo tuvo a los 20. Todavía arrastraba mucho del “qué dirán, o pobrecita” por su espalda deforme. Quizás por eso no fue demasiado exigente. La había desvirgado al segundo día de conocerse. Fue su primera decepción. Las siguientes ocasiones en que practicó el coito le confirmaron que esa clase de sexo no iba con ella. Unas imágenes en un cuento cuando tenía 10 años le turbaron de tal forma que desde entonces supo que era muy rara. Eso, y la verdad objetiva de que su espalda constituía un hándicap como atractivo sexual, la hicieron renunciar a buscar relaciones.

    … 

    Me gusta esta chica. ¿Estará casada, divorciada… tendrá mucha vida interior como decía mi amigo El Fiera? me gusta su piel y su tipo redondito y de carnes generosas y acogedoras, como la Jana de mi relato. Y es guapa a rabiar. Tendrá seguramente barriguita. Y da igual la joroba, casi mejor. Sin duda, es mi Jana.

    Me está mirando. Estoy segura. Me recuerda a Sean Connery. ¿Se habrá dado cuenta de mi chepa? Seguro. ¿Le importará? Joder, por supuesto. ¿Qué hago yo elucubrando con este tío? Con lo bueno que está se puede ligar a cualquiera. Y yo, la figa de mí, enseñando muslo. Ay Jana… qué tonta eres…

    Se ha dado cuenta de que le he mirado el muslo. Y no se la tapado. Bueno, es igual. Total, no me la voy a llevar al catre. Hacer un poquito de teatro para ponerme en forma no estaría mal. Colgadita de la barra con su cuerpo retorcido, mmm. Puñetas, voy a concentrarme en el maldito borrador en lugar de pensar tonterías de adolescente.

    Se ha sonreído. ¿Será por mí? Ojalá. ¿En qué estará pensando? Probablemente en alguien muy lejos de aquí. Me recuerda aquel señor mayor sentado a mi lado en la sala de espera del médico. Me miraba sin parar. Mi madre ni se enteraba. Yo acojonada. ¿Qué elucubraría el rijoso aquel? Y aquella noche soñé con él. Yo corriendo por el bosque y él persiguiéndome. Hasta que me cazó, me desnudó y me ató a un árbol. Cogió una rama muy recta y me pinchaba en mi ombligo, una y otra vez, cada vez más fuerte. Uff, me desperté sudando y jadeando. Vaya orgasmo tuve ¿y si quisiera hacerme eso? Ay… Qué tonterías piensas Jana.

    ¿Tendrá el pubis con vello como mi Jana? Lo más probable es que siga la mierda de moda de depilarse. Y las axilas por supuesto. ¿Por qué no seré un descarado y le pregunto? Sería divertido: ¿oiga señora, Ud. se depila la chichi?

    Salió por la puerta la administrativa: Sr. Rius?

    — Vaya, me toca. Hasta luego.

    Jonás esta vez tuvo tiempo de verla. Y sí, redondita como la Jana del relato. Su sonrisa devuelta… le pareció algo más que protocolaria?

    Vaya… se va. Qué pena. Qué sonrisa tiene el tío. Mortal de necesidad. Adiós Connery.

    Cuando terminó el trámite, Jonás salió a la sala de espera. Allí estaba ella esperando su turno. No se lo pensó dos veces y volvió a sentarse a su lado dedicándole otra sonrisa, a la que ella de nuevo contestó. Para disimular volvió a sacar el Smartphone, pensando qué haría cuando le tocara el turno a ella y desapareciera definitivamente. Francamente, no tenía ni idea.

    Connery ha vuelto. Qué alegría. Voy a provocarlo un poco.

    Y obligó a la falda a mostrar más carne. 

    Ay Jana ¿qué esperas con esta exhibición? Ay Jana… te estás oxidando. Ni te acuerdas como se liga.

    Je je je, lo ha hecho a propósito. Me encanta esta mujer. Qué ingenuidad. 

    Se giró hacia ella y volvió a sonreír. Ella se puso roja como un tomate.

    Joder, me ha pillado… mierda. Y ahora qué? 

    Se tapó inmediatamente pero el daño estaba hecho. Se puso seria echando vista al teléfono, disimulando. La estaría mirando todavía? Estaría casado? La gustaría hacerle esas cosas que le gustaban a ella, que ningún hombre le había hecho, y que en tantas ocasiones le quitaban el sueño? 

    Bah, qué tonterías estoy pensando. Vaya, mi turno. Menos mal.

    Episodio II.

    La decepción oscureció el rostro de Jonás.

    Qué pena. Si hubiera estado unos minutos más… me van sus piernas, algo gorditas y proporcionadas. Y su culo… una 44 sin duda. Si no tuviera la espalda así, arrasaría. ¿Qué hago? ¿La espero y la invito a un café. Quién sabe?

    Pero qué tontería joder, ni que fuera la oportunidad de mi vida… un vejestorio preocupado por si la viagra le da dolor de cabeza, como mi último ligue hace ya… uff, dos años? Se acabó. 

    Me largo. Ay, que sale.

    Jana terminó rápido. Salió sin decir adiós. Estaba tan avergonzada…

    Entonces él lo vio: se había dejado el móvil en la mesita de al lado.

    Jonás salió raudo en su busca. Cuando pisó la calle ella estaba al otro lado. Cruzó siguiéndola. La llamó.

    — perdone, se dejó el móvil.

    — ah… gracias. 

    — me permite invitarla a un café. Aquí al lado hacen un magnífico cappuccino.

    Fue sin casi proponérselo. Total, unos minutos de conversación serían suficientes para saber si valía la pena. Ella contestó inmediatamente.

    — a estas horas mejor una caña! No?

    Caminaron en silencio un par de manzanas hasta una terraza. Esperaron la llegada de las consumiciones sin pronunciar palabra, atentos a sus móviles, como si no lo creyeran. Dieron el primer sorbo.

    — mmm… qué buena — exclamó ella.

    — no hemos sido presentados, así que… me llamo Jonás.

    — y yo Jana.

    Jonás no pudo evitar un gesto de asombro.

    — ¿qué le ocurre, nunca ha oído ese nombre?

    — no es eso… es que el personaje de un relato corto que estoy escribiendo se llama como Ud.

    — es Ud. escritor?

    — nooo, solo un juntaletras aficionado. Soy arquitecto, pero ahora estoy jubilado. ¿Y Ud… a qué se dedica?

    — también estoy jubilada ja ja ja. No; heredé no hace mucho lo suficiente para vivir de renta. Dejé el trabajo y me vine buscando el mar.

    — Ud. no es de aquí, verdad?

    — no. Soy del norte. Me compré una casa en la playa. ¿Estás casado? Ay, perdone. Por tutearle y porque soy una curiosa. Y eso que me gusta tratar a la gente de Ud. 

    Jolín Jana, qué atrevida te has vuelto. Igual me envía a la mierda.

    —No, no estoy casado —dijo sonriendo— Divorciado y sin compromiso desde hace casi 20 años. Ya ni me acuerdo como era aquello. Sigamos con el Ud. si se encuentra más cómoda. Además, me recuerda a Orgullo y Prejuicio.

    Qué buen gusto. Me encanta este tío…

    — Ok, sigamos con el Vd. Así que no se ha vuelto a casar. ¿Le gusta el personaje de Darcy? Algo misógino, o… bueno. Parece que la Austen da entender… un poco equívoco, no?

    — no, por favor ja ja ja. Lo del LGTBI lo llevo muy mal. Soy homófobo hasta la médula. Me encantan las mujeres.

    Menos mal. Empezaba a preocuparme. Pero… qué desinhibida me estoy volviendo?

    — bueno, que un hombre como Ud. permanezca célibe tanto tiempo… debe reconocer que… Oiga, puedo hacerle una pregunta indiscreta?

    — hágala, pero si le contesto me deberá una.

    — una qué?

    — cualquier cosa servirá. Qué dice?

    Episodio III

    — eso es ponerme en sus manos— contestó sonriendo Jana.

    — eso estaría bien, sabe?

    Ambos rieron con ganas.

    — vale acepto. Me gustan los juegos. A ver, hago la pregunta: ¿qué hace la Jana de su relato?

    — no se lo va a creer. Jana coincide con un hombre que no ha visto en su vida en una sala de espera de un hospital. Entablan conversación y descubren que hay dos cosas que les unen: que ambos tienen una esperanza de vida más bien corta, y que sus inclinaciones sexuales digamos… son poco ortodoxas. Entonces ella le plantea disfrutar juntos lo que les quede de vida.

    Jonás observa como el rostro de Jana se sorprende, tornándose más serio. Jana intentará disimular la verdadera razón.

    — vaya, me ha dejado tocada. Y él ¿qué responde?

    — responde que sí.

    Jana queda unos segundos pensativa.

    — le gusta el cine Jonás?

    — mucho Jana. Lo dice por La Grand Bouffe? Me inspiré en ella.

    — le gustaría acabar así su vida?

    — bueno, comiendo precisamente no. También depende con quien.

    — con la Jana de su relato? Con su ex, por ejemplo?

    — con Jana, es posible. ¿Con mi ex? no me condene a muerte por aburrimiento, por favor. Oiga, y Vd… Cuál es su estado civil?

    — soltera y sin compromiso.

    — pues le devuelvo la observación: ¿qué ha hecho que una mujer como Ud. permanezca célibe?

    — pues la respuesta es sencilla: nadie ha despertado mi interés lo suficiente, o más probablemente, yo tampoco lo he hecho.

    Estaban sentados frente a frente, con la mesilla al lado. Jana cruzó las piernas, enseñando carne esta vez.

    — vuelva a hacer eso y caeré rendido a sus pies.

    — de veras? No dé ideas. Y no sea tan zalamero conmigo.

    — pruebe otra vez a ver qué pasa.

    Vale Jana. Sé atrevida pero de verdad. Allá vamos…

    Jana se quedó mirando fijamente a Jonás, que le aguantó la mirada. Entonces volvió a cruzar sus piernas lentamente, entreabriéndolas lo suficiente como para que se le vieran las bragas y levantando los brazos, pasándolos tras la cabeza.

    — no se le da nada mal sabe? pero no la imagino a Ud. ligando de ese modo.

    — ¿con una espalda como la mía? No puedo esperar levantar pasiones ni así.

    — no se fustigue por favor. Es Ud. Una mujer muy atractiva.

    — buen intento. Gracias. Pero no cuela.

    — me da la impresión que Ud. tiende a culpabilizar a su defecto físico por sus males. No puedo hablar por el resto del mundo pero créame, a mí me parece Ud. una mujer muy deseable. 

    — muchas gracias. Le creo.

    — eso espero porque voy a hacerle una propuesta que desearía que acepte.

    — hágala y le diré si la acepto.

    — qué va a hacer este fin de semana?

    — seguir poniendo en orden mi nueva casa. Tengo que vivir de la forma que a mí me gusta. Por?

    — tengo alquilada una cabaña en Sierra Natura, un camping nudista en medio de un bosque a un par de horas de aquí ¿Le apetece venir conmigo?

    Jana pareció dudar unos instantes.

    Jaque mate. Yo me lo he buscado ¿Qué hago? 

    — es una propuesta demasiado tentadora para despreciarla.

    — pues deme su móvil y mándeme un mensaje con su dirección. ¿Le gusta madrugar?

    Eran las 8 de la mañana. Jana esperaba de pie frente a su casa. El coche aparcó frente a ella y subió.

    — hola ¿dispuesta?

    — dispuesta. Vaya, un LeBaron… del 70?

    — veo que le gustan los coches. Casi, del 66.

    El viaje fue silencioso, como si ambos reservaran la conversación para más adelante, pero en realidad la mente de ambos era una olla a presión.

    Todavía no me lo creo. Una mujer tan acomplejada y acepta mostrarse tal cual ante todo el mundo.

    Estoy loca. Como se me ocurrió aceptar, si hasta tengo vergüenza de llevar bañador… Ay Jana, donde te has metido.

    Quizás esté equivocado y sea una tía con un par. No lo parece, pero… nunca se sabe.

    Ay Jana… qué mal lo vas a pasar cuando toque desnudarse. Como lo haremos? Seguro que le pareceré horrible. Gorda… y con esta chepa…

    Qué haré cuando nos desnudemos? No será como la última vez, eso seguro. Bueno, ella no es Clara, que ya sabía a lo que íbamos.

    Qué tonterías estoy elucubrando. A mí qué coño me importa lo que piense él o el resto del personal. Es una experiencia nueva y tengo que tomármela como tal.

    Dejemos que las cosas sigan su cauce. Quizás sea la última vez que se presente una oportunidad como esta. Encontrar compañía para hacer nudismo no es fácil, y ya me hago viejo…

    Es una experiencia excitante, la verdad. Yo sola jamás lo hubiera pensado. Y tampoco es para tanto. Veremos qué pasa.

    Me muero de ganas de verla desnudarse. Todavía no me lo creo. Esperará que me abalance sobre ella? ¿A qué va un tío con una tía a un camping nudista si no es a eso? pensará.

    Y si se me abalanza cuando me desnude? Qué haré? Joder, pues dejarme. Vaya bobada. Y después… otro insulso metesaca? otro desengaño?

    Y si el ambiente nos anima y jugamos a cosas serias? Venga, a santo de qué. Debe ser una reprimida más.

    Y si resulta ser distinto? Y si fuera… no sé… imaginativo y al menos antes de follarme me ata? Ojalá pero… va a ser que no, seguro.

    Por primera vez alguien habló.

    — Jana, cual es su actitud ante el naturismo?

    — nunca ha pasado por mi cabeza practicarlo, así que… ni positiva ni negativa. Será mi primera experiencia. Dígamelo Vd. que ya es practicante habitual.

    — Me gusta ir desnudo y ver a gente desnuda con naturalidad, así que suelo ir a Serra Natura varias veces al año. Es un lugar muy especial en plena naturaleza, con un ambiente muy acogedor y liberal. Las cabaña donde vamos es mi preferida. Cómoda, fresca y muy discreta. Se llama Gea.

    — vaya, la diosa Tierra, adorada como la fuente de toda vida, una deidad primordial. Oiga Jonás, cama única verdad?

    — pues, creo que sí.

    — bueno, ya somos mayorcitos para que eso importe.

    Volvió el silencio.

    Cama única… interesante. Qué haré si me echa mano? Qué risa. Igual me muerde la joroba, una de mis fantasías. No caerá esa breva.

    Se ha quedado con lo de la cama para dos. Ay Jonás… esperará que le muerdas la jiba? Igual me da morderle cualquier cosa.

    Pocos minutos después llegaban a un cartel indicador. Una joven en tanga parecía estar esperando a alguien. Jonás aminoró la marcha para tomar el camino lateral.

    — ya hemos llegado

    — se nota— comentó Jana viendo la escultural rubia en topless.

    Llegaron al que parecía edificio principal. Una vez dentro de la recepción, que a la vez hacía funciones de restaurant, bar y sala común, formalizaron el ingreso.

    — Aquí tienen las llaves. Recuerden, en la piscina está prohibido usar bañador o similares. Sam, llévalos a Gea.

    — Kim, el Sr. Rius es un viejo cliente. Quiere que les acompañe?

    — gracias Samanta. Ya sé el camino.

    Poco después terminaron en la coqueta cabaña, muy apartada y de complicado acceso para quien no conociera el lugar.

    Aparcaron bajo un cobertizo. Salieron del coche y entraron en la cabaña, mejor por dentro que por fuera.

    — no está mal… nada mal.

    — bueno Señor, qué hacemos?

    — pues desnudarnos Señora… y a la piscina, no?

    Jana estaba muy cortada. No se movía.

    — Jana, me desnudo primero?

    — sí por favor

    Jonás se quitó las ropas. Ella intentaba disimular y mirar hacia otro lado pero finalmente se fijó en él cuando se desprendió del slip

    No está mal. Bien dotado, pero… qué pasará por su cabeza al verme, así, al natural, con mi vello tal cual y con mi joroba. Seguro que le parezco repulsiva.

    — su turno señorita.

    Jana tragó saliva, se levantó y se desnudó.

    Esto no lo esperaba. Una chica hairy como mi Jana. Sorpresas te da la vida. Y su chepa… un aliciente más.

    — vamos a la piscina?

    — vamos.

    Salieron con sus cosas hacia la piscina. Se cruzaron con varias personas. Nadie les hizo el menor caso. Aun así…

    Me miran todos. ¿Qué hace aquí esta chepiruda en porreta? Dirán… Ay, por favor…

    — ¿va bien aquí?

    — OK.

    Han llegado a un lugar entre dos rocas y con visibilidad parcialmente reducida. Extienden la toalla y Jana se sienta. Al hacer lo mismo Jonás se trastabilla, da un traspiés y cae, apoyando bruscamente la mano izquierda entre los muslos de ella. Ha sido un movimiento involuntario, pero ambos se alegran del contacto.

    — perdone, ya no tengo la flexibilidad de un joven— se disculpó

    — no pasa nada.

    Uff… cuánto tiempo sin sentir otra piel en mi cosita. Me voy a excitar… sin duda.

    Ni que fuera a propósito. Demasiado tiempo sin la agradable experiencia de tocar a una mujer.

    Jonás se giró mirando hacia ella, con sumo cuidado de no tener contacto físico.

    — cual es su primera impresión?

    Cual va a ser. Me pone estar desnuda a tu lado cabronazo. Me enerva el sol y la brisa acariciando mi piel. Este ambiente me pone mala. Ay… hasta meterme en la cama contigo me apetece.

    — es agradable esta sensación, de verdad. Y el sitio… me encanta. Me permite una pregunta indiscreta? Ya, ya lo sé. Le deberé otra.

    Veremos por donde sale esta ricura.

    — con esa condición hágala.

    .

    — suele venir acompañado, verdad?

    — cuando puedo sí

    — o sea… siempre que puede se trae a sus novias aquí

    Jonás sonrió.

    — no todas aceptan, sabe? Bueno, muy pocas lo hacen. A qué mentirle.

    — la última?

    — hace dos años. El pasado vine solo. Jana, tenga cuidado con el sol, debería ponerse crema.

    — Vd. cree?

    — este sol de las montañas puede hacer estragos en su piel tan clara… quiere que la ayude?

    — sí fuera tan amable, podría extender un poco por… donde crea conveniente?

