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  • Juego en mi casa junto a mi madre

    Juego en mi casa junto a mi madre

    La conocí esa tarde y un mes después aquí estamos, su lengua recorría mi pecho, de reojo podía ver un poco de su cabello, amaba esas sensaciones, estábamos completamente alerta, mi madre estaba en la habitación de al lado, era mayor éxtasis pues la sensación de que nos encontrarán liberaba adrenalina.

    Me saco de mis pensamientos con un beso profundo, su mágica lengua ahora pasaba por mis labios, recorría mi espalda con delicadeza y luego con más fuerza yo tenía mi mano en su pecho era mucho más grande que el mío, me dejaba con una sensación de querer tomar leche de ella, mi mano la pase a través de sus piernas, grandes y suaves, toque con mi dedo un poco sus labios mayores abriéndose camino hacia el clítoris, la miré y cerraba los ojos disfrutando de esa sensación, recorrí un poco mis dedos y metí uno dentro de ella, se sentía cálido, lo saqué y lo metí de nuevo suavemente, verla disfrutar tanto me hacía disfrutar a mi, su rostro de placer hacia que a cada momento estuviera más y más mojada, ella metió uno de sus dedos dentro de mi, fue un poco brusca y me dolió, no pude evitar quejarme y en ese instante mi madre que se encontraba fuera de la habitación, entró para ver qué pasaba.

    —¡Laura! -Gritó Mar

    —¿Qué pasa aquí? -Dijo mi madre

    Yo no podía pronunciar ninguna palabra

    —Sólo estamos experimentando.

    Mar sonreía con una mirada pícara. Se acercó a mi madre que estaba en la puerta y me susurró algo al oído, mi madre asintió estaba con la cabeza y salió del cuarto Mar se volvió a mi y me acostó en la cama, se subió arriba de mi y siguió besándome no sabía qué hacer, sólo traté de dejarme llevar aunque por más que intentaba no podía.

    Cuando vi a mi madre parada al lado de la cama, traía una ropa parecida a su pijama de encaje negro y rojo, se veía sexi y me sentí sumamente excitada, Mar me tomó por los tobillos y me acomodo a la orilla de la cama, mi madre me abrió las piernas y metió un dedo dentro de mi, pensé que me dolería, pero no fue así, se sintió suave, adentro afuera adentro afuera yo estaba babeando de la sensación Mar se abrió de piernas sobre mi cara y se acomodó para que pudiera lamer su sexo.

    Lo lamí como nunca metí mi lengua adentro de su vagina, y succione un poco con mis labios lamí por fuera y deslice mi lengua hasta su clítoris le di vueltas lentamente y regrese a meter mi lengua con rapidez. Eso lo hacía con mi madre metiendo su dedo dentro de mi.

    Cuando más placer sentía de hacer eso, mi madre puso mis pies sobre sus hombros y un vibrador entre mis piernas yo me sorprendí pero a la vez me llene de tanto placer que no pude mantenerme más tiempo quieta y comencé a mover mis caderas arriba abajo mi madre también movía las suyas pues estaba igual penetrándose con el vibrador, todo era excitante.

    Cuando pude ver un poco arriba Mar y mi madre estaban besándose quise ser parte de eso e intente tocarles los pechos y sólo pude llegar a los de Mar, los agarré con fuerza con mis manos los presionaba y los jalaba, ella comenzó a mojarse más y su dulce sabor a entrar a mi boca, entonces esa sensación de excitación llegaba a mi me dejé llevar y se escuchó como si tiraran agua en el piso.

    Pasaron unos segundos y escuché más agua en el piso, era de mi madre, retiro el vibrador y Mar se bajó de la cama, nos limpiamos y las tres nos acostamos, mi madre me abrazó y me dio un tierno beso en los labios, y Mar me beso con pasión, sentí agradecimiento en ese beso, después ellas se besaron, abrazadas un pensamiento llegó a mi.

    —Al fin dejé de ser virgen.

  • Vestuario de chicas

    Vestuario de chicas

    Era sábado por la tarde, los dos solos cuando tú me hagas mi lingam y yo tu yoni, mientras nos acariciábamos te pedí que me contaras una vez más lo que ocurrió el otro día en el gym, cuando entraste en el vestuario sudada, solo pensando en quitarte la ropa para ducharte, viste a Lara salir de la ducha, su cuerpo desnudo y mojado, secándose con la toalla su larga melena, las gotas de agua caían por su espalda, por sus pechos redondos y unos pezones duros convertidos en trampolines para las gotas que iban cayendo.

    Su sexo rasurado te llamaba a mirarla, a imaginarla debajo de la diminuta toalla, como te comentó que bonitos eran tus pechos grandes y naturales, tus pezones erectos por la situación, al rozar con la crema que le cubriste la espalda, como se erizó vuestra piel.

    De vuestros sexos exhalando aire y soltando pequeños gemidos de placer, desde lo profundo de vuestras vaginas hasta la boca y volver a empezar, cerrando los ojos, de la multitud te pellizcos en los pezones, al tacto de piel con piel, su braguitas limpias se humedecían.

