Categoría: Sin categoría

  • Primera lección en la Universidad

    Primera lección en la Universidad

    El verano antes de la Universidad suele ser el mejor. Aquel donde más tiempo tienes, tu primer verano como adulto, pero en mi caso… en mayo rompí con el novio de toda mi vida. Pasé todo el verano divirtiéndome, pero sola. A mis 1.80, melena morena, ojos marrones y buena figura no le faltaron pretendientes, pero digamos que no llegué a congeniar con ninguno más allá de un par de besos.

    El verano se acabó y llegó la Universidad. La primera semana, salimos de fiesta, de botellón a un parque, y era tradición que los nuevos tuviéramos que estar todo el rato con un veterano a modo de prueba. El chico era majo, alto, el pelo rizado y jugador del equipo de rugby de su universidad. Siempre muy atento, me hacía acompañarle en todo momento. Me fue presentando a sus amigos, a sus compañeros de equipo y salvo cuando iba al baño que tenía que esperarle en la puerta, estuve todo el rato a su lado.

    La noche avanzada, cada vez íbamos un poco más borrachos y se lanzó para besarme. Mientras lo hacía, cogía el culo con las dos manos para acercarme aún más. Se separó, me tocó la barbilla con la mano y me propuso a un sitio para más tranquilos.

    Elegimos un rincón de aquel parque donde parecía que no pasaba nada y nos empezamos a besar. Nos tocábamos y él pasaba su mano por mi entrepierna buscando algo más bajo mi falda. Noto como se lleva la mano a su paquete, se desabrocha el cinturón y el botón del pantalón. Coge mi mano y se la lleva bajo su pantalón. Noto el calor de la zona y aunque no está erecta del todo puede sentir lo grande que es. Seguimos con los besos mientras empiezo a subir y bajar con mi mano. El me muerde el cuello, me besa suavemente y me dice al oído:

    -Eres maravillosa. Sabía que lo eras en el primer momento que te vi. Me estás haciendo un buen masaje pero, ¿te gustaría seguir con tu boquita de delicia?

    Se separa, baja del todo los pantalones y el bóxer, abre sus piernas y deja salir su miembro. En medio de la oscuridad, puede ver como ya ha crecido e imponen sus casi 20 centímetros. Con una sonrisa, me pasa el brazo por detrás del cuello y me acerca la boca.

    -No tengas miedo. Con esa mano que tienes, seguro que no es tu primera vez. Deja salir tu fierecilla.

    Le miento y le digo que no es mi primera vez, aunque realmente si lo sea. Es cierto que tuve un novio durante dos o tres años pero también es cierto que no hacíamos muchas cosas juntas y nunca llegamos a tener sexo oral. Sexo sí, pero no oral. Fui bajando hasta estar justo enfrente y como si fuera un helado le di un lametón. Le hizo estremecerse y yo probé el sabor que hizo que me echar un poco para atrás. Volví y empecé a chupar desde abajo. Desde los huevos fue subiendo poco a poco por el tronco, pasando mi lengua mientras mi mano seguía masturbando. El chico dejó caer la cabeza cuando llegué con mi lengua a la parte de arriba y poco a poco fue limpiándola.

    Abrí la boca. La fui introduciendo poco a poco mientras seguía con mi mano arriba y abajo. Ahora si que ponía notar lo grande y dura que estaba. Noté como el chico puso las manos tras mi cuello y cada vez apretaba un poco más que fuera entrando un poco más. Algunas veces volví a lamer todo el tronco hasta los nuevos para volver a sentir la presión de sus manos en mi cuello y mis rodillas se hundían en la tierra.

    Noto un líquido en mi boca y como acto reflejo me lo trago. No me doy cuenta de lo que es hasta que es demasiado tarde. Su miembro empieza a perder dureza y noto una arcada que recorre todo mi cuerpo al darme cuenta que me he trago el semen. Intento escupir pero ya no había solución. Hasta para esas cosas era una pardilla en esos tiempos.

    El chico se vuelve a subir el pantalón y el bóxer, me da un beso en la mejilla y me dice que me vuelve a ver en la fiesta. Veo como se marcha mientras me quedo de rodillas en el suelo intentando recuperar el aire.

  • Cuatro zorras para cuatro hermanos

    Cuatro zorras para cuatro hermanos

    Jaqueline, una veinteañera morena, con media melena de cabello negro, ojos oscuros y con todo muy bien puesto, o sea un bomboncito, había empezado a trabajar la semana anterior en el club Arco Iris sirviendo copas.  La acompañaban tres bomboncitos más, Lorena, Begoña y Andrea. Lorena tenía la piel del color del ébano y el cabello corto y rizado, Begoña tenía el cabello rubio y los ojos azules y Andrea tenía el cabello marrón y los ojos color avellana.

    Las cuatro tenían cuerpos de modelos y las cuatro vestían escandalosamente sexy, con escotes de infarto y minifaldas muy cortitas. Las clientes del club, las lesbianas, los trans, los bisexuales, los hetero y los raritos se volvían locos por ellas. Begoña, Lorena y Andrea, al acabar de trabajar en el club vendían sus cuerpos, Jaqueline aún no se había estrenado. Aquella noche se iba a estrenar.

    Los cuatro bombones vestían trajes de noche negros y zapatos de tacón alto de aguja del mismo color y llevaban gargantillas, pulseras y relojes de oro. Estaban en el comedor de la suite de un lujoso hotel tomando unos canapés y bebiendo champán. Al ver Lorena el nerviosismo de Jaqueline, le dijo:

    -Si no te tranquilizas te vas a correr y vas a dar la Nota.

    -¿Por qué?

    -Porque las putas no nos corremos con los clientes. Hacemos que se corran… Eso es de primero de puta. ¿Te quedó claro?

    -Sí, muy claro.

    La suite tenía un comedor, dos camas grandes con una mesita y una lámpara en medio de ellas, enfrente un escritorio, unos aseos, alfombra en el piso, un espejo en el techo… Y una sala con una mesa camilla y un sillón de cuatro plazas.

    Si Jaqueline estaba nerviosa aún se puso más al ver a los clientes, eran cuatro hermanos cincuentones, Simón, Carlos, Santiago y Juan. Los tres eran altos, morenos, tenían el pelo cano, venían trajeados y eran bien parecidos. Al entrar en la suite se sentaron en el sofá de cuatro plazas. Las muchachas fueron junto a ellos. Simón, con un maletín en el regazo fue al grano y les dijo a las muchachas:

    -Daros el lote.

    Lorena, la diosa de ébano, a espaldas de Jaqueline, la cogió por la cintura, Begoña la besó en el cuello y Andrea la besó en la boca. Lorena le bajó la cremallera del vestido y este cayó sobre la alfombra. Jaqueline quedó cubierta con una lencería fina de color negro y con sus joyas. El sujetador fue lo siguiente que cayó sobre la alfombra. Unas grandes tetas con areolas marrones y gordos pezones quedaron al descubierto. Begoña, a su izquierda, y Andrea, a su derecha, le cogieron las tetas con una mano, y magreándolas se las mamaron. Lorena le bajó las bragas y su coño quedó al aire.

    Los cuatro hermanos tenían bultos en los pantalones que antes no estaban. Jaqueline vio los cuatro bultos y se puso mala. Su coño comenzó a latir. Lorena se puso en cuclillas, le abrió las nalgas con las manos y le lamió el ojete. Begoña se agachó le abrió el coño mojado con dos dedos y se lo lamió. Después le metió la lengua dentro. Sintió cómo se le abría y se le cerraba. Jaqueline vio que los bultos de los cuatro hermanos tenía vida propia y comenzó a gemir. A ninguna de las tres que miraban para ellos en ese momento le pasó desapercibido lo de la vida propia de los bultos. Dejaron de comerle las teas, el culo y el coño a Jaqueline y se besaron entre ellas, luego, mirando para los bultos, se quitaron los vestidos y quedaron en lencería fina con encajes del mismo color que la de Jaqueline. Tenían las tetas medianas, tirando a grandes, las cinturas finas y los culos redondos. Los hermanos sacaron las vergas, gordas y largas y con ellas fuera, les dijo Juan:

    -Venid y mamar.

    Fueron y se pusieron en cuclillas delante de ellos., Begoña le cogió la verga a Santiago, Andrea a Juan, Lorena a Carlos y Jaqueline a Simón, el que la tenía más gorda y más larga. Los masturbaron y se las mamaron. Cada una tenía estilo propio. Lorena mamaba el glande y masturbaba lentamente, Begoña era más de lamer y chupar los huevos, lamer de abajo arriba y luego mamarla metiéndola casi toda en la boca, Jaqueline masturbaba y lamía el glande antes de mamar con ganas… Lo dicho, cada una tenía su propio estilo haciendo una felación. Al rato, le dijo Simón a Jaqueline:

    -Siéntate encima de mi polla.

    Jaqueline se sentó sobre la verga y la clavó hasta el fondo. Aquella verga la llenaba cómo no la habían llenado antes. Jaqueline con aquella cosa dentro de su coño ya no estaba perra, estaba loba, una loba que comería a bocados a Simón, pero no se atrevió ni a besarlo. Simón tenía unos ojos claros que enamoraban y Jaqueline una belleza y un cuerpo que lo cautivaba. Jaqueline no dejaba de mirarle para los ojos mientras la polla entraba y salía empapada de su coño. Simón no dejaba de comerle las tetas, unas tetas grandes con areolas oscuras y pezones gorditos. Al rato, Jaqueline, le dijo:

    -Me empiezo a sentir mal.

    -¡Ni se te ocurra correrte!

    Jaqueline, entre gemidos, le dijo:

    -Si yo no quiero, pero…

    Simón era tan atractivo cómo cabrón. Quitó la polla del coño, la puso en la entrada del ojete, y le dijo:

    -Mete.

    Jaqueline no le llamó hijo de puta porque se quedaba sin cobrar por sus servicios. Fue bajando el culo lentamente y lentamente la verga le fue abriendo el culo.

    Lorena, Begoña y Andrea seguían mamando y masturbando.

    Simón debía ser algo marica, ya que mirando cómo las muchachas mamaban las pollas de sus hermanos besó a Jaqueline con lujuria. Parecía que le quería comer la lengua y llenarle el culo de leche. A Jaqueline empezó a gustarle más, y más… Nunca se corriera con sexo anal, pero si Simón seguía follando su culo se iba a correr cómo una cerda. Se lo dijo:

    -Si sigues no podré contenerme.

    Simón le quitó la verga del culo. Miró para su hermano Juan. No hizo falta que dijera nada, Juan, que también tenía una polla importante, se levantó, la cogió en alto en peso y se la clavó en el coño de un estocada. Jaqueline, rodeando el cuello de Juan con sus brazos, y pegada a él cómo una lapa, exclamó:

    -¡Dios, qué bueno!

    Carlos, que era un poco más bajo, se la clavó en el culo. Jaqueline estaba en la gloria. Poco después, corriéndose, exclamaba:

    -¡¡Me encanta ser una putaaa!!

    Jaqueline se corrió cómo una burra.

    Al acabar, Simón, le dijo a Lorena:

    -Siéntate en mi polla, morenita.

    Lorena ya tenía mucha escuela, le preguntó:

    -¿Con qué, jefe, con el culo o con el coño?

    -Con el coño.

    -Yo no me voy a correr.

    -Ya lo veremos.

    Lorena, se sentó sobre la verga.

    Cuando la tenía toda dentro, Simón, se levantó, Santiago se la metió en el culo y entre los dos le dieron candela en el culo y en el coño. Lorena tenía tablas pero después de unos quince minutos aquello era demasiado. Iba a romper todas las reglas, se iba a correr cómo una perra. Quiso disimular, pero fue imposible. Mirando para Jaqueline, dijo:

    -Me voy. No puedo evitarlo. ¡Me corro!

    Su cuerpo se sacudió, sus piernas temblaron una cosa mala, y los gemidos de placer que aguantara los dejó salir con fuerza de su garganta. Se corrió como pocas veces se había corrido.

    A Begoña y a Andrea ya les andaba el culo para dentro y para fuera, pero Simón tenía otros planes para ellas. Después de dejar a Lorena sobre la alfombra, les dijo a Begoña y a Andrea:

    -¿Queréis probar un prototipo de consolador?

    Le respondió Begoña.

    -¿Qué quiere decir con un prototipo?

    -Que es el primer ejemplar de una nueva gama de consoladores. Bueno, en este caso son dos. Somos inventores de artilugios sexuales y queremos probar nuestro nuevo prototipo de consolador.

    -A ver cómo es -dijo Jaqueline.

    Simón abrió su maletín y sacó dos consoladores, ni gordos, ni delgados, ni largos, ni cortos… Dos consoladores normales y corrientes y además de goma.

    -No parecen gran cosa -le dijo Lorena al verlos.

    Quitó del maletín dos cuerdas, dos vibradores y lubricante, se los dio a Jaqueline y a Lorena, y les dijo:

    -Ir para las camas, atarlas y masturbarlas con los consoladores.

    Poco después Jaqueline besaba, le comía las tetas y follaba con el consolador a Begoña y Lorena hacía lo mismo con Andrea. Lorena y Begoña veían en el espejo del techo a sus amigas comiéndolas vivas y masturbándolas y se iban mojando más, y más y más… Los cuatro hermanos estaban de pie pelando las pollas y mirando. Pasado un tiempo, le dijo Simón.

    -Meter el consolador hasta la mitad, apretar la parte de atrás y no los quitéis hasta que os lo diga.

    Hicieron lo que les había dicho. El consolador se convirtió en un potente vibrador que giraba dentro del coño a mil por hora, después golpeaba 20 veces la pared superior de la vagina donde estaba el punto G. Volvía a girar, volvía a golpear…

    Andrea y Begoña, con las manos atadas a la espalda y con los ojos casi fuera de las órbitas, se corrieron retorciéndose y gimiendo cómo condenadas… Al correrse, de los coños comenzaron a salir jugos en cantidad. En menos de un minuto se volvían a correr y así hasta siete veces. Cuando Simón les mandó sacar los consoladores de los coños se podía nadar en la cama con tantos flujos vaginales.

    Los cuatro hermanos sonreían satisfechos. El producto era bueno, tan bueno que Begoña y Andrea estaban medio muertas, pero eso sí, con una sonrisa de oreja a oreja.

