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  • El hombre de la casa (Capitulo 1)

    El hombre de la casa (Capitulo 1)

    Les voy a contar mi historia incestuosa, antes de todo me presento soy Carlos un hombre de 48 años, morocho, ojos negros, uno 1,80 cm, y soy bastante gordito con panza bástate grande, en los últimos años me he descuidado mucho, hacía más de un año que era viudo, y la verdad no quería ninguna mujer en mi vida, ya que el amor de mi vida había fallecido por un cáncer. Soy padre de cuatros hijas Micaela de 25 años, Sofía de 21 años, Alicia de 20 años y por ultima Marisol de 18 años recién cumplidos.

    Toda mi vida se dio vuelta cuando mi cuñado Horacio que era el administrador de nuestras empresas y campos, nos estafo y nos quedamos sin empresas, ni casa, ni autos, nos robó todo y lo poco que nos quedó lo vendimos para pagar las cuentas que dejo Horacio y abogados. Cuando termino el juicio no pudimos recuperar nada, solo nos quedó un campo chico pero con una casa enorme. Decidimos mis tres hermanas y yo irnos a vivir juntos al campo y vivir del campo ya que ninguno teníamos estudios porque siempre tuvimos dinero desde chico no sabíamos lo que era trabajar. Comenzaba una nueva experiencia para todos y sí que fue una experiencia.

    El día de la mudanza fue un descontrol, mis cuatros hijas, siete sobrinas y tres hermanas más mi cuñado peleando por los cuartos y demás cosas, yo al ser el único hombre soltero de la casa me dejaron un cuarto chiquito que solo entraba mi cama y un mueble y tenía los baños a la otra punta de la casa, pero no me importo ya que teníamos que convivir con muchas personas y teníamos que ser tolerantes. La casa es muy grande pero así y todo tenían que compartir cuartos todos menos yo, dos de mi hermanas dormían en el mismo cuarto, mi otra hermana con su marido, mis cuatros hijas juntas en el cuarto más grande, mis sobrinas se repartieron las siete en tres cuarto.

    Una semana de la mudanza ya estábamos todos más cómodos aunque aburridos, ya que el único que trabajaba afuera del campo era mi cuñado después mi hermanas y yo nos encargábamos del campo y la verdad que nos gusta mucho trabajar en el campo, mis hijas y mis sobrinas comenzaron a estudiar todas carreras online así no viajaban ya que no podíamos afrontar los gastos.

    Todo cambió en mi vida en un año pero jamás hubiese pensado que iba a cambiar aún más, esa noche se empezaron a pelear mis hermanas, Belén y Anabel, tenían un carácter muy fuerte que habían heredado de nuestra madre, ya la discusión era cada vez más fuerte, pero las dos se callaron cuando me acerque a ver qué pasaba, seguramente no querían contar porque era la discusión.

    Esa noche después de la pelea se fueron todos a sus cuartos y yo me quede un rato más mirando tv, antes de irme a dormir aparece Anabel enojada, habían seguido discutiendo en su cuarto con Belén, que pasa hermanita – siempre le digo así porque aunque ya tiene 33 años es mi hermana menor.

    Haciendo una mueca con la boca me contesta – cada día aguanto menos a Belén, me tiene podrida y eso que solo llevamos una semana en el mismo cuarto – mientras se agarra la cabeza.

    Mientras me rio le pregunto – por qué se pelearon?

    -Te cuento si esta noche puedo dormir con vos no le quiero ver la cara a Belén

    -Bueno solo por esta noche, mañana se tienen que amigar, son hermanas che, y las dos están grandes para estar peleando como adolecentes.

    -Bueno mañana hago el intento, me cambio y voy a tu cuarto si no estás dormido te cuanto que pasa – al terminar de decir esto se va hacia su cuarto.

    Me voy a mi cuarto rápido y busco ropa para dormir, ya que yo no uso solo duermo con un bóxer y no es apropiado para dormir en la misma cama con mi hermana. Mientras buscaba ropa aparece Anabel, con una bata de seda negra al entrar me dice:

    -pensé que estabas acostado Carlos

    -No estoy buscando algo de ropa para dormir

    -Ropa yo duermo así -y se desprende la bata, solo llevaba un conjunto de ropa interior color negro.

    Me quede boquiabierto mirando a mi hermana, estaba con su pelo negro suelto, sus ojos marrones oscuros con una mirada picarona, debía admitir que es una morocha hermosa como todas mis hermanas, hermosa y morocha. Unos segundo después le digo- ¿vas a dormir así?

    Obvio que si no voy a dormir con un poncho y largo una risota, continuo diciéndome – vos dormí como dormís siempre, a mí no me molesta – termino de hablarme y se sacó la bata y pude ver su culo redondo de un tamaño perfecto ni grande ni chico que su diminuta tanga no tapaba ni un poco, Anabel era la única de mis hermanas que salía a correr todos los días y tenía un mini gimnasio en su cuarto tiene un cuerpo de chica fitness.

    A lo largo de unos minutos estábamos los dos en la cama solo con ropa interior, yo hacía más de un año que no estaba con una mujer, esta situación me incomodaba mucho porque no podía evitar mirar el escote de mi hermana, me sentía culpable de la situación y particularmente no me salía nada para romper el hilo así que decidí darme vuelta y hacer que me dormía,

    Ni bien me doy vuelta para dormir ella me dice- hace me la segunda no te duermas que no tengo sueño hablemos de algo,

    Al escuchar su palabras me doy vuelta e instintivamente le vuelvo a mirar el corpiño, no tiene las tetas grande más bien chicas, pero tenía un corpiño de encaje que realmente le quedaba muy bien – Bueno de que hablamos Me vas a contar por que se discutían con Belén.

    -Dale hablemos de la amargada de tu hermana mayor, me aburre es muy anticuada, se enoja por nada.

    -Bueno, pero cuéntame algo que no sepa -le dijo mientras me rio.

    .Bueno te cuento lo que paso, pero es una pavada lo que pasa que tú hermana mayor no es copada como tú hermana menor -y largo una risota.

    .Dale Anabel me vas a contar o me vas a boludear toda la noche.

    -Todo comenzó la primera noche que nos vinimos a vivir todos juntos, por culpa de hombre que estuvo casada ella por más de veinte años, pero ese no es el problema, yo soy una mujer joven y tengo mis necesidades y estando viviendo en el medio del campo me tengo que autosatisfacer, ¿me entiendes? -Me dice.

    Me quedé unos segundo pensando que sin duda Anabel de mi hermanas era la más liberal en el sexo, no solo por lo que me estaba contando, sino desde muy chica, a los quince años tubo a Aldana su única hija, el padre de Aldana un hombre casado que le dobla la edad a mi hermana, pero no solo eso que mi hermana nunca le duro un novio más de una mes. Me acuerdo en una época ella tendría veinte años, era noviecita del vecino y se pelearon por que la encontró con su hermano mayor, así fue siempre mi hermanita. Después de reflexionar unos segundos le digo – pero Anabel era la primera noche en el campo tanta necesidad te tocarte.

    -Y si hermano, yo por lo menos todos los días algo de acción necesito ¿vos no?

    No sabía si contarle la verdad, pero como la charla estaba relajada, decidí contarle la verdad – Yo hace más de un año que no tengo nada de nada, desde que murió la madre de mi hijas.

    Me miro con los ojos abiertos y de repente me dijo – No me estas mintiendo no se puede vivir así, pero una paja en vez en cuando si ¿verdad?

    -No nada de nada, la verdad no me siento con ánimos – la verdad hacía más de un año que no pensaba en sexo, hasta ese momento que Anabel me saco el tema.

    -Pero hermano eres joven todavía no es que tienes 90 años, tienes tiempo de conocer personas y rehacer tu vida.

    -Tienes razón no soy viejo pero no tengo ganas de andar conociendo personas nuevas, además ahora en el medio del campo menos.

    -En eso te doy razón, acá en el campo se nos va hacer muy difícil conseguir personas nuevas para divertirnos, pero por suerte tengo mis dedos – largo una risota que lo habrá escuchado toda la casa.

    -Pero es el sacrificio que hay que hacer para seguir comiendo, ya no tenemos el dinero que teníamos antes – me puse serio

    -Lo se hermano lo sé, si no fuera por vos ya estaríamos viviendo debajo de un puente todos, pero me preocupa que no tengas apetito sexual a tu edad.

    -No te preocupes por mí, estoy bien así.

    -Si me preocupo sus mi único hermano. Pero decime la verdad se te sigue poniendo dura.

    -Deja de preguntar estas cosas Anabel –la verdad las preguntas de Anabel me estaban poniendo incómodo y me estaba arrepintiendo de haberle dicho la verdad.

    -Pero no seas así ya somos adultos los dos, si no se te pone dura ahí que ir al médico a sacar un turno porque seguro tienes un problema biológico o algo por que no es normal.

    -Pero no nena, no tengo nada es mas no te dije que no se me pone dura eso lo inventaste vos – mientras le respondía no estaba seguro de cuánto tiempo hacia que no tenía una excitación por ahí Anabel tenía razón.

    -Entonces si se te pone dura o no porque no te estoy entendiendo –se puso seria como preocupada.

    Decidí contarle la verdad porque si no iba a parar de preguntar – no estoy seguro, no me acuerdo la última vez que estuve excitado.

    -Pero es grave hermano tu situación, tendríamos que sacar un turno al médico. Pero antes podríamos hacer unas pruebas.

    -No pienso ir a ver un doctor, que tipo de pruebas se pueden hacer así no voy al doctor.

    -Bueno ya que no quieres ir al doctor vamos hacer la prueba ahora – se levantó de la cama, saco las sabanas las tiro al piso, se paró en frente de la cama mirándome a los ojos y sin decir nada se sacó el corpiño y me pregunto – te calienta ver mis tetas.

