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  • Mi negro maravilloso, el inicio de la locura

    Mi negro maravilloso, el inicio de la locura

    La locura realmente, inició con Márgaro, mi enorme negro poeta. Mi negrote costeño, mi palo, el que me atraviesa toda y me hace como su juguete, mi Márgaro lejano, con quien más o menos una vez al mes me pierdo por tres días de nada más que sexo espléndido y poesía, y mariscos con ron. Solo les diré, además, que tiene 32 años y empezamos en marzo de este año. Y desde entonces me envía poemas hasta que regreso a sus brazos y me parte en dos con su enormísima verga, enormísima pero cuidadosa. Me mueve como rehilete, como muñequita. Me hace sentir como un pluma como un juguete, como su sierva.

    Lo conocí de visita en su ciudad costera, cuando me metí a una lectura de poesía y uno de mis colegas me lo presentó, cuando acabó de leer. Hubo química de inmediato, pero él iba con su esposa, una flaquita guapilla que desde el primer día me vio con malos ojos. Seis meses después coincidimos, la noche en que besé a Alejo por primera vez, mientras Márgaro besaba a su señora y me comía con los ojos cada vez que su chica no lo veía. Tardaría casi tres años en cogerme, pero desde entonces me cogía con la mirada… y yo a él.

    Pero así llegó este año, que casi acaba y varios meses de ya no cogerme al hermoso Mariano… de que él ya no quisiera cogerme porque tenía su noviecita santa, así que tras mucho pensarlo, decidí convertirme en lo que ahora soy y que muchos definirían con una palabra altisonante de cuatro letras, que empieza con P y acaba con UTA. En esa decisión estaba una noche en mi cuarto de hotel, con una botella de wisqui al lado y el Facebook abierto… y yo coqueteando abiertamente con tres chicos: Nathaniel, que no daba su brazo a torcer; Julio, de rostro encantador y ojos seductores; y Enrique, el exuberante y gordito colega; cuando apareció en el Facebook el negro Margarito. Mi Mago.

    Entre el wisqui y el coqueteo con los otros tres, entre la hermosa mujer semidesnuda que miraba en el espejo y mi mano izquierda empapada con mis propios fluidos de esa especie de cibersexo que tenía con Julio (con los otros, puro coqueteo), se lo canté abierto al Mago: “Ay mi Mago —o algo así—, qué ganas de que estuvieras conmigo hoy, que estoy tan solita…” Me contestó que… que en dos semanas estaría en México.

    Esperé esas dos semanas como novia de pueblo, pensando en él todos los días, y lo fui a recoger al aeropuerto. Me puse un vestidito verde esmeralda mínimo, de una pieza, que se bien que está mejor para un burdel que para el aeropuerto, zapato de tacón, un toque levísimo de pintalabios, una braga de hilo dental que ya estaba empapada cuando él llegó y me abrazó como un oso, haciéndome sentir miedo, terror, vacío delicioso en el estómago y aún más ardor en la vagina.

    En mi auto, rumbo a su hotel, deslizó la mano por mis piernas, debajo del vestido: para eso era el vestido. El tacto de sus manos de poeta me erizaban los vellitos de la nuca pero no despegué la vista del frente (su avión aterrizó de madrugada y no había tráfico en el Circuito Interior. No me pregunten qué mentira le conté a Marido para salir de casa a esa hora —con pants: me cambié en el garaje del edificio: el vestido, los tacones y los accesorios estaba en la cajuela) y aguanté hasta llegar a su hotel.

    Temblaba de miedo mientras nos registramos. Temblaba de deseo en el ascensor. Temblaba de impaciencia cuando él entró al baño por una urgencia. Temblaba de todo. Estaba excitadísima, caliente a más no poder, empapada y temerosa: si la verga del Mago era como él, sería —y sí— la más grande que me hubiese entrado nunca, de lejos. Ya él, de por sí, mulato y enorme, era lo más grande que me había metido mano.

    En el momento en que salió del baño, dejé que se deslizara mi vestido y quedé ante sus ojos solo con la tanga y los tacones. Me di la vuelta y me recargué en la ventana abierta, mirando la ciudad. Sentía su mirada en mi espalda desnuda y en mis nalgas, que tantas había mirado cubiertas de ropa, que tanto le gustaban, le gustan, lo sé. Escuché como cambiaba el ritmo de su respiración. Yo lo esperaba. Y me recliné sobre los inmensos tacones, para que admirara aún más ni culo.

    Se acercó, lo sentí acercarse, desnudándose en el camino. Sus manos enormes rodearon mi talle, casi abarcándolo entero; su cuerpo se pegó al mío y sentí la enormidad de su verga en mi trasero, entre mis nalgas. Su lengua jugó en mi nuca y mis hombros, sus manos subieron suavemente hasta apoderarse de mis pezones, que oprimió dulcemente, con el cuidado de sus manazas. Me acarició toda entera, sin que yo me moviera, hasta que no aguanto más y me doy la vuelta para mirar su torso desnudo, espléndido, vestido apenas con una trusa que no ocultaba su enorme pito. Mientras lo miraba, él me bajaba delicadamente la tanga.

    Luego se bajó el suyo y su verga brincó como un resorte, enorme, morada, surcada de venas. Se acercó a mí para seguir tocándome, recorriendo con sus dedos mi vientre, mi cintura, mis nalgas. Yo, temerosa, agarré su verga con ambas manos. Él se lanzó sobre mi boca y al fin, después de tras años de desearnos, nos besamos. Solté su verga, cuya firmeza había calibrado, para agarrarme de sus nalgas mientras nuestras lenguas se fundían en una.

    Aun sobre los tacones, él quedaba muy arriba y sentía su verga en el estómago. Tenía ganas de bajarme a mamársela, a hacerla mía con la lengua y los labios, pero no quería separarme de su boca… y él se me adelantó: sus labios bajaron por mi cara y mi cuello, sacándome totalmente de quicio. Se detuvo en mis pechos y succionó mis pezones, mientras me acariciaba, me acariciaba, me acariciaba. Yo gemía. Se acercó pasando por mi ombligo. Yo abrí las piernas, parada en mis tacones, para permitir que su lengua, larga, húmeda y tibia, jugara en mi sexo y se introdujera en mi vagina.

    Sentía la muerte. Desfallecida recargué mis nalgas sobre el pretil de la ventana, para darle mayor campo de maniobra. Cerré los ojos y lo dejé hacer. Luego, el Mago recorrió a la inversa, con igual parsimonia, el camino de ida, hasta llegar otra vez a mis labios. Yo lo devoré, buscando mi sabor en su boca y rodeando su cuello con mis brazos y su torso con mis piernas, me subí en él. Mi vagina quedó peligrosa, deliciosamente cerca de su verga y nuestras partes empezaron a rozarse como jugando.

    —Métemela, toda, por favor —dije entre susurros.

    —Hazlo tu misma… sírvete —dijo él, sentándose en la orilla de la cama, conmigo atada a él por casi todos lados, menos el que más importaba en ese instante. Le mordí los labios y al escuchar su grito me deslicé en él. Era increíble sentirlo todo, todo, hasta adentro, empalada como cristiano en la antigua Estambul. No soy de orgasmo taaan fácil, pero esa vez, me vine de inmediato nada más recibirlo. Mugí como una vaca, grité como una puta y me agarré a él con piernas, brazos, vagina y labios.

    Me gusta sentirme usada, así que después de obtener, de prolongar la duración de ese luminoso orgasmo, me desenredé toda y me puse en cuatro patas: quería que esa inmensa verga me llegar hasta el estómago. Margarito no se hizo de rogar y me penetró desde atrás, entrando en mí como si me partiera, dilatando al máximo mi vagina, tocando el fondo, quedándose ahí hasta preguntar con voz ardiente:

    —¿Quieres duro, mamita?

    —Dame duro, papi.

    Empezó entonces el mete saca más intenso de mi vida. Me desplomé, descontrolada, sin voluntad, en la cama, y él me oprimió contra ella, entrando y saliendo de mí, mientras yo aullaba como la puta en que me estoy convirtiendo. Ni siquiera me di cuenta cuando se vació en mí (debo decir que previamente nos habíamos enviado por Facebook nuestros respectivos análisis de ETS y que yo tengo ligadas las trompas de Falopio).

    Casi me desmayo de gozo. Lo siguiente que recuerdo es al mago, enorme, acariciándome el rostro y besando la delicada piel de entre mis pechos. Lo siguiente que recuerdo es que la seguía teniendo parada y enorme. Me acosté, sintiéndome una perra insaciable, porque llevaba tres orgasmos, porque había sido suficiente, porque me escocía la vagina, pero frente a ese enormísimo miembro, ese espléndido mulato, quería más, ya que ahí estaba y se podía.

    —Cógeme —le dije, abriéndome de piernas.

    No se hizo de rogar. Me montó. Mi coño estaba tan húmedo, entre mis fluidos y su semen, que su poderoso mástil se deslizaba sin fricción casi. Hacía un ruido de succión, de piedras en el agua, de locura. Yo temblaba debajo de él, sin reaccionar, sin moverme, solo recibiéndolo, gimiendo ahora, sin gritos, solo eso, solo gimiendo cada vez que él se hundía en mí, hasta que se vino por segunda vez… segunda vez de sexta, que se las conté. Al llegar a casa, horas después aún no podía tenerme en pie, mareada, muerta, ahíta. Seis veces. ¿Yo? Yo perdí la cuenta, las bragas y la decencia que me quedaba.

    Afortunadamente vive lejos, porque más de una vez al mes sería demasiado, y porque verdaderamente Marcos se ha convertido en el mejor amante de mi historia: por eso escribo hoy, tras haberme enredado en su miembro y sus besos y sus brazos.

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  • Me tenía engañada

    Me tenía engañada

    Después de seis años de feliz matrimonio, mi marido empezó a decir que yo había cambiado, me había vuelto frígida y no gozaba conmigo, como al principio.

    Yo no me notaba dicho cambio, siempre actuaba igual, llegué a pensar que lo decía para disimular su falta de apetencia hacia mí.

    Insistió tanto que llegué a creérmelo de verdad, siempre he sido muy ingenua, al principio pasó por mi cabeza serle infiel para comprobar si era yo o él, el desmotivado.

    Cuando salía de casa decidida a buscar un hombre, tenía reparos y nunca llegué al final.

    Mi nombre es Merche, veintiséis años, mi físico podríamos decir que es normal por la edad.

    Mi marido Julio, cuatro años mayor, sin rasgos que destacar.

    Empezó a cambiar la situación en una boda, entre otros invitados destacaré un matrimonio sentado delante nuestro, en una mesa para seis personas, ella se llama Claudia de unos cuarenta años, elegante, muy habladora, él, Sebastián le llamaremos Sebas de unos cuarenta y ocho años.

    Durante la comida no paré de hablar con Claudia, coincidimos por lo general en nuestros gustos y nuestra forma de hacer, tanto que al despedirnos, me invitó a tomar café a su casa, una torre ajardinada, situada a las afueras de la ciudad, en una urbanización, económicamente se les veía bien.

    También se habló ligeramente de sexo, mi marido como era su costumbre, aprovechó para sacar a relucir el tema de su insatisfacción sexual, como siempre culpabilizándome a mí.

    Después del café, varios hombres se reunieron en la barra para seguir con sus temas, Julio y Sebe también se sumaron a la tertulia, Claudia y yo continuamos en la mesa, solas, fue entonces cuando ella hizo un intento de sinceridad.