    El tiempo apremiaba. Simón, le dijo a Jaqueline y a Lorena:

    -Venid aquí y dadme los consoladores.

    Al llegar a su lado y darle los consoladores, Simón y Juan las empotraron contra la pared… Con las tetas y la cara pegadas a la pared, les metieron los consoladores hasta la mitad, apretaron y las dos mujeres comenzaron lanzar gemidos de gozo… En nada se habían corrido cinco veces. Cesaron los gemidos cuando Simón y Juan les clavaron las pollas… En muy poco tiempo les llenaron los coños de leche. Con la leche saliendo de sus coños, Santiago y Carlos se las metieron en los culos.

    Con ellas dentro les metieron los consoladores hasta la mitad, apretaron y poco después comenzaron a bajarles ríos de jugos por las piernas. Cuatro veces más se corrieron antes de que los hermanos les llenaran los culos de leche y les quitaran los consoladores de sus coños.

    De banda a banda, aprovecharan bien el tiempo.

    Quique.

  • Llegó la noche y él. Solo queda disfrutar

    Llegó la noche y él. Solo queda disfrutar

    La noche había llegado. Estaba todo listo. La comida lista, servida en los platos, estos en la mesa de mantel rojo, junto a las copas de vino y de champagne. Rosas y velas adornaban toda la habitación. Realmente estaba nerviosa, sería nuestro reencuentro y tenía que ser perfecto. Todo debía salir bien.

    El timbre sonó, allí estaba él. Tan hermoso como siempre. Ese pelo que me encanta a mí, que a la hora de tomarme puedo agarrar y tironear. Con su altura que a comparación de la mía es intimidante, de solo quererlo en solo dos segundos podría estar encima de él. Esos ojos llenos de lujuria, de deseo por tomarme. Entró, sin poder cerrar la puerta, me abrazó, cerró la puerta de una patada.

    En un segundo para otro nos encontrábamos en la cama, besándonos. Nuestras lenguas se acariciaban como si no lo hubiesen hecho en mucho tiempo. Sus manos recorrían mi cuerpo aun vestido y las mías agarraban fuertemente su larga melena.

    Me sentó sobre de él, sobre sus piernas, para luego pasar a desabrochar mi camisa, que a rindiéndose simplemente la arrancó, haciendo que los botones saltaran hacia todos lados. De pronto su lengua ya no se encontraba en mis labios, sino que en mi cuello, haciendo marquitas y dejando toda su saliva allí. Pero mi sujetador impedía que siguiera con su camino, así que sin esfuerzo alguno, lo saco, sin que casi me diera cuenta.

    Completamente excitada estaba ya, no aguantaba más, lo necesitaba dentro de mí. Así que como una nena buena, le saqué la camisa que llevaba puesta. Luego me baje de sus piernas, agarré un almohadón, lo puse en el piso y me arrodille a sus pies. Comencé a lentamente desabrochar el pantalón, el botón y luego el cierre, no podía bajarlo sola. Con ojos suplicantes y un “por favor” me ayudó a bajar el pantalón, pero el bóxer lo dejó. Sabía que quería, su verga estaba dura, pero no había tenido suficiente provocación, así que mi boca se acercó a su bulto. Mis labios y mis dientes comenzaron a acariciar toda la montaña que al sentir el roce reaccionaba cada vez, más y más.

    Él me miraba con ojos lujuriosos a la espera de más, pero no iba a darle todo lo que deseaba todo así de rápido, así que seguí, así como venía pasándole la lengua de vez en cuando. Mis manos fueron al elástico del bóxer jugueteando lo bajaba y lo subía, hasta que lo desesperé, sus manos fueron a las más apretándolas y bajando, junto a las suyas, el bóxer.

    Ahí se encontraba la verga más rica que me había comido, y estaba lista para mí. Pero el dueño de esa verga súper dura, lista para penetrarme, tenía otros planes. Diciéndome que tenía prohibido usar mis manos, llevo sus manos fueron a mi pelo que estando suelto lo sujeto en forma de coleta, dirigiendo mi boquita a su riquísimo falo. Mi cabeza era dirigida por sus manos, hacían entrar y salir ese gran trozo de carne, el cual llegaba al fondo de mi garganta, provocando leves arcadas. Esto lejos de molestarlo lo excitaban cada vez, más. Mi cabeza se movía cada vez más rápido ya sin necesidad de sus manos, notando esto, sus manos pasaron a apretar y retorcer mis pezones. Chupé con más fuerza sintiendo que estaba por acabar. Pero tenía otros planes…

    Tomó mi cabello y alejó mi boca de su verga, haciéndome levantar. Me recostó en la cama, su boca se comió a la mía, su lengua comenzó a bajar por mi cuello, llegando a mis pezones. Donde los mordió, chuponeo. Mientras su boca mordía con lujuria, su mano apretaba y estiraba mi pezón izquierdo. Así hasta que lo dejo empapado por su saliva y el otro rojo y duro por sus apretones, decidió cambiar. Ahora su boca mordía y babeaba mi pezón izquierdo y su mano apretaba y estiraba mi pezón derecho.

    Una vez completamente duros, siguió bajando, pasando la lengua por mi estómago llegando al borde de mis pantalones, que aún seguían puestos. Desabrochó el pantalón lo sacó de un solo tirón, dejándome solo en tanga. Continuó bajando con su lengua hasta llegar a la tanga, que estaba completamente empapada. Sus dientes y lengua rozaban en mi intimidad provocando que de mi boca se escaparan unos gemidos. Necesitaba más, tanto yo, como él.

    Él buscaba obtener todo el placer que pudiera darle, porque era suyo, le pertenecía. Corrió la tanga y empezó a dar lengüetazos por toda mi conchita empapada. Su lengua se movía cada vez más rápido, mis gemidos aumentaban, al igual que mi respiración. Suplicante pido más, pido permiso para acabar, estoy muy cerca, lo necesito. “Sí, pequeña puta, dámelo todo” es su respuesta, mi cuerpo se suelta convulsionando, en ningún momento dejo de sentir su lengua acariciándome.

    Una vez que mi cuerpo termina de contraerse por el exquisito orgasmo que le acabo de dar, siento su verga completamente dura en la entrada de mi concha. “¿Estas lista, pequeña?”, me preguntó acariciando mi conchita de arriba abajo, nuevamente súper excitada le respondí “Sí, Papi, soy toda tuya”. De un solo empujón su verga entró completamente en mi ser. Espero dos segundos y comenzó a realizar un vaivén, lento, pero duro.

    A medida que sentía que su verga se acomodaba en mí, iba cada vez más rápido. Sus manos apretaban y estiraban mis pechos, los mordiscos también llegaron a ellos. Su verga entraba y salía de mí cada vez dándome más placer, otra vez al borde del orgasmo. Gemidos y palabras de pura sumisión escapaban de mi boca en modo de súplica, “Sí, Papi, por favor, dame tu lechita, quiero que me llenes toda”. Dos segundos más tarde de mi boca volvía a salir la súplica de permiso, “Papi, ya no aguanto, por favor, lléname toda”. Sus movimientos comenzaron a acelerarse, iba cada vez más rápido, hasta que en un jadeo me dijo “Ahí va, pequeña, ahí tienes tu premio, preciosa, acaba para mí”.

    Rendidos caímos a la cama. Agitados nos abrazamos y nos besamos, satisfechos por esa gran cogida. Descansando en la cama, le digo en broma “la comida ya se debe haber enfriado” y él, tocándome la concha, toda empapada por mis fluidos y los suyos, me responde “No, pequeña, todavía, no”.

  • Obsesión por mi joven hijastro

    Obsesión por mi joven hijastro

    La presente historia me la envió una amiga mía (yo soy hombre) con la finalidad de plasmarlo en esta página.

    Antes que nada comenzaré presentando a los protagonistas de esta historia.

    Damián un joven de 18 años, de 1.80 m de estatura, piel morena, bien parecido, algo robusto, práctica fútbol y baloncesto, no es muy deportista que digamos, pero su genética es suficiente para estar bien desarrollado, cualquiera que lo comparara con su padre diría que es adoptado o que es producto de alguna infidelidad; Damián es el primer hijo de dos producidos del matrimonio de su padre Alberto (45 años) y su madre Carmen, ellos se divorciaron cuando él tenía 12 años.

    Yo, Fabiola o Faby como me suelen decir, soy una mujer madura de 43 años, madrastra de Damián, me casé con Alberto hace 3 años, bajita de 1.58 m., soy vendedora de productos de belleza por lo que siempre me encuentro bien vestida y con ligeros toques de maquillaje, pues se lucir bien mi cuerpo, que a mi edad aún se encuentra bien conservado, soy rubia, mi rostro afilado, tengo un par de tetas medianas no son pequeñas, pero tampoco enormes, lo mejor de todo cuento con una cinturita que me hace resaltar mi trasero y mis nalgas bien paraditas, por eso siempre salgo a vender mis productos vestida con pantalones tipo ejecutivos súper ajustados o alguna falda corta y camisas de botón para que se me vean un poco las tetas, cuando llega a casa me pongo cómoda de igual manera con ajustados leggings o pantalones de licra. La gente, amigos y conocidos me dice que soy muy parecida físicamente a la actriz mexicana Olivia Collins.

    Damián decidió mudarse a vivir con su padre, pues a pesar de que lo visitaba con frecuencia, él sabía que viviendo con él tendría más privilegios para salir con sus amigos, su padre era más complaciente en todos los sentidos, cuestiones económicas y de más, también por que el próximo año entraría a la universidad y le quedaría más cerca la escuela, a Damián no le incomodaba vivir con su padre a pesar de tener pareja pues su madre también tenía su respectiva pareja y a él le daba absolutamente lo mismo, mi hijastro es un chico serio, habla muy poco conmigo, es muy reservado, se la pasa la mayor parte del tiempo en su habitación.

    Damián y yo nos conocemos desde que me casé con Alberto y a pesar de que siempre se me ha hecho un joven bastante apuesto, nunca lo había visto como hombre, para mí era solo un adolescente que iba creciendo más y más cada que lo veía, las cosas cambiaron una vez que se instaló en nuestra casa, con la convivencia diaria, la calentura de un joven, supongo que verme a diario vestida de manera sexy y coqueta y mi mala vida sexual, darían como resultado una obsesión y deseo por ese joven sin siquiera darme cuenta.

    Por mi parte, no me molestaba en lo absoluto que mi hijastro viviera con nosotros pues al principio hasta se me hizo una buena idea de convivir con uno de los hijos de mi esposo, yo quiero a mi esposo, paseamos frecuentemente, vamos de vacaciones, me lleva a cenar, pero en lo sexual no era del todo feliz, a mi edad aún se siento bastante sexy y constantemente me dan ganas de follar, mi marido si apenas me folla una o dos veces por mes cuando mejor me va y además de que no es muy dotado, si apenas me montaba y al poco tiempo se viene, lo que me deja aún más excitada y mojada, casi siempre termino masturbándome para complacerme, queriendo ser follada y complacida como yo lo merezco.

    Cuando Damián llegó a nuestra casa yo trate se ser lo más atenta con él, era amable, trataba de hacerlo sentir como en casa, los primeros días como lo menciono, no salía de su cuarto pero cuando salía siempre lo hacía con camisas desmangadas mostrando sus brazos, me daba cuenta de que Damián ya era un hombre, brazos marcados, algunas veces salía de bañarse sin camisa y podía mirar su figura, cuando llegaba de jugar llegaba en shorts, podía ver sus piernas duras y sobre todo, un paquete considerable en la entrepierna, no sé si lo hacía con intención de que lo viera o no, pero vaya que mi hijastro se estaba poniendo bastante bien, seguro que traía varias muchachitas tras de él. Yo seguía vistiéndome normal como siempre, llegaba de hacer mis labores y me ponía cómoda, una playera sin sujetador y unos leggings ajustados, a veces sin bragas o con algunas muy pequeñas.

    Pasaron algunos meses y le comenté a Damián, para que no estuviera tanto tiempo en su habitación, que se sintiera como en casa, que si gustaba traer a algún amigo a la casa no había ningún problema, me tomó la palabra y aparte de ahí con frecuencia lo visitaba su amigo Leo. La primer vez que vino Leo a casa, recuerdo que estaba mi hijastro y el en la sala, yo iba llegando a casa y me acerqué a saludar.

    -Faby, este es mi amigo Leo, vino a jugar video juegos espero no te moleste.

    Leo me dio la mano y me dijo:

    -mucho gusto señora.

    Lo saludé y le dije a Damián.

    -claro que no me molesta está también es tu casa

    Me dirijo a la cocina por un vaso de agua y cuando regresaba iban subiendo a la habitación de Damián, entraron a su habitación alcancé a escuchar antes de que cerrarán la puerta como Leo le dijo a mi hijastro:

    -no me habías dicho que tú madrastra estaba tan buena.

    Al escuchar ese comentario detengo frente a su habitación y pego la oreja a la puerta, me llamo mucho la atención el atrevimiento y la confianza de leo con Damián para decirle esa declaración de buenas a primeras y seguí escuchando.

    -baja la voz idiota, te va a escuchar

    -pues es la verdad, ya me imagino las pajas que te has de hacer pensando en ese culito

    -y eso que no la has visto con sus leggings apretados, se le notan las bragas y algunas veces me doy cuenta que no trae sujetador y se le ven sus pezones, pero ya calla que es la esposa de mi padre

    -pues yo fuera pareja de mi padre o no, una vieja así yo sí me la follaba

    Vaya sorpresa y declaración de mi hijastro, el muy cabrón se ha fijado en mi como mujer, de inmediato me puse roja y sentí un cosquilleo en mi vagina con esas palabras, me fui a mi habitación y comencé a vestirme a ponerme más cómoda como de costumbre pero las palabras de mi hijastro seguían en mi cabeza, cuando me quite el pantalón me di cuenta de que estaba mojada, el día anterior había follado con Alberto y como siempre, en lugar de quitarme las ganas me dejó más caliente.

    Así pasaron los días y cada que veía a mi hijastro llegar a casa, jugando baloncesto en el patio o viendo TV en la sala, me venían a la mente sus palabras, y me preguntaba si era posible que un jovencito como él se fijara en una mujer madura como yo, o si sería capaz de excitarse con la mujer se su padre.

