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  • El abuelo (Parte 3)

    El abuelo (Parte 3)

    No falló ni un solo día. Todo el verano venía cada tarde y nos íbamos a pasear. Adiviné que no le gustaba ir a la playa para follar y no se lo pedí más. Solo íbamos a alguna playa para que yo me bañara, pero tomé la decisión de no ir más a la playa por la tarde. Yo iba en bici al Torn, me bañaba desnudo como me gusta, entonces y ahora, y llegaba a casa a las tres para zamparme mi bocata, una ducha, vestirme con colores vivos, sobre todo rojo, amarillo y rosado para alegrar la vida de mi Anselmo y short para sentir más cerca su mano cuando la ponía sobre mi muslo, ¡cómo me gustaba eso!, y a la hora ajustada hacia las 6 de la tarde esperaba a Anselmo en el lugar de costumbre. Nos íbamos a pasear en el coche a los alrededores, cuando nos apetecía nos besábamos con discreción y lo más que le hacía yo a Anselmo era una buena mamada en algún baño, fuera de la mirada de la gente, lo que Anselmo agradecía enormemente, porque a mi importaba lo que tres coños.

    Así, un día tras otro y llenos de felicidad hasta que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Mi hermana venía hacia casa y me vio esperando sentado en el suelo justo en la rotonda. Se dirigió hacia mí y no tuvimos tiempo de hablar ni reaccionar, llegaba Anselmo en el coche. Cuando quise decirle a mi hermana que se fuera, Anselmo ya había dado la vuelta y aparcó junto a nosotros. No salió del coche, pero era bien visible. Pudo tanto mi amor por Alfonso, que le dije a mi hermana:

    —Ha llegado mi novio, te lo voy a presentar.

    Ella se sonrió de contenta y se vino junto a mí hacia la puerta de Anselmo. Abrí la puerta y le dije que saliera y le presentaría a mi hermana.

    — Anselmo, ella es Laura, mi hermana; Laura, él es Anselmo, mi novio.

    En ese momento se quedó lívida, como si le hubieran serruchado el piso. Parecía que se desplomaba y se fuera a caer. Anselmo sonrió de ver mi decisión, abrazó a Laura, la besó en la frente y le dijo:

    — Laura, ¿quieres venir con nosotros a dar un paseo?

    Como Laura no contestaba, le dije:

    — Laura, yo lo quiero, lo quiero mucho, entra al coche, llama a mamá y dile que estás conmigo y con mi novio, así se queda tranquila y a ti que se te pase este golpe de nervios.

    Laura obedeció, entró al coche, respiró hondo, marcó número y…

    — Mamá, estoy con Jotapé y su novio. Tardaremos en llegar.

    … … …

    — ¿Cenar?…, —preguntó mirándome y asentí con la cabeza— sí, mamá, sí, iremos a cenar.

    … … …

    — Vale, mamá, se lo digo…

    … … …

    — Ya veré cómo se lo digo para que no se moleste…

    … … …

    — Sí, mamá, sí, no te preocupes, no los molestaré…

    … … …

    — Sí, mamá, sí, de Jotapé no me extraña nada, aunque siempre me sorprende…

    … … …

    — ¿Guapo?…, mmmm…., guapo sí, y está buenísimo, mamá, vale, mamá, cuelgo.

    Y como hace siempre, cuando piensa que es suficiente, colgó y me miró sonriendo.

    — Mi mamá te quiere conocer, Anselmo, ¿lo he dicho bien?, —dijo volviendo la cara hacia mí y siguió mirando a Anselmo que conducía—, y le he dicho que eres muy guapo.

    — También le has dicho que estoy buenísimo, ya no sé qué pensarán vuestros padres de mí…

    — Por norma general no suelen pensar nada de nadie que no les haya hecho daño, pueden descubrir alguna rareza, pero también nosotros somos raros para otros, —dije sin más.

    — Entonces un día tendré que ir a conocerlos y a que me conozcan; de momento solo he hecho una fechoría…, —así se expresó Anselmo

    — ¿Qué has hecho?, —preguntó escamada Laura.

    — Robarles a su hijo, —contestó sonriendo Anselmo.

    — Y a mí un hermano y no me queda otro, —dijo Laura con la testuz levantada de cara a Anselmo.

    Ese día fuimos muy amables con Laura y al final se agarraba del brazo de Anselmo. Cuando nos despedíamos Anselmo me avisó, o mejor, me recordó que el sábado siguiente cumplía años, los 73 de su vida y esperaba que obtuviera permiso de mis padres para irme con él el jueves:

    — Diles que cumplo años, puedes decirles la verdad, que son 73, y que el lunes saldremos de viaje a Sevilla. Si lo hablas hoy y les parece bien, me dices mañana y confirmaré las reservas para los dos, —me dijo Anselmo.

    Hablé con Laura para que no fuera ella quien diera las noticias sobre Anselmo y yo, porque esta noche yo mismo se lo iba a decir. Laura se comportó todo el tiempo de la cena y posterior con mucha naturalidad y sin impertinencias. Hablé con mis padres, les dije todo con todos los detalles, excepto nuestra intimidad. Mi padre me preguntó serenísimo:

    — ¿Dormís juntos?

    — Sí, papá.

    — ¿Habéis tenido relaciones sexuales entre vosotros dos?

    — Sí, papá.

    — Entonces, sois novios…

    — Sí, papá.

    — Eres mayor de edad, no tengo que imponerte nada, solo te digo que a esa edad, a los 73 años, no te va a durar 50 años y tú puedes sobrepasarlo, me dices que no tiene compromisos familiares, no vas a cargar con nada que no hayas elegido tú. Solo te pido que pases por la universidad, te saques tu carrera por dos cosas, no vivas a costa de nadie, y luego, cuando él no esté que no te quedes con un futuro incierto.

    — Él me ha dicho lo mismo, que no me quiere por el sexo y yo tampoco, papá; también me ha dicho que he de seguir los estudios; si vosotros os sentís en el deber de dármelos, no va a poner dificultades, pero está dispuesto a colaborar, —respondí.

    — Pero tiene Anselmo una pena —decía Laura a quien mis padres escuchaban con más atención de lo habitual— y es que le parece que te está robando a tu hijo.

    — Eso es verdad, también tú papá les robó a tus abuelos el corazón de tu madre y no se me quejaron. Una de las cosas más extrañas e incomprensibles que hay en el corazón del ser humano es el amor. El amor es loco, pero es tan real como la vida misma. Tienes todos los permisos para actuar bajo tu responsabilidad, lo cual no quiere decir que el corazón de tu madre no lo sienta; habíamos soñado muchas veces en tu boda, con una chica guapa y de buena familia, vestida de tul y blanco. Pronto descubrimos que no sería así y comenzamos a soñar con un príncipe para nuestro princeso. Nos ilusionaba tener dos hijos varones. Ahora volveremos a cambiar nuestros esquemas porque solo queremos tu felicidad. No serías feliz si te impusiéramos nuestros sueños, tú has de vivir los tuyos y nosotros seremos felices si es que te vemos feliz con tus sueños. Ánimo, hijo, y cuidaos mucho para vivir algunos años llenos de felicidad; van a ser pocos, pues vividlos intensamente.

    El jueves con mi mochila salí de casa tras despedirme de mi madre, que me dijo:

    — Si eres feliz yo estaré contenta. Cuando vengáis de Sevilla, invita a Anselmo un sábado a comer con nosotros y nos conoceremos. A quien tú ames, ya lo amo yo.

    Ese día nos fuimos directamente a casa a petición mía. Yo tenía ganas de estar a solas con Anselmo. Adiviné que a él le pasaba otro tanto. Guardamos el coche, habíamos pasado por el hipermercado y habíamos comprado todo lo que necesitábamos. Sacamos las cosas del coche para subirlas a casa, vaciamos las bolsas y pusimos al frigorífico todo lo que había que mantener fresco. Luego fuimos a darnos una ducha. Hicimos la ducha juntos, nos besamos muy cariñosa y largamente. ¡Me encanta ese sabor de lengua y me pone siempre! Anselmo es genial, juega como un chiquillo y habla muy sensatamente.

    Yo respeto que Anselmo se ponga pantaloneta para andar por casa, y él respeta, además le gusta, que yo vaya desnudo por la casa, haciendo tareas o simplemente para estar. Lo que hago es tener una toalla ajustada a los asientos para no ensuciar.

    Anselmo llama a electricistas, carpinteros y otros servicios para hacer arreglos, ahora los hago yo. Él me dice que soy un manitas, pero yo hago lo que aprendí de mi padre. Ahora utilizo manuales bajados de internet para hacer estas tareas lo mejor que puedo.

    Cenamos y vimos un par de episodios de una serie y nos fuimos a la cama. Aunque nos habíamos duchado al llegar, ahora quisimos estrenar la ducha anal que había hecho comprar a Anselmo. Mientras él preparaba la cena yo instalé la ducha que funcionaba perfectamente. La probamos, limpiamos nuestro recto y tras secarnos, perfumé a Anselmo y me perfumé mi culo. Anselmo deseaba realizar un beso negro después de la limpieza y lo hizo. Se hubiese quedado siempre comiendo, soplando y aspirando mi culo, pero tuve que decirle que solo es una técnica.

    — Sí, pero muy agradable, hasta huele bien.

    Siguió dándole a mi ano con su boca como si fuera el mejor de los manjares, hasta le dije:

    — Anselmo —se interrumpió—, ahora toca follar, follar y follar hasta que me preñes mi culo.

    — Ah, ya; es tan agradable tu culito…

    — Ya, pero quiero sentir tu polla y la tienes a tope que te vendrás sin provecho…

    Como yo estaba en la parte de arriba en el 69, me di la vuelta, me puse de espaldas a la cama, levanté las piernas dobladas, puse la almohada debajo de mis lumbares y le ofrecí mi culo. Agarró mis piernas por los tobillos, se las cargó a los hombros, ajustó la punta de su polla en mi hueco anal y mientras él lo pensaba para no hacerme daño, avancé con un impulso mi culo contra su polla y lo clavé en mí. Me hice daño, pero eso se pasa y en cuanto antes mejor. Anselmo comenzó a bombear con fuerza, porque tenía mucha fuerza y resistencia. Por eso yo expulsé mi semen sin tocarme, lo cual me dolió porque el placer es abrupto. Le llené su pecho de mi semen porque él estaba inclinado sobre mí. Yo recogía mi lefa de su pecho y me lamía el dedo, le ofrecí a Anselmo lamió mi dedo y explotó su orgasmo en el interior de mi recto. Tras los espasmos orgásmicos se me echó encima y me llenó de besos, decía a intervalos:

    — Ay, ay, …, mi niño, …, mi amado, …, cuán feliz … me haces. Eres … la misma alegría … que ha … invadido … mi corazón …

    Yo lo besaba centímetro a centímetro toda su cara. Anselmo cumplía con creces mi alegría y me daba mucho placer. A estas alturas, ya sabéis que mis padres me quieren muchísimo, mi hermana también. Día tras día, Anselmo superaba todas mis expectativas sobre el amor. Por mi parte, yo buscaba las maneras de complacerle. No discutimos nunca, queremos estar uno junto al otro, nos posibilitamos el cumplimiento de nuestros deseos. Por eso, cada noche se hacía eterna de sexo hasta la madrugada. Pero esa noche me dijo que teníamos que dormir temprano, porque se tenía que levantar temprano.

    — Pero es domingo, ¿dónde vas a ir?

    — Al Rosario de la Aurora…

    — ¿Quéeee…? ¿Qué es eso…?

