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  • Una noche en el trabajo

    Una noche en el trabajo

    Les cuento: hace un tiempo mi trabajo me exigía laborar en horarios poco habituales, cada cierto tiempo tenía turnos durante toda la noche, en esos turnos nos quedábamos pocas personas, así que nos turnábamos los recesos de manera que solo uno descansará cada cierto tiempo.

    Ese día en particular me puse una falda y una camisa; esta camisa era especialmente problemática para mi, dado que en la parte del busto siempre se me abría el botón, aunque debo confesar que eso estaba bastante lejos de molestarme, tengo ciertos atributos y me gusta sentir las miradas sobre ellos.

    En mi hora de descanso fui a la desierta cafetería, simplemente para salir de la rutina de trabajo, entrando en ella me di cuenta que no estaba tan desértica como suponía, en la TV estaba un partido de fútbol y el encargado de seguridad lo estaba viendo. Al percatarse de que yo había entrado solo se puso de pie y no hizo más que mirarme el escote, presione cada brazo a los lados de mis pechos y lo salude, el susurro un salud y salió disparado de ahí.

    Como estaba haciendo tanto y calor y no había nadie aproveche para acostarme encima de una de las mesas que estaban debajo del ventilador, subí mi falda y abrí todos los botones de la camisa. ¿Que estaba pensando yo en ese momento? Realmente no sé, pero abrí mis piernas un poco y con mis dedos empecé a tocar mi clítoris.

    Quizás por el ruido de la TV o por mis propios ruidos no lo escuche entrar, solo me di cuenta de él cuando dos manos enormes, apretaron, casi dolorosamente, mis pechos. Abrí los ojos y ahí estaba, el guarda de seguridad, sonriendo y diciéndome: «PUTA»

    Lejos de asustarme, molestarme o cualquier reacción normal, solo me calenté y respondí sonriéndole de vuelta.

    -Sí que eres una putita -decía mientras se sacaba la verga del pantalón, me jalo hacia él sacando mi cabeza del apoyo de la mesa y haciendo abrir más las piernas. La metió toda y casi vomito, y tal vez fueron cosas mías, pero que rico me supo esa polla. Su mano jugaba con mi entrepierna mientras mi lengua hacía lo mismo con la suya.

    Se fue al otro extremo de la mesa, me dio la vuelta, mordió mis nalgas, me quitó el panty, y metió su cara entre mi culo, lamió unos minutos el ano para después concentrarse en la entrada de mi vagina, tenía un mete saca de dedos delicioso.

    Solo podía gemir y retorcerme de placer, de pronto paro y metió toda su rica verga, tuve que morderme el labio para no gritar como loca, toda esa situación me tenía como una perra en celo. Empezó a meter un dedo en mi culo, luego dos, después tres, finalmente metió cuatro, ya sus embestidas eran desenfrenadas tanto con su polla como con sus dedos.

    Se corrió en mi trasero sin dejar de penetrar me con sus dedos el culo.

    -Ese culito será mío.

  • La primera vez que realicé sexo oral

    La primera vez que realicé sexo oral

    La primera vez que realicé sexo oral no sabía que era exactamente el clítoris me encontraba en la época de la prepa, pero había leído que se encontraba arriba de la entrada de la vagina un ligero punto cubierto por un capuchón. Tampoco sabía que se podía dar tanto placer a una mujer. Un sábado por la tarde tenía una cita con una amiga, estuvimos en la casa y al estar solos lo primero que nos pasó por la mente fue ir al cuarto y encerrarnos, yo quería experimentar el sexo oral pero a ella no le gustaba mucho porque decía sentirse incómoda y no gustarle mucho ya que en otras ocasiones se lo habían practicado, pero no de la manera correcta.

    Hicimos algunas posiciones el misionero, patas al hombre, de perrito, de pie mirando los dos hacia la pared, yo cargándola a ella, hasta que llegue a mi limite y decidí terminar con la posición de perrito, como era tarde ella tenía que irse a su casa, la fui a embarcar y me regrese a comer me eche un baño rápido y me fui a ver a mis amigos.

    No tardé mucho con ellos ya que pronto darían las 10, marqué a la casa de una señora con la que salía y quedamos en vernos en unos momentos en su casa. Para entrar a su casa entraba por la parte más obscura de su patio llegaba tocaba la ventana de su cuarto levemente y ella salía a abrirme no importaba la hora a la que fuera así fueran las 10 o 3 de la mañana.

    Platicamos un rato y nos abrazamos, a decir verdad no tenía tantas ganas de tener sexo ya que apenas hace menos de dos horas había tenido sexo con mi amiga, pero al estar los dos solos en el sofá y acariciarnos las cosas se dieron. Ella traía una falda ajustada y una blusa ligera se acercó a acariciarme y empecé a besar su cuello y sus pechos, con mis manos acaricie sus piernas que eran de muy buen ver. Ella tomo iniciativa y subió ligeramente su falda para subirse sobre mí recargándome por completo en el sofá, la tome de sus glúteos y empecé a acariciarlos mientras nos seguíamos besando en la boca.

    Mis manos la tomaron de la cintura y empecé a apretarla contra mí, ponte el condón fue lo que me dijo, mientras mis dedos jugaban con su linda tanga de color negro, la cual hice a un lado para poder entrar a su lindo sexo. Me coloque el condón y en la posición que estábamos empezamos a tener sexo estando ella arriba de mí haciendo movimientos de atrás hacia adelante y de arriba hacia abajo, hasta que quedo completamente húmeda y empezar a lanzar ligeros gemidos, yo quería verla en 4 sobre el sofá con la falda levantada y con su tanguita color negro aun lado, empecé despacio y ella empezó a gemir suavemente, conforme aumentaba el ritmo y la fuerza empezó a gemir más fuerte y rápidamente, de inmediato le tape la boca para que no escucharon los vecinos, mientras que con la otra mano le jalaba el cabello, baje la mano con la que le estaba tapando la boca y empecé a jalar su tanga hacia arriba a manera de rompérsela, y aumentar la rapidez y el nivel de mis embestidas contra sus dulces nalgas, haciendo que ella gimiera más rápido hasta terminar en un rico orgasmo.

    Después de esto le comente que me esperara que no me sentía muy bien, ella se sentó en el sillón y la seguí besando en la parte de su abdomen pero ella con su mano empezó a dirigir mi cabeza hacia abajo hasta llegar a su sexo supuse que quería sexo oral, nunca se me había ocurrido hacerle sexo oral a ella, pero sus manos me dirigían y de alguna manera se lo debía por tantas noches que habíamos pasado. Ya estando a nivel de su sexo ella prácticamente acomodo su clítoris a nivel de mi lengua, lo único que hice fue hacer su tanga aun lado y empezar a lamer suavemente primero de arriba hacia abajo y después en movimientos circulares, pensé que no podría tener un orgasmo mas pero de inmediato sus gemidos empezaron a aumentar y ser más rápidos, con sus manos apretaba mi cabello y con sus piernas trataba de apretar parte de mi cuerpo, de un momento a otro estallo y su cuerpo empezó a temblar, mientras que yo con mis manos acariciaba sus pechos, su abdomen y sus piernas.

    Se tiró sobre el sillón y yo con mis dedos penetre su vagina para ver que estaba totalmente mojada, aun con mis dedos dentro de ella empecé a besar su pelvis para dirigirme hacia su abdomen, después sus pechos y por ultimo colocarme arriba de ella para besar esa linda boquita que tenía, para después proceder con un sexo más relajado y calmado, juntando nuestros cuerpos y besándonos, mientras que mi pene sentía la humedad de su interior.

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    Espero les halla agradado el relato, en caso de ser así comentármelo. Actualmente cuento con un libro llamado ‘El arte del orgasmo’ donde platico acerca de las formas efectivas para dar un orgasmo a una mujer y voy por el segundo libro donde trato el tema de ‘Como volver a una mujer multiorgásmica’.

    Mi correo es [email protected], suelo dar consultas y consejos de relaciones de pareja, sexo y dinero.

    Recuerda que no existe nada más lindo que ver disfrutar a una mujer del sexo y más si puede disfrutarlo muchas veces seguidas.

  • Leslie la madura

    Leslie la madura

    Un relato sobre Leslie, una recatada y refinada compañera y vecina madura, que siempre fue un apoyo para mí y mi sobresaliente carrera.

    Todo pasó cuando una mañana recorría el vecindario, Leslie vestía un vestido floreado ya que el clima estaba medio fresco, vestido permitía ver un poco de sus piernas, llevaba unos zapatos de tacón de uso cotidiano, se la veía muy bonita, no aparentaba la edad que tenía.

    A sus 42 años, Leslie es la esposa de un ingeniero de Pemex muy conocido por su dedicación hacia sus clientes, ella es una mujer de principios y valores, fiel a su esposo, decente, recatada y conservadora, y como no, ella se distingue por sus buenas formas: alta, de buen porte con rostro aristocrático, siempre usa ropa fina, de pelo castaño, tetas medianas, piel tersa y blanca, labios delgados y ojos color de miel.

    Como toda mujer que tiene 2 hijos, posee caderas anchas de carnes macizas, lo cual es llamativo al poseer un culo redondo y carnoso, algo que muchos tipos suelen llamar «un culazo bien rico».

    Ninguno de los que la veían caminar por la calle podía dejar de admirar aquel mujerón, pues su trasero, era de ésos que piden a fuerza ser tocados, manoseados y cogidos; sus nalgas respingonas hacían que muchos hombres adultos y jóvenes la desearan y con cualquier motivo la rocen con sus manos, con el brazo ya sea en la calle, el supermercado o en el autobús.

    Pero como Leslie fue fundamental para mi superación, les cuento que a mis escasos 20 años, con una familia fragmentada, no me quedaba más que vivir como fuera y de vendedor ambulante también tuve que fungir.

    Ella estaba haciendo las compras para el almuerzo, al salir del negocio me vio en la esquina, estaba trabajando como vendedor ambulante, estaba vendiendo plantas.

    Un viento fuerte paso, despeinando la melena castaña de Leslie y levantando un poco su vestido, dejando ver sus nalgas, varios no perdieron detalle de eso, un micro busero le tocó bocina y le dijo alguna grosería.

    La hermosa mamá hizo caso omiso de eso y volvió a mirar hacia donde estaba yo, el viento había tirado una de mis plantas desparramando tierra, a ella le dio compasión y se acercó para ayudarlo.

    L: ¡Gracias señora, yo puedo solo!

    A Leslie le daba ternura, podría haber sido su hijo, pero de hecho era bastante más chico que sus hijos.

    Rápidamente le ofrecí alguna planta, ella se agacho para ver y eligió una, la compró más por caridad que por otra cosa, Leslie agarro la planta, pero llevaba las bolsas de las compras y se le complicaba, me ofrecí a ayudarla.

    Les: ¡Gracias, eres muy amable!

    Dijo la hermosa mama, vivo en la otra cuadra, dicho esto, puse la planta en un carrito que tenía con las demás y nos dirigimos a la casa.

    Leslie caminaba delante mío, disimuladamente le mire el trasero que no pasó inadvertido para aquél chiquillo que vio en ella un gran culo bien formado y con nalgas carnosas, de caderas anchas y muslos gruesos, conforme caminaban, sentía morbo por ella al ver el contoneo de sus nalgas, mientras Leslie me hablaba, me imaginaba como mi verga se deslizaba entre ese tremendo par de redondos glúteos, mi verga comenzaba a ponerse dura y me la tuve que acomodar para disimular el enorme bulto que se formaba en mis bermudas, pues tener ante mis ojos a una mujer madura de bello rostro, piel blanca y melena castaña era algo no cotidiano.

    Les: ¿Y dime, estas solo aquí?

    L: Me llamo Luis, y no es que este solo, más bien estoy viviendo por mi parte, ¡no concuerdo mucho con mi familia!

    Al llegar a la puerta ella le preguntó:

    Les: ¿Por qué no pasas?, puedo preparar algo para comer.

    L: ¡Señora no quiero ser una molestia!

    La hermosa mama insistió, así que accedí gustosamente, pasamos al edificio, deje el carrito con las plantas a un costado y le ayude con las bolsas, ¡definitivamente un lugar distinto al que pertenecía yo!

    Les: Siéntete cómodo Luis, ¡ya va a estar el almuerzo!

    L: ¡Gracias señora!

    Les: Puedes llamarme Leslie o Les, me hace sentir más vieja que me digas señora jajá, ¡puedes ver la tele si quieres!

    Me puse a ver la tele, fui agarrando confianza de a poco. Disfrutaba estar bajo ese techo, mirando la televisión y mirando a la hermosa mama en la cocina, no solía recibir ese trato de la gente y menos aún de una bella mujer, ella me conversaba desde la cocina, mientras preparaba el almuerzo, por mi parte mientras me hablaba la veía de espaldas, podía ver impunemente sus piernas, subía la mirada hacia sus nalgas.

    Tenía las hormonas revolucionadas, algo propio de mi edad, me deleitaba viéndola, ella desde donde estaba no podía verlo del todo ya que la mesa la tapaba, disimuladamente me tocaba la verga erecta agarrándomela sobre el pantalón.

    ¡Fantaseaba que le levantaba el vestido, le corría el calzón hacia un lado y la penetraba salvajemente, esta idea lo ponía a mil! Pero la voz de Leslie me sacaba del trance.

    Me preguntaba sobre algo de la comida, le respondió que sí, sin darle mucha importancia, la hermosa mamá se acercaba con una fuente de comida a la mesa, estaba hambriento, devoraba mi plato, a ella parecía no molestarle mi falta de modales, lo entendía, conversamos placenteramente mientras comíamos.

    L: ¡Tengo que ir a mear!

    Leslie haciendo un gesto me indicó donde estaba el baño, comprendía porque era así, según su perspectiva yo no tenía la culpa.

    Les: ¡No quieres darte un baño!

    Acepte tomar la ducha, la verdad me hacía mucha falta. ahora podía masturbarme libremente, pensaba en la hermosa mamá, en sus tetas y su culo, imaginaba como me la follaba!

    Ella recordó que la toalla estaba para lavar, así que buscó una limpia en el placar, se dirigió al baño y tocó la puerta, pero yo aún estaba muy concentrado en lo mío y no le respondí, ella abrió un poco la puerta y acerco la toalla, yo no respondí por lo que pidió permiso y entró al baño.

    Les: Luis, traje una toalla…

    Ella quedo helada, al ver lo que hacía, la cortina de la ducha estaba abierta, y podía ver cómo me pajeaba. No pensaba ver eso, no quería verlo.

    Les: ¿¡Nene que estás haciendo!?

    ¡Quede boquiabierto, la mire, pero no me detuve!

    L: ¡Ahhh Leslie!!!

    Les: ¡Mocoso pervertido, fuera de aquí!

    Ella ya se mostraba intolerante, estaba enojada, aunque estaba nerviosa al mismo tiempo, me había visto la polla y la tenia del tamaño de un actor porno, ¡era grande para mi aspecto físico en ese momento!

    Reaccionando como pudo, me tomo del brazo y me saco de la ducha.

    Les: ¡Te vas ya de aquí!

    Me trataba como un niño, pero yo no lo era, en el movimiento toque con la polla las piernas de la hermosa mama, pero ella se asqueó.

    Les: ¡Ohh dios! por favor vete

    L: Leslie, por favor, ¡mire como tengo la polla!

    La hermosa madura de reojo miraba el miembro, estaba erecto y parecía que iba a explotar.

    Le producía una sensación extraña, que un muchacho casi 20 años menor que ella se la quiera follar, la humillaba, pero de alguna manera la excitaba también.

    Les: ¡Eres un casi un niño, por favor detente!

    Pese a mi complexión delgada, la sujetaba con fuerza desde atrás, ella no podía zafarse.

    La empecé a manosear, desesperadamente le tocaba las tetas y el culo, la hermosa madura se sujetó de la pared del baño, le metí mano por debajo del vestido, la frotaba sobre la ropa interior, ¡de forma brusca!

