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  • Mi inicio en el sexo gay

    Mi inicio en el sexo gay

    Soy ingeniero agrícola, vivo en un país del sur, cuento esto que me ha sucedido con algo de verguenza y excitación. Me llamo José Manuel tengo 53 años, soy alto, delgado y mi señora dice que soy buenmozo. Confieso que soy bastante caliente, tengo una amante joven a quien me tiro dos veces por semana, también me tiro a una secretaria casada y experta en sexo anal. Sexo no me falta. Aunque sacando la cuenta, mi esposa es perfecta, exquisita, caliente y buena para el sexo.

    Estuve haciendo una asesoría en una viña muy famosa, invitado por un enólogo muy prestigiado a quien llamaré Carlos. Apenas llegué me invitó a conocer el lugar y luego por la noche una cena en el hotel donde alojé. El tipo es muy simpático, parece actor de cine o modelo y las mujeres lo tratan como rey por su aspecto. Cenamos catando vinos de cepas extrañas y sabrosas. Al terminar la cena estábamos algo ebrios y me sugirió que aprovecháramos la gentileza del hotel al regalarme champaña en la habitación. Me habló de unas chicas pero el alcohol borró la idea.

    Fuimos a mi habitación, una suite hermosa y amplia. A medida que pasaban las horas Carlos y yo fuimos perdiendo la compostura, tanto por el alcohol como por el tono de la conversación: sexo y mujeres. Cuando Carlos fue al baño estaba muy ebrio, así es que sin querer pude ver cuando orinó. ¡Confieso que vi una tremenda verga, impresionante! Parecía un perfecto burro y estaba algo erecto. Siempre he sido un hombre, macho, activo y heterosexual. Nunca he sentido atracción por un hombre… pero esta noche algo me estaba ocurriendo. Me acercaba a Carlos y sentia su olor a perfume de hombre, miraba sus manos y me sentía atraído. Cuando le vi su pene en el baño tuve una excitación francamente homosexual.

    Seguimos charlando y encendió un cigarrillo, al parecer era marihuana, yo no fumo pero me ofreció. Tomé su cigarro y le di una fumada. Se rio, “no sabes fumar” me dijo. Enseguida el tomó el cigarrillo y lo puso con sus manos entre mis labios, fumé, pero senti sus manos en mi boca y juro que me excité; quitó el cigarrillo y me pidió que le diera el humo de mi boca. Me quedé helado, quieto, no supe que hacer, Carlos se acercó y senti sus labios. Nunca habia besado a un hombre, aspiró el humo pero enseguida metió su lengua y me escarbó la boca, me tomó la cara y me lamió las orejas, el cuello y se puso como ebrio de caliente.

    Me tiré en la cama, el se levantó, me miró y me dijo, “¿siempre eres tan coqueto?”, Yo tirado en la cama lo miré meneándome lentamente, nervioso pero excitado. “Solo cuando me seducen” le dije riéndome. Carlos estaba de pie y lucia un paquetón sexual que era evidente. Se acercó, se arrodilló frente a mi, me besó el abdomen que se asomaba por entre mi camisa. Me asusté pero me dejé sumisamente, quería vivir esa experiencia; me quitó la camisa, me chupó el pecho y los pezones, me lamió el cuello, con lengüetazos sucios, luego se comenzó a desnudar.

    Estábamos en los sillones de la terraza de la pieza y ante nosotros no habia nada ni nadie (supongo), solo las plantaciones de uva. Reconozco que me asusté, era mi primera relación homosexual, me quitó el pantalón, se volvió a agachar y me comenzó a mamar la verga como una niña, gimiendo y dando sollozos, mi pene estaba erecto como pocas veces lo he tenido, creo que estaba hermoso. Luego de unos 10 minutos de lamerme la verga Carlos, se paró frente a mi con la verga en la mano, me mira se rie y me dice: “te toca corazón”.

    Echa el cuerpo hacia atras y un glande descomunal quedo frente a mi ¿pensará que se lo voy a chupar? me dije a mi mismo… pues bien, me toma la cabeza y yo miro este monstruo de carne, abro mi boca y comienzo a mamar como una princesa. El tipo era hermoso, alto musculoso, velludo, atlético, cuerpo escultural. Su miembro medía mas de 25 centímetros (como mínimo) era grueso, cabezon y con venas pronunciadas y un par de bolas preciosas. Le chupé la verga a Carlos como 10 minutos, es muy rico de verdad sentir una tranca de hombre que te va mojando con el jugo dulce mientras te roza la garganta y el paladar.

    Me entusiasmé y le mamé las bolas, le apreté las nalgas y le rocé el ano, se gira y me lo ofrece, lamí su agujero anal, un fuerte olor a raja me inundó la nariz, pro me dejo caliente. El sabor picante de un culo de hombre me llenó la boca. Carlos es duro, peludo, de piernas preciosas, y abdomen musculoso y plano, lamí y bese su cuerpo escultural, es exquisito, enseguida se agacha, se pone de rodillas entre mis piernas y me lo mama de nuevo, durante 10 minutos senti su boca y su lengua recorrer mi verga y mis bolas. Me chupaba el pene mejor que mi esposa. Se pasaba mi pene por su cara, su pelo, su cuello, volvia a mamarmelo diciendo que yo era exquisito. Nunca pensé que yo caería rendido ante un macho joven.

    Nos tiramos en la cama, un 69 maravilloso hizo que su tranca me quedara ensartada en mi boquita de hombre. Lamiamos mutuamente nuestros culitos y el ano cuando senti un par de deditos violando mi intimidad, se chupaba los dedos para saborearse y volvia a metermelos en mi culito virgen, luego su boca jugaba con mi glande. Luego me dijo “ven precioso vas a probarme”, me puso boca abajo, me tiró escupo en mi raja y me abrió las nalgas, luego me culeó como si yo fuera su esposa. Nunca había sentido una verga entrar en mi trasero.

    Primero me lo dio suave, poco a poco me lo fue metiendo con mas fuerza. “Rica, flaquita caliente”, me decia sujetandome de las caderas y tratándome como mujer, “… dejame culearte, tienes el hoyo profundo putita rica”. Luego se me monto misionero: Me abrazó alcé las piernas y me dejé, era demasiado rico, me comí su tranca como una nena y mientras sentia que me llenaba el trasero le dije puras brutalidades, yo sollozaba y quise hacerlo como niña, gimiendo y quejándome… (ay amor, que lindo, que exquisito, amorcito culeame soy tu puta, precioso mi rey damelo… hermoso, que pene tan lindo me llena… le dije).

    Luego le pedi que me eyaculara la boca (“dame la leche en la boca precioso, te quiero saborear amor”) asi es que a los 20 minutos de darme por atras hicimos nuevamente un 69 y se lo mamé, descargó y tragué, lo dejé seco y limpio. El semen es exquisito, y no me dio asco. Yo eyaculé también pero Carlos es un sucio, retiene mi semen y luego me besa y me devuelve mis mocos. Nos besamos de manera caliente mientras mi semen resbalaba por nuestros cuerpos desnudos. Estuvimos dos noches tirando y nos despedimos con mucha pena.

    Pasaron meses y me contactó, parti al campo muy de prisa, andaba ansioso, deseoso, caliente. Carlos me llama y yo corro. Me reia solo mientras conducia camino al sur de mi país. Llegue a su departamento erecto, me abrazó, nos besamos y antes de cerrar la puerta yo ya estaba de rodillas adorando a mi dios de carne. Carlos me tenía un regalo: un colaless rojo que luci para él. Mis deseos eran volver a sentir su verga entrando en mi cuerpo y cualquier cosa que lo excitara sería bienvenido.

    Me había convertido en un homosexual a mucha honra, adoraba que me besara, adoraba sentir su boca en mis bolas, adoraba sentir su lengua entrando en mi boca y en mi ano. Me puso de pie, se fue por detras y Carlitos me sodomizó más de 30 minutos, tuvimos que parar a descansar. Que manera de culearme, grite solloce como una niñita y le pedi mas y mas. Le insistí que yo era su puta y que me destrozara el culo con su polvo de macho. Fue rico, dormimos poco, estuve tres noches con él y fui su adorada princesa. Me enloquece.

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  • Dando la cola. Un novio muy follador

    Dando la cola. Un novio muy follador

    Hola amiguis, les cuento algo que está en mis recuerdos porque es sobre uno de mis primeros novios que tuve, pero claro, ya tenía experiencia sexual con hombres. Estaba en la Universidad y ya era mayor de edad, él uno o dos años más. En ese entonces, ya habían pasado años de que había dejado la virginidad de mi colita, de mi boca y de las manos. Se les había pajeado a varios amigos, les había hecho sexo oral y algunas veces, no muchas, ya me habían perforado el ano. Así que creo que ya tenía bastante experiencia.

    También, ya tenía larga carrera como travesti, ya saben, la ropa de mi mami y de mi hermana. Por cierto, sus tangas y sostenes me quedaban divinos, ya que mis pechos, no tan grandes como los de ella, me ajustaban muy bien, sobre todo si me ponía rellenos, ella era copa C, y yo sólo copa B, pero se veían muy bien. Buscaba en su ropa cuando no estaba en casa y me probaba toda su hermosa lencería y zapatillas. Luego, en una época, me iba al colegio usando sus corpiños y sostenes, cuidando que no se me notaran.

    Llamaremos Eddy a mi novio. Un día jugábamos baloncesto sólo los dos, era tarde y el gimnasio estaba vacío, ya teníamos relaciones haciendo de todo. Terminamos el juego y nos sentamos a descansar en la duela, entonces, él me dijo de pronto, tienes una piernas y unas nalgas como de mujercita, sólo lo miré, pero con una caída de ojos muy sensual y femenina. Creo que se había dado cuenta fe que ardía en deseos de sentir su hombría, de que me besara, me tocara por todas partes, me comiera la cola y de que me hiciera suya.

    Pasó su brazo alrededor de mi cintura y me besó el hombro subiendo hasta el cuello. Al ver mis labios entreabiertos, siguió y me besó amorosamente en la boca mientras me abrazaba atrayéndome hacia él. Yo respondí gimiendo como una putita mientras ponía mi mano en su entrepierna, sobando su bulto viril. Es algo que me fascina, tocar un miembro por encima del pantalón y sentir como mis caricias los ponen erectos y listos para perforarme el ano.

    Me dijo que fuéramos al vestidor de los equipos y al llegar cerró bien; en seguida continuó besándome y poniendo sus manos sobre mi trasero, me bajó el short. Nos recostamos en un colchón en el que descansaban los atletas. Eddy me abrazaba por detrás re-pegándome su pene, calentándome a mil por ciento.

    Con mis nalgas al descubierto, pero aún con las pantaletas de mujer, me las bajó un poco, para permitirle separar mis cachetes y entonces, comenzó a meterme la lengua por el ano. Era una delicia, Eddy, mi enamorado, me comía el culo como nunca antes. Gemí casi en silencio, pero como una putita loca en celo, deseosa de complacer a mi hombre en lo que quisiera.

    Luego de algunos minutos de placer lingual en mi colita, le dije, -papi quiero sentir el sabor de tu pene- se incorporó poniéndose al frente y yo me hinqué en el colchón, tomé su polla con ambas manos y se la pajee un poco, luego, le besé varias veces el glande con gran ternura y abriendo bien la boca me lo tragué casi todo. No estaba bien erecto, pero era mi trabajo de nena trans hacer que se pusiera totalmente duro y grueso. Su pene era grande, una delicia, su sabor era maravilloso, se lo chupé besando con fruición.

    Lamí su hermosa verga durante varios minutos hasta que casi se iba a correr dentro mi boca, me decía –así, así, mamacita, mamas como toda una puta-. Le mordisqueaba el tronco, me lo metía todo y se lo ensalivaba, le pasaba la lengua por toda su longitud y con ella le cubría el glande en forma circular, luego, ya estando bien dura me la metía de nuevo toda en la boca o lo que me cabía, pues erecta era enorme, con ambas manos le acariciaba las pelotas, muy peludas y rebosantes de semen.

    Me lo sacaba y se lo pajeaba suavemente, alternando con fuertes apretones que provocaban la salida de su precum, lo cual, aprovechaba para lamerlo y tragarlo, era una verdadera delicia su sabor. De nuevo, chupaba con labios y lengua su glande y me metía su verga hasta la mitad, le cubría de besos su cabezota viril, absorbiendo casi como en adoración de polla. Cuando sentí que iba a explotar, le tape el orificio con la lengua, provocando detener la eyaculación.

    Finalmente, le dije, -Papi, te quiero dentro de mi cola, que me la metas toda, me abras bien el ano, que eyacules tú semen dentro de mí y me hagas feliz-. Luego, le pregunté con una voz muy de zorrita deseosa, -Ay, papi, ¿cómo quieres que me ponga? Contestó con una vez lujuriosa, -ponte acostada de frente con las piernas bien abiertas-, cosa que de inmediato hice, me recosté sobre la espalda, abrí mis nalgas y las piernas con ambas manos.

    Acto seguido escupió sobre mi colita, se me trepó, me metió los primeros centímetros de su enorme fierro de carne con una lentitud enloquecedora, me dolió, pero aguanté como buena piruja que soy. Su miembro grueso, grande, venoso, baboso y suave me entró así, poco a poco, hasta el fondo. Ya con todo su pene inundando mi ser se quedó quieto, esperando dilatarme el ano. Cosa que ocurrió en un par de minutos, ya que casi me cogía a diario. Abrí bien y lo sentí todo, empujé mi pubis al encuentro de su deliciosa carne dura y suave.

    ¡Ay!, amaba realmente a este hombre y su delicioso pito. Ya con todo dentro de mi botoncito de amor, los pliegues de mi recto se aferraban a su polla, mientras él me agarraba de las caderas atrayéndome más, me empujaba duro, pero aún quieto, yo abría las piernas y las nalgas todo cuanto podía, arquee la espalda y pujé hacia su pito, pujar así, abría mi cola resbalando toda su longitud con facilidad y su grosor al interior de mi ser. Esperé ansiosa a una mayor dilatación y a sentir el saca/mete de esa tremenda polla.