    Su cuerpo se entorno y quedasteis frente a frente, las lenguas intentar rozarse, los ojos se entreabren, los labios se mordisquean, se os aceleró la respiración, cada vez eran más seguidas y con más intensidad, ya no os importó el entorno, si las demás chicas o chicos del gym os podían ver, oír, participar, las sensaciones de placer iban en aumento, como cada vez estabais más mojadas, más húmedas, más llenar de placer, casi acariciando el orgasmo, y como te hubiera gustado que yo estuviera mirándoos…

    Gracias Lara por tus aportaciones…!!!

  • El repartidor (Parte 2)

    El repartidor (Parte 2)

    Continuamos así durante unos minutos. A veces ella entrecruzaba los pies, aumentando la presión en su vulva, otras veces separaba las piernas momento que aprovechaba para acariciarle el coño, meterle un dedo que salía todo lubricado y frotarle el clítoris.

    En ocasiones era ella la que ponía sus manos en sus nalgas abriéndoselas, enseñándome su culo abierto y dejándome ver como toda mi polla se introducía en su ojete. Ese espectáculo me ponía muy burro, tanto que la cogía por las caderas y empezaba a follarla salvajemente hasta que ella las soltaba.

    De repente se quedó quieta y dijo, quiero que me fotografíes el culo abierto. Así que sin mediar más palabras ni comentarios me entrego su móvil, con la cámara ya preparada. Separó las piernas, inclinó el cuerpo hacia adelante y se abrió el culo.

    Desde mi posición y a través de la cámara del móvil tenía una visión de su coño y de su ano totalmente abierto.

    – Toma. Comprueba si te gusta o la repito.

    Dejó el móvil en el mueble, miró la foto durante unos segundos apretándose los pechos, volvió a abrirse el culo y me dijo.

    – ¿Continuamos?

    Como qué si continuamos, pensé yo.

    – Vale, pero ahora déjame que dirija yo.

    – OK! Me contestó.

    Acerqué mi polla a su ojete, la introduje hasta que desapareció la cabeza, la sacaba y la volvía a meter así varías veces y de repente, toda de golpe dentro. Otra vez la misma operación y otra vez toda dentro, cada vez más y más fuerte. Hubo un momento que Julia, que había mantenido las piernas abiertas, juntó las rodillas, echó la cabeza hacia atrás y se estremeció. Ese gesto hizo que tras dos o tres embestidas más me corriera en su interior, empujándola con fuerza.

    Nos quedamos quietos durante unos segundos, ella sin sacarse la polla de su culo giró y se acercó a darme un beso en la boca, introduciendo su lengua buscando la mía.

    Me dijo.

    – Quiero que ahora grabes un video saliendo tu leche de mi ojete y quiero que se vea bien como chorrea, porque lo que he sentido cuando te has corrido es como si me inundarás el recto.

    Todavía entre jadeos, solo acerté a decir

    – Como quieras, video de tu trasero saliendo mi leche.

    – ¿Correcto, estás preparado?

    Me dio otra vez su móvil, preparado para grabar video. Me agaché, enfoqué y al separar las nalgas empezó a salir la leche de lo que antes era un ojete pequeño y ahora un agujero grande, rojo, totalmente dilatado.

    – Te has portado muy bien. Te mereces una ducha, ven.

    Me cogió la polla, como quien coge una manguera y nos fuimos al cuarto de baño.

    Después de preparar el agua, se metió dentro y empezó a mojarse mientras yo me acababa de desnudar. Entre en la ducha y me dio una esponja y me hizo frotarle la espalda, los pechos, las piernas.

    Me quitó la esponja y puso gel en mi mano y me dijo que le lavara el coño y el culo. Uff su culo, como estaba. No sé si algún día volvería a la normalidad.

    Después fue ella la que me froto la espalda, el pecho y también, poniéndose gel en su mano empezó a frotarme la polla. Me miraba y sonreía.

    Cuando terminó, le echo agua para quitarle el jabón, se agachó y se la metió en la boca.

    Coño!! Me estoy empalmando otra vez.

    Mirándome a los ojos desde abajo me dijo.

    – Parece que le gusta cómo te la como y rio.

    Se la volvió a meter y notaba como su lengua pasaba por toda la cabeza.

    De repente paró se separó y riéndose me dijo dándole una palmada

    – Está muy tonta, toma termina de secarte.

    Pensé, muy tonta? Y como quieres que esté si me la estas comiendo como nadie lo ha hecho.

    Salió del cuarto de baño y al momento la escuché decir

    – Ven, estoy en el dormitorio.

    Al llegar la vi con el juguete que le había traído. Me dijo si me apetecía jugar con él y le pregunté que a qué se refería con lo de jugar, porque conmigo no iba eso. Ni masaje prostático ni pollas en vinagre.

    El dormitorio de Julia tenía un armario cuyas puertas eran espejos, espejos de cuerpo entero.