    — déjelo en mis manos

    Y Jana se inclinó. Jonás puso crema por sus hombros.

    — ¿y si se tumba boca abajo?

    — qué bien, gracias.

    Jonás se inclinó a su lado extendiendo la crema por sus hombros y espalda, muy despacio. Jana ronroneaba…

    Me encantaría bajar hasta sus nalgas. Venga Jonás, a ver qué pasa…

    Uff… este hombre… me está poniendo mala. Voy a tener que parar.

    Jana se incorporó de golpe sin avisar, delatándose a Jonás.

    — gracias.

    Y volvieron a aposentarse. Jana se apoyó de espaldas en la piedra.

    Qué daño… así se me pasará el sofoco.

    — no me ha contestado. Qué hizo con su última novia?

    — es Vd. muy curiosa, sabe?

    — sí, es verdad. Lo siento.

    — no, por favor. Bueno, pasamos algún que otro buen rato.

    — en la cama, claro.

    — sí. Le propuse hacerlo fuera en el bosque pero no le hizo mucha gracia repetir.

    — ya había venido con ella antes? Lo digo por lo del bosque.

    — sí. Eso fue el año anterior. Quedó escarmentada. Oiga, sabe que la Jana de mi relato no se depila.

    Ha cambiado de conversación? Qué pasaría en el bosque?

    — ¿le gustan las chicas al natural?

    — pues sí, me parece muy sexy el vello arregladito, pero en el pubis me gusta de todas formas.

    — sabe que una vez pensé dejarlo al cero. A un medionovio que tuve le gustaba.

    — y no lo hizo.

    — ya tenía hora para el láser cuando me dejó. Así que lo dejé correr.

    — tiene Vd. Un pubis precioso. Seguramente fue para bien.

    — ha dicho que le gustaban de todas las maneras.

    — sí, lo dije, pero no le parece que así le da la oportunidad a su pareja y a Vd. misma de pasar un buen rato afeitándolo?

    — las parejas que he tenido no se han preocupado de esos detalles.

    — ellos se lo pierden. Oiga… y ese medionovio… ¿porqué la dejó? Y no me diga que fue por su defecto físico.

    — no, qué va. Al menos nunca se quejó de mi joroba. Se asustó, y se fue.

    — Y qué le hizo para asustarlo tanto?

    — ¿si le contesto, me contará lo de su novia en el bosque?

    — venga

    Jana se giró hacia él, como buscando intimidad. Se acercó al oído de Jonás.

    — estábamos en la cama. Él había tenido su orgasmo dejándome tirada y muy caliente. Estonces le pedí que me arrancara este lunar de un mordisco.

    Y se señaló la peca situada junto al ombligo.

    — me dijo que estaba loca. Se levantó, se vistió y se fue.

    Jonás se rió con ganas.

    — acostumbra Vd. a pedir esas cosas cuando se pone cachonda?

    — solo cuando me excitan mucho mucho.

    — vamos a darnos un chapuzón?

    Y sin darle tiempo a contestar, Jonás se levantó.

    Jana le siguió. Bajaron a la piscina, nadaron unos largos y quedaron frente a frente en el agua. El buen clima entre ambos siguió su camino.

    — se ha metido en el agua por gusto o necesidad, Jonás?

    — es Vd. muy observadora sabe?

    — perdone pero era muy evidente.

    — perdonada. Hay cosas que a mi edad todavía me emocionan, ¿sabe?.

    — ¿Y qué edad tiene Jonás?

    — cumplí en diciembre 63.

    — yo cumpliré 40 en junio que viene.

    Ante la reacción de Jonás, Jana barruntaba que ambos quizás compartían ciertos gustos y aficiones poco usuales. También él pensó lo mismo, y empezaba a ver en ella algo más que una chica acomplejada. Ambos tenían el fin de semana para comprobarlo.

    — creo recordar que me dijo que le gustaban los juegos.

    — a excepción de los deportes y del ajedrez sí.

    — ¿nos ponemos cómodos? le propondré uno.

    Salieron del agua sentándose en el borde de la piscina

    — Vd. escoge cinco palabras. Cuando las diga yo le contesto con la primera que me venga a la cabeza. Con ese juego de palabras Vd. deduce lo que piensa de mí.

    — ¿y luego al revés, no? Vale, déjeme pensar…

    — venga, la primera: “amor”

    — vanidad.

    — segunda: “sexo”

    — poesía.

    — tercera: “placer”

    — intelectual.

    — la cuarta: “deseo”

    — sexo.

    — y la última: “mujer”

    — Jana.

    Ella sonrió. Él la siguió.

    — la verdad, no sé si Vd. es un libro abierto o un cabrón retorcido.

    Jonás volvió a sonreír.

    — probablemente tengo algo de cada cosa. Venga, espero su análisis.

    — mire Jonás, jamás he visitado un sicólogo ni creo en ellos, así que no espere elucubraciones trasnochadas…

    — Lo que yo veo, eh?… Vd. detesta el amor romántico y creo que tiene una idea del sexo poco común. Vd. escribe, lo que parece indicar que la imaginación de una forma u otra forma parte de él.

    — siga. Va bien.

    — lo que no sé es la importancia que tiene para Vd. Creo que las Janas, sus protagonistas, son sus modelos, su… ¿esperanza, su ideal todavía no encontrado?

    Jonás se mesó la barbilla, un acto reflejo que solía repetir a menudo, observó ella.

    — bueno, más o menos estoy de acuerdo con Vd. Y sí, toda mi vida he buscado a una Jana. Quien sabe, quizás la he encontrado.

    — no me diga. Venga, su turno; diga las palabras.

    La ha encontrado dice? Esto se pone interesante.

    — empiezo: “joroba”

    — daño.

    — “placer”

    — soñar

    — “castigo”

    — deseo

    — “sangre”

    — enigma

    — “Jana”

    — sola

    Jonás se mesó la barbilla de nuevo.

    — ha contestado muy rápido. Sobretodo a esta última.

    — es lo que hay. Qué… qué me dice?

    — Jana, no descubro nada nuevo si le digo que de una forma u otra su espalda ha pesado como una losa en su vida, pero no estoy muy seguro de que Vd. la haga responsable de todos sus males. Como su falta de amor o… ¿su insatisfacción sexual?…

    Jana sonrió

    — siga…

    — creo que nadie la ha sabido entender.

    — eso es evidente Jonás. Y yo no escribo, como hace Vd. así que no me creo personajes a medida. Y con esto creo haberle contestado.

    Jonás sonrió asintiendo.

    — Creo que quedamos que me contaría lo de su novia en el bosque.

    — se lo cuento pero vamos fuera. Necesito el sombrero o me quemaré la calva. Mire, hay dos hamacas libres.

    Salieron a por los sombreros y ocuparon las hamacas.

    — Pues le propuse a ella jugar una partida de póker. El que perdiera satisfaría al otro de la forma que eligiera. Ella perdió.

    Jonás hizo una intencionada pausa.

    — ¿y?

    — ¿vamos a la cabaña y se lo muestro?

    Jana asumió que la estaba invitando a lo desconocido. En realidad lo estaba esperando. Más bien deseando.

    Proposiciones deshonestas? Vaya, ya era hora.

    — ¿asume Vd. que voy a dejar que me folle?

    — si prefiere que le muerda, estoy abierto a todas las posibilidades.

    Interesante. Venga Jana, atrévete.

    — prefiere follarme o morderme?

    Jonás, toca confesarse.

    — mis preferencias irían en este orden: morderla primero y follarla después, pero…

    — pero qué?

    — Jana, soy impotente. Si espera que la satisfaga sexualmente con mi pene pierde el tiempo. No quiero decepcionarla.

    Este hombre me encanta, pero…

    — no se contradice eso con lo que han visto mis ojos?

    — desgraciadamente no. Mis erecciones duran muy poco. Solo soy capaz de contentar a una mujer normal con sexo oral.

    — pero yo…

    — lo sé, no es una mujer normal.

    — sabe Jonás, nunca he practicado sexo oral.

    — qué novios más raros ha tenido Vd.

    — pocos y malos

    Y estallaron en una carcajada.

    — pues yo puedo llegar a ser muy malo, sabe?

    — ¿me castigará si me porto mal?

    — probablemente lo haga aunque sea buena.

    — eso me pondría muy contenta. Oiga Jonás…

    — dígame

    — y a Vd.? como se le contenta?

    Jonás sonrió.

    — me creerá si le digo que todavía no he encontrado a ninguna que realmente lo haya logrado?

    — las Janas de sus relatos sí, ¿no?

    Ambos rieron con ganas.

    — preferiría que lo hiciera otra Jana.

    — inténtelo. Quien sabe.

    — ¿está dispuesta a correr ese riesgo sabiendo lo que hay?

    — no estoy acostumbrada a correr riesgos pero… deme pistas, sea bueno. Ah… lo que no le gustó a su novia, por ejemplo.

    — verá, detrás de la cabaña hay un árbol seco. Yo la besé en la nuca mientras la aplastaba sin piedad contra el tronco.

    Ya lo ha conseguido. Me ha puesto a cien.

    — ¿y eso no le gustó?

    — ¿y a Vd.?

    — a mí me parece bien. Tomo nota para recordárselo, aunque… no creo que se le olvide por lo que estoy viendo.

    — sí… no se me olvidará. ¿Alguna sugerencia por su parte?

    Dios mío, como me está poniendo este hijo de satanás.

    — cuando se canse de mi nuca muérdame la jiba. Pero hágalo de verdad.

    — le pasaré su sangre besándola en la boca como prueba

    — buena idea. ¿Me dará la vuelta estonces?

    Jana comenzó a reír.

    — Jonás, póngase “ahí” mi pamela o nos echan del camping.

    Jonás se tapó apresuradamente.

    — gracias. Si, le daré la vuelta. Tomo nota del lunar

    — Jonás…

    — dígame

    — quiero ser la Jana de sus relatos. ¿Me acepta?

    Muchas horas más tarde, ya noche cerrada, se besaban y acariciaban tiernamente en la cabaña. Jana llevaba el cuerpo lleno de señales, arañazos y manchas de sangre. Estaba feliz. Con su brazo derecho estirado dejaba visible una buena rascada desde la axila al pecho. Jonás pasaba su lengua por la herida donde antes había una peca mientras ella reía.

    — te has divertido, eh?

    Jonás la besó.

    — menos que tú, creo.

    — crees bien. Oye, tengo curiosidad, ¿como mueren los protas de tu relato?

    — todavia no tengo la inspiración suficiente para describirlo y decírtelo con certeza, pero tengo una obsesión sexual para la muerte de ella.

    — para la mía.

    — sí lo dices así.

    — cual.

    — seguramente morirá crucificada, pero sí te digo la verdad no sé cómo cuadrarlo. Tengo cierta manía por la verosimilitud de lo que escribo, y no estoy muy fino últimamente.

    Jana besó a Jonás.

    — sabes que tienes una mente enferma?

    — lo sé. Y te gusta verdad?

    Volvió a besarlo con intensidad y avaricia.

    — me encanta. Puedo ayudarte?

    — claro. Dime.

    — ella es monja. Se entrega a él sin límites, permitiéndole todo tipo de obscenidades y perversiones, con la condición de que la clave en la cruz. Cree que así le serán perdonados sus pecados.

    — oye, genial. Nunca se me habría ocurrido.

    — conocí el caso de una chica, una novicia, en la India. Pasó casi un dia atada a una cruz como penitencia por acostarse con un médico. Estaba en coma cuando la bajaron.

    — lndia? Qué hacías allí?

    — soy médico. Pasé una larga temporada con la Fundación Vte Ferrer.

    — y quien la crucificó?

    — pagó a unos trabajadores de la fundación para que lo hicieran. Oye Jonás…

    — dime tesoro.

    — me crucificarías?

    — no, no lo haría.

    — porqué… y si yo te lo pidiera?

    Jonás se incorporó con semblante serio.

    — aparte de que sería un desperdicio, porque sería un sufrimiento innecesario, tú tienes una vida por delante. Una larga y espléndida vida. A qué ponerle fin de esa forma tan horrible?

    La que se incorpora ahora es Jana. Muy enfadada.

    — porqué dices tienes y no tenemos. Ya te has cansado de mi? Yo…

    Jonás puso su mano tapándole la boca.

    — sss… Eres la mujer de mi vida, pero te he encontrado demasiado tarde.

    — ¿tarde?.. qué quieres decir?

    — Jana… hace unos meses me diagnosticaron cancer de colon. No quiero más quimio. Pronto entraré en fase terminal y me convertiré en una piltrafa. No voy a llegar ahí. Me encontraste en la notaría firmando mis últimas voluntades.

    Jana se puso muy seria.

    — Jonás, padezco esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como ELA. Los síntomas serán evidentes en…no sé, un mes. No quiero llegar a eso, sabes? Soy la Jana de tu relato y quiero darte ese último placer. Morir crucificada mientras te veo es ahora mismo la mayor ilusión de mi vida. Te lo pido como una última voluntad. Por favor.

    Ambos se miraron cara a cara muy serios, pero sin rastro de tristeza.

    — quiero que me crucifiques.

    — quiero morir contigo, y quiero hacerlo sintiendo tu piel en la mía. ¿Lo entiendes? Si lo hago no tendré ese último placer.

    Ambos se abrazaron durante una eternidad.

    Fue Jana quien rompió ese momento.

    — Jonás, yo también quiero morir contigo. No sé qué habrá al otro lado pero despedirme de esta vida abrazada a ti también es una buena opción. Porqué no lo hacemos aquí, donde hemos sido tan felices? Para qué volver?

    — tienes razón. Nada me ata fuera de este sitio donde estamos juntos. Yo tampoco quiero esperar. Vamos a bajar al pueblo a buscar una ferretería.

    Jana sonrió.

    — otra de mis fantasías.

    — ya me la contarás.

    Lo que iba a ser un fin de semana en las postrimerías de junio se prolongó hasta bien entrado septiembre, largas jornadas disfrutadas hasta la saciedad, pero el frío, y las primeras señales de la enfermedad aparecieron en Jana. Era el final anunciado, un final aceptado. El día señalado amaneció lluvioso…

    — ha llegado el otoño

    — es el día Jonás. Me tendrás que ayudar a caminar hasta allí.

    Salieron del brazo hasta el lugar donde se descubrieron el uno del otro. Se sentaron sobre el suelo mojado pasando ella sus piernas sobre las de él y apoyando su espalda en el tronco que había sido cómplice de su extravagante felicidad.

    Agarrados el uno del otro se miraban, se besaban… de repente Jonás dijo:

    — “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser…”

    Jonás calló mientras Jana lo miraba arrobada.

    — sigue…

    — “Todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia…”

    Puso punto y final Jana.

    — “es hora de morir”

    Cada uno cogió su afilado cuchillo y lo apuntó al vientre del otro.

    — te quiero Jana.

    — te quiero Jonás.

    Hundieron las hojas en la profundidad de sus entrañas. Un ligero jadeo y un apretar de dientes. La sangre de ambos brotó inundando sus unidos regazos. Un respirar forzado. Los cuerpos se abrazaron y las bocas sellaban un último beso mientras la vida se les escapaba entre estertores de felicidad.

    FIN

  • La madre de mis sueños, ahora llena de semen

    La madre de mis sueños, ahora llena de semen

    Los numerosos trabajos escolares me obligaron a ir día sí día también a casa de Juan, un amigo que, a pesar de no ser el mejor, era buena persona, durante una semana.

    Aunque fuera por trabajos, ir a su casa era una gozada, primero, porque su casa era gigante, como una mansión, y segundo, por su madre Déborah.

    Ella, como muchas otras, rondaba por mi cabeza la mayoría de veces que me masturbaba, incluso le hice un cum tribute que nunca llegué a enseñar.

    En su casa me pasaba el día mirándola con deseo, y creo que alguna vez me ha pillado, pero no lo he tenido en cuenta. Su culo merece todas las miradas del mundo.

    Desde que cumplí los dieciocho me he estado planteando seriamente el pedirle sexo. De hecho, siempre que voy a su casa, llevo condones.

    –Álex, ¿puedes ir a buscar mi móvil? –preguntó Juan.

    –Claro. ¿Dónde está?

    –En mi habitación, cargando.

    En el camino a su habitación está la habitación de Deborah, donde se encontraba. No pude evitar mirar. Lo que vi me sorprendió y excitó más de lo que nunca había estado: se estaba tocando viendo fotos. No sé qué fotos eran, lo que sí sé es que lo estaba disfrutando como la perra que era.

    Quería seguir mirando, pero tenía que buscar el móvil de mi amigo. Fui a por él y al volver Juan dijo:

    –Has tardado mucho. ¿Acaso te ha estado hablando mi madre?

    –No, para nada. Estaba en su habitación.

    –Últimamente pasa mucho tiempo ahí… A veces, y no digas nada, la escucho gemir o incluso gritar. Sospecho que tiene un amante, puesto que mi padre está fuera de casa. Eso, o se masturba durante toda la noche.

    Escuchar eso me puso aún más, hasta el punto en el que tuve que ir al lavabo.

    Mi polla iba a estallar. Cerré la puerta del baño y empecé a tocarme como loco, hasta que las vi, en una cesta.

    Unas bragas. Eran de Déborah y estaban usadas.

    En un momento de locura, las cogí, las olí y las puse en mi polla para masturbarme más. Quería hacerle de todo. Follarle la garganta, romperle el coño, partirla en dos, llenarla de mi semen…

    Me corrí, y los chorros llenaron todas las bragas. Genial, ahora tendría que esconderlas.

    De repente, escuché unos pasos rápidos y miré a la puerta. Alguien la había entreabierto. Mierda, me habían pillado. Mierda, mierda, mierda. Decidí guardarme las bragas y, por ese día, me fui a casa.

    Al día siguiente, sábado, recibí tres mensajes por la mañana. Dos eran de Juan diciéndome que ese día no estaría en casa, y otro de Déborah. Al abrirlo, vi un audio, en el que decía:

    –Hola, Álex. Creo que ayer te llevaste algo de mi pertenencia, ¿podrías venir hoy a devolverlo? Además, quisiera hablar contigo.

    Obviamente, fui, nervioso. Supuse que iba a echarme la bronca por correrme en sus bragas y encima llevármelas conmigo. Admito que esa noche las había usado más veces, por lo que seguían sucias.

