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  • El primer encuentro: Juan y Gabriel (1)

    El primer encuentro: Juan y Gabriel (1)

    No nos saludamos mucho, porque nos habíamos dicho ya lo esencial antes, por el correo, aunque fuera a aquellas horas de la noche. Ya sabíamos lo que nos apetecía hacer, si bien yo tenía miedo, como me solía suceder, ante este hombre que conocía en imagen pero del que no podía saber cómo respondería, cómo olería, qué tono tenía su voz…

    No nos saludamos mucho, sólo una sonrisa, hola, hola, y nuestros nombres. Cerré la puerta. Se notaba algo de frío ya, habíamos tenido que esperar para conocernos al otoño, desde el verano. De todas maneras yo también estaba temblando de nervios, impaciente a la vez que deseoso de marcharme de allí porque temía no estar a la altura, no portarme como debía, decir alguna tontería. Me acerqué a Juan y le tomé las manos, que me habían llamado la atención en las fotos, por la fortaleza que parecían tener. Le besé la palma de las manos, las llevé a mi cintura y luego fui subiendo yo las mías por sus brazos, hasta el hombro. Era como si fuésemos a bailar. Me acerqué más a él y, diciendo otra vez su nombre, lo acabé con un beso.

    Él me respondió suavemente, igual que yo le había besado. Estábamos empezando a conocernos, ese sí era un baile que empezábamos de cero. Volvimos a besarnos, esta vez más fuerte, abrazándonos ahora, sintiendo el otro cuerpo, el calor, la presencia en la cabeza y en los músculos tensos. Ahora las lenguas se tocaban, se reconocían, aprendían otro sabor, las rugosidades y las lisuras, el ir y venir de las lenguas se acomodaba a los pequeños movimientos que hacíamos para acomodarnos a los besos sin más palabras.

    Juan, volví a decir en voz baja. Era ya un suspiro, era satisfacción de mirarle de cerca, la barba, los ojos. Empecé a besarle la barba, los labios, el cuello.

    Sin decirnos mucho nos fuimos quitando la ropa, qué más necesitábamos. Él ya me había visto, yo me había dejado llevar por el deseo sin objetivo que tenía acumulado, pero su cuerpo era un descubrimiento. Le fui acariciando los pezones, los lamí, le acaricié la fuerte espalda, pasé las manos desde atrás hasta la cintura, besé el ombligo, otra vez los pezones, los dedos que tanto me gustaban. Él me correspondía, lentamente, como habíamos quedado que nos gustaba, rozando la piel enteramente.

    Ahora los pantalones. Yo me agaché antes de que se quitara el calzoncillo, para lamerlo, lamer el exterior del pene, que se veía estaba excitado. Toqué los testículos, levemente volví a acariciar sus pezones mientras le iba lamiendo el exterior del calzoncillo, que iba bajando cada vez un poquito más. Por fin lo descubrí por completo. Estaba excitado y se erguía, yo me aproximé y besé la punta, mientras llevaba las manos a los testículos con la mayor suavidad. Saqué la lengua y fui recorriendo el pene de arriba abajo, de abajo arriba, antes me había quedado seco por los nervios, ahora la saliva parecía milagrosamente recuperada. Fui mojando su verga imponente, y luego me la metí en la boca, poco a poco, saboreando cada segundo, cada sensación. Él iba acompañando mis movimientos con los suyos, atrás y adelante. Paré un poco, disfrutando de la situación.

    Nos fuimos a la cama, que hasta entonces había estado sola, sin uso, tanta era nuestra necesidad. Ahora ya pensábamos más en el momento que venía después, en la tranquilidad excitada que nos quedaba por delante. Besándonos mucho más, nos acariciamos mutuamente, brazos, dedos, pezones, nalgas, testículos, íbamos y veníamos para no olvidar lugar alguno, para seguir sin hablar y sin embargo sabiendo lo que estábamos diciendo, con apenas indicaciones que nos descubrían qué era lo que se esperaba.

    Nos pusimos a lamernos los penes como si tuviéramos miles de horas por delante, sabiendo que pronto acabaríamos, sin embargo. Yo descubrí que a él le agradaba que le fuera presionando bajo los testículos, alcanzando brevemente la zona secreta. Seguí, más interesado en él que en mi mismo, chupando, presionando, incluso metiendo el dedo en su ano, sin saber si aquello le gustaría. Acerté por sus movimientos, que así me lo indicaron. Vi que la presión iba subiendo, los movimientos se hacían más rápidos, se movió con alguna violencia esperada, que yo esperaba con la boca abierta, la lengua dispuesta, su semen me inundó la boca, se me salía por las comisuras, mientras yo sonreía y él gemía un poco. Tragué aquel líquido caliente de sus entrañas y fui poco a poco limpiando con la lengua todo su glande, dejando todo preparado para la segunda parte.

    Habíamos parado un momento, y estábamos acurrucados uno con el otro, Juan me había pasado el brazo por encima, y yo reposaba la cabeza sobre su pecho. Respirábamos tranquilos ahora, pues habíamos agotado en un momento -no sé cuánto tiempo- todo el deseo que llevábamos alimentando con los correos y las fotos. Qué bien se estaba en brazos de aquel hombre, sintiendo su olor, alzando la mirada para ver el rostro que conocía desde hacía meses pero que sólo ahora había podido besar y admirar desde tan cerca.

    Sonreí y acaricié la barba, me separé un poco y comencé a acariciarle el pecho, yendo despacito alrededor de los pezones, simulando que me enredaba entre mis pensamientos y su cuerpo, tocando con la yema de los dedos la piel tersa y tan bronceada. Me detenía cuando veía que le agradaba, porque le cambiaba la respiración o me sonreía especialmente. No hablaba más que para preguntar ¿te gusta? en voz baja, o bien me acercaba a su oído y se lo susurraba, y dejaba que la lengua se me quedara demorada en el borde de su oído, hasta llegar al lóbulo, del que tiraba y medio mordía, y le susurraba otra vez ¿así?, y dejaba escapar el aire, que a los dos nos daba un escalofrío de placer presente y futuro.

    Bajé a sus caderas, a los muslos tan musculosos. Íbamos creciendo en intensidad, ahora ya volvía la sangre a los penes, empezábamos los dos a erguirnos aunque acostados. Saboreé las orillas de los muslos, dejando sin tocar lo que más deseaba volver a probar: su pene grueso, expectante, al que fingía ignorar porque iba acariciando los muslos y que se moviera lentamente conmigo, que seguía adorando este cuerpo soñado y deseado y que ahora estaba conmigo, todo mío y de él, compartiendo mi deseo.

    Me puse sobre Juan, los penes se tocaban, iban como dos animales que se buscan sabiendo que al final se han de encontrar. Los junté con las manos, estábamos igual de empalmados, las venas se correspondían en una conversación sin palabras entre los deseos. Me agaché y besé su pene, grueso, apetecible, delicado y fuerte. Me deslicé por él con los labios, rodeando su diámetro con la boca, de vez en cuando mojándolo con la lengua.

    Me volví a poner sobre Juan, sobre sus caderas, y empecé a acariciarle el pecho, a bajar por los brazos hasta las manos, que entrelacé con las mías. En ese momento me empecé a mover, acomodando su pene vibrante, me agaché sobre su boca, nos besamos intensamente, con las manos todavía siendo unas, hasta que me solté para estar más pegado a él, besando otra vez todos los espacios de su cuerpo, los párpados, los labios, la nariz, diciéndole al oído «Cómo me gustas», y repitiendo su nombre: Juan lo era todo en ese momento, el mundo era su cuerpo, su respiración, su pene era mi encuentro con el deseo, así que volví a bajar a su centro.

    Sujeté con los dedos sus testículos, tensos, rodeándolos flojito con los dedos para ir estudiando los detalles de su piel, de su contorno, y luego los fui repasando con la lengua, recordando su sabor de antes y de ahora. Otro escalofrío le recorría el cuerpo, luego se centraba en la punta del pene, y yo era parte de ese terremoto inesperado y bienvenido. Ahora dejaba los dedos en sus testículos y subía con los labios por su pene, iba descubriéndolo, iba lamiendo el glande, destapando y mojando, soplando para que el frío lo excitara. Volví una y otra vez a subir y bajar con los labios rodeando el pene enhiesto, pulsante. Por fin me subí a la cima, besé y tragué la cabeza del animal que me buscaba, mientras yo me iba acariciando mi pene, hasta que Juan me hizo darme la vuelta y empezó también él a besarme y acariciarme el pene, igualmente deseoso. Pero yo quería probarle que me quería dedicar sólo a él, e insistí en mis besos, en lamer y chupar y devorar. Intenté meter el pene totalmente en mi boca y lo conseguí, ahogándome pero contento de la asfixia por deseo. Fui metiendo y sacando al animal que me visitaba y me daba tanto placer, entraba y salía, yo me movía con las manos por donde encontraba un hueco, entraba y salía de mi boca, y cuando salía yo decía «Juan», porque no me atrevía a llamarlo «Cariño» o a pedir «Sigue, sigue».

    Yo seguía enredado en su cuerpo, en su pene, enredado en las caricias a sus pezones, a la cara, a las nalgas que acariciaba, era todo manos para todo él que era todo mi mundo nuevamente. Sólo había él, y yo estaba para servirle sin pedir nada.

    Noté que un seísmo se acercaba, por las señales secretas y subterráneas que enviaba. Noté cómo se iba acercando, y me preparé para la segunda venida de su semen, que presagiaban los músculos tensos, la respiración agitada, sus manos en mi cabeza, y finalmente el grito contenido, apenas empezado, que se terminó en llenarme la boca otra vez de su jugo cálido. Me fui calmando poco a poco, disfrutando de su regalo, que otra vez me inundaba. Tragué como si la sed fuera eterna, lamí como si no quisiera recuerdo en su cuerpo. Me corrí al poco como si fuera a morir satisfecho en la batalla elegida.

    —–

    Era imposible esperar más de aquel encuentro, porque llevábamos tanto tiempo agotándonos, buscando el placer en el roce de la piel, que era una sola para los dos, una misma idea en dos cuerpos sin más miradas que las de buscar al otro en uno mismo, encontrarse en los besos, usar la lengua sin hablar, la garganta para ser besada, los brazos para rodear y apretar lo que ya no era Juan o Gabriel, sino el único ser del mundo en esos momentos. Todo beso, todo abrazo, todo hablar en voz baja o no decir nada más que lo que podía decir una mirada directa a los ojos, la mirada que luego iba descubriendo el cuerpo sin fronteras de nos daba tanto placer.

    Volvimos a besarnos lentamente, sonriendo y acariciando las cabezas, sujetándonos porque la debilidad se iba apoderando de nosotros, porque era imposible esperar algo más del día, no había fuerzas más allá de la sonrisa y de los dedos entrelazados, y los besos enseguida retirados, las lenguas que se conocían ya como de siempre. Era imposible moverse sin que la lasitud de los músculos, relajados completamente, dejara duda. Había terminado aquel arrebato, habíamos perdido la idea del tiempo, y sólo nos quedaba reposar y estar contentos con esta felicidad que nos envolvía, nos llevaba en la ola de los brazos y los besos.

