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  • Después de la subasta

    Después de la subasta

    El aire estaba cargado de una electricidad densa, un murmullo de deseo y expectación que vibraba en las paredes oscuras del lugar. Mi amiga la dominatrix E, con su porte imponente y su corsé de cuero negro brillando bajo las luces tenues, me guio a través de un pasillo angosto hasta la sala de subastas. Yo, un devoto del fetichismo del cuero llevaba un traje completo que crujía con cada movimiento, usando largos guantes y botas relucientes, todo en negro brillante incluyendo una capucha que cubría todo mi cabeza dejando espacio solo para mis ojos, nariz y boca.

    El aroma del cuero se mezclaba con el incienso aromatizaba el lugar. La sala estaba llena de figuras enmascaradas, sus rostros ocultos tras antifaces de encaje o máscaras de látex y cuero. En el centro, un escenario circular iluminado por un foco rojo.

    Las “esclavas”, todas voluntarias, desfilaban una a una, algunas con cadenas plateadas que tintineaban, otras con trajes de látex que se adherían como una segunda piel. Dominatrix E me explicó las reglas: todo era un juego consensuado, un teatro de placer donde las sumisas se ofrecían por diversión, necesidad o ambas. Pero antes de pujar, cada participante pasaba por exámenes médicos para garantizar que ningún interviniente tuviera alguna ETS y además se hacían firmar documentos legales que aseguraban el consentimiento de las esclavas a su sometimiento.

    La primera subasta fue un torbellino. Una mujer de curvas pronunciadas, con un corsé rojo que apenas contenía sus pechos, se paseó con una cadena dorada colgando de su collar. Sus tacones resonaban en el suelo, y sus ojos brillaban con desafío. Puse mi oferta, pero la puja se disparó, y la perdí ante un hombre enmascarado que vestía un esmoquin quien alzó su mano con arrogancia.

    Frustrado, pero excitado por el ambiente, me preparé para obtener una esclava esa noche, después de perder varias pujas esa noche, subió al escenario una mujer de mediana edad con una capucha de látex negro que ocultaba su rostro, dejando solo su boca visible, pintada de un rojo intenso. Su cuerpo desnudo, salvo por la capucha, si bien no era una obra de arte, se dejaba ver, su piel tenía unas bellas estrías, sus curvas definidas, y una postura que gritaba sumisión y desafío al mismo tiempo, si bien no pude ver su rostro, su cuerpo y su postura me parecieron familiares, cuando empezó la subasta mi corazón latió con fuerza.

    Puje sin pensarlo, mi voz resonando en la sala mientras el precio subía. Finalmente, con un grito de victoria, la gané por toda una semana. Después de hacer los pagos y comprobaciones pertinentes, la lleve encadenada del cuello a una recámara privada, un espacio con paredes de terciopelo rojo y una cama cubierta de sábanas de satén negro. El aire olía a incienso y a lujuria. Con una voz impostada le ordene con voz firme “Ponte una segunda piel”, mi propia excitación palpitando bajo el cuero de mi traje.

    Ella obedeció al instante, deslizándose dentro de un traje de látex marrón que abrazaba cada centímetro de su cuerpo. El traje tenía aberturas estratégicas: una en la entrepierna, otra en los pechos, dejando sus pezones erectos expuestos al aire frío. Una cadena plateada colgaba de un collar en su cuello, entonces la hice desfilar como un animal doméstico, sus movimientos eran gráciles pero cargados de una sumisión deliberada. Me senté en un sillón de cuero, mi mirada fija en ella, y con mi mirada le ordené, señalando mi entrepierna. El cuero de mi traje estaba tenso por mi erección.

    Ella se arrodilló entre mis piernas, abrió el cierre de mi traje y sus labios rojos rodearon mi miembro con una destreza que me hizo jadear. Su lengua danzaba, lenta al principio, luego más rápida, llevándome a un éxtasis que me nubló la mente. El cuero de mi traje amplificaba cada sensación, el calor de su boca contrastando con la frialdad del material que me enfundaba. Cuando terminé, ella no se detuvo; con una obediencia impecable, lamió cada gota, sus ojos brillando bajo la capucha.

    Entonces ella me ofreció su coño perfectamente expuesto por el traje, entonces mi lengua exploró se deliciosa cavidad. Al rato no pude contenerme más. La tomé por las caderas, posicionándola contra la cama, y la tomé vaginalmente, su cuerpo respondiendo con gemidos ahogados que resonaban en la habitación. Luego, la giré y le di un beso negro, lamiendo a mi esclava, una vez deje lubricado su cavidad con mi lengua, la penetré analmente, cada embestida era acompañada por el sonido del cuero rozando contra el látex. Le di nalgadas firmes, y sus gritos de placer llenaron el aire, un canto que alimentaba mi propia lujuria.

    Mas tarde esa noche dominatrix E, toco la puerta, su silueta estaba recortada contra la luz del pasillo, me llamo a hablar en forma reservada, me indico “Ella está aquí por placer, pero también por necesidad”, explicó con una sonrisa enigmática. “Algunas buscan la libertad en la sumisión, otras el escape en el control que entregan.” Pero esta además esta endeudada por razones de la enfermedad de un familiar y busca la sumisión como una manera de liberarse y pagar sus problemas y me pidió no fuera muy dura con dicha sumisa, a lo que asentí.

    La sesión continuó varios días, en el que se convirtió en rutina que mi cuerpo y el suyo envueltos en un frenesí de fluidos, cuero y látex, solo interrumpido por unas horas de sueño y las comidas. La penetré una y otra vez, alternando entre sus orificios, cada movimiento más intenso que el anterior. Su traje de látex, ahora pegajoso por el sudor y los fluidos, parecía fundirse con su piel. La tomaba de su cadena y la hacía mía, a veces le daba le daba unos azotes con una fusta, lo que solo hacia se excitara más mi esclava lo que facilitaba su penetración, Solo me detenía cuando sentía que mi cuerpo estaba exhausto y saciado.

    Cuando el tiempo que subaste a mi esclava estaba por terminar, mientras la follaba con fuerza, le ordené que se quitara su capucha, ya que después de estos días sentía curiosidad por saber cómo seria su rostro verdadero, yo tenía potestad para pedirle ella, ya que la esclava debía ocultar su rostro a los demás pero no a su amo. Ella obedeció, deslizando el látex de su rostro con manos temblorosas.

    Mi corazón dio un vuelco al reconocerla: era una excompañera de universidad. No tenía mucho trato con ella, ya la recordaba como arrogante que miraba a los demás por encima del hombro. Verla allí, vulnerable y entregada, fue un shock que solo intensificó mi deseo. Con mi miembro aún dentro de ella, susurré su nombre real. Su cuerpo se tensó, sus ojos se abrieron de par en par bajo la luz tenue, entonces me quité mi propia máscara, revelando mi rostro. Por un momento, no me reconoció, pero cuando lo hizo, mi nombre escapó de sus labios en un grito entrecortado.

    Su cuerpo se estremeció, mientras yo seguía moviéndome dentro de ella, el calor de su reacción me llevo al borde de un orgasmo, cuando sacie mis apetitos, le pregunte “¿Cómo llegaste aquí?”. No respondió, solo me miró con una mezcla de vergüenza y deseo, sus mejillas enrojecidas. La tomé de nuevo, más lento esta vez, saboreando cada reacción de su cuerpo, cada gemido que escapaba de su garganta. El pasado y el presente se fundieron en ese momento, el poder y la sumisión entrelazándose en un baile de cuero, látex y carne.

    Cuando la subasta terminó, me despedí de ella con una última caricia en su rostro, le susurré a su oído mi correo electrónico, por si deseaba contactarme. Aunque no estaba permitido, dominatrix E al darse cuenta lo que hice me guiñó un ojo mientras me alejaba con mi traje crujiendo con cada paso, hacia un vestidor donde me sacaría mi segunda piel en firma reservada y volvería a mi vida habitual. Esos días habían sido un torbellino de placer y revelaciones, un viaje al borde de los deseos más oscuros, que quedó grabada en mi mente para siempre.

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  • Me pagaron una deuda, con una mujer (6): Otra sumisa

    Me pagaron una deuda, con una mujer (6): Otra sumisa

    Volví a mi casa ya de noche, me encontré a Ana sentada en el living con poca iluminación, como mirando a la nada y con síntomas de haber estado llorando. Me acerque lentamente, me senté a la par de ella y la abrace.

    Ana: Si no me hubiera cruzado contigo viviría engañada toda mi vida, y hasta terminaría en un agujero mucho más profundo del que he estado.- dijo mientras apoyaba su cabeza en mi hombro.

    Yo: Nada te pasara yo te protegeré siempre.

    Ana: y yo siempre te serviré.

    Nos besamos dulcemente, hasta que Ana metió su lengua en mi boca y su mano empezó a masajear mi miembro por encima del pantalón. Ella se subió a caballo encima de mí, nos besábamos mientras ella se restregaba sobre mí, mi pene en segundos consiguió su máximo esplendor, baje mi mano a sus nalgas y empecé a estrujarlas. Nos separamos y mi boca busco su cuello, de un tirón abrí el escote del vestido y con mi lengua recorrí parte de sus pechos.

    Ella torpemente intentaba desabrochar mi pantalón, no queríamos separarnos, se levantó un poco y lo consiguió, sobre la misma corrió su tanga hacia un lado y llevo mi miembro a su vulva, con su mano hacia presión con mi miembro contra sus labios, una y otra vez, hasta que por lubricación, calentura y un movimiento de cintura mi pene termino por completo dentro de ella, un gemido gutural dejo escapar.

    Yo: Mmm esto está demasiado bueno.

    Ana: Si, demasiado cariño.- Lo dijo a propósito, mirándome a los ojos y esperando mi reacción.

    La tome de la cara y la bese, intentando demostrar todo mi amor y ella hizo lo mismo, aunque nuestro beso se convirtió en una batalla de lengua, succión de labios, mordeduras. Mientras nuestros sexos buscaban alejarse para volver a encontrarse con mucha violencia, nunca lo habíamos hecho con ropa, ni en esa posición, yo sentado, me estaba gustando que tomara la iniciativa y me diera placer.

    Y en verdad si lo hizo, se cansó del mete y saca y empezó un movimiento circular con sus caderas buscando que nuestros órganos tuvieran el mayor contacto posible, y nosotros no parábamos de besarnos.

    Mi mano seguía apretando un pecho y la otra ya jugaba libremente en la entrada de su ano con dos dedos, y ocurrió lo inevitable, no se puede tener tanto placer por tanto tiempo, la descarga en su interior la arrastro a un muy buen orgasmos, ella se quedó quieta y yo seguí introduciendo dos dedos en su ano y los movimientos de caderas y espasmos se alargaron por un par de segundos más, se quedó en esa posición un par de minutos para recuperarse, se desmonto y vio mi pene hecho un desastre, brillante lleno de flujos y semen, se agacho y con su lengua recorrió todo mi pene dejándolo impoluto, totalmente limpio.

    Ana: Así está más bonito.- y con una sonrisa se fue a la ducha.

    No teníamos mucho tiempo para otra cosa, teníamos que levantarnos temprano. Y teníamos que dividirnos, Ana tenía que ir a buscar a su prima a la estación de buses, para ello hable con uno de los policías para que la acompañara, irían en la camioneta que me dio Juan Carlos. Mientras que yo tenía que ir a prestar declaración delante del Juez y el Fiscal por la investigación que tenía Juan Carlos, ahí se me notificaría de la amenaza a mi vida. Antes de dormir Ana me mostro un mensaje que había recibido de Miguel desde un teléfono desechable, en el cual le decía a Ana que a partir del día siguiente tenía que ir informándole por mensaje todos mis movimientos. Simplemente les contesto que si. Y nos fuimos a dormir.

