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  • Una divertida anécdota

    Una divertida anécdota

    El 24 de diciembre, con motivo de la cena de nochebuena nos fuimos mi esposa y un servidor al súper a comprar lo necesario, la verdad es que sólo compramos pollos rostizados, papas fritas, refrescos y una botella de tequila para amenizar el ambiente; mi suegra se había quedado en casa con el bebé, así es que tuvimos un momento de libertad.

    Como ya eran casi las 8 de la noche, salimos bien abrigados de casa ya que el frío estaba en su punto. Eso sí, por la tarde nos dimos un buen baño y nos vestimos de manera formal para pasar la noche buena. No esperábamos a nadie en casa, simplemente lo hicimos porque eso es lo que tenemos por costumbre, pienso que es una noche especial, así es que nos vestimos de forma especial.

    Yo vestí un traje de color gris, camisa blanca y corbata que contrastaba con el traje; mi esposa vistió una faldita muy cortita y de color negro con algo de vuelo, se vistió con dobles pantimedias, una de color natural y de lycra, encima una de red, una blusa a rayas muy bonita y una tanguita de color negro, botas negras y listos, a celebrar.

    Como les decía; salimos bien abrigados al súper. Al llegar a la tienda le pedí que se desabotonara el abrigo para que la pudieran admirar de la forma en como había vestido ese día.

    Yo no sé qué piensen ustedes, ver a una chica en pantimedias es algo que a mí en lo personal me encanta, pero si es mi esposa me vuelve realmente loco y me hace muy feliz que la gente la volteé a mirar, aunque debo decirles también que hay muchos que lo hacen de formas muy descaradas, pero a veces esas miradas también las disfrutamos, especialmente ella.

    Llegando al súper nos fuimos directamente al departamento de comida, había mucha gente haciendo fila para los pollos así es que tuvimos que esperar nuestro turno. Después nos fuimos al departamento de panadería para tomar lo necesario para acompañar la cena.

    Como ese había sido el objetivo principal y habíamos terminado rápido, nos dimos el tiempo para ir a darnos una vuelta a los demás departamentos, especialmente el de línea blanca ya que mi esposa me está pidiendo desde hace mucho tiempo que cambiemos el refrigerador, el que tenemos actualmente no hace más que hacer ruido porque ya no enfría el ingrato.

    Antes de llegar al departamento de línea blanca pasamos al departamento de vinos y licores, como se podrán imaginar estaba hasta la madre de cabrones buscando bebidas, pero al fondo de unos anaqueles, muy cerca de donde estaba las torres de las cervezas había un tipo armando una torre más de sidras, solo que como estaba comenzando estaba casi hincado en el suelo.

    Fue entonces cuando se me ocurrió una idea, que con solo recordarla se me para la verga hasta el tope. Le pedí a mi esposa que fuera hasta el tipo aquel, que le pidiera una explicación acerca de las sidras o que le preguntara cualquier otra chingadera, pero que se quedara parada frente a él; sus piernas quedarían a la altura de la cara del tipo. Me costó un rato discutir con ella, ya que ella quería que yo fuera con ella, pero yo preferí esperarme como a dos metros de distancia, como si fuera un desconocido en ese momento.

    Se dirigió hacia el tipo y dicho y hecho, se le paró al frente. Su cara lo decía todo, no se movió ni un instante y se veía que se la quería comer.

    Cuando la vio al principio, la recorrió con su mirada desde los pies a la cabeza y mientras él seguía armando la supuesta torre, ella seguía parada hablando con él.

    Igual y hablaron más de dos o tres minutos y yo veía que el tipo le hacía la indicación con la mano hacia un lado y hacia otro, mi esposa giraba el rostro haciéndose la desentendida, y eran esos momento en los que él aprovechaba para quedar nuevamente su mirada frente a sus piernas y con tal descaro la veía que casi creí que en cualquier momento la tomaría de las piernas.

    No aguantaba el dolor que me provocaba, pues tenía pelos enredados en la verga y al momento de que esta se me paró, pues lógicamente me jaló los vellitos. Tenía la verga al máximo, a punto de reventar, fue entonces que decidí ir por ella, me excitó tanto que, para sacarme la calentura y no poder coger, tuvo que mamarme la verga hasta hacerme venir en su boca.

    Cuando me acerqué a ella le hablé muy tiernamente y respondiéndome con un beso solo sonrió, el tipo se paró de inmediato y no sabía ni que responder, se había trabado de la lengua y no encontraba palabra alguna para decir algo, lo que fuera.

    Nos fuimos a casa y mientras caminábamos de regreso me explicó todo lo que le decía el tipo y que de alguna manera ella le estaba dando entrada para que él disfrutara del esplendor de sus piernas luciendo ese hermoso par de pantimedias y pantimedias de red.

    Me hizo venirme en su boca dos veces, y todavía cuando hacemos el amor hablamos del tipo y fantaseamos con él. Creo que es la mejor película xxx que podemos tener en casa, je, je, je.

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  • Una reunión navideña de travestis

    Una reunión navideña de travestis

    El nombre de este relato no tiene nada que ver con la presencia del albo manto níveo que en otras latitudes más frías que la de mi localidad se presenta, sino que como verán es otro tipo de blancura más… acogedora y sobre todo más nutritiva.

    La fecha: 24 de diciembre; el lugar: Mi departamento. La compañía: otras tres amigas travestis; el motivo: ¡Claro! La Navidad. Una reunión que prometía ser muy tranquila, pues mis amigas y yo, sin estar deprimidas, si nos sentíamos nostálgicas, pues al estar sin familia y en mi caso, sin mi novio, pues nos hacía sentir un poco de tristeza. En fin, de una forma u otra nos fuimos animando y empezamos a hacernos bromas, casi todas referentes a nuestra condición de travestidos.

    Maquillándonos, intercambiando vestidos, probándonos zapatos, etc., se fue animando la fiestecilla, además de uno que otro traguito de licor que nos desinhibió más de lo que ya lo somos, sin querer rozábamos nuestros cuerpos y, aunque yo no soy interactiva, pues sí me excité.

    Mis otras amigas: Lucy, una chica de 22 años, muy alegre y alta, con un cuerpazo que dan ganas de morderlo; Celia, de casi 30 años y una experiencia en el sexo increíble, no muy alta pero con cuerpo de diosa que incita al amor; y Coco, una niña de 19 años que apenas se va iniciando en estos avatares del travestismo. Eso sí, todas ellas con unos atributos masculinos, me di cuenta poco después, nada despreciables. Y por si fuera poco, las tres interactivas.

    Les aseguro amigos míos, que lo último que pasaba por mi mente en esos momentos era la idea de tener sexo, pues estaba nostálgica por mi novio, que había ido a pasar las Navidades en su ciudad natal, y Miguel (mi novio de repuesto) estaba con su familia, así que yo realmente estaba tranquila en cuanto a mi actividad hormonal, hasta ese momento.

    Al calor de los comentarios picantes, de los manoseos que iban aumentando de tono y de las copitas ingeridas, en un momento dado, Celia se levantó la falda y nos mostró orgullosa su instrumento viril, algo que asustó tremendamente a Coco, que como les dije es la más joven e inexperta del grupo; pues vaya que el tamaño de esa herramienta si es para pensarlo dos veces antes de usarla.

    La que definitivamente se lanzó como si de un caramelo se tratara fue Lucy, que tomándola con las dos manos se puso a chuparla como si quisiera acabársela. Coco sorprendida volteó a verme con cara de asombro a la vez que me preguntaba que si ese tamaño de pene era algo fuera de lo común. Desde luego, le tuve que decir que ese ni de lejos, se acercaba a algunos que yo conocía muy íntimamente; cosa que a ella se le hizo difícil de creer, pues su inexperiencia no le había permitido conocer ejemplares más grandes.

    Yo, como la más madura del grupo, me mantenía si no fría, sí tranquila, pues la verdad que no había pasado por mi mente la posibilidad de una sesión erótica. Mientras tanto Celia y Lucy continuaban con su escena de felación y yo notaba a Coco más y más inquieta, pues realmente el cuerpo de Lucy se veía fantástico en la posición que había asumido, esto es, de rodillas entre las piernas de Celia, su majestuosa grupa oscilaba de una forma espectacular, cosa a lo que contribuía el vestido que llevaba: un minivestido de seda negro que apenas le cubría sus preciosas nalgas que se resaltaban en esa posición.

    Celia manifestaba su excitación con gemidos y suspiros de lo más sensual, y se notaba que se acercaba al clímax. Dándose cuenta Lucy que estaba por provocarle a Celia un orgasmo, detuvo su tremenda mamada, y le pidió a Coco que le hiciera a ella el mismo tipo de trabajo que había visto, pues su verga pedía a gritos una satisfacción. De principio Coco se negaba a hacerlo, pues estaba algo impresionada y cohibida, pero a insistencia de todas nosotras se animó a hacerlo y tomando la misma posición entre las piernas de Lucy, chupó tímida y cautelosamente la verga que se le presentó; la que de ninguna manera era despreciable.

    No se daba cuenta que Celia perversamente se le acercaba por detrás blandiendo su gran miembro a la vez que se colocaba un condón. Para esto, Coco vestía una mini falda color rojo que en esa posición dejaba al descubierto sus preciosas y tiernas nalgas, las que no cubría la tanga hilo dental que traía. Además se había colocado unas medias altas también rojas, que la hacían lucir muy erótica. Como les decía, Celia se había colocado el condón y lo había lubricado generosamente, y ahora estaba arrodillada tras de Coco que aún no se había dado cuenta de las intenciones de la linda Celia.

    Ya mas excitada, Coco le estaba dando una magnífica mamada a Lucy, que se retorcía de placer, a la vez que tomando a Coco de la cabeza, la hacía que se introdujera mas profundamente su pene en la boca. En un momento dado, Celia hizo a un lado el delgado hilo de la tanga de Coco y colocó en posición su verga; ocasionando que Coquito se sobresaltara y separándose de Lucy volteó a ver de quien se trataba. Intentó levantarse al darse cuenta que estaba a punto de ser penetrada por Celia, pero esta la detuvo de las caderas y al mismo tiempo le decía que se relajara, que se estuviera tranquila, pues necesitaba experimentar las sensaciones de ser una mujer.

    Coco, estimulada por la mamada que le había dado a Lucy, se sometió a los requerimientos de Celia, pero me pidió que la ayudara a soportar la introducción. Acercándome, la bese tiernamente y le dije que estuviera tranquila, que no le iba a doler, que yo cuidaría que la penetración fuera placentera. Aceptándolo, la hice que se inclinara un poco más hasta que su cabeza casi tocara el piso. Le pedí a Celia que fuera cuidadosa y tomando su verga con una mano, la encaminé al precioso ojete que la esperaba. Con la otra mano, separé un poco los glúteos de Coco y tomando el lubricante le apliqué un poco dentro de su ano y alrededor.

    La verga de Celia realmente es un ejemplar como pocos y verdaderamente sentía que podría lastimar el diminuto culín que se proponía asaltar, así que con dos de mis dedos abrí un poco el reducto para prepararlo, una vez hecho esto, coloqué el glande de Celia en esa boquita e intenté la introducción. Coco dio un grito que si no supiera a que se debía, me habría asustado. Pero como yo lo he experimentado bastantes veces, lo que hice fue sacarlo y volver a empezar. En este segundo intento, pude meter todo el glande, no sin grandes lamentos de Coco.

    Como yo estaba controlando la introducción, dejé un momento en esa fase todo, con el fin de que se acostumbrara el esfínter al grosor de ese instrumento. El llanto de Coco era desgarrador, pero como ya estaba iniciada la penetración, sabía que dentro de poco ese llanto se iba a convertir en gemidos de placer. Un poco más. Mas llanto. Otro poquito, ya menos llanto. Mas, ya no hay llanto. Mas, el primer gemido. Celia ya estaba casi incontrolable y quería dejarle ir de golpe toda su verga, pero no se lo permití, pues podría dañar el culito de Coco.

    Ya solo faltaban de meter como seis de los veintidós centímetros de verga y le pregunté a Coco que cómo se sentía, alcanzando a escuchar apenas: “Llena” entre suspiros y gemidos. Mi mano rodeando la verga de Celia no permitía que se la dejara ir toda, así que fui separando mis dedos y permitiendo la penetración paulatinamente. Los gemidos y suspiros aumentaban proporcionalmente a la profundidad de la inserción, hasta que llegó el final. Separándome de ellas, le pedía Celia que se fuera calmada, pues no quería un incidente hospitalario. Se estuvieron un rato quietas y Celia, con toda su experiencia, se fue retirando poco a poco cosa que hizo que Coco sollozara y emitiera palabras ininteligibles.

