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  • El precio del glamur (2)

    El precio del glamur (2)

    Estábamos frente a frente. Él cerró la puerta con seguro, sin apuro, como si no existiera el tiempo. Yo sentía el corazón latiéndome en los oídos. Mi pecho subía y bajaba con ansiedad. Su mirada ya me desnudaba.

    Entonces, algo nerviosa pero sonriendo, bajé un poco la voz y le dije casi en un susurro, con tono suave:

    —Oye… antes de que empecemos… ¿me das el dinerito que quedamos?

    Él sonrió como si le encantara que yo lo dijera así. Sacó el dinero en efectivo, me lo entregó sin una palabra, y yo lo guardé rápido en mi bolsita negra, sintiendo que ahora sí… estaba todo en su lugar.

    Alfredo se acercó sin decir nada. Sus ojos se paseaban por mi cuerpo como si fuera un objeto precioso que acababa de comprar. No me tocaba, pero yo sentía sus manos en todas partes. Bajó la vista y se detuvo en mis muslos, en mis pechos realzados por la lencería, en mi respiración acelerada.

    —Estás hermosa —dijo en voz baja—. Y esta noche, Alexa… vas a ser solo mía.

    Se colocó detrás de mí. Sus manos se posaron en mi cintura, y con un movimiento lento, deslizó lentamente las manos bajo mi blusa blanca y la subió por encima de mi cabeza. Mis pechos enmarcados por la lencería negra quedaron al descubierto. No me moví. Solo cerré los ojos. Sentí cómo su palma rozaba mi piel, cómo me acariciaba con firmeza, con hambre.

    —Qué putita más rica te ves así —murmuró junto a mi oído—. Esa blusita inocente… pero con encaje debajo, sin sostén, mojada desde antes de llegar. Sabías exactamente lo que hacías.

    Yo misma me desabotoné los jeans de vinipiel y me los bajé lentamente, quedando con la lencería negra y los tacones aún puestos. Mis piernas largas, firmes, quedaron expuestas. Me sentí como una muñeca elegante… a punto de ser desempaquetada.

    Me dio una nalgada. No fue fuerte… fue medida. Precisa. De esas que no duelen, pero despiertan algo dormido en la piel.

    —No te imaginas cuánto he pensado en esto desde que vi tus fotos.

    Me giró con delicadeza y me hizo caminar hacia la cama. El colchón crujió bajo mis muslos al sentarme. Me quitó el bolso de las manos, lo dejó a un lado. Luego se arrodilló frente a mí.

    —Levanta los brazos —ordenó.

    Obedecí. Me quitó el top de lencería con la misma paciencia con la que se desviste a una muñeca. Mis pezones se endurecieron al contacto con el aire. Luego me miró. Sonrió. Me contempló como si fuera una obra de arte viva.

    —Mírate… —dijo—. Una muñeca perfecta para jugar.

    Se inclinó y comenzó a besarme el cuello, luego el pecho, luego los pezones. Los lamió, los chupó, los mordió apenas. Yo gemía despacio, bajito, como si algo dentro de mí se estuviera deshaciendo. Me sentía derretida. Entregada. Como si ya no hubiera marcha atrás.

    Se incorporó, abrió un pequeño frasco de lubricante y comenzó a calentar una cantidad generosa entre sus manos.

    —Recuéstate boca arriba —dijo, y lo hice de inmediato.

    Subió a la cama, colocándose entre mis piernas. Las abrió suavemente. Sus dedos se deslizaron por mi sexo húmedo, suaves al principio, luego con más intención. Jugó con mi clítoris en círculos, mientras sus ojos me observaban como si estudiara cada reacción.

    —Estás tan mojada que pareces rogar por esto…

    Y entonces, sin aviso, desvió sus dedos hacia atrás, hacia mi ano. Lo tocó con la yema, empapado de

    lubricante. Mi cuerpo se tensó. Gemí. No de dolor, sino de puro shock… de excitación tan profunda que casi me dolía.

    —Shhh… —susurró—. Solo respira. Vas a sentir algo delicioso.

    Introdujo un dedo. Lento. Luego otro. Mi cuerpo se abrió con resistencia, pero también con deseo. Me sentí invadida, estirada, usada. Y me encantaba. Me acariciaba el clítoris mientras movía los dedos dentro de mí, dilatándome con paciencia. La mezcla del placer y el morbo era insoportable.

    —Qué ano tan apretado tienes, nena… vas a quedarte marcada por mí.

    Me arqueé, jadeando. El orgasmo me llegó cuando apretó los dedos dentro de mí y su lengua lamió mi clítoris con hambre. Fue un estallido caliente, líquido, brutal. Me sacudió entera. Me corrí fuerte, gritando su nombre, con la cara vuelta hacia el espejo del techo y las piernas temblando.

    Me dejó respirar.

    Luego se levantó, con una calma que me encendía más.

    —Ven aquí —dijo, y me ayudó a levantarme—. Agáchate… y abre la boca.

    Me arrodillé en la cama. Lo miré a los ojos. Abrí la boca. Él metió dos dedos lubricados y me hizo saborear mis propios jugos. Me sentí suya. Entera. Como si mi cuerpo ya le perteneciera.

    —Eso… buena niña.

    Volvió a la cama, abrió un estuche pequeño y sacó un plug metálico con una joyita rosa en la base. Lo cubrió de lubricante y me lo mostró.

    —Te lo voy a dejar puesto. Para que te acostumbres. Para que recuerdes que tu culo ya tiene dueño.

    Me giró, me colocó boca abajo, con las rodillas abiertas. Deslizó el plug con calma. Entró con un leve empuje. Mi cuerpo lo recibió como si lo esperara. Quedó firme, brillante, adentro.

    Me dio una nalgada fuerte.

    —Perfecta. Así me gusta. Obediente. Rica. Entrenada.

    Me dejó así, con el plug puesto, el cuerpo abierto, el alma expuesta. Se sirvió un caballito de tequila, me lo ofreció, y brindamos en silencio.

    La noche apenas comenzaba.

    El tequila me quemó la garganta, pero también me aflojó algo más. Me sentí más ligera, más libre… más suya. Estaba desnuda, de rodillas sobre la cama, con el plug metálico brillando entre mis nalgas, la piel enrojecida de tantas caricias, y mi cuerpo latiendo como si el deseo se hubiera instalado en cada célula.

    Alfredo —Ahora sí —dijo, con calma—. Te quiero atada.

    Se levantó y sacó un par de esposas acolchonadas que estaban en la cama. Me tomó con firmeza por el brazo y me hizo girar. Me colocó de espaldas, boca arriba, con los brazos extendidos por encima de la cabeza. El colchón cedía bajo mi cuerpo rendido.

    El sonido del clic metálico me encendió. Ya no tenía control. No podía separar mis brazos. Estaba completamente expuesta. Vulnerable. Rica.

    —¿Confías en mí? —preguntó con voz baja.

    —Sí —susurré, sintiendo el corazón acelerado.

    —Entonces cierra los ojos.

    Me colocó un antifaz negro de satén. Todo se volvió oscuridad. No podía verlo. No podía anticipar. Solo podía sentir.

    El primer contacto fue su lengua. Descendió desde mi cuello hasta mis pezones, deteniéndose ahí como si fuera un banquete. Los lamió con lentitud, los succionó, los mordió apenas. Luego sentí una presión metálica. Las pinzas. Las colocó con precisión, una en cada pezón. Eran suaves, pero firmes. Apretaban, y al mismo tiempo me hacían temblar. Dolía… pero era un dolor dulce, delicioso.

    —Te ves tan perra con las pinzas puestas… —susurró cerca de mi oído—. Tu cuerpo pide castigo, y yo te lo voy a dar.

    Sentí cómo sus manos abrían mis piernas. Me colocó una almohada bajo las caderas, elevándome. El plug seguía en su lugar, recordándome que no tenía escape. Y entonces, su lengua descendió hasta mi sexo.

    Fue una emboscada caliente.

    Lamía con intensidad, con hambre. Su boca atrapaba mi clítoris, lo succionaba, lo presionaba con la lengua. Mi cuerpo se arqueaba involuntariamente. Las pinzas en mis pezones se agitaban con cada sacudida. Gemía fuerte, sin pudor. Las esposas me impedían tocarme. Estaba atrapada… y me encantaba.

    —Eres deliciosa… —murmuró entre lamidas—. Te quiero así: temblando, mojada, sometida.

    Me corrí tan fuerte que sentí el grito rebotar en las paredes. Un orgasmo líquido, explosivo, caliente. Él no se detuvo. Bebió de mí como si fuera agua bendita. Mis piernas temblaban. Mi vientre se contrajo. Me sentía abierta, vacía y plena al mismo tiempo.

    Me quitó el antifaz. La luz cálida me cegó un segundo, y ahí estaba él… lamiéndose los labios, con los ojos prendidos en llamas.

    —¿Quieres más?

    —Sí, por favor… no pares —supliqué.

    Me liberó las muñecas. Las marcas de las esposas en mi piel me recordaban que ya no era una chica cualquiera esa noche. Ya era suya. Una muñeca entrenada. Una puta bien usada.

    Me puso de rodillas. El plug seguía insertado, brillante, pesado. Me colocó frente a él. Sacó su verga por la abertura del pantalón, gruesa, firme, con la punta enrojecida. Se la acarició una vez, y luego me la ofreció.

    —Chúpamela. Pero como una perra agradecida.

    Abrí la boca. Me la metí entera, sin protestar. Él me agarró del cabello con una mano y me marcaba el ritmo. La boca se me llenó de saliva. Se la chupé con ganas, con desesperación. Me gustaba sentirla endurecerse en mi lengua, notar su gemido contenido, su respiración agitada.

    —Eso… así me gusta —murmuró entre dientes—. Una puta cara que se sabe tragar bien la vergota que le dan.

    La sacó de mi boca y me escupió en la cara. Su saliva resbaló por mi mejilla. No dije nada. Solo saqué la lengua y la pasé por mis labios. Estaba mojada por dentro y por fuera… y deseaba más.

    Me levantó de un jalón. Me hizo colocarme a cuatro patas, sobre la cama. El plug seguía en mi interior, vibrando con mis movimientos. Lo retiró con lentitud, y yo gemí fuerte, sintiendo el vacío que dejaba.

    —Ahora sí, Alexa… prepárate. Me toca a mí.

    Me retiró el plug con una lentitud que dolía. Sentí cómo el metal se deslizaba fuera de mí, dejando un vacío tibio, palpitante, que parecía exigir ser llenado otra vez… pero con algo vivo. Con él.

    Alfredo se colocó detrás de mí. Lo escuché escupir sobre su verga, mezclarlo con el lubricante, y luego frotarla entre mis nalgas. La punta caliente presionó contra mi ano sin previo aviso. Me arqueé. Me aferré a las sábanas.

    —Shhh… ya estás lista, muñeca. Respira. Vas a sentirlo entrar. Empujó.

    Lento. Firme. Implacable.

    Mi ano se abrió a su grosor como si lo recibiera por instinto. Me corrí del puro dolor delicioso que eso me provocó. Cada centímetro que avanzaba me hacía temblar. Gemía como una perra en celo, como una niña traviesa que por fin probaba el castigo.

    —Eso… así… tragátela entera…

    Cuando estuvo completamente dentro, se quedó quieto. Yo sentía su verga palpitando en mi interior, ensanchando cada fibra. Él jadeaba por encima de mí. Me tomó de las caderas y comenzó a moverse, primero lento, luego con ritmo. La fricción era intensa, salvaje, sucia.

    El placer me quemaba. Mi ano se dilataba cada vez más con cada embestida. El eco de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación. Mi cara aplastada contra la cama, mis tetas rebotando con cada empujón, mis gemidos cada vez más rotos.

