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  • Desnudo ante una madura costurera

    Desnudo ante una madura costurera

    Ya me había topado en varias ocasiones a esta rica madurita por mi vecindario, una señora chaparrita de tez morena, le calculo quizás unos 50 años o menos, ya se ve un poco grande, pero con unas tetas y un culo de infarto! Se ve que en sus buenos tiempos la señora tenía un cuerpazo, y aún conserva toda esa carne en su cuerpo que la hace lucir bastante apetecible, al menos para mí…

    Y es que en una ocasión domingo por la mañana, al salir a tirar mi basura, tuve la gran suerte de topármela de frente tirando ella la suya, vestía solo con una blusa blanca, llevaba sus enormes tetas libres sin bra, sus pezones se le marcaban perfectamente, tan grandes, tan chupables, duros y parados apuntando hacia a mí… ese día lo cambio todo… no pude sacármela de la mente.

    Pasando el tiempo yo me compre ropa, no es nada raro que me queden un poco holgadas las prendas nuevas, ya que soy delgado y la ropa me gusta que me quede a mi talla, informándome sobre costureros de la colonia, me recomendaron nada más y nada menos que a esta señora vecinita mía.

    Genial ya tenía un buen pretexto para estar más de cerca, la cuarentena creo que a todos nos mantiene un poco ociosos, enseguida comencé a sentir cosquillas en mi estómago, mi perversión algo planificaba y sabía que tendría una oportunidad de regresarle el favor de un buen taco de ojo a esta señora, y yo era ese joven viril y pervertido que se la daría.

    Acomodé mis prendas y decidí ir a buscar sus servicios jeje, toqué la puerta de su zaguán muy seguro de mí, me sentía listo! Para la ocasión, yo vestía una playera X que solo me llegaba a la cintura, un pans jogger gris, el más entallado que tengo, y para esto decidí solo usarlo sin ropa interior, el tono gris y mi verga suelta sin nada que la detuviera, lograba abultarse más y marcarse perfectamente sobre la tela.

    Antes de que abriera la puerta, comencé a sobar mi verga suavemente… más la emoción que comenzaba a sentir, mi verga empezaba a tomar fuerza, la sentía semidura dentro de mi pans, lo masajes funcionaron y decidí dejarla así, la acomodé de lado y me paré de una manera que se me marcara totalmente.

    -buenas tardes hijo, que se te ofrece?

    Fueron sus palabras de bienvenida, no pudo evitar de inmediato darle una mirada de destello a mi bulto, lo note y le sonreí, le comenté lo que quería referente a mi ropa de una manera muy educada.

    -claro hijo, pásate para checar las medidas

    Me invitó a pasar y la adrenalina subía de intensidad, estando en su sala, ella se sentó frente a mí en su lugar de trabajo, en la mesa tenía su máquina y varias telas, comencé a explicarle cómo quería mis playeras y me comentó que me las midiera para darse la idea, que podía meterme al baño o a la habitación que tenía alado para cambiarme, o ahí mismo si así gustaba, no me incómodo para nada y me quité la playera tratando de hacerlo lo más lento posible frente a ella, al irme desnudando, con mi playera cubrí mi rostro haciéndome el despistado, por la transparencia de la tela podía ver su silueta sentada frente a mí, sin perder detalle de como mi torso quedaba desnudo frente a ella, por ser delgado es fácil que mi abdomen se marque, más con mis tatuajes, sé que llamaría su atención.

    Me quedé por un tiempo así, desnudo frente a ella, ya no había playera que cubriera mi pans con ese bulto enorme marcado, mis brazos relajados y con una postura desafiante frente a ella, podía sentir mi verga queriendo salir de mi pans, notaba como su mirada de repente se perdía en mi verga que ya la sentía más dura, me probé una playera y ella comenzó a entallármela a mi cuerpo, brazos y cintura, comencé a notarla nerviosa y apenada, yo estaba muy excitado y cada vez le acercaba más mi verga que comenzaba a punzarme, no sé si fueron sus nervios, pero no dejaba de comentar sobre costuras y como iba a cocer la prenda para que me quedara a la perfección, notaba como se saboreaba su boca, y eso más me excitaba.

    Así lo hicimos con 3 playeras distintas, hasta que dejé un pans para el final, para eso, me pidió que para cambiarme me metiera a su habitación, accedí a meterme yo haciéndome el apenado y bromeando sobre que ya le había llevado trabajo, ella sonriendo me comentó que no había problema, su habitación no tenía puerta y sobre el respaldo de su cama había un espejo que reflejaba hacia la entrada de la habitación, me comentó que podía cambiarme sin problema y salió de la habitación.

    Hice tiempo quitándome mis tennis y observando por el reflejo del espejo hacia que parte de su sala se había ido la señora, comencé a bajar mi pans dejando salir totalmente mi pene ya semiparado y húmedo, con mi dedo comencé a sobar mi cabeza y con esa gotita de fluido que brota de la cabeza, la esparcí por mi glande dejándola brillante y más dura, y ahí estaba yo, desnudo en su habitación con mi verga de fuera súper dura, comencé a masturbarme ahí parado frente a su cama, con el pans a medias piernas, sentía una adrenalina súper rica!! Recordando sus tetas y sus enormes pezones, su culo tan grande y delicioso, que se ve que empinada se le hace el doble de ancho de como se le ve… me imaginé teniéndola de perro en su cama nalgueándola, dándole unas embestidas tan fuertes, que el choque de su culo retumbara por toda la habitación.

    Comencé a moverme en su habitación tratando de encontrar el ángulo adecuado para que me viera, hasta que di con ella, ahí estaba la señora sentada en su silla frente a su máquina, haciendo como que observaba las prendas, pero volteando a ver el reflejo del espejo según ella discretamente, aunque pude notarlo, esto más me animo para seguir tocando mi verga de una manera muy descarada por el reflejo, hasta que ella lo observo y pude escuchar su reacción.

    -uuff!! Válgame dios!!

    Ya no podía tardar más dentro, así que me quité el pans en su totalidad y me puse el otro, al fin salí de la habitación, ya mi pene estaba totalmente duro, parecía carpa de circo con el otro pans, comenzó a entallarme y sacar las medidas a mi gusto, yo seguía divirtiéndome de sus reacciones, de cómo observaba mi bulto y de la adrenalina que sentía, quería follarmela ahí mismo, y la señora no podía dejar de estar nerviosa, cada vez se trababa más al hablar.

    Volví a entrar a su habitación para quitarme el pans, ya con más confianza, me fui a una esquina de su cuarto que ya daba totalmente y descaradamente a la vista de ella, fui bajando mi pans lentamente dejando nuevamente salir me verga bordeada en venas, quería explotar, seguí masturbándome otro poco ya frente a ella, mi excitación se apoderaba de mí, notaba que le daba pena voltear a su habitación, sabía que de reojo veía lo que estaba haciendo, pero no podía evitarlo, hasta que decidí comentarle algo para animarla..

    -señora, cuando podría pasar por mi ropa?

    Volteó a verme para responderme, los 2 pans estaban sobre la cama, y yo estaba totalmente desnudo frente a ella con mi verga esplendorosa totalmente dura apuntando hacia ella, me observo y me respondió muy amable que en 3 días podía pasar por ella, los dos nos sonreímos y terminé de vestirme.

    Salí de su casa totalmente nervioso y temblando por lo que había sido capaz de hacer, por fin me había atrevido a exhibirme y eso por el momento me satisfacía, llegué a casa de inmediato a jalarme mi verga y sacarme toda la leche que me había provocado el momento, imaginado que ojalá también allá dejado mojada su cola de mi vecinita, fue muy excitante y lo pienso seguir poniendo en práctica, ya tengo planes de una que otra prenda que le quiero llevar jeje…

    Ya les estaré platicando que cosas interesantes me pasan después, mi correo es [email protected].

    Escríbanme y comenten que tal les pareció y si les gustaría que intentara algo más, de momento es todo, fue genial!!

  • Mi esposa, de guía turística

    Mi esposa, de guía turística

    Habíamos quedado de hacer algo diferente el fin de semana y se nos ocurrió reservar habitación en un hotel reconocido de la ciudad, en un plan que promocionan para parejas. El plan incluye tres días y dos noches, alojamiento en una suite, cena de gala, acceso a la discoteca y facilidades del hotel, spa, gimnasio y las zonas húmedas.

    El plan iba de viernes a domingo, así que llegamos temprano en la tarde del viernes y nos alojamos. La cena de gala estaba programada para el día siguiente, así que nos dedicamos a conocer el lugar y salimos a caminar por los alrededores, visitando el comercio disponible por el sector. Cuando llegamos al hotel, más o menos a las 7:30 pm, me entró una llamada de la empresa para la cual trabajo. Como piloto que soy, fui programado para realizar un vuelo al día siguiente. Tal situación era una contrariedad, pero no había posibilidad de evadir la obligación.

    A mi esposa le disgustó tremendamente que no informara acerca de las circunstancias que teníamos y que la empresa se buscara a otra persona, algo que yo sabía no iba a ser posible porque, si me habían llamado, era que ya habían agotado opciones. Y así había sido. La tripulación disponible iba a realizar otro vuelo y, no habiendo sino otra tripulación de la cual echar mano, se nos había llamado para colaborar. En fin. En las empresas pequeñas esto es común, así que la opción era adaptarse a la situación.

    Después de aquella noticia, todo lo planeado se vino abajo. Conversamos sobre el asunto y decidimos mantener el plan, pues podía regresar temprano al otro día y aprovechar la noche del día siguiente. Por lo pronto, y sin posibilidad de irme de fiesta, sólo podía prometer que la iba a acompañar esa noche y regresar lo más temprano que pudiera al día siguiente. A ella no le gustó para nada el plan y prefería regresar a casa, pero yo le manifesté que ya habíamos pagado y que lo mejor era tratar de sacarle provecho a la situación.

    Fuimos a cenar al restaurante del hotel y allí, vimos que había varios caballeros, supuestamente extranjeros, aparentemente solos, esperando ser atendidos. No le pusimos mucha atención a aquello, pero nos causó curiosidad que había muy pocas parejas en el lugar. Eso, no obstante, no fue impedimento y nos disfrutamos de la comida que allí ofrecían. Sin embargo, el tema obligado de conversación de mi esposa era ¿qué voy a hacer sola el día de mañana? Le dije, bueno, ahora averiguamos en la recepción, pues de pronto hay algún tipo de evento programado y vemos qué se puede hacer.

    Efectivamente, pasada la cena, pasamos por la recepción para averiguar qué eventos habría disponibles. Se nos informó que la discoteca estaba disponible ese día y que, al día siguiente, había un tour programado para visitar atracciones turísticas en los alrededores de la ciudad. Bueno… ¿Hay cupo disponible? Si señor. ¡Listo! Registramos a mi esposa en la lista de participantes y pudimos ver que había varias personas incluidas. El tour estaba programado para salir a las 8:30 am, después del desayuno, al día siguiente. Así que fuimos a curiosear en la discoteca, bailamos unas piezas y nos fuimos a la habitación.

    Al día siguiente, salí temprano del hotel para atender mi compromiso laboral. Quedamos en que le iría contando cómo se daban las cosas y que nos íbamos acomodando según las circunstancias. Bueno, aprovecha tu viaje, dije cuando me despedí. De pronto te encuentras con un príncipe azul y se te arregla el día, agregué. ¡Ojalá! Dijo ella. Y así fue.

    Cuando llegué al aeropuerto y me enteraron del itinerario de vuelo, supe que difícilmente llegaríamos temprano, así que no quise informarle a ella mis sospechas, porque suponía que se iba a desanimar y se corría el riesgo de que desistiera. Llego en la tarde, casi entrando la noche, le dije, para no faltar al compromiso de informarle cómo iban las cosas. Así que ella tomó el tour y se dispuso a pasar el día de la mejor manera.

    Una vez realizado mi primer trayecto, ya pasado el mediodía, le llamé para saber cómo andaban las cosas. Me contó que aquello había sido una buena elección, que había varios extranjeros tomando el tour y que, siendo ella una de las pocas mujeres que estaban solas en esa actividad, había entablado conversación con uno de ellos, un señor argentino, ya mayor, de mediana edad, de nombre Federico Rossini. Que era una persona educada, muy amable, conversadora y que ella estaba haciendo las veces de guía turística, hablándole de nuestro país y de todo un poco. Que, la verdad, estaba distraída y encantada con la compañía.

    Bueno, dije yo, se hizo cierta mi afirmación. Te apareció el príncipe azul. Entonces, si hay complicaciones, ya tienes programa para esta noche. ¿Cómo así? dijo ella. No, nada especial, dije, pero tú ya sabes cómo es esto. Yo estoy haciendo lo posible para regresar lo más temprano posible, pero dependo de muchos factores que no están bajo mi control. Y lo más malo que me pueda pasar es que no regrese hoy y nos toque pernoctar. Y ¿es que ya estás viendo que va a ser así?, preguntó. Pues no estoy viendo nada por ahora, respondí, pero me preparo por si acaso salen imprevistos, que nunca faltan. Esperemos que no, dijo. Me vas contando. Así lo haré, contesté.

    Más tarde, como a las 4 pm, la volví a llamar. ¿Por dónde vas? Está demorada la cosa dije. Y tal vez se alargue el asunto, como te comenté esta mañana. Bueno, ni modo, contestó. Y ¿ya regresaron?, pregunté. Si, precisamente acabamos de entrar al hotel. El paseo estuvo entretenido, pero ya se acabó. Bueno, y ¿qué vas a hacer esta noche? Pues, dijo ella, se me está ocurriendo que, si vas a llegar tarde, aprovecho el cupo que tenemos para la cena e invito al señor con el que compartimos el viaje. Estuvimos juntos todo el día y es una persona interesante. Pues sí, dije yo, si no hay otra opción, tú veras. Lo importante es que estés distraída. Yo miro a ver, contestó. Me llamas si sabes algo.

    Ciertamente el regreso iba a tardar, así que, para no generar más expectativas, a las 7 pm volví a llamarla y le dije que, como presentí, tal vez no llegábamos en la noche. Organiza tu velada y, si hay alguna posibilidad, te llamo antes de las 11 pm. De lo contrario es que nos tocó quedarnos en algún lado. Bueno, dijo ella, pero no hizo reparo alguno a mi supuesta tardanza.

    Estuvimos de regreso a eso de las 11 pm y, con los deberes que hay que hacer al finalizar los vuelos y el traslado al hotel, estuve arribando a eso de la 1 pm. Fui a la habitación y no encontré a nadie. Todo estaba arreglado, así que supuse que estaría en la discoteca. ¿En qué otro lugar podría estar? Me fui a echar un vistazo, pero no los vi. Lo que sucedía en ese momento no le presencié. Ella me lo contó al día siguiente, cuando finalmente coincidimos, pues llegó a la habitación muy a las 5 am.

    Me relató que, como yo no iba a llegar, invitó a Federico a que compartiera la cena con ella. El señor aceptó. Según dijo, se portó como un auténtico caballero y fue muy atento a todo momento, además que se había vestido muy elegante para la ocasión y se le veía muy atractivo. Después de la cena, le propuso que tomaran unas copas y, entonces, se dirigieron a la discoteca. Allí, la música a todo volumen, les impedía hablar, así que el propuso ir a otro lugar. Se fueron al bar del hotel y allí, sin tanto ruido, siguieron conversando.

    Más tarde, Federico le propuso que, si ella no tenía inconveniente, la invitaba a seguir la charla en su habitación, sin tanto ruido y tal vez en un ambiente más agradable. Y ella, no le vio problema, y aceptó. Llegando a la habitación, el hombre dispuso bebidas en una pequeña sala, ya que también estaba alojado en una suite y, ya acomodados, propuso tomar unas fotografías para recordar el evento y agradecerle la compañía.

    Ella aceptó indicándole que lo haría, pero que le pedía el favor de que no fuera a subir las fotografías en redes sociales o cosas por el estilo. Que aceptaba, siempre y cuando el tema quedara entre ellos dos. Prometió que así lo haría. Primero realizó unas selfies de los dos, posando en diferentes partes de la habitación, mientras continuaban su conversación. Y después, ya hablando de temas más personales y de sus particulares experiencias, él propuso tomarle unas fotografías a ella, adulando sus piernas, sus pechos y diciéndole que era una mujer muy bella.

