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  • Me cojo a la madre de Carlos

    Me cojo a la madre de Carlos

    Era miércoles por la noche llegué del trabajo algo cansado y abrumado por la rutina, entonces no tuve mejor idea que ir a la casa de Carlos para saber cómo estaba.

    Al llegar a su casa, a unas veinte cuadras de la mía, toqué el timbre y luego de unos minutos abrió la puerta su madre, Karla, una mujer divorciada, madura, profesional y muy interesante, me invitó a pasar tenía puesto una larga bata y podía observar un pequeño short debajo, me inquieto la situación por lo que rápidamente pregunté por la hermana mayor de Carlos a lo que me contestó que también estaba de vacaciones, cosa que yo desconocía.

    La situación me puso muy tenso, realmente estaba nervioso intenté resolver la situación rápidamente diciéndole que sólo quería saber de Carlos, ella comenzó a contarme lo que sabía, pero creo que advirtió mi nerviosismo por lo que se interrumpió y me pregunto si quería tomar un café con ella que estaba un poco aburrida, pensé en negarme, pero sinceramente toda aquella situación tensa estaba comenzando a calentarme por lo que sin pensar demasiado accedí.

    Fuimos a la cocina me senté frente de ella mientras comenzaba a preparar el café, mis ojos ya la observaban de otro modo, mi calentura era cada vez mayor, mientras buscaba los elementos en la alacena de puntas de pie y estirándose para alcanzar el café su bata se levantó y pude ver que su diminuto short dejaba libre la mitad de sus nalgas, mi miembro comenzó a endurecerse apretado por el jean que llevaba y comencé a darme cuenta que lo estaba haciendo de gusto.

    Sus sonrisas cómplices y picarescas me daban la razón, su voz comenzó a suavizarse, hablaba de otra manera a la habitual.

    Mientras tomábamos el café se sentó delante de mí sobre la mesada de la cocina con sus piernas cruzadas, hablaba y se sonreía por supuesto muy hábilmente no me habló de Carlos en ningún momento, mis ojos la devoraban con la mirada tenía mi vista perdida en sus hermosas piernas, me di cuenta que ese juego la estaba calentando sobremanera ya que aquella bata blanca me permitió darme cuenta que no llevaba sostén, podía ver dos grandes y deliciosos senos con sus pezones cada vez más apretados por su brasear.

    Mi verga estaba que explotaba y todavía ni siquiera la había rozado, de repente mirándome a los ojos descruzó sus piernas y las abrió lentamente, yo suavemente bajé mi mirada, de forma tal que ella se diera cuenta, por todo su cuerpo hasta llegar a su entrepierna donde me detuve unos segundos y luego comencé a subirla para encontrar nuevamente sus ojos, cuando llegué a ellos, ella giró su cabeza en círculo y dijo:

    K: Qué cansada me siento, ¿no te gustaría hacerme unos masajes?

    J: ¡Sería un placer!

    Bajó lentamente de la mesada tomó una silla y la ubicó enfrentada muy cerca a la mía, levantó su pierna y se sentó de manera de apoyarse en el respaldo y dejando toda su espalda libre, se volteó hacia delante y acomodó su largo y enrulado pelo a un costado sobre su hombro.

    Rápidamente tomándola de la cintura me acerqué lo necesario y comencé a darle unos muy sensuales masajes, mi miembro que estaba muy cerca de sus nalgas, estaba por estallar de sólo pensar que debajo de la bata no tenía nada y que sólo unos centímetros separaban mi verga de esas deliciosas nalgas apretadas por ese pequeño short, me daban ganas de abalanzarme sobre ella y cogérmela como nunca lo habían hecho antes.

    Suavemente fui deslizando mis manos hasta encontrar por los costados donde nacían sus grandes senos acaricié tiernamente por unos segundos ese lugar esperando una señal para proseguir y no tardó en llegar un suave y delicioso jadeo acompañado de su respiración cada vez más profunda que no fue otra cosa que un pedido para que continuara, bajé mis manos hasta su cintura nuevamente y hábilmente me acerqué por detrás de tal forma de apoyar mi endurecido miembro sobre sus nalgas, sentí cómo se estremeció al sentirlo tan duro, la calentó tanto aquello que tiró su culo hacia atrás apretándose contra mi verga.

    Giró su cabeza y con una sonrisa de placer tirando su brazo hacia atrás me tomó de la nuca y me dio un beso lleno de pasión y gratitud al mismo tiempo con mi lengua jugué con sus labios y luego los mordí, ella estaba tan excitada que se frotaba fuertemente contra mi pija apretada aún por el jean, mis manos acariciaban incansablemente sus enormes tetas, tenía los pezones tan duros que me enloquecían de calentura.

    Tomó mis manos que estaban en sus tetas y me invitó a que siguiera con mis dulces masajes en su habitación, al llegar estaba a media luz se sacó la bata, quedándose sólo con su hermoso short que estaba muy metido en su culo y se notaba húmedo, se tiró sobre la cama boca abajo y se acomodó para que siga con los masajes, me saqué la camiseta y los zapatos quedando sólo con jeans, subí a la cama puse mis rodillas al lado de sus caderas y seguí con mis masajes cada vez más sensuales y atrevidos, me apoyé sobre sus nalgas y ella comenzó a moverlas como una experta.

    J: ¡Debería quedarse quieta!

    K: ¿Así? ¿Y por qué?

    J: ¡Para que disfrute mejor su masaje!

    K: ¡Jajá, ok mi amor!

    Pude darme cuenta que la calentó de sobremanera y comenzó a murmurar que siempre había soñado con ese momento, que siempre la excité, que me espiaba cuando estábamos en la piscina a través del baño donde se masturbaba furiosamente pensando en mí.

    Yo estaba viviendo algo asombroso, que jamás imaginé, lentamente me fui hacia atrás y lentamente bajé su short estaba totalmente mojado debajo no tenía nada y quedó completamente desnuda en la misma posición boca abajo y con su cara contra la cama, inmóvil obedeciéndome, sus jadeos y suspiros eran continuos, su respiración era áspera y muy acelerada.

    Mis manos recorrieron todo su desnudo cuerpo, abrí suavemente sus piernas, con mi lengua comencé a recorrer sus piernas hacia arriba lentamente hasta llegar a su culo le pasé la lengua entre sus nalgas una y otra vez, sentía su cuerpo temblar del placer y yo no podía más de la calentura, ella comenzó a moverse y levantó su culito entregándose a mi lengua, lo exploré todo a su alrededor e intenté meterle la lengua, lentamente fue cediendo hasta que metí lo más profundamente posible.

    K: ¡Ah!! ¡Dios!

    J: ¡Riquísimo, uhm!

    Ella se movía como una víbora y se vino de una manera increíble, fue entonces cuando la giré y me apropié de su hermosa vagina para saborearla, jugué con su clítoris, mordía sus labios hasta que comencé a meter mi lengua entre sus labios, devoré su concha por unos minutos hasta que enloqueció.

    K: ¡Ah! sigue así, que rico, ¡uhm!

    J: ¡Uhm, que sabroso, uhm!

    K: Nadie me al chupaba así en años, ¡uhm!

    J: Finalmente la tengo, uhm, ¡no sabes cómo te deseo Karla!

    K: Uhm, ¡me vas a hacer venir nene!

    Karla se movía como loca, estaba llegando al éxtasis, mi lengua continuaba devorándola con todo, yo tenía 25 años en ese entonces y era un buen amante.

    Se vino sobre mí, me dio vueltas, dejándome de espaldas, literalmente arrancó mi jean y mis calzoncillos quedando mi verga totalmente dura y mojada a su vista, la miró con ganas de devorarla, comenzó a lamer mis huevos luego los chupaba.

    Tiraba de ellos, comenzó a subir con su lengua por mi miembro hasta la cabeza y luego de unos besos en la punta comenzó una mamada increíble, lo hacía de una manera que nunca antes lo habían hecho podía sentir mi pija en su garganta, casi se ahogaba, pero estaba enloquecida, succionaba de manera furiosa.

    Nunca pensé que esa mujer profesional, interesante y tan hermosa podría convertirse en una perra sedienta de sexo, saboreaba mi verga deliciosamente mientras levantaba su mirada y la fijaba en mis ojos, esa situación mirando como la madre de mi amigo devoraba mi sexo me estaba enloqueciendo.

    J: ¡Ah, uhm, que rico, uhm!

    K: ¡Sabe rica tu verga, uhm!

    J: ¡No puedo creer que este con la madre de mi amigo!

    K: ¡No piense en eso, uhm!

    J: ¡Ah!! ¡Mi amor que rico!

    K: Me quiero tragar toda tu leche, uhm, ¡quiero dejarte seco!

    Era tan excitante todo aquello que mi miembro continuó tan duro como antes, admirada por aquello, se sentó sobre mi pija y lentamente y con mucha experiencia se lo introdujo por completo en su caliente coño que se encontraba inundado por sus jugos, la cara de aquella mujer delatando su placer, gozo y dolor, me hacían sentir un gladiador.

    K: Uhm, que dura, uhm, ¡ah que rica!

    J: ¡Uf, sigue así, uhm, que rico me coges!

    Me estaba cogiendo brutalmente, estaba enloquecida sus tetas rebotaban fuertemente y mis huevos no podían más, en ese momento la sostuve por las caderas y dándome vuelta le di a entender que se debía poner en 4 patas, posición que adquirió rápidamente, comencé a besar su hermoso y duro tarsero.

    La embestía con todo, era riquísimo escucharla gritar y pedirme más verga, la mama de mi amigo era una bestia sexual y yo un traidor, pero valía la pena.

    Fue entonces que escuche desde sus murmullos pedirme mi verga en su culo.

    J: ¿En serio? ¿Me dejara cogérmela por ahí?

    K: Si, me gusta por ahí, dámela, ¡dame tu vergota!

    Un verdadero culazo, increíble, con mi lengua vencí la resistencia de su más estrecho agujero y lo dejé listo para penetrarlo.

    Entonces apoyé la punta de mi Verga en él y lentamente y con una presión constante fui metiéndolo produciendo gritos de dolor y gozo a aquella bella mujer, hasta que estuvo todo adentro y luego de unos segundos empezó ella un movimiento frenético propio de un animal.

    K: ¡Ah! ¡Si así, cógeme rico, agh, uhm!

    J: Oh, uhm, que rico culo, uhm, toma, toma mi verga, ¡uhm!

    Seguía embistiéndola con todo, le daba de nalgadas, me aventaba con fuerza, sus nalgas rebotaban en mi pelvis, la mamá de mi amigo ya estaba toda empalada.

    J: ¡Sí! Este es el mejor culo que eh penetrado, ah, ¡me vas a hacer venir!

    K: Ah, papi, uhm, me duele, ¡pero no la saques agh!

    J: ¡Toma, uhm, toma!

    La tomaba de su cintura y la penetraba con violencia, sus muecas y gritos me ponían más caliente y más rápido me la cogía, jalándole los cabellos, como toda una ramera.

    K: ¡Ah, me matas, uhm, agh!

    J: ¡Me vengo, me vengo!!

    K: ¡Lléname de ti, agh, me vengo!

    J: ¡Oh!! Ah!! ¡Toma!!

    Comencé a venirme en su culo y ella también se chorreaba, ambos llegamos al orgasmo de forma fenomenal, ¡que rico!

    Jamás imaginé toda esa pasión contenida dentro de una mujer tan especial.

    Cuando recobramos nuestros sentidos, después de gozar incansablemente me dijo que el jueves era su día libre en el trabajo y quería que lo pasáramos juntos y sin salir de aquella habitación, terminó de decirme aquello cuando bajó lentamente y comenzó a mamar nuevamente mi verga, no sabía cuánto podría yo resistir, pero estaba dispuesto a darle todo el sexo que ella me pidiera, quería hacerla totalmente feliz y lo estaba logrando, su cara lo expresaba.

    Todo aquel día fue increíble hicimos cosas jamás pensadas nos entregamos por completo el uno al otro, por supuesto está de más decir que desde aquel día aquella cautivante mujer se convirtió en mi más caliente y secreta amante.

    Espero les haya gustado y quiero terminar con diciendo ¡Perdón Carlos, pero tu madre me coge como nadie lo hizo jamás!

  • Fantasías de Marcela: Una mañana

    Fantasías de Marcela: Una mañana

    Marcela es una hermosa mujer entrada en los 50s, bajita de estatura y poseedora de una hermosa figura voluptuosa, que es coronada por unas espectaculares y amplias caderas que roban la atención de muchos hombres que la miran pasear en las calles, cual cúmulo de niebla, con la gracia de un hermoso sueño que se desvanece con el paso del viento. Tiene una tersa piel que juguetea en el espectro de una deliciosa piel morena y la pálida textura de una flor que despierta a las mañanas otoñales.

    Una hermosa mujer capaz de robar miradas, suspiros, y con la capacidad de robar la calma aquellos aventurados que la siguen con la mirada, y capaz de inspirar fantasías que van desde lo delicadamente morboso hasta lo húmedamente apasionado, de esas fantasías que te dejan con la mano mojada de vez en vez.

    Ella así misma se ve como una mujer llenita, a la que en ocasiones le da por esconder esa hermosa figura que la naturaleza le dio. Si he de ser franco, en lo personal es de esas mujeres de las que me fascina su talla por que se le nota de lejos.

    En alguna ocasión se vio en la necesidad de salir de casa, uno de esos fines de semana en los que pareciera que el mundo deja de rodar y la gente prácticamente abandona las calle y el bullicio para refugiarse en la tranquilidad de sus casas.

    Se dispuso a abordar una unidad del transporte público ataviada de una ropa coordinada en colores negros ligeramente entallada, compuesta por una falda que daba ligeramente arriba de la rodilla dejando entre ver ese hermoso par de piernas deliciosamente torneadas, adornadas con lo que parecía ser un juego de medias color humo, que remataban esa falda que dibujaban a la perfección sus caderas.

    Lucía una blusa negra con botones que dibujaban un ligero pero llamativo escote que dejaban ver su piel que contrastaba con el color de la blusa invitando a mirar ay a perder en ese escote sin importar que el mundo siguiera girando.

    Se preparaba para un recorrido un tanto largo y aparentemente en solitario, cuando de repente el vehículo se detuvo para que pudiera abordar una persona más.

    Marcela no puso atención ya que estaba mirando por la ventana como la luz del día comenzaba a volverse más intensa. Cuando una voz grave le pidió por favor alcanzar el pago al operador de la unidad, era una de esas combis que tienen los asientos en los extremos dejando de frente y a la vista a los pasajeros del frente contra los pasajeros de atrás.

    La sorpresa de Marcela fue grata, cuando al estirar la mano para recibir el dinero vio de frente a un hombre de contextura media, su cabello entrecano y la rigidez de su cara le regalaban con facilidad unos 60 años tal vez 63. Marcela tomo el dinero y volteó hacia el operador para pagar al momento de girar el cuerpo la falda logro subir un poco más allá de sus límites dejando entrever un delicado broche que pertenecía a un ligero color negro adornado con un coqueto encaje muy discreto. Y en ese momento fue inevitable que aquel hombre fuera hipnotizado por tan sublime escena quedándose estupefacto por tan maravillosa situación.

    Cuando Marcela se incorpora para devolver el cambio al hombre, ella se percata que él, la miraba fascinado, al grado que tuvo que hablarle para poderlo sacar de su trance. Él la miró con una sonrisa sínica, y cuando ella le entregó con la mano el dinero, él no dudó la oportunidad de rozarla palma de la mano de Marcela con las yemas de sus dedos.

    Marcela se sorprendió un poco, pero se sintió entre ruborizada y un poco alterada… pero, no era enojo, no era enojo, era algo diferente, ella se sentía emocionada y un poco ansiosa por tan peculiar situación. Ya que, a pesar de ser casada, su esposo con el cual ya tenía varios años de matrimonio, era algo frio, y no contaban con una vida sexual muy activa, razón que detono todas esas sensaciones al sentirse admirada.

    Ella se incorpora para estarse en una posición cómoda y correcta como lo haría toda dama que se da a respetar. Aquel hombre se dispuso a sentarse exactamente frente a ella para poder seguir admirando a tan hermosa dama con esas prendas tan llamativas que se escondían por debajo de lo que todos alcanzaban a ver.

    Marcela notó la intención del hombre y la situación la estaba inquietando cada vez más, con cada mirada que aquel hombre le lanzaba ya de manera directa y sin temor a ser interrumpido ya que la combi aún se encontraba vacía. Y notando que Marcela lejos de sentirse incómoda comenzaba a sentirse intrigada e incitada por esos ojos de lujuria que no dejaban de mirarla ni un solo momento, y que la recorrían una y otra vez como buscando ver algo más allá de lo que sus prendas le permitían.