    Piqué y, cuando me abrió, me metió directo en casa. Llevaba una bata de estar por casa, cual cosa me excitaba. Me pidió las bragas, se las di, le expliqué por qué seguían sucias y sonrió un poco.

    –¿Te gusto, Álex? –preguntó en un tono sexy, mientras se acercaba a mí. Tenía la polla a cien.

    –Mucho –contesté, y acto seguido dirigí mi mano a su cintura. Sabía lo que estaba a punto de pasar.

    Me tiró al sofá, se puso encima de mí y empezamos a morrearnos. Déborah sabía besar, y muy bien. Una vez ambos habíamos calentado, se arrodilló en el suelo, me bajó el pantalón y sacó mi polla, durísima. Subió y bajó un poco la mano, haciéndome una paja que, a día de hoy, recuerdo como una de las mejores, al igual que lo que vino después.

    Pasó la lengua por todo mi pene durante un rato, parándose en ciertos puntos para hacerme gemir como loco. Sentía que mi polla iba a estallar en cualquier momento, como un volcán en erupción.

    Después se metió mi pene en la boca. Jugaba con él usando la lengua, bajando hasta los huevos y subiendo hasta el glande como una mamadora experta, succionándolo todo. En un momento de frenesí cogí su cabeza y empecé a follarle la garganta. La amaba. La amaba con locura. Su cara de puta, con esos ojos café. Su pelo, tan agarrable. Su cuerpo sensual, con esas tetas que me gustaban tanto y ese culo que me la ponía durísima. La amaba, y quería sentirla en todo su esplendor. Mientas le metía la polla hasta el fondo, algunas lágrimas empezaron a salir de sus ojos, mientras hacía un intento por sonreír, cosa difícil estando con una polla en la boca.

    Sacó mi polla de su boca y volvió a ponerse encima. Me puso un condón que tenía en mi mano por si acaso esto sucedía. Apuntó con mi polla a su coño y se la metió sin pensarlo. Gritó, se tiró sobre mi cuerpo y empezó a cabalgar. Su coño se sentía genial, era lo que siempre había soñado. En un momento dado, volvimos a morrearnos mientras follábamos. Era lo mejor del mundo. Empecé a darle yo también, lo más rápido y duro que pude. Se separó de mí y empezó a gritar.

    –Dios mío, Álex, ¡sigue! Quiero sentirte más…

    Estuvimos así un buen rato hasta que me corrí. Se sintió increíble.

    Le agradecí haber pasado ese rato juntos. Me regaló las bragas que llevaba antes de follar y me besó como despedida.

    Ojalá haberle reventado el culo.

  • Sssh, no lo digas

    Sssh, no lo digas

    Todos habían salido, la casa estaba totalmente sola salvo ellos, todo estaba muy tranquilo, veían televisión y luego comenzaron a jugar videojuegos, él ya estaba grande pero su tiempo libre, sus horas de estrés las pasaba frente a ese mismo juego, haciéndose hábil y difícil de vencer. Como era de esperarse ganó, él sonrió y ella se molestó un poco, dejando el control a un lado y volteando la cabeza al otro dijo.

    -Claro, jugando desde pequeño cualquiera.

    -No te molestes. ¿Querías que te dejara ganar?

    Preguntó este apagando la consola, ella frunció el ceño y devolvió su mirada.

    -No, eres un niño todavía, lo que haces es jugar. Podría fácilmente ser más madura que tú.

    -Soy mayor que tú.

    Dijo él.

    -Solo de edad al parecer.

    Respondió ella, este se paró molesto y le reprochó.

    -Que sepa divertirme no significa que no haya madurado, tú eres una aburrida.

    -¿ah sí? ¿Qué tal otro juego?

    Propuso ella y sacó un juego de baile con puntos de colores y música. Las personas lo llaman twister. Se quitó los zapatos y tomando una ruleta de cartón dijo.

    -a que no me ganas en este.

    Él no iba a dejar pasar ningún reto, así que se quitó zapatos y medias y aceptó, ella giró y salió un color, ambos se colocaron en posición, luego otro color, y otro, y otro, el tiempo pasaba y ninguno caía, en un momento ella pisó mal y por la media resbaló.

    -creo que te volví a ganar. Nunca pudiste ganarme en este juego tampoco

    Se burló él. Ella se molestó de nuevo y quitándose las medias dijo.

    -resbalé por las medias, es todo. Ahora sí.

    Y volvieron a jugar, de nuevo tardaban y seguían muy reñidos hasta que en un movimiento la cadera del joven estaba cerca de la otra, quien con malicia mordió su cintura, este se resbaló y ella comenzó a reírse.

    -no llevabas medias, ¿te molesta alguna otra prenda?

    -¡hiciste trampa, me mordiste!

    -huy que mal, ¿no sabes jugar como los adultos? Eres un niño todavía.

    Él se levantó y dijo.

    -Bien, otra vez. Como los “adultos” si pierdes te quitas una prenda.

    Y dicho esto se quitó la franela, ella lo vio y algo asustada aceptó la propuesta, volvieron a jugar, esta vez él se inclinó mucho sobre ella y ella cayó, ella tuvo que quitarse la blusa, el juego siguió y no temían el hacerse trampa, morderse, pellizcarse, empujarse o cualquier otra cosa para ganar, al final ambos quedaron con la ropa interior, ambos estaban enfrascados en ganar, él bromeando dijo.

    -Claro, tú tienes una prenda adicional, eso es trampa.

    En realidad no esperaba que ella hiciese nada por aquel comentario, pero ella pasó su mano tras la espalda, desabrochó tomó su bra y lo haló quitándoselo. Él se sonrojó y se quedó viéndola por un momento, luego tapó su rostro. Ella dijo.

    -¿Qué? Te da pena porque soy tu p…

    Él detuvo lo que iba a decir interviniendo.

    -Ssssh… no lo digas.

    Luego tomó la ruleta y comenzaron, giró la ruleta y se marcó un color. Ella puso el pie en el color, pero él puso el pie en otro color y dijo.

    -Perdí…

    Ella se quedó viéndolo… perpleja por lo inesperado de la situación. Él le guiñó el ojo y puso sus manos sobre su última prenda, su bóxer y comenzó a quitárselo. Ella tragó grueso y él preguntó.

    -¿Qué? Te da pena porque soy tu p….

    Ella se abalanzó sobre él y tapando su boca con un dedo dijo.

    -Ssssh… no lo digas.

    Luego comenzó a besarlo profundamente, él no dudo ni un segundo en participar también, quitó sus manos de su bóxer, la abrazó y comenzó a acariciarla. Ella suspiraba, ambos se detuvieron para observarse, tomar en cuenta quiénes eran, y solo por una chispa de tiempo pensar en lo que estaba pasando antes de volver a besarse y tocarse sin medida. Luego se levantaron y en el sofá donde estaban jugando él acostó a su acompañante. Ella lo observaba con mirada anhelante, respirando fuerte tal y como él, las miradas sin separarse una de las otras. Ella entonces al caer se quitó su última prenda diciendo.

    -Yo también quiero perder entonces.

    Él se inclinó a besarla de nuevo, ella iba a susurrarle algo peor él se apartó.

    -¿Qué pasa?

    -Si este es un sueño, no quiero que se acabe.

    Respondió él, ella sonrió se acercó a él y mordiéndole un poco el cuello le dijo.

    -Tranquilo, este no es un sueño, ¿sentiste eso verdad?

    -si

    Respondió él, ella comenzó a acariciar su pecho y lo despojó lentamente de su bóxer preguntando.

    -¿y eso?

    -también lo sentí.

    -entonces no estás soñando.

    Le susurró, luego se volvió a recostar en el sofá diciendo.

    -Pero entonces sí has soñado con esto.

    -No te imaginas cuánto.

    Ella sonrió y lo haló a él, giraron en el sofá y ella quedó sobre él.

    -Cumplamos tu sueño entonces.

    Luego elevó sus caderas un poco y comenzó a frotar el ahora erecto pene de él con sus piernas y glúteos, él cerró los ojos suspirando, una vez más sonrió y luego posó la punta justo en la entrada de ella, entrando lentamente y entonando un ascendente gemido conforme sentía como él entraba cada vez más en ella. Luego comenzó a subir y a bajar enérgicamente. Él la tomaba de sus glúteos que sentía rebotar y vibrar con cada movimiento.

    Muy pronto se alzó y mostrándole el trasero a este le dijo.

    -¿Qué esperas primo?

    Él se detuvo de inmediato, ella guardó silencio y se volteó y mirándolo dijo.

    -Lo siento.

    Él se acercó lentamente y poniendo una mano sobre su trasero comenzó a entra diciendo.

    -Está bien… prima.

    Y luego de esto comenzó a balancearse adelante y atrás, entrando y saliendo de ella. Su prima gemía con fuerza repitiendo el nombre de él constantemente, quien con la otra mano la sostuvo del cabello cuando ella le pidió más, los gemidos eran fuertes y retumbaban en el corazón de ambos, ella le pedía más mientras repetía su nombre y quien era. Esto ahora tenía otro efecto en él, que optó por lentamente introducir un dedo en el ano de ella mientras seguía penetrándola constantemente, eso la hizo gritar. Pero no de dolor sino de placer, se reclinó en el sofá para aguantar la arremetida que este le daba.

    En un momento, dijo que su dedo no era suficiente ahí. Y le guiñó el ojo, el retrocedió y volvió a colocarse con su pene en la entrada de ano de ella.

    -¿segura?

    Preguntó él. Ella no respondió sino que se echó para atrás para penetrarse, ambos gimieron esta vez. Los dos con los ojos cerrados disfrutaban el momento, ambos estaban revelando aquella naturaleza que no conocían del otro, estaban bien conscientes de quienes eran, que nadie más sabia lo que ahí estaba pasando entre esos dos, la idea los excitaba y los llevaba a entregarse con más pasión y excitación. Fue así que ella terminó sobre él cabalgándolo mientras él le sostenía de los senos.

    Con cada movimiento estaban más cerca del clímax, cuando ella llamó

    -Primo.

    -Dime.

    -Si esto es un sueño yo tampoco quiero…

    -Ssssh… no lo digas.

    Le dijo este a ella, aunque fuera lo que fuera, él no tuvo el valor de decirle que quien estaba soñando era él, y que este orgasmo no existía. Sin embargo lo disfrutó como si lo hubiera sentido en carne mil veces, tal y como lo hizo cuando despertó.

  • Me cogí al policía

    Me cogí al policía

    Se los describiré: blanco, delgado, unos 1,75 de estatura, velludo en su cuerpo y una verga encantadora.

    Así fue como a los pocos días coincidimos en una reunión en el bar de una amiga donde él llegó invitado por unos amigos del pueblo nos presentaron y se sentó frente a mí en la única silla libre, así pasamos la tarde hablando todos y tomando unas cervezas, cuando tuve la oportunidad me senté a su lado y lo invitaba a bailar y empecé a coquetearle mis amigos se dieron cuenta y en un momento que se retiró me dijeron «estás que te lo culeas cierto». Solté la risa y les dije ‘obvio está muy rico jajaja’. Llegó la noche y salimos del sitio y le dije que me invitará a su casa que le gastaba unas cervezas (excusa) y hablar otro rato.

    Ya adentro lo abrace y lo empecé a besar sintiendo su lengua, él se retiró pero lo empuje hacia la pared le dije «está tu bienvenida, te voy a comer» y lo seguí besando acariciando su cara entramos en la habitación ya me había quitado la blusa estaba solo en jeans, él lo tenía ya en bóxer y sentía con mis manos sus nalgas sus piernas estaba a mil me senté en la cama y baje su bóxer metiendo su pene en mi boca mamándolo con desenfreno y masturbándolo con mi mano se sentía deliciosa esa verga gruesa venosa y bien tamaño, él se acabó desnudar, me retiro y me quito el jean quedando toda desnuda lamiendo sus testículos, su falo delicioso y metiendo su cabeza alrededor de mi lengua llevándolo hasta el fondo de mi boca sentía como sus movimientos la entraban más en mi boca.

    Me empujó quedando acostada y mis piernas las subió y empezó a lamer mi clítoris y diccionario bajando a mis labios y empezó a lamer y penetrar mi vagina con su lengua rodeaba mis labios sentirlo en medio era subir al cielo masajeaba mis glúteos con sus manos mientras chupaba mi concha y mordía mi clítoris estaba duro y me hizo tener mi primer orgasmo se levantó y sin bajar mis piernas me clavo su miembro con fuerza penetrándome con velocidad sostenía mis piernas con sus brazos y me apretaba mis tetas jugaba con mis pezones se detenía me la metía con despacio y nuevamente de una.

    Me hacía gemir pegar gritos le retire me puse boca abierta boca abajo subí mi culo y me la metió de nuevo haciendo que quedara en 4 me sujetaba por mis caderas me clavaba con fuerza y velocidad yo solo gemía ‘así papi así dame duro. Cómeme me haces venir’, estaba sentado en mi culo clavándola en mi vagina me apretaba las tetas me besaba el cuello estaba a mil.

    Me cogió las tetas me llevo hacia el quedando sentada de espalda me movía desenfrenadamente gire mi boca hacia él lo besaba con pasión magreaba mis tetas mis pezones duros y parados entre sus dedos me boto a la cama nuevamente apoyada en mi pecho me penetraba clavaba ese pene en mi gritaba estaba sudando y con bastante calor me puse encima de él y empecé a montarlo en círculos muy rápido subía y bajaba colocando sus manos en mis tetas. Mis manos solo movían mi cabello. Me vine nuevamente quedando encima de su pecho besándolo. Cogió mis nalgas las abrió y me daba con fuerza sentía como entraba hasta lo más profundo besándolo metí mi cuerpo quedando en tijera y me movía desenfrenadamente subía y bajaba lo sentía más profundo apoyada de mis brazos en la cama me impulsaba con más fuerza, mientras le hacía besar mis tetas me subí nuevamente cerrando sus piernas me movía desesperada y deseosa de adelante y atrás sintiendo su verga chorreaba a chorros, mis jugos en su verga y su pelvis le mordía el pecho hasta que me vine por tercera vez lo bese en su cuello, hombros, “tienes una verga deliciosa seré tu puta cuando quieras le decía cómeme cuando quieras».

    Me puse boca arriba lo lleve hacia mi le dije ‘lléname con tu leche’. El cerró mis piernas y me penetraba con pasión rápido y a veces suave mientras me besaba con sus manos alrededor de mi cabeza. Se sentó encima puso sus manos en mis tetas y me clavo con fuerza lo jalaba de sus piernas hacia mi solo jadeaba y me dejaba comer hasta que se botó encima de mí mientras sentía su leche entrando en mi cuerpo llenándome de placer besándonos con pasión entrelazando nuestras lenguas acariciándole su cuerpo rasguñando su espalda sudorosa.

    Descanse un rato, me levanté, me puse mi tanga, el jean, la blusa y me despedí.

  • En el bus, con mi suegra Roxana hay que pensar rápido

    En el bus, con mi suegra Roxana hay que pensar rápido

    Soy de Lima, Perú, por obvias razones no diré nombres verdaderos. Esto sucedió en el mes de enero de este año, 2019, cuando fuimos a las playas del sur toda la familia (mi cuñado su esposa e hijos, mi suegra, mi esposa y yo).

    Juan Carlos conducía su auto y todos nos acomodados de la mejor manera para viajar lo mejor que se pudiera, adelante de copiloto iba su esposa Ada y atrás mi esposa Liz y suegra Roxana que llevaban en su regazos a mi sobrinos y yo. La madre de mi esposa vivía en Iquitos de donde es y estaba de visita por todo el mes de enero y sus hijas querían que se divierta mucho y juntas salían a todos lados y ahora era su deseo que pasará un bonito día de playa.

    Estábamos muy contentos todos bañándonos y disfrutando del mar luego vino el almuerzo unos ceviches y chicharrones de pescado muy sabrosos ya era tarde cuando pasó por nuestro lado un anciano pescador que ofrecía a todos el servicio de paseo en su bote alrededor de la playa y sus hijas la animaron a su mamá para que fuera así que ella aceptó y se puso su chaleco salvavidas y se fue junto a otras personas más.

    Estábamos todos súper relajados conversando cuando mi sobrino de 8 años vino gritando y llorando una malagua en la arena que alguien muy irresponsable había dejado y él por jugar lo había picado y ahora esa zona estaba muy roja mi cuñada y esposa se pusieron nerviosas y dijeron para volver para que lo vean y para mala suerte la posta estaba cerrada así que había que regresar a Lima.

    Ahora el problema era mi suegra que estaba en el bote paseando y por seguridad no llevaba su celular así que no había modo de comunicarse con ella, todo era un caos ahora mi sobrino que lloraba del dolor su hermanita de 5 años e igual también asustada y nerviosas ellas había que pensar rápido y lo hice.

    —Vayan a Lima ustedes yo me quedo acá a esperar a mi suegra y tomamos un bus de regreso.

    Y así fue sólo que yo esperaba que mi esposa también se quedará pero su hermana le dijo que fuera para que le ayude con su hija más pequeña mientras ellos iban al hospital y me quedé sólito ahí y por el apuró solo tenía mi canguro y una toalla.

    Cuando regresó mi suegra preguntó por los demás le conté lo sucedido pero le dije que no se preocupe porque a mi también de pequeño me sucedió algo parecido y luego me curaron en el hospital eso la tranquilizó, le dije porque se había demorado mucho si era una hora de paseo y regresó después de dos horas y media más.

    —Ese viejito pescador su bote está igual que él de viejo dos veces se le paró el motor… jajaja.

    Mi suegra tiene 55 años y 5 de viuda está algo gordita, pero aún para su edad conserva buena figura en especial su trasero que es grande y carnoso y bien puesto aún ella es muy buena deportista y así calma su soledad y como toda mujer de la selva es alegre tenía puesto una ropa de baño así que le di la toalla para que se cubra y se lo puso en la cintura. Había que salir a buscar el bus de regreso a Lima pero recién nos dimos cuenta que había mucha gente esperando lo mismo habían conciertos en otras playas y eso aumenta la cantidad de gente de regreso.

    —¿Y ahora que hacemos como vamos a regresar Juan?