    Al sentirla tan grande, gruesa, erecta, dura, y perforándome no me contuve y gemí más fuerte, casi gritaba de placer mezclando con dolor, finalmente, comenzó a moverse con un ritmo lento hasta la desesperación, yo casi gritaba con una voz muy femenina y zorra, –Ay papi, así, me lastimas el ano, la tienes muy grande y gruesa, pero cógeme, así mi rey, mi papi, mi macho-. Me respondió, -cariño, lleva su propio anestésico, pronto te dilatarás bien. Ahora te duele pero te va a gustar mucho-.

    Y siguió metiéndola y sacándola lentamente. Su promesa se cumplió, me dilaté bien y un indescriptible placer puro inundó mi cuerpo y mente. Me sentí toda una mujer, levanté ambos brazos a la cabeza mostrando mis axilas depiladas, me apoyaba en la cabecera del colchón para resistir los embates de mi novio, pero también, moverme al encuentro de su fierro de carne. Repentinamente dije –Ay, ¿qué si seré puta? Contestó -¿Todavía lo dudas? Eres putísima, cariño- y arremetió con más fuerza contra mi cola que se abría toda para recibirlo.

    Me encontraba en un estado de delirio, me sentía en el paraíso de las putitas trans e imaginaba que esto podía ser eterno. Yo acostada de espalda, enculada por un macho dotado, enloquecida de placer. Deseaba que nunca terminara, quise guardar con gran celo este sentimiento, su polla volviéndome loca, destrozando mi delicado y puto ano, siempre deseando una verga dentro. De pronto, se me trepó más, su espada de hombre me entró hasta lo más íntimo de mis entrañas, claro que lo recibí con sorpresa y gran placer.

    Luego me sacó su fierrote de carne, puso mis piernas sobre sus hombros y me perforó de nuevo por la cola hasta el fondo. Empezó a empujar una y otra y otra vez, mientras mis gemidos se volvían casi gritos, pero yo misma me tapé la boca con las manos. En el delirio del placer me mordió los pezones con fuerza, pero deseaba que me destrozara todo el cuerpo con su virilidad. Seguí ahogando mis gritos, rindiéndome completamente a él, a su deliciosa fuerza sobre mi ano. Mi pensamiento estaba concentrado en sentir su verga taladrándome.

    Luego me dijo, -mamacita me voy a venir, lo haré dentro de ti para que te comas mi semen por el entresijo-. Yo asentí gustosa, -sí papi préñame, salpícame la papaya de putita que tengo sólo para ti-. En seguida, se chorreó, como nunca antes lo había hecho, dentro de mi entresijo. Luego me la sacó escurriendo su semen y un poco de sangre y caquita, ya que no me había lavado el interior de las tripas, recogió ese líquido y lo embarró por todas mis nalgas.

    Finalmente, se recostó sobre mí. Yo lo abracé y lo bese con infinito amor y agradecimiento. Lo amaba realmente y me cogía de lo lindo, ¿qué más podía pedir a la vida? Dijo con ternura -Eres mía Paty, eres mi mujer, mi putita, mi hembra y te cogeré tanto que te volverás adicta a mi verga para siempre. Respondí –sí, mi amor soy y seré tuya. Me haces muy feliz. Nos bañamos y salimos de la Uni. Cada día estaba más enamorada de Eddy. Espero que les haya gustado esta historia de amor, sexo y deliciosa polla. ¡Ciao, mis amores!

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  • No podía desperdiciar la oportunidad con mi vecina

    No podía desperdiciar la oportunidad con mi vecina

    Después de un rato desperté por el frio, estaba descobijado. Reconocí mi habitación, mi casa. Me sentía tranquilo. Voltee y ahí estaba, la vecina completamente dormida. Aun me daba vueltas la cabeza de ese cumulo de pensamientos que había tenido el día anterior. Presentaba síntomas de resaca emocional y sexual.

    Me levanté al baño y me llevé mi cel. Estaba sentado y vi que tenia varias notificaciones de Watts. Mi corazón se empezó a acelerar y parecía que m i verga le hacía segunda.

    Puse el seguro de la puerta del baño para evitar sorpresas y la sorpresa me la lleve yo al ver el índice de mensajes que tenía.

    –5 mensajes de diferentes grupos.

    –15 mensajes de trabajo.

    –2 mensajes de familiares

    –1 mensaje de Nayeli

    –0 mensajes de Valeria.

    Respiré hondo. No era posible que me estuviera obsesionando así con la hija de mi reciente novia. Al final, solo era una chavita caliente, con ganas de coger y conocer y a lo cual yo ya tenía a mi sobrina y un par de alumnas con las que estaba pasando.

    Decidí abrir el mensaje de Nayeli y ver qué pasaba.

    -Hola corazón, desperté y ya no te vi, espero se haya resuelto lo de tu trabajo de lo mejor. ¿Oye y cuando nos veremos? Tengo muchas ganas de verte.

    Me quedé pensando en todo lo que estaba pasando y francamente solo deseaba paz mental y esta relación apenas comenzaba. No deseaba involucrarme de manera insana con ella por todo lo que estaba pasando con su hija. Hice de las cosas que no me gustan hacer pero que consideraba que era lo mejor. Decidí terminar con ella. Además, tenía a la vecina desnuda en mi cama y francamente ella cogía delicioso, era joven y la tenia viviendo justo arriba de mi departamento así que para que complicarme.

    Estructuré un mensaje más o menos decente y se lo envié:

    -Hola Naye, pues me dijeron que hay que ir de urgencia a lo cabos, hay un proyecto que requiere de mi atención y tengo que salir hoy mismo. perdón por lo abrupto, pero no quisiera lastimarte ni que pensaras cosas. No se cuanto tiempo estaré lejos y prefiero que ambos sigamos nuestro camino. Se que no es la manera y menos por mensaje, pero no encuentro otra forma. Estoy saliendo rumbo al aeropuerto en este momento. Te quiero mucho Naye, francamente espero que encuentres a tu gran amor y pueda darte lo que yo no puedo. Te mando besos.

    Presione el icono de “enviar”, me levanté de la tasa, me lave la cara, Sali del baño y mi vecina seguía acostada pero ahora estaba boca abajo, con ese culo grande y delicioso al aire, completamente expuesto y dispuesto para que yo lo tomara.

    Ni siquiera quise esperar a ver si Nayeli veía el mensaje. Mi miembro ya se estaba poniendo bastante duro como para desperdiciar el momento.

    Me puse al pie de la cama y empecé a besa los tobillos de mi vecina. Comencé a subir de a poco. Dejando que mi lengua la fuera recorriendo poco a poco. Ella suspiró profundo, me dio los buenos días y se acomodó. Abrió mas las piernas siguiendo boca abajo. Seguí subiendo llenándola de besos hasta que estaba ya, en el borde inferior de las nalgas. Deslice la punta de mi lengua en medio de su trasero recolectando su sabor, su sudor y ese olor fuerte que deja la cama después haber tenido sexo la noche anterior.

    Me acomodé lo mejor que pude para poder abrirle las nalgas con ambas manos y dejar expuesto su ano y sus labios vaginales. Dentro de esa imagen, para mi era perfecta. Pase mi lengua por su culo haciendo presión como si quisiera penetrarla y la escuche gemir.

    -Levanta el culo para mí. apóyate en tus rodillas.

    -Si papi. – Levanto su cadera y me dejo una vista perfecta y el hecho de que me haya dicho papi aumento mi excitación de manera exponencial.

    Le pedí que abriera sus nalgas con ambas manos para dejarme mamar su culo con total libertar.

    Dejé que mis labios y mi lengua hurgaran en se ano hasta donde pudieran llegar mientras los dedos de mi mano derecha la penetraban por la vagina y mi pulgar izquierdo frotaba su clítoris de manera rítmica per fuerte.

    De inmediato empezó a resoplar, a gemir. Aumenté el ritmo de mi mano derecha y le metí un tercer dedo. La cogía con fuerza con mi mano mientras la otra frotaba aún más rápido su clítoris. Dejaba que mi lengua recorriera desde el borde de su vagina hasta donde se unían las nalgas. Ya no me podía frenar. La estaba disfrutando tanto que no me percaté de que ya se iba a venir. En un segundo sentí como apretó mis dedos con los músculos internos de su vagina mientras que un chorro salpico mis manos, la cama y parte de mi cara. Sentía el temblor de sus piernas, sus nalgas. Las contracciones de ano presionando ligeramente la puntita de mi lengua.

    Se estiró sobre la cama y se puso de lado, respirando agitadamente. Me puse de pie y empecé a caminar hacia la cabecera mientras me frotaba el pene. Nos seguíamos con la mirada hasta que llegue a la altura de su cabeza. Me acerque y la bese apasionadamente mientras lleve una mano a sus tetas. Las tocaba y las apretaba mientras nuestras lenguas peleaban por entrar a la boca del otro.

    La puse boca arriba, llevé su cabeza a la orilla de la cama para que quedara a la altura de mi verga. Como si fuera un 69 donde yo quedaba arriba. La embestí por la boca y empecé a meter y sacar mi miembro. Estaba sintiendo tan delicioso cojeármela por la boca hasta que ella me empujo para dejar su boca libre.

    -Ya me dolió el cuello un poco, deja me subo un poco mas y te sientas en mi cara.

    Me tomó por sorpresa su petición, pero accedí. Nos acomodamos y me recorrí con las rodillas mientras mis testículos iban rosando su frente y su nariz. Ya listos ella abrazo mis piernas y hundió su lengua entre mis nalgas hasta llegar a mi culo. No pude evitar dar un pequeño brinco por reflejo, pero con sus manos apretó aún más fuerte mis piernas y me bajó hacia su boca de nuevo, sentí un estallido de placer que jamás había sentido. Sentir su lengua lamiendo mis nalgas y pasándola por mi ano hizo que la verga casi me explotara.

    Me empecé a masturbar y movía mi cadera sobre su boca. Francamente no duré mucho haciendo esto. Me vine en un chorro enorme que cayó en sus tetas y su abdomen. mi culo temblaba a la par de mis piernas y gire para caer de lado junto a ella. No podía dejar de verla y ella con toda maestría recogió mi semen con sus dedos y se lo llevó a la boca, en seguida se incorporó y me beso.

    Justo así, con la boca llena de mi leche dejamos que nuestras lenguas lo mezclaran todo hasta que desapareció.

    Se levanto, fue hacia el baño y ahora yo me quedé completamente rendido en la cama.

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  • Mi novia no es solo mía (1/3)

    Mi novia no es solo mía (1/3)

    -“¡Por las barbas de Confucio, mirá que culito maravilloso!”.

    Ese fue el comentario de Ramiro, al amigo que lo acompañaba, ante la dama que, delante de él, ingresaba al edificio y que lo escuchó; ella le respondió como una persona inteligente, con humor y rápida para poner en su lugar al piropeador.

    -“Gracias por el elogio, un caballero hubiera dicho glúteos o nalgas. La galantería excluye palabras de mal gusto”.

    Y siguió de largo. El galanteador, rojo de vergüenza, se volvió hacia el amigo que, ni lerdo ni perezoso apoyó la apreciación.

    -“Maravilloso es poco, más cerca de la realidad estaría calificarlo de sublime, sobre todo ahora, que lo vemos en ese delicado, acompasado y armónico movimiento ondulatorio, es un culo hijo de puta, porque en el balanceo te va diciendo, «mirame y jodete, porque soy de otro»”.

    Luego de despedirse, el corregido galán entró a su casa para darse con la sorpresa que la dueña de las nalgas primorosas estaba con su hermana, quien los presentó.

    -“Hermano, esta es Elena, casada con Tomás, ambos amigos de varios años, Elena este es Ramiro”.

    -“Un gusto Ramiro, ¿las barbas de Confucio bien?”

    -“¿Ya se conocen?”

    -“En realidad no, simplemente lo escuché jurar por esas barbas, en el momento de entrar”.

    El aprieto fue supremo y seguramente los santos, los ángeles y los demonios fueron quienes ayudaron al joven a salir del brete

    -“Sí, siguen bien, y pienso que, como toda cosa buena, con el tiempo mejorarán”.

    En un momento en que Lara los dejó solos, Elena en son de broma, comentó.

    -“Espero que no te hayas molestado por la corrección que te hice hace un rato”.

    -“No me molestó, pero ahora que lo pienso veo alguna diferencia a favor del término usado por mí; nalgas me suena más al corte de carne especial para preparar milanesas y glúteos me sitúa en plena clase de anatomía; por eso prefiero culito, esa simple palabrita me lleva a la sensación visual que se dirige al intelecto, luego profundiza en la parte emocional, sale rumbo al corazón y dispone el bombeo urgente de sangre para erectar y endurecer el miembro, todo en segundos mientras el varón observa con deleite”.

    -“Acepto tu opinión, me parece acertada, pero no deja de ser poco apropiada para decírselo a una persona que no conocés; si querés ampliar el significado que sea con gestualidad facial y entonación de voz, y así, reforzar el sentido la palabra educada, te doy un ejemplo. Si mirándome el trasero decís: «Qué nalgas maravillosas, y simultáneamente de agarrás la cabeza con las dos manos, el efecto es mucho mayor que cualquier palabra grosera»“.

    -“Gracias Elena, por favor no te enojes, pero igual me van a faltar un montón de manos”.

    Su respuesta fue una sonrisa de complacencia.

    Lara y Ramiro, hermanos con cinco años de diferencia, siendo ella la mayor, casada con Pedro, viven en la capital de la provincia en un departamento amplio y lujoso, acorde a la potencia económica de él, que ocupa todo el piso. Ahí vivo yo mientras curso la universidad en la carrera de psicología, por el generoso ofrecimiento del matrimonio, de paso que la acompañaba algo a mi hermana pues, al no tener hijos y la frecuente ausencia de mi cuñado por razones de trabajo, implicaba apreciable tiempo en soledad. El matrimonio es algo desparejo ya que el varón de cuarenta y cuatro le lleva veinte a ella.

    Cuando empezaron los días templados dio comienzo también un cierto suplicio para el joven. Las mujeres se reunían con frecuencia a tomar sol descubriendo partes del cuerpo que incrementaban mi stock de material sobre el cual construir fantasías más reales, haciéndome vivir en precario equilibrio; ante ellas seguir siendo serio, algo que las mantenía con las defensas bajas, mientras en soledad me transformaba en el depravado que no respeta amistades ni parentescos.

