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  • Mi romance con Irene (Partes I y II)

    Mi romance con Irene (Partes I y II)

    Vuelvo a ser Silvina, virginal esposa de Billy.

    Después que Billy nos cogió a las dos hasta que se cansó, se durmió santamente y quedamos acostadas una a cada de lado del macho. Yo, con mucho morbo pasé sobre él y caí sobre la hermosa alemanita Irene. Los besos, que hacían que nuestras lenguas recorrieran nuestras bocas y juntaran nuestras ricas babas eran monumentales. Las dos comenzamos a comernos las tetas, las mías eran más grandes.

    Irene, enloquecida de calentura recorría mi cuerpo caliente en forma deliciosa, su boca, su lengua pasaron por mi espalda, mis nalgas, mi vientre, mis muslos, mis pies. La muy mala no besaba mi conchita para hacerme sufrir de ganas. En un momento llegó a mi vagina. “Qué placer!”.

    Su lengüita abría mis labios, golpeteaba mi conchita, mi meato, llegó al clítoris, a estas horas yo estaba en un orgasmo permanente, sentía como se convulsionaba todo mi vientre, lo mío ya no eran susurros y gemidos, eran alaridos desesperados. La puta divina de mi amante me dio vuelta y abriendo mis nalgas comenzó a golpear el agujerito de mi ano con su lengua fina y firme. Mi Madre!!! Cómo me hacía gozar!

    Yo sentía que volaba sobre la cama, mi cuerpo era erupción constante, como si un volcán no se detuviera.

    Nos pusimos en 69, allí pude recompensar sus caricias. Su concha era una catarata de riquísimos jugos, de un sabor saladito, exquisitos.

    Me acosté sobre ella en posición de misionero, nuestras conchas se rozaban. Estuvimos rozando nuestras vaginas hasta el amanecer, hora que teníamos que trabajar. Lo despertamos a Billy.

    Nos separamos y quedamos de encontrarnos esa misma noche de nuevo.

    Parte II:

    Pasamos con el coche a buscarla. En la primera noche hubo restaurant, baile en un antro antes de ir a un motel, anoche todo estaba dicho, fuimos directamente al departamento. No alcanzamos a entrar cuando ya nos estábamos desnudando como desesperados.

    Billy, con su rica verga bien parada se la metió hasta las bolas a Irene, mientras yo me hacía una rica paja esperando mi turno. Llegaron juntos a un fuerte orgasmo e Irene comenzó a mamársela con ganas. Billy le dijo:

    -Mejor chupásela a Silvina que anoche no vi como lo hacían.

    Mi Irene se dedicó a abrirme los labios con su lengüita, lamerme la puerta de mi vagina con muchas ganas y placer, subió a mi clítoris que ya tenía una forma de pequeño pene, esta rojo y duro, sensible hasta reventar. Dentro de mi vientre y de mi cuerpo sentía que me volvían tremendos huracanes de lujuria, deseo y calentura. Llegué al orgasmo, que no sé cómo describir de escandaloso, lo que sé es que largué un chorro de flujo con cierta fuerza y que mi rubia amante, con la boca abierta y la lengua afuera recibió en su totalidad. Subió a mi boca y compartimos esos sabrosos líquidos. Nunca había sentido con tanta cantidad y tanta intensidad mis propios aromas.

    Quedé bastante cansada y BIlly no perdió tiempo, abrió las nalgas de Irene y le empomó el culo sin piedad. Imaginen como fue: yo panza arriba, Irene sobre mí, panza abajo y arriba nuestro macho con su pija metida hasta las bolas dentro del culito de mi amada.

    Anoche Billy no se durmió, así que tuvimos sexo los tres hasta la madrugada.

    Ojalá que duren nuestros por mucho tiempo.

    Besos en vuestros sexos a todos nuestros amigos.

    [email protected].

  • Sueños perversos en el desierto

    Sueños perversos en el desierto

    La imaginación y el morbo te pueden llevar a límites insospechados, pero cuando echas la vista atrás de lo experimentado sueltas un “wow” que excitante. Mi mujer Frida, tiene un sueño por cumplir y es viajar a Oriente Medio, conocer sus parajes y desiertos pues lo considera un lugar del mundo desconocido e igualmente bello y poco reconocido.  En una conversación al respecto, discrepaba con ella pues es un sitio especialmente peligroso por su inestabilidad política y por el agravante del terrorismo religioso que desgraciadamente abunda por esas tierras y me muestro receloso por ir entre otras cosas por ese motivo.

    Esa conversación, indirectamente me llevó esa noche a un erótico sueño que a la mañana siguiente le comenté a mi esposa y comparto con ustedes a modo de relato.

    Resulta que estábamos allá y nos propusimos hacer un excursión por un desierto que realmente era sumamente bonito, para ello, contratamos un servicio que hacían excursiones guiadas con visitas a unos oasis para descansar, reponer fuerzas y volver al hotel. Allí no te obligaban al foráneo de cómo ir vestidos o ciertas costumbres, pero si te insinuaban que por ciertas personas no era bien visto no respetar las costumbres de su país.

    No obstante el calor era sofocante, algo que jamás habíamos sentido de esa manera, golpeaba desde primera hora del día con dureza conque tanto mi esposa como yo partimos a la excursión en pantalones cortos y camisa de color tierra con unas botas para andar por aquellos lugares escarpados; mi esposa incluso así se veía espectacularmente sexy, como sacada de una película de aventuras y su ceñido pantalón corto hacían marcar sus imponentes muslos y con su camisa metida por dentro del pantalón hacían cincelar las curvas de su cintura y sus dos glúteos, firmes, desafiaban a la gravedad ayudados por lo apretado del pantalón y el botón de la camisa justo abierto lo necesario para que sus dos tetones bailaran sin control pues hasta su sujetador perdía la batalla por el tamaño de estos haciendo hipnotizar a todo macho árabe que se cruzaba por su camino.

    Puestos así, iniciamos la marcha y después de un largo viaje por el desierto en un jeep todo terreno en el que viajaban el chófer, el guía y nosotros dos iban comentándonos e ilustrando de todo aquel bello paisaje y tanto en el hotel como ya iniciado el camino, le pregunté al guía si era segura la excursión a lo cual me respondió que él llevaba más de 10 años haciendo dicho tour por el desierto y jamás tuvo problema alguno conque en cierta manera me tranquilizaron sus palabras.

    Toda vez y ya descansados en un idílico oasis de palmeras e incluso hasta una charca donde aun no siendo potable, si podíamos refrescarnos en ella, justo al proponer iniciar la vuelta al hotel, surgió de la nada una camioneta militar con unos seis individuos armados con fusiles y disparando al aire, aterrados sin escapatoria, estábamos a su merced y era estéril cualquier tipo de enfrentamiento con ellos.

    Mi mujer abrazada a mí y temblando no quería si quiera mirarlos a la cara, empezaron a lanzar consignas en árabe a lo cual ni nos enteramos de que iba la historia, pero dos de ellos nos hablaron en inglés y cuando me escucharon a mi hablar en español a mi mujer acto seguido empezaron a hablar nuestro idioma. Eran oriundos del Sahara y allá existió una colonia española y por ello hablaban un perfecto castellano y nos hicieron saber que eran del Estado Islámico y que estaba prohibido estar en ese oasis por ser territorio ocupado y que no iban a permitir que ningún extranjero pisase sus dominios más y para ello nos dieron dos opciones; las miradas de deseo carnal hacía mi esposa me hicieron temer lo peor desde el principio y no fallé en mi pronóstico, a modo de ultimátum ellos propusieron salvar nuestras vidas a cambio de que ellos se divirtieran con Frida por puta e infiel y para ello iban a hacer su “ritual“ de convertirla al Islam plantando su semilla en su vientre y dándonos nuestro merecido.

    Los guías que nos acompañaban con su mirada de pavor nos imploraban aceptáramos y analizándolo fríamente no había otra opción. Frida fue la que con un aplomo inusual, nos calmó y ella mismo fue la que tras abrazarme y besarme, se dirigió hacia ellos resignada a su suerte y a nosotros nos metieron en la camioneta no sin antes golpearnos brutalmente con los fusiles tanto así que el guía perdió el conocimiento y sangró abundantemente por la cabeza, a mí me lincharon a golpes por todo el cuerpo, dos de ellos se quedaron custodiándonos mientras no muy lejos escuchaba mezclar los gritos de mi mujer y las risas de esos terroristas intercalando palabras en árabe y en castellano insultando a mi mujer y animándola a seguir chupando sus pollas amenazándola con que se portara bien con ellos si queríamos salir vivos de allí.

    Al rato, escuché un largo gemido de mi esposa y desde la distancia incluso, escuchaba como chocaban sus cuerpos conque intuí que ya la estaban penetrando, uno de los que me custodiaba no paraba de mirar como se la follaban y me decía en inglés ”your wife” y hacía con sus manos el gesto de la silueta de una mujer con curvas y meneando su cintura diciéndome “good good”, interpretando que le gustaba mi mujer y que deseaba estar ya allí con ella, de hecho los que nos custodiaban no paraban de increpar al resto supongo que solicitando un relevo pues andaban deseosos de poder comerse a mi mujer.

    Con nosotros malheridos en la camioneta, y al cabo de un tiempo largo, llegó un momento demasiado humillante para mí. Llegaron tres de ellos, dos le dieron el relevo a los que nos vigilaban, y el otro que era uno de los que hablaban castellano se dirigió a mí obligándome a algo muy rastrero pero viniendo de esos malnacidos tampoco era de extrañar.

    Habían hablado entre ellos y para que quedara constancia de la violación que se estaba perpetrando hacía mi mujer y a modo de amenaza o chantaje para sembrar el pánico a futuribles viajeros o excursionistas y al igual que grababan en video ejecuciones de secuestrados y etc., que yo fuera quien grabara como se follaban a mi mujer para hacerlo público y así hacérselo pensar a quien se atreviera a realizar ese tipo de viajes a su tierra.

    Cuando me aproximé a ellos, cámara en mano la escena me producía unas sensaciones extrañas pues pese a lo traumático del asunto, no dejaba de prenderme esa situación de ver a mi esposa entregada a seis terroristas de Estado Islámico y a pesar de llevar casi dos horas aproximadamente, allí estaba ella ensartada por sus dos agujeros, por detrás un negro enorme y debajo de ella un árabe que madre mía el que menos dotado iba le podía llevar casi los 20 cm de polla, por los muslos de Frida, corría ya una espesa y tibia leche con lo cual ya alguno de los seis habían eyaculado.

    Con el fusil apuntándome me pide que grabe y lógicamente empecé a hacerlo, le pregunté a mi esposa si estaba bien y ella entre sollozos me repetía que se corrían dentro de su vagina a lo que uno de ellos nos interrumpió riendo, y espetando… “Claro zorra infiel, llevarás en tu vientre el fruto del Islam”.

    La situación era muy rara para mí, no creía que sería capaz, pero encontré excitante esa escena; mi mujer, con síntomas de Síndrome de Estocolmo, empatizaba con esa banda para hacerlos gozar y portarse todo lo bien que pudiera pues la vida se nos podía ir en ello; los tipos, con una dotación notable de pollas como comenté antes, gozaban y hacían gozar a mi mujer pues ella a esas alturas incluso acompañaba las embestidas que recibía haciendo escorzos con su cuerpo, señal inequívoca de que lo que en principio era traumático ella lo recondujo a placentero y salvo el contratiempo de eyacular en su coño, cosa que ambos estábamos tranquilos pues desde hace unos años consume la píldora anticonceptiva, la experiencia estaba empezando a ser estimulante, a ella por su faje de pollas que se estaba comiendo y a mí por verla a pesar de estar dolorido por los golpes recibidos.

    Ellos igualmente se daban cuenta de que a mi mujer le estaba gustando ese encuentro obligado sexual llegando su momento culmen cuando incluso uno de los dos vigilantes se acercó a ella también y estuvo durante un tiempo repartiendo placer a cinco tipos a la vez pues en todo momento anduvo empalada por el culo y el coño a la vez y mientras devoraba un enorme rabo con su boca, masturbaba a dos tipos más esperando pacientemente su turno en tanto que Frida explotó en un orgasmo meteórico que esos vándalos celebraron como una victoria mientras que los que me entendían le decían todo tipo de lindezas en castellano, ella se corría a chorros y yo como espectador de lujo veía como uno a uno iban eyaculando dentro de su coño mientras gritaban cosas ilegibles en árabe.

    A ciencia cierta, no sé el tiempo que estuvo sodomizada y allí estaban los siete, mi esposa y los seis tipos extenuados de follar a lo que cuando se repusieron, cumplieron con lo pactado y eso sí, después de robarnos las pertenencias, teléfonos, dinero y etc.

    Nos dejaron una botella de agua y nos devolvieron las llaves de nuestro jeep todo terreno para volver al hotel suponiendo que ese video circularía por todos esos chats de terroristas y como no pornográficos.