    Con ese pretexto, cuenta ella, el tipo aprovechó para pasar de tomar fotos muy normales, a proponer tomar unas fotos más atrevidas, si no era inconveniente. Así que ella, un tanto alicorada, se prestó para el juego, porque le pareció algo diferente. Y, entre toma y toma, las fotos se volvieron más atrevidas y, al final, resulto ella semidesnuda, posando en ropa interior, en diferentes posiciones. Él tomaba las fotos y le mostraba cómo iban quedando. Y a continuación, proponía realizar mejoras, intentar otra pose y demás.

    En ese juego, resultaron tomando fotografías, ya no en la salita sino en la habitación, sobre la cama, pues, ya entrados en el juego, la situación se prestaba para eso. Y allí, en la cama, Federico propuso varias tomas. Primero, posando vestida, luego en ropa interior y, por último, totalmente desnuda, solo vistiendo sus zapatos.

    Ella me mostró el resultado de ese juego. Había fotos donde ella posaba de frente, de lado, levantando sus brazos, empinando sus piernas, sentada sobre la cama con las piernas abiertas, mostrando sus senos, sus nalgas, su sexo, en posición de perrito, tomas de sus nalgas desde atrás, con las piernas cerradas, con las piernas abiertas. En fin. Nada que no hubiéramos hecho antes y, por eso, ella lo hizo sin reparos. Lo único es que quien le tomaba las fotos no era su pareja sino un tipo recién conocido, pero había habido tanta confianza en la relación que establecieron a través del día, que ella no puso objeciones para hacerlo.

    Y, aprovechando que ella estaba desnuda sobre la cama y él, sentado a su lado, mostrándole las fotos que había tomado con su cámara, discretamente, dijo ella, empezó a acariciarle el cuerpo y, de repente, terminaron besándose. Yo, creo, dice ella, que, a esa altura, ella ya había decidido permitirle que el tipo la follara, pero dejaba que las cosas avanzaran a su ritmo y ella no mostraba intenciones de tomar la iniciativa.

    Fue él, incluso, que mientras se besaban, tomó una de sus manos dirigiéndola a su pecho velludo para que ella lo acariciara. Me dice que nunca había estado con un tipo tan velludo y que esa sensación le pareció cálida y atractiva. Y, entonces él, en respuesta a sus caricias, poco a poco se fue desnudando. Primero su camisa, permitiendo que ella le palpara en cada rincón de su pecho, mientras seguían besándose, y luego el pantalón y sus interiores hasta quedar ambos totalmente desnudos, uno junto al otro.

    Me dice ella que el tipo se arrodillo frente a ella, abrió sus piernas y se dispuso a besar su sexo. Ella, entonces, se acomodó sobre la cama, para que él pudiera hacer aquello más cómodo y que se entregó a las sensaciones que las caricias de su lengua le producían en su clítoris. Cuenta que Federico es muy hábil y que, de verdad, hizo que tuviera un orgasmo tan sólo estimulándola y trabajando sobre su sexo con la lengua.

    Me confiesa que estaba tan excitada con la mamada que aquel le estaba dando y experimentando tales sensaciones con los ojos cerrados, que no supo en que momento el tipo se acomodó y la penetró. La tomó por sorpresa, sobre todo porque él no usó preservativo, pero la sensación estaba tan deliciosa que no le importó, aunque sí tuvo reparos para pedirle que no fuera a eyacular dentro de ella. Y él le respondió que no se preocupara por eso, así que empujó y empujó hasta que se vino, pero, poco antes, sacó su miembro y derramó toda su carga sobre el vientre de mi mujer. El, un tanto avergonzado de lo que acababa de pasar, uso las sábanas para secar el semen que había derramado sobre el cuerpo de mi mujer.

    En medio de su relato, ella confiesa que no reparó en el cuerpo desnudo de él. Que, ciertamente, es un tipo de raza blanca, bastante diferente de los mulatos con los que prefiere tener sexo, pero dijo que la experiencia había sido rica y que no se lo esperaba. Que le llamó mucho la atención la sensación que tuvo al tacto al acariciar su pecho y sus muslos velludos. Que de todo pensó menos en que fueran a terminar de esa manera.

    Cuenta que, una vez terminado aquello, él, muy caballeroso, se ofreció a vestirla, casi que de manera opuesta a como la fue desvistiendo y que, estando ella ya vestida y él desnudo, la invitó a tomarse una copa más mientras le preguntaba qué fotos quería ella mantener, asegurándose de mandarlas a un correo electrónico que ella le dictó. Hecho esto, y siendo ya casi las cinco de la mañana, ella lo dejó en su habitación y se dirigió a la nuestra, encontrando la sorpresa de que yo ya había llegado.

    Ah, ¡llegaste…! Y, ¿por qué no me llamaste?, dijo. Porque me hubiera tirado lo que sea que has estado haciendo hasta esta hora. ¿Me quieres contar? Si, claro. Y ahí empezó su relato. ¿El tal Federico sabe que tú eres casada? Si, claro. Él estaba al tanto de la situación, porque yo le conté. Y, cuando lo invite a cenar, le dije que tendría que reemplazar a mi esposo, porque ya estaba confirmado que no iba a llegar. En ese momento, según lo que habíamos hablado, tú no llegabas.

    Así que las cosas se fueron dando, pero no pensé que este señor me fuera a salir con esas. Bueno, pregunté, pero si tu le aceptas a un hombre ir a su habitación, ¿no es porque ya tenías en la cabeza que querías estar con él? La verdad yo no lo había pensado, contestó. Estábamos charlando tan sabroso y pasándola tan agradable, que no le puse morbo a la invitación. De hecho, nunca hablamos de nada que sugiriera que aquello iba a pasar. Simplemente sucedió. Bueno, y ¿qué tal estuvo?, dije. Bien. Fue algo diferente, inesperado y raro. Se sintió bien. No puedo decir que estuvo súper, pero resultó agradable.

    ¿Y no crees que a él le daría vergüenza si te viera acompañada conmigo más tarde? No, ¿por qué? Pues porque el tipo puede sentirse un tanto culpable de haberse aprovechado de la situación y tal vez avergonzado al saber que yo ya lo sé. No creo, dijo ella. Si somos adultos, cada quien es responsable de lo que elige. Fui yo quien decidió que eso pasara, así que no veo por qué él tenga que sentirse culpable.

    Salimos a almorzar y a abandonar el hotel cuando ya iban siendo la 1 pm. Y, en el restaurante, nos encontramos a Federico. Mi esposa lo saludó como si nada. Y él, sin vergüenza alguna, vino a nuestra mesa para saludarla, como si nada hubiera pasado entre ellos. Una vez nos presentamos, dijo, lo pasé muy bien con su señora el día de ayer. Es una persona muy amable, cordial y un encanto de mujer. Me hizo sentir acompañado todo el día. Menuda hembra tiene como esposa. Lo felicito. Y yo, ante eso, no supe qué responder y sólo me limité a decir… gracias.

    Menudo paseo había tenido el Federico ese, gracias al papel de guía turística que se ofreció a ejercer mi esposa. Y, ante la adversidad, ella supo adaptarse y sacar provecho de la situación. Y así, mientras yo echaba cabeza sobre dónde podría andar la noche anterior, ella estaba encantada con su nueva y extraña aventura. ¡Cosas de la vida!

  • El jugador

    El jugador

    Soy Hans, un tipo bebedor, mujeriego y jugador, mejor dicho, ludópata. Llegué a la Isla de Tenerife hace dos décadas como animador con una cadena hotelera. Tenía 26 años, buen cuerpo y cierto tirón entre las mujeres. Esto hizo que, primero de manera puntual, recibiese proposiciones de turistas maduras, principalmente alemanas. Pero con el paso del tiempo se convirtió en una práctica habitual. Sí. Llegué a cobrar por ello. Ni me avergüenzo ni me arrepiento.

    Por suerte, siendo yo mi propio «chulo», podía seleccionar a mis clientas. Evidentemente, siempre eran maduras de muy buen ver, como máximo de 50 años. Ejecutivas en busca aventuras, separadas sin necesidad de rendir cuentas a nadie e incluso atendí peticiones de maridos a los que les ponía que un chico joven se follase, ante sus narices, a sus propias mujeres.

    Gané mucho dinero, lo que me llevó a mi otra gran pasión, el juego. Soy jugador profesional de póker. En mi caso, esto ha terminado por degenerar en ludopatía. He perdido muchos miles de €. También lo gané. He estado en timbas clandestinas. He visto a tipos muy peligrosos perder los papeles. Millonarios rusos que han llegado a pagar sus deudas con sus putitas y cobrarlas a punta de pistola.

    Dejé lo de cobrar por follar a puretas para hacerlo gratis con chicas más jóvenes. En algunos casos, y dado el paso del tiempo, con alguna de las hijas de aquellas. Espero que ninguna fuera mía. Cada noche, en el Gran Casino de Tenerife, me jugaba mucho dinero y enganchaba a alguna turista. O me iba a una discoteca con la cartera llena para terminar de rematar la noche. La cuestión es que el juego y el sexo forman parte de mi modus vivendi desde hace media vida.

    Ahora, a mis 46 (y como diría el gran Joaquín Sabina), «cada noche me invento, todavía me emborracho; tan joven y tan viejo…». Y es que desde que llegué mi himno es el de EL PUTO GENIO (definición de una lectora que me encantó) “tan joven y tan viejo. De manera que:

    A penas vi que un ojo me guiñaba la vida

    Le pedí que a su antojo dispusiera de mí

    Ella me dio las llaves de la ciudad prohibida

    Yo todo lo que tengo, que es nada se lo di

    Y así crecí volando y volé tan deprisa

    Que hasta mi propia sombra de vista me perdió

    Para borrar mis huellas destrocé mi camisa

    Confundí con estrellas las luces de neón

    Hice trampas al póker

    Defraudé a mis amigos

    Sobre el banco de un parque

    Dormí como un lirón

    Por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo

    Más de un beso me dieron y más de un bofetón

    Lo que sé del olvido lo aprendí de la luna

    Lo que sé del pecado lo tuve que buscar

    Como un ladrón debajo de las faldas de algunas

    De cuyo nombre ahora no me quiero acordar…

    Sigo viviendo en esta bendita Isla. Lo hago de las rentas. Cada noche acudo al Gran Casino Tenerife. Juego, cazo y llegado el momento, si se tercia, me emborracho. Y esta noche de sábado no iba a ser diferente.

    Me había levantado junto a una azafata de Iberia espectacular. Una chica de Barcelona, de belleza nórdica y cuerpo de jugadora de tenia rusa. Había aterrizado en el vuelo Madrid-Tenerife. Hizo noche en la Isla antes de volar a Dusseldorf. Y, bueno, digamos que no se pudo resistir a mis encantos de «maduro interesante. Y esto más que prepotencia era una evidencia. Ya he dicho que llevo media vida follando con mujeres de todas las edades.

    A las 10 de la noche me dispuse a salir a cenar y acercarme al Gran Casino. Me encontraba especialmente “golfo” y es que la azafata había sacado lo peor de mí. Así que sobre las 11:30 estaba entrando por el Gran Casino con ganas de jugarme unos cuantos euros y si fuera posible enganchar a otra chica.

    *******

    Ana y Carlos se habían tomado estas vacaciones como una última oportunidad a su relación, presa de la rutina. Ambos se habían conocido en la Facultad de Medicina. Lo habían pasado realmente bien. Ambos buenos estudiantes, habían disfrutado de todos los placeres de la vida del estudiante. Entre otras cosas el sexo entre ellos.

    Pero el tiempo y la presión habían pasado factura a la pareja. La relación había entrado en una fase de rutina exasperante. El sexo se había vuelto aburrido. Y la atracción entre ambos no era, ni de lejos, la que un día fue. Ana encontraba la explicación perfecta en aquel estribillo de Sabina “le agua apaga el fuego y al ardor los año”. Ahora, ambos ejercían como profesionales en el mismo hospital. Y después de mucho negociar consiguieron que la dirección les permitiese pasar las vacaciones de Semana Santa juntos. Como último recurso para salvar lo que parecía insalvable, la pareja pasaría los cuatro días libres en un hotel en Tenerife.

    Aterrizaron en Tenerife Sur un jueves con la clara intención de salvar su relación. Cuatro días después las cosas serían muy diferentes. Durante tres días recorrieron la Isla, subieron al Teide y disfrutaron de la temperatura en la Playa de los Cristianos. Al llegar al hotel lo hacían pero Ana se veía “obligada” a fingir el orgasmo. Durante el sábado Ana estaba decidida a convencer a Carlos para ir al Casino. Era la última noche y le apetecía desfasar un poco.

    A sus 27 años, notaba que la vida junto a Carlos se le escapa entre los dedos sin poder remediarlo. La rutina la asfixiaba y el hecho de permanecer junto a su novio era ya una cuestión más de inercia que de una pasión irrefrenable. Tampoco ayudaba como había empeorado sus relaciones sexuales. Esa mañana de sábado había oído la canción de Joaquín Sabina, Pastillas para no soñar. Y algo en su interior se removió de manera definitiva:

    Si lo que quieres es vivir cien años

    No pruebes los licores del placer.

    Si eres alérgico a los desengaños

    Olvídate de esa mujer.

    Compra una máscara antigás,

    Mantente dentro de la ley.

    Si lo que quieres es vivir cien años

    Haz músculos de cinco a seis.

    Y ponte gomina que no te despeine

    El vientecillo de la libertad.

    Funda un hogar en el que nunca reine

    Más rey que la seguridad.

    Evita el humo de los puros,

    Reduce la velocidad.

    Si lo que quieres es vivir cien años

    Vacúnate contra el azar.

    Deja pasar la tentación

    Dile a esa chica que no llame más

    Y si protesta el corazón

    En la farmacia puedes preguntar:

    ¿tiene pastillas para no soñar?

    Si quieres ser matusalén

    Vigila tu colesterol

    Si tu película es vivir cien años,

    No lo hagas nunca sin condón.

    Es peligroso que tu piel desnuda

    Roce otra piel sin esterilizar,

    Que no se infiltre el virus de la duda

    En tu cama matrimonial.

    Y si en tus noches falta sal,

    Para eso está el televisor.

    Si lo que quieres es cumplir cien años

    No vivas como vivo yo.

    **********

    Estaba bebiendo mi segundo gin tónic cuando los vi entrar. Una pareja de turistas españoles. Nuevos dentro de aquel hábitat. Vestidos con media etiqueta. Ella embutida en un traje negro de lentejuelas, comprados para la ocasión, con la espalda descubierta. Típica pareja joven, profesional que vienen a las Islas afortunadas a revitalizar su matrimonio. Me fijé en ella. Era guapa, con buen cuerpo. Quizá, y por ponerle una pega insignificante, sus tetas podrían ser algo más grandes pero en mi caso, culero como soy, no era ningún inconveniente.

    Melena castaña, ojos grandes, cara bonita. Encajaba perfectamente en el perfil de una de mis víctimas. Su actitud, se veía de lejos, delataba un punto más de inteligencia que la de él. Un tipo, algo activo y con cierta tendencia a la prepotencia, como después se demostró. De nada le serviría, me había fijado en su mujer y acabaría tirándomela.

    Les estuve observando durante casi una hora, mientras recorrieron las tragaperras y la ruleta. El tipo ganaba algo de dinero y creyó que esa sería su gran noche (en este caso no les pondré la canción de Raphael). Cuando había ganado un par de manos en la ruleta fue cuando decidí hacerme visible. Colocado frente a ellos comencé a hacer apuestas prudentes mientras miraba fijamente a la chica. Ella se dio cuenta y a partir de ahí comenzamos un intercambio de miradas. El tipo ni se enteraba.