    Les: ¡Luis, basta, no puedes tocarme ahí, no, ah!

    Mientras le sobaba una teta y acariciaba su vagina, la voluptuosa mamá sentía una sensación placentera, ¡para ser un chico tan joven tenía buena mano!

    Le saque el vestido a la fuerza, tirándolo afuera del baño, le desabrocho el corpiño dejando al aire libre sus tetas, Leslie se cubría el pecho con las manos, aproveche para manosearle el culo por encima de la ropa interior. La fantasía con la cual me estaba pajeando hace un momento se estaba haciendo realidad. Su vestido caía hasta los tobillos, ella quiso sacarse los zapatos para que no quedara demasiada alta para mí, puesto que con sus tacones llegaba a casi 1.78 m, pero yo no la deje!

    L: ¡No señora, los zapatos déjeselos, me gusta más así!!

    Leslie estaba desnuda, acerque mi polla totalmente erecta a la concha y la ensarte!

    La hermosa mamó lanzó un gemido, se sujetaba de la pared mientras la penetraba torpemente. Sentía como entraba la verga, ¡la agarraba de las caderas y le daba lentos embates de su pelvis contra sus carnosas nalgas!

    ¡Oh, oh!, solo alcanzaba a decir ella, con los ojos cerrados, se sentía ultrajada, humillada por mí, que ahora la estaba penetrando, la penetraba como podía, era inexperto aun, ella nunca sabrá porque lo hizo, pero guio la polla de hasta su concha y me ayudaba a penetrarla.

    Les: ¡Si, así, Luis mmm!

    L: ¡Leslie, si, se siente increíble, ah!!!

    La excitación era tanta que no pude controlarme más e inundé de semen la concha de la hermosa y decente mujer, ¡la leche salía y goteaba por sus muslos y sus piernas temblaban!

    La lleve dentro de la mampara, agarre el duchador y la lave, recorría sus muslos, y dejaba caer el agua sobre su vagina, con las manos estimulaba su clítoris, Leslie no lo podía creer, la estaba calentando mucho.

    Había tenido un orgasmo, esto fue suficiente para poner dura otra vez mi polla, levante a Leslie y me senté en el suelo, haciendo que ella se siente en mi polla. Bajaba despacio y subía para luego bajar de nuevo, la verga desparecía dentro de la concha de Leslie, se la tragaba enterita, la tenía más grande que varios hombres con los que ella había estado, sus tetas bamboleaban, ¡estaba gozando mucho!

    Les: ¡Sí!!! Luis, así sigue, dame, ahí, ah!

    L: ¡Oh si, señora Leslie, gimes rico, así sigue!

    Les: ¡Oh si pendejo, así, me vas a partir en dos!

    Leslie no aguanto más y tuvo otro orgasmo, gimiendo como una loba, no tarde mucho tiempo en largar la leche, sin duda había sido una de las mejores folladas de su vida, ciertamente la mejor de mí en ese momento, que, aunque ya había debutado, pero nadie como esa mujer de 42 años!

    Nos quedamos un rato tirados bajo el agua de la ducha, lavándonos mutuamente, Leslie me lavaba las bolas y el pene, ¡había quedado fascinada por mi verga!

    Les: ¿Vas a estar listo para un tercer round?

    L: ¡Lo que usted diga señora!

    Les: Bien, espera en el salón a que yo te llame…

    «Me da morbo la idea de follar con este chico, que Dios me perdone, pero no lo puedo evitar…» pensaba Leslie mientras escogía sus prendas entre su fina lencería!

    A los pocos minutos salió a la sala y me llamo, cuando llegue, ella estaba de pie, llevaba puesto un corpiño negro de satín que le apretaba la cintura, al corpiño iban unidas cuatro tiras que formaban unos ligueros, un par de medias de nylon y entre el corpiño y los ligueros, tapando su sexo, llevaba una pataleta de encaje, ¡muy fina!

    Fui rápidamente hacia ella, la besé en los labios, Leslie se había maquillado un poco. Ella abrió su boca y dejó que metiera torpemente mi lengua dentro de su boca, mi erección se hizo evidente.

    Les: ¿Te gusto?

    – Mucho, respondí, por detrás de ella, pude ver ese gran culo que tanto deseaba, con esas pantaletas de encaje que le realzaban sus dos cachetes.

    En eso Leslie se hincó frente a él, ¡acercó sus labios a mi verga y mirándome fijamente se la metió en la boca!

    L: Oh señora Leslie, ¡es increíble!

    Les: ¡Como me gusta esta suave cabeza, este duro tronco y estas pelotas!

    Decía ella recorriendo el pene y lamiéndome los huevos, como era de esperarse ya estaba listo para otro round.

    Les: ¡Vamos a la habitación!

    Entramos a la habitación y Leslie se abrió bien de piernas esperando recibir su pedazote, lentamente le quité su pataleta y empecé a lamerle el coño, muy despacio al principio, hasta que le metí la lengua dentro, y se la comencé a pasar desde el culo hasta el clítoris, después de unos minutos la penetré, ¡era bueno clavando!

    Para estar más cómodos le pedí cambiar de postura, le di la vuelta y la puse en cuatro, el hermoso y redondo culo en pompa de Leslie frente a mí, fue todo un regalo para mi vista.

    Masajee un instante las carnosas nalgas de la hermosa mamá antes de volver a llevarle mi polla a su vagina, antes de meterla, frote mi miembro erecto arriba y abajo por el exterior del coño mojado, abriéndole los labios vaginales y frotándole también el clítoris, ¡excitándola muchísimo!

    Les: ¡Papi, que rico!

    L: ¡Eres un manjar señora!

    Les: ¡dime Leslie, o Les, para sentirme más cómoda!

    L: ¡Como digas Leslie!

    Ese joven había aprendido cómo hacer gozar a una mujer, no había duda, le hundí de nuevo la pija tomándola de las caderas reanudó mis embestidas, Leslie estaba apoyada con los antebrazos sobre la almohada, y en la ventana con la persiana bajada que daba a su balcón vio reflejada la imagen del chico follándosela por detrás con cara de triunfo y satisfacción, y ella debajo con sus grandes pechos rebotando de nuevo arriba y abajo, la mire a través del reflejo de la ventana y sonreí maliciosamente.

    No imagine que en la situación que estaba iba a tener así a una señora de clase, en lencería, de bello rostro, piel blanca y melena castaña, cogiéndola a placer, ahora tenía mis manos agarrándole sus caderas anchas de carnes macizas, mis embestidas eran más fuertes y rápidas, ¡me excitaba ver rebotar las carnosas y rosadas nalgas de ese culazo bien rico y deseado por muchos tipos de la calle!

    L: ¡Ah, Leslie, que nalgotas, mamacita rica!

    Al oír eso, un nuevo orgasmo recorrió todo el cuerpo de Leslie como si la hubieran electrizado, ella tuvo que agarrarse a los bordes de la cama y ahogar con fuerza los gemidos que brotaban de su garganta.

    Les: ¡Ay que rico, me vengo, papito agh, mas así, uf, eres rico, que rico!

    L: ¡Dios mío, Leslie, que nalgas que rico!

    Les: ¡Dame tu leche, quiero leche, mmm, así, que rica verga!!!

    L: ¡Tómala nena, uf, que rico, agh!

    Por tercera ocasión nos venimos juntos y tuvimos otro orgasmo, quedamos en la cama recostados, ¡reposando del rico orgasmo obtenido minutos antes!

    Les: ¡Que rico amor!

    L: ¡Dios, gracias por todo!

    Estuvimos así hasta la 1 de la tarde aproximadamente, cogíamos y cogíamos, oral y vaginal, aun no me dejaba cogérmela por el culito, pero me sentía conforme con lo que me daba, además una madura de su talla, ¡no cualquiera se la coge!

    Leslie tenía que recoger a su hijo menor de la escuela, antes de despedirnos, me dio unas ropas que eran de su hijo Matías, me dio algunos alimentos y un rico beso, diciéndome que podía ir a verla cuando yo quisiera!

    ¡Yo estaba feliz, había vendido una planta, había comido, me había bañado y por supuesto me había tirado a una señora de clase, sin duda tuve un día de suerte!

    Un día, Matías, buscando en su closet no encontraba algunas prendas, que si bien estaban un poco desgastadas las seguía usando, su mamá le dijo que las había donado, que se debe ser solidario porque hay gente que la necesita más.

    Leslie era tan buena, sólo que Matías ignoraba en que se basaba la solidaridad y hospitalidad de su hermosa mamá.

  • Esas chicas de limpieza: Vicky

    Esas chicas de limpieza: Vicky

    En este relato busco un poco compartir algo que me ha pasado en los trabajos que he tenido y mi relación con las chicas de limpieza en cada uno de ellos, aunque también cómo fue que empezó mi gusto por ellas. También debo agregar que como todo en la vida había chicas guapas, otras normales y otras feas, pero eso no me detuvo en buscar mi objetivo final que era tener sexo con ellas.

    Y por eso como mencioné todo tiene un inicio y este fue cierta vez cuando tendría unos 19 años y al estar de vacaciones de la universidad me tocaba sacar a pasear al perro de la familia, cosa que tuvo mucho de gratificante pues un día de esos me crucé con una chica paseando a su perro y mientras los perros jugaban entablé conversación con ella y me comentó que no era su perro sino de la familia donde trabajaba como empleada doméstica y que ella era natural de la selva (resido en Lima, Perú, así que mis coterráneos sabrán lo que se dice de las mujeres de allá… deseosas de sexo todo el día).

    Poco a poco fuimos entablando una amistad y empezamos a salir los días que ella tenía libres, fui paso a paso pues quería comprobar lo que decía de las charapas. No voy a negar que al ser una empleada doméstica lo único que yo buscaba era sexo y nada más, pero tenía que aparentar un interés romántico si deseaba llevarme a la cama a la chica que a pesar de tener 18 años aparentaba menos edad y su talle delgado ayudaba mucho a pensar que tuviera menos años y ni qué decir de sus pequeños senos, pero con pezón grande y oscuro que resaltaba en su piel trigueña.

    No demoró tanto tiempo para volvernos enamorados y en una de nuestras salidas pues terminamos en un hotel y al fin pude disfrutar de su cuerpo y para ser nuestra primera vez y ser tan joven se mostró muy desinhibida en disfrutar del sexo. Y sin querer había abierto la caja de Pandora pues Vicky (la llamaré así en el relato) me asombró con su desempeño y deseo sexual pues prácticamente nos veíamos a diario, aunque para eso tuvimos la suerte que ella dormía en la casa donde trabajaba y obviamente tenía un cuarto propio en el segundo piso de la casa, lo más curioso es que ese era el único cuarto hecho para ese propósito.

    Sin querer los dueños de casa nos habían construido nuestro nido de amor donde dábamos rienda suelta a nuestros impulsos sexuales sin temor a ser descubiertos. Cada noche a una hora determinada esperaba al frente de la casa a que Vicky me abriera la puerta e ir a su cuarto y normalmente nos quedábamos 2 horas entregados al sexo salvaje, pues ella sí confirmó lo que se dice de las charapas, esas mujeres están hechas para y por el sexo, las cópulas que disfruté con ella están marcadas a fuego en mi ser.

    A pesar de todo lo bien que lo pasábamos, todo lo hacíamos a oscuras hasta que ella se consiguió una lámpara de mesa pues tener la luz encendida del cuarto llamaría la atención de alguna manera o eso pensábamos en esa época, más que nada porque según lo que me contó ella, los dueños de casa eran muy celosos y trataban de cuidarla en la medida de lo posible, pero era delicioso ver su cuerpo delgado y trigueño sufriendo y gozando de placer, ahogado por la situación de ser discretos, pero placer, al fin y al cabo. Y sus gemidos pues qué puedo decir al respecto, así como su acento particular al hablar, sus gemidos eran así, muy propios y aunque a muchos quizá les diera risa el acento de las charapas a mí me calentaba sobremanera y eso se lo hice saber.

    —Vicky, tu acento me pone a hervir. —susurré mientras ella me cabalgaba como si de una amazona fuera.

    —¿Es en serio? Porque la gente dice que les da risa.

    —Pues a mí no me causa risa. —y tratando de saciar mi curiosidad por algo pregunté. ¿Y a qué edad tuviste tu primera relación sexual?

    Ella me miró de lo más normal y respondió de la misma manera.

    —Pues a los 13 años.

    —Ah vaya tan niña. —respondí bastante sorprendido.

    —Es que en la selva es normal empezar de niños. —contestó sin dejar de moverse sobre mí.

    —De razón eres tan buena en el sexo a pesar de tu corta edad y hacerme sentir tan delicioso.

    —¿Te gusta mucho? —interrogó la amazona.

    —Muchísimo, pequeña, tu vagina se siente tan caliente y mojada que me pones loco del gusto.

    Ni bien dije eso, Vicky cerró los ojos y empezó a moverse con más furia y deseo, si eso fuera aún posible. Sus paredes vaginales amurallaban todo el largo de mi enhiesto pene que batallaba firme por no salir derrotado de esa contienda sexual. A pesar de no ser guapa sino una simpatía particular, su rostro exhalaba un áurea sexual incomparable, una hembra total y yo solo dejaba que ella hiciera lo que quisiera encima de mí. Luego de un buen rato la jalé hacia mí y me prendí a su pecho como si de un recién nacido se tratara y pasando de un pezón al otro sin detenernos en la cópula. Luego de empezar a sentir ese cosquilleo característico en el glande y que anunciaba mi eyaculación inminente, saqué mi verga y solté una eyaculación abundante que salpicó sus nalgas y nos quedamos reposando y recobrando el aliento.

    —Ha sido delicioso amor. —dijo ella sonriendo a mi lado.

    —Demasiado muñeca, aunque me gustaría eyacular dentro de ti y sin preocuparnos de un embarazo.

    —Sí amor, eso quiero mucho sentir tu leche llenándome.

    —Yo también me muero de ganas de terminar dentro de ti así que pensaremos que método anticonceptivo puede ser el más adecuado.

    —¿Pero cómo sabremos eso?

    —Pues podemos ir a la posta que está cerca al mercado y podemos hacer la consulta. —respondí.

    Nos miramos y nos besamos apasionadamente sumergidos en la cálida noche de verano para luego vestirme e ir a mi casa y no levantar sospechas de mis llegadas nocturnas.

    Cuando llegamos a ir a la posta no tuvimos problemas en que nos informaran sobre los distintos métodos y como las pastillas se nos hacían mucho lío, nos decidimos por las inyecciones que serían cada 3 meses. Y así pudimos seguir disfrutando sin peligro de concepción.

    Cada vez que salíamos en su día libre y terminábamos en el hotel pues allí no estábamos atados para entregarnos completamente y sus gemidos y gritos inundaban cada rincón de la habitación. Verla prenderse de mi verga y juguetear con su lengua en mi glande era la locura, para luego ver como sus labios estaban prendidos de mi miembro mientras iniciaba su sube y baja bucal, y todo sin que su lengua por dentro siguiera en su juego. ¡Qué mamadas daba esta charapita! Y encima, la condenada no se olvidaba de los gemelos, degustándolos uno a uno y dejándolos bien ensalivados… ¡Una delicia! De allí la fama que tienen las chicas de la selva de siempre mantener satisfechos a sus machos.

    Después eso, era yo quien tomaba manos a la obra y hundía mi cara entre sus piernas para saborear todos los pliegues de su vagina y jugar con su clítoris, lo bueno de eso es que Vicky no tenía una pelambrera púbica abundante y así me libraba de atorarme con algún vello. Mientras yo seguía comiendo y comiendo papita, la charapa me revolvía de los cabellos ahogada en suspiros de placer y una vez de quedarme sin lengua, me movía agarrando mi pene y llevándolo hacia la entrada vaginal y procediendo a empujar el glande juguetón hasta que desaparecía dentro de la cueva del placer, Vicky me llamaba para que me eche encima de ella y quedar abrazados y con mi verga llenándola por completo.

