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  • La gata del Call Center

    La gata del Call Center

    Trabajar en un call center es el trabajo perfecto para quienes no se adaptan a las normas. Es un trabajo bien pagado, sencillo, mecánico, que deja libre la mente para lo que desees.

    Y mi mente deseaba ser una chica.

    Mi transformación tomó tiempo, pero en este negocio, tiempo tienes de sobra. Y con independencia financiera, pude dar los pasos que deseaba.

    Para mis compañeros yo era un chico, aunque no sabían más que eso. Siempre fui solitaria, y como el trabajo en equipo es innecesario aquí, nunca me vi forzada a interactuar con nadie.

    Durante más de un año consulté con mi doctora. Ella me recetó las hormonas necesarias, y durante ese tiempo las he tomado religiosamente. Los cambios en mi cuerpo han sido evidentes, pero solo para mí.

    En el trabajo, aprovechando la vestimenta informal, usaba grandes camisetas dos tallas más grandes, y jeans anchos. Mi figura, ya mediana (1,70), se veía aún más disminuida y me permitía pasar aún más desapercibida. Mi cabello largo era algo usual entre los hombres, así que a nadie le importaba.

    En el espejo, en la privacidad de mi departamento, mi piel se empezó a sentir más suave. Mis caderas se empezaron a llenar más. Mis nalgas, ya de por sí mi atributo más preciado, se volvieron aún más hermosas. Mis tan esperados pechos dieron sus primeros asomos, y logré tener una B pequeña. Las camisetas apenas alcanzaban a disimular, y me encontré a mi misma encorvándome para que no se notaran mucho.

    Me entusiasme por los excelentes resultados. Me esforcé con mi dieta y ejercicios y poco a poco logré una hermosa figura. Delgada y curvilínea.

    Pero no era suficiente. Era hora de salir a la luz. El paso siguiente era el más trascendental, el más difícil. El mejor.

    Acumulé vacaciones, ahorre todo el dinero que pude, y me preparé.

    Agendé mi tan esperada cirugía: mis tetas. Siempre ansié tener un hermoso par de tetas, y ahora era el momento de conseguir lo que deseaba.

    Los implantes de 650 cc me dieron justo esos jugosos y apetecibles pechos talla 32 DD que deseaba. Unas semanas de descanso, y mis joyas se veían perfectas. El espejo dejo de ser suficiente. Me sentía liberada. Quería ser deseada.

    El día de mi regreso al trabajo lo ajusté para coincidir con Halloween. Tradicionalmente era un día de trabajo normal, pero muchos llegaban disfrazados. Cabe recordar que yo trabajo con hermosas mujeres, bien putas además, y ese día suele ser una pasarela de hermosos cuerpos en reveladores trajes, para el gusto de todos los presentes.

    La oportunidad perfecta.

    Fui a una sex shop, el lugar perfecto para conseguir un disfraz sexy. Elegí a Gatúbela. Un traje de látex negro y completamente ajustado, que se marcaba perfectamente a mi nueva figura. Mi pene, invisibilizado en la ajustada entrepierna. Mis tetas casi reventaban del traje, que las juntaba y marcaba el perfecto escote. Encima de eso usé un brassier push-up de Victoria Secret, para maximizar el impacto.

    Botas de tacón de 12 cm, me daban un contoneo exquisito y me respingaban mi culito. Un antifaz y unas orejitas de gata completaron el atuendo.

    Llegó el día. Entré en a las 7 pm, a un medio turno que terminaría a media noche. La sala, una colección de disfraces de todo tipo, se detuvo a mi entrada. Por supuesto nadie me reconoció, y la mirada de todos pasó desde mis tetas al verme de frente, hasta a mis nalgas al pasar. Entré justo detrás de dos de las más bellas chicas del lugar, una vestida de Jessica Rabbit, con el vestido rojo escotado y abierto de pierna casi hasta la cintura; y la otra como conejita Playboy, con las nalgas al aire bajo unas mallas de red, y un enterizo rosa. Ambas creyeron que la atención era para ellas, y al voltear atrás, su asombro fue solo ligeramente superior a su envidia. Esta gata se comió a esas conejitas.

    Salude con una sonrisa, como si fuera lo más normal, y al sentarme en mi puesto la sorpresa fue pasando a entendimiento. No había alguien más que se sentaba ahí? Aquel chico que a nadie hablaba? Lo despidieron? Lo cambiaron? No, no cambió, se liberó.

    Mi teléfono sonó, y con la voz femenina de años de práctica, contesté: Habla Jackie? En otra vida, Jonathan había contestado, pero eso quedó en el pasado.

    El susurro estruendoso llamó la atención de los supervisores, y luego del jefe de piso. Nadie más estaba trabajando, y los teléfonos sonaban sin parar. Todos comentaban a quien tuvieran cerca, mas nadie se atrevía a decirme nada. Luego de unos minutos, fue el jefe quien saliendo de su oficina, pidió orden y me mandó a llamar.

    -Gonzalez? -Me llamó. Obviamente sus ojos no le permitían llamarme por mi nombre de chico, por lo que optó por mi apellido.

    Entramos en su oficina, y cerró la puerta tras de mí. Era un hombre alto y obeso, de unos 50 años, tosco de carácter y de pocas palabras. Esos jefes que miden a la gente con una mirada.

    Se sentó en el borde de su escritorio, sin invitarme a sentarme, así que me quedé de pie en medio de la oficina, manos al frente, mientras su mirada se clavaba en mí.

    -Gonzalez? Repitió

    -“Jacqueline”, le afirmé. Para evitar cualquier duda en su mente.

    -Que significa esto?

    -“Soy yo, señor”. Contesté

    -Que se supone que debo hacer yo con alguien así como usted?

    -Lo que usted desee, señor.

    Nunca había hablado así. Nunca me había sentido así. Pero en ese momento no me quedaba duda que podía hacerlo. No llegue buscándolo, pero cuando lo pensé, sabía que no me había nada que no pudiera conseguir.

    Me le acerque despacio, y puse mi mano en su pierna. Su sorpresa duró unos instantes, pero al sentir mis tetas rozando su cuerpo, tuvo que llevar sus manos a ellas.

    Sus manos eran enormes, pero mis tetas no le cabían. Las acarició y sobó hasta que pasó a liberarlas del látex que apenas las atrapaba.

    Le puse mis pechos en su cara y pasó a chuparlos y relamerlos como si tuvieran cubiertos del más delicioso dulce. Sus manos me agarraron las nalgas con la fuerza de quien no puede resistir dejarlas ir.

    Mis manos no se quedaron ociosas. Saqué su pene ya duro y lo empecé a sobar firme y suavemente, como solo unas manos femeninas pero hambrientas lo pueden hacer.

    De pronto, sin avisarle, eche hacia atrás su cabeza, dejándolo acostado en el escritorio, y baje a chuparle ese pene con todo el gusto que tenía.

    No le estaba dando placer, me estaba dando gusto yo con esa tranca. La estaba haciendo mía, sacándole todo lo que tenía para darme.

    El gemía y se llevaba las manos a la cabeza, fuera de sí, como quien no sabe cómo llegó ahí, pero no quiere parar jamás.

    Cuando sentí esas venas dilatarse, y esas contracciones que anuncian la venida, puse esa verga entre mis tetas y ellas recibieron la deliciosa corrida.

    Al venirse, él dejó salir un gemido largo y fuerte, y durante un largo tiempo se quedó tendido donde estaba.

    Yo me levanté, di la vuelta al escritorio y me senté en la silla de la oficina, justo frente a su rostro, con las piernas cruzadas. Mirándolo a los ojos, lentamente tomé con el dedo hasta la última gota del semen que tenía en mis tetas, y relamiéndome acabé de limpiarme.

  • Prestada, amenazada, forzada, violada y gustosa

    Prestada, amenazada, forzada, violada y gustosa

    Les contaré una historia, esto me sucedió a la edad de 20 años.

    Con mi profesor que era mi pareja en turno salimos durante 6 meses y Alonso el cual yo era de su propiedad, el que me cogía a su deseo y placer cada que se le antojaba, fui su sumisa durante un poco más de tres años, hasta me sucedió algo inesperado algo que marcaría mi vida.

    Estaba pensando en por fin establecerme en un relación seria, tener algo bonito como lo de mi primer novio, pero irme despacio y con precaución, para que algún Chico me tomara en serio.

    Conocí a Samuel, un chico 4 años mayor que yo, un chico que conocí en un centro comercial, paseando con mis amigas, teníamos saliendo un mes, pero aún no sucedía nada solo algunos besos y ya, un fin de semana por la noche me invitó a cenar, así que pensé que ese día por fin me pediría ser su novia así que decidí vestirme coquetona unos jean ajustados, zapatillas top y un saquito corto.

    Pasó por mí a eso de las 7 de la tarde, fuimos a un restaurant en el centro de la ciudad, él ya tenía reservación, al sentarnos pedimos una copa de vino y la cena, al poco tiempo antes de que nos sirvieran los platillos paso algo inesperado para ambos, algo que estuvo fuera de mis manos, se acercó a nuestra mesa un hombre, y nos dijo que tenía que irme con su patrón que él me había elegido, que yo le había gustado y que él se quedaría sentado durante todo el tiempo que yo me fuera con su patrón, que si no obedecía harían algo feo y de todos modos me llevarían con él, y tampoco yo regresaría, le dijo a Samuel que era un préstamo y que estábamos vigilados, y nos dejó solos durante un momento.

    Samuel estaba muy nervioso y temeroso, sabía que aquel hombre que me quería, quería aburar de mi, y tenerme a la fuerza, yo solté en llanto, no quería hacerle eso a Samuel puesto que estábamos enamorándonos.

    Llegó el momento y otro hombre fue por mi, le dijo a Samuel que no se moviera y que en un momento alguien más lo acompañaría, le pidió su celular que se lo entregarían al momento de mi regreso, el hombre me dijo que serían solo 2 horas.

