Categoría: Sin categoría

  • Ojalá mi vecina fueras tú

    Ojalá mi vecina fueras tú

    Ocurrió una noche de abril. Me encontraba sólo. Así que me dispuse a pasar una noche aburrido, viendo un poco la tele. La verdad que no me atraía nada de lo que emitían esa noche, y me metí en internet.

    Mientras, me asomé a la terraza. Hacía una noche espléndida.

    Nuestro piso se encuentra unido al de unos amigos, más bien mi amiga y su chico, tiene una parte techada y otra más amplia con el cielo al descubierto, con un balcón donde tenemos plantadas flores en un arríate, pues, aunque nuestros pisos están juntos, no coinciden las escaleras de entrada. Por ese arríate, asomándose un poco se ve aparte de su terraza, las cristaleras y parte del salón. Pensé en pedirle alguna película, y me asomé a ver si estaban allí. Se veía luz en el salón, pero no había nadie, así que cogí el teléfono inalámbrico y llamé por teléfono. Sonaba cerca, pensé que el teléfono lo tendrían en la terraza y volví a mirar. Mi amiga salía en ese momento, llevaba una camiseta de tirantes blanca que no llegaba a cubrir su tanga, también blanco.

    Pegué un respingo hacia atrás, pues temí que me hubiese visto asomado por entre las ramas del jazmín que separa nuestras casas. Me contestó dulcemente, con un dígame que entrecortó mi respiración… Tengo que reconocer que me puso nervioso aquella visión, pues siempre pensé que mi amiga estaba muy buena, es una morena, y unas curvas insinuantes que le sienta muy bien lo que se pone.

    Pregunté por mi amigo y me dijo que esa noche quedó con los amigos del trabajo y llegaría tarde. Me excusé diciendo que no llamaba para nada importante, tan solo para preguntar si tenían alguna película para dejarme. Lamentándolo mucho, no tenía nada y que pensaba ver cualquier cosa de la tele. No me atreví a pedirle ver juntos la tele, pues me pudo más el pudor que el deseo. Así que le dije que no importaba y que me metería en internet.

    La noche avanzaba lentamente y el recuerdo de la visión en tanga de mi amiga no se alejaba de mi pensamiento, así que volví a mirar, asomando la cabeza por entre las plantas. Por fortuna, delante de nuestro edificio se extiende una frondosa hilera de árboles frutales y de hortalizas, por lo que no temí que otros vecinos me estuvieran observando.

    Asomado, con un poco de temor por si estuviera en la terraza. Vi que estaba sentada en el sofá mirando la tele mientras comía una ensalada. Seguía con la camiseta, pero solo le podía ver las piernas hasta las rodillas. Así que cogí la escalera de cuatros peldaños que tenemos para la despensa, y la coloqué en la terraza para asomarme mejor sobre la pared que separan nuestras terrazas, en la parte no techada que tiene. Desde allí, la visión era mucho mejor. Ella, comiendo, y la camiseta que dejaba entre ver sus pechos sin sujetador, con unos pezones que pinchaba la tela de algodón como queriendo traspasarla. Debajo, se veía las piernas que se juntaba para formar un pequeño triángulo con el tanga. Me desengañé; no veía mucho, sinceramente yo esperaba más. Y esperé un rato por si había algún cambio, pero dejó de comer y se sentó con un cojín en los brazos, cómodamente. ¡Esto es lo único que verás! me dije y supuse que sería mejor dejarlo.

    De repente se levantó, recogió los cubiertos de la cena, y los llevó, supuse que a la cocina. Bueno, por fin conseguí ver a mi amiga en tanga; me estaba alegrado más la vista.

    Volvió con algunas frutas en una fuente, comió unas fresas y se dejó caer en el sofá y se tendió reclinada hacía atrás con la cabeza apoyada al cojín, aquello era muy erótico para mí, ahora si tenía buena perspectiva y por primera vez envidié lo que cada noche tiene su chico. Continué mirando algún rato más.

    Ahora tenía las piernas un poco más abiertas, y el tanga había cogido la forma de su sexo. ¡Bien! pensé, esto se pone más interesante que cualquier película. De reojo miré para el televisor. Justo en el momento en que mi amiga se llevaba una mano a su tanga y los dedos se introdujeron debajo. Pregunte para mí en plan jocoso «¿te pica?». Aquello era algo más que un picor, pues se frotaba insistentemente. Esto sí que no me lo esperaba. Iba ser una noche fantástica, mi amiga se estaba masturbado delante de mis narices

    Empezó con suavidad, los dedos se clareaban a través de la fina tela y se notaba como buscaba por la separación de su raja, el clítoris. Yo la animaba mentalmente. Yo para entonces estaba tan empalmado que mi capullo iba a reventar, todo encendido, rozando la pared de la cual tenía que despegarme para no hacerme daño. Mi mano buscó mi verga empalmada y dura y la deslice por ella suavemente, ayudado con un poco de saliva, para que corriera mejor.

    Mi amiga paró, sacó la mano de su tanga y temí que hubiera terminado su masturbación, pero para mí satisfacción, levantando un poco el cuerpo, se quitó el tanga y me dejó ver toda la hermosura de su sexo, lucía los labios mayores bien afeitados, bien almohadillados que formaba como dos pequeñas lomas, pues no eran nada planos sino curvos y carnosos. De entre ellos sobresalía el hermoso botón de su clítoris, que adornaba como si de un broche se tratara.

    Se abrió de piernas y el clítoris se transformó en alero de tejado de la entrada de esa cueva cóncava que me invitaba a entrar y descubrir los más recónditos de sus secretos. Ahora la mano de mi amiga, se movía con más rapidez y su culo se movía en círculos, su cuerpo se levantaba de vez en cuando y otras veces, sus manos se ocultaban, apretadas por las piernas. Mi amiga se levantó y se fue a buscar algo. Imaginé que era mi mano y aumente la velocidad del masajeo de mi miembro, sube… baja… sube… baja.

    Cuando se sentó otra vez, vi había ido a la cocina y se trajo un helado. Esa manera de lamer ese helado de nata, como del mismo calor caían gotas blancas por su barbilla, lo estaba haciendo aposta, dejándolas caer hasta sus pechos, los cual cogía con una mano y lamia sus pezones. Ella suspiraba y se dedicaba a su sexo con la mano introduciendo hasta tres de sus dedos, que los introducía con una exquisita agilidad. De vez en cuando miraba hacía donde yo estaba, pero le era imposible verme pues mi terraza estaba oscura, aunque ya no me importaba.

    Le vino un vigoroso y prolongado orgasmo, que debió escuchar media barriada. Lo intensificó con unos quejidos intensos y fuertes. Yo no pude aguantar más y derramé mi leche sobre la pared de la terraza.

    Descansó unos instantes y volvió a mirar hacia donde yo estaba, cogió el tanga, limpió cada rincón de su sexo y salió a la terraza. Yo me oculté rápidamente. La escuché llamarme por mi nombre y asomándose entre las ramas del jazmín, me había pillado, me vio desnudo subido en las escaleras, me lanzó su tanga, para que lo oliera. Me preguntó si me había corrido; y no le pude mentir. Entonces me pidió que limpiara los restos de mi semen con su tanga y se lo pasara.

    Dicho y hecho. Estaba oliendo su tanga empapado con mi semen cuando llegó su chico, la besó. Los vi hablar, él de espalda a mí, no se extrañaba que mi amiga estuviera con el tanga en las manos y le lanzó un piropo, insinuándole que se iba a acostar, y desapareciendo por el salón. Mi amiga le siguió, apagando las luces, mientras levantaba un poco la camiseta para enseñarme en su plenitud, su culito respingón.

  • El ginecólogo, el hijo y la nuera

    El ginecólogo, el hijo y la nuera

    Carolina es una mujer sensual, tiene 32 años y hace tres que conoció a mi hijo en la oficina. Venía de un matrimonio largo y desgastado con un hombre de mi edad, 54 años, que se fue deteriorando en la medida en la que pasaban los años y los hijos no llegaban. Morena, con unas piernas esculturales y una cintura bien marcada que hace que sea imposible mirarle el culo cada vez que nos juntamos en los asados familiares de los domingos, en los cumpleaños y en las fiestas. De tetas redondas y pezones bien marcados, siempre se vestía con blusas escotadas. Las veces que la vi con tacos y minifalda la pija se me puso dura instantáneamente.

    Era la mujer de mi hijo así que eso también me permitía ser muy cortés con ella, acariciarle los hombros por detrás o darle un abrazo para sentir el calor de sus tetas en mi pecho. Ella también siempre fue muy cariñosa conmigo. Era una hermosura por donde se la mirara y siempre tenía salidas pícaras para cualquier circunstancia. “Si tu hijo heredara algunas cosas tuyas que me han contado, mi matrimonio sería mucho más divertido y placentero”, me dijo una vez medio borracha después de un cumpleaños de mi esposa. Solía ocurrir que en la mayoría de las reuniones siempre terminábamos en el sillón tomando unos wiskis y escuchando música clásica, en la sala preferida de la casa, las que todos consideraban mi lugar en el mundo. “Vos te debés cansar de tocar conchas”, me disparó esa noche muy borracha. “Yo estoy medio cansada de que nadie me toque la mía”. Se notaba que el alcohol la había excitado al mango. Yo sentí el impacto de sus palabras porque no pude evitar una erección. “Miralo vos al doctorcito de mujeres”, me dijo con una sonrisa. Yo me quedé sin palabras. O preferí no decir nada. Me estaba calentando con la mujer de mi hijo y eso me ponía algo incómodo. Asentí su comentario con una sonrisa y una palmada en el hombro.

    Por suerte mi hijo llegó y la situación se descomprimió. Yo crucé las piernas para evitar que se notara que Carolina me había calentado con apenas tres palabras. Por momentos sentí que me miraba la entrepierna mientras mi hijo comenzaba con la despedida. Algo había cambiado en mi relación con mi nuera. Y sólo restaba saber si había sido una calentura momentánea o este hembrón me había puesto en la mira para saciar sus deseos.

    Los días fueron pasando y la cosa se fue enfriando. Al menos con ella porque yo había quedado con una calentura de novela. Me acordaba de esas piernas, de estas tetas y de esa provocación y la pija se me ponía tiesa. Alguna que otra vez tuve que hacerme una paja, pensando en lo durito que debería tener el culo y lo que le debía gustar que se lo rompieran. Tenía que ponerla urgente. Y sucedió eso que a veces nos pasa a los ginecólogos cuando estamos calientes: me llamó la paciente más puta y menos peligrosa: Lorena, la hija de mi mujer.

    Tengo un departamento privado, con una camilla que disimula bien ser un consultorio. Atrás tengo un regio cuarto con una cama inmensa para enfiestarme con las pacientes que vienen por algo más que una consulta. La experiencia me enseñó a que nunca debo ser yo el que tome la iniciativa. Y para evitar problemas de otra índole, tengo instalado un sistema de cámaras donde ante la primera duda, nada mejor que la realidad.

    He descubierto también en todos estos años de profesión, que aunque no lo confiesen, a la mayoría de las mujeres le da cierta intriga la mano del ginecólogo y que cuanto más confianza les generás, mejor se relajan cuando tenemos que meter dedos o instrumentos.

    Después de las excelentes experiencias con la hija de mi esposa y con una sobrina, traté de no cerrarle más las puertas a potenciales pacientes “por códigos familiares”, todo lo contrario porque gracias a Dios ellas me hicieron buena prensa y crecieron sustancialmente en el último año las visitas de orden familiar o sus conocidos.

    Con Lorena, desde aquella primera vez cuando llegó muy cachonda de Australia, tengo relaciones regularmente. Al menos una o dos veces por mes me pide un turno por whatsapp para que le haga un chequeo. No sé si es que le gusta mucho mi pija o que simplemente encontró la excusa perfecta para tener la libido al día sin hacerse problemas o bancarse relaciones que no llevan a nada.

    “Me hiciste adicta al culo, doctor papi”, me dijo la última vez, en cuatro en la camilla y abriéndose bien los cachetes con las dos manos para que entrara más profundo.

    “No me ponés el instrumento de carne, necesito sentir esa pija caliente hasta el fondo de mi orto”, me imploraba mientras se retorcía como una perra esperando ser penetrada. “Haceme doler doctor papi, rompémelo para ver si está todo en orden”, me pedía mientras con una de las manos me acariciaba los huevos y con la otra se llevaba una de las tetas hasta la boca para morderse los pezones. “Llenámelo de leche, necesito sentir como me chorrea por las piernas esa lechita tan rica”.

    No aguanté, le descargué todo me semen con la pija hasta el fondo y la saqué lentamente para que sintiera cómo se le llenaba el culo de leche tibia. Con una de sus manos se metió dos dedos y los sacó llenos de esperma. “Algo voy a probar, tan caliente y espesa”, me dijo y se metió los dos dedos en la boca hasta dejarlos limpios. Se la volví a clavar en el culo y la embestí un par de veces más hasta que sentí que mi miembro estaba lleno de leche. Cuando la volví a sacar la agarré de los pelos y la arrodillé adelante mío. “Ahora la vas a dejar limpia putita, no quiero que quede una sola gota”, y obedeció con maestría dándome una mamada que casi me hace acabar de nuevo.