    Ya casi para sacarle la totalidad de la verga, se detuvo otra vez y, tomando a Coco de las caderas, se la impulsó de un solo golpe, haciendo que la pobre niña gritara con toda su alma, pero sin hacerle caso empezó el clásico movimiento de vaivén y Coquito le tomó el gusto rápidamente. Viendo esta escena, Lucy se excitó bastante y aunque no me encontraba yo de vena, pues también me calenté, sobre todo por ver la forma en que Coco estaba ya gozando de la magnífica cogida. Lucy tenía en esos momentos su verga completamente erecta y se la estaba acariciando con la mano.

    Volteándome a ver, me dijo que si no quería aprovechar la oferta, cosa a la que no me hice del rogar, así que acercándome a ella empecé a besar su rico miembro. Ella estaba tendida completamente en un diván, así que me incliné sobre su vientre quedando en una posición bastante cómoda.

    Como experta mamadora que soy, no solo provoco placer en mi pareja, si no que yo gozo de igual forma, obteniendo orgasmos de solo chupar un buen órgano, así que las dos, Lucy y yo estábamos disfrutando de lo lindo. Cual no sería mi agradable sorpresa cuando siento en mis nalgas, una suave caricia: Un beso. Beso que se fue extendiendo hasta llegar al mismísimo orificio centro de todos los placeres. Beso al que siguió una sensación fresca, húmeda, serpenteante; en fin: una lengua que sabía lo que hacía, que sabía dar placer.

    Esto hizo que detuviera la felación en Lucy, pues definitivamente me elevó a niveles placenteros increíbles. Lucy, impaciente por haber detenido el trabajo oral, me tomó de la cabeza y me forzó a continuar con la mamada, cosa a la que me apliqué con mayor ímpetu. En tanto, la lengua en mi trasero proseguía su trabajo y me acercaba rápidamente al orgasmo, pero he aquí que se detiene y me hace protestar, pero como estaba con la boca llena, no me entendió nadie. Pero ¡oh sorpresa!, una nueva sensación se presenta: Algo grueso, duro, tibio, se acomoda entre mis nalgas. Hiende mi culo, asalta mi esfínter, origina un sobresalto en mi organismo.

    Una gran verga se aloja entre mis intestinos. Su longitud y grosor me provocan agradables efectos. La aprieto con mis músculos entrenados para dar placer. Su roce se hace más y más agradable. Sé que es Celia pues su tamaño es inconfundible. Sigo mamándole la verga a Lucy, pero se separa de mí y se mueve un poco hacia abajo. Celia con su verga enfundada en mi culín, me hace que gateando, me desplace hacia arriba, donde encuentro la verga de Coco, que sin ser un ejemplar inmenso, es de un buen tamaño.

    La tomo entre mis labios y se la chupo. En tanto, en mis partes bajas, adivino que está ocurriendo: Sin desconectarse Celia me abre las piernas y permite que Lucy se coloque entre ellas; La verga de Celia se queda quieta y siento que alguien más toca a la puerta; ¡Me quieren coger entre las dos!. Quiero protestar, pero la verga de Coco no me lo permite. El pene de Lucy, algo más delgado que el de Celia, intenta penetrar por debajo de la verga de Celia. Me duele, pero sé que lo van a lograr con un poco de cooperación de mi parte. Así que aflojo mis músculos y el glande de Lucy logra penetrar. Se me saltan las lágrimas, pero conociendo mi anatomía, pronto dejará de dolerme.

    Así es, después de unos instantes en que las cuatro nos quedamos quietas; vuelve Lucy a la carga y logra penetrar totalmente ¡Tengo las dos vergas completamente metidas!, más la de Coco en la boca. Señores, puedo decirle una cosa: Estaba repleta. Y empezamos el movimiento. Celia y Lucy sincronizándose, me tenían constantemente el culo por lo menos con una verga dentro, y varias veces con las dos. Coco, desatándose, me asía de los cabellos y me penetraba por la boca hasta el tope, casi a meter sus testículos.

    Aquello era una verdadera orgía y yo era el principal personaje, el eje en que giraban todas las pasiones. Estaba pletórica de sexo. Me sentía una reina a la que adoraban sus vasallos. En fin, una mujer que colma todos sus deseos.

    Pero aquello no podía durar toda la noche. Era tal la excitación, la lujuria, que mis tres mujeres y yo nos vinimos en un orgasmo simultaneo, abundante, prolongado. El sabor del semen de Coco era como un néctar, pues por su juventud estaba espeso, dulce y muy abundante. Mis otras dos amigas se salieron de mi culito tumefacto y me vaciaron sus condones en mi pecho, embadurnándome de semen mis senos hasta el ombligo.

    Nos abrazamos y nos quedamos dormidas a pasar esta blanca Navidad. Bueno, la nieve me cubrió a mí. Una rica nieve lechosa, espesa y riquísima.

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  • El marido de mi prima

    El marido de mi prima

    Rosa me ha llamado, ya han vuelto del viaje de novios y quiere que quede con ellos para ver las fotos, saben que me encanta hablar de viajes, han estado en Puerto Rico y seguro que tienen mucho que contar. Por una parte, me encantará verles, pero por otra, después de lo que ocurrió con Raúl el día de la boda me da miedo, pudor, no sé.

    Llego al piso que se han comprado en una urbanización en el ensanche nuevo de la ciudad. Llamo a la puerta y no tardan nada en abrirme, llevo una botella de vino blanco, abre él, Raúl, me lanza una de sus sonrisas, me quedo petrificado, no sé qué decir, este niño me mata.

    —¿Que tal Pedro? —Me dice, y me da un abrazo que me descuadra más aún. Aparece Rosa que sale de la cocina y me abraza dándome dos besos.

    —Perdona primo, te saludo y te dejo que tengo comida en el fuego y no quiero que se me queme, Raúl enséñale la casa —lo dice como dando una orden, Raúl y yo nos reímos.

    —Se nota quien ha tomado posesión del mando de la casa eh —dice y vuelve a sonreír.

    Me coge de la mano como un niño nervioso y me lleva al salón. Nos miramos, lo que en un principio ha sido un acto reflejo sin importancia, en milésimas de segundos se transforma en algo más, mucho más. Se le apaga la sonrisa, levanta la ceja derecha, me suelta, se ha quedado como mudo, quiere decir algo banal y no le sale.

    —¿Dejo aquí el vino?, conviene que este fresquito, creo que es mejor que lo metamos en el frigorífico —digo yo más hábil para salir del paso.

    Terminamos la cena, el ambiente es relajado, aunque Raúl esta serio, parece que ese pequeño contacto de manos le hubiese hecho recordar algo que su mente hubiera borrado. Imagino que, por supuesto el magnífico regalo que me hizo el día de su boda. Noto que se siente avergonzado, Rosa también nota que le pasa algo.

    Acabamos de repasar todas las fotos, las de la boda, las del viaje y hasta alguna que confiesan que no se las deberían enseñar a nadie, de ellos dos en la habitación en ropa interior, en una a mi prima se le ve un pezón, pero no me deja verla bien por que inmediatamente me la quita, nos reímos todos, parece que a Raúl se le ha pasado la tristeza. En otra sale Raúl tirado en la cama boca abajo, esta desnudo, pero la sábana le tapa las nalgas casi por entero, no así un lateral que es el que deja entrever dicha desnudez.

    —¿No sabía que me hubieses hecho esta foto?

    —Si, te la hice mientras dormías, estas muy guapo, ¿verdad Pedro?

    Contengo mis babas ante la foto, no quiero parecer un salido, Raúl esta guapísimo, tiene cara de ángel, veo el vello de sus piernas y la marca del moreno que se ve en el trozo de nalga desnuda. Estoy teniendo una erección, menos mal que el pantalón es ancho y el slip ajustado con lo que lo disimularé bien.

    —Tengo que ir al baño —me levanto, pero no recuerdo que puerta es, mientras mi prima retira las fotos y las guarda en un cajón Raúl me acompaña hasta la misma puerta y mientras abro me doy cuenta que su mirada está fija en mi paquete pero la retira en el instante que enciendo la luz. Hemos tomado un par de copas mientras veíamos las fotos y creo que están haciendo efecto, me mira y sonríe. En el baño intento que la erección baje a la vez que meo, parece que lo consigo

    Es tarde, tengo que irme así que me empiezo a despedir, la noche ha estado bien, mi prima un encanto y Raúl… que decir de él, es el hombre perfecto. Quedamos en vernos pronto, les invito a ir a mi casa en un par de semanas.

    Ya en la calle, entro en el coche mientras la parejita me mira desde el balcón. Al arrancar el coche algo pasa, no funciona, por más que lo intento no va, maldita sea, Raúl pregunta si pasa algo, le digo que no arranca y al minuto están los dos abajo intentando ayudarme. Por más que probamos no hay manera, el coche no funciona.

    —De esta no pasa, me compro otro, estoy harto de trasto este —digo yo muy ofuscado y dándole patadas de rabia. Raúl empieza a reírse y Rosa le acompaña al instante, yo les recrimino por su falta de tacto, pero ellos se ríen aún más, al final no puedo evitar seguirles ante lo ridículo de la situación.

    —Si tuviésemos otra cama te podrías quedar a dormir aquí —dice Rosa.

    —Siempre queda el sofá —Contesta Raúl.

    —De ninguna manera, ahora mismo llamo a un taxi y todo solucionado —y saco el móvil dispuesto a llamar a uno.

    De repente Rosa dice:

    —¿Y por qué no te acerca Raúl?, venga si, mientras yo recojo la casa un poco que te lleve en su coche —y dicho y hecho, en dos minutos ya estamos los dos en su coche.

    Durante el viaje ninguno de los dos decimos nada, solo de vez en cuando nos miramos. No vivo muy lejos con lo que en cinco minutos estamos en la puerta de mi casa. Me despido dándole las gracias por acercarme, me sonríe y dice:

    —¿No me invitas a tomar la última en tu casa?

    Me deja mudo, nos miramos, él y yo sabemos lo que ocurrirá si le invito. En dos segundos pienso en mil cosas, sobre todo en Rosa, pero a su marido parece no importarle, me acuerdo de la escena el día de su boda, de lo apetecible que está Raúl y de las ganas de hacerle mío… ¿Qué hago?

    Todo ha pasado, Raúl sale por la puerta, no se ha despedido, solo se ha vestido y se va. Apenas 30 minutos antes subíamos por las escaleras del portal, iba detrás de mí y me ha tocado el culo. Al entrar en casa no me ha dado tiempo a cerrar la puerta cuando me ha dado la vuelta, me ha cogido la cara y me ha besado en la boca pegando su cuerpo al mío, sus manos me han quitado la camisa, su lengua me ha lamido el cuello.

    Me costó unos minutos reaccionar, tanto tiempo soñando con algo así que me parecía imposible que pudiese estar pasando. Le saqué la camiseta del pantalón y bruscamente se la quité dejando su torso desnudo, con habilidad le desabroché el vaquero y se lo fui bajando mientras su lengua buscaba mis pezones, yo aún con la camisa medio puesta.

    Paramos un segundo, lo suficiente para quitarnos los pantalones, su bulto estaba hinchado, el bóxer ajustado que lleva no podía disimularlo, me puse de rodillas y se lo bajé rápidamente, cerré los ojos y olí, es lo que me hacía falta para cerrar también mi mente y olvidarme de todo lo que no fuese aquella verga, aquel cuerpo. El olor que tienen las pollas erectas, mezcla de orín, de semen y de sudor. Noté como sus manos cogieron mi cabeza, noté su deseo par a que me la metiese en la boca, y lo hice, de un trago introduje la mitad de aquella verga, escuché como gimió y noté como se dobló hacia delante fruto de un espasmo debido al placer que todo esto le daba.

    Me puse de pie, no le dije nada, pero él intuyó que le tocaba comer. Fue bajando por mi abdomen besando, lamiendo o mordisqueando cada centímetro de piel que se fue encontrando. Ya de frente a mi polla me miró a la cara y la miró a ella, su respiración era acelerada, acercó la nariz a mi vello y aspiro el olor, me hizo cosquillas. Sacó la lengua y recorrió la tranca hasta llegar al glande. No lo sabía seguro, pero creo que era su primera vez aun así se portó bien, la falta de experiencia la suplió con el deseo.

    Sentí como mi polla estaba dentro de su boca y el calor de su garganta la cubría. Me estaba dando mucho placer, tenerle allí de rodillas, lamiéndomela era todo un sueño hecho realidad, pero yo quería aún más.

    Le puse en el reposabrazos del sofá y le tumbé hacia delante, le abrí bien las piernas, me agaché y le lamí bien toda la raja hasta llegar al agujero, su esfínter estaba duro, le pase la lengua despacito, esperando que cediese y al cabo de pocos segundos así fue, en un pequeño descuido noté como cesó la contracción y pude metérsela. Oí un leve gemido de su boca. Le cogí las nalgas con las dos manos, los dedos gordos de las dos manos quedaron cerca del agujero así que le metí uno y después otro alternativamente, las piernas le cedieron, parecía estar muerto, era la señal, era el momento.