    — Una procesión que se hace rezando, pero hoy pasa por esta calle y giran la imagen de la Virgen hacia esta casa en honor a mi difunta madre.

    — ¿Puedo ir yo?

    — Puedes verla desde detrás de la ventana y sin cansarte…

    — Pero…, yo quiero ir, no conozco eso; quiero todas las cosas que tú quieres…

    Me miró con los ojos serios y me dijo:

    — Te despierto para que puedas lavarte algo, nos vamos, nos quedamos a todo…

    — ¿Qué es ese todo?

    — Misa y luego chocolate con churros.

    — Joder, Anselmo, y te lo tenías tan callado, con lo que me gusta el chocolate con buñuelos…

    — Sí lo deseas también buñuelos que son de calabaza y están para chuparse los dedos.

    — Pues eso, chocolate, buñuelos y churros.

    — Pero antes la misa

    — Pues, eso, misa, y lo que sea; donde vas tú puedo ir yo, y las tradiciones me gustan todas, cohetes, toros, carnaval, fallas, tooodo.

    — Ahora me gustas más, mi niño, eres un sol, mi sol, y me besó.

    Bien juntos y pegados uno al otro dormimos hasta que me despertó. Él ya se había arreglado y me fui a mastubar para bajar mi erección. Luego de la ducha nos fuimos a eso del Rosario de la Aurora. El chocolate estaba bueno, igual que los churros y buñuelos. Me llené la barriga y como el chocolate es afrodisiaco, pues me entró la calentura y miré a Anselmo con muy mala intención. Lo notó y me dijo:

    — Hoy nos vamos a ir a la playa para que disfrutes desnudo del agua y del sol.

    Me puse feliz, me llevó al Torn, fuimos al bosque, donde la otra vez, y follamos entre matorrales y pinos. Pasaron por allí algunos y, aunque ellos iban a follar también, unos decían «conchudo el viejo, jodiendo al pobre muchacho», otros «pobre viejo, ese chico le va deshacer el culo», dependiendo de nuestra situación. Si pensaran en el cuidado que tenemos para no dañarnos.

    Para comer fuimos al quiosco de la playa, tuve que vestirme con mi pantalón corto porque no había traído ningún tipo de bañador.

  • Paseo a Zacatenco como loquilla

    Paseo a Zacatenco como loquilla

    Esta fue mi última experiencia, ocurrió el miércoles 29 de mayo del 2019, necesitaba hacer trámites hasta Zacatenco así que no tenía que asistir a mi escuela y tenía toda la mañana libre.

    Salí de mi casa a las 6:30 AM con un pans ligero, tenis azules, una camisa a cuadros de algodón y sudadera de capucha, en una mochila pequeña una playera negra extra, mi maquillaje y un paquete de condones play boy.

    Quería maquillarme en el trayecto de la micro hacia el tren ligero pero me fue imposible, ya era demasiado tarde pues había muchos niños que entraban a su escuela a esa hora, llegue a la estación Xochimilco y rápidamente fui a una calle donde no pasara mucha gente, tome asiento en la acera, me quite la sudadera y empecé a maquillarme, no tenía mucha destreza en hacerlo así que demore más de lo planeado pero al final me gusto como me veía, me acomode el cabello que me llegaba a mi cuello con un flequillo en el frente, me puse un collar negro de encaje con un dije de los que venden a 15 pesos en las chucherías del metro, me acomode unas bubis de las que se pegan solamente, me baje el pants y acomode la minifalda negra entablilladla que traía debajo, me veía preciosa con mis calcetas negras arriba de la rodilla, estaba dispuesta a ser una loquilla esa mañana.

    Caminé hacia el tren ligero y cada taxi que pasaba a mi lado me pitaba para ver si me subía, algunos pitaban aunque ya llevaban pasaje, entre a la estación y como no sabía bien como se abordaba me dirigí a la plataforma de en medio donde en el mar de hombres solo habían unas 3 mujeres obviamente acompañadas. Salieron primero los vagones de los costados y posteriormente donde me encontraba, entramos y solo sentí un leve empujón en mi pompi derecha, un señor se acomodó a un lado y acercaba de vez en cuando su mano a mis pompis, como no había tanta gente me dispuse a ver patochadas en el face, llegamos a Taxqueña y al trasbordar hacia la línea azul del metro caminé aprisa al hacerlo noté que me encantaba como las tabillas de la falda me iban dando nalgaditas, cuando subí las escaleras para cruzar hacia el lado donde sale el metro era obvio que se me iban a ver mis pompis en ese instante se colocaron varios hombres para apreciar el paisaje, subí al metro e hice transbordo en la línea 12 hacia Mixcoac otras escaleras, aunque hacia frio yo tenía la sangre caliente y me encantaba que al agitarse la minifalda me echaba aire que me refrescaba mis pompis, como de costumbre la “12” estaba llena a esa hora, al abordar nuevamente sentía como me trataban de agarrar mis pompis y me empujaron a mitad del vagón entre las dos puertas, un joven quedo de mi lado izquierdo e insistía en meter su mano bajo la minifalda lo cual le resultaba demasiado fácil pues yo mido 1.74 cm pero no se lo iba a dejar fácil, volteaba hacia él y le susurraba que no lo hiciera pero en mi mente rogaba porque me estrujara mis pompis, hacía temblar mi pierna derecha apropósito como para hacerle creer que estaba nerviosísima, él se excito más y tomo confianza, era tanto su descaro que un señor de mi lado derecho noto lo que ocurría y también empezó a acariciarme mi pompi derecha, yo volteaba hacia los lados para ver que nadie más nos notara, las personas detrás de mi estaban de espaldas así que no se darían cuenta, empecé a sudar ahora si eran nervios con una excitación feroz, disimulaba como que me quería bajar la falda y quitar sus manos pero quitaba a uno y el otro se aprovechaba, el joven me susurro al oído «no estés nerviosa, déjame gozarte», mi corazón latió a mil, ya era la puta de aquellos dos, ambas piernas me temblaban de tanta excitación, cada uno tomo su pompi correspondiente, me las estrujaban, pellizcaban, y jugaban a las afueras de mi ano, creo que el joven se sacó su pene y me lo pegaba a mi pierna, como no podía ver bien solo sentía un poco mojado, me deje llevar y que hicieran de mi lo que querían, al llegar a zapata bajó la mayoría de las personas me pase a la intercepción de los vagones, en el «gusanito», me acomode la minifalda la cual no note cuando me la subieron unos centímetros dejando mis pompis al aire, busque con la mirada a mis amantes pero no los pude encontrar para agradecerles, como había bajado la mayoría de la gente el aire recorría con fuerza los pasillos bajándome un poco la calentura.

    Llegando a Mixcoac más escaleras… al subirlas me contoneaba de un lado a otro para sentir más frescas mis pompis sin voltear para que los hombres que me seguían notaran el rebotar de mis redondas pompis, llegando al siguiente transborde entro poco menos gente que en la 12, quede en él tuvo frente al asiento de discapacitados, un joven de unos 28 años se colocó detrás mío y empezó a acariciarme por encima de la falda, yo ya súper excitada en ese momento quería que me hiciera lo mismo que mis dos amantes pero no se animaba del todo, al paso de las siguientes estaciones y en lo que iban bajando las personas me agarraba del brazo para bajarlo y que tocara su entrepierna, la siguiente estación era Tacuba donde bajaban casi todos tuve que tomar lugar en las puertas que no iban a abrir, el tren se detuvo y se volvió a acercar el joven diciéndome «hace mucho calor» yo solo le sonreí, continuo preguntándome «vas al trabajo?» no, a la escuela respondí, como no avanzaba el metro mire a los lados y la gente sentada iba dormida o enfocados en su celular, y las personas frente a nosotros esperaban a que cerraran las puertas para bajar en la siguiente estación, mi excitación pudo más, andaba en celo así que incline mi peso sobre mi lado derecho, doblando un poco mi rodilla y parando mi pompa izquierda que quedo justo en su mano, a lo que aprovecho para tomar mi pompi, por fin me volverían a masajear!!!, al notar que podía agarrarlas sin esfuerzo me inclino solo un poco hacia el frente para admirar mi retaguardia y darme una nalgada, empezó a acariciarlas suavemente, acercándose cada vez más al centro, quería meter sus dedos en medio de mis pompis tratando de bajar lo que él pensaba él que era una tanga de hilo pero traía un baby doll completo de la parte de enfrente con encaje y la parte posterior eran solo hilos, los de arriba abrazados a mi cuello, otros con un nudo sobre mi espalda y la parte inferior de hilo por lo que no se podía bajar, al notarlo se conformó en acariciarme el ano al notar que quería meterme sus dedos saque de mi mochila un lubricante, se lo pase disimuladamente vio lo que era, roció un poco en sus dedos me lo devolvió y me introdujo sin problema un dedo, se me escapo un suspiro al empezar a moverlo en círculos dentro de mí, yo parecía un títere, cada vuelta hacia que me pusiera de puntitas aferrada al tubo, el metro retomo su marcha volví a incorporarme me dijo si bajaba pero tenía que llegar a mi cita. Me hubiese encantado darle un condón y que me metiera más que su dedo…

    Al llegar a la estación descendió, fui a una esquina del vagón a tomar asiento, estaba exhausta, y sudada a chorros, mi parte inferior también estaba llena de mis fluidos y mi ano con bastante lubricante, una chica se sentó frente a mí, deje mis piernas sin querer entre abiertas ella me miro y solo sonrió al verme toda excitada con la entrepierna mojada, tome la última línea para llegar al metro Lindavista para llegar a Zacatenco, me fui sentada por lo cansada no recordaba que en esa línea hay un tubo justo en medio entre las puertas de ambos lados para agarrarte, que gusto me daría que me alzaran la falda y me manosearan entre varios yo estando sujetada a ese tubo.

    El regreso fue mejor…

    Espero subir más de mis locuras seguido, mi Face es Kira D Zoo.

  • Aarón

    Aarón

    —¿Te podrías mover?

    Mi cuerpo no respondía, estaba inmóvil frente a él mirando sus verdes ojos, sin pensar en nada, embobado.

    —Qué diablos te sucede, muévete.

    Mi cuerpo se tambaleó al sentir su cuerpo embestirme para hacerme a un lado, mientras cargaba bolsas llenas de basura a su camioneta.

    —Lo. Lo. Siento —murmuré, miró arrugando su frente y movió su cabeza disgustado.

    Aarón era un hosco, malhumorado, tozudo, irritable y muchos otros adjetivos que reiterarían la idea. Aunque para todas las personas era un ángel. Veterinario de profesión, altruista por pasión, siempre ha ayudado a la gente en todo lo que puede, amante de los animales y el medio ambiente, dueño de una casa de acogida de perros, atiende animales de manera gratuita los fines de semana en diferentes partes y hace juntas para limpiar playas cercanas de donde vive. Eso lo hacía una persona buena, aunque nunca le creí por completo su personaje. Conmigo era borde y desagradable.

    Ese día acompañé a Aarón y a otras personas a limpiar una de las tantas playas que hay por acá por donde vivimos, lo hacíamos a menudo y siempre era un panorama entretenido y útil. Terminamos alrededor de las 8 de la tarde y un grupo decidimos que nos juntaramos luego de ir a ducharnos para salir a beber algo. La noche transcurrió tranquila, un par de amigos, un par de amigas, algunos desconocidos y muchos tragos. La velada había terminado a eso de las 2 de la madrugada y era tiempo de marchar.