    —Te entrenaste para esto, ¿verdad? —me decía al oído mientras me follaba—. Naciste para que te usen así.

    Yo solo gemía. Lo deseaba tanto que me dolía.

    En un movimiento fluido, me giró boca arriba, me alzó las piernas y me penetró vaginalmente sin pausa. Su verga entró empapada. Mi interior lo recibió con ansiedad. Me lo estaba cogiendo como una puta profesional… pero con alma de muñeca mimada.

    Sus embestidas eran profundas, cada vez más fuertes.

    —Eres una puta de lujo, Alexa —jadeó—. De esas que uno no se olvida jamás.

    Se detuvo solo cuando notó que me corría por segunda vez. Mi squirt salpicó la cama, caliente, involuntario, brutal. Se detuvo, me miró temblar, y se rio, satisfecho. Me besó. No fue tierno. Fue dueño de mí.

    Bajó. Me abrió las piernas y me lamió como si el squirt fuera un premio. Su lengua se perdió entre mis labios, succionando, chupando, jugando. Mientras tanto, me metió un dildo en el culo con una mano, y me masturbaba con la otra.

    No sabía en qué momento dejé de pensar. Era placer. Solo eso. Puro. Sucio. Perfecto.

    —Vamos a beber —dijo de pronto, levantándose.

    Nos sentamos al borde de la cama. Él desnudo, yo sudada, despeinada, con la piel enrojecida y los pezones marcados aún por las pinzas. Me dio un caballito de tequila. Me lo bebí de un trago, con su sabor mezclándose con los restos de mi deseo en la garganta.

    —Te voy a follar otra vez… pero esta vez quiero verte en el espejo.

    Me colocó de pie frente al espejo lateral. Se puso detrás de mí. Me abrazó por la cintura. Metió su verga otra vez por detrás, y me folló lentamente mientras yo me veía siendo tomada. Ver su rostro tras de mí, mi cara de placer, mis tetas rebotando, mi ano abriéndose para él una vez más…

    Me corrí gritando, sin poder sostenerme.

    Caímos juntos sobre la cama. Respirábamos agitados. Él me abrazó por la espalda y empezó a metérmela otra vez sin decir nada. Quería más. Yo también.

    Y así pasó la madrugada…

    —Me folló una y otra vez, alternando mis orificios. —Me dio nalgadas, me lamió, me escupió, me bebió. —Me hizo lamerle los dedos después de meterlos en mi culo. —Me obligó a gemir su nombre una y otra vez. —Me llenó la boca de semen, se vino dentro, se vino fuera, y volvió a ponerse duro.

    El sexo no se detenía. Solo cambiaba de ritmo. A veces suave. A veces brutal.

    A veces con tequila.

    A veces solo con su respiración pesada sobre mi cuello.

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  • Mi hijo mayor y Barbara, la pintora

    Mi hijo mayor y Barbara, la pintora

    Tras su relación, con su un poco novia, Layna, mi hijo, mientras continuaba con estas volvió a su antiguo vicio de hacerlo con mujeres que podían ser sus madres, bueno con su madre, era con quien más lo hacía, lo curioso de este es que fue Charo, la madre de su un poco novia, la que le llevó a ello, una amiga suya llamada Barbara, era aficionada a la pintura necesitaba un modelo para un cuadro, y les puso en contacto, y pero dejemos que sea él quien continue la historia:

    En el día y hora que habíamos convenido, me presenté en casa de Barbara, al verla me quede impresionado, era rubia, con dos buenas tetas, llevaba un vestido muy cómodo, se veía que quería sentirse suelta para pintar, me llevó hasta su estudio, allí tenía un caballete y los demás útiles para pintar, al sentarse para hacerlo dejo al descubierto unas piernas espectaculares y aquí me llevé mi primera sorpresa cuando me dijo:

    -Charo tiene razón, eres bellísimo, el chico perfecto pata mi modelo, ahora desnúdate.

    Charo no me había advertido que mi condición de modelo me obligara a desnudarme, pero después de todo lo que he hecho tener problemas con ello hubiera sido hipocita, así que me quité toda la ropa y me quedé completamente desnudo.

    Durante la sesión noté como Barbara me miraba de una manera, que no me pareció la de un pinto a su modelo, pero prefirió no decir nada, eso sí durante todo el tiempo que posé mi polla se mantuvo tiesa.

    Cuando terminamos ella me dijo:

    -Te puedes ir a duchar supongo que estarás cansado

    Me fui a la ducha, estaba en un cuarto de baño, era pequeñito pero coqueto, allí dej que el agua de la ducha resbalara por mi cuerpo para relajarme, pero en ese momento no pude dejar de pensar en las piernas de Barbara y en como mi polla había estado ante su vista y bien dura, me puse muy excitado y no pude evitar llevar mi mano hacia mi polla y comencé a acariciármela.

    Cuando estaba en ello, oí la voz de Carmen que me decía:

    -Vaya, jovencito, cuando dije lo de ducharte no me refería concretamente a esto, jajaja.

    Me giré hacia el lugar de donde venía la voz y me encontré con Barbara completamente desnuda, tenía unas tetas impresionantes, no llevaba el coño depilado, aunque sí cuidado, en su cara había una amplia sonrisa no sabía si fruto de simpatía, de burla p de deseo, ella miró un momento mi polla y dijo:

    -Cariño no me gusta que los visitantes se vayan insatisfechos de mi casa, sobre todo si puedo satisfacerlos.

    Llevó su mano hasta mi polla y se puso a acariciarla, mientras me decía:

    -Mientras te pintaba no podía dejar de mirar esta polla es impresionante, no sé si Charo prefiere tenerte de yerno, o preferiría otra cosa.

    Sonreí, no era cuestión de explicarle la naturaleza de mis relaciones con mi suegra, seguíamos dentro del plato de ducha, aquí Bárbara se agachó, agarró mi polla con su mano y se puso a acariciármela, era una gran mamadora, ¿Tendría mi suegra más amigas así?

    Cuando se cansó de chupármela me dijo:

    -¿Qué te parece si follamos aquí?

    Por supuesto que hubiera follado con ella en cualquier sitio.

    Apoyó sus manos contra la pared inclinándose un poco de manera que su culo y su coño sobresalían, yo me apoyé un poco contra la otra pared, que en esa zona era lo suficientemente cerca para que desde ese punto mi polla entrará en su coño y se la metí, ella al sentir mi polla dentro de su coño se puso a gemir, mientras me decía:

    -Cariño, veo que tu instrumento no está solo para pintarle, sino para hacer otras cosas.

    Yo seguía moviéndome en el interior de su coño, ante sus fuertes gemidos; en un momento dado ella elevó quedándose en una postura acrobática, lo que demostraba que además de una gran folladora estaba en una muy buena condición física.

    Después seguimos follando en esa postura hasta que ella me dijo:

    -Busquemos una postura más cómoda.

    Me pidió que me tumbara en el suelo, y ella se colocó encima de mí, apoyó sus brazos en el suelo y comenzó a moverse arriba y abajo, lo hacía maravillosamente bien, proporcionándome un placer increíble, yo no podía creer que una mujer como esa estuviera follando conmigo, me estaba dando un placer increíble, mientras yo contemplaba como esas dos preciosas tetas se movían, al poco se decidió a cambiar de postura y se dio media vuelta y siguió cabalgándome con la misma intensidad, o más que antes. Era una relación muy fogosa, en la que ella me estaba mostrando como una mujer de una gran capacidad para follar.

    Seguimos follando así un rato, hasta que ella dijo:

    -¿Qué te parece su lo hacemos un poco sobre esa repisa?

    Se refería a un saliente que había en una zona en la que sobresalía una zona donde uno podía sentarse, como no podía ser de otra manera acepté, ella me llevó de la mano hasta allí y me hizo sentarme, ella se sentó, nuevamente encima de mí y desde esta postura volvió a cabalgarme, dejándome muy claro que era una folladora increíble, ella nuevamente pareció acordarse de Charo y me dijo:

    -Si Charo supiera el yerno que tiene, jajaja.

    Seguimos follando en esa postura, hasta que ella sintió que me iba a correr y me dijo:

    -Cariño, quiero que nuestra primera vez te corras en mi boca, para saborear tu leche.

    Ella se levantó de encima de mí y se arrodilló en el suelo, yo me acerqué a ella y me puse a mover mi polla, hasta que me corrí y una parte de mu leche gua a parar a su boca que se encontraba completamente abierta.

    Después de esto nos dimos una ducha rápida y nos secamos, ella me dijo:

    -Mi amor, ¿Por qué no continuamos nuestra agradable charla en el salón?

    Y cogidos de la mano no condujo hasta el salón, una vez allí me pidió que me sentara en el sofá ella se puso a cuatro patas delante de mí y desde esa postura acercó su boca a mi polla y se la metió en su interior, vela chupármela en esa postura resultaba muy erótico y así continuo un rato, yo aún no quería correrme, así que la hice sacármela de la boca y yo la pedí que ella se tumbara en el sofá.

    Cuando lo hizo yo me puse tumbado en el sofá y moviéndome, como había hecho ella, a cuatro patas, llegué con mi boca hasta su coño, e introduje mi lengua en el interior de este, al probarlo sentí un sabor muy especial, me encanto, así que desplace mi lengua por cada centímetro de este, ella gemía de una manera muy intensa, lo que me provocaba una gran excitación, hasta que se corrió y una gran cantidad de deliciosos líquidos fueron a parar a mi boca.

    -Tras ello tardó un poco en recuperarse y cuando lo hizo, me dijo:

    -Cariño lo que me has hecho con tu lengua ha sido increíble, quiero recompensarte con una buena follada,

    Mi polla estaba, otra vez a mil, ella me pidió que me sentara en el sofá, ella se sentó encima de mí, en un primer momento mirándome a la cara y de un golpe hizo que mi polla entrara dentro de su vagina, luego se puso a subir u bajar, nuevamente podía gozar de su capacidad como hembra folladora, era increíble follar con ella.

    Luego, sin sacármela, se dio la vuelta y siguió follandome de espaldas, lo estaba pasando divinamente, pero me entraron ganas de tomar la iniciativa y le pedí:

    -Cambiemos de postura, túmbate en el sofá y ponte demedio lado.

    Mientras ella lo hacía yo me levanté, e inclinándome sobre ella acerqué su boca a la mía y nos dimos un beso muy apasionado después la hice apartarse un poco del respaldo del sofá, y yo me tumbé en él, de esta manera los dos nos quedamos de lado, yo detrás de ella, y desde esta postura, mientras besaba su cuello, introduje mi polla en su caliente coño.

    Nuevamente los dos nos pusimos a gemir de una manera muy intensa, mientras yo me movía y hacía que mi polla chocara contra su culo, ell me decía:

    -Mi amor esto es maravilloso.

    Yo seguía moviendo, viéndola y oyéndola gozar, quería cambiar de postura, así que me levanté del sofá, ella se tumbó boca arriba, yo me puse de rodillas y arrimé mi polla a su coño, ella con sus manos abrió este y me pidió:

    -Mi amor vuélvemela a meter.

    Sus deseos eran los míos y por supuesto que la complací e introduje nuevamente mi polla en su calentísimo coño, y me pise a llevar un ritmo que a los dos nos encantara, así estuvimos un rato hasta que sentí que el gran momento se acercaba, ella también se dio cuenta y me pidió:

    -Mi amor, me gustaría que te corrieras entre mis tetas.