    Otra vez había que pensar rápido y cuando vi un bus que se detiene un momento y bajaron dos personas la cogí fuerte de la mano a mi suegra y corrimos y apenas logramos subir porque estaban muy llenos y ya no querían recoger más pasajeros, como pudimos nos abrimos camino entre la gente y buscamos un lugar donde viajar lo mejor posible pero era inevitable estar separados así que ella sola se acomodó delante de mí.

    El movimiento del bus y la gente a nuestro alrededor empujando y ella tan cerca de mi hizo que casi al instante tuviera una buena erección y era obvio que mi suegra Roxana lo sintiera todito porque yo estaba solo con la ropa de baño al igual que ella porque cuando subimos al carro tenía la toalla en la mano y se estaba secando el cabello así que mi verga bien dura la tenía en medio de sus enormes nalgas que solo estaban separados por nuestras ropas de baño.

    Se sentía tan rico su culazo ella ni yo decíamos algo había un silencio cómplice pero nuestros cuerpos ya estaban reaccionando a la frotación de mi verga en su delicioso culo porque sus mejillas se pusieron rojas y las puntas de sus pezones se notaban debajo de la ropa de baño se estaba calentando mi suegra como dije ella tenía 5 años de viuda e imaginaba que era buen tiempo que no sentía una buena verga tan cerca de su cuerpo y había que decirle algo.

    —Señora Roxana disculpe usted pero el carro está tan lleno que no se puede estar separados y no puedo evitarlo.

    —Lo sé Juan entiendo la situación y como todo hombre joven rápidamente estás listo, no hay problema jajaja.

    Sonrió nerviosamente tratando de aparentar tranquilidad y que no le afectaba para nada como mi verga se sobaba en medio de sus nalgas por el movimiento del bus, pero el cuerpo no miente así que ahora ella se mordía los labios y ponía el culo duro y tiraba para atrás ligeramente su enorme trasero.

    —Ahora tú discúlpame una no es tampoco de hierro… jajaja recuerda que soy viuda.

    Ella siempre es divertida y muy sincera para decir las cosas, así que ahora fue mi turno decirle que no había problema si ella se sentía bien, bajé la vista y vi esas nalgas tan sabrosas y ahora yo empujaba más fuerte sobre su culazo no nos importaba si la gente nos miraba al fin y al cabo no los conocíamos, ella cada vez estaba más excitada porque movía el trasero así que otra vez había que pensar rápido.

    —Roxana si gustas podemos bajar y buscar un lugar más cómodo y tranquilo porque la gente nos está mirando… tú decides. Y nadie se va a enterar será un secreto entre los dos…

    Ella se quedó un rato pensando las ideas le daban vuelta en su cabeza era decidir entre respetar a su hija Liz o volver a sentirse mujer nuevamente con un hombre y para ayudar en su decisión ahora yo bajé mi mano y acaricie sus nalgotas tapando con la toalla mi mano.

    —Ohhh Juan no seas malo.

    Nuevamente a pensar rápido así que dije QUE MALO… sería dejarla así a ella de bien caliente y a mí también así que la cogí de la cintura y le dije que vamos a bajar ya estábamos por San Juan de Miraflores y ella me siguió la decisión estaba tomada.

    Busqué un hostal y pedí una habitación rápido antes que cambie de opinión, ella preguntó y si llamaban pero para suerte nuestra con todo el apuro mi esposa se había llevado mi celular y el de su mamá así que nadie nos iba a molestar.

    Apenas cruzamos la puerta le quite la ropa de baño y besaba su cuello y luego esas tetas de pezones grandes y erectos y la tiré a la cama y me ocupé de su chucha la lengua bajaba y subía por los labios vaginales ahora Roxana sólo gemía y movía la cabeza como poseía.

    —Uhhh Juan ohhh quee ricoo ohhh…

    Le devoraba toda su chucha a mi suegrita haciendo que gritara de lo rico que lo estaba pasando hasta que llegó a tener un orgasmo y sus jugos salieron disparados con fuerza era tiempo que está mujer necesitaba desfogar.

    —Ayyy sii me vengoo si papitoo ohhh dios

    Me puse encima de ella y sus piernas en mis hombros y la penetre su chucha estaba bien caliente y jugosa lo que empezó para mi como un día de playa estaba terminando cachando a mi suegra Roxana que necesitaba urgente una pinga.

    —¿Así te gusta suegrita como te mete hasta el fondo de tu chucha tu yerno preferido toda la pinga?

    —Sii me encanta ohhh Juan ohhh cómo extrañaba una verga así dura dentro de mí.

    Ahora cambié de posición a mi suegra puta y caliente que ahora compartía la misma verga que también le hacía gritar a su hija y me senté en una silla y ella encima de mí moviendo su enorme trasero que subía y bajaba bien ensartada con el falo que llegaba hasta el fondo de su chucha.

    —Ahh sii qué ricoo lo sientoo toditoo adentro ohhh ohhh.

    Ahora venía lo mejor la pose que más me gustaba e imagine cuando la vi por primera vez ese culazo sería mío, ella se apoya en el filo de la cama ofreciéndome ese enorme culo de grandes nalgas que también vi como se lo veía Juan Carlos sin que se diera cuenta su mujer pero era yo quién disfrutaría de ese riquísimo culazo.

    Ella levantó bien el trasero y mi verga se fue directo a su chucha que lo acogió con muchas ganas, vi un espejo grande al lado de la cama era súper morboso la imagen esa señora de 52 años mi suegra siendo bien cachada por su yerno y reclamando que les meta más verga.

    —Ohhh… Juancitooo… gracias ohhh por hacer que me sienta mujer otra vez… ya me estaba olvidado lo ricoooo que es ohhh.

    —Sii que bueno ahh quee te gusta de ahora en adelante está es tu verga también ohhh.

    Ese ano también era mío así que otra vez a tomar una decisión rápida y antes que me diga que no, puse la punta de la verga en la entrada de su ano y empuje y zas! toda la cabeza adentro sus gemidos de dolor me excitaron y otro empujón más y adentro casi la mitad de mi verga.

    —Ayyy… salvajeee ayyyy por favooor sacalo me arde mucho ayyyy.

    —Aguante un poco suegrita ya va a pasar

    Mordió la almohada Roxana soportando el dolor de como el falo abría las paredes de su esfínter creo por primera vez que rico se sentía ese ano tan apretado y ya estaba casi todito adentro otro empujón final y hasta el fondo.

    —Aggg ayyyy despacito siii aggg… ayyy

    Había que apurar las cosas vi mi reloj ya era las 8.30pm, y empezó el mete y saca en su ano que se resistía al inicio pero fue cediendo al nuevo invasor hasta que dejó de quejarse y a seguir dándole duro por el culo y sus nalgotas saltaban a cada embestida que recibía.

    —Así así suegrita que rico culo que tiene ohhh está bien apretado y caliente.

    Dando duro por el culo a mi suegra hasta que sentí como iba a llegar a eyacular dentro de su conducto anal y llegó el momento y lo llené de leche bien caliente.

    —Aggg siii me vengoo toma mi leche para tii Ohhh suegra ohhh.

    Luego de un breve descanso salimos y llame de un teléfono público y tomamos un taxi para la casa de mi cuñada, pregunto que nos había pasado que ahora estaban preocupados por nosotros y no hubo manera de comunicarse.

    —Liz fue toda una odisea regresar a Lima hubo varios conciertos en el sur y los carros venían muy llenos tuvimos que esperar mucho tiempo pero ya estamos acá sanos y salvos…!

    Mi sobrino ya estaba mucho mejor luego de regresar del hospital ya era tarde así que cuando nos despedimos de todos me acercó a darle un beso en la mejilla a doña Roxana me dijo muy despacio al oído aprovechando que sus hijas estaban lejos.

    —Gracias por todo Juan lo pasé de maravilla y que esto quede como nuestro secreto.

    —De nada señora Roxana cuando guste usted siempre a sus órdenes para lo que guste jajaja.

  • Mi primera vez no resultó como lo imaginé

    Mi primera vez no resultó como lo imaginé

    Soy una persona romántica y siempre soñé con que mi primera vez sea especial, pero no resultó tan así.

    Mi nombre es Laura, tengo 18 años, soy una joven delgada, de cabello largo y rubio. Lo que les voy a contar sucedió hace unas semanas.

    Empecé a salir con un joven de 25 años, el cual trabaja y tiene auto. Con él nos conocimos por Facebook. No me enamoré de él por ser un chico lindo, sino de las cosas lindas y dulces que me decía. Fue entonces que empezamos a salir y llegó nuestro primer beso en nuestra segunda cita y fue algo hermoso.

    Mi primera vez se dio en nuestra primera salida nocturna, esa noche yo estaba vestida con una pollerita cortita y con el cabello suelto. Recuerdo que me pasó a buscar con su auto y fuimos a comer a un lugar. Luego regresamos al auto que se encontraba estacionado en el fondo junto con otros autos en una zona sin mucha iluminación.

    Él en vez de abrir la puerta del auto se apoyó sobre la puerta y me agarró de la cintura para llevarme junto a él. Primero me dijo’ te quiero’ y luego me estampó un beso. Empezamos a besarnos apoyados sobre la puerta y luego de unos segundos sus manos se posaron sobre mi cola. Él comenzó a apretar los cachetes de mi cola y yo como soy un poco vergonzosa le dije entre risas «nos pueden ver» y él me contestó «no hay nadie», así que continuamos besándonos y él siguió tocando mi cola.

    Recuerdo que luego su mano se metió dentro de mi pollera y agarró uno de mis cachetes. Yo le saqué con mi mano y él volvió a posarla sobre mi cola. Luego él me empezó a besar y a lamer el cuello y a decirme «estás buenísima mami».

    Luego de estar besándome en el cuello, se acercó a mi oído y me dijo «chúpamela mami». Él se bajó la cremallera del pantalón y sacó su pija media erecta hacia afuera. Mi primera reacción fue mirarle la pija y poner mis brazos en forma de jarra, luego miré hacia todos lados viendo si alguien venía. Como nadie venía me puse a ver la pija con ganas de chuparla y él noto eso en mí y empezó a alentarme a que lo haga. Él me terminó de convencer y acabe arrodillada en el suelo, luego miré hacia todos lados y tomé su pija con mi mano derecha.

    Lo primero que hice fue sacarle un par de pelos que tenía en la punta de la pija y luego me la metí en la boca. Mientras se la chupaba lo mire en un par de ocasiones y note que lo estaba disfrutando ya que debido al placer que estaba sintiendo tenía la cabeza apoyada sobre el auto y miraba hacia arriba.

    A mí me gusta saborear toda la pija y fue lo que hice, se la chupe por todos lados solo me faltaron comerme los huevos. También digo que por momentos me frenaba cuando escuchaba algún ruido pensando que alguien se acercaba.

    Luego saqué mis manos de su pija y las puse sobre mis piernas ya que él me tomo de la cabeza y empezó a moverse hacia adelante y hacia atrás. Después me levanto del piso y luego de unos besos que nos dimos me puso contra el auto. Yo estaba entregadísima, él me bajo la tanga y sentí como su polla empezó a perforar mi cuerpo. El mientras me embestía decía «si, si, si, así nena» y se escuchaba el golpeteo de sus bolas estrellarse en mi cola. También me agarró del cabello para embestirme con más fuerza. Luego me soltó y me di vuelta para chupársela otra vez.

    Pensé que todo esto iba a terminar con esa chupada, pero no fue así, el abrió la puerta del auto y me puso en cuatro patas con medio cuerpo dentro del mismo. Entonces continuó penetrándome hasta que acabo dentro de mí. Luego salí del auto para hacerle una última mamada. Para terminar el me llevo de vuelta a casa.

     

  • Mi tía Mari y yo, su sobrino favorito

    Mi tía Mari y yo, su sobrino favorito

    Os voy a contar otra historia real. Begoña, mi vecina y ahora mi tía. Suena tópico pero es real. Me vuelven loco las mujeres maduras y siempre lo he intentado con las más cercanas, mi tía entre ellas.

    La relación con mi tía Mari siempre ha sido muy especial, ha sido mi favorita y yo su sobrino preferido.

    Todo esto ha conllevado una confianza total y un gran respeto que nunca hemos perdido, ni después de lo que os voy a contar.

    Como sabéis siempre me han gustado las mujeres maduras y por supuesto mí tía ha sido una de ellas.

    Ella y mi tío no han podido tener hijos. Desde niño me ha mimado más que a sus otros sobrinos y con el paso de los años eso sigue así. Hoy día yo la mimo a ella.

    Mi tío siempre ha sido un vividor y mi tía una currante. Es la hermana de mi madre y mi tía favorita. Ella estaba casada con mi tío, un tío muy cachondo y vividor que no trabajaba.

    Mi tía tiene, y digo tiene porque hoy día sigo disfrutando de ellas, unas tetazas increíbles. Tetas que a mí adolescencia no pasaban desapercibidas y hoy día tampoco.

    Somos una familia humilde y de apariencia normal, y digo de apariencia normal porque jamás pensé que esto que os voy a contar fuera a pasar.

    Mi tía siempre me ha querido más que a sus otros sobrinos y siempre me lo ha demostrado y hecho saber.

    Tanto cariño por su parte consiguió que con el paso de los años yo empecé a verla de otra manera.

    Mi tía me ponía cachondo, muy cachondo y quería follármela. Sus enormes tetas y su trato hacia mí me ponía mucho y aprovechando esa confianza le pedía las llaves de su casa mientras ella trabajaba con mi madre y subía a su casa a pajearme con sus sujetadores corriéndome en ellos sin cortarme.

    Ella por supuesto que se había dado cuenta de eso y cuando iba a verla empezó a mostrarme más sus tetas, yo que tampoco me cortaba al saludarla la apretaba contra mí para sentir esos pechos contra mi cuerpo.

    Entre calentura y calentura pasó el tiempo sin decir nada hasta que un día ella me dio las llaves de su casa para subir al baño sabiendo que yo iba a pajearme con uno de sus sujetadores y subió detrás de mí para pillarme. Entró sigilosamente y me observó con ganas de pillarme y recriminarme lo que estaba haciendo pero no fue así. Vio lo cachonda que estaba y me dejó hacer…

    Mi tía se puso cachonda conmigo, su sobrino de 18 añitos pajeándose pensando en ella. Ella empezó a acariciar su coño mientras me miraba y se corrió soltando un gemido. ‘Aaahh!! Siiii!!’

    Cuando oí ese gemido y supe que ella estaba ahí me corrí en su sujetador gritando. ‘Siii!! Tiiaaa!! Síii’.

    Oí como se iba y bajé detrás a la tienda a devolverle la llave, me miró con cara de complicidad y me guiñó un ojo.

    Buuuff!! Los dos sabíamos lo que había pasado y solo había que buscar el momento.

    El momento no tardó, esa misma tarde mi tía llamo a casa y le dijo a mi madre a ver si podía ir a sintonizar la TV que había perdido los canales. Mi madre me mandó y yo fui a su casa nervioso.

    Al llegar mi tía me recibió en bata, como siempre, y me dijo que le sintonizara los canales. Empecé a salsear en la TV cuando me ofreció una cerveza la cual acepté con gusto. Me la trajo y me dijo:

    —Toma Sergio.

    —Gracias tía, alargué la mano para cogerla sin mirar, la cogí le di un trago y al ir a dejarla en la mesa miré a mi tía buscando mirar esas tetas y para mí sorpresa ella me miraba con la bata abierta enseñándome sus tetas sin quitarse el sujetador y me dijo:

    —Aquí las tienes Sergio!! Te pajeas hace tiempo con mis sujetadores.. Quitándose despacito el sujetador me dijo: Estás tetas te ponen cachondo sobrino?

    —Si tía, hablé con voz entrecortada, vaya tetas tienes!!

    —Ven aquí y cómetelas sobrino!! Pero esto será nuestro secreto vale?

    —Si tía Mari!!

    Empecé a comerme esas tetas sin respiro, con deseo. Ella se ponía cada vez más cachonda y yo empecé a bajar, le quité la bata y la tumbé en el sofá diciéndole:

    —Te voy a comer todo tía!!

    —Que dices Sergio?? El que?

    —Te voy a lamer el coño y ese culo hasta que te corras.

    —Que dices?? Sergio! Nunca me han hecho eso!! Qué haces?? Paraa… Buuuff!! Nooo, no pares!!

    —Jajaja!! Disfruta tía Mari!!

    —Yo pensaba que iba a enseñar sobrino y Nooo. Enséñame tu Sergio.

    —Vamos a aprender los dos tía, creeme!! El sexo oral te va a encantar.

    —Siii!! Sobrino… Uuuufff!

    Yo lamía su coño y su culo de arriba a abajo y noté como se corría varias veces entonces apunté mi polla a ese coño humedísimo y la penetré despacio y profundo una y otra vez.

    Ella gritaba: Siii!! Fóllame sobrino!!

    —Si tía Mari!! Síii Buuuff!!!

    Entonces ella se giró y me puso boca arriba, se subió encima de mi polla y empezó a cabalgarme como una loca. Saltaba encima de mi rabo muy duro y me decía.

    —Jamás he tenido un rabo tan duro dentro. Fóllame sobrino!! Buuuff!!

    Sus tetazas saltaban mientras me cabalgaba, yo las agarré con las dos manos y me corrí dentro de ella. Nos fundimos en un abrazo sincero de complicidad.

    Me confesó que mi tío le había sido infiel varias veces y que ella lo sabía pero que el matrimonio de esa época lo perdonaba todo y por eso seguía con él.

    —No te preocupes tía Mari, a partir de ahora eso va a cambiar.

    Y tanto dijo ella mientras acercaba su boca a mí polla otra vez tiesa con ganas de tragársela toda. Empezó a mamarla con ganas y me dijo:

    —Esto no lo he hecho nunca.

    —Buufff!! Sigue tía, sigue!! Jodeeerr como la chupas!! Me corrí en su boca otra vez.

    Hoy día seguimos haciéndolo de vez en cuando, nunca hemos dejado de hacerlo. Ahora ella tiene 82 años y yo 43 pero no hemos parado nunca de follar.