    Varios momentos eran particularmente esperados; ponerse boca abajo suponía centrar la vista en las nalgas y costados de los pechos, que si la suerte ayudaba podría vislumbrar un pezón. El interés por darle color a la parte interna de los muslos era el postre, y con frecuencia el azar venía en mi ayuda haciendo dibujarse el canal de la vulva o un ahuecamiento de la tela dejaba al aire los vellos pubianos. Si bien la confianza era grande el pudor ganó, pues delante mío nunca se desprendieron de la parte superior del traje de baño.

    Ya en pleno verano se fueron dando pequeños cambios en imperceptible progresión para un distraído; a un atento observador, casi compulsivo como yo, le resultaron altamente significativos, y eso sucedió después de una charla entre ellas mientras, en una reposera cercana a la sombra, el irredento mirón simulaba dormir.

    Ambas comentaban que quizás convenía darles un escarmiento a los mujeriegos, pagándoles con la misma moneda. La traba que compartían era la dificultad para vencer el natural pudor presente a lo largo de toda la vida. Elena más grande, con mayor tiempo aguantando y, lógicamente con menos paciencia presionó.

    -“Habrá que empezar de a poco, como se hace con la gimnasia”.

    -“De acuerdo, pero en nuestras salidas algún extraño puede pretender un avance que nos signifique un problema matrimonial”.

    -“¿Y si empezamos acá?”

    La mirada de extrañeza de mi hermana fue respondida con una seña en mi dirección.

    -“Estás loca”.

    -“Seguro que le va a gustar”.

    -“Sí, pero después quien le quita el dolor para que pueda caminar”.

    -“Vos, que sos la hermana”.

    -“No, casualmente por eso no lo haré. Será tarea tuya que no sos pariente”.

    -“Mejor probemos, si vemos que es perjudicial para él paramos”.

    -“Creo que todavía despierto algo en los jóvenes, cuando estamos acá hablando tu hermano se ubica en frente, atento por si algún descuido mío le permite ver algo”.

    -“¿Y ya le mostraste aunque sea un poquito?”.

    -“Sí, hace dos o tres días, haciendo que consultaba el celular, abrí un poco las piernas y las mantuve así un ratito, cuando las junté nuevamente y él se levantó para ir al baño haciéndose el distraído, me arrepentí, estaría bueno que ahora vos hicieras la prueba”.

    -“No sé ya veré más adelante”.

    En el año y medio de concurrencia a la facultad me relacioné más cercanamente con un grupo de alrededor de diez compañeros, seis varones y cuatro chicas; entre ellas Juana, hermosa joven de cuerpo apetecible y comportamiento desinhibido que era el alma en la organización y animación de los momentos de entretenimiento y, según dicen sus más cercanos, una maestra en las artes amatorias; naturalmente esa aptitud y dedicado esmero se dan de patadas con su rendimiento académico, por eso es que arañando logró superar el primer año, algo que se presenta muy difícil en este segundo; ella es la que, para equilibrar un poco las cargas, hizo entrar al grupo a una amiga con la cual comparte departamento y que recién ingresó al primer curso.

    Ella, Rocío, es un ángel de dieciocho años con cuerpo de diablo, mezcla armoniosa de inocencia y lujuria, capaz de arrancarte un orgasmo si, estando frente a vos vistiendo minifalda, separa levemente sus rodillas para mostrarte el minúsculo tanga que lleva, y eso mientras te mira fijamente tan seria como si estuviera encendiendo una vela en recuerdo del pariente difunto; de ella, de Rocío, me enamoré en los primeros treinta segundos después de ser presentados.

    Como era de esperar los seis varones, ninguno con compromiso de pareja, se transformaron en seis lobos tratando de comerse a la recién llegada. El por qué salí favorecido nadie lo sabe con certeza, siendo la explicación más aceptada que, a pesar de querer comerla igual que los demás, yo no mostraba los dientes; en dos meses estábamos de novios comenzando un período de inmensa felicidad.

    Nuestra costumbre era mantener fuera de la observación de terceros nuestra intimidad, las fogosas demostraciones de amor las reservábamos para cuando estábamos solos, no tanto por mí, sino por ella; es muy común escuchar comentarios, aun en las propias mujeres, llamando puta a quien, según disímiles criterios, daba rienda suelta a caricias algo fuertes; mientras, si un hombre hacía lo mismo sacaba patente de super macho.

    Es así como los eternos besos era simple reflejo de las miradas cargadas de ternura, y por lo mismo nuestros amigos, cuando veían que nos apartábamos del grupo, sabían que buscábamos satisfacer esos deseos de acariciar y ser acariciado. Por supuesto que el progreso fue pausado, haciendo que el avance fuera resultado de la natural maduración de cada etapa.

    Ante alguna negativa por parte de ella yo insistía un poquito para que siempre quedara a salvo su pudor, pero si persistía, inmediatamente cesaba en el intento y luego, meditando sobre la causa de esa negativa, generalmente le encontraba razón, pero al cabo de cierto tiempo me convencí que, de tanto en tanto, debía imponer mi postura, so pena de crear una costumbre muy difícil de revertir. Debía ser un caballero, no un pelotudo. Y así avanzamos con pocos encontronazos.

    El feriado largo de primavera se organizó una linda reunión en la casa de fin de semana de los padres de Luis, compañero de estudios; iba a estar solo él, pues los dueños habían viajado haciéndole dos recomendaciones, cuidar lo que usamos y no generar quejas en los vecinos; nada difícil de cumplir pues los participantes nos conocíamos como gente tranquila que, pensando en el futuro, no iba a matar la gallina de los huevos de oro; esa casa con todas las comodidades imaginables era un tesoro a conservar; en total seríamos cuatro parejas.

    El viernes, al anochecer, llegamos y después de picar algo, compartir charlas, algún baile y juegos de mesa, le sugerí a Rocío salir al jardín pues quería fumar, cosa que no hacíamos dentro; nos sentamos en la reposera ancha de la pileta y dimos curso a la calentura que veníamos acumulando durante la semana.

    Ella pegada a mí, que con el brazo pasado sobre sus hombros dejaba colgar la mano para acariciar la tetita por encima de la remera, besos chupando lengua y caricias de aproximación por la cara interna de los muslos, por encima de la minifalda.

    Cuando los quejidos adquirieron algo de volumen, y los besos mayor intensidad junto con la respiración nasal denotando urgencia, me aventuré bajo la falda y, acompañando el progreso de la mano, las piernas fueron abriéndose; percibida cierta húmeda en la biquini hice a un lado el elástico para palpar el monte mojado y recorrer el canal entre los labios, cosa que le hizo exclamar.

    -“¡Qué rico mi amor, seguí más!”

    -“Sí cielo, vamos por mucho más”.

    Y en un abrir y cerrar de ojos me arrodillé frente a sus muslos bien separados para sumergir mi lengua en la conchita ya libre de cobertura.

    -“Cielo santo, me muero de gusto”.

    Y le sobrevino un orgasmo estruendoso, primero apretando mi cabeza para luego pasada la cumbre, separarme de su hendidura.

    -“Ya está, no sigas, no puedo más”.

    Me levanté con la certeza de que su pedido era algo lógico; después de alcanzado el pico del placer la zona queda con una hipersensibilidad que demora algo en desaparecer, aunque menos de lo que necesita el hombre para lograr una nueva erección, y por eso la tuve un buen rato entre mis brazos, dándonos algunos piquitos, con toda la intención de que, una vez recuperada ella calmara la calentura que me tenía al borde de la explosión; por eso me sorprendió cuando, al levantarle la remera para saborear su pechos, me dijo.

    -“No por favor, ya no tengo ganas”.

    Asombrado tardé algo en recuperarme, tomar conciencia de lo escuchado y reaccionar; era el momento de realizar un contrataque para evitar que lo sucedido se convirtiera en un hábito desagradable.

    -“Te entiendo y acepto lo que me decís, dame un ratito que voy adentro y en seguida regreso”.

    -“Yo también voy a entrar, ¿a dónde vas?”

    -“Al baño, pienso hacerme una soberana paja para sacarme la calentura que tengo, no creo que demore más de cinco minutos”.

    -“Sos malo diciéndome eso”.

    -“No querida, respeto tu voluntad de no seguir, pero tengo que ponerle remedio a mi situación, vos estás satisfecha, yo no”.

    -“¿Vas a pensar en mí?”

    -“No mi amor, no está bien que yo, mediante el pensamiento te fuerce a algo que no querés, además la memoria guarda el momento en que no deseás seguir y eso le impide a la imaginación reproducir un cuadro donde vos me estás sacando la leche y recibiéndola en la lengua”.

    -“¿Y en quién vas a pensar?”

    -“En Lucrecia, compañera de colegio en el pueblo que era devota de mi miembro y, cada vez que podía, se dedicaba con muchas ganas a exprimirlo”.

    Y volvimos al comedor, ella a reunirse con los otros y yo a descargar. Tal cual, cinco batidas fueron suficientes para aliviar el dolor de bolas que casi no me dejaba caminar y, ahí volví para sentarme a su lado charlando en voz baja pues cada pareja estaba en lo suyo y no había que molestar.

    -“¿Me amás?”

    -“Por supuesto chiquita preciosa”.

    -“Pero te masturbaste pensando en otra”.

    -“Y yo te conté, antes de hacerlo, lo que me impedía pensar en vos”.

    -“Es que sentí como si me engañaras”

    -“Bien sabés que no es así, la próxima vez, para evitar esos momentos incómodos, me pajeás, me la chupás o me dejás que te penetre, sea por la conchita o por ese precioso culito”.

    -“Me parece que estás loco”.

    -“Es verdad, loco por vos; ahora me doy cuenta, Luis parece muy entretenido mirando entre tus piernas algo separadas”.

    -“Es para que alguien se haga una paja pensando en mí”.

    -“Entonces hay algo más que aclarar; a mi lado nunca dejaste de ser libre para hacer lo que quieras, podés hacerme súper cornudo, con uno o con mil, de la forma que más te guste, en los lugares que te parezcan mejor, pero debés estar segura que no lo voy a aceptar y, con inmenso dolor, te voy a dejar que sigas el camino elegido; más aún, hasta ahora traté de que las muestras de cariño sucedieran en la intimidad para que nadie tuviera ocasión de decir algo inconveniente de vos; ahora eso se acabó, si querés exhibirte no tengo razón para oponerme. Seguí mostrando tranquila, voy a ver algo de deportes en televisión”.

    Y me levanté dejándola sola. Al rato se acercó acurrucándose a mi lado.

    -“Perdoname, no va a suceder nuevamente”.

    -“Por supuesto que te perdono, pues te amo, pero da por seguro que más me quiero a mí mismo, y la misma seguridad debés tener que, si hubiera algo así en el futuro, te voy a despedir con tal patada en el culo que no podrás evacuar por una semana”.

    Esa noche no dormí de corrido como es habitual en mí, algunos sobresaltos me hicieron caer en cuenta que tenía por delante el desafío de limar asperezas sin claudicar; mi amor por ella justificaba el esfuerzo. El sábado nos despertamos tarde y pasamos la mañana manteniendo el orden, algo de pileta y preparación de la comida, después de la sobremesa me dieron ganas de hacer algo de siesta y al dormitorio me fui; al rato se abrió la puerta y entró ella, sentándose en la cama a mi lado.

    -“Mi amor, que ganas de gozar como anoche, ¿me harías lo mismo?”

    -“Me alegro que quieras repetir, lo cual significa que gozaste bien, en cambio yo no tengo ganas de vivir un momento parecido, aunque podríamos probar suerte”.

    -“¿Qué pensaste?”

    -“Primero cerrá la puerta con llave y luego desnudate íntegra”.

    Seguramente tenía cargo de conciencia, porque sin la más mínima resistencia se sacó hasta el calzado, por lo cual me quité el calzoncillo, única prenda que llevaba.

    -“Ahora preciosa te vas a sentar a caballo de mi pelvis, luego te ubicás de manera que los labios de la conchita abracen el lomo de mi pija y ahí te voy a ayudar para que te deslices, adelante y atrás, frotando tu rajadita buscando el placer”.

    Mi ayuda fue ciertamente pequeña porque ella en seguida le agarro el tranco; el grado de inclinación del torso, y los movimientos pélvicos hacían que el deslizamiento desde la abertura vaginal hasta el clítoris se produjera al completo y la estimulación fuera en sensible incremento, algo anunciado por ayes y quejidos.

    -“Mi amor, tenés que hacer el esfuerzo de clavarte bien cuando sientas que se aproxima la corrida, de lo contrario nuevamente me quedaré con las ganas”.

    -“Confiá en mí tesoro, te juro que voy a exprimirte al máximo”.

    En pocas idas y venidas más me urgió.

    -“Ahora, rápido querido, pone la pija bien derecha que me siento y la trago”.

    Y acuclillada ubicó el glande en la entrada y comenzó el ingreso, ciertamente maravilloso porque habían comenzado a contraerse los músculos vaginales y así mi pija hizo su entrada a modo de expansor; indescriptible fue la sensación de empujar y simultáneamente expulsar semen. Esa fructífera experiencia fue la base para entendernos, cada día mejor, en la obtención del mutuo placer.

    La innata belleza de mi novia era un imán poderosísimo atrayendo hombres y también algunas mujeres, y como en esta vida hay quienes respetan lo ajeno, quienes no lo hacen y quienes tienen debilidad por lo que es de otro, llegué a la conclusión que convenía hablarlo, así que una noche después de sendos orgasmos tocamos el tema.

    -“Mi amor, hay algo que quiero que sepas pues conviene estar de acuerdo en puntos que considero claves para la relación. Te amo y quisiera que lo nuestro durara una eternidad, nunca fui tan feliz como ahora y desearía que esto no tenga fin, pero a veces el diablo mete la cola; si alguna vez sucediera que ya no quieres seguir, solo te pido que me lo digas, seguramente será un momento tristísimo, pero lo que no podría soportar es que me engañes, eso sí me destrozaría; tené la certeza que al decírmelo, aunque me ocasione un gran pesar no me opondré, no haré un escándalo y mucho menos te pediré explicaciones, te dejaré partir teniendo el alma encogida. Por supuesto yo asumo el mismo compromiso”.

