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  • Vacaciones en Cancún con mi sobrino (Parte 2)

    Vacaciones en Cancún con mi sobrino (Parte 2)

    Decidimos bajar a la alberca después de la primera sesión de sexo, nos duchamos rápido y me puse un micro bikini verde fosforescente, mi desnudo cuerpo quedaba tremendamente expuesto bajo la tela de ese bikini, mi raja velluda se veía perfectamente así como mis erectos pezones… Balam sólo atinó a decir que prácticamente me veía desnuda con el bikini ese…

    Me calce una zapatillas altas del mismo color y salimos de la mano rumbo a la alberca, caminamos despacio para dejar a la gente que se encontraba ahí poder observarnos lentamente y aproveché eso para agacharme despacio a poner mi toalla en el camastro dejando a todos los que estaban detrás mío ver los labios de mi velluda raja perfectamente salir entre el bikini…

    Me recosté en el camastro con las piernas ligeramente abiertas dejando a todos los que estaban en la alberca admirarme la raja abierta cubierta solamente por un diminuto pedazo de tela transparente, momentos después me levanté un poco para pedirle a un mesero una cita de vino blanco y una cerveza a Balam cuando vi un par de turistas topless que venían de la playa caminando hacia el hotel.

    Le pregunté de inmediato excitada: es permitido andar así en el hotel?

    Él me contestó guiñando un ojo: después de las 5 de la tarde se permite el desnudo total si así quieren andar…

    Volteando a ver a Balam ambos sonreímos y consulte mi reloj, eran 10 para las 5 de la tarde…

    Y sería mucho problema si lo hacemos desde ahorita?, le pregunté cachondamente mientras me ponía de pie y desabrochba mi sostén dejando mis senos pequeños a la vista de todos….

    Las sonrisas de aprobación de los demás aparecieron inmediatamente y cuando me quite el bikini quedando desnuda a la vista de todos hubo silbidos y aplausos de agradeciendo de los hombres, cuando estando así desnuda me acerque a Balam a bajarle el traje de baño dejando ver su verga semierecta ya por verme desnuda varias mujeres se acercaron a verlo mejor.

    Me puse junto a él y dejamos nos vieran un buen rato, en eso vi un letrero a una orilla de la alberca que decía masajes y tomando a Balam de su verga le dije ven, vamos por uno…

    Entramos y nos recibió una belleza nativa del área de Yucatán con unos ojos bellísimos, ella se ruborizó por vernos totalmente desnudos y tímidamente pregunto: quieren un masaje para ambos o solo para el? (Admirando la verga de Balam que estaba ya erecta)

    Para ambos dije avanzando hacia ella seductoramente, das masajes a mujeres también? Le pregunté recargándome en la mesa de masajes poniendo mis manos a los lados de la raja abriéndola para que la viera ella….

    Sí dijo ella sonriendo y completando su frase:

    Hago lo que me pidan hombres o mujeres… Acercándose a mis labios ya punto de besarme dijo:

    Pero ya son cerca de las 6 y cerramos a esa hora, tomándome ser las manos me dijo volteando a ver a Balam también: pero si quieren puedo ir a su habitación, quieren que lleve un hombre para ella?

    No, gracias pero este viaje es especial en ese sentido, solo el me llenará de leche por adelante o por atrás… Es su regalo

    Entiendo dijo la masajista.

    Tomando a Balam de la mano le dije: bueno, nosotros nos adelantamos en lo que cierras, estamos en la habitación 511, no tardes…

    Claro que no! Dijo ella excitada y contenta de lo que sabía iba a pasar…

    Salimos rumbo a la habitación felices de ser admirados por muchos ojos…

    Continuará.

  • La hija del tapicero (Segunda parte)

    La hija del tapicero (Segunda parte)

    Como en la vez anterior os fui diciendo como descubrí el placer y el sexo asimismo ahora os voy a contar como fue mi primera vez con un hombre en un parque.

    Una tarde fui a pasear por un parque que hay cerca de mi casa y allí pude ver a muchos niños con sus madres divirtiéndose en los columpios, en un banco un poco más apartado también vi a un señor mayor leyendo el periódico, me acerque hasta donde estaba él y me senté a su lado, el señor retiro su mirada de lo que estaba leyendo y me miro para dedicarme una pequeña sonrisa.

    Minutos más tarde comencé a tocar su pierna al mismo tiempo que me mordía el labio inferior como si tuviera ganas de que me cogiera ese hombre y me empotrara contra el banco donde estábamos sentados, seguí tocando un poco más hacia su entrepierna y pude notar un duro y abultado paquete que el señor tenia ahí abajo.

    Este señor dejo de leer el periódico y se echó hacia atrás para ponerse cómodo contra el respaldo del banco donde él estaba gozando de cómo le tocaba yo su entrepierna, el señor me agarro de la mano y me llevo donde nadie pudiera vernos y así pasar desapercibidos, una vez llegados al lugar donde me llevo el hombre comenzó a desabrocharse el pantalón y saco su duro y abultado paquete de entre los calzoncillos, yo al principio no sabía qué hacer con aquello tan grande y empinado.

    El señor volvió a coger mi mano y me dijo que la agarrase que estaba tan cachondo que como no hiciera yo nada con semejante polla el sabría lo que hacer, yo comencé a pajear su duro pene hasta ponérselo aún más duro todavía, me agache y me lo introduje en mi boca, aquello parecía que no iba a caber dentro pero si, comencé a chupárselo con tantas ganas que una vez dentro de mi boca ya no me daban ganas de sacarlo de ahí.

    Un buen rato después me puse de pie y comencé a desnudarme hasta quedarme completamente sin ropa, me tumbe en el suelo y el señor se colocó entre mis piernas, cogió su pene y lo introdujo dentro de mi coñito, comenzó a follarme de tal manera que parecía que no había follado desde hace años, al señor se le veía con tantas ganas que me hizo de gritar de placer que casi no podía parar, no me extraña; con esa polla que tenía entre sus piernas haría gritar a cualquier señora por muy mayor que fuera y que tuviera su coñito dado de sí.

    Cambiamos de postura y me puso a cuatro patas, volvió a introducir su duro pollon por mi culo y al principio me dolió un poco ya que ese agujero lo tenía sin penetrar, pocos segundos después lubrico su polla con su saliva y por fin pudo metérmela por donde él quería, por el orificio anal de mi culo.

    Gritaba tanto que no sabía si llorar del dolor o gritar de placer, el dale que te pego con su polla dentro de mí y yo me lo estaba pasando de maravilla esa tarde con aquel señor del parque. Un buen rato después saco su pene de mi peluda madriguera y lo coloco entre mis tetas para que yo le hiciera una paja cubana, sujete su polla entre mis pechos mientras él se balanceaba hacia arriba y hacia abajo, así un buen rato.

    Agarro su pene con su mano y comenzó a pajearse encima de mis tetas hasta correrse encima de mi cara y de mis pechos, me cubrió la cara con su blanca leche y seguidamente exprimió su polla encima de mis pechos, dejándolos a chorretones de su semen.

    El señor termino de exprimir su pene encima de mí y se limpió en un pañuelo que yo le había dado para que no se ensuciase su bóxer, comenzamos a vestirnos y nos fuimos de ese lugar para que nadie pudiese imaginar que habíamos estado ahí haciendo lo que nadie se imaginaba.

    Este señor y yo nos fuimos derechos al banco donde yo le había empezado a sobar y allí nos despedimos; eso sí, no sin antes volver a quedar para la próxima vez que nos encontrásemos donde nos conocimos o en otro lugar diferente.

    Me fui directa a mi casa para ponerme cómoda y asi darme una ducha y quitarme el sudor de aquella placentera y gozosa tarde que aquel señor me dedico con mucha pasión y lujuria.

    Ya metida en la ducha y con el agua recorriendo todo mi cuerpo con mis dedos de la mano derecha me toque ahí abajo; si, en los labios bajeros de mi coño y pude notar que estaban muy abiertos y el agujero por donde me penetro estaba casi abierto también, entonces comencé a pensar en su polla grande y gruesa, por eso era que lo tenía tan abierto, me eche mano atrás donde el culo y también note que además de casi abierto lo tenía un poco irritado.

    Cogí la esponja y el jabón de ducha y comencé a restregarme bien por todo el cuerpo y a si eliminar cualquier rastro de sudor que pudiese quedar por todo mi cuerpo, me salí de la ducha y me seque en la primera toalla que vi a mano, fui directa a la cocina y me prepare algo para recuperar las energías gastadas de esa magnífica tarde.

    Aquí os dejo el relato de cómo me penetraron el orificio anal en una tarde de sexo que ni yo misma me esperaba que fuera a pasar.

    ((FIN))

  • Acosado por mi suegro

    Acosado por mi suegro

    Íbamos a pasar unos días en la casa quinta de mis suegros. Hacía dos años que salía con Sara y aún no conocía a mis suegros. Así que mi novia me consultó y bueno acepté.

    El auto me paso a buscar temprano porque quedaba un poco alejado de la ciudad. Era verano y querían aprovechar el día aunque nos quedaríamos varios, según tenía entendido.

    La cuestión es que llegué por mi lado. Allí estaba Sara esperando. Entramos en la casa quinta, que por lo pronto era bastante lujosa. Sabía que allí había dinero. Mi suegro era un empresario exitoso.

    Había gente por todos lados. Pregunté si era una fiesta o algo así. Sara me comento que no. Era gente invitada de sus padres. Por el fin de semana. Nada del otro mundo. Ella estaba acostumbrada a eso.

    Recorrimos varias caras. Por fin se encontró con una mujer hermosa. Madura, pero muy bien. Pelo largo a la cintura muy elegante y fina. Ella es Vilma, mi madre me dijo. Vilma me sonrió me estrecho la mano muy formal y respetuosa, me sonrió y dijo que ya estaba con nosotros y desapareció tras unos invitados.

    Sara ni se inmutó y seguimos caminando juntos. Hicimos unos metros mas y un hombre musculoso, bien peinado, sobrio, nos salió al cruce.

    —¿Y tú eres quien creo?

    —¡Papá! —exclamo Sara

    —¡Si eres! —se echó a reír y me estrecho la mano. Muy jovial y divertido

    —¡Este es mi padre! —dijo Sara como resignada

    —¡Hola! —dije

    —¿Cómo estas muchacho? —saludo con voz fuerte y decidida. Hombros anchos. Pecho lampiño. Un porte muy elegante.

    —¡Papa es necesaria esa sunga! —exclamo indignada Sara. Yo sonreí por lo enojada que estaba mi novia. Observe de paso de reojo la protuberancia que se le notaba muy bien e a mi suegro en la entrepierna. Desvié la mirada.

    —¡Pero te das cuenta!! ¿Cómo era tu nombre? —me preguntó divertido aquel hombre jovial.

    —Osvaldo señor —dije yo

    —Osva está bien, esa chica es mi perdición, siempre está diciendo que todo lo hago mal…

    —Pensé que era al único que le pasaba eso… —dije cómplice

    —¡Aha, ahí está!

    —Ova que dices —dijo roja como un tomate a punto de estallar Sara

    —¡No te enojes querida, a tu madre le pareció bárbaro que use está prenda!

    —Hay muchos usando sunga —dije yo para completar la bronca de mi novia

    —¡Que par ustedes! ¿Se han puesto de acuerdo?

    —¡Ven vamos a beber algo! —dijo mi suegro tomándome de los hombros. Allá fuimos, él se acercaba a mi oído y me decía cosas que no entendía, por el bullicio y el volumen de la música. Llegamos a una barra de tragos

    —¿Qué quieres Ova?

    —¡Una cerveza!

    —¡Bien, bien!

    —¡Cuánta gente! —comente al pasar

    —¡Si mi esposa, necesita gente alrededor, mientras más mejor… pero que suerte que nos conocimos por fin…

    —¡Me alegra a mi también!

    —¿Tu te vas a meter al agua con esa ropa?

    —Traje algunas cosas en mi maleta…

    —¡Qué esperas para cambiarte, ven te acompaño!! —allá salimos con mi suegro al lado hacia la casa. Me guiaba. Llegamos a unas amplias habitaciones. Mi suegro con la copa en la mano me miraba. Me sentía extraño, casi cohibido, pero no. Era raro.

    —¿Está es tu maleta?

    —¡Si, si —dije yo.

    —¡Adelante, adelante, sin vergüenzas, vamos! —me alentó el hombre. Quité mi remera. El hombre silbo. Y con un dedo acarició mi espalda. Noté su bulto, sí claro, porque lo mire y el seguro se dio cuenta.

    —¡Vaya espalda que tienes muchacho, eres joven, ahhh, que belleza —comentó, me pareció, babosamente. Continúe quitándome la ropa y quedé en calzoncillos.

    —¡Uhh, que cola tienes muchacho, realmente!!

    —Tu hija me ha dicho lo mismo…

    —¿Ves? ¡Es cierto, humm, ¿Puedo tocar? —y antes de que contesté ya me estaba metiéndome mano en mis glúteos. Las pellizcaba totalmente en descontrol.

    —¡Deja tus manos quietas!

    —¡Vamos sé que te gusta!

    —¡No, suelta, suelta!! —yo no podía dejar de mirar como crecía su bulto. Se veía de temer. Muy grueso.

    —¡Crees que no me di cuenta como miras aquí!! —dijo al fin agarrándose los genitales. Sin darme cuenta mi calzoncillo estaba por el piso. Y las manos de aquel hombre se metían por todos lados, hasta mis huevos, estaban siendo usurpados por aquellas manos grandes y firmes.

    —¡Mira lo que has hecho!! —me dijo y me mostraba su garrote duro, grueso y preparado, fuera de su ropa.

    Escuchamos pasos de pronto. El giro su cabeza y yo pronto me calce una bermuda y salí disparado del lugar, a los pocos pasos me di cuenta de que tenía una erección de los mil demonios. El tipo me había calentado. Durante la fiesta de aquel día no me cruce más con mi suegro, pero rondaba en mi cabeza el hecho de que me había puesto duro. Tal vez por sus caricias. ¿Me habían gustado? ¿Tal vez la situación de ser descubiertos? ¿Tal vez lo tome como un juego?

    Giraban mil cosas por mi cabeza, tantas que mi novia se enojó porque pensaba en otra cosa y hacía de cuenta que no estaba allí.

    Al día siguiente era todo silencio. Me levante pasadas las diez de la mañana. Solo se oía el canto de los pájaros. Algún empleado pasaba de aquí para allá, ordenando el desastre de la fiesta.

    En eso aparece mi suegro, otra vez en sunga y con una enorme toalla cruzada al hombro.

    —¿Ya te has levantado? —me preguntó conociendo la respuesta

    —Sí

    —¿Dormiste bien?

    —Muy bien —contesté haciéndome el duro.

