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  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (58/59)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (58/59)

    Ana estaba tumbada mirando al sol pero con unas gafas oscuras que le tapaban media cara, no entendía como podía decir que estaba enferma una mujer con aspecto tan sano y saludable.

    Nos quedamos a unos pasos de ella, parecía dormida, sabía que no lo estaba, era uno de sus trucos, como el de las gafas, para despistar y mirar sin que la vieran.

    -No soy una extraña, ¿no vais a dar un beso a vuestra tía?

    -Creíamos que estabas dormida. -Erico fue el primero que se inclino, sin que ella moviera un músculo, para darle un suave beso en los labios y le llegó el turno a su hermano, los dos con sumo cuidado de no llevarse la crema que Ana tenía en los labios.

    -Y tu que ya has vuelto a casa, puedes dar un beso a quien te hace de mamá. -me sorprendió lo que dijo aunque a veces había sido verdad, solamente rocé mis labios en su mejilla.

    -Ahora podéis daros un baño y dejarme que tome mi tiempo de sol, luego hablaremos. -era una despedida y obedecimos saltando inmediatamente al agua, jugamos haciendo carreras que siempre ganaba Erico, a luchas entre nosotros con el resultado sabido de que Rubén y yo seriamos los perdedores, y al final Ruben localizó una pelota grande de goma en el pabellón de verano con la que jugamos un rato entre risas, mucho ruido y salpicaduras de agua.

    Dejamos de hacer de niños cuando vimos que Ana se había levantado y venía hacia la piscina, tenía una figura sensacional, con el pelo recogido por un gorro de silicona blanco. Se lanzó elegantemente al agua y se zambulló en el brillante azul, emergiendo más allá de la mitad de la enorme piscina, los demás empezamos a nadar pretendiendo alcanzarla.

    Hizo el viaje de ida y vuelta sin que la atrapáramos, y cuando tocó con el pie en el suelo nos miró soltando una angelical y sonora risa, era una de las poquísimas veces que la había visto reír con ganas. Ella fue alguna vez joven, y alocada sin duda, y ese era un recuerdo muy grato que nos mostraba.

    Subió las escaleras y allí se quitó el gorro, dejó que la hermosa cabellera cayera sobre los hombros.

    -Tes hombres como robles y se dejan ganar por una mujer…, y ya casi anciana. -ahora nos reíamos nosotros y le salpicábamos agua, ella escapó corriendo fuera de nuestro alcance.

    -Chicos, la limonada nos espera.- vimos a la pequeña camarera con su madil blanco y azul cielo sobre el uniforma verde claro. Sirvió limonada en tres vasos.

    -Alicia, dígale a Carmen que prepare los regalos de mis sobrinos y de Ángel. -la chiquilla asintió y se dirigió a la casa

    Cada uno tomo su vaso y bebimos en silencio.

    -Os he traído algunos regalos, alguien me ha dicho que habéis sido buenos chicos. -se nos quedó mirando con los ojos risueños pero sin mover un músculo de la cara.

    -Y hemos aprobado todo tía. -Ana no le hizo caso y no le contestó.

    -Os quedaréis a comer, ya he hablado con mi hermana, cosa que no habéis hecho vosotros, ¿no aparecéis por vuestra casa en toda la noche y no avisáis a vuestra madre?

    -Estábamos en tu casa tía.

    -Eso no os da derecho para no tener el detalle de avisar a vuestros padres, y ahora vamos a cambiarnos para comer.

    Al entrar en la sala de recepción habían dispuesto tres montones de paquetes envueltos en papel brillante de alegres colores. Ana Maria los miró un momento.

    -Estos son para Rubén, esos los de Erico y aquellos los de Ángel. -fácilmente se podía ver que yo tenía más paquetes que ellos, me sentí apurado y confuso, Ana rápidamente cayó en la cuenta y me saco de la abstracción en que me había quedado.

    -No te preocupes Ángel ellos tiene a su madre para se ocupe, y yo hago las veces de ella para ti cuando puedo. -consiguió que me emocionara y me molestara conmigo mismo por lo mal que la miraba al principio de conocernos.

    Rubén tomó uno de los paquetes para abrirlo pero Ana le interrumpió.

    -Ya los mirareis en casa, ahora podéis llevarlos al coche y prepararos para la comida.

    Les ayudé a transportar los regalos hasta el coche, de pie ante él esperaba Justino el chófer.

    -A la señora no le agrada que se dejen los coche ante la escalera, por favor la próxima vez puede evitar que me llamen la atención. -como se dirigía a Erico, éste le respondió.

    -Llegamos tarde a la noche y no se me ocurrió, le diré a mi tía que fue mi culpa, siento haberle causado una molestia

    Teníamos que vestirnos y ahora si que tenían, a la fuerza, que buscar una ropa que les sirviera, y resulto relativamente fácil, la ropa de Pablo le estaba algo grande a Erico pero le valía, y Ruben no tuvo mayor problema en ponerse lo que le gustó de mi armario.

    -Erico, la culpa de lo que ha pasado con el coche ha sido mía, tuve que decirte que dejaras las llaves puestas, con eso es suficiente, Justino se encarga de moverlos cuando los ve ante la entrada, pero no hace falta que digas algo a tu tía.

    La comida, además de muy buena estuvo entretenida, Ana estaba hoy de inmejorable humor, y después de comer los hermanos se marcharon, seguramente impacientes por mirar los regalos que llevaban. Antes me dijeron que me llamarían para no dejarle la exclusividad a Ian.

    Ana se retiraba a descansar una siesta, a la noche tenía pensado salir.

    -Luego tenemos que hablar. -me miraba somnolienta y no me quedaba otra opción que jugar en la piscina solo, o tomar el sol, y decidí que mejor sería abrir los paquetes de Ana.

    Como ya había imaginado, casi todos los paquetes contenían ropa, pantalones de verano, camisas, polos, ropa interior, zapatos y deportivos y me llamó a atención un nuevo tipo de calzoncillo, tenía una cintura elástica de puntillas y la pequeña tela era muy fina y también elástica, me desnudé y me probé uno floreado.

    Al principio me pareció algo ridículo pero luego al andar con él me daba cuenta de lo cómodo que era, como una segunda piel, además de resultar muy erótico, tanto que se me endureció la pija mirándome en el espejo.

    Justo en ese momento me llamó Ian.

    -Siento haberte fallado anoche.

    -No tienes que preocuparte, Erico y Ruben me trajeron a casa sin problemas. -me estaba siluetando delante del espejo y se me ocurrió hacerme unas fotografías y enviárselas.

    -Vas a recibir una fotos mías que te gustarán, me los han regalado hace un momento.

    Al instante las recibió.

    -Wauuu, estás para comerte crudito, ¿y quién te regalado las braguitas si puede saberse? -decidí gastarle una broma.

    -Un viejo verde que quiere que le entregue las nalgas. -escuché un terrible juramente de Ian.

    -Si lo conozco no le van a quedar ganas de volver a hacerlo. -y parece que lo decía muy en serio.

    -No te pongas así Ian, era una broma, no hay tal viejo verde.

    -Ahora recibirás una foto mía.

    También la recibí al instante, era una foto de su perfil desnudo, y con la verga dura como roca.

    -Así me has puesto al mirarte, si me lo permites me presento en tu casa en un momento y ya sabes para qué. -dejé salir la risa, me sentía tan feliz y halagado, volví la vista al espejo y pensé que no estaba nada mal si a los machos les gustaba.

    -Tengo asuntos de familia que tratar Ian, esta noche no puedo salir, al menos no se cuanto tiempo nos llevaran los temas.

    -Te llamaré mañana, espero que estés libre.

    -¿Ian?…

    -Para salir como amigos, no deseo que me quieras solamente para follar.

    -Como amigos? De acuerdo.

    Nos despedimos y continue con mi exploración, había media docena de las referidas braguitas y me las fui probando todas, luego me aburrí y me puse el bañador para salir a la piscina, suponía que Ana se levantaría en poco tiempo.

    Cuando salí al sol éste ya declinaba y algunos árboles proyectaban su alargada sombra en ciertos espacios del verde, escogí un lugar entre sol y sombra y me tumbe en la hierba sobre una toalla mirando al despejado cielo.

    Había terminado mi primer año de carrera, una meta que no creía poder nunca alcanzar, y ahora lo veía todo más fácil, quería tener estudios, cultura, ser independiente y poderme ganar la vida aunque no lo necesitara, pero si era así, no deseaba volver a tener que comer pasando de mano en mano de los machos, si lo hacía que fuera por mi voluntad, porque me apetecía, o porque encontraba machos hermosos aunque para mi todos los hombres tenían algo que los hacía apetecibles, pero nunca más por dinero.

    Sin darme cuenta se me venían las escenas que, entre sueños, presencié la noche pasada, la forma tan hermosa en que Erico le hacía el amor a su hermano Rubén, su espléndido y alargado cuerpo de hombre ya formado, su virilidad innata, ondulándose como una gran serpiente cubriendo el delgado y frágil cuerpo que yacía bajo él. Creía ver su gran verga siguiendo el compas marcado entrando y saliendo del dulce ano de Rubén.

    El calor favorecía que mi polla se estuviera levantando y aproveché los ladridos de Dulce algo lejanos para llamarle y jugar en el agua un rato, quizá así me calmara antes de que se presentara Ana. Me gustaría que todos los hombres fueran igual de cariñosos, y que hicieran el amor a sus amantes de esa forma.

    Estaba jugando con Dulce, martirizándolo más bien, hundiéndolo en el agua y mirando como chapoteaba y luego buscando que le volviera a hundir una y otra vez sin cansarse. No me había dado cuenta, y una vez que saqué la cabeza del agua, pude ver que Ana estaba presente y portando una gran toalla en las manos.

    -Si os habéis divertido lo suficiente podéis salir y hablamos. -dejé en la orilla y a salvo a Dulce, y salté para sentarme a su lado con los pies aún en el agua.

    Con la toalla que me entregó Ana lo sequé a él primero, huyendo de sus lamidas en la cara que me hacía reír sin parar.

    -Ya estamos listos señora. -le dije en plan burlesco a Ana y dejé la toalla en una hamaca, luego me senté a su lado en el asiento balancín de tubos blancos y toldo de lona en distintas tonalidades azuladas.

    La mujer lucía preciosa, con unos pantaloncitos a medio muslo, sus largas, morenas y torneadas piernas meciéndose en el aire, una camisa de seda blanca atada con descuido bajo los senos, y estos saliendo ligeramente de la abertura en V, tersos y sensuales.

    Ana Maria, como siempre, estaba de exposición, bien fuera vestida para fiesta de gala, o al descuido como una joven que empezaba a explorar el mundo que le rodeaba, no pasaba desapercibida para nadie. Permanecimos unos segundos en silencio disfrutando del balanceo que imprimíamos al columpio con nuestras piernas.

    -Tu dirás, eras tu la que deseabas hablarme.

    -Me alegro de que hayas vuelto, aunque adivino que será temporalmente, y además observo que ya has calmado tu ira contra Pablo. -yo guardaba silencio esperando a ver donde quería llegar.

    -Tu lugar está con él, para bien o para mal, no podréis vivir mucho tiempo separados.

    -Me dejó Ana, sin despedirse siquiera, había decidido dejar a Alberto, estaba a punto de decírselo para quedar libre y él me abandonó.

    -No amor, no fue así. Pablo solamente se alejó para dejarte libertad de decidir, no deseaba que influyera la noche de amor que tuvisteis.

    -Tú ¿cómo lo sabes? -la miré y vio la tristeza en mis ojos, ella dejó escapar una risa apagada y me cogió una mano.

    -Sigue siendo amigo mío aunque ya no frecuente mi cama.

    -Te odiaba Ana cuando hacía eso.

    -Lo se amor, eres muy celoso de él, pero no le culpes, en todo caso, si hay culpables, soy la única. No voy a contarte una larga historia, pero me sentía muy sola cuando pasó lo de mi marido, y ya se que no es disculpa válida para justificar que una mujer como yo, seduzca a un chico joven aunque él sea irresistible.

    Me llevó hacía ella y dejé caer la cabeza en su pecho, sentía la fragancia olorosa que su piel despedía, el templado calor mullido del volumen de sus senos que se adaptaban a la forma de mi cara.

    -Tranquilo mi vida, no hay nada que sea malo si nosotros no lo hacemos, llámale, espera tu llamada para saber la decisión que has tomado.

    -Quiero hacerlo Ana, lo deseo más que nada, pero no es tan fácil, él también puede llamarme, y parece estar muerto como todo el año pasado.

    -Recuerda que tu le dejaste para venirte aquí, sí, a cuidar de Eduardo, ¿pero no debiste preferirle antes a él?, eres algo injusto. -sus palabras me recordaban lo que yo no quería reconocer.

    -Además, Alberto está molesto conmigo, no contesta a mis llamadas y no puedo dejarle así. -había pasado un brazo por su cintura, y la cercanía conseguía que su tranquilidad se me fuera contagiando.

    -No tienes que preocuparte de Alberto, él estará bien, tiene a David y a Oriol, le aman y forman un trío casi perfecto, él equilibra ese matrimonio y sirve para mantener entretenido a David, va a estar bien con ellos.

    Era yo el que en realidad sobraba, esa era la verdad, yo me había entrometido entre ellos, quizá para olvidarme de Pablo, o como una sutil venganza por no poderlo tener a mi lado, por que no hubiera cedido en abandonar el campo para estar conmigo en la ciudad. Pero tenía que verle y saber que estaba bien.

    -Hay otro problema más quizá más difícil de resolver. Pablo desea y exige que su tío viva a nuestro lado, en la misma casa.

    -¡Ahhhh! ¿De eso se trata?, el bribón y hermoso Eliseo te persigue, nunca va a cambiar. -Ana era muy lista, pero no le iba a decir lo que sucedió entre Eliseo y yo, volvió a dejar salir una suave risa, como si la situación para ella fuera irrelevante y sin importancia, imagino que si le conocía como era de suponer, se imaginaría algo.

    -Ahora es un mes muy bonito en el campo, el valle relucirá con el brillo amarillo de las espigas haciéndole la competencia al sol, las laderas, subiendo la montaña cubiertas de largas hileras de vides con hojas ya anaranjadas, aprovechando los últimos calores para madurar su fruto, las cálidas noches que invitan a los amantes a perderse entre los surcos de olorosa tierra, o tumbarse en la verde y frondosa hierba escuchando la cantarina voz del río.

    Miraba a Ana y no podía creerme que hablara de esa manera y con tanta nostalgia, si ella no podía ver el campo más allá de este parque y sus jardines.

    -Me asombras Ana. -soltó una alegre risa y su pecho se apretó más contra mi cara.

    -Amor, he vivido mucho tiempo allí, de pequeña, y después cuando volvíamos del internado para pasar los largos meses de verano, las fiestas de Navidad y Semana Santa, pero aquello era muy aburrido, en la hacienda no había demasiados chicos para jugar y menos a nuestro alcance…, salvo uno. -se quedó perdida en la añoranza de sus recuerdos de niña.

    -¿Eliseo?

    -Sí, ese mismo, él era nuestro único amigo para poder jugar…, y más adelante, de adolescentes, experimentar las emociones de ver el cuerpo de un varón.

    -Volvíamos de un internado dirigido por monjas y te puedes suponer nuestra ignorancia en ese campo.

    -La vida allí también enseña, Eliseo era un pillo y se aprovechaba de saber más que nosotras, ellos conocen muy bien lo que es el sexo y lo ven más natural, y practican lo que esa vida les muestra y exige para sobrevivir.

    -¿Tuviste sexo con Eliseo?