    Claudia: Siempre te habla así tu marido en público, ¿Es verdad que no le motivas?, ¿tenéis algún problema?

    Merche: Sí, desde hace algún tiempo, antes no era así.

    Claudia: ¿Estás convencida de que es por tu culpa?

    Merche: No, yo soy la de siempre, que yo me dé cuenta no he cambiado, y de verdad no sé como hacerlo para motivarle, lo he intentado todo, he comprado libros, revistas, películas porno, debe ser verdad que soy incapaz de motivar a un hombre como dice él.

    Claudia: Has dicho un hombre, no has dicho mi marido, le eres infiel.

    Merche: Lo he pensado, pero no me atrevo, si es que yo soy así, sería otro fracaso.

    Claudia: Pásate esta semana por mi casa, si quieres continuaremos con la conversación, me gustaría ayudarte.

    No sé porqué, salí más animada de la boda, quedamos el martes sobre las cuatro, cuando salga del trabajo.

    La casa era muy bonita de moderna construcción, se veía muy grande lo que justificaba su situación económica.

    Me recibieron los dos, Sebe se disculpó, tenía trabajo en el ordenador y además aquello era cosa de mujeres.

    Entramos en el salón muy espacioso, en una mesita preparado té y café, con alguna galleta y algo de licores.

    Merche: Se están tomando demasiadas molestias.

    Claudia: Vayamos directamente al tema, primero contéstame a una pregunta, ¿de que estas convencida?, ¿eres tú o es él que no funciona?.

    Merche: Yo siempre he sido igual, creo que es él, no sé porque lo va pregonando en lugar de buscar un remedio.

    Claudia: Me dijiste que habías deseado serle infiel para convencerte.

    Merche: Si pero no me atreví, no quiero arriesgar mi matrimonio, si lo descubriera me dejaría, a pesar de todo le quiero, somos conocidos, seria fácil que alguien pudiera verme.

    Claudia: El otro día en la boda, cuando se reunieron nuestros maridos, el mío pinchó un poco al tuyo para sonsacarle, te es un poco infiel, frecuenta los bares de alterne y otros, sus amigos no entienden que con una mujer joven como tú, te es infiel, lo tuyo quizás lo provoque para justificarse delante de ellos de su infidelidad.

    Merche: Si es verdad, es un cabrón, pero todavía no estoy convencida de poder satisfacer a un hombre.

    Claudia: ¿Quieres probarlo?

    Merche: Ya he dicho que si, pero no me atrevo, puedo ser vista.

    Claudia: Puedes hacerlo aquí en mi casa y ahora, nadie lo sabrá, que te parece, mi marido.

    Merche: Señora, me está diciendo que folle con su marido aquí y ahora, ¿lo permitiría?

    Claudia: Merche, somos una pareja liberal, ambos follamos con otros matrimonios, hoy saldrás de dudas, si quieres, a mi marido le encantará, me dijo que le gustabas, está bastante bien dotado, tiene bastante experiencia, tómatelo como una prueba, no una infidelidad.

    En estas su marido entra en el salón, se sentó a mi lado preguntando de que iba la conversación.

    Claudia: Le estaba diciendo a Merche si quería follar contigo.

    Me miró, hice un gesto de conformidad con los hombros, él dijo, “ven conmigo”, sin mediar palabra, se dirigió a su habitación, yo detrás, le seguí como una cordera que llevan al sacrificio, un poco nerviosa estaba, por miedo a no complacerle.

    Mientras el bajaba las persianas, me desnudé, cuando se dio la vuelta, al verme, en lugar de acercarse, se desnudó él junto a la ventana, no hacían falta preámbulos, la tenía totalmente tiesa y dura, nos acercamos lentamente en silencio, llevó mis manos a sus labios para besarlas, al mismo tiempo que repetía, “eres preciosa, tu marido esta tonto perdido”, me abrazó, con leves movimientos de su cuerpo, rozaba el mío.

    Hacía y dejaba hacer, no me atrevía a actuar por miedo a estropearlo, al verme indecisa, me susurró al oído.

    Sebas: Merche, soy todo tuyo, hazme lo que te gustaría que te hiciera a ti.

    Dichas estas palabras, me arrodillé, para saborear aquella polla tan tiesa, muy despacio le pasaba la lengua, quería que no se terminara, se tumbó en la cama, su polla parecía una estaca de dura, continué con la lengua, le tocaba el turno a los testículos, pasaron los dos por mi boca, le puse una almohada debajo de su culo para levantarlo, proseguí con la lengua desde los testículos hasta su agujerito, empecé a lamerlo en sentido de rotación, para acabar con la lengua dentro de su ano, me erguí un momento para coger aire, la postura me había dejado casi sin él, le miré la cara, la tenía de satisfacción.

    Merche: Como va Sebas.

    Sebas: Si con esta mamada que me has hecho, tu marido no se motiva, más vale que se dedique a otra cosa.

    Merche: Gracias, pero esto no es nada, solo es el principio de lo que pienso hacerte.

    Sebe murmuro muy bajito. “Si esto es solo el principio, como será el final, que Dios me pille confesado”.

    Merche: Que dices Sebas.

    Sebas: No nada hablaba solo.

    Dicho esto, le hice lo que literalmente se dice un traje de saliva, no dejé ningún rincón de su cuerpo por lamer, lo puse muy caliente, pero no más de lo que estaba yo.

    Lo cabalgué, sentada encima de su polla, metida hasta el fondo de mi coño, lo montaba como si fuera un purasangre, cuando intuía el final, paraba los movimientos, dejaba que se relajase, para volver a la carga, uno de los momentos de paro, me acerqué para besarle los labios y decirle.

    Merche: Me haces disfrutar mucho Sebas y tú lo haces.

    Sebas: Pero Merche que dices, eres como un volcán en plena erupción que tu marido tenía dormido, tu coño parece un horno de lo caliente que esta, si tuviera que puntuarte tendrías un excelente con matrícula de honor, pero ya hablaremos después, que me tienes reservado ahora.

    Me levanté un poco para sacar su pene de mi coño, lo doble un poco hacia atrás y lo introduje todo en mi ano.

    Sebas: ¡Ho! Merche esto es la traca final, con lo que me gustan a mí los culitos.

    Poco tardó en correrse, no callaba en decirme lo buena que estaba.

    Ya relajados, abrazados, sentados en el sofá.

    Merche: Gracias Sebas.

    Sebas: Las gracias te las doy yo a ti, ha sido muy dulce, ha sido como chupar un caramelo, espero que no sea la última vez

    Merche: Compraré un detalle para tu mujer, una caja de bombones por ejemplo, le estoy muy agradecida.

    Sebas: Si la quieres regalarle una caja de bombones, se de unos que le encantan, tu misma eres como un bomboncito, le gustan las mujeres, tanto como los hombres.

    Dicho esto la llamé por el interfono, rogándole que subiera, todavía estábamos desnudos, nada más entrar, me abalancé sobre ella, besando sus labios, no tuvo ninguna sorpresa, de hecho lo estaba deseando, su marido se acercó, la desnudó sin prisas, tenía un cuerpo bien proporcionado, muy cuidado, nunca antes yo lo había hecho con una mujer, le dije que era la primera, esto la calentó al máximo, nos tumbamos a la cama para gozar de nuestros cuerpos, Sebas se quedó sentado en la butaca, disfrutando del espectáculo.

    No sé el tiempo que duró, pero al terminar teníamos hambre, bajamos a merendar, lo hicimos en la cocina, hablamos de mí, que pensaba hacer en adelante, de alguna forma quería yo cambiar la reputación que me había dado mi marido.

    Claudia hizo una proposición, entre los matrimonios amigos nuestros, había tres que eran liberales, lo tenían en secreto evidentemente, con frecuencia tenían encuentros en su casa para disfrutar del sexo en grupo. Preparó una reunión para el viernes, no recuerdo la excusa que di para llegar de madrugada, veras, dijo Claudia, que sorpresa te llevarás cuando veas quienes son, supongo que no tendrás reparos en follarte a tres amigos de tu marido.

    Merche: Ya no, no sé quiénes son, pero me han entrado deseos de follarlos varias veces delante de sus mujeres, me producirá mucho morbo.

    El viernes estuve pronto, ayudé a Claudia en la preparación de canapés, ponche y demás alimentos y bebidas para la velada, durante el quehacer me comentó los detalles de mi encuentro con ellos.

    Aguardaba detrás de la ventana para verlos llegar, eran sobre las nueve, cuando entraron por el jardín, ¡Joder si son Antonio, Felipe y Manolo!, los tres están muy buenos, que ilusión más grande que sean ellos, lo voy a pasar en grande con los tres a la vez.

    Claudia: Te veo muy contenta.

    Merche: Claro, nos conocemos muy bien, jamás hubiera creído que fueran ellos, me ha dado mucha excitación al verlos, pensar que están aquí para follarme, dentro de poco tendré a los tres encima.

    Claudia: date prisa no te entretengas.

    Claudia los recibió, mientras tomaban un aperitivo les dijo que tenía una sorpresa para ellos, se trataba de una mujer casada, quería estar con tres hombres jóvenes, pero no quería revelar su identidad por motivos obvios, aceptaron los tres al instante.

    Claudia los llevó a un habitación, en el centro una cama grande redonda, alguna butaca, sofá etc., no faltaban los detalles, para darle un aire más sensual, unas docenas de velas rojas repartidas en el perímetro iluminaban tenuemente la estancia, música escogida para la ocasión, unas barritas encendidas le daban un olor muy sensual.

    Antonio: ¡Con esta preparación! ¡uy! ocurrirá aquí algo importante.

    Claudia: mientras os preparáis, es decir, mientas os desnudáis, explicaré las normas que van a regir.

    Ella como he dicho no quiere ser reconocida, si conoce a alguno de vosotros será discreta.

    Llevará puesta una máscara de plumas, de las que trajimos del carnaval de Venecia que tapan media cara, es la única prenda que no le quitareis, a menos que lo diga ella.

    Vino a buscarme, yo estaba vestida para la ocasión, además de la máscara, solo llevaba puesto un sujetador muy pequeño, tanga muy finito, medias negras sujetas a un liguero, zapatos de tacón alto muy fino, todo ello escondido debajo de una túnica negra que me llegaba a los pies.

    El pequeño camino que había, desde la instancia a la habitación se me hizo interminable, mi corazón se aceleraba conforme me acercaba, caminaba despacio, un poco nerviosa, no pensando en que me fallarían los tres, sino quien eran estos tres.

    Entré en la habitación, aquellos tres hombres desnudos, con sus penes medio levantados acabaron de excitarme, me puse delante de ellos a unos dos metros, dejé caer la túnica al suelo, todo fueron exclamaciones de lo buena que estaba, me rodearon y empezaron a tocarme, los muslos, los pechos, el culo, luego me besaron en todo el cuerpo mientras me desnudaban yo les correspondía tocando sus pollas.

    Una ligera presión en mis espaldas, indicaba que debía agacharme, Felipe me la puso en mis labios, los abrí para que entrara en mi boca, les iba chupando y masturbando a la vez hasta que las tuvieron bien tiesas.

    Me tendieron en la cama, uno a uno me fueron follando, se corrieron, descansaron un momento, para conseguir otra erección, se la volví a chupar a todos, les comí el culo, ellos me comían el coño, tuve varios orgasmos, pero uno a uno fueron cayendo, corriéndose por segunda vez pero ahora en mi boca.

    Descansamos un poco, Antonio propuso bajar a comer algo, con el ajetreo le había entrado hambre.