    Pasaron dos meses más y no había tenido ninguna novedad de Carolina, hasta que recibí una llamada de mi hijo.

    “Hola viejo, yo sé que a vos te incomoda atender a mujeres de la familia, pero te quería pedir si por favor podías atender a Carolina. Yo se lo propuse, a ella no le pareció mal, pero que de ningún modo se animaría a pedir algo semejante”.

    “Dejámelo pensar, no tengo ningún problema en atender a Caro, también le puedo pasar el teléfono de alguna colega, para que no se incomode”, dije fingiendo convicción, pero convencido de que iba a tener a esa potra abierta de gambas en mi consultorio. “En todo que me escriba un mensaje y la veo en el consultorio privado”.

    “Gracias viejo, sabía que no me ibas a fallar”.

    Carolina no tenía la cara de putona de mi hijastra pero escondía una sensualidad detrás de esa postura de mujer pendiente de mi hijo. Sabía, por comentarios de mi hijo, que estaban buscando hijos desde hacía unos cuantos meses y no pasaba nada. Y que por eso habían decidido hacerse estudios. Llegó puntual a mi consultorio. Yo había desordenado un poco el armario del instrumental para que diera la sensación de movimiento. La realidad era que en el último año sólo había atendido a dos mujeres en ese consultorio. A la hija de mi esposa y a una sobrina. Y ambas con resultados excitantes.

    Hablamos un poco para poder llenar la historia clínica. Había venido con una calza diminuta y una blusa que le dejaba a la vista los lados internos de sus tetas, que parecían más grandes y redondas por la presión del corpiño. Se había atado el pelo y por primera vez pude ver un cuello delgado en sus hombros erguidos. Tenía la piel morena y humectada.

    Mientras ella hablaba yo fingía tomar nota. Me contó que tenían la idea de buscar un hijo pero que se les estaba haciendo difícil. Fue la primera vez que sentí un poco de pena por ella en una situación que realmente la avergonzaba, a pesar de aquel comentario subido de tono en una borrachera. “A veces unos meses no es nada cuando uno está obsesionado con la búsqueda”, le dije para tranquilizarla. “Ojalá fuera eso, pero prefiero que se lo cuente su hijo”, me dijo con una voz que se fue apagando sensualmente como para no inhibirme. Sabía que si hacía bien las cosas me iba a coger a la mujer de mi hijo, en mi consultorio privado y con una visita pedida por él.

    Primero le di órdenes para análisis de rutina, sangre, orina, mamografías, ecografías, etc., como para justificar lo que tenía pensado hacer acto seguido. Y para que además me pagaran la visita. “Te voy a pedir que te saques la ropa y te sientes en la camilla”. Yo la había preparado con inclinación perfecta como para que su vagina me quedara a centímetros de la cara. “Puede ser que te incomode un poco, y lo entiendo, pero como me dijiste alguna vez “yo me canso de tocar conchas, ja ja”.

    Mi comentario descomprimió una situación difícil y vi como instantáneamente sus pezones se pusieron duros y puntiagudos. Tenía unas tetas perfectas, naturales, ni grandes ni pequeñas, pero redondas y firmes y con unos pezones rosados y carnosos. Tenía las piernas largas y las nalgas firmes y los abdominales marcados. Una piel suave y recién bañada en crema.

    Carolina se sentó en la camilla y abrió las piernas para colocarlas en cada uno de los soportes que los ginecólogos usamos. Tenía una vagina rosada, recién depilada y con labios finos de un rojo más intenso.

    “Vas a sentir un poco de frío”, le advertí cuando con uno de mis dedos le pase suavemente un poco de gel para lubricarla bien. Con la mínima presión de mi dedo sus labios se humedecieron y pude notar como su clítoris se ponía duro. Se lo froté lentamente y coloqué el espéculo, que tiene forma de pinza y nos sirve a nosotros para poder ver bien en el interior de la vagina. Cuando lo tenía adentró, separé las manijas para que se abriera del todo y volví a frotarle el clítoris a la pasada. Por primera vez lanzó un gemido que me hizo efecto directo en el pene y se me puso tan tieso que sobresalía por el delantal.

    Le dije que no se veía ningún problema a simple vista y que se quedara tranquila porque todo parecía normal, la viscosidad y el color de su flujo también era perfecto, le mostré separando dos dedos en su vagina para que viera cómo se pegaba en el guante. Cuando saqué el espéculo estaba chorreando y retorciéndose de la calentura.

    Acomodé la camilla para que se acostara boca arriba. Le dije que le iba a tener que hacer tacto en la zona abdominal y en los pechos. Mi pene quedó a centímetros de una de sus manos y traté de que lo notara rozándola intencionalmente. Abrió instintivamente las piernas. Y yo estaba listo para hacerle un estudio profundo.

    Le aclaré que para esto era mejor no usar los guantes de látex. “Nada mejor que unas buenas manos”, me alentó para que viera que estábamos en la misma sintonía. Faltaba solamente que uno diera el paso inevitable hacia el placer.

    Comencé a tocarle las tetas suavemente, con todos los años de profesión encima. Toqué en los lugares habituales y se las apreté todo lo que pude. Cuando le tocaba los pezones soltaba gritos de placer. Fui bajando con una de las manos hasta llegar a la zona ovárica. Tenía la piel suave y se le ponía la piel de gallina y le explotaban los pezones.

    “Con su hijo me cuesta calentarme. No se me humedece”.

    “Pensá en algo que te la ponga húmeda”, le dije apretándole uno de sus pezones y ella deslizó su mano hasta mi pija y me la apretó con fuerza. “Esta me la está poniendo húmeda desde hace meses”, me dijo y me apretó el pene con más fuerza. Estaba dura y gruesa y ella lo había notado porque cuando le introduje dos dedos en la vagina mientras se frotaba el clítoris con la otra mano.

    Sin dejarla de apretar me obligó a que me acercara cerca de donde estaba su cara con sus dos manos liberó mi miembro del pantalón y se lo metió en la boca. “Es rica, es gruesa, está hirviendo doctor”, me dijo y la hizo desaparecer en su boca hasta tocarme el pubis con su nariz. Le oprimí la cabeza cuando trató de soltarla la primera vez y pegó un grito que se escuchó en todo el consultorio. “Ahogame otra vez, ahogame otra vez con esa pija”, me imploró y de un empujón volví a meterle la pija hasta que se la tragó toda y la oprimí varios segundos. Con la otra mano ya le había metido tres dedos en la vagina y con un cuarto jugaba con su diminuto agujero del culo, que instintivamente se le dilató cuando con una de las yemas le acaricié el ano. Tuve que contenerme para no llenarle la boca de leche porque seguía prendida a mi pija y sin ninguna intención de soltarla. Le pellizqué los pezones y cuando la soltó para gritar aproveché para sacarla y volver a la posición inicial.

    Le volví a colocar las piernas en los soportes para que quedaran abiertas y le hundí la lengua hasta el fondo. Con sus uñas me arañaba el cuero cabelludo y me tiraba levemente del pelo para que mi nariz también se hundiera en esa rajita húmeda y perfumada. Ella misma ahora se pellizcaba los pezones y pude notar cómo acababa cuando le enterré el dedo índice hasta después del nudillo. Temblaba como una hoja y chorreaba un flujo tibio y dulce.

    “El culo es mi debilidad doctor. Estaría bien que también me lo revises”. Y con una de sus manos hundió hasta el fondo mi dedo y presionaba con las caderas para metérselo más y más. No pude resistir su pedido. Y cuando ella pensaba que la iba a penetrar por adelante, corrí un poco hacia abajo mi pija para que se deslizara por su culo. Era estrecho y se dilataba mientras mi cabeza se hundía y desaparecía adentro de su culo. Con la otra mano no dejé de acariciarle el clítoris hasta que en un par de embestidas mi pija de metió hasta el fondo. La tenía ancha y venosa. Me quedé quieto unos segundos para que se dilatara un poco más, pero ella misma empezó a menearse contra mi miembro que estaba rígido y a punto de eyacular.

    “Llenamelo de leche” me suplicó y empezó a moverse más y más fuerte, sentándose sobre mi pija que a la cuarta embestida le descargó toda la leche. Por la posición en la que estábamos, mi miembro enseguida quedó prácticamente blanco y allí noté lo mucho que le gustaba el esperma a esta hermosura. De un saltito se arrodilló en el piso y me la empezó a mamar con maestría. “Cuanta leche tenías, siento el culo lleno”, me decía mientras iba y venía con su lengua desde la base a la cabeza y se la metía en la boca para succionar y succionar. “Te la voy a dejar seca”, me dijo y logró que siguiera dura a pesar de haberle descargado todo en el culo.

    “Ahora quiero el último chequeo”, me dijo apoyando la cara en la camilla y abriéndose las nalgas se acomodó la cabeza de mi miembro en los labios de su vagina, que seguía empapada y chorreando jugos. “Cogeme, te lo suplico, necesito sentirla toda adentro” Me dijo y se la metí de un empujón. Tenía la cueva caliente y empezó gemir como una loca mientras con ambas manos me apretaba los cachetes del culo para que mi pija se le metiera un poco más. “No pares, seguí así, me está volviendo loca esa pija”, gritó y noté como se le aflojaron las piernas cuando llegó al orgasmo y se apretó contra mi pija. Tenía un culo perfecto. De pronto sentí ganas de cogérselo así de parado y lo hice. Saqué la pija y sin que dejara de tener contacto con su cuerpo se la enterré otra vez en el culo, que esta vez no ofreció la más mínima resistencia.

    La empujé contra la pared para que sus tetas quedaran apretadas mientras bombeaba con fuerza y es lo abría con ambas manos.

    “La quiero en la boca”, me dijo y se agachó para quedar a la altura de mi miembro. La agarré de la nuca y seguí bombeando como cuando la tenía en su culo. “Damela doctor, la quiero toda”, me dijo mientras con una mano me pajeaba y con la otra se hundía los dedos en su vagina acariciándose el clítoris. Cuando sintió mi lechazo en su lengua, ella acabo también y empezó a chupármela suavemente, hasta que sintió que por fin aflojaba la erección.

    No hizo falta hacer ninguna aclaración ni decir ninguna estupidez después de tremendo polvo. Los dos estábamos satisfechos. Le había echado dos polvazos a la mujer de mi hijo y no sentía ninguna culpa. Al parecer ella tampoco porque sabía muy bien a qué había venido a mi consultorio.

    “Me hago los estudios y te vuelvo a ver”, me dijo con un chupón y metiéndome la lengua hasta la garganta. “Creo que tengo ginecólogo para rato”, bromeó mientras se ponía la calza diminuta y me paraba el culo para que se lo volviera a mirar.

    Esta hembra podía hacer lo que quisiera conmigo. Y yo estoy dispuesto a satisfacerla.

  • Mi suerte no es la de todo el mundo

    Mi suerte no es la de todo el mundo

    Yo me la pasaba lujuriándolo, viendo sus nalgas menearse cada vez que se fajaba trabajando. Un joven, acabado de cumplir los 18, de piernas gruesas de futbolista, lampiño y con un culote que daba era hambre. Cabello negro, parado y abundante. Ojos café con unas pestañotas cada vez que tenía la oportunidad lo grababa en mi celular, le buscaba conversación y averiguaba todo de su vida. Ya le conocía la novia, su casa, el teléfono, la madre, lo que le gustaba, todo… Cuando sudaba, me le acercaba disimuladamente y sentía su sudorcito cachondo, un olor que me tenía como un perro en celo.

    Le di seguimiento con cuidado, chisteando y acercándome poco a poco. Ya teníamos como dos meses de chatear por horas, echar chistes y cuentos verdes y hablar de todas las cosas ricas que se nos ocurrieran, viendo porno juntos y tomando cervecitas. Cada vez me le acercaba más y él lo sentía. En varias ocasiones tonteamos y le agarraba el paquete de broma y dos veces me quedé con sus calzoncillos sudados, con un olor a verga que me mareaba y con los cuales me hice 10 pajas.

    Llegó el día, o la noche mejor dicho. Nos tomamos un par de cervezas cada uno y comenzamos a hablar de su última aventura con su novia. Sacó su celular y me mostró las fotos de ella encuera, con la chucha abierta, otro video bailándole y pude ver como la pinga se le iba parando en el pantaloncito que cargaba. Le dije todo lo que se me ocurrió para se arrechara. Sin pensarlo mucho le agarré la verga y comencé a sobársela con fuerza. Él se quedó como estático, concentrado en ver mi mano pajeandolo. Una cachimba gorda, peluda con unos huevos pequeño,s pero gorditos.

    Se le marcaba la piel donde estaba bronceado, justo después de sus nalguitas. Yo solo miraba y me lo comía con la mirada, pensando que era un sueño lo que veía. Los pelitos de la nalga eran doraditos, apenas visibles. Los dedos de los pies se me antojaban para lamerlos y chuparlos y eso fue justo lo que hice por unos momentitos.