    -¡Oh! mi amor, te vas a enterar de toda mi vida y mis secretos, pero también pueden serte útiles. ¿Si Eliseo me hizo el amor? Recuerda que éramos dos las chicas que tenía al lado, y tenía que suceder al final.

    -Varios años vencimos la tentación y todo se limitaba a que él nos enseñara lo que los hombres tienen como un secreto entre la piernas, él ya sabía lo que escondían las niñas. Para nosotros era un juego y su pajarito un juguete que nos disputábamos para tocarlo y hacerle lo que él nos pedía. Pero todo en la vida va a más. El nos desfloró a la vez, el mismo día, estando las dos presentes.

    Se calló un momento y sentía el latido acelerado de su corazón bajo mi oreja.

    -¿A las dos? Pero sería atroz presenciar como violan a tu hermana, escuchar sus gritos y luego ser tu la víctima. -Ana reía sin ser escandalosa.

    -¡Alto! ¡Alto ahí querido! No hubo violación, sí algún pequeño quejido, siempre que hay sangre es por una herida, pero nosotras lo queríamos también, Eliseo sabía muy bien como hacerlo con el mínimo dolor y lo deseábamos ardientemente desde veranos atrás, solo que nos nos atrevíamos por lo que pudiera pasar, por las consecuencias de nuestro acto y la reacción de nuestros padres, no lo limitamos a una sola vez y ocurrió lo inevitable.

    Escuchaba su voz, y también su respiración forzada en algunos momentos de la narración, me daba cuenta de la confianza que depositaba en mi al revelarme esas aventuras juveniles, de ella y de su hermana la mama de Erico y Rubén.

    -Para el curso siguiente, solamente una de nosotras partió de vuelta al internado, y al siguiente verano volvíamos a pasarlo juntas. En el intermedio un nuevo ser vino a este mundo, un hermoso niños moreno que se parecía a Eliseo su padre. -sin darme cuenta se me escapaban las lagrimas, me sentía acongojado a diferencia da la frialdad, aparente, con que Ana se explicaba.

    -¿Pablo? ¿Y tu eres su mamá?

    -No amor, no tuve esa suerte, aunque mi hermana no pudo gozar de su hijo. Ha sido preferible así, todo lo demás te lo puedes suponer fácilmente… Y escúchame, no tienes porque vivir en la casa de Eliseo, don Ernesto y doña Martina, (se refería de esa forma a sus padres), estarán encantados de tenerte, sinceramente te quieren, y si vas a ser la pareja de su nieto, no reconocido oficialmente, si le vas a hacer feliz ellos va a adorarte. -los dos nos quedamos en silencio con el balancín detenido, me separé de su pecho y le sujeté las manos.

    -No se que decirte Ana, pero gracias por tu confianza, pensar que alguna vez llegué a odiarte…

    -No me digas más que una cosa, que vas a hacer esa llamada que alguien está esperando, lo demás no tiene importancia amor…, esta noche voy a salir, si te apetece acompañar a una señora mayor… -me pasó una mano por mis mejillas mojadas deteniéndose en los labios y los acarició con las yemas de los dedos.

    -Voy a pensar en todo lo que me has dicho…, y es posible que haga esa llamada. no supe hacer otra cosa que abrazarme a ella y besarle con fuerza la mejilla, sin miedo a llevarme el maquillaje.

    -Ya vale Ángel, hace tiempo que no lloro y tampoco lo voy a hacer ahora.

    *****************

    Cené solo, no del todo, acompañado por Dulce y servido por Tomás, sin hablar y meditando sobre toda la información que me había llegado de repente.

    Me disculpé ante la llamada de Erico, y después de Ian, invitándome a salir.

    La cena fue rápida.

    -Tomás voy a ver un poco la televisión y luego me meteré en la cama, no hace falta que esperes.

    -Desea que le lleve café o alguna bebida.

    -Un te de menta por favor. -marché al salón grande que siempre usaba Eduardo después de cenar, para ver las noticias, necesitaba estar solo aunque Dulce enseguida salto a mis piernas, y a la vez me daba miedo la soledad. Tenía que darle vueltas a las revelaciones de Ana y se me amontonaban en tropel todas ellas sin poder analizar nada.

    No había conseguido centrarme, ni atender las noticias del telediario cuando Tomás me sirvió el té pedido.

    Lo primero que se me ocurrió pensar fue lo de la noche pasada, había hecho el amor con los hermanos de Pablo, bueno, no era algo especial ya que ellos siendo hermanos también lo hacían, pero es que la forma de hacerlo de Erico me gustó y me gustaba, ahora entendía que a veces, en algunas cosas me recordara a Pablo, y ahora sabiéndolo todo, su parecido lo veía más patente salvando diferencias también notables.

    Alberto había dejado de ser prioritario en mis preocupaciones, Ana me lo había dejado claro, ¿y Eliseo?, ¡ay! Eliseo, Ana decía que la gente del campo compartían lo que hubiera, sin celos ni rencores, sin darle demasiadas vueltas, porque la vida les enseñaba, al contemplarla, lo que pasaba en su entorno. Además ahora entendía que Pablo quisiera tenerle a su lado, ahora que lo veía como su padre y no como su tío.

    Terminé de tomar el te y me fui a la habitación, Dulce tenía ganas de cariños y me seguía interponiéndose en mis pasos haciéndome tropezar y reír ante su actitud.

    Sin desnudarme, ni pasar por el baño, me tire en la cama, miré el techo blanco de la habitación y me saqué el teléfono del bolsillo, lo miré y busqué en la lista de contactos. Marqué encomendándome al cielo para que hiciera bien las cosas, que el quisiera mi llamada y…,

    -Gatito, te haces de rogar, esperaba tu llamada, la deseaba tanto.

    -Quiero seguir estudiando, terminar mi carrera. Vivir en la casa grande hasta que mis cosas con Eliseo vayan mejor. Serte útil. Qué cuentes conmigo para todo… -lo solté todo de golpe sin respirar hasta que él me interrumpió

    -Concedido, de acuerdo, todo será como tu quieras, pero dime lo importante.

    -¡Pablo! te quiero, te amo tanto, y si, voy a marchar para estar contigo, dame solo unos días, igual con uno tengo bastante…, no mejor ven tu a recogerme ahora.

    -¡Mi gatito loco!

    -¡Pablo! Ven a buscarme ya y llévame a tu lado. -¡joder, qué llorón soy!, no podía hablar ahogado por las lágrimas.

    -Llegaré en unas horas, esta noche estás en mis brazos, tranquilo gatito, espérame despierto.

    -Haré lo que tu me mandes Pablo, siempre, siempre, te amo mi Pablo, te espero… -pero la llamada había sido interrumpida.

    Cerré los ojos, las últimas lágrimas cayeron, cuando los abrí Dulce tenía la carita apoyada en la cama y mirándome preocupado, y triste por verme llorar.

    Le pasé la mano por su cabecita.

    -No volverás a quedarte solo, te lo prometo, si Ana no se opone te llevaré conmigo.

    Él me acompañó en la cama, hasta que el ruido de un motor de coche me hizo saltar y correr a la puerta principal de la casa.

    Pablo siempre cumplía, sus recios pasos sonaban fuertes y firmes pisando la grava del jardín antes de subir las escaleras donde Tomás ya esperaba antes de que yo llegara.

    Seguira…

  • Una cajera guapa merece la espera

    Una cajera guapa merece la espera

    No soy el hombre más lanzado del mundo. Lo sé.

    Tenía 38 años, ella uno más el día que entre por primera vez en el AhorraMas.

    Estaba esperando en la caja cuando noté una mirada. Era la responsable de cajas. Una morena de 1.70 con buen cuerpo. Pelo azabache, ojos negros cara bonita. El uniforme insinuaba unas tetas bien puestas y un culo duro.

    Yo soy un chico rubio de 1.78 complexión media y fuerte.

    Ese día hablaban sólo las miradas pero sentí un hormigueo en mi estómago, me sentí deseado y a mí vez deseaba a esta mujer desesperadamente. Pero como he dicho no soy el hombre más lanzado del mundo. Además su anillo de casada era una excusa más para mi cobardía.

    Pasaron los meses y las conversaciones no trascendentes dejaron paso a leves tonteos, ligeros roces de manos y sonrisas pícaras.

    No me decidía y empecé a temer que se me escapara la oportunidad, así que urdí un buen plan. Espere un día a la salida del supermercado y haciéndome el encontradizo la ofrecí llevarla a casa. Noté su nerviosismo, yo también lo estaba. La llevé a casa en silencio, ella me indicaba pensativa, pero cuando llegamos no se bajó. Me miro a los ojos y me dijo ‘mejor llévame a tu casa’. Me dio un vuelco el corazón.

    Conduje rápido, aparqué en el garaje y nos metimos en el ascensor. Allí la beso por primera vez. Un beso largo agarrándola del culo y apretándola contra mí erección. Ella gemía como loca. Me susurro “fóllame por dios”.

    Entramos a trompicones en casa, la arranqué la ropa y empecé a comerle las tetas. Ella gemía cogiéndome del pelo y guiando mi cabeza hacia abajo. La dejé en tanga y metí mi mano dentro de esta prenda mientras mordisqueaba sus pezones. Pasaba de un pezón a otro, ella gemía como loca mientras mi mano dentro de su tanga se empapaba de sus fluidos.

    Me arrodillé mire hacia arriba sus ojos suplicaban que le comiera el coño. Deslicé suave el tanga por sus piernas. Bese su cadera ella respiraba entrecortada. Bese sus muslos y suave su coño empapado. Rocé su clítoris con la punta de mi lengua, mientras mis manos amasaban sus tetas. Lamí más firme y más. Se deshacía me decía “sigue por favor”. Seguí comiéndole el coño controlando el ritmo metiendo ligeramente mi lengua en su coño. Ella se restregaba y me apretaba contra su cadera. “Me corro cabrón” me grito, y yo mordí ligeramente su clítoris. Pegó un grito de placer que se enteró toda la manzana de la corrida. Seguí besándole suave el coño mientras recuperaba el resuello.

    Entonces me puse de pie me arranqué la ropa la cogí en volandas. Ella sabía lo que quería cogió mi polla que estaba durísima y la coloco en su entrada. Me dijo ”que pollón cabrón, me vas a reventar”. La empale de un movimiento brusco. Gritó. La coloqué contra la pared y la folle duro, ella gritaba “dame más cabrón” eso me volvía loco. La follé con furia. La llevé frente a un espejo donde la follé. La visión era deliciosa. Mis músculos en tensión, mi polla taladrando… su cara de placer. Tardó muy poco en volver a correrse gritando otra vez desesperada.

    La lleve a la cama. Me decía “me vas a matar cabrón”.

    La puse a 4. Hinqué mis dedos en sus caderas y la di muy duro. Gemía como una perra y yo gruñía cerca de correrme. Me derramé en ella con un placer increíble. Estuvimos hablando un rato. Seguía enamorada de su marido y se arrepentía de haber sucumbido a la tentación. Pero me reconoció que nadie la había follado así nunca.

    Nunca repetimos, ella no quiere ser infiel y yo tampoco me siento bien provocando estas situaciones. Pero me hace estar muy orgulloso el que ella me ha confesado que se masturba muy a menudo pensando en aquella tarde.

    Fin

  • Plan con maña: hermana con beneficios

    Plan con maña: hermana con beneficios

    La fiesta improvisada que armamos Liz, su amiga y yo estaba a pleno punto, no faltaba nada, excepto dejarle un buen orgasmo a la caliente de mi hermana.

    Después de complacer a su amiga Yari se quedó dormida en la terraza mientras Liz me contaba algunos secretos, como la vez que mi padre la vio desnuda; ambos estábamos de vacaciones en el pueblo y mis padres salieron a una reunión con los vecinos, llegaron un poco tomados y mi hermana salía de la ducha cuando se topa con papá que se dirigía hacia el baño tambaleándose de embriago, lo quiso sostener y en el descuido arrebato su toalla dejando al descubierto su cuerpo. Imagino lo que papá disfrutó eso si es que lo recuerda jaja, eso y otras confesiones que despertaron aún más mi morbo y excitación.

    También recordábamos como teníamos juegos tan perversos tanto con ella como con mis primas y vecinas, hasta llegar a aceptar que era ninfómana y se masturbaba recordando los fajes que hemos tenido y las ganas de comernos que nos aguantamos por mucho tiempo, en eso despierta Yari pidiéndole a Liz que la acompañara al baño y después de minutos volvieron en pijama y más despiertas como si por arte de magia se les bajara lo borrachera, yo sospechaba de alguna droga.

    —parece que ya no andan tan borrachas niñas, como le hacen?

    —nada más parece porque yo me siento súper borracha

    —Y yo súper caliente jajaja

    —dame esa vaina y yo te doy de esta mía

    —lo siento hermanito pero la mendiga esta se lo termino

    No me quedo de otra más que ir por las drogas que guardo para ocasiones especiales y en lo que preparaba la dosis entra mi hermana a mi habitación, se acerca a mi quitándose la pijama, toma mis manos y las pone en sus tetas y se monta en mi verga que ya tenía bien dura.

    Que ricos sentones me estaba dando, se movía como actriz porno, su panochita apretadita estaba muy mojada, caliente y sus gemidos eran orgasmos para mis oídos en eso entra Yari y se queda paralizada, incrédula de lo que veía, hermana y hermano llegando al incesto. Observé como sus pezones se ponían duros, le dije que tomará mi cámara y que filmara pero que sería un secreto que nadie tenía que saber y que yo le sabría agradecer su complicidad.

    Así nos quedamos el resto de la madrugada platicando nuestros más perversos secretos hasta las 9 am que tuve que salir a mis compromisos de trabajo. Para las 3 pm llegue a la casa, ya se había ido Yari y mi hermana estaba dormida, aproveche para tomarle fotos con esa tanga roja, una de mis favoritas que solo verla me prende.

    Alguien tiene también una hermana o hermano con beneficios?

    Si no es así se pierden de lo más rico y placentero!

  • Mi linda novia

    Mi linda novia

    Primero que nada empiezo por relatar esto que me sucedió hace unos años, yo tenía 19 y mi novia 18. Yo soy delgado, no muy alto y de buena apariencia, ella es morenita, cabello corto, flaquita, buen trasero y no muchos pechos.

    La ocasión comenzó cuando era una fiesta de uno de sus amigos que bautizó a su niño, para lo cual antes yo tenía que ir a recogerla hasta su casa, cuando llegué me quedé boca abierto pues se veía fenomenal, a pesar de ser delgada el vestido que traía la hacía ver súper sexy, no era ni muy corto ni muy largo, pero dejaba ver sus piernas a la perfección.

    Yo la saludo de beso como siempre, fuimos a la fiesta y la verdad no pasó nada relevante ahí a excepción de unos cuantos hombres que le miraban con morbo todo el tiempo. Al ser un bautizo estaba algo aburrido por lo que nos fuimos temprano, al llegar a su casa estaban sus padres cenando y nos pusimos a platicar con ellos un rato hasta que su padre tenía que ir por uno de sus hermanos que se le había quedado parado el carro, a lo que le dijo a su esposa que fuera con él.

    Ambos se marcharon sin sospecha alguna de lo que pasaría, al poco tiempo de que se marcharán ella me estaba preparando un café y al entrármelo la senté en mis piernas y la bese, era algo normal hasta ahí pero me empecé a excitar y baje una mano a sus piernas y la comencé a frotar, la situación y el que estuviera ella vestida así me calentó mucho y ella comenzó a sentir el bulto que crecía en sus nalgas, a lo que comenzó a frotarse de arriba abajo.