    El martes nos levantábamos temprano. Estaba lluvioso y la temperatura había bajado bastante. Nos preparamos rápido para hacer cada uno lo que tenía que hacer. Ana iba a ir a buscar a su prima a la estación de Buses y yo tenía que ir al juzgado a declarar. Ana preparó café de más para llevarle a los policías que estaban afuera. Cuando salimos, Ana se fue en la camioneta Audi con el efectivo policial y yo me dirigí al juzgado, escoltado por el otro policía en su auto.

    Llegué al juzgado temprano, no quería hacer esperar a nadie. Tuve que esperar en una sala contigua, donde me trajeron café y estuve acompañado de mi amigo Raúl. Charlamos de todo un poco y él me preparó más o menos para lo que tenía que decir y hacer al entrar en la sala. Cuando entré, estaban el juez y el fiscal, quienes me notificaron sobre las escuchas que comprometían a Juan Carlos, donde aparentemente planeaban un robo y fingir mi accidente fatal. Me hice el sorprendido. Me dijeron que me pondrían una escolta policial y que debería estar lo más quieto posible, si era posible quedarme en mi casa.

    Después de salir del juzgado, me junté con mi amigo Raúl, quien me puso al tanto de cómo avanzaba la investigación. Me dijo que Juan Carlos estaba cada vez más comprometido y que tenían más pruebas en su contra. También habían encontrado pruebas concretas sobre sus socios, el Gordo Tony y su banda, incluyendo tráfico de drogas, lavado de dinero, robos, préstamos usureros y hasta un homicidio. El objetivo era terminar con todo lo antes posible, antes de que se filtrara información a la prensa o a policías corruptos que podrían alertar a la organización.

    Raúl me dijo que la idea era acabar con toda la organización en menos de una semana, pero que sería un golpe complejo que implicaría muchos factores para asegurarse de que Juan Carlos, Miguel y el Gordo Tony cayeran.

    Después de reunirme con Raúl, me sentí aliviado y satisfecho con los planes que habíamos trazado. Era crucial eliminar la amenaza que representaba Juan Carlos y su entorno, no solo para mí, sino también para proteger a Ana en el futuro. Sin embargo, mi mente estaba en otro lado mientras me dirigía a la empresa. No podía dejar de pensar en lo que habíamos hablado con Raúl y en lo que estaría haciendo Ana en ese momento. Intenté concentrarme en el trabajo, pero mi atención estaba dividida. La mañana se me hizo larga y pesada, y solo pensaba en volver a casa por la tarde y ver cómo se desarrollarían los acontecimientos.

    Mientras tanto, Ana se había dirigido a la terminal de buses y había recibido a su prima Maite. Apenas tuvo que esperar, ya que el colectivo estaba próximo a llegar. Las dos primas se habían mantenido en contacto desde temprano. Al llegar, Maite abrazó a su prima y se fundieron en un abrazo cálido y emotivo. Las lágrimas, los mimos y el consuelo no faltaron. Maite era una mujer fuerte y sacrificada, como Ana, y había pasado por mucho. Ver a su prima después de todo lo que había pasado la desbordó y la hizo llorar desconsoladamente. Después del emotivo reencuentro, pasaron por algunas tiendas de ropa para comprar ropa nueva, ya que Maite solo había venido con lo puesto.

    Llamé a Ana solo para preguntar cómo había llegado Maite y cómo estaban. Me respondió que estaban bien y que me esperarían a la tarde. Me sentí aliviado al saber que todo había salido bien. Ya pensaría en cómo ayudar a Maite, tal vez podría conseguirle trabajo con alguno de mis contactos o ver si podía hacerle un lugar en la empresa. Estaba dispuesto a ofrecerle mi apoyo y ayuda en lo que necesitara. La tarde se acercaba y estaba ansioso por ver a Ana y Maite, y empezar a trabajar en encontrar una solución para su situación.

    Mientras conseguía un lugar o trabajo para Maite, podría quedarse en mi casa el tiempo que necesitara. No había problema, ya veríamos cómo nos acomodaríamos. La casa era lo suficientemente grande como para que se sintiera cómoda y segura. Me parecía lo menos que podía hacer por ella, después de todo lo que había pasado. Ana y yo podríamos hacer algunos ajustes para que Maite se sintiera como en casa. La prioridad era que se sintiera segura y apoyada.

    Llegue a casa cerca de la 19 horas, había sido un día bastante largo, y si ha eso le sumábamos que ya veníamos cansados del fin de semana y del lunes, quería descansar, pero hasta que no solucionara lo de Maite no me iba a poder tranquilizar. Debía convencer a Ana que la estadía de su prima era temporal, y lo de que se sumara a nuestra pareja como esclava era toda una locura. Si ya con una mujer joven en casa yo quedaba para el arrastre, ni imaginar con dos, era totalmente descabellado.

    Otra cosa es que estaba temeroso de que la presencia de Maite dañara mi relación con Ana, ya que habíamos desarrollados sentimientos el uno con el otro y estábamos llevando un lindo periodo de enamoramiento, no quería arruinarlo. Estacione el auto en mi cochera, y les lleve unos refrescos y bizcochitos a los policías que estaban de guardia. Estos aparte de agradecerme, me mostraron unas fotos de la tarde.

    Policía: Mire Esteban, esta tarde anduvo merodeando uno de los sujetos de interés, es el que se llama Miguel, lo trajo el otro sujeto mayor Juan Carlos, y lo dejo a un par de cuadras, estuvo estudiando la zona, vio las rutas de escape, donde podía haber cámaras, y observo su casa por un rato, no se preocupe que estos dos son vigilados todo el tiempo.

    Salude a los chicos y me metí en mi casa. Lo que me contaban era algo que esperaba y me había advertido Raúl, ambos personajes habían investigado en internet homicidios reales, y como los habían encontrado. Bueno ellos creen que son muy listos, “Nunca interrumpas a tu enemigo mientras comete un error”, dijo un gran general.

    Entre en la casa, y me encontré a Ana esperándome en el Living, estaba muy bien arreglada, con un lindo vestido suelto, los vestidos color pastel que me volvían loco, le podía meter mano cada vez que quería, o incluso tomarla, y eran fácil de quitar. Un maquillaje sobrio, que resaltaban aún más su dulce rostro, y unos zapatos de tacón rojos.

    Ana: Amo siéntese y ahora le sirvo un café.- la mire por como me trataba.- déjeme que lo trate así hoy, por favor.

    Yo: ¿Dónde esta tu prima?.- dije pensando que estaba descansando, del largo viaje.

    Ana: Mi Amo, tenemos que hablar.- asentí con la cabeza, porque quería dejar en claro mi postura.- Lo más importante es que Miguel me ha mandado varios mensajes hoy, y no los he abierto.

    Le pedí el teléfono y los miramos juntos.

    Miguel: Zorra necesitamos que nos informes sobre los horarios de Esteban, que hace, si sale a algún lado, o tiene planeado ir a algún lado.

    Miguel: Si ves dinero o él lleva grandes cifras de dinero a la casa, o si hay una caja fuerte en ella.

    Miguel: Zorra contesta, no te olvides a quien le debes lealtad.

    Miguel: Zorra hedionda, estoy afuera de la casa de Esteban, dime si estás sola.

    Ella se puso un poco incomoda, la atraje a mí y la senté en mi falda.

    Yo: Tranquila la policía ya me dijo de esto. Ven le contestaremos juntos, Raúl me dijo que poner si esto ocurría.

    El mensaje buscaba no levantar sospechas.

    Ana: Hola Miguel, saluda al amo Juan Carlos. Disculpa que no te conteste, recién me dan él celular, no lo tengo siempre conmigo. No, no estaba sola, siempre estoy acompañada o por el Señor Esteban o por la empleada de la Limpieza. Y sus horarios no son fijos, pero de seguro no está en las mañanas. En cuanto a dinero, eso no lo se. El cuando llega se encierra en su oficina y no puedo ver nada. Si observo algo te aviso.

    Miguel: Bueno, si puedes sácale información a la empleada de limpieza. Borra todo para que no lo vean. Ya falta poco para que todo termine y el amo te recompensara.

    Ana apretaba el celular y hasta sus falanges de la mano se pusieron blancas de tanta presión.

    Ana: Hijo de puta, yo sé como me recompensara, haciendo de mi vida un infierno.

    Yo: tranquila cariño.

    Dije mientras acariciaba su cara, ella tardo un par de segundos en entender como le había dicho y como la trataba nos miramos y nos dimos tres tiernos piquitos.

    Ana: Amo lo importante de hoy es que llego su nueva esclava, déjeme que se la presente.- la tome del brazo y la senté en mi falda de nuevo.

    Yo: Ven aquí, tenemos que hablar. Mira yo no busco otra esclava, ya te tengo a ti, y te amo, no necesito más.- vi que sus ojos se llenaron de lágrimas.- Tranquila yo ayudare a tu prima, le conseguiré trabajo y puede quedarse aquí todo el tiempo que quiera.

    Ana: Amo no entiende, ella quiere ser su esclava, y yo quiero que ella sea su esclava, ella es como mi hermana. Las mujeres como nosotras no pueden estar solas, necesitamos alguien fuerte y bueno como usted para que nos guie y proteja. Sino terminaremos en manos de canallas o alguien malo que nos prostituya.

    Y en realidad tenía razón, todo esto me lo había comentado el psicólogo forense, y también estaba en los libros que me había dado. Las mujeres tienden a elegir un patrón de hombres determinados, bajo circunstancias determinadas. Son tan vulnerables que posiblemente elijan a otro golpeador.

    Me quede pensando en que decir para que sonara más bonito, pero Ana no me lo permitió y salió hacia las habitaciones a buscar a su prima. Creo que mi cerebro se fue a otra dimensión cuando Ana volvió con su prima, deje de pensar y hasta mi mandíbula se me desencajo. Por supuesto que intente disimular, tanto como puede un hombre. Es que hasta lo que había visto en su momento era su foto de perfil, la cual estaba con su marido, y ella estaba muy desarreglada. Esto era otra cosa, Ana la había arreglado y preparado a conciencia.

    Déjenme describirla, creo no poder hacerle justicia. De cara es linda, aunque Ana era más bonita, tenía una cara ovalada y un pelo negro, ojos color verdes, y sobresalían sus labios cortitos pero anchos. Su piel era blanca pálida, mucho más que la de Ana. Ella era bastante delgada, creo que ahí había intervenido el marido, tal vez la hacía pasar hambre. Pero así y todo lo que resaltaban eran sus pechos, eran redondos, preciosos un poco más grandes que los medianos, pero ella al estar tan delgada parecía mucho más grandes. Su culito era poquito, ahí si se notaba la delgadez.

    Para rematar todo esto Ana le había puesto un conjunto de lencería negro y un camisón hot totalmente transparente. Me hacía recordar mucho a la actriz que interpreto a Jane, la novia de Jesse Pinkman, en Breaking Bad. Solamente que tetona.

    Maite: Hola Amo, soy Maite.- Un sonoro cachetazo propinado por Ana, impactó en su mejilla.

    Ana: Silencio, nadie te dio permiso para hablar. El amo todavía no te ha aceptado, por lo tanto no tienes derecho a llamarlo así.- Se dirigió a mi.- Disculpe mi Amo, esta puta es del campo, y si bien es una sumisa, no ha sido adiestrada como una esclava.

    En realidad esto era surrealista, no lo podía creer, tampoco podía creer el comportamiento de Ana. Respire hondo tome la taza de café y bebí el ultimo sorbo que quedaba. Mi silencio puso nerviosas a ambas, que pensaron que todo su plan se iba a la basura.

    Ana: Amo esa es una ventaja, así usted puede adiestrarla.- La giro y le hizo sacar culo.- mire este trasero, está un poco flaco porque su ex la mataba de hambre, pero bien alimentada y con ejercicio, puede ser un buen trasero para que el amo azote, tiene potencial.