    Tras de varias manos con sus correspondientes intercambios de miradas con la chica, me decidí a dirigirme hacia una mesa de Black Jack sabiendo que ella arrastraría hasta allí a su hombre. Efectivamente, unos minutos después de estar sentado llegó la pareja. Miré a la chica levantando una ceja y media sonrisa. Ella lo hizo fijamente, como sintiéndose retada. El tipo ocupó un asiento y comenzamos a jugar junto a otras dos parejas.

    Aquello era una partida de un profesional contra tres amateur, por tanto incautos pero ellos no lo sabían. Empecé entregando manos dejando que el novio de la chica ganar. Ella me miraba a escondidas y le dedicaba sonrisas disimuladas, mientras su novio celebraba sus ganancias. Poco a poco el resto de jugadores fueron abandonando la mesa dejando aquello en un mano a mano entre él y yo. Fue entonces cuando di un paso al frente.

    Sabiendo que el tipo se creía invencible comencé a apostar cantidades más importantes. Comencé a ganar, por supuesto. La chica había cambiado su rictus. De aquel semblante risueño cuando ganaban había pasado a uno más serio y con mirada escrutadora hacia mí. Yo me limitaba a sonreírle dándole a entender que mi suerte, pero sobre todo la suya, había cambiado. Ella entendió enseguida cual había sido mi juego. Intentó disuadir de seguir apostando a su novio pero el tipo ya había picado el anzuelo. Estaba convencido de que la única manera de recuperar el dinero era seguir apostando contra mí. La chica estaba convencida de que acabaría desplumándolos.

    Media hora después me levantaba de la mesa habiéndoles ganado más de 2.000 €. Le dejé al crupier una propina en fichas por valor de 200 € y me separé de la mesa. La pareja se quedó sola. El tipo estaba abatido y ella visiblemente enfadada le reprochaba su cabezonería:

    -Joder Carlos, te lo dije.

    -Teníamos una muy buena racha, Ana.

    -Joder, pues te ha desplumado…

    -Y a ti, no te jode. ¿Cómo si la culpa fuera solo mía, tía?

    -Te dije que lo dejaras que el tipo sabía lo que se hacía.

    -Bah, un pureta con suerte…

    Su novia lo miró con cierto desprecio antes de resoplar.

    Fue el momento cuando decidí que esa noche me la follaría. Me acerqué a ellos, que estaban claramente jodidos. Y es que acababan de palmar 2.000 pavos:

    -Perdona, ¿os puedo ayudar? –Me dirigí a ellos.

    -¿Qué dices joder? –Contestó él con malos modos.

    Yo lo ignoré desde un principio y me dirigí a la chica.

    -Os puedo proponer una solución.

    Ella me miraba con ojos a medio camino entre la intriga, la rabia y el morbo.

    -¿De qué se trata? –Preguntó ella.

    -¿Pero qué dices, tío? Déjanos en paz.

    Seguí sin mirarlo. Sensiblemente más bajo que yo la situación empezaba a ser humillante para él.

    -Os doy la oportunidad de recuperar todo el dinero.

    -Y ¿cómo debemos hacer? –Preguntó la chica mordiéndose el labio inferior

    -Muy fácil. Nos lo jugamos a la carta más alta. –Dije yo sacando una baraja de mi bolsillo. –Si ganáis vosotros os devuelvo las fichas por importe de 2.000 € que te he ganado –dije esto mirando al tipo, como si le culpase de su derrota –. Si gano yo tenéis dos opciones; o me quedo con el dinero o aceptáis una proposición indecente. –En ese momento me sentí como Robert Redford en la famosa película.

    -¿Qué proposición? –Preguntó la chica tomando las riendas de la negociación por encima del pelele de su novio.

    -Pues la proposición es pasar la noche conmigo, y aceptando mis condiciones. –Dije sonriéndole con malicia.

    -¿Te parece poca condición follar contigo, un completo desconocido? –Ella forzó su enojo ante el novio.

    -Vamos a ver, estamos hablando de echar un polvo que me va a salir por 2.000 pavos. Con ese dinero puedo contratar a cualquier scort que me haga lo que yo quiera. Creo que aceptar mis condiciones es lo mínimo.

    -¿Me estás comparando con una puta? –La chica se veía realmente enfadada.

    -¿Acaso no quieres ganarte los 2.000 € que el pánfilo de tu novio ha perdido al Black Jack?

    -¿Qué condiciones serían? –A estas alturas el novio pintaba muy poco en la conversación.

    -Bien. Quiero que tu novio esté presente mientras lo hacemos.

    El tipo hizo un amago de queja pero ella le detuvo:

    -Déjanos que nos lo pensemos.

    -Por supuesto. –Le contesté lanzando una ficha de 100 € al aire y recogiéndola delante de las narices del tipo.

    Me fui al bar a pedirme otro gin tónic convencido de que esa noche me follaría a aquella preciosidad de mujer, 20 año más joven que yo mientras su novio lo presenciaba todo impotente. La pareja se alejó a un lugar más solitario y comenzó a hablar:

    -Lo vamos a hacer. –Dijo la chica a su novio decididamente.

    -¿Pero qué dices tía? En serio me estás diciendo que te acostarías con ese capullo y encima delante de mis narices.

    -Te estoy diciendo que esta noche hemos palmada 2.000 € que no estamos en disposición de perder. Además, todavía tenemos la posibilidad de ganar. –Aunque ella estaba convencida de que no tenían ninguna posibilidad.

    -No te entiendo tía. No me puedo creer que estés dispuesta a humillarme delante de ese tipo. Es que no me lo puedo creer joder.

    -Y yo no me puedo creer que hayamos perdido 2.000 pavos por una cabezonería tuya. Joder.

    El tipo cerró los ojos. Se sintió responsable de aquel dinero. Y resopló. Su novia estaba convencida de hacer un “sacrificio” por la economía familiar. La chica, ahora le mira con media sonrisa de complicidad. Pero en el fondo, la posibilidad de tirarse a un maduro delante de su novio era una situación que la tenía totalmente excitada. Y es que desde hacía mucho, el sexo con Carlos era aburrido, monótono y nada excitante. En conversaciones con sus amigas el hecho de tener una aventura con un maduro era habitual. Y todas aquellas que lo habían hecho hablaban maravillas de lo excitante. Además, este tipo estaba de muy buen ver. Sin tener un cuerpo espectacular se veía que se mantenía en forma. Era muy alto, ancho de espaldas y porte elegante. Era muy morboso.

    Por fin, decidieron acercarse hacia mí:

    -¿Qué? ¿Ya lo has decidido? –Seguí dirigiéndome a ella en todo momento ignorando al novio.

    -Sí. Nos lo vamos a jugar.

    -¿Y si perdéis? –Le dije mientras barajaba el mazo de cartas.

    -Entonces me iré contigo.

    -Y él también viene- -Dije señalando al tipo que ya había admitido su derrota en la negociación.

    Terminé de barajar y le ofrecí el mazo al novio. Cortó, aproximadamente por la mitad. Al volver la mano hacia arriba apareció el 10 de picas:

    -Buena carta. Vas a tener suerte chaval. –Le dije mintiendo.

    Me dispuse a levantar yo otro pequeño mazo y… allí estaba. La Reina de Corazones. El tipo cerró los ojos en señal de abatimiento. Ella me miró disimulando una sonrisa lasciva y levantando una ceja:

    -Bueno, ¿qué queréis hacer? ¿Me dais el dinero o pasas la noche conmigo? –Le dije sonriendo a la chica sabiendo que aquella propuesta no le desagradaba en absoluto.

    -Follamos. –Fue directa. Sin rodeos. Con seguridad de lo que quería hacer.

    El novio abrió los ojos en exceso al oírla. No se podía creer que en cuestión de una hora, lo que estaban siendo unas magníficas vacaciones con su novia se hubiese convertido en un auténtico calvario. Estaba siendo humillado por un tipo que, primero le había levantado 2.000 pavos, y después le estaba levantado a su chica.

    -¡Ana!, ¿estás segura de lo que vas a hacer? –Sus intentos por evitar lo inevitable estaban siendo patéticos. No se daba cuenta de que la voluntad de su novia era la de acostarse con aquel maduro con quién llevaba toda la noche intercambiando morbosas miradas de deseo. Y él sin enterarse de nada:

    -Vamos a ver, ¿dónde preferís que lo hagamos? ¿En mi casa o en vuestra habitación?

    -En nuestro hotel. –Se apresuró ella a responder.

    -¿Has traído coche? –Me dirigía a ella en singular, ignorando por completo al pobre hombre.

    Nos dirigimos al parking los tres en silencio. Al accionar el mando a distancia los intermitentes de un Giulia azul se encendieron delatando su ubicación. Dentro del coche, el novio derrotado y abatido se sentó junto a mí. Ana, la novia, justo detrás de él. Del equipo de música del Alfa salía la voz de Joaquín Sabina entonando su canción Mujeres Fatal que fue la banda sonora hasta el hotel de la pareja.

    Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia,

    hay mujeres que nunca reciben postales de amor,

    hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados,

    hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no.

    Hay mujeres que bailan desnudas en cárceles de oro,

    hay mujeres que buscan deseo y encuentran piedad,

    hay mujeres atadas de manos y pies al olvido,

    hay mujeres que huyen perseguidas por su soledad.

    Hay mujeres veneno, mujeres imán,

    hay mujeres consuelo, mujeres puñal,

    hay mujeres de fuego,

    hay mujeres de hielo,

    mujeres fatal.

    Mujeres fatal.

    Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan,

    hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad,

    hay mujeres que abren agujeros negros en el alma,

    hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz.

    Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo,

    hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol,

    hay mujeres que van al amor como van al trabajo,

    hay mujeres capaces de hacerme perder la razón.

    En apenas 4 minutos los tres nos encontrábamos en el interior del ascensor. Tras ellos no pude resistir acariciar el maravilloso culo de Ana. Ella, hizo un movimiento hacia atrás para que la caricia se convirtiera en un palpo total. Su pequeño suspiro hizo que Carlos, su novio, se girase hacia ella sin saber lo que había pasado. Antes de poder decir nada, la puerta se abrió y nos encaminamos hacia la habitación 321 por un pasillo enmoquetado.

    Ante la puerta, Carlos abrió y cedido el paso a su novia. Yo decliné su invitación y le cedí el paso a él. Era una habitación convencional. Pequeño pasillo de entrada donde se encontraba el baño y una estancia un poco más amplia donde se ubicaba la cama de matrimonio que aquella noche sería testigo del cobro de una apuesta de juego. En medio del desconcierto le expliqué al tipo que, para evitar la tentación de que quisiera intervenir tendría que atarle a la silla para que presenciase el espectáculo sin meter la pata. Por supuesto se quejó, a lo que amenacé con largarme con el dinero. Ana le hizo entrar en razón.

    No puedo negar que estaba disfrutando con aquel pelele en manos de su novia más que en las mías. Con mi cinturón y el suyo le até de pies y manos a la silla desde donde vería como me follaba a su novia a mi antojo.

    Por fin me coloqué ante aquella chica. Era una preciosidad de rasgos suaves, grandes ojos y labios carnosos. Su melena castaña clara enmarcaba una preciosa cara de rasgos suaves, ojos grandes y labios carnosos. Su cuello esbelto descansaba sobre un busto de tamaño medio. Sus tetas no eran excesivamente grandes pero de una forma bonitas. La besé con delicadeza en la boca y seguí descendiendo por su mentón, su cuello. Ana, con los ojos cerrados suspiraba sintiendo mi aliento sobre su piel ante la atenta mirada de su novio.

    Con delicadeza fui bajando su vestido desde los hombros que cayó a sus pies. Salió de él quedándose solo con un sujetador negro que cubrían aquellas tetitas de pezón oscuro y gordo que intentaba atravesar la tela de la prenda y unas braguitas a juego que cubrían, en semi transparencia, un pubis rasurado del que me encargaría más adelante.

    Era la primera vez que estaba casi desnuda ante otro hombre y en presencia de su novio. Su excitación era indescriptible. Ana se volvió, dándole la espalda a su novio. Llevando sus manos a su espalda desabrochó el sujetador mostrando sus tetas desnudas a aquel maduro y evitando que las viera Carlos. Acerqué mis labios a los pezones oscuros y los besé, los succioné, los mordí, arrancando de Ana suspiros de placer.

    La mujer me miró. Me agarró por la nuca y me besó. Nuestras lenguas se entrelazaban en el interior de nuestras bocas. Ella atrapó la mía con sus labios y la lamió con placer. Carlos, inmovilizado en la silla no se podía perder el espectáculo que le estábamos brindando.

    Haciendo una leve presión sobre sus hombros, Ana entendió que debía arrodillarse ante mí. Con mirada de puta lasciva comenzó a desabrocharme el pantalón. Lo bajó y quedé con mi bóxer negro cubriendo la erección de mi polla. La chica no dudó en morder el bulto que se adivinaba a través de la lycra de mi ropa interior. Carlos, el novio, resoplaba indignado con el disfrute de su chica. Lo miré y sonreí con malicia.

    Ana tiró hacia abajo de mi bóxer liberando una polla de tamaño estándar y considerable grosor a escasos centímetros de su cara:

    -Mmmm…. joder que buena polla…. -la chica estaba entregada a la morbosa situación.

    -Ana, por favor, ¿pero qué estás haciendo? -el pelele del novio no daba crédito a lo que veía.

    -Qué guarra es tu novia… -la definía yo mirando al pobre hombre.

    Al oír esto, Ana tiró de la piel de mi polla hacia atrás liberando un glande muy gordo de color rojo intenso. Me miraba con media sonrisa poniéndome a mil a mí y sacando de quicio a su novio:

    -Ana, por dios, no reconozco. -se lamentaba el tipo atado a la silla.

    Ella no le prestaba atención y seguía masturbándome lentamente. Estirando la piel de mi polla hasta abajo liberando el capullo para volver a subir la mano y cubrirlo de nuevo.

    Lamió todo el tronco desde mis huevos hasta la punta antes de escupir contra mi capullo y mirarme con cara de zorra. No me lo pensé y le crucé la cara con una bofetada:

    -Guarra.

    Ella dio un pequeño grito y giró la cara pero inmediatamente volvió a mirarme con cara de puta:

    -Cabrón…

    Se abalanzó sobre mi polla y se la tragó hasta el fondo. Yo sentía como se derretía en aquella boca caliente. Ana hacía un esfuerzo para hacerla pasar más allá de su campanilla y lo conseguía. El sonido acuoso de mi polla encajándose en la garganta profunda de Ana era la banda sonora de aquella escena de película porno. Un tipo maduro (yo), le metía la polla hasta la campanilla a una joven 20 años menor arrodillada ante él (Ana), mientras su novio (Carlos) lo presenciaba todo, impotente, atado a una silla.

    La chica se sacó la polla de la boca y tomó aliento. Sus babas le caían por la comisura de los labios y la barbilla. Seguía pajeándome y ahora se metió mis huevos en la boca. Ana movía su lengua y succionaba mis cojones sin dejar de pajearme:

    -Joder tío -me dirigí al gilipollas del novio que no perdía detalle de nada -tu novia es una auténtica comepollas… qué suerte tienes… -Traté de ser humillante y me reí.

    La agarré por la cabeza y comencé a follarle la boca. Ana se agarraba a mis piernas y mi culo mientras engullía mi trozo de carne incandescente. Comencé a tensarme cuando sentí como el orgasmo era inminente:

    -Me corro, joder, me corro.

    Resoplaba cuando el sentía el hormigueo sobre mi glande y la eyaculación era inminente. Por fin salió el primer chorro que acompañé con un grito. Ana tragó esa primera descarga que ya bajaba por su garganta.

    Se la retiré y, tirándole del pelo, dirigí el segundo chorro a su preciosa cara de putita. El líquido viscoso cruzó desde su mentón hasta su pómulo. Yo la miraba con cara de suficiencia mientras la suya era retadora:

    -Abre la boca joder. -Le ordené para descargar dentro.