    Marcela comenzó a sentirse más y más abrumada y emocionada por la forma tan insistente en la que aquel hombre la miraba, al grado de comenzar a sentir su respiración agitada y entre cortada ocasionalmente, hasta que se percató que estaba completamente excitada.

    Tal vez fue el momento, saber que estaban solos, o el sentirse absoluta y morbosamente deseada por un completo extraño que repentinamente sus piernas comenzaron a sentirse más y más ligeras, al grado que comenzó a abrir las piernas ligeramente cual flor de otoño que se abre con los pocos rayos de sol que entibien sus pétalos.

    El hombre levantaba el entrecejo al unísono en el que las piernas de Marcela se abrían…

    Cual habrá sido la expresión de la cara de este afortunado caballero que Marcela sonrió con una mueca entre orgullosa traviesa y satisfecha, que provocó una reacción muy comprensible al tener a semejante mujer en una situación así, su biología lo traiciono, provocándole una notoria erección que el hombre tuvo que reaccionar poniendo su mano en el pantalón para acomodar su miembro que ya le incomodaba en el pantalón.

    Marcela sintió como dentro de ella algo tibio se hacía más y más grande cada vez, después de haber visto como aquel extraño se tocaba el pene por la excitación que ella había provocado en él. Ya sintiéndose cómoda y editada ella coloco sus manos sobre sus piernas acariciándolas lentamente de arriba hacia abajo lentamente disfrutando la sensación de las medias en sus manos, sensación regalada por la excitación que sentía.

    Ella continuó acariciando sus piernas ya completamente abiertas y dejando entrever sus bragas negras que eran ya completamente visibles debajo de esa falda negra que dibujaba de manera majestuosas sus pálidas piernas en marcadas por ese liguero de encaje.

    Estaba tan excitada por la situación que comenzaba a acariciarse por debajo de la fada esas hermosas piernas rosando delicadamente su vagina por encima de su ropa interior. Mientras con su otra mano comenzaba a acariciarse los senos por encima de la blusa, la situación era cada vez más excitante al grado que ella comenzó a acariciar la piel que sobre salía por encima de su escote, llegando al grado de introducir la mano en su sostén y acariciar su seno excitado que dejaba entre sentir su piel erizada con el rose de su propia mano.

    Llegó el punto en el que la excitación que sentía provoco que la deliciosa humedad que emanaba de entre sus piernas fue tanta que comenzó a sentirse húmeda su ropa interior, y fue en ese momento que ella reacciono al sentir sus dedos húmedos por encima de sus delicadas bragas negras de encaje, que un golpe la devolvió a la realidad de la situación ella emocionada excitada y sorprendida se acomodó la falda, acomodo su brasier y su blusa, y pidió apresuradamente la parada, para bajar rápidamente dejando a ese hombre, estúpidamente petrificado por la excitación Marcela le había regalado en esa mañana abandonada por las personas que aquel día prefirieron quedarse en casa para regalarles a ambos esta extraña pero afortunada experiencia.

    Marcela ya en la calle… caminaba absorta en si misma deleitándose con la excitación de ese viaje alucinante que aún le tenía con esa sensación de embriaguez dándose cuenta que le gusta ser observada por los hombres y que le gusta exhibirse en situaciones particulares. Pues ese hombre entrecano le había provocado una gran excitación.

  • El incesto en mi vida (Parte 16)

    El incesto en mi vida (Parte 16)

    A principios de marzo me tuve que desplazar al norte para visitar a un proveedor para firmar un acuerdo, dando la casualidad que sus oficinas se encontraban relativamente cerca de donde vivía la familia por parte de mi madre. No tardó en llamarlos para decirles que estaría por allí de viaje, ellos me llamaron por teléfono diciendo que no se me ocurriera quedarme en un hotel, que habiendo sitio, etc., etc…

    Por compromiso pues accedí, aunque no me hacía mucha gracia, ya que me gusta estar solo para mis aventuras extramatrimoniales. Llegué anocheciendo, ya que fui en coche, me estaban esperando, los saludé a todos y como no allí también estaba mi prima Eli, llevaba sin verla por lo menos 10 años, había engordado un poco, era rellenita, pero sus tetas eran todavía más alucinantes, por no decir bestiales, podrían ser una 120 o 130 tranquilamente. Durante aquellos años, me había enterado que ella era lesbiana, algo que me llamó la atención y más sabiendo lo que pasó hacía unos años, pero era así, incluso me presentó a su novia que se encontraba allí. Raquel se llamaba, más o menos de su edad, una chica normalita, morena con el pelo rizado, delgada con tetas y culo normal.

    Tras instalarme en un habitación, ducharme y cambiarme de ropa, Eli me propuso de salir a tomar unas cerveza, a lo que accedí, salimos junto con su novia con dirección a un bar que no se encontraba muy lejos de su casa.

    Llegamos y empezamos a beber y hablar, la conversación empezó hablando del trabajo, la familia y poniéndonos al día de nuestra vida de los últimos diez años, me entere que ellas vivían juntas en un piso, cerca de la casa de mis tíos, que ellos se habían tomado muy bien la orientación sexual de su hija, de que trabajaban en la misma empresa y me hablaron de los planes que tenían para el futuro y todas esas cosas. Mientras seguíamos bebiendo cerveza y poco a poco estábamos ya un poco «contentos».

    Eli me preguntó que si sabía que hablaban los de nuestra familia por donde yo vivía, sobre el hecho de ser lesbiana, le dije que no había oído nada ya que no me gusta meterme en chismorreos, algo que es cierto. Me preguntó también que si no había «flipado» al saber que le gustaban las chicas, le contesté claramente que no, ya que era una cosa normal hoy en día y que no tenía por qué escandalizarme, ella comenzó a reírse y me confesó que imaginaba que yo no me lo hubiera creído nunca y más de lo que pasó entre nosotros.

    Me descolocó un poco que lo hablara delante de su novia, ella se dio cuenta y me dijo que Raquel sabía que nos habíamos pajeado y tocado mutuamente. Raquel me dijo que le daba morbo el hecho de su novia hubiera practicado el incesto, aunque no hubiera habido penetración, debido a que ya nos encontrábamos bastante desinhibidos debido a la cerveza, le pregunté si ella lo había practicado, me contestó que no, pero que si hubiera estado en el lugar de Eli, ella me hubiera follado.

    Mientras hablábamos me di cuenta que Raquel sabía con pelos y señales nuestra pequeña aventura sexual, ya que sabía lo de la habitación de mi prima, cuando nos quedemos solos y lo que pasó en el hotel. La cosa se fue calentando y yo empecé a preguntar cosas íntimas sobre ellas, me enteré que ambas habían follado con hombres, pero que se sentían más atraídas hacia las mujeres, que en una ocasión conocieron una transexual y se acostaron con ella y que les gustó bastante y me hablaron también de que tenían su arnés con polla. Entre risas y cachondeo, yo tenía un calentón del quince, sabía que aquella noche caería una buena paja pensando en mi prima y su novia.

    Salimos del bar y me propusieron de ir a su piso a tomarnos la última, yo accedí y allí nos dirigimos. Al llegar Eli me enseñó el piso, mientras Raquel ponía unas cervezas y preparaba algo de cena. Nos sentamos y seguimos hablando, pero poco a poco volvimos a subir la temperatura de la conversación.

    Eli me preguntó que si después de lo que había pasado con mi prima, me la había meneado mucho pensando en ella, le contesto que sí, añadiendo que sus tetas aún seguían en mi sueños, ella se reía mientras Raquel añadía que era normal ya que eran unas tetas enormes. Le repliqué que ella tenía más suerte que yo, ya que habían crecido muchísimo desde que yo se las vi, comenzaron a reírse las dos y Eli me dijo que mi polla también habría crecido y que igual que yo sentía celos de Raquel por ver sus tetas ya desarrolladas, ella sentía celos de que mi mujer viera mi polla ya adulta.

    Aquello se estaba descontrolando yo me encontraba en punto muerto, en el que no saber para donde girar la conversación, de repente fue Raquel la que encauzó la cosa, pero de la forma más inesperada para mí, me dijo que si le gustaría ver las tetas de mi prima, a lo que respondí que por supuesto que me gustaría verlas, y como si fuéramos otra vez chicos me pidió que si ella enseñaba sus tetas yo les tenía que enseñar la polla, riéndome por lo infantil de la situación les dije que de acuerdo.

    Sin poner pegas mi prima se quitó la camiseta que llevaba y pude ver sus descomunales tetas, un sujetador negro las subía a duras penas, ya que semejante peso tendría que ser insufrible para un pedazo de tela, al quitarse el sujetador aquello fue un desparrame, eran aún más grandes si podía, sus pezones como garbanzos y aureola enorme de color rosa. Mi polla iba reventar el pantalón, me lo desabroché y saqué mi polla en su máximo esplendor.

    Eli se quedó mirándola y dijo que de verdad que también había crecido, mientras su novia no paraba de reír y le ordenó a mi prima que me tocara la polla, ella me la cogió y empezó a hacerme una paja. Ver a mi prima meneándomela mientras su novia nos miraba me estaba dando un placer espectacular. Eli le preguntaba si le ponía cachonda aquella situación, ver como se la meneaba a su primo, ella le contestó que muchísimo, a lo que añadió que porque no nos íbamos a la habitación. Mi prima dijo que si y claro está yo no me negaría por nada del mundo.

    Entramos en el dormitorio y de repente Raquel se dio cuenta que en vista de lo que iba a pasar allí, les harían falta condones, ya que eso es algo que ellas no usaban, claro está que no tenían. Dijo que tardaba cinco minutos, ya que cerca había una farmacia que en la fachada tenían una máquina expendedora de preservativos. Salió corriendo a comprarlos, mientras mi prima y yo nos quedemos allí, empezamos a desnudarnos y pude verla ya sin ropa alguna. Aunque estaba rellenita, sus carnes eran prietas y sus tetas junto con su culo, que eran enormes, la hacían bastante apetecible.

    Nos tumbamos en la cama y ella siguió haciéndome una paja, yo deslicé mi mano entre sus muslos y comencé a tocar su coño afeitado, que se encontraba ya bastante caliente. Apenas pasaron unos minutos cuando sentimos la puerta de la calle y Raquel entro al dormitorio corriendo, llevando en la mano una caja de condones. Se desnudó rápidamente y se metió con nosotros en la cama, vuelvo a destacar que ella era bastante normalita, delgada, tetas que te cogen en la mano, coño depilado y culo más bien delgado.

    Comenzaron a besarse entre ellas, aquella situación me tenía a punto de derramar mi leche, tenía que hacer esfuerzos titánicos para no soltarla. Raquel llevaba la voz cantante y le ordeno a mi prima que me chupara la polla, yo tumbado y ella enfrente de mí a cuatro patas comenzó a mamármela de una forma extraordinaria que se la tragaba entera y podía notar como llegaba al fondo de su garganta, mientras su novia detrás de ella le comía el coño. Mi sufrimiento era enorme por no querer correrme, aguante bastantes minutos, hasta que Raquel aparto a Eli de encima de mí y la tumbo mirando hacia arriba, me dijo que me la follara, me puse un condón y penetre aquel coño que chorreaba debido a la comida que le había hecho Raquel, mientras embestía a mi prima, su novia se colocó encima de su cara y Eli comenzó a comerle su coño, viendo aquello no pude más y tuve una corrida bestial.

    Me aparté a un lado mientras intentaba recuperarme lo más rápido posible para seguir el ritmo de ellas, al quitarme Raquel se levantó de la cara de mi prima y se tumbó encima de ella, comenzaron a restregar sus coños, estuvieron haciendo la tijera durante bastante tiempo, ambas se corrieron casi al unisonó. Estaba tan absorto viéndolas que no me había dado ni cuenta que mi polla estaba nuevamente erecta, Raquel se levantó de la cama y se dirigió al armario, de allí saco una arnés negro del que colgaba un polla de considerable tamaño, se lo coloco y me pregunto que prefería si coño o culo. Mire a Eli y vi una sonrisa pícara, imaginando lo que pasaría a continuación.

    Pedí follarle el culo a mi prima, Raquel se tumbó en la cama mirando al techo, mi prima se subió encima de ella y se introdujo aquella polla de plástico hasta el fondo, se inclinó hacia delante y me dijo que se la metiera, aquello desde luego me descoloco bastante ya que siempre que había tenido sexo anal, la lubricación a base de cremas o saliva había sido primordial.

    Pero no me lo pensé mucho, me coloque tras ella, guie mi polla hacia su ano y lo fui introduciendo poco a poco, la resistencia fue mínima, lo que me dio a entender que ese agujero estaba ya bastante dado de sí, algo normal viendo las medidas del juguete que tenía puesto Raquel en aquel momento. Empezamos un follada bestial, yo llevaba el ritmo, a la vez que la novia de mi prima ayudaba con movimientos de cadera hacia arriba, después de unos minutos, Eli empezó a gritar como una loca y tuvo un orgasmo bestial, yo estaba a punto de correrme, pero me retuve al preguntarme Raquel si me faltaba mucho, a lo que conteste que no, me dijo que parara, saque mi polla del culo de mi prima y ella a su vez se levantó de lo alto de su novia, Raquel me pido que me corriera en la cara de mi prima y así lo hice comencé a pajearme delante de su cara, no tarde mucho tiempo en eyacular y poner toda la cara de ella llena de chorretones de leche.

    Una vez tranquilizados, Raquel me confesó que le había puesto muchísimo ver como un hombre, que para más inri era primo suyo, se corría en la cara de ella. Nos despedimos planeando que algún otro día tendríamos que repetirlo, aunque yo al día siguiente tras la reunión regresaba a mi casa, por lo cual me marché deseando que no se tardara mucho en llegar ese otro día.

  • Rica experiencia con nuestro amigo Carlos

    Rica experiencia con nuestro amigo Carlos

    Soy fiel lector de esta página de relatos eróticos desde hace poco, desde que la encontré me he sumergido en un mar de fantasías sexuales que desde hace mucho tiempo yo las había imaginado y algunas también que he realizado. Solo que no había buscado la manera de desahogarme hasta ahora que encontré este sitio y me gusta que no haya ningún tipo de limitación en la imaginación de cada persona.

    Bueno sin más preámbulo quisiera poder contarles parte de mi vida de soltero y de casado, totalmente real. Comenzare describiéndome, soy un hombre de 35 años, estatura mediana 1.64 para ser exactos, delgado, moreno claro, con una verga de buen tamaño algo gruesa digamos que 20 cm de jugoso trozo de carne.

    Para este relato mi hermosa esposa será el principal personaje. Ella es una mujer de 36 años chaparrita, morena clara cabello largo hasta la cintura, dueña de un par de hermosas tetas talla 36D, para su estatura se ven grandes, tiene un pequeño y bien paradito culo que me encanta.

    Tenemos 2 hijos uno de 10 años y mi hija de 18 que en realidad es mi hijastra, pero para mí es mi hija la crie desde los 6 años.

    A mí me gusta mi mujer se vista muy sexy a donde quiera que vayamos, hasta para ir a comprar la comida de la semana.

    Esto que les voy a contar sucedió un día cualquiera, nuestra relación se estaba poniendo un poco difícil tal vez por la rutina, el sexo estaba disminuyendo considerablemente y para poder salir de ese bache la invité a salir para recuperar nuestra relación. Entonces salimos a divertirnos un rato después de una semana dura de trabajo. Ese día le compré un vestido negro entallado con un buen escote que dejaba ver casi la comisura de sus pezones con un tono café oscuro.

    Le dije que se lo pusiera para salir y al probarlo se puso roja al darse cuenta que estaba muy corto quedaba muy apenas debajo de sus ricas nalgas y se notaban mucho sus pechos, en ese instante tuve una erección bien rica solo de pensar que la quedarían viendo todos los hombres en el lugar al que iríamos. No estaba totalmente convencida de salir así, pero le dije que se miraba bien hermosa y que a mí me encantaría verla salir así para poder presumirla ante todos. Total aceptó y salimos.

    Al llegar al lugar que era un restaurat-bar estaba tranquilo, había comida, música, karaoke y hasta para bailar. Había también parejas y muchos soltero(a)s. Empezamos a comer y tomar unos tragos, mientras tanto le tocaba por debajo de la mesa sus lindas piernas y le alzaba su vestido y con mis dedos le comencé a sonar su vagina por encima de su tanga, instantáneamente se mojó su vagina y se separó. Me dijo:

    -Cálmate que nos pueden ver.