    Me le acerqué de nuevo y le lamí la oreja y comencé a decirle todas las cochinadas que se me ocurrieron, que me gustaba esa pinga, que ese nalgón me lo iba a comer, que le tenía ganas desde hacía rato. Se dejó llevar y comencé a besarlo, como si fuera una niña calenturienta. Le babee la boca, le metí la lengua, lo lamia y mordisqueaba con ansias y él se quedaba quietecito, con los ojos entornados. Con los pantaloncillos abajo bajé un dedo hacia su huequito, apretadito y con unos vellitos que casi no se sentían. Nos tiramos en el piso y comenzamos a fajarnos, tocándonos y rozándonos las vergas.

    Le di vuelta y contemplé sus muslotes musculosos, su par de nalgas duras y metí la cara entre ellas para llegar al huequito, aspirando el olorcito a jabón y a un culo virgen. Eso era justo lo que había soñado durante meses, lamiendo, apretando con las dos manos y escuchando los gemidos de placer del hijueputa éste. Volteaba a verme y los ojitos se le ponían en blanco, abriéndose con las manos el culo para que yo llegara hasta sus pliegues rosados.

    Lo puse de perrito, de ladito. Me acosté detrás de él y lamí ese culo cono si fuera un cono de helado. Lo lamí completo, su pecho, mordí sus tetillas, le metí la cara en los sobacos, era como si fuera un cerdo revolcándome en un barrizal. Días después me hacia la paja recordando el olor de esas axilas.

    Cuando ya lo tenía bien ensalivado le puse la punta de mi verga en todo el asterisco. Parecía una estrellita y ahí fui metiendo la pinga. Metía un poquito y regresaba a mamarlo. Otro poquito más y la saliva estaba más espesa. Así me fui metiendo hasta que el culo se le fue abriendo. Y lo mejor es que solo se oían los quejidos suavecito y se fue dejando culear cada vez más duro. La verdad es que yo estaba tan arrecho y caliente que tratando de meterle la verga se me salió la leche de un solo golpe. Le bañé el culo y las nalgas con leche.

    A pesar de que ya el calor y la culeada me tenía cansado le di la vuelta y comencé a pajearlo y a mamarle la pinga. La apretaba con ganas para exprimirla hasta que comenzó a chorrear leche. Una leche espesa, amarillosa, que no corría, una leche de joven que no pude dejar de tragarme un poquito y me supo a gloria.

  • Franciséis: Damián y su hermano

    Franciséis: Damián y su hermano

    La luz de las lámparas se atenúa. La sala de estar con sus paredes de color verde botella en la que estamos entrando no es muy grande. Dos sofás de tela de color aceitunado llenan la esquina, una lámpara de pie con una pantalla beige complementa el escenario de la esquina. La ventana de la pared derecha, encima del primer sofá, está abierta. Las cortinas están corridas. En la pared opuesta hay una puerta de madera totalmente cerrada. En el suelo, una gran alfombra cubre el linóleo a cuadros blanco y burdeos. Hay una mesa de café en el centro, sumergida en botellas y vasos de alcohol. Nada, aparte de estos muebles, encaja en la habitación. El tocador —era uno de ellos— tenía encanto sólo en su simplicidad. Mi anfitrión me siguió, acariciando mi columna vertebral al pasar, y se sentó en el sofá de enfrente. Casi se queda allí, como un pasha, con ancha sonrisa en su cara.

    — ¿Estás dudando?

    — No, estoy observando.

    — ¿Qué estás observando?

    — El lío al que me estás llevando.

    — Mi desorden parece molestarte.

    — No, no es así.

    Estoy sentado en el sofá de la ventana. Me está mirando, con los ojos entrecerrados, agarrado a su cigarrillo. La puerta de madera se abre, y dos chicas desnudas me miran.

    — Lolita, la pelirroja, y Nuria, la rubia.

    Al presentarme, mi anfitrión abre una botella. Saca cinco copas de debajo de la mesa y nos sirve un vino tinto.

    Las dos tímidas chicas miran fijamente el linóleo. Probablemente no más de diecinueve o veinte años, parecen frágiles e inexpertas.

    — Lolita y Nuria están en mi casa desde hace dos días. No hablan mucho, pero creo que la vista que me dan cada día es suficiente para mí. Acércate, no tengas miedo de mi joven amigo.

    — ¿Es a quien quieres follarte?

    — No sólo eso.

    Conocí a Damián en un club gay en Niza. Sólo fui allí para satisfacer a mis amigos gays. No tenía intención de experimentar con nada nuevo. Me gustaba el sonido, siempre me reía mucho en esos lugares. Esa noche, un joven de no más de treinta años, alto, moreno, guapo, me miraba insistentemente en un rincón del club. Cuando tomé un trago en el bar, vino a hablar conmigo. Un tipo de fuera de la ciudad, que estaba aquí para sus vacaciones. No era gay como yo, pero no confirmó que sólo le gustaban las mujeres. Hablamos bastante. Estaba aquí para descomprimirse, según me dijo. Sus padres tenían una casa en el distrito de la música, no lejos del club. Después de unos tragos más, me rozó las nalgas con la mano, me la puso en la espalda y susurró en mi oreja para invitarme a fumar un cigarrillo afuera. No fumo, pero lo hago. Afuera, me ofreció algo. Un trío en su apartamento esa noche.

    —Seremos cinco —dijo—, Habrá chicas y nosotros.

    Un tipo que me ofrece eso, saliendo de un club gay, es sospechoso. Pero el tipo es agradable, guapo, bien hecho y me imagino fácilmente en una orgía con él.

    Así que aquí estoy en su casa, y estas dos lindas chicas frente a él, avergonzadas como todas. Cada una se sienta junto a Damián y toma una copa. Finalmente Nuria me habla:

    — ¿De dónde eres?

    — A partir de aquí, soy un niçois, ¿y tú?

    — ¿Eres soltero?

    — No, estoy comprometido.

    — Basta de charla de chicas —dice Damián, siempre con un cigarrillo en la boca.

    Se abre la bragueta, saca de sus vaqueros un pene medio blando que ya es bastante grueso. La vista de esta polla no me deja indiferente. Agarra a la pelirroja de su izquierda por el cuello y le lleva la cara entre las piernas, sin ningún tipo de restricción.

    — Ahí, chúpalo, eso es bueno. Nuria, cuida de nuestro amigo.

    Nuria se levanta y se pone de pie delante de mí. La miro de abajo a arriba, disfruto de la vista de su hermoso coño rubio, metido en un billete de metro, de frente a mí. Mi polla reacciona inmediatamente, empiezo a tener una buena erección. Se pone en cuclillas entre mis piernas, me abre la bragueta, me saca la polla y la lleva directamente a la boca. Los sonidos de la succión están acompañados por los gemidos de Damián, que de vez en cuando me envía miradas cómplices. Al mismo tiempo que me molesta, la situación me excita… la situación o él mismo. Después de un tiempo Damián me pregunta:

    — ¿Y? ¿Te gusta?

    — Bueno, sí, totalmente.

    — ¿Vamos al siguiente paso?

    — ¿Qué es lo siguiente?

    Damián se levanta, desaparece completamente. Empuja la mesa de café contra la pared junto a la puerta principal y pone a Lolita en el sofá con las piernas separadas. Se le cae el cigarrillo, se agacha y le lame el coño mientras le acaricia el clítoris. Cuando Nuria se levanta, se une a la pareja y besa a la pelirroja en la boca, amasando sus pequeñas tetas. En cuanto a mí, me pongo sobrio, me quito la ropa no muy lejos de la mesa y empiezo a excitarme seriamente mientras la miro. Estas dos lesbianas andando a tientas y comiéndose la boca, y también el mismo Damián, por detrás, agachado, con su cara enterrada entre los muslos de una chica, su espalda arqueada, sus nalgas redondeadas; no sé qué es lo que más me excita.

    Las llaves giran en la cerradura de la puerta principal. Me sorprende tanto que me pongo muy rápido la camisa sobre los hombros. El trío parece no haber escuchado, y sigue y sigue. Allí, entra un adolescente. Un joven, probablemente de diecisiete años, dice que tiene dieciocho. Más pequeño que yo, delgado, pareciéndose extrañamente a Damián.

    — Te estábamos esperando ya, —dice Damián, dirigiéndose al adolescente.

    — Damián, ¡¿qué coño estás haciendo?! ¡Te dije que no quería eso en mi casa!

    — Oh, está bien, cállate y únete a nosotros, hermanito. Mira el regalo que te he traído, —dijo, señalándome.

    El adolescente me mira, medio enfadado, medio intrigado. Luego se va a la otra puerta, desaparece. En ese momento Damián comenzó a meter su mierda en el coño de la pelirroja. Ella gemía, mientras él susurraba insultos como:

    — Toma, mi bella puta, date el gusto. Aquí, perra, sé que te gusta que te pateen la verga, ¿no?

    En cuanto a Nuria, se acariciaba a sí misma, atrapada en el sofá, con los ojos cerrados.

    — Oye, hombre, no estés solo. Mira esta hermosa perra que te espera. Cuídala.

    Sus palabras no me importaban mucho. Me levanté, me puse de pie y puse mi polla directamente sobre la boca de Nuria. Sorprendida, abrió los ojos e intentó por reflejo quitarse, pero yo le agarré la cara con las dos manos y le metí la polla entre los labios. Ya no se negó. Me cogió la polla en la garganta y empezó a moverse hacia atrás y adelante a lo largo de mi eje, como una reina. Ella bombeó frenéticamente, como una puta, me miró con envidia. Me excité, le agarré el pelo con una mano, y con la otra a veces me sacaba la polla y me daba una palmadita en la cara.

    En ese momento, el adolescente llegó. Estaba desnudo, inmóvil en la puerta, me miraba fijamente. Era muy joven pero tenía el cuerpo de un atleta, musculoso, seco, con una polla medio blanda, impresionante, descansando sobre un pesado par de pelotas. Se acercó a mí, no sabía qué hacer. Estaba preocupado, me había convencido de que no había caído en una trampa gay. Empezó a acariciarme los hombros, pero le quité la mano, retrocedí y me tropecé con el sofá.

    — Tranquilo, hombre, sólo intenta divertirse contigo, —dice Damián.

    — Lo siento chicos, pero no soy gay. Si sigue en bi, será sin mí, —dije.

    Damián se levanta, con la polla cubierta por el prepucio y en alto, unos buenos 18 centímetros majestuosos, y se sienta a mi lado en el sofá.

    — Te diré algo, el joven que tienes delante es sin duda el mejor sexo que podrás probar si te decides. Créeme, chico, eso tampoco era lo mío. Hasta que un día la zorra de mi hermano quiso mi polla. Te lo digo, nunca he tenido tal sensación como la de estar metido en su boca, y lo demás ni siquiera te lo cuento.

    Mientras hablaba, me acarició el muslo. Terminó de convencerme de que este es un experimento que debe hacerse. Las dos chicas guapas habían aprovechado la oportunidad de recoger la poca ropa que tenían y luego salieron, cerrando la puerta tras ellas. Me encontré con mi polla levantada ante dos tipos, dos hermanos muy espeluznantes que me miraban con ansias. Así que no sé si fue el perfume de Damián el que despertó mis sentidos o si fueron las miradas de su hermano, brillando con ojos azules iluminados por el tamiz de las lámparas lo que me hizo quebrar, pero me dejé llevar por sus caricias y desde entonces me dejé guiar completamente por los dos chicos.

    Máximo, el joven hermano se instaló a mis pies y comenzó una felación real. Su hermano tenía una mano en el pelo y me besó el cuello y me lamió los lóbulos de las orejas. No sabía qué hacer, así que acompañé la mano de Damián en la cabeza de Máximo y con la otra mano acaricié la espalda y las nalgas de mi anfitrión.

    Me quedé sentado, completamente abrumado por sus caricias y lo incongruente de la escena. Máximo me estaba chupando la polla como nunca antes me la había chupado nadie. A veces algunos de mis compañeros lo intentaban, pero yo nunca había encontrado tanto placer. Puso mucha delicadeza y gula en ello. Me lamía la polla, luego me lamía el tronco con la punta de la lengua, ponía mis pelotas en su boca, luego me chupaba toda la polla, se tragaba mi polla gruesa sin ningún problema, acariciaba mi tronco con sus manos, y al mismo tiempo me excitaba el ano… No me atrevía a decir nada, parecía congelado, bajo sus empresas calientes, y bajo las caricias electrizantes de su hermano. Tuve como mini-espasmo de genes, un tic nervioso. Así que Damián se levantó y se sentó en la parte de atrás del sofá, una pierna a cada lado de mi cuerpo. Su polla estaba golpeando contra la parte posterior de mi cuello. Me masajeaba los hombros, la nuca, y a veces se tocaba a sí mismo golpeando descuidadamente su glande en mi cabeza. Luego se inclinó y me susurró al oído:

    — ¿No crees que mi hermano es hermoso? Mira esa mirada lujuriosa en su cara de inocente…

    No se equivocó. El chico me miraba con sensualidad y se masturbaba con mi mirada. Había detenido su felación para observarnos. No podía soportar estar tan bloqueado por la experiencia, mis nervios se disparaban en mis brazos y piernas y me sentía como si estuviera paralizado.