    Ahí yo metí más la mano y llegué a su entrepierna y jugueteé con su panti, ambos estábamos a tope y ella se levantó y me llevo a su recamara, cuando estaba a punto de zafar el vestido de golpe uno de sus hermanos pequeños golpeo la puerta y como pudimos nos rehicimos ya que entró sin avisar, no se despegó de ahí en un rato pues quería ver caricaturas en la habitación de su hermana, ella y yo estábamos a tope y sigilosamente le dije que fuéramos a su garaje a lo cual ella accedió.

    Ya en el garaje había muchos carros ya que su papá era mecánico y ahí continuamos, nos cubrimos atrás de una camioneta muy vieja y oxidada, yo masturbándola y levantando su vestido y ella agarrando mi verga sobre el pantalón, así estuvimos un poco más de tiempo hasta que se inclinó y saco mi verga de una, y se la metió a la boca, me empezaba a hacer una mamada genial pasando su lengua por la punta y después se la trababa de golpe apretando ligeramente los labios, ya en más tiempo la levante y la voltee a modo que me diera las nalgas, le subí el vestido y pase la verga por su raja por encima de su panti.

    Me acerque al oído y le dije que si no suplicaba no me la cogia, a lo que ella ya algo desesperada me dijo que ya se la metiera que no fue cabrón, a lo que baje de golpe su panti y le metí sin avisar la verga, la tenía bien empinada metiéndole y sacándole verga, ella solo apretaba los labios para que no se le escapara un gemido fuerte, yo seguía embistiendo al punto que ella recargada en la camioneta hacia que esta se moviera al ritmo de nuestro festín, a lo lejos se veía en la puerta su hermano buscándonos y sin importar yo seguía cogiéndome a la puta de su hermana que me estaba dando sus nalgas, al poco tiempo sentí como me iba venir y saque mi verga y me vine en sus nalgas.

    Nos reincorporamos y entramos a la casa donde ya estaban sus papas, su papá me ofrecía un refresco a lo que yo acepte con gusto pues después de la cogida que le había pegado a su hija había quedado sediento, esta fue una de las muchas que hice con la putita de mi novia.

  • Frente al espejo

    Frente al espejo

    La habitación tenía una vista hermosa sus grandes ventanas permitían ver el bosque, si estaban abiertas te llegaban los olores de pino y diversas plantas. Era amplia y estaba decorada con elegancia, varias pinturas colgaban en las paredes, la música provenía de varias bocinas ocultas en las paredes, la gran cama con cuatro pilares de madera oscura, permitirá muchas formas de jugar…

    Los grandes espejos daban vistas de todos los ángulos, algunas sillas dispuestas para lo que se nos ocurriera, estaban también incluidas, un otomano podía muy bien usarse para la ocasión. Gran cantidad de juguetes y correas podían usarse para la diversión.

    Pero hoy solo vamos a utilizar pocos…

    Te gusta que te trate con cariño y atención, claro que me gusta tratarte como a una reina…

    Pero aquí en esta habitación sabes bien que no, no, aquí eres mía, y las órdenes vienen de mí.

    La reina se queda fuera, aquí solo eres mi esclava, y, lo sabes, es más lo esperas con ansias y lo disfrutas, deseas el momento en que entramos a este lugar y no sabes que tengo preparado para ti.

    Hoy un espejo está en el piso, un espejo de .50 * 1 metro está a media sala… lo miras curiosa, pensando y tratando de adivinar qué es lo que viene a continuación.

    Lo primero es que te desnudes, ya sabes cómo me gusta, lento y mirando mis ojos, quiero que me muestres las ganas que sientes por mi, deja los tacones ya sabes que me gusta hacértelo con ellos puestos…

    -Hincada, híncate para tu señor, demuestra el respeto que sientes, si así.

    Mientras esperas voy y tomo tu correa, esa que te has ganado a base de obediencia y castigo, esa que tanto te gusta lucir en tu cuello, esa que te guía al caminar a cuatro patas…

    Amo ese momento, si cuando te la pongo… es ese momento cuando te entregas por completo y sabes que todo lo que te pida lo harás porque así lo quieres, te miro a los ojos con dulzura sabiendo que te tratare como mi esclava.

    Hoy solo te coloque el collar, así, sin cadena no la necesitáremos.

    -Inclínate y pega tu cabeza al suelo levanta ese culo precioso que tienes y deja que tu amo lo vea. No te muevas, tu mirada fija al suelo.

    Así lo haces sin atreverte a levantarla, no puedes ver lo que hago, no sé si eso te gusta o desespera, la verdad no me importa lo si es lo uno o lo otro, solo sé que me obedeces, paso cerca tuyo y te dejo ver mis pasos, me gusta estar descalzo por si quiero que me beses los pies… camino y me pierdo de la poca línea de visión que tienes, voy por los juguetes, tomo un lubricante y elijo dos juguetes… un dildo grueso y una bonita piedra para lucir en tu trasero, camino hasta ti beso tu ano y poco mi lengua lo lubrica… pronto se acostumbra a mi lengua.

    -Abre la boca perra.

    Obedeces al instante meto la piedra por tu boca y tu saliva cumple su cometido. Mientras lo lubricas con tu saliva pongo una gran cantidad de lubricante en tu ano, cuando mi dedo entra fácilmente, meto un segundo y luego un tercero…

    Ahora es fácil, te acuerdas, al principio, no te gustaba, hoy sin embargo has aprendido a amar que te folle así…

    Cuando estás bien receptiva pongo la piedra en tu culo, fácilmente te la comes, la saco y meto varias veces antes de dejarla ahí…

    Te dejo con el culo al aire, camino hasta el espejo y te ordeno levantarte, lo haces lento mirando mis ojos, provocando mi lujuria…

    -Toma el dildo que deje al lado tuyo, está en el suelo te agachas a tomarlo.

    Te das vuelta para mostrar tus nalgas y presumir la joya que portas, lo tomas con la boca, ya sabes que así me gusta, te costó varias bofetadas aprenderlo.

    -Camina hasta acá.

    Te tiras al suelo y en cuatro patas me alcanzas.

    – vaya!!! Hoy si quieres tu premio

    Suelta el dildo y pégalo en el espejo.

    Lo haces, y lo dejas pegado listo para usarse… desabrochó mis pantalones y dejo mi polla al descubierto, mis manos toman tu cabeza, sujeto fuertemente tu pelo, la obligan a girar en mi dirección, ves mi polla dura y abres en automático la boca, la meto toda fuertemente y te asfixió con ella, cuando veo que no puedes más, la retiro… hago esto varias veces antes de jalar tu pelo y ponerte de pie, evitas emitir cualquier quejido aunque jale fuerte no quieres que te castigue.

    Te beso, mi lengua busca explorar la tuya, tus labios son tan excitantes que tengo que contenerme para no follarte en ese mismo momento.

    Me separó de ti, y pongo una silla justo enfrente del espejo. Te ofrezco el pomo con lubricante y te pido que le pongas al dildo, (sé que no lo necesitas a estas alturas tu coño debe estar todo mojado.)

    Una vez que lo preparas te pido te pares encima de él y poco a poco bajes… y pienses que soy yo sobre quien vas a disfrutar. Lo haces con esa sonrisa que me indica que los dos lo vamos a disfrutar. Llegas a él y dejas entrar solo una parte en ti, te detienes y bajas de golpe el tramo que falta. Lo haces varias veces mientras con una mano frotas sobre tus labios buscando darte placer, cosa que no he pedido pero me calienta mucho.

    Verte subir y bajar por el dildo es una vista muy hermosa, ver tu coño tragándolo sin piedad es algo que hace calentar a cualquiera, tu mano frotando y tu boca gimiendo cada vez con más ansías, con más deseos de poder explotar. Sin embargo cuando sientes la necesidad de explotar bajas un poco el ritmo y buscas mi mirada quieres saber si ya puedes acabar.

    Te entiendo y me pongo en pie para llegar hasta ti. Tomo tus senos en mis manos y juego con ellos mientras te susurro al oído

    -no te atrevas a venirte sigue con el ritmo que tenías.

    Sigues el ritmo y mis manos siguen sujetas a tus pechos siguiendo tu ritmo, jalando y acariciando tus pezones duros y erectos.

    Vuelves a consultar con esa mirada de placer que me indica que estas cerca… muy cerca de llegar.

    -acaba… regálame tu orgasmo

    Enseguida te vienes diciendo mi nombre, subes y bajas un par de veces más y te quedas sentada con el dildo dentro de ti.

    Te tomo por las caderas y las levanto, solo esa parte de tu cuerpo de forma que tus manos quedan en piso, una a cada lado del espejo.

    -¿alguna vez has visto desde ese ángulo cómo entro y salgo de ti?

    No te dejo contestar y me clavo en ti… fuerte, muy fuerte hasta sentir mis caderas chocar con tu trasero, quiero follarte duro, sé que te gusta así… y es lo que hago busco hacer que de nuevo grites mi nombre…

    -¿te gusta lo que ves?

    ¿Te gusta la cara de placer que pones cuando sientes como te lleno?

    ¿Te pone ver como mis bolas chocan en ti?

    Yo sé que si cada vez estas más mojada y en cada entrada siento mas calor dentro tuyo, empiezo a sentir como tus piernas empiezan a temblar, y noto como tus manos se aferran cada vez mas fuerte a las orillas del espejo.

    Yo también siento ya la necesidad de correrme y en cuanto te corres salgo de ti, tomo un poco de aire y doy un trago al vaso que tengo en la mesa.

    Camino y me pongo frente a ti para poner mi erección en tu rostro…

    Lo acerco a tu cara y lo descanso en tu boca, dejo mi aroma en ella y recorro tu cara dejando un hilo de mi líquido por toda tu cara… vuelvo a tu boca y comienzo a masturbarme en ella. Tus manos juegan con mis bolas y recorren hasta mis nalgas. Abres tu boca y meto la cabeza en ella, dejando el resto fuera, siento la calidez de tu lengua recibiendo cada gota que va saliendo de mi, mientras sigo con mi frenético ritmo. Cuando estoy cerca de acabar lo saco de tu boca, pero tú sigues con ella abierta (aún recuerdo como la primera vez que hicimos esto te pusiste las manos en el rostro justo en el momento que sentiste la primer gota de mi leche caliente). Hoy en cambió lo deseas… te gusta que termine en ella.

    Tomo con mi mano tu cabeza y con último jalón descargo sobre tu cara, un gran chorro cae justo en tus ojos y otro poco en tu pelo, pero la gran mayoría la trato de dejar en tu boca o cerca de ella. Cuando termino sacas la lengua para tomar lo que quedo cerca de ella al tiempo que con tu dedo buscas juntar lo que quedo regado en las demás zonas. Cuando acabas te lo acerco a la boca para que limpies todo lo que aún queda en él. Nos tiramos en el suelo, rodando un poco hasta que chocamos con un mueble y nos quedamos ahí, tus manos explorando mi pecho y mis dedos jugando con tu cabello, acurrucados el uno en el otro.

     

  • Compartiendo la cama con una pareja de lesbianas

    Compartiendo la cama con una pareja de lesbianas

    Brisa y Soledad: una pareja de lesbianas con las que tuve una agradable relación. Soledad la activa, Brisa la pasiva, si cabe la etiqueta.

    Siempre al encontrarnos podíamos charlar de temas variados. Entre tantos, su relación y de lo que habían pasado hasta que la gente dejó de entrometerse y murmurar. Por entonces eran chicas de algo más de veinte y yo maduro en comparación.

    Cierto día nos encontramos y charla va charla viene, me comentaron que estaba deseando tener un bebe. Les dije que me parecía fantástico y ojalá pronto pudieran adoptar uno.

    -Ese es el tema, dijo Soledad. No queremos adoptar. Quiero y queremos que Brisa se embarace y lo geste ella misma. Pero tampoco queremos donantes ni inseminación artificial. Queremos que sea fruto de una relación normal. De un acto sexual completo y tradicional. Obviamente no es posible entre nosotras solas. Necesitamos un hombre que nos secunde, que nos acompañe y podamos hacerlo como se debe. No digamos con amor porque eso es otra cosa. Pero por lo menos con cariño y respecto. Hemos pensado en varios amigos y conocidos. Entre todos nos parece que eres el que mejor nos entendería, el que nos ayudaría a cumplir el sueño.

    Toda la perorata me había puesto en alerta, pero aun así el pedido me sorprendió. Si fuese solo por cogerme a Brisa, encantado porque estaba súper buena…

    -Chicas: me halaga el pedido, pero yo ya soy algo mayor como para embarcarme en algo así…

    -Tampoco es que seas tan mayor. Sabemos que un hombre también vive y siente su paternidad. Pero esto es algo especial, distinto. No digo que una vez consumado el acto te borres del planeta, solo que no te harías cargo. Nosotras seguiríamos como pareja cuidando el embarazo y esperando al bebe.

    -No sé, no puedo contestar ahora. Denme un tiempo, unos días…

    Me lo guardé para mí y entré a analizarlo conmigo mismo. Era algo entre ellas y yo. Yo solo. Sabía que ellas también lo habían pensado mucho y ya estando seguras me lo pidieron. Entonces seguramente si no ponía lo mío, su bebe debería esperar. Porque salvo tuvieran otro candidato a la vista y en segundo plano, dependían de mi. Pensé que no debía defraudarlas. Pensé que si había un segundo posible padre, no le daría la oportunidad. Me puse egoísta!!! Pero no me apresuré en aceptar. Esperé me volvieran a llamar, que si lo hacían, las posibilidades de que hubiera otro se acortaban. Era un planteo medio tonto, pero creo me sirvió para darme seguridad e impulsarme a hacer un hijo que no sería mío. Finalmente lo fui aceptando, a sabiendas de que ellas lo adorarían y cuidarían como nadie.

    Aun así me tomé unos días más, hasta que Soledad volvió para preguntarme si había tomado una determinación. Por supuesto le respondí que sí y que aceptaba el reto.

    -Gracias, Gero, muchas gracias de verdad… Brisa no está conmigo porque está ocupada en sus cosas, pero lo que te diré es porque lo hemos hablado y estamos de acuerdo. Espero que no cambie tu decisión pero, lo que queremos es que no sea ella sola al momento de tener sexo para engendrar. El momento es tan importante para nosotras que ambas deseamos que yo esté presente. Espero me entiendas. Quiero sentirme parte y la forma es esa. No por miedo, no por desconfianza ni nada parecido. Además (y por eso te elegimos) necesitamos que no sea un acto frío y mecánico con el único fin de engendrar. No hablemos de amor aparte del nuestro, pero si de un cariño, de afecto…

    -Bien… me parece bien, acepto y la decisión está tomada, Soledad!

    -Gracias! Nos tomaremos el tiempo necesario y lógicamente lo haremos cuando ella esté en sus días fértiles…

    -Está bien. Nos vemos entonces. Dale mis saludos a Brisa… Le di un beso y nos despedimos.

    Me lo tomé muy seriamente. Tanto que durante la espera no volví a tener sexo. Quería estar fuerte y “cargado”…

    Pasó a lo sumo una semana hasta que mis amigas se contactaron otra vez conmigo. El momento había llegado y habríamos de reunirnos en su casa para consumar el esperado acto. Esa misma noche me acerqué hasta el lugar. Me recibieron con alegría y me invitaron a una copa. Nada de bebida alcohólica, por supuesto. Estaban radiantes. Brisa, quien habría de ser fecundada, se veía realmente hermosa. Se abrazaban y mimaban mientras hablábamos.

    -Gerónimo, dijo Soledad… Cuando estés dispuesto, ya sabes.

    -Pues… indíquenme el camino!

    Las seguí hasta la habitación. Estaba toda adornada de flores y agradablemente aromatizada. La cama era una invitación a acostarse. Me acerqué y las abracé casi más paternalmente que como ocasional amante. Me besaron y se besaron. Lentamente y como en una ceremonia me fueron llevando a la cama.