  • La venganza (Partes 1 y 2)

    La venganza (Partes 1 y 2)

    La oficina aun no cerraba, pero habían esperado mucho, planeado mucho, pensado y fantaseado mucho aquél momento. Ella estaba sentada en su escritorio, su ropa ejecutiva, con el aire acondicionado a todo dar, pero aun así con ese intenso calor que ambos tenían, abrieron la puerta y él se escondió tras el escritorio. Era la última de las secretarias, venía a entregarle los documentos del día a su jefa antes de irse a su casa.

    -Gracias.- Dijo la jefa, luego se inclinó de forma extraña.

    -¿Le pasa algo?- Preguntó la secretaria algo preocupada, esta dijo que no con la cabeza, pero debajo del escritorio él ya no estaba esperando y pasaba su lengua lentamente desde su talón por los muslos llegando a su entrepierna. Ella tenía miedo de que la descubrieran pero a la vez no quería decirle que parara. ¿Y cómo?

    -Estoy bien.- Dijo de forma forzada. Casi gimiendo, la secretaria se dio por vencida y se retiró. Luego de cerrar la puerta todo estaba solo de nuevo, y esta vez por completo. Él se paró a su lado y al verla jadeante le dijo.

    -Lo siento. Quería…

    Pero ella no lo dejó terminar, pensaba vengarse de él por aquél riesgo, no lo despediría. Tenía otro plan en mente. Lo empujó en el escritorio le quitó la corbata suavemente y mientras lo besaba se escuchaba el metálico sonido de la hebilla de su correa, le ordenó quitarse los pantalones, cuando él lo hizo ella usó la corbata para acercarlo a ella por el cuello, lentamente. Aun con la corbata en su cuello se agachó, desabotonando su camisa y bajando su ropa interior con un solo dedo, cuando bajo un poco más el miembro de él saltó, como si estuviera tan agitado como él. Ella sonrió y lo vio, acercó su boca, pero a centímetros del contacto se alejó y caminó de nuevo al escritorio ordenándole.

    -Ven aquí. -Él la siguió sin titubeo. Ella se volteó y tomo las manos de él que fue guiando desde sus piernas, como si le estuviera diciendo que parte quería que le tocaran y de qué forma, finalmente dejó las manos de él en sus senos y comenzó a moverse con una especie de baile muy suave. Movía las caderas hacia atrás y el miembro de él levantaba la falda de su jefa.

    Cuando él apretó sus senos ella suspiró y su mano se deslizó para tocarlo entre las piernas. Se estaba tomando su tiempo, lo estaba desesperando y lo sabía, esa era su venganza. Abrió sus piernas sonriendo, pero no se dejó penetrar, abrió el cajón de su escritorio y sacó un poco de lubricante, lo untó entre sus piernas y comenzó a moverse adelante y atrás. Masturbando a su empleado con las piernas. Prohibiéndole de momento lo que él más esperaba.

    Su mover lo volvía loco. Las caderas que él ahora sostenía, los glúteos de su joven jefa chocando constantemente con su pelvis, pero no era la única persona que disfrutaba. El rose constante de la entrada a ella, la estaba provocando, pero ella debía soportar, necesitaba hacerlo enloquecer, ella sabía lo que pasaría si lograba quebrarlo.

    Finalmente lo hizo llegar al éxtasis por primera vez, él temblaba y ella le dijo que se acostara de nuevo en el escritorio. Cuando él lo hizo ella ya estaba desnuda, se acercó a él y se montó sobre él rodeando su cabeza con sus piernas, luego se inclinó y comenzó a lamer el miembro que ahora estaba flácido por la presión.

    Él tomó sus glúteos y los masajeaba mientras introducía la lengua dentro de ella, su jefa comenzó a gemir mientras seguía pasando la lengua e iba endureciendo el miembro de él de nuevo, el tiempo se congelaba, pero se volvía totalmente perpetuo, ella metió lentamente aquel miembro en su boca y podía sentir como crecía mientras ella comenzaba a temblar por el primer orgasmo.

    Todo esto lo veía la secretaria a través de la ventana, se había quedado porque sabía que algo estaba mal. Observaba la escena desde ya hace bastante y había comenzado a tocarse, presa del calor y la excitación que la escena le provocaba. Había desabotonado su camisa y apretaba sus senos con una mano mientras llevaba la otra a su entrepierna. Finalmente vio cuando la jefa se inclinó apoyándose del escritorio y el empleado se acercaba tras de ella, finalmente entró en ella y ambos dibujaron rostros de placer, gemidos cortos y largos se escuchaban fuera de la oficina y la secretaria se deslizaba al suelo por la enviada y el calor de su cuerpo. Comenzaba a tocarse con afán mientras al otro lado de la puerta se escuchaban los gemidos de aquél atrevido par.

    La jefa se volteó y se sostuvo de los hombros de él, quien la cargó y la recostó tan cerca de la puerta de salida que la secretaria creía que la iban a descubrir. Desde ahí solo mirar a otro lado aria que la vieran, pero a ella no le importaba, ya casi desnuda con la ropa estirada de un lado a otro se seguía tocando, podía sentir el calor por lo cerca que estaban, de repente lo vio. Él La había visto, y la seguía viendo, pero no se detenía, ni ella tampoco. La jefa no lo sabía pero ambos se estaban viendo mientras lo hacían y gemían, y por un momento los tres gimieron con fuerza para inocencia de la jefa, que no supo ni nunca sabrá que el segundo orgasmo lo sintieron tres al mimos tiempo…

    Ella regresó al día siguiente a su trabajo como si nada. Pidió los papeles a su jefa, pero esta no se los dio. Le ordenó cerrar la puerta y que se sentara, debían hablar. Una vez se sentó la jefa fue clara. Sabía que ella les había visto, pero ella no quería que se supiera. Así que le dio a elegir. Qué quería por su silencio y no ser despedida.

    Ella se sintió nerviosa pero respondió.

    -Le juro que no diré nada.

    -Necesito estar segura de eso en realidad.

    Dijo la jefa buscando en su cajón, sacó unas llaves y le dijo.

    -Acompáñame.

    La secretaria no quería acompañarla en realidad. Temía por su vida, mucho más que por su trabajo, entraron a una de las oficinas administrativas y lo que la secretaria vio adentro no tenía nada que ver con una oficina. Había una cama de rojo colchón en el centro, en una especie de closet habían látigos, cadenas, esposas y diferentes cosas, los más impresionante para ella eran los consoladores que reposaban en una repisa, diversos colores y tamaños, pero la jefa la tomó de un brazo y la haló diciendo.

    -no te asustes, no vamos a usar esos.

    De inmediato, tras ella salió el empleado de la noche anterior, entre él y la jefa la llevaron a la cama y la ataron de los extremos. Ella se resistía, pero muy dentro de ella, esto la tenía en shock, pero a su vez casi deseaba que sucediera. Como si en vez de un castigo, fuera una recompensa por haber descubierto el encuentro del día anterior.

    -¿Qué me van a hacer?

    Preguntó la secretaria, la jefa se acercó a su empleado que estaba vestido como un traje de oficina pero totalmente de cuero, lo besó y lamio su cuello guiñándole el ojo a la secretaria y diciendo.

    -Nada.

    Luego siguió besando a aquel hombre mientras se recostaron sobre ella, besándose y tocándose. La secretaria no podía hacer nada, la jefa exageraba los gemidos y veía como la secretaria forcejeaba. Se alejaron y ella descubrió el pecho del empleado, untándole aceite por todo el mismo. Luego tomó una silla y la arrastró frente a la secretaria, llamó a su empleado y abriendo las piernas lentamente le ordenó que se arrodillara.

    Él sabía qué hacer. Le quitó la ropa interior y la arrojó a un lado y comenzó a darle placer por debajo de la falta, ella cerraba los ojos a veces, gemía, veía a la secretaria y se pasaba la lengua por la boca como alguien que presume una golosina ante otra persona.

    La secretaria se mordía los labios pero intentaba resistir, mirar a otra parte, la jefa se percató de esto y se levantó, caminó hacía la secretaria y puso sus manos en los hombros de la indefensa mujer mostrando su trasero a su empleado, le guiñó el ojo a la secretaria una vez más antes de gemir por el momento en el que él entraba en ella. Ahora la secretaria no podía evitar ver lo que pasaba, cada vez que él entraba en la jefa esta empujaba sus hombros, haciéndola parte de aquél excitante vaivén. La secretaria comenzó a jadear, sentía ya que su mente se iba, ella solo quería ser parte de ellos, o al menos poder tocarse.

    La jefa sintió que tuvo suficiente y ordenó soltarla, luego tomó un látigo y le ordenó ponerse “en cuatro patas” Luego acercó al empleado a la secretaria poniendo su rostro justo en frente del pene de él. Ella lo vio y esta lo tomó y le dio algo parecido a una cachetada, pero con el miembro del hombre. La secretaria gimió, la jefa pudo ver que eso le gustaba y lo volvió a hacer. La secretaria comenzó a pedirle que lo siguiera haciendo, que necesitaba ser castigada, por lo que mientras el hombre posaba la punta de su miembro en sus labios, la jefa comenzó a darle uno que otro latigazo en los glúteos.

    La secretaria comenzó a introducir el pee por cuenta propia en su boca, “más profundo” ordenaba la jefa y ella entraba más, y más tocaba su garganta y volvía. Y así varias veces mientras el castigo seguía. La jefa tenía ahora una esclava nueva y pensaba usarla a totalidad, buscó uno de los consoladores de la repisa y lo introdujo en la secretaria, a esta no se le escuchó el gemido porque seguía dándole placer al hombre mientras la jefa encendía el vibrador del consolador, la secretaria no pudo más y soltando lo que tenía en la boca se inclinó y comenzó a gemir.

    La jefa se rio y tomó otro consolador, advirtiendo que usaría los dos detrás de ella si volvía a soltar al hombre. La secretaría volteó como si esto no le importaba, la jefa sonrió de nuevo y le dio una nalgada. Ordenó al hombre que se acostara en el suelo, así puso a la secretaría sobre el pene del hombre quitándole el consolador, mientras esta ponía su entrepierna sobre el rostro del hombre.

    Ambas mujeres gemían a todo dar, la secretaria había alcanzado el consolador y poco a poco lo introdujo tras ella, en la única parte que no había sido alcanzada por el hombre ese día. La jefa se había percatado de la perversión de su secretaria, tomó un consolador que tenía punta en ambos extremos y se lo dio a la secretaria, esta lo introdujo en su boca mientras la jefa tomó la otra punta en la suya. La secretaria había pasado ser de la castigada, a la recompensada, todas las atenciones iban para ella, y esta vez los tres sabían que tres eran los que estaban gimiendo y que el orgasmo lo tuvieron tres…

  • Ya soy el puto del equipo (XII)

    Ya soy el puto del equipo (XII)

    Noche de luna llena en El Romeral.

    Don Fermín me había dicho muchas veces desde pequeño que yo tengo una casa muy grande dentro de un gran terreno que llega a la cumbre de una pequeña montaña en las estribaciones de la Cordillera. Desde que murieron mis padres él la usaba con su familia a fin de conservar el paraje, la poda, la tala de árboles, el cuidado de la casa y todos estos menesteres. Cuando yo tuve uso de razón considerable para saber lo que era una propiedad tan grande, le dije que la siguiera usando él. Pero yo no había ido nunca a verla. Como me lo decía dos o tres veces al año, una de esas fue cuando se acabaron los exámenes, los míos concluyeron en torno al 12 de junio, otros los tenían hasta más tarde. Esa vez que me lo preguntó acabados los exámenes, le dije lo de siempre, úsela usted como siempre, pero me gustaría ir a verla.

    Don Fermín, como siempre tan dispuesto, se llevó a su mujer y nos recogió a mí y a Abelardo en su Land Rover para ver la finca, como él decía, y ver las condiciones de la casa. Al llegar, a la entrada de la finca había un letrero que decía «El Romeral» en letra cursiva. Me dijo don Fermín que esa era la letra a mano de mi padre. Lo fotografié, claro. Resultó ser un lugar magnífico que venía a costearse con la tala de árboles y nuevas plantaciones. Había una casa enorme en dos pisos, con unas 20 habitaciones más o menos pequeñas y cuatro grandes. Según me contaba don Fermín, mis padres solían ir con tres o cuatro matrimonios y a veces con sus hijos, había espacio para todos. El comedor era inmenso, podían caber en las dos mesas largas unos 30 ó 35 personas tranquilamente y unas grandes cocinas.

    Don Fermín seguía la costumbre de mis padres. Contrataba unas personas, como tres mujeres y un hombre para que cuidarán todo el verano la casa e hicieran su limpieza. Luego, a lo largo del año subía unas dos veces y con el mismo equipo hacían una limpieza general. Un señor se encargaba de la piscina. ¡Ah, la piscina! Era grande y estaba rodeada por una gran valla y muy alta en ladrillos, para que nadie entrara a fin de no tener responsabilidad en los posibles ahogamientos. Se llenaba cuando llegaba en verano don Fermín y al marcharse la vaciaban.

    Me quedé admirado. Don Fermín me decía que yo ya debía ir por allí. Le dije que no podía ir de vacaciones a dos casas, una en la playa que me gustaba mucho y esta en el monte, además de mis estancias en Venice (California, USA) y algún viaje que hacía al pueblo de mi taita, pero que igual este año sí podría venir tres o cuatro días. Vi la cara de alegría de don Fermín y le dije que ya hablaría con él para contratar el equipo, pero que luego tenía que venirse su familia y sus invitados como siempre. De momento me manifestó su acuerdo.

    En un lugar aparte hablamos solos Abelardo y yo sobre la conveniencia de hacer una celebración del campeonato con los chicos del equipo. Como había habitaciones para todos le dije que podríamos venir en autobús, cabían todos y tres mujeres cocinando y limpiando la casa. Nosotros no molestaríamos en el interior de la casa porque en la piscina había baños, solo entraríamos por el día a comer en el gran comedor desde la piscina y luego cada uno se tumba donde quiere. En la noche nos podrían dejar preparada la cena y nosotros nos lo arreglaríamos.

    La casa no tenía wifi, pero no costaba nada contratar un wifi rural, también serviría para don Fermín y para otras ocasiones. Los chicos hoy tenemos costumbre de no aburrirnos, antes de que llegue el aburrimiento con el móvil hacemos mil milagros y se nos pasa el tiempo rápido. Esto fue algo que tuve que realizar al día siguiente y se lo comuniqué a don Fermín que se encargó de ello. Un día quizá tendré que regalarle la casa a don Fermín, aunque él dice siempre que es muy grande para ellos.

    Fuimos Abelardo y yo a hablar con Mauricio, esperamos que saliera de uno de sus exámenes y le planteamos la posibilidad de hacer una excursión a una casa de la sierra con unas 24 habitaciones, gran comedor, gran cocina y una excelente piscina que se la detallamos, ya que Abelardo lo midió todo por pasos y delante de Mauricio iba mostrando la extensión de cada cosa que se mencionaba. La única dificultad que puso Mauricio es que algunos jugadores son de escasos recursos económicos. Le respondí que todo quedaba incluido en la asistencia, nos resultaría gratis, autobús de transporte, cocineras y comidas y bebidas. Era un premio por ganar en el campeonato. Se entusiasmó y allí mismo fue esperando a los jugadores de ese examen y se quedó en comunicar a todos para dos días después y plantearlo.

    Allí mismo Mauricio nos comunicó que habían hablado del Rectorado con él para que se preparara a capitanear el equipo para acceder a la categoría superior.

    — Pienso que tú tienes parte en esto, ni sé por qué. Sé que tendremos de entrenador un profesor de la Universidad, aún no sé quién es y que se está buscando un portero, —me miró con cara de pena.

    — Mauricio, he renunciado a ser jugador, pero no a formar parte del equipo. No puedo asegurar que mi continuidad os beneficie, pero me veréis en todos los partidos y, si me dejáis entrar al vestuario, estaré allí para ver vuestros hermosos culos, ¡cabrones!

    — Me estás poniendo, ¡joder!, hablas así tan libre…, —dijo Mauricio, acomodándose el paquete por encima del pantalón.

    ***** ***** *****

    En el Rectorado se habían tomado muy en serio lo del equipo, sabiendo que iban a tener una donación para mantener dignamente los equipos y ayudar a algunos jugadores con menor capacidad económica. Se había puesto en manos del Decano de Derecho redactar el estatuto deportivo y la Sociedad anexa a la Universidad que debería velar por el deporte. Aprovecharían para que en la medida de lo posible la cantera de jugadores, entrenadores, preparadores y asistentes se formara en el interior de la Universidad, y otros detalles que había que tener en cuenta, como la ampliación del gimnasio y de las gradas de espectadores.

    Habíamos pasado por cortesía al Rectorado un aviso de que el equipo estaba pensando hacer una excursión y unos días de descanso como premio por la victoria en el campeonato. En la nota había dos cosas importantes para el Rectorado, una era que todo estaba pagado y no se pedía ninguna ayuda económica a la Universidad y la otra que si consideraban necesario que fuera algún docente con los alumnos y dar ciertos criterios que estaban dispuestos a recibirlos. Supimos que el propio rector dijo: «Está bien lo que dicen, pero seríamos estúpidos si les pusiéramos vigilantes a unos adultos universitarios, solo les contestaremos con una felicitación deseándoles que disfruten su premio y que se cuiden unos a otros para que regresen felices y dispuestos a estudiar y a luchar en la vida como en el deporte». Y así fue.

    Llegó el día de la salida. Todos estaban con sus mochilas saludándose, mientras esperaban el autobús. Llegó el bus, abrieron la bodega y depositaron todas sus mochilas. Fueron subiendo y cada uno se sentó junto a su mejor amigo. Abelardo y yo íbamos juntos y Marcos con Leoncio. En un momento del viaje, Mauricio quería hablar unos asuntos conmigo y Abelardo se levantó a ocupar el sitio de Mauricio. A Mauricio le habíamos nombrado capitán también de la expedición para que organizara y él pidió que yo fuese su adjunto o secretario. Cuando se sentó, me miró y me preguntó:

    — ¿Ponemos alguna norma?

    — ¿Como cual, por ejemplo?

    — Que no ensucien las paredes…, que se vistan decentes…, que por las noches guarden silencio…,

    — Pienso, Mauricio, que puedes poner una norma: que sean libres pasándoselo bien y sin molestar a los demás.

    — ¿Solo?