    Tal vez fue tanto pensar en ello que esa noche mi esposo venía cachondo y cuando estábamos follando llegó un momento en que a la mente volvieron las palabras de mi hijastro y las imágenes de verlo algunas veces sin camisa y cuando llega con short y se le nota un buen paquete, estaba a punto de venirme cuando Alberto deja de follarme, se había venido, quede tan caliente y mojada como nunca había estado, a los pocos minutos mi marido estaba completamente dormido, yo por mi parte seguía pensando en Damián y si lo que estaba pensando de él, comenzar a fijarme en el como hombre era lo correcto.

    A partir de ese momento trataba de calentar a mi hijastro, trataba de ser más coqueta y sexy ante él, aprovechaba cualquier momento para agacharme frente a él, recogiendo algún objeto para que me viera mi culito o de frente para que viera mis tetas, salía de la ducha con shorts cortos y playeras sin sujetador, caminaba frente de el para que viera el movimiento de mis nalgas y en varias ocasiones pude observarlos que él veía todo eso. Siempre que voy por la calle me doy cuánta cuando me miran todo tipo de hombres y he escuchado sin número de piropos de todo tipo pero nunca me había pasado por la cabeza serle infiel a Alberto, sin embargo ver a diario a aquel jovencito, sus miradas, sus palabras y mi pensamiento me estaban calentando como nunca.

    Recientemente le habían otorgado un ascenso a Alberto, pero su nuevo puesto requería de viajar constantemente, habían pasado casi un año desde que Damián se había venido a vivir con nosotros y cerca de 3 meses de que había comenzado con mis coqueteos y «descuidos» no me abrochaba algún botón de la camisa, cuando me ponía falda abría de más las piernas, pero nunca me atreví a decirle algo verbalmente a Damián, quizá por temor o la fidelidad que le tenía a mi marido, sin embargo me calentaba hacer eso y me masturbaba mejor llegando más rápido al orgasmo, algunas veces me sentía ridícula y otras me sentía toda una puta en celo tratando de cazar a un joven. Tampoco Damián nunca me dijo nada y notaba su actuar normal hacía mí, si notaba cuando me miraba y veía mis «descuidos» pero hasta ahí.

    A Alberto le habían notificado que el próximo viernes tendría que salir a una diligencia de su empresa y que volvería hasta el sábado por la noche, nunca había pasado una noche fuera de casa y el pensar que no estaría y estaríamos mi hijastro y yo solos en casa, era una situación que me calentaba. Justamente el viernes cumplía años Damián y el viernes por la mañana le pide permiso a su padre de salir con unos amigos, que lo festejarían por llegar a la mayoría de edad, Alberto acepto con la condición de que no llegar tarde, él saldría a su diligencia a las 8 de la noche a tomar el avión y le dijo que no quería estar preocupado.

    El día viernes cuando mi marido se fue yo me quedé un rato viendo TV en la sala, Damián había salido con sus amigos cerca de las 3 de la tarde, ese día estuvo muy lluvioso, desde la mañana había comenzado a llover y no paró en todo el día. Cuando eran las 9 de la noche me duche, subí a mi habitación y me puse cómoda para dormir, me puse un sujetador y unas bragas pequeñas con encaje, me recosté en la cama a leer un libro cuando, comencé a bajar la mano por debajo de mismo bragas, cerré los ojos y comencé a ver a mi hijastro, me acariciaba y movía mi clítoris en círculos, el pensar que estaríamos solo esa noche me ponía cachonda aún que en el fondo sabía que no pasaría nada, pues yo no daría el primer paso ni mi hijastro, ni siquiera estaba segura que me deseara.

    Eran las 10 de la noche, había pasado una hora acariciando y moviendo mi clítoris lentamente, mi vagina estaba inundada de jugos cuando escucho el timbre de la casa, lo tocaban insistentemente, me llamo la atención ya que tanto Alberto como Damián traen llaves, me levanto de la cama solo en bragas y sujetador y me pongo solo una bata encima, llegó a la puerta preocupada, miro por la mirilla y veo que se trata de Damián, de inmediato abro la puerta y mi hijastro sin decir palabra entra, a los pocos pasos cayó al suelo me acerco a él y me doy cuenta que venía borrachísimo, nunca había tomado y esta vez se le pasaron las copas, además, lo ayudo a levantarse y al tocarlo veo que está empapado, seguro llegó caminando o se cayó en una corriente de agua con la borrachera que se cargaba.

    Subimos como podemos a su habitación y lo tumbo en su cama, no podía ni decir tres palabras con sentido, no podía dejarlo así, se iba a enfermar, busco un pants en su guardarropa y comienzo por quitarle la camisa, cuando se la quitó me doy cuenta de que estoy desnudando mi hijastro, a aquel jovencito con el que he tenido fantasías, con aquel que se me ha venido a la mente cuando tengo un orgasmo o cuando mi marido me folla, le quitó los pantalones y ahí estaba tendido en la cama solo en bóxer y noto que mi vagina se comienza a mojar solo de verlo ahí tan cerca desnudo.

    Me controle a mi misma y trate de ponerle los pants, pero al tocar el bóxer veo que también está mojado, comienzo a bajar los bóxer y ahí estaba mi hijastro con una polla semi erecta y su tamaño era considerable, aun así era un poco más grande que la de mi marido, por un momento pensé en que lo correcto sería ponerle ropa y marcharme a mi habitación, pero ver a aquel jovencito totalmente desnudo hacia que mi vagina ya estuviera completamente inundada de mis jugos, no podía desperdiciar esa oportunidad, además mi marido no estaba en casa.

    Le hablo y muevo a Damián pero no responde, me quitó la bata quedando en puro sujetador y bragas, sin pensarlo me arrodilló y comienzo a lamer sus testículos, ya no había marcha atrás estaba completamente cachonda, meto su polla en mi boca y la comienzo a chupar, ahí estaba por fin chupándole la polla a mi hijastro y comienzo a notar como va creciendo su polla dentro de mi boca, estaba respondiendo a las mamadas que le daba, llegó el punto en que no cabía en mi boca, me alejo un poco para ver esa hermosa polla joven y esos testículos duros completamente llenos de leche y era enorme, fácilmente media 18 o 20 centímetros.

    Volteo a ver a Damián y veo que sigue completamente dormido, estaba tan cachonda que noto como mis jugos vaginales empiezan a empapar mis bragas y correr por mi pierna, la sensación de excitación, de saber que estoy solo en casa con Damián y de que le estoy mamando la polla a mi hijastro era demasiada, sigo chupando su polla, la lamía como nunca antes había chupado una polla, duro así algunos minutos chupándole y moviéndola con mi mano, incluso con las dos manos como masturbándolo, cuando siento que su glande se comienza a hinchar y suelta el primer chorro de leche dentro de mi boca, así siguieron otra 5 chorros consecutivos, vaya que mi hijastro tenía sus testículos bien cargados, yo está con mi boca completamente llena de la leche de mi hijastro tratando de que no se me escapara ni una gota, su sabor me excitaba aún más y me hacía sentir la hembra más puta del mundo.

    Seguí chupándole la polla a mi hijastro hasta que le la dejé completamente limpia, me pongo de pies aun saboreando la leche de Damián y contemplando su cuerpo, me doy cuenta que su polla seguía erecta comí si nada hubiera pasado, mi calentura era demasiada, estaba decidida a qué me follara ese jovencito, que me penetrara y ahora llenará de leche mi vagina, me quite las bras completamente mojadas y suelto mi sujetador, mis tetas rebotaron con mis pezones durísimos.

    Ahí estaba, como una puta en celo dispuesta a follar con mi hijastro completamente desnuda, me monto encima de mi hijastro, tomo su polla con mi mano y la dirijo a la entrada de mi vagina, meto el glande y voy bajando lentamente, quería disfrutar cada centímetro de la polla de Damián, cuando entra hasta adentro suelto un gemido que estoy segura que se escuchó hasta la sala de la casa, comienzo a moverme fuertemente con aquella joven y enorme polla dentro de mi, comencé a gemir como loca y con mis dos manos acariciando mis tetas, no paso mucho tiempo cuando siento mi primer orgasmo llegar, estaba en el cielo, por fin de tanto tiempo me estaban follando como lo deseaba aún que mi hijastro estuviera completamente borracho e inconsciente, seguí cabalgando a aquel jovencito y llegué a tener un par de orgasmos más cuando siento que se vuelve a hinchar la polla de mi hijastro y suelta nuevamente chorros de leche dentro de mi vagina llegando al mismo tiempo que yo a un orgasmo descomunal, sintiendo como inunda completamente mi vagina con cada descarga.

    Me levanto de encima de mi hijastro, por esta vez era suficiente, aún que aún seguía insatisfecha y sabía que esa joven polla aún tenía mucho semen que dar, temí que se despertara y mi rechazara o le contara a su padre, pues le tenía cierto respeto. Le puse el pants a Damián, lo acomodo bien en su cama, yo solo recogí mis cosas y me fui a mi habitación complete te desnuda y en cada paso que daba a mi habitación sentía como salía semen de mi vagina y corría por mi muslo.

    No había marcha atrás, había tomado mi decisión de serle infiel a mi marido con su propio hijo y de una cosa estaba completamente segura, no descansaría hasta que mi hijastro me follara completamente consiente y disfrutando a su madura madrastra.

    Continuará?

  • En búsqueda de un trabajo temporal

    En búsqueda de un trabajo temporal

    Bueno. Ahí me tenían, en mi cuarto pensando opciones en donde tener un trabajo relacionada a mi carrera aunque sería en un plazo medianamente corto (ya que la facultad nos lo pide) tenía que evaluar bien mis opciones.  La primera consistía en ser asistente de un banco, pero no me agradó mucho la idea de estar con muchos números sin embargo lo consideré y anoté como opción, la segunda era ser asistente en una empresa a puro estilo godín (o sea secretaria para los que no sean de México) y la tercera opción en un colegio y aunque ahí sería relax no me atrajo mucho ya que era una vacante algo inferior para mí. Una vez anotados comencé a realizar la solicitud para agendar el día en que me entrevistaran. No tardaron demasiado en darme respuesta del colegio y el banco donde metí las solicitudes y al día siguiente asistí a las entrevistas.

    Mi mamá me llevo al colegio y a pesar de que solo me entregarían una hoja de aceptación le pedí que me esperara ya que no tardaría. No hicieron esperarme al entregarme la hoja y firmar en caso de que aceptara quedarme a trabajar de medio turno con ellos, el ambiente era muy aburrido así que lo único que les dije fue un “lo tendré en cuenta, gracias” salí y subí al coche, nos dirigíamos al banco donde también tenía que presentarme. Llegué y había demasiada gente (punto en contra), como pude me acerqué hablar con la gerente y ella me mandó con otra persona, al llegar con esta me comentó que solo eran turnos completos y que no habían formas de pagos porque tenía que tener el título de la licenciatura y bla bla. Muchos contras. Le di las gracias y me fui del lugar.

    En el camino le comentaba a mi mamá que era difícil contratar a una estudiante ya que en estos tiempos era difícil encontrar trabajo y menos para alguien sin título aunque sería una especie de pasante necesitaba tener una experiencia de seis meses. Ella me motivó y me dijo que no bajara los brazos que pronto lograría quedar en uno sin embargo ya me daba la idea de darle el visto bueno al colegio.

    Al llegar a casa decidí dormir un rato y en cuanto desperté me llegó una notificación de la empresa donde mi solicitud había sido aceptada con todos los términos. Esto me alegro mucho y aunque en el correo me pedían asistir para la firma tenía que esperar al menos 2 días para ver en qué área sería acomodada. En lo más bajo del correo pedía como requisito una implacable presentación y facilidad de palabra dos cosas en las que soy buena.

    Los días pasaron y decidí ir sola a la empresa con mis papeles, subí al piso asignado y al llegar vi a 4 chicas más haciendo turno, me acerqué con una señora ya pasada de años y me pidió esperar. Bueno ya estaba ahí no tenía más opción que hacerlo. Las primeras dos chicas no tardaron ni 10 minutos en salir y aunque les dieron las gracias a la secretaria por sus papeles de vuelta si note algo de incomodidad en sus rostros, me da igual, pensé. Al llegar el turno de la tercera chica está tardó un poco más adentro de la oficina, como media hora para ser precisos y al salir la vi sonriendo, con una sonrisa de triunfo, les dejó sus papeles a la secretaria y ahora me tocaba a mi, entré y vi de frente a un señor gordo, ya pasado de años, feo y sin chiste.

    “¡Pero que le dan a las chicas de ahora!” Exclamó.

    Yo solo me senté cuando hizo este comentario y comencé a explicarle que mi facultad me pedía experiencia de 6 meses en un trabajo y shalala. Él mientras leía los papeles que le entregaba notaba que me veía desde mis pechos hasta mi rostro. “Ok vamos a ver” comentó. “Efectivamente en esta área necesitamos a alguien, a la chica antes que tú la mandamos a Finanzas, tú estarás conmigo en RH”, yo le di las gracias y él me hizo firmar la carta de aceptación que al hacerlo ya permanecía en la empresa.

    Al hacerlo lo guardó en un folder y me comenzó a bombardear de preguntas personales cómo ¿tienes novio?, ¿te gusta salir los fines? ¿Saldrías con alguien mayor?, pregunta muy incómodas, para no darle la vuelta le dije que si tenía novio y lo quería mucho, él soltó una pequeña risa y me dijo fríamente un: “Te veo el lunes, ese día comienzas”.

    Desconocía el clima laboral de esa empresa pero no me preocupaba ya que solo iba a estar por un determinado tiempo.

    El lunes llegué desde temprano para que notaran mi puntualidad y así fue, noté la vista de más de uno encima de mi y más allá de ponerme nerviosa me motivo a realizar un buen trabajo. Subí a mi área a esperar al señor gordo (o sea el jefe) y me entretuve con la vista de la ciudad hasta que llegó.

    “Pasa”, me dijo. Entré y vi que en una esquina había una silla y un pequeño escritorio. “aquí estarás mientras encuentro un lugar más amplio, quiero que redactes estos oficios y los lleves a otra área ya firmados” el trabajo parecía normal pero al realizarlos notaba que él me veía de espaldas, el silencio era demasiado incómodo así que traté de sobre llevar esta situación.