    -Queremos, si a ti te parece, comenzar nosotras… dijo Soledad. Hacer el amor hasta que ella, mi amor, esté lista para recibirte. Por supuesto que puedes sumarte cundo quieras. Ni falta hace que te lo diga.

    Nunca había estado en una situación así. Solo sabía que, al menos de observarlo en videos, el acto entre dos lesbianas me podía poner cachondo. Por lo pronto me senté en una banqueta mientras ellas se besaban y acariciaban en el centro de la cama. Más temprano que tarde la ropa fue quedando de lado. Dejaron su desnudez a la vista y ya eso fue un punto de partida para mis ganas. Realmente brisa estaba más buena de lo que me parecía con ropas. No era alta. Un muy buen par de tetas medianas. Estaban de rodillas sobre el lecho en ese momento con Brisa de espaldas a mí y pude apreciar que también portaba un más que interesante par de nalgas…

    Ya al poco rato directamente se estaban propinando una de manoseos y chupada de tetas increíble! Soledad mayormente jugaba el papel de hembra dominante y Brisa recibía las atenciones entre suspiros y gemidos. Era excitante de verdad y mi cuerpo tomó nota. Ya tenía la verga dura. Mientras ellas estaban atareadas, me fui desnudando hasta quedar totalmente en bolas. Las miraba y me la meneaba despacio. Esperé cierto tiempo y me acerqué en tanto Soledad le dedicaba a Brisa una contundente chupada de concha.

    -Permiso… puedo?

    -Por supuesto… ya verás lo exquisita que está.

    Olí y lamí. Y claro que estaba exquisita. Entonces nos fuimos turnando para atenderla. El clítoris de Brisa estaba ya inflamado y saltón. Un dedo de Soledad lo acarició mientras yo lamía y chupaba esos labios regordetes y depilados. Nuestras esmeradas atenciones la hicieron llegar a un retorcido orgasmo. Nos pusimos a la par, uno por lado para abrazarla y mimarla. Solo después que recuperó el aire, nos dijo que estuvimos geniales.

    Recién entonces se dieron cuenta que yo estaba boca arriba y de verga bien tiesa.

    -Qué grande, dijo Soledad…

    -Sinceramente, nunca me habían dicho eso, le respondí.

    -Yo no tengo experiencia para comparar y Brisa solo la de un noviecito de hace tiempo, pero…

    Abrió el cajón de la mesa de luz y sacó un par de “juguetitos”

    -Ves? Somos bien moderadas en el tamaño! O bueno… acaso prefiero no presumir de lo que natura no me ha dado… Eso sí, presumo de una lengua laboriosa! Jajaja!… Verdad, mi amor…?

    -Claro, cariño. Vaya si trabaja esa lengua!

    -Es que ahí está el secreto… en las caricias y los tactos!

    Brisa tendió la mano y me acarició el miembro…

    -Si no te pones celosa, me agradaría chuparla.

    -Para nada… y no creo que Gerónimo se niegue, verdad?

    -Desde ya que no, respondí…

    Me quedé como estaba y Brisa se irguió un poco. Me la tomó con la mano y acercó su boquita para empezar a lamerla y chuparla. Mi verga ya era un garrote! Soledad observaba, sonreía y acariciaba a su compañera. Minutos más tarde dejó de chupar y se tendió en la cama.

    -Estoy lista, dijo.

    Miré a Soledad como pidiendo permiso. Ella asintió con la cabeza. Brisa abrió sus piernas y brazos para recibirme. La abracé y ya mi verga quedó en posición. Despacito me abrí camino entre sus pliegues y la penetré. Soledad me acariciaba la espalda y acariciaba la cara de su pareja. La chiquita estaba realmente sabrosa y entré a cogerla a buen ritmo. Después me apoyó las manos en el pecho para que me detuviera y me separó un poco. Levantó bien las piernas hasta la altura de mis hombros para exponerse totalmente. Fui adelante otra vez y la penetración fue muy profunda. Entré y salí con fuerza pero sin violencia. La profundidad le arrancaba gemidos. Empecé a sentir que acabaría y aumenté el ritmo de mis cogidas. Las respiraciones se agitaron hasta que mi leche se derramó en lo más profundo de su anatomía. Me retiré y Soledad la ayudó a mantener las piernas en alto y la cintura levantada como para que la esperma se mantuviera dentro e inseminara. Después de un rato la dejó tenderse y descansar.

    Volvimos luego a tendernos en la cama.

    -Me encantó, dijo Soledad…

    -A mi también, respondió Brisa. Más de lo que había imaginado.

    -Que no se te haga costumbre, nena, le replicó sus pareja.

    -Oye… no seré yo quién te ponga los cuernos, solté y nos reímos los tres.

    -Lo sé, Gerónimo, lo sé… jaaa! Y sinceramente te agradecemos por esto. De verdad estuvo mejor de lo soñado. No creas que fue fácil tomar la iniciativa y que además saliera como deseábamos… Igualmente: no digamos fue porque yo creo no está terminado. O si? Estamos para algo más?

    -Mmmm… creo que sí, respondió Brisa.

    Yo: -Algo de energías y ganas me quedan. Igualmente, ustedes son las dueñas de la noche… yo solo soy invitado!

    -Tienes razón… dijo Soledad, para luego inclinarse hacia Brisa y comenzar a besarla. La otra no permaneció inactiva. En pocos minutos se pusieron muy calientes y yo a centímetros de ellas. Esta vez fue Brisa la que se tiró entre las piernas de su pareja para chuparla y hacerle jugar sus dedos en la concha. Me acosté a la par de Soledad.

    -Creo que he de probar el Yin y el Yang aquí mismo, dijo Brisa y se cruzó a chuparme la verga ya tiesa. Soledad miraba sin dejar de acariciarse la vulva y las tetas.

    -Creo… creo que me apetece chupar una de esas, expresó Soledad… y se acercó a lamerme, quedando cara a cara con Brisa. Las bocas y lenguas entraron a alternarse en la felación. Tuve el culo de Soledad enfrente, por lo que no lo pensé y la acaricié.

    -Solo por esta noche está permitido, dijo entre risas…

    Así que mientras ellas se entretuvieron con mi verga, yo fui acariciando la raja de Sole cada vez más profundo. Hasta que encontré los labios de su concha y lo ataqué con mi dedo mayor. Ella solo se aflojó para dejarme hacer. Durante unos largos minutos la fui acariciando por fuera pero luego gané espacio y se lo fui introduciendo hasta humedecerlo. La seguí sobando ahora ya buscándole el clítoris. Me costó porque estaba bien apoyada en la cama; solo que, adivinando mi intención, se arqueó un poco para darme espacio. De esa manera fui jugando y excitándola cada vez más, hasta hacerla venir en un rico orgasmo…

    -¿Qué pasa, cariño?… preguntó Brisa en tono pícaro.

    -Este hombre malo me robó!

    -Robó? Y que habría de robarte si estamos en bolas!

    -Me robó un orgasmo…!

    -Te lo robó pero me parece que te lo quedaste! Jajajaja!

    -Siiii… Noche plena, dijo Soledad. Un hombre me “robó” un orgasmo y no estuvo nada mal!

    Yo seguía boca arriba. Brisa se incorporó para ponérseme encima. Tomó mi palo con su mano y lo apuntó para bajar lentamente y penetrarse. Soledad también se arrodillo para besarla. Le tomé la pierna a la altura de la rodilla para invitarla a ponerse encima de mi cara. Obedeció y cuando estuvo por sobre mi rostro, levanté la cabeza para darle el primer lengüetazo y empezar la chupada. Un manantial de flujos brotaba de su concha para mojarme los labios y las mejillas. Su lado heterosexual afloró para hacerla reforzar el contacto de sus partes con mis labios y lengua. La fui trabajando a lengua y chupones. Fue un torbellino de caricias, besos y lamidas. Se besaban entre ellas y amasaban sus tetas. Brisa cabalgó mi verga y Soledad mi lengua. Entre ambas se amañaron para llegar a una nueva descarga de energías. A la cima y al clímax… En tanto yo seguía cargado!

    Ya tiradas en la cama se miraron felices y sonrientes. Acaricié la espalda de Brisa como para recordarle que seguía ahí.

    -Buscas algo?

    -Es posible… si te pones en cuatro patitas seguro lo encuentro!

    Perezosamente, Brisa fue levantando sus caderas para apoyar las rodillas y quedar dispuesta. Gotas de flujo vaginal corrían por sus piernas. Las levanté con la lengua y tembló. Apoyé mi verga en su entrada y en un viaje de punta a punta, mi miembro la atravesó para empezar a cogerla despacio. Iba y venía sin prisa ni pausa. Gozando.

    -Sole… deberías probar lo que tengo dentro. Es como un juguetito pero con vida, palpitante y calentito!

    -Tú crees?

    -Es nuestra noche. Me encantaría que probaras y sea yo la que te oriente…

    -Bueno. Nunca creí que fuera lo mío pero… aquí estamos. No dudes cariño que será mi prueba de amor!

    Yo escuchaba y esperaba. Soledad se colocó en idéntica pose que Brisa. Esta se dio la vuelta y me dio un beso mientras acariciaba la raja de su pareja.

    -Gerónimo: tendrás el privilegio de ser el primer hombre que penetre esta deliciosa y amada cuevita. Trátala con suma prudencia y cariño!

    De verdad caía ahora en que la virginidad de Sole era real en cuanto a hombres, más allá de los juguetes sexuales…

    -Tú mandas, Brisa!

    Tomó mi verga y la apuntó a la entrada carnosa. Acercó el glande y lo hizo frotar restregando los labios húmedos, haciendo que comenzaran a separarse. Luego de jugar un rato, ya Soledad daba muestras de ansiedad y gusto. Brisa siguió hurgando hasta alojar mi miembro justo en la boca de la cueva. Con una mano me lo sostuvo y con la otra me empujo suavemente como ordenando que avanzara para alojar la cabeza de la poronga y algo más dentro del canal.

    -Mmmm… realmente se siente bien este “juguetito con vida”!!!

    -Te gusta, amor?

    -Muy a mi pesar te digo que si…

    Brisa me miró, sonrió y me aventó para que penetrara por completo.

    -Ahora te cogeremos bien rico, cariño. Gero te la pone mientras yo te hago una regia pajita!

    La cogimos. El fuerte y rápido el vaivén de mi verga y los laboriosos los dedos de Brisa, hicieron que Soledad aullara de placer cuando el orgasmo la alcanzó.

    -Aaaah, no pensé, nunca pensé…

    -Ssshhh! No digas nada. Solo relájate y disfruta. Descansa, que yo recibo a Gero para que acabe otra vez.

    Volvió a ponerse en pose “perrita”, la penetré y bombee hasta que mis huevos soltaron todas las simientes, que ella se guardó un buen rato, manteniéndose en la misma pose.

    Nueve meses después, Brisa dio a luz un precioso bebe. Obviamente lo fui a conocer para luego dejarlas a ellas hacer su vida de pareja, criar al niño y mimarlo. Lejos de interferir, solo me reuní con ellos solo para algunas ocasiones especiales.

    Gerónimo 68

  • Repitiendo pene con mi compañero

    Repitiendo pene con mi compañero

    Esta fue nuestro segundo encuentro. Me había invitado a ver una película a su casa, yo estaba vestida con una falda negra y una blusa blanca, ambas muy sexys.

    Cerró la puerta e inmediatamente me puso a mamar, me encanta que alguien más lleve el control, lo hice hasta estar a punto de vomitar; mientras yo estaba en cuatro y metía su mano dentro de mi como si fuese todo un ginecólogo.

    Estaba a punto de hacerlo correr y se puso un preservativo, me cogió en cuatro, me besó la espalda y el cuello y me repetía lo rica que me veía desde esa posición, empezó a meterlo una y otra vez, haciéndome gritar más y más…

    Y cuando pensé que no podía más, empezó a apretar mis labios vaginales con sus manos, de modo que su pene quedaba más y más aprisionado y esa sensación me encantó, finalmente hicimos que valiera la pena que él haya comido piña toda esa semana, cuando estuvo a punto de venirse lo sacó, me cogió del cabello y me puso de rodillas a él, se derramó sobre mi boca y me felicitó por haberlo hecho, según él, durar tan poco…

    Yo no pensaba lo mismo.

  • La historia de mi primer trío (Parte 3)

    La historia de mi primer trío (Parte 3)

    TODO LO BUENO TIENE QUE TERMINAR.

    Desperté de golpe debido a las vibraciones de mi teléfono en silencio, nuevamente era Ben, había llamado varias veces durante la madrugada pero no había tenido el valor de responder, después de varias llamadas seguidas y acabar con mis ganas de seguir durmiendo, contesté, sonaba preocupado y a la vez muy serio, le comenté que había ido con Liz a una fiesta y que se había tranquilizado (omití todo lo que pasó después de eso), pareció no importarle, y preguntó dónde estaba, eran las 8 de la mañana del sábado, le hice saber que estaba en casa y prácticamente me ordenó que fuera a su apartamento.

    La situación me tenía un poco alterada, por un lado estaba Ben, excelente cuerpo, excelente sexo y excelente en ponerme súper caliente en segundos, y con una actitud un poco controladora, por el otro, Liz, mi primera experiencia con una mujer, hermosa, de buen cuerpo, un par de pechos deliciosos y una sonrisa muy linda y por sobre todas las cosas, una actitud muy dulce, a estas alturas podía atreverme a hacer lo que fuera con ella y estaba segura de que jamás me diría que no, y eso me tenía loca por ella, me derretía por dentro.

    Sin ningún apuro, me preparé mi desayuno, revisé mi teléfono como de costumbre y me dispuse a tomar una larga ducha en la bañera, tenía mucho en que pensar, estaba en medio de los conflictos de una pareja y ya me había involucrado sexualmente con ambos, y a pesar de eso, sólo podía pensar en Liz, en la noche anterior y en todo un mundo nuevo de sexualidad inexplorada en mi futuro, quería probarlo todo, quería llegar al límite con ella, y reflexionando en la bañera me encontré tocándome para calmar mi ansiedad.

    Al terminar, busqué algunos juguetes en internet que pudiera usar con Liz, no era muy fan de los juguetes, pero vamos que para pasar el rato entre mujeres a veces el cuerpo simplemente pide más de lo que nos podemos ofrecer, y por el cuerpo me refiero al mío.

    Después de asimilar y analizar la situación, me encontré con una cuestión un tanto inquietante, Liz no había llamado, no había enviado ningún mensaje, apenas y habíamos cruzado palabra luego de comérmela completa y dejarla en su casa la noche anterior, pensé que probablemente se encontraba en la misma disyuntiva que yo y pensé en darle el sábado completo para pensárselo, mientras tanto, Ben me esperaba en su apartamento y yo estaba un poco asustada por su frustración palpable al hablar por teléfono.

    Me puse un vestido, como acostumbro hacerlo durante el verano, blanco de cuello en v y un poco entallado esta vez, tomé un coordinado de encaje nude, no soy fan de los jeans, las capas de ropa y todo lo que no fuera corto si se trataba del verano, el calor puede llegar a afectarme demasiado, y no precisamente en el buen sentido de la palabra.

    Llegué al apartamento de Ben cuatro horas después de su llamada, me sorprendió que no se desesperara y comenzara a llamar como loco, subí a su piso y mientras me acercaba a su puerta pensé en la ironía que sería si me encontraba con Liz ahí, me había emocionado un poco la idea, pero desafortunadamente, al entrar, no había rastro de ella, me encontré con un Ben molesto, y esta vez, parecía real, entré en pánico un momento.

