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  • Así es la vida

    Así es la vida

    Estaba yo sentado en la silla rodante de la oficina con los pantalones hasta los tobillos mientras agarraba un par de hermosas tetas. Las había visto miles de veces bajo blusas, vestidos y a veces, bajo brassieres delicados, llenos de encajes y adornitos. Tenía la verga bien clavada en la vagina de aquella belleza: pelo largo y lacio de color cobre, unas hermosas nalgas y piernas de concurso.

    Yo había subido su minifalda cual lechuga orejona y bajándole la tanga, la había ensartado con mi verga de mediano tamaño, pero muy cumplidora.

    Ella se movía sabrosamente bufando, respirando fuerte y aguantando la gritería para que nadie se diera cuenta de la cogida que nos estábamos dando en la oficina del director, el cual estaba de viaje. Estrujaba sus tetas a punto de venirme, cuando inopinadamente ella se levantó y rápidamente se volteó con el rostro hacia mí, clavándose ella misma sobre mi fierro parado.

    -¡Síguele, papacito! ¡Sigue metiéndomela! Enloquecida, se movía delicioso y con el añadido de que ahora sus tetas quedaban frente a mí. No perdí la ocasión y se las lamí, se las chupé y las mordí levemente, provocando que ella no aguantara más y se viniera como cascada.

    -¡Ahhh! ¡Cabrón! ¡Qué sabroso me cogiste! Me gritaba mientras me golpeaba hombros y brazos en la angustia de su orgasmo.

    Me vine yo también con sus gritos y muy emocionado por sus palabras. Ella se dejó caer sobre mí y casi me ahoga con sus bellos senos.

    Quedamos un rato exánimes y después nos besamos con pasión. Nos empezamos a calentar de nuevo y cuando se dio cuenta que se me paraba otra vez, se hincó ante mí, metiendo mi verga a su boca y moviendo su cabeza rítmicamente hacia adelante y atrás. Tenía cuidado de no morderme y yo… En el Séptimo Cielo.

    La levanté del suelo y como ella quedó a la altura perfecta, le devolví la gracia comiéndome su vulva. Metí y saqué la lengua, rodeé sus labios vaginales y le hice tintín a su clítoris, lo que provocó una segunda venida como yegua. Ella sintió que se le aflojaban las piernas, apenas logré sostenerla.

    La abracé y le acaricié los senos mientras ella se apoderaba de mi falo y lo movía frenéticamente, masturbándome, hasta que estallé en su cara.

    Finalmente nos tendimos en la alfombra, reposando aquel palo fenomenal mientras reíamos como niños.

    -¡Qué bárbaro! ¡No sabes cómo voy a extrañar tus cogidas, desgraciado! ¿Por qué me hiciste conocerte a ti y tu magnífica verga?

    -¿Qué tiene? Si tanto te gusta, seguimos cogiendo y ya…

    Su cara se puso seria.

    -Hasta crees ¿No te acuerdas que me caso el sábado?

    Quedé como si me hubieran golpeado con un jamón. Era cierto, se me había olvidado… Hacía una semana me había entregado la invitación.

    -Es cierto. Discúlpame. Lo había olvidado, sin embargo te tengo una propuesta.

    -Dime.

    -Tú te casas, pero nos seguimos viendo… Yo no renuncio a estas preciosidades. Mientras le decía esto, acariciaba sus nalgas y sus tetas.

    -Estás loco. Acuérdate de lo que quedamos. Me encanta el sexo, me gusta la verga y le doy bien rico, pero ya casada, olvídalo. Son las reglas del acuerdo.

    -También tienes razón. Ni modo, así es la vida…

    Ella sonrió y agarrándome de nuevo del pito, me dio un beso que hizo que me excitara nuevamente. Respondí a su beso clavando dos dedos en su vulva y moviéndolos con ritmo.

    Al poco rato, ella con la vagina empapada y yo con la verga parada, ya le estábamos dando.

    Le quité del todo la falda y la dejé sólo con el liguero, medias y zapatos de tacón alto (este atuendo me encanta: es mi fetiche). Se apoyó en el escritorio del director y levantó sus bonitas nalgas hacia mí mientras la ensartaba por detrás.

    Ya que la tenía bien puesta comenzamos a coger despacito y deleitosamente. Ella se mordía los puños bloqueando sus gritos y jadeos mientras yo acariciaba sus pezones duros y bien levantados.

    Nos venimos al mismo tiempo. Limpiamos los chorros de jugos con pañuelos desechables y terminamos de vestirnos. Se retocó el maquillaje y salimos circunspectos de la oficina.

    Nadie había notado nada o al menos así lo parecía. Cada uno nos fuimos a nuestro lugar y a trabajar o por lo menos a intentarlo. Era difícil después de aquel fornicio tan sabroso.

    Por fin, llegó el sábado. La misa, a la que no acudí. Hacía muchos años no tenía yo creencia alguna.

    El banquete; en un lugar exclusivo: era una casa grande y elegante de esas con cincuenta habitaciones, cancha de tenis, cine, iglesia y no sé qué más. Yo veía a la novia y se me hacía agua la boca: su vestido, largo y tradicional tenía un escote más que generoso y mostraba más de la mitad de esas tetas que había acariciado y besado con glotonería.

    Avanzó hacia mí con su flamante esposo, cara de baboso y me preguntó solícita:

    -¿Te atienden bien?

    -Sí, gracias.

    Bebía yo con moderación, sonreía a todo mundo y checaba el material femenino. La mayoría estaban muy buenas y eso me consolaba de la pérdida de aquella que me había deslechado días antes.

    -Hola, manito ¿Te diviertes?

    Era mi hermana a quien vi con afecto.

    -Claro que sí, hermana ¿y tú?

    Antes que me contestara, se acercó un grupo de viejas cotorronas: sus amigas que se la llevaron casi en andas.

    Sin embargo, entre ellas, había una que no tenía tan mal ver. De cuarenta a cuarenta y cinco años bien llevados. Con un vestido verde botella que dejaba ver generosamente sus senos bien erguidos y orgullosos, muy buena nalga firme con una cintura no muy estrecha, pero antojable. La abertura del vestido dejaba entrever una pierna firme y un muslo rico.

    Cara firme con algo de papada, pero sin arrugas notables y con unos hermosos ojos color avellana. Era la dueña de la casa.

    Me vio y me sonrió. Buena señal. Me acerqué y susurré en su oído.

    Primero se puso pálida, luego enrojeció como camarón y trató de darme una cachetada, pero le detuve la mano con mi mano derecha y con la izquierda tomé su otra mano y la llevé a mi bragueta que ya parecía carpa de circo.

    Me miró trémula un momento, pero ya no dijo nada, simplemente se dirigió a la escalera y subió a las habitaciones superiores.

    La seguí y entramos a un cuarto en penumbras. No perdimos el tiempo en estupideces: comenzamos a besarnos con ansia, mientras yo bregaba con su vestido.

    Se lo quité sin maltratarlo y comprobé lo que casi veía y casi adivinaba: tenía unas nalgas bonitas y firmes, nada de vientre y unos muslos de campeonato. Sus senos, sin embargo eran un poco más pesados y un tanto blandos: adiviné que había tenido por lo menos un hijo.

    Le quité la pantaleta, pero no el brassier y levantándola sobre un mueble de la recámara (un tocador o algo así) La senté sobre él con las piernas abiertas y toqué su vulva que para ese momento ya estaba muy mojada.

    Me bajé los pantalones y me descubrí la verga más que lista para la acción y sin esperar preámbulos, se la dejé ir de golpe.

    Ella sólo resopló y casi grita, pero alcancé a taparle la boca con la mano derecha. Sorprendida, sólo aleteaba como si quisiera levantar el vuelo, pero al sentir el movimiento de mi verga, se acopló y quedó en éxtasis, moviéndose a mi compás.

    Se vino copiosamente y se recargó extenuada sobre el espejo del tocador, mientras respiraba pesadamente.

    Terminé por venirme y nos limpiamos con cuidado, vistiéndonos de nuevo.

    Nos dimos un beso de despedida y acariciándole las nalgas (algo que la estremeció) nos integramos a la fiesta.

    Ya estaban en el brindis de despedida a los novios. Bebí champaña, comí pastel.

    Ya preparados, los novios partían a su viaje de bodas y ella se acercó con lágrimas en los ojos.

    -Gracias por todo… tío. Por escucharme, por hacerme tan feliz…

    Me dio un beso en la comisura de la boca y no lo niego: sentí un dejo de amargura.

    Otra vez llegó mi hermana conmigo. Tenía lágrimas en los ojos.

    -Te va a extrañar mucho mi hija, manito.

    -Y yo la voy a extrañar a ella, hermana, pero ¿Qué se le va a hacer? ¡Así es la vida!

    Vi partir a la pareja y les dije adiós, mientras mi verga se paraba con el recuerdo…

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  • Mi abuela es mi zorra

    Mi abuela es mi zorra

    Eran las 6 de la tarde, de un sábado, y mis padres no llegaban, salieron desde temprano a pasear porque estaban cansados de tanto trabajar y necesitaban un tiempo para ellos. Me dejaron con mi abuela, una señora muy pícara y divertida de 73 años.

    Lo que ustedes no se imaginan, es que desde que cumplí mis 35 años y quedé soltero, yo la pongo en 4 y la lleno con mi semen espeso… Así es, mi abuela es una sinvergüenza, de pensamientos obscenos, y un terremoto en la cama.

    Como mis padres no llegaban, mi abuela entró a mi cuarto, ella sabía que era su momento para disfrutar. Ni siquiera se molestó en hablarme, sólo me tiró un beso, y por supuesto ya estaba completamente desnuda y cerrando la puerta de mi cuarto con seguro.

    Se acercó a mí, mientras estaba en mi cama acostado, se montó encima y me bajó los calzones, después de oler mis huevos por unos minutos comenzó a lamerlos, a mamarlos, a besarlos; yo la notaba un poco desesperada porque mientras jugaba con mis huevos metía los dedos de su mano izquierda en su vagina ancha y frotaba de manera acelerada su clítoris.

    Yo, ya tenía mi pene durísimo, y ella sin perder tiempo, se sentó encima de mi gran miembro (21 centímetros, aunque no lo crean), mirando hacia mis pies, movía su cadera hacia adelante y hacia atrás, y a pesar de que su vagina no apretaba, se sentía delicioso el calor de su interior, además comenzaba a lubricar demasiado, su líquido vaginal chorreaba por mis muslos.

    Me excité tanto que la agarré por la cintura, la puse de lado (posición de cucharita), y mientras apretaba sus senos flácidos con mucha fuerza, la penetraba duro, tan duro que gemía como una zorra adolescente. Me encantaban sus gemidos y yo no podía parar de penetrarla como un animal en celo.

    Llegó un momento en que no aguanté, sentí que mi pene explotaría, así que me detuve, comencé a darle muy suave y en menos de un minuto tuve un orgasmo intenso, me vine como caballo dentro de mi abuela, y mis gemidos eran tremendos, tanto así que ella tuvo que cubrirme la boca como pudo aun estando de espalda y con mi pene totalmente metido hasta el fondo de su vagina.

    Cuando todo acabó, me despegué de ella, se dio la vuelta y me miró con ternura, al mismo tiempo me besaba mientras mi semen caliente salía de su vagina y mojaba mi cama. Fue una experiencia deliciosa, una experiencia que no pienso abandonar jamás.

    Las aventuras con mi abuela, no se acaban, y te las contaré todas.

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  • Valeria. Por fin me cogí a mi hijastra sin importar nada

    Valeria. Por fin me cogí a mi hijastra sin importar nada

    Yo no me podía quedar así. Estaba demasiado caliente y mi necesidad de coger era insostenible. No sabía si Valeria saldría de nuevo (esta mujer era un enigma para mi), no sabía si Nayeli se despertaría y ya no era opción masturbarme. Era increíble que me estuviera pasando eso.

    De haber tenido una vida algo aburrida sexualmente durante muchos años, justo ahorita estaba empezando a vivir cosas que me hubiera gustado experimentar desde hace muchos años, así que no debía dejar pasar ninguna oportunidad.

    Ya con todo descaro y sin esperar dar ninguna imagen o cuidar ninguna apariencia, me metí al cuarto de Naye, total, es mi novia y puedo darle cuando yo tenga ganas y como yo quiera.

    Dejé la puerta abierta (quería que su hija saliera y viera todo lo que le estoy haciendo a su mamá), me desvestí, me acerqué al pie de la cama y cuando estaba a punto de jalar la cobija y empezar a cogerme a mi novia, una idea cruzo por mi mente, solo le toque las piernas, moviéndola para ver si despertaba, pero no. Estaba completamente perdida en un sueño profundo.