    —Qué rico se siente mi niña.

    —Sí, muy rico sentirte dentro de mí. —respondió Vicky.

    —Estás mojadísima y caliente. —dije moviendo mi pene dentro de ella.

    —Mmm qué grande. —dijo sonriendo. Siento que choca con el fondo de mi vagina.

    —Sí lo sientes cuando empujo pues yo también siento mi glande chocar con algo.

    —Antes cuando hacías eso me dolía un poquito pero ahora se siente muy rico. —respondió pasando sus brazos por detrás de mi cuello y fundiéndonos en un beso húmedo y lascivo.

    Lentamente nuestros cuerpos se fueron entregando al placer mientras mi pene se abría paso entre las paredes vaginales de mi joven amante y que poco a poco se iba calentando más; y lo sabía pues mi termómetro de carne así me lo señalaba. Con los minutos que fueron pasando, la habitación se llenaba de sus gemidos y quejidos y yo no me detenía en el mete y saca, pero bien prendido a uno de sus senos, y pasando de uno al otro como si de un bebé se tratara. Luego, cambiamos a perrito y a pesar que su ano me guiñaba deseoso, decidí esperar para más adelante pues no tenía lubricante a la mano y poseer ese rincón aún virgen de ella. Así que agarré mi pene y poco a poco mientras empujaba mi glande fue desapareciendo dentro de Vicky, una vez que tuve la mitad en su canal vaginal la sujeté de las caderas y empecé a moverme con suavidad que no duró mucho tiempo pues segundos después dejaba ir mis caderas con velocidad provocando los gritos de la charapa.

    —Ouuu. —se quejaba la pequeña.

    —¿Me detengo? —interrogué sometiéndola con furia.

    —¡Nooo! Sigue, sigue. —gruñó presa del placer.

    Esta hija de la selva se me entregaba por completo y yo solo podía seguir gozando con su cuerpo. Cada centímetro de ella me pertenecía.

    —¿De quién es tu cuerpo Vicky? —pregunté.

    —Tuyo amor, todo tuyo. —respondió ahogada en gemidos. Haz conmigo lo que quieras.

    Y a pesar del calor por la acción de nuestros cuerpos en el acto sexual, no bajábamos las revoluciones y así empapados en sudor no pude aguantar más y terminé por eyacular abundantemente, llenándola por completo, mis fuerzas me abandonaron por un momento y dejé caer todo mi peso sobre ella que cedió ante eso y quedamos echados en la cama, ella abajo y yo encima con la verga aún dentro de su concha. Y al sacar mi cansado miembro, nos quedamos dormidos, pero sin temor alguno pues esos sábados nos quedábamos a dormir en el hotel hasta el domingo en la tarde cuando ella regresaba al trabajo. Después del descanso nos duchábamos y salíamos a pasear y cenar algo, de paso también comprábamos algunas cervezas y al regresar al cuarto tomar mientras veíamos alguna película y seguir toda la madrugada envueltos en el placer sexual, esa habitación olía a puro sexo.

    También entre las cosas que hacíamos era sacar provecho del internet para poder ver nuevas poses sexuales que fuimos llevando a cabo en cada encuentro, así pudimos experimentar de la estrella, la flor de loto, el sacacorchos, entre otros, y si desean saber cómo son esas poses pues usen Google.

    A pesar de todo y como les mencioné, no buscaba una relación seria con Vicky, aunque oficialmente fuéramos enamorados, yo solo quería disfrutar del sexo y eso es lo que ella me daba. Nuestra relación duró aproximadamente poco más de un año y finalizó cuando la hija de la señora para quien trabajaba nos vio entrando a un hotel, casualidades de la vida, y le informó a su madre lo que vio, para luego hacer confesar a Vicky y contarles lo sucedido a sus padres allá en su tierra. Y así nos dijimos adiós pues ella no podía hacer nada al respecto pues a pesar de prometernos seguir en contacto, cuando se es tan joven, esas promesas son difíciles de cumplir.

  • A mis cortos 20 años buscaba cogerme a una mayor

    A mis cortos 20 años buscaba cogerme a una mayor

    Hace ya varios años trabaja en una institución del gobierno, yo estaba en mis 20 años de edad, para ese entonces me sentía muy atraído por las mujeres mayores, ya al nivel de fantasía, quería vivir esa experiencia. Fue cuando me fije en quien era mi jefa. Una mujer en sus 40, profesional, con mucho liderazgo y sobresaliente en su trabajo. Su físico no era algo espectacular, pero sus tetas si salían de lo ordinario.

    Bueno cierto día comencé a acercarme a ella, le testeaba por whatsapp y comenzamos a tener conversaciones a menudo, la miraba de manera indecorosa aun ella se diera cuenta que lo hacía, aunque hasta cierto punto me sentía algo apenado por ella ser una muy buena amiga de mi madre. Al pasar el tiempo ya mis comentarios habían pasado de simples piropos a insinuaciones por el chat a lo que en un principio ella solo sonreía y me respondía con frases como ‘’niño, yo podría ser tu madre’’ o ‘’me mata si se entera tu madre’’, y cosas por el estilo. Pero por sus reacciones yo sentía que en el fondo a ella le gustaban esas insinuaciones y me atrevo a decir que hasta la excitaban.

    Un día en el trabajo ella estuvo dando una ronda para observan como marchaban los distintos departamentos, yo era asistente en uno de los que más carga llevaban en cuanto a trabajo, pero ese día estaba solo en la oficina, cuando entro me saludo con una sonrisa coqueta y yo la salude igual, comenzó a hacerme preguntas de porque le hablaba de esos temas y le decía cosas con tono caliente, a lo que yo muy suelto le respondía con sinceridad, le comente desde que día comencé a fijarme en ella con pensamientos sexuales y por qué creía había comenzado a sentirme atraído por ella. Ella solo sonreía y me pedía que hablara un poco más bajito, para que no se escuchara, entonces fue cuando me di cuenta que estaba hablando muy exaltado y emocionado. Trate de controlar mi emoción y con mi característico atrevimiento y soltura me puse de pie frente a ella le tome su mano izquierda y le dije, mira lo que me provocas mientras le colocaba su mano sobre mi pantalón para que sintiera mi erección, ella se sorprendió mucho y note como se sonrojó y me pregunto que si eso era provocado por ella, yo le respondí que si e hice intento de besarla pero ella me dijo que ahí no, y se levantó, yo aproveche para agarrar sus nalgas y tratar de meter mano donde pudiera, y ella me refuto de nuevo que no en el trabajo.

    Desde ese día ya los chats eran más explícitos e intensos, le hablaba claramente de las cosas que me gustaría hacerle y que ella me hiciera, y cuando tenía que pasar por su oficina siempre intentaba toquetearla y un día casi nos descubren. Al pasar los días ella fue de visita a mi casa (para ese entonces aún vivía en mi casa materna) y al ser buena amiga de mi madre estas se instalaban a conversar, yo estaba en la sala pensando cómo podría hacer para tener un tiempo a solas con ella y me vino a la mente el pensamiento de que hacía poco mi madre había mandado a hacer un balcón frente a la casa, que no estaba terminado y por ello había que entrar a través de una de las habitaciones de la casa, entonces lo planee todo en un segundo, subiría al 2do nivel de la casa para atravesar la habitación y salir al balcón y si nadie nos seguía sería un breve pero muy aprovechable momento.

    Entonces lo solté ‘’Jefa, usted vio el balcón que hizo mami allá arriba?’’, su respuesta fue que no y mi madre dijo me dijo que aún no estaba terminado, que faltaban algunos detalles, etc… y yo solo dije ‘’Si usted quiere venga para que vea cómo va el progreso’’ y ella me dijo que si, y subimos al segundo nivel, ahí hay un pasillo que no hay vista desde abajo entonces aproveche y la pegue a la pared y la bese, ella me correspondió el beso y me dijo ‘’a esto fue que me subiste aquí? Me engañaste, no me lo esperaba’’ y seguimos con el beso pero yo estaba desesperado, quería más de ahí, y la jale del brazo hasta la cama de la habitación y la senté en una orilla y saque mi pene, ella se asustó, me dijo que nos podían encontrar, pero yo le dije que no había nadie en el 2do nivel y que si alguien subía escucharíamos los pasos por las escaleras, ella solo sonrió y lo metió en su boca, lo mamaba suave y lento, supongo que un poco nerviosa por la situación, pero me gustaba como lo estaba haciendo, yo estaba extasiado y quería cogérmela ahí mismo, pero si nos descubrían todo sería un desastre así que disfrute un poco hasta que ella me dijo que era suficiente y salió al balcón, y se sentó en uno de los muebles que habían afuera, tenía un vestido lo cual aproveche para sentarme frente a ella y tocarla bajo su pantaletas, ella se dejó y le comencé a tocar con mis dedos, estaba mojadísima, súper excitada así que la penetre con un dedo, ella lanzo un pequeño gemido y entonces sentí que había alguien en el segundo piso, así que me detuve, ella me dijo que lo mejor era que bajáramos y así lo hicimos. El resto de la velada fue normal, ella siguió hablando con mi madre y mis hermanos, entonces al llegar el momento de irse yo fui quien la acompaño a la puerta, momento que aproveche para toquetearla de nuevo y preguntarle que le había parecido la experiencia a lo que ella con una sonrisa dijo ‘’Me gusto, ahora quiero terminar lo que empecé’’ mientras me lanzaba una mirada picara.

    Ya desde ahí hablamos con claridad de que queríamos hacer y definitivamente era coger, pero nunca se daba el momento, hasta que llegamos al tema de que ella se sentía culpable por yo ser el hijo de su amiga, que sentía que le estaba fallando a mi madre y que no quería seguir con el ‘’juego’’. Yo pensaba en cómo podría hacer para que se diera la ocasión, porque creía que si nos encontrábamos solos ella no pondría objeción. Unas semanas después yo la contacte y le dije que quería hablarle sobre un asunto del trabajo, ella me dijo que estaba de vacaciones y que yo podía ir a su casa, pero yo sabía que ahí estarían sus hijas y mi plan era cogérmela, así que le comencé a hacer preguntas banales para así deducir cuando ella estaría sola en casa, sabía que si iba en la mañana sus hijas no estarían, debido a que debían estar en la escuela, pero su trabajadora casera si, y esta además de también conocer a mi madre, no me permitiría cumplir mi cometido, no recuerdo bajo que tema pero ella llego a decirme que su trabajadora estaba libre los miércoles, así que el siguiente miércoles pedí un permiso en el trabajo para salir temprano con la excusa de una clase extra de la universidad y sin avisar llegue a su casa, toque el timbre, escuche una voz femenina preguntar quien era y yo me presente, vaya sorpresa al abrir la puerta la trabajadora, sentí rabia, me dije a mi mismo, se supone que ella no debe estar aquí… y proseguí a entrar, al llegar al comedor estaba mi jefa, desayunando y me saludo con mucho cariño, me pregunto si ya había desayunado a lo que respondí que sí, pero ella le pidió a la empleada que me hiciera un sándwich, le dije que gracias y ella me invito a sentarme a la mesa, pasa disimular comencé a hablar sobre temas del trabajo, pero en voz baja le dije ‘’Me dijiste que ella no venía los miércoles’’ ella me miro con cara coqueta y exclamó ‘’ahhh, con que a eso se debe la sorpresa’’ mientras sonreía, me explico que ese día si porque irían a hacer unas diligencias juntas, yo baje mi cabeza resignado, ella lo noto y sonrió y me dijo que debí avisarle, entonces fue cuando la empleada me trajo el sándwich y mi jefa llamándola por su nombre le dijo ‘’vaya adelantando en el supermercado con la compra, que tengo que hablar algo con (mi nombre) y yo la alcanzo allá’’ y me miro a los ojos, la empleada le dijo que estaba de acuerdo y al cabo de unos minutos salió del apartamento, yo mire fijo a mi jefa y ella me miro mientras se terminaba su plato y me dijo ‘’se te dio’’ y sonreímos.

    Después de terminar cada uno de comer, pasamos a la habitación, nos besamos, nos tiramos a la cama y mientras nos desnudábamos nos chupábamos y lamiamos todo, le amasaba sus tetas y le chupaba los pezones, ella gemía y me decía que le gustaba lo que le hacía, cuando llegue a su vulva para hacerle sexo oral, la tenía depilada y me dijo mientras se tocaba ‘’mira, como te gusta’’ y yo comencé a comérsela, ella gemía y me apretaba la cabeza, me decía que lo hacía rico y preguntaba que quien me había enseñado, yo solo seguía mamando y viéndola retorcerse hasta que ella me dijo que era su turno y me saco el bóxer y me comenzó a mamar el pene, esta vez era más agresiva y lo lamia y lo trataba de meter entero en su boca, yo la miraba y disfrutaba. Ella me pidió que le hiciera otra vez sexo oral y yo obedecí, baje a su entre pierna de nuevo y la besaba, chupaba y lamia su vagina mientras ella gemía de placer, me incorpore y me dispuse a penetrarla, yo sabía que ella había pasado por un proceso de divorcio hacía ya bastante tiempo y ella al ver mi intención dijo ‘’me vas a encontrar virgen otra vez’’ y tenía razón, estaba bien apretada, me pidió que le hiciera un poco más de sexo oral pero yo ya no pensaba retrocedes y empuje hasta que entre todo mi miembro en ella, ella gemía y seguía retorciéndose de placer y yo comencé a bombear, y disfrutaba ver su cara de placer. Y ahí estaba yo, a mis 20 años, cogiéndome a mi jefa de 40 y tantos en su cama. Sus gemidos eran fuertes, pero yo no pude con la excitación y termine dentro de ella a los pocos minutos. Ella se incorporó, me miro, sonrió y se dejó caer en la cama de nuevo, pero se sobre saltó y me pregunto, ‘’que hora es?’’ y se levantó rápidamente, coloco su mano sobre su vagina mientras lanzaba un ligero ‘’ufff’’ y apretó las piernas para que mi leche no se derramara desde sus adentros. Me dijo que tenía que irse, que sentía que fuera así de rápido pero que tenía diligencias que hacer y que luego hablaríamos, tomamos un baño y nos fuimos yo a mi trabajo y ella a alcanzar a la trabajadora al supermercado. Luego de este encuentro pasaron algunas cosas y ella y yo nos dejamos de hablar por un tiempo, hasta hace poco que recuperamos el contacto.

  • Eli, una deliciosa madura: La segunda y última vuelta

    Eli, una deliciosa madura: La segunda y última vuelta

    Como saben, nuestra historia tenía ya varios años. En estos días que relato, mi bella mujer está cerca de los 60 años y tiene un cuerpo de envida para muchas jóvenes.

    Por cuestiones fortuitas ella tenía una habitación para rentar en su casa y yo necesitaba una por un tiempo corto. Las primeras noches no pasé de darle un beso ligero en la boca, como midiendo su disposición para coger conmigo de nuevo. La tercera tarde, llegué aproximadamente a las 7:00 p.m. y noté que se encontraba en su piso. Me bañé para acercarme fresco y espabilado. Bajé a su puerta y toqué, no tardó mucho en abrir la puerta, se puso un poco nerviosa al verme, respondiéndole yo con un beso intenso y un fuerte abrazo, le tomé de la cintura y puse mis manos sobre sus nalgas. Terminamos el beso y me dio la espalda llevándome a su recámara. No hubo necesidad de hablar nada más, nos besamos como siempre, ¡je! Yo soy mejor para besar que ella. Y eso me excita sobre manera…

    La recosté en la cama y comencé por quitarle la ropa, me urgía chupar sus deliciosas tetas, tan suaves y grandes. Se les notaba el paso de los años, pero ese detalle hacía que me gustaran más. No tardé mucho en bajar hasta su deliciosa pucha, estaba completamente seguro que estaba limpia como siempre. Hurgué en sus labios y sus pelos depilados, me centré en su delicioso y duro clítoris, se empapó de sus jugos y mi saliva, es delicioso tener en mi boca su sabor, pff podría estar horas enteras chupándole la pucha y llenarme de su líquido excitante.

