Categoría: Sin categoría

  • Mi empleo en la inmobiliaria (Parte I)

    Mi empleo en la inmobiliaria (Parte I)

    Para quienes no me conocen, mi nombre es Andrea, este relato que les voy a contar sucedió cuando finalicé el secundario, por ese entonces estaba viendo qué carrera universitaria podría seguir, mientras tanto, encontré un empleo para afrontar los gastos de una chica, ya saben ropa, salidas, maquillajes, etc.

    Ingresé a una inmobiliaria para realizar tareas administrativas, por tal motivo era importante los modales y la vestimenta, en el negocio estaba al frente el hijo del dueño, y yo, él atendía a los clientes y los llevaba a ver los inmuebles, yo armaba las fichas, planillas, ordenaba papeles en las carpetas y algún que otro tramite en las oficinas de la ciudad.

    Con el tiempo me anote en la universidad, así que me hacia el tiempo para estar entre el empleo y la facultad, ganaba dinero y podía estudiar mi carrera, con el dinero me compraba ropa para poder utilizar en el trabajo, intercalaba en pantalones y polleras, Carlos el hijo del dueño se sentaba en un escritorio frente a mí, nuestra relación era cordial y amable, nunca hubo ningún tipo de problema entre ambos.

    Un día Carlos se ofreció a llevarme en su camioneta, me dijo si iba a la facultad, y le comenté que no porque hoy no tenía clase, le dije que iba a mi casa, y le dije la dirección, subí a su camioneta y salimos.

    En un momento veo que se aparta del camino, y me dice que tenía que hacer un trámite antes; cerca de un descampado se detiene y baja de la camioneta, pasa por el frente y observe un movimiento en él que no sabía que era, abre la puerta de mi lado, y me toma de un brazo, le digo “¿ey que haces?”, y observo que tenía su miembro afuera, “ey espera, no te provoque ni nada, que haces?”, me toma de los brazos con fuerza y me dice, “mira Andrea, me tienes caliente, tú te sientas en el escritorio y cuando vienes con pollera o vestidos dejas ver tu hermosas piernas y me enloqueces”, le respondo eres un degenerado, con lo cual, me toma por fuerza y hace que me arrodille y me pone su miembro en la boca, “chúpala, chúpala”, me introdujo toda su verga en la boca, la cual era de un tamaño considerable, me ahogue, y me vuelve a levantar de los brazos, ven vamos, me lleva al asiento de la camioneta y me voltea en el de espaldas, ese día tenía una pollera, me la levanta, y le digo “¿por qué haces esto?, sin decir palabras me levanta la pollera y arranca mi tanga, se sube sobre mí, y me introduce de un golpe toda su verga, con lo que me hace dar un grito, y comienza a moverse, “me gustas nena, aaahh ahhh aaahh”, luego me da la vuelta, y me la pone por detrás, mientras con un dedo dilata mi ano, entre jadeos le pedí por favor no lo hagas, cosa que mis suplicas potenciaron sus intenciones, me salivó bien el ano y me la fue introduciendo por el culo.

    Grite y jadié aaaahh ahah aaaaahhh, mientras Carlos me decía con su voz agitada, “te gusta?”, y le respondía si pero no de esta manera, y me la dejo un rato adentro sin moverse, y luego comenzó a bombear nuevamente acelerando el ritmo e introduciéndome toda la verga, y siento su leche caliente dentro de mis entrañas, quedé agitadísima.

    Como pude volví acomodarme en el asiento, me llevo a mi casa, y escucho que me saluda, cosa baje de la camioneta sin saludarlo, y cerrando la puerta de un portazo, solamente quería entrar a mi casa y darme una ducha y limpiar todo mi cuerpo. Pude ducharme mientras me caían las lágrimas, me quedé un rato con el agua cayendo sobre mi cuerpo. Al otro día no fui a la inmobiliaria, pedí médico, en realidad no quería ir a trabajar no tenía ganas después de lo sucedido.

    En el próximo relato les contaré como seguimos después de esto, donde nada volvió a ser como antes.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • En la habitación frente al mar

    En la habitación frente al mar

    De viaje a Chachalacas vestida con un vestido azul y verde floreado, puedo ver tu figura espectacular cuando subes a la camioneta; vamos en la carretera y veo tus piernas descubiertas y mi mano no soporta la tentación de acariciarte, pongo mi mano en tu muslo y te comienzo a acariciar, tu piel es suave, durante el viaje intento varias veces tocar tu entrepierna pero por miedo a un accidente me dices que no. Llegamos a Xalapa y decidimos desayunar en un restaurant por lo que bajamos y ordenamos el desayuno, me gusta verte contenta y relajada por el viaje, cuando terminamos de desayunar pasas al baño y después nos vamos nuevamente en la camioneta hasta Chachalacas.

    Llegamos al hotel y cuando te abro la puerta para que bajes de la camioneta al girar de tu asiento abres tus piernas y me percato que debajo de tu falda no traes ropa interior y veo tu preciosa V, pasas frente a mi y mi mano roza tu trasero para confirmar que no llevas nada puesto.

    Llegamos al lobby a registrarnos y me excita más la idea de que no traigas puesto tu brasier y aprovecho una ocasión para recargar mi brazo sobre tu pecho y siento como debajo de tu vestido no traes puesto nada y eso me pone muy excitado, no aguanto las ganas de estar a solas contigo.

    Después de registrarnos vamos a la habitación y entramos, el jacuzzi en la terraza y la vista al mar es espectacular así que nos asomamos y aprovecho para abrazarte por detrás y sentir tu cuerpo, coloco mis manos en tu vientre y junto tu cuerpo al mío.

    Comienzo a besar tus orejas y mis manos recorren tu vientre y van a tus caderas, después suben por tus brazos mientras mi boca se come tus orejitas, mi cuerpo siente tu trasero y comienzo a besar tu cuello y tu respiración se hace un poco más profunda y con el calor comienzas a sudar, pero la brisa del mar nos refresca un poco.

    Continúo besando tu cuello y mis manos se deslizan por debajo de la blusa de tu vestido para sentir tus senos, me encanta tocarlos, apachurarlos, acariciarlos y apretar tus pezones para sentirlos erectos y duros, tu trasero se restriega contra mi p…, se siente delicioso.

    Te quito la blusa y tus pechos se ven espectaculares, te pongo frente a mi y me siento en una silla para comenzar a comérmelos a besos y chupar tus pezones, los aprieto con mi boca y les paso mi lengua, hasta lograr que se pongan erectos, tu respiración ahora es más agitada y profunda, con mis manos recorro tus nalgas y comienzo a bajar tu falda para quedarte totalmente desnuda frente a mi, aprieto tus nalgas con mis manos y las acaricio, mientras me como a besos y chupetones tus senos y pezones, es todo un espectáculo verte desnuda en la terraza frente al mar, sentirte completa de arriba a abajo, acariciar y besar tu cara, orejitas, cuello, hombros, brazos, manos, vientre, piernas, senos, nalgas y ahora lo que me falta…

    Tu respiración es muy agitada, estas sudando y gimes de placer, te acuesto sobre la mesa de la terraza y abro tus piernas para poder ver tu hermosa vagina que ya se ha humedecido, me encanta verla y sentirla en ese estado, así que comienza a acariciarla, paso mi dedo de abajo a arriba de un lado a otro y detengo mi dedo en tu clítoris para sentir como te estremeces, tu vagina se continua lubricando y preparando para recibirme, me agacho para pasar mi lengua por tu vagina y detenerme en clítoris, estas muy excitada y apunto de gritar, tu respiración está muy agitada y sudas pero la brisa nos hace sentirnos frescos, mi lengua hace el abecedarios completo en tu vagina y arqueas tu espalda para que pueda mi lengua penetrar tu vagina y sentirla adentro.

    Detengo mi lengua y comienzo a darle pequeños besos a tu vagina, tú te estremeces, después comienzo a succionar tu clítoris y vuelves a levantar tu espalda de la mesa y me tomas del cabello para que siga comiendo tu vagina, estas muy excitada…

    Comienzo de desvestirme mientras acaricio tu vagina, me quito la camisa, zapatos, pantalón, calzón y calcetines.

    Te tengo acostada en la mesa de la terraza completamente desnuda y deseando ser penetrada, así que estando de pie coloco mi pene sobre tu vagina y comienzo a frotarla entre tus labios para que vayan abriendo, me pides que la introduzca pero me encanta verte excitada así que continúo solo pasándola sobre tu vagina un rato hasta que decido entrar, poco a poco me introduzco en ti, voy recorriendo pocos milímetros dentro de ti y me detengo para verte y acariciarte con mis manos tu cuerpo que tengo puesto en la mesa, eres un mangar, después de unos minutos estoy totalmente dentro de ti, siento tu calor en mi pene, ese ambiente le encanta y comienzo a entrar y salir de ti, mientras toco con un dedo tu clítoris, para estimularte más, la velocidad de nuestro encuentro comienza a incrementar entro y salgo de ti poco a poco más rápido, tu vagina lubricada permite perfectamente que me deslice dentro y salga, me pides que lo haga más rápido por unos instantes y después vuelvo a bajar la velocidad pero incrementando la profundidad, así me da tiempo de estimular tu clítoris de nuevo con mi dedo, y excitarte al máximo, sigo bombeando un rato, pero me canso y te pido cambiar de posición así que ahora yo me acuesto en la mesa y tú te pones sobre mi ensartando mi pene en tu vagina de una manera rápida para continuar moviéndonos y ahora puedo tocar tus senos y besarlos, chupar tus pezones y así como acariciar tus nalgas dándote unas nalgadas y apretando tu trasero, mientras tu brincas de placer, te vas ensartando cada vez más fuerte y rápido gimiendo de placer, estas completamente sudada y me encanta tu sabor.

    Tu senos brincan de una manera hermosa, me encanta apretar tus senos, sentir tus pezones y chuparlos así como acariciar y apretar tus nalgas, darte nalgadas, pasar mis manos por tu cintura, verte totalmente excitada… y te pregunto ¿quieres más?, ¿qué quieres que te haga?

  • En la banda me rompieron el culo

    En la banda me rompieron el culo

    Soy Camila, una chica joven, que ando en la moda del reggaetón y esas cosas, soy morena clara, y soy de Guatemala. Me gusta vestir como se visten las chicas de los videos, con los short pequeños y con tenis con calcetas, las blusas entalladas notando los pechos preciosos que tengo y por supuesto las colitas que me hago en el cabello.

    Dicen que tengo bonito cuerpo pero no es exagerado, pero mi cara de niña y mi manera de ser me hacen parecer de lo más puta.

    Y no lo era tanto hasta que conocí la vida de la calle, mi madre nunca ha tenido un gran cuidado de mí, la mayoría de las veces ni siquiera sabe en donde ando. En la escuela a la que asisto no prestan mucha atención a los alumnos así que si voy o no, no pasa nada.

    En la escuela conocí a Paula, que también andaba en las mismas que yo, y ella anda metida en esas cosas de las bandas. Ella era chica bonita muy parecida a mí en la forma de vestir y de ser.

    La primera vez que me invito a conocer a sus amigos de la banda, sentí un poco de miedo pero al final me convenció sin mucho esfuerzo, nos salimos de la escuela por la parte de atrás y nos fuimos a un baldío, donde esperamos un rato hasta que se fueron juntando todos los chavos, y me sorprendí de la cantidad de chavas que iban llegando.

    Pusieron música de daddy yankee en la grabadora y comenzó la fiesta.

    Estuvimos bailando un rato, cuando escuchamos el ruido de un carro que se acercó, vi a mi amiga sonreír y me dijo que era Ricky, el líder de la banda.

    Ricky es un chavo como de 27 años, moreno, con el cabello desteñido como si fuera lanchero. Se ve que hacia ejercicio pues se veía delgado y muy simpático.

    Llego saludando a todos con los modos característicos de las bandas. Y se fue acercando a nosotras, mi amiga sonreía coqueta, y él fue directamente a ella.

    La abrazo y la beso con descaro metiéndole la lengua hasta la garganta mientras recorría su cuerpo con lujuria.