    Rocío, igual que Juana, pertenece a una familia de clase media con limitados recursos que, para hacer cursar estudios superiores a uno de sus integrantes debe ajustar el cinturón, por lo cual eran frecuentes las invitaciones a comer en la casa de Lara, como una modesta forma de ayudarla. En esas comidas ocasionalmente participaban Elena y Tomás, matrimonio, amigo de los dueños de casa, amistad que las mujeres heredaron de los hombres. La agraciada novia, bien recibida desde el comienzo, pronto estableció una relación cordial con todos, quienes me felicitaron, admiración apenas disimulada en los hombres.

    Pedro y Tomás son amigos desde la primaria. Ambos han cultivado esa relación con perseverancia, algo facilitado por coincidir en varias aficiones que transforman en placentera la mutua compañía. La clave de esa duradera armonía parece haber sido que, compartiendo gustos, respetaran las diferencias, sin pretender cambios en el otro, sin criticar enfoques diferentes y, sobre todo, dándose tiempos de intervalo para que una presencia demasiado frecuente no agobiara a la otra persona.

    Y dentro de lo que comparten tiene preponderancia el gusto por las mujeres, pero no cualquier mujer sino jóvenes, bellas y de cuerpo deseable; con las naturales excepciones de una edad entre dieciocho y veintidós, delicadas, femeninas y nada voluptuosas, en otras palabras, poseedoras de una armónica belleza. A esa pasión le dedican tiempo y dinero. Ser dueños de solventes empresas, que funcionan casi solas, les permite disponer de ambas cosas en la medida de sus deseos, que por cierto están adecuadamente regulados pues los dos aman a sus esposas, el resto es un deporte que practican con pasión. En algo que ponen especial cuidado es en la edad inferior del rango etario de las involucradas.

    Las mujeres intuyen estas actividades y las toleran, pero siempre obteniendo algo a cambio. Por el momento se contentan con excelente confort, gustos satisfechos, abundante dinero en efectivo, buena atención en la cama y absoluta discreción de los fiesteros.

    Ambas esposas, en una de sus conversaciones a solas concluyeron que la situación conlleva cierto peligro; no sería extraño que una calentura sea confundida con amor y suceda una ruptura, eventualidad que las dejaría con una economía precaria hasta que finalizaran los eternos trámites legales de un divorcio. Entonces como resguardo y mediante amorosas presiones se hicieron comprar sendos departamentos medianos que mantienen alquilados, destinando ese ingreso a inversiones fuera del control de los maridos. Ambos matrimonios no tienen hijos y nunca escuché comentario sobre las razones.

    Pasado un tiempo desde la iniciación del noviazgo empecé a notar que Juana, periódicamente, mostraba cosas compradas que no se condecían con sus manifestaciones sobre la limitada cantidad de dinero que recibía de su casa, y por eso, estando con el grupo hice el comentario.

    -“Qué lindo teléfono que tiene Juana, gran cosa que le hayan aumentado la asignación mensual”.

    La contestación de uno de los presentes me extrañó por la entonación, acompañada por una sonrisa socarrona.

    -“Sí, seguro que se la aumentaron”.

    Más tarde, otro de más confianza, me lo aclaró.

    -“Hace tiempo que algún viejo, verde y forrado, colabora aumentando sus ingresos”.

    Acercándose el verano y su temperatura cálida Tomás organizó un asado en su casa de fin de semana aprovechando también la pileta, la invitación fue para todos incluida Rocío, que la agregó a Juana para evitar que se quedara sola. La reunión fue disfrutada a pleno, por el tiempo agradable que tocó, la comida, la bebida y, para los hombres, engordar la vista con el cuerpo de cuatro mujeres en biquini, cada una hermosa en su tipo y a cuál más deseable, aunque los dos maduros centraran su atención en las más jóvenes. Juana congenió en seguida con Pedro y más de una vez se los vio hablar en voz baja e intercambiar sonrisas cómplices, algo totalmente inocuo, aunque no para quien conociera los antecedentes de ambos.

    Naturalmente esa cercanía, que parecía complicidad, despertó en Ramiro una cierta preocupación, no por su hermana sino por su novia; la amistad de las dos jóvenes podía generar un contagio perjudicial si Rocío sucumbía a la tentación de paliar su estrechez económica de la manera fácil y placentera que practicaba su compañera de piso.

    Eso hizo que el novio, hasta entonces ciego de amor, abriera los ojos y así con el correr de los días empezaron a unirse piezas armando el rompecabezas; los dos maduros infieles tenían congreso empresarial los fines de semana largos en que las dos jóvenes visitaban a sus padres; algunos días el trabajo de los varones los llevaba a regresar tarde a sus casas coincidiendo con la preparación para algún parcial de las estudiantes, y así siguiendo.

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  • Mis cuñados y yo

    Mis cuñados y yo

    Ese día estaba tranquila en casa cuando recibí una llamada de mi suegro, cuando les respondí me ordenó:

    -Dentro de un momento va a sonar el timbre de tu casa, cuando lo haga sin preguntar ¿Quién es? Vas a darle al mecanismo para abrir y te vas a ir a tu cuarto, te vas a poner las bragas más sexys que tengas y luego vuelve al salón.

    Me pareció algo extraño, pero si algo había aprendido desde queme convertí en una putita al servicio de mi suegro era a obedecerlo, no solo por deber sino porque solía ser el principio de aventuras muy morbosas.

    Así que cuando sonó el timbre abrí y me dirigí a mi cuarto, elegí unas bragas rojas y volví al salón, lo que encontré allí me sorprendió y me hizo comprender lo que mi suegro quería que hiciera, en el salón, sentados en el sofá y completamente desnudos estaban mis cuñados, los hermanos de mi marido, Fernando tomó la iniciativa, se levantó del sillón, vino hacia mí, me beso en la boca y me dijo:

    -Hola cuñada, esto es como había dicho nuestro padre que sería, tú nos recibirías como una puta, que por lo que veo es lo que eres, y nos darías mucho amor a los cuatro, es su venganza contra tu marido, por haberse revelado contra él, jajaja.

    Y se puso a sobrarme las tetas, mientras decía:

    -Con lo que a mí me ha gustado siempre esas tetorras,

    Siguió sobándomelas un rato hasta que otro de los hermanos, Manuel le dijo:

    -Tío no lo quieras todo para ti dejamos, un poco para los demás.

    Su hermano accedió, y Fernando se puso detrás de mí y desde esta postura se puso el a sobarme las tetas. Estuvo otro rato tocándomelas, hasta que Oscar, otro de los hermanos dijo;

    -Compartámosla entre todos.

    Manuel y Fernando primero me quitaron las bragas, dejándome completamente desnuda, como estaban ellos, y luego agarrándome me condujeron donde estaban sentados Oscar y Pascual y me sentaron entre las rodillas de los dos, pascual le dijo a Oscar:

    -Hermanito somos los dos únicos que aún no le hemos sobados las tetas a la zorra de nuestra cuñada, ¿Se las chupamos?

    A Pascual la idea pareció gustarle y llevó su boca hacia uno de mis pezones, mientras su hermano me hacia lo mismo con el otro, debería haberme sentido muy sucia por lo que estaba haciendo, pero la verdad es que me sentía muy caliente. Mientras Fernando y Manuel que seguían de pie se pusieron a acariciarme el coño

    Estuvimos así hasta que Fernando dijo:

    -Todo esto está muy bien, puta, pero creo que ya es hora de que empieces a chuparnos las pollas, que nos las tienes a todas más duras que el palo de una bandera.

    Por mucho que su tono fuera grosero, cosa que debo reconocer no me molestaba, sino que al contrario me excitaba, sabía que llevaba razón, así que me levanté de las rodillas de mis cuñados, con las piernas rectas me doble hasta que mi boca contactó con la polla de Pascual y en esa postura me puse a chupársela, este comenzó a gemir, mientras Manuel y Fernando siguieron tocándome el coño, el primero metió uno de sus dedos dentro de mu coño y dijo a su hermano:

    -Joder, esta zorra tiene el coño empapado se nota que está disfrutando a tope.

    Seguí en la misma postura un rato, hasta que decidí arrodillarme y seguir chupándosela a Pascual, pero entonces Fernando dijo:

    -Zorra, ya está bien de hacer de calientapollas, es hora de que seas una puta con todas las de la ley.

    Los demás me ayudaron a ponerme encima de la polla de Manuel y comencé a subir y bajar, él dijo:

    -Que bien lo haces puta.

    -No te olvides de los demás, dijo Fernando.

    Así que pedí a este y a Pascual que acercaran sus pollas a mis manos y se las comencé a acariciar.

    -Las meneas muy bien, dijo nuevamente Fernando.

    Mientras Manuel no solo disfrutaba de mi cabalgadura, sino que llevó sus manos a mis tetas y se puso a acariciármelas, pero Oscar se sentía un poco al margen y poniéndose encima del sofá, acercó su polla a mi boca y dijo:

    -Puta, chúpamela.

    No me hice de rogar y acercando mi boca a su polla se la chupé, el nada más que su miembro entró en mi boca se puso a gemir, y dijo.

    -Hermanitos no cabe duda de que nuestra cuñada es una verdadera pita, no se si tener pena de nuestro hermano mayor por ser un cornudo, o alegrarme por el por la mujer tan zorra que tiene, le debe de hacer disfrutar mucho.

    En esos momentos yo sentía que estaba en una situación increíble, mientras tenía la polla de Manuel dentro de mi coño, tenía la de Fernando en mi boca y estaba menando las de mis otros dos cuñados, supongo que era de ser muy puta, pero, era algo extremadamente placentero que me hacía sentirme muy mujer.

    Fue en ese momento cuando Manuel dijo:

    -Que me corro.

    Y efectivamente sentí como una gran cantidad de leche salía de su polla y regaba mi coño, les pedí a mis cuñados que me dejaran moverme para adaptarme a la nueva situación, saqué mi polla de la boca de Manuel que dijo:

    -Ahora me toca tu otro agujero.

    Solté las dos pollas que tenía en mi mano y me levante, le pedí a Manuel que se pusiera de pie, y yo arrodillada me metí su polla en la boca y comencé a chupársela para dejársela bien lumpia, y en ese momento Oscar dijo:

    -Déjale la polla ya, él ya se ha corrido dentro de ti. Ahora nos toca a los demás.

    Además, dijo Fernando, me estoy dando cuenta de que esta zorra, todavía no ha usado su culo.

    Y comenzó a acariciármelo, se le notaba que tenía ganas de darme por ahí y desde luego no era una idea que me pareciera mal. Así que le pedí que se sentara sobre el sofá, me puse encima de él y poco a poco fui bajando, le pedí que sujetara su polla y poco a poco la fue introduciendo dentro de su culo.

    -Fijaros que puta es nuestra cuñada, mi polla ha entrado en su culo como su nada, ya os figo que nuestro hermano mayor tiene unos cuernos de campeonato, jajaja, dijo, Fernando.

    Sin hacer ningún casi a sus palabras yo comencé a moverme en ese momento Oscar dijo:

    -Me toca a mi tu boca.

    Y me acercó su polla lo suficiente para que yo pudiera metérmela en esa parte de mi cuerpo, cosa que hice muy contenta, Manuel y Pascual acercaron sus pollas a mis manos y yo me puse a masturbarlas, en el caso de Manuel su polla aún tenía restos de semen, así que al poco de tenerla en la mano saqué la polla de Oscar de mi boca, y lamí los restos de semen que se habían quedado en mi mano, después me volví a meter la polla de Oscar en mi boca y la continué masturbando me sentía a la vez muy puta y muy diosa, aunque sin duda mis cuñados solo veían en mí lo primero.

    Pascual y Manuel comenzaron a acariciarme las tetas, en esta situación yo comencé a sentirme en la gloria y no tarde en llagar al orgasmo, Fernando se dio cuenta y dijo:

    -Hermanitos, nuestra cuñada se ha corrido, se nota que a la muy guarra le gusta el sexo duro, jajaja.

    En ese momento pené en lo hipócritas que eran entre ellos, todos se habían follado a las mujeres de todos, pero ninguno lo reconocía parecía que el único cornudo era mi marido, que también se había follado a las mujeres de los demás.

    Me decidí a aumentar el ritmo de masturbación de las pollas que tenía entre mis manos, quería que se corrieran, Pascual no se había corrido antes, y no pudo resistir mucho tiempo los toqueteos de mis manos y se corrió llenando mi mano de su leche, otra vez me saqué la polla de Oscar de mi boca y lamí con ella mi mano hasta dejarla limpia de semen, Oscar dijo:

    -Joder zorra, así que me chupas mi polla con la boca llena de la leche de mis hermanos.

    -¿Y eso te disgusta cuñadito? Le pregunté.

    -Jajaja, respondió él, la verdad es que me da un fusto muy especial

    Oscar se puso a descansar, mientras yo seguía dándoles gusto a sus hermanos con distintas partes de mi cuerpo y fue precisamente Oscar el siguiente en correrse, soltó un montón de leche que fue a para a mi boca, y no desperdicie ni una sola gota, Manuel, mientras seguía disfrutando de mi culo dijo:

    -Si supiera el cornudo de nuestro hermano que los huecos de la zorra de su mujer reciben leche de muchos tíos.

    El siguiente en correrse fue Pascual, su leche resbaló por mi cuerpo, en ese momento solo Manuel seguía con su polla dentro de mis agujeros, sus hermanos comenzaron a decirle:

    -Venga hermano correteé.

    Y Manuel hizo caso de sus hermanos, y soltó una gran cantidad de leche dentro de mi culo.

    Les dije que iba a salir a limpiarme, pero Oscar dijo:

    -Ni hablar cuñada, somos buenos hermanos y no nos importa compartir tu cuerpo con la leche de vosotros, fíjate lo buenos hermanos que somos que estamos compartiendo la mujer de nuestro hermano. Y tu culo me lo pido yo ahora, Pascual creo que ahora te toca su coño.

    El aludido se mostro de acuerdo, y se sentó en el sofá yo me puse encima de él introduje su polla en mi interior y, sentada encima de é me puse a cabalgarle, fue en ese momento cuando Oscar dijo:

    -Cuñada, haya voy,

    Y sentí como una polla taladraba mi culo, que estaba bie lubricado a causa de la corrida anterior cuando la tuvo dentro del todo añadió, dirigiéndose a sus hermanos:

    -Menudo culo tiene la zorra de nuestra cuñada.