    Le abrí de nuevo las piernas, él estaba con los ojos cerrados, no quería ver lo que le iba a pasar, aunque lo sabía de sobra, había subido para eso. Al sentir mi polla acariciando sus nalgas se agarró con las manos a un cojín, cuando sintió como me la colocaba para traspasarle se lo llevó a la boca y lo mordió, se puso tenso. Tuve que besarle en la espalda para que se relajase.

    Metí mi verga poco a poco en su interior, no quería hacerle daño, se quejó, aunque el movimiento de sus caderas me indicaba que siguiese. Me agaché sobre él para facilitar el trabajo, mi polla estaba tan tiesa que era imposible mantenerme de pie. Poco a poco empecé el vaivén. Raúl se mordía el labio para ocultar sus gemidos, vi como se le escapaba alguna lágrima.

    Estaba tan caliente que me fui dentro de él en pocos minutos. Le saqué la polla y le di la vuelta, levanté sus piernas, y le volví a lamer el agujero ahora chorreante de leche. Comí sus huevos y le hice una mamada con mi boca llena de semen, conseguí que se corriera y entonces si que gimió de verdad, casi gritó.

    Al terminar me senté en el sofá mientras él, desnudo, iba hacia el baño, le caía aún leche por las piernas, su hermoso culo se contoneaba y eso me puso muy caliente. Al salir no dijo nada, simplemente se vistió y se fue.

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  • ¿Una fantasía o realmente sucedió?

    ¿Una fantasía o realmente sucedió?

    ¿Ha sucedido realmente o acaso tan solo ha sido un sueño?, eso es lo que ahora me pregunto aquí tumbado en la cama de este hotel sin nombre, la luz de la mañana se filtra por la ventana desperezando las tinieblas de mi habitación, mientras, yo intento asimilarlo todo y cerciorarme de si ha sido una fantasía o algo real, y mi mente comienza a despertarse y a recordar como ha sucedido todo desde el principio.

    Apareciste en mi vida a través de una ventana en mi ordenador, la lectura, o más concretamente la escritura, fue nuestro nexo de unión al principio. Desde ese primer contacto me di cuenta de que eras una mujer muy especial, tu forma de hablar, de escribir, de expresar tus sentimientos, todo en ti rebosaba sensibilidad a flor de piel.

    Nuestras conversaciones eran cada vez más extensas y distendidas, nos contábamos nuestras inquietudes, problemas e ilusiones ante la vida, cada día nos conocíamos un poco más. Me encanta oírte hablar de tu familia, hay pasión y orgullo de madre en la forma en que hablas de tus hijas. También intento apoyarte, quizás consolarte, en algunos momentos difíciles. Desde el principio ha habido complicidad y sinceridad entre nosotros, y eso no es algo a lo que yo esté acostumbrado, lo cierto es que suelo ser bastante distante, pero a tu lado todo es muy sencillo, todo surge y fluye como algo natural.

    La primera vez que te vi me enamoré de tu sonrisa, una sonrisa franca, sincera, que confiere a tu rostro una hermosa dulzura, tu mirada es profunda y directa, tu media melena morena imprime a tu cara la delicadeza de una muñeca de porcelana, tus curvas generosas muestran a una mujer madura, experimentada y segura de sí misma, sin embargo hay momentos en los que te sientes una niña con importantes carencias de afecto y amor.

    Procuro estar a tu lado, o quizás debería decir que procuro estar a tu altura, y aunque te parezca estúpido, así lo es en muchos momentos. Me duele cuando te sientes profundamente abatida ante los distintos designios que la vida te va presentando, me siento dolido, enfadado y celoso cuando veo que él te hace daño y te hiere con su falta de compromiso, y cuando tú aún sigues sintiendo lo que sientes por él, aún así, siempre procuro estar contigo y apoyarte en lo que puedo.

    Por eso ahora, aquí tumbado, intento discernir si estoy feliz porque haya sido un sueño o porque haya sucedido.

    Un viaje imprevisto me trajo aquí, no sabía muy bien si decírtelo o pasar por tu ciudad sin intentar verte, mis miedos e inseguridades me atenazaban, no quería descubrir que quizás no deseabas verme, pero tampoco podía dejar pasar la oportunidad de conocerte, mis entrañas se removerían por mi cobardía.

    Todo resultó mucho más fácil de lo que esperaba, surgió de una forma natural, contigo siempre es así, y cuando me indicaste donde podíamos encontrarnos para conocernos mi pulso se aceleró desbocado.

    El día y hora señalados llegaron, y allí estaba yo, impaciente, alegre, nervioso como un quinceañero y probablemente con una cara de atontado más que notable. No estabas en el local así que pedí una copa de vino y comencé a elucubrar posibilidades, quizás te habías arrepentido a última hora, quizás algún imprevisto te impedía venir, quizás, quizás… infinitos quizás, y en esas estaba cuando tu mano se posó en mi hombro.

    Un simple hola y tu sonrisa me bastaron para relajarme y serenarme, estabas preciosa con ese vestido negro, y al calor de dos copas de un exquisito y oloroso vino, charlamos y reímos durante horas.

    Mi estómago suplicaba de hambre, era el momento de dar un paso más, mis manos sudaban cuando te invité a cenar y tus hermosos ojos chispearon cuando aceptaste la invitación.

    Un taxi nos llevó a un coqueto restaurante que me habían recomendado y en el que había reservado mesa, la cena transcurrió divertida e íntima, creía ver en tu rostro miradas cómplices y en los postres me armé de valor para tomar tu mano entre las mías, noté una leve descarga eléctrica que recorría tu cuerpo, por un instante temí que retiraras tu mano, pero no fue así.

    Era tarde ya, el tiempo había volado en tu compañía y en el restaurante ya no quedaba casi nadie, era hora de irnos así que pedí la cuenta y te pedí que me acompañaras a tomar la última copa en mi hotel, no parecías al principio muy segura de aceptar, pero terminaste por hacerlo.

    El bar del hotel ya estaba cerrado, sugerí entonces tomar la copa en mi habitación, me miraste entonces como quien sopesa una decisión trascendental, tu mirada penetrante me traspasaba, noté como el vello de mi nuca se erizaba y de tus labios salieron aquellas palabras… “¿estamos seguros de esta última copa?”, “yo lo estoy, probablemente nunca he estado tan seguro de algo” te respondí, entonces me tomaste del brazo y no dijiste más, no hacía falta.

    Ya en la habitación pedimos una botella de Champagne, bajé la intensidad de las luces y puse en marcha el equipo musical. Brindamos por nosotros, por el día juntos, por los relatos que nos habían unido… estabas bellísima, seductora, tentadora, en mi mente te asocié con una orquídea, no me preguntes porqué, pero fue así, tu perfume me embriagaba.

    Te tomé de la cintura y comenzamos a bailar mientras sonaba un bolero, notaba los latidos acelerados de tu corazón contra mi pecho, nos mirábamos a los ojos para retener por siempre ese instante, apoyaste tu cabeza en mi hombro y mis labios bajaron hasta besar tus hombros desnudos para luego continuar por tu cuello y por fin el tan ansiado beso, tus labios jugosos, tu lengua juguetona y tu sabrosa boca. Te sonrojaste levemente y en ese instante me pareciste el ser más hermoso y maravilloso de la tierra.

    Te guie hasta la habitación y allí, estando el uno frente al otro, tomé tus manos para que fueran éstas quien desabotonaran mi camisa, lo hacías lentamente, pero con seguridad hasta hacer que me desprendiera por completo de ella, tus manos recorrían mi torso y mi espalda.

    Luego fueron mis manos las que se posaron en tus delicados hombros para tomar los tirantes de tu vaporoso vestido negro, tus ojos se cerraron a la vez que tu vestido caía lánguidamente al suelo dejando ante mí a una hermosa mujer envuelta en un conjunto negro de ropa interior. Me acerque más a ti, mis manos acariciaban tu espalda al igual que las tuyas la mía, bebía de tu boca y tú de la mía.

    Mis dedos alcanzaron el cierre de tu sujetador y lo abrieron para posteriormente deshacerse de él y dejar a la vista unos generosos y apetecibles pechos, unos pechos de piel extremadamente suave, con grandes aureolas algo más oscuras que los pezones. Mis manos se dedicaban a acariciarlos, a amasarlos dulce y cálidamente, tus pezones se volvían cada vez más duros, erectos y apetitosos.

    Mientras, tus manos desabrochaban la hebilla de mi cinturón y desabotonaban mis pantalones, haciendo que éstos cayeran al suelo.

    Me senté sobre la cama he hice que te sentaras sobre mis rodillas, quizás mi subconsciente quería volver a la niñez, mis labios se apoderaron de tus pechos, mi lengua jugaba con tus pezones y me amamantaba de tu pasión, a la vez tu besabas, lamías y chupabas mi cuello y mis orejas. Suspirabas cuando mi boca succionaba con deleite tus pezones tremendamente duros.

    Te tumbé sobre la cama y me recosté a tu lado, te besaba mientras mi mano recorría tu cuerpo, bajando por tu vientre hasta detenerse sobre tu ropa interior, mi mano completamente plana presionaba sobre tu sexo con la única barrera de una delicada tela en la que ya notaba una leve humedad. Mis dedos se movían haciendo que tu ropa interior te presionara más y más cada vez, consiguiendo que tus labios íntimos se notaran nítidamente abultados y logrando que tu humedad fuera en aumento.

    Me puse en pie, y lentamente te fui desprendiendo de la única prenda que aún cubría tu cuerpo. Descubrí tu cuidado pubis, tu sexo sonrosado y húmedo. Coloqué mi mano sobre él, notaba su calor, mis dedos comenzaron a desplazarse por tus labios vaginales, recorriendo cada centímetro, explorando cada pliegue, tú girabas la cabeza de un lado a otro y con los ojos entrecerrados te mordías el labio inferior.

    Tu jugosa vulva me cautivaba, absorbía mis dedos hacia tu interior cálido y jugoso. Y entonces descubrí tu perla escondida, apenas visible al principio, mi dedo pulgar comenzó un delicado masaje que consiguió despertarla más y más cada vez, hasta hacerla alcanzar su estado más excitado y sensible.

    Me arrodillé ante ti y hundí mi cara entre tus piernas, aspiré tu perfume íntimo, mi nariz jugueteó con tu cuidado vello púbico, mi lengua exploró tu sexo con devoción, recorrió cada recoveco de tu vulva. Posé mi boca sobre tu excitado clítoris, mis labios se cerraron sobre él y mi lengua comenzó a jugar y a martirizarlo dulcemente.

    Tu vientre sufría numerosas convulsiones, tu sexo comenzaba a estar empapado, mis dedos exploraban tu interior mientras mi boca te llevaba a distintas etapas del placer, tu interior es jugoso, cálido, suave y muy viscoso y húmedo, mis dedos entraban y salían con distintos ritmos, a veces solo uno, otras veces dos y en ocasiones incluso tres. Quería llevarte donde nunca antes imaginaste llegar, tus gemidos aumentaban de tono, tu cuerpo indicaba que tu orgasmo estaba próximo, aumenté el ritmo de mis caricias, mis labios y mi lengua succionaban y lamían con más ahínco y de pronto estallaste mágicamente.

    Te sentaste sobre la cama y nos besamos mientras yo aún permanecía arrodillado ante ti, me puse de pie y mientras nos mirábamos, tus delicadas manos comenzaron a bajar mi bóxer, me desprendí de él, tus dedos tomaron mi ya excitado sexo y comenzaron unas lentas caricias por todo su tronco, desde la base hasta su cima.

    Aproximaste tu cara a él y note como tu lengua comenzaba a recorrer en círculos mi glande, una descarga eléctrica recorrió mi espina dorsal, tu lengua recorrió suavemente todo mi pene, dejando a su paso un fino hilo húmedo. Tus labios se apropiaron más tarde de mi sexo, cerrándose sobre mi glande y succionando con auténtica maestría, lentamente mi pene iba entrando más y más en tu boca, controlabas completamente el ritmo y la profundidad de las embestidas. Tu boca, tus labios, tu lengua hacían estragos sobre mi pene. Lo hacías bien, muy bien, mi placer era tremendo. No recuerdo cuanto tiempo permanecimos así, pero fue maravilloso.

    No quería derramarme en tu boca así que cuando intuí que el final estaba cerca separé tus labios de mi pene. Me miraste sorprendida, como una niña a la que le quitan su juguete, te sonreí y te bese.

    Nos acostamos sobre la cama enlazados los dos, besándonos, lamiéndonos, acariciándonos como dos animales en celo. Me coloqué debajo de ti, mis dedos acariciaron tu sexo, ronroneaste como una gatita, tomaste mi tremendamente excitada polla y la dirigiste con maestría hacia tu vagina, la penetración fue lenta y muy placentera, tu jugosa vulva se cernía sobre mi pene magistralmente y tu lubricación era mágica. Eras tú quien controlabas el ritmo, la intensidad y la profundidad de mis penetraciones, mis manos se alternaban en acariciar tus hermosos pechos y en ocasiones acariciaban tu clítoris para masturbarte a la vez que te penetraba.