    Otro chorro manchó su dentadura de dentífrico antes de caer sobre su lengua. Ana tragó con gusto:

    -Qué cerdo eres…

    Con mi polla palpitante recogí los restos de mi corrida en su cara y se lo llevé a sus labios. Ella los recibió gustosa y acabó de limpiarme el nabo. En medio de la vorágine sexual no habíamos prestado atención a que el novio estaba llorando. El tipo no había podido soportar como su novia le había practicado semejante comida de polla a aquel desconocido y había roto a llorar como un niño. Reconozco que sentí lástima de aquel pobre hombre al que estaba humillando hasta el llanto. Pero si si novia no lo hacía, no sería yo quien le liberase.

    Ayudé a Ana a levantarse. Yo aún con la camisa y los pantalones en los tobillos. Ella solamente con sus braguitas negras de encajes. La acerqué hacia mi y la besé. Sin importarme los restos de mi lefa en su boca le metí la lengua muy adentro. Ella apretaba mi cabeza contra la suya agarrándome por la nuca. El tipo moqueaba sin dejar de llorar como un niño.

    Lancé a Ana contra la cama. Rio divertida cuando cayó sobre el colchón. Me terminé de desvestir y me arrodillé a los pies de la cama. Ante mí tenía el sexo rasurado de una doctora de 26 años. Joven, terso, jugoso. Su aroma era embriagador y la situación era tremendamente morbosa. La chica entregada, el novio humillado y yo triunfando.

    Pasé lentamente mi lengua por aquella rajita ardiente. Desde el ano hasta el clítoris arrancando a Ana un suspiro de placer. Seguí con la maniobra durante unos minutos. En cada pasada notaba como manaba más flujo de aquel joven coño. De fondo oía al gilipollas del novio moquear producto de la llorera, lo que lograba que me excitase más. Comencé a follarle el coño a Ana con mi lengua. Recorría cada pliegue de aquella cueva. Me relamía saboreando cada gota de flujo vaginal. Me entretuve en el clítoris. Pasé la lengua, primero despacio. Rodeándolo para terminar dándole pequeños golpecitos.

    Ana había cambiado los suspiros por gemidos, algo que Carlos, el novio, no soportaba:

    -¿Te está gustando, Ana?, No me lo puedo creer. Te comportas como una auténtica puta.

    Ella no respondía y me agarraba la cabeza enredando sus dedos en mis cabellos. Notaba como hacía presión en mi nuca para que no me separase de su coño. Yo trillé su botón de placer con mis labios y comencé a pasar la lengua por él todo lo rápido que podía. Ella comenzó a gritar. A retorcerse de gusto. Apretaba sus piernas entorno a mi cabeza. Su cuerpo comenzó a tensarse antes de arquear la espalda:

    -Joder cabrón, qué comida me estás dando… Sigue joder, que me corro…

    Justo antes de que llegara al orgasmo le introduje dos dedos, lubricados en su propio flujo, en el culo lo que terminó de derribar su resistencia. Se pellizcaba los pezones. Se amasaba las tetas. Movía las piernas. Y por fin gritó entregada al orgasmo:

    -Ahh, sííí. Dios que lengua tienes cerdo. Hijo de puta que bien mueves la lengua, cabrón.

    Sin dejar que se recuperara me coloqué sobre ella. Busqué su boca para comérsela y sin previo aviso le calcé la polla hasta lo más hondo de su vagina. Ella gritó de dolor. Mientras le mordía el labio inferior seguí con golpes secos de cadera. Incrustándole la polla en el coño. Sintiendo como nuestros pubis chocan, produciendo un excitante ruido que se mezclaba con mi respiración forzada, los ahogados gritos de placer de Ana y el llanto de Carlos. Imagino que la visión del culo de un tipo que está empotrando a tu mujer contra el colchón no debe ser muy agradable, así que sus lágrimas estaban justificadas.

    Ana me clavaba las sus uñas en la espalda, Me abrazaba con sus piernas alrededor de mi cadera y mordía mi hombro con cada embestida que yo le daba. Justo antes de llegar al orgasmo giramos sobre ella hasta colocarse a horcajadas sobre mí. Ana se dispuso a cabalgarme. Con las rodillas a cada lado de mi cuerpo. Se recogió la melena en una cola y comenzó un movimiento de amazonas sobre mi polla. Yo notaba como la penetración era profunda. Aquel volcán que era su coño estaba inundado de flujo ardiente. A medida que tomaba velocidad en la cabalgada la joven médica se colocó las manos en la nuca dejándome ver como sus pequeñas tetas con aquellos pezones marrones oscuros, casi negros, se movían de manera hipnótica con cada bote de ella:

    -¿Qué estás haciendo puta? –Su novio ya no se cortaba en insultarla

    Ella, al oír que su novio, cornudo ya para siempre, la llamaba puta gemía con más ganas:

    -Sí joder, que polvazo más rico.

    Yo acariciaba su precioso cuerpo, excitado por la situación y el morbo. Me incorporé. La agarré por la cola y tiré de su pelo echando la cabeza hacia atrás para morderle el cuello mientras ella no dejaba de botar clavándose mi polla hasta el fondo. No dejaba de gemir de gusto y su novio no dejaba de resoplar intentando desatarse al tiempo que nos insultaba, totalmente humillado:

    -Me voy a correr. –Le anuncié a La chica.

    -Hazlo dentro. ¿Te gusta correrte dentro de la vagina de una jovencita como yo?

    La tumbé hacia atrás y sin sacársela del coño me volví a situar sobre ella. Su cabeza colgaba por fuera del colchón frente a su novio. Aceleré los empujones contra su coño hasta que vertí varios chorros dentro de aquel joven coño desconocido. La visión que le brindábamos al novio era espectacular. Su novia tirada en la cama con la cabeza colgando mientras un maduro desconocido, arrodillado en la cama, la agarraba por la cadera al tiempo que le embestía pollazos en su coño. Ella gritaba de placer sintiendo como mi polla se clavaba en su coño y se pellizcaba las tetas. Yo resoplaba descargando toda la lefa dentro de su vagina. Y su novio, que ya no lloraba, nos insultaba y maldecía el día que la conoció. Se lamentaba de haber hecho este viaje y de haber aceptado este pago de la deuda.

    Los dos caímos rendidos. Yo sobre ella. Habíamos alcanzado uno maravilloso orgasmo y ahora, con los cuerpos sudorosos, estábamos pegados el uno al otro. Mi polla perdía la erección dentro de su ardiente coño y el abundante semen comenzaba a salir entre los labios vaginales de Ana.

    Después del polvo nos mantuvimos los tres en silencio por un espacio de tiempo indeterminado. La situación se había vuelto incómoda. De la pasión con que nos habíamos comportados Ana y yo ahora quedaba poco y una sensación de vergüenza incómoda nos embargaba. Ella fue la primera en levantarse y meterse en el baño. Yo comencé a vestirme sin mirar al tipo que seguía atado a la silla. Me mira cabreado pero yo no pensaba sacarlo de aquella situación. Tampoco me correspondía.

    Una vez vestido, le dejé fichas del casino por valor de 2.000 € y les dejé una propina de 500 más. No sé cómo se lo tomaría la médica que seguía dentro del baño, donde ahora se oía la ducha. Le dejé de regalo la baraja de cartas con las que le había ganado la última apuesta y me largué de la habitación. Imagino que después de irme Ana saldría del baño y tendría una larga charla en la que pondrían fin a su relación. El viaje de vuelta sería bastante embarazoso. Más aún si el tipo descubría que la baraja con la que gané estaba amañada. La carta más alta era la dama de corazones que además tenía un perfil más grueso para que poder levantarla siempre. Cosas de un jugador profesional, ludópata y mujeriego como yo…

  • ¿Esto es real… o es un sueño?

    ¿Esto es real… o es un sueño?

    El relato que les traigo hoy es una historia real, una situación real… o no. Jueguen con su imaginación.

    Allí estaba ella, en la cama del hotel, su cuerpo desnudo le daba a la habitación una mágica obscenidad. No podía creérmelo, después de la interminable noche de pasión que hemos tenido y todavía no puedo eludir sentir este fuego dentro de mi cuando la miro.

    Esta tumbada de lado sobre la gran cama, las paredes de maderas, una pequeña chimenea, el borde de la ventana nevado, parecía sacado del plano más hermoso que jamás haya visto en una película. Las sábanas la envuelven en perfecta armonía con su oscuro pelo. Los primeros rayos de sol del invierno inundan la habitación como haces de luz dorados por la ventana situada justo al lado de ella y el único sonido audible es el suave canto de los pájaros.

    No se mueve, continúa siendo poseída por Morfeo, dios de la noche y de los sueños. No me canso de mirarla, cada detalle me parece hermoso, cada rasgo de su cara, cada curva de su cuerpo vestida solo por la sabana.

    Nunca pensé que podría palpar algo así… creí que ya nunca lo sentiría. Hace tiempo soñaba y fantaseaba con hacerlo, pero llegó un día en el que perdí la esperanza harto de encontrarme tan perdido sin ti y sin embargo ahí estabas.

    Abres los ojos lentamente y estos tardan en encontrarme un segundo, justo cuando nuestras pupilas se miran, tu mirada me tiene, tu sonrisa me enamora, tu cuerpo me quiere.

    Estoy aquí, sentado justo al otro lado de la cama, te observo, te amo con los cinco sentidos.

    Con la mano te acaricio la cara y una lágrima cae por tu mejilla. Yo también te quiero mi amor, no hace falta ni que separes los labios, solo necesitaba mírate y al verte verme.

    Me siento en la cama, quiero besar esos labios que me buscan mordiéndose, quiero sentir tu cuerpo en mi piel. Enseguida noto tu calor, la sensación es increíble, mi cuerpo entero vibra, las piernas me tiemblan, el mundo entero se para.

    Mis manos recorren por tu espalda, estas muy suave. Sonríes, siempre sonríes y no puedo evitar ser feliz cuando me miras así, podría vivir mil años, escuchando tu silencio.

    Te beso, te abrazo, te miro. Otra vez el rayo, otra vez el fuego. Te deseo, te beso el cuello, la boca, los ojos… Tus manos aprietan mi espalda desnuda, ¿me sientes?… Mi respiración se entrecorta, por los dioses, cuanto te deseo.

    Te insinúas, me provocas, me besas, me muerdes, me activas. Tu boca se abre lentamente dejando escapar un suave gemido casi inaudible, el más sensual que jamás he oído, mientras mis labios recorren tu cuerpo. Un escalofrío me recorre entero. Deseas que te posea, todo tu cuerpo esta sediento de mí. Te abrazo y somos uno, te tiembla suavemente el estómago acompañando tu entrecortada respiración.

    Cuantas veces te he soñado mi amor, tantas que te quiero desde siempre y sigo soñándote. Mis manos te recorren, te conocen entera como si un imán dentro de ti las condujera, siento tu cuerpo como mío, los escalofríos me estremecen mientras te deseo y te acaricio recreando tus formas. Te recorro todo el cuerpo sin dejarme un centímetro. Apretamos nuestros cuerpos, quiero sentirte entera sin perder un milímetro.

    Nuestras respiraciones se unen, se aceleran. El hormigueo de mi estómago se abre camino por el resto de mi cuerpo. Estamos tú y yo, solos en el universo, no hay nada más, no quiero nada más.

    Siento que ya no estoy en mi cuerpo, hemos sobrepasado todos los muros físicos y son nuestras almas las que se mezclan y se retuercen.

    Ambos estallamos en una explosión mientras nos abrazamos fuertemente como si quisiéramos traspasar la frontera de nuestros cuerpos, nos miramos a los ojos y una lágrima me sorprende recorriendo mi mejilla lentamente, no intento contenerla, dejo que fluya por todo mí ser, como toda mi pasión… creo que nunca antes había hecho el amor si es esto lo que se siente… amor sincero, sin miedo, sin máscaras, puro.

    Te recorro entera a besos mientras con los ojos cerrados sonríes y te muerdes los labios, mi corazón es una bomba, lo siento por todo el cuerpo.

    Nuestra respiración vuelve poco a poco a un ritmo normal y tus manos me acarician la cara mientras tus ojos la recorren celosos de lo que ven, como si intentara encontrar una respuesta a una pregunta que nunca se atrevieron a hacer… ¿de verdad eres tú?

    Una suave melodía empieza a sonar, primero muy bajito, aumentando poco a poco su volumen. Tu mirada cambia, puedo leer la preocupación en tus ojos y el miedo reflejado en tu rostro, me abrazas fuerte como si no quisieras que me fuese a ninguna parte, pero tus brazos van perdiendo fuerza y el sonido aumenta. Te abrazo para que no tengas miedo, no me iré a ningún sitio mi vida, siempre estaré contigo.

    Tus labios se mueven, pero no los oigo, tu piel suave se vuelve sedosa y tu carne se acolcha, no sé qué pasa, la habitación se oscurece… y el sonido sigue creciendo… otra vez no… otra vez … por favor… no te vayas, no desaparezcas…

    Otra lágrima recorre mi cara… esta vez noto muy claramente la húmeda gota recorriendo mi cara más afilada que nunca, la melodía… esa melodía que hace que despierte de mi sueño… espero verte pronto mi amor, pienso mientras aprieto la almohada entre mis brazos y hundo mi cabeza buscando un último beso, un último contacto… hasta nuestro próximo sueño… y alargando la mano busco el silencio apagando la alarma del despertador que nos separa cada día.

    Muchas gracias por leerme y espero un comentario o alguna valoración.

  • Por el ano no es incesto

    Por el ano no es incesto

    Mi nombre es Marcela y después de divorciarme quedé sola con mi hijo, nos llevamos muy bien, él estudia todo el día para la universidad y yo trabajo como diseñadora gráfica en una empresa de comunicaciones, tengo a veinte empleados a mi cargo, un trabajo muy estresante, un lugar creativo que combina arte y negocios, en un ambiente de egos muy elevados.

    Mi cable a tierra lo tengo dos horas antes de ir a trabajar, salgo a correr unos kilómetros cerca de casa, regreso a casa, me ducho, me cambio y voy a trabajar, tal vez lo vean como una rutina muy habitual en muchas personas, pero se lo cuento para enmarcar mi historia.

    En un día muy caluroso salgo a correr como siempre a eso de las 7:30 para volver dos horas más tardes, ese día tendría que entrar un rato antes a la oficina, así que me apuro en ducharme y cambiarme. Tiro la ropa empapada en sudor en un cesto, aunque casi siempre la llevo a la lavadora y la dejo funcionando mientras estoy trabajando así no lo tengo que hacer cuando regreso de la oficina.

    Para correr llevo calzas y remera de algodón, tengo varias, muchas veces, si el día no es muy caluroso, la uso dos días seguido. De ropa interior llevo para correr una tanga, que uso para dormir, siempre es parte de un conjunto de lencería con el que voy a trabajar el día anterior, me gusta ir bien vestida y eso también incluye la ropa interior, de encaje bordado y con transparencias, muy sexi, aunque sea sólo para mi deleite en el espejo, forma parte de mis fantasías más íntimas. Aunque el corpiño que uso para correr es uno deportivo, cruzado en la espalda para que no se bamboleen mis tetas mientras corro, es por comodidad más que por gusto.

    Volviendo a ese día, ya cambiada salgo apurada a la reunión, mi hijo a esa hora todavía duerme, se levanta más tarde para clases virtuales, así que hasta que no regreso del trabajo no lo veo. Subo al auto y cuando hago unos kilómetros me doy cuenta que me olvide la laptop con la presentación en mi habitación, no me queda que volver rápido a casa a buscarla.

    Llego a casa, me descalzo para no hacer ruido, no quería despertar a mi hijo, ya que con los tacos altos hago mucho ruido cuando camino por los pisos de madera, voy a mi habitación que queda al lado de la habitación de mi hijo. Veo la puerta de la habitación de mi hijo abierta y escucho unos gemidos, me asomo y lo veo todo desnudo, parado mirando el monitor de su PC, con auriculares y con la tanga roja, que deje para lavar en el cesto del baño, en la cara, una parte la tenía adentro de su boca, parecía que la quería comer.