    Al salir del restaurante, había una camioneta negra, subí en la parte trasera y ahí estaba ese hombre, el jefe de esos dos que me sacaron de mi cita, un hombre de entre unos 50 y 60 años, delgado, viejo, canoso todo un maldito rabo verde, pero con mucho poder.

    Me dijo que no tuviera miedo que solo sería suya durante 2 horas y que me regresaría con mi novio, me dijo que había me visto desde el primer momento que entre al restaurante y que le había encantado mi hermosa cara pero sobre todo no dejaría pasar el poder tener mi exquisito cuerpo.

    Avanzamos durante unos minutos y entramos a un motel, me pidió que no me resistiera que si no, no regresaría con mi novio, bajamos de la camioneta, y entramos a la habitación, me quedé como estatua al momento de que cerró la puerta, tomo una copa de vino y frente a mi empezó a despojarse de su ropa, no quería mirar su asqueroso cuerpo, pero el señor estaba bien dotado, desnudo caminó hacia a mi, me tomó de la cintura y empezó a besar mi cuello, a tocar mis nalgas, me quito el saco, el top y me arrodilló frente a el, me tomo de la quijada y me dijo que estaba exquisita y escupió mi cara, de pronto metió su verga que ya estaba bien dura en mi boca, dios mío, era algo muy grande, ese viejo estaba muy bien dotado, tenía unos webotes y una verga enorme que no entraba ni la mitad en mi boca, pero él quería metérmela hasta la garganta, al poco tiempo yo ya disfrutaba de semejante tamaño, pero era algo que no le iba a decir.

    Me quito los jeans y me coloco de a perrita en la cama, pensé me lo metería de un golpe, pero sentí su lengua recorriendo mi vagina y mi cola, oh dios me estaba chupando y lamiendo muy rico que ya se me había olvidado todo, de pronto metió todo su enorme pene en mi vagina que me estremecí y retorcí, casi desmayo, mientras el tocaba mi culo y lo acariciaba muy rico empecé a moverle mis nalgas, valla que tengo buen trasero pero esa verga hacía que se mirara pequeño, me nalgueaba muy fuerte y yo solo disfrutaba, solo imaginaba ese hombre en sus buenos años, era todo un semental, estuvo envistiéndome durante casi una hora, no paraba, traía mucha energía y ganas de mi desde el primer momento que me vio.

    Tiempo después me coloco frente a él, abrió mis piernas y las coloco en sus hombros, y me penetró muy fuerte estaba disfrutando, ya era un temor rico, después me cargó y me metió a la ducha, me coloco en el piso con la cara pegada en el suelo y mis nalgas levantadas, el muy tonto me dijo, tal vez nadie te a cogido por el culo, yo seré el primero!!!

    Tenía temor de ese tamaño, me iba a doler mucho, y así fue, me metió solo la punta de su verga y a mí ya me dolía mucho, el disfrutaba y yo lloraba de dolor, hasta que por fin grité y solté un gran chorro de fluidos, ya estaba desvanecida, así que me voltio sobre el suelo se colocó a mi lado, tomo mi cabeza y vacío todo su semen en mi cara y mi boca, era mucho y sentía ahogarme, termine violada y desvanecida en el suelo de la regadera, mientras el, se duchaba, salió del baño y me dijo que me apresurara que no quería dejar A mi novio solo tanto tiempo, me duche, me aliste y salí a la camioneta dónde ya me esperaba.

    De camino al restaurante volvió a sacar su verga y me la volvió a meter en la boca, así todo el camino hasta que al llegar al restaurant volvió a vaciar su leche en mi boca, me dijo que la tragara porque no había pañuelos para limpiar y así fue trague todo su semen.

    Al bajar de la camioneta mis piernas se tambalearon, y tenía un profundo dolor en mi cola, al entrar al restaurant, ahí estaba Samuel, solo y pensativo, cuando lo vi solté en llanto y le dije que no tenía cara para estar con él, que me olvidará, y que cada quien siguiera su camino, en la mesa había un fajo de billetes, era mucho dinero, ese viejo se lo había dado para que posteriormente pasáramos mejor noche, le di el dinero y cada quien partió para su casa.

    Durante mucho tiempo cerca de tres años no volví a coger con nadie, durante todo lo que me quedó de universidad, ni mi profe, ni Alonso ni amigos ni nadie, era mucho lo que ya había vivido en tan poco tiempo, pero eso era algo que me gustaba y lo volvería a hacer…

  • Uno me rompe el corazón y cuatro me rompen el culo

    Uno me rompe el corazón y cuatro me rompen el culo

    Me había ausentado un poco porque me han sucedido muchas cosas desde hace un par de meses.

    Lo primero es que me separé de Armando cuando lo encontré cogiéndose a una, a nada más ni menos que a su tía.  El problema no fue eso, el problema es que no me dijo absolutamente nada aun sabiendo que yo le hubiera dicho que sí, me sentí muy mal y decidí darnos un tiempo para realmente saber qué clase de relación tenemos.

    Lo segundo es que cuando mi suegro se enteró me comenzó a hablar e invitar a salir, al final salimos y a los pocos días terminamos en su casa cogiendo duro por un par de horas.

    Las cosas siguieron su curso y nos veíamos más seguido al grado que ya me quedaba con él algunos días. Yo estaba tan enojada y sentida con Armando que un día le dije a Octavio que me gustaría que hiciéramos un trio con otro, ese día en la tarde llego su amigo Manuel con quien ya lo habíamos hecho. Entre los dos me cogieron durante horas hasta la madruga, yo estaba desecha sobre aquellas húmedas sabanas mientras sus penes flácidos colgaban de estos dos orgullosos sementales maduros que dejaron mi útero colmado de esperma y lo que ya no cupo me escurría por la vulva y los senos. Octavio y Manuel son de los pocos que no se ponen condón para entrar en mí.

    Yo insistí a Octavio para que me presentara a más amigos de él, quería experimentar a plenitud y confiaba en que él era perfecto para eso. Hablamos al respecto y acordamos que serían gente de confianza para evitar malas relaciones.

    Todo cambió desde entonces, hemos ido a moteles con diferentes amigos de él y de Manuel o amigos míos aunque últimamente me gusta mucho el sexo con hombres mayores, la mayoría de los coitos recientes los he tenido con hombres de 27 años hasta 51. A veces voy sola, otras también se suma Octavio para observar cómo me poseen o hacer un nuevo trio.

    He tenido más vergas diferentes metidas en los últimos meses que en los últimos dos años y eso me parece una locura que apenas puedo creer. Tengo sexo varias veces por semana y cada una de ellas desde que comenzó esto, me tiene como una especie de adicción, solo pensar en cómo me van a meter la verga me mantiene con mi pussy húmeda. Con la mayoría he repetido, pero lo que quiero relatar es cuando fui penetrada por los miembros de un grupo de 4 vigorosos sementales.

    Llegué a querer sentir lo que era estar con más de dos hombres a la vez, y 4 me pareció una buena opción, era el límite entre lo que soportaría o ya no lo disfrutaría y no pude estar más equivocada, fue una experiencia tremenda. Me quedé con la cabeza en las nubes después de horas de ser el objeto de placer para 4 machos que sólo querían masturbase usando mis hoyos y vaciar sus huevos hasta quedar sin una gota de semen.

    Nada fue improvisado, pagamos una villa en un bonito hotel: tenía una cama enorme; alberca con jacuzzi; potros para coger en varias posiciones y divanes en diferente áreas. La cama estaba en un piso desde el que se podía ver toda la piscina. A esa pequeña orgia fueron Octavio mi nuevo macho, Manuel, José un compañero de trabajo de Manuel y Mario un primo de Octavio. Yo insistí en pagar los condones para José y Mario por lo menos, pero no me lo permitieron, me dijeron que solo me comportara como una puta durante la encerrona.

    Llegamos a él hotel y ellos fueron acomodando las bebidas en el frigobar y dejando paquetes de preservativos y lubricante por varios lugares de la villa. Yo me fui a cambiar, me puse una tanga y brazier negros de encaje, y un liguero con medias. Me veía muy bien, mi cintura muy acentuada y mis tetas se veían enormes. Para no arruinar la sorpresa antes de bajar me puse una bata de spa.

    Bajé y para mi sorpresa ellos estaban acostados en los camastros bebiendo y conversando, pero totalmente desnudos. Me paré frente a ellos y los cuatro se me quedaron viendo como perros hambrientos

    -Mis amores, yo sé que normalmente los hombres viriles como ustedes necesitan más de una vagina para estar satisfechos, pero también ya saben que yo soy muy aguantadora en la cama. Hoy solo me van a tener a mí y me van a tener que compartir los cuatro para darse placer, a cambio les propongo que si tienen alguna fantasía me la digan y yo se las cumplo, hoy soy su puta y me tienen para su uso. Eyaculen dónde quieran y úsenme para este delicioso acto como más se les antoje -les explique y me quité la bata delante de esos viejos enfermos.

    -Oye, pero yo quisiera hacerlo sin condón -dijo Mario

    -Si me dejas embarazada te vas a hacer cargo? -le pregunté

    -Pues claro, eres una reina -dijo mientras me veía de pies a cabeza con lujuria- te vas a vivir conmigo y te hago otro

    -Jajaja -me causó gracia lo que decía por obtener mi permiso- está bien, sin condón; pero no te vayas a venir más rápido eh!

    -Ahorita que mi verga absorba tus jugos hasta se me va a parar más -dijo- hoy vas a comprobar que cuándo un hombre no usa condón se le pone más gorda.

    -Ay qué rico me van a coger -le contesté excitada- José, si quieres no te pongas condón tampoco, no te vayas a poner celoso

    -Hasta que se me va a hacer sentir tus carnes mamacita -José- de haber sabido no gastábamos en los pinches condones jajaja

    -Jaja, pues si quieres póntelos -le dije divertida

    -No, quiero sentir como está de babosa tu pucha -dijo masturbando su pene viéndome con cara de degenerado

    -Estamos bien calientes -dije metiendo la mano en mi pantaleta- me quieren coger entre los 4 o cómo?