    Y sin embargo Juan no había terminado. Me sujetó las nalgas, me las acarició mientras me besaba. No sé cómo nos pusimos de rodillas el uno frente al otro y volvió a besarme con una pasión renovada, que se explicaba con las manos y los dedos que me rozaban y me devolvían a la vida, hacían que el milagro otra vez volviera, que mi pene y el suyo se buscaran como si quisieran ellos también besarse, ser uno como lo habían sido nuestros cuerpos enteros. Cuánto tiempo estuvo besándome, cuántos besos fueron compartidos, enormes, en la boca que pensaba que ya debía descansar y sin embargo comprendía que todo lo anterior era apenas la idea de lo que vendría, que Juan era el sueño hecho realidad. Nos abrazamos, aún de rodillas, con esa tensión de mantenernos rectos que competía con la de nuestros penes que se volvían a levantar pidiendo más, desde el cansancio hasta la maravilla de este ataque. Juan me lamió los pezones, me sujetaba el pecho y me apretaba sin dolor, con pasión, me mordía apenas y me llegaba al alma, adentro del cuerpo que anhelaba otra vez ser suyo, pero ahora a su altura.

    Yo le acariciaba sin pensar ya, besaba, lamía, chupaba los brazos, el pene, el ombligo, sus nalgas, sus muslos, todo era saliva y sudor y pasión que nos arrastraba a los dos. Logré derribarle en la cama y le di la vuelta. Me senté sobre sus nalgas y fui masajeando su espalda, a veces suave, a veces apretando, preparando los músculos para luego, mientras mi pene se deslizaba entre sus nalgas, que yo iba mojando. Me retiré no sé cuándo y comencé a lamerle las nalgas, que abrí y entre las cuales fui pasando la lengua, bordeando el ano, lamiendo más fuerte, y, mientras lo hacía, sujeté con la mano su pene que salía entre las piernas renovado, hinchado como antes no lo había visto. Bajé la boca a su pene, lo limpié con la lengua llena de él y de mi. Le di la vuelta a Juan, que ahora me miraba acaso preguntándose cuál era mi intención.

    Yo me iba acariciando el pene, me rozaba con él, besaba a Juan otra vez de arriba abajo; ya no decíamos nada. Me puse sobre él, y lentamente me fui situando sobre su pene tan grueso. Poco a poco, usando la mano, lo fui guiando hacia mi ano, que primero acarició, y luego penetró con un dedo. Me estremecí, pero no había llegado el momento todavía. Retiré su dedo y me fui acercando más a su pene, guiando con la mano ahora su miembro a punto de estallar. Fui buscando la posición adecuada, el ritmo para que él y yo fuéramos buscando lo mismo, el placer del estallido. Entró.

    Entró y yo no sé si estaba yo o éramos miles los que nos movíamos en el mundo que ocupábamos. Fue entrando poco a poco, averiguando las posiciones, controlando la fuerza del empuje. Yo me había sentado sobre él y ya tenía dentro todo su pene, sentía todo él buscando la manera de descargar y de sentir. Me fui moviendo yo también explorando el cuerpo en el mío. Llegamos al momento ideal. Él cada vez más rápido, yo, cada vez más en su poder. Estalló. Estallé. Estuvimos un rato sintiendo cómo Juan se corría dentro de mi en una inacabable corrida que me volvía loco porque me llenaba de él a la vez que yo me corría sobre su vientre, los dos callados y a la vez hablando con los cuerpos, sin falta de más. Seguí siendo suyo un tiempo que no sé cuánto era porque el placer me mantenía en su poder, sintiendo su pene adentro de mi, sus brazos tocándome, sus manos acariciándome

    Así, no sé cómo, terminó aquel primer encuentro con Juan.

  • La cola comprada

    La cola comprada

    Marcia trabajaba en unas oficinas donde también yo trabajaba. Tenía entre 25 y 30 años, no más. Los días en que decidía ir con pantalones ajustados, eran una fiesta, una recreación a la vista. Uno de los mejores culos que se recuerden (para mí el mejor). Obviamente no faltaban los galanes que se tiraban lances ante semejante hembra. Porque cabe decir que no solo el culo, sino además el conjunto. En lo personal tenía buen trato con ella y solíamos charlar e incluso bromear sin que me vea tentado de avanzar. Las charlas terminaban casi siempre aludiendo a esa parte de su anatomía: su tentador par de nalgas.

    -Algunos pagarían lo que sea por tenerlas, le dije cierta vez.

    -Oye…

    -Ya lo sé… solo seguía el tren de bromas que acostumbramos a tener. Tal vez no fue una broma afortunada, pero nunca insinuaría que vayas a venderte!

    -Ja! Lo sé. Igualmente y solo por curiosidad: ¿Cuánto pagarías?

    -Yo? No lo sé… y además creo que no me corresponde poner precio a mí… Te podría ofender una baja cotización! Je!

    – Ja-ja! Comprendo, es verdad… corresponde que la propietaria estipule precio, verdad?

    -Seguro!

    -Te diré algo, me dijo y se acercó a mi oído. En voz baja me murmuró una cifra y reí.

    -¿De verdad? Mira por donde estipulas menos de lo que yo presumía!

    -Aaah! Ya, ya… veo que soy una pésima comerciante! Ja ja ja!

    – Tanto es así que hasta yo me animaría a juntar mis ahorros o acaso tomar un préstamo con tal de…

    -Hazlo…

    -Tonta bromista…

    -Ya no bromista. El juego me terminó gustando aunque nunca se me había ocurrido. Y antes de entregarlo a alguno del que equivocadamente me sienta enamorada…

    -¿Hablas en serio? No te creo. Eres una bromista pero no me harás caer en tu jueguito!!! Jajaja!

    -No, de verdad que no bromeo…

    -Bueno, amiga. Deja que estudie el panorama y te contesto. Mientras tanto cuida bien la “mercadería”.

    -Jaaaa… puedes estar tranquilo!

    De verdad la broma terminó por transformarse en algo más concreto y tentador. Así que no lo pensé demasiado. Tenía formas de reunir la cantidad de dinero y eso hice. Días después se lo dije:

    -¿De verdad? -preguntó

    -Sí, claro, le dije. Ahora soy yo quien no bromea. Solo que hay alguna condición.

    -Dime…

    -Antes de concretar la operación, verificar el estado del objeto a negociar…

    -Oye… no te pases de listo!

    -De ninguna manera. Solo hablo de verificar a simple vista. Creo que me ayudaría incluso a tratarlo, a tratarte mejor…

    -Okey… ¿Dónde lo hacemos?

    -No tendría inconveniente que sea en mi departamento. Pero para tu tranquilidad dejo que tú decidas.

    -En el mío esta noche…

    -Bien. Allí estaré…

    Luego del trabajo fui hasta mi casa a darme una ducha, comí algo, me vestí y ya llegada la noche partí hacia su casa. Llegué y estaba en salida de baño, con el cabello aún húmedo. Era un monumento a la tentación.

    -Disculpa que te reciba así, pero a lo que vienes no tenía mucho sentido recurrir al guardarropas! Ja!

    -Bien pensado… ¿Vamos?

    -Qué apurado! Jajajaa!

    -¿Para qué demorarlo? Quiero que quede tiempo para invitarte a cenar!

    -Acepto… y te descuento el valor de la cena…

    -Jajajajaaa! Tonta, no es necesario.

    Me tomó de la mano y me llevó hasta su alcoba.

    -Dime ahora qué debo hacer…

    -Pues… deja tu bata a un lado y si no tienes nada debajo, solo ponte a gatas sobre la cama…

    Seguramente a propósito, se puso de espaldas y dejó caer la prenda. Ay, señor! Lo que era ese monumento de carne! Fuera del pantalón, su culo mantenía la firmeza y la forma perfectamente. Esfuerzos hube de hacer para no abalanzarme!

    Muy despacio se acercó a la cama, apoyó las manos, apoyó una rodilla y fue subiendo. Se ubicó para descansar graciosamente los codos en la cama y el rostro en sus manos. Así la cola le quedó levantada y ofrecida a la vista.

    -Permiso para palpar…

    -Concedido!

    Rocé la piel primero con el reverso de la mano. Luego fui con las palmas directamente a acariciar. Divino! Le separé las nalgas y el orificio fruncido, pequeño y delicado se asomó a mí. Acerqué la cara para que el olfato me trajera el aroma a culito recién duchado. Ella se dejaba inspeccionar tranquilamente. Manteniendo las nalgas separadas me animé a ir con la lengua y rozar apenas las delicadas carnes. Tuvo un sobresalto y me retiré.

    -Disculpa si te hice mal…

    -No, para nada. Solo que me dio como… una descarga eléctrica!

    -Vaya si tienes sensibles tus partes… Déjame otro poquito.

    Sin esperar respuesta fui directamente a lamer el hoyo cerrado y apretado. Ella se abandonó para ofrecerse meneando la cintura.

    -Oye… ¿de qué va esto?

    -De nada… simplemente estoy catando…

    -Pues para ser “catación”, va de puta madre!

    -De verdad?

    -Sí, pero si me ves muy caliente te aprovecharás…

    -No lo arruinaría de esa manera. Descuida!

    -Pues… sigue catando un poco más.

    No me lo hice repetir. Mi lengua fue haciendo que los músculos se le aflojaran e incluso insinuaran una penetración. Marcia jadeaba hecha un volcán. Rocé apenas los labios de su concha para descubrir lo empapada que estaba. Entonces ya directamente le lamí con fuerzas el ojete en tanto mis dedos la masturbaban provocando sus gemidos. Mi verga pugnaba por salir del pantalón y le di el gusto de liberarse. Hubiese podido ir a penetrarla pero me contuve. Poco tiempo duró la faena entre su cola y su concha, hasta que vibró con un orgasmo intenso. Se dejó caer en la cama y me tiré a su lado boca arriba.

    -Eso estuvo genial… dijo

    -Me alegra oírlo!

    Se dio la vuelta hacia mí y entonces reparó en mi verga dura y enhiesta como un mástil…

    -Oye… me apena verte así de duro. Puedo hacer algo por ti? –dijo con picardía.

    -No sé si se te ocurre algo…

    -Supongo que si.

    Alargó la mano y me la agarró para pajearme despacito. Después bajó y se la comió literalmente. Chupaba y masturbaba. Poco trabajo tuvo hasta que sentí venir el torrente que le llenó a boca. Tragó y lamió hasta limpiarme todo.

    -Vaya nochecita… ¿tienes algo más en mente?

    – De cama no… Quedará para mejor ocasión… ya tu sabes!

    -Me encanta que me trates así. Te lo agradezco… agradezco que vayas paso a paso!

    -Y claro que si… son momentos que no deben arruinarse por tontera o apresuramiento. ¿Vamos a cenar?

    -Te agradezco, amigo, pero mejor comemos algo acá y charlamos… Ya habrá ocasión para una cena!

    Cenamos, conversamos y acordamos que en breve nuestro “negocio” se concretaría. Por lo pronto, nada más al día siguiente le deposité lo convenido y se lo hice saber.

    -Pues solo me resta cumplir mi parte, dijo. Si estás de acuerdo nos tomamos el sábado para “redondear la operación”.

    -No veré las horas pero tendré tiempo para prepararme… y por favor: no rompas nada en tanto llega el día. Jajajaa!

    -Jaaajaaa! Tienes cada ocurrencia! Tranquilo…!

    Y efectivamente los días hasta el sábado transcurrieron lentos. Imaginé cómo sería el acto y cómo haría para disfrutarlo plenamente. Igualmente pretendía que ella no lo pasara mal ni mucho menos. Que su primer anal fuera inolvidable pero no por sufrido… Por lo tanto y por lo pronto, lo primero que hice fue aprovisionarme de un buen lubricante!