    Tras algún tiempo en esta posición, rodamos sobre la cama y yo me situé sobre ti, ahora era yo quien llevaba el control, me gustaba hacerte rabiar y desear mayor ímpetu en la penetración, pero teníamos todo el tiempo del mundo para gozar. A veces sacaba casi por completo mi pene de tu interior y tardaba en volver a la calidez de tu vulva y tú entonces me tomabas de los muslos para atraerme a tu interior. Estabas preciosa, tu rostro empapado en gotas de sudor, tus ojos más abiertos de lo que nunca lo habían estado, tus labios gruesos y rojos, tus pechos suaves coronados por unos pezones duros y tiesos como rocas y tu sexo que me absorbía, me engullía maravillosamente.

    Así permanecimos buena parte de la noche, alternando las posiciones de jinete y montura, alcanzando placeres nunca antes conocidos, convirtiéndonos en muchos momentos en un solo ser. Ni siquiera recuerdo el momento en el que nuestros cuerpos dejaron de estar enlazados, nos dormimos unidos, el uno aún dentro del otro.

    Y la mañana llegó, amanecí solo en la cama y no hay rastro de ti, ¿habrá sido una hermosa fantasía o ha sido todo real?, me giro sobre la cama y apoyo mi cara sobre la almohada y entonces un aroma a perfume llega hasta mi cerebro… quizás… quizás…

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  • Sexo con la suegra

    Sexo con la suegra

    Es una historia más de esas infidelidad por necesidades sexuales insatisfechas, los actores todos del mismo núcleo familiar: Pepe, el marido, buen tipo, cuarenta y pocos, pintón, deportista, comerciante, costumbres y hábitos normales, Nora su esposa, veintitrés, bella como su madre, elegante y simpática. Mary, suegra de Pepe, cincuenta y largos, casada con Roberto, septuagenario con algunos problemitas de salud que le impiden tener relaciones maritales, al menos de la forma convencional.

    Pepe y Nora, tres años de casados, sin hijos, relaciones esporádicas y poco fuego. Nora, apática y muy poco fogosa, avara para atender la codicia excesiva de Pepe siempre con la libido al tope de su indicador de lujuria, de todos modos, éste cegado por el amor que le tiene y el concepto tan arraigado de la lealtad se engaña a sí mismo para negarse a lo evidente.

    La convivencia en la misma casa con los suegros, sumado a que las paredes no son capaces de retener los secretos, estos antecedentes pronto fueron detectados por Mary, la suegra perspicaz e interpretadora de los gestos como pocas, pero la discreción también es su fuerte.

    Mary, lozana y vital, con muchas horas de gym, siente que esa práctica, tres veces a la semana, es la actividad que le sirve para quemar esas energías femeninas que no puede consumir en la hoguera de pasión sexual, y lo que la estabiliza emocionalmente, mente abierta y predispuesta a innovar. Presentados que fueron los intérpretes, aquí comienza la historia:

    En oportunidad que padre e hija partieron por una gestión familiar; el diablo cuando metió la cola y produjo la génesis y epicentro de toda esta historia un tanto peculiar de Pepe y la suegra.

    Ese día el almuerzo solo tendrá dos comensales, Mary, con una excusa deja que su yerno sea el que ponga la mesa, ella pasa al baño y regresa diciendo:

    —¿Qué te parece esto? —conjunto íntimo, muy breve, negro, de seda y puntillitas.

    Pepe, desorbitado asombro al ver esa mujer espléndida para sus años, se le presenta como para regalo… se muestra apetecible en extremo, máxime con tantas ganas insatisfechas…

    —¿Si no te gusta el menú me cambio? —mohines de chiquilina mimosa y en falta.

    —No, ¡quédate así!… —recuperando el aliento, primera vez que la tutea— ¡Toda la vida! ¡Me gusta… muuu…cho!

    El ambiente saturado de erotismo, lujuriosa intencionalidad en la escena, actores nuevos para escenario nuevo, provocativo, acicateando sus fibras íntimas, incitándolos a derribar la barrera incestuosa de la situación. Había “piel y química”, feeling y voluptuosidad en este encuentro generado por la mujer.

    El pensamiento simple y lineal de Pepe, errático sin ver el final de túnel al que ingresó empujado por la actitud Mary. Ella ardía en la llama del deseo y la abstinencia, avasallaba el débil intento defensivo de un hombre, vencido antes de luchar por la habilidad femenina.

    Fácil vencer la resistencia de Pepe, y darle contención en brazos de Mary, quedó inerme entre los voluptuosos senos, dejándose llevar en la vertiginosa espiral de la calentura a la cama, explotar en urgente revolcada, liberando los instintos primarios del sexo insatisfecho.

    Contacto físico, ávido y exacerbado, quejidos y gemidos atronaron el cuarto matrimonial de Mary, exquisito aroma de sexo en su máxima expresión, generoso derroche de pasión en la carne ansiosa.

    Calmos los ánimos y el explosivo deseo, diálogo sin promesas, sin justificaciones, prolongar el disfrute reciente, hacerlo más y mejor en el tiempo de libre albedrío restante. Dos polvos urgentes con todos los ingredientes se llevaron la palma de su primera vez juntos.

    Restauraron fuerzas y calmaron el espíritu, frugal almuerzo y copiosos brindis en este “impasse”. Enfrentados en la mesa, se veían ansiosos como quien está ocupando una piel ajena, los comensales no son los mismos que compartieron cama, solo la desnudez pone el toque excitante y prometedor del encuentro volcánico que se deben.

    Más serenos, ella sentada en el regazo de él, compartieron un whisky, un solo vaso, el licor pasaba “boca a boca” espontánea y natural de convidar a su pareja.

    Vueltos al lecho, retoman el lenguaje corporal, en todas sus formas y matices. Mary se lleva las palmas en la expresión “oral” por la excelente calidad del servicio, a cambio recibe un delirante 69 para retribuirse atenciones. Pepe, retribuye con caricias linguales llevando a Mary al mejor de los mundos, ese placer orgásmico “in aeternum” conseguido por su yerno. Agotados y abrazados se entregaron al reparador sueño.

    Pepe despertó erecto dentro de la golosa boca de Mary, que buscada desayunarse con jugo de pija, al instante sacudía la carne vibrante sostenida la cabeza dentro de la boca, entrando y saliendo a ritmo de coito, para hacerle abundante desayuno. Ante la inminencia avisó:

    —Mary, me voy, sácala o termino dentro. —desea que acepte.

    Con los ojos y la cabeza asienten, dio vía libre, Pepe, enfervorizado, apuró el movimiento para un final a toda orquesta y con toda la música que le imponía la eyaculación potente y caliente; a decir de la golosa, fue directo a la garganta, tan solo degustó un poco dejado, a desgano, sobre la lengua ávida de probar el sabor del macho productor.

    La boca de Mary seguía en las postreras caricias, en sincronismo, Pepe colmaba de prodigiosas caricias el “magma” genital buscando la vía de escape de la lava hirviente que corría por las entrañas de esta mujer busca explotar en un orgasmo que la transporte más allá de los límites del placer mismo para entrar en la dimensión desconocida, donde todo puede suceder, y todo está por descubrir.

    La habilidad digital de Pepe, hizo vibrar la cuerda femenina, arrancó los mejores acordes y armonías; con la lengua consiguió que el recinto genital se llenara de música, fluyendo por los labios enrojecidos, aleteando de deseo presuroso. El clímax consiguió que Mary entonara el “aria” triunfal como la mejor soprano, aulló el placer que la recorría todita, de pies a cabeza.

    El resto del tiempo fue un movimiento uniformemente acelerado hasta el último aliento, fueron días de recreo y fragor, pletórico de sexo y excesos.

    Volviendo a la normalidad rutinaria los amantes hablaron sobre los hechos recientes, y cómo sería acomodar esta incipiente relación en la vida de familia. Pepe piensa y evalúa, sentimientos encontrados, sin conseguir encauzarlos, la cama con Mary se hizo uso y costumbre, lleva un par de meses sin encontrar una forma segura de seguir esta relación sin despertar sospechas.

    Pepe se cuestionaba las posibles consecuencias de esta aventura, lo hacía cavilar que no estaba por el curso correcto, tal era el desconcierto que Mary, conociendo la situación encontró el modo y la forma de llegar al alma de su “socio” de cama. Con tacto y delicadeza se adentró en el pensamiento de Pepe, confesando que lo tenía en la mira desde el primer día que Nora lo presento como su novio, sin hacer caso de la sorpresa de él, avanzó diciendo que no tenía que sentir culpa, pues le estaba retribuyendo el pago recibido.

    —No entiendo… —dijo Pepe, con asombro.

    Mary abundó en detalles de cómo Nora, le era infiel desde antes del casamiento con un tipo casado, para más detalles el jefe, el casamiento fue la forma de disimular la relación para cubrir al jefe.

    Pepe quedó desconcertado, removiendo su cerebro, buscando respuestas. Controló actos y actitudes de su consorte, comprobó que todo era cierto, sufrió al verla entrar, siempre al mismo hotel y con el mismo tipo, salir con el rostro radiante y complacido, hasta doble turno en alguna vez. En casa el mismo aspecto, el turno del sexo más y más espaciado, a desgano, solo rutina obligada por su insistencia. Reconoció a Mary la dura verdad.

    Mary fue más allá, dijo:

    —Nora “conoce lo nuestro”, sabe todo desde el día siguiente a los hechos.

    Pepe acusó el mazazo de la última confesión, nada quedaba del yerno triunfante que se volteó a la apetecible suegra un fin de semana canalla, ahora el ego desinflado, traicionado y corneado de manera vil, menospreciado y degradado en su fuero íntimo: Un felpudo.

    Quién sabe cuántos más están al corriente, todos saben y todos callan, todos cómplices en la cruel encrucijada de este mortal, apuñalado por la espalda, todos partícipes de este vodevil trágico en que él es protagonista, principal intérprete y como casi siempre el marido cornudo el último en enterarse.

    Este hombre transita su peor momento, busca la manera de vengarse para tranquilizar su espíritu.

    El burlador burlado, el corneador corneado. Pepe no pudo escribir este testimonio, por ello yo lo relato en su nombre y acompaño en su dolor, puede ser que haya un segundo capítulo versando sobre la venganza que estaría tramando.

    Nazareno Cruz

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  • Un reencuentro muy apasionado

    Un reencuentro muy apasionado

    Después de tantos años, de acumular muchas vivencias ya no somos los mismos. Hemos cambiado en apariencia física y también por dentro, tal vez menos impulsivos… Aunque en nuestro primer encuentro no pudimos realizar nuestras fantasías, no dejo de pensar que todo tuvo su sabor y lo que sucedió no es algo para desperdiciar.

    Hoy volvemos a encontrarnos, las expectativas son desconocidas, en todo este tiempo solo nos unió un silencioso hermetismo, nos desconocemos, ¿seremos o no los mismos, podremos entablar una charla amena?… ¿me habrá recordado como yo lo hice a diario con él… ¿qué ilusiones lleva consigo?… Todo se develará muy pronto, en nuestro reencuentro.

    Esta vez será distinto, en un cuarto de hotel. Voy en camino; noto como mi corazón acelera el paso, mi cuerpo está tenso, cauteloso, hasta tembloroso. Llego al hotel, busco la habitación, golpeo y se abre la puerta. No veo a nadie. Me encamino hacia el centro, doy una vuelta y está allí detrás de la puerta observando como la primera vez, observando de lejos, con ese nerviosismo que delatan sus ojos.

    Me sonrío y él me responde, me acerco y repito la historia, un beso en cada mejilla; percibo su perfume, lo reconozco a pesar del tiempo; ese aroma quedó instalado en mi memoria, me embriaga. Se aproxima siempre sonriendo, me acaricia el cabello, los hombros. No hay palabras, solo miradas que lo dicen todo. Con sus dedos acaricia mis cejas, les da forma, cierra mis ojos y se aproxima a mis labios con un roce muy suave; se siente cálido, atrapante, arrollador.

    Instintivamente mis labios se entreabren esperando la unión, esperando el segundo despiadado en el que se acerque un poco más; comienza tímido, se va acercando despacio, casi pidiendo permiso… Lo tiene, se abre su boca y su lengua me invade, húmeda, cálida, succiona mordisqueando mis labios. Altera mis sentidos con solo ese beso; sus manos no me tocan y no permiten que las mías lo toquen.

    Me da un giro y quedo de espaldas a él, con una cinta me ata las manos sobre mis nalgas, comienza a besar mi cuello, y su respiración caliente me provoca estremecimientos, enreda mis cabellos en su mano, los tironea, sabe lo que me gusta, siento su dureza que de vez en cuando roza mis manos atadas; trato de tocarlo, pero lo evita, aumentando mi deseo y desesperación.