  • La tía de Pedro

    La tía de Pedro

    Sucedió una tarde calurosa de noviembre. Nahuel, Pedro y yo necesitábamos terminar un trabajo de Geografía. Como era usual, su tía nos esperaba con un bizcochuelo de limón y una jarra de jugo de naranjas recién exprimidas. Entramos en torbellino y lo devoramos todo como langostas antes de desplegar los mapas. Norma, la tía de Pedro a la que todos los chicos querían conocer, o volver a ver, retiraba los platos, reemplazaba la jarra vacía por otra llena o traía galletas horneadas dejando, cada vez, una persistente estela de perfume. Esa tarde llevaba un vestido acampanado que insinuaba ese culo que tantos comentarios despertaba a espaldas de nuestro amigo. Nahuel y yo la espiábamos de reojo cada vez que se inclinaba sobre la mesa. Sus pechos eran modestos pero la piel suave los volvía tan excitantes que, a nuestros diecisiete años, provocaba una verdadera revolución debajo de la mesa.

    Nahuel no tardó en declarar que debía irse (siempre echaba mano del mismo recurso cuando la tarea se volvía tediosa) y Pedro se ofreció a alcanzarlo con su moto nueva hasta Monte Blanco. Mientras tanto, yo completaría el aburrido trazado de pueblos antiguos en ambos márgenes del Nilo. Llegaba a la frontera oeste de Egipto cuando Norma entró de nuevo, trayendo esta vez un plato con galletas. Una sonrisa asomó a sus labios y un brillo diferente relució en sus pupilas oscuras.

    Se sentó en la silla donde un rato antes había estado su sobrino.

    −Uno trabajando para todos. ¿Interesante?

    −Como cualquier clase de la Morandi –agregué al notar su expresión inquisitiva.

    –¿Puedo ver?

    Aspiré el aroma a manzana de sus cabellos y un cosquilleo violento sacudió mi entrepierna cuando posó casi sin querer su mano en mi muslo derecho. La dejó allí apenas unos segundos, los suficientes como para que mi verga se convirtiera en un bloque de piedra. Se incorporó y sonrió, sus pechos subían y bajaban bajo la tela morada. Una gota de transpiración se deslizaba perezosa a lo largo de su cuello.

    –No entiendo nada de todo esto –rio apoyando una mano en mi antebrazo.

    Me metí en la boca una galleta al sentirme estudiado por esas miradas de pantera. Volvió a la carga con un suspiro de calor.

    –¿Así que salís con Ángela?

    –Nos vimos un par de veces. Nada más.

    –¿Sabías que es mi ahijada? Es una buena chica y me cuenta muchas cosas.

    Me puse como un tomate, la conversación estaba volviéndose incómoda. El aliento de Norma olía a chicle mentolado. No me pude contener y dejé caer una mirada de deseo en el interior de su escote. Llevaba un corpiño rosa.

    –¿Querés saber qué me dijo?

    –Bueno… Sí –dudé y mi duda la divirtió.

    Se inclinó sobre mí como si fuera a hacerme una confesión y apoyó por segunda vez la mano sobre mi muslo, solo que esta vez un poco más arriba. Las puntas de sus dedos rozaron despreocupados mi bragueta a punto de explotar.

    –Me dijo que quedó muy dolorida.

    Su mano se posó suave sobre mi bragueta. Sus pupilas centellearon y sus labios dibujaron una sonrisa lasciva.

    –¿Puedo?

    Tenía la garganta demasiado seca para responder. Recostado hacia atrás, dejé hacer. Con dos dedos, tiró del cierre. Su mano buceó con delicadeza en el interior de mi bragueta. La sorpresa inicial se encendió con una sonrisa cargada de malicia cuando mi miembro completamente duro emergió de su encierro.

    –¡Mirá vos el tamaño de esta pija!

    Se escurrió debajo de la mesa. Con una mano me masajeaba la verga mientras la contemplaba como a una reliquia de oro puro. La reconoció con la punta de la lengua, caliente y suave. A la tercer lamida, mi glande estaba dentro de su boca y lo chupaba como al helado más refrescante del universo. Lo succionaba con devoción, los gemidos se mezclaban con las arcadas cuando el entusiasmo la hacía engullir más de la cuenta.

    –¡Al sillón! –ordenó, imperiosa.

    En la sala, espié en dirección a la puerta de entrada.

    –Tranquilo. Ese boludo seguro que está refregándose con la prima de Nahuel.

    Un empujón y reboté sobre el sillón. Se encaramó con mirada ávida y se quitó el vestido por encima de la cabeza, no llevaba bombacha y su entrepierna estaba caliente y mojada. Presioné contra mi cara esos pechos menudos. Con movimientos torpes, logré desabrochar el corpiño. Lamí con frenesí esos pezones de aureolas pequeñas y rosadas. Todo en esa mujer era pequeño y delicado. Con destreza se llevó una mano detrás, atrapó mi miembro y, con un gemido que me pareció contenido en la garganta durante mucho tiempo, apoyó el glande en la entrada de su vagina. Lo sostuvo unos segundos, gozando con la presión por abrirse paso. Poco a poco, disfrutando cada centímetro, fue descendiendo con los párpados entornados y los labios distendidos en una sonrisa satisfecha.

    –No creo que entre toda -protestó.

    Me aferré a su cintura, sus pechos rebotaban elásticos delante de mis ojos a medida que su cabalgata aumentaba el ritmo. Sus uñas se clavaban en mis hombros y sus dientes en mi cuello. Su cadera se movía adelante y atrás frenética, jadeando cuando mi verga le llenaba la vagina. Mi vello púbico se humedecía con sus jugos.

    −¡Qué hermoso, por Dios! Quiero acabar, ahora mismo.

    Echó la cabeza hacia atrás y su garganta en tensión dejó escapar un largo gemido. Se estremeció, tembló. Se desarmó como un ser cartilaginoso, la abracé por la cintura para atraerla y la embestí con fuerza entre los espasmos del orgasmo reciente. La apreté contra mí y, con un rugido prolongado, me vacié dentro de su concha empapada. Permanecimos así hasta que nuestras respiraciones se aquietaron. Se tiró el pelo a un costado y me miró con ojos relucientes, maravillados por el inesperado descubrimiento.

    −No quiero salir, no quiero -lloriqueó. Quédate adentro mío.

    Empujé una vez más y se estremeció entera, se mordió el labio inferior y hundió su lengua en mi boca. Se dejó caer a mi lado, miró el reloj sobre la chimenea y hacia la puerta. Apoyó ambas manos a los costados como tomando impulso para incorporarse.

    −Tu amigo puede venir en cualquier momento. ¿Vas a quedarte ahí sentado?

    −Te estás olvidando el vestido –respondí mirándola de pie frente a mí, excitado por el incipiente cosquilleo que hormigueaba a lo largo de mi miembro.

    Una gota de leche rodó densa por la cara interna de su muslo.

    Se rio y se dio media vuelta para que la viera menear el culo en dirección al baño.

  • Cogida y grabada (Parte I)

    Cogida y grabada (Parte I)

    Mario era un buen cliente de mi trabajo, un moreno de 1,85 cm, buen físico y manera de vestir muy elegante, siempre me llamó la atención, pero por su forma recta de hablar y de dirigirse, no pensé nunca en darle entrada ni aventarle indirectas, en fin, Mario era solo mi cliente.

    Pero una ocasión, muy decidido, me invitó a salir, me dijo que le gustaría invitarme a bailar, yo gustosa acepté, la verdad ese hombre me gustaba mucho, además mi marido me daba permiso de echarme a quien quisiera y él era uno que quería.

    Me puse mi minivestido azul mostrando mis piernas, era entallado, debajo una tanguita y sin brasear, la verdad quería seducirlo, quería provocar una noche sexual y decidida a eso, salí rumbo al lugar acordado.

    Al llegar estaba el, vestido casual con una camiseta que se moldeaba bien a su figura, al verme una sonrisa ilumino su cara, su mirada bajo y subió en varias ocasiones, un abrazo y un beso de bienvenida me dio y entramos al bar.

    M: Te ves espectacular Moni, ¡que gustó que aceptaras salir conmigo!

    L: Gracias, tú te ves muy bien, pues a divertirnos, ¡a eso venimos!

    Pedimos una botella de tequila y empezamos a bailar, charlar y coquetearnos mutuamente.

    M: Así que, ¿eres casada?

    L: Si, y tengo dos hijos

    M: Lastima, te quería invitar más seguido

    L: Tú invítame, yo decido por mí, jajá

    M: Que suerte tiene tu marido, eres una mujer increíble, me encanta como eres.

    L: La verdad tú a mí me gustas, perdón por ser lanzada, pero me encantas, ¡tenía que decírtelo!

    M: Parece que me leíste la mente, yo pienso igual

    Mario se acercó y me empezó a besar, yo acepté su beso sin oponer resistencia, me acarició la pierna, su mano era grande y me encantó sentir su apretón, eso fue solo un beso que dio inicio a la larga noche, mientras continuamos bailando y tomando.

    L: ¡Me la estoy pasando súper!

    M: Que bien, oye, vamos a mi casa?

    L: Claro, vamos.

    No dudé ni un minuto en irme con él, quería tenerlo, quería sentir su piel, ¡quería que me hiciera suya!

    Llegamos al lugar y era una casa de las que dan con créditos, se notaba que era de hombre soltero, al llegar nos sentamos en el sofá y tomamos una copa de vino mientras charlábamos.

    L: Siempre te me hiciste un hombre interesante.

    M: Y tú a mí una mujer muy llamativa Moni, ¿o cómo te gusta más Lety o Moni?

    L: Dime como quieras, Letizia es mi apellido no mi nombre, jajá

    M: Jajá, ok Moni, ¡la verdad te deseo demasiado!

    L: ¿Jajá, a poco?

    M: Eres dueña de un cuerpo espectacular y además eres un amor.

    L: Jajá, gracias, la verdad también me encantas, por eso acepté salir contigo.

    Después de decir eso me besó, fue un beso tan rico, tan apasionado y tan salvaje, un beso de dos futuros amantes que sellaban el inicio de una rica relación.

    Mientras me besaba, sus manos recorrían mis piernas hasta subir por mi abdomen a mis pechos, los cuales apretó con fuerza haciendo gemir de lo rico que sentía, yo pasaba mi mano por encima de su pantalón para sentir un buen bulto que cobraba vida con cada beso y caricia.

    M: Moni, ¡quiero hacértelo!

    L: Vamos a tu cama.

    Me cargó a su cama, mientras nos besábamos nuestras ropas empezaron a caer, yo le quité su camiseta para con mi lengua probar sus pectorales y su estómago, él me bajó mi vestido y su lengua viajó de mi cuello a mis pies, me dio vuelta para besar mi espalda mientras me acariciaba las piernas ¡estaba tan caliente! Me besaba el cuello muy rico, bajó su lengua por mis nalgas y lamió mis muslos y rodillas, le quité su pantalón saboreando por encima de su trusa su gran bulto duro. Me acosté en la cama y él me despojó de mi tanga llevando su boca a mi vagina, la besaba y lamía rico, sus manos apretaban mis tetas, yo le lamía sus dedos como si se trataran de un rico pene, el enrolló su lengua y la metía fuerte y rápido, era un habilidoso con eso, yo gemía y me retorcía al sentir su rico oral, Mario no me estaba defraudando, ¡apenas empezábamos y ya me tenía a full!

    L: ¡Dios!!! ¡Qué rico!

    M: ¡Hermosa vagina y su sabor es exquisito!

    L: ¡Mi marido no me la chupa así!

    M: No sabe cómo se come un manjar como tú ¡pero ahora disfruta de esto nena!

    L: ¡Ah, sí, continua!

    Seguía comiéndome mi vagina de forma majestuosa, yo jadeaba y estaba tan caliente que empezaban a brotar fluidos de mi vagina, los cuales el saboreaba riquísimo, sus dedos ahora también intervenían, su lengua y sus dedos entraban y salían de mi vagina, esa masturbación y estimulación jamás me la habían hecho antes, ni Coronel, ni Alberto ni mi marido, nadie me hacía gritar con su lengua, ¡así como el buen y rico Mario!

    L: ¡Que rico me lo haces, ah!!

    M: ¡Moni!! ¿Me dejaras hacerte mía?

    L: Si, hazlo, cógeme, ¡cógeme rico!

    M: Jajá, como digas mi amor, ahora te daré lo que quieres, ¡te daré un buen trozo de verga que te hará gritar de placer!

    L: Si, cógeme, ¡dame tu rica verga!

    Él se puso de pie, se quitó la trusa mostrando su pene de unos 26 cm, era circuncidado y de color obscuro como él, al mirarlo me emocioné ¡Mario seguía sin defraudarme y ahora estaba punto de penétrame rico!

    Yo esperaba acostada mientras él se sobaba la verga y sacaba su celular y comenzó a grabar.

    M: Aquí estoy con esta rica casada que es mi clienta, ¡saluda Moni!!

    Eso me excitó mucho, así que miré a la cámara y acariciándome las tetas dije “hola”.

    M: Mientras su marido está en casa, ¡le voy a dar una rica cogida!!

