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  • La ramera del viejo

    La ramera del viejo

    Como se los he contado en mis dos relatos anteriores, siempre soy contactado por hombres que quieren cumplir su fantasía de ser cornudos y yo soy el corneador perfecto para ellos, uno de eso hombres fue don Jacinto.

    Este viejo era de dinero, trabajaba para un partido político y se había casado por tercera vez, según cuentan los rumores durante su juventud fue un verdadero semental, tenía aventuras con mujeres de todo tipo e incluso se rumora que se follo a algunos colegas para escalar peldaños, en ese rubro suele pasar.

    Pero ahora a sus casi 70 años, el viejo se sentía morir, sabía que tal vez fue un error casarse por tercera vez y más con una mujer de 38 años, morena, alta, cabello castaño, piernas torneadas y buen trasero, la típica mujer que busca al mejor postor.

    “Estimado, seré breve, quiero que te cojas a mi mujer, sé que ella anda en busca de un amante y no toleraría que alguien de mi entorno fuera el que se la coma, prefiero pagarle a alguien para que lo haga y tenerla contenta, te envío la dirección de una fiesta que daré, creme no te arrepentirás ni por la plata ni la mujer”

    La verdad desconfié mucho de esa propuesta, es verdad que el dinero era bueno y cuando el viejo me mando las fotos de Miriam la verdad era tentador, la mujer estaba buenísima, así que acepte siempre y cuando aceptara unas peticiones, la primera era que el me recibiera al llegar y me pusiera su mujer en frente y la segunda era que solo sería ella y yo, no estaba dispuesto a hacer más que eso, el acepto y me dio incluso un adelanto.

    Me puse mi smoking y fui a la fiesta, al llegar estaba ese tipo esperándome, me recibió como si fuese alguien importante, luego entendí que lo hizo para llamar la atención de su mujer.

    E: Querida te presento a Márquez, ¡es un importante empresario!

    M: ¡Mucho gusto señor!

    CA: ¡El gusto es mío señora!

    Quedé impactado con esa mujer, su mirada su sonrisa pícara, tenía el diablo dentro y eso dicho de la mejor manera, sentía su sangre caliente y no pude evitar erizarme de más.

    El esposo se fue a pasarla bien con sus amigos y yo me quede charlando con Miriam, resulto ser una profesora retirada de biología, claro apuesto que fue la maestra que todos se querían coger, no pensaba en otra cosa más que en desnudarla y montarla como loco.

    La fiesta se desarrolló como debía ser, entre champagne y música de jazz la pasamos hablando, hasta que pudieron tango, mi debilidad, ella me miro y me dijo que bailáramos, ¡mire a donde estaba su esposo quien me dio su aprobación y así comencé a bailar con esa mujer!

    M: Eres un tipo misterioso, ¿porque miras a mi esposo?

    CA: ¡No quiero que se mal interprete nada!

    M: Eres muy guapo, ¡mira que pareja hacemos!

    CA: Tú estas muy bella, ¡además bailas bien el tango!

    Estábamos metiditos seduciéndonos con el baile, mis manos acariciaban su sensual espalda y ligeramente las colocaba entre su cintura y cadera sintiendo el excelente trasero de esta mujer.

    Una vez terminado el baile recibimos una ovación y todos regresaron a sus actividades, fue entonces que el viejo me hizo la seña de que me fuera con ella, pero yo no tuve que hacer nada ya que Miriam me tomo la mano y me pidió la siguiera.

    Subimos a una habitación grande de cama grande y ella me sirvió una copa de vino que había ahí.

    CA: ¿Que hacemos aquí?

    M: Pasar un rato en privado, ¡no quiero que nadie nos vea juntos!

    CA: ¿Pero? ¿Tu marido?

    M: Dejemos de fingir, ¡yo sé que él te trajo para seducirme!

    Me quedé anonadado, la miraba fijo y no supe que responder, ella sonriendo y bebiendo vino me mostraba que era una vieja zorra de gran colmillo.

    M: Mi marido no cree que es lo suficiente para mí y tiene celos de todos, jajá, ¡que inseguro!

    CA: Si sabes a que vine, ¿entonces porque estamos juntos?

    M: Porque me gustas y porque necesito una buena cogida.

    La mire sonriente e inmediatamente empezamos a besarnos, su boca daba unos besos espectaculares sus manos con uñas largas me apretaban la espalda, mis manos acariciaban sus piernas y su espalda desabotonando su sensual vestido.

    Me quite la camisa y la corbata y Miriam me comenzó a besar el pecho y abdomen, su lengua recorría todo mi torso, que excitación, mi pene necesitaba salir ya.

    Me desabotono el pantalón y bajo mi trusa, una sonrisa enorme salió de ella al ver lo dura que estaba mi verga, me miro fijo y comenzó a chupármela de forma suave y sofisticada.

    No era una chupada acelerada, se daba su tiempo para probar cada cm de mi jugosa verga, se bebí mis fluidos, la metía todita a su boca, le daba mordidas, sus manos apretaban mis testículos y debajo de ellos, en la conexión con mi ano, ¡eso me la ponía todavía ms dura!

    CA: ¡Uhm!!! ¡Que rico lo haces!

    M: ¡Tenía tiempo sin probar una hermosa verga como esta!

    CA: ¡Que rico, de verdad continua!

    M: ¡Mmm, como ordenes!

    La bella mujer me la chupaba ahora con más rapidez y tosca, su boca tragaba toda, me permitía tomarla de la cabeza y moverme para follarle su deliciosa boquita, sus gemidos y ojos me ponían más loco, sentía que terminaría, así que la apreté a mas no poder hasta que mi leche empezó a salir y ella gustosa, la tragaba enterita.

    M: ¡Riquísima leche!!

    CA: ¡Oh!!! ¡Que rico!

    M: ¡Uhm! sacas muchísima!!

    CA: ¡Ah!! Cómetela toda!!

    La madura se tragó toda mi leche y me hizo tener un fantástico orgasmo, luego era mi turno, ella se acoto y comencé lamiéndole sus ricas tetas, pequeñas pero hermosas, mi boca traga su pezón y luego con mi lengua recorría desde sus tetas a sus entre piernas, le quité la tanga y su vagina depilada ya estaba húmeda, empecé dándole unos ligeros besos, eso la estremecía, mi lengua empezó a lamerle los labios vaginales para luego con mis dedos abrirla y meter mi lengua y empezar a moverla rápido.

    M: ¡Ah!! ¡Que rico, uhm!!

    CA: ¡Este coño esta de ensueño!

    Me comía todita su vagina, me tragaba sus fluidos, el mordía el clítoris, después de usar solo mi lengua ahora también metía un par de dodos para palpar todo su interior.

    M: ¡Rico!! No pares, uhm!!

    CA: Así mi amor, uhm, ¿te gusta?

    M: Chupas riquísimo, síguele bebe, ¡ah!!

    Miriam estaba súper cachonda, mi sexo oral la tenía en la gloria tanto que ahora ella comenzó a venirse teniendo un fantástico orgasmo, sus fluidos me mojaban toda la cara, esa explosión fue sensacional, su vagina se precipitaba parecía una olla exprés explotando del orgasmo obtenido.

    Mi verga estaba nuevamente dura, sin darle oportunidad de nada la puse en cuatro y la penetraba con delicadeza, mientras me movía, le acariciaba su hermosa espalda, ella movía en círculos su cadera acerba mis manos a su boca y lamia mis dedos como si fuesen vergas, ¡que rica hembra!

    CA: ¡Oh!! ¡Que rico!

    M: ¡Así, empújala hasta el fondo, uhm!!

    Subí el ritmo de mis embestidas, mi verga le entraba enterita, sus nalgas chocaban con mi pelvis, ella se empinaba y abría sus nalgas para que le entrara más.

    Fue entonces que escuche un ruido y mire hacia la puerta y vi que su esposo entro, se quedó quieto apoyado en la puerta, ¡fue entonces que lo mire fijo y empecé a darle con todo a su mujer!

    CA: ¿Te gusta mi verga?

    M: ¡Me encanta es riquísima!

    CA: Que rico coges, ¡uhm!

    M: ¡No pares, ah! ¡Que rico, estoy en el cielo!

    Sin que ella se diera cuenta la acosté en la cama y le levante las piernas, me acomode de tal manera que su marido fuera testigo de cómo mi verga entraba hasta el fondo.

    Me movía fuerte, ¡levantaba las piernas de Miriam y me las colocaba en los hombros y alzándonos un poco para que su marido viera como su mujer era penetrada una y otra vez!

    M: ¡Oh!! ¡Que rico, uhm, no pares!

    CA: ¡Como aprietas, uhm!

    M: ¡Nadie me había cogido en años así!

    CA: ¡Uhm, tu motivas!

    Me coste y al coloque encima mío y ella empezó a moverse fantástico, note como el cornudo viejo se masturbaba, eso me motivo a darle más rico a su mujer.

    Ella se movía en círculos y rápido, yo la tomaba de su cintura y me movía con fuerza, la levantaba y me la dejaba caer, sus gemidos eran muisca para mí, su cornudo se masturbaba con fuerza, no sé en qué momento termino, pero yo me cogía riquísimo a su mujer.

    M: ¡Que rico, uhm!!

    CA: ¿Qué harías si te viera tu marido?

    M: Gritaría ms, te pediría más, me movería como loca, que viera como se debe de coger a una mujer como yo.

    La puse boca abajo, coloqué una almohada en su pelvis para que sus nalgas quedaran paraditas le abrí sus nalgas y se la metí lento, ella gemía y se movía rico, poco a poco fui penetrándola mientras miraba a su marido como todo rojo observaba el show.

    La tomaba de su frente y se la metía con velocidad, Miriam solo gemía y me pedía más, yo me movía como loco, que rico apretaba mi verga, ¡el cornudo miraba y su mujer me pedía más!

    M: ¡No pares que rico, uhm, que rico!

    CA: ¡Ah!! ¡Me voy a venir!

    M: ¡Uhm, vengámonos juntos bebe, uhm!!

    CA: Eso, muévete, ah, ¡uhm!!!

    Ambos nos movíamos como locos, mi verga la empalaba delicioso, Miriam se movía como loca, ¡fue entonces que ya no aguantamos más y empezamos a venirnos juntos!

    CA: ¡Ah!!! ¡Toma mi leche tómala!

    M: ¡Ah! ¡Sí que rico!!

    Mi semen la llenaba hasta el fondo y escurría en sus sabanas, el cornudo miraba como su mujer estaba llena de semen, nos quedamos pegados como perros en brama reposando ese fenomenal orgasmo, al voltear el cornudo se había marchado.

    M: Que rico, ¡tenía tiempo sin tener varios orgasmos!

    CA: ¡Eres una diosa, de verdad tienes un volcán entre las piernas!

    M: Bueno, ¡es hora de que te vayas!

    CA: Claro, ¡solo pasare a tu baño!

    Una vez aseado salí de la habitación y pocas personas quedaban en el lugar, se me acerco el cornudo y con una sonrisa me dio al mano.

    E: ¡Gracias! ¡Que rico la pase!

    CA: ¿Espero haber cumplido las expectativas?

    E: Y con creces, ¡te puse una propina extra!

    Así que salí ganador, me comí a una mujer espectacular y aparte me pagaron un extra, algo inusual ya que yo generalmente termino cobrando menos o definitivamente no lo hago, pero ese día, fue increíble.

    CORNEADOR ANÓNIMO.

  • Y tuvimos sexo en el viernes botanero

    Y tuvimos sexo en el viernes botanero

    En mi relato pasado hablé de una madura que conocí en el supermercado y después tuvimos sexo en su casa, pero tuve que salir disparado por qué llegó su marido, pero nos volvimos a buscar y tuvimos sexo aquí les voy a contar.

    Después de aquel día, ella y yo nos mandábamos mensajes obvio yo la tenía registrada con nombre de hombre para que mi mujer no sospechara, ambos sabíamos que ella y yo éramos casados pero queríamos esa adrenalina de mandarnos mensajes y estarnos buscando, desde aquel día no hubo encuentro solo mensajes, y la verdad que con mi mujer me llevo y me siento muy bien en cuestión de sexo y la relación que tengo con ella pero uno busca esa adrenalina.

    Ella me preguntó que como me la había pasado aquel día yo le dije que fue de maravilla que la verdad quería volver a repetirlo pero con un poco más de tiempo a lo que ella me respondió que sí que quería repetirlo, Sonia me había dicho que su marido los viernes lo usa para irse a jugar baraja y tomar con sus amigos, que se iba desde las 5 y no llegaba hasta en la noche a dormir.

    Por lo que nos pusimos de acuerdo para vernos en un hotel, yo le dije que por qué no se disfrazaba de algo para darle más emoción a esto a lo que ella dijo que si pero que le daba pena ir a comprar cosas así por su edad, obvio yo le dije que no había problema que eso no le impidiera comprar, a lo que ella fue a una sex-shop y compro un traje pero no me dijo de qué, solo que sería sorpresa, la verdad yo ya quería tener ese encuentro pero apenas era miércoles faltaban dos días y a mi se me hacía eterno que llegara el viernes.

    Seguimos mandándonos mensajes y ese miércoles la intensidad subió de tono me envió unas fotos mostrándome sus piernas y sus pies, queriéndome excitar a lo que lo logró, ella me pidió fotos de mi pene a lo que accedí pero con la condición de que ella me mandara más fotos, ella dijo que estaba bien y me mando fotos de su vagina peludita y se le veían sus labios vaginales güeros y estaba muy húmeda, después de sus chichis redonditas y chiquitas ella las apretaba con el brazo para que no se vieran que colgaban poquito, así pasamos parte de la noche yo estaba en la sala de mi casa y en ovaciones pasé al baño para tomarme las fotos, estaba tan excitado que entre al cuarto y tome de sorpresa a mi esposa y comencé a besarla y tocarla pensando en Sonia, mi esposa ni sospechaba solo se dejó llevar y así le baje el pantalón y su tanga y se la metí estaba su vagina reseca a lo que causaba dolor pero después de unos minutos se empezó a humedecer y todo bien, termine dentro de ella imaginándome que se lo hacía a Sonia y ella quedó satisfecha.

    Llegó el viernes y Sonia me mando mensaje que a las 5:30 me veía en un hotel que ella me mandaba la ubicación y el número de cuarto para que entrara, yo solo le dije a mi esposa que iba ir con unos amigos a ver fútbol que era “viernes botanero”, a lo que me dijo que estaba bien que no tomara mucho y llegara temprano.

    Yo salí de mi casa a las 5:30 esperando el mensaje de la ubicación y el número de cuarto, llegó el mensaje estoy en el hotel Holliday Inn habitación 207, quedaba a 10 min de mi casa, antes de llegar me llegó un mensaje diciendo que la puerta estaba abierta que cuando llegara cerrara y la esperara en la cama.

    Llegue e hice todo lo que me pidió estaba sentado en la cama cuando del baño sale Sonia vestida de… ¡policía! traía mallas negras, falda azul, brasier azul y una boina, con unos tacones negros lo cual se veía muy muy sexy que me puso mi pene al cien, se acercó a mi y me dijo estás detenido muéstrame tus manos, a lo que saco unas esposas y me las puso, me empezó a quitar mi pantalón y en mi bóxer se notaba que mi pene quería salir, ella me dijo te la voy a chupar hasta dejarla seca.

    Yo ya quería que empezara pero ella empezó a jugar y a qué la deseara, por lo que yo estaba muy excitado, por fin me quitó mi bóxer mi pene brinco y quedó completamente parado frente a su cara, ella empezó a mamármela suavemente y con sus manos tocaba mis huevos, llevo su boca a mis huevos y los empezó a succionar de una manera tan delicada pero rica, después volvió a mamármela y a masturbarme, yo agarraba su cabeza con mis manos esposadas y hacía que se tragara toda mi verga.

    Después de un rato le dije que ya no aguantaba que ya iba terminar por lo que ella siguió mamando hasta que termine dentro de su boca y todo mi semen se tragó, dijo que era la leche más rica que había tomado, me quito las esposa a lo cual yo empecé a tocarla toda a quitarle su uniforme, la verdad iba hacerle sexo oral pero ella estaba tan mojada que no ocupo, le quite la falda y su brasier solo la deje con sus medias.

    La acosté en la cama y en la cama y comencé a tener sexo fui lento para disfrutar, yo podía ver en su cara como lo disfrutaba, después de un tiempo ella me abrazó con sus piernas a lo cual yo subí el ritmo después de unos minutos ella tuvo su primer orgasmo, salió de su boca unos largos ahh, ahhh, ahhhhh y apretó mis brazos, yo todavía no acababa, y le dije quieres montarte encima de mí y me dijo la verdad quiero tener relaciones pegada a la pared es una fantasía que quiero cumplir.

    La paré de la cama, la puse en la pared y primero empecé a penetrarla los dos parados y después de un rato la cargue y seguimos, cuando la cargue le pude mamar sus tetas, tenía el pezón duro sus tetas solamente brincaban, ya después de un rato los dos tuvimos el orgasmo yo acabe dentro de ella y ella solo cerró los ojos y apretó los labios, ella estaba inundada de mi leche, que cuando la baje y camino a la cama le escurría mi leche junto con sus líquidos vaginales.

    Nos quedamos buen rato acostados y platicando, ella me dijo que ocupaba un descanso por qué estaba exhausta, pero que si me iba dar el último round de ese día.

    A lo que tuvimos ese round y fue muy bueno, ninguno de los dos quería que terminara ese día, pero teníamos que volver a casa para que nadie sospechara y volver a vernos. Nos despedimos y Sonia dijo que para la otra iba planear algo más sensual, pero verla a mi me pone al mil y eso que no tiene muchas chichis y mucha nalga pero así cómo está pone a quien sea a temblar.

  • Experiencia fascinante

    Experiencia fascinante

    Me agarró la cuarentena en mi casa de Bucaramanga, teniendo visita de otra ciudad, de varios familiares, por parte de mi esposa tuvo que irse para la ciudad de Cali por problemas de salud de mi suegra.

    Aburrido, incómodo porque la casa es pequeña, no podía tener intimidad. Cómo soy muy caliente me gusta leer relatos eróticos y ver porno para hacerme mis pajas.

    Un día recibo una llamada de una prima rogándome que le cuidara su casa que estaba en otra ciudad y su casa había quedado sola. Por supuesto, muy complacido, acepté he inmediatamente me instale contento.

    Pasaron varios días desnudo, leyendo relatos, viendo porno y haciéndome la paja. Un día estaba en la sala viendo una porno de bisexuales, masturbándome muy excitado, de repente, me percató que por la esquina del tv reflejaba hacia la ventana que da a la calle, había una persona muy atenta espiándome.

    En ese momento me causó mucho morbo por saber que alguien estaba seguramente excitado viéndome. Excitado por la excitación y nervioso, casi por eyacular, me detuve y con cautela, salí corriendo para el segundo piso a ver quién era, sorpresa me lleve al ver que era un muchacho vendedor, joven, delgado, de cara bonita, morenito buscándome insistentemente por la ventana.

    El corazón me latía a mil, pensando como un joven se pudiera interesar y excitar con un hombre maduro como yo. Ahí mismo me apresuré, bajé, me puse una pantaloneta holgada y salí diciéndole que estaba interesado en lo que vendía el muy nervioso, se notaba, explicándome, lo que vendía y los precios.

    Le invite algo de tomar y aceptó, lo hice seguir a la sala y se sentara con más confianza le pregunte si prefería gaseosa cerveza o jugo y prefirió cerveza, me fui a la nevera y cuando regresé lo veo muy concentrado en la película que yo estaba viendo, en ese momento pasaban una escena dónde un hombre penetraba a una mujer y este mismo le chupaba al mismo tiempo la verga a su compañero, le pregunto que si le incomoda y le cambio la película y me dice no vale, déjala que está interesante a lo que le pregunto si le gustaría ser un actor y estar en una película así, responde emocionado uy si que rico sería.

    Le pase la cerveza y ya con más confianza le pregunto si ya había tenido algún encuentro así y me responde que hace un tiempo un tío suyo de 65 años lo había iniciado de una forma tan deliciosa que hasta ahora por más mujeres que ha tenido y que contados amigos no lo ha hecho sentir en la gloria como su tío.

    Le dije que le había llamado la atención para estar espiándome por la ventana y me respondió: es que me impresionó ver esa verga tuya tan grande que solo pensaba existía solo en las películas. Por más que he visto amigos, compañeros de trabajo, familiares e inclusive mi tío que me parecía la verga más grande no se compara como la tuya. Estando yo de pie, dándole otra cerveza y escuchando lo que me decía, tenía en mi pantaloneta holgada una carpa a la que él no quitaba la vista a la vez extendiendo su mano pregunta, puedo?

    Con mi sonrisa y excitación comprendió y me bajo la pantaloneta de un tirón y sale mi verga disparada golpeando sus labios y nariz exclamando: wuhao wuhao que grande y hermosa es, yo emocionado, excitado y complacido esperando que se la metiera a la boca, pero no. Simplemente la miraba con detalle, embelesado alzo su mano para agarrármela y estaba fría causándole una sensación riquísima que mi pene saltó y volvió a su mano y empezó a masajear la suave y a la vez su otra mano también fría me masajea los huevos y lambia desde los huevos hasta el tronco suavemente y que sensación maravillosa estaba feliz con tan rico masaje y a la vez impaciente para que se la metiera a la boca, y me pregunta cuánto mide: respondo: 23 cm eran minutos de tortura placentera, botaba mucho líquido transparente de lo excitado que estaba.

    Luego sacó su lengua para saborear dicho líquido uy que rico me dijo mirándome a los ojos, empezó a rodear con su lengua la cabeza de mi verga, cierro mis ojos y siento como esa boca muy suave y candente me engulle la verga haciéndome sentir muy delicioso y acelera el mete y saca hasta que le anuncio que voy a llegar y más acelera llevándome a grandes espasmos, expulsando chorros y chorros de leche que no se la pudo tragar toda se le salía por los lados la que no podía tragar, yo extasiado y tembloroso me arrodilló y con mi lengua recojo el semen que tenía en sus labios rosaditos y a la vez pruebo mi semen que nunca me había querido probar y sorpresa me llevé que no sabía mal y un olor casi imperceptible.

    Él se lanzó a darme un beso con lengua muy apasionado, inmediatamente le quite su camisa y sus pantalones quedando en bóxer y su verga pedía a gritos ser liberada. Fui dándole besos y chupadas muy suaves a sus orejas, barbilla, cuello, hombros, axilas pechos, estómago, huevos y verga por encima del bóxer, para excitarlo más, baje por sus piernas, rodillas, tobillos, planta de los pies, luego subo y le bajó los bóxer y también salta una verga hermosa, mirando para arriba, como de 16 cm. chorreando líquido, recojo su líquido con mi lengua y me pareció rico, le rodeó con mi lengua su glande, el gime sin control, anunciando que va a llegar, y apenas me la meto a la boca, expulsa varios chorros de leche que me parecieron de rico sabor sin dejar perder una gota.

    Exhaustos y felices damos un respiro de 10 minutos para volver a avanzar a un mar mayor de sensaciones diferentes con exquisito placer. Pero eso lo dejo para otro relato.

    Agradecería sus comentarios negativos y positivos, para seguir contando mis experiencias vividas.

  • Te cuento lo que me gusta hacer mientras me ducho

    Te cuento lo que me gusta hacer mientras me ducho

    Me encanta la ducha. Ese lugar donde estás vulnerable, desnudo, desprotegido.

    Para mí la ducha es un lugar donde puedo pensar, analizar, imaginar, tocarme y conocer mi placer.

    Me encanta ducharme. Sola o acompañada.

    Me encanta, por ejemplo, estar bajo el Agua caliente, que recorre mi cuerpo desnudo, sintiendo el placer de su calor y humedad, sintiendo el placer de deslizar el jabón con sus burbujas sobre mis hombros, mis pechos, mi vientre, recorriendo mis piernas.

    Me encanta que todas esas sensaciones sean interrumpidas cuando se abre la cortina del baño y aparece un miembro grande, erecto, duro esperando a ser chupado y apretado con mis manos, rápido, hasta lograr extraer de él todo el semen que me gané y tragarlo por completo, siguiendo después con mi ducha en solitario.

    Me encanta, también, Ésas duchas compartidas, donde mi cuerpo desnudo se comparte con otro cuerpo desnudo, los dos se rozan, se sienten, se tocan.

    Enjabonar a otro cuerpo en su totalidad es muy excitante. Hace que el calor del agua se intensifique, que el cuerpo esté más receptivo.

    Me encanta tomar el jabón entre mis manos y deslizarlo por el cuerpo del otro, ese cuerpo que se entrega a mis caricias resbalosas, caricias picaras que buscan algo más. Que buscan generar placer, lujuria, deseo.

    Me encanta cuando me ponen de espaldas, me apoyan las manos contra la pared humedecida.

    Me encanta cuando abren mis piernas, me toman del cuello y me penetran fuerte contra la pared.

    Me encanta.

    Me encanta coger en la ducha. Usar la desnudez de los cuerpos y el calor del agua para tocarnos por completo, para penetrarnos, para lamernos, para complacernos.

    Y cuando el clímax nos encuentra, agitados, jadeantes, nos relajamos y nuestros cuerpos comienzan a relajarse y aflojarse ahí es hora de salir, secar nuestra desnudez y comenzar de nuevo.

    ¡Me encanta!

  • Hubo que asistirlo para que se follara a mi mujer

    Hubo que asistirlo para que se follara a mi mujer

    Había pasado bastante tiempo desde la última vez que mi esposa tuvo la oportunidad de compartir sexualmente con el tipo de hombre de su predilección, de manera que, en un momento dado y tal vez para romper la monotonía, volvió a surgir en nuestras conversaciones el tema de los encuentros sexuales con extraños.

    Habíamos tenido la posibilidad de encontrarnos en varias ocasiones con Andrés, un muchacho moreno, pero, tanto ella como yo, nos cuestionábamos que no existiesen otras posibilidades y siempre recurriéramos a él en los momentos de calentura. Tal vez debido a la disponibilidad y fácil acceso a esa persona, lo más práctico era recurrir a lo que se tenía a la mano. Sin embargo, pensábamos, debían existir muchas experiencias nuevas, diferentes y otras personas por conocer, sólo que se debía hacer el trabajo de buscarlas y promover nuevas situaciones. Además, Andrés había viajado fuera del país y era muy posible que no lo volviéramos a ver. Y fue en ese ir y venir de ideas, que se planteó la posibilidad de buscar otras personas y promover otras experiencias.

    A ella le atraen poderosamente la atención las personas de color, de manera que la búsqueda debería empezar por ahí. Coloque avisos en una página de anuncios, pero, para sorpresa de ambos, ninguna de las personas que nos escribía respondía a esa descripción. Intentamos, entonces, abriendo un perfil en una página de contactos. Allí pudimos observar varios posibles candidatos, pero la falta de fotografías en sus perfiles poco ayudaba para determinar si esta podría ser potencialmente o no la persona adecuada.

    Para que esto funcione, creemos que debe existir una atracción sexual poderosa. De lo contrario creamos obstáculos que lejos de promover los encuentros, los aplazan indefinidamente. Por otra parte, más importante aún, pensamos que estos intercambios se deben dar con las personas que a uno realmente le gustan, le atraen y le excitan. Si no es así, lo más probable es que no se disfrute la experiencia y que se interactúe con las otras personas de manera forzada y nada natural.

    Les escribimos a varios muchachos y, en ese proceso de búsqueda, logramos comunicarnos con alguien que tenía fotografía en su perfil y residía en una ciudad situada a unas cinco horas de viaje en automóvil desde nuestro sitio de residencia. Encontrarnos con él suponía trasladarnos de ciudad, lo cual, aunque posible, generaba toda una serie de actividades y gastos para logar el objetivo. Pero ya habíamos decidido que lo íbamos a hacer, así que seguimos adelante con los preparativos de la aventura.

    Mi esposa logró comunicarse a través del chat con Héctor, que así se llama el contacto. Como de costumbre, hubo el intercambio protocolario de impresiones y el consiguiente galanteo del hombre, tratando de ganarse los favores de la mujer. Pero el asunto ya estaba decidido, de manera que su galanteo no iba a cambiar el rumbo de los acontecimientos, pero si iba a agregar un poco de expectativa a lo que pudiera ser ese encuentro.

    Este muchacho, además de muchas otras cosas, le expresaba abiertamente a mi esposa su intención de acariciarla, besarla, chuparle los senos y estimular su clítoris con la mano; también quería pasar la lengua por su ano y producirle así un inmenso placer. Otro tanto le manifestaba ella en reciprocidad a sus anuncios.

    Y como resultado de ese intercambio de ideas se acordó ir a visitarle un fin de semana. Decidimos viajar día jueves, desde nuestro sitio de residencia, conocer algo de la ciudad el día viernes, encontrarnos con él en día sábado, reposar de la faena el día domingo y emprender el regreso a Bogotá el día lunes.

    El viaje a aquella ciudad transcurrió sin novedad. Durante el trayecto, ella se comunicó con el muchacho para informarle que ya estábamos en camino. Sobra decir que él se ofrecía para estar atento a nuestra llegada y procurar que todo estuviera perfecto, recordándole de antemano, que no se iría a arrepentir. Llegamos a nuestro destino, nos instalamos y nos dispusimos a descansar para estar relajados al día siguiente.

    El día viernes estuvimos realizando una visita por diferentes sitios turísticos de la ciudad y acudimos, en la noche, a un sitio swinger. Esperábamos que pasara algo inesperado en ese lugar, pero todo fue muy predecible y no hubo oportunidad de intercambiar con otros o recibir algún tipo de propuestas. Mi esposa se mostró insinuante y coqueta con algunos hombres, pero nada pasó, así que nos dedicamos a mirar, con entera libertad, pues al parecer a nadie le importaba si era visto teniendo sexo con sus parejas. Había mucho de exhibicionismo. Nos tomamos unos tragos y, pasada la media noche, volvimos al hotel.

    Al día siguiente dormimos hasta tarde y lo pasamos bastante relajados, ya que era el día acordado para la cita. El encuentro estaba programado para las 8 de la noche y se esperaba que la jornada se extendiera hasta la madrugada, de modo que había que estar descansados. Había conversado con mi esposa para que estuviéramos claros y definiéramos lo que iba a suceder con aquel hombre, desde el mismo instante en que le conociéramos. La idea era que tuviera claro si le llamaba la atención o no para que fuera su pareja sexual aquella noche porque, si bien habíamos hecho un largo viaje con ese propósito, ella no tenía obligación de acostarse con él si no era el hombre de su predilección. Estábamos de acuerdo en eso.

    Llegada la noche nos encontramos en un lugar concurrido de la ciudad. Después de los saludos de rigor, nos sentamos a conversar. El era un hombre de color, bastante más grande que mi mujer, con un cuerpo más bien rollizo, tal vez excedido unos kilos de peso, pero congenió con ella en la conversación, de modo que todo parecía fluir, aunque a mí, la verdad, no me parecía que hicieran pareja. Pero como la intención de ella era medirse diferentes tamaños de pollas en su vagina, aquel hombre le representaba un reto.

    Una de mis preocupaciones es que no se nos pasara toda la noche conversando, así que le insinuaba a ella que concretara lo que íbamos a hacer y procediéramos en consecuencia, porque el tiempo pasaba volando. El volumen de la música en aquel lugar estaba bastante alto y no podía escuchar muy bien lo que hablaban. Mi esposa estaba en medio de los dos, pero ella estaba más atenta de aquel, y por lo tanto yo quedaba fuera de su conversación en muchos momentos.

    De un momento a otro, mi esposa me dijo que Héctor nos invitaba a conocer un sitio especial de la ciudad, muy concurrido en la noche, donde se especializan en bailar salsa. A mí la idea no me agradó mucho, porque significaba aplazar el encuentro sexual para más tarde, pero ella, que le encanta bailar, encontraba tentadora la propuesta y de inmediato aceptó. Así que abandonamos aquel lugar y nos dirigimos al nuevo destino.

    Llegamos a una amplia discoteca, muy oscura, y tal vez ideal para que entre ellos dos surgiera el morbo necesario para que se animaran a retozar sexualmente. Al menos así lo pensé yo. Pero con el paso del tiempo me di cuenta que ellos se dedicaron a bailar y dudo que hayan hablado de algo, porque el volumen de la música era tan alto, que prácticamente era imposible hablar en aquellas circunstancias. Además, que, al ritmo de la salsa, resulta un poco iluso pretender que las personas junten sus cuerpos, eleven su excitación y les nazca follar. Aquello prácticamente era hacer ejercicio, como en una clase de gimnasia.

    De cuando en vez, descansaban un rato, se acercaban a la mesa a tomar algo, algo hablaban, pero nuevamente volvían a la pista de baile y continuaban con su diversión. Yo les observaba desde lejos, tratando de ver si aquel muchacho intentaba acariciar a mi esposa o hacer algo que sugiriera más aproximación e intimidad entre ambos, pero no era así. No había nada de eso. Se divertían bailando simplemente. Y ella, encantada practicando sus pasos de baile sus piruetas y sus rutinas, parecía no estar interesada en algo más.

    Ya eran las doce de la noche cuando, en un intermedio, le dije a mi esposa. Oye, ¿no crees que ya está bien de baile? La idea era venir a culearte a este muchacho, o es que ¿cambiaste de opinión? No, me dijo, es sólo que me he entretenido bailando y se ha pasado el tiempo. Bueno, le repliqué, si fuera con los otros muchachos con los que has estado, a esta hora ya te tendrán desnuda, y te habrían besuqueado, despelucado, acariciado y metido la verga. Me da la impresión de que este muchacho está esperando que tú des la pauta y si no sugieres nada, seguramente seguirá de pareja de baile toda la noche. Bueno, voy a ver, me dijo.

    Poco antes de la una de la mañana, ella me dijo que nos fuéramos para el hotel, y que Héctor nos iba a acompañar. De manera que tomamos un taxi y nos dirigimos a nuestro hotel. En el trayecto solo se habló de la música tan pegajosa que habían escuchado y bailado, de lo entretenido que era aquel sitio, de los buenos bailarines que se veía entre la gente y cosas por el estilo, pero nada relacionado con querer estar ellos juntos o de acariciarse y besarse para iniciarse y excitarse con miras a tener sexo unos minutos más adelante.

    Al llegar al hotel, ya siendo la una y media de la mañana, nos dirigimos de inmediato a la habitación. Una vez dentro, mi esposa tomó la iniciativa, rodeó el cuello de aquel hombre, lo abrazó y empezó a besarlo. Él le correspondió y empezó a acariciar su cuerpo, y a desvestirla lentamente. Metió las manos dentro de su falda para acariciar sus nalgas y, poco a poco, se las arregló para que falda y pantis cayeran al piso. El seguía vestido y ella, con su vagina desnuda, tan solo vestida con sus medias y zapatos de la cintura para abajo.

    Ella, siguiendo el juego, le subió la camiseta, por encima de los brazos, dejándole su pecho al descubierto. Y él, devolviendo el gesto, le quitó la blusa dejándola a ella tan sólo vestida con su corpiño, casi desnuda. Ella, entonces, lo invitó a que se recostara en un sofá, desabrochó su pantalón, lo bajo un poco, expuso su miembro, y empezó a chuparlo. El parecía disfrutar de esa atención, pero mi esposa mirándome de cuando en vez mientras mamaba aquel pene, parecía indicarme que algo no estaba funcionando.

    Y sucedía que, por más que ella mamara y mamara aquel pene, este no se ponía erecto y seguía flácido. El muchacho, tal vez dándose cuenta de esto, empezó a cambiar de posición. Se quitó los pantalones para estar totalmente desnudo y se dispuso a besar el sexo de mi mujer, acomodándose para que ambos se besaran los sexos mutuamente. En verdad, la imagen de ellos dos haciendo la posición del “69” era muy excitante, solo que el pene de aquel, no obstante, los esfuerzos de ella, no conseguía ponerse duro.

    El muchacho se incorporó, la puso a ella de espaldas y trató de penetrarla, pero no conseguía que su miembro estuviera a punto para lograr su cometido. Ella, expectante, sin decir nada, dejaba que aquel intentara e intentara, sin éxito, estar dentro de su vagina. La puso en posición de perrito, pero su miembro no respondía y la penetración resultaba imposible. Estando así, en esa posición, me miró, como desconcertado, mientras seguía insistiendo en su propósito.

    Yo, como estaba tomando fotografías del evento, intervine y dije, saben qué, tomémonos algo y descansemos un poco, mientras se reponen de tanta bailadera. El, un tanto apenado, estuvo de acuerdo y ella, sin otra opción, nos acompañó en la propuesta. Nos quedamos todos sentados; ellos dos en el sofá donde antes trataban de consumar su relación y yo, en el borde de la cama, enfrente de ellos.

    Mientras le servía las bebidas pregunté al muchacho si era la primera vez que estaba en una situación de estas. Me dijo que sí. Le pregunté si ella, como mujer, no le excitaba lo suficiente, o la veía tan señora, que no le pasaba por su cabeza meterle la verga. Me dijo que no, que la verdad ella le parecía una mujer tratable, comprensiva y que más que nada el quería complacerla. Le pregunté, entonces, si le incomodaba de alguna manera el que o estuviera presente, porque si era así yo les dejaba solos. Me dijo que no, pero que la verdad era la primera vez que estaba en esta situación. ¿Cuál situación? Le pregunté. Pues, teniendo sexo con una señora en frente del marido, me contestó.

    Mientras eso sucedía, mi mujer seguía acariciando su pene. Y eso, continué, de alguna manera, ¿lo limita? ¿le impide ser como siempre es cuando está con una mujer? Pensaría que no, dijo, pero es raro estar en esta situación. Creería yo, repliqué, que el hecho de tener una hembra dispuesta a tener sexo con usted es el afrodisiaco más potente para motivarle a estar con ella, a menos de que usted le tenga tanto respeto y la vea de otra manera, de manera que no le nazca hacer nada con ella.

    ¿No se ha puesto a pensar cómo se sentirá estar dentro de la vagina de una señora casada? ¿No se ha puesto a pensar que quizá usted no tenga que complacerla a ella, sino que más bien ella, teniéndolo a usted a su disposición, así, desnudo como está, desfogue toda la arrechera que tiene y el motivo por el cual decidió visitarlo? Ella fue quien lo contactó, ella fue quien lo eligió para que estuvieran este rato juntos, de manera que deje que las cosas pasen y no piense tanto en lo que tiene o no tiene que hacer.

    Fíjese que ella ha estado todo el tiempo dispuesta a comportarse con usted como toda una hembra, así que deje que lo consientan y no se resista a sentir lo que está sintiendo o a pensar qué debiera sentir, o comportarse de otra manera, y haga lo que le nazca hacer. Mi esposa, seguía acariciando su pene, y mientras yo decía esto, empezó a besarlo nuevamente, con delicadeza. Con una mano acariciaba el tallo de su pene, arriba y abajo, y con la otra, decidió acariciar sus testículos. Y ¡Eureka! No sé que fue lo que funcionó, pero aquel miembro despertó y se empezó a poner erecto. Mi esposa lo empezó a frotar con mayor ritmo e intensidad mientras lo seguía besando.

    El, envalentonado, dirigió a mi esposa para que se pusiera en cuatro patas sobre la cama y por fin, ya con su miembro erecto, sin condón, la pudo penetrar. Seguramente la vista de las nalgas de mi esposa desde atrás y su vagina expuesta y a disposición, le excitó, y empezó a penetrarla, empujando sin cesar. Mientras lo hacía, no dejaba de observar cómo su inmenso miembro entraba y salía de ella. Pensé que, debido a lo que había sucedido, iba a terminar muy rápido, pero me equivoqué. Empujaba su verga una y otra vez dentro de ella con mucho vigor, como descargando rabia, y ella empezó a gemir de placer, lo cual animó aún más a Héctor a seguir en su papel de corneador ejemplar.

    Y fue así, penetrándola desde atrás, donde él se desinhibió completamente. Pensé que, tal vez, el tenerla a ella frente a frente lo intimidaba de alguna manera, y cuestioné el por qué no tomó las riendas de la situación desde un principio, desde el momento en que se vieron y empezaron a bailar, a sabiendas que lo que venía era taladrar con su herramienta a esta señora. Creo que algo faltó para que las cosas se dieran de otra manera, pero a estas alturas ya mi mujer gemía con los embates de este macho negro.

    Y después de ese primer intercambio, fue tal la excitación de escuchar a mi esposa gimiendo, de apreciar su cuerpo contorsionándose cada vez que el empujaba su pene dentro de ella, y de sentir cómo ella correspondía empujando sus nalgas hacia él, que ya no quiso detenerse. Empujaba y empujaba, al parecer sin querer sacar su pene. Y ella, en respuesta, movía sus caderas de lado a lado, mientras este la taladraba. Pasaron unos minutos y él dio un grito, cuando por fin alcanzó su máximo placer y se vino dentro de mi esposa.

    Nos sentamos de nuevo los tres, como antes. Les ofrecí unos tragos y le pregunté al muchacho, ¿cómo estuvo? Bien, me contestó. ¿Qué tal culea la señora, insistí? Me gustó, dijo. ¿Qué le gustó? Como lo mueve, respondió, mirándola a ella. Ella, mientras, se retiró el corpiño que tenía puesto, quedando desnuda, sin inhibición y vergüenza frente a él, desfilando así frente a nosotros para vestirse ahora con un camisón de dormir liviano. Aquello sugería que la aventura y o no iba más, pero seguí, preguntándole ahora a ella. Y ¿tú? ¿Cómo lo sentiste? Súper dijo, lo sentí muy profundo. Y ¿te gustaría que lo volviera a hacer? Si. Pero creo que el tendrá que volver temprano a casa, o ¿no? No respondió él; me puedo quedar un rato más.

    Y poco después, otra vez con su miembro erecto, como queriendo reivindicarse de aquel inicio incierto, hizo que ella se recostara boca arriba y empezó a penetrarla en esta posición. Observaba cómo insertaba su pene dentro de ella y no dirigía su mirada a otro lado. Ver su miembro erecto entrando dentro de mi mujer resultaba, al parecer, el estimulante que necesitaba para desfogar toda su pasión y habilidades de macho. Se esforzaba en mantener los ojos cerrados, casi todo el tiempo, como concentrándose en lo que estaba haciendo y, cuando los abría, era solo para comprobar que su pene seguía haciendo maravillas, pues ella ya había empezado a gemir, a agitar sus piernas tratando de rodear el torso de aquel para atraerlo hacia sí, y de mover su cabeza lado a lado en señal de extrema excitación y placer.

    Luego él, colocándose en posición de cuclillas, intentaba que su penetración fuera aún más profunda dentro del sexo de mi excitada esposa. Tal vez quedaron rondando en su cabeza las palabras de mi mujer; lo sentí muy profundo. Y ella, en demostración de total entrega al momento, e intenso clímax, extendía sus brazos por encima de su cabeza y se mantenía concentrada en sus sensaciones. Y no obstante, que la habitación tenía aire acondicionado, ambos estaban sudando profusamente.

    Héctor, después de hacer malabares, pareció agotar sus energías y detenerse para recuperarse un poco, de manera que ella, tomando la iniciativa, le indicó que se acostara, se quitó el camisón que llevaba puesto, quedando totalmente desnuda, y lo montó para controlar sus movimientos sobre aquel pene que tenía dentro de su cuerpo. Movía sus caderas con intensidad, adelante y atrás, a un lado y al otro, sintiendo el roce de aquel enorme miembro dentro de su sexo. Empezó a gemir, a jadear, mientras se movía sobre él, hasta que parecieron llegar ambos al clímax, porque aquel agarró las nalgas de ella y la atrajo hacia si mientras empujaba con mucha fuerza y velocidad. Pronto, ambos se detuvieron, quedándose los cuerpos uno sobre el otro durante varios minutos, recuperándose del esfuerzo. Después ella se levantó y se dirigió al baño.

    Bueno, dije yo, creo que hasta aquí fue la cosa, o ¿quiere pegarle otra culeadita a mi mujer?, pregunté. Ya es tarde, dijo él, y creo que me tengo que ir. Yo la pasé muy bien y espero que ella también. ¿Usted qué cree? Pienso que sí, que al final estuvo bien. Si, al final, dije yo, porque al principio la cosa se estaba embolatando. Y ambos nos reímos.

    Escuchamos que ella se estaba bañando, así que él terminó de vestirse, se despidió de mí y me pidió que lo despidiera de ella, diciéndome que más tarde la llamaba para despedirse. Le dije que esperara unos instantes, que ella ya salía, y así fue. Salió desnuda, secándose su cuerpo, y dijo, qué pena, pensé que ya te habías ido. Su esposo me dijo que la esperáramos, contestó él. Bueno, señora, espero que todo haya estado bien y de pronto, más adelante, podemos encontrarnos de nuevo. Si, dijo ella, yo la pasé superbién. Quizá nos veamos de nuevo. Que pases buen día. Lo cierto es que nunca más nos volvimos a ver.

  • No puedo sacarme de la cabeza a Emilia

    No puedo sacarme de la cabeza a Emilia

    Estuve varios días pensado en lo que había ocurrido aquella noche, no podía creer que había sido parte de una orgia. Pensaba en la gente que estuvo ahí, lo que hicimos y lo que hice. No pude hablar con ellos durante semanas, por la vergüenza que me causaba volver a verlos, de hecho, creo que ninguno de ellos lo podía asimilar.

    Con la única que pude hablar a los días de haber ocurrido eso, fue con Emilia, no porque le hablaba yo, sino que ella me buscó insistentemente, al final, le contesté los mensajes. Con ella en particular lo había pasado genial, fue la que me hizo acabar las dos veces en esa noche. Sus mensajes eran por supuesto relacionadas a aquella noche, me preguntaba de forma un tanto burlesca, si había sido yo la de esa noche o una impostora, no asimilaba mi comportamiento. No me molestaban sus mensajes, pero me daban mucha vergüenza.

    Las siguientes conversaciones con Emilia cambiaron el tono y la forma, ya no eran risas, ahora eran insinuaciones a que contara cómo lo había vivido. Le conté que en el momento la pasé bien, pero si me preguntaba ahora, no sé si lo haría de nuevo, pero no me arrepentía, ya estaba hecho… No quise decirle que con ella la pasé mejor que con el resto, aunque ella sabía que había sido de esa manera.

    Emilia era una persona que simplemente decía las cosas, ejemplo de eso fue aquella noche, ella animaba al resto que, dada la circunstancia, estábamos avergonzados.

    Durante esos días en que conversé con ella, supe más acerca de su vida sexual. Era segunda vez que había hecho una orgía, pero según sus palabras, esta la pasó mucho mejor, la primera fue para probar y no la disfrutó tanto. Mientras me contaba sus experiencias sexuales, me iba preguntando si lo había hecho. En esa época de mi vida, no había probado nada de lo que ella ya había hecho, llámese tríos HMH y MHM. Me contaba que había estado con un maduro no hace mucho. Emilia tenía 1 año más que yo en esa época, o sea 19 años. El maduro que ella mencionaba tenía 45 años, yo no lo podía creer, sabía que tenía más experiencia en el tema sexual, pero de todas formas me impactaban sus confesiones.

    Llegó el día que en una conversación me preguntó si me había gustado tener sexo con ella… La vergüenza que tenía en un principio y que se me había ido durante los siguientes días, volvieron cuando preguntó eso. Le confesé que, si me había gustado, que con ella lo había pasado muy bien. Ella responde con una carita sonrojada y luego me dice que sabía que lo había pasado bien, si mi cara de placer no se la podía sacar de la cabeza…

    Hubo una especie de silencio incomodo, y le pregunté qué quería decir con eso, a lo que responde que me tenía ganas… Así sin tapujos. Nuevamente quedé sin poder decirle nada, pero qué decir cuando alguien te dice algo como eso. Siendo sincera, y como dije anteriormente, con Emilia llegué al orgasmo y dos veces, en interior, sentía curiosidad volver a estar con ella.

    Le pregunté inocentemente si lo que sentía era más allá de lo sexual o solo era eso, querer volver a tener sexo conmigo. Ella responde que me tiene cariño, me encontraba guapa, que si seguía pensando en mi como lo estaba haciendo esos días, posiblemente le iba a terminar gustando. No hablamos más del tema ese día, dejamos que el tema se esfumara a medida que pasaban los minutos, hasta que ya estábamos hablando de otra cosa y finalmente, nos despedimos.

    A los dos o tres días de esa conversación, Emilia me llama a mi celular y me dice que estaba en tal lugar, cerca de donde yo estudiaba, que podía juntarse conmigo si es que yo quería. Le responde que sí, que me esperara unos minutos y nos poníamos de acuerdo.

    Nos juntamos, fuimos a comer algo, bebimos un poco y conversamos harto, no hablamos de temas sexuales ni acerca de nosotras hasta el momento en que veníamos en el transporte público. Ella me mira y me dice que era hermosa… Yo sonrío y le digo que estaba confundida, y tenía que confesarle algo. Le admito que sentía cosas por ella, pero eran no se sentía como amor, era un gusto sexual, curiosidad, que podría transformarse en amor, pero no lo sabía aún. No conversamos más, solo esperamos a llegar al lugar en donde yo debía bajarme. Nos despedimos, le di un beso largo en la mejilla y bajé.

    No podía huir de lo que sentía, no podía ocultarlo, quería volver a tener sexo con Emilia, ella lo sabía y tenía dos opciones, decirle de frentón o buscar la ocasión y que se diera. Opté por la segunda, la invité a mi casa, probablemente ella con la invitación sabía que era muy probable que pasara.

    Y como en una película, ella entra y nos besamos, no dudamos ni esperamos, creo que nuestras miradas al encontrase en la puerta, hablaron por si solas. Llegamos a mi habitación besándonos, respiración agitada por parte de ambas, nos logramos acostar en la cama y comenzamos a quitarnos la ropa de una forma desesperada. Cómo describir lo que sentía en ese momento… Podía sentir como mis latidos se aceleraban a medida que nos quitábamos la ropa.

    Ya desnudas las dos, ella arriba mío, comienza a bajar besando mi cuello, luego besando mis pechos, mientras yo cada vez más excitada esperaba el momento en donde ella se iba a detener, en ese lugar. Mientras besaba mi cuerpo, nos mirábamos y sonreíamos, hasta que llegó abajo… Tocaba mis pechos y con sus dedos acariciaba mis pezones. Yo ya estaba completamente entregada.

    Emilia, al igual que esa vez, comienza a besar mis muslos y luego se dirige directo a mi húmeda vagina. Comienza a pasar su lengua por mi clítoris, mientras este, palpitaba al mismo tiempo. No podía parar de gemir, mientras más miraba como movía su boca en mi vagina, mi calentura aumentaba. Luego comenzó a chupar mi clítoris e introdujo sus dedos… Moviéndolos suavemente dentro de mí, no podía aguantar más, el primer orgasmo me hizo apretar las sabanas con mis manos y pegar un grito de placer, mientras ella seguía jugando con mi clítoris.

    Se acerca a mi y me besa, yo la coloco de espalda, al igual como estaba yo, era mi turno de darle placer. Emilia se deja, comienzo besando sus pechos, con todo lo que había pasado esa noche, no me había percatado tan bien en que tenía unos pechos grandes y hermosos. Pasé mi lengua en uno de sus pezones, estaba bastante duro. Ella me dice, muérdelos… Yo sin dudar lo hice, claro, con delicadeza, mordí y chupé su pezón derecho mientras que con mi mano izquierda apretaba su otro pezón, eso la hizo gemir.

    Sin mucho preámbulo, bajé directo a su vagina y comencé a besar su clítoris, no era de extrañarse que lo tuviera duro. De la misma forma que pasaba mi lengua por sus pezones, lo hice en su clítoris. Con mi dedo índice y pulgar abrí sus labios y comencé a lamer y besar, en tanto ella, agarraba mi cabeza y gemía. Su vagina estaba muy mojada, corría liquido por sus labios hasta llegar a su ano, meter mis dedos no costó nada, solo se deslizaban hacia adentro. Cuando ella sintió mis dedos dentro, me dice que lo haga rápido sin parar… La comienzo a masturbar con mis dedos, ella gemía al ritmo en que yo introducía y sacaba mis dedos. Me seguía dando instrucciones, ahora quería que le chupara el clítoris mientras metía mis dedos.

    La hice acabar, mi boca estaba empapada de su líquido, las sabanas igual, en ese momento, nos miramos y nos cruzamos de piernas y comenzamos a rozar nuestras vaginas, tal como fue esa vez, ahora, podíamos sentir los gemidos de ambas. Sentía como los labios de mi vagina se juntaban a los suyos, nuestros clítoris chocaban uno contra otro. No aguanté mucho y me vine de nuevo, ella lo sintió.

    Nos quedamos un instante las dos de espalda, nuestra respiración agitada y algo sudadas, ella me pregunta si aguanto otra corrida más… Yo respondo que no sabía. Emilia me toma y me pone a cuatro patas, quedé con medio cuerpo levantado, estaba entregada a que Emilia hiciera lo que quisiera.

    Comienza a pasar sus dedos por mi vagina, de arriba hacia abajo, mientras yo, en esa posición, solo me quedaba cerrar mis ojos y disfrutar. Siento de nuevo su lengua en mi vagina, pero esta vez, la pasa de arriba hacia abajo, en repetidas ocasiones, más de alguna de esas ocasiones, pasó su lengua por mi ano, se sentía extraño pero excitante. En un momento ella mete sus dedos y comienza a moverlos dentro de mí, movimientos en círculo, luego hacia delante y atrás. Cada vez con más rapidez, podía escuchar lo mojada que estaba mi vagina cuando ella movía sus dedos dentro mío, hasta el punto en que comencé a sentir que el orgasmo se acercaba más y más. Al momento de llegar, Emilia pone su boca y le acabé en la boca… Estaba tan satisfecha, agotada, el orgasmo había sido tan espectacular que con dificultar me giré y veo como su boca estaba mojada. Veo las sabanas y estaban todas húmedas. Emilia se acuesta al lado mío y con lo poco que quedaba de sabana seca, nos tapamos, yo deseaba dormir, había quedado agotadísima, ella lo entendió.

    Hasta ese momento, Emilia había sido la mejor experiencia sexual de mi vida, sabía lo que hacía. En mis tres relaciones amorosas pasadas, jamás había tenido el orgasmo que me hizo tener.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 18)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 18)

    Cuando escuchó que uno de los desconocidos ofrecía 800 dólares, Julia levantó una ceja.

    Fue una leve señal que no dudé en aprovechar al máximo. Por insignificante que parezca, cualquier muesca de excitación debía ser aprovechada. Sin dudarlo me arrodillé sobre el suelo y con mucha suavidad acerqué mi lengua al agujero de su ano destruido, todavía semi abierto y con la piel del entorno toda paspada. Rojo a más no poder y con signos de haber sido hasta rasguñado. Abrí los cachetes y le apoyé apenas la punta.

    -¡Mirá como te dejaron la cola! –exclamé cuando se quejó del dolor, al sentir un poco de presión en el esfínter.– Viejos pajeros. ¡Sinvergüenzas! Le rompieron la cola a una nena.

    Necesitaba hablar yo. Que no hable ella. Aunque sea para que su cabeza llegase al punto de, al menos, no estar del toda segura si lo ocurrido era, o no, motivo para enojarse. Y a pesar de que la idea original era que ella me petease a mí al ver el video, ni me animé a sugerirlo.

    -Todo el culo con gusto a pija vieja tenés ahora. Y tu primo te lo chupa igual. –Dije para que su silencio no llegase a ser incómodo.– Sana, sana, colita de rana –repetí luego varias veces, entre lengüetazo y lengüetazo que le daba por la raya del ojete y un beso en el centro del ano roto.

    Todavía su respuesta era silencio. De esos silencios que se forman en los momentos más tensos de la vida. Cuándo se juegan situaciones y posibles interpretaciones que te pueden cambiar la vida para siempre. Y mientras la pantalla ahora mostraba a un desconocido abriéndole la boca con los dedos de su mano para meterle el pito adentro, Julia estaba pensando en si sentirse violada o no.

    Ella necesitaba saber si su orgullo estaba dañado, si su decencia seguía intacta o se había quebrado. Y yo necesitaba, si o si, de la ayuda de mi aliado. Necesitaba casi obligatoriamente que su deseo jugase a mi favor. Al menos ese tipo de ideas eran las que rondaban por mi cabeza en ese momento.

    Decidí tirar sobre la mesa la carta del humor, aunque sea para ver si lograba relajarla más, o distraerla. Esta vez hablándole sólo a su ano, le dije que, de ahora en más, le prometía que ninguna otra pija que no sea la mía lo iba a penetrar. Que ya se lo había cogido medio barco, y que era suficiente. Que hasta me estaba sintiendo un poco celoso.

    Esta vez no pudo ocultar una breve sonrisa. Aunque fue sólo un segundo, la sentí como una lluvia torrencial en pleno desierto.

    -Qué le vamos a hacer. –Le dije mientras acariciaba una nalga a quien quería consolar.– Te dejaron a cargo de un pervertido. ¿A quién se le ocurre confiar en mí mentalidad quedándose dormida? Era obvio que ibas a quedar destrozado. –me contesté luego a mí mismo.

    El gusto tan especial que tenía el culo de mi prima en ese momento, todo cogido y ultrajado con violencia y desesperación por tantos tipos, sumado a un poco de semen seco mezclado con el sabor plástico de los forros, todo eso diluyéndose entre las ocho transpiraciones del contacto piel a piel que había sufrido, nueve con la de Julia, me estaba volviendo loco nuevamente. Hasta el olor a sangre me enfermaba.

    Pero bien sabía que debía seguir enfocado en el objetivo de desdramatizar el tema. Era sumamente importante que mi prima caiga presa de su morbo y en eso debía enfocarme. Sí o sí. Sin excusas.

    Pero ese gusto…

    Y esa sensación de haber enfiestado a mi prima.

    Y la de que no se podía ni parar de lo rota que le habíamos dejado la cola.

    Y la de que si salía de la habitación, se podría encontrar a un hombre que se la haya culeado. Y no saber cuál. Y por su cabeza, entonces, tendría la duda de que todos podrían haberla cogido. Desde ese momento su mente no podría mirar jamás a ningún hombre del barco sin pensar en que tal vez tuvo su pene en la boca. O en la concha. O en el culo recientemente desvirgado. En todos lados, en realidad.

    Pero, sobre todas las cosas, fue ese gusto a culo de puta lo que me pudo. Venció mis objetivos y me obligó, prácticamente, a hacerle la cola de nuevo.

    Subí a los besos por su cintura hasta que mi boca, esquivando su nuca y corriéndole el pelo, quedó en su oído. Ella permanecía con los codos sobre el colchón, mirando fijamente a su celular. Ahora veía cómo era penetrada por tres hombres encapuchados que gemían como si fuese una película porno barata. Y ella la protagonista, a la que ni le habían dado una línea para decir. La puta que sólo servía para hacer el papel de un par de agujeros. Si pensaba algo, o tenía una inteligencia prodigiosa, no importaba. Que ponga el culo y se deje de hinchar las pelotas, parecía decir el inter texto del video. Mientras ella estaba todavía incrédula. Teniendo que acercar la vista de vez en tanto para asegurarse que era ella. Todavía le costaba creer del todo que la putita del medio era ella. Pero era: la flaquita con tres pijas dentro del cuerpo, era ella. No cabía lugar a ni una duda más.

    -Ahí están tapados –le susurré– Pero no sabes la cara que tenían.

    Julia me contestó con un gesto. Como que me vaya, sacudiendo una mano. Luego llevó un dedo a sus labios, para que entienda que me calle la boca. Y que todavía estaba enojada.

    Yo en cambio la agarré de la cintura y la hice romper el silencio cuando apoyé con fuerza la cabeza de la pija en el culo, sin previo aviso.

    -¡Rodrigo! Ni se te ocurr… Ahhhh –dijo sabiendo que ya estaba siendo penetrada otra vez.– ¡No podes ser tan hijo de puta! –agregó cuando me dejé caer y mi verga llegó al fondo. Dándole otra vez patadas a mi espalda con sus talones.– Dejala adentro pero no me cojas, que me duele –negoció al final y siguió viendo el video.

    Ahora sentí claramente la diferencia entre un orto dormido y uno despierto. Aunque me quedaba quieto, recibía una especie de abrazo que apretaba el tronco de mi verga y de a ratos lo soltaba. El de la noche anterior parecía un juguete, este en cambio se contraía y se dilataba de una manera en donde no hacía falta ni que me mueva yo.

    Disfrutando de la quietud de la nueva culeada, y para que la chota no me crezca de golpe y le haga doler, ni correr el riesgo que me exija que me salga, o que cierre esas puertas del paraíso que tenía entre las nalgas, volví a intentar a hacerla sonreír de nuevo.

    -A ver qué estás viendo. –susurré ahora con el pito adentro, volviendo a acomodar su cabello hacia el otro lado, para que no me tape la pantalla del celular que mi prima tenía en las manos.– Ah. Ya la vi esa. –dije al notar que Julia no tenía todavía intención de hablar. –La bella durmiente y los siete enanitos. Esta buena. Al final se la garchan. –tiré en joda. Y aunque el chiste había sido muy fácil, Julia sonrió.

    Lo hizo con la cara, pero gracias al movimiento vibratorio que recorrió por su espalda, lo sentí como si lo habría hecho con el culo. Era lo único que me faltaba, que mi prima se ría con el ojete. Pero aunque ese pensamiento me hizo sonreír a mí también, preferí no decir nada. Por las dudas. No hacía falta, la cosa de a poco ya estaba empezando a mejorar.

    -Al menos sabemos que no fue ninguno de esos dos –dijo al ratito, señalando a un viejo que se cambiaba el forro para dársela por la concha, y a al gordo que se preparaba para ponérsela en la boca.– Con esa pijita que tienen, seguro que no fueron ellos los que me rompieron el ojete. –y se rio por tercera vez, ahora de su propio chiste.

    Esta vez con más ganas. Y como yo también me reí, la pija entró y le salió varias veces, involuntariamente, del ano. Se quejó del dolor unos segundos después y empinó la cola pidiéndome que vuelva a dejársela quieta. Por favor, quieta. Que le dolía todo. Pero por favor, también que se la deje adentro.

    Al percibir que ya estaba aflojando, volví a hablarle al oído.

    -Deberías sentirte orgullosa. Ocho machos necesito el culito para domarlo del todo. –dije ahora.– Y vos presumías ya estar domadita. –agregué luego.

    Julia levantó aún más la colita, para poder llevar una mano a la concha. Cuando se la empezó a acariciar, me relajé del todo. Mi prima ya estaba nuevamente en modo puta. El modo que más me gustaba. Un segundo después ya se masturbaba completamente excitada y ella solita subía y bajaba la cola, despacio, para recibir la poronga en el orto. Sus dedos, en cambio entraban y salían rápidamente de su conchita que largaba flujos empapando el colchón.

    No habían sido mis palabras la fuente de su calentura, sino las que escuchaba de fondo en el video.

    Escuchar que se referían a ella como “mantequita”, “la piba con pinta de peterita”, “la nena culoroto de papa”, y hasta “empanadita calentita”, la volvía loca. Sin dudas, en su fantasía de ser cogida por un desconocido mientras dormía, no había siquiera imaginado lo que sería hacerlo con siete. Y viejos. Y verdes. Y sin su autorización absoluta. Ni que ofrezcan plata para romperle el culo.

    Ahora ni se gastaba en simular un enojo. El video lo miraba de reojo. Y con una mano masajeándose el clítoris y con la cola aguantando el dolor de la culeada que le estaba dando, acabó al instante. Un orgasmo que parecía no terminar nunca. Y de sólo oírla gemir como la putita que era, y ahora solo para mí, acabé también yo.

    -Vení a ponerme el pito en la boca –me pidió después.- Así sigo viendo el video.

    Así lo hice, y recibiendo el calor de su saliva y las caricias de su lengua, dejé a mi verga que se achique y crezca cuando quiera. Que haga la suya. Y mi prima también.

    Se hizo dos pajas más, me pajeo para tomarse la leche una vez, amagó con tocarse al menos cinco o seis más; pero cuando terminó el video se puso de pie y como si se habría olvidado del dolor del culo, dio dos saltos de entusiasmo. Al verla volví a recordar al pibito con sus figuritas, pero me cortó a la mitad, porque otra vez cayó sobre el colchón al sentir un nuevo puntazo en la cola. Pero esta vez no había arruinado ni un poco su humor.

    -¡La mejor fiesta de todas! –exclamó cuando dejó de besarme. Contenta por ser tan trola.– Decime que guardaste la leche. –me dijo al final.

    Le contesté que sí. Que se quede tranquila. Fui a buscar la tanda de preservativos usados con semen enfriándose en su interior y los tiré a su lado, sobre el colchón. Al ver la cantidad no se intimidó. Se sentó como un chinito, con cuidado de no provocarse dolor extra y uno a uno los empezó a vaciar con su boca.

    -Llegó el delivery del lechero –dijo al empezar a gemir otra vez, mezclando su excitación con sonidos de satisfacción por la cena que estaba comiendo.– El pedido para la lechera. La come leche de tu prima, hoy se empacha.

    Aunque tenía muchos, no quería desperdiciar nada: cuando no podía exprimir más con sus dedos, daba vuelta el forro y se lo ponía entero en la boca para sacarlos completamente limpios. Uno tras otro. Casi hipnotizada. Sin importarle nada. Comiendo guasca ajena como si fuese su plato favorito.

    Verla así me dio otra descarga eléctrica en el cerebro. De vez en cuando me miraba poniendo cara de petera. De tragaleche ofreciendo un show en concha para su primo. Lo disfrutaba tanto que no sabía del todo si lo hacía para calentarme a mí o porque ella no daba más de tanta perversión que habíamos vivido en unos cuantos días. La escena era absolutamente morbosa.

    Esta vez se había tragado más esperma junta que nunca en su vida, pero ni una arcada le escuché soltar. Cuando sacaba el forro que saboreaba en la boca, del lado donde había estado la verga, cerraba los ojos presa de su adicción. Lo dejaba a un costado, en la pilita de los “limpios” y vaciaba el próximo, para luego darlo vuelta y mandárselo a la boca.

    -¡Qué rica es la leche viejita! –Decía de vez en cuando.- ¡Esta chele era para la mujer, no para la nena! –decía sino. Siempre seguido de un “mmm”, o un “ahj” como si se estuviese refrescando.

    Sin duda alguna, sentir ardor en la cola, comerse la chele del forro, haberse visto siendo usada y abusada por tantos hombres casados, le descargaba la misma electricidad que a mí.

    Yo la miraba apoyado desde el mueble del pie de la cama, desde el mismo ángulo que había tenido el video. Era un detalle que también me calentaba a más no poder.

    Julia lo notó y mejoró el show. Ya sin leche en los preservativos, abrió las piernas, las estiró y comenzó a masturbarse otra vez, ahora para que la vea de frente. Cuando la pija se me puso al palo, comencé yo también a pajearme despacio.

    Ni tres minutos habrían pasado cuando empezó a gemir, mirándome fijo y con una cara de pajera que nunca le había visto. O nunca me había detenido a disfrutar con atención. Y en el preciso instante en donde mi prima comenzaba a sentir un nuevo orgasmo, tres o cuatro gotas de leche me cayeron en la palma de la mano, dejándome los testículos extremadamente secos.

    Todavía con su mirada en la mía se chupó los dedos y me hizo señas para que me acerque. Como una gatita hambrienta me lamió la palma para tragarse el semen y dejármela bien limpia.

    -La más rica de todas. –dijo cuando supo que no había más. Sabiendo también que la fiesta del sueño había finalizado.

    Más que la fiesta del sueño, había sido la fiesta del pedazo de carne. De la dormida culeada. De la trola del casino. O la de la pibita con todos los agujeros llenos. Pero tampoco aclaré nada.

    Como siempre, me acosté a su lado, para besarla. O dejar que me bese ella a mí. Era una señal que ya sabíamos qué significaba, que esa sesión se terminaba. Y que era tiempo de pensar una nueva. Claro está, era una señal maravillosamente provocativa.

    Cuando se acomodó para apoyar su cara sobre mi pecho, me fijé la hora. Eran las 10 de la noche, pero me costó unos segundos saber de qué día. Entendí entonces que romperle el culo y darle leche en la lengua a la putita de mi prima, me hacía perder la noción del tiempo. Y me encantaba.

    Julia se puso de pie y se quejó de que ahora también le dolía la concha. Y al abrir la ducha me gritó desde el baño que esperaba que al menos haya aceptado los 800 dólares. Que los necesitaba para un culo nuevo. Y una cajeta.

    Al terminar de bañarse, se encontró con la cama llena de billetes. A penas los vio, pegó un grito de excitación y me preguntó de dónde había sacado todo eso. Con el apuro por ir a verlos de cerca casi se tropieza con su propia bombacha, que había logrado ponerse solamente hasta las rodillas.

    Riéndome por el acto le conté que eso habían pagado por cogerse a la pendeja dormida. Y me acompañó en la risa, tapándose la cara pero, esta vez, no de vergüenza. Esta vez lo hacía porque no lo podía creer. Porque no llegaba a entender del todo que se había recibido de puta premium.

    -Jodeme que todo eso le sacaste a los viejos. Sos un genio. No te puedo creer. –Decía, mezclando el morbo y la sorpresa en su tono de voz.- ¿Qué vas a hacer con tanta plata, Rodri? –preguntó luego.

    Me quedé en silencio para admirar su inocencia. El ojete partido al medio, casi un litro de leche en el estómago, la conchita ardiendo de tanta pija que había recibido, y pensaba que la plata era para mí. Se había roto el culo laburando y pensaba que iba a cobrar yo.

    Le besé la frente y le dije que iba a buscar algo para comer. Que se quede acostada, recuperando la cola, que en un rato se le terminaba el recreo y la ponía a mamar pija de nuevo. Y que junte la guita, que la meta en un sobre y la guarde bien, que era todo de ella.

    Mientras recolectaba panes en el comedor del crucero, para hacer unos cuantos sanguches en el camarote, me sonó el celular. Me llegaron alrededor de doce mensajes del brasilero. Cómo cuando uno recupera la señal o prende el teléfono después de un buen rato de haberlo apagado.

    Cómo ya sabía que me había engañado para obtener mi número, los ignoré. En realidad sólo por un tiempo. Antes de cargar un plato con fiambre, quesos, rodajas de tomates y lechuga, abrí el whatsapp para bloquearlo, pero me llamó la atención el último que había recibido.

    “5 mil dólares sólo por hablar cinco minutos en el bar del octavo piso”

    Pensé entonces en la cara de Julia al verme llegar con cinco lucas más. Tirárselos y decirle que me los habían dado de propina, porque todavía seguían sin poder creer la pendeja que se habían garchado. O algo así.

    “En cinco lo veo. Sólo cinco minutos y sin promesas de nada”, contesté.

    Lo encontré a Fabián, primero. Me saludó y como diciéndome un secreto, me preguntó si estaba funcionando la cosa. Si Julia me había dicho algo, o había empezado a aflojar. Le dije que sí, que iba mejorando la situación. Que siga así. Y que mucho no había podido hablarle porque se la había pasado durmiendo. La última frase creo que fue la más cercana a una verdad. Y aunque el dato no aportaba ninguna información importante, se lo dije porque todavía me gustaba tomarlo de boludo. Me despedí con dos palmaditas y en el fondo del bar lo encontré al brazuca.

    -Cinco minutos. –dije, cuando me dio la ficha. Sintiéndome un mafioso berreta, pero que en mi imaginación daba miedo.

    El viejo sólo necesitó 5 segundos.

    -Quiero que usted desvirgue a mi hija –dijo.

    Con las mismas cartas de la mano anterior, le canté el vale cuatro. Disimulando el apretón que me daba la pija bajo el pantalón, le indiqué, con la mano, que continúe hablando.

    -Quiero que usted desvirgue a mi hija –repitió.– Y le saque al menos una foto a su vagina virgen. Que me la envíe y a cambio le entrego diez mil dólares más.

    La ficha que tenía entre mis dedos quedó en segundo plano. Ahora la verga me hacía imaginar la cara de mi prima si además de los sanguches y cinco luquitas verdes, caía al cuarto con una conchita virgen para que se la coma por primera vez.

    Tal vez no sea un buen momento para hacerles una adivinanza. Pero da igual. Voy a jugar por unas líneas a ver qué tan atentos están.

    Adivinen qué remera llevaba puesta en ese momento.

    Les doy una ayuda:

    -Es bonita la nena –dijo, mostrándome una foto.

    Era, encima, la pibita con la pollera tableada que Julia había elegido la noche anterior.

    Haciéndome el importante le dije al tipo que me explique mejor su idea. Que tenía media hora más para explicarme. Aunque creo que los dos sabíamos que podía quedarse hablándome por horas y horas.

    Las primeras palabras ni las escuché.

    Mi mente no podía dejar de visualizar a mi primita chupándole la conchita a la rubia. Metiéndole la lengua bien adentro de su vagina, para probar un nuevo sabor. Besándola y lamiéndole las tetas y la colita a la pibita que cada vez recordaba con más nitidez. Prepararle la cajeta para que mi verga no la lastime tanto. Y hasta prácticamente las veía compartiendo luego, entre sus lenguas, el semen que sentía que iba a salir a chorros ahí mismo.

    -Repítame lo último –tuve que pedirle al tipo.

    Y aunque lo repitió, volví a olvidarlo.

    Porque sabía que si había una forma perfecta para ir terminando nuestro viaje, sería comiendo una empanadita a medias con mi prima.

    Continuará…

  • Suma de orgasmos

    Suma de orgasmos

    Recién recibí una recomendación laboral, pasé de un área laboral que manejaba a conformidad, para incursionar en una nueva empresa, que se dedicaba a algo totalmente diferente a mi anterior trabajo y a realizar una labor gerencial que era un total reto para mí.

    Tenía más o menos 28 años de edad, cuando llegue a la empresa y en la presentación de los pocos empleados administrativos con lo que compartía las oficinas que quedaban en una casa grande de dos pisos, no me percate mucho de cada uno de ellos, pues mi cabeza estaba aplicada en mil cosas que tenía que aprender a hacer y sobre todo “en lidiar con las finanzas de la empresa” siendo yo un profesional de talento humano.

    Durante los primeros días, me concentre solo en aprender a hacer lo que debía hacer. Luego de unos días una de las asistentes, del área comercial, se empezó a hacer visible para mí, pues de alguna manera llamo mi atención. En parte era su mal carácter, o tal vez, el hecho que su novio cuando llegaba a recogerla, siempre me mirara con odio, o tal vez fue el hecho que la gerente comercial siempre fue muy amable y se me hizo curioso, el cómo una persona tan amable, podía entenderse en su trabajo con una asistente de tan mal carácter. En fin… esta chica despertó mi curiosidad y entre el tiempo de trabajo hacia lugar para observarla disimuladamente y saber más de ella.

    Como una historia de algo que en un principio jamás pasaría, con 0 probabilidades, las tareas empezaron a coincidir con dicha asistente, y mi atención empezó a detallarla un poco más “la verdad con el tiempo se me hizo irritante también, el hecho de que su novio siempre me mirara feo, como acusándome malos tratos o abusos, porque según yo, no la merecía, es decir, no merecía que me tomara si quiera en cuenta, ya que mi trato con ella era apenas cordial y nada más”

    En pocos días, la asistente de temperamento fuerte empezó a vestir algo más escotada, a lucir según yo, más atractiva o sensual, o tal vez siempre lo hizo, pero yo empecé a notarla más. Esos escotes cuando se combinaban con el color negro realmente me llamaban la atención. Esta chica era más joven, tal vez tenía unos 23 años de edad en ese tiempo (Soy malo con las edades), su estatura estaba por encima del 1.70 cm, con una silueta atlética, pero lo que realmente me llamaba la atención, eran sus perfectos pechos, realmente me llamaban, exigían mi atención, siempre fui muy cuidadoso de no verlos demasiado, pero para mí eran de una medida apropiada, justa y deliciosa con un punto de firmeza que realmente cautivaban mi atención.

    La combinación del blanco de su piel y el negro de sus blusas, con algunas transparencias y el visualizar de manera intempestiva su figura firme, realmente me atrapo. Siempre que nos cruzábamos, trataba de ser cordial y no mirarla en exceso, por su carácter no quería caer en una trampa de ser llamado “acosador” o “mirón” así que me cuidaba mucho de ello, aun cuando realmente deseaba verlos fijamente.

    Un día cualquiera, luego de un par de meses de trabajo, Nía me escribió al chat interno de la empresa, algo que me sorprendió de sobre manera; en algunas ocasiones la vi hablar y siempre fue ruda con aires de inconformidad hacia las figuras de autoridad “incluyéndome” de la empresa.

    El caso es, que empezó a comentarme situaciones de su cotidianidad, inconformidades con algunos compañeros a quienes tenía que revisarles el trabajo, al parecer decidió saltarse el conducto regular y no quiso discutir más sus inconformidades con la gerente de su área; Al principio la leí atentamente y fui muy amable en darle alguna recomendación, sin ser invasivo o desautorizar a la gerente de esa área, situación que si bien respeto, no la satisfago al 100% así que todos los días tenía mensajes de ella comentándome cualquier situación del día, al punto de hacer las conversaciones un poco casuales; la verdad nunca he sido de llevar conversaciones formales por mucho tiempo, entonces abrí la puerta a hablar de manera más cordial y cercana con ocasionales bromas que al parecer disfrutaba.

    La situación traspaso la jornada laboral y empezamos a sostener conversaciones fuera del horario laboral, siempre teniendo cuidado de no hacerlo mientras estábamos con nuestras respectivas parejas, existía ese código no hablado de “si no contesto es porque no estoy solo” pues para esa época tanto ella como yo teníamos pareja.

    Un día, en la media jornada de un sábado, después de llevar unas semanas hablando causalmente y con mucha más confianza, al punto de confesarme que no estaba bien con su novio y hablarme de toda su familia, Nia dijo que tenía que contarme algo personal, algo que había soñado y que no sabía si confesarlo o no…

    Cuando leí eso, inmediatamente me imagine que lo que había soñado era algo sexual, y me agite tremendamente; vinieron a mi mente mil teorías de deseo, de pasión, y se abrió la posibilidad de que podía pasar algo físico entre los dos y realmente me excite sin que ella siquiera me contara una parte de su sueño. Durante varios minutos estuvimos hablando de los sueños, y sus significados, siendo estrictamente cuidadoso para no darle mucha responsabilidad a que, si soñó algo sexual es porque sentía algo por mí, sino que ocasionalmente la mente “te juega bromas”… estrategia muy barata para que me contara que había pasado, dejando de lado todo lo que tenía que hacer, para concentrarme solo en convencerla de que me relatara lo que había pasado en su sueño.

    Después de una larga conversación su frase fue “es que si te cuento tal vez no suceda” y ese fue el punto de partida de un juego de seducción mientras fingíamos trabajar, inmediatamente me excite, me trataba de controlar porque no sabía aun lo que había pasado en su sueño, pero estaba volando en un mundo de posibilidades que hacían nido en mente enferma de deseo, y claro que había una imagen que no podía borrar de mi mente, sus senos, me daban motivo para realmente volverme loco.

    Mi respuesta fue, mira Nia, la verdad si no me dices, no voy a saber que paso y difícilmente podría ayudar para que se cumpliera, pero si por el contrario me cuentas, puedo ayudar a que eso que paso en tu sueño, pase más rápido de lo que podría pasar si es que acaso decides no contarme, eres una chica linda, difícilmente pueda resistirme a tus encantos, sea lo que sea que me pidas. Y para mi esa fue un salto al vacío, realmente sentí adrenalina salpicando por todos los rincones de mi cuerpo, tal vez me excedí, tal vez no debía hacerlo, soy un directivo hablándole a una asistente que apenas conoce, de sus sueños y cumplir sus deseos… Dios… Era mi primer cargo de dirección y me estaba arriesgando, pero el deseo no me hacía racional, temblaba esperando su respuesta…

    Sentí que se tardó horas en contestar “mi mente jugaba conmigo”… para finalmente acceder a contarme su sueño, pero quiero que no te vayas temprano, porque te lo diré al finalizar nuestra jornada laboral y que estemos solos en la oficina. Yo inmediatamente mire el reloj, y pensé, esta chica está jugando conmigo y me tiene a su entera merced, el decirme que me quede y esperar a que estemos solos, solo pinta imágenes sexuales en imaginación.

    Después de unas horas eternas, me escribió diciéndome “ya estamos solos, y la verdad te quiero contar. Espero que se pueda cumplir lo que te digo, porque de verdad lo necesito”

    “Mierda!”, pensaba yo me tiene al borde de la silla esta mujer, como alguien puede jugar tan bien a esto de seducir en un chat, tal vez el alto valor sexual que le doy, me está poniendo en desventaja.

    Me relato un sueño totalmente normal, que finalizó con un sentido abrazo, y un… me sentí muy bien en tus brazos, tenía algunos problemas personales, en la universidad y los que tú ya sabes aquí en el trabajo…

    Puff realmente me desarmo, pensé que había pasado algo mucho mayor, pero en mi cordialidad le dije “Nia, un abrazo no es lio, si quieres puedo bajar, y en la cocina darte un fuerte abrazo para que te sientas mejor” a lo que ella contesto con un simple “bueno y te espero”

    Bajando sentí como la sangre se acumulaba en mi entre pierna, la idea de tenerla cerca era demasiado excitante y fantasear en lo que me tardé apagando el pc y lo demás de la oficina y bajando por la escalera, pensaba en esa posibilidad de tener sexo en la oficina, que no era tan novedosa para mí, pero que se hacía demasiado emocionante por ese par de senos que realmente me apetecían.

    Cuando estuve en la planta baja, pase, y ella estaba en su sitio de trabajo, la mire y le indique luego de cerrar la puerta principal que iría rumbo a la cocina, me apoye a un mesón dando la cara a la puerta por donde ella ingresaría, y escuchaba como ella acomodaba sus cosas en su puesto de trabajo para ir a mi encuentro… yo estaba tan nervioso como ella, cada que escuchaba que chocaba o tumbaba algo, yo temblaba pensando, que le diré, como será, hasta dónde llegaremos?

    La vi entrar y la veía con su mirada al suelo, nerviosa, temblando, algo meditabunda, le tome una mano y la acerque a mí, sin que levantara su mirada.

    Tomo algo de aire profundamente y me dijo “no sé, no pensé estar tan nerviosa, no sé si es buena idea”… por lo que no le tiempo de pensar siquiera en retirarse la tome de la cintura y la acerque a mi subiendo mis manos por los costados de su cuerpo, levantando sus manos para que me rodeara por la espalda, y luego presionarla contra mi pecho, posando su cabeza cerca de mi hombro y cuello; el hecho de que ella midiera más de 1.70 y yo 1.80, encajaba perfectamente.

    Dios, no podía resistir el sentir su pecho sobre mi pecho, me estaba casi volviendo loco, mientras le decía bajando mi cabeza cera a su oído, “¿te sientes mejor?” a lo que me contestaba con simples pujidos de afirmación, ahogada en nervios, reacción que me enloquecía aún más.

    Yo acariciaba gentilmente su espalda sin separarla de mí, y cada vez que rozaba su brasier por detrás decía, “mierda como deseo enloquecer y meter mis manos dentro de su ropa para palparla directamente en su piel”. Me tuve que contener en quitarle su ropa, definitivamente se podía sentir esa sensación de querer desnudarla y hacerla mía, pero debía ser racional, pues era nuestro primer contacto físico, y temía que se espantara, por lo que no hacía sino pensar en cómo tocarla, para incitarla a querer algo más, que un abrazo; así que decidí apretarla contra mí, acariciando fuerte su espada para que sintiera mis manos bien abiertas detrás de ella, mientras acercaba mi cara a su cara poniendo mis labios cerca de los suyos, rozando su cara pasando a su cuello, luchando por respirar despacio y lo suficiente para no desmayarme por la excitación; lo cual funciono demasiado bien, al punto de sentir como ella no podía ocultar pequeños gemidos que se escapaban por la emoción de y movimientos permisivos que indicaban claramente que estaba lista para besarme locamente y desatar el caos en esa cocina; en esa batalla había ya un claro perdedor pues era imposible controlar la erección que al momento sostenía y es que al sentir sus pechos aplastándose contra mí, mi mente se perdió y tuve una erección extremadamente muerte, que luchaba por disimular, realmente mi pene quería salir y tomar sus propias decisiones, su respiración, movimientos permisivos de roce con sus labios, esos pequeños gemidos, no me daban descanso, así que luchaba por apartar esa pierda de ella y sinceramente no sé si ella lo pudo sentir o se percató de eso, la verdad era difícil no querer pegarme totalmente a ella y rozarla.

    Estaba loco por saber que más pasaría, así que subí mis manos a su cara y la posicione frente a la mía, besándola directamente en sus labios, lo cual ella respondió al principio muy tímida, pero ya después más fogosamente, haciéndome olvidar el ocultar mi erección, pues sentía su agitación, su forma de temblar y como me tomaba por la cintura acercándome a ella. Era una locura, y no podía culparme por querer traspasarlo todo.

    Ese día se escuchó el llamado de su teléfono” al parecer el que tenía programado para su novio” y ella salto de mis brazos alejándose rápidamente, tropezando con todo, recogiendo sus cosas y saliendo casi que a través de escritorios sillas y puerta de entrada. ¡¡Mierda!! Quedé hecho polvo, a mitad de lo que había sido el precoito más delicioso de mi vida, y la duda de si me había equivocado o había acertado en hacer lo que hice.

    Me fui a casa, con un lio enorme para controlar mi erección, no sabía que hacer o en que pensar para distraer mi mente de todo el deseo que se había desatado en esos pocos minutos, aun guardaba esa sensación de sus pechos firmes sobre mi pecho y agradecí mucho el hecho que su brasier no fuera de copa, porque sin mentir hasta pude sentir que la tela de esta prenda era bastante delgada… Mierda! todo eso me daba vueltas en la cabeza, y tenía que salir de la oficina, con una tremenda erección y el deseo más enorme que haya sentido por una mujer ajena.

    Salí de mi oficina y fui por unos tragos, definitivamente no quería ver a mi novia ese día, tenía que olvidar lo ocurrido rápidamente, así que decidí irme a beber, el domingo en la noche recibí un mensaje de Nía, diciéndome “no he podido sacarme de mi mente, nuestro abrazo” y volví a sentir todo lo que sentí ese día, demonios!! Esta mujer se me había metido tanto en la cabeza que no sabía que hacer o que decir, pero a la vez sentí un enorme alivio al saber que a ella le había gustado lo ocurrido. De inmediato yo le respondí, “…para ser sincero me encanto sentirte tan cerca, y si necesitas un abrazo de nuevo, todo yo estoy disponible para ti…”

    Después de eso nuestras conversaciones se hicieron más personales, mostrando interés en cosas que ya hablan de algo más que una simple relación laboral y pasamos a hablar de temas calientes, al punto de ya no querer reprimir más lo que ya era evidente y decidimos vernos después del trabajo, ella inventaría algo para no ver a su novio y de igual forma yo haría algo para ese día no ver a mi novia.

    Decidimos ir a un lugar donde pudiéramos estar lejos de las miradas de alguien que nos pudiera reconocer, así que decidimos ir a un motel, ella me advirtió “no creo que pase nada, solo iremos a hablar, porque no quiero que pienses que tendremos sexo”. Yo me decía a mí mismo “no creo en lo absoluto que solo vamos a hablar, tengo que tenerla y fracasare en todo sentido si no le doy el mejor sexo de su vida”

    Pase por ella, pero los dos estábamos con los nervios a dos mil por hora, pensaba yo en que alguien me reconociera y le dijera a mi novia, que su novio llegara, que alguien del trabajo nos viera juntos, esa adrenalina y miedo nos hizo omitir el saludo y solo marcharnos a toda velocidad a nuestro destino, emprendimos camino, y mientras íbamos en mi moto ella me acariciaba por todos lados sin tocar mis genitales, solo se pegaba a mí y pasaba sus manos por mi torso, a mis adentros decía “no creo que siquiera lleguemos totalmente vestidos al motel” huyendo de cualquier mirada, llegamos a nuestro destino, un motel a las afueras de la ciudad “el mejor motel de la cuidad”.

    La verdad quería impresionarla. Este motel tenía una habitación enorme, con jacuzzi, sauna, una salita tipo bar, espacio para bailar, baño y una cama enorme, pero todo lo anterior paso a un último plano, los dos nos recostamos en la cama y sin medir palabra me lance a besarla posándome sobre ella como mis brazos doblados al lado y lado de su cara y con mis piernas encerrándola sin posar mi peso total encima.

    Metí mis manos bajo su cabeza y descubrí un lado de su cuello, a lo que ella reacciono inmediatamente cuando me dirigí a besarla allí, se giró votándome sobre la cama y subiéndose sobre mí, realmente me ataco con un beso y me dijo sollozando “que tienes aquí abajo, mientras me sacaba la camisa” con un eco de lujuria que realmente me hacía desearla, pero esa fue mi señal, para saber que definitivamente si iba a pasar y me desenfrene, empecé por pegar sus caderas a mi cintura y dejar que sintiera mi erección, dirigiéndola con mis manos hacia adelante y hacia atrás mientras respirábamos duro entre besos, mis manos dejaron que ella llevara su ritmo porque suplicaban por subir y liberarla de su blusa y brasier.

    La idea de contener mis reales deseos de desenfreno me hacían casi explotar, así que metí mis manos suavemente pero marcando su piel por donde pasaba y la apretaba contra mí, llegando finalmente a su broche, liberándolo con una complicidad de suerte que casi salto al momento de siquiera tocarlo… con sus pechos libres mis manos querían sentir sus pezones, es por eso que le quite su blusa y retire su brasier mientras me senté y me separe para ver esos hermosos pechos blancos, erguidos mirándome con sus pezones negros prominentes, los roce con mis manos para luego apretarlos y poner sus pezones entre mis dedos mientras ella gemía y se balanceaba buscando el roce de su vagina y mi pene erecto con la ropa puesta.

    No me contuve más quería besar esos lindos pezones, y empecé a pasarlos por mi cara, sin abrir mi boca, pegándolos a mí, sintiendo lo fuerte de sus pechos y lo rico de su piel, bese suavemente uno de sus pezones y ella se detuvo mientras gemía un “que rico se siente tu boca en mis senos” y pase a comerlos fieramente, rodeando con mi lengua su pezón, besando por un lado, por otro en medio y metiéndolos todos en mi boca, para finalmente morderlos suavemente a lo que ella reacción efervescentemente, cada vez que mordía su pezón, gemía con ansias, al punto que todo se descontrolo y se dirigió enloquecida por mi pantalón, diciendo “no aguanto más” te quiero dentro de mí..

    Para esa instancia yo estaba casi por terminar, el deseo y la excitación era incontrolable, es por eso que tome el control y al desnudarla, me pose sobre ella, la sometí y abrí sus piernas, no quise pasar al sexo oral, realmente quería penetrarla, así que en medio de sus besos descontrolados que no importaba si nos besábamos mutuamente o luchábamos por respirar, tome mi pene con la mano y empecé a rozar superficialmente su vagina, con el cuidado de no entrar, solo quería provocar su lubricación, lo cual era absolutamente incensario, estaba tan mojada que en el primer roce, quede empapado de ella, tome precaución de entrar suavemente, no tanto por tener cuidado de lastimarla, sino porque estaba tan excitado que no quería terminar antes de tiempo y ella no paraba de gemir y apretarme en la espalda, arañando suavemente todo lo que recorría con sus dedos, y todo me indicaba que debía entrar más y más.

    Empecé a penetrarla con una cadencia suave pero firme, mientras la besaba en los hombros, moviendo mi boca al ritmo de sus movimientos, detectando cuanto le gustaba mis besos por su cómo reaccionaba, a la vez seguía hundiéndome en ella, sintiendo su calor interno mientras le besaba; ella se acercó a mi oído y me dijo “hálame el cabello” uuuufff! Fue mi señal para ser más fuerte, más brusco, por lo que una de mis manos fue directamente a su cabello, por debajo de su cabeza y empecé a halarlo mientras la embestía con mis caderas, su respuesta fue inmediata, eran gemidos de placer casi al punto de gritos, mientras yo respiraba más fuerte clavado a su cuello, sintiendo todo su interior…

    Me enloquecía escucharla pidiendo más, me enloquecía verla, sus movimientos y el cómo disfrutaba cada envestida, su respiración agitada, y pequeños gemidos tratando de expresar con palabras lo mucho que estaba disfrutando, mientras yo luchaba por respirar para tomar impulso y envestir cada vez más fuerte, y a la vez por no venirme, pues sentía que ya casi iba a explotar, estábamos en el clímax perfectamente sincronizados por la excitación, fue cuando ella exclamo “me estoy por venir!”

    … por lo que inmediatamente me detuve, y separé mi rostro del suyo, mientras ella abría sus ojos al máximo y me decía “porque paras…”

    A la mitad de su frase sonreí de la manera más perversa y la penetré sin aviso, envistiéndola como lo hacía antes, sin que ella pudiera recriminar absolutamente, pues volvíamos a descontrolarnos en esa lujuria de sexo indebido y aguerrido, sentí cuando tomo una postura aún más rígida, con movimientos más fuertes, arañando mi espalda y respirando cada vez más fuerte, al punto de volver a escuchar, “me voy a venir” por lo que nuevamente, yo me detuve y saque mi pene de su interior…

    Ella me tomo la cara con sus dos manos, con gran fuerza diciéndome “¿estás jugando conmigo verdad?” pero antes de terminar su frase, así como en la anterior ocasión, la penetré de nuevo y subí el ritmo pegándome a ella pues yo no resistía más, estaba por venirme a chorros y debía terminar el juego que había creado de «retener orgasmos” para disfrutar de varios en uno, ella empezó a gritar “déjame venir, por favor!”, mientras deliraban sus caderas y sentía todos sus líquidos salpicar la cama, para que una última ocasión yo la envistiera y así expulsar todo lo que venía reprimiendo desde el inicio, saque mi pene y me deje ir sobre ella, luchaba por sostenerme sobre ella y ella disfrutaba cada gota de semen esparciéndola por todo su cuerpo.

    Luego que terminamos, luchábamos por recobrar algo de aire y cordura; Nía con sus manos en la cara, tratando de dejar de temblar, mientras yo recobraba el alimento, me decía “tu juego me provoco el orgasmo más largo de toda mi vida; jamás sentí algo más fuerte” dándome merito por un gran trabajo, por lo que yo le respondí, pues “tienes sobre ti unos 4 o tal vez 5 de mis orgasmos, estuve guerreando por resistir tanta pasión…”

    Nos tomó algo así como 3 minutos recuperar el aire y ella empezó a besarme de nuevo… y mientras me besaba yo sentí que volvía a tener una erección, por lo que no di tiempo a limpiarnos, bañarnos, secarnos, sino que retomamos salvajemente sin cuidado alguno nuestro segundo round, esta vez ella sobre se posó sobre mí, y yo la hacía gemir mordiendo sus hermosos pechos, lo que le excitaba tanto que me dijo “muérdelos, son todos tuyos por el día de hoy”, apretaba sus nalgas y empecé a dirigirla hacia mi pene, haciéndola sentir que estaba listo para entrar en ella, esta vez con sus pechos a mi disposición, mi pene estaba aún más duro que la primera vez, así que mientras me comía sus tetas de forma desenfrenada, empecé a dirigir sus movimientos de cadera introduciendo mi pene en su interior, tratando de coordinar al encuentro de sus movimientos, queriendo llegar los más profundo posible, fue una locura nuevamente, y yo ya no quería ser gentil, yo quería terminarla completamente, nada me indicaba que debía ser amable, por el contrario, me exigía que fuera brusco, tosco, fuerte así que puse mis manos sobre su espalda y me deje caer sobre la cama, la apreté contra mí, y subí sus caderas, para luego, doblar mis rodillas y empezar a martillarla desde abajo, enfurecidamente, jadeando sin cesar, mientras clavaba su cabeza en mi hombro haciendo que tratara de morderme mientras gritaba y lográbamos rápidamente un orgasmo mutuo; esta vez no me di tiempo de salir de ella, así que me vine dentro mientras me estremecía al sentir como todo mi ser estallaba en su interior, a su vez ella me decía, casi sin aire mientras sentía sus contracciones involuntarias producto del orgasmo “esta es mi mayor locura, pero valió la pena” “quiero hacerlo de nuevo” “en todas partes, quiero que me hagas el amor todos los días”

    Nos tuvieron que advertir del término del tiempo, porque la verdad eses día nos aprovechamos hasta el último minuto.

  • Persuasión a la perversión (I)

    Persuasión a la perversión (I)

    A finales de año la empresa notificó que trasladaría parte de la plantilla a una sucursal de otra ciudad. Aplicarían criterios y nos notificarían, y si no accedíamos al traslado, despido con indemnización y a la calle.

    Yo no quería irme, pero también necesitaba el trabajo, no podía permitirme quedar sin él. Estuve cruzando dedos de que no fuera uno de los elegidos hasta que me llamaron para saber si aceptaba ir o elegía la opción «B».

    Más por necesidad que por placer, accedí al traslado. Notifiqué mi marcha del piso dónde estaba y me busqué otro en la nueva ciudad. Como allí no conocía a nadie, opté por compartir piso, así que busqué una habitación.

    Al principio no tuve mucha suerte. El piso elegido estaba plagado de cucarachas y estaba muy sucio. Había otro inquilino, un señor mayor que estaba de paso e iba pasando gente, cada dos o tres meses se mudaba alguien y cambiaban los inquilinos. Me quejé de la suciedad al estar yendo y viniendo la gente y conseguí arreglar un aumento del alquiler incluyendo así un servicio de limpieza a domicilio una vez a la semana. Así conseguí eliminar a las cucarachas y que el piso estuviera limpio. Por primera vez, se alquilaron todas las habitaciones, y una de ellas, fue una chica, un poco más joven que yo. El propietario me pasó el contacto a ver si la podía atender, que él no podía. Ningún problema. «Si consigues que alquile una habitación es gracias a tus esfuerzos por adecentar el piso. Antes al igual se metía una chica allí», dijo. «Si se lo queda, te regalo un mes de alquiler».

    Siempre hace ilusión que reconozcan tus esfuerzos y te veas recompensado. Y tenía ganas de tener una chica en casa, solo esperaba que fuéramos afines lo suficiente para entablar una amistad, así ya es más fácil salir de casa. No tenía intención de tirarle la caña a saco y tratar de acostarme con ella. Con todos los cambios últimamente estoy bastante apático. No me apetecía salir a conocer gente, o a ligar. Me daba mucha pereza empezar de nuevo todo el procedimiento que lleva al sexo para un breve momento de placer.

    En mis últimas relaciones, en el momento en el que las tenía en la cama y empezábamos a follar, ya me aburría. Me costaba horrores llegar al orgasmo. Al principio uno piensa que un mal polvo lo tiene cualquiera, pero cuando empieza a ser recurrente con varias personas y en varias ocasiones, uno reflexiona y le entra la apatía. Me estaba preguntando si me estaría volviendo asexual, aunque fantaseaba con amigas y me masturbaba con normalidad.

    Sarah apareció en el piso a la hora acordada acompañada del novio, un pijo remilgado que parecía haberse perdido por el edificio. Ella sin embargo, era una chica exuberante, alta y voluptuosa con pelo largo castaño y reflejos rojos, ojos marrones grandes, cara redonda y una gran sonrisa.

    Mi apatía me permitió controlar la situación y tratar el tema con indiferencia. El novio, el típico machito, hablaba por ella.

    —¿Pero la habitación es para los dos? —les pregunté.

    —No, no, es para ella sola —dijo con rintintín, él no iría a vivir a semejante tugurio.

    Le expliqué, a ella, las condiciones. Y él se lo volvía a explicar otra vez añadiendo algo más que se inventaba haciéndose el listo, y yo con gusto lo desmentía. Me miraba con desprecio pero al final se calló y nos dejó hablar. Cabe decir que no lo volví a ver por el piso durante toda mi estancia. No sé si no quería volver a pisar ese piso o si ella lo mandó a la mierda, aunque espero que sea lo segundo.

    Así pues estuvimos tres personas en el piso. Dos chicos y ella, aunque el tercero solo estaba entre semana por trabajo y los fines de semana se volvía a casa.

    La verdad, si hubiera estado en esta situación hace unos años, iría con una erección por casa todo el día. Su atuendo por casa era una camiseta de tirantes que se le veía toda la forma del pecho y unos shorts deportivos. Y aunque no tenía ganas de tirármela, si que fantaseaba con ella en la intimidad.

    Empezamos una vida normal de compañeros de piso, a veces salíamos a tomar algo y conocimos más gente y en otras ocasiones nos quedábamos en casa viendo pelis. Parecía una vida de pareja, pero a medida que la iba conociendo mejor, me caía peor. Todo lo que tenía de sexy lo tenía de tonta. No reflexionaba o pensaba sobre las cosas que hacía. Al principio pensaba que se hacía la tonta, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que no. Poco a poco fui marcando distancias, y cuanta más distancia marcaba, más cariñosa se ponía intentando contentarme.

    Un día que le dije que me escaqueé de nuestro viernes de película alegando que estaba cansado y que me iba a dormir, me animó a ver un capítulo con un colacao e irme a dormir después. Para tampoco ofenderla ni discutir dije que vale. Así se introdujo una nueva rutina, con la cual curiosamente, empecé a dormir mucho mejor, aunque a veces me despertaba con un dolor de huevos increíble.

    Al principio no le di importancia, sueños eróticos o húmedos los tiene cualquiera, sobre todo con un bombón como Sarah en casa, aunque ya me desahogaba bastante pensando en ella. Pero empezó a ser lo bastante recurrente como para llamarme la atención y ya considerarlo fuera de lo normal. Empecé a hacer una hoja de rutina a ver qué podía ser el detonante, y anoté cuando me despertaba bien y mal, y todo lo que hacía antes. Encontré un patrón, el colacao que me hacía Sarah cuando veíamos series.

    Me sentía paranoico. No entendía que podía tener que ver, pero por probar, la siguiente noche me escaqueé a la cocina alegando que estaba demasiado frio y me preparé uno nuevo.

    A la media hora de irme a dormir, entró Sara a mi habitación. Estaba despierto pero me seguí haciendo el dormido. Llevaba una pequeña linterna y se acercó a mi cama, notaba su presencia y la luz. Me movió un poco, como comprobando que estaba dormido y yo interpretaba mi papel. Dejó la linterna en la mesa y me cogió la mano y se la llevo a su pecho, suspirando y apretándome la mano con la otra. Me estaba costando no empezar a magrearle las tetas y me estaba generando una erección de caballo.

    Después se metió mi mano en su entrepierna y empezó a masturbar con ella como si fuera un consolador. Cuando apreció mi erección, me quitó el pantalón, escupió sobre mi pene y extendió su saliva con la mano. Me encantaría abrir los ojos y verla haciéndome una paja y mandarla hacerme una mamada. Esto me estaba excitando y mucho. Escuché un ruido que pertenecía a la funda de un condón, pues me lo estaba poniendo. No me lo podía creer. Mi compañera de piso me drogaba y me follaba. ¿Cuántas veces lo habrá hecho? Pensé en que me lo podría haber pedido, pero seguramente lo hubiera dicho que no, por pereza. De repente, vi claro varios momentos en los que se me estaba insinuando y yo, pasaba de todo.

    Me empezó a montar, tranquilamente, sin prisa, como si fuera romántico. Me cogió una mano y se acarició la cara con ella y la otra me la paseaba por sus senos. No sé cuánto rato pasaba, pero cuando te haces el dormido la variedad no abunda, y pronto me empezó a aburrir, quería correrme pero no llegaba. Ella sin embargo aceleró el ritmo y me apretó las manos contra su pecho hasta estremecerse y soltar varios gemidos disimulados. Parecía preocuparle despertarme con sus gritos pero no por cómo se movía encima mío.

    Cuando acabó, se bajó como si fuera una atracción de feria, me quitó el condón, me limpió la entrepierna y me dejó tal como me había encontrado. Eso sí, con una erección del copón. La tía me follaba y me dejaba a medias. Eso explicaba el dolor de huevos. Aunque cuando se fue, me acabé lo que ella empezó.

    Me hubiera gustado este juego si yo también acabara. No me podía quejar tampoco porque supuestamente no sabía que me violaba algunas noches. Técnicamente ya no sería violación, porque lo consiento aunque ella no lo sepa, pero las anteriores sí. Si fuera al revés, se armaría la del cristo y me iría a prisión, pero de alguna manera, esto me estaba excitando y poniendo a tono. Ahora sí que quería follármela, y esperaba, que al hacerlo, no me aburriera, tener un buen orgasmo y pasar este bache sexual.

    Decidí escoger la venganza y hacerle a ella lo que me hacía a mí. Como ello me excitaba pensaba que al tener el control podría acabar y a gusto follándomela como quisiera. Solo se trataba de intercambiar las tazas del colacao y ella tomara su propia medicina.

    Resultó más fácil de lo esperado. Nos fuimos a dormir y al cabo de una hora entré a visitarla. Comprobé que no se despertaba para nada: le di una bofetada, le sobé las tetas agresivamente y no se inmutada. «Perfecto», me dije. Le quité la camiseta y los shorts que usa de estar por casa y la contemplé en su desnudez. Sus tetas eran hermosas, aunque algo fofas. Tenía belleza natural y buenas curvas. Unas sesiones de gimnasio a la semana no le vendrían mal. Muchas chicas darían lo que fueran por tener un cuerpo así sin esfuerzo. La dieta tampoco la cuidaba mucho.

    Me despeloté y elegí sus tetas para terminar de consagrar mi erección. Escupí en su canalillo y me empecé a hacer una paja cubana agarrándole las tetas todo lo que no las había agarrado en las noches que me follaba ella.

    Estuve a punto de llegar al orgasmo, pero me reservé. Satisfecho con la faena me puse un condón y la empecé a penetrar. Se sentía riquísimo y apretado. Tener el control sobre la penetración me daba más placer, supongo que porque llevaba queriéndolo hace tiempo. Aunque estaba disfrutando embistiéndola con violencia, no veía donde estaba la venganza en este punto. ¿Y si se estaba haciendo la dormida como hice yo? Esto es lo que ella quiere, que me la folle duro.

    No veía posible que con lo tontita que es haya desarrollado una estrategia así.

    Quería hacerle daño, que le doliera como a mi los huevos.

    La di la vuelta, y le abrí el culo contemplando su ojete. Metérsela allí violentamente seguro que le causara dolor ahora y mañana. Si se hace la dormida, seguro que gritará o me mandará parar antes de que le destroce el culo. No tenía ninguna intención de hacerlo con paciencia ni con cariño.

    Fui a buscar una muestra de lubricante que tenía y le empecé a meter un dedo para lubricar por dentro. En mi cara se dibujaba una sonrisa, notaba lo apretado que estaba mi dedo y pensar en metérsela y lo apretadito que estaría me llevaba el pene a dar espasmos. Lo que más me satisfacía era lo que le iba a doler.

    Metí y saqué el dedo y lubriqué bien mi pene y me preparé para el gran momento. Mi glande estaba apoyado en su ojete. Si no me paraba ahora, estaría drogada seguro.

    Empecé a apretar. Menos mal que tenía una erección dura como una piedra, costaba mucho abrirse camino, y eso me excitaba más, me costó llegar al final sin correrme. Se la iba clavando sin piedad, y cuando llegué al fondo, al sacarla me molestó un poco. Faltaba lubricante. Ya con el camino abierto, tiré lo que quedaba de la muestra en su culo y la penetré de nuevo. Esta vez entro mucho más suave. Aquello era maravilloso, apretado, rugoso pero suave, nunca había follado por el culo a nadie. No sabía qué me estaba excitando, el tabú de la violación, la novedad del sexo anal, la sumisión o la satisfacción que mañana le iba a doler y no sabría por qué.

    Le seguí rompiendo el culo hasta que no pude más. Era lo contrario que me pasaba siempre, quería seguir pero necesitaba correrme. Se la saqué y me corrí entre sus nalgas. Restos de sangre confirmarían que iba a haber dolor.

    Para rematar la faena, recolecté mi semen y se lo esparcí en la boca. Limpié todo y la dejé como si no hubiera pasado nada.

    Seguro que mañana se despierta con buen sabor de boca. Y dolor de culo.

    Al día siguiente mis deseos se hicieron realidad. Estaba en la cocina haciéndome el almuerzo cuando la escucho levantarse e ir al baño. Llegó a la cocina con cara agria y caminando a tropezones.

    —¿Qué te pasa? —pregunté.

    —No sé, me duele el culo como si hubiera echado una piedra del tamaño de un coche.

    Se hizo el silencio mientras se preparaba los cereales. Yo estaba disfrutando del momento.

    —¿Como si te hubieran follado el culo toda la noche?

    Me levantó la mirada rápido. Nunca debió haber pensado tan rápido.

    —¿Quieres un colacao para quitarte el mal sabor de boca? —le dije con una sonrisa malvada.

    No dijo nada, pero su cara lo decía todo. Buscando qué decir, pues la había pillado de lleno y encima devuelto su propia medicina.

    —Podrías habérmelo pedido cabrón —dijo resentida—. ¡Me has violado!

    Me quedé estupefacto ante la acusación, aunque cierta, injusta.

    —¡Tu también podrías habérmelo pedido en vez de drogarme y montarme por la noche! Esto lo has empezado tú, y aunque me suene raro, ¡me has violado tú, y varias veces!

    —¡Pero si no había manera de que me follaras! ¡Nunca me he esforzado tanto para que alguien me haga caso! ¡Pasabas de mí!

    —¿Y tu solución era drogarme y follarme en sueños?

    —No pensé que te fueras a enterar, además, solo iba a ser una vez pero…

    —¡Una vez los cojones! Hasta hoy, ¡cuatro veces mínimo!

    —¿!Estabas despierto!?

    —Despierto para que me dejaras a medias.

    —Haberlo dicho y seguro que nos lo pasamos mejor.

    —Si claro, seguro que esa es la reacción que hubieras tenido.

    Estábamos casi gritando y se hizo un silencio, ambos queríamos dejar de discutir. Yo me había vengado y quería experimentar con ella.

    —¿Disfrutaste? —me preguntó

    No pude evitar formular una amplia sonrisa mientras asentía lentamente.

    Bajó la mirada y suspiró.

    Empecé a hablarle y conté el por qué de mi apatía, pero que anoche cambió.

    —El caso es que, me gustaría experimentar más contigo, sin drogas.

    —Sin drogas —asintió feliz alzando el meñique—. Juramento de meñiques.

    —Juramento de meñiques —dije entrecruzando mi meñique con el suyo con un poco de incredulidad.

    —Entonces… Como me debes unos cuantos orgasmos… —le dije afilando la mirada— ¿me haces una… —me interrumpí y cambié a imperativo mientras me bajaba el pantalón—. Hazme una mamada.

    Me miró fijamente, atisbando una sonrisa, mientras se arrodillaba con dificultad.

    —Pero porque yo quiero.

    —Lo que tú digas. Hazlo.

    Hacía tiempo que no estaba tan cachondo. El mandarla a chuparme la polla me había puesto a cien, más que el hecho de que lo esté haciendo. La tenía de rodillas degustando mi polla para satisfacerme. Ese era su deber.

    Estaba muy bien al principio, pero mantenía un ritmo bastante estable y quería más caña.

    —Chupa más fuerte puta —le dije asombrándome a mi mismo. Denigrarla me ponía más. En un momento estaba disfrutando como al principio. Empecé a acompañarla con la cadera mientas chupaba, estaba follándome a su boca. Quitó sus manos y me agarró del culo empujándomelo para meterle la polla bien honda en su garganta.

    — Ya casi… —atisbé buscando el éxtasis mientras le agarraba la cabeza copulando con su boca. Un par de embestidas finales marcaron la eyaculación. Empezó a toser con mi polla la boca mientras me corría y le salía por las comisuras. Al acabar y sacársela, le vi la cara, roja, con ojos llorosos y la boca abierta, llena de mi lefa y de saliva, tratando de respirar.

    Me satisfacía plenamente ver que ha sufrido.

    —Eres una buena putita. En un rato te veo —.Le escupí y la mandé a lavarse.

    No sé por qué, pero me ponía a cien. No la quería ni me caía bien. Me gustaba físicamente, pero me excitaba el dominarla, denigrarla y hacerle daño, sexualmente hablando.

    Y solo era el principio.

  • Nuevas experiencias (Parte 1)

    Nuevas experiencias (Parte 1)

    Un jueves de principio de junio.

    1

    ¿Qué cómo habíamos llegado hasta esto? La respuesta no es fácil. Sí, a los dos nos gustaba. Y que también mi novio hizo lo que nunca pensé que haría para lograrlo. Puede que todo empezara con una broma para excitarnos. Pero sin querer o sin ser conscientes, llegó un punto en que alcanzamos el de no retorno, y nuestra vida cambió por completo. Por eso, si nos detenemos a reflexionar en el porqué de ese giro tan radical que nuestras existencias tomaron, la respuesta, como antes he dicho, no es nada fácil. Lo sencillo es jugar y cruzar esa línea imaginaria de lo indebido y experimentar con esas nuevas sensaciones encontradas. Vivir y disfrutar esas nuevas experiencias es bonito, y si el adjetivo no es bonito, al menos, sí lo es tentador. El peligro de acercarse al umbral de lo tolerado, sin traspasar el límite de lo por ambos aceptado, se va haciendo difícil. Son líneas difusas, sin contornos fijos, mutantes y diferentes para cada uno.

    Pero aún queda lo más arriesgado, lo verdaderamente complicado es la continuación. Si has conseguido llegar hasta aquí lo peligroso viene después, a la hora de establecer una serie de reglas para los dos y para la relación que surja después de jugar con ese fuego tan tentador.

    Desde que fuimos novios, nos habíamos dado cuenta de que a ambos nos iba el rollo de fantasear con hacerlo con alguien diferente. Nos excitaba, la verdad. A mí, imaginarme con otro mientras mi novio sabía que lo estaba engañando de forma consentida. A él, según me decía, esa mezcla de celos y de excitación le atraía enormemente. Pero la verdad, nunca nos lo habíamos planteado dar el paso para hacerlo realidad en serio.

    Hay que reconocer que a ambos nos gusta el sexo. A mí, particularmente, me encanta tener un punto perverso y malvado. Soy morbosa y me complace utilizar el principio de la excitación de mi novio para conseguir un mejor disfrute en la cama.

    Nico, mi chico, es un hombre excelente. Es cierto que siempre había provocado esa duda, esa incitación a mantener una especie de relación abierta, pero nunca me dio la sensación de que fuese en serio. No sé, si quizás lo hubiésemos planteado como una experiencia puntual, es posible. Bueno, no. Yo sí soy algo celosa y no sé si podría saber que mi novio está con otra, pero él sí se construía fantasías de verme a mí con un tercero.

    Tras seis meses de salir y algo más de uno viviendo juntos, nada hacía suponer que aquello trastocara nuestras vidas de esa forma, ni que diéramos ningún paso más allá de fantasear con algo morboso, pero únicamente imaginado.

    Hasta que ese jueves, dejaron de ser meras fantasías y dimos el primer paso…

    Justo una semana antes, también jueves, estábamos cenando en casa. Vivimos en un dúplex de la zona de Pozuelo. Es más bien un piso pequeño, pero que al ser ático, tiene un dormitorio más en la terraza que se abre solo para nosotros. Mi novio es arquitecto y los honorarios de aquella dirección de obra fueron esa vivienda. Al principio pensamos en venderla, pero como le iba bien y no le faltaban obras, terminamos por vivir en ella y sacar unas rentas de otros dos pisos más pequeños, por la misma zona, que negoció como parte de sus emolumentos. Era una forma de asegurarnos unas rentas por los alquileres en vista de las crisis que se nos avecinaban cada dos por tres.

    Yo trabajaba en una agencia de publicidad como responsable de cuentas. Me iba bien, con un sueldo del que no me quejaba y aunque a veces las horas echadas en la oficina eran excesivas, me compensaba con una cierta libertad en el trabajo.

    —Ayer en la agencia nos entró una cuenta nueva —dije como comentario al final de la cena.

    —Pues bien, ¿no?

    —De escorts —añadí con una risita.

    —¿Se anuncian esas chicas? ¿Es legal?

    —En teoría con acompañantes… No es prostitución —le aclaré.

    —Y dónde sacáis los anuncios, ¿en el Marca? —rio con cierta sorna Nico.

    —En internet. Nos han encargado una campaña digital. Yo no la llevo, pero como te puedes imaginar hay ya alguna foto que corre entre la agencia.

    —¿Están buenas?

    —Son escorts masculinos —le dije con un guiño de ojo.

    —¿Son tíos? Joder… —Mi novio puso cara de sorpresa.

    —Sí… actores, modelos, gente de gimnasios…

    —¿Y tienen que ir con tías que los paguen?

    —Supongo que ni el gimnasio, ni el arte dramático ni ser modelo del Alcampo o del Carrefour, da para mucho… —me encogí de hombros.

    —¿Y están buenos?

    —La verdad es que alguno sí lo está —contesté como la cosa más normal del mundo—. Muy de gimnasio… Al menos eso parece en las fotos que han enviado para colocarlas en la web.

    —Ah, que puedes elegir…

    —Hombre, no va a ser una lotería… Claro que puedes elegir. De hecho, la web se basa en comentarios de gente, calificaciones, te puedes registrar y todo eso… La verdad es que está muy bien.

    —¿Y dejas tus datos reales?

    —No lo sé. Eso es cosa de los informáticos. Pero como en todo, supongo que te puedes inscribir con un mail cualquiera y una contraseña. Sale hasta la tarifa de cada uno por hora.

    —No me lo creo…

    —A ver… son horas en teoría de acompañamiento. Viajes, congresos, fines de semana…

    —¿Polvo aparte?

    —Qué tonto eres, de verdad —sonreí—. Las tarifas son de acompañamiento. Las de… lo otro, ni idea.

    —¿Cuánto valen?

    —Yo no llevo la cuenta… —protesté ante la insistencia de Nico—. No sé mucho más de lo que estoy diciendo. Lo que pasa es que es la comidilla de la agencia… Ya sabes. Las tres o cuatro secretarias divorciadas y con ganas de marcha que lo han ido comentando por ahí.

    —¿Pero cuánto? Eso seguro que lo habéis mirado… Menudas sois cuando estáis en grupo.

    Yo me reí. Sí, en efecto, era de lo primero que habíamos ido a cotillear. La directora creativa, una chalada muy simpática con el pelo de color rojo, gafas de pasta de diferentes colores chillones y habladora por los codos, había sido la primera.

    —Entre 70 y 140 euros. Depende de cada uno.

    —¿Ves cómo lo sabías? Te pillé…

    —Pues igual que hubierais hecho vosotros. ¿O no?

    Pero, recapacitando sobre el tema, creo que hay que descartar que fuera ese momento donde empezó todo. Sería mucho más apropiado decir que en esa conversación, mientras cenábamos una ensalada, hablábamos de escorts masculinos buenorros y de las secretarias calenturientas de mi agencia, se complicó todo.

    Llevábamos juntos algo más de dos años, en total. Yo tenía treinta y uno y Nico, tres más. Buena posición social, amistades y educación del tipo convencional, o lo que se entiende por ello. También disfrutábamos de una buena relación sexual. Ambos somos activos y no rehuimos la cama cuando al otro le apetecía. Vamos, que a mí nunca me duele la cabeza ni tengo jaquecas estúpidas. Y mi novio, menos aún.

    Y como he dicho antes, nos encanta el morbo y excitarnos mutuamente.

    —¿Te imaginas que me acostara con uno de ellos…? —le dije sonriendo mientras nos servíamos el té de después de la cena. La conversación me había despertado las ganas, estaba cachondilla, y además sabía que a Nico le ponía muy a tono aquello. Casi siempre utilizábamos esa fantasía de imaginarnos esos cuernos consentidos. Él más que yo, pero a mí también me iba.

    —¿Quieres juerga esta noche? —me dijo cogiéndome de la cintura y tocándome el culo, mientras me susurraba al oído.

    —Sí… —le dije con un tono casi distraído, apurando el té, pero con intención de calentarlo. A él, no al té—. Lo malo es que tendré que conformarme contigo…

    No tardamos mucho en subir al dormitorio y empezar a besarnos y tocarnos. Como ya he dicho, los dos somos calientes y nos gustaba el sexo. Éramos jóvenes, no teníamos hijos ni por el momento esperábamos tenerlos, así que disponíamos de todo el tiempo y la libertad del mundo para follar. En diez minutos estábamos en ello. Los dos somos atrevidos, como antes he dicho pero, ahora me doy cuenta de que nos faltaba mucho por saber. Y hacer.

    Yo estoy bastante bien. Modestia aparte. De estudiante, y para ganarme algún dinero extra, trabajé como azafata de congresos y exposiciones e incluso hice un par de pinitos en la tele, en un programa concurso de esos fáciles para marujas y jubilados del mediodía. Pero, finalmente, me dediqué a mi carrera y terminé ADE. Eso sí, me operé las tetas, porque se me quedó grabada la frase de uno de aquellos productores que no me escogieron para la televisión, cuando dijo que «estaba más plana que un parking». Y sí, nunca tuve demasiado pecho, más bien poco, por lo que en cuanto gané algo de dinero, me puse prótesis de 300cc, que me quedan divinas, no voy a negarlo. A Nico le encantó la idea y disfruta con ellas como un niño pequeño con un juguete nuevo.

    Ya habíamos terminado de follar, yo dejando que su imaginación volara mientras Nico me recreaba en su mente en brazos de uno de esos escorts masculinos, follando como una verdadera golfa de primera. Pero al terminar, y a diferencia de otras ocasiones, se me quedó mirando más fijo que de costumbre y con un rictus de verdadero y curioso interés.

    —¿Serías capaz?

    —¿Capaz de qué? —No entendí a qué se refería al principio.

    —De acostarte con uno de esos escorts… —me dijo Nico con el gesto algo serio pero aparentemente, con verdadera intriga.

    Arrugué el entrecejo intentando adivinar qué se proponía. No recordaba ninguna conversación después de que folláramos, en donde insistiera de nuevo con esa idea. Siempre se esfumaba cuando dábamos por terminada la sesión amatoria.

    —¿Cómo me voy a tirar a uno de esos? ¿Estás loco? —le dije riéndome y asombrada por el gesto casi apremiante de mi chico.

    —¿Dime, serías capaz? —insistió sin que me pareciera que esta vez iba como en otras ocasiones, en broma para despertar nuestros instintos sexuales.

    Me quedé mirándole sorprendida y con dudas durante un instante. Me parecía algo extraño, pero Nico era muy bueno fingiendo y poniendo cara de póker. De hecho, me decía que a sus amigos solía ganarles en las timbas que organizaban porque disimulaba muy bien los faroles. Al principio dudé si lo que quería era continuar con una segunda follada. A mí no me costaba casi nada estar a punto de nuevo, tengo esa suerte, pero él, generalmente, necesita una hora o así para reponerse. Descarga mucho semen además, y siempre he pensado que eso hace que le sea más complicado estar dispuesto de nuevo. Sonreí con picardía y le toqué la entrepierna. La tenía morcillona, con lo que deduje que sí, que seguía jugando.

    —Follar con un tipo de esos —hice como si pensara—… Hum… si está bueno, claro que sí.

    —¿Te acostarías de verdad con uno de ellos? —insistió otra vez elevando esta vez un poco las cejas y apretando ligeramente las mandíbulas.

    —Sí —dije algo más seria para parecer convincente—, ¿por qué no? —Yo seguía tocándolo y notaba como se iba empalmando poco a poco—. Sería solo sexo… —añadí como si aquello no tuviera la más mínima importancia.

    Se quedó pensativo mientras se dejaba hacer. Yo me acerqué a él, saqué su polla del pantalón y se la lamí lenta y suavemente. Nos habíamos puesto ya el pijama después del polvo anterior, pero yo estaba de nuevo dispuesta a desnudarme otra vez.

    —¿A ti te gustaría? —le pregunté mientras continuaba con el leve lameteo de su pene.

    No me contestó, por lo que me volví hacia él esperando la respuesta. Estaba pensativo, un poco absorto, pero cuando mi cara se quedó a escasos centímetros de la suya, esperando que empezara a besarme y continuar con sexo aquella noche, volvió a insistir.

    —¿Lo dices en serio?

    —Sí, me lo tiraría —asentí con la cabeza. Luego le besé con un ligero piquito e hice nuevamente como si mi respuesta fuera la más lógica y normal del mundo.

    —Buff… —exclamó, mientras se despojaba ya por completo de los pantalones del pijama y yo sentía su pene totalmente erecto en mi mano derecha.

    Nos besamos, y de inmediato me agaché a chupársela.

    —Te estoy imaginando con uno de esos… —me dijo en mitad de la mamada.

    —Uhu… —asentí con mi boca llena y redoblando el trabajo de mi lengua en su glande.

    Él, mientras —me había despojado a su vez de mi pantalón del pijama—, me estimulaba el clítoris con lentitud, pero conociendo a la perfección mis reacciones. Empecé a gemir y a vislumbrar que en no mucho tiempo, me correría con sus dedos.

    —¿Te gustaría que fuera guapo? ¿Alto? ¿Atlético? ¿Musculado?

    —Uhu… —afirmé mientras seguía chupándosela.

    —Y con una polla enorme…

    —Uhu… —volví a asentir, aunque esta vez lo miré a los ojos mientras continuaba con más de la mitad de su pene introducido en mi boca. Estaba excitado con la idea, no me cabía ninguna duda. Y yo, la verdad es que también me estaba animando solo con imaginarme con un chulazo de esos encima de mí metiéndomela.

    —Voy a correrme… —me avisó.

    Me saqué la polla de la boca, retiré la cara y un segundo después surgió un pequeño misil de semen que aterrizó en su estómago y mi mano derecha.

    —Me has puesto a cien… —me dijo—. Joder, cómo me gusta la idea de que te folles a otro.

    —A mí también —le dije como si nada, mientras me colocaba para que siguiera estimulándome el clítoris y me despojaba de la parte de arriba del pijama, que tiré con cierta fuerza fuera de la cama—. Haz que me corra, cari —le susurré en ese momento bastante cachonda

    —Solo si me dices que quieres follar con uno de ellos.

    —Quiero follar con uno de esos… —respondí inmediatamente, cerrando los ojos y sintiendo sus dedos en mi vulva, acariciando y presionando el botón de mi clítoris.

    —¿De verdad? —Nico insistía mientras aceleraba el movimiento—. Mírame al decirlo

    —Sí… quiero follarme a uno de esos —contesté de nuevo con mis ojos clavados en él, mientras sentía que la oleada de placer se acercaba sin remedio.

    —¿Bien follada?

    —Muy bien follada… —mi voz se roncaba cuando se acercaba el orgasmo.

    —¿Me lo dices en serio?

    —¡Sí! —exclamé— ¡Me quiero follar a uno de esos! —dije ya en un tono de voz algo más elevado y totalmente entregada a las pequeñas convulsiones del orgasmo que mi chico me había procurado con sus dedos.

    Nos quedamos ambos exhaustos y tumbados en la cama desnudos. Ya no indagó nada más sobre aquellos escorts, y tan solo, al cabo de unos minutos me miró, me dio un beso, me atrajo hacia él, y preguntó:

    —¿Cómo se llama esa empresa?

    Le dije el nombre.

    —¿Y cuándo empieza a funcionar?

    —Ya está funcionando. Quieren que les mejoremos el tráfico de visitas y se consiga más fidelidad —le dije sin la más mínima intención.

    —Te quiero mucho —comentó, besándome de nuevo en la mejilla. Luego se volvió y empezó a dormirse a los pocos minutos.

    No le di mayor importancia y también me dormí poco después.