    En cinco minutos pude hacerla disfrutar de dos orgasmos intensos, verla acostada con las piernas abiertas y con la pucha empapada hizo sacarme la verga y metérsela de un empujón duro, ¡gimió como una loca! La cogí duro y profundo, mientras frotaba su clítoris con mi dedo pulgar, quería un orgasmo para ella antes de venirme aún, la vista y las sensaciones eran intensas. Cuando estalló de nuevo, le saqué la verga que estaba por reventarme, respiré profundo y disfruté verla aturdida por su orgasmo. Tomé sus tobillos y la jalé hacia la esquina de la cama, dejé su coxis alineado con el ángulo del colchón (como es nuestra costumbre).

    Levanté sus piernas a la altura que (ya conocíamos de tanto practicarlo) era justa para tener su ano a mi disposición. Me encanta ver su estrecho y terso culo siempre a mi voluntad. Estaba bien mojado, casi listo para mi verga. Metí mis dedos en la boca de Liz y le dije que me los empapara de saliva, sólo pudo asentir con la cabeza. Mirándola a los ojos, llevé mi mano derecha a su culo y puse el dedo en el ano, con la mano izquierda la tomé de la nuca jalando firmemente su cabello, mirándola a los ojos empujé suavemente mi dedo mojado en sus adentros… suspiraba al sentir mi invasor apéndice entrar. Su culo me daba la sensación de chuparme el dedo, apretado y caliente. La besaba y le decía lo deliciosa que era y cuánto me gustaba, mientras la dedeaba, gemía más y más, metí otro dedo. Ese culo estaba listo para mí verga. Tomé sus piernas de las corvas y las empujé hacia sus tetas, estimulaba su clítoris mientras untaba abundantemente saliva en su culo y la punta de mi verga, apunté a su estrecho hueco caliente y mirándonos a los ojos… le metí mi verga dura y caliente, dio unos pequeños gemidos de placer y dolor, mi verga se fue hasta donde más podía alcanzar en su recto, mi nido de placer. No pude hacer mucho, estaba ya muy caliente, apenas vi que disfrutaba del placer anal, comencé a bombearle duro, muy duro el culo; se revolcaba en la cama por la cascada de sensaciones que yo le daba, sentí mi verga ponerse más dura para eyacular mi leche dentro de ella. No pude más y le dije que ya iba a venirme, me respondió jadeante: -¡Si mi amor! ¡aaaughhh!

    Y vacié dentro de ella un chorro delicioso de leche. Se quedó tendida sintiendo cómo mi verga iba cediendo a la presión de su esfínter luchando por regresar a su tamaño regular. Le pregunté si había sentido mi leche escurrir en su intestino: -Sí mi amor, siento tu leche dentro, riquísimo…

    2ª vuelta, parte II.

    No todos los días que estuve allí pudimos coger, su hijo habitaba en el piso superior. Pero eso sí, en las mañanas había una ventana de tiempo, entraba a su cuarto o en la cocina y le ordenaba que me mamara la verga, y ella obedecía sin dudar. Entré a su habitación y ella estaba atando las agujetas de sus tenis, sentada en la orilla de su cama, rodeada con la toalla mojada y su pijama, me puse frente a ella y le dije: -Te traje tu desayuno. Me saqué la verga y se la acerqué a la cara, la tomó en sus manos y me la mamó delicioso, como siempre. Con su boca me puso durísima la verga, la metía y sacaba, con la punta de la lengua me frotaba la punta del glande, me chaqueteaba y volvía a mamar y la sacó para chaquetearme más. Llegó el momento, – me voy a venir amor. Abrió la boca y se la metió, aumentó el ritmo de la chaqueta y recibió mi leche con ansias. Se tragó poco a poco la lefa sin sacarme de su boca, cuándo mi verga se redujo, hizo algo delicioso: regresó mi prepucio a su lugar y metió la lengua entre mi glande y este pellejo, haciendo círculos en el contorno… ¡qué delicia!

    Otro día. Estaba ella lavando sus trastes, por la tarde. Me acerqué por la espalda y la abrace, besé su cuello y nuca, sin más palabras comencé a disfrutar sus tetas, le subí la playera y solté su sostén, estimulé sus tetas a gusto. Bajé mi mano para soltar y bajar un poco sus jeans. Deslicé mi mano por su bikini hasta sentir primero sus pelillos y después su mojada y caliente pucha. Estaba empapada. Froté cada parte de su deliciosa vagina hasta escuchar su respiración agitada, que me indicaba que era hora de frotar su duro y terso clítoris… uff se vino delicioso.

    Le bajé el pantalón apenas abajo de las nalgas, escupí copiosamente entremedio de su rico culo, doble mis rodillas para poder apuntar bien, le dije que se abriera las nalgas… y allí estaba ese delicioso ano, dueño de mi perversión. Apunte la verga en él y empuje con la fuerza necesaria para dilatarlo, ella ahogó un gemido de dolor y se entregó a mis embestidas. No duré mucho, sólo quería dejar mi leche en su recto. Limpié mi verga y su culo con una servilleta de papel y me despedí de ella.

    Esa noche estaba ella cenando en su pequeña cocina, y quise reforzar en su mente que era mi juguete sexual. Sin más detalles hice que me mamara para vaciar mi lefa en la fruta que estaba cenando. Acercó su tazón de frutas a mi verga eyaculante y cubrí de espeso semen su coctel. Le dije -cómetelo, amor. Sin chistar se comió todo, mientras se llevaba a la boca un pedazo de manzana bien cubierta de mi leche, me miraba a los ojos y sonreía.

    Segunda vuelta, parte III.

    Un sábado que descansó, le invité a desayunar. Llegó puntual mientras yo picaba un par de papas y cebolla. La saludé con un beso caliente y mojado, suspiró. Acomodé una silla perpendicular a la estufa, y le ordené que se quitara los pantalones y se sentara en ella, separé sus piernas y le chupe el clítoris un poco, para excitarla lo suficiente que su mente no pensara claramente por la calentura. Ordené: -Mastúrbate mí amor. Mientras termino el omelette. Tímida aún, me dijo: -Siempre que te veo, me pongo nerviosa de tus ideas… ¡Je! Sonrío mientras echaba para atrás la cabeza y comenzaba a frotar su clítoris, puso sus dedos índice y medio a manera de una pinza sobre los costados de la capucha de su clítoris, subiendo y bajando suavemente. Pude notar el tenue brillo de sus jugos vaginales avanzar sobre sus deliciosos labios y salir por su túnel de placer. Aumentó poco a poco la velocidad de su masaje hasta venirse. Aún no terminaba de recuperarse del orgasmo cuando me paré frente a ella y le metí dos dedos en la pucha y ya empapados me los saboreé, -Delicioso. Le dije, y ella sonrió de forma pícara y enamorada.

    Desayunamos tranquilamente, una charla trivial y sin atisbos de sexo. Me levanté de la mesa para llevar los platos al fregadero. Ahora acomodé la silla pegada al muro -Ven le dije. Se levantó y paró frente a mí, le bajé los pantalones a las rodillas y la hinqué sobre la silla, puso sus manos en el respaldo y acomodé sus pies entre mis piernas, saqué mi verga y la froté entre sus nalgas, puse mucha saliva para lograr una erección que le hiciera ver estrellas, una vez lista mi verga le dije al oído -Te la voy a meter duro, amor. Asintió con la cabeza, me miraba de reojo y cerró sus párpados; recargué mi verga en su culo, separé sus nalgas y empujé fuerte, ahora si dio un grito de dolor – Aaaay mi amor ¡ayyyy! no te muevas aún… esperé a que pasara el dolor, mientras estrujaba sus tetas y acariciaba sus grandes nalgas tersas y suaves. Unos segundo después me dijo que estaba lista y atendiendo a su autorización comencé suavemente a joderle el ano, apretado aún, esa rica sensación de succión, calor y la vista de tenerla rendida a mi verga invadiendo su hueco más íntimo, exclusivo para mi placer, me hizo venirme intensa y copiosamente, en una embestida fuerte y profunda. Le arranqué un grito de placer, sentir mi leche derramándose en sus intestinos la hacía llegar al orgasmo.

    Y tristemente, poco después de eso dejamos de vernos para siempre.

  • Una experiencia religiosa

    Una experiencia religiosa

    Cuando tenía 19 años, comencé mi primer año de universidad, pero hacerlo significaba que tendría que mudarme de la casa de mi madre. Ahora, sé que eso no es gran cosa para mucha gente, pero esa casa era donde había vivido con ella y mi hermana desde que mis padres se divorciaron cuando yo tenía 9 años. Tuvimos innumerables horas de felicidad en esa casa, y ahora me vi obligada a mudarme al otro lado del país, donde viviría con mi padre en lugar de quedarme en el campus para ahorrar costos. Nuevamente, muchas personas probablemente piensen que me estoy quejando solo por quejarme, pero para una chica que le gusta ir de fiesta un poco más que el promedio, mudarse con su padre ultra católico, en lugar de vivir en el campus con estudiantes de mi edad, era lo peor del mundo.

    Todos los domingos desde que comencé a vivir con él, él me molestaba para que fuera a la iglesia con él, generalmente con una frase sobre darme la oportunidad de «arrepentirme por mis elecciones de vida». Naturalmente, siempre me negué, pero nunca tuve el valor de decirle que soy atea. Puedo imaginar muchas preguntas como «¿De qué elecciones de vida está hablando?» Bueno… como no tengo miedo de recibir un poco de atención y afecto masculino, no hace falta decir que mi querido y viejo padre ciertamente no lo aprueba, especialmente cuando sucede «bajo su techo», como si fuera mi culpa me quieran follar tan a menudo. Dicho esto, sin embargo, entiendo por qué me quieren follar: mido 1,64 m soy «un cuerpo pequeño con un sujetador de copa B», me ajusto a la definición de «súper linda» de casi todos. Agreguen mi cabello rubio natural, «brillantes» ojos verdes, y mi personalidad, que generalmente camina en la línea entre «divertida» y «alegre», probablemente sea la «chica ideal» de muchos hombres, para bien o para mal.

    De todos modos, probablemente he gastado más palabras en mí misma que cualquier persona modesta. De vuelta a la historia por la que viniste aquí. Normalmente uso ropa bastante reveladora: camisetas y vestidos cortos, pantalones cortos y faldas, etc. Algunas personas dicen que busco abiertamente las miradas que recibo de los hombres. Lo que sea. Me visto para mí. Así que, naturalmente, usaba mis atuendos en casa así como también para la clase y las fiestas, y ocasionalmente, veía a mi padre mirando mi cuerpo cuando pensaba que no estaba mirando. Durante mucho tiempo, no pensé en eso, aparte de tal vez «Oh, probablemente me está juzgando por usar falda». Y luego, generalmente, me olvidaría de eso en cinco minutos. Hasta una noche cuando estaba pasando por su habitación y lo escuché rezar (sí, es una de esas personas raras que reza en voz alta). No entendí todo, pero lo que escuché ciertamente cambió mi opinión de mi padre para siempre.

    «Y perdóname, oh Señor, por tener estos pensamientos malvados y lujuriosos sobre mi hija, y por favor concédeme la fuerza para luchar contra estos impulsos pecaminosos».

    Dos cosas pasaron después de escuchar esa frase. Una, me di la vuelta y salí de allí tan rápido como pude sin que me escuchara. Dos, me di cuenta de que finalmente tenía algo que me serviría para evitar ir a la iglesia definitivamente. Bueno, está bien, tal vez ocurrieron tres cosas. La tercera es que de repente comencé a darme cuenta de por qué mamá se había sentido atraída por él hace tantos años. No es un «clásico» de ninguna manera, pero a los 51 años, no se veía tan mal. Él medía 1,70 m de altura, poseía un cuerpo naturalmente delgado y una cabeza llena de cabellos negros y blancos. En cuanto a la personalidad, siempre ha sido callado, más bien tímido. Siempre encontré su naturaleza adorable y asumí naturalmente que toneladas de mujeres sentirían lo mismo, y supongo que mi madre es prueba de eso. De todos modos, una vez que volví a mi habitación, inmediatamente comencé a planear. Ese domingo sabía que las cosas cambiarían. En serio, no pude espera, y como resultado el resto de la semana se tardó como ninguna otra semana de mi vida.

    Finalmente llegó el domingo, y por la noche, papá intentó una vez más hacerme sentir culpable para que viniera a la iglesia.

    «No, papá, estoy absolutamente harta de que intentes obligarme a ir a la iglesia contigo. Desde que me mudé, eso es todo lo que has hecho. Bueno, estoy cansada de esto, y te estoy diciendo que no voy a ir, nunca voy a ir. No hay un Dios»

    Puse mi mano en mi pecho, y sus ojos felizmente lo siguieron hasta allí. «Sé en el fondo de mi corazón que es la verdad». Usando mi camiseta favorita (es decir, la más ajustada), lo había cebado perfectamente con esa línea. Me di cuenta de que no estaba mirando mi corazón.

    «¿Vas a orar por perdón después de esa pequeña mirada, papá?»

    Nunca había visto la cara de mi padre con un tono rojo tan brillante. Él balbuceó negando, «No estaba n-no lo hice ¿Qué mire? ¿De qué estás hablando, orando por perdón?»

    «Te escuché, papá». Intenté mantener una expresión seria. «El miércoles por la noche, te escuché orando a tu Dios por tu lujurioso hacia mí». Me detuve para saber si lo había atrapado. «Tú me miras con lujuria.»

    La única palabra que explica adecuadamente las acciones de papá es «miedo». Intentó explicar con alrededor de cinco excusas diferentes a la vez, agitando los brazos, los ojos muy abiertos y la cara casi roja como de caricatura. Sigo diciéndome a mí misma que nunca planeé hacer lo que hice después, pero que nunca he podido mentirme a mí misma.

    Caminé tranquilamente hacia mi indefenso padre, suavemente calmó sus brazos con mis manos y lo besé suavemente en la boca. Fue genial. Claro, su cara estaba ardiente de vergüenza, y todavía negaba sus sentimientos por mí, pero amaba cada segundo de ese beso. Mis labios se presionaron muy suavemente contra los suyos, mis manos frotaron sus brazos, nuestros cuerpos presionados uno contra el otro. Simplemente el mejor beso que había tenido en meses. Inicialmente se rindió, claramente disfrutando de su primer beso con su joven hija. Disfrutándolo tanto, de hecho, que sentí algo agitándose y endureciéndose en sus pantalones. Pero justo cuando me presioné más contra ese bulto cada vez más fuerte, desafortunadamente volvió en sí. Papá rápidamente se liberó de la suave caricia de mis manos y me empujó con fuerza hacia atrás.

    «No, esto está mal, Anna. Muy mal. El incesto es una cosa sucia y pecaminosa. Deberías avergonzarte por atreverte a sugerir algo así, sugiriendo que tengo pensamientos tan desagradables». Para un hombre religioso, papá ciertamente sabía cómo hacer que alguien se sintiera como el diablo. Estaba herida, pero no demasiado para detener lo que había comenzado.

    «Tienes sentimientos por mí, papá, ambos lo sabemos. ¿Sería tan malo ceder ante ellos, solo por una noche? Además, tu Dios te perdonará y te dejará volver a ser miserable mañana. Solo confiesa y te perdonara. Por ahora, seamos felices juntos». Si bien pensé que estaba siendo bastante persuasiva y dulce, papá no parecía estar de acuerdo.

    «No.»

    «Sé que harás la elección correcta, papá, no renuncies al placer de ser feliz y de hacerme feliz. El sexo es uno de las pocas cosas que la naturaleza te ofrece para duplicar tu felicidad. Y sé cómo puedo ayudarte a hacerlo». Luego de eso expuse mis pequeñas tetas a mi padre ultra católico. Las froté lentamente, seductoramente.