    Con tono de nervios y molestia. Yo le dije:

    -Nadie está mirando todos están en su ambiente además la luz está muy bajita. -Pero le hice caso para no romper el encanto de nuestra salida.

    Enseguida me dijo:

    -Voy al baño a limpiarme.

    Claro, porque estaba completamente mojada por la excitación. Al levantar se bajó el vestido. Mientras ella se fue le dije al mesero que limpiara la mesa y que sólo nos trajera solo cervezas. Cuando regresó se veía más relajada, y continuamos disfrutando de nuestra velada, comenzar a abrazarla y besarle el cuello, su piel se erizaba sus pezones se sentían sobre el vestido al tocarlos. Yo estaba en haciendo mi faena, cuando de repente mi esposa dice:

    -Carlos que tal como estas, que andas haciendo por aquí.

    Carlos es un amigo de ambos, pero más mío. Los 3 trabajamos en la misma empresa ellos en el primer turno y yo en el segundo. Lo saludé y lo invité a sentarse con nosotros. Ellos tenían más tiempo de verse. Carlos es un buen amigo él también es casado. Es moreno, alto, delgado.

    Nos dijo que había quedado de verse con unos amigos en el lugar, pero parece que él se había equivocado y que no era ahí. Mi esposa le dijo que se quedara con nosotros y me preguntó:

    -No te molesta verdad?

    Dentro de mi dije “ya valió mi plan”. Pero contesté que no había problema. Comenzamos a platicar y ella se miraba muy interesada en la conversación con Carlos, me dio algo de celos, pero no quise ponerme impertinente. Él le decía que se miraba muy bonita, que ese vestido le quedaba bien y puros halagos hacia mi mujer y ella solo sonreía y le daba las gracias. Todo lo que le decía en vez de molestarme me hizo sentir raro, excitado, tenía la verga dura.

    Ya me estaba mareando por las cervezas, les dije que iría al baño y Carlos me dijo “te acompaño”. Ya en el baño nos colocamos juntos. Le pregunté:

    -Oye sin mentiras te gusta mi esposa? Y no salgas con cuentos por qué te conozco y sé que eres bien perro con las mujeres.

    Él me dijo:

    -Espero que no te enojes, pero si me gusta se ve bien bonita.

    Eso hizo que mi verga se pusiera más dura de lo normal.

    -No te preocupes está bien. -Le dije- te propongo algo. Me gustaría que en la semana trates de seducir a mi esposa toda la semana que viene. Y para siguiente semana nos ponemos de acuerdo para salir otra vez. Para ese día te digo lo demás. -Él aceptó.

    En el transcurso de los días yo le preguntaba a Lucía por Carlos y ella no decía nada fuera de lo normal o que me dijera algo malo de él, o que se estuviera pasando de la raya, pero nada. Llegó el sábado y le dije que saliéramos nuevamente, que hiciéramos cosas que nunca habíamos hecho para reavivar la pasión. Le dije a Carlos donde íbamos a estar. Para que él llegara de sorpresa.

    Le dije que se vistiera sexy, le dije que íbamos a ir a un lugar diferente. Se puso un vestido rojo pegado con buen escote, no tan abierto como el anterior. Total salimos y fuimos a un night club. Al llegar se negó a entrar que eso era para hombres. Pero le argumenté que no es cierto es para los que quieren disfrutar al máximo y que eso nos ayudaría para nuestra relación. Al final aceptó. Adentro ya estaba Carlos con lugar como de sillón y se hizo el sorprendido. Nos saludamos y ella estaba roja de vergüenza. Tomamos varios tragos, ella ya se estaba relajando el cuerpo, yo ya estaba ansioso porque se fuera al baño para decirle a Carlos el plan a seguir.

    Llegó el momento, ella se fue y nos juntamos y le dije:

    -Ya que ella esté más tomada, te vas al baño te tardas unos minutos y cuando regreses te nos unes en el privado.

    Me lanzó una sonrisa muy pícara. Ella regresó y seguimos tomando, el ambiente se estaba subiendo de tono. Mi esposa se miraba excitada, aproveché para comenzar a besarla y manosear sus piernas, mis manos recorrían su cuerpo hasta llegar a sus tetas y las comencé a masajear ella comenzaba a gemir suave. De momento reaccionó por Carlos y él dijo “voy al baño”.

    Nosotros seguimos en lo nuestro, la tenía abrazada con una mano y la otra alzando su vestido llegando hasta su vagina. La comencé a masturbar con dos dedos, ella movía sus caderas al ritmo de la música. Ella controlaba los movimientos. Seguía gimiendo y le dije:

    -Ven vamos a un lugar más privado.

    Entramos al cuarto y enseguida me tomó por la cintura y me sentó, se hincó enfrente de mi y me desabrochó el pantalón y me bajó con todo y bóxer. Enseguida tomo mi verga dura y se la metió a su boca y comenzó a chupármela como toda una puta caliente deseosa de verga, la engullía de un solo movimiento.

    Mientras ella estaba mamando entró Carlos y sin decir nada se bajó el pantalón y se sacó su verga y quedé sorprendido, la tenía más grande que la mía, se la comenzó a jalar mirando como mi Lucía se tragaba toda mi verga, después Lucía se paró sin voltear y se alzó el vestido y se me echó encima y me dijo:

    -Cógeme mi amor quiero ser tuya en este momento, cógeme como las putas de este lugar.

    Entonces se acomodó la punta de mi verga en la entrada de su vagina y la fue metiendo lentamente dando un grito de placer, comenzó a cabalgar y yo le mamaba su tetas, mientras le decía “eres mi puta, comete mi verga como si nunca la habías probado”, eso la excitaba más gemía más fuerte y se vino la primera vez. Le dije “quieres más verga? Te daré lo que tú quieras” y ella sin pensar que alguien estaba atrás de ella masajeando semejante verga dijo “sí papi quiero más verga”.

    Entonces la levanté y le dije “empínate y chupa mi pene otra vez”, ella sin pensar lo hizo y Carlos ensalivó su tronco y como un experto sin acomodar le dio la gran estocada dejándosela ir despacio. Ella me miró abriendo sus ojos al máximo y desconcertada, los puso en blanco. Eso quiso decir que le gusto la penetrada, solo volteó y miró a Carlos como le metía y sacaba ese trozo de carne, ella solo decía “ay qué rico, que rica verga tienes dámela toda, si papi aayy”.

    Yo solo quede como espectador. Mirando como Carlos se cogía a Lucía. Miraba como se le echaba encima para poder tocar sus tetas. Después ella se le montó en su verga de espaldas y cabalgó por otro rato mientras ella me la mamaba. Y con él se volvió a venir otra vez.

    Se levantó y me dijo “siéntate amor”, y comenzó a mamarnos la verga a los dos hasta que nos hizo venir a los dos en su cara.

    Después habiendo terminado nos fuimos del lugar para nuestros hogares. Pasaron los días y nosotros como si nada hasta que un día…

    Eso les contaré en otro relato y les aseguro que les gustará.

    Gracias por leer mi relato, espero sus comentarios.

  • Don Jesús me viola

    Don Jesús me viola

    Nunca pensé que aquel viaje terminaría así.

    Tuve un trabajo en el tuve que salir con mucha frecuencia para realizar visitas de inspección a diferentes fábricas, normalmente yo voy solo viajo el día antes de la visita y me alojo en un hotel de la capital que visite.

    En esta ocasión, mi jefe tomó la decisión de acompañarme en la visita que debía realizar a Barcelona.

    Yo tenía todo el plan de trabajo perfectamente definido, pero ante la importancia de la visita, Don Jesús decidió que el debería revisar el plan de trabajo, por lo que me indicó que lo ideal es que cuando nos instaláramos en el hotel sería necesario que revisásemos dicho plan.

    Una vez llegados al hotel yo pregunté donde quería que nos viésemos para revisar la documentación indicándome que en cinco minutos me esperaba en su habitación, lo cual me dispuse a cumplir.

    En aquellos días de verano, en Barcelona hacía un calor espantoso lo que, unido a la humedad del aire hacia una estancia para los no habituados, ¡realmente espantosa!

    Una vez en la habitación de Don Jesús inicié mi ordenador y comenzamos a revisar, después de haber analizado aproximadamente el 50% del trabajo y después de una serie de modificaciones que me había «sugerido» y que yo había anotado, Don Jesús me dijo:

    J: En lo que tú modificas lo que hemos cambiado, ¡yo voy a darme una ducha! ¡Este calor es insoportable!

    Sin ningún tipo de pudor se desnudó totalmente y se metió en la ducha.

    Debo decir que nunca me había fijado en la desnudez de un hombre, pero Don Jesús presentaba una verga descomunal, por lo que pensé como sería una vez esta estuviese en estado de erección.

    La verdad, al pensarlo algo me pasó por mis testículos, pero no pensé en nada.

    Corregí en mi ordenador todo lo modificado por mi jefe y esperé a finalizar la revisión a que él hubiese terminado.

    Don Jesús salió secándose y enrollándose la toalla a su cintura me indicó.

    J: ¿Por qué no te das tú una ducha? ¡Veo que estás sudando también!

    Yo me excusé diciéndole que una vez finalizado me asearía en mi habitación antes de la hora en que habíamos quedado para cenar con los responsables de la empresa que teníamos que visitar, pero el insistió a lo que yo no pude negarme.

    Con todo el pudor del que soy capaz me desvestí y en calzoncillos me introduje en la ducha.

    Él se sonrió indicándome que no pensaba que era tan vergonzoso, yo no he tenido pudor cuando hemos estado con mis compañeros y después de un partido nos hemos duchado todos, pero no era lo mismo, a mi parecer.

    Una vez finalizada y después de secarme en el cuarto de baño, salí con la toalla en mi cintura, lógicamente no me puse de nuevo el calzón sudado.

    Continuamos con la revisión, pero ya nada fue igual, notaba roces en mi espalda desnuda, notando toda la hombría de mi jefe que a veces se apretaba contra ella con solo una toalla por medio.

    Una vez finalizada la revisión y cambiadas las cuestiones que el consideró, se sentó a mi lado para realizar un pase rápido de las diapositivas, poniendo su mano en mi pierna.

    Al principio yo realizaba movimientos más o menos evasivos, pero él no se daba por rechazado, al finalizar, su mano llegó junto a mi ingle y un latigazo paralizó todo mi cuerpo.

    Yo me quede sin poder de reacción lo cual no sé cómo lo interpretó el, su mano se deslizó aun un poco más y agarró mi verga, que no sé por qué motivo estaba totalmente empalmada.

    Él se sonreía interpretando que me gustaba y me decía muy quedo que lo íbamos a pasar muy bien.

    ¡Yo no sé de donde saqué fuerzas, pero me levanté rogándole!

    J: Por favor Don Jesús, le ruego que pare ¡Yo nunca he realizado nada parecido y no estoy preparado!

    DJ: Tranquilo, ¡no vas a hacer nada que tu no quieras hacer! ¡Nada te va a pasar!

    Diciendo esto me quitó la toalla y ante mi verga totalmente dura me decía;

    DJ: ¡Menos mal que no quieres nada! pero yo creo que casi es más grande que la mía!

    Se retiró la toalla mostrando un pijón inmenso largo y grueso que yo consideré como una verdadera monstruosidad.

    El nuevamente tomó mi pija y sin decir palabra se arrodillo metiéndosela en la boca.

    ¡Lógicamente ya quedé totalmente paralizado pero el empezó con un movimiento de su lengua alrededor de la base de mi glande que me llevo al éxtasis!

    A los pocos instantes él se levantó y apoyando sus manos en mis hombros me empujó a la cama, en la que caí sentado.

    ¡Nuevamente metió su cara entre mis piernas lamiendo mi verga!

    Su lengua pasaba por toda mi polla, ¡por los huevos llegando a tocar cada vez más mi culo!

    Yo me notaba extraño, pero cada vez sus lamidas me gustaban más.

    El aceleró el ritmo de sus movimientos llevándome al final de una forma que nunca nadie me había llevado.

    Los chorros de leche que solté creo que ha sido los más grandes que he realizado, pero el no dejo escapar ni una gota.

    Una vez que yo hube finalizado, él se separó ligeramente, yo creí que todo había acabado, pero él me levanto mis piernas poniéndolas en sus hombros.

    Sin decir palabra, ¡el inició de nuevo una sesión de lamidas por mis huevos y mi culo y depositando parte de mi propia leche en la entrada de mi virgen culo!

    ¡El muy cabrón lubrificó mi agujero con mi propio esperma!

    J: ¡Basta don Jesús!

    DJ: Tranquilo, ¡déjate llevar!

    ¡Sin decirme nada el apoyo su verga en mi ojete! Cuando lo note pensé que era imposible que aquel vergon que yo había vislumbrado pudiese entrar en mi agujerito, por lo que le suplique, ¡Don Jesús por favor no!

    El me calmaba, indicándome que no me haría ningún daño, que cuando yo quisiera pararía, que no le llamara de usted, que éramos algo más que jefe y colaborador….

    ¡A mediad que hablaba iba apretando e introduciendo poco a poco su dura verga!

    J: ¡Dios! Jesús que haces, uhm!

    DJ: Que apretadito, ¡como me gustan los putitos como tú!

    Yo creo que no tenía ni la mitad del palo dentro y el dolor me parecía insoportable, ¡por lo que llorando hice un esfuerzo y me logré retirar ligeramente!

    Por mi mente paso el matarlo, pero él se apresuró a recordarme que mi trabajo siempre sería su prerrogativa y que una denuncia jamás llegaría a término.

    Mi situación no me permitía quedarme en aquel momento en el paro, lo cual me frenaba totalmente.

    Jesús cambió de técnica y comenzó a deslizar su mano por mi verga, mis huevos y mi culo introduciendo un dedo dentro y haciendo movimientos rotativos.

    Esto me daba algo de gusto e hizo que me relajase bastante, el continuó con sus toques e introdujo un segundo dedo, ¡la verdad no me dolía en exceso!

    DJ: Ves cómo solo te tienes que relajar, ¡uhm!

    J: Jesús, uhm, basta, uhm, ¡basta ya!

    Jugó con sus dedos dentro de mí y al poco tiempo los sacó, ¡acercando de nuevo su vergota a mi culo!

    Nuevamente apoyó su palo en mi agujero e inicio la penetración, ¡realmente no note nada hasta que todo el capullo estuvo dentro!

    DJ: ¡Si, ahora sí, papi, uhm!

    J: ¡Ah, uhm, ya, ya!!!

    Notaba un tapón y una presión en el interior de mi vientre, el apretó un poco más y note como un trozo entró dentro.

    El dolor interno se hizo insoportable por lo que llorando le rogué que cesara, notaba como si me estuviesen metiendo aire a presión en mis tripas, ¡era horrible!

    J: ¡Ya!!!! Sácala, me duele, uhm, uf, ya!!

    DJ: ¡Eso putito, uhm, grita, grita!

    Sin sacarla el inicio una serie de caricias y mimos que nunca pensé que el fuera capaz de hacer.

    Hacia movimientos suaves y logro que toda la presión se eliminase, una vez el dolor interno desapareció yo no notaba más que un dolor de estiramiento en mi agujero y una sensación rara que no se describir.

    ¡Después de unos instantes note un fuerte empujón que hizo que su polla se introdujese en su totalidad en mi culo!

    Solté un grito y el comenzó un movimiento de meter y sacar, ¡yo notaba como un cilindro se deslizaba y noté que mi polla estaba totalmente dura!

    DJ: ¡Que rico culito, uhm!

    J: ¡Ah, dios, que es esto!

    DJ: ¡Se llama gozar, uhm, si!

    Poco a poco el dolor fue desapareciendo, si bien no en su totalidad, pero un placer que nunca había sentido hasta entonces, me tenía ya ¡entregado totalmente a mi jefe!

    Jesús, cada vez hacía los movimientos mete y saca con mayor brusquedad y yo sentía los golpes de sus muslos en mis nalgas.

    Hubo momentos en que creí que vomitaría, pero poco a poco ese dolor quedo en un malestar extraño con sensaciones que no había sentido jamás, ¡pero que me hacían tener una erección descomunal!

    DJ: Que rica verga tienes, como se pone dura cuando te cojo, ¡uhm!

    J: ¡Ah, que rico, uhm, que rico!

    DJ: Eso, cuquito goza, ¡uhm!

    El de golpe se paró y apretándose contra mí, como si quisiera introducirse dentro, ¡me soltó unos interminables chorros de leche que inundaban mi interior como un magma caliente y espeso que jamás había sentido!

    J: ¡Ah, dios, que es esto, ah!

    DJ: ¡Toma mi leche puta, uhm, tómala!