    Embriagado y valiente me despedí y partí decidido a caminar las 13 cuadras que separaban el pub de mi casa. Por el camino salieron 4 hombres, me quitaron mi mochila, mi celular, mi chaqueta y mis zapatillas. Me dejaron solo con pantalones y camiseta. Eran ya las 2 y media de la madrugada y sin saber que hacer decidí ir donde la persona más cercana, Aarón, quien vivía a solo 3 cuadras del lugar del asalto. En algún momento del trayecto pensé en que podría haber salido, pero no me importaba, tenía miedo y por lo menos podría quedarme a esperarlo en la portería, pedir un teléfono, llamar a la policía o algo.

    Entré al edificio y sin saber en qué apartamento vivía pregunté por él al recepcionista.

    —Sí, Aarón el veterinario. Lo llamo —levantó el citófono y comenzó a llamar—. ¿Se encuentra bien? —preguntó el señor de pelo nevado.

    —Sí. No, en realidad me acaban de asaltar un par de cuadras atrás, por eso vine donde Aarón.

    —Oh lo siento. La gente está tan mala. Está tonta y mala —Sonreí—. Aló, Don Aarón tengo acá a…—Alzó la mirada para pedir mi nombre.

    Aarón vivía en el piso 25, estar en el ascensor fue eterno, estaba nervioso y no sabía con qué me encontraría. Toqué el timbre, se escuchaban voces y música. Se abrió la puerta y apareció.

    —¿Qué haces aquí? —apareció Aarón, se veía algo molesto e incómodo por llegar a tal hora a su departamento, me miró de pies a cabeza y su cara se suavizó.

    —Yo. Yo. No sabía dónde ir —comencé a llorar.

    —Mierda —me abrazó con sus enormes brazos—. Todo está bien, estás conmigo ahora, tranqui —.Su voz era suave, acogedora y su cuerpo estaba tibio y lo sentía arder a mi tacto frío.

    Aarón estaba con amigos tomando cerveza, vino y otros licores, me guio hasta su habitación sin llamar la atención, me prestó unas zapatillas y un jersey marrón que me quedaban enormes, pero necesitaba calentar mi cuerpo. Me llevó donde sus amigos y me presentó a todos, me dio un shot de tequila; «Para calentar el cuerpo», fueron sus palabras, luego destapó y me acercó una cerveza.

    Horas más tardes sus amigos comenzaron a despedirse, solo quedamos unos pocos.

    —Creo que será mejor que me marche, luego traigo tu ropa —sonreí.

    —No, no, quédate —podemos desayunar y luego te acompaño a casa.

    —¿Estás seguro?

    —Sí, si quieres puedes ir a dormir, ya sabes dónde está mi habitación.

    —¿Y tú dónde dormirás?

    —Contigo. Vete a dormir, yo iré pronto.

    —Puedo dormir en el sillón, no tengo problemas —Aarón actuaba tan tierno y amable, como nunca lo había sido conmigo.

    —No podrás, Augusto se quedará a dormir acá hoy —Augusto sonrió y volvió a sorber su vaso de licor.

    La luz del sol se escurría por las cortinas mal juntadas cuando abrí mis ojos, sentí un ruido y giré mi cabeza.

    —Lo siento, te desperté —mientras sacaba su pantalón para quedarse en ropa interior.

    —No te preocupes, solo desperté por el sol.

    Aarón cruzó la habitación y acomodó sus cortinas formando sombra hacia la cama. Pude ver su cuerpo bronceado lleno de tatuajes en negro de estilo tribal combinados con tradicionales. Sus dreads desatados cubriendo su fuerte y marcada espalda, sus piernas gruesas y velludas, su bóxer a rayas marcando su culo esculpido.

    —Ahora sí, vuelve a dormirte —Solo sonreí y me acomodé.

    Se acostó a mi lado, su cama era de plaza y media, por lo que su cuerpo estaba completamente pegado al mío. Acomodó su mandíbula sobre mi cabeza que quedaba apoyada en su brazo y con su otro brazo me atrajo de forma suave y firme hacia él. Sentía su piel arder sobre mi piel, sus vellos rozando mi cuerpo, su brazo apretándome contra su pecho, su paquete quedando justo a la altura de mi culo y su respirar cada vez con más lentitud. Al cabo de unos minutos estaba dormido, mientras yo había perdido el sueño por completo.

    Creo que aún seguía algo ebrio por lo bebido o bien estaba alterado por el asalto, no sé, pero lo que hice es algo que nunca imaginé que haría. Me giré, miré su cara perfectamente delineada, sus rasgos fuertes y viriles, sus labios gruesos y me lancé. Besé sus labios, solo los junté por unos segundos, pasé mi mano por su brazo derecho, llegué a su cuello y volví a besarlo, esta vez abriendo levemente los labios, de pronto su brazo se apretó a mí, su boca se abrió y comenzó a comer mis labios, estaba perplejo y encantado con el sabor de sus besos, la suavidad de sus labios. Aarón abrió los ojos, me miró suavemente y sonrió.

    —¿Qué te sucede?, extrañado.

    —No sé, solo quería besarte —respondí aun sin procesar.

    —Será mejor que me marche a otro lado, siento que estás confundido.

    —No, no, no te vayas, por favor, es mi culpa, yo debería partir —Aarón no estaba interesado en mí y notaba su incomodidad.

    —No seas tonto, no puedes irte así, quiero que te quedes, quiero cuidarte, pero no quiero que hagas algo de lo que puedas arrepentirte.

    —Lo siento, no debí hacerlo, solo que hace mucho tiempo tenía ganas.

    Me sorprendí a mi mismo, siempre me gustó Aarón, aunque fuera un imbécil tratándome, siempre estuve embobado por él y decirlo en voz alta era algo que nunca me atreví a hacer. Aarón abrió sus ojos por completo, se quedó sin respirar por unos segundos y me besó, me besó fuerte y apasionadamente, su lengua entraba en mi boca masajeando la mía, su barba raspaba mi cara y me abrazaba con ambos brazos. Mis manos en su pecho descubierto jugueteaban con sus vellos que sobresalen de sus tatuajes.

    De pronto de manera bruta me arrebató la camiseta, me mordía mis pezones y tocaba mi culo con sus grandes manos, comencé a gemir. Subió a mi boca, se resbaló hacia mi cuello y sin darme cuenta me había sacado el bóxer. Sus grandes manos tocaban mi culo, sus dedos rozaban mi agujero y sus besos no paraban. Me giró, me puso de abdomen sobre la cama y bajó con su boca a mi culo, mordía mis nalgas, lamía mi ojete, su barba raspaba en mi perineo. Me dio media vuelta nuevamente y quedé mirando hacia él, pude ver que su bóxer a rayas blanco y azul había desaparecido y en su lugar se veía su pene circuncidado, enorme, venoso, largo y grueso con un piercing cuervo en su glande, escurriendo un fluido muy viscoso. Lo miré a los ojos, tomé con mi mano izquierda su pene y lo llevé a mi boca, dejando sus grandes bolas en mi barbilla. Lamía aquel líquido que salía desde su abertura justo por donde entraba su piercing, comenzó a gemir, mi lengua jugaba con sus bolas y sentía aquel sabor a sudor mientras con mi mano lo masturbaba. Nunca había visto un pene tan mojado, no dejaba de salir aquel líquido. Corrió su trasero hacia atrás y alejó su pene de mi boca, me besó de manera bruta, raspando con su barba mis labios generando escozor. Tomó mis piernas y las llevó por sobre sus hombros, puso su pene en mi ojete y sentí como su abundante líquido me mojaba y dilataba cada vez más. De pronto sus labios se curvaron y abrieron mostrando su perfecta sonrisa y su pene entró en mí, sin aviso ni protesto, sentí su pene enorme atravesarme, la sensación era intensa, sentía una presión enorme en el abdomen, mis ojos estaban desorbitados o por lo menos así me sentía, empujaba una y otra vez con fuerza, gruñía entre dientes mientras yo gemía casi sin voz por la excitación. Cada músculo que podría apreciar se le expandía mientras yo me sentía cada vez más pequeño, frágil y sumiso, en ese momento estaba a su disposición.

    Se detuvo un momento, bajó mis piernas a sus brazos para acercarse y besarme nuevamente, aquel beso lo sentí arder en mi boca, deseaba que no acabara nunca, pero me dejó con ganas, volvió mis piernas a su posición, comenzaron las embestidas nuevamente y con una mano comenzó a masturbarme. No intenté negarme aunque sabía que acabaría pronto ya que en ese momento era de él, era de Aarón, ya no tenía voluntad propia. Comencé a gemir más sonoramente, lo que parece le excitaba porque entre más gemía, más fuerte embestía y gruñía, lo que aumentaba la fuerza de mi gemido comenzando un círculo vicioso de gemidos y embestidas incontrolable. De pronto mi pene se endureció y comenzó a disparar semen en todas direcciones como nunca me había pasado, mi culo se sensibilizó y el placer se mezclaba con un poco de dolor, sentía cada vena de su pene bombeando sangre mientras él no paraba de embestirme con su pene una y otra vez. De pronto sentí que engrosó aún más su pene, se endureció y comenzó a palpitar a medida que expulsaba su semen llenando mis entrañas y sus gruñidos eran cada vez más potentes. El semen escurría por mi culo y Aarón insistía en embestirme sin parar de eyacular, sentí un gruñido suave, pasó una de mis piernas por su cabeza, las juntó y las bajó sin sacar su pene de mi culo, se acomodó a mi lado, besó mi cuello y me dormí.

    No podría decir con exactitud cuánto tiempo pasó desde que me dormí, pero al despertar Aarón estaba en la ducha, me intenté acomodar pero sentí húmedo mi culo, lo toqué, gran cantidad de su semen seguía en mi y mi ojete aún estaba dilatado, recordé lo ocurrido y seguí tocando mi abertura por unos minutos hasta que escuché que salía de la ducha.

    Aarón venía desnudo, con su pene flácido pero de buen tamaño, sus bolas eran grandes y por lo que mi culo notaba llenas de vigor, su cuerpo marcado y aún brillante por el agua, con una toalla secaba su cabello mientras caminaba hacia mí, se inclina aún mojado, me besa los labios, sonríe y mirando a mis ojos dice.

    —Así que desde hacía mucho tiempo tenías ganas.

  • Hacer el amor y follar todo es empezar

    Hacer el amor y follar todo es empezar

    11.21 de la mañana. Mensaje de whatsapp.

    -Hola.

    -Buenos días, preciosa. ¿Cómo lo llevas?

    -Bien. ¿Tú cómo estás?

    -Haciendo café.

    -¿Recién te levantas?

    -Sí, me acosté a las dos de la madrugada.

    -Nosotros a las dos y media.

    -¿Hubo fiesta?

    -No, no, nos costó dormirnos, no sé por qué.

    -Coño… En cama… Despiertos… Si no hay fiesta, malo.

    -Jejeje. Pues no, no hubo.

    -A mí se me escaparía una mano y a ver que pasaba.

    -La verdad es que tenía ganas. Ayer le comenté que quería que volviera la costumbre del sexo. Le dije de forma cordial que ir al bar o ir a tomar algo de beber debe ser algo ocasional.

    -Y no te dio caña. ¿Estaba bebido? ¿Tiene un punto de retraso?

    -No seas malo.

    -Malo es él, coño. Si tienes un pibón al lado y no le das caña o eres retrasado o gilipollas.

    -¿Soy un pibón según tú?

    -Tienes un polvazo. Joder, comerte esa boca tuya… Esas tetazas tuyas… Ese conejito tuyo… Follarte y ver cómo te corres…

    -Cuando dices esas cosas me pones nerviosa.