    Acomodó su celular en un mueble que estaba frente a la cama, me abrió las piernas y me empezó a meter sus 26 cm con suavidad, mientras me penetraba nos besábamos, sentir su dura verga me hacía jadear y gemir, él se movía fantástico, estaba de misionero y ya estaba haciéndome gritar.

    Se acomodó de ladito y gracias al tamaño de su pene me penetraba delicioso mientras sus manos apretaban mis tetas y bajaban a apretar mi clítoris, me besaba y me pedía mirara la cámara.

    M: Si, así nena, ¡que rico aprietas!

    L: Mas, que dura, ¡agh!

    M: Mira a la cámara, quiero que quede grabado cada jadeo, gesto y gemido.

    L: ¡Ah, sí, ah, dame más, dame!

    Mario sabia coger muy bien, me levantó las piernas para unas patitas al hombro, ahí me mordía las tetas y se empujaba con mucha fuerza, yo miraba la cámara y seguía jadeando, también movía mi pelvis para acompañar sus movimientos, mi cliente de piel morena, el que tanto me gustaba me estaba dando una rica cogida y además lo grababa el muy cínico.

    Levantaba mis piernas y se movía rápido, me encantaba como me la metía inclinándose un poco hacia atrás, me lamía los dedos de los pies y me mordía las pantorrillas, me daba de nalgadas y se empujaba de golpe, dejándome sentir toda su verga dentro.

    L: Ah, Mario que rico, cógeme, agh, ¡no pares!

    M: ¡Eso!! Gime, grita, siempre quise tenerte así, ¡agh!!

    L: ¡Que verga más rica, agh, métela, agh!

    M: Moni, agh, aprietas magnifico, ¡ahora quiero que me cabalgues!

    Él se acostó en la cama y de un salto me ensarté en su firme verga, comencé a mover suave mientras él me apretaba las tetas, le acariciaba sus pectorales y me apoyaba en sus piernas para empujarme mejor, me dejaba caer en pequeños sentones para que entrara y saliera rápido, me detenía en su cabecita y con ligeros movimientos de cadera se la devoraba sabroso, él gemía y miraba a la cámara, nos besamos y ambos empezamos a movernos sicronizadamente.

    M: Agh, muévete más, que rico, ¡dios!

    L: ¡Que dura! te gusta papi?

    M: ¡Me encanta, eres una diosa, agh!!

    L: ¡Muévete, no pares, quiero sentir todo tu pene dentro!

    M: ¡Que golosa, agh!

    Ahora lo cabalgaba invertidamente, él me apretaba las nalgas, me acariciaba los muslos, me tomaba de los hombros y me empujaba a su verga, la estábamos pasando muy bien.

    Después de cabalgarlo un rato me puso en cuatro, abrí mis nalgas empinándome todo lo que podía, él me acomodó de forma que la cámara me grabara bien, me tomó dela cadera y me metió su trozo de forma fuerte y rápida, metía sus dedos para apretar mi clítoris inflado por la acción, yo jadeaba como perra, llevábamos un buen rato cogiendo y aun íbamos para largo.

    M: ¡Que ricas nalgas, agh!

    L: ¡Son tuyas!!

    M: Eres una rica zorra, ¡me encanta que seas casada y estés suplicando mi verga!

    L: ¿Ah, y que más te gusta? ¡uf!

    M: ¡Tu cuerpo, tu vagina, coges como diosa, de verdad años sin tener una mujer, así como tú!!

    L: ¡A mí me encanta tu verga y como me pones y te mueves agh!!

    Seguía empujándose fuerte sobre mí, era tanta la fuerza que terminamos yo boca abajo y él arriba moviéndose como gusano sobre mí, me encantaba sentirlo así, su verga entraba con todo y me hacía jadear, me daba de nalgadas y me jalaba el cabello, dejé de ser su proveedora y me convertí en su puta.

    Me estrujaba delicioso, cambiamos de pose, ahora yo acotada en la orilla de la cama y él de pie, me levantó las piernas y me penetraba rico, me empujaba con todo, yo también me movía, sabía que pronto llegaríamos al orgasmo.

    L: ¡Mario!!! ¡Me vengo, ah!!

    M: ¡Agh, yo también, agh!!

    L: ¡Te siento, agh!

    M: ¡Toma mi leche puta, agh!!!

    Me llenó la vagina de semen caliente, el orgasmo era maravilloso, me retorcía como gusano, era duradero, inmediatamente que reaccionó me la sacó y se acomodó en la orilla de la cama y me pidió mamársela, yo tomé su rica verga y empecé a limpiar nuestros fluidos con la boca.

    M: Ah, uf, que rica puta me acabo de coger y lo chupa riquísimo, mira a la cámara cariño.

    Miré a la cámara y sonreí, mientras seguía chupando su deliciosa verga, esa noche fue muy larga y apenas empezaba la segunda ronda de nuestro rico encuentro.

    Saludos su amiga Lety.

  • Una cuarentona de muy buen ver

    Una cuarentona de muy buen ver

    Llegaba el fin de semana y como cada año, Mayte la madre de mi mejor amigo hacía una fiesta para celebrar el cumpleaños de su hijo, en el que estaríamos invitados todos sus amigos de la infancia, así que un día antes llamé a Mayte para preguntarle si podría ayudarle a preparar todo antes de que llegara el anfitrión de la fiesta, ella entusiasmada me dijo que por supuesto.

    El sábado me presenté pronto en su casa, no serían ni las nueve de la mañana, llamé al timbre y Mayte me recibió con un vestido escotado azul turquesa, muy bonito con unos vaqueros negros a juego estaba espléndida, al verla, no pude evitar fijarme en el escote que llevaba y en lo mucho que me ponía desde hace bastante tiempo Mayte, nos dimos dos besos y le di un detalle que había hecho mi madre para la fiesta.

    Me dijo que estaba en mi casa, mientras ella se iba a poner la lavadora me senté en un taburete de la cocina tomando unas patatas que me había ofrecido, no podía parar de pensar en Mayte, me empecé a poner cachondo y sin que ella se enterara subí al piso de arriba en busca de la habitación de ella, una vez dentro me dirigí al cajón donde guardaba su ropa interior y le cogí unas bragas de color lila, nuevamente bajé a la cocina, y mientras me masturbaba tímidamente, Mayte me pilló y me dijo, ‘¿qué haces?’, al verme las bragas, me las cogió de la mano y me dijo ‘¿has buscado entre mis bragas?’.

    Yo colorado le dije que me las había encontrado tiradas, y supuse que eran de ella entonces, incómodo por la situación mientras Mayte me decía «no me lo puedo creer» le dije que mejor me iba de casa mientras Mayte algo más tranquila me pedía perdón por gritarme entonces, cogió un balón de rugby que tenía en la cocina y empezamos a jugar durante unos minutos con el hasta que nos caímos en el sofá uno encima del otro, de repente la tensión estaba en su mayor punto, y Mayte me cogió de la camisa y me besó, yo le dije que no estaba bien hacer esto, pero Mayte quería recompensarme de algún modo esa pequeña discusión que habíamos tenido antes así que yo como era de esperar acepté gustosamente.

    Continuamos besándonos, la verdad es que Mayte besa muy bien, no quería que ese día acabara nunca. Mientras nos besábamos, Mayte llevó su mano hasta mis vaqueros, situándola en mi polla, al notarla dura, me dijo «pero mi amor, ¿qué escondes ahí?» echándose a reír, me puse de pie para quitarme la ropa mientras ella, sentada en el sofá comenzó quitándose la blusa que llevaba, me quedé instantáneamente con la mirada clavada en sus preciosas tetas, observando el sujetador negro que llevaba y en lo ansioso que estaba por quitárselo se quitó los vaqueros junto con las bragas moradas que llevaba entonces y de rodillas en el suelo se llevó la polla a la boca, mientras me la empezaba a chupar, le dije entre susurros, ‘quítate el sujetador para que pueda ver esos preciosos pechos que escondes’.

    Mayte por su parte con la otra mano empezó a meterse los dedos en el chocho, a petición suya le metí la polla entre sus pechos para que me hiciera una cubana la cual duró poco, nos besamos y acto seguido Mayte se acomodó y con las piernas abiertas empecé a disfrutar de su delicioso clítoris, seguidamente la penetré por el chocho, esta enseguida empezó a jadear placenteramente mientras me pedía que no parase, minutos más tarde, Mayte retomó de nuevo la mamada que me estaba haciendo anteriormente, a continuación se puso a cuatro patas en el sofá para que volviera a penetrarla por el clítoris, esta inmediatamente empezó a gemir fuertemente, estaba bastante cachonda la empecé a penetrar salvajemente ella por su parte gemía cada vez más fuerte, pidiéndome que siguiera así y no parase mientras le cogía de las tetas.

    A continuación y después de que Mayte me la volviera a chupar nuevamente, esta se puso encima, metiéndosela por el chocho nuevamente cabalgándome sus gemidos eran incesantes y muy fuertes frotándose el clítoris mientras le comía las tetas, continué penetrándola Mayte sin parar de gemir me pedía que quería más entre fuertes gemidos hasta que terminé corriéndome fuera, para terminar, los dos terminamos besándonos apasionadamente, mientras Mayte me decía ‘si quieres volver a repetir, dímelo mi amor’. 

  • Vacaciones con final feliz (2)

    Vacaciones con final feliz (2)

    Vi a mi novio, pero realmente me importaba más consentir a mi semental. Acariciaba con calma todo el cuerpo de mi suegro para empezar a relajarlo, se merecía eso y más por estarme ayudando a cumplir mi deseo. Lo besaba con entrega, chupando su lengua, hasta que se levantó y pude ver que su pene estaba semi erecto escurriendo semen. Me puse en cuatro y se lo mamé todo, me lo metía hasta la base, le chupaba cada testículo y golpeaba mi lengua con su gruesa macana. Así estuvimos hasta que logre ponerlo rígido otra vez.

    -Quiero que me hagas sentir toda tu carne- le dije- te gustó cogerme?

    -Con la mamada que me hiciste lo sentí mucho

    -Alguna vez te imaginaste que me ibas a terminar cogiendo?- pregunté

    -No, pero es estás bien rica y eres una perra en la intimidad- Octavio

    -También seré la madre de tu hijo- dije – respeta

    Nos excitó y en menos de un minuto estábamos besándonos y masturbándonos mutuamente de rodillas en la cama, ante la mirada lujuriosa de mi novio, le iba a tocar ver como su papá otra vez me llenaba orgulloso de su caliente esperma. Besaba el cuello de mi suegro masturbando con lujuria su verga que ya estaba escurriendo, mientras mi novio y yo nos miramos fijamente. Era muy caliente eso

    -Te excita?- pregunté viendo a mi novio pero el que contestó fue su papá

    -Mucho, ya teníamos quince días sin coger Fanny- dijo mi suegro

    En ese momento nuestro secreto se vino abajo, era obvio que mi suegro no se había dado cuenta que a sus espaldas estaba su hijo, y ahora mi novio sabía que su papá y yo cogíamos, porque la última vez que habíamos cogido los 3 fue hace casi 2 meses, en mi cara roja se notó un poco de preocupación hasta que mi novio me hizo una señal de aprobación, eso me calmó un poco pero decidí hacer algo con Octavio. Tomé apresurada una prenda y como pude vendé sus ojos, todo para darme tiempo y hablar con Armando. Lo mame rápido y le pedí que no se quitara la venda

    Tomé a mi novio y despacio salimos a la otra habitación. Yo lo veía tranquilo así que me acerque y comencé a masturbar su pene para mantenerlo con la cabeza caliente y evitar problemas.

    -Amor, lo lamento mucho pero me acosté con tu papá algunas veces a solas- le dije con cinismo- qué vamos a hacer?

    -Quiero ver como cogen- Armando

    -Amor, vinimos a pasarla bien, no creo que haya estado bien que te enterarás así, y querernos ver después de saberlo no es sano-

    -No es sano desde la primera vez que te cogimos, no me vengas con eso, quiero ver como otro te hace suya, y si es entre nosotros mejor- Armando

    -Te daré gusto, solo prométeme que después me vas a dar una cogidota como solo tú puedes- le dije sonriendo con malicia- quiero tu desquite

    Con esa jugada yo esperaba que no hubiera ningún problema entre nosotros 3 y poder seguir cogiendo con gusto.

    Me asomé para ver qué mi suegro estuviera vendado, pero no, se la había quitado, tomé un prenda mía y entré a vendar sus ojos otra vez.

    -No te quites la venda, quiero que disfrutes tu orgasmo al máximo- le dije chupándosela

    -Qué rico mamas! No cabe duda que la práctica hace al maestro- Octavio

    -Quiero que me cojas pensando en otra, yo sólo soy tu depósito, reviéntame pensando en otra, no hay problema- seguí comiendo su deliciosa carne- cógetela usando mi vagina para masturbarte

    -Puedo decir su nombre? – Preguntó

    -Claro, es parte de la fantasía- contesté- ya la tienes bien parada, penetrala, destrozala!

    Le vende los ojos y lo acosté de espaldas a la puerta, ya no espere más, me subí para clavarme su deliciosa carne, entró fácil, estaba lubricada de mis jugos y su semen.

    -Que gorda! Ah! Me abre toda, suegro!