    Entre risas, me dijo que me sentara en el borde de la cama, ella calculó más o menos la altura y apretó la ventosa del juguete que quedó preparado para el siguiente juego.

    Abrió las piernas, cogió el pene y empezó a pasárselo por el coño.

    Yo sentado. Mirando como si se tratará de un espectáculo.

    Al agacharse aprovechó para meterse el de plástico en su coño y el mío en su boca. Era un movimiento coordinado, se metía el juguete en el coño y al mismo tiempo sacaba la polla de su boca, y al revés se metía mi polla en su boca y sacaba el juguete de su coño.

    Hubo un momento que se me quedó mirando, arqueo su espalda y se estremeció, juntando las piernas.

    Se echó en la cama y me pidió que me pajeara y me corriera en su boca. Así que sin más empecé a frotármela y cuando estuve a punto de correrme, la acerqué a su cara al mismo tiempo que ella me la cogía y sin dejar de pajearme se la metió en su boca donde descargué toda la leche.

    Siguió mamándomela durante unos segundos más, cuando me pregunto si me había gustado, ya no le quedaba nada de mi semen.

    Realmente fantástico.

    Descansamos un rato, ambos desnudos. Me levanté y ella estaba dormida. La contemplé desnuda. Una preciosidad.

    Al salir de la habitación vi el pene todavía sujeto al espejo y pensé riéndome para mí, pues una sesión follándola doblemente no estaría nada mal.

    Me despedí dándole un beso en el hombro y dejándole mi número de teléfono por si alguna vez quiere volver a jugar. Y si no me llama ya compraré otro juguete y un día llamaré a su timbre y le diré:

    -Julia Romero, un paquete.

  • El taller de mi esposo

    El taller de mi esposo

    Hola, soy Marta. Ahora tengo 35 años, pero desde hace un par de años comencé lo que les voy a relatar.

    Antes que otra cosa voy a darles cierto datos de mí, soy una mujer casada, me casé poco antes de cumplir los 18, con mi novio que tenía desde los 15, así que no fui una chica que conociera a muchos chicos, mucho menos que hubiera «experimentado», ya saben a qué me refiero. Bueno, la verdad es que para mi edad, aún tengo un muy buen cuerpo, buenas nalgas y unos pechos también muy decentes. Soy de piel blanca y un pelo muy negro.

    Bien, como les dije soy una mujer casada, mi esposo un hombre no de mal físico, 3 años mayor que yo, tiene un taller mecánico en el patio frente a nuestra casa, y como es obvio van hombres al taller a llevar sus carros a que mi esposo los arregle, por esa razón siempre o casi siempre hay hombres en el taller.

    Como yo no tengo un trabajo, a lo único que me dedico es a los quehaceres de la casa, lavar, hacer de comer, etc. Y también vendo cosas por catálogo, principalmente lencería y zapatos. Pero casi siempre me la paso en mi casa. Lo interesante de mi vida pasa cuando tengo que salir a comprar para la comida a la tienda que está cruzando la calle, porque tengo que pasar por en medio del taller y como es de esperarse, los clientes de mi esposo siempre se me quedan viendo, obviamente disimuladamente porque ahí está mi esposo, pero siempre puedo verlos voltear hacia mí y casi siento sus miradas en mis nalgas.

    La verdad es algo que siempre me había parecido un tanto normal y no le prestaba atención, incluso a veces solía molestarme un poco. Y es que por su trabajo, hay ocasiones en que mi esposo tiene que salir a ver un carro fuera de la casa, por lo regular lo llaman se ranchos algo lejos de la casa para que vaya a arreglar sus carros o camionetas del trabajo. Entonces cuando eso pasa, no deja cerrado el taller, según el para que lo clientes no se enojen de ver cerrado, en fin, lo deja abierto. Como es de esperar, vienen algunos clientes a ver cómo van sus carros, si ya quedaron o si hace falta algo.

    Ahí es donde se pone un poco más pesado, porque al no estar mi esposo, cuando paso por el taller para salir a comprar, sus miradas son más descaradas, muy directas, en ocasiones los escucho murmurarse cosas sobre mis nalgas. Con el tiempo empezó a darme curiosidad, pensaba en qué era lo que decían cuando se ponían a platicar después de que yo pasaba, entonces empecé a imaginar cosas con los clientes de mi esposo.

    Una ocasión mi esposo salió, se fue desde muy temprano mientras aún estaba acostada, dejó el taller abierto como de costumbre y sus clientes empezaron a entrar. Me pare y los vi ahí como siempre entre los carros, salí a comprar y obvio se me quedaron viendo, yo traía unos leggings azul marino y una blusa naranja de tirantes, debajo traía un cachetero de encaje que se marcaba en el leggings, cuando regrese de la tienda lo mismo, sentí como me miraba y los escuché decir algo sobre lo rica que me veía.