    Y se puso a moverse dentro de mi trasero. Manuel Y Fernando estaba con sus pollas quietas, pero estás, ante lo que estaban contemplando, se estaban poniendo bien duras, así que les dije:

    -Cuñados me da pena ver vuestras pollas así, dejar que las de cariño

    Ellos se acercaron uno por cada lado, y yo cogí sus pollas, cada una con una mano y me puse a acariciárselas, yo estaba que alucinaba, tenía cuatro pollas para mí, y a sus cuatro dueños disfrutando, y encima pensando que estaban haciendo muy cornudo a su hermano mayor. En ese momento me di cuenta de que mi boca estaba libre, y acercando la polla de Fernando a ella, me la metí en la boca y me puse a chuparla.

    Me parecía un ejemplo de zorrería completa, y eso me hacia sentirme maravillosamente bien, las pollas de Pascual y Oscar casi se juntaban, mis cuatro cuñados gemían como lo que eran, unos auténticos cerdos, me hacían disfrutar como una cerda a mí también, pero en cierto sentido pensaba que se merecían unos buenos cuernos.

    No puede evitar correrme, y en ese momento saqué la polla de Fernando de mi boca y di un gemido al parecer extremadamente fuerte.

    -Se ve que la zorra de nuestra cuñada se ha corrido, dijo Manuel.

    Pero ellos no parecía que fueran a aguantar mucho más, fue Oscar el primero en correrse, dentro de mi culo mezclando su leche con la de su hermano dentro de mi coño, en ese momento se salió, mientras decía:

    -Hermanos, tenemos que reconocer que la zorra de nuestra cuñada es mejor que las chicas de la oficina.

    En ese momento Pascual dijo:

    -Ahora soy yo quien se va a correr.

    Y sentí como otra gran cantidad de leche salía de su polla y se distribuía por todo mi coño.

    Cuando eso ocurrió me bajé de encima de Pascual, tenía mis dos agujeros llenos de leche, pero a ellos esto parecía excitarles y divertirles a la vez, me puse en el suelo de rodillas y continue, chupándole la polla a Fernando y acariciando la de Manuel

    Este no tardó mucho en decir:

    -Creo que soy el siguiente.

    Y su polla soltó una gran cantidad de semen que regó mi mano, en ese momento me encontraba un poco cansada y no pensé en lamerla, además tenía la polla de Fernando en mi boca, que parecía resistirse a mi mamada, y por supuesto no lo iba a consentir, seguí chupándola hasta que él dijo;

    -Me corro.

    Y nuevamente la leche procedente de su polla cayó dentro de mi boca, y la verdad su sabor me pareció divino.

    Después de esto descansamos un momento, pero Fernando comenzó a acariciarme las tetas, llevó su polla hasta ellas y me pido que las apretara, comenzó a moverla entre ellas, esta comenzó a ponerse dura nuevamente, cuando la tuvo en forma me pregunto:

    -Dime cuñada puta, ¿Estas agotada, o te atreves a seguir zorreando?

    -Por supuesto que puedo seguir follando con vosotros hasta dejaros agotados, le respondí.

    Fernando se tumbó en el suelo, boca arriba, yo me pause a cuatro patas y llevé mi boca hasta su polla, se la chupe un poco y cuando se le puso durísima me puse encima de é y comencé a cabalgarle.

    De repente noté como una polla me taladraba el culo, que estaba bien lubricado por el semen de las anteriores pollas que se habían corrido dentro de él, al darme la vuelta para ver quien era me encontré con que era Pascual, notaba que se movía en mi interior con mucha ansia, parecía que estaba en el último polvo de su vida.

    Osar se acercó a mi y puso su polla ceca de mi boca, estaba un poco morcillona por lo que me decidí a darle un buen tratamiento, primero saqué mi lengua y se la lamí, el al sentirla dijo:

    -Cuñada, creo que con tu boca resucitarías un muerto.

    Solo me quedaban las manos, Pascual sujeto mi cuerpo para que se mantuviera en posición de cuatro patas. Con una de mis manos cogí la polla de Manuel, y me puse a acariciarla, nuevamente los cinco estábamos gozando a tope, Fernando en un momento determinado dijo;

    -Veo que además de puta, eres ninfómana cuñada, con la cama que estas llevando esta tarde y como si nada.

    Seguimos follando saber que tenía las pollas de mis cuñados sobre mi cuerpo me hacían sentirme una especie de diosa zorra, seguimos así hasta que sonó el teléfono de Manuel y este dijo:

    -Le había dicho a la zorra de la secretaria de nuestro padre que me mandara un mensaje cuando nuestro hermanito saliera de la oficina, debemos terminas.

    Me sacaron sus miembros de mi cuerpo, me tumbaron en el suelo y se mastrbaron encima de mi hasta correrse sobre mi cuerpo, después se vistieron y se fueron, yo primero me duche y después limpie la habitación para que no quedara rastro de nuestra actividad.

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  • Un festín con la madre y con la hija

    Un festín con la madre y con la hija

    Arrendaba una pieza ya que era estudiante de doctorado y no tenía para mas, vivia bien con una beca, pero trataba de ahorrar. En la casa a la que llegué vivía una mamá (Angélica) y su hija Lucía de 34 años, quien sufre una enfermedad a la columna por lo que requería estar siempre en silla de ruedas.

    Al llegar a la casa me llamó la atención la señora Angélica, es muy bonita de cara y su cuerpo, bueno… Harto rica hay que reconocerlo. Sobre todo tiene una diminuta cintura y un par de tetas que son para matarse a pajas. Además es simpática. Llevaba 6 meses de vivir allí y note que la señora Angélica me invitaba un café, un mate o un vino. Había veces en que nos íbamos a acostar tarde charlando. Sin saber como note que me estaba acostando con mi verga erecta, Angélica me estaba gustando.

    Una tarde la encontré en la cocina arriba de una silla sacando unos tarros, mire el espectáculo y estaba harto bueno: un par de nalgas deliciosas, con un cola les metido en la raja. Mire y ella como si nada terminó y se bajó. Esa noche decidí que quería comérmela. Me masturbe pensando en ella e hice más frecuentes nuestras charlas nocturnas.

    Llego el verano y el calor ayudo a que la ropita fuera mas corta y mas liviana. Angelica mostraba sus muslos perfectos, blancos, con algunos lunares, ya sabia como tenia el culo asi es que me dedique a llevar temas sexuales a nuestra charla. Esa noche después de bajarnos media botella la abracé y la toqué, pero Angélica reaccionó rara. No Gabriel, me dijo, no puedo tener sexo, seria una crueldad que yo gozara estando mi hija condenada a ser virgen. Me sentí pésimo y le pedí disculpas, la verdad es que era bastante agoista disfrutar de la vida, mientras su hija estaba condenada.

    Pasaron los días, las charlas nocturnas se acabaron. Me llama Angélica y me dice que quiere hablar conmigo. Se trata de que quiere que yo tenga sexo con su hija. Ellas ya lo hablaron y Lucía está de acuerdo. Me dijo que si yo aceptaba, ella se entregaba a mi. Me pareció algo desviado, depravado, pero por otro lado era un gesto caritativo, un pecado benigno. Al final era comerme a la madre y la hija, situación que cualquiera desearía.

    Esa noche mientras la mamá estaba en la cocina, entre a la pieza de Lucía, nos saludamos y fui al grano. Me incline y la bese. Como pude la tomé en brazos y la puse sobre la cama. La volvi a besar. Le abri la blusa y dos gruesas tetas quedaron expuestas; unos hermosos pezones rosados, erectos y duros se me ofrecieron para mamar. Su cuerpo estaba bastante bien, sin depilar, piel blanca inmaculada, algunos lunares la hacian ver hermosa.

    Lucia comenzó a gemir, le gusto que le mamara las tetas. Enseguida le quite el vestido y los zapatos, un calzon nada erotico quedo a la vista asi es que lo quite rapidamente, a mi aun no se me paraba. Toqué y chupé y de pronto se me empieza a parar la verga, se la pongo en la boca y el instinto hizo que ella mamara. Bastante bien para ser su primera vez, por suerte, para mamar una verga no se requiere mucho esfuerzo, pensé.

    Luego separe las piernas, y una mata de pelos negros escondía su concha. Bajé y un fuerte olor a concha me recibió, luego me puse misionero sobre ella y penetré. Lucía gemia, me abrazaba, no decía nada, solo gozaba y gemía. Pero yo quería mas acción, le puse la verga entre las tetas y le pedi masturbarme. No hubo caso, llevaba mas de una hora y media y no podía eyacular. De pronto se me ocurrió ponerla boca abajo.

    Aparece un gran culo abierto, tremendas nalgas, apunte a la vagina y entré. Lucia tiene un culazo exquisito. No contento aun con el resultado, le lubrique el ano con mi lengua para sentir el sabor de lo prohibido y me propuse entrar por atrás, ella gemía y lloriqueaba, no se si de dolor o de placer. El caso es que entré por el camino estrecho y descargué mis chorros de semen. Fue una experiencia increíblemente retorcida. Esa semana traté de no encontrarme con ninguna de las dos mujeres, tenía algo de vergüenza.

    A la semana siguiente Angélica -la madre- toca mi puerta y me dice que ella esta lista para cumplir su parte del trato. Vestia un bata de seda roja, sin ropa y solo con calzón de encajes que le daba un aire putón. Yo aun sentado ella de pie, abri la bata y toqué, luego chupe esas gloriosas tetas abundantes muy parecidas a las de su hija y jugué con los pezones negros y duros. Toque todo, y quede caliente de inmediato, su vagina estilaba flujos en abundancia. La invite a la cama, bese su cuerpo entero, ella gemia, respiraba agitado, mientras mi boca hacia su trabajo, dándome placer.

    Su concha estaba exquisita, peluda, olorosa, mojada, se notaba nerviosa y sin experiencia, pero ponía mucho empeño en ser caliente. La penetre sin esfuerzo, estaba muy lubricada y abierta, me moví sobre ella pero no pude eyacular. La giré y quedo boca abajo, puse una almohada en su abdomen, un culo hermoso y caliente quedo a mi alcance, me incliné, lami el orificio anal y luego penetré por el ano a esta deliciosa mujer casi virgen.

    Estuve más de 15 minutos bombeando el culo, ella se agitó y acabó, gritando de placer. De pronto miro hacia la puerta y ahí estaba su hija Lucía, sentada en su silla de ruedas mirando toda la escena, un sentimiento perverso me invadió y en vez de parar seguí culeandome a su madre, tenía una nalga en cada mano, mi verga entrando por el culo y yo agitándome como poseido hasta que grite y eyaculé, casi actuando para Lucia, quien se retiró raudamente. Me seguí culeando a la madre y a la hija por los 6 meses siguientes, hasta que llegó el verano y me marché. ¡Guardo buenos recuerdos de mi etapa de estudiante…!

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  • Cosas que pasan en hoteles de paso

    Cosas que pasan en hoteles de paso

    Lo que a continuación me gustaría compartir, ha sido lo más excitante e increíble que me ha sucedido a lo largo de mi vida, trabajo en un hotel de paso como recamarero desde hace 5 años, tuve que truncar mi carrera de medicina por razones económicas, me case y no hubo otra que trabajar para mantener a mi familia.

    Bien; cuando entre a trabajar y después de 4 años, escuchaba de mis compañeros historias que a mi parecer me resultaban un tanto exageradas, de cosas que veían y en ocasiones participaban con huéspedes que llegaban al lugar y hasta la fecha, dudo mucho de la veracidad de la mayoría de dichas historias, mas no, de la posibilidad que lleguen a darse, una en mil.

    He aquí una historia cien por ciento verídica de lo que me toco vivir y gozar con una pareja que llego al lugar, una historia cargada de morbo y calentura.

    Mi nombre es Roberto, edad 27 años, 1.80 de estatura, debo reconocer que físicamente soy poco atractivo, por lo cual no soy muy exitoso con las mujeres, aunque debo reconocer que a decir de las pocas parejas que he tenido a decir de ellas poseo un herramienta muy vigorosa entre las piernas.

    Corría el mes de diciembre, estando trabajando un sábado para amanecer domingo, llego una pareja en un BMW color plata, recuerdo que yo me encontraba con el recepcionista, cuando el conductor se puso a la altura de la ventanilla de la caseta para pagar el importe del hospedaje.

    Desde la posición en que nos encontrábamos se podía ver claramente el interior del auto, del conductor se veía su cara completamente, de su acompañante no se alcanzaba a ver su rostro pero si, wow, un hermoso par de piernas entreabiertas que al final mostraban, lo que nos pareció era una deliciosa y rica vagina, intencionalmente mi compañero se tardó un poquito más de lo habitual en cobrar el servicio, tiempo en que tuvimos oportunidad de disfrutar de una escena que opacaría la de Sharon Stone en bajos instintos, ya que la mujer en repetidas ocasiones entreabría las piernas de tal modo que su intimidad quedaba por momentos completamente expuesta a nuestras miradas.

    Desafortunadamente esto no podía ser eterno, así que terminado el proceso mi compañero subió la pluma para que accedieran al estacionamiento.

    Seguidamente me dirigí hacia su auto para instalarlos en su habitación, llegue hasta su auto y diligentemente abrí la puerta del copiloto y sorpresa, al hacerlo la dama saco un pie para descender y al hacerlo, el vestido le llegaba casi a la cintura y se podía ver con toda claridad, una hermosa vagina totalmente abierta y húmeda, enmarcada en una tanga de esas que traen una extensa abertura en la parte delantera y que obviamente no tapan absolutamente nada, la dama me extendió la mano para ayudarla y al hacerlo asomo un hermoso rostro, con unos ojos grandes y una boca roja y sensual, la tome de la mano y jale de forma delicada y moderada.

    Al hacerlo ella se levantó del asiento y creo adivinar que intencionalmente tropezó y para no caer, se apoyo en mi y accidentalmente mi mano se poso en uno de sus grandes y voluptuosas tetas, el momento duro solo unos segundos, que entre risas y disculpas fue interrumpido por la voz del acompañante quien dijo a manera de broma, o eso crei, “¿que paso vieja, otra vez calentando al personal?”.

    Ella solo rio y le dio un beso largo y húmedo, en seguida los guie hasta la habitación que estaba en un segundo nivel, durante el trayecto podía observar yo atrás de ellos, como aquel tipo le subia el vestido hasta la mitad de las nalgas y se las agarraba descaradamente, incluso se apreciaba como le iba acariciando el culo y la vagina desde atrás.