    -Es que no me cansaría de follarte…. Ver cómo se te cierran los ojos cuando te corres es más hermoso que ver el arco iris. Ver tu cara después de correrte es cómo ver a un ángel en éxtasis. Follar contigo es otro nivel. No eres una más.

    -Si fuera una más no estaría con él.

    -Pues que demuestre que te quiere, coño.

    -Eso le dije, que ya no podía decir las cosas, que tenía que demostrarlas.

    -¿Cuándo fue la última vez que te hizo correr tres veces?

    -Nunca, lo máximo fueron dos.

    -A una mujer, si ella se presta, se la hace correr tres veces comiéndole el coñito.

    -¿Qué es eso de presta?

    -Quiere, si ella quiere. Acabo de verte desnuda en una foto y me gustó lo que vi. ¿No me mandaste la foto con ese vestido que te compraste?

    Me mandó la foto, y en el pie, ponía:

    -Este es el vestido, solo que no me gusta la foto.

    -¡Dios mío, qué bellezón! ¡Qué delicia de mujer! Ese vestido lo hicieron para ti.

    -Yo no me veo tan bien cómo dices.

    -¡Presumida!

    -Para nada, presumida cero.

    -Eres una preciosidad morena. Solo tienes un defecto, vivir lejos de mí.

    -Jejeje. Me tienes totalmente idealizada. Me ves con buenos ojos.

    -Te veo tal y cómo eres, una mujer de bandera. De momento no chocheo, bueno, por tu chocho chocheo, pero sé distinguir entre lo bello y lo normal.

    -Soy normal y lo sabes cariño.

    – ¿Normal? ¡Tía buena! ¡¡Monumento!! Hoy me metía entre tus piernas y me bañaba en tus jugos.

    -¡¿Tanto te pongo?!

    -Tanto es poco, pero lo sabes de sobras. A veces cierro los ojos, veo tu bello rostro sonriendo, y me empalmo. Te quiero un montón.

    -Yo creo que lo único que quieres es que sigamos siendo folla amigos, tío.

    -Lo que yo quisiera es pasar el resto de mis días contigo. Lo que puedo hacer ya es otra cosa. Amarte en la vida real y follarte en mis sueños. Y sabes que no miento. A estas alturas de partido me conoces bien. Sabes que eres mi princesita bella.

    -Sí, lo sé, pero quería oírte decirlo.

    – Mala. ¡Hoy te follaría hasta dejarte espatarrada y media ciega!

    -Me pone nerviosa lo que me dices, desde lo dulce hasta lo sexual.

    -En fin, es la una y cuarto, ya es hora de dejarlo, tu marido esta a caer. ¡A ver si se cae!

    -Jejeje. Malo. No, no está llegando, hoy no llega hasta las tres.

    -Yo ya tengo la tortilla de patatas hecha, pero lo dicho, te comía mejor a ti.

    -Jejeje. No estoy tan buena cómo una tortilla de patatas.

    -Estás mejor, eres más jugosa, más rica.

    -Cada vez que dices esas cosas… Uffff. No sé que me pasa, será que ando cachonda.

    -Si andas cachonda no te cortes. Hace tiempo que no nos corremos juntos.

    -¿Quieres que me toque? ¿Quieres que me corra?

    -Quiero, preciosa, quiero.

    -Dime cosas. Anda, provócame.

    -Ya estoy medio empalmado. Ahora es cuando comenzaría a comértela.

    -Mmmmm. Estoy muy excitada.

    -Te como el coño y te follo el ojete con la lengua.

    -¿Estás solo?

    Le contesté por el buzón de voz.

    -Claro que estoy solo, princesa.

    Del buzón de voz salió su sensual voz.

    -Mmmmm. Aaaay. Estoy muy cachonda. La verdad, no se si tengo algo roto. Aaaaay. Quiero oír decirte que quieres que me toque.

    -Tócate, linda, tócate, tócate, preciosa, tócate. Joder. Yo estoy arrimado al armario y me estoy tocando, ya empieza mi polla a echar aguadilla… Cuando me venga voy a echar una corrida cómo un mundo.

    -Aaaaja, aaaja, aaaaja. Estoy súper mojada. Me toco el clítoris con mis deditos. Hago circulitos. Uyyyyyy. Aaaaay, aaaaaay.

    -Estoy como una mooooto. Si supieras cómo me pica el cabezón y el placer que siento al masturbarlo, Ooooy, oooooy que gusto, oooooy. Mis huevos, están repletos de leche.

    -Aaaaay, sí, pero no quiero que te corras, por favor, todavía no. Aaaah, aaaah. ¿Estás malo? ¿Estás malo? ¿Quieres tocar mi coñito? ¿Me quieres follar? Anda, dime que sí.

    -Sí. ¡Oooy! Estoy apretando la polla con la mano. Es tu coñito que se abre y se cierra. Oooooh. Te la clavo hasta el fondo. Empiezo a romperte el coñito. ¡Ooooh!

    -Ay, sí, fóllame, dame, dame, dame más. Aaaay, dame, dame, dame, dame, dame más. ¡Aaaaay, aaaay, ay que rico, ay que rico se siente! ¡Me encanta! Quiero que seas malo conmigo. Quiero que me trates cómo a una puta. Quiero que me nalguees. Ahorita quiero que me digas lo mucho que te pongo. Quiero que me des chupaditas en el clítoris. ¡Aaaaay, ay que rico! Aaaaay, así, así, así. ¡Ay qué me voy!

    -Puta, que, que… ¡Oh, oh, Oooooh! ¡Oooooh!

    -¡Ay que rico, ay, que rico, ay que rico! ¡¡Aaaaah, aaaaaaah, aaah, aaaah ¡¡¡Aaaaah!!!

    -¡Vaya corrida eché!

    -Y yo, fue muy rica. No sabes lo cachonda que estaba.

    -A mí me entraron las ganas de comer.

    -Pues hablamos mañana.

    Ya no le pude decir que lo que me entraran ganas de comer era su coñito mojado.

    -Hablamos. Te quiero.

    -Jejejeje. Lo sé, beso.

    Ya lo habíamos hecho así más veces, aunque a mí me encantaba cuando lo hacíamos por video conferencia. Verla tocarse era estar en otra dimensión.

    11 de la noche, tres días después.

    Estaba en el bar jugando una partida al tute. Me sonó el whatsapp. Mi compañero de partida, Braulio, me dijo:

    -Eso se apaga antes de empezar a jugar.

    Lo cogí y leí el mensaje: Estoy en Pontevedra en… Tengo dos horas, después vuelvo a casa.

    Me levanté y les dije:

    -Una emergencia, tengo que irme. ¿Me prestas el coche, Braulio?

    -Si es una emergencia… -echó la mano al bolsillo y me dio las llaves de su Audi-. Vete despacio a donde quieras que vayas.

    Pagué las consumiciones de los tres y la mía y me fui. En media hora estaba en la pensión que me había dicho. Llamé a la puerta, me abrió, y me dejó pasar. Diana llevaba puesto un vestido blanco que le daba por encima de las rodillas y unas sandalias del mismo color. Cerró la puerta, me empujó contra la pared y me echó la mano a los huevos.

    -¿Los traes llenos de leche?

    -A rebosar.

    Apretó sus tetas contra mi espalda, me bajó la cremallera del pantalón y sacó la polla. Besando mi cuello, comenzó a masturbarme. Me preguntó:

    -¿Me echaste de menos?

    -Mucho.

    Estaba en plan manda más. Me gustaba que me dominara.

    Dejó que me diera la vuelta. Me volvió a arrinconar contra la pared y me comió la boca. Su lengua estaba tan deseosa de la mía cómo la mía de la suya, pero era Diana, y de ella podía esperar cualquier cosa, y esa cosa fue que me acabó mordiendo la lengua y el labio inferior. Se agachó. Metió la polla en la boca, y al rato, meneándola, la mordió. Le dije:

    -Vienes con ganas de guerra, cabrona.

    Me metió otro pequeño mordisco, y agarrándome las pelotas, me miró, y dijo con sarcasmo:

    -¿Oí que me llamabas cielito lindo?

    Estaba casi seguro que no me iba a estrujar las pelotas ni a meterme un bocado en la polla, pero ante la duda, le dije:

    -No juegues con las cosas de comer, cielito lindo, no juegues con las cosas de comer.

    -Eso ya está mejor, cabrón.

    No fueran mordiscos fuertes, excitaban más que acojonaban, pero tenía que tomar medidas. La levanté cogiéndola por los sobacos. Una vez en pie, la levanté en alto en peso. Creyó que la iba a follar y rodeó mi cuello con sus brazos. Lo que hice fue llevarla hasta a cama y posarla en ella. Le quité el vestido, le quite el sujetador y después las bragas. Metí mi cabeza entre sus piernas y comencé a comerle el coñito. Lo tenía mojado. Hacía unos días que no lo afeitara y rascaba si se salía del interior de la vulva. Suave, despacito, mi lengua lamió los labios y después penetró en su vagina, despacito subió hasta su abultado clítoris. Lo lamí, muy, muy lentamente, y de repente. ¡Clash! Le metí un mordisco en el capuchón. Diana, exclamó:

    -¡Cabrón!

    -La que a mordisco mata a mordisco muere, pequeña!

    Puso cara de cabreo.

    -¿Esas tenemos, maricón?

    Me cogió la cabeza, me tiró de los pelos, me puso el coñito en la boca, y después, moviendo la pelvis de abajo a arriba y alrededor, me dijo:

    -¿Quieres coño? ¡Toma coño, cabrón!

    A mi no me iba a torear. Le hice cosquillas en las costillas. Se comenzó a reír y a retorcer… Lamí a toda mecha desde el periné hasta el clítoris, clítoris que ya había salido totalmente del capuchón y le eché las manos a las tetas. Me cogió la cabeza, ahora con suavidad, y me apretó la lengua contra su coñito. Paré de lamer, y dejé una parte de la lengua sobre su clítoris y el resto se la enterré en el coñito. Diana moviendo la pelvis de abajo a arriba y alrededor, dijo:

    -¡Ay qué rico, ay, que rico! ¡¡Come, come, come, come!! ¡¡Ay que riiiiico!! ¡¡¡Aaaaah!!!

    Se corrió cómo una loba. Al acabar de correrse, acariciando mi cabello, me dijo:

    -Me presto.

    Quería que le siguiese comiendo el coñito para correrse otra vez. Mis labios se posaron es sus labios entreabiertos. Me volvía loco su boca, por la frescura de sus labios y por la pasión de sus besos. Luego disfruté de sus tetas. Tetas que tenían la textura del algodón y la dureza del diamante en sus pezones. Al bajar a su coñito lo encontré cómo a mí me gusta, empapado, empapado de los jugos de la corrida y de la excitación posterior. Lamí y fui recogiendo las babitas hasta que mi lengua se cubrió de ellas, entonces las tragué y acto seguido le lamí y le di besos y chupadas en el clítoris. Luego la cogí por las nalgas, la levanté y lamí en círculos su ojete, que comenzó a latir. Se lo penetré con mi lengua varias veces, luego turné las penetraciones en la vagina y en el ano. Comenzó a gemir de nuevo.

    -¡Qué rico se siente! Dame, dame, dame, dame, dame, dame más.

    Ya la tenía a punto de nuevo. Lamiendo sus labios vaginales, la llevé tres veces al límite, más antes de que llegase, paraba y la dejaba jadeando. A la cuarta, me dijo:

    -Por favor, por favor, por favor, cariño, deja que me corra.