    Se me ocurrió que probablemente Liz ya le había contado todo, y ahora, iba a enfurecerse conmigo, por lo que opté por preguntar por ella para ver si sabía algo, respondió que no había hablado con ella desde la pelea, creo que dejé escapar un pequeño suspiro después de su respuesta, pero él seguía tenso, los músculos de su mandíbula estaban muy marcados, lo que me dejaba ver que estaba haciendo fuerza, en ese momento entendí porque Liz se había echado a llorar cuando él levantó la voz, su actitud era de cuidado.

    Para calmar un poco la tensión fui a la cocina por un vaso con agua, Ben se limitó a seguirme y no decir una sola palabra, le pregunté qué tal lo llevaba y se acercó un tanto desesperado a la barra, me dijo con molestia que no sabía qué hacer, y cuando pregunté a qué se refería me contó todo, quería volver con Liz porque la extrañaba, ¿y quién no? Esa mujer es endemoniadamente arrebatadora, pero después de mi aparición en el mapa, lo cual admitió haber hecho con algo de despecho y coraje, no sabía de qué manera continuar con ella sin decirle.

    Se me hizo un hueco en el estómago, un vacío que dolía, si Ben le decía una palabra a Liz sobre mí, ella haría lo mismo, y yo estaría perdida, traté de calmar la situación diciéndole que desde mi posición, cualquier cosa que hiciera me afectaba, si le decía, yo perdería a mi amiga (y mi recién estrenada amiga con derecho a roce), y si no le decía, Ben estaría perdido, por lo que surgió en mi cabeza una tercera opción.

    ¿Qué tal si él le decía que por despecho, había estado con alguien más, pero que ese alguien más no era yo? Ella no dejaría de hablarme, Ben se tranquilizaría por confesar su crimen y todos estaríamos muy felices, además de que yo podría consolar a Liz, poco a poco sugerí la idea de manera indirecta, y me pareció que eso le había tranquilizado un poco.

    Hablamos un poco de todo, de Liz, de su trabajo, su familia, y de cómo habían quedado las cosas entre nosotros, y de pronto, su cara de molestia volvió a aparecer, hombre voluble, pensé, pero no le tomé la mínima importancia, para mí había sido maravilloso estar con él, y no cualquiera logra lo que él logró en un fin de semana, su molestia aumentó cuando se lo dije, y no sabía exactamente la razón de su enojo, saqué las llaves de mi bolso en señal de que pasaba a retirarme, moría de hambre, y la combinación de sueño y hambre en mi vida no era buena para nadie.

    Sinceramente, comenzaba a estresarme su actitud, le di un beso de despedida en la mejilla y al alejarme apenas un metro me jaló del brazo hacia él, me miró furioso, me apretó con fuerza por la cintura y de cierta manera eso ocasionó cierta atracción sexual en mí, le tenía muy cerca, podía oler su aliento mentolado por los cigarrillos que acostumbraba fumar, su perfume despertaba en mí todo aquello que había reprimido durante semanas. Me tenía, y él lo sabía.

    Me plantó una mordida desesperada en el labio inferior, yo respondí con más desesperación, me arrinconó contra la pared de su habitación, se separó de golpe, me tomó de las caderas y me volteó violentamente a la vez que me empujaba hacia la pared con su pelvis, le sentía, estaba muy molesto, y eso me excitaba muchísimo, me quitó el vestido con un movimiento brusco mientras buscaba debajo de mi sujetador aferrarse a mis tetas, las apretó con fuerza y dejó una mano ahí para con la otra deshacerse de sus shorts negros, esta vez, Ben no usaba nada debajo, me pareció que para estar tan molesto, se había preparado para esto.

    Su miembro erecto se paseaba por mi sexo, con movimientos tan marcados y fuertes que la fricción ardía, pero eso me hacía estar cada vez más mojada, en su desesperación por quitarme la tanga, la arrancó de golpe, su pene estaba completamente lubricado con mis fluidos, me obligó a inclinarme más, casi a 90 grados, y sin poner una mano encima, movió su pelvis ágilmente y de un movimiento me penetró, fue una sensación inesperada y a la vez deseada.

    Comenzó a embestirme a mucha velocidad, la situación me tenía en un trance desenfrenado, continuó por un rato de esta manera, su vaivén era perfecto, y para ser sincera tenía semanas deseando que hubiera otro encuentro entre nosotros, pero lo que más me sorprendió fue encontrarme pensando en Liz en ese momento, y no pasaron ni un par de minutos cuando ya tenía todas las sensaciones encima, el calor de sus fluidos dentro de mí, los escalofríos, el adormecimiento de mi cuerpo y los espasmos.

    Ni un sólo segundo había dejado de pensar en ella, sus deliciosos pechos, su cintura, su sonrisa, estaba tan confundida y tan extasiada al mismo tiempo que luego de terminar, descansé un poco, y me incorporé solamente para tomar mi ropa y mis zapatillas y me despedí de Ben.

    De vuelta en casa, decidí ordenar una pizza, no me apetecía cocinar nada y mucho menos estaba de humor para seguir mi régimen alimenticio al pie de la letra, además, los fines de semana siempre eran días de trampa para mi dieta. Había llamado a Liz al menos unas diez veces sin obtener respuesta, en esos momentos pensaba para mis adentros que mi dignidad ya estaba en el suelo, tomé mi bolso y me subí al auto con el objetivo de hablar con Liz.

    Al llegar a su casa, me encontré con una Liz sumida en la vergüenza, un poco sonrojada, pero amable como siempre, le costaba sonreír, pero aun así, se esforzaba por hacerlo, pasé a su casa y me llevé una sorpresa al encontrar a sus padres en la cocina, ¡demonios! había olvidado que tenía sólo 21 años, había olvidado que a esa edad uno sigue viviendo con sus padres y estudiando, por Dios me sentí peor que antes de saber algo de ella, saludé a sus padres con recato y Liz anunció que subiríamos a su habitación.

    De camino pensaba para mis adentros que lo que había hecho era un error, me sentía la mujer más pervertida del mundo, y empezaba a arrepentirme por ello, yo no hago eso, yo no me arrepiento, ese era otro de mis mantras de vida, «No regrets», incluso lo llevaba tatuado en mi costilla izquierda.

    Ya en la habitación de Liz, la noté un poco más tranquila, hablamos un poco de lo que había pasado la noche anterior, y para mi sorpresa, esa no había sido la primera experiencia de Liz con chicas, eso me reconfortó un poco en cuanto a mi arrepentimiento, pero, al igual que Ben, no dejaba de darle vueltas al asunto, y para ser sincera, yo no sabía de qué lado ponerme, así que sacudí un poco mi mente y me acerqué a ella, la tome de la cintura y la besé desesperada, había pensado en ella toda la mañana, incluso durante mi encuentro con Ben.

    Jugamos un poco, al menos lo que se pudo dentro de la situación con sus padres en casa, dejamos las cosas claras, lo que había pasado nos había gustado a ambas y entre insinuaciones un tanto implícitas, algunos besos, abrazos y roces delicados, ambas deseábamos que se repitiera, por el momento necesitaba deshacerse de la resaca, aclarar su mente y pasar el fin de semana con su abuela fuera de la ciudad, mientras tanto me despedí de ella con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo.

    Para el lunes, me levanté con muchos ánimos de ir a trabajar, había descansado bastante, y me la había pasado mensajeando con Liz todo el fin de semana, incluso obtuve algunas fotos de sus enormes pechos y su pequeño y delicado clítoris rosado, fotos que utilice todo el fin de semana para mi deleite matutino, después de ponernos de acuerdo para vernos el lunes, había corrido a una sex shop para buscar algunos juguetes, estar con ella era demasiado placentero, pero la percepción que tengo de mis necesidades me hizo sentir que no sería suficiente.

    Compré varios tipos de juguetes y continúe con mis actividades. Al salir del trabajo debía ir al instituto, pero no tenía ganas de toparme con Ben, había ignorado sus llamadas y mensajes todo el fin de semana, además, había quedado con Liz a esa hora para ir a mi casa libre de padres y prejuicios. Pasé por ella a su universidad y me encontré con una Liz de muy buen humor, su sonrisa había vuelto a ser la misma, subió al auto bastante animada y me plantó un beso en la boca que me quitó completamente el aliento.

    Llegamos a mi casa e inmediatamente la tensión sexual comenzó a sentirse en el ambiente, Liz parecía muy segura de si misma, yo por el contrario era un manojo de nervios, la vez anterior había alcohol de por medio, mi lubricante social por excelencia, y todas las sensaciones desembocaron en yo suponiendo qué hacer con su cuerpo, para la segunda ocasión ya había expectativas, lo notaba en Liz, y no sabía si sería capaz de cumplirlas.

    Pasamos a la sala y Liz se acomodó en el sofá, le ofrecí algo de beber, y al asentir con la cabeza me relajé un poco, serví dos vasos con hielo y mi whisky favorito y los llevé a la mesa de centro, me senté sólo para tomar mi trago completo y regresar al minibar por el segundo, me acomodé muy cerca de Liz y ya con un ligero calor en la garganta la besé, sus labios sabían a fresa y alcohol, una buena combinación, pensé, poco a poco mi cuerpo fue acercándose más al suyo y sentía a través de su respiración su respuesta, me incorporé un poco, me levanté del sofá, la tomé de la mano, y nos dirigimos hacia mi habitación.

    Camino a la habitación, mi teléfono celular comenzó a sonar, Ben, pensé, lo ignoramos y entramos a la recámara entre besos desesperados y fragancias femeninas combinadas, no pasó ni un minuto cuando sonó el celular de Liz, su sobresalto llamó mi atención, por lo que decidí parar para preguntarle si estaba todo bien (por supuesto que no lo estaba), la noté preocupada.

    Me comentó que había hablado con Ben, y el alcohol empezó a subirme a la cabeza, dijo que habían pausado las cosas y acordaron que ambos habían hecho cosas que no querían decir, por lo que continuarían como amigos hasta que se decidieran a hablar abiertamente, un hueco en mi estómago se fue haciendo más grande, pero Liz me tranquilizó un poco diciéndome que por eso ella ya estaba tranquila y segura de lo que quería conmigo, el celular dejó de sonar, y esta vez, Liz tomó la iniciativa.

    Comenzó a besarme el lóbulo de la oreja izquierda y bajó hasta el cuello, me besó de a poco con pequeñas y delicadas mordidas hasta llegar a mi boca, me deshice de mis zapatillas y me abalancé sobre ella para continuar, Liz hizo lo mismo y nos recostamos en la cama, levanté su blusa, y nuevamente Liz no traía sostén, pero es que con esos pechos yo tampoco usaría, eran hermosos, en forma de gota, firmes, aún en su lugar, unos pezones rosados con una areola apenas perceptible, Dios, eran perfectos.

    Me deshice de su blusa y comencé a besarle los pezones, quería comérmelos a mordidas, me encontraba muy húmeda y eso que aún estábamos en el juego previo, de pronto, sonó el timbre de la casa, me exalté un poco y me levanté de la cama, como vivo sola, mi casa cuenta con un sistema de 4 cámaras de seguridad, dos en diferentes ángulos de la entrada, otra en el garaje y otra más en el patio trasero, me asomé a las cámaras y ahí estaba Ben, con un semblante duro en el rostro.

    Sin pensar en la situación en la que me encontraba, abrí la puerta y entró con paso apresurado buscando algo, o a alguien, luego de saludarle, miró los vasos de whisky en la sala, y se limitó a preguntarme dónde estaba Liz, de pronto la imagen de Liz recostada en mi cama sin blusa y descalza se cruzó por mi mente, me asusté e intenté detenerle, mientras corría a la habitación, me sorprendió su agilidad para no haber estado nunca en mi casa, alguna que otra vez habíamos pasado juntos por donde vivía, y sólo por eso sabía dónde quedaba, y de pronto mi casa se convirtió en campo de batalla.

    Intenté interceder cuando de pronto Ben me interrumpió, le pedí que se tranquilizara un poco y le amenacé con llamar a la policía, pero se limitó a arrinconarme entre una pared y su brazo izquierdo, tenía una mirada retadora, la misma del sábado a mediodía, no sabía exactamente cómo reaccionar, Liz se levantó y buscó su blusa, se la puso con agilidad, tomó sus zapatos y salió de la habitación, empujé a Ben para perseguir a Liz, y sólo me encontré con la puerta del sanitario cerrada.

    No sabía exactamente de qué iba su actitud, pero Ben estaba hecho un desastre, estaba iracundo preguntando qué demonios pasaba con nosotras, le ofrecí un trago y no me quedó más remedio que contarle la verdad, Ben sabía que Liz era bisexual, yo no, y a decir verdad, yo ni siquiera sabía que yo lo era, comenzó a sospechar desde que ambas ignoramos sus llamadas, al llegar a mi casa y ver que ambas ignoramos nuevamente sus llamadas, supuso lo peor, y el entrar y ver los tragos en la sala confirmó sus sospechas.

    Me levanté a tocar la puerta del sanitario, le dije a Liz que tenía algo que decirle, y ya que estábamos en la cúspide de las confesiones le dije lo que había pasado con Ben, aunque hice hincapié en que lo ignoré desde lo que pasó con ella (no era del todo cierto, pero necesitaba calmar la atmósfera), luego de hablar por un rato, se retiraron de mi casa y yo me quedé como casi nunca me quedo, sola y muy caliente.

    No supe de ellos por unas semanas, y como el módulo de Ben en el instituto había cambiado, nuestros horarios ya no coincidían, de pronto recibí una llamada de Ben, me invitó a su apartamento, le cuestioné acerca de Liz, pero no quiso hablar al respecto, después de todo era bastante reservado con muchas cosas, y yo necesitaba liberar algo de mi tensión acumulada a lo largo de esas semanas.

    Quedamos de vernos por la noche, y antes pasé a mi casa a ducharme como era mi costumbre, llegué a su apartamento algo insegura, realmente no sabía si mi idea de liberar tensión era la misma que la de Ben, pero al subir a su piso, tocar el timbre y ver su semblante mis dudas se disiparon.

    Tomamos algo de vino, cenamos ligero y comenzó el flirteo, Ben se abalanzó sobre mí en el comedor, nos besamos un poco y se levantó a poner música, vamos por buen camino, pensé, de pronto sonó el timbre del apartamento, me dijo que debía ir al sanitario y que si podía abrir, me sentí un poco incómoda pero le obedecí, y mi sorpresa fue muy grande al abrir la puerta y ver a Liz, llevaba unos jeans, una blusa de botones y unos stilettos a juego, se veía demasiado bien, me saludó con un abrazo, y como si fuera mi propia casa le ofrecí un trago, se le veía bien, animada y estable.

    Luego, por mi mente pasaron las mil posibles respuestas de porqué estaba Liz en ese apartamento el mismo día que Ben decidió hablarme. Cuando Ben salió del sanitario, se miraron y se saludaron como simples amigos, me sorprendió mucho verlos así, parecía que las cosas ya estaban bien, al menos mejor que cuando se habían ido de mi casa, hablamos y me aclararon todo.

    Habían decidido terminar en buenos términos, y como Ben seguía en una ciudad sólo y sin amigos, habían decidido serlo, luego, pensaron en la remota posibilidad de complacerse el uno al otro sin compromisos, no sin antes pensar en invitarme, y ahí estaba yo, pensando que iba por uno cuando en realidad iba por dos, no voy a negar que estaba bastante asombrada (y no es que sea de mente cerrada) pero jamás me imaginé que todo aquello terminaría de esa manera.

    Me sentía nerviosa, emocionada y muy curiosa de saber qué iba a pasar si yo aceptaba. No lo pensé mucho y dije que sí, al final de cuentas, los tres ya habíamos estado con cada uno, ¿qué más se podía esperar si en lugar de ser dos, éramos los tres al mismo tiempo? Ben nos invitó a pasar a su habitación, tomé mi copa de vino y caminé detrás de Liz.