    Sin dudarlo me Sali del cuarto, cerré la puerta sin hacer ruido y giré la perilla de la puerta de Valeria. Estaba sin seguro, la puerta se abrió y la vi acostada boca arriba, oliendo su tanga, vi como pasaba la lengua por donde había dejado escurrir toda mi simiente. Ella volteo al ver que su puerta se abrió. Se me quedó mirando algo sorprendida y aun con la tanga muy cerca de su cara yo avancé, con pasos decididos, llegué al borde de su cama, la tome de los tobillos y la jale para que su cadera quedara al pie. (ella me miraba atónita pero no decía absolutamente nada, parecía estar en shock).

    Sin decir nada me puse de rodillas colocando sus corvas recargadas en mis hombros y con mis manos la sujeté de las crestas iliacas. La recorrí aún más hacia el borde de la cama. Pude percibir un aroma exquisito. Valeria solo me miraba fijamente sin decir nada, pude ver sus pupilas dilatadas y su respiración empezó a ser agitada y profunda. Besé el borde interior de sus rodillas y encaminé mis labios lentamente hacia el tesoro deseado. Dejaba que mi lengua fuera trazando ideogramas de pasión sobre su piel, cada vez mas cerca. Conforme mi boca se acercaba a su entrepierna notaba aún más su respiración agitada.

    Yo tenia los ojos cerrados para ir trazando un mapa de su piel en mis labios, pero al abrirlos me percaté que ella tenía su cabeza completamente recargada en el colchón como viendo hacia el techo de su habitación, sus manos estaban extendidas a un costado de ella apretando las sábanas. Quede extasiado con esta imagen de erotismo puro. Puse ambas manos hacia los muslos, me incliné aún mas hacia su pelvis dejando que mi boca recorriera el camino. Justo llegue a sus ingles, mi nariz estaba a las puertas del Valhala e inhale profundamente, y le soplé despacito, dejando que un aire cálido saliera de mi boca rosando sus labios y el borde de su vulva.

    Sentí en mis manos como se estremeció y en mis hombros pude sentir como sus piernas se relajaron por completo, se abrieron completamente de una manera muy dócil y aun así, podía sentir sus talones clavados en mi espalda.

    Pasé mis manos hacia el borde inferior de sus nalgas para poder maniobrar de mejor manera. Sus talones ahora quedaron justo apoyados en mis hombros. Con mucha delicadeza separé sus labios y acerqué la punta de mi lengua al perineo, ese lugar donde hacen frontera los dos orificios mas deliciosos que una mujer puede tener. Recorrí en una sola línea, con mi lengua muy mojada desde ahí hasta su clítoris. Valeria apretó aun mas las sábanas, dejo escapar un pequeño gemido de su boca y clavó los talones en mis escapulas.

    Deje que mi lengua demostrara su experiencia y paseara por ese campo florido y con vello púbico incipiente. Comencé haciendo cierta presión con mis labios alrededor de su clítoris mientras mi lengua lo masajeaba en círculos, los dedos que separaban sus labios empezaron a indagar de manera gentil por todo el borde de sus labios, buscado ese espacio para poderlos introducir uno a uno. Enseguida, mi lengua siguió la ruta que mis dedos trazaban. Conforme iba sintiendo los pequeños espasmos y respiración agitada de Vale incrementaba la presión de mis besos y la curiosidad de mis dedos.

    Después de unos minutos de estar recorriendo por completo toda la intimidad de esta chica levante la vista y nuestras miradas se encontraron. La miré fijamente mientras dejé que mi dedo índice empezara a introducirse muy lentamente por su vagina. Sin quitarme la mirada de encima comenzó a respirar rítmica y agitadamente. Metí mi dedo medio y ahora respiraba aún más agitada, comencé a mover rítmicamente ambos dedos simulando una penetración mientras continuaba degustando del placer de llenarme la cara con la miel que derrama su entrepierna.

    No dejamos de vernos hasta que empezó a apretar mi cabeza con sus muslos. Empezó a temblar y acelere el paso de los dedos mas no la velocidad de la lengua. Mi boca seguía en su movimiento suave, firme, lento y sensual mientras que mis dedos la cabalgaban frenéticamente. Casi no podía escuchar debido a la presión de sus piernas, pero tenía otros sentidos que estaban extasiados con el preámbulo de su orgasmo. No podía dejar de mirarla, verla arquear la espalda mientras sus manos jalaban mi cabello fundiendo mi boca a su sexo, sentir su piel chinita y oler todo aquello que emanaba de su intimidad, saborear cada gota que empezaba a escurrir, no quería desperdiciar nada.

    Pude ver como en un segundo, sin previo aviso, contrajo su abdomen y enseguida expulsó un pequeño chorro, quizá contenido, pero al final lo dejo salir. Tenía una textura agridulce, mezcla de orina y su orgasmo.

    Aflojó sus piernas, mis oídos se liberaron y podía escucharla respirar muy profundo tratando de contener los gritos para que no escaparan de su garganta. Sin dudarlo me reincorpore un poco, estire la espalda y con la cabeza le hice una seña para que se pusiera en 4. Ella entendió perfectamente y sin dudarlo y como pudo se dio la vuelta, después de unos segundos de estar acostada boca abajo incorporo la cadera apoyando las rodillas en el filo del colchón, pero dejo sus manos abajo. Era la postura perfecta para darle como la perra que era.

    Me acomodé de rodillas nuevamente, no podía desaprovechar la oportunidad de comerme ese culito tan delicioso y rosita que se le veía. Cual feligrés hincado frente a su deidad para orar, así yo me puse. Con ambas manos le separa las nalgas y empecé a darle besos apasionados al borde de su ano, sin llegar a tocarlo. Ella reacciono con un pequeño brinquito y dijo

    -Hey, no, por ahí no. Nunca en la vida me lo han hecho por ahí.

    -Shhh. No digas nada. Ahorita eres mía y harás lo que te diga. Soy tu papi y obedecerás cada palabra. ¿entendiste?

    -Si papi, disculpa, hare lo que me pidas.

    La manera en que me vio, su voz simulando ser una niña tierna y obediente me puso tan excitado que pensé que la verga me iba a estallar.

    -Abre tus nalgas con tus manos.

    -¿así papi? Es lo más abierta que puedo estar. –No se imaginaba la bella postal que me estaba regalando.

    Me acerqué y hundí mi lengua lo más profundo que pude en su culito. Ella solo dejó escapar un gemido que ahogó en la almohada. Empecé a lamerle el culo de una manera incluso animal. Podía sentir en mis labios como le palpitaba el ano, como se iba dilatando de a poco. Después de unos minutos me puse de pie. Agarré mi pene con una mano y lo acerqué a su cadera, lo empecé a frotar en su rajita hasta que sus labios envolvieron mi glande. Solo lo empuje un poco y entro la cabeza dentro de su vagina. Ella mordió la almohada de nuevo. La penetré hasta adentro. Gimió sin poder aguantarlo.

    La sujeté de la cadera y empecé a darle rápido y fuerte, el sonido de nuestras caderas chocando hacían parecer que andábamos chancleando por toda la casa. Se sentía hirviendo su interior, estaba sumamente mojada y yo ya no podía contenerme. Mi mente dejo de funcionar, solo el instinto animal corría por mi sangre. La sujete de su largo cabello, como si fuera montando un caballo salvaje. Una mano en sus nalgas y otra jalándola del cabello hasta que ya no pude más. Alcance a sacar mi miembro y un chorro de leche caliente y blanca salió directo a su culo y empezó a escurrir quedando atrapado en sus labios y parte del vello púbico.

    Otro chorro más salió y pegó en sus nalgas y para el ultimo chorro, vale se giró muy rápido se acomodó lo mejor que pudo y lo metió hasta el fondo de su garganta. Mis piernas se doblaban. Trate de agarrarme de algo, pero no había nada, mas que su cabeza pegada a mi cadera. Seguía mamando hasta que ya no salió absolutamente nada.

    Di unos pasos para atrás y la pude ver como se acostaba boca abajo, completamente desnuda. Se veía perfecta, divina, Era una visión, parecía una diosa, pero al mismo tiempo un demonio que acababa de robar mi alma para siempre.

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  • Los cuidados de mi cuñada Laura

    Los cuidados de mi cuñada Laura

    Mi cuñada se ofreció a cuidarme y ayudarme en todo al estar convaleciente por un accidente de coche.

    Mi nombre es Pablo, tenía cuando me sucedió lo que os voy a contar 42 años. 1,81/2 cm de estatura, 87 kilos, cuerpo atlético debido al deporte que practico.

    Casado con una maravillosa mujer de Ana 39 años y dos hijos de 15 y 14 años.

    Nuestra vida sexual ha sido siempre más que intensa y satisfactoria, siempre hemos sido una pareja bastante liberal, siempre desde el respeto mutuo y sin mentiras, así lo decidimos el día que nos dimos el si quiero.

    Quiero contarles varias historias, comenzaré por contarles lo que me sucedió durante un verano cuando sufrí un grave accidente de coche mientras me dirigía a mi trabajo, del que afortunadamente, aunque la recuperación fue larga y dolorosa me recuperé y no me quedaron secuelas, estuve ingresado en el hospital casi tres meses antes de que Los médicos me dieron el alta hospitalaria y poder marchar a casa a seguir la recuperación. La recuperación fue larga debido a la debilidad y perdida de musculatura tras sufrir graves roturas de huesos en los brazos y una pierna y haber estado escayolado e inmóvil durante tanto tiempo seguido de varias operaciones.

    Afortunadamente Ana, mi esposa pudo tomarse un permiso largo en su trabajo para cuidarme, pero ese tiempo tiene un limite y se acaba y debió volver a su trabajo.

    Mi situación las primeras semanas en casa fueron bastante complicada, no podía estar de pie mucho tiempo, pasaba de la cama al sofá o a una butaca y de allí, con ayuda de Ana, mi esposa y con un andador lo que ahora llaman un taka taka en plan de burla para llegar al cuarto de baño en donde tenía que estar siempre acompañado y supervisado hasta en las necesidades más básicas e íntimas por mi esposa o alguno de los cuidadores que como decía venían cada dos días. Me encontraba bastante debilitado, así que durante esas semanas yo que había sido siempre muy activo sexualmente me encontraba mas que debilitado, y mi vida sexual durante los últimos seis meses había sido nula.

    Cuando pasaron las seis semanas de permiso que mi esposa por ley le per tocaban tuvo que volver a su trabajo durante los últimos dos meses venia a casa una cuidadora privada para que mi esposa pudiera ir a su trabajo, pero un día Ana, mi esposa llegó del trabajo sofocada y de mal humor y me dice muy disgustada que se tenia que marchar unos días fuera de la península a supervisar el trabajo de la apertura de una nueva sucursal de su empresa en las Islas Canarias, concretamente a Tenerife y no podia negarse al ser ella la jefa y responsable de eso eventos, y debía estar allí presente coordinando y gestionando la nueva oficina en representación de la empresa, que solo serian unos días, días aunque luego se convirtieron en casi dos semanas viniendo solo el fin de semana a verme y se volvía a marchar, pero decía que me dejaba en buenas manos.

    Esp: Pablo, he estado intentando buscar una cuidadora para que este contigo mientras yo este fuera, pero como es verano hay pocas disponibles y las que he entrevistado no me ofrecen confianza. No sé qué puedo hacer.

    Justo en ese momento suena el teléfono de mi esposa, se trataba de Laura su hermana.

    Esp: Hola Laura, no me coges en buen momento.

    Cuñ: Ahhh ¿Y eso porque, que pasa?

    Esp: Menudo disgusto tengo, estoy intentando encontrar una cuidadora para que se quede con pablo mientras estoy fuera por motivos de trabajo, me tengo que marchar mañana por la tarde hasta el viernes próximo y no encuentro una cuidadora de confianza y no sé cómo solucionarlo.

    Cuñ: Ana, te llamaba para preguntar por Pablo, para preguntarte si está en condiciones de recibir visitas, precisamente tengo fiesta toda la semana.

    Esp: No me digas, ¿no te importaría cuidarle tú y atenderle en todo mientras estoy fuera?

    Cuñ: Claro que sí tonta, sabes que hice unos cursillos hace años en la cruz roja de auxilia, además si es por hacerte un favor a ti y a mi cuñado sabes que siempre puedes contar conmigo.

    Esp: Eres mi salvación hermana, si te parece te vienes mañana antes de que yo me vaya y te explico las rutinas, tráete ropa para pasar estos días aquí.

    Cuñ: Ok, mañana nos vemos Ana, tranquila, un beso para Pablo.

    Laura es tres años mayor que Ana, mi esposa entonces tendría 43 años, un buen físico, muy guapa, aunque un poco más bajita que Ana, mi esposa siempre le ha envidiado el par de tetas, (pechos) que lucía siempre erguidas y duras. Laura tenía, tenía y tiene aún unas tetas perfectas, con un tamaño 90-100 pero muy firmes.