    Yo me quede mirándolos con deseo, y mi cosita se humedeció rápidamente.

    Él se separó de ella, y me miro curioso y le pregunto quién era yo.

    -Es una amiga –respondió ella y le sonrió picara.

    Y dirigiéndose a mí me pregunto qué cuantos años tenía, le dije que tenía 18.

    Miro a mi amiga y le sonrió mientras le decía – sabes lo que me gusta.

    Sin más agarro a mi amiga de la cintura y se la llevo a un galerón que estaba al fondo del baldío donde estaba la fiesta. Yo me quede sin saber que hacer hasta que se me acerco otro de los chicos y me dijo que fuéramos a bailar.

    Olvidándome momentáneamente de mi amiga me puse a bailar con el chavo que me había invitado.

    Sin embargo yo no podía dejar de pensar en mi amiga más que nada porque sabía que ella estaba con Ricky y lo más seguro es que estuvieran haciendo algo.

    El chico con que bailaba, al notar que no dejaba de mirar hacia el galerón me dijo:

    -No te preocupes, se están divirtiendo

    Intrigada a mas no poder, deje de bailar y me dirigí hacia el galerón, el chico me dijo que no lo hiciera pero no me importo y continué decidida.

    El lugar no estaba lejos, y cuando llegue vi la puerta entreabierta y sin pensar entre llamando a mi amiga.

    Lo que vi al entrar no me sorprendió mucho:

    Paula estaba sentada en una silla desnuda de la cintura para arriba con las piernas abiertas y Ricky la sostenía de los tobillos mientras su cabeza se perdía entre ellas.

    Los gemidos y gritos que daba no dejaban lugar a dudas de lo que estaba disfrutando.

    Desde donde estaba no podía ver bien la mamada que Paula estaba recibiendo por lo que me fui acercando sin el menor pudor.

    Ella noto mi presencia y contrario a lo que pensaba me sonrió.

    Tomo a Ricky de la cabeza, lo separo de su cosita y le hizo una seña para que volteara, cuando el volteo y me vio, también sonrió.

    Ricky se paró dado que se hallaba de rodillas y extendió el brazo hacia mi me acerque, y me beso en la boca con una calentura que casi me vengo, sentí en la boca el sabor al sexo de mi amiga que el tenia impregnado, eso me calentó más.

    Metió su lengua en mi boca hurgando hasta mi garganta, de pronto me soltó y dejo escapar un suspiro.

    Mire a Paula y la encontré con la verga de Ricky en la boca dándole una mamada profunda como solo ella sabia y que después me enseño a dar.

    Ricky me acariciaba los pechos sobre la blusa mientras me besaba y Paula seguía con su trabajo bucal.

    Yo no podía dejar de mirar a mi amiga, como se perdía la verga en su boca, daba ligeros bufidos cuando la sacaba e inhalaba cuando se la volvía a meter, la verga estaba llena de saliva, ella se la pajeaba usando su propia saliva como lubricante, se la sacaba de la boca y la escupía.

    Mientras se la jalaba le besaba y chupaba los huevos con unas ganas impresionantes, el Ricky estaba pendejo, solo atinaba a sobarme las tetas y emitir sonidos como si le estuviera sacando el cerebro por la verga.

    Sin esperar más me quito la blusa dejando mis tetas al aire, yo le ayude con el short y los calzones, en un dos por tres estaba completamente desnuda.

    La boca de Paula seguía necia mamándole la verga a Ricky como si tuviera vida propia, el sin pensarlo mucho llevo su mano a mi cuquita y metió sus dedos en mi rajita ya completamente encharcada. No sé cuántos dedos me metió pero sentí una sensación de llenura que casi me vengo.

    Estuve así por unos segundos, cuando vi mi amiga ponerse de pie.

    Ricky sacando los dedos de mi coño, me tomo de la parte trasera de los muslos y me levanto en vilo, yo cruce mis brazos por su cuello, y lentamente me fue dejando caer, sentí su verga golpear con mi concha, pero sin poder penetrarme.

    En eso sentí la mano de mi amiga por mi entrepierna que desde atrás guiaba la verga de Ricky hacia mi rajita.

    Cuando estuve centrada sentí la pija abrirse paso deliciosamente dentro de mí, di un largo gemido que creo se escuchó hasta donde estaba la fiesta.

    Con una facilidad que no pensé que él tuviera, me hizo subir y bajar sobre su verga hasta tenerme bien ensartada.

    Me puso la espalda contra la pared para tener mejor apoyo, y continúo con el ataque de su verga contra mi cosita.

    Me acribillaba de una manera deliciosa sentía cada centímetro de su polla perforarme, por un momento pensé que me llegaba hasta el útero.

    Yo gritaba como una perra, y disfrutaba la mirada perdida de él.

    De momento me la saco y me dejo pararme, sentía una comezón en el sexo que no había sentido nunca.

    Paula mientras tanto volvió al ataque devorándose el miembro limpiándolo de todos los jugos que le había dejado mi sexo.

    Ricky no la dejo mucho tiempo seguir con eso, tomándola del cabello la levanto y la puso de cuatro patas sobre un sillón desvencijado que estaba ahí lleno de polvo, ella se dejó hacer sin reparar en nada. Al ver a mi amiga en esa posición mi calentura aumento.

    Ricky se acercó y la tomo de las caderas y dirigió el tronco hacia su rajita que se abrió ante el invasor de carne que la estaba atravesando. La cogida que le estaba dando era de miedo, Paula gemía como una loca con cada estoca que Ricky le daba.

    La tuvo así por varios minutos hasta que él fue deteniéndose poco a poco.

    Saco su verga de la vagina de mi amiga, y tomándome del cabello me llevo hacia su nabo, no puse resistencia, me agache, y lamí su verga desde los huevos hasta la cabeza, para de un solo golpe tragármela toda.

    Volví a sentir el sabor del sexo de Paula mezclado con el sabor de la verga, chupe y chupe hasta dejarla limpia.

    – Escupe ahí –me dijo señalando el culo de Paula que continuaba de cuatro patas

    Me acerque a ella y me llego el aroma a su sexo que ya conocía perfectamente pues me lo había tragado dos veces.

    Sin dudar agarre a Paula de las nalgas, se las abrí y lance un escupitajo al centro de su anito, mi saliva se corrió lentamente hacia abajo, sin pensarlo la esparcí con mi lengua por su ano, podía sentir en mi lengua cada uno de los pliegues de su culo mientras se lo iba lamiendo. El me miraba divertido mientras se jalaba la verga.

    Me separe del culo de Paula que ya se encontraba bien lubricado con mi saliva y le di una última chupada al nabo de Ricky.

    Ricky se colocó nuevamente detrás de mi amiga y abriéndole las nalgas con una mano, con la otra agarro su verga y la dirigió hacia su ano, cuando ella sintió que la verga hacia contacto con su esfínter dejo escapar un gemido de resignación, el sin inmutarse presiono la cabeza del miembro contra el esfínter, que nunca me imaginé que presentara tal resistencia, el empujaba sin piedad y no lograba abrirse paso en el anillo trasero de mi amiga, acerque mi rostro y deje caer más saliva en la cabeza de la verga que trataba de romper ese culito, mire a Paula y vi su rostro descompuesto por el dolor, tenía los ojos cerrados y los labios crispados mientras dejaba escapar sonoros gemidos, acaricie su cabello, le di un beso en la mejilla y regrese a su trasero para seguir viendo como la atravesaban.

    Ricky ya había logrado meter la cabeza, el anito de Paula se hallaba distendido, el tamaño que tenía cuando se lo lamí, había aumentado un poco más al tamaño de la cabeza de la reata que la atravesaba, tratando de ayudarla, abrí sus nalgas a todo lo que daba.

    Ricky me sonrió, y con suaves movimientos hacia delante dejo ir perdiéndose el tronco de la verga dentro del culo de mi amiga. Centímetro a centímetro fue entrando toda hasta que su pelvis quedo pegada a las nalgas mi amiga.

    Con las manos firmemente colocadas en las caderas redondas continuo con los movimientos de mete y saca cada vez más rápido.

    Los gemidos de Paula se habían convertido en gritos, no podía creer como le entraba toda la verga en el culo me parecía increíble por el tamaño que tenía, ella movía las caderas hacia atrás ayudándolo con la penetración, hubo un momento en que el se detuvo y ella fue la que rítmicamente se balaceaba hacia delante y atrás dejando entrar y salir al trozo de carne de su ano.

    Yo estaba que no podía con mi calentura, sentada como estaba junto Paula con las piernas abiertas me acariciaba el clítoris, y metía mi dedo en mi cosita, pero no era suficiente, quería volver a sentir la verga de Ricky atravesándome el sexo.

    Sin embargo el seguía perforando a mi amiga sin piedad, ella se encontraba en otro mundo, se había quedo quieta y el seguía con los movimientos invasivos de su miembro,

    La piel de las nalgas de Paula se erizó incontrolable, la oí gritar y perder el sostén de sus piernas cayendo desmadejada sobre el sillón polvoso, se estaba viniendo, el orgasmo que la invadió fue impresionante, de sus ojos brotaban las lágrimas, mientras sus labios trataban de curvarse en una sonrisa.

    Ricky le saco la verga de un solo golpe, ella soltó un gemido de alivio, y acerco su verga a mi rostro, y sin el menor asomo de asco me la metí a la boca mínimo hasta la mitad, sentí un sabor diferente, pero no me disgusto, al contrario, provoco que yo la saboreara a un más.

    No tarde mucho mamándosela, él ya estaba pronto a venirse, y sin ninguna delicadeza me tomo con las dos manos de la nuca y continuo metiéndome la verga hasta la garganta al mismo ritmo que lo había hecho en el culo de mi amiga.

    De pronto coloco su mano en mi frente haciéndome para atrás, y me ordeno abrir la boca y sacar la lengua. Lo vi pajearse con frenesí y a los pocos segundos sentí lo caliente de su leche regarse por mi lengua, mis mejillas y mi cara entera.

    Me trague lo que había caído en mi lengua, saboreando hasta la última gota leche.

    Se dejó caer sentado en el sillón junto a Paula, y la empujo hacia a mi que seguía sentada en el sillón, Paula se acercó y me lamió la leche de la cara para tragársela con gusto.

    Él sonreía mientras nos miraba, abrace a Paula y le di un beso.

    Ricky cerró los ojos y se fue quedando dormido, yo me recosté en el sillón junto a él mirándole la verga que había perdido su dureza, pero aún conservaba su buen tamaño.

    Paula me dijo que lo dejara descansar, que no me desesperara, que sabía que yo no me había venido y que él no tardaría en darme gusto.

    Así ella me tomo del rostro acariciándome y me beso con mucha ternura, su lengua estaba dentro de mi boca haciéndome unas caricias muy diferentes a las que había sentido cuando él me había besado.

    No me había imaginado nunca tener sexo con otra chica, pero con la calentura que tenía en ese momento toda cabía en lo posible.

    Sus manos suaves se apoderaron de mis pechos que acariciaba y pellizcaba en los pezones, dejo mi boca para dirigirse a ellos y los chupaba suave pero firmemente, era delicioso sentir su lengua en mis senos.

    Llevo su mano a mi conchita y con sus dedos acaricio mi clítoris haciéndome sentir un placer que no había imaginado nunca, la experiencia que tenía como mujer me hizo encontrar sensaciones que nunca había experimentado.

    Sus dedos atacaron mi cosita, metiéndome no sé cuántos dedos me masturbaba deliciosamente, lo más exquisito fue cuando dejándose caer entre mis piernas, abrió los labios de mi vagina y sentí su lengua recorrer todo el contorno hasta llegar a mi clítoris.

    Lengüeteo sobre el sin detenerse por varios segundos, chupaba mi botoncito firmemente como si se tratara de la verga de Ricky, el mete y saca que tenía en mi vagina combinado con su lengua en mi clítoris me acercaba a un orgasmo inminente, mi corazón latió con más fuerza y sentí que se me vaciaban las entrañas en un orgasmo interminable.