    Ana la hizo inclinar un poco tomo sus nalgas y las separaba y juntaba, ella estaba a menos de un metro mío, y yo podía ver todo su ano y los labios de su vulva cuando hacia este movimiento hipnótico. Ana me miraba y yo intentaba no dar pruebas de que me hubiera afectado, entonces como si fuera una vendedora se esforzó al máximo con su ataque. La desnudo por completo, en realidad el tanga tapaba poco.

    Ana: Mire amo, que buena vagina y que buen ano. Tienen poco uso, y el anterior dueño no tenía una herramienta como usted, así que está bastante apretada.- dijo metiendo un dedo en su vagina, lo saco, y la giro quedando frente a mí.- Mire que par de ubres, parece una vaca, tiene los pezones muy sensibles, fíjese que grande la aureola y mire que pitones.

    Maite estaba roja de vergüenza, claro no era lo mismo ser maltratada y golpeada en el campo, que ser una sumisa, si bien tenía cosas en común, no era lo mismo. Ana le abrió un poco las piernas y separo sus labrios mayores de la vagina, eran gorditos, muy prolijos, ella estaba completamente depilada, como Ana, sospechaba que también había tenido que ver ella con esto. Ana se mojó un dedo y lo paso por su Clítoris, después de un par de pasadas asomo el clítoris más grande que he visto, como de un centímetro más o menos. Yo ya tenía una erección más que evidente, y ambas se habían percatado de ello.

    Ana: Permítame una demostración amo.

    En no más de tres segundos Ana había desabrochado mi pantalón y dejar mi pene al aire, tome nota mental de castigarla después por esta insolencia. Maite se arrodillo entre mis piernas, tomo mi pene y sin perder tiempo lo fue engullendo poco a poco, logro que pasara más de la mitad, hizo lo mismo otra vez, he intento un poco más y lo consiguió, ella aguantaba bastante bien las arcadas, lo hizo repetidas veces hasta que consiguió tragarlo todo, algo que Ana nunca había podido hacer.

    Una de sus manos acariciaba mis pelotas, seguro que Ana la había preparado con mis gustos, suavemente con los dedos las acariciaba. Mientras seguía tragándose todo lo que podía, mientras Ana se había situado atrás mío y me daba suaves besos en el cuello y me mordía las orejas, mientras sus manos me habían desabrochado la camisa y acariciaban mi pecho.

    Ana: Amo pruebe las ubres de esta puta. Ya va a ver que están buenísimas.

    Maite al escuchar a su prima escupió en mi pene, y lo puso entre sus tetas. Empezó a moverlas circularmente frotando mi pene. La verdad nunca en la vida había sentido unas tetas tan calentitas y suaves, cada tanto volvía a escupir mi pene. Cuando se cansó de aquello empezó a subir de arriba abajo masturbándome, mientras Ana me besaba, se soltaba y buscaba mi cuello.

    Yo no podía aguantar mucho aquel doble ataque, y ella lo noto, metió la cabeza de mi pene en su boca y con una mano empezó a masturbarme furiosamente mientras que la otra acariciaba mis bolas, mientras estaba mi cabeza en su boca su lengua jugaba con ella. Yo no aguante más y empecé a descargar dentro de ella, fue potente y abundante mi orgasmo, pero no satisfecha empezó a succionar mi pene, me estaba prácticamente ordeñando, lo que prolongo mi orgasmo. Ana se acercó a mi oído.

    Ana: Ves cariño, ves que es una buena puta, y te puede servir, nosotras vamos a preparar la mesa para cenar. Y si quieres después puedes usarla.

    Como me había manipulado la puta de Ana. Ya tendría que darle un escarmiento, pero la verdad es que me gustaba lo que había pasado, aunque no podía dejarla sin castigo.

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  • Aprovechando el viaje (1)

    Aprovechando el viaje (1)

    Cursaba el segundo semestre de mi carrera, no es muy conocida, básicamente consiste en una matemática muy especializada enfocada al área financiera. Y mi universidad organizó una pequeña gira para estudiantes de una de las clases que llevaba en aquel momento.

    Iríamos a la zona norte del país, fuertemente dedicada al turismo y el comercio; teníamos la tarea de optimizar los datos de un hotel y a cambio recibiríamos estadía por un par de noches y podríamos turistear en nuestros ratos libres. Una oferta demasiado buena para rechazarla.

    Durante mi juventud frecuenté muchos sitios “curiosos” y acabé conociendo bastantes personas en Internet, con un algunas llegué a tener sesiones del llamado “sexo virtual” un par de veces; no estoy precisamente orgulloso de eso, pero en estos momentos sería muy útil. Contacté con la única chica con la que mantuve una amistad bastante normal durante los años siguientes.

    Entonces llegó el día, salimos de la sede centro a eso de las 9:30 am. El viaje fue rápido, el tránsito era moderado a esa hora y no hubo contratiempos, durante el viaje pasé hablando con un amigo.

    -¿Esa es?

    -Sí -respondí mientras le mostraba una foto de mi amiga-.

    -Nada mal. ¿Y sí crees que pase algo?

    -No estoy seguro, estaremos relativamente cerca de su casa: una gran ventaja. Pero siempre puede ser que no le interese, aunque sé que lleva un par de años soltera y desatendida.

    -Pues solo puedo desearte suerte, avísame si ocupas alguna asistencia.

    -Gracias, bro.

    Llegamos antes del almuerzo, en el hotel nos recibieron con comida y una pequeña charla en la que nos brindaron toda la información pertinente. Poco después nos dieron las habitaciones; quedamos de vernos en una hora para comenzar a discutir.

    Yo aproveché para hablar un poco con ella, sabía que debía apresurarme si quería conseguir un buen encuentro. La conversación fue breve, le dije que ya había llegado y lo que tendrías que hacer, además le dije que podríamos salir por la noche.

    La discusión fue interesante, genuinamente estábamos aprendiendo, pero yo no podía sacarme las ganas que traía en la cabeza; ni bien terminó la reunión me apresuré a salir y fui a donde quedamos de vernos. Y allí estaba ella, he de decir que me puse algo nervioso: usaba una blusa fresca y algo escotada; me daba una excelente vista de sus grandes senos, traía un short tipo jeans; se veía demasiado bien en sus carnosas piernas y malamente cubría esas enormes nalgas. Era una vista magnífica, traía el cabello suelto, los colochos recién definidos se le veían muy sexys y su figura se veía aún mejor en persona; era gruesa, pero con muy buenas curvas, y eso me estaba excitando mucho.

    -Hola -me dijo ella con bastante amabilidad- siempre quise verte cara a cara – se acercó para abrazarme y darme un beso en la mejilla.

    -Sí, después de tanto tiempo ya era necesario – correspondí el abrazo y discretamente recorrí su espalda con mis manos- no está seguro sí algún día se nos haría.

    -Pues se nos hizo -dijo entre risas-.

    Bien, demos un vuelta.

    Y dicho eso comenzamos a caminar por las tan abarrotadas calles de Brasilito, íbamos conversando de temas triviales. Ella era unos años mayor y ya estaba por terminar su carrera, entonces me contaba sobre sus ofertas laborales y demás temas relevantes. A la media hora entramos a un restaurante para tomar algo y quizás comer un poco. Estábamos a la mesa, tomando una cerveza y riendo; mientras lentamente fui rozando su cuerpo, cosas pequeñas: pasar mi dedo por su muslo, acercarme a su cuello, abrazarla cerca de la cintura… desde el inicio se mostró muy receptiva, parecía desearlo tanto como yo, así que decidí ser algo más atrevido y puse mi mano de lleno sobre su muslo, apretando un poco.

    -¿Y eso? -dijo con cierto tono sarcástico-.

    -¿Malinterpreté el momento? -dije sin vacilar en mi agarre-.

    -No, solo te estabas tardando.

    Me gustó su atrevimiento, y decidí ser directo, me acerqué y besé sus labios, me encantó desde el primer momento; era una sensación electrizante y muy agradable. Sus torpes movimientos de lengua y como paso su mano por en medio de mis piernas simplemente me terminó de encender. Nos contuvimos por estar en un lugar público, pero no pensábamos parar. Mientras terminábamos nuestra bebida comencé a frotar sobre su sexo, aún con la ropa noté qué ya estaba algo húmeda, y eso me hizo emocionar aún más. Ninguno de los dos tenía mucha paciencia, y ella me dijo algo que no esperas oír.

    -¿Te parece si nos metemos a un baño? -lo dijo muy cerca de mi oído- ¿o te da miedo?

    -¿Aquí?

    -No, parece que ya sospechan, hay una plaza cerca, entraré primero al baño familiar, tú entras después.

    -Perfecto.

    Dicho y hecho, pagamos y caminamos directo al lugar. Ella me mostró un poco y fue directo al baño, yo di una vuelta para disimular un poco y finalmente me aproximé lleno de incertidumbre sobre lo que vería.

    -Dios mío… – ella se había quitado la blusa y el brasier, exhibiendo ese par de tetas qué ya no podía resistir- te ves increíble -me quité la camisa para estar en igualdad de condiciones y me acerqué a ella-.

    -Bueno, tú no dejas nada que desear -dijo pasando su dedo a lo largo del abdomen y pecho-.

    -Nunca dejé de entrenar…

    Me precipité a besarla y finalmente tocar esos pechos, llevaba toda la tarde con las ganas y finalmente pude sentirlos. Firmes y suaves, eran de lo mejor. Ella no se quedó atrás y paso sus manos sobre mí con desesperación, disfrutando de mis músculos y frotando mis zonas sensibles con mucha precisión. Yo no tardé en bajar a su cuello, aunque me abstuve de dejar cualquier marca, y finalmente llevarme a la boca esas tetas.

    Ella no paraba de gemir, un hermosa melodía para mis oídos, y solo podía pensar en escucharla mientras le metía mi verga; en serio tuve ganas, pero para esto tendría que esperar, podríamos hacer más en el hotel y solo traía un condón; además quería que todo fuese más fluido. Claro, siempre podía seguir con lo que hacía antes, y esta vez son restricciones.

    Solté su pantalón en un movimiento e introduje mi mano directamente, sentí lo húmedo de su vagina, lo deseaba, y comencé frotando suavemente, acercando mis dedos cada vez más a su entrada. Ya estando bastante dilata metí un dedo, no fue difícil, aunque la vi retorcerse un poco.

    -Hmph… -gimió-.

    -¿Primera vez? -dije sin dar tregua en mi movimiento-.

    -Lo había hecho un par de veces – respiraba agitada pero nunca me había gustado tanto. No pares.

    -No lo haré -mientras la seguía embistiendo-.

    Ella también comenzó a besarme, besar mi cuello y frotar mi abdomen. Tampoco paraba de retorcerse, movía sus caderas en busca de más y chorreada como una regadera. Con lo mojado qué estaba decidí meterle un segundo dedo, necesitaba aflojar la si quería llegar a algo mejor.

    Pareció dolerle, pero no me detuvo. Bajé la velocidad para que se acostumbrarse, pero lentamente comenzaba a buscar más, a demandar más placer: se pegaba a mis labios con desesperación, me empujaba contra su cuerpo y me araña a la espalda con desesperación. De verdad era sensible, sentía sus jugos escurrir, y me decidí a darle un buen final.

    -Espera.

    -¿Ah? -se notó desconcertada-.

    -Esto te encantará -la puse sobre el lavatorio y bajé las prendas de un movimiento, tampoco estaban muy bien sostenidas, y me aproximé a su sexo- ¿Qué te parece?

    -Solo hazlo -gimió con desesperación-.