    — Somos mayores, habrá que sugerir sin ser norma que si quieren cantar en la noche pueden ir a la glorieta del jardín, hay luz y está separada de la casa; si pones más normas, no podrás decir nada como amigo.

    — ¿Y si uno se quiere bañar desnudo?, —me lo han preguntado, de verdad…

    — Pues se baña desnudo, ¿acaso no nos vemos todas las semanas desnudos?

    — Lo digo por las mujeres de la cocina…

    — Ellas no aparecerán por la piscina para nada, ni por error.

    — Lo que habrá que avisar es que se limpia la casa de 10:00 a 12:00, que nadie moleste a las mujeres, pero no como norma, sino como recomendación para que sean educados, luego que haga cada uno lo que guste y vista como quiera o que vaya desnudo.

    Se asomó del asiento de delante Marcos para sugerir:

    — Debemos poner ese horario de limpieza y el de las comidas para que a esas horas nadie vaya desnudo por la casa. Pero a mí me parece bien que sobre todo en la piscina podamos estar desnudos para despreocuparnos de bañadores y tomar sol integralmente.

    — Toma nota, Mauricio, es una buena sugerencia, —dije.

    — Ya no te molesta más, Doro, —e hizo ademán de marcharse.

    — Quédate ahí y dime cómo ves la situación del equipo para el año próximo.

    — A mí me parece fenomenal, ahora que ya conocemos quién va a ser el entrenador, estoy más contento y seguro.

    — ¿Conoces a don Rubén Sánchez?, —pregunté.

    — Sí, hombre, es Rube, delantero de la Sociedad Minera; estudiaba medicina mientras era futbolista, entregado, generoso, amable, simpático y exigente, —respondió Mauricio.

    — ¿Sabes quién va a entrenar a sub18?, —le pregunto.

    — Creo que sí pero no lo sé cierto, ¿es Abelardo?

    — En efecto, justo se lo propusieron anteayer cuando iba a renunciar al equipo por lo que le pasó…, —le dije en voz baja mientras se giraba Marcos desde el asiento de delante.

    — No hables tan despacio, que ya lo sabe todo el mundo, solo necesitamos saber si ha aceptado para follarlo, que bien lo merece…, —dijo Marcos.

    Soltamos una rosa tan potente, Mauricio, Leoncio y yo, que todo el autobús se volvió a ver que pasaba. Entonces se levantó Marcos y se fue a la cabecera del autobús, le pidió al chofer el micro y dijo:

    — Atención todo el mundo —esperó que todos se callaran— ya sabemos que el entrenador del equipo va a ser don Rubén Sánchez, es decir Rube, que ha aceptado; también sé que Mauricio le ha invitado a venir con nosotros, pero no ha querido molestarnos, sabemos que aconsejado por alguien importante de la U. Lo que no sabemos es quien va a ser el míster del sub18, queremos preguntarle a Abelardo si ha aceptado o se hace el remolón.

    Abelardo desde detrás hacía señales con la mano para no contestar, pero Marcos insistió:

    — Venga, venga, no seas maricón —risotada general— y acércate aquí y responde.

    Se levantó, pasó por el pasillo y los que estaban sentados junto al pasillo le daban cachetadas a su trasero. Cuando llegó le dio una cachetada a Marcos en su pescuezo y dijo:

    — Todo esto ha sido gracias a vosotros. Sí, he aceptado de buen grado, sé que es una gran responsabilidad, he hablado con Rube y me ha dicho que me va a dar unas sesiones técnicas. Los tres entrenadores nos vamos a poner de acuerdo para trabajar en orden a una cantera y asegurar un largo futuro lleno de éxitos. Espero que podamos. Yo quisiera que todos nos sintiéramos responsables, entre nosotros está el sustituto de Doro, todavía no sabéis quien es, le pido que se presente y mientras viene, os puedo decir, que Doro y yo no dejaremos de ser del equipo, pero con tareas burocráticas.

    Un fuerte aplauso y la subida de Eleuterio Vallada, que ya había estado como posible portero. No fue una sorpresa, pero sí muy grata. Se presentó y luego vino a darme las gracias, de una manera poco habitual, porque, aprovechando que se había levantado Mauricio, se vino, se sentó y me besó, naturalmente le correspondí. Pero cuando yo esperaba que todo el mundo se riera, respondieron por el contrario en un fortísimo y extenso aplauso. Pensé que, gracias a las infortunadas experiencias recién vividas, habíamos superado la etapa del tabú y entrábamos en una etapa de normalización entre todos.

    Ya no tardamos mucho tiempo en llegar. Eran las 12:30 cuando nos encontramos en el acceso principal a El Romeral. Estaba el vigilante, abrió las puertas para que pasara el autobús hasta llegar a la entrada de la casa.

    Al bajar cada uno cogió su mochila, de inmediato se fue el autobús; entonces, frente a la puerta de casa, dije:

    — Ya todos sabéis que esta casa dicen que es mía —todos se reían— pero ahora es nuestra, así que los que deseen habitación individual, sin necesidad de dar a nadie explicaciones de ninguna clase, que pasen allá —señalé con la mano— donde está Abelardo; los que deseen habitación doble, que pasen por donde Marcos; si algunos quieren habitación para tres o cuatro que me lo digan.

    Como la mayoría venían en comandita como es costumbre, pensando que todas la habitaciones serían dobles, solo cinco escogieron habitaciones individuales, los demás dobles y tres quisieron una para ellos.

    Marcos, Abelardo y yo estuvimos en la senior, la más grande, como era lógico y de esperar. Tuvimos de invitado continuamente a Leoncio que se dejaba a Fernando y a Manolo roncando en la habitación.

    Los asistentes fueron: titulares del equipo:

    Luis Ortega Rojas (Mundo), suplente, guardameta, pasaba a ser el portero con el dorsal 1, no había intervenido en ningún partido del campeonato, todos le llamaban Mundo. Estatura 1,80 m., normal, pelo castaño, hetero. Normalmente dotado.

    Mauricio Peralta Santíveri, capitán, siempre juega de delantero, Dorsal 7. Llamado por todos Mauricio, hetero con novia formal, rubio, muy guapo. Acabados los partidos siempre se iba rápido para comer en la casa de su novia Alicia, ambas familias son amigas desde siempre. Cuando comenzó la crisis del equipo y obtuvo su responsabilidad añadida, era la novia quien le esperaba en coche para que llegara a casa presentable. Ambos son gayfriendly. Ella comprendió que había que sacar el equipo adelante y todos tenían que poner de su parte, por eso es una muchacha muy estimada entre los jugadores y muy respetada. El día de la victoria final, recibió un ramo de rosas rojas, sus flores preferidas de parte del equipo.

    Leoncio Gómez Palomares, centrocampista, coordina bien el juego entre los compañeros y hace que la pelota adelante. Llamado por todos Leoncio. Dorsal 9, buen compañero, gay, muy amigo de Fernando Bataller y de Manolo Íñiguez, ambos heteros. Estos tres son los que pidieron habitación para tres.

    Marcos Ortuño Oliveira, llamado habitualmente Marcos, bajo de estatura, 1.60 m., delgado, pelo rubio en todo el cuerpo y bien blanca, corte de de pelo ala delta, ojos color miel, normalmente dotado, buen culo y en general muy guapo, gay.

    Eleuterio Vallada Piqueras, llamado en el equipo como en su casa, Eleuterio. Nadie sabe su orientación sexual, dicen que ni él mismo, le gusta todo y no hace ascos por nada. Buen compañero, callado, y muy amigo de todos sin excepción.

    Jaime Navarro Gutiérrez, llamado Jaime por todos, corpulento, de lo que puede presumir lo presume y eso es su portentosa y enorme polla, va siempre con su pelo largo teñido y pixelado, es un perfecto guaperas, abiertamente gay.

    Luis Calvero Cifuentes, llamado por todo el equipo y fuera de su familia Calvero. Es gay, y lo que le gusta es follar, además del fútbol, dice que follar, follar y follar son sus pasiones más importantes; es bronceado natural, de nariz recta, ojos verde pálidos, tiene mucho encanto para engatusar a cualquiera.

    José Jiménez García, llamado Jiménez, es un buen jugador, sabe organizar el juego y ceder unos servicios excelentes para gol, suele jugar de centrocampista adelantado. Es hetero, simpático, buen organizador de fiestas, moreno, pelo muy negro y brillante, ojos grandes y vivos, normalmente dotado.

    Marcelo Sebastián Flores, llamado por todos Marcelo, estatura media, pelo negro, ni feo ni guapo, tipo normal, su pene en reposo mide 14 cm., tiende a alargarse mucho cuando le llega la erección, gay, el mejor culo del equipo, cintura estrecha, espalda triangular en uve, pasivo.

    Fernando Bataller García, llamado por todos Fernando, normal, nada que señalar, sabe jugar bien y es buen compañero para organizar jugadas, hetero.

    Antonio Martín Casado, llamado Toñete, pasó a ser titular gracias a su juego excelente; hetero y declarado gayfriendly.

    Y los suplentes: Santiago Velasco Arias, llamado por todos Santi, guardameta, en el closet; Vicente Soto Benítez, llamado Soto, guardameta, hetero; Ricardo Cabrera Díez, llamado Ricardín, hetero; Francisco Aura Biosca, llamado Chesco, hetero; Manolo Íñiguez López, llamado Manolo, muy amigo de Leoncio y de Fernando, hetero y con una amiga muy especial, Laura, que acude a todos los partidos porque es muy aficionada al fútbol. El día de la victoria fue una de las chicas que recibió un ramo de flores. Siguen Francisco Oltra Poveda, llamado Frasquito, gay, salió del closet coincidiendo con el escándalo para sacar cara por los denostados; Luis Martínez Bravo, llamado entre los del equipo Bravo, hetero; Sebastián Primo Canales, llamado por todos Canales, en el closet, muy amigo de Martín Soler Soler, llamado por el equipo y su familia Martín, gay y pareja en privado de Canales, salen el closet durante esta excursión, ambos pidieron habitación doble. Javier Pastor Crespo, llamado Javi como es habitual por todo el mundo conocido, hetero.

    No estuvo presente en la excursión Justo Buffon Lafonte que él mismo se había dado de baja del equipo, no obstante había sido invitado, pero no aceptó.

    Los otros dos que fueron son Abelardo García Suárez, llamado Abelardo por todos, muy conocido por los lectores, y Doroteo Grandes Coloma, llamado Doro por los amigos del equipo y de estudios, es el protagonista de esta historia, es decir, yo mismo, que la estoy contando. No sé si lo soy, me miro al espejo y no me veo tan guapo, pero todo el mundo dice que soy guapo. Lo que voy a decir es que evidentemente soy gay, pero me gustan todos los hombres, incluso Mauricio, al que respeto y que lo mío me costó exigirle que tomara habitación individual, tiene muy buena chica como novia y no quisiera que la perdiera. Como me explicó que ambos eran, como yo, naturistas, no puse inconveniente cuando se desnudó en la piscina, hasta su polla me gustó, ya puede prepararse su novia con la tranca de Mauricio. Lo que le pasa a Mauricio es que nos mira muy bien a los gay, alguna vez he pensado si será bisexual, pero ¿quién me manda a mí meterme en los asuntos de los demás? Así que el tiempo hablará.

    ***** ***** *****

    El día de la llegada fuimos todos a situarnos en nuestras habitaciones y luego directamente a la piscina. Todos muy formales, con short y camiseta del gusto de cada uno, acudieron a la piscina. Allí estaba preparado un aperitivo con bocaditos y bebidas frescas. Los más aviesos, nos quitamos la camiseta y el short y nos echamos a la piscina, entre ellos Marcos, Abelardo, Leoncio y yo. Los demás se zambulleron con su short, algunos se quitaron el short y quedaron con speedos y se echaron al agua, entre ellos Mauricio, que al vernos a los cuatro desnudos, se quitó el speedo y lo lanzó donde tenía su short. Nadie hizo el mayor comentario. El aperitivo que habían preparado en lugar de saciar abrió el apetito y los largos de piscina que hacían, 25 m. por carrera, agudizó las ganas de comer, de modo que al primer aviso, todos se pusieron short y camiseta y acudieron al comedor.

    Ninguno era amigo de siesta y todos tenían ganas de conocer, así que decidimos hacer reunión para contarnos cosas, emitir opiniones sobre cualquier cosa en la glorieta, una zona donde hay un cenador o marquesina, bastante ancho, circular, cercado y cubierto de plantas trepadoras, que a todos les pareció encantador. De la cocina mandaron unas neveras con bebidas frescas y el vigilante se encargó de traerlas. La idea de llevarles allí no era otra sino para que vieran que alrededor de la glorieta había una pequeña cancha de futbol 7, una pista de tenis y un frontón. Por supuesto que apenas verlo comenzaron a organizar actividades en los tres deportes para los días siguientes; se formaron tres equipos de futbol 7 y parejas de montón y tenis, además de individuales, esas actividades darían para ocupar mucho tiempo.

    Abelardo se puso a explicar que no había ninguna norma de prohibición, solo una positiva: pasarlo bien y hacerlo pasar bien a los demás, procurando que las bromas no fueran pesadas ni humillantes y que si entre los presentes había nudistas que supieran que toda la zona del ancho jardín era zona nudista y textil a la vez, que cada uno fuera como le pareciera más cómodo para él. Luego, Mauricio dijo que en lugar de reunirse en las habitaciones para cantar, que mejor hacerlo en esta zona para dejar dormir a los que tengan sueño, pero las cosas habituales que se hacen en las camas de cada casa se podían hacer también aquí. Todos sonrieron porque sabía a qué se refería sin más explicaciones.

    La tarde se fue haciendo cada vez más apacible y sin perder el calor, se estaba más a gusto, algunos fueron a ver los vestuarios para descubrir las raquetas y palas que había y llevar los balones que habían traído, aunque allí encontraron más. Otros se fueron a la piscina y los pocos que quedamos nos distribuimos las cosas a devolver a la cocina y de allí pasamos a la piscina.

    Llegó la noche, después de la cena, se pusieron algunos a ver la televisión, había un 4k de 60’’ y los demás pasearon. Abelardo y yo nos fuimos al campo para hacer el amor, buscamos una zona con hierba y nos tumbamos con la idea de hacer directamente un 69, previos los besos de animación. Estábamos felices por cómo nos iba saliendo todo. Le pedí que me comiera el culo para su penetración y se dio la vuelta, se puso cara arriba, me monté sobre él besándole desde la cabeza hasta su pubis, pasando por las tetillas lamiendo con la punta de la lengua sus pezones, luego continué por la zona central mientras hacía, sin más remedio, lo mismo que yo, solo que yo avanzaba con mis manos y él me acariciaba los costados, hasta que puse mi cara sobre su polla, contemplándola de cerca y produciéndole ganas, tantas ganas que no tardó en lamerme el culo, desde la coxis hasta el escroto recorriendo por el ano y acariciando con su lengua mi zona más sensible, el perineo; se detenía en la zona junto al escroto que sabe que me hace temblar del placer que me produce, yo sé que a él le gusta que le toque las rodillas, los muslos, las ingles y sobre todo el glande. Si a él le gusta yo lo disfruto.

    Tenía que parar mi actividad con su polla o se venía, pues ya estaba gimiendo y notaba que iniciaban los espasmos propios de la eyaculación. Sin dejar que se ablandara, disminuí la actividad y le dije:

    — ¡Métemela!

    Me había parecido que se lo dije como si se lo ordenara y repetí:

    — Por fa, Abelardo, métemela, la deseo, hazme tuyo, por fa.

    Le gustó más este modo de hablar. No hay nada mejor que conocer a cada quien, a Abelardo le pides un favor en lo que sea y lo obedece mejor que si se lo mandas. Me cogió los pies, los levantó y puso mi culo a la altura de su polla, amarré con mis piernas su cintura y me metió poco a poco su polla pero de una sola vez. Se quedó quieto y le dije:

    — Sigue, sigue, y folla duro.

    Comenzó su vaivén cada vez más rápido y me hacía gozar tanto que yo mismo escuchaba mis gritos de placer. Comenzó a gemir fuerte y ya notaba su polla en mi interior latiendo e iniciando los espasmos. Apretó de un empellón su pubis hacia mi culo como si quisiera que entrara lo que ya estaba dentro, pero su cuerpo le exigía ese ejercicio de meterse para comenzar a eyacular y noté sus chorros invadiendo mi ser interior. Se cayó de rodillas sobre la yerba y me dejó en el suelo, luego inclinó su cuerpo encima de mí en el mismo momento en que eyaculaba lo mejor de mi vida, le llené su pecho y su cara en recompensa de lo que me había dado y nos unimos en un fuerte abrazo y un beso largo con las lenguas saboreando nuestra boca. Estábamos quietos, muy quietos, como que seguro que nos íbamos a dormir sin darnos cuenta.

    —Doro, Doro —escuchamos por detrás y abrimos bien el oído.

    — Es Mauricio, —dijo Abelardo.

    — ¡Mauricio, Mauricio, aquí!, —grité.

    — ¿Por qué lo llamas?, —preguntó Abelardo.

    — Porque es nuestro amigo y me busca, —respondí.

    — ¡Aaah!, —respondió Abelardo con voz de niño bueno.

    — Mauricio, ¡ah!, disculpa, me dijeron que estabais por aquí y pensé conversar con alguien, porque todo el mundo anda en la televisión.

    — Ven, siéntate aquí que hay hierba, —le dije.

    — Pero si molesto me voy, —dijo Mauricio.

    — No, no, ¿por qué vas a molestar?, si el que me voy soy yo…, —dijo Abelardo.

    — No, no te vayas —le dije a Abelardo, nos quedamos los tres a conversar.

    Fue entonces cuando me di cuenta que todavía estaba la polla de Abelardo dentro de mí y le dije:

    — ¡Pero…, saca esto, querido!

    Mientras sacaba y nos acomodábamos para sentarnos, dijo Mauricio:

    — Creo que os he molestado, no pensé que estabais…

    — No molestas, Mauricio, no molestas…, —le dije.

    — ¡Estabais follando!, ¿sí?, —exclamó Mauricio— entonces me apena haber interrumpido…

    — No te apenes —dijo Abelardo— es cosa buena y si no, mírate cómo se te pone tu polla.

    — Je, sí, es cierto, no me pasa nunca en la playa aunque esté Alicia conmigo, pero es la primera vez que veo a dos tíos follando y cómo se la has sacado…

    — Más te hubiera gustado ver cómo me la metió el animal este…, —dije.