    Lentamente comienza a sacarme la ropa hasta dejarme totalmente desnuda, le suplico que no vuelva a atar mis manos, pero me hace callar; sobre una mesita hay un balde con una botella de champagne y dos copas… Me recuesta sobre la alfombra, se dirige al baño y de allí vuelve con algo en la mano; toma el champagne; llenando una copa con ese líquido espumoso y se acerca nuevamente a mi lado; observo cómo planifica todo para hacerme gozar… ¿Cómo decirle que no necesito tanto, que ya estoy lista, húmeda, esperando con ansias el momento de recibirlo? Pero él quiere hacerme sufrir, hacerme pasar por un lento martirio, una dolorosa agonía. Tengo que someterme a todo eso si quiero lograr que me tome.

    Introduce una esponja en la copa y ella absorbe el líquido; lentamente va mojando mi cuerpo, está frío y me estremece; luego con su lengua lo bebe, chupa, me limpia, cada espacio en mí es usado para verter el líquido, mi vientre, ombligo, mis labios, la vagina, sigue allí bebiendo hasta la última gota, siento como se mezcla ese líquido con los míos, como se desliza cayendo por mis piernas, muslos, estoy delirando y junto con mis jadeos cada vez más fuertes llego al primer orgasmo, esto provoca un mar, estoy mojada, pero él lame todo como si fuera un dulce manjar.

    Boca abajo, comienza el ritual nuevamente, moja mi espalda y luego lame sin dejar nada. Mientras lo hace siento como roza en mis glúteos su pene, está allí tan anhelante como lo estoy yo, lo necesito pero él no está dispuesto a entregarlo aún, mi vagina se retuerce en espasmódicos latidos, deseándolo, enloqueciendo de necesidad por sentir su vaivén, su roce por las paredes que dulcemente le permiten el paso. Entre mis muslos pasa su lengua hasta llegar a los labios vaginales, acaricia la entrada que no ofrece resistencia en abrirse a su paso, su lengua entra, juguetea, me muevo intentando calmar el dolor de la presencia enorme que necesito.

    Adivino que va a calmarme, su pene también parece necesitar la misma calma que le puedo ofrecer, esta inminencia me enloquece, al fin lo tendré. Toma su pene que está enorme, duro, inflamado, poderoso, deja al descubierto su glande y lo introduce… Ahhh como necesitaba esto, comienza sus movimientos lentos, profundos, esta vez recuerda como me gusta y lo hace así, también recuerdo lo que no debo hacer, entonces trato de no moverme, de no acelerar, entra, sale, entra, sale. Por favor más… más… Me besa fuerte, lo observo, besa mis pezones sin dejar de moverse, no puedo aguantar los quejidos, la respiración cada vez más corta y ruidosa, me acelero…

    Él acelera sus movimientos, ya son más fuertes, sus impactos me producen más placer, ya no doy más… Tomo con mis manos sus nalgas y lo aprisiono hacia mi fuente de placer, su movimiento es intenso, y profundo, lanzo un pequeño grito ahogado por sus besos, estoy llegando… ahhh mi vagina se contrae en latidos de placer, luego siento su líquido cálido que se vierte en ella, sus ojos, su boca se contraen… Hemos llegado juntos, nos hemos fundido en el más hermoso juego.

    Esta vez la historia se escribió sin culpas, sin preguntas, ni dudas, libre de presiones, de respuestas, con la mano más firme y segura.

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  • La Gemma de la familia: La putita de su tío

    La Gemma de la familia: La putita de su tío

    Sin interrumpir el ritmo, Rafael la levantó con una fuerza que la hizo jadear, sus manos fuertes la sujetaron por las caderas mientras mantenía su miembro profundamente dentro de ella. Con un movimiento fluido, se sentó en el sillón de cuero, el frío de la superficie contrastaba con el calor ardiente de sus cuerpos. Gemma quedó sentada sobre él, sus piernas abiertas a ambos lados de las suyas, sus muslos temblaban mientras su vagina seguía envuelta alrededor de su erección.

    La nueva posición intensificaba todo: sentía cada centímetro de él, grueso y duro, llenándola de una manera que la hacía gemir sin control. Sus senos se mecían con cada movimiento, rozando el pecho de Rafael, y sus manos se deslizaron por su propia piel, acariciando sus tetas sensibles mientras sus caderas comenzaban a moverse instintivamente, buscando más de ese placer devastador.

    Su tío gruñó, sus manos apretaban las nalgas de Gemma con una posesividad que la hacía estremecer. —Mírate… tan entregada —susurró, mientras sus ojos recorrían su cuerpo expuesto. Sus manos guiaban sus movimientos, haciéndola subir y bajar sobre él, cada descenso enviaba oleadas de placer que la hacían gemir más fuerte. Gemma, perdida en el éxtasis, inclinó la cabeza hacia atrás, su cabello rojizo caía como una cascada mientras sus gemidos llenaban la sala, mezclándose con el sonido de sus cuerpos y el crujido del cuero bajo ellos.

    —¿Qué sientes? —preguntó, mientras su respiración se volvía pesada.

    —Es… delicioso —jadeó Gemma, su voz estaba entrecortada por el placer, su cuerpo temblaba mientras se ajustaba a la sensación abrumadora de tenerlo dentro—. Jamás pensé que el sexo con mi propio tío fuera tan… tan delicioso. —Sus palabras eran un susurro desesperado, su cuerpo se movía instintivamente para buscar más de ese placer indescriptible.

    Rafael soltó una risa baja, cargada de deseo, y su mano descendió con fuerza, dando una fuerte nalgada sonora en una de las nalgas firmes de Gemma. El impacto la hizo gemir, un calor ardiente se extendió por su piel. —Cabalga, princesa —gruñó, su voz vibraba con una mezcla de ternura y depravación—. Vuélvete mi putita.

    Sin pensarlo dos veces, Gemma se acomodó en cuclillas sobre él, sus muslos temblaban mientras se alzaba y descendía con fuerza, dándose sentones que hacían que su cuerpo se estremeciera. Pensaba que debía aprovechar cada centímetro de esa enorme verga, que llenaba su interior con una intensidad que la hacía gritar. Rafael, perdido en el placer, inclinó su rostro hacia sus tetas, lamiendo sus pezones con avidez, aunque los rebotes de su cuerpo apenas se lo permitían. Su lengua rozaba los picos endurecidos, succionándolos con un hambre que arrancaba gemidos agudos de Gemma.

    Sus manos, fuertes y posesivas, se aferraron a las nalgas bien formadas de su sobrina, masajeándolas con una mezcla de rudeza y reverencia, sus dedos se hundían en la carne suave. Cada tanto, una nueva nalgada resonaba en la sala, el sonido se mezclaba con los jadeos de su sobrina, que ponía sus manos en la cabeza de Rafael, enredando sus dedos en su cabello mientras gritaba de placer. —¡Aaah, sí, ¡qué rico, cabrón! ¡Qué rico es coger contigo! —gimió, su voz estaba rota por el éxtasis, sus caderas se movían con más ímpetu, buscando cada vez más profundidad.

    Su tío gruñó contra su piel, sus manos apretaban con más fuerza mientras respondía. —Eres una mujer muy caliente… una tremenda puta en apogeo —dijo, sus ojos brillaban con una posesividad salvaje—. Y por siempre serás mi perra.

    Rafael, con un gruñido bajo, le pidió a Gemma que parara, su voz estaba cargada de deseo. Sacó su verga, gruesa y palpitante de la vagina de su sobrina, dejándola, temblando de necesidad. Con manos fuertes, la giró y la colocó en cuatro sobre el sillón. Gemma, con el corazón latiendo desbocado, pensó que él penetraría su ano por primera vez. Instintivamente, sus manos se deslizaron hacia sus nalgas, abriéndolas con timidez, pero con una invitación clara, la piel suave de sus glúteos temblaba bajo sus propios dedos.

    Pero Rafael tenía otros planes. En lugar de lo que ella esperaba, volvió a hundir su verga en su vagina, deslizándose con una estocada profunda que la hizo jadear. El vaivén de sus movimientos era implacable, cada embestida era un impacto que resonaba en la sala, el choque de las nalgas firmes de Gemma contra el pubis de su tío creaba un ritmo sensual, cachondo, casi hipnótico. La sala olía a sexo, a lujuria desenfrenada, el aire cargado con el aroma almizclado de sus cuerpos y el sonido húmedo de sus uniones.

    Él, con un movimiento fluido, tiró de ella hacia arriba, haciendo que su espalda se pegara a su pecho musculoso. Sus labios encontraron la nuca de Gemma, besándola con una intensidad que la hizo estremecer, su lengua trazaba senderos cálidos sobre la piel sensible mientras sus manos, grandes y posesivas, subieron para apretar sus senos. Los masajeó con fuerza, sus dedos pellizcaban los pezones de su sobrina con una presión que oscilaba entre el dolor y el placer, arrancando gemidos agudos de los labios de Gemma. Ella, extasiada, arqueaba la espalda, sus manos se aferraban al sillón mientras su cuerpo se rendía al torbellino de sensaciones.

    —¡Aaah, sí! —gimió, cada embestida de su tío enviaba oleadas de éxtasis que la hacían temblar.

    —Tu vagina es muy apretadita —jadeó Rafael—. Había soñado con este momento desde hace días. Es la mejor vagina de una joven que he probado en mi vida… otras no son tan deliciosas ni apretadas como la tuya.

    Gemma, perdida en el placer, sintió un cosquilleo de curiosidad atravesar su éxtasis. Sus caderas se movían al ritmo de las embestidas, su cuerpo temblaba mientras preguntaba, con voz entrecortada por los gemidos: —¿Cuáles… cuáles otras jóvenes has probado?

    Rafael soltó una risa baja, sus manos apretaban más fuerte sus nalgas mientras seguía penetrándola, su respiración era agitada. —Eres muy curiosa —dijo, con voz entrecortada por el esfuerzo y el deseo—. Te lo diré… la de tu amiga Sofía, la de tu amiga Lila… y la de tu prima Vero.

    Gemma, sorprendida, dejó escapar un grito ahogado, sus ojos se abrieron de par en par mientras sentía la verga de Rafael entrar y salir, cada embestida amplificaba el placer que la consumía. —¿Qué? ¿También con Vero? ¿Tu propia hija? —preguntó, su voz era temblorosa, mezcla de conmoción y una excitación morbosa que la hizo estremecer. La idea de que ella, su prima, hubiera compartido esa intimidad con su propio padre era un pensamiento deliciosamente prohibido, que hacía la escena aún más intensa. —No sabía que ella fuera… tan zorra —susurró, sus gemidos se intensificaban mientras su cuerpo se arqueaba, buscando más profundidad.

    Rafael gruñó, sus manos seguían masajeando las nalgas de Gemma, el choque de sus cuerpos marcaba un ritmo hipnótico. —Así es, mi amor —respondió, con una depravación que la hacía temblar—. En su última fiesta, la desvirgué como regalo. ¿Qué piensas de eso?

    Los gemidos de Gemma se convirtieron en gritos, su cuerpo temblaba mientras el placer y la confesión de su tío la llevaban al borde. —¡Oooh, aaaah, es muy rico saberlo! —jadeó, su voz estaba rota por el éxtasis, sus manos se aferraron al sillón mientras gritaba —. ¡Qué rica confesión tío, que rico que te cojas a tu propia hija, mi amor!

    Después de minutos de embestidas intensas, se detuvo, su respiración era pesada mientras sacaba su verga de la vagina estrecha de su sobrina. Con un movimiento brusco pero cargado de deseo, jaló la falda escolar, arrancándola por completo y dejándola caer al suelo, dejando a Gemma completamente expuesta salvo por los restos de su blusa. Luego, se acostó en la alfombra, su cuerpo grande y musculoso se extendió como una invitación.

    Gemma, temblando de anticipación, se acostó junto a él, de espaldas, su piel cálida se presionó contra el pecho de Rafael. Sintió la dureza de su verga deslizarse entre sus nalgas, caliente y pesada, rozando la piel sensible con una promesa que la hizo jadear. Pero su tío con una mano fuerte levantó la pierna derecha de Gemma, sosteniéndola en el aire para exponer su intimidad húmeda y palpitante. En esa posición, vulnerable y abierta, volvió a embestirla, su verga se metió profundamente en su vagina con una estocada lenta pero implacable. El ángulo era devastador, llenándola por completo, mientras ella gemía sin control.

    —¡Más, por favor, dame más verga! —gritó Gemma, sus caderas se movían para encontrar cada embestida. Sus manos se aferraban a la alfombra, sus tetas rebotaban con cada movimiento, mientras el placer la consumía, un fuego que ardía desde su interior y se extendía por todo su cuerpo.

    Rafael gruñó, su mano libre apretó una de sus nalgas mientras sostenía su pierna con firmeza. —Eres mi putita personal —le gritó, con lujuria posesiva, sus embestidas se aceleraban, el sonido húmedo de sus cuerpos chocaba inundaba la sala—. Esta verga es la única que entrará en ti, ¿entendiste?

    Gemma, perdida en el torbellino de sensaciones, jadeaba y gemía, su cuerpo temblaba mientras asentía con fervor, sus gritos llenaron el espacio. —¡Sí, sí, solo tuya! —respondió, su voz era un lamento desesperado de placer. La sala, impregnada del olor a sexo y el eco de sus gritos, era un santuario de lujuria desenfrenada.