    Manolo tenía muchos deseos de conocerme, pidió que me quitara la máscara para bajar a comer.

    Accedí y me la guite Manolo exclamó gritando.

    Manolo: ¡Joder si es Merche, es la Merche, la mujer de Julio! ya no tengo hambre, no quiero comer, solo quiero follarte, follarte.

    Sin parar de repetir que quería follarme, me tomó en brazos, de dos saltos se colocó al borde de la cama y me tiró en ella, para lanzarse sobre mí, parecía una bestia en celo de la ilusión que le había tenido al ver que era yo la mujer de Julio, los otros dos siguieron el ejemplo, lanzándose también, nuestros cuerpos entrelazados, mezclándose brazos y piernas, las lenguas no paraban de recorrer mi cuerpo otra vez, tres penes totalmente tiesos buscaban cualquiera de mis agujeritos, fue un polvo bestial, Manolo boca arriba fallándome, yo sentada sobre el Antonio me enculaba y a Felipe se la estaba chupando, no paraban de decir, “vaya con la Merche, que sorpresa nos ha dado, si tu marido a esto lo llama ser frígida, no sé qué es lo que busca”.

    Merche: Callaros tontos, no me lo recordéis y folladme, folladme mucho.

    Cuando bajamos, sus penes estaban flácidos, sus mujeres se sorprendieron al verme, estaban, Sebas en el sofá con la mujer de Antonio y la de Felipe que lo estaban pajeando, Claudia y la mujer de Manolo en una butaca besándose y acariciándose.

    A partir de aquel día, he ido follando a cada uno de los amigos de mi marido, pero solo he repetido con las cuatro parejas de este relato con las cuales ha surgido una fuerte amistad.

    RoF

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  • Tuvimos sexo con mi novio en la oficina

    Tuvimos sexo con mi novio en la oficina

    A mi novio y a mí siempre nos gustó tener un muy buen sexo y disfrutar del mismo en distintos momentos y situaciones, particularmente a veces nos daba ganas de hacerlo en lugares especiales con cierto riesgo de que pudiera vernos o descubrirnos alguien.

    Esta historia que les voy a contar es una de las tantas aventuras que tuvimos en lugares prohibidos.

    Un día de semana después de nuestras tareas laborales nos juntamos para tomar algo en un café y conversar sobre nuestro día laboral, etc., etc.

    Particularmente nuestra conversación paso de los temas personales y laborales hasta una conversación con cierto tono erótico en donde la situación se hizo insostenible a punto tal de tener ganas de sexo en ese preciso momento. A mi novio se le ocurrió una idea que en principio me pareció loca, pero luego me comenzó a gustar. La idea era volver a su oficina, en la cual debido a la hora que era (21 horas) no debería haber nadie en ella y ya que él tenía llave de la misma no tendríamos problema en ingresar.

    Quería contarles que esta anécdota ocurrió en Buenos Aires en pleno centro de la capital a una cuadra del obelisco, para los que conocen es el corazón de Buenos Aires y está lleno de edificios muy altos los cuales son en su mayoría dedicados a oficinas de empresas. Nos volvimos a la oficina e ingresamos a la cochera con el auto, subimos con el ascensor hasta la oficina, entramos y cerramos la misma nuevamente con llave cuidando de no encender demasiado las luces para que no se notara tanto desde afuera que había gente en la misma y que realmente no estaban trabajando sino teniendo sexo.

    Comenzamos besándonos en la oficina de mi novio lo cual hizo que comenzáramos a tocarnos con mucho deseo y descontrol. Sus besos en mi boca y mi cuello hacían que me excitara demasiado rápido hasta que se me ocurrió bajarle el cierre de su pantalón y tomar su pija con mi mano. Sin ser una sorpresa para mí lo que descubrí fue que estaba con su pija tan dura y excitada como nunca. Él por su parte comenzó a acariciar mi cola por debajo de mi pollera y luego se dirigió hacia mi concha la cual estaba totalmente empapada de ese flujo que tengo cada vez que me excito con tantas ganas.

    Llegamos al punto tal de sacarnos toda la ropa parte por parte mientras nos besábamos y nos tocábamos sin poder parar. En un momento mi novio me sentó arriba de su escritorio y comenzó a chupar mis tetas como a mí me gusta con lo cual mis pezones su pusieron duros como siempre, el solo hecho de sentir su lengua en mis pezones y sus dedos en mi clítoris hace que entre en un estado de excitación tal, que es difícil de explicar.

    No pudiendo soportar más la situación me recosté sobre el escritorio, abrí mis piernas y le pedí que me la metiera como solo él sabe hacerlo.

    Luego de coger sobre el escritorio se nos ocurrió interesante comenzar a recorrer toda la oficina desnudos y buscar distintos lugares para tener sexo, parada de espalda y apoyada contra la ventana de la calle en la oficina de la directora de marketing, mientras mi novio me la metía en mi concha por detrás y yo miraba por la ventana desde arriba la gente pasar en la calle, hasta un escritorio en la oficina del presidente de la empresa en el cual me puse en cuatro patas como una perra y él me agarró de atrás como un perro en celo descontrolado, esta posición hace que me excite tanto que no pude contener mis gritos y quejidos acabando de una manera espectacular y teniendo una cantidad de orgasmos descontrolados uno tras otro.

    Luego de esto terminamos en la sala de reuniones en el piso haciendo un espectacular 69 hasta que le pedí que se pare enfrente de mí y yo de rodillas ante él le chupé la verga ardiente como sé que le gusta y solo yo puedo hacerlo, con esto logré mi cometido, se excitó tanto dentro de mi boca que terminó acabando una cantidad de semen impresionante en mi boca y yo como es costumbre me lo tragué sin desperdiciar una sola gota ya que me encanta.

    Hemos hecho esto en varias oportunidades y en una de ellas decidimos jugar un juego diferente que nos pone locos.

    Comenzamos de la misma manera besándonos, tocándonos y chupándonos al punto tal de quedar completamente desnudos. Luego de esto yo me siento en el sillón de la oficina y completamente desnuda abro mis piernas y apoyo mis pies en su escritorio, en esta posición aparece mi juguete favorito que me regaló mi novio el cual usamos en varias oportunidades, es un vibrador espectacular, lo chupo con mi boca y comienzo a meterlo y sacármelo de mi concha caliente y mojada, lo enciendo y me pongo a gozar, lo saco de adentro de mí y lo chupo todo con el gusto de mi flujo que me vuelve loca.

    Mientras, mi novio se para enfrente de mí del otro lado del escritorio y comienza a masturbarse, esta situación de vernos gozar cada uno por su lado nos vuelve locos hasta que termino acabando y gritando mis orgasmos y él acaba toda su leche sobre la mesa, cosa que me enloquece, pero me quedo con las ganas de tragármela toda.

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  • Una excelente mujer en la cama

    Una excelente mujer en la cama

    Patricia se fue a su pueblo debido a que deseaba olvidarse de tantos ajetreos de la ciudad, además de que debía hacerse cargo de sus pequeños hijos a los que por cuestiones de trabajo, estaban al cuidado de su madre.

    Josefina era otra de las amigas de la persona que en aquel entonces era mi mujer y que por salir tan tarde de sus trabajos y no poder viajar a su casa, se queda en mi hogar y que se portó excelentemente cariñosa conmigo, dándome los jugos de su conchita, que eran un manjar delicioso.

    Un día se me acercó Josefina y me dijo: “Necesito que me des una mamada como la que le das a tu mujer y así como a ella la transportas al paraíso con esa excelente lengua, quiero sentir ese mismo placer que durante muchas noches escucho le brindas a mi amiga y que disfruta, porque sus jadeos así lo comprueban”.

    Me dejó estupefacto porque a pesar de que desde que la conocí tenía muchos deseos de mamarle los senos y tragarme sus enormes pezones que se veían por sobre su top cuando salía de bañarse, nunca imaginé que sería el afortunado para hacerle el amor y tragarme sus jugos que más tarde supe les salían a chorros, como si se tratara de un manantial.

    Le dije que por favor no hiciera ese tipo de bromas que solo me hacían sentir mal porque creía que sólo estaba jugando con mis sentimientos, a lo que respondió que no, que si quería probarlo, esa noche estaba dispuesta a hacerlo, porque mi mujer le había dicho que trabajaría horas extras y por tanto llegaría después de la medianoche.

    Efectivamente Josefina resultó ser una hembra excelente en la cama, ella que me pedía ser transportada al éxtasis y disfrutar lo que en las noches escuchaba cuando hacíamos el amor con mi mujer, fue ella la que me enseñó las mieles del amor y me condujo por el placer que cuando es prohibido se disfruta de manera hermosa, porque además ella era una de esas pocas mujeres que he conocido, a las que el semen tarda en salírseles de la vagina. Se trata de una vagina que parece aspiradora, que todo se lo traga y tiempo más tarde lo empieza a soltar de manera pausada.

    Nuestra primera noche de sexo fue de lo más maravilloso, ya que nos metimos a bañar y ambos disfrutamos de besarnos todas las partes del nuestro cuerpo, además de hacer el amor bajo la regadera, donde Josefina se me entregó en su totalidad, porque ambos nos comimos nuestros fluidos. Ella tuvo tantos orgasmos en mi boca, lo mismo que yo deposité mi semen en su ano y en su boca.

    Casi a las tres de la mañana me retiré a mi recámara, porque sabía que en cualquier momento llegaría mi esposa de trabajar. Efectivamente, hicimos los cálculos exactos, porque a los diez o quince minutos de habernos despedido, se oyó que mi mujer abría la puerta principal. Apenas me había dado tiempo de lavarme el pene y los jugos que tenía en la cara, revueltos con mi semen.

    Afortunadamente como iba cansada no me pidió su dotación de leche, lo cual me salvó porque después de haber hecho el amor durante varias veces con Josefina, tenía secos los testículos y no había disponible para atenderla.

    En la mañana no me salvé y como todo hombre, tuve que cumplirle a mi mujercita con la que mi mejor platillo era hacer la posición del misionero, pero en lugar de metérsela por la vagina, se la metía por el ano, porque yo lo disfrutaba bastante, al igual que ella porque tenía muchos orgasmos, además de que en varias ocasiones me lo había dicho, que se la metiera por el culo porque eso la excitaba bastante.

    Pero volviendo a mi relación con Josefina, fueron muchos meses de gloria, de tener a mi disposición a esa mujer con la que hacíamos un excelente 69 y de sentir cómo su vagina pasaba por mi cara, dejándome ese néctar caliente que me ponía a mil.

    Lamentablemente esa hermosa relación terminó porque su madre sufrió un accidente y tuvo que regresar a su ciudad para brindarle todos los cuidados, además de que, según me explicó mucho tiempo después, fue una oportunidad para terminar lo nuestro que no tenía futuro porque a pesar de lo nuestro, no estaba dispuesta a quitarle el marido a su mejor amiga.

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  • Perdí mi virginidad por borracho

    Perdí mi virginidad por borracho

    A mis 20 años ya era un borracho empedernido, pues vivía sólo y todos los fines de semana salía a tomar con el que me diga vamos, no me importaba quien era; un día viaje a la capital DF y en el paradero vi a dos personas que hablaban de ir a tomar cerveza, les entre a la conversación y les dije si podía unirme al grupo, me dijeron que estaba bien ir.