    Esta vez, chupé y lamí su clítoris hasta que llegó… El placer que sentía parecía ser el doble del que sintiera con el primer orgasmo. Tan solo pudo gemir y retorcerse de placer.

    Al acabar, le volvió el habla, y fue para decir:

    -Me presto.

    Se prestaba y le prestaba. ¡Vaya si le prestaba! Mas el tiempo se me estaba yendo y veía que no iba a meter. No podía ser, tenía un empalme de burro salido. Le metí dos dedos en la vagina, le busqué el abultamiento del punto G y se lo masturbé con el «ven aquí», mientras le lamía el clítoris, clítoris que se negaba a meter dentro del capuchón. Había acertado, a los pocos minutos sus gemidos ya eran de pre-orgasmo. No paré, al contrario, aceleré los movimientos de lengua y de dedos. Sentí cómo una corriente de flujo mojaba mis dedos. Cómo su coñito los apretaba, y a Diana, exclamar.

    -¡¡¡Aaaaah!!!

    Menos mal que había puesto nuestras ropas en una silla, si no con aquella brutal corrida iban a quedar perdidas.

    Después de correrse llevó más de un minuto buscando aire. Pero a Diana, era mucha Diana.

    Me metió la polla entre las tetas y me hizo una cubana. Estaba haciendo tiempo para recuperarse del todo. Pero yo ya estaba cómo las hojas de los árboles en el otoño. Le dije;

    -Me voy a correr, cariño.

    Me apretó los huevos, y me dijo:

    -¡Te vas a correr cuando yo te mande, violador de gallinas!

    Se me cortó.

    -¡¿De dónde sacaste esa barbaridad?!

    -Del gallinero.

    -Estás muy loca.

    -Aún no sabes cuánto.

    Subió encima de mí. Diana era una caja de sorpresas. Metió la polla dentro de su coñito y me folló lentamente, me dio las tetas a mamar, me besó, y me dijo:

    -Te quiero. Te quiero tanto que te va a doler que tanto te quiera.

    Me encantaba que fuese tan mimosa.

    -¿Qué me va a doler, cariño?

    Me metió dos bofetadas, una en cada lado de la cara.

    -¡Plas, plas!

    -¡Hasta los huevos cuando te los muerda si te corres ates que yo, cabrón!

    Sacó la polla del coño engrasada y jugó con ella en la entrada del ojete. Le dije:

    -Me voy a correr. No puedo aguantar.

    Volvió a meter la polla en el coñito y me corrí cómo un pajarito dentro de ella. No me volvió a abofetear mientras se lo llenaba, y no lo hizo porque comenzó a correrse ella cuando yo ya estaba acabando.

    -Aaay ¡Aaay! ¡¡Me vengo, me vengo, cariño, me vengo!! ¡¡¡Aaaaah!!!

    Corriéndose, me besó con tan dulzura que me pareció que me amaba de verdad.

    Al acabar, se quiso sacar de encima. La agarré por la cintura, y le dije:

    -¿A dónde vas, cielo?

    -Ahora ya…

    -Ahora, te voy a volver a llenar el coño de leche y tú vas a bañar mi polla con los jugos de tus corridas.

    Se le dibujó una sonrisa en los labios.

    -¡¿Tomaste viagra?!

    -No, una aspirina, no te jode la…

    -La puta, trátame mal, nalguéame.

    Saqué la polla del coñito y se la metí en el culo.

    -¡Tenías el coño cómo un bebedero de patos, guarra!

    Sacó la polla del culo. Me restregó el coño en la cara, y me dijo:

    -¡Come, maricón!

    Cuando se hartó de abusar, la apartó y dijo:

    -¡Caaaarajo! A ver si aprendes de una puñetera vez quien es la puta ama. Mi coñito no es un bebedero de patos es un bebedero de maricones cómo tú.

    La nalgueé.

    Me cayeron de lado a lado.

    -¡Tú no aprendes, cabrón!

    -Si me dijiste que…

    Estaba por joder, y me gustaba que me jodiera.

    -Calla, y soba mis tetas.

    Le agarré las tetas y se las magreé al tiempo que le apretaba los pezones. De repente se puso cariñosa.

    -Dime que me quieres.

    -Te adoro

    -Lo dices para que no te arree.

    -Sabes que no, princesa, lo digo porque así lo siento.

    Me besó con dulzura, y me dijo:

    -Te voy a hacer el amor, pero, que conste que no se volverá a repetir.

    Diana, metió la polla en su chochito y me cabalgo a su aire. A veces echaba la cabeza hacia atrás y apoyando sus manos sobre mi pecho me follaba turnando la lentitud con fuertes arremetidas. Veía sus deliciosas tetas subir y bajar. Me besaba con dulzura, me besaba con pasión. Me daba las tetas a mamar… Me estaba echando un viaje inolvidable… Al final, cuando ya los jugos de su coñito encharcaran mis huevos y mi ojete, se quedó quieta, me miró, y después me dijo:

    -¡Córrete conmigo! -se le cerraron los ojos- ¡Córrete conmigo, cariño!

    Su cuerpo comenzó a temblar. Su coño baño mi polla, la apretó y, corriéndose, se derrumbó encima de mí. Yo, besándola, le volví a llenar el coñito de leche, leche que se mezcló con los jugos de su corrida.

    En verdad que me había hecho el amor, y podría añadir que me lo hizo cómo nunca antes me lo habían hecho.

    No había tiempo para más. La venían a buscar. No sabía quién… Ni le pregunté para saberlo. Esperaría a que me volviese a sorprender.

    Quique.

  • En casa de mis suegros (Parte 2)

    En casa de mis suegros (Parte 2)

    Continuando con la historia, mi novia subió a su cuarto, se demoró unos minutos allí arriba, mientras yo aproveché para platicar con mis suegros de cosas como películas, deporte, música. Mientras platicábamos tomé mi celular y le mandé un mensaje a mi novia.

    J: apúrate putita que ya muero de ganas por atravesarte…

    No tuve respuesta ya que ella estaba arreglándose para ser cogida mientras sus papas veían la televisión.

    Al momento de bajar la vi, se había puesto un vestido ligero, holgado en la parte de abajo y strapless en la parte arriba se fue directo a la cocina y gritó.

    B: papás quieren comer algo??? Se los preparo.

    Sus papas le dijeron que si, lo que fuera.

    B: puedes venir a ayudarme? Amor?

    J: si!! Voy…

    Cuando llegue no puede esperar más, le pregunté qué íbamos a preparar, lo sacamos del refri, prendimos la estufa y mientras hacíamos todo en flama baja yo por la espalda le empecé a sobar sus tetas (que para estar chaparrita tiene buen tamaño) me agachaba un poco y le besaba el cuello, empecé a sentir sus pezones paraditos y fue cuando le baje la parte de arriba del vestido.

    J:( al oído) amor dame teta!!

    B: si, toma…!! Papi!!! (susurrando)

    Mientras ella con una mano me ofrecía su teta, con el pezón rosadito y erecto y con la otra le movía a la comida de mis suegros.

    B: si mi vida chúpale con ganas… Mámame la teta… Se siente bien rico… Métetela toda a la boca… Ahhh!!! Siii!!! Así!!

    Después de un rato de estar intercambiando de teta en teta le empecé a meter la mano por debajo del vestido, fue cuando me puse más caliente al sentir solo una tanguita muy pequeña.

    J: Amor que sorpresa!! Esta te la tenías bien guardada. Me dejas ver?

    B: Claro! Sabes que soy toda tuya y que este culo es todo tuyo, puedes hacer lo que quieras.

    Me agache, levante el vestido y metí mi cara, comencé a lamerle las nalgas (que son igual de buen tamaño y bien formadas)

    Sobando sus piernas que igual me encantan, poco a poco empecé a meter la lengua entre el hilo que las separaba. La metía y la metía hasta que con ambas manos se las separe por completo, fue ahí cuando pude poner mi lengua en su ano, le di unas lamidas rápidas y otras lentas quería que me rogara que se la metiera. Sus piernas tambaleaban y cada vez restregaba su culo contra mi cara.

    B: ya casi esta la comida, me vas a meter tu pene o no. O aunque sea méteme los dedos o algo, lo necesito ya!

    Salí de entres sus nalgas, ella con la tanga de lado y bien lubricada

    J: pídemelo como se debe, tu sabes cómo y si no lo haces bien antes de que este la comida así te vas a quedar.

    Ella en una desesperación por ser penetrada se separó de la comida que ya estaba por ser terminada, se separó hacia la puerta que separa la cocina del comedor y me dijo en voz muy suave y sensual.

    B: quiero que mi hombre me coja, quiero que mi hombre me haga suya en mi casa con mis papás.

    Caminando muy lento comenzó a bajarse la parte de arriba del vestido (que minutos antes se había acomodado por si surgía alguna emergencia) me dejó ver sus tetas rosaditas y un poco rojas por la mamada que le di.

    Después de hacer eso se dio la vuelta se levantó la otra parte del vestido y haciendo a un lado su tanga que era de color negro con encajes, se abrió los labios de mi dulce favorito y me dijo:

    B: Métemela ya, quiero verga, quiero pito, quiero que me atraviese quiero que me des tu leche.

    Mientras hacía todo eso ya me estaba sobando la verga y desabrochando el pantalón. Cuando logre sacarla de esa eterna prisión le dije

    J: Dale unas chupadas a tu verga, prepararla para que te la meta.

    B: Claro, lo que sea con tal de que me cojas.

    Mientras ella me hacia la mamada, seguía de pie la acerqué hacia la estufa para apagarle al fuego de la comida y vi que en el vidrio que tiene el horno de esa estufa se podía ver perfectamente cómo se tragaba completamente toda como si fuera una desesperada.

    A mi me encanta ver los culos de las mujeres y claro, con tanga, si tiene buen culo espero que tengan buenas piernas. Ahí se me ocurrió poner su culo apuntando hacia ese vidrio volví a subir su vestido y a hacer a un lado su tanga, la agarre de los cabellos la separe de mi verga la acerque a mi cara diciéndole

    J: chúpame los dedos o si es posible toda la mano.

    Así lo hizo y sin delicadeza la regrese al trabajo que hacía, restregándole toda mi verga llena de saliva en su cara.

    Acerque mis dedos a su raja que estaba más que mojada, estaba como cascada, le escurría fluidos entre las piernas y alcance a ver que ya le llegaba hasta los tenis que tenía puestos. Empecé a estrujar su clítoris, y de vez en cuando su ano. Ella gozaba con esa dedeada que le estaba dando y yo disfrutando la imagen que tenía enfrente, ella casi en posición de perra y yo viendo como mis dedos se perdían entre su raja y su ano, intercambiándolos una y otra vez.

    J: ya basta de mamada

    La levante,

    J: sírveles la comida a tus papás, no vaya a ser que quieran venir a interrumpir.

    Se apuró, sirvió la comida, refresco y uno extra para mi.

    Me acerque le baje la tanga por completo me la guarde en la bolsa sin antes olerla profunda y largamente.

    J: esta tanga es mía no te puedo volver a coger con esta, necesitas otra.

    Dicho esto con el pito aun parado le di a que mordiera el olan para que no me interrumpiera al momento de darle las metidas que quería. Fue un mete saca algo apresurado pero profundo. De esos que con cada metida se ponen de puntitas. Era vigoroso y rítmico. Cada entrada hacia que se agitara y gimiera reprimidamente y cada salida era una tortuta para su raja ya que no quería que saliera nunca.