    Al mediodía ya tenía hecho todo el trabajo le pedí al jefe bajar a entregarlos. “Adelante, dile a Ivana (la chica que estaba delante de mí que quedó en Finanzas) que venga a mi oficina y toca la puerta antes de entrar” bueno, me dirigí a finanzas a decirle a la chica que el jefe quería verlo y con la misma salí a dejar los documentos a otra área.

    El proceso tardó un poco y me dirigí a llevarlos a mi área, al llegar no encontré a la secretaria así que pase y toque la puerta de la oficina, al no recibir respuesta toqué más fuerte y solo escuché un: “Espera”, no volví hacerlo hasta que en unos minutos volví a escuchar el “Ya pasa”, entré y estaba la chica hablando con el jefe, desconocía porque me había pedido que esperara a entrar, pero me daba la idea.

    Continuaban charlando hasta que escuché que el jueves iba a realizarse una reunión y necesitaba que ella estuviera presente, momento después salió ella. Continuaban las horas y al término de mi primer día me notificó que efectivamente y cómo lo había escuchado el jueves iba a realizarse una reunión entre algunos directivos, que no era una fiesta, solo unas palabras de motivación y bocadillos, algo sencillo sin embargo me pedía mi total asistencia.

    Yo le pregunté en donde sería la reunión y me dijo que en estos días me lo confirmaría. Al pasar los días todo transcurría normal hasta el miércoles, ese día todos estaban a las prisas y en mi área no era la excepción. En un momento mi jefe le pidió a la secretaria que subiera Ivana para hablar sobre la reunión.

    Al llegar no sentamos frente a él y nos dijo: “Cómo ya saben mañana las requiero a partir de las 6 pm, saldrán temprano, nos veremos aquí y nos iremos al lugar donde será la reunión”. Yo le pregunté: “Disculpe, ¿en dónde será?”, él me respondió: “Será en una suite aquí cerca, se vendrán conmigo y posteriormente regresaremos aquí”.

    Ivana ya parecía saber sobre esto y solo le dio la confirmación de asistir. Yo todavía dudaba, pero no perdía nada, era una simple asistencia así que, porque no. En un lapso de tiempo me topé a Ivana y le pregunté si en esas reuniones solían tardar, y ella me explicó que no, que dependía de una. No entendí y le pedí que fuera más específica, me pidió que fuéramos al baño porque no quería que nadie escuchara la conversación y nos dirigimos hacia allá.

    Una vez ahí me contó todo. “Si, van a felicitar a un licenciado por un reconocimiento, será cosa de unas 4 personas, pero ellos llevarán a su propia acompañante, en nuestro caso nosotras iremos con el jefe” bueno, sabía que algo así seria. Le pregunté si solo era eso y con la misma regresamos y lo que me dijo me saco de onda. “Mira, esas reuniones son entre ellos, es una suite, con piscina, terraza y bar, si sabes a qué lleva eso, ellos llevarán a sus conquistas del edificio o quienes son nuevas y una cosa irá a otra y así”, yo le pregunté si ella ya había asistido a algo así y me comentó que no, pero desde que vino a dejar la solicitud el mismo día que yo llegué el jefe se lo dijo, me comentó que él jefe le había dicho que le gustaba y que él podía aceptar todo lo de la solicitud hasta de un buen suelto como una plaza fija ahí mismo sin embargo esto último no era posible todavía por qué no tenía su título así que cómo agradecimiento el me pidió que lo besara y ahí estuvimos un buen rato, me dijo que yo sería su acompañante en eventos y accedí sin más.

    Al menos ya supe porque en aquella ocasión ella fue la que más tardó si estaba enrollada con el jefe. Le di las gracias y me dirigí a mi espacio de trabajo. Al sentarme logré escuchar que el teléfono del jefe sonó y tomó la llamada, al terminar me llamó y me comentó que me requería si o si para el día de mañana, yo le dije que sí, pero no creía tardar ya que mañana por la noche estaría ocupada. Comenzó hablarme que sería una lástima que no fuera, que el buscaba la responsabilidad de la gente y de no ser así a lo mejor para la otra semana mi lugar esté ocupada por otra persona.

    “Está bien, asistiré”, le dije.

    Ni de loca me metería con un tipo así de feo. Al terminar el día se acercó y me pidió que fuera presentable, pantalón y blusa servían, no me quedé más y me fui. Al día siguiente salimos temprano y vi en la salida a Ivana que al parecer esperaba a su novio según me dijo, nos quedamos en llevar el mismo atuendo para no ir desentonadas y llegar a la misma hora aquí. Llegue a casa, saqué un pantalón ajustado blanco y una blusa negra, me planché el cabello y me dirigí de nuevo a mi trabajo. Al llegar ya estaba Ivana, muy guapa por cierto. Entramos y el jefe bajó, al vernos no podría creer cómo lucíamos. Nos dirigimos al estacionamiento y le pidió a Ivana que fuera adelante, en el trayecto notaba cómo el jefe le iba tocando la pierna sin temor alguno y al llegar a la suite nos pidió que nos divirtiéramos. Había una reservación hasta la planta alta del hotel y al llegar vimos a 4 hombres, cada quién con su respectiva pareja.

    Se saludaron, nos presentaron como miembros de la empresa y comenzaron las felicitaciones a la persona por la cual estaban ahí. Después de un rato los jefes se sentaron en las barras y todas las chicas decidimos a tomar un poco de aire en la terraza, ahí supe que todas estaban ahí como practicantes y al igual que a mi fueron casi forzadas a asistir y aunque algunas ya parecían tener una relación con algunos de ahí yo era la única desubicada. Tenía que emplear alguna estrategia para no estar con ese tipo pero no se me ocurría nada. Escuché que mencionaron el nombre de una de las presentes y al acercarse a la barra vi como uno la besaba, ella tal cuál le respondió al beso y así una a una llegaba con los que habían llegado.

    La situación se puso un poco morbosa. Mientras uno llevaba a una chica al sillón otro se llevaba a su chica al cuarto y así estaba cada quién en lo suyo. “Ivana y Denisse vengan para acá” escuché.

    Ivana fue la primera en acercarse y luego comenzó a besarlo, veía cómo la besaba con tal maestría. Más de excitarme me dio asco por el tipo y al voltear vi que a la del sillón la tenía en calzones, cada quién en lo suyo y parecía que al qué entro al cuarto ya estaban comenzando ya que se escuchaban los estruendos de la cama y los quejidos de la chica. Los otros no se quedaban atrás y poco a poco iban quitándoles la ropa a sus acompañantes, se veían muchos calzones y bra tirados por doquier en toda la suite. Mi jefe parecía disfrutar a Ivana y en un descuido casi tropiezo con el que tenía a un lado, me vio pero me ignoró ya que tenía encima a su chica y estaba a nada de comenzar a penetrarla. En una esquina vi a otra chica y me hizo señas de que porque no estaba con mi jefe y solo me metí el dedo en la lengua en señal de asco.

    Me acerqué a ella y me senté a un lado viendo cómo lo hacían, mi jefe ya estaba cogiendo a Ivana recargada sobre una mesa, a otra ya la tenía boca abajo en un sillón, otro tipo estaba acostado y ella encima, la del cuarto la verdad ni lo vi pero se escuchaba que estaban a todo lo que da. Lo que veía me ponía caliente pero no quería hacerlo con mi jefe, lo sentía mucho por Ivana porque estaba atada a él. Me levanté y me quité la blusa y el pantalón, me quité el bra y solo dejé mi calzón blanco ajustado con formas de dibujitos. Comencé a tocarme viendo a Gaby (la que estaba en la esquina) y poco a poco iba humedeciéndome, si alguien me quería hacer suya que viniera y me quitara mi calzoncito.

    Continué un rato sola hasta que Gaby me preguntó: “¿Te nos unes?”, yo no respondí y solo me acerqué a besar a su jefe, era un señor viejo pero no tan feo como el mío, continué besándolo y Gaby encima de él moviéndose poco a poco.

    En toda la suite se escuchaban gemidos de placer por parte de los hombres y mujeres. A pesar de estar caliente miré hacia el lugar donde estaba mi jefe y veía cómo Ivana le practicaba sexo oral y el solamente me veía con cara de incrédulo, me aproveché y le dije al señor con quién estaba si yo me montara en él y hacía que terminara, podría irme con él a su piso a trabajar ahí ya que no me gustaba el área donde estaba, en forma de apuesta me dijo: “Si lo haces te vienes conmigo solo tráeme tus papeles” ¡uy! Me agrado la idea así que ya no tenía nada que perder, continué besándolo y le pedí a Gaby que se bajara, que ahora era mi turno, nos acomodamos, pase mi mano sobre mi lengua para luego subirme y acomodar su miembro sobre mi y una vez adentro comenzar con mis sentones.

    Para hacerlo venir rápido comencé a gritar y todos comenzaron a verme. “Siii, más duro” comenzaba a exclamar.

    No sé si esto hizo que prendiera a los presentes ya que al que tenía a un lado lanzó un grito en señal de haber terminado, los del cuarto salieron y buscaron un espacio para continuar, a mi jefe como lo tenía a mis espaldas traté que me viera en acción algo que nunca en su vida va a tener. Puse mis manos en los pechos del señor y comencé a mover mis nalguitas de arriba y abajo, trataba de hacerlo así de forma que terminara pronto.

    Cuando continuaba yo tenía mi cabeza con la frente en alto y en eso siento por mi espalda como alguien lanzó su esperma hacia mi. Al voltear vi al señor que estaba en el sillón detrás de mí jalándosela lo poco que le quedaba.

    “¿Terminaste?” Le pregunté con una sonrisa, no me respondió y se sentó en la barra, yo continué en lo mío, Gaby me veía y me tocaba los hombros y los pechos. Él que estaba en el cuarto al escuchar mis gritos salió para ver la acción y a pesar de estar cogiendo con su aprendiz no perdía detalles de cómo lo hacía. Me levanté y cambié de lugar de forma que con el que estaba viera como mis nalguitas rebotaban en su pene y así vería cómo el señor del cuarto y mi jefe iban. Al ver que el señor del cuarto me veía yo le lanzaba miradas y cuando me movía de arriba y abajo sacaba la lengua en forma de satisfacción de manera que lo viera tanto el cómo mi jefe.

    El señor del cuarto sacó su miembro de su chica y se acercó a mi pidiéndome que se lo jalara, yo le dije: “No puedo, estoy con este señor al menos que él me dé permiso”, parecía a punto de venirse y le pidió al señor con quien estaba si ella podría y le respondió: “No, tú vienes con tu chica ve con ella, ella vino a mi y no la comparto”, “Pero solo será eso Saúl”, le dijo casi rogándole, yo solo reía en ese momento, nunca imaginé estar en una situación así, que dos señores se pelearan por mi.

    “Hazlo, cómo sea es una cualquiera” jaja, se rio. Esto a más de enojarme me prendió, tenía el poder de ellos ahora y comencé a jalárselo rápido, Gaby que estaba a un lado comenzó a tocarle la parte baja y en un rato apuntó hacia mi cara y lanzó todo su líquido viscoso. “Gaby quítamelo no veo nada” le dije, ella se rio y con sus dedos comenzó a quitarme restos de semen de mi cara y metió sus dedos a su boca para luego decirme: “Pruébalo”, con mis dedos los restos que quedaban los probaba y Gaby me dijo: “¿Un beso?” y así lo hicimos, fue un pequeño beso de manera que sintiéramos un poco de esperma de nuestras bocas.

    Cuando observé a mi jefe veía que ya había terminado con Ivana y solo estaba tomando una copa de vino, yo solo me reí y continué haciéndolo con el señor. Nos levantamos y nos dirigimos al sillón, nos preguntó quién quería ser la primera y le dije que yo, me acomodé y comenzó a embestirme. Gaby solo estaba sentada viéndome tocando su cabello y escuchaba mis gemidos como “siii” “siii” “siii” “ahhh” ahhh” de fondo solo escuchaba que le decían a mi jefe que de donde la había sacado, parecía experta tan muy joven y en ese momento el señor explotó en parte de mi espalda, sentí que roció la mayor parte de semen en mi espalda, Gaby se acercó y probó el esperma pero hizo cara de que no estaba tan bueno, me levanté y junto a las demás chicas nos fuimos a bañar.

    Cuando nos estábamos cambiando Gaby me dijo que ella igual hablaría con su jefe para evitar problemas con el mío. Yo le dije si podía hacerme ese favor, le inventé que me desagradaba mi jefe por su manera de ser y me comentó que si, que la mayoría de la empresa sabían cómo era y qué trataría de ayudarme. Al terminar le pedí al señor si podría llevarme de regreso y el accedió junto con Gaby, nos despedimos de todas y me fui. Al llegar de nuevo a la oficina fui por mis cosas y las guardé para esperar instrucciones. Al día siguiente me notificaron que cambiaría de área y me despedí de mi jefe y la secretaria. Lo que tuve que pasar para evitar estar con ese tipo.

  • Una ida a cabinas de internet

    Una ida a cabinas de internet

    Bueno. Ya había pasado algún tiempo, desde que había tenía esa sensación de ser penetrado, ya con 34 años, voy de visita a Ciudad de México por cuestiones de trabajo, habiendo navegado en internet, encontré algunas páginas de algo conocido como Cruising, que relatan de encuentros en ciertos lugares para pasar el momento, por lo que estuve viendo y me llamo la atención un lugar que se mencionaba en una de las paginas, de un café Internet con cabinas privadas, relativamente cerca de donde estaba yo ubicado, por lo que me arme de valor y salí a esa ubicación a probar suerte.

    Después de un par de vueltas por la zona donde decían las publicaciones que era, logre dar con el lugar, una entrada un tanto oculta, ya no lo pienso tanto y me dispongo a entrar, al entrar por la puerta, había unas escaleras para subir y llego a donde esta una especie de recepción con un chavo atendiendo, y le pregunto que como está la movida ahí, me empieza a comentar los tipos de cabinas, precios y también menciona que maneja un chat interno, que conecta a todas las cabinas, algo que se me llamo la atención, por lo que pido una cabina individual (poco más espaciosa) y me da la llave y me dirijo a la misma.