    Caminamos unas cuadras y compraron cerveza helada en el 2 bolsas grandes no me dejaron pagar; pero me dijeron que iríamos a su casa, acepté sin chistar y caminamos rumbo a su casa, al llegar, empezamos a tomar a vaso lleno, era full risas; pero notaba que cada vez que iba al urinario veían mi culo con ansias aunque no niego que tengo un bonito culo, formado naturalmente, ya que traía un buzo pegado que me había comprado al llegar a la ciudad.

    Cuando de pronto me propusieron jugar al casino y el perdedor tenía que perder un traje, la verdad que nunca me interesó el casino; pero acepté, me sentía borracho que estaba perdido en el juego que al final quedé desnudo, seguía perdiendo y les dije que el juego acababa, me dijeron que si perdía, tenía que quitarles la ropa a ellos con los dientes, eso hice hasta dejarlos en pelotas, uno tenía una vergaza, el otro era regular a diferencia que el mío que era pequeño, pues era mi defecto.

    Entre risas y todo dijeron que el perdedor mamaria la verga del ganador, no acepté y quise irme, la verdad que se dejaron ganar, y mamaron mi verga; eso me gustó y decidí seguir que empecé a mamar sus vergas, me gustaba hasta que uno eyaculó en mi boca y me hicieron tomar cerveza para pasar su leche; estaba bien borracho, no recuerdo más, solo que amanecí con el culo con rasgos de sangre y leche en el culo y en la cara leche pegada.

    Me levanté asustado al día siguiente que encontré a uno de ellos, le pregunté que había pasado, me dijo que yo había pedido verga a su amigo con desesperación y dejé que me rompa el culo, estaba turbado y no sabía qué hacer, pues mi culo estaba adolorido y pedí su ducha y me bañé, revise mis cosas y mi dinero y todo estaba conforme.

    Me despedí y recorrí la ciudad y volví a mi tierra con la idea de tratar de recordar lo que pasó, tuve pesadillas y todo por lo que pasé aunque mis deseos carnales me atraían a mismo sexo.

    Fue dolorosa mi recuperación; pero me recuperé del trauma.

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  • La nueva vida (dentro) de Elva (2): Puta preñada

    La nueva vida (dentro) de Elva (2): Puta preñada

    Las curvas de Elva se habían redondeado, la seda negra ahora ajustaba un vientre prominente de seis meses. Su piel, bronceada por el sol veraniego que caía sobre sus voluptuosos pechos, mostraba el mapa de su nueva vida. La libertad, antes una promesa embriagadora, se había convertido en un estilo de vida pleno. Había abrazado con fervor la decisión de ser “una puta preñada”, como ella misma lo llamaba, y cada día se sentía más cómoda con esa etiqueta que le devolvía el poder sobre su cuerpo y su deseo.

    El anuncio colgado en la entrada de su pequeño apartamento era simple: “Experiencia única – Mujer embarazada busca compañía”. Debajo, una foto suya tomada justo antes de cumplir 52 años: Elva desnuda, con un brillo sensual en los ojos, rodeada por un halo de luz dorada que acentuaba las prominentes curvas de sus senos y el abultado vientre. Las palabras “Sin preservativos” se escribían en letras grandes debajo de la foto, como una invitación a la aventura más salvaje.

    Las respuestas fueron inmediatas. Un torbellino constante de hombres con ansias por experimentar su maternidad compartida inundaban su vida. La mayoría eran jóvenes, atraídos por el misterio del embarazo y la sensualidad de un cuerpo que se transformaba en un templo de fertilidad. Algunos, más veteranos, buscaban la satisfacción de una pasión sin ataduras, sin el peso de las convenciones sociales.

    Su pequeña habitación se había convertido en un santuario erótico. La pared del fondo estaba tapizada con terciopelo rojo para brindar un toque lujoso a los encuentros. Un gran espejo ovalado reflejaba sus movimientos y permitía que observase la escena con una mezcla de placer y orgullo. El suelo, cubierto por una alfombra gruesa, acolchaba las caídas de las gotas de leche materna que se deslizaban sobre su piel al orgasmo.

    Las noches eran un frenesí de cuerpos y sensaciones. No se limitaba a encuentros individuales; los sábados en particular, se organizaban “fiestas en la cuna”, como ella misma las llamaba. Decenas de hombres, invitados por amigos o conocidos que habían probado el placer de su compañía, la aguardaban con impaciencia. La línea para disfrutarla se extendía por todo el pequeño departamento: algunos se turnaban mientras otros se esperaban pacientemente sentados en el suelo, en una mezcla de ansiedad y deseo conteniendo el aliento.

    Elva disfrutaba del espectáculo, deleitándose con la mirada ansiosa que los hombres le dedicaban mientras se acercaba a ellos. Su cuerpo, ahora más suave, cedía con facilidad a sus caricias, a las exploraciones de manos ávidas y la penetración constante. La sensación era una cascada sin fin: un torrente de esperma caliente que llenaba su vagina una y otra vez, despertando gemidos guturales en ella mientras sus pechos se hinchaban con leche materna. El placer era tan intenso que a veces no podía distinguir los rostros ni las voces de sus amantes, solo el ritmo del acto, la humedad, el calor y el sudor que impregnaba el aire.

    En un momento dado, sintiendo el calor del aliento de un hombre en su cuello mientras él se deslizaba dentro de ella, Elva levantó la vista hacia el espejo y sonrió. Se veía hermosa: redonda y poderosa, rodeada por un halo de deseo y una cascada de esperma que salpicaba su cuerpo como una lluvia dorada. Era una diosa, una reina del placer, una fuente fecunda en medio del torbellino de cuerpos y emociones. Sus manos se posaron sobre su vientre abultado, acariciando el pequeño ser que crecía dentro suyo. El futuro era un misterio, pero la certeza de este instante, de esta salvaje libertad, era absoluta.

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  • Me pagaron una deuda, con una mujer (5): Decisiones

    Me pagaron una deuda, con una mujer (5): Decisiones

    Ya llevamos veinte días de convivencia, y la estábamos pasando de maravilla. A nuestras rutinas diarias habíamos sumado salidas a cenar, a bares y en este fin de semana concreto hicimos una escapada a la playa por dos días. La verdad que no lo podía creer, Ana no conocía el mar.

    Ella estaba radiante y feliz, intentamos hacer todo lo que podíamos, quería ver e ir a todos lados. El sábado ni bien llegar fuimos a recorrer la ciudad, la peatonal, el puerto, para terminar caminando por la playa, la sonrisa en su rostro era resplandeciente, nunca la vi así. Se quito las zapatillas y caminaba descalza por la arena y se metió al mar para mojarse los pies, me pidió que yo hiciera lo mismo, nos mojamos un rato mutuamente y no parábamos de reír.

    Los cambios en su carácter en tan pocos días eran notorios, antes nunca se hubiera animado a pedirme algo así o mojarme. Tampoco ni se inmuto cuando caminando por la playa la tome de la mano, me miró sorprendida pero no dijo nada, solamente sonrió y seguimos, fuimos de compras, le compre un par de trajes de baño y ropa adecuada para la playa. Y terminamos comiendo en la peatonal, con vista al mar y a los barcos que iban y venían.

    Volvimos caminando al hotel, paseando. Viendo los puestos callejeros, le compre un par de cosas más que vi que le gustaron pero no se animó a pedírmelas. Ni bien llegamos al hotel se puso como Dios la trajo al mundo y se probó los trajes de baño, y me pidió opinión. Uno era de color celeste y el otro rojo, elegí el celeste porque resaltaba más su figura, ya mi amigo se estaba poniendo contento, y pensé que era hora de echarnos un buen polvo. Pero salió del baño con un bolso, con toallas, protector solar, y otras cosas y me arrastro hacia la pileta del hotel. No dije nada, por que como dije parecía una niña que estaba gozando de todo.

    El hotel era bueno, yo me lo podía permitir y quería pasarla bien, la pileta estaba frente la playa, con toda la vista del mar, con palmera, lugares a la sombra y al sol, un bar instalado en una especie de isla con un puente y una barra. Nos pusimos a tomar sol, mientras ella hablaba de todo lo vivido, y tomaba fotos que enviaba a su prima. Después de un rato fuimos a nadar a la piscina. Pasamos toda la tarde ahí, tomando sol, conversando, nadando y tomando licuados de frutas.

    En la noche nos fuimos a recorrer el centro nocturno de la ciudad, fuimos a cenar a un buen restaurant que tenía música en vivo, la cual fue muy agradable ya que en si hacían un show, haciendo grandes covers. Luego fuimos a un bar donde tomamos un poco de alcohol, yo me pedí tragos que no fueran muy fuertes ya que no estoy acostumbrado a tomar, Ana tampoco esta acostumbrada, así y todo salimos un poco tocados, íbamos alegres de vuelta al hotel. Nos íbamos haciendo chistes tontos, abrazados o tomados de la mano y nos reíamos todo el tiempo. Ya en la habitación Ana me dice.

    Ana: Amo por favor, deje que su putita lo complazca.

    Solamente asentí con la cabeza, ella me desabrocho el pantalón y me lo saco, mientras yo me quitaba la camisa. Dejo caer su vestido y tenía puesto un conjunto de ropa interior de encaje negro, que le había comprado yo, pero nunca lo había estrenado. Se veía magnifica, era diminuto, y tenía mucha trasparencia, y encaje en lugares estratégicos, el negro resaltaba aún más su piel blanca, y el sujetador alzaba sus tetas exhibiéndolas, yo ya estaba babeando con todo ese panorama.

    Me empujo levemente hasta que me senté en la cama, ella se puso de rodillas y me empezó a besar el pecho, metiendo mis tetillas en su boca y dando suaves besos en todo el pecho, su mano busco mi pene, y empezó un juego de toqueteos y rasguños con sus uñas, eran caricias que me daban un cosquilleo, la verdad que me gustaba mucho. En un momento dado tome su rostro y le di un beso de lengua. Mientras ella seguía acariciándome y con amasaba sus pechos, que tenía sus pezones duros.

    Ana: su putita le va a dar los mimos que se merece.- me dijo con los ojos vidriosos.

    Ella se agacho y empezó a recorrer con su lengua toda lo longitud de mi pene, una y otra vez, al llegar a mi cabeza le deba una pequeña succión y volvía a empezar, mientras sus manos jugaban con mis bolas. Después de un rato de ese ejercicio sujeto con su mano firmemente mi falo y lo escupió para lubricarlo, empezó a masturbarme lentamente, pero con fuerza, bajo su boca y metió uno de mis huevos entero en ella, jugaba con su lengua y los chupaba y cambiaba al otro, era una tortura muy placentera. Cuando noto que el pene no podía estar mas duro y baboso me dijo.

    Ana: Amo pudo ir arriba, por favor.

    No puse objeción solamente me acosté en la cama, era la primera vez que hacíamos algo así. La verdad era algo de lo que me había hablado el psicólogo, la forma de demostrar sus emociones era a través del sexo, por eso tenía que saber interpretar sus acciones. Se quito la ropa interior y me monto, literalmente, se empalo. Ella estaba muy mojada, sus caderas dibujaban un círculo, los dos estábamos muy excitados.

    Tome su cabello y me puse cara con cara, nos miramos a los ojos, y ella seguía con esa mirada vidriosa, no pudimos sostener la mirada del otro y nos besamos, en realidad nos comimos la boca, mientras ella aumentaba el ritmo. Y el orgasmo nos arrolló a ambos, fue demoledor, ella apoyo su cara en mi hombro mientras gemía y tenía contracciones de su pelvis, mientras mi pene busca la profundidad de su cueva para descargar.