    Llegó finalmente el día. Como un enamorado más, me apersoné en su departamento con un buen ramo de rosas en la mano.

    -Pero que gentil… muchas gracias y aprecio mucho tu detalle!

    Tomó las rosas para ponerlas en agua. Luego me enfrentó y dijo:

    -Bien… y aquí estamos. Yo preparada para cumplir mi parte…

    -Si si… y no sé qué idea tengas, pero te propongo algo. Obviamente sería muy brusco ir directamente al hecho. Te propongo que comencemos haciendo el amor como cualquier pareja, para que luego todo vaya fluyendo.

    -Me parece genial, dijo y me abrazó para que nos besáramos.

    Después me llevó hasta su recamara donde nos seguimos besando y acariciando. Poco a poco la fui desnudando. Hice que se acostara y quité mis prendas. Quedé desnudo ante ella y con la verga a “media asta”.

    -Emmm… primero lo primero, pero no puedo evitar pensar en lo segundo… ¿crees que “eso” me entrará donde tú sabes?

    -Tranquila… te aseguro que sí y que seré harto cuidadoso y gentil…

    Me acerqué para besarla desde el cuello para abajo hasta estacionarme en sus tetas. Se las lamí, besé y mordí muy despacio; mientras mi mano buscaba los labios de su concha que iba tomando humedad. Ya luego bajé más y se la chupé hasta dejarla al borde del orgasmo. Un orgasmo que logró luego de penetrarla y apenas hacerle jugar mi verga. Y mejor que fue así pues no quería acabar y cuidar dureza para el momento más esperado.

    -Mmmmm. Delicioso, dijo. Empezamos bien!

    -Era la idea… de que te aflojaras!

    -Lo lograste!

    Después y sin que se lo pidiera, se dio la vuelta y quedó acostada boca abajo. Su cola era como un imán para mis ojos. Acaricié muy despacio esa suavidad que ya conocía. Enseguida volví a separar esas nalgas firmes para encontrar el delicioso agujerito que custodiaban. Volví a lamerlo para hacerlo estremecer y humedecerlo. La tomé por las caderas como para indicarle que se apoyara en las rodillas. Desde atrás le fui frotando el ano para dejarle caer mis fluidos y mojarlo aún más. Insinué una penetración para probar su cerrazón. Y estaba aún muy cerrado!

    Tomé algo de gel lubricante y se lo esparcí cuidadosamente. Apoyé el dedo y lo hice entrar apenas la primera falange. Apretó el culo y le dí un par de palmaditas para que se soltara. Volví a ponerle lubricante y embarduné bien toda la parte e incluso se lo hice entrar. Otra palmadita y le apoyé la verga justo a la entrada del ojete. Empujé pero no pude vencer la resistencia del esfínter. Le pedí que pujara como para evacuar cuando sintiera mi embate. Así lo hizo y la cabeza de mi pija ganó espacio. Se quejó como acusando dolor.

    -Tranquila y no aprietes. Vamos despacio para que te acostumbres…

    Me mantuve quieto pero sin sacar el miembro. Sentía como el anillo muscular me apretaba justo donde termina el glande. Una presión deliciosa que me invitaba a avanzar. Volví a dejar caer lubricante sobre mi verga y le pedí que pujara otra vez. Cuando sentí que lo hacía volví a empujar y me introduje varios centímetros.

    -Me duele… creo que no lo soporto…!

    -Aguanta un poquito y mantén la cola floja, abierta…

    Entonces se apoyó en su cara y trajo las manos hacia atrás para abrirse las nalgas. Empujé y volvió a contraer los músculos a la defensiva.

    -Sácamela un momento, por favor… luego volvemos a intentar!

    Se la saqué y se tiró a descansar.

    -Ya te decía yo que no entraría…

    -Va a entrar y de hecho ya entró. No te preocupes y deja que te haga más mimos en esa colita hermosa…

    Volví a lamerla y acariciarla con la lengua. Cada vez más humedad le encharcaba el ojete. Luego volví a hacer que se arrodille izando la cola. Puse algo más de lubricante en la punta de mi pija y volví al ataque. Ya no necesité darle indicaciones. Cuando sintió la presión pujó y el culo cedió al empuje. El glande y algo más ganaron espacio culo adentro. La sostenía por las caderas y empujaba muy despacio. La verga avanzaba ya casi hasta la mitad.

    -Vamos bien?

    -Ya no me duele tanto… pero detente un momento.

    Así lo hice y al cabo de minutos retrocedí hasta solo dejar el glande adentro. Después volví a entrar lentamente. Repetí eso dos o tres veces más, aprovechando en cada una para ir algo más adentro. Se iba acostumbrando. Bajé una mano acariciando y masturbando su concha. Como para darle placer y distraerla mientras llevaba ya casi toda mi verga a sus interiores.

    -Mmmm… con esa “ayudita” se va poniendo más interesante, dijo sonriendo.

    Detuve un momento el empuje para solo masturbarla. Marcia acusó recibo y empezó a menearse ya descuidando la atención del intruso que le desfloraba el culo. Así que aproveché los meneos y se la terminé de meter toda.

    -Ay… que llena me siento! Creo que mi cola se terminará “enviciando”!

    Oír eso y cogerla fue simultáneo. Deslicé la verga por su apretado canal y la masturbé más rápido. Se volvió loca y entró a menearse y a buscar ella misma más penetración. Yo por mi parte hacía malabares para no acabar ante el trato que recibía mi verga entre sus carnes! Apenas después el ritmo fue frenético y loco! Hasta que sentí que llegaba a su orgasmo y le largué toda mi leche allá bien adentro! Aprisionada en su culo, mi verga tardó en ablandarse, por lo que la seguí cogiendo a puro placer!

    Así se cerró nuestro trato. Después y durante nos seguimos encontrando para coger, ya sin compromisos “contractuales”. Muchas de esas veces, los encuentros en la cama fueron exclusivamente de sexo anal, ya que realmente Marcia le había encontrado el gusto a esas prácticas y lo disfrutaba. Tanto como yo lo disfrutaba penetrándola.

  • Mi empleo en la inmobiliaria (Parte II)

    Mi empleo en la inmobiliaria (Parte II)

    Después de lo sucedido en el relato anterior, les contaré como seguimos, ya que el día a día ya no era como hasta entonces, pero la vida te da sorpresas.

    La semana siguiente volví a la inmobiliaria, pues no podía no concurrir ya que estaría en falta y podría ser despedida sin justa causa, mi cara no era de las mejores, me dediqué hacer mi tarea y el aire era un tanto tenso, sin emitir palabra ni existencia de dialogo salvo lo justo y necesario.

    Así fueron pasando las semanas, hasta que el viernes de la tercera semana, Carlos el hijo de la inmobiliaria, antes de retirarme me dice, “Andrea no podemos estar más así sin hablarnos”; mi respuesta cortante, “hasta mañana llego tarde a la facultad”, y me fui, él se quedó mirándome como esperando otra respuesta, mañana Dios dirá lo que acontecerá; al día siguiente sábado suena mi celular y Carlos me informa que no vaya a la oficina que iba a recorrer algunos inmuebles, mi respuesta “okey adiós”, sin brindar oportunidad para más dialogo.

    Al siguiente lunes vuelvo a la oficina, y no habrán pasado ni 10 minutos que llega Enrique, el dueño de la inmobiliaria y padre de Carlos, era raro que él venga por la oficina, ya que todo está en manos de su hijo; me saluda muy amablemente con una sonrisa, y luego cambia su rostro para dirigirse a su hijo, yo de reojo observaba la situación que no era de las mejores, trate de simular todo de la mejor manera, el padre no estaba tratando muy bien que digamos a su hijo, por lo que podía entender eran cuestiones de negocio, pero me di cuenta que Carlos

    Le tenía un poco de temor a su padre.

    Después de un intercambio de palabras entre padre e hijo, Don Enrique antes de retirarse se me apersona hacia mí y me dice, “Andrea confío en ti y en tu tarea, necesito que me mantengas al tanto de lo que pasa aquí”, “si Don Enrique en lo que esté a mi alcance en informarle a usted no dude que se lo haré saber”, luego de esto me saluda amablemente, y desde la puerta dirigiéndose a su hijo le dice “y tu ponte a trabajar”, y se fue, Carlos quedo maldiciendo y dando un golpe en el escritorio, yo seguí trabajando en lo mío, pero pensando para mis adentros, “tengo que aprovechar esto para mí”. Al día siguiente Carlos me pidió que le alcance unas hojas, mi respuesta fue, “disculpa, ahora no puedo tengo que llamar urgente a Don Enrique”, jaja la cara que puso no se las puedo describir, así que esa sería mi estrategia, cada vez que me pedía hablar Don Enrique estaría primero, hasta que un día se puso mal, me dice, tengo que hablar contigo Andrea es urgente, yo en mi escritorio seguía trabajando, Carlos se levanta y viene hacia mí, y me dice, ¿“escuchaste que te hable”?, lo miro seria con el celular en mano, y me dice “no llames a mi padre”, y le respondo “ay disculpa ya está sonando” y se fue maldiciendo.

    Después de observar las reacciones de Carlos y con ganas de hablar imagino yo de lo sucedió (en el anterior relato), una mañana me dice, “hoy podremos hablar por favor”, a lo que le respondí, “okey llévame a cenar y hablamos”, de más está decir que su mirada quedo perpleja, y en mis labios una sonrisa socarrona, su respuesta muy bien, además debo aclarar que al momento de elegir la estrategia del teléfono llamando a Don Enrique, cambie los pantalones por polleras, y por eso Carlos estaba un poco “nervioso” jeje.

    Esa noche fuimos a cenar hablamos de cualquier tontería, jamás le iba a recordar que él quería hablar ni nada por el estilo, cuando terminó la cena, me llevo a mi casa, y me dice, “cierto que quería hablar contigo”, y mi respuesta fue “adiós, hasta mañana”; los días siguieron y cada vez que quería hablar le salía con ir a cenar, así tres veces por lo menos; ya me estaba cobrando de alguna manera lo que me había hecho, pero en realidad tenía ganas de acostarme con él pero en otro modos, y no por la fuerza o la violencia como lo había hecho.

    Así que en una de esas fuimos a cenar, me vestí con vestido un tanto corto y tacones, y mi conjunto de ropa interior negro, y cuando subía a su camioneta, le dije no me lleves a casa, me mira perplejo y me dice, “Donde te llevo Andrea”, y mi respuesta fue sencilla, “llévame al telo cariño”, me hubiese gustado fotografiar su cara de asombro.