    — Intenta relajarte —me dijo Máximo—. Si lo haces, prometo tener la noche más emotiva que puedas imaginar.

    Damián se quitó de mi espalda y se arrodilló junto a su hermano, tomándolo por el hombro.

    — Observa atentamente, —me dijo Damián.

    Puso sus labios contra los labios de su hermano delante de mí. Los dos efebos incestuosos se besaban sin vergüenza. Sus lenguas se mezclaban con la pasión, las manos de Damián caminaban sobre la espalda de su hermano pequeño, mientras que las manos de Máximo, acariciando la dulce cara, el cuello, se precipitaban sobre el cabello del hermano mayor. Nunca se separaban. Y yo, hipnotizado, los miraba, anhelaba unirme a ellos y al mismo tiempo, estaba perturbado, petrificado por la escena. Una escena así, una escena que sólo se sueña con el autodesprecio… Era consciente del contenido glacial y prohibido de la cosa y me petrificó. Finalmente, cuando los dos hombres se miraron, con una sonrisa en sus rostros, se volvieron hacia mí y me dieron una maravillosa mamada. Sus bocas lamieron mi polla de abajo a arriba, sus lenguas la envolvieron, se besaron apasionadamente, incluyendo mi polla en su beso. Damián se levantó, se subió al sofá y lentamente se acercó a mi cara. Me besó. Sus labios y su lengua sabían a mi polla, y probablemente a la saliva de su hermano. No podía soportarlo más, estaba muy excitado. Pensé que podría venirme en los próximos segundos, pero las caricias más lentas y suaves de Máximo me hicieron sentir menos presión. Mis nervios se estaban descomponiendo gradualmente. Los calambres que había sentido se suavizaron y sentí un nuevo calor en mis miembros. Ya no estaba temblando, incluso me estaba calmando, calmado por los besos de Damián. Máximo reanudó la felación, alternando entre mi polla y la de su hermano. Lo miré con envidia, y luego me levanté del sofá para unirme a Máximo. Lo besé en el cuello, en la nuca, le lamí los hombros, le lamí bajando por su columna. Se había puesto a cuatro patas, con el culo bien arqueado, y le acaricié insistentemente, me permití un ligero azote que inmediatamente le hizo gemir más bonito, mientras mamaba a su hermano. Damián me miró con una sonrisa, diciendo:

    — Vamos, creo que le gusta.

    Así que le di otro, un poco más fuerte, y empezó a gemir más bonito. Le abrí las nalgas y le metí la cara. ¡Besé su roseta, lo lamí por el borde, le penetré el culo con mi lengua, y gimió lánguidamente! No pude soportarlo más, me levanté y apunté mi cola a su agujero. No quería ser tierno, quería poseerlo lo antes posible. Así que me la puse como un estúpido. Gritó mucho, pero no me dejó salir. Me quedé un tiempo para que se acostumbrara.

    — ¡¿A qué estás esperando?! ¡Patéame el culo! ¡Fóllame, quiero que me folles como a una perra, como a una perra!

    — Ok, nena, vas a probarlo!

    Voy a limar su culo tan fuerte y rápido como pueda. Quería romperle el culo delante de su hermano. ¡Estaba gimiendo fuertemente, gritando con placer! En un momento en que me estaba ablandando, Damián me sonrió y se levantó. Se paró frente a mí y me presentó su hermosa polla.

    — Se puede probar.

    Estaba un poco aprensivo, todavía follando con su hermano, entonces sin pensar, puse mis labios en el glande de Damián. Tomó mi cara en sus manos, y comenzó a ir de un lado a otro de mi boca. Me dejé llevar y me pareció emocionante. Estaba sudando por mi jugueteo con Máximo y por el calor que puede haber emanado de nuestros cuerpos. Estaba empezando a disfrutar de esta masa de carne en mi boca, podía sentir su líquido, lo estaba probando con emoción. Entonces, de repente, se volvió más violento, literalmente me tomó la boca, me la cogió como un agujero de jugo. Se masturbó en mi boca con total frenesí. Mantuve el ritmo del puto Máximo y pronto no pude soportarlo más, me sentí venir al mismo tiempo que sentí el pito de Damián moverse en mi boca, y en el mismo grito de placer nos chorreamos el uno al otro al mismo tiempo. Me inundó la boca y la cara con su esperma. Me lo echó por toda la cara refunfuñando, justo cuando me estaba sacando todo de las pelotas en el culo del hermanito que había contraído su culo en el momento oportuno. Le llenaría la barriga con todo mi esperma.

    Los tres, agotados, nos derrumbamos juntos sobre la alfombra. El esperma de Máximo estaba pegado a nuestras espaldas. Se corrió al mismo tiempo que nosotros. Estábamos respirando con dificultad…

    Después de unos momentos, Máximo puso su cabeza en mi pecho. Ya no me sorprendía ninguna prueba de afecto entre hombres, y aceptaba felizmente su cuerpo contra el mío. Su hermano se calmó y nos acostamos…

  • Esclavo de mi fantasía, mi primera vez

    Esclavo de mi fantasía, mi primera vez

    Soy Martin y esta historia comenzó cuando estaba en primer semestre de publicidad, 18 años, virgen, y temeroso de afrontar mi sexualidad públicamente. En el instituto pero en otra carrera estaba Samir, de 19 años un chico que conozco desde el último año de bachillerato, hermoso, varonil, con carisma y por supuesto con gran éxito entre las mujeres.

    El despertaba mis más oscuros deseos y ciertamente son incontables las veces que me masturbe pensando en él. Sin embargo, yo me las arreglaba para disimular lo mucho que me gustaba.

    Siempre me las ingenié para estar en su grupo de amigos, para hablarle, ver su sonrisa, sentir su aroma y así alimentar las fantasías donde él me deseaba tanto como yo a él.

    Un viernes en la tarde nuestro grupo se reuniría para hacer una fiesta en casa de uno de nuestros amigos en común, fin de semana y rumba! Justo antes de salir del instituto lo vi en el pasillo y me pregunto si yo iría a la reunión, le dije que sí y se ofreció para llevarme, pero me aclaro que primero pasaríamos por su casa para cambiarse de ropa.

    En el camino (siempre con su actitud de varón y seguro de sí mismo) me estaba contando que se vería en la fiesta con Inés, (una de las chicas más hermosas del instituto con fama de fácil pero sólo con galanes como Samir) y que la había invitado a pasar la noche en su casa ya que estaría solo. (el vivía con su papá que era médico y esa noche estaba de guardia) Yo lo escuchaba y le seguía el juego de macho pero sentía una envidia tremenda hacia Inés.

    Al llegar a su casa entramos a su cuarto donde me dijo con voz alegre y pícara:

    «Si quieres prendes el TV o la computadora mientras me baño porque este de aquí culea hoy»

    Tristemente se metió al baño vestido y cerró la puerta, pero aún tenía esperanzas de verlo sin camisa al salir de la ducha.

    Mientras esperaba prendí el TV pero estaba embriagado por el aroma de su habitación y veía su cama imaginando cuantas putas se lo habían gozado allí.

    En el último año de secundaria Samir embarazo a una chica, cuyo bebé al nacer murió por complicaciones, esa historia unido a su carisma y físico quizás por morbosidad o no sé qué cosa, lo convertían en un hombre muy deseado!

    Finalmente llegó el momento… cierra la ducha, pasan unos minutos y luego abre la puerta, y fue entonces cuando ese monumento de piel dorada salió con una toalla azul a la cintura, su torso mojado y su cabello castaño aun goteando con esa sonrisa que me desarmaba.

    Podía ver un bulto en su entrepierna, una sutil línea de vellos recorrer su marcado abdomen y al pasar frente a mi caminando hacia el closet pude apreciar su gran espalda en forma de V y su hermoso trasero formado por dos trozos de carne firmes que me invitaban a morderlo.

    No podía creerlo! Tenía más de dos años conociéndolo y nunca la había visto sin camisa y ahora lo tengo en toalla frente a mi!. Ni en mis fantasías lo había imaginado tan delicioso y atlético, me tenía muy excitado!

    Cuando salió de mi rango visual, me quede viendo el TV para disimular el deseo en mis ojos, o eso intentaba. Y me decía a mi mismo «hoy me masturbo riquísimo» luego de terminar de arreglarse y quedar como un muñeco me dice:

    «Disculpa la demora, ahora si ya vámonos de rumba!»

    Ya en la fiesta todo transcurría normal, todos hablando, riendo y bebiendo. Al pasar un buen rato, Inés la chica de Samir nos dice que se tiene que ir, se despide y ambos salen a la entrada de la casa, pero luego entra nuevamente Samir, con una cara de molestia y decepción. Inés por alguna razón no podía quedarse con él y adiós a los planes de Samir.

    Pasó un tiempo para que se repusiera y se integrara a la fiesta nuevamente, pero lo hizo y todos seguimos en la rumba. Yo me repetía en la mente «como esa mujer le hizo esto a semejante ejemplar masculino”

    Ya muy tarde cada uno se fue despidiendo y Samir que estaba bastante ebrio dijo que se iría caminando a lo que yo me ofrecí a acompañarlo ya que para mi suerte mi casa estaba en la misma ruta. En el camino casi no hablamos.

    Al llegar a su casa me dice que si quiero me puedo quedar a dormir ya que era muy tarde y caminar solo a esa hora era peligroso, y yo le respondí;

    – «gracias pero no quiero molestarte y tendría que avisar a mi familia.»

    Samir: no eres molestia, tú eres un verdadero amigo además sabes que estoy solo, (con voz triste) puedes llamar desde mi casa para que sepan donde estás.

    – «Ok, tienes razón» le respondí.

    Cuando entramos me señala el teléfono y se va a su habitación, yo aviso a mis padres ya que aún vivía con ellos, y al colgar me dirijo a su cuarto.

    Al entrar a su habitación me sorprendió verlo acostado en la cama, boca arriba con un brazo detrás del cuello y el otro parcialmente en su abdomen, con solo unos bóxer negros y medias blancas tobilleras; quede sin aire! y me dice:

    Samir: «Acuéstate de una vez»

    Yo: dónde?… Tienes una colchoneta o en el sofá de la sala? (Con voz nerviosa)

    Samir: No seas pendejo! Aquí en mi cama!

    Yo: y hay espacio para los dos?…

    (Idiotizado y nervioso, ya que su cama era individual y estaba pegada a la pared)

    Samir: Si!!!… Termina de acostarte que no te voy a violar!!! (Con voz fuerte e indicándome que mi lado es el de la pared.)

    Yo: que bueno porque soy virgen… (Respondí con voz nerviosa y a modo de chiste)

    Apague la luz para que no se notara mi erección y me quite la camisa y el pantalón. Me subí a la cama quedando de espalda a él y frente a la pared, ambos estábamos sin arropar debido al calor de la caminata.

    Alumbrados solo por la tenue luz que entraba por la ventana yo estaba nervioso, excitado y asustado, no quería dañar la noche cometiendo una imprudencia. Y me decía a mi mismo «espera a que esté bien dormido y lo podrás mirar, oler y quizás tocar, calma».

    De pronto Samir se movió cambiando de posición, no podía verlo debido a yo que estaba de espaldas (paralizado y tenso me decía a mi mismo “cálmate, cálmate que pronto se dormirá”) y sin querer… suspire… acto seguido escuchó:

    Samir: …tienes un culo grande… (en voz baja)

    Yo: que…? (En voz baja, pero sorprendido)

    Samir: Tienes un culo grande! (Con voz fuerte y clara)

    Yo: y eso es bueno o malo? (Fue lo único que se ocurrió decir, pensando que quizás era una broma)

    Samir: depende…

    Yo: de qué?

    Samir: de si me lo das!!! (Susurrándomelo al oído mientras me tomaba de la cintura y me recostaba su paquete erecto en el culo)

    Yo no dije nada, cerré los ojos y levantando y empujando mi culo contra su pene acepte su propuesta:

    Samir: Así me gustan las putas… sumisas!!! pero primero me lo vas a mamar”

    Yo me levante y por primera vez lo pude ver sin disimular desde sus pies y fuertes piernas hasta sus ojos color ámbar cuya mirada sádica me invitaba a bajar a su bóxer y concretar su petición.

    Al bajar su bóxer quedó al descubierto un colosal pene cuya cabeza húmeda me hacía agua la boca, lo tome y lo pegue a mis labios, lamiéndolo, chupándolo hasta meterlo casi todo en mi boca mientras mis manos acariciaban sus piernas y su marcado abdomen. (Era mi primer hombre! Pero gracias a las películas porno tenía una idea de que debía hacer)

    Samir estaba gozando y de pronto me tomo del cabello fuertemente y empezó a marca un movimiento pélvico mientras me decía:

    “Ninguna puta me lo había mamado así!”