    Cuando las contracciones de mi vagina pasaron, Paula saco sus dedos de mi sexo y con una sonrisa lujuriosa se los metió a la boca chupándolos con deleite.

    Mi orgasmo no mermo mi excitación y decidí devolver el placer a mi amiga que gustosa lo acepto, la tome de los hombros colocándola de en la misma posición que yo me encontraba, sin mayores preámbulos fui hacia ella que ya me esperaba con las piernas abiertas, pase mi lengua lentamente por su cosita abriéndola de par en par, hasta detenerme en el clítoris dándole largas lamidas y chupadas.

    Estuve chupándola por varios minutos, de pronto sentí unas manos apoderarse de mis nalgas, sobándolas y estrujándolas, mire a un lado y no vi a Ricky por lo que supe que era el que estaba detrás de mi.

    Me puse de cuatro patas con el culo en alto sin dejar de chupar a Paula, sentí que mis nalgas se abrían y el contacto húmedo de la lengua pasarse por la raya de mi trasero hasta detenerse en mi culito virgen, Ricky paseaba su lengua por mi ano de arriba abajo deteniéndose solo para introducirla en mi huequito trasero, era simplemente delicioso.

    La lengua se separó de mi ano y fue cuando sentí el dedo que trataba de entrar, un ligero escozor tuvo lugar en mi culo pero fue momentáneo.

    El entrar y salir del dedo con la saliva no fue difícil, y no lo fue tampoco cuando introdujo otro y otro más, la sensación en mi recto era deliciosa

    Sin aguantar más separe mi boca de la concha de mí amiga y volteando le dije a Ricky:

    -méteme la verga Ricky, por favor, méteme la verga.

    -quieres que te la meta? -Me respondió

    -si amor métemela en el culo.

    -Pídemelo por favor -contesto

    -Papi por favor métemela en el culo – respondí

    Paula me tomo del rostro y me dio un beso.

    Una sensación diferente me llego al ano, era frio, volví a sentir el dedo de Ricky en círculos dentro de mi, paula me dijo que era lubricante, los dedos de Ricky se perdieron en mi recto una vez más.

    Inmediato que los saco sentí la cabeza de su miembro en la entrada de ano, el empujo nuevamente, y me prepare para resistir el embate recordando el rostro de Paula, sin embargo mi sorpresa fue grande al sentir como me iba entrando la verga sin que mi esfínter pusiera gran resistencia, una ligera molestia me invadió pero no duro mas de unos minutos.

    Ricky fue deslizando su reata suavemente dentro de mi recto hasta que lo sentí pegado a mis nalgas, me acaricio el cabello, y el mete y saca que pensaba sería imposible comenzó.

    La verga entraba y salía deliciosamente de mi culo causándome algún dolor y un poco de molestia, mi piel se enchino y pude notar que mis pezones se erguían y endurecían.

    Deje mi cabeza sobre las piernas de Paula que me acariciaba el rostro mientras miraba sonriente a Ricky.

    El no dejaba de bombearme para esos momentos con más fuerza, entraba y salía sin piedad de mi.

    Nunca pensé que sería sodomizada de esa manera, la sensación me encantaba, estar así, de cuatro patas con el culo en alto, con el rostro en la entrepierna de mi amiga, y berreando como perra y apenas era una chiquilla, un aire de libertad me invadió, lo que me esperaba de la vida.

    De pronto Ricky comenzó a bombear con más fuerza, y mis berridos aumentaron al ritmo de la embates de ese pistón de carne, el lanzo un grito ahogado y sentí que su reata crecía dentro de mi, después de dos embates lo sentí estallar dentro de mi.

    La sensación caliente de su leche recorrió mi recto que pensé que llegaría hasta mis intestinos.

    Mi orgasmo no se hizo esperar, líquidos calientes comenzaron a manar de mi cosita mojando mis muslos, una sensación extraña me invadió cuando él me la saco del culo. En verdad pude sentir mi culo abierto, y la leche de Ricky saliendo de él.

    Él se dejó caer nuevamente en el sillón, Paula me ayudo a pararme y me sentó junto a ella diciéndome:

    -te gusto amiga?

    -Si fue delicioso, creo que me he convertido en una putita anal –le respondí

    -Claro que lo eres, yo quisiera poder hacerlo como tú, pero aún me duele

    -Gracias -le respondí.

    Paula y yo somos inseparables y somos las consentidas de Ricky, nadie puede meterse con nosotras, y hasta la fecha continuamos disfrutando los tres, algunas veces juntos otras entre nosotras solas o con algún chico de la banda, me siento feliz de estar con esta banda.

    Espero les haya gustado, no busco sexo ni encuentros, si me quieren comentar háganlo a [email protected], muchos besos buena semana.

  • El velador

    El velador

    No es que sea una puta ni nada de eso, pero es que a veces mi instinto salvaje me domina mucho y termino cogiendo con cada personaje.

    Cierto día de hace un año no recuerdo muy bien la fecha, me quedé a trabajar hasta tarde, no era la primera vez, pero ese día ocurrió algo que no me esperaba, ese día estaba yo muy cachonda, tenía rato chateando muy hot con unos amigos del club swinger, ¡la charla era tan caliente que comencé a masturbarme! Estaba tan metida satisfaciéndome que olvidé que mi oficina estaba abierta y cuál fue mi sorpresa, que el velador de la empresa me observaba con sorpresa, no supe que hacer, el solo me miro y me dijo “buenas noches”, yo un poco confundida le conteste, mientras bajaba mi vestidito azul.

    Terminé de golpe la sesión, eran casi las 12 de la noche y decidí irme, pero estaba muy excitada, la charla me había dejado tan caliente que ya necesitaba llegar y cogerme a mi esposo, de hecho, no me importaba quien fuera, ¡solo quería saciar mi sed de sexo!

    El momento de incomodidad estaba por llegar, iba a toparme frente a frente al velador que hace unos minutos me encontró masturbándome, no sabía cómo mirarlo ni que decirle, así que decidí ser tajante y huir rápido del lugar sin aclarar nada.

    ¡Hasta mañana! Dije yo con premura acercándome a la salida, pero justo antes de abrir él se puso frente a mí, me miro degeneradamente y me dijo:

    V: ¡Que rica y puta eres mamacita!

    Yo: ¿Qué te pasa idiota?

    V: ¡Tienes unas piernotas mamacita!

    Yo: ¡Quítate o hare que te corran!

    V: ¡Jajá a mí no me van a correr, yo no me masturbo en horario laboral!

    Yo: Y a ti que te importa lo que yo haga, ¡quítate!

    V: ¡Te hace falta macho, y yo te lo daré!

    Se lanzó sobre mi como una bestia, me abrazo con fuerza apretándome las nalgas! Yo trataba de empujarlo, pero el estando más pesado que yo me impedía alejarme, sus manos entraban por debajo de mi vestido mientras me lamia la cara.

    Yo: ¡Qué asco!

    V: ¡Que nalgotas! ¡Siempre me has gustado mamacita, no sabes que ganas de cogerte tengo!

    ¡Me empujo a su caseta, ahí tenía un tipo sofá cama donde me aventó con fuerza, yo gritándole le exigí que me dejara salir, pero él me miraba con fiereza y se bajaba los pantalones!

    V: ¡Ahora si vas a sentir a un hombre!

    Yo: ¡Déjame ir puerco!

    V: ¡No puta me vale que me corras!

    Se lanzó repagando su verga en mis piernas, me levantaba el vestido y me trataba de sacar las tetas pro el escote, yo pataleaba, pero el sentir su verga dura en mis piernas me excitaba mucho, poco a poco comencé a ceder ante la desesperación de este tipo, permití que me acariciar y chupara las tetas, que me levantara el vestido y me quitara mi tanga, quería ya tenerlo dentro, era una verga de unos 13 cm, ¡pero no me importaba su tamaño ya la quería tener en mí!

    Antes de metérmela se puso de pie, se dirigió a mi cara y me metió su verga a mi boca, me jalaba el cabello y me obligaba a chuparla, yo accedí, mamaba su verga tan rápido como si fuese una aspiradora, el gemía y me seguía insultando, ¡se lo mamé como nuca nadie se lo había hecho en su vida!

    Me acosté y le pedí que ya me penetrara, él ni siquiera pensó en el condón, solo me tomo de las piernas y me empezó a penetrar todo acelerado, admito que se movía bien, para tenerla pequeña sabia usarla bien, yo comencé a moverme cerrando mis ojos, ¡sus feas manos apretaban mis tetas!

    Yo: ¡Muévete más rápido!

    V: Que rica pucha! ¡La mueves riquísimo!

    Me puso en cuatro y me la empezó a dar con desesperación, me gustaba como se aceleraba y como chocaban sus testículos en mí, yo me movía también, el me daba de nalgadas tan fuerte que me sacaba el aire del dolor, ¡también me jalaba el cabello hasta casi arrancármelo!

    V: ¡Mamacita que buena estas, me matas!

    Sentí como se inflaba, el tipo no aguantaría mucho ya que estaba totalmente excitado, ayudándome con mi mano comencé a apretar mi clítoris para gozar más, ¡el ya no aguanto más y me lleno de su leche!

    V: ¡Que rico mamacita que rico!

    Yo: ¡Dios mío!

    Yo también me comencé a venir, lo mojé todo, el sofá estaba empapado, el quedo tumbado casi desmayándose, yo comencé a limpiarme y arreglarme el me miro serio:

    V: ¡No me corran por favor, es que ya no aguante las ganas!

    ¡Y: No te preocupes, admito que me gusto, acepte por lo caliente que estaba, ¡solo no te me acerques nunca más vale!

    Salí ya más relajada, llegue y me di un baño porque me sentía tan sucia y violada, pero bueno son cosas que pasan, pronto les contare más aventuras.

    ¡Saludos su amiga Lety!

  • Me gusta exhibir a mi esposa y que otros disfruten (2)

    Me gusta exhibir a mi esposa y que otros disfruten (2)

    Les saludo desde Chihuahua, México y narrándoles lo sucedido después de la primer aventura de mi novia (hoy mi esposa). Después de la primera infidelidad consentida por mi parte y habiendo resuelto las dudas que teníamos mi novia y yo, y de la manera en que queríamos seguir llevando nuestra vida, decidimos continuar disfrutando de nuestros cuerpos y los placeres que la vida nos pueda brindar.

    Más o menos pasados 2 meses me tocó saludar a Fernando, él intuía que yo sabía todo lo ocurrido y así se lo hice saber, diciéndole que tenía plena confianza en Maricruz y que respetaba y apoyaba sus decisiones, haciéndole saber que estaba al tanto de lo que ella deseara hacer, lo invite a tomar una cerveza para tomarnos confianza y platicar, conocernos y conocer su manera de pensar. Las primeras cervezas se fueron como agua en el desierto tras el nerviosismo de los dos hasta hacernos soltar la lengua y decir lo que pensábamos realmente. Para él era un acto barbárico lo que estábamos haciendo pero de igual manera nos felicitaba y que contáramos con él las veces que quisiéramos pasar un rato lleno de lujuria, que por el encantado, hasta ahí dejamos nuestra platica y decidimos reunirnos de nuevo para seguir platicando de hasta donde queríamos llegar mi novia y yo, para esto le platique que próximamente nos uniríamos para toda la vida y queríamos terminar nuestra soltería al máximo.

    Llegando a mi departamento lo que hice fue llamarle a Maricruz y platicarle con quien había pasado toda la tarde y lo que habíamos platicado, ella nerviosa y apresurada me pregunta que sí que me pareció y que si platicaron del encuentro que habían tenido, yo la tranquilice diciéndole que si habíamos platicado y que habíamos resuelto nuestras diferencias de opiniones pero llegamos al acuerdo de si queríamos pasarla bien pues que contáramos con él. Le dije a ella que también habíamos quedado en otra ocasión para ultimar detalles y sobre todo discreción de todos nuestros encuentros.