    Así estuvimos unos minutos y en silencio ya que sus papás al estar sentados viendo la televisión se podrían percatar de lo que le estaba pasando a su ‘inocente’ hija.

    A lo lejos escuchamos un ruido en la sala, que fue ahí cuando pensé que debía sacar su premio donde fuera. Escuché como su papá se iba levantando del sillón mientras decía

    P: hija voy y te ayudo.

    B: no papá ya voy estamos sirviendo los platos (entre gemidos y falta de aliento)

    P: está bien no tardes

    J: (le dije al oído a mi novia) no señor su hija está a punto de que le sirvan su plato favorito.

    Dicho esto me agache, le di unas últimas lamidas a su ano, ya se me salía la leche entonces le di una descarga por todas las nalgas incluyendo su ano y parte de la raja que tenía aún residuos de sus fluidos.

    J: toma tu plato mi perrita favorita por favor distribuye todo en ese culote que me encanta y después me limpias la verga con esa boquita de perrita en celo que tienes.

    Con una de sus manos se masajeaba una teta y con la otra comenzó a untar todo el semen en sus dos nalgas, todo quedó bien distribuido, se alcanzaba a ver como ese culote brillaba y ese ano rosadito se abría y se cerraba en un orgasmo reprimido.

    B: así te gusta papi???

    J: me encanta perrita, ha sido una gran exprimida la que me acabas de dar, y en tan poco tiempo.

    Mi novia llevo los platos después de haberse acomodado su vestido y lavado las manos, mientras yo me acomodaba los pantalones y el bóxer.

    J: ahorita te llevo los refrescos -le grite.

    B: si, por favor.

    J: claro con gusto -caminando hacia la sala- suegro que bonita cocina tiene, la mando a hacer?

    S: sí… bla bla bla…

    J: que bien suegro ya después con más tiempo ojalá y B me dé un tour por toda la casa.

    B: si con gusto.

    Esa plática se quedó así, sentado viendo televisión (que me aburre bastante).

    De vez en cuando metía mi mano a la bolsa para sentir la tanga que le había quitado a mi novia y saque el celular

    Por mensaje de texto:

    J: después me muestras toda la casa porque no sabes las metidas de verga que te voy a dar en cada rincón de ella, hasta en el cuarto de tus papás y el de tu hermana. Pero lo dejamos para otro día que tenga más tiempo.

    CONTINUARÁ…

    Me gustaría leer sus comentarios, si les gustó o no. Mujeres cuéntenme si les gustó. Como les digo esto es real somos una pareja común y corriente de la ciudad de México. Manden mail al correo que aparece acá. De igual forma poco a poco iré modificando mi perfil. Saludos a todos los lectores.

     

  • Mi mujer aceptó realizar mi fantasía y se vistió de puta

    Mi mujer aceptó realizar mi fantasía y se vistió de puta

    Mi nombre es Carlos y mi mujer se llama Andrea, tenemos 6 años de casados y vivimos en Apopa en San Salvador.

    Andrea es blanca, alta, con tetas grandes y un culo ancho muy rico.

    Hace unos 2 meses durante el sexo comenzamos a hablar de nuestras fantasías sexuales y jugando a decir una fantasía cada uno durante el sexo llegamos a la conclusión que ella haría primero una de mis fantasías, y justamente hace una semana, Andrea me dijo que ya estaba lista para complacerme y decidimos hacerlo.

    El sábado 1 de junio de 2019 a las 8 de la noche aproximadamente, nos alistamos y salimos a un bar llamado el establo en San Salvador, ahí nos tomamos unas cuantas cervezas y como a las 9:30 de la noche ella me tomó de la mano me dijo, vamos para la calle y nos fuimos a una calle cerca de metro centro y nos quedamos en un lugar un poco sólo y obscuro, cuando Andrea se bajó de mi carro con un jeans color blanco y una blusa color azul escotada y me dijo no llevo calzón mi amor.

    En unos segundos se puso en una esquina para hacerse pasar por una puta de la calle porque esa era mi fantasía, después de unos 5 minutos paro un vehículo blanco y ella estaba hablando por teléfono conmigo usando manos libres y me dijo se acerca un carro despacio y le dije no vayas a cortar la llamada que quiero escuchar y cuándo ella se acercó al carro y blanco un tipo le dijo cuánto cobras amor y Andrea con vos temblorosa le dijo veinticinco dólares y el tipo le pidió que se diera una vuelta y que le enseñará una teta y ella lo hizo, después de una pequeña plática ella me dijo callada, me subo y en ese momento me puse nervioso y le dije dale con todo y se subió, cuando el carro se dio marcha me puse todo tembloroso y los seguí hasta el motel la Pradera donde esperé subieran y entraran y luego subí y entre a la habitación de la par dónde ellos entraron y me quedé sentado esperando, me pasaron mil cosas por mi mente y por momentos no supe que hacer pero Andrea había dejado encendido el celular y justo escuché que el tipo le dijo te voy a sacar todo mi amor y ella sólo sonrió y el tipo de fue al baño, cuando Andrea me dijo por teléfono, mi amor no sé qué hacer u me dieron ganas de decirle que se saliera de ahí y que yo estaba en el cuarto de la par pero respiré profundo y le dije coge si querés y ella contesto, bueno amor disfrutarlo usted también que eso quería, después que el tipo salió ella entró al baño y al parecer encendió el televisor y cuando ella salió le tipo le dijo te voy a dar 50 dólares y te amarro a la cama porque esa fantasía quiero ella aceptó.

    Hubo silencio durante unos 5 minutos y de repente escuché a Andrea pujar mucho y cada vez pujaba más, en mi mente pasaron muchas cosas y entre pujos y el rechinar de la cama escuché unos golpes como nalgadas y después de unos 15 minutos escuché que todo se quedó en silencio y abrieron la puerta del cuarto donde están ellos y salí yo también con la paja de fumarme un cigarro y el tipo me vio y con la mano me dijo vení y al llegar donde él estaba abrió un poco más la puerta y me dijo con vos baja mira ese culo que me estoy dando y vi a Andrea estaba amarrada a las patas de la cama boca abajo y con una pañoleta en los ojos y el tipo estaba hablando por teléfono con alguien y luego vi cuando le tomo unas fotos a ella amarrada y desnuda, en ese momento se me paró tanto la verga que casi me venía y el tipo entró entro me dijo la voy a dejar así para que vea cómo se coge a una puta, en ese momento le metió la verga sin piedad y por un momento no supe que hacer y en eso pasó una pareja y vio hacia adentro del cuarto y la mujer dijo a esa puta le están dando hasta por el culo, después el tipo cerró el cuarto y me quedé escuchando por el celular que Andrea le decía ya termina que ya pasó la media hora y el tipo le dijo ya casi me voy, de repente todo se quedó tranquilo y sólo escuché el sonido de la regadera.

    Después sólo el tipo salió y Andrea me dijo vení a traerme al motel y me dio la dirección, yo lo le dije que estaba a la par y tarde unos 10 minutos para tocarle la puerta del cuarto y la encontré masturbándose con sus dedos y me dijo, me han dado una cogida que me duelen hasta las piernas y después de eso no hablamos hasta llegar a casa.

    Luego les contaré que me dijo ella sobre el encuentro.

  • Mi hermana tiene un rico culazo (Parte 2)

    Mi hermana tiene un rico culazo (Parte 2)

    Pero lamentablemente Lucía comenzó a tener problemas con su esposo por algunas cosas, hasta por la forma de cómo iba vestida, les escuchaba que discutían en el dormitorio y le decía que deje de trabajar a lo que ella se oponía completamente, luego de un tiempo dejó de ponerse las lycras y Lucía se iba a trabajar normalmente. Pero después mi hermana llegaba muy tarde y algunas veces se le notaba que estaba tomada, por lo que comenzaron a pelearse constantemente y yo deje de ir seguido a la casa de Lucía, solo llegaba muy pocas veces y más cuando tenía muchas ganas de pajearme mirando a Lucía, pero la relación de Lucía con su esposo cada vez era más tensa, por lo que dejé de ir a la casa de Lucía.

    No pasó mucho tiempo cuando mi hermana llegó a la casa de nuestros padres diciendo que se había peleado con el esposo, ellos nunca más se reconciliaron, más bien terminaron divorciándose. En la casa de nuestros padres pasamos prácticamente solos debido a que ellos viven en otra región por sus trabajos y no vienen muy seguido para acá.

    Lo bueno para mí era que a Lucía ya le podía ver otra vez todos los días y mi obsesión ahora era mirarla desnuda y poder disfrutar de su rico culazo desnudo.

    Lo bueno también fue que nuevamente Lucía comenzó a ponerse las lycras ajustadas para irse al trabajo, se le veía espectacular, perecía que no se ponía ropa interior, yo lo notaba porque estaba muy pendiente de mirar su sexo y ella no se daba cuenta que se le veía su culazo y su raja dibujada en la lycra y tampoco yo le iba a decir eso. Ese espectáculo que daba Lucía en la mañana era la causa de mis primeros pajazos del día. Igual siempre estaba pendiente en la tarde o en la noche que ella llegaba para apreciar su culo y su chucha.

    Cada que podía la miraba a Lucía cuando caminaba, era un hermoso espectáculo ver ese culazo subiendo y bajando rítmicamente sus tremendas nalgas. Ahora ya no me conformaba solo con mirarla con ropa, quería mirarla desnuda, siempre pensaba la manera de hacerlo paso un tiempo sin poder conseguir mi objetivo, hasta que se me vino una muy buena idea, como el dormitorio de ella y el mío están separados por una estructura de madera, un día que estaba solo en la casa realice un agujero en la madera y resultó muy bueno que se podía ver claramente una gran parte de su dormitorio, pero para disimular el agujero tengo puesto un tornillo en ese agujero en el que hasta ahora cuelgo un cuadro.

    El día que hice el agujero fue un día viernes, un día inolvidable, estaba tan emocionado y nervioso a la vez, esperando a que llegue Lucía, la espera me pareció muy larga y para empeorar ya se hizo de noche y Lucía no llegaba, hasta que pasadas las 20 h Lucía llegó a la casa, yo estaba en la sala y ella tenía el aliento a licor, se le veía un poco mareada, por lo que se puso a preparar algo de comer y me preguntó si yo quería también a lo que le dije que no se preocupe y mientras ella estaba en la cocina sin que se dé cuenta yo admiraba su culo dibujado en el pantalón de lycra que como siempre se ponía para irse a trabajar, el tiempo se hacía eterno, hasta que comió y dijo que ya se iba a darse un baño y ya se iba a dormir, por lo que yo también me fui a mi dormitorio para poder espiarla, tenía mucha ansiedad y esperaba que fuera el momento de mirarla desnuda a Lucía, cuando quité el tornillo del agujero de la pared me di cuenta que ya tenía mi verga parada, esperaba que se desnudara para meterse al baño, pero Lucía solo tomó una toalla y se metió al baño aun sin desvestirse, mientras esperaba que Lucía saliera del baño yo me pajeaba lentamente, cuando de pronto Lucía salió del baño completamente desnuda caminaba lentamente secándose el cabello con la toalla, era un momento inolvidable, ante mis ojos estaba Lucía completamente desnuda, era impresionante tenía la raja cubierta por un triángulo perfecto de vellos púbicos, unas buenas tetas, pero como yo estaba tan excitado que me pajee con fuerza y disparaba mi leche, seguía mirando a mi hermana luego tomó la secadora eléctrica de pelo y se dio la vuelta para mirarse al espejo y secarse más aun el cabello y pude mirar que Lucía tenía un insoportablemente hermoso culaaazo, era grande redondito y bien parado, simplemente Lucía tenía un culo perfecto. Ante el hermoso espectáculo mi verga aún seguía dura por lo que me seguía frotándome la verga y como si fuera poco Lucía se sentó mirándose en el espejo de su peinadora y sentada se le veía el culazo aún más grande y pasado un momento ella se puso de pie y se puso una pijama apagó la luz y se acostó mientras yo me pajeaba con fuerza y salió mi leche disparada nuevamente.