    —¡Bueno ven conmigo! —me tomo del brazo y casi me arrastró a la piscina. Mientras íbamos camino a la pileta me tomo de un hombro, casi paternalmente, miré de reojo su bulto palpitante, no pude evitarlo, un sinfín de confusiones me pasaron por la mente y me sentí nervioso y perdido.

    Trate de no pensar.

    —¿Lo hiciste otra vez? —preguntó incisivo mi suegro

    —¿Qué?

    —¡Tú sabes!

    —¿Qué?

    —¡Me miraste el paquete otra vez! ¡Sé cómo te sientes y está bien! ¡Eres joven y quieres conocer otras cosas! ¡Yo te las enseñaré, no te preocupes! —iba diciendo esto mientras nos acercábamos a la piscina y bajaba sus mano por mis nalgas.

    —¡Tienes un culo jugoso!

    —¡Pero, no…!

    —¡Tranquilo, no te asustes! —de la mano me llevó al agua. Entramos y un frescor recorrió mi espina dorsal. Mi suegro me acarició la espalda. Rozó luego mis tetillas y yo lance un suspiro. Mi verga estaba dura como un poste. Y la de él estaba tan dura que no recuerdo nada igual. Se frotó contra mi espalda y mis nalgas. Apretaba mis tetillas poniéndolas tan rígidas como era posible. Yo no entendía que pasaba.

    Solo sentía que una comezón me nublaba la razón. Así fue que bajo mi short. Acarició mis nalgas. Entre suspiros y gemidos. Pasaba su bulto enorme por mis curvas. Yo estaba tan excitado que mi pija era una roca.

    Él me mordía el cuello. Chupaba mis orejas. Apretaba mis tetillas. Arrancaba gemidos de mi boca. Llegó a mi verga y la empezó a sacudir. Tanteando. Masajeando. Tomo mis bolas, las acarició con ganas y deleite. Su otra mano ya buscaba el interior de mis nalgas y con un dedo penetraba mi anillo cerrado, pero dispuesto.

    —¡Ay, ay, no, no, déjame, ay, ay!! —decía yo

    —¡Te gusta tanto putita!! —en tanto lleva mi mano hacia su garrote. Es la primera vez que lo toco. Me parece enorme. Es enorme. Grueso. Venoso. Está tan duro. Lo masajeó. Lo froto. Mi culo se abre al paso de los dedos.

    —¡Así, me encanta que te abras!¿Te gusta?

    —¡Ay, no, ay, ay, si, si!! —deliro de calentura

    —¡Aférrate a esta verga que es para vos, putita!! —gemía el hombre en mi oído, en tanto, metía su lengua y bañaba mi oído en saliva. Así con mi ojete abierto por sus dedos, su otra mano agarrada a mi pija fui soltando la leche en el agua de la piscina. El hombre, mi suegro, enloquecido, no pudo contener sus fluidos y también se vació en la piscina.

    Quedamos acariciando cada uno el juguete del otro, se fueron desinflando un poco. En eso estábamos cuando veo que viene Sara muy sonriente. Aceleró y coloco mi short, mientras rogaba porque se desinflara mi pistola. Mi suegro se reía a carcajadas, al ver mi apuro. Antes de saltar fuera de la piscina, se acercó a mi oreja y me soltó la siguiente frase —De ahora en más quiero que pienses en mi todo el día y no dejes de ponerte cremita en ese orificio tan lindo que tienes porque será mío— era una locura pero una locura a la cual seguí por completo, como si fuera una orden.

    Unas tardes después de aquel episodio, estaba en la habitación recostado en la amplia cama, parado en el umbral de la puerta apareció la silueta de mi suegro.

    —¡Como estas! —dijo sonriendo y se acercó. Llevaba puesto un toallón que rodeaba su cintura. Su pecho estaba desnudo. Avanzo hacia mi, yo lo miraba absorto y sin escape. Se sentó a mi lado al borde de la cama.

    —¡Ven! —me dijo y me ayudo a moverme. Supuse de inmediato lo que deseaba. Quité las sábanas que me cubrían. Estaba desnudo yo también. Acarició mis nalgas. Las pellizco. Las frotó con sus manazas grandes. Corrió el toallón que lo cubría y apareció majestuoso su mástil apuntando al techo.

    Me colocó lentamente en cuatro patas. Rozo mi ojete. Paso un dedo, acariciando, suave, brame, mi pija se estiró al máximo, totalmente caliente, el obviamente se dio cuenta y se relamió.

    Hundió un dedo en mi culito cerrado. Gruñí. Me estaba gustando.

    —¡Ahh que cerradito esta!¡Relájate!¡Lo vas a disfrutar!!¡Pero la cremita que te has puesto es una delicia!! —me beso los hombros. Mi piel se erizó.

    —¡Va a venir alguien!! —alcancé a decir. Me hundió otro dedo abriendo mi ya dilatado ojete. Estaba que volaba. Sus dedos iban y venían estirando mi entrada. Luego llegó con su boca a mi entrada. La saliva fue horadando un poco más y yo me abría y me abría gimiendo sin parar.

    El hombre tomo mi pija totalmente dura y empezó a masajear con descaro y ganas. Chupaba mis huevos. Los comía. No tarde en llenar su boca golosa de leche pegajosa.

    —¡Ohh estabas tan cargado, me gusta tu sabor!! —mi pija goteaba aún pesadas gotas de semen. Estaba enloquecido, me había abierto el culo por completo. Apoyo finalmente su garrote en la entrada. Yo suspiré fuertemente. Entregado a aquel acosador perverso. Sentí la presión y mi ojete comenzó a comer aquella poronga. Se movía despacio. Mi culito se ensanchaba cada vez más. Mis gemidos y sus gruñidos se escapaban de nuestras gargantas enronquecidas.

    —¡Ohh, lo tienes tan apretado, me encantaaa!! —recitaba mi suegro mientras entraba más y más a mi ajustado canal. Sentí de repente sus bolas golpeando mis nalgas. Estaba tan caliente que me sacudía y tiraba mis caderas hacia atrás. El me penetraba, sin demora, iba hacia adelante y hacia atrás. Aceleraba y luego lo hacía más despacio. Sentía como su garrote se inflamaba cada vez, en cada estocada.

    Mi verga se volvió a levantar. Estaba erecto otra vez. Las manos de aquel macho sabroso se apoderaron de mi fierro. Lo masajeaba, mientras me seguía taladrando sin descanso.

    —¡¡Oh sientes como se agranda tu agujerito, es tan apretadito y rico Hummmm, ahhh!!! —gemía el hombre mientras me abría cada vez mi ojete. Mi suegro saco la espada. Se sentó al borde de la cama y me ordeno que le mamara la chota.

    —¡Anda cómela, veras que sabrosa está con tus jugos, ven cachorro, ven!! —allá fui y me metí la gruesa vara en la boca. Estaba sabrosa. Chupaba con ganas mientras mi suegro gemía y gruñía como loco. Le besaba las bolas gordas y hermosas. Les pasaba la lengua y luego intentaba meterlas a mi boca. Era mi primera vez con una herramienta. Nunca había tenido en mi boca ni en otro lado un garrote masculino. No sabía que me gustaría tanto.

    Escuchaba la respiración agitada de aquel macho que gozaba como loco de la mamada y me acariciaba con sus dedos el cabello. Repartía palabras suaves y dulces mezcladas con improperios y groserías que me volvían loco.

    Me tomo de los hombros y llevándome hacia arriba hizo que me sentara suavemente y despacio sobre su vara enorme y dura. Nuevamente entró en mi. Se apodero en tanto de mi boca y chupaba mi lengua con deseo y enorme lujuria.

    Su poronga serruchaba otra vez mi ojete. Está vez yo rozaba con mi verga la panza de aquel macho. Acariciaba su cuello y nos volvíamos a fundir en besos profundos, húmedos, salados. Mordía, chupaba, lamia sonoramente, cada vez más caliente. No pensé jamás estar en aquella situación con un hombre, pero me gustaba. El, hundía su tremenda poronga en mi culo cada vez más ensanchado. Gemía como endemoniado. El placer era cada vez más grande.

    —¡Oh cachorro, que placer me das!!

    —¿Te gusta?

    —¡Claro!

    —¡Tengo temor de que nos atrapen!

    —¡Tranquilo, nadie vendrá! —yo seguía cabalgando sintiendo el tremendo perno en mi ojete. Sacando jugos de placer exquisito. Me aferraba a su cuello. Lo besaba. Mordía sus labios de calentura mientras mi pija seguía dura. El la tocaba de vez en cuando. Chupaba mi lengua. Sediento. Subía y bajaba de aquella espada hundida en mi. Gozando cada centímetro.

    Largaba mi semen en su estómago otra vez. Bañaba al hombre que gemía. Se aferraba en mis nalgas. Las abría más y más. Las pellizcaba, haciéndome doler y a la vez gritar de calentura.

    —¡Estas muy caliente, me gusta, ahhh! —replicaban sus palabras en mis oídos. Saco su perno hambriento de mi orificio ancho. Metió mi pija en su boca y en un buen rato me limpió y dejo brillante mi choto, casi dormido. Me estaba dando una cogida de padre.

    Su mástil seguía erguido y poderoso. Me colocó de costado. Mordiendo mis hombros fue entrando otra vez en mi anillo. Yo resoplaba y clamaba por mas verga. El me daba. Me taladraba sin piedad. Sentía que sus bolas me golpeaban y mi carne ardía de placer.

    Tenía un gran control de su orgasmo, ya que me bombeaba rápido, casi con furia y luego volvía a detenerse, sacaba su hierro de mi ojete y lo volvía a clavar. Todo en una secuencia. Parecía una película que no terminaba nunca. Chupaba y metía su lengua en mi oído derecho y luego en el izquierdo.

    Jugaba con mis tetillas y se aferraba después a mis caderas ansiosas por sus manos fuertes y decididas.

    —¡Te gusta cachorro, estas gozando!

    —¡Sí, sí, claro, nunca la pase tan bien!! —decía yo mientras el hombre me hamacaba profundo. Sacaba su chorizo y volvía a empujarlo hacia el abismo de mi canal baboso, salado, partido.

    —¿Quieres que te siga cogiendo?¿Eh?¿Eh?

    —¡¡Sí papi, hazlo, sigue clavándome tu poronga!! —dije yo completamente fuera de si. Era el padre de mi novia. ¿Cómo seguiría todo aquello?, pensé un momento. Al sentir el estilete inflamado de mi suegro cada vez más dentro de mi olvide por completo quien era quien.

    Se acostó a lo largo de la cama y me subió y quede casi acostado sobre el. Haciendo fuerza era yo quien me movía para sentir su espada a fondo. Apure un poco. Más velocidad el pistón iba y venía dentro mío.

    —¡Ahhh!¡¡Ohhh!! ¡¡Quieres que te llene de lechita! ¡Eso quieres zorrita!!

    —¡Sí, si, si, ya, ya!!! —repetía sacado, desquiciado por aquella cogida. El macho entre muecas que suponía, gruñidos, palabrotas fue descargando dentro de mi. Mares de leche. Al menos yo sentí eso. Bañaban mi interior. Sentí la espada crecer un poco mas mientras chorros de espesa viscosidad inundaban mi ojete abierto. Jadeaba como animal en celo. Caí definitivamente sobre mi suegro que respiraba entrecortadamente, tragando saliva y buscando oxígeno. Mordía mi cuello, de vez en cuando, tratando de recuperarse de aquella gimnasia.

    —¡Debe ser el morbo, pero hace tanto no deseaba coger a alguien como a ti!!

    —¡Bueno me conoces de hace unas horas!

    —¡Eso es lo que tú crees! ¡Te tengo visto en las redes!

    —¿Cómo es eso?

    —¡Sí que tiene de malo!

    —Pero soy el novio de tu hija

    —¡Ay cachorro, cachorro!! ¿Sabes cuantos novios de Sara me he cogido? —yo quede en silencio. No sabiendo que decir. A la vez, no había mucho para decir. La había pasado tan bien y seguramente no sería la única vez, así que porque preocuparse. Él se rio y saco despacio su espada clavada en mi anillo. Salieron en catarata jugos, líquidos. Corrieron por mi piel y las sábanas. Dejando huellas de nuestro encuentro salvaje y prohibido.

    Al pasar el rato nos levantamos y fuimos a las duchas. Un baño inmenso a todo confort. Eso no me importo en absoluto ya que al instante, mi suegro, se jabono los dedos y empezó a meterlos en mi culo sediento. Bajo el agua., así parados, me metió su salchicha una vez más.

    De parado yo sacaba un poco la cola y el entraba y me tomaba por los hombros. Luego de las caderas. Finalmente tomo mi verga ya alzada al máximo y la masajeaba en tanto me taladraba el culo sin piedad. El agua caía sobre nosotros.

    Me estaba haciendo gozar nuevamente, sentía sus bolas golpear en mis nalgas. Me masajeaba las tetillas duras y mordía y chupaba mi cuello. El palo iba y venía dentro de mi ojete juguetón. Malicioso. No tarde en largar mi semen por todas partes. El siguió masajeando hasta que salió la última gota.

    Apuro las embestidas. En un instante saca la vergaza de mi culito. Hace que me coloque de rodillas, lleva el sable a mi boca y larga su leche allí. Me ahoga. Trago lo que puedo. El grita endemoniado. Toma mi cabeza y la empuja hasta casi asfixiarme. Largo lágrimas de placer y ahogo. Un poco mas tranquilos quedo saboreando y limpiando su mástil un poco alicaído ahora. Pero no importa busco sus bolas y las chupo y la sensación es increíble. Él se deja hacer, y deja que yo haga aquello.

    —¡Así, así! —gime y yo no largo su poronga. Juego con ella. Mi lengua se mueve mortal

    —¡Así, ahh, mira, mira! —dice y toma mi mano. Un dedo y lo lleva a su ojete. Lo hundo. Eso es lo que quiere. Su poronga comienza a levantar otra vez. Dura, potente, roca pura. Ahora son dos los dedos que meto en el agujero vicioso de mi suegro que sé pronto volverá a hundirse en mí.

  • Pablo

    Pablo

    Vi a Pablo cuando apenas tenía 16 años. Cabello negro, espeso, callado, boca ancha y sonrisa fácil. Casi no hablaba y se limitaba a acompañar a su padre en sus quehaceres y luego se retiraba. Yo lo saludaba cortésmente y lo miraba de reojo pero nada del otro mundo hasta que un día lo vi nadando en una charca cercana. Flaco, enjuto, una línea de vello fino entre el pecho plano.

    Dos años y medio después estaba yo esperando que trajeran una carga de materiales y me saluda este tipo como de 1.89 de estatura, delgado pero fibroso, con un cabello espeso, negro y unos dientes blancos grandes y brillantes. Era Pablo, ya mucho más grande, mucho más desarrollado y con su característica sonrisa de labios gruesos, piel curtida de trabajar en el sol, oscura y brillante. Sus manos eran callosas, con dedos largos y gruesos. Cejas pobladas y barbilla cuadrada y lampiña.