    No era lo único que podía ver, se estaba pajeando con la mano derecha, nunca imaginé que mi hijo tendría semejante pene, sobresalía como diez centímetros de su mano, erecto largo grueso, brilloso, con una cabeza monstruosa. Me retiro un poco entre la sombra del pasillo y lo sigo mirando, no se daba cuenta que lo espío. Siento un calor que recorre todo el cuerpo, estaba excitada, no podía evitar meter los dedos en mi vagina por entre mi ropa interior, me mojo casi al instante, él me estaba oliendo, me estaba saboreando, era como si me estuviese chupando. Siento un pequeño temblor en mis piernas, tuve un orgasmo, lo que hizo recuperar mi cordura por un instante.

    Tomo consciencia que tenía que acabar con esa situación para poder volver al trabajo, decido volver despacio a la entrada de casa y hacer ruido para que se dé cuenta que llegué. No quería avergonzarlo, al contrario, me gustaba lo que estaba haciendo. Vuelvo a subir, esta vez sin sacarme los zapatos y paso por delante de su habitación, miro y estaba acostado, hacia como que dormía, voy a mi habitación tomo la laptop y salgo camino al trabajo como si nada hubiese pasado.

    Ya en el automóvil me miro en el espejo retrovisor, tenía la cara roja y brillosa. Estaba agitada, excitada, me paso un pañuelo descartable, me peino un poco y salgo rápido para el trabajo.

    Desde ese momento no me podía sacar la imagen del pene en la mano de mi hijo, chupando mi ropa interior. Di mi presentación delante de varias personas, pero no podía dejar de sonreír mientras hablaba, lo hacía como un autómata que no sabía que decía, sólo lo decía. Me aplaudieron cuando terminé la presentación y el sonido del aplauso me indicó que había terminado, casi no me doy cuenta que lo había hecho.

    Todo el día en la oficina mi cabeza estaba en ese pasillo de mi casa, espiando a mi hijo mientras se masturbaba. No dejaba de tocarme cada vez que quedaba sola en la oficina.

    No veía la hora en que volvería a casa, pero todavía no había decidido que hacer, si dejar pasar la situación o aprovecharme de ella, no sé si por la excitación tomé la decisión de decidirme por la segunda opción.

    Sabía que, a Sergio, así se llama mi hijo, lo excitaba mi ropa interior, así que tenía que planear algo para ponerla a su alcance. Pensaba y pensaba varias alternativas cuando viajaba en el auto, no estaba convencida de ninguna, pero decido ir de a poco, empezar a excitarlo con un juego de seducción.

    Llego a casa y veo a Sergio jugando con su Play en el salón, parecía un zombi, igual que siempre que está jugando. Me arrimo e intento darle un beso, pero me aleja con un empujón, no le gusta el cariño de una mamá, entonces comienzo con lo que había planeado en el auto.

    Cuando me aleja me tiro sobre él y empiezo a hacerle cosquillas, empezamos a forcejear como niños sobre el sofá, trata de sacarme de encima, pero sus esfuerzos son en vano, yo insisto con las cosquillas, pero al ser mucho más fuerte me domina con facilidad y me toma de los brazos, ahora él empieza a hacerme cosquillas, los dos sabemos que yo tengo muchas cosquillas.

    Todo iba de acuerdo a lo planeado, empiezo a reír mientras me hace coquillas y no puedo parar, me retuerzo sobre el sofá lo que hace que él insista en hacer más cosquillas, yo sabía que aprovechaba para manosearme, pero no sólo ese era el plan.

    Marcela: ¡para! ¡para! basta

    Sergio: vos empezaste

    Marcela: ¡Para! Que voy a hacer pis, jajaja

    Sabía que lo que le dije lo haría insistir con más fuerza en las cosquillas, sigue y sigue, hasta que empiezo a hacer pis con mucha fuerza, mientras aprieto mi vejiga.

    Marcela: jajaja ¡Me estoy haciendo encima!

    Llevaba puesto un vestido beige claro y una camisa blanca. El vestido se empieza a mojar y cambia a un color más oscuro, la orina empieza a chorrear por mis piernas y llega al sofá. Me zafo de sus brazos y me paro a un costado.

    Marcela: mira lo que hiciste. Jajaja estoy toda mojada.

    Sergio: Fue tu culpa

    Marcela: Mira, tengo todas las piernas y la pollera mojada. Me lo tendría que lavar vos.

    Sergio: jajaja salí sucia. Otra vez no me hagas cosquillas si no te vas a mojar de nuevo.

    Marcela: Bueno, me voy a dar una ducha y después me decís que hago de comer.

    Ya había cumplido con el primer paso, había salido a la perfección. Pongo toda la ropa en el cesto del baño y me ducho, no paro de masturbarme mientras el agua fría recorre mi cuerpo. Cada vez estaba más excitada, no lo podía evitar, ya pensaba en que haría mi hijo con esa ropa mojada de pis, la iba a dejar hasta el otro día para que a la mañana hago lo que quiera con ella.

    Al otro día seguí la misma rutina, correr e ir a trabajar, ya era viernes y como ya había hecho la presentación en la oficina, estaba más librada de las obligaciones laborales, así que me iba tomar dos semanas de vacaciones. Se me ocurrió en el viaje al trabajo, sería una buena forma de estar más cerca de mi hijo.

    Mientras estoy en la oficina, encargo a un local de deportes una bicicleta de carrera, me la llevarían mañana a casa, tenía una idea. Cuando llego a casa se lo cuento a mi hijo.

    Marcela: Voy a pasar estas dos semanas de vacaciones, compré una bicicleta que me traen mañana y quiero que me acompañes con la tuya a la mañana, estoy cansada de correr sola.

    Sergio: pero si me decías que no te gustaba andar en bicicleta, que era peligroso y no sé qué cosas más

    Marcela: Bueno, pero uno puede cambiar de idea.

    Sergio: ¿Cuál compraste?

    Marcela: una de carrera.

    Sergio: Pero son muy altas, vos no estas acostumbrada, quien te dijo que compres esa.

    Marcela: yo la elegí

    Sergio: me hubieses preguntado, es muy alta, casi no tiene amortiguación, muy dura, incómoda

    Marcela: ya me voy a acostumbrar, no te hagas problema

    Sergio: Después no me digas que no te avise.

    Yo sabía que elegir una bicicleta de carrera, casi profesional, era una locura, él tenía razón, pero que mejor que tener que darle la razón después de lo que iba a hacer. El sábado llego la bicicleta, la armamos y di unas vueltas en círculos, no me acostumbraba especialmente a la altura y al asiento incómodo, tampoco era algo tan grave, pero debía exageras delante de Sergio. Cuando termino de dar vueltas desciendo de la bicicleta y me toco el culo delante de Sergio demostrando dolor, él enseguida me increpa.

    Sergio: Que te dije, ahora no te quejes.

    Marcela: no es nada, una pequeña molestia, mañana voy a hacer unos kilómetros, aunque no me acompañes.

    A la mañana del domingo salgo temprano con la bicicleta, sabía que Sergio no me iba a acompañar, igual le aviso que en unas horas volvería. Recorro unos kilómetros y me detengo en un parque, dejo la bicicleta en el pasto y voy detrás de unos arbustos, no había nadie a esa hora, pero me iba a preparar para Sergio y no necesitaba espectadores. Lleve una esponja vegetal, de esas que se usan para el baño, seca raspaba como un abrasivo. Me bajo las calzas y la ropa interior, me inclino y empiezo a frotar la esponja en el culo, la froto con fuerza muchas veces, siento que me raspa el ano, puedo sentir el dolor por la fricción, pero aguanto el dolor casi con el placer de hacer un trabajo realista. Después de raspar me doy cuenta que el culo estaba caliente por la fricción, sentía que se prendía fuego, me vuelvo a vestir y regreso a casa en la bicicleta. Mientras regresaba casi no podías apoyar el culo en el asiento, el calor se convertía en dolor cada vez que tocaba el asiento.

    Llego a casa, pero con la bicicleta rodando a mi lado, la empujaba siguiendo un ritmo lento en el caminar para remarcar mi incomodidad. Mi hijo me ve cuando estoy entrando por la puerta.

    Sergio: ¿Qué te pasó? ¿Te caíste?

    Marcela: No, fue esta bicicleta de porquería.

    Sergio: te dije que no era para vos ¿Qué te pasó?

    Marcela: parece que me raspé el culo, lo siento caliente y me arde, casi no puedo caminar

    No pierdo un segundo más, no quería perder la oportunidad, así que me doy vuelta y me bajo la calza. La tanga que llevaba puesta se perdía en el medio de las nalgas.

    Marcela: Mira como tengo

    Yo sé que tengo un culo grande y hermoso, aunque parece más grande por mi cintura pequeña. Mi hijo queda en silencio, pero no puede sacar la vista del culo.

    Sergio: no veo nada raro.

    Marcela: Espera que agacho un poco… ¿ahí?

    Me inclino y abro el culo con mis dos manos.

    Sergio: está un poco colorado.

    Marcela: Espera, a ver si ves mejor

    Me bajo la tanga para que haga lo que quiera.

    Marcela: ahora ves mejor

    No dice nada, se arrodilla a mi espalda y con sus manos separa mis nalgas, no digo nada, solo espero en silencio. De pronto arrima su cara y la hunde en medio del culo, me lo empieza a chupar.

    Sergio: Perdón, perdón

    Marcela: no pares, no pares

    Me empieza a chupar el culo con desesperación, su lengua quería entrar en mí, parecía que no podía respirar, pero seguía chupando. Empiezo a temblar de placer, siento que me iba a venir y me doy vuelta de golpe.

    Marcela: Ahora me toca a mí.

    Me arrodillo y le bajo los pantalones de un tirón, queda su inmensa pija a la altura de mis ojos, la tomo con las dos manos y me la llevo a la boca. Su pene era gigante, casi no me entraba en la boca, la chupo y puedo sentir con la lengua sus hinchadas venas. No puedo parar de chupar, pero no quería que acabará en mi boca.

    Marcela: quiero que me la metas.

    Sergio: Si, date vuelta.

    Marcela: Pero, por el ano, que no es incesto.

    Sergio: te va a doler

    Marcela: aunque me escuches gritar, no pares

    Arrimo su enorme pene a mi ano y empezó a tratar de meterlo haciendo fuerza, parecía una tarea imposible, pero siguió empujando con más fuerza hasta lograr meter la cabeza, luego fue dolor que se convirtió en placer. Empiezo a gritar con cada embestida, era un grito que no podía controlar, salía de mis entrañas.

    Pasan unos minutos, hasta que no aguanta más adentro del culo y acaba con varios chorros de leche, podía sentir cada gota llenarme las tripas. Empieza a retirarlo centímetro a centímetro, sale erecto y duro como cuando lo metió. Me vuelvo a dar vuelta y se lo chupo de nuevo, era una máquina que no bajaba su rendimiento.

    Así estuvo más de una hora, me entraban sin ningún esfuerzo dos o tres dedos en el ano, casi sin darme cuenta, me lo había dilatado como nunca antes. Desde ese momento no paramos de coger todos los días, aunque ya no solo lo hacemos por el ano, aunque, casi es su lugar predilecto y también el mío. Sé que algún día se pondrá de novio y hasta formará pareja, pero nos prometimos que su pija siempre estará unida a mí, siempre que necesitemos de los placeres del sexo.

  • Nunca desafíes a una trans activa y fiestera

    Nunca desafíes a una trans activa y fiestera

    Esta experiencia que voy a relatar sucedió hace varios años y la recuerdo con mucha nostalgia a pesar del primer momento un poco doloroso.

    Cuando tenía cerca de 25 años después de organizar por largos meses un viaje a Brasil con amigos, llegó el momento de cumplir ese proyecto de unas vacaciones con amigos de toda la vida. Éramos un grupo de amigos y amigas de la infancia que decidimos viajar en grupo para guardar un buen recuerdo de nuestra amistad.

    Las vacaciones venían bien entre salidas playa conocer gente local etc., en fin un viaje estupendo entre amigos.

    Una noche en que no me sentía bien para salir con el grupo decidí quedarme en la pensión dónde parábamos. Eran cerca de las 23 h y ya sintiéndome mejor salgo a la cocina, era una casona vieja convertida en pensión o sea la cocina era compartida, mientras calentaba el agua para el té me pongo a visitar páginas de escorts, trans, algo que siempre hacia y que ya tenía experiencias con varias trans en mí ciudad de Argentina.

    Estaba viendo y curioseando algunas trans de Brasil y leyendo experiencias, aclaro que siempre mí morbo era con trans muy dotadas, a medida que leía experiencias mí morbo crecía cada vez más y pensaba en buscar algún momento para tratar de visitar a alguna antes de terminar mis vacaciones.

    En eso que estaba viendo algunas fotos el agua ya estaba lista para prepararme el té y dejando el celular sobre la mesa me voy a sacar el agua del fuego y prepararme el té que después me llevaría a mi habitación. Pero cuando estaba preparando el té entra la dueña de la pensión, que olvidé aclarar era una trans bastante femenina, alta, de cuerpo escultural muy simpática y muy ubicada jamás dio a entender nada con ninguno y por ese mismo motivo tampoco me había despertado en mí curiosidad.

    Al entrar se disculpa diciendo que no se había dado cuenta que había alguien y le digo no hay problema que solo me fui a preparar un té. Yo estaba solo con un short de baño sin remera ya que hacía bastante calor y ella solo una bata muy liviana no se de telas pero algo así como de seda. Se dirige a la heladera a buscar una cerveza y al pasar por la mesa vio mi celular dónde estaba abierta la página de una trans muy dotada de Brasil.

    En un principio no dijo nada y yo al darme cuenta que podría haber visto mi celular me puse nervioso y fui a recogerlo para bloquear la pantalla. Ella se dio cuenta de mí reacción y destapando la cerveza me dice «no te preocupes que lo que estabas viendo no tiene nada de malo» me puse algo nervioso y colorado, pero ella supo cambiar de tema para que me sintiera más relajado y me despide dirigiéndose a su habitación.

    A los minutos ya terminando mi té y asombrado por las experiencias que leía escucho que me golpean la puerta, abro y era la dueña que me pedía si le hacía un favor, necesitaba que le ayude a correr un placard de su habitación que se le había caído el control del televisor, en mi inocencia accedo y la acompaño. Logro correr el mueble que era bastante pesado y ella servía cerveza y cuando se lo alcanzo me convida cerveza, mientras tomo recorro con mí vista su habitación y muy ordenada y limpia y veo sobre su cama una tanga roja muy diminuta y se me cruzó por la cabeza pensar como hacían siempre las trans para disimular su pija con tangas tan pequeñas, tuve experiencias con doradas que ni se les notaba por eso siempre mi duda.

    Creo que ella se dio cuenta lo que estaba observando y que algo estaba pensando entonces me pregunta que estaba pensando y yo solo le dije que nada, a lo que no me cree y me insiste en que le diga lo que pensaba, que estábamos en confianza que podía contarle lo que sea.

    Entonces le confieso lo que pensaba y ella se ríe mientras se sentaba en su cama contra el respaldar de la cama y me ofrece sentarme en un banco que tenía al lado.

    Me decía que siempre le pasaba lo mismo que en sus experiencias sexuales muchas veces le preguntaban cómo era que disimulaba su dotación con la ropa interior tan pequeña, y ahí fue que se me empezó a despertar mi pija y mi morbo crecía, hasta que se levanta recoge esa tanga y se va al baño (tenía su propio baño en su habitación por ser la dueña) vuelve y me pregunta si quería ver cómo le quedaba la tanga y que opinara si se le notaba algo.

    Se quita la bata y estaba solo con la tanga roja, primero le observo las tetas que eran grandes con unos pezones del tamaño de mi pulgar bien erectos y al bajar la vista le miro donde tendría que notarse el bulto y no se le notaba absolutamente nada, en ese momento pensé que no sería dotada realmente, da un vuelta dejando apreciar el hermoso culo redondo y parado que tenía y no podía entender cómo era que disimulaba siquiera los huevos jaja!!

    Se vuelve a sentar en la cama, pero sin colocarse la bata diciendo que tenía calor y si no me molestaba que esté así medio desnuda, a lo que le respondí molestar no me molesta me pone algo incómodo en tono de broma.