    Para el fin de semana siguiente yo apresurándome para ver a mi novia siendo tomada por otro hombre, le hable a Fernando para invitarlo a salir por unas cervezas, que el acepto al momento en que se lo propuse, anduvimos paseando por la ciudad hasta que llegamos a un billar para seguir platicando y planeando cómo hacer para nuestro siguiente encuentro, el sin saber que yo en mi mente ya tenía todo preparado para sorpresa de los dos. Ese mismo día pero de mañana le pedí a mi novia que por la tarde noche me esperara en mi departamento, que iba a salir a tomar unas cervezas con unos compañeros de trabajo y que ya sabía el efecto que el alcohol ocasionaba en mí, (aproveche yo esa misma mañana para comprarle una bata de encaje negro, transparente que no usa brasier pero si tanga y para completar el atuendo unos tacones negros altos y escribí una nota diciéndole que por favor me esperara vestida con esa ropa), ella contenta me dijo que estaba bien y que ya esperaba que fuera noche.

    Después de jugar unas cuantas mesas de pool le dije a Fernando que si nos íbamos al departamento para seguir tomando sin riesgo a un retén de tránsito o que vayamos a tener un accidente, el acepto sin saber lo que yo tenía pensado, el trayecto fue largo e íbamos riendo de cuanta tontería se nos ocurría como si fuéramos amigos de toda la vida, y al entrar a mi departamento le pedí que lo hiciéramos en silencio para no alertar a los vecinos (mentira era para no alertar a mi novia), al entrar y mi novia al escuchar la llave se paró frente a la puerta vestida como yo le había pedido en mi escrito y la sorpresa que se llevaron los dos al verse, yo no puede evitar reírme por la cara que los dos pusieron, ella intentando medio tapar su cuerpo y el con los ojos salidos viendo de arriba a abajo todo su cuerpo, me acerque a ella y le salude con un pico en los labios y para sacarla de su trance le pedí que saludara a mi invitado, ya poco despabilados los dos se saludaron con un beso en la mejilla pero con cierto pudor, los anime a quitarse lo tenso con unos tequilas pero no lo logre, así que tuve que poner música y sacar a bailar a Maricruz, dos canciones y le pedí a Fernando que ocupara mi lugar en lo que yo iba al baño, al salir los encontré tal cual los había dejado no hicieron nada hasta llegar yo y haber que hacía.

    Me acerque a ellos y se la quite de bailar para bailar yo con ella pero esta vez mientras bailábamos la estaba besando cachondo para quitarle a ella un poquito los nervios, y valla que si lo logre, ella estaba consciente de lo que iba a suceder, y ya con los tequilas derechos que llevaba y mi cachondeo, se dejó hacer por mí lo que quise, al acabar las canciones que había en el reproductor, me acerca a poner de nuevo música invitando a Fernando a que lo hiciera ahora el, desde que se acercó a ella puede ver la lujuria que existía en los dos, ahora estaban más pegados y ella con sus dos brazos rodeando el cuello de Fernando y él abrazado a su cintura, al borde de sus nalgas, que en ocasiones acariciaba muy tímidamente por esperar a ver mi reacción, pero como en una mirada que tuvimos le di mi aprobación para continuar. Y así fue ya sin descaro alguno al momento que le agarraba las nalgas por encima de la bata, se estaban morreando a gusto y placer de los dos.

    Cambiábamos a ratos y ya los tocamientos para mi novia ya eran sin pudor ni miedo ya era prácticamente un cachondeo, hasta que mi novia nos dice: ya basta ya me tienen los dos hirviendo, necesito que me hagan algo o que me dejen como estaba, nos volteamos a ver Fernando y yo, y nos acercamos a ella yo por el frente y el por detrás, yo abriendo su bata y chupando sus senos y Fernando por atrás acariciando su vientre y besándola en la boca, lo primero en salir de su cuerpo fue su bata, y después la tanga que llevaba lo único con lo que se quedó fueron los tacones, nosotros apresurados nos desnudamos con ayuda de mi novia.

    Ya desnudos les permití un rato para que disfrutaran de ellos, estaban besándose y el agarrando sus pechos y nalgas, abriendo sus piernas para poder meter sus dedos en su empapada vagina, suspirando ella con cada roce de sus dedos, ella lo toma de la cintura y lo hace sentarse en el sillón de la sala, para de pie y puesta en sus tacones, mamarle a Fernando su miembro, (desde que empezamos a tener relaciones ella y yo, siempre le expresé mi gusto por verla haciendo el sexo oral con labial rojo, del que no se despinta por mas besos que me dé), el la toma del cabello y la hace tomar un ritmo en la felación, así estuvieron bastante rato hasta que ella sintió que si seguía así lo haría venirse, así que paro su labor y nos invitó a mi habitación, una vez en ella, Fernando acostó a Maricruz y le devolvió el favor hundiendo su cara en el sexo de mi novia, algo que le encanta a ella es que le succionen el clítoris y darle pequeños mordiscos es algo que a ella le encanta y obviamente sentir la lengua desde su ano hasta su clítoris, así estuvo cerca de 20 minutos donde ella gimió y grito su orgasmo, hasta este punto yo solo observaba y les permitía que dieran rienda suelta a sus placeres, como dije en el relato anterior Fernando y Maricruz eran novios y por lo cual ya sabían disfrutarse por eso se dejaban llevar cada uno. en un momento ella voltea a verme y me dice métemela por favor métemela estoy muy caliente, y yo desde donde observaba la acción le dije a Fernando que se preparara que esta noche la teníamos que pasar a coge y coge con ella, el inmediatamente se incorporó y la hizo poner de perrito y de una sola empujada se la metió hasta el fondo, ella en un grito ahogado la recibió y solo podía decir: ‘así, así más, maaas’, con cada cambio de posición se oigan los gemidos de ella y la súplica porque se la metiera más al fondo.

    Yo me contenía por no masturbarme para poder disfrutar también de ella, cuando él estaba por venirse me volteo a ver como pidiendo autorización y yo asentí con la cabeza, él se volvió sobre ella y la estuvo penetrando por 5 minutos más, intensos cinco minutos que ella se veía con los ojos en blanco, hasta que exploto dentro de ella, en cuanto se desacoplaron y comenzaron a tomar aire, me acerque a ella y le puse mi pene en su boca para que me la pusiera a tope, y sin dudarlo comenzó lamiendo mis testículos y comenzar a lamer la base de mi pene hasta lograr tenerlo bien firme, una vez erecto me puse entre sus piernas y de un solo empujón se la clave toda sentía la mezcla de los flujos que estaban dentro cosa que hasta ese día descubrí y les puedo decir que para mí es un acto altamente placentero, y empezar a bombear y bombear, también en varias posiciones hasta que más o menos en 15 minutos llegue a mi clímax y también me vacié dentro de ella.

    Rendidos los tres nos quedamos un rato tomando aire y uno a uno fuimos a darnos un baño, el primero fue Fernando, momento que aprovechamos mi novia y yo para invitarlo a pasar la noche con nosotros.

    Para no hacer largo este relato, continuo en el próximo relato. Saludos y espero sus comentarios. Excelente día.

  • Sorprendido con la hija del vecino (1)

    Sorprendido con la hija del vecino (1)

    Ring Ring, el timbre de la entrada estaba sonando. Miré el reloj y eran las 9 am. Mi mujer, no estaba en casa y no debía llegar hasta dentro de un par de horas. Me levante del sofá y fui a ver quién era, abrí la puerta y me encuentro con la hija de mi vecino, esta chica tenía en ese momento los justos 18 años, Nancy.

    —Hola —le dije mientras apreciaba su blusa corta y transparente, sus senos se veían divinos, la minifalda no era nada larga más bien súper alta y dejaría ver el borde de sus nalgas,

    Siempre le había visto a Nancy con ojos de lascivia y arrechera pero nunca había tenido la indecencia de meterme con una menor. Ella ya había cumplido sus 18 años hacia un par de meses y ya nos habíamos disfrutado el uno al otro de maneras rápidas y nada cómodas.

    Esa mañana se me presentó en la puerta y me dijo de una:

    —Cuanto tiempo tenemos antes de que llegue Sofía —mi mujer.

    —Un par de horas —le dije.

    Entró a mi casa, la casa que comparto con mi esposa, se adentró hacia la sala, y lo único que atiné a hacer fue meter mis manos y atraerla hacia mí, la besé duramente, mientras con mis manos acariciaba su espalda y metía mi otra mano por entre el escote de su blusa, acariciando esos senos jóvenes y duros, con unos pezones que invitaban a ser lamidos uno tras otro.

    Le quité la blusa como si fuese una remera y de un solo jalón la dejé sin brassier. Sus senos quedaron a merced mía. Los apreté y besé, les di lengua unos minutos y luego, quitándome mi bata de baño, la arrodillé frente a mí y le ofrecí mi pene, el cual ya estaba como una tabla, sacó su lengüita y lamiendo suavemente la cabeza, se la empezó a engullir como si de una paleta deliciosa fuese.

    Mis caderas comenzaron a moverse como si de su panochita se tratara, mi pene entraba y salía de su boca, y mis manos sobre su cabeza la tenían aprisionada, entraba y salía a una velocidad impresionante y sus gemidos se confundían con el ruido de la saliva al moverse al borde de sus labios.

    La ahogaba con mi miembro y ella no me soltaba tampoco. No me quería correr, así que al ratito la liberé de esta verga y nos fuimos hacia mi alcoba, donde la senté al borde la cama y quitándole la minifalda, descubrí unos pantis negros y de encaje que debían ser de su madre porque ella no tenía todavía la manera de conseguirlos. Le quito los pantis y noto que esta tan mojada como una gata bajo la lluvia.

    Bajo mis labios a su rajita, y mi lengua solo sube y baja por esa hendidura, su olor es divino y su gallito salta como frijol loco sobre un espejo, saboreo sus líquidos y la humedad baña mi bigote, mis dedos juegan con sus mojados labios, y ella gime de placer. 

    Desafortunadamente estábamos muy metidos en nuestro sexo que no escuchamos cuando alguien entró a la casa, y fue hacia la alcoba donde nos divertíamos. Se abrió la puerta y escuché, solo escuché

    —Qué es esto? ¡Cómo se atreven y en mi propia cama!.

    Era Sofía, que susto tan hijueputa el que se metió en mi alma. Mi lengua todavía en automático lamía la ranurita de mi vecinita.

    Nancy, no se inmutó, y en vez de asustarse, empezó a mover esas preciosas caderas, me jala hacia ella y agarrando mi polla, se la mete y jalándome por mis nalgas, siento como la penetro, Mi mujer, mi esposa, muda, alcanza a decir…

    —Dagoberto, que pasa? No ves que estoy aquí?

    Nancy la mira y le dice que se siente en el sofá y disfrute viendo a su marido comerse a la hija de su vecino. 

    Sofía queda quieta, Nancy se voltea rápidamente y poniéndose en cuatro me permite darle desde atrás, mientras la agarro fuerte por su cintura y doy rienda suelta a bombearle su deliciosa y apretada cuquita.

    Sofía se desliza por la pared que la sostiene mientras mirándonos, pregunta el porqué de mi acción.

    Le contesto agarrando a Nancy, porque, es un cuerpo joven, caliente, delicioso. Sofía se voltea para no mirar, y yo saliendo del sexo de Nancy, agarro a Sofía y la jalo, metiéndole su cabeza entre la piernas de Nancy, forzándola a lamer ese bello coño, trató de evitarlo, pero después de un minuto muy ávidamente siguió solita comiéndose a mi vecina, me puse detrás de mi mujer, y levantándole la falda, le bajé sus feas bragas y de una la enculé, solo un alarido escuché, le puse mi mano bajándole su boca a la cuca de Nancy y le di rejo por ese culo tan rico que si tiene mi mujer.

    Las cosas terminaron algo tensas, pero luego mejoraron, en otra ocasión les contaré.

    Me vine dentro del culo de Sofía, y Nancy se corrió en la lengua de mi mujer. Se levantó se vistió y se fue.

  • Confesiones en la playa

    Confesiones en la playa

    La playa estaba casi desierta. Era octubre y aunque hacía algo de fresco el día se había levantado cálido y soleado.