    Inmediatamente me incorporé y fui a saludarlo efusivamente. No pude dejar de notar que sus jeans gastados y flojos no disimulaban el paquetote que se gastaba. Toda la mañana estuve «supervisando» el acarreo de los materiales y buscaba cualquier excusa para estar lujuriándolo, tomándole fotos escondidas e imaginándome como llevarme ese penco de hombre a la cama.

    Pasó el día y ni el teléfono pude sacarle.

    Justo una semana después me avisan que necesitábamos nuevamente materiales y volví a estar pendiente. Llegó Pablo y volví a sentarme a echar cuento con él. Cargaba una camiseta rota, sudada, se le veían los pelos de la axila y el ombligo sobresaliéndole. Su cuerpo se movía como si fuera un gato, flexionándolo y sudando, la verdad es que ya estaba yo mareado de tanto verlo.

    Ahora si le pedí el teléfono. Me comentó que ese mismo día salía de vacaciones y que iba a quedarse con una amiga pero que le cancelaron. Enseguida aproveché para decirle que si quería esperara hasta que yo me desocupara y lo llevaba a su casa. Mandé a buscar un six pack de cervezas y se las regalé. Cuando nos íbamos me aseguré de que fuera él solo conmigo. Apenas se subió al auto sentí su olor. Había estado sudando todo el día y se disculpó por eso. Lo que él no sabía es que ese tufo a macho joven me arrecha de sobremanera, demasiado. No podía evitar mirarlo. A pesar de tener solo 18 años se veía tan sexy, tan macho y sobre todo, tan inexperto.

    Me daba un poquito de temor lanzármele sin haber chequeado si iba a aceptar mis avances. Fui lento, conversando cada vez de sexo y aventuras. Por supuesto que no tenía mucha experiencia pero muchas ganas de experimentar. A medida que íbamos llegando a su casa me puse más directo y le propuse que nos fuéramos a otra parte «más tranquila». El entendió de una vez lo que le estaba proponiendo y me dijo que NO! Cuando estábamos llegando a su casa me dijo que le gustaría probar pero que no le dijera nada a nadie, la clásica.

    Nos fuimos a un motel cercano, uno un poco caro. Apenas entramos me le pegué a sobarle la verga por encima del pantalón. Uff, que olor a macho más rico. Sudor con hormonas adolescentes. Cabello largo y abundante. Tuve que empinarme para meterle la cara entre sus axilas. Él se dejaba tocar y pronto pude sentir la verga poniéndose dura y subiendo como una culebra por sus pantalones flojos. Se quedaba quieto pero se dejaba tocar y acariciar. Cuando nos tiramos en la cama pude quitarle su camiseta y lamer sus tetillas, cubiertas por un fino vello negro y áspero. Metí mi cara entre sus axilas mientras le acariciaba la verga y tenía ganas de revolcarme en este cuerpecito duro y delicioso. El me agarraba las nalgas con firmeza pero todavía con algo de respeto. Le fui quitando la correa, el pantalón y luego el pantaloncillo. Se le marcaba la cabezota de la verga y le colgaban los huevos de una manera espectacular. Metí mi mano y sentí todavía un calzoncillo estilo pirata y luego una mata de pelo increíblemente hirsuta y áspera, que le cubría todo el pubis, los huevos y parte del culo.

    Cuando estábamos los dos desnudos la blancura de mis nalgas contrastaba con sus nalgas escurridas y flacas, oscuras. Nos entrelazamos con fuerza y comenzamos a tocarnos con desesperación. La pinga de Pablo era gruesísima, cabezona, circuncidada y roja. Me coloqué a su lado y comencé a mamarlo lentamente, pasándole la lengua suavecito y el sólo se quejaba bajito mientras intentaba hacerme la paja torpemente.

    En un rato pude tragarme suficiente de su verga para sentir lo gruesa que era. Cada vez que él se movía un poco yo sentía que me atoraba. Le comencé a sobar los huevones. En un momento hasta le mordí suavecito entre los vellos y aspiré su aroma. Hicimos un 69 y se metió mi verga en su boca con un poco de curiosidad y la lamió como si fuera un barquillo. Yo le agarré la cabeza y lo dirigí hacia mis huevos. Este chico tenía un talento natural para mamar. En un rato estábamos los dos bañados de sudor y nos metimos a la ducha. Después de 10 minutos restregándonos, tocándonos, apretándonos y yo pasándole el dedo por el culo velludo nos regresamos a la cama.

    Ahí me lubriqué el culo, que por cierto lo tengo siempre rasurado, y me fui acomodando la pinga en la entrada, guiándolo para que me la metiera suavemente hasta que sentí que la cabezota había abierto el camino para que me metiera la verga venosa y jugosa. Pablo me agarró las nalgas y las apretaba y meneaba contra su pinga. Casi sentía como me iba estirando el ano, cada vez que me metía el huevo yo me quejaba pero con gusto, el tipo me metía la verga y yo suspiraba. La verdad es que me dolía mucho pero el solo hecho de verle la cara de placer, entrecerraba los ojos mientras me metía el huevo cada vez con más ganas. Creo que no habían pasado ni 10 minutos cuando comencé a sentir el chorro de leche entrando en mi culo, sentía las pulsaciones de su pico venoso una y otra y otra vez. Enseguida me terminé de pajear y me vine. Él estaba con los ojos cerrados, disfrutando de mi culo.

    Nos quedamos los dos apretados, agitados. Yo dejé que se le bajara el huevo y sentí como la leche me escurría, El culo me ardía pero estoy seguro que se va a acostumbrar a este polvazo.

  • Dentro de mí

    Dentro de mí

    Dentro de mí vive una puta que necesita salir a divertirse, antes solo con masturbarme me alcanzaba, pero hoy ya no, hoy necesita que salga por medio de alguien real.

    Es difícil escribir esto ya que por fuera soy una mujer que ama a su pareja, pero no logro que la voz interior se calle, digamos que ya intente siendo infiel y no lo logre, necesito más, deseo que alguien me tenga completamente a sus pies y me haga olvidar de absolutamente todo.

    No logro un orgasmo sino es masturbándome, necesito que vos me ayudes si, vos que deseas poseerme y hacer conmigo lo que quieras.

    La monotonía de la vida se ha vuelto insoportable, apenas puedo seguir, te busco y no te encuentro. Me pregunto dónde estás y si algún día me encontraras, me encantaría tener un amo, pero no solo que me dé ordenes atrás de una pantalla, un Amo que me mire firme que me abrace y toque con ternura pero también que me castigue por estos pensamientos que tengo a menudo.

    Yo sé que estas ahí deseando usarme y poseerme te voy a encontrar muy pronto no pierdo mis esperanzas de saber que algún día te encontraré, mientras tanto prepárate para someterme a tu antojo.

    Te preguntaras en concreto que quiero. Bueno deseo alguien que arranque mi ropa mirándome fijo y me ordene hacer diferentes cosas ya sea chuparle la pija, masturbarme o quedarme arrodillada media hora, no importa cuánto después quiero besarte abrazarte y quedar rendida a tus pies mientras me ahorcas hasta que me desmayo, despertarme sin saber qué es lo que paso. Quiero cabalgarte mientras vos me tocas toda.

    Ya sé que es difícil pero te necesito. No dejo de buscarte. Atte. Tu sumisa.

  • Mi familia colombiana y su secreto (24)

    Mi familia colombiana y su secreto (24)

    A la mañana siguiente me pasé discretamente a mi cuarto y me duché y vestí. Bajé a desayunar y a mitad de desayuno oigo como la Yaya ordenaba a Adelita que le llevara un café al despacho y arreglase su recamara y le cambie la ropa de la cama y me buscara a mi.

    Adelita me comunico la orden de la Yaya en la cocina, yo me fui al despacho

    H: Bendición Yaya

    Y: Dios me lo bendiga y la virgen me lo guarde, cierra la puerta amor.

    La Yaya no usaba bastón y tenía un semblante diferente más resplandeciente como rejuvenecido y vestía un vestido en tonos verdes y zapatos a juego en vez de blusa y falda habituales e irradiaba felicidad

    La Yaya se abrazó a mi cuello y me calco un beso en la boca

    Y: Que rico a noche tesoro, que sepas que me duelen las nalgas, pero es mi culpa amor desde que falto tu abuelo no he conocido hombre… pero debemos repetirlo un par de veces al mes o cuando tu desees y quiero que me pidas como a tus tías…

    H: Me gustaría que te rasures el coño (La Yaya tenia vello y algunos pelillos blancos)

    Y: Si amor obvio hoy sin falta

    H: Que no uses ropa íntima de ese color beige y de vez en cuando me sorprendas sin ropa intima

    Y: Si amor como ordenes (Con una gran sonrisa en la cara)

    Mi tío grito desde la puerta

    JAC: Hernán que nos está esperando El Capi en la pista

    H: Y que te pongas bonita para mi y pensando en mi peluquería manicura etc

    Y: Si amor hoy mismo amor y ven con esa mula de tu tío y me dio un beso en la boca, pero me gustaría que no abandones la cama la siguiente vez me encanta que me follen antes de desayunar… La Yaya me limpio el carmín con su pañuelo y salí zumbando con Jacobo y nos fuimos donde El Capi a la carrera.

    Empacamos y El Capi reviso el helicóptero y salimos…

    El Capi es de esas personas que no dan callada habla asta debajo del agua… Sus temas favoritos son las mujeres los hierros las joyas y todo lo que tuviese un motor y la rumba.

    Había estado casado 4 veces y había tenido relaciones con Colombianas Brasileñas Venezolanas Chilenas Argentinas, Mexicanas Cubanas una hippie yanqui una Española y hasta una Rusa, según su vasta experiencia un hombre joven disfruta más con una madura porque te enseñan y te apapachan y cuidan como un joven necesita pero un hombre maduro necesita potrancas jóvenes y no una sino 3 o 4 o todas las que pueda jajaja. (Al decir esto El Capi mi cabeza voló a lo sucedido en la cama con mi Viky).

    El sueño erótico de El Capi no realizado era follarse a una monja una novicia joven negra prieta virgen de grandes tetas en una iglesia y bañarla en vino consagrado para la misa, sacarle de la vida en el convento y llevarse a casa y montarla como una PERRA noche y día… El pito estaba de vuelta de todo.

    Tenía un Ferrari 308 GTS que salía en una serie de los 80 “Magnum” ya que es fan de un actor que se llama Tom Selleck y un Pontiac Trans Am (1977). La película “Los Caraduras” ya que idolatraba Burt Reynolds de hecho se parecía físicamente a Burt Reynolds.

    Pensaba retirarse después de ganar mucho, mucho, mucho billete en Cartagena de Indias en una gran misión con 6 o 10 niñas bien prietas y calientes. El Hugh Hefner del caribe jajajaja.

    Llegando al destino llame tía Cynthia y al llegar a al punto de entrega allí nos esperaban 2 Sirenas hicimos la descarga y nos fuimos de vuelta a Colombia

    Al llegar a Colombia después de ese viaje solo quería comer algo casero y sabroso dormir y sobre todo perder de vista a El Capi y su voz…

    Jacobo le acabo de pagar el trabajo y quedaron en verse en unos días.

    Tía Cynthia ya le había comunicado a Jacobo que habíamos coronado con existo y que sus hombres ya tenía la merca a buen recaudo, pero solo quería hacer el pago del trabajo a mí y eso tenía muy molesto a Jacobo

    H: Lo importante es el color del billete y que nos pague ya lo demás son babosadas

    J: Tienes razón, pero esa vieja me…

    Llegamos a casa y estaban la Yaya y mama, habían ido al salón de belleza y estaban muy bellas, pero inquietas y algo molestas, esperándome para saber dónde había pasado el día a saber que había imaginado.

    H: Bendición, Yaya

    Y: Dios me lo bendiga y me lo proteja

    H: Bendición, mama

    D: Dios te bendiga y que la virgen me lo proteja

    H: Estáis muy bellas parecéis dos nenitas…

    Y: Déjate de zalamerías, ¿Dónde has estado?, ¿Qué has estado haciendo?

    P: Mama amor pasar al despacho y Jacobo y yo os explicamos dejara a Hernán que coma algo…

    Me fui a la cocina a comer algo estaba muerto de hambre.

    De repente me llamó la Yaya al despacho

    Y: Que te parece Adelita, Hernán ha coronado 500 Kg de Chiva él solito, no sé si abrazarle o darle un puñetazo

    AD: Patrona, un puñetazo, no…

    Y: No, le dijo nada a su abuela.

    H: Es una ruta que nueva que había que probar y tenía pensado dejar para casos especiales es una ruta peligrosa y difícil…

    Y: Jajaja, mi amor jamás te pegaría ya no eres un niño y que sepas que estoy muy orgullosa

    D: Y yo mi amor…

    JAC: Lo mejor es que somos socios y libres de impuestos, no pagamos a Victoria jajaja.

    Y: Cuando madre te pario, pario a un Coyote

    Y Jacobo se puso a aullar como los Coyotes…

    En ese instante llego Tía Cynthia sonriente y feliz poniéndome por los cielos, lo que hizo que la Yaya y Mama se hincharan como dos globos…

    Tía Cynthia nos pagó el cargamento 35.000.000 $ con una pequeña paga extra por las molestias pero Jacobo me dijo que Tía Cynthia podía sacar en la calle más de 120.000.000$ en unas 2 semanas

    Con ese billete podías mandar dos Duendes más y pagar su parte a El Limón y El Bisonte.

    Con el dinero a buen recaudo y Jacobo haciendo llamadas para conseguir más merca para lo que habíamos planeado.

    Mis hermanas llegaban de la hacienda de los Contreras con tía Eva, ellas y Papa tuvieron que esperar a Mama y la Yaya que estaban echando un ojo a tanto billete y claro mis hermanas y tía Eva se unieron a inspección.

    Cenamos todos juntos con la Yaya en frente mío dándome alguna patadita y sonrisita disimulada en la cena al final de la cena llamo Alejandra que hablo con mis hermanas mi tía y mama planeaban un viaje a USA para compras etc., esto hacia mucha gracia ni a mi padre ni a la Yaya…

    Con medio bronca se montó por el viaje ya que Jazmín se quedaba fuera por el colegio y porque no tenía pasaporte me escabullí y puse en orden mis ideas hasta que llegó la hora de que mis padres y hermanas se fuesen a casa y me despedí de ellos…

    Yo estaba muerto y me fui a la cama cuando me llamo al celular Alejandra

    ALE: Amor que malo eres no me llamaste

    H: Recién estoy en la pieza hoy ha sido un día muy duro, he coronado…

    ALE: Aaamooorrr coooorooonasteee!!! ¿Era hierbita?