    Papá no podía apartar la vista de mis tetas, pero mientras me miraba, repetía cosas como «Perdóname, Señor» y «Estás hablando de un pecado terrible, Anna». Eventualmente me dio la espalda y comenzó a alejarse, pero agarré su mano, casi reflexivamente.

    «Papi, por favor, no te vayas».

    Lentamente logré darle la vuelta y lo besé de nuevo. Esta vez, separé lentamente mis labios y pasé mi lengua por sus labios. Me las arreglé para que mi padre abriera la boca, y gemí muy suavemente en su boca, mi lengua lentamente convenció a la suya de bailar. Mi cuerpo se presionó firmemente contra el suyo, y esta vez no retrocedió. Su erección era innegable. Podía sentirlo palpitar a través de sus pantalones. Pronto, mi padre me abrazó y se unió a mí en mis sutiles gemidos. Nos quedamos así, padre e hija, besándonos en el vestíbulo de la casa durante casi cinco minutos. Cuando finalmente rompimos el beso que sedujo a mi padre, susurró en voz tan baja que casi no lo escuché.

    «Tentadora vil».

    Me reí fuerte. Fue entonces cuando supe que lo tenía completamente. «Ahora, papá, déjame darte una experiencia religiosa mucho más agradable de la que estás acostumbrado».

    Tomé su mano y lo conduje a mi habitación donde lo escuché confesar sus sentimientos traviesos. Lo puse de rodillas suavemente. Se quedó allí, mirándome, mientras me quitaba la ropa delante de él. Primero, desabroché mis pantalones cortos que muchas personas han denominado «un cinturón con bolsillos y agujeros para las piernas». Luego vinieron mis bragas. Las pequeñas y sexys braguitas de bikini rosa se deslizaron por mis piernas, por lo que los pateé hacia las rodillas de mi padre. Sin embargo, no se dio cuenta; estaba demasiado ocupado mirando a su hija de 19 años, parada allí completamente desnuda, toda para él. Como estaba en una posición de adoración, decidí divertirme un poco con toda la situación.

    Cuando me acerqué a él, me alegró mucho notar que no podía apartar los ojos de mi vagina recién afeitada.

    «Lame mi vagina», exigí. «Hazlo, mi querido padre», agregué sin siquiera tratar de ocultar mi tono condescendiente. Se sometió y comenzó a lamer mis labios vaginales, que ya estaban bastante húmedos después de los besos que habíamos compartido. Pronto, recordó que el clítoris existe y comenzó a centrar su atención en él. Le hice saber que apreciaba la lamida del clítoris agarrando un puñado de su cabello y lo usé para estabilizarme mientras usaba su lengua. Claro, siempre es agradable que te coman el coño, pero siempre es decepcionante si el chico no puede hacer que te corras. Y mi querido papá estaba bastante fuera de práctica. Entonces, aunque normalmente me decepcionaría un oral como este, me recordé a mí misma que papá y yo tendríamos mucho tiempo para que él aprendiera las técnicas adecuadas. Una vez que estuvo claro que no me correría pronto, le ordené a papá que se desnudara y se acostara en la cama.

    Ver a tu padre desnudarse después de hacerte un oral es un placer, estoy seguro de que pocas chicas lo han experimentado. Y realmente siento pena por cualquier chica que no lo haya visto; Realmente es una vista increíble. Se quitó las medias y se desabrochó la bonita camisa de vestir, revelando su pecho ligeramente velludo con un increíblemente sexy sendero de vello.

    «Mmm, muy lindo, papi». Él se rio y la cara roja regresó brevemente. Por supuesto, aún no había visto la atracción principal. «Ahora, los pantalones. Date prisa, padre». Rápidamente descubrí que iba a ser yo quien llevara los pantalones en esta relación.

    Mi padre muy obediente se desabrochó rápidamente los pantalones, y fue cuando descubrí que usaba calzoncillos de colores flúor. Este par particular era de un verde increíblemente brillante. Por lo general, me echaría a reír histéricamente al ver a un hombre, de 50 años, usando calzoncillos diseñados y comercializados para chicos de mi edad, pero mi deseo de mantener una actitud dominante me detuvo esta vez. Sin embargo, no hace falta decir que me burlé de él implacablemente al día siguiente.

    De todos modos, pronto la ropa interior también se había ido, y luego pude ver la polla de mi padre por primera vez. Supongo que diría que mide alrededor de 17 cm cuando está duro. Su región púbica es muy peluda, lo que siempre he disfrutado. En serio, hay algo raro sobre los hombres heterosexuales que invierten tiempo en quitarse el vello púbico. La polla de papá se puso dura, una muestra del hombre impío y obsesionado con el sexo en el que pronto lo transformaría.

    «Ahora, en la cama con tu polla mirando hacia el cielo». Hizo lo que ordene, y me tomé mi tiempo para seguirlo hasta la cama, queriendo prolongar su lujuria por el mayor tiempo posible. «No sé tú, padre, pero creo que esto es muchísimo más divertido que ir iglesia». Me acerqué más. «Antes de esta noche, ¿cuánto creías en Dios? Porque, ciertamente, lo entregaste muy rápido una vez que te hice saber que te estaría follando esta noche. Eres un hombre débil y patético. ¿No es así, papá? «

    Parecía un poco herido, pero claramente no lo suficiente como para dejar que afectara su erección. «Sí, Anna. Soy débil y patético»

    Me subí a la cama, posicionándome para estar a horcajadas sobre él, mi coño revoloteando a centímetros de su ansiosa y palpitante polla. «No tengas miedo. En cambio, entrégate a mí, padre, y tendrás una verdadera experiencia religiosa. De hecho, experimentarás algo divino». Siempre recordaré cuán conflictivo se veía mi padre cuando finalmente puse su polla dentro de mi. Estaba claramente en éxtasis, pero no quería mostrar lo contenta que estaba porque no siguió las enseñanzas de su Dios. ¿En cuanto a cómo me sentí cuando papá entró en mi coño por primera vez? No me contuve en expresar mi disfrute en absoluto. Gemí mientras empujaba cada centímetro de la polla de mi padre dentro de mi. ¿Por qué demonios había esperado tanto por esto? Me pateé mentalmente por esperar tanto tiempo para seducir a esta hermosa polla y al hombre al que estaba unida.

    «Mmm ahh eso se siente bien», gemí cuando comencé a subir y bajar sobre su polla. Me incliné hacia adelante, mis manos descansaban sobre el pecho de papá para mantener el equilibrio. Al principio, papá estaba silencioso e inmóvil, casi como si tuviera dudas sobre si follarme. No iba a dejarlo parar ahora. Aceleré mi ritmo y apreté mi coño, apretando su polla dura mientras follaba a mi padre más fuerte y más rápido, gimiendo más fuerte mientras me aceleraba. Eso pareció funcionar. Papi comenzó a gemir, en voz baja al principio, antes de igualar mi volumen y nivel de entusiasmo. Me agarró del trasero y comenzó a empujar, encontrando y siguiendo fácilmente mi ritmo. Fue entonces cuando supe que estaría de acuerdo con cualquier cosa.

    «No hay Dios, ¿verdad, querido padre?» Jadeé cuando papá alcanzó su velocidad máxima. «Nooo, no hay Dios … pero ahí está tu Anna. Estoy aquí, papá, puedes adorar a tu hija celestial». Aparentemente estaba equivocada acerca de la velocidad máxima de empuje de papá, porque después de molestarlo con eso, comenzó a follarme aún más fuerte, empujando tan fuerte en mi coño que su hueso cercano al pubis estaba estimulando mi clítoris. Era un sentimiento al que una chica podía acostumbrarse. Pero me di cuenta de que no iba a durar lo suficiente como para hacer que me corriera. Sabía que la única forma de mejorar este momento para un hombre tan religioso. Lo miré profundamente a los ojos mientras me estaba follando y grité: «Dime que ahora soy tu Diosa, papá. ¡Dilo antes de que te corras!»

    Mi padre a partes iguales gritó y gimió: «¡Eres mi Diosa, Anna!» segundos antes de que él se viniera. Y cuando se vino mi padre. Su espalda se arqueó y su estómago se contrajo, y él gritó en puro éxtasis. Con cada espasmo posterior, podía sentir la enorme carga de esperma que se disparaba desde la base de su pene hasta la punta, y luego disparaba profundamente dentro de mi. Debe haber habido al menos diez disparos diferentes contra mí vagina, dejándome la sensación de que iba a explotar con esperma. ¡Pero mierda! Se sentía tan bien, tanto el sexo como la corrupción de un hombre hasta el punto de abandonar la religión, follar a su hija y correrse en su coño.

    Cuando estaba segura de que el orgasmo de papá finalmente había terminado, me bajé de su polla y me desplomé en la cama junto a él. Se dio la vuelta y se acurrucó en mi pecho, y puse un brazo alrededor de él mientras sentía la sensación familiar, casi cosquilleante, de semen comenzando a salir de mí. Me dio las gracias sin aliento por concederle una verdadera experiencia religiosa como lo había prometido. Después de hacer una broma sobre ser la única figura divina que realmente cumplió una promesa a uno de sus seguidores, en voz baja le dije que estaba orgullosa de él.

    «¿Por qué, Anna?»

    «Por finalmente ver la luz y superar la moral cristiana, papi». Y después de eso, aparentemente, nos quedamos dormidos.

    Después de esa noche de pura pasión e incesto sucio y pecaminoso, convertí a mi querido padre en un verdadero creyente ciego. Sin embargo, aparte de hacerlo con mi padre cada dos días, mi estilo de vida realmente no ha cambiado desde esa noche. De hecho, estoy trayendo aún más amigos ahora que no tengo que lidiar con un padre crítico en casa. Papá ahora me deja hacer lo que quiera; Soy su diosa, después de todo.

  • Bastón blanco

    Bastón blanco

    Cuando miré por segunda vez, me percaté del bastón blanco. La señora retomó su sentido de marcha, caminó hasta el borde de la acera y esperó. Parecía como aturdida aunque no asustada. El tránsito de coches era intenso. Algunos transeúntes se pararon a su lado sin prestarle atención. Cuando el semáforo dio paso, todos se fueron e incluso algunos se la chocaron en el afán de avanzar. Ella no atinó a avanzar. Esperó. Opté entonces por acercarme. Le dije que estuviera tranquila, que ya cruzaríamos. Rocé la mano que sostenía el bastón y ella sonrió con los ojos abiertos como mirando a la distancia. Cuando se pudo cruzar, apoyé mi mano es su cintura para animarla a caminar. Cruzamos sin inconvenientes.

    -Gracias. No me pasa esto de marearme. Solo que de pronto me sentí aturdida por el ruido del tránsito y preferí esperar. Percibí mucha gente a mi lado. Solo cuando sentí el roce de tu mano supe que eras de confiar!

    -De verdad?

    -Sí, claro… una desarrolla otros sentidos para “ver” sin valerse de los ojos… Me dejas caminar tomando tu brazo y ya puedo determinar cómo es tu físico…

    -Evidentemente debo ser de confiar… se ha soltado así como así a conversar conmigo y hace dos minutos ni me conocía!

    -Ja-ja… es cierto. La verdad no salí de mi casa por nada especial… simplemente a escuchar sonidos y a sentir a las personas cerca… Me aturdí un poco -cosa que no suele sucederme- y apareciste tú…

    -Casualidades de la vida. Tampoco suelo caminar mucho por estas calles o por estas aceras, mejor dicho…

    -Me alegra que justo hoy haya sido así! Justo el día que me “mareo”…

    -Bueno, gracias… fue un gusto ayudarla!

    -Estás apurado?

    – Ni tanto ni tan poco, sinceramente…

    -Bueno, bueno… no me perdonaría demorarte… me llamo Eloísa.

    -Gerónimo… mucho gusto!

    -Gerónimo… de verdad no es mi intención demorar tu marcha. Me agrada hablar contigo pero no forzadamente…

    -No hay problema. No tengo nada tan urgente por hacer…

    -Te creo… pero si quieres te llevas mi número de teléfono y si en algún momento te acuerdas y quieres charlar, me llamas… Y te dejo seguir. Yo ya me arreglo sola!

    -Sí, claro… Será un gusto!

    Intercambiamos número telefónicos, nos despedimos y caminamos uno para cada lado. Decidí cruzar la calle y desde allí la observé caminar. Ya no dudaba y el andar era más firme. Recién me percaté que llevaba ropa de oficinista o algo así. Saco entallado y pantalón más suelto. Una buena figura de señora cuarentona y elegante.

    Acaso una semana más tarde, mi teléfono anunció la entrada de un mensaje: “Si caminas hoy por la misma calle y a la misma hora, quizás nos encontremos. Eloísa”. Recordé que aquel encuentro había tenido lugar cerca de las 5 de la tarde y le respondí: “Trataré de llegar a esa hora”.

    La encontré caminando tranquilamente y la observé desde lejos. Realmente tenía buena figura. Me fui acercando despacio.

    -¿Cómo se las ingenia para estar tan elegante?

    Sonrió a escucharme. –Gracias. Son años!

    -No me parece que tantos…

    -Muy gentil. Gracias!

    -La invito a sentarnos. En un bar que hay por aquí o simplemente en la plaza.

    -Gracias. Prefiero la plaza… no deseo encerrarme!

    Me daba lo mismo. Solo quería conocerla. Conocer detalles de su vida. De cómo era su rutina y las habilidades que desarrollaba para suplir la falta de visión.

    La acompañé hasta un banco y nos sentamos. Era una tarde tranquila y agradable.

    -Me equivoco si pienso que tienes menos de treinta? -dijo

    -No. Algo más de veinticinco… ¿Cómo lo sabe?

    -Bueno… por tu voz. Aunque no solo eso. También tu caminar.

    -Pero si no…

    -Ya… no puedo verte pero puedo escuchar como suenan tus pasos… Son enérgicos!

    Tuvimos una hermosa charla y terminé aprendiendo muchas cosas. Conociendo el mundo de Eloísa… que finalmente no parecía tan sombrío y oscuro. Los temas se sucedieron y el tiempo transcurrió. Se hizo de noche y supuse que ella no lo notaba…

    -Debe ser ya cerca de la hora 21, dijo.

    Miré el reloj y le dije que eran las 20:50

    -¿Cómo lo sabe?

    -Mi cuerpo lo registra. Me he habituado a sentir el cambio de temperatura o el no sentir el sol en la piel. Además mi mente parece que registra el rato transcurrido desde que cae la tarde, por ejemplo… Tengo reloj pero lo uso muy específicamente.

    -Me parece fascinante!

    -Gracias… Si estás dispuesto a tener otro encuentro y otra charla, te propongo que dejemos tema para entonces. Ahora debo ir a casa. Es hora de descansar…

    -La acompaño!

    -Como quieras!

    Nos fuimos caminando lentamente. Me dijo que trabajaba como telefonista en una empresa y que estaba muy a gusto. Por supuesto, contaba con una consola adaptada.

    Nos despedimos en la puerta de su casa, con la promesa de volver a encontrarnos.

    Y nos encontramos… Cuatro o cinco días después recibí su mensaje y fui hasta la misma plaza. La encontré sentada en el mismo banco.

    -Hola, Eloísa…

    -Hola Gerónimo… cómo has estado?

    -Bien, gracias. Y usted?

    -Como de costumbre. Trabajando y luego en mi casa…

    Enseguida nos envolvimos en la charla que cada vez ahondaba en nuestras vidas. O acaso más en la de ella. Supe que no era casada. Que había podido comprase esa casita y estaba encantada con eso. Vivía sola aunque solía recibir amigas que le brindaban compañía. Algunas hasta se quedaban por una noche o incluso un par de días.

    -He tenido novios e incluso tal vez hubiera podido casarme. Pero preferí permanecer soltera…

    -Está aún a tiempo. Es joven…

    -Ja!… gracias. Quizás no, pero ya para contraer matrimonio, no…

    Permanecimos un par de horas muy conversadas, hasta que cayó la tarde.