    La relación de Laura con nosotros siempre ha sido muy buena, Ana dice en plan de broma que si algún día por lo que fuera dejamos de estar juntos y nos separamos estaría encantada de que hiciera pareja con su hermana, y siempre he creído que a Laura también le encantaría, nunca habíamos pasado de simples bromas, pero los dos sentíamos que no nos importaría tener algo más que amistad y si no lo habíamos intentado era por respeto, ella a su hermana y yo a mi esposa, pero el deseo existía.

    Al día siguiente se presentó Laura en casa. Mi esposa ya lo tenía todo el material preparado para marcharse y antes pasaron a verme las dos a la habitación, yo estaba ya en la cama individual, como era verano tapado con una sábana que me cubría lo indispensable, no usaba pijama ni ropa interior por las rozaduras que aún me provocaban las costuras y además en agosto en Cataluña hacia bastante calor.

    Cuñ: Hola Pablo, que bien te veo, y que fresquito, jejeje. Se acercó, se inclinó a mí y me dio dos besos, la visión por su escote era maravillosa.

    Cuñ: ¿Como te encuentras?

    Yo: Todavía bastante débil, pero con bastante ánimo y gracias a la ayuda de Ana voy avanzando poco a poco, bueno a partir de ahora con tu ayuda también.

    Esp: Sera como si estuviera yo, ¿verdad Laura?

    Dijo mi esposa con una amplia sonrisa, Laura estará para ayudarte en todo lo que necesites, igual o hasta mejor que lo haría yo, porque ella ha hecho un cursillo de primeros auxilios.

    Cuñ: Desde luego, así será, absolutamente todo, no tienes de que preocuparte.

    Le dijo Laura a su hermana.

    Esp: Os llamaré desde allí todos los días, espero acabar el trabajo lo antes posible y volver amor mío.

    Mi esposa me dio un besazo enorme en los labios.

    Cuando termino de darle las indicaciones, la estaba esperando el taxi en la puerta para llevarla al aeropuerto y mi esposa se marchó dejándonos a Laura y a mis solos.

    Laura, aunque tenía el equipaje en la habitación principal prefirió dormir en la otra cama individual de mi habitación, así no tendría que gritarle si necesitaba algo por la noche. Ella se desvestía en el baño y la vi llegar a la habitación con un camisón cortito holgado que según que movimientos hacía se le veía la ropa interior (bragas). Cuando llego la hora de la primera cena Laura puso la bandeja sobre la mesita auxiliar y me ayudo a incorporarme para que pudiera llegar bien a coger la comida del plato.

    Cuñ: Ana me ha dicho que te manejas bien, que puedes comer tu solo, pero si necesitas algo solo tienes que decírmelo.

    Yo: Gracias, de momento creo que estoy bien, gracias Laura, ve tu a cenar tranquila.

    Según salía de la habitación directamente me fije en su trasero (culo). Las bragas eran sencillas de algodón, nada sexys, pero como tiene un buen culo se les ajustaban bien a las nalgas.

    Cuando terminé de cenar la llamé para que me alcanzara la botella, (cuña) para orinar que me había facilitado en el hospital, así podría hacerlo desde la cama sin tener que levantarme.

    Yo: Laura, puedes venir un momento a alcánzame la botella esa para orinar por favor.

    Al instante entró en la habitación y me la acercó

    Cuñ: Si necesitas que te ayude, puedo hacerlo, no es necesario que hagas esfuerzos.

    Yo: No, gracias no hace falta, esto puedo hacerlo yo solo, cuando acabe te aviso.

    Cuñ: Vale, pero si no te importa prefiero quedarme aquí vigilando como lo haces no se te vaya a tumbar la botella mientras recojo la bandeja de la comida, tu como si yo no estuviera delante.

    Al principio reconozco que me costó que el pipi saliera, sentía un poco, más que de vergüenza apuro, pero enseguida pude orinar sin problemas.

    Yo: Laura ya he terminado.

    Cuñ: Muy bien, pues ahora a planchar la oreja (dormir), que suerte tienes de poder estar así fresquito sin el pijama, tan fresquito, tendría que haberme traído algo más ligero para dormir.

    Yo: Mira en el armario de Ana, a lo mejor tiene algo que te valga.

    Le dije señalándole el armario donde mi esposa guardaba su ropa íntima.

    Cuñ: Tranquilo cuñado si tengo calor me lo quito y me tapo con la sabana.

    Yo: Vale, tu misma, hasta mañana Laura, que descanses.

    Cuñ: Hasta mañana cuñado, y no dudes en avisarme y necesitas, ¿me has oído?

    Yo: Que siiií, que estoy bien, que pesadas sois, estoy fastidiado, pero no inútil, échate a dormir, buenas noches.

    Al día siguiente, cuando desperté Laura ya se había levantado. Al poco entró en la habitación llevando el camisón que llevaba por la noche.

    Cuñ: Buenos días, ¿cómo está hoy mi paciente?, aquí te dejo esto (la cuña) para hacer pis mientras te voy preparando el baño.

    Laura se marchó a la otra habitación y a terminar de preparar el baño y cuando la avisé regresó.

    Cuñ: Vamos para allá.

    Sin pensárselo dos veces retiro la sabana que me cubría y me dejó como Dios me trajo al mundo, en porretas, completamente desnudo y tras unos segundos de vacilación mientras me observaba se dispuso a ayudarme a bajar de la cama para llevarme al baño

    Cuñ: Cuñado, te has quedado muy flaquito, menos mal, porque no se si como estabas antes podría cargar contigo.

    Yo: Seguro que sí, no te preocupes, intentaremos ir poco a poco, despacio.

    Con bastante seguridad me sujetó de las axilas mientras yo me apoyaba en sus hombros y me ayudó a llegar hasta el baño y me metió en la ducha. La ducha era bastante amplia, dentro había un pequeño taburete para sentarme que mi esposa se había encargado de comprar, mientras ella abría los grifos y esperaba a la temperatura ideal pensé en cómo se las iba a componer para ducharme sin mojarse, ya que Laura estaba también dentro de la ducha conmigo.

    Cuñ: Ana me dijo que para evitar que te pudieras caer y sujetarte mejor se metía contigo en la ducha, ¿te importa si yo también lo hago, o prefieres hacerlo tu solo? Supongo que con los años que hace que nos conocemos no te importara ver cuerpo con la ropa mojada, así estarás también más seguro. ¿cómo lo ves?

    Yo: Supongo que bien como siempre te he visto.

    Le respondí con una sonrisa que dejaba entrever una doble intención en mis palabras.

    Laura se colocó por detrás de mí mientras yo me sujetaba a un agarrador que tenía la pared del baño para la ocasión, ella me mojaba con la manguera de la ducha y suavemente empezó a enjabonarme el cuerpo a falta de enjabonar los genitales, culo, testículos y el pene.

    Cuñ: Pablo tendrás que ponerte de pie para poder lavarte bien tus partes, agárrate bien mientras yo te sujeto por detrás.

    Me agarró por las axilas y me puse en pie sujeto al agarrador.

    Laura paso a ponerse por delante de mí, en ese momento vi como tenía el camisón empapado y se le transparentaban las tetas cuyos pezones se marcaban en la tela al estar la tela mojada. No pude evitar mantener la mirada sobre sus pechos.

    Ella se dio cuenta enseguida.

    Cuñ: Lo siento Pablo, tenía que haberme puesto otra cosa, pero no tenía previsto que se me mojara la ropa ni ducharme contigo.

    Dijo soltando una risita nerviosa y picara.

    Cuñ: Tal vez otro día busque en el armario algún bikini de mi hermana que me pueda poner.

    Yo: Como quieras, a mí no me importa puedes ponerte lo que quieras.

    Como estaba tan débil y no me aguantaba Laura decidido coger la esponja y comenzar a pasarla por mis partes, pasaba lentamente la esponja sobre mis genitales, pene y los testículos.

    Cuñ: Lo siento, tengo que limpiarte bien esta zona, tu mantente bien sujeto al agarrador, si te hago daño me lo dices.

    Yo: Tú tranquila Laura, tú haz lo que tengas que hacer.

    Con mucha delicadeza, agachada tomó mi polla con los dedos de la mano derecha bajó el prepucio dejando el glande, (capullo) al descubierto lo enjabono con suavidad. Yo tenía una perspectiva espectacular, Laura agachada frente a mí con la camiseta empapada transparentándose sus estupendas tetas, (pechos) mientras manejaba mi pene y testículos con delicadeza y de vez en cuando levantaba la mirada y me miraba sonriente. Comencé a notar que mi miembro, (pene) se comenzaba a despertar de su letargo, pero fue una falsa alarma. Laura se volvió a situar por detrás de mí y me rodeaba con un brazo pegando su cuerpo al mío.

    Notaba sus pechos duros en mi espalda al tiempo que la otra mano la introducía entre las nalgas, haciendo círculos con los dedos alrededor del ano, incluso llegando a restregar los dedos en el ano haciendo que se escapara de mi garganta un quejido, más que de dolor de placer por la sorpresa.

    Cuñ: Lo siento, perdona ¿te he arañado, te ha hecho daño? Perdona, pero es importante limpiar esa zona bien.

    Yo: No pasa nada cuñada, ha sido la sorpresa, lo estás haciendo muy bien.

    Después pasó a aclararme entero ya sentado en el taburete. Cerró los grifos y me secó suavemente con la toalla y después me ayudo a ponerme el albornoz.

    Cuñ: Jajaja, me he empapado toda, voy a secarme porque no quiero mojar toda la casa.

    Salió de la ducha y de espaldas a mí se quitó el camisón empapado y las bragas quedando desnuda, cogió una toalla y después de secarse se la anudó por encima de los senos antes de girarse para ayudarme a salir del cuarto de baño.

    Cuñ: Ya estamos, ahora vamos para la habitación.

    Se acerco a mí y me ayudo a levantarme del taburete donde estaba sentado observando como ella se secaba y colocaba la toalla alrededor de su cuerpo y justo cuando estábamos saliendo por la puerta del cuarto de baño no pudo evitar que se le desprendiera la toalla, cayendo lentamente al suelo ya que si me soltaba seguramente yo iría detrás de la toalla. No pude evitar detener mi mirada a observar cada parte de su cuerpo, provocando en mi un acaloramiento que seguro que ella apreció.

    Después de unos segundos de estar observando todas las partes de su cuerpo me sujete con las dos manos al marco de la puerta y le dije que recogiera la toalla y se volviera a cubrir, ella sin dejar de sujetarme me dijo:

    Cuñ: No te preocupes ya no puedes ver más, no hay más, vamos sigue caminando que te veo un poco sofocado.

    Contestó sonriendo un poco nerviosa al verse totalmente desnuda.

    Caminado desnuda frente a mi llegamos a la habitación. Con mucho cuidado me ayudó a sentarme en la cama.

    Cuñ: ¿Te molesta si me visto más tarde? No quiero que te enfríes, todavía tengo que ponerte la pomada anti inflamatoria y luego la crema.

    Yo: Importarme, noo, como me va a molestar, todo lo contrario, una visión hermosa a lo mejor me ayuda a superar el dolor, también tengo derecho yo a verte a ti desnuda, jejeje.

    Cuñ: Anda calla, que al final no es para tanto, me voy a avergonzar y poner colorada.

    Me contestó. Me quité el albornoz y apareció mi polla en estado morcillón debido a la visión de su desnudez, Laura no se cortó y lo mismo que había echo yo antes cuando se le cayó la toalla, la miró con descaró mientras preparaba las cremas.

    Cuñ: Túmbate primero de boca abajo.

    Con Mucho cuidado me ayudó a girarme.

    Cuñ: Parece que a tu amiguito le ha sentado bien la ducha. Dijo en un tono burlón.

    Yo: Ssií, pero más que la ducha creo que ha sido que se te cayera la toalla jajaja.

    Cuñ: Bueno cuñado, corramos un estúpido velo y no nos entretengamos y sigamos a lo que estamos jejeje.

    Comenzó a aplicarme cremas en la parte posterior del cuerpo, masajeando con mucha delicadeza y lentamente. Empezó por los hombros, espaldas, glúteos y nalgas, los brazos y los costados. Cuando llegó a la cintura se dirigió a la parte de abajo de las piernas y con movimientos ascendentes me masajeó cada pierna hasta llegar a la parte alta de los muslos. Allí se detuvo y con tranquilidad fue introduciendo sus manos en la entrepierna ascendiendo hasta los glúteos y llegando a rozar los testículos y el ano. Apretaba suavemente los glúteos, (culo). Yo sentía un placer inmenso, mucho más de cuando me lo hacia mi esposa, noté como mi polla iba aumentando de tamaño sin que pudiera evitarlo y temperatura me iba subiendo.