    H: No, merca de la buena…

    ALE: Que alegría mi bebe que bueno…

    JAC: Hernán, Hernán, Hernán tomate un trago para celebrar…

    Le corte la llamada a mi prima y trate de hacer razonar a mi tío que iba muy pasado de tragos…

    No me quedo otra que acceder a los deseos de Jacobo y mojar los labios en Whisky hasta que se unieron la celebración Los Morones El Bisonte y El Limón y me pude escabullir ya que el siguiente paso era a un lugar llamado el “EL Edén” (Nombre ficticio),una especie de complejo donde hay desde juego y apuestas asta peleas ilegales y desde luego putas y bebida etc., lo que cualquier esforzado patrón necesite después de un duro día de trabajo jajaja… Mi tío estaba muy contento con el resultado de la coronación y la celebración iba a ser muy sonada.

    Me fui a mi recamara dejándolos irse de rumba, de repente tocan a mi puerta.

    H: Pase.

    Y: Amor, ¿Dormías?

    H: No pasa necesitas algo Yaya

    La Yaya paso tenia puesta una bata azul muy clarito como seda y unas zapatillas con pedrería del mismo color que la bata y descalzas por detrás.

    Y: Amor venía a mostrarte que soy un hembra que cumple…

    Y me mostro las manos en las que había echo la manicura y seguido se abrió la bata para mostrarme que no lleva nada bajo la bata y que se hay depilado el chocho.

    Estaba más que claro que venía pidiendo guerra

    Y: ¿Te gusta mi rey?

    H: SIIII

    Sin darle tiempo a reacciona me incorpore de la cama y me lance sobre su coño como un lobo sobre su presa.

    Y: Hernannn!!!

    H: Eres mía déjame hacer y cállate perraaa!!!

    Agarre con firmeza con mis dos manos las nalgas del culazo de la Viky y comomante a besarle lamerle y comerle el coño…

    Y: Assshhh mi rey que rico SIIII MAAASSS

    Viky dejó caer la bata al suelo me puse de pie la bese apasionadamente en la boca mientras ella pasa sus brazos alrededor de mi cuello… La tome en mis brazos y la tumbe boca arriba en la cama y comencé a comerle las tetas chupando como si fueran dos pirulis sus dos grandes y duros pezones erectos y duros como dos brocas de un taladro.

    Y: Diablo ¿dónde aprendiste? aaahhh que rico chupa chupa más duro más duro diablo, nooo paaareeesss!!!

    Deslice mi mano derecha al interior de su caliente y excitado coño encardado hirviente palpitante como perro jadeante que pide un hueso mis dedos entraron y salieron frenéticamente hasta hacer venirse como un rio salvaje a la perra calentona de mi Yaya totalmente entregada a mis maniobras bucales y manuales

    Y: Diablo me vas a matar!!!

    H: ¿quieres el rabo de tu diablo?

    Y: siii, follame follame follame cabron tómame como una puta.

    Coloque mis dos manos sobre sus tetas duras y firmas y dispuesta para mí

    Y: aaaahhh que rico

    Baje un poco mi slips mi polla salió disparada como un rayo tome la mano de Viky y la coloque sobre mi rabo firme duro y dispuesto para perforar como una tuneladora…

    H: mira como me tienes perra, ¿orgullosa?

    Mi Viky pego un gran y profundo suspiro a la vez que agarraba con firmeza mi rabo

    Y: Amor deseaba tanto esto desde que llegaste…

    H: pues prepárate puton que mañana no vas a poder caminar…

    Y: dale cabron dale duro dale…

    Abrí de patas a la perra de mi abuela se las flexioné y de rodillas me situé a la entra de su monte de venus y como las mejores estocadas de los buenos toreros se la hundí de una sola estocada hasta los huevos, sin apenas dificultar invatidi las entrañas de mi entregada perra caliente y sunamico agujero que me esperaba deseosa de una buena cabalgada.

    Mi abuela abrió los ojos y exclamó

    Y: caaabronnn!!! me vas a matar

    La bese en la boca un beso largo en el que nuestras lenguas se buscaron y juguetearon

    H: esto es solo el calentamiento zorrita no te me vengas abajo yo, creía que las perras colombianas eran las mejores complaciendo a sus machos en la cama.

    Y: pues dame con todo toro mío

    Saque mi polla de Viky me termine de sacar el Slips mientas Viky trataba de reponer su respiración y compostura totalmente perdidas instantes anteriores.

    Me puse en cuclillas en medio de las piernas de mi jadeante sudorosa feliz y total y absolutamente entregada abuela.

    En esta posición que puedo hacer más fuerza en mis acometidas en el potorro conquistado y rendido a mi tranca.

    Dentro (De un golpe y hasta el fondo de un solo impulso).

    Fuera (De forma rápida y enérgica).

    Mi polla era como un pistón bien sincronizado y correctamente calibrado a plano rendimiento

    Y: aaahhh!!! ssiii.

    Dentro (De un golpe y hasta el fondo de un solo impulso).

    Fuera (De forma rápida y enérgica).

    Y: aaaahhh!!! duro más duuurooo no paaareeesss.

    Dentro fuera con más fuerza y velocidad, ya y con el ímpetu de la acción saque mi polla dura del chocho de mi perra que en ese instante se corrió como el chorro a presión de un aspersor de riego mojando abundantemente mi pecho.

    Y: aaaayyy!!! Virgen del Carmen ayúdame.

    Me acerqué y le di un piquito en la boca

    H: aun no me he corrido y quiero llenarte con mi leche

    Y: si mi amor como tu desees

    Mi abuela buscaba aire y fuerzas pero su orgullo de hembra y matriarca familiar no le permitía rendirse jajaja.

    Volví a comerle las tetas hasta volver hacerla suspirar gemir y resoplar como a una yegua recién montada.

    Me coloco entre sus piernas y como si hiciera una plancha en el gimnasio como un ariete en comencen DENTRO FUERA DENTRO FUERA DENTRO FUERA DESPACIO recreándome en mis movimientos

    Mi abuela se vino de golpe y con el calor de sus jugos me vine yo como un sifón y nos besamos y abrazamos.

    Mi abuela se tomó dos vasos de agua de la botella de mi mesita de noche y se quedó un rato recuperando fuerzas yo me fui al baño y me asee después lo hizo ella, me dio un pico en la boca.

    Y: La mejor noche en años mi amor.

    Tomo sus cosas y se fue ya que con mi tío fuera no quiso quedarse en mi recámara o más bien estaba reventada quien sabe…

    CONTINUARA…

  • Mis machos: Mi sobrino postizo, un encanto de chico

    Mis machos: Mi sobrino postizo, un encanto de chico

    Carlos vino a casa con la novedad que su primo Antonio venía a visitarnos unos días, en realidad quería que Carlos lo acompañe unos días a pescar y a ver la posibilidad de un negocio cerca de Villa la Angostura. El viernes siguiente ya anocheciendo llegaron a casa Antonio y su hijo Nicolás.

    Yo sabía de toda la familia de Antonio (y ellos de mí) a través de conversaciones de teléfono, pero recién ahora tenía la oportunidad de conocerlos en persona. Antonio era un cincuentón bien parecido y simpático, su hijo Nicolás un adolescente de 18 años, era un chico alto delgado y lampiño que aparentaba menos edad.

    Luego de las presentaciones y bromas de rigor, acordaron salir temprano en la mañana, de modo que Carlos dejo cargadas sus cosas en la camioneta de su primo para no perder tiempo en la partida. Lo que yo ignoraba es que ellos habían planeado el viaje sin Nicolás, o sea, el chico debía quedarse conmigo mientras ellos estuvieran ausentes. Par de picaros veteranos seguramente, tenían pensado alguna cosa más que ir de pesca y negocios.

    A la madrugada siguiente los pescadores partieron felices de la vida, luego de darles el desayuno me despedí de Carlos con un beso y mi deseo de suerte “en la pesca”, que sonó tan irónico que ambos sonrieron. Yo aproveche el resto de la mañana de ese sábado para ordenar la casa, estaba en eso cuando Nico apareció semidormido todavía, me saludo con un beso y un: “buen día tía”, cosa que me encantó, yo no había tenido sobrinos y que me aparezca de pronto uno postizo era muy lindo.

    Le hice el desayuno y conversamos un rato, le pregunte por el colegio, los amigos, si tenía novia etc. Nico era bastante parco, así que mucho no me enteré respecto a él. Se me hacía tarde para ir al negocio de modo que me duche y vestí rápido, invite a Nico a venir, pero prefirió quedarse y usar la pileta, le dije que se maneje a gusto en la casa y me fui, al salir me dijo: “chau tía, anda tranquila que yo cuido todo”, me sonreí y salí para el negocio.

    A mi regreso agobiada por el calor del mediodía, guarde la camioneta en el garaje y fui al dormitorio a ponerme alguna ropa más liviana, por la ventana vi a Nico disfrutando de la pileta, lo observe un largo rato y en ese momento mi cabeza empezó a trabajar a mil. No era deseo sexual (ya que la semana anterior había estado con los chicos en el campo y me dieron como de costumbre una terrible dosis de sexo), pero si el morbo de pensar que estaría sola en casa con Nico varios días.

    A medida que lo miraba nadar y zambullirse el morbo y la calentura me estaban desbordando, traté de calmarme, me puse mi bikini y fui hacia la pileta, Nico no me había escuchado llegar y sorprendido cuando me vio me saludó con “hola tía”, me encantaba que me llamara tía, le sonreí, lo salude y me tire al agua, yo había dejado a propósito sueltos los breteles de mi corpiño, de manera que cuando salí de abajo del agua me quedaron los pechos al aire, actué como si no me hubiera dado cuenta esperando que Nico viera a “mis mejores amigas”.

    Cuando note que ya me había mirado bien, me hice la sorprendida por el “accidente” acomode el corpiño y sin decir una palabra salí de la pileta, invitando a Nico a almorzar. Nos sentamos en las reposeras de la galería junto a la pileta y comimos unos sandwichs con gaseosa. Yo estaba muy excitada y decidí avanzar preguntándole si le gustó lo que me había visto, él se hizo el desentendido de modo que insistí diciéndole: “Nico, sé que me miraste bien, te gustó o no?”, él se puso colorado como un tomate y balbuceo: “si tía, me gustó mucho”. Le dije que sé muy bien que la mayoría de los hombres se masturban cuando ven una mujer desnuda o semidesnuda y le pregunte si él lo iba a hacer pensando en mi, le dije que si no actuaba con vergüenza y era sincero le daría un premio, vaciló unos segundos y me dijo que si, que se había quedado con la imagen de mis tetas en la cabeza y que iba a masturbarse.

    El morbo se me puso a mil, me saque el corpiño y mostrándole las tetas le dije, este es tu premio por ser sincero, de inmediato noté como se le paraba y le dije que me encantaría ver como se masturbaba delante mío mientras me miraba. Empezó a refregarse la pija por sobre el pantalón, yo estaba recaliente y el morbo me desbordaba. Así no vale le dije, yo te muestro las tetas vos saca la pija y muéstramela como yo te muestro mis tetas, el pobre chico estaba tan caliente que la saco en el acto, no sé cómo me contuve de arrojarme sobre el a mamársela, pero en mi calentura me quite la bombacha de la malla y me metí los dedos en la concha sin dejar de mirar ese pedazo de carne que me estaba volviendo loca.

    No aguante más y me arrime a él, me arrodille a su lado y se la mame con más desesperación que nunca, el chico gemía como poseído, yo seguía con mi mano derecha en la concha y la izquierda sobre la suya ayudándolo en su paja. Acabamos los dos juntos y trague hasta la última gota de deliciosa leche de macho joven.

    Apoye mi cabeza en sus piernas sin soltarle la pija que seguía semidura y le pregunte si alguna vez se la habían mamado, “nunca tía –respondió- tampoco tuve relaciones sexuales ni vi tetas tan grandes y hermosas, mi novia apenas me dejaba manoseárselas y yo terminaba en casa pajeandome como vos dijiste que hacíamos los hombres”. Le dije que tal como recién viste, no solo los hombres se pajean y que yo le iba a enseñar todo sobre sexo.

    Lo tome de la mano y lo lleve a mi cuarto, lo tire sobre la cama y empecé a lamerle todo ese cuerpo joven y lampiño, estaba fuera de mi, tan enloquecida como la primera vez con mis chicos en el campo. No tardó mucho en ponerse dura de nuevo, así que me monte sobre él y sin dejar de mirar su cara de goce lo cabalgue hasta que acabamos juntos nuevamente, Nico seguía con la pija parada, le dije que se ponga encima mío y seguimos cogiendo largo rato, él ya había acabado dos veces que así esta vez tardo un rato largo, yo perdí la cuenta de las veces que acabé, pero seguro fueron más de tres, el pibe estaba como poseído gimiendo y dándome bomba.

    Yo ya estaba desatada totalmente y le lamia el pecho los hombros, el cuello y le gritaba: “no pares mi amor, dale pija sin parar a la puta de tu tía”. Después de semejante cogida nos dormimos los dos, cuando me desperté él todavía dormía, fui a la cocina traje un par de vasos de gaseosa y lo desperté. Al verme se puso colorado seguía con vergüenza, eso me dio una terrible ternura, le acaricie la cara y el pecho y le dije que no sienta vergüenza, que esto sería nuestro secreto.

    Le pregunté si le había gustado y si quería que yo fuera su maestra de sexo, entusiasmado me respondió que sí. Me sonreí, lo invité a ducharnos, ya estaba atardeciendo, él se fue a la pileta yo me puse una bata encima y me quede adentro escribiendo esto para tratar de sosegar el morbo que me daba pensar en todo lo que le enseñaría a “mi sobrino y alumno“ estos días que íbamos a pasar solos.

  • Ayudando a mi hijo menor a superar una ruptura

    Ayudando a mi hijo menor a superar una ruptura

    Era un día de verano caluroso. Había más de treinta grados centígrados en la sultana del norte en México. El clima de la casa se había averiado y el técnico no había llegado a la hora que había indicado. Mis dos hijos mayores habían salido a un parido de futbol que tenían en la liga del Kalcho cerca de la casa. El único que se quedó conmigo fue mi hijo Manuel, o “Many” como le decíamos desde pequeño. Tenía apenas dieciocho años y ya había tenido su primera gran ruptura de amor.

    No quería salir de su cuarto y no había querido ir a jugar con sus hermanos al futbol. Trate de llevarle de comer, pero apenas y pudo probar bocado. Estaba muy deprimido y yo ya no sabía qué hacer. Subí a su cuarto en un nuevo intento por tratar de que platicara conmigo pero no me recibió, me dijo que lo dejara solo. Yo insistí hasta que por fin me dejo pasar.

    -¿Qué te pasa mi amor? jamás te había visto así, de esta manera, tan agobiado.