    En ese momento ya me había arrepentido de hacer esa prueba, pero no podía de dejar de mirar sus tetas y sentí como mi verga se apretaba contra mi bóxer, pero no iba admitir que me gustaba ver la tetas a mi hermana menor así que le die – que haces Anabel eres mi hermana, es obvio que no me existan tus tetas.

    Ella me miró y se puso en cuatro en la cama y empezó a moverse como una gata en celos hacia donde yo estaba, se acostó a mi lado dejando sus labios a unos centímetros de los míos y me dijo – si soy tu hermana, también una mujer y vamos a comprobar si tienes algún problema físico.

    Miraba a los ojos Anabel y no se la veía incomoda todo lo contraria estaba muy relajada como de costumbre a pesar que estaba casi desnuda solo con una diminuta tanga y yo todo lo contrario estaba duro sin poder moverme, ni quería moverme para no tocar nada inapropiado.

    Antes de poder decir algo ella me agarro la mano y la llevo hacia unas de sus tetas y me dijo – toca y apretar lo que quieras que no se van a romper.

    Yo solo por instinto empecé a acariciar las tetas de mi hermana con mucha suavidad, no eran las tetas más grandes del mundo es más cabían en mi mano pero son tan suaves y sus pezones estaban tan duros que no podía para de tocar aunque una parte de mi me digiera que estaba muy mal lo que estaba haciendo.

    Ella me dijo se ve que te gustan las tetitas de tu hermana, a ver si está funcionando – termino de decir eso y empezó a acariciar mi entrepierna.

    Debo admitir que más una vez me había quedado mirando el culo de Anabel pero le reste importancia solo me dije a mi mismo que eran puros reflejos y nada más, jamás pensé que iba a terminar en esta situación y lo peor de todo que mi verga ya estaba dura como queriendo salir del bóxer.

    Ella unos minutos después de acariciarme por arriba del bóxer y yo sin dejar de tocar una de sus tetas, me bajo un poco los bóxer suficiente como para que saliera mi verga y mis huevos, miro y me dijo – Pero que sorpresa hermano pensé que era de tamaño normal, pero es la más grande que he visto y eso que he visto mucha en vivo y en directo.

    Debo admitir que mi verga es muy grande, en la época que mirábamos porno con mi mujer para improvisar nuevas posiciones más de un actor la tenía más chica que yo. Unos segundos de claridad que tuve le dijo – Bueno ya está Anabel tu prueba funciono – quería que termine, aunque me estaba gustando mucho la situación y estaba muy excitado cosa que no pasaba hacia mucho tiempo pero por otro lado yo sabía que la hermosa mujer que estaba casi desnuda a mi lado era mi hermana.

    -No todavía la prueba no termino ahí que ver si podes eyacular bien –esa frase que me dejo más descolocado de lo que estaba, y aún más cuando ella bajo su cabeza hacia mi verga y acomodando todo su cuerpo de forma horizontal dejando a la vista su culo redondo para riba que solo lo cubría su diminuta tanga, y sin previo aviso le dio unos chupones a mi grande luego del tercer chupón se lo trago hasta la mitad y comenzó a chupar con gran maestría.

    Estuve a punto de detenerla pero no sentía algo así en años ya no me importaba que fuese mi hermana, tenía una hermosa mujer en mi cama que me la estaba chupando con gran dedicación así que me deje llevar y empecé a acariciar su cabeza como su espalda.

    Unos minutos después ya estaba cabeceando con más velocidad y acariciándome los huevos, pero sin poder tragarse toda mi verga, así que decidí ayudarla la agarre de los pelos y comencé a empujar su cabeza hacia abajo, cada vez que bajaba la dejaba unos segundos hasta que notaba que necesitaba respirar, lo hice una y otra vez, hasta que llegó el momento que logro comerse toda mi verga, ella estaba toda roja y chorreaba saliva por el costado de la boca pero se notaba que le gustaba mucho porque solo respiraba una vez y se volvía a tragar mi verga.

    Cada vez la dejaba más tiempo con mi verga completa en su boca, sintiendo como entraba mi verga en su garganta eso me excitaba aún más. Hasta que no aguante más y me acabe a chorros en su boca, ella solo tragaba todo lo que podía aunque era demasiado y se le veía como le chorreaba mi leche por la barbilla cuando largué mi último chorro ella siguió tragando todo y comenzó a chuparme mi verga como si fuera un helado dejando totalmente limpia al terminar con sus dedos junto lo que tenía en su barbilla y se lo trago también sin dejar una gota, al terminar se acostó a mi lado y respiraba con todas sus fuerzas sin decir nada de nada.

    Yo solo me quede mirándola no sabía si agradecerle por la gran mamada que me había dado, o salir corriendo por que me había acabado en la boca de mi hermana como si fuese mi amante. Pero no dije nada solo me quede acostado disfrutando lo relajado que me sentía después de tanto tiempo sin tener una eyaculación.

    Ella rompió el silencio unos minutos después – Bueno hermano la primera prueba marca que no estas enfermo vamos a ver las siguientes pero las vamos a dejar para otro día porque ya es muy tarde, y como consejo médico tienes que poner a trabajar tu gran herramienta más seguido y se largó a reír.

    Sus palabras me dejaron con mucha incertidumbre, parecía que no tenía nada de culpa yo la pase muy bien, pero me comía la culpa y sobre todo de que otras pruebas estaba hablando acaso ¿quería más? Mientras mi cabeza pensaba de todo sin poder decirle una palabra, note que Anabel estaba durmiendo como si nada con sus tetas al aire, me gire en la cama quedando mirando para su lado y me quede dormido al lado de mi hermana los dos casi desnudo.

    Continuará…

  • Primera vez de un adulto (Segunda parte)

    Primera vez de un adulto (Segunda parte)

    Como les conté en la primera parte, nos quedamos platicando un buen rato, me sentía súper bien con él, era mágico estar desnudo en la cama con un hombre, entre platica habían besos, caricias, era todo lo que había deseado siempre, la conversación transcurría entre cosas normales, trabajo, amigos, ideas, sueños y hasta política. Después de un rato la conversación giro entorno a como fue su primera vez, que le gustaba o que le gustaría que le hicieran, fantasías sexuales, si me gusto como lo hizo, que no me gusto, le comente que deseaba sentarme estar arriba, gozarlo de frente y de espalda. Y a medida que subía de tono fui notando que su pene volvía a levantarse poco a poco, y sus manos volvían a acariciarme casi igual que la primera vez, podía sentir que a través de las caricias me decía lo que quería.

    Nos besamos apasionadamente de nuevo, debo decir que siempre he sido un apasionado de los besos, la diferencia esta vez era que sus caricias me hacían sentir deseado en una forma más femenina. El hecho de sentir que sus manos acariciaban mi cuerpo como yo mismo lo hice a las mujeres me encendía al punto que ya no pensaba más que en ser suyo.

    Su manos tocaban mis pezones y los apretaban con maestría, al mismo tiempo me tocaba y apretaba las nalgas, eso me derrite, sabía cuál era mi deber, mientras le dejaba hacer baje a su pene de nuevo volví a meterlo a mi boca, creo que la primera vez estaba tan concentrado tratando de hacerlo bien que no lo disfrute tanto como ahora, pude detenerme a disfrutar su sabor, disfrute del líquido preseminal que salía de su cabeza, un sabor confuso, entre dulce y fuerte. Me entretuve mucho en la cabeza, me encantaba tenerlo en mis manos y me volvía loco cada vez que le pasaba la lengua, meterlo a mi boca y sentir como su cuerpo sentía la electricidad correr es ya un gran placer, de nuevo pensaba, estoy haciendo que el disfrute, me gusta, ese es mi rol, hacer que mi hombre disfrute, hacer que su deseo lo haga explotar en mi boca. Quería sentir su semen en mi cara, en mi boca, en mi cuerpo. Lo quería todo para mí.

    Pero él tenía otros planes, me acariciaba mi ano, y ya está lubricándolo, usaba un rico lubricante base agua que me hacía sentir húmedo, sentía como sus dedos se deslizaban hacia adentro casi sin ningún problema. Sus caricias, sus penetraciones en mi boca, sus gemidos y los míos. Era todo tan excitante. Me comí su pene de todas las formas que se me ocurrían, trataba de imaginar cómo lo quería yo, como lo vi en las películas. Trate de hacerlo disfrutar.

    Con un leve empujón me saco su pene de mi boca y me atrajo hacia su boca de nuevo, lo bese profundamente, me dijo que quería que cumpliera mi fantasía y me halo de tal modo que sabía que debía sentarme sobre él, me coloque por encima con las piernas abiertas, sentía un poco de vergüenza y deseo al mismo tiempo, es difícil sentirte desnudo y bajo control por primera vez, pero aun así me puse sobre él, con la práctica que había tenido con Lucas, pude ponerlo directo en mi entrada y suavemente el empujo, su cabeza entro, de nuevo un poco de dolor, lo saque un poco y metí y saque la cabecita un par de veces, empujando cada vez más para que fuera entrando de a poco, en un momento estaba dentro por completo, la sensación fue increíble, sentí toda la extensión de su pene correr dentro de mí, cuando su base topo con mis nalgas, fue la gloria, algo torpemente me acomode para poner mis rodillas en la cama y que su pene quedara dentro, le trate de besar, era un poco difícil, pero lo hice, sentí su pelvis moverse tratando de iniciar los movimientos, me costó un poco encontrar el ritmo, pero lo hice, entraba y salía era maravilloso, realmente estaba cabalgando, sentía su cuerpo debajo de mí, me sentía muy excitado, caliente, mi placer venia de mis movimientos y de los suyos, así que no paraba de moverme lo mejor que podía, arriba y abajo, a los lados y atrás y adelante, entonces note como mi pene expulsaba semen sin haberlo tocado, no era un chorro solo una delgada línea que salía, y eso me hacía sentir muchísimo placer, no sé cuánto estuvimos así.