    Ya estando en la entrada de la cabina, me percato de que hay muchos que andan caminando por los pasillos entre las cabinas, lo tomo como algo normal, abro la puerta que me da acceso a la cabina que pedí y me meto, ya estando dentro, veo que tiene la computadora, un sillón pequeño y al menos suficiente espacio para estar cómodamente sentado y quizá para alguien más, me pongo a checar la máquina y busco el chat que menciono el que atendía en la entrada, ubicándolo y abriendo el mismo, tiene una ventana general, donde escriben de cada máquina sus peticiones, como por ejemplo, “busco activo”, “busco quien me coja”, por decir algunos.

    Estando inmerso en lo que estaba haciendo en el monitor de la máquina, alcanzo a notar que se empieza a abrir la puerta de la cabina, a lo que dije en mis adentros, se me olvido ponerle el seguro a la puerta, presto mi atención a la misma y se asoma un hombre, de al menos unos 40 años, un poco más alto que yo, varonil, de complexión delgada, al asomarse y verme sonríe, esta es la primera experiencia que tenía con un hombre gay de aspecto varonil, al notar que no tomo reacción negativa, el entra un poco más por la puerta y sin decir una sola palabra, ya está de cuerpo entero en la puerta de la cabina y pone su mano derecha encima de su entrepierna, agarrándose su verga y con su mirada insinuándome que si no quiero, mi reacción, que incluso me sorprendió el tenerla, fue acercarme y agarrarle la verga por encima del pantalón.

    Al hacer yo eso, el termina cerrando la puerta de la cabina y se baja el pantalón y sacando de su bóxer su verga, la cual es de buen tamaño, a lo cual me pongo de rodillas y la agarro entre mis manos y empiezo a meterla en mi boca, empezando a recorrer de arriba por su largo y metiéndola hasta donde podía en mi boca, estando haciendo eso por algunos minutos hasta que el me detiene, hace que ponga de pie, me da la vuelta, desabrocha mi pantalón y lo baja junto con mi bóxer hasta las rodillas, me hace ponerme mis rodillas sobre el sillón y me inclina, dejándome en posición de perrito, a lo cual hace una expresión de satisfacción y gusto, diciendo que tenía un culo muy rico y que lo iba a saborear todito.

    Veo que saca de uno de sus bolsillos un condón y se lo acomoda y empieza a pasar su manos por mis nalgas, masajeándolas, y empieza a pasar sus dedos por en medio de ellas, prestando especial atención a mi culo, pasando uno de sus dedos por la entrada de mi culito, se lo ensaliva y empieza a meterlo, tratando de lubricarlo, con su otra mano se está masturbando, creo yo saboreándose lo que está por hacer. Hace que me incline completamente y que junte mis piernas, después de eso él se acerca un poco más y siento en ese momento como va acomodando la punta de su verga en la entrada de mi culito, empezando a empujar un poco, oponiendo resistencia a ser perforado en ese instante, a lo cual la retira un momento, vuelve a ensalivarse uno de sus dedos y lo vuelve a meter en mi culo, noto que pone algo de resistencia a ese intruso, pero poco a poco, conforme va entrando y saliendo y moviéndolo dentro, de esta forma lubricándolo y dilatándolo de poco en poco, una vez que siente que es suficiente, retira se dedo y vuelve a poner la punta de su verga en la entrada.

    En esta ocasión, empieza a ir empujándola y poco a poco va cediendo la resistencia, provocando que vaya entrando cada vez que da un pequeño empujón, el cual va haciendo de forma continua, hasta que llega hasta el final, chocando su ingle con mis nalgas, logrando meterla por completo, quedándose así unos instantes, yo sintiéndome fascinado con esa sensación de estar lleno con su verga, algo que ya extrañaba sentir, empieza a sacarla lentamente, diciéndome que le fascina mi culo, que está muy rico, palabras que me están prendiendo, al tenerlo completamente fuera, abre mis nalgas y ve el panorama que tiene y veo que tome una foto así, va metiéndolo de nuevo de a poco y toma otra foto así, yo me estoy dejando hacer, siento como entra y me deja esa sensación de satisfacción a mi cuerpo.

    Llega nuevamente hasta el tope y empieza a sacarla de nuevo, pero en esta ocasión no por completo, llega a un punto y vuelve a meterla y empieza a así a bombearme, a meterla y sacarla, aumentando de poco en su ritmo, empieza a gemir él y empiezo a gemir en seguida de, siento rico cada que entra y sale, cada que me está bombeando, un placer indescriptible recorre mi cuerpo, se detiene un momento y vuelve a bombearme, continua por algunos minutos, hasta que empiezo a sentir que empieza a aumentar su ritmo, más rápido, hasta que empieza a dar unos fuertes empujones y lo escucho jadear de gozo, se estaba viniendo en ese momento, empieza a sacar su verga, me abre las nalgas con sus manos, mete uno de sus dedos y dice que estaba delicioso mi culo, que le encantaría el volver a cogerme en otra ocasión, me da una nalgada, se recompone, se quita el condón y se acomoda su ropa, para salir de forma rápida de la cabina, al salir, me percato que había varias personas afuera, me imagino que escuchando la acción. Me pongo mi ropa, cierro con seguro ahora si la puerta y continuo checando la pantalla del chat, viendo que más hay.

    Solo estuve como mucho unos 15 minutos más después de la acción, saliendo del local, todavía con la sensación en mi culo de haber sido penetrado de una manera tan deliciosa, por lo menos ese día había cumplido mi deseo de probar algo nuevo, que un gay varonil me cogiera…

    MicifusARM

    [email protected].

  • Sometida por un mesero

    Sometida por un mesero

    Una noche estaba sola y aburrida en casa, sin nada que hacer.

    Me sentía un poco traviesa así que se me ocurrió un plan, abrí mi armario y busqué la ropa más apretada y corta que tuviese, cogí un top blanco con mucho escote que me puse sin sujetador y un short vaquero con el que se me veía medio culo.

    Esa noche me sentía muy zorra y quería que me tratasen como tal, iba a ir a una discoteca sola y a arrimarme a todo el que pillase hasta que alguien me llevase a su cama.

    Era invierno, así que encima de la ropa me puse una gabardina, que también me ayudó a pasar desapercibida por la zona por la que vivía hasta llegar al coche, me dirigí a un club que estaba al otro lado de la ciudad, donde no encontraría muchos conocidos, una vez llegué, aparqué, dejé la gabardina en el coche y entré.

    Dentro hacía mucho calor, pero yo tenía los pezones duros a causa del frío de la calle, era uno de los motivos por los que había elegido ese top, era perfecto para no pasar desapercibida, fui a la barra a pedir una copa y empecé a contonearme haciendo que mis curvas se movieran e incluso que mis tetas botaran en las canciones más movidas.

    Uno de los camareros se dio cuenta de cuáles eran mis intenciones esa noche y en un momento de despiste de sus compañeros, salió de la barra y se acercó a bailar conmigo.

    C: ¡Qué bien bailas!

    L: ¡Gracias!!

    C: ¿Y una mujer tan sexy, que hace sola, aquí?

    L: Viendo a ver qué hago, jajá

    El camarero entendió mi indirecta, se puso detrás de mí, acercándose cada vez más hasta el momento en el que sentí su paquete en mis nalgas.

    Me di la vuelta y continuamos bailando, se acercó a mí y me susurró al oído lo preciosa que era y que si me gustaría pasar un buen rato.

    C: te ves traviesa, ¡yo te puedo dar lo que buscas!

    L: Uhm ¿en serio?

    Lo miré de arriba a abajo y me di cuenta de lo buenísimo que estaba y de lo cachonda que me ponía, por lo que acepté el plan.

    Me tomo de la mano y me llevó a una sala que tenía la puerta cerrada con llave, al abrirla me di cuenta de que era una especie de almacén donde tenían decorados de fiestas que habían celebrado anteriormente.

    Yo pensaba que su plan era quedarse en ese sitio, pero no fue así, ya que se acercó a otra puerta, la abrió y me invitó a pasar de nuevo, esa puerta conducía a una habitación.

    C: ¡Hay un buen lugar aquí!

    L: ¡Guau!! ¡En serio parece que estoy en la mansión de lujuria, jajá!

    Era un reservado para que los empleados y los clientes más fieles pudiesen pasar un buen rato con sus ligues, había una estantería llena de paquetes de condones de todo tipo, en otra estantería había una selección de todo tipo de lubricantes, geles y aceites de masajes.

    Había también un mini bar hasta arriba de bebidas y por supuesto había una cama, un sofá y diferentes puentes más donde poder follar.

    Me sorprendió ver lo preparado que estaba todo, pero la sorpresa fue grata, ya que había encontrado diez veces más de lo que iba buscando esa noche.

    Se quitó la camisa y dejó al aire unos fornidos brazos tatuados y unos abdominales muy marcados, se notaba que el chico le daba fuerte al gimnasio.

    L: Mmm que cuerpo tienes!

    C: Si hablamos de cuerpo, ¡el tuyo es de diosa!

    Se acercó a mí y me comenzó a besar, iba al grano, así que se apresuró en quitarme el top, dejando mis pechos al aire, me llevó a la cama y me tumbó, allí me quitó el short y las bragas de encaje, estaba totalmente desnuda sobre la cama y las sábanas frías hicieron que se me pusiesen los pezones durísimos.

    C: ¡Esta buenísima chiquita!

    L: ¡Ven, vamos!!

    Él se acercó a una de las estanterías y cogió un gel de masaje, después se acercó a un mueble de cuya presencia no me había percatado y sacó de uno de sus cajones un antifaz que me hizo ponerme.

    Sentí como se alejaba otra vez y cuando regresó empezó a atarme las manos, abrió el gel y echó un poco por mis pechos, después comenzó a esparcirlo con sus cálidas manos, acariciando hasta el último rincón de mi torso.

    Me dio la vuelta he hizo los mismo por la espalda, por los muslos, por mis nalgas… Cuando el masaje terminó me ató los pies, dejándome las piernas abiertas y comenzó a practicarme sexo oral.

    L: ¡Uhm, ah!

    C: ¡Que rica concha!!

    L: ¡Lo haces muy bien, uhm!

    C: ¡Ah, tú me inspiras!

    Tenía muchísimo que un sexo oral me tenía loca, no solo pro como me tenía dominada si no por lo bien que usaba su lengua, sentía que me había sacado la lotería esa noche.

    Parecía que dominaba esta técnica e hizo que me corriese en pocos minutos, fue el momento en el que se separó de mí y escuché como sus pantalones caían al suelo.

    Estaba deseando de que me hiciese suya, se subió encima mía, se sentó sobre mi pecho y me metió la polla en mi boca, yo empecé a hacerle una mamada que, a juzgar por su respiración entrecortada y sus leves gemidos le gustó.

    C: ¡Ah, que rico nena!!

    L: ¡Uhm, uhm!!!

    Su rico y duro pene era tragado por mí, los ruidos que hacia me tenían cachonda, el continuaba disfrutando de las chupadas que le daba, quien me iba a decir que esa noche había encontrado un buen semental.

    Yo el tragaba la verga de tal forma que el no aguanto más y terminó corriéndose en mi boca, yo me tragué su leche y seguí chupándole la polla un poco más para limpiársela.

    L: ¡Mmm! ¡Delicioso!

    C: ¡Lo haces bien, riquísima putita!

    Se bajó de encima de mí, sentí como una vez más se alejaba, fue a por lubricante el cual me lo echó por las tetas, por el clítoris y por la vagina.

    Podía notar el rico olor a fresa, empezó a chuparme una teta, lo hacía con ternura, pero a la vez con pasión, después pasó a la otra, acariciaba los pezones suavemente con la lengua y sus labios abrazaban la piel de mi pecho, bajó rápidamente a mi vulva, me volvió a comer el coño con una maestría sorprendente, pero esta vez paró antes de que llegase a mi segundo orgasmo.

    C: ¡Ahora si me vas a sentir nena!

    L: ¡Si, lo ansió mucho!

    C: ¡Que rica puta eres!

    L: ¡Métemela!!

    Se puso un condón y sin pensárselo dos veces empezó a penetrarme sin que yo me lo esperase, al sentirlo dentro gemí con fuerza y disfruté de cada embestida, me metía y me sacaba la polla con fuerza, mientras lo hacía tocaba mis tetas, me besaba el cuello y yo no podía parar de gemir.

    L: ¡Ah, uhm, ah!

    C: ¡Eso, gime, vaso uf!!!

    Nunca había experimentado lo excitante que era no ver lo que va a pasar y dejarme hacer lo que la otra persona quisiera, en ese momento era su juguete y además me gustaba serlo.

    Me desató, pero me dejó con el antifaz puesto y me preguntó si alguna vez había practicado sexo anal y que si me gustaría hacerlo.

    L: Ya lo he hecho antes, ¡uhm!

    C: ¡Me dejaras darte por ahí!

    L: Claro, ¡cógeme!!

    C: ¡Que rica puta!!

    Me puso a cuatro patas y sentí cómo cogía algo más del cajón, me hizo un beso negro y jugueteó con su lengua en mi culito, me metió un dedo, después dos y empezó a prepararme para la penetración.

    Después me puso lubricante para que su rica verga resbalase más y comenzó a frotar la polla con mi raja.

    De repente paró y fui consciente de lo que había ido a buscar antes al cajón, ¡era un huevo vibrador! Me lo metió en el coño, iba por el control remoto, él decidió cuando lo apagaba, cuándo lo encendía y a qué velocidad iba.

    Por el momento estaba apagado, siguió restregando la polla por mi culo y de repente sentí cómo lo encendía, la vibración era más potente que la de otros que había probado.

    Pocos segundos después de encender el vibrador empezó a meterme la polla por el culo, despacio para no hacerme daño, a mí no me dolió nada, estaba muy excitada.

    Él empezó a follarme el culo, cada vez más rápido, cada vez más duro.

    C: ¡Nena, que rico aprietas, uhm!

    L: ¡Mas, uhm, mas!

    C: ¡Toma, uf!

    L: ¡Cógeme, así, uhm!!

    Me había convertido en la puta del camarero, el apagaba el huevo y cuando lo encendía la vibración era más fuerte, estaba gozando como una perra, no había gemido así en mi vida.

    De no ser por la fuerte música de la discoteca, me estaría escuchando todo el edificio, estaba al límite, me preguntó que, si estaba preparada, no sabía para qué, no me dio tiempo a preguntar.

    Me levantó, me puso de pie y me hizo agacharme contra el famoso mueble.

    Me quedé con el culo en pompa y la cara contra el mueble, todo esto sucedió muy rápido, entonces puso el vibrador a máxima potencia y me empotró con todas sus fuerzas.