    No me dejó ni jugar con sus partes cuando ya me había empujado la cara contra sus genitales; el olor penetró en mi nariz y me embriagó en un instante, tampoco podía resistirme a tan tremendo manjar, y comencé a lamer con desesperación. Esos deliciosos jugos llenaban mis labios, y mi lengua no paraba de jugar con su clítoris. De golpe le metí los dedos nuevamente, sentí el reflejo de tensarse y escuché un grito entre placer y dolor, pero no me detuvo, es más, comenzó a retorcerse. Estaba cerca, seguí pese a lo cansado de mi antebrazo y pasó. Se vino fuertemente en mi cara, me llenó de sus fluido y no pude resistir beberlo.

    -Sabes muy bien – dije pasando mi lengua por mis labios para disfrutar de todo lo que soltó-.

    -Ay, no, qué vergüenza -dijo tapándose ligeramente-.

    Tranquila, esto me encanta, pero ahora ocupo que hagas algo… – solté mi pantalón y puse mi pene erecto frente a ella, bastante cerca de su sexo-.

    -No tengo protección…

    Tranquila, no te puedes embarazar por la boca.

    -Oh… – se sonrojó un poco pero entendió- disculpa si no soy muy buena.

    -Tranquila, lo serás.

    Se arrodilló frente a mí y abrió la boca, le dije que primero lo lamiese, como una paleta. Lo hizo, algo torpe, pero nada mal. Lentamente se fue acostumbrando, y ahora sí se la metió a la boca. No le entraba mucho realmente, pero era cuidadosa con los dientes, lo estaba disfrutando y de repente trato de metérsela toda. Apenas llegó a la mitad, pero se vio demasiado erótico, no pude evitar empujar su cabeza un poco. No pudo evitar toser un poco, pero no sé detuvo. Le gustó mucho, lamía con desesperación, como si la vida se le fuera en ello, incluso hizo eso de frotar la por el interior de su mejilla. Me sorprendió demasiado, y claro que no paraba de gemir yo tampoco.

    Esa imagen de ella lamiendo con tanta dedicación, casi como si la necesitas para vivir, sus senos al aire para mi deleite visual y la idea de hacerla mía me estaba prendiendo demasiado. Repentinamente paró para inmediatamente lamerme los huevos (cosa que disfruto más que nada) y hacer contacto visual conmigo, a partir de ese momento supe que no duraría mucho.

    -Ya estoy cerca -dije entre jadeos-…

    – Pwrfwcto – dijo mientras subía a punta de besos hasta mi glande- dámela toda.

    -Te la tengo que devolver -jadiaba- te voy a ensuciar la cara.

    Tome su cabeza y comencé a mover mis caderas con algo de rudeza, ella no apartaba la mirada y lo recibía sin problemas, siguió así hasta que ya no pude más y la saqué solo para echarla en todo su rostro, quedó bien cubierta y al final incluso se lo relamió un poco, aunque no le gustó.

    -Ya llevamos mucho tiempo, salgamos antes de cualquier cosa – dijo subiéndose el pantalón-.

    -Claro, -le di una última mirada- me gustaría continuar mañana.

    -Suena excelente – tomó su brasier- ¿Puedes meter gente al hotel?

    -No, pero eso no tienen porqué saberlo -me puse mi camisa-.

    -Bien, mañana en el mismo lugar.

    -Ahí estaré – la abracé y le di un beso en la mejilla avísame cuando llegues.

    -Nos vemos.

    Salí del baño y la escuché salir a los pocos instantes.

    Mañana subo el resto de la historia, espero lo hayan disfrutado.

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  • Juro que me emputecí por culpa de mi marido (2)

    Juro que me emputecí por culpa de mi marido (2)

    El martes a las 5 de la tarde, el hijo de puta dormía despatarrado y en bolas, en nuestra cama matrimonial…

    Donde yo le había chupado la pija hasta aburrirme… Donde le mamé toda la leche que me dio…

    Nuestra cama matrimonial, manchada con la sangre que me salio del culo, cuando me lo dejé desvirgar por el negro vergudo.

    Nuestra cama matrimonial… Donde por primera vez – me había garchado…

    ¡Un macho!

    El negro dormía, yo, sentía cómo me ardía el orto totalmente desjaretado. Le miraba la garcha y recordaba lo que el negro le había dicho a sus amigos… -“van a ver, después que yo le parta el culo a vergazos, lo putita que se va a poner…

    -Cuando me pregunté si el negro me estaba emputeciendo. De inmediato contestó mi cuerpo, él y yo queríamos descubrir ese mundo nuevo, lleno de nuevos placeres y nuevas maneras de gozar. Me gustaba ser dominada por un buen macho, deseaba ser su puta, quería salir a putear para el negro… Totalmente abierta de piernas, me estaba haciendo una paja… Dominada por una tremenda calentura, me sentía totalmente entregada, dispuesta y deseosa de ser usada. Cada vez, sentía más placer siendo dominada por ese negro pijudo. Deseaba ser su putita… Y me repetía…

    -Sí estoy decidida… -seré su puta. -voy a putear para él. Quiero que me siga cogiendo como hoy. Quiero ser su puta, que me haga salir a putear por guita para él. Me gusta que me haya emputecido. Que me tenga dominada. Quiero que me haga garchar por todos sus amigos. Ni me acordaba de mi marido. Seguía pajeandome con los dedos y con el bocho. Me desfilaban las imágenes por la cabeza.

    Me veía garchando con viejos. Mamando viejos panzones. Encamada con minas. En orgías con cantidad de machos. Pidiendo que me hicieran todo lo que quisieran. Pero enseguida volvía a pensar en la guasca del negro… Eso sí era una pija. El culo me hacía morisquetas, quería más verga. Y por el culo. No veía la hora de que me hiciera salir a putear para él. Ya me veía de puta por la calle. Quería que me pusiera de puta en un burdel,

    Y, mirando la tremenda guasca del negro, terminé la paja que me estaba haciendo largando un polvo brutal. Recaliente con mis fantasías… Pero muy lejos de imaginar que era muchísimo más lo que me esperaba.

    A las 6 de la tarde, resolví despertar al negro que seria mi macho… El abrió los ojos, se desperezó, me miró, se agarró la guasca y me preguntó…

    -¿ya merendaste desayunaste putita?…

    -¿que?…

    -¿si ya merendaste?

    Era un hijo de puta… Pero, qué me importaba, si yo rabiaba por chupársela de nuevo… Le agarré la garcha, el grosor de aquel tripón, hacía que no pudiera envolvérsela toda con una mano, así que lo empuñé con las dos y arranqué a mamar como ternera guacha…

    Casi enseguida sentí como aquel morcillón negro, empezaba a hincharse y palpitar… El hijo de puta me preguntó …

    -y putita… ¿dónde te echo la lechita?

    Recordé su enseñanza. Sabía la respuesta que una putita debía dar, así que me acosté boca arriba y mirándolo a los ojos abrí mi boca aún más… Y le dije…

    -¡¡¡aquí papito… Echáme toda tu leche aquí!!!… Esa noche, había conocido por primera vez, el sabor de la leche de pija… (mi marido ni siquiera me hacía chupársela… Menos aún tragarme su leche)… El negro, apuntando a mi boca aquel socotroco de verga, se la fue ordeñando, hasta que sentí una increíble cascada de leche bajando por mi garganta…

    Él no paraba de decirme… -¡¡¡tragá!!!… ¡¡¡tragáte toda mi leche puta!!! -¡¡¡tomáte toda la mema putón!!!

    -andá acostumbrándote, porque me la vas a mamar a cada rato- -y si no es la mía, vas a andar chupando verga por guita, de puta para tu macho… -¿verdad putón regalado?…

    -sí… Respondí…

    -¿sí, qué?…

    -que sí… Que si vos no estás, voy a andar chupando verga por guita, de puta para tí… Ya lo tenía decidido iba a ser la puta del negro.

    Él se levantó diciendo…

    -putita me doy una ducha… -mientras vos me preparás algo para comer…

    -¿sííí?

    -yo aún de rodillas y boquita abierta esperando más leche. -respondí…

    -sí…

    Enseguida… se dio vuelta, se acercó a mí y cacheteándome la cara con la guasca, dijo…

    -yo, te digo putita… -y vos me vas a decir… -mi macho… -¿estamos?…

    -sí… Respondí…

    -¿sí, qué?…

    -sí, mi macho… Respondí… Y, sabiendo que jugaba con fuego, con la pepa empapada y el orto haciéndome morisquetas… Le pregunté… -¿y en público?… ¿cómo te digo?… Recibí la respuesta que merecía, y que en definitiva buscaba… Me corrió un chucho por todo el cuerpo, cuando lo escuché decir…

    -con más razón putita, en público me vas a decir… Mi macho y en voz alta… ¿está claro?…

    Mientras me acababa parada frente a él…respondí…

    -sí, mi macho… -¡¡¡muy claro!!! El negro ya me tenía domado y emputecido el orto, el que mi marido ni siquiera me lo había pedido. Me había hecho chupar esa verga negra y tufienta un montón de veces… Y cada vez que me la sacaba del culo, se la hacía limpiar y yo terminaba tragándome todo… La leche y lo demás… A mi pobre marido… Imposible dedicarle otros pensamientos…

    Arnoldo, siempre en bolas, fue a la sala de estar en busca de una botella de vodka, sin importarle que por el ventanal que da al jardín, pudiera verlo algún vecino. Cuando le dije…

    -¡¡¡cuidado, que te pueden ver!!!…

    Respondió…

    -y qué te preocupás, si no va a pasar ni una semana, antes de que todo el barrio sepa que sos mi puta…

    -¡¡¡me corrió otro chucho por todo el cuerpo!!!… Él se paró y me dijo:

    -dale putita hacéme otra mamada de esas que te mandaste anoche, que si me la ponés bien dura, vuelvo a garcharte el orto… yo miré aquel pedazo negro y hediondo, me arrodillé y lo chupé haciendo arcadas por angurrienta. Me lo tragaba hasta que sus peludos huevos chocaban con mi cara, el negro me decía todo tipo de groserías y ordinarieces…

    -guacha brisca… Putita chupa pija… Zorra mamona… -guacha regalada…

    Yo, cada vez más caliente, chupaba aquel socotroco como una experta tragasables. Con mi mamada, el pijón quedó de nuevo duro como fierro… con él en mi boca lo miré bien regalada, y le dije…

    -qué pedazo de guasca tenés hijo de puta… el hijo de puta, tenía muy claro lo que yo buscaba, burlándose de mí calentura, con una sobradora sonrisa me preguntó…

    -¿qué pasa nenita, que precisás?…

    Yo apretando bien fuerte el tronco de su guasca, mirando cómo se le hinchaba la cabeza y se le abría el ojo de mear, le respondí…

    -“que si te quedan fuerzas cumplas tu promesa”…

    -¿qué promesa?…

    -que si te la ponía bien dura, me volvías a garchar el culo…

    -¿querés más pija putita?

    –sí, papi, me gustó tu verga…

    -te gustó más que la de tu marido

    –sííí vergudo de mierda, me gusta mucho más… -la de mi marido ahora me va a bailar en la pepa…

    -¿y en el ojete?

    -si se lo doy también…

    -¿y que no se lo vas a dar?

    -el ojete es tuyo… -qué putón que sos… Guachita…

    -viste, negro pijudo… Lo puta que estoy… -tu vergón me tiene emputecida…

    -¡pedíme más verga guacha puta! –me decía…

    Y yo le pedía… – quiero más guasca

    -¿y por dónde la querés?

    -la quiero toda por el orto

    -¿te gustó hacerte partir el ojete?…

    -sííí… Rompéme el culo de nuevo hijo de puta… Le decía recaliente… -hacéme sentir quien es mi macho… -de quien soy la putita…

    -pero lo tenés totalmente desjaretado, te va a doler…

    -sí, me va a doler al principio, pero cuando arranques a garchármelo, me olvido del dolor y te la gozo bien gozada.