    Cuñ: Pablo, voy a darte la vuelta muy despacio.

    Yo: Espera, espera un poco Laura, creo que tengo un problema.

    Cuñ: ¿Qué ocurre Pablo, te duele algo o te hecho daño?

    Me preguntó alarmada.

    Yo: Noo, no tranquila, no es eso.

    Ya más relajada según me dijo más tarde pensó que debía ser que me habían entrado ganas de ir al wáter.

    Yo: No, nada de eso, al contrario, me da vergüenza decírtelo, creo estoy teniendo una erección.

    Le dije en tono un poco avergonzado.

    Cuñ: No pasa nada Pablo, por mí no te apures.

    Mientras me hablaba sonreía picaronamente, no tienes que preocuparte, aunque si te apetece me marcho y vuelo más tarde hasta que se te pase.

    Yo: Ya sé que es una faena, te lo digo por si te puede incomodar verme así.

    Cuñ: Por mí no hay problema mientras no me pidas que te ayude a que se te pase, prefiero terminar de darte la crema así que tranquilo y vamos a girarte.

    Procedió a voltearme despacio hasta dejarme boca arriba. –  cuñ: Vaya con tu amiguito lo contento que se ha puesto, parece que él se está recuperando mejor que tu jejeje.

    Yo: Es la primera vez que me ocurre desde el accidente, yo creo que es porque le caes muy bien y te ha cogido mucho cariño, jejeje, es que claro, verte así y con lo bien que me estás masajeando quien se resiste.

    Tenía la polla en estado de semi erección, todavía parecía que le costaba alcanzar su plenitud. Laura se mantuvo callada y continuó con el masaje por todo mi cuerpo, mientras yo la miraba, desnuda, con esas tetas tan bien formadas y fijándome bien en su entre pierna (coñito) Observé que lo llevaba bastante depilado, solo se había dejado un moñito de vello púbico sobre el monte de venus en forma de triangulo. Esa visión estaba provocando que mi amiguito se siguiera hinchado hasta llegar a completar la erección.

    Cuñ: Pues vaya con el amiguito de mi cuñadito, lo vigoroso que se te ha puesto.

    Bromeó fijando la mirada con picardía.

    Yo: Laura, lo siento, no he podido evitarlo, no te lo tomes a mal, pero tu masaje me ha puesto a mil, y ahora a ver como lo solucionamos si apenas puedo sujetar un vaso con la mano.

    Se me quedo mirando pensativa durante unos segundos antes de responder.

    Cuñ: No te preocupes tonto, estoy aquí para ayudarte y no me importaría, lo que no sé es si esto entraría en ese todo que decía mi hermana, ¿tú qué opinas?

    Para opinar estaba yo con la polla dura y tiesa como un tronco a punto de que comenzara a vomitar leche (semen). Tampoco me dejo opinar y sin perder tiempo se aplicó crema hidratante en las manos y comenzó a extenderla a lo largo y grueso del pene llegando hasta los huevos (testículos).

    Despacio con suavidad bajo hasta la raja del culo, lo que llaman perineo acariciando esa zona lo que me provocó una sensación de placer increíble. Después subió hacia la punta del pene al glande (capullo) liberándolo de su encierro estirando con suavidad la piel que lo cubría hacia atrás y con los dedos de la otra mano extendía un poco de crema rodeándolo que hizo que de mi garganta se escapara un suave y profundo suspiro de placer. Mi pene ya no podía estar más hinchado y rugoso notándose las venas. Yo observaba como con sus movimientos sus hermosas tetas (pechos) se movían, duras y firmes.

    Observaba sus pezones, oscuros y pequeños que se le notaban duros y firmes.

    Cuñ: Laura con tus masajes has hecho que se me ponga la polla a reventar, hacía mucho que no me empalmaba de esta forma.

    Cuñ: No imaginaba que tuvieras un amigo tan grande, tan grueso y hermoso, Pablo, mi hermana debe estar muy contenta con tu amigo.

    Yo: ¿Y tú estarás contenta si te lo presento?

    Note en sus ojos el deseo mientras seguía acariciándome el pene, subiendo y bajando desde el capullo hasta los huevos y deslizando sus dedos con suavidad a todo alrededor.

    Se inclino sobre mi cuerpo y comenzó con la lengua a darle suaves lengüetazos al glande, (capullo) como si fuera un rico helado, lentamente rodeándolo, con delicadeza hasta que muy lentamente su boca lo fue absorbiendo lo más que pudo, como unos diez o doce centímetros de los veinte más o menos mide, succionándolo con los labios, llegando en algún momento a tocar la garganta.

    Con una de las manos acariciaba con suavidad los huevos (testículos). Realizaba succiones lentas y suaves, con una maestría que nunca habría imaginado. Al mismo tiempo vi como con su otra mano se estaba tocando el coño (clítoris) introduciendo en algún momento los dedos en su rajita (vagina) humedeciéndolos con el flujo vaginal, acercándolos a mis labios para que los chupara.

    Sentí como me recorría por todo el cuerpo escalofríos con cada succión que hacían sus labios en mi pene, mirándome a los ojos al mismo tiempo. Percibía fuertes palpitaciones en la polla, (pene) a la vez que notaba como los huevos se me encogían. Llevaba tanto tiempo sin sentir el placer que sentí una fuerte sacudida que hizo que de mi pene saliera un fuerte chorro de semen inundando la boca de mi cuñada. Laura lejos de retirarse para escupir el semen siguió mamando dejando que el semen que no lograba tragarse se deslizara hacia mi inglés.

    Una vez dejo de salir semen, mi cuñada se incorporó y se tumbó a mi lado en la cama y con un ritmo intenso seguía masturbándose ella acariciando su clítoris y alternativamente metiendo los dejos en la rajita de su coño (vagina) caliente y húmeda aumentando el ritmo enseguida comenzaron las contracciones de su cuerpo una de sus manos se masajeaba y pellizcaba las tetas, repetidas veces dejo escaparan fuertes jadeos de placer y tras un sonoro e intenso gemido se quedó inmóvil con la respiración muy acelerada.

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  • Sexo con la chica de la limpieza

    Sexo con la chica de la limpieza

    Es conocido que el escritor Georges Simenon necesitaba echarse como mínimo ocho polvos al día con otras tantas mujeres distintas (sin contar los que tenía con su esposa del momento) para estar satisfecho y poder así escribir desahogado.

    Marcus no le va a la zaga. Aquel día, tras la sorpresa que tuvo Marta al verlo en el local, la dejó follando en el despacho con Elsa y Aida y, como era su costumbre, se fue al gimnasio.

    Mientras acababa de ducharse tras una sesión de máquinas, ya le estaba dando vueltas a la idea de joder antes de comer. La cuestión, claro, era con quién; le apetecía algo diferente.

    La idea le ponía cachondo y, sonriendo, salía secándose con su verga ya en su máxima expresión cuando, al levantar la vista, se topó de frente con la chica de la limpieza que, petrificada, tenía puesta su mirada en ya sabemos dónde.

    -¡Oh, señor Marcus!. Creía que no había nadie a estas horas… – le dijo compungida. Sabía su nombre por ser un cliente importante y, claro, porque ya le había echado el ojo.

    -Te llamas… – mirándola directamente a los ojos.

    -Miriam, señor – le contestó ruborizada.

    Marcus no ha podido, ni ha querido, evitar pasar revista a la chica de pies a cabeza, deteniéndose especialmente en su más que generoso escote. Deja caer la toalla para exhibir sus grandes virtudes y le posa la mano en la nuca, atrayéndola hacia su cuerpo aún húmedo. Miriam, sin oponerse, todo lo contrario, se quita las gafas y se deja hacer. Abraza a Marcus con sus dos manos en las duras nalgas y su boca se ve engullida por él, ambas lenguas buscándose ansiosamente, compartiendo la saliva.

    Pronto se ve despojada de su uniforme, haciéndose visible un sugerente conjunto morado, sus pechos apenas retenidos por el sujetador.

    -¿Siempre llevas lencería sexy en el trabajo, Miriam? – le pregunta antes de liberar sus tetas y empezar a lamer sus pezones.

    -Sí… me hace sentir poderosa… – responde gimiendo- Cómame señor Markus… entera… – le pide con un dulce acento andaluz.

    Miriam siente, apretado a su vientre, el pene erecto y, enardecida, apoya su espalda en las taquillas para que, desnuda, Marcus se arrodille entre sus piernas de infarto y empiece a degustar su coño con hambre atrasada, a erizar su botón secreto con la punta de lengua mientras con dos dedos la masturba al tiempo que ella se retuerce los pechos de placer.

    Como si hubiera perdido la voluntad, deja que le dé la vuelta y, mordiéndole el cuello a la vez que le manosea las tetas, la penetra desde atrás. Nunca había tenido dentro una herramienta de ese calibre y las piernas le tiemblan ante sus embestidas. Su olor al respirar en su nuca la excita y nota su mano en la nalga. No puede evitar eyacular ya, sus muslos están mojados, pero Marcus sigue bombeándola sin pausa.

    -Señor Marcus… ahora, por favor, por el culo…

    Él no se hace de rogar y, con el glande al rojo vivo, inicia una lenta introducción por el estrecho canal contemplando ese espléndido trasero

    -Es mi primera vez, señor…

    -Te lo haré con cuidado, preciosa.

    Sus acometidas son cada vez más rápidas y profundas y Miriam, casi sin respiración, se toca hasta venirse de nuevo.

    Cuando la excitación de Marcus llega al súmmum le pregunta entre jadeos:

    -¿Dónde quieres que me corra, Miriam?

    -En mi boca, sobre mi lengua. Siempre he soñado con eso.

    Así que la voluptuosa chica se coloca de rodillas frente a él, le chupa los huevos, su polla aún dura, hasta que, cuando percibe las convulsiones y gemidos, abre la boca para que el semen retenido se derrame espeso en su interior.

    Estando en esa posición, él de pie con toda su musculación marcada, ella de rodillas, se oyen unos pasos y…

    Pero eso os lo dejo a vuestra imaginación. Que no lo voy a narrar todo…

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  • Terminé de criado de mi jefa (7): Primer intento de preñar a Clara

    Terminé de criado de mi jefa (7): Primer intento de preñar a Clara

    Ya era hora de salir de la empresa, últimamente estaba feliz, un sentimiento que me era desconocido. Al salir estaba Clara esperándome, me dijo que me esperaba a las nueve en su casa, y me dio la dirección, yo fui al gimnasio, entrene tranquilo no quería esforzarme mucho, la noche iba a ser larga. Cuando nos cambiábamos me preguntaban mis compañeros si iba a venir la belleza del Audi a buscarme, yo solo me reía. Al salir todos se quedaron sorprendido del vehículo en el que andaba, creo que alguno se quedo con la boca abierta, seguro pensaron que era un mantenido o chico de alquiler, claro que me faltaba la belleza y el cuerpo para ser uno.

    Me fui me bañe y me cambie en mi departamento, me puse buena ropa, y un perfume riquísimo y fui rumbo a mi destino. La casa era impresionante, como todas las que había visto hasta ahora de los dueños de la empresa, aunque ninguno se comparaba con la mansión que viva Susana, esa era para que vivieran cien personas cómodas. Esta era una casa clásica, como para una familia, en una buena urbanización. Me abrió el garaje y yo entre directamente, luego me dirigí a la puerta que comunicaba el garaje con la cocina, Clara me llamo desde el comedor, yo seguí la voz, vi una mesa preparada con comida y velas, y un poco más allá estaba ella, con dos copas de vino en la mano, vestida para el infarto.

    Clara: Hola mi cavernícola.- no se por que me habían hecho esa fama.

    Ella estaba radiante, perfectamente maquillada y peinada, con el pelo suelto, sus rubios cabellos caían, tenía un conjunto de lencería de encaje con transparencia, negro con detalles rojos, su corpiño resaltaba sus pechos medianos, una tanga chiquita, medias con ligas hasta medio muslo. Su cuerpo era la envidia de cualquier jovencita, sus muslos estaban torneados y marcados por el gimnasio, su abdomen plano y marcado, y tenia un culo chiquito pero redondito. Con una media sonrisa, me miraba con deseo, su miraba era como divertida.

    Clara: Hoy podrás hacer conmigo lo que quieras, siempre que acabes dentro mío, estoy en mi periodo fértil.- parecía que estaba en celo, es más sus pezones estaba como piedra.

    Según me habían contado Vale y Juli, llevaba sin sexo desde que nos vimos en la mansión, y tenia un gran deseo sexual, las cuatro eran muy diferentes, Susana era dominante, Juli necesitaba alguien que la tratara de igual a igual, Vale era romántica, y Clara necesitaba alguien que la dominara, por eso se llevaba bien con Susana.