    Siempre celebrábamos el cumpleaños de Juan en alguno de los sitios que él elegía. Llevábamos unas cuantas cervezas dentro de una nevera con hielos y algunos juegos de mesa.

    Normalmente éramos todo el grupo pero habíamos partido la celebración en dos días y ese día coincidimos sólo cuatro. Yo, Juan, María y Jose. María y Jose estaban juntos desde hacía poco así que cuando me enteré esa misma mañana que venían no pude ponerme más nerviosa. Eso querría decir que estarían todo el día de morreo y magreo.

    Cuando llegamos pusimos las toallas en la arena, nos quitamos la ropa y yo me tumbé al lado de Juan. Jose y María se fueron directamente hacia el agua. Se adentraron en el agua y pudimos ver como se besaban frenéticamente.

    -Están follando -dijo Juan con una media sonrisa sin dejar de mirar hacia donde estaba la pareja.

    Yo me puse roja inmediatamente y no supe qué decir. Juan siempre tenía alguna frase para descolocarme y ponerme nerviosa. No sé si lo hacía para divertirse viendo como me sulfuraba o simplemente era su forma de hacer que cualquier situación fuese cómica.

    -¿Tú crees? -logré decir con un poco de timidez.

    -Ya lo creo. ¿Ves como se le están poniendo los ojos a María?

    Me fijé un poco y vi que en efecto María tenía los ojos entrecerrados y podía ver como miraba hacia arriba con cara de éxtasis. Los labios hacían una pequeña o las veces que dejaba de besar a Jose.

    -¿Te apetece jugar a algún juego? -le pregunté a Juan para salir de ese momento incómodo.

    -Claro, pero yo decido cual.

    -Como no. Es tu cumpleaños. ¿A qué quieres jugar?

    -A confesiones -en ese momento Juan me miró fijamente y no pude evitar arrepentirme de haber preguntado.

    -Está bien, pero deberíamos poner reglas.

    -Sin reglas. Lo único es contestar las preguntas que el otro haga. Tres preguntas por turno.

    Me quedé pensando un instante viendo las opciones que tenía para salir de ese embrollo pero la verdad es que no tenía ninguna.

    -Empieza tú -dijo él bebiendo un trago de cerveza que había sacado de la nevera.

    -Mmmm… ¿Lo has hecho alguna vez en un sitio público?

    -Joder Lucía. Claro que sí. Vaya preguntas me haces. Cómo si no nos conociéramos.

    Hacía tiempo que conocía a Juan y suponía que la respuesta sería afirmativa pero no sabía exactamente qué preguntar. Rápidamente se me ocurrió una pregunta mientras él esperaba mirándome fijamente.

    -¿Qué es lo que más te pone en el sexo?

    Juan estuvo a punto de atragantarse con la cerveza. Una pregunta simple pero que había hecho un efecto atípico en él.

    -A ver, ¿qué es lo que más me pone en el sexo? -se puso boca abajo mientras seguía bebiendo de la cerveza y miraba la arena- lo que más me pone es ver como la otra persona se retuerce de placer mientras la toco y la llevo al éxtasis hasta que se corre.

    Mi entrepierna empezó a hacerme cosquillas y a mojarse en un santiamén. Otra pregunta me vino de golpe y sin pensar, le pregunté.

    -¿Cuál fue la última vez que te pusiste muy cachondo?

    -Ahora mismo.

    Mi respiración se entrecortó de repente y el corazón me empezó a latir desbocado mientras no dejaba de chorrear por debajo de mi sexo.

    -Me toca. ¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste?

    -Hace dos semanas.

    -¿Qué te gustaría que te hicieran ahora mismo?

    -No sé… La verdad es que me gustaría que me besaran, que me acariciaran todo el cuerpo y me dijeran guarradas.

    -¿Y te gustaría…?

    Oímos como María gritaba mi nombre mientras la pareja venía hacia nosotros. Mi amiga me cogió del brazo y me levantó con tanto ánimo que empecé a reír como si fuera una niña. Fuimos corriendo hacia el mar y nos caímos cuando una ola nos barrió de golpe. Salimos a flote salpicándonos y jugando con el agua.

    Cuando nos cansamos de ese juego María se me acercó y me dijo sin preámbulos.

    -¿No te das cuenta de que a Juan le gustas?

    Hasta esa misma mañana no noté en ningún momento esa posibilidad. Siempre andaba de picos pardos con una u otra chica deambulando en algún pub. Nunca me había parado a pensar que le llegara a gustar a Juan, aunque alguna vez lo hubiera deseado con todas mis fuerzas. Esa ilusión dejé de imaginármela desde el día en que lo vi follando con dos chicas en la casa que compartíamos.

    Pero hoy ese deseo había vuelto a resurgir después del juego de confesiones.

    -Mira. Parece que viene hacia aquí -dijo María mientras se iba a la orilla.

    Antes de salir del agua le dijo algo a Juan tan bajito que no pude oír nada, se giró hacia mí y me guiñó el ojo con una sonrisa. Luego se fue corriendo y se tumbó al lado de Jose.

    Juan se fue acercando poco a poco y yo sentí más vergüenza que nunca. Me miraba como nunca lo había hecho, con tanta intensidad que sentía que me quitaba lo poco que tenía encima. Sin saber por qué, me giré hacia el horizonte y me sumergí en el agua.

    No sabía qué hacer pero tenía que salir a flote, si no me ahogaría. Cuando mis ojos se abrieron no vi por ningún lado a Juan. Miré hacia la orilla pero Jose y María también habían desaparecido. Sentí que estaba en un sueño cuando de repente noté que algo me rozaba la pierna. Di un respingo pensando qué bicho podría ser. Una medusa, un pez, una culebra de mar. Unos brazos me hundieron y me asusté de tal manera que di codazos y patadas con todas mis fuerzas hacia todos lados.

    -Joder Lucía… No sabía que tenías tanta fuerza -Juan había salido del agua y se cogía con una mano las costillas y con la otra la boca con cara de dolor, pero con una sonrisa en los labios.

    -¡Lo siento! ¡No sabía que eras tú!

    -Ya lo veo, ya. Tranquila, se me pasará en nada pero creo que me sale sangre por la boca.

    -Ay, no… déjame ver -me acerqué donde estaba él y al momento me cogió por la cintura y me levantó en volandas.

    Yo no paraba de gritar y de pegar manotadas contra su espalda mientras él corría por la orilla del mar. En todo ese rato no dejamos de reír hasta que él dio un traspié y caímos de bruces contra el agua y la arena.

    Dimos algunas vueltas enredándonos entre las olas, hasta que caí encima de él. Estábamos tan juntos que su cuerpo y mi cuerpo acoplaron de manera perfecta. Sus ojos no paraban de mirar mis labios. En vez de besarme como esperaba que hiciera me tiró boca arriba y él se puso encima de mí. Me cogió de las muñecas y me las colocó en la arena mojada. Se acercó poco a poco y me susurró al oído:

    -No sabes las ganas que tenía de estar encima de ti. Antes me has hecho que se me pusiera dura como un pepino.

    Mi corazón latía a mil y aunque el agua estaba fresca sentía mucho calor, sobretodo en el bajo vientre. Cerré los ojos y él me beso la nuca con suavidad. Mis brazos aún seguían inmóviles y aunque intentaba levantarlos Juan me los apresaba contra la arena.

    Siguió el ascenso hasta la oreja izquierda y me dijo:

    -Me estás poniendo muy cachondo.

    Cuando una vez más pasó su mirada sobre mis labios, me armé de valor y le besé.

    No fue muy largo porque de repente una ola nos sacudió por encima y nos atragantamos. Medio tosiendo medio riendo se me ocurrió mirar donde estaban nuestras toallas. José y María seguían sin aparecer.

    -¿Dónde han ido estos dos?

    -Me ha dicho María que nos dejarían a solas- dijo Juan más serio de lo normal.

    Hacía meses que conocía a Juan. Nos habían presentado unos amigos de la universidad a principios de curso y como los dos buscábamos piso decidimos alquilarlo juntos.

    Habíamos pasado de todo juntos y al principio conectamos de un modo asombroso, aunque nunca hubo un acercamiento tan claro hasta entonces.

    Le miré directamente. Su mirada era profunda y salvaje. Notaba como volvía ese repiqueteo en el pecho y las vibraciones en el estómago.

    La situación había dado un vuelco y ya no era sólo yo quien esperaba a que él se acercara. Los dos sentíamos una atracción repentina que igual podría haber surgido hace tiempo pero que ninguno había querido sacar a relucir.

    Seguíamos acostados en la arena pero ahora nos separaban dos palmos de distancia.

    Juan acercó su brazo a mi hombro, deslizó su mano por el pecho un segundo y empezó a acariciar mi vientre, mi espalda y mis piernas.

    Se acercó un poco más y me dio un beso. Esa vez fue mucho más lento y eléctrico que el anterior. A medida que su boca y su lengua se acomodaban noté como todo mi cuerpo pedía más y más. Empecé a jadear y acercarme mucho más a él. Puse mi pierna encima de su cintura apretándole contra mí y cogí su pelo corto por detrás estirándolo hacia abajo.

    -Lucia… si sigues así voy a tener que quitarte el bikini y follarte aquí mismo.

    Sonreí mientras le besaba en el cuello y sentía una especie de remolino por todo el cuerpo.

    -Joder. Me estás poniendo… demasiado. Te cogería ahora mismo y no te dejaría hasta que te corrieras -me dijo Juan con voz ronca.

    Al momento siguiente me metió la mano entre las bragas y un dedo dentro de mi coño. Gemí de placer y abrí un poco más las piernas.

    -Me parece que tú también estás cachonda.

    Me quitó el dedo de dentro y empezó a friccionar mi clítoris de arriba a abajo.

    Estaba tan fuera de mí que ya no me importaba si nos observaban. Sólo quería que siguiera dándole ahí abajo.

    -Más rápido. Más fuerte…

    Él me hizo caso y me dio más rápido y más fuerte.

    -¿Te gusta así?

    -¡Sí!

    Necesitaba correrme y como si él lo supiera siguió dándome aún más duro.

    -Córrete Lu.

    No pude más y en un estallido mi cuerpo convulsionó entero. Cerraba y abría las piernas, mis brazos apretaban el cuerpo de Juan y mi espalda se arqueaba. Todo un orgasmo. Como nunca antes lo había tenido.

    -Estás preciosa después de correrte.

    Me reí después de toda la tensión acumulada y la relajación que se apoderaba de mí.

    -Gracias.

    -¿Por qué me das las gracias? ¿Por el cumplido o por el meneo que te he dado?

    -Por las dos cosas.

    Le sonreí y él también lo hizo.

    Luego me dio un beso. Uno de los que siempre había querido que me diera. De esos que parece que no haya nadie más en el mundo. De esos que me hacen perderme hacia dentro y no querer salir nunca más.

    -Creo que nos tocara salir.

    Parecía que mis deseos no podrían hacerse realidad. Aunque también tenía frío y estaba empezando a tiritar.

    -Sí. Será mejor que salgamos.

    Nos levantamos y me di cuenta de pronto que no estábamos solos. Cerca había dos personas que habían ocupado un trozo de la playa con sus cañas, sus bolsas y su nevera.

    Me entró una vergüenza monumental y salí sin mirar hacia ellos.

    -Tranquila, que seguro que ellos también se lo habrán pasado bien -me susurró mientras recogíamos las toallas.

    -¿Tú sabías que estaban ahí?

    -No. Pero ni aunque lo hubiera sabido habría parado.

    -Ya veo, ya.

    Él se rio y me dio un beso fugaz al ver mi cara medio ruborizada medio enojada.

    -Venga Lu. Vamos a casa.

    Ese comentario lo había escuchado miles de veces, pero esa era la primera vez que tenía una connotación diferente.

    No sabía que sucedería a partir de ese momento. Pero tenía clara una cosa. Quería seguir haciendo sexo con él.

  • Los amigos argentinos

    Los amigos argentinos

    Agustín y Javier son dos amigos de argentina que conocí hace algún tiempo, ellos siempre me decían que querían cogerme duro, que me querían hacer su puta y cosas así, yo solo les daba el avión, estaban muy guapos, pero prefería no involucrarme con ellos.