    El hijo de puta me encajó una escupida y empezó a puntearme el ojete con su tripón, cuando me entró la cabeza, yo, de corajuda, paré bien el culo y entregada le dije…

    –dále, dáme verga…

    El negro haciéndome caso, me encajó un guascazo que senti que me desfondaba el orto…

    -uuuuhg- se me escapó un bufido al sentir al pijón en mis intestinos…

    Cuando el me ensartaba el pijón, yo, empujando hacia arriba le decía…

    -así… Más, más…

    Me preguntó… -¿así putita?

    -sí, así… Así… Partíme el ojete… Ahhh como me gusta – sí, negro pijudo… Dame toda esa garcha… Bien a fondo

    Se me cimbró la espalda, tembló mi cuerpo y le di otro polvo…

    Aumentó la velocidad, cada vez entraba y salía más rápido…

    -¡ayyy…! Sííí… ¡que divino!… -eso es lo que quiero… Así, así… ¡qué divino, qué pedazo de guasca, hijo de puta!… La metía y sacaba, yo sentía como toda esa carne me rellenaba el orto llegando a mis intestinos… me la enterraba hasta el tronco parecía que me iba a salir por la boca y yo gritaba como loca…

    -aaaag, me partes el ojete… me encanta tu verga… -aaaah, siii que bien que me cogés, sos bruto macho… -y yo soy tu puta… -dame guasca como se te antoje… -hacéme garchar por todos los machos que quieras

    Me chorreaba la baba de la calentura… estaba casi sin fuerzas, el orto me ardía bastante… Y el negro me lo garchaba sin clemencia…

    Yo, ya no pensaba, estaba totalmente emputecida, solo quería joda, quería machos, quería verga…

    Hasta que, mientras mi ojete ordeñaba toda su leche caliente, una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo y largué un polvo bestial… Me había cogido el ojete sin parar, durante unos 15 minutos, sacándome 3 polvos de novela.

    -sos una yegua garchando, hija de puta… dijo… El negro mugriento estaba asombrado, me la había comido toda, hasta los huevos.

    Después de comer, Arnoldo se volvió a dormir, y yo, por primera vez desarmada a pija, también…

    Después la sigo y les cuento. Chau un beso.

    Tatiana… Tati “la regalada” (protagonista de esta historia).

    Agradezco sus comentarios, pero por favor no me traten con respeto, soy una puta…

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  • Ardiente inicio con mi prima la mayor

    Ardiente inicio con mi prima la mayor

    Hace años cuando aún éramos muy jóvenes yo de 18 años, en unas vacaciones fue la primera vez que mi prima y yo despertamos una atracción muy fuerte el uno por el otro.

    En aquel momento solo nos veíamos durante las vacaciones cada 2 o incluso 3 años ya que ella vivía en otra ciudad que estaba a más de 12 horas en bus…

    Recuerdo que mi prima llego a la ciudad con sus papás, hacía varios años que no la veía y en cuanto la vi pude ver lo mucho que había cambiado; era una chica muy guapa de piel morena clara, de pechos grandes muy grandes, un trasero moderado nada exagerado pero bien firme, piernas largas, vientre plano, cabello oscuro, ojos y boca grandes y siempre tenía esa mirada de saber lo que tenía y que acaparaba miradas, debo aclarar que con ella algo me sacaba de control ya que a mí siempre me gustaron más las rubias, pero ella tenía algo que me atraía casi con locura.

    Los primeros días en casa pasaron casi normales pero después de una semana durante una noche, nuestros padres estaban ya dormidos y los primos estábamos jugando en mi recamara después de un rato mis primos ya cansados cayeron rendidos y dormían, ahora solo mi prima mayor y yo estábamos despiertos, comenzamos a platicar de forma más candente, con ese típico cachondeo y no faltaban las risitas de repente de alguna forma terminamos ambos debajo de una sábana en mi cama; mientras mis otros primos dormían en el otro extremo de la habitación.

    Yo estaba sumamente nervioso eran mis primeras experiencias sexuales por así decirlo, ella estaba super cerca de mí, podía sentir sus preciosos pechos en el mío y su agitada respiración, mientras nos mirábamos fijamente a veces instintivamente ambos bajábamos la mirada y nos mirábamos los labios como invitándonos a avanzar de pronto como si nos hubiéramos coordinado comenzamos a besarnos, aquí debo acotar que ella es dos años mayor, así que para mí no solo era el hecho de que una mujer hermosa estaba junto a mí, sino además una mujer mayor a mí y todavía más intenso que ese alguien era mi prima, estaba sintiendo un morbo y una excitación terribles, casi incontrolables.

    Comencé a tocar esas hermosas tetas y a besarle el cuello, ella lanzaba unos pequeños gemidos casi ahogados, después de varios minutos de besos y de frotar el cuerpo uno con otro, de acariciarnos le abrí la blusa y saqué uno de esos impresionantes pechos eran más grandes que mi cara, casi de inmediato comencé a mamar uno de sus pezones, lo mordía, lo estiraba le pasaba la lengua en el pezón, en eso ella (supongo que presa de la excitación) se acomodó de manera que solita saco su otro pecho y me lo ofreció sin decirme una sola palabra solo con su mirada me indicaba que le urgía que hiciera lo mismo en aquel pecho.

    Así que yo procedí ahora con ambos pechos, me los turnaba con una mano tocaba uno y con la boca estimulaba el otro y ella se quejaba y luego se reía y me miraba con deseo.

    ¡En este punto yo estaba al mil!… ella bajo su mano y comenzó a tocarme por encima del short, nunca había tenido el pene tan duro y erecto como ese día, acto seguido en un movimiento que me pareció super alocado sin decirme nada ella se montó sobre mí y comenzó a frotarse sobre mi pene con una fuerza y velocidad tremenda, se notaba que estaba excitadísima, yo sentía en el tronco de mi pene algo caliente.

    La tomé de las nalgas ella tenía puesto solo un short de licra sin ropa interior, trataba de llevarle el ritmo pero ella se movía de forma casi frenética, en uno de esos movimientos mi pene se movió un poco y literal choco con algo más suave entre sus piernas, sentí como a pesar de tener las ropas puestas casi atravieso la tela de licra de su short, sentí como si algo caliente abrasara la cabeza de mi pene solo por ese instante sentí un calor en la punta del pene que no quería que terminara, así que trate de empujar lo más que pude el pene hasta donde dio la flexible tela y al mismo tiempo con mis manos detuve su movimiento atrayéndola a mi lo más que se pudo.

    Yo intentaba prolongar ese sentimiento y en eso ella emitió un quejido fuerte que me asusto pensé que levantaría a todo el mundo, pero ella siguió luego de unos tres movimientos con la cabeza de mi pene ahí mismo cayó encima mío respiraba cansada, temblaba y le daban como espasmos, se comenzó a reír y me dijo en el oído que nunca había sentido algo así antes.

    Yo estaba aún super excitado entonces baje la mano y note que mi ropa estaba toda mojada pero no eran líquidos míos, mi prima quito mi mano metió la suya por debajo de mi ropa y comenzó a masturbarme con delicadeza mientras me susurraba al oído “¿te gusta? ¿quieres sentir también? Que rico lo tienes primito” me decía…

    Yo apenas podía articular palabra solo asentía con la cabeza, de repente comencé a sentir como el cuerpo se me estremecía y después de varios espasmos comencé a eyacular mucha pero mucha leche toda la sabana, mi ropa, la mano y brazo de mi prima quedo llena de mis líquidos, ella con una sonrisa de oreja a oreja me dio un beso en la boca y salió corriendo de la habitación yo aun no podía creer lo que había pasado, me quede ahí acostado disfrutando el momento.

    Ese fue el principio de unas increíbles vacaciones de verano y cuando pensé que nada podría igualar esa noche llegó un viaje pero todo lo que paso ahí es para otra historia.

    ¡Ciao!

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  • Obsesión (1)

    Obsesión (1)

    En el año 2016, Santiago, un joven de 18 años con el alma encendida por la pasión de las palabras, comenzaba a destacar como escritor editorial, sus textos estaban cargados con una intensidad que apenas contenía su juventud. Pero su mundo, tan cuidadosamente construido con letras y sueños, se tambaleó una noche de verano en la colonia Roma, cuando acudió a la fiesta de Andrea, su vecina de toda la vida, una estudiante de psicología de la misma edad cuya presencia era como un relámpago en su corazón.

    La casa de Andrea vibraba con risas, el tintineo de vasos de tequila y el ritmo pulsante de la música de reggaetón que llenaba el aire. Las luces tenues pintaban sombras danzantes en las paredes, y en medio de la multitud, los ojos de Santiago encontraron los de Andrea, un café almendra que brillaba con una chispa traviesa, una promesa de algo prohibido.

    Ella era un espectáculo, con un cuerpo despampanante a pesar de su juventud, una diosa que parecía esculpida para tentar. Su blusa ajustada, de un rojo ardiente, abrazaba sus pechos voluptuosos, sus pezones se insinuaban bajo la tela, desafiando las leyes de la física con su firmeza. Sus jeans estaban ceñidos a su piel, delineaban sus nalgas redondas, firmes, que se movían con cada paso al ritmo de la música, un vaivén hipnótico que hacía que los hombres en la sala tragaran saliva y las mujeres la miraran con envidia.

    Santiago, con una cerveza en la mano, no podía apartar la vista, su pene se endurecía bajo sus pantalones, su respiración era agitada mientras ella bailaba, con aquellas caderas bien formadas, su cabello castaño caía en sus hombros, brillando bajo las luces de la fiesta.

    —Santi, ¿no vas a bailar? —preguntó Andrea, acercándose con una sonrisa coqueta, su voz era suave pero cargada de una provocación que le aceleró el pulso.

    —No soy tan bueno como tú —respondió Santiago, su voz temblaba ligeramente, sus ojos recorrían el contorno de sus curvas, deteniéndose en el escote que dejaba entrever la piel cremosa de sus pechos.

    Ella sonrió, era puro fuego, y lo tomó de la mano, llevándolo al centro de la pista. —Vamos, escritor, muéstrame lo que tienes —susurró, su aliento cálido rozó su oído, enviando escalofríos por su espalda.

    Bailaron por varios minutos, sus cuerpos se acercaban más de lo que la amistad permitía, sus caderas lo rozaban, el calor de su piel traspasando la tela. Cada movimiento de Andrea era una tortura exquisita, sus nalgas tocando su entrepierna, su perfume exquisito lo envolvía, su risa era como una melodía que lo atrapaba. La química entre ellos era innegable, un cable eléctrico chispeando bajo la superficie, y cuando sus ojos se cruzaron de nuevo, el mundo pareció desvanecerse, dejando solo el latido de sus corazones y el deseo que rugía en sus venas.

    —Ven conmigo —dijo Andrea, con un susurro, mientras lo guiaba hacia el balcón, lejos de la multitud, donde la luz plateada de la luna bañaba todo en un resplandor etéreo.

    En el balcón, el aire fresco de la noche contrastaba con el calor de sus cuerpos. Andrea se apoyó en la barandilla, sus nalgas eran resaltadas por sus jeans, su blusa estaba tensa contra sus pechos, parecía que quería reventar, y Santiago sintió su pene palpitar, su deseo estaba al borde de estallar. Se acercó, sus manos temblaban, y sus labios se encontraron en un beso apasionado, profundo, sus lenguas se enredaban con una urgencia que era puro vicio. El sabor de sus labios, dulce con un toque de tequila, lo enloqueció, y sus manos, tímidas al principio, rozaron su cintura, sintiendo la calidez de su piel bajo la tela.

    —Santi, ¿qué haces? —gimió Andrea, pero su voz no era de reproche, sino de entrega, mientras sus manos guiaban las de él hacia su blusa, invitándolo a explorar.