    L: ¡Ah, que rico!

    C: ¡Uhm, ah!

    L: ¡Que rico, no pares, uhm!

    C: ¡Toma, uhm, toma!!

    Sus ricas embestidas, combinadas con la pose y el vibrador me tenían aullando como perra.

    El camarero se daba gusto teniéndome sometida, me convirtió en su juguete sexual y me estaba haciendo gritar como nunca antes hasta ese momento.

    No tardé ni un minuto en correrme a chorros, tanto que manché el suelo.

    L: ¡Ah papi, uhm!

    C: ¡Córrete, así perra, uhm!

    L: ¡Ah, esto es la gloria!!

    C: ¡Ahí voy yo!!!

    Él también se corrió dentro de mi ano, notaba su semen caliente, me saqué el vibrador, estaba empapado de mis flujos.

    El orgasmo había sido tan fuerte que ni me pude mover durante unos minutos, cuando las piernas dejaron de temblarme, me tumbé y me quedé dormida.

    Al despertarme, él seguía durmiendo a mi lado, yo me vestí y me fui a buscar el coche para volver a casa.

    La experiencia de ser sometida y tratada como juguete sexual, fue inolvidable, a veces me dan ganas de regresar a ese bar, pero lo pienso un poco porque todo ya cambio.

    Saludos su amiga Lety.

  • Vecina, madre joven y necesitada

    Vecina, madre joven y necesitada

    Llevo todo el tiempo prestando atención a vuestros movimientos, por el piso. Estoy en un total silencio, expectante, esperando oír a tu pareja cuando salga del piso.

    Por fin parece que se dirige hacia la puerta. Sí, la oigo abrirse. Y el ascensor subir. Bajar. Mmmm.

    Me acerco a la ventana, sin que se me vea desde fuera. Le veo subirse al coche.

    Espero unos minutos, a que se aleje…bien, ya está. Vía libre.

    Vaya, parece que te has calzado zapatos de tacón. Oigo ese cadencioso sonido repicar en mi techo, cuando andas con ellos puestos.

    Abro la puerta con sigilo, y subo por las escaleras. Es solo un piso y hay que hacer ejercicio ahora con esto del confinamiento.

    Llamo al timbre. Oigo pasos, de nuevo ese taconeo. Se abre la puerta y, ahí estás. Guapa y sensual. Con una camiseta blanca de manga larga, que ciñe tu pecho, y una falda generosamente corta, también blanca y de pliegues. Como las de las colegialas…

    -¿Sí? Ah, hola, dime.

    -Verás, siento molestarte, pero no tengo luz en mi piso. He llamado a la compañía y me han dicho que tal vez sea algo del contador de abajo, y que tienen muchas llamadas, y con eso de las restricciones, pues… eso que tardarán en venir.

    -Vaya, ¿Y?

    -Pues que como sé que tu pareja es el presidente, si me pudieras dejar las llaves del cuarto de contadores, a ver si pudo solucionarlo yo mismo.

    -mmmm, sí, cierto las tiene por aquí -te giras y buscas en un armario alto que hay en la misma entrada. Al ponerte de puntillas, todavía la falda parece más corta.

    -Creo que están aquí arriba. Las toco, pero no alcanzo a cogerlas. ¿Me ayudas?

    Entro y después de entronar un poco la puerta, para evitar miradas indiscretas, me coloco detrás de ti y paso mi brazo por encima de tu hombro hasta alcanzar con mi mano la tuya. Mi cuerpo está pegado al tuyo. Me he preparado bien, y llevo un pantalón corto de deporte, sin boxers debajo. Así que mi verga está muy pegada a tus nalgas. Y encima tú te echas aún más para atrás, como intentando coger las llaves.

    Pasan unos segundos que quisiera que nunca terminaran, y no puedo evitar colocarte mi otra mano sobre tu hombro izquierdo, en un gesto de posesión para que ni se te ocurra moverte.

    -¿Las alcanzas?

    -mmmm ahora, sí, las tengo, María -He dejado de acariciarte la mano y cojo las malditas llaves.

    -Pero esas llaves son de la presidencia. Si mi pareja sabe que te las he dejado, igual se molesta. Ya sabes, luego hay muchos que no las devuelven.

    -Mujer, soy honrado. Pero vamos, vente conmigo y así te las subes tú misma.

    -No sé… espera que le digo a los niños que regreso en un momento.

    Y te alejas por el pasillo, dejándome con una erección ya evidente.

    Andas como una modelo, pisando una línea recta imaginaria en el suelo, sin que tus pies se separen de ese recorrido ficticio, y ello hace que esa falda bambolee de forma muy sugerente.

    -Niñaaa, vigila a tu hermano que voy un momento al portal por un tema del suministro eléctrico.

    -Vale, mami -se oye desde el fondo del piso.

    Coges las llaves de tu piso y salimos. Cierras con llave, para evitar que tus niños puedan salir al rellano o lo que fuere.

    -Coge el ascensor -te digo.- Yo ya bajo andando, así evitamos el contacto próximo.

    Estamos en la escalera y cualquiera podría vernos.

    Cuando llego al portal, estás ya con la puerta del cuarto de contadores abierta y me miras con una sonrisa pícara.

    Sin mediar palabra (hay que evitar conversaciones…) entro y tú me sigues, al tiempo que me entregas las llaves. Pasas por mi lado, rozándome con generosidad y yo, entendiendo tu intención al darme el manojo de llaves, cierro la puerta y le doy una vuelta a la cerradura.

    Nos hemos quedado a oscuras. Se trata de un lugar sin ventana ni tragaluz alguno, y con tan solo una rejilla de ventilación en la puerta. Busco con mi mano el interruptor al lado de la puerta, y me encuentro con tu falda, mmmm estás justo delante de mí.

    Enciendo la luz. Una pequeña bombilla situada justo encima del cuadro de contadores, al fondo, y que apenas ilumina donde estamos ahora. Te cojo por la cintura y te empujo hacia adentro, un poco más lejos de la puerta.

    Me miras. Mis manos se posan en tu cara, apretando tus mejillas, y mientras te apoyo en la pared, mis dedos pulgares dibujan tus labios y tu boca se abre.

    Te beso. Con un beso largo, intenso, que va in crescendo a medida que nos vamos sintiendo más calientes.

    -Ufff -suspiras.

    -Pssschhh, flojito, que si pasa alguien puede oírnos.

    Y te volteo, de cara a la pared. Colocas tus manos abierta sobre el yeso blanco, a la altura de tu cara, y ladeas la cabeza, para intentar verme.

    Empujo tu cabeza contra la pared, y me apoyo con todo mi cuerpo encima de ti. Al sentirme, te mueves, masajeando mi polla con tus glúteos, perversamente.

    -Ohhhh -se te escapa un susurro.

    Al tiempo que bajo mis pantalones, saco del bolsillo un pañuelo impoluto lo doblo, y te lo ofrezco para que lo cojas con la boca. Así evitaremos ruidos excesivos.

    Mis manos diestras están ya debajo de tu falda, amasando ambas nalgas, y meto un pie entre los tuyos para que separes las piernas. Ha sido buena idea lo de los tacones, porque así quedas perfectamente a la altura necesaria para lo que se avecina.

    Acerco mi boca a tu cuello y empiezo a lamerlo con lujuria. Mi mano derecha se abre camino entre tus piernas, y asía con un dedo ese cordón fino de tu tanga que une la parte delantera con la cintura, justo pasando por dentro de tu raja. Y tiro de él hacia abajo, para tener acceso libre.

    Mueves tu cintura, para facilitar la maniobra. Y ya estoy en tu sexo. Empapado, suave, con ese ligero vello que cubre en un rectángulo deliciosamente dibujado la parte superior del mismo.

    Juego con ese velo, con dos de mis dedos, mientras mi polla se roza con tus nalgas de forma insistente y descarada.

    Perfecto lo del pañuelo. Porque gimes, pero apenas se percibe.

    Acerco mi boca a tu oído. Te lamo justo detrás de la oreja hasta dejarte bien mojada esa parte tan sensible. Y te susurro al oído:

    -Ayer fue muy rápido, hoy tenemos más tiempo.

    -A ha -me respondes con una voz ahogada y moviendo la cabeza negando.

    -Entiendo, los niños están solos. Pues disfruta, vecina, que a mí ya me tienes loquito.

    Con mi mano izquierda me abro camino bajo tu camiseta hasta encontrar uno de tus pechos, que amaso con firmeza, para después proceder a masajear tu pezón con mimo. Esta duro y prominente. Son dos garbanzos de buen tamaño que deben ser tratados como se merecen.

    Mis dedos dentro de tu sexo, exploran tu cavidad y encuentran ese clítoris hinchado y endurecido que está pidiendo a gritos ser frotado hasta la saciedad.

    Te voy susurrando al oído, no quiero dejar de ser atrevido.

    -Muy bien, así nena, así me gusta tenerte, como te sueño cada minuto del día, cada vez que te oigo andar por el piso sabiendo que estás sola, y desatendida…

    -Te gusta, ¿verdad?, te noto bien húmeda. Así te correrás y te quedarás bien servida. Seguro que te mueres de ganas de sentirme dentro.

    Asientes con la cabeza, al tiempo que tus dedos se crispan sobre la pared.

    Te cojo por las caderas con ambas manos, te coloco un poco más hacia atrás para facilitar la entrada, y coloco la punta de mi falo entre tus nalgas. Todo el trayecto se presenta bien lubricado, así que la entrada se produce con suavidad, aunque me esfuerzo en que sea un movimiento lento para que lo disfrutemos al máximo. Lento pero seguido, sin detenerse en el recorrido hasta su final. Sintiendo el roce en mi piel del cavernoso tejido prieto que envuelve todo el interior de ese maravilloso y sensible coño de mujer deseosa.

    Cuando siento que mis huevos chocan contra tus nalgas en la punta de mi miembro siento el contacto de tu interior más profundo.

    -Ya está, nena, ya la tienes toda dentro. Así debes estar siempre. Siempre que quieras, me lo pides, ¿entiendes?

    Afirmas con la cabeza y te agitas respirando.

    Ahora toca salir, con la misma lentitud, suave, sin detenerme en la maniobra, hasta casi salir por entero de ti, justo al borde de tus labios vaginales.

    Sueltas un quejido de protesta. Estás caliente y la quieres dentro.

    Ahí va de nuevo, eso es, hasta el fondo, ahhh, muy bien.

    -Iré acelerando zorrita, no temas, será un buen sexo para los dos, cielo.

    El movimiento acompasado empieza a acelerarse, y el chasquido de mis huevos contra tus nalgas es una muestra evidente de que todo está empapado por nuestros fluidos que preparan el terreno para que todo resulte más placentero.

    Tus gemidos son constantes, a cada entrada, y tu cuerpo se mueve al unísono con el mío, justo en el sentido opuesto, para poder hacer mayor el contacto en tus adentros cuando te penetro.

    Acerco un dedo a tu clítoris, porque ya no necesito sujetarte por las caderas, y quiero conseguir que tengas un orgasmo clitorial y vaginal a la vez.

    -Me voy a correr, María, me vengo en ti, zorra, cielo, niña ohhh -te susurro mientras mordisqueo el lóbulo de tu oreja.

    Y sale con fuerza el chorro de esperma caliente que, en varias sacudidas, baña todas las paredes de tu coño por entero.

    Te temblaban las piernas mientras te corrías, y ese vaivén ha acelerado más mi orgasmo, logrando soltar hasta la última gota de mi reserva de leche.

    Poco a poco salgo de ti. Te giras y apoyas tus manos en mi cintura, no sin antes sacarte el pañuelo.

    Te miro con una inmensa dulzura y agradecimiento, mientras mis manos te suben la camiseta hasta casi el cuello.

    Ahora mi boca juega con tus pezones y aureolas, se enganchan mis labios, y te succionan, como queriendo beber de tu elixir femenino.

    Jadeas y me acaricias el cabello. Tus dedos se enredan entre mis canas varoniles.

    Mis manos vuelven a sujetarte la cara por las mejillas y ladeando tu cabeza, nos fundimos en un nuevo y apasionado beso, esta vez con grandes dosis de ternura y mimo.

    -Eres preciosa.

    -Nos vamos a tener que ir, esto es muy atrevido -me dices al tiempo que te agachas en cuclillas delante de mí y acaricias con las dos manos mi falo, para lamerlo con suavidad y dejarlo sin rastro de mi corrida.

    -Salgo yo primero y subo por la escalera. Cierra tú y coge el ascensor. Cuando te hayas recuperado, y antes de quitarte los zapatos, me das tres taconazos en el suelo si te ha gustado. Si crees que puedo mejorar, me das dos. Y si no quieres repetir, uno.

    -Te vas a quedar sordo de los taconazos que voy a darte, tonto.

    Sonrío y te echo una última mirada de arriba abajo. Te acaricio con suavidad y ternura el pelo.

    -Gracias, vecina.

    -A ti, Enrique. Venga, sal.

    Subo las escaleras, pero me detengo en mi rellano. Oigo pasar la cabina del ascensor y detenerse en el tercero. Sales, abres la puerta y la cierras con extrema suavidad detrás de ti.

    Sonrío. Llamo al ascensor. Baja y se detiene en el segundo. Se abren las pertas. Extiendo un brazo y desde fuera de la cabina, pulso el botón de la planta baja. El ascensor obedece y baja hacia su destino.

    El ascensor tiene que estar donde lo dejó tu pareja cuando se fue. Con el confinamiento, y en domingo, nadie sale de su casa, hay que ser precavido, y pensar en cada detalle.

    Entro en mi casa, me dirijo al sofá y espero tranquilo tu señal de que todo está correcto.

    Quiero repetirlo. Encontraremos el modo y la forma, porque esto es un ya un delicioso vicio.

    Estoy contento, porque te presiento ahora bien atendida y satisfecha.

    Algunos no valoran la joya que tiene en sus aposentos…

  • Tarde de diversión

    Tarde de diversión

    Estaba viendo la televisión, sentada en el sillón. Vestía de entrecasa, solamente una tanga y un remerón que me llegaba por debajo de mi redondita cola. Habiendo estado toda la tarde sola, extrañaba a mi Amo. Despacio, en puntitas de pie, llegué hasta la habitación en donde había estado toda la tarde trabajando. Allí estaba, sentado en su silla, con las manos en la cabeza, leyendo una y otra vez lo que había en la pantalla del ordenador. Él también se encontraba de entrecasa, pero tenía más ropa que yo, vestía una remera y un pantalón de pijama. Realmente se lo veía muy frustrado, sus manos pasaban por su pelo y cuello, pensando en la forma para solucionar el problema.