    Llegamos a la habitación los instale, me dieron una propina y me retire con una erección de caballo que dolían hasta los huevos, pensaba ir al baño para jalármela en honor a la hermosa dama pero no pude ya que tuve que atender otro servicio, en ese inter me llaman de recepción para llevar un servicio la habitación de la pareja del BMW, sentía que el corazón se me salía y nuevamente e inconscientemente se me para otra vez la verga, llegar a la habitación se me hizo eterno, iba muy nervioso y excitado, llegue y coloque el servicio en una tómbola que se usa para dar servicio a las habitaciones y no invadir la privacidad de los huéspedes.

    Sin embargo, se abrió la puerta y se asomo la cara mas hermosa que recuerdo, la dama de los grandes ojos, me pregunto por el importe del servicio, no me alcanzo a responder porque su pareja le dijo, “Vieja dile que pase y aquí le pagamos”, ella contesto, “¿estas seguro? Claro déjalo pasar, abrió la puerta y me quede en shock, frente a mi, estaba la mujer mas bella y sensual que he visto en mi vida, un mujeron en zapatillas de tacón, únicamente con la tanga con abertura al frente que mostraba una deliciosa y arreglada panocha y sin nada mas que ese atuendo, exhibiendo un hermoso par de tetas de rosados y grandes pezones.

    El hombre estaba recargado en la cabecera, cubierto de la cintura hacia abajo y el torso desnudo, le dice, amor págale al señor, en el buro esta mi cartera, ella se dirige hacia el buro que estaba a un lado del hombre, al hacerlo me obsequia la visión de una grandes y hermosas nalgas, llega a la altura del hombre y este la toma de las nalgas y la hace voltear hacia dende yo estaba, le empieza a acariciar y chupar las tetas, ella solo rie, el le dice algo al oído que no alcanzo a oír pero intuyo, pues ella para el culo y sin doblar las rodillas, se agacha y empezar a mamarle la verga, lo hace durante un rato, yo solo veo como degusta toda la verga, se la mete hasta el fondo de la garganta.

    Recorre toda la extensión del tronco de la cabeza hasta los huevos, ensalivando y saboreando toda la hombría de aquel tipo, al mismo tiempo que observo por la posición en que en ese momento se encuentra, la visión de su chorreante vagina, secretando un rio de flujo, producto de la excitación que en ese momento experimenta, mientras el hombre presume de lo rico que su mujer mama la verga, que es toda una experta en la materia, luego este se incorpora y se sienta en la cama, estando en esa posición; le ordena que se siente en la erecta verga, ella lo hace con verdadera complacencia.

    El hombre se dirige a mi y me pide un favor, amigo; podrías tomar video de como me cojo a mi mujer, yo estaba encantado y super excitado filmando a escasos centímetros como la panocha de aquella hembra, devora la enorme verga de su amante, luego de un rato de mete y saca, cambian de posición, el se sube a la cama se hinca y le ordena que se la meme otra vez, lo hace dándome la espalda, su amante, esposo o novio en ese momento no se que eran, le ordena que no doble las rodillas y que se lo siga chupando, a mi me pide que filme de cerca su hermosa panocha y culito desde atrás.

    Yo me acercaba lo mas posible tratando hasta de percibir el aroma de aquella hembra en celo y tratando que la cámara del celular captaran hasta el orgasmo, en esa estaba cuando el hombre me hace señales para que mientras ella se encuentra saboreando aquella enorme verga, yo se la chupe, no lo pensé mucho y tímidamente me acerque y empecé a darle lengüetadas muy suaves, percibí como la dama paro lo que estaba haciendo, pero su pareja le dijo, amor, no pasa nada déjate llevar, ella solo rio y siguió en lo suyo, mas confiado me atreví, entonces a jugar con mis dedos y lengua, alternando chupadas y caricias en culo y vagina.

    Estando en lo mas candente e interesante sonó el radio que nos dan para trabajar, solicitando mi presencia en recepción, totalmente frustrado tuve que dejar lo que estaba haciendo, pero a los cinco minutos regrese con el pretexto de llevar otro servicio, nuevamente me abrió la mujer, pero ahora totalmente desnuda y descalza, me jalo hacia el interior y me beso de manera cachonda y salvaje, su aliento era de alcohol combinado con sexo, el beso duro varios segundos, mezclando saliva y posiblemente semen de su pareja, no me importo, jugamos con nuestras lenguas, de reojo veía como ahora el hombre filmaba el encuentro.

    Mientras la mujer me besaba yo acariciaba sus grandes tetas y ella por encima del pantalón me acariciaba la verga, de pronto el hombre le dijo, ¿amor no se lo quieres ver? Se refería a mi verga, ella sonrió se agacho y desabrocho mi pantalón, lo hacia de manera brusca y torpe, entonces yo le ayude, ella estando de rodillas, no sé qué se imaginaba, pero note una gran sorpresa en su rostro cuando vio a unos centímetros, sin ser presumido, mi mayor orgullo, un verga de 25 centímetros, gruesa y erecta, chorreando abundante líquido seminal, la dama hizo una cara de sorpresa, volteo a ver al que supongo es su marido como diciendo ¿y ahora?

    El hombre pareciendo adivinar, pregunto, ¿se lo quieres tocar o mamar?, adelante, hazlo, ella empezó a tocarlo con ambas manos, asi lo hizo por algunos segundos y pregunto, ¿asi es como querias ver a tu mujer, comportarse como una zorra, agarrándole la verga a otro cabron?

    El hombre le contesto, ¿acaso no eres tu quien me pidió permiso para coger y experimentar con otros hombres bien dotado? , pues ahí lo tienes y con la suerte, de que tiene una verga de acuerdo a tu gusto, mientras ellos discutían la mujer se llevo mi verga a su boca, tratando de engullir toda la cabeza, pero a las primeras mamada no aguante y me corrí de manera vergonzosa, yo esperaba hacerla gozar, pero en lugar de ello, me gano la calentura y me vine de manera abundante en su cara y tetas, sentía morir de vergüenza mientras ella y el marido reían, pero no de manera ofensiva, mas bien de manera condescendiente y divertida, aunque me pareció ver cierta decepción en el rostro de la mujer.

    Pasado el trago amargo, nos despedimos, ella me abrazo, me dio un dulce beso, por mi parte le pedí autorización para chuparle sus grandes tetas, me dejo hacerlo por varios segundos, el marido le dijo, no seas malita, deja que con la lengua te limpie la panochita, ella se sentó en la cama, abrió completamente las piernas y me dijo adelante, yo hundí mi cabeza entre sus piernas le estuve dando lengua y dedo por un rato, mientras el marido filmaba y le decía, ¿te gusta putita, te gusta andar de calienta vergas? Anda puta, gózalo, esa y muchas otras cosas que decía calentaban mas el momento, por la calentura y nervio creo que lo hice con cierta rudeza que le hizo gritar y decir, oye… me mordiste el clítoris, no mames cobrón jajaja. Me acomode la ropa y sali de la habitación.

    Dos horas mas tarde ellos dejaban el hotel y en mi, un gran recuerdo, lleno de nostalgia, pensando que lo que vivi era un sueño, del que no quería despertar y del que solo tenia aun como recuerdo el aroma de mujer que aun conservaba en mi nariz y boca.

    Mi compañero de recepción, me cuestiono sobre el asunto, pues intuía que algo había pasado, yo sin poder aguantar le conte con lujo de detalles la historia, únicamente a decir verdad, cambie lo de la corrida vergonzosa por una historia de una rica sesión de sexo con todo y penetración.

    Creo que me creyó solamente la mitad, pasaron unas semanas y cuando ya casi me olvidada de aquella aventura, estando un domingo cubriendo el turno de la tarde, otra vez llego el BMW, enseguida los reconocí, la hermosa dama y el mismo acompañante, coincidió que estaba con mi compañero quien también recordó la aventura que le había contado, me lanzo una sonrisa de complicidad y dijo, adelante mataor.

    Me apresure y después de realizar el pago e instalación en la habitación, la dama me saludo dándome un cálido beso con lengua incluida, en esa ocasión vestia una minifalda muy entallada de mezclilla, con botones al frente, los cuales creo que intencionalmente traía varios sin abrochar para mostrar que andaba sin ropa interior y mostraba de manera explicita su rajita, calzaba botas vaqueras y una blusa de licra color negra, muy entallada y que por la ausencia de brasier destacaban sus grandes tetas y erectos pezones, su esposo (Pues estoy casi seguro que si eran pareja), llevaba ropa deportiva, antes de entrar me dice discretamente, espero que ahora si traigas pilas y tiempo, soltando una sonrisa de complicidad, la dama me dice, por favor; ¿puedes traer servicio a la habitación en 15 minutos?

    El tiempo se me hizo eterno y para no fallar, fui al baño y me la jale.

    Cuando me disponía a llevar el servicio, me intercepto mi compañero y pregunto, ¿a donde? No tuve alternativa y le presumí, creo que esta noche cena pancho, me dice, no seas gacho comparte, la vieja esta bien buena, además se ve que le gusta y es de carrera larga, deja ver si hay chance y te aviso.

    A los 15 minutos ya estaba tocando la puerta, me abrió el marido envuelto en una toalla, me invita a pasar y sorpresa, mi dama estaba totalmente desnuda en la cama, exhibiendo una vagina completamente depilada y húmeda, demasiado húmeda, supongo que ya habían estado jugando, el marido me pregunta, ¿traes tiempo?

    Yo asentí con la cabeza y me dice adelante, a ella le gusta que se la coman con suavidad, me fui directamente a saborear su vagina, al tiempo que su marido se acomodaba para que ella se lo mamara, así estuvimos durante varios minutos, ella se retorcía de placer y prácticamente gritaba y retorcía, amor que bien la chupa este hombre, es delicioso, en diferentes formas y posiciones se acomodaba para que yo se la chupara, al tiempo que le introducía dedos y lengua ya fuera en el culo o en la panocha, de pronto su marido la pone en cuatro y la penetra, ella me jala, me baja el pantalón y me la empieza a mamar.

    El marido pregunta, se los estas mamando puta, ella contesta, se lo merece, este hombre la chupa delicioso, y tu cállate y sigue cogiéndome, creo que eso calentó demasiado al marido, quien se vino en el interior de su mujer, ella le reclamo y le dijo, cobrón yo quería que me cogieras toda la noche, ahora me cumples, entonces fue que me jalo y dijo, necesito una verga adentro y me empezó a montarme y cabalgar, metiéndose toda mi verga hasta el fondo, decía y gritaba estoy muy caliente, le decía a su marido, métemela, déjame mamártela al tiempo que yo la cogía, el marido le dice espera a que me reponga y ella gritaba no me hagas eso.

    En ese instante me vino la luz y propuse servicio a la habitación pensando en mi amigo, el marido pareció adivinar levanto el teléfono y a los dos minutos estaban tocando la puerta, el marido abrió y ahí estaba mi compañero, viendo incrédulo, una escena porno en vivo, yo tenia a la mujer en cuatro ensartada y retorciéndose de placer, ella lo invita a acercarse y sin más, le baja el pantalón le saca la verga totalmente erecta y se la empieza a mamar con deleite y gran placer, en tanto el marido se dedica a filmar y ver como su mujer recibe verga por la boca y la panocha, cambiamos de posición, al punto en que yo quedo abajo, ella encima y mi amigo le toca disfrutar del trasero.

    Yo me quede con las ganas, pero ella no quiso, temiendo que por el tamaño de mi verga la lastimara, estando disfrutando como poseídos, ella nos decía que cuando fuéramos a terminar, nos saliéramos, que no quería recibir la leche adentro, pero por la calentura que todos triamos terminamos adentro de ella, yo le inunde la vagina hasta la matriz y mi amigo lo echo toda la leche hasta los intestinos, de hecho ella misma evito que nos separáramos, pese a que previo a terminar le avisamos, ella misma nos jalo para terminar adentro.

    Después del acto, como cierre de oro nos dimos el beso blanco y el beso negro, combinando sabores y olores, descansamos un rato, nos duchamos y en la regadera la hermosa dama nos la volvió a mamar, ahora a los tres pues su marido ya se había repuesto, terminando de saborear el semen de los tres. Antes de despedirnos le di las gracias a la hermosa dama y a su marido solamente atiné a decirle, Servido Jefe, tiene usted una gran hembra, con una sonrisa solo dijo, es una gran mujer y no le alcanza con un solo cobrón.

    Al cabo de un rato, vimos retirarse el BMW gris, teniendo la esperanza de algún día repetir una aventura similar

    Esta historia es completamente real, y aun no entiendo como hay hombres que les excita ver de cómo se cogen a su mujer y como ella goza del sexo en grupo con desconocidos, ¿esto es un tanto aislado o es algo común que algunas parejas practican de mutuo acuerdo?

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  • ¿Él, ella o ambos? (1)

    ¿Él, ella o ambos? (1)

    Luego de lo sucedido en el relato “En penumbras”, como era sábado, no había apuro, me quedé así en ropa interior acomodando mi casa, lavé un poco de ropa, la tendí, no había problemas que ande así liviana de ropa, nadie podría verme, preparé algo liviano para almorzar, y mientras comía miraba una serie en el celular.

    En eso, veo que entra un mensaje de WhatsApp, no vi quien era, le doy pausa a la serie y veo el mensaje, era Guillermo después de tanto tiempo, me decía si podía pasar a verme, le respondí que sí.

    Fui al dormitorio y me puse la bata de satén de color negra, es corta a media pierna, se anuda con un cinturón, a la cintura.

    Luego de un rato suena el timbre y era Guillermo, nos saludamos, con un beso en la mejilla.

    Yo: Pensé que te habías muerto, como no supe mas de tí.

    Guillermo: Disculpa, se que te tuve que enviar algún mensaje de como estaba, fuiste muy amable conmigo, tu ayuda me valió mucho, puedo resolverme muy bien en el trabajo. Además corte con una chica, y fue un momento no muy bueno.

    Yo: Lamento lo de tu chica, pero igual podrías avisarme, como andabas en el trabajo, estaba un poco intranquila, yo fuí quien te enseñó y no sabía cómo estabas.

    Guillermo: Perdoname, no te enojes conmigo, por favor, estoy muy agradecido por lo que hiciste.