    Comencé a cabalgar su miembro, en eso veo entrar a mi novio y sentarse en la silla. Ser vista por mi novio mientras su papá me coge me puso muy caliente.

    -Te gusta?!- Pregunté sonriendo fijamente a Armand

    -Sii!- gimió Octavio- se siente riquísimo!

    -Vamos a ver cuánta leche me das esta vez, si no fuera por el DIU ya me hubieras embarazado desde hace mucho! – le dije mordiendo mi labio- Ah! Que grande la tienes! Papi!

    Sentí como esos comentarios enardecieron a Octavio pues empezó a apretar mi cuerpo con desesperación, nalga y teta eran sus favoritas.

    Así cómo estaba sentía su miembro directamente en mi cérvix uterino, de todos los hombres con lo que he tenido relaciones sexuales los mejores son Octavio y su hijo, bien dotados, aguantadores, depravados y buenos para meter la verga. Yo cabalgando a mi suegro parecía una amazona, con mis manos me recargaba en sus gruesos muslos, empujando mi cadera con energía para enterrarme en la grotesca verga de mi suegro, mientras el acariciaba con lujuria todo mi cuerpo. Especialmente mis senos que estaban expuestos por la posición, los exprimía como si fuera alguna fruta y eso me ponía muy puta. Decidí hacer de esta noche algo más intenso, le quite la ropa de la cara, me recosté sobre él y dejé mis senos en su boca. Mientras el me lamía mis ubres yo me relamía mis labios viendo a mi novio, el cornudo de su hijo, mientras era masacrada frente a sus ojos y por su propio padre.

    -Octavio! Ah! Tu hijo nos está viendo! Ayy!

    -Pues es tu novio! Tiene derecho- jadeo- dile que se nos una.

    Mi incliné y con un susurro le dije a mi suegro- creo que es hora de la doble penetración- mientras ensartada en él, acariciaba su barriga y sus flácidos pectorales.

    -Crees que nos aguantes? Es mucha verga para ti sola- dijo el suegro- bajando el ritmo del pistón

    -Sólo hay una manera de saber- alzando mi vista le sonreí a mi novio- amor, ve por el lubricante

    Entonces mi novio salió de la habitación casi corriendo y regresó en un instante, yo seguía comiendo con mi vagina el miembro viril de su papá, flanqueando su algo flácido pero incansable cuerpo de señor en contraste con mis muslos juveniles y mi vientre plano.

    -Súbete, mi rey! Su puta los va a preparar para que disfruten este trío- le dije a mi novio

    Abajo su papá nos miraba excitado, acariciando mis senos y copulando lentamente.

    -Les gusta?! Gracias a mi cuerpo y a sus vergas grandes somos una familia feliz- dije con el cuerpo ardiendo y la cara roja.

    -Muy compenetrada diría yo- dijo mi suegro con su glande metido hasta mi matriz.

    -Ay amor, tu papi y yo nos entendemos muy bien- le dije a mi novio con la cara de perra que produce tener a dos hombres de la misma línea de sangre dándote hasta para llevar.

    -Si, me caes muy, muy bien nuera- Octavio me dijo mientras tomaba mis nalgas y las botaba.

    -Ay suegro! Aparte de vergudo eres simpático! Qué hombres dios mío!- le dije bajando mi lengua a la suya para trenzarlas en una danza oral.

    Mi cuerpo al igual que el de mi suegro ya estaba brillando por el sudor, pero no era por el esfuerzo físico, era por la presión sexual de tener un trío de la nuera con padre e hijo. Estábamos poseídos por lo insano, lo prohibido… y ardiendo nos entregamos al pecado.

    Me incorporé y se la empecé mamar a mi novio.

    -Cuantas otras mujeres te habrán mamado?! – me pregunté en voz alta- A cuántas has reventado?!

    -No han sido tantas- Armand

    -No te hagas pendejo- le dije mordiendo su pene- cuándo nos cogiste a Jessica y a mí, se nota que ya estabas bien experimentado en los tríos

    -Ay amor, sigues mamando con eso- dijo mi novio- todavía que las dejé bien cogidas te pones pesada

    -Por eso cabrón! No era la primera vez que estabas dándote a dos mujeres al mismo tiempo- le dije masturbando con lujuria su miembro

    -Ni va a ser la última vez- me dijo y yo lo miré con incredulidad y un cierto enojo, además de que estaba roja de la excitación porque mi suegro se seguía moviendo suavemente dentro de mi

    -Y mejor sígueme chupando porque ahorita te la voy a meter por el culo para que aprendas a no estar molestando- me dijo sintiéndose muy hombre el imbécil

    Decidida empecé a llenar su verga con lubricante, hasta los huevos quedaron llenos de líquido por si también me los quería meter.

    -Pues hazlo, a ver si muy hombre, mi amor! Mi cornudo- le dije burlona

    Miré hacia abajo y me acosté sobre su papá. Nos empezamos a besar con pasión, en eso siento a mi novio acomodarse detrás de mí, metiendo lubricante en mi recto con sus dedos de forma impune, bajaba y me lamia todo el ano mientras a un par de centímetros la verga de su papá se movía lentamente en mi vagina, estimulando nuestros genitales y haciéndonos gemir.

    -Ya estás lista para darte!- dijo mi novio acomodando su paradisima verga en la entrada de mi ano.

    Yo arquee la espalda para darle mejor acceso, él empezó a llenar de carne mi recto.

    Yo abrí la boca y mis ojos ante la mirada de su papá, sentí que no había aire en esa habitación y la sensación de mi piel ardiendo me empezó a causar estragos mentales. Busqué con torpeza y desesperación las manos de Octavio, entrelazando nuestros dedos con fuerza, necesitaba apoyo en este momento tan duro, dónde uno se conoce a profundidad.

    -Soy una perra! – grité preocupada por lo que venía

    Mi novio siguió empujando hacia mis nalgas hasta que su pubis afeitado choco con mi cadera.

    -Ay que rico Fanny! Siento muy caliente!- dijo Armand

    -Ya hay que darle lo que quiere, vamos a reventar a tu novia- le dijo Octavio mientras me miraba

    Empezamos a trabajar en la cópula más caliente que habíamos hecho hasta ese día. Sentía desesperación con sus virilidades moviéndose dentro de mí. Ellos gemían mientras yo gritaba, me estaban haciendo pedazos jaja. Su hombría apenas estaba separada por una capa de piel, estaba segura que sentían los movimientos del otro. Son unos cerdos por sentir placer de rozar sus miembros mientras me cogen riquísimo. Mi piel se erizo, el placer se empezó a acumular en mi vientre causando escalofríos en toda mi piel, era el demasiado para mí.

    -Me van a matar! Me están desmadrando!- grité sin poder creer que una mujer pudiera soportar tanto placer

    -Cállate y goza, pendeja!- me dijo mi novio dándome una fuerte nalgada

    -Querías verga?! Pues ahora aguántala, niña!- dijo Octavio excitado

    Verme tan extasiada y vulnerable hizo que saliera lo más salvaje de ese macho alfa que llevan dentro.

    -Suegro! Eyacula hasta el fondo! Quiero que tú me dejes embarazada! Ándale! Eyacúlame!- me tarde mucho es decir todas esas barbaries, cada oración o palabras era interrumpida por un pujido, grito o jadeo involuntario

    -Fanny! Te quieres casar conmigo?!- Preguntó Octavio que junto a su hijo me estaban dando la cogida de mi vida

    -Qué?!!- grité ante tal pregunta, mientras mis piernas empezaron a temblar

    -Cásate conmigo!- gritó Octavio

    Solté la mano de Octavio y gire mi brazo para tomar a Armando del cuello. Mi suegro aprovechó mi teta levantada y expuesta para succionar mi hinchado pezón. Hice un esfuerzo por mantener la compostura.

    -Amor! Amor! Tú no te quieres casar conmigo?!- le pregunté dándole su lugar como mi novio mientras trenzamos lengua rápido

    -También me quiero casar! Vas a ser nuestra esposa!- gritó

    Ya estábamos experimentando el orgasmo, pero el destape que acabábamos de tener nos lanzó directamente al orgasmo. Arquee la espalda de forma obscena, la tención sexual me obligó a quedarme así mientras era masacrada a velocidad desquiciante

    -Ahhh! Si me quiero casar contigo Octavio! Seré su esposa! Seré su esclava! Ahhh! Amo cómo me cogen! Los amo!! Dios mío! Los amo!!- gritaba mientras me venía, mi cuerpo bañado en sudor se sacudía y mis ojos perdían el enfoque.

    Mis oídos eran estimulados por los gritos de Octavio y Armand, y mis orificios se contraían de placer, ellos lucharon y murieron dentro de mi, sentí como mi novio empezó a llenar de leche mi recto, era mucha y me llegaba hasta dónde nadie lo había logrado. Esos espasmos eyaculatorios estimularon a su papá, que me clavo hasta la matriz y eyaculó directamente en mis ovarios. Los tres gritábamos nuestro orgasmo de forma brutal, eran gritos de agonía pero también de gozo. Era el cielo tocado con los dedos.

    Nos dejamos caer, agotados y con espasmos involuntarios por lo que quedaba de aquel devastador terremoto que nos sacudió hasta el alma. Después de unos minutos más mi novio extrajo su hombría de mi culo, escurriendo de semen y se acostó junto a nosotros. Me levanté y me saque la verga de su papá, cuando salió un chorro de nuestros fluidos cayó sobre su pene y escurrió a los huevos.

    Me quedé sentada sobre mis talones admirando a tan buenos machos. Empecé a hacerme una cola de caballo para que mi cabello quedara recogido.

    -Relájense mis amores, yo voy a limpiar esto- dije llevando mi boca a el pene flácido de mi novio- mis machos, mis próximos maridos jeje

    -Límpialas bien cariño- me dijo Octavio

    Se las dejé limpias pero se les habían empezado a parar, sólo los mire y sonreí.

    Eran las 5 de la tarde del sábado. Continúa.

  • Cogida y grabada (Parte II)

    Cogida y grabada (Parte II)

    M: ¡Miren que rico me lo chupa está casada!!

    ¡Esas eran las palabras que decía Mario mientras yo seguía limpiando su verga de nuestros fluidos!

    Seguía grabando mientras yo seguía devorando su enorme verga, la cual nuevamente se endurecía, no tenía ni 5 minutos que había descargado una gran cantidad de semen, pero ya estaba lista para la acción.

    Él se acostó y yo seguía chupando su rica verga, lamía sus testículos mientras la cámara apuntaba a mi boca y seguía mi movimiento, le daba pequeñas mordidas a su tronco y sus testículos, ¡lamía en la unión de su verga y su ano para después succionar como aspiradora!

    M: No saben que rico mama esta casad, ¡ah!!

    L: ¿Estas gozando?

    M: Mucho, ¡continua!

    Como todo un depravado Mario grababa y rompió la cuarta pared, me daba a entender que es video seria publicado en alguna parte de la internet, pero no me importaba no era el primero que haría algo así, ¡yo decidí continuar con mi trabajo oral sobre el!

    Seguía lamiéndole todo, el seguía acostado acariciándome las nalgas, seguía grabando y yo seguía chupando sus 26 cm de carne, comencé a meter hasta el fondo de mi garganta a su amigo, me ahogaba, pero me encantaba esa sensación, él me tomaba de la cabeza y acompañaba el movimiento de arriba a abajo.

    Con mis dientes aruñaba todo el tronco, el ojito de su cabeza era lamido por mi lengua, luego parecía que me lavaba los dientes ya que lo llevaba de un lado a otro, ¡me encantaba tenerlo en la boca y mientras él seguía grabando!

    M: ¡Que nalgonas tienes!

    L: ¡Son tuyas!

    M: Estas buenísima, ¿que haría tu marido si te viera así?

    L: ¡No sé, agh!!

    M: ¡Uf, eres una experta mamando!

    L: Si, ¡me lo han dicho antes!

    M: ¡Que puta eres!

    L: ¡Que rica verga, ah!!!

    Él se puso de pie y me pido me recorriera a la orilla de la cama, ¡yo boca abajo solo abrí mi boca y mire como sin meter manso su verga entraba en mi boca!

    Yo lo miraba caliente, el empujaba lentamente hasta que su animal tocaba mi garganta, me seguía grabando y empezó a moverse suave, ¡me empezó a follar la boca de una manera fenomenal!

    M: Uf, que rica boca, miren a esta perra casada, ¡lo mama fenomenal!

    ¡Eran sus palabras cuando me metía su verga a la boca y grababa el momento!

    M: Que ricas nalgas, desde aquí se ven enormes, miren, ¡vean a esta casada!

    L: ¡Uhm!! ¡Que rica verga!

    M: ¿Te gusta? ¡Es tuya, que rica zorra, resultaste!!

    L: ¡Y tú que patán, uf!!

    No podía creer que aquel hombre mable, de buen vestir y lindo, se convertía en una verdadera bestia sexual, su verga no me había decepcionado, ¡pero sus filias cada vez salían a relucir más y más!