    Bien si quería que fuera un animal en una historia porno, así seria, le cumpliría la fantasía a Clara. Sobre la mesa había camarones en salsa, jamón cortado, y ostras. Tome esta ultima le puse limón, y la comí, use bastante la lengua para sacarla, con cuidado de no cortarme, me dirigí hacia Clara la tome de cuello.

    Alberto: Esto esta riquísimo, quieres probar.

    Ella solamente asintió ya no se reía tanto, le metí la lengua hasta las amígdalas, y ella en el acto reacciono y me correspondió el beso. Con mi lengua intente recorrer cada rincón de su boca, pelear con la de ella. Nos separamos y di unos pequeños mordisco a sus labios. Tome una de las copas de vino que seguía sosteniendo en sus manos.

    Alberto: mmm creo que primero comeré el postre.- dije lamiendo mis labios, me acerque a su oído.- es que esta más sabroso.

    Dejamos las copas en la mesa, ella fue a decir algo pero no la deje, la levante en mis brazos y la deposite sobre la parte vacía de la enorme mesa, tome su cabellos y los jale un poco y me acerque a ella.

    Alberto: Este es el lugar apropiado para comer mi postrecito.- ella me miraba fijamente a los labios.

    Pase mi lengua por sus labios, y después nos trenzamos en un caliente beso, nos abrazamos y nuestras manos recorrían el cuerpo de la otra persona. Mi mano libre recorría su espalda, la otra estaba firme es su cabello, eso era un pequeño secreto que me contaron las chicas. Sus manos intentaban desabrocharme la camisa, aunque más bien estaba arrancándomela. Dirigí una mano a sus tetas y empecé a apretarla, sin dejar por un minuto de besarnos.

    Ella apretaba mi pecho y metió una mano en mis pantalones apretando mi miembro como si fuera una pelotita anti estrés. Nos separamos un poco para coger bocanadas de aire, no nos perdíamos de vista, tome su tanga y lo rompí, lo lleve a mi nariz y vi que tenia una baba donde hacia contacto con su vulva, el olor a hembra en celo, el mismo que producen las hormonas cuando una mujer ovula. Recogí con mi lengua su flujo.

    Alberto: Mi postrecito esta delicioso.- y volví a lamer su tanga.

    Ella intento volver a besarme mientras sacaba mi pene del pantalón. La aplaste contra la mesa impidiéndoselo, baje y vi un pequeño triangulito de bellos rubios en su pubis, sus rosados labios estaban brillantes.

    Alberto: Quieta, quiero disfrutar de mi postre.

    Empecé a recorrer toda su vulva mientras ella no paraba de gemir y segregar flujos. Puso sus piernas sobre mis hombros, y me tomaba de los cabellos. La posición me parecía incomoda ya que me tenia que agachar mucho, y no me quería arrodillar, haciendo uso de mi fuerza la levante, era una pluma no debía llegar a los cincuenta kilos, ella se sorprendió y dio un pequeño grito, quede parado con sus piernas en mis hombros, una mano mía en su trasero, otra en su espalda y mi lengua entre sus labios vaginales, sus manos estaban aferradas a mi cabeza.

    Una vez recuperada de la novedad gozaba y gemía sin parar, para pocos segundos después inundar mi boca con grandes cantidades de flujo producto de su orgasmo. Su cuerpo se relajo y la baje, la deposite sobre la mesa, le di un beso en la frente.

    Clara: Te gusto el postre.- me termine de desvestir.

    Alberto: solamente le di una probadita, todavía no me lo cómo.

    La tome en mis brazos y nos dirigimos a la habitación, mientras la llevaba en brazos ellas empezó a morderme el lóbulo de la oreja, y a rasguñar mi espalda.

    Clara: Que fuerte que eres.- dijo y se metió media oreja en la boca.

    La deposite en su cama, intento ir a hacerme una mamada, la tome del cuello y empecé un beso posesivo, mientras mis dedos masajeaban su vulva. Ella tomo mi pene y empezó a frotarlo, también mis huevos recibieron sus caricias, cuando se canso de jugar con ellos, sus unas los rasguñaban suavemente, un cosquilleo de placer me recorrió el cuerpo, esta mujer tenia habilidades únicas. Deje besarla nos mirábamos buscando recuperar el aliento ella con una mano en mis huevos, otra frotándome el pene y una mía en su vulva, la otra bajo el corpiño y empecé a comerle las tetas. Cuando mis dedos notaron el creciente calor en su vagina decidí que ya era hora.

    Alberto: Ahora si te voy a preñar, o me divertiré en el intento.

    Tome una pierna suya y la puse en mi hombro, intente imitar la tijera que hacen las mujeres, puse mi pene en la entrada de su vagina y la penetre de una, hasta el fondo, apretó sus dientes y dejo escapar un largo suspiro. Sostenía con mis manos sus nalgas, dejando en el aire, solo el contacto con la cama su cabeza y omoplatos, y sus brazos, las penetraciones era profunda y lenta, la sacaba dejando solo la cabeza a dentro y la volvía a meter, mi pubis chocaba contra su clítoris que estaba erecto y durísimo como un garbanzo.

    Clara: Salvaje me vas a partir así, siento que me abres toda, esta muy bueno esto, no pares.- no paraba de mirarme fijamente a los ojos.

    Con dos dedos empecé a masajear su ano, mientras le seguía dando duro, cuando note que estaba por acabar le metí dos dedos en su culo, fue inmediato empezó a acabar fuertemente. Era la señal que yo estaba esperando para dejarme ir, la llene y no saque el pene, para que actuara de tapón. A ella la deposite en la cama para que forzara más su espalda, un par de minutos después saque mi pene de su vagina, apenas había perdido rigidez, estaba todo lleno de semen y sus jugos.

    Me puse al lado de su cabeza, me miraba jadeando por el esfuerzo, tome mi pene y lo pase por su boca, no hizo nada, volví a repetir la maniobra y ella saco la lengua, y seguí repitiendo lo mismo, hasta que ella repuesta se la metió en la boca, tome su pelo y empecé a penetrar su boca como si fuera una vagina, baba se escapaba por la comisura, estuve así un buen rato.

    Alberto: Ven vamos a bañarnos así bajamos a comer.

    Entramos a la ducha, empezamos a besarnos, le hice seña que no era lo que quería, la levante a pulso, ella cruzo las piernas atrás mío, dirigí mi pene a su vagina y la penetre, ella lanzo un grito de dolor, porque se le había cerrado. Pero no importo yo me moví lentamente mientras la besaba, y mis dedos jugaban en la entrada de su ano, un par de minutos después ella gritaba.

    Clara: Más fuerte mi animal, rómpeme toda salvaje.

    Tuve que apoyarla contra la pared para mantener el equilibrio y poder darle más fuerte. Un momento después los dos estábamos acabando. Fuimos a cenar desnudos, cuando terminamos lo volvimos a hacer en la mesa, y después dos veces más en la cama, yo acabe dos veces más, ella cinco.

    La mañana comenzó con un desayuno cargado de café amargo, reflejando el poco descanso que habíamos tenido con Clara, nos despedimos con un beso en los labios. Me tocaba ir a buscar a la señora Susana al aeropuerto, así que me subí al Porsche y tomé rumbo hacia allí. Al llegar, estacioné en el sector VIP y me dirigí a la sala de recepción para esperar a la señora Susana.

    Después de unos veinte minutos, anunciaron su llegada del avión privado, ella apareció por la sala de arribos vestida impecablemente, con un traje azul oscuro, y camisa blanca, lentes de sol y un tono bronceado en su piel. No se la veía cansada, la verdad que el viaje era de una hora y media, y era media mañana, había dormido bien y no madrugo mucho para ir al aeropuerto. Me apresuré a saludarla y tomar su equipaje, y la seguí mientras ella me daba unos escuetos buenos días. Subimos al vehículo y me pidió que la llevara directamente a la empresa.

    En el camino, la señora Susana comenzó a hablar conmigo, preguntándome sobre mi opinión sobre la empresa, sobre el área en el que estaba trabajando. Le di mi opinión sincera y ella parecía meditar cada respuesta. Luego, me preguntó sobre la Exportadora de Cereal que acababan de comprar y le expliqué que era un paso importante para el grupo, ya que les permitiría tener un mayor control sobre el transporte y reducir costos, en realidad era un negocio redondo y que en poco tiempo multiplicaría sus ingresos. Me felicitó por haber iniciado una empresa con mis amigos informáticos, diciendo que era bueno que no viviera de mi futura esposa. Eso hablaba bien de mí, al igual que la golpiza que le di a Martín, era algo que veía con buenos ojos.

    En el camino me llego un audio de María, como el teléfono estaba al lado de la caja de marchas me pregunto quien era, ya que vio el nombre, y me dijo que no me avergonzara y escuchara el audio, en el mismo básicamente me decía que me iban a sancionar por llegar tarde, que los directivos se reunirían con doña Susana para pedirle mi cabeza y transmitirle las sospechas de que yo estaba involucrado en el robo del Director de compras. Susana sonrió, al llegar al edificio de la empresa estacione en la plaza destinada para la CEO, me dio su portafolio, y me dijo que la siguiera, llegamos a su oficina, en el piso quince.

    La secretaria le aviso que como ella lo había ordenado los tres directores estaban esperando en la sala de juntas. Yo parecía su guardaespaldas atrás de ella. Entro y la estaba esperando, se sorprendieron al verme.

    Susana: Que es tan importante que querían verme con urgencia.

    Director Recursos Humanos: Señora queríamos tratar el tema de algunos empleados, y un suceso que paso con el Director de Compras.

    Susana: y que me traen el chisme como una vieja chusma de barrio.

    Director Recursos Humanos: Señora vera es que Martín no ha podido venir.- lo corto en el acto.

    Susana: la única excusa para que no este, es que esta muerto, sino que se presente a trabajar o renuncie.- Todos pegaron un pequeño salto por el tono tan drástico y enérgico.- Urgente, saben lo que es urgente y preocupante, que una de las dueñas fue atacada el miércoles, o sea mi hijastra corrió peligro real, eso es urgente. Yo se quien es él responsable, no tengo pruebas por el momento, pero tampoco tengo dudas. Por eso uno de mis hombres de confianza tomo medidas al respecto, aunque creo que le voy a pagar la mitad porque me entere que la mierda esa sigue caminando, tal vez con sus cómplices tenga más suerte. Hay algo más urgente que quieran tratar.

    Todos al unisonó dijeron que no, y se dispusieron a retirarse.

    Susana: Una cosa más, el señor Rodríguez ha estado haciendo horas extra para la empresa, fuera de la misma, no debe ser sancionado, es más me mandara una forma para autorizarle un bono por diez mil dólares, no que sean mejor cinco, así aprende.

    Creo que los directivos salieron como si hubieran querido jugar a la ruleta rusa con el diablo, estaban blancos como el papel.

    Susana: Señor Rodríguez he visto que maneja el Porsche de Valentina, y me han dicho que no se siente cómodo en él, esta tarde me llevara a casa ahí hay un garaje con más de treinta vehículos, escoge uno y se lo transferiremos.

    Alberto: Mire Sra. Susana, yo voy a arreglar mi auto, y le devolveré.- me corto en seco.

    Susana: Creo que no has entendido algo.

    Se paro y me miro fijamente, algo que casi nunca hacia con nadie, su voz cambio, parecía Batman, más ronca y rasposa, y hablaba más lento.

    Susana: Ahora eres parte de la familia, por eso me gusta que te defiendas y nos protejas. No quiero que nadie te pisotee o pase por sobre ti, nos representas, por eso debes vestir bien, y andar en algo bueno. Nosotros no queremos hombres débiles a nuestro lado. Otra cosita semental.- volvió a cambiar el tono de voz y volvió a la normalidad.- Quiero que hoy descanses, mañana viajare a la casa de la playa y quiero que me acompañes, así que deja preparada tus cosas. Te espero a la salida, para que me lleves a mi casa.

    Salí pensativo de la reunión, no sabía si era bueno o malo, por empezar lo malo me había puesto en bandeja y prácticamente había admitido que yo había golpeado a Martín, otra cosa mala era la salud mental de la señora Susana, yo era autista y podía entender alguno de sus comportamientos, pero otros, la verdad no os entendía. Lo bueno es que me había tirado a las hienas, estos no eran lobos, pero me había respaldado y los amenazo. Otra era que me reconocía como parte de su familia, y me aceptaba. Como dije era muy complicada la jefa.

    No vi a nadie del grupo de delincuentes, así que me dedique a mi trabajo tranquilamente.