    Luego de esa primera noche todo el tiempo que podía le espiaba a Lucía por el agujero de la pared, veía como se desvestía y como se vestía, unas veces se ponía ropa interior pero la mayor parte de veces ella se iba sin ropa interior, por lo que todo el tiempo me mataba a pajas mirando a Lucía.

    Un día en la mañana le veía a Lucía mientras se vestía, como casi siempre se puso una lycra y sin ropa interior y se fue a trabajar y en la tarde cuando regresó yo la espiaba por el agujero, mientras Lucía se alistaba para desvestirse yo ya me estaba pajeando lentamente, se sentó al filo de la cama, se sacó la blusa y el sostén y quedaron al descubierto sus tetotas y en esa misma posición se sacó el pantalón lycra y ella como que se tocaba y se veía su chucha, de pronto se puso de pie frente al espejo de su peinadora y yo ya me pajeaba con más fuerza mirando su rico culazo, cuando se dio la vuelta vi que no tenía ni un solo vello púbico en su raja, se había rasurado completamente supongo que en su trabajo porque en la mañana cuando se fue tenía su raja como siempre cubierta de vellos, así se le notaba la raja semiabierta, por lo que me pajee con más fuerza y me salió la leche disparada. Con el tiempo Lucía se dejaba crecer los vellos en su raja y eventualmente se rasuraba. Me mataba a pajas por culpa de mi hermana.

    Era una hermosa rutina de espiar a Lucía y pajearme, yo consideraba algo normal que muchos podrían pajearse mirando a sus hermanas desnudas y mi interés solo era disfrutar mirándola y nada más. Hasta que un día sábado llegue en la noche, vi la luz del dormitorio de Lucía estaba encendida y en silencio me fui a mi dormitorio para espiar a mi hermana y que hermosa sorpresa Lucía estaba completamente desnuda en 4 al filo de la cama siendo penetrada por un hombre, para mí fue otro momento inolvidable, ver como a Lucía le metía la verga, no se desde que hora estarían culeando, era un hermoso espectáculo que yo cuando me di cuenta ya tenía mi verga en la mano pajeándome, se veía claramente como le bombeaba a Lucía, luego de un rato él le sacó la verga de su raja y le colocó la cabeza de la verga en la entrada de su culo, era sensacional, según yo inmediatamente pensé que iba a presenciar la rotura del culo de Lucía, pero él amigo de Lucía le metió de una sola toda la verga en el culo y ella solo movía en círculos su gran trasero y él le bombeaba con una gran facilidad, por lo que entendí que mi hermana ya había tenido bien roto el culo, en poco tiempo a mí ya me salía disparada la leche de la verga, mientras tanto su amigo le daba verga por el culo, luego él se acostó en la cama y Lucía se subió y cabalgaba con la verga en su raja, le culeaba de diferentes maneras y yo ya me pajeaba nuevamente, hasta que finalmente él estaba sobre Lucía le daba verga entendí que terminaron porque él se quedó sobre ella un buen rato, igual yo también me saque la leche por segunda vez, finalmente apagaron la luz y yo también me fui a dormir y siempre con la idea de espiarles nuevamente cuando amanezca, de hecho, con esa sensación me desperté temprano para espiarlos nuevamente, pero cuando vi, su amigo ya se había ido.

    Así por algún tiempo la pude ver que tenía sexo en su dormitorio, llegue a verla con tres hombres diferentes, para entonces yo consideraba algo normal que tenga relaciones considerando que estaba divorciada y yo simplemente disfrutaba de eso y me pajeaba constantemente, pero un gran día la descubrí que tenía sexo con dos hombres al mismo tiempo.

    (Tengo fotos de Lucía, si quieres te puedo enviar mi correo es [email protected])

  • Desconocido

    Desconocido

    El frío de aquella noche calaba mis huesos, más que nada porque con los escasos grados de temperatura en el ambiente salí pasada la medianoche vestido solo con un short verde ajustado, zapatillas y sudadera Rip Curl negra. No salí para ejercitarme, aunque me encontraba trotando, quería «más bien debía» llegar a casa de mi novio con quien media hora antes había tenido una fuerte discusión «pelea, literal». Necesitaba arreglar las cosas, o eso creía.

    Mi novio me había golpeado un par de veces antes, palmadas en la cara, empujones e incluso apretado, pero nunca me había dado un puñetazo tan fuerte como aquel, sentí que mi nariz se quebraba con el golpe, incluso tuve la sensación de sangre correr por ella. La nariz no se quebró, ni brotó gota alguna de sangre, pero la furia se apoderó de mí y por primera vez en nuestro año y medio de relación le respondí el golpe, con varios puñetazos en su cara, cabeza y cuerpo, lo saqué a la calle a patadas, cerré la puerta y me tiré en la cama a llorar. Minutos más tarde salí en su búsqueda, lo amaba, tenía que recuperarlo, disculparnos mutuamente, esto no debía volver a suceder, así que solo con las llaves de mi casa salí a buscarlo.

    Nunca había llegado tan rápido, para ahorrar tiempo tomé un atajo el cual suelen esquivar las personas por su peligrosidad, pero en ese momento no me importaba y en realidad, no tenía nada que pudieran quitarme. Al llegar a su casa miré por la ventana buscando luz, estaba todo a oscuras, así que decidí tocar la puerta, esperé y golpeé más fuerte, estuve así 20 minutos. Supuse que podría no haber llegado aún, haber partido donde una amiga o a lo mejor llegué muy rápido así que me senté en la acera a unos 20 metros de su casa para esperarlo.

    Al pasar los minutos los espasmos en mi cuerpo eran cada vez más fuerte, el frío era ya incontrolable así que me preparé para levantarme y volver a casa, de seguro habría partido donde algún amigo, ya no me importaba, el frío me había hecho enojar nuevamente.

    —Socio, qué anda matándose de frío —un hombre me habló mientras caminaba hacia mi.

    —Amigo, tiene un cigarrito que nos regale —otro hombre a dos pasos más atrás.

    «Mierda, me van a asaltar» pensé mientras se tensaba mi cuerpo.

    —O alguna moneda pa’ comprar alguna cosa —retomó el primero.

    —No “hermano”, no tengo na’ —hablando lo más callejero posible para no levantar sospechas de mi miedo, mirando hacia el piso.

    —Bueno, cuídese amigote, se va a resfriar así como anda.

    —Sí, ya me voy, gracias— pasaron.

    Siempre he sentido que soy muy arriesgado, iluso o simplemente estúpido, pero ese sentido autodestructivo me hizo pararme y caminar tras los dos hombres que me había hablado. Escuché su forma de hablar y los reconocí, el primer hombre era más alto, tenía una gran espalda, vestía una sudadera como la mía pero color blanco y jeans azules, el otro era un poco más bajo, pero aun así más alto que yo, su cuerpo era más robusto, usaba una gorra de béisbol, un suéter rojo y jeans negros.

    —¡Ey! puedo caminar con ustedes, es que no soy de acá y me está dando miedo.

    —Oh hermano nosotros nos vamos yendo pa la casa, pero camina con nosotros un rato, yo me entro en unas tres cuadras más —el hombre de blanco.

    Caminamos tres cuadras en silencio, yo atrás de ellos y al llegar a una esquina se detuvieron.

    —Ya hermanito, yo me voy, acá vivo. Váyase con cuidado.

    —Si, gracias por la compañía.

    —Chao, que llegue bien a casa —estirando la mano y entrecerrando sus ojos verdes, estiré la mano por cortesía, él se rascó la cabeza por sobre la capucha y pude notar su cabeza rapada.

    —Si quieres te acompaño un rato, yo voy más adelante, quiero ir a comprar un cigarrillo suelto.

    Asentí con la cabeza, el hombre de blanco se despidió y quedé a solas con mi nuevo acompañante desconocido, comenzamos a caminar en busca de un lugar para comprar el cigarro y volvió a insistir.

    —Tienes alguna moneda o algo, podríamos comprar algo para el frío, un vino o algo.

    —No sé, es que salí apurado —revisé mis bolsillos, encontré un billete en mi sudadera.

    —Si se nota, ¿por qué tan poca ropa amigo?

    —Larga historia, mira acá tengo algo, no sé si alcance.

    —Pero yo pongo el resto, compremos en la esquina y podemos tomarlo un poco más allá, hay una plaza de juegos donde nunca va nadie.

    Llegamos a la plaza y comenzamos a beber de una caja de vino, me habló que vivía con su novia y sus suegros, que en casa siempre peleaban así que por eso salía mucho, que “Andrés” su mejor amigo tenía que trabajar al día siguiente y por eso no lo había acompañado a tomar. La cara redonda del desconocido comenzó a sonrojarse con el calor del vino, cada vez sonreía más, sus ojos achinados y brillantes se veían afectados por el vino.

    —Entonces, ¿peleaste con tu novio?

    —¿Qué? —quedé aún más frío.

    —Ah, pensé que tenías novio.

    —No, no, no soy así —No sabía qué decir.

    —Igual yo tengo hartos amigos que son gay, son buena onda —tomó otro sorbo de la caja de vino.

    —Que bien —apreté los labios y asentí con la cabeza—. Hace mucho frío, igual mejor ya me voy —con tono apenado.

    —Pero tomémonos el vino y te acerco a casa, no te preocupes, me caíste bien.

    Luego de varios tragos de vino el desconocido sabía la historia de los golpes de mi novio, me había hablado de sus amigos los cuales más que ser hombres gais por lo visto eran transformistas o travestis. Su mano izquierda sujetaba la caja y su brazo derecho estaba apoyado en mi espalda mientras seguíamos hablando.

    —Ya que estás enojado con tu novio, ¿tienes ganas de despicarte o algo?

    —¿Cómo? —reí y agité negando con la cabeza.

    —Hacer algo para sacarte el enojo.

    —¿Y qué puedo hacer? apedrear su casa —con tono sarcástico.

    —No, algo más rico.

    Me quedé en silencio mirándolo, no sabía a qué se refería y ya no estaba pensando bien.

    —Podrías chuparme el pene, si es que quieres.

    Hasta entonces no había sentido nada por el desconocido, salvo miedo a momentos, pero sus palabras me calentaron de inmediato y en un abrir y cerrar de ojos lo examiné de pies a cabeza. Masculino, un poco ebrio, lo acabo de conocer en la calle y siento que me va a asaltar o golpear en cualquier momento. Toda una fantasía que hasta entonces no tenía y se me acababa de antojar.

    —¿Acá? —lo miré a los ojos y mordí el borde izquierdo de mi labio inferior.

    —Un poco más allá está oscuro —moviendo la cabeza para señalar el lugar.

    —Me da vergüenza, si alguien nos ve, además no te conozco —el morbo me subía, pero quería asegurarme que él igual quería y no era una excusa para golpearme— y tengo novio.

    —No hables de él, es un imbécil y tranquilo, no se verá nada.

    —Ya, vamos —Decidido, tomé la caja de vino y la vacié en mi boca.