    Se la saqué y nos pusimos los dos de pie, en ese momento ella se inclinó y comenzó a chuparme la polla, hasta que sintió que mi corría era inminente, en ese momento se arrodilló ante mí y apretó mi polla con sus tetas, como si estas fueran una vaina y comenzó a moverlas hasta que, sin poderlo evitar, me corrí y mi leche se desparramó por sus tetas.

    Después de esto, ella se puso a chupar mi polla, para limpiarla de los restos de semen que se habían quedado pegados en ella, y mientras me decía:

    -Mi amor, menudo pollón tienes, si ve esto tu suegra no se resiste, jajaja

    Siguió lamiéndomela hasta que me la dejó bien limpia, pero al sentir el contacto de su lengua mi polla reaccionó y se puso nuevamente dura, ella siguió chupándomela, pero yo quería compensarla, así que la pedí que se tumbara en el sofá y me dejara hacer.

    Cuando lo hizo acerque mi boca a su coño y sacando mi boca, comencé a lamérselo, adoraba ese coño, y con mi lengua pasé a recorrer cada centímetro del mismo, ella se puso a gemir, mientras me decía:

    -Cariño eres divino, tu lengua me vuelve loca.

    Yo seguí comiéndoselo, la verdad era que estaba disfrutando, saboreando cada centímetro de ese delicioso coño, oírla gemir de una manera muy intensa le daba más morbo a esto. Continuamos hasta que ella dijo:

    -Mi amor, tengo ganas de ponerme encima.

    Me tumbé en el sofá, y ella se puso encima de mí, e introdujo mi polla en el interior de su coño, pero esta vez en lugar de cabalgarme se echó encima de mí, entre nuestros cuerpos se estableció el máximo contacto posible. Sus pechos se juntaron con mi pecho, mientras ella arrimó su boca a mi boca y nos fundimos en un nuevo beso, Yo sentía como esa mujer me llevaba a la gloria. Y la dije:

    -Te adoro.

    Pero al cabo del rato yo quería recuperar la iniciativa así que la pedí que cambiáramos de postura, ella se puso boca abajo, con sus piernas un poco dobladas, yo me puse encima de ella, lleve mi cabeza hasta su cuello y comencé a chupárselo, ella me dijo:

    -Mi amor me estas volviendo loca.

    En ese momento yo volví a meter mi polla en el interior de su vagina y ella al sentirlo comenzó a gemir de una manera muy intensa, mientras gritaba:

    -Esto es increíble, me vas a volver loca.

    Sus palabras me excitaban y me hacían sentir importante, estaba haciendo disfrutar a una hembra divina, mi polla por un momento pareció sentir debilidad ella al notarlo me propuso:

    -Mi amor dejala u poco entre mis tetas.

    Se puso bocarriba, yo me pise encima de ella y llevé mi polla hasta sus senos, ella se los apretó y mi polla se quedó apretada por ellos, como si estuviera dentro de un coño, y yo comencé a moverla, bastó un momento con este tratamiento, para que mi miembro recuperara todo su vigor, así que aprovechando su postura la abrí bien de piernas, e introduje nuevamente mi polla en su vagina, completamente decidido a que no la iba a sacar de ahí, hasta que mi leche no inundara su coño. Los gemidos de los dos se intensificaron, continue moviéndome, sentí como ella se corría y finalmente mi polla estalló regando su vagina.

    Nos quedamos descansando un poco, los dos tumbados en el suelo, uno al lado del otro, ella me cogió su mano con la suya y me dijo:

    -Espero que si yo algún día tengo un yerno se parezca a ti.

    Y me besó dulcemente, pero al poco tiempo llevó una de sus manos hasta mi polla y comenzó a acariciármela, y esta, pese a su anterior actividad reaccionó a sus caricias y se puso nuevamente dura, yo sabía que esto no iba a suceder muchas más veces esa tarde, así que pensé en darle un final de altura y le dije:

    -Quiero metértela por el culo.

    -¿Te atreves?, preguntó ella un poco sorprendida

    -Por supuesto, le respondí.

    Ella me sonrió, después se colocó a cuatro patas encima del sofá y me dijo:

    -Aquí me tienes, demuéstrame lo que sabes y eres capaz de hacer.

    En esta postura tenía ante mi vista un culo esplendido, pensar que iba a meter mi polla en su interior me resultaba extremadamente excitante, asó que me puse detrás de ella, de rodillas y llevé uno de mis dedos hacia su culo, y se lo introduje, desde luego no era virgen, así que llevando mi polla hacia su entrada se la introduje de golpe.

    No sintió ningún dolor, sino todo lo contrario, nada más sentirla dentro se puso a gemir y sus gemidos fueron en aumento a medida que la follaba se desarrollaba, ella decía:

    -Lo haces divinamente mi amor, parece que llevas practicándolo toda la vida.

    Escuchar sus palabras me animaba a seguir moviéndome dentro de su trasero, mis testículos chocaban con la parte exterior de su trasero, era muy excitante, así que continué, ella me dijo:

    -Si mi marido me hubiera hecho esto nunca me hubiera separado de él.

    Me encantaba esa comparación. Seguí moviéndome en el interior de su culo, antes de comenzar con mi madre nunca me hubiera imaginado que esta parte del cuerpo pudiera ser tan importante, también a nivel sexual, y ahora estaba complaciendo a una verdadera diosa, sentía como su excitación aumentaba a medida que mi polla se movía en el interior de su culo, llevé uno de mis dedos hacia su coño y nada más entrar en contacto pude notar que este estaba muy húmedo, ello me animo a aumentar el ritmo, quería que se corriera, y sabía que esto no iba a tardar en suceder, así que aumenté el ritmo, ella me dijo:

    -Mi amor, me estas volviendo loca.

    Así que seguí moviéndome hasta que noté como su cuerpo estallaba, en medio de un gran orgasmo, era yo quien faltaba por correrse, así que seguí disfrutando de ese maravilloso culo, hasta que sentí como me iba a correr, quería llenar ese culo con mi leche, así que me moví, hasta que sentí como me venía, fue entonces cuando se la saqué, ella en ese momento me dijo:

    -Mi amor nunca pensé que un chico de tu edad fuera capaz de dar tanto placer.

    En ese momento ella me invitó a la ducha, esta vez no fue a meneármela, jaja, después me vestí y me fui diciéndole que cuando le apeteciera o le hiciera falta un modelo estaría a su disposición.

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  • Valeria.Saliendo con mi hijastra y su mamá. Directa y a lo que va

    Valeria.Saliendo con mi hijastra y su mamá. Directa y a lo que va

    No supe en qué momento me quedé dormido, pero me despertó el sol que entraba por la ventana y el calor bochornoso de la habitación. Abrí los ojos con un poco de molestia y me sentía bastante descansado. Cuando me di la vuelta no vi a nadie. Estaba solo en el cuarto, pero ¿estaría solo en la casa?

    Sentí la cosquilla de la adrenalina nuevamente, pero antes necesitaba darme un baño, digamos que no me gusta oler feo y justo ahora, en este momento no era portador del mejor aroma que digamos, no después de una noche de sexo. La cosa es que no sabia nada de esta casa. De si saldría agua caliente, que utensilios podía ocupar, incluso no sabía si podía tomar alguna toalla. Respiré hondo, me puse mi pantalón, la playera y mis zapatos.

    Abrí la puerta del cuarto y sali al pasillo, la puerta de Valeria estaba cerrada y no se escuchaba movimiento así que después de un par de pasos toqué en la puerta del baño y nadie respondió. Entré y cerré con seguro, me bajé el pantalón y me senté en la tasa, acerqué mi mano al bote de ropa sucia y cual fue mi sorpresa que estaba el cachetero que vale traía puesto en la madrugada. Instintivamente lo extendí, lo recorrí con mis manos y estaba húmedo. Una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo. Lo puse al revés y justo el pedazo de tela que queda protegiendo la vagina lo llevé a mi cara.

    Lo pegué afanosamente a mi nariz y el olor que me llegó fue tan increíblemente delicioso que no pude hacer otra cosa que sacar la punta de mi lengua y capturar ese sabor lo mas que se pudiera, antes de que llegara a secarse. Me sentía depravado al estar haciendo esto. Nunca en mi vida había sentido esta afición por la ropa interior y menos por alguien de la edad de la hija de mi nueva pareja.

    Aun con el sabor de la miel de Valeria en mi boca y su olor negándose a abandonar mis pulmones decidí salir del baño e irme de ahí. (no sin antes guardar en la bolsa de mi pantalón ese cachetero).

    Al salir del baño escuché ruido en la parte de abajo. Bajé por las escaleras y era Nayeli. Estaba ya arreglada y lista como para salir. Me dijo que tenia que ir a si trabajo pero que nos veríamos en la semana.

    Asentí, me acerqué por detrás de ella, la tomé de la cintura, pero la percibí un poco distante. Me tomó por sorpresa su actitud y decidí irme sin importar que aun no me hubiera bañado. Era sábado y yo descansaba ese día de mi trabajo así que me despedí, le di un beso en la mejilla y quedamos en llamarnos para ver cuando nos veíamos otro día.

    Durante mi trayecto no dejaba de pensar en su hija y en la razón por la cual ella se había portado así de fría cuando en la noche anterior había sido un volcán en erupción conmigo. Entre el trafico y la acumulación de gente empecé a fastidiarme. Afortunadamente llegué pronto a casa y me metí a bañar de inmediato.

    Deje que el agua caliente cayera sobre mi cabeza y recorriera todo mi cuerpo, esa sensación tan reconfortante de calor y frescura me relajaron demasiado. Me perdí en mis pensamientos y sin darme cuenta estaba reviviendo la imagen de esa chica, detrás de la puerta espiando, viéndome, masturbándonos juntos, viéndonos a la distancia.

    Abrí los ojos, decidí cerrar la ducha, secarme y salir del baño. Me fui directo a mi cama, me recosté completamente desnudo y tomé de la bolsa de mi pantalón ese cachetero, que, hasta ahorita, era el único recuerdo que tenía de Valeria. Lo llevé a mi cara y comencé a masturbarme imaginando que estaba encima de mí, deseaba tenerla en un 69, sintiendo su tierna boca rodeando mi miembro mientras yo devoraba su conchita tierna, juvenil, deliciosa. Seguí así hasta que después de unos minutos, sentí la enorme necesidad de eyacular, llené esos cacheteros de toda mi leche. Los dejé mezclados con los fluidos de ella.

    Me quedé dormido de nuevo hasta que el sonido de mi teléfono me despertó. era Nayeli diciendo que, si podía ir a cenar a su casa, se disculpó por su actitud en la mañana. Me contó que discutió con su hija pero que ya todo estaba bien, quería que cenáramos los 3 para que me la presentara. Obviamente dije que sí. La sola idea de ya tener contacto directo con ella me empezaba a obsesionar. Le dije que podíamos cenar en casa o si quería, quizá ir a cenar a algún lado y quizá al cine los 3 para irnos conociendo mejor. Ella dijo que si, solo abría que ver si Valeria estaba de acuerdo.

    Le dije a Nayeli que me confirmara a que hora sería para estar listo o para ver donde nos veríamos. Me bañe de nuevo, busque algo de ropa que me viera no tan mayor pero tan poco como chavo-ruco. Sin saber porqué la ansiedad comenzó a anidar dentro de mi pecho. Me puse nervioso, las manos me sudaban y me sentía todo un estúpido.

    Por un segundo pensé en lo que estaba pasando por mi cabeza y mi cuerpo. Ya soy un hombre maduro, donde buscaba tener una relación tranquila y estable. No estaba buscando tener ninguna aventura con una mujer 26 años mas chica que yo. No era normal, no es sano. -No está bien – me repetía una y otra vez. Estaba tratando de calmarme cuando sonó una notificación de mi teléfono. Revise y era mensaje de Nayeli, diciéndome que su hija había aceptado sin problema ir al cine con nosotros. Nos veríamos en fórum Buenavista a las 6 de la tarde para ir a cenar y de ahí al cine. La función comenzaba a las 8 así que teníamos buen tiempo.