    Adentro de la casa estaba haciendo mi aseo, mientras pensaba en ellos, en lo que pensaban y siendo honesta me ponía algo cachonda. Entonces me hablaron, me asomé y me pidieron ir a donde estaban ellos, llegué a donde estaban y me preguntaron que si mi esposo iba a tardar, les contesté que no sabía pero que le hablaría para preguntarle. Ya adentro le marqué a mi esposo y me dijo que había salido al rancho de don Paco, (ese era un rancho que estaba algo lejos de la casa, eran al menos unas 2 horas de camino solo de ida) pero me dijo que les dijera que no iba a tardar y que les ofreciera algo de tomar.

    Entonces preparé una jarra de agua, salí y les dije que no iba a tardar, me estaba dando la vuelta para regresar a la casa y uno me dice: no te vas a tomar un vaso de agua? te quedó bien rica. Entonces voltee y le dije que así estaba bien, pero otro insistió y con algo de nervios decidí quedarme, me sirvieron un vaso de agua y me lo dieron. Mientras tomaba el agua, uno me dijo, hace rato que pasaste, nos escuchaste verdad? Me hice la desentendida y les pregunté, de qué? Y dijo otro, de que estás bien rica. Solo sonreí y les dije, ah sí, algo escuché. Entonces otro dijo, bien rica como el agua, a lo que se nuevo les sonreí, terminé mi agua y les dije que iba a terminar mi aseo.

    Uno de ellos me tomó del brazo y me dijo, no te vayas, no te molesta que te digamos que estás rica o te gusta? Yo lo miré, le sonreí y le dije, pues no les creo, lo dicen nada más por decirlo, a lo que uno de ellos se acercó más a mí y me dijo, en serio estás bien rica, me encantan tus nalgotas, justo cuando lo decía, estiró la mano y me apretó mi nalga, me hice un poco hacía atrás al mismo tiempo que le decía: no, espérate, qué haces? Cuando me hice para atrás, choque con otro que se había parado justo detrás de mi, al hacerme hacía atrás mi culo chocó en con él y me dijo, tiene razón se sienten bien ricas y me las agarró también.

    De nuevo me giré y le dije: oye!! Y el primero me jaló hacia él y con una mano me apretó contra él y con la otra me agarró un pecho, sentí en mis nalgas su pene que ya estaba duro, eso y el apretón en mi pecho me hizo quedarme un momento ahí y moverme ligeramente hacía atrás para sentirlo mejor, justo iba a quitarme y el bajo su mano a mi entrepierna y eso me hizo cerrar los ojos y soltar un pequeño suspiro, y de nuevo apretar mis nalgas contra su pene. Ya con mucha más confianza, los otros dos se acercaron y se pelearon por mis pechos pero se inmediato eligieron uno cada quien para acariciar, empecé a sentir sus manos por mis piernas, mis pechos mis nalgas, mi abdomen, en mi vagina, las sentía en todo mi cuerpo mientras mi respiración se aceleraba.

    El de atrás frotaba mi vagina por encima de mi mayon, tratando de meter sus dedos en medio y lográndolo por momentos, mientras me empujaba su pene en mis nalgas. Entonces sentí como uno metió su mano bajo mi delgada blusa y la subió hacía mi pecho, bajo mi bra y me saco un pecho y comenzó a chuparlo y yo sentía más rico, el otro de inmediato hizo lo mismo, cada lengüetazo y cada succión a mis pechos me hacía soltar gemidos que trataba de contener, entonces el de atrás al ver que ya me tenía metió su mano en mi mayon y por fin metió su dedo con comodidad y empezó a masturbarme, yo estaba tan caliente, disfrutando que se me había olvidado que estaba en el taller, con el portón abierto.

    Ya muy caliente y con toda la confianza del mundo el de atrás tomo mi mayon por la parte atrás y lo bajo y empezó acariciar mis nalgas ya sin ropa de por medio, de repente me soltó, momento que aprovecharon los otros dos para tomar su turno con mis nalgas y mi vagina, el dedo de este estaba más grueso lo que me hizo gemir un poco más duro y fue entonces que quise sentir su penes y algo desesperada lo tocaba por encima de su pantalón, escuché un ruido de un cinturón y eso me hizo voltear levemente y ver qué el de atrás tenía su pene de fuera, se lo agarró me acercó hacia él y se preparaba para meterlo y lo detuve, y le dije, espera! Los otros también se detuvieron, pensando que yo no quería seguir, pero de inmediato les dije: vamos más atrás, por aquellas camionetas.

    Mi esposo tenía 2 camionetas grandes que no novia hace mucho, rápido nos fuimos hacia allá y en cuanto llegamos, bajaron más mi leggings y me subieron por completo mi blusa, los otros sacaron sus penes también y mientras ellos lo hacían, el de atrás me inclinó para entonces meterme su pene se un solo empujón y hablarme contra él, entonces por fin solté el gemido ya sin contenerme. Los otros dos se acercaron y me agacharon más para hacerme chupar sus penes que era lo que yo estaba deseando. Entonces ahí me tenían, tocando todo mi cuerpo mientras uno me cogía y al mismo tiempo les chupaba y masturbaba a los otros dos se cambiaban de turno, hasta que al que le tocaba atrás en ese momento dijo, me voy a venir! Solo alcancé a decirle: no te vengas adentro! Se salió de inmediato y pensé que se vendría en mi espalda, pero caminó hacia delante y me puso su pene en frente y lo metió en mi boca y se vino en ella, me tomó por sorpresa que me lo tragué.