    Una vez terminó, la sacó, bajándome las piernas hasta el suelo, y su leche resbaló por mis muslos.

    Jesús viendo mi gran erección se metió mi verga en su boca, haciéndome la felación con más amor y pasión que jamás me han realizado.

    Yo no creía que dos veces en poco tiempo fuese capaz de soltar la lecha que solté, ¡esta vez Jesús la trago toda haciéndome ver como se la bebía!

    DJ: ¡Que rica leche, uhm!

    J: ¡Ah, que ha pasado, uhm!

    Una vez que yo finalicé, el me llevo a la ducha, ¡dándome un lavado exterior y diciéndome que su leche sería el bálsamo que me haría cicatrizar mi culo!

    Después nos vestimos y como ya era hora bajamos hasta la entrada del hotel, donde nos esperaban, ¡yo con un calzón de Jesús ya que el mío estaba sudado!

    Después de la cena, ya en mi habitación, tuve sueños eróticos a pesar de que el escozor en mi culo no me permitía descansar como hubiera deseado.

    Esa es mi primera experiencia gay, ya que, desde ese día, tengo deseo por coger y ser cogido por otros hombres, espero les haya gustado y continuare con más, ¡su amigo Jonathan!

  • Viuda reciente, madre caliente (Parte 1)

    Viuda reciente, madre caliente (Parte 1)

    Este relato es totalmente ficticio siendo mí personal “homenaje” al director de cine italiano Andy Casanova, para mí uno de los mejores directores de cine UnderGround de los últimos 30 años. El guion está basado en su filme La Vedova.

    Este relato tuvo lugar en Italia hace unos años, al fallecer mí marido, siendo aún joven y fuerte.

    Nos casamos siendo los dos muy jóvenes, estando enamorados el uno del otro. Vivíamos en un pueblo pequeño, muy tranquilo, en una casa alejada del pueblo con mucho terreno verde alrededor.

    El pueblo está cerca de Génova, a menos de una hora en coche. Yo siempre he sido una mujer de sangre y temperamento caliente, con carácter. Todas las noches buscaba a mí difunto marido, no haciéndome caso él, teniendo que conformarme con acariciarme yo sola, metiéndome los dedos hasta el fondo de mí hambriento coño, hasta correrme varias veces.

    Mí fuerte educación conservadora y religiosa, me cohibía para engañar a mí marido con un amante. De nuestro matrimonio nació Mario, un chico tan fuerte cómo su padre, era su misma estampa, muy bello, un hombre atractivo, seductor, que atraía las miradas de las mujeres.

    Desde hacía seis meses no estaba con ningún hombre, teniendo que tocarme todas las noches, hablándole a mí difunto esposo, diciéndole que le necesitaba, que me estaba volviendo loca, de no tenerlo a mi lado.

    Yo soy una señora atractiva, maciza con caderas apretadas, de muslos macizos y pechos medianos, muy tersos. Mi boca es de labios carnosos, que parece estar hecha para besar y chupar. Después de seis meses seguía llevando luto, por respeto a mí difunto esposo. En los pueblos pequeños de Italia el respeto a los difuntos es algo muy arraigado en la tierra.

    En la mesita de mí cama tenía una fotografía de mí difunto esposo, con la que hablaba a menudo. Una vez por semana iba al cementerio, en las afueras del pueblo para llevarle flores.

    Cuando sucedieron los hechos fue un sábado por la tarde del mes de agosto. Llegué al cementerio vestida con un traje chaqueta, con una falda de tubo ajustada a mis caderas, de color gris oscuro, con medias negras de cristal, aunque fuera verano me gustaba ir así bien vestida, con zapatos de tacón negros.

    Delante de la tumba de mí difunto, le conté lo abandonada que me había dejado, lo sola y perdida que me sentía, como le necesitaba a mi lado.

    —Paolo, se me hace muy duro seguir sin ti a mí lado. Me siento sola, perdida, abandonada, es una suerte que tenga a Mario, nuestro hijo me hace sentir fuerte y me apoya mucho.

    Mario, nuestro hijo, me lo da todo…

    Esa tarde al llegar a casa llamé a Mario por la casa sin dar con él, mientras le iba diciendo —Mario ¿dónde estás tesoro? ¿Cuánto hace no vas a ver a tu padre? ¿Mario?

    Recorrí todas las estancias mientras me quité la chaqueta del traje falda. Abrí el baño, llamándolo con un susurro desde fuera antes de abrir la puerta.

    —¿Mario…? —Lo encontré duchándose mientras lo observaba con la puerta entornada, apenas abierta lo justo para observarlo bien.

    Tenía una espalda fuerte, con un culo duro y prominente, sus muslos se veían fuertes y musculados. Salió de la ducha poniéndose a pajearse delante de mí, enseñándome una polla mucho mayor que la de mi difunto esposo.

    No pude evitar excitarme al ver aquella escena, aunque fuera mi hijo, sangre de mí sangre aquel hombre… tan bello, no pude evitar llevar mí mano a mis bragas, pasándome los dedos por encima de la tela, que noté húmeda rápidamente. Mis ojos no podía apartarlos de aquella polla tan dura y gruesa. Mario movía la mano más rápido a cada instante, sintiéndome más excitada mojé mis dedos con saliva, apartando la tela de las bragas, para acariciar mí coño excitado, mientras espiaba a mi hijo desde la puerta.

    Acaricié mis labios húmedos y abiertos metiendo mis dedos morbosamente, mientras con la otra mano saqué mis tetas fuera del babydoll, teniendo mis pezones duros cómo hacía tiempo no los sentía, de ver cómo mi hijo se pajeaba aquella polla tan hermosa. Me notaba excitada y caliente, sin darme cuenta de la locura que estaba cometiendo, una mujer conservadora y religiosa cómo yo, hasta que fui capaz de parar, encerrándome en mí alcoba.

    Al irme de la puerta del baño, me pareció que Mario me vio cómo entornaba la puerta, cómo si hubiese sabido que lo había expiado. Esta remota posibilidad me produjo un vértigo profundo, a la vez que noté mi coño inundarse de jugos, notando mis muslos húmedos.

    En mi alcoba hablé con la foto de mí difunto esposo.

    —Paolo estoy volviéndome loca de deseo, hace días que cuándo vuelvo del cementerio al ir a verte, espío a nuestro hijo Mario, mientras se ducha y se toca. Creo que me ha visto expiándolo hoy, me recuerda mucho a ti, cuándo eras joven cómo él.

    Nuestro hijo es un hombre fuerte, atractivo, que atrae mi mirada, me estoy volviendo loca, me siento perdida Paolo, no sé qué va a ser de mí. Estoy muy caliente y excitada Paolo…

    Me eché en la cama, mientras llevaba mí mano a mí coño apartando las bragas, acariciándome mis húmedos y abiertos labios

    —OH… oh… sí… mmm… cómo necesito un hombre que me folle, sí mi coño que húmedo esta… oh sí…

    Me saqué las tetas, pellizcando mis pezones poniéndoseme duros, y mi coño más húmedo a cada instante. Me puse a cuatro patas, metiéndome un dedo en el culo, que mi difunto marido nunca quiso follarme por su estúpida moralidad. Cómo necesitaba una polla por Dios, acaricié mi hinchado clítoris estirándome toda espatarrada en la cama, sacudiendo mis caderas en el aire, cómo si tuviera un ataque epiléptico del gusto tan fuerte que sentía, sin poder apartar de mí mente la imagen de mi hijo en el baño, chillando de placer

    —Ah, ah, sí como necesito un hombre que me de placer ah, así… mmm… ah… sí.

    Cuándo estaba más excitada, gritando de placer, titilando mí excitado clítoris, Mario entró en la alcoba seguramente asustado por mis fuertes gemidos, viendo cómo me metía el dedo hasta el fondo de mi coño, mientras acariciaba mí clítoris, mientras sollozaba de gusto, pidiendo un hombre que me consolara.

    Mario entró sin llamar al escuchar mis fuertes gemidos de placer,

    — Mamá… ¿qué te pasa, qué estás haciendo?

    Al oírlo saqué el dedo de mi coño, toda sonrojada y molesta con él por entrar así sin llamar.

    —Ah… ah… ¡¡Mario!! Tú no puedes entrar así en mí alcoba, tesoro ¿cuántas veces tengo que decírtelo?

    —Oí algo y pensé no te encontrabas bien, por eso entré así.

    Al fijar mis ojos en la toalla atada a su cintura, descubrí que me había estado expiando, mientras metía mi dedo en el coño.

    El bulto debajo de la toalla era de escándalo, excitándome más el descubrir que me había estado expiando el muy atrevido, igual que yo le había expiado.

    —No estoy bien Mario, no estoy bien tesoro, desde la muerte de tu padre me siento estresada y sola, nerviosa por todo…

    —Mamá échate en la cama ven así, relájate ya verás que bien.

    —Gracias tesoro, si no te tuviera a ti cariño, no sé qué haría.

    Mario masajeó mis muslos, subiendo sus manos con desparpajo, subiéndome la falda hasta el borde de mis bragas, para poder masajearme sin nada que le molestara.

    —Eres una señora bella y hermosa mamá, una gran señora muy atractiva.

    —Gracias cariño, pero solo soy una señora madura, con un hijo, que siempre serás mi hijo pequeño, cariño.

    Las manos de Mario, me acariciaban los muslos más cerca de las bragas a cada instante, notándome más excitada por como mi hijo me acariciaba.

    —Oh… oh… Mario que bien me das el masaje mí bebé.

    —No mamá yo no soy ya un bebé, soy un hombre.

    —Para mí serás siempre mi bebé tesoro.

    —No mamá mira…

    Diciendo esto Mario me cogió la mano llevándola hasta el enorme bulto debajo de la toalla, haciendo que le agarrara la polla, que estaba cómo una piedra de dura.

    Al tenerla en mí mano, noté como se humedecía más mí caliente coño, pareciéndome más gruesa al tenerla entre mis dedos.

    —Mira mamá cómo soy un hombre, agárrala así, siente lo dura que me la has puesto.

    —No… Mario… no, soy tu madre… oh… no me hagas esto… oh… Mario… oh… no puedo soy tu madre… oh.

    —Así siente lo dura y gruesa que esta por ti, eso es sí mueve la mano… oh… sí… mamá… eso es.

    —Mario no me hagas esto… oh… oh no puedo… mmm… no puedo cariño.

    Más excitada a cada instante agarré la polla de mi hijo, sintiendo cómo se ponía más dura entre mis dedos, oponiéndome menos cada vez. Mi hijo al ver que me oponía menos a cada momento, y sintiendo cómo yo le agarraba la polla con más deseo, se envalentonó manoseándome todo el coño, dándose cuenta de cómo estaba de húmedo y abierto, sin parar de soltar jugos.

    Sin perder tiempo, me cogió con fuerza del pelo, pasándome la polla por mis labios, obligándome a que le comiera la polla, y le lamiera los huevos, que eran enormes y muy peludos.

    —Toma mí polla mamá eso es, cométela toda así… mmm toda hasta el fondo, ooohhh… ooohhh… sí.

    Mi hijo me embistió con fuerza la boca cómo si me la follara, haciendo que me la tragara toda, llegando a producirme alguna arcada por lo gruesa que la tenía.

    —mmmppp… mmmppp… no Mario… eso sí que no… no me hagas esto por favor, soy tu madre… Mario no…

    Mi cuerpo en contra de mí mente, sentía cómo se excitaba más a cada momento de sentir cómo mí hijo, me hurgaba todo el coño con un desparpajo que me tenía más caliente y excitada a cada momento. Yo me sentía el coño más húmedo y excitado, por como mí hijo hacia que le comiera toda la polla, y lo bien que sabía tocarme el coño, cómo nunca su padre había sabido tocarme.

    Mi hijo se dio cuenta de lo excitada que yo estaba, por la cantidad de jugos que soltaba sin parar mí coño, haciendo sus dedos un chapoteo lascivo, impregnando al aire de sexo caliente y prohibido, excitándonos cómo animales.

    —mmm… sí mamá así cométela toda ooohhh… lamela toda así, saboréala bien… que lengua tiene la señora, tienes el coño muy húmedo y caliente, tu hijo te va a dar lo que la señora necesita… mmm… que boca tienes mamá… sí.

    Excitada por las palabras de Mario, lamí toda la polla, sin dejar sus huevos, saboreándola sin prisa, como él me decía, notándome más excitada a cada instante. Sin poder aguantar más la excitación, mi hijo me echó en mí cama, poniéndose mis piernas en sus hombros.

    En esta postura con todo mí coño abierto y ofrecido, me frotó la polla por el coño, sin metérmela, poniéndome más ansiosa y caliente, deseando me follara.

    —Aaahhh… tesoro dámela toda cariño, no me hagas sufrir más…

    Mario viéndome así de excitada, me la clavó toda de una vez, notando como sus peludos huevos chocaban en mí coño.

    —Aaahhh… aaahhh… sí… aaahhh… folla a mamá así… oh… ¡¡que polla!! … dámela toda… oh… cómo me la metes toda… sí… no pares hijo, dale toda la polla a tu madre… perverso… folla a mamá… mmm.

    Excitado por mis palabras, Mario me cogió del culo con ambas manos iniciando así un mete saca rápido y profundo, clavándome más toda la polla, como nunca me la había metido nadie, haciendo que me abrazara a él muy fuerte, atenazándolo con mis muslos por sus caderas, sintiendo su grueso cipote en el fondo de mí coño cómo me llenaba toda, mientras cogida a su cuello le daba mí lengua, excitada por lo bien que me follaba

    —Ooohhh… ooohhh… mamá toma toda mí polla así… hasta el fondo de tu coño, que bien follas… qué coño tienes, tómala toda…

    —SÍ cariño… ooohhh… ooohhh… clávamela así todaaa… toma mí coño… ¡¡folla a mamá!!

    A cada embestida, notaba como mi hijo me rozaba y follaba el coño, como jamás había sentido nunca, haciendo que me corriera sin parar.

    Yo por lo caliente y excitada que estaba, apretaba la polla de mí hijo con el coño, como si se la mordiera, haciendo que Mario se corriera dentro de mí coño, teniéndolo bien atenazado con mis muslos.

    —Ooohhh… mamá… tu coño es muy estrecho, que rico, ooohhh… me aprietas muy fuerte la polla… me corrooo ya… me corrooo ¡¡mamá!!

    —Sí tesoro… mamá se ha corrido sin parar… dame toda la leche… así, me corro contigo, llena mí coño de leche así… oh cuanta tienes.

    —Sí toma mí leche… oh me corrooo…

    Durante toda la semana siguiente, me sentí excitada y nerviosa, por cómo mí hijo había sabido follarme tan bien. Sabía que no estaba bien, acostarme con Mario, pero mi coño se mojaba nada más tener a mi hijo al lado.

    Igual que el sábado pasado visité la tumba de mí difunto esposo, le reproché me hubiera dejado sola y tan desconsolada, explicándole igual que hice la semana anterior, que nuestro hijo Mario me daba mucha fuerza y ánimos, además de dármelo todo…

    Nada más entrar en casa, llamé a Mario por la casa, recordándole tenía que ir a visitar a su difunto padre.

    Al igual que la semana pasada, lo encontré en el cuarto de baño. En esta ocasión, encontré la puerta ya abierta, cosa que me extrañó. Al mirar dentro vi a Mario, pajeándose de pie, cogido al lavabo, cómo si se follara al lavabo, frotando su enorme polla contra el canto pulido del lavabo.

    A cada instante aceleraba más sus caderas, viendo su polla muy gruesa, y con la cabeza muy hinchada y amoratada.

    Nada más verlo así, noté como se me humedecía el coño, mojando mis bragas. Metí mis dedos dentro de las bragas, notando como tenía de húmedo el coño, con los labios hinchados por el deseo y el morbo de espiar nuevamente a mí hijo.

    Me metí dos dedos, empapándolos de jugos en pocos segundos. Mario aceleró el movimiento de su culo, a la vez que le escuché decir:

    —Ooohhh… ooohhh… mamá… ¡¡qué buena estás!! Que ganas tengo de follarte y consolarte cómo tú necesitas… así toma mí polla mamá… ooohhh.

    Nada más oír a mi hijo llamarme así, me corrí del gusto, empapando mis dedos de jugos, además Mario miró para la puerta, estando segura que me vio como le estaba expiando.

    Rápidamente me fui a mí habitación, excitada por saber cómo mi hijo me deseaba, y nerviosa porque estaba segura, el golfo había dejado la puerta entornada sabiendo que yo le expiaría al volver del cementerio, como había hecho la semana pasada.