    ¡Mi amable proveedor cada vez se perdía y en cambio un hombre degenerado continuaba metiendo y sacando sus 26 cm de mi boca mientras garbaba a detalle cómo me lo hacia el muy canijo!

    Tomaba su celular con una mano y con la otra tomaba mi cabeza para follarme la boca más cómodo, me apretaba las nalgas y se empujaba más hasta ahogarme, a veces se me salía de la boca y él la ponía en mi cara golpeándome con ella, mientras risas de dominación salían de su boca.

    M: ¡Que rico, agh!

    L: ¡Mas, dame más!

    M: ¿Escucharon? ¡Jajá que rica eres!

    L: ¡Y tú qué vergon!!

    M: ¡Toma, agh, cómetela, cómetela todita, agh!

    Me dio vuelta dejando mi cabeza boca arriba, ¡inmediatamente me pego sus testículos los cuales besaba mientras su lengua lamía salvaje mis labios vaginales!

    L: ¡Que rico huevos!!!

    M: ¡Si, comételos amor!!

    No sabía si seguía grabando, solo succionaba sus testículos y lamía hasta su ano, él se sentaba para ahogarme con sus granees testículos, luego tomo su verga con su mano y me la metió suave a la boca.

    Mientras me al empujaba lento, me lamia los muslos, ¡las tetas y me mordía los pezones!

    Me tomo los muslos y empezó a follarme fuerte, me metía ya sacaba su verga con violencia, el seguía hablando a su cámara, la verdad ya no alcanzaba a ver cómo me grababa, ¡solo sentía como mi garganta era perforada por un rico trozo de carne!

    M: ¡Ah, que rico, ¡Moni que rico, dios!!!

    Yo no podía ni hablar, de hecho, me costaba trabajo respirar, Mario me estaba casi matando literalmente con su verga, yo trataba de despegarlo de mi pero el ay estaba fuera de sí, gemía y jadeaba y más rápido me follaba, me apretaba las tetas, me mordía las piernas, ¡prácticamente era su puta inflable!!!

    M: ¡Me vengo, ¡Moni, me vengo!!!

    Dicho esas palabras, aumento sus movimientos y de pronto un mar de semen empezó a ahogarme, de hecho, ¡me salió hasta por la nariz!! Al ver esto el me al saco y continúo echándome su semen en la cara, me ponía su verga en toda mi cara y de hecho me salpico el cabello.

    ¡El muy degenerado me pidió volteara a su cámara y enseñara mi cara y boca llena de su leche caliente!

    M: Miren como la deje, uf, ¡está casada si me encanta!

    L: ¿Te gusto?

    M: Sí, ¿me encanto y a ti?

    L: Me súper gusto, jajá, me dejaste llena de semen, ¡como me gusta!

    M: Uf, que rico, pues aún tengo más, ¡pero ahora será en otro lugar!

    L: ¿Así? ¡Eso quiero verlo!

    Me levanté y fui al baño a limpiarme su semen, al volver miro su cámara y dijo: Bien amigos, ¡ahora esta será mía por su rico culo!!!

    ¡Saludos de su amiga Lety!

  • Me enamoré de un hombre en Madrid (IV)

    Me enamoré de un hombre en Madrid (IV)

    Con Iker nos habíamos ido a Ibiza como dos amigos que se follaban entre ellos y volvíamos siendo pareja. Mantuvimos nuestra relación entre nosotros y poco a poco fuimos contándole a mis compañeros de posgrado y círculo cercano, a los colegas de Iker y sus cercanos y a nuestro círculo de amistad en común que habíamos hecho en el tiempo en que llevábamos en Madrid. Al único que no le había contado era a mi padre, pero él se encontraba en otro país, por lo que no me apresuraba a contarle (además no sabía cómo, ya que él sabía que yo era hetero y era bueno para follar con chicas).

    Teníamos una relación puertas afuera. Cada uno continuó viviendo en su piso pero, como vivíamos en el mismo edificio, era como si viviésemos juntos. Él y su hijo se lo pasaban en su piso y yo en el de ellos, solo cuando teníamos alguna discusión o diferencia, existían los pisos diferentes.

    Un día llegué de hacer las compras con Iñaki e Iker había llegado del trabajo y se encontraba un poco apesadumbrado, algo que disimuló al ver llegar a su hijo, con el que comenzó a jugar. Cuando le pregunté que sucedía, me explicó que estaba complicado de dinero y que apenas le alcanzaba para pagar la renta del piso, a lo que le prepuse que se viniera él y su hijo a vivir conmigo. Ese mismo fin de mes se mudó y comenzamos a vivir como una familia los tres.

    La vida de los tres transcurría sin sobresaltos. Instalamos en la habitación de invitado a Iñaki e Iker se instaló en la mía (como correspondía por ser mi pareja). Era una casa de hombres, donde acostumbrábamos a andar desnudos con Iker. Muchas veces nos sentábamos a comer sin pieza de ropa alguna o comíamos en la cama donde pasábamos largos ratos en ella. Iñaki se acostumbraba a dormir entre nosotros, por lo que a medianoche lo debíamos llevar a su cuna en su cuarto.

    Nuestra actividad sexual era bastante buena, follábamos casi todos los días. Éramos bastante versátiles, tanto yo como él cumpliríamos en momentos el rol de activo y pasivo respectivamente. Nuestros gustos también nos los fuimos conociendo. A Iker le fascinaba lamer mi ano, había algo en ello que le encantaba y bueno, a mi igual me era placentero sentir su lengua escarbando por mi hoyito, dejándolo todo ensalivado y listo para ser ensartado por esa vestía deliciosa y jugosa que guardaba mi amorcito entre sus piernas. Lo que era yo, siempre me gustó mucho su polla por lo que mi mayor placer era tener esa pija en mi boca, que apenas me cabía por lo gorda que era y pues así me la metía en la boca y la chupaba hasta sentir sus chorros calientes de su leche deliciosa en mi garganta.

    Junto con lo anterior, a mí me gustaba cabalgar en la pichula de Iker, que era más gorda que la mía. Cabalgaba en ella gimiendo como una perra de placer, sentir esa pija jugar con mi próstata, sintiendo ese cosquilleo cada vez que esta era rozada por el miembro jugoso y viril de mi enamorado. En cuanto a Iker, le era casi adictivo el ser clavado en cuatro, cual animal folla a otro animal, extendiéndose por la cama (o donde follábamos) levantando su culo y dejándome su hoyito expuesto para yo así hacerlo mío, para que al terminar alcanzara a sacarlo y vaciar mi lechita afuera de su trasero. Gusto totalmente diferente a mí, que me encantaba sentirme preñado por la lechita suya, era quizás la mayor sensación de placer y excitación que el hombre que amaba depositaba su lechita dentro de mí.

    Nuestras sesiones de sexo eran extensas y no necesariamente eran por las noches. Follada mañaneras, antes o posterior de comer, en las tardes cuando Iñaki tomaba su siesta o bueno, cada vez que había una posibilidad, lo hacíamos. Lo otro era que, como Iñaki era un bebe aún que tenía un año, había lugares que él no podía acceder, por lo que follar en el cuarto de lavado, en el baño e incluso hasta lo hicimos en la cocina (donde lo hicimos un par de veces) no era algo que no nos gustase a ambos.

    El uso de juguetes sexuales pronto se volvería común entre nosotros, Un día Iker llegó con un vibrador que yo me puse en mi culo, mientras clavaba a Iker, haciendo de nuestro sexo cada vez más entretenido. Pero no fue hasta que un día fui a comprar un lubricante a un sex shop y encontré un dildo doble, que los juguetes transformaron por completo nuestras folladas. Ese día cuando se lo mostré, Iker se entusiasmó y apenas Iñaki se durmió, nosotros nos pusimos en acción. Empezamos preparando nuestros culos, con nuestras lenguas escarbando nuestros hoyitos y ensalivándolos para lubricarlo. Cuando ya estos estuvieron listos, agarramos el dildo y lo introdujimos dentro de nosotros. Primero lo hice yo, cuando estaba mi parte dentro de mí, Iker se introdujo la otra parte. Mientras ambos estábamos ensartado en el dildo, nos besábamos, manoseábamos y jugábamos con las pijas nuestras y la del otro. Así estuvimos un buen rato, extendido sobre la cama y jugando con el cuerpo de unos y del otro, hasta que nos fuimos junto.

    El día que Iñaki cumplió el año. Iker llegó con un pastel para compartirlo entre los tres (realmente los dos) y con un regalo para él. Yo temprano había salido con el bebé y le había comprado unos juguetes y ropa por su cumpleaños. Ese día compartimos, jugamos con Iñaki y sus juguetes nuevos, Iker la había traído algo similar a una alfombra inteligente para niños que tenía alrededor del año. Cuando el niño se durmió, Iker me dijo que le había gustado como le habíamos celebrado el primer año de nuestro hijo y que traía un regalo para mí. Me miro, sonrió, sacó un anillo y me pidió matrimonio.

    Continuará…

  • Cómo disfruté al novio de mi hija (2)

    Cómo disfruté al novio de mi hija (2)

    Creo que ya es momento de hablar un poco de mi relación con mi hija, puesto que a futuro las cosas que contaré podrían ser un poco «inadecuadas» para una madre común. Verán, durante toda su adolescencia, Karolina había sido un señor problema para mí y para mi esposo. Malas calificaciones, grosera, gastaba mucho, en serio, mucho dinero en ser la niña con dinero que invitaba la peda o rentaba los lugares para coger con sus pendejitos.

    Gracias al cielo, conoció a Caleb a los 18 años y por fin hubo paz, buenos resultados académicos y la relación mejoró entre nosotras, aunque no podía dejar de sentir celos de la madre de Caleb, que parecía llevarse mejor con mi hija que yo misma. Yo amaba a Caleb, no como amante, pero sí como familia, él había llegado y, más o menos en un año, Karito volvía a ser Karito, ya no más borracheras, ya no más insultos, podía quedarse los fines de semana a ver películas, lo elegía, de hecho.

    A ella le encantaba leer antes de volverse una libertina, y me encantaba saber que, a veces, mi hija le leía a su novio hasta que ambos se quedaban dormidos en la sala o el cuarto. Era genuinamente feliz de que mi hija estuviera viviendo su primer romance, pero lo cierto es que me sentía un poco celosa de ella.

    Desde que nació, Karo había sido la prioridad de mi esposo y la crio consentida y con una mentalidad muy fea de «ser siempre la que mande», él era el que le pagaba a mi hija sus vicios y cogidas, siempre con la puta excusa de «construir relaciones» o «está jovencita, déjala disfrutar su etapa». Yo entiendo que él pensara así, pues ni él ni yo tuvimos tiempo ni recursos para darnos la vida que le podíamos dar a nuestra hija, pero es que ahora que teníamos todo para ser felices, no lo éramos.

    No lo éramos porque siempre él le pagaba sus estupideces a Karolina y yo era la que tenía que cuidar a mi hija de sí misma, yo era la que quedaba como la mala e hizo falta que llegara un muchacho bien y un año de relación para que mi hija y yo nos uniéramos cuando ella ya tenía los 19, casi que desde sus catorce años nos habíamos llevado mal. Además, era frustrante no tener sexo. Hacía 5 años que no tenía sexo, NADA DE SEXO.

    Mi esposo era diabético, nunca se cuidó y, eventualmente, esas borracheras, esas comidas y esos refrescos pasaron factura, tuvo un ataque que lo dejó un buen tiempo en cama y, cuando por fin pudo volver a moverse, lo hacía lento y con dificultad. Así que a mis 35 años, me quedé sin una verga que disfrutar, con un esposo al que cuidar y con una hija a la que intentar educar. Estaba frustrada en todo aspecto… hasta que llegó mi yerno.

    Fue por eso que, al ver a Karolina follándose a Caleb de aquella forma, sin pasión ni habilidad alguna, simplemente conformándose con abrir las piernas y sentarse en su pene, que no pude evitar pensar en qué haría yo de estar ahí.

    Me escabullí fuera de la casa y no regrese hasta dentro de tres horas. Seguían en la cama, pero las cobijas eran otras, estaban vestidos y Karolina leía el Principito mientras le acariciaba el pelo a su novio. Yo me limité a saludarlos, dejando pasar las horas ansiosa, esperando a que Karo se llevara a Caleb a su casa.

    Y cuando por fin llegó el momento, me encontré a mi misma sobre mi cama, desnuda, mi consolador favorito dentro de una olla de agua tibia en la mesita de noche. Lo tomé, lo acaricié con mis labios exteriores, imaginando que ese calor y humedad era de un hombre, que esa rigidez era la sangre en el miembro de un amante, lo inserté poco a poco, justo como Caleb empezó y fui poco a poco subiendo la velocidad hasta que, inevitablemente, la corrida salió disparada.

    Normalmente intento contenerme un poco, pero ese día dejé que todo saliera libremente y me di cuenta de que nunca me había corrido tan duro. Lamí el consolador imaginando que era la verga de Caleb y después me sonrojé y aceleré un poco al pensar que, de hecho, el de Caleb era bastante más grande y sobretodo grueso que ese pedazo de cristal fálico.