    — Eh, eh, eh…, yo sé cómo te gusta…, —protestó Mauricio.

    — ¡Joder, machos! vosotros sí sabéis disfrutarla… —se maravillaba Mauricio—, a mí Alicia me deja lo justo, pero me tengo que masturbar yo y echarlo todo fuera; así y todo me dice: «hasta que nos casemos, nada»; pues no falta todavía.

    — ¿No te la chupa?, —dijo extrañado Abelardo.

    — No le gusta, no, nunca me la ha chupado, una vez me la tocó y ya no más.

    — ¿Quieres saber cómo es eso?, —dijo mañosamente Abelardo.

    — Pero no le digas eso, si no quiere ¿por qué insinuarlo?, —protesté.

    — Que le chupen a uno la polla no quiere decir que sea homosexual, tú, Doro, lo sabes bien, que hay muchos heteros que sus mujeres saber nada de mamar la polla y a ellos les gusta, —reflexionaba Abelardo.

    — Eso lo dicen muchos, pero yo no he probado, igual me gusta igual no, pero no me gustaría que los demás lo supieran.

    — Estas cosas no son para comentarlas, —le dije.

    — ¿Qué tengo que hacer?, —preguntó Mauricio.

    — ¿Tú?, nada, ponerte de pie o tumbarte, porque aquí no hay asiento, de pie nos ves, tumbado nos sientes mejor.

    Se tumbó y de inmediato nos pusimos a besar la polla de Mauricio, yo me dediqué a mamar su polla para ponérsela muy, muy dura, me di cuenta entonces que estaba circuncidada, cosa que antes no me había percatado. Abelardo le iba comiendo el escroto y de vez en cuando lo veía que paseaba la lengua por debajo del escroto intentando llegar al culo, sobre todo cuando Mauricio ya estaba sintiendo el placer en esos lugares tan sensibles.

    Miré a Abelardo para que mamara la polla, pero se puso con sus labios a recorrerla desde la base a la punta y como yo hacía lo mismo, nos pusimos a lamerla en la misma dirección, lo que nos producía placer también a nosotros porque nuestras lenguas y labios se tocaban y parecía que nos besábamos al tiempo que lamíamos la polla de Mauricio. Dejé la polla en boca de Abelardo y me puse a lamer y besar todo el pubis de Mauricio, metiendo la nariz dentro de toda aquella pelambrera rubia, respirando fuerte en torno a la base del pene.

    Mauricio estaba gimiendo y moviendo su cuerpo, sobre todo daba pequeños empujones levantando sus nalgas sobre la hierba y como queriendo penetrar algo, la tenía a tope, se había puesto gruesa, roja y la punta blanca y amoratado el anillo. Me acerqué a su oído y le dije suave y mimosamente:

    — ¿Quieres eyacular sobre tu cuerpo, en una boca o en mi culo?

    Se le cortó la respiración por un momento, me miró, me sonrió y me dijo:

    — Sí…

    Todo estaba entendido prefería lo último y con mucho cuidado crucé una pierna por encima de su abdomen y me fui poco a poco sentando encima de la polla mientras él suspiraba, gemía, parloteaba inconfundiblemente, cerró los ojos, me aprehendió con sus manos las mías como quien teme caerse y me dejé caer encima de él.

    — ¡Aaaah!, soltó largamente, como si hubiera notado la rozadura nerviosa de su polla con mis esfínteres.

    Mientras, para que Mauricio pudiera observar algo, le pedí a Abelardo que se pusiera delante de mí, abrí la boca y metió su polla entre mis labios y se la fui mamando al tiempo que me cogía de él para tener la fuerza necesaria de subir y bajar sobre el pene de Mauricio ensartado en mi interior. Noté que me iba tocando la pared de la próstata y me fui calentando más, ya tenía mi erección a tope, solo faltaba un estímulo que llegó enseguida, me senté, me quedé quieto mamando la polla de Abelardo, mientras Mauricio hacía fuerza para elevarme y querer expulsar su semen del que entraron seis trallazos. Me sentí de inmediato tan lleno que solté mis cinco chorros a una velocidad tremenda, llenando la cara y el pecho del rubio de mi delicioso néctar. Segundos, solo unos segundos después, lanzó Abelardo su semen dentro de mi boca que ni pude contener porque estaba muy ocupado con mi culo lleno y viendo el aspecto sonriente de Mauricio disfrutando de ver mi cara mientras sorbía semen de Abelardo por la boca y parte que se me escapaba por los costados hasta caer sobre el propio Mauricio. Yo contemplaba la cara de Mauricio que era un verdadero espectáculo de placer.

    Me tumbé sobre él cansado, uní mi cara a la suya, yo mirando al suelo y él al cielo que es donde le habíamos conducido. Con sus manos, Mauricio me cogió la cara, le dio media vuelta y juntó mis labios a los suyos. Se unió Abelardo a la fiesta y nos besamos los tres hasta que nos sentamos para reposar y meditar lo que había ocurrido.

    Abelardo y yo guardamos silencio un rato largo, intentando explicarnos cada cosa ocurrida con Mauricio, hasta que este dijo:

    — Jamás en mi vida he disfrutado tanto; si pudiera hacer esto con Alicia… Gracias, gracias, gracias a los dos, ahora sé que sois mis mejores amigos… Nadie, nadie me ha hecho gozar nunca como esta noche de luna llena.

  • Atrapados en el tiempo

    Atrapados en el tiempo

    Tenía 18 años cuando empecé a fijarme más en serio en mujeres mayores a mí. Hasta entonces, solo había tenido ojos para la chica guapa de mi clase, o de mi curso, o de mi barrio, con relativo éxito. Siempre chicas en torno a mi edad.

    Todo cambió con la llegada de los nuevos vecinos. Vivíamos en una comunidad, dos edificios con jardín común y piscina. Los vecinos de al lado (una pareja de ancianos), vendieron su casa, y llegó una pareja joven, de unos treinta y pocos, con un niño de año y medio.

    Era la típica familia conservadora, religiosa, y bien posicionada. Ambos con buen trabajo, y un futuro sin ninguna complicación a la vista.

    Era finales de abril. Llegué a casa del colegio y me encontré a mi madre en la puerta hablando con la nueva vecina. Su nombre era Marina, y había pasado a presentarse. Era de pelo castaño claro, recogido en una coleta, ojos de color azul, labios pequeños, nariz normal y pómulos ligeramente marcados. Tenía buen cuerpo (más tarde descubrí que hacía Pilates regularmente), de unos 1,65 cm de estatura, sin curvas excesivas en la cintura, pero con unas tetas de un volumen algo mayor a la media, sin llegar a ser excesivamente grandes. Vestía de forma discreta, aunque con estilo. Cuando tienes un buen cuerpo, trabajado y entrenado, cualquier tipo de ropa puede resultar sexy.

    Eran muy amigables, y atentos. Sin duda parte de la “jet set”, bien educados desde niños. Hicieron una fiesta de bienvenida en su casa, con algunos amigos, y nos invitaron a nosotros también. El ambiente era muy pijo, como decimos en España. Yo, que poco pintaba ahí, por edad y estilo, al cabo de unos minutos me puse a pasear por el piso. Siempre me causaron extrañeza los ancianos, antiguos propietarios. Ariscos, esquivos… habían dejado la casa por sorpresa, como con prisa, y se vendió muy rápido. Me invadió la curiosidad y miré en cada rincón. Era la primera vez que entraba en ese piso.

    En uno de los baños, encontré una rendija cubierta. Con algo de esfuerzo, conseguí retirar la cobertura. Encontré una piedra, con un raro tono brillante. Me atraía, la cogí, la metí en el bolsillo y me fui.

    Lo que inicialmente despertó mi curiosidad fue la bonita cara de Marina. Ese fue el punto inicial que hizo saltar una chispa dentro de mí, hasta entonces desconocida. Posteriormente empecé a fijarme en su cuerpo. Y también empecé a fijarme en otras mujeres mayores a mí.

    La piscina abrió a mitad de junio. Para mí fue la culminación de mi corta etapa “voyeur” con Marina. Me había pasado un mes espiándola, cuando me cruzaba con ella, o mirándola desde mi ventana mientras jugaba con su hijo en el jardín. Hasta me entraron ganas de ir a misa los domingos, ya que ellos iban siempre en ese día, solo para verla. Me quedaba mirándola el culo, o intentando ver algo a través de los huecos entre los botones de su camisa, las contadas veces que estaba cerca de ella. Intentaba ser lo más discreto que podía. El primer día de piscina fue una liberación. Marina bajó, sonriente, con su hijo, con un bañador de una pieza, discreto y tradicional, pero elegante. Ese cuerpazo haría atractivo hasta un chándal. Resultó ser asidua a la piscina, para mi felicidad. Normalmente usaba bañadores de una pieza, aunque alguna vez se puso un bikini. Me encantaban sus tetas, y ese culo firmemente trabajado en Pilates. Algunas otras madres tenían piernas menos cuidadas, o se veían algunas estrías. Sin embargo las de Marina no. Parecían bien tonificadas, sin estrías visibles en ningún sitio. Yo, como buen adolescente, me pajeaba como un mono, y el 95% de las veces lo hacía pensando en ella.

    Unos meses después, en septiembre, Marina cumplía años. Lo celebraron invitando a sus familias, y organizando un pequeño picnic en el jardín. Yo espiaba desde la ventana. Tenía la piedra que cogí de su casa encerrada en mi puño. Llevaba todo el día llamándome, atrayéndome. Había algo extraño en esa piedra. Mientras observaba a escondidas desde mi ventana, vi que Marina se alejaba del grupo en dirección al portal, con una bandeja vacía. Estaba seguro de que iba a subirla a casa. Por alguna razón, salí corriendo hacia la puerta. Era como si la piedra me dirigiese. Salí de casa sin decir nada, y me dirigí a la puerta del ascensor. Esperé, y un minuto más tarde llegó Marina, saliendo de él. Se pegó un pequeño susto al verme, pero enseguida reaccionó con una sonrisa. Qué guapa era.

    -Hola! –dijo sonriendo– qué tal? Estamos celebrando mi cumpleaños. Si quieres tarta, baja, estoy a punto de ir a cogerla para llevarla.

    -No gracias –dije, algo absorto– Felicidades. Solo quería darte este regalo.

    No sabía qué estaba haciendo. No era yo dirigiendo mi cuerpo. Extendí la mano, abriendo el puño, y la ofrecí la piedra, que estaba más brillante que nunca. Marina reaccionó al principio con una mirada confusa, pero al ver la piedra, quedó también atrapada por su influencia. No podía retirar la mirada de ella. Extendió la mano poco a poco, y finalmente la tocó con un dedo.

    De repente, todo se volvió de color blanco, ya no había nada más. Unos segundos después, todo volvió a la normalidad, pero ya no estábamos en el edificio. Estábamos en lo que parecía un bosque, rodeado de árboles, y hojas de color marrón y anaranjado cubriendo el suelo, con rocas grandes por aquí y allá. Nos pusimos los dos a mirar a todos lados, sorprendidos. Qué había pasado!!

    Marina se puso a preguntarme histéricamente qué había pasado, que dónde estábamos. Cómo si yo tuviese la menor idea. La piedra había desaparecido.

    -Qué era esa piedra! Qué has hecho! Donde me has llevado! –empezó a hiperventilar.

    -No he hecho nada! –es lo único que pude decir.

    Tras unos segundos, Marina echó a correr. Yo la seguí. Gritaba esperando que alguien la escuchase, corriendo entre los árboles. Entonces llegamos a un claro donde se acabaron los árboles. Vi que Marina se detenía, quedando parada, inmóvil. La alcancé y me quedé parado, al lado de ella. Enfrente nuestra estaba un grupo de hombres de cara hosca, vestidos con pieles, de aspecto sucio, algunos con lanzas.

    -Qué clase de broma es esta –susurró con un hilo de voz Marina.

    El grupo de hombres se acercó. Probablemente habían escuchado el alboroto organizado por Marina. Ellos parecían también sorprendidos. Quienes eran esos extraños, y qué tipo de vestimenta llevaban. Se acercaron curiosamente, sobre todo a Marina. Los dos nos quedamos quietos, inmóviles, paralizados por el miedo. Yo llevaba puesta ropa de casa, pero Marina, que venía del jardín, llevaba puestos unos vaqueros ajustados y botas altas, con un jersey de color amarillo muy vivo, y un pañuelo alrededor del cuello que dejaba medio ver el cuello de una camisa blanca. Los hombres se interesaron por su jersey, y empezaron a tirar del pañuelo, a lo que Marina reaccionó tímidamente apartándoles las manos. Uno de los hombres, que por su apariencia y vestimenta algo más ornamentada, parecía el jefe, reaccionó agresivamente, y la dio un empujón. Yo desperté, y traté de ponerme entre ella y los hombres. La actitud de los hombres cambió, el jefe dio órdenes a gritos, y el resto me redujeron, inmovilizándome. También apresaron a Marina, atándonos las manos a la espalda.

    Nos condujeron durante unos kilómetros por el campo, hasta que llegamos a lo que parecía un pequeño poblado. Marina no decía nada, pero se pasó todo el camino sollozando en voz baja, con la cabeza agachada. Todo esto era muy confuso, estaban pasando muchas cosas imposibles, en muy poco tiempo. Marina y yo estábamos desorientados, perdidos. No podíamos entender qué estaba pasando, ni donde estábamos. Ni nuestros cuerpos ni nuestras mentes reaccionaban.

    Al entrar en el poblado, compuesto de unas diez chozas, nos condujeron al centro, desatándonos las manos, en donde había una roca de forma cúbica, que parecía una especie de silla o trono. Pronto se congregó alrededor una multitud de unas 40 personas, incluido mujeres y niños. El jefe se adelantó, y empezó a hablarnos en un lenguaje incomprensible, haciendo gestos, señalando a Marina y después a mí.

    -No sé qué dice, qué es esto! –dijo medio llorando Marina, como dirigiéndose a mí.

    Marina tenía unos 13 o 14 años más que yo, pero por alguna razón, inconscientemente esperaba que yo solucionase todo esto que estaba pasando. Miré al jefe, y le dije con voz firme que no entendíamos nada de lo que decía, ni de lo que estaba pasando. La gente, que por primera vez nos oía hablar claramente en voz alta, quedó boquiabierta.

    A pesar de su primitiva mente, el jefe comprendió que no entendíamos qué nos quería decir. Tras unos segundos de silencio, se giró hacia el resto, y empezó a señalar. Por primera vez les miré con ojo más crítico. Me di cuenta de que se dividían en pequeños grupos, como familias, uno o dos niños con un padre y una madre. Entonces señaló al otro lado, donde estaban solo mujeres y hombres desperdigados sin aparente relación unos con otros. Ellas vestían con menos ropa que las mujeres dellado de las familias, y en este lado todos parecían más jóvenes también. Entonces, el jefe dio órdenes a un hombre del grupo del lado joven. Este reaccionó inmediatamente, empezó a observar a las otras mujeres de su lado, cogió a una, la llevó a la roca, se sentó, luego ella se sentó sobre él, y empezó a follársela. Tardaron un rato hasta que él se corrió dentro de ella. Posteriormente volvieron a su grupo. Yo ya empezaba a entender lo que estaba pasando. Y, por la cara de terror de Marina, creo que ella también empezó a hacerse una idea.

    El jefe nos volvió a mirar, y volvió a hacer las mismas señas que al principio, señalando a Marina, luego a mí, y luego a la roca. Marina se quedó mirándole con los ojos como platos, y un segundo después le soltó un grito cargado de dolor, descargando finalmente toda la frustración e incomprensión acumulada, negándose a obedecer lo que el jefe ordenaba, mientras empezó a llorar otra vez.

    Todos se quedaron en silencio, mirándola de forma asustada. Entonces el jefe, se acercó a ella, y cogiéndola del brazo, la empezó a llevar a la roca. Se sentó.

    Ahora comprendía lo que pasaba. El jefe no nos estaba ordenando tener sexo. Estaba preguntando si Marina y yo éramos pareja. Al negarse Marina, le había confirmado que no era así, por lo que Marina estaba libre para él.

    Me acerqué rápidamente a Marina, y en un tono suave, le hablé al jefe, diciéndole que esperase (aunque no me entendiese). Cogí a Marina del brazo, y ella giró su cabeza para mirarme. Tenía la mirada perdida, la cara con rastros de lágrimas, y sus bonitos ojos azules, húmedos, que junto al reflejo del sol, les daban un aire celestial. Era la vez que más impresión me causó su cara. Esta mujer era preciosa. Quizá era mi corta edad la que me hacía tener sentimientos más exaltados, pero sentí una presión en el pecho. Estaba enamorado de esta mujer que casi me doblaba la edad?

    -Marina –empecé a hablarla, de forma algo insegura– creo que nos está preguntando si tú y yo estamos juntos. Si le decimos que no, entonces él quiere estar contigo.

    -Cállate! –dijo exaltadamente de repente– Todo esto es tu culpa, qué coño has hecho, qué era esa piedra! Dónde está mi marido, donde están todos! –volvió a gritar entre lágrimas, a la vez que me empujó con fuerza, casi tirándome al suelo. Marina hasta ahora había sido cordial y dulce conmigo. Me quedé callado.

    El jefe la agarró del brazo, obligándola a sentarse. Intentó quitarla el pantalón, pero no sabía cómo. Marina entonces, con cara de susto, se levantó rápidamente e instintivamente se agarró a mí. Un grupo de hombres empezó a cercarnos, sacando unos rústicos cuchillos. Marina me abrazó más fuerte, mirábamos a todos lados, estábamos los dos asustados. Entonces Marina se dio cuenta de que no tenía otra salida. Era o uno de ellos, o yo. Giró su cabeza, y me miró a los ojos. Esta vez me miraba de otra forma. Daría todo por saber qué estaba pensando. Yo era un chico con atractivo para mi edad, pero por supuesto ella nunca se había fijado en mí. Esta era la primera vez que me veía de otra forma.

    -Siéntate –dijo finalmente en voz baja, mirando al suelo y señalando ligeramente a la roca.