    -Lo que pasa, es que… es que me da pena hablar contigo de estas cosas mamá.

    -Tú sabes que puedes contarme lo que sea mi cielo, para eso soy tu mami.

    -Bueno, es que, tuve problemas con mi novia, bueno ahora exnovia Alejandra.

    -Eso me imagine amor, pero ¿qué tipo de problemas tuviste?

    -Bueno, ya sabes que ahora no es como antes, las chavas de ahora buscan tener relaciones sexuales muy rápido y pues Ale no era diferente a ellas.

    -Aja

    -Bueno, ella me dijo después de unas semanas de andar juntos que quería estar conmigo, yo le dije que no había tenido experiencia con ninguna mujer antes.

    -Eso está bien amor, aun eres muy joven y no todos comienzan su actividad sexual tan temprano, cada quien tiene su propio ritmo.

    -Sí, eso lo sé, ella no se molestó por eso, fue muy comprensiva y me dijo que ella me enseñaría poco a poco.

    -¿Qué hicieron después, tuvieron relaciones sexuales?

    -Fuimos a su casa un fin de semana en la tarde, ya que sus papas se habían ido de viaje a Torreón

    -Me imagino que ahí tuviste tu primera relación sexual.

    -Sí, solo que no fue como lo esperaba

    -¿Pues qué paso mi amor?

    -Subimos a su cuarto y ella comenzó a besarme poco a poco mientras ambos nos quitábamos la ropa.

    -¿Usaste protección verdad?

    -Sí, el problema es que el condón que ella llevaba no me entraba, y cuando por fin me entro no me llegaba ni a la mitad de mi parte.

    -Mmm ya veo más o menos cual es el problema.

    -Ella dijo que no importaba porque se estaba cuidando con pastillas anticonceptivas.

    -Yo confié en ella y decidimos hacerlo así.

    -Eso es peligroso mi amor, porque a pesar de que tal vez hay menos probabilidades de que ella quede embarazada, aun así puede contagiarte otras enfermedades sexuales.

    -Eso no lo sabía mamá

    -Es muy importante que te informes bien antes de tener relaciones con cualquier persona, uno nunca sabe que tiene el otro en su organismo, hay que ser cuidadoso, después de esto te voy a ir a hacer unas pruebas solo para estar seguros.

    -Si ma, está bien. Bueno el problema vino cuando comenzamos a hacer el amor, ella me abrazaba fuerte pero me arañaba la espalda y eso me dolía, y al parecer a ella le dolía cada vez que entraba en ella, tanto, que lloro al final de dolor.

    -Mira mi amor, eso es normal en nuestra familia, tú vienes de una familia donde la mayoría de los hombres siempre han sido bien dotados.

    -¿En serio?, es que yo no creo que sea normal, se ve muy extraño.

    -Mira tu abuelo, siempre tuvo un pene enorme, yo una vez lo vi desnudo cuando se cambiaba en su cuarto y se acababa de bañar con agua caliente y tenía una erección y ¡ay dios! Parecía un pepino, pero con piel amor.

    -Si ándale así se ve el mío, como si fuera un pepino, se ve muy gordo y yo tengo miedo de que este enfermo

    -Mi amor, mira ¿te sentirías más tranquilo si te doy una checada?

    -Pero es que tú eres mi ma, me da pena.

    – Mi amor, recuerda que soy doctora y soy uróloga, ¿tienes idea de a cuantos hombres les he visto el pene?

    -Pues si tienes razón mamá.

    Mi hijo se puso de pie al lado de su cama y comenzó a desabrochar su pantalón de mezclilla, aun titubeando. Yo me senté en la cama y espere impaciente por ver aquel miembro prominente. Se notaba un gran bulto en sus jeans apretados y solo podía imaginarme como seria. Su bóxer Playboy aprisionaba un gran animal. A mí solo se me hacía agua la boca. Le ayude desesperada a bajarlo y por fin estuvo ante mis ojos. Un pene tan enorme como el de su abuelo. Ninguno de sus hermanos alcanzaba ese grosor y ese tamaño. Bien dicen que chiquito pero picoso. El más pequeño de mis hijos era el que era más hombre que todos.

    -Ay mi amor saliste a tu abuelo.

    -¿Enserio estoy tan grande?

    -Yo diría que aún mas grande y está muy gordo, necesito palparlo para saber que está bien todo, ¿este parece?

    -Sí, está bien mamá

    -Voy a ser muy cuidadosa no te preocupes.

    Comencé a palpar aquella bestia, la acariciaba con sumo cuidado para no despertarla y que mi hijo se avergonzara pero la ropa que llevaba puesta no ayudaba mucho. No llevaba brasiere y el sudor por el calor revelaba el contorno de mi busto. Note la mirada curiosa de mi hijo hacia mi escote. Todo parecía estar bien con su pene, era la sangre cubana que había en él. Su miembro era el más prominente que había visto, ciertamente un miembro con macrofalosomía, como el de sus hermanos.

    Le explique qué penes de ese tamaño lastimaban mucho las paredes vaginales, y más las que nunca habían tenido un miembro masculino como ese dentro. Se desgarraban y no soportaban su grosor.

    -Solo una mujer con la suficiente experiencia puede enseñarte a usar este miembro tan espectacular que tienes mi cielo.

    -Entonces no es algo malo.

    -Por supuesto que no mi amor, dios te bendijo con un pene así, pero debes de ser responsable y usarlo con cuidado.

    -¿Dónde puedo encontrar una mujer que me ayude a saber cómo usarlo?

    -Bueno, si tú quieres puedo ayudarte amor, puedo enseñarte como tratar a una mujer

    -Pero tú eres mi mamá, ¿está mal que hagamos esas cosas no?

    -Mira es responsabilidad de una madre enseñar todo a su hijo y después de saber que tuviste sexo sin protección no voy a dejar que andes por ahí sin saber todo acerca del sexo.

    -Pero como me vas a enseñar

    -Pues de esta manera –dije mientras tomaba con mi mano su pene que ya estaba medio erecto.

    Voy a motivarte un poco para que despertar a la bestia –dije mientras me quitaba la blusa-. El pene de mi hijo se puso más obeso y largo. Yo me quede maravillada de cómo sus venas crecían y se engrosaban alrededor de tan magnifico tronco de carne. Pulsaba desesperado por sentir mis labios. La cara de mi hijo se puso muy roja y no podía ocultar su vergüenza. Yo le dije que no se avergonzara, que debía estar orgulloso de tener una verga tan enorme. El se calmó un poco y yo sin avisarle lo bese en la punta del pene. Ves es normal, ¿no pasó nada o sí? –le dije mientras seguía masturbándolo lentamente-. Mientras no le cuentes a nadie sobre esto nada va a ocurrir –añadí-. Seguí masturbándolo sumamente mientras lo veía a los ojos.

    El no paraba de mirar mis senos, como se movían al compás de mi brazo que lo masturbaba sensualmente. Mordió y lamio sus labios. Sabía que él deseaba tenerlos, pero no se animaba a preguntar por lo tímido que era. ¿Quieres probar el sabor de mi pecho verdad mi cielo? –Pregunté mientras lo veía a los ojos-. El me miró fijamente, pero no respondió a mi pregunta. Me senté en la cama y le dije –recuesta tu espalda en mis piernas-. Él lo hizo obedeciéndome como un buen hijo y yo le puse uno de mis grandes senos en su boca. El comenzó a chuparlo dulcemente mientras yo le acariciaba con una mano su lindo cabello y con la otra lo seguía masturbando.

    Mi hijo gemía mientras seguía succionando mi seno como si fuera de nuevo un bebe amoroso. Un rápido orgasmo le invadió y dejo salir un esposo chorro hacía arriba como un volcán en erupción. Agarro con ambas manos mis senos y me mordió con fuerza mi pezón mientras su cuerpo se estremecía como un terremoto. Mucho semen cayo en mi cara y mi cabello y el espesor de sus últimas gotas caía lentamente por mi mano. Me la lleve a la boca y probé el sabor de su joven semilla. El sabor era fuerte y dominante. Amargo y viril. Yo quede intoxicada por aquel intenso sabor. Y comencé a tocar mi vagina. ¿Qué estás haciendo mama? –Pregunto mi hijo-. Algo en lo que tú me vas a ayudar. Continuara…

    Mi correo es [email protected], también pueden buscarme en Facebook como www.facebook.com/dradelsex agrego a todos pero envíen un mensaje antes y visiten mi perfil aquí en CuentoRelatos para que vean como soy, ahí hay una foto y para que vean mis otros relatos, besos y saludos a todos.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (45/59)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (45/59)

    A pesar de llevar el coche cerrado, y con filtros para que no pudiera pasar una brizna de are sin purificar, pude sentir el penetrante olor a salitre del mar cercano, nos estábamos acercando a nuestro destino.

    En los últimos kilómetros por recorrer me volvían los temores, me sentía inseguro a pesar de que Pablo me asegurara, después de hablar por el móvil en dos ocasiones distintas sobre mi deseo de regresar con Eduardo, que éste estaba deseando que volviera.

    Como hombre que había vivido una larga vida, sabía que a veces se hacen las cosas por despecho y no deseaba que este fuera mi problema. Ni yo mismo estaba seguro de que no se tratara de una pataleta, y que probablemente debía haber consentido ser simplemente el amante de Álvaro y compartirlo con Irina hasta el regreso definitivo de Pablo.

    Intuía no obstante, que solo hubiera causado problemas y además, era mayor, independiente y quería vivir mi vida aunque para ello tuviera que permitir que utilizaran mi cuerpo, también yo lo disfrutaría o lo intentaría al menos.

    Atravesamos la ciudad y aminoro la velocidad para girar el volante y enfilar la carretera de costa, pronto pude ver los altos álamos detrás de la pared de piedra coronada de alambres espinosos. Pulsó el mando a distancia para abrir los portones de hierro, detrás del cristal de la cabina un guarda uniformado que no conocía saludó militarmente a Pablo.

    De momento todo parecía estar igual: la gran avenida de robles que conducía a la fachada principal, las rosaledas con los primeros pimpollos aún sin florecer, la piscina descubierta y al lado el pabellón de verano, todo recogido y pulcro.

    En el descansillo, al lado de la puerta, estaba el fiel Tomás con el chófer uniformado dos escalones más abajo. terminaron de descender para abrirnos las puertas, el tieso mayordomo ni me sonrió y solo inclinó la cabeza, le alargué la mano y algo sorprendido me la estrechó con la suya enguantada de impoluto blanco.

    -Buenas tardes Tomás. -le sonreí y pude arrancarle una mueca lo más parecido a una sonrisa.

    -Muy buenas señor, don Eduardo está en la biblioteca esperándole.

    Recordé el nombre del chófer que sustituyó a Damian a pesar de haberle conocido muy poco.

    -Justino, me acuerdo de usted, buenas tardes. -el hombre se me quedó mirando sorprendido pero supo reaccionar enseguida.

    -Bienvenido señor. -cerró la puerta que me sostenía y se encaminó al maletero para sacar el equipaje.

    -Ve adelantándote, enseguida estoy contigo. -Pablo me impelía a que mi encuentro con Eduardo lo hiciera sin él. Solamente eché una ojeada a la fachada de piedra antes de empezar a subir la escaleras,

    En la entrada habían aparecido Alicia, la ayudante de cocina de Berta, y Carmen la doncella de Ana María, sentí la necesidad de abrazarlas al verles la inmensa sonrisa que me ofrecían, pronto interrumpimos los saludos cuando llegó Tomás con las manos repletas de mis paquetes y maletas.

    Me detuve indeciso ante la puerta cerrada de la biblioteca y sin llamar abrí la hoja derecha, Eduardo permanecía sentado ante su mesa tapizada de cuero verde, mirando la gran pantalla de plasma y desvió la mirada hacia la esperada visita.

    Me acerqué observándolo detenidamente, estaba más delgado y con menos pelo, pero seguía siendo el imponente hombre de mis recuerdos, si yo le analizaba él no hacía menos conmigo, sonrió y me hizo un gesto para que terminara de hacer el recorrido.

    -¡Hola pequeño! ¿Te vas a quedar ahí como una estatua?

    -¡Hola Eduardo! ¡Gracias por recibirme en…! -no me dejó seguir hablando y se colocó un dedo sobre los labios.

    -¡Shissss! Ven aquí. -me indicaba sus piernas para me sentara sobre ellas como era su antigua costumbre. Le miré indeciso, su delgadez me impresionaba y él lo entendió.

    -No me vas a romper. -me coloqué sentado como tantas otras veces y le pasé la mano por la cabeza acariciando el escaso pelo blanco. Me sostenía sobre los pies para no pesarle y él me sujetó la cintura para que terminara de tomar asiento sobre una pierna.

    Me giré hacía él y aproximó la cara para besarme la boca, le respondía al beso abriéndola ligeramente, sentía la presión de su brazo apretándome contra su pecho, su aliento tibio y con olor a violetas rozando mis labios, la dulzura de su saliva cuando me introdujo la lengua. La mía salió a su encuentro y nos fundimos en un suave beso sin exigencias. Sabía besar de maravilla.

    Me lamió la lengua, los labios, yo hice lo mismo gozando de su ternura que parecía paterna, hasta que reí ahogado, se había recortado el bigote y me hacía cosquillas en la nariz con sus pelos.

    -Bienvenido a tu casa pequeño, a tu mundo, donde debes estar.

    -Gracias Eduardo, por acogerme y brindarme tu casa.

    -No vuelvas a repetirlo, esta es tu casa y así lo debes tomar. -volvimos a besarnos, me daba cuenta del cariño que aquel hombre me tenía, y claro que estaba desmejorado, flaco, y se le notaban los estragos que su enfermedad operaba en su organismo además de los años, pero aún estaba fuerte.

    Escuché un pequeño gruñido y busque el origen, del alejado sofá chester, Dulce saltaba al suelo y se acercó a paso rápido, pero sigiloso, observándome, llegó y puso las patitas delanteras en la otra pierna de Eduardo reclamando sus derechos.

    Había crecido, quizá habría alcanzado su máximo crecimiento, adelanté la mano para acariciarle la cabeza y volvió a gruñir, la retiré con rapidez y Eduardo soltó una carcajada mientras Dulce movía el rabo de un lado a otro.

    -Perro malo, ¿te has olvidado de Ángel? -Dulce me miraba lastimero, parecía haber comprendido lo que le decía Eduardo, acercó su ociquito negro y húmedo y empezó a olerme, volví a intentar acariciarle y me lamió la mano. Eduardo no terminaba de reír.

    -Si que te recuerda, te da la bienvenida. -Dulce se animó y se subió sobre mis piernas, intentando llegar a mi cara para lamerla como hizo con la mano, le abracé y le subí para que lo hiciera. Fue en ese momento cuando me sentí verdaderamente en mi casa. Tuve que reprimir sus efusiones y depositarle en el suelo, ahora quería seguir jugando.