    ¿Cómo podría hacer eso? Desear demasiado al novio de mi hija…

    La respuesta, para mi suerte, era más sencilla de lo que pensé.

    Invité a Caleb a casa un sábado, estaría sola. Mi esposo en el trabajo, mis hijos con su abuela en Estados Unidos, Karolina en clases de karate y después a casa de Nidia (una amiga de la misma clase). Le pedí a Caleb que guardara el secreto y que quería hablar en privado con él. Sabía que obedecería, lo hizo, él haría cualquier cosa con tal de tenerme contenta, siempre lo había hecho. No viene a cuento, pero me dieron ganas de contarles una pequeña historia de la que me acordé mientras escribía esto.

    Estábamos celebrando los 64 años de mi madre y mi familia de Colombia viajó hasta Cuernavaca para festejarle a mi señora madre. Mis primos y primas se desvivían bailando bachata al lado de la piscina, mientras que toda mi familia (con excepción de los niños) estábamos sentados tomando cerveza, nada que ver con nuestras contrapartes colombianas… No podía bailar con mi esposo por obvias razones, el resto de hombres o estaban ocupados o me sacaban la misma edad que mi madre… Así que saqué a bailar a mi yerno, aunque tuve que insistir un poco. Ahí mismo le enseñé algunos pasos y, aunque estaba hecho un tronco, le agarró un poco y estoy segura de que si juntamos todo el tiempo que bailamos entre cerveza y cerveza, sí juntamos las dos horas esa noche.

    El baile era lo nuestro, seguimos practicándolo en la casa si teníamos tiempo a solar, eso antes de que todo esto pasara, desde entonces estaba dispuesto a todo con tal de hacerme feliz.

    Pues bueno, le conté a Caleb respecto a lo que había visto y lo preocupada que estaba porque tuvieran sexo sin protección. Caleb me explicó que aquella era la primera vez que lo hacían sin condón y hasta sacó de su cartera un contenedor de plástico, como una carcasa, en la que tenía guardados dos condones en su paquete. Cuando le pregunté, procedió a explicarme sus «problemas» eyaculatorios y cómo le costaba correrse, que por eso lo habían intentado sin condón, para ver si así lograban ambos el orgasmo.

    Fue entonces que, siendo un poco abusiva, lo admito, empecé a empujar.

    – Caleb, verás, en toda relación existen fallas, eso es algo que tú, yo y todo el mundo sabe. Pero hay algunas de esas «fallas» que pueden afectar más que otras. Tú sabes que yo a ti te considero familia, y por eso te voy a decir lo que te voy a decir.

    Caleb se quedó esperando, bien atento a lo que yo tenía que decir.

    – El problema no eres tú, es Karo y tú ya lo sabes.

    Caleb se mostró un poco ansioso y triste, pero simplemente suspiró un poco.

    – No te quería decir porque es tu hija, me daba miedo que lo tomaras a mal.

    – Caleb -le puse una mano en la rodilla-, sabes que los amo a los dos, no tienes que esconderme nada. Yo te digo todo esto porque… porque sé lo que la frustración sexual le puede hacer a una relación, amor.

    – Gracias, Mariana, es bueno poder sacarlo por fin a la chingada – Caleb se acercó un poco más a mí y me abrazó con fuerza. No había malicia en su abrazo, pero sí en el mío.

    – Puedo hacer algo más que escucharte.

    Caleb se me quedó viendo, sabiendo lo que le estaba proponiendo, pero confundido a la vez.

    – Tú conoces a mi esposo, sabes que nunca podremos disfrutarlo de nuevo…

    – No, no sé, digo, gracias, pero no creo que sea bueno.

    – Lo llevo pensando un buen rato, Caleb. Déjame darte esa partecita que Karolina no puede darte, y tú dame eso que Alex no puede darme a mí. De eso a estar buscando en otro lado, mejor que quede esto en familia.

    – Dios, no… no sé si pueda, es que tú eres mi suegra y Karo. No le quiero ser infiel.

    – Un beso. Sólo un beso, si después de eso no quieres, podemos volver los dos a disfrutar de nuestras parejas sexualmente muertas, sólo dame un beso.

    Me mostré un poco molesta, como si su rechazo me estuviera haciendo enojar en lugar de triste. Como ya dije, haría lo que fuera por verme contenta.

    Bien, creo que ahora es momento de describirme. Soy de piel blanca, cabello oscuro que llevo hasta la cintura, uso bra 110d, totalmente naturales, 65 de cintura y 99 de caderas. Si leyeron el relato anterior, se darán cuenta de que mi hija y yo no nos parecemos mucho, ni siquiera en la cara nos parecemos. Ella es hermosa, pero es hermosa como la familia de su padre, esbeltas y delicadas y no voluptuosas y dotadas como las mujeres de mi familia. Mis labios, son bastante más delgados que los suyos, mi frente más amplia y también tengo los ojos más chicos. Lo único que tenemos mi hija y yo en común son nuestros senos, que aunque los suyos sean hermosas tetitas chicas, están tan bien formadas como las de su madre e igual de lelas.

    Caleb era un manjar joven. Sus brazos eran anchos, duros y marcados, sus venas saltadas, sus hombros eran anchos y los músculo levantados, me encantaba poner mis manos en ellos cuando bailábamos a veces, era bonito sentir el cuerpo de un hombre tonificado, su abdomen también era una maravilla, marcado y duro, como de modelo, pero lo que más me gustaba eran sus caderas y sus piernas, que acompañaban a su culo de manera perfecta. Un culo grande, redondo, durito y que era coronado por unas caderas anchas que le quedaban perfectas a sus piernas musculadas. Llevaba el cabello corto y siempre bien rasurado.

    Me acerqué y él cerró los ojos un momento, como asustado, cuando los abrió, recibió mis labios sobre los suyos, mi mano acariciando su pecho, duro y amplio, me separé un momento y le susurré «beso, amor, bésame», Caleb me volteó a ver y lo besé nuevamente. Él me puso una mano en la cintura, bajó hasta mis caderas con esa misma mano y me jaló con fuerza, acercándome más hacia él. Me dejé caer en su pecho, mis piernas al lado de las suyas mientras nuestros labios se tocaban. Fue entonces que él alineó su cuerpo con el mío y, tomándome de las nalgas con ambas manos, me puso encima de él.

    Mis piernas abiertas, mis nalgas encima de su paquete y mis brazos rodeando su cuello mientras nos besábamos. Fue entonces que Caleb me separó un poco, me puso un dedo entre los labios y me cacheteó. No me lo esperaba, era rudo, pero era mi momento de probar algo nuevo, casi 5 años sin sexo, si el sexo podía ser novedoso por sí solo, era mejor con la perversión jovial del novio de mi hija. Me cacheteó y yo sonreí antes de sacar mi lengua y acercarme a él nuevamente, quien me recibió con los labios ligeramente separados, listo para sacar su lengua también. No era mi primer beso de lengua, pero sí el mejor. Sentía partes de mi lengua tensadas, pero no sabía si era mi propia rigidez o la de Caleb, lo que sí supe es que ya lo tenía.

    Me levanté y le ofrecí la mano a Caleb, corrimos juntos escaleras arriba como dos jóvenes enamorados y nos desnudamos a toda prisa.

    – Hoy puedes hacerme lo que quieras, Caleb, no te contengas – Dije antes de darle una nalgada aprovechando que me daba la espalda mientras se quitaba la playera.

    – ¿Segura? – Me preguntó a la vez que se daba la vuelta con su enorme miembro en la mano derecha.

    – Segura – Dije sin quitar la vista de su jodido monstruo. Venoso, oscuro, una uretra por la que podría (y pude) insertar mi dedo meñique, totalmente rasurado y con una marca de nacimiento en medio prepucio. La uretra asomaba del saco de pellejo, tentándome, rogándome que lo desvistiera.

    – Gracias al cielo – Dijo a la vez que me acariciaba el vello púbico.

    – ¿Te gusta?

    – Me encanta que las mujeres sean más naturales.

    – Entonces lléname de tu natural, Caleb.

    No lo hizo al instante, me levantó sin esfuerzo y me dejó delicadamente en la cama, se acercó a mí gateando y empezamos un segundo beso que culminó en una fuerte cachetada de su parte. Me dejó viendo estrellitas un momento y, cuando me di cuenta, lo tenía encima de mi, su boca sobre mi pezón izquierda mientras el derecho estaba tan duro que dolía. Sus manos masajeando mis caderas y costillas mientras él mamaba como Karolina lo había hecho 19 años atrás.

    – ¿Te gustan más que la de tu novia? – Le pregunté mientras acariciaba su pelo.

    – Estas si son tetas, Mariana.

    Su boca era riquísima, pero pronto mis senos dejarían de disfrutar y fue primero el abdomen, después mi alfombrado pubis y después mi labia vaginal.

    – Está grandota – Me dijo mientras besaba mis labios vaginales.

    – Hecha a tu medida, amor.

    Usó un dedo para masturbarme a la vez que, usando sólo la lengua y un poco de diente, le quitó el capuchón a mi pequeño clítoris. Y fue entonces que hundió su lengua en el interior de mi vagina a la vez que un dedito me estimulaba el clítoris.

    Y fue perfecto. Salivaba lo justo para que mis fluidos y los suyos lubricaran, su lengua era lenta y delicada con mis interiores, nada que ver con lo acelerados que suelen estar los hombres al comerse una vagina. Pero aunque su lengua fuera amable y delicada, su dedo no y su despiadado tratamiento sobre mi clítoris me llevó al borde del primer orgasmo del día.

    Lo empujé con fuerza, no quería ser la primera en venirme, no tan pronto. Pero Caleb estaba decidido y, tomándome con fuera de las piernas, logró meter dos dedos en mi vagina y forzó ese orgasmo que estuvo preparando con la lengua y el clítoris usando los dedos de forma violenta y acelerada. Cuando acabó y me corrí, hizo un «cuenco» con la mano y se tomó todo lo que pudo capturar de mi corrida.

    – La tuya sabe más ácida que la de tu hija – Dijo mientras se lamía los dedos y su pene palpitaba.

    – No… bueno, ¿te gusta?

    – Sí, tienes mejor sabor. Además, la tuya no es chiquita y delicada…

    – Te toca – Se dejó caer a mi lado en la cama y expuso su pene con orgullo. Ya de cerca dejaba de ser tan «wow, qué grande» y era más de «puta madre, esto me va a lastimar». Comencé a desear tener la boca grande de mi hija, porque yo no podía meterlo en mi boca sin sentir que mi mandíbula iba a tronar y me iba a ahogar.

    Primero lo tomé, jalé el prepucio hacia abajo y, entonces le escupí, lo masturbé un poco mientras Caleb masajeaba mis nalgas y rosaba de tanto en tanto mi labia y mi ano, cuando líquido pre-seminal empezó a salir, fue que intenté meterlo en mi boca, fallé dos veces y, para la tercera, tomé la mayor cantidad de aire posible y, con mucho dolor en mi boca, logré meterlo, pero pronto tuve que sacarlo.

    – No te fuerces, Mariana, tú hija aguanta muy poco con este dentro, me gusta más que me lo laman.

    – Bueno saberlo.

    Y fue así que, a la vez que masturbaba y lamía, comencé a sentirme más joven. Un hombre tan viril me estaba diciendo cómo tratar su cuerpo, cómo disfrutaba más de la mujer. Y en ese momento, yo era su mujer.

    Tardamos aproximadamente unos diez minutos en que Caleb soltara el primer chorro del día. Recién le había lamido los huevos, tan pesados que menearlos usando mi lengua no era fácil. Subí por todo su tronco, pasé por el frenillo y finalmente llegué hasta la uretra, en donde usé la punta de mi lengua para estimular. En menos de diez minutos descubrí el punto débil de esa verga, cosa que mi hija, con más de un año de relación, todavía no hacía.

    Caleb me eyaculó la cara sin avisar, yo recibí un poco en la boca, pues mi lengua estaba estimulando la uretras, pero fue tal cantidad y tan repentina que me sorprendió, me hice un poco para atrás con un lefazo que subió por mi boca hasta mi frente y entonces el semen cálido y pegajoso de Caleb me decoró el abdomen y el pecho.

    Sentí una vibración en la cama mientras me retiraba el semen de la cara con los ojos cerrados y sentí la lengua de Caleb recolectando su propio esperma de mi ombligo y mi pecho derecho con la boca. Cuando terminé, vi a Caleb mostrándome su esperma en la boca, supe al instante lo que quería. Abrí yo misma mi boca y Caleb escupió su semen en mi boca. Al igual que Karo, me lo tragué entero y me acosté en la cama, esperando que Caleb me usara a como él quisiera.

    – Ya sólo con esto eres mejor que Karolina.

    – No hablemos de ella, no digas su nombre, es raro.

    – Mejor hablar de ti – Me dijo mientras se colocaba encima mío y acercaba su pene a mi orificio, juraría poder sentir el calor de su verga a milímetros de mi labia.

    – Está muy grande tu cosa.

    – La tuya también está grande.

    Sin decir más, Caleb empujó sin piedad alguna su miembro al interior de mi vagina y, con su mano en mi mejilla, me besó a la vez que ahogaba mis gritos de dolor y placer con la lengua.