    Seguimos tomando cerveza y charlando de todo un poco y la charla iba subiendo de tono en el plano sexual y en un momento me pregunta si estaba muy incómodo le dije que ya no tanto y me dice porque se nota que estás incómodo ahí abajo señalando mí short. Tenía una erección bastante incómoda y estaba casi que se notaba mí humedad preseminal.

    Le confieso que por la conversación y verla semi desnuda estaba excitado y me dice que no tenía porque estar así, que si no me molestaba ella me ayudaba a relajarme para poder seguir disfrutando de una noche de charla amena, sin llegar a responder se acerca a mí, arrodillándose en el piso y sacando mi pija totalmente erecta empieza a darme un oral suave lento y profundo, yo al estar completamente excitado no tardé mucho en acabar y ella se tomó toda mí descarga hasta que mi pija volvió al estado de reposo, volvió a su lugar y seguimos tomando y yo unos minutos en silencio pensando en lo que había pasado.

    Ella rompe el silencio y me pregunta “no te gusto?”. Le respondo que si, solo que no estaba acostumbrado a que solo me den placer sin pedir nada a cambio, ella me respondió que no pedía nada que era simplemente hacer lo que cada uno quisiera, entonces le propuse devolverle mínimamente el favor si quería y ella se sonrió y me dijo que con gusto si yo estaba dispuesto ella no tenía problema, pero que no me asustara.

    Mí morbo estaba por las nubes y ya estaba entrando en confianza y me acerco a besarle los labios con pasión y acariciándole los pechos hasta bajar y empezar a comerle los pezones duros y grandes que tenía mientras escuchaba sus gemidos y me acariciaba la espalda y la nuca.

    Me siento al borde de la cama y le pido se ponga de pie frente a mí y ahí veo que se le empezaba a notar un pequeño bulto en su tanga la giro para dejar en mi cara su tremendo culo y le empiezo a lamer sus nalgas y apretarlas con ambas manos hasta que decido separárselas para pasar mí lengua por su raja y su ano y ahí fue que vi dónde escondía su bulto, tenía su pija dormida escondida entre sus nalgas sostenida por el hilo de la tanga al bajarsela le quedó colgando y yo quedé asombrado pensando si así era en reposo lo que sería erecta no pude seguir con lo que pensaba hacer y la volví a girar para apreciar su pija y llevármela a la boca, estando dormida no me entraba completa en la boca y luego de unos pocos minutos comenzó a tomar dureza y calor, ayudado con mis manos la masturbaba y chupaba su glande que no dejaba de brotar líquido preseminal algo dulce y espeso.

    Ella gemía y me agarraba la cabeza moviendo sus caderas, en un momento levanta una pierna y la pone sobre la cama y me hace chuparle los huevos y al chuparle los huevos su pija apoyaba mí cara y pasaba ampliamente más allá de donde terminaba mí cabeza, en ese momento me separó de ella para apreciar el tamaño de tremenda pija y era totalmente gigante.

    Me acuesta en la cama y empezamos un 69 donde ella al estar arriba controlaba la situación y empezó a meterme varios dedos y me decía que tenía lindo culo yo estaba a punto de explotar por segunda vez y no quería por lo que cambie de posición y ella boca arriba me subo a cabalgarla.

    Lentamente fui introduciendo su pija en mí culo hasta llegar a tener la mitad que ya me estaba llenando por completo y haciendo tope al final de mí recto donde hace la curva por dentro.

    En ese momento y al estar en cuclillas fue que inconscientemente decidí metérmela por completo y sin pensarlo me deje caer para que entrara toda a pesar del dolor interno que significaba. Ella pegó un grito de placer a la vez que se escuchó un crujir dentro de mí esfínter y me quedé un momento sentado con un dolor desgarrador por dentro.

    Luego de cortos minutos decido empezar a cabalgar y al levantar mi culo costaba que saliera hasta que salió poco más de la mitad y volvía a dejarme caer y volvía doler, así estuvimos cerca de 5 minutos hasta que salió por completo y me hizo colocar en 4 patas, al sacarla veo que se le había inflamado la cabeza de su pija, le quitó el forro que parecía cortarle la circulación y se la chupo un buen rato limpiando todo el preseminal que le corría por toda la pija.

    Se vuelve a colocar un forro y se colocó detrás de mí apoyando su glande en mí culo enrojecido e hinchado y me clava sin piedad hasta el fondo que me quita el aliento por unos minutos.

    Le pedía que parara un poco mientras yo la empujaba con mi culo haciendo más profunda la penetración en una actitud ambigua de querer que la sacara, pero a la vez que la metiera más fuerte, me cogió así por largos minutos hasta que estuvo por acabar y le pedí que lo hiciera en mi boca a lo cual accedió se quitó el forro y sin necesidad de nada la metió en mí boca y descargó 5 chorros de una leche muy espesa y muy abundante que trague sin dejar una sola gota.

    Nos reincorporamos y me dice que va a buscar algo para tomar para pasar el calor y la leche que me había tomado, ella sabía lo que es sentir que no baja por la garganta la leche tan espesa.

    Vuelve a la habitación con otra cerveza y continuamos tomando recostados en su cama, desnudos y algo cansados. Charlando me dice que había gritado bastante que la próxima podía morder la almohada y yo en tono de broma y desafiante le respondo que mejor que una almohada hubiera sido mejor otra pija en la boca y ella me dice que tuviera cuidado con los deseos, pero no le di importancia a su respuesta.

    Sigue en la parte 2…

  • María, mi compañera mayor

    María, mi compañera mayor

    Les voy a contar de María, solo de recordarla vienen a mi momentos lujuriosos y peligrosos que viví con ella.

    La conocí a mediados del 2011, una morenita de 1,60 cm, nalgas paraditas, tetas tamaño medianas y un amor de mujer, ella era mucho mayor que yo en ese entonces.

    Yo tenía 22 años y comenzaba en la industria del arte gráfico, ella tenía 33 años y ya tiempo de experiencia en el trabajo, desde que la conocí me encantó, siempre con sus pantalones entallados o minivestidos, siempre se veía bien.

    Comenzamos una amistad y poco a poco nos llevábamos mejor, aunque ella me platicaba de su novio, a mí no se me quitaban las ganas de hacerla mía, creo que ella lo sabía y me daba entrada e incluso ella me insinuaba que estaba dispuesta a que pasara algo.

    Todos los compañeros ya nos tomaban como pareja, ella me tomaba de la mano cada que salíamos y aunque había varios que la buscaban, ella terminaba siempre conmigo.

    Llegó la fiesta de fin de año de la empresa, la organizaron en un bar que estaba en la avenida universidad, ese día todos estábamos bailando y tomando, ella se veía muy bien.

    Llevaba un minivestido negro que le llegaba a la mitad de sus muslos, unas medias negras y un escote a la mitad de la espalda.

    La verdad yo no me le separaba, bailábamos, cantábamos y tomábamos, estábamos bien alegres, ya entrando más la noche le dije que si no quería ir a otro lado a seguirla pasando bien.

    Después de estar bailando y tomando un rato comenzamos de cariñosos, le daba de besos en el cuello y le acariciaba su espalda, ella me acariciaba mi entrepierna y me besaba los brazos…

    M: ¿Qué quieres hacer ahora niño?

    T: ¡Más bien que no te quiero hacer jajá!

    R: Jajajá nunca he estado con alguien menor, además tengo novio

    T: Y eso que, no lo vamos a invitar ni le voy a decir, ¡ni celosos soy jajá!

    M: Jajá ok, te voy a cumplir tu fantasía…

    Nos fuimos al hotel más cercano, le pedí que me hiciera un striptease, ella bailaba y comenzaba a desnudarse, yo le tomaba fotos desnudándose y también me desnudaba, ella con poses sensuales se acercó a mí y me acostó en la cama, me quitó la trusa y se fue directo a mi verga…

    M: Que rica verga se te ve, ¡la tienes gruesa y jugosa!

    T: ¿La vas a chupar?

    M: ¡Te voy a dejar seco nene lindo!

    Ella comenzó a mamármelo como una paleta, pasaba su lengua por mis testículos subiendo por el tronco hasta la cabeza de mi pene, eso se sentía genial, sentía como mi verga se iba poniendo más y más dura, entonces comenzó a metérsela poco a poco a su boca.

    El roce de sus carnosos labios y su lengua húmeda me ponía más duro mi pene, yo la tomé de la cabeza y no dejaba que la sacara de su boca, a ella no le disgustaba eso, entonces pasó a chupármela más rápido mientras al mismo tiempo con su mano me acariciaba todo mi cuerpo.

    T: ¡María, que rica uhm!!

    M: ¡Papito ya estás bien duro, métemela!

    T: Si nena, ya quiero estar adentro.

    Ella se subió para empezar con una rica cabalgada, su vagina húmeda se comía lentamente mi dura verga, acompañada de música comenzó a moverse lentamente mientras yo le chupaba sus tetas.

    T: ¡Que rico, uhm!!

    M: Está bien gruesa, ¡me abre toda!!

    Subimos la velocidad de nuestros movimientos, así mismo le pedí que se volteara para hacerlo invertidamente, me excitaba ver el movimiento de sus nalgas sobre mi pelvis, yo se la apretaba y le daba de nalgadas mientras ella se movía bien rico.

    M: ¡Que rico lo haces ah!!!

    T: ¡Te mueves increíble pero todavía quiero darte más!!

    La acosté sobre la cama y le empecé a dar de patitas al hombro, mientras la embestía suavemente, le lamia los muslos y sus pies, le levantaba las piernas por momentos formábamos una L con nuestros cuerpos, su vagina soltaba fluidos y sus gemidos llenaban el cuarto de hotel.

    Eso me incitaba a dársela más rápido, le juntaba las piernas y se las flexionaba para que sus rodillas estuvieran casi en su cara, ahí empujándome con fuerza le daba hasta hacerla gritar.

    M: ¡Que rico, uhm, no pares, ah!!

    T: ¡Desde que te conozco quería darte mi verga!

    M: ¡Si!! ¡Yo también quería estar así contigo!!

    T: ¡María!!! Agh!!!

    La puse de perrito y comencé a darle un poco duro, ella me acompañaba con movimientos de twerk, yo la tomaba de la cintura y con más fuerza se la metía.

    Llegó el momento que el placer estaba a tope que la tomé del cabello y comencé a darle tremendos golpes en el trasero.

    M: ¡Tyson!!! ¡Así, no pares, uhm!!

    T: ¡Si!! Te gusta?? Disfrútalo nena!

    La tomé con más fuerza y se la di con todo, ella gritaba y decía que iba a vomitar, yo creo que si le estaba entrando mis 17 cm completos y con lo gruesa que la tengo, por eso así sentía, unos instantes después cual si fuera orina se vino sobre mí.

    M: ¡Que rico!!!! chiquito como coges, ah!!

    T: ¡Que mujer eres!

    M: ¡Soy tuya nene, uhm!

    T: ¡Bueno!! ¡Entonces te comeré enterita!

    Sus gritos de satisfacción me excitaban más, pero a mí me faltaba para llegar, ella se recostó sobre la cama dejando parado el trasero, se la saqué y utilizando los fluidos como aceite se la empecé a meter por el culo.

    M: ¿Que vas hacer?

    T: ¡No preguntes y disfruta!

    M: ¡Pero nunca he hecho eso antes… ah!!

    Se la empecé a meter poco a poco por el ano, ella gritaba y me decía que lo hiciera despacio, estaba muy estrecha.

    ¡Estaba claro que esta sería la primera vez!

    Obviamente no le entró toda mi verga, pero, aun así, yo sentía un gran placer, era el segundo anal que hacía y que mejor que con María, mi compañera que tanto me gustaba.

    Apretaba muy rico mi verga, sentía como rozaba con algo e incluso pensé que no aguantaría mucho y defecaría, pero no fue así.

    En cambio, le agarró el gusto, ella también se comenzó a mover, ¡dios!, eso se sentía genial, los ruidos que provocábamos se oían seguro por todo el hotel.

    M: ¡Ah!!! ¡Qué rico se siente, métemela toda!!

    T: Que culo más rico, me vas a deslechar, ¡uhm!!

    M: Dame tu leche bebé, ¡dámela!!!!

    T: ¡Oh!!! Ahí viene, uhm, ¡ahí viene!!!

    Ya no resistí más y me vine dentro de su ano, las vibraciones eran deliciosas, ambos gritábamos y escurríamos de satisfacción.

    Terminamos acostados en la cama reposando, mientras la acariciaba y nos besábamos, una vez descansados, continuamos cogiendo hasta el amanecer, fue una noche increíble.

    Esta no fue la última vez que lo hicimos, pese a que ella se juntó con un compañero, pero eso se los contare después.

    Tyson!

  • ¿Quién podrá más?

    ¿Quién podrá más?

    Hola a todos que dedican su tiempo a leerme. Este es mi primer relato, espero que les guste.

    Mi nombre realmente no importa, pero tal vez el pensamiento de mi sea de mayor relevancia; soy un joven de México, 25 años, tez morena, complexión delgada, alto, me atrevería a decir que atractivo, con una deliciosa verga y de las mentes más sucias que podría alguien encontrar.

    En mi trabajo actual hicieron un evento por 5 años de la empresa en México, de todas partes del país nos reunimos, había mucha gente que nunca había visto en persona, pero sí que había trabajado con ellos, el evento fue algo muy ameno y divertido, mucha información del crecimiento de la empresa, posibles puestos a escalar, todos estábamos muy motivados, para cerrar el evento el último día se hizo una fiesta con temática de gala dentro del hotel rentado por la empresa.

    La noche fue un éxito, muchísimo alcohol y baile, yo estaba ardiendo, no sé si era el clima cálido, los vestidos bien ajustados…

    Me acerque a una chica llamada Karla con quién estuve platicando tiempo antes de cosas del trabajo, nos llevamos naturalmente bien.

    Y: ¡Hola!

    K: ¡Hola! ¿Qué tal está tu noche? Te he visto tomar mucho

    Se veía espectacular; cabello largo, ojos café claro y su acento extranjero, todo en un vestido entallado que hacía lucir su figura, delgada con un buen trasero y aún mejor un escote de muerte, tenía unos senos increíbles en un escote en corte «V» con joyería que hacía que desviar la vista a esos increíbles senos…

    K: ¿Hola?

    (Me había perdido en su escote, ¿se habría dado cuenta?)

    Y: Oh sí, me perdí un segundo, te decía que solo me divierto, así siempre soy de alegré, lástima que no me conoces más… Lo sabrías -Contesté cínico, típico de quién ya ha tomado para atreverse.

    K: Jaja ¿En qué te perdiste? -Con una risita de juego.

    Y: Jaja Es mejor que no te enteres

    K: ¿Por qué?

    Y: Jaja Será mejor que bailemos, luego te cuento

    Notaba en su voz un tono de interés, me preguntaba sobre si tenía pareja o mi edad (la cual aumenté un poco por miedo a que me descartara por eso) ella tenía 9 años más.

    Terminada una canción me perdí un poco de ella, no quería que percibiera mucho interés, fui a bailar y a tomar por otras mesas, intenté darle un poco de celos con la idea que despertara su atención, fui y saqué a bailar una chica que ella no toleraba mucho, nos reímos, jugamos. Mientras tanto sentía algunas miradas de ella, la volteaba a ver y mi trabajo había sido bien realizado, fue por mi a la mesa.

    Estaba una canción de reggaetón, empezó a bailar muy de cerca y seguí el juego, poco a poco me frotaba más sus nalgas de espaldas a mi, con mis manos alrededor de su cintura, un toqueteo de manos, empezábamos con un juego no verbal de «quién podía más».

    Intentaba no verme tan caliente pero era inevitable, sentía sus nalgas chocar conmigo mientras se marcaba la tanga que llevaba de bajo, cuándo se volteaba a mi solo podía pensar en sus enormes senos y como quisiera que me llenará la boca con ellos, estaba ardiendo… No pude contenerlo estaba tan caliente, mi verga empezó a ser más notoria para ella, estoy seguro que le tomó por sorpresa el tamaño, volteo a verme.