    Al entrar dejé la puerta entornada, y me puse a cuatro patas con la falda levantada hasta la cintura, con el coño y mi culo ofrecidos hacia la puerta.

    Avergonzada con las mejillas rojas hasta las orejas, y a la vez excitada de haberle visto de nuevo la polla a mi hijo, y que me hubiese visto tocarme mientras lo expiaba, me metí dos dedos hasta el fondo del coño, notando como soltaba jugos, como nunca lo había hecho antes.

    Así de excitada con mí coño todo a la vista, ofrecido hacia la puerta, vi en el espejo de mí cama, la sombra de mi hijo, expiándome igual que yo había hecho.

    Caliente por saber a Mario mirándome cómo me pajeaba, me corrí de gusto, metiéndome bien dentro los dedos, mientras gemía como una guarra, para que me oyera y así excitarlo más, igual que él había hecho antes conmigo.

    —Ah… ah… que caliente estoy… ah… sí tesoro folla a mamá más… así… ah…

    Mario entró sin llamar como hiciera la semana pasada, viéndome con los dedos bien clavados en mí húmedo coño.

    —… mamá ¿qué te pasa, estás bien? —¡¡Mario!!… no puedes seguir entrando así en mí habitación, no, no estoy bien hijo.

    Como en la ocasión anterior la toalla dejaba entrever un bulto de escándalo, más grande si cabe, que la anterior ocasión.

    Nada más ver el bulto de mí hijo, mí coño humedeció más las bragas, Mario se sentó en el borde de la cama, haciendo me sentara encima de sus muslos.

    Me abrazó muy fuerte por la cintura, dándome besos y lametones por el cuello y la oreja, poniéndome muy caliente, mientras no dejaba de hablarme, tratando de consolarme.

    —Mamá ¿qué te pasa? te noto muy chafada y preocupada.

    —Me siento muy sola y abandonada por tu padre, cariño, estoy desconsolada

    —Yo sé que necesitas, confía en mí, quiero cuidar de ti… ya lo veras.

    Mi falda al estar sentada, quedó toda levantada hasta arriba, dejándole ver a Mario mis bragas, y los muslos desnudos del todo. Mi cara no podía estar más roja de vergüenza, por verme cogida así, pajeándome por mi hijo, mientras chupaba mi oreja y mi cuello, notándome más caliente a cada momento.

    Mario subió su mano por mis muslos, separando mis piernas para poder tocarme con más descaro.

    —Tesoro, mamá ya sabe que la quieres consolar… pero no está bien lo que hicimos mí vida…

    Mi hijo acarició las bragas, pasándome toda la mano por el coño, descubriendo como tenía el coño de húmedo. Al saberme así descubierta, me sentí más avergonzada y excitada a la vez, por verme así sentada en los muslos de mí hijo.

    Mario metió los dedos por el borde de las bragas, excitándome más, haciendo me abrazara a su cuello, escondiendo mí cara en su hombro, mientras le decía que no siguiera, que no me tocara así, pero sin yo hacer nada, ni cerrar mis muslos en ningún momento.

    —Ah… ah… no… Mario… ah… mmm… no me toques así… oh… oh…

    Los dedos de mi hijo, me acariciaron toda la pelambrera, hurgándome los labios de mí coño, que estaban hinchados y abiertos de excitación.

    Yo me sentía la cara arder, notando como mi hijo me metía los dedos dentro del coño, empapándoselos de mis jugos.

    — Ah… ah… ah… ¡¡nene!! No me toques así… ah… ah…

    Más excitada y cachonda a cada instante, los muslos se me abrieron solos, para facilitar que mi hijo me tocara el coño mejor, mientras me abrazaba más fuerte a su cuello, tratando de que no viera Mario como me sentía de avergonzada

    —Mamá confía en mí, yo sé qué necesita una señora cómo tú, veras como sí.

    Al mismo tiempo que me decía esto, mi hijo me metió los dedos hasta el fondo del coño, dándome un placer como nunca había sentido, haciendo me corriera en sus dedos, soltando jugos cómo un grifo mal cerrado, con un chapoteo sonoro muy guarro, mientras me abrazaba más fuerte a su cuello, con mis muslos separados del todo, empujando mí coño contra los dedos de mí hijo, sin dejar de correrme.

    Mientras no dejaba de repetir su nombre, excitada como pocas veces lo he estado nunca.

    —Mario… ah, ah, ah… Mario… ah… no me toques así… Mario… ah… ah… ah… sí… sí…

    —Eso es mamá sí déjate ir así… oh… que buena estás mamá… sí córrete así… oh…

    —Ah… ah… Mario… me corrooo… sin parar hijo…

    Nada más correrme, Mario me besó haciéndome le diera la lengua.

    Me sentó encima de sus muslos, de cara hacia él, notando su polla dura cómo una barra de carne, rozar mí coño. Sin dejar de darnos la lengua, yo misma enfilé su grueso cipote en mí coño, sentándome encima de la polla.

    Nada más sentir cómo me metía la cabeza de la polla, Mario me empaló toda la polla, teniéndome bien cogida por la cintura y el culo.

    Excitada y avergonzada, por sentir tanto placer con alguien que era sangre de mí sangre, mi hijo, dejé de darle la lengua, abrazándome a su cuello cómo si quisiera ahogarlo.

    Con mí cara purpura, con esa mezcla de excitación y vergüenza, por una follada tan morbosa y lasciva, sintiendo como mi hijo me follaba, clavándome la polla en el fondo de mí coño, me atreví a decirle lo que mí cuerpo sentía.

    —Ah… ah… ah… sí… sí… follame así hijo… dale a mamá lo que necesita… ah… consuela así a mamá, tesoro… ah… ah… clávame toda la polla… más.

    —Ooohhh… ooohhh… mamá sí… que bien te follo así… toma mi polla así… que buena estás… oh…

    —Me corrooo Mario… oh… ooohhh… sí llena mí coño con tu leche… oh…

    —Sí mamá me corro contigo… ooohhh… tu coño que bien lo follo… toma mí leche…

    El sábado siguiente después de volver del cementerio y dejarle flores a mi difunto esposo llegué a casa, como las veces anteriores.

    En esta ocasión no encontré a Mario en el baño. Me dirigí a mi cuarto, quitándome la blusa y la falda, quedándome con las medias, zapatos de tacón, liguero y bragas.

    Excitada al pensar qué pensaría Mario si me encontrara vestida así tocándome, me puse a cuatro patas, acariciándome, con la puerta de la habitación abierta.

    Excitada, metiéndome dos dedos en el coño, me sorprendió mí hijo, sujetándome las manos a la espalda. Sin hacer caso de mis quejas, se atrevió atarme las manos a la espalda, quitándome una de las medias.

    —Mario, suéltame ahora mismo ¡¡soy tu madre!! No tienes derecho a aprovecharte así de tu pobre madre viuda… no me ates las manos así, no me toques así… ah, ah.

    —Mamá eres una señora muy caliente y una guarra, a la que papá nunca ha sabido darte lo que tú necesitas, yo te lo voy a dar todo…

    Mario me dijo esto, mostrándose muy seguro y decidido, excitándome de verlo así de firme conmigo.

    Desoyendo mis quejas, que no eran muy firmes esa es la verdad, me cogió del pelo, cómo hiciera la primera vez, y me metió la polla en la boca, haciendo que me la tragara toda, sin dejar de lamerle sus huevos, que los noté llenos de leche.

    — Abre la boca mamá así eso es, comete toda la polla hasta el fondo, esto es lo que necesita una Señora caliente y cachonda cómo tú… mmm… sí así… ooohhh… que bien te la comes toda ¡¡guarra!! voy a darte todo lo que papá no te dio nunca… sí lame mis huevos así que se llenen bien de leche… ooohhh… ooohhh… sí toda hasta el fondo.

    —Mmmppp… ah, ah… mmmppp… no me hables así, soy tu madre… mmmppp…

    Más excitada a cada momento por cómo me veía tratada y lo que me decía Mario, me comí toda la polla con gran placer, lamiendo sus huevos, notando mí coño más húmedo a cada instante.

    Mi hijo me hurgó el coño, descubriendo cómo me tenía de excitada, el muy osado.

    —Tienes el coño todo empapado de jugos, ooohhh… qué bien me la comes mamá.

    Mi hijo me metió dos dedos rozándome todo el coño, metiéndolos hasta el fondo, atreviéndose a azotarme las nalgas, de forma repetida, sintiéndome más excitada y con el coño más húmedo por verme tratada así.

    Me sacó la polla de la boca, y me hizo ponerme en el borde de la cama, así como estaba a cuatro patas, haciendo apoyara la cabeza en la cama. En esta postura tan obscena me vi, con todo mí coño y mi culo ofrecidos a mí hijo.

    Mario se colocó detrás de mí, de rodillas en el suelo, apartándome las bragas, me lamió el coño como su padre nunca lo había hecho. Sentí su lengua abriéndome mis hinchados labios, entrando en mí coño, chupando los labios cómo si los pintará, notando se bebía los jugos que mi coño no paraba de soltar.

    Sorprendida de sentir tanto placer por cómo mí perverso hijo me comía tan bien el coño, me vi arrastrada por la lascivia, corriéndome sin parar, frotando mí coño contra su boca, para que no dejara de comérselo.

    Mientras no dejaba de frotarle el coño contra su viciosa lengua, protesté por pura decencia, sin convicción ninguna, diciéndole no me tocara así, sin dejar de gemir y sollozar por el placer que el muy golfo me supo dar, hurgándome con su lengua cada pliegue de mí excitado coño, sin dejar de azotar mis nalgas

    —Aaahhh… mmm… no… no me to… ques… así… aaahhh… ¡¡Mario!! ooohhh… soy tu madre… aaahhh… me estás confundiendo… aaahhh… nadie me ha comido así el coño nunca… aaahhh… me corrooo… sin parar… aaahhh… tu lengua… me matas de placer… Mario no…

    Me lamió toda la canaleta del coño al culo, metiéndome dos dedos dentro del coño, mientras lamia mi culo, notando como me chupaba el culo con gran placer, en unas caricias que me parecieron muy guarras y lascivas, metiéndome rápidamente la lengua en el culo, haciéndome sentir muy guarra y sucia por el placer que me arrancaba, haciéndome gemir al sentir su lengua hurgarme todo mi ano por dentro, sin dejar de acariciar mi coño al mismo tiempo.

    Después de comerse mi culo, me hizo le comiera la polla hasta ponérsela dura cómo nunca la había notado antes.

    Mario me soltó las manos, y se colocó detrás de mí enfilando la gruesa cabeza de la polla en mi ano.

    Al sentir lo que quería hacer proteste diciéndole que su polla era muy gruesa y que no podría meterla, a la vez que intenté apartarme.

    Él me cogió con fuerza del pelo cómo si fuera su perra sin ningún miramiento

    —¡¡Mario!! … ah… no hijo, no podrás es demasiado gruesa para mí estrecho culo… ah… no me tironees así del pelo… mmm.

    —Mamá tranquila, verás cómo sí entra, relájate nada más, confía en mí.

    Diciéndome esto me nalgueó con fuerza, hasta que me puso el culo bien rojo y me lo notaba arder, quejándome yo por los fuertes azotes que me daba, sintiendo para vergüenza mía, mí coño más excitado a cada segundo.

    —Ah… ah… ah… ¡¡no!! ah… me arde el culo hijo perverso… ah…

    —Eres una guarra mamá, lo necesitas, ahora estarás más relajada, ya lo veras.

    Mi coño para darle la razón al perverso de mi hijo, le dio la razón, notando como soltaba más jugos después de recibir los azotes.

    A los pocos segundos, tras presionar mí ano con una presión continuada, mí ano cedió tragándose la amoratada cabeza, notando cómo mu culo la mordía intensamente, cómo si deseara tragársela.

    Gemí muy fuerte más por la sorpresa y el placer que por el dolor

    —Aaahhh… mmm… aaahhh…

    —Tranquila mamá no tengas prisa, mueve tu culo poco a poco, eso es así verás cómo te entra toda… que culo tan estrecho tienes… mmm.

    Nada más decirme esto Mario me besó en la espalda, recorriéndome un escalofrío de placer hasta llegar a mí coño. Haciéndole caso a mi hijo, empujé poco a poco, notando como aquella barra de carne me llenaba toda, notando como a cada instante la sentía más dentro de mí.

    Mario se echó encima de mí espalda, cogiéndome las tetas y el coño, acariciando mi clítoris, poniéndome muy caliente de sentirme acariciada así por todos mis sitios a la vez, mi coño era una fuente de jugos, notando como mi hijo me acariciaba el clítoris haciéndome sentir muy excitada.

    Además echado en mí espalda me lamia el cuello excitándome más aún si cabe, pellizcando mis pezones, susurrándome palabras muy calientes, que me pusieron muy cachonda y muy perra, haciéndome sentir una madre muy guarra, de gozar de aquel placer tan intenso, con mi hijo así encima de mí espalda dándome por culo.

    — Mmm… Tienes el chocho muy húmedo mamá… oh… que hinchado tienes el clítoris… y tus pezones tan duros… te voy a follar el culo… como papá no lo hizo nunca… hasta… clavarte toda… la polla en el fondo de tu estrecho culo… oh… sí… empuja… así… el culo… mmm…

    —Ah… ah… ah… nadie me ha tocado así el clítoris, perverso… ah… siento tu polla en el fondo de mí culo… ah, ah… sí… toca así mí chocho… hijo… ¡¡cabrón!!… ah… ah… estás dando por el culo a tu madre… ah… que dura tienes la polla… ah…

    Excitada por las palabras de mí hijo y cómo me tocaba, empuje mi culo hasta sentir sus huevos rozar mí coño.

    En ese instante Mario me fue clavando toda la polla, haciéndome sentir como me la clavaba toda, empujando mi culo para que no dejara de follarme.

    Viéndome tan excitada Mario me clavó más rápido toda la polla, rompiéndome el culo, haciéndome sentir como me abría hasta el fondo de mi interior, sintiéndome follada como nunca lo había sentido antes.

    Noté su polla en el fondo de mí culo, como me llenaba toda, haciéndome perder todo el control, gritándole como si me matara, igual que una vulgar puta le chilla a su chulo que la folle más.

    Le grité a mí hijo que no parara de darme por culo, que me llenara de leche, mientras me corría en un orgasmo intenso como nunca había sentido antes.

    Mi hijo se subió en mí grupa, dándome un mete saca rápido y profundo, follandome como un perro rabioso se folla a una perra, corriéndonos de gusto como no pensé correrme jamás, parecía mí chulo más que mi hijo, follándose a su puta…

    —Aaahhh… aaahhh… aaahhh… sí… sí… folla mí culo más… ah… así… dame por culo… ah, ah, ah… ¡¡cabrón!! Folla mí culo así… me corrooo… rómpeme el culo así cariño…

    —Ooohhh… ooohhh… mamá que estrecho es… me corro en tu culo, si toma mí polla… oh…

    —Sí llénalo de tu leche… ah… no pares de follarlo…

    —Sí toma mí polla y mí leche… ¡¡que culo!! … oh.

    —Oh… sí… cómo me clavas la polla… me corrooo hijo… me quema tu leche…

    Así más o menos como os he contado, mi querido hijo supo darme el placer que su padre jamás, ni pudo ni supo darme.

    A partir de este instante mí hijo se volvió más perverso y dominante, tratándome como a su puta y yo sintiéndolo como a mí chulo, esto unido a unas circunstancias que pasamos, dio como resultado una relación entre nosotros un tanto atípica.

    Espero mi relato os haya excitado y dado tanto placer, cómo a mi escribirlo.

    Sí veo que goza de vuestra atención quizá haya una segunda parte…

    Un saludo desde Italia.

    Azalais copyright2015©

  • Cuñada solidaria (Última parte)

    Cuñada solidaria (Última parte)

    Durante la madrugada del jueves mi mujer Paola no pudo dormir bien a pesar de que el ardor de la cistitis había cedido ya bastante. Así que me acariciaba el pecho velludo como buscando regocijo. Normalmente hace eso cuando desea sexo, pero ésta vez ella era plenamente consciente de que era imposible. Así que se contentó con acariciarme, pasar su mano por mi abdomen y de vez en cuando rozar mi pene por encima de mi calzoncillo muy suavemente. Por un momento me dieron unas ganas tremendas de cogérmela y una erección fulminante se produjo espontáneamente.

    -Ay amor con ganas de montarme encima

    -Y yo de metértela ahora mismo, pero es mejor tener paciencia amor.