    -A mi ya me urge una mamada de verga -dijo Manuel acercándose a mí

    -Quieres que te la chupe hasta venirte o solo para calentar? -le pregunté mientras me hincaba para tomar su virilidad y darle piquitos en su glande

    En ese momento los otros tres chacales me rodearon con sus vergas bien tiesas.

    -Uy… -dije impresionada mientras miraba hacia las caras de estos maduros sementales- me van a reventar

    -Ya chúpale mi motosierra -dijo Mario

    -Por qué Motosierra? -pregunté

    -Porque no vas a dejar ningún tronco parado -dijo y todos nos reímos un poco

    -Pues mientras la tengan parada yo no voy a cerrar las piernas -les dije

    Empecé a mamar y masturbar los genitales que me ofrecían esos maduros. Llenaba de saliva sus longitudes y estimulaba su glande con mis amígdalas; cuándo salían de mi boca, brillantes y babosas pasaba a la siguiente, mientras mis manos subían y bajaban sobre sus erectos penes.

    .Si te dejamos embarazada es tu pedo -dijo José

    .Pues primero enséñame si sabes -dije eso metiendo todo su pene hasta que sus huevos tocaron mi barbilla

    .Qué perra…! -dijo José en medio de un gemido

    Yo me sentía muy caliente y creo que mi boca tenía una temperatura por encima de lo normal, además, al ver esos hombres y sus miembros yo me antojaba tanto que empezaba a segregar más saliva. Por sus gemidos sabía que estaban disfrutando de meter su hombría en mi orificio oral, que estaba caliente y húmedo; y se ponía más húmedo por el líquido preseminal que ellos destilaban. Pará cuando yo llevaba más de 15 minutos mamadlos sus penes estaban cubiertos por una capa viscosa de mi saliva y sus preseminales combinados. Mis senos estaban llenos de gotas de todo el líquido que escurría de sus miembros y mi boca.

    Seguimos así así varios minutos, yo hincada rodeada de esos deliciosos penes que estaban bien parados. Les pedí que fuéramos a la cama y ahí nos subíamos los 5. Se los chupe unos minutos más hasta que la calentura de ser poseída me ganó.

    -Ya quiero coger, pero primero chúpenme la vagina -dije ansiosa

    Me acosté y abrí las piernas. Manuel y Octavio me tomaron de las piernas y las mantuvieron abiertas mientras José me empezó a chupar como desesperado. Mario y yo nos comíamos a besos mientras Manuel y Octavio me chupaban los pies y me acariciaban por donde podían. Yo estaba caliente como nunca, me sentía estimulada al máximo con tantos hombres. Mis senos estaban a punto de estallar y mi vagina caliente parecía una fuente.

    -Ah! Ahh! Me vengo! -grité y empecé a temblar hasta que mi cuerpo se repuso de tal trato.

  • Sexo con Amalia, mi compañera de piso

    Sexo con Amalia, mi compañera de piso

    Me llamo José, tengo 35 años y soy de Perú, por motivos laborales vivo en Madrid, he alquilado una habitación en un piso con tres habitaciones. En una duermen los dueños. En la otra una chica llamada Amalia que es de Ecuador y que a su vez la comparte con su amiga, Amalia trabaja en un bar y llega a casa todas las tardes a eso de las 20 y su amiga de habitación trabaja interna y sale los domingos y rara vez asoma por el piso.

    Pues normalmente los fines de semana compartimos el almuerzo. Ya sea que hagamos una comida para todos o que cada uno prepare algo y picamos entre todos. Después de eso, solemos ver una peli o jugar al monopolio, si nadie tiene otros planes la pasamos en casa y encima lo del covid que no deja estar tan alegre en la calle. Debo decir que con ella hay cierta confianza, ya que la conozco más de 6 meses.

    A veces nos poníamos una peli en el Netflix y la veíamos juntos en el sofá. Ella en uno y yo en el otro. Amalia es una chica delgada, simpática de rostro, tiene unos pechos muy bonitos y creo yo ronda los 26 años. Se cuida mucho con eso de las dietas y cosas por el estilo, aquella tarde llegué de la obra un poco tarde y ella estaba en la cocina preparándose una bebida caliente, los dueños del piso estaban viendo las noticias en la tv y yo me disponía a bañarme y cenar que por las prisas ni siquiera había almorzado. Eran ya como las 22 horas y yo estaba por ir al baño y cepillarme los dientes para ir a mi habitación.

    Ya que los dueños duermen temprano por que salen a las 5:30 am a trabajar. Amalia y la dueña del piso estaban viendo la tv, la dueña se despide y me dice que acompañe a Amalia a terminar de ver la película ya que ella madruga, lo que si nos pidió fue que le bajaremos al volumen, bueno le dije “¡Me lavo y salgo!”. Alejandra estaba viendo una serie de narcos, acción, disparos y eso.

    Al rato de ver algunos capítulos sale una parte en la que los integrantes se empiezan a enrollar y la escena se va poniendo erótica, lencería, culos y besos, nosotros ahí tirados cada uno en el sofá, la luz apagada, el volumen bajo del tv y de fondo los ronquidos de los dueños ja ja ja nos mirábamos y reíamos. La escena se fue poniendo más picante. El tipo le bajaba las braguitas a su pareja y dejaba al aire un culo redondo y bronceado.

    Debo decir que eso me excito mucho y pude contener mí erección con una almohada sobre mi verga, yo miraba de reojo a Amalia y solo tenías ganas de tirarme encina de ella, pero y si no le agradaba eso, la que se armaría en el piso. Ella se para y me dice que va a la cocina por un vaso de agua y yo hago lo mismo ya que tenía que pasar por mi lado para salir de la parte donde ella estaba.

    Como solo estaba el brillo de la tv, nos tropezamos y nuestros cuerpos se juntaron, yo me le tiré encima como si me hubiera tropezado y pude meterle mano sabiendo que por la oscuridad no se notaría nada malo. Le agarré con una mano la cintura y mi otra mano se la deje en una nalga “¡Joder cariño! me dice ella, cuanto has demorado en tocarme ah?”. “Es que me daba un poco de corte” le dije yo.

    Y nos besamos, le daba besos en el cuello y los disfrutaba, le acariciaba las nalgas y sin hacer ruido nos tumbamos sobre el sofá. Siempre atentos a algún sonido que viniera del cuarto de los dueños, le levanté la camiseta y me sumergió entre sus pechos yo estaba sorprendido pensar que hace rato le tenía ganas y que me diga eso, le mordía los pezones y no dejaba de gemir, comencé a meterle mano a su vagina para saber si ya estaba excitada o mojada o si la excitaba más, los dos tratábamos de no hacer mucho ruido. Nos quitamos la ropa y le bajé la braguita que tenía puesta y le metí una lamida de clítoris a ese chochito, la excitación era más ya que en cualquier momento alguien podría salir de la habitación y encontrarnos en pleno.

    Ella tumbada sobre el sofá y yo encina de ella solo pude penetrar esa vagina ya humedecida y bien lubricada que pedía no la hagan esperar, se la metí sin mucha demora y empezamos el folleteo, primero suave para poder controlar la eyaculación y no terminar antes de tiempo, ella daba gemidos suaves y un poco ahogados, no se algo así, me tiraba de los pelos y no dejaba de mover la cabeza de un lado a otro, gemía a cada empujada que le daba, me miraba a los ojos y nos besábamos con fuerza y pasión, creo ya no importaba si salía alguien. Lo que si oíamos eran los ronquidos de los dueños y en cierta forma sabíamos que estaban durmiendo plácidamente.

    Me senté en el sofá y la senté sobre mi pene dándome la espalda, que rica pose, como ella es delgada, es muy ágil y que bien se movía en esa posición, de cuando en cuando se levantaba y se sentaba con fuerza y hacía sonar su culo con mi pelvis, yo le masajeaba su culito y la ponía cara al suelo para poder darle unas suaves nalgadas, le besaba la espalda y eso la calentaba más, le acariciaba las tetas y hasta me daba el tiempo para tocarle el coño, totalmente húmedo y desbordando líquidos.

    Ella se había agarrado de mis rodillas y se movía de un lado a otro, de izquierda a derecha y en círculos, se sentía que queríamos gritar y gemir pero no podíamos eso era muy fuerte para tan pequeña habitación lo que si se olía era un fuerte olor a sexo, se podía oler y creo que estar pendiente de esa situación me hacía controlar la eyaculación, yo le metía más ritmo a mi compañera para que terminara y así poder repetir en alguna otra oportunidad, seguíamos en esa pose y la volteo pero esta vez mirándome, le comía los labios, le mordía las tetas y le acariciaba las nalgas tan duritas y lisas que tiene.

    Seguimos así y cada vez que quería gritar o gemir la callaba con mis labios y era una fuerza sobre nuestras bocas, nos unimos en fuertes abrazos que desahogan las ganas de poder gritar o decir algo. Fue muy excitante, un tanto arriesgado, una manera muy diferente y pasional de tener sexo aquella noche. Ufff estábamos en esa pose y siento clavarse sus uñas en mi cabeza, siento un tirón de pelos que yo creo me arranco muchos y una quietud en su cuerpo que pensé ya había terminado, luego unos movimientos de su coño sobre mi verga y un fuerte siiii, siiii.

    Y nos quedamos mirando y ambos sabíamos lo que podía pasar, esperamos unos segundos y no oímos nada fuera de lo normal. La volví a besar suavemente y ella sabía que ahora me tocaba a mi debo decir que se implicó mucho en hacerme sentir bien y hacerme terminar.

  • Mi nueva madre

    Mi nueva madre

    Era día de mudanza. Finalmente llegaba el momento de decirle adiós a la casa de mi infancia, cual inevitablemente había sido adquirida tan solo un par de semanas después de haber sido puesta a la venta por mi padre, resignado a no poder costear los gastos él solo.

    Estaba hecha una sopa de emociones, me sentía triste por dejar la casa de mi vida, pero al tiempo me sentía aliviado por todos esos recuerdos nostálgicos de mi madre impregnados en cada habitación, aún a casi seis años de su muerte.