    Porque yo cerraba los ojos y me dejaba llevar, por momentos me detenía para sentir como él se movía y buscaba entrar y salir, la sensación que me daba al sentirlo llegar hasta casi salir por completo para luego entrar de golpe me hacía casi perder el conocimiento, el placer era máximo, por momentos el aceleraba mucho, era todo poder, era suyo, lo sabía quería seguir así y me retorcía por dentro, la electricidad de nuevo me consumía por dentro, ardía de deseos. Quería más y más,

    Sorpresivamente se detuvo y yo me movía suavemente, me abrazo, me beso riquísimo, sentí sus cuerpo moverse y nos giramos, quedando yo debajo de nuevo con las piernas bien abiertas, me agarro de las piernas y me las puso en sus hombros, quede totalmente expuesto, mi cuerpo no me pertenecía en ese momento, yo era suyo, sus deseos era mis órdenes, si quería subir mis piernas o bajarlas o subir solo una, todo me daba placer, me penetro con todo lo que pudo, veía su cara y estoy seguro que el placer era casi tan alto como el que yo sentía, acelero, más y más, su cara sus gemidos me decían que venía ya, de un momento, me llenaría de nuevo, y yo lo deseaba, quería sentir de nuevo su leche caliente dentro de mí, si avisar empezó a correrse, sentí como su pene se hinchaba y trataba de entrar más y más, hasta que exploto en su chorro de leche que podía sentir, era maravilloso, con muestras de placer y casi de dolor, empujaba más, para sacarlo todo, lo disfrutaba tanto que era como si yo mismo estuviera terminando también, no la saco sino que agarro mi pene y me masturbo hasta yo terminar, sin sacar su pene, no lo podía creer que placer más grande, me corrí con su pene aun adentro. Que sensación, mi propio semen sobre mi estómago y su semen corriendo por ano. Estaba muerto pero disfrute la forma en que morí.

    Como ya era tarde, tenía que irme, le pedí usar la ducha y entramos a ducharnos los dos juntos, nos besamos y tocamos pero ya no lo hicimos, creo que si le hubiera dicho que una de mis fantasías es hacerlo en la ducha quizá el podría intentarlo, pero ya no podía mas, mi traserito estaba algo cansado y era mi primera vez, creo que ya no podría. Nos despedimos y acordamos que nos veríamos en unos días para tomar un café. Aunque sabía lo que significaba ese café, me encantaba.

    El camino de regreso a casa fue casi tan excitante como lo vivido, no dejaba de imaginarme y recordar, casi podía sentirlo de nuevo, mientras viajaba en el tren sentía todos los ojos puestos en mí, observándome, como si la gente pudiera ver mi felicidad y mi enorme satisfacción, quizá por la sonrisa de oreja a oreja que llevaba, o quizás porque deseaba contárselo a alguien. Fue así que me decidí a escribir este relato para poder liberarme.

    Nos volvimos a encontrar y desde entonces he cumplido algunas de mis fantasías, sé que muchas son diminutas, pero las disfruto al máximo, si puedo le contare más.

    Gracias a todos, espero sus comentarios.

    [email protected].

  • Mi primera vez con un desconocido

    Mi primera vez con un desconocido

    Cientos de personas en aquel lugar, muchas voces y muchas miradas a mí alrededor, pero solo una llamo mi atención. Cuando encontré el dueño de aquella voz tan cargada de peligro supe que había sido un error buscarlo. Nuestras miradas se encontraron y mis labios se secaron en segundos, teniendo que lamerlos, algo que a mi parecer hizo que mi observador tensara un poco.

    Su mirada era penetrante, tanto que debía apretar mis piernas para controlar el temblor que me causaba. Me erizaba la piel con cada gesto que hacía y cada movimiento de su cuerpo. Tan varonil, tan perfecto, tan sexual. Eso, me causaba tanto placer solo con su mirada que tenía terror de saber que podía hacer si me tocaba. Placer, una palabra tan sensual que el pronunciarla me hacía cosquilla en la lengua.

    Se levanta y camina hacia donde deben estar los baños. Me levanto, pido permiso en mi mesa con educación y voy a su encuentro. Mi respiración es lo que escucho, mi deseo es lo que siento. Es tanto que mi intimidad pide a gritos saber si aquel hombre puede causarme aún más de lo que me ha causado. Lo veo, todo mi cuerpo se tensa.

    Se acerca a mí y pienso que es mala idea, me doy media vuelta para marcharme, pero solo siento sus manos en mi cadera y mi rostro contra la pared más cercana. Siento algo más, su erección contra mi trasero y su respiración contra mi cuello. Tuve que arquear mi espalda por la corriente que me recorrió, sintiendo que mi interior se apretaba con fuerza. Gemí, lo sé, debía callar pero no pude hacerlo.

    Él me deseaba, su cuerpo me lo gritaba. Subió mi vestido por completo, dejando mi trasero a la vista para su deleite, sus dedos jugaban con el borde de mi ropa interior, mientras sus labios recorrían mi cuello entre besos y mordidas. Olvide todo y me entregue, me di vuelta entre sus brazos para encontrarme con esa mirada que tanto prometía. Mis manos fueron a su pantalón, sin vacilar lo abrí, metí mi mano y toque su erección con ansias, jadeando por el calor que comenzaba a incrementarse entre mis piernas.

    Tome su pene entre mi delicada mano y lo acaricie, sin dejar de ver a ese hombre a los ojos. Se estremeció y me regalo una sonrisa. Rasgo con fuerza mi ropa interior, llevando su mano a mi intimidad, dos dedos en mi interior y de mí garganta salió un fuerte gemido. Solo eso se escucha, no hay palabras, no había conversación, solo placer. Moví mi cadera comenzando a cabalgar sus dedos, sintiendo como entraban y salían de mí con tanta facilidad. Quería más y él deseaba darme más.

    Cambio sus dedos por su erección, retirando mi mano de ella, llevando mis brazos a la parte superior de mi cabeza inmovilizando cualquier movimiento de mi parte. Apretó la punta contra mi entrada, me tomo de las nalgas con su mano libre y me subió a su cadera. Lo siguiente solo me hizo derretir por completo. Sentí su pene en lo más profundo de mi intimidad, de una sola estocada y sin preámbulo. Fuerte y profundo, llenándome.

    Sus movimientos eran agresivos, posesivos y ansiosos. Mi cuerpo se amoldaba a su ritmo entre gemidos y suplicas que no podía pronunciar. Mi clítoris rozaba contra su pelvis, aumentando el placer hasta el límite más alto. Joder, iba a estallar.

    Un gruñido ahogado en mi cuello me anuncio lo que venía, seguido de las penetradas más fuertes y violentas que había sentido alguna vez. Aquello me dejo sin aliento y temblando de pies a cabeza, sintiendo una explosión de placer, un calor que se concentró en mi clítoris extendiéndose luego por todo mi cuerpo. Mi interior lo succiono con fuerza evitando que saliera y causando que terminara en una fuerte y profunda estocada.

    Mis piernas temblaban cuando estuve de pie frente a él, y entre ellas se deslizaba mi humedad, estaba contra la pared sin saber que hacer luego de aquello. El me ahorro cualquier formalidad, acomodando mi vestido y recogiendo mi ropa interior rota del suelo. La guardo en el bolsillo de sus pantalones, se acomodó su ropa y con un asentimiento de cabeza camino hacia el exterior. Lo seguí a los minutos sentándome en la mesa que me correspondía la cual estaba justo de frente a la de aquel hombre, cruzando mis piernas e intentando explicarle a mi esposo porque había tardado tanto en el baño.

    Una sonrisa traviesa bailaba en mis labios, mi intimidad estaba húmeda, mi deseo complacido, mi ropa interior rota y todo gracias a un desconocido.

  • Primera vez en vestidores

    Primera vez en vestidores

    Hace algunos meses conocí a un chico maravilloso,  comenzamos a salir demasiado, hasta que formalizamos la relación y hace algunas semanas me invitó a uno de sus juegos y accedí encantada.

    Era la primera vez que lo vería jugar debido a todos los juegos cancelados, así que estaba emocionada, había muy poco público en realidad, solo algunos familiares de los jugadores. Al llegar se fue a cambiar y me dijo que escogiera cualquier asiento.

    A los minutos comenzó el juego, realmente disfrutaba verlo jugar, de vez en cuando volteaba a mi lugar y sonreía de una manera que hacía acelerar mi corazón, pasó el rato y terminó el juego.

    Su equipo había ganado, lamentablemente no podían celebrar en algún lugar, ya que la pandemia no lo permite. Sus compañeros se quedaron con sus familiares en el campo, él se iría a duchar al vestidor para poder irnos a casa.

    Le dije que lo acompañaría y él accedió, entramos al vestidor y cerramos la puerta, se dio una ducha rápida y al salir me acerqué a él y luego lo besé, él correspondió el largo y apasionado beso de una manera maravillosa, me tomó por la cintura y fuimos a una banca, solo pensaba en besarlo de esa manera, pero la temperatura comenzó a subir y le quité la toalla que solo cubría su miembro completamente erecto.

    Subió mi vestido hasta mi abdomen y luego comenzó a besar mis hombros y cuello, lo cual aumento mis suspiros y el ritmo de los besos, me encantaba verlo completamente desnudo, con el cuerpo tonificado y húmedo por la ducha, además verlo jugar de esa manera me había provocado demasiado.

    Él me besaba el cuerpo, lo acariciaba, tomaba mi cabello y lo pasaba de un lado a otro.

    Me puso sobre él y solo sentía su miembro por encima de mi ropa interior, por desgracia no teníamos protección, lo cual evitó que pudiéramos hacer más.

    Tan solo nos quedamos besándonos y acariciando nuestros cuerpos entre suspiros y leves gemidos que salían de manera tímida de nuestras bocas y se ahogaban con los apasionados besos que nos dábamos.