    Llegamos al hotel, entramos a la habitación, y antes de rodearlo por el cuello, me quite el vestido quedando solamente con mi conjunto de lycra negro, Carlos quedo asombrado, lo rodee con mis brazos por el cuello y lo bese profundamente, de a poco le fui quitando la ropa, y le quite el calzoncillo, su pene estaba a punto de estallar, le tome con mis manos su miembro y acaricie sus testículos duros, y le dije, “¿así no está mejor que la vez anterior?” desabroché mi sostén y lo empuje a la cama, me arrodille sobre él, recogí mi pelo, y acaricie mis pechos, sin dejarlo de mirar a los ojo, “¿te gustan las tetas?”, y poniéndole los pezones en los labios le dije, “toma chúpamelas como tú sabes”, y comenzó a lamerme las tetas, las devoraba, y yo jadeaba aaaahhh, mi tanga estaba empapada, en eso me voltea de espaldas, me levanta las piernas y me quita la tanga, colocándome un dedo en mi vagina, muevo mi cintura, y me dice “¿te gusta?”, siii, me acaricia los labios vaginales y toca mi clítoris lo que me hace jadear, se sube sobre mí, e introduce todo su miembro, abro bien las piernas y muevo toda mi cintura, y le digo “ayyy asiii asiiii no pares, hay que rico lo haces, aaaahhh”, me dice voy a venirme, y le respondo la quiero en mi boca, se levanta y le entrego mi boca abierta, y me introduce su pene siento como su leche caliente me llena la boca, la trago y le limpio el pene con la lengua, me recuesto agitada; lo miro y le tomo el pene con la mano, “¿te gustó?, me responde “si Andrea que bien que coges”, y le aprieto el miembro y le digo, “ves que no me tendría que haberme violado “ y le apreté bien su pene, con lo cual logre que se le pare nuevamente, me coloque en cuatro patas, y le dije “te falta hacer algo todavía”, y entendiendo la indirecta, me refregó su pene por detrás, me acarició el ano, separando mis nalgas, comenzó a besarlo y a pasarle la lengua, salivó mi ano y colocó un dedo para dilatarlo, y luego otro, lo que me hizo dar un grito, luego sentí su glande en la entrada y comenzó a empujar, cuando ya entro toda la cabeza grite “aaayyy así ponla toda, la quiero toda adentro mío”, y fue entrando toda y bombeando sin parar, hasta que sentí toda su leche adentro de mi.

    Después de esta vez, volvimos a hacerlo varias veces, me llego a pedir casamiento, pero lo quería solo para coger, no era mi idea casarme por aquel entonces, con el tiempo me fui de la inmobiliaria, Don Enrique lo sintió verdaderamente que me fuera, y me confesó que su hijo me iba a extrañar.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • Mi sexfriend vergón se fue a París

    Mi sexfriend vergón se fue a París

    Le pedí a un cuate con el que cogía seguido que me contara de sus aventuras ahora que se fue a vivir a Francia. 

    “A veces, los días viernes cuando salgo del trabajo me voy con mis colegas a tomar algunas copas de vino. El alcohol, como a muchas personas, me prende y me pone querendón. Ya ambientado, cuando termina la fiesta con mis colegas, me voy a buscar desmadre.

    Donde vivo, hay muy buenos lugares de Cruising. A mi me gusta mucho uno que se llama Krasbar ubicado en el pleno corazón del barrio gay de Paris: Le Marais. 

    Lo que me gusta de ir a ese bar es la emoción que siento. Cuando llegas nunca sabes lo que vas a encontrar o lo que vas a hacer. Sólo sabes que vas con un objetivo: tirar los mecos.

    La mejor hora de llegada es a eso de la media noche. Para llegar, tienes que tocar el timbre y luego atravesar un pasillo completamente negro que te saca al bar; pido mi cerveza o mi botella de agua gaseosa, dejo mis cosas en el guarda-ropa (abrigo, saco, mochila…), me remango mi camisa y me dispongo a ir a la parte baja del lugar. Es inevitable ver alguna de las cuatro pantallas con porno gay que, obvio, me hacen entrar en calor y tocarme la verga para ajustarme mi calzón tipo speedo. Después de bajar las escaleras, me encuentro en un arduo sótano que incluye, un lavatorio de culo, un sanitario, un gran mingitorio, un espejo, una zona de glory holes, Dark room y claro, mi buen amigo el columpio.

    Yo tengo la verga enorme. Todos aquellos que me la han visto, siempre me la han chuleado. Es uno de mis atractivos y claro, me encanta enseñarla. Yo siempre he dicho que mi verga es filantrópica porque todos tiene derecho a verla, tocarla pero pocos a sentirla, lo cual la hace exclusiva como toda verga de vergón que se respeta y que se da su lugar. 

    A mí me gusta mucho siempre caminar y ver todo el paisaje, me gusta cazar y asechar a mi víctima. Siempre repito este mismo ceremonial. Cuando veo a mi presa, me hago notar. Me recargo donde me vea y me empiezo a tocar mi verga sobre el pantalón hasta pararla rico. Si aún no viene a mi, acto seguido, me abro los pantalones (generalmente de mezclilla) y me dejo ver el enorme bulto de mi verga. 

    Para este punto mi pasivo sediento de verga ya está tocándomela. Y él solito la saca y le encanta. Me la empieza a tocar y ver. En éste momento ya tengo a mínimo cinco tipos alrededor mío, de todas las edades, razas, tamaños y colores. Todos masturbándose o tocando vergas alrededor de la mejor: la mía.

    Yo, como todo un pavo real, la exhibo, la muestro con orgullo, bien dura, peluda y venuda, gorda y de gran cabeza. Con dos enormes “guevos” que cuelgan rico. La luz daal color moreno y prieto de mi verga un tonalidad que hace a cualquiera querer mamarla. Y es así como comienza la mamadera de mi verga. He llegado a tener filas de tipos esperando su turno para mamarme el pito. Estoy orgulloso de eso. Soy un biberón con patas. Yo sólo debo mostrarme, relajarme y dejarme dar placer. Y lo mejor, es que me excita que me vean.

    A ésta altura de la noche, ya hay uno dos vergones como yo hablando conmigo con los ojos para hacer un duplo o un trio de vergones. Esa historia te la voy a contar por teléfono.”

    Si te gusto escríbeme; ¿te gustaría saber algo más? 

  • Historia de una infidelidad

    Historia de una infidelidad

    Mi novia de 23 años había conseguido trabajo en capital federal y como yo me iba muy temprano no podía llevarla así que empezó a ir en colectivo hasta que un día me comentó que el vecino del departamento de abajo también se iba a esa hora a trabajar y que él la estaba llevando a ella.

    Hasta ahí todo normal y yo no sentía ningún tipo celos por este vecino ya que era un hombre grande que debía estar cerca de los 50 años y que vivía con su familia compuesta por su mujer y sus dos hijos. Nunca se me paso por la cabeza que mi novia me esté engañando con el tipo este.

    Una mañana yo me encontraba enfermo y no fui a trabajar. Con mi novia desayunamos, luego ella se fue y yo fui al baño a mear. Cuando salgo y voy para la cocina veo que ella se olvidó la billetera, así que la tomo y voy al garaje del edificio para ver si todavía se encontraba allí con el vecino.

    Para mi sorpresa el auto del vecino todavía se encontraba estacionado en el fondo así que me acercó hasta el vehículo. A medida que me iba acercando pude observar que mi vecino se encontraba sentado en el asiento del conductor pero no podía ver a mi novia. Pensé que seguramente ella se había ido a tomar el colectivo pero todas las dudas se despejaron al ver la cabeza de mi novia subir y bajar como si estuviese practicando sexo oral al vecino. Me acerqué un poco más y me puse detrás de un muro diagonal al coche y me quede observándolos.

    Comprobé entonces que mi novia se la estaba chupando porque pude observar a la perfección como con su boca le succionaba la pija al vecino. No sabía qué hacer en ese momento, si irme o hacer un escándalo luego de cagar a piñas a mi vecino. Por lo pronto yo me quedé observando y note como mi vecino le tocaba las nalgas a la chupapijas de mi novia. Pero lo que más rabia me dio fue ver por unos segundos como ella dejaba de comerle la polla para besarse con el como si fuese su novio. Yo ya estaba preparado para ir cagarlo a piñas pero cuando quise arrancar para ir a decirles de todo a ellos, dejaron de hacerlo y él puso el auto en marcha y se fueron por la salida. 

    Yo pasé todo el día reprimiendo tanta irá que cuando mi novia regreso de trabajar no pude decirle nada y ella la muy desgraciada me contó que tuvo que llamar al vecino para que la traiga ya que se había olvidado la billetera en casa. Anda a saber lo que hicieron estos dos durante el viaje de vuelta.

    Al día siguiente yo seguía enfermo y en vez de quedarme en la cama pensado en lo que estará haciendo mi novia, espere que ella se fuese para ir a observarla de nuevo en el garaje del edificio. 

    Al llegar a la cochera vi nuevamente que el auto del vecino seguía estacionado en el mismo lugar bien al fondo de todo como si fuese hecho a propósito. Me acerco lentamente y no los veo dentro del auto pero empecé a escuchar algo que me hizo hervir la sangre. Se trataba de mi novia gimiendo de placer pero no podía detectar bien de dónde provenía hasta que finalmente los descubrí. Detrás del auto de mi vecino se podía observar la silueta de los dos entre medio de una oscuridad que cada vez era más clara. Ella estaba apoyada contra la pared con su minifalda subida hasta la cintura y el atrás de ella taladrando el culito de mi novia.

    No pude aguantar semejante cosa así que me puse muy cabreado y fui hasta ellos. No pudieron darse cuenta que yo me acercaba, sólo se dieron cuenta que yo estaba ahí cuando yo les grite «que mierda están haciendo» y ellos se dieron vuelta y me vieron justo parado al costado. En ese instante que me vieron él tenía la polla dentro del culo de mi novia y ella tenía la camisa abierta con sus pechos hacia afuera.

    Pero lo que más rabia me dio ver fue que él se la estaba cogiendo sin preservativo. Lo que paso luego no hace falta que lo cuente en este medio.

  • Con mi tía la gringa soltera

    Con mi tía la gringa soltera

    Comenzaré describiendo a mi tía -que realmente es mi tía segunda, prima de mi madre:

    Ella tiene 45 años, se llama Elizabeth (Eli de ahora en adelante), y tiene un súper buen cuerpo (de diosa a mi parecer), nunca se casó, según mi madre siempre era muy concentrada en el estudio y demás, por eso consiguió un buen trabajo y vive en Estados Unidos sola, pero bueno supongo que no les interesa mucho esa parte sino su cuerpo, que es muy bonito, ella no hace ejercicio pero cuida su dieta y su complexión es delgada supongo que por genética, es toda una MILF, sus tetas son un poco grandes y naturales, copa C o quizá D, y un poquito caídas, su vientre es casi plano, vagina rasurada y muy bonita, sus nalgas no son muy grandes ni están muy firmes pero las acepto.

    De la cara no está mal, aunque se le nota la edad claro, inclusive diría que se ve un poco más vieja de lo que es, su pelo es ondulado y largo, le llega como a la mitad de la espalda. Es muy buena onda, muy generosa, a su familia cercana le da dinero (gana bastante y pues no tiene con quién gastarlo), siempre trata de ayudar y ese tipo de cosas.

    Pero bueno, bastante intro, les contaré cómo llegué a estar dentro de ella:

    En las vacaciones un tío tuvo un problema un tanto grande (casi al grado de quedarse sin casa) y pues lo intentaron ayudar, no sé bien qué hicieron, pero el punto es que mi tía Eli decidió invertir en un departamento que le serviría de momento a mi tío, entonces vino desde Estados Unidos a ver opciones de compra, de vacaciones, a visitar a la familia y demás. En un principio se quedó en casa de otra tía, pero después se fue a la nuestra. Yo no estoy muy muy al tanto de qué sucede con mi familia porque no me avisan casi nada, pero bueno.

    El punto es que un día yo llegué de la universidad todo normal, fui a la cocina a saludar a mi mamá, estábamos platicando y escucho una voz que dice «Espérame, déjame saludar», me sorprendí porque no sabía quién era, me volteé y vi a mi tía, con un vestido rojo muy sexy que dejaba ver un poco su pierna izquierda, de la cintura y torso estaba apretado y un escote que dejaba ver un poco sus pechos desde arriba, y para mi suerte estoy un poco más alto que ella entonces tenía una excelente vista.