    Algo dentro de mí se resistía a ir. Quería cancelar y no volver a verlas. No me sentía cómodo, pero al final, mi deseo fue mucho mas grande. Me aliste y Sali de casa. Aún tenía tiempo, pero no quería estar en casa ahogándome con mis pensamientos.

    Durante todo el camino no dejé de pensar, de imaginar todo lo que podría suceder. Cada chica que veía en el metro o en el camión de la edad parecida a Valeria me hacia recordar su olor febrilmente juvenil de su entrepierna, no podía evitar voltear hacia su pelvis e imaginar que era ella. Estaba siendo insostenible mentalmente. Me puse mis audífonos, le subí a la música y busqué distraerme.

    Por fin llegué a la plaza, aun era temprano. Miré mi reloj y faltaba aun una hora para vernos. Habíamos quedado de encontrarnos en el área de bancos así que subí hasta la planta alta y empecé a recorrer los negocios, cada tienda, cada isla. Lo importante era hacer tiempo y distraerme.

    Le mande mensaje a Naye para que supiera que ya andaba por ahí. Le dije que cuando estuviera cerca me avisara para bajar por ellas.

    No puedo ni siquiera recordar lo que vi en los locales. Solo deambulaba como zombie hasta que un mensaje me regresó a la realidad. Ya estaba por llegar. La taquicardia empezó de nuevo y me dispuse a caminar hacia los bancos. Iba tranquilo para no llegar sudado.

    Cuando ya estaba cerca de las escaleras que dan al HSBC las pude ver paradas recargadas en el cristal del banco. Nayeli vestía un pantalón de mezclilla negro, una blusa escotada (como era su costumbre) y un pequeño suéter. A un lado estaba su hija: Valeria. Venia de leggins grises, un top negro y una sudadera con el cierre abierto. No quise verla mucho pero pude percatarme de lo marcado de sus pezones, deduje que tampoco usaba sostén.

    Me acerqué a ellas con una sonrisa, salude a Naye de abrazo y un pequeño beso en sus labios. Me giré y salude a Vale con un casual: “hola”

    -Hola. -Dijo ella estirándome la mano. Yo la tome y sin pensarlo se acerco para saludarme de beso en la mejilla. El cual fue algo cerca de mi boca y eso me puso super inquieto. Me quedó su olor en mi rostro. Un perfume floral, muy juvenil.

    -Gusto en conocerte Vale, Ahora si formalmente (hubo algunas risas incomodas de mi parte)

    -Pues ya te conocí anoche. No me dejaban ver mi película ni dormir. (sonrió coquetamente y me guiño un ojo).

    Nayeli rio un poco fuerte y poniéndose en medio de ambos, nos sujeto del brazo y avanzamos hacia el área de comida rápida. Platicamos de cosas triviales. Para ser sincero no sabia de que hablar con ellas. Me sentía algo bloqueado. Llegamos a unas mesas y apartamos unas. Fuimos a pedir las hamburguesas y cuando la orden ya estaba realizada, Naye se disculpó y fue al baño. Nos dijo: “pórtense bien, no me tardo”.

    Me dejó solo con su hija, con toda la confianza del mundo. La fila del baño se veía algo larga ya que había un par de mujeres formadas afuera de la entrada. Cuando después de unos minutos en silencio, por fin su mamá logró entrar al baño, ella se dio la vuelta y me pregunto a tiro de piedra:

    -¿te gustó el regalo que te dejé en el bote de ropa sucia? Supongo que si porque cuando regresé a casa ya no estaba.

    Su pregunta me tomó por sorpresa. Ni siquiera supe que decir. Tartamudeé algunas silabas y solo me le quedé mirando fijamente. Ella siguió como en un monologo bien preparado:

    -Desde que te vi parado saliendo del baño me di cuenta de que habías abierto el bote de ropa sucia y quise comprobarlo dejándote mis cacheteros mojados para ver si los veías pero no me imagine que te los fueras a llevar, pero sabes algo, me caes bien, me gustas. Te lo regalo. El espectáculo que me regalaste fue increíble.

    Yo no podía creer lo que estaba pasando. Valeria lo hablaba con tal naturalidad que me dio miedo.

    -Mira vale, la verdad no quiero tener ningún problema con tu mama, y mucho menos generar una situación donde salgamos afectados. Me disculpo por lo de anoche y yo…

    Tapo mis labios con su dedo índice haciendo la señal de que me quedará callado.

    -Si tu no le dices a mi mamá, yo no le diré nada, será nuestro secreto. Te voy a contar algo. Desde hace algún tiempo he visto como mi mama tiene sexo con hombres, pero hasta ayer solo había sido espectadora. Nunca había tenido contacto con ninguno de ellos. Y tengo la fantasía de vivir lo que mi mama hace, se vio delicioso lo que le hiciste, nunca vi que se viniera así y cuando ella te lo estaba mamando y tu me volteaste a ver, uff, eso me calentó demasiado y no pude evitar tocarme mientras nos veíamos.

    -Fue delicioso, y créeme que tu “regalo” ya tiene mi sello. – Reímos un poco. Decidí seguirle el juego.

    No sabia lo que estaba haciendo, pero era lo más excitante que había vivido en mi vida.

    Me dijo que, si hoy me iba a su casa y tenia sexo con su mamá, ella dejaría una tanga mojada en la ropa sucia, pero quería solo una cosa: Que la llenara de semen y se la dejara ahí mismo para que ella pudiera ponérsela así y andar con mi leche caliente pegada en su vagina y así quedarse dormida.

    Me dijo que su mamá con unos tragos se queda dormida muy profundo después de coger, así que debíamos llevar unas chelas a su casa, beber algo y cuando ella estuviera dormida, yo me iría a la puerta de su cuarto, tendría ya la tanga en mis manos para masturbarme viéndola, viendo como ella se toca al mismo tiempo hasta dejar cada fibra de la tanga llena de leche para que se la pudiera poner para dormir.

    Ya venia su mamá del baño, sonrió y justo la orden iba llegando. Ya ansiaba llegar a su casa.

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  • Follándose a la dependienta madura

    Follándose a la dependienta madura

    A última hora de la tarde, Marcus y John caminan apresuradamente por la calle Valencia. El ayudante gira nervioso su cabeza repetidamente hacia atrás.

    -Jefe, creo que alguien nos sigue desde que salimos del despacho.

    -Si, eso me parecía. Ahora lo comprobamos. Entremos aquí mismo -le replica Marcus.

    Acceden a una pequeña tienda de lencería cuando la dependienta ya está recogiendo para cerrar.

    “Disculpen, iba a bajar ya la persiana, tendrán que volver mañana” iba a decirles la chica cuando vislumbró la entrada de unos clientes fuera de hora, pero al fijarse bien en esos dos hombres trajeados de negro, uno rubio, de más de 1,80 y con un azul de ojos electrizante y el otro casi tan alto y con subyugantes iris grises, se calla y con un gesto mecánico de la mano se arregla el pelo y con un “buenas tardes” les deja pasar.

    -Buenas tardes, lamento molestarla. Le quiero pedir un favor muy grande -le dice Marcus mientras desde la puerta John mira hacia el exterior.

    -Me puede tutear, me llamo Laura. Dígame -le contesta coqueta.

    -Jefe, están apostados ahí fuera.

    -La oferta es esta Laura: te hago un gasto de 6000€ si cierras ahora mismo la tienda con nosotros dentro. No te asustes, es que las fans no me dejan ni respirar -contesta sonriente con un guiño.

    Sorprendida, primero titubea, pero luego, “¡qué sea lo que Dios quiera”, piensa.

    -Genial, señor, me va muy bien, hoy he hecho poca caja- le contesta guiñándole también un ojo mientras presiona el botón que hace descender la persiana.

    -¿Y de qué talla querrá las prendas, señor…? -pregunta pícara

    -Marcus, llámame Marcus. De la tuya más o menos -responde mirándola morbosamente de la cabeza a los pies-. Ve pasando al probador y me enseñas toda tu mercancía, ¿no? John, quédate aquí fuera y vigila.

    -Sí, señor Marcus -murmura Laura estupefacta por su propia actitud.

    Al girarse la dependienta, él advierte en el omóplato izquierdo, gracias a la camiseta de tirantes que lleva, un tatuaje que representa una bruja.

    “A ver si en unos minutos es tan mala conmigo como ese tatoo” piensa excitado mientras la sigue hacia el cubículo.

    -Quítate la ropa, Laura, toda -le ordena cuando han corrido la cortina del probador.

    -Sí, señor Marcus.

    Sin dejar de mirar sus ojos hipnóticos, se va desprendiendo de las prendas hasta quedar desnuda frente a él.

    “¿Qué estoy haciendo, madre mía? Con un desconocido, y otro fuera, y la tienda cerrada, yo, una mujer casada y con hijos, tan seria yo” piensa, “esto parece el mal guion de un novelista novato”.

    Marcus se ha quitado ya la americana y la corbata, se ha descalzado. Con una mano en la nuca, la acerca y la besa, los grandes pechos pegados a sus pectorales.

    -Desabróchame la camisa, Laura, y el cinturón, desnúdame.

    De rodillas, contempla su cuerpo, tiene más músculos que en los libros de anatomía. Está como un toro. Su piel exhala un olor agradable. Tiene a la altura de la boca su pene erecto. Mira hacia arriba y le estremece su mirada. Le baja el prepucio y empieza a chuparle el glande con las manos agarrándole sus duras nalgas. Lo saborea. Nota cómo se le humedece el coño. Ahora, toda la polla dentro, hasta el fondo de su garganta. Marcus le sujeta la cabeza mientras saca y mete la verga con un leve movimiento de caderas. Jadea.

    -Así, cariño, cómetela bien…

    La alza por las axilas, la morrea, ella nota cómo su lengua no deja lugar que explorar, ahora le toca el turno a sus tetas, las devora, sus pezones tiesos como cuernos, una mano se posa en la vulva y dos dedos se introducen masajeándole el clítoris, ahora es su boca la que está en su sexo, le ha separado los labios para gozarlo completamente. Laura empuja su cabeza hacia ella. Se retuerce los pezones. Está muy sudada y cachonda.

    -Marcus, ahora fóllame, fuerte.

    La gira entonces y ella se apoya con las manos en el espejo, gimiendo, ve cómo él se coloca a sus espaldas, muy pegado, nota su aliento en el cuello, cómo le separa las piernas y con un rápido movimiento de caderas, penetra su coño mojadísimo, una de sus manos estrujándole una teta. La inclina ahora para que la verga llegue al fondo.

    Cuando el éxtasis parece cercano, Laura advierte que no están solos.

    Apoyado en el quicio de la puerta del probador, John los contempla excitado mientras se pajea con el pene fuera del pantalón.

    “¡Dios! Esto no puede ser… ¡Y vaya miembro tiene también! Todas decimos que el tamaño no importa, pero mentimos” piensa Laura mientras Marcus la sigue follando desde atrás.

    Ante un gesto de su jefe, el ayudante se acerca hasta tener su polla a la altura de la boca de la chica. Ella se gira hacia Marcus esperando su reacción y él asiente. Con leves sacudidas de cuello, chupa el sexo de John al tiempo que percibe como la otra verga sale de su vulva y se introduce cuidadosamente por el ano. La dependienta goza incrédula como nunca lo ha hecho en su vida (“jodido matrimonio aburrido tengo” piensa).