    En la hora del almuerzo baje al comedor y me junte con mis amigos. Ellos ya estaban comiendo, Kevin parecía una moledora comía todo a toda prisa, mientras Lautaro no paraba de hablarle, y hacer planes. Lo que alcance a entender de todo, es que el departamento técnico, le había dado algunas especificaciones que tenia que cumplir el programa, y estaban planeando todas las modificaciones, era algo que los chicos ya preveían, ya que cada empresa iba a necesitar una adaptación del programa a su estructura, era algo que facilitaba la Inteligencia Artificial, ellos discutían como llevarlo a cabo, mientras tanto yo comía tranquilamente, en eso se sentó Valentina con nosotros, ellos se quedaron congelados mirándola.

    Vale: Hola chicos como están.- y en un tono más bajo.- cariño buenos días.

    Ambos al unisonó la saludaban.

    Ambos: Señorita Valentina.

    Vale: tranquilo chicos, estamos almorzando, a parte son los amigos de mi novio. Cariño tendrás que invitar algún día a comer a tus amigos.

    Ellos terminaron rápido, se disculparon y se fueron a sus labores, nos quedamos con Vale riéndonos a carcajadas, nunca los habíamos visto tan incómodos. Después de reírnos un rato de mis amigo me recordó que le podía decir y que no.

    Vale: Por cierto que le has hecho a Clara, esta destruida, pero feliz, es más me dijo que me envidiaba.

    Alberto: Después te cuento cariño, aunque creo que los detalles te lo adelantara otra persona, ahora estoy preocupado por Susana.

    Le conté todo lo pasado con Susana desde que la recogí en el aeropuerto, ella pensaba todo, la tome por sorpresa por primera vez.

    Vale: No me dijo nada de esto, debe haber tomado la decisión en el acto. Y de todo lo que hablaron.- seguía pensativa.- Mira querido Susana no es como todas las mujeres, mira ella es sapio sexual, a ella le atrae la inteligencia de los hombres, aparte de muchas sensaciones que les pueda brindar, a ella no le va el físico o la apariencia, aunque si te va exigir que estés bien presentable. Esto tenemos que hablarlo en profundidad en la cena.- iba a hacer mención de la vez que me quede en su casa y terminamos teniendo sexo, pero me leyó la mente.- No cariño, no haremos nada, te iras a dormir a tu departamento.

    A la salida espere a la señora Susana, y apenas se monto en el vehículo se saco los zapatos, y emitió un largo suspiro, ella se subió como en la mañana en el asiento del acompañante, por lo tanto muchas personas nos vieron. Se recostó en el asiento y cerró los ojos, yo no sabia si se había dormido o solamente estaba descansando, pero no emití ni un ruido. Cada semáforo o vez que me tenía que parar la admiraba, era una belleza como mediterránea, piel clara un poco bronceada, pelo negro ondulado, de su cuerpo no se veía nada tenia un traje muy elegante pero sobrio. Justo cuando estábamos por llegar a su casa me hablo, estaba parado en el semáforo, y después de eso tres cuadras adelante estaba su mansión.

    Susana: Señor Rodríguez no se cansa de mirar, voy a pensar que le gusto.- ella no abrió los ojos en ningún momento.

    Alberto: Bueno es usted una mujer hermosa, pero en realidad la estaba viendo e intentaba descifrarla, es que Usted para mi es una incógnita, como un acertijo difícil de resolver.

    Ella me miro y sonrió, parecía que le causaba gracia mi respuesta o esperaba que dijera otra cosa. Entramos a su mansión y la rodeamos y fuimos atrás donde poseía un amplio garaje.

    Susana: Elige algo cómodo, iremos en él, quiero viajar por carretera. Me esta esperando la masajista, después de eso quiero dormir temprano.

    Llamo Daniel el encargado de los vehículos, este cuando vino le dijo que yo me llevaría el vehículo que escogiera, que me facilitara todo los papeles.

    Me quede con los ojos cruzados cuando vi la colección de autos que había ahí, treinta y cinco autos, quince de ellos Mercedes Benz, había desde 1960, algunos eran hermosos y de colección, uno de los más nuevos era un Maybach S680 bicolor negro y gris, la más modesta era una Van MB Vito, pero al abrirla su interior estaba configurada de súper lujo para que viajaran cuatro ocupantes. Había también Porsches antiguos y nuevos, Audi, para destacar dos Ferrari una F40 y otra Enzo, también había un Pagani Zonda, yo no quería nada tan llamativo y al fondo había cuatro 4×4 elegí el más nuevo pensando en el viaje un Toyota Land Cruiser modelo 2020 blanco.

    Fui al gimnasio, los chicos no me dijeron nada pero me miraban extrañados, como dije éramos conocidos con todos, más de juntarnos a tomar un par de Cervezas no ha pasado. Cuando me estaba cambiando para salir mire mi teléfono y tenia varias llamadas perdidas de Juli, y un WhatsApp, simplemente en él me decía que estaba por la zona y se tomo un Uber hasta mi gimnasio, para que fuéramos juntos a casa de Valentina. Cuando íbamos saliendo uno largo como chiste, a ver que auto trae ahora Alberto, o que hermosa mujer largo otro.

    Se quedaron mudos cuando vieron a Juli, esta por supuestos los escucho, vino a mi encuentro y se largo hacia mis brazos tomándome del cuello y estampándome un beso.

    Juli: Hola mi grandulón, me moría por cenar contigo.

    Nos fuimos caminando de la mano hasta el Toyota Land Cruiser, mientras que todos se nos quedaban viendo. De ahí a la casa de mi novia a cenar y sobre todo a que me prepararan para la dominatrix la señora Susana.

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  • Encuentro fetichista en el bosque

    Encuentro fetichista en el bosque

    Bajo la fuerte lluvia, caminé por el bosque, allí, sentada en un banco de madera desgastado, me encontré con mi doncella, quien a mi gusto portaba una figura impresionante, se encontraba envuelta en un elaborado conjunto.

    Llevaba un vestido de látex negro brillante que abrazaba un traje que cubría todo su cuerpo su figura, con un cuello alto adornado con un anillo de plata y un corpiño ajustado con filas de relucientes hebillas.

    Las mangas largas y abullonadas se ensanchaban en los puños, contrastando con los guantes largos hasta el muslo que cubrían sus brazos.

    Una capucha de látex a juego ocultaba su rostro, dejando visibles solo sus ojos penetrantes y sus labios, añadiendo un aire de misterio.

    Me acerqué, vestido con mi propia indumentaria fetichista, un traje de cuero negro, incluyendo una capucha, todo a medida de mi cuerpo, con largos guantes y botas que crujían con cada paso y golpeaban suavemente la tierra.

    El aire entre nosotros chispeaba de anticipación mientras nos rodeábamos, el susurro de las hojas formando un fondo silencioso para nuestro encuentro.

    La tome y nos dirigimos a mi cabaña del bosque, el olor a tierra mojada envolvía el ambiente, cuando entramos en mi habitación, lentamente, comenzamos a quitarnos las capas.

    Desabroché el arnés de mi doncella, dejándolo caer al suelo con un suave golpe, revelando los contornos de su forma debajo.

    Ella levantó las manos, sus guantes temblando ligeramente mientras desabrochaba las hebillas de su corpiño, el látex se separaba para mostrar el encaje intrincado debajo.

    El vestido se deslizó hacia abajo, formando un charco a su alrededor como un espejo oscuro, mientras yo ajustaba mis pantalones para permitir la salida de mi erecto pene.

    Nos acercamos el uno al otro, primero en un abrazo lento, sus manos enguantadas trazando mis hombros mientras yo sostenía su cintura.

    Luego, con un giro grácil, ella se recostó contra el banco, su postura elegante pero audaz, dejando descubierto en su traje su intimidad, invitándome a imitar su posición.

    El baile de nuestros movimientos continuó, pasando a una pose lado a lado, follando apasionadamente, nuestras siluetas fundiéndose en masa de látex y cuero.

    Cada ajuste de nuestras posiciones era deliberado, una coreografía silenciosa de confianza y atractivo, con parte de la ropa fetichista ahora esparcida como ofrendas en el suelo, mas tarde mi doncella se reclino sobre mi cama, me extasiaba la vista de su traje completo de látex negro que cubría todo su cuerpo, incluyendo las manos y los pies.

    El traje debo explicar es de un material brillante y reflectante, con un acabado altamente pulido que resalta bajo la luz, creando reflejos y destellos en varias áreas, especialmente en las piernas y los pies.

    El diseño del traje es ajustado, moldeando perfectamente la figura, con costuras visibles que recorren las articulaciones, como las rodillas y los tobillos.

    Los pies estaban cubiertos por una parte del traje que incluye dedos individuales, similares a un guante, lo que permite ver la forma de cada dedo del pie con claridad, también con un acabado brillante.

    Las piernas están flexionadas, y el traje muestra un leve estiramiento en las áreas de mayor tensión, como las rodillas y los muslos, donde la luz crea patrones de reflexión, solo mostrando su carne la cremallera de su traje que me permitía acceder a sus placeres carnales, a los cuales accedí por el resto de la noche.

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  • Departamento de separado

    Departamento de separado

    Hombres y mujeres aparecieron en mi vida casi como por arte de magia, las mujeres me duraban un mes, yo no quería más que eso, a veces no más de una cita o un polvo, pero los hombres eran muy de paso, cada cita con ellos era momentánea a pesar que se repitiera.

    Pero lo que sí se incrementó fue mi deseo por el uso de ropa femenina, en el término de un año llegué a tener más ropa de mujer que de hombre, usaba vedetinas, tangas y bombachas de forma diaria y muchas veces me animaba a un corpiño también; conjuntos y todo aquello que resalte mi figura lo deseaba tener y lo ponía como objetivo, debo aclarar que estaba bastante flaco, me depilaba casi todo el cuerpo y soy alto. Desde aquella vez he tenido varios ajuares en mi ropero, cada tanto pongo la ropa en una bolsa y decido que nunca más volveré a usar, donando toda la que tengo… pero siempre vuelvo y mejorado.

    Me he maquillado y usado pelucas varias veces, algunas a pedido de algún hombre, pero no me gusto y por eso no lo hago normalmente, pero salir a trabajar con ropa interior femenina es cotidiano para mí. Alguien me dijo una vez que le gustaba cuando me disfrazaba de mujer y yo fui claro: “-No me disfrazo, ni quiero ser mujer, sólo me gusta usar ropa femenina”

    Esta definición fue de a poco moldeando mi personalidad y eso hizo que las relaciones vayan siendo más duraderas. Pero esa historia es para más adelante.

    Estuve 7 años con el psicoanálisis y me ayudó muchísimo a ser yo, a no volverme loco con mi personalidad bisexual casi gay, digo yo. Mi vida o mejor dicho, mi mente y mi alma se iban serenando y aprendiendo a vivir conmigo mismo.

    Fue así que me animé a salir a caminar de forma sensual por el barrio, nadie me conocía, era nuevo en él y no me preocupaba que me vieran. La primera noche me puse un conjunto de corpiño y tanga, unas calzas bien ajustadas y una remera escotada, no usaba peluca, no me maquillaba, ni me hacía nada especial, sólo era un hombre que se vestía con ropa femenina y caminaba por la calle a la una de la mañana; en el pasillo por el que llegaba al sucucho había 3 departamentos más.

    El que daba a la calle habitado por una señora mayor muy amable, luego venía el mío, el de un hombre que vivía solo de unos 45 años y una señora que vivía con su hija, yo tendría unos 10 m hasta llegar a la puerta que daba a la calle y reconozco que si bien me gustaba salir, me daba cierto pudor cruzarme con alguien directamente de los que vivían ahí, pero llegaba a la puerta y abrirla para salir a caminar me excitaba en sí mismo.

    Fui hasta la esquina y volví, hice el recorrido hasta la otra esquina y volví, me animé a ir un poco más allá y al cabo de unas 20 minutos me di la vuelta manzana, volví a casa y me acosté feliz de mis nuevos primeros pasos, al otro día me levanté muy temprano ya como a las 7.30 de la mañana me puse a tomar sol con una tanga solamente.

    Fueron pasando los días y mis salidas nocturnas eran frecuentes, me crucé con dos o tres personas, pero sin que pase nada, solo me veían; pero un día al volver, alguien había en la esquina que parecía que me esperaba, yo solo pasé y nos saludamos, vi que me siguió entonces frené y le dije:

    -¿Cómo estás?

    -Bien, está linda la noche para pasear

    -Así es. Vos vivís en la otra cuadra, ¿no? Pregunté más directamente

    -Sí, con mi mamá

    -¿Y qué hacés ahora?

    -Nada, buscaba algo para entretenerme, no podía dormir.

    -¿Querés venir a casa? Propuse algo nervioso, aunque ya sabía quién era.