    Sin pensarlo, Santiago desabotonó la blusa, la tela cayó a un lado, y retiró su brasier, revelando sus pechos gloriosos, grandes, firmes, los pezones eran de un café claro y en ese momento ya estaban endurecidos. Se inclinó, su lengua lamió uno de ellos, saboreando la piel suave, ligeramente salada por el sudor, mientras su mano estrujaba el otro seno, sintiendo su peso, su firmeza. Andrea gimió, un sonido gutural que resonó en la noche, sus manos se enredaban en el cabello de Santiago, atrayendo su cabeza hacia ella, hundiendo su rostro entre sus pechos, el calor de su piel envolviéndolo, el aroma de su cuerpo intoxicándolo.

    —Dios, Santi, ¡qué rico! —jadeó, mientras su cuerpo se arqueaba, sus nalgas se apretaban contra la barandilla, mientras él lamía con voracidad, chupando sus pezones, arrancándole gemidos que eran música para su alma.

    Andrea, con un movimiento fluido, se quitó la falda, dejándola caer al suelo, revelando un cachetero de encaje negro que abrazaba sus nalgas perfectas, como esculpidas por un dios lujurioso. Sus piernas tonificadas, largas, brillaban bajo la luna, y el encaje apenas cubría su vagina, los pliegues rosados se insinuaban bajo la tela transparente, reluciendo con una humedad que hizo que el pene de Santiago palpitara con una urgencia dolorosa. Él se arrodilló, sus manos acariciaron los muslos de Andrea, sus dedos rozaban el borde del cachetero, tentado a arrancarlo, a lamerla hasta que gritara su nombre.

    —Santi, espera —dijo Andrea, su voz temblaba, una risa nerviosa escapó de sus labios mientras se apartaba, sus manos recogieron y abotonaron rápidamente su blusa, subiendo su falda con dedos torpes. —No podemos, somos amigos.

    Santiago se quedó congelado, su pene estaba erecto, palpitando bajo sus pantalones, su respiración era agitada, el deseo rugía en su pecho como una bestia enjaulada. —Andrea, por favor —suplicó, con frustración, sus manos aun temblaban con el recuerdo de su piel.

    Ella lo miró, con una mezcla de deseo y duda, su pecho subía y bajaba con rapidez. —Lo siento, Santi, no podemos —susurró, antes de girarse y volver a la fiesta, sus nalgas se menearon llenas de deseo, dejándolo solo en el balcón, con el corazón acelerado y una erección que dolía.

    Desde esa noche, el recuerdo de Andrea se convirtió en una obsesión que lo perseguía como un espectro. Cada noche, al cerrar los ojos, veía sus nalgas redondas, sus pechos enormes, sentía el calor de su piel bajo su lengua, escuchaba sus gemidos resonando en su mente. Se masturbaba con furia, imaginándola desnuda, con sus piernas abiertas, su vagina brillando con sus jugos, gritando su nombre mientras la penetraba, pero la realidad de su “no podemos” lo dejaba con un vacío que no podía llenar. Durante años, esa noche en el balcón se convirtió en su tormento, un fuego que ardía en su alma, alimentado por la frustración de no haberla hecho suya, de no haber reclamado cada centímetro de su cuerpo despampanante.

    Nueve años después de aquella noche en el balcón, Santiago, a sus ahora 27 años, se había convertido en un editor independiente, con días llenos de manuscritos y deadlines, pero su alma seguía atrapada en el recuerdo de Andrea. La colonia Roma, con sus calles adoquinadas y sus edificios art déco, era un escenario constante de su obsesión, cada esquina era un eco de ese beso apasionado bajo la luna, de sus manos rozando la piel cálida de aquellos pechos, de sus gemidos resonando en la noche.

    Ahora, Andrea, trabajaba en la tienda de abarrotes de su familia en la Condesa, un sacrificio para apoyar a su madre enferma, a pesar de su título en psicología. Su cuerpo era aún más impresionante: esbelto, con una cintura que parecía esculpida, nalgas redondas y firmes que se delineaban como una obra maestra en sus jeans ajustados, y pechos voluptuosos que tensaban las blusas de algodón que usaba, desafiando la gravedad con cada movimiento.

    Santiago encontraba cualquier pretexto absurdo para visitar la tienda: un refresco, una lata de atún, un paquete de chicles, cualquier cosa que le diera una excusa para verla. Entraba con el corazón acelerado, a pesar de que el aire de la Condesa estaba lleno de aromas a café y pan recién horneado, para él, solo existía el perfume floral de Andrea, que lo envolvía como un veneno dulce.

    Ella se movía tras el mostrador con una gracia felina, sus nalgas se meneaban al agacharse para reponer mercancía, la tela de sus jeans se expandía con aquellas curvas, revelando el contorno de una tanga negra que apenas contenía su carne. Sus blusas, siempre ajustadas, dejaban ver la curva de sus senos, grandes, firmes, rebotando ligeramente cuando reía, sus pezones endurecidos marcándose cuando el aire acondicionado de la tienda la rozaba. Cada encuentro era una danza de miradas furtivas, brillando con una chispa que era tanto inocencia como provocación, y conversaciones casuales que escondían una tensión sexual que lo consumía.

    —Santi, ¿otra vez por un refresco? Vas a terminar con una colección —dijo ella, apoyándose en el mostrador, su escote se abrió ligeramente, dejando entrever la división de sus pechos, el borde de un sostén de encaje blanco se asomaba.

    —Es que aquí tienen el mejor surtido —respondió Santiago, con voz temblorosa, sus ojos recorrían el contorno de sus nalgas mientras ella se giraba para tomar la botella, los jeans se tensaban, delineando cada centímetro de su culo perfecto.

    Ella rio, y le entregó el refresco, sus dedos rozaron los suyos, enviando una corriente eléctrica por su cuerpo. —Siempre tan fiel a la tienda, escritor —susurró, inclinándose un poco más para permitirle ver algo más, la tela de su blusa estaba a punto de ceder.

    Santiago salía de la tienda con el pene endurecido, palpitando bajo sus pantalones, su mente quedaba atrapada en la imagen de Andrea, con ese meneo de nalgas, con el rebotar de sus senos. En la soledad de su departamento, volcaba su obsesión en cuentos eróticos que escribía en secreto, páginas llenas de descripciones vívidas de aquella chica que era su obsesión: su vagina reluciendo con jugos, sus nalgas marcadas por nalgadas imaginarias, sus gemidos gritando su nombre mientras la penetraba en cada rincón de su fantasía.

    Cada noche, releía sus historias, su mano se deslizaba sobre su pene, masturbándose con una furia que era casi dolorosa, imaginándola desnuda, con sus piernas abiertas, su tanga arrancada, su vagina rosada y húmeda succionándolo, sus pechos rebotando mientras la cogía contra el mostrador de la tienda, sus gritos de “¡Santi, cógeme más!”, todas esas imágenes consumían su mente.

    Pero su tormento no estaba solo en su deseo insatisfecho. Iván, el novio de Andrea, un fisicoculturista de músculos abultados y mirada posesiva había comenzado a notar las visitas frecuentes de Santiago. Lo veía entrar a la tienda, sus ojos oscuros se entrecerraban, su mandíbula se tensaba mientras observaba cómo Andrea sonreía al escritor, cómo sus caderas se meneaban al caminar hacia él. Una tarde, mientras Santiago pagaba por una lata de atún que no necesitaba, Iván se acercó, su presencia fue imponente llenando el espacio, su camiseta ajustada marcaba cada músculo de su pecho.

    —¿Qué tanto vienes a comprar, amigo? —preguntó Iván, con voz grave, cargada de sospecha, apoyándose en el mostrador junto a Andrea, su mano posesiva se deslizaba por su cintura, rozando el borde de sus nalgas.

    —Solo cosas que necesito —respondió Santiago, su corazón se aceleraba, y su pene se endurecía al ver la mano de Iván sobre Andrea, un destello de celos que se mezclaba con deseo.

    Andrea reía, intentando aligerar la tensión, su mano rozaba el brazo de Iván. —Tranquilo, amor, Santi es de la colonia, siempre viene —dijo, pero sus ojos encontraron los de Santiago, brillando con esa chispa que lo enloquecía, como si supiera el efecto que tenía en él.

    Santiago salió de la tienda, su respiración era agitada, su mente ya estaba atrapada en una fantasía oscura: Andrea, desnuda sobre el mostrador, con sus nalgas elevadas, su vagina rozada, mientras él la penetraba con furia, mientras Iván los observaba, impotente, mientras ella gemía, —Santi, eres tú quien me hace suya.

    Cuando llegó a su departamento, se sentó frente a su laptop, sus dedos temblaban mientras escribía una nueva historia, describiendo cada detalle de su cuerpo. Se masturbó una vez más, con desesperación, su semen salpicó el escritorio, pero la frustración no se desvanecía. Era solo un amigo, atrapado en una fachada que lo torturaba, su obsesión por Andrea crecía con cada visita, cada mirada, cada roce accidental, mientras Iván, con su presencia amenazante, vigilaba desde las sombras.

    Una tarde, mientras el cielo de la Ciudad de México se oscurecía con nubes de tormenta, Andrea, agobiada por las exigencias de Iván, y la presión de cuidar a su madre enferma, invitó a Santiago a quedarse después del cierre.

    —Santi, ¿te tomas una cerveza conmigo? Necesito desahogarme —dijo, mientras se apoyaba en el mostrador, su blusa escotada de algodón blanco revelaba el valle profundo entre sus pechos, la curva cremosa de su piel brillando bajo la luz tenue de la tienda.

    —Claro, Andy —respondió Santiago, su corazón se aceleró, pero se inclinó para sacar dos cervezas frías del refrigerador.

    Se sentaron en un par de sillas detrás del mostrador. La conversación fluyó, primero sobre la madre de Andrea, luego sobre el estrés de su trabajo, pero sus miradas se volvían más intensas, sus ojos encontrando los suyos, brillando con una chispa que era puro fuego.

    —Iván me está volviendo loca, Santi —confesó, su voz temblaba, mientras tomaba un sorbo de cerveza, sus labios se humedecían de una manera exquisita—. A veces siento que me asfixia, que no me deja ser yo.

    Él, conteniendo el deseo que rugía en su pecho, extendió la mano para consolarla, sus dedos rozaron los suyos.

    —Tú mereces más, Andy. Mereces ser libre —murmuró, manteniendo fija su mirada en ella, mientras su pene palpitaba, endureciéndose al sentir el calor de su mano.

    Ella no apartó la mano, sus dedos se entrelazaron brevemente, su respiración se volvía agitada, sus pechos tensaban su blusa, sus pezones se endurecían marcándose bajo la tela.

    —Gracias, Santi —susurró, inclinándose hacia él, su escote se abrió, dejando entrever el encaje blanco de su sostén, asomando como una provocación.

    Antes de que pudieran decir más, un trueno resonó, y la lluvia comenzó a azotar la ciudad, un aguacero torrencial comenzó a golpear las ventanas de la tienda.

    —¡Mierda, las cosas de afuera! —gritó Andrea, levantándose de un salto, sus nalgas se menearon mientras corría hacia la entrada, se blusa se pegaba a su piel con las primeras gotas.

    —¡Te ayudo! —dijo Santiago, siguiéndola, con el corazón latiendo con fuerza, su mente ya se posaba en la imagen de sus curvas bajo la lluvia.

    Corrieron bajo el diluvio, recogiendo cajas de frutas y carteles, el agua los empapaba, la blusa de Andrea se volvió transparente, revelando el encaje de su sostén pegado a su piel. Sus jeans, ahora oscuros por la lluvia, abrazaban sus nalgas, delineando cada curva, delineando sus piernas tonificadas con gotas de agua. Santiago, con la camisa pegada al pecho, sentía su pene endurecerse dolorosamente, su respiración era agitada mientras la ayudaba a llevar las cajas al almacén trasero, un espacio reducido lleno de estantes y el aroma a cartón húmedo.