    Entre gemidos y gritos nada disimulados, ambos hombres se corren, Marcus dentro de su culo y John sobre el hombro de la chica, embadurnando con abundante leche el lunar morado que luce.

    Agotados, John se retira pero nuestro rubio empresario incorpora a la chica, la abraza y la besa por última vez.

    -¡Cariño, es el mejor día de tiendas de mi vida!

    Ha anochecido y antes de irse, viendo que no hay peligro fuera, Marcus paga los 6000€ prometidos.

    -Con esto, Laura, no pago nada de lo disfrutado contigo. Tú no tienes precio. Cumplo siempre lo prometido. Y no lo dudes: volveré a buscar mis prendas… -le dice con un guiño antes irse.

    Laura se sienta en una silla y piensa riendo: “¡Esto hay que hacerlo aunque sólo sea una vez en la vida!”.

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  • Historia swinger real

    Historia swinger real

    Quiero comenzar esta historia haciendo un poco de memoria y diciendo lo siguiente: Cuando mi esposa y un servidor comenzamos a cambiar nuestras vidas y darnos oportunidad de ver y probar otras experiencias tuvimos que documentarnos en muchos lugares; revistas, películas, Internet; acerca de todo lo relacionado con el sexo, especialmente con la vida de un swinger.

    Se dice mucho de la vida de una pareja swinger, según esto es la última maravilla para muchos de nosotros, pero realmente es muy difícil enfrentar las primeras vivencias.

    Me gustaría platicarles todo lo que hemos pasado, pero especialmente hoy les comentaré algo con lo que nosotros comenzamos y créanme que no fue nada agradable, aunque tuvo su lado excitante.

    Como les decía al principio, nos dimos a la tarea tanto mi esposa como yo de buscar información y finalmente después de tanto buscar algo formal (ojo con esto, ya que hay muchos charlatanes en las revistas e Internet que lo único que buscan es ofender a las parejas) nos inscribimos a un club swinger que se ubica en el Estado de México, no diré la dirección exacta por seguridad y sobre todo porque no me corresponde, solo les diré que es en una zona residencial, con gente bien.

    Fuimos a la primera cita y nuestra idea solo era ir a ver como era el movimiento. Nos sentimos muy incómodos al principio, pero poco a poco nos fuimos relajando, no sin antes tomarnos las tres de rigor. Bueno ella solo se tomó una copa, pero yo si me tomé mis tres copitas de ley.

    Nuestra primera reacción fue de descontento, ya que quienes estaban en la sala de la casa (por cierto, una casa muy hermosa, como de ese tipo de las que hay en las películas de gringos) era gente bien; pero llegado el momento nos fuimos al bar de esa residencia, entonces ya la gente comenzaba a cambiar. Increíble, y no tengo nada en contra de la gente de las colonias populares, pero quien dirigía el asunto ahí era un tipo que se decía dueño de ese bar y en su eslogan indicaba la colonia de la cual provenía, la colonia más brava del Distrito Federal “Tepito”.

    Nos fuimos de espalda cuando pudimos percatarnos de las parejas que había ahí presentes, probablemente eran más de 10 o 12 parejas y también había gente sola (tanto hombres como mujeres).

    Mucha gente no es como en sus relatos comenta, y esto es completamente real. La gente parece como si fuera sacada de los burdeles más viejos de la ciudad; algunas mujeres ya muy grandes de edad y con muchos kilos de más, los señores también, de más de 50 o 55 años, muy avejentados. Lo que sí se ve, es que ya tienen tiempo visitándose porque todo mundo se habla hasta de apodos o sobre nombres.

    Pero bueno, finalmente estábamos ahí sentados. Después de un rato la gente nos invitaba a pasar al centro de la reunión y una vez que estuvimos ahí todo se hizo más tranquilo. Empezaron a contar sus chistes clásicos, de repente alguien hacía mención de lo que había pasado durante la semana (las citas en ese club son los sábados por la noche), en fin, te enteras de muchas anécdotas.

    Poco a poco las parejas que había ahí presentes se comenzaban a quitar la ropa, hablaban cada vez más de forma grosera, en doble sentido y hubo algunos comentarios que en lo personal sentí que no eran los adecuados. De hecho, tanto a mi esposa como a mí también nos invitaron a que nos fuéramos despojando de nuestras prendas, y no quisimos porque era lógico, nuestra primera cita, nuestra primera experiencia y preferíamos solo mirar.

    El gordo que dirigía el asunto aceptó y dijo que no nos forzarían, es más que si gustábamos, podíamos pasar con quienes nos hubieran agradado hasta ese momento.

    Se formaron tres grupos con todas las parejas ahí presentes, nosotros nos fuimos con un tipo que se veía por lo menos más limpio que los demás, él a su vez se juntó con dos parejas.

    Un cuarto muy amplio y cómodo, televisión y jacuzzi, y una cama king. Todo mundo comenzó a jugar, todos contra todos. Las mujeres se desnudaron y se metieron a la tina, los tres hombres también y mientras se seguían tomando la copa se toqueteaban por debajo del agua; inclusive, no sé si los hombres se tocaban entre sí, pero así pareciera.

    Nosotros nos sentamos en la cama y sólo observábamos, mi esposa vestía un traje sastre con la faldita arriba de medio muslo y zapatillas altas, bien acompañadas con unas pantimedias brillantes, yo llevaba un saco sport y mezclilla. Mi esposa se quitó el blazer y yo el saco y lo único que hicimos fue mirar durante un buen rato.

    Miguel (el tipo bien parecido) le decía a mi esposa que no se preocupara, no pasaría nada, solo quería ver un poco más de ella desde la tina, mi esposa aceptó con un poco de temor. Me enfilé a tomarla de la cintura y a besarla intensamente en los labios, jugaba mi lengua con la suya y mientras hacía esto con la boca, una de mis manos abría lentamente sus muslos y subía su falta hasta donde ella me permitía.

    Comencé a acariciarle las piernas con mayor intensidad mientras todos los que estaban en la tina vitoreaban mi faena; cuando nos incorporamos todos ellos también estaban en lo suyo, entre las señoras se besaban mientras cada una de ellas tenía a alguien detrás que las estuviera satisfaciendo. Miguel estaba pasado entre ellas y cada vez que las señoras alejaban sus bocas era para apoderarse del miembro de Miguel, que de repente se le veía como si lo tuviera medio flácido.

    Besé todavía a mi esposa por un buen rato hasta que logré alzarle toda la falda y logré que se levantara de la cama para besarle sus nalgas, así es que Miguel y los demás la veían de frente y le decían mil y una cosas, todas muy calientes.

    Cuando en un arrebato de ingenuidad por parte de mi señora (y por supuesto que la entendí en ese momento) se bajó la falda, se puso su blazer y me pidió que nos fuéramos de inmediato, no puse objeción y obedecí.

    Saliendo de la residencia y hasta llegar a casa no cruzamos palabra alguna, es más llegando a casa tampoco quiso saber nada de nada y así como llegamos nos acostamos y no hablamos del tema como en tres días; poco a poco fuimos despejando nuestras ideas y finalmente llegamos a un entendimiento mutuo.

    Traté de hacerle entender que eso era nuevo y distinto a lo que habíamos estado acostumbrados, pero de verdad que nos costó mucho cambiar esa primera impresión que tuvimos.

    Ahora hemos aprendido muchas cosas y más adelante les platicaré más de nuestras experiencias, pero espero que esto sirva para todos aquellos que intentan conocer este estilo de vida.

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  • Mi gran fantasía (2)

    Mi gran fantasía (2)

    Decirle que observe como me cogen mis clientes, que mientras se masturbe y me acaricie con su verga mi cara, en esos momentos que toquen la puerta y yo pararme a abrir, (lo que no sabía mi marido es que en el putero, me puse de acuerdo con alguna puta como yo, para que nos alcanzara en el hotel, y a la que le había explicado lo que tenía que hacer, que primero se dejara coger por mi marido (obviamente sin decirle que se trataba de mi marido y que después en pago yo me dejaría coger por ella delante de todos.).

    Mi amiga entra al cuarto y saluda, y la presento a todos, preguntarle a mi marido si le gusta la chica (estando yo segura que le gustará pues se la escogí como a veces me decía que le gustaban las chicas) entonces que la chica se siente en el mueble con mi marido, beban algunas copas mientras me ve cogiendo con mis clientes, acostar a mis dos clientes boca arriba y yo montarme primero sobre el que tenga la verga más chica, empezar a metérmela despacio acomodada de tal forma que mi marido pueda observar perfectamente como me va entrando la verga, y que mi otro cliente, me bese las orejas, la espalda y con sus manos me acaricie los pezones, subir y bajar en la verga hasta que los dos nos vengamos muy rico, y yo gemir fuerte para que mi marido note que estoy gozando mucho,

    Luego voltearme hacia mi otro cliente que en mi fantasía deseo que esté superdotadote, acariciarle la verga con mis manos y luego empezar a chupársela, y yo decirle en voz alta, que está bien vergón, que me encantan los hombres bien dotados que me llenen toda, sé que mi marido no podrá evitar voltear a verle la verga a mi cliente y en eso yo montarme sobre esa vergota acomodármela en la entrada de mi raja y empezar a metérmela poco a poco, gimiendo de placer y hablar en voz alta, diciendo, que ricura, me siento la puta más feliz de la tierra, continuar penetrándome más y más profundo en cada bajada que me dé en esa vergota, sin dejar de gemir y de hablar.

    Ya cuando la tenga toda metida dentro de mi rajita, ponerle mis pezones en la boca del cliente y que me los empiece a mamar, aumentar el ritmo de mis movimientos y de mis gemidos, hasta que mi cliente y yo nos vengamos riquísimo, pararme de la cama e irme a dar un regaderazo, luego regresar al cuarto y ver que mis clientes ya se están vistiendo para retirarse y mi marido con la chica ya desnudos, acariciándose todos, cuando los clientes ya se hayan retirado, irme a sentar a un lado de mi marido y la chica del otro lado y beber algunas copas de vino con ellos, decirles, que entretenidos están ¿eh?

    Y que la chica me diga que Luis se puso bien caliente viendo cómo me cogían mis clientes, y yo le dije que eres bien puta, mira nada más que vergota se está comiendo mi amiga, se la comió toda, y yo muy coqueta preguntarle a mi marido si en verdad se excitó viendo coger a una puta, antes de que me conteste, agarrarle su verga y besarlo en la boca, tomarle una mano y llevármela a mis piernas, para que me las acaricie desde la rodilla hasta la raja, y con la otra mano agarre a mi amiga igual.

    Entonces mi amiga me diga, oye espérate, no seas golosa, él es mío y que se lo lleve a la cama, ahora te toca a ti vernos. Quédate sentada. Verlos como se acuestan en la cama y ver como ella le mama la verga, y luego se monte sobre la verga de mi Luis y se la meta, luego que ella le diga a Luis que tiene la verga bien rica, y que quiere que se la coja de perrito, pero que antes le bese las nalgas, ver a mi Luis besándole las nalgas y que me diga que me acerque a la cama con ellos, agarrarle la verga a Luis y acomodársela en la entrada de la raja de mi amiga, y mientras la va penetrando, besar a Luis, y ponerle mis pezones en su boca para que me los chupe, y preguntarle ¿estás a gusto mi amor? ¿quieres cogerte a dos putas al mismo tiempo?