    Hace unas semanas hicimos una reunión en casa de una amiga, celebrábamos el ascenso de su hermano a la gerencia, la fiesta estaba animada, ese día Luis no fue conmigo ya que él estaba ocupado.

    Las horas pasaron y uno a uno fueron cayendo de borrachos excepto Agustín y Javier, ellos seguían bailando y tomando, decidí salir de ahí y retirarme a descansar, ellos se ofrecieron a llevarme a casa, yo ingenuamente acepté, subí al carro de Javi y pensé que me llevarían a casa, mi sorpresa fue ver que nos dirigíamos a la casa de Agustín.

    Yo: ¿Que hacen a donde me llevan?

    J: Tranquila vamos a recoger unas cosas a su casa y nos vamos a dejarte

    A: Si Mony no pasa nada

    Al llegar a la casa insistieron en que pasara con ellos, me ofrecieron una cerveza, al ver su necedad acepté tomármela y les pedí que ya me llevaran a casa.

    Me dijeron que me relajara y me sentara en lo que ellos se cambiaban los zapatos, me resigne y me senté en su sofá a esperarlos. Pero mi sorpresa fue grande al ver que salieron desnudos de su cuarto, dos grandes pijas colgaban de su cuerpo y sus cuerpos atléticos me hicieron sudar un poco.

    Yo: ¡Que les pasa!

    J: ¡Mira como nos pones nena!

    A: ¡Mi animal está ansioso de devorarte hermosa!

    Yo: ¿Me van a violar o qué?

    J: Si tú lo quieres, claro que sí

    A: Monique no sabes cómo te hemos soñado.

    No pude evitar excitarme al mirar sus vergas bien duras y venosas, se acercaron lentamente a mí, yo que ese día traía un minivestido azul que apenas me cubría el trasero no podía evitar que se me subiera y mostrara mis nalgas.

    A: ¡Que nalgas más ricas tienes!

    J: ¡Sos una diosa!

    J: ¿No te gustan nuestras vergas?

    A: Vamos devóralas como solo tú sabes hacerlo nena.

    No pude evitarlo y comencé a acariciar ese par de vergas duras, comencé a ponerles mis tetas y a darles suaves besos, comencé a meterme a la boca la de Javi, era la más grande y venosa, abría mi boca para meterla entera, con mis manos jugaba con los testículos de Agustín, mientras ellos me comenzaban a desnudar.

    Tome las dos vergas y las lleve a mi boca, las metía como podía, apenas si me cabían, ¡ellos me apretaban la cabeza pera que no dejara de devorarlas!, Pase a devorar la verga de Agustín, era más gruesa, Javi me tomo de la cabeza y me empujó hacia Agustín, la verga de Agustín me ahogaba, me escurría la baba de que apenas si podía respiras.

    A: ¡Que rica boca!

    J: ¡Que puta Moni, eres muy rica!

    Me llevaron a la cama, Javi se acostó y Agustín me puso en cuatro, mientras yo comía verga, Agustín me penetraba suavemente, me acariciaba las nalgas y espalda, mientras yo devoraba a Javi, Agustín me levanto una pierna para metérmela más rico, yo seguía atragantándome con Javi.

    A: Que rica concha, me aprietas maravilloso la pija.

    J: Mamas riquísimo puta.

    Me levanté y subí a cabalgar a Javi. El apretaba mis tetas mientras yo me dejaba caer en su durísima y grande verga. Agustín nos grababa y me incitaba a moverme más rápido

    A: ¡Así nena, que rico te mueves, dale duro amigo!

    Yo: Son unos cancheros.

    J: La canchera eres tú, coges divino.

    Agustín se sentó en la cama y yo hambrienta de verga me comencé a dar de sentones en él, Javi grababa todo mientras mi mano jugaba su verga.

    A: ¡Que rico me coges nena!

    J: ¡Que buena estas!

    Yo: ah que rico, te gusta cómo salto?

    A: Sí, me vas a sacar todo.

    J: Eres una potra salvaje, el cornudo nos se imagina como estas ahora.

    A: ¡Si! ¡Cuando llegues a casa tendrá que mover nuestro semen.

    Yo: Cállense y cójanme más.

    Agustín me saco la verga de la vagina y empezó a estimular mi ano, Javi me la empezó a meter por la vagina, Agustín estaba sentado, pero levantándome la cadera y Javi me levanto las piernas de tal forma que ambos me cargaban, Javi me penetro fuertemente mientras mordía mis pezones, Agustín estimulo mi ano con mis fluidos y me empezó penetrar suavemente.

    Yo: ¡Me duele!

    A: Que culo más rico y apretado.

    J: Eres la mejor putita.

    Yo gritaba, pero el placer era enorme, ambos se movían y mi culo se abría más y más, Javi me mordía los pezones y el cuello, Agustín gritaba del placer que sentía al metérmela por mi culo.

    A: ¡Nena me encantas!

    Yo: Que rico coges mi culo.

    J: ¡Que puta eres!

    Agustín no resistió más y se vino, eyaculo fuera de mi culo lo cual me decepciono un poco, ahora era el turno de Javi.

    J: Ponte en cuatro y limpia con tu boca a Agustín

    Yo: ¡Métemela papi y lléname de leche!

    A: Que sucia eres.

    Yo: ¡Cállate y goza!

    Javi me la metió muy rápido y fuerte, yo casi vomitaba sobre la verga de Agustín. Me encanta como me embestía Javier, yo gemía y Agustín animaba a su amigo.

    A: Así hermano, haz gritar a la puta.

    J: Es una puta muy rica, que culo.

    Yo: ¡Javier me matas!

    Yo movía mis caderas salvajemente, el me daba de nalgadas y yo seguía chupando la polla de Agustín, casi la mordía del dolor-placer que sentía a cada embestida de Javier.

    Yo: ¡Que rico, me matas!

    J: Exprímeme mi verga nena

    A: Sácasela toda Moni.

    Yo me movía desesperadamente, los movimientos de Javi también se aceleraban con fuerza.

    J: Nena me vengo, me corro todo.

    A: Si amigo llénala toda

    Yo: Dámela papi, dame tu leche

    J: ¡Muévete puta, muévete!

    Yo: ¡Dios mío!

    Me empezó a llenar de su semen, yo también escurría y Agustín también sacaba más lechita.

    Yo: ¡Que rico me llenas papi!

    J: Mueve tu culo nena, así rico muévelo.

    A: Mi amor eres divina, sin duda la mejor.

    Termine acostada en medio de los dos, ellos me besaban todo mi cuerpo, yo me tomaba fotos y videos de cómo salía semen de mi culo, al final cogimos una vez más, llegue al amanecer a mi casa toda adolorida de mi culo, pero bien cogidita.

    Saludos de su amiga Lety.

  • La mano del muerto

    La mano del muerto

    Soy Tacho y esto sucedió hace unos meses ya que mi hermana Gabriela cumplió su mayoría de edad y puede ir a fiestas y ya se siente que se manda sola, a mi siempre me mandan a buscarla y traerla.

    Bueno pues está vez mi madre me mandó a traerla de una fiesta que había ido con mi amigo el muerto a unas cuadras del parque.

    Cuando llegué no los encontré así que me regresé por el parque, cuando oí unos ruidos extraños atrás de unas bancas, sin hacer ruido me acerqué y si ahí estaban acostados.

    Él la tenía en sus brazos empinándole la botella para que tomara, yo iba a intervenir pero me acordé que a Gabi le gusta tomar, después del trago empezaron a agasajar, yo me quedé quieto.

    Comenzó a meterle mano bajo la blusa y sacando sus pechos empezó a besar y comenzó a mamar ella gemía y le daba otro tragó a la botella. El muerto bajó su mano desabrochó el pantalón y comenzó a masajearle la panocha ella lo besaba con desesperación.

    -¡Gabriela que haces!

    Mi voz se oyó fuerte, que de un salto se levantaron, el muerto se volvió a caer ya que estaba tomado y decía: ‘cálmate Tacho cálmate’.

    A Gabriela se la cayeron los pantalones, nunca la había visto así con los pechos de fuera, que valla que los tenía grande y las piernas blancas, blancas con una panocha bien peluda, todo se distinguía a la poca luz del parque.

    -Vamos que mamá ya está preocupada y tu muerto mejor vete.

    Gabriela se acomodó la ropa y cuando llegamos mi mamá la regañó y la mandó a dormir, yo me fui a mi cuarto estaba muy enojado porque ese muerto se había pasado con mi hermana.

    Pero no podía dormir solo de recordar a mi hermana desnuda y como la estaban dedeando, así que me saqué la verga y empecé a masturbarme, durante un rato, me calenté más y recordé que como los cuartos no tienen puertas me fui a gatas hasta su cama y ahí estaba tendida a todo lo ancho de la cama.

    Lentamente metí mi mano bajo las cobijas y empecé a acariciar su pierna suavecita, me saqué la verga y así de rodillas me empecé a masturbar, subí mi mano, toqué su vientre y más fuerte se hacía mi respiración cuando subí mi mano a sus chiches, las apreté un poco recordando cómo el muerto las mamaba y más rápido me masturbaba, ella se movió un poco.

    Quieto, quieto aguanté la respiración. Lentamente baje mi mano hasta la panocha y la empecé a masajear con ganas de meterle un dedo imaginar que la estoy penetrando y más rápido me masturbo, sigo y sigo masajeando cuando una mano aprisiona la mía y la empuja hasta lograr qué mis dedos se introduzcan y quedé atrapada entre sus piernas y ella se retuerce, un frío sudor recorre mi espalda y una voz que dice ‘no pares sigue sigue’.

    Yo me masturbo con más fuerza ya no hay vuelta atrás mi verga explota y dejo batido el colchón.

    Siento la mirada de Gabriela en la oscuridad, y su voz susurrando en mi oreja ‘vas a ver con mi mama, Tacho’.

    -No! No! le digas por favor. -Ahora era yo quien imploraba su silencio.

    Ahora somos muy buenos amigos, yo la acompaño a todas las fiestas para cuidarla y así mi mamá no se preocupe.

    Ella de vez en cuando me deja verla cuando se baña y a veces me deja tocarla de más cuando se le pasan los tragos y también le echo aguas cuando se pone a coger en el parque.

  • Follando en el túnel de la avda. de Salgado Torres

    Follando en el túnel de la avda. de Salgado Torres

    Era un día de invierno, era de esos días oscuros y lluviosos. Cuando iban dar las 11 de la noche, entraba yo en la estación de autobuses. Iba directo a los aseos públicos, buscando alguien que me follase.

    Antes había ido a la estación de ferrocarril y no había tenido suerte, por lo que antes de irme para casa ya que el día no estaba para bajar al centro, en busca de una polla que me diera por el culo, se me ocurrió ir antes a los aseos de la estación de autobuses y ver si por casualidad tenía suerte.

    No era de los sitios que más me gustaba ir, pero tal y como estaba el día y como se presentaba la noche, con la calentura y excitación que llevaba, antes de rendirme y marchar para casa, decidí pasar por los aseos de dicha estación.

    Nada más entrar, me encaminé directamente a los aseos públicos, era lo mejor, ya que si quedaba mirando a ver si entraba alguien o el movimiento que había, sabía que muy probablemente no me atrevería a entrar. Así que nada más entrar a la estación de autobuses, fui directamente a los aseos.

    Al entrar a los aseos solo había una persona, era un mulato que estaba meando o al menos así lo parecía ya que estaba situado en el último de los urinarios.

    Yo con algo de nervios y miedo al ver a aquel hombre, que además de ser grande como el solo, que podría ser mi padre y que era mulato, claramente se veía que era emigrante, me había intimidado un poco. Con algo de miedo, me situé en el primero de los urinarios, justo el más alejado a donde se encontraba aquel hombre que me intimidaba.

    Desabroché el pantalón y sacando la polla me puse a mear. Estaba empalmado y caliente a más no poder, por lo que me costó algo soltar un pequeño chorrito. Mientras estaba en este proceso, con miedo y disimulo, miraba de reojo hacia aquel mulato, el cual, sin alterarse, miraba hacia mí viendo mis reacciones.