    Al llegar, me terminé mi copa de un sólo trago y Ben se acercó y me tomo por detrás, pasó sus manos por mi cintura y subió hacia mis pechos, incliné mi cabeza para darle paso hacia mi cuello mientras Liz se acercaba por delante, me besó decidida y comenzó a abrir los botones de su blusa, en un principio no sabía qué hacer, no sabía qué o a quién tocar, pero luego de ver un poco la dinámica comencé a seguirles el juego.

    Ben estaba tan duro y preparado como siempre, podía sentir su pene duro y erecto entre mis nalgas, Liz por el contrario estaba igual de curiosa y expectante que yo, mientras Ben bajaba el cierre de mi vestido, yo besaba a Liz y jugaba con sus pechos, me deshice de su blusa recién desabotonada y me dispuse a desabrochar sus jeans, los bajé un poco mientras la besaba, Ben bajó mi vestido poco a poco, y al caer, se deshizo de mi coordinado de encaje para ocasiones especiales.

    Al quedar completamente desnuda me inclinó para poder disfrutar de mi trasero y comenzar a tocar mi clítoris, quedando más agachada, decidí concentrarme en las tetas de Liz mientras me ayudaba a bajar sus jeans, luego, al incorporarme un poco, Ben acercó a Liz para besarla mientras yo me comía todos sus pechos y Ben me masturbaba, estaba tan extasiada que sentía que iba a reventar, pero tenía que esperar, pues lo bueno apenas estaba comenzando.

    Me volteé para juguetear con Ben y besarlo, Liz se acercó por detrás de él y comenzó a besarle el cuello, mientras yo le desabotonaba la camisa, y ella se la retiraba por detrás, me hinqué con el ímpetu de comérmelo completo, desabotoné sus jeans y los bajé desesperada, Liz se hincó a mi lado mientras Ben se deshacía de su bóxer, eso ya era una competencia, nos turnábamos para comernos el enorme miembro de Ben, cada vez con más ganas que la anterior, de pronto chupábamos su miembro erecto juntas cuál paleta y de pronto nos distraíamos y nos besábamos.

    Ben se limitaba a acariciar nuestro cabello y empujarnos hacia su sexo. Me levanté para besarle, quería morderle los labios, el cuello, quería sujetarlo fuerte, cuando de pronto la lengua traviesa de Liz se hizo presente en mi clítoris, estaba demasiado caliente y ya no aguanté más, comenzaron mis espasmos y gemidos mientras Liz continuaba lamiéndome y Ben continuaba besándome y aún ni llegábamos a la cama. Ben me volteó hábilmente y me inclinó para recargarme en la cama, me embistió tan delicioso que su pene me llenó completamente, esa sensación era diferente, mientras mis ganas de terminar se acercaban nuevamente Liz se puso a cuatro en la cama y como una gatita en celo, gateó hacia mí.

    Liz y yo nos besábamos mientras yo apretaba fuerte sus pechos y Ben me embestía y me masturbaba al mismo tiempo, mis ganas de ir al sanitario aumentaron, y esa sensación sólo había logrado obtenerla unas pocas veces en mi vida, algo estaba logrando esa situación, de pronto Liz se bajó de la cama y se hincó en el suelo frente a mi entrepierna, de cuando en cuando pasaba su lengua por mi clítoris, Ben le cedió mi clítoris a Liz para apretarme fuerte las tetas, fue tanto el placer y la expectativa que mi eyaculación se hizo presente y un líquido blanquecino salió de mi interior a presión.

    Liz se acercó a mi en cuanto lo notó, se lo comía, lo disfrutaba, se llenaba la boca mientras lamía deliciosamente mi clítoris, ese orgasmo era muy distinto y generalmente inalcanzable para mí, me quedé extasiada, muy extasiada y tardé mucho más en incorporarme, me enderecé un poco y mientras Liz me compartía de mis fluidos en la boca, Ben se colocó detrás de ella y comenzó a embestirla de pie junto a la cama.

    Luego de un par de minutos, pude reponerme un poco y comencé a tocar el clítoris de Liz, con movimientos de lado a lado muy ligeros, la escuchaba gemir, era un sonido delicioso que me puso a mil, Ben la tomó del pelo y lo jaló para arquearla, dejando sus grandes y ricos pechos a la disposición de mi boca, mientras la masturbaba, comenzaba a sentir el calor y los escalofríos en mi cuerpo, de nuevo me estaba calentando, y Ben parecía tener ganas de más.

    Sentí la enorme responsabilidad de ser recíproca con Liz, después de todo había sabido hacerme estallar y disfrutarlo junto conmigo, me hinqué frente a su entrepierna y mientras jugaba con los testículos de Ben en cada azote hacia Liz, me la comía y disfrutaba de su sabor salado, cada vez más húmeda y cada vez más jadeante Liz me tomo de la cabeza y apretó todo su sexo con mi cara mientras me dejaba sentir sus espasmos y su humedad espesa en mi boca.

    Me era difícil respirar pero esa situación era muy estimulante, noté a Ben un poco exhausto, pero al igual que nosotras, quería seguir, tomé a Liz que recién se incorporaba de su orgasmo y me la lleve a la cama.

    Liz se sentó distraída en la orilla de la cama y me senté sobre ella con mis piernas abiertas, la besaba desesperadamente, quería contagiarle mis ganas de más y darle un respiro a Ben, que sólo nos miraba y nos acariciaba, Liz comenzó a responder a mis juegos mientras Ben me empujaba para que me recostara sobre Liz, obedientes, nos recostamos entre caricias y besos cada vez más desenfrenados.

    Ben comenzó a tocar mi clítoris y luego hundía dos dedos en mi interior, podía sentir cómo intercalaba entre el mío y el de Liz por nuestros gemidos subsecuentes, Liz levantó sus pies y los apoyo en la cama, Ben dejó de tocarnos solo para penetrarnos, me embestía con fuerza por algunos minutos, y después lo hacía con Liz, la sensación de saber que penetraba a Liz y acto siguiente a mí me tenía muy mal, la simple idea de que nos estuviera cogiendo a ambas de tal manera me puso a mil nuevamente.

    Me vi en la necesidad de suplicarle que estallara, que compartiera su lechita caliente con nosotras, Liz me acariciaba el cuerpo y cada vez que era mi turno para que Ben me penetrara, me tomaba de las nalgas y las separaba para el fácil acceso de Ben, escuchaba a Ben agitado, jadeando, estaba a punto, y la simple idea me puso a punto a mí también, Liz se encontraba igual, comencé a sentir sus espasmos debajo de mi cuerpo, sus gemidos tan deliciosos y sus apretones en mi cuerpo ocasionaron que terminara casi al mismo tiempo que ella.

    Entre espasmos, besos y manos por todos lados, Ben dejó de penetrarme y soltó un grito de placer, saco su miembro para compartir su orgasmo con las dos, y de pronto sentí su semen caer en mi sexo que ardía, se resbalaba y desembocaba en el de Liz, que se veía exhausta pero complacida por la sensación, me tumbé a su lado y Ben hizo lo mismo conmigo, quedamos exhaustos pero muy satisfechos, y de pronto mis ojos se cerraron.

    Desperté desubicada en medio de Ben y Liz, quienes estaban dormidos, y pensé para mis adentros nuevamente, yo no hago esto, yo no duermo con nadie, en ese momento sólo me sonreí y me convencí a mi misma de que igual y valía la pena, me quedé dormida profundamente sólo para soñar con lo sucedido toda la noche.

    Al día siguiente me levanté tan caliente, que me vi en la necesidad de acostarme de espaldas a Ben y comenzar a mover mi culo en su pene, cuando comenzó a despertar, su miembro también lo hizo, solo para recibir tremenda mamada de mi parte y después, meternos a la ducha rápidamente para no despertar a Liz.

    Mientras ella dormía, me cogió tan duro que nuevamente me dejó satisfecha, luego de esto, me vestí e hice lo que nunca en mi vida había hecho, me fui a trabajar con la misma ropa del día anterior, menos mal que el día anterior había tenido tiempo de llegar a casa a cambiarme, de lo contrario, todos en mi trabajo estuvieran hablando de mi vida personal, cosa que ni yo hago.

    Me pasé todo el día imaginando situaciones, incluyendo lo que pudo suceder entre Liz y Ben cuando dejé su apartamento, luego de ese encuentro, tuvimos varios más a lo largo de ese mismo año, todos ellos muy placenteros y cada vez mejores, pero todo lo bueno tiene que terminar.

    Se terminó cuando Ben decidió regresar a Londres, no me hubiera importado seguir así mucho tiempo, y me parece que a Liz tampoco, para el día que se fue prometimos volver a encontrarnos en algún punto de nuestras vidas. Liz y yo nos hemos visto ocasionalmente, pero siempre llegamos a la misma conclusión, los juguetes no son lo mismo que Ben y estoy segura de que él también debe haber llegado a pensar exactamente lo mismo.

  • Viajando con mi primo (Parte 2)

    Viajando con mi primo (Parte 2)

    Los siguientes días tras el viaje con mi primo me sentía triste, mal y sola. No solo se habían terminado esos días maravillosos sino que si ahora queríamos vernos, tendría que ser en secreto. Nada de pasear de la mano por las preciosas calles de Lisboa. Otra preocupación era que para Pablo solo hubiera sido una aventura y no quisiera tener una relación de pareja conmigo, pero no era así: me escribía, me decía que me echaba de menos, y que me quería. Con respecto a hacer el amor sin protección, al final comprobé que no estaba embarazada. Pero yo iba a seguir intentándolo, con o sin la colaboración de Pablo. Quizá eso cambiara todo, igual podríamos fugarnos los dos con el niño a otra ciudad o algo así.

    Por supuesto ya estábamos planificando quedar en algún hotel de la ciudad para hacer el amor y estar juntos en general. Aunque la siguiente vez que nos vimos fue en otra comida familiar en la casa de mis tíos. El tema principal de conversación fue desde luego preguntarnos a Pablo y a mí qué tal nos había ido, si nos había gustado el sitio, si habíamos disfrutado y si íbamos a repetir. Nosotros respondíamos que todo genial con una sonrisa en la boca, aunque cuando nuestras miradas se cruzaban desde el otro lado de la mesa, nos transmitíamos una complicidad que solo nosotros entendíamos. Nuestros familiares estaban muy contentos de que Pablo y yo hubiéramos comenzado esta dinámica de viajar juntos.

    En una de las veces que fui al baño, casualmente Pablo entraba. O igual no era casual sino que él había ido cuando sabía que yo estaba. Miró a su alrededor y al ver que no había nadie me plantó un beso con lengua allí mismo. Se me puso el corazón a mil por la excitación y por el riesgo. Daban ganas de entrar al baño con él, pero sería demasiado sospechoso. De ahí en adelante yo estaba ya cachonda, pensando en ese beso y en lo que le haría a Pablo ahora que le tenía cerca.

    Pensaba que no había forma de estar un rato solos aquel día, pero entonces algunos de los hombres empezaron a decir que iban dentro a echarse una siesta. Con ese calor y esa comilona era lógico. Pablo me miró y dijo que él también iba.

    Yo me quedé fuera, jugando a las cartas con mis tías, pero todo el rato estaba pensando que mi chico estaba ahí dentro, solo, tumbado en la cama y quizá esperándome. Y de hecho me llegó un mensaje al móvil de él diciendo dónde estaba y que fuera allí, que me deseaba. Descarté varias veces esa opción, hasta que tuve que volver al baño. Una vez dentro de la casa, tan cerca de él, no pude resistirme. Busqué su habitación y abrí la puerta despacio… si estaba durmiendo me iría y si no, me quedaría. Estaba despierto así que entré y cerré la puerta. Fui a su cama, me senté e incliné y empecé a besarle, con prisas, tanto por la situación como por las ganas que tenía. Él me metía mano a las tetas y los muslos todo lo que podía.

    Pronto tomó mi mano y la llevó a su entrepierna. Como aquella noche en nuestro viaje, solo sentir el tamaño y dureza de su miembro en mi mano ya era suficiente para que perdiera la cordura y me dejara llevar por él. Lo magreé durante un rato en el que seguía aumentando de tamaño. No tardé mucho en moverme de forma que mi cara quedaba cerca de su paquete, y le desabroché los pantalones. Bajé su ropa interior y con un respingo su miembro quedó apuntando hacia el techo, duro y esperando mi estimulación bucal.

    No me lo pensé dos veces, me incliné y me la introduje. Era la primera vez que la tenía en mi boca, y me encantó. Caliente, con ese glande suave y empapado de presemen, y a la vez bien dura y firme. Empecé el movimiento arriba y abajo, rápido pero no en exceso, constante. Pablo contenía sus gemidos. Con una mano le acariciaba suavemente los testículos. Me apetecía llevarme la otra mano a mi sexo pero me contuve. Me dediqué solo a su placer, mamando y mamando y sintiendo que cada vez estaba más dura dentro de mi boca, si es que eso era posible. Sentía mis braguitas empaparse de mi lubricación, y solo deseaba que eso no oliera demasiado cuando volviera fuera con mis tías.

    A ratos me quedaba sin aliento y la sacaba y continuaba con la mano, embelesada con esa polla que me tenía loca. Deseé estar ahí chupándola durante horas, pero no era posible, tenía que volver ya, Por suerte Pablo no tardó mucho en descargar todo su semen en mi boca, chorro tras chorro, en una corrida súper copiosa. Llevaba ya demasiado tiempo ahí así que no había tiempo de ir al baño, limpiar, ni nada de eso, simplemente me lo tragué todo y salí apresuradamente.

    Una vez fuera nadie dijo nada aunque tardé un buen rato. Espero que en mis mejillas no estuviera el rubor que se me suele poner cuando estoy cachonda. En cuanto a manchas de semen, imposible, ya que estaba segura de haber tragado hasta la última gota.

    Esa noche ya en mi casa me masturbé con la imagen en mi cabeza de lo que había ocurrido en la casa de mis tíos, y me corrí como una loca. Toda esta historia con Pablo estaba sacando todo mi erotismo y sexualidad como nunca nadie había podido hacerlo

    Aquellos días yo hacía mi vida normal pero desde luego había cambiado. Estaba siempre ilusionada, risueña, sonriente, haciendo planes de futuro en mi cabeza. Pocos días después habíamos reservado un hotel en el centro de la ciudad para volver a estar juntos.

    No escatimamos en gastos para poder tener un sitio bonito, aunque a ese paso nos íbamos a arruinar si queríamos follar regularmente. Toda esta situación era bastante frustrante. Yo ese día salí antes de clase y Pablo se tomó el día libre, para así poder estar toda la tarde juntos. Por la noche sería demasiado sospechoso, ya que yo no suelo hacer lo típico de salir de tapas y cañas por la tarde-noche, así que no podía poner eso como excusa.

    Llevamos una peli romántica en un USB sabiendo que seguramente podríamos conectarlo a la TV, como así fue, y una botella de vino. No entramos a la vez por si acaso, así que cuando yo llegué él ya estaba dentro. Yo llevaba una blusa retro estampada, jeans campana y sandalias de cuña, y él vaqueros y camiseta negra. Empezamos muy modositos, solo dándonos un pico y poniéndonos con la peli y tomando un poco de vino, pero no aguantamos a ver la peli entera, a la mitad ya estábamos besándonos y tocándonos. Cuando estábamos juntos no había nada alrededor, el mundo desaparecía y para mí solo estaba él.

    Esta vez yo quedé por encima de él, un poco agresiva, besando tanto su boca como su cara, rozando mi piel contra su barba de tres días. Dejando que la suavidad de mi cabello rozara su piel, y que pudiera sentir mi perfume. Esa postura dejaba mis pechos colgantes y con el escote perfectamente visible desde su posición. Pronto sus manos coparon mis pechos, yo sabía que le encantaba tocarme por encima de la ropa. Abajo yo apoyaba mi pubis sobre su paquete y me frotaba adelante y detrás… a pesar de las ropas que había entre nosotros, era súper caliente hacer eso.