    Entonces yo acomodarme a un lado de mi amiga igual que ella a cuatro patas para que Luis me acaricie las nalgas, el culo y que le saque la verga a la chica y me la meta a mí, y así que nos coja alternadamente, gemirle bien rico cuando me la meta y luego que mi amiga ya bien cachonda, me hable, voltear a verla y que me bese en la boca, que me meta la lengua y me pida la mía, así estarnos besando las dos, Se que a Luis le excitará mucho verme besando con la chica, y que eso provoque que se venga mucho en la raja de mi amiga, acostarnos las dos en la cama mientras mi marido se va a duchar, entonces decirle a mi amiga, ok cóbrate, soy tuya.

    Que ella se monte sobre mí y empiece a besarme la boca, mientras sus manos recorren mi cuerpo, los pezones, la cintura, las caderas, las piernas y que vaya bajando su cara, cuando llegue a mis pezones me los lama despacito y luego me los mordisquee.

    Yo agarrarle la cabeza tomarla de los cabellos y hacerla que vaya bajando más, hasta que llegue a mi raja, que pase su lengua por mi clítoris y me haga estremecer, con sus manos me levante las piernas hasta que mi vagina y el ano queden frente a su cara, que siga lamiéndome el clítoris y vaya bajando a la entrada dela raja, que me meta la lengua y yo gemir de lo rico que estoy sintiendo.

    Luego que baje a mi ano y pase su lengua en círculos, con sus manos me abra las nalgas y me meta la lengua en el culito, en eso que salga mi marido y nos vea como me está cogiendo ella, luego que se hinque frente a mí y me ponga su verga en la boca para que se la mame, darle una buenas mamadas y preguntarle ¿te gusta mi cielo? Me está metiendo la lengua en el culo y siento riquísimo, luego que mi amiga saque su lengua de mi culito y se acomode poniendo su raja pegada en la mía unas tijeras, frotarnos las dos y yo seguirle mamando la verga a mi marido, hasta que nos vengamos las dos intensamente en medio de fuertes gemidos de placer.

    Luego que mi amiga, se acueste boca abajo y me diga que le mame la raja, y acomodarme a cuatro para mamársela, meterle toda mi lengua en su raja y que mi marido me coja por atrás, y que con sus manos me abra las nalgas y me diga, mira como tienes el culo bien abierto, hasta se me antoja, que me lo toque con sus dedos y decirle pues mejor méteme tu verga mi amor, solo ponle salivita para que entre fácil, cuando me esté metiendo la verga en el culito mamarle la panocha más fuerte a mi amiga y con mis manos apretarle los pezones y sienta rico, estar así hasta que mi marido me diga que ya se va a correr en mi culo, mamarle la raja más rápido a mi amiga y decirle tu también vente, apretar mi culo en la verga de Luis y que se vengan los dos al mismo tiempo.

    Descansar un rato acostados en la cama y que mi amiga se bañe y se retire, quedarnos mi marido y yo solos en el cuarto y platicar sobre esa noche, calentarnos de nuevo y coger todo el resto de la madrugada hasta las 4 de la tarde.

    Salirnos del hotel y que me lleve a comer así vestida bien puta a algún restaurant bar para que me presuma. Que siga viendo como e me quedan viendo tanto hombres como mujeres, que eso nos excite a los dos y nos vayamos a casa bien calientes y decirle, me quedé con ganas de seguir puteando, cógeme toda la noche.

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  • Oculta en un armario

    Oculta en un armario

    Que me gustara tanto, hacía que no pudiera decirle que no a nada. Por eso ni siquiera dudé ante su pedido. Quería que me escondiera, desnuda, dentro del armario de su habitación.

    Él llegaría con una chica muy joven, de tetitas pequeñas y pezones rosados y conchita abultada. La dejaría desnuda sobre la cama y vendría balanceando su erecta pija hasta el armario donde fingiría buscar algo para asegurarse de que estoy adentro y de que lo veo.

    Luego dejaría a propósito la puerta entreabierta. Lo suficiente como para que yo, desde las sombras tuviera un panorama completo de la cama donde él, él que me gusta tanto, hace que la muchacha lo cabalgue con su vergota bien metida.

    Desde donde estoy la veo de espaldas. Veo su culo sacudirse, veo los huevos de él sucumbir a cada bajada del cuerpo de ella. Veo parte de la verga cuando ella sube y parte de los jugos que brillan. Estoy tan cerca que siento los ruidos del fluidos en la acción.

    Y me masturbo pensando que a él lo calienta saber que yo me estoy tocando mientras observo. Sé que lo calienta saber que yo quisiera estar en lugar de esa chica. Y a mí me calienta saber que una vez más no va a tocarme.

    Terminará y se irá con ella. Y luego me mandará un mensaje diciendo: “espero que hayas acabado rico”.

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  • Enseñándole a la hermana menor de Beto

    Enseñándole a la hermana menor de Beto

    Liliana, la hermana menor de Beto, era una mujer como de 18 años de edad que conocí desde el segundo día que fui a la casa de doña Susy, mamá de Beto y que no me pasó desapercibida, porque al igual que su mamá y su hermana Marcela es muy agradable y atenta. Luego conocí un poco más de ella, pues después de tener una relación con su hermana y la amiga de esta (Teté) supe que Lili, es afecta a leer revistas de relatos eróticos.

    Les ha de parecer que es toda una familia con bastantes parafilias, pero no… es lo normal en una familia que como todas las que conocemos, son comunes y corrientes tanto en su forma de vida como en su actuar con el vecindario y con las mismas costumbres ordinarias en lo que al público se refiere y con una cultura general como la de cualquiera, pero con una forma de ver la vida muy en lo particular, dependiendo de su constitución física y neuronal, ya que las hormonas no funcionan de igual forma en toda la gente, ni se disparan con la misma intensidad con todas las personas ni en todas las edades por igual.

    Y a esto se le agrega el mundo interno de vida familiar y el ambiente en que cada individuo convive, pero el comportamiento personal de cada quien con los gustos de cada uno de nosotros y por qué no, el haber oído o visto a alguien hacer algo que nos gusta o atrae hormonalmente.

    Y es el caso de Lili, que en muchas ocasiones, algunas sin proponérselo y otras a propósito, llegó a ver a su mamá fornicar con su consolador en sus noches de calor intenso en que sus ovarios le llegaron a pedir a grito abierto una penetración profunda y una irrigación interna que calmara esas ansias que la quemaban por dentro y que su servidor vino a calmar con esas penetraciones que comenzaron con aquella rica mamada, que me propinó cuando por accidente escuchara hablar a su nuera Rosy con su amiga Laura, y que por supuesto nunca se enteró de la homosexualidad de su hijo Adalberto con la complicidad de su esposa Rocío.

    Pues todo eso no lo sabía Liliana, pero de haber leído un relato como cualquiera de ellos, tal vez se hubiera masturbado intensamente como lo hacía cada noche que se encontraba solita en su recámara… Todo esto lo supe después de platicar con ella, un día que llegué de visita y que me recibió doña Susy y Marce, y que después de 45 minutos de platicar, llegó Lili, y por una necesidad que desconozco, salió primero doña Susy a una diligencia que no dijo de que se trataba pues solo dijo que se tardaría como 2 horas con su comadre.

    Como a la media hora se despidió Marce, porque llegó por ella Teté para que la acompañara a su casa a hacer una tarea en equipo según ellas, y al salir me guiñaron el ojo las dos y deduje que tal vez no era tal el asunto antes pretextado, y así fue como sin proponérmelo, nos quedamos solos Liliana y un servidor.

    Me dijo que tenía una tarea que hacer, pero que no sabía cómo comenzar, por supuesto que le dije que si le podía servir de algo, lo haría con mucho gusto, fue hasta su cuarto y sacó sus libros y libreta y me comenzó a hacer preguntas sobre las clases de enfermedades venéreas que existen o se conocen, porque en dos días tenía que exponer en su clase de biología dicho tema, le dije que abriéramos su libro de dicha materia y comenzamos a sacar algunas cosas y otras que tengo en mente cada vez que acudo a dar alguna plática sobre los temas que manejo, y que nunca está por demás mencionarles los riesgos que se corren al llevar una vida sexual activa.

    Vimos lo concerniente a la gonorrea, que es causada por el gonococo, el chancro, la sífilis, el SIDA. Y que por supuesto a hoy en día solo el SIDA es de cuidado ya que las demás con penicilina y cuidados especiales son desarraigadas del ser humano… Comenzó con una lluvia de preguntas, que a duras penas comenzaba a contestarle cuando ya tenía la siguiente en su boca.

    Dejó de lado la tarea para seguir haciendo preguntas, yo la escuchaba y sacaba mis deducciones, sobre él por qué del interés tan abierto e intenso, deduje que tal vez estuviera en esos días en que sus ovarios andan muy activos y deseosos de conocer macho y que si tenía la herencia de su familia pues la nena estaba por preguntarlo todo al respecto así que me preparé para tal efecto.

    Y dicho y hecho Liliana comenzó a hacer las preguntas más atrevidas y yo a contestarle y a pedirle que escribiera sobre su trabajo, y así lo hizo terminamos la tarea, pero no los comentarios que ya estaban muy subidos de tono, ya preguntaba por la infidelidad, sobre la desvirgación, sobre la primera vez, sobre los orgasmos y por qué los hombres se “la jalan” así lo preguntó de directo y con todas sus letras.

    Le dije que le contestaría todo si me dejaba terminar un tema y me respondía mis preguntas por su interés, me dijo que si y más calmada le pregunté que si ya había tenido alguna experiencia, a lo que me contestó que solo se había masturbado, ya se encontraba muy ruborizada, pero su curiosidad era mayor, lo tomé muy natural para que no se avergonzara, y le pregunté que si había leído algo sobre sexualidad en alguna parte, y al ver que no me inmutaban sus respuestas, tomó confianza para seguirme contestando sin ruborizarse.

    Me dijo que todo la había leído en revistas para adultos que le había substraído a su cuñada Rosy y que en una ocasión vio una película de su hermano Beto y que eso la “calentaba mucho” pues en una ocasión sin proponérselo había visto a su cuñada hacerle “una puñeta” a su hermano Beto cuando aún eran novios y que a su mamá la había comenzado a espiar cuando se consolaba solita con su aparato, y que todo eso la tenía muy desubicada y no sabía a quién acudir, pues su hermana Marce solo se dedica a su amiga.

    —Y cuando le pregunto se hace la que no entiende o no sabe, por eso le pregunto a usted —me dijo.

    Le agradecí su confianza y ya más tranquilo le dije que me preguntara lo que quisiera, quiso saber cómo podrá ella tener relaciones sin que se embarazara, o tener alguna enfermedad, le recordé del condón que ya habíamos visto en su tarea y cuál es su función, que solo faltaba que supiera como se coloca y como son, me dijo que ya sabe cómo son, pero no como se ponen, que si le decía como.

    —Lili… para ello debemos de tener un pene o de menos un plátano para ponerlo, ¿tienes un condón y un plátano? —Le pregunté.

    —Tengo el condón profe —me dijo— pero el plátano nos va hacer falta.

    —Bueno, entonces algo que se le parezca.

    Y me dijo con sus ojillos ya inyectados de lujuria:

    —Pues su pene profe… Al fin de cuentas usted no lo va a tomar a mal es maestro de esta materia.

    Allí si me ruboricé, pero lo disimulé lo más que pude, solo sonreí y le dije que, si se atrevería a hacerlo, y me dijo que sí…

    —Solo que tendrás que motivarme Lili, porque así nada más no se va a erectar.

    —No se preocupe profe ahorita lo ponemos al tiro.