    -Dale me gustaría, respondió

    Y empecé a caminar con él por detrás, en cinco minutos estábamos pasando la puerta del pasillo y sentí como me tocaba la cola, por lo que caminé más lento para excitarlo un poco; ni bien ingresamos a mi departamento me di vuelta y él ya tenía la pija afuera, dura, y ahí en el pequeño hall de mi sucucho me arrodillé y la tragué saboreando suavemente la cabeza roja y caliente, empezó a manosearme con fuerza, entonces me levanté y desnudándome sólo un poco caminé tres pasos para llevarlo a la cama, donde le saqué el pantalón y sus calzones para dejar ante mi vista una linda poronga y excelentes huevos que llevé a mi boca mientras lo masturbaba muy suavemente.

    Sus manos prendidas a mi corpiño masajeaban las tetitas y el rogaba que me deje coger, me puse en 4 sobre la cama, me sacó la tanga y sentí su fuerte penetración hasta el fondo, con violencia erótica, empecé a mover el culo casi como una puta y sentí sus manos afirmarse a mis caderas, obviamente no tardó mucho en llenarme de leche, cuando la sacó aún chorreaba y poniéndola entre mis labios la limpié.

    -Sos increíble, me encantó. Dijo

    -Gracias, cuando quieras podés volver

    -Voy a venir seguido, estás mejor que mi novia.

    Lo hizo, pero no tan seguido, creo que en el año que estuve en el sucucho lo habré visto 3 veces, pero sí se encargó de desparramar por el barrio que yo me vestía de mujer y salía por las noches a caminar.

    Con esta modalidad me levanté 2 tipos más, un chico de unos 25 años que me llevó a su casa y mi vecino del departamento de al lado, que al verme una mañana tomando sol con la tanga se puso a charlar y por la noche luego de cenar vino de visita no recuerdo con qué excusa y al verme en un camisolín muy sexy terminamos en mi cama para una mamada bastante larga; pero no tardó en invitarme a su casa y pasar la noche juntos, la primera vez me cogió hasta quedarnos dormidos, pero luego los roles fueron interactuando y era meterla uno al otro.

    La circulación de hombres en aquel lugar no fue menos de 5 por semana, a veces dos en la misma tarde, aunque siempre en diferentes horarios, mi vida homosexual se liberó, nunca dejé de tener sexo con mujeres (me encanta hacerlo) pero reconozco que hacerlo con ellos es algo a lo que no le di pausa jamás en mi vida desde el momento de mi separación.

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  • Felipe mira las piernas de mi esposa

    Felipe mira las piernas de mi esposa

    Hace unos años, un compañero del trabajo tuvo una pérdida familiar irreparable. Un contingente de la oficina nos dispusimos a ir a la funeraria para acompañarlo en esos momentos de trance que se sienten interminables.

    El velatorio está en el sur de la ciudad, sobre el periférico, muy cerca del Tec de Monterrey; probablemente la gente que lea este relato y viva por el sur de la ciudad, sabrá a que funeraria me estoy refiriendo.

    En ese entonces Ernesto (no es su nombre real), estaba como adjunto en mi departamento, y era quien nos atendía bastante papelería de recepción, por ende y como jefe inmediato de Ernesto, tuve que presentarme un mayor tiempo en la funeraria y asistir con mi esposa.

    Cuando le avisé a mi esposa de que iríamos a darle el pésame a Ernesto y acompañarlo en su dolor por un rato, decidió acompañarme sin protestar en lo más mínimo, (ustedes saben como son a veces las mujeres, que para salir a un evento así se ponen como energúmenos, excepto si quién fallece es alguien de su familia, ¿no es cierto?).

    Le pedí que cuando yo llegara a la casa ya estuviera ella lista, para que solo llegara a darme una ducha y cambiarme de ropa, tendría que vestir de negro, pues así es la costumbre. Ella también tendría que ir vestida con ropa de color negro. Pero que creen, cuando llegué a la casa la cabrona ya estaba vestida con un pinche pantalón negro mata pasiones, le dije:

    —No mamacita, ahorita mismo te me cambias ese pinche pantalón, te me pones unas pantimedias de color natural y te me pones una minifalda, tienes un chingo y no he gastado a lo pendejo; ponte unas zapatillas y una pinche tanguita negra.

    Por supuesto que ella me replicó y hasta se encabronó conmigo, pero finalmente me hizo caso y encabronada o no, se tuvo que cambiar. Y es que era lógico, quién estaba de luto era otro y si tengo una esposa como la que tengo, no enseñarla es un pecado. Es muy linda y tengo que explotar su belleza, no solo para satisfacción mía, sino para todos aquellos que la ven pasar por la calle, o en este caso, ustedes que la conocen, aunque sea en fotografías.

    Pues ya sabrán, llegamos a la funeraria y acompañamos a Ernesto durante un buen rato, de hecho, nosotros fuimos los últimos en salir de ahí.

    Mientras estuvimos en la funeraria y con caras muy largas por la tristeza que embargaba a nuestro compañero de trabajo, no podíamos hacer más que hablar muy bajito entre unos y otros. Mi esposa, por supuesto, se sentía un poco incómoda al obligarla a vestir así, especialmente por la situación en la que se encontraba Ernesto y la gran cantidad de compañeros de trabajo que se encontraban en el lugar; más sin embargo nos ubicamos en una esquina donde casi le dábamos la espalda a todo mundo; llegó a sentirse más tranquila, pero trataba al máximo de ocultar sus piernas con su sweater al sentarse.

    Poco a poco se fueron retirando los compañeros de trabajo y en la funeraria solo quedaron los familiares más cercanos de Ernesto así como su esposa y sus dos hijos.

    Hicimos buenas migas con un primo de Ernesto, quien también estaba con su esposa, un tipo también cuarentón, y es que de alguna manera, era quien más plática tenía con los compañeros de Ernesto. Vamos, era el más consciente y congruente al hablar. También era el más interesado en las piernas de mi mujer, ya que desde que llegamos al lugar, no perdía momento alguno por hacernos plática u ofrecernos alguna bebida o cualquier otra cosa.

    Cuando se retiraron todos los compañeros de la oficina, mi esposa no quiso cambiarse del lugar en donde nos encontrábamos; pero el primo de Ernesto tampoco dejaba de platicar con nosotros. Hubo un momento en el que mi esposa y yo nos quedamos solos, ya que habían mandado traer a Felipe (tampoco nombre real).

    Me dice mi esposa:

    Ella: No chingues amor, este cabrón solo está esperando que me mueva o que me quite el sweater para verme todo lo que pueda.

    Yo: Pues vamos a hacerlo, deja que te vea un poco; quítate el sweater, cruza las piernas y te lo vuelves a colocar encima.

    Ella: Pero es que no se si vean los que están atrás, además, ahí está toda su familia, no te vayas a meter tú en una bronca, y que al rato te vayan a decir que tienes una esposa bien prosti…

    Yo: Me vale, hazlo solo una vez y si vemos que hay pedos, pues nos largamos, finalmente ya estuvimos acompañando.

    A los pocos minutos regreso, nos seguía platicando de muchas cosas, por cierto, pláticas muy estúpidas, pero finalmente estaba sentado exactamente frente a nosotros, solo que nosotros estábamos sentados en un sillón tipo Love Seat y él en una silla plegable.

    Mientras él hablaba, y como yo tenía sujetada a mi esposa de la mano, la señal era que, cuando yo le apretara algo más fuerte la mano, ella haría lo que le pedí. Así lo hicimos; entonces le apreté su mano, de inmediato ella me soltó la mano, lentamente se quitó el sweater de las piernas y ni ella ni yo le quitábamos la vista a la mirada de Felipe. Su reacción fue inmediata, bajó la mirada sin dejar de hablar y la dirigió a los muslos de mi mujer.

    Ella, todavía moviéndose un poco de lado, cruzó lentamente la pierna y mientras según ella se acomodaba la falda, Felipe nunca le quitó la mirada de encima. Nuevamente se colocó el sweater, tratándose de cubrir la totalidad de sus muslos, ya que no le cubría ni las rodillas ni las pantorrillas, y miren ustedes que mi esposa tiene unas pantorrillas de buen tamaño y forma. En ese momento sentí una erección tan fuerte y rápida, que hasta se me jalé con la punta de la verga, algunos bellitos.

    Así duramos un buen rato platicando, y cuando mi esposa se cansó de tener en una misma posición sus piernas, al cruzarlas hacia el otro lado siguió las mismas indicaciones, por lo que Felipe estaba feliz.

    Al parecer, su esposa de Felipe ya se había dado cuenta de lo sucedido, así es que lo volvió mandar traer una vez más, pero no tardo en regresar, pues la vista que estaba ofreciéndole mi esposa y con mi aprobación, no era para perderse ni un instante.

    En la tercera ocasión que lo mandaron traer, queremos pensar que una vez más había sido su esposa, aproveché el momento para hablar con mi mujer:

    Ella: Ya amor, creo que ya se dio cuenta su esposa, no me vaya a venir a echar bronca y la verdad es que no quiero tener pleito con nadie, y aunque él esté de baboso, su vieja me puede decir alguna tontería.

    Yo: Va, pero no seas malita, la última jugada y nos vamos, ¿como ves?

    Ella: Pero es que ya me vio toda, no ves como me observa, como si nunca hubiera visto unas piernas con pantimedias.

    Yo: Pues a lo mejor no, ve como está su esposa, parece ballena. Solo aguántame un rato, voy a mear, en cuanto llegue yo, hacemos que te vea una vez más y nos vamos.

    En efecto, cuando regresé, él ya platicaba con mi esposa, pero ella se había mantenido cubierta de las piernas. Fue entonces cuando comencé a decirle a Felipe que pues, nos había dado mucho gusto platicar con él, y que esperábamos que no fuera la primera vez que lo hiciéramos, pero no en las mismas condiciones.

    En ese momento fue cuando mi esposa se quitó el sweater y se reacomodó la falda, ya que se le había subido un poco. Se mantuvo sentada en lo que terminábamos de despedirnos y darnos nuestros teléfonos para tener algún contacto futuro. Mi esposa no dejaba de mover las piernas, y por supuesto que Felipe no dejaba de mirarla.

    De repente, bolas; que llega la esposa de Felipe a sentarse junto a él; los colores en la cara se le iban y se le venían, se puso rojo como un tomate, pero mi esposa y yo nos mantuvimos siempre muy ecuánimes. Nos levantamos, nos despedimos de Ernesto y de toda la familia y nos retiramos del lugar.

    Al llegar a la casa, le pedí que me permitiera fotografiarla y que creen, capturé algunas imágenes de ella vestida como fue a la funeraria. Terminamos cogiendo como locos, pensando que Felipe era un tercero en nuestra cama, mientras mis manos hacían la función de un segundo caballero. Fue simplemente rico, vamos no hay palabras como describirlo.

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  • Placeres prohibidos: La dueña de Diego (1)

    Placeres prohibidos: La dueña de Diego (1)

    La fiesta había dejado una huella imborrable en el departamento, pero también una grieta en la relación entre Elizabeth y Diego. El aire entre ellos, antes cargado de lujuria desenfrenada, ahora estaba teñido de frialdad y rechazo. No era Diego quien había cambiado; era Elizabeth, herida por su desprecio en la noche de la fiesta, quien se negaba a volver a entregarse.

    Cada vez que él intentaba acercarse, sus manos buscando las curvas de sus caderas o sus labios anhelando los suyos, ella lo esquivaba con un movimiento brusco, apartándose con una mirada de reproche en sus ojos miel. Cuando Diego, con la verga endurecida bajo sus jeans al recordarla en su micro vestido, golpeaba la puerta de su habitación, solo encontraba el silencio o un seco “vete” que lo dejaba frustrado, su deseo chocaba con un muro.

    Elizabeth, sin embargo, encontraba un placer perverso en este juego de resistencia. Cada rechazo era una pequeña victoria, una forma de recuperar el control que Diego le había arrancado. Pero en la soledad de su habitación, su mente estaba cautiva, atrapada en el recuerdo de la silueta angelical de Yareni, cuya lengua había desatado un placer tan intenso que aún hacía temblar su cuerpo. Noche tras noche, Elizabeth se entregaba a esa obsesión.

    Desnuda sobre su cama, con las sábanas enredadas a sus pies, tomaba el vibrador, su superficie aún estaba cargada del aroma de sus encuentros pasados. Encendía el juguete, el zumbido llenaba el silencio mientras lo deslizaba por su clítoris hinchado, un gemido escapaba de sus labios al sentir las vibraciones. Su otra mano, temblorosa, subía a sus enormes senos, apretándolos con fuerza, lamía sus pezones con una avidez que la hacía arquearse, imaginando que era la lengua de Yareni la que la devoraba.

    Sus muslos, abiertos de par en par, dejaban que sus jugos gotearan por la cama, el vibrador se hundía en su vagina mientras su mente recreaba cada detalle de aquella madrugada: la silueta de alas, la lengua experta que lamía sus pliegues, los mordiscos suaves en su clítoris. Elizabeth gemía sin control, sus caderas se movían al ritmo del vibrador, su vagina se contraía mientras lamía sus propios senos, saboreando la piel salada con una desesperación que la llevaba al borde. Cada orgasmo era una explosión que la dejaba jadeando, su cuerpo empapado en sudor, pero el vacío en su pecho permanecía, alimentado por el rechazo de Diego y el anhelo por esa figura angelical que había despertado algo nuevo en ella.

