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  • Terminé de criado de mi jefa

    Terminé de criado de mi jefa

    Un tipo común y corriente, así me había definido siempre. Mi vida había sido un mar de anonimato, un nerd marginado con pocos amigos y una vida social prácticamente inexistente. Me casé con mi primera novia, pero después de diez años, el aburrimiento y la monotonía terminaron por destruir nuestra relación. Mi vida se había reducido a una rutina solitaria, sin hijos, con pocos amigos, solo mi trabajo y mi casa. Pero había algo que me definía, algo que me hacía sentir orgulloso: mi lealtad. Lealtad hacia mi familia, hacia mis amigos, hacia mi trabajo. Esa era mi virtud, mi característica más destacada. En un mundo que parecía pasar de largo por mí, mi lealtad era lo que me mantenía en pie, lo que me daba sentido.

    Ya grande, con la perspectiva que solo da la edad, puedo ver que mi vida ha sido un reflejo de mi personalidad. Un tipo común, sin grandes logros ni fracasos estrepitosos. Pero en ese anonimato, todavía estaba buscando mi lugar en el mundo. La lealtad, esa virtud que siempre he defendido, ha sido mi guía en los momentos difíciles. Y aunque mi vida social haya sido limitada, mis relaciones han sido profundas y significativas. Ahora, con la madurez, puedo apreciar la belleza de la simplicidad, de la rutina y de la lealtad.

    Después de mi divorcio, sentí la necesidad de alejarme de todo y empezar de cero. Me mudé a una ciudad cercana y busqué un nuevo trabajo, ansioso por dejar atrás el pasado. Fue en ese nuevo empleo donde, durante un test psicológico, descubrieron que estaba dentro del espectro autista. Esa revelación me dio un poco de sentido a mi poca sociabilidad y mi forma de ser. Me había sentido siempre un poco fuera de lugar, pero ahora entendía por qué.

    En ese trabajo, comencé como administrativo en una gran empresa, y para mi sorpresa, me recibieron muy bien. Mi jefe, Miguel Ángel, fue especialmente bueno conmigo, y pronto me convertí en su mano derecha. Su apoyo y comprensión me permitieron sentirme valorado y parte del equipo, algo que nunca había experimentado antes.

    Yo soy un hombre grande, físicamente imponente. Mido un metro ochenta y ocho, peso cien kilos y todo en mí parece ser a gran escala. Mis manos son grandes, mis piernas son gruesas y mi espalda es ancha. Dos piernas que parecen columnas me sostienen, dándome una apariencia de solidez y fuerza. Sin embargo, a pesar de mi tamaño, me siento torpe, como si mi cuerpo no siempre respondiera con la misma agilidad que mi mente. Mi tamaño puede ser intimidante para algunos, pero en realidad, soy un hombre sencillo y tranquilo que se siente más cómodo en su propia piel que en la percepción que otros tienen de mí.

    En cuanto a mi vida sentimental, la verdad es que ha sido un fracaso desde que me separé. He intentado conocer gente a través de aplicaciones de citas, pero los encuentros suelen ser esporádicos y con mujeres que parecen tener más problemas que soluciones. Algunas están tan desesperadas como yo, otras tienen problemas personales o son madres solteras luchando por sobrevivir. No es exactamente lo que busco en una relación. Me siento como si estuviera condenado a repetir el mismo patrón de fracaso en mi vida amorosa. Mi timidez y falta de sociabilidad no ayudan, y me pregunto si alguna vez podré encontrar a alguien que se adapte a mí.

    La empresa para la que trabajaba era un gigante con intereses diversificados en negocios inmobiliarios, transporte naval y terrestre, e inversiones. Había sido creada a través de la fusión de varias empresas más pequeñas, y los matrimonios arreglados entre los dueños habían jugado un papel importante en su formación. La cúpula directiva estaba compuesta por personas de confianza dentro de la familia, lo que hacía que la movilidad laboral fuera casi imposible para aquellos que no estaban relacionados con la familia. Mi jefe, Miguel Ángel, era el esposo de la presidenta, y otros puestos clave estaban ocupados por familiares cercanos.

    La empresa estaba estructurada en grandes áreas, pero la cabeza principal era doña Susana, una mujer que imponía respeto y admiración al mismo tiempo. Era estricta y controladora, con una inteligencia y sagacidad que la hacían formidable. Era una mujer hermosa, pero también muy peligrosa. Con un cuerpo monumental, pelo morocho de tez blanca, cuerpo de infarto moldeado en un gimnasio y en el quirófano. Mantenía una distancia prudente con los empleados, sin permitir que nadie se acercara de ella, era el tipo de persona que inspiraba una mezcla de admiración y temor, y era mejor no cruzarse en su camino si no se quería salir lastimado.

    La Gerencia de Ventas estaba a cargo de Clara, la mejor amiga de Susana, una mujer joven que irradiaba una elegancia clásica y una inteligencia aguda. Era una mujer chapada a la antigua, con un sentido de la profesionalidad y la disciplina que inspiraba respeto. A pesar de su apariencia reservada, Clara era igual de hermosa, aunque más pequeña y delgada no tenia las curvas tan pronunciadas como su amiga, de tez blanca y rubia era un bombón.

    La gerencia de Marketing era otra de las áreas clave, y estaba liderada por Juan Carlos, el primo de Miguel Ángel. Juan Carlos era un hombre mayor, cercano a la jubilación. Lo que destacaba de él era que estaba dedicando tiempo y esfuerzo a entrenar y preparar a Valentina, la hija de Miguel Ángel, para que asumiera la gerencia.

    La gerencia de Operaciones era el área más grande y crucial de la empresa, ya que era responsable de llevar adelante todos los proyectos y garantizar su ejecución exitosa y su desarrollo. Esta gerencia estaba a cargo de Hernán, un ingeniero altamente capacitado y hermano de Susana, lo que lo convertía en una persona de total. Hernán era un hombre muy reservado en cuanto a su vida privada, muchos empleados sospechaban que era homosexual.

    En mi trabajo, mi círculo social era limitado, y me sentía más cómodo rodeado de los chicos del área de informática, que compartían mi pasión por la tecnología y mi naturaleza nerd. Miguel Ángel siempre me decía que me estaba preparando para que un futuro pudiera ser el Director de compras o Administración, él era alguien que creía en mí. Por eso, cuando un sábado por la mañana la empresa nos comunicó que Miguel Ángel había fallecido de un infarto fulminante, me sentí devastado.

    La noticia fue un golpe duro para mí, y me dejó con una sensación de vacío y soledad en el trabajo. Miguel Ángel había sido más que un jefe para mí, había sido un mentor y un amigo, y su partida me afectó profundamente. Sin él, el trabajo se sentía diferente, y me quedé sin alguien con quien compartir mis ideas y mis inquietudes.

    Con la muerte de Miguel Ángel, la empresa sufrió cambios significativos y restructuraciones. También yo me convirtió en uno más entre muchos, perdiendo la visibilidad y el reconocimiento que había tenido anteriormente. Mi vida se volvió aún más monótona, y aunque cumplía con mi trabajo de manera excelente, no destacaba del resto. En mi vida personal, había encontrado nuevos hobbies que me permitían escapar de la rutina. Volví a coleccionar cosas como cuando era niño, objetos de nerd, y también retomé la práctica de deportes que había disfrutado en mi adolescencia, como el kickboxing.

    Esto me daba una excusa para salir de casa y no quedarme encerrado. También intentaba salir a correr, caminar y pasear, más que nada por insistencia de mis padres, hermano, que me animaban a no aislarme demasiado.

    Valentina Moreno, la hija de Miguel Ángel, se convirtió en alguien importante en mi vida laboral en poco tiempo. Era una persona muy inteligente y apasionada por el Marketing. Su personalidad dulce y afable hacía que fuera un placer charlar con ella. Era una mujer muy atractiva, rubia, de ojos verdes y piel clara, con una belleza que llamaba la atención. Valentina tenía un carácter similar al de su padre, y disfrutaba conversando conmigo sobre temas variados, desde la empresa hasta la vida en general. Sin embargo, había algo que no me gustaba de su vida personal: su novio. Para mí, era un canalla, un mujeriego empedernido que había logrado engañar a Valentina.

    Lo que me molestaba aún más era que había logrado entrar en la empresa y había sido nombrado Director de compras, lo que le daba un gran poder e influencia. Y lo peor de todo es que no parecía gustarle que Valentina tuviera relación conmigo o con otros hombres.

    Habían pasado dos años desde la muerte de Miguel Ángel, y cinco desde que ingresé a la empresa. Mi vida seguía siendo monótona, con citas esporádicas con mujeres y pocos amigos cercanos. Me había acostumbrado a mi soledad y había aprendido a apreciarla. Sin embargo, la dirección de doña Susana me ordenó acompañar a Valentina y a la encargada de la gerencia de ventas en un viaje al exterior del país.

    El objetivo era cerrar un trato importante, y mi papel era revisar los números y asegurarme de que todo estuviera en orden. Valentina iba como responsable de la publicidad del proyecto, y la gerente de ventas iba porque conocía al cliente y había trabajado con ellos anteriormente. Me tocaba adaptarme a un rol de acompañante en un viaje de negocios, lo que significaba un cambio en mi rutina

    habitual. Habían pasado dos años desde la muerte de Miguel Ángel, y cinco desde que ingresé a la empresa. Yo en el sexo seguía igual, con citas esporádicas con. Me había acostumbrado a mi soledad y había aprendido a apreciarla. Sin embargo, algo cambiaria mi vida, un viaje. Doña Susana me ordenó acompañar a Valentina y a la Gerente de ventas en un viaje al exterior del país.

    El objetivo era cerrar un trato importante, y mi papel era revisar los números y asegurarme de que todo estuviera en orden. Valentina iba como responsable de marketing del proyecto, y la gerente de ventas iba porque conocía al cliente y había trabajado con ellos anteriormente. Me tocaba adaptarme a un rol de acompañante en un viaje de negocios, lo que significaba un cambio en mi rutina habitual.

    Me sorprendió que me hubieran elegido a mí para este viaje, pero Valentina me explicó más tarde que había sido ella quien había sugerido mi nombre debido a mi habilidad para analizar números y detectar problemas en los presupuestos. Me sentí halagado de que ella hubiera pensado en mí y recordara las palabras que su padre solía decir sobre mi trabajo.

    Sin embargo, el viaje en avión fue un poco incómodo para mí, ya que mi tamaño no se adaptaba bien al asiento de clase turista. Por supuesto, Valentina y la gerente de ventas viajaron en primera clase, lo que me hizo sentir un poco fuera de lugar. Al llegar al hotel, me asignaron una habitación en una planta diferente a la de ellas, aunque al menos tuve la suerte de que nos hospedáramos en el mismo hotel.

    Las negociaciones fueron un verdadero desafío, y como había anticipado, hubo varios presupuestos y detalles que no estaban claros desde el principio. Tuvimos que hacer varias correcciones y ajustes sobre la marcha, lo que nos mantuvo trabajando arduamente durante tres días. Apenas salimos del hotel, excepto para asistir a las reuniones, lo que hizo que el trabajo se sintiera aún más intenso.

    Cuando finalmente logramos cerrar el trato, sentí una gran emoción y alivio, no solo por el éxito del negocio, sino también por el esfuerzo y dedicación que habíamos puesto en ello. Un aspecto positivo que destacaría de este viaje es que Clara, la gerente de ventas, resultó ser una persona muy agradable y profesional, con la que fue un placer trabajar y tratar.

    Después de cerrar el trato el viernes por la noche, estábamos eufóricos y decidimos celebrar a lo grande. Ellas iban vestidas como femme fatale, con vestidos de noche muy sexys. Las chicas sugirieron ir al restaurante más caro de la ciudad, y allí pedimos vinos exclusivos y platos exóticos. Lo que ellas no sabían era que mi teléfono no paraba de sonar porque era mi cumpleaños y mis familiares y amigos cercanos me estaban felicitando. Les conté que acababa de cumplir 36 años, lo que sorprendió a Clara porque ella también tenía la misma edad.

    Para celebrar, decidimos ir a bailar a la discoteca más cercana, recomendada por el mesero. Allí, el champán, los cocteles y los tragos fluyeron sin parar, bailamos, reímos y me hicieron bromas, incluso me alentaban a bailar con ellas pese a que soy pésimo bailarín. Y terminamos los tres bastante ebrios. Al salir, nos apoyábamos mutuamente para no caernos, abrazados los tres, hasta que logramos encontrar un taxi que nos llevara de regreso al hotel.

    Cuando llegamos al hotel, yo llevaba una de cada brazo, las dos no paraban de hablar y hacer chistes tontos, incluso sexuales, Clara me pregunto varias veces si en mi era todo grande, cosa que me ruborizo y a ellas les provoco risa. Las lleve directamente a la habitación de Clara, yo pensaba despedirme en la puerta.

    Clara: Tu no te vas grandulón.- me tomo de la camisa y metió adentro de la habitación.- Prepara un trago.- dijo señalando el Minibar.

    Abrí el Mini bar para ver que había, y me gire para preguntar que querían tomar, y lo que vi me dejo de piedra. Clara y Valentina se estaban besando, en realidad se estaban comiendo la una a la otra. En un momento determinado dejaron caer sus vestidos al piso, quedando solamente con sus tangas, ellas seguían besándose y restregándose entre ellas. La verdad que Clara y Vale eran dos monumentos de mujeres, una más madura y marcada por el gimnasio, muy definida con poco pecho, pero un culito marcado lindo, que resaltaba muy bien para tener 36 años. La otra en toda su juventud 25 años, igual marcada del gimnasio, con pechos medianos y un culito también tentador.

    Vale: ¿Que haces ahí? Ven con nosotras que celebraremos tu cumpleaños.- Dijo llamándome con la mano.

    Me acerque a la cama, Clara me empujo y caí sentado en la misma, inmediatamente se puso de rodillas y abrí bien mis piernas.

    Clara: Nada mal, pero nada mal.

    Y sin más se metió todo lo que pudo de mi pene en la boca, la verdad era muy buena en ello, Vale mientras tanto se sentó con las piernas abiertas sobre mi muslo, tomo mi cara y empezó a besarme, tarde un par de segundo en complementarme con ella, nuestras lenguas entablaron una batalla. Yo podía sentir en mis muslos la humedad de su vagina, mientras mi pene recibía otra humedad, la de una boca, con mis manos empecé a acariciar su cuerpo, sus pechos y cola.

    Clara: Tienes que probar esto Vale, esta buenísimos, cambiemos.

    Valentina se puso de rodillas y note el cambio, ella era más dulce, más suave, Clara era pornográfica. Mientras Vale me hacia una mamada, Clara se puso tras ella y empezó a masturbarla, tomo una de mis manos y la llevo a su vagina también, e igual que Vale ella también estaba mojada, los tres recibíamos placer.

    Vale: Acuéstate en la cama boca arriba.- y yo obedecí.

    Inmediatamente Clara se sentó sobre mi miembro como una amazona, y Vale hizo lo mismo en mi boca, yo me pegue como una lapa, con mis manos tome su culo e intentaba abrir sus cachetes para que mi lengua llegara más profunda en su vagina y ano. Mientras ellas dos no paraban de besarse y acariciarse. No duraron mucho y yo tampoco los tres casi acabamos a la vez. Caímos rendidos, yo como pude un par de minutos después me pare y fui a buscar agua al mini bar. Después de un rato de descanso, ellas empezaron a acariciarse y besarse.

    Clara: A ver grandulón lo que sabes hacer con eso.- dijo mirando mi pene ya erecto.

    Ellas sin más empezaron hacer un 69, y yo lo vi claro, mi función era una, y la hice lleve mi pene erecto a la entrada de la vagina de Vale, lo restregué en ella, Clara que me veía desde abajo lengüeteando el clítoris tomo mi pene y lo puso directamente en la entrada y la penetro. Presione y entro todo, no quedo nada afuera, su vagina era húmeda y caliente, un manjar de dioses.

    Vale: Hay tienes razón Clara, se siente tan rico, es tan gorda. Dame duro Alberto, no me tengas piedad.

    Dicho esto no me amilane, empecé a darle lo más duro que podía, una y otra vez, con fuerza, con profundidad. Sentía mis huevos golpear con fuerza contra su vulva y a veces contra Clara. Era la mejor vagina que había penetrado en mi vida, y la mujer más bella con la que había estado y la segunda más bella estaba masajeando mis bolas en este momento, era el paraíso para mí.

    Valentina no aguanto más y acabo, sus cadera después de acabar seguían en contracción por un para de segundos más, yo todavía estaba a medias, por lo cual fui al otro extremo de la cama, quite con suavidad a Vale de encima, todavía tenia dos dedos en la vagina de Clara, tome los tobillos de esta ultima y los puse en mis hombros y ensarte mi pene en su vagina hasta el fondo.

    Clara: Hay si Vale, este chico tiene un talento oculto.

    Y seguí machacando su vagina, ambos no aguantamos mucho más después de aquello y un par de minutos después acabamos juntos. Quedamos tendidos en la cama, los tres, conmigo en el centro y yo con dos hermosas mujeres que eran en definitivas alguien superiores a mi en la empresa. Por la mañana me despertó un movimiento en la cama, al abrir los ojos vi que no era un sueño, había hecho un trió con semejantes mujeres.

    Vale: O por Dios que hicimos, tomamos mucho. Yo estoy de novia, esto nunca debió pasar.- y mirándome a mi.- Alberto por favor de esto ninguna palabra a nadie, por favor.

    Clara: no hagas tanto escándalo que me duele la cabeza, somos adultos, y tu Valentina, enserio hablas, cuantas infidelidades le has perdonado al patán de tu novio, una tuya no compensan nada.

    Valentina se cambió con prisa y se fue su habitación, yo la imite y empecé a cambiarme.

    Clara: Tú quieto ahí, que todavía no te tienes que ir, lo que pasa en este viaje queda aquí, pero todavía no terminamos.

    Me tomo de la mano y nos dirigimos a la ducha, ahí Clara se agacho y me hizo una mamada, fue corta y más que nada para conseguir una buena erección, se trepo a mi, entendí al momento lo que quería, la tome de las nalgas y la levante, mi pene jugo un rato hasta que pudo hacer blanco en su vagina, era realmente muy delgada y liviana su peso prácticamente no se sentía, la penetraba una y otra vez mientras nos besábamos, no aguanto mucho y acabo, yo seguía igual, salimos de la ducha nos secamos y Clara en la cama se puso en cuatro.

    Clara: Vamos grandulón, párteme al medio.

    Yo no me hice rogar y la penetre salvajemente, yo estaba como adormecido y me costaba acabar, y ella no paraba de hacerlo y tener orgasmos, después de media hora dándole pude acabar dentro de su vagina, caímos rendidos el esfuerzo fue grande, y yo no estaba tan acostumbrado a tener sexo tan seguido, dimos por concluido el encuentro amoroso. Ya abajo en el comedor del hotel hablamos y quedamos en guardar el secreto. Viajamos de regreso esa misma tarde.

    Un mes después del viaje, estaba en mi escritorio cuando recibí un par de facturas que me parecieron sospechosas. Al preguntarle a un colega sobre ellas, se puso nervioso y las tomó, diciendo que eran facturas que le había mandado el director de compras para procesar. Me pareció raro, pero no le di más importancia en ese momento. Sin embargo, al llegar a casa, comencé a reflexionar sobre lo que había visto anteriormente y decidí investigar más a fondo. Llamé a mis amigos del equipo técnico de informática y me facilitaron archivos viejos y eliminados, lo que me sorprendió.

    Después de una semana de investigación, descubrí que el novio de Valentina estaba haciendo facturas con sobreprecio y se quedaba con la diferencia. Sospeché que mi compañero de administración era su cómplice. Decidí no ir directamente con mi jefe, ya que la gerencia financiera dependía directamente de la presidencia después de la muerte de Miguel Ángel. En su lugar, solicite una cita con doña Susana, esperando que se tomaran medidas para detener esta defraudación que ya había alcanzado un millón y medio de dólares. La reunión fue a última hora, estaba ella y no me miro hasta que pronuncie una palabra.

    Alberto: Creo que le están robando, y mucho dinero.- Dejo de hacer lo que estaba haciendo y me miro por encima del marco de sus lentes.

    Susana: Continua y explícame.- Le acerque mi carpeta con todas las pruebas.

    Alberto: ha sido un robo Hormiga, un poquito aquí, un poquito allá. En esa carpeta están todos los detalles que he podido averiguar, empezó todo hace más o menos dos años, después de la muerte de Don Miguel Ángel y la reestructuración. – Ella miraba los documentos y me miraba a mí.

    Susana: No lo comente con nadie, déjelo todo en mis manos.

    Salí de ahí cuando me lo pidió, me pareció raro, ni un gracias, buen trabajo chico, aunque éramos casi de la misma edad, por lo que sabia mi jefa tenía treinta y ocho años. Pero bueno, yo cumplí con mi trabajo. No supe más nada de mi investigación, tres semanas después estaba a punto de salir de trabajar cuando, recibí un mensaje de Valentina, que pedía encontrarnos para tomar un café, justo frente a la empresa. No dude y asistí a la cita, creía que ella tal vez defendería a su novio, pero no hablamos de todo un poco, cuando llegaron los café ella tiro sin querer la cartera, como todo caballero me pare para recogerla. La acomode me senté y empecé a beber mi café, estaba raro, no era el café común que servían ahí.

    Vale: Termine con mi novio, mi madrastra me conto todo, sumado al hecho que se acostaba con cualquier mujer que pasara yo fue el colmo, con cachos y robándome. Quiero que sepas que a partir de ahora voy a hacer todo lo posible por ayudarte.

    Escuchaba a Vale a lo lejos, empecé a marearme y sentirme raro, estaba en el aire.

    Vale: Tranquilo, movimientos lentos, te he drogado, entenderás todo a su debido momento. Necesito llevarte a un lugar.

    Estaba como flotando, casi no tenia control sobre mi mismo, Vale me paro y me acompaño afuera, ahí estaba una camioneta, un hombre la ayudo y me subieron, eso es todo lo que recuerdo. Desperté un par de horas después, todavía bajo los efectos de la droga, me dolía el pene. Me encontraba desnudo acostado boca arriba, un caño pasaba por encima de mi cabeza y tenia pies y manos atadas a él, esto dejaba mi culo levantado pude observar que también tenia atada la base de mi pene, que estaba durísimo y con todas las venas marcadas.

    Mi vista iba mejorando más allá estaba una persona disfrazada de gatubela, pero de forma porno sexy, su disfraz era de cuero dejando ver gran parte de su cuerpo, estaba bastante buena, era una morocha grande, con muchas curvas y cintura pequeña, su piel estaba bronceada, me resultaba familiar, su mascara ocultaba poco de ella, hasta que me dí cuenta, ella era mi jefa, era Susana.

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  • El vecino de mi amiga

    El vecino de mi amiga

    Toda chica trans debería tener siempre una amiga cis que la entienda de verdad. Más aún si te pide que te vistas para ella para «lesbianar» juntas. En mi caso, esa amiga es también mi asistente. Sí, trabaja para mí, pero en la intimidad, ella me hace su putita.

    Una de nuestras posiciones favoritas es cuando «tijereamos». Básicamente, entrelazamos las piernas, me corrijo la tanga a un lado y le introduzco la verga, simulando que rozamos panochas. Tenemos un vibrador strapon de dos cabezas para que ambas gocemos mientras ella me abre las piernas… ¡Además, me encanta porque es muy dominante! Una vez, se sentó en mi silla yo trabajaba para ella. Acabo abriéndome las piernas en mi escritorio para que me diera un aumento jajaja.

    La noche de antier, salimos de trabajar tarde y le di raid a su casa en La Condechi. Al llegar, vimos a dos de sus vecinos afuera, echando chelas. Nos invitaron; aceptamos y se subieron a mi camioneta.

    No sé en qué momento se comenzó a hablarse de poppers, pero resultó que uno de ellos los consigue y los usa, lo cual me pareció extraño, pero lo dejé pasar. Le pedí que, si tenía, me mandara catálogo, rápidamente comenzó a buscar en su teléfono. Al mismo tiempo, me llegó un mensaje de mi amiga: «Ese güey también es bi. Tiene novia, pero lo caché una vez jalándosela a otro vato. ¿Qué pedo? ¿Lo averiguas?». En eso, recibí un catálogo enorme con diferentes nombres y colores de frasquitos. Ahí se me ocurrió una idea para comprobar la teoría de mi amiga. Le respondí al mensaje:

    «Ahorita que nos vayamos, voy a decirle a tu vecino que necesito platicar con él de los poppers, y vemos qué onda. Te voy avisando, ¿va?». Ella leyó el mensaje y, solo con un gesto del dedo, me dio el sí.

    Cinco minutos antes de que se bajara mi amiga, el otro vecino se despidió. Nos quedamos estacionados en el mismo lugar, con él sentado al frente en cuanto mi cómplice bajó. Por discreción, lo llamaremos simplemente «el Vecino».

    «A ver, vecino, ya tenemos rato de conocernos y hay confianza, ¿verdad? Lo que hablemos aquí, aquí se queda. Ni siquiera mi amiga… ¿Puedo confiar neta en ti?».

    Su respuesta fue afirmativa, en un tono serio que inspiró confianza.

    «Pues mira, la neta soy bisexual». Me miró levantando las cejas. Al ver su reacción, hice una pausa y continué: «Sí, me gusta la panocha… y la verga también». En ese momento, el tema de la venta quedó olvidado. Empezó a preguntar y a confesarse a su vez:

    «¿Y eres inter, pasivo?».

    «Soy inter, pero solo activo con mujeres trans y cis. Con hombres soy pasivo, sobre todo cuando ando vestida».

    «¿O sea que te vistes de mujer?».

    «¿Quieres ver?».

    Tomé mi celular y busqué una foto no demasiado atrevida, pero sí sexy. Se la mostré, y él tomó el teléfono de mis manos. Pasó foto tras foto. Mientras las veía, comenzó a frotarse la verga por encima del pants. Llegó a una imagen de mi panocha falsa en una tanga roja, donde la tela marcaba una panochota gorda con una rajita en medio, totalmente depilada.

    «No mames, ¡parece de verdad!».

    Como de costumbre, debajo de mis jeans llevaba lencería. Esa vez era un cachetero negro y medias de red.

    «¿Te gustó mi panocha? ¿Quieres verla? Creo que te va a gustar lo que te voy a enseñar».

    Me desabroché el pantalón y lo bajé lo justo para mostrar el encaje que cubría una panocha carnosa y realista.

    «¿Vives solo? ¿Vives lejos?».

    «Como a diez minutos. ¿Quieres ir?».

    «Pero te vistes completa, con chichis y todo, en lo que me doy un baño, si puedo, claro».

    Me bajé un poco más el pantalón, me ajusté el cinturón de seguridad y arranqué. En el camino, le puse un video donde estoy cogiendo precisamente con José, mi amante de Querétaro.

    Mientras se sacaba la verga, me preguntó:

    «¿Y así cómo te llamas?».

    «Lía», dije, y en ese instante tomé su verga, ya dura, comencé a jalársela. Antes de salir a la avenida, se la mamé un poco. Le gustó.

    «Se ve que mamas delicioso, mamita».

    «Pues hasta ahora no he tenido queja de ningún hombre ni de ninguna mujer».

    Todo el camino se la estuve jalando. Unas cuadras antes de llegar, me subí el pantalón. Al entrar a mi departamento, corrí a agarrar el primer conjunto que encontrara. Al final, fue un mini vestido blanco que dejaba transparentar el cachetero negro bajo el panta liguero. Arriba, un brasier negro con mis tetas de silicona talla DD en cada copa. Me maquillé lo más rápido que pude mientras él se bañaba en el baño secundario. Escuché que entraba a mi recámara justo cuando yo me ponía el último tacón y me acomodaba la peluca.

    El cuarto estaba con poca luz. Queriendo que me viera bien, encendí otro foco cerca de la puerta del baño. Él se paró de la cama y se acercó a mí. Lo primero que hizo fue levantarme el vestido; me empujó de las nalgas hacia él, embarrándome toda su verga en mi panocha falsa. Me quitó el vestido (de haber sabido lo rápido que me lo quitaría, me hubiera puesto solo un babydoll o algo similar). Me besó intensamente mientras me manoseaba toda. De espaldas, me guio hacia la cama sin dejar de besarme, hasta que llegamos al borde. Poco a poco, fui bajando, besando cada tatuaje de su pecho, hasta que me senté por completo, con su verga frente a mi rostro.

    La tomé con la boca. Le di besitos en la cabeza, saboreando su líquido preseminal con mis labios morados. La lamí de arriba abajo, lamiendo también sus bolas, metiéndolas suavemente en mi boca para que mi lengua jugara con ellas. Volví a metérsela entera, ahogándome. Él me empujaba con sus manos para clavármela aún más. Llegó un momento en que ya no pude más. ¡Quería esa verga en mi cola ya!

    Me paré por el condón y el lubricante. Mientras, el Vecino se acostó boca arriba en mi cama. Con ambas cosas en la mano, me deslicé como gata hasta donde estaba mi nuevo amante. Volví a meter su pene en mi boca.

    «No mames, Lía, neta la mamas delicioso. Si hubiéramos sabido desde antes, ya te hubiera hecho mi putita. ¿Te gustaría ser mi putita?».

    Con la boca ocupada, solo pude asentir con un gemido y la cabeza. Tomé el condón, se lo puse con la boca, como me encanta, ahogándome en su verga para generar la mayor cantidad de saliva posible. Mientras, me aplicaba lubricante en la cola, metiéndome un dedo para empezar a dilatarme. Una vez que su pene estaba duro y baboso por las mamadas, me bajé el cachetero de encaje lo suficiente, abrí las piernas y me monté de frente.

    Me fui insertando yo misma, moviendo las nalgas con ritmo. De vez en cuando, él me daba empujones que me arrancaban gritos, hasta que la tuve toda dentro. Empecé a mover las caderas lentamente, acostumbrando a mi cuerpo a su tamaño. Una vez que me adapté, me arqueé hacia atrás, apoyándome en sus piernas, dándole sentones profundos. Cambiaba el ritmo, moviéndome de atrás hacia adelante, y con mi mano llena de saliva, le sobaba sus huevos.

    Me cambió de posición, poniéndome en cuatro. Empezó a bombearme fuerte; por mi parte, le movía las nalgas al compás. Nuestros movimientos estaban tan sincronizados que parecíamos estar bailando un vals.

    Puse una almohada bajo mi cintura, cerré las piernas y le pedí que las abriera. Con el culo más levantado y entre sus muslos, él continuó cogiéndome con fuerza.

    «¿Dónde quieres mi lechita, mamita?».

    «Mamita quiere imaginar que la estás cogiendo a pelo y que la vas a preñar».

    Empezó a decirme que quería embarazarme, y yo le gritaba que me hiciera un hijo, que me llenara. Sentí cómo se venía dentro, clavándomela más en cada embestida, mientras yo lo jalaba por las nalgas para pegarlo más fuerte a mí. Le pedí que no la sacara, y empecé a apretarlo con el culo, lo cual le encantó. ¡Esos ejercicios de Kegel sí que rinden frutos!

    Cuando terminó, me preguntó si me había gustado. No me gustó… ¡me encantó! Volvió a preguntarme si quería ser su putita, y acepté.

    Ahora solo espero que el Vecino me vuelva a visitar. Ya les estaré contando.

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  • Economista y prosti: Viaje a Buenos Aires (1)

    Economista y prosti: Viaje a Buenos Aires (1)

    Como ya les he mencionado en otros relatos, Tib (Tibu) el dueño de gran farmacéutica argentina, me llamó varias veces para una visita a Buenos Aires. No era estrictamente personal. En realidad quería estar conmigo, obvio, pero también que disertara en un evento de su compañía, y de paso, que entretuviera a algunos de sus ejecutivos que pudieran interesarse en mí.

    Me costó decidirme, pues Tommy no podía acompañarme debido a su carga de trabajo. Y además tendría que reprogramar toda mi agenda. Pero al final el poder negociador de Tib pudo más. Tommy no puso objeciones alguna, al contrario, me motivó a aceptar, y pude reprogramar mi muy ocupada agenda en Montevideo.

    Creo que necesito ya una secretaria, y tengo ideas ja ja.

    Viajé en mi coche, sola, el domingo muy temprano llegando el domingo de tarde a Bs.As. Tib había tenido la brillante idea de que su esposa y amigas fueran a esquiar a Bariloche pues él se instalaría en el hotel, céntrico y de primerísimo nivel, donde nos alojaríamos los expositores y los ejecutivos de su compañía. De esa manera él participaba de todas las actividades y no tenía que desplazarse cada día hasta su casa.

    De paso, dormimos juntos (dormimos poco) la primera noche.

    Nos había llevado varias conversaciones coordinar todo una vez que decidí ir. Pero nos pareció que logramos organizar todo muy bien.

    El domingo a las 7 pm había un cóctel de inauguración, para todos los asistentes, expositores y empleados. Finalizaba estrictamente a las 9 p.m.

    A las 11 pm Tib contrató en mi nombre un pequeño salón reservado, en una parte alejada del hotel, para tener una reunión privada con ciertos ejecutivos que hubieran viajado sin sus esposas y hubieran mostrado interés en mí en el cóctel anterior. Tomamos el salón por una hora y media, y se servirían bebidas y bocados.

    La noche era para nosotros, y también reservamos cinco turnos de extracción de sangre para análisis a las 8 am. Para quienes estuvieran decididos a concretar, previendo que pudieran ser hasta cinco. El martes a las 8 estarían disponibles los resultados. A las diez comenzarían las disertaciones y a mí me tocaba el turno cuatro, a eso de 11 y 30 am.

    ¡La noche del domingo al lunes se nos hizo corta! Lo digo sin avergonzarme, me encanta coger con él, aunque una buena prosti no debería gozar, yo no pierdo oportunidad de gozar todo lo posible, con quien sea.

    Cogimos, conversamos, hicimos planes de futuro (tanto él como varios de sus ejecutivos deberán viajar mucho a Uruguay para controlar la construcción de una nueva pequeña planta de producción). Obviamente requerirán algo de buena compañía.

    Pero volvamos a las actividades del domingo. Llegué al hotel, fui a la habitación de Tib a saludarlo e intercambiamos besos y caricias. Volví a mi habitación, ducha reparadora y me preparé para el cóctel de inauguración.

    Ropa seria, habría algunos matrimonios, y mi preocupé de estar elegante, linda en lo posible, y de no vestir nada escandaloso, mi asistencia era la de una conferencista.

    Recurrí a un infalible palazzo negro con camisa blanca un poco ajustada y un chaleco negro con bordados rojos, abierto, para sugerir tetas sin mostrar.

    Circulando bebida en mano era la oportunidad para presentarnos quienes no nos conocíamos, ver quién estaba con esposa o esposo y quién estaba solo, y si fuera el caso, invitar, reservadamente al evento especial y privadísimo de las 11 pm.

    Un éxito total en todo sentido. Buena gente, seriedad, conversaciones variadas y en algunos casos, conversar un poco más de lo imprescindible, interesándome de si mi interlocutor estaba solo o acompañado.

    Me ubiqué lejos del centro del salón, para no atraer demasiadas miradas. Si venía al centro a conocer a alguien, me las ingeniaba para ir apartándonos hacia el borde del salón. Conversando, a veces abría mi chaleco un poco más y la vista era sugerente respecto a la calidad de mi busto, ja ja. A veces incluso mostraba más, aún con la camisa cerrada, buscando una tarjeta de visita personal para entregar a la otra persona. Si la persona mostraba cierto interés visual o en la conversación, lo invitaba a la reunión de las 11 pm haciendo hincapié en que era una reunión privadísima.

    Algo me llamó la atención, una pareja del Sur argentino, estiró largo rato su conversación conmigo. Un ingeniero empleado de Tibu y su esposa. Obviamente, les di mi tarjeta de contacto de mi actividad como Economista y nada más. Pero me puse a sus órdenes en Montevideo.

    La reunión se disolvió puntualmente y cada uno se fue del hotel a pasear o fue a su habitación o lo que fuera.

    Fui a mi room a cambiarme de ropa y dejar correr el tiempo. Habíamos convenido que Tib no iría al evento de las 11 pm. Para no comprometerse ni comprometer a los asistentes. Tampoco asistían los dos gerentes que me tuvieron en Montevideo junto a Tibu durante mis vacaciones.

    A las 11 pm en punto me puse un abrigo largo y fui al lugar de la reunión privada. ¿Debajo del abrigo? Infaltables tacos bien altos, y un conjunto de pantalón y top de crochet, ambos color beige. Pero, debajo de la parte superior del pantalón y debajo de la zona de busto del top, un forro de raso color piel, para privarlos de ver lo más íntimo.

    Quería mostrar más que en el cóctel anterior, pero nada de desnudez absoluta. Al usar prendas forradas, podía aprovechar un consejo que me dio Tommy cuando preparaba mi maleta en Montevideo: “con el conjunto de crochet forrado, podés jugar con el doble sentido de la palabra forro”. Me encantó la sugerencia e intérprete ponerla en práctica. Llevé otro conjunto similar, negro, un bolso que dejé detrás de un biombo que pedí al hotel que colocaran el salón.

    Nota: la palabra forro significa, estrictamente “cubierta con que se reviste algo, especialmente la parte interior de las ropas o vestidos”. Pero en Argentina o Uruguay también tiene otros usos, tal como sinónimo de condón o preservativo. Se usa bastante en Uruguay y muchísimo en Argentina.

    A medida que llegaban los invitados, se servían alguna bebida o bocadillo de los que había sobre una mesa, pues no queríamos personal sirviendo en ésta reunión. Llegados los seis invitados a ésta reunión, me preguntaron a qué se debía la cita (sospecho que algunos ya sabían algo por preguntarle a Tibu después de que yo los invitara).

    Me quité el abrigo, que aún lo tenía puesto. Se oyeron algunos suspiros. Y pasé a explicarles que si bien iba a exponer en las disertaciones del lunes y tengo una Asesoría Económica en Montevideo, que provee informes a la empresa de Tib, tengo otra actividad, “digamos menos formal y más placentera”, que me llevó a citarlos para conversar libremente en esa noche.

    —¿Esa actividad alternativa tiene algo que ver con ese conjunto tan lindo y sugerente que te has puesto? Preguntó alguien.

    —¡Gracias! Bueno, pero ¿qué les sugiere este conjunto? Por cierto es bastante serio.

    —Si, es serio a causa del forro, aunque sugiere, ¡si no fuera por el forro sería impresionante!

    —Mmm en realidad lo del forro siempre puede tener solución, si se dan las condiciones adecuadas, podría ponerme un conjunto similar sin forro, el forro podría ser optativo… hice una pausa y sonreí.

    —¿Y cómo podríamos prescindir del forro y verte natural?

    —¿Lo desean realmente? Prescindir del forro del conjunto, digo.

    —¡Sííí!

    —Espérenme un momento por favor. Y me retiré detrás del biombo en donde había dejado mi bolso ( doy por hecho que todos saben lo que es un biombo, aunque los biombos y la propia palabra casi no se usan hoy en día). Lo había hecho colocar delante de una lámpara, con lo cual me aseguré que mi silueta se viera a través de la tela del biombo, je je…

    Me coloqué en conjunto copia del de color beige, éste era negro, muy ajustado, más que el anterior, y debajo me puse (anteriormente no tenía absolutamente nada) una tanga hilo blanca de raso y un soutien media copa también blanco.

    Salí de vuelta al pequeño salón.

    —¿Así? Pueden ver que he prescindido del forro en este conjunto. Obviamente el crochet es un tejido muy abierto que dejaba ver casi todo, casi como si me mostrara solamente en lencería, apenas difuminando un poco mi cuerpo. Mantenía algo de misterio, un mínimo digamos. Aunque mi trasero resaltaba por lo ajustado del pantalón.

    —¡Que preciosa! Dijo alguien.

    —¿Entonces esa es su segunda actividad Sra. Economista?

    —¡Pues sí, una actividad que me encanta! Y que por cierto, gusto de ejercer sin forro, ni en la ropa, tal como ven… ni…

    —¿Estoy entendiendo bien? Preguntó alguien.

    —Creo que sí, me limité a contestar. Pero déjenme decirles las condiciones de mi actividad.

    Entonces les relaté (todos los lectores las conocen), todas las condiciones de acceso a mi servicio. Primero y completas, las condiciones de seguridad y análisis, incluso el laboratorio a disposición la mañana siguiente, lo relativo a no violencia, a no cosas desagradables, la no existencia de límite de tiempo de mí parte, me adapto a sus tiempos y deseos. Les conté de nuestra casa de campo en Uruguay, cerca de Montevideo, en la ruta que la une a Colonia. Y por supuesto, les detallé mi arancel.

    Surgieron las preguntas: —¿Y no baja el arancel si se hace con condón? —No, y me molesta el uso de látex. —¿No baja el arancel si el tiempo es solamente una hora?

    —No, no me interesa mirar el reloj para limitar el placer. —¿Cuándo podría hacerse? —En cuanto yo reciba el email de análisis aprobado, seguramente el martes a las 8.

    —Mmm pero estaremos en plena conferencia. —Quién concrete, está autorizado por Tib a disfrutar libremente, ya lo coordiné con él que me conoce muy bien. —¿Y cuando vaya alguno de nosotros a Montevideo, seguiremos pudiendo disfrutarte?

    —¡Sí! y en ese caso el arancel baja a 2.5 k. Y por supuesto, les reitero que coordinando la agenda podemos recibirlos en la casa de campo, todo el tiempo que lo deseen.

    —¿Por qué dices “podemos”? —Porque normalmente también va mi marido, soy casada (éste detalle de que soy casada siempre gusta mucho). —¿Él está de acuerdo, mira, participa? —¡Claro que está de acuerdo! Le encanta mi actividad, la aprueba, y se adapta a lo que el visitante proponga, desde dejarnos solos todo el tiempo a participar en trío.

    Con esto, prácticamente ya no quedaban temas por debatir y se nos terminaba el tiempo contratado. Les dije que me guiaría por los emails recibidos y que si lo deseaban, podrían durante el lunes, decirme que se habían hecho análisis y sugerir horario de encuentro. Con lo cual dije que me esperaran un momento y nos despediríamos, que nadie tenía que decir nada si no le interesaba un encuentro. Me fui detrás del biombo, y apagué la luz de la lámpara para que no vieran mi silueta. Simplemente me saqué el conjunto y me puse el abrigo sobre mi cuerpo casi desnudo, solamente tanga y soutien media copa.

    Salí caminando entre ellos, a medio camino me despojé del abrigo y giré un par de veces para que miraran (admiraran en realidad) mi cuerpo casi desnudo; en particular mi culo, que, déjenme decirlo, les encantó.

    Así, casi desnuda, besé a todos, me puse el abrigo y me retiré.

    Era previsible. En la hora siguiente ya recibí dos llamadas anunciando que concurrirían a analizarse en la mañana siguiente, y reservando hipotéticos encuentros de unas tres horas, aunque ambos dijeron que se comunicarían con Tib para verificar su autorización a faltar a la conferencia durante esas tres horas cada uno. Les dije que no se preocuparan, que en pocos minutos yo lo volvería a conversar con Tibu (a buen entendedor pocas palabras ja ja).

    ¡Junto a Tib noche del domingo al lunes se nos hizo corta! Lo digo sin avergonzarme, me encanta coger con él, aunque una buena prosti no debería gozar, yo no pierdo oportunidad de gozar todo lo posible, con quien sea.

    Cogimos, conversamos, hicimos planes de futuro (tanto él como varios de sus ejecutivos deberán viajar mucho a Uruguay para controlar la construcción de una nueva pequeña planta de producción). Obviamente requerirán algo de buena compañía.

    Me dolía no comunicarme con Tommy. Le pregunté a Tib si le molestaría un breve llamado, y por supuesto dijo que lo llamara cuando quisiera. Y yo, para excitar a Tommy, lo llamé cuando estaba montando a Tib.

    —Hola amor, ¿cómo estás? Dije.

    —Muy bien ¿y tú? ¿Qué haces a esta hora?

    —Mmm yo montando a Tib, disfrutando.

    —¿Toda adentro?

    —Ufff hasta los huevos, subo y bajo sin parar. Quiero que me llene. ¡Te amo!

    —Te amo, te espero ansiosamente.

    Luego de eso y de jugar un rato, procedió a empalarme en cucharita, como casi siempre. Para disfrutar, instalé el cañón de imágenes y el teléfono en una silla al costado de la cama. Fue glorioso ver como me la metía y como me acariciaba las tetas y la concha mientras cogíamos.

    Dormimos un rato y nos preparamos para el día entero de conferencias.

    Incluso tuve tiempo de repasar mi ponencia, que Tommy me ayudó a preparar en Montevideo, acerca de “La importancia de la Logística en época de altos aranceles”.

    En el salón de conferencias, conversé intrascendencias con los invitados de la noche, tres de ellos confirmaron haber ido a extracción de sangre, y también conversé con los dos Gerentes que me poseyeron en Montevideo.

    Resultó que uno de los Gerentes (el que tiene huevos muy grandes, ustedes recuerdan seguramente),es padre del Ingeniero joven que también trabaja en la Compañía y que junto a su esposa conversaron conmigo largo rato en el cóctel inaugural. Pasó el día, conferencias, almuerzo con el matrimonio joven y el padre de él.

    Más conferencias a la tarde, cena en mesa redonda con Tib y varios de sus Gerentes. Hasta la mañana siguiente, no tendría novedades de los análisis.

    Al terminar la cena, recibí sugerencia de uno de los “analizados” acerca de si no podríamos adelantar el encuentro pues “no habrá problemas”. Respondí que era inflexible en eso y que esperaríamos sí o sí. Creo que no le satisfizo mi respuesta pues se puso serio y se despidió.

    Me retiré a mi habitación, y un rato después, saliendo de la ducha, recibí un llamado de Tibu… ¿Podría recibirlo a él y los dos gerentes que habían estado en Montevideo?

    Por supuesto me aclaró que los honorarios corrían por parte de la Compañía, todo se uniría en el giro por la disertación en conferencia.

    ¿Como decir que no a tanto placer? Simplemente pedí veinte minutos para prepararme totalmente en cuerpo y lencería.

    Con el cuerpo preparado y a gusto con la lencería, me fui a encontrarme con los tres.

    Me esperaron en la suite de Tibu, zona de estar… ¡y cama king!

    Fui con un abrigo por encima, para circular por los pasillos del hotel. Debajo del abrigo, los eternos tacos altos y un camisón (“prenda de dormir” larga hasta el piso), en tul blanco transparente, con ribetes de puntilla en el escote y en el bajo y largos tajos hasta la cintura delante de cada pierna como detalle especial. También ribete de puntilla en un hermoso tajo trasero, uno solo, desde la cintura al piso, (se imaginan que al caminar, se abría mostrando cráneo parte desde mi trasero).

    Y delante, lo que más me gusta, y la razón por la que lo compré en el exterior vía web; en la zona de areolas y pezones dos cortes verticales, uno en la zona de cada seno, que abarcan casi la mitad de cada uno y que se abren dejando ver bien el frente de cada teta. Por supuesto, los cortes también ribeteados de puntilla, aunque en este caso una puntilla más angosta que el resto. Plena de confianza, me lancé a la aventura de esa noche, que me deparaba tres hombres y una excepcional gratificación.

    Llegué, llamé a la puerta y me abrieron, cómodamente desvestidos hasta el grado de estar en bóxer. Pedí permiso para pasar a la salida de estar de la suite. ¡Me siguieron!

    Me ayudó uno de ellos a quitarme el abrigo, situándose detrás, desde luego. Fue quitarme el abrigo y quien resultó el Gerente que en Montevideo llamé A y que ahora será Antonio, se lanzó desde atrás a refregar su cuerpo contra el mío.

    Desde adelante, al ver las aberturas de mi camisón a la altura de las tetas, Tib fue directo a chuparlas y el otro Gerente, B o digamos Bruno o Bru, se situó a mi lado y yo giré la cara para besarnos. En un minuto aquello era la viva imagen de una standing orgy, ja ja ja…una orgía parados. Logré bajarle el bóxer a Tib, Bruno y Antonio lo hicieron por sí mismos. Seguíamos en nuestro juego con Antonio ya pasándome la verga entre las nalgas. Tib sobaba y chupaba las tetas y ya mi escote estaba empapado en saliva. Con Bruno, era como si fuéramos espadachines de lengua.

    Es divino como se goza cuando una es acariciada en las tetas por encima del tul, y más aún cuando me chupaba los pezones.

    Me levantaron el camisón y lo sacaron por encima de mis hombros, estaba desnuda a disposición de ellos (¿o sería lo opuesto?). Buscando variar el placer, doblé mi cintura y abrí las piernas. Tibu cayó de rodillas a chuparme la concha, Bru me manoseaba las tetas y Antonio se vino al frente en posición de que si doblaba bien mi cintura pudiera chuparlo, y vaya si lo hice. Yo me sentía arder. Bruno pasó a acariciarme las nalgas y de paso me tocaba el asterisco.

    Tibu dejó de chuparme la concha, me hizo parar y me guió al sofá de la sala. Me lo imaginé.

    Me doblé sobre el posa brazos del sofá, mi culo hacia afuera, mi cara hacia el asiento. En realidad estaba como en cuatro pero con mi bien trae apoyado en el posa brazos. Abrí un poquito las piernas, y mi concha ya mojada de mis fluidos, se abrió a la vista de Tib (me dijo que se veía rosada y excitante). Al momento, comenzó a frotar su verga entre los labios y de a poco, para que yo gozara más, me la fue metiendo a fondo.

    De frente, arrodillado en el sofá, Bruno me dio a mamar su miembro, mientras Antonio esperaba, y yo no quitaba los ojos de sus huevos.

    Tibu cada vez aumentaba más el ritmo de sus vaivén, hasta que no pudo más y acabó en mí.

    Para mi placer, cuando sintió que iba a acabar, me la metió a fondo, con lo cual sentí más la leche dentro de mí, hasta sentí o me pareció sentir como escurría hacia abajo por las paredes de mi vagina. Casi no llegó a escurrir entre mis piernas, al salirse Tib, ya Antonio me metía su pistón amoroso, también a fondo. ¡Que placer cuando sentía sus bolas chocando contra mi cuerpo! Ya gracias al semen que tenía adentro y que cubrió la verga de Antonio y la entrada de mi concha, el ritmo fue frenético desde el comienzo, y el plaf plaf plaf característico del choque de los cuerpos acompañaba el ritmo de los golpes de las bolas contra mi cuerpo.

    Por supuesto, Bruno cedió su puesto a Tibu para que se la limpiara chupándosela, mmm… ¡tragué lo que pude rescatar!

    La acabada de Antonio fue abundante, espesa, la sentí bajar hacia mis muslos y por ellos lentamente. Era el turno de Bruno para poseerme.

    Se sentó en el borde del sofá, las piernas extendidas hacia el piso, la espalda contra el respaldo, la verga erguida, esperándome.

    Me encantó esa pose, y pedí a Tibu que trajera mi celular mientras me tomaba un respiro.

    Lo trajo, llamé a Tommy, solamente le dije: “Quiero que veas cómo estoy amor” y pasé de nuevo el teléfono en videollamada a Tib. Monté a Bruno, en vaquera inversa. Desde el frente Tib transmitía a Tom como tomé la verga de Bru y me la metí lentamente, la concha húmeda y los muslos untados de leche de los polvos anteriores.

    Después de unos minutos de subir y bajar sobre Bruno, Tib cortó la transmisión Bru tiró en mí todo lo que tenía. Y me salí y corrí hacia la cama, quería poder recuperar algo de los fluidos para deleitarme. Tirada en la cama, vieron como recogía con una mano lo que pude y me lo llevé a la boca para hacerlo desaparecer. Una rápida lamida de miembro a cada uno los dejó limpios y excitados, aunque sin grandes rastros de erección.

    Me puse boca abajo, apoyada sobre los codos. Le dije a Antonio: “Quiero tus bolas en mis pies”. Encantado, comenzó a pasar sus bolas en la planta de mis pies, a veces las ensalivaba, a veces, sin avergonzarse, me escupía en los pies y pasaba las bolas por ellos.

    Bruno y Tib, se alternaban para acariciar mis tetas y besarme, luego fueron bajando a mis nalgas y comenzaron un lento y delicioso trabajo de preparación anal y a mi concha.

    Nada faltaba, lenguas lamiendo, bocas chupando, algún dedo que bien mojado de flujo de mi Conchita entraba de a poco a mi esfínter. Cada vez más.

    Tibu, al ver que no me molestaba que Antonio me escupiera los pies, se atrevió a abrir mis nalgas y escupió mi agujerito desde distancia, su dedo pulgar entró a fondo. “Este culo va estando dilatado dijo”. Me incorporé e. Cuatro les fui terminando de poner duras las lijas y siempre tenía a uno dilatándome.

    “Teléfono”, sugerí a Tib. Me lo alcanzó y llame a Tommy: “Amor, los señores me tienen dilatado el culito y muy caliente, creo que me van a hacer triple P. ¿Querés verme? Me gustaría que nos veas pues te quiero muy caliente cuando vuelva a estar contigo”.

    “Por favor, quiero ver al menos cuando te la metan” dijo mi esposo.

    Le pasé en teléfono a Tib, pero pregunté “¿Quién me la pone en el culo?” “Yo” dijo Tibu y pasó el celular, ya filmando , a Antonio, que sería quien filmara.

    Se sentó en el borde de la cama y se recostó de espaldas, lo monté de espaldas a él , le ensalivé su órgano de placer y lo enfilé a mi culo. Lentamente entró sin dolor, estaba súper dilatada del juego previo. Me dejé ir hacia atrás sobre Tibu. Hizo algunos movimientos y cuando nos sentimos confortables, Bru se inclinó sobre mí, la pija entró en mi concha como en un río de flujo viscoso, ya tenía dos miembros dentro de mí y oía por el celular los gemidos de placer de Tommy que seguramente se masturbaba. Transmitiendo ahora POV, Antonio me dio a chupar su verga, sus huevos al lado de mi cara, hermosos para lamer también.

    No es fácil tener todos los orificios penetrados, la pija en la boca dificulta respirar, las dos vergas adentro de concha y culo son algo a la vez excelso y dificultoso. Pero si hay voluntad todo se arregla, y se disfruta… ja ja.

    Estuvimos largo rato. Ya sin filmar, a medida que fueron acabando se salían de mi cuerpo. Recibí en boca toda la leche de Antonio, la tragué con placer, y con placer limpié de restos de leche las vergas de Tib y de Bruno.

    Nos dejamos caer todos agotados y jadeantes. Caricias, besos, palabras de cariño y de agradecimiento.

    Por extensión, debo cortar aquí, en la parte 2 relataré lo sucedido a partir del día siguiente.

    Besos a todos.

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  • Trío con una chica trans

    Trío con una chica trans

    Ya conocen muchas de nuestras historias, esta pasó hace un tiempito atrás.

    El trabajo José tiene una compañera trans, operada de sus tetas y toda una incógnita lo que tiene o no entre sus piernas. Ella tiene el pelo largo rubio, altura media, apenas más alta que yo, siempre muy bien vestida, con escotes profundos para mostrar sus tetas echas un tiempo atrás, una cola bien, solo que no tiene cintura y la nuez son los detalles por lo cual alguien que no la conoce se pueda dar cuenta que es trans.

    Ella siempre en el trabajo le insinúa a José, que hasta sus compañeros se dieron cuenta que se lo quiere transar.

    José como todos saben es hetero, nunca tuvo sexo con hombres, si bien hemos estado juntos en nuestros tríos e intercambios, pero él nunca toco, ni se dejó tocar por un hombre.

    Hacía tiempo que José cada vez que llegaba a casa, me contaba como lo provocaba y decía a esta me la voy a culear algún día, un poco en broma y otro poco enserio. Si bien siempre se reía de esa situación.

    Las provocaciones de Tatiana eran cada vez más evidentes, me proponía vamos a hacer un trio con ella. La verdad que la idea no me disgustaba, nunca estuve con una chica trans, he estado con chicos que se han culiado entre ellos delante de mí, pero nunca con una chica trans y la curiosidad me mataba.

    Ella nunca supo que nosotros somos una pareja abierta, y que hemos tenido encuentros con chicos y chicas juntos, no sé porque tenía la obsesión de provocar ininterrumpidamente a José.

    En una de esas provocaciones José le propone si ella quería hacer un trío con nosotros, casi sin dudarlo acepto. Ahí que fue donde José medio que arrugo, jajaja. No estaba convencido de querer culear a Tatiana.

    Como todos los domingos por la mañana salimos a caminar, y esas putas casualidades nos cruzamos con ella que paseaba a su caniche blanco, que llevaba un moñito rosa en la cabeza, con una correa. Ahí nos pusimos a charlar, siendo ella la que enseguida recordó la propuesta que José le había hecho. preguntándome si yo estaba de acuerdo en que concretemos un trío.

    Cortamos la caminata y fuimos a tomar un jugo en un bar que estaba ahí, para charlar más seriamente. Por supuesto que yo y ella éramos las que más ganas teníamos de concretarlo. José dudaba, aunque también tenía un punto de excitación bastante importante. Me lo había dicho en alguna ocasión. Hacer un trio y verme disfrutar de esta situación que teníamos ahora mismo delante le iba a hacer muy feliz y le iba a poner super cachondo.

    Les manifesté de encerrarnos en algún sitio para estar solos, así que nos dirigimos hacia su casa, al entrar se encendieron luces azules y rosas tenues, era un departamento chico con una sola habitación, pero muy lindo, sexy, preparado como para la ocasión. Yo pedí pasar al baño antes, quería lavarme, así que entraron los dos y me esperaron allí. Cuando entré ya Tatiana se había casi desnudado. Solo tenía una tanguita muy chiquita. ¿sabes esa sensación de cuando tienes curiosidad por algo, mucha, mucha curiosidad, que estás deseando mirar, pero no quieres que se note que tienes esa curiosidad? Pues, eso me pasó.

    Tenía un morbazo impresionante por ver ese cuerpo y deseaba, pero no podía mirar directamente. Pero fue más fuerte que yo y la miré y vi, me parecía que dentro de la tanga nada tenía, abría apostado en ese momento que no tenía pene. Mientras me desnudaba, atónita todavía, les dije que empezaran sin mí con una gran sonrisa.

    Tatiana se recuesta en la cama, José se acercó hacia ella, para bajar el pantalón empezar a chuparle la pija. Ufff… ¡madre mía! ¿pero esto empieza así de fuerte? Ver cómo se le llenaba la boca con la pija mi marido me puso a mil por hora. ufff

    Me di prisa en desnudarme completamente, hinqué la rodilla en la cama y me eché hacia Tatiana. No sé si me querrá besar en la boca, así que voy a ir despacio, pensé. Acerqué mi mano a su pecho, moldeé con mis yemas su pezón y le gustó. Entre la mamada y ese magreo creo que estaba a gusto, muy a gusto.

    Mi boca se iba acercando a la de ella, por lo que también se acercaba a la verga de José. Quería compartirla, quería que las dos mamásemos la misma pija. Alternamos nuestros labios con ese glande ofrecido, me la metía yo en la boca, luego ella la tenía dentro, yo chupaba y lamia todo lo que quedaba a mi alcance. Un juego muy divertido y que parecía que a nuestro macho lo estaba activando bastante.

    Nos fuimos incorporando cada vez más para tumbarnos casi por completo en la cama. Yo seguía manoseando esas tetas, preciosas, por cierto, y abrí mi coño para que José me lo comiera. Me sentía muy zorra y perra… quería hacer de todo en ese momento, pero esperé el ritmo de los demás. Quiero ver como penetra a Tatiana, quiero que me penetren a mi… ufff… quiero tantas cosas y todas se agolpan en mi cabeza… Ahí le bajo la tanga para ver que aparece debajo de ella, veo una pequeña pija con dos bellos huevitos chicos, ese era causa por la cual bien acomodados hacia atrás parecía que no los tenía.

    José me pregunta que si quiero ver cómo se pone. ¡¡Pues claro que sí!! José es heterosexual, pero tiene la mente abierta al disfrute de cualquier manera y eso, me encanta! Tatiana pone su culo en pompa a disposición de esa pija ya bien dura para que despacio empiece a penetrarlo.

    Entonces me pongo boca arriba con las piernas bien abiertas apuntando a Tatiana que se mete entre ellas, mientras sentía su boca en mi coño borboteante mientras le daban duro por el culo. No podía más de morbo, lujuria y pasión. Sujetaba su cabeza, mi clítoris quería reventar, desde ahí corrientes de placer surcaban todo mi cuerpo a través de mis venas, subía hasta la cabeza, tras las orejas, mis axilas, mi tripa, mi culo… todo vibraba, me volvía loca y quería seguir sintiendo eso. José decía una y otra vez: “Te gusta que le dé por el culito?“. “Ufff… si, me encanta”. Tenía la pija super dura, se notaba a Tatiana como gozaba, le gustaba que la culearan fuerte, por momentos se olvidaba de mí, solo me quedaba mirando el disfrute de ellos. Es muy muy placentero.

    Entonces propongo un trencito. Vamos, que quería ser culiada yo también, aunque sea con la pijita chiquita de Tatiana. José se sienta en el sillón, enseguida Tatiana sobre él, acomodando su pija con una mano que entro con facilidad en su culo ya dilatado, y yo sobre ella, que a su vez tenía que controlar el ritmo para que esa verga que le culeaba no se le saliera. La sensación fue brutal. Ese empeño que ponía José en penetrarlo era el que me llegaba a mí de rebote para que la pija de ella me entrara hasta el fondo. Yo gemía, me volvía loca… me estaba encantando, Tatiana estaba muy muy salida, estaba disfrutando de lo lindo.

    Me bajé del trencito para tener mejor vista y ver como Tatiana se movía sobre la pija, su cara era un poema, le encanta meterla toda hasta el fondo, tocando todo el fondo. Mete, mete, mete, se la oye gritar, se retuerce, yo espectadora de lujo, toco sus tetas, la beso en la boca diciéndole con una voz muy dulce que vaya culiada te están pegando. “¿te gusta, cariño?”. Claro, claro que me gusta. Pero debo tener cuidado porque cada embestida, le echa tan adelante que temo darme un golpe contra la cara. Así que dejo de besarla para escucharla gritar, gemir y decir lo hijo de puta que es por la manera que la está culeando.

    Hasta que José empieza a gritar y darle cada vez más fuerte, entre gritos y gemidos de ambos, acaba dentro del culo de Tatiana.

    Después de un rato para reponer fuerzas, ella nos propone almorzar algo, el hambre nos estaba consumiendo, llama al delivery que nos traiga sushi, al llegar toco el portero, no podíamos bajar porque todavía seguíamos los tres desnudos, así que tome una bata de ella me la puse y baje sin nada más que eso. Al llegar el ascensor bajaba una pareja mayor y aprovecho a provocar al señor que no me sacaba los ojos de mis tetas que se asomaban.

    Subo con el sushi, entre risas y buen rollo entre los tres, la verdad es que lo estamos pasando muy bien. Volvemos a hablar de todo, esta vez mucho más distendido, entre nosotros ya hay algún tocamiento. Es divertido, muy divertido. Bebemos, bastante José y yo, Tatiana no toma. Nos vamos a la cama mientras ella junta y ordena, estamos solos.

    Comenzamos sin tanto ansia, más tranquilos, pero con mucho morbo le pregunto si le gusto culearse a Tatiana, jajaja. Tumbada, dejando que me comiera la concha de nuevo, Ella llega posa sus manos sobre mi cuerpo. Me acariciaba y yo a ella. Ella le cogía la pija a José y para mi sorpresa y creo que para la de José también, ella fue acercando su boca a mi conchita. Poco a poco José se corre para dejar que ella ponga su lengua en mis labios, mi agujero, juguetona, placiente… Mmmm… ¡me encanta! mientras, me acaricio las tetas me invade de nuevo esa sensación de placer.

    Mi culo le tiene loco, necesita culearlo. Me abandono al placer, hacia donde mi cuerpo me quiera llevar, estoy como borracha de gusto. Puede ser de las copas que me he bebido o por lo caliente que estoy a sentir su lengua, dedos dando vueltas por mis agujeros. Es esa sensación de ir flotando entre nubes, nubes sensacionales que transportan de placer en placer para goce y disfrute de todos mis sentidos. Esta vez pone su pequeña pija dura sobre mi asterisco que sin ningún esfuerzo traspasa para bombear ferozmente, José coloca un par de dedos en mi concha empapada a esa altura, para que rápidamente llegase mi orgasmo y toda la leche de Tatiana caiga sobre mi espalda.

    Me abrazo a José, me meto bajo su brazo para sentir que me abraza después de habernos limpiado y aseado. Ella está al otro lado, le preguntamos si se encuentra bien y nos dice que si, que perfectamente. Le damos las gracias por habérnoslo pasado tan bien. Ella también ha disfrutado mucho. Estamos cansados, la semana pesa y la sesión de sexo ha sido muy intensa. Nos quedamos dormidos, los tres completamente desnudos.

    Cuando nos despertamos de esa pequeña siesta son las 5 y media de la tarde, nos vestimos. Salimos hacia nuestra casa caminando con una nueva experiencia cumplida, mi cuerpo cansado y satisfecho.

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  • Con la recepcionista del salón de masajes

    Con la recepcionista del salón de masajes

    Después de mucho tiempo vuelvo por acá, y revisando mis relatos vi que en uno prometí una historia que nunca llegué a contar. Bueno, ahora vengo a cumplir esa promesa.

    Esta es la historia con la recepcionista del salón de masajes al que fui con mi novia de hace muchos años, Sara. En esa oportunidad, Sara y yo nos hicimos un masaje de pareja, con dos masajistas, tuvimos relaciones con ellos, para luego pasar al sauna y continuar entre nosotros. A mitad de la faena, entró la recepcionista en cuestión, y se unió a nosotros. Luego de todo esto, mi relación con Sara cambió y le pusimos fin a nuestra relación.

    Un día decidí volver al salón de masajes, había tenido un tiempo largo sin tener relaciones, así que estaba bastante caliente y recordé este sitio. Decidí ir para ver si me volvía a atender con Valentina, la masajista que me atendió aquella vez. Pero al llegar y ver a la recepcionista, me obsesioné con ella. Era alta, morena, con un cuerpo hermoso. Esta vez vestía un pequeño top blanco con el logo del local, que apretaba sus hermosas tetas y dejaba ver un ombligo con un piercing. Llevaba un pantalón de lycra muy pegado, que resaltaba una nalgas grandes y redondas. Tenía unas piernas bien trabajadas en el gimnasio. Me dijo que se llamaba Karina.

    -Hola, ¿Qué tal? – saludé.

    -Buenas tardes – me respondió – Bienvenido, ¿Qué servicio desea?

    -Quiero servicio de masaje, pero el completo – dije.

    -Ok, no hay problema – respondió y me dijo el precio. Acepté. – ahora lo llevo donde están las señoritas para que elija.

    -La verdad que ya elegí, me gustaría que tú me atiendas, si es posible – atreví a decir.

    -No, la verdad que yo no tengo permitido atender. Si los jefes se enteran, me despiden – dijo.

    -¿en serio? – dije, poniendo cara de sorprendido, tratando de hacerle recordar lo de nuestro encuentro en el sauna con Sara.

    -Si – dijo entendiendo lo que insinuaba – Lo que pasó esa vez no debió pasar, me ganó la calentura. Lo siento – dijo susurrando para que nadie la oiga.

    -Entiendo – dije triste – entonces me retiro, venía con la intención de atenderme contigo.

    -Pero puede atenderse con alguna de las chicas que están disponibles, no se arrepentirá – dijo, mientras escribía algo en una tarjeta del local.

    -No, gracias -respondí – para otra oportunidad será.

    -Bueno, aquí tiene la tarjeta con los contactos para que pueda reservar en otro momento – dijo con una entonación de complicidad.

    -Gracias – dije mientras me iba.

    Al principio no entendí y salí un poco molesto por no poder estar con esta chica. Pero, ya estando fuera del local, vi bien la tarjeta y tenía un número de celular apuntado, con un pequeño corazón al final. Rápidamente saqué mi celular grabé el número. Me fui a mi casa y una vez en mi cuarto decidí escribir.

    -Hola, me llamo Guillermo, me dieron este número en el salón “xxxxx” – escribí.

    -Si, ¿Cómo estás? Soy Karina, la recepcionista – respondió unos minutos después – Como ya te dije, no puedo hacer nada acá en el local, pero para serte honesta, me gustó lo que pasó esa tarde en el sauna.

    -Ok, a mí también – respondí – entonces, si vamos a otro lado ¿me podrás atender?

    -Bueno, la verdad que, desde esa vez, me quedé con las ganas y no he dejado de pensar en ti. Así que tu dime cuando tienes libre.

    -Ahorita – respondí – en verdad tenía muchas ganas de atenderme contigo. ¿a qué hora sales de trabajar?

    -A las 7, me recoges de la plaza que está cerca al salón ¿ok? – respondió para mi sorpresa.

    -Perfecto, nos vemos a las 7.

    -Y otra cosita… Deja de decir que te atenderás conmigo, lo que yo quiero es coger.

    Aún faltaban unas 3 horas para poder ir a buscarla, así que decidí descansar, dormí una hora para estar descansado. Me bañé, me puse ropa casual, un polo, un jean y el bóxer que siempre usaba en esa época, cada vez que iba a coger. Era un bóxer que hacía notar bastante mi pene. Solo lo usaba para esos primeros encuentros con alguna chica. No era por cábala, si no para mostrar mejor al muchacho.

    Un poco antes de las 7 pm, llegué a la plaza, busqué en mi celular si había otra plaza cerca y no encontré, así que asumí que era esa. Le mandé una foto a Karina alrededor de las 7, para que sepa que ya había llegado. La poca autoestima que tenía en esa época hacía que me ponga nervioso. Pero todo acabó cuando la vi venir. Seguía vestida de la misma manera. Se le veía muy guapa.

    Me bajé del carro para abrirle la puerta, al llegar me dio un beso suave en los labios. Entramos al carro y partimos. Conversamos de cosas triviales mientras manejaba. Había reservado una habitación en un hotel donde acostumbraba ir con Claudia. Al llegar, nos registramos y fuimos a nuestra habitación. Todo el camino desde que la recogí, hasta que entramos a la habitación conversamos. En ningún momento nos besamos aparte del saludo. Apenas entramos a la habitación, Karina volteó, me miró a los ojos y me dio un beso muy apasionado. Esto me calentó muchísimo. Caminamos besándonos hacia el pie de la cama, mis manos recorrían su espalda y las suyas la mía.

    Después de unos minutos, nos separamos, nos miramos fijamente a los ojos sin decir nada. La tomé de la cintura y pude ver que se le marcaban los pezones en el top. La volví a besar y me pegué a ella. Luego le quité el top, sus hermosas tetas quedaron libres, no traía sostén. La volví a besar y comencé a manosear sus tetas, se sentían muy bien, firmes, de buen tamaño y redondas. Ella comenzó a desabrochar mi pantalón. Nos separamos, me quité el polo, el pantalón, las zapatillas y las medias, quedando tan solo en bóxer. Se notaba mi erección debajo del bóxer. Como ya dije, ese bóxer lo marcaba muy bien.

    Ella se bajó el pantalón de lycra y las zapatillas. Solo quedó con un pequeño calzón de encaje negro. Nos quedamos mirando, admirando cada uno el cuerpo del otro.

    Me acerqué a ella, la besé nuevamente, la tomé de las nalgas, esas nalgas grandes, redondas y firmes y la cargué. Seguimos besándonos mientras la cargaba, sus tetas presionadas contra mi pecho. Que bien se sentía. La llevé al borde de la cama y la senté. Al caer sentada, quedó directamente frente a mi pene. Sin perder tiempo, bajó mi bóxer y mi pene, completamente erecto, saltó frente a ella. Lo tomó con una mano y se metió el glande a la boca. Lo lamía, lo succionaba, mientras con una mano me masturbaba suavemente y con la otra sobaba cariñosamente mis testículos. Luego comenzó a meterse mi pene a la boca. Me estaba haciendo una gran mamada.

    No podía creer lo que estaba pasando. La mamada que me estaba dando Karina era espectacular. Yo aprovechaba para, cariñosamente masajearle las tetas y jugar con sus pezones, que ya estaban como piedra. Estuvo unos minutos chupando mi pene de una manera deliciosa. Yo estaba en la gloria, pero después de tanto tiempo de sequía, no me iba a poder contener. La separé de mí, la empujé para que se recueste en la cama, le levanté las nalgas para poder quitarle ese calzón, que era lo único que me impedía de ver su hermosa vagina. Me arrodillé y me acerqué a su vagina, la cual estaba parcialmente depilada, con un pequeño triangulo de vellos en su bajo vientre.

    Primero comencé por oler su vagina, tenía un olor bastante agradable. Luego, abrí sus labios y pasé mi lengua de abajo hacia arriba. Karina se estremeció al sentir mi lengua pasar por su vagina. Comencé a lamerla, jugaba con mi lengua con su clítoris. Comenzó a mojarse bastante. Realmente lo estaba disfrutando. Y yo también.

    -Quiero chupártela de nuevo – me dijo entre suspiros – hagámoslo al mismo tiempo.

    -Ok, pero quiero probar algo – dije – date la vuelta.

    Se dio la vuelta, quedando de cabeza, la tomé de la cintura y con algo de dificultad, la cargué para que quede ella de cabeza, con sus muslos apoyados en mis hombros. Ella, sorprendida, se abrazó a mí, yo rodeé sus muslos con mis brazos y la tomé de las nalgas, apretándolas. Comencé a lamer nuevamente su vagina y Karina se metió rápidamente mi pene a la boca. Comenzamos con un 69 vertical muy ardiente.

    Con la calentura que llevaba, me atreví a abrir sus nalgas y a jugar con su ano. Karina no dijo nada. Se sentía delicioso, intenté estirar mi lengua lo más que pude para llegar a su ano, pero no lo conseguí. Después de unos minutos, la bajé con cuidado y la eché en la cama. Me puse un condón, Me acerqué a ella y la besé. Me acomodé entre sus piernas, coloqué mi pene en la entrada de su chorreante vagina y le froté el glande suavemente, mientras con la otra mano apretaba una de sus nalgas.

    -¡Métemela ya, por favor! Deseo tu verga desde hace mucho – dijo casi gritando.

    -¿Quieres que te clave mi verga? – le susurré al oído.

    -¡si! Ya no aguanto más métemela toda – suplicó.

    Se la metí suavemente, entraba con facilidad por lo mojada que estaba. Karina me tomó de las nalgas y me empujó hacia ella hasta que mis testículos chocaron contra ella. Al ver eso, entendí que a esta chica le gusta duro. comencé con los movimientos, pero esta vez, ya no lo hice suave. La comencé a penetrar bastante fuerte y rápido. Karina gemía como loca. Se notaba que le gustaba el sexo. Estuvimos en esa pose un buen rato. Luego Karina me empujó, se levantó y me tiró a la cama. Se subió encima y de un sentón se volvió a ensartar mi pene hasta el fondo.

    -No sabes lo que te espera – dijo antes de comenzar a moverse – como te voy a coger ahorita ni la putita de tu novia te ha cogido nunca.

    -Ver para creer, preciosa – dije, tratando de provocarla – dame todo lo que tienes.

    -Te voy a dejar sin leche por un mes, cariño – dijo, mientras comenzaba a saltar rápidamente encima de mi pene.

    Se movía delicioso, movía las caderas en todos los sentidos, hacia desaparecer mi pene. Mis manos no perdían tiempo y aprovechaban para amasar ese hermoso par de tetas. Karina seguía encima dando un gran espectáculo. Yo estaba en la gloria, me levanté y la comencé a besar, mientras me apoderaba de sus nalgas. Pero Karina no quería detenerse y comenzó a moverse de atrás para adelante. Si seguíamos así, no iba a aguantar mucho. Me concentré lo más que pude para aguantar un minuto más de esos movimientos.

    Luego de esa magnífica pose, la cargué y la puse en 4 en la cama. Me puse detrás de ella y se la metí de golpe. Comencé a penetrarla rápidamente y comencé dándole suaves nalgadas. como Karina no se quejaba, aumenté la fuerza de las nalgadas. Mientras la embestía, Karina movía sus caderas de arriba abajo. Me encantaba como gemía Karina, era una adicta al sexo. Había estado con varias mujeres antes de ella, pero ninguna tan fogosa como ella.

    -¡Así! Dame más duro. Nalguéame – gritaba ella – quiero que me des lo más duro que puedas.

    -Me encanta que seas tan puta – respondí – si quieres duro, te voy a dar duro. te voy a coger toda la noche hasta que me pidas basta.

    -¡si! Así quiero. Me encantas – dijo, mientras se le aceleraba la respiración – no pares que me corro.

    -Córrete putita – atiné a decir, sin parar de darle duro.

    -¡Ahhh! ¡Que rico! ¡Ahhh! – gritó, alejándose de mí, mientras un gran chorro de su corrida caía en la cama.

    Cayó rendida en la cama, boca abajo, con el culo parado y sus jugos chorreando de su vagina. Me arrodillé apoyándome encima de ella, le abrí las nalgas para jugar con su ano, mientras le metía el pene en la vagina. Escupí en su ano y comencé a meter un dedo. Las embestidas eran cada vez más fuertes y ya tenía la mitad del dedo índice dentro de su ano. Karina se recuperó de la primera corrida, solo para seguir gimiendo. Comencé a jugar con mi dedo dentro de su ano mientras la embestía fuertemente. Esto al parecer le encantaba, porque no paraba de gritar.

    -Maldito, me vas a hacer correr de nuevo – gritó – Córrete conmigo.

    -Ya, putita – dije – prepárate que ya viene.

    -¡si! ¡Rápido! – gritó entrecortadamente -¡Ahhh! – volvió a correrse.

    -Ahí va. ¡Ahhh! – me corrí yo también.

    Caí rendido encima de ella. Después de unos segundos me recosté a su costado, ella se dio vuelta y se recostó en mi pecho abrazándome. Comenzamos a conversar, me contó que tenía varios meses trabajando ahí, pero que nunca había atendido a nadie. Que por más que le gustaba mucho el sexo, no quería hacerlo por dinero. Me contó también que cuando me encontró con Sara en el sauna, había ido a decirnos que ya debíamos salir, pero como nos vio cogiendo tan rico, se quedó mirando y se calentó.

    -Estuve en la puerta un rato, viéndolos y tocándome – dijo – cuando se la metiste por el culo, fue demasiado para mí y me atreví a entrar. La verdad que también quería que me des por el culo.

    -De haber sabido te lo partía en dos – dije – tu culo me tiene loco desde que te vi.

    -A mi también me gustaste cuando te vi – dijo para mi sorpresa – eres mi tipo de hombre físicamente. Y después de coger contigo, me gustas más.

    La conversación me estaba calentando de nuevo y el tenerla recostada en mi pecho, con sus tetas encima mío, hicieron que se me endurezca de nuevo el pene. Karina se dio cuenta y comenzó a sobarlo suavemente. Nos besamos y mis manos comenzaron a frotar todo su cuerpo. Se agachó y se volvió a meter mi pene en la boca. Yo la tomé de las piernas y la subí encima mío para volver a hacer un 69, pero esta vez echados en la cama.

    -Te lo voy a dejar bien mojadito, para que me lo metas en el culo – dijo – ahora cumplirás tu promesa de partírmelo en dos.

    -Entonces déjame mojar y abrirte ese culito – dije.

    Abrí sus hermosas nalgas y pasé mi lengua por su ano, mientras metía suavemente un dedo. Estuvimos en esa pose un buen rato, hasta que dos dedos entraban con bastante facilidad. Su año estaba bastante mojado y abierto, así que Karina se levantó y se puso en 4. Me acomodé detrás de ella y le abrí las nalgas, mientras colocaba la cabeza de mi pene en su entrada. Fui empujando suavemente, hasta que entró la cabeza. Karina respiraba agitadamente. Dejé de empujar para que se acomode. Luego volví a empujar y entró la mitad sin dificultad. comencé a sacarlo y a meterlo suavemente hasta la mitad.

    -Creo que ya la puedes meter toda – dijo – pero despacio.

    Empujé suavemente hasta que choqué contra sus nalgas. Me quedé inmóvil por unos segundos, con todo mi pene dentro de su ano. Luego comencé a moverme, primero despacio hasta que sentí como Karina gemía y su mano se posó en su vagina para masturbarse. Ahí empecé a moverme más rápido. Después de unos minutos, mis movimientos eran bastante rápidos, la nalgueaba fuertemente y Karina se frotaba el clítoris con desesperación.

    Me levanté despacio y puse mis piernas a los lados de su cuerpo, la agarré de la cintura y la comencé a penetrar tan fuerte que Karina tumbó su cabeza contra la cama. Estaba como poseído, dándole muy fuerte y rápido. Su culo apretaba mi pene de una manera deliciosa y no quería parar de reventárselo.

    -Písame la cabeza – dijo la muy puta – siempre quise que me cojan así.

    Coloqué mi pie en su cara y la continué embistiendo fuertemente. Karina ya no gemía, sino que gritaba de placer. Se estaba corriendo. No pare de moverme. Continué un buen rato así, hasta que Karina se volvió a correr y me pidió que parara.

    -La quiero en la concha y que me llenes de leche – me dijo, casi suplicando.

    -¿Quieres que tu concha chorree leche no putita? – dije – me encanta que seas tan zorra.

    La recosté en la cama, puse sus piernas en mis hombros y la jalé al borde de la cama. Así comencé a metérsela fuertemente en la vagina, parado al borde de la cama, con sus piernas en mis hombros. Karina estaba frotándose el clítoris mientras, con la otra mano se apretaba una teta. Ya estaba por venirme, así que aceleré lo más que pude mis movimientos.

    -Ya me voy a venir putita – dije, sin parar de moverme -¿Quieres leche en tu concha?

    -¡si mi amor! Lléname con tu leche – dijo gimiendo – yo también me vengo.

    -Ahí va entonces putita – dije, mientras soltaba toda la leche dentro de ella -¡Ahhh!

    -¡Ah! ¡Que rico! – gritó, corriéndose al mismo tiempo -¡Ahhh!

    Saqué mi pene rápidamente, para ver como mi leche se chorreaba de su vagina, mezclada con su corrida. Me abalancé sobre ella, la besé en la boca, luego pasé a lamer sus tetas. Ella permanecía inmóvil respirando agitadamente. Luego se me ocurrió meter dos dedos en su vagina y la comencé a masturbar muy fuerte. Karina volvió a gemir. La masturbaba con tal fuerza que la levantaba de la cama, me acomodé y metí dos dedos en su ano. Comencé a estimular sus dos orificios, hasta que un gran chorro salió de su vagina y Karina comenzó a convulsionar. Tremenda corrida que estaba teniendo.

    Después de eso, nos recostamos unos minutos, para luego irnos a la ducha. Nos bañamos juntos, mientras nos enjabonábamos mutuamente. Nos besábamos y nos masturbábamos mutuamente. Su vagina se volvió a mojar rápidamente, aunque mi pene demoró en ponerse duro de nuevo. estuvimos buen rato en la ducha, hasta que decidimos salir a seguir con la faena.

    -Mi amor, ahora quiero que te vengas en mi boca para tragarme esa leche deliciosa – me dijo, mientras se echaba en la cama y abría las piernas.

    -Que rica que te ves así toda abierta – dije, mientras mi pene se ponía completamente duro con tremenda vista – te voy a llenar la boca de leche hasta que rebalse.

    Me coloqué encima de ella y la penetré sin compasión. Comencé darle bien duro, como ya sabía que le gustaba. No paraba de penetrarla a gran velocidad, ella gemía fuertemente. Levanté sus piernas y las puse en mis hombros. La seguí embistiendo fuertemente, Karina gemía muy fuerte, mientras yo amasaba sus deliciosas nalgas. Estuvimos así unos minutos. Luego la fui girando, la puse de costado, puse una de sus piernas entre las mías, mientras que la otra la tenía levantada, flexionada y apoyada en mi pecho.

    Después de unos minutos, la terminé de girar y la puse boca abajo, con las piernas juntas, me senté en sus muslos y le abrí las nalgas, para volver a metérsela en la vagina sin compasión. Esta pose me encantaba, porque podía apretar sus nalgas mientras la penetraba con fuerza. estaba dándole muy fuerte y rápido. Karina no paraba de gemir.

    -¡así! Sigue, dame duro puto – gritaba – no pares.

    -Toma, puta – le decía, mientras la embestía fuerte – ¿te gusta que te cojan duro no puta?

    -¡si! ¡me encanta! – gritó – pero ahora quiero cabalgarte, échate.

    Me separé de ella, me recosté en la cama y ella se subió rápidamente. Me comenzó a cabalgar de una manera deliciosa. Se movía realmente muy bien. Me tenía que concentrar muchísimo para no venirme. Des pues de unos minutos en esa pose, se separó de mí y me agarró de las piernas, levantándolas.

    -Ahora te voy a coger yo a ti – dijo, para mi sorpresa – te voy a dominar como a un perro.

    Hizo que levante mis piernas la más que podía, me pidió que las sostenga así levantadas y, sumisamente hice caso. Agarró mi pene y se lo metió en la vagina, para luego comenzar a embestirme. Era como la pose piernas al hombro, pero ella era la que se movía, haciendo como que me embestía, metiéndose mi pene en la vagina. Normalmente, me gusta ser yo el que domina, pero no se sentía nada mal.

    -¿Te gusta cómo te cojo, perro? – decía, mientras se movía rápidamente.

    -Sí, me encanta – me sentía dominado, pero me agradaba – cógeme fuerte, perra.

    -Te voy a dejar seco, maldito – dijo – a partir de ahora, me vas a rogar para que te coja así.

    -Si, mierda, sigue – no pares hasta que te corras, perra de mierda.

    Me había descontrolado un poco y las palabras salían de mi boca, casi sin pensarlas. Karina no lo tomó a mal y siguió haciéndolo muy rico, hasta que comenzó a gemir agitadamente y de golpe, se separó de mí y me tiró un gran chorro en el cuerpo. me sentí como una puta a la que le tiran la corrida en las tetas.

    Después de correrse, se agachó y me comenzó a dar una mamada exquisita, yo seguía con las piernas levantadas y ella sobaba la entrada de mi ano. Se sentía bien. Luego, se sacó la verga de la boca y me comenzó a lamer los testículos, para terminar, dando lengüetazos en mi ano. Todo esto lo hacía mientras me masturbaba rápidamente.

    -Que rico lo haces putita – dije – me vas a hacer venir, trágate toda mi leche, como la perra que eres.

    Se metió mi verga en la boca nuevamente, cuando ya sentía que me venía, la tomé de la nuca y empujé hasta el fondo, metiendo mi verga completamente dentro de su boca, hasta llegar a su garganta. Ahí boté toda mi leche, sentía sus arcadas, pero no hacia ningún esfuerzo por separarse.

    -¡que rica leche! – dijo, una vez que saqué mi verga de su boca – me la has tirado hasta la garganta, puto – dijo, mientras jugaba con mi leche en la boca.

    Se lo tragó toda y se recostó a mi lado. Nos abrazamos y nos quedamos profundamente dormidos.

    Al día siguiente, despertamos tardísimo, ya que estábamos muy cansados después de tremendos polvosos. Al levantarnos, nos besamos y nos manoseamos un poco, hasta que Karina vio la hora. Eran casi las 10am, se levantó asustada y salió corriendo a la ducha. Nos bañamos, besándonos, me dio una mamada espectacular, hasta tragarse mi leche una vez mas y yo la masturbé hasta que se corra lanzando un gran chorro.

    Terminamos de bañarnos y nos fuimos rápidamente a su trabajo. La dejé en la puerta del local, el cual aún no abría. Había varias chicas ahí, esperando, me imaginé que eran las masajistas. Definitivamente, Karina era la más guapa de todas.

    Después de ese día, volví a salir varias veces con Karina. Nunca llegamos a ser novios, pero si, buenos amigos con derechos.

    Fin.

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  • Vacaciones que transforman

    Vacaciones que transforman

    Comienzo de año complejo, entre situaciones personales y temas de trabajo, los primeros meses del año fueron muy estresantes. Tomamos la decisión con mi esposa de hacer un viaje para relajarnos y recuperar energías. También era un buen momento para reacomodar la pareja, ya que los desencuentros se hacían cada vez más grandes. Entre las actividades de los niños y las nuestras, la intimidad de la pareja se veía cada vez más afectada.

    Plan, viajar a una playa paradisíaca, a uno de esos hoteles tipo resort con todo incluido.

    Los niños se quedarían con sus abuelos y nos ausentaríamos 10 días.

    Ya desde la planificación iba subiendo la temperatura, que haríamos con tiempo para estar solos, nos mandábamos mensajes alimentando un poco el fuego y estaba surtiendo efecto ya que nos acercábamos cada vez más en la cama.

    Llego la fecha del viaje, y obviamente la despedida de los niños no fue fácil, pero se quedaron lo mas bien. Para ellos también eran unos días de vacaciones con los abuelos.

    Recuerdo que cuando llegamos al aeropuerto de destino, nos recibió un calor sofocante, la humedad era fuerte, pero al poco rato ya se sentía muy bien.

    El transporte nos llevó al hotel y al llegar, el ambiente era relajado pero a la vez festivo. La gente del hotel muy simpática y servicial. Había varios restaurants, bares y también actividades varias organizadas a lo largo del día para realizar en pareja o solos. El hotel estaba frente e la playa, y tenía una piscina con un borde infinito qué hacía parecer que uno estaba en el mar. Cuando el carro de golf nos llevó a la habitación, nos quedamos con la boca abierta de las vistas. El paisaje era realmente paradisíaco. El mar turquesa con cambios a colores azul intenso y verde esmeralda, la vegetación frondosa y las edificaciones del hotel espectaculares, pero que no interferían en el paisaje general del lugar.

    Antes de ir a la playa y como estreno, nos desnudamos el uno al otro y mirando el mar empezamos a acariciarnos de a poco, sin apuros. Teníamos todo el tiempo del mundo para nosotros. El lugar y el tiempo estaban de nuestro lado. La deje mirando al mar y me puse detrás de ella acariciando su vientre, chato y suave, ese mismo vientre qué hace algunos años atrás nos había regalado a nuestros hermosos hijos. Ese mismo vientre que hoy, entre la brisa y las caricias se ponía con piel de gallina y me llamaba a mas caricias.

    Mientras la acariciaba y le besaba el cuello y la espalda, ella se arqueaba hacia atrás para acariciarme el pelo y la cabeza, ya el mar no importaba, sus ojos estaban cerrados disfrutando del momento. Al tocar su intimidad, ya estaba en clímax, retire mi dedo mayor y estaba empapado. Volví a introducirlo con más ganas y ella se arqueo aún más emitiendo un gemido. La masturbé suavemente, intercambiando mis masajes entre su clítoris y penetrándola suave pero profundamente, acabo en un lapso breve y sus piernas se aflojaron, el cuerpo le tembló, se dio media vuelta y me beso con pasión, hacia mucho que no lo hacíamos.

    Me miró con malicia y comenzó a besarme el pecho sin dejar de mirarme a los ojos. Fue bajando lentamente hasta llegar a ubicarse frente a mi miembro que estaba desde hacía un rato, duro como una roca y apuntando al cielo. Lo tomo con firmeza con sus dos manos y comenzó a lamerlo y a besarlo. Hasta que lo introdujo en su boca con ganas, con un deseo salvaje. Parecía que quería extraer el contenido, siempre me costó bastante acabar cuando me practicaban sexo oral. Acá no duré, mucho. No se si fue el ambiente, la calentura o que, pero en breves minutos me derrame en su boca.

    Algo que nunca habíamos hecho. No solo me vine dentro de su boca, sino que me miro, me mostró el contenido y se lo tragó todo. Me quedé de piedra y mi masculinidad también, tenía una erección aún más dura que antes. La acosté salvajemente en la cama y la penetré lo más profundo y fuerte que pude. La poseí salvajemente, en cada empuje ella gritaba y me pedía más. Sus pechos rebotaban con cada embestida y se corrió varias veces más. Estábamos poseídos por la pasión, fuimos cambiando de posiciones sin bajar la intensidad, ella seguía llegando. Perdí la cuenta de las veces que se vino.

    Y al estar yo a punto de llegar me saco de encima, se arrodillo nuevamente y comenzó a masturbarme y chuparme nuevamente, no estaba reconociendo a mi esposa, pero me encantaba. Me corrí nuevamente pero esta vez volcó el contenido en sus tetas. Y me limpio con su lengua y se chupo cada una de las últimas gotas, hasta dejarme limpio. Y esto en todo sentido.

    Nos dimos una ducha, nos tocamos un poco mas y ella volvió a correrse un par de veces más. Estaba hecha un fuego.

    Nos cambiamos y nos fuimos a la piscina a buscar algo para beber y de ahí a la playa.

    En la playa vimos a varias parejas jugando a algo que no logramos identificar. Nos ubicamos en dos reposeras para tomar sol. Me levanté para ir al mar ya que me encanta hacerlo. Y ella prefirió quedarse. Jugué un rato con el agua y me quede ensimismado con el paisaje. El lugar, el agua, la energía era fantástica. Al darme vuelta hacia la playa la veo a mi esposa hablando con un chico morocho alto, él estaba parado al costado y ella con sus anteojos de sol mirándolo mientras bebía de su vaso. Algo me llamó la atención, ya que parecía que bebía de manera provocativa. Me quedé en el agua observando la escena.

    El chico iba vestido con la gorra del hotel. Pero no llevaba polo distintiva, estaba con el torso desnudo. La conversación se extendió por un rato, los veía reírse y disfrutar de una charla cada vez más distendida y con claros signos de cachondeo. Me quede medio frío de ver a mi esposa en esa situación, ya que nunca fuimos de onda liberal o tal. Pero parecía que se había olvidado que yo estaba cerca. No me agarraron celos, tampoco fue una situación excitante. Estaba presenciando un cortejo, como uno mas de los miles en los que uno participo, lo único es que la que estaba jugando era mi esposa.

    Deje fluir la situación y en un momento mi esposa me señaló y me saludo. El chico también levanto la mano y saludo con una amplia sonrisa. Yo hice un gesto de cabeza como saludo y esboce una media sonrisa. Mi esposa con un gesto de la mano me pidió que me acercara. De mala gana salí del agua y me acerque. Extendí mi mano para saludar al morocho que me saludo con amabilidad y buena onda estrechando mi mano. Mi esposa me lo presentó dándome el nombre y que era uno de los encargados de la organización de actividades del hotel. Ya estábamos anotados en varias. Hablamos un breve instante y el chico le dio un beso a mi esposa, me estrecho la mano y se retiró.

    Mi esposa me comentó algunas cosas de las que el morocho le dijo de las actividades que había en el hotel de día y de noche. Nos dejó una especie de flyer y chequeamos que cosas podíamos hacer de divertidas. En las actividades se veían los nombres de los animadores, en las que mi esposa nos había anotado, en todas el animador era él.

    Decidimos anotarnos en algunas actividades más, por lo menos para el de hoy y el siguiente. Para los demás días después veríamos.

    A media tarde nos acercamos a la piscina, al llegar mi esposa se paró más erguida y con actitud más suelta, hasta diría provocativa. La actividad se trataba de varios juegos dentro de la piscina y los ganadores de cada juego recibían tragos de premio. Nosotros habíamos sacado el paquete completo del hotel, pero muchos de los presentes tenían otro tipo de suscripción. Así que el tema tragos les venía al pelo. La chica que ayudaba al morocho, era una rubia despampanante. Nosotros, a pesar que no necesitáramos los premios, somos muy competitivos. Jugamos todos los juegos a morir. Y ganamos varios de ellos.

    Los otros competidores entre los cuales había grupos de amigos en parejas y algunos chicos y chicas solas, al ver nuestras pulseras, en broma empezaron a decirnos que no valía, que nosotros ya teníamos all inclusive y empezamos a bromear y a reírnos. Traje una ronda de tragos de los premios, los cuales compartimos y de vez en cuando alguno que otro de los que correspondía al régimen que habíamos sacado. Se armo un gran grupo alrededor de la piscina y pudimos intercambiar con varios de los que estaban. La verdad que era un grupo divertido con gente de diferentes edades. Se sumaron a charlar un rato con nosotros los dos animadores.

    La rubia se sentó en mí reposera al lado mío, ya que había lugar y el morocho al lado de mi esposa. Estábamos en una gran ronda. Los que teníamos régimen all inclusive buscábamos bebida y la poníamos en la mesa para compartir. Así estuvimos un buen rato. El morocho nos saludó y se fue diciendo que tenía que preparar actividades para la noche. La rubia se quedó charlando cada vez más cerca mío y mirándome cada vez con más ganas de compartir. Mi esposa se levantó para ir a buscar bebidas, las encargo y la vi que se fue para el lado de los baños. La conversación con la rubia se hizo cada vez más caliente e incluso todo el grupo ya bromeaba para que nos diéramos un beso.

    Sonrisa incomoda, pero ahí caí en la cuenta que mi esposa todavía no había vuelto y ya había pasado un buen rato. La veo llegar justo con una sonrisa saludando al barman que le servía todos los tragos y mi esposa los traía a la mesa. Me pareció verla un poco nerviosa. Pero no di importancia. Mientras, la rubia me invitaba al oído a pasar por el gabinete de masajes después de las 19 qué era la hora que cerraba.

    Llego mi esposa y todos seguimos haciendo chistes y tomando. Comenzamos a hacer juegos más de índole sexual y el ambiente se puso un poco más caliente.

    La rubia se disculpó y se fue avisando que tenía que ir a prepararse para la noche. Al mirar el reloj eran las 18,50. Me guiño un ojo y hizo un saludo general y se fue. Me quede de piedra, no sabía si mi esposa lo había notado. Al darme vuelta esperando la mirada de hielo de mi esposa, la veo que estaba en otra, conversando con los chicos. Espere un rato y me levanté. Sin decir nada me fui en dirección de los baños. Al girar aceleré el paso para ir hasta los gabinetes de masajes. Al llegar, veo que Pepa, la rubia, estaba entrando en uno de los box, la sigo y al entrar se me tira encima desesperada, me baja el sport, corre su bikini y saca su remera quedando con los pechos al aire.

    Si ya mi erección era completa, ahora era dolorosa. Me metió dentro suyo sin mediar palabra, empezó a moverse con maestría. Los movimientos en un principio eran descompasados hasta fuera de coordinación, hasta que poco a poco nos fuimos acomodando. La agarre de su hermoso culo y después de un par de nalgadas, penetre su ano con un dedo. Se volvió loca y acabo en cuestión de segundos. Su excitación era total. Me agarro la pija, se dio media vuelta, la guio hacia su ano y sin mas, me pidió “rompeme el culo, por favor” no me iba a hacer rogar.

    Entré de a poco hasta que estuvo toda adentro, de a poquito fui acelerando el ritmo, ahora el que mandaba era yo, poco a poco la cosa se puso intensa y los dos llegamos al clímax al mismo tiempo. Le dije que me apuraba para llegar con mi esposa lo antes posible así no sospechaba y su respuesta fue “Así me gustan las venganzas”. Me dio un beso y se fue. No entendí en ese momento que había querido decirme. Llegue a la piscina y mi esposa estaba mirando como buscándome un poco enfadada. Me acerque al grupo y me pregunto donde había estado.

    Le dije que había ido al baño y seguía enojada, con lo cual con mi mejor cara de póker le pregunte por que estaba enojada. Entonces me largo que todo el resto del grupo la había empezado a molestar con que no estábamos ni la rubia ni yo. Mi respuesta fue, es lo mismo que yo me hubiese enojado porque te fuiste y el morocho tampoco estaba, se puso toda colorada, empezó a balbucear y se puso a la defensiva, cuando yo lo había largado como algo así nomás, pero algo evidentemente no estaba bien, sin dudas de mi lado, pero evidentemente del suyo tampoco. La mire fijo a los ojos y le pregunté si tenía algo para contarme.

    Me pidió que nos retiráramos de donde estábamos, temblaba y estaba muy nerviosa. Esquivaba mi mirada, hasta que entre lágrimas me confesó qué se había ido a coger con el animador. Que no entendía que le había pasado, pero que le había gustado mucho como la miraba y se sintió alagada y que no pensó. Ya que estábamos para sincerarnos le conté que yo había hecho lo mismo y que me había ido con la rubia y que también me había acostado con ella.

    Los dos nos quedamos callados. Habíamos hecho exactamente lo mismo con una diferencia de pocos minutos. Obviamente ahora entendía el comentario de la rubia. Nos dimos un abrazo y un beso con mucho cariño. Dijimos de procesar lo que había pasado y que después de la cena o en la mañana charlaríamos de la situación. Estuvimos en silencio en la habitación, cada uno en su mundo y cada uno respetando el silencio y el espacio del otro. Fuimos a cenar a uno de los restaurants más tranquilos del hotel y nos volvimos a dormir temprano.

    Nos cruzamos con algunos de los del grupo de la piscina, que iban listos para la fiesta. Nuestros cerebros estaban aún procesando lo que había pasado. Mismo si la rubia era un monumento, el hecho de haberle metido los cuernos a mi esposa, no era nada normal. Y al mismo tiempo enterarme que ella había hecho lo mismo me dejo un poco perplejo. Nos despertamos por la mañana y nos saludamos con un pico. Antes de ir a desayunar decidimos hablar mirando el mar. Tomamos unos mates, lo cual generaba un ambiente de mayor complicidad.

    Obviamente a los dos nos había molestado más la mentira que el hecho en sí. Pero los dos estábamos de acuerdo en que tanto el chico, como la chica, valían la pena para pasar un rato. Decidimos que por este viaje de 10 días cada uno podía hacer lo que quisiese, pero la condición era no mentirnos y no hacer sentir mal al otro. Si alguno de los dos no estaba de acuerdo la respuesta era no.

    Hicimos el amor tiernamente pero con mucha pasión. Y nuevamente mi esposa me sorprendió pidiéndome que le acabe en la boca. Estaba loco, excitado, perdido de placer.

    Nos fuimos a la playa y encontramos al morocho organizando un paseo matutino por la playa. Nos enganchamos y ahí fuimos a caminar por la playa. El grupo de la piscina se ve que hizo una noche larga y todavía seguiría durmiendo ya que no apareció ninguno. Solo un par de las chicas que se sumaron a caminar con nosotros.

    Al volver fuimos a tomar el desayuno y después a guardar un lugar y a meternos en la piscina. Comenzaba el aquagym y para no dejar a la animadora sola nos metimos al agua a hacer el aguante. Detrás se sumaron algunos más a participar y el ambiente se puso un poco más. Se acerco el morocho a donde estábamos nosotros y mi esposa lo ignoró. Entonces le pregunte porque actuaba así si habíamos quedado que estaba todo permitido en estos 10 días. Me dijo que se sentía incomoda que el pensara que estaban haciendo algo a mis espaldas, entonces le dije que lo invitara a tomar algo y que lo dejáramos en claro.

    Y eso hicimos, en breve terminamos los tres en la habitación, yo no entendía como en dos días nos habíamos acostado con extraños y ahora estábamos teniendo un trío en nuestra cama. Algo había cambiado en nuestra cabeza, sobre todo en la de mi esposa que nunca se había atrevido a algo así anteriormente. La desnudamos entre los dos y ella nos desnudó a nosotros. Cuando bajo el short del morocho un miembro no mucho más largo que el mío pero si más ancho asomo por el elástico. Mi esposa se arrodillo ante nosotros y nos hacia una felación casi al mismo tiempo intentando meterse los dos miembros en la boca.

    Masturbando uno y chupando el otro, estábamos en una película porno, de lo mas guarra. No perdía oportunidad para mirarnos y ver si estábamos gozando de como nos chupaba, nos lamia y nos tocaba los huevos y el ano. Sin pedir mucho permiso el chico agarro a mi chica de la cintura la acostó boca abajo en la cama y comenzó a penetrarla, yo me senté delante de ella para que pudiese seguir chupando. Ante cada embestida mi esposa ponía los ojos en blanco y gozaba como loca. Cuando podía me agarraba la pija y se la volvía a meter en la boca. La imagen era super excitante. Metió un dedo en su ano. Mi esposa no es muy amante del sexo anal.

    Sin embargo el chico le dijo al oído, te voy a hacer gozar como ayer, y ella le pidió, “por favor rompeme el culo”. Me quede sorprendido que utilizase el mismo termino que la rubia. Saco la pija de la vagina de mi esposa y lentamente comenzó a penetrarle el culo. Nunca la vi tan perdida. Seguía masturbándome y chupándome pero más como un sentido de obligación que otra cosa. Cuando la empotro y comenzó a moverse, los orgasmos comenzaron a encadenarse uno atrás de otro. Le temblaban las piernas y los ojos se le ponían en blanco. Gozaba una y otra vez.

    Hice una movida un poco más osada y me metí debajo de ella, busque penetrarla por su vagina y logramos una doble penetración, aunque no fue la mejor escena porno, ella siguió gozando. Y ahora me permitía a mi chuparle las hermosas tetas y entre los dos la penetrábamos como podíamos, a veces me movía un poco mas yo, a veces el desde arriba, lo que era inconfundible, era como se sacudían sus piernas con cada oleada de orgasmos. Nunca la vi gozar tanto. Un rato después llegamos los dos.

    Él se retiró, se fue a lavar al baño y se fue raudamente. Nos quedamos un momento más en la cama y nos fuimos a la piscina. Su cara de placer era un poema. Al llegar estaba todo el grupete. El hotel era un hotel solo para adultos, pero la verdad es que no era un hotel con temática hot, pero en dos días nos sentíamos en la mansión de playboy.

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  • Con mi hijo tuvimos el sexo más loco en Japón (1)

    Con mi hijo tuvimos el sexo más loco en Japón (1)

    Mi nombre es Elisabeth, la relación con mi marido no estaba pasando por su mejor momento y pensaba que viajar los dos solos tal vez sería la solución a ese problema. Tenemos un hijo que ya cumplió la mayoría de edad y estaba entusiasmado con nuestro viaje, ya que podría ser libre de sus padres, aunque sea por un tiempo.

    Los pongo en contexto. Con mi marido Pedro, trabajamos en la misma empresa multinacional hace años, nos conocimos ahí, yo un poco más joven que él comencé a trabajar en una oficina contable y Pedro era jefe de producción, se recibió de ingeniero y logró una gerencia, en cambio yo, gracias a mis conocimientos contables fui ascendiendo y lograr buenas inversiones para la empresa, por lo que me hicieron accionista de la misma. No tenemos ningún problema económico, nuestro principal problema siempre fue con el tiempo, nos vemos poco, pocas veces coincidimos en vacaciones y nuestra relación se fue apagando.

    A modo de agradecimiento por un contrato que había logrado, la empresa me propone un viaje de tres semanas a la sede central en Japón, para que tenga una reunión protocolar y amistosa con el presidente de la empresa, me quería conocer en persona y para que disfrute de mi estadía con todo pago durante tres semanas en el mejor hotel de Tokio. Podía llevar a un acompañante, se lo propuse a mi marido, cosa que en apariencias le entusiasmo, sólo tendría que coordinar con su equipo de trabajo los días en los que podría.

    Todo parecía ir bien hasta cuatro días antes de viajar con Pedro, surge un inconveniente y me dice que no puede viajar. Como tantas otras veces volvimos a discutir, me decía que vaya sola o con mi hermana, pero sería algo imposible con tan poca anticipación. Solo me quedaba una alternativa para no ir sola, convencer a mi hijo de acompañarme, cosa que sería muy difícil.

    Mi hijo se llama José Luis, es alto y muy atractivo, está en una edad dónde quiere independizarse o por lo menos que no lo molestemos, así que sería muy difícil de convencer, sólo tenía una idea, tentarlo con algo que le gustaba mucho, el anime y el manga, también la tecnología. Algo tenía a mi favor, sabía que no se llevaba bien con el padre.

    Elisabeth: Luis, ya sabes que tu padre no me quiere acompañar a Japón, sola no voy a ir, quiero que me acompañes. Te lo pido como un favor.

    Luis: No quiero pasar tres semanas aburrido en un lugar tan lejos.

    Elisabeth: No solo voy a conocer al presidente y accionista mayoritario de la empresa, un tal Nakamura Takashi, me quiere premiar por mi carrera. También quiero conocer Japón, iríamos a unos de los mejores hoteles de Japón, el Gora Kadan, en Hakone, a 80km de Tokio cerca del monte Fuji.

    Luis: Aburrido

    Elisabeth: La primera semana es en Hakone, después tenemos que ir a Tokio, no me dijeron dónde, pero creo que en alguna propiedad de Nakamura. En Tokio puedes comprar todo lo que quieras, yo voy a estar ocupada con Nakamura seguramente aburrida

    Luis: ¿voy a poder comprar lo que quiera? ¿voy a poder ir donde quiera?

    Elisabeth: Sí, promesa.

    Luis: Entonces voy a ir a los Yukaku

    Elisabeth: Si. ¿qué es eso?

    Luis: Son casas de placer, jajaja

    Elisabeth: ¿putas?

    Luis: Si, putas, que tiene. ¿esta celosa? yo tendría que ponerme celoso.

    Elisabeth: ¿celoso?

    Luis: claro, ¿no te das cuenta por que te quiere ver Nakamura?

    Elisabeth: ¿Nakamura? ¿Por qué?

    Luis: No te das cuenta que te quiere ver el culo y las tetas.

    Elisabeth: jajaja mi culo y mis tetitas, jajaja. Mira si un multimillonario va a querer ver mi culo, como si no pudiera tener los mejores culos del mundo.

    Luis: Se ve que no conoces a los japoneses. Son depravados sexuales, les gustan las cosas más raras

    Elisabeth: jajaja no creo, seguro que es un viejito que sigue todas las tradiciones. Pero que mejor que conocer como es. No vamos a perder nada

    Luis: Bueno, te acompaño, pero después no te sorprendas si pasa lo que te dije.

    Elisabeth: Voy correr el riesgo, estas cosas se dan pocas veces en la vida, no va a pasar nada malo.

    Aunque no quise darle importancia, me sorprendió que mi hijo me vea como una mujer deseable, aunque sé porque lo dice. Sucedió hace dos años, tenía 38 y nadie me daba más de 29 o 30 años, gracias al deporte y la vida sana. Pero sabía porque mi hijo se había fijado principalmente en mi culo, cinco años antes encontró revolviendo revistas viejas, una en dónde salía yo en la tapa como la adolescente que ganó el concurso del mejor culo del verano, lo había ganado dos años seguidos.

    La revista era de cuando, tenía 18 años y me había presentado en una playa con mis amigas en este tipo de concursos, ahora sería algo inimaginable, pero eran otros tiempos, muchas mujeres actualmente dirán que era un abuso del machismo, que éramos tratadas como objetos, pero nunca me sentía tan empoderada como cuando gané entre tantas mujeres hermosas, en la actualidad llevar oculta la cara por un velo lo ven como empoderamiento, no lo sé tal vez soy vieja, pero prefiero cuando éramos libres de mostrar el culo sin pedir permiso a ningún hombre. Mi hijo en ese momento vio las revistas y por unos días me hacía bromas por mi culo, se reía y me decía culona, pero después se le paso, fueron cosas de chico, pero se ve que esa imagen le quedó grabada.

    Volviendo al tema de Nakamura, tal vez mi hijo estaba en lo cierto y tanta amabilidad no estaba relacionada con mi intelecto sino con mi culo, pero la tentación era muy grande como para rechazar el viaje, total no tenía nada que perder.

    Pasaron unos días y ya estábamos preparados para salir hacia Japón, mi esposo ni disimulaba su alegría de vernos partir en el aeropuerto con una sonrisa de oreja a oreja, seguro que estaba pensando en quedar dos semanas a solas con su amante.

    Llegamos a Japón y nos estaba esperando la señorita Sato Hana en una limusina que nos llevaría al hotel en Hakone. Hana era muy hermosa, como una muñeca de porcelana, muy amable, casi excesivamente amable, no paraba de hacer reverencias y sonreír. Durante todo el viaje no dejó de remarcar la amabilidad de Nakamura, que era el mejor líder del mundo, que estaba ansioso por conocerme y que disfrutemos del hotel, que íbamos a tener todo a nuestra disposición, que ella nos acompañaría y sería nuestra asistente personal.

    También nos dijo que el señor Nakamura nos vería en unos días, pero que no podía especificar que día por un tema de seguridad. No sabía que quería decir con eso de “asistente personal”, pero supuse que es algo que hacen por costumbre en Japón.

    Llegamos al hotel, era una especie de casa tradicional, rodeadas de árboles y cañas de bambú, solo se escuchaba el canto de los pájaros, apenas entramos tomamos conciencia de lo lujoso que era. Hana se nos adelantó y empezó a hablar en japones con la recepcionista, por lo que no llegamos a entender nada, pero por el tono imperativo que usaba, era como si le estuviera dando órdenes a una esclava. Después se nos acercó otra empleada vestida con la misma ropa que la recepcionista, un traje tradicional japones o eso supuse, parecía como una especie de geisha. Nos hace una pequeña reverencia y nos indica que la sigamos, los tres la seguimos en fila por el pasillo y nos dejó en la puerta de la última habitación del pasillo, solo entramos yo, mi hijo y Hana.

    Quedamos sorprendidos por el lujo y el minimalismo de la habitación, grandes espacios y altas paredes, una cama inmensa, una especie de yacusi pegado a un baño y una pared vidriada que asomaba a una especie de pileta de aguas termales. Estábamos sin palabras mirando el vapor que emanaba de las aguas. Sobre la cama había dos batas o por lo menos eso parecía y a su lado unas toallas acomodadas simétricamente.

    Hana llama a mi hijo, con voz suave y en el perfecto español que hablaba, se para delante de él y le empieza a sacar la ropa, no sé porque no me salieron palabras, a Luis tampoco, tal vez era la función de “asistente personal”, lo hacía con total naturalidad, el silencio del momento sólo se interrumpía por algún movimiento del agua termal salpicando sobre las piedras. No pude apartar la vista, no podía parar de ver como desnudaba a mi hijo, aunque la habitación no tenía prendida ninguna luz, el reflejo del sol que entraba por el ventanal se posaba sobre el cuerpo de mi hijo y las manos de Hana que lo desvestían.

    El silencio lo rompió Hana cuando le baja la ropa interior y queda el pene de Luis a pocos centímetros de su cara, se escuchó “Kyodaina penisu”, no tenía idea que había dicho, pero yo hubiera dicho lo mismo. Hacía años que no le veía el pene a mi hijo y me sorprendió igual que a Hana, era gigante, le colgaban como veinte centímetros, con el grosor del brazo de un bebé. Luego lo cubre con la bata y le entrega la toalla. Me llama, no podía negarme, podía ser una falta de respeto a sus tradiciones, solo una excusa, en realidad mi subconsciente quería que me desnude delante de mi hijo.

    Luis miraba desde el otro lado de la cama, sentía una sensación de vergüenza, aunque necesitaba que me viese desnuda, era una necesidad. Hana en pocos segundos me saca toda la ropa, no podía mirar a Luis, pero sabía que me estaba recorriendo con su mirada. Me pone la bata y me da la toalla, después señala las aguas termales y nos dice “disfruten”, toma toda la ropa que nos había sacado y se va de la habitación. Nos dice que volvería en una hora.

    Estábamos los dos en batas, con las toallas en la mano, petrificados, nos miramos y empezamos a reír, creo que por nervios o excitación.

    Elisabeth: ¿ahora que hacemos?

    Luis: Nos metemos en el agua.

    Elisabeth: Así, desnudos, ni loca

    Luis: ¿vergüenza? Jajaja, vamos

    Y así como si nada queda desnudo, se acerca y sin darme tiempo a nada, tira de mi bata y me deja desnuda, pero no quedó ahí la cosa, se pone detrás de mí y me da una palmada en el culo para que me meta a las aguas termales, salgo corriendo y me tiro en esas aguas de un color turquesa, humeantes, a una temperatura que apenas podía soportar.

    Flotando en el agua me sentía vestida, Luis en cambio se acerca caminando lentamente y queda parado en la orilla, parecía orgulloso de mostrar su largo tronco, yo trataba, pero no podía dejar de ver semejante falo, era su madre, así que lo agarro de una pierna y hago que caiga en el agua, tenía que dejar de ver ese pene y esa fue la única forma de conseguirlo.

    Estuvimos aproximadamente media hora flotando, ya era hora de salir del agua, veo a mi hijo que tenía los ojos cerrados y me animo a hacerlo lo más rápido posible, pero abre los ojos cuando hago unos pasos subiendo por unos de sus bordes.

    Luis: Bueno, bueno, bueno, ¡Que lindo culo!, jajaja

    Elisabeth: jajaja no seas pajero, soy tu madre

    Luis-No soy pajero, soy un hombre y tengo ojos, mira cómo me pones

    Se levanta y me muestra lo erecto que tenía el pene, una cosa impresionante, largo, gordo y brilloso. Trato de seguir el juego mostrando normalidad.

    Elisabeth: Dale, si fuera el culo de hace diez años lo entendería, jajaja, pero por este culo

    Con una mano me doy varias palmadas en una de las nalgas

    Luis: No hagas eso que no sé qué puedo hacer, jajaja

    Elisabeth: Mejor me voy a duchar, así te enfrías un poco, que dentro de poco nos va a pasar a buscar Hana.

    Me meto en la ducha para prepararme entes de que nos pase a buscar Hana y bajar un poco la calentura. Me empiezo a duchar y de repente siento que sobre el hombro apoya la mano Luis.

    Elisabeth: Dale, se nos hace tarde, deja

    Luis: Dale, te ayudo, me ayudas y hacemos más rápido.

    Elisabeth: … bueno dale, primero la espalda que no llego y después te enjabono la espalda.

    Si, empezó por la espalda, pero no pasaron ni tres segundos para que empezara a enjabonarme le culo y a buscar el hoyito con el dedo.

    Elisabeth: como sos, pero el dedo no.

    No termino de decir dedo y ya lo tenía dentro, se deslizo con facilidad por el agujero.

    Elisabeth: te dije que no metas el dedo

    Luis: jajaja pero te quiero limpiar bien.

    Elisabeth: Pero no hace falta que me metas el dedo en culo, son todos iguales. Estas muy caliente y así, con esa pija parada, corro peligro, jajaja, ahora lo soluciono y nos terminamos de bañar. Es la única forma de que se te pase la calentura.

    Me doy vuelta y me arrodillo, agarro el pene y me lo meto en la boca, era una cosa impresionante, gigante, caliente como un hierro al rojo vivo, quedaba la mitad afuera de la mi boca, aunque intentaba no me entraba más. De repente.

    Hana: Perdón, ya está preparado el vehículo que los llevará al centro, los espero en el pasillo.

    Cuando me doy cuenta que Hana había entrado y nos estaba viendo, dejo de chupar de inmediato, pero cuando trato de sacar el pene de mi boca, la mano de Luis lo impide y empuja mi cabeza con fuerza, en ese momento eyacula en mi boca con mucha fuerza, puedo sentir como golpean en mi garganta tres chorros de semen, fue con tanta fuerza que me ahoga y me hace alejar la cara de golpe y escupir el semen, todo bajo la mirada de nuestra asistente personal, Hana.

    Con la boca todavía chorreando semen le pido perdón.

    Elisabeth: perdón, Hana, perdón

    Hana: No tengo nada que perdonar, yo estoy a su servicio, no me puede molestar nada de lo que hagan, al contrario, me pone contenta que se encuentren disfrutando de la estadía. Tiene suerte de disfrutar a su hijo. Si en algo los puedo ayudar, estoy a su disposición.

    Elisabeth: Gracias Hana, sólo una cosa, no digas nada.

    Hana: es parte de mi trabajo mantener su privacidad, sería una deshonra para Nakamura no hacerlo. Los espero en el pasillo. Gracias

    Se va hacia al pasillo y nos deja solos, no sé si me daba vergüenza la situación, pero nunca me había sentido tan excitada.

    Elisabeth: está mal lo que hicimos, no se va a repetir, perdón fue mi culpa.

    Luis: jajaja no seas tan dramática, fue solo sexo, estamos a 10mil km de casa, no le tenés que dar explicaciones a nadie y menos pedir perdón. Dale vamos con Hana, vamos a ver con que nos sorprende.

    Elisabeth: es en serio lo que te digo, no te rías, y deja de tocarme el culo,  cómo sos

    Luis: jajaja

    Elisabeth: No dejo de pensar en Hana, me vio chuparte la verga, es una locura, me da vergüenza

    Luis: No pasa nada, seguro que le gustó, ya te dije que los japones son los más depravados del planeta, ya vas a ver cuando vuelva.

    Nos vestimos y salimos al pasillo al encuentro de Hana, nos esperaba con una sonrisa, nos dijo que la siguiéramos y nos acompaña hasta las afueras del hotel dónde había un auto esperándonos, ahí Hana nos dice que un chofer estaría a nuestra disposición y que primero nos llevaría a comer un Kaiseki Riory, después nos dimos cuenta que es un típico restaurante japones de alta cocina.

    Fue una comida exquisita, algo fascinante, estábamos casados y volvimos al hotel dónde nos espera Hana, no quisimos recorrer nada ese día, sólo descansar. Hana nos acompañó a nuestra habitación y nos dijo que al otro día ella se reuniría con Nakamura y nos recomendó algunos lugares para conocer en Tokio.

    Apenas entramos a la habitación Luis se saco la ropa y quedo desnudo, lo miro, pero no le digo nada, trato de ignorarlo, pensaba que sería mejor tomar como alga natural su desnudez, no pensar en ello. En cambio, voy a al baño y me cambio, me pongo un pijama de voy a la cama donde estaba mi hijo acostado boca arriba con la verga erecta.

    Elisabeth: Luis, tapa eso o entra al baño y pajeate.

    Luis: dale, me podés ayudar

    Elisabeth: ya te dije hoy que era la ultima vez, que esta mal lo que hicimos, no seas pesado

    Luis: pero no puedo dormir así, sino déjame tocarte el culo y me pajeo.

    Elisabeth: ya te dije que el culo no

    Luis: bueno, entonces voy a estar toda la noche así.

    Elisabeth: Que pesado que sos, ufff, dale te la chupo y después te dormís.

    Ya sé, no me pude resistir, en el fondo soy una puta, se la chupe uno o dos minutos y me volvió a llenar la boca de semen, solo me quedó actuar un rato de ayuda terapéutica, pero ese pene me dejó más caliente que antes de chuparlo, por suerte causo un efecto de somnífero en mi hijo y durmió toda la noche.

    A la mañana siguiente golpea a nuestra puerta una de las asistentes de Hana para avisarnos que Hana llegaría más tarde que fuéramos a recorrer Tokio a dónde quisiéramos, que le indiquemos al chofer que nos lleve. Se me ocurre dejar que Luis decida a mí en realidad me daba lo mismo. Cuando le digo a Luis, me dice.

    Luis: vamos a Kabukicho

    No tenía idea que significaba, pero le hago caso a mi hijo. El chofer nos deja a una cuadra de lo que suponía una calle llena de negocios que no llegaba a distinguir, cuando nos acercamos me doy cuenta dónde estábamos, aunque casi todo estaba en japones, las publicidades decían todo, era un barrio porno. Mi hijo me toma de la mano y me guía a un local, en dónde las imágenes eran de mujeres vestidas de escolares y cuanto más entramos más denudas estaban.

    Llegamos a una puerta roja y Luis acerca su tarjeta de crédito a un aparato y alguien abre la puerta, entramos a un pasillo oscuro y luego una habitación dónde habían cerca de veinte personas teniendo sexo, como fondo a ese espectáculo se exhibían películas porno, pero no eran normales, eran muy fuertes, del tipo que nunca había visto, mujeres meadas por hombres, hombres cagados por mujeres y comiendo sus cagadas, sentí mucho asco, pero no podía alejar la mirada. No pude aguantar más de unos minutos, lo tomo a Luis del brazo y lo saco del local. Salí agitada, casi asustada.

    Elisabeth: ¿Qué era esa locura?

    Luis: jajaja qué te dije de los japoneses, ahora me crees

    Después fuimos a comer, pero no en un restaurante común sino a uno dónde se comen culos, algo increíble, lleno de hombres de negocio haciendo filas para comer culos que asomaban por unos agujeros en la pared, no podía creer lo que estaba viendo, cuando me doy cuenta Luis ya estaba haciendo fila para comer un culo, no pude hacer nada más que mirar como lo chupaba mientras hundía su cara en uno de esos culos.

    Volvimos al hotel y nos esperaba Hana, solo nos pregunta si nos habíamos divertido y que al otro día almorzaríamos con Nakamura. Terminamos cansados después del largo y extraño día. Otra vez se repitió la escena con Luis y ya casi como rutina le vuelvo a chupar la verga, esta vez fue a cambio de que no me chupe el culo, cosa con la que insistió varias veces y aunque me hubiese gustado no podía caer tan bajo.

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  • Reforzamos amistad

    Reforzamos amistad

    Estaba ahí disfrutando la noche en la boda de mi prima, ya había tomado varios tragos así que el calor de mi cuerpo comenzaba a notarse, mi periodo tenía poco que se había ido y yo me sentía caliente por dentro, como un fuego que se hacía en mi pecho y recorría todas mis venas (las mujeres me entenderán).

    Pasaba el tiempo, entro a WhatsApp y tenía mensajes de Omar y José en un grupo que era solo de nosotros, se llamaba trío de tres jaja.

    Omar: ¡ey! ¿En dónde estás? ¡Vamos a divertirnos un rato!

    José: si María anímate, estamos en la casa de Omar haciendo un gallito.

    Yo: veré cómo me escapo de aquí, ¡estén atentos!

    Rápidamente les dije a mis papás que ya me iría porque comenzaba a sentirme un poco mareada y así sin más me fui a “mi casa”.

    Les mandé un mensaje a Omar y José pidiéndoles que pasaran por mí, ya que dejaría mi coche por que estaba algo tomada. Pasaron algunos minutos y tocaron el timbre, yo ya me había cambiado de ropa, me puse una minifalda de mezclilla con una tanguita super pequeña, una blusa, un poco transparente que marcaba mis pezones, ya que no llevaba brasier.

    Salí y ahí estaba José esperándome, abrió la puerta del coche, yo subí en el asiento de atrás y él se fue conmigo, mientras Omar manejaba, José comenzó a besarme, a apretarme los pezones, tocaba mi entrepierna, comenzó a subir un poco más, y un poco más la mano, hasta que sus dedos tocaron la rajita de mi conchita, como ya les había mencionado, yo estaba súper caliente desde antes.

    Entonces cuando él se decidió a meter su dedo en mi sexo, yo ya estaba súper mojada, me besaba delicioso, me tocaba hasta que decidió subirme encima de él se bajó el pantalón, el bóxer me hizo un lado la tanga y se dispuso a meter su enorme verga en mi conchita, yo no estaba aguantando, tanta excitación, y sin querer tuve un orgasmo, era delicioso, escuchar la respiración acelerada de José y ver cómo Omar sólo se tocaba por encima del pantalón, viendo por el retrovisor, ha sido de las ocasiones más inolvidables que tuvimos los tres.

    Llegamos por fin a nuestro destino que era la casa de Omar, era un lugar un poco oscuro, él siempre mantenía las luces apagadas, solamente se notaba un ligero rayo de luz, que venía de la lámpara de la calle ahí me bajó del coche, me tomó de la cintura, me subió la falda, me hizo la tanga a un lado, me recargó al coche y me penetró tan deliciosamente que yo no dejaba de gemir como una puta, estaba un poco nerviosa, porque a pesar de qué estaba oscuro.

    Estábamos afuera de la casa de Omar, no había algo que nos cubriera, creo que eso nos excitaba un poco más, mientras Omar y yo disfrutábamos, José, se disponía a cuidar un poco que nadie nos viera, y justo cuando Omar estaba a punto de terminar, José, nos hace una seña que mejor entráramos.

    Los dos comenzaron a besarme, mientras José me lamía las tetas, Omar abría mis nalgas y pasaba su lengua por mi culo, estaba muy excitada por todo lo que me estaba haciendo sentir ese par de machos. Nunca había pensado que esa experiencia la íbamos a repetir y menos de esas maneras tan excitantes.

    Omar seguía lamiendo mi culo y comenzaba a introducir uno de sus dedos en él, despacio y poco a poco comenzó a dilatar, entonces se paró, y ahí los tres de pie me levantaron una pierna y Omar comenzó a meter su verga por mi culo, yo grite un poco por el dolor que me causó, pero poco a poco comencé a acostumbrarme a su tamaño, ya cuando estaba entrando sin problema José parado frente a mí también comenzó a meterme su verga por mi conchita.

    Omar me besaba la espalda y José besaba, mis tetas, mordía mis pezones, acariciaban mis nalgas, sin duda la estaba pasando increíble.

    Seguimos en esa posición por algunos minutos hasta que nos fuimos al sofá, ahí Omar se sentó, yo lo monté y José me penetraba por atrás. Debo confesar que me sentía una completa puta, pero me gustaba sentirme deseada por dos hombres, me gustaba que me compartieran y me gustaba sentirme dominada.

    Se quitaron los condones y me pidieron que los chupara hasta que se vinieran en mi boca y así fue me di a la tarea de que se fueran tan satisfechos como yo, terminaron en mi boca, pero de tanto semen no pude tragármelo todo así que escurría por todo mi cuello y mi pecho. Me fui a dar una ducha rápidamente y regresé con ellos.

    Estuvimos tomando y fumando nuestro gallito, en ratos se turnaban para tenerme encima de ellos y poder meter la mano donde quisieran, toda la noche fui su puta.

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  • Mi relación con Eusebio (1)

    Mi relación con Eusebio (1)

    Veo a Eusebio acercarse a mí por detrás. El espejo del baño está ligeramente cubierto de vapor humeante; un par de lagrimones descienden en un surco parejo desde la yema de mi dedo hacia el borde niquelado del espejo, que me muestra la figura del novio de mi hermana cuando coloca sus manos en mis hombros.

    Besa mi nuca y yo me estremezco. Aprieta sus labios abiertos sobre mi carne húmeda. Dejo caer mi cabeza hacia atrás y noto el suave mordisco de sus dientes sobre mi hombros. Noto su miembro virilizarse contra mis glúteos. Y la punzada de la excitación recorre mis testículos. Mi miembro se mueve de manera autónoma y comienza a erguirse, a pesar de su arco lateral, sobre mi muslo derecho.

    —Van a tardar…, podemos hacerlo ahora.

    Marta y Susi salieron por la tarde. Es época de las odiosas rebajas de navidades y, como cada tarde desde principios de diciembre, han salido a la caza de obsequios. No regresarán hasta la noche, cargadas de bolsas y excitadas por las compras. Eusebio y yo nos quedamos en la casa. Cuando regresen estaremos sentados frente al televisor, viendo la retransmisión del partido de Liga, como las otras veces. Ahora me pregunto por qué hemos tardado tanto en descubrir esto; en el tiempo desperdiciado, las ocasiones perdidas…

    Mientras Eusebio me acaricia la espalda y pasa a toquetear mis pezones, me vuelve a la memoria la conversación… y la primera vez. El espejo ha recobrado su brillo y nos refleja. Eusebio acaricia y aprieta alternativamente mis pezones rodeados de vello. Su polla está dura y tiesa sobre mi culo.

    La mañana en que Pepita las invitó al partido de tenis en Las Rozas yo estaba limpiando el acuario. Eusebio volvió de la piscina. «Nunca he tenido peces», «Son seres raros…, mudos, fríos». Yo le expliqué que mis padres siempre habían tenido acuario, así que me gustaban. «Me recuerdan las historias de sirenas», arguyó, «esos seres blandos y escurridizos».

    Me eché a reír. «Hombre…, no hay que tocarlos». «No me gusta ese tacto», remachó. «¿Y, todo lo… blando y escurridizo te desagrada?», bromeé. Se quedó quieto, tieso, mirando los acuáticos e incesantes paseos de los peces anaranjados y azulados. «Te pillé…», reí. «Menos mal —añadí en tono de chanza—, si no…, pobre Susi» (Susi es mi hermana mayor). «¿De verdad tienes repulsión?». «De verdad, te lo juro, Nicolás; me repugna esa piel resbaladiza…». «Desde niño», concluyó.

    Terminé de limpiar y le invité a un scotch. Nos sentamos en el solárium. El sol de la mañana de invierno era una bendición. Estuvimos intercambiando anécdotas del trabajo. Eusebio trabajaba para la compañía de su padre; ostentaba el cargo de CEO. Me confesó que tenía los nervios destrozados: sobrecarga de trabajo, competencia desleal de las compañías norteamericanas y chinas. Vació el vaso y se quedó silencioso, mirando los cactus del invernadero. Traté de desviar el tema. «¿Otro trago?». Le volví a poner; esta vez, un poco más: parecía necesitarlo. Cuando se lo llevó a los labios recordé que mi hermana me dijo una vez que Eusebio no solía beber.

    «Nunca debí aceptar el puesto». Me miró con languidez. «No me gusta», volvió a beber: «Yo soy psicólogo, no ejecutivo; pero mi padre…, le conoces —tragó de golpe todo el líquido dorado—, no paró hasta que le dije que estaba de acuerdo. Se quedó con el vaso entre las manos y la mirada triste y vacía. Bebí mi vaso, me levanté y me acerqué al butacón de flores donde estaba sentado.

    «No te pongas así; todo se arreglará», sonreí tratando de animarlo, hice un amago de risa que se quedó en un ruidito incalificable. Eusebio seguía meditabundo. Le puse una mano en el hombro. Él levantó la vista, me miró a los ojos; los suyos pasaban de uno a otro de los míos. Me percaté por primera vez de que eran de color azul claro. Puso su mano sobre la mía. Estaba caliente. Hice un gesto para liberarla de debajo de su palma, pero él la retuvo. Los segundos se extendieron. Yo no quería parecer despreciativo y la volví a relajar, entonces Eusebio apretó la suya sin dejar de mirarme. Una inquietud me recorrió.

    «Gracias, Nicolás…, perdona», susurró. «De nada, para eso estamos. Ya conoces el dicho: un día por ti, y otro por mí». A modo de chiste concluí: «Sabes, tienes razón: el tacto de los peces es repulsivo: frío, blando y resbaladizo, ja,ja,ja».

    Esa fue la primera vez en que Eusebio ocupaba mis pensamientos. Cuando volvieron las chicas y departíamos en la cena, no dejaba de pensar en sus palabras, y en la extraña situación. «Creo que se le había subido el whisky», me dije. Pero en su comentario sobre la piel de los peces había algún mensaje oculto, quizá intangible, indefinido, me dije con cierta inquietud.

    Dos semanas más tarde, Marta quedó en comer con Susi y Eusebio en la casa de ellos. Marta, mi mujer, era la amiga más querida de mi hermana. Se conocían desde el colegio mayor y mantenían una estrecha amistad desde antes de conocernos ella y yo. Junto con Pepita, eran conocidas como las “Lázaro”, sin que ninguna supiera ya la razón; y seguramente nadie recordaba la causa del mote; aunque yo siempre sospeché que era algo relacionado con sus creencias religiosas. Eran las cosas de aquella burguesía madrileña rancia, que se convirtió, por derecho matrimonial, en mi terreno cotidiano y pasto para el negocio que llevaba junto a Otón, el marido de Pepita: una hermosa olla endogámica propia de los episodios del tardo feudalismo y el renacimiento adriático, como sé ahora.

    Llamó Eusebio. Me invitó para un partido de tenis antes de la comida.

    La pista del club San Roque estaba vacía a aquella hora. El cielo estaba nublado y el frío de octubre soplaba en forma de una brisa molesta. Cuando empezamos el set una ligera lluvia comenzó a caer. Eusebio me preguntó si quería continuar. Le respondí que, por supuesto. Cuando fui a responder a uno de sus fuertes saques resbalé y me desestabilicé, cayendo sobre la pista. El dolor de la contusión me hizo abandonar la idea de continuar el juego.

    Una vez en a cubierto en el vestuario Eusebio me hizo sentar para examinar el golpe. La rodilla comenzaba a hincharse. «Después de la ducha te daré un masaje», me dijo.

    Al salir me dolía más. «Túmbate», me dijo señalando el banco frente a las taquillas. Abrió la suya y extrajo un frasco de algún linimento con el que me frotó delicadamente la rodilla. «Estás tenso, Nicolás. Date la vuelta». Extrajo otro frasco aceitoso. «Estoy bien, de verdad…, no hace falta». Me acosté boca abajo y Eusebio me hizo un masaje rotatorio desde el cuello al sacro. Lo hacía como un profesional. Inopinadamente tiró de la toalla que me cubría y quedé desnudo completamente por detrás.

    Sus manos masajearon mis nalgas. Me ruboricé hasta las orejas. Me giré: «Ya estoy relajado, no te preocupes». Él estaba sentado a mi lado y apretaba la carne de mis glúteos. Eusebio pasaba los dedos y palmoteaba la cara interior de mis muslos. Era un masaje suave y me aliviaba los músculos. Cuando iba a volver la cabeza sentí un estremecimiento al ver el elevado bulto blanco entre sus piernas: bajo la toalla sobresalía un montículo claramente identificable. Su sexo estaba erecto.

    Volví a apoyar disimuladamente la cabeza sobre los hombros. Pero sus manos habían ocasionado sobre mi cuerpo una respuesta idéntica. Noté cómo mi polla se iba hinchando contra los listones de madera del banco. Me quedé atónito. Nunca me había ocurrido algo parecido. Mi miembro se había endurecido por efecto de los toques de otro hombre; además, el novio de mi hermana.

    Eusebio continuó unos minutos más y terminó con un par de palmadas amistosas sobre mi culo.

    «Gracias», le dije. «¿Estás mejor?». Asentí, me volví a cubrir con la toalla y esperé a que se levantase para voltearme, con el fin de que no se diera cuenta del crecimiento de mi órgano sexual. Luego fui hacia mi taquilla y me quité la toalla. Mi polla estaba enhiesta. Cogí mi slip y cuando estaba subiéndolo se me cortó la respiración: vi mi reflejo en uno de los espejos de los lavabos. Eusebio estaba quieto en una diagonal que le permitía observarme, con mi verga tiesa.

    «Ah, no te preocupes», dijo a modo de disculpa y de modo tranquilizador. «No pasa nada, hombre». Yo debía estar visiblemente ruborizado. El dejó caer la toalla. Su falo se balanceó en el aire. Se echó a reír. «Ya veo que nunca te había pasado». Negué con la cabeza nerviosamente. Me hizo un guiño y afirmó: «A mí, sí». Nos vestimos y regresamos a su casa en completo silencio.

    Dos semanas después habíamos quedado con ellos para devolverles la invitación. Acabada la sobremesa, Susi y Marta fueron al salón para hacer su siesta. Nosotros dos fuimos a dar un paseo para quemar calorías.

    El camino estaba desierto. A los pocos minutos Eusebio dijo: «Oye, el otro día… Bueno, ya sabes: no fue intencionado. Siento que lo pasaras mal». «Está bien», repliqué y reí de manera confusamente tranquilizadora.

    Continuamos hasta llegar al puente sobre el río. Nos paramos sobre el puente mirando el crecido riachuelo, apoyados en la barandilla de postes de madera.

    «La sexualidad es algo misterioso, sabes. No la dominamos, ¿no te parece?» Eusebio hizo una pausa mirando los circulitos de oxígeno que emergían un instante en la película acuosa, para desaparecer al instante.

    «El sexo es espontáneo, como lo es la pasión, y no obedece a reglas de moralidad. Un cuerpo desnudo desata la excitación. Es la visión del sexo, de los genitales lo que incita la aparición libre de la libido. Provoca una reacción de…». Interrumpí: «De deseo…, de deseo», confirmé. «Es como el calor irrefrenable de la lujuria, que se apodera de nosotros cuando vemos hacer el amor a otros. ¿También te ocurre?». Eusebio asintió y volvimos a quedar callados, mirando hacia el curso sereno del río.

    Luego, mi cuñado me miró a los ojos: «¿Tú, lo has hecho?». Le devolví una mirada interrogativa. Eusebio aclaré: «Voyerismo ¿Has sido espectador viendo cómo otros follaban delante de ti? ¿Has participado?». «No, directamente, no. Me refería —le aclaro —en películas de sexo, pornográficas». «Me ha pasado —proseguí, presa de una locuacidad que respondía a la combustión interior— que también me ha resultado placentero ver los genitales de los actores, igual que el de las actrices; de cualquiera de ellos, no sólo de las mujeres. Quiero decir que…».

    Eusebio me sujetó el antebrazo. «Sí, a mí me pasa, también me pone ver el sexo de los hombres». Se echó a reír. «Bueno, pues, igual que…como el otro día». Yo le miré directamente, ya sin rebozo ninguno: «Eso quería decir». Nos quedamos en silencio otra vez. Después reanudamos el paseo. Entramos en el bosquecillo del llamado Prado del obispo y nos sentamos en unas rocas, bajo las encinas frondosas. Eusebio bebió unos largos tragos de su cantimplora y me la pasó. Se notaba el calor y la fatiga del camino.

    «Como en las pelis…». Eusebio reinició la charla. Lo miré sin entender. «Me puse cachondo al vértela», se rio sonoramente. Bueno —se corrigió— antes…, cuando te quité la toalla y vi tu culo». Bajó la cabeza. «Lo siento, no pude evitarlo. Tenía ganas de verte totalmente desnudo». Me reí de buena gana. «Sólo por detrás ». Me empujó con el codo. «Cuando lo pensé ya se me puso morcillona. Oye, ¿tú te empalmaste antes o entonces?». «Entonces; fue entonces». «A mí —continuó— ya me había pasado. La primera vez me resultó embarazoso; después entendí, cómo dijimos, que el sexo no tenía más reglas que ser placentero…, con uno mismo o con quien sea, mujer u hombre, mientras ambos lo deseen por igual, libremente».

    Otro silencio.

    «¿Te enfadaste?», inquirió

    Negué. Tras unos segundos, añadí: «Me gustó». «El masaje?» «No…, todo». Decidí hablar claro cuando noté que la conversación estaba despertando mi lubricidad nuevamente, el deseo dormido, inconfesado. «Te vi mirándome el sexo, y eso me puso más caliente». Un pequeño lapso: «Y también ver la tuya». «¿Nunca has tocado otra?». «No —dije—¿tú, sí?». Sí, un par de veces. Bebimos de nuevo y callamos otra vez.

    La conversación había hecho que mi polla se irguiese; tenía el miembro duro, apretado contra mi muslo y la tela de las bermudas. Todavía no sé cómo llegamos a aquello, pero me dejé ir con una electricidad recorriendo mi estómago. Me entraron unas ganas incontrolables.

    «¿Quieres cogérmela?» Eusebio respondió con una pregunta: «¿Te apetece que lo haga?». Asentí. Él llevó su mano a mi entrepierna y deslizó los dedos por todo mi mango; la agarró con firmeza. «La tienes grande y dura». Miré a mi alrededor. Completa soledad. Me bajé la cremallera y saqué con dificultad la tranca. Eusebio miraba con ojos brillantes. Mi falo estaba enrojecido. El capullo completamente descapullado.

    Me la cogió por el glande y lo acarició. Sentí un chisporroteo placentero. Las yemas de sus dedos conocían los lugares, los puntos, la presión necesaria, el toque suave, los giros, la caricia en el borde violáceo de la corona del glande, la rotación precisa, el roce en el frenillo, los microsegundos entre pase y pase. Mis latidos estaban acelerados y tuve que jadear. No sé por qué razón quería contener mis jadeos (con Marta o con otra mujer no hubiera tenido ese punto de… ¿vergüenza?). Eusebio bajó y comenzó a masturbarme. La piel del prepucio aparecía y desaparecía en su puño. Mi verga estaba muy dura, pero sus dedos parecían seda corriendo por mi carne tiesa. Ya empezaba a notar que llegaba al clímax… Él, también.

    «No, espera, egoísta », me dijo, apartando los dedos de mi pene. Se sacó la suya. Larga y venosa, con su glande colorado; tenía cubiertos los pequeños labios verticales del glande de transparente flujo: una gota resbaló y otra apareció dando aspecto lustroso al capullo. «¿Te atreves a tocarla?» Yo estaba encendido. Sentía unas ganas locas de apropiarme de aquella polla entre mis dedos. Se la cogí. Estaba calentísima, tan dura y tiesa como la mía. La apreté y Eusebio gimió, casi con dolor. «Suave», pidió. Un segundo después: «Despacio: manipula el glande… así, de abajo arriba…juega con la piel», gimió, pero ya de placer. «Eso es… uhmmm, así, lento, lennnto».

    El fluido preeyaculatorio resbalaba, húmedo y caliente, inodoro, por el agujero del glande, y llenaba mis dedos. Yo recorría con él toda la longitud dura del mástil erecto. Eusebio jadeaba. Empecé a notar los latidos en el cilindro duro, el comienzo de los espasmos. Eusebio dio un empujón en el aire con la cintura, seguido de varios movimientos copulatorios. Yo manejaba el miembro con energía, rápido, lo pajeaba como si fuera el mío hasta que un chorro en arco, blanco y espeso salió disparado desde su meato hacia arriba; fue seguido de cuatro o cinco manguerazos de semen más, mientras Eusebio iba quedando laxo y un sonido ronco y leve salía por su boca.

    La leche iba vaciándose cada vez con menos fuerza, con espasmos más separados entre sí. La parte superior de mi puño estaba completamente cubierta de esperma espeso y éste sí, oloroso. Nunca había experimentado algo así. El olor y lo grumoso de la leche de Eusebio eran similares a los míos propios. La leche estaba caliente, y había mojado todo el pantalón, hasta el vello de su pubis. Me percaté de que algunos grumos habían salpicado mi polo y que también sobre el vello de su muslo había dos grandes salpicones.

    Eusebio recuperó la respiración normal. Yo estaba excitadísimo. Me había bajado completamente el pantaloncito y me agarraba la polla con una mano. Veía mis testículos hinchados, peludos y los acariciaba jugando con las bolas apretadas contra el escroto. Verme a mí mismo manipulando mis genitales siempre me hacía hecho arder de deseo. «¿Me dejas a mí?» Eusebio estaba arrodillado a mi lado, observando mis juegos sexuales. Retiré mis manos. El falo permaneció tieso, erguido, con la piel roja y el capullo morado.

    Los dedos de Eusebio recogieron en su mano mis pelotas y las acarició con la maestría de quien conoce la delicadeza que requieren los huevos masculinos. Y entonces…

    Llevó su boca a mí miembro y lo besó, lo lamió varias veces, con pases lentos y precisos. Mi polla se movía con golpecitos cortos, en el aire, frente a su boca, ante su mirada. Entonces se la metió dentro y empezó a chuparla con una delicadeza que Marta nunca había tenido. Su boca se hundía en el mástil y volvía a subir. Un reguero de saliva resbalaba hacia mis cojones. Tuve que cerrar los ojos mientras me estremecía de placer y jadeaba intensamente. «Así», decía Eusebio, relamiéndose los labios con gotas de saliva en ellos. «¿Quieres más…, otra vez?» Respondí con un gemido y llevando mis manos a su cabeza; la empujé hacía mi verga. «Te gusta, ¿verdad? Nunca te habían hecho una mamada igual».

    Eusebio se inclinó y empezó a hacerme una fellatio completa, rápida, casi furiosa hasta que descargué potentes golpes de leche en su boca. Él succionaba, apretando mi carne entre su paladar y su lengua. Me corrí intensamente y estaba sudoroso. El seguía con mi órgano en la boca. Cuando terminé de eyacular soltó la verga ya más floja y expulsó mi leche a un lado. Había tenido un orgasmo intenso y potente: dejó salir de boca una gran cantidad de semen. Unos pequeños chorritos quedaban en la superficie de sus labios, pero esta vez los recogió y los tragó.

    «¿Tenias ganas de que te lo hiciera, eh?» «Tú también», respondí. Nos quedamos callados, como ausentes. Hasta que reaccioné y le dije «Tenemos que volver, las chicas están esperando». Le miré y le pregunté: «¿Tú? crees que… notarán algo?» Eusebio se subió los pantalones y se guardó el miembro ya en total flacidez (no sé porqué, pero me pareció muy atractivo así, pequeño y cansado, casi sentía ternura por aquel sexo que había tenido entre mis dedos erguido, duro, tenso y deseoso de descargar su viscosidad en mi mano…, o quizá mejor, otro día, en la cavidad succionadora de mi boca; yo sabía ahora que con unas pocas caricias, volvería a empinársele y descargaría gustosamente el esperma que le quedaba en los genitales).

    Con una carcajada respondió: «Si te limpias mi lechada, no».

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  • Con mi hijo tuvimos el sexo más loco en Japón (2)

    Con mi hijo tuvimos el sexo más loco en Japón (2)

    A la mañana siguiente nos vuelve a buscar Hana y nos iba a acompañar a la casa de Nakamura para almorzar con él, ella sería nuestra asistente y traductora.

    Llegamos a una casa gigante, tradicional toda de madera, fuimos vestidos con una ropa tradicional que nos trajo Hana, allí nos esperaba Nakamura, rodeado de sirvientes que lo asistían en cada movimiento, era muy amable y no dejaba de mirarme. Almorzamos un manjar como nunca había probado, me interrogó brevemente, preguntas de cortesía, hasta que se para y nos pide disculpas que sigamos sin él, que disfrutemos de la comida y nos adelantó que Hana me propondría algo que si yo aceptara lo complacería.

    Terminamos de comer y recorrimos su casa, que parecía un museo interminable, hasta que regresamos al hotel, Hana no nos quiso adelantar nada, dijo que no podía decirnos.

    Ya en la habitación del hotel Hana nos comenta que regresaría en dos horas, mientras tanto quedamos mirando un programa de TV algo raro y ridículo, como muchas otras cosas de Japón.

    Luego de dos horas regresa Hana y entra en nuestra habitación con la propuesta de Nakamura, me mira y me dice.

    Hana: el señor Nakamura quiere que le cumplas un deseo a cambio de dinero, 350mil dólares.

    Elisabeth: ¿350 mil dólares?

    Hana: sí, es la palabra del señor Nakamura, es un acuerdo confidencial

    Elisabeth: ¿en qué consiste? No entiendo por qué tanto dinero.

    Hana: Son sólo dos cosas las que pide, la primera es que yo pueda introducir toda la mano hasta el antebrazo en su culo y la segunda que defeques en su cara.

    Elisabeth: ¿Esto debe ser una broma? ¿está loco?

    Hana: No, es lo que me pidió y figura en el contrato. También yo soy responsable de llevar a cabo su deseo

    Elisabeth: No es imposible lo que pide, es una locura. Dile que no acepto.

    Luis: ¡Un minuto! Son 350 mil dólares y ¿cuál es el problema?

    Elisabeth: ¿estás loco? ¿no escuchas lo que dijo? Me tiene que meter el brazo en el culo.

    Luis: pero no ves la mano que tiene Hana, es la mitad de la mía y ¡vamos!, cagar lo haces todos los días, que tiene de malo.

    Elisabeth: Es humillante para Hana.

    Hana: no, para mí sería un placer y podría seguir en mi trabajo de asistente.

    Elisabeth: Pero ¿te echaría de tu trabajo?

    Hana: no, tendría que renunciar, es un deshonor no poder complacer a Nakamura, no podría volver a trabajar para él

    Elisabeth: Es una locura.

    Luis: ya la escuchaste, va a perder su trabajo y con un poco de entrenamiento te puede entrar mi brazo, vi cosas peores que entran en un culo.

    Elisabeth: No quiero que pierda su trabajo, pero nunca hice esto me puede lastimar, me parece una locura.

    Hana: tenemos cuatro días, yo la puedo ayudar, es muy fácil, yo lo hago y no duele.

    Elisabeth: ¿cómo que lo haces?

    Hana: sí, puede probar, ahora vengo

    Se fue a buscar algo, sabía que me estaba convenciendo, Luis era el primer interesado en que acepte la propuesta, yo lo empezaba a ver de otra forma, me empezaba a excitar la idea.

    Regresa Hana con una especie de cartera de cuero de dónde saca un pequeño frasco con lo que parecía aceite transparente. Si decir nada toma mi mano derecha abre el frasco y me unta con aceite la mano y el brazo. Luego de da vuelta, se levanta el vestido y se baja la ropa interior.

    Hana: ¿prueba?

    Elisabeth: ¿la meto?

    Hana: Si, si, estoy acostumbra

    La tentación y la curiosidad fue muy grande, nunca imagine meterle la mano en culo a alguien, pero no podía perder esa oportunidad.

    Hana estaba perfectamente depilada, su ano era rosado y apenas se agacha noto que estaba dos centímetros abiertos, ese pequeño agujero negro atraía a mis dedos brillosos por el aceite. Fue rápido, arrimo los dedos al orificio y junto todos los dedos para empezar a empujar, pensaba que se iba a resistir, pero no fue así, apenas hago un poco de presión tengo media mano adentro, ella empieza a decir ¡más! sigo empujando, en pocos segundos tengo la mano dentro y ella quiere que siga empujando, lo hago, llego a meter medio brazo dentro, siento el vacío que aprieta con fuerza mi brazo, entonces me doy cuenta que Luis se estaba pajeando y después de pocas sacudidas acaba en la cara de Hana.

    Tomo consciencia de lo que estaba haciendo y saco con fuerza el brazo, me doy cuenta que con el aceite arrastro mierda de su interior, pero no me daba asco, me excitaba. Hana me vuelve a sorprender, toma mi mano, se la lleva a la boca y la chupa, saborea su mierda como si fuera chocolate. No podía creer lo dilatado que tenía el esfínter. Me había convencido, firmo el contrato.

    Hana me propuso que, en tres días de entrenamiento, mi ano se dilataría de forma de poder cumplir con el contrato. Se viste y me dice que va a buscar unas cosas, que volvería en un rato.

    Luis no podía creer lo que habíamos vivido, yo tampoco me voy a lavar las manos, el brazo y regreso. Luis estaba tirado en la cama con el pene erecto nuevamente, mientras lo acariciaba con una mano.

    Elisabeth: De esto no le vamos a contar nada a nadie, quiero que me lo prometas, sino no sigo con esta locura.

    Luis: Esto no es una locura, pero te prometo que no voy a contar nada fuera de Japón.

    Elisabeth: tenías razón, los japones son depravados

    Regresa Hana, trae una caja de madera de unos treinta centímetros por diez de ancho, la apoya sobre la cama y la abre, en su interior sobre un fondo de terciopelo rojo se encontraban alineados 8 dilatadores anales de cristal, parecían peones de ajedrez que escalaban en su tamaño desde unos dos centímetros hasta llegar al último de unos ocho centímetros de diámetro.

    Hana: Empecemos

    Sin que diga me diga nada me desnudo, Hana me toma de la cintura y me inclina sobre sus piernas, mi hijo se sienta desnudo sobre la cama y queda como espectador privilegiado. Hana toma un pomo con una crema y me dice que es anestésica, que sería mejor para que no sienta mucho dolor, así que empieza con su trabajo. Tampoco era la primera ves que me metía algo por el culo.

    Primero pone crema en uno de sus dedos y la introduce por mi ano, después de untar un rato saca el dedo y toma el primer dilatador. Cuando toca el esfínter con el frio cristal, lo aprieto fuerte, pero haciendo un pequeño esfuerzo se desliza en mis entrañas. Me dice que quiere buscar mi límite y así lo hace, continua hasta llegar al de cinco centímetros y le digo que me empieza a doler.

    Hana: bueno, voy a meter el siguiente y aunque duela lo tienes que dejar hasta mañana, solo sacarlo cuando vayas al baño.

    No fue muy larga la primera sesión, solo unos quince minutos y aunque me incomodaba llevar en el culo un tapón, no me dolía, tal vez por la crema que me pasó o el gusto de llevar el culo lleno no me dejaba sentir el dolor.

    Me meto en el agua termal por media hora, luego me ducho y con Luis salimos a comer y visitar algunos lugares recomendados, llevar el culo lleno todo el día me excitaba era una experiencia que nunca había vivido, caminar por las calles de Tokio rodeada de cientos de personas y sentirse violada al mismo tiempo.

    Al otro día y después de pasar la noche con el culo lleno, llega Hana para la segunda sesión. Era temprano, Luis seguía durmiendo, Hana prepara un té y me lo sirve.

    Hana: ¿Cómo te fue? ¿dolió?

    Elisabeth: al principio, pero después me acostumbre y me empezó a gustar.

    Hana: me alegro, entonces hoy llegaremos al más grande

    Después de tomar el té empieza con su trabajo, nuevamente me inclina sobre su regazo y empieza a lubricarme el culo, podía sentir como sus dedos empujaban para entrar por mi ano.

    El siguiente entra con facilidad así que lo saca y va al último, esta vez empuja fuerte para que entre hasta que lo logra, siento como que me desgarra y pego un grito, pero lo deja dentro.

    Hana: ahora hay que aguantar y mañana probamos con mi puño.

    El grito despertó a mi hijo, por lo que se acercó a nosotras.

    Luis: Hola Hana, hola ma, Dios mío, como me calientan

    Ya estaba desnudo con la verga dura, no lo culpo.

    Hana: jajaja ¿Puedo?

    Me pregunta Hana señalando la verga

    Elisabeth: Si, es todo tuyo

    Hana sin dudarlo se arrodilla toma el pene con sus dos manos y se lo lleva a la boca, la forma en que lo empieza a chupar era de lo más excitante, lo recorría con la lengua y se lo metía todo en la boca o era lo que trataba porque solo le entraba la mitad. Luego queda desnuda y en cuatro patas y le ofrece el culo, Hana tiene un agujero muy dilatado y mi hijo no dudo en usarlo, su pene entro muy rápido y con mucha fuerza, se escuchó un pedo muy sonoro cuando escapa el aire que desalojó el pene, empezaron los gritos agudos y repetidos de Hana hasta que mi hijo pega un grito y acaba en su culo.

    No puedo resistir la imagen, tampoco ese culo chorreante de leche, acerco mi lengua y se lo chupo, hasta le meto la lengua por el agujero, me pareció una delicia cogerla con la lengua. Luis me ofrece su verga y se la chupo hasta que le succiono las ultimas gotas de semen. En ese instante siento que Hana me saca el tapón anal, lo hace rápido y fuerte, pareció que destapo una botella, por el ruido que hizo y me comienza a chupar el ano mientras le sigo chupando la verga a Luis.

    En ese instante se aceleraron las cosas, mientras sigo chupando la verga de Luis que casi no me dejaba respirar, Hana comienza a comerme el culo como yo lo había hecho con ella, pero siguió un paso más. Puedo sentir que mete un o dos dedos en mi culo, que entraban y salían con mucha facilidad, además de lubricado lo tenía muy dilatado gracias al tapón que hacia un rato me había quitado. Este acto hizo que a Luis se le pusiera más dura su verga dentro de mi boca.

    Estaba atrapada entre la verga de mi hijo y los dedos de Hana, en ese momento me di cuenta para que estaba Hana y para qué, saca sus dedos, pero comienzo a sentir presión sobre mi ano, pensaba que trataba de meter el tapón nuevamente, pero no, era su mano tratando de entrar. No necesito de mucho esfuerzo para meter toda mano en mi culo, se deslizó rápidamente y seguía empujando lo mas profundo que podía, no sentí dolor, tampoco su mano era más grande que el tapón que había usado antes, pero sentía una diferencia, su mano se abría y cerraba dentro mío, era una sensación rara que nunca había sentido.

    La escena acelero a mi hijo en su vaivén dentro de mi boca, casi al mismo ritmo lo hacía Hana con su mano, hasta que Luis acaba con un fuerte corro de semen en mi garganta. Al mismo tiempo que mi hijo saca su verga de mi boca Hana hace lo mismo con su mano de mi culo. Así como saco su mano me la ofrece para que la chupe, cosa que hago con gusto.

    No sé cuantas veces había acabado, pero la cama estaba toda mojada. Luego nos metimos los tres en las aguas termales, dónde Hana me dijo que ya estaba preparada para poder ganar los 300 mil dólares.

    Hasta el otro día no volveríamos a ver a Hana y cuando lo hicimos venía con un sobre dorado en la mano, era la invitación de Nakamura.

    La invitación solo indicaba una cosa, la hora, y faltaban cuatro horas. Sabía a lo que íbamos, pero ya no podía echarme atrás, le propuse a Luis que él decida si fuésemos o no, solo sonrió, sabía que me había convertido en una puta.

    Nos viene a buscar al hotel un auto negro de lujo, con un chofer muy servicial que nos indicó que nos llevaría del señor Nakamura, nos llevó y dejo en la entrada de una mansión gigante, allí nos recibieron dos mujeres muy jóvenes vestidas con sus respectivos kimonos, con una sonrisa nos invitaron a que las siguiésemos, eso hicimos por un pasillo que se hacía cada vez más oscuro hasta dejarnos frente a una puerta de madera muy oscura.

    Cuando se abre la puerta, las dos jóvenes se inclinan y se van, nos recibe un hombre de traje negro, parecía un guardaespaldas japones, de casi dos metros de altura, algo raro de ver. Nos indica que entremos a lo que parecía una habitación, estaba a oscuras, toda pintada de rojo, en el fondo estaba Nakamura sentado en una silla de madera esperándonos, a su lado había dos asistentes muy jóvenes y más a su derecha, Hana, las tres vestidas con un kimono. Apenas nos vio Hana se acercó para indicarnos dónde sentarnos.

    Nakamura en silencio nos observaba, una melodía japonesa acompañaba el su silencio. Hana se acercó a mí y me dio como una especie de té para tomar, no sabía que era, pero confiaba en Hana, me dijo que lo tomara todo, así lo hice, aunque tenía un gusto muy amargo lo tomé todo.

    Bueno, acá la historia se pone más densa, incómoda de escuchar, a los que son impresionables o sensibles de leer cosas escatológicas les recomiendo no seguir, se les puede quedar la imagen en la cabeza muchos días.

    Continuo bajo su responsabilidad de lector.

    Nakamura le dijo unas palabras a Hana en su idioma, en un tono imperativo, ella se nos acercó y nos dijo que nos quitáramos la ropa, quedamos desnudos sentados y mirando a Nakamura que estaba a unos metros nuestro.

    Hana se retira a unos metros nuestros y se desnuda mientras entra un hombre musculoso vestido completamente de cuero negro y con una máscara. El hombre la toma de un brazo y la tira sobre un banco tapizado en terciopelo, Hana queda con el culo apuntando al techo, las dos jóvenes que nos recibieron ahora sujetan a Hana de los brazos mientras el hombre de la máscara hunde su mano en tacho repleto de algún tipo de lubricante.

    La mano brillosa por el lubricante se arrima al culo de Hana y busca su ano, sin detener su ritmo empieza a meter primero sus dedos y de un golpe toda la mano. Hana pega un grito y aunque trataba de escapar de ese dolor las dos jóvenes le impedían el movimiento.

    No podía creer lo que estaba viendo, giro y veo a mi hijo sorprendido y excitado, su pene estaba tan erecto que golpeaba su ombligo.

    El enmascarado sigue empujado y logra meter todo la mano y parte del antebrazo en el culo de Hana, ella seguía gritando. De pronto siento un dolor muy fuerte en la barriga, casi cómo si me hubiesen clavado un cuchillo, me inclino sobre la silla y grito.

    Cuando doy el grito, Nakamura se para y le grita a Hana en japones, el enmascarado saca su mano con violencia del culo y Hana queda tirada en piso. En ese momento el enmascarado me viene a buscar, me toma del brazo, en ese momento me doy cuenta que el dolor casi no me permitía pararme, pero cuando me obliga a hacerlo me doy cuenta que me iba a cagar encima.

    Era lo que me había dado de tomar Hana, seguro que era algún tipo de laxante muy potente. Yo pensaba que era el momento de hacer lo que quería Nakamura, pero me equivoco, el solo seguía parado y nos observaba en silencio. Volteo a ver a mi hijo y lo veo atrapado en la silla por las dos jóvenes que habían sujetado a Hana, mientras una le chupaba el pene la otra le lamía los huevos.

    Hana seguía tirada en el piso, el enmascarado me arrastra hasta ubicarme de pie sobre la cabeza de Hana, me sacude del brazo, supuse que quería que cagara sobre la cara de Hana, me resisto, intentaba no hacerlo, pero me era imposible aguantar mientras me sacudía cada vez más fuerte del brazo. Miro hacia abajo y cruzamos miradas con Hana, ella sonríe como perdonando lo que estaba por hacer involuntariamente.

    No pude aguantar más y me empiezo a cagar, siento que me empieza a chorrear mierda por la entre las piernas y luego exploto, sobre la cara de Hana, le lleno toda la cara de mierda, cae en su boca y no podía imaginar que ella lo saboreaba, el enmascarado como si fuera un robot me inclina y aprieta la barriga como si fuera un saches para exprimir sobre Hana lo que quedaba de mierda. Mi hijo me observaba desde la silla y reía mientras le seguían mamando la verga.

    Nakamura les ordena algo con unos gritos, entonces Hana se pone en pie y el enmascarado me inclina sobre la silla dónde había penetrado a Hana, esperaba lo peor, pero fue Hana la que empieza a jugar con mi culo, con su carita chorreada de mierda me dice unas palabras que no entiendo, me empieza a ensuciar con mierda la espalda y de un solo golpe mete su brazo en mi culo.

    Pego un grito, pero no fue de dolor, la mierda era un lubricante perfecto, sino por el susto que me provocó. Nakamura vuelve a gritar y Hana empieza a meter y sacar con violencia su brazo de mi culo, el ruido que hacia del aire atrapado cuando metía el brazo se había convertido en una música de perversión, como la música de fondo de mis gritos. No podía parar de chorrear por la excitación, era una regadera.

    Duro unos minutos que perecieron eternos, hasta que Nakamura vuelve a gritar, entonces Hana saca por última vez el brazo de mi culo, se gacha y me da un beso en la boca, que todavía llevaba llena de mierda. No pude sentir asco, ya no sentía nada.

    Hana se va, el enmascarado la sigue, al igual que las dos chicas. Quedamos solos, mi hijo se acerca y me pregunta si estaba bien. Lo abrazo, puedo sentir en mi barriga su verga todavía erecta.

    Entran dos señoras mayores con unas toallas y nos acompañan a un baño cercano, allí nos bañan, nos limpian todos los agujeros, nos secan y nos visten.

    Luego nos dejan en una especie de hall muy grande, todo de madera, vacío. Se nos acerca un hombre vestido de traje con un maletín con el dinero pactado. Nos acompaña al automóvil con el que regresamos al hotel.

    A Hana no la volvimos a ver, regresamos al otro día a nuestro país. Con mi hijo casi no hablamos de lo que habíamos pasado en Japón. Dividimos el dinero cuando llegamos a casa, pero era en secreto de mi esposo.

    Cuando vimos a mi esposo, estaba más contento que de costumbre, nos preguntaba si habíamos disfrutado de Japón, nosotros sabíamos que habíamos disfrutado mucho.

    Una o dos veces por semana tengo sexo anal con mi hijo a escondidas de mi esposo. Su verga es como el brazo de Hana.

    Extraño a Hana y quiero volver a verla, tal vez algún día lo haga y si esto ocurre, se los voy a contar.

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