    -Sí, lo sé

    Nos quedamos dormidos sin musitar más palabras hasta que la alarma matutina sonó para que ella empezara su rutina e irse al trabajo. En mi pensamiento estaba Sara, su culo redondo de tez clara, sus gemidos. En mi cuerpo había aun restos de las placenteras sensaciones del sexo del día anterior. La ansiedad se comenzó a apoderar otra vez de mí. Deseaba con fuerza que fueran ya las diez de la mañana. Yo era consciente de que algo había trascendido entre mi cuñada y yo. La cosa se había salido de lo puramente solidario y médico. Había cierta emoción en la atmósfera.

    -Amor, ven aplícame el medicamento por favor!

    Mi mujer me sacó de las cavilaciones con su hermana mayor. En la alcoba, con las piernas abiertas noté su vulva a todo dar, recién afeitada. Me provocaba metérsela. Yo andaba demasiado sexual como para no desearla.

    -Se te ve bonita, como para lamerla.

    -Ay amor, no me digas eso, que me pones caliente. Me arrechas.

    Le apliqué su medicamento pastoso, se puso su prenda íntima y continuó vistiéndose para marcharse al trabajo.

    Pocos minutos pasaron después de que mi mujer saliera cuando recibí una llamada en mi teléfono móvil. Era Sara para decirme que no iba a poder venir a la hora habitual, sino que vendría en unos minutos porque tenía una diligencia inesperada que hacer. Rápidamente me fui al baño a tomarme una ducha y oler a limpio. Aun me estaba yo secando el cuerpo cuando escuché su voz gritar.

    -Cuñis, ábreme por favor!

    Subió y al abrirle la puerta estaba vestida con una blusa de tirantas azul turquí y un mocho o short de tela jean con flecos bien ajustado a su pelvis que dibujaba sus curvas. Lucía un poco vulgar ciertamente, pero muy caliente.

    -Cuñis. Quiero que me cojas como ayer. Rico

    -Siempre te lo voy a hacer así. Rico. No he dejado de pensarte y desearte toda la noche.

    -Yo también cuñis. No sé qué me sucede. No era la idea.

    -No te pasa nada. Deja que las cosas sean lo que van a hacer. Así es más placentera la vida.

    -Ay cuñis, no, no, no me siento cómoda con esto. Pero me encantó el sexo contigo.

    No le argumenté más nada. La tomé de las manos. La acerqué a mi cuerpo cubierto apenas por la toalla desde la cintura hacia abajo y la ajusté con una fuerza sutil. La abracé con mis brazos cruzados rodeando su cadera. La miré a su cara que apenas si se separaba de la mía. La respiración era intensa, agresiva. Dejé caer mis manos un tanto y puse cada una en una nalga. Apreté su culo con actitud segura y la así obligándola a empinarse un tanto. Su boca rozó la mía inevitablemente. Su respiración se hizo cortante y su mirada emitió un brillo de lujuria. La pupila estaba dilatada. No le di oportunidad para la duda o el arrepentimiento. Apretujé aún más su culo de manera vulgar y descarada. Estampé mi boca contra la de ella y un beso profundo, alocado, carnívoro y desaforado prendió fuego al deseo represado desde ayer.

    Se entregó al beso. El movimiento sinuoso de su cuerpo contra el mío deshizo el nudo lateral flojo de mi toalla que cayó al piso de cualquier manera. El beso siguió su curso. Su lengua húmeda, carnosa y cálida jugaba con la mía. Entraba en mi boca y a ratos era la mía la que entraba en la de ella. Fue un beso sellador, atrevido, dulcemente prohibido. Sara vencida, también me abrazaba. Acariciaba mi pecho y su mano tanteaba sin precisión mi pene duro que se estallaba contra la tela gruesa de su short de jean. Sin dejar de besarnos fuimos andando como levitando hacía mi cama matrimonial en la que nos dejamos tumbar aun con las sábanas desarregladas y con el olor a cuerpo y perfume de mi mujer. Sara se sentó al borde y ella misma retiró su blusa que dejo caer al suelo. Los senos carnosos se asomaban jugosamente vomitados en la v de sus sostenes. Me miraba con sus ojos grandes negros y expresivos. Abrió su boca y engullo mi verga de un solo tajo, sin avisos y titubeos. Era mi mujer en ese momento. Se la comía con delicadeza y placer. No dejaba de mirar hacia arriba para buscar mis ojos y asegurarse que me estaba dando placer.

    Yo ayudaba a que su mamada fuera más placentera tomándola delicadamente por su cabellera espesa y acariciando su cuello. Sentir su boca y el jugueteo de su lengua húmeda recorrer mi verga me llevaba al cielo. Aproveché y deshice el broche trasero de sus sostenes y por fin liberé ese par de tetas. Ella continuó engullendo mi verga. Mi boca sintió una sed, una ansiedad repentina por comerse esos senos blancos y abundantes tan diferentes a los de su hermana.

    Se cansó. Su boca estaba floreada, vencida, rojiza. Lucía sexy así desnuda desde arriba hasta su cadera. Solo mantenía en ese momento el jean corto de flecos como chica caliente. Entonces se dejó tumbar boca arriba en la cama. Yo me le encimé como león cazador. La besé en el cuello y desaforadamente ataqué sus senos. Los lamí uno a uno. Los besó como si fueran los últimos del mundo. Los chupé con cadencia y cordura asegurándome de tocar sus partes sensibles. Sus pezones eran marrones claros amplios y ovalados bien definidos. Que tetas lindas tiene mi cuñada. Alguna vez mi mujer me había comentado eso. Que lo que más bonito tenía su hermana mayor eras sus tetas perfectas. Sí que lo eran.

    Ni le pedí permiso. Me senté en su pecho. Puse mi verga mojada de su boca entre sus senos y se los ajusté con mis manos. Comencé a menearme para masturbarme con ellos. Ella sin hablar y manoteando retiró mis manos para poner las de ellas y manejar el ritmo de la paja. Me encantaba verla así. Sus ojos medio cerrados, dilatados, sus manos maneando sus tetas, mi verga cubierta por su carnosidad sinuosa y su cabellera negra y espesa desparramada en la sábana deshecha de mi propia cama. Me estaba haciendo una paja rusa sin precedentes. Yo no podía creerlo.

    -Cuñis ya. Quiero verga por favor!

    Yo mismo me desmonté de su cuerpo. Le deshice el botón de su short. Ella levantó sus caderas y le deslicé por sus piernas de un solo envión su short y su panty negra. El olor a chocho invadió la atmósfera. Ese olor penetrante se sumó al que había ya desde la mañana al de su hermana. Lancé en cualquier lado su ropa y por fin la tuve completamente desnuda ante mí. Sara estaba entregada a mí.

    -Penétrame cuñis

    No lo hice. Quería jugar y desesperarla. Me zambullí entre sus muslos y posé mi lengua explayada y con fuerza contra su concha velluda. La deslicé como perrito. Lamía su melcocha sin piedad. Sus carnes estaban muy húmedas. Chupaba su zona de clítoris con mucha determinación. Tomé posesión de mi cuñada. Me porté mal, atrevido, descarado y tremendamente posesivo. No le di respiro alguno. Solo escuchaba sus gemidos ahogados y sentía el temblor en sus piernas a lado y lado de mis orejas. Su torso se contorneaba como gusano y sus manos agarraban sin control mi cabeza que se hundía en su sexo oloroso y mojado.

    Inicié una chupada intensa, sin cesar ni compasión justo en su zona más sensible. Las lubricaciones mojaban mi boca enteramente. El olor y el sabor de su sexo me embriagaba y mis manos se extendían para jugar con sus pezones allá en la superficie. Sara gemía, gritaba, jadeaba, decía obscenidades y me incitaba a que siguiera comiéndome su calurosa vagina. Entonces su gemido se hizo más intenso y desgarrador y la respiración se cortó en un grito ahogado. La dejé disfrutar su orgasmo. Acariciando tenuemente sus mejillas y posando la punta de mi verga en la entrada de su raja sin penetrar.

    Su respiración volvió poco a poco a su ritmo normal. Sus pupilas estaban dilatadas y con un brillo lunático. El olor a sexo era aún más penetrante y las sábanas ahora más desordenadas habían desnudado la cama.

    -Cuñis, dale. Métela por favor!

    Lo hice. La penetré despacio. Observé con morbo como mi pene fue desapareciendo entre la vorágine oscura de sus vellosidades. Entró toda. Se la metí. Me acomodé encima. La besé con amor y comencé a menarme. Su vagina estaba muy húmeda y cálida. Ella terminó el beso para dedicarse a gemir. Necesitaba hacerlo. Jadeaba con cada embestida. Sus manos casi arañaban dulcemente mi espalda y mi cuerpo se escurría pandeándose encima del de ella. Era rico hacer el amor así. Era lo deliciosamente prohibido que me había sucedido en la vida. La penetraba con fuerza de macho. Mi pelvis se golpeaba contra la de ella. Tac, tac, tac, tac, tac sonaban nuestros cuerpos y un crujido suave emitía la cama. Eran los sonidos rítmicos del sexo. Rico sexo.

    -Quiero subirme cuñis. Puedo?

    Me acosté boca arriba. Claro que yo quería. Por fin esa pose tan deseada por mi morbo.

    -Ten cuidado Sara.

    -Tranquilo

    Ella se sentó en mi pelvis. Sentí el calor de su vulva en mis vellos púbicos. Sus tetas desnudas lindas atraían mi vista. Poco a poco se fue deslizando despacito hasta que la punta de mi verga rozó su culo. Se acomodó y luego sin mucho esfuerzo ya estaba apuntalada en la entrada de su raja. Solo meneó un poco su cadera y sentí como mi verga entraba otra vez en su gruta. La llené nuevamente mi cuerpo. Yo metido en ella. Empezó a menarse despacio sin dejar de mirarme para asegurarse de que yo me sentía cómodo con pose. Yo no podía dejar de mirar sus senos jugosos caídos. Levantó su torso para sentarse completamente con más confianza. Empezó a subir y a bajar despacio con sus manos en sus caderas. Era increíblemente sensual verla así hincada en mi verga. Disfrutando cada sentada. Era la primera vez que yo podía disfrutar de esa pose sin tensionarme. Mi pene ahora derecho no corría riesgo. Sara subía y bajaba sin problema. Sus tetas se balanceaban y yo no dejaba de mirarlas.

    -Cuñis, solo te gustan mis tetas por lo visto

    -No, Me gustas toda. Pero tus tetas son lindas. Muy lindas

    Se inclinó y me las puso cerca de mi cara. Ella misma hizo una pausa y acomodó una almohada para que mi cabeza se inclinara hacía adelante. Las tuve en mi cara. Ella se meneaba y sus senos rozaban mi cara. Que placentero sentir eso. Las tomé con mis manos y las comencé a chupar una a una mientras Sara no dejaba de menarse hacia adelante y hacia atrás.

    -Esto me va a hacer venirme otra vez cuñis.

    Su voz se hizo gemidos y mi verga hurgaba dentro de su sexo carnoso y cálido. Por momentos nos besábamos en esa pose cómoda. Mi boca no descansaba entre besar sus labios y comerme sus tetas. Pero esta vez fui yo quien anuncié

    -Sara me voy a venir, me voy a venir.

    Ella aceleró el ritmo de sus caderas. Su culeo se hizo más intenso y cadencioso. Con eso lo decía todo. Quería mi semen dentro. Deseaba sentirse mujer.

    No dije más nada. Solo me abandoné a los abismos del placer infinito. Cerré los ojos, solté sus tetas y emití un gemido profundo cuando sentí que el primer chorro salió disparado allí entre sus paredes vaginales. Ella sonrió de placer mirando mi rostro de gestos orgásmicos. No dejó de menearse y gozar morbosamente sintiendo las palpitaciones de mi verga dentro de su sexo. Se quedó quieta para sentirse mujer poseída. Sintió un temblor en su cuerpo y dejó que su segundo orgasmo recorriera su cuerpo. Se recostó encima, su boca buscó la mía y nos dimos besos de recién enamorados.

    Se desensartó de mi pene ya casi fláccido y sentí que mi semen salía a borbotones de su vagina para mojarme la pelvis. Era bastante cantidad la verdad.

    -Botas bastante leche cuñis.

    -Te parece?

    -Alberto no bota así tanto.

    -Ah no?

    -No cuñis. Creo que tu pene funciona de maravilla. Todo está bien. Mañana no podré venir. Alberto no trabaja y el fin de semana ni modo porque estamos con nuestras parejas. El lunes lo hacemos otra vez si quieres. Aunque si me baja la regla ya no podremos. Así no me gusta. Pero igual vengo así sea a chupártela un ratico jeje.

    -Claro que quiero Sara. Ya quiero que sea lunes. Vienes y me la mamas rico.

    -Ay cuñis que malos somos. De todos modos ya el miércoles tienes tu cita.

    -Si Sara así es.

    -Cuñis y cuando es que ya puedes tener sexo con Paola.

    -Todavía le faltan como una semana más. Esta desesperada porque se la meta.

    -En serio?

    -Si, en serio. Pero no puede por lo del medicamento.

    -El miércoles después de la cita le diré ya el médico me autorizó y simplemente será cuestión de esperar a que ella esté lista. Sera cuestión de unos dos o tres días y listo.

    No hubo más dialogo. Nos metimos a la ducha los dos desnudos. Nos besamos. Nos declaramos amores. Le dije que me gustaba. Ella me confesó que estaba loca por mí. Que mantendríamos esto en secreto. Que culearíamos cuando pudiéramos sin tomar riesgos. Nos besamos muchas veces mojándonos. Sara cuidaba de no mojar su cabello. Ella me enjabonaba y yo a ella. Yo terminé erecto a los pocos minutos. Ella no estaba con ganas pero quiso complacerme. Le pedí que se volteara y se pusiera contra la pared y abriera las piernas. La penetré desde atrás. Fue fácil. Era la primera vez que experimentaba yo esa pose. La cogí un par de minutos pero también mi cuerpo estaba cansado. Ella debía irse. Debía salir a su diligencia.

    Se vistió, en la puerta nos dimos un beso largo y profundo. Su lengua con la mía sellaron un deseo y una bonita y prohibida relación febril que duraría mil doscientos treinta y dos días, y doscientos setenta y seis polvos echados entre mi cama matrimonial, su cocina, mi cocina, su cama matrimonial, seis moteles diferentes de la ciudad, una playa solitaria, la alcoba de mis suegros, un callejón perdido oscuro de un pueblo lejano, y la casa de una amiga de ella.

    FIN

  • Angélica despierta con hambre

    Angélica despierta con hambre

    Después de varios orgasmos por parte de los dos, Angélica y yo nos pasamos a la cama de mis padres a descansar un poco, además necesitábamos más espacio para recostarnos. Encendimos la tele, el aire acondicionado y fuimos por agua, que bastante falta nos hacía. Nos manteníamos abrazados y por ratos intercambiábamos besos y caricias por debajo de las sábanas.

    Nos entretuvimos viendo una película cualquiera y sin darnos cuenta nos quedamos dormidos de nuevo.

    Me desperté aturdido, con cosquillas en la entrepierna, demasiadas cosquillas de hecho, también sentía calor y humedad…

    -Espera, Angélica? -pregunté al no verla a mi lado.

    -…

    Nada, no hubo respuesta de su parte.

    -Espera, mmm, qué? -retiré la sábana.

    -Glug, glug, glug.

    Vaya sorpresa, Angélica había despertado antes, y con mucha hambre, de hecho sin avisar ya se había servido sola. Yo sólo veía su cabeza subir y bajar, con una de sus manos jugaba con sus pechos y con la otra mantenía mi polla en meneo constante. Ahora despierto, mi polla reaccionaba y empezaba a ganar volumen y longitud.

    -Sí bebé, me gusta sentir como crece dentro de mi boca -dijo rápidamente y siguió su tarea- glug, glug, glug…

    Angélica tenía habilidades felatorias únicas y hacía gala de ellas en cada oportunidad, a ella le gustaba, a mi me gustaba, ambos ganábamos. No era la primera vez que me tomaba desprevenido y se daba un festín, ella decía que le parecía muy excitante y que ninguna buena cogida estaba completa sino había sexo oral de por medio, en concreto, practicado por ella.

    Posé una mano en su cabeza con la cual guiaba su recorrido y con la otra tomé su pezón derecho, duro, erecto, me gustaba estirarlos, desde su posición parecía ordeñarla. Vi como la mano con la que antes jugaba con sus pechos ahora bajaba a su entrepierna, se daba placer.

    -Que rico chupas bebé, que rico despertar así siempre.