    -Mañana es sábado y ya no trabajo… y tú?

    -Tampoco… hoy he terminado mi semana laboral.

    -Te invito a mi casa. Tengo comida, algo de beber y podemos seguir conversando.

    -Pues… por mí no hay inconveniente! Solo que no quisiera abusar…

    -Para nada… yo invito! Pues entonces andemos!

    Su casa era sencilla y ordenada. Todo al alcance de la mano.

    Después de cenar, seguimos hablando (si es que en algún momento paramos) y en un momento dado, los vericuetos de la charla me llevaron a preguntarle cómo vivía el tema del erotismo. Sintetizando, resumiendo y para no darle demasiadas vueltas, tendió su mano para tocarme la cara. Fue una caricia suave y delicada. Después todo se precipitó.

    -Si estás dispuesto te lo explicaré… de la manera más práctica y resumida. Estoy dispuesta a dar el paso y obvio no hay vuelta atrás…

    -Por favor, hágalo…

    -Tutéame!

    -Hazlo…

    En el sexo, su tacto, su olfato y el gusto eran sustitutos de la vista. Su camino al erotismo. Se mantuvo vestida pero me pidió que me desnudara. Me fue explorando y la dejé hacer. Palpó todo mi rostro, luego mi cuello, mis hombros, tórax y espalda hasta llegar a palparme las nalgas para venir hacia adelante y estacionarse en mi verga. La descapulló, acarició e insinuó una lenta masturbación. Sopesó mis huevos mientras hacía gestos de aprobación y deseo. Tan cerca estábamos que nuestras respiraciones se entrecruzaban. Mis manos se apoyaban en su talle y le acariciaba las caderas. Después acaricié aquellas tetas tentadoras. Se fue agachando para sentarse en el borde de la cama y quedar cara a cara con mi pija. Sus dedos la recorrieron una y otra vez, desde el tronco hasta el frenillo, haciendo fluir la sangre para que entrara en erección. Después su lengua vino al encuentro. La lamida suave y larga trajo a mi miembro la dureza que le faltaba. Me la estuvo chupando y lamiendo durante varios minutos, hasta que me pidió que le quitara la ropa. Delicadamente la empujé hacia atrás e hice que se acostara. Desabroché los pantalones para deslizarlos lentamente hacia sus tobillos. Los calzones apenas contenían ese pubis prominente. Después fui por la camiseta y sus tetas libres fueron una tentación, por lo que me acerqué a besarlas. Me dejó hacer. Hermosas y firmes mamas! Mientras bajaba besándole el vientre, mi mano iba deslizando el calzón por los muslos y hasta la rodilla. Se los terminé de quitar para separar sus muslos y acercarme para lamer su sexo. Lenta y pausadamente le fui haciendo una tarea bucal y lingual que surtió el efecto deseado. Sus ojos abiertos estaban en blanco, pero luego los cerró mientras suspiraba. Después viajé por su cuerpo, desde el cuello hasta los pies. Primero por delante y luego, haciéndola darse la vuelta, lamí toda su espalda, las nalgas, las piernas… todo en un baño de lengua que celebró con suspiros y gemiditos. Para último dejé su ojete. Recorrí la hendidura de arriba abajo con la lengua. Le separé las nalgas para lamerle suavemente el ano. Lo disfrutaba y levantaba la cola pidiendo más. Estiré un poco más los cachetes con ambas manos y el ano se entreabrió para recibir la punta de mi lengua en un sin número de acariciantes lamidas.

    -Eso estuvo genial… ahora recuéstate y deja que te chupe otra vez… me dijo

    Lo hizo con una suavidad y delicadeza extraordinarias. Sus labios y su lengua me acariciaron la verga incansablemente.

    -Disculpa… solo me disgusta que me acaben en la boca. Lo siento. Es algo que nunca pude superar…

    -No te preocupes. Ya lo que me estás brindando me da mucho placer. Déjalo, quiero cogerte!

    Sonrió y se dejó caer boca arriba. La monté para hacerle jugar el glande en la entrada de la vagina. La acomodé, empujé y entré. Realmente era una concha madurita deliciosa. Empecé a subir y bajar, a entrar y salir, a cogerla lenta y sostenidamente. Se arqueaba para venir al encuentro de mis penetraciones. Nos fuimos acoplando para gozar de maravillas! Besaba su boca, sus ojos cerrados y su cuello hasta sus pechos duros. Su respiración se agitaba en excitados jadeos.

    -Cógeme más fuerte… siento que voy a acabar y necesito ese orgasmo!

    Aceleré el ritmo en profundos golpes de pija. Cada vez más rápido. Tanto que presentí mi leche presta a saltar desde mis huevos. Hasta que maravillosamente coincidimos para sacudirnos en espasmos descontrolados y calientes.

    -Aaaah… Me encantó!

    Me quite de encima para reposar a su lado, hasta que nuestras respiraciones se fueron tranquilizando.

    Volvieron las caricias y los abrazos. Mi verga repuesta jugueteaba entre sus manos. Las mías jugaban con sus tetas, excitándola.

    Cuando todo tomó el calor adecuado, nos dispusimos nuevamente a coger.

    -Quiero montarte, me dijo…

    -Por favor… hazlo de reversa. Quiero verte de espaldas.

    A tientas reconoció mi cuerpo para acomodarse a horcajas sobre mí. Tomó mi verga y la orientó hasta la entrada de su sexo húmedo. Después bajó para introducirla toda y lo celebró con un hondo suspiro. Comenzó a subir y bajar lentamente, bamboleando ese par de imponentes nalgas entreabiertas y mostrando el tentador agujerito apretado. Fui con mi dedo para acariciarlo y Eloisa se detuvo. Aproveché para mojar el dedo medio con los jugos que bajaban de su concha hasta el tronco de mi verga. Ella volvió a la rutina en tanto yo unté mi dedo lubricado en el ojete. Acompañaba sus movimientos, frotándole el ano hasta que pude insinuar una penetración. Seguí jugando para lograr que el culo se le humedeciera, hasta que logré vencer la resistencia del anillo carneo y entrar en su culo.

    -Me gusta… lo tengo muy sensible!

    -Tienes una cola muy bonita…!

    -Gracias!

    El juego continuó y cada vez más frenético. Subía y bajaba por mi verga en tanto le masturbaba el ojete con mi dedo largo. Se meneaba de puro gusto. Mi dedo medio le hurgaba el interior, masajeando cada vez más profundo.

    -Agrega un dedo y ábreme más, dijo.

    Puse le índice a la par del medio y la cosa ganó grosor. Ya no hice otra cosa que dejarlos quietos y tiesos. Ella siguió cogiéndome la verga y masturbando su culo con mis garfios. Estaba totalmente excitada y gozando con la concha ocupada y el culo abierto.

    -Voy a hacer algo que nunca hice, exclamó…

    Se alzó para desclavarse de mi pija y mis dedos. Trajo una mano atrás, me tomó el tallo y lo orientó a su ano. Después simplemente se dejó caer sentada para penetrarse el orto y comerse mi verga hasta el fondo. Suspiró hondo y se detuvo. Luego fue subiendo lentamente hasta dejar solo el glande adentro y volver a bajar. Lo hizo una y otra vez, meneado la cola para frotarse bien adentro. La mano derecha fue adelante y supe que se masturbaba. En poco minutos más fue un verdadero torbellino, subiendo y bajando para cogerse el culo. Después se sentó en mis pendejos, se movió hacia atrás y adelante mientras su mano se movía frenética ahí adelante. Ella misma se provocó un muy intenso orgasmo que la aflojó toda. Nos tiramos de costado y quedé con mi pija adentro aún dura. No necesité moverme mucho más para derramarle toda la leche allá adentro, disfrutando de ese culo palpitante.

    Acaso porque el esfínter me oprimía el tronco de la verga, lo cierto es que perdí poca dureza. Así que aproveché para seguir lentamente el vaivén anal. Ya no tan urgido por haber acabado y aprovechando la lubricación de mi propia leche, la seguí cogiendo. Iba y venía despacio y sin apuro, haciéndole sentir cada centímetro de pija que escurría en su interior. La sentía y me lo demostraba con gemidos y meneos de cintura para invitarme a más… para pedir más. No estaba incómodo con la posición de costado, pero quise tenerla más dominada y sumisa para penetrarla mejor. Así que la invité a incorporarse para adoptar la pose “perrito”. Fue increíble, pero lo logramos sin que tuviera yo que salir de ella. La sujeté con firmeza por las caderas y fui con mi verga hasta el fondo de su ser. Una y otra vez, entrando y saliendo.

    -Ay, si… así, así… cógeme fuerte!!!

    Eso pidió y eso tuvo. Me excitaba cada vez más, viendo mi verga entrar y salir, abriéndole el ojete ya acostumbrado a las penetraciones, pero enfundando y acariciando el falo que lo invadía. Eloísa arqueaba su cuerpo para hacer más efectivas mis embestidas. Mi mano bajó hasta su entrepierna para acariciar, para excitarle la concha. Tanta masturbación y tanta cogida anal volvieron a ponerla de cara al éxtasis. El nuevo orgasmo fue como un rayo que la sacudió entera. Soltó todas sus energías y se derrumbó en la cama, bajo el peso de mi cuerpo. Sus nalgas se cerraron para dejarme la verga aprisionada y henchida. El ojete apretado me exprimió y luego de escasos movimientos acabé nuevamente en su interior. Después reinó la quietud y nos quedamos dormidos. Ya era sábado. Despertamos, desayunamos y volvimos a coger.

    -Te prometo que el domingo me iré temprano para que descanses, le dije y nos echamos a reír!

     

  • Muy amigas

    Muy amigas

    Tengo una hermana mayor, vivimos en ciudades distintas hace bastantes años pero siempre nos visitamos cada vez que podemos. En su última visita no vino sola; trajo consigo a dos amigas, yo no las conocía pero si eran amigas de mi hermana también lo eran mías. En el tiempo que estuvieron en mi casa salimos, paseamos, les mostré los lugares icónico y tomamos… tomamos mucho.

    La noche en que yo, especialmente, me embriague como nunca, salimos a una disco muy popular, solo las cuatro. Bailamos con mucha gente y nos invitaron muchos tragos. Ya con el alcohol en la cabeza una de las amigas de mi hermana sugirió, medio en broma medio enserio, que bailáramos entre nosotras solo para provocar a los chicos, esa idea nos pareció fantástica.

    Mi hermana empezó a bailar con Paula, una mujer ni muy baja ni muy alta, de buenas tetas, poco culo y con una hermosa cabellera negra. Ambas vestían de negro, mi hermana usaba un short de lentejuelas, una blusa semitransparente con brasier de encaje negro, su amiga tenía un vestido ajustado y un gran escote donde por poco se le veían los pezones.

    Yo bailaba con Claudia, ella es considerablemente alta, castaña, rellenita, con unas tetas, culo y piernas de envidia. Llevaba un vestido rojo con el que no se podía agachar sin que se le viera el culo, también con un buen escote, aunque no tan pronunciado como el de Paula. Por mi parte vestía con una minifalda negra y una blusa sin espalda y con escote casi al ombligo.

    Con el baile las cosas se calentaron, empezamos con un baile sensual, y de repente Paula le acariciaba el culo a mi hermana y ella le cogia las tetas. Al ver esto Claudia me besó, yo le seguí el juego, teníamos a todos los hombres, y algunas mujeres, embobados. Yo no me quede atrás así que lleve mis manos a ese enorme culo de Claudia, lo estruje y abrí todo lo que la situación me lo permitía, mientras ella metió sus manos entre la blusa y apretaba deliciosamente mis tetas. Estando en esto se acercaron los chicos que nos estaban regalando los tragos, cada uno con notorias erecciones, proponiendo continuar la fiesta en un lugar más privado, a lo que respondimos que si íbamos a seguir la fiesta pero sin ellos.

    Entre risas no fuimos a mi casa y seguimos tomando un poco más recordando la situación.

    En un momento mi hermana y Paula decidieron que se iban a dormir (no les había contado pero mi casa solo tiene 2 habitaciones, mi hermana compartía una con Paula y yo compartía con Claudia). Casi enseguida Claudia y yo decidimos ir a dormir también.

    Estaba tan cansada que solo me quité la ropa y me acosté en panty, le pregunté a mi compañera de habitación si le incomodaba que durmiera así y dijo que no había ningún problema, que ella también dormiría solo en panty.

    Luego de unos minutos de habernos acostado, se empezó a escuchar ciertos ruidos y gemidos de la habitación donde estaba mi hermana y su amiga. Escucharlas solo me hacía recordar el baile de hacia un rato y parece que también tuvo el mismo efecto en Claudia, que sentí como se movía su brazo desenfrenado y se le escapaban gemidos.

    Todo esto me tenía a mil. Así que haciéndome la dormida, me giré quitándome la cobija de encima y abriendo un poco las piernas, con la esperanza que Claudia al menos me acariciara el culo un poco.

    Para mi gusto, al poco tiempo empezó a hacerlo, tímidamente, acariciando de apoco, como tanteando el terreno. Luego, ya con más confianza, apretaba, abría y volvía a apretar mi culo deseoso. Me sorprendió gratamente cuando me quito la tanga, estaba empapada y no me había hecho nada, abrió un poco más mis piernas, paso sus dedos por mi raja, escuché cuando los saboreó. Ahora lo que pasó por mi vagina y culo fue su lengua, casi me vengo con solo ese gesto. Su lengua se apoderó de mi hoyo, me estaba matando del placer, sus dedos entraban y salían de todas partes y no sabía que me gustaba más.

    En un momento me dio un par de nalgadas que me dejaron queriendo más, me dijo:

    -Ya sé que has estado despierta, puta deliciosa.

    Me di la vuelta y le comí la boca, mientras manoseaba ese cuerpo riquísimo.

    -Ahora es tu turno- me dijo sentándose en mi cara. Nunca le había hecho un oral a una mujer pero como me gusto hacer, si por mi fuera siempre tendría ese chochito en mi boca.

    Quitándose de mi cara se puso entre mis piernas, de tal modo que su clítoris y el mío se rozaban, empezó con ese va y viene que me hizo venir varias veces al son de los gemidos de mi hermana y su amiga.

  • Me rompen el culo en el puerto de Montevideo

    Me rompen el culo en el puerto de Montevideo

    Hacía 2 horas que habíamos llegado al puerto de Montevideo, teniendo que quedarnos fondeados en la bahía ya que no teníamos muelle hasta que nos dieran permiso. Para ir a tierra, nos venía a buscar una lancha del puerto, nos dejaba en el muelle, y de esa manera podíamos ir a pasear por Montevideo. Para volver al barco, era igual, teníamos que esperar a que dicha barca nos llevase al buque. Lo que yo no supe, es que, para volver al barco, teníamos unas horas contratadas, por lo que fuera de esas horas, no teníamos ninguna opción, salvo esperar a que fuese la hora en la que sí teníamos dicho transporte disponible, o esperar en Montevideo a que el barco amarrase al muelle cuando le dieran permiso.

    Yo como la mayoría de los compañeros que no teníamos guardia y hasta que nos fuésemos de dicho puerto, teníamos libre, el primer día ya desembarqué para ir a Montevideo.

    Llevábamos 6 meses embarcados, sin apenas tocar tierra, solamente habíamos estado 2 días en punta Arenas (Chile), y de eso ya hacía 4 meses, por lo que tan pronto nos dieron permiso, desembarcamos para ir a Montevideo.

    Yo iba con otro compañero, solíamos salir siempre juntos a todas partes, y aquí fue igual que en otras ocasiones. Al llegar al muelle, fuimos a la puerta de salida donde nos teníamos que identificar. Allí en una pequeña caseta había unos milicos, así se decían entre ellos, a los que les teníamos que enseñar el pase que nos daban las autoridades del puerto, para identificarnos, de esa manera controlar nuestras salidas y entradas en el recinto portuario. Allí fue donde mi compañero se pasó de listo, quiso tomarles el pelo, y después de tratar de engañarlos prácticamente les llamó putos. Ellos primero lo tomaron de broma, pero luego le pararon los pies, y si la cosa no fue a mayores, fue por la intervención del capitán de nuestro buque, que en ese momento se encontraba allí.