    Durante casi media hora, la penetró con un ritmo salvaje, su verga gruesa y venosa entraba y salía de aquella estrecha vagina, cada embestida era un impacto que resonaba en la sala. Sus manos, grandes y posesivas, jalaban sus senos con una intensidad casi feroz, sus dedos pellizcaban y retorcían sus pezones hasta el borde del dolor, arrancando gemidos agudos de los labios de su sobrina. Ella arqueaba la espalda, sus caderas se movían al ritmo de él, cada tirón en sus senos enviando descargas de placer que la hacían temblar.

    Un nuevo orgasmo la invadió, un estallido que la hizo gritar, su cuerpo convulsionó mientras su vagina se contraía alrededor de la verga de su tío, empapándola con su humedad. —¡Me encanta cómo mojas mi verga con tus orgasmos! —gruñó Rafael, mientras sus manos seguían amasando los senos de su sobrina, apretándolos con una fuerza que la hacía jadear. No se detuvo, sus embestidas continuaron, el vaivén salvaje llenaba la sala con el sonido húmedo de sus cuerpos chocando, el aire cargado con el aroma almizclado del sexo.

    Gemma, con la pierna derecha aún levantada y sostenida por su tío, sentía cada centímetro de él dentro de ella. Pronto, notó un cambio en el ritmo, las embestidas de Rafael se volvieron más lentas, más deliberadas, su cuerpo se apretó más contra el de ella, sus manos se hundieron en su carne. —¡Toma mi leche, putita! —jadeó, su voz vibraba con una intensidad posesiva—. ¡Quiero llenar tu vagina! —Con un gruñido profundo, se liberó dentro de ella, su semen caliente la inundó, cada pulso de su orgasmo la hizo gemir mientras su cuerpo se rendía al placer.

    Gemma sentía los chorros calientes y viscosos de la venida de su tío llenando su vagina, cada pulso de su semen blanco inundaba sus entrañas con un calor que la hacía estremecer. La sensación era abrumadora, reminiscentes de los chorros que había sentido en su garganta horas antes, pero ahora más profundos, más íntimos. Para ser su primera vez, estaba extasiada, su cuerpo temblaba de placer tras casi dos horas de un frenesí desenfrenado. Se quedó acostada en la alfombra, su respiración era agitada, mientras sentía cómo la lechita caliente escurría lentamente de su vagina, deslizándose por la curva de sus nalgas y goteando sobre la alfombra, dejando un rastro.

    Con una curiosidad sensual, Gemma llevó una mano temblorosa a su intimidad, sus dedos se deslizaron por los labios resbaladizos de su vagina, explorando la mezcla de su propia humedad y el semen de su tío. Los llevó a su boca, sus labios los envolvieron con avidez, saboreando el sabor salado y cálido con un gemido suave. La sensación era embriagadora, un acto de entrega que la hacía sentirse poderosa y deseada. Sus ojos buscaron a Rafael, que yacía a su lado, con su torso musculoso reluciendo con sudor, los músculos de sus brazos y abdomen definidos bajo la luz, y su respiración aún pesada por el clímax.

    —Qué rico me cogiste, tío —susurró Gemma, su voz estaba cargada de satisfacción, mientras lamía lentamente sus dedos, sus ojos verdes brillaban con una mezcla de timidez y lujuria. Su cuerpo, todavía temblando, se arqueó ligeramente, sus pechos subían y bajaban con cada respiración, mientras la sensación de su vagina llena seguía pulsando en su interior.

    Rafael la miró, una sonrisa torcida curvó sus labios. La sala, silenciosa salvo por el eco de sus respiraciones y el leve goteo de su unión en la alfombra, era un santuario de pasión consumada, donde cada roce, cada sabor, los había llevado a un éxtasis que resonaba en sus cuerpos exhaustos.

    Rafael comenzó a vestirse con movimientos lentos pero deliberados, se ponía la camiseta y los jeans, su presencia era pura masculinidad cruda. Se agachó para recoger las braguitas blancas de su sobrina, empapadas y arrugadas, y las sostuvo en la mano, llevándolas a su rostro para inhalar su aroma antes de guardarlas en el bolsillo de su pantalón. —Me las llevaré como recuerdo de esta gran tarde, sobrinita —dijo, con una promesa sensual, sus ojos destallaban lujuria mientras la miraba.

    Gemma, aun temblando por el orgasmo reciente, sintió un cosquilleo recorrer su cuerpo ante sus palabras. Rafael se acercó, extendiendo una mano fuerte para ayudarla a levantarse de la alfombra. Sus dedos ásperos rozaron su piel, enviando un escalofrío por su espalda. —Me debo ir, pero esta no será nuestra última vez, mi niña —murmuró, acariciando su rostro con una ternura posesiva, sus dedos trazando la curva de su mejilla mientras sus ojos la devoraban.

    Ella, con solo la blusa abierta cubriendo parcialmente su cuerpo desnudo, lo acompañó hasta la puerta de entrada, sus caderas se balanceaban con una sensualidad natural. La tela de la blusa rozaba sus pechos, dejando al descubierto la piel pálida de su vientre y la curva de sus nalgas. Antes de salir, Rafael se detuvo y la atrajo hacia él, sus labios encontraron los de ella en un beso apasionado, profundo y voraz. Sus lenguas se entrelazaron, y un gemido suave escapó de Gemma mientras él deslizaba su boca hacia sus pechos, lamiendo y succionando los pezones con una avidez que la hizo arquear la espalda.

    Mientras su lengua jugaba con sus pechos, Rafael deslizó una mano entre sus muslos, sus dedos encontrando la vagina aún húmeda de su sobrina. Los introdujo lentamente, explorando su interior con movimientos expertos, cada roce arrancaba jadeos de sus labios. Luego, con un movimiento rápido, la hizo girar, dejando su espalda contra su pecho. Su mano libre acarició la curva de su ano, sus dedos rozaron la piel sensible antes de dar una fuerte nalgada, sonora, que resonó en la sala. El impacto hizo que Gemma gimiera, un calor ardiente se extendió por su piel.

    Con una sonrisa cargada de sátira, ella lo miró por encima del hombro y dijo: —¡Gracias por venir a hablar con mi mamá! —Su voz era un murmullo juguetón, teñido de lujuria.

    Rafael rio, sacando las braguitas de su bolsillo y agitándolas frente a ella con un guiño. —Vendré más seguido, sobrinita —respondió, cargado de promesas mientras abría la puerta y salía, dejando a Gemma temblando en el umbral, su cuerpo desnudo vibraba con el eco del placer y la anticipación de lo que vendría.

    La sala estaba sumida en una penumbra cálida, los últimos destellos del crepúsculo se desvanecían tras las cortinas, dejando un resplandor tenue que iluminaba el caos que tío y sobrina habían dejado atrás. La alfombra, ahora un testigo silencioso de su pasión estaba salpicada de manchas húmedas, el aire pesaba con un aroma almizclado, un perfume crudo de sexo salvaje que envolvía cada rincón. Gemma, de pie en el centro de la sala, sentía su cuerpo vibrar aún con el eco del placer. Su uniforme escolar estaba reducido a jirones: la blusa abierta colgaba floja, exponiendo sus senos redondos, sus pezones rosados estaban sensibles al roce del aire, y su cabello rojizo caía en mechones desordenados, rozando su piel sudorosa.

    Miró hacia abajo, sus ojos verdes recorrieron sus muslos torneados, donde un rastro brillante de semen escurría lentamente, dejando un camino cálido y viscoso que la hacía estremecer. Levantó la falda plisada, arrugada y olvidada en el suelo, y se la puso con movimientos lentos, la tela rozaba su piel sensible. Con dedos temblorosos, recogió el líquido blanco que goteaba por sus piernas, llevándoselo a los labios. Lo saboreó con un gemido suave, el sabor salado y cálido avivó el recuerdo de su tío dentro de ella. Cada lamida era un acto de entrega, un recordatorio de la intensidad de lo que habían compartido.

    Arrodillándose, Gemma intentó limpiar la alfombra, sus manos trabajaron torpemente sobre las manchas húmedas. Al agacharse, sus pechos colgaban libres, balanceándose con cada movimiento, y una oleada de orgullo la invadió. Había entregado su cuerpo, sus senos llenos y su virginidad, a alguien en quien confiaba, a alguien de su familia, y la sensación la hacía sentir poderosa, deseada. Su vagina aún ardía, un calor pulsante que recordaba cada embestida de Rafael, cada roce que la había llevado al borde del éxtasis. Los rasguños en su piel, recuerdos de la pelea anterior, eran insignificantes frente a la intensidad de ese fuego interno.

    Se levantó y se dirigió al baño, su cuerpo se movía con una sensualidad inconsciente. Al entrar, abrió la regadera, y el agua caliente comenzó a caer, llenando el espacio con vapor. Se despojó de la blusa, quedando completamente desnuda, y entró bajo el chorro, el agua caliente cayó en cascada sobre su piel, acariciando sus senos, su vientre, y se deslizaba por sus muslos.

    Cerró los ojos, dejando que el agua aliviara el ardor de su cuerpo, pero su mente estaba atrapada en los recuerdos de su tío: sus manos fuertes, su boca voraz, la sensación de su verga llenándola. Sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo, deslizándose por sus pechos, pellizcando suavemente sus pezones, y luego bajando hasta su vagina, aún sensible, donde sus dedos trazaron círculos lentos, reviviendo cada instante de placer.

    Gemma gimió suavemente, el sonido se perdió en el ruido del agua, mientras sus dedos exploraban su piel, el calor del agua se mezclaba con el calor de su deseo. El baño se convirtió en un santuario privado, donde los recuerdos de las confesiones de su tío y el eco de su pasión la envolvían, haciéndola estremecer bajo el torrente de agua caliente.

    Gemma salió del baño, con su piel aún tibia y ligeramente enrojecida por el agua caliente, gotas resbalaban por su cuerpo desnudo. Su cabello rojizo, húmedo, se adhería a su espalda, y sus senos con los pezones rosados aún sensibles, se mecían ligeramente con cada paso. El eco del placer seguía pulsando en su vagina, el calor del semen de su tío aún estaba presente en su cuerpo.

    Caminó hacia su habitación, el suelo frío bajo sus pies descalzos contrastaba con el calor que aún la consumía. Tomó su celular del tocador y vio una notificación de WhatsApp. Al abrirla, su respiración se detuvo: era una foto que su tío le había enviado, una fotografía de sus braguitas blancas, empapadas de su esencia, envolviendo su verga, la tela contrastaba con la piel tensa y palpitante.

    La imagen era una provocación cruda, y Gemma sintió un cosquilleo ardiente recorrer su cuerpo, su vagina palpitó de nuevo al recordar cómo la había llenado. Con dedos temblorosos, grabó un audio, su voz era baja, pero cargada de deseo: —Me encantó todo, tío… fue delicioso. A partir de hoy, seré tu puta, como lo es mi prima Vero. —Lo envió, mordiendo su labio inferior, su cuerpo temblaba de excitación al imaginar lo que esas palabras desatarían.

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  • El papá de mi amiga: Sexo en el baño

    El papá de mi amiga: Sexo en el baño

    Era un sábado de octubre de 2023 y la noche estaba calurosa. Juli, otras amigas y yo habíamos tomado hasta que no dábamos más.

    Llegamos a su casa cerca de las 4, arrastrándonos, riéndonos tontamente y puteando por lo en pedo que estábamos. La idea era dormir un par de horas antes de que amaneciera.

    Me desperté pasadas las seis. Todo estaba oscuro. Caminé despacio, descalza, hacia la cocina por un vaso de agua. El piso frío me hizo estremecer.

    Al encender la luz, lo vi: Rolando, el viejo de Juli, de pie frente a la heladera, con la remera arrugada y buscando algo. Me tensé.

    “Hola”, susurramos, intentando no despertar a nadie. Sentí que me miraba como si me quisiera devorar.

    Tomé agua del vaso, y de repente, por alguna excusa tonta, mencioné el hielo del congelador. Me acerqué, rozando mi cadera con la suya. Antes de que pudiera reaccionar, me agarró los brazos y me besó.

    Su lengua fuerte invadió mi boca y, aunque quise resistirme, mi cuerpo respondió antes que mi cabeza.

    —Sos hermosa, pendeja… —susurró cerca de mi oído mientras su pija ya estaba dura contra mi abdomen.

    Di un paso hacia atrás para escapar, pero él me empujó contra la heladera. Sus manos bajaron por debajo de mi remera, tocando mis tetas por encima del corpiño, y me dijo:

    —Vamos al baño.

    No hubo tiempo de contestar. Me agarró del pelo y me arrastró.

    Me apoyé contra la pared del baño, temblando y excitada al mismo tiempo. Se agachó, me bajó el short y la tanga, y empezó a chuparme la concha mientras me metía dos dedos.