    Mientras el caminaba hacia mi boca otro tomó su lugar y ya me estaba cogiendo, no me daban un respiro y me encantaba, chupaba el pene del el otro, mientras el que ya se había venido intentaba ponerse duro de nuevo mientras chupaba y acariciaba mis pechos. Entonces sentí como el de atrás escupió en culo y de inmediato sentí su dedo entrar en mi culo, tan fácil que me sorprendió un poco, pero olvidándolo muy rápido por lo rico que sentía, al momento sentí como metía otro dedo al mismo tiempo que me cogía y al poco rato también dijo que se iba a venir, sin que dijera nada está vez, se salió y corrió a darme su semen para que me lo tragara. El otro tomó su lugar y me cogía y así por un rato mientras los otros ya estaban poniéndose duros de nuevo en mi boca, yo tenía ese sabor a semen y me encantaba. El que me cogía tenía sus manos en mi cadera agarrando dándome muy duro, cuando dijo me voy a venir, en cuánto lo oí, tomé sus manos y lo jale, sin decirle nada porque estaba ocupada chupando dos penes, el entendió que quería que se viniera adentro y así lo hizo, sentí el montón de semen caliente entrar en mi vagina, solo dije no te detengas dame duro y entonces mis piernas temblaron y tuve un orgasmo tan rico que solté los penes y me agarre de mis rodillas, el de atrás me sujetó también, me tomo unos segundos y me puse de pie.

    Ellos querían seguir acariciando mi cuerpo metiendo sus dedos, se frotaban sus penes y tomaban mis manos para que lo hiciera yo. En cuanto recupere por completo el aliento, les dije: nadie debe saber de esto y si hay oportunidad se puede repetir, pero por ahora es todo, tengo cosas que hacer y es mejor que se vayan y vengan después.

    Yo entré a mi casa, me di un baño, pensando en todo momento lo que había hecho con esos señores en el taller de mi esposo. Salí de bañarme y unos 10 o 15 minutos después se fueron. Más tarde regresaron y mi esposo aún no llegaba. Yo salí de nuevo a la tienda y los miraba y ellos me sonreían y me hablaban para que fuera a dónde ellos, yo solo les sonreía. Le marqué de nuevo a mi esposo, diciéndole que se habían ido y ya habían vuelto y me dijo que ya no tardaba. Entonces salí a decirle eso a ellos y en cuanto me acerque rápido empezaron a acariciarme, le dije que ya no tardaba mi esposo, los dejé acariciarme y besar mis pechos un rato, sus penes estaban duros otra vez y los acaricié también, pero les dije que ya, porque podía llegar mi esposo y verme ahí, entonces me fui a la casa, no sin antes recibir apretones en mi nalgas.

    Eso es algo de lo que a veces pasa cuando mi esposo sale a hacer trabajos fuera de casa. Espero les haya gustado y espero poder escribirles y contarles más cosas después. Espero me dejen sus comentarios, besos.

  • Autobiografía sexual (Parte 5): ¿Embarazada yo?

    Autobiografía sexual (Parte 5): ¿Embarazada yo?

    —¡Ah! ¡Uf! ¿Todo bien, Gus? —le cuestioné al mismo tiempo que saltaba despacio ensartada en su rica verga de espaldas a él.

    —Sí, todo bien. ¡Ah!

    —No estás fingiendo gemir, ¿cierto?

    —No. Se siente muy bien, de verdad.

    —Pero no lo estás disfrutando.

    —Siéndote sincero, no.

    Saqué su pene de mí y me acosté junto a él. No podía creer que haya aceptado que le enseñara a tener sexo con una mujer para convencer a su padre de que ya no es gay, pero no estaba dando buenos resultados. Para colmo, al día siguiente iba a venir su padre y nos iba a hacer pasar por la misma situación que la vez anterior.

    —No puedo hacerlo. Perdóname —dijo empezando a llorar.

    —No tengo nada que perdonarte.

    —Muy seguramente mañana nos golpeará a los dos.

    —¡Tengo una idea!

    A Gustavo le encantó mi plan, sobre todo porque obtendría algo que atesoraría muchísimo y sin esperar más, me pasó el contacto de Facebook de su amado Adrián.

    Por ende, tuve que encender mi celular después de tanto tiempo que lo había mantenido apagado. Imagínense ver más de sesenta mensajes y las más de quinientas notificaciones, sin faltar alrededor de trescientas solicitudes de amistad sin responder.

    Eso no era lo importante. Tan pronto como entré a la red social, busqué el perfil de ese tal Adrián y le mandé solicitud. Sorprendentemente, la aceptó a los escasos dos minutos y él inició la conversación con un hola. Yo le seguí la plática y, como lo esperaba, comenzó a coquetearme y a entablar un «chat hot».