    El calor empezaba a invadir mi cuerpo y me quité la blusa, quedando con el sujetador blanco que inmediatamente después Pablo me desabrochó y tiró al suelo. Puso las palmas de sus manos contra mis sensibles pechos y me tumbé sobre él haciendo presión. Luego me incorporé y se los puse en la boca, donde pudo notar en sus labios lo duros que estaban ya mis pezones. Mientras, sin yo darme casi ni cuenta, él ya se la había sacado y se masturbaba con suavidad, disfrutando del momento. Yo bajé de la cama y me bajé los pantalones y las braguitas, mostrándome orgullosa delante de él, dejándole que disfrutara del trabajado cuerpo de su prima. Me volví a colocar en la misma posición aunque ahora sus manos estaban sobre mi piel desnuda, y su glande al rozarme dejaba pequeñas manchas brillantes de su lubricación sobre mí.

    Empezó a pasarme la mano por el sexo, para estimularme pero también para esparcir mi flujo por toda mi entrepierna, incluso llegando al orificio anal. Después pasó a frotar otra cosa, no su mano sino su verga, por la misma zona, también acabando en el culo, ahí le dije que eso no me gustaba, que nunca lo había hecho, y dijo que no pasaba nada, que solo frotar y empujar un poco ya era rico. Efectivamente la sensación me gustaba, podría ser excitante sin tener que pasar por el dolor de meterla hasta adentro.

    Yo estaba ya tan cachonda que mi lubricación corría por mis muslos abajo. Terminé de quitarle los pantalones y me iba a sentar sobre su polla cuando me dijo que pusiéramos el condón. Por supuesto a diferencia de nuestra primera vez, ahora sí habíamos comprado condones. Sin embargo le convencí de no ponerlo de momento, disfrutar de estar piel con piel así, y cuando se fuera a correr ya lo pondríamos. Una vez me dio el sí dejé bajar mis caderas, ensartándome por completo en su polla durísima. Creo que se me pusieron los ojos en blanco. Qué increíble sensación de sentirse por completo llena, que no me había pasado con ningún hombre antes. Cabalgué durante unos minutos así, alternando entre estar recta o inclinarme sobre él y dejarle estimular mis pezones con su boca. En esa segunda posición, él tenía acceso a mi culo, y tras embadurnar su dedo índice con saliva y con mis flujos, metió la punta del dedo en mi ano, lo cual sorprendentemente me pareció súper rico y excitante.

    Seguí subiendo y bajando durante muchos minutos, no quería parar, esa postura me producía un placer increíble. El hecho de tener mis dos agujeros llenos a la vez era mejor de lo que podía haber imaginado. El placer y la excitación hacían que se me abriera o relajara más el culo, y lejos de dolerme me producía más gusto. Llegué a fantasear con que tenía a otro hombre detrás y que los dos me penetraban otra vez, y esa idea era tremendamente excitante, de hecho a partir de aquel día empecé a tener bastante fijación con esa fantasía.

    Me corrí en esa posición, gimiendo como una loca, apretando bien abajo para que la polla de Pablo llegara lo más dentro posible. Él aguantaba sin correrse y su polla seguía igual de dura. Ya cansados de esa postura cambiamos de posición y me puse a cuatro patas, exponiendo mis dos “opciones” a Pablo que por supuesto me la clavó en el coño y siguió bombeando sin piedad. Pablo cambiaba cuando estábamos en la cama… normalmente era cariñoso y atento conmigo, pero en la cama cambiaba, era un auténtico empotrador, y eso me encantaba.

    A ratos me agarraba de las caderas o bien a ratos se inclinaba y me ponía las manos en los hombros para hacer más fuerza y clavármela bien dentro. Yo me apoyaba en un brazo y con la otra mano estimulaba mi clítoris, hasta que tuve otro orgasmo, esta vez no tan intenso pero sí largo. De nuevo parece que Pablo aguantaba hasta que yo me hubiera corrido y entonces en el último momento la sacó y se corrió sobre mi culo y mi espalda. Fue muy excitante sentir su semen caliente en mi piel, aunque por supuesto me hubiera gustado más que lo hiciera dentro de mí. Pero otra vez sería.

    Tras ducharnos seguimos viendo la peli hasta terminarla, y luego seguimos ahí charlando y bebiendo, disfrutando de nuestro día como pareja. Luego fue frustrante tener que salir del hotel de nuevo separados por si alguien conocido nos veía. Pero llegué a casa contenta y satisfecha, y una cosa que no me había pasado antes: al haber sido penetrada por detrás (aunque solo fuera el dedo) notaba algo raro ahí, pero no sentía dolor.

    Al siguiente fin de semana les dimos una alegría a la familia: Pablo y yo nos íbamos de nuevo de viaje juntos. Aunque por temas de presupuesto, se trataba solo de una escapada corta. Hay un pueblo muy bonito y famoso a poco más de una hora en coche, que al final por una cosa u otra no conocíamos ninguno de los dos. Saldríamos el sábado por la mañana y volveríamos el domingo por la tarde, haciendo una noche allí… que era lo que más nos interesaba, claro. Para no andar con condones, quedamos en que lo haríamos a pelo y que a la vuelta yo iría a la farmacia a por la píldora del día después.

    Otra ventaja de tener novio: Pablo conducía y tenía coche, mientras que yo a mis 24 años no tenía ni carnet de conducir, soy muy torpe para esas cosas. La habitación era sencilla pero bonita y con buenas vistas, y a diferencia de nuestro primer viaje a Lisboa, esta vez era con cama de matrimonio, a la cual dimos buen uso.

    El pueblo nos encantó, pero el sexo fue algo de otro mundo. Pablo me folló de todas las formas y posiciones posibles. Hicimos el amor al llegar a la habitación por la tarde, otras tres veces por la noche antes de dormir, y otras dos veces el domingo por la mañana antes de dejar la habitación. El domingo me costaba incluso caminar, de la caña que me había metido Pablo, que era incansable. Casi todas esas sesiones de sexo acabaron con él descargando su semen dentro de mí. Ni que decir tiene que al volver a la ciudad no tomé la píldora del día después… unos euros más en mi bolsillo, y muchas posibilidades de atar a Pablo solo para mí por medio de un hijo en común.

    Volvimos del viaje si cabe aún más enamorados. En la siguiente comida familiar enseñamos las fotos y a todos les gustaron. Por supuesto, no podía enseñar las de la habitación, porque se suponía que teníamos camas separadas. Sin embargo en una de las fotos, una de mis primas adolescentes, que no piensa antes de hablar, soltó sin más: “Anda, habéis dormido juntos??” Entonces miré bien la foto y en el reflejo de la ventana se veía claramente el interior de la habitación y la cama de matrimonio. Me puse roja como un tomate… no podía mirar a los demás, sobre todo a mis padres o a los padres de Pablo. Sin embargo él dijo con naturalidad que no quedaban habitaciones con camas individuales y que habíamos tenido que ir a esa, y que no pasaba nada. Gracias a ese comentario de Pablo la cosa parece que no pasó a mayores.

    No obstante, pronto iba a ocurrir algo que iba a hacer imposible mantener nuestra relación en secreto. Mi test de embarazo dio positivo, y poco después pude confirmarlo con el médico. Iba a tener un hijo de mi primo Pablo.

     

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (59/59): Epílogo

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (59/59): Epílogo

    Mi grito de alegría sonó en exceso desgarrado, me lancé a su cuello en el momento en que Tomás abrió la puerta para permitirle la entrada.

    -¡Pablo! ¡Has venido!. -y no esperé la respuesta, me elevé sobre las puntas de mis pies descalzos para besarle la boca y abrazarme a su cuerpo desesperado.

    Él me abrazaba entre risas intentando contenerme, pero respondiendo a mi ansioso beso, primero con dulzura y después con pasión no contenida. No solamente yo estaba nervioso, Dulce ladraba exigiendo que Pablo le prestara atención intentando trepar por nuestras piernas.

    -¡Que dos locos Dios mío! -me depositó en el suelo para inclinarse y sujetar entre sus brazos a Dulce que le lamía la cara.

    Tomás cogió la pequeña bolsa que había traído Pablo, y esperaba imperturbable a que iniciáramos el camino o a recibir alguna orden.

    -¿Quizá el señor desea que le prepare algo para cenar?

    -¡Hola Tomás! No tienes que preocuparte, solamente estoy algo cansado. -Tomás caminó delante de nosotros atravesando los salones, para tomar el pasillo que conducía al ala donde estaban nuestras habitaciones.

    Pablo me llevaba sujeto del hombro apretándome, podía sentir el calor de su mano atravesar la suave tela de seda de mi chaqueta, en el otro brazo portaba a Dulce que continuaba demostrándole el cariño que le tenía queriendo comerle la cara.

    Me sujeté a su cintura y elevé la cabeza para mirarle.

    -Pensaba que igual no venías, me cortaste la llamada.

    -Calla tontito, esperaba tanto que te decidieras y me llamaras para correr a tu lado. -su brazo me llevó hacia él oprimiéndome, todos mis momentos de duda se habían al fin esfumado, como la niebla del amanecer al despuntar el sol, y Pablo era la luz que me atraía hasta quemarme.

    Habíamos llegado a la mitad del pasillo, entre las puertas de mi habitación y la de Pablo, y el buen sirviente se quedó dudoso esperando.

    -En mi habitación Tomas, Pablo se quedará conmigo, tenemos que hablar de muchas cosas.

    Entramos en la habitación y Tomás abrió la bolsa para colocar la poca ropa que Pablo había traído en el armario del vestidor.

    -No es necesario Tomás, podemos hacerlo mañana, ahora me gustaría tomar un baño.

    Pablo comenzó a desnudarse, sin prisa, y antes besó a Dulce en la cabeza, luego lo dejó en el suelo y el bichito protestando. Tomás recogía la ropa que Pablo se quitaba.

    -Lo limpiaré para mañana, veo que no ha traído mucha ropa. -esperó a que Pablo quedara totalmente desnudo para llevarse lo que se quitaba.

    Curiosamente, cuando Pablo estaba en esta casa, ocupaba la atención completa de Tomas, lo mismo que antes pasaba con Eduardo, y yo pasaba a un segundo lugar en la jerarquía de su preferencias.

    No me molestaba en absoluto, era lo normal ya que a Pablo le conocía de antes y además, merecía esa deferencia que Pablo aceptaba como lo mas natural, y quedaba desnudo ante el criado como antes hacía Eduardo, cuando le acompañaba hasta mi habitación si deseaba pasar la noche conmigo.

    La noche última que pasé con Pablo no había podido fijarme mucho en él, ahora que le miraba con detalle, podía apreciar lo robusto y fuerte que estaba, como el vello de su cuerpo era más abundante, ya le cubría las tetillas y casi todo el pecho, también el perfecto y marcado abdomen, los muslos gruesos y duros y las largas piernas. Mención aparte seria su aparato sexual, los gordos huevos se adivinaban, envueltos en el ensortijado pelo, y solamente eran visible los quince o diecisiete centímetros de verga que colgaba delante de sus testículos.

    Me estremecí, como si tuviera frío, ante el soberbio espectáculo de su cuerpo, y a la vez sentía que mi polla comenzaba a cobrar vida empujando la fina tela de seda del pantaloncito que portaba.

    Sí, aquel era mi hombre, mi macho, mi amante, el preferido y mas deseado de todos los que había tenido, el hombre al que amaba sobre todas las cosas, mi dueño y amo, al que obedecería en todo lo que quisiera.

    Lo mismo que Tomás, también yo sentía respeto hacia él, y cada vez se parecía más a su padre, terminaría siendo igual que Eliseo cuando tuviera su edad, y eso no me molestaba para nada.

    Hablaron unas palabras más, y a la vez que Pablo se encaminaba al baño el sirviente salía de la habitación. Le seguí para sentarme en un taburete mientras abría el paso del agua dejándola caer y que resbalara por su fuerte cuerpo.

    Pablo resultaba guapo, más que guapo era atractivo, masculino y de personalidad viril que le salía, sin él proponérselo, por los poros de la piel. Se pasaba las manos por el cuerpo antes de derramar el gel sobre la esponja y luego aplicárselo en el cuerpo. Veía hipnotizado el balanceo de la verga colgando y escurriendo el agua que se deslizaba sobre ella. Volví a sentir una erección y decidí retirarme a la habitación, o terminaría masturbándome con el espectáculo que me brindaba.

    Dulce se había acurrucado entre las sábanas y me dirigía su lánguida mirada. Me tumbé a su lado y le abracé.

    -Ya le tenemos con nosotros y nunca permitiremos que se aparte. -como si me hubiera entendido giró la cabeza para pasar su rosada lengua por mis labios

    Me levanté cuando apareció envuelto en una enorme toalla y le ayudé a secarse.

    -¿Te has asustado de mi para ausentarte del baño?

    -Iba a terminar haciéndome una paja admirándote, y eso no es lo que necesito y quiero. -me tomó en sus brazos y abracé su cintura con mis piernas colgándome de su cuello con los brazos.

    -No vuelvas a dejarme otra vez Pablo, no lo hagas, castígame si crees que sea necesario y lo merezco, pero no vuelvas a alejarte de mí.

    -No quiero volver a hacerlo gatito, vamos a intentar entendernos los dos y creo que lo conseguiremos. -buscó mi boca y me besó con fiereza, con afán posesivo metiendo la lengua con fuerza. Le respondía acariciándola con la mía y ahogándome en el placer de su jugosa saliva.

    Me mantenía elevado sujetándome por las nalgas, pegado a él y sin dejar un momento de buscar la saliva que contenía mi boca, hasta que sentía la punta de su verga empujar entre mis nalgas.

    -Déjame en la cama cariño y hazme el amor. -me sentía invadido de una lujuriosa pasión y necesita que me hiciera suyo, ser penetrado por la dura polla que empujaba invasiva entre mis nalgas con riesgo de romper la tela y atravesarla.

    Me depositó con suavidad sobre el colchón y se tumbó a mi lado, mirando hacia el techo y con las manos bajo la nuca enseñando los poblados sobacos de duros y largos pelos ensortijados. Me giré hacia él y metí la mano entre los pelos de su pecho, crucé la pierna sobre su abdomen rozándole apenas la verga.

    -Te estas volviendo muy peludo, tanto como un oso. -giró la cabeza para mirarme divertido.

    -Si te molestan me depilaré o me raparé todo el cuerpo para estar a tu gusto. -y dejó escapar una alegre risa.

    -No tienes que hacerlo, así como estás me encantas. -no dejaba de jugar con sus vellos, tirando con suavidad de ellos y acariciándole la tetilla.

    -Te quiero mucho Pablo…

    -Igual que yo a ti gatito dulce. -me subí sobre él a horcajadas y me abrazó sobre su pecho.

    -Se sienten tan suaves tus pelos, y me hacen cosquillas en la piel, quiero que sigas así. Me gusta todo lo tuyo. -coloqué la cabeza sobre su pecho y escuchaba los latidos de su corazón. Me excitaba sobremanera estar tendido sobre su cuerpo, acariciado por sus pelos y apretado por sus brazos.

    Entonces me sujetó de los sobacos y tiro de mi pera que nuestras caras estuvieran al mismo nivel.

    -Bésame gatito, dame tu lengua. -no me hice de rogar y atendí su petición, pero rodeó mi cabeza con las manos y fue él quien me penetró metiendo la lengua y reclamando la mía para chuparla con avidez.

    Lentamente sentía como el culito se me iba dilatando por el deseo, y el pantalón se me humedecía por mis jugos y los que salían de su verga enterrada entre mis nalgas.