    Solo introducía de una manera sumamente suave sus dedos en mi vagina, y rodeaba mis labios lentamente. Él se vistió y nos arreglamos un poco antes de salir, salimos por la parte trasera para no encontrarnos a nadie y sospecharan algo debido al tiempo que tardamos dentro.

    No se olviden de comentar amigos, gracias.

  • Morbo con personas en el cuarto

    Morbo con personas en el cuarto

    Cuando hablo de ese hombre siento como palpita fuerte y con ganas de explotar mi corazón. Mis manos tiemblan, nerviosas, ansiosas, tengo un tatuaje pequeño en los dedos, un anillo con piedra violeta y casi siempre mis uñas están pintadas… me muerdo los labios, gruesos y rojos, paso mi lengua sobre ellos, saboreando y suspirando, recordando la última vez que me hizo suya, toda suya, cada rincón, cada pliegue, conquistado por su hombría, por sus dedos, su calor, sus tatuajes en mi piel, sus manos sosteniendo mis piernas, apretando mis nalgas, tocando mis senos… mis ojos recorriendo su silueta, cerrados, abiertos, me sé de memoria su cuerpo, donde se esconden sus cicatrices, sus lunares…

    Repito en mi nostalgia una y otra vez los gemidos, lo sensual de su mirada, sus dedos dentro de mí, sus palabras sucias a mi oído, sus manos tomando mi cuerpo como su propiedad, queriendo devorarlo, poseerlo, llenarlo de él y amarme, amarme como solo él lo sabe hacer.

    Cada parte, cada noche, cada atardecer, cuarto, suelo, baño, ropa, humo, música, risas, baile, todo lo he recorrido con él, junto a él, sobre él, en cuatro, de pie, sentada, pero con él… deseo su piel, su cuerpo, quiero que vuelva a follarme, a besarme, a tocarme, a respirar junto a mí, como si yo fuera, lo que él es para mí, el mejor lugar del mundo.

    Entre silenciosos, él y yo acostados en una cama ajena. Había terminado la fiesta en la terraza, era de madrugada, y entre licor, música, comida, risas, surgió la rica tentación de besarnos, aun manteníamos lo más discreto que pudiéramos nuestro romance, pero a veces el deseo nos ganaba, se colaba entre las piernas y llegaba a la boca, y no podíamos parar. Él, un poco alicorado, eso lo pone cachondo, le sube los ánimos, lo desinhibe, se atreve a contarme sus perversidades, quiere follar.

    Yo acostada a su lado, abrazados, en medio de la oscuridad, la puerta abierta y otras tres personas más en el cuarto, fue una fiesta grande y no había espacio para todos, así que en la habitación éramos cinco, un reto para nuestra aventura, y un trago de adrenalina para nuestras ganas de comernos.

    Nos empezamos a tocar, sus manos por debajo de mi blusa, quitándome desesperadamente el frio de la noche. Los ruidos, las voces de las personas, sentir miedo que nos vieran… todo me hacía desearlo más. Me apretaba los pezones, me besaba con ternura, mis dedos querían tocar su piel, pero, había mucha gente, no podía moverme sin despertar a alguien… sin palabras sus manos quitaron con sutileza mi brasier y entre mi blusa gris y la chaqueta negra de cuero que traía esa noche, sentía sus manos jugar con mis senos y callé mis ganas de gemir, de gritar, de decirle que quería más, mis palpitaciones agitadas delataban lo que podía sentir entre mis piernas, esa agua que humedecía mis bragas me recordó lo viva que me hacía sentir ese hombre, esa noche solo acaricio mi pecho y yo sentí morir de placer.

  • Mi novia me contó como le partieron el culo (Parte 1)

    Mi novia me contó como le partieron el culo (Parte 1)

    Cogiendo con mi novia, como aprendió a coger…

    Soy un chico de 32, bien parecido, tengo buen trabajo, una relación digamos estable con una chica de 24, ella es bien parecida chica, senos chicos, pero riquísimos y duritos, culo grande, redondo y siempre dispuesta a lo que se me ocurra.

    Soy de esos que me gusta lujuriarla siempre que la veo nalguearla en cualquier momento jugamos con comentarios sucios en cualquier momento, casi siempre hay tensión sexual en el ambiente, ella también me agarra la verga o me anda lujuriando a veces por la casa y nota rápidamente cuando tengo una erección y a veces muchas son de las que ocurren por roce del pantalón o ropa interior o sea no controladas en fin.

    Un día estábamos tomándonos algunos tragos y demás solos los dos en casa una cosa llevo a la otra, nos besábamos muy rico, estábamos en su casa solos pero ya altas horas de la noche, mientras empezó el ambiente a ponerse caliente y más caliente, ya nos íbamos quitando la ropa ella quedo en ropa interior y decidí empezar a hacérselo con la ropa interior puesta, ella excitada normal.

    La arrodille frente a mi y ella me tomo la verga que estaba chorreando la punta de lo excitado que estaba y me la empezó a mamar (mama súper rico), luego la levante la bese nuevamente mientras le besaba el cuello y bajaba a sus tetas la acosté en la cama y le abrí las piernas baje lentamente besándola por el estómago y luego en vez de bajar a su vagina y le respiraba encima de su clítoris y ella muy excitada pedía que la mamara, empecé a lamerla cual perro a su perra en celo, le mame el culo haciendo un circulo alrededor de su ano y luego le metía la lengua lentamente cosa que me encanta mamarle el culo y su vagina.

    Mientras le mamaba la vagina le metía el dedo en el culo para que fuera abriendo, ella sabe lo que viene asique afloja bien ese culo, mientras la penetro y la hago venir mucho porque ya sé dónde darle exactamente para que se venga mucho y me moje completamente con sus jugos, le doy más y más le pongo las piernas en la cabeza y está totalmente expuesta casi sin poder respirar, luego ya le voy a meter mi verga en el ano (es gruesa) cosa que tengo que hacerlo con cuidado ella se abre la nalgas para mejor penetración y la estoy penetrando en eso que la penetro… me pongo a pensar como aprendió a coger tan rico?

    Esta pregunta me la planteé mientras me la cogía pensaba que no muchas están tan diestras en el sexo anal y yo llevo ya 3 años con ella así que esto lo aprendió antes con otros que la clavaron, mientras le tenía toda mi verga dentro de ella, ella jadeando le digo:

    Sebastián: Mi amor… que rico tu culo, me encanta ese culo viene entrenadito que tienes! que rico!!

    Ella para un momento de moverse y se voltea y me dice:

    Andrea: Por qué dices que mi culo esta entrenadito?

    (Se quedó un poco atónita por el comentario y yo le dije)

    Sebastián: Mi amor eres la única que conozco que sabe cómo moverse, que le gusta, que disfruta bastante el sexo anal y a mi me encanta, pero sé que ese culo no lo entrene yo para coger, cuéntame cuantos te cogieron o como te cogieron por el culo?

    Andrea: Estas seguro? tú estás loco, no te vas a molestar, esto no tendrá consecuencias más adelante?

    Sebastián: No, claro que no solo quiero saber cómo ese culo (mientras se la meto lentamente hasta el fondo)

    Andrea: (Suspira)

    (Y la empiezo a bombear nuevamente y ella a jadear mientras eso ocurre le pregunto nuevamente)

    Sebastián: Mi amor cuéntame cómo te culearon la primera vez, quiero saber como te metieron la verga!!

    Andrea: (Gimiendo) Si papi, fue en el último curso de preparatoria papiii (grita mientras la penetro)

    Sebastián: Si mi amor, pobrecita bebe tan chica y le partieron el culo??

    Andrea: Si Papi! me lo partieron… Me lo partieron papi

    Sebastián: Mi amor cuéntame que le hicieron a ese culitooo mi amor…

    Andrea: mi amor, me lo partieron, el vino y me metió al baño papi, me bajo el panty papi, yo estaba asustada, pero excitada era mi primera vez,

    (Aumente el bombeo a su culo, me estaba excitando todo el relato…)

    Andrea: El me beso primero, luego me volteó y me abrió las nalgas me lamio el culo papi, me lo lamia mucho

    Sebastián: si mi amor, le lamieron el culo bebe, que rico! que más amor que más le hicieron a ese culito mío

    Andrea: (Gimiendo) me metió el dedo amor, me abría poco a poco con el dedo, al principio me dolía pero no quería que parara, me escupió el culo, eso me hizo asustarme y apreté un poco el culo, pero luego me dijo que relajara… papi y luego me metió la puntita papi!

    Sebastián: oh mi amor, te estaba penetrando bebe

    (La coloco en cuatro y le estoy dando de perrito jalándole el pelo)

    Andrea: Si papi, me metió la punta luego solo sentí su verga penetrándome mi culo, yo gemía, pero no podía hacerlo fuerte era la escuela, me empezó a bombear como me bombeas ahorita amor, y casi se venía amor y lo saco y me hecho la leche afuera del culo amor me pringo toda…

    Le doy vuelta y la miro de frente y la beso mientras busco su culo y la penetro nuevamente y le digo:

    Sebastián: Pobre culito amor, lo maltrataron, pero que rico que te dieron verga bebe!!!

    Andrea: Si papi si papi si papi! (Gritos y jadeos)

    Y me vengo dentro de su culo, no me había corrido así en un buen rato, ella quedo excitadísima y yo también, ella chorreaba mi leche por todo su ano.

    Nos miramos, nos besamos… ella me dijo que estaba loco y le dije que si…

    Me sobo la verga un rato y nos dormimos abrazados…

    Todavía imagino esa situación excitado como se la culearon de esa manera y le dieron tanta verga…

    Quizás mas adelante le pregunte más detalles de otras cogidas, no me da celo porque ya paso y listo, ella lo gozo y aprendió, ahora soy yo el que le parte el culo, la hace correrse y ella me mama la verga riquísimo, pero es una experiencia diferente e interesante saber esos detalles, continuare indagando y les compartiré sus historias.