    Pasamos rápido al intercambio de fotos y le cumplí mandándole una foto mía de mi cara, luego él me mandó una suya y sucesivamente llegamos a mandarnos fotos y videos íntimos que ya tenía almacenados en mi celular.

    —Pídele unas cuantas fotos de su trasero, por favor —me dijo Gustavo.

    Obedecí a mi buen amigo, pero, de pronto, Adrián me llamó para iniciar una videollamada y tuve que contestar, para lo cual me acosté y mostré mi cara en la cámara.

    —Hola guapa.

    —Hola —dije sonrojada.

    —¿Para qué quieres fotos de mi trasero? —preguntó seriamente Adrián.

    —Nada más. Quisiera ver tus nalgas, así como yo te enseñé las mías.

    —De acuerdo. Solo porque compruebo que sí eres mujer. Lo que pasa es que he sido acosado por hombres que se hacen pasar por mujeres y temí que fuera a ser así otra vez.

    —Descuida, soy mujer. ¿Acaso no crees que son naturales mis nenas? —dije seductivamente bajando mi brasier y enseñándole al descubierto mis tetas.

    Enseguida, Adrián me pidió algo así como tener sexo por internet. Es decir, él se masturbaba mientras yo le mostraba mis pechos, mi culo y gemía diciéndole cosas guarras para provocar su eyaculación. Me quería reír de ver que Gustavo se estaba masturbando al escuchar la voz de Adrián y cuando Gustavo emitió un gemido terminé la videollamada con Adrián.

    Volviendo al chat, Adrián me preguntó qué pasó y yo le respondí que mi papá me hablaba desde afuera de mi habitación y me disculpé por terminar la videollamada bruscamente. El chico aceptó mis disculpas y finalmente, me obsequió las fotos que le pedí de su trasero.

    —El que lo ha acosado con perfiles falsos de mujeres he sido yo —confesó Gustavo y me eché en la cama a carcajadas—. Te agradezco haberlo hecho por mí.

    Al día siguiente, nos dispusimos a llevar a cabo nuestro plan, temiendo que fuera a fallar. Para empezar, Gustavo y yo nos reunimos en su recámara y él comenzó a masturbarse viendo las fotos íntimas de Adrián, procurando llegar al punto de querer venirse pero sin hacerlo. Yo solo lo observaba acostada en la cama y afinaba mi oído para escuchar cualquier sonido.

    De pronto, se oyó el arribo de un automóvil afuera de la casa y como parte del plan, comencé a azotar la suela de una sandalia contra el suelo para que pareciera el típico sonido de una cogida salvaje, a la vez que comencé a emitir gemidos fuertes y gritos de placer.

    —Ahora sí, Gus. Jálatela hasta venirte —susurré.

    Transcurrieron pocos minutos y no escuché el azote de la puerta principal, lo cual me asustó y comencé a apresurar a Gustavo, pues pensé que su papá llegaría sigilosamente a la habitación.

    Afortunadamente, Gustavo se corrió segundos antes de que su papá entrara al cuarto y escondió su teléfono bajo una almohada al mismo tiempo que deslicé la sandalia por debajo de la cama. El señor Romanin llegó solo para verme acostada boca arriba y bañada con el semen de su hijo y a su hijo acostado también, exhausto y con la verga hinchada; él solo aplaudió.

    —Se me adelantaron, pero me da gusto ver lo que sucedió aquí. Hijo, me tienes muy orgulloso. ¿Te acuerdas del viaje que me pediste a Miami y te prometí que irías? Te lo concederé con una estancia de dos semanas.

    —¡Muchas gracias, papá! Y espero que hayas quedado convencido de que soy el hijo que deseaste tener.

    —Perfecto. Ahora duerman juntos. Que descansen.

    Después de que el señor Romanin saliera de la habitación, Gustavo y yo celebramos silenciosamente que el plan salió como esperábamos. Nos alegramos demasiado y, sin pena, dormimos juntos, luego de asearnos cada quien.

    Transcurrió un mes. Gustavo empacó sus cosas para irse de vacaciones solo a Miami. Para ello me contó el secreto de su intención de ir allá.

    —Es una ciudad que recibe con cariño a los homosexuales. Te contaré mis aventuras cuando regrese.

    Le deseé un buen viaje. La casa se quedó para mí solita y lo disfruté como una jovencita loca, poniendo mi música favorita a alto volumen y viendo mis películas favoritas en la televisión hasta desvelarme.

    Para mi desgracia, al siguiente día en la noche llegó el señor Romanin y me descubrió haciendo esos ridículos. Sin embargo, no se molestó, sino que me pagó mi quincena adelantada más lo que me había prometido y se dignó a servirme una copa de vino para que bebiéramos juntos y platicáramos de su heredad, sentados en la sala.

    —Antes de llegar a un trato con la heredad, quiero que esta noche te acuestes conmigo.