    -Estoy muy caliente Pablo. -me senté sobre su estómago y me quité la chaqueta por la cabeza, le descabalgué y me terminé de desnudar.

    -Te deseo Ángel.

    -Pues tómame, ¿a qué esperas? -y se termino la paz. Se abalanzó sobre mi y con brusquedad me tumbo poniéndose encima. Sus fuertes piernas abrieron las mías sin dificultad y su verga se friccionó con la mía.

    -Está muy dura, ¡qué rica Pablo! -se movía rozando entre ellas nuestros pollas y se posó sobre mi cuerpo para besarme.

    -Perdóname gatito pero no puedo aguantar más sin penetrarte, igual te hago daño.

    -No importa, soy tuyo para lo que quieras. -y abrí más las piernas dejándole lugar para que actuara, su dura polla picaba alrededor de mi ano sin acertar y se la sujeté para colocarla en la entrada.

    Una primera sacudida de cadera y el glande perforó mi culito.

    -¡Ahhh! -no pude evitar un fuerte gemido.

    -Lo siento bebé.

    -Sigue, no te detengas ahora, métela toda. -y ahora sin parar empujaba con fuerza, hasta que sentí sus peludos huevos en la puerta de mi culo.

    Una vez que tuvo toda su verga dentro se dejó caer sobre mi sin moverse.

    -Que calentito lo tienes, no pensaba mas que en este momento. -le abracé la espalda pasando mis pies por su cintura y cruzándolos, para abrazarme y sentir más dentro la verga.

    -También yo esperaba este momento mi rey. Amo tu verga como ninguna otra. -me besó la boca sin dejarme hablar y correspondí a su beso acariciándole la lengua.

    -No he estado con nadie desde la última noche que estuve con mi gatito y no creo que aguante mucho sin correrme amor.

    -No importa mi vida, quiero que me goces y no pienses en mi. -lentamente empezó a moverse sacando un trozo de verga y volviendo a meterle con fuerza.

    -Lo siento rico no pares Pablo. ¡Dios mío! qué rica polla te gastas, me llena todo. -Pablo no se detenía ahora, solamente me miraba fijamente mordiéndose el labio inferior y empujando con mucha fuerza para que sintiera la punta de su polla clavada en mis entrañas.

    Hasta que se puso rígido, con los ojos cerrados y con la piel húmeda de sudor, comenzó a agitarse con fuerza, su polla crecía y se agrandaba en mi culo llenándolo.

    -Me corro mi amor, me llega ya la leche mi vida.

    -Dámela toda, lléname con tu leche amor. -me la clavó hasta el fondo y empezó a llenarme de semen, no cesaba de temblar y derramarse en mi vientre.

    Yo le agarré la cabeza para besarle la cara mientras sentía como el macho me llenaba de dulce y caliente simiente.

    -¡Sí Pablo! Lo siento como sale de ti mi vida, me estás llenando de leche, dame más. -notaba con exactitud como su verga se hinchaba y endurecía, contrayéndose para disparar el semen que salía en abundancia.

    Así estuvo unos segundos apretando como si pudiera meterse más de lo que estaba y dejarme bien preñado. Respiraba agitado mientras le acariciaba la espalda, los glúteos, y metí las manos para llegar a mi culo y sentir como la leche escapaba de mi recto.

    Se había salido un trozo de su verga y me moví para que volviera adentro.

    -No la saques Pablo, déjamela dentro. -me besó los labios sonriendo.

    -No temas gatito, aún no hemos terminado, tengo mucho más para meterte y dejarte lleno, solo quiero descansar un momento. -sentía que mi culito se cerraba por el placer de sus palabras, tenía la intención de continuar follándome.

    ¡Oh Pablo! Ha estado muy bien y lo lo disfrutado, me siento lleno amor. -continuábamos besándonos y sintiendo nuestras bocas, también como poco a poco la verga pendía consistencia y tamaño, pero aun suficientemente dura como estar dentro de mi culo.

    Se elevó sobre los codos liberándome de su peso.

    -Gatito estás precioso, rojito y con sudor, y eso que te he dejado sin que llegaras al orgasmo.

    -Ya te he dicho que no importa, necesitabas descargarte y para eso estoy yo. -me miraba intensamente y con una enorme sonrisa.

    -En la hacienda te compensaré, tendremos todos los momentos que necesitemos y queramos… -dudó un momento. -Y no tienes que preocuparte por donde vivirás, si Eliseo te asusta ahora no estarás solo. Nosotros estamos también en la casa grande, viviendo con don Ernesto y doña Martina.

    Me di cuenta de que seguía hablando de sus abuelos con el mismo tratamiento, a pesar de que Ana María le habría contado que yo lo sabía todo, Pablo continuaba como si nada hubiera cambiado.

    -¿Y cómo ha sido eso?

    -Marcos se ha casado y Eliseo le ha dejado su casa, ya no la necesita, en unos meses habrán terminado de construirnos la nuestra y vivirá con nosotros, salvo que sigas teniendo miedo de él. -dudé sobre si seguir con el tema.

    -Yo no tengo miedo de Eliseo.

    -¿Entonces, por que no quieres vivir con él, que esté con nosotros?

    -Te lo volveré a repetir. No tengo temor de Eliseo, pero sí de ti Pablo, de que reacciones mal ante los atrevimiento de Eliseo. -me miraba mientras se reía besándome repetidamente la cara.

    -No soy celoso gatito, tú lo sabes, ademas si Eliseo se mete contigo es por pura broma, o porque tú tienes la culpa por ser irresistible. No debes sentir temor de que yo me moleste, además sabes que puedes hacer lo que desees en ese sentido, solo pido que a quien ames sea a mí. -no me dejaba responderle avasallándome con sus besos mientras reía gozoso.

    Claramente Pablo no era como yo, y no se dejaba dominar por los celos, quizá acostumbrado por haberme visto con tantos hombres poseyéndome, o sabiendo que eso sucedía a menudo.

    -¿Y tu gatito? ¿Cómo lo has pasado? ¿No habrás estado encerrado en la casa con Ana María como única compañía?

    -Sabes que no ha sido así mi vida, tú me has hecho para que no pueda vivir sin un hombre a mi lado.

    -¿Alguien que te de verga?

    -Eso, llámalo como quieras. He tenido alguna aventura, una cosa es mi corazón y otra mi culito necesitado de polla. ¿Quieres que te lo cuente?

    -Si tú lo deseas hazlo. -me di cuenta de que Pablo realmente quería que le contara mis aventuras amorosas, y no tenía problema en contárselo todo, aunque me avergonzaba que supiera que también había estado con sus hermanos.

    -He estado con Ian. -tuve que explicarle quien era Ian ya que él no lo recordaba.

    -¿Te hizo feliz? ¿Lo pasaste bien con él?

    -No como contigo, pero sabe utilizar su herramienta y se ha vuelta amable y delicado. -entonces le relaté como me había follado en la escuela de artes la primera vez.

    -También he estado con Erico y Ruben. -no podía mirarle a los ojos por la vergüenza que sentía.

    -Me acompañaron una noche para traerme a casa y se quedaron a dormir.

    -¿Y a follar contigo?

    -Sí, lo hicimos.

    -Erico es un macho de cuidado, ¿te follaría sabroso? -hacía algunos minutos que notaba como nuestra conversación le calentaba, empezó a endurecérsele la polla hablando de Ian, pero ahora con lo que le contaba de Erico le crecía más y más, y se lo notaba la excitación que le dominaba.

    -Me lo hizo rico, se parece a ti aunque no te llegue, su verga es deliciosa y sabe follar un culo y darle placer. -para ese momento Pablo estaba en plena faena moviendo lentamente la verga por el conducto de mi recto.

    No había duda de que a Pablo le excitaba saber que otros hombres me follaban, y si eran familiares ya le añadía un plus de voluptuosidad.

    -¡Qué suerte tenían!, y yo estaba solo a base de pajas pensando en ti. -sin sacar la polla de mi culo me abrazó para colocarme de perrito y así comenzó a follarme sin prisa, a ratos me embestía con fuerza haciendo que gimiera y sollozara por el placer que me daba.

    De mi polla salía un reguero continuo de líquidos seminales y Dulce metía la cabeza queriendo lamer la miel que salía de mi verga.

    -Así mi vida, así quiero que me folles. ¡Haaa! ¡Haaa! ¡Haaa! ¡Haaa! Dame mi amor, dame tu verga cariño. -llegó un momento en que sus golpes eran tan potentes que caía tendido sobre la cama, entonces me sujetaba de las caderas elevándome para seguir con su ritmo sin descanso.

    Cuando se sintió fatigado se tumbó teniéndome empitonado en su polla sin sacarla y me giró para vernos las caras.

    -Ahora cabálgame tu, fóllate el culito tu mismo. – comencé a moverme con gusto, a rotar mi culo en círculos y de mi polla seguía manando como un manantial, mis líquidos se perdían en el frondoso vello de su abdomen, y el goloso Dulce lamía los pelos buscando el preciado manjar que le encantaba degustar.

    Pablo sonreía cuando no rugía de gusto al sentir su verga engullida por mi culo.

    -Tendremos que hacer un trío con tu perrito, también quiere participar. -me incliné para besarle los labios aplastando la cabeza de Dulce entre nuestros vientres.

    -Pablo, estoy muy bien pero necesito correrme amor, ayúdame. -empezó a elevar la cadera pare encularme mientras me elevaba.

    -¡Me corro mi amor, me viene! -arreció las entradas y continuó follándome estando tumbado sobre su pecho, hasta que sentí un mareo y el semen empezó a salir de mi polla sin tocarme, sintiendo las caricias del vello de su abdomen en el glande.

    También él se clavó en mi culo y empezó a eyacular rellenándome de leche, dos veces me había vaciado sin sacarme la verga. Resultó una cópula perfecta, había durado mucho tiempo disfrutando de su polla y ahora estaba rendido tumbado sobre su cuerpo.

    Nos fuimos recuperando y ahora me dejó a su lado, pero sin sacar la verga de mi culo, me tenía enchufado de cucharita, de espaldas a él y me acariciaba y besaba la espalda y la nuca.

    -Hoy me voy a vaciar, quiero llenarte de leche.

    -Estoy lleno amor, me escurre por todas partes.

    -¿Te molesta que esté así?

    -Quiero sentirme así, taponado por tu polla en mi culo. -me adormilé un poco hasta que le sentí moverse, me estaba volviendo a follar pero yo no me movía.

    Eran movimientos muy lentos, la verga se deslizaba por mi culo sin resistencia alguna y me sentía encantado sintiéndola moverse, disfrutando de la lenta cogida que me daba hasta que volvió a correrse, gimiendo de placer a mi espalda.

    -¡Ohhh! que placer, que gusto follarte gatito. -llevé la mano a mi culo, su verga rezumaba leche y tenía los huevos anegados de pegajosa humedad.

    Me lamí la mano y sin darme cuenta me quede dormido, con su verga enchufada en mi culo y sonriendo como tonto.

    *********************

    Desperté al sentir un ruido, abrí los ojos deslumbrado por la luz que penetraba por las enormes ventanas, lentamente fui tomando consciencia de nuestro estado. Seguíamos en la misma posición que recordaba cuando me dormí, con la mitad de la polla dentro de mi culo y Pablo abrazado a mi.

    Tomás continuaba su trabajo abriendo las ventanas, y Pablo cubrió nuestros cuerpos con la sábana pero sin retirar la verga de mi culo.

    -La señora desea saber si comerán en casa antes de partir. -se dirigía a Pablo al hablar.

    -Dígale que comeremos con ella, tengo una entrevista con don Manuel pero no me llevará mucho tiempo. -nada más que el mayordomo cerró la puerta tras él, Pablo se me subió encima, la verga seguía consistente y dura en mi interior.

    -Ayer no pudimos terminar el trabajo, te dormiste gatito y me quedé con ganas, tengo la polla que me estalla.

    -Estamos muy cochinos Pablo vamos al baño y te la chupo.

    -Tú siempre estas bueno y eso lo dejamos para después, ahora relájate y disfruta. -colocó mis piernas en sus hombros y empezó lo que según él quedaba pendiente, y me hizo gozar de nuevo, logró que volviera a gemir y le pidiera la verga en el fondo de mi cuerpo. Luego se la chupé en la ducha, parecía un contenedor de semen que nunca tenía un final.

    Después de desayunar se ausentó para verse con don Manuel, supongo que para hablar de negocios, no pensé que fuera para otra cosa después de la sesión de sexo que tuvo conmigo, aunque aún llevara reserva de leche en sus huevos.

    Tuve tiempo de descansar y darme un baño en la piscina después de decirle a Carmen y Alicia la ropa que deseaba llevarme, y las dejé preparando mi equipaje.

    Pablo volvió para la hora de la comida y Ana y yo le esperábamos. Quedó acordado que cuando volviera a la ciudad, por mis exámenes u otras causas, tendría su casa para vivir, que debíamos considerarla como nuestra aunque Eduardo se la dejara a ella.

    En el viaje nos acompañaba Dulce, quizá en la hacienda encontrara alguna perrita que le gustara aunque no sabía si se acostumbraría a una vida diferente a la que estaba acostumbrado.

    -Rosa te gustará, es una chica joven y alegre, aunque trabaja algunas horas te hará compañía.

    -¿De quién me hablas?

    -Rosa es la mujer de Marcos, ayuda en la casa grande y unas horas en la residencia de ancianos, Álvaro la metió allí para rescatarla del mundo en que vivía.

    Después de pasar el pueblo tomó un desvió antes de llegar al que llevaba a las haciendas de los padres de Álvaro y de don Ernesto su abuelo. Detuvo el coche en un alto y me hizo bajar de él.

    Me sujetó de los hombros y me giró para que mirara hacía abajo, el brillo del agua que llevaba el río me deslumbraba, un poco más arriba, subiendo una suave ladera, se observaban las diminutas figuras de operarios trabajando en una gran construcción, y en otras más pequeñas siguiendo el cauce del río.

    -Esa será tu casa dentro de poco y está cercana al pueblo. ¿Te gusta?

    -El paisaje es precioso Pablo, ¿pero cómo se llega allí? -soltó una enorme carcajada apretándome contra el.

    -Todo está previsto, no seas impaciente. El terrero pertenecía a don Mateo, se lo quise comprar y me lo regaló a cambio de mi trabajo. Las tierras que voy comprando están más lejos pero quería que tu estuvieras más cerca del pueblo.

    En la hacienda nos esperaba el matrimonio con Eliseo. Don Ernesto y doña Martina me recibieron encantados y con abrazos, Eliseo también me abrazó y me guiñó un ojo, adiviné que no había renunciado a tenerme y que lo intentaría las veces necesarias hasta conseguirlo, pero ahora que sabía que Pablo era consciente de lo que pasaba, y no parecía importarle demasiado, tampoco yo me comportaría como un reprimido si se daba la ocasión, y sabía que Eliseo la preparaba y que no dudaba que yo sucumbiría a sus exigencias de macho.

    Pero todo eso, y muchas más cosas estaban por llegar, ahora comenzaba una nueva vida al lado de Pablo mi hombre, o mi hombre principal ya que él no me tendría encadenado.

    Las enseñanzas de Pablo habían calado muy hondo en mi y me habían marcado para siempre, pero yo me sentía feliz sabiendo que Pablo me prefería a cualquiera y deseaba compartir su vida a mi lado a pesar de lo que sucediera.

    Y ahora sí que doy por finalizado el relato, ya que lo demás que siguió resultaron mil historias, mías y también de Rosa, con la que labraría una interesante y profunda amistad, con su vida y su forma de ser abierta y complaciente con los que nos rodeaban.

    Fin