  • Mi amante, mi amor verdadero (Parte 1)

    Mi amante, mi amor verdadero (Parte 1)

    «Sabina envíame algo que estoy muy caliente»…

    Esas palabras me erizaban los pezones, ya no me importaba nada en el día cuando el mensaje de Oliver me llegaba al móvil… Sólo tenía en la cabeza la idea de desnudarme y grabarme mientras me desnudaba y me ponía en su posición favorita, en cuatro, para que pudiera verme las nalgas y el culo mientras me frotaba con los dedos, de una manera frenética, mi punto G para terminar con un gran squirt, así como le encantaba a Oliver «muy húmedo»…

    Pero tenía que esperar a que mi marido saliera al trabajo, para poder estar más tranquila, para poder maquillarme y perfumarme, para escoger mi lencería, la mejor luz en el cuarto y dejarme llevar por los deseo de mi verdadero amor.

    Esperar era la mejor parte, ese pequeño dolor en el pubis, ese que pide hombre me atormentaba y excitaba, cruzaba las piernas con tal fuerza que sentía como el lubricante bajaba por mi vagina. Así espere y me excite aquella vez que decidí entregarme a él, esa vez que me arme de valor para perder mi virginidad con el amor de mi vida. Aún recuerdo que le llame, y le pedí que me viera en aquella tienda donde pase de la excitación a la tristeza al darme cuenta que no llegarías. Y que así, sin ninguna palabra me dejabas claro que te quedarías con la que sería tu esposa.

    Pero ahora sólo eras para mí, aunque seguías casado con ella me deseabas tanto, al punto de arriesgarlo todo sólo por verme.

    En la cama que compartía con mi marido, espere a que saliera de la casa, subí a la recámara, baje las persianas y tomé el móvil.

    Prendí la cámara y comencé a grabar… primero mi rostro, me mordía los labios como aquella colegiala que estaba loca por ti, te decía con la mirada que te amaba y que dejaría todo por ti… me quité la blusa y te deje ver mis pechos, esos que se desarrollaron cuando estaba en el colegio, a los que no les quitabas la mirada de encima, esos que me tocaste en el bus cuando nos fuimos de excursión.

    Me baje el pantalón, para que me miraras en bra y pantaletas, deje el móvil en el tocador… y me recosté, esta vez boca arriba, jugueteaba con mis pechos y los saqué del bra poco a poco, mis pezones casi explotaban, les puse un poco de crema para que brillaran más… me bajé la pantaleta poco a poco, sé que te diste cuenta que ya estaba húmeda por ti, abrí las piernas lo más que pude, y acerque el móvil para que pudieras penetrarme con tu mirada… por lo pronto… me introduje dos dedos y comencé a masturbarme, me toque el clítoris imaginando tus dedos, y tu boca comiéndose mis pechos, mordiéndome el cuello y besándome como el día que nos reencontramos en aquella fiesta, donde me rendí a ti y firmamos este pacto. Seríamos sólo ciberamantes, yo sería para ti Sabina y tú para mi Oliver… sentí como mi cuerpo empezaba a erizarse mi espalda se arqueó, mis pezones empezaron a doler, de mi boca salió un gemido tan grande como el chorro que escurrió de mis labios vaginales…

    Termine empapada, igual que las sabanas y mi móvil… así como la ocasión que me dejaste plantada bajo la lluvia, llorando, sola…

    Te envié el regalo, uno de tus favoritos, así como me enseñaste a hacerlo, ahora solo espero el mío, tu polla dura y explotando por mí…

    Continuará

  • El juego del más chico

    El juego del más chico

    Mis compañeros del servicio militar y yo teníamos un juego muy especial. Lo jugábamos cada sábado terminando las 5 horas de servicio. El juego tiene solo una regla: el que tenga el pene más pequeño se viste de chica y se deja follar por los demás.

    Cada uno se baja el pantalón y ¡sorpresa!: yo soy el pito chico del grupo. Siempre lo soy. Mi verguita no va crecer de una semana a otra, pero mi culo, ese agujero de placer que solo sirve para cagar y para recibir vergas ha estado creciendo sábado tras sábado.

    Cuando mi madre me pregunta porque camino raro le respondo que nos pusieron un ejercicio bien duro donde me caí varias veces. En parte es verdad, el ejercicio que hago con ellos es muy pero muy duro, en especial cuando el más grandote de ellos me usa como la puta mariquita que soy, follándome sin piedad.

    También es verdad que me caigo, pero en las deliciosas vergas de todos ellos. Son seis “amigos” los que se turnan para joderme. Ellos me visten con el uniforme escolar de la hermana de uno de ellos. Las tangas que utilizo son de mi madre, y las tengo puesta desde que salgo de la casa, durante toda la jordana del ejército hasta llegar a casa de mis amigos a jugar.

    Una vez que me han convertido es una puta colegiala me ponen en cuatro en la cama y me amarran para que me quede en esa posición, que me llega a cansar después de estar un buen rato siendo usado por ellos. Y es peor cuando quieren repetir. He llegado a desmayarme del placer al ser llenado repetidamente se leche.

    Dos de ellos son tiernos conmigo, lubricando bien mi culo con un buen beso negro para después bajar a chupar mis huevos a la vez que me masturban. Los demás van a lo que van, entran de golpe a mi culo, llamando “Puta mariquita” “Pito chico” y cosas peores que me prenden. Porque es así, me encanta ser usado y humillado por verdaderos hombres. Y estos machos logran arrancarme gemidos, gritos, lágrimas y orgasmos.

    Cada sábado me convertía a gusto el depósito de semen de todos ellos, mis queridos amos del servicio militar. Lástima que suspendieron el servicio militar en 2020, y por ende, nuestro jugoso juego. El cual retomaremos cuando sea posible.

    Les dejo mi correo por si quieren jugar conmigo: [email protected].

  • ¿Os ha pasado a vosotros?

    ¿Os ha pasado a vosotros?

    Buenos días!! Me llamo Laura y necesito contaros una cosa que aún me pasa y que llevo arrastrando toda mi vida.

    Solo busco comprensión y si a algún lector le ha pasado me de algún consejo en los privados de esta página.

    Estoy completamente atrapada por mi pasado.

    Como bien he dicho, me llamo Laura y tengo 48 años. Soy rubia y rellenita. Ojos azules, con buenas tetas y buen culo. Con 20 años salí con un chico llamado César y desde entonces no me he olvidado de él. Por distintas vicisitudes no vienen al caso lo dejé y lo he lamentado hasta ahora a pesar de estar felizmente casada y con 2 hijos. Soy funcionaria de Hacienda y mi marido, Fernando policía local en Bilbao.

    Un buen día, salí con mis compañeras de trabajo. Hará de esto como 20 años y me encontré en un garito del cual no me acuerdo con César, mi novio de juventud. Así las cosas, me explicó vivía en Valladolid que se había casado y también era funcionario pero de Justicia. Tenía un hijo de 8 años. Aquella noche nos intercambiamos los números de teléfono y a pesar de ese fugaz flirteo la cosa no fue a más. Él estaba en Bilbao por motivos de trabajo.

    Aquella noche no podía dormir y no hacía sino repetirme…

    -Dios mío!! Laura… Qué guapo estaba y le has dado tu número de teléfono… la has liado totalmente…

    Nada más levantarme me tomé un café bien cargado y me decidí a lo prohibido. Mandarle un mensaje.

    -Hola! Qué tal la resaca?

    -Correctamente, Laura. No bebí mucho. Hoy vuelvo a Valladolid. Y tú?

    -Mal… no he podido dormir casi.

    -Ohhh… lo siento. Yo he dormido como un madero. Estaremos en contacto, ranita…

    Lo de ranita me sentó como un tiro. Precisamente él siempre me había llamado así…

    Pasaron los días y sus mensajes eran cada vez si no más cercanos… más cariñosos. Con palabras tipo, cariño, amor y emoticonos al uso. Hasta que un día me dijo…

    -Buf… Laura… esta mañana me he masturbado pensando en ti. Lo he hecho siempre desde el día en que te conocí… Muchas gracias.

    Estaba en el trabajo y me daba vueltas todo… ni siquiera le respondí.

    -Vienes a almorzar, Laura?

    -No, Carmen. Tengo mucho trabajo.

    Abandoné la mesa y me dirigí al cuarto de baño tan terriblemente húmeda que notaba como los labios de mi coño rozaban el uno con el otro al caminar. Encerrada en un cubículo comencé a masturbarme. Con esa frase, César me había puesto terriblemente cachonda. Toqué mis pechos que sobresalían de mi blusa y bajé por mi estómago hasta acariciar mi clítoris.

    Imaginaba como chupaba su gran polla de cerca de 20 centímetros y de como me penetraba a cuatro patas diciendo mi nombre. Él siempre me hizo el amor así y si bien estaba dispuesto a cualquier iniciativa por mi parte siempre llevó la voz cantante agotando todas las posturas se le imaginaban, puesto que lo largo y grueso de su miembro daba para todas formas sin salirse de mi coño.

    El trajín de las puertas del baño y cubículos me ponía más cachonda todavía. De no ser porque ese sitio era público hubiese sollozado su nombre en mi orgasmo pero esta vez fue del todo mudo. No quería levantar sospechas en el ministerio. Me corrí justo imaginando él lo hacía en mi coño diciéndome cosas cariñosas.

    Salí con las piernas temblando y casi no pude concentrarme en mi trabajo. Tal era mi deseo y anhelo hacia él.

    Cuando llegué a casa y estaba mi marido preparando la cena tuve un gran sentimiento de culpabilidad. Me había prometido el día de mi boda no volver a pensar en César y había sucumbido a mi promesa.