    No me había dado cuenta pero Pablo había llegado y contemplaba la escena.

    -Ya tienes tu equipaje en la habitación, Carmen y Alicia te lo están colocando…

    Hasta la hora de la cena no se presentó Ana María, no porque me rehuyera, estaba fuera de casa cuando llegamos. Seguía tan majestuosa y bella como siempre, vestía elegantemente un traje primaveral de seda y me ofreció la mejilla para que se la besara. Cuando lo hice se me quedó mirando la cara.

    -Necesitas un tratamiento intensivo de piel cariño, tendré que ocuparme de eso. -sí, ya tendría desde ahora quien se ocuparía de mi piel, de los pelos, las uñas, y de desvalijar la cartera de Eduardo.

    Así fue el reencuentro con lo más parecido a lo que podríamos llamar mi familia cercana. Empezaba un nuevo ciclo de mi vida y esperaba que fuera agradable, provechoso y feliz para todos.

    ————————————-

    La primera semana fue de una frenética actividad y movimiento incesante.

    Vinieron Guido y Oleguer, mis profesores, para organizar las clases y esa misma semana se reanudaron como antes, Pablo volvió a la universidad y a emplear la moto que le regaló don Manuel para desplazarse, decía que le resultaba más práctico.

    El lunes me llamó Alberto, había estado con Oriol y David y sabía que había vuelto, esperaba su acostumbrada llamada y me alegré, se interesó por la vida que llevaría a partir de ahora. Sentí que tenía dudas cuando me dijo si me gustaría salir con él un día para hablar y tomar algo.

    -Por supuesto que me gustará, y además encantado de estar un rato a tu lado, ¿a qué vienen esas dudas? -era muy, pero muy sincero en lo que le decía y él lo notó por que su acento cambió a más alegre.

    -Perdona, pensé que al estar con Pablo igual no tenías tiempo, o no te apetecería, no lo se de verdad, ¿puedes disculparme? -de verdad que no le entendía que hablara con cierto miedo.

    -Para, para…, tu y yo somos amigos, estos meses de atrás te has interesado por mi más que nadie y Pablo no tiene nada que decir si quiero verte o no. -esperaba haber dejado claro cual era mi posición, y Alberto me gustaba como amigo, me hacía reír cuando me sentía triste y me sabía escuchar.

    Quedamos en que me recogería el viernes aunque antes me llamaría, pero sus llamadas, a partir de ese momento, se hicieron constantes y lo hacía todos los días para hablar un rato.

    Guido me convenció para que retomara las clases de danza y guitarra, tenía grandes dudas de que fuera conveniente, pero Eduardo me animó, sobre todo para que saliera de casa y me relacionara, de momento tendría tiempo hasta que comenzara en la universidad mis clases, luego ya veríamos.

    El chofer salió varios días conmigo para enseñarme la ciudad y como circular por ella, el camino de la escuela de danza y lugares donde tendría que transitar, pero ya con el coche conducido por mi. Justino era totalmente diferente a su antecesor, amable y no imponía tanto aunque también era un hombre fuerte.

    Me estaba convirtiendo en un ciudadano cualquiera, un chico más de los que pululaban por las calles y gozaba de mi libertad, de esa sensación placentera de sentirte propietario de ti mismo.

    El martes a la noche y durante la cena Ana María me habló.

    -He quedado para mañana con Oriol en el salón de belleza, ¿te apetece acompañarnos?, la verdad es que ya lo necesitas querido. -la vi mirarme las uñas, más lo que ya me había hablado sobre mi piel fueron suficiente estímulo para que dijera que sí entusiasmado.

    Después se lo comentaría a Pablo, cuando a la noche fui hasta su habitación. Como siempre estaba estudiando y con desgana apartó los papeles para atenderme.

    -¿Has oido lo que me ha pedido Ana?

    -Es normal, ya sabes como es ella, le gusta la perfección y la belleza. -Pablo no entendía lo que eso significaba para mi y le miré descorazonado.

    -No es eso Pablo, esta vez no ha sido como si fuera una obligación impuesta por Eduardo, me coloca casi al nivel de Oriol, ¿te das cuenta? -Pablo me dirigió una sonrisa condescendiente y tiro de mi mano para que me sentara en sus rodillas.

    -Mira Ángel, yo se que Ana María te aprecia, en serio que pienso así, pero creo que en esta ocasión se esta valiendo de ti para acercarse a su hijo. -me quedé un momento pensativo.

    -Puede que sea así, pero me hace ilusión pensar que importo a la gente, y mira que es a pesar de los celos que siento por que te acuestas con ella, no se, necesito que me quieran.

    -Yo lo hago Ángel.

    -Sí, como ahora, desde que volvimos no hemos vuelto a estar juntos. -en ese momento sentí que volvía a ser injusto.

    -¡Oh! Perdóname Pablo. -me abrazó y empezó a besarme la mejilla pasando los labios con suavidad por ella.

    -Tengo que hablarte de algo Ángel, Eduardo desea estar presente, solo algunas veces, cuando lo hagamos, y no se si tu…, si te agradará eso. Ya te había dicho que no puede participar pero le gusta mirar… -lo pensé solo unos segundos, no veía el problema, Eduardo ya había visto como otros hombres me follaban, Yasin sobre todo.

    -No me importa, para nada, puede estar si es lo que quiere. -Pablo me regalo un beso en la boca que hubiera deseado que continuara en su cama. Se puso de pié y me acompañó hasta la puerta.

    -Ahora tengo que seguir estudiando Ángel, este trimestre será decisivo, ¿lo entiendes? -en lugar de responderle me colgué de su cuello para continuar besándole los segundos de tiempo que aún me dedicaba.

    Cuando llegué a mi cuarto me extrañó encontrar la puerta abierta, no entendía de que manera Dulce había conseguido abrirla y esperaba tendido sobre mi cama.

    Me metí bajo la sábana y le abracé contra mi, solamente un fiel animal como él deseaba dormir a mi lado, muchos hombres me deseaban y tenía que dormir solo. Le besé agradecido la cabeza y él la volvió para lamerme los labios, luego me quedé dormido.

    El encuentro con Oriol, poder hablar con él, saber que sentíamos los mismos placeres de ser atendidos en el salón por personal especializado, resultó sumamente agradable.

    Tuvieron que aplicarse con mis manos y pies, él estaba perfecto, el masaje delicado y acariciador por las dos lindas muchachas que nos acariciaban con cierta envidia era adormecedor. Me arreglaron el cabello y seguían dejándolo largo por orden de Ana María, me depilaron los escasos pelos que tenía y seguía conservando los de las axilas y el pubis recortado.

    Salimos para ir a comer los tres a un restaurante donde ya había estado con Ana María, resultaba ser un soberbio día que me apetecía que se repitiera. Y Oriol y yo intimamos un poco más. Me habló de Alberto, como si solamente fuera un amigo suyo y de David. En realidad me lo ponderó muy bien y que le agradaba que nos hubiéramos hecho tan amigos.

    Me sentía bien, a gusto con mi nueva vida, pleno de satisfacción aunque recordaba a Álvaro, sin desearlo siquiera y pretendiera apartarle de mi cabeza.

    El jueves me dispuse a iniciar mi primera clase en la escuela, conduje sin salirme de las calles que conocía sin problemas. Para llegar al aparcamiento trasero tenía que pasar primero por delante de la entrada principal, el recuerdo del coche de Eduardo esperándome con Damian consiguió que me estremeciera.

    Entré por la puerta trasera cargado con la guitarra, mis cuadernos, partituras y una mochila con la ropa de danza. Pasé veloz para no tener que saludar hasta llegar al primer piso, a la sala donde impartía sus clases Martina.

    Me recibió con una abrazo sin hacer mención a lo sucedido aquel día, y lo agradecí, quería olvidarlo como si no hubiera existido, aunque sabía que de momento no sería posible. La clase pasó con rapidez y me dijo que no había perdido mucha practica en los meses que lo dejé, tuve que aclararle que algunas veces cogía la guitarra allí donde estaba.

    En los vestuarios no había nadie y podía escuchar la música que me llegaba del salón de baile, me desnudé y me puse las mallas, los calentadores y una camiseta sin mangas. Mientras lo hacía miraba el lugar donde aquella tarde Ian mi forzó a tener sexo con él. Era un recuerdo penoso pero no estaba traumatizado por ello.

    En el salón había una docena de alumnos entre chicos y chicas, Guido se me acercó para darme instrucciones, me pidió que de momento solamente hiciera barra para calentarme. Me había dado cuenta de que conocía a algunos de los bailarines y también me percaté que Ian danzaba como si estuviera en un sueño hasta que se dio cuenta de mi presencia.

    Se quedó quieto unas milésimas de segundo, como suspendido en el aire, fue una visión muy rápida donde nuestros ojos se encontraron para al instante girar en un salto abierto y perdimos el contacto tan intenso. No se acercó a mi, solo me dirigió una sonrisa y continuo su labor pero notaba su mirada prendida en mi.

    Habían sido solo unos meses pero le notaba más maduro, más conciso y elegante en sus movimientos, con el pantalón recogido en la cintura y subido para no molestarle le marcaba los duros glúteos y el bulto de sus intimidades. Continuaba estando divino, con el pelo alborotado y la cinta conteniendo el sudor en la frente sujetándoselo.

    Aparté la mirada de él para observarlo con disimulo por el gran espejo a mi costado.

    Al terminar la clase salimos los chicos hacia nuestros vestuarios y entonces, andando por el pasillo, se me situó al lado.

    -Ángel, ¿conseguiré alguna vez que me perdones?

    -No tengo nada que perdonar, aquello está olvidado. -se quedó un momento indeciso y se adelantó un paso para girar la cabeza y mirarme.

    -Aquel día quería pedirte perdón, de verdad que no deseaba volver a repetirlo, estaba arrepentido Ángel, huiste por mi culpa y terminaste por caer en las garras de aquel tipo. -giré también la cabeza parar mirarle extrañado.

    -Ian, hubiera pasado lo mismo, unos minutos más tarde o en el momento que sucedió, ¿que importancia tiene eso?

    -No lo se, me siento responsable a pesar de todo, culpable de lo que pasó.

    -No fuiste el responsable, puedes estar tranquilo, no pienso que tu intervención provocara mi secuestro, eso ya estaba orquestado.

    -Entonces, ¿me perdonas? -su insistencia me parecía curiosa y me divertía verle tan preocupado por lo que yo pudiera pensar o sentir.

    -Si eso te tranquiliza, de acuerdo, estás perdonado. -su cara de chico malo se iluminó con una sonrisa, se quitó la tira para limpiarse el sudor de la cara y me ofreció su mano húmeda, se la estreche con cierta prevención.

    -¿Entonces amigos?

    -Vale, pero suéltame la mano. -se dio cuenta de que me la tenía cogida más tiempo del prudente y me la soltó a la vez que se reía.

    -No quiero volver a hacer que te enfades. -ya no hablamos más hasta llegar a las taquillas, nos quitamos la ropa y fuimos a las duchas. Los demás compañeros estaban bajo los chorros de agua y nos unimos a ellos.

    Había dejado la guitarra en la clase y subí a recogerla, al bajar Ian estaba en la salida trasera, me vio con tanto paquete que sujetó la puerta para que pasara.

    Me siguió hasta el coche y le entregué la guitarra para que me la sostuviera mientras abría el maletero.

    -Creo que para celebrar tu vuelta tengo que invitarte a un refresco o un café, ¿qué me dices?

    -No se Ian, tengo algo de prisa, mejor otro día. -había puesto cara lastimera.

    -Por favor Ángel, como muestra de que de verdad me has perdonado. -entonces hizo una cosa que me pareció ridícula, colocó una rodilla en el suelo y me imploraba uniendo las manos, Dejé salir al aire una risa divertida y alegre, Ian estaba tan cambiado y diferente.

    -Te prometo que no dejare que algo malo te pase cuando estés a mi lado, por favor di que sí, no te ocuparé toda la tarde. -algunos chicos y chicas nos miraban asombrados y me ruborice.

    -De acuerdo pero levántate ya, nos están mirando.

    -Tengo allí mi moto, llegaremos antes con ella y luego te devuelvo para que recojas el coche, ¿de acuerdo? -dudaba, Ian me estaba convenciendo con mucha facilidad y aún no tenía muy claras mis ideas.

    No podía pasarme la vida sintiendo miedos y amedrentado, debía enfrentarme a las contrariedades y luchar para sobrevivir, y aprender a defenderme.

    -¡Conforme! Vamos, pero que sea poco tiempo. -la sonrisa que me ofreció era gratificante.

    Llegamos al aparcamiento donde tenía su moto, debajo de una marquesina dedicada a cobijar bicicletas y motos, no era tan impresionante como la de Pablo, de tipo deportivo y con un solo asiento corrido para los dos pasajeros, Ian parecía orgulloso de ser su dueño. Sacó dos cascos y me ofreció uno.

    -Póntelo. -me había quedado con él en la mano sin saber que hacer y se dio cuenta de que no estaba acostumbrado, me ayudó a ponérmelo y quitármelo varias veces.

    -No es tan difícil, te acostumbrarás con el tiempo. -hablaba como si a partir de ese momento pensara llevarme a menudo de paseo, su fuerte y duro culo de bailarín se veía aumentado por la postura inclinada que tenía sobre la moto, no le llevé la contraria y pasé una pierna para montar una vez que inclinó la máquina.

    -Solo tienes que sujetarte fuerte a mi y pegarte todo lo que puedas. -hice lo que me pedía y me abracé a su cintura, sin pegarme demasiado a aquellas portentosas nalgas. No se quedó satisfecho y pasó la mano derecha detrás de mi culo para acercarme más.

    Escuchaba el silbido del viento en mis oídos, aumentado al pasar por las pequeñas aberturas del casco, sentía como se tensaba su duro abdomen bajo mis manos, y tuve que llevar mi pensamiento a otra parte para no excitarme al estar abrazado a su espléndido cuerpo, y con mi polla bien pegada a su trasero.

    Seguíamos una arteria principal de la ciudad y con su moto no tenía problemas con el denso tráfico de aquella hora, llegamos a la plaza donde se erguía el edificio más alto de la ciudad, una torre ovalada de cristal negro que se elevaba hasta el cielo, se detuvo en una calle lateral y se metió en un parking para estacionar la moto.

    -¿No hemos venido muy lejos Ian?

    -Han sido siete minutos, con tu choche aún estaríamos al principio del camino, no está lejos, aquí vengo con mis amigos, quería que lo conocieras.

    El local era un recinto alegre, amplio, y además con una escalera que conducía a un primer piso con un cartel de: “comedor y reservados”, con mesas distribuidas en distintas zonas y una barra en forma de “U”. Estaba bastante concurrido a esas horas, pero no lleno, había mesas libres y también espacios libres en la enorme barra.