    K: Voy a ver a mis amigas, que alguien aquí se la está pasando muy bien -Con una risita en los labios dándose la vuelta, en dirección a sus amigas.

    Y: Me parece bien, o te seguirás poniendo más nerviosa

    K: ¿Yo nerviosa? -Volteó con un semblante de no creer que le dijera eso.

    Y: Claro, ¿No me dirás qué lo estoy imaginando?

    K: ¡Deberías! ¿Por qué me pondría nerviosa de ti?

    Y: Tú dime… -Volteando a verme a mi mismo, buscando expresar todo lo que tengo.

    K: – Jaja Me gusta tu seguridad

    Se ríe cínicamente, me lanza una mirada juguetona y se va.

    En cuánto se da vuelta me preguntó a mi mismo como me he manejado tan bien, en mi interior no estaba seguro de creer que se fijaría en mi, 9 años, me debería ver cómo un niño pero este juego del «Yo puedo más» ya había comenzado y no sería yo el que perdiera, ninguno de los dos tenía nada que perder, si ella tenía pareja no estaba ahí y parecía importarle poco que yo tuviera una relación.

    Era ya de madrugada, quedábamos pocos borrachos en la fiesta, todos muy contentos, cuando de pronto me acordé de ella, en el festejo me olvidé un poco.

    Creí que se había ido a dormir, fui al baño y saliendo la vi aún ahí, más tomada, con las mejillas coloradas. Pensé que si no era en ese momento no podría hacerlo nunca.

    No sabía que estaba haciendo pero esperaba que surtiera efecto.

    Y: Te perdiste, ¿Continuamos con lo que dejamos pendiente?

    K: Jaja ¿Según tu que dejamos pendiente?

    Y: Estabas a punto de besarme, me comías con la mirada

    ¡Nuevamente me veía sin creer que le hablara así de cínico!

    K: Jaja Debes estar mal

    Y: Tal vez si, quizá era yo el que no podía quitar los ojos de tus labios

    K: Eres un cabrón como dicen ustedes los mexicanos, ¿A qué juegas? -Mientras pasaba la mano mi camisa.

    Es ahora o nunca.

    Y: Yo a nada, pero se con qué puedes jugar tu

    K: jajaja No puedo creer lo que me dices ¿Estás loco?

    Y: Jaja Ven a mi habitación, nadie se tiene que enterar si somos discretos

    K: Estás loco, no puedo, es un evento del trabajo y además eres mucho mejor que yo

    Y: Jaja Como quieras, sabes bien cómo nos divertíamos, digo… Naturalmente somos compatibles y eso no pasa seguido.

    No la conocía hace mucho pero sé que su rostro sonrojado no mentira, ella estaba tan interesada como yo, el pensar en lo húmeda que estaría me ponía muy caliente.

    K: Estás loco, me tengo que ir

    Y: Está bien, vete, ahorita veré con quién me divierto

    K: Que ególatra eres.

    Había sido el final del juego, me pasé y rompí la liga, pensaba en lo idiota que fui y me preocupaba que lo había arruinado, ni un maldito beso saqué.

    Me fui a tomar, ya que no iba a coger, al menos me iba a divertir. La noche siguió, quedamos los últimos de la fiesta, a eso de las 3 am decidí irme a dormir, me despedí de algunos amigos, tome mis cosas, mi orgullo y me fui a la 218.

    Escuchó una risa fuera de la 204 camino a mi habitación, era Karla muy divertida con otro compañero del evento, fumaban un cigarro y parecía estar bien, pensé que tal vez el hizo el juego correcto. El chico me llama, me acerco a una plática escueta y me voy, me dije.

    Karla se levanta y me secretea al odio:

    K: Este pesado no se va

    Y: Pues diviértete con el

    Me da un golpe en el hombro

    K: Inventa una excusa

    Y: Oye Héctor ya nos vamos a acostar, ¿en qué habitación estás tú?

    H: En la 120 -Claramente borracho.

    Y: Uyyy queda un poco lejos, pues que la pases bien

    Tomo a Karla de la mano y la llevó conmigo.

    Y: Héctor estaba muy pedo, ¿Que te decía?

    K: Muchas tonterías… Un pesado, voy a tu habitación y cuando se vaya me regresó.

    Que suerte tenía, este cabrón terminó dándome la última ficha en este juego.

    Y: Pasa, por favor, sin pensarlo mucho logré traerte a mi habitación

    K: ¿Sin pensarlo? Yo creo que fue pura suer…

    Me lance a besarla, era la última oportunidad, me regreso el beso.

    Empezamos en un juego de ida y vuelta de besos y mordidas, si que besaba bien, empecé a tocar de más, ella me tomaba la mano para medir hasta donde llegaba, yo no desistí y continúe, ella se resistía a la idea de que me la cogiera y yo ganará este juego, claramente no quería darme la satisfacción.

    Seguimos besándonos, poco a poco se fue poniendo más caliente, estaban mis manos sobre su cintura y después en sus nalgas, ella me abrazaba y yo seguía comiéndola a besos. Mi lado salvaje salió, de un tirón la coloque de espalda, empuje su cuerpo contra la pared y ella emitió un ligero gemido de sorpresa.

    K: ¿Qué haces?

    Y: Lo que te he querido hacer toda la noche -Tomé su mano y la puse sobre mi verga bien parada- ¿Te gusta?

    K: Que cabrón eres, llevas incitándome toda la noche…

    Y: Pues ahora te dejare jugar con ella, que rico te la voy a meter -Le jalé el cabello mientras la empujaba contra la pared.

    Ella estaba ya húmeda, continúe besándole el cuello, mientras le decía que me moría por tenerla así, empezó a frotar mi verga cada vez más grande y dura, yo a tocarle esos hermosos senos que moría por chupar, el movimiento de sus caderas estaba delatándola, iba a hacer lo que le pidiera y ella lo sabía. Le di la vuelta y la arroje sobre la cama, empecé a quitarme la camisa y con los ojos le mostré mi siguiente paso, desabroché mi pantalón y saqué esa hermosa verga que se iba a comer, 20 cm, de buen grosor.

    K: Que grande la tienes, me pusiste tan caliente toda la noche.

    Y: Ponte de rodillas, quiero ver cómo me la chupas.

    Obedeció con gustó, se puso de rodillas con un ligero baile, empezó por un beso discreto en la cabecita, poco a poco beso a beso bajo hasta mis huevos dónde subió con una lamida nuevamente… estaba ardiendo, mi verga estaba enorme, nunca la vi así, ella me veía a los ojos mientras se portaba más y más cerda, me masturbaba con una mano mientras me chupaba entre los huevos

    Y: Cómetela toda

    Intentaba tragársela toda un sonido gutural se escuchaba cada que ella entraba y salía, era mucho mejor de lo que imaginé, en un acto de calentura total la tomé por el cabello y empecé a metérsela hasta el fondo, escuchaba como ella daba arcadas y sus ojos lloraban un poco de sentir la mitad de mi verga hasta la garganta.

    K: No puedo, la tienes muy grande

    Baje a besarla con la lengua, esto ya era toda humedad, todo lleno de fluidos, la levanté y la avente sobre la cama, le arranque el vestido casi al instante, le quite la linda tanga y seguí a chupársela, ella ya estaba húmeda, continúe en la búsqueda del clítoris mientras sentía como me tomaba de la cabeza, seguí lamiendo con fuerza, quería insaciablemente hacerla venir, sentía que los fluidos me llegaban hasta la barbilla, estaba tan caliente que me masturbaba con una mano mientras ella gemía…

    K: Ahí ahí, sigue ahí, ahhh…

    Se vino en toda mi boca, un sabor salado y delicioso no podía estar más caliente, subí a su boca, la besé.

    K: Métemela ya, estoy tan caliente, que puta me pones.

    Mientras la miraba inserte mi verga en ella sin ningún problema, estábamos tan calientes que me sorprendía no haberme venido antes, tomé sus piernas entré mis brazos, me coloqué recto y con un movimiento de caderas empecé a cogerla, a embestir guiado por sus gestos de placer, entraba y salía con tanta fuerza que no sabía cuánto más soportaría. La tomé del cuello, mirándola a los ojos:

    Y: Estoy a punto de venirme, que ganas tenía de cogerte

    K: Cógeme cógeme

    Seguí embistiéndola cada vez más rápido, más fuerte, más animal, no podía más, sentía en mi verga la presión de ella, estábamos a punto de venirnos, un palpitar cada vez más fuerte, mientras ella gemía sin importar que nos escucharán.

    Me salí, subí de inmediato a su boca y me vine en ella, caía mi semen en su pecho y en su boca, le pedí que se lo tragara, aun masturbándose con calma al haber terminado pero seguir caliente.

    Yo solo podía disfrutar al verla, me dio un último beso en la verga, mientras yo exprimía las últimas gotas para su boca, termino tan colorada de las mejillas que si no me hubiera venido segundos antes estaría listo para cogerla de nuevo.

    K: Eres un cabrón, coges riquísimo.

    Y: Cuándo quieras voy de visita a cogerte.

    Nos despedimos con un beso y se fue a su habitación, aún estaba obscuro, como prometí nadie se daría cuenta.

  • Una noche en la que fuimos de boda con mi mujer

    Una noche en la que fuimos de boda con mi mujer

    La fiesta de la boda a la que concurrimos la otra noche fue maravillosa, mucha gente y alegría junta. Debo decir que me llevo un gran recuerdo de todo lo sucedido. Pero creo necesario conceder un espacio de mayor preponderancia a una particularidad de esa noche, la causa por la cual mi atención estuvo sumida completamente a un solo hecho: la atrayente e inconmensurable belleza y sensualidad de mi mujer. No mostrarme anonadado resulto ser difícil esa noche, las sonrisas de picardía que mi mujer expresaba así lo atestiguaron. Realmente su atractivo me confirió cierto desconcierto que no pude disimular.

    El vestido rojo que le llegaba hasta la mitad de sus muslos descubriendo a la vista esas adorables piernas me deslumbro. La curvatura de su cintura resplandeciendo sobre ese rojo tan intenso me encandilo de tal manera que no pude contener los suspiros cada instante que la veía caminar. Esa tela se ceñía tan perfectamente a cada rincón de su cuerpo que fue imposible quitarle la mirada de encima en toda la noche. El deseo de atraparla entre mis manos para poseerla creció de manera ferviente a medida que trascurría la fiesta. Mi mirada tropezó en cada rincón de su cuerpo durante toda la noche, mi pulso se aceleraba cada instante en que más cerca de ella estaba.

    En un momento de la fiesta ella se dispuso a charlar con una invitada que estaba a su lado derecho en otro asiento cercano. Observando con gran deseo a mi mujer me fue difícil enterarme de que hablaron, mi mirada tan osada recorría de arriba abajo su cuerpo. La detenía en su boca que articulaba palabras, en su mirada atenta por la conversación. Bajaba hasta sus pechos sin prisa la mirada, el escote ajustado ocasionaba que mi piel ardiera mientras mis ojos se posaban tan a gusto sobre ellos.

    Tan complacido por la contemplación de su cuerpo me hallaba. Verla arropada con ese vestido rojo provoco que me costara contener la erección, el latir abrupto de constantes vibraciones en mi miembro erecto me dominaban. Mordiendo mis labios deslizaba la mirada por sus piernas cruzadas. El costado de su pierna izquierda estaba a merced de mis ojos. Mis manos se inquietaban de tal manera que golpeaba los dedos contra la mesa deseando apretar la piel de sus piernas vigorosamente.

    Cuando finalmente termino la charla y la invitada se fue al baño coloque mi mano derecha sobre su espalda. La conduje hábilmente mirando su boca, centímetro a centímetro desplace mi mano suavemente frotando hacia abajo, y cada vez más abajo hasta alcanzar la parte inferior de su espalda. Desde ahí arrastre el movimiento de mano hacia la parte derecha de su cintura. La sostuve apretando firme, acariciando con los dedos lento y suave. Frotaba a medida que iba ascendiendo por el contorno de su cadera. El placer que sentí al hacerlo profundizaba aún más mi respiración. Lentamente acerqué tanto como pude mi boca a la suya para besarla. Fue un alivio desplazar mis labios sobre los de ella. Lo hice con tanto entusiasmo que sentí que estábamos solos en el universo. Una sensación invadió mi cuerpo haciendo parecer que de mi cuerpo emanaba calor.

    Como en una laguna en la cual la corriente de viento comienza a formar las primeras ondas, mis manos comenzaron a invadir cada rincón de su cuerpo. Primero fue suave, como una brisa, luego desplegando de a poco todo el furor que la tensión me proporcionaba. Sus piernas, su cadera, su cintura, su espalda estuvieron a merced de mis manos. A medida que pasaban los segundos la inquietud de mis manos hacían emerger la pasión y el desenfreno en mi ser. Apretaba su piel, apoyaba las yemas de mis dedos desplazándolos tan indiscretamente por sus piernas. Furtivamente lograba acariciar sus piernas por debajo de su vestido. El contacto de mis labios con los suyos acrecentaba aún más el vértigo, el deseo de poseerla. Beso a beso me apoderaba totalmente de ella entre mis manos.

    Finalmente tomé su muñeca con mi mano y la conduje hacia afuera tan aprisa como pude. Nos dirigimos hacia el auto que estaba en el estacionamiento del local de la fiesta. El temblor de mis manos ocasionado por la excitación me impidió abrir cómodamente la puerta de adelante. Mi mujer, la cual sostenía de la muñeca aun, me miraba y sonreía burlonamente.

    Cuando eso ocurre, cuando veo esa sonrisa en ella, las ganas de poseerla son insoportables. Sus ojos tan grandes, su mirada tan tierna combinado a esos labios hermosos en plena sonrisa me deleitan descomunalmente. Una vez dentro del auto con ella, en el asiento trasero, comenzó uno de los mejores momentos que experimente en mi vida.

    Un impulso enérgico hizo que la empujara dejándola acostada a lo largo de la parte trasera del auto. Inmediatamente me recosté encima de ella a pesar de su sorpresa: “como se nota que hace mucho que no estamos solos sin nuestro pequeño” le oí decir antes de que mi boca besara sus labios. Mis labios delicadamente se sumergieron apretando tan a gusto su labio superior. Realmente al besarla sentía un vértigo irrefrenable sobre el estómago. Con ambas manos sostenía sus mejillas. Al hacerlo, acariciaba lenta y serenamente con la mano derecha su cabello hacia el costado.

    Sabía yo que en ese momento estaba en un profundo estado de necesidad de acceder al contacto de su piel. Poco a poco mi mano derecha se arrastró hacia abajo surcando su cabello. Aplasté la piel de su cuello con mis dedos y lentamente fui descendiendo. Cayó mi mano hasta alcanzar uno de sus pechos. Lo rodee completamente con la mano abierta. Apreté y seguí moviendo la mano por esa zona. Mis besos a su boca cambiaron a besos en su cuello, la euforia sentida era tal que mi respiración se profundizaba cada vez que lo hacía.

    Inmediatamente me dispuse a quitar su ropa interior deslizando mis manos por debajo de su vestido. El temblor de mis manos era comparable al de mi miembro erecto, el cual sentía humedecerse a cada segundo. Fue en un instante fugaz que bajé mi pantalón y abriéndola de piernas introduje con vigor mi verga. Tan caliente estaba que se deslizo con firmeza hasta el fondo, la llené entera y pude sentir con enorme entusiasmo como su vagina apretaba mi miembro erecto. Aplastado contra su cuerpo mis embestidas se aceleraban mientras ella gemía sobre mi oído.

    Sujetarla entre mis brazos realmente me hacía sentir un verdadero éxtasis, cada gemido de ella me excitaba más y más. Con el deseo incontrolable de descargar todo mi semen dentro de ella, mi mano sujetaba su espalda debajo del vestido, rasguñando su piel por impulso a medida que las embestidas se incrementaban en intensidad y ritmo. En profundo alarido casi sin poder contenerme y con enorme potencia tuve un orgasmo incomparable. Chorro tras chorro de semen brotaba de mi miembro erecto y firme llenando su interior. Totalmente inundada de mis fluidos le deje su vagina. En profundo suspirar pude sentir el alivio de la enorme tensión sexual que previamente sentía.