    Yo: Con cara de seria, okey, te perdono tonto, mientras con mi brazo lo rodeaba por el cuello, y él sentado, puso su cabeza sobre mi vientre, y le acaricié el pelo, el levanto la vista y nos miramos, me incliné y nos besamos suavemente.

    Desate el cinturón de la bata, y la abrí, el abrió los ojos como plato al verme en ropa interior, tragó saliva, y nos volvimos a besar, mientras dejaba caer la bata al suelo. Nos besamos con pasión, nuestras lenguas daban rienda suelta al placer, le quite la remera, le baje el pantalón y el boxer, y su pene saltó como un resorte.

    Mientras nos besabamos le acaricie la pija suavemente, él dejando escapar un suspiro profundo, delante de él solté el corpiño, y le ofrecí una teta, colocandola en la boca, mientras me la chupaba, hice la cabeza hacia atrás, que rico me chupaba las tetas, las mordía, las besaba, sus pulgares tiraron para abajo la tanguita, lo tome al costado del pelo, y lo llevé a que me chupe la concha, completamente húmeda, le pasó lengua y comenzó a chupar, lo tomé de la nuca y lo apreté contra mí, para que me devore.

    Quería que me la ponga, me puse de frente a la mesa y flexione una pierna sobre ella, no tardó un segundo, y ya me estaba bombeando, asi, asi asiiii, enterramela toda aahhhh, que rico, se ve que estaba necesitado, porque eyaculo enseguida y buena cantidad de leche.

    Quedé un rato así sobre la mesa, en cuanto pude me incorporé, él fué al baño, la leche me corría por la pierna, me puse la bata, en cuanto salió Guillermo, lo espere, lo rodeé con los brazos por el cuello y lo besé, con una voz suave le pregunté si le había gustado, me dijo que sí, lo volví a besar, y me pregunto si tenia problemas de que viniera de tanto en tanto, y le respondí, “claro mi amor, cuando quieras, avisame solamente, pero escuchame una cosa, no le digas nada a Gabriela, se lo quiero decir yo, ella te cuida, ya la otra vez algo me dijo, yo hablo con ella”, okey me dijo, se cambió y antes de irse nos besamos, yo apoyada contra la pared, y se fué.

    Quedé con la cabeza que me daba vueltas, cosas de mujeres, Guillermo me agrada, pero no quiero meterme en una relación, y tampoco lo quiero lastimar, tampoco se que se imagina él, tuvimos dos veces relaciones y ahora él se separó de su chica, y por otro lado está Gabriela, es la tía de Guillermo, lo cuida más que la madre, y con ella tuvimos un encuentro (en el relato “Entre amigas”); menudo embrollo te metiste Andrea.

    Por lo pronto entré en la ducha, ya que los fluidos de Guille me escurría por la pierna, mientras me pasaba la esponja por el cuerpo pensaba, voy a llamar a Gaby, y hablar con ella, para no dilatar más el asunto y que Dios me ayude.

    Salí del baño, me puse solamente la bata negra, y le mandé un mensajito a Gaby, “hola amiga, me gustaría juntarme contigo, no se si hoy, se que quizás sea un poco tarde o mañana, dime para saber, besis”.

    Al rato la respuesta, “siii ahora voy amiga, espérame, no te escapes”, le envío un jaja okey; mientras pensaba, la que me espera ahora, miro al techo y digo Dios, ayuda please. Luego de suplicar, suena el timbre, abro y era Gaby, la recibo con un “hija de puta, viniste corriendo por la calle jaja”, y nos damos un beso en la mejilla.

    Decidimos no ir a ningún lado preparo un mate, después pediríamos una pizza, mientras tomamos mate y hablamos de temas varios hasta que en un momento abro la boca.

    Yo: Hoy vino Guillermo, y me agradeció por lo que le explique de Excel, le va bien en el trabajo.

    Gaby: Que bueno, y me imagino que te lo cogiste también.

    Yo: Se quedó sin su chica también me dijo.

    Gaby: O sea, te lo cogiste.

    Yo: … sin dejar de mirarla, siii me lo cogí.

    Nos quedamos mirándonos, yo en el silencio me hice un mate y lo tomé, Gaby me miraba.

    Yo: No se cual es el asunto que tienes con tu sobrino, pero no voy a lastimarlo, no voy a jugar con él, pero si se da de coger voy a coger.

    Gaby: Yo con él no tengo ningún asunto, yo tengo un asunto contigo.

    Yo: la miro fijo, no entiendo, pero algo me dice, y le digo, ¿Oye es lo que estoy pensando?

    Gaby: no se lo que piensas, pero si, y espero no te enojes conmigo, estoy enamorada de ti.

    Yo: me quedo petrificada mirándola fijo y con la boca en O, solo atino a decir, joder.

    Estábamos sentadas enfrentadas, ella estaba con un conjunto casual, un joggin, remera y una camperita de las que se usan para gimnasia, yo con la bata y en pelotas.

    Gaby: Oye amiga, recuerdas cuando tuvimos nuestro único encuentro, tú me dijiste, nadie se tiene que enterar, bueno eso, nadie se tiene que enterar.

    Yo: si recuerdo que dije eso, Guille me dijo si podía venir a verme y yo le dije que si, tú que dices a eso, ¿te daría celos?

    Gaby: mientras se hace para adelante y me mira, me acaricia la pierna que tengo cruzada, y me dice, no podría estar celosa, se la persona que eres, que quieres y harías lo mejor con Guille, y que podríamos tener un momento para nosotras, yo no quiero perderte.

    Yo: Wow, y un día nos ponemos bien en pedo y yo los atiendo a ti y a tu sobrino en un trío, jajaja.

    Gaby: Tonta y me da una palmada en la pierna, ¿Qué dices?

    Continuará.

    Espero que les haya gustado.

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  • Capítulo 1: Apetito. Los 65, el orgasmo robado y el secreto

    Capítulo 1: Apetito. Los 65, el orgasmo robado y el secreto

    Prólogo

    A los sesenta y cinco años, la vida no termina, se incendia.

    Mi cuerpo, voluptuoso y maduro, ardía con un apetito que el matrimonio había silenciado. El destino me lo envió a casa: Dante, joven, atlético, y el amante de mi propia hija.

    Su llegada no fue una visita; fue una invasión. Encontré en él la última oportunidad para una transgresión, la fuente de una lujuria prohibida y el peligro de un secreto sucio que nos envolvió a los tres.

    El juego ya comenzó. Y en esta casa, el voyeur y su presa han cambiado de bando.

    Capítulo 1: El voyeur, el fetiche y la madurez irreverente

    A mis 65 años, mi vida en la capital de Chile era un engaño silencioso. Me llamo Esther, y mi cuerpo, que debía estar cansado y resignado después de haber trabajado duro toda mi vida, ardía de un apetito que no conocía la piedad. La vejez no había marchitado mis deseos; por el contrario, los había convertido en algo más peligroso, más urgente. Soy una mujer de curvas generosas y voluptuosas, una figura fuerte y con una apetitosa madurez.

    Mis senos, grandes y firmes, se niegan a ceder a la gravedad, y mis nalgas, macizas y duras, son un auténtico desafío. La grasa y el peso se han acumulado en ellas, formando un trasero gordo, redondo y pesado, que siempre capta la atención. Mis muslos gruesos y torneados no dejan de excitarme cuando se me sube el vestido, o entreabro las piernas al sentarme. Y debo confesar que, a veces, lo hago a propósito cuando estoy cerca de jóvenes, porque siempre me han encantado. Arriendo piezas en mi casa a algunos chicos universitarios, hombres de entre 20 a 30 años; no me gusta el hombre mayor. Soy una mujer candente, atraída por hombres que no ven en mí a una madre o a una abuela, sino a una fuente prohibida, a una transgresión que ansían cometer.

    La obsesión ciega y la lujuria materna

    Un día, la llamada de mi hija, Sol, cortó la monotonía de mi vida. Me comunicaba que en un mes llegaría a mi casa.

    —¿Vendrás sola?

    —No, mamá. Iré con un amigo. Es mi amante, se llama Dante. Llevamos dos años juntos.

    Mi alma se dividió en dos. Como madre, sentí la punzada de la molestia por la infidelidad de mi hija casada. Pero como mujer, algo se encendió: Su amante. Sol, que lleva veinte años casada en un matrimonio tibio y sin fuego, finalmente estaba viva. Me contaba que Dante la trataba como una diosa, pero también como su esclava, ya que ella por sí sola decidió ser su sumisa. Me hablaba de fetiches, lo que yo no entendía nada de sexo, pero bueno, la veía feliz y contenta y eso me dejaba más tranquila sin saber lo que yo tendría que enfrentar a futuro.

    Poco a poco mi hija, durante ese mes antes de llegar, me contaba cosas que hacía con su amante. A mí, como mujer, me pasaron cosas que no quería. Me mandó algunas fotos de él, un hombre bastante atractivo, y me gustó. Él era Dante, con un cuerpo atlético, ojos verdes que parecían devorar el mundo, y una insolencia en su sonrisa que prometía peligro. La contradicción era el afrodisíaco más potente.

    Reflexión de Esther: El deseo de la última oportunidad

    En el mes que siguió, mi mente se obsesionó con la imagen de él. Dante. El hombre que hacía gritar de placer a mi hija. Mi matrimonio había muerto hacía años, y yo había aceptado la sequía. Ahora, este joven era la lluvia.

    La culpa era un susurro débil, el deseo, un rugido que resonaba en mi vientre maduro. ¿Sería mi última oportunidad de sentirme así, de ser poseída, no por necesidad, sino por fetiche? Me miraba en el espejo. Mis senos se hinchaban. Mis caderas se movían con una cadencia nueva. Sentía mi cuerpo más atractivo que nunca, preparado para la transgresión. Me preparé, no para recibir a mi hija, sino para seducir a mi destino. Revisé los dormitorios que arrendaba. Los estudiantes estaban de vacaciones, así que la casa estaría libre. Todo conspiraba a favor del caos.

    El ritual de la seducción silenciosa

    Cuando me avisaron de su llegada, mi elección de vestuario no fue inocente. Era un ritual. Me puse unos tacos que estiraban mis gemelos maduros, una minifalda arriba de la rodilla que mostraba mis muslos y una blusa blanca. La blusa era ajustada; no me importó que mis pezones grandes y oscuros se insinuaran a través de la tela. Era una declaración silenciosa de mi apetito, un reto a la prohibición, esperando que solo él lo entendiera. Fui a buscarlos, dispuesta a ser vista.

    Inconscientemente, al llegar a donde mi hija, me di cuenta de que andaba sin bragas. Me dio vergüenza, no me di cuenta. No sé si lo hice inconscientemente o por lo rápido que salí. Era un día que hacía mucho calor, tiempo de verano, mes de enero, pero ya estaba ahí. Al ver a Sol, la abracé con el cariño maternal de siempre. Pero cuando vi a Dante, mi alegría se transformó en algo mucho más oscuro y peligroso.

    Era un tipo guapo, atlético e inteligente. Su pelo oscuro caía sobre su frente con insolencia. Sus ojos, profundos y verdes, me analizaron de arriba abajo en una fracción de segundo.

    Él es mío. No importa que sea el amante de Sol, no importa mi edad. Si él puede encenderla con fetiches y órdenes sucias, conmigo hará maravillas. Mi cuerpo lo exige. Un pensamiento me hirió la mente como un rayo en el pecho: “Algún día, ese hombre será mío”.

    Su mirada se detuvo en mis senos, en mi trasero, con una lentitud que me hacía sentir desnuda. Me dio un beso en la mejilla, y se me erizó la piel. Sentía que él también me deseaba; su mirada intensa prometía el caos que yo anhelaba. La culpa luchaba a muerte contra el deseo, y el deseo ganaba sin piedad.

    La tensión eléctrica en el auto

    En el auto, Sol se acomodó atrás, hablando distraídamente de su trabajo. Dante se sentó adelante, a mi lado. El espacio se encogió. El aire se hizo pesado.

    —Qué placer conocerla, Esther. Sol me ha hablado mucho de usted —dijo Dante, su voz baja y ronca, sin apartar los ojos de la carretera, pero sintiendo mi calor. Claramente vi su mirada hacia mis piernas y mis senos voluptuosos, y mis ojos vieron cómo su verga, su miembro, marcaba en su pantalón.

    —Igualmente, Dante. Me alegra que hagan tan feliz a mi hija —respondí, sintiendo el ardor de la mentira en mi garganta.

    —Yo amo y deseo a tu hija aunque sea casada; eso es lo de menos para mí —Su voz bajó un tono más, solo para mí.

    El comentario me paralizó. No era una simple conversación. Era una declaración de intenciones, dirigida a mí. En una curva cerrada, su mano, que descansaba en la consola central, rozó mi muslo descubierto. El contacto fue eléctrico. Retiré mi mano rápidamente, pero no mi muslo. Sabía que no llevaba bragas. La fricción, aunque mínima, era una tortura exquisita.

    Me ha tocado. Lo ha hecho a propósito. Mi muslo desnudo, sin protección alguna. Su roce fue una pregunta. Sabe que estoy vulnerable. Y me gusta. Deseo que me lo haga de nuevo. ¿Sabe que no llevo nada? La idea de que él me hubiese desnudado mentalmente en el auto me hacía jadear. Su respiración se aceleró a mi lado. Él huele a deseo. Sentí que el incendio que acabábamos de prender no tenía a Sol como testigo.

    El acto inaugural: la dominación silenciosa en la cocina

    Llegando a casa, con un calor inmenso, mi primer acto fue cambiarme. Mi mente estaba en modo “esclava”. Me puse la misma falda, pero opté por una polera ancha y blanca sin darme cuenta de que transparentaba con la luz de la cocina. Era la carnada perfecta.

    Mientras yo estaba de espaldas lavando la loza, él se tomaba una copa de bebida. Sentí su mirada. Era una presencia física que se clavaba en mi cintura, recorría la curva de mi espalda y se detenía con firmeza en mis nalgas grandes y duras. Sentí la humedad entre mis piernas. Mi sexo comenzó a palpitar con un ritmo insistente. Sin atreverme a girar, supe que el juego del deseo prohibido había empezado. Él está devorándome con la mirada. Puedo sentir la erección que debe tener. Su trasero… la perfección de la madurez. Si no se levanta a tocarme es solo porque tiene un plan o porque correrá a “descargarse” con Sol, pero con la imagen de su madre clavada en su retina.