    Era horriblemente placentero. Me estaba lastimando, pero también causaba un extraño cosquilleo, pero si no me hubiera besado, mis gritos de habrían escuchado hasta el otro lado del país, mis ojos lagrimeaban, pero él lo parecía estar disfrutando, sus ojos cerrados mientras que los míos estaban bien abiertos. Como ya dije, me dolía y quería hacérselo saber, pero no quería decirlo. Hundí mis uñas lo más que pude en su espalda, rasguñé y hasta tuve ganas de morderlo, pero poco a poco nuestro beso se fue suavizando, su cogida no, pero era más pasional el tener nuestros labios juntos que doloroso su miembro en mi vagina.

    – Eres perfecta, Mariana, aprietas lo justo y necesario. Además, no tengo que estarte – Echó sus caderas MUY para atrás – ¡cuidado! – Dijo a la vez que hundía su pene con más fuerza en mi vagina, dejando ir todo, TODO. No grité, no dije nada, solamente sonreí con mis ojos llorosos y mareada, no quería quedar como menos que mi hija. Había visto a Karolina aguantar esta verga como campeona. Yo tenía una vagina más grande, era mayor y mejor en el sexo, claro que podía aguantarlo mejor.

    – Tú también eres perfecto – Dije sin apenas fuerzas.

    – ¿Te molesta si voy rápido?

    – No, amor, tú hazme lo que quieras – Dije sin pensar.

    Y, Dios, cómo pagaría tan caro esas palabras, pero cómo las disfrutaría también.

  • La tía madura se la pone al sobrino dura

    La tía madura se la pone al sobrino dura

    Bernarda era una mujer de 40 años, de un metro 52 de estatura, morena, ni gorda ni flaca, ni fea ni guapa. Parecía una mujer de aldea de los años treinta. Llevaba el cabello recogido en un moño y vestía y vivía de forma austera. Parecía de esas mea pilas que al follar con sus maridos no pasaban del misionero, parecía.

    Kiko era un amigo mío, guapo, moreno, de estatura mediana, ancho de espaldas y estrecho de culo, pero maricón no era, eso seguro, y estaba al trabajo que le caía. Le había cortado a su tía Bernarda las ramas de un cerezo que daban a la finca de al lado, donde vivía su prima Angelita, que era lo contrario de las mujeres de aquel tiempo, tenía 26 años, era alta, rubia, de ojos azules… Era un pibonazo con un cuerpo de escándalo, pero más puta que las gallinas.

    Contaré la historia en primera persona.

    Estábamos Bernarda y yo en un cobertizo sentados sobre dos troncos de roble comiendo dos bocadillos de anchoas. El gato de Bernarda, un gato amarillo con rayas marrones, de raza indefinida, echado sobre unos sacos nos miraba y se relamía. Una jarra de vino tinto de dos litros y dos tazas de barro estaban en el suelo. Las paredes del cobertizo eran de ladrillo y estaban sin revestir. Por una ventana en la pared de la izquierda entraba la claridad durante el día, y para la noche colgaba una bombilla del techo. La puerta era de madera de pino y estaba algo apolillada. Había cantidad de telas de araña debajo del techo cubierto de uralitas y una docena de grillos que vivían entre la leña habían puesto música «gri gri» desde que dejáramos de tirar de la sierra de mano con la que hicimos leña de las ramas y de unos cuantos troncos.

    Yo estaba a pecho descubierto mostrando orgulloso mis pelos negros y mis pectorales, bíceps… Mi tía Bernarda, enfrente de mí, tenía puesta una camiseta blanca y una falda marrón que le daba por debajo de las rodillas, pero que al haberse sentado se le subiera y enseñaba más de lo que debería. Parecía la Chiquita Piconera, que en su día pintara Julio Romero de Torres, solo que su camiseta blanca con el sudor se le pegara al cuerpo y se marcaban en ella dos grandes pezones, lo que me dijo que no llevaba sujetador y que tenía ganas de polla, aunque ya me lo imaginara al entrar en el cobertizo y ponerle la tranca a la puerta para que nadie los molestara. Mi tía, echando dos tazas de vino, me dijo:

    -¿Puedo preguntarte algo personal?

    -Pregunta.

    -Se rumorea que lo hiciste con tu prima Angelita. ¿Es verdad?

    -¿Por qué te interesa saberlo?

    -La que estaba preguntando era yo.

    Cogí mi taza y después de vaciarla de una sentada, le dije:

    -La gente que no tiene que hacer le da a la sin hueso. Angelita está casada.

    Bernarda se echó un trago de vino. Le cayeron unas gotas en la teta derecha al lado del pezón. Le pasó el dedo medio por encima, por el pezón y después lo chupó mientras me miraba. Era un claro acto de provocación. Luego empezó a sacarle punta a la cosa.

    -Y su marido está embarcado.

    Le miré para las piernas. Bernarda las abrió un poquito más y vi su coño, más bien sus pelos. Mi tía venía sin bragas y a por todas. Le dije:

    -Y el tuyo en Alemania.

    La pilló por el aire.

    -Por eso sé que tiene ganas. ¿Se las quitaste?

    -No soy cómo Jacinto. ¿Tienes un antojo en la nalga derecha, tía?

    Mi tía se puso seria. Su voz se embruteció. Fue como si le picara una avispa en todo el coño, me dijo:

    -¡Hijo de puta!

    No sabía si me lo llamara a mí o a Jacinto, le pregunté:

    -¡¿Quien?!

    -Jacinto. ¿Quién más lo sabe?

    -Angelita, y también sabe una historia muy caliente de lo que hiciste en tu despedida de soltera. ¿Qué historia es esa?

    -¡A ese puto cabrón lo capo!

    -¿Tan compremetedora es la historia?

    -¿No te la contó?

    -No.

    -Pues yo tampoco te la voy a contar.

    Yo ya sabía la historia pero dejé que se fuera cociendo en su propio jugo. Le dije:

    -Sí me la cuentas te digo que pasó con mi prima.

    -¿Follaste con ella?

    -Puede que sí, puede que no.

    -Es que tarde o temprano me va a llamar puta. Quiero tener algo con que defenderme.

    -Cuenta esa historia y te aseguro que no te va a poder llamar puta.

    -La follaste.

    -Cuenta.

    -Vale, te cuento, pero cómo te calientes y me quieras follar vas a tener un problema.

    -Cuando lleguemos a esa fuente ya veremos si está seca o si echa agua.

    -¡Ahí me has dado! Te cuento. Fue hace muchos años. Ya cayera la noche, pero la luna llena permitía ver con relativa claridad. Estábamos en el monte. Felisa, la de Tino, Adela, la del carpintero y yo. Celebrábamos mi despedida de soltera. Contábamos chistes verdes. Nos reíamos y nos hacíamos cosquillas al acabar de contar los chistes. Ya teníamos las tres botellas de vino blanco por la mitad. Estábamos contentillas, y algo cachondas, ya que al hacernos las cosquillas, las manos también se nos iban al coño y a las tetas. Vimos venir a Ramón, un cuarentón del montón que estaba borracho día y noche. Traía un garrote en la mano para cazar conejos. Al ver cómo le hacía cosquillas a Adela en una teta, dijo:

    -«Lo que necesita esa no son cosquillas.»

    -Nos miramos las unas a las otras. Nos levantamos, y al grito de: ¡»A salársela!», corrimos hacia él. Nuestras tetas iban de abajo a arriba y de arriba a abajo: ¡Pim, plas, pim, plas…! Corríamos con los brazos estirados cómo si fuéramos serpientes que se iban a enrollar en su cuerpo. Le debimos parecer tres salidas, pero no reculó. Al chocar las tetas de Felisa contra Ramón, que de aquella era flacucho, dio con los huesos en la hierba. Felisa le puso las dos manos en el pecho, Adela le bajó los pantalones y los calzoncillos y yo le salé la polla con hierbas y tierra, o sea, que se la froté con la mezcla. Pasó lo que no esperaba que fuese a pasar.

    La polla aumentó en tamaño unas veinte veces y se puso gorda y muy larga. Era una cosa seria. Daba miedo verla. Nos separamos las tres de él como si tuviera la lepra. Ramón se sentó y con cara de picarón, nos dijo:

    -«¿Nunca habíais visto una picha tiesa?»

    -Le respondió Adela.

    -«¿A usted que le parece?»

    -«Ahora me tratas de usted, golfa. Pensasteis que venía borracho y os querías reír de mí. ¿A qué sí?»

    -Ya lo tuteó.

    -«Es que siempre andas borracho. No se lo digas a nadie. Fue cosa del vino.»

    -El cabronazo se quiso aprovechar.

    -«Si os hacéis un dedo y me dais vino me callo la boca, pero lo tenéis que hacer las tres y dejarme mirar mientras bebo.»

    -No sabía que era hacer un dedo y le pregunte: ¿Un dedo de qué?

    -«Una pera. Ya sabes…»

    -Nunca me había tocado. Me casaba, pero iba virgen al matrimonio. Lo más que me hiciera mi novio fuera cogerme una mano y darme besos en la mejilla. Le dije que no, que no sabía. Sonrió con picardía, y poniéndose en pie y guardando la polla, dijo:

    -«Sabes, sabes.»

    -Felisa, que debía estar cachonda, le dijo:

    -«No, no sabe, apréndele para que después nos aprenda ella a nosotras.»

    -Parecía que no nos creía. Me dijo:

    – «A ver, Bernarda. ¿De verdad que nunca te metiste un dedo en el coño?»

    -Extrañada por la pregunta, le pregunté yo a él que para qué iba a meterlo. Me respondió:

    -«Para… ¿Quieres correrte?»

    -Sus palabras hicieron que los finos pelos de mis brazos y de mis piernas se erizaran. Le pregunté si me correría cómo un hombre. Me dijo:

    -«Parecido. ¿Quieres?»

    -Le dije que quería. Se acercó a mí y me dijo él:

    -«Tienes que dejar que te coma la boca.»

    -Ese día Ramón estaba afeitado. Olía a Varón Dandy. Lo vi guapo bajo la luz de la luna. Le dije que me la comiera. Me dio un beso con lengua. Se me juntaron las rodillas, se me torcieron los pies y temblé al sentir cómo me picaba el coño. Poco después, dijo:

    -También tienes que dejar que juegue con tus tetas.»

    -Si en vez de pedirme que le dejara jugar con mis tetas me pide que se la chupara, se la chupo. Iba a hacer lo que fuera por correrme. Le dije que jugara. Me desabotonó la blusa, me subió las copas del sostén y comió mis tetas grandes y duras. Su lengua lamiendo mis areolas y mis pezones, su boca mamando las tetas y sus manos amasándolas hicieron que de mi coño comenzase a brotar un manantial que encharcó mis bragas. Cuando paró quise decirle que siguiera, pero me dio vergüenza. Al rato me dijo:

    -«Ahora tienes que dejar que te coma el coño.»

    -Me pilló a las patatas. Le pregunte si era necesario, y me respondió:

    -«No, no lo es, aunque me gustaría comerlo, debe estar riquísimo.»

    La interrumpí por primera y última vez.

    -Yo te lo hubiese comido.

    Mi tía volvió a abrir las piernas y le volví a ver el coño. Yo ya estaba empalmado. Ella veía el bulto y supuse que deseaba que le comiera el coño, y lo supuse porque sus pezones se marcaban mucho más en su camiseta. Dejé que se cociese más en su jugo. Al ver que no atacaba siguió contando la historia.

    -Pero él no lo hizo. Estuve a punto de decirle que no se cortara, que me bajara las bragas y me lo comiera, pero la timidez… Ramón me metió la mano bajo la falda y dentro de las bragas. Pasó dos dedos por mi coño y con ellos mojados los pasó por mi pepitilla. Mientras la frotaba me comió la boca y me magreó las tetas. Poco después comencé a sentir un gusto que fue en aumento, en aumento hasta que me dejó ciega. Las piernas me temblaban. Quise gritar, pero no me salió la voz. Solo pude jadear cómo una perra cuando está cogiendo. Fue mi primera corrida, y el resto ya lo sabes, estoy casada con Ramón.

    -¿Le aprendiste a hacer la pera a Felisa y a Adela?

    -Aprendí, pero eso ya es otra historia. Cuenta cómo fue lo tuyo con Angelita, y dame detalles.

    -¿Y Ramón se fue sin que le hicierais una mamada?

    -Ahora no toca hablar de eso.

    Sabía que se la hicieran, pero ya no la hice esperar más. Me arrodillé delante de ella y le cogí un pie, me preguntó:

    -¿Qué vas a hacer?

    -Mirar si la fuente está seca o si echa agua.

    -Echa agua, y vas a tener un problema. Soy insaciable.

    Me puse en plan machito.

    -¿Quieres que te haga lo que le hice a Angelita, insaciable?

    Me echó una mirada que más que mirar, mordía. Se quitó las horquillas y su larga cabellera negra cayó en cascada, después, dijo:

    -¿Tú qué crees?