    Entré despacito a la habitación evitando que se diera cuenta de mi presencia, me puse detrás de él y empecé a masajearle el cuello. Se sobresaltó un poquito, pero al darse cuenta que era yo, se relajó, solo un poquito, y me permitió continuar. Le di besitos por detrás de las orejas, mientras mis manos masajeaban firmemente su cuello. Comenzó a relajarse poco a poco, así que mis besos comenzaron a ir por su cuello, donde también dejaba una que otra lamida. En la pantalla se reflejaba su cara, que comenzaba a ser de placer, y eso me excitó mucho.

    Me di la vuelta, quedando frente a él, pidiéndole permiso me subí encima de él. Al sentarme en sus piernas noté que alguien había despertado. Mi amiguito, todo rico, se estaba levantando para jugar conmigo. Continué dándole besos en el cuello y fui subiendo hacia su boca, en donde nuestras lenguas se enlazaron, provocando que nos encendiéramos aún más de lo que estábamos. Sus manos acariciaban, apretaban y estiraban mis tetas, dándome muchísimo placer. Mi cadera comenzó a moverse en círculos, refregando mi conchita húmeda con el duro falo de mi Amo. Esto pareció gustarle ya que sus manos bajaron directo a mi cintura para ayudarme, para sentirme aún más. Tranquilamente se podría decir que estábamos cogiendo con ropa, pero quería darle más, quería que se relajara por completo.

    Mis manos fueron al borde de la remera y entendiendo lo que quería levantó los brazos para ayudarme. Su pecho al descubierto lo único que me provocaba era llenarlo de besos y lamidas, así que eso hice. Mis labios fueron nuevamente a su cuello, bajando cada vez más, mordiendo suavecito y pasando mi lengua, haciendo que la piel se erice. Súper convencida de que ya era hora de seguir le di un buen beso con lengua, me bajé de sus piernas y mientras lo hacía, me llevé conmigo el pantalón de pijama, llevándome la sorpresa de que debajo de él estaba desnudo.

    Sonriente saqué mi lengua y la pasé por toda esa verga rica, metiéndomela toda en la boca, comencé a subir y a bajar. Mis ojos se van hacia los suyos su cara de placer se vuelve muy pervertida “¿Te gusta pequeña?, ¿Te gusta tu juguetito?”. Súper excitada, me como su verga completamente, cosa que parece gustarle tanto que lleva sus manos a mi cabeza provocando que no pueda levantarme a respirar. Muy despacio va aflojando la presión permitiéndome respirar solo un poco, tan solo dos segundos después volvía a tener su verga hasta el fondo de mi garganta, otra vez privándome de respirar. Esto provocaba que cada vez estuviera más y más empapada, pero hoy no era para mí, hoy todo el placer lo necesitaba él.

    Mi Amo decidió cambiar el ritmo, sujetando mi pelo en una coleta comenzó a subir y abajar, al principio lento, pero a medida del paso del tiempo comenzó a aumentar cada vez más y más. Jadeaba, estaba el límite, así que aumento aún más, con un ritmo bien marcado. “Mmm, pequeña, ahí tienes tu premio”, toda su leche fue directo a mi estómago, soltó mi cabeza y se relajó. Mientras él se calmaba yo me dedicaba a limpiar esa riquísima verga, pasaba mi lengua por el glande recogiendo las últimas gotas de mi premio que quedaban allí.

    Me levanté relamiéndome los labios, no queriendo desperdiciar ninguna gota. Lo besé realmente apasionada y le dije “Ya, papi, así ya más relajado podes seguir trabajando, yo voy a ver la tele”.

  • El préstamo: Claudia paga en abonos

    El préstamo: Claudia paga en abonos

    Claudia no podía abrir los ojos, apenas podía respirar y el olor era sofocante. Pero esta historia comienza un mes atrás.

    Claudia cumplió dieciocho y de regalo, sus padres le regalan el teléfono que tanto quería. Gastaron dinero que no tenían en complacer a su nena adorada. Más de veinte mil pesos. La tragedia vino una semana después. En una salida con sus amigas, olvidó su teléfono en el taxi. Por más que marcó e intentó localizar al conductor le fue imposible. Lloraba y le temblaban los labios.

    —Luego te compras otro —Le decían sus amigas, intentando consolarla.

    —No entienden… puta madre, ¿qué voy a hacer?

    En cuanto llegó a su casa, su papá la recibió a regaños.

    —Tengo dos horas llamándote, no contestas los mensajes, ¿dónde andabas?

    —Estaba en casa de Lupita, hicimos una tarea.

    —¿Pero por qué no contestas el celular? —no podía decirle que lo perdió, la garganta se le quebraba.

    —Se me acabó la pila y lo dejé cargando… se me olvidó —trató de subir a su habitación pero, desde la cocina su madre gritó enojada.

    —Mira niña que no nos costó dos pesos para que lo andes dejando donde sea.

    Mientras estaba tirada en su cama, con ese vacío en el estómago repasaba sus opciones. Ser sincera con sus padres. Fingir un robo. O tal vez…

    Buscó su teléfono viejito y abrió los contactos, ahí estaba Manuel, su vecino. Tenía un pequeño negocio de auto lavado. Siempre le decía que pidiera lo que fuera, pero obvio ella se oponía. Manuel estaba cercano a los cincuenta años y además era el papá de su mejor amiga Abril. Respiró onda y apretó el botón de llamada…

    —Hola

    —Hola hermosa, que milagro. Va a llover mamacita.

    —No sea así don Manuel…

    —Quítale el “Don” ¿tan viejo estoy?

    —No es eso… pero pues… quería pedirle un favor muy grande —la voz volvía a quebrarse, y ahora le temblaba todo el cuerpo que tenía una extraña sensación de frío.

    —Ya me platicó mi hija de tu teléfono… pero es un chingo de lana mija…

    —Pero se lo pago, si lo saca a meses o así…

    —Mira, sin rodeos. Tú sabes que me gustas… —la pausa fue de segundos y a Claudia le pareció una eternidad.

    —…

    —¿Sigues ahí?

    —Si… —Respondió con la boca totalmente seca.

    —Yo te quiero dar una buena sacudida mijita, pero igual es mucha lana.

    —No… sexo no…

    —¿Entonces con que piensas pagarme? ¿Con tus domingos? Mira mija, nos ponemos de acuerdo o búscale por otro lado… me avisas.

    Aunque dio por terminada la negociación, Manuel no colgó. Escuchaba la respiración agitada de Claudia.

    —Es que… pero sexo no…

    —Mija, y si me das unas mamadas de verga. Ya sabes eso, vi los mensajes donde le platicabas a mi hija de tu novio. Te doy trescientos por cada sacada de leche y ahí me vas pagando… ¿le entras o qué?

    —Es muy poquito —Manuel tenía ya la verga dura solo de sentir que dominaba la situación y que esa morrita por fin estaría en sus manos.

    —quinientos y es mi última oferta, son como veintitrés mil que voy a desembolsar.

    —Pero Abril… ¿no se entera de nada verdad?

    —Ni madres, es entre nosotros, ¿se arma pues o qué? —el bulto en su pantalón estaba a punto de estallar, igual que sus pulsaciones. Solo esperaba una respuesta.

    —Si… pero lo ocupo mañana…

    —Mija, saliendo de la escuela te vienes directo al auto lavado. ¿De qué color quieres tu telefonito?

    —Negro…

    —Te veo mañana mija, no te rajes que voy a comprarlo en la mañana. Ya con la factura hacemos cuentas.

    —Si…

    Al día siguiente, Claudia se despidió de sus amigas. Fue extraño despedirse de Abril sabiendo que iba directo a ver a su padre, todas aún estaban angustiadas por ella, pero ella se veían más tranquila y confiada. Eligió los jeans azules con los que se le marcaba más el culo, sus nalgas eran bellas y redondas. También eligió la camiseta de osos. Era vieja, así que se ajustaba muy bien a sus tetas. Cuando llegó, los trabajadores la miraron de arriba abajo.

    —¿Ya es navidad? —dijo uno mientras los demás chiflaban.

    —¡como la traigas mamacita!

    Enseguida salió don Manuel y todos callaron como por acto de magia.

    —¡¿Mucha pinche fiesta no?! —la miró con el mismo morbo que los trabajadores y la guio hasta su oficina, en cuanto entró cerró la puerta y las cortinas.

    —Hola…

    —Hola chiquita, acá esta tu encargo. Negro, 120 gigas de memoria y en plan para que nunca te falten datos o saldo.

    —Gracias…

    —¿Gracias? No mija, acá esta la factura. 23,500 o sea 47 mamadas.

    —Otra vez la garganta de aludía se secó, pensaba que se le olvidaría esa parte del trato. Pero don Manuel ya sobaba sobre su pantalón aquel bulto que debía meter en su boca.

    Él la acercó y puso su mano sobre aquel bulto, Claudia podía sentir el pedazo de carne, duro, bien firme. Don Manuel bajó su cierre y aquella verga saltó buscando la salida. Ella cerró los ojos y se inclinó. Pero la detuvo.

    —No, así no. Arrodíllate, quiero ver tu cara mientras me a chupas —Ella obedeció casi sin poder cuestionar y en cuanto levantó la mirada, la tomó de la cabeza y la condujo hacia él.

    —¡ouch! —La verga chocó contra sus labios, ella volteó la cara, pero enseguida Manuel la enderezó.

    —Abre esa boquita mija y ve acostumbrándote. Eres mi putita.

    En cuanto separó los labios, entró la verga con fuerza. Se sintió asfixiada, luego él sacó su verga ya embarrada de saliva y recogió su cabello con ambas manos para ver ese rostro angelical.

    —Dale mamita, chúpame la verga

    —Pero despacio…

    —ándale dale, a tu ritmo mija.

    Claudia ensalivó aquella verga, chupó suavemente mientras sentía él estremecimiento de Manuel.

    Con el cabello recogido, podía mirar esa carita angelical llenarse de su verga, no era muy grande, pero tenía tamaño suficiente para llenarle la boca. Al principio le dio un poco de asco. Pero recordaba que gracias a él tenía teléfono nuevamente y chupaba con más fuerza.

    —¡haaag! Haaaa!

    —No mames, chupas bien rico cabrona sabía que esa boquita me haría feliz!

    Y aunque estaba disfrutando, sentía como iba a estallar en cualquier momento. Apretó más su cabeza y terminó llenándole la boca de semen.

    —¡haaagh! Hahggg!

    —No mames no mames no mames!

    Inevitablemente tragó el semen, no pudo sacar esa verga de su boca, el sabor que ya conocía estaba en su garganta. Los pocos fluidos que quedaron los escupió mientras Manuel la miraba sonriendo de oreja a oreja.

    —Así no…

    —¿Así… cómo? —preguntó mientras se subía el cierre guardando su verga.

    —No me gusta comérmelos…

    —¿Entonces? Bueno, mañana ya no te los comes ok

    Salió limpiándose la boca y escuchando los comentarios nuevamente.

    —¡pinche viejo suertudo!

    —con dinero dirás…

    —Pinche viejo cabrón, está bien buena.

    —¿de a cómo será? Yo si le pago guey!

    Al día siguiente llevo una liga para su cabello, aún le dolía la cabeza de los jalones que le dio Manuel. Se despidió de sus amigas y llegó directo a la oficina, sin molestarse en escuchar a los trabajadores.

    —Hola hermosa —Ella cerró la puerta y se arrodilló, con sus manos buscó la verga en los pantalones de Manuel.

    —¿Hoy traes ganas?

    —Quiero pagar mi deuda —El pene estaba aún flácido y fue cobrando tamaño y dureza a cada mamada. La lengua de Claudia daba vueltas en la verga y luego la metió por completo. Chupaba con ganas de terminar lo antes posible y escuchaba los gemidos de Manuel. Que grababa con su teléfono aquel momento de placer. Enseguida sintió como se retorcía y sacaba su verga. Pensó que acabaría en el piso, pero Manuel apuntó a su cara y soltó unos chorros de leche que cayeron en su frente y ojos, resbalando por sus labios, por su barbilla.

    —Así tampoco me gusta… —decía sin poder abrir los ojos.

    —Pues es así o te los comes, para tirarlos a la coladera en mi casa.

    —¿con que me limpio?

    —¿que?

    Manuel buscó, pero no tenía nada ahí, entre risas le dijo.

    —El baño está del otro lado, o están las mangueras a presión mija.

    —Hay —con un poco de papel se limpió los párpados y la boca, luego con su camiseta otro poco. Sentía pegajosa su cara. Aun así salió sin mirar a nadie y en la esquina compró un agua. Un señor que vendía nieves la oraba con morbo.

    —¿De qué te ensuciaste hija?

    —De nada —se fue directo a casa y se bañó, se sentía sucia. Por fortuna era viernes y lo vería hasta el lunes.

    Para el lunes, Claudia llevaba papel, toallitas húmedas y una diadema. Entró directo a la oficina y vio a Manuel con otro señor.

    —Perdón, regresó en diez minutos.

    —No no no, quédate, hoy vas a dar abono doble —ambos se sonrieron.

    —Así no…

    —Así si, ¿no que te urge pagarme cabrona? —cerró la puerta y ambos bajaron sus pantalones, el otro era un tipo gordo, sudoroso.

    —¡Órale que tienes chamba mija!

    —Está bien bonita cabrón…

    —Dato importante, no se los come. Se los embarramos en la cara.

    —¡No mames la compro!

    —No, así no…

    —¡A mamar pendeja! —Claudia con un nudo en el estómago comenzó a chupar la verga de Manuel, la del otro tipo le cocaba en la mejilla esperando su turno. Cuando pudo entrar le jalo la cabeza para meterla a fondo.

    —Despacio cabrón, la vas a desnucar.

    —Pinche morra está bien sabrosa no mames ¿cuánto por coger?

    —¡Puras mamadas carnal, es el trato si te gusta!

    —¡Me encanta!