    Y se fue a poner una película que al parecer era la que había substraído de la casa de su hermano, y la puso en la video, como a los 10 minutos estábamos viendo a una joven acariciarle el pene a su pareja por encima del pantalón y ella volteó a mirarme y yo como que no vi, así que ella disimuladamente me comenzó a sobar el pene con su manita derecha, cuando lo sintió muy duro me dijo que, si ya, asentí y procedí a sacarlo del pantalón, ella se estiró hasta el buró y sacó un preservativo del cajón de este, y me lo dio, rompí el envoltorio, y se lo di, la fui instruyendo para que no lo pusiera al revés, y comenzó a hacerlo según la guiaba y esto propinó sin querer una rica puñeta.

    Le pedí permiso de motivarme más acariciándole sus pechos, y solo dijo “mju” lo tomé por un sí, ya estaba “encarrerado el gato” así que no solo sus pechos si no que toda ella la comencé a acariciar hasta llegar a su monte de Venus, y comencé a dedearle su conchita rica que ya estaba muy mojada, y que después de los comentarios y el procedimiento, le dije que si quería saber en qué consistía un cunnilingus y una felación, me dijo que lo que fuera, pero que no la fuera a penetrar, porque aún tenía miedo de lo que pudiera pasar y que tal vez su mamá no lo entendiera, pero que tal vez mas adelante lo intentara y así fue.

    Ese día solo la mamé y me la mamó y como a los 3 días ella solita me cayó a mi departamento de soltero, para que finalizáramos lo que solo había quedado en mamadas, según Lili, ella solita se ensartó, ella solita hizo todo, tenía una iniciativa mejor que ninguno de la familia y lo hacía muy rico todo.

    Esos ímpetus que tuvo desde que la conocí le siguen aún, pues tiene cada idea e iniciativa.

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  • Mamarle la panocha a mi esposa después que se la cogieron

    Mamarle la panocha a mi esposa después que se la cogieron

    Cuando otro hombre se está cogiendo a mi esposa y la hace tener una rica venida, un orgasmo, me excita verla coger, me encanta verla disfrutar, gemir y gozar de placer, cuando se la cogen, me encanta verla disfrutar con otro y después, yo le mamo su mojada panocha, me encanta, lamer, chupar mamar su clítoris y toda su sabrosa panocha húmeda en su jugo, lamer sus labios vaginales, lamer, chupar y mamar su clítoris, después que otro hombre se la cogió, cuando el otro le saca la verga de su panocha, yo meto mi lengua dentro de su majada panocha para saborear sus sabrosos jugos de sus venidas, mamarle la panocha a mi esposa después que se la cogieron, es algo realmente placentero.

    Cuando mi esposa coge con un hombre, y a mí me gusta verla, admirar su hermosa cara de placer de felicidad, de alegría cuando se la está cogiendo otro hombre, viéndola coger con otros hombres, ver esa cara de placer de su gemir, cuando se la están cogiendo siento placer, alegría, satisfacción, verla feliz a ella cogiendo con otro, verla disfrutar, gozar también me hace feliz a mí, mi esposa, ella es de mente abierta, erótica, caliente, ardiente, apasionada, verla coger con otro hombre muy vergon la deja bien satisfecha, su rica panocha mojada en su jugo, yo le mamo su sabrosa “panocha en su jugo”, con la lengua lamo su labios vaginales, mamo,, chupo, su clítoris, con mi lengua, lamo, le mamo su mojada panocha después que se la cogieron.

    “Mi fantasía” ver a una pareja coger, ver como el hombre se coge a su esposa en varias posiciones, después que se la cogió su marido, mamarle yo su “rica y sabrosa panocha en su jugo”, lamer chupar, mamar, el clítoris, saborear sus jugos vaginales, hacerla feliz, mamarle el clítoris y toda su sabrosa panocha húmeda, después que se la cogieron.

    También que el hombre vea y disfrute cómo yo le mamo la panocha mojada, húmeda en su jugo, a su esposa, después que él, se la cogió.

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  • Placeres prohibidos. Secreto familiar (3)

    Placeres prohibidos. Secreto familiar (3)

    Diego, perdido en la visión de su prima, deslizó sus manos hacia los senos de Atziry, apretándolos con firmeza, sus dedos pellizcaban los pezones erectos, arrancándole gemidos más agudos. Luego, su mano derecha descendió, encontrando el clítoris hinchado de Atziry, masajeándolo con círculos rápidos que la hicieron arquearse contra el lavabo.

    Con la mano izquierda, agarró su cabello, jalando su cabeza hacia atrás con una mezcla de dominio y ternura. Atziry, en el espejo, veía cómo sus músculos se tensaban, sus senos rebotaban con cada embestida, la imagen de Diego tomándola con tal intensidad haciéndola temblar. —Primo, me estás volviendo loca —gimió, su voz estaba rota mientras su vagina se contraía alrededor de él, el placer crecía hasta un punto insoportable.

    El baño, ahora estaba impregnado del sonido de sus cuerpos chocando y el aroma crudo de su pasión, era un escenario donde Atziry se entregaba por completo, gozando cada segundo de la verga de su primo, cada caricia en su clítoris, cada jalón en su cabello. El espejo reflejaba su unión, un cuadro de lujuria que los consumía.

    Pero de pronto, el sonido inconfundible de la puerta principal abriéndose rompió el hechizo. —¡Ya llegué! —gritó Elizabeth, su voz resonó en el departamento, haciendo que Diego y Atziry se congelaran, sus respiraciones agitadas quedaban atrapadas en sus gargantas.

    El silencio que siguió fue pesado, roto solo por el eco de las zapatillas de Elizabeth contra el suelo de madera. Atziry, con los ojos abiertos por el pánico, apretó los muslos alrededor de Diego, su vagina aun palpitaba alrededor de su verga. Él, con el corazón acelerado, la sostuvo firme, sus manos estaban en sus nalgas bronceadas, tratando de mantener la calma. Elizabeth, al no recibir respuesta, frunció el ceño, notando el televisor encendido en el salón, su pantalla parpadeaba con una serie olvidada. —¡Atziry! ¡Diego! ¿Dónde están? —volvió a gritar, cerrando la puerta principal con un golpe seco. La falta de respuesta la inquietó, sus pasos resonaban mientras recorría el departamento, buscando pistas.

    Un gemido suave, apenas audible, escapó de Atziry antes de que pudiera contenerlo, y Elizabeth se detuvo en seco, con sus sentidos agudizándose. Creyendo que los sonidos venían del televisor, se acercó y lo apagó con un clic, esperando que los ruidos cesaran. Pero el silencio que siguió fue aún más sospechoso, y sus ojos se dirigieron a la rendija de luz que se filtraba por debajo de la puerta del baño. Su corazón dio un vuelco, una mezcla de curiosidad y aprensión creciendo en su pecho. Con pasos lentos, sus zapatillas resonaban en el suelo, se acercó a la puerta, el aire estaba cargado con el aroma de un deseo que aún no identificaba. Tocó suavemente, su voz firme pero teñida de incertidumbre. —Atziry, Diego, ¿quién está usando el baño?

    Elizabeth, con el corazón latiendo rápido por la incertidumbre, tocó la puerta del baño una segunda vez, su voz resonaba con un tono más firme. —¿Quién está usando el baño? —preguntó, sus dedos tamborileaban nerviosamente contra la madera. Dentro, Atziry y Diego, atrapados en su frenesí sexual, se miraron con los ojos abiertos, el pánico se mezcló con el deseo que aún los consumía. Diego, con su verga aún dura y alojada en la vagina húmeda de Atziry, la sostuvo por las caderas, sus manos fuertes la mantenían en su lugar.

    Con una sincronía desesperada, caminaron juntos hacia la puerta, sus cuerpos entrelazados, los muslos bronceados de Atziry temblaban mientras intentaban mantener el equilibrio. La puerta se abrió lentamente, apenas una rendija, dejando escapar un leve pero inconfundible aroma a sexo que flotó en el aire. Elizabeth, frunciendo el ceño, lo percibió, pero no pudo identificarlo, su mente aun buscaba una explicación lógica.

    Atziry, con el cabello desordenado cayendo sobre su rostro, asomó la cabeza por la abertura, asegurándose de que la puerta no se abriera por completo. Detrás de ella, Diego permanecía oculto, con su torso desnudo pegado a su espalda, su verga aún dentro de su vagina palpitaba con cada movimiento. El riesgo de ser descubiertos hacía que su piel se erizara, pero también intensificaba el calor entre sus piernas. —¿Qué pasa, mamá? —dijo Atziry, su voz temblaba ligeramente, intentando sonar casual mientras su cuerpo traicionaba su excitación—. Me voy a bañar. —Elizabeth, parada en el umbral, arrugó la nariz. —¿A qué huele? —preguntó, su tono estaba cargado de sospecha mientras sus ojos escudriñaban el rostro de su hija.

    Atziry, con el corazón acelerado, respondió con rapidez, forzando una sonrisa. —Tuve un pequeño accidente con mi regla, por eso me voy a bañar —mintió, su voz se quebraba apenas mientras sentía el calor de Diego detrás de ella. Pero en ese momento, su primo, incapaz de contenerse, comenzó a mover sus caderas lentamente, metiendo y sacando su verga con un ritmo torturante. Atziry abrió los ojos de golpe, un gemido quedo atrapado en su garganta mientras su vagina se contraía alrededor de él, el placer se mezclaba con el pánico. Sus manos se aferraron al borde de la puerta, sus nudillos se blanqueaban mientras intentaba mantener la compostura, su rostro ruborizado traicionaba la intensidad de lo que sentía.

    Elizabeth, ajena a la verdad, frunció el ceño, pero no insistió, su atención aún estaba atrapada por el aroma extraño y la actitud nerviosa de su hija. Diego, escondido tras la puerta, apretó las nalgas de Atziry con una mano, su otra mano se deslizaba por su cintura, sintiendo la piel bronceada temblar bajo su toque. Cada movimiento de su verga era una provocación, un desafío silencioso que hacía que Atziry mordiera su labio inferior para no gemir.

    —¿Qué pasa, hija? —preguntó Elizabeth, su tono mezclaba preocupación y sospecha mientras observaba los ojos de Atziry, que brillaban con una intensidad inusual. Su hija, con el cuerpo estremeciéndose por las embestidas lentas pero implacables de Diego, quien permanecía oculto tras la puerta, respondió con la voz entrecortada, pequeños gemidos escapaban de sus labios. —Es… un cólico, mamá —mintió, su respiración estaba agitada mientras la verga de su primo se deslizaba dentro de su vagina, cada movimiento enviaba oleadas de placer que amenazaban con delatarla.

    Elizabeth, aún extrañada, ladeó la cabeza. Había escuchado esos leves gemidos, un sonido que no encajaba del todo con un simple cólico. —¿Y Diego ya regresó? —preguntó, su mirada escudriñaba el rostro de su hija. Atziry, con el corazón latiendo desbocado, sintió cómo Diego, detrás de ella, ajustaba su agarre en sus caderas bronceadas, su miembro palpitaba dentro de su vagina húmeda.

    —Sí, mamá… pero salió a correr, dijo que volvería más tarde —respondió, mordiendo su labio inferior para reprimir un gemido más fuerte, su cuerpo la traicionaba mientras el placer la consumía. Elizabeth, más tranquila pero aún con un dejo de duda, asintió. —Está bien, hija, te dejo bañarte. Estoy cansada, voy a dormir un poco. Por favor, despiértenme cuando Diego regrese para que cenemos los tres juntos —dijo, mientras se giraba, sus zapatillas resonaban en el suelo de madera.

    Atziry, con el rostro contorsionado por el esfuerzo de mantener la compostura, asintió rápidamente con la cabeza y cerró la puerta de un golpe, el sonido resonó como un alivio momentáneo. Esperó, conteniendo la respiración, hasta que escuchó el clic de la puerta de la habitación de Elizabeth al cerrarse.