    Pero lo que sí pasó, es que aquellos milicos, se habían quedado con nuestras caras y como pude saber más adelante, estaban esperando su oportunidad. Y claro que tuvieron su oportunidad, pero el que pagó los platos rotos, fui yo, que no me había metido con ellos, pero por estar con el cafre de mi compañero el día que se metió con ellos, pues también me metieron en el lote, y me tocó a mí, pagar la ofensa de mi compañero.

    Ya habían pasado 3 días que habíamos desembarcado, y habíamos tenido, mejor dicho, había tenido mi compañero el incidente con los milicos del puerto, cuando yo al quedarme sin dinero y estar los bancos cerrados por huelga, tuve que ir al barco a buscar dinero, ya que siempre solía dejar una pequeña reserva en la taquilla de mi camarote.

    Sabía que esa noche el barco tenía muelle, por lo que debería estar ya amarrado al puerto, dejando de estar fondeado. No tuve mejor ocurrencia que ir solo y a las 5 de la madrugada. La verdad es que fui a esa hora porque como ya no me quedaba ni un chelín en el bolsillo y estando solo, encontrándome en la zona vieja, estando muy cerca del puerto, pues decidí ir a esa hora.

    Al llegar al puerto, siguiendo la valla que separa el recinto portuario de la ciudad, me encaminé hacia la puerta que daba acceso y donde nos teníamos que identificar ante los milicos. Allí preguntaría en que muelle estaba amarrado mi buque, me identificaría y listo, me daría una ducha al llegar, dormiría unas horas, y luego vuelta para Montevideo, a seguir la fiesta.

    Pero uno propone y Dios dispone. Nada más llegar al puesto donde me tenía que identificar y poder acceder al recinto portuario, me encontré con varios milicos, de los cuales 2 eran con los que mi compañero había tenido el incidente el primer día, por lo que aquello no me gustó nada. Además de los milicos, había varios trabajadores del puerto, en España les llamamos estibadores, son los que se dedican a descargar o cargar bien la mercancía que transportan los buques, o trabajadores de los consignatarios que suelen cargar víveres, etc.

    Nada más presentarme ante los milicos, uno de ellos me reconoció, por lo que nada más verle la cara de satisfacción y la sonrisa que esbozaba, me di cuenta de que iba a tener problemas. Y claro que ahí empezaban mis problemas.

    Vaya vaya, pero mira a quien tenemos, si es uno de los españolitos que nos llamó putos, decía el que esbozaba una sonrisa, acercándose hacia mí para atenderme.

    Yo, yo, tartamudeaba tratando de decirle que yo no me había burlado de ellos, que había sido mi compañero.

    Ya, tú no dijiste nada, pero seguro que pensabas igual que tu compañero, decía el milico.

    Temblando de miedo le di el pase, preguntándole en que muelle había amarrado mi buque, echándose este a reír, al ver mi semblante y la situación en que yo me encontraba.

    Pero españolito, yo que pensaba que venías a disfrutar con estos putos, y resulta que quieres irte para el buque. Pues eso no va a poder ser lindura, me decía echando mano a mi entrepierna agarrándome el paquete. Tu buque todavía está fondeado, no tiene amarre hasta las 9 de la mañana, y a estas horas no tienes trasporte. No será que a lo que venías era a otra cosa, decía apretándome los genitales.

    Yo sin poder dar crédito a aquella situación en la que me encontraba, empecé a ponerme colorado viendo como todas aquellas personas no me quitaban la vista de encima, y como veían como aquel milico me agarraba por mis partes, hablándome de aquella manera. Todos estaban pendientes de mi reacción, viendo que yo callaba y no decía nada, solo veían mi enrojecimiento, y como mi paquete empezaba a reaccionar a la mano del milico, empezando a abultarse cada vez más.

    No tardó nada en arrimarse uno de aquellos estibadores, era el más grande y fuerte, además de ser por lo menos 20 centímetros más alto que yo, su complexión era prácticamente el doble de la mía, vamos que, si me coge en sus brazos, me movería como si fuera un peluche.

    Nada más acercarse a nosotros, mientras el milico me agarraba por mis partes frotándome los genitales, el estibador llevó su mano a mi trasero, empezando a magrear mi culo.

    Tiene una linda colita, decía magreando mis cachetes. Podríamos pasarlo muy bien, españolito, se nota que tienes ganas de una buena ración de pija.

    Podemos llevarlo para el muelle donde tiene el atraque su buque, y allí enseñarle como son el calibre de nuestras estachas, de paso aprovechar para darle una buena garchada, ¿eh españolito, que te parece?

    Yo no me movía, ni siquiera era capaz de abrir la boca para decir nada, pero los muy cabrones no paraban de manosearme, por lo que se me escapó un ligero gemido, cosa que les dio pie para seguir y empezar a animarse.

    ¡Uy! Pero si parece que le está gustando, decía el estibador, seguro que está deseando que le demos una buena cogida.

    Vamos allá, dijo el milico sujetándome por el brazo, a la vez que salíamos de la caseta donde nos identificábamos. De allí salimos los 3, viniendo detrás nuestros 3 estibadores más junto a otro de los milicos.

    Fuimos andando hasta llegar a un viejo edificio, parecía medio destartalado, pero no, aquello era o al menos parecía un viejo edificio de principios del siglo 20, donde en los costados de este, había una especie de andén, pero más que un andén, era como un soportal, ya que cada pocos metros había una columna soportando la estructura del edificio. Aquel andén quedaba aproximadamente a un metro de altura del muelle, y rodeaba el viejo edificio como si de una acera se tratase. Había muy poca luz, ya que el edificio estaba o al menos yo lo veía cerrado, y a aquellas horas, todavía la noche reinaba, por lo que poco se podía ver, solo lo que la luna a aquellas horas reflejaba.

    Sabía lo que me iba a pasar, por lo que iba con algo de miedo, eran 6 personas, y si todos me daban por el culo, aunque ya no fuera virgen, pues mi culo ya había sido sodomizado y profanado en múltiples ocasiones, nunca había estado con tantos hombres a la vez.

    Me gustaba que me dieran por el culo, sí, pero aquella situación me propasaba, mi culo nunca había estado con tantas pollas a la vez. Además, es que aquellas personas me atemorizaban algo, los milicos me imponían algo de respecto y miedo, y aquellos estibadores, salvo uno de ellos que se veía más joven que yo, se veían fuertes y musculosos, sobre todo el que venía junto a mí, el cual parecía ser el mayor de ellos, tocándome sin parar el culo, acompañando al milico que me llevaba sujetándome por el brazo. Aquel estibador podía cogerme en sus brazos, y apenas me vería entre ellos.

    No sabía a donde me llevaban, por lo que supuse al ver aquel edificio al cual nos encaminábamos, que allí sería donde me meterían y allí sería donde me darían por el culo aquellos hombres.

    El que parecía llevar la voz cantante, además del milico que me llevaba sujetándome por el brazo, era aquel estibador que me iba manoseando el culo, que como digo además de ser más alto y tener una complexión que doblaba la mía, y que por la edad bien podría ser mi padre, ya que ya estaría bien entrado en la cuarentena, fue el que dijo a donde debíamos ir. Vamos para el otro andén, allí está más oscuro, y aunque queda mirando al mar, como todavía no ha atracado el barco, estaremos más ocultos.

    Joder, yo creyendo que íbamos a entrar en el edificio de la vieja nave aquella, y allí ser follado, al parecer me había equivocado, iban a follarme en aquel andén, fuera de la nave. Allí era donde tenían pensado cogerme.

    Nos subimos al andén, yendo para una de las partes más oscuras, quedando medio tapados por una de aquellas columnas que soportaban la estructura de aquel viejo edificio. Allí nos paramos y empezó a decirme el milico que me sujetaba por el brazo. Bueno españolito, ahora vamos a ver lo buen puto que eres, me decía volviéndome a agarrar por los genitales, llevando su mano a mi entrepierna.

    ¡Uy, pero si el muy puto se nos ha puesto arrecho, decía sobándome la entrepierna, seguro que estás deseando que te garchemos, ¿eh españolito? Ahora va a resultar que nos has salido puto de verdad. Decía el milico sin dejar de manosearme el paquete mientras el mayor de los estibadores no paraba de sobarme el culo.

    Pues no veas que colita más linda tiene, estoy deseando verle el orto y cogerlo bien cogido, si al final nos ha salido todo un puto, el españolito este.

    Y como coño no iba a estar empalmado, si los muy cabrones no paraban de manosearme magreándome mis genitales y culo. Claro que estaba excitado y caliente, cada vez más, viendo aquella situación. Por supuesto que tenía algo de temor, era la segunda vez en mi vida que estaba en Montevideo, y nunca había mantenido relaciones sexuales en aquel país. No sabía como trataban a los maricones como sabía que era yo desde aquel día que me desvirgaron en Zaragoza.

    El milico empezó a aflojarme el cinturón del pantalón, mientras el estibador seguía manoseándome el culo a la vez que decía la linda colita que tenía. Yo que estaba súper nervioso, empezando a estar excitado, miraba para todas partes sin terminar de creerme que era allí donde me iban a follar.

    Dios, pero si como quien dice allí estábamos en pleno puerto de Montevideo y al aire libre. Cualquiera que pasara por allí, nos vería perfectamente. Además, si solo fuéramos 2, aún podíamos estar algo ocultos, sobre todo gracias a aquella oscuridad reinante. Pero siendo tantas personas, aquello parecía imposible que no llamáramos la atención de cualquiera que pasara por allí.

    Mientras el milico aflojaba mi cinturón, vi como el otro milico se abrazaba al estibador más joven, empezando a bajarle el pantalón. De todos los estibadores, era el más delgado y joven, incluso yo diría que unos años más joven que yo. Mientras le bajaba el pantalón, el joven le estaba sacando la verga al milico, a la vez que se la acariciaba e iba descapullando.

    Dios, no podía creerlo, de pronto mi cuerpo se estremeció al ver aquello, empezando a recorrerme una excitación que hizo que mi polla se pusiera bien tiesa y dura, a la vez que me empezaba a palpitar el culo, al ver aquella verga del milico que le estaba bajando los pantalones al joven.

    El milico que ya me había aflojado el cinturón, estaba ahora ya desabrochándome el pantalón, bajándome la cremallera una vez me hubo desabotonado el mismo. Mientras el estibador que me manoseaba el culo veía como yo miraba embobado como el joven le sacaba la polla al otro milico, mientras este ya le tenía el pantalón en los tobillos, y empezaba a bajarle el slip.

    ¿Que españolito, te gusta lo que estás viendo? Decía el estibador que me acariciaba el culo.

    No te preocupes, que para ti también hay pija. Ya verás como vamos a disfrutar, hoy voy a probar una colita española, y seguro que vas a disfrutar con mi chota dentro tuya. Voy a dejar mi semilla dentro de esta linda colita.

    Cuando me di cuenta, ya tenía el pantalón sobre los tobillos, y el milico que me los había bajado, tenía su polla de fuera, esperando a que yo se la agarrara con mi mano y empezase a acariciársela al igual que el jovenle estaba haciendo al otro milico.

    Anda españolito, no pierdas tiempo y acaricia la pija que te vas a comer, que luego te quiero llenar la colita de espesa y rica lechita, me decía llevando mis manos a su verga mientras miraba para mí, viendo como me brillaban los ojos a causa de la excitación que estaba sintiendo, al ver como el joven se agachaba disponiéndose a chupar la verga que estaba seguro luego lo iba sodomizar, como seguro me iban hacer a mí.

    Con algo de temor en el cuerpo, sujeté la verga de aquel milico, empezando a acariciarla, viendo como el milico me miraba sonriéndose, al ver la cara de asustado que tenía, y como me brillaban los ojos a causa de la excitación y lujuria que estaba sintiendo y que era incapaz de ocultar.

    Así mi lindo puto, así, acaríciala, me decía empezando a desabotonarme la camisa, mientras yo le acariciaba la polla viendo como me sonreía y seguía desnudándome, a la vez que notaba como me empezaban a bajar el slip por detrás, dejando mi culo al aire y en manos del estibador que no dejaba de manosear mis glúteos, esperando que el milico me desnudara.

    Dios, notaba la polla del milico caliente y suave, y sus manos terminando de desabotonarme la camisa, empezando luego de haberme dejado con el pecho descubierto, pasar sus manos por mi pecho y abdomen, mientras me decía lo lindo y bueno que estaba.

    Que lindo puto que sos, decía pasando sus manos por mi pecho y abdomen, ¡ufff que bueno que estás! Decía pellizcándome los pezones a la vez que llevaba su boca a la mía, empezando a mordisquearme el labio inferior.

    ¡Ufff! Yo ya estaba que ardía, a pesar del fresco que hacía aquella madrugada, mi cuerpo estaba que echaba humo a causa de lo caliente que estaba. Tenía la polla que me reventaba, el culo al rojo vivo a causa del manoseo a que era sometido por el estibador, y ahora la boca del milico, comiéndome la mía, mientras me iba desnudando sobre aquel andén, desde el que se podía contemplar las aguas del puerto junto a los buques que estaban fondeados y amarrados a los muelles. Allí sobre aquel andén del puerto de Montevideo, me estaban desnudando, dejándome en pelota picada, como Dios me trajo al mundo, para luego darme por el culo, y darme una de las mejores y sabrosas folladas de mi vida y que hoy recuerdo con agrado y cariño.

    El estibador al ver como el milico me iba quitando la camisa y cazadora, llevó sus manos al cuello de ambas prendas, y mientras yo llevaba mis brazos hacia atrás, él terminaba de quitarme ambas prendas, quedándome tan solo con el slip a medio bajar y el pantalón sobre los tobillos.

    Al verme así expuesto el milico, empezó a abrazarme mientras metía su lengua en mi boca, saboreando toda ella a la vez que el estibador tiraba las prendas al suelo y empezaba a sacar su verga de fuera.

    Después de saborear mi boca con su lengua y haber juntado nuestras salivas, haber mordido y chupado mis labios, dejándolos hinchados y enrojecidos, el milico fue bajando con su boca por mi cuello haciéndome estremecer abrazándome a él, mientras iba recorriendo con su boca mi cuello, donde dándome un mordisco me dejó marcado un chupón, a la vez que yo soltaba un gemido empezando a temblar a causa del placer que estaba sintiendo.

    El milico al verme temblar y gemir, mientras yo lo abrazaba sujetando la cabeza con mis manos, siguió bajando con su boca recorriendo mi cuerpo, a la vez que llevaba sus manos al elástico de mi slip, tirando de ellos hacia abajo, hasta dejarlos junto al pantalón.

    Acarició mi polla que estaba que reventaba de tiesa y dura que la tenía, y viendo como me temblaban las piernas, pasó uno de sus brazos rodeándome ambas, mientras se agachaba y con la otra mano terminaba de sacarme el pantalón y slip, por completo. Levantó una de mis piernas, tiró del pantalón y slip, sacando junto al zapato, parte del pantalón junto al slip, para seguido hacer lo mismo con la otra pierna, quedándome ahora sí, desnudo por completo ya que incluso los calcetines me había sacado.

    Se puso de pie, y ahora que ya me tenía desnudo por completo como deseaba tenerme, metiéndome de nuevo la lengua en la boca, mientras apretaba con sus manos los cachetes de mi culo, suspiraba entre jadeos, diciéndome lo bueno que estaba.

    ¡Ohhh que bueno que estás! Sos un puto muy lindo, al que me voy a coger

    Hasta llenarte con mi esperma, voy a dejar mi lechita en tu tripita, quiero que lleves mi semilla contigo, españolito, decía entre jadeos.