    -Glug, glug, glug, me encanta tu polla, esta tan rica, me gusta mucho su sabor…

    Angélica empezó a escupir y llenar de saliva toda mi verga, por debajo de las sábanas la veía agitada, y la veía cada vez más acalorada. Retiré por completo la sábana que la cubría, y me llevé una grata sorpresa al ver que la mano que había bajado no iba dirigida a su concha sino a su culo.

    -Me voy a subir, ya no aguanto -dijo Angélica con cara de necesidad.

    -Ven, ven, ven, necesito tu cuerpo -contesté acomodándome debajo de ella.

    Se sentó encima de mi y con su mano tomó mi polla por la base dirigiéndola a su esfínter.

    -No aguanto, la necesito dentro.

    Bajaba lentamente, sentía las paredes de su recto apretarse, centímetro a centímetro deslizarse hasta que desapareció por completo, únicamente podía ver mi pubis rozando sus glúteos.

    -Ahh, que rico, me encanta esta sensación de estar llena.

    -Tú pide y yo te lleno las veces que quieras.

    -Jajaja lo sé, no me pienso quedar nunca con las ganas.

    Inició un meneo suave, en círculos, llenándome el pubis de sus fluidos vaginales, apretaba y relajaba su esfínter rítmicamente.

    Intenté un mete y saca pero me detuvo.

    -Sin prisa bebé, deja que me relaje un poco, cuando mi culo se dilate te dejaré hacer lo que quieras.

    Sus promesas no eran para menos, siempre cumplía, así que la dejé hacer, la verdad es que yo como sea ganaba.

    Empezó a subir y bajar, se sacaba la mitad y de nuevo se sentaba, cada vez apretaba menos, y ella cada vez saltaba más.

    -Mmm, mmm, mmm -ronroneaba con cada sentón.

    -Eres una lujuriosa, y eso me gusta.

    -Sólo contigo bebé, me tienes enviciada con tu verga.

    Angélica aceleraba sus sentones, y apretaba más su esfínter.

    -Y a mi me excitas demasiado, no puedo evitar las ganas de cogerte cada que te veo.

    -No lo evites, mi culo es tuyo, solo tuyo bebé.

    -Solo mío? Jura que de nadie más?

    -Solo tuyo, es tu verga la que necesito, la que me llena, siempre quiero tener tu verga caliente dentro de mi culo.

    -Siempre la vas a tener, te la voy a meter por todos lados, te la voy a dar de comer día y noche, es tuya.

    Habíamos pasado de un mete y saca pausado y guiado por Angélica a una cogida en toda regla, con los dos aportando activamente. La habitación se llenó de gemidos, suspiros, soplidos, bufidos, etc.

    El sudor llenaba nuestros cuerpos y disminuía la fricción. Mi verga entraba y salía de su culo a una velocidad endemoniada, Angélica la recibía con gusto, por ratos apretaba su culo forzándome a penetrarla con más fuerza, haciendo presión hasta vencer su barrera.

    -Dame, dame más, dame todo, quiero tu verga dentro, me encanta tu verga, siento como me raspa por dentro.

    Angélica se ponía más y más caliente, y pedía más y más.

    -Te gusta? Te gusta? -pregunté para incitarla más, sabía lo mucho que eso la excitaba.

    -Sí, sí, sí, me encanta, dame más, tu zorrita la quiere toda.

    Cambiamos de posición, ella en 4 con la cara pegada al colchón, ofreciéndome su culo totalmente empinado. Inserté de nuevo mi polla en su ano, hasta el fondo y la saqué de nuevo, repetí esa maniobra un par de veces más, siempre observando lo abierto que se le quedaba, invitándome a perforarlo.

    -Eres mi zorrita, eh? -pregunté mientras la penetraba cada vez más fuerte desde arriba.

    -Sí, lo soy, soy tu zorrita, hago lo que me pidas, lo que desees, soy tuya

    -Abre tu culo para mi entonces.

    Angélica llevó sus manos y tomando sus gordas nalgas las separó lo más que pudo facilitando una penetración más profunda.

    -Así? Así está bien? Tu zorrita te obedece.

    -Está perfecto, me gusta que estés completamente abierta para mí.

    La seguí penetrando en esa posición. Me salí un momento para que chupara el falo que tanto placer le daba y volví a la carga. Tener ese culo abierto en esa posición era la gloria, no me cansaba de perforarle el recto, de excavar en sus entrañas.

    -Me encanta tu culo, como se abre y cierra para mi, te lo voy a romper, te lo voy a educar para que siempre esté listo para recibir verga.

    -Si, rómpemelo, rómpemelo, ya está dilatado, haz con mi culito lo que quieras.

    Sus palabras me llegaron, así que me apoyé sobre su espalda, me agarré de sus tetas y la cabalgué fuerte y rápido, duro como me lo pedía, metía y sacaba mi verga con facilidad, era verdad que estaba dilatada al fin, me deslizaba dentro de ella rozando sus paredes anales.

    Finalmente, no pudimos más con el forcejeo y nos venimos en un nuevo orgasmo, uno muy placentero, tanto que incluso dolía un poco. Le llené el recto de leche y ella no dejaba de moverse por los espasmos que le causaba el clímax.

    Nos separamos lentamente y nos besamos largamente.

    -No creo aburrirme de esto nunca.

    Angélica, yo tampoco creo aburrirme nunca de abrirte y penetrarte el ano. Las aventuras continuarán, sólo espero que sea pronto porque dudo poder resistir mucho sin cogerte de nuevo.

    *****************

    Saludos de su amigo Heathcliff, como siempre aprecio sus comentarios, los cuales pueden enviar a mi correo [email protected] o dejar publicados aquí. Seguiré publicando regularmente, agradezco su paciencia.

  • La rica vendedora de dulces

    La rica vendedora de dulces

    Manejaba rumbo a mi oficina, cuando al parar en una luz roja, en una esquina, se me acerca una señora de unos 43 años aproximadamente a ofrecer los helados que estaba vendiendo, el calor era insoportable y sin dudar compré uno.

    Me llamó mucho la atención los ojos de esta señora, sin ser de color, eran preciosos, almendrados y con una mirada muy interesante. Usaba unos jeans ajustados y una blusa blanca, su físico obviamente no era el de una joven.

    Pude apreciar que, bajo esa blusa, su cintura salía un poco hacia los lados, pero tenía unas tetas grandes, redondas y su culo era formidable, además su cara, a pesar de los años y estar bien morena y bronceada por el sol, era bonita.

    La historia se repitió varios días, ya que siempre se paraba en la misma esquina y yo todos los días, al volver del almuerzo pasaba por ahí.

    Poco a poco fuimos entablando unas palabras hasta que, pasada casi dos semanas, yo ya conocía su nombre y ella el mío, y cariñosamente me llamaba «su caserito».

    Una tarde en que pasé por ahí, me ve y se acerca a mi auto, se notaba que hace poco se había mojado el pelo, tratando de escapar del gran calor que en ese momento hacía.

    El agua de sus cabellos negros, había escurrido por su blusa blanca y hacían traslucir un poco su brasear y sus pezones se habían tornado duros al contacto del agua fría.

    Me fue imposible comprar el helado, sin dejar de mirar esos pechos, ella no se si no se habrá dado cuenta, la cosa es que me excitó mucho y pensé encontrar la forma de entablar una conversación un poco más larga y llegar a llevarla hasta donde yo quería… La cama.

    Calculaba siempre que me tocara la luz roja en esa esquina, que afortunadamente era muy larga, en todo ese tiempo que estuve así, también empecé a notar un poco de interés de su parte, incluso un día, en que yo venía con traje y corbata, que no es lo habitual, me dijo que me veía muy buen mozo, y que el helado corría por cuenta de la casa, y me lo regaló.

    Poco a poco fui consiguiendo su nombre, su estado civil (casada) hasta que hora trabajaba, donde vivía, en fin, una serie de datos que me llevó hacerle guardia un par de días, hasta que, por fin, una tarde a eso de las 7, la veo que va caminando a tomar locomoción para ir a su casa.

    Como de casualidad, pasé por su lado y la llamé, como yo ya sabía dónde vivía, le dije que iba para esos lados y si quería, la llevaba, ella sin pensarlo, me dio las gracias y se subió.

    Manejé lentamente tratando de conversar lo más posible con ella, pero lamentablemente el trayecto no era muy largo, sin embargo, cuando le pregunté por su marido, ella me dijo que él trabajaba fuera de la ciudad, y que al parecer tenía otra mujer, ya que cada vez viajaba menos.

    J: ¿En serio? ¿Tiene otra?

    M: Si, jeja, ¡pues así es la vida!

    J: Yo pienso que deberías pagarle con lo mismo.

    M: Jajá, claro, ando buscando un jovencito, guapo y agradable para eso, ¡jajá!

    La llegada a su casa, no me dio la opción de seguir conversando, pero antes de bajarse del auto, me dio las gracias y me dio un beso en la mejilla, haciendo risa de lo que dirían sus vecinas al verla llegar con un joven tan apuesto a su casa.

    Ya estaban los dados echados, sabía perfectamente que ella sentía algo de interés por mí, y solo bastaría una salida más para terminar mi trabajo.

    Al otro día, nuevamente al pasar por la esquina, me regaló un helado y me dio las gracias por llevarla a su casa.

    Los siguientes dos días, no pude coincidir con ella, incluso una vez la alcancé justo cuando se estaba subiendo a la micro, desafortunadamente ella no me vio.

    Llegó el viernes y nuevamente salí en su búsqueda, la veo que camina hacia la esquina donde toma la locomoción y me acerco a su lado, ofreciéndome a llevarla.

    Veo que su mirada ahora es un poco distinta, además que se sienta un poco de lado, mirando hacia mí, se notaba que ambos queríamos seguir la conversación donde habíamos quedado días antes, hasta que ella nuevamente toca el tema.

    M: Y bueno, ahora que me acuerdo, en relación a lo que conversamos el otro día, ¿No tendrás algún amigo tuyo, tan guapo como tú, que le gusten las mujeres mayores, como yo, para que me ayude a vengarme de mi marido?

    J: ¿Tienes ganas de vengarte?

    M: ¡Sí!! Tengo muchas ¡muchas ganas de vengarme!

    J: ¡Conozco un muchacho moreno, que tiene un auto de color verde, que le encantaría ayudarte!

    M: ¿sí? bueno si lo ves, ¡dile que cuando quiera!

    Rápidamente cambié de dirección y me fui al primer motel que encontré en mi camino, ya había empezado a oscurecer.

    Entramos a la habitación, ella me dijo que le gustaría tomar una ducha antes, entró al baño y veo su ropa tirada en el piso.

    De solo imaginarme que, al otro lado de la cortina, se encontraba mi preciosa madura desnuda, me hizo colocarme a 100.

    Entré a la ducha, ella me daba la espalda, su trasero era muy grande y se notaba que era el pantalón el que lo amoldaba, pero no me importó, de todas formas, se veía exquisita.

    Me coloque detrás de ella y la tomé de la cintura, haciéndole sentir mi verga entre sus nalgas.

    Comencé a tocar sus pechos, eran grandes y redondos, su piel morena cubierta de jabón, mis manos acariciándola completamente mientras besaba su cuello.

    Ella no decía nada, solo bajó su mano por detrás y comenzó a enjabonarme, mis manos bajaron hasta su entrepierna encontrándose una abundante vellosidad y luego con dos prominentes labios, los que fueron inspeccionados por mis dedos, haciendo que, de su boca, saliera un gemido de placer…

    M: ¡Uhm!! ¡Que rico!

    J: ¡Estás de lujo cariño!

    Ella tomándome fuertemente la verga, la hacía rozar entre sus nalgas de lado a lado, doblándose un poco hacia delante, la guio hasta la entrada de su coño.

    No faltó que me dijera lo que quería, un pequeño empujón y la cabeza se acomodó entre sus labios, aferrado a sus caderas fui haciendo fuerza hasta que la penetré casi completamente.

    M: ¡Uhm, ah, dios!

    J: ¡Uhm, que rico, como te tenía ganas!

    M: ¡Y yo a ti papacito, uhm!

    Que rico estábamos cogiendo en la regadera, el agua caía y cubría nuestros cuerpos que estaban encendidos por la pasión y el deseo.

    Ella luego de un rato, se da vuelta y nos fundimos en un apasionado beso, quise penetrarla por delante, pero la posición era muy incómoda, por lo que cerramos la ducha, nos secamos y nos fuimos a la cama.

    Yo acostado viendo como ella secaba las últimas partes de su moreno cuerpo, sus grandes tetas colgando, los abundantes pelos de su coño, sus fabulosas piernas.

    Ella se abalanzó sobre mí, besando mi estómago, mientras sentía como sus tetas chocaban contra mi verga, ella comenzó a bajar, hasta que sus labios tocaron la punta de mi verga, muy suavemente la llevó dentro de su boca y comenzó a chupármela desesperadamente.

    Ella misma me dijo que lo que más le fascinaba era chupar la verga y se deleitó como media hora con mi verga en su boca, ya de tanto aguantarme en no acabar en su boca, me dio una dureza que muy pronto ella recibiría.

    M: ¡Me encanta tu verga corazón!

    J: ¡Uf, chupas riquísimo, ah!

    M: ¡Que rica, uhm, ah, uhm!

    J: ¡Si bebe, uhm, síguele!

    La acosté a mi lado y metiéndome entre sus piernas comencé a chupar esas tetas que hace rato me tenían loco, sus negros y grandes pezones fueron chupados una y otra vez, cada vez más fuerte como ella misma me decía que se los chupara a punto de agarrarlos con mis labios y tirárselos, dándole un gran placer.

    M: Que rico, uhm, muérdelos, si, papi, que rico, ¡ah!

    J: Que ricas tetas nena, ¡uhm son magníficas y tus pezones me encantan!

    Pasé a acomodarme un poco más arriba y tomándola de las nalgas comencé a follarla muy rápidamente, sentía como me enterraba sus uñas en mi espalda, pidiéndome más y más.

    M: Así, ah, cógeme, uhm, que dura, ¡que dura verga!

    J: ¡Oh!! ¡Si, muévete, que rica concha, por dios!

    M: ¡Si, api, como lo necesitaba, uhm!

    J: ¡Ahora si te estas vengando rico mi amor!

    Yo estaba muy duro y la arremetía una y otra vez fuertemente haciendo que el placer de ambos fuera lo máximo.

    Luego cambiamos, la hice ponerse de guata, y subiéndome sobre sus nalgas, nuevamente comencé a follarla, como un animal, acariciando sus nalgas una y otra vez.

    Ella misma se movió y se colocó en cuatro patas, ofreciéndome su generoso trasero, mientras apoyaba sus manos sobre la almohada.

    M: ¡Cógeme mi amor, uhm, cógeme!

    J: ¡Que nalgas! Estas buenísima, como puede ser posible que estés en la calle de heladera, ¡es para que seas una consentida!

    M: ¡No digas nada y métemela, métemela como si hoy se acabara el mundo!

    J: ¡Tus deseos son ordenes madame!

    La visión de tenerla así, me llevo a no contenerme y comenzar a besar cada centímetro de ese trasero, eso la calentó más aun, y se separó sus nalgas para darme más espacio, ¡para besar su ano! Cada pasada de mi lengua hacía que emanara un gran gemido de su boca.

    Traté de meterle un dedo por ahí, pero no me dejó, me coloqué detrás de ella, y aferrando a sus caderas comencé a penetrarla nuevamente por su coño, con fuerza, acariciando su espalda, tomándola de sus negros cabellos con suavidad, acariciando sus nalgas, viendo como mi verga se perdía entre esas exquisitas carnes. Me quedé quieto, ella era la que se movía de atrás hacia delante a su ritmo.

    J: ¡Eso! Muévete chiquita, uhm que rico!

    M: Ah, que dura verga, ah, ¡que rico!

    J: ¡Déjame tu culito nena!

    M: Por ahora solo por aquí por favor, ¡agh!

    Fue así como me gritó que se corría, yo la tomé fuertemente de sus caderas y comencé a follarla como un animal, haciendo que su orgasmo fuera absoluto.

    Quise aguantarme para terminar entre sus tetas, pero los gemidos de placer que ella emitía me excitaron al punto de no poder aguantarme y terminar por descargar toda mi leche caliente en su interior entre gritos de placer.

    Caímos rendidos, fueron más de 45 minutos haciendo el amor en todas esas poses, nuestros cuerpos sudados, más el calor que hacía no hizo rápidamente levantarnos a ducharnos.

    Nuevamente en la cama, ella se acomodó entre mis piernas y se llevó a la boca mi verga ya sin fuerzas, pero de todas formas la chupaba haciendo que al poco rato esta se endureciera.