    Se me acercó, yo la saludé sin saber bien quién era, pero mi mamá me la presentó y me dijo un poco de lo que puse en la introducción, mientras me platicaba todo eso yo frecuentemente veía el escote de mi hermosa tía y eventualmente se me paró el pene, como traía pants se me notaba un poco. Mi madre es muy relajada en cuanto al sexo y me ha dicho que cuando eso suceda sólo me vaya y sea discreto o no piense lo que sea que esté pensando y eso iba a hacer pero decidí quedarme para ver qué hacía mi tía, que solamente lo notó cuando vio para abajo pero muy prudentemente no hizo nada y siguió platicando con mi madre y conmigo, ya que yo también le estaba contando de qué hacía en la uni y demás cosas de mi vida.

    Después de un tiempo nos sentamos, ya no le pude ver tanto sus tetas pero sus piernas sí, y afortunadamente por lo mismo mi erección no se notaba tanto, seguimos platicando un rato hasta que terminamos y nos despedimos de ella y entonces mi mamá le preguntó que a qué hora iba a llegar, ella dijo que en la tarde como a las 6 y se fue. Yo me quedé con la curiosidad de a qué se refería y le intenté preguntar pero apenas mi tía se fue mi mamá me dio un buen golpe en el hombro y me empezó a regañar por la erección, me dijo que no era posible que sea tan descarado y más cosas, al final me dijo que cuando mi tía regresara que no volvería a verla así ni ocurriría otra vez lo de la erección y me dijo que me fuera.

    Yo me fui a mi cuarto y me masturbé pensando en el cuerpazo de mi tía pero también en la discusión con mi mamá, que aunque ella no está tan buena como mi tía, me excita un poco tener una conversación de sexo con ella. Luego continuó el día normal, hasta las 6.

    A esa hora llegó mi tía otra vez, no sabía si bajar a saludar porque mi madre probablemente seguiría enojada conmigo o quedarme en mi cuarto, al final decidí quedarme en el cuarto y ellas se fueron a la sala a platicar otra vez. Después de un tiempo tuve que ir al baño (que está más cerca de la sala) y las pude escuchar platicando, mi mamá le estaba «presumiendo» a sus hijos, mi hermana y yo, que mi hermana está buena pero bien pendeja, quiere estudiar negocios nada más por el desmadre y porque dice que es fácil. Y bueno, estoy yo que soy un poco más apegado al estudio y justo eso mi madre le estaba platicando a mi tía.

    Me quedé un rato más en el baño a escuchar su plática y luego de un rato dijeron que se irían a dormir, mi madre le dijo que ahorita le decía en dónde dormiría y mi tía le preguntó que si dormiría en mi cuarto. Yo en mi cabeza dije «a huevo!!», pero no, mi madre le dijo que no, que ahorita le ponía una cama inflable en la recámara de mi hermana y así fue, se subió, me vio, nos saludamos y no pasó más, se fue directo a la cama.

    Luego en la noche llegó mi hermana de una fiesta, y yo me duermo un poco más tarde que mis padres que en ese momento ya estaban dormidos, entonces bajé a ver cómo venía, porque a veces llega borracha, para ver si esta vez también y poderla chantajear después con tal de no decirle a mis papás, ya que sí se enojan cuando viene así.

    No llegó tan borracha pero sí un poco tomada, le dije que sin hacer ruido la llevaría a su cama y ya que se durmiera, eso hicimos pero despertamos a Eli, que le empezó a preguntar si estaba bien, que qué había pasado (no sé porqué pero creo que le espantó que mi hermana llegara así a esa hora), mi hermana le explicó todo y luego le pedimos que pues no dijera nada y platicamos de más cosas hasta que mi hermana se quedó dormida, y yo le dije a mi tía que ya me iría a mi cuarto, me dijo que si no quería platicar más, le dije que sí pero que… y todavía no me dejaba terminar cuando se quitó las sábanas y me dijo que para que no despertáramos a mi hermana platicáramos en mi cuarto. Yo ya no dije nada porque cuando se destapó vi que tenía una playera sin bra que hacía que se le marcaran rico los pezones y unos mini shorts que dejaban ver sus piernas, me di cuenta que tenía unas pocas estrías pero no les hice caso.

    Llegamos a mi cuarto y nos sentamos en la cama, nos sentamos de «chinitos» y como su short era corto, pude ver un poco su calzón y poquito de su labio vaginal, lo cual me excitó mientras hablábamos y me generó una erección (que no se notaba por la posición en la que estábamos). Me dijo que mi madre ya le había contado que era muy «exitoso» (según ella), pero que le contará más de mí y me preguntó que si tenía novia.

    En ese momento sentí como que todo iba yendo bien como para tener sexo así que aproveché mi oportunidad y le dije que no, pero que me gustaría una mujer exitosa, que pueda valerse por sí misma, etc., básicamente la describí a ella. Y me dijo que iba a estar difícil, que una mujer así a mi edad no existía, que la mayoría era como mi hermana (lo cual es cierto creo), que quizá una con más edad. Yo le dije que la edad no importaba, que era de mente abierta, que no importaba si ella tenía 40, 45 años, que para el amor no había edades.

    Y en eso ella me dice «ay qué tierno» y me acaricia la cara, yo le tomo su mano, le doy un beso y luego nos abrazamos, nos pusimos de rodillas para eso y al momento de juntar nuestros cuerpos, yo le pegué mi erección en su vientre, claramente ella podía sentirlo y no hizo nada, lo cual me dio la confianza suficiente como para acariciarle su espalda, notar que no tenía brasier y me atreví a meter mi mano en su playera y acariciarle más la espalda, no refutó así que arriesgué más y se la quité, ella cedió totalmente y al dejar sus pechos descubiertos le dije lo mucho se me gustaban y me dijo que lo había notado desde en la mañana que me nos vimos, luego me empezó a sobar el pene, nos dimos un beso y le empecé a sobar sus nalgas.

    Me quitó el calzón y salió mi pene todo erecto y duro, me dijo que se veía bonito, que estaba grueso y yo recíprocamente le bajé su mini short y luego su calzón para descubrir su hermosa vagina rasurada, no aguanté y la acosté en la cama, le terminé de quitar su short y calzón y le empecé a hacer sexo oral. No era muy bueno ni tenía experiencia haciéndolo entonces noté que no le gustaba y mejor nada más me puse de rodillas, acerqué mi pene a la entrada de su vagina y le pregunté si estaba lista, no me contestó y nada más me agarró de las nalgas y me empujó hacia a ella haciendo que mi pene entrara instantáneamente adentro.

    Eso creo que me dolió más a mi que a ella, ya que tengo el glande muy sensible y además no estoy circuncidado entonces el pellejo se me recorrió más, pero ya que estaba adentro el dolor desapareció como a los 3 segundos y la empecé a penetrar muy rico y un poco lento para entrar en calor.

    Mientras hacía eso le tocaba sus tetas y ella con sus brazos sosteniendo sus piernas para que estuvieran abiertas mantenía contacto visual conmigo, lo cual me excitó y se lo empecé a meter más duro y rápido, aunque al poco tiempo sentí que me iba a correr, entonces paré inmediatamente y para no verme mal sólo le dije «Espera, no tenemos condón» y ella me dijo que no me preocupara que ella se cuidaba y me dio una nalgada como diciendo que continuáramos, pero yo no me sentía listo como para eso entonces le dije que cambiáramos de posición.

    Ahora nos pusimos en la de misionero, yo abajo y ella arriba y cuando se sentó sobre mí gimió un poco fuerte, le dije que guardara silencio o nos iban a escuchar y después empezó a ir de arriba hacia abajo encima de mí, pero al poco tiempo me di cuenta de que era una mala postura ya que ella me controlaba y yo estaba a punto de eyacular, no me dio tiempo de inventar una excusa cuando sucedió, la agarré fuertemente de la cintura, se dejó de mover y al parecer le gustó, empezó a gemir nuevamente pero por el éxtasis del momento no dije nada y después de terminar de eyacular adentro de ella, me empecé a disculpar, realmente estaba apenado y me sentía mal. Pero me reconfortó que ella me dijo que no me preocupara que todavía estaba joven y era hasta cierto punto normal eso.

    De todas formas me disculpé y le dije que si me dejaba masturbarla, me dijo que sí, así que la acosté y le metí mis dedos, sentí la mezcla de sus jugos vaginales con mi semen, algo que me excitó bastante y la empecé a estimular, al poco rato empecé a sentir cómo le «temblaban» sus piernas y su abdomen, luego quitó mi mano y metió la suya para terminar su orgasmo, vi cómo se movía todo su cuerpo en el orgasmo y cómo al final levantaba la cadera, fue muy rico ver eso, tanto que me dieron ganas de penetrarla otra vez.

    Así que me puse en la posición que habíamos empezado, le dije que lo haríamos otra vez y me dijo que sí, la empecé a penetrar nuevamente aunque esta vez no me contuve nada y eyaculé adentro en poco tiempo. Eso había sido una gran excitación y me dejo cansado, así que sólo me acosté encima de ella, con el pene aún adentro y nos besamos. Luego me quité, ella se paró, se vistió y me dijo que había sido muy rico, que era muy bueno con los dedos y que lo haríamos otra vez, yo por supuesto que le dije que me encantaría.

    Yo todavía desnudo, me paré de la cama, la abracé y ella me besó en el cachete, después se fue a la recámara de mi hermana a dormir y yo a la mía después de vestirme.

    Y listo, así empecé mi relación con mi tía Eli, muy bonita y buena, espero les haya gustado, déjenme sus comentarios sean los que sean.

  • Descubierta por mi papá (Parte 3)

    Descubierta por mi papá (Parte 3)

    La sensación de saberme a merced de ellos, siendo la gerente de compras de mi área en el trabajo y que ellos lo supieran me excitó a mil, cierto es que me había acostado con muchos en la oficina pero era la primera vez que me encontraba con dos desconocidos de nivel igual o superior al mío en otras compañías, algunos de los empleados a mi cargo en diferentes tiendas habían podido comprobar ya lo caliente que soy. Recordé un viaje a Veracruz cuando recién me habían nombrado en mi puesto y como terminé acostándome con el gerente de la tienda de Veracruz después de una noche de baile y copas con mis colegas que viajaron conmigo al bello puerto.

    Seguí mamando con lujuria hincada frente a él, gimiendo al sentirlo endurecerse y no me di cuenta cuando su amigo se acercó a nosotros y me ofreció su verga para mamarla también, volteando a verlo con lujuria, Tomé su pito con las mano y empecé a masturbarlo mientras les decía a ambos:

    -Les gusta tenerme a su disposición?, Les gustaría visitarme en mi oficina y terminar en mi boca ahí?

    Ambos se miraron entre si y dijeron al unísono:

    -Sí, aceptarlas vernos fuera de aquí?

    -si Uds. quieren, puedo invitarlos a mi casa o llevarme a reuniones de Uds., me excita mucho que me presenten a otras personas como una amiga casada dispuesta a complacerlos…

    -a mi me gustaría acompañarte a una de las tiendas que tienen y ver cómo te ofreces a uno de tus subordinados de menor jerarquía y que los demás se den cuenta que la jefa se puede acostar con ellos…

    -eso suena muy caliente, dije, se puede arreglar, quieres que me lo llevé a un hotel o a mí casa?