    Veía que yo me encontraba algo nervioso y miraba con disimulo hacia él. Así que, sin inmutarse, se separaba del urinario, dejando que yo pudiese verle toda la polla y lo empalmado y dura que la tenía.

    Apenas pude verle la polla, ya que en el momento en que yo empezaba a mirar con todo el disimulo, entraba en los aseos, un policía. Al parecer era uno de los policías que había en uno de los despachos de la estación, y que iba a mear y no estaba haciendo ninguna ronda. Por supuesto ninguno de los 2 sabíamos eso, así que nada más ver entrar al policía, guardamos la polla saliendo ambos de allí. Yo que fui el primero en salir, me dirigí escaleras abajo, haciendo como si fuese a coger el autobús de línea. El mulato que vio la dirección que yo cogía, hizo lo mismo que yo, siguiendo mis pasos.

    Al llegar al andén, nervioso como estaba, saqué un cigarrillo poniéndome a fumar, mientras pensaba que hacer. No sabía si volver a subir y marcharme de la estación, o esperar un poco y volver a los aseos. Justo en ese momento, volví a ver al mulato que estaba en los aseos. Había bajado siguiéndome, y ahora miraba para mí, esperando a que yo me diese cuenta y lo siguiese.

    Se había dado cuenta de a lo que yo había ido a los aseos, y no perdía la esperanza de que yo fuese con él. Le había gustado, un joven, probablemente hambriento de polla, caliente y excitado. Y por supuesto él no iba dejar pasar aquella oportunidad. Estaba dispuesto a hacerme suyo y darme lo que yo había ido a buscar. La mala suerte fue que cuando ya casi tenía a su presa, la entrada de aquel policía había echado por tierra aquella oportunidad, la cual no se resignaba a perder.

    No quería desaprovechar aquella ocasión que se le había presentado, por lo que siguió mis pasos, esperando a que yo lo siguiese. No quería perder aquella presa, aquel joven, aquella noche iba ser suyo. Iba a bajarme los pantalones y encularme bien enculado. Le gustaba el culito de aquel joven.

    Así que vio que yo me había dado cuenta de su presencia en el andén, sin dejar de mirarme, fue andando hasta el final de este. Allí giró la cabeza para ver mi reacción, y viendo que yo lo seguía con mi mirada, moviendo la cabeza me hizo señas para que lo siguiera.

    Iba saliendo de la estación de autobuses, por la entrada de estos a la estación. Aunque estaba prohibido salir por allí los peatones, bajé del andén, disponiéndome a seguirlo. No se a donde quería llevarme, y algo de miedo me daba, pero la calentura y excitación que ese día tenía, me hizo seguirlo pese a lo que aquel mulato me intimidaba.

    El mulato al ver que yo lo seguía siguió caminando, mirando de vez en cuando hacia atrás, cerciorándose de que yo lo siguiese.

    Salió de la estación de autobuses, volviendo a girar la cabeza, a ver si yo lo seguía, como vio que yo iba unos cuantos metros atrás, siguió andando, ahora fuera de la estación de autobuses.

    Ahí lo perdí de vista durante unos momentos, justo hasta que yo al igual que él, salía de la estación, donde volví a verlo.

    Lo fui siguiendo a ver a donde quería llevarme, viendo que nos encaminábamos hacia el túnel de la avda. de Salgado Torres. Al principio dudé, pero como estaba lloviendo y no había sitio donde poder refugiarse, decidí continuar hasta la entrada al túnel, al menos allí podría esperar a que amainase la lluvia. Una vez allí ya vería si seguía sus pasos, o decidía volver por donde había venido, y marcharme para mi casa.

    Cada vez que me acercaba más a la entrada al túnel, la oscuridad que había, me hacía perderlo de vista. No sabía si seguía andando por aquella acera, o si se había cambiado para el centro de la calzada, la cual dividía los carriles del túnel, uno iba hacia donde nosotros nos encontrábamos, y el otro iba en dirección opuesta. En el centro del túnel, el cual dividía ambos sentidos de la circulación, también había una pequeña acera y donde había unas grandes columnas, las cuales eran los pilares que soportaban dicho túnel.

    Cuando llegué a la entrada al túnel, me paré para ver si divisaba al hombre aquel y que era lo que hacía. Apenas se podía ver nada, solo se escuchaba el ruido de las filtraciones de agua, que caían en cascada por varios lugares del túnel.

    Dudando en seguir o no a aquel mulato que algo me intimidaba, decidí incursionar un poco más adentro del túnel, a ver si podía divisar algo. Di unos cuantos pasos, teniéndome que parar y bajar de la acera para poder seguir, justo delante mía, caía una cascada de agua que apenas dejaba ver y la cual impedía el paso sin mojarse completamente, ya que la cantidad de agua que caía era muy grande. Nada más salvar aquel pequeño obstáculo, di de narices con el hombre que me estaba esperando, él podía ver mejor, ya que al mirar de dentro del túnel hacia fuera, la pequeña claridad de la entrada al túnel, le permitía verme, cosa que los que venían de fuera para adentro del túnel, apenas teníamos visión, al toparnos con la oscuridad del túnel.

    Nada más tropezar con él, quedé paralizado, no esperaba tropezar con aquella mole de hombre, que me intimidaba y excitaba a la vez. Todavía dudaba en continuar siguiéndole los pasos, cuando de repente me di de bruces contra aquel mulato.

    Dios que susto llevé, al darme de narices contra el mulato. Ahora sí que no había escapatoria, si lo que buscaba aquel hombre era robarme, me tenía delante de sus narices. Pero no, lo que él buscaba, no era robarme, si no que lo que el quería, era darme por el culo y hacerme suyo. Después de conseguir que lo siguiera, ahora ya había logrado que entrara en el túnel teniéndome al alcance de sus brazos. Allí lo iba hacer suyo, e iba a cogerse a aquel joven. Ya se había ilusionado al verlo entrar en los aseos públicos, pero la inoportuna entrada de aquel policía había echado por los suelos la ocasión que se le había presentado aquel día. El joven estaba para comérselo, era delgado y menudo, y un culo que le había entusiasmado, aquel bombón iba a ser suyo, y ya lo tenía al alcance de sus manos.

    Yo al darme de narices, encontrándome delante del pedazo de mulato al que seguía, quedé paralizado sin saber que hacer ni poder reaccionar. Noté como me agarraba con sus brazos, tirándome hacia él, mientras me decía, ven, anda no temas, ven con tu papito que lo estás deseando, me decía abrazándome a él. Aquí no nos va a molestar nadie, y no tenemos policía que nos controle, me decía abrazándome a él a la vez que llevaba sus grandes manos a los cachetes de mi culo.

    Ven aquí, anda que lo estás deseando, me decía sobándome el culo con sus grandes manazas. No temas que no va a pasar nada, no te voy a hacer nada que tú no estés deseando, mmm, que culito más rico tienes, me decía abrazándome a él mientras me sobaba el culo con sus manos.

    Quiero probar este apetitoso culito que tienes, y que estoy seguro de que estás deseando entregarme. Ya verás cómo te voy a hacer disfrutar con mi chota dentro de este tierno culito.

    Yo que apenas pude reaccionar, dejé que me abrazara y fuese metiéndome mano, sobándome el culo con aquellas grandes manazas. Dios, el mulato aquel, me agarraba los cachetes de mi culo, levantándome prácticamente en el aire. Metía sus manos por la raja de mi culo, manoseándome totalmente, haciéndome que me excitara más, y fuese perdiendo el miedo que al principio tenía.

    Me pegó a la pared de aquel túnel, mientras seguía metiéndome mano sobándome el culo y ahora la polla y genitales, mientras me hablaba.

    ¡Ufff que salido me andas! Mira que durita tienes la polla, me decía. Tienes ganas de pinga, ¿eh? Te gusta la verga, ¿verdad?

    Yo que no decía nada, solo me agarraba a él, dejando que me manoseara, temblando y gimiendo de placer mientras aquel mulato me iba manoseando el culo y genitales.

    Estando allí contra la pared de aquel túnel, siendo manoseado por aquel mulato, pasó un vehículo que, aunque no podía vernos, al pasar nos salpicó a causa de los charcos de agua que había, dejándonos bien mojados.

    Ven dijo el mulato, sujetándome por la mano. Vamos un poco más adelante, decía llevándome con él, de la mano. Anduvimos unos cuantos metros más adelante del túnel, cruzando hacia la acera que dividía los carriles de ambos sentidos, quedando resguardados por una de las grandes columnas que tenía y tiene dicho túnel.

    Aquí estaremos mejor, dijo el mulato, pegándome a la columna y empezando a desabrocharme la cazadora que llevaba puesta.

    Así, así, decía, aquí nadie nos verá, y no nos volverán a salpicar los coches, mmm, que bomboncito más rico tenemos, decía mientras terminaba de desabrocharme la cazadora a la vez que llevaba su boca a mi oreja, mordisqueándome el lóbulo de esta.

    Yo que me dejaba hacer, temblaba nervioso y excitado, sabiendo lo que aquel mulato iba hacerme, y aunque lo estaba deseando y a eso había ido buscando, los nervios y excitación que tenía me tenían agarrotado, haciéndome temblar y manteniéndome paralizado.

    Empezó a aflojarme el cinturón, siguiendo luego desabrochándome el pantalón, mientras me decía que no tuviera miedo. No tengas miedo, anda, que sé que lo estás deseando. Ve sacándome la chota que te mueres de ganas por tenerla dentro tuya, ya verás como te va a gustar y lo que vas a disfrutar con ella.

    Temblándome las manos, empecé a aflojarle el cinturón, igual que había hecho el conmigo, siguiendo luego con el pantalón, el cual desabroché el botón que tenía, bajando luego la cremallera. Apenas se podía ver, pero nada más terminé de bajarle la cremallera, mientras él metía sus manos por dentro de mi pantalón y slip, acariciándome la polla y genitales, saltó como un resorte la verga de aquel mulato.

    Dios, el pedazo de cabrón, no llevaba nada debajo de los pantalones, saltó la verga tiesa y dura, asustándome al principio el tamaño de esta, hasta que temblando la agarré con mis manos, acariciándola mientras su pantalón iba cayendo por sus piernas. Joder, apenas podía ver, pero mientras la acariciaba con mis manos, pude notar que el muy cabrón del mulato tenía una muy buena verga, pero lo que más me llamó la atención, eran las enormes bolas que tenía. La hostia, además de tener unas pelotas enormes, el muy cabrón estaba totalmente rasurado, no tenía ni un triste pelo, ni en sus bolas ni en su pubis.

    ¿Te gusta? Me dijo mientras mantenía sus manos por dentro de mi pantalón y slip.

    Acariciándole con mis manos aquella verga y genitales, medio embobado y sorprendido, le pregunté, ¿no tienes pelo?

    No, me contestó, esta mañana me depilé totalmente, ¿te gusta lo que ves?

    Joder, si apenas se podía ver nada, pero el tacto que se podía sentir me agradaba, por lo que moviendo la cabeza afirmativamente, le contesté que sí.

    Te gusta mi chota, ¿eh mi linda putita? Decía bajándome los pantalones y slip, dejándome de cintura para abajo desnudo delante suya, a la vez que agarraba mi polla tiesa y dura, acariciándola junto a mis genitales.

    Pues es toda para ti, mi amor. Te la voy a meter en este lindo culo, haciéndote mi hembra esta noche. Me decía sin dejar de acariciarme la polla y genitales. Ya verás que rica la vas a sentir cuando la tengas dentro de este lindo culito, decía llevando uno de sus dedos a la entrada de mi ano.

    Anda, agáchate y chúpala un poquito, verás que rica sabe. Anda agáchate, y abre esa linda boca que tienes, me decía empujándome con sus grandes manos apoyadas en mi cintura.

    Obedeciendo a lo que me pedía, me fui agachando mientras me sujetaba a sus piernas, y una vez tuve la cara a la altura de su verga, agarrando aquella chota que me iba a dar por el culo aquella noche, la fui introduciendo en mi boca.