    Cuando me fui a la cama le mandé un escueto mensaje de buenas noches a lo que él respondió con un simple…

    -Descansa, corazón…

    Me dormí haciendo un análisis de la situación. A pesar de estar enamorada de Fernando seguía completamente enganchada de mi deseo hacia César. Me trató bien y nunca me sentí mejor sexualmente con nadie. Quizá fuese el tamaño de su verga y la delicadeza con la que me follaba. Su miembro al ser de tal tamaño me llenó hasta el útero y se deslizó siempre dentro de mi llegando a estar siempre llena de él. Si bien las relaciones sexuales con mi marido eran realmente satisfactorias su polla era de un tamaño medio hacia los 13 centímetros y no daba para más. Pero la de César era de otra forma. Siempre entró y salió hasta el fondo de mi ser. Y su cerebro estaba perfectamente compatibilizado con el mío.

    -Por qué lo dejé? Nunca lo supe. Ahora si lo sé. Por inexperiencia.

    AI otro día fui a trabajar como siempre y recibí una foto suya. César estaba sentado en una silla mirándome fijamente con su polla en erección. A lo largo del tronco de una trompa repleta de venas discurrían dos gotas de blanco esperma que se deslizaban por sus huevos perfectamente rasurados. Era evidente se había masturbado de propio para mandármela.

    Al pie de foto ponía…

    -Mira, Laura como me has dejado hoy… Te quiero, amor…

    Casi se me cae el móvil al suelo. No atinaba a hilvanar una sola frase por respuesta.

    Seguí en mis cosas y solo esperaba volver a casa para masturbarme una vez más diciendo su nombre con un consolador me había regalado mi marido ese año para mi cumpleaños.

    Pasó el tiempo y todos los días al despertarme tenía una foto desnudo de César con sus buenos días o frase cariñosa. Las más de las veces erecto como un burro.

    Hubo un día su verga subía por su antebrazo casi hasta el codo. Me masturbé directamente mirándola. Además se acababa de cortar el pelo y estaba imponente mientras me miraba dándome un beso al aire.

    Las fui archivando en un pen. Tenía cientos de ellas. Una por día a lo largo de años. Cuando estaba sola en casa ponía el pen en el ordenador y me acariciaba el coño y las tetas con mi consolador, aquel me había regalado mi marido. Nunca imaginé lo iba a utilizar de esa manera. Mis orgasmos eran brutales y a veces Fernando me hacía el amor llena del flujo había destilado antes por César.

    Lo más extraordinario fue que logré superar mis complejos y eso me encantaba. César era mi fantasía y Fernando y mis hijos mi realidad cotidiana.

    Llegué a pensar César se las estaba cobrando todas juntas por dejarlo pero no creo fuese el caso. Era amor sincero. A distancia pero sincero. De verdad me quería y Fernando y mis hijos igual. Además no era sólo sexo. Me contaba cosas de su día a día y de lo bien se sentía con su familia y amigos. Eso me sacaba de mis casillas. Me ponía terriblemente celosa si bien a mi me ocurría lo mismo. Si hubiese podido tenerlo en una habitación como un esclavo para mi no lo habría dudado. Tal era mi egoísmo y deseo hacia él.

    A veces, me preguntaba quien sería esa zorra había engatusado a César y que le había hecho un niño. Con lo bueno que era.

    A veces, la tomaba con mi marido para desahogarme de mi deseo hacia César.

    Necesitaba toda la polla Fernando me pudiera dar. Chupaba su polla hasta los huevos y el paroxismo anhelando el no poderme tragar la de César ni una cuarta parte y mi coño fagocitaba los 19 centímetros de mi consolador siempre pensando era el tamaño de César. En otras ocasiones en el ministerio me encerraba en el baño y me tocaba con cualquier mensaje al uso de César con un vibrador de bolsillo me había comprado para el caso. Él seguía con sus fotos hasta que caí en ese su juego.

    Le mandaba fotos con mi coño abierto pensando en él o de mis tetas en erección. En contrapartida recibía videos de como él se masturbaba viéndome. Eso me ponía aún más cachonda.

    Tardé en decidirme porque temía no le gustase mi cuerpo después de 25 años. Tengo mis arrugas, estoy llenita, canas que rodean mi concha y mis pechos caen un poco al haber criado a dos niños pero él me decía que aún le gustaba más así. Cosa que me hacía sentir joven y lozana. Él siempre me respondía con un…

    -Gracias, amor.

    Con el tiempo fui asumiendo una situación que se tornaba sempiterna. Y di el paso de masturbarme pensando en Fernando y César me tomaban a la vez uno detrás de otro con sus pollas las dos en mi boca y que se corrían en mis pechos, cara y cuerpo diciéndome cosas obscenas y cariñosas. Muchas veces soñaba con eso y nada más levantarme me masturbaba no sin antes habérselo dicho a César. Quien me respondía…

    -Me gusta mucho eso, amor… y que me lo digas, mi tesoro. Disfruta de nosotros dos…

    Un día al salir del ministerio no pude más. Aparqué el coche en el garaje, abrí mis piernas y me acaricié los pechos en el asiento trasero tocándome el coño y metiendo mi vibrador de bolsillo en el ano por debajo de mi vestido. Un desconocido pasó a mi alrededor sin verme y eso me excitó cantidad. Me excitó hacer algo prohibido y clandestino. Mientras miraba a hurtadillas a ese alguien me corrí como una perra en celo pensando era una puerca capaz de ser follada de cualquier forma por un intruso en un garaje. César había alterado por completo mi cuerpo en cualquier sentido y mi marido me jodía como nunca. Llegué a pensar que posiblemente una pareja no son dos sino tres aún en fantasías.

    A veces, hablaba por teléfono con César si no estaba mi marido en casa o en el garaje y me tocaba el coño escuchando su voz. No se lo decía pero cuando colgaba estallaba en un profundo orgasmo. Con el tiempo esas mismas fotos le mandaba a César lo hacía con Fernando compartiendo dos hombres a la vez. Él llegaba cachondo perdido a casa y por fin supe Fernando adoraba ya mi maduro cuerpo de mujer. Me jodía con más fuerza todavía.

    Me sentía zorra y dichosa con dos hombres. Uno real otro imaginario.

    Un día recibí un mensaje de César que rezaba…

    -Mañana sábado arribaré Bilbao. Quieres quedar?

    No pude otra cosa que dar vueltas de cabo a rabo en el salón. Estaba totalmente desconcertada. Por un momento pensé que no. Pero al final dije que si. Que quería quedar con César.

    Le dije a mi marido se quedara con los niños porque tenía una cena con las chicas del trabajo y acudí a la cita con César en un restaurante a las afueras de Bilbao con habitaciones.

    Cuando lo vi todos los sentimientos reptilianos tuve en mi cerebro se alteraron por completo. Se le veía guapo y seguro de si mismo. No tenía claro como iba a ser ese encuentro lo que si tuve claro fue que iba a ir sin bragas debajo de mi rojo vestido. A sus 50 años estaba electrizante.

    Nos sentamos a la mesa y me cogió de las manos. Unas manos largas y cuidadas. Preciosas. En ese momento las imaginé tocando mis pechos y mi cuello. Una especie de corriente bajó de mi cerebro pasando por mis pechos y estómago para acabar en mi desnudo coño ya encharcado de flujo.

    En las copas, César me dijo…

    -La última vez, Laura?

    -Si, César. Estoy preparada para mi última vez contigo.

    Seguimos hablando y cuando se hizo un silencio interminable César se dirigió a la recepción y pidió la llave de aquella habitación. Para más señas… la 69.

    En el ascensor estaba nerviosa pero César me cogió de la mano y me adentró en la habitación.

    Me besó en la boca, cara y cuello y todo me daba vueltas. Noté en un abrazo como su verga estaba en erección. Me senté en la cama y se la saqué rígida como una tabla. Si, era cierto. Las fotos no engañaban. Aún estaba en forma. Comencé a besar sus huevos y pene y definitivamente lo engullí hasta donde pude sin siquiera quitarme las gafas. Bramó como un animal ante tal envite. Lauraaa!

    Me saqué mis blancos pechos de la blusa y se los refroté por su duro y venoso miembro tan rectilíneo como lo recordaba. Era considerablemente más grande que el de Fernando sin duda y en esos momentos me di perfecta cuenta volviendo a chupar esa magnífica verga.

    César se separó de mi y me quitó el vestido. Advirtiendo no llevaba bragas me dijo…

    -Te gustaría grabarte conmigo?

    Eso me dio mucha vergüenza pero accedí.

    Pusimos ambos móviles al lado nuestro y comenzamos a tocarnos. Comió mi coño como un poseso mientras jugueteaba con mi ano. Se dio cuenta pronto tendría un orgasmo y subió a mis oídos para susurrarme…

    -Eres la mejor y te amo con locura…

    Si eso me lo llega a decir comiendo mi concha me hubiese corrido sin remedio pero bajó otra vez entre mis piernas y siguió lamiendo mi clítoris.

    Por un momento recordé esas sus palabras y me corrí como nunca. Estaba tremendamente excitada. No pude hacer otra cosa.

    Mis piernas temblaban como nunca y mi cabeza daba vueltas. Me cogió como a una niña entre sus largos brazos y me besó con pasión. Cuando estuve repuesta César se puso encima de mi y poco a poco apartando los labios de mi coño su polla se fue abriendo paso en mi cuerpo. Acostumbrada a Fernando di cuenta de que por más llenita estaba siempre quedaban varios centímetros más por entrar. Al principio me tuve que adaptar de nuevo a ese tamaño pero lo hizo con tanto cuidado que enseguida lo logré empezando César a bombear despacio.

    -Ya, César… dame más… dame fuerte. Lo necesito. Estoy completamente abierta ya.

    César se revolvió como un animal ante mis palabras.

    Mientras… ambos móviles seguían grabando.