    Así iniciaba una nueva vida en otro hogar, alejado de los suburbios, en otra casa más pequeña, cual compartiría con mi padre y su pareja, pronto a casarse para convertirse en mi madrastra.

    Ella era engreída y altanera, la verdad no me caía nada bien. Aunque tenía un lindo rostro y de cuerpo no se le renegaba nada, su actitud era todo lo contrario. Pese a que sus largas piernas, cintura delgada, su cabellera rubia y lacia le hacía lucir más joven de lo que era en realidad, tenía todo el carisma de una vieja amargada de noventa años.

    Ella no tendría más de treintaicinco años, en tanto, mi papá, por ese tiempo ya estaba arañando el medio siglo, por lo que no me daba buena espina aquella relación. Es decir, ella estaba más cerca de mi edad, que en esos días tendría veinticuatro años, que la de mi propio padre.

    Para mí, era más que obvias las intenciones de esa mujer, seguro estaba que solo quería a mi padre para sacarle dinero y vivir de gratis.

    Según ella era edecán en una agencia de modelaje, pero la verdad es que ni trabajaba tenía por lo que no aportaba nada a la casa, solo se la pasaba mirando la tv o haciendo Pilates en la sala. Cuando no estaba revisando su móvil, simplemente perdía el tiempo haciéndose tratamientos de belleza en el rostro.

    Me sentía mal por mi padre, no sabía cómo hacerle ver lo que pasaba y a dónde se encaminaba su relación. Nunca he tenido un vínculo tan profundo con él como para platicarlo abiertamente, eso era más con mamá.

    Pero bueno, al menos le sacaba provecho a la relación. No había día que no les escuchara haciendo el amor al menos una vez, por las mañanas o antes de dormir. Ella gemía como zorra. No negaré que me excitaba mucho escucharla. Más de una vez le he dedicado una paja al imaginármela en cuatro siendo penetrada, o montada y cabalgando como una estrella del porno.

    Ojos para los dos

    A decir verdad, ya me tenía harto y fastidiado. La muy sinvergüenza no hacía más que gastarse el dinero de mi padre comprando ropa y productos de belleza. Y no era por el dinero, sino por su actitud.

    En el fondo sabía que mi padre era consciente de ello, que solo estaba con ella por el sexo y por mero afán de no estar solo, intentando así enterrar el recuerdo de mi madre. Pero yo eso sentía que debía hacer algo.

    En verdad no soportaba estar con ella en la misma casa, me trataba como un estorbo, no me hablaba apenas para saludar siquiera. Y a mi padre no lo intimaba precisamente mejor, solo le hablaba bonito cuando quería comprarse algo.

    Un día estábamos ella y yo solos en casa. Yo estaba en el comedor haciendo algunas cosas de la universidad en mi portátil, cuando ella hacía sus ejercicios en la sala justo frente a mí. No podía quitarle la mirada de sus nalgas, la muy desgraciada sí que se cargaba un buen trasero, bien parado en esas mallas ajustadas color lila que no dejaban nada a la imaginación, presumiblemente sin ropa interior o una muy pequeña en su caso, pues no se le marcaba en la ajustada ropa, ni en su top blanco, dejándome ver sus levantados pezones dibujados bajo la elástica tela a punto de reventar por sus voluptuosos senos, incluso marcando sus labios vaginales cada vez que hacía alguna sentadilla o estiraba sus piernas hacía atrás con las manos al piso.

    Entonces, comencé a sentir como mi pene se inflaba bajo mis pantalones cortos. Me puse un poco nervioso, pero no me preocupaba. No era que me importara mucho. Miraba a mi nueva madre haciendo sus estiramientos, parándome la cola para que pudiese observarle hasta el más sutil detalle de su perfecta circunferencia. No sé si lo hacía a propósito y si lo zorra le salía natural, pero no había manera de disimularlo.

    Cuando terminó, me puse de pie y le desfilé por enfrente con toda la polla parada levantando la tela de mi ropa. Sabía lo guarra que era, de inmediato se clavó su mirada sin disimulo, comprobando lo zorra que era.

    Desde ese día me divertía desviando su mirada al levantarme la paja frente a ella, aún sin importarme que estuviese con papá. Me deseaba, seguro estaba que preferiría un cuerpo más joven y fornido como el mío, en vez del cuerpo mi padre, quien lejos había dejado sus días de gloria.

    En la sala, mirando la tv, le mostraba mi erguido miembro bajo mis pantalones. O en mi habitación, paseándome en pelotas con la puerta abierta cuando papá no estaba, para que me pudiese observar completamente desnudo mientras ella estaba en la sala. Le gustaba, no podía negarlo.

    Caza en casa

    Otro día regresaba de la escuela más temprano de lo habitual. Una falla en el sistema de suministro de agua potable nos dejaría el día libre.

    Al llegar a casa, me disponía a recostarme en mi cama e intentar recuperar sueño por la desmañada vana del día, cuando escuché ruidos provenientes de la habitación de mi papá. Sabía que era ella, no había nadie más, pero los sonidos eran extraños, se escuchaban como pequeños quejidos.

    En un principio, ingenuamente creía que estaba haciendo sus ejercicios, pues se oía justamente así. Pero entonces exclamó un agudo gemido de placer, y ahí lo supe todo. Se estaba masturbando. Entonces me acerqué a su recamara silenciando mis pasos tanto como podía.

    Aprovechando mi inadvertencia, me escabullí hasta su puerta, cual para mi suerte tenía entreabierta. Ahí, me asomé y la vi. Estaba completamente desnuda recostada en su cama a piernas abiertas y tocándose con ambas manos en todo su sexo.

    Por la perspectiva no podía ver más que sus pies, piernas, cintura y sus parados senos, lateralmente. Evitando asomarme más allá para no ser descubierto. La panorámica era asombrosa, podía ver con toda claridad sus atléticas piernas blancas y su par de deliciosas tetas redondas, endurecidas, con sus pequeños pezones rozados completamente erguidos, sacudiéndose mientras sus manos le daban placer, jugando en su entrepierna.

    Entonces se movió y me asusté. No estaba seguro si me había visto o escuchado, pero retrocedí un par de pasos por mero instinto. Esperé un momento, y al escuchar nada, regresé a su puerta para continuar espiándola.

    Cuando me asomé de nuevo, la vi en otra posición, esta vez estaba en cuatro, arrodillada sobre su cama, tocándose con una mano por debajo de su cuerpo hasta su depilada vagina. Ahora, girada a un costado de su cama hasta dejar colgando sus pies por el borde de la misma, podía ver mejor el espectáculo, observando a mi madrastra complaciéndose al meterse un par de dedos por detrás, tan fuerte y profundo como era capaz.

    Podía escuchar su mojada vagina haciendo sonidos acuosos entre sus dedos, mezclados con los gemidos de placer que exhibía sin censura, expresando todo ese gozo que se proporcionaba a sí misma, creyendo que aún estaba sola en casa. Estaba tan cerca que hasta podía oler su sexo lleno de sus secreciones íntimas escurriendo entre sus manos.

    Incapaz de contenerme, me saqué el falo completamente erecto y lubricado por la excitación de solo mirarla, y comencé a jalármelo con extremo placer. Lo hacía lento y contento, intentando contener mi agitada respiración relamiéndome los labios. Completamente loco por comerme a mi futura madre ahí mismo. Mirándola tan excitada como yo, gimiendo y gozando al borde del orgasmo, escuchando cómo exhalaba un profundo alarido insinuándome que estaría a punto de venirse, contorneándose en la cama, levantándome el culo en cada arremetida de sus dedos dentro de ella, metiéndoselos y sacándoselos profundamente, como aclamando por un buen pene, mientras se restregaba su clítoris con la otra mano.

    Entonces no pude resistirme más. Ya descarrilado, me adentré a su habitación con la pija de fuera. Ella estaba tan perdida en sus caricias que nunca se percató de mi presencia. Me acerque por detrás hasta su culo. Ahí me acoplé de tras de su blanco trasero mientras aún se masturbaba, y sin más, le clavé mi enrojecido pene, duro como roble, en una de esas veces cando sus dedos estaban fuera.

    Su cavidad estaba tan lubricada que no forcejé en absoluto para deslizar mi falo hasta los confines de mi madrastra, quien enseguida soltó un agudo grito estremecedor de espanto, intentando reincorporarse o gatear lejos de mí para sacarme de ella, pero no se lo permití. La sujeté con fuerza por la cintura y la arrimé todavía más a mis caderas para terminar de ensartarle toda la verga hasta el fondo, cual se deslizaba como mantequilla entre sus calientes pliegues vaginales.

    Ella gritaba desgarradoramente, estaba realmente asustada, intentaba desfundarse con desesperación, pero al mismo tiempo estábamos tan excitados que cualquier movimiento nos otorgaba un profuso placer, fuese pactado o no.

    -Nooo. Detente idiota. ¿Qué haces? No. Para. –Me gritaba, y yo sin decirle palabra, le arremetía mi pene duro y fuertemente, salpicando nuestros líquidos por todos nuestros muslos, mientras la penetraba con rudeza desde atrás, produciendo ese tan excitante y característico sonido de chapoteo sexual a cada embestida en sus suaves nalgas duras y calientes.

    -Detente. Por favor. Para. No lo hagas, estúpido hijo de… No. Ya basta. –Me suplicaba entre dolosos alaridos, quejándose al borde del llanto, y sin embargo tan excitada.

    Poco a poco, aquellos sollozos se convertían en disimulados gemidos sensuales de placer, casi rogándome ahora, porque no me detuviese. Sabía que estaba demasiado excitada como para negarme una buena cogida, seguramente se habría estimulado tanto que estaría a punto de venirse en cualquier momento. Yo también lo estaba, luchaba por contenerme, quería hacerla terminar antes que yo.