    Y nos dormimos así, ella sobre mí, y yo con mi pene dentro de ella, incluso después que perdió la erección. Me desperté a mitad de la noche por que estaba incomodo, y ella seguía en la misma posición, sobre mi, abrazada, con la cabeza en mi pecho y durmiendo como un bebe.

    Lo único que mi pene ya no dormía, se había despertado. Así que empecé a darle besos suaves, acariciar su cuerpo, me gire y quede yo arriba en la posición del misionero, empecé a moverme y ella se fue despertando, y también a calentar, me beso y acariciaba mi espalda ya cuando la cosa se puso caliente, lleve sus piernas a mis hombros para profundizar la penetración, acabamos en un momento fueron menos de diez minutos, nos acomodamos así como estábamos y dormimos cucharita.

    Al otro día yo estaba molido, entre el viaje, los paseos, el alcohol y sexo. Pero Ana estaba radiante, con una sonrisa que iluminaba todo. Desayunamos rápido y fuimos al parque acuático, ahí tenía preparada una sorpresa para ella. Y era bucear con peces, en un entorno controlado, la verdad que nos fue genial. Almorzamos en el mismo parque, y hasta fuimos a una función de teatro, donde presentaban la Sirenita y Peter Pan, todo acuático, fuimos al show de los delfines y más. Ya por la tarde volvimos al hotel y no teníamos tiempo de más, teníamos que volver, solamente echamos un polvo más ligero en la ducha y listo.

    Ya en la casa ella se fue a las habitaciones acomodar todo lo que había en las maletas, y yo me fui a la oficina a ver que tanto había escrito en su teléfono. En realidad le mostraba todo lo que había hecho a su prima, y le contaba lo feliz que era, era la primera vez que expresaba esa palabra.

    Maite: Prima me alegro que por lo menos una sea feliz, tengo sana envidia de ti, pero te tengo que recordar que esa felicidad tiene fecha de vencimiento.

    Ana: Si lo sé, pero esto es un sueño para mí, y pienso aprovechar cada minuto que tengo. Esteban es mi dueño temporal, pero es la primera vez en la vida que veo que alguien se preocupa por mí, que toma las decisiones pensando en mí. No recuerdo cuando fue la última vez que me sentí tan bien, tal vez cuando era chica y estaban mis padres, esa es la vez más cercana.

    Maite: hay cielo, creo que te has enamorado y tengo miedo que sufras mucho, nosotras ya estamos acostumbradas a los malos tragos pero este puede ser muy duro.

    Ana: No sé, lo que si voy aprovechar cada minuto y no lo voy a defraudar, seré una buena esclava.

    Maite: Confirmado, te ha llegado hasta los huesos. Eso nunca lo dijiste por Juan Carlos. -Ana no contesto más.

    Arrancamos el lunes muy aplastados, llevábamos encima la carga de todo el fin de semana en la playa. La mañana arranco demasiado tranquila y monótona. Mire el almanaque y empecé a pensar en lo poco que me faltaba para la fecha límite, llevaba 22 días, también esteba confuso por los sentimientos que había expresado Ana con su prima. No pensé que ella tuviera sentimientos por mi tan rápido. Estaba pensado hablar con ella, y preguntarle si quería vivir conmigo definitivamente, si quería ser algo más que mi esclava. La otra opción era apegarme al plan y decirle todo cuando Juan Carlos cayera definitivamente.

    Un poco después me interrumpió una llamada de mi amigo Raúl.

    Raúl: Hola Hermano, tengo novedades. Tu problema se va a resolver antes de que entregues a Ana. Y no te asustes, el fiscal ha destinado una pareja de policías para tu protección. Te seguirán a distantica a todos lados. Te lo digo porque eres medio loco y si te das cuenta tal vez saques tu pistola y empieces a repartir plomo- Él me ayudo a elegir mi pistola, incluso íbamos al polígono a practicar a veces, lo que me mosqueo fue el tono.

    Yo: Que lo que pasa, larga todo, que nos conocemos hace tiempo.- Largo un suspiro

    Raúl: tenemos una conversación entre Juan Carlos y el Gordo, también otras entre Juan Carlos y Miguel, ellos tienen planes para ti y Ana. Ella será entregada como parte de pago al Gordo Tony, y tu sufrirás un accidente mortal cuando entregues a Ana, robaran todas las cosas que puedan de tu casa.

    Yo: Es algo de lo que suponíamos que podía hacer mi amigo.

    Raúl: Ana no esta metida en este plan, ella no sabe nada. El fiscal al escuchar la grabación adelanto todos los planes, ante el riesgo de tu vida y la seguridad de Ana vamos a actuar antes de eso.

    Yo: Tranquilo que se eso de Ana. Lo que me sorprende es el nivel de ineptitud de ellos, piensan que tengo a Ana encerrada y nadie me ha visto con ella, si me mataran el rastro iría directamente a ellos. – Eso es algo que también había previsto.

    Seguimos hablando un rato, el más que nada me daba recomendaciones y consejos. También eso decidió por hablar con Ana. Lo haría a la salida del trabajo sin falta. Cuando fui por café a la cocina note que ella no estaba en su puesto de trabajo, al preguntar a Carla por ella.

    Carla: Mira no es por el chisme – me dijo bajando la voz- creo que su prima tiene un problema grave y fue al baño a hablar con ella por teléfono.

    Asentí, le guiñe un ojo y volví a mi oficina a ver si podía ponerme al tanto de lo que estaba pasando. Me conecte vía mi Notebook , y empecé a ver sus mensajes de WhatsApp, cuando nos levantamos en la mañana tenía el teléfono apagado por falta de batería y lo vino cargando en la camioneta, por lo tanto pudo ver los mensajes de su prima recién cuando llegamos a la empresa. La verdad que era una situación muy mala la que estaba pasando Maite, le había empezado a escribir a la madrugada, y en verdad le escribió porque no tenía a nadie más para hacerlo.

    Para resumir, el domingo a la noche llego su marido a su casa, con una chica muy joven embarazada y la hecho a la calle, diciéndole que se había conseguido una mujer más joven y fértil, no como ella que estaba seca. Ella con lo puesto, solamente su cartera y el celular se fue a casa de sus padres caminando, la cual estaba a varias horas a pie de ahí. Ella tenía pésima relación con su padre, ya que él quiso en reiteradas ocasiones abusar de ella, por lo tanto ni bien tuvo la edad legal se fue con su novio, el canalla que la acaba de echar.

    Al llegar con su padre este no la recibió, y le dijo que él ya no era su padre. Se volvió al pueblo caminando y deambulo hasta que Ana le contesto. Hablaron un rato, Ana intentaba consolarla, y le ofrecía soluciones que eran poco practicas o imposibles. Hasta que Ana le escribió.

    Ana: Lo único que se me ocurre prima, es hablar con mi amo y ofrecerte como su esclava en mi reemplazo, a mi me queda muy poco con él, tu podrías ocupar mi lugar, así tu tendrías un hogar y mi amo alguien que lo cuide.- No podía creer lo que estaba leyendo.

    Maite: Prima eso es algo muy descabellado, si bien seria un sueño para mí que alguien me trate así, tan bien como te tratan, en primer lugar tú estas enamorada de él.- un cosquilleo me recorrió el cuerpo.- y en segundo lugar yo soy muy poca cosa para él, soy del campo, soy bruta y no le puedo dar hijos.

    Ana: Yo creo poder convencerlo, a parte el trabajo de esclavas es estar en un segundo plano, el tal vez más adelante se case con otra mujer y nosotras cumplamos el rol de amantes, yo soy exclusiva para mi Amo, aunque el pueda tener otras mujeres, no importa nuestro sentimientos tenemos que aceptarlo y estar bien con ello.

    Maite: Yo estoy dispuesta hacer lo que sea, ser la segunda o la tercera. Le he entregado mi vida a mi esposo por mucho menos de lo que te dan a ti.

    Ana: Ahora voy al baño y te llamo, así podemos hablar tranquilas y planeamos todo.

    Para que entiendan lo loco que era todo esto. Me pagaron parte de una deuda con una mujer que esta buenísima, esta mujer no solamente me tiene completamente loco de amor, sino que ella también se enamora de mí. Y para que yo no la extrañe o este tan solo, me busca otra esclava. Esto era sacado una película, pero de esas retorcidas y exageradas.

    Tenía que solucionar este problema, primero porque Ana podía hacer algo de lo que se iba a arrepentir. Segundo no quería que mi relación con ella se rompiera o cambiara. Tercero tenía que ver que iba ella, si quería quedarse a mi lado. Y por último ver si podía ayudar a solucionar el problema de su prima.

    Llame a Ana a mi oficina, entro un poco nerviosa, y parecía que había estado llorando. Le dije que se preparara que nos íbamos a almorzar a casa, que dijera a las chicas, que tenía un problema y me había pedido que la llevara. Al salir de la empresa vimos un auto de civil con dos policías, los salude y se pegaron atrás nuestro. Al llegar a casa estacionaron afuera de la misma. Me baje ante el asombro de Ana y hable con ellos, básicamente les di mi número y que lo que necesitaran se lo facilitaríamos, ir al baño, agua o café. Ya adentro la senté en el sillón y yo frente a ella.

    Yo: Ana necesito que hablemos, algo muy grave está pasando, y quiero que estés al tanto. Se que tienes un problema, y de eso hablaremos después de esto. Pero ahora necesito que me prestes atención, porque el resto de tu vida depende de ello.- Ella me miraba como confundida.

    Ana: Si amo.

    Yo: Mira desde que hicimos el trato.- me pare y me senté al lado de ella, debía elegir las palabras justas- Me ha dado mala espina todo, en base a lo que yo sabía de Juan Carlos más lo que tú me contaste, he descubierto muchas cosas. Primero mande a investigar todo lo relacionado con la muerte de tus padres, la deuda que tenía la estaba pagando en tiempo y forma gracias a los trabajos extra que tenía, en poco tiempo más la hubiera cancelado. El otro punto fue el accidente, por mucho tiempo la policía creyó que la camioneta en la que viajaban fue saboteada, y los principales sospechosos fueron tu tío y Juan Carlos, nunca tuvieron pruebas sólidas para probarlo.- Todo esto me lo habían pasado mis contactos en la policía.

    Ana: No, no puede ser. Esta seguro Amo.- sus ojos estaban llenos de lágrimas.

    Yo: si, mira.- extendí una carpeta que saque de mi maletín.- Esta es la investigación de la policía de Santa Fe, atrás esta los estados de cuenta de la deuda, y en la investigación esta detallado donde fue a parar la plata del seguro y de la venta de los campos, a tu tío y a Juan Carlos. El en su momento te hizo firmar muchos papeles, en estos estaban el cobro del seguro por la muerte de tus padres, como no pudo ser catalogada como homicidio por falta de pruebas quedo como un accidente. También estaba en esos papeles todo lo relacionado con la venta del campo.

    Ana: No lo puedo creer.-una lagrima rodaba por su mejilla.- toda la vida pensé que Juan Carlos era mi salvador, que le debía todo a él.

    Yo: Ana hay más, necesito que te repongas y me escuches.- dije limpiando sus lágrimas.- hay algo que Juan Carlos está haciendo en este momento y si no tomas una decisión, cambiara tu vida para siempre.

    Ana: Si amo.- ella inspiro y exhaló profundamente.- continúe por favor.

    Yo: Cuando yo pedí a la policía ese informe y vi de lo que era capaz Juan Carlos, le pedí que lo investigaran, desde entonces él es vigilado por la policía. Desde que te fuiste de su casa no ha parado de acrecentar sus deudas, y sus metidas de pata. Esta mañana me mandaron unos audios muy comprometedores y las personas que viste afuera son policías que mandaron para nuestra protección.