    El primer voyerismo y el orgasmo robado

    En ese momento, avisé que me iba a duchar. Pensaba que mientras yo estuviera en la ducha, él querría hacer el amor con Sol.

    Siento mis pezones duros. Estoy ardiendo. Esto no lo sentía hace mucho, pero el aire estaba cargado de vapor y promesa. Mi mano se deslizó bajo mi ropa y me toqué los senos y los pezones duros. Me encanta ese hombre. Que venga a mí. ¡Que me someta!

    Al momento de salir de la ducha, me puse una bata. Me di cuenta de que Dante ya no estaba en el comedor. Escuché las voces de mi hija en su dormitorio. Risas ahogadas, seguidas de movimientos bruscos. Fui a ayudarle para ordenar el dormitorio sin saber con lo que me iba a encontrar.

    El voyerismo, ese monstruo nuevo, me arrastró hasta la puerta. Me pegué al marco, abriendo una rendija minúscula. Sol estaba completamente desnuda, su cuerpo joven en una pose de sumisión brutal. Dante le daba la espalda a la puerta, penetrando analmente con una furia desinhibida. El sonido del golpe de la carne era un tambor que marcaba mi rendición. El aire olía a sudor, a sexo, a deseo.

    —¡Más fuerte, amo! ¡Dame más nalgadas! ¡Duro! ¡Hazme tu esclava, hazme tu sumisa! Te necesito, Amo. Tu verga es la única que me calma el estar caliente, sentirte dentro de mí, llenarme con tu leche —gritó Sol.

    Quiero ser ella. Quiero que me ponga en esa posición, que me hable así. Su placer es mi condena. Mi castigo es ver y no tocar. Mis dedos se metieron bajo mi bata. Estaba chorreando, mi vulva madura mojada con una humedad viscosa que no sentía hacía años.

    En un movimiento brusco, Dante giró su cabeza. Sus ojos me encontraron en la rendija. No había vergüenza; solo una dominación absoluta. Sus embestidas se hicieron salvajes, mientras me miraba fijamente, como un semental reclamando su territorio.

    Me miró y sonrió con soberbia. Sé que vio mis dedos bajo mi bata. Sé que notó mis pezones duros. Sus ojos me hablaban de un trío, de besarme, de lamer mi coño húmedo mientras penetraba a mi hija. Él estaba usando su cuerpo para humillarme y excitarme.

    —¡Me encantaría ponerla de espalda, lamer el coño de tu madre húmeda y que viera cómo te penetro en cuatro! —le gritó a Sol, pero sus ojos estaban fijos en los míos, disfrutando de mi humillación—. ¡Estoy seguro de que se calentaría mirándonos! ¡Se masturbaría al lado de nosotros!

    Mis piernas temblaron, tiritando por el exceso de placer y transgresión. Mi orgasmo fue un temblor silencioso y desesperado contra el marco de la puerta. Me retiré, sintiéndome la perra que él me había llamado. Quería ser su puta, su esclava, a mis 65 años. Hacía seis años que nadie me tocaba.

    Oía cómo la penetraban analmente y terminaba dentro de ella, su leche corriendo por sus piernas, y ella tenía orgasmos con líquido chorreando toda la cama. Mi coño, me imagino húmeda, siento el orgasmo exquisito. Nunca había hecho esto. Tendré que bañarme. Necesito ser su mujer. Quiero que me penetre. Mi sexo quedó toda sucia. Tendría que cambiarme. Apenas son las 2 de la tarde y el día aún no termina.

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  • Destinado a los cuernos (1)

    Destinado a los cuernos (1)

    Cada vez más las personas viven su sexualidad de forma diferente, los tabúes morales se están dejando de lado y las parejas se abren a placeres que antes ni se podían imaginar. Sin embargo, ¿cómo es que nacen estas curiosidades en la pareja?, ¿que motiva al ser humano a experimentar su sexualidad sin límites?

    En mis relaciones más recientes y en mi matrimonio actual, ha existido una tendencia en nuestra sexualidad, el llamado cuckold. Pero solo con mi actual esposa se construyó esta relación basada en el conocimiento y el acuerdo, antes de ella no tenía idea de que este tipo de relación tenía nombre y una amplia aceptación entre parejas que la viven y disfrutan de la misma manera.

    Como toda historia, debe tener un principio, indagando en mis vivencias buscando la raíz, me he encontrado con la semilla de mi relación cuckold, percatándome de que ha sido una constante en mis relaciones, como menciona el título, quizás estoy destinado a los cuernos.

    La primera pareja con la que nacieron estas inquietudes se llamaba Camila, una chica morena, de baja estatura, con pechos de tamaño normal, cintura mediana, pero con unas caderas muy pronunciadas para su estatura, además del cabello castaño, lacio y corto, algo que me encantaba.

    En ese entonces yo tenía 19 años y ella 21, nuestra relación fue primero laboral y de poco en poco paso a la amistad y finalmente nos hicimos pareja. Camila era una chica extrovertida, con facilidad para hacer amistades, contrario a mí que siempre he sido más reservado, por lo que ella siempre tenía amistades con varones, cuestión que podría incomodar a cualquiera, sin embargo, por extraño que parezca nunca me ha molestado este tipo de situaciones, no soy posesivo y se debe quizás a que soy muy seguro de mí mismo.

    Siempre he permitido libertades a mis parejas, las mismas que pido, por lo que salíamos con los amigos tanto en pareja como de manera individual, allí nacería la primera inquietud, Fernando. Él era amigo de Camila como de muchas otras compañeras, pero con ella tenía una relación de amistad muy inusual, como si de un colega se tratara, diferente al trato que daba a las damas con las que quería llegar a la cama.

    Igual entre Fer y yo no había gran relación, pero tampoco tenía problema con su amistad con Cami, pues era una amistad que existía desde antes de que nos conociéramos ella y yo, sabía que a veces salían a solas y hasta frecuentaba la casa de Fer, pero desde que salimos dejo de hacerlo, por respeto a la relación supongo.

    Como en todas las relaciones, el sexo llego, pero yo sentía que a veces algo la detenía, aun así, era placentero para ambos. Hasta que un día, como en todas las relaciones tuvimos una discusión, nos dejamos de ver algunos días, pero lo conversamos y asunto arreglado, y de nuevo al sexo, aunque algo más intenso.

    Todo bien excepto por un detalle, Cami me pregunto si no había dejado un cinturón en mi casa, el cual claro no estaba y a los pocos días ya lo traía de nuevo, ahí me pico la duda. Pero como mencione, no soy posesivo, por lo que no la cuestione, pero hablando, a ella misma se le salió decir que uno de los fines de semana en que no nos hablábamos había ido a casa de Fer, ahí cuadre el rompecabezas, y entonces si la cuestione.

    Me conto las cosas tal cual, si estuvo en su casa, bebieron algunas copas y hablaron sobre las penas que los abordaban en ese momento, en eso Fer le insistió en lo de ser pareja, pues era tema que ya había abordado, pero ella rechazaba la idea por no dañar la amistad. Me menciono que Fer se le acerco mucho, se besaron y comenzaron a fajar, él le retiro su cinturón, pero ella lo detuvo y salió de su casa, y para sustentar lo contado me mostro los mensajes del día siguiente con él, pidiéndole disculpas por lo acontecido.

    Creer o no creer es algo de cada persona, igual soy consciente que en ese mismo momento no nos podríamos considerar pareja, aun así, a la fecha creo en su historia. El asunto fue que me molesto un poco, pero de igual forma, me excito el relato, imaginarla fajando y a Fer intentado quitarle su ropa era algo que no me podía quitar de la cabeza.

    Esta parte estoy seguro que les será familiar a muchas personas que viven el cuckold, la primera vez que durante el sexo se le hace un guiño a la fantasía de estar con otro, pues una noche durante el sexo, le pedí que me platicara otra vez lo que paso esa noche, a ella le extraño pero aun así me complació, mantuvimos el relato durante el acto y note que su extrañes y pena, se transformaba en excitación, pero de igual manera me pasaba a mí, hasta que llegando el momento de terminar, le pedí que me cambiara el nombre, lo dudo un momento, así que le insistí, finalmente se decidió y lo escuché de su voz, me dijo: ¡Así, Fernandooo! Y el orgasmo mutuo fue intenso.

    Los días siguientes pasaron normal, no se mencionaba lo ocurrido esa noche, ni tampoco lo mencionábamos a él. Pero llegando el fin de semana, y de nuevo la noche de sexo, el tema salió a la luz.

    C: me pareció extraño lo que me pediste

    K: lo imagino, solo me salió en el momento

    C: entonces, ¿ya no lo mencionamos?

    K: no, si te molesta

    C: ¿a ti te molesta?

    K: no lo sé, me molesta un poco, pero también me siento extraño

    C: ¿te gusto que te llamara Fernando? (con voz seductora)

    K: … si, me gusto, y creo que a ti también te gusto decirme así

    C: ¿así como?

    K: ya sabes, Fernando

    C: Fernando, o “Asiii, Fernandooo”

    De nuevo me hizo venir, a partir de ese día esa fantasía fue recurrente en nuestras relaciones sexuales, la fuimos subiendo de tono cada vez más, imaginábamos escenarios donde podría darse, hasta podría decirse que se nos hizo un vicio. Verla tener orgasmos imaginando a Fer, hizo que la fantasía comenzara a ser insuficiente, ya no solo quería imaginarla, yo quería ver a Camila teniendo sexo con Fernando.

    Esa idea se me metió en la cabeza, hasta que un día se lo solté en caliente, “quiero que me metas los cuernos con Fernando”, igual que siempre tuvo un orgasmo intenso, pero tras llegar la calma, no la deje enfriarse:

    K: es en serio lo que te acabo de decir

    C: ¿de qué hablas?

    1. ya no quiero que solo sea una fantasía, quiero que lo hagamos

    C: ¿hablas en serio, de veras permitirías que tuviera sexo con otro?

    K: no con cualquiera, quiero que sea con Fernando

    Por supuesto que le resulto extraño, hasta un pretexto para que yo tuviera relaciones con otras chicas, si bien el “sí” no llego de inmediato, la idea comenzó a escarbar también en su cabeza, hasta que un día en conjunto con la constante fantasía y algunas situaciones de estrés en su vida, la hicieron explotar y se dijo, ¿por qué no? Y me dio el tan esperado, sí.

    Ahora llegaba el siguiente asunto, como decirle a Fernando, pues no solo era decirle que quería tener relaciones con él, sino que quería que yo estuviera presente, así lo hizo, aunque un poco con engaños, le propuso salir y ver que se daba, ya cuando nos encontramos se extrañó de verme ahí, y ella le dijo que no pasaba nada, compramos algunas cosas, bebidas y botanas y entramos a un motel, conversamos los tres, la verdad yo no había tenido la oportunidad de platicar con él mucho, así que la conversación se centró en ellos, ahí note que la amistad no era en vano y se conocían bastante bien, ella paso al tocador, y nos dejó conversando, el alcohol nos ayudó a romper el hielo, tocando temas ajenos a la razón de que estuviéramos ahí, hasta que ella salió, se metió entre nosotros y con actitud seductora nos preguntó:

    C: bueno, y ahora que hacemos

    F: no lo sé, ¿qué quieren hacer?, ¿pedimos de comer?

    K: no creo, solo hay comida de motel

    F: solo hay sándwiches y cuernitos

    Por increíble que parezca, en ese momento aun no conocíamos el nombre de ese tipo de relación, para nosotros era como un trio, pero sin que yo participara, pero ella le encontró el mejor nombre que en ese momento le podíamos dar.

    C: pide sándwiches, los “cuernitos” te los hacemos entre Fernando y yo

    Escucharla decir eso me dio frio y excitación a la vez, aun no era consciente de lo que iba a pasar, pero ya no lo podía evitar, de repente ellos ya estaban besándose encima de la cama, y yo sentado en una orilla. Quien lo ha vivido me entenderá, de repente, todo lo que habías imaginado, está pasando frente a ti, mi novia vestida con un pantalón blanco ajustado y una blusa negra escotada estaba siendo devorada por su amigo, que recorría con sus manos su cuerpo por encima de la ropa, la besaba y se susurraban cosas entre ellos, como si de unos novios se trataran, evitando que yo los escuchara, instintivamente me hice a un lado, me senté en una silla y los observe de lejos.

    Su faje continuo por un rato que se me hizo eterno, hasta que empezó a caer la ropa, primero le quito la blusa y con una gran habilidad le quito al instante su sostén, ella gimió y se tapó sus pechos con pena, él le retiro las manos con fuerza y las tomo abriendo sus brazos dejándola incapaz de taparse y besándola apasionadamente en la boca. La recostó y dándome la espalda la siguió besando, así fue por un rato, ya no podía ver con claridad que pasaba, se seguían diciendo cosas entre susurros, hasta que ella empezó a respirar aceleradamente, me moví un poco de lugar para ver mejor y ahí observé como ya los dedos de Fer entraban y salían del interior de Cami aun con su pantalón puesto.

    Tras el intenso movimiento, llego el orgasmo de Cami opacado por un beso de Fer, se detuvieron un instante para descansar, Fer comenzó a retirarle el pantalón, sin embargo, Cami cruzo piernas y brazos, comenzaron a susurrarse de nuevo, hasta que Fer se levanto y se me acerco.

    F: deberías de hablar con ella

    Solo me dijo eso y comenzó a vestirse, se despidió y salió estrepitosamente de la habitación, me acerque a Cami para saber que había pasado y si todo estaba bien, tras estar en silencio un momento, solo me dijo que no se sentía muy cómoda y que deberíamos retirarnos. Así lo hicimos, en el camino solo se me podía ocurrir que, tras el orgasmo, llego la frialdad a su cabeza y sintió arrepentimiento de lo que estábamos haciendo, así que no estaba preparado para lo que iba a escuchar.

    K: sabes que te amo y no me gustaría que hicieras algo con lo que te sintieras obligada por mí

    C: es verdad que no me sentí muy cómoda, nunca había hecho algo como esto ni tampoco Fer

    K: si me lo pides, ya no volveré a tocar el tema

    C: pues no es eso… pero si necesito pedirte…

    K: ¿qué?, pídeme lo que quieras

    C: que la próxima vez, me dejes a solas con él

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