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  • Con unos tragos encima, estreno el nuevo trolebús

    Con unos tragos encima, estreno el nuevo trolebús

    ¡Hola!

    Hace mucho tiempo que no escribía por aquí. Desde la última vez que les conté mis travesuras han pasado muchas cositas ricas; algunas con lectores de CuentoRelatos, otras cuantas más algunas otras en mi vida diaria, pero sin duda es asombroso como el mundo es tan pequeño lo que me permitió conocer amigos solo por contar lo rico que disfruto el sexo.

    Espero disfrutes este relato, y por supuesto te invito a leer mis relatos anteriores para que puedas conocerme más. Y hazme saber si te gustaría conocer más de mis experiencias, mi correo está en mi perfil.

    Comenzaré por describirme físicamente, soy de complexión delgada, un cuerpo fruto de esfuerzo en el gym, lo que más fascina a los hombres es mi culito, ya sea con pantalón o falda es placentero saber que siempre robó miradas.

    La historia que te contaré hoy sucedió hace algunas semanas, regularmente cuando salgo de casa prefiero llevar mi auto, pero con los días con tormentas; las inundaciones hacen los viajes más complicados.

    Mi grupo de amigas se puso de acuerdo para salir a tomar un par de copas y divertirnos, el plan fue salir de fiesta, debo ser sincera contigo y debo decirte que de las cosas que más me calientan es descubrir a los hombres mirarme con deseo, saber que voltean a verme con morbo me prende muy rico.

    En el bar todo transcurrió con normalidad, pedimos un par de tragos, bebimos y cantamos un poco en el karaoke, en algún punto de la noche un grupo de chicos pretendía acercarse a nosotras para bailar, pero no aceptamos la invitación.

    Al ir al baño podía notar como ese grupo de hombres hablaban sobre mí, llevaba una falda con escote sensual en la espalda, al salir del bar uno de esos hombres me tomó suavemente del brazo y hablándome al oído con voz gruesa me dijo:

    -Me dejaste con las ganas de bailar contigo, tocar tu cinturita y arrimarte la verga, te doy mi número por si algún día quieres pasarla bien

    Al ir escuchando la voz de este hombre mi cuerpo empezó a reaccionar provocando cosquillas entre mis piernas, definitivamente el alcohol ayudaba a sentir más placer todavía.

    Mis amigas estaban un par de pasos más adelante esperándome, así que las alcancé, mi mente sabía que debía aprovechar la noche y quería seguir sintiéndome deseada por los hombres y quizá hacer una travesura así que en lugar de tomar Uber decidí usar el trolebús.

    Antes de entrar al metro, pasó por mi mente subirme al último vagón, no sé si sepas pero se cuenta que en ese vagón y ya de noche se convierte en un hotel sobre ruedas. Pero un ataque de cordura me hizo subir a la zona mixta; el viaje en el metro transcurrió con normalidad, por la hora ya no había muchas personas.

    Ya en el trolebús se repitió lo mismo, así que decidí sentarme en los asientos de hasta atrás, por mis pensamientos pasaba el llegar a casa y usar algún dildo para poder descansar rico, de pronto un hombre entra segundos antes de que las puertas cerraran gira la cabeza y decide dirigirse hacia donde yo estaba sentada.

    Después que la unidad arrancó voltee a verlo de reojo y descubrí que estaba mirando un video donde una jovencita mamaba gustosa un pene, por inercia me quedé un par de segundos observando el video, no pude evitar excitarme de ver lo mucho que esa chica disfrutaba, instintivamente llevé mis manos a estimular mis pezones sobre la blusa, aparte mi mirada de ese celular pero mis dedos seguían sobre mis senos, sin poder controlarlo solté un pequeño gemido, de pronto escuché que me habló, me dijo:

    -¿Quieres seguir viendo el video? Es mi verga la que están mamando

    Con las mejillas ruborizadas asentí un poco, mientras mi mano no dejaba de pellizcar mis pezones el hombre acercó el celular a mí y con su mano libre comenzó a tocar mis piernas, es este momento yo estaba mojadisima, sentía los pezones muy duros y sensibles.

    Instintivamente llevé mi mano a tocar su bulto por encima del pantalón, esto mientras lo veía con una mirada sexy y mordiendo mis labios suavemente. El hombre cooperaba mucho y me ayudó a desabotonar su pantalón y bajarlo un poco, lo que permitió que mi mano pudiera entrar por debajo de su ropa interior. Mi mano sujetó esa verga piel a piel, pude notar lo grande y caliente que estaba y sentir las venas de ese tronco me encendió por completo y busqué bajar más su ropa para poder liberar esa verga.

    Ya que se la había sacado del pantalón la masturbe un poco mientras mi otra mano sobaba sus testículos, disfruté esparcir las gotitas de líquido pre seminal por todo su glande, en cuanto todo quedó brilloso, llevé mis labios a ese pene, sinceramente me costaba meterlo por completo a mi boca así que me concentré en su cabeza, mi lengua lo trataba de enrollar y mi saliva era generosa cada vez que subía y bajaba, al grado que la base de su pene estaba muy mojada por mi saliva.

    Llegó un momento donde este sujeto tomó el ritmo de la mamada y empujaba mi cabeza para que le comiera más su verga, entre lo mojada que estaba y lo mucho que estaba disfrutando logré meterme lo que pude gata el fondo de mi garganta, mientras su otra mano intentaba levantar mi falda, estoy segura que si hubiera descubierto que llevaba una tanga roja hubiera alegrado aún más su noche.

    La presión a mi cabeza se hacía más intensa cada vez, hasta que sentí que sus huevos palpitaban, por un momento pensé en levantar la cabeza y dejar que su semen cayera al piso, pero sus manos firmes evitaron eso y aún con su verga completamente dentro de mi boca empezó a eyacular, termino en mi boca de una manera deliciosa sentí los chorros de leche impactar el final de mi garganta, después de aventar el último chorro, levanté la cabeza y como sé que a los hombres les encantan que traguen su leche, abrí la boca para mostrarle lo llena que me había dejado, con una ligera sonrisa de placer tragué esa leche y volví a abrir mi boca para mostrarle que lo había comido todo; mientras con mi dedo recogía la leche que se había escapado por las comisuras de mis labios.

    Ayudé a guardar su verga aún dura en su ropa interior y sonriendo amablemente le dije buenas noches y me bajé en la siguiente estación.

    Gracias por haberme leído, espero hayas disfrutado, déjame saber si te gustó o no en los comentarios. Así terminó esta historia con un número telefónico que no se si usar para mandarle mensaje y con la inquietud de saber si volveré a encontrar al hombre del trolebús, ¿será que encontró este relato y su verga está dura de recordar cómo se la mame?

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  • La mujer hermosa y su amante

    La mujer hermosa y su amante

    La mujer hermosa -boca abajo- está desnuda sobre la cama. Hundiendo su cabeza en la almohada, levanta anhelante sus caderas, abre sus piernas y espera. El amante observa extasiado a la hembra en celos que ahora menea sus nalgas grandes, redondas y bellas. Entonces se acerca y sus manos se aferran con fuerza al cuerpo de la mujer. Quiere -sin preámbulos- introducir su gran verga hasta el fondo de su cuerpo.

    Pero algo no está bien para el amante; no toda su humanidad parece conmoverse con la escena. Mira entre sus piernas buscando una explicación. ¿Qué pasó con los casi 18 centímetros que tanto placer y orgullo le ha generado en sus años de pasión? Confía en que será cuestión de tiempo, pero pasan los segundos y no hay reacción. No comprende.

    Entonces se masturba a centímetros del culo de la mujer y empuja levemente, quizás el roce de su piel suave y caliente lo despierte. Nada. Aumenta la presión de su mano sobre su pene fláccido con la esperanza de recuperar su orgullo perdido. Todo sigue igual. “¿Qué pasa?” pregunta ella. “No sé, se me vino la noche”, contesta.

    Entonces, sin perder la postura, ella saca de debajo de la almohada un vibrador de veinte centímetros de largo y cinco de grosor, estirando el brazo hacia atrás le dice: “No te acomplejes, siempre podrá haber uno mejor que el tuyo”.

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  • Valeria y Gabriela

    Valeria y Gabriela

    Actualmente tengo 29 años, soy soltero, virgen y nunca he tenido novia. Conozco a dos chavas: Valeria y Gabriela (no son sus nombres reales). Valeria es chaparra, morena y muy bonita. Gabriela es de piel clara de estatura promedio para una mujer y digamos que no está fea pero tampoco es una belleza.

    A las dos las conozco desde la primaria, Gabriela solo estuvo conmigo en 3er grado, y Valeria estaba en 1º, 2º y 6º por lo tanto conviví más con ella. Desde 6º de primaria (el último grado) ella me empezó a gustar y 10 años después nos reencontramos en una reunión de excompañeros de primaria.

    Para esa entonces ella estaba en su punto con 21 años encima, un cuerpazo y piercing en el ombligo. Gabriela un año mayor que ella también estaba en muy buena forma, si bien algo más “ancha” pero con buena cadera y un culazo. Cómo se dice corrientemente, estaban bien buenas.

    Ambas se hicieron mejores amigas desde la primaria y hasta hace algunos años lo seguían siendo (ignoro si aún lo sean, más adelante les cuento porque). Ambas de espíritu parrandero, compañeras de festejo, vacaciones en la playa y quién sabe cuántas cosas más. Para esto Gabriela tuvo una hija a los 18 años y ha tenido relaciones carnales con varias parejas más, por lo tanto le gusta y tiene experiencia en el sexo aunque siempre dentro de una relación.

    De Valeria no me consta pero conociéndola seguramente igual ha tenido sus experiencias y como ya mencioné que ambas iban juntas a muchas partes, probablemente tengan historias que yo nunca sabré.

    Formamos los excompañeros un grupo de WhatsApp en donde platicamos de todo, incluso de temas subidos de tono. En eso, ellas dos me preguntan a modo de broma/carrilla, si yo tendría un trío con ellas. No supe qué responder y la conversación giró para otro lado, pero hasta el día de hoy esa propuesta retumba en mi cabeza aun sabiendo que no fue más que una vacilada que obviamente nunca se realizaría.

    Pero la idea de tener a esas mujeres encueradas, a Gabriela con su culo encima de mi cara y a Valeria sentada en mi verga, es demasiado rica y tentadora aún. Lamentablemente para mi ellas ya están casadas y con hijos (de Gabriela seria el segundo) y ni siquiera sé si se siguen frecuentando (o incluso si siguen siendo amigas). pero ellas siempre estarán en mi mente.

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  • Harem incestuoso (4): El casamiento

    Harem incestuoso (4): El casamiento

    En toda relación amorosa, llega un punto en el que los integrantes de la misma quieren dar el siguiente paso, el cual sería el matrimonio, y esto pasa en todas las relaciones, ya sean monogámicas o poligámicas, y el harem de Jake no es la excepción.

    Nuestra historia comienza una noche como cualquier otra, en la que Gloria había convocado una reunión del harem en la mesa de la sala, con la diferencia de que, está vez, Jake estaba invitando a participar en ella (lo cual era raro, ya que las mujeres casi nunca lo tomaban en cuenta a la hora de tomar decisiones).

    “Supongo que el asunto debe ser serio si me invitaron a participar en la reunión” dijo Jake, mientras se sentaba en la mesa

    “En realidad, esto no es una reunión” dijo Gloria “Las chicas y yo solo te invitamos para darte un anuncio”

    “Verás, tras mucho debatir, hemos considerado que ya es hora de que esté Harem formalice su relación y, para lograrlo, debes casarte con nosotras” dijo Lupe

    “¿Cómo?” pregunto el joven, sorprendido.