    Acto seguido puse mi celular sobre las rodillas de Ana y reproduje los audios que me habían mandado, ella no tardo en reconocer a Juan Carlos y Miguel. En los primeros audios estaban estos dos planeando como asesinarme, las posibles coartadas, si fingir un robo, una caída en la ducha, también detallaban como me iban a robar todo lo que pudieran y como Ana los iba a ayudar. En otros audios estaban el gordo Tony y Juan Carlos, este último le decía que le entregaría a Ana, como parte de pago, el gordo no escatimo en detalles diciéndole lo que le haría, incluso dijo que cuando se aburriera la prostituiría para poder ganar algo de dinero. Ana tiritaba de miedo, su cara era de espanto.

    Yo: Tranquila.

    Ana: Amo le juro que yo no lo traicione.

    Yo: Tranquila, lo se.- dije abrazándola, y hablándole casi al oído.- Necesito que me conteste algunas preguntas, para definir como vamos a terminar esto. Es importante que respondas con la verdad y pensando en ti. No importa lo que decidas yo te protegeré, no estarás en problemas, ellos no te tocaran.

    Ana: Si amo.

    Yo: ¿Tú me amas?

    Ana: Si amo, con todo mi corazón.- Le di un pequeño beso en la frente.

    Yo: ¿Quieres vivir conmigo para siempre y ser mi mujer, mi amante y mi putita?

    Ana: Si.- asintió con la cabeza mientras reía y lloraba a la vez.- si quiero Amo.

    Yo: Yo te voy a proteger siempre.

    Nos abrazamos, nos besamos, ella lloro un poco más, creo que la carga emocional era muy grande para ella. Yo con mi lengua recogía sus lágrimas de las mejillas.

    Ana: Amo le prometo que seré todo para usted, hasta que me muera, seré su amiga, su amante, su criada, su empleada, su putita, todo, nunca tendrá quejas de mí.

    Yo: Bueno te tomo la palabra.- le dije acariciando su rostro.- y que tenía tan mal a mi mujer esta mañana.- un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir la palaba mujer.

    Ana: Amo creo que metí la pata, prometí algo sin consultarle y no sé si lo podemos cumplir. Es más no sabía toda esta información que se ahora.- ella se atropellaba con las palabras, es más vi algo de miedo a mi reacción.- le juro que no fue mi intención.

    Yo: A ver, tranquilízate y cuéntame todo con calma y le buscamos una solución.

    Ella empezó desde el principio a contarme toda su relación con su prima, cosa que ya sabía por ella y otras que no. También me conto de la dura niñez y adolescencia de Maite, de cuando fueron amantes, de los intentos de abusos sufridos por parte de su padre, de cómo salió de su casa y se fue a vivir con su primer novio, de los abortos espontáneos que había tenido, y de que ella no podía tener hijos. De las vejaciones, castigos y humillaciones recibidas por parte de su marido, o pareja por que no estaban casados. Y del final, su amante embarazada y su expulsión de su casa.

    Ana: Amo le prometo que si usted la acepta aquí tendrá dos esclavas a su completa disposición, que harán hasta lo imposible por complacerlo.

    Yo: ya, primero solucionemos su situación, comprare un pasaje para que venga del norte de Santa Fe a la Capital, son como trece horas de viaje. Una vez que este acá decidiremos que es lo mejor. Llámala y pide sus datos para comprar el pasaje del Bus.

    Ana: Si amo, le prometo que ella será de su agrado.- Creo que Ana me mal entendió, y ella pensó que tal vez no me gustaría como mujer, ya después hablaría con ella.

    Yo: No me digas amo, con quien sepas quien soy el titulo está de más.

    Fui a la oficina y compre el pasaje en bus, el único medio de transporte que había a esa zona. El bus próximo saldría a las 18 h, y estaría arribando cerca de las 7 h del día siguiente. Ana me pidió que le transfiera para poder comer y comprar un cargador para el celular, que se lo podía descontar de su sueldo, cosa que me pareció graciosa.

    Ana preparo algo ligero para que comiéramos, porque con todo esto se nos había pasados la hora del almuerzo, un momento después yo volví a la empresa para terminar de arreglar algunas cosas. Volví a mi casa ya de noche, me encontré a Ana sentada en el living con poca iluminación, como mirando a la nada y con síntomas de haber estado llorando. Me acerque lentamente, me senté a la par de ella y la abrace.

    Ana: Si no me hubiera cruzado contigo viviría engañada toda mi vida, y hasta terminaría en un agujero mucho más profundo del que he estado.- dijo mientras apoyaba su cabeza en mi hombro.

    Yo: Nada te pasara yo te protegeré siempre.

    Ana: y yo siempre te serviré.

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  • Trío con mis hijos

    Trío con mis hijos

    El mes de marzo había comenzado, y yo seguía obsesionada con el trio, del que sin buscarlo había sido protagonista, lo había pasado maravillosamente y quería repetirlo, y ¿Quién mejor que mis hijos para ello?, además esto me permitía poner las cartas sobre la mesa, así que un día que tanto mi hija como mi marido habían salido de casa y estábamos solos los tres decidí pasar a la acción.

    Mis hijos estaban en el sofá, me fui a mi habitación, me desnudé y aparecí ante ellos, en el salón completamente desnuda, ellos al verme pusieron cara de sorpresa fue en este momento cuando aproveché y les dije:

    -¿Qué os sorprende? Los dos me habéis visto desnuda muchas veces, os sorprende que me nuestre desnuda a los dos, pues que cada uno de los otros sepáis que llevó varios meses follando con los dos por separado, y ya me he cansado, quiero seguir follando con vosotros, pero quiero hacerlo con los dos juntos, así que o hacemos ahora mismo un trio, u os olvidáis de mi coño. Me voy a mi habitación vosotros decidís se venís.

    Y me encaminé hacia el sitio que les había dicho, ellos tras un primer momento de duda, vinieron detrás de mí, al llegar a la habitación les ordené dejar sus pollas al aire y ponerse de rodillas encima de la cama, ellos fueron muy obedientes y en ese momento yo me puse enfrente de ellos y dije:

    -Que pollas más bonitas tiene mis niños.

    Con una de mis manos cogí la polla de mi hijo mayor y la empecé a acariciar y después me la metí en la boca, con la otra mano acariciaba la polla de mi hijo pequeño, mientras hacía esto mi hijo mayor dijo:

    -No me imaginaba que este pequeñajo de dieciocho años, tuviera una polla capaz de complacerte.

    -Oye la tengo más grande que tú, dijo mi hijo pequeño.

    Dejé de chupársela al mayor y les dije a los dos:

    -Los dos tenéis unas pollas divinas de un tamaño muy parecido, y, o aprendéis a cooperar para darme placer u os dejo sin mi cuerpo, vosotros decidís.

    La amenaza pareció surtir efecto, y mientras yo seguía chupándole la polla al mayor, los dos se desnudaron completamente y el pequeño se levantó de la cama y se fue hasta el fondo de está poniéndose al lado de mi coño y me la metió, yo me sentía en una situación muy morbosa, no sólo estaba, de nuevo en un trio, sino que los protagonistas del mismo eran mis hijos. El mayor volvió a sacar su complejo.

    -Caramba, no esperaba ver a mi hermanito, con una buena polla, metiéndola en el coño de nuestra madre.

    -Pues ya ves que sí la tengo, y además adoro follar con ella.

    La tensión entre los dos había desaparecido, los dos estaban cooperando en darme placer, y yo estaba disfrutando de dos pollas maravillosas, mientras chupaba la deliciosa polla de mi hijo mayor, el pequeño me envestía con la suya.

    En ese momento me sentí la madre más feliz del mundo, pero decidí que quería tener mis dos agujeros ocupados, así que pedí a mi hijo mayor que se tumbara encima de la cama, le puse un condón, y con mi mano agarré su polla hasta conducirla a la entrada de mi coño y la introduje en mi interior, era delicioso tenerla dentro, me agaché y procure que mi culo quedara en pompa, y desde esta postura indiqué a mi hijo pequeño que me metiera su polla en mi culo, él se apresuró a obedecer e introdujo su polla en el interior de mi culo y comenzó a follarse a este con verdadera rabia, al verlo su hermano dijo:

    -Desde luego hermano eres todo un hombre.

    -Escucharme los dos, les dije, ahora mismo me lo estáis haciendo pasar muy bien y eso nos pone en la pista de que si estamos unidos, y follamos unidos, podemos hacer muchas más cosas.

    Mientras les decía esto estaba disfrutando del inmenso placer que me daban las pollas de mis dos nenes, me sentía todavía mejor de lo que me había sentido en la oficina, pero creí que era el momento de que cambiaran sus posiciones, de esta manera mi hijo pequeño me la sacó del culo y se levantó, yo le imité y mi hijo mayor hizo los mismo.

    Después fue mi pequeñín quien se tumbó sobre la cama, yo me puse encima de el y encaje su polla dentro de mi coño, mientras que su hermano mayor, al vernos así metió su polla dentro de mi culo, de esta manera pronto reanudamos nuestro trio, en ese momento me parecía algo que cualquier mujer debería experimentar, al menos, una vez en la vida. Ellos con sus pollas se movían de una manera deliciosa dentro de mis agujeros, yo sentía que los amaba más que nunca.

    En ese momento mi hijo pequeño dijo:

    -Mama, siento que me voy a correr.

    De acuerdo mi amor, pero ser complacientes con mama, mis niños, me gustaría que os corrierais los dos a la vez en mi boca.

    -Tus deseos son órdenes para nosotros, mama, dijo el pequeño.

    Mi hijo mayor se puso de pie, yo me giré, sacando la polla del pequeño de mi coño y me tumbé en la cama boca arriba con ella abierta, mi hijo pequeño se puso de pie, y los dos se pusieron a masturbarse a la vez, hasta que casi simultáneamente los dos se corrieron sobre mi boca que recibió su delicioso semen con gran alegría. En ese momento me sentía la madre más feliz del mundo.

    Después nos tumbamos en la cama a descansar, yo en medio de ellos, había juntado mis dos pollas favoritas, para que me dieran gusto, y yo dárselo a ellas y no las iba a dejar escapar fácilmente.

    Pero esta idea hizo que mi excitación y ganas de follar aumentaran, me bajé de la cama y les pedí:

    -Mis amores, poneros de pie, mami tiene ganas de adorar a sus dioses

    Ellos lo hicieron, yo estaba de rodillas entre ellos, agarré cada polla con una mano y las comencé a acariciar y las pollas de mis angelitos reaccionaron a las caricias de su mami poniéndose en forma, yo las mimé dándoles besitos, por lo que su dureza aumentó hasta llegar al máximo, hasta que mi hijo pequeño dijo:

    -Follemos nuevamente mamita.

    Los tres teníamos ganas, mi hijo pequeño se tumbó en la cama de lado, yo me puse en su misma postura y mi nene me la metió desde esta postura, esto me resultó muy excitante, la verdad es que desde que me había desnudado con el propósito de hacer esto con mis nenes se me tía muy excitada, mientras su hermano mayor se puso sentado, apoyándose contra el cabecero de la cama, dejando su polla que estaba a tope al a alcance de mi boca, era una tentación muy fuerte para que yo pudiera aguantarla, así que mi boca se lanzó a por su polla, y la introduje en mi interior.