    Primero pasé la lengua por la punta del glande, dándole un lengüetazo saboreando aquel líquido preseminal que empezaba a asomar, pringando toda la cabeza de la verga, notando un ligero sabor salado y dulzón a la vez, gustándome como sabía. Luego abrí la boca todo lo que podía, empezando a chupar la cabeza de aquella hermosa chota que muy pronto me iba hacer suyo, me iba abrir el culo, haciéndome que fuera su hembra.

    ¡Ohhh mi amor! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh mi linda putita, ooohhh que gusto! ¡ufff que boquita, dios! Suspiraba el mulato, sujetándome la cabeza mientras me introducía su polla en la boca. Así mi linda putita, así, chupa y trágala toda, ¡ooohh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba mientras jadeaba e introducía su verga en mi boca, impulsando sus caderas y sus enormes pelotas golpeaban mi barbilla cada vez que su polla entraba en mi boca.

    Con sus manos apoyadas en mi cabeza, iba acariciándome el pelo a la vez que movía lentamente su pelvis, haciéndome tragar lentamente aquella verga. Así putita, así, ¡ohhh que rico! ¡ohhh que rico! Decía entre suspiros, mientras yo tragaba e iba chupando aquella polla que el mulato metía en mi boca, a la vez que acariciaba mi pelo y cara.

    Mientras yo le chupaba y saboreaba la chota al mulato, con mis manos acariciaba sus enormes pelotas, e iba deslizando mi mano por su vientre y pubis, notando la suavidad de su piel, al no encontrar ningún pelo. Me gustaba y excitaba aquella sensación de su piel totalmente depilada.

    Después de tenerme agachado un buen rato tragando y chupando su verga, me levantó sujetándome por los brazos, y mientras empezaba a desabrocharme la camisa, pasaba su lengua por mis labios, empezando a morrearme, metiendo su lengua en mi boca y mordisqueándome el labio inferior.

    Así mi linda putita, así, me susurraba mordiéndome el labio inferior y metiéndome la lengua en la boca saboreando y jugando con mi lengua, mientras me iba desabrochando la camisa. Ahora quiero que me des tu lindo culo, quiero que seas mi hembra y te entregues, dejándome entrar en ti. Quiero que pruebes mi verga, quiero meter mi chota dentro de tu culo. Vamos a preñarte esta barriga, me decía terminando de desabrocharme la camisa, acariciándome el abdomen con sus enormes manos.

    Oh que buena estás, mi linda putita, susurraba acariciándome el abdomen con sus manos y lamía y mordisqueaba mis duros y excitados pezones. Estás caliente ¿eh putita? Me susurraba mientras iba mordiendo mis pezones duros y excitados.

    No te preocupes mi linda putita, me decía, dándome la vuelta a la vez que me quitaba la camisa y cazadora, dejándome prácticamente desnudo en la oscuridad de aquel túnel. Ahora quiero que me entregues tu lindo culo, quiero que seas mi hembra y me dejes entrar en ti.

    Notando el frío y humedad de la noche me fui girando torpemente, ya que el pantalón y slip que tenía a la altura de los tobillos, me impedían moverme con soltura, cosa que el mulato se percató de dicha circunstancia, por lo que, agachándose a mi costado derecho, sacándome el zapato de aquella pierna, terminó de sacarme el pantalón y slip de ella, dejando libre mis piernas de aquella traba que me impedía moverme con soltura. Luego hizo lo mismo con la otra pierna, dejándome al final, desnudo por completo, en el interior de aquel túnel, donde me iba a dar por el culo, haciéndome su hembra.

    Así, así mi linda putita, ahora apoya las manos en la columna, me ordenó, llevándomelas sobre ella. Así, me decía sujetándome por la cintura para que me inclinara un poco.

    Anda, ábrete de piernas e inclínate un poquito. Así, así, me susurraba, mientras yo me abría de piernas inclinándome un poco, dejando mi culo expuesto y listo para ser ultrajado por la chota de aquel mulato, que me iba hacer su hembra, aquella noche, en la oscuridad de aquel túnel.

    Llevó su mano a la entrada de mi ano, y luego de pasar sus dedos por la entrada, introdujo un dedo haciendo que mi esfínter se abriera, dejando que esté se introdujera en mi interior.

    ¡Ohhh! Grité al notar como su dedo se introducía en mi culo, ¡ohhh! Volví a gritar cuando este se movía haciendo que mi esfínter se abriera a la vez que se iba dilatando, permitiendo la incursión que dicho dedo iba haciendo en mi culo.

    Dios, que pedazo de dedo tenía el cabrón del mulato, además de gordo, tenía unos dedos bien largos, el hijo de puta.

    Sacó el dedo, escupió en su mano, volviendo a pasar la mano por mi hoyo, lubricándolo con su saliva. Volvió a presionar con un dedo, haciendo que este entrara y fuese lubricando mi esfínter, ¡ohhh! Volví a gemir al notar entrar su dedo en mí.

    Tranquilo, tranquilo, me decía el mulato, ábrete bien de piernas y relaja el culo para que se vaya dilatando el esfínter. Así putita, así, relájate y deja que te vaya abriendo el culo con mis dedos, me decía mientras iba introduciendo otro dedo en mi culo, terminando por abrir mi culo completamente, dejando paso a sus dedos y que estos fuesen profanando mi cuerpo, a la vez que me iba lubricando con su saliva.

    Abriéndome todo lo que podía de piernas, me apoyaba en aquella columna, inclinándome mientras el mulato introducía 2 de sus dedos en mi culo, e iba dilatándome para luego meterme su polla haciéndome su hembra.

    Dios, me sentía toda una puta, allí inclinado, mientras el mulato me iba dilatando el culo para luego follarme. Eran los pensamientos que tenía, lo vicioso y puta que era, por dejar que me despelotaran y me dieran por el culo. Además, que estábamos en plena vía pública, y aunque era un túnel, y era muy raro que alguien pudiera pasar por allí a aquellas horas, cualquiera que se atreviera igual que lo habíamos hecho nosotros, nos podría sorprender. Además, que los jadeos y gemidos que dábamos se podían escuchar perfectamente. Solamente el ruido que hacían las filtraciones de agua al caer tapaba un poco nuestros jadeos y gemidos.

    Una vez me tuvo bien dilatado el culo con sus dedos, sujetándome por la cintura, se pegó a mi culo, y mientras me abría con sus piernas, colocó la punta de su polla en la entrada de mi ano ayudándose con su mano, y una vez colocó esta en la entrada de mi ojete, sujetándome por las caderas, tiró de mí a la vez que impulsaba su pelvis, introduciéndome toda su polla en mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Grité notando como su polla se introducía, dejándome con la boca y ojos abiertos, notando como aquella chota del mulato, me abría en canal, introduciéndose en mí.

    Ya, ya putita, tranquila, tranquila que ya la he metido. Ya la tienes toda dentro, mi amor. Ya eres mi hembrita, me decía dándome unas palmadas en el culo mientras esperaba a que mi culo se fuese dilatando y acostumbrando a la chota que me había incrustado.

    ¡Oh que lindo culito! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Susurraba pegándose a mi espalda, mientras mordía mi nuca y hombro, a la vez que pasaba sus manos por mi abdomen acariciándome.

    Teniéndome así pegado a él unos minutos, fue poco a poco moviendo lentamente su pelvis, haciendo que su polla fuese deslizándose poco a poco por mis entrañas, haciéndome gemir por el gusto que me estaba dando.

    Notaba su bulto de carne incrustado en mis entrañas, abriéndome el culo, y sus enormes pelotas pegadas a la entrada de mi ano, y como poco a poco esta se iba deslizando por mis entrañas, notando como rozaba mi próstata incrustándose en lo más hondo de mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gimoteaba notando como me iba follando, haciéndome su hembra.

    Poco a poco iba incrementando la velocidad y las envestidas que me daba, hasta que se podía escuchar el golpeteo que daba su pelvis y pelotas al chocar con mi culo, cada vez que introducía su polla en él.

    Plof, plof plof, se escuchaba junto a los gimoteos que daba yo, y al mulato gritar, toma putita, toma, toma maricón, querías polla ¿eh? pues toma polla, toma, gritaba ensartándome una y otra vez la chota el mulato.

    Dios, yo no podía más, con cada envestida que me daba, prácticamente me levantaba en el aire. La polla del mulato me llegaba a la boca del estómago. Menos mal que él era fortachón, y con las manazas que tenía, me sujetaba pegándome a él, sino me hubiese empotrado contra la columna del túnel.

    Ya llevaba un buen rato dándome por el culo, haciéndome su hembra, cuando empezó a apurar las envestidas, gritando, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto!

    En esos momentos noté como su verga se hinchaba, empezando a eyacular dentro mía. Noté varios chorros largos derramarse dentro de mi culo, y como el mulato clavaba sus dedos en mi cintura, culeándome salvajemente.

    ¡Ohhh me corro! Me corro, me corro, ¡ooohhh ohhh maricón que gusto! Gritaba llenándome el culo de leche.

    Una vez su polla terminó de soltar todo el semen que sus pelotas contenían, sin sacarme la polla del culo, manteniéndome abrazado a él, empezó a morderme la nuca y cuello, mientras me iba diciendo lo bueno que estaba y lo mucho que le gustaba.

    ¿Te gustó mi hembrita? te gustó como tu papito te ha preñado, ¿eh? Me iba diciendo, manteniéndome abrazado a él, sin dejar de mordisquearme.

    Teniéndome así abrazado, llevó su mano a mi polla y genitales, viendo que yo seguía empalmado y con la polla toda pringosa.

    ¡Uy, pero si mi putita no se corrió! Me susurraba al oído, empezando a menearme la polla.

    No te preocupes mi hembrita, ya verás como ahora vas a tener un orgasmo, decía sin dejar de menearme la polla.

    Empecé a temblar y gemir, notando como mi polla empezaba a eyacular, soltando largos trallazos de semen que fueron a pegar contra la columna de aquel túnel.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Me corro, me corro, gritaba yo soltando varios trallazos de semen.

    Así mi hembrita, así, suelta toda tu lechita, me decía el mulato meneándome la polla mientras me mantenía abrazado a él y me mordisqueaba el cuello y nuca.

    Una vez terminé de eyacular y no salía nada de mi polla, notando como su verga iba saliendo poco a poco de mi culo, me soltó de su abrazo, y dándome la vuelta para ponerme frente a él, sujetando mi cabeza con sus grandes manos, pasó su lengua por mis labios, luego de lamer mis labios con su lengua, mordió mi labio y mientras me daba piquitos en los labios, me iba empujando con sus manos haciendo que me agachara, diciéndome que ahora le chupara la polla y se la dejara limpia.

    Anda putita, abre la boca y chupa la polla que te hizo gozar tanto, y saborea la lechita que te ha preñado, haciéndote toda una hembrita.

    Haciendo lo que me decía, me agaché poniéndome de cuclillas, y llevando aquella verga que terminaba de darme por el culo, dejándomelo preñado de leche, abrí la boca empezando a chuparla.

    Así maricón, así, trágala toda y chúpala. Así, déjala bien limpita, ¡ooohhh que goloso y vicioso me saliste, maricón!

    No sabía mal, estaba pringosa y resbaladiza, gustándome como sabían los restos de semen que quedaban y la flacidez de la chota del mulato.

    Una vez le hube dejado limpia y reluciente la polla al mulato, levantándome, empecé a recoger la ropa, vistiéndome mientras el mulato me acariciaba el culo y esperaba a que me vistiera. Una vez vestido, salimos los 2 juntos del túnel, acompañándome él hasta prácticamente mi casa.

    Allí nos despedimos, no sin antes manosearme de nuevo el culo el mulato, y quedando para vernos otra vez y volver a ser su hembra.

    Iba para casa, con el culo bien abierto y follado, y sobre todo repleto de semen, con el que el mulato me había preñado aquella noche en el túnel de la avda. de Salgado Torres, que hay en mi ciudad, La Coruña.

    Podéis escribirme a:

    [email protected].