    Puso sus manos sobre mis hombros haciendo que me agachara, mientras me ordenaba que abriera la boca y le chupara la verga.

    Anda españolito, abre esa boquita y métetela toda y mámala bien que te voy a romper el orto, me decía mientras yo agachado abría la boca tragándome aquella pija del milico.

    El cabrón tenía una buena polla, era negra y suave, y fácilmente rondaría los 16 o 17 centímetros, no era gruesa ni estaba circuncidado, por lo que, con lujuria y desesperación, me aferré a aquel cipote, empezando a chuparlo como si de un manjar se tratara.

    Mientras yo estaba aferrado al cipote del milico chupándoselo, el estibador que no había parado de manosearme el culo, abriéndome las piernas, separó los cachetes de mi culo, pasó sus dedos desde mis bolas, pasó por el perineo parándose en la entrada de mi agujerito, presionó con uno de sus dedos haciendo que mi esfínter cediera, metiendo todo el dedo en mi culo. ¡Ohhh! Exclamé a la vez que daba un respingo y mi cuerpo se estremecía al notar como aquel dedo profanaba mi culo. Tranquilo españolito, dijo el estibador mientras movía su dedo haciendo que mi esfínter se fuese dilatando. Después de hurgar con sus dedos en mis entrañas y hacer que mi esfínter se dilatase, quitó sus dedos, enterrándome su lengua en él.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí estremeciéndome al notar aquella lengua hurgando y lamiendo mi rosadito agujero.

    Que hijo de puta, que lengua tenía, como lamía y chupaba el cabrón. Me abría de piernas todo lo que podía, notando como aquella lengua saboreaba y lubricaba mi hoyito, mientras yo tragaba y acariciaba la polla que por primera vez me iba a sodomizar en Montevideo. Aquella noche me iban a garchar estando completamente desnudo sobre el andén del puerto, prácticamente estando al aire libre y siendo exhibido a cualquiera que pasara por allí. A poco que fuera avanzando el día, y la claridad fuese reinando, cualquiera que pasara por allí, incluso desde los mismísimos barcos que había fondeados o amarrados, podrían ver como me tenían desnudo tanto a mí como al otro joven al que ya estaban sodomizando.

    Y así era como tenían al delgado y joven estibador, el otro milico y uno de sus compañeros. Le estaban dando por el culo mientras él, le chupaba la polla a otro de sus compañeros.

    Estaba viendo la follada al joven, cuando sacándome la polla de la boca el milico, me hizo incorporar dándome la vuelta, quedando ahora mirando para aquel cachas de estibador que me había comido y lubricado el ojete, me quedé apoyado sobre él, mientras el milico me abría de piernas, colocaba su polla en la entrada a mi ano, y sujetándome por las caderas, me daba una envestida, enterrándome prácticamente toda su virilidad dentro mía.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí apoyándome en el pecho del estibador, al sentir como aquella polla del milico, entraba en mí, haciéndome suyo.

    ¡Ohhh que culo! ¡ooohhh! Que calentito y suave, ¡ummm! Que rico se siente, gritaba el milico enterrándome todo su nabo en lo más profundo de mis entrañas, dejándome ensartado en su cipote hasta los mismísimos cojones.

    Dios, que hijo de puta, me había abierto el culo metiendo toda su verga en mí, de una sola estocada. Notaba sus pelotas pegadas a la entrada de mi ano, y sus bellos púbicos y pelvis pegadas a mi culo, mientras el milico movía sus piernas a la vez que tiraba de mis caderas hacia él, enterrándome aún más su polla en mí. Impulsaba su pelvis queriendo ensartarme aún más, pero aquello era imposible, sus pelotas ya las tenía pegadas a la entrada de mi culo, y ya no quedaba más que meter.

    Yo aferrado al pecho del estibador y siendo sujetado por sus brazos, me erguía poniéndome de puntillas, con cada arremetida que me daba el milico.

    Poco a poco fue sacando y metiendo toda su verga, empezando a sodomizarme, mientras no paraba de jadear y gemir, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto!

    Yo ya algo más relajado, empezaba a disfrutar de aquella cogida, abrazado a la cintura del estibador, sentía la polla del milico deslizarse por mis entrañas, viendo la verga de aquel cachalote que me sujetaba con sus manos, y a nuestra derecha, viendo y escuchando como sodomizaban al joven de los estibadores.

    Dios, aquello me calentaba y excitaba cada vez más, la polla estaba que me reventaba y la boca me babeaba viendo la verga que se erguía delante de mi cara, y que pronto sabía que la tendría dentro de mi culo, sodomizándome al igual que lo estaba haciendo en esos momentos el milico. No pudiendo resistirme, acerqué mi boca a aquel manjar que se mostraba delante de mi cara, y abriendo la boca, Empecé a chupar aquel nabo como si la vida se me fuera en ello.

    ¡Ohhh putito! Exclamaba el estibador pasando sus manos por mi pelo a la vez que me acariciaba la cabeza y empujaba para que tragara más su cipote. Sabía que te gustaba, pero no sabía que eras tan puto, ¿estabas necesitado de pija, eh mi lindo putito? Decía el estibador mientras me acariciaba el pelo y empujaba mi cabeza para que tragara más, mientras el milico me daba por el culo.

    Yo ya estaba en las nubes, en esos momentos nada me importaba, ni estar prácticamente a la intemperie desnudo por completo siendo sodomizado y siendo exhibido a los demás o a los que pudieran pasar por allí, solo sabía que estaba gozando como hacía tiempo que no gozaba. Tenía una polla taladrándome el culo, y otra en mi boca esperando a sodomizarme.

    Noté como el milico arremetía con más fuerza, clavaba sus dedos en mis caderas, y empezaba a jadear a la vez que gritaba, ya, ya me vengo, ya me vengo, empezando a derramar su leche dentro de mi culo.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba preñándome con su leche.

    Después de soltar todo su esperma dejando su semilla dentro mía, y una vez recuperó el aliento, sacando su verga de mi culo, me dejó en manos de aquel cachalote de estibador, para que fuera ahora cogido por él.

    Y eso fue lo que hizo, sin darme tiempo ni a reponerme de aquella cogida que me había dado el milico. Me dio la vuelta poniéndome de espaldas a él, y llevándome sujetado por la cintura, se arrimó a la pared de aquella nave donde apoyó su espalda, me hizo inclinar a la vez que me abría de piernas, y levantándome un poco por la cintura, me ensartó en su cipote.

    ¡Ohhh ooohhh ohhh! Gemí al sentir como me ensartaba en su pija, manteniéndome casi en sus brazos.

    Dios, aquello me había hecho estremecer de gusto, hasta mi polla había soltado varias gotas de semen, al notar como me ensartaba en aquella verga quedando empalado, mientras me sujetaba con sus brazos quedando prácticamente en el aire.

    La pija que ahora me tenía ensartado, era algo más gruesa que la del milico, de largo por ahí andaría, 16 o 17 centímetros, pero sí era algo más gorda. Además, aquel estibador, al ser más alto y de una complexión de al menos el doble que la mía, la follada que me estaba empezando a dar, era descomunal, prácticamente me mantenía en sus brazos. Apenas la puntilla de mis pies rozaban el suelo, por lo que estaba totalmente empalado en la verga de aquel estibador, gimoteando sin poder parar, viendo como ahora todos miraban como me estaba dando por el culo su compañero.

    Al joven ahora lo estaba empezando a follar su compañero, y otro de los que hasta ahora había estado de espectador, lo pajeaba teniendo su polla de fuera mientras el otro le daba por el culo. Pero todos incluso los 2 milicos y el otro estibador se pusieron a ver como yo gimoteaba mientras su compañero me cogía manteniéndome prácticamente en sus brazos.

    Dios que cara de lujuria y sonrisa esbozaban viendo como su compañero me sodomizaba. Vi como sus ojos brillaban y no quitaban la vista de mí, viendo como aquel españolito gimoteaba sin parar mientras lo follaban.

    No tardó ni 10 segundos en acercarse el estibador que faltaba, y sin dejar de mirar como me daban por el culo, sacaba su polla y empezaba a pellizcar y retorcerme con su mano mis pobres pezones que estaban que explotaban de duros eh hinchados que los tenía, a causa de la tremenda excitación que tenía. Con una mano pellizcaba y retorcía mis pezones, mientras con la otra se acariciaba su larga polla.

    Te gusta ¿eh putito? Te gusta que te garchemos ¿eh? Decía el estibador que me daba por el culo. Tienes una colita muy linda, el orto te arde de caliente que lo tienes, es muy pero que muy suavecito, y que bien traga la pija, decía el estibador que me estaba dando por el culo manteniéndome prácticamente entre sus brazos y a la vez mordisqueándome las orejas y cuello.

    Yo ya no podía más, prácticamente estaba al borde del clímax, mi polla no paraba de gotear semen, los ojos abiertos como platos, y la boca abierta soltando gimoteos sin parar.

    Aquella era una de las folladas más ricas y espectaculares que hasta esa fecha me habían dado. Aún ahora recordándolo, mi polla se pone dura y no deja de babear soltando gotas de semen, pringándome toda la verga.

    De repente el estibador que me estaba sodomizando, empezó a gruñir subiendo y bajándome mucho más rápido y violento, empezando yo a notar como su verga se hinchaba y empezaba a palpitar soltando varios trallazos de leche dentro de mi culo, dejándome preñado por segunda vez en la noche.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gruñía el estibador corriéndose dentro de mi culo.

    Cuando por fin pude poner los pies en el suelo, las piernas me temblaban de tal manera, que gracias al estibador que me terminaba de sodomizar, que me mantuvo abrazado a él, que si no me hubiera desparramado sobre el suelo de aquel andén.

    ¡Ohhh que gusto españolito! ¡ohhh que garchada más rica! ¡ufff como me ha gustado tu colita! Me decía sin dejar de morderme las orejas y cuello, manteniéndome abrazado a él.

    Yo que estaba sudando por todos mis poros, me encontraba agotadísimo, las piernas no paraban de temblarme, y el culo me ardía, notándolo abierto y dolorido. Notaba como iba escurriendo el semen resbalando por mis piernas. Todavía no me había corrido, tenía mi polla tan pero que tan pringosa, que brillaba y todavía se mantenía tiesa y bien dura la muy cabrona, se veía como rezumaba gotas de semen, goteando de vez en cuando.

    El estibador que acariciaba su verga a la vez que pellizcaba mis pezones, viendo lo enrojecida, pringosa y dura que tenía mi polla, llevó su mano a ella, haciéndome soltar un fuerte gemido al notar su mano agarrar en esos momentos mi sensible, enrojecida e hinchada polla.

    Mira como tiene la pija, decía el estibador, agarrando mi hinchada y enrojecida polla. Si que es bien puto, a este le gusta que le den pija por el orto.

    Sin esperar a que me recuperara de la tremenda follada que acababa de recibir, agarrándome por mi polla y genitales, me separó del estibador que terminaba de darme por el culo, me hizo girar quedando mi caliente y dolorido culo a su disposición.

    Pues si te gusta la pija, pija te daremos, pedazo de trolo, decía el estibador disponiéndose a darme por el culo por tercera vez esa madrugada.

    Me hizo inclinar apoyándome sobre el estibador que terminaba de sodomizarme, y mientras este me sujetaba por los hombros, el estibador que me iba a dar por el culo, me hizo abrir de piernas, dejándole mi caliente y dolorido agujerito, listo y totalmente expuesto para volver a ser sodomizado.

    Este cabrón sin tener ninguna delicadeza por su parte, pegó su cipote en la entrada a mi agujerito, y sin contemplación alguna, dio una envestida, ensartándome de una vez todo su mástil.

    ¡Ohhh ooohhh! Gemí a la vez que daba un respingo al sentir como volvía a ser empalado por una verga.

    Me había ensartado la polla hasta la mismísima base. Notaba unas enormes pelotas pegadas a mi culo, y como este se había abierto dejando pasar aquel mástil que me habían ensartado.

    ¡Uhhh que rico! Gritaba el estibador que me estaba sodomizando, ¡uuuhhh que colita más caliente!

    ¡Oh, Dios! La verga aquella parecía llegarme al estómago, tenía el culo tan abierto y resbaladizo, que la verga había entrado hasta lo más profundo de mis entrañas, y lo había hecho con suma facilidad.

    Me tenía bien abierto de piernas, medio agachado sujetado por el cachalote de estibador que había terminado de cogerme, yo prácticamente de puntillas, abrazándome a la cintura del estibador que me sujetaba como si fuera una yegua dispuesta para la monta del macho.

    Así era como me tenían, como si fuera una yegua, preparada y dispuesta para la copula y ser cubierto por el macho.

    Notaba como entraba y salía la polla del estibador, golpeando sus enormes y gordas pelotas mi abierto agujerito, y su pelvis chocar una y otra vez contra mi culo, escuchándose el plof plof plof plof, junto a mis cada vez más fuertes gimoteos, ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh!

    Yo estaba que deliraba, era como si estuviera en trance, cada vez que la polla del estibador golpeaba mi próstata, una corriente de placer recorría todo mi cuerpo. La polla no paraba de gotear y sabía que estaba a punto de desmallarme de tanto placer que estaba sintiendo.

    Pero lo que pasó, fue que mi polla explotó como si fuera un geiser en erupción. Empecé a correrme, gritando que me corría, mientras mi polla no paraba de escupir semen.

    ¡Ohhh me corro! ¡ohhh me corro! ¡ooohhh me corro! Gritaba derramando toda mi leche, mientras el estibador seguía montando a su caliente yegua.

    Las piernas si antes me temblaban, ahora eran como si tuvieran vida propia, no podían parar. Menos mal que el estibador que me estaba dando por el culo, estaba llegando al clímax, y no tardó nada en empezar a jadear y gritar que se corría.

    ¡Ohhh ooohhh! Me corro, me corro me corro, gritaba dándome las últimas estocadas bien fuertes y profundas.

    Noté como su picha palpitaba empezando a eyacular, e iba soltando todo su cargamento de leche dentro de mi caliente y dolorido culo.

    Cuando terminó de eyacular y pudo recuperar el resuello, dándome unas palmaditas en el culo, sacó su polla de mi abierto y dolorido culo, pudiendo yo ayudado por el estibador que me sujetaba como si fuera una yegua, preparada para la cópula, erguirme.

    Dios, si seguían cogiéndome aquellos hombres, iban a acabar conmigo. Pero no, al parecer los otros estibadores ya habían cogido al más joven de los estibadores, y todos estábamos agotados y rendidos.

    Justo en ese momento que habíamos terminado, antes de que pudiéramos vestirnos, pasaba justo por delante del andén, un grupo de 3 coreanos que iban para su buque mercante, y que, por supuesto que pudieron vernos a la perfección, viendo como yo estaba completamente desnudo, y los estibadores con sus vergas de fuera. Claramente se dieron de cuenta de lo que allí estábamos haciendo, y que no era otra cosa que estar cogiendo. Además de que pudieron ver como todavía estaban terminando de dar por el culo, el último de los estibadores al joven, al que tenía ensartado en su polla.

    Se pararon unos segundos, viendo como follaban al joven y como habían terminado de follarme a mí, siguiendo luego la marcha que llevaban, eso sí, sonriéndose y sin dejar de mirar para nosotros.

    Menos mal que no llegaron antes, si no, menudo espectáculo que les habríamos brindado. Y aun así, no las tenía todas conmigo, de que desde alguno de los buques que había amarrado o fondeado, pudieran habernos visto, ya que la claridad ya hacía un buen rato que empezaba a reinar.

    Ayudado por uno de los estibadores, empecé a vestirme, para luego irme con ellos a tomar un café, al que me invitaron, mientras esperaba que amarrase mi buque, y pudiera ir a cambiarme de ropa, darme una buena ducha, ya que olía a semen y sexo que tiraba para tras, dormir un poco, y luego seguir la fiesta. Además, que ahora ya sabía donde buscar para ser cogido, y poder recibir una buena garchada.

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