    -No termines adentro. Le escuché decir, dándome vía libre a que me la cogiera a merced. Entonces aumenté la velocidad, arremetiendo mi pene dentro de su cada vez más mojada vagina, masturbándome con su rico culito apresado firmemente en mis garras, cual no dejaba de secretar sus acuosas eyaculaciones cremosas que recubrían todo el escroto de mi falo, mientras la escuchaba diciéndome entre gemidos extremadamente excitantes que esperara, que no me viniera aún, pues ella estaba por hacerlo.

    -Espera, espera. Aguanta que me vengo. No termines. Aguata. Me vengo. Ho, si. –Me decía, entrecortando su voz, extasiada por las embestidas duras y feroces palmeando en sus sabrosas nalgas, arrancándole un gemido en cada arremetida, mientras yo apretaba los dientes para complacerla tan solo un poco más. –Mierda, mierda. –Expresaba antes de enmudecer un par de segundos, conteniendo el aliento un instante, para dar paso a un intenso orgasmo que expresaba con un agudo grito desgarrador de placer, gozado abiertamente. Obligándome a sacarle mi falo para permitir que se viniera a chorros frente a mis ojos, mientras yo me exprimía toda mi verga en sus nalgas, depositando mi semen justo en el hoyito de su estrecho ano. Mirando ese fabuloso espectáculo de su vagina mojada eyaculando, secretando un hilo de su fluido cremoso que escurría hasta las cobijas de su cama.

    Desde ese día chantajeaba a mi madrastra con decirle a mi padre de lo sucedido. A cambio, ella me dejaba que la toquetease por toda la casa, dejando que me la cogiera cuando la quisiera.

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  • Viernes maldito

    Viernes maldito

    Cuando te dicen tenés que trabajar la noche de un viernes parece que te están jodiendo. Eran mis primeros días de trabajo en el supermercado, y no mi jefa no me estaba jugando ninguna estúpida broma había que ir a contar mercadería. Me dije mierda ese viernes veía a mi chica y hace rato que no me la cogía como Dios manda, encima en esos días veníamos hablando a full por Whatsapp intercambiando fotos, y cuando le comenté que tenía que trabajar, la muy perra me manda una foto con una tanga metidita entre sus nalgas, en la cual decía estaba deseando que me hagan de todo… lástima y me quería morir…

    Llegado el viernes ya tarde tomé el tren como de costumbre y me encontré con una compañera de trabajo con la cual nunca cruce palabra pero si miradas y me acerque fuimos conversando tímidamente mientras el tren que pareciera ir atrasado se fue llenando más y más estábamos como dentro de una lata de sardinas, quedamos pegaditos contra la puerta contraria a la que sube el ganado le dije, yo justo estaba detrás de ella, parece un lugar común, pero en serio ¡no daba! trataba de acomodarme para no estar sobre ella, bueno en lo posible, pero la cuestión que con las sacudidas del tren ella se agarraba de mí y yo veía sentía sus tremendas tetas contra mi cuerpo y trataba de hacer control mental, para no quedar como tremendo pajero, ella estaba súper colorada.

    Sabes… digo saben eso no es de timidez digo ese color en el que podes oler al menos inconscientemente que la calentura está en el aire pero seguíamos conversando como para salir de la obvia incomodidad no tan incómoda, así estuvimos entre, empujones, manotazos, movimientos, giros, roces sintiendo sus pezones que se dejaban ver al menos por encima de su camisita blanca erectos, la imagine diciéndome apretando su teta toma la lechita de tu mami mientras su pezón dejaba caer una gota en mi boca, ya no pude sostener mi erección que entre giros quedo en un momento contra la mitad de la parte de su culo, mientras ella se apretujaba contra mi bulto naturalizaba la situación diciéndome que mal tener que trabajar un viernes…

    Ya faltaba poco para llegar a destino y de ahí teníamos una cuadra al trabajo, ya luego caminamos rápidos agitados estábamos llegando tarde, ya eso poco me importaba la verdad tenía unas ganas de cogérmela toda, ella iba acelerada un poco delante mío y yo ya no me cuidaba le miraba el culo alucinado… ella se dio vuelta me miro y se reía y al llegar a la entrada del trabajo se abrazó a un tipo de uniforme de guardia y se besaron apasionadamente… Seguí caminando maldito viernes.

  • Marcela, una aventura en el Oeste

    Marcela, una aventura en el Oeste

    En los primeros días, mucho antes que Internet alcance la masividad que hoy tiene, fui descubriendo de a poco el mundo de los chats telefónicos. Por si no recuerdan o conocen el mecanismo, es algo así: llamas a un número, escuchas presentaciones de personas (mujeres en mi caso), presionas 1 para enviar un mensaje… y te sentas a esperar que algún día… alguna conteste. La suerte fue diversa. A veces respondían, la mayoría no. Y una de las que respondió fue Marcela.

    Ella, casada como yo, había ingresado al chat por aburrimiento. Un poco menor en edad que yo y más alta, con algunos pocos kilos de más según decía y una voz muy sensual, nos fuimos contando nuestras cosas y de a poco nos conocimos.

    Los contactos se hicieron más frecuentes y las ganas de conocernos fueron en aumento. Así… comenzamos a planear el encuentro que, luego de dos intentos que tuvimos que cancelar, le ponía más adrenalina a la conversación.

    El tercer intento seria en su oficina ubicada exactamente en el otro extremo de donde yo me encontraba. Es decir, partía de un suburbio en la zona este de la ciudad, la atravesaría y finalmente, algunos kilómetros después llegaría a su oficina en la zona oeste. Era complicado, bastante tiempo de viaje en hora pico y además, ella no disponía de otros momentos.

    ¿Justificaba esa voz tal recorrido? ¿La cita a ciegas lo valdría? Dude mucho pero acepte…

    Salí un rato antes del trabajo alegando un trámite, cargue la dirección en el GPS y allá fui. Efectivamente, era complicado llegar, el transito indicaba cada vez más tiempo de recorrido y me quitaba tiempo para estar con ella. Pero un imprevisto golpe de suerte despejo la maraña de autos y pude tomar un poco más de velocidad. Estuve a punto de desistir pero… seguí adelante.

    Todo esto parece un poco extraño en tiempos de Whatsapp, una selfie hubiera disipado dudas y la decisión hubiera sido más fácil. Pero recuerden que los celulares y las App no existieron siempre. Así era en los viejos tiempos… los mayores me entenderán…

    Casi a horario llegue a su oficina, estacione frente a su puerta y toque el timbre. Era una bonita oficina: un ventanal dejaba ver la recepción que tenía un par de sillones para hacer más amena la espera y un divisorio separaba la recepción de la oficina en sí. Ese lugar era muy clásico: muebles con biblioratos, un escritorio y tres sillas, dos de un lado y una del otro. El detalle es que se podía ver muy bien la recepción y la puerta de ingreso de blindex pero desde afuera no se distinguía el interior.

    Uds. tal vez se pregunten porque describo tan bien el lugar y no a la dama. Pues bien era una mujer en sus 40 largos, efectivamente un poco más alta que yo y tenía un muy bonito cuerpo donde destacaban y mucho sus tetas. Una dama que sin ser súper sexy tenía sus encantos bien puestos.

    Me recibió con un beso, cerro con llave (ya no esperaba a nadie más y «terminaba» el día conmigo) y pasamos a la oficina. Me pregunto si quería tomar algo y fue a la cocina (minúscula, sin lugar para dos personas) por unas gaseosas. Mientras la charla iba por las presentaciones me acerque a ella hasta, sin dejar de hablar, apoyar mi pecho en su espalda. Obviamente ella no se opuso y las gaseosas tuvieron que esperar un momento.

    Los botones de su camisa cedieron a mis manos y sus pechos salieron a la luz. Hermosos, con enormes aureolas y pezones que comenzaban a tomar rigidez. Bese su cuello mientras jugaba con sus pezones, ella no paraba de gemir. Ambos estábamos entregados al otro. El siguiente paso no se hizo esperar y como pudimos hicimos caer la ropa de la cintura para abajo, abrí las piernas y empecé a penetrarla. Estaba por demás húmeda y la calentura le pedía más y más… La pequeña cocina no daba para tanto sexo pero ayudo para que pueda apoyarme en la pared y seguir haciendo mía esa hermosa concha. Ella desnuda debajo de la cintura y con la camisa abierta para que las tetas sean libres para bambolearse… El primero no se hizo esperar y acabe con fuerza en ella… ahí me di cuenta que ni tiempo para un preservativo. Un error de mi parte.

    Ella gritaba y gemía, se movía en todas direcciones encontrando placer en todas… sentí sus líquidos caer por nuestras piernas… nos tomamos un breve descanso para besarnos.

    Fue en ese momento que sentimos algunos ruidos en la entrada, como si alguien golpeara la puerta pero no le dimos mayor importancia. Ella no esperaba a nadie.

    Sin embargo, volvieron a golpear y se asomó para pronunciar la frase que más motorizo a la literatura, a la comedia y al drama: Mi marido!!!

    Así es. El tipo, que según ella nunca iba a la oficina, no tuvo mejor ocurrencia que visitarla no sé por qué asunto. Y tenía que ser en ese momento. Evalué rápidamente la situación y el diagnostico era solo uno: Jaque mate… estaba perdido. No había más salidas que esa puerta y podríamos decir que estaba acorralado.

    Un error salvo la situación: no habíamos apagado las luces. De haber sido así ¿qué hacen estos dos a oscuras? Me imaginaba con un balazo en el pecho jajá. Y como desde afuera no se veía muy bien hacia adentro… lo siguiente pasó muy rápido.

    Ella grito «un momento, ya voy» mientras se acomodaba la ropa. Yo salí de la cocina con los pantalones a medio poner para sentarme en una de las sillas del escritorio, acomodarme los pantalones y hacer un par de «planos» (ella se dedicaba a las remodelaciones de viviendas) con algunos números simulando un presupuesto. Se sentó frente a mí simulando una conversación con un cliente. Cuando los dos juzgamos que estábamos en condiciones pre sexo, ella se fue a abrirla puerta. Aunque yo no escuche la conversación, entiendo que le dijo que estaba con un cliente, que ya terminaba en minutos y que la espere en la recepción. Volvió hacia mí y esperamos unos minutos hablando de «negocios». El tipo hojeaba una revista y yo respiraba profundo para aparentar la mejor normalidad.