    -a un hotel, hay gente que se inhibe de saber que está en la casa de la pareja, en un hotel te podrían tratar como una puta…

    -ok, lo haremos!, dije guiñándole un ojo y dándole una mamada intensa

    Y tú qué me harías?, le pregunté al otro mientras les daba besos en sus vergas…

    -yo quiero llevarte a mi oficina, que sepan que ando con una casada… y embarazada!

    Te presentaría con todos y organizaría un fin de semana en Juriquilla donde dejaría que nos vieran cogiendo sabiendo que ya estás a medio embarazo…

    -WOW, dije excitada, me gusta la idea también! Es una cita!, le dije regresando a mamarles y sintiendo como uno de ellos empezaba a venirse en mi boca mientras el otro no dejaba de pellizcarme los pezones con mucha rudeza…

    Saboreando su semen me senté de lado enfrente de ellos y les dije:

    -quieren cogerme aquí o enfrente de todos?

    El otro que no se había venido todavía me jalo la cabeza para meterme la verga en la boca de nuevo sintiendo su orgasmo próximo al tiempo que el otro exclamaba:

    -Que bárbara Mariela!, eres de verdad muy atrevida!

    Recibiendo el semen de su amigo en la boca alcancé a sonreírle y dije:

    -Me gusta complacer a mi pareja siempre, y Uds. me cayeron muy bien, así que por eso les pregunto, dónde quieren meterme la verga, aquí o allá abajo a la vista de todos… (Obviamente no sabían que mi plan era dejarme ensartar por ellos enfrente de mi padre)

    Afortunadamente ambos dijeron rápidamente:

    -allá abajo, pero nos dejarías cogerte sin condón?, terminar dentro de tu vagina?

    -Siii!!!, adoro sentir el semen llenándome la raja! Dije poniéndome de pie y haciéndoles señas de acompañarme hacia abajo de nuevo, yo estaba ya totalmente desnuda salvo las zapatillas y los lentes y ellos seguían vestidos solo con sus vergas de fuera del pantalón…

    Llegamos a las escaleras tomados de las manos los tres conmigo En medio, la vista que nos ofrecía la sala era de una orgía bien organizada donde mis compañeras eran penetradas por los asistentes, algunas eran penetradas anal y vaginalmente al mismo tiempo… Recorrí el lugar con la mirada y encontré a mi papá cogiendo con la colegiala curiosamente dándole de perrito, al darse cuenta algunos de los asistentes y algunas de las mujeres de nuestra presencia interrumpieron momentáneamente su actividad para vernos bajar la escalera…

    Mi papá noto que los demás veían hacia las escaleras y volteó sin dejar de metérsela a su amiga y en ese momento me di cuerna de algo: era la primera vez que veía la verga erecta de él y sin darme cuenta, mi mirada se fijó en su pene entrando y saliendo de la raja de su hembra en ese momento.

    La tenia de muy buen tamaño todavía y por los gemidos de ella, note que todavía cogía con buen ritmo…

    La mirada de él se detuvo en mi cara un momento y después recorrió mi cuerpo desnudo fijando su mirada en mi velluda raja… en un movimiento involuntario moví mi pelvis casi imperceptiblemente hacia adelante y atrás ofreciéndole la vista de mi sexualidad explícitamente…

    El reaccionó a ese movimiento de mis caderas a manera de ofrecimiento a él con embestidas más profundas e intensas hacia su hembra mientras nuestras miradas se cruzaron de nuevo para ya no separase, mientras mis machos se desnudan me quedé parada frente a mi padre admirando como penetraba a las mujer mientras pasaba mi lengua por mis labios y jalaba mis pezones hacia el con la punta de mis dedos…

    Uno de mis machos me tomo de la cadera y me fue jalando hacia el para sentarme de espaldas a él mientras me penetraba la raja profundamente mientras yo seguía manteniendo la mirada de mi papá empezando a moverme cachondamente dejándome penetrar y empezando a venir mientras me acariciaban mi vientre embarazado y el otro macho me daba su verga de nuevo a mamar…

    Empecé a mamarlo mientras el otro macho seguía cogiéndome duro y súbitamente dijo:

    -quieres a los dos al mismo tiempo?

    Volteando a verlo le sonreí y dije:

    -sí! Vamos a ese sillón para estar más cómodos…

    El sillón estaba justo junto a mi papá y su hembra, me levanté rápidamente y me fui a sentar en él seguida de mis machos, inmediatamente uno de ellos se acostó y me pidió me subiera en el para dejar al otro penetrarme por atrás…

    Estaba literalmente a centímetros de mi papá!, podía oír claramente las nalgas de mi amiga rebotar en su estómago mientras el seguida cogiéndola sin distraer su mirada de mi…

    Mi macho me ensartó profundo mientras me abría las nalgas para recibir a su amigo en el ano… Al sentirlo penetrando empecé a gemir y moverme intensamente mientras veía como mi padre no perdía detalle de la doble penetración a su hija…

    Cuando empecé a gemir y decirles a mis machos: ‘me vengo!, me vengo!’ Sintiendo del primer orgasmo mi papá empezó a venirse justo después de sacarle la verga a mi amiga de su raja… Vi claramente como salía el semen a chisguetes de su verga y se derramaba en sus nalgas.

    Levanté la mirada de nuevo hacia su rostro y al encontrarnos de nuevo mirándonos me vine como loca mientras él acercaba su verga a mi boca…

    Continuará.

  • Open mine Barcelona

    Open mine Barcelona

    Esa noche Luis, mi pareja desde hacía 10 años, estaba fuera, a 150km, en una reunión familiar de la que había podido escabullirme. Era sábado, como casi todos los fines de semana salí a cenar con nuestros amigos Pedro y José, también pareja, normalmente salíamos los 4, pero esta noche al no estar Luis decidimos salir los tres. Una buena cena regada con buen vino y unos chupitos con el postre hizo que los tres estuviéramos bastante alegres.

    -Nosotros esta noche vamos al open mine, y tú te vienes, dijo José

    -Jajaja que dices loco, yo a esos antros no voy

    -Va venga tonto, si es como cualquier bar, me insistió Pedro

    -De eso nada, por lo que contáis, allí todo son orgias y warreo, además estoy casado jejeje

    -Bueno pero esta noche estás soltero no?, dijo Pedro

    -No no, de soltero nada, insistí

    Mira vamos a hacer una cosa, vamos a llamar a Luis, seguro que no le importa

    -Sois muy insistentes no? Vale llámalo, le dije convencido de que a Luis no le haría mucha gracia el tema, hacía tiempo que éramos pareja abierta, pero dentro de unos límites, ya sabéis que cada pareja se crea sus normas

    A Luis al teléfono, se le notaba también bastante alegre, y para mi sorpresa no puso ningún inconveniente, al contrario, me animo a pasarlo bien, así que ya no tenía escusa, pensé en ir, tomarme una copa, ver lo que se cocía allí dentro, porque la verdad es que curiosidad tenía e irme para casa.

    Así que en menos de media hora, ya me veía dejando mi ropa en una taquilla, quedándome en calzoncillos y entrando a aquel parque de atracciones del placer. Sí, ya os podéis imaginar que él open mine es un sexclub, Pedro y José siempre contaban maravillas y en el fondo la curiosidad y el morbo me pudieron.

    Entramos y como habían dicho, había una barra bastante grande, yo estaba cortado, eso de ir medio desnudo delante de la gente me avergonzaba un poco, pero me relajo que mis amigos directamente se desnudaran del todo y que casi todo el mundo estuviera igual sin ningún pudor. Nos sentamos en la barra y pedimos unas copas.

    -Bueno, que te parece? -Me pregunto José

    -Bien, por ahora bien, hay buen rollo, pero poca gente no?

    -Es muy pronto, luego se llena más, porque no vas con Pedro a dar una vuelta y ves el local?

    Dicho y hecho, Pedro me cogió de la mano y nos adentramos en el fondo de la sala, habían dos sling, no tuve que preguntar, sabía perfectamente lo que eran, y también habían tres cabinas sin puertas, con agujeros en las paredes para poder chupar al de al lado.

    -Pero porque no tienen puertas? Le pregunté a Pedro

    -Porque además del morbo de mamar la verga del de al lado está el morbo de que te vean hacerlo, en ninguna parte del local hay puertas

    -Vaya vaya, yo soy un poco vergonzoso, no sé si podría, le dije

    -Bueno, el morbo lo puede todo, créeme, me dijo

    -Si, tú lo dices, conteste

    Volvimos a la barra pasando antes por los wáteres y José seguía allí con su copa hablando con el camarero

    -Mira, te presento a Jorge, nuestro camarero favorito, Jorge salió de la barra, me abrazo saludándome y me dio un pico, yo me quede un poco cortado, pero se lo devolví, con naturalidad para que no creyeran que era un cateto

    -Pedrito Pedrito, mi niño ya te echaba de menos, dijo el camarero acercándose a Pedro y sin cortarse nada se dieron un morreo con pasión, intercambiando saliva y abrazándose.

    -Qué bien besas, le dijo Pedro, ante mi asombro, mire a José para ver cómo reaccionaba al ver a su pareja besarse con Jorge el camarero y el viendo mi cara de asombro me sonrió y me guiñó un ojo, como diciéndome que todo estaba bien

    -Estaba enseñándole el local a nuestro amigo, nunca había venido, le dijo Pedro

    -Pues seguro que cuando lo vea, vuelve, jajajaja y se pusieron a reír los tres

    -Vamos a la parte de arriba? Me dijo Pedro, volviéndome a hacer de guía

    -Eso eso, ir vosotros que yo creo que estaré entretenido, dijo José mirando a un oso que estaba también en la barra

    Fuimos hacia arriba Pedro y yo, yo pensando en lo fácil y buen rollo que se respiraba en el ambiente y sintiéndome tonto por no querer entrar otras veces, los tabúes que tenemos a veces nos hacen no disfrutar de las cosas.

    Arriba la cosa ya era diferente, había más gente, lo primero que vi fueron unas literas, como militares, y sentados en la parte de abajo había dos tíos, estos chupaban las pollas de dos hombres que de pie delante suyo se apoyaba en la litera de arriba mientras los de abajo engullían sus pollas, eso ya me sorprendió, porque hasta ahora había visto el local pero sin gente haciendo algo. Continuamos y entramos en una sala con otro sling, y justo al lado otra sala con dos sofás grandes, uno enfrente del otro, allí una pareja follaba sin pudor, un oso fuerte y musculado se follaba a un chaval fibrado de buen culo que no paraba de suspirar mientras el oso le envestía, dos hombres más miraban la escena mientras se pajeaban con las pollas bien tiesas, Pedro y yo nos acercamos, la escena me puso cachondo y mi polla enseguida reaccionó a media asta

    -Te gusta lo que ves eh? Me dijo Pedro mientras se masturbaba y miraba mi polla

    -Jaja

  • El segundo encuentro: Juan y Gabriel (2)

    El segundo encuentro: Juan y Gabriel (2)

    Le dije, para despedirme:

    -Juan, como me vuelvas a hacer algo así te mato antes de que me mates. Y cómprate un coche nuevo. Este Mercedes lo conoció mi abuelo de joven.

    Y con eso le di dos golpes con la mano al techo, y se fue.