    En ese instante, Diego, libre del riesgo inmediato, soltó un gruñido bajo y comenzó a penetrarla con una intensidad renovada. Sus embestidas, ahora eran más rápidas y profundas, hacían que las nalgas de Atziry chocaran contra su pelvis, el sonido carnoso llenaba el baño. Ella, recargada contra la puerta, dejó escapar gemidos más audibles, su vagina se apretaba alrededor de la verga de Diego, empapándola con sus jugos. Sus senos, libres y rebotando con cada movimiento, rozaban la madera fría, sus pezones erectos amplificaban su placer.

    —Primita, están tan apretada —susurró Diego, sus manos se deslizaban por su cintura, una aferrando su cadera y la otra subiendo para apretar un seno, pellizcando el pezón rosado con dedos expertos.

    Entre jadeos, Atziry, con la voz entrecortada, lo miró por encima del hombro, con una mezcla de reproche y lujuria. —¿Por qué hiciste eso, Diego? —gimió, su respiración era agitada mientras sus senos rebotaban con cada movimiento—. ¡Pudo habernos descubierto mi mamá! —El riesgo de ser atrapados por Elizabeth, aún fresco en su mente, hacía que su corazón latiera con fuerza, pero también avivaba el fuego entre sus piernas.

    Diego, con una sonrisa traviesa curvó sus labios, ralentizó sus embestidas, dejando que su verga se deslizara lentamente dentro de ella, torturándola con el roce. —Quería ver qué hacías, primita —respondió, su voz era grave cargada de picardía, mientras sus manos apretaban las caderas de Atziry, sintiendo la suavidad de su piel —. Me pareció jodidamente excitante cogerte mientras hablabas con tu mamá. Además, tu vagina tan estrecha estaba apretando mi verga, y no podía parar de querer cogerte más. —Sus palabras, crudas y provocadoras, hicieron que Atziry soltara un gemido más profundo, su cuerpo la traicionaba mientras el placer la dominaba.

    Sabiendo que Elizabeth se dormía rápido y tenía un sueño profundo, Atziry dejó de lado cualquier rastro de preocupación, su deseo superaba el miedo. Con la voz temblando de excitación, miró a Diego, sus labios entreabiertos dejaban escapar un suspiro. —Quiero que lo hagamos en el inodoro, primo… siéntate y déjame montarte —susurró, su tono estaba cargado de una urgencia que hizo que el miembro de Diego palpitara aún más. Él, sin dudarlo, se apartó de ella, dejando que su verga saliera con un sonido húmedo, brillante por los jugos de Atziry. Se sentó en el inodoro cerrado, su torso desnudo relucía con una fina capa de sudor, su verga erguida era una invitación.

    Atziry, sin perder un segundo, comenzó a montarlo dándole la espalda, sus nalgas subían y bajaban con un ritmo que hacía que la piel de Diego se erizara. Él, hipnotizado, observaba cómo las nalgas de su prima se movían, redondas y firmes, chocando con sus muslos con un sonido carnoso que resonaba en el espacio reducido. Los muslos de Atziry, brillantes por los jugos que escapaban de su vagina, relucían bajo la luz tenue, cada movimiento intensificaba el placer que los consumía.

    Atziry, con los ojos entrecerrados y la respiración agitada, tomó las manos de Diego, guiándolas con una urgencia desesperada. Llevó el dedo índice de su mano derecha a su boca, chupándolo lentamente, su lengua danzaba alrededor de él mientras gemía, el sonido vibraba contra la piel de Diego. Luego, colocó las manos de su primo sobre sus senos, sus pezones ahora estaban bajo sus palmas, invitándolo a apretarlos.

    Diego, con un gruñido bajo, obedeció, sus dedos hundidos en la carne suave, pellizcando los pezones con una mezcla de ternura y ferocidad. Atziry, impulsada por el contacto, intensificó sus sentones, su vagina se apretaba alrededor de la verga de Diego, cada movimiento enviaba oleadas de placer que la hacían jadear. —Primo, me estás volviendo loca —gimió, su voz temblaba, al borde del colapso.

    La sensación de la verga de Diego, gruesa y pulsante, llenándola por completo, era abrumadora. Después de unos minutos de movimientos frenéticos, Atziry alcanzó un orgasmo devastador. Su cuerpo convulsionó, un grito agudo escapó de sus labios, seguido de gemidos y jadeos mientras sus ojos rodaban hacia atrás, perdidos en un éxtasis cegador. Su vagina, empapada, liberó un torrente de jugos que se deslizaron por los muslos de Diego, empapando el inodoro. Pero Atziry no se detuvo, sus nalgas seguían subiendo y bajando, prolongando el placer mientras su cuerpo temblaba. Cuando recuperó el control, con la respiración aún entrecortada, sacó la verga de Diego de su interior, el sonido húmedo resonaba en el baño.

    Sin pausa, se giró para quedar frente a él, con un deseo insaciable. Posó sus pies sobre los muslos de Diego, poniéndose en cuclillas con una gracia felina, y volvió a guiar su verga hacia su vagina, metiéndosela lentamente mientras lo abrazaba por la cabeza, atrayéndolo hacia su pecho. Sus senos, firmes y rebotando, quedaron a la altura de la cara de Diego, los pezones rosados rozaban sus labios, invitándolo a devorarlos. Él, perdido en la visión, lamió uno con avidez, succionándolo mientras sus manos se aferraban a las caderas de Atziry, guiándola en un nuevo ritmo.

    Diego, con las manos firmes en las nalgas de su prima, la sostenía en cuclillas mientras su verga se hundía profundamente en su vagina empapada. Sus dedos, que exploraban con audacia, se deslizaron hacia su ano, introduciendo ligeramente un dedo en la estrechez cálida, arrancándole a Atziry un gemido agudo que reverberó contra las paredes. Su boca, hambrienta, se aferró a los senos de su prima, lamiendo los pezones rosados con una voracidad que lo hacía gruñir. Los chupaba con deleite, atascándose en la carne suave, saboreando la piel bronceada mientras sus caderas empujaban hacia arriba, intensificando la penetración que los unía en un frenesí de lujuria.

    Después de minutos de esta danza carnal, Diego, con un movimiento suave pero decidido, ayudó a Atziry a bajar sus piernas, guiándola para que se sentara frente a él en el inodoro, sus muslos abiertos lo rodeaban. Ahora, cara a cara, Atziry comenzó a darse sentones más salvajes, sus nalgas rebotaban contra los muslos de Diego con un ritmo que hacía temblar el aire. Sus senos, libres se balanceaban, rozando el pecho de su primo, sus pezones endurecidos dejaban un rastro de calor. Se besaron apasionadamente, mientras el baño se llenaba del sonido de sus gemidos y el roce húmedo de sus cuerpos. Atziry, perdida en el placer, sentía la verga de Diego llenarla por completo, cada sentón enviaba descargas de éxtasis que la hacían arquearse.

    —Prima, ya voy a terminar —gruñó Diego, su voz estaba rota por la urgencia, sus manos se apretaron las caderas de Atziry con una fuerza que marcaba su piel. Ella, sin detenerse, lo besó con más intensidad, sus labios se pegaron a los de él mientras susurraba contra su boca. —Quiero sentir tus mecos dentro, primo —jadeó, su voz temblaba de deseo. Diego, incapaz de contenerse, apretó sus caderas con más fuerza, sus embestidas se volvieron erráticas mientras liberaba chorros calientes de semen en el interior de su vagina. Atziry, sintiendo el calor de su clímax, convulsionó en un orgasmo propio, sus jugos se mezclaban con el semen de Diego, un torrente que escapaba de su vagina y goteaba por sus muslos, empapando los testículos de su primo.

    Cuando los espasmos cesaron, Atziry permaneció sentada sobre él, su respiración era pesada mientras sentía el semen de Diego escurrir lentamente de su interior, un calor líquido que se deslizaba y se mezclaba con sus propios fluidos. Diego, con los ojos entrecerrados, sentía sus testículos húmedos, cubiertos por la mezcla de sus orgasmos, una sensación que lo hacía sonreír con satisfacción.

    Aún envueltos en el calor de su unión, intercambiaron besos lentos y ardientes, sus labios húmedos saboreaban el eco de su pasión. El baño, impregnado del aroma crudo de sus cuerpos sudados y sus fluidos mezclados, vibraba con la intensidad de lo que acababan de compartir. Atziry, con las piernas temblorosas y la vagina aún palpitante, se apoyó en el lavabo. Diego, con una sonrisa confiada, se agachó para subir su bóxer y pantalón, el tejido rozaba su verga sensible, aún cálida por el orgasmo. —Te dejo bañarte, primita —murmuró, su voz era profunda, cargada de una posesividad juguetona, mientras le lanzaba una mirada que prometía más. Cerró la puerta tras de sí, el sonido del cerrojo resonó en el pasillo silencioso.

    Apenas dio unos pasos hacia la cocina cuando la voz de Elizabeth lo detuvo como un latigazo. —¿Qué hacías con mi hija en el baño? —preguntó, su tono era cortante, tenía los brazos cruzados bajo sus senos prominentes, que se alzaban bajo la blusa ajustada. Su falda lápiz, aún puesta desde el trabajo, abrazaba sus caderas, delineando las curvas que Diego conocía tan bien. Sus ojos miel lo perforaban, una mezcla de sospecha y algo más profundo, casi animal. Diego, paralizado por un instante, sintió el peso de su mirada, pero la confianza que ahora lo llenaba lo impulsó hacia adelante.

    Con pasos lentos y deliberados, se acercó a ella en la cocina, el aire estaba cargado con una tensión que hacía vibrar su piel.

    Sin decir una palabra, tomó el rostro de Elizabeth entre sus manos, sus dedos fuertes pero suaves rozaban su piel blanca, y la besó con una pasión abrasadora. Sus labios se fundieron en los de ella, su lengua exploraba su boca con una urgencia que la hizo jadear. Al separarse, con sus rostros a centímetros, Diego habló, su voz era baja pero cargada de desafío. —Le quité su virginidad, tía. La convertí en mi mujer —declaró, sus ojos se clavaron en los de ella.

    Antes de que pudiera responder, deslizó una mano bajo su falda, sus dedos encontrando las nalgas firmes de Elizabeth, apretándolas con posesión mientras la volvía a besar, sus labios la devoraron con un hambre que no ocultaba. —¿Tienes problema con eso? —preguntó, su tono era provocador, mientras sus dedos se hundían en la carne suave, sintiendo el calor de su piel a través de la tela.

    Elizabeth, con la respiración agitada, lo miró con una mezcla de sorpresa y deseo. En lugar de retroceder, se inclinó hacia él, besándolo con una intensidad que igualaba la suya, sus lenguas entrelazándose en un duelo febril. Al separarse, sus labios brillaban, y su voz salió en un susurro ronco. —No, sobrino… somos tus mujeres —admitió, con una rendición que lo encendió aún más. Diego, con una sonrisa triunfal, apretó su agarre en sus nalgas antes de soltarla. —Entonces no le reclames nada a Atziry —dijo, con tono firme, cargado de autoridad—. Y no le digas que tú y yo también cogemos. Esto queda entre nosotros. —Sus palabras eran una orden, sellada con una mirada que no admitía réplica.

    Sin esperar respuesta, Diego se giró y se dirigió al estudio, dejando a Elizabeth sola en la cocina, su cuerpo aun vibraba por el beso y el toque de su sobrino. El aroma a sexo y el calor de sus manos permanecían en su piel, mientras su mente giraba ante la confesión. Diego, al cerrar la puerta del estudio, sintió una oleada de poder recorrerlo. Sabía que ahora era el amo de ambas, su tía y su prima, unidas a él por un deseo prohibido que lo convertía en el centro de sus mundos.

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