    Mis gemidos eran ahogados, mezclados con miedo y excitación. La sensación era brutal, me estaba volviendo loca.

    —Ah… —jadeé, intentando controlar el ruido.

    Me senté sobre la tapa del inodoro y abrí las piernas. Él se bajó el pantalón y el bóxer y me empujó la cabeza hacia su pija.

    Chupaba con fuerza mientras me agarraba del pelo. Me sentí ridícula y humillada, pero más excitada que nunca.

    —Sos una puta, ¿sabés? —me murmuró entre gemidos y dientes apretados.

    Me hizo parar un segundo, me sacó la remera de un tirón y jaló el corpiño como si le molestara. Mis tetas rebotaban mientras seguía chupando. No podía resistirme. Mis manos se enredaban en su espalda.

    Luego me sentó sobre él, y empecé a cabalgarlo. Mis tetas bamboleaban en su cara, y él no perdía ni un segundo, chupándomelas y empujándome con fuerza de cadera.

    Cada embestida me hacía sentir dolor físico leve, mezclado con placer extremo que me corría por todo el cuerpo.

    Después me puso contra los azulejos fríos de la pared, levantó una pierna y me empaló. El golpe contra la pared era fuerte, el ruido seco, y yo gimiendo con la boca tapada por su mano, tratando de no delatar lo que estaba pasando.

    Cada embestida me hacía temblar y al mismo tiempo suspirar, perdida entre el dolor y la excitación más intensa que había sentido.

    Cuando finalmente me hizo arrodillarme, le chupé los huevos unos segundos y luego eyaculó sobre mi cara.

    La sensación era asquerosa y deliciosa a la vez: caliente, espeso, mezclándose con mi saliva mientras yo gemía, jadeaba y trataba de tragar todo.

    Me pasó un rollo de papel para limpiarme, se subió el pantalón y me dijo:

    —Andá a dormir.

    Me lavé la cara, volví al cuarto como si nada, con la piel caliente, el corazón acelerado y las ganas de más pegadas al cuerpo.

    Al día siguiente, ni nos cruzamos. La tensión quedó ahí, como un hilo invisible que me quemaba por dentro.

    Quería más, no sabía si habría segunda vez, y eso me volvía loca.

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  • Terminé de criado de mi jefa (5): El semental (4)

    Terminé de criado de mi jefa (5): El semental (4)

    Me desperté, había dormido como un tronco. Sentía susurros en el baño, me acorde de la noche anterior, que estaba en un hotel y del revolcón que tuve con Juli, el pene lo tenia un poco sensible e irritado. Me acerque al baño, y estaba la puerta un poco abierta. Estaba Juli sentada en el inodoro hablando por teléfono, tuve que acercarme mucho por que hablaba muy bajito.

    Juli: La verdad amiga, estoy empezando a creer, me sorprendió mucho, pensé que exagerabas, yo tengo más experiencia con los hombre que tu y a mi me dio vueltas.- lo decía bajito y se reía.- No se todavía que tiene, porque es un hombre común, pero tiene algo que llama la atención.- se reía y quejaba a la vez.- Me duele todo, mi culito y sapito me van a doler días.

    Estaba hablando con Vale, no quise escuchar más por que empezaron a hablar de otros temas y lo que tenían que hacer en el día. Busque mi celular, miraba algunos mensajes de mi familia, estaba desnudo, quería que saliera para poder darme una ducha, justo ella salió del baño. Paso un dedo por mi pecho, como para que le prestara atención.

    Juli: Hola grandulón, como amaneciste.-No sabía como saludar a una mujer como ella. No se por que tome con mi gran mano su mandíbula y di le di un beso, fue corto, pero se me quedo mirando sorprendida.

    Alberto: Buenos días Juli, estoy bien, y tu como dormiste.- Ella se quedo un momento sin reacción.

    Juli: Bien, parece que te has levantado cariñoso.- mirando mi pene que se había levantado.

    Creo que ella malinterpreto el saludo de buenos días, por que se subió encima mío buscando mi boca, y restregando bien su cuerpo desnudo al mío. Termine acostado en la cama, con ella encima besándome, por supuesto que no me iba a quedar quieto mis manos comenzaron a recorrer toda su anatomía. Cuando se canso de los besos fue recorriendo con su lengua mi pecho, abdomen hasta llegar a mis genitales, ella roto su cadera y dejo su vulva en mi cara, haciendo un perfecto 69.

    Juli: Ahora salvaje vamos a hacer más suaves y tranquilas las cosas, que no estamos para el traqueteo de anoche.

    Dijo esto lamiendo mi pene como si fuera paleta helada. Y así fue como lo hicimos, caricias, lamidas, yo veía y notaba que sus labios estaban colorados, y su clítoris muy hinchado, así que lo hicimos como me pidió, me dedique con muchas paciencia a comerle la vagina, al igual que lo hizo ella, fue todo muy placentero, diez minutos después acabábamos los dos en la boca del otro.

    Pasé un gran momento con Julieta almorzamos en el hotel. Nos reímos y hablamos de todo un poco, compartiendo nuestros gustos y pasatiempos. Me encantó su sentido del humor y su personalidad divertida, me hacia chistes permanentes, aunque hablamos solo de nosotros dos o de datos irrelevantes. El tiempo se nos pasó volando y antes de que nos diéramos cuenta, ya era tarde. Cuando llegué a casa, mis padres y hermano me estaban esperando con una sonrisa maliciosa, preguntándome sobre Julieta. Les dije que era solo una amiga, pero no me creyeron y siguieron interrogándome, riéndose a mi costa. Después del interrogatorio familiar, pude disfrutar del resto del fin de semana con mis seres queridos.

    Viaje el domingo a la noche, y llegue a mi departamento, ya entrada la noche. Después de regresar, me encontré con varios mensajes de mis amigos los informáticos del soporte técnico, que me ayudaron con la investigación, Kevin con quien había estado trabajando en un proyecto para crear una empresa de informática. Yo les había ayudado desinteresadamente a armar la administración y parte contable de la misma, así como establecerla legalmente. Habían estado desarrollando varios software, pero uno en particular, enfocado en logística, parecía muy prometedor. Me emocionó saber que gracias al capital que habían obtenido, gracias al bono que les entrego Susana podrían inyectarlo en la empresa para desarrollar este nuevo software.

    Me emocionó saber que con un poco más de capital, mis amigos podrían lanzar su propio producto y hacer realidad su sueño de vivir de su empresa. Les pregunté cuánto necesitaban y me dijeron que era una cantidad significativa. Pero entonces recordé que tenía los $200,000 dólares que gané como bono y les ofrecí aportarlos como capital. La reacción de mis amigos fue increíble, se pusieron muy contentos y me dijeron que esto sería el impulso que necesitaban para relanzar la empresa.

    El lunes por la mañana, antes de entrar a trabajar, nos reunimos en una cafetería para hacer las cuentas y planificar el futuro de la empresa. Después de discutir los detalles, me dijeron que gracias a mi aporte de capital, me convertirían en socio de la empresa. Era un paso importante y emocionante, ya que no solo estaría ayudando a mis amigos, sino que también tendría una participación directa en el éxito de la empresa. La verdad que después de ver el Programa en el que estaban trabajando me sorprendió mucho, habían hecho varias modificaciones de la versión que yo había visto meses atrás, es más se me ocurrió pedirles una versión de prueba para mostrársela a Hernán.

    Con eso en mente entre a trabajar, al llegar a mi escritorio, tenia pilas de papeles por archivar, y recordé todo, los directivos debían estar enojados conmigo por el reto que les dio la jefa, y se las iban a cobrar, tenia archivos para hacer sopa, y como un novato tenia que guardarlos o descartarlos, era un trabajo que no era para mi, pero no dije nada y trague. Un compañero se me acerco y me dijo que tuviera cuidado, por que varios directivos habían pedido mi legajo a Recursos Humanos, y habían dado la orden de que no me dieran nada relevante. Agradecí el gesto y comencé mi trabajo.

    Al medio día fui al comedor a almorzar, estaba esperando que vinieran mis amigos, Kevin y Lautaro, pero parece que estaban atrasados. Generalmente los gerentes no solían ir al comedor, la única era Valentina, en algunas ocasiones, como esta. Estaba sentado y de repente aparecieron Vale y Juli, lo de esta última si era raro, ya que ella ni trabajaba en la empresa, como dije ella era dueña pero se encargaba de las inversiones del grupo.

    Y pocos sabían en la empresa quien era ella. Algunos miraban como sorprendidos que yo estuviera almorzando con dos bellezas. Yo lo tome con despreocupación, como si fuera normal. Después de que ambas me dieran los saludos de rigor, me preguntaron como estaba, y que tal iba el día. Pero Vale me miraba con una risa picara.

    Vale: ¿Si, cariño que tal tu fin de semana? ¿Descansaste?.- mirándome fijamente mientras reía.

    Alberto: No, hubo una persona que no me dejo dormir. Y me puso a trabajar.

    Juli: Hay pobrecito, ya vimos tu cara de demacrado.- dijo con burla.- debe ser la edad y que estas un poco gordo.- también me lo dijo riéndose.

    Estuvimos un rato tirándonos chistes y peleando amistosamente. Hasta que Julieta revelo su verdadero motivo de su visita.

    Juli: vengo con un chisme.- dijo bajando aún más la voz.- Los directivos que están implicados en la investigación, llamaron a papá. Tienen miedo que la junta de accionistas mueva al ex de Valentina, claro que se les caería un pilar importante de su organización, por eso llenaron de mentiras a mi padre, tengan en cuenta que todos estos directivos fueron nombrados cuando estaba mi padre y Miguel Ángel, así que los conoce a todos.

    Por suerte Susana le había comentado algo, y mi padre actuó en consecuencia para no despertar sospechas, le dijo que ya sabia todo y que la sanción seria leve esta vez, pero que si alguno se atrevía a hacer semejante estupidez de nuevo contra uno de los dueños, el volvería del retiro y le metería su bastón por el culo, al hijo de puta responsable, y despediría a quien no hicieron nada por evitar aquella ofrenda a los dueños.

    Juan Carlos era un hombre bien chapado a la antigua, del tipo patriarcal. Era un ferviente creyente que la familia tenia que estar cerrado a los de afuera. Ya arrastraba varios problemas de salud y la muerte de Miguel Ángel le pego mal. Por eso con setenta años compro una casa en un lago y se retiro, dejo su puesto en la empresa a su sobrina Valentina, y cedió todas sus acciones a su hija Julieta.

    Vale: el llamado tuvo sus consecuencias, Susana me conto que el jefe de seguridad le paso un informe donde el mismo viernes después de la conversación con el tío Juan Carlos, tuvieron una fuerte discusión con Martín, en el estacionamiento, incluso casi llegan a los puños. Así que las cosas entre ellos están más que tensas. Ya no veo la hora que se cierre ese trato y echen a esas lacras.

    Justo pasaron unas chicas del área de Marketing y saludaron a Valentina. Después empezamos a hablar del trato, parece que se había complicado un poco y Susana también tuvo que viajar. Mientras que Vale y Clara volvieron porque su trabajo ya estaba hecho, y dependía de que se resolviera todo.

    Hablando de Clara esta mando un mensaje, invitando a las chicas de compras a la tarde. Y después ir al spa, como para relajarse según ella.

    Terminamos de comer, la verdad es que yo cada vez me sentía más integrado con las chicas, por lo menos con estas dos. Clara un poco menos, y con Susana creo que se creía mi dueña, hasta ahora me ignoraba, pero según entendí es porque tenia todas sus energías en este nuevo negocio, tenia que ver cuando se cerrara y tuviera su atención, un escalofrió corrió por mi espalda. En eso me llego un mensaje de audio de Vale.

    Vale: Una lastima que no tuvimos un momento para nosotros solos.

    Si, yo no me había dado cuenta de eso, otra vez sonó en mi cabeza los concejos de Juli, tenia que ser más pro activo con Vale.

    Alberto: Hola cariño, si una pena, tenia ganas de estar contigo.

    Vale: Si y esta noche no podemos, las chicas se han invitado a cenar a casa, según ellas tenemos que habar cosas de mujeres.

    Alberto: o sea que me van a despellejar vivo, cuando hablen mal de mi tu defiéndeme.

    Vale: siempre cariño.- me contesto riendo.

    Alberto: Mira yo también tengo un proyecto que hacer con mis amigos, pero mañana se que vas a correr temprano, que te parece si lo hacemos juntos.- me había contado que corría en parque cerca de su casa.

    Vale: Me parece genial, tráete ropa y te duchas en mi casa y de paso me cuentas que están haciendo con tus amigos.- en su vos se noto que le gusto la idea.

    De ahí en adelante el día fue lento, haciendo todo el trabajo que me mandaban. Salí y fui a mi departamento a cambiarme y directo al gimnasio a entrenar, de ahí corriendo a bañarme y cambiarme para ir a la casa de Kevin que me querían mostrar más cosas de la empresa. Pedimos hamburguesas y comimos viendo todos los cambios hechos.