    Esto me enloqueció, me transformo, yo solo quería darle placer!!! Y le dije en un respiro:

    “A un macho como tú hay que complacerlo”

    Él me tomo con sus fuertes brazos y me levanto para luego arrojarme a la cama boca abajo, saco de una gaveta cerca de la cama una botella de lubricante y me la puso en el culo, (se sentía muy caliente) se colocó en posición para embestirme y puso su pito frente a mi ano, que ya estaba dilatado y me lo metió despacio pero en el primer intento.

    Mi culo ya no era Virgen y me dolía mucho pero quería que siguiera, y le dije “me duele, me duele, espera…, espera… pero a la vez gemía de placer…

    Samir: aguanta porque ahora eres mi puta y te voy a partir ese culo!!! (Mientras me daba nalgadas)

    Yo: Cógeme papi, cógeme… sigue… sigue… cógeme!!! (mientras gemía como mujer y me entregaba a su fuerza física, yo estaba allí para darle lo que me pidiera)

    Me tomo del cabello mientras me cogia con gran fuerza, me tenía dominado, yo era su esclavo y el mi amo. Podía sentir que me estaba castigando, casi con odio me decía:

    “Esto es lo que querías…” (mientras seguía nalgueándome y tratándome como puta)

    Entonces sentí cuando su dulce néctar lleno mi culo acompañado de un gran gemido masculino… se quedó unos segundos sin moverse dentro de mi, pero luego cayó a mi lado exhausto.

    Yo aún con mi pene duro y muy caliente, vi su rostro relajado y sus ricos labios rosados entre abiertos; me acerque a besarlo pero me empujó y me dijo que solo besaba a mujeres!

    Estaba en shock, No sabía que pensar, qué pasó?… Él se quedó dormido casi al instante, y yo con la calentura me masturbe admirando cada centímetro de su cuerpo, sus pectorales, brazos y piernas aún tensos por la gran cogida que me dio me hicieron acabar y caer dormido también a su lado.

    Al despertar, Samir ya no estaba en la cama. Me levante, fui al baño a ducharme, me dolía el culo por dentro y por fuera, pero estaba feliz me cogió mi gran fantasía.

    Al salir de la habitación conseguí a Samir en la cocina preparando el desayuno, (estaba con pantalones cortos negros, sin camisa y las medias blancas tobilleras y me encantaba verlo así! Ya no tenía que disimular)

    Samir: buenos días! Aquí tienes tú desayuno. (Con su sonrisa y mirada de conquistador)

    Yo: Gracias, (y le pregunté) cómo dormiste? (yo sólo esperaba una señal para chuparle el pito o darle el culo nuevamente)

    Samir: muy bien. (Mientras comía)

    Estuvimos en silencio, era como si nada hubiera pasado, yo estaba confundido. Escuchamos un ruido afuera y era su papá que estaba llegando, nos saludó y dijo:

    “Buenos días, disculpen que no los acompañe pero estoy muerto me voy a duchar y a dormir”

    Samir estaba lavando los platos y yo sentí que debía irme y le dije:

    “Me voy para que no tengas problemas, gracias por la comida, hablamos en la tarde?”

    Samir: Ok, pero no creo que podamos hablar porque saldré con Inés.

    Yo sorprendido y levantando mi dignidad del suelo le dije:

    “pásala bien, adiós.” (Me sentía Indignado, molesto y frustrado. Frustrado porque quería más de él y al parecer yo no era suficiente)

    Samir abrió la puerta y me dijo “adiós!”

    Pasaron los días y me enteré que Samir e Inés se hicieron novios, a veces nos cruzábamos en el instituto y nos saludábamos de forma distante.

    Me dolía, no esperaba que fuese mi pareja, pero quería estar cerca de él. Al menos antes de aquella noche era su amigo ahora nada. Aunque sinceramente no me arrepiento de haber sido el esclavo de mi fantasía por una noche, tenía la esperanza de volver algún día a sentir su piel sobre mi.

    El día menos pensado lo que tanto espere ocurrió! un mes y medio después un sábado en la noche me llega un mensaje de Samir:

    “Te espero en mi casa en una hora”

    Lo que ocurrió después lo sabrás en “Esclavo de mi fantasía, II parte.”

  • Sofía y los vecinos

    Sofía y los vecinos

    Era de tarde, llovía mucho, hacía frío afuera.

    Sofía llegó de la facultad a su departamento, se ducho, se preparó un café y envolvió su cuerpo desnudo en su manta preferida.

    Se tiró en su sillón, aburrida, a buscar algo que atrajera su atención en la tele.

    Se acordó de aquel novio que tuvo en su adolescencia, al que tanto había amado y que extrañaba en los días de lluvia.

    Y pensando en él, se paró frente a la ventana, envuelta en su manta, y miro hacia la lluvia, con la vista perdida.

    Cerró sus ojos recordando los buenos momentos vividos, recordando los besos, caricias… mientras empezaba a tocar su entrepierna.

    Al abrir los ojos pudo ver en el edificio vecino a una joven pareja, al parecer en plena mudanza ya que veía, además, varias cajas, cosas desparramadas por doquier y como único mueble un sillón blanco.

    La imagen la invitó a seguir mirando, atenta, la excito la idea de pensar en tener sexo con ellos.

    Los observó un tiempo, mientras ellos abrían cajas y sacaban objetos de ellas.

    La pareja se movía libremente por el departamento, con la libertad que les daba la intimidad de su hogar, sin sospechar que desde una ventana vecina una mujer excitada los miraba ansiosa de ver más.

    En aquel momento observa como el joven toma desde atrás, por la cintura a su pareja y caen juntos al sillón.

    Ese sillón blanco, con almohadones mullidos, hacía que los cuerpos entrelazados como un nudo se hundieran en él.

    Rápidamente se quitaron la ropa y se podía observar su desnudez, el miembro grande y erecto rozando la vagina de la muchacha, los besos, los ojos cerrados de placer, hasta que el joven acariciando a su pareja, apoyado sobre sus rodillas, la besa en el cuello, mira por sobre el sillón y ve a Sofía desnuda frente a su ventana tocándose mientras los miraba.

    Susurró en el oído un «NOS ESTÁN MIRANDO» mientras sujetaba del pelo a la mujer llevándole la mirada hacia el ventanal.

    Las mujeres se miraron y se gustaron.

    Sofía ve ahora, que la joven toma de la mano a su pareja y lo lleva frente a la ventana.

    Así podía verse a Sofía desnuda y tocándose en su ventana y la joven pareja frente a ella desnudos mirándola mientras se cogían.

    Sofía explotada de placer por haber sido descubierta pide más y decide sumar a la fiesta a su vibrador.

    Era lo más erótico que habían visto, los tres estaban muy calientes, haciendo un trio con una ventana que los separaba.

    El vibrador y ver como un hombre se cogia a una mujer parada desnuda, con la piernas abiertas, los pechos contra el vidrio y la boca jadeante hizo que la joven gimiera de placer con un orgasmo largo.

    El joven al ver a Sofía explotando de placer llega al clímax llenando de semen la boca de su compañera que mira a su vecina con mirada cómplice.

    Esa fue la primera vez de los tres. Ahí empezó todo…

  • La dueña

    La dueña

    Hola! Mi nombre es Cata y esto pasó hace 12 años cuando tenía 18. Había llegado a Buenos Aires, capital a estudiar. Me había anotado en la UVA en el CBC. Vivía con mis 2 hermanas y mi mama. Mis hermanas ya habían llegado antes y mi mama solo un par de meses porque recién se había separado. Entre todas manteníamos la casa así que tenía que buscar laburo y conseguí en un local de ropa por recoleta. Me hice amiga de una compañera Paris, que tenía un año más que yo. Era mucho más desinhibida que yo, más pulposo.

    Con ella salíamos después del laburo a tomar algo a un bar que estaba cerca del trabajo y a las mujeres les daban cerveza gratis hasta las 00hs. Así que varias salidas divertidas tuvimos. Pero la historia que les quiero contar y que da un poco de morbo tiene que ver con la dueña del local. Era (no sé si seguirá estando) el típico lugar de ropa de recoleta que traían la ropa de avellaneda le cambiaban la etiqueta y te cobraban 5 veces más lo que valía en realidad. Y cada tanto aparecía la dueña que era una mujer de unos 40 y tantos media paquete pero operada las lolas, la boca y siempre con polleras y saquitos muy al cuerpo.

    Y cuando iba por lo general llegaba tipo 18hs y se quedaba después que nosotras nos íbamos pero le gustaba que nos pusiéramos la ropa, quizás para ver la calidad o qué onda. Y Paris que era re libre, suelta, no tenía ningún problema en probarse la ropa. Yo era más tímida. Y en ocasiones me quedaba y la veía y nos reíamos. Pero ese día la mina había llevado bikinis y Paris se re copo! Me dijo que no fuera boluda que me probara. Y en ese momento sentí como había algo perverso en la dueña que se sentaba en una silla que había en el sótano, deposito debajo del local. Muchas cajas, ropa y un espejo finito pero alto.

    Entonces Paris se puso en bolas detrás de unas cajas y se puso la bikini. Yo hice lo mismo y salí. Mientras nos mirábamos al espejo la dueña se acercaba y nos ajustaba las tiras de la bikini. En un momento sentí como me toco el muslo, como acariciándome la piel directamente mientras subía y desataba la parte de uno de los costados para volver a atarla. Sentí como me apoyo esas tetas firmes y enormes que tenía en la espalda. Yo era mucho más chiquita, rubia, flaquita pero con una cola pulposa y unas tetas aceptables. Pero claro no usaba tangas. Entonces cuando termino de atar la parte de abajo siguió por mi cintura y me calo la bikini adentro de la cola. Te queda mucho mejor así, me dijo.

    Mientras con las manos me sujeto de los hombros para luego bajar y terminar de acariciar mi cola. Paris que estaba en la suya no vio nada de la situación. Yo me sentí un poco excitada mientras me miraba como me quedaba y ella volvía a sentarse en una silla que había en el lugar. Caminen un poquito, dijo, hagan como que desfilan. Paris obviamente se hacía toda la sensual, desfilaba pero en un momento le sonó el celular y era el novio que la pasaba a buscar.

    Se fue detrás de las cajas para cambiarse y desde lejos saludo. Fue todo muy rápido, en el apuro podría haberme también ido pero no me di cuenta o quizás quería quedarme para ver qué pasaba. Entonces, después de mirarme un minuto más le dije que ya se estaba haciendo tarde y que prefería ir yendo. Pero ella me dijo sino podía probarme uno más, el ultimo. Que ella también se lo iba a probar.

    Mientras iba detrás de las cajas sentí una excitación que nunca había tenido. Igualmente con 18 años tampoco era que había estado con mucha gente pero en ese momento mientras me ponía la bikini solo podía pensar en lo duras que estaban en esas tetas y en cómo me había acariciado la cola, muy suavemente hacia unos minutos. Quería volver a sentir eso. Y tan compenetrada estaba en ese pensamiento que no me di cuenta lo que me estaba poniendo.

    Cuando sali a mirarme al espejo tenia un mini bikini. Apenas me tapaba los pezones y la parte de abajo era prácticamente un hilo dental. No, es un montón esto le dije mientras me daba vuelta y ella salía detrás de las cajas con la misma bikini ¿Te parece? me dijo mientras se daba vuelta a mirarse la cola en el espejo. La verdad que tenía un cuerpo increíble. Me quede congelada mirándola. Puede ser que sea mucho, casi que se me están escapando las tetas, dijo riéndose, mientras se acercó y me acaricio nuevamente los muslos poniéndose detrás de mío y diciéndome a vos te queda perfecta, encima con la piel que tenés. Y vos tenés unas tetas perfectas le dije sin pensar. Ahí en ese momento me di cuenta que algo había cambiado en su cara.

    Me miro fijo a través del espejo y mientras se corría lentamente la parte de arriba y se las agarraba me dijo: ¿Estas decís vos? ¿Te gustan? Ya no estaba pensando con claridad y le dije: ¿Puedo tocarlas? Si obvio, toca lo que quieras dijo, aunque quizás eso lo escuche yo. Las agarre primero como si fueran dos pelotas de handball, las apreté. Y después ella se sacó directamente la parte de arriba. Las tenés increíblemente paradas le dije. Si, la verdad que me quedaron muy bien, todavía no necesitan mantenimiento me dijo. Me hicieron un re buen trabajo, tengo sensibilidad en los pezones también que era mi mayor miedo. Y cuando dijo eso comenzó me agarro los dedos la mano y los llevo hacia sus pezones. Se los estaba haciendo parar con mis manos.

    En ese momento ya no podía más, tenía muchas ganas de chuparlos, no sé porque. Entonces en ese momento acerque mi boca y pase la lengua como si fuera una pequeña lamida a un helado. Ella soltó un pequeño gemido de placer. Levante la vista para ver su reacción y había cerrado los ojos. La agarre con la mano y comencé a pasar la lengua con más intensidad. Recuerdo que me dijo: Como te voy a chupar yo a vos en unos segundos pendeja. Eso me excito más todavía. Me puso de espalda contra una de las cajas y me bajo la bikini. Me dijo saca ese culito para afuera y sentí algo que nunca había sentido, una lengua en el agujero de mi cola.

    Mientras con los dedos me pajeaba el clítoris. Y me tuvo así como 4, 5 minutos diciéndome de todo obviamente, se ve que me tenía ganas desde hacía un par de meses porque tampoco hacia mucho que laburaba ahí. Al rato me hizo acabar. Y después se sentó en las cajas y mientras yo le chupaba la concha ella se pajeaba y acabo también al toque. Y así fue. Terminamos entre las cajas, chupándonos, pajeándonos, no habrá sido mucho, 15, 20 minutos como una locura. Después nos cambiamos.

    La salude de lejos y me fui. Después de ese episodio seguí trabajando 2 meses más. Si les interesa les cuento después que paso en los otros encuentros que tuvimos que fueron tres más.

  • Mi ahijado (Parte I)

    Mi ahijado (Parte I)

    Es una larga historia desde hace muchos años.  Yo llegué a la ciudad como una mesera y tuve muchos trabajos pues no tenía estudios, en la costa donde crecí mi familia muy humilde no me pudo dar estudios, sin embargo con apenas terminar la secundaria decidí ir a la capital y bueno empezar algo a quedarme en el pueblo. En uno de mis trabajos como cajera de una panadería me casé con mi esposo Augusto. Siempre nos llevamos muy bien pero nunca pudimos tener un hijo, resulto que él no tenía suficiente fertilidad, esto lo descubrimos después de algunas pruebas que nos hicimos al intentar mucho.

    Al no poder tener hijos me hice madrina de uno de los hijos de la hermana de augusto. En especial a ese hijo que mayor de sus hermanos lo queremos como nuestro hijo, pues mi cuñada nos lo dejaba encargado porque tenía que trabajar y yo bueno me quedaba en casa pues Augusto ya me mantenía.

    Vivimos en una casita que él ya tenía construida en un terreno en conjunto con su hermana, ese terreno se los habían dejado sus padres que en paz descansen. Así que nunca tuvimos vecinos molestos ni nada pero sí una gran familia.

    Pues todo empezó cuando mi ahijado ya crecido, ya con 18 años empezó a tener novia. En especial un día que yo regresaba del pan y entrando en zaguán en un rincón donde tenemos varias cosas, que a esa hora ya está oscuro y casi no se ve nada lo vi, unas siluetas de él besando a su novia. Todo normal, estaba creciendo y la hormona al máximo. Me subí a mi casa pues en el segundo piso tenemos los cuartos y desde ahí pude ver mejor, quizá por morbo que mi ahijado estaba agasajando a esa muchacha de una forma deliciosa que me recordó a mi juventud, yo ahora tengo 43, así que ya hace tiempo no me metían una manoseada de aquellas. Lo vi a él como le metía mano a los senos de la chica, después a las nalgas, mientras se besaban de una forma alocada.

    Ella igual le agarraba las nalgas, después el pecho, después creo que le llevo la mano a la entrepierna por que no se veían ya sus brazos por encima de su cuerpo. De pronto a contra luz vi a la chica arrodillarse, y desabrocharle el pantalón a mi ahijado y empezar a comerla, debía ser una buena tranca porque se veía que había aún un espacio entre su rostro y el pantalón de mi ahijado. Yo estaba muy caliente por recordar y verlos ahí a pleno fuego comerse, debieron durar unos tres o cuatro minutos hasta que ella pareció limpiarse la cara, él se guardó aquello y se fueron hacia el zaguán, yo me estaba tocando encima de mi ropa interior, estaba empapada, me sentía muy caliente hace meses que no cogía con Augusto.

    Quizá ya no le era atractiva, es cierto tengo mis senos un poco caídos pero son grandes, y mis nalgas igual, soy caderona y algo llenita pero sé que aún en la calle varias miradas se desvían a mí.

    Después de eso pasaron días y ya no los veía fajarse por ahí y eso que los estuve espiando.

    Lo que si era que me encontraba a mi ahijado y platicábamos mucho, como muy buenos amigos siempre y así pasaron varias semanas y yo le miraba el bulto pero se veía normal, no había comprobado si lo que miré era cierto. Pero si se me antojaba que me cogieran así y Augusto, no me tocaba o a veces empezábamos pero no sentía el mismo deseo ni tampoco me tocaba mucho.

    Después de varias semanas llego mi ahijado Marco en shorts, playera y me pidió que si se podía bañar porque no tenían agua, que la bomba de su cisterna se había descompuesto, por supuesto le dije que sí.

    Yo estaba en leggings y una blusa que debajo ver mis senos y note cómo me miraba, se le iban los ojos a mis tetas o cuando me volteaba me miraba las nalgas, me ponía caliente saber que le llamo la atención y empecé a jugar con fuego provocándolo.

    Después de platicar un poco se metió a bañar y por mi morbo lo espié desde el piso de arriba donde había una ventanilla pequeña para que se fuera el vapor desde ahí lo mire, pero primero use un espejo para ver que no mirará hacía arriba aunque es normal que nadie mire hacia arriba cuando se baña, entonces me asome y pude verlo ahí, con su cuerpo joven, son sus hombros, sus brazos pero sobre todo con ese miembro que no sé cómo no se le marcaba o no del todo pues nunca lo vi muy atenta, un pene grueso, algo largo, debería ser unos 14 cm, moviéndose deliciosa mientras él se tallaba, se pasaba el zacate, me metí la mano en mis leggings y empecé a acariciar mi vagina ya húmeda, ver esa verga moverse así como péndulo, era una delicia quería verla parada pero no paso. Yo me masturbe delicioso solo de mirarlo, estaba muy mojada, frenéticamente me frote el clítoris delicioso hasta que me corrí y con un grito ahogado termine ahí en el piso con mis piernas temblando un poco, hace mucho que no descargaba, tuve que cambiarme de ropa interior y leggings.

    Salí y escuche a mi sobrino salir con una pijama donde se me marcaba el tremendo pollo que tenía a lo largo de su entrepierna, lo mire porque de perfil mientras se veía al espejo de fuera del baño se le resaltaba delicioso, quería ir y apretarla para saber que sentía.

    Al día siguiente regreso, aún no arreglaban su cisterna. Pero esta vez le dije que iba a ir al baño primero y le deje una sorpresa, unos calzones míos, cacheteros de encaje rico, no sé bien por qué pero quería que los viera.

    En el baño lo espié de nuevo esperando que se masturbará pero no lo hizo. Me decepcioné un poco pero aun así me toque, no tanto como la primera vez. Platicamos un poco al salir y todo paso.

    Un rato después me metí al baño y mi sorpresa fue que vi mis calzones ahí mojados, sin duda los había limpiado pero tenían residuos blanquecinos, sin duda era flechita de mi ahijado.

    Pues el tercer día no regreso pero seguíamos hablando. Decidí distraerme e ir a cortarme el cabello y hacerme las uñas. Estuve platicando con Ana, me contó que la señora Susana cacho a su sobrina con un jovencito en su casa y que le estaba haciendo sexo oral pero que lo sorprendente es que su sobrina no podía comerse semejante tranca que la tenía sostenida con sus dos manos y aun así le sobraba verga, Ana le dijo que le presentara al chico, ambas nos reímos aunque yo por dentro sabía que Susana salía con mi ahijado porque los había visto en la calle platicando muy juntitos.

    Entonces se avivaron mis sentimientos y me quede callada. ¿Pasa algo?, pregunto Ana, le dije que no que me quede sorprendida, ella respondió que igual que quería saber quién de la colonia era para ver si se le hacía tener una, que así marido solo le media 9 cm ya parada, le dije que no podía ser y Ana dijo que hacia un oral increíble. Bueno si Ana puede vivir con eso supongo cada quién.

    Pues yo termine súper caliente y más morbosa que nunca. Ahora comprendía por qué ya no los había visto juntos.

    Bueno pues días después mi sobrino regreso con el mismo pretexto, después me enteré que no era cierto. Y platicamos pero esta vez más caliente.

    -Oye y cómo vas con la novia?

    -Pues ya no salimos madrina tuvimos problemas y pues mejor nos dimos un tiempo. Y usted con el tío? -Esa pregunta me tomo por sorpresa.

    -Pues vamos bien

    -Puede decirme tía si pasa algo, digo igual no puedo hacer mucho

    -No nada ahijado, solo cosas de la edad ya sabes

    -Pero si usted es bien joven madrina, no me diga que el tío ya no puede haha

    -Bueno si puede pero ya no es lo mismo que antes como a tu edad

    -Haha si ya entiendo, no quiero que es me pase por eso aprovecho ahora que puedo varias veces haha

    -Si debes de aprovechar

    -Oye y sigues siendo virgen?

    -Oiga madrina que pregunta esa esa -Me puse roja no sabía porque lo pregunte.

    -Pues dices que ya has aprovechado supongo ya no lo eres

    -Bueno…

    -Puedes decirme no dices que tenemos confianza -yo empezaba a ponerme caliente.

    -Pues si soy virgen pero ya me la han chupado, es que cuando lo he intentado con un par de mi escuela, no podemos, no se me dan las vírgenes supongo, es que bueno, me cuesta metérselas

    -Que presumido he -Yo sabía que o porque lo decía como decepcionado

    -No en serio, creo que tendré un problema así.

    -Pues como lo tienes ahijado, no puede ser que no les quepa, además déjame decirte que eso es algo bueno

    -No madrina no me ha resultado tan bien

    -Ya verás que a las mujeres les gusta eso

    -No lo sé madrina, cómo puedo saber qué así será?

    -A ver pues enséñame

    -Cómo cree madrina! Qué pena

    -Oye si eres mi ahijado no tiene nada de malo yo te bañaba, además no se lo diré a nadie y es para ayudarte mal agradecido

    -No se enoje madrina

    Ahí empezó a bajarse los pantalones y mi corazón empezó a latir fuertísimo hasta se me cortaba la respiración, lo bueno que mi marido está trabajando y sus papás igual.

    Apareció esa tranca riquísima, morena, gordita colgando con esos huevos pesados que se veía tenía mucha leche. Intente no sorprenderme mucho.

    -Ahijado pero qué cosa si estas grande! pero y parada como esta?

    -Es que bueno, estoy nervioso madrina

    -A ver te ayudo con eso

    Me acerque, el retroceso un poco pero no más y me agache y empecé a jalarla, lo miré desde abajo y me veía las tetas, su pene empezó a levantarse poco a poco más y más y yo sentía ese palo crecer en mi mano más y más, ebria mi mano poco a poco, se ponía venudo, gordo, grandote, yo estaba mojadísima y estaba que babeaba y lo seguía masturbando y su polla creció mucho. A ver espera, corrí por un metro que tenía de cuando arreglaba ropa y la condenada cosa esa media 25 cm, no lo podía creer, me olvide de mi ahijado y toda mi atención estaba en esa tremenda verga palpitante, la tome con mis dos manos y empecé a jalarla, sólo ahí me percate de sus gemidos, su cara estaba perdida y yo seguía jalando y jalando se la apreté, quería metérmela a la boca pero no lo conseguía, yo también está muy nerviosa.

    -Pues si ahijado la tienes muy grande pero eso es muy rico, seguro cabe con mujeres ya más experimentadas…

    En eso soltó un gemido fuerte, un gruñido y empezaron a salir lechazos gruesos que fueron a mi cara, a mis senos, a mi cabello, fueron como 4 o 5 fuertes y después hilos, me espante porque nunca había recibido leche así, solo en mi boca directo, el gemía y yo recibía leche muy rica, caliente la sentía resbalarse en mi rostro, muy belicosa.

    Cruzamos miradas ambos satisfechos por unos instantes pero con ganas de mucho más. Nadie dijo nada, se guardó esa verga medio erecta, mojada, y se fue temeroso por lo que paso, incluso que mi ahijado ya era mayor de edad se apeno de esa forma. Bueno yo esta igual, me debí quedar ahí con la leche cayendo de mi cara hasta mis tetas y al suelo un par de minutos.

    Fue delicioso, me fui al cuarto y me masturbe hasta mas no poder, termine exhausta, no me limpie, me lamia la cara, las tetas, probando ese néctar de hombre y tocándome, me metí el mango de un peine que tenía pero era más chico que su verga de mi ahijado, las piernas me quedaron echas polvo y mis sabanas mojadas de la corrida que me di solo de recibir esa leche. Creo que pase como 3 o 4 horas masturbándome, hasta que me recupere e hice la comida para la cena de mi marido.

    Después la relación con mi ahijado no sería igual.

    Si les ha gustado o han tenido una experiencia igual déjenme comentario para leerlos y seguir con la segunda parte.

  • Isla paraíso (Parte II)

    Isla paraíso (Parte II)

    Impaciente por la espera comencé a caminar por la habitación del lujoso hotel, mi cabeza no dejaba de pensar en aquella exótica isla, cálida y hermosa isla y ni mucho menos podía saca de mi mente a aquella mujer hermosa con bronceado hermoso. 