    Llegamos a un espacio oscuro detrás de una casa, me puse en cuclillas y se desabrochó el cierre del pantalón, sacó su pene lacio junto con sus bolas y lo dejó frente a mi cara. Su pene lacio era de como de 14 centímetros, y unas bolas peludas que colgaban bastante. Tomé su pene con mi mano derecha la cual no alcanzó a cerrar por su grosor, sentí su piel suave y acerqué mi cara, olía a orina y sudor. «Todo un macho me salió el delincuente» pensé. Abrí mi boca y probé suavemente con mi lengua la punta de su pene.

    —Vamos, cómetelo todo.

    No me hice el rogar, comencé a pasar mi lengua por todo su glande saboreando un sabor amargo y salado, sentía su olor de sudor en mi nariz mientras lamía su glande y su pene comenzaba a crecer y endurecer.

    —Trágatelo.

    Posó sus manos sobre mi cabeza y comenzó a follarme la boca lentamente, su pene cada vez más grande llegaba más adentro y las lágrimas comenzaban a brotar por mis ojos con las suaves arcadas que me provocan sus embestidas.

    —¿Quieres que te lo meta?

    —¿Andas con condón? —sacando su pene de mi boca y mirándolo hacia arriba.

    —No, no tengo.

    —Entonces no, otro día podríamos juntarnos —con su glande afirmado en mis labios.

    —Chúpame las bolas.

    Tragué su pene una vez más y en seguida comencé a lamer sus bolas sudadas y mojadas con la saliva que caía de mi boca mientras lo masturbaba, escuchaba su respiración y acallados quejidos de hombre, lamía desde las bolas sin despegar mi lengua hasta llegar a su glande, tragaba todo su pene y volvía a repetir.

    —Lo chupas rico, maricón —suspirando.

    Eso me calentó aún más, quería comerle bien el pene, quería que siguiera quejándose.

    —Avísame cuando vayas a acabar —para que no eyaculara en mi boca.

    —Sí, sí, yo te aviso, sigue no más.

    Volvió a poner sus manos en mi cabeza y embestía contra mi boca todo su pene, llegaba al fondo de mi garganta y por alguna extraña razón no me causaba tantas arcadas, aunque sí me hacía lagrimear a montones. De pronto su pene comenzó a palpitar más y antes que pudiera retroceder mi boca se llenó de semen, intenté escupirlo pero con sus manos presionaba más mi cabeza contra su pene haciéndome tragar a la fuerza. El sabor era fuerte, amargo y muy viscoso.

    —Oh que rico, maricón.

    Cuando soltó mi cabeza ya me había tragado la mayoría del semen, y el resto corría por las comisuras de mis labios, así que no me importó y con mi lengua empecé a limpiarle el pene hasta no dejar rastro de mi mamada.

    —Me habría gustado follarte el culo, se ve que lo tienes bueno —mientras seguía chupando su verga.

    —Igual me hubiese gustado —a medida que me ponía de pie.

    —Ya hermano, me tengo que ir.

    —Yo igual, muero de frío.

    —Cuídate —me dio una palmada suave en el hombro y se fue.

    Sonreí a su toque y marchó, mientras yo comencé el camino en la otra dirección para llegar a casa, olvidando todo lo malo ocurrido durante el día y pensando solo en el desconocido a quien nunca volvería a ver.

  • Como lo hice con Paola

    Como lo hice con Paola

    Paola estaba casada, sus hijos vivían en casa todavía y su marido trabajaba en la misma ciudad, él era un hombre que se pensaba rudo, pero a la vez eran solo apariencias. Hacía rato que tenía problemas con su mujer. Paola era una mujer muy atractiva de un sex appeal espectacular.

    Yo casado también con dos hijos, un varón y una niña, felizmente casado y con la mente soñadora de una canita al aire pero nunca me atrevía. Paola y yo nos mirábamos mucho pero de ahí no pasábamos.

    Una noche pase por su casa camino a la ciudad y la vi en el balcón de su casa, me detuve a saludar y nos quedamos charlando un rato, su marido no estaba y sus hijos dormían, charlamos un poco más y nos acercábamos el uno al otro hasta que de un memento a otro nos besamos y calentamos.

    ¿Qué hacíamos ahora? pues nos fuimos a la parte de atrás de la casa y parados contra la pared, Paola se agacho me saco la verga de su escondite y me dio una soberana mamada, yo estaba asustado, me imagino que ella también, en cualquier momento podría llegar su marido, se lamio se paró y se puso de espaldas a mí, ya con su pantalón y bragas abajo, cogió mi verga y la puso a la puerta de su espectacular cuca, metí la cabeza y nos culeamos delicioso.

    Con todo y el miedo por unos minutos, el temor venció la calentura y nos separamos, nos vestimos, nos besamos y sin decir mucho ella se fue a su alcoba y yo seguí mi camino al centro.

     

  • El velador me cogió rico

    El velador me cogió rico

    Les diré que soy un hombre delgadito, mido 1.70 y peso 48 kilos, uso lentes, soy bisexual y me gusta de todo (menos scat ni lluvia dorada), vivo en el país de México, mi ciudad natal es Monterrey, Nuevo León. Me considero atrevido, discreto, sincero, inter más pasivo, eso depende, aunque también lo pueden notar en mis relatos, tengo actualmente al día de hoy 35 años, no tengo lencería ni ropa de mujer en mi guardarropa porque vivo con mis padres y son muy religiosos y eso, pero cuando puedo, me visto de mujer, no uso peluca, no me maquillo, ni me depilo, me gustan mujeres, hombres, transexuales, travestis, yo más bien me considero pansexual.

    Este romance me pasó cuando tenía 19 años, en aquel entonces yo trabajaba en una empresa de seguridad privada acá en mí ciudad, pero mi trabajo no era de guardia, era más bien de oficina, me toco turno de noche, entraba a las 10 pm y salía al día siguiente a las 6 am, en fin, solo éramos yo y un velador de unos 56 años, rellenito y no tan mal parecido que cuidaba el edificio pero que nunca subía al segundo piso donde me tocaba a mi estar esa noche.

    Bueno, yo ese día llegue normal al trabajo, mi ropa de vestir e interior de hombre y mi mochila, en mi mochila llevaba lencería muy sexy y algo de ropa de mujer, porque aunque iba a trabajar, pues sentía que esa noche era el momento de aflorar, aparte había estado platicando la semana anterior con un hombre que vivía cerca de mi trabajo y le había dicho que pronto me vería vestido como mujer, él era de 49 años, atlético, corría por las mañanas, se le notaba y todo, habíamos intercambiado fotos, así que ya fantaseaba con el momento de presentarle a Carla (Carly), no solo que hablara conmigo como Carlos, me llevaba 30 años pero nos coqueteábamos y platicábamos muy bien.

    Ya en la madrugada cuando me conecte al Internet y al Chat para buscar a mi amigo, me apareció desconectado, así que le di tiempo, mientras fui al baño, me puse mi lencería, era un bóxer cachetero y un top rosa, me puse también lo demás, una mini falda azul de esas que enseñan un poco lo de abajo y las nalgas, aunque soy un hombre que no tiene mucho de eso, me puse una blusa de tirantes blanca, algo escotada, aunque obvio no tengo senos, me regrese a mi cubículo, yo escuche pasos, al tomar mi asiento, volví a checar si mi amigo se había conectado y no estaba, lo espere un rato más, me entro una llamada del conmutador, era el velador, me dijo, “no sabes que hay cámaras en la oficina”, yo le respondí, “eso me dijeron pero no las veo”, luego me dijo, “si estas aburrida dime y voy”, le dije, “porque me dice aburrida, no lo entiendo”, me dijo, “te repito que hay cámaras muchacho, o te digo muchacha putita, lo bueno que las llamadas no se graban y en el baño y otros lados no hay cámaras, te quito lo aburrida o no amiga”, fue cuando ya pensé un poco y ya le encontré el sentido a lo que decía, así que como mi amigo de Internet no llegaba y yo me sentía con necesidad de sentir a un hombre o algo así, le dije, “okey, piso 2 oficina 23” y me dijo que no que porque luego se vería en las cámaras, le dije, “donde”, respondió, “en las escaleras o ven a mi oficina voy por ti putita”, le dije, “okey, ya voy para allá”.

    Su oficina es pequeña, pero acogedora, llegue y me recibió, me dijo, “quieres tomar algo”, le dije que no, que estábamos trabajando”, saco una cerveza y le tomo y me hizo tomar un poco, me senté en la mesa que tenía frente a él, me dijo, “No te sientes en la mesa, siéntate aquí en mis piernas”, me jalo y me sentó sobre él, me acaricio el pecho y las piernas, sentí como su verga (pene), comenzó a ponerse duro, me puse nervioso, me dijo, “tranquilo, de aquí no saldrá nada, o sea, no voy a decir nada, además te gustará mucho, te lo garantizo, solo déjate llevar y disfruta”, yo afloje un poco, ósea, respire profundo y me sentí mejor, ya estando yo más tranquilo seguimos.

    Él me besaba, me acariciaba por todas partes, me excitaba mucho, aparte de como andaba ya de caliente, me día putita, perrita, cosas así, me excitaba aún más, yo lo único que hacía es resbalar mi nalgas en sus piernas, sintiendo cada vez más dura su verga entre mis nalgas y así, me pare y me quite mi blusa y mi mini falda, él se quitó su pantalón y su trusa, salió a flote su gran verga, aún flácida pero muy gruesa y larga, se me salió la baba, jiji, yo me agache, comencé a masturbarlo, de arriba abajo y de sus huevos (testículos), ya luego de cinco minutos de masturbarlo lo metí en mi boca, le pase la lengua y saboreaba su tronco y sus huevos, su glande, el me acariciaba mis nalgas, mi culo y me metía un dedo, después de un rato, me metía dos y para cuando recordé ya tenía hasta cuatro y yo me había venido, después un minuto más tarde más o menos, se vino en mi boca, no me dejo sacarla, me trague su semen lo que pude, lo demás me cayó en el pecho, lo tomo con la punta de su pene y me lo ofreció, lo tome y limpie todo, me volví a parar y me puso a cuatro patas, abriendo un poco mis piernas, restregaba su verga aun erecta entre mis nalgas, me pegaba con ella, me ponía la punta en la entrada del culo, lo saco, así estuvo un rato, de repente me penetro, me la metió de a poco, cuando la tenía totalmente dentro, espero un rato, me seguía besando y acariciando, estábamos muy calientes, de repente comenzó a meterlo y sacarlo, dolía pero me gustaba, así estuvimos un rato, no se cuánto pero me vine 2 veces y él aún no, seguía cogiéndome, entraba y salía, yo nada más le día, “dame más, aahhh, así, así, dame más, cógeme”, me gustó tanto, luego paso otro rato y se vino, no saco el pene, me dejo toda la leche (el semen), dentro de mí, me dijo, “lo disfrutaste verdad perra puta”, le dije, “si claro que si, nunca me había pasado algo así”, me dijo, “cuando quieras”, le dije, “si así es como lo haces por lo regular, siempre estaría aquí”, espero les haya gustado, les dejo mi información de contacto, hasta luego.

    Si te gustaría conocerme dejo mi correo, me puedes escribir y yo respondo personalmente lo más rápido posible, yo no veo físico, ni dónde vives (aunque me gustaría saber), ni edad, ni estado civil, ni cosas así, puedo ser tu amigo o “amiga” o si se puede algo más, espero pronto saber de ustedes, tengo Skype, Face e Instagram, aunque por discreción y seguridad y esas cosas no a cualquier persona lo doy, saludos, hasta luego.

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