    -Follar con mis hijos se estaba convirtiendo en una experiencia fascinante, incluso mejor que con los chicos de la oficina, estuvimos en esta postura hasta que mi hijo mayor dijo:

    -Mama, quiero sentir mi polla dentro de tu coño.

    Aunque su hermano estaba encantado de tener su polla dentro de mi coño comprendió que debía de ceder y me ala sacó y me levanté del sofá, mientras mi hijo mayor se quedaba sentado, yo me puse encima de el y poco a poco bajé, dándole la espalda hasta que mi coño se encontró con su polla, y poco a poco la fue metiendo en mi interior, y fui moviéndome para dar placer a mi hijo mayor, mi otro hijo se puso de pie y arrimó su polla a mi boca, yo abrí esta y me la metí dentro, era deliciosa y comencé a chuparla, en ese momento me sentía la madre más feliz del mundo, estuvimos así hasta que mi hijo pequeño me pidió:

    -Mami, tengo ganas de volvértela a meter,

    Esta vez fue el mayor el que comprendió que debía de ceder, permaneció sentado en el sofá, y yo me salí, me puse a cuatro patas y lanzado mi boca contra su polla comencé a chupársela, era algo delicioso, en ese momento me di cuenta de que mis niños tenían las pollas más sabrosas del mundo, mientras mi hijo pequeño se había puesto de pie, tenía mi coño a su alcance, aunque fuer de espaldas y desde esta postura me la metió, fue algo delicioso, el conocía muy bien mi cuerpo y paso a moverse con un ritmo delicioso mostrándome lo maravilloso que era ser madre de estas deliciosas criaturas, decididamente adoraba a mis hijos.

    Ellos siguieron follandome y yo sintiendo que le adoraba a los dos, pero nuevamente les entraron las ganas de cambiar de postra, puesto que mi hijo pequeño al estar de pie estaba más cansado, así que se tumbó en el sofá, y yo me senté encima de él y me la introduje dentro y me puse a chuparla, comencé a cabalgarle, él se puso a gemir, mientras mi hijo mayor no se quedó quieto, llevó su polla hasta mi boca y yo, abriendo esta, me la tragué y comencé a chuparla, no sabía decir cuál de las pollas de mis hijos era más apetitosa, la verdad es que las dos me volvían loca, estuve así y en esta postura tuve un orgasmo increíble, tras ello mi hijo pequeño tuvo una idea:

    -Mama, ¿Y si follamos de pie?

    La verdad es que esa tarde estaba resultando increíble, con dos pollas dándome muchísimo placer, y estaba probando todas las posturas, así que todos aceptamos la idea de mi pequeñín, ellos se pusieron de pie, yo lo hice, pero doblé mi cuerpo dejando mi coño, y mi culo libres para un ataque de mi hijo pequeño, mientras llevaba mi boca hasta la polla de mi hijo mayor y me la tragaba.

    Era para mi un placer muy especial tener la polla de uno de mis hijos dentro de mi boca, y más sabiendo, que en eso momento mi otro hijo me iba a penetrar, ye efectivamente en ese momento sentí como la polla de mi hijo pequeño entraba dentro de mi coño y comenzaba a moverse, yo comencé nuevamente y era incapaz de contar cuantas veces habían sido esa tarde a gozar de la acción de mis hijos, mi boca se ocupaba de mi hijo mayor que me dijo:

    -Mama voy a correrme.

    Y en ese momento un montón de leche salió de su polla y fue a parar a mi boca. Su hermano continuaba con ella dura, me puse a acariciársela, pero mi hijo pequeño a verlo, como su nada hubiera pasado, se le puso la polla nuevamente durísima, ante ello, no recuerdo cuantas veces llevaba en ese momento, me puse a chuparles las dos pollas a la vez, en ese momento mi hijo mayor dijo:

    -Ahora me toca a mi metértela en el coño.

    Su hermano comprendió que llevaba razón y colocándose encima del sofá, de pie, me ofreció su polla para que la chupase, lo cual hice rápidamente, mi hijo mayor apartó mis piernas y en el hueco que había entre ambas introdujo su polla dentro de mi coño y me levantó un poco, me puse en una posición acrobática, con una d mis piernas levantadas y durante un rato me poseyeron así, hasta que el mayor dijo:

    -Mama, debes de estar muy cansada así, Intentémoslo en otra postura.

    Su hermano aceptó la propuesta y entre los dos me colocaron nuevamente, mi hijo mayor se sentó en el suelo, y me sentaron encima de él, para que le cabalgara, mientras mi hijo pequeño se ponía de pie, colocando su polla cerca de mi boca, yo les dije:

    -Sois unos verdaderos pervertidos.

    Y después continue chupando la polla de mi pequeñín, los adoraba a los dos y me sentía mama más feliz del mundo, e había convertido en adicta a las pollas de mi hijos, así estuvimos otro rato, hasta que mi hijo pequeño sugirió:

    -Hermano, ¿Y si colocamos a nuestra madre encima del sofá y nos la seguimos follando así?

    Al parecer me había convertido en un juguete en manos de mis hijos, y la verdad era que me encantaba, entre los dos me levantaron del suelo y me tumbaron en el sofá, y mientras mi hijo mayor seguía follandome, mi pequeñín me seguía ofreciendo su polla para que se la chupara, nunca hubiera creído que se pudiera gozar tanto, hasta que mi hijo mayor sintió que se corría y le pidió a si hermano un cambio de posición, al parecer quería correrse en mi boca.

    Y efectivamente llevó si polla hasta las cercanías de mi boca y me la ofreció, yo me puse a chupársela hasta que se corrió y su leche llenó mi boca.

    Mientras mi hijo pequeño, con sus manos se puso a acariciar mi trasero, y me metió dos de sus dedos en mi culo, al verlo su hermano dijo:

    -Caramba con el pequeñajo, quien iba a pensar que estuviera tan espabilado

    -He tenido una gran maestra, dijo mi hijo pequeño señalándome

    Mientras yo seguía tragándome la leche de mi hijo mayor, mi pequeñín sacó sus dedos de mi culo, se puso en una postura en la que su polla quedó a la altura de mi trasero y de golpe me la metió, que mi hijo me la estuviera metiendo por ahí, mientras su hermano miraba, me resultó muy morboso.

    Pero todo ello tuvo un efecto inesperado, la polla de mi hijo mayor se recuperó rápidamente y se puso de nuevo en forma, me puse de nuevo a chupársela, hasta que este pidió un cambio de postura, se sentó sobre el sofá y entre él y yo nos colocamos en una postura en la que conmigo sentada sobre él, su polla entró en mi culo hasta el fondo, me encontraba muy excitada, y mi excitación fue a más cuando mi hijo pequeño se puso de pie en el sofá y acercando su polla a mi boca me la ofreció, una polla que ha estado dentro de un culo debería ser considerada como algo sucio, pero no me importó, tenía ganas de chuparla, así que llevé mi boca hasta ella, la cogí con mis manos y la introduje en mi boca.

    Para mi sorpresa no sabía mal, no sé si porque poco antes de provocar a mis hijos me la había lavado bien, o porque me encontraba muy excitada, el asunto es que en esta postura estaba gozando muchísimo, a cada minuto que pasaba me alegraba más del rumbo que estaban tomando mis relaciones con mis hijos. Hasta que mi hijo pequeño dijo:

    -Mama, me corro.

    Y una gran cantidad de leche salió de su polla, seguía sin importarme que esa polla hubiera estado en mi culo y de una manera muy glotona, como si se tratara de nara me la tragué todita.

    Mi hijo mayor continuaba debajo de mí, yo moviendo mi culo para que su polla gozara al máximo, sus gemidos eran muy intensos mientras yo seguía disfrutando del sabor de su semen y él gemía al sentir mi lengua, me sentía una madre y una mujer plenamente realizada. Mi hijo mayor me dijo:

    -Ahora voy a ser yo quien se corra.

    Y lo hizo dentro de mi coño, nuevamente descansamos, y les manifesté la alegría que tenía de tener un par de hijos como ellos y tras descansar un momento mi hijo mayor dijo:

    -Y si te la metemos uno por el coño y otro por el culo.

    Yo dudaba de que mis niños, pese a su juventud, y pese a que sabía lo potentes que eran fueran capaces de recuperarse, pero decidí intentarlo y comencé a moverles sus pollas, y luego a darles lamidas, y, para mi sorpresa estas se recuperaron muy rápidamente, mi hijo mayor se sentó en el sofá, yo me puse encima de él mirándole a la cara, y desde esta postura introduje su miembro dentro de mi coño.

    Por último fue mi hijo pequeño el que acercó su polla a mi culo y de un golpe me la metió y comenzó a moverse dentro de mi trasero, me di cuenta de que sus pollas, cada una dentro de uno de mis agujeros se encontraban muy cerca la una de la otra, casi chocando, lo que le daba aún más morbo al asunto y aumentaba mi excitación, pro en ese momento mi hijo mayor sintió el deseo de cambiar de postura.

    Y dejando un momento de follar fue mi hijo el pequeño el que se sentó en el sofá, yo me coloqué en la misma postura que antes, solo que ahora tenía a mi pequeñín dentro de mi coño y era mi hijo mayor el que entró dentro de mi culo y comenzó a moverse dándome un placer increíble, esa tarde me estaba sintiendo la mujer y la madre más feliz del mundo.

    Mientas ellos se movían dentro de mis agujeros, yo nunca hubiera pensado que una mujer pudiera disfrutar tanto, mientras los dios me decían que me adoraban, pero legó el momento en que los dos estuvieron cerca de correrse, al sentirlo yo les pedí que me las sacaran quería que los dos se corrieran a la vez sobre mi cara, se pusieron de pie me arrodillé y cuando se corrieron sentí su semen sobre mi cara, de esta manera terminó nuestro encuentro.

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  • Reencuentro con mi antiguo profesor

    Reencuentro con mi antiguo profesor

    Acostada en mi cama con mi esposo me sentía tan bien, de pronto él dijo algo que me hizo recordar a una persona de mi pasado, no fue algo tan específico, fue algo que no lo involucraba directamente. “Hay que hacernos un tatuaje” dijo riéndose. Reí.

    Me acordé del tatuaje que tenía y que nadie podía saber que era para él, mi profe, habían pasado casi 6 años y ya ni tenía su número (así era mejor) Pero era para él, ¿se acordará él de eso tanto como yo me acuerdo?

    Esa noche no pude dormir, me acordaba de las veces en que estuve con él, en como me hizo experimentar cosas que aún en el fondo de mi conservo. Me excité, mi esposo lo notó, pensó que era por él, porque eso sería lo normal, ¿por qué me calentaría pensando en otra persona si se supone que no debería? Esa noche fue muy placentera, mientras lo hacíamos no paraba de imaginar que era mi antiguo profesor, me excitó más.

    Pero venía con culpa, una culpa que no me hacía sentir mal. ¿Por qué me voy a sentir mal si ni siquiera lo he buscado? no he hecho nada malo.

    Eso era lo que pensaba mientras caminaba hacia el banco, y lo vi. ¿Estaba imaginándolo o lo “manifesté”?

    Él estaba con su teléfono, no me ha visto, pensé en saludarlo, pero eso implicaría una conversación y yo me conozco. Lo hice, lo saludé, él se sorprendió al verme y conversamos, cómo le decía indirectamente que extrañaba lo que provocaba en mí. Una vez hablamos de eso, me dijo que no le iba a importar que estuviera con alguien pero es a mí a la que me importa o me debería importar. No quiero sonar tan directa, no sé si siga pensando igual. Pedí su número, de una manera amigable, me lo dio y me arrepentí de haberlo hecho, ya no hay vuelta atrás.