    Esa noche fue realmente increíble, jamás lo habíamos hecho de forma tan increíble, excepto lo que sucedió luego de llegar a casa…

  • Métela despacio, la fantasía sexual de Lara

    Métela despacio, la fantasía sexual de Lara

    Alguna vez todas hemos fantaseado, alguna vez todas nos hemos dejado llevar por sentimientos ocultos, alguna vez todas nos hemos levantado con las bragas mojadas y alguna vez todas soñamos que algún día esa fantasía la hagamos realidad, muchas de esas fantasías son realmente imposibles, por el tiempo, distancia, momento o porque simplemente solo queramos que sean eso, una fantasía. Otras quizás están solo al alcance de nuestra mano, pero no nos atrevemos a dar los pasos adecuados, no nos atrevemos y quizás por eso las llamamos a unas y otras fantasías y solo nos queda realizarlas en nuestros sueños, dormidas o despiertas.

    Este relato trata de una de esas fantasías imposibles, soy una chica abierta, bastante divertida y un poco alocada, pero a la vez muy celosa de mi intimidad, no soy amiga de redes sociales, pero tengo muchos conocidos aunque realmente cinco amigos verdaderos, dos de ellas son como si fueran mis hermanas y uno de ellos ocupa mi corazón, pero eso no quita para poder fantasear y esta fantasía se repite en mi cabeza desde que le conocí relativamente hace muy poco tiempo y no sé por qué me excita tanto.

    Su nombre, su nombre no es relevante en este relato de momento.

    Todo empezaría cuando por fin damos los primeros pasos para conocernos, hemos quedado en una cafetería desayunando a las ocho de la mañana, nunca nos hemos visto y se acerca a mí un hombre algo mayor que yo, guapo, elegante, decidido y con paso firme me mira, me sonríe y me llama por mi nombre, no tengo reparos en hablar con él, sé que de un modo u otro es él, pero el trabajo se cruza en nuestro camino cuando suena el móvil y en hora y media tengo una reunión de trabajo y así aquella primera cita la tenemos que posponer no sin antes quedar en el mismo sitio al día siguiente, hoy me tengo que conformar pensando en él durante el día.

    Misma cafetería, misma hora y yo le espero sentada, cuando entra por la puerta mi corazón se acelera, pide un café y nuevamente mi móvil empieza a sonar, nuevamente tengo una reunión como ayer y como pasara mañana, ya solo pienso en él durante todo el día y la noche, le veo acompañarme por la oficina, sentado a mi lado en las diferentes reuniones, mirarme y sonriéndome con su camisa blanca abierta insinuando e imaginándome sus pectorales, sus ojos clavarse en los míos, su olor, su perfume me acompaña durante todo el día envolviéndome en su aroma, le oigo pronunciar mi nombre, mi sexo húmedo día y noche, un fuego que solamente él puede apagar y estoy cansada de esperar.

    Es jueves y ese día no voy a la oficina porque tengo otro plan, en la cafetería a las ocho cuando él llegue le espera un sobre con una carta y unas llaves, yo estoy en mi casa esperando, tumbada desnuda en el salón sobre una alfombra blanca de pelo largo muy suave que amortigua y tapa parte de mi cuerpo, junto a mí una botella de Moët Chandon, dos copas y un recipiente con hielo y fresas.

    En el resto de salón destacar las persianas casi cerradas dejando pasar muy poca o nada de luz, unas velas rojas encendidas y repartidas para que una estancia oscura se convierta en romántica, unas varillas aromáticas quemándose y de fondo sonando música romántica, todo está preparado para cuando el abra la puerta.

    Son las ocho y media cuando la puerta de casa se abre por fin, le oigo respirar nervioso detrás de la puerta del recibidor quitándose la ropa y los zapatos dejándolo todo en el armario abierto para él, yo le espero allí tumbada con unas fresas sobre mi vientre y una venda negra que tapa mis ojos, él tiene instrucciones de cuando la tiene que retirar, yo de momento solo percibo su presencia y su olor cuando traspasa la puerta del salón, oigo como sus pasos que se acercan a mí y siento como se arrodilla a mi lado.

    En la oscuridad, nerviosa y excitada noto como cualquier roce, cualquier contacto con su cuerpo me hace reaccionar con pequeños escalofríos, noto mi sexo humedecerse y en mi interior siento como un volcán preparado para erupcionar.

    Su fragancia cada vez más cerca, tan cerca que sus labios se funden con los míos y suavemente empiezan a recorrer mis labios besándome y mordiéndomelos con delicadeza, su lengua los recorre para al final buscar la mía en mi interior fundiéndonos con ellas, suavemente empiezo a sentir el tacto de su piel sobre, sus dedos acarician mis senos y mi respiración se dispara haciendo caer una fresa a la alfombra sintiéndola en mi costado, la recoge y empieza con ella una ascensión dibujando mi cuerpo de un lado a otro, subiendo por mis senos y rodeando mis areolas coronando mis pezones duros e hinchados, el camino la lleva hasta mi boca, dibujando mis labios, pintándomelos con su aroma, siento como desaparece y besándome la vuelvo a encontrar saboreándola, sus besos se alejan bajando por mi cuerpo despacio.

    Ni una palabra, solo el sonido de nuestra respiración entrecortada, pequeños suspiros y la música de fondo que ahora suena “The long and winding road” de los Beatles cuando mi cuerpo se ve sorprendido por el paso de un hielo frío sobre mi vientre que despacio sube por mi cuerpo dejando tras de sí una lengua de agua que va siendo absorbida por mi piel o evaporando por el calor de esta, su ascensión le lleva a mis pechos y al igual que con la fresa corona mis pezones, dejando caer unas gotas como lágrimas que se deslizan por mis senos hasta desaparecer.

    En su camino llega a mis labios bebiendo de sus dedos, llevando el hielo de un extremo a otro y muriendo cuando las últimas gotas caen en mi boca besándome con el diminuto hielo entre sus labios y acallar mis suspiros y gemidos sordos de placer.

    Otro hielo empieza el recorrido opuesto, desde mi boca, mis labios, bajando por mi cuerpo despacio, llegando a mi vientre que reacciona contrayéndose, su camino le lleva a escalar el monte de venus, atravesando el rubio vello y deslizándose por mi clítoris, escondiéndose entre mis labios menores y deslizándose entre ellos que como si fueran raíles va cayendo hasta mi vagina, enfriando mi sexo y desapareciendo al final, sintiendo como las lágrimas del hielo caen por mis muslos, esta vez el fuego ha ganado la partida.

    Le oigo coger la botella de champán, siento como ese líquido espumoso cae sobre mis pezones y como enseguida son envueltos por sus labios, mi cuerpo empieza a ser devorado al paso del champán que va vertiendo sobre mi cuerpo, creando una pequeña laguna en mi vientre donde nada una fresa solitaria, sus labios beben de mi laguna subiendo hasta mi boca dándome de beber, besándome y que el oro líquido fluya por nuestros labios, la laguna de mi vientre se va secando y la fresa desaparece entre sus labios que recorre ahora mi sexo, entre mis labios menores pintándolos con la fruta de la pasión, ocultándose entre ellos, revolotear alrededor de mi vagina, la siento hundirse dentro de ella hasta ser devorada por su boca, masticándola con sabor a mí.

    Sus dedos acarician mi clítoris y su lengua se introduce en mi interior, pequeños espasmos de placer recorren todas mis terminaciones nerviosas, los jadeos y los gemidos antes sordos ya se escuchan ampliamente por todo el salón, la música me envuelve al igual que sus caricias, su legua recorre mis labios, mordiendo delicadamente primero uno y luego el otro, metiéndoselos dentro de su boca, saboreando mi sexo y bebiendo del, sus dedos buscan el deseo de mi vagina mojada por mi excitación, pequeñas gotas de flujo salen de ella resbalando por mis muslos, le siento dentro pero quiero más.

    Sé que él está excitado y con mi mano en la oscuridad, palpando busco su pene, un pene es generoso, un pene duro, grande y venoso que acaricio su glande con la palma de mi mano, la hago bailar bajando y subiendo mi mano, le oigo gemir y acercarse a mí de rodillas, su pene a la altura de mi cabeza que giro para lamer su glande, recorrer su contorno con mi lengua, besándolo y metiéndolo en mi boca, solo el glande, solo un poco, disfrutando de él, mi mano semiabierta acompaña el movimiento de su pene cuando se va metiendo cada vez más en mi boca, estirando y encogiendo su piel.

    Siento como cae un líquido sobre ella, mis labios son regados con el champán que se desliza por su tronco, ha vertido algo de ese líquido sobre su pene, llegando a mi boca que lo bebe a la vez que traga su miembro, despacio sin prisa alguna, disfrutando de ese momento como lo está haciendo él.

    Se acaba de apartar de mí, le noto lejos apartando mis piernas y abriéndose paso entre ellas, le oigo beber y siento como poco a poco se va tumbando sobre mi cuerpo, su pene golpeando mi sexo entre mis muslos, su tripa sobre la mía desbordando la pequeña laguna de champán que todavía existía, sus manos acarician mi melena rubia estirándola con sus dedos por encima de mi cabeza dejándola sobre el suave pelo blanco de la alfombra a la vez que sus labios se posan en los míos y dejan salir de su boca el líquido espumoso para que los dos lo saboreemos juntos.

    Su pene con pequeños empujones ha encontrado su camino, mi vagina le espera impaciente, deseosa y por fin le voy sintiendo dentro, se va metiendo poco a poco en ella deslizándose en mi interior que arde de deseo, su pene como una barra incandescente se va abriendo paso, metiéndose en una gruta húmeda, caliente que se expande centímetro a centímetro a su paso dándome el placer que tanto ansiaba, por primera vez sus gemidos altos se unen a los míos, bailando entre las velas encendidas y dibujando en las paredes la unión de dos amantes que se funden en uno.

    Despacio, la mete despacio como si no quisiera dañarme y muy poco a poco su pene entra y sale de mi vagina, mis paredes se contraen para darle más placer, no quiero que la saque, una ola de placer y felicidad atraviesa mi cuerpo y mi mente, acariciándome y dominándome, sus besos no hacen más que hacerme volar, elevar mi cuerpo y flotar, pero hay que respirar y lo hacemos con nuestros labios encajados, dejando la boca abierta para expulsar nuestros gemidos y cuando se cierran empieza el baile de nuestras lenguas, los gemidos son sonidos maravillosos que salen de nuestras gargantas.

    Su pene penetra en mi interior durante segundos, minutos, horas, el tiempo no importa, se ha detenido solo para nosotros, solo sé que es mío y que me está amando, tan excitada casi en éxtasis, siento el inevitable momento del orgasmo y en otro momento lo desearía, pero hoy lo quiero retrasar, quiero disfrutar más con él, de él.

    Se incorpora y se sienta en la alfombra, suavemente me levanta y me hace sentar a horcajadas sobre su cuerpo, mi melena cae sobre mi espalda, mis brazos rodean su cuello y mis manos se meten entre su pelo, mis piernas abrazan su cuerpo juntando mis talones por detrás de él, sus manos abrazándome por la cintura y mis pechos chocando contra sus pectorales, uniendo y clavándole mis pezones.

    Nuestros labios no paran de besarse, su pene me va penetrando muy despacio, quedándose dentro casi inmóvil, sintiéndolo tan dentro que empiezo a recordar cuando fue el día que empecé a fantasear con él, sentí que lo quería tener dentro de mí nada más conocerlo, empezó como un juego y ahora solo pensaba en que me hiciera el amor, como ahora metiéndomela despacio y sin prisas, sintiendo el placer de cada centímetro de su pene penetrando y acariciando el interior de mi vagina, sintiendo el roce como una espada en su vaina, quedándose quieta como ahora.

    Es la hora, con cuidado me quita la venda negra de mis ojos y lo primero que buscó son sus ojos, nuestras miradas se cruzan una vez más, disfrutando de la mañana tan deliciosa que estamos los dos pasando, saboreando cada segundo sus manos acarician mis pechos apretándolos con cuidado, con ternura y mis caderas empiezan a moverse, a subir y bajar delicadamente, parte de su pene salía de mi cuerpo y volvía a entrar muy, muy profundo robándome pequeños gritos a la vez que le besaba, mirándole con la boca abierta para poder inhalar gran cantidad de aire, mis ojos se cierran al paso de su pene cuando me llena entera, llegando casi a tocar las paredes de mi cuello uterino.

    Despacio, sin prisas, con movimientos circulares de arriba abajo, sin dejar de mirarnos de ver como nuestros rostros reflejaban el placer que sentimos, mis manos apoyadas en sus hombros mi cuerpo subiendo y bajando sobre él, sus manos a ambos lados de mi cintura acompañándolas al ritmo que yo voy marcando, no quiero parar, no quiero que termine, pero mi cuerpo empieza a convulsionar, un ardor me recorre mi cuerpo desde su epicentro en mi vientre, mis piernas no paran de temblar cuando mi vagina explota como un volcán soltando la lava de mi interior.

    Un orgasmo que me llena por dentro, gritando le abrazo la espalda clavándole mis uñas en ella, hecha su cabeza hacia atrás y subiendo todo lo que puede su pelvis, metiendo su pene hasta su propia raíz con unos gritos secos de placer dispara varias veces de su semen golpeando mis paredes vaginales, llenándome y uniéndose al delicioso orgasmo que empiezo a disfrutar.

    Involuntariamente en esos momentos mi cuerpo se arquea hacia atrás, mis manos se apoyaron él la alfombra, mis pechos apuntando con mis pezones al techo del salón iluminado por esa luz tenue y romántica que proporcionan las velas y a pesar de haber terminado, cogiéndome fuerte por la cintura me mueve adelante y atrás con más ritmo, con más fuerza marcando un ritmo diferente metiéndome su pene todavía erecto, que no se ha deshinchado, duro como una piedra, penetrando más y más en mi interior, haciendo que mi espalda se estirase tanto que siento como la suavidad de la alfombra me acaricia la espalda y mi melena rubia se posa en ella.

    Sin descanso me sigue haciendo el amor, mi vagina tan mojada le proporciona el deslizamiento perfecto para que su pene entre y salga de mí y el placer que sentimos los dos lo acompañamos con nuestros pequeños gritos que ya no son tan pequeños y que revolotean como mariposas por el salón, mis pupilas se clavan en las suyas pidiéndole más, mis pechos bailan sobre mi cuerpo y agarrando con fuerza el pelo de la alfombra entro en éxtasis, su pene entra tan dentro de mí que me va a partir en dos, más fuerte más rápido, soy una simple muñeca en sus manos y no puedo más, siento como vuelve a eyacular dentro de mí, regando mi vagina una vez más con su semen, pero no para, él sigue hasta que vuelvo a temblar, mi espalda se arquea y mis ojos se cierran, primero un grito sordo con mi boca bien abierta dando paso a un grito tan violento que se abre camino por pasillos y corredores, atravesando las puertas cerradas.

    La música de fondo que está sonando en estos momentos cuando siento el delicioso orgasmo, es una de mis canciones preferidas “Hard to say I´m sorry” de Chicago, es el broche perfecto para aquella mañana, nuestros cuerpos todavía unidos por nuestros sexos, tu pene todavía acariciando mi interior, tumbada sobre la alfombra, desnuda, sudorosa y pegajosa por el champán derramado sobre mi cuerpo, todavía en éxtasis por el orgasmo tan intenso y delicioso, descanso con mi mejilla sobre la suave alfombra, sonriendo, mirando al infinito, casi llorando de felicidad por el regalo que tú me acabas de hacer, un extraño al que apenas conozco.

    El relato de una de mis muchas fantasías sexuales, una fantasía con un desconocido, pero que sé que es de esas imposibles, siempre me quedara volverla a recordarla en mi cabeza y en mi cama pensando en él, escuchando la canción de Kansas que dice, “que todo lo que somos es polvo en el viento” y pienso que quizás dentro de un tiempo no sé si mucho poco o nunca, ese polvo en el viento le lleve, me lleve y por fin me haga el amor.