    Redactar este momento llevo muchísimo más tiempo que lo que realmente transcurrió. Pero muchísimo menos de lo que me pareció. Ahí me di cuenta que Einstein tenia razón: el tiempo es relativo y corre a distintas velocidades.

    Todavía me quedaba salir. Parecía como que el marido no se había percatado de la situación, o al menos no los demostraba. Nos levantamos, hablamos de un nuevo encuentro «comercial» para fijar el cronograma de obra y nos dirigimos a la puerta. Ella me presento al sr. de los cuernos, a quien salude con un apretón de manos. La puerta estaba ahí nomas, yo me quería ir y el tipo me daba charla. Finalmente abrí la puerta y salí. Casi casi casi a salvo. Encendí el auto y arranque, me temblaban las manos y no podía parar de reírme tal es así que tuve que detenerme a un par de cuadras, estacionar y relajarme un poco para iniciar el viaje de regreso a casa.

    De ella no supe más nada. Volvimos a hablar por teléfono y me confirmo que estaba todo bien, que no había tenido problemas pero que no quería volver a pasar por esa situación… y no la vi más.

    El susto que me di fue tan grande que me prometí no volver a intentar nada con mujeres con compromisos… hasta la próxima vez. Me gustaría saber si alguno de Uds. estuvo en una situación similar…

  • Uno me rompe el corazón y cuatro me rompen el culo (Parte 2)

    Uno me rompe el corazón y cuatro me rompen el culo (Parte 2)

    -Ya estoy lista – dije recuperada pero igual de caliente – quién va primero?

    José que estaba entre mis piernas se enderezó y me la dejó ir hasta que topo su glande con mi útero. Tomé los miembros de Octavio y Manuel para masturbarlos; Mario se puso de rodillas y me lo metió en la boca. Ahí estaba yo, en esa cama de hotel con más hombres de los que alguna vez imagine.

    José me dio duro y rápido por algunos minutos, sacó su verga y en su lugar Manuel entró y comenzó a embestir como un animal. Masturbe ahora a José quien traía la verga mojada debido a que al no haber usado condón quedó empapada de mis flujos. Manuel se salió y entró Octavio que duró algunos minutos hasta que cambió lugar con Mario. En total me dieron un poco más de 10 minutos, fue poco pero aprovecharon sus cambios para no eyacular y poder darme durísimo.

    -Ponte en cuatro patas, mamacita – me ordenó Octavio

    -Ay qué rico me están dando! Bien duro, que machos son- dije jadeante mientras adoptaba la nueva posición para ser penetrada – síganle así…!

    -Y lo que falta putita – dijo Mario metiéndose hasta el fondo de mis entrañas

    -Todavía no te hemos dados por tus dos hoyos- dijo Octavio

    -Hagamos lo que quieran, soy suya! Su puta! – dije con mi cabello moviéndose al ritmo de las embestidas – yo vine a coger

    -Uff! Que rica panocha tienes mamita – dijo ahora Manuel que había relevado a Mario

    -Siento como te palpita la verga! Estás súper excitado! – le grite a Manuel que ya me estaba metiendo dedos en mi culo

    Los otros tres se masturbaban lentamente mientras se admiraban mutuamente por sus capacidades de hacerme berrear como una cerda con ellos usándome. Manuel dijo que ya casi se venía y le pasó el lugar a Octavio

    -Ay cabron, nunca te había sentido tan mojada – dijo tomando mis caderas y comenzó a darme golpes que hacían mucho ruido en cada metida – te resbala bien rico, ah!

    -También es porque les sale a ustedes, me están dejando más húmeda- contesté gimiendo como una perra – todos están entrando sin ponerse condón

    -Y quieres que nos lo pongamos?! – preguntó Mario

    -Ay, no! Así está riquísimo- dije jadeando de gusto

    El papá de mi ex novio pidió el lubricante para comenzar a preparar mi ano. Yo lo tenía listo, me había hecho un lavado para evitar sorpresas y solo hacía falta ponerlo bien lubricado. Mientras uno me penetraba los demás me agarraban lo que querían o me besaban para hacer más intenso el placer del momento.

    Octavio se salió y le tocaba el turno a José. Se llenó el pene de lubricante y lo apuntó a mi ya bien curtido ano. Entró lentamente hasta que sus bolas fueron besadas por mis labios vaginales. Me dio una cogida intensa que duró varios minutos. Me decía que las chavas de ahora éramos más putas mientras que con su gruesa y venuda hombría ensanchaba mi recto.

    Terminó esa segunda ronda con todos ya agarrándose los huevos, era mucha la leche que ya estaban produciendo y necesitaban eyacular antes de que les empezarán a doler. Yo estaba súper caliente viendo a esos cuatro hombres maduros, con sus vergas curtidas y expertas en el coito. Ya habían entrado en mi dos veces y querían más… mucho más.

    -Ya quieren terminar? – les pregunté

    -Primero te damos de dos en dos -dijo Manuel

    -OK, me late… bastante – dije acercándome a José y masturbando su pene mientras nos besábamos.

    Así pasé de uno en uno, disfrutando de sus besos y caricias. Manteniendo con mis manos sus penes duros y calientes.

    -Quiénes quieren ir primero? – preguntó José – yo no tengo problema ir después

    -Pues si quieren Mario y yo – dijo Octavio

    Octavio se acostó y yo me subí en el para meterme su ya bien conocida verga. Me recosté sobre él y dejé que Mario tuviera espacio para maniobrar, sentí su mano en mis nalgas y poco a poco fue metiéndome el pitote que se carga. Cuando los dos entraron lo suficiente comenzaron a embestir como toros bravos, me sorprendió que para su edad tuvieran esa potencia sexual. Yo gritaba y me quejaba mientras mi cuerpo se estremecía. Acostarse con un hombre maduro es rico, con dos aún mejor, tener a los dos dentro al mismo tiempo era otro nivel, pero además, tener a dos viendo y esperando su turno era el cielo.

    No sé cuánto tiempo duraron pero yo iba de orgasmo en orgasmo. Se notaba que los 20 años de edad que me sacaban los tenían bien aprovechados. Se movían como profesionales quemando y ensanchado mis paredes vaginales y anuales. Yo estaba en éxtasis.

    -Ahhh -Octavio grito y besándome con ceño fruncido se comenzó a retorcer – ah!! Ah!! Me vengo!

    -Sigue! Sigue! Sácalo todo! – le decía gimiendo

    Al principio cada grito y espasmo de Octavio era un chorro de leche que iba directamente a mi matriz. Siguió así por tanto tiempo que supuse que ya había dejado de eyacular o si no lo que habría expulsado sería un litro. Mario seguía masturbándose con mi ano mientras Octavio se recuperaba de su orgasmo. Volteé la cara y nos comenzamos a besar

    -Qué rico es coger con señores – dije llevando mi mano a su cabeza mientras nos besábamos al ritmo de la copulación

    -Y qué rico es cogerse a morritas tan jóvenes y putas- contestó

    -No quieres echarme tus mecos? – lo apuñale con mi cara de puta- ya dame chance de cogérmelos

    Dije refiriéndome a José y Manuel que observaban nuestro espectáculo Porno gráfico. Me empujó con fuerza y comenzó a embestir con la furia de un semental que busca eyacular en su hembra.

    -Toma mi semen! Ahhh! – gritaba Mario un par de minutos después

    -Ahhh!! – gritaba sintiendo un orgasmo – sácalo! Todo!

    Octavio que estaba entre mis piernas me observaba atento, más relajado pero con su pene aún sin perder totalmente la erección. Descansamos un poco y salieron de mi interior por lo que su semen se empezó a escapar de mis orificios. Sin mucho que decir, José y Manuel me tomaron y en minutos ya me estaban queriendo sacar sus vergas por la boca debido a la fuerza con la que cogen. Yo me perdí entre orgasmos continuos hasta que sentí que se turnaron mi vagina para poder venirse dentro de ella los dos. Se levantaron y me dejaron con la vagina rebosando de semen.

    -Ay qué rico me cogieron… son muy viriles – dije tratando de relajarme – sus esposas deben ser muy felices

    -Todavía traigo leche en los huevos – me dijo Mario

    -Pues mientras se te pare aquí estoy – contesté mirando a uno por uno- métemela bien adentro…

    -Vamos a la piscina dijeron pero les pedí que se adelantarán. Necesitaba reponerme de aquella sesión que había durado más de una hora

    Pasaron 20 minutos cuando Mario venía ya con la verga bien parada.

    -Ya vienes a desecharte? – pregunté poniéndome en cuatro

    -Ya, esta vez en tu vagina – Mario

    Se la chupe unos minutos y después me empezó a coger en cuatro patas, como una perra. Me tomaba del cabello y me encendía más. Me cambió de posición a misionero y pude ver su palo lleno de la leche que me habían echado los otros tres.

    -No te da asco tener semen de otro en la verga? – le pregunté

    -No, resbala bien rico- Mario

    Seguimos cogiendo cambiando varias veces de posición. Gemíamos, nos besamos y metimos mano sin descanso durante todo el acto. Mi vagina hacia mucho ruido debido a tan mojada que estaba, el semen me escurría de la vagina durante la penetración. 10 minutos después Mario comenzó a gritar y eyaculo en mi vagina. Ahora si tenía el semen de los 4 mezclándose en mi interior, tal aberración me hizo agachar la cabeza llena de placer y euforia. Mario salió de mi y en ese momento me volvió a meter su pene, pero había recuperado la erección en un segundo. Puje y volteé para encontrar a José cogiéndome en la misma posición en la que había terminado Mario. Mario se fue y me quedé gimiendo ahora con José. Estuvimos haciéndolo unos 15 minutos llenos de placer, él era más agresivo y me daba nalgadas con fuerza que me ponían más puta, sobre todo porque sabía que los demás estaban escuchando y alguno vendría después para masturbarse conmigo.