    Le quité una de sus zapatillas negras con piso de goma del mismo color, le levanté la pierna y la fui besando y lamiendo hasta más arriba de las rodillas al tiempo que acariciaba la planta de sus pies y los dedos. Luego le quité la otra zapatilla y le hice lo mismo que en la otra pierna… Después hice que se levantara. Me senté en el tronco en que estaba sentada, y le dije:

    -Échate en mi regazo.

    Se echó. Le levanté la falda y quedó con el culo al aire. Le di una palmada en una nalga, «¡Plasss!» Bernarda, me preguntó:

    -¿A la guapita de cara le gusta que le den en el culo?

    -Le encanta.

    Mi tía tenía un culo blanco y grande con un antojo en forma de mariposa en la nalga derecha. Le di dos azotes, uno en cada nalga: «¡Plas, plas!» Después le pasé dos dedos por el coño. Abrió las piernas. Le metí los dedos dentro. Tenía el coño estrecho y empapado, se veía que llevaba tiempo sin follar.

    -¡Qué puta es!

    Hablaba de Angelita cómo si no fuera ella la que estaba haciendo cochinadas. Le volví a mirar para el culo. Aquel culo era mucho culo para mi mano, Cogí una de sus zapatillas y le di dos veces en cada nalga: «¡Zas, zas, zas!»

    -¡Es una enferma!

    Le besé las nalgas y le acaricié el ojete con un dedo.

    -¡Qué cochina!

    Le metí la mitad del dedo corazón dentro del culo y le pregunté:

    -¿Quieres que pare?

    -No, no, haz lo que hiciste con ella.

    Le follé el culo con el dedo. Cuando lo quité se lo puse debajo de la nariz. Me dijo:

    -Quita, cochino.

    -Pues a Angelita me mando metérselo en el culo y después me cogió la mano y lo lamió y lo chupó.

    Le volví a poner el dedo debajo de la nariz. Lo olió, y dijo:

    -¡No tiene vergüenza! Esas cosas no se le piden a un hombre aunque gusten.

    -Pues a mi me gusta que una mujer sea guarra.

    -¿No me mientes?

    -No.

    Bernarda volvió a oler el dedo y lo chupó. Después de chuparlo se lo metí en el coño… Lleno de jugos se lo puse en los labios y lo volvió a chupar, para acto seguido decir:

    -¿Te gusta el sexo guarro?

    -Más que a un niño un caramelo.

    Volví a la zapatilla… Le fui dando en una nalga: «¡Plas!» Pasaba la zapatilla de canto con la goma por la raja y el ojete y después le daba en la otra: «¡Plas!» Mi tía se quejaba y gemía, una mezcla que me puso la polla cómo una roca. Me preguntó:

    -¿Disfrutaba mucho cuando le pegabas?

    -Muchísimo.

    -¿Cómo tiene el culo?

    Le volví a dar: «Plas, plas.»

    -Lo tiene duro.

    -¿Y el coño?

    -Peludo y se moja enseguida.

    Le di de nuevo. «Plas, plas.»

    -¿Y a ti te gustaba darle?

    -Sí, cómo me está gustando darte a ti. Estoy empalmado a más no poder.

    -¿Me dejas que te dé yo a ti?

    -Ella no me dio.

    -Es muy guapa pero muy tonta. ¿Me dejas?

    -Luego.

    La saqué del regazo. Al estar de pie le quité la falda. De su coño, un coño con una gran mata de pelo negro, caían gotas de jugo. La cogí por la cintura y se lo lamí. Su coño olía a polvos de talco y sabía a pan de maíz recién horneado. Mi lengua salió cubierta de jugos mucosos y espesos. Los tragué y seguí lamiendo. Mi tía se puso cómo loca.

    -¡No, no! ¡¡No sigas que me corro!!

    Paré, pero ya era tarde. Se comenzó a correr. Sus manos apretaban mi boca contra su coño. Su pelvis subía y bajaba. Gemía y se estremecía. Mi tía soltó una riada de jugos espesos y templados.

    Cuando acabó de correrse, me dijo:

    -¡Que puta es Angelita, coño, que puta es! Bueno, que putas somos, coño.

    Le quité la camiseta y vi sus tetas, unas tetas algo decaídas, pero gordas, con enormes areolas color carne, pezones cómo canicas y tiesos cómo mi polla. La besé con la boca oliendo y sabiendo a coño. Mi tía, me preguntó:

    -¿Su coño sabe cómo el mío?

    -No, el tuyo sabe cómo a pan de maíz recién salido del horno, el suyo sabe cómo a ostra.

    Iba a comerle las tetas cuando me echó la mano a la entrepierna. Me bajó la cremallera, y cogiendo mi polla con su mano derecha, y masturbándola, me dijo:

    -Después me cuentas que más le hiciste.

    Me besó. Sus labios sin pintura eran suaves cómo los de una jovencita. Su lengua hizo maravillas en mi boca… Lamía mi lengua, me la chupaba, me daba la suya a chupar… Me beso y lamió y chupó el cuello por ambos lados. Besó, lamió y chupó mis mamilas. Se puso en cuclillas. Me bajó los pantalones y el calzoncillo. Volvió a coger mi polla y la metió en la boca, la mamó, la volvió a sacar, y me dijo:

    -¡Qué bueno estás, cabronazo!

    Con el pantalón y el calzoncillo encima de mis zapatillas deportivas, me hizo una mamada cojonuda. No faltó de nada… Lamió y chupó las pelotas, mamó el glande, la metió en la boca, hasta donde pudo. Lamió desde los huevos al frenillo, me masturbó…, y yo, yo le correspondí con una corrida inmensa, corrida que le debió encantar, ya que al tragar gimió de placer. Ni una gota dejó que se perdiera. Al acabar de ordeñar, se levantó, me volvió a besar con lengua, y me dijo:

    -¡Estaba sabrosa!

    Los grillos seguían cantando y Serafín, el gato, relamiéndose cuando Bernarda se alejó de mi para apartarlo y echar en el suelo media docena de sacos que cogió de un montón que había en una esquina. Mientras se agachaba para hacer con ellos una especie de alfombra me enseñaba el ojete, un ojete con estrías, lo que me dijo que ya se lo habían follado y el coño, un coño que yo llamaba de hippie (por los pelos), pero que hoy en día llamarían de bata de cola. Ganas me dieron de comérselos, mas dejé que hiciera el lecho donde íbamos a follar. Al acabar de hacerlo, se sentó y dijo:

    -Ven y dime que más le gusta a Angelita.

    – Le gustan los cantantes. ¿Qué te gusta a ti?

    -No me refería a eso, pero ya que lo dices… ¡Qué sosa! Cantantes, bah, maricones. A mi me gustan los toreros, son machos de verdad.

    -¿Quieres qué sea tu torero?

    Me miró con extrañeza.

    -¡¿Tú?!

    -Si, yo.

    Puse los calzoncillos de montera y fui caminando hacia ella. Bernarda, Rompió a reír… Y es que la cosa no era para menos. Con los calzoncillos en la cabeza, la polla de punta, el pecho echado hacia fuera, el culo echado hacia atrás, las manos puestas cómo si llevara en ellas dos banderillas, las piernas tiesas al caminar en las puntas de los pies, y diciendo: «¡Ejeee, ejeee, bicho, ejeee, ejeee!»… Joder, es que hasta el gato encorvó la columna y erizó los pelos y las arañas y los grillos si no salieron a mirar la faena debió ser porque tenían miedo. Seguí con el show.

    -El matador se acerca a su víctima y le pone el estoque en los labios.

    Abrió la boca. Le metí la polla hasta la campanilla, y exclamé:

    -¡Oleeee!

    Mi tía, casi vomita. Sacó la polla de la boca. Los ojos le lloraban. Se cabreó.

    -¡Cabróóón! Cuando me toque darte en el culo con mi zapatilla…

    Seguí hablando.

    -La bicha saca su furia. El matador le da una palmada en la frente para que la res se eche hacia atrás, pero la res lo burla y sufre una cogida (ya la tenía encima de mí). Los pitones se clavan en su carne… Siente uno de sus pitones rozar sus labios. Se lo muerde.

    -¡La madre que te pario!

    -Se enfurece y lo vuelve a embestir (le di la vuelta y la puse debajo de mí). El matador le mete las banderillas.

    -¡Me vas a romper los pezones, maricón!

    -Era manso, el animal era manso.

    La estaba exasperando. Me dijo:

    -¡Calla de una puta vez y entra a matar!

    Me gustaba verla enfadada. Seguí hablando.

    -La res mira al tendido (mi tía se había puesto a cuatro patas). El matador ve que es el momento de hacer la faena de su vida (le lamí el culo y el coño hasta que sentí que se iba a correr). Dispuesto a cortar las dos orejas y el rabo le mete una estocada en todo lo alto. Mi tía, exclamó:

    -¡¡Ayyyy!! ¡Me rompiste el culo, desgraciado!

    Ni caso. Seguí con la faena.

    -El animal flaquea de los cuartos traseros.

    Cogió un cabreo impresionante.

    -¡¡Deja ya de joderme, cabronazo!!

    Abandoné el papel de torero. Comencé el mete y saca en el culo, despacito, muy despacito y amasando sus tetas. Después metí dos dedos dentro de su coño, se los follé con ellos y le follé el culo con la polla. Mis huevos chocaban con su coño cada vez que se la clavaba hasta el fondo. Nalgueándola, le dije:

    -Así, por el culo, follé a Angelita… Hasta que me pidió que se la metiera en el coño.

    Aquello ya le gustaba.

    -¡¿No tenía miedo de que le hicieras un bombo?!

    -No, de hecho me corrí dentro de su coño.

    -¡Puede que la dejaras preñada! ¿Se corrió?

    -Cómo una perra, pero no cuando la folle. Hice que se corriera comiéndole el coño.

    -¡¿Con tu leche dentro de su almeja?!

    -Saliendo mi leche del coño.

    -¡¡Que cerdo!!

    -Me ofreció mil pesetas por hacer eso.

    -¡Qué degenerada!

    -La degenerada se volvió a correr, esta vez en mi boca.

    Mi tía estaba embobada.

    -¡¿De verdad?!

    -Tan cierto como que estamos follando.

    -¡¿Y tú te tragaste tu leche, y las babas de sus dos corridas?!

    -Tragué.

    -¡Eres un puerco!

    -Yo soy así, me gusta darle placer a las mujeres.

    -Por eso no dejas de ser un puerco… Y ella es una aprovechada de cojones.

    Saqué la polla del culo y se la froté en el coño. Mi tía echaba el culo para atrás pero yo no dejaba que mi polla entrase en su coño. Le dije:

    -¿Sabes que me dijo cuándo se iba a correr?

    -¿Qué te dijo la enferma?

    -Quiero correrme en tu boca, Bernarda.

    -Mientes.

    -No miento, estaba follando conmigo y pensaba en ti. ¿Te gustaría que se corriese en tu boca?

    -¡Noooo! Es mi sobrina.

    -Y yo tu sobrino. No mientas.

    -Bueno, puede que sí.

    -A estas alturas del partido podías ser sincera.

    Ya se dejó de caralladas.

    -Sí, me encantaría comerle la almeja y que se corriera en mi boca y que ella me la comiera y correrme yo en la suya. Nunca lo hice con otra mujer.

    Le metí la mitad de la polla. Empujó con el culo y la metió hasta el fondo. Lo estaba deseando, dijo:

    -¡Qué gusto! Fóllame duro.

    Ni me moví. Me folló ella echando el culo hacia atrás. Le pregunté:

    -¿Tenías unas bragas con tu nombre bordado con hilo rosa?

    Ahora movía el culo alrededor.

    -Sí, me desaparecieron en el río.

    La saqué del coño, se la volví a meter en el culo, le cogí las teas y se las apreté.

    -¿Tenían el lamparón de una corrida?

    Su voz sonó alegre. Giró la cabeza y vi que estaba sonriendo. Me preguntó:

    -¡¿Tiene Angelita esas bragas?!

    -Sí, me dijo se hace pajas oliéndolas.

    Volví a meter y sacar los dedos en su coño y ya chapoteaban.

    -¡Ay que malita me estoy poniendo!

    -Me dijo que te sedujera para poder follarte ella. Piensa chantajearte.

    -Cuéntame más.

    -Se muere por comerte viva. Sabiendo lo que ya sabes si no la follas hoy mismo es porque no quieres.

    -¡Ay que cachondas estoy! ¡¡Métela en el coño!!

    La quité del culo y se la clavé en el coño de un chupinazo. Le di caña. Al ratito, mi tía, dijo:

    -¡¡Me corrooo!!

    Cogí sus duros pezones entre mis dedos y los apreté. Sus tetas se movían entre mis manos como si estuvieran vivas. Su coño apretó y soltó mi polla varias veces y la bañó de jugos. Al llenar su coño de leche sus gemidos se volvieron encantadores, sensuales. Fue un polvo genial.

    Al acabar de correrse, se echó boca arriba, mojó dos dedos en la leche de mi corrida, leche que comenzaba a salir de su coño, los chupó, y me dijo:

    -Mil pesetas si me comes el coño hasta que me vuelva a correr.

    ¿Qué pensáis que hice?

    Quique.