    Sacó su dura verga y me tocó el culo y dijo…

    -Ven…

    Sin darme cuenta me había puesto a 4 patas y me jodía con pasión y locura.

    Él advirtió la lentitud de mis movimientos puesto que ya era una mujer madura y rellenita diciéndome…

    -Estás preciosa así, mi tesoro…

    -Te gusta así, amor???

    -Me encantaaa! Creo voy a correrme.

    -Córrete, corazón. Córrete… tienes toda la noche para hacerlo. Las veces que quieras…

    Me volví a correr una vez más.

    Él aflojó sus embestidas en un intento de que me recuperara pero no quise y le exigí siguiera dándome más amor. Sus huevos chocaban con la parte interior de mi vagina y su pubis hacía ruido enfrentado al culo de una mujer voluptuosa, buena esposa y madre de dos criaturas que no se podía creer como un hombre estaba disfrutando tanto de ella. Me sentía válida, joven y capaz.

    -Cómo me gusta follarte, Laura. Como en los viejos tiempos, amor…

    -Si, si… como en los viejos tiempos.

    Mis pechos bamboleaban de adelante a atrás en el espejo. Y a él esa visión le excitaba sobremanera. Jugaba con mi culo como si fuese un flan y apretaba mis mofletes comprimiendo así su rabo y mi vagina tornándose más estrecha en su carrera.

    Pude observar sus expresiones y embestidas en el espejo del armario y como se movía dentro de mi. No pude sino correrme una vez más ante mi visión y lo que me estaba haciendo ese hombre de largo conocido. Me sentía una mujer. Una real hembra.

    Él, en contrapartida y a punto de orgasmear también sacó su polla y me la puso en la boca midiendo su tamaño para no hacerme daño acariciándome el pelo recogido en una coleta. Esta vez estaba a punto de estallar, roja y congestionada con unas venas parecían ríos de sangre entre rojas y azules y un glande púrpura.

    -Me dejas correrme en tu boca, amor…?

    -Si… corazón. Hazlo ya!

    -Sentí como mi boca se llenaba de blanco esperma que no acertaba a tragar.

    Él emitió un sonido gutural como el de un animal herido y cuando retiró su palpitante polla seguían saliendo gotas de esperma. Un esperma dulce y espeso. Era obvio hacía días no eyaculaba esperando para mi. Sin duda un final feliz para esa su abstinencia.

    Cayó rendido a mi lado y su pija se movía de lado a lado entre estertores.

    Lo abracé y lo besé diciéndole…

    -Cesarión eres un campeón. Y yo soy tu Cleopatra…

    Él me abrazó y nos dormimos juntos como un ovillo.

    Apagamos los móviles. Él el suyo, yo el mío.

    Un ruido ensordecedor me despertó a las 12 de la mañana acordándome de mi marido y mis hijos. Eran las obras de la carretera.

    -César, César… despierta!! Que van a dar las 12…

    -Joder… las 12? Hostias…

    Nos vestimos todo lo rápido pudimos y cogí un taxi a casa.

    Él me despidió diciéndome…

    -Recuerda tienes un video nuestro. Guárdalo bien porque como nos lo cojan tu marido y mi mujer… para qué queremos más.

    -Si, César, descuida…

    -Gracias por nuestra última vez…

    Abrí la puerta de casa y me encontré con mi marido en pijama haciendo el desayuno del domingo.

    -Vaya juerga, eh?

    -Mamaaa… que se te paró el reloj!

    -Si. Al final me quedé a dormir en casa de Carmen. No encontré ningún taxi.

    -Estaba ya preocupado. Avisa al menos…

    -Hombre… al menos para haberte bebido hasta el agua de los floreros no llevas mala cara, cariño. Haremos hoy el amor?

    -Si tu quieres corazón… Pues… si. -Le dije dándole un beso en la frente.

    -Pero deja me reponga. Estoy un poco cansada…

    Comí un poco, me duché y me acosté para dormir la siesta. Cerré la puerta de mi habitación de matrimonio y saqué mi consolador para masturbarme antes. Estaba deseosa de él porque quería probar pensando lo que me había ocurrido unas pocas horas antes.

    Daba el resultado esperado, mas mi marido entró en la habitación viéndome jadear tocándome.

    -Vaya, vaya… qué bien le sientan a mi mujercita las resacas…

    -Es que el alcohol me pone cachonda, Fernando.

    -Ven aquí…

    Fernando me tomó con mi consolador y me masturbó mientras comía mi clítoris. Tuve un orgasmo extraordinario a lo que después él se desahogó en mi coño con una buena corrida que ni si quiera me limpié de ella. Me cogió y nos quedamos dormidos como dos amantes no sin antes recordar que en menos de 12 horas lo había hecho con dos hombres. Mi marido y César.

    Fue fantástico.

    Por la tarde mandé a Fernando a casa de mi suegra por unos asuntos a lo cual aproveché para pasar aquella película a mi pen como señal inequívoca de que había completado un ciclo o bucle en mi vida. Me sentía completamente eufórica.

    Pasaron los años y ahora tengo ya cerca de 60 y si bien aún deseo a César seguimos en contacto como siempre. Alguna vez ha venido a Bilbao pero no lo hemos vuelto a hacer aunque lo queramos con locura.

    Si tengo problemas de sequedad utilizo lubricantes para masturbarme pensando en César y hacer el amor con Fernando.

    Al final, le confesé a Fernando me cruzaba mensajes por el móvil con César. No le expliqué lo de las fotos ni lo aquel último encuentro y él lo aceptó como una de mis fantasías.

    -No te preocupes, Laura. Todos tenemos derecho a fantasear…

    Estoy loca, ya lo sé. Pero soy una mujer que se siente querida y deseada.

    Qué más puedo pedir?

    Bueno si… la polla de César de vez en cuando. Aunque sea una vez al año…

    TE QUIERO CESAR…

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (9)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (9)

    Al día siguiente, pareció volver una cierta normalidad. Los dos se encontraron en el gimnasio y Sergio acompañó a su tía en la bicicleta estática de la misma forma que hizo el día anterior. Carmen no había olvidado como el miembro de su sobrino, se movía debajo de su cabeza desperezándose con ganas de fiesta. Sin embargo trató de pasar por alto aquel sucedo, al menos… por el momento. El joven en cambio, mientras veía a su tía dando pedaladas, no podía olvidar las ganas que reprimió de tocarse después de la tensión acumulada de todo el día.

    Trataron que la mañana siguiera siendo “normal”, aunque lo anormal era lo que hacían. Si tendríamos que pensar en que era normal para esos dos, seguramente nos imaginaríamos algo más íntimo y… más mullido.

    Se ducharon y desayunaron mientras hablaban del único tema que monopolizaba el día, Mari. La madre de Sergio iba a llegar y si todo salía según tenían pensado, se quedaría con ellos al menos un par de días.

    Sobre la una del mediodía salieron a esperar en la puerta de la entrada. Habían conseguido pasar una mañana en calma sin ningún tipo de tensión, también en parte por saber que Mari vendría y que Sol rondaba por la casa haciendo las labores del hogar.

    El joven fue el primero que vio el “barco” en el que venía su madre y avisó a su tía de que ya estaba, para que esta activara el mando y de ese modo abrir la puerta. Su madre atravesó la verja de la casa y con mucho cuidado de no rayar ninguna parte de la carrocería, lo estaciono.

    Del interior salió la versión consumida de Carmen. Su cabello moreno lo llevaba desatendido y arremolinado en una coleta sudada. Igual que el pantalón y la camiseta blanca sin mangas que llevaba, ambas prendas caladas de su propio sudor. Por un momento Sergio comparo a ambas mujeres en un lapso de segundo, le parecieron tan iguales y a la vez tan diferentes, como la noche y el día.

    —¿Qué tal el viaje, mamá? —se acercó a ella con rapidez, hasta llegar a su lado donde su madre le recibió con un frío saludo.

    —Mal… hace un calor inhumano, menos mal que no pille caravana.

    —Nosotros sí, de eso que te libras, no se podía pasar más calor —saltó su hermana propinándola dos besos y un abrazo. La diferencia de las muestras de afectos era tan evidente—. Gracias por lo del coche, Mari, de verdad.

    —¿Tú qué tal, hijo?

    —Muy bien, no puedo estar más a gusto, la tía me ha tratado de lujo.

    —¿Has quedado con los amigos? —comentó Mari entrando en casa.

    —Que va, de momento me he decidido por otro plan, ya les he avisado.

    —¿Qué vas a hacer si se puede saber? —Sergio miró a su tía la cual le devolvió un gesto cómplice.

    —Pues me gustaría que pasáramos los tres unos días juntos y después ya volveremos.

    —¿Cómo que unos días? ¿Juntos? —Mari estaba perdida y buscaba una respuesta tanto en su hijo como en su hermana.

    —Los días que queráis mejor dicho, no presiones a tu hijo para iros ya ¡eh! —miró a Sergio— ¿Le has dado un beso a tu madre?

    Nunca habían tenido por costumbre mostrar afecto mediante besos, unos simples “holas”, sumados a movimientos de cabeza eran suficientes. Sin embargo los ojos azules de Carmen insistían.

    Por una fuerza que parecía proveniente de su tía, el joven se comenzó a acercar a su madre la cual, con los mismos ojos azules brillantes, le miraba con duda. Estando a su lado, a escasos centímetros, bajó su rostro, comprobando que su madre no huele a perfume, sino a simple sudor. No obstante, eso no es algo que le vaya a echar para atrás y sintiendo como su tía le empujaba mentalmente, colocando los labios en posición, acabo por besar a su madre en la mejilla.

    —Menudo saludo… —dijo la tía irónicamente— vamos Mari, deja al niño, tú a descansar y luego me acompañas que tengo que ir a unos sitios.

    Sin poder decir nada más, Carmen se llevó a su hermana. Subiendo ambas las escaleras con intención de que Mari se acomodase en su “nueva” habitación.