    El dolor de su humillación se mezclaba con el placer de su nuevo descubrimiento, y mientras su cuerpo temblaba bajo el vibrador, sabía que su corazón ya no pertenecía al hombre que la había lastimado, sino a la promesa de un placer que solo una mujer parecía capaz de darle.

    Diego, sentado en el sillón del departamento, sentía una frustración que le quemaba el pecho. Elizabeth, la mujer que había deseado durante años, cuya piel suave y senos voluptuosos habían sido suyos en noches de pasión desenfrenada, ahora lo rechazaba con una frialdad que lo desconcertaba. Cada intento de tocarla, sus manos buscando las curvas de sus nalgas, sus labios anhelando el calor de los suyos, era recibido con un gesto de desdén o una puerta cerrada.

    Su verga, endurecida por el recuerdo de sus encuentros, palpitaba inútilmente bajo sus jeans. Sin embargo, la indiferencia de Elizabeth hacia la relación entre Diego y Atziry les dio carta blanca. Los primos, aprovechando esa libertad, cogían sin pudor por todo el departamento, sus cuerpos se entrelazaban en una danza carnal que desafiaba cualquier límite. Frente a Elizabeth, se entregaban al placer con descaro: Atziry, con su vagina empapada, montaba a Diego en el sofá, sus gemidos resonaban mientras él lamía sus pezones rosados y sus manos apretaban sus nalgas.

    Elizabeth, aunque fingía indiferencia, no podía ignorar el aroma almizclado del sexo que llenaba el aire ni las imágenes de su hija en diferentes posiciones: a cuatro patas, con las piernas abiertas sobre la mesa de la cocina, o cabalgando la verga de Diego con movimientos frenéticos. Cada escena encendía un fuego en su entrepierna, su calzón se humedecía mientras apretaba los muslos para contener el deseo. Pero su mente estaba en otra parte, atrapada en el recuerdo de Yareni, la silueta angelical cuya lengua había explorado su vagina con una maestría que aún la hacía temblar, imaginando la silueta entre sus muslos, sus trencitas rozando su piel.

    Un día, mientras Atziry, con el vestido subido y sin ropa interior, se daba sentones sobre la verga de Diego en la sala, Elizabeth irrumpió, su blusa apenas cubría sus senos. —Atziry, invita a Yareni a la casa —dijo, su voz era firme pero cargada de un anhelo que no podía ocultar. Atziry, sin detener sus movimientos, su vagina contrayéndose alrededor de Diego, alzó una ceja con una sonrisa traviesa. —¿A poco te gustó para algo más, mamá? —preguntó, su tono era burlón mientras sus caderas seguían el ritmo. Elizabeth, con el rostro ruborizado, no negó nada, pero respondió con evasivas. —Solo quiero platicar con ella —mintió, sus ojos traicionaban el deseo que la consumía.

    Diego, atento a la conversación, notó el brillo en los ojos de su tía. Su mente, astuta y cargada de lujuria, comenzó a trazar un plan. Convenció a Atziry de invitar a Yareni al departamento, sus palabras eran susurradas entre gemidos mientras la embestía. Su objetivo era ambicioso: cogerse a las tres al mismo tiempo, una orgía de cuerpos sudorosos que satisficiera su hambre. Pero también tenía un motivo más oscuro: quería seducir a Yareni, hacerla su novia, y así arrancarle a Elizabeth la mujer que ahora ocupaba su mente. Si lograba eso, estaba seguro de que su tía, consumida por los celos, volvería a él, rendida como su puta, dispuesta a complacerlo como antes.

    Días después, en los pasillos vibrantes de la universidad, Atziry encontró un momento a solas con Yareni bajo la sombra de un árbol en el campus. El sol iluminaba el rostro de Yareni, su cabello castaño se balanceaba mientras reía, su cuerpo estaba enfundado en una falda corta que dejaba ver sus muslos dorados y una blusa ajustada que marcaba sus pechos pequeños pero firmes. Atziry, llevaba un vestido ligero que se pegaba a sus curvas, sus nalgas se asomaban ligeramente al sentarse, le mencionó con un tono casual pero cargado de intención: —Oye, mi mamá quiere que vayas al departamento otra vez. —Sus ojos brillaron con picardía, sabiendo que la invitación llevaba un trasfondo sensual.

    Yareni, lejos de incomodarse, arqueó una ceja, sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa. —¿A poco no te molesta que tu mamá y yo nos hayamos besado en la fiesta? —preguntó, su voz era suave pero provocadora, mientras se acercaba un poco más, el aroma de su perfume floral llenaba el espacio entre ellas. Atziry, riendo, negó con la cabeza, su cabello suelto rozaba sus hombros desnudos. —Para nada, en mi casa tenemos la mente súper abierta —respondió, su tono era insinuante mientras recordaba la lengua de Yareni en la boca de su madre, un recuerdo que, en secreto, hacía que su vagina palpitara bajo la tanga.

    Yareni, encantada por la respuesta, se inclinó aún más, sus dedos rozaron el brazo de Atziry. —Entonces, mejor yo los invito a una fiesta en mi casa. A ti, a tu mamá y a Diego —propuso, su mirada destellaba con una promesa implícita. Atziry, con un cosquilleo de excitación, asintió con entusiasmo. —Me encanta la idea —dijo, imaginando ya las posibilidades de una noche cargada de deseo.

    Más tarde, en el departamento, Atziry compartió la invitación con Diego y Elizabeth mientras cenaban. Diego, sentado con una camiseta que delineaba sus músculos y unos jeans que marcaban el contorno de su verga, asintió con una sonrisa confiada. En su mente, el plan estaba claro: ya se había cogido a Yareni en la fiesta anterior, su cuerpo angelical temblando bajo sus embestidas, y ahora quería conquistarla, hacerla suya de forma oficial. Seducirla en su propia casa sería el primer paso para un trío —o más— con Atziry y, eventualmente, recuperar a Elizabeth, cuya resistencia lo frustraba, pero también lo encendía.

    Elizabeth, por su parte, sentada con una blusa suelta que dejaba entrever sus grandes senos, sintió un calor subirle por el pecho al escuchar el nombre de Yareni. Su vagina se humedeció al recordar el beso apasionado y la lengua que la había llevado al éxtasis. —Me parece perfecto —dijo, con voz baja, sus ojos brillaban con un deseo que no podía ocultar, ansiosa por volver a probar los labios de Yareni.

    El día de la boda de la prima de Yareni llegó, transformando un elegante salón en un escenario de celebración y deseo contenido. Diego, imponente en un traje azul hecho a la medida, exudaba una masculinidad que hacía girar cabezas. La tela abrazaba su cuerpo atlético, delineando los músculos de su pecho y brazos, mientras los pantalones marcaban el contorno de su verga, un bulto que atraía miradas furtivas. Atziry, deslumbrante en un vestido verde esmeralda, caminaba con una sensualidad natural.

    El atuendo, aunque no vulgar, se ceñía a sus curvas, resaltando sus nalgas y sus senos firmes, los pezones apenas se insinuaban bajo la tela fina. Cada paso hacía que el vestido se moviera, revelando destellos de sus muslos y encendiendo la imaginación de los presentes.

    Elizabeth, en un vestido morado largo y elegante, robaba el aliento de la multitud. La abertura en la pierna izquierda dejaba ver su muslo blanco, subiendo hasta un punto que sugería sin mostrar, mientras el escote profundo en la espalda exponía la curva suave de su columna, invitando a fantasías prohibidas. Sus grandes senos, apenas contenidos por el corpiño, se alzaban con cada movimiento, y su cabello rubio caía en ondas, enmarcando su rostro con una sensualidad madura. No era vulgar, pero su presencia era magnética, cada gesto suyo estaba cargado de una provocación sutil que dominaba el salón.

    Yareni, la anfitriona de la noche, brillaba en un vestido rojo que abrazaba su figura esbelta, el color hacía resaltar sus ojos verdes como esmeraldas. La tela se adhería a sus caderas, marcando la curva de sus nalgas y dejando entrever la silueta de sus pechos pequeños pero firmes. Mientras se movía entre los invitados, sus ojos no podían apartarse de Elizabeth. El recuerdo del beso apasionado en la fiesta anterior la perseguía, sus labios aun sentían el calor de los de Elizabeth, y un calor húmedo crecía entre sus muslos, su tanga se empapaba al imaginar un nuevo encuentro. Cada vez que sus miradas se cruzaban, Yareni sentía un cosquilleo en su clítoris, su cuerpo vibraba con el deseo de volver a probarla.

    El salón, lleno del aroma de flores, champán y la tensión sexual que flotaba entre los cuatro, vibraba con la promesa de una noche inolvidable. Diego, consciente de las miradas que su cuerpo atraía, planeaba seducir a Yareni, su verga se endurecía al imaginarla rendida a él. Atziry, ajena a los planes de su primo, disfrutaba de las miradas que su vestido provocaba, su vagina palpitaba al pensar en la posibilidad de compartir a Diego con Yareni.

    Elizabeth, por su parte, sentía los ojos de Yareni como caricias, su propia excitación crecía mientras imaginaba esos labios verdes explorándola de nuevo. La boda, con su ambiente festivo, era el escenario perfecto para que sus deseos prohibidos chocaran, cada uno esperaba el momento de encender el fuego que los consumía.

    La boda había sido un torbellino de risas, alcohol y miradas cargadas de deseo, pero la multitud de invitados había frustrado cualquier posibilidad de un encuentro íntimo entre Diego, Atziry y Elizabeth. Los tres, aun vibrando con la energía de la noche, regresaron al departamento con el cuerpo cargado de anhelo insatisfecho. Al llegar, un escalofrío los recorrió al notar marcas de forcejeo en la puerta principal, la madera astillada alrededor de la cerradura.

    El corazón de Elizabeth latió con fuerza, pero supusieron que el intruso al percatarse de la cámara del pasillo y ser observado, había huido sin éxito. Entraron con cautela, revisando cada rincón, pero el departamento estaba intacto, sin nada fuera de lugar. El alivio los envolvió, aunque la adrenalina de la situación los dejó inquietos, incapaces de dormir.

    Decidieron relajarse y se fueron a cambiar. Elizabeth emergió con un short diminuto que abrazaba sus caderas, resaltando sus piernas torneadas y el contorno firme de sus nalgas, que parecían esculpidas bajo la tela ajustada. Su blusa de satín rosa, parte del conjunto, se ceñía a sus grandes senos, los pezones se insinuaban bajo el brillo suave del tejido.

    Atziry, desafiante en su audacia, optó por una tanguita rosa que dejaba poco a la imaginación, la tela hundida entre sus nalgas, y una blusa de tirantes cortada que exponía su ombligo y la curva inferior de sus senos firmes. Diego, por su parte, se despojó de su traje de la boda, quedándose solo con un bóxer negro que marcaba el bulto prominente de su verga, aún en reposo, pero imponente bajo la tela elástica.

    Los tres se acomodaron en el sillón de la sala, la pantalla del televisor proyectaba una película que apenas prestaban atención. Diego, estratégicamente en el centro, sentía el calor de los cuerpos de Atziry y Elizabeth a cada lado, sus muslos se rozaban contra los suyos, la tensión sexual en el aire tan densa como el aroma de sus perfumes.

    Sin embargo, Atziry se había quedado profundamente dormida, su cabeza quedó apoyada en el brazo del sillón, vencida por el alcohol de la boda. Diego, con la verga palpitando bajo su bóxer negro, aprovechó la oportunidad. Con un movimiento lento, levantó la blusa de Atziry, exponiendo sus pechos firmes, los pezones rosados endurecidos por el fresco del departamento. Se inclinó y lamió uno de ellos, su lengua trazó círculos lentos, saboreando la piel salada, pero Atziry no respondió, su cuerpo estaba inerte bajo el peso del licor.

    Elizabeth, desde el otro lado del sillón, observó la escena, su herida por el rechazo de Diego se desvanecía bajo la influencia del tequila que aún corría por sus venas. El deseo, mezclado con una necesidad de reclamar su poder, la consumió. Sin decir palabra, se giró de lado en el sillón, sus movimientos eran deliberados mientras bajaba su short diminuto, dejando al descubierto sus nalgas blancas y firmes. Con las manos, abrió sus nalgas, exponiendo el ano apretado que relucía bajo la luz tenue. —Sobrino, consiente a tu tía por el ano —susurró, su era voz ronca por el alcohol y la lujuria, sus ojos miel brillaban con una mezcla de desafío y rendición.

    Continuará…

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