    —Si no lo hago, ¿no me dará mi parte de su heredad?

    —Aun así lo haré, pero pensaría qué porcentaje darte. Si lo haces, te doy el 30% que acordamos.

    —Solo será esta noche, ¿verdad?

    —Sí, descuida. Solo esta noche. ¿Podemos ir comenzando aquí en la sala? Quiero que sea fantástico este momento y sé que pondrás de tu parte, pero como ya te habrás dado cuenta tardo mucho en eyacular y necesito dormir a mis horas.

    —De acuerdo —dije riendo un poco—. No se preocupe, yo lo haré entrar en calor.

    Sabía que de alguna forma estaba por prostituirme de nuevo, pero la oferta era magnífica y el señor Romanin no cogía nada mal para su edad de 62. Así que, motivada por el alcohol, comencé a bailarle de cerca. Me encorvé frente a él para que me observara el busto y puse mi mano en su entrepierna, sin dejar de mostrarle una sonrisa coqueta. Luego, me trepé de sus hombros para poner mi culo en sus muslos y moverme en círculos, suave y lento. Algo que no esperaba fue que el señor Romanin tomó mi cabeza y me besó la boca. El viejo no despegaba su boca de la mía y tuve que hacerlo yo para seguir moviéndome sobre sus muslos, pero ahora de espaldas. Después, comencé a azotarme contra su entrepierna con la ayuda de su mano tirando de mi cabello hasta que sentí una protuberancia en su pantalón. Rápidamente, me agaché, le quité su cinturón y bajé su pantalón junto con su bóxer para empezar a mamar su peluda pero gruesa polla. Entre masturbada y mamada que le hacía, el señor Romanin empujaba mi cabeza para que su verga entera se introdujera en mi boca, provocando que yo sintiera sensación de ahogo en algunas ocasiones.

    —¿Quiere que me trague su polla? —dije consintiéndolo—. Mmmmm, la tiene bastante gruesa.

    —Bríncame tantito antes de subir a la recámara.

    De inmediato, me quité la ropa interior por debajo de mi atuendo de sirvienta y volví a treparme en sus hombros para ensartarme su verga de frente a él, ya que el viejo así lo quiso y no de espaldas, con la intención de besar nuevamente mi boca mientras cogíamos. No podía evitar emitir gemidos al mismo tiempo, me dejé llevar y lo estaba disfrutando.

    Después, el señor Romanin me acostó sobre el sofá y siguió penetrándome sin olvidarse de besarme la boca. A los pocos minutos se detuvo y me invitó a subir a su recámara para seguirle ahí.

    Hallados en su habitación, el señor Romanin continuó besándome la boca con tanta intensidad y bajó por mi cuello, se deshizo por completo de mi uniforme de sirvienta y me acostó boca arriba en la cama para reanudar la penetración acompañada de besos que cada vez más me sofocaban.

    Luego de varios minutos en esa posición, el señor Romanin me pidió que me pusiera en cuatro y antes de meterme su pene, me hizo un oral muy rico en esa posición, sincronizando el uso de sus dedos al acariciar mi clítoris e introducirlos en mi vagina, provocando que llegara al borde del orgasmo. Después, se acomodó tras de mí y me introdujo su verga para follarme durísimo.

    —¡Ay, sí! ¡Así me encanta! ¡Me coges bien duro, papi! ¡Qué rico!

    El señor Romanin no se olvidó de darme nalgadas en el transcurso de la cogida y de vez en cuando, me tomaba del abdomen para enderezarme y besar mi boca repetidamente.

    Su hora de dormir, que era a la medianoche, ya había pasado por mucho, eran las dos de la madrugada. Yo ya estaba cansada luego de haber tenido por lo menos ocho orgasmos, pero el señor Romanin aún resistía. Nos revolcamos en la cama todo ese rato y quedé arriba de él, así que debía aprovechar para saltarle como en trampolín y provocar que se corriera para acabar.

    Lamentablemente, yo ya no tenía energía. Reposé mi cuerpo sobre el suyo y él no desaprovechó la oportunidad para besa una vez más mi boca. Eso sirvió como estímulo para que su pene se moviera por sí solo y que, en esa posición, me penetrara rápida y vigorosamente.

    —¡Mmmmm qué rico la mueves!

    —No puedo eyacular. ¿Ya te cansaste?

    —Para nada —contesté por compromiso—. ¿Quiere que se la mame para que se corra en mi boca?

    —No, linda —enunció y simultáneamente giró conmigo para tenerme debajo de él—. Me quiero venir dentro de tu vagina.

    Como un joven de veinte años, el señor Romanin persistió follándome, pero, sin duda, necesitaba más excitación para poder llegar a su orgasmo.

    —Dime cosas sucias, cariño.