    Sergio se quedó viendo la tele mientras le llegaban murmullos de arriba. Al de un rato, bajaron ambas listas para salir a dar una vuelta. Su tía le dijo que pasarían la tarde fuera, que la casa era suya y que hiciera lo que quiera. Dicho y hecho, Sergio pasó todo el día disfrutando de la piscina y del sol, que le acabó por picar de tanto calor.

    Entre chapuzón y chapuzón, su cabeza siguió dándole vueltas al mar de sentimientos que le corría por dentro. Con su madre allí, estaba claro que no volvería a suceder nada “extraño”, aunque si lo pensaba bien no sabía si en verdad había sido como él pensaba. Quizá todo había sido producto de su imaginación, de una mente calenturienta dispuesto a todo por “mojar el churro”. Sin embargo, esas suposiciones se hacían a un lado cuando recordaba la mirada de su tía, tan penetrante, tan preciosa. Aquellos ojos que se le clavaban de forma tan intensa, había que sumarle un tono de voz que a veces no iba acorde con una conversación “normal”. Carmen estaba tensionada, notaba como su garganta no le dejaba fluir las palabras como de costumbre… si, Sergio apostaba que era así.

    La noche anterior, su corazón le gritaba que corriera, que su tía aceptaría que entrase a su habitación en plena noche, pero su mente racional le dijo que era una locura. Tan buena relación tenían que no quería estropearla por una calentura infantil, esperaba que todo pasara y disfrutara de Carmen como un sobrino al uso.

    Salió de la piscina y pensó que sería un gran momento para darse una alegría al cuerpo. Le seguía sin gustar “mancillar” aquella casa con sus fluidos, pero ya llevaba dos días durmiendo con una erección de caballo. ¿Por qué no?, nadie se iba a enterar y si algún tipo de culpa afloraba en su cuerpo, pronto pasaría, al fin y al cabo, solo era una “paja”.

    Lástima que lo decidiera tan tarde, justo cuando su pene se comenzaba a hinchar y ponerse “morcillona” escuchó como el coche atravesaba la valla, y su madre y su tía volvían a casa. Entre la piscina y sus pensamientos, el tiempo se le había escapado de las manos y ahora no había vuelta atrás porque las dos mujeres entraban por la puerta.

    —¿Mamá? ¿Qué te has hecho? —dijo sin contenerse al ver como pasaba por la puerta después de su tía.

    —¿Tan fea estoy? —pregunto avergonzada mientras se pasaba la mano por el pelo y la cara. Al ver su mano tocar su rostro, Sergio se dio cuenta de que incluso se había hecho las uñas, no recordaba haberla visto así antes.

    —No, no, no. ¡Por favor! Todo lo contrario, estás guapa… realmente guapa. —alguna vez la había visto preparada, pero nunca de esa manera, parecía lista para un gran evento.

    —Tu tía —Carmen ya en casa dejó sus cosas en el recibidor de la entrada— que me ha llevado a un salón de belleza. Me han hecho de todo, y además me ha comprado ropa, al parecer se ha vuelto loca.

    —Muy loca, loquísima. Esta noche salimos a tomar algo… solo chicas… lo siento, cariño —se acercó hasta donde su sobrino y le dio un beso en la frente a modo de saludo aunque al joven le supo a más—. No nos esperes despierto, o si, no sé… haz lo que quieras, estás en tu casa.

    Sergio las admiró mientras se marchaban sin parar de reír. Primero lo hizo con su tía, que estaba igual de bella que siempre, una belleza casi perfecta que había empezado a conocer perfectamente. Sin embargo, cuando posó los ojos en su madre, lo que vio le fascinó, parecía otra mujer con una única tarde al lado de Carmen. Eran casi idénticas, al menos en aspecto, mismo rostro, mismos ojos, incluso el cabello tenía la misma textura aunque diferente tamaño y color.

    No se cortó, el joven echó un vistazo a ambos cuerpos. Los comparo con rapidez, sorprendiéndose de lo bien que se conservaban ambas, la única diferencia era que su madre era más delgada, nada más. Sus ojos no le engañan en una tarde, su madre había rejuvenecido e incluso se veía más… feliz. Lo sintió como irreal casi mágico aquella sonrisa y ese brillo en sus ojos no podían ser reales. No obstante, no era magia, ni se equivoca lo que estaba viendo era a su madre rebosante de felicidad.

    Esperó en la sala a que se cambiaran mientras veía la tele pudiendo evadirse de todo pensamiento extraño alrededor de su tía. Solo se desconcentraba al escuchar risas y murmullos de ambas mujeres provenientes de arriba “¿Cuándo se ha reído mamá tanto?”.

    No tardaron mucho más en descender por las escaleras. Los tacones que las dos mujeres llevaban resonaron en la casa, llamando la atención del joven que se incorporó en el sofá para verlas. ¡Menuda sorpresa! Las dos bajaban las escaleras con vestidos similares, si es que no eran iguales, su sentido de la moda era nulo. La única diferencia eran los colores, el de su tía era rojo y el de su madre azul. La parte de arriba era ceñida y las dos mostraban un poco de escote, “¿Escote? ¡¿Mi madre?!” Sergio no daba crédito a lo que sus ojos veían. La vestimenta superior habitual de su madre eran camisetas sin nada de escote y en su efecto camisetas viejas que habían pertenecido al chico años atrás. Cierto es que Mari no tenía reparos en estar delante de sus hijos con el sujetador, pero su moda fuera de casa, solía ser siempre más recata y… simple.

    A Carmen no le hacía falta ni que la mirase, estaba explosiva. Había dejado a un lado su atuendo formal y caro, por un vestido más apretado donde mucha de su piel era visible. Su escote era una delicia y bajo su vestido se veían unas piernas grandes y torneadas. Sin embargo lo que más le seguía impactando a Sergio era que aunque su tía estuviera espectacular, su madre no iba para nada desencaminaba. Su vestido aunque muy idéntico carecía de ese toque “picante” que tenía el de Carmen. Le llegaba hasta los tacones dejando una abertura por donde se podía ver una pierna estilizada. “¿Vestido, tacones, escote? ¿Esta es mi madre?”.

    —Bueno, Sergio, nos vamos de marcha. —Siguió mirando atónito desde el sofá— ¿No nos vas a decir nada? —insistió su tía mientras se ponía un chal y su madre una chaqueta.

    Sergio no podía dejar de mirarlas, estaba hipnotizado. Todos los pensamientos de su tía comenzaban a aparecer como una cascada, un rostro bello, un cuerpo perfecto… pero lo que no le dejó hablar fue ver a la mujer de al lado. Alguien a quien conocía muy bien, pero que no podía reconocer. La había visto de todas las formas, incluso en ropa interior, con ropa fea y desgastada y en ningún momento hubiera pensado lo mismo que ahora, su madre estaba igual de bella.

    —Estáis… —por su mente viajaron varias palabras, buenísimas, macizas… todas soeces que ellas no se merecían— preciosas. Vais a llamar la atención… os parecéis más de lo que pensaba.

    —Siempre nos lo han dicho, bueno por algo somos hermanas —apuntilló su madre, respondiendo a algo más que obvio.

    —Cuando quiere, tu hijo sabe que decir, tiene un pico de oro, te lo aseguro Mari. —dedicó una mirada cómplice a su sobrino, alentando a que le siguiera el juego— ¿Te gusta cómo está tu madre? Ha salido a relucir toda la belleza que sin parar trata de esconder.

    —Sí, sí, mamá, estás muy guapa —sintiendo que era buen momento, soltó una broma con tintes de realidad— cuidado con los hombres que se te van a acercar.

    —¡Hijo, por Dios! —Mari no pudo evitar la coloración de su rostro, ¿ligar ella? ¿A su edad? Estaba fuera de toda lógica. Aunque con una sonrisa algo boba recibió el cumplido con agrado.

    —¿Vienes a darnos dos besos para despedirnos o te vas a quedar ahí tirado? —comentó Carmen ante la pasividad de su sobrino.

    Como azuzado por un látigo, se acercó a ambas mujeres y con una calma, con la cual parecía que disfrutase, les propinó a cada una par de besos.

    Su madre se adelantó para mirar si el taxi ya había llegado. Cuando lo vio, desde fuera hizo gestos para decir que ya salían, de mientras Carmen miró fijamente a su sobrino. Aprovechando aquellos segundos de soledad e intimidad le dijo en voz baja como si de un secreto se tratase.

    —Tienes en la cocina lo que quieras por si tienes hambre. Esperemos no despertarte, vendremos algo… bebidas —evitó reírse— y tranquilo que no me olvido de ti, mañana no te dejaremos solo.

    Escuchó desde el sofá como el taxi arrancaba y las mujeres se marchaban de fiesta dejándole solo en aquella casa tan grande. Las palabras de su tía siempre le removían el alma, era ya algo innato, cada palabra que le iba dirigida a él, era como una fecha llena de lujuria que se le clavaba en la entrepierna. “No se olvida de mí” su imaginación voló, pensando que esas palabras querían decir más de lo que parecía.

    Pasó otra hora en el sofá viendo terminar la película que le hacía al menos no pensar en Carmen. Aunque los ojos se le cerraban aguantó de forma estoica hasta que por fin terminó, levantándose para llegar con paso agotado hasta la cama.

    Antes de conciliar el sueño, su mente repasó todo el día, viendo que había sido de lo más calmado, salvo por esa visión de su madre. En verdad estaba guapa, guapísima podría decir, no parecía la Mari que él conocía. Intentó pensar en su tía, quizá para alegrar un poco la noche, pero el sueño podía con él. Trató en un inocuo intento mantener arriba sus parpados, pero pesaban como losas, acabando por dormirse con una última imagen en su mente… la de su progenitora bajando las escaleras con el vestido azul.

    CONTINUARÁ

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    Por fin tenéis en mi perfil mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.