    Kevin: ¿Amigo que onda con los jefes?.- hice un gesto como de no entender.

    Tomas: Si, y no te hagas Alberto, almuerza con una gerente, te vas de viaje con dos de ellas, la CEO el otro día te trajo en su auto, y te fuiste con ella y ahora le quieres mostrar nuestro proyecto al Gerente de Operaciones.

    Alberto: Ha eso, desde que descubrí el robo, me junte varias veces a comer con ellos, y desde entonces me tratan bien.- No quería mentirles, pero tampoco quería decirles la verdad.

    Tomas: Y tu cambio, pareces otro, o ahora que te juntas con ellos cambiaste radicalmente.

    Seguimos la reunión y cada tanto largaban una teoría ridícula, que los jefes habían sido suplantados por clones, que yo tal vez sabía un secreto de ellos y los estaba extorsionando, o era el amante de la señora Susana. Terminamos la noche entre chistes y me fui a dormir temprano.

    Al día siguiente estaba temprano en la casa de Valentina, estaba amaneciendo. Ella salió a los pocos minutos, nos saludamos con un piquito y cruzamos al parque que estaba enfrente a su casa, en una de las urbanizaciones más caras y nuevas de la ciudad. Me costo bastante seguirle el ritmo, ella estaba acostumbrada a correr por tiempo, mientras que yo corría a un ritmo tranquilo, después de una hora volvimos yo estaba destruido por el esfuerzo pero no me rendí. Ella se reía de mi, haciendo pequeños chistes sobre mi edad o estado físico.

    Después de eso fuimos a la ducha directamente, ni bien desnudarnos ella empezó a comportase cariñosa, y en la ducha tomo una esponja y empezó a bañarme, yo ya tenia una erección visible, pero hice lo mismo con otra esponja, recorría todo su cuerpo. La pegue contra la pared para que se quedara quieta, me arrodille y puse una pierna en mi hombro.

    Alberto: Esta parte necesita más atención y esmero.

    Dirigí mi cara a su vulva y empecé con suaves lamidas a todo lo largo de esta, ella se aferro a mi cabeza. Sabía que no tenia mucho tiempo, no podía llegar tarde a mi trabajo, sino estos canallas tendrían una excusa para joderme. Mi lengua abría sus labios, ya estaba mojada, introduje dos dedos en ella mientras lamia y chupaba, cuando note que estaba cerca, succione su clítoris, ella acabo casi en el acto en mi boca, aunque no la deje inmediatamente seguí estimulando para alargar su orgasmo.

    Una vez que se recupero, fue ella quien me puso contra la pared, se agacho y metió mi pene en su boca, mientras su mano jugaba con mis huevos, desde que se la metió tuvo un solo objetivo, hacerme acabar cuanto antes, el mete saca era rápido, incluso la puso un poco de lado dentro de su boca, para que mi glande rosara la parte interna de su mejilla, era muy sexy verla y que se le marcara mi pene dentro de su boca, y acabe y fue rápido.

    Nos cambiamos rápido, y me dijo que terminábamos todo esta noche, que fuera a cenar. Por supuesto que llegue tarde quince minutos al trabajo, y como era de esperar recibí mi merecida reprimenda. Para acto seguido seguir con mi aburrida y rutinaria tarea.

    Al mediodía, Valentina se unió a mí para comer y charlar un rato. Me preguntó cómo estaba después de nuestra carrera matutina y, aunque no había podido seguir su ritmo, me sentía bien. Charlamos y hablamos de todo un poco, seguía habiendo gente que nos miraba sorprendido. Ella me recordó que tenía que ir a cenar con ella esa noche. Sin embargo, recordé que tenía planes para ir al gimnasio a entrenar kickboxing y llevar mi auto al mecánico antes de eso. Valentina se ofreció a recogerme en el gimnasio y llevarme a su casa, lo que me pareció muy amable de su parte.

    Después de salir del trabajo, llevé mi auto al mecánico y me dieron la noticia de que tenía una avería grave que requeriría una reparación costosa, equivalente a unos tres sueldos míos. Me dolió muchísimo en el bolsillo, ya que no estaba preparado para gastar esa cantidad de dinero. Mi fiel VW Golf de veinte años había sido mi compañero de viaje durante mucho tiempo, y aunque sabía que eventualmente necesitaría un cambio, no estaba dispuesto a hacerlo solo por capricho. Me gusta ser práctico y no veo la necesidad de cambiar de auto si no es necesario.

    El gimnasio quedaba en el mismo barrio que el mecánico, por lo tanto me fui caminando. Después de un entrenar distraído, donde recibí varios golpes por lo mismo. Yo en el gimnasio tenía a conocidos o gente que me llevaba bien, pero no eran mis amigos. A la salida me encontré con Valentina esperándome afuera, luciendo impresionante con su traje negro y apoyada en su Audi A7 Sportback. Los chicos del gimnasio no pudieron evitar mirarla con admiración y babeando, pero yo simplemente me acerqué, le di un beso en sus labios y me subí al auto con ella.

    Era un contraste total: ella, elegante y hermosa, con un maquillaje impecable y un peinado perfecto, y yo, sudado y con ropa deportiva. Éramos como el día y la noche, nos reímos al hacérselo notar. Nos fuimos rumbo a su casa, donde me esperaba una ducha caliente y un rato juntos.

    En el auto me pregunto por mi cara y le conté lo del auto. Ella como si fuera algo natural me dijo que me llevara uno de sus vehículos, solamente no me prestaría el que le regalo su padre para su cumpleaños numero dieciocho. Al entrar a su cochera pude ver un Mercedes Benz AMG GT C Roadster descapotable gris oscuro, que era el que no me iba a prestar, y al lado una Porsche Cayene blanca, o sea estaba entre el Audi y la Porsche, le dije que me llevaría la Porsche por unos días, hasta que le encontrara una solución a mi auto.

    Entre me bañe y cuando me estaba cambiando escuchaba voces y risas. Cosa que me pareció rara, aunque ya nada tenia que parecerlo. Cuando llegue a la cocina, estaban preparando la mesa Vale junto con Juli, las dos se reían de sus cosas.

    Vale: Mira cariño, quien va a pasar la noche con nosotros.- lo dijo como si nada.

    Nos sentamos y comimos en la misma cocina, ya que según las chicas era como más intimo todo, y si daba un aire hogareño. Charlamos de la empresa, de los negocios, del dichoso trato que estaba por cerrarse, supuestamente esa semana. Después se metieron con mi auto de nuevo, Juli me dijo que tenía que ir a elegir uno de la mansión de Susana, había más de treinta sin un uso. También me conto que el gerente del Banco de San Nicolás, el esposo de mi ex. Había estado intentando averiguar en la sede central si nosotros dos éramos pareja, las chicas se descostillaron de la risa dando versiones diferentes sobre lo que estuviera pasando por su cabeza.

    Fuimos directamente a la habitación, y las chicas no querían perder el tiempo, se desnudaron entre ellas y empezaron a comerse la boca, se notaba que estaban muy sincronizadas y se conocían mucho. Sus manos recorrían sus cuerpos, mientras yo era un simple espectador, no paraban de besarse, tocarse y acariciarse por todas sus curvas. Yo en un rincón empecé a sacarme la ropa.

    Vale: Ven aquí cariño.- dijo llamándome con la mano, y golpeando la cama.

    Me dirigí a la cama y mientras lo hacia admiraba su belleza, eran diferentes, Juli baja con un culo abundante, cintura estrecha y pechos medianos. En cambio Vale, más alta, delgada con un culo chiquito pero muy paradito y redondo, pechos chicos, todo lo contrario a su amiga era más tímida y dulce.

    Me senté en la cama y se me lanzaron encima como si fueran leonas y yo su presa, bueno Juli actuó así, Vale fue un poco más despacio. Vale se fue a besarme y comerme la boca, mientras que Juli me comía el pene. Se lo intentaba meter todo a la boca, después de un par de intentos lo consiguió, mientras que yo apretaba con una mano los pechos de Vale y con la otra su nalga.

    Vale se aparto de mí y bajo a ayudar a su amiga. Y entre las dos atacaron a mi pene, es un placer una mamada a dos bocas. De repente Juli bajo y me metió una lengua en el ano, y Vale se encargo de mi pene, subía y bajaba metiéndose mi pene, mientras vi que las manos de las chicas estaban en la vagina de la otra, acariciándose mutuamente.

    Juli: Vale esta mañana te lo comieron, así que me toca que me lo comas.

    Vale: Si, pero a ti te empotraron el fin de semana, así que me toca a mi que mi novio me lo haga.

    Como si estuviera coreografiado Vale se acostó en la cama boca arriba, Juli se sentó en su cara dándome la espalda, yo podía ver perfectamente su ano. Puse las piernas de mi novia en mis hombros y la penetre inmediatamente, un largo gemido dejo escapar. Empecé a meter ya con bastante fuerza, mientras ella al mismo ritmo lamia la vagina de su amiga. Un par de segundos después note que estaba a punto de llegar, baje mi mano y con mi pulgar empecé a masajear su clítoris. Ellas empezaron a acabar teniendo un fuerte orgasmo. Yo seguía duro todavía. Ellas se recuperaron, y me miraban.

    Vale: Cariño tú todavía no te has venido, ahora lo vamos a solucionar.

    Juli se acostó en la cama y subió sus piernas, se llevo las rodillas al pecho, y Valentina se sentó prácticamente en su muslos, quedando vagina con vagina.

    Vale: Ponlo aquí cariño.- dijo señalando sus vaginas.

    Hice un sándwich, con mi pene al medio. Empecé a frotarme entre sus vaginas, su lubricación era bastante, y mi pene estaba durísimo, ellas gemían bastante, mientras ellas se tocaban. Era la gloria, la novedad por hacer algo que nunca antes había hecho.

    Juli: Mira salvaje.- dijo abriendo las nalgas de Vale.- mira su culito virgen, no es delicioso.

    Vale: mmm eso es para la noche de bodas, mi esposo lo estrenara.

    La verdad es que se veía el ano muy cerrado, y estaba yo muy caliente y ellas también, cada vez más humedad sentía en mi pene. En un momento dado sus vaginas empezaron a temblar, y yo no aguante más y descargue con gran fuerza la carga de mis bolas, fue realmente muy placentero.

    Vale: que rico que fue todo, cariño me olvide de decirte, le prometí a clara que dormirías en su casa el jueves.

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  • Confesión de un mirón en acción

    Confesión de un mirón en acción

    Mi nombre es Javo, tengo 39 años

    Creo que podría decir o confesar que siempre he sido una persona demasiado morbosa, me prenden mucho las mujeres, en general cualquier tipo de mujer, joven, madura, gordita, flaca, blanca, morena, negra, pero las que más me gustan son las morenas con pecas como apiñonadas… uf todas.

    Soy una persona muy sexual, muy caliente. Siempre voy por la calle pendiente y admirando los escotes, si usan sujetador o no, si tienen faldas trato de ver por sus muslos, si usan leggins trato de ver si se les marca el calzón, cuando usan ropa ligera trato de ver a través del forro, cuando se transparenta ufff. Claro que por lo general trato de ser discreto, sin incomodar o faltar al respeto, solo soy un mirón… un morboso y creo que es más normal de lo que parece, solo que las personas no lo admiten o lo guardan para uno mismo, así como yo, hasta ahora.

    Quiero hablar en particular de una mujer, la mujer de mi vida, mi amiga, mi novia, mi amante, mi esposa Estefi… ella tiene 32 años, es una mujer muy guapa, atlética, siempre ha realizado deportes o gimnasio, es alta, delgada, sin muchos pechos, a decir verdad son muy pequeños, sin embargo me gustan, se le marcan mucho los pezones, las areolas y tiene un abdomen delicioso, unas piernas bien definidas, torneadas, sexys, muslos deliciosos, siempre depilados y bien cuidados, tiene celulitis en las piernas lo que me encanta, se me hace super hot que se le marque, es una mujer muy natural, muy caliente de ver.

    Lo que surge en lo siguiente… yo he sido morboso siempre, pero hace poco, menos de un año, mi esposa empezó a vestirse muy muy sexy, mucha ropa corta, sin sujetador, y muy ajustado. Se ve genial, me encanta salir con ella y morbosearla pero igual veo que otros sujetos la morbosean, lo que me caliente aún más, mucho más. Incluso cuando está sentada con falda y sus muslos desnudos, veo como se le quedan viendo, como la desean.

    Algo dentro de mí se prende, me vuelve loco la idea de verla con alguien mas, siendo manoseada, haciéndola gozar… a veces cuando salimos de fiesta hago que use vestidos cortitos, incluso en el taxi, hago que se siente adelante, yo atrás de ella viendo el conductor la morbosea, una vez hasta se atrevió a rozarle las piernas con su mano ufff ella iba tomada, no dijo nada, se dejó llevar, eso me calentó demasiado.

    Tengo más anécdotas, ¿alguien más comparte estos gustos para platicar?

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