    Llegamos ante una mesa donde estaban sentadas seis personas, cinco chicos y una mujer, al notar nuestra presencia se giraron los que teníamos de espaldas y me llevé un susto de muerte y también dos de ellos.

    Se trababa de Erico y Alberto, se pusieron rápidamente de pié y Erico, el más cercano, abrió los brazos para acogerme en ellos sin perder la cara de sorpresa que le había quedado, luego Alberto que no estaba menos sorprendido.

    -¿Ya hemos llegado al viernes? -en referencia a que habíamos quedado para vernos al día siguiente.

    Tuvimos que explicarnos la situación unos a otros. Alberto trabajaba en el alto edificio de al lado, en una empresa de asesoramientos o algo así, había quedado con Erico para hablar, no dijo de qué, y todas las tardes más o menos se reunían en aquel lugar un grupo de amigos, allí comía él los días laborales, los otros tres hombre y la mujer eran compañeros suyos.

    Ian tenía su casa en la misma calle donde vivía la familia de Erico y Oriol, de una manera u otra los tres se conocían y nosotros dijimos de donde venía nuestra relación, de la escuela de música y artes escénicas. Cuando el emocionante momento pasó pidieron nuestras bebidas, unos simples refrescos para evitar marearnos, Alberto me ofreció asiento a su lado.

    -A Ángel lo he traído yo. -le dijo Ian entre bromas y te lo dejo pero no abuses. -todos rieron pero yo presentía que no era totalmente de su gusto que me sentara al lado de Alberto.

    Después de preguntarme sobre como me encontraba me hablo de su trabajo, La sociedad donde trabajaba asesoraba sobre variados ámbitos, desde inversiones financieras hasta la elección del personal para empresas, don Manuel, Eduardo y el doctor Salvatierra eran de los más importantes accionistas, y realmente con los problemas laborales del momento, David lo había dado su apoyo para comenzar a trabajar allí, y no estaba descontento, ni con su salario ni con sus funciones.

    Cuando nos despedimos para volver a recoger mi coche Alberto confirmó que seguíamos manteniendo nuestro encuentro del día siguiente, y como Ian escuchaba preguntó el motivo de que no fuera allí mismo.

    Mi grupo de amigos y afines lentamente aumentaba, de alguna forma y desde ahora, Ian tendría una frecuente presencia en mi vida lo mismo que Alberto o Erico, pero no quería enredarme con ellos sentimentalmente, los quería tener como amigos, sim problemas emocionales.

    En la cena de esa noche le pedí a Eduardo un favor que me estaba rondando la cabeza desde hacía muchos días.

    -Aquel policía que me rescató, creo que se llamaba Gutiérrez, y la mujer su ayudante, me gustaría darles las gracias por rescatarme, si es posible me gustaría hacerlo, expusieron sus vidas por mi. -Eduardo dejó el tenedor y me miró mientras sorbía su agua.

    -Me parece magnífico y muy apropiado, además yo mismo lo quiero hacer y entregarles un cheque para su organización de huérfanos del cuerpo, lo gestionaré no te preocupes. -me hubiera gustado agradecerle su disposición a cumplir todos mis deseos, y creo que lo supo ver en mi sonrisa y la humedad de mis ojos.

    Al único al quien no podía demostrarle mi gratitud inmensa era a Goio, aquel muchacho cojo que se interpuso y recibió el disparo que me hubiera quitado la vida. Donde fuera que estuviera leería en mi corazón mi inmenso y nunca suficiente agradecimiento.

    Esa noche en particular necesita más que nunca la compañía de alguien que me abrazara, no pensaba precisamente en Dulce, esperé sin dormir hasta una hora prudente donde Pablo hubiera terminado sus trabajos y entré en su habitación. Aún continuaba perdiendo la vista en la pantalla del ordenado y en el montón de libros y papeles de su mesa.

    -¿Puedo esperarte a que termines? -apartó un momento la mirada de su trabajo para fijarla en mi.

    -Termino enseguida y me doy una ducha rápida. -pasé por su lado con la tentación de abrazarle, pero solamente me encaminé a su cama y me tendí sobre ella.

    Cuando recogió los papeles y se encaminó al baño le seguí, se desnudó y las ganas de ser seducido y entrar tras los cristales con él me asaltaban lujuriosos, miraba su silueta espléndida tras los cristales empañados por el vapor y otra vez sentía mi pene despertar ante el deseo de su verga, salí del baño y decidí esperarle en la cama.

    -He visto a Alberto esta tarde. -le puse al día de como mi compañero de baile me había llevado hasta el bar donde nos encontramos, y de todo lo que me pareció prudente que supiera, y a la vez le acariciaba el vello del pecho.

    Me monté sobre su abdomen y me quité la chaqueta, él no llevaba otra cosa que el pantaloncito de dormir, me incliné y besé sus duras tetillas.

    -Te lo has pasado bien y consiguiendo amistades, ¿estás contento de haber vuelto?

    -Lo estoy de estar a tu lado y tenerte, mi Pablo, amor mío. -nuestros labios se encendían los unos sobre los otros saboreándose y lamiéndose.

    -Te necesito Pablo, hazme tuyo amor. -llevé la mano a mi retaguardía, el bulto descomunal de la polla rompía la suave seda.

    -La quiero toda para mi Pablo, dámela.

    Seguirá…

  • Memorias inolvidables: Primera parte

    Memorias inolvidables: Primera parte

    Ismael Sampedro Fernández.

    En las páginas que siguen a esta entrada explico lo que me va aconteciendo —solo los aspectos eróticos y divertidos de mi vida, ya que es el objetivo—, porque una existencia de 27 años no da para tantas proezas, pero sí para divertirme y divertir. Este es el objetivo de estas páginas.

    Me llamo Ismael Sampedro Fernández, tal como reza en mi DNI. Tengo 27 años cuando estoy escribiendo estas líneas. Llevo independizado de mi familia casi tres años. Independizado no significa que no me hablo con mis familiares, sino que yo mismo gobierno mi vida. A los 18 años ingresé en la Facultad de Medicina y a los 24 tenía el grado de médico. No sé por qué estudié medicina, pues ahora soy granjero ecológico, pero eso no tiene mayor importancia, pues siempre pensé que estudiaría lo que quisiera alguien de mi casa, pero luego haría lo que me gustara para vivir y ser útil a la sociedad.

    En esta entrada a la primera parte de este libro quiero que se me conozca por dentro, por dentro de mis pensamientos, por dentro de mis deseos y por dentro de mis apetitos, gustos y placeres.

    Antes que nada hablaré de mi cuerpo que es lo primero que se manifiesta. Como me miro con frecuencia a un gran espejo que tengo en una pared de mi spa particular, del cual ya hablaré en su momento, creo que sé dónde tengo cada peca, cada rasguño, el topetazo de mi cabra, la muy puta me manifiesta su cariño a topetazos y en una ocasión, me metió su cuernecillo en mi nalga, suerte que son pequeños sus cuernos.

    No tengo una altura exorbitante, ni mi cuerpo lo considero para ser Míster Gay, pero estoy contento con él. Mi estatura es 174,8 cm., y mi peso es de extrema delgadez, en la actualidad peso 57,4 Kg., y debiera estar por encima de los 60, por lo menos. Pero entre los 21-24 años, pesaba casi 68 Kg., digo casi porque los gramos me oscilaban desde el 68,1 al 69,1Kg., oscilaba mucho si se trataba de época de exámenes, muy sedentaria y de mucho comer, a épocas de verano en que el deporte era más importante que comer, con esas ideas que manifestaban algunos colegas respecto a la necesidad del ejercicio. Ahora hago mucho ejercicio y menos deporte, camino, monto a caballo, labro la tierra, la entrecavo, siego la mies o la alfalfa para mis animalitos y no paro en todo el día. Las tareas de granja son bonitas pero cansadas, yo duermo como un lirón. Pero con este peso 57,4 me encuentro bien, no me importa llegar a los 60, pero no lo procuro, solo procuro no bajar más el peso.

    Sé que si me miran la espalda soy como una pared de pirámide invertida. Cuando me pongo las cuerdas a la cintura para amarrar a los caballos de labranza parece que mi torso está metido dentro de una columna. Mi cintura es muy estrecha y mis brazos fuertes, mis pectorales marcados por el trabajo, por tanto no tienen la uniformidad monstruosa de un gimnasio sino la natural. Lo mismo ocurre con mi abdomen, es plano, muy plano, sin grasa, pero no es una exagerada tableta de chocolate.

    Mis nalgas son como dos globos pronunciados con un pequeño hueco a los laterales. Debieran ser redondos, porque el trabajo del campo y la granja lo propician, pero entre dormir encima de duro, montar a caballo y subir a los árboles, quizá otras causas también, se me han formado los dos huecos que tanto admiran algunos cuando me ven pro primera vez. Mi pene es grande, hasta ahora lo he usado poco, solo para mear y masturbarme, pero es lo que tengo. Me cuelga por delante paralelamente a mi escroto. Ambos están a nivel. Mi pene de 21 cm, solo cuelga 18 porque tres los consume la curva que forma desde la base hasta la inclinación. Mi escroto es grande, los testículos no tienen nada de especial, solo que cuelgan mucho, se quedan al nivel de mi glande y se marcan como dándole al conjunto la figura de una gran nariz, la nariz sería el pene y los lóbulos laterales ambos testículos.

    Espectaculares son mis piernas, los muslos son grandes y fuertes y lo demás normal. Mis pies calzarían un 42 innecesario ahora porque siempre voy descalzo y la planta de los pies han formado una zona dura que me permite hacer cualquier camino sin calzado.

    Los brazos ejercitan mucha fuerza, troncos, cavar con azada, limpieza de corrales y de los mismos animales porque quiero que se sientan a gusto conmigo y yo con ellos. Mis manos están callosas y grandes y podría defenderme con ellas de cualquier ataque. No quisiera verme nunca en un trance de estos, porque cuando una persona levanta a diario pesos de 60 kilos o más, o los arrastra o se los carga a la espalda, una bofetada es imprevisible el daño que puede hacer.

    Soy pacífico, amante de la naturaleza y del orden. No suelo enfadarme públicamente, mis enfados me los paso en silencio y generalmente son enfados conmigo mismo. A veces me rebelo contra mí mismo y me enfado si un trabajo no me ha salido bien, si un animalito se me muere y no he podido salvarle la vida, siempre me doy la culpa a mí mismo. Me gusta el orden, no por capricho, sino porque una vida para ser feliz ha de seguir una norma común y esta es la razón por la que me aburre vivir con los seres humanos, porque siempre están alterando el orden y los efectos son negativos en todos los aspectos por donde se mire. Mis animales son ordenados, saben que van a tener su comida a su hora, su aseo a su hora, sus caricias mías a su hora y van a escuchar mi voz cuando deben escucharla. Solo son desordenados cuando a deshora para ellos tengo necesidad de ir a donde están, me manifiestan su cariño y tengo que acariciarlos y devolverlos a donde corresponda.

    Hablando de los animales y antes de pasar a mi amor hacia la naturaleza, tengo que advertir que no mantengo relaciones sexuales con los animales, me parece una aberración hacerlo, porque son nuestros amigos en todo el orden natural de las cosas, pero no son la compañía adecuada. Tener relaciones sexuales con un animal me parece una aberración fatal, ellos que actúan porque tienen en su naturaleza impresa un modo de hacer las cosas, son intelectualmente inferiores a nosotros. Tener sexo con un animal es inferirse en un desorden con su propia naturaleza y se podría considerar una violación contra el respeto que nos merecen, sería como someterlos. Ni para el trabajo los someto, sino que les enseño. En estos tres años que he pasado muy solitario, he tenido que usar frecuentemente la masturbación para desahogarme algunas veces y para obtener placer la mayor parte de ellas.

    La naturaleza y yo no somos enemigos. En primer lugar porque yo soy naturaleza, formo parte de la naturaleza y soy consciente de eso. Las estrellas que veo en la noche, la luna y el sol, la tierra que hay debajo de mis pies, los árboles de mi entorno, el agua, los animales todos, los domésticos y los totalmente libres son mis amigos, me entiendo con todo, los respeto, los venero y los cuido. Mi amor a la naturaleza me ha hecho naturista, por eso voy siempre desnudo, de día y de noche, desnudo como, desnudo trabajo, desnudo me presento ante el cosmos. Toda la naturaleza se me presenta desnuda. Mis animales no me piden camisas ni pantalones, las estrellas brillan porque no se cubren, el agua fluye y nada le gusta menos que embotellarse, pero nos riega y penetra en todos los agujeros por donde pasa y produce su sazón. Beber directamente del agua que fluye, entrar en la poza donde se encuentra el agua que fluye y dejar que todo el cuerpo beba por sus poros y por su boca es como confundirse con la misma agua y dejarse amar por ella. Si me pusiera un pantalón para arreglar a mis animales y ellos pudieran expresar sus burlas lo harían. Pienso que desnudo me ven como ellos, como su líder, como el mayor y yo procuro encariñarlos con todo el respeto que se merecen los que me acompañan en mi vida y me dan de comer. Ellos piensan que yo les doy de comer y yo sé que ellos me alimentan, a veces con su propia vida.

    No soy vegano, mi dieta es combinada, cocino lo justo, lo que no es fácil de masticar. Como maíz tierno, patatas asadas, carne de ave casi siempre muy poco asada, lo necesario para masticarla bien y muchas semillas que junto a los tubérculos me sirven como el pan diario. Hay semillas como las lentejas que me exigen cocinarlas. Algunas veces como brotes de alfalfa. Nunca pensé que llegaría a comer alfalfa, pero mi caballo, al que yo monto y que más adelante hablaré de él, un día, mientras comía alfalfa, se puso a jugar conmigo, en nuestro juego, me puso un manojo de alfalfa en la boca y por apreciar su cariño, comí algo, me gustó y desde entonces escojo algunos brotes. Probé la paja, pero no es fácil pasarla de la boca al esófago —no se mastica bien y es peligrosa—, y tuve que desistir, ni seca ni remojada, no está nuestra boca preparada para el tallo de las gramíneas en general. Pero hay muchas plantas rastreras que soy muy nutritivas.

    Soy gay, he vivido tres años como un pre-adolescente gay, sin relaciones sexuales con un compañero, de ahí que he usado mucho de la masturbación, porque el sexo me apetece. En estos tres años, han venido por mi granja algunos que se han perdido en el monte o curioseando. Pocas veces he tenido suerte, porque cuando me han visto desnudo han escapado casi todos. Recuerdo a dos que vinieron hasta donde yo estaba, entraron en mi cabaña, es lo que parece por fuera pero dentro la tengo muy bien puesta. Se han extrañado mucho de mi modo de vivir.