    Con las manos se ayudaba para masturbarlos mientras su boca se ocupaba de uno y otro. Hasta que el gordo sacó su verga se vino en su cara, lo choros le mojaron la frente, estaban escurriendo cuando otros con más fuerza chocaron en sus ojos.

    —¡Hija de la chingada no mames que rico!

    —¡Mira como quedó la cabrona!

    Claudia sacó a tientas su toallitas y limpió a conciencia su cara.

    —¿Así tampoco mija?

    —No…

    —¿por que?

    —Es mucho… no me gusta.

    —¡Es mucha leche ja ja ja!

    —Tremenda pendeja.

    Salió enojada y se fue pensando en no volver a hacer eso con dos tipos a la vez. Y lo conseguiría. Al día siguiente cuatro tipos esperaban con sonrisas perversas.

    Al parecer traía a todos sus amigos, cerró la puerta antes de que ella quisiera escapar.

    —A este paso, vas a acabar de pagarme muy rápido niña.

    —¿Y es mayor?

    —Sí, cumplió dieciocho hace quince días.

    —Neta está bien sabrosa —dijo el gordo de la semana pasada.

    —A darle mija, no vinimos a platicar.

    Apenas empezó sentía una tras otra las vergas entrar a su boca sin descanso, chupaba y jalaba con ambas manos. Le dolía la mandíbula y tenía adormecidos los brazos. Mientras escuchaba a todos festejas al rededor suyo.

    —¡Pinche chamaca pitando mames!

    —Pinche boquita y mira como mamá verga la cabrona.

    —¿En su cara dijiste?

    —¿A poco ya? —Preguntó Manuel de modo burlón.

    —¡No a diario te la chupa una morrita así de rico!

    Uno a uno fueron terminando sobre su rostro, manchando un poco su cabello. Sus párpados le pesaban, no abría la boca porque se filtraba el semen en su boca. Sentía como escurría por su cara el fluido tibio de esos cuatro tipos que reían para sí, festejando el tenerla como su puta.

    Se acabó las toallas y no limpió por completo el semen, salió a comprar agua y el señor de las nieves la miraba enjuagarse incrédulo.

    No fue hasta el viernes, aún le dolía la quijada, Manuel le prometió que solo sería el, así que llegó a tiempo su kit de limpieza, pero apenas y cabían en esa pequeña oficina. Eran siete en total. Claudia se quedó en el umbral de la puerta. La jaló Manuel y ella con la cabeza abajo, balbuceaba que no quería. Pero con el ruido de todos nadie la escuchaba, algunos le estaban metiendo mano en el culo y en sus tetas. Así que se arrodilló para terminar de una buena vez con eso. El primero que puso su verga frente a su boca fue el señor de las nieves, que sonreía de oreja a oreja.

    —¡Viejo cabrón!

    —Los mejores mil pesos invertidos en mi vida.

    Mientras ella se ocupaba de chupar cuanta verga le llegaba, un mar de manos logró zafarle la camiseta y bajarle un poco el pantalón. Dejando a la vista sus nalgas perfectas. No tenía manera de detenerlos. Solo mantenía la boca abierta recibiendo trozos de carne sin descanso.

    —No, yo ya no aguanto…

    —¿Otra vez? Pinche precoz cabrón.

    —Voy, no mames voy…

    Solo sintió el primer chorro mojar su rostro, después cayeron uno tras otro. Algunos incluso les dieron tiempo de volver a lanzarle su leche por segunda vez.

    Sentía la cara pesada, el semen le escurrí por sus tetas desnudas y rojas de tanto apretón. Mientras intentaba inútilmente quitarse las plastas de semen, seguían agarrando sus nalgas, apretando sus tetas e insultando sin parar.

    —¡Qué buena puta!

    —Déjate dar unas metidas de verga cabrona

    —que te animas, yo jalo mija.

    Se puso su camiseta y salió, era notoria la viscosidad en su rostro, viajó en el autobús con la cara abajo, además apestaba a semen. Se bañó y al salir le reclamo por teléfono a Manuel.

    —¿Qué pasó?

    —Es que así ya no… además les cobras mil yo solo te abono de a quinientos

    —Son negocios flaca, pero mira. ¿Quieres acabar rápido de pagarme?

    —Sí, pero ya no lleves más, me duele la quijada.

    —Te cogemos mija, con condón, puro normalito, nada por el culo ¿o te gusta?

    —No… duele mucho…

    —Hay cabrona, ¿qué dices? De a mil por cabeza? Y aparte te doy dos mil a ti.

    —No se…

    —Ya nada más te quedarían cinco de tu deuda.

    —No, con los siete no.

    —Ándale, te vienes el lunes que descansan los trabajadores para que no estén chingando.

    —Bueno… pero normal… —Claudia estaba acorralada, ya no quería, pero debía terminar de pagar, además su amiga Abril le preguntaba a ¿dónde iba y como había pagado un nuevo teléfono? Sospechaba.

    Cuando llegó, vio incluso a uno de los trabajadores aplaudiendo. Eran diez, todos con una tira de condones en la mano.

    —Pásale mamacita, estamos todos listos.

    —No… son mochos no.

    —Huy ya se espantó

    —A mi me regresas mi dinero —dijo uno enojado.

    —cálmate, esta morra aguanta, es buena puta.

    La tomó de la cintura y la pasó hasta el escritorio, Claudia llevaba un vestido corto. En cuanto la recargó, le alzó el vestido y mojando sus dedos los hundió en ella.

    —Hay!

    —Nada de hay, ya saben, con condón y nada por el mil arrugas. Le duele.

    Otra vez el de las nieves fue el primero en hundirle su verga de un empujón.

    —Hay, me duele…

    —Métanle algo en la boca para que se calle.

    —Voy… —enseguida una tras otra las vergas ocuparon su boca y tuvieron que jalar al nevera para que dejara de penetrarla.

    —haaaag! Haaaay! Haaaag!

    Los ruidos guturales que generaba Claudia se intensificaban a cada cambio en sus espaldas. Esta vez, todos tomaban su turno. No querían terminar enseguida. Sus nalgas ya enrojecidas chocaban contra las vergas de cada uno de los señores. El escritorio era muy pequeño, así que ella quedaba empinada con sus nalgas bien levantadas. Ni siquiera le quitaron sus calzones lilas, solo los hicieron a un lado. Aunque su vestido y brasier ya estaban tirados en un rincón. No tenía descanso, uno tras otro ocupaba su puesto para poseerla.

    Casi una hora después el primero la jalo para terminar sobre su cara, los demás botaron sus condones y se auto estimulaban hasta tener su turno. Los chorros atravesaban su rostro. Frente, mejillas, labios, párpados. Y lo que escurría sobre sus tetas hasta sus pies. A pesar de parecer que no, Claudia lo disfrutaba. Le había agarrado el gusto a él sexo, le ardía su panochita, le dolía la quijada y aun así quería sentir más semen en su cara. De pronto sintió como todos se iban.

    —Yo me voy viejo

    —Creo que yo también.

    Cuando Claudia logró limpiar sus párpados y abrir un poco sus ojos, vio a su amiga Abril frente a ella. Boquiabierta y furiosa. Su papá aún con la verga de fuera, trataba de explicarle.

    Mientras Abril ayudaba a Claudia limpiarse todo ese semen de la cara, le platicó que él era un cabrón. Que una vez la apostó en un partido de fútbol y ella tuvo que tener sexo con un tipo asqueroso. Obviamente le dio tanto dinero para que ella aceptara y no le dijera a su madre.

    —Cuando te vi con un nuevo teléfono, sospeche de él.

    —Perdón… Claudia estaba avergonzada. Se fueron sin dirigirle la palabra a Manuel.

    —Ándale vamos, te llevo a tu casa. Ya pedí un taxi.

    —Gracias… yo no quería… pero mis papás me matarían…

    —Ya tranquila.

    Pasó una semana, Claudia le mando mensaje a Manuel.

    —Hola, todavía te debo dos mil.

    —¡¿Cuándo me pagas?! —Manuel rogaba porque su hija no le dijera a su madre o peor aún a los padres de Claudia. Pero pensaba que siempre obtenía lo que quería.

    —Voy al rato, pero tú solo…

    —Si mamita, acá te espero.

    Claudia llegó, la rechifla de sus trabajadores era la señal. Entró y lo saludo de beso. Le pidió que se sentara, que pagaría su deuda. Pero necesitaba hacerlo a su manera.

    —¿Y cómo es eso? —preguntó con risa sádica.

    —Siéntate, déjame a mi lo demás —le sujetó las manos por detrás del respaldo de la silla, se aseguró de que el nudo fuera fuerte. Luego amarró sus pies a las patas de la silla.

    —¡Mírala quien te viera con esa carita de ángel! —ahora ella sonreía, detrás suyo apareció Abril.

    —Hola papito, yo le voy a cooperar a Claudia —Llevaba un vestido corto floreado que apenas y le cubría las nalgas.

    Abril era más bajita, pero con piernas y cara bonita. Aunque era el mismo demonio. Su cara dulce, su cuerpo bonito y sus facciones finas engañarían a cualquiera.

    —¡Que chingados haces aquí! —aunque se quería mover, no podía más que agitarse en su lugar.

    —Ya te dije, cooperando. ¡Hey, vengan acá! —Les gritó a los trabajadores que veían boquiabiertos aquellos dos bombones.

    —¡Abril… no!

    —Y son cuatro, mira. Justo lo que se necesita para saldar la deuda.

    En cuanto el primero de sus trabajadores le tocó el culo a su hija, Manuel estalló. Gritando como loco.

    —¡SI LA TOCAS TE MATO CABRÓN! —Los cuatro dieron un paso atrás, pero Abril los jaló, justo frente a su padre. Luego se quitó el vestido, se arrodilló y amarró su cabello. Enseguida ellos sacaron sus vergas. No perderían esa oportunidad única.

    —Perdón jefe, pero…

    —¡Te vas a quedar sin chamba pendejo!

    —¡Me vale madres, pendejo! —Abril comenzó a masturbarlos, para poner firmes aquellas todavía flácidas vergas. Lógicamente olían a sudor, jabón y crema para pulir autos.

    —No dejes que se voltee —Le dijo a Claudia quien sostenía la cabeza de Manuel para que viera en primera fila, aquel espectáculo.

    Comenzó a mamar vergas, ella era experta. Ensalivó a todos y cada uno. Las metía hasta su garganta mientras los cuatro trabajadores le sobaban los pechos, pequeños, pero firmes. Jaló a Claudia y ambas se besaron.

    —¡Está bien chula su chamaca!

    —También la güera, pinches nalgotas.

    —¡CÁLLATE CABRÓN! ¡ABRIL… POR FAVOR YA BASTA!

    —¿por qué? Si estas vergas saben delicioso. ¿O no? —Le preguntó a Claudia que asintió mientras mamaba una verga con intensidad.

    —Déjelas patrón, quieren verga.

    —¡YA BASTA CARAJO! ¡Claudia perdón!

    —Cállate o también me los cojo…

    —shhh… —Dijo Claudia poniéndose un dedo en los labios

    —¡No no, amor! Podemos llegar a un arreglo. ¡Pero ya para, ustedes los voy a matar hijos de su puta madre!

    —¡No mata, pero después queso saquen toda la leche!

    —Te dije… —Se levantó, para recargarse en él, podía sentir el olor a mugre salir de su boca. Con las nalgas dispuestas, se empujaron hasta que uno por fin la tomó de las caderas y metió su verga. Mientras otro le llenaba la boca de verga a Claudia.

    —¡Mijita, ya aprendí la lección… ya! —Abril pujaba frente a su cara, haciendo que las tripas se le revolvieran. Luego Claudia se levantó y se acomodó a su lado, le bajaron los shorts que llenaba y le hicieron a un lado su calzón para penetrarla. Ambas se besaban mirando de reojo a Manuel.

    Uno a uno tomaron su turno, eran torpes y atrabancados. Aunque no estuvieran metiendo su verga, metían sus manos por todos lados. Cuando uno empezó a pujar como si se ahogara. Abril se separó. Aunque Claudia sacó la verga de Manuel para chuparla mientras veía como las usaban aquellos tipos andrajosos.

    —¿En la cara verdad papi? —Manuel explotó y movía la silla como lunático.

    —¡NO MAMES YA CHINGA!

    — ¡A güevo! —dijo el primero acercando su verga hasta su cara.

    —Yo también quiero —Dijo Claudia arrodillándose ante ellos.

    Los chorros mojaron su rostro mientras ella le sonreía a papá, otro desesperado no atinó y lanzó sus chorros de semen en Claudia mojó su cabello manchándole el pantalón a Manuel. Claudia chupó el pantalón hasta tragarlos. Luego le mamo otro poco la verga. Amarrado no lograba más que quejarse.

    —HIJO DE TU PUTA MADRE! —Los ojos parecían salírsele, la quijada estaba trabada y los puños apretados. Con una gran erección a causa de los labios de Claudia.

    —¡Chinga tu madre puto! —Le dijo mientras sacudía su verga en los labios de Abril y se quitaba para que otro terminara. Este, el más joven, lanzó chorros espesos, marcaron líneas sobre la cara de ambas. Escurriendo lentamente por sus mejillas.

    —¡Qué rico cabrón! —Dijo Claudia mientras miraba a su amiga, ambas reían cómplices. El último tuvo que pasar unos minutos masturbándose antes de aventar unos débiles chorros que apenas mojaron sus pechos.

    Aún con el semen en su cara, Abril le dijo a su padre.

    —Si los despides, los buscó y me los vuelvo a coger —Mientras Claudia seguía mamándole la verga.

    —¡LOS VOY A MATAR A LOS PUTOS!

    Claudia sintió el bombeo de semen en su boca, lleno por completo.

    —Entonces buscó a tus amigos y también me los voy a coger, ¿son diez? Tú dices.

    —Yo le ayudo —Dijo Claudia mientras le escurría el semen de la boca.

    —Bueno ya, pero suéltame.

    —Ahí sí, háblale a tu esposa e inventarle algo, yo me voy de compras con mi amiga —sacó las tarjetas de su pantalón, se limpió la cara con uno de a quinientos y se lo regresó a la cartera. Luego se volvieron a besar compartiendo el sabor de todos ellos.

    —¡Ya no mames!

    —Y deja, en paz a mis amigas.

    —O paga más —Dijo Claudia a carcajadas.

    @MmamaceandoO