    “¡Ya escuchaste, perdedor!” exclamó Nina “¡Te vas a casar con las milf y conmigo!”

    “Pero… no podemos casarnos… ¡Somos familia!” exclamo, nervioso “Además, ninguna iglesia va a aceptar un matrimonio polígamo incestuoso”

    “Nuestro matrimonio no será un casamiento legal, será solo algo simbólico para reforzar los lazos de esta familia y del harem” dijo Gloria “Además, estuve averiguando, y logré contratar a un sacerdote que está dispuesto a casarnos en secreto”

    “Pero chicas… esto es demasiado”

    “¡No te estamos pidiendo tu opinión, solo te estamos avisando lo que va a pasar!” exclamó Nina, con seriedad “¡Te vas a casar con nosotras, y no queremos escuchar ni una palabra al respecto!”

    “¡Ahora ven para acá, que hoy es mi día!” exclamó Lupe, mientras levantaba a su hijastro, y se lo llevaba al baño “¡Espero que te gusten las burbujas!”

    Días más tardé, en el patio de la casa, Jake y las mujeres de su harem se encontraban parados delante del sacerdote que Gloria había contratado para el casamiento simbólico. En dicha ceremonia, las mujeres vestían lencería erótica, la cual asemejaba a un vestido de bodas, mientras que Jake, por órdenes de las mujeres de su familia, vestía con una zunga de color negro, un moño y una galera del mismo color.

    “¡Queridos hermanos, estamos aquí reunidos para unir a este harem en sagrado matrimonio y…!” exclamó el sacerdote.

    “Padre, con todo respeto ¿Podría saltarse toda esa mierda e ir directo al punto?” pregunto Nina.

    “¡Si, hágala corta!” exclamó Lupe.

    “¡Oigan, ustedes me pagaron para que esto fuera lo más parecido a un casamiento real, así que no se quejen!” exclamó el cura “Como sea: Gloria, Lupe, y Nina ¿Aceptan a Jake como su legítimo esposo?”

    “¡Si, aceptamos!” exclamaron las tres mujeres.

    “Bueno, sin nada más que decir, los declaro…”

    “¡Oigan, esperen!” exclamó Jake “¿No sé supone que me deben preguntar a mi si acepto o no?”

    “¡A nadie le importa tu opinión!” gritaron las mujeres y el sacerdote al mismo tiempo.

    “¡Déjenme terminar de una vez, carajo!” exclamó molesto el cura “En fin ¡Los declaro oficialmente como marido y mujeres! Puede besar a las novias”

    Tras escuchar al sacerdote, las mujeres del harem besaron a Jake al mismo tiempo, haciendo que las lenguas de los cuatro se entrelazaran.

    “¡Gracias por sus servicios, padre!” exclamo Gloria, mientras le entregaba un sobre con dinero al sacerdote “¡Ahora será mejor que se vaya, porque las chicas y yo vamos a disfrutar nuestra noche de bodas con nuestro nuevo marido!”

    “¡Un placer hacer negocios con ustedes!” exclamó el padre, mientras se dirigía a la salida “¡Que Dios te cuide, muchachos!”

    Ni bien el cura salió de la casa, las mujeres levantaron a Jake y se lo llevaron al cuarto, dónde lo arrojaron sobre la cama matrimonial. Luego, las mujeres atraparon la cabeza del joven entre sus enormes pechos, y este le comenzó a chupar los pezones a todas las integrantes de su harem, al tiempo que les manoseaba los coños.

    “¡Jamás imaginé que mi noche de bodas sería de esta manera!” pensó Jake, mientras masturbaba a sus mujeres y escuchaba los gemidos que estás soltaban.

    Luego, las mujeres comenzaron a chupar, morder, y lamer todo el cuerpo de Jake, haciendo que este se retorciera de placer.

    “¿Sigues pensando que fuimos muy duras contigo al obligarte a que te casarás con nosotras?” pregunto Lupe.

    “Y… la verdad me gustaría que, por una vez, hicieran algo que yo quiero” dijo Jake.

    “Bueno… solo por hoy, te cumpliremos cualquier fantasía que nos pidas” dijo Gloria, mientras abrazaba a su hijo “¡Considéralo como tú regalo de bodas!”

    “En realidad, me gustaría ver a Lupe y a Nina teniendo sexo” dijo Jake, y todas se sorprendieron.

    “¿Así que el pequeño cabron pervertido quiere verme cogiendo con mi propia hija?” pregunto Lupe ,entre risas “¡Al final, parece que si heredaste parte de la mente degenerada de tu madre, y eso me encanta! ¿Que dices, Nina? ¿Te animas o se te agüita?”

    “¡Por mi adelante!” exclamó Nina, mientras besaba a su madre “¡La verdad, siempre he querido comerme ese puto culazo que tienes!”

    Luego de desvestirse por completo, madre e hija se empezaron a besar y a manosear sus cuerpos musculosos, al tiempo que Jake y Gloria observaban el erótico espectáculo, masturbándose el uno al otro. Una vez que las dos mujeres estuvieron lo suficientemente mojadas, Lupe se acostó sobre la cama, Nina se puso sobre ella, y madre e hija comenzaron a hacer el 69, en dónde se demoraron los coños mutuamente de forma muy intensa y ensalivada. Tras mucho sexo oral, ambas mujeres entrelazaron sus piernas y comenzaron a frotar sus coños mutuamente, al tiempo que gemían y se besaban.

    Finalmente, madre e hija acabaron al unísono, al mismo tiempo que Gloria y Jake también tenían un orgasmo por haber presencia semejante sesión de sexo lésbico incestuoso.

    “¡Eso estuvo genial!” exclamó Lupe, con una respiración agitada “¡Cómo se nota que eres una digna hija de tu madre!”

    “¡Y como se nota que naciste en Monterrey!” exclamó Nina, mientras besaba a su madre.

    “Oigan, todo muy lindo, pero terminemos con tanto sentimentalismo y sigamos cogiendo” dijo Gloria, y comenzó a chupar la verga de su hijo.

    “¡Me leíste la mente!” exclamó Lupe, y le empezó a hacer sexo oral a su esposa.

    “¡Que tengas buen provecho, mi estúpido pero bien dotado esposo!” exclamó Nina, mientras metía la cara de su hermanastro entre sus nalgas “¡Chupame bien el culo, que después te voy a pedir algo!”

    Luego de que todos los integrantes del harem incestuoso se dieran placer oral entre si por un buen rato, Nina agarro a Jake, y lo beso apasionadamente.

    “¡Yo te cumplí una fantasía, y ahora es que tú me cumplas la mía, idiota!” exclamó la chica, mientras le daba la espalda a su hermanastro “¡He estado guardado mi virginidad anal para el día en el que me casará, y hoy es ese día!”

    “¿Estás segura, Nina?” pregunto Jake, sorprendido “Es que… me estás ofreciendo algo muy valioso y yo…”

    “¡Solo cállate y méteme esa verga por el culo, antes de que te dé una paliza!” exclamó Nina, y su hermanastro acato la orden “¡Puta madre! ¡Que dolor se siente!”

    “¡Duele solo al principio, pero te garantizo que te va a encantar!” exclamó Lupe.

    “¡Tienes razón, que bien se siente!” exclamó la chica, mientras agitaba sus nalgas “¡Vamos, putito! No me trates como si fuera una dulce florecita ¡Cógeme mi culo con la misma fuerza que se lo coges a mi madre y a mi madrastra!”

    “¡Ey, Lupe!” exclamó Gloria, mientras sostenía un inmenso consolador, el cual tenía una cabeza de verga en cada extremo “¿Por qué no nos divertimos mientras nuestros hijos disfrutan?”

    “¡Por eso te amo, Gloria!” exclamó Lupe, mientras besaba a su esposa, y se metía el consolador por el culo.

    Luego, Gloria se metió el otro extremo del consolador dentro del culo, y ambas mujeres comenzaron a penetrarle mutuamente al tiempo que chocaban sus inmensas nalgas.

    Mientras las milf se divertían, los hermanastros estaban teniendo sexo anal cada vez más intenso.

    “¡Cógeme con más fuerza!” exclamó Nunca, mientras besaba a Jake.

    “¿Estás segura?” pregunto el joven, mientras penetraba analmente a su hermanastra “No creo que sea buena idea, porque está es tu primera vez y no quiero lastimarte”

    “¡O me coges como un puto animal en celo o juro que te voy a romper todos los malditos huesos del cuerpo!” exclamó Nina y Jake, asustado, acato su orden.

    Tras mucho sexo anal, ambas parejas tuvieron un gran orgasmo, y Jake cubrió las nalgas de Nina con su semen, al tiempo que Gloria y Lupe hacían el 69 para beberse los jugos vaginales de su respectiva pareja.

    “¡Ahora es nuestro turno de usarte, putito!” exclamó Gloria, mientras metía la cabeza de su hijo entre sus nalgas.

    “¡Yo también tengo ganas de probarte!” exclamó Lupe, mientras le daba un beso negro a su hijastro.

    “¡No me dejen fuera!” exclamó Nina, mientras le lamía el ano a su madre.

    Luego de muchos besos negros, Lupe se puso en cuatro, y Jake comenzó a tener sexo anal con ella, al tiempo que la milf mexicana masturbaba a su esposa y a su hija. Un rato después, Gloria intercambio su lugar con su esposa, y ahora era ella la que recibía la verga de Jake por el culo, al tiempo que le daba sexo oral a Nina y masturba el coño de Lupe.

    Tras mucho sexo, las tres mujeres tuvieron un gran orgasmo, y Jake, al no poder aguantar más, soltó su carga dentro de las bocas de las tres mujeres, quienes intercambiaron los fluidos masculinos entre si a través de besos.

    Durante el resto de la noche de bodas, Jake se la pasó cogiendo duramente a todas y a cada una de las mujeres de su harem, hasta que finalmente no pudo más y se desmayó.

    Al día siguiente, Jake fue obligada por sus nuevas esposas a ir a una tienda de tatuajes, en dónde todos los integrantes del harem se hicieron un tatuaje con forma de corazón violento en la nalga derecha.

    “¿Te gusta?” pregunto Gloria “Este tatuaje es el equivalente a un anillo de bodas”

    “Representa que eres nuestro y de nadie más” dijo Lupe.

    “Y que ninguna mujer, además de nosotras, puede cogerte” dijo Nina, y luego se acercó a su hermanastro/marido de forma amenazante “¡Más te vale no sernos infiel, o ya verás!”

    “¡No, yo jamás me atrevería a hacer algo así!” exclamó Jake, asustado.

    “Bien, ahora debemos planear el viaje de la luna de miel” dijo Gloria contenta “¡Serán seis semanas de vacaciones, llena de viajes, aventuras, y mucho sexo!”

    “¡Esperen, eso no es justo!” exclamó el hombre “¡Les recuerdo que los domingos son mi día libre de sexo, no me pueden coger ese día!”

    “¡Pues ahora sí!” exclamó Lupe, mientras abrazaba a su hijastro/esposo “Ahora que estamos casadas contigo, ya no tendrás días de descanso, pues un matrimonio requiere de más responsabilidades”

    “Nuestros horarios se seguirán manteniendo igual, con la diferencia de que los Domingos tendrás que tener sexo con todas nosotras”

    “Aún así, para ser justas contigo, te deleitaremos con todo el sexo lésbico en vivo que quieras ver” dijo Nina “¡Tu solo dinos a cual de nosotros tres quieres ver coger con quién, y nosotras lo haremos!”

    “¡Este matrimonio será el mejor que haya existido jamás!” exclamó la milf rubia con gran alegría.

    “¿Quien fue el que dijo que el matrimonio era algo bello y relajante?” penso Jake, con fatiga y es excitación, mientras su madre, su madrastra, y su hermanastra, quienes también eran sus esposas, lo abrazaban.

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