    Conversamos de muchas cosas mientras ella seguía con ese juguete en su boca, según ella le encantaba tenerla en su boca.

    Al rato cuando ya recuperé fuerzas, le hice colocarse en un 69, con ella arriba y nos dimos mutuamente placer oral hasta que ambos alcanzamos el orgasmo.

    Me la estuve cogiendo un buen tiempo, esa madura vendedora de helados, me tenía enloquecido, pero, así como llegó, se fue, nunca más la volví a ver en esa esquina, traté de localizarla, pero nada, ahora solo tengo el recuerdo de sus ricas mamadas que me daba.

  • La tía necesitada y el sobrino complaciente

    La tía necesitada y el sobrino complaciente

    Había jurado bandera y le dieran un permiso en el cuartel. En el pueblo no había mucho con que divertirse y cómo le gustaba la pesca fluvial, solía ir a pescar al río. ¡Tiempos aquellos en que los ríos eran ríos con aguas cristalinas y estaban repletos de truchas, anguilas…!, pero volvamos al río. Enrique, un tocayo mío, siempre pescaba en un recodo donde solían picar las truchas.

    Y como de costumbre paso a escribir el relato en primera persona.

    -Caíste, cabrona -dije al sacar una trucha del agua.

    Estaba tan enfrascado quitando el anzuelo de la boca de la trucha para meterla en la cesta con las otras que no la sentí llegar, pero oí su voz a mis espaldas.

    -Para cabrón tú.

    Me giré y le pregunté:

    -¿Qué pasó, Albina?

    -¡Y aún me lo preguntas!

    Me cogió los huevos con la mano derecha, y me dio dos bofetadas con la mano izquierda, una mano grande con dedos gordos: «Plas, plas», y me dijo:

    -Si te vuelves a tocar a mi hija te los arranco.

    Me tenía los huevos agarrados y podía apretar, le dije:

    -Vale, vale, lo que tú digas, tía.

    Me dio otras dos bofetadas de banda a banda: «Plas, plas.»

    -¡Es que si no lo haces te quedas sin huevos!

    -Suelta mis cojones y aclaremos este mal entendido.

    -¡¿Me vas a decir que no te pasaste por la piedra a tu prima?!

    Me miraba con ojos de loca. No podía negarlo. Tenía que ser sutil con ella.

    -No la pasé por la piedra, hicimos del amor, tía.

    Apretó un poquito y me estremecí.

    -¡A darle por culo le llamas tú hacer el amor!

    -¿Te lo contó todo?

    -Todo, con pelos y señales.

    -Entonces también te diría que fue ella la que se metió en mi habitación desnuda y más mojada que el mar Mediterráneo.

    -¡Pero es tu prima!

    -Y mayor de edad. Suéltame los cojones que si se te va la mano va a ocurrir una desgracia.

    -¡Desgracia lo eres tú, una desgracia humana.

    Al soltar mis huevos le hice una llave, la puse boca abajo sobre la hierba, sujete sus brazos en paralelo a su cuerpo con mis rodillas y le puse un brazo en la espalda. Jalé su cabello y le puse mi boca junto a su boca, Albina, revolviéndose y rabiosa quería morderme en los labios. Me dijo:

    -¡Falso!

    Su cabello olía a colonia y sus sobacos a desodorante Rexona. Albina se arreglara bien para darme cuatro bofetadas y cogerme los cojones. Le dije:

    -Marta es mayor de edad y vamos a follar cada vez que tenga ganas. ¿Entendido, Albina? Y ahora te voy follar a ti, ya me cansé de hacer pajas a tu salud.

    -¡Mal nacido! ¿Me vas a violar?

    -Te vas a dejar. Sé que tienes ganas.

    -¡Cabrón! Llevo dos años viuda y quieres ver si flaqueó.

    -Flaquearás. -hable con voz melosa-. Imagina mi polla gorda y jugosa en tu boca…

    -¡Te la arrancaría de un mordisco, cerdo!

    Le lamí una oreja.

    -Tu lengua lamiendo…

    -Sí, tu culo.

    -No lo descarto… Tu boca chupando mis cojones llenos de leche,

    -¡Te los arrancaría!

    Le lamí la otra oreja.

    -Los cojones yendo de un lado al otro dentro de la bolsa…

    -¡Desparramados sobre la hierba iban a quedar!

    Albina tenía 44 años, era robusta, de estatura mediana, tenía el cabello corto, los ojos azules, un culazo… Estaba muy buena, pero yo tampoco estaba mal, un metro setenta de estatura, buenos pectorales, cuidados deltoides, bíceps y tríceps, ancho de espalda, cintura estrecha, culo redondo y prieto, pelo cortito, ojos negros… No, no estaba nada mal, por eso sabía que le gustaba, por eso y por otras cosa que no revelaré ahora, le dije:

    -Te voy a calentar hasta que te dejes.

    -¡Suéltame, desgraciado!

    La besé el lado izquierdo del cuello.

    -Te voy a follar hasta que no puedas más, Albina? Te voy a bañar de leche y me vas a dar de beber los jugos de tus corridas.

    -¡Te voy a matar!

    Le chupé el lado derecho del cuello, y después le dije:

    -¿A polvos?

    -¡A hostias!

    La besé en los labios y casi me da un mordisco.

    -Acabarás dejando que te lo coma todo.

    -¡A una perra se lo vas a comer todo, perro!

    Volví a hablarle con voz melosa.

    -Mi lengua yendo de abajo arriba de tu coño mojado…

    -Sueña.

    -Entrando y saliendo de tu vagina…

    Le mordí el lóbulo de una oreja.

    -¡Serás cerdo!

    -Lamiendo tu pepita, de abajo a arriba, de un lado al otro…

    Le mordí el lóbulo de la otra oreja.

    -No me vas a calentar.

    -Acabarás corriéndote en mi boca.

    -Correr te voy a correr yo a ti, a palos.

    Ya no se revolvía, pero yo no le soltaba el cabello y no separaba más de cinco centímetros mi boca de su boca más que para besar, lamer y chupar su cuello y morder los lóbulos de sus orejas, le dije:

    -Ya estoy empalmado. ¿Tienes el coño mojado?

    Ella seguía lo suyo.

    -Lo que estás es muerto y no lo sabes.

    Ya ni ella misma se creía lo que decía

    -No te resistas, deja que te lleve al cielo.

    -Al infierno iríamos los dos.

    Le lamí y chupé los dos lados del cuello le lamí las orejas, le mordí los lóbulos, y después le dije:

    -¿Te dejarías si supieras que nadie se iba a enterar, Albina?

    -No digas tonterías, eres mi sobrino.

    -¿Y qué? No sería la primera tía que folla con su sobrino.

    -Se enterase mi cuñada me mataría.

    Ya se empezaba a dejar llevar por la calentura.

    -¿Te comieron el culo alguna vez?

    -¡Eres un guarro!

    Poniendo voz melosa de nuevo, le dije:

    -¿Mi lengua lamiendo tu ojete, dándole besos negros…?

    -Cochino.

    -¿No te gustaría que me corriera en tus tetas y que después te las mamara?

    -Estás loco.

    -¿No te gustaría que te comiera el coño después de correrme dentro!

    -Enfermo.

    -Si Marta te contó todo con pelos y señales también te diría que le encantó que le comiera el coño pringado con mi leche y que se corrió cómo una perra. No sé a qué viene lo de cerdo, lo de loco ni lo de enfermo.

    -No la creí.

    -¿Te calentaste cuando te dijo todo lo que le hice?

    -Me dio asco.

    Ya se había hecho de noche. La luna estaba llena y los grillos y las cigarras estaban de fiesta. En los chopos ya se refugiaran toda clase de pájaros para escapar del calor y descansar. Le bajé un poco las bragas. Estaban para tirar de tantas babas. Metí mi mano entre sus nalgas, con dos dedos toque su coño. Me salieron llenos de babas.

    Albina se quedó quieta, y me dijo:

    -Para, Enrique, para ahora y de esto no se entera nadie.

    -Tienes el coño cómo si hubieran llovido babas por él. ¿Me dejas ahora que te lo coma?

    -No. Sería una indecencia por mi parte, y yo soy muy decente.

    Le puse los dedos mojado de babas en los labios y cerró la boca. Volví a jalar su cabello, se los pasé por debajo de la nariz y después los chupé yo. Le besé el cuello… Saqué la polla, me eché encima de ella y la metí hacia abajo entre sus nalgas. Al tener las piernas cerradas rocé su coño y mojé la polla. Me dijo:

    -No sigas.

    Le cogí las nalgas con las dos manos y le pase la polla entre ellas cómo si fueran tetas.

    -Para, Enrique, para.

    Le pasé los cojones entre las nalgas y después froté la polla en el coño mojado y en el ojete y luego le lamí el ojete y le metí y saque la punta de la lengua. Albina ya tenía las manos libres y se podía dar la vuelta, pero seguía quieta con la cara apoyada en la hierba. Con voz dulce, me dijo:

    -Para, hombre, para.

    -¿De verdad quieres que pare, tía?

    -Sí.

    Sabía que no quería que parara porque echaba el culo hacia atrás cuando le entraba la punta de la lengua en el culo. Le pregunté:

    -¿Me dejas que te la meta en el culo?

    -No estaría bien.

    Le froté la polla en el ojete y le di dos cachetes en las nalgas.

    -¿Meto?

    -No.

    Le di otros dos cachetes y metí la punta.

    -Quita, quita.

    La quité, le di otros dos cachetes y se la volví a frotar en el ojete.

    -Meto.

    Ya se puso la soga al cuello

    -Solo un poquito, cómo antes.

    Le di dos cachetes más y metí la puntita otra vez.

    -¿Sigo metiendo, Albina?

    Ya se ahorcó.

    -Mete, pero despacito.

    Giré su cabeza con mimo. Besé sus labios, ella metió su lengua en mi boca, se la chupé y nos dimos un beso tan largo cómo húmedo, después del beso se quedó quieta cómo una muerta. Le metí el glande, repitió:

    -Despacito.

    Agarrando sus manos con las mías le follé el culo despacito al principio y a romper, sin piedad, cuando se puso a cuatro patas. Pasados unos minutos de «toma pirola, Manola», no pudo evitar comenzar a gemir, y no lo pudo evitar porque se estaba corriendo. Lo noté en que su ojete no paraba de abrirse y de cerrarse. Al cesar el tic-tac del culo, se la saqué y me corrí en la entrada de su coño. Luego le dije:

    -Quiero comer tu coño.

    -Come, cómelo hasta que me corra en tu boca.

    Me aparté y se dio la vuelta. Le subí la falda y le bajé las bragas hasta los tobillos. Le olí el coño profundamente un coño con una mata de pelo rizado que parecía un capo de helechos negros, y le dije:

    -Hueles a pecado, Albina.

    -Es que estamos pecando, Enrique.

    Me cogió la cabeza con una mano y me llevó la boca a su coño.

    -Huele bien.

    Flexionó las rodillas y se abrió de piernas. Besé el interior de sus muslos y lamí la humedad que había en ellos al lado del coño, lamí el coño, un coño lleno de leche y jugos, que más que coño parecía un bebedero de patos, y me preguntó:

    -¿A qué te huele?

    Me salió del alma.

    -¡A puta!

    -Pues cómelo, putero.

    Le metí el dedo pulgar en el coño, lo saqué pringado de jugos y con la yema le acaricié el ojete. Mi lengua le dio una lamida de abajo a arriba y salió cubierta de jugos que me tragué.

    -¿Vas a correrte en mi boca?

    -Para eso tienes que hacer que me corra.

    Le lamí un labio, le lamí el otro. Luego los separé con dos dedos y se los chupé, para acto seguido meter mitad de mi lengua dentro de su coño. Me dijo:

    -Vas bien.

    Le lamí el clítoris con suavidad, de abajo a arriba, lateralmente y alrededor.

    -Vas bien.

    Le eché con dos dedos el capuchón del clítoris hacia atrás, lamí el glande erecto varias vece y se lo chupé.

    -¡Vas muy bien!

    Le puse la lengua sobre su clítoris y presioné. Albina movió la pelvis en todos los sentidos. La mujer tardó muy poco en decir:

    -¡Me corro, Enrique!

    Le metí la lengua dentro de la vagina y ella, retorciéndose y gimiendo, me dio los jugos de su corrida.

    Al acabar, le bajé las copas de su sujetador negro y vi sus grandes tetas con areolas rosadas y pezones gorditos. Las cogí con las dos manos, metí la polla en medio de ellas, las apreté y se las follé. Albina cerró los ojos.

    -¿Y ahora que me vas a hacer?

    -Quiero correrme en tus tetas y después comerlas.

    -Lo estaba esperando con impaciencia.

    Me ayudó. Juntaba las tetas con mi polla dentro, las separaba, me mamaba la polla, las volvía a juntar… No tardé mucho en correrme… Con veinte años se tiene leche para descarrilar un tren. Le cubrí los pezones y las areolas con ella y aún eche algún chorrito de la leche por los lados de las tetas. Lamí la leche de sus pezones, y lamí y después mamé sus areolas y para acabar lamí la de los lados de las tetas, después, le pregunté

    -¿Qué hacemos, subes las bragas o te las acabo de quitar?

    Se sentó, se comenzó a desnudar, y me respondió:

    -Desnúdate

    Me bajé los pantalones, me quité las zapatillas, quite la camisa, y al estar en pelotas, me dijo:

    -¡Qué bueno estás, cabrón! ¡¡Te voy a dejar seco!!

    Al estar desnuda se arrodilló delante de mí y me masturbó. Escupió en su mamo callosa de trabajar el campo y me la meneó, aún con saliva se sentía áspera. Me lamió y chupó los cojones y sintió cómo se iba uno para un lado y otro para el otro nadando entre la leche. Lamió la polla de abajo a arriba y de arriba a abajo. Me lamió la cabeza, la chupó, chupó la polla casi entera… Se hartó de polla. Al sentir que me iba a venir, le dije:

    -¿Quieres leche calentita en tu boca?

    Me respondió.

    -La quiero en otro sitio.

    Al correrme la sacó de la boca y la frotó en sus tetas, después se levantó y me dijo:

    -Mama mis tetas.

    Le gustara lo que le hiciera, ya que quería una repetición, y la tuvo, lamí y mamé hasta dejar sus grandes tetas limpias, después me agaché y le lamí el coño mojado. Me dijo:

    -Haz que me corra otra vez, Enrique.

    La saludé poniendo la mano en mi sien derecha y le dije:

    -¡A sus órdenes, mi capitana!

    Le hice otra mamada de coño. Al rato, la capitana comenzó a dar órdenes.

    -Chupa más fuerte mi pepita -le chupé el clítoris cómo me dijo-. Lame… chupa… lame… lame… chupa… lame… más aprisa, mas… ¡¡Toma!! -dijo echando la pelvis hacia delante y corriéndose en mi boca.

    Me tragué sus jugos y me relamí. Después se puso a cuatro patas.

    -Dentro de mi chocho no te corras, pero para correrte dentro del otro sitio tienes mi permiso.

    Me acababa de decir que se la podía volver a meter en el culo, no, insinuó que le gustaba por el culo, fuera cómo fuera la cogí por la cintura y pasé mi lengua entre sus nalgas varias veces, después moví puntita alrededor de su ojete, que comenzó a abrirse y a cerrarse esperado que entrara dentro de él, y entró, y la quiso apretar y se le escapó, volvió a entrar y se le volvió a escapar…, y así estuvo el ojete largo rato queriendo comer cada vez con más ganas. Albina se puso tan cachonda, se folló el coño con dos dedos, Al ver lo que hacía le puse la polla junto a los dedos, la cogió la metió hasta el fondo, y me dijo:

    -Dame duro.

    La follé a romper. Sus dedos volaron sobré el clítoris y poco después, con sus piernas sacudiéndose y jadeando cómo una perra, se vino diciendo:

    -¡Pedazo de corrida!

    Baño mi polla y bailó con ella ritmos acompasados. Ahora te aprieto, ahora te suelto, ahora te aprieto… A duras penas pude aguantar. Nada más acabó le metí el glande en el culo y me corrí mientras mi polla iba entrando en él.

    Al acabar de correrme, y mientras nos vestíamos, me dijo:

    -Gocé cómo nunca, Enrique.

    Cogió tres billetes de mil pesetas que tenía doblados dentro de un zapato y me los dio.

    -Para que te sea más llevadera la mili.

    -El trato eran mil, Albina. ¿No echara en falta tu marido tanto dinero?

    -Ese anda borracho día y noche, no se entera de nada.

    -¿Y tus hijos?

    -Marta y Enrique no saben lo que tengo.

    Quique.