    —¡Hazme tuya, papito! ¡Mmmmm me fascina tu verga gorda! ¡Me quieres reventar el coño, ¿verdad?! ¡No pares, no pares! ¡Ah! ¡Me voy a correr otra vez! ¡Uffff! ¡Te gusta que me corra en tu polla, ¿verdad, papi?! ¡¿Te gusta?! ¡Uh! ¡Tssss! ¡Sí, así! ¡Duro, duro, duro! ¡Ahhhh! ¡Me estoy mojando mucho, mi amor! ¡Ahhhh! ¡Ay, qué rico me coges, corazón! ¡Me tienes bien caliente, mi vida!

    —¡Ya me voy a venir, Patricia!

    «¡Ah! Su semen está bien calientito, me llenó todita la concha… Espera un segundo, ¿me dijo Patricia?» fue lo que pensé luego de que me depositara sus chamacos.

    —¿Quién es Patricia? —dije riéndome a carcajadas y llevando mis dedos a mi coño para tomar un poco de su leche y probarla en mi boca.

    —Mi esposa que en paz descanse —respondió mientras vestía su pijama.

    —¿Le recordé a su esposa?

    —No, lo hice intencionalmente. ¿Acaso crees que Gustavo dejará de ser puto de la noche a la mañana? Debía tener un plan B y le saqué partido a lo sumisa que eres para hacer que valiera la pena el 30% que te daré de mi heredad. Ojalá te salga machito. Su nombre será Bernardo Romanin… Padilla, ¿cierto?

    —Sí.

    —Ponle un segundo nombre si quieres. Y ¡ay de ti si tomas medidas para evitar tenerlo! Estaré al pendiente de tu embarazo. Ahora vete a tu cuarto y descansa.

    Tan pronto volví a mi cuarto, busqué entre mis pertenencias una pastilla de emergencia y por suerte, encontré un blíster con dos tabletas y me las tomé de inmediato. No sabía si había hecho bien, pero yo deseaba no estar embarazada. Por fortuna, a los pocos días presenté sangrado y me alivié de la preocupación, creía que se trataba de mi periodo menstrual adelantado.

    No obstante, sabía que el señor Romanin me pediría una prueba de embarazo más adelante y al parecer lo evité, justo como me advirtió que no lo hiciera.

  • Karen. Una puta madura (III)

    Karen. Una puta madura (III)

    Como bien dije en este nuestro relato anterior el negro Ramón mi ex, se fue a Galicia no sin antes haber creado aquel grupo de WhatsApp entre Enrique, Ramón y yo llamado los «Tres Mosqueteros». Solo anticipo al lector que en breves seríamos 4 y yo la D’Artagnana de los tres. La jefa.

    Aquel día Ramón mandó un mensaje al grupo.

    -Hola!

    -Hola, Ramón.

    -Vamos para allí.

    El plural me puso un poco a la defensiva. No quería ningún amigo más ni de Enrique ni de Ramón.

    -Eh?… Vamos? Con quién?

    -Voy con Erica mi mujer.

    Mandó una foto suya. Erica era todo lo contrario a mi. Una mujer más joven y realmente fibrosa. Con diminutos pechos y muy tribal. Se parecía a Michonne la negra de «The Walking Dead».

    Me dije…

    -Ayy… madre… si es que Ramón es tan pichón que se lo habrá contado a su mujer…

    Enrique me mandó un privado diciéndome…

    -Me parece que si quieres seguir con tu jueguecito no vas a ser la única mujer…

    Enrique era el típico hombre se anticipaba siempre a todo y con razón. Volví a recibir un WhatsApp en mi particular. Era una fotografía en donde se veía a Ramón con su negra polla de cerca de 20 centímetros en erección.

    -Joder! Exclamé… vaya polla! Se me hizo la boca agua de solo ver ese miembro tieso, venoso y negro como el tizón. Tres ríos de leche caían de arriba a abajo encharcando sus huevos duros como piedras. En el pie de foto ponía…

    «Me acabo de masturbar pensando en ti… mira como me has dejado, amor…».

    Me puse súper cachonda con eso.

    Y qué mujer no se pondría así?

    Al cabo de 5 minutos y cuando aún no me había repuesto del anterior mensaje recibí otra foto. En ella se veía a Erica tragándose la polla de Ramón hasta la mitad de sus cerca de 20 centímetros sin manos.

    En ella Erica me guiñaba el ojo izquierdo como invitándome a chupar también.

    Me puse terriblemente celosa de esa mujer. El karma de Enrique se estaba cumpliendo. No era yo la única…

    -Maldita negra!!! Exclamé…

    Ramón y Erica aparecieron un sábado por mi casa estando yo con Enrique.

    Me fui un momento con Enrique a la cocina a preparar un aperitivo para nuestros invitados y le dije…

    -Cómo se te van los ojos con esa negra…

    -Joder. Es que es preciosa.

    No le faltaba razón. Erica era una mujer de mediana estatura. Esbelta y fibrosa con muy poco pecho. Su pelo estaba rizado en trenzas y el lado derecho de su cráneo lo llevaba completamente afeitado lo que hacía de ella la imagen de un androide. Su boca era grande y carnosa y su piel era negra y tersa. En ella no se adivinaba ni un solