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  • Insomnio, confinamiento y sexo

    Insomnio, confinamiento y sexo

    El confinamiento me ha pillado sola en casa, soy muy respetuosa con las leyes pero, hay una necesidad en mi… Estoy que me subo por las paredes y lo peor es por las noches, cuando me acuesto normalmente me duermo pero, al cabo de una o dos horas, me despierto y entonces empiezo a dar vueltas en la cama. Cuando llevo un rato así, pienso: “Necesito relajarme”, y saco el vibrador de mi mesita y paso un rato dándome placer.

    Me gusta mucho más el sexo en compañía pero el confinamiento es el confinamiento. Paseo mi juguete por mi clítoris una y otra vez, ese maldito vibrador es adictivo.

    Cada noche que me lo saco del cajón no bajo de los tres orgasmos, pero al final, en lugar de acabar relajada acabo más excitada y con media hora menos para dormir. De vez en cuando, saco todos los juguetes, en la libertad de mi soledad, empiezo jugando con mi clítoris; después paso a humedecer un plug anal de cristal con mi boca y lo introduzco en mi culo. Cuando este se acomoda y sin dejar de pasear mis dedos por mi sexo, saco el consolador y empiezo a follarme. Los orgasmos vienen casi de seguido, más bien, es como si fuera uno solo que no cesa .Me retuerzo en mi cama, gimo, grito; me convierto en la bestia que llevo dentro y tras un rato retorciéndome como una loba sin lobo; saco de mi cuerpo los juguetes, los lavo y me preparo una taza caliente de leche.

    La semana pasada tuve una de esas noches de sacar todos mis juguetes. Como hacía calor había dejado la ventana abierta. Normalmente no me dedico a excitar a mis vecinos, pero cuando me quise dar cuenta, a mitad de sesión, había un chico en una ventana enfrente de la mía. Nunca antes había reparado en él.

    Podía ver su cabeza rapada, su rostro, mirándome, su torso, desnudo y musculoso, su brazo derecho, moviéndose rítmicamente y su polla, estrangulada por su mano.

    Esto aumentó mi excitación. Me giré para mirarle mejor y poder regalarle un buen plano de mi cuerpo penetrado por mis juguetes. Pude ver como sonreía mientras seguía masturbándose. Tras varios orgasmos y gemidos dedicados al vecino, decidí terminar con la sesión. Esta vez me había gustado más que otras.

    Al día siguiente, no podía dejar de pensar en aquel desconocido. Tal vez había sido un poco loco por mi parte saltarme todos los pasos y dejarle disfrutar de mi intimidad; pero, en realidad estaba deseando que llegara la noche para repetir.

    Cuando llegó la noche, me duché y me puse mi lencería favorita. Abrí las cortinas y me tumbé en la cama. Empecé a jugar con mis dedos, paseando por todo mi cuerpo, despacio, sintiendo como mi vello se erizaba en cada centímetro de piel. De vez en cuando, miraba por la ventana, pero no le veía. No obstante, ya me había encendido así que decidí seguir; solo sería una noche más en solitario. Pero me costaba concentrarme, una y otra vez me preguntaba por qué no estaba ahí para jugar conmigo. Finalmente, puse un relato erótico en el móvil y disfruté en solitario, esta vez sin miradas.

    Al día siguiente me tocaba salir a hacer compra. Al volver, revisé el buzón. Había una nota:

    “Hola, Lola,

    He disfrutado mucho esta noche.

    Si quieres que juguemos más

    este es mi Instagram

    Besos,

    Pablo.”

    Yo pensando que ya no quería verme y lo que quería era follarme.

    Subí la compra, dejé las bolsas en el suelo de la cocina y lo busqué en Instagram.

    El chico lucía muy bien en todas las fotos: guapo, hombros fuertes, ojos verdes… Yo llevaba 40 días sin ver carne; me valía casi cualquier cosa y Pablo era mucho más que cualquier cosa.

    A mitad de inspección empecé a sentirme caliente y sin dudarlo, me fui a la cama y me recreé acariciándome con una mano mientras con la otra iba deslizando las fotos de Pablo en mi móvil. Terminé y me quedé unos minutos en la cama exhausta.

    Una vez decidí moverme, me fui a por el móvil de nuevo y le di a “Seguir”. Como por arte de magia, en menos de un minuto, empezó a seguirme él también y empezamos a chatear.

    El chico parecía majo. Me contó lo mucho que se excitó al oírme; como disfrutó al verme y cuanto había fantaseado con tocarme. Yo estaba echando humo otra vez. No quería meter a un desconocido en mi casa en plena pandemia pero…, tampoco quería seguir subiéndome por las paredes.

    Las puertas del cielo y las de mi casa se abrieron cuando me dijo que llevaba 40 días encerrado sin ver a nadie. Yo pensé que, en ese caso, dos personas sanas que se juntan, no es un ejemplo, pero tampoco podíamos hacer daño a nadie. Así que decidí bajar la guardia.

    Me propuso venir a mi casa esa noche a ver una peli juntos. Con una sonrisa llena de deseo y con mis dedos en llamas respondí:

    -Solo si te curras la cena.

    Cocinar no es lo mío y no quería regalarme. Prefería venderme por un plato de comida caliente.

    Tras interesarse por mis gustos culinarios, decidimos que vendría a las 8 de la tarde con la cena.

    Mi cabeza y mi coño echaban humo, me recreé en una sesión de belleza; lo preparé todo y enseguida llegó la hora.

    Abrí la puerta llevando una camiseta de chico que no llegaba a tapar del todo mi culo. Le invité a pasar y caminé por el pasillo delante de él para lucirme. Había decidido dejarme la melena suelta, me había maquillado un poco y me había perfumado otro poco. Sabía que no tenía que seducirle, que ya le tenía en mi red de araña listo para devorar; pero me apetecía arreglarme y jugar a provocar.

    El juego de la provocación duró poco. Tan pronto soltó las bolsas que traía con la cena me acerqué a él, le sequé el sudor de su frente. El pobre estaba nervioso, ya se había dado cuenta que realmente mi cena era él.

    Mientras le secaba el sudor, miré hacia abajo y encontré que en su pantalón había algo apuntando. Mi plan era cenar primero pero, no pude evitar mirarle a sus ojos verdes y con mi sonrisa de niña buena paseé mi dedo desde su hombro hasta su pecho, hasta su abdomen y después, hacia ese bulto gigante que me había hecho humedecer de nuevo. El chico seguía tan nervioso como empalmado.

    Reaccionó posando sus manos en mi cadera, me di media vuelta dándole una visión completa de mi trasero; levanté sutilmente mi camiseta y retrocedí hasta sentir aquel bulto presionando mi culo. En ese momento, Pablo se desató; echó una de sus manos sobre la parte baja de mi vientre y la otra sobre mis pechos. Giré el cuello y encontré su boca.

    Empezamos a besarnos, nuestras lenguas jugaban mientras sus brazos me apretaban contra él. Sentía su polla a pesar del pantalón. Me zafé y dirigí mis manos a la hebilla de su pantalón, estaba deseando ver mi verdadera cena. La liberé de la presión de la ropa y sonreí al ver que el chico estaba muy bien dotado. Agarré su polla con mi mano y tiré de él, como quien tira de la correa de un perro, hasta mi dormitorio.

    Una vez allí, lo empujé sobre la cama y lamí su miembro de abajo a arriba; tras 40 días sin probar la carne, el pecado sabía a delicia. Gimió y yo subí, besando su torso, paseando mi lengua por sus pezones; jugué con su cuello, gemí en sus oídos. Pablo se preparó para metérmela puesto que yo estaba abierta de piernas sobre él. Yo sujeté su cabeza con mis dos manos y seguí gateando hasta acabar con mi coño sobre su cara.

    El chico se volvió loco, empezó a mover la lengua mientras una de sus manos acariciaba mis pechos. Me estaba encantando. Agarré su cabeza y la apreté contra mí. Yo estaba muy sensible, llevaba días cachonda, así que fue cuestión de pocos minutos que mi clítoris empezase a palpitar. Un escalofrío recorrió mi cuerpo desde el cóccix en todas direcciones; mi cadera empezó a temblar mientras mis gemidos llenaban la habitación: mi primer orgasmo no solitario en 40 días.

    Miré hacia abajo, hacia sus ojos verdes, le sonreí y él me devolvió la sonrisa. Me había leído el pensamiento, ahora me toca a mí comerte. Volví a gatear, esta vez marcha atrás mordisqueando su cuello, lamiendo sus pezones, besando su torso hasta llegar a aquel miembro erecto. Dejé una de sus piernas entre las mías, mientras jugaba con mi lengua por su glande, restregaba mi rajita húmeda por su pierna como perra en celo. Mi excitación estaba a tope y aquella polla era como un regalo del cielo, llegaba desde mi barbilla hasta mi frente.

    Cuando me la metí en la boca, traté de meterla entera, de llegar con mis labios hasta la base Hice varios intentos, sentía como atravesaba mi boca de principio a fin y más allá; él gemía de gusto, yo también. Jugué y jugué con aquella pija enorme en mi boca, le miraba a los ojos, su rostro expresaba una sonrisa picarona mezclada con placer, mucho placer…

    Gateé un poco hacia adelante y coloqué su polla entre mis tetas, subía y bajaba, sus gemidos fueron en aumento. Estaba claro que a Pablo le encantaban mis pechos así que, decidí ser complaciente y de pronto, Pablo se impuso con una mano y consiguió dar la vuelta dejándome tumbada boca arriba en la cama, él sobre mi y manteniendo su polla entre mis pechos.

    Agarró uno con cada mano, presionando ambos hacia el centro, me miraba con la cara que un animal devora a su presa, bailaba sobre mí moviendo su pelvis hacia delante y hacia atrás, con fuerza. Las venas de su cara se hinchan, las de su polla ya lo estaban desde hacía rato. Tan pronto empezó a gemir, hizo un movimiento rápido y metió su polla en mi boca; una vez ahí empezó a regar mi lengua con su leche. Mi cuerpo se estremecía con cada uno de sus gemidos, sentir el palpitar de su polla en mi boca, cómo su cuerpo se tensaba entero sobre mí, su espalda se arqueaba y gemía con más fuerza.

    Cuando sacó su polla de mi boca, le volví a sonreír, limpié una gotita de aquella rica leche de mi labio con mi dedo y lo metí en mi boca. Él con su sonrisa de niño perverso, fue a su pantalón, sacó un preservativo y se lo puso. Después, se situó entre mis piernas, las levantó hasta poner mis pequeños pies en su pecho y me penetró, yo creía que ya habíamos terminado, pero a Pablo le quedaba marcha para rato.

    Me fue follando lentamente, entrando y saliendo de mí, disfrutando cada penetración. Yo sentía mi coño muy húmedo y su polla muy grande. Mis manos fueron a mis pezones, sentía un placer absoluto. Sin entender por qué, de repente me giró, me dejó boca abajo con las piernas estiradas y metiendo su polla entre mis piernas llegó a mi coño, uno de sus dedos se perdió en mi ano, mientras su otra mano tiraba de mi coleta rubia.

    -Me encanta tu culo.

    Dijo mientras seguía penetrándome con su polla y su dedo a la vez. Sus embestidas eran cada vez más salvajes, más fuertes, aquella polla parecía ser incombustible. Sentí cómo la punta de su pija alcanzaba mi punto G; gemí, cerré mis puños agarrando las sábanas con todas mis fuerzas. Volví a estremecerme, volvió el escalofrío, mi cuerpo entero temblaba.

    -Sí, córrete, córrete conmigo.

    Esa frase de Pablo era lo único que me faltaba para alcanzar el éxtasis. Mis gemidos dejaron de ser discretos para convertirse en auténticos aullidos. Sus embestidas se unieron a sus gritos. Agarraba mi cintura con sus manos, clavando sus dedos. Me embestía hincando su miembro hasta lo más profundo de mí, así hasta que un último gemido ahogado y simultáneo acabó con su cuerpo cayendo sobre el mío, con su polla aún erecta dentro de mí.

    Ahora podía sentir los latidos de su pecho sobre mi espalda, mis piernas fueron destensando y sentí esa paz que se siente tras un buen polvo después de 40 días.

    Tras aquello, nos quedamos en la cama, olvidamos la cena y ambos dormimos como marmotas.

    Desde ese día, viene a mi casa una vez por semana para convertirse en mi cena.

  • Cruising en Caracas

    Cruising en Caracas

    Domingo 21:13

    Estoy acabado. El muchacho no voltea a mirarme desde la estación anterior, supongo que se arrepintió de las miradas que nos estuvimos lanzando desde que me subí al tren en Altamira. Debí bajarme en Plaza y sigo aquí, con una enorme erección y sin poder moverme de la calentura y vergüenza que siento. Si me tocara sobre el pantalón empezaría de inmediato a eyacular. Haría un desastre. Lloraría aquí mismo de la vergüenza. Y esa idea sólo logra encenderme más y más.

    Volvió a mirarme, sonrió. Es difícil notarlo por su tapabocas. No entiendo, creo que se bajará aquí. Me cuesta mirarle porque hay una señora atravesada, se mueve cuando trato de hacer contacto visual. ¡Qué mierda hace esta vieja! Es como si supiera que me está jodiendo y lo disfrutara. Me está sonriendo. No ella, él me está sonriendo. Se levantó, creo que me está retando. Me cubriré con el morral y me levantaré si él se acerca a la puerta. Está yendo a la puerta.

    Lunes 00:45

    Lo seguí, no debí hacerlo, pero aún estoy aquí, en este plano existencial. Me guio sin hablarme a un edificio. Nos bajamos en La Hoyada, salimos por detrás de la estación, abajo. Creo que quería tomar un bus, pero era tarde, ya no habían. Se dispuso a caminar y lo seguí, mi erección había cesado, pero no había descendido la temperatura de mi sangre. Hervía y corría por todo mi cuerpo, por mis dedos incluso.

    Caminamos bajo el túnel, pero eso fue nada comparado con el terror que se mantenía al mismo nivel que mi excitación que ocupó mi cuerpo consciente de la realidad de estar a esas horas en el centro siguiendo a un completo desconocido.

    Llegamos a la estación las Flores muy rápido, caminamos al paso más veloz posible. Estoy seguro de que yo podía superar su velocidad, pero él me guiaba.

    Temí aún más cuando decidió cruzar a la derecha detrás de la estación del Bus. Aun así ya había llegado muy lejos, seguí detrás de él hasta entrar en un callejón entre el laberinto de casas camino abajo. La puerta era blanca, la pared alta. Me pidió que guardara silencio. En ese punto ya dudaba de todo. Actuaba por inercia, quería sacar un cigarro pero ya debía entrar, me llamaba con su mano.

    Entré y caminé por un largo pasillo, pasamos frente a varias puertas a oscuras hasta que abrió una a nuestra izquierda y entramos. En ningún momento se acercó a mí hasta estar allí dentro, que luego de cerrar la puerta me sujetó un hombro me tomó del cuello. Creí que tendría que pasar por el incómodo proceso de arrodillarme a mamar. No sucedió. Me giró hacia la pared junto a la puerta y me empujó hacia ella. Deslizó mi mono y habló: «Tienes puesta una pantaletica, qué rica putita traje a casa». Me era imposible hablar, estaba expuesto, ya no me pertenecía. Con su dedo halaba mi panty de encaje rosa y lo soltaba de nuevo. Me nalgueaba. Todo apretando mi cuello con la otra mano.

    Introdujo su dedo entre mis nalgas sin pausa abriendo paso en el agujero donde pronto serían dos y tres los dedos, sin lubricación previa, los que estarían dentro.

    -Esto es lo que les gusta a las putas como tú, que les metan cosas en el culo sin importar qué sea. Ni quién sea -mientras me abría el culo cada vez más.

    -Necesito verga, la necesito dentro -siempre les digo esto porque es la verdad. Siento necesidad de verga dentro de mí, casi siempre. Mis dedos y mis juguetes no son suficientes. Necesito carne dentro de mi culo. Un hombre bombeando dentro de mí.

    -¿Crees que me aguantes?

    -Aguanto lo que sea -le respondí con temor. Temor a que me lastimara en exceso, pero seguridad en que mi culo soportaría el dolor que fuese necesario para darle placer al chico delgado y alto que me había sonreído en el metro.

    Me bajó la pantaleta de coñazo. No pude ver su verga, sólo sentí sus manos apretar con furia mis caderas y su verga torpe lastimar alrededor de la entrada.

    -Por ahí no es -dije susurrando a modo de súplica.

    -Yo digo dónde es -contestó con autoridad.

    Su voz masculina y autoritaria me hizo temblar las piernas y doblar un poco las rodillas, lo que hizo que su pene me invadiera de manera violenta, haciéndome daño. Se sintió realmente enorme, me ardía, me dolía, me sentía humillado y por encima de todo, sentía el mayor de los placeres al saber que ese hombre estaba haciendo lo que le placía con su puta.

    Mi culo ardía y yo gemía incontrolado. El chico me sacó la verga de pronto y me arrojó a la cama, creí que caería en el suelo por la total oscuridad. En cambio él conocía su lugar. Se tardó un poco por lo que creo que se quitaba la ropa. Pronto estuvo sobre mí metiendo una media usada en mi boca, halando mi cabello y penetrándome de nuevo sin considerar el dolor que ya me había causado. Eso me ponía más y más puta. Me hacía aguantar más. Estuvo repitiéndome que si quería verga, debía aguantarla como era debido. Me dijo también que los maricones lo único que pensaban era en una verga gorda que les dejara el hueco bien abierto y no se equivocaba. Me nalgueaba, gruñía y me daba puñetazos en la espalda baja. El quinto golpe vino acompañado de una brutal embestida y un escupitajo en la nuca, de inmediato empecé a eyacular. Mi sensibilidad era cada vez mayor, casi lloré apretando la media con mis dientes. Aún él no terminaba y yo ya sentía mucho dolor.

    Estuve aguantando, dándolo todo un par de minutos hasta que me empezó a ahorcar con las dos manos y me enterró toda la carne hasta el fondo dejando toda su leche dentro de mí. Aún la tengo dentro. Sacó la verga de mí y me hizo subirme el mono y salir de su casa. No le pregunté su nombre. No sacaré su leche de mí hasta la mañana.

  • Faje exquisito y de cómo me volví tan puta

    Faje exquisito y de cómo me volví tan puta

    Hoy les voy a platicar como me he vuelto una puta y lo que me encanta serlo y todo porque mi amo así lo ha querido. Al principio me costaba trabajo aceptar que me gustaba serlo, pero con el paso del tiempo he aprendido a disfrutar que me manoseen, que me toqueteen, gente extraña que no conozco y he logrado tener unos orgasmos riquísimos y la verdad es que disfruto mucho todo lo que hago y como verán en este relato ahora hasta puedo gozar ver a un hombre correrse en mis manos así que pasemos a lo que ocurrió.

    En la mañana para ir a trabajar, me vestí con una blusa roja que tiene un escote generoso y que se pega al cuerpo, la tela hacía que mi silueta quedara definida y mis nenas se realzaran, me vi al espejo y el reflejo que me regresaba de mis senos y el brasier de encaje que se notaba, me agradó, pero en mi mente la imagen de mi Amo se presentaba y en el afán de acercarme al deseo de que pueda ser la puta que desea, decidí irme sin bra.

    Volví a verme los pezones, se marcaban perfectamente, pase mis manos sobre ellos acariciándolos y con el dedo índice marcarlos, me sentí atrevida tanto por el color como por el hecho de saber que estaban tan expuestos, el clima ayudo mucho, el frío definía aún más mis encantos, los cuales no pasaron desapercibidos por varios que al subirme al camión dirigían sus miradas al escote, a las nenas, los pezones y después a mis ojos.

    Me senté casi hasta el fondo a pesar de que había muchos asientos vacíos me pareció que así aumentaría la probabilidad de que pasara algo que pudiera contarle a mí Amo. El camión avanzó algunas calles y en una de las paradas se subió un joven de treinta y algo, no puedo negar que me llamo la atención, ya que a pesar del cubre bocas, se notaba que era simpático, su cabello ondulado, las cejas pobladas y los ojos negros, su vestimenta se veía impecable, pantalón de vestir negro, camisa manga larga lila con pequeños cuadros, la camiseta se notaba a través de ella, zapatos negros brillantes, mientras avanzaba recorría con su mirada los asientos como decidiendo en donde sentarse, y a pesar de que había varias opciones, decidió hacerlo a mi lado.

    Desde que se sentó me saludo amable, lo cual no es muy frecuente, el aroma de su loción era muy rica (como no se identificar las marcas, no sé cuál era, aun así me agrado mucho y no todas me gustan), mientras:

    -hola buenos días,

    -buenos días

    -hace un poco de frío verdad (esto lo dijo viendo mis nenas y después mis ojos)

    -así es, y lo malo es que me es un poco difícil que no se note que tengo frío (lo dije con un tono algo pícaro)

    -sí, me doy cuenta, pero te ves muy bien, y ese color de blusa te resalta tus encantos

    -era obvio que no se refería al color de la blusa, me acomodé un poco, sentándome de tal forma que se vieran más apetecibles, este gesto lo interpreto como invitación, ya que poso su mano sobre mi pierna.

    -¿se han de sentir muy bien tocarlas, que afortunado debe ser tu pareja, porque me imagino que tienes, no?

    -quieres comprobar que se sienten como se ven? Toca si así lo deseas pero se discreto y así lo hizo, y si tengo algo mejor que una pareja, le dije al momento que sentía como sus manos tocaban mi blusa y apretaban mis nenas, su palma hacia movimientos circulares, alternando su atención a cada una de las nenas.

    -¿sabe el que haces esto? que te dejas manosear por un extraño?

    -claro que lo sabe, y todo lo que hagamos él lo sabrá porque se lo contare en un rato, es un acuerdo que tenemos, a él le excita que lo haga, al decir esto retiro su mano como que dudada seguir con el toqueteo, abrí mis piernas y puse mi mano entre ellas, haciendo que viera que me gustaba que me tocara y que esto me prendía, -sigue tocando que me estas prendiendo mucho,

    -¿a dónde vas? -Decía mientras retomaba su manoseo delicioso

    -al metro

    -¿te acompaño?

    -si (cruce mis piernas con mi mano entre ellas) siguió tocándome discretamente, mis nenas estaban rojas por el manoseo, y mi panochita húmeda, antes de llegar a la parada, quite mis manos entre mis piernas y puse mi panocha casi frente a él, y el hizo el ademán de olerlo y sus ojos se entornaron.

    -Qué mujer tan sorprenderte eres, que afortunado es tu pareja.

    -¡¡es mi Amo, y yo soy la que disfruto más!! -al decir esto mi panochita salto orgullosa al parecer de sentirse suya.

    Bajamos del camión y me tomo del brazo, esa acción en si me dio una combinación de miedo y excitación.

    -Quiero disfrutarte más, tocarte y manosearte para que puedas contarle a tu Amo, lo puta que eres.

    Sentía como mi corazón latía aprisa y mis mejillas se llenaban de color. La calle era poco transitada y estaba a unas calles de la estación, vio que no hubiera gente cerca, y rodeando la cintura con sus manos me acerco a una pared pegando su cuerpo al mío (lo frío y la dureza de la pared y la fuerza que puso al reclinarme en ella me inquieto mucho), su aroma combinado con su deseo me gustaba, y mis piernas se abrieron de forma involuntaria, con una de sus manos me rodeaba la cintura y con la otra toco mis nenas y acaricio mi cuerpo hasta llegar a mi panochita la cual estaba húmeda, su manoseo era brusco, intenso, insultante, mi cuerpo respondió moviéndose a cada toque

    -Así puta muévete, muéstrame como te gusta que te toque con mis manos, tu vagina está caliente, quemas, quieres verga verdad, la mía te quiere coger.

    Su voz la tenía tan cerca de mi oído, su aliento caliente en mi cuello, hacia ruidos y gemidos, repetía a cada instante que era una puta y yo me sentía como tal, baje mi mano y toque su verga, la tenía tan dura y se sentía tan grande, imagine la de mi Amo, y se me antojo demasiado, quería sentirla dentro de mí.

    Estaba tan cerca y yo tan caliente, que sentía que mi cuerpo se manejaba solo, se retiró el cubre bocas y me quito el mío, sin dejar de mover su pierna entre mis piernas y tocando mi panocha, acerco sus labios a los míos y aunque me hice un poco hacia atrás, el me beso, al principio no abrí los labios pero oprimía tan rico mi panochita, que al igual que mis piernas, mis labios se abrieron, su lengua se sentía húmeda, jugando con la mía, yo gemía de lo rico que besaba, atrapaba mi lengua para chuparla, morderla suavemente pero que el dolor que provocaba aunque tenue provocaba las contracciones de mi panocha más aceleradas, estas me llenaron de calor, podía percibir como me invadía toda, me iba a correr, lo sentía, y se lo dije

    -¡¡Que rico me tocas, me voy a correr de lo rico que lo haces, hazlo más rápido, más, así!!

    -Siiii, mmm que rico, que te corras aquí en plena calle como la puta que eres.

    Me parecía ver a mi amo, podía imaginar sus ojos en nosotros observando como su puta disfrutaba de ser besada, como deseaba que estuviera ahí, de alguna forma creía que podría no gustarle lo del beso, pero seguía, me besaba y lo besaba, y antes de correrme beso mi cuello y lo lamio, sus manos no dejaban de apretar mis nenas, pasándolas bajo la blusa, su mano desnuda en mis nenas desnudas, me beso nuevamente, pellizco la nena izquierda y no pude más, me corrí delicioso, emitiendo un pequeño gemido.

    -Siii puta, así, vente, cuéntale a tu Amo que fuiste una puta hoy,

    Decidí Meter mi mano por el cierre de su pantalón, le toque su verga y la apreté y dentro de su trusa la sentí dura y jugosa,

    -Déjame devolverte el favor le susurré al oído. Lo masturbe, recorrí con mi mano su verga, se sentía efectivamente grande, y estaba mojada, se me antojo mamársela, pero no lo hice, mi panochita aún palpitaba por el orgasmo sentido,

    -Quiero cogerte -me dijo.

    Seguí apretando su verga mojada, subiendo y bajando mi mano ya tocándole la cabecita que la tenía húmeda de su miel, sin dejar de besarlo hasta que sentí como se estremeció y sentí su semen en mi mano, tibia y espesa, saque mi mano y vi como escurría su semen, estaba realmente excitada y muy nerviosa.

    Aproveche que se tenía que subir el pantalón y acomodar, así como que se acercaban las personas, le dije que me tenía que ir, me apresure casi corriendo hasta llegar al metro, no quería que me siguiera.

    Bajando las escaleras del metro saqué unas toallitas y me limpie percibiendo su aroma a lechita y estaba que me moría de risa nerviosa y excitada de todo lo que me paso, pensando que se le contaría a mi Amo y seguiría sintiéndome así de nerviosa excitada y caliente.

    ********************

    Escríbanme y cuéntenme lo que me harían.

    Creen que soy una gran puta?

    Creen que lo hago por mi amo o porque a mi me gusta?

    Les gustaría tener una puta como yo?

    Me gustaría saber si ustedes se masturban leyendo mi relato o si lo leen mujeres díganme si ustedes harían lo mismo que yo.

    Besitos

  • El taxista con el chico del gimnasio

    El taxista con el chico del gimnasio

    Llevaba horas manejando, no había logrado la cuota y además tenía problemas con mi esposa. Eran las 4 pm y llega un requerimiento, tengo que buscar a un hombre llamado Carlos en un gimnasio a un par de cuadras.

    Al llegar al lugar, han pasado 10 minutos y cuando voy a cancelar el viaje, aparece un chico de unos 23 años todo sudado, con cabello negro algo largo y recogido, piel blanca, cuerpo muy atlético pero no exagerado, ojos oscuros y unas cejas que enmarcaban una mirada seductora.

    Vestía una franelilla roja que exhibían sus bíceps y su pecho trabajado con algunos vellos, unos short deportivos negro por encima de las rodillas y zapatos deportivos.

    Él sube rápidamente al carro en el asiento del copiloto y se disculpa amablemente por hacerme esperar, yo le digo -“No hay problema” y comienzo a conducir.

    Este chico era muy agradable y su conversación interesante me hacía sentir a gusto, y sus musculosas piernas comenzaron a llamar mi atención, además notaba una cierta actitud como de coqueteo.

    Yo tengo 30 años, casado con hijos y jamás he tenido algo con un hombre, aunque debo reconocer que algunos han llamado mi atención, sin embargo con toda la presión social eso queda enterrado y descartado, pero Carlos era uno de esos casos y de paso estaba a mi lado.

    Soy trigueño claro, cabello castaño de 1.78 de estatura, algo pasado de peso y siempre me han dicho que buen mozo, de buen ver.

    Carlos comienza a preguntar por mi vida observándome fijamente, su interés era mucho más que el de una conversación casual. Mientras tanto ambos estábamos apoyados en el apoyabrazos del centro del carro y en una curva nuestros brazos se juntaron y ninguno se movió.

    Era la primera vez que buscaba tener un contacto físico con un hombre de esta manera y me estaba calentando que él lo mantuviera. Me puse algo nervioso, su sonrisa y su dentadura me parecían sexy, y yo pensaba:

    “Será por el tiempo sin sexo con mi esposa que mis hormonas están como locas”

    Entonces llegamos a su casa, él vivía en un anexo con entrada independiente que tenía rentado. Y antes de bajarse me dice:

    “Te ves agotado, te gustaría pasar a tomarte algo y luego sigues”

    Yo quería pero mi instinto me decía que no debía, pero acepte.

    Cuando entramos a su anexo, no era muy grande algo tipo estudio. Carlos dice -“que calor está haciendo” y se quita la franelilla, en ese instante mi corazón salto y una erección estaba despertando.

    Su cuerpo de modelo perfectamente delineado me impresionó. Carlos busca una cerveza para mi y dice -“toma, siéntate y relájate” señalado un mueble frente a su cama.

    Seguimos hablando y tomando pero yo no podía evitar mirar su cuerpo cada vez que se movía. Al pasar una hora le digo creo que mejor me voy estoy algo mareado y debo conducir a casa. Y él dice:

    “Si quieres puedes tomar una ducha para pasar el mareo, o esperas un rato más”

    Yo no sabía que responder, estaba tartamudo y entonces Carlos pone una de sus manos en mi muslo y dice:

    “Relájate, estás muy tenso”

    Mi pene se endureció por completo, lo quería besar, mi mente se nubló y solo veía su boca y me le lancé a sus labios.

    Carlos respondió besándonos muy apasionadamente mientras él llevaba su mano a mi pene para frotarlo y dice:

    “Sácalo me lo quiero comer!”

    Me levanto y me desnudó por completo, el me ve, sonríe y dice:

    “Para haber tardado tanto te entregas rápido”

    Yo con mi pene bien duro, poseído por el deseo y de pie frente a él le digo:

    “Comienza a mamar de una vez!”

    Era un experto, lamia suave y chupaba con fuerza yo sentía que no aguantaría mucho. Entonces él me dice:

    “Aún no acabarás, tienes que trabajar”

    Y se levantó, bajo su short y bóxer. Era la primera vez que tenía a un hombre excitado frente a mi. Carlos me toma del cuello y me besa nuevamente. Podía sentir nuestros penes en contacto, yo estaba entregado a la pasión de sus besos. Luego dice:

    “Date la vuelta, me vas darás tú culo!”

    Yo no sé si realmente entendí lo que dijo pero me volteo y me arrodillo en la cama casi de forma automática.

    Carlos comienza a nalguearme mientras recuesta su pene de mi raja y dice:

    “Voy a ser tu macho de ahora en adelante”

    Yo: si… y yo seré tu mujer!

    Carlos comenzó a penetrarme de a poco, sacando y metiendo cada vez más profundo pero cuando entro completamente su delicioso falo de 19 cm comenzó a cogerme como una perforadora, su excelente estado físico le daban una resistencia asombrosa!

    Yo sufría un poco de dolor pero el placer era muchísimo superior, estaba moviendo mi culo como muchas mujeres me lo hacían a mi, era delicioso ser la mujer de este hombre y le decía:

    “Vamos Carlos… sigue… sigue… este culo es tuyo!”

    Carlos me acostó de lado y siguió cogiéndome con mucha fuerza, él era incansable y yo comencé a masturbarme. Y después de unos 20 minutos dándole a mi culo me dice:

    “Te voy a llenar ese culo de leche, prepárate”

    Increíblemente aceleró aún más sus movimientos y gemidos, tanto que me hicieron acabar y mientras me estremecía por mi orgasmo el casi me violaba hasta que sus contracciones me avisaron que estaba acabando.

    Quedamos en la cama un buen rato hasta que su pene fue disminuyendo y salió de mi culo. Podía sentir su semen salir de mi interior.

    Fue entonces cuando entendí lo que había pasado y dije en voz alta:

    “que hice? … no puede ser, soy gay”

    Carlos: cálmate, no es para tanto! Tú eres bien macho pero hasta el más macho le gusta ser dominado.

    Yo: no puede ser… (Era lo que repetía, acostado desnudó con un hermoso hombre a mi lado)

    Carlos: esto es entre tú y yo! Nadie tiene porque saberlo. Y cuando necesites desahogarte ya sabes dónde estoy…

    Carlos me comenzó acariciar y yo al principio no quería pero mi pene comenzó a reaccionar nuevamente y me dice:

    “Que te parece si dejas salir a ese macho y me coges”

    Y nuevamente mi mente se nublo y me lo cogí con furia casi en venganza, lo puse en cuatro y le daba nalgadas, de alguna manera trataba de recuperar mi hombría.

    Se culo era redondo y firme no muy grande pero muy ajustado y caliente, además que gemía como puta haciéndome desearlo más. Y Carlos decía:

    “Cogeme duro… ahora eres mi macho… cogeme!

    Y entre furiosas embestidas le solté grades chorros de semen en su interior!

    Realmente me sentía mejor. Me fui a duchar y al salir el seguía acostado medio cubierto con las sábanas y mientras me vestía él dice:

    “Volverás…”

    Yo: creo que si… (E intercambiamos números)

    Ahora cuando estoy necesitado busco a Carlos y nos damos placer hasta más no poder, liberando al macho y la hembra que hay en mi.

    ****************

    Espero que estén calientes y no duden en comentar.

  • Un fin de semana con mi prima (Parte 2)

    Un fin de semana con mi prima (Parte 2)

    Esperando a que mi prima durmiera en algún momento dormite cuando desperté la televisión ya estaba apagada, me enderecé y Lucero ya dormía, estaba de espalda hacía mi lado y su gran culo al borde de la cama, no pude aguantar más y con calma puse mi mano sobre ella tocándole el culo.

    Suavemente empecé a acariciarle, para ese momento ya tenía la verga bien dura.

    De pronto hizo un movimiento y me asusté creyendo que se levantaría, regresé a acostarme, tardé mucho tiempo en poder dormir estaba agitado hasta sudé un poco no creía que hubiese agarrado las nalgas a mi prima.

    A la mañana siguiente me desperté temprano y bajé al poco tiempo también bajo mi prima tenía miedo que se hubiese dado cuenta de anoche y me delatara con mis padres así que gran parte del día estaba algo temeroso, pero mi prima actuaba normal como si nada hubiese pasado.

    Así que supuse que no se había dado cuenta. Yo ansiaba que la noche llegara, después de cenar Lucero dijo sentirse cansada y que iría a dormir yo disimulé y me quedé con mis papás abajo hasta que ellos también se fueran a dormir ya una vez en el cuarto entre despacio.

    Ella dormía cerca del borde de la cama, pero estaba cobijada, me acosté y empecé a meter mi mano entre la cobija muy despacio y poco a poco fui sintiendo las nalgotas de Lucero cual fue mi sorpresa es que no traía nada puesto de pronto se movió y me asusté y recosté rápidamente.

    Se movió hacia la orilla de la cama boca arriba con los pies al borde y se descubrió la cobija hasta su vientre dejando al descubierto su gran culo mi corazón estaba acelerado que me levante y senté observando sus piernas abiertas mostrándome una vista increíble. Me acerqué a su entrepierna y empecé a tocar su vagina estaba bien gordita y abultada, despacio con mis dos manos fui abriendo sus labios al mismo tiempo que veía como parecían pegados por una espesa miel, al estar tan cerca el aroma de su sexo me llamó a probar su rica miel pasando mi lengua y comiendo entre sus labios.

    Inesperadamente echó sus piernas hacia atrás y con sus manos se abrió las nalgotas dejando descubierto su ano.

    Claramente fue una invitación a probar, no pude resistir y bajé mi lengua probando su rico culo bañado de rica miel.

    Yo tenía la verga tan dura y venosa que ya no sentía mi propia erección, me puse de pie y empecé a pasar la verga de arriba abajo entre sus labios enmielados.

    Lucero no se quitaba la cobija de encima, aproveché para tomarla de las caderas y empecé a cogerla con cada embestida pujaba más y más.

    De pronto metió su mano y empezó a tocarse el ano, entonces supe que quería sentir más, cuando se la saque tenía le verga blancosa y cremosa, la tomé con mi mano y la penetré por el culo, sentía como le empujaba todo por dentro igual terminé dentro de ese gran culo.

    Después de que se la saqué, la dejé con el ano un poco abierto mientras ella apretaba y soltaba, mi leche escurría de su interior.

    Lucero se descubrió la cobija mientras me miraba fijamente, agitada, yo no sabía que decir y ella me dice -límpiame!!!

    Entonces supe que todo estaba bien jajaja.

    Al siguiente día mis tíos vendrían por Lucero y antes de irse me llevó al cuarto, se acercó y me agarró los huevos! y me los apretó diciendo “tenemos que vernos otra vez”.

    Por supuesto que seguimos viéndonos, pero ahora en habitaciones de motel.

  • Mi prima Karla (Parte 2)

    Mi prima Karla (Parte 2)

    Como ya les comentaba en la primera parte de este relato, después de ese afortunado escarceo con Karla donde probé por primera vez las mieles de los jugos virginales de una papayita virgen, parecía que ya no iba a poder vivir sin ello. Me había vuelto como el lobo que prueba carne humana y le gusta el sabor. Ahora no iba poder vivir sin volver a saborear aquel manjar tan rico, sabía que Karla también estaría dispuesta y se me ofrecía en charola de oro. Recién llegados a la mayoría de edad ambos estábamos descubriendo el sexo.

    Los días de juegos con los vecinos del barrio continuaron así como la búsqueda de nuestra primera experiencia de novios y algo más con las vecinas. Nuestro éxito era pobre solo uno que otro beso o el más audaz y afortunado alcanzaba un tocamiento fuera de lugar con alguna vecina llegando a la casa con aquellos aromas a presumir con los demás.

    A partir de la tarde cuando tuve la dicha de probar casi obligado la pepa de Karla en el cuarto de la tía, a partir de esa experiencia nos habíamos vuelto más unidos. Nunca tocamos a fondo el tema de esa tarde. Éramos cómplices en silencio donde solo había miradas y sonrisas de complicidad. Eso nos unió más y en nuestros juegos el que más nos agradaba era jugar a las escondidas ya sea dentro de la casa familiar que contaba varias recamaras y closets donde ocultarnos o en la calle con los vecinos y vecinas de nuestra edad.

    “Casualmente” siempre tratábamos de ocultarnos juntos atrás de matorrales, bardas y closets donde furtivamente causamos alguna caricia involuntaria lejos de la vista de los demás a veces metía mano en sus tetitas juveniles o alguna metida rápida de mano en su panochita. Así como ella también aprovechaba para meter mano dentro de mi ropa interior y masajear mi verga. Que ricas sensaciones al masturbarnos mutuamente a escondidas en alguno de nuestros escondites.

    Karla y yo buscábamos los momentos para estar solos, como aquella tarde en la que me encontraba solo en casa haciendo un trabajo de la escuela ya que yo había entrado a la Universidad y estaba inmerso en la computadora (Ella estaba cursando el último grado de la preparatoria), ella llegó hasta donde estaba yo y me cuestionó respecto a lo que hacía y me pidió usar el wc de mi casa porque estaban ocupados los demás.

    Obviamente no se lo iba a negar dentro de mi pensé que sería una oportunidad para espiarla u obtener algún roce con ella. La lujuria me tentó y como juego de espías necesitaba ver a Karla en sus prendas íntimas, por lo que me acerque en silencio a la puerta asomándome por la hendidura de abajo de la puerta que permitía ver perfectamente al menos hasta la cintura ya que estaba en un escalón arriba del piso de la planta alta la puerta del sanitario.

    Quizá ella notó las sombras detrás de la puerta del sanitario hacia el pasillo y cuando ella se preparaba para salir yo ya me había movido hacia el escritorio donde estaba haciendo mi tarea en la planta baja. Para ello yo había dejado sobre la gran mesa del comedor familiar, aquel libro maravilloso de sexualidad abierto precisamente en las páginas donde se explicaban las zonas erógenas mientras yo me hacía el desentendido sobre la computadora. Cuando ella bajó vio el libro y se quedó inmersa leyendo el contenido en silencio detrás de mí.

    El ambiente se sentía raro, parecía que los dos deseábamos algo más en ese momento pero a la vez al sentir ese peso de ser familia nos ponía el límite. Los nervios de tener a Karla a mi lado pasivamente como si esperara alguna reacción de mi parte, al menos yo ya no aguantaba más esa fiebre por mi prima.

    Así que me paré a su lado muy juntos mientras ella hojeaba el libro en silencio sobre la mesa del comedor con un supuesto interés de su parte solo al libro. Mientras ella revisaba las notas del libro yo estaba a su lado tratando de seguir las mismas indicaciones de las zonas erógenas de la mujer utilizando como instrumento de ensayo el cuerpo de mi prima, que forma tan rica de aprender de sexualidad así mis tocamientos aun un poco torpes con nerviosos y casi temblando por la situación en la que nos encontrábamos, ella dirigía el dedo hacia las zonas erógenas que el libro mostraba y yo hacía los movimientos sobre el cuerpo de Karla tal cual lo había aprendido sin ser caricias bruscas.

    Noté como sus pezones estaban duros a partir de que mis tocamientos fueron más intensos su respiración era agitada y a veces cerraba los ojos. Le acariciaba sus nalgas metiendo mi mano bajo su ropa y cuando pasé al frente de su coñito y eso a indicación de ella que estaba señalando la zona erógena de la vagina, tenía un poco de vellos púbicos, pude sentir la humedad que no sabía si era porque había utilizado el WC o posiblemente era parte de su excitación, suavemente recorrí con mis dedos la parte de su pubis se sentían suaves sus pelitos para mí era un sueño hecho realidad estaba metiendo la mano en aquella zona que cualquiera sueña con su primera vez, metía un dedo suavemente entre los labios de su sexo sin ser agresivo, jugué con su clítoris y ella solo empujaba sus nalgas hacia atrás cuando sentía una descarga de placer, mi prima que estaba más que caliente al igual que yo.

    En aquella supuesta inocencia ambos estábamos calientes, yo tenía mi verga bien erecta de tener a mi prima junto a mi leyendo el libro que me había mostrado muchas de las cosas que iba aprendiendo. En mi casa no estaban mis padres y estábamos casi frente a una ventana con cortinas de ligera tela que permitía ver hacia afuera pero no hacia adentro, por lo que si alguien se acercaba a la entrada de mi casa por el pasillo lo veríamos de inmediato.

    Aprendimos juntos a explorar el cuerpo del género opuesto. Los dos estábamos disfrutando de esas torpes caricias. Ella acariciaba mi falo por encima de mi pantalón disimulando que estaba interesada en la lectura mientras dejaba que yo explorara aquel cuerpo virginal.

    Le propinaba besos en su largo y estilizado cuello que hacían sentir bien a Karla ya que poco a poco nos fundimos nuevamente en una serie de besos desesperados que poco perfeccionamos desde aquella tarde en casa de la abuela. Aprendimos mutuamente a disfrutar de aquellas caricias húmedas de nuestras lenguas y nos entregamos a ese amor furtivo que nos profesamos calladamente.

    Ya habíamos liberado tímidamente mi verga mientras nos besábamos ella disponía de mi erecta verga la cual ya derramaba algunas muestras de amor hacia ella. Eso era algo nuevo para ella el notar la humedad en la punta de mi falo así que le pasaba tímidamente su dedo pulgar constantemente sobre aquella pegajosa humedad. Era obvio que ambos no teníamos la experiencia con el sexo opuesto, pero esas primeras incursiones nos estaban abriendo los ojos a la sexualidad siendo placentero consensuado sin presiones y deseado por ambos.

    Era mi segunda vez que confirmaba que los pezones de Karla se endurecían conforme ella se iba excitando, sentía que iba por buen camino porque precisamente el libro había descrito todos los síntomas que teníamos, humedad, erecciones etc. Como pude me apoderé de esos eróticos botones y se los chupé creo que con desesperación, vaya que la hizo vibrar a Karla porque de su boca dejo escapar unos gemidos como los que había escuchado en alguna película porno y se retorció ahí parada ante mi, mi mano empezó a frotar su sexo mientras mi boca no se despegaba de su teta, y sentía su humedad salir de su coñito casi lampiño. Que delicia de sensaciones para ambos. Ella seguía pajeando mi verga con su mano que a veces interrumpida al perderse en sus espasmos.

    Karla había disfrutado de la vez anterior de una mamada de mi parte, donde casi obligadamente me comí su panochita con unos pocos pelitos pero de lo cual estoy agradecido ya que fue mi primera vez que probaba tan exquisito y virgen manantial. Ahora ella con la curiosidad que le daba el conocer el miembro masculino del cual ya estaba más que listo para cualquier acción, lo acarició sutilmente el glande ya que mi verga es circuncidada a diferencia de su hermano menor que era lo más cercano que posiblemente podría haber visto un miembro masculino hasta ese momento, agachaba la mirada hacia mi erecto pene mientras su mano jalaba de mi prepucio en un movimiento instintivo y tal vez de lo que vio como la parte de la masturbación al miembro masculino en el dichoso libro, siguió las indicaciones correctamente ya que en ningún momento hizo movimientos bruscos que me hicieron doler mi verga.

    Estábamos parados y vestidos al pendiente de que nadie llegara, ella ya tenía la falda levantada con mis manos acariciando su vulva, era excitante sentir esos vellos de su papayita. Por la lectura sobre el libro de sexualidad sabía de la existencia de la virginidad y el himen de las mujeres, por lo que mis caricias no podrían ser bruscas para no lastimar a Karla, aparte según el libro indicaba que las caricias llamadas juegos preliminares bien usadas podrían llegar a que la pareja tuviera un orgasmo.

    Sin que la obligara y tal vez atraída por la curiosidad de ver aquel miembro moreno lleno de venas ya que mi corazón estaba palpitando al 100% por la adrenalina de ser descubiertos en aquel acto incestuoso, ella bajó la mirada viendo como su mano hacía movimientos como si penetrara algo invisible mi verga que tenía entre la palma de su mano con la humedad de mi liquido preseminal se embarraba en sus dedo y parte de su ropa que lograba tocar con la punta de mi verga. Así que ella misma se agachó a mirar de cerca aquella verga toda roja y caliente. Ahí estaba mi amiguito que varias veces disfrutamos de pajas maravillosas pensando en tener algún día a una fémina con quien disfrutar como lo habíamos visto en revistas o películas de contenido erótico.

    Karla acercó su cara y con su lengua me devolvió el favor que anteriormente había hecho en ella en mi primer cunnilingus casi obligado. Ahora ella con su lengua recorría la punta de mi verga para que suavemente Karla se llevara mi verga caliente y erecta a su bella boca, estaba recibiendo mi primera felación con la boca de mi prima. Para ser la primera vez disfrutamos al máximo esa extraña caricia que había visto en revistas y películas en verdad que era una sensación única, ella estaba ya hincada en el piso del comedor mismo lugar donde ella había estado viendo el libro sobre la mesa, ahora era yo el vigía mientras ella exploraba y me daba una rica mamada a mi erecta verga.

    Karla esbozaba una inocente sonrisa mientras saboreaba mi verga, la verdad no fue como lo había visto en las películas, pero fue algo tierno para ser nuestra primera vez. Para ese momento ya Karla llevaba tiempo en mi casa porque lo que mi tía la empezó a llamar y se acercó a mi casa por lo que la vi que camino por el pasillo hacia la puerta de entrada, rápidamente guarde mi verga y me hice pendejo ahí parado viendo otro libro.

    Haciéndome el desentendido y ocupado en mis actividades de la universidad. Karla se escondió sin hacer ruido abajo de la gran mesa del comedor el cual tenía un mantel bastante grande que no permitía ver nada debajo de la mesa a menos que se buscara, ella se quedó en silencio cuando abrió la puerta mi tía se asomó a través del marco de la puerta sin entrar completamente y preguntó por Karla si no la había visto por ahí. A lo que tranquilamente le dije que no la había visto, ella se fue tratando de buscarla en otro lado o por el patio trasero de la casa.

    Salió de su escondite mi prima y se arregló las prendas, con esos ojos llenos de lujuria y complicidad nunca decíamos algo al respecto, solo nos mirábamos y nos besamos inmediatamente, pero nos tuvimos que separar porque ya la estaban buscando. Acaricie por último su papayita que ya estaba húmeda, para mi eso era algo nuevo sentir esa calentura y humedad en una mujer, bueno mi primera mujer. No dudé en volver a bajar rápidamente para oler y saborear de aquella delicia, se me estaba volviendo un vicio mi prima Karla.

    Vimos que mi tía no andaba cerca y ella salió de mi casa a escondidas y se hizo presente con ella recibiendo un leve regaño porque no había contestado a los llamados de ella. Mientras yo desde mi cuartel general me quedaba nuevamente a medias con tremendas ganas, ya había probado las primeras mieles del sexo opuesto y mi instinto deseaba más de esa carne que acababa de probar. No tardé en colocar una cinta porno de las que tenía mi padre escondidas y tratando de ver en alguna de las actrices a Karla mientras le apretaba el pescuezo al ganso pensando que era la mano o la boca de Karla quien me estaba haciendo disfrutar de tan íntimo encuentro. Mi semi virgen verga no tardó mucho en disparar una gran carga de líquido viscoso y blanco que ya conocía, la diferencia es que ahora la protagonista de aquella fantasía estaba más cerca y acababa de recibir caricias de su parte.

    Aun con esa descarga efusiva de leche mis ganas no se calmaban mi instinto deseaba más que esa simple caricia. Así que me asome al patio de la casa y vi a mi prima en los lavaderos la habían puesto a lavar algunas prendas. Una de las puertas de mi casa daba frente al área de lavado por lo que traté de hacer algo más atrevido. Me paseaba con la verga de fuera frente a ella, que al principio no se había dado cuenta de lo que estaba haciendo hasta que volteó y miró mi verga de fuera por la bragueta del pantalón estaba aún a reventar, ella sonreía desde el área de lavaderos mientras tallaba las prendas, iniciamos un juego voyeur donde me senté frente a la puerta y me acariciaba frente a ella mientras ella lavaba, solo su mirada directa a mi verga mientras yo miraba como ella se saboreaba mi verga erecta.

    Ella también tenía ganas de lo mismo que yo porque como pudo sin que la vieran desde su casa se acercó a la puerta y entró rápidamente para besarme y agacharse a darle una rica mamada, tenía el sabor de mi deslechada previa lo cual ella no hizo gestos y solo la saboreo para rápidamente se fue a seguir con sus tareas.

    El juego estaba lejos de terminar sino al contrario apenas iba iniciando. Al terminar de lavar fue a colocarlas en el área de tendido detrás de mi casa. Yo estaba como león enjaulado mirando a Karla como con su esbelta figura me daba la espalda para colgar las prendas. Esa área daba atrás de mi casa y por donde había una ventana la cual abrí y me escabullí por ella, no salí por la puerta principal para que nadie se diera cuenta que yo había ido donde estaba Karla tendiendo la ropa, ella se dio cuenta de mi locura o calentura que ya traíamos. Me metí de inmediato a un cuartito pequeño que tenía un sanitario y era usado casi como bodega.

    Ella terminó de tender algunas prendas más y fue a donde yo estaba oculto, cerramos la puerta solo con una apertura donde podíamos ver si alguien venía a la parte trasera donde estábamos. Nos empezamos a besar sin muchas palabras de por medio solo el deseo que nos consumía a ambos.

    En aquel cuartito polvoriento donde al parecer íbamos a poder consumar las ganas que ya nos teníamos desde hace varios días. Sin más preámbulos los tocamientos estaban a la orden del día ella seguía húmeda de la panocha ya que mis dedos se habían dedicado a explorar la papayita de Karla, le bajé el calzón por debajo de sus nalgas, mientras yo hacía lo mismo con mi ropa, como pude saqué a pasear al muñeco y así parados juntamos nuestros sexos, era la primera vez que tenía mi verga muy cerca de una panochita, imagínense que casi me vengo al tener esa rica sensación, pero la leche se producía en cantidades, así que eso no importaba ya que mi erección estaba a todo dar.

    Nos besamos desenfrenadamente mientras la punta de mi verga se embarraba de los jugos de Karla. Así estuvimos un buen rato frotando nuestros órganos sexuales, aun no sabíamos como hacerlo, pero el instinto se encargó de llevarnos por el mejor camino ya que ella se abrió de piernas mientras yo me acomodaba frente a ella, era un poco incómodo estar parados, pero estábamos de la misma altura fue menos complicado, ella ya se había sacado las tetas y se las chupaba con desesperación, esas dulces frutas me sabían a gloria mientras trataba de pegarme a su pequeños pezones los chupaba y ella tiraba la cabeza hacia atrás pegada a la pared se retorcía del placer al sentir mis labios en sus tetas y mi glande friccionando su virgen clítoris.

    Aún no había penetración, pero pues siendo mi primera vez me estaba costando trabajo, aparte estaba la presión de que éramos primos y si pasaba a mayores, no teníamos un preservativo o pastilla. En esa época los métodos anticonceptivos eran tabúes casi te los vendían solo con receta médica por lo que yo solo los conocía en ilustraciones del fabuloso libro de sexualidad. Al menos yo si pensaba todo eso, pero también la calentura me ganaba y no iba a dejar para después mi primera vez con Karla. Ambos estábamos deseosos de culminar ese momento que veníamos prolongando desde hace varios días.

    El tiempo era muy corto y en cualquier momento la volverían a buscar, instintivamente acomodé la punta de mi verga en la entrada de su vagina y fue entrando suavemente entre labios de su vulva que estaba bastante apretado.

    Para mí fue de lo más rico y placentero el ir sintiendo como mi verga se introducía brevemente al menos la punta entre sus pliegues muy distinto a las caricias manuales, era mi primera vez y la sensación fue intensa, no fui brusco en nuestra primera experiencia, levemente fui entrando (solo la puntita) mientras Karla hacía gestos conteniendo sus gemidos y nos besábamos moviendo nuestras lenguas un poco diferente a los besos tiernos, como mitigando el sentir de mi falo ardiente en su gruta.

    Ella movía sus caderas mientras yo bombeaba su interior. Al parecer había roto tu himen, mi verga ya estaba adentro de ella, nos acariciamos suavemente mientras ella subía y bajaba de mi verga con su cuerpo pegado a la pared donde estaba recargada en aquel oscuro y polvoriento cuarto.

    No había mucho tiempo para gozar, pero esa era nuestra primera vez. Lo estábamos disfrutando al máximo yo acababa de deslechar a mi amiguito, pero a esa edad estaba produciendo más leche que Alpura, voltee a mi prima contra la pared y como si se tratara de un retén ella estaba con los calzones a media pierna para permitirle abrir sus bellas y torneadas piernas.

    Me coloqué detrás de ella mientras ella paraba el culito y mi amiguito el cual estaba lleno de nuestros jugos y restos de sangre del himen roto de Karla. Con ese culito respingón moreno de mi prima me puse detrás de ella tratando de llevar mi verga hacia su conchita nuevamente pero desde esa posición, un poquito complicada para dos novatos. Aun así logre penetrarla de esa forma, la tenía con la cara pegada a la pared mientras la ensartaba desde atrás, gimiendo como loca al sentir mis estocadas en su interior, no había mucho tiempo ya estaban por volver a llamar a Karla, así que apresuré mis estocadas y sabía que no podía depositar mi semilla en su interior ya que nuestra “Biblia del sexo” decía que si uno quería concebir un hijo se tenía que depositar el semen en el interior de la vagina de la mujer. Eso sí me daba miedo ya que éramos muy jóvenes y de una familia conservadora, pero nuestra lujuria nos hacía ser temerarios.

    Estuvimos cogiendo así unos minutos más y antes de eyacular. Saqué rápido mi verga ardiendo y le eché los chorros de mi descarga en su colita, ahí aventó los mecánicos mi muñeco. Karla tomó un poco ya que no conocía el semen, recuerdo que lo vio y lo olió y se lo llevó a la boca, mi prima fue muy caliente y precoz. Los saboreó y se llevó el resto de mi leche a su boca, quizá ella había visto otra revista donde las mujeres practicaban eso. Me dio un beso en la boca donde la verdad a mi si me dio un poco de asco al sentir el sabor de mi semen, jejeje estaba bien pollo.

    Se acomodó la ropa mientras yo le limpiaba con papel sanitario que había ahí, limpié los rastros en mi palo y en su vagina de nuestra primera vez para que después ella se agachó a limpiar mi verga. Ella salió a escondidas del cuarto y yo me quedé ahí para no ser tan obvios de que estábamos en el mismo lugar, después de un tiempo prudente volví a entrar a mi casa por la ventana.

    Me fui a la sala no podía creer la experiencia que acababa de vivir con mi prima Karla, habíamos dejado de ser vírgenes apenas hace unos cuantos minutos, la mejor experiencia de mi vida sexual hasta ese momento y de ella también. Esa tarde después de mi primer debut con una chica no dudé en ir a comprobar la diferencia con el arte manual.

    Aún había leche por sacar así que Angelica Chain fue una de mis fijaciones, la había descubierto en una película de “Arte” del cine de ficheras convirtiéndose en la motivación para alguna de mis artesanías cuando no podía coger con Karla.

    Con el paso de los días nos volvimos adictos de las relaciones sexuales entre los dos, por lo que les platicaré la siguiente experiencia con Karla en un próximo relato como fuimos creciendo con esas experiencias juntos.

    Espero que esta experiencia mía les haya agradado y agradezco sus comentarios y/o la calificación que quieran otorgar a mi relato.

  • Deseo de dos

    Deseo de dos

    … Y a escondidas subimos la escalera, riéndonos, besándonos, voy delante con mi vestido corto, sus manos atrevidas se cuelan por debajo tocándome, apretándome, queriendo poseerme, mis ganas se notan a kilómetros, las suyas se pueden hasta oler.

    Una vez arriba, en cada pared apoya mi cuerpo, caliente de deseos, me besa el cuello, me roza la cintura, me aprieta con fuerzas contra él, con sus labios baja hasta mis pechos, con su lengua me recorre y erizas por completo, me toma del pelo y en un solo movimiento me pone contra la pared, pero esta vez de espaldas a él, su erección la siento apretada contra mi, su lengua hoy no quiere estarse quieta, y esto ni siquiera empieza, me muerde sutilmente, para recordarme que está ahí y que soy suya.

    Me toma por la cintura, me aprieta las nalgas y con la otra mano se las ingenia para tocarme el clítoris, lo moja, lo masajea suavemente, empiezo a sudar y gemir en voz baja, mi temperatura se empieza a descontrolar, quiere más, llegamos a la cama, pero todavía tiene ganas de jugar, me quita el vestido, me tira y me abre las piernas, me dejo guiar, total, ya no puedo ni pensar…

    Se arrodilla en el suelo, y me baja la ropa interior, me lleva hasta el borde para hacer de las suyas, me moja con su saliva, acerca su lengua a mi clítoris y con suaves movimientos me recorre, siento un escalofrío por todo mi cuerpo, no le basta, y lo succiona, mientras me penetra con sus dedos lubricados, mis caderas no las puedo controlar, me toco los pechos excitados y gimo, le tomo del pelo guiándolo a aumentar el ritmo, me tiemblan las piernas, no quiero que pare, su lengua sabe exactamente donde tocarme, me tiene empapada, lo siento en las sabanas, tengo un cosquilleo allá abajo que no puedo controlar, la temperatura aumenta cada vez más, él lo nota y me mira a los ojos, me muerdo los labios, lo aprieto fuerte y me corro, el orgasmo era inevitable, él se saborea con la satisfacción del trabajo cumplido, me mira y sonríe.

    Se levanta y viene sobre mí, yo apenas recupero el aliento. Me acaricia, me besa, me muerde, su miembro está en su mejor momento, lo mojo y acaricio invitándolo a entrar, lo roza contra el mío que esta húmedo aun, y me penetra despacio, sin pausas, hasta el fondo. Allá adentro se siente exquisito, caliente, mojado. Entra y sale a su antojo aunque lento, me besa los pechos, me aprieta las caderas, me besa la boca, no puedo estarme quieta, le tengo ganas, con mis manos lo agarro fuerte de la espalda, lo pego contra mí, el ritmo aumenta, los deseos se disparan.

    Me habla al oído, me encanta que me susurre, “te voy a hacer mía” me dice bajito, la adrenalina está a tope, me agarra por el pelo, me cabalga, mis gritos de placer no se hacen esperar, tiemblo de nuevo, le digo que me vengo, le aviso que no puedo más y llegamos juntos a un orgasmo de los mejores, de los que te quitan el aliento… Estamos exhaustos, sudados, hirviendo.

    Me recuesto en su pecho y ocurre lo mejor de la historia, me besa en la frente y me dice “Te amo…”.

  • Solo una mamada en el baño

    Solo una mamada en el baño

    Era la primera vez que salía a bailar con amigas después de ser madre, dos veces. Había olvidado que sentía cuando su cuerpo era bombardeado de luces que giraban en aquel ambiente oscuro, había olvidado que sentía su cuerpo cuando el volumen de la música era tan fuerte que no lograba oír nada más… Había olvidado lo mucho que le gustaba bailar.

    Cerró sus ojos y movió sus caderas un rato sonriendo y recordando aquellos tiempos universitarios en que lo daba todo en la pista con el único fin de sentir placer bailando. De pronto oye una voz que le grita al oído: baila conmigo… Ella lo mira y sonríe… Le pareció guapo… Pero tenía sed… – si me traes una cerveza entonces bailamos. El hombre accedió… Y como no si era una hermosa pelirroja, coqueta que transmitía solo goce en la pista y no había nada más que pudiera distraerla.

    Bailaron por mucho rato… El intentaba besarla y ella se hacía la desentendida, no había salido pensando en tirar… Solo en bailar… Sabía que si lo besaba, terminarían teniendo sexo pues, llevaba mucho tiempo sin sentirse mujer…

    Entonces tocaron esa canción… Esa antigua canción, que la hace sentir dueña del mundo… Esa canción con la que más de una vez agarro al primer hombre que se le cruzó y le dio un buen beso… Miró a su pareja por primera vez con detención… Era muy atractivo… Un hombre alto, trigueño, de barba… Le tomó la mano y se lo llevó al baño… No le importo las personas que ahí estaban… Se fue al último cubículo, cerró la puerta, lo empujó contra ella y se sentó en la taza del baño… Le abrió el pantalón agarró su verga que empezaba a endurecerse y la metió en su boca.. Decidida… Lo mojo bien y con su mano comenzó a masturbarlo para calentarlo pronto. Lo masturbaba y lo chupaba, lo masturbaba y lo chupaba.

    Le bajó su piel para exponer su cabeza y pasó la punta de lengua suavemente en el frenillo, ella lo miraba a los ojos desde abajo con lujuria… Ese pene se endureció como si fuera a explotar, cual fierro sostenía en sus manos… Ella lo apretaba y disfrutaba sentir tal excitación. Se lo mete en boca y gira un poco la cabeza para que se note en su mejilla derecha como el pene entra y sale y lo mira con cara de actriz porno… Lame su pene… Lo toma y pasa su lengua desde la base a la punta se lo mete otra vez en la boca y nuevamente le muestra sus mejillas que reciben cada movimiento de él…

    Él le toma la cabeza y ella, antes de que él pudiese hacer nada lo detiene: nooo… Acá yo decido como seguimos y como lo hacemos…

    El hombre sonríe… Le gusta esa determinación, además, se nota que ella sabe perfectamente lo que hace.

    Entonces ella toma su pene, se pone de frente a él, luego toma sus caderas y se lo mete todo… Trata de aguantar ahí lo que más puede… Ella baja su lengua, tiene una arcada pequeña y sus ojos comienzan a lagrimear… No le incomoda y sigue…

    A él le encanta… Trata de moverse en el poco espacio que ella le deja con todo el miembro en la boca.

    Ella se lo saca… Traga el exceso de saliva que tiene en su boca chupa la punta del pene y vuelve a meterlo entero… Repite la misma acción, lo deja adentro lo que más pueda, lo saca lentamente, al hombre lo mira con lujuria mientras las lágrimas recorren sus mejillas.

    Entonces ella comienza a apurar la chupada… Esta vez no tan profunda y con más lengua… Quiere que el termine…

    -hazlo en mi boca. -Le ordena.

    El obedientemente se entrega a la boca de esta mujer que no ha querido revelar ni su nombre…

    La mira con deseo… Le encanta lo que ve y se determina a eyacular… En su boca… Ella espera que deje de salir el semen después de cada disparo… Lo junta todo y se lo traga, de una vez. Sin dejar ni una sola gota.

    Ella se pone de pie. Él intenta besarla buscando a la vez meter sus dedos por el pantalón de ella…

    -suéltame por favor, sal de acá… Así está bien…

    Al rato, cuando ella sale del baño, él la esperaba… Quiere volver a verla… Ella le dice que solo recuerde aquel evento en el baño como una aventura… Que no volverán a verse…

    La mujer sale y toma un taxi camino a casa.

  • Una follada memorable

    Una follada memorable

    Ya habían pasado varias semanas mes desde que Wilson, el amante de mi mujer, nos había incumplido una cita. En aquella ocasión ella había estado esperando con ansiedad ese encuentro y fue una verdadera decepción que él no pudiera llegar. Así que ahora, pasado el tiempo, la expectativa de verse con él era muy alta. Hasta último momento tuvimos dudas acerca de su llegada, pero finalmente apareció.

    El proceso previo había estado lleno de incertidumbres, porque la vez anterior estuvo chateando con nosotros desde un café internet y, cuando ya todo estuvo acordado y partió a encontrarnos, descubrió que había dejado su celular en aquel lugar. Regresó de inmediato a recuperarlo, pero ya no lo encontró, y ese incidente obstaculizó una noche de sexo muy esperada. Quedamos incomunicados, lo esperamos casi por dos horas con la esperanza de que llegara, pero nunca llegó.

    Al igual que la vez anterior, nos ubicamos con mi esposa en una habitación espaciosa, en un motel, y estuvimos a la espera. No demoró mucho en llegar. Acudió muy puntual a la cita y bien dispuesto a brindar todas las atenciones a mi esposa que, con solo verlo, se derretía en ganas de disfrutar de sus proezas sexuales.

    Sonó el timbre del teléfono en nuestra habitación para anunciar su llegada y, como estaba acordado, salí a encontrarle para dirigirlo a nuestra habitación. Cuando le vi, lo saludé agitando mi mano y le pregunté: ¿Cómo está? Con la herramienta lista, patrón. Me sorprendió con la respuesta, me dio algo de risa y repliqué; bueno, espero que la sepa usar, pues la señora esta que se muere de ganas por tenerla adentro. Tranquilo, me dijo, no se va a arrepentir.

    Llegados a la habitación, ella nos abrió la puerta y de inmediato fijó la atención en su hombre, a quien esperaba ver y saludó con un abrazo, que fue correspondido por él con un beso en la boca. Así que ya estaba todo dispuesto. No había nada que decirse; eran innecesarios los coqueteos y los rituales de seducción. Ambos sabían a que iban y se notaban ansiosos por empezar, sin demora.

    Y allí mismo, en medio de la habitación, empezaron los preliminares. El la abrazó, la siguió besando, desabrochó su cinturón mientras lo hacía, bajo la cremallera de su pantalón, expuso su miembro y dirigió las manos de ella para que lo acariciara. La sensación debió ser muy placentera, porque de inmediato se vio como ella se entregó a aquel hombre y se dejó llevar de acuerdo a sus instrucciones. En esa mezcla de besos y abrazos, con su miembro erecto a la vista, el muchacho apretaba su cuerpo al de ella, quizá con la intención de que ella se excitara aún más con la sensación que aquello le producía.

    El deslizó sus manos por debajo de la chaqueta de mi esposa, para acariciar su torso, por debajo de la prenda, descubriendo que ella estaba casi desnuda. Y, en efecto, fue ella quien dispuso quitarse la chaqueta y dejar a la vista un body negro, transparente, que dejaba ver sus senos, casi que desnudos. Encima del body únicamente llevaba puesta una corta falda roja, sus pantis, unas medias rojas y sus zapatos, también rojos. La tarea de desvestirla no estaba complicada para él.

    Y fue allí mismo, al lado de la cama, como poco a poco, entre besos y abrazos, se fueron desvistiendo. El, se dio mañas para retirar su falda y bajar la parte superior de su body, dejando al desnudo su torso y disfrutar de la vista de sus senos. Y ella, por su parte, retiró la camiseta de su macho, procurándose el contacto directo de sus torsos desnudos. Wilson, con su pantalón a medio bajar y su miembro erecto a la vista, empujaba rítmicamente contra las caderas de mi mujer, como si ya la estuviera penetrando. Y ella, ansiosa, le seguía el juego, sobando con sus manos aquel miembro grande y duro.

    El, ahora, poco a poco la empujó hacia la cama, forzándola a recostarse en ella. Cuando lo hizo, se colocó encima de ella y empezó a besarle todo su cuerpo, iniciando por sus senos, los cuales acarició repetidamente con sus manos. Siguió en esa dinámica, pasando de los senos a su abdomen, de allí a sus muslos; la volteó para besar su trasero y acariciar mientras tanto todo su cuerpo. Y luego, metió su mano bajo sus pantis y empezó a estimular su clítoris con sus dedos. Ella empezó a contorsionar su cuerpo y mostró en su cara una expresión de placer, gimiendo tímidamente mientras él proseguía con su faena.

    Y después, para finalizar el ´proceso, decidió besar su vagina. En ese punto, ella estaba disfrutando al máximo. Su boca se abrió y gimió cada vez con más fuerza a medida que él jugaba con la lengua dentro de la vagina de mi mujer. El, procuró que ella abriera sus piernas para poder acceder a su clítoris con más facilidad y permitir que su lengua entrara, más profundo dentro de su sexo. Ella contorsionaba su cuerpo y gemía, una y otra vez, con cada una de las embestidas de su lengua. Y así pasó un largo rato. Luego, él se retiró y se incorporó, poniéndose de pie a un lado de la cama.

    Mi esposa, no lo dudó, se sentó en el borde de la cama, tomó entre sus manos aquel miembro, se lo llevó a la boca y empezó a chuparlo con la misma devoción que aquel le dedicó unos instantes antes. Con una mano friccionaba el tronco de aquel pene, arriba y abajo, mientras su lengua se concentraba en el glande, y con la otra mano acariciaba sus testículos. Permaneció en esa actividad unos minutos, trabajando con su lengua sobre aquel duro y palpitante miembro.

    Poco después, Wilson, la empujó de nuevo hacia atrás, para que ella se recostara en la cama, y nuevamente decidió atacar su sexo con su lengua. Esta vez la chupó con más intensidad y ella, muy excitada, colocó sus brazos por encima de su cabeza y se entregó al placer que le producían aquellas sensaciones. Sus piernas se relajaron y se abrieron aún más, permitiendo que aquel hiciera con ella lo que quisiera. Ella gimió y gimió y, en algún momento, pareció que alcanzara el orgasmo, porque gimió con mayor fuerza, tensó su espalda por unos instantes y pareció relajarse a continuación, cuando todo pasó.

    Él, se incorporó, mientras ella permaneció tendida en la cama, con sus piernas abiertas y su sexo expuesto, terminó de bajarse los pantalones, se quitó los zapatos y las medias y quedó, ahora sí, completamente desnudo. Se dirigió ahora al costado opuesto de la cama, donde estaba la cabeza de ella, se colocó enfrente, dejando su pene en frente de la cara de mi esposa y, se dispuso, nuevamente, a chupar el sexo de ella, asumiendo la posición del 69.

    Él, acarició los muslos de ella y hundió su cara en su sexo, y ella, a su vez, tomó aquel miembro entre sus manos y lo chupó, una y otra vez, mientras aquel empujaba, simulando la penetración, usando su boca como vagina. Y pasaron así varios minutos, procurando él que ella volviera a gemir de nuevo. Lo cual sucedió a los pocos instantes.

    Una vez más, él se incorporó, arrodillado a un costado de ella, mostrándole su pene erecto, húmedo y palpitante. Ella entendió que él quería más atención con su boca, pero él le insinuó que se acomodara, acostada sobre la cama, lo cual obedeció ella con prontitud. Él, había decidido, entonces, que había llegado el momento de penetrarla.

    Ella se acomodó, recostada sobre la cama y abrió sus piernas para que él se acomodara en medio de ellas y accediera a su vagina con facilidad. Y él, así lo hizo. Acomodó con su mano el pene a la entrada de su vagina y empezó a empujar, poco a poco, para penetrarla. El miembro entró sin dificultad dentro de la lubricada vagina, y empezó a embestir rítmicamente dentro de ella, que abrió aún más sus piernas, se relajó y disfrutó de las embestidas de su macho.

    A medida que aquel empujaba, ella levantó sus piernas para permitir una penetración más profunda y, conforme avanzaba el proceso, ella se aferró de la cabecera de la cama para resistir las embestidas que cada vez eran más fuertes y a mayor velocidad. Ahora ella bajó sus piernas y empujó, también con sus caderas, acoplándose al ritmo de las embestidas de aquel. Wilson empezó a variar sus posiciones estando encima de ella, formado una cruz con sus cuerpos. Parece que en esa posición su pene tocó fibras sensibles en la vagina de mi esposa, porque ella hizo gestos con su rostro, señal de que experimentaba intensas sensaciones.

    Ahora él se tumbó a un lado de ella y le insinuó que lo montara, que se colocara sobre él y tomara el control. Ella lo hizo de inmediato y movió sus caderas circularmente, estando montada sobre aquel miembro. Su cuerpo se deslizó sobre el de aquel, arriba y abajo, manteniéndose aferrada a aquel pene. Y así, por varios minutos, continuó el contoneo de sus cuerpos. Ella empujó, él le respondió, y ella gimió y, cuando lo hizo, el empujó aún más fuerte.

    Ahora, él la colocó a un costado mientras la siguió penetrando y empujando. Ella, que ya no está sobre él, no se desprendió y siguió conectada. El levantó una de sus piernas para que la penetración fuera bien profundo y, en algún momento, decidió cambiar la posición. La colocó en posición de perrito y la penetró desde atrás, empujando con vigor mientras sus manos se encargan de acariciar todo su cuerpo, especialmente sus senos. También, en esa posición, él se atrevió a halar de su cabello, lo cual ella pareció disfrutar al ritmo de sus embestidas.

    Así siguió por varios instantes hasta que, tal vez, próximo a su clímax, él la colocó boca a arriba y la penetró de nuevo, en la posición de misionero, pero esta vez con más fuerza e intensidad. Ella, empezó a gemir otra vez, a contorsionar su cuerpo, a expresar a través de los gestos de su rostro la extrema excitación que estaba sintiendo, y a bambolear sus piernas, quizá para hacer más intensa la sensación. De ese momento quedan unas fotografías memorables. Él siguió empujando dentro de ella y, de un momento a otro, se incorporó de repente para descargar su semen en el pecho de ella. Él, quiso que ella se lo chupara, pero ella se resistió. Y ahí acabó todo.

    Después de eso, los tres nos pusimos a charlar, mientras nos bebíamos unos tragos de licor. Ella se vistió ligeramente, cubriendo su torso con el body, y el siguió desnudo, sin inmutarse. Y así pasaron los minutos. Ella empezó a preguntarle por su trabajo, por sus actividades, sobre lo sucedido la vez anterior y lo frustrada que se había sentido porque había deseado estar con él y lo había dado por hecho. Él contó los detalles de su historia y las dificultades que había tenido y que, pasado el tiempo, simplemente no le había pasado por la cabeza haber llegado a donde nos encontrábamos.

    Bueno, le dije, si hubiera llegado en aquella ocasión, ella lo hubiera estado esperando, pero tal vez la faena no hubiera sido tan intensa como lo ha sido el día de hoy. ¿Cómo la ha encontrado? Bien, dijo. Ella lo hace muy rico, me hace sentir cómodo y a mí me gusta estar con ella. Así que hago lo que sea para que me tenga en cuenta, dijo riéndose. No sé qué piense ella. ¿Si lo hago bien? le preguntó. Si, muy bien, le respondió ella. Y así, entre unos tragos y conversando sobre cosas sin importancia, fueron pasando los minutos.

    Al rato, él se empezó a estimular a sí mismo y bien pronto tenía nuevamente su miembro erecto. Y, con toda naturalidad le preguntó a ella, ¿tienes ganas de que estemos juntos otro ratico? Sí, claro, le respondió ella. Así que él se dejó caer de espaldas, puso las manos a los costados y dejó su miembro erecto a la vista de mi mujer, que bien pronto entendió lo que aquel quería, de modo que tomó aquel miembro en sus manos y volvió a chuparlo para ponerlo totalmente a punto.

    Pasados unos instantes, ella volteó a mirarme y me pidió que le alcanzara un condón. Lo hice y ella procedió a colocárselo y, aprovechando que él estaba recostado en la cama, lo montó para ser ella quien controlara la situación. Y así lo hizo; lo montó, acomodó el pene en su vagina, se dejó caer sobre él y empezó a moverse rítmicamente. Primero movió su cuerpo adelante y atrás, y después empezó a mover sus caderas a un lado y otro. No había gemidos aún.

    Pasado un tiempo, él se incorporó hasta quedar sentado, manteniendo a mi esposa también sentada sobre su pene. Y así, en esta posición, empezó a embestir. La penetración debió ser muy profunda y placentera, porque, casi de inmediato, ella empezó a hacer gestos y a gemir de nuevo. Sólo que esta vez él acalló esos gemidos porque, dado que sus rostros estaban frente a frente, aprovechó para besarla y ella no lo rechazó. Estaba encantada. La sensación de la lengua de aquel dentro de su boca, mientras su pene subía y bajaba dentro de su vagina, debió ser intensa. Al menos eso mostraba la expresión de su rostro y las posturas que asumía su cuerpo con cada embestida. Y así continuó hasta que, besándose con aquel, empezó a gemir otra vez, hasta que no pudo más y explotó de placer.

    Se retiraron por unos instantes, pero Wilson es un morocho incansable y, teniendo aún su miembro erecto, quiso seguir la faena, aunque ella, a estas alturas de la noche, parecía estar exhausta. Él se levantó, quedando de pie, y ella también lo hizo, quedando frente a él, de modo que se besaron otra vez. Tal vez ella lo asumió como la despedida, pero él aún no había acabado. Después de unos acalorados besos, el hizo que se pusiera de espaldas a él y que se inclinara, apoyando sus manos sobre la cama, para poder penetrarla desde atrás. Y así lo hizo. Empujó y empujo, mientras acariciaba los senos de mi mujer, hasta que volvió a despachar su carga de semen y la pasión volvió a la calma.

    Ahora sí, acabada esta faena, la velada llegaba a su fin. Mi esposa procedió a vestirse y fue evidente para él que el encuentro había acabado. Fue una follada esperada, que valió la pena. Después de aquello salimos de aquel motel, nos despedimos y todos felices, de regreso a casa. Fue una sesión de sensaciones intensas. Fue una noche memorable.

  • La monja que dejó salir la puta que llevaba dentro

    La monja que dejó salir la puta que llevaba dentro

    Un nieto de mi amigo Pedro hizo la primera comunión en un conocido restaurante gallego. Su hija había invitado a una prima suya que era monja. Cuando los niños fueron a jugar a las colchonetas, a la piscina de bolas… Cuando se fueron a divertir. Marta, la monja, que era una joven chilena ni alta ni baja, ni guapa ni fea, ni gorda ni flaca, se sentó al lado de Pedro y le dijo:

    -Ya era hora de que naciera en España un partido político cómo Podemos, tío.

    A Pedro, que era un cuarentón, moreno, de estatura mediana y de complexión fuerte, hablarle de Podemos es envenenarlo. A su edad sabe de sobras quien viene a joder la marrana y quien viene a la política a trabajar por su país. Mirando para el crucifijo que le colgaba de su cuello, le dijo:

    -Esos comunistas bolivarianos son vendedores de humo.

    -Yo no lo veo así.

    -Mira, Kitty, a ese hijo de puta con coleta tarde o temprano se le verá el plumero.

    No le gustó su lenguaje y lo corrigió.

    -Hermana Marta, Kitty era la rebelde, y no diga palabrotas, por favor se lo pido.

    Hizo cómo si no la hubiera oído.

    -¿Algo más sobre esos inútiles que quieren tomar el cielo por asalto?

    -Lo de tomar el cielo por asalto es una metáfora. ¿Les llama vagos e inútiles? Los de Podemos vienen a presionar a la casta.

    Pedro terminó su café, y después le dijo:

    -Hasta que se forren, después ya no habrá casta. Si tú no te hubieras metido monja y tuvieras un buen puesto de trabajo en España no dirías esa tontería.

    -Puede, pero hora estoy para ayudar al necesitado.

    Pedro se tomó un sorbo de café, y después le dijo:

    -Desengáñate, Kitty, ese y su pandilla de maleantes vienen a ayudarse a si mismos engañando a ingenuos.

    -Se dice ingenuos e ingenuas.

    Si hay una cosa que a Pedro le dé más por el culo que el calzoncillo es que destrocen el castellano. Así que mandó a mierda la cortesía.

    -¡Vete a tomar por culo, Kitty!

    Lo dijo en alto, pero la música de los cantajuegos tenía tanto volumen que solo la monja lo oyó… A ver, Marta, con su hábito de monja merecía un respeto, respeto que su tío no le guardó, pero coño, ya le estaba tocando los cojones, y la hostia es que se los iba a seguir tocando, ya que lo peor de esta gente religiosa, es que digas lo que les digas sique erre que erre.

    -Hay que olvidar las enseñanzas fascistas y adaptarse a los nuevos tiempos, tío.

    La monja le estaba llamando fascista en la cara. Ahí ya le tocó la fibra sensible.

    -Hay, Kitty, hay que olvidarlas, quien las tenga. Yo ya estoy adaptado a los nuevos tiempos, la que no se adaptó fuiste tú, con el tremendo polvo que tienes meterte a monja fue un crimen.

    La monja se puso nerviosa.

    -Creo que le hizo daño el vino. Y le repito que ya no soy Kitty, soy la hermana Marta.

    Pedro hizo cómo si no escuchara sus palabras.

    -Los niños y los borrachos dicen siempre la verdad. Ni te puedes imaginar lo que te haría si tú quisieras.

    -Imagino, imagino. Todos los hombres quieren lo mismo. Después de lo que me ha dicho debía ir a confesarse.

    -Yo no le cuento a nadie mis cosas. Dios ya sabe de qué pie cojeo.

    -Eso es cierto. Dios lo sabe todo.

    -Sí, y si te pudiera hablar te diría que me gustaría verte desnuda -la monja se persignó-, para poder comer tus tetas, comer tu coño y follarte hasta quitarte las ganas de llevar esos hábitos.

    La monja a pesar de lo que le acababa de decir, no se iba de su lado. Le dijo:

    -Se acaba de condenar al infierno.

    Al no irse, le dio alas.

    -Dime, Kitty. ¿Te corriste en la boca de tu novio antes de lo que fuera que pasó?

    -Sigue haciendo méritos para condenarse eternamente.

    Pedro echó un trago de coñac y siguió metiéndose con la monja.

    -¿Se la mamaste y bebiste su leche?

    Se volvió a persignar.

    -Deje de beber, tío.

    -¿Te haces deditos en tu celda del convento? Recuerda que las monjas no mienten.

    -No voy a responder a su pregunta.

    -Los haces. ¿Te acuerdas de cuando viniste de vacaciones y de aquella noche que saliste de la habitación de invitados para ir al aseo en bragas, con los pezones de las tetas marcándose en tu camiseta y te metí mano en el pasillo y te planté un beso en la boca?

    -Esas son cosas que no se olvidan.

    -Aquella noche pude hacer de ti lo que quisiera.

    -Y no lo hizo porque lo llamó la tía. Era muy joven y me hervía la sangre, en aquellos días sí que era Kitty, la gatita curiosa.

    -Esa Kitty sigue dentro de ti

    -Soy una monja, tío, una monja, Kitty ya no existe.

    Marta estaba colorada. En ese momento Pedro no supo si fuera por el vino tinto que bebiera o porque se pusiera cachonda. Le dijo:

    -Yo la sigo viendo.

    -Es usted el mismísimo demonio.

    -Y follo cómo un ángel. ¿Por qué te hiciste monja?

    -No son cosas suyas.

    -Cuenta, mujer.

    -Ya le dije que no son cosas suyas y no me llame mujer, soy la hermana Marta.

    -Pues vaya tontería. Eres monja y mujer, y toda mujer lleva una puta dentro.

    Lo miró con cara de asombro.

    -¡¿Qué dice?!

    -Que toda mujer lleva una puta dentro, cuando la deja salir ya es otra cosa.

    -¿Eso piensa de las mujeres?

    -Sí.

    -¡Machista! Solo le falta decir que todas las monjas llevamos una puta dentro

    -Ya te lo dije. Las monjas sois mujeres. ¿O no? Mañana estamos solos en casa. Se van todos a Disney Land París…

    No dejó que acabara de hablar.

    -¡Qué cara tiene!

    -Yo lo dejo caer por sí…

    La monja no era tonta. Así que le dijo:

    -Parece mentira que para no hablar de Podemos haya tenido que decir tanta barbaridad junta.

    -¿Y si lo sabías por qué no lo dijiste antes?

    -Quería saber hasta dónde podía llegar, y llegó hasta el final.

    Pedro tenía más cara que espalda.

    -Mujer, ya puesto, si sonaba la flauta…

    -Me voy, me voy que está mucho más borracho de lo que yo pensaba.

    A la mañana siguiente, Pedro, en bata de casa y zapatillas fue a la cocina. Detrás de él entró la monja, que le dijo:

    -Buenos días, tío.

    -Buenos días. ¿Dormiste bien?

    -Sí, pero desperté a las siete de la mañana cuando se marcharon la tía, la prima y el pequeño Juan.

    -¿Te apetecen unos huevos fritos con bacon?

    Se le iluminó la cara.

    -Hace años que no desayuno así. Cocino yo.

    En un plis plas ya tenía cuatro trozos de bacon y dos huevos fritos en un plato. Estaba de espaldas a Pedro. El hombre estaba viendo el culo que viera tiempo atrás en el pasillo, un culo paradito y rellenito. Se acercó a ella y le echó las manos a las tetas. No llevaba sujetador. Se las magreó despacito. La voz de la monja sonó autoritaria al decir:

    -¡Suélteme, tío!

    Echó el culo para atrás para separarlo de ella, o para sentir su polla en el culo, fuera para lo fuera, se encontró con la polla empalmada entre las nalgas. Pedro le besó el cuello por encima de la cofia, y le dijo:

    -Anda, sé buena y déjate.

    La monja apagó el fuego de la cocina, y le dijo:

    -¡No se puede ser más ruin!

    La soltó y le dijo:

    -Perdona, Marta, por un momento creí que necesitabas cariño.

    -¡¿Quién se cree que es?! A lo mejor se cree que es mister universo

    -Ya te pedí perdón, no hagas más sangre. Me voy a vestir. Desayuna.

    La monja viendo que Pedro se rajaba, le echó la mano a la polla, y le dijo:

    -Aunque de esto no andas mal, daddy.

    Más claro, agua. Ya podía entrar a matar. Le lamió la cara. La monja giró la cabeza, le chupó la lengua con ganas atrasadas, y después, dejando salir la puta que llevaba dentro, le dijo:

    -¡Tengo unas ganas locas de mamártela, daddy!

    Pedro tenía un empalme bestial, se abrió la bata, quitó la polla, y le dijo:

    -Toda tuya, Kitty.

    La monja se agachó y se la mamó metiéndola toda en la boca, después le quitó los calzoncillos y lamió los cojones y se la sacudió… Lamió la polla de abajo a arriba y lamió y mamó el glande para luego mamarla cómo al principio… Estuvo así largo rato. Al dejar de mamar y ponerse en pie le levantó el hábito. Le quito las bragas negras y vio su coño, lo rodeaba una espléndida mata de vello negro. La sentó en la encimera de mármol. Le lamió de abajo a arriba el coño, el clítoris, el coño, el clítoris, el coño, el clítoris… La monja se deshacía en gemidos. Le metió un dedo en el coño y le siguió lamiendo el clítoris de abajo a arriba, hasta que se vino cómo una bendita, diciendo:

    -¡Mi madre qué corrida, daddy, qué corrida!

    Al acabar de correrse la bajó de la encimera y le quitó la cofia y el hábito. Su cabello era negro y corto. Se quedó solo con una camiseta negra, los zapatos negros con muy poco tacón y unos calcetines blancos. La arrimó a la mesa, le dio la vuelta, se la metió por detrás y la folló con prisa y sin pausa. La monja giraba la cabeza, lo miraba, gemía y se mordía el labio inferior. Al rato la sacó del coño y frotó el glande en su ojete. La monja movió el culo alrededor invitándolo a que se la metiera en el culo. No se la metió. Lamió su coño, su periné y su ojete hasta que vio como dos de sus dedos acariciaban el clítoris. Entonces su lengua comenzó a entrar y salir de su culo… No paró hasta que le dijo:

    -Quiero correrme en tu boca, daddy.

    Le dio la vuelta, se agachó y le comió el coño encharcado de jugos, en nada, exclamó:

    -¡Me corro, daddy, me corro!

    De su coño salió un chorrito de meo y después una pequeña cascada de jugos pastosos con sabor agridulce.

    Después de correrse en la boca de Pedro, con su coño latiendo y tirando de la respiración, le volvió a dar la vuelta, la agarró por la cintura y le metió la cabeza de la polla en el culo. Le dolió.

    -¡Coñooo!

    La polla fue entrando mientras la monja decía:

    -¡Hostiaaas!

    -No jures, que las monjas no juran!

    -Encima sarcasmo. ¡Eres un cabrón, daddy!

    Aquella ya era Kitty, de la monja solo quedaba el hábito que estaba tirado en el piso de la cocina.

    Le folló el culo unos minutos. Cuando sintió que se iba a correr le quitó la camiseta negra y le dio la vuelta. Vio sus generosas tetas, con areolas oscuras y pezones tiesos. Cogió pan, partió un trozo lo mojó en uno de los huevos fritos, se lo frotó en un pezón y después se lo dio a comer. Lo comió mientras Pedro lamía el huevo de su pezón. Después fue el otro pezón… Al final restregó las claras en sus tetas y después se las dio a comer con pan… Para acabar le pasó los cuatro trozos de bacon por el culo y por el coño y después de adobarlos bien se los dio a comer. Al terminar de comer, le dijo:

    -Tengo sed, daddy.

    Le echó mano a un cartón de leche de la nevera y se lo dejó caer en la boca cuan cascada, y cuan cascada la leche que no daba bebido bajaba por sus tetas, llegaba a su coño y acababa en el piso de la cocina, después le limpió la boca a besos y volvió a magrear las tetas. Se las mamó bien mamada antes de ponerla sobre la mesa y clavarle la polla hasta las trancas. Sobraban las palabras en aquel polvo solo se necesitaban gemidos y más gemidos y por ambas partes. Kitty cuanto más fuerte Pedro le daba más lo desafiaba con la mirada, cómo diciendo que se iba a correr él antes que ella… Pero los ojos se le fueron cerrando hasta que desaparecieron bajo los párpados. Jadeando se volvió a correr. Pedro le dijo:

    -Abra los ojos, hermana.

    Los abrió y vio que los tenía en blanco. Quitó la polla y se corrió en su cara.

    Al acabar de correrse lamió su leche de la cara, y después con la lengua pringada de semen se dieron un besó largo, muy largo. Al acabar la cogió en brazos, la llevó a su habitación y la puso en la cama. Le dio un beso. La monja le miró, sonrió, y Le dijo:

    -Quiero correrme otra vez en tu boca, daddy.

    -Cierra los ojos.

    -Llámame hermana Kitty, daddy.

    -Cierre los ojos, hermana Kitty.

    La monja cerró sus ojos. Pedro le cogió la mano izquierda, le chupó los dedos y le lamió la palma, luego subió lamiendo el interior de su brazo hasta lamer sus axilas peludas. Besó su hombro, su cuello, le dio un pico en la boca, besó y lamió el otro lado del cuello, el hombro, la axila del brazo izquierdo, el interior y los dedos y la palma, después su lengua jugó con sus dos pezones erectos, lamió y chupó sus areolas y sus manos le amasaron las tetas. Bajó besando su vientre y jugó con la lengua en su ombligo. Siguió bajando. Le abrió las piernas, le dio un beso en el clítoris y después fue besando y lamiendo el interior de su muslo derecho, al llegar a los pies le quitó el zapato y el calcetín del pie derecho, y luego masajeó la planta, la besó, la lamió, chupó sus dedos, lamió sus tobillos, sus talones, el empeine…

    De ese pie pasé al otro y le hizo lo mismo, después fue besando y lamiendo su muslo izquierdo hasta llegar al coño. Se lo abrió con dos dedos y vio que estaba perdido de jugos. Lo lamió de abajo a arriba muy lentamente. La monja, que hasta ese momento se contuviera, comenzó a gemir. Con el coño abierto le lamió los labios por separado más de veinte veces y después juntos otras tantas, sin llegar a tocar el clítoris en ninguna de ellas, después metió y sacó la lengua de su vagina varias veces, y al final pasó la punta de la lengua por el glande del clítoris que ya había salido del capuchón. La monja le dijo:

    -Me voy a correr, daddy.

    Le metió dos dedos en el coño y le acarició el punto G, que ya estaba abultado. La monja estaba en el cielo y sus gemidos eran celestiales.

    -¡Me corro, daddy, me corro!

    Pedro sintió cómo una corriente de jugos encharcaba sus dedos. Frotó con más celeridad y de nuevo un chorrito de meo, o de lo que fuera, salió a presión de su coño y bañó su cara, al meo siguió la corrida de jugos espesos que lamió y se tragó mientras la monja se retorcía de placer.

    Al acabar de correrse, se la metió en el coño, le cerró las piernas y le dio caña de la buena… No pasaran ni dos minutos cuando se volvió a venir. Se estaba corriendo cuando le vino él. La sacó y se la metió en la boca. La monja se tragó la leche de la corrida de su daddy mientras se corría.

    Fue un domingo inolvidable.

    Quique.