    Llegué a mi casa, y pensé varios minutos en lo que debería hacer, le escribí y hablamos, me sentía con una adrenalina difícil de comparar, supongo que era adicta, y tarde o temprano iba a caer.

    Lo que hablamos era irrelevante, solo nos estábamos poniendo al día, después de varios días hablando tenía que tantearlo y la única forma era la misma que me había recordado a él.

    -Sabes, yo todavía tengo el tatuaje con tus iniciales jaja- le mandé en mensaje, dependiendo de como conteste seguiré.

    -jajaja no te creo, pruebas- dijo

    -¿Qué pruebas quieres?- dije y me pregunté “¿que estoy haciendo?”

    -Manda foto

    -No, en persona se ve mejor- respondí y dejé el teléfono a un lado, no contestó por unos minutos cosa que me hizo pensar que tal vez él ya no quería.

    -¿Cuándo puedes enseñármelo? -contestó

    -Mañana

    Me citó en un hotel muy al norte, estaba con un vestido esperando a que me recogiera y llegó. Sonreí al recordar.

    Entramos a la habitación, lo miré y sonrió.

    Lo besé y él comenzó a apretar mis nalgas con sus manos, despacio iba jugando con sus manos, cuando sentí que metió su dedo dentro de mi ano, algo que me hizo jadear; con su otra mano me agarró del cabello y me empujó más a él, haciendo que todo su dedo entrara en mi mientras me miraba fijamente. Lo sacó e hizo que chupara su dedo. Me había olvidado de que tan sucio podría ser estar con él.

    Me quitó toda la ropa y yo la suya, besó mi cuello y se metió en la boca mis tetas; me arrodillé y vi su verga tan grande como la recordaba, la metí toda a la boca y comencé a chuparla, él con sus manos empujó mi cabeza haciendo que me atorara y lágrimas cayeran por mi rostro, tenía la boca llena de la saliva de su verga haciendo que todo mi cuerpo estuviera mojado.

    Cacheteo mi rostro con sus manos, me levantó del pelo, me empujó en la cama, hizo que me pusiera en cuatro, me manipulaba como si fuera una muñeca sexual y eso me excitaba más. Puso su verga en el tatuaje y comenzó a moverse en él. Después de eso me comió el ano de una forma que hace tiempo nadie lo hacía.

    Sacó un condón y se lo colocó, giro mi cuerpo, abrió mis piernas, se percató de lo mojada que estaba por él, sonrió y al oído me preguntó “¿estás mojada por mi verga?” y le respondí que sí.

    Mientras me ahorcaba comenzó a introducirlo poco a poco dentro de mí, me hizo sentir escalofríos por todo el cuerpo, me agarró de la cintura mientras comenzaba a moverse cada vez más rápido, se acostó encima mío, sentir sus jadeos, el choque de su cuerpo contra el mío me hacía poner cada vez más húmeda dejando q su verga entrara con facilidad, abracé con mis piernas su cadera para que entrara aún más profundo y no saliera de mí, me lo metía tan duro y rápido, que me hizo venir y gritar como nunca.

    Me puse de nuevo en cuatro y así comenzó a darme mientras su dedo pulgar estaba dentro de mi ano de nuevo.

    -¿Lo meto por atrás? -me preguntó después de unos minutos

    -¿Por qué me preguntas si es tuyo? -le dije sonriendo

    Escupió su pito y mi culo, y lo introdujo todo dentro de mí, me estaba cogiendo tan rico por ahí, me levantó con los brazos aún atrás y comenzó a darme tan duro con su verga que esperaba que nunca me la sacará, me dieron ganas de orinar y él me ordenó que lo haga, dejé la cama empapada.

    Empujó mi cuerpo al suyo y me susurró “¿Tu marido te lo hace así?”

    “No” le respondí mordiéndome los labios, “mi marido no me coge así como tú”

    Me empujó de nuevo a la cama aún con su verga adentro y puso su pie sobre mi cabeza, mis gemidos eran aún más fuertes con cada metida que daba, sentía que me estaba partiendo el ano. Sentía su pene tan al fondo de mí.

    -Cagate en mi verga -me dijo- yo sé que quieres puedo sentirla

    Empuje solo un poco, y salió, dejando su pelvis y su pito embarrado, mi mierda servía como lubricante, haciendo que entrara más rápido y mejor, Me sentía sucia, era su puta otra vez, cosa que ya extrañaba.

    Me arrodillé de nuevo adelante de él, con el culo adolorido, metió su pene dentro de mi boca y me la dejó llena de su leche, me la tragué toda, sabía tan rico. Me obligó a lamer toda la mierda que tenía en su cuerpo hasta dejarlo limpio.

    Fue incluso mejor de lo que esperaba. Estuve pensándolo cada noche después de eso, curiosamente mi vida sexual mejoró… y mucho.

    Mi esposo se preguntaba por qué últimamente estaba tan excitada, no sé imagina lo mal que me porté, ni lo bien que me sentí haciéndolo. Pensé todo esto mientras con maquillaje cubría un chupetón que me había dejado en el cuello.

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  • ¿Qué hago?

    ¿Qué hago?

    Era fin de semana, sábado. Todavía estaba en la cama cuando recibí un mensaje de Gustavo, en el que me preguntaba si tenía algo que hacer por la tarde. Respondí que no, y arreglamos para salir. Gus quería ir a ver autos. Me quedé pensando: ¿para qué quiere que lo acompañe? No estamos saliendo, no somos pareja… Después de la fiesta no nos vimos más, salvo en el trabajo. Algo no entendía, pero bueno. Me levanté, fui a ducharme, repasé la depilación, salí del baño y me puse crema corporal hidratante: piernas, muslos, pechos, brazos, abdomen.

    Luego busqué la ropa: un conjunto de ropa interior negro con encaje diminuto, un short de jean que dejaba todas mis piernas a la vista y me levantaba el culo, una blusa de tonos suaves a cuadros y unas botas con un poco de taco. Me miré al espejo y dije: «Está bien, un poco putita, jajaja». Me maquillé levemente y dejé el cabello suelto.

    Escuché la bocina, me asomé por la ventana y era Gus. Tomé los lentes oscuros y salí. Cuando subí al auto, nos saludamos y me dijo: «Wow, estás espléndida». Le agradecí. Pasamos por varias agencias de autos, pero Gus no encontraba lo que buscaba. En todas las agencias me reía; fui la anfitriona de todas las miradas. En uno de los lugares, un muchacho se agarró la entrepierna; me puse colorada, pero no le presté atención. Otro, cuando iba al baño, me dijo en tono bajo: «Te comería la cola». Un camión que pasaba me tocó la bocina. Es divertido cómo se ponen.

    Por último, Gus me dijo que iríamos a otra agencia. Si allí no había nada, dábamos por terminado el día. «Okey», le dije. Esta agencia estaba sobre la ruta, un tanto apartada. Anduvimos un rato y llegamos a un playón con un galpón al fondo. Había dos empleados que se quedaron embobados cuando me vieron. Gus hablaba con uno de ellos mientras el otro me miraba y se mordía el labio. Yo me quité los lentes y le sonreí, pero sin prestarle mucha atención. Cuando Gustavo terminó de hablar, me dijo: «Voy con uno de los muchachos a ver unos autos que tienen en otro lado. Quédate, ya vengo». «Okey», respondí.

    Gus se fue y me quedé en el playón. El muchacho que me miraba me dijo: «Oye, ¿quieres pasar? Van a demorar un rato». «Ay, gracias», le dije. Pasé delante de él hacia el galpón; obvio que me estaba mirando el culo. Me hizo entrar en una especie de oficina, me senté en un sillón y crucé las piernas. El muchacho estaba por demás cegado mirándome. Hablamos de cosas triviales, y en un momento me dice: «Aquí nos hace falta una chica como tú». Me reí y le dije: «¿Tanto trabajo tienen, o necesitan a una que se acueste con ustedes?». «Bueno, no estaría mal lo que dices», me respondió. «Eres muy hermosa. Si lo hicieras, sería solo conmigo», añadió. «Mira qué presumido», le respondí.

    En un movimiento, él sacó su pene, que estaba a punto de explotar y era de buen tamaño. «Por favor, guarda eso», le dije mirando a un costado. «Anda, míralo, que te gusta, putita», se acercó donde estaba sentada y lo puso cerca de mi cara, moviéndolo. «Para de mover eso, por favor», le dije, pero lo agarré con la mano y me lo puse en la boca. Comencé a chupar, mirándolo a los ojos. Él gemía y me decía: «Sí, putita, así, chúpala toda».

    Me agarró del cabello y la metió más adentro de mi boca. «Aaaggg, ¿te gusta?», me preguntó, y con la pija en la boca le respondí: «Shiii», afirmando con la cabeza. Me desabroché la blusa; él apretó mis tetas, pellizcó los pezones. Me saqué la pija de la boca, desabroché y bajé mi short junto con la tanguita. Él me apoyó sobre el escritorio, dándole la espalda. Mientras me daba unas nalgadas, me dijo: «Qué hermosa cola». Levanté el culo, él se agarró la pija, la apoyó en mi conchita y me ensartó de una, haciéndome dar un grito: «¡Aaay, hijo de puta, despacio!».

    En realidad, me encantó; tenía la conchita húmeda. Grité para que se calentara más. Comenzó a bombear: «Aaahh, despacio, me partes». En eso, la sacó y la apoyó en mi ano. «Por favor, no me lastimes», le dije. Comenzó a entrar: «Aaaayyy, así, rómpeme el culo», le dije. Terminé de decir eso, y la enterró, moviéndose como desesperado. Sentí que descargaba toda la leche caliente.

    Junté la ropa, pasé al baño, me limpié un poco y me vestí sin la tanga. Cuando salí, escuché que Gus estaba llegando. Rápido, le di un beso al flaco, le di la tanga y le dije: «Te dejo un souvenir». Fui al salón del galpón.

    Nos despedimos y subí al auto de Gus. Cuando estábamos en la ruta, hablé con él: «¿Qué auto estás buscando? ¿Vas a cambiar este que tienes?». Me miró por un rato y me dijo: «Te quiero regalar un auto». Me quedé helada; no esperaba esa respuesta. «¿Por qué?», traté de averiguar.

    Me dijo: «Mira, desde que ingresaste a la empresa, tus informes son realmente increíbles. Nosotros en la compañía tenemos una manera de emitir informes aproximados, pero los tuyos son reales. La persona que hacía eso antes entregaba resultados erróneos. No tengo más que agradecerte, y es por eso que quiero regalarte un auto». Me quedé sin palabras, más helada que antes. «Wow, agradezco mucho tu gesto, pero yo soy empleada en tu empresa, tú me pagas un sueldo por mi trabajo. Por otro lado, no somos amantes, ni novios, ni pareja.

    Además, en la empresa todos se darán cuenta tarde o temprano de tu regalo, y a mí me señalarán como ‘la que se acuesta contigo’, que solo fue una vez y lo disfruté». En eso, no me di cuenta de que llegamos a mi casa. Lo invité a entrar, y me respondió: «Piénsalo, nos vemos».

    Me desplomé en el sillón, con la cabeza dando vueltas. «Lindo lío te metiste, Andrea. Solita te metiste. Tienes un gerente que está tras de ti, uno en un taller que coge con una pija de locura. ¿Qué hago?». En el próximo relato lo sabremos.

    Espero que les haya gustado.

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