    Yo había ido a una revisión del corazón, que lo tengo a medio funcionar. No me convienen sobresaltos, ni levantar peso. De resto, puedo tener una vida más o menos moderada. Como la que había tenido en mi encuentro con Juan, pero sin encuentro con Juan, vamos.

    Pues yo había ido al hospital de la virgen del cartabón, que me tocaba por mi seguro, y estaba esperando tan tranquilo. Quién pasa por delante, como si nada: pues Juan, al que yo le había comentado el asunto y se ve que quería conocerme en otro ambiente. La verdad es que con ropa a mí me costó primero reconocerle. La cara, sí, pero el resto pues no había tenido mucha oportunidad de ver su gusto en tejidos y modas.

    Yo pensé: qué hago ahora, saludo, me viene a saludar, hacemos que nos conocemos desde el colegio, de la mili que no hice, del trabajo en el que no teníamos nada que ver.

    Así que procuré no pensar demasiado, y sonreí, dije Juan, y me levanté a darle la mano, como si fuéramos conocidos de algo genérico, un poco de sorpresa por verse aquí, esas cosas. Un apretón de manos y tocar un poco el brazo, saludo estándar entre caballeros de esta época. Mi sonrisa sospechosamente se estaba haciendo más abierta, como se me estaban medio abriendo los esfínteres, se me estaba despertando la picha y me preguntaba qué podía pasar.

    -pues he venido a una revisión, la tensión, ya sabes.

    -pues lo mismo, yo al cardiólogo. Estamos mayores.

    -jeje, sí. Es lo que hay.

    Qué falso resultaba aquello, pero pasable en el lugar de encuentro.

    Nos sentamos un momento para hablar como si del fútbol o de acciones de Iberdrola. Estábamos apartados de los demás enfermos, porque sólo había tres asientos juntos al lado de cada consulta. Hasta ahí todo bien.

    -qué haces aquí?

    -pues lo que te he dicho, de verdad que no persigo nada, que fue casualidad, que no sabía yo esto.

    -pues podíamos aprovechar para tomar un café, si quieres.

    -pues muy bien, yo tengo a tal hora.

    -y yo a tal también. Llámame.

    -ok.

    Me llamaron a la consulta y lo que dije antes: las recomendaciones del médico me parecieron sensatas y normales. Alguna cosa aprendí, afortunadamente estaban bien mis análisis. Me dio cita para dentro de un tiempo medianamente alejado, y salí tan contento.

    Mensaje de Juan: ya acabé.

    Mío: y yo.

    Eché una mirada alrededor. Una señal me dio la idea, que para eso están: aseos.

    Yo: vete al baño.

    Juan: no tengo ganas.

    Yo: déjate de bromas.

    Juan: ah, ya entiendo.

    Con cara de circunstancias (de querer ir al baño) me acerqué al baño de caballeros u hombres. Uno entra de una forma y sale de otra.

    Estaba llegando Juan. Pase usted, gracias. Mirada alrededor: nadie. La zona de próstata no estaba en esta planta. Todo despejado y, como era privado el hospital, limpio.

    -ven pacá.

    Con las prisas se me olvidaban las finuras. Abrí el retrete, medianamente amplio, limpito, cerrable con seguridad.

    Entramos. Cerré.

    -se puede saber…

    Y no continué porque Juan ya me estaba besando, y la lengua que me tocaba en todas partes con determinación y sabiduría, me estaba empinando el pene, me besaba como si hubiera estado esperando pero para más tarde, y la alegría del presente tuviera una fuerza novedosa. Juan besa muy bien, tiene unos labios suaves, y la barba no molesta, parece mentira. Me estaba besando y me sujetaba la cabeza con dulzura, no apretaba ni parecía que me la quería arrancar. Me dominaba como solía pero con una fuerza tierna, que me derretía. Yo no paraba de besarlo más que para respirar. Notaba yo que él ya estaba erecto, como yo.

    A mi pesar me separé un poco de él. Vi, ahora, que como era verano se había puesto pantalón de lino, que tan fresquito es, que es lo que se suele decir después de lino. El color claro le quedaba muy bien. Me seguía derritiendo. Bajé las manos a su cintura, a sus caderas, tocando la tela y su cuerpo imaginado mejor que conocido, porque ya sabía cómo era. Llevé la mano derecha al frente, y subí hasta el cinturón, detrás del cual me deslicé como serpiente, y bajé la mano por su vientre, bajando al pene, que sujeté entre los dedos índice y corazón, y que comencé a acariciar y mover arriba y abajo. El efecto fue inmediato, la respiración se aceleró, palpitaba su pene maravillosamente, se me iba la vida por la boca en los besos repetidos que le daba como si nunca lo hubiera visto.

    Abrí la mano del todo y sujeté su pene con fuerza, pero con cariño y respeto, ya que tantos buenos momentos me había dado. Menos mal que los pantalones eran holgados, y teníamos sitio para estas maniobras. De todas maneras, decidí que aquello no podía seguir así. Besé a Juan indicándole que iba a pasar a la siguiente fase, pero como un beso no puede decir tanto, tuve que separarme labios, dientes, lengua, todos con su sabor, y decirle espérate un momento. Me bajé para irle desabrochando el cinturón, que cedió cansado de aquella tensión. Más ligero, le bajé la cremallera con cuidado, alertando con la lengua que le iba lamiendo la piel según aparecía, a lo ancho de su vientre, combinando los lametones con los besos que como de puntillas le iban marcando la cintura. Bajé los pantalones, pero le dejé el calzoncillo, que tan bien marcaba su paquete. Qué rico estaba todo. La tela no podía mejorar, pero si enmarcaba su aspecto fenomenal, apetecible.

    Acerqué los labios a su pene, y lo repasé de arriba abajo, con la elástica tela de su slip ayudándome en cada momento, señalándome la ruta. Subí a su glande, tan robusto como recordaba, me demoré rodeando el asta de su pene triunfante, rotundamente de hombre en el deseo. Bajé a sus testículos, tensos en el tejido; los mordí con la suavidad de un beso, los besé como quien muerde una fruta desconocida pero que se teme sea sabrosa.

    No había vuelta. Fui bajando el slip a la vez que acariciaba sus duras nalgas, repasaba la raja con los dedos, separaba los glúteos y los volvía a unir, besé ahora desnudos sus testículos, que me metí en la boca uno, otro, gustando el calor que desprendían, su calor que me hacía estremecer. Sujetándolos con la mano izquierda, subí la derecha por su vientre, su pecho, toqué los pezones ya erectos, como todo él. Mi boca no se detenía, besé el glande otra vez, la otra boca suya de la que había bebido anteriormente me devolvía el beso con jugo de Juan. Me metí el pene en la boca, moviéndome para que cupiera todo, haciendo esfuerzos para que aquel enorme animal me poseyera mientras yo me lo comía. Arriba y abajo, dentro y fuera de mi boca se movía, tierno y exigente, yo chupaba y Juan se movía y suspiraba. Era imposible que aquel miembro creciera más, era imposible aguantar aquella tensión, así que yo seguí aumentando la velocidad, lamiendo y acariciando, moviendo las manos por sus nalgas tan duras, bajándolas hasta debajo de sus testículos y acariciando y apretando, intentando alcanzar el punto del placer.

    Que por fin llegó. Juan se corrió dentro de mi boca como un río que se desborda, una tormenta que de una sola vez es una catarata que todo se lo lleva por delante. Juan me llenó de él otra vez, en una riada interminable, en la que él seguía acariciándome la cabeza mientras susurraba mi nombre entre gemidos. Yo, con la boca llena de él, sonreía mientras tragaba y chupaba y limpiaba. Tragaba su semen hirviente, chupaba el líquido que tanto amaba, limpiaba lo que salía para que mi amado no llevara luego señales de haber estado conmigo.

    Estuvimos un rato descansando, abrazados, de pie en aquel lugar tan extraño para la pasión. Nos estuvimos besando un rato de descanso que no se pudo prolongar porque ya habíamos superado el tiempo razonable de desaparecer de casa.

    En el parking vi su coche por primera vez, cuando nos despedíamos, y por eso…

  • Padre e hija resuelven sus diferencias

    Padre e hija resuelven sus diferencias

    ¿Alguna vez has tenido uno de esos días en que todo parecía ir mal? Primero llegas tarde al trabajo. Entonces tu jefe te molesta porque el proyecto en el que estás trabajando no está listo. Luego recibes una llamada telefónica de tu hija de 18 años, diciéndote que acaba de ser arrestada por robar en una tienda y que necesita que vengas a rescatarla ¿por qué robaría? está claro que por falta de dinero no es, para eso trabajo. Así fue básicamente mi viernes. Hasta ese momento no me di cuenta de cuánto se había deteriorado mi vida desde que mi esposa se había fugado con un joven aspirante a «traper», trapero o trapete como se le llame.

    Mi hija, Kate, había sufrido más desde que su la bestia de su madre se había ido. Yo estaba consumido por el trabajo y rara vez tenía tiempo para ayudarla en ese período inicial de adaptación. Supongo que ahora puedo decir honestamente que todo fue mi culpa que no pudiera estar allí para ella cuando me necesitaba. Pero había estado sufriendo yo mismo.

    No soy un hombre mal parecido… de hecho, me veo bastante joven por tener casi cuarenta años. Mi cabello todavía era grueso y lleno, de un marrón oscuro y sin canas, y tenía muy pocas arrugas, solo pequeñas líneas de risa en las esquinas de mis ojos verde. Mi esposa me había dicho una vez que tenía rasgos muy cuadrados y cincelados.

    Pacientemente había soportado las payasadas de Kate recientemente, diciendo que todo lo que tenía que hacer era adaptarse a todo lo que había sucedido, pero el viernes pasado fue la gota que colmó el vaso. No creo haber estado tan enojado como el día que irrumpí en la estación de policía. Cuando la vi, la realidad se mostró ante mis ojos, cuando la trajeron a mi. Su cabello rubio estaba suelto y cayendo sobre sus hombros y tenía suficiente maquillaje para hacerte pensar que pertenecía a un escenario. Llevaba una falda de azul medianoche y una blusa sin mangas a juego, que revelaba su estómago y hombros. Pero fue el tacón alto en sus pies lo que le dio el toque final. Parecía que pertenecía a la esquina de la calle más cercana.

    Recuerdo vagamente haber pagado la multa mientras ella permanecía en silencio a mi lado, masticando chicle y haciendo globos. Estaba completamente en silencio camino a casa y tuve problemas para controlar mi ira cuando Kate salió del auto cuando llegamos a casa.

    La miré mientras caminaba hacia la puerta principal, casi encogiéndose por la forma en que su mini falda apenas cubría su apretado y joven trasero. Seguí mirando, notando que se movía ligeramente mientras ella ponía su llave en la cerradura y entraba. Mi polla saltó involuntariamente, endureciéndose ligeramente entre mis piernas mientras pensaba en conseguir un pedazo de ella. Casi de inmediato intenté callar el pensamiento. Estaba mal pensar en mi hija así, pero había pasado tanto tiempo sin una mujer que era difícil no hacerlo.

    El día había progresado de mal en peor en ese momento. Kate apenas me habló en la cena luego de irrumpir en su habitación e informarle de que estaría castigada durante todo el mes.

    No sé cómo las cosas se habían descontrolado tanto… Mi trabajo iba cuesta abajo, Kate era un completo desastre y fantaseaba con hacerlo con mi propia hija. Me fui a la cama esa noche con una gran erección. Finalmente, incapaz de soportar la presión, tuve que hacerme un trabajo manual para aliviar la tensión que se había acumulado en mi cuerpo.

    A la mañana siguiente me levanté temprano, con ganas de llegar antes que Kate a la ducha. Estaba decidido a tener una larga conversación con ella sobre todo lo que había sucedido desde que su madre se había ido.

    La larga ducha caliente me relajó a fondo. Mientras salía del baño, con una toalla alrededor de mi cintura, Kate se acercó y me dio los buenos días. No era nada inusual para ella verme con solo una toalla puesta. Compartimos el único baño de la casa. Pero esa mañana ella pasó sus dedos por mi pecho mientras se apretaba contra mí, para apretarme entre el marco de la puerta y yo. Normalmente no me habría molestado tanto, si no hubiera sido por el camisón escaso que llevaba puesto. Era un trozo de satén que le caía hasta la parte superior de los muslos, y el área que cubría sus senos no había sido más que un delgado encaje negro. Sus pezones sobresalían mientras se frotaba contra mí, rozando su palpitante dureza contra los músculos de mi pecho. Casi gemí cuando ella cerró la puerta detrás de ella.

    El primer pensamiento que me pasó por la cabeza fue: «¿De dónde sacó ese camisón?» seguido de cerca por: «Espero por Dios que ella no haya notado mi polla erecta».

    Para cuando terminé de prepararme, y Kate había salido de la ducha y se unió a mí, desayuné en la mesa y estaba lista para tener nuestra pequeña charla.

    «Kate», dije con cautela, no queriendo comenzar mal esta conversación.

    «¿Sí papá?»

    «Necesitamos hablar.» Hice una pausa. «Se trata de tu comportamiento últimamente. Y de cómo te sientes debido a que tu madre se fue».

    «¿Qué con eso?» dijo ella, sus ojos azules brillaban peligrosamente.

    «Bueno, he notado que tus calificaciones han disminuido drásticamente, estás haciendo cosas que nunca habrías hecho antes, y tu actitud últimamente se ha vuelto dominante».

    «Papi, ¿cuál es el punto de ser una buena niña y sacar buenas notas? No te lleva a otra parte que a la depresión. Mira a mamá. Era una buena niña e hizo todo lo que se suponía que debía hacer… aún años después ella estaba desanimada y triste. No necesito la escuela para poder hacer eso. Si quiero vivir mi vida así, prefiero hacerlo ahora, y no como lo hizo mamá».

    Estaba tan molesto en ese punto. Realmente no me había dado cuenta de lo que la partida de María le había hecho a Kate. «Oh cariño, ¿eso crees que hacen todas las mujeres?» Cogí su mano y la puse en mi regazo. «No todas las madres hacen lo que hizo ella. La mayoría de ellas están realmente felices con la vida que tienen». Kate enterró es cabeza y comenzó a llorar suavemente en mi hombro.

    «Entonces, ¿cómo es que mamá no estaba feliz?» ella lloró suavemente.

    «No lo sé, cariño. Realmente no lo sé». Le di unas palmaditas en la parte posterior de la cabeza suavemente mientras ella lloraba. Traté de ignorar la sensación de su trasero apretando mi polla cada vez más dura. Kate inconscientemente se movía contra ella.

    Lentamente la sentí alejarse de mi hombro y mirarme a los ojos. Sus ojos azules como el cristal estaban húmedos, pero pude ver algo más arremolinándose en sus profundidades, algo que no pude identificar.

    Fue entonces cuando sucedió. Antes de tener la oportunidad de registrar lo que estaba sucediendo, Kate me estaba besando. Y no me refiero a un rápido beso de padre e hija. Fue un beso en la boca. Sus suaves labios se presionaron fuertemente contra los míos, abriéndose mientras su lengua corría por mis labios cerrados, abriéndolos y barriendo dentro de mi boca. No pude evitar el gemido que se me escapó cuando hundí mi lengua en su boca, saboreando su dulzura.

    El beso siguió y siguió, finalmente, una alarma sonó en mi cabeza. Sentí que estaba abusando de la vulnerabilidad de mi hija, había perdido a su madre y necesitaba contención.

    Estaba besando a mi hija, mi propia carne y sangre. Rápidamente me aparté y jadeé.

    «¿Por qué te detuviste, papi?» Preguntó con voz infantil.

    «Cariño, lo que estábamos haciendo está mal. Soy tu padre y no se supone que te haga cosas así».

    «¿Por qué no? Todos mis amigos hacen cosas como estas con sus padres. Dijeron que no hay nada de malo».

    Sabía que mentía. «Todos lo hacen». Me pareció una mentira muy poco creíble. Pero la excitación me estaba venciendo.

    Bajé a Kate de mi regazo y la puse delante de mí. Esperaba que esto fuera lo que ella realmente quería, porque no podía esperar para entrar en su coño adolescente.

    «¿Estás segura de que esto es lo que quieres, Kate?»

    Ella asintió furiosamente y no perdí el tiempo, atrayéndola entre mis piernas mientras permanecía sentado en mi silla.

    «¿Eres virgen?» Yo pregunté. Cuando ella dijo que no, me decepcionó un poco por alguna razón, pero no hasta el punto de parar.

    Suavemente enrede mis manos en su cabello, acercando su rostro al mío para un beso humeante. Sus labios jugaron con los míos por un momento antes de ir hacia mi lóbulo de la oreja y por mi cuello. Mis manos no estaban quietas mientras ella seguía besando la piel de mi cuello. Los puse sobre sus hombros, deslizando las finas tiras de satén de su camisón hacia abajo. Levantó sus brazos y dejó que el camisón se deslizara, su camisón cayendo, revelándola hasta la cintura, donde se arrugó.

    Reverentemente puse mis manos sobre sus senos, sus pezones de color rosa endureciéndose bajo mi toque mientras gemía en mi oído. Pellizqué sus pezones suavemente y ella tembló ligeramente en respuesta.

    Me alejé de ella por un momento y tiré todo lo que estaba sobre la mesa con un movimiento de mi mano. Empujé el camisón sobre sus caderas, observando su belleza mientras se deslizaba hacia el piso.

    Parecía una diosa mientras estaba desnuda delante de mí. Sus pechos inquietos se extendían con audacia, su coño liso y sin pelo, brillando ligeramente por sus propios jugos. Sus piernas eran largas y lisas, ligeramente musculosas por la danza y la gimnasia.

    Contuve el aliento… «¿Cómo tuve tanta suerte?» Pensé.

    «Eres hermosa, Kate», susurré suavemente, mientras la levantaba sobre la mesa, el alago pareció gustarle. Abrí sus piernas y me interpuse entre ellas, inclinándome para besarla suavemente. Mis manos recorrieron su cuerpo, acariciando sus senos con suaves golpes, mientras mi boca seguía besando su cuello, haciendo un camino hacia sus senos. Comencé con un seno, besando lentamente el perímetro con besos calientes y con la boca abierta. Me abrí paso frotando mi lengua sobre su teta, finalmente alcanzando su pezón, girando alrededor con mi lengua. Rápidamente lo chupé con mi boca, tirando suavemente de él. Sostuve las manos de Kate, mientras ella se arqueaba contra mi boca ofreciéndome más. Rápidamente quité mi boca, saboreando sus gemidos. Transferí mi mirada a su otro seno, prodigando con la misma atención antes de continuar.

    La besé lentamente en su estómago, moviendo mis labios sobre los músculos tensos de su abdomen. Me deleité en la forma en que gemía gracias a mi boca. Finalmente llegué a su coño mojado y sin pelo. Levanté la cabeza y miré a Kate a los ojos, y por un momento deslumbrante pensé que me iba a decir que parara. Pero ella solo cerró los ojos y arqueó las caderas hacia arriba en una invitación silenciosa. Animado por su respuesta, puse mi boca contra los hermosos, húmedos y brillantes labios vaginales y gentilmente comencé a chuparlos, mi ella sintió mi lengua haciendo profundas incursiones en su apretado agujero. Sujeté sus caderas mientras ella se sacudía y se sacudía contra mi boca, tratando de acercarse a mi lengua.

    Empujé mi lengua profundamente, lamiendo todos los jugos de miel que fluían de ella. Ella sabía tan bien, mucho mejor que su madre. Finalmente, queriendo darle un orgasmo explosivo, retiré mi lengua de ella y comencé a pasarla rápidamente sobre su clítoris malvadamente.

    «¡Oh papá!» Ella gritó, incapaz de controlar el empuje de sus caderas contra mi cara. Seguí lamiendo y bromeando mientras ella se lanzaba contra mí. Finalmente, atraje su clítoris hacia mi boca, chupándolo con fuerza, queriendo que se corriera.

    Ella dejó escapar un grito bajo y gritó sin cesar. «Oh papá, me estoy corriendo. ¡Me estoy corriendo! ¡OHHH!» Con un último grito agudo, se sacudió contra mi boca, antes de colapsar sobre la mesa, su cuerpo flácido, y todavía temblando con los pequeños temblores de su orgasmo.

    Pero no me detuve para dejarla orientarse. Rápidamente me acerqué, tirando de su culo al borde de la mesa. Me desabroché los pantalones, mi polla dura de acero se liberó de sus límites. Sin pensarlo dos veces miré a los ojos de mi hija, notando su reacción cuando vio mi polla gruesa de 21 centímetros empujándose entre nosotros. Era fácilmente tan ancha como su muñeca. No queriendo que me detuvieran, di un paso adelante y metí mi polla en su vagina adolescente.

    Me perdí momentáneamente en el calor de su coño rosa y cerré los ojos, escuchándola gritar de placer orgásmico, su coño, convulsionándose se aferró a mi alrededor mientras se sacudía y sacudía. Después de eso, salí. Comencé a empujar hacia adentro y hacia afuera, inclinando mi polla para que cada impulso golpeara mi pelvis contra su clítoris. No sentí nada más que las paredes calientes del apretado coño de mi hija apretándose a mi alrededor en espasmos pre-orgásmicos. Empujé cada vez más fuerte, hasta que presioné contra su cuello uterino. No pude parar, golpeando mi polla contra ella una y otra vez, presionando contra su clítoris con cada empuje. Queriendo llegar cada vez más dentro de ella.

    «Bésame, Kate», gemí cuando sentí que mi corrida se avecinaba y empujé con más fuerza dentro de mi hija, sintiendo la explosión que subía por mis bolas, subiendo por mi polla. Ella me besó con infinito deseo, sentí su lengua sumergiéndose en mi boca. El beso provocó la aparición de mi corrida y me sentí mareado, cuando mi esperma incestuoso salió disparado de mi cuerpo, en las profundidades de mi querida hija. La sentí lloriquear en mis labios cuando otro orgasmo alcanzó su cuerpo empapado en sudor. Seguí empujando, queriendo plantar mi semilla dentro de ella.

    Agotado, finalmente me derrumbé encima de ella, mi polla suave, todavía alojada en lo profundo de su apretado coño.

    Cuando pude levantarme, salí de su coño lleno de mi esperma y me subí los pantalones, mirando cómo mi esperma goteaba de ella sobre la mesa. Tomé su mano y la levanté, luego la alcé sobre mi hombro.

    «¿Que estás haciendo papá?»

    «No pensaste que esto sería solo una vez, ¿verdad, cariño?» Respondí mientras subía las escaleras hacia mi habitación. Ella no respondió pero pude sentir que estaba sonriendo mientras subía las escaleras. Este fue el comienzo de una vida completamente nueva… para los dos.