    Recuerdo a estos dos porque son dos chicos homosexuales. El primero fue un muchacho muy joven, de unos 20 años, se había perdido, estaba desorientado, no sabía cómo bajar al pueblo que está bastante lejos. Me encontraba arando para desbrozar la tierra y luego sembrar el maíz. Yo no uso motores, sino reja de arado tirado por caballo y guiada por mí.

    Lo vi cómo se acercaba, pero no deprisa, sino con cierto recelo, quizá pensando que debía darme tiempo para vestirme. Proseguí con mi labor hasta dejar que se acercara al borde del campo. Cuando llegué donde él se encontraba, frené el tiro, paré la labranza y llamé al muchacho para preguntar qué deseaba:

    — Creo que me he perdido y no puedo volver a casa.

    — Tú eres de la ciudad.

    — Sí —me miraba sorprendido y deseoso—, he venido con unos amigos que me han dejado por una broma y estoy todo el día dando vueltas, tampoco sé si habrán venido por mí porque he deambulado y tampoco sé dónde estaba.

    Lo vi medio desesperado y me dijo si tenía un móvil porque el suyo se ha acabado la batería.

    — Como es tarde, déjame que desenganche el caballo del arado y vamos a mi casa.

    Desenganché el caballo, y apenas suelto se acercó al muchacho y se le arrimaba, el muchacho sonreía pero no se atrevía a tocarlo, le dije:

    — Acarícialo y te dejará tranquilo, necesita tus mimos para saber que no me vas a hacer daño.

    En efecto cuando le acarició, el caballo se puso a caminar a su lado, le indiqué al muchacho que le pasara su brazo por el cuello para que el caballo fuera a su paso. Y me miraba sonriendo. El caballo se fue directamente a su cuadra y me miraba, pidiendo que lo cepillara, le dije que luego iría. El caballo relinchó para mostrar su conformidad.

    El muchacho se quedó sorprendido:

    — ¿Es que entiende?

    — Él no entiende palabras, sino gestos, extensión de mis sonidos y te he señalado a ti, entonces ha entendido que ha de esperar.

    — ¿Os entendéis, pues?

    — Sí, porque siempre tenemos el mismo comportamiento, jugamos, pero no hacemos bromas, ellos no entienden de bromas…, —estaba diciendo yo y me interrumpió:

    — Yo tampoco entiendo de bromas, solo sirven para humillar, burlarse y hacer quedar mal…, —dijo el muchacho.

    Entramos en mi cabaña y me dijo:

    — Disculpa, no me he presentado, me llamo Carlos, y estoy muy preocupado y sorprendido.

    — Preocupado lo entiendo, soy Ismael —le dije mientras le pasaba mi móvil—, dame tu móvil y lo cargaré; lo que no entiendo es que estés sorprendido de qué y por qué…

    — Sorprendido por encontrar un hombre solo aquí arriba, desnudo y con unos animales que saben lo que han de hacer, además estás sin perro…, puede ser peligroso…, —decía el muchacho.

    — Date la vuelta, —le dije.

    Se dio la vuelta dio un salto hacia mí y se me abrazo. Silbé y los perros que estaban detrás de él no se movieron.

    — Son Black y Kittos; Black manda de la cabaña, Kittos de los animales, los otros seis están al cuidado del campo, pero todos obedecen a Black y él a mí. Tú los has escuchado, pero no sabías que era aquí, ellos esperan una orden mía para actuar, pero te vi de lejos y ya me imaginé que te habías perdido, pero ellos, silenciosos, no te han perdido de vista, —le dije mientras estábamos abrazados.

    — Disculpa, que me haya abrazado, disculpa que aún no te has vestido…, —dijo como compungido.

    — No me voy a vestir, solo voy a lavarme; anda habla mientras tanto con los de tu casa o con quien quieras, yo te conecto tu móvil para cargarlo y por la hora que es, diles que mañana podrás llegar, si quieres pasar la noche aquí…, —le dije como invitación.

    Consiguió conectar con su casa y les dijo que estaba con un amigo y que ya llegaría, que estaba bien y todo eso que se dice en ocasiones como esas. Cuando acabó se acercó a donde estaba yo bañándome para devolverme el móvil y preguntarme:

    — ¿Yo también me puedo duchar?

    — Claro que sí, yo ya he acabado, deja el móvil en la mesa, quítate la ropa y báñate.

    Salió desnudo donde estaba la ducha. Guapo no se puede decir que era, aunque agraciado sí, no es feo y cuando sonríe es muy agradable, pero es un chico bien puesto, buena planta y excelente polla, no como la mía ni falta que hace, pero ya estaba algo más suelto, aunque receloso porque Black estaba siempre a su lado. Se cubría sus genitales con las manos. Yo me estaba secando al sol mientras él se duchaba, el agua iba a un jardín que está al lado de la cabaña donde tengo diversidad de flores. Cuando acabó de ducharse, se vino igualmente al sol para secarse como yo. Conversamos:

    — No parece que tengas novia…, —le dije.

    — No; yo soy gay, pero tampoco tengo novio ya, porque me dejó, y ¿tú? Supongo que aquí arriba solo tampoco…

    — No; en efecto, tampoco tengo novia ni novio…, aunque también soy gay.

    Se me quedó mirando y como si se le hubiera abierto el cielo con lluvia de flores, me abrazó y nuestras dos pollas se tocaron y el muchacho tuvo una erección casi al instante y total. Se quedó como preocupado y azorado. Entonces le dije:

    — No te preocupes ahora, deja, ya bajará, eso nos pasa a todos. Si a la noche… no lo resistes, ya dices qué te apetece…

    — Soy pasivo, —dijo rápidamente.

    — No te apresures, ¿tú que sabes? Los gays no somos activos ni pasivos en la cama, sino en la casa. Hay quien es más ordenado, le gusta la decoración, es más cocinero, le encanta lavar o poner la ropa en la lavadora, pero en la cama somos más versátiles que activos o pasivos. Me acabas de decir que eres pasivo, pero ¿alguna vez has follado con otro al que hayas penetrado?

    — No; las veces que lo he hecho siempre me han golpeado el culo, pero lo he disfrutado.

    — Por mi parte, hoy tenemos tiempo para hacerlo todo los dos, si quieres; porque, mira, aquí no hay televisor, así que tiempo tenemos.

    — Mañana, ¿me tengo que ir? ¿es necesario?

    — Por mí puedes quedarte el tiempo que quieras, algo de compañía nos haremos y mañana me ayudas. Yo despertaré temprano, luego te despierto para el desayuno y a continuación te puedo enseñar a sembrar maíz.

    — Qué interesante.

    Cenamos y después nos pusimos los dos a arreglar los animales, Carlos acariciaba a todos, yo le iba señalando qué dar a qué animales y se entretuvo con los caracoles, me dijo que le parecen muy grandes y si yo los comía, le dije que los alimento y ellos me alimentan. Como vi que se iba a quedar dos o tres días, separé unos cuantos para que hicieran la dieta y poderlos cocinar. Luego nos tocaba descansar y nos fuimos los dos a la única cama que había, la mía. Nos acostamos con la idea de hacer el amor entre nosotros.

    Cuando dos se juntan por primera vez ocurre lo que a nosotros, comenzamos a conocernos por las palmas de la mano, tocando cada parte de nuestros cuerpo, hasta que nos íbamos calentando y surgieron sin pensarlo los besos, nos besamos y tengo que reconocer que Carlos besa bien, muy bien. En un momento Carlos me pidió que lo poseyera.

    — Ismael, por favor, hazme tuyo aunque sea esta noche, invádeme, necesito que lo hagas para acabar el día mejor que lo he comenzado.

    — Pongámonos en 69, para que yo pueda prepararte el culo, no quiero que te haga más daño del necesario para tener placer.

    — ¿Puedo mamártela?, —preguntó.

    — Si vamos a tener sexo entre nosotros, a mí no me preguntes, ingéniate cómo me vas a producir el mayor placer y hazlo que yo voy a hacer eso; luego veremos que sale.

    Tengo que reconocer que la mamaba muy bien. Parecía que había aprendido a hacerlo en base a que su rol tenía que ser pasivo y yo estaba dispuesto a cambiarle el asunto. Pero me puso a cien, mientras le comía el culo. El de ven en cuando dejaba de mar para gemir y pensé que estaba ya a punto. Me di media vuelta y de cara a él inicié la penetración sin forzarla, solo poniendo mi polla dura en la punto y situándola para entrar, sus esfínteres se encargaron de irla tragando y gritaba como un loco de felicidad conforme iba entrando mi polla en su culo. Llegué dentro y me paré. me acomodé para hacerlo feliz y comencé el viajen para entrar y salir. Jamás he oído a alguien gritar como in loco de placer.

    Descansé un momento y me pregunta:

    — Molesto si grito, es que estoy disfrutando…

    — Aquí solo escuchan los animales de la granja y están felices de lo que hacemos, —le contesté.

    Continuamos y él seguía desahogándose de placer. Hasta que grité fuertemente y eyaculé. Mi caballo de montar relinchó al escuchar mi voz potente. Y acabamos esta primera sesión con un orgasmo potente de Carlos tras el cual quedamos abrazados y felices. Aunque Carlos quería seguir de inmediato, le propuse que conversáramos algo para ver de convencerle que también contraría gran placer en penetrar al compañero. Aceptó y conseguí que quedara satisfecho. Pasamos la noche durmiendo abrazados. Fueron tres días en los que, ya con otro animo, hicimos en las noches el amor.

    El día de irse estaba apenado y le costó tenerse que vestir. Decidí acompañarle y me puse un short para acompañarle hasta la entrada del pueblo y no volviera a perderse. Se me abrazó y dijo susurrando a mi oído:

    — ¿Puedo volver y aprendo contigo otras cosas?

    — Puedes volver cuando quieras.

    Lo hizo algunas veces pro pasando noviembre no pudo aguantar los fríos, ni siquiera abrigándole con lana de las ovejas. Fue el momento en que le perdí de vista y nunca más ha regresado. Tampoco tiene la culpa él, pues yo nunca fui a verlo, porque no era mi intención establecer una relación un un chico que se ha perdido y necesita para todo a su familia. No me produjo ningún problemas sentimental.

    El otro es un hombre que cuando se me presentó me dijo que se llamaba Leandro y que tenía 40 años; bueno primero me dijo 30 y como yo me extrañé porque aparentaba casi los 50, le dije:

    — ¿Treinta?, ¿de verdad?

    — Te estoy diciendo cuarenta, —respondió.

    Pienso que estaba más cerca de los 50 que de los 40, pero lo dejé ahí. Este no se había perdido, sino que no había previsto —entiendo que no tenía capacidad para prever— que iba a llover. El tío se subió al pico más alto y se puso a llover estando en lo alto. Ya sea porque divisó mi cabaña y el complejo de granja, ya sea porque se vino directamente y se topó. Llegó a la casa totalmente mojado. Los perros ladraron sin parar hasta que salí y me acerqué a él. Vi cómo dudaba diciendo las cosas y descubrí que estaba ligeramente perturbado. Así que lo recibí bien para que no se pusiera histérico, porque mis perros me defienden a muerte. Pero no era de fiar del todo. De hecho Black no se movió en todo el tiempo de nuestro lado y custodió nuestro sueño por si intentaba algo. Tampoco lo veía para eso.

    El asunto es que llegó tan mojado que le hice entrar en mi cabaña, porque dentro se está caliente y le hice desnudarse de toda la ropa, porque estaba empapada y la puse a secar junto a la chimenea. Se quedó desnudo, claro, no hacía frío. Pero también había visto que cuando entré a la casa me quité los pellejos de abrigo que tuve que ponerme para salir a atenderlo. Lo primero que me dijo cuando ya estaba desnudo fue lo siguiente:

    — Yo soy homosensual.

    — Querrás decir homosexual, —le corregí.

    — Eso, eso, yo no entiendo mucho de eso, pero me pillo a mi gata.

    — Trata bien a los animales, un homosexual no se pilla a una gata ni a ningún animal, sino a uno de su propio género, si es hombre un hombre, ya está.

    No conversamos mucho más sobre el asunto, ni yo me declaré gay tampoco, no me gustó el tío, pero tenía buena polla y presumí que su culo no estaría mal. Llegó la hora de acostarnos y le ofrecí acostarse a mi lado. Al poco tiempo ya estaba hurgando en mi culo y queriendo meter verga. Le dije, yo primero, si te gusta seguimos, caso contrario a dormir. Así que me lo follé y al poco rato se durmió, lo que era lógico después del día que había pasado bajo el agua de lluvia en la montaña. Al despertar en la mañana le ofrecí desayuno y le indiqué para llegar al pueblo. Luego le recomendé que no volviera nunca solo a la montaña porque hay peligros difíciles de esquivar. El lugar es tranquilo, y no hay tantos peligros, pero para una persona que no se puede defender adecuadamente era lo más conveniente. Si yo no estoy en mi granja y llega, los perros lo hubieran devorado. Tampoco lo vi nunca más, ni sé si era del pueblo ni pregunté por él para no meterme en problemas.

    Pasaron más por la granja por casualidad, la mayor parte de ellos pasaron de largo porque los perros les ladraron. Alguno que tenía necesidad por una herida o picadura pedía auxilio y yo, sin decirles mis estudios de medicina, les auxiliaba y los mandaba al médico apenas llegar. Alguno ha regresado a pagarme el favor con algún obsequio. Para mi vida en la granja los obsequios son más una molestia, pero hay que aceptar las cosas por educación, aun estando en un medio salvaje o natural.

    Había empezado mi granja para alimentarme y tener compañía, en la actualidad estoy vendiendo mis productos, trigo, maíz, cebada y animales para carne. Lo que me pagan muy bien son mis caracoles, porque los alimento muy bien y están muy sabrosos.

    Acabaré explicando cómo es mi choza. La he construido yo y la he ido mejorando. Cuando llegó el invierno del primer año, tuve que hacerme una chimenea y cubrir las cañas con barro y yeso para que no hubiera agujeros. Durante el verano la choza permanece abierta por detrás y delante para que correa aire y se refigere, para el tiempo de invierno lo cierro todo herméticamente para que dentro de casa no haga tanto frío y con la lumbre encendida continuamente paso muy bien los inviernos. Cuando salgo me cubro con pellejos de animales y com plumas de ave que yo mismo me coso. Pero para trabajar, aunque haga frío es mejor la desnudez. Luego una ducha y adentro junto a la lumbre. Allí, al lado del fuego, pienso, maquino, y proyecto la granja que deseo tener en el futuro, sin maquinarias, sin nada artificial. También me dedico a escribir mi diario, relatos y novelas. No me falta el tiempo porque en cierto modo ya lo domino; tampoco me sobra porque lo tengo todo cronometrado; mis animales no pueden funcionar a mi capricho sino con el orden que exige su propia naturaleza. Esto es lo que más me complace, poder acomodarme al conjunto de la naturaleza.