    -Haylie- dijo saboreando aquel nombre.

    Semanas atrás había recibido un mensaje de aquella mujer; yo había anunciado mis servicios de compañera sexual en un foro de internet en donde te permitía anunciarte a todo aquel o aquella que estuviera interesado en buscar compañera sexual, aquel foro era estricto con las mujeres que se anunciaban. Nuestro registro debía pasar por rigurosos filtros de seguridad de; confidencialidad, condiciones, examen médicos… en fin…una organización muy bien organizada, con tan solo una cuota de 400 euros tu anuncio era publicado en el foro, era un foro muy exclusivo, solo para millonarios, de ahí por qué tan estricto.

    Mi celular sonó y rápidamente corrí a la cama para contesta.

    — !Si! Era ella.

    — ¿Si?—conteste tratando de calmar mi emoción.

    —Hola hermosa, ¿te encuentras bien?— pregunto la voz que salía del celular.

    —Sí, algo excitada—conteste mordiéndome los labios.

    —Te llamo para avisarte que un auto llegará por ti en cualquier momento, es para ti— me aviso la voz de mi interlocutora— ¿Vale?

    —Sí, yo lo esperare, gracias— respondí — ¿A qué hora llegarán al aeropuerto?

    —En media hora aterrizamos, por eso te aviso, para que llegues a tiempo y de ahí irnos.

    —Muy bien entonces… ¿sabes? estoy muy emocionada.

    —Deja que veas la isla… te morirás de un paro cardíaco— Me advirtió Haylie entre risitas— Te dejo, no ha de tardar en llegar el auto… asique… Hasta más al rato.

    —Sí, nos vemos— y colgué el celular.

    —¡Siii!— exclame— mi sueño será realizado.

    Mi sueño siempre fue tener una vida de libertinaje y por fin comenzaba. Mi entre pierna sentía un cosquilleo de excitación «¿Tendré tiempo de jugar un rato con mis dedos?», mi mente se deshizo de esa posibilidad, el auto llegaría en cualquier momento.

    Me levanté de la cama y busque en las maletas y saque un vibrador a control remoto. Podría utilizarlo en el auto.

    Me levante la falda, por fortuna yo nunca utilizaba pantis, me metí aquel vibrador rosa que estimulaba tanto coño como clítoris. Sentí como se estimuló mi coño con tan solo meterlo.

    Llamaron a la puerta de mi habitación, seguro era el chofer.

    Abrí enseguida y una mujer esperaba en la entrada, era linda, bronceado perfecto, labios rojos y gruesos y lucía un lindo cabello rubio deslavado recogido por una cola de caballo.

    — ¿Es usted Kahely? —me pregunto amablemente.

    —Sí.

    —Un gusto— me contesto mientras me se hacía a un lado para que entrase un empleado del hotel por mis maletas.

    Salimos de la habitación hacia las afueras del hotel. No pude deja de ver el vestido de la chófer; escote tanto de espalda como de pecho, éste último muy bien pronunciado, una falda entallada que muy apenas estaba a tres dedos del firme trasero y por último, unas calzas de lencería negras que transparentaban las hermosas piernas.

    Mientras hacíamos nuestro recorrido en automóvil, me comencé a tocar discretamente, la chófer me miraba a los ojos, por su mirada comprendí que sabía loyo que quería.

    —Toma— le tendí el pequeño control— juega conmigo.

    La bronceada mujer lo tomo con una sonrisa y comenzó a manipular el vibrador.

    Mi coño sentía un enorme cosquilleo, aquel juguete seguía un patrón; primero vibraba con intensidad y después con tranquilidad, esa montaña rusa de placer me hacía poner en blanco los ojos. Mis jadeos se oían tan fuerte que la conductora subió el volumen de la música. Mis piernas temblaban más y más, me agarre las tetas y las apreté, me mordía los labios.

    — ¡Aaaah… si!… ¡Siii!

    Apreté las piernas y mis manos se aferraron a las tetas y la mujer sólo me veía por el espejo…con sus ojos llenos de lujuria me envolvió con su mirada…

    Las piernas me temblaban demasiado… ya mero llegaría mi clímax…

    — ¡Aaaah!—mi gemido sonó dulce de placer, mi corazón se aceleró mucho y mi cuerpo quería que parase pero… aquella perra no dejaba de jugar conmigo…

    —Aaaah… p-para… aah… deten… —no pude terminar la última palabra, mi cuerpo no me dejo.

    Mire como la mujer bajaba el auto y se subía al parte de atrás junto conmigo, me extraño que hiciese eso, le pregunte porque se vino a la parte trasera del auto y le respondió que ya habíamos llegado al Aeropuerto, yo no me di cuenta de lo rápido que aviamos llegado.

    —Aún nos quedan minutos… —me susurro al oído, sentí como lo mordía.

    — ¿Pero…?

    Me comenzó a besar sin que me dejara terminar mi pregunta. Le pase las manos por las tetas, le apreté los pezones duros y ella solo suspiraba. Su mano llego debajo de mi falda y me caco el juguete y comenzó a jugar con mi coño con sus avilés manos. Me estremecí más, sentía como ella estaba dentro de mí, con su otra mano me acariciaba las piernas… las tetas… todo el cuerpo.

    —Alguien ya está húmeda…

    Le calle la dulce boca con un rico mordisco a su labio inferior… esta perra es un encanto, ¿Cómo puedo resistirme a ella?, no podía, simplemente… no podía…

    Continuará…

  • Mi amiga y yo reventadas por un viejo conocido

    Mi amiga y yo reventadas por un viejo conocido

    Mi novio me pidió que le llevara unos papeles a mi suegro. No hay que olvidar que en relatos anteriores narro hasta qué extremo llegó mi atracción por él. Dejando no sólo que me cogiera a su antojo durante meses, sino que me hacía cosas muy cerdas que me enajenaron más a él, hasta el punto que intente quedar embarazada de él en un trio que hicimos con su hijo. En fin, para evitar que algo pudiera suceder decidí que iría con mi amiga Jessica

    Eran papeles para vender un carro y su papá los necesitaba pero Armando estaba trabajando así que fui yo en su lugar prometiendo que no pasaría nada y además llevaría a Jessi conmigo. El problema es que no pensamos que la vez que nos vimos en mi cumpleaños, su papá se la había cogido también.

    En fin, llegamos a su casa como a la 1 y él nos recibió con mucho cariño, casi parecía uno de esos hombres mayores que son muy buenos y amables. Al grado que aceptamos pasar y sentarnos a platicar un rato. Octavio sirvió unas cubas y la plática transcurrió tranquila y entretenida. Hasta el punto en que ya estábamos entonados y muy divertidos, fue cuando me levante al baño y a los pocos minutos regresé para encontrar que se estaban besando muy calientes en la sala, no sabía qué hacer, incluso me moleste con Jessi por estar haciendo algo que no teníamos que hacer. Me dirigí a la cocina para hacer ruido pero, cuando regrese a la sala seguían caldeando igual de rico y mi amiga ya le había sacado la verga del pantalón y se la estaba chaqueteando. Sentí celos y me senté en la sala viéndolos con seriedad. Mi amiga me volteo a ver y después siguió en lo suyo

    -Wey! Qué pedo?! -le dije molesta

    -Que tú ya no te lo puedas coger no es mi culpa -contestó divertida

    -Dame chance, llevo casi dos meses sin deslechar -dijo él

    Sentí que ardía. Me llene de lujuria y celos, estaba viendo cómo se iban a coger a mi hombre. Y haciendo cuentas yo tenía más de 5 meses sin coger con él entonces era claro que en este tiempo se había metido con otra mujer y eso me puso peor.

    Podía recordar como la verga que mi amiga tenía en su mano ya había estado en todos mis hoyos, los conocía a fondo, me había cogido hasta el cansancio incluso en ese sillón. De su verga yo había recibido un montón de leche durante los meses que me hizo su puta.

    -Wey! Ya vámonos, Armando va a pensar mal si no le habló – dije

    -Fany dame chance! Quiero coger con él, mira como la tiene de gorda- dijo ella sacudiendo ese precioso miembro

    Me quedé callada sin saber que decir

    -Si quieres vámonos los tres al cuarto, esto nunca va a salir de aquí – Jessica

    -Wey no, no puedo -dije sufriendo esa situació – cómo crees que haría trio?

    -No sería la primera vez, no te hagas pendeja- dijo mientras seguía caldeando

    Dijo eso refiriéndose a las dos veces que mi novio nos cogió bien duro a las dos. No tenía muchos argumentos para seguir resistiéndome a que ahora nos cogiera su papá y en el fondo lo deseaba.

    -Te la mamo? – le preguntó a Octavio

    -Claro, ya la traigo escurriendo – contestó

    Entonces Jessica se levantó y se puso de rodillas enfrente del sillón donde yo estaba, justo enfrente.

    -Vente para acá – le ella dijo haciéndose una coleta.

    Octavio sin más se postró delante de ella con esa verga que para su edad no tiene rival ni en tamaño, ni en vigor comparada con hombres 20 años menores. Yo mejor que nadie sabía de sus capacidades para el trabajo sexual.

    Ella se lo comía como una perra hambreada. Cada vez era más irresistible ese hombre, teniendo de rodillas a una mujer y a otra con la vagina húmeda. Su verga brillante de baba me parecía riquísima. Era cuestión de tiempo para que ese pene estuviera dentro de alguna de las dos.

    -Ándale Fany, dame chance. Si quieres lo hacemos entre los tres, ya sabes que no tengo bronca- dijo mi amiga

    -Pero Armando va a sospechar- dije ya con mi guardia en el suelo.

    -Márcale y dile que estás en mi casa y me lo pasas – propuso

    -Si Fany, vamos a pasarla bien – dijo Octavio sonriendo y yo me sonroje

    Llamé y el afortunadamente contestó rápido. Le dije que ya había dejado los papeles y que estaba en casa de Jessi. Me preguntó si no se había pasado de mano larga su papá y yo le dije que no, se había comportado como todo un caballero. Y mientras yo decía eso él se iba quitando la ropa con mi amiga de rodillas mamando con calma su verga gruesa y larga, esta llamada también significativa que yo acepte tener sexo con los dos y después de colgar, seríamos penetradas y eyaculadas hasta sentirnos colmadas de placer y semen. Estaba ya muy distraída imaginando el cogidon que nos iba a reventar por lo que Jessi me pidió el teléfono y saludo a mi novio.

    -Hola, mi rey, cómo estás? – escuché que le preguntó y recordé que hacía le decía a Armando desde la primera vez que se la había cogido frente a mí

    Yo me fui de rodillas directo a ponerme en posición para hacerle oral a mi suegro. Un hombre que yo extrañaba tanto, estaría dentro de mí otra vez. Tomé su gordo pene y lo masturbe, se sentía muy bien tener tanta carne en mi mano otra vez, lo mire y le sonríe como una puta metiendo su garrote en mi boca. Mi suegro gimió al sentir la humedad y calidez de mi lengua y garganta, la sacaba y le pasaba con fuerza mi lengua desde sus huevos hasta el ojillo de su pene, que para esas alturas estaba emanando mucho líquido preseminal, le hacía círculos con mi lengua sobre su glande y me la metía hasta la campanilla.

    -Hubieras venido tu sola – dijo – te daría toda mi leche hasta dejarte escurriendo

    -Tranquilo, tu puedes con las dos, yo lo sé. Además no todos los días te puedes dar a 2 chavas al mismo tiempo – dije eso jugando con sus bolas

    Jessica se acercó y me dio el teléfono. Me pare y contesté. Mientras me despedía de mi novio miraba a Jessi besando y masturbando a mi suegro.

    -Si amor, aquí voy a estar con Jessi, la plática ya se alargó bastante y estamos tocando temas bastante gruesos – dije y una sonrisa se dibujó en el rostro de todos – seguramente vamos a estar con eso hasta que saque todo

    Ellos se masturbaban uno al otro mientras me sonreían esperando a que colgara. Ya estaban desnudos excepto por los tennis de Jessi. Me despedí de mi novio y avente el teléfono al sillón para poder empezar a quitarme la ropa. Mi playera, pantalón y tennis terminaron rápidamente en suelo

    -Ya la tienes bien parada – le dije a mi suegro

    -Cómo sabes? – preguntó

    Entonces me quité el brasier, me acerque para poder tomar su herramienta con fuerza y mirando sus ojos le dije:

    -porque yo conozco muy bien tu verga

    Se empezó a turnar en nuestras bocas, mientras metía mano con descaro y de forma muy vulgar por cada parte de nuestro cuerpo. Cada vez nos juntábamos más, hasta que prácticamente teníamos nuestras bocas unidas en un beso triple. Él tomó nuestras melenas y nos presionó una contra la otra, se separó para observar aquel beso lésbico que ya en muchas ocasiones habíamos hecho.