    La obedecí. Me acerqué a la roca, ahora vacía, y me senté. Ella se acercó lentamente, mi corazón latiendo como una locomotora. Me quedé mirándola. La habían quitado el pañuelo, y el jersey amarillo quedaba completamente a la vista. A pesar de no ser ceñido, sus tetas marcaban un buen volumen. Me miró, y me dijo que me quitase el pantalón. Ella empezó a quitarse lentamente las botas. Los hombres que se habían acercado, y el jefe, se retiraron y unieron al resto del poblado que nos rodeaba y miraba, en el momento en el que vieron que yo me sentaba en la roca. Parece que era una cultura que respetaba a las parejas.

    Me quité las zapatillas y calcetines para quitarme el pantalón, y me quedé con el bóxer puesto, con toda la vergüenza del mundo. Marina se quitó botas y medias, y poco a poco empezó a quitarse el pantalón, sin mirarme en ningún momento. Estaba de frente a mí, y según se bajaba el pantalón descubriendo sus bonitas piernas, vi que llevaba puesta lencería de color rojo muy elegante. Me sorprendió que llevase ese tipo de prenda, no me cuadraba con lo tradicional que parecía ser. Pensé que quizá fuese un regalo para su marido en el día de su propio cumpleaños.

    Cuando terminó de quitarse el pantalón, me miró y se dio cuenta que seguía con el bóxer puesto.

    -Qué haces, quítate eso ya, quieres que nos pase algo!? –dijo mirándome de forma enfadada.

    -No –dije apartando la mirada de sus ojos– pero… tengo un… problema –dije, de forma insegura, sin mirarla, con más vergüenza que nada.

    -Qué! –dijo exaltada.

    Mi corazón se había acelerado enormemente. Por un lado, me volvía loco el ver desnuda a la que había sido la fantasía para mis pajas los últimos meses. Pero por otro… Me había liado con unas cuantas chicas, e incluso una de ellas me había hecho una paja, sin llegar a correrme. Pero no había tenido sexo nunca. Había mentido a mis amigos, diciéndoles que sí. Me había inventado una mentira, y el sexo se había convertido en un problema mental para mí. Estaba bloqueado y aterrorizado.

    -Soy virgen –dije con muchísima vergüenza finalmente– No sé qué hacer, ni por qué no se está levantando –dije señalándome la polla. Había visto 1000 películas porno, y siempre había asumido que la polla se te levantaba en cuanto empezabas a ver a la mujer en pelotas. Es también lo que pasaba cuando me hacía pajas… mi polla estaba a tope de solo pensar en Marina. Pero en este caso, no estaba ocurriendo.

    Marina me miró el paquete, sorprendida. Supongo que no se esperaba esta complicación.

    -Está bien –dijo ahora más calmada. Tras una pausa en la que parecía estar pensando, dijo con la cabeza agachada sin mirarme– Déjame encargarme a mí de eso, tú haz lo que yo te diga.

    Se dio la vuelta, y pude ver que la lencería roja era un tanga. Estaba casi seguro que era el regalo para su marido. No podía ser que llevase lencería tan sexy todos los días. El tanga se perdía hacia la mitad de su culo entre sus glúteos. Tenía un culo firme, tonificado, hacer Pilates daba resultado.

    Dubitativamente, puso sus manos en los extremos del tanga, y empezó a bajarlo, poco a poco. No creo que su intención fuese calentarme, la lentitud en sus movimientos serían más bien por vergüenza y pudor. Era una mujer tradicional, y se estaba desnudando enfrente de 40 personas, y a 1 metro de un chico 13 años menor. Pero el resultado fue muy sexy, y sentí con alivio que mi polla, aunque flácida, dio un pequeño salto. Me quité entonces el bóxer. Una vez su tanga cayó a sus tobillos, se lo quitó levantando los pies uno tras el otro. Seguía vestida de cintura para arriba, eso no parecía que fuese a cambiar.

    Poco a poco, sin mirarme, caminó hacia atrás. Cuando sus piernas contactaron con las mías, las abrió ligeramente, para acercarse más. Su culo quedó a escasos centímetros de mí. Mi corazón se iba a salir de mi pecho, y respiraba fuertemente. Mis manos temblaban. Se empezó a agachar, y sin mirarme, echó su mano derecha hacia atrás, para buscar mi polla. Antes de encontrarla, tocó mi bajo vientre con sus dedos. Parece que se llevó una sorpresa. Yo estaba depilado al 100%, también la polla. A pesar de no ser activo sexualmente, me gustaba depilarme, como veía que hacían los actores porno.

    Para Marina, esto debía de ser algo nuevo. Giró por primera vez la cabeza para mirar, y noté su cara de sorpresa cuando vio que estaba depilado. Tras unos segundos, volvió su cabeza al frente, finalmente sujetó delicadamente mi flácida polla con la mano, que estaba temblorosa. Para ella esta situación era una pesadilla. No podía pasar algo así. Tenía un marido, un hijo, esto que estaba haciendo era tabú. Aun así, era lo único que podía hacer. La mejor de las malas opciones. Si no era yo, sería uno de esos bárbaros. Noté que ella también respiraba agitadamente, y su cuerpo temblaba.

    En aquella incómoda posición para ella, sin mirar, Marina empezó a pajearme, lentamente. Su mano agarraba mi polla, subía y bajaba. Esta sensación era (casi) nueva para mí. A pesar de mi nerviosismo y miedo, la sensación de una mano (su mano, en particular), pajeándome lentamente, era maravillosa. Yo apoyaba mis manos en la roca, y Marina quedaba suspendida en el aire frente a mí, con la mano derecha pajeándome, y la izquierda como único apoyo de su cuerpo, sobre la roca. Me fijé en esa mano. En el dedo anular llevaba un tradicional anillo de casada.

    Mi polla había perdido cierta flacidez, pero seguía sin estar lo suficientemente dura para poder metérsela. Tras un minuto, giró su cabeza mientras me seguía pajeando, y preguntó con cara de cansancio, que por qué no se me levantaba. Otro minuto y Marina no aguantó más. Se levantó para descansar el brazo. Entre la gente, que seguían observando, se empezaron a oír voces. Si esto no funcionaba, alguno de esos se follaría a Marina, y no sé qué ocurriría conmigo. Parece que Marina pensó lo mismo, porque rápidamente, se dio la vuelta. Quedó de frente a mí. Ya no me quedaba duda de que esa noche tenía algo especial preparado para su marido. Estaba también depilada completamente. No creo que fuese lo habitual. Su coño era bonito, se veía algo rosado. Daban ganas de comérselo.

    Se arrodilló, volvió a coger mi polla, y esta vez mirándome a los ojos, con cara angustiada, dijo.

    -Como no se te levante, estamos perdidos. Qué te pasa?

    -No lo sé, estoy muy nervioso. No me había pasado nunca –dije. Como si lo hubiese hecho antes… creo que es una de las frases más comunes de la humanidad.

    -Pues tienes que relajarte –contestó, mientras empezó a pajearme otra vez.

    Esta vez el ritmo de la paja fue más rápido. También estaba en una posición más cómoda para ella. Aunque la polla se levantó algo más, tenía todavía algo de flacidez. No había manera. La gente se estaba impacientando, y el jefe empezó a gritarnos. Esto no iba bien…

    Marina, viendo que la situación era casi desesperada, tomó una decisión que había evitado todo lo más que pudo. Torció el gesto, susurrando un “dios mío…”, una lágrima cayó por su mejilla. Acercó su cara, y abriendo la boca, se metió mi polla medio flácida dentro. Cerró los labios, y los deslizó por todo lo largo hasta la base. Esta situación sí que era nueva para mí. Qué delicia, un calambre recorrió todo mi cuerpo. De repente se me olvidó donde estábamos, ni cuanta gente estaba mirando, ni si estaba nervioso. Gracias a que su pelo estaba recogido en una coleta, podía ver claramente cómo su boca recorría mi polla. Me di cuenta de que tenía los ojos cerrados.

    Con su mano derecha sujetaba la base, mientras que la izquierda, la del anillo, reposaba sobre la roca. Iba a un ritmo medio, sus labios recorriendo el largo de mi polla hasta tocar los dedos que la sujetaban en la base, y volviendo hasta casi la punta. Su objetivo no era darme placer, sino levantarme la polla lo antes posible, por lo que empezó a acelerar el ritmo aún más. De reojo, vi que la gente volvió a callarse, sus caras de asombro. No debían saber qué estaba pasando. Esto nos iba a dar algo de tiempo. La brutal mamada que Marina me estaba dando empezó a dar resultados. Mi polla empezó a levantarse más que antes. Para desgracia de Marina, tenía un buen miembro.

    Ligeramente más largo de la media, pero sobre todo, más grueso. Noté cómo se dio cuenta de esto, porque en cierto momento, según mi polla iba creciendo dentro de su boca, abrió finalmente los ojos y me echó una mirada, como mitad sorpresa, mitad reproche, que duró un par de segundos. Esa imagen era imborrable. La tradicional y conservadora madre de familia Marina, con esos bonitos ojos azules, húmedos, mirándome, mientras mi voluminosa polla salía y entraba en su boca.

    Era el momento, ahora o nunca. Se sacó la polla de la boca, algunos hilos de saliva conectando mi miembro con sus labios. Tras unos segundos en los que parecía que se había quedado hipnotizada por mi polla, sujetándola y mirándola, a unos centímetros de ella, recuperando la respiración tras semejante mamada a tal voluminoso aparato, se levantó, se dio la vuelta otra vez, hizo el movimiento para sentarse sobre mí, cogiendo mi polla, esta vez sí bien erecta. Con cuidado, siguió descendiendo, sujetándola firmemente.

    Sentí cómo la punta tocó su cuerpo, momento en el que dejo de bajar. Tras un momento en los que me pareció que Marina trataba de acoplar mi polla a su coño, finalmente soltó la mano para apoyarla también sobre la roca. Mi polla sin embargo no se movió. Como me había dicho Marina, me estaba dejando llevar. Ella era la que estaba dirigiendo. Poco a poco, empezó a descender otra vez, sentí que la piel se retiraba y mi polla quedaba envuelta, caliente. Era una sensación extraña, pero excitante. Sentí cómo mi miembro se enterraba dentro de Marina, con poco esfuerzo. Era como si su coño estuviese lleno de lubricante, empapado. Supongo que sería lo normal.

    Esta sensación era demasiado para mí. Marina seguía descendiendo, mi polla seguía enterrándose dentro de ella, su coleta cubría mi cara, el olor de su perfume, la cercanía de su cuerpo, su espalda en mi pecho. Sus muslos tocaron los míos, sentí su culo en mi bajo vientre. No podía más. Solté un gemido de placer enorme. Como asustada, Marina se levantó ligeramente, y girando rápidamente la cabeza para mirarme de reojo, dijo:

    -No te puedes correr dentro de mí, en cuanto sientas que te vas a correr, avísame.

    -Vale –dije como pude, en otro suspiro.

    Marina volvió a retomar el movimiento, subiendo, sin llegar a sacarse la polla. Bajaba hasta que su culo tocaba mi cuerpo, y volvía a subir. Mi polla entraba y salía de su coño sin ningún problema. Cada vez subía y bajaba con más velocidad. Sentía que su coño apretaba mi polla, gruesa como era, por lo que la sensibilidad era aún mayor. Siguió su movimiento en el que se metía la polla hasta el fondo, para sacársela casi hasta la punta. Estuvimos un tiempo así. Yo ya estaba en el cielo. La mujer que había estado espiando, me estaba follando sin contemplaciones. Entonces me pareció que Marina soltó un pequeño gemido, que no volvió a repetir.

    Sus brazos empezaban a cansarse, y me pidió que la ayudará, colocando mis manos bajo sus muslos. Puse una mano debajo de cada muslo. El contacto con su suave piel era increíble. Al principio intenté poner las manos sin tocar su culo, pero era más incómodo. Al final cedí, y retrasé las manos para ayudar más efectivamente. Casi la totalidad de mis manos estaban sujetando su culo. Ella no dijo nada, seguía subiendo y bajando. Ahora sí que escuché un jadeo más constante por su parte. Jadeaba con cada metida, su coño lubricando para ayudar a mi polla a deslizarse dentro y fuera, mis manos sujetando ya sin rubor su trabajado culo, que golpeaba mi bajo vientre cuando descendía. No podía más.

    -Me voy a correr! –dije

    Parece que no me hubiese oído, porque siguió bajando y subiendo apasionadamente, jadeando ahora sin disimulo, echando la cabeza hacia atrás, enterrándose mi polla con fuerza todo lo dentro que podía, para subir otra vez. Tuve que repetir que me iba a correr, era como si con todo el movimiento no me pudiese oír. A la tercera vez que lo dije, ya casi corriéndome, se levantó rápidamente y se dio la vuelta mirándome la polla con cara de susto. Estaba algo colorada, y note alguna gota de sudor en su frente.

    -Te has corrido!? –dijo alarmada

    -No, pero casi –contesté. Era una sensación dulce y dolorosa a la vez. Había parado justo en el momento en el que me iba a correr, por lo que el esperma no llegó a salir.

    El jefe se acercó, y mirándome, vio que no me había corrido. Habló en tono agresivo. Hizo gestos con la mano, como diciendo que tenía que correrme. Marina le contestó que no podía ser, a lo que el jefe, visiblemente agresivo, la cogió del brazo, la empujó a la roca, me tiró de ella, se sentó él, y se dispuso a follársela.

    -No! –grité, sacando fuerzas de no sé dónde.

    Me levanté, cogí a Marina del brazo, y la aparté de él. Inmediatamente unos hombres vinieron.

    -Está bien! –gritó Marina con cara asustada, haciéndoles un gesto con el brazo para pararles– Siéntate otra vez en la roca –me dijo mirándome esta vez a los ojos.

    El jefe se quitó, y me senté yo. Mi polla seguía prácticamente erecta. Marina se acercó otra vez, se volvió a sentar de espaldas, sujetando mi polla otra vez con la mano. Solo tuvo que pajearla 5 segundos para que volviese a su máxima erección.

    -Marina, qué vas a hacer? –dije con voz temblorosa.

    Ya con mi polla a plena capacidad, Marina empezó a descender. Mientras lo hacía, giró la cabeza y me dijo:

    -Escúpete en la polla lo más que puedas. Sigue lo que yo haga sin decir nada.

    Obedecí sus órdenes. Vi que ella también se escupió en la mano, la del anillo. Siguió bajando, sujetando mi polla, hasta que mi polla tocó su cuerpo. Esta vez sin embargo, noté que estaba algo más atrás. Tras unos segundos, oí susurrar entre un sollozo a Marina, un “lo siento”. No creo que estuviese hablando conmigo.

    La sensación era diferente. Marina no soltó mi polla, la mantenía agarrada, mientras intentaba descender. No entraba esta vez tan fácil, no entiendo por qué. Miré más detenidamente y me di cuenta.

    -Te la estás metiendo por el culo! –dije sorprendido.

    -Silencio!! Te he dicho que no hables! No se pueden dar cuenta, tienen que pensar que me estás follando por delante y que te corres dentro por ahí! –dijo violentamente entre los dientes– Voy a poner una mano entre mis piernas, para que no vean bien. Me tienes que ayudar desde ya con tus manos a moverme.

    Tras un segundo, reaccioné, y puse mis dos manos otra vez en su culo. Marina tenía una mano por delante entre sus piernas, mientras con la otra sujetaba mi polla, haciendo fuerza para metérsela dentro. Poco a poco, empezó a entrar. Soltó pequeños gritos ahogados de dolor, respirando agitadamente. Yo veía claramente cómo mi grueso miembro entraba, lentamente. Cuando ya estaba casi a la mitad dentro, soltó mi polla y apoyó su mano en la roca. La sensación era diferente. Me apretaba más la polla, y no era tan fácil de deslizar.

    Aun así, estaba muy cerca ya de correrme. No llegó a metérsela entera. A poco más de medio camino, empezó a subir ligeramente, despacio. Antes de que se me saliese la polla de su culo, Marina volvió a bajar, también muy despacio. Creo que esta vez los dos éramos vírgenes. Para ella esto era algo imposible. Algo que en circunstancias normales, no hubiese ni pensado hacer. En situaciones de estrés cuando tu integridad física corre peligro, hacemos cosas inimaginables. Marina decidió en unos segundos que la diese por el culo, algo que nunca en su vida hubiese ni pensado hacer, ni siquiera con su marido.

    Pero no estaba siendo fácil. Llevábamos casi minuto y medio, y solo se la había metido y sacado dos veces. Marina empezó a llorar, mientras se metía la polla por tercera vez. Esta vez, ya fallándonos las fuerzas a los dos, se dejó llevar y bajó más, entrando mi polla completamente dentro, chocando su culo contra mi bajo vientre y huevos. Marina soltó un grito.

    -Córrete ya desgraciado. Tienes una polla enorme, me está matando! –dijo desconsoladamente.

    Yo estaba a punto de correrme. Saqué fuerzas de donde no había, la levanté agarrando con fuerza su culo. La dejé caer hasta que mi polla entró a la mitad. La volví a levantar, y cuando volvió a bajar, sentí un calentón en los huevos, mi polla reaccionó violentamente y sentí como expulsaba una catarata de esperma. Con la adrenalina por las nubes, fui yo el que empezó a mover frenéticamente la pelvis, empujando y sacando mi polla con violencia en el culo de Marina. Solté un grito de liberación, y me corrí unas tres veces más. Marina gritó, sonó mitad a dolor, pero me pareció que el grito tenía un componente de placer. Cayó al suelo, quedando bocarriba con su mano todavía ocultando su coño. Mi polla con restos de corrida.

    El jefe y otros hombres se acercaron, miraron ligeramente, y empezaron a celebrar, marchando toda la tribu a seguir con sus labores, dejándonos solos a los dos. Parece que se habían creído el engaño.

    Yo quedé de pie, respirando acelerada y profundamente. Marina, tumbada a unos centímetros de mí. Respiraba también de forma acelerada, y me miraba a los ojos, sin decirme nada. No conseguía descifrar esa mirada. Era fija, penetrante, extraña. Pasó a mirarme la polla, que aún voluminosa, empezaba a perder la erección. La observó, ya sin ningún reparo ni disimulo. Me sentí intimidado. Otra vez me gustaría saber qué estaba pasando por la cabeza de esa mujer, que podría ser casi mi madre.