    -Qué rica estás! Eres una perra – decía

    -Ahhh! Estás enorme! Eres un semental! Ayyy! – gritaba y cuando lleve mi mano a mi clítoris note que tenía condón – por qué te lo pusiste?!

    -Quiero que me pidas que me lo quite – dijo dándome yo cuenta de su juego

    -Papi! Quítate el condón!

    Con el no hice tantas posiciones y al final se vino en mi boca. Él de pie y yo de rodillas sobre la cama, para su edad me dio bastante y se lo agradecí con una chupada de huevos. Después de eso vinieron Octavio y Manuel para darme una sesión doble hasta que Octavio se vino en mis tetas y Manuel en mi vagina.

    Yo estaba llena de fluidos, pues mucho semen, secreciones y sudor se derramaron en la cama y en cada cambio de postura me ensuciaba. A Octavio y Manuel no les importaba porque me seguían lamiendo y besando por todos lados aún en mi boca que antes había saboreado el semen de otro.

    Son unos chingones, me han cogido increíble – les dije a Octavio y Manuel refiriéndome a todos

    Los tres estábamos tirados en la enorme cama y ellos tenían sus penes flácidos descansando después de su eyaculación.

    -Gracias a tu por dejarnos metértela todos

    -Oigan, les tengo mucha confianza – dije – harían algo por mi?

    -Claro, si! – dijeron

    -Quiero un beso de tres con ustedes- dije

    -Ay no que asco- dijo uno

    -No esas son otras cosas – dijo Manuel

    -Ya ven! Como yo si les aflojo para todo – dije – a denle, rápido!

    -Noo!

    Seguimos en eso y les empecé a acariciar los huevos con mi bien estudiada y aplicada técnica. Al final los convencí jaja. Fue algo muy rápido y cerraron los ojos pero era suficiente para mí. Bajamos a la piscina y estuvimos tomando y poniendo música un rato, con toda naturalidad conversábamos y me daba unos besos con alguno y mientras continuaba la charla. A veces me metían mano y yo o ellos seguían hablando normalmente. Obviamente seguimos desnudos durante toda nuestra estancia.

    -Ahhh! Así! Qué rico! – gritaba yo una hora después

    Octavio me cogia en el camastro mientras aún lado de nosotros ellos tomaban, veían y platicaban. Dentro de la piscina habían recuperado su vigor y se estuvieron turnando para cogerme. Ya afuera lo se volvían a esperar para ir de uno en uno. Entre el alcohol y las desechadas anteriores aguantaron muchísimo hasta que al fin uno a uno se vinieron por dónde les dio la gana o los sorprendió el orgasmo. Ya totalmente destruida me bañe y nos decidimos a irnos, salimos y ya era de noche, habíamos estado teniendo sexo durante horas y no supe como lo soporté pero estuvo riquísima esa experiencia que marcó un antes y un después en mi vida sexual.

    Saliendo me fui con Octavio en su carro hacia su casa, llegando mi ex suegro me dio una última vez y caímos rendidos.

  • Jacqueline: La coqueta y erótica Jacqueline (Parte 4)

    Jacqueline: La coqueta y erótica Jacqueline (Parte 4)

    Jacqueline para ese almuerzo no me decepcionó. Vi su automóvil rojo Toyota Célica cuando entró al estacionamiento. Ella bien podría llamarme minutos antes de llegar o desde el estacionamiento para que yo saliera, pero siempre hizo lo mismo; entraba hasta mi oficina y salía conmigo apoyada de mi brazo. Nunca me dejó conducir o que la llevara en mi coche el cual según Jacqueline era un aburrido y con apariencia de viejo el Ford Taurus que la compañía me daba como parte de los viáticos de ser el gerente regional. Para mí su coche nipón era un tanto incómodo, pues debería hacer todo el asiento hacia atrás y cuidar de no golpearme la cabeza cada vez que entraba en él.

    Se había sometido a mi pedido y llevaba puesto el mismo vestido, sin usar maquillaje y no sé si me permitiría corroborar que no llevaba bragas, pues fue otra de mis peticiones, pero me gustaba como se veía a pesar de que se miraba un tanto pálida pues no llevaba absolutamente ningún color artificial. Creo que fue la primera vez que entraba y salía de mi oficina con una velocidad empujada para que la gente de la compañía no la viese con la misma vestimenta… creo que esa era su mayor preocupación en ese momento. Ese día iba eufórica y muy bromista y fue ella la que me mencionó acerca de esa petición que le hice que no llevara bragas. Jacqueline comenzó la plática:

    -¿Imaginas que no llevo bragas verdad? ¿Quieres comprobarlo?

    -¡Me gustaría! ¿Adonde?

    -No se me desespere don Antonio… ese que sea la cereza del pastel y, como usted sabe el postre se come, por último. ¿Puede esperar media hora por lo menos? -me lo decía sonriendo.

    Ya para este tiempo conocía los tonos de su ánimo. Me llamaba Antonio o don Antonio en forma de broma, o señor Zena cuando era sarcástica o irónica y aprendí que me llamaba Tony cuando se molestaba. Tuvimos un buen almuerzo donde siempre hacía una rápida digestión con la alegría y coquetería o las insinuaciones cachondas que, como dije antes conforme pasaba el tiempo se volvían más frecuentes e intensas. Ese día como siempre nos habían dado una mesa para cuatro en una especie de cubículo el cual estaba bloqueado hasta el techo y solo se tenía acceso por uno de los lados. Para este tiempo ya no nos sentábamos de frente, Jacqueline siempre se sentaba a la par mía en la parte interior contra la pared, en esta ocasión fue, al contrario, ella me pidió que quería estar a la orilla, en la entrada. Yo me recosté en la pared para estarla viendo. Me pidió a que subiera mi pierna por sobre el asiento acolchonado y posó mi zapato izquierdo por sobre sus piernas. Ella comenzó con sus pláticas subidas en el morbo:

    -¿Qué medida de zapatos usas?

    -11.5 o 12 (42 a 45 en Europa). -le contesté.

    -¡Asustas! – se sonríe de una manera morbosa.

    -¿Por qué asusto?

    -Nunca has escuchado que, según el tamaño de tus pies, es el tamaño de tu miembro viril.

    -Algo así he escuchado. -y también le sonreí.

    -Desde esta curva del pecho de pie hasta la punta de tu dedo gordo, de ese tamaño debe ser… por lo menos 25 centímetros si no me equivoco. – Y de una forma morbosa me sobaba por sobre la punta de mi zapato y me daba una mirada picara.

    -¿Te gustaría descubrirlo y ver si es una realidad?

    -¡Obviamente que si mi amor! Pero no quiero pensar en eso, pues no quiero confundir esta hambre con el hambre de sexo.

    Luego Jacqueline retomó la experiencia que tuvimos meses antes y donde me permitió tocar su hirviente sexo. Ese día había deslizado mi mano para acariciar su sexo entre sus pantalones y descubrir como ella decía que estaba excitada con los besos que nos dábamos. Nunca le penetré su sexo con mis dedos, pues no me dio mucho tiempo y solo pude sentir sus labios y tocar su pequeño clítoris y ella me había interrumpido. Realmente estaba muy mojada y creo que para todo eso, pues sus jugos eventualmente traspasarían hasta la tela del pantalón y quería evitarse esa incomodidad. No sé cómo se la aguanto, pero paró mi accionar y al igual yo, ese día me había quedado como dice ese dicho americano que lo traduciré de esta manera: Me quedé con los huevos azules. – Jacqueline me hablaba de ese momento.

    -¿Recuerdas ese día en tu oficina cuando nos besábamos y me tocaste?

    -¡Cómo no recordarlo! Me has dejado con los testículos adoloridos.

    -¡Ay pobrecito! El señor Zena se quedó sufriendo. ¿Te fuiste al baño a jugar contigo mismo?

    -¿Y tú que crees? Sabes Jacqueline… nunca me ha gustado la autosatisfacción. Realmente no es para mí.

    -¡Wow… has de ser un súper hombre! ¡Único!

    -¿Y tú?

    -¿Yo qué? ¿Qué si me fui a jugar conmigo misma? Cariño, yo no soy un ser de metal como a alguien que conozco. Yo me fui directa al baño a sacarme todas esas emociones que me provocaste. Y no es la primera vez.

    -¿Cómo? ¿A qué te refieres?

    -¡A que lo he hecho en varias veces pensando en ti! De hecho, como te le dije un día, cuando mi marido me coge, siempre imagino que eres tú haciéndomelo.

    -Jacqueline, ¿qué hace tu esposo, a que se dedica?

    -¡No hablemos de mi esposo! ¡Perdón que lo haya traído a la conversación!

    Realmente estos momentos con Jacqueline siempre me sacaron de la presión de mi trabajo, totalmente me olvidaba de los problemas de la oficina. En ese momento me hacía la idea de que era como ir a club de caballeros local y gastarme mis $100.00 o $150.00 dólares, pues eso era el costo de los restaurantes donde íbamos, pero por suerte por esos días me iba muy bien, algunos se los cargaba a la compañía como parte de mis viáticos y otros que la misma Jacqueline pagaba. Recuerdo ese día en el restaurante comenzó a bromear con la mesera quien era una chica no más mayor que Jacqueline, pues según ella, esta chica llegaba y babeaba al verme. Yo reía con sus invenciones, pero una vez se le cruzaba algo por la mente no lo desechaba hasta que estaba satisfecha. Se sonrió con esa mirada picara y me hace una señal con un parpadeo y le dice a la mesera:

    -¡Disculpa! – y se dirigió por su nombre y continuó. – Quiero pedirte tu opinión sincera…

    -Dígame, ¿en qué le puedo ayudar? – le cuestionó amablemente.

    -Ves a este caballero… es mi acompañante de renta. En otras palabras, le pago a una agencia para que él salga conmigo. – La muchacha miraba a Jacqueline incrédula.

    -Usted… ¡difícil de creer! Usted es una mujer muy guapa para que pague por compañía.