    -Vamos a mi cama, ya me las quiero coger – dijo tomándonos de la cintura

    -Tienes condones? – preguntó mi amiga

    -Solo uno- respondió

    -Pues entonces te lo dejas puesto y lo usas con las dos – dijo Jessica – yo no sé a cuántas te has cogido o si te andas cogiendo a otras

    -Tranquila, lo peor que puedo hacer es dejarte embarazada – Octavio

    -Wey no seas mamona, hay que hacerlo al natural – dije coqueta – o ya se te olvidó que a mi novio, osea, a su hijo te lo cogiste así

    -No sé wey- Jessi

    -Da lo mismo, si no se cambia el condón yo te puedo pegar algo- dije exprimiendo su seno

    -Vamos al cuarto y vemos – dijo ella

    Los tres caminamos con cierta prisa hasta la habitación de nuestro amante en turno. Me tiro sobre la cama mientras nos veíamos con los ojos rojos, llenos de lujuria y ansia, mi suegro se paró frente a mi y comenzó a enfundar su miembro súper erecto con un condón. Mi amiga se acostó junto a mi y nos besamos y acariciamos mientras él veía esta escena masturbando su verga. Abrió mis piernas y me penetro. Grite por lo gordo y sobre tu todo porque pensé que nunca más volvería a tenerlo dentro de mí.

    Tomó mis muslos para besarlos mientras me la dejaba ir hasta el fondo. Después se recostó sobre mi y nos besamos como desesperados, era una cogida que no pensé que se iba a poder

    -Te extrañe -le dije entre gemidos

    -A mi o a las cogidas que te daba?! – Octavio

    -Todo! Te extraño y extraño mucho como me cogías! Ah ah ah! – dije mientras gemía como una perra necesitada

    Seguimos unos minutos más hasta que me la saco y le dijo a Jessi que se pusiera de perra.

    -Cogen súper rico -dijo mi amiga- hasta parece que son novios

    -Iba a ser su esposa – contesté – ahora sólo seré su amiga y puta

    Mi suegro tomó a mi amiga de las nalgas y dirigió su miembro en la entrada de su sexo caliente y húmedo. Aquella verga estaba brillante por mis fluidos vaginales. Sonreí al pensar que tanto el hijo como el papá nos habían hecho hacer trio con ellos, nos habían penetrado a su antojo mientras nos dedicamos a gemir como unas putas y sobre todo a mi cuando me ensartaron los dos al mismo tiempo.

    Mi suegro gimió y se la empezó a coger duro, se escuchaba por toda la habitación los gemidos junto con el golpe de las nalgas cada vez que mi suegro le acomodaba una buena metida. Yo los veía gozar con la sabrosa cogida que se estaban dando, mientras tanto tenía dos dedos bien metidos en lo que esperaba a mi suegro para que me la volvía a clavar. Era muy caliente ver a mi amado suegro teniendo en 4 a otra perra para después sacar su verga toda escurrida y sin limpiarse dejármela ir y rotarnos para el delirante gozo de nuestro cuerpo.

    -Ay mi rey! Qué buena verga te cargas y que bien la sabes usar- dijo jadeante Jessi

    -Ya sé! Pinches viejas siempre me piden más – Octavio, dijo y yo se lo creo – Aquí esta Fany

    -Lame, lo necesito! – le dije a Jessi abriendo mis piernas frente a su cara para que pudiera comer mi pucha

    -Me estás volviendo una puta, Octavio! Coges bien rico, no mames! – le gritaba Jessica

    Entonces mi suegro y yo nos acercamos y jugábamos con nuestras lenguas de manera muy sucia y enferma, no cesábamos nuestra danza oral y eso provocaba que nuestra saliva empezara a salirse de nuestras bocas. El placer hacia que los tres estuviéramos ardiendo sobre esa cama, mi amiga bien atravesada por el papá de mi novio mientras luchaba por lamer mi vagina al ritmo de las metidas de verga y los gemidos que le provocaban. Mi suegro bien concentrado en no venirse mientras me besaba daba una muestra de vigor como las que sólo él puede dar. Yo estaba muy excitaba, sentía mis pechos a punto de reventar y mi vagina ardiendo mientras escurría tanto que mi amiga tenía que beberlo para continuar chupándome, y yo solo gemía cada vez que ella masajeaba con saña mi clítoris que estaba muy duro y sensible, así estuvimos dándole cerca de 15 minutos.

    Sujetó de la cadera a Jessi y se la empezó a coger durísimo

    – Ay que buenas pendejas – su mirada se perdió en el techo y mi amiga empezó a gritar con la cara roja y desfigurada del placer que causa aguantar tan potente hombre – que rico es cogerse panochas ajenas y más si son chavitas!

    -No mames! Me estás cogiendo muy duro! Octavio! No mames! Ahhh! – Grito llegando a su ansiado orgasmo, yo me separé y vi como la pobre puta se retorcía del gusto – Me vengo! Ya! Ya! Aaaah!

    -Cógetela más fuerte mi amor! Haz que se venga! Ándale, hazla terminar! – gritaba animándolos a copular más intenso

    -Ya me hacía falta esto! – Jessi

    Mi suegro estaba tan entrado que casi la aventó a un lado, como si fuera un juguete roto, en ese momento me pidió mi vagina frente a él para meterla y masturbar su miembro ahora conmigo. Me coloque rápido y me clavó con un golpe de cadera que me la enterró hasta los ovarios, grite por su poco tacto pero estábamos tan lubricados que la penetración apenas si fue incomoda, para mi claro, el me agarró con fuerza de mis hombros y empezó a llenarme de una manera brutal. Gemíamos como animales y mis manos se aferraban con desesperación a las sábanas. Tenía mi columna totalmente arqueada y mi cabeza mirando al cielo, a donde mi hombre me estaba guiando.

    -Chupámela puta- Jessica me sacó de mi trance poniéndose de pie frente a mi y llevando mi cabeza a su mojado sexo. Era una tarea deliciosa pero difícil hacerle un buen trabajo oral mientras tenía a Octavio atrás.

    En medio de mi agónico estado de cordura me di cuenta que sus gemidos se oían ahogados y ahora sabía lo que mi amiga había escuchado mientras Octavio y yo nos besamos durante su turno de estar en cuatro. Así me estuvo penetrando como todo un dios del sexo durante más de 10 minutos, diría que me cogia más fuerte que a Jessica, me sentía extasiada, tuve la sensación de que el aire me faltaba entre mis continuos jadeos que no pararon. Esa sensación de falta de aliento junto con el placer de esa verga removiendo con maestría mis entrañas, me hacían sentir ganas de llorar. Mi amiga estaba vuelta una ramera, sus fluidos salían con tal intensidad que ya estaban chorreado a lo largo de sus piernas hasta el colchón sobre el que estábamos realizando nuestro acto sexual y en otra dirección hasta mis pechos, pasando por mi barbilla y cuello. Ahora entendía porque Jessi me comió con tanto descontrol y no como cuando hemos tenido sexo entre nosotras dos únicamente, el placer es tanto que es imposible concentrarse.

    -Le toca a Jessi! Ponte! – dijo mi suegro ahora aventándome a mi hacia un lado y con esa acción su verga era extraída de mis entrañas. Octavio se la empezó a coger bien rico con un ritmo que era difícil de creer debido a que ya llevaba cerca de 30 minutos penetrando con furia nuestras abiertas y jugosas vaginas.

    Les juro que es un hombre que me vuelve loca con su virilidad y experiencia, el único que lo supera en potencia y virilidad es mi novio, en donde no lo hace es en la experiencia y aguante. Continuamos unos minutos más hasta que nuestro semental anunció que estaba próximo a expulsar su primera carga de leche viril, estaba jadeante y bañado de sudor, se vería tan perfecto y macho, hicimos un último cambio y unos segundos después grito que ya se iba a venir. La puta de mi amiga se puso de rodillas directo en el suelo y le pidió que la bañara, sentí rabia de que esa perra no haya dejado que él terminara estando dentro de mí, a pensar del condón lo hubiera disfrutado. Me arrodillé junto a ella y orgullosas porque teníamos bien ganada nuestra leche, erguimos nuestra postura, nuestros senos resaltaron así que para darle placer visual extra, levanté los míos en un claro ofrecimiento de un sitio para que pudiera vaciarse. Octavio se retiró el preservativo con una desesperación que parecía que se lo estaba arrancando y cuando se lo quito lo arrojó a mi pechos.

    -Saca la leche rey! Tengo mucha sed de lo que producen tus huevos – dijo Jessica abriendo la boca como si fuera una revisión médica

    -Desahógate! Ándale! Ya te has aguantado mucho! – dije imitando a Jessi – La neta nos cogiste bien rico

    -Ahí les va mis putas! Ahh! Abran la boca para que se la traguen! – apuntó a mi boca mientras se la jalaba y en ese segundo un chorro cayó dentro de mí boca, se empezó a alternar entre nuestras bocas para expulsar su caliente esperma.

    Pero el placer de su orgasmo fue devastador y al tercer chisguete cerró los ojos y ya no controló la dirección de su eyaculación. Entre gritos y temblores lanzó cuatros disparos más, bien cargados como es normal en sus primeras eyaculadas. Cuándo terminó y pudo vernos se dio cuenta del reguero que había hecho sobre nuestros juveniles cuerpos, había semen en nuestra boca, senos, cara, vientre y hasta en las piernas de Jessica.

    -Mi amor, estabas súper cargado! Jaja – le dije complacida mientras Jessica se lanzaba a mamarle su verga que todavía escurría semen.

    -Ustedes de dónde salieron así?! Jaja – le preguntó mi amiga, defiéndase a él y su hijo – dónde los fabrican para pedir dos

    -Qué hombres por dios! – dije eso yéndome de lleno a comerle los huevos

    Así estuvimos unos minutos hasta que nos dimos cuenta que no había perdido la erección de hecho se le veía más parada y venuda. Ese día continuó así, entre penetraciones, orales, gritos y orgasmos riquísimos.

    Básicamente fue un todos contra todos sobre esa cama, que terminó húmeda como era de esperar. Nos estuvo cogiendo bien rico sobre su cama, en adelante ya no se puso condón para alternar en nuestras verías, debo decir que sin condón es más rico pero encima de eso me daba mucho morbo ver como sacaba su miembro mojado de la vagina de Jessi, toda babosa de los fluidos de ellos y así me la metía.

    Las posiciones eran más variadas para poder estar cómodos mientras el atravesaba a alguna de las dos un buen rato y la que estaba ensartada le comía la vagina a la otra, debo reconocer que el sexo estaba muy bien, había mucha lujuria y deseo entre los tres. Así estuvimos durante horas, no había descansos ni siquiera cuando mi suegro se venía, en lo que se recuperaba nos hacíamos sexo oral en un triángulo perfecto.

    En cuanto a Octavio se le paraba nos volvía a coger, nos turnábamos para recibirlo dentro de nosotras, da gusto coger con hombres así, tan cumplidores. Él se vino 4 o 5 veces, yo estaba impresionada aunque su última erección no fue tan rígida sirvió para seguir practicando el coito. Normalmente solo eran 3 lechadas por día pero supuse que dos meses sin coger y en la primera tiene dos chavas bien ponedoras lo tenía muy caliente. Le dimos hasta que el cansancio nos venció a todos y con la última eyaculación de Octavio nos quedamos deshechos sobre la cama que había soportado un inusual ajetreo, vimos la hora y eran cerca de las 10 de la noche! Llevábamos cogiendo más de 4 horas.

    Nuestros cuerpos estaban bañados en sudor y fluidos de todo tipo, cosa que sucedió porque él siempre terminó afuera. Nos levantamos a cenar y rendidos nos fuimos los tres a su cama para dormir profundamente, él durmió en el centro y sus mujeres a cada lado. A la mañana siguiente se la estuvimos mamando hasta que logramos que se le pusiera erecta. El papá de mi novio con esa última erección nos dio una buena cogida mañanera.

    De ese día no le he dicho nada a mi novio pues le prometí que no volvería a acostarme con su papá, tampoco le he dado entrada a los mensajes de mi suegro. Lejos de sentir remordimiento tengo unas terribles ganas de volver a ir a su casa para que me tome a su antojo… Hasta que ahora si, me llene bien adentro de su semen. Espero que eso no pase porque aunque me gusta andar de promiscua no me gusta romper mis votos.

    Me gusta mucho disfrutar del placer que se obtiene en el sexo, no tengo problema eso. Pienso que cada uno es libre de hacer lo que quiera en este país de doble moral. Si alguien me gusta y se puede tenemos sexo, eso no quiere decir que no me cuide, en las primeras veces siempre usamos condón y aunque ya tengamos más tiempo de estar cogiendo son pocos los hombres con los que lo hago sin protección. Me he acostado con varios hombres y aunque algunos son mejores, siempre lo he disfrutado. Mis amigas y yo compartimos esta forma de pensar y por eso somos capaces de gozar tanto con diferentes hombres e incluso entre nosotras.

    Fany

    Ya saben que me pueden escribir a mi correo [email protected] para platicar de diversos temas y contarme sus anécdotas.