    La muchacha estaba ruborizada y creo que lo estaba más yo que ella. Pero así era Jacqueline, era una montaña rusa de emociones que nunca me dejó de sorprender. Lo decía con una seriedad y nunca se le escapó o se salió del drama de la sorpresa. Ya de por sí era penosa la situación, pero Jacqueline iba siempre más allá, pero esta vez no solo ponía en la cuerda floja a la pobre mesera, sino que yo también me sentía en ella. Jacqueline le contestó:

    -¡Si… sé que soy una mujer algo atractiva! Pero… no lo hago… bueno déjame te explico. Sabes lo que dicen por ahí acerca de la medida de los zapatos, pues mira estos… -y Jacqueline me tomó de la rodilla y me hizo elevar mi pie de nuevo a sus piernas.

    -¡No entiendo! – y la chica volvía a ruborizarse.

    -Eso que dicen que, así como es el tamaño del pie así de grande su herramienta.

    -¡Si… algo así dicen! -le contestó con una sonrisa nerviosa.

    -Bueno, pues uno de mujer tiene también sus fantasías… siempre he querido sentir una así… -Y Jacquelin me sobaba el dorso del zapato. -Y continuó. – Pues quería tu opinión y hemos quedado que tú nos servirás como un árbitro y nos someteremos a tu decisión.

    -¿Cuál decisión señorita? ¡No entiendo!

    -Pues ya sabes, realmente quiero probar eso que tú te imaginas, pero yo le ofrezco $300.00 por media hora y el insiste que le de $500.00. ¿Tú que dices? Crees que vale los $500.00 o está bien que se conforme con $300.00.

    -¡Ay, señorita… no sé qué decir!

    -Bueno… recuerda que nos someteremos a tu decisión.

    -¡No sé! En que apuro me ha metido señorita. No sé qué decir…

    -Ok, Martita… solo mira esa cara, mira ese cuerpo e imagínate su instrumento. ¿Vale $300.00 o $500.00?

    -Para que no quedé ni en lo uno o lo otro… ¿Por qué no $400.00? -Dijo la mesera para salir del lío.

    Realmente la mujer hasta sudó y cada vez que llegaba a la mesa se ruborizaba y actuaba con mucha inseguridad. Llegó el colmo de Jacqueline que en una de esas con esa carita angelical y picara le dijo a la muchacha de nombre Marta: ¡Gracias Marta por darle fin a nuestra negociación! Luego te paso su tarjeta de presentación pues si algún día requieres de sus servicios. -Realmente me hizo ruborizar y a reír, pero sus impertinencias no terminarían ahí, y me presentó su morboso reto:

    -¿Quieres corroborar que no llevo bragas?

    -Si… obvio. En eso quedamos.

    -Pues desabotóname el vestido cariño… -Y Jacqueline puso una de sus rodillas en el asiento y se puso parada frente a mí.

    -¿No será más fácil solo subirte un tantito el vestido?

    -No señor Zena… Si quiere corroborarlo, desabotóneme desde arriba hacia abajo.

    -Jacqueline, hay mucha gente pasando… ¡Nos pueden ver!

    -Tony, ¿realmente me quieres follar?

    -Si… por eso estoy aquí.

    -Ok… Entonces comienza por el botón de arriba, pues si quieres el botón de abajo, es solo eso lo que tendrás que hacer.

    Realmente lo pensé unos segundos, pues no podía de dejar de sentir cierta tensión pues aquel lugar estaba conglomerado. Luego supe que Jacqueline había decidido sentarse a la orilla con ese propósito, pues con ese vestido de mezclilla inclusive todo desabotonado, nadie más que yo podría verla. Le desabroché uno a uno y creo que conté siete en total y pude ver que no llevaba brasier ni bragas. Su monte venus estaba totalmente depilado y apenas pude ver el comienzo de su conchita desde ese ángulo. Ella lo llevaría aún mucho más allá poniéndole más tensión al momento:

    -¿Quieres probar la cereza del pastel cariño? ¿Te atreves?

    -¿Cómo?

    -Agáchate… acércate… nadie nos verá… no hay nadie en el momento.

    La tenía frente de mí en un restaurante conglomerado mostrándome sus pechos y su sexo. No lo pensé mucho y me dejé llevar por la excitación. Le di un pequeño beso a sus dos pezones a la ligera y bajé a besar su coño, como ella me lo había nombrado en alguna ocasión. Sentí ese olor embriagante de su concha y saboreé el exquisito sabor de su sexo.

    Continuará.

  • Con mi madrastra en su carro

    Con mi madrastra en su carro

    Les conté de cómo me cogí a Martha, mi madrastra, la esposa de mi padre, pues ahora les contaré como me la cogí en su carro después de unas cervezas.

    Una noche estábamos tomando en su local de impresión ya que ella tiene uno allá por viaducto ya teníamos unos tragos de más, estábamos con sus amigos y mi padre no estaba porque andaba con mi abuela, les dije que me retiraba ya que al día siguiente tenía una reunión del trabajo desde muy temprano.

    Gabriel se ofreció a llevarme, pero ella le dijo que me llevaría, así que nos fuimos, en el camino pasamos por más cervezas.

    Ella se estacionó una calle antes de la casa y nos pusimos a tomar, ese día ella llevaba un mayon gris que todo se le transparentaba, yo estaba cachondísimo observándola, entre platica y platica le comencé a acariciar sus piernitas, ella al principio no decía nada y seguía hable y hable hasta que…

    M: ¡Oye ya deja déjame las piernas!

    T: Perdón, ¡pero me encantan!

    M: Si ya lo sé, ¡pero soy la esposa de tu papa y estamos en su carro!

    T: ¡Pero ya hasta cogimos!

    M: Pues sí, ¡pero no quiero salirle con más tonterías y tu deberías hacer lo mismo!

    T: Ok vamos por otras cervezas…

    Fuimos por un six más y seguimos tomando, ella fue perdiendo poco a poco, mis manos no solo acariciaban sus piernas si no también subían hasta sus nalgas, me acerqué y la comencé a besar.

    Ella se resistió un poco pero después estábamos dándonos unos besos muy ricos, recliné el asiento de ella, le abrí su escote y comencé a besarle en medio de las tetas, mis manos acariciaban sus piernitas, estaba excitadísimo.

    M: ¡Uhm!! ¡Basta!

    T: ¡Adoro tus enromes tetas Martha!

    Me volvía loco así que le fui bajando la calza junto a la tanguita, mi lengua comenzó a recorrer sus muslos hasta llegar a su depilada vagina.

    Le lamia con desesperación, ella se convulsionaba muy rico, mis manos levantaron su blusa y desabroché su sostén, ¡mientras mi lengua entraba y salía de su ya húmeda vagina!

    M: Uhm, ¡para esto no es correcto!

    T: ¡Mi amor sabes que me encantas un montón!

    M: ¡Si!!! Esto está mal, pero no puedo detenerme, uhm!

    T: ¡Uhm!! ¡Mami que rico!

    Me bajé el pantalón y me subí encima de ella, Martha ya estaba excitadísima, entre el alcohol y la cachondeada estaba lista para mí.

    La comencé a penetrar lentamente, mientras mi lengua saboreaba sus ricas tetas, ¡ella mordía sus labios y me empujaba hacia ella!

    M: ¡Uhm, mi niño, cógeme, uhm!

    T: ¡Como aprietas!!

    Yo me apoyaba en el volante del carro y se la metía más duro, nos besábamos pasionalmente, recliné el asiento del copiloto me recosté y ella se fue directo a mamármela.

    Me daba ricas chupadas, ella es una experta mamando, la tomaba con sus dos manos y se devoraba mi cabeza, su lengua recorría toda mi zona, ¡sus uñas largas me excitaban aún más!

    Con sus tetas también me acariciaba la verga mientras con su lengua lamia mi cabecita, tragaba hasta que mi verga tocaba su garganta, yo la retenía unos 20 segundos ella solo tomaba aire y continuaba mamando mi carne…

    T: Así mami, sigue, que rico, ¡uhm!

    M: ¡Me encanta que me digas mami!

    T: ¡Uf, mami, que rico, ah!!

    Ella se quitó la calza totalmente, me dio la espalda y se subió en mí, ambos nos movíamos rápidamente mis manos apretaban sus tetas ella se apoyaba con la puerta y con el volante del carro para moverse más rápido…

    M: ¡Hijo!! Cógeme, uhm, cógeme!

    T: ¡Madre, uhm, como apruebas, uhm!

    M: Que verga ms gruesa, me encanta, ¡ah!!

    T: Muévete, uhm, ¡así que rico!

    En medio del éxtasis abrí la puerta del carro, me salí y ella se empinó en cuatro acomodándose entre los dos asientos.

    Yo la tomé de la cintura y comencé a dejársela ir rápidamente, le agarraba del cabello y con la otra le daba nalgadas.

    T: ¡Oh!! ¡Que rico, uhm, ah!

    M: ¡Nos van a descubrir!

    T: Me vale, uhm, ¡ah!!

    M: ¡Que rico!

    Martha jadeaba y gemía riquísimo, yo continuaba disfrutando acariciándole las nalgas, jamás pensé en hacerle eso a mí padre, pero ya era tarde, ahora su mujer era mi perra!

    El carro se movía, ambos estábamos extasiados, nos movíamos rico, sincronizada mente, así como dos personas que se entienden bien, finalmente no pudimos contenernos más y el éxtasis final llego.

    T: ¡Oh!!! Martha!!!

    M: ¡Uhm!!! Que rico, ¡ah!!!

    Ambos nos corrimos juntos, mis fluidos y los de ella llenaban el carro de nuestro sexo, la llené de leche y el orgasmo fue espectacular.

    Ella tuvo un gran orgasmo, terminamos y nos recostamos en los asientos a beber cerveza, ella recibió la llamada de mi padre, nos despedimos y quedamos en vernos nuevamente para coger.

    Lamentablemente unos meses después, de una discusión con mi padre, me aleje de la casa y de ella también, era una lástima, pudimos haber cogido más veces, pero las cosas son por algo, así que ahora solo recuerdo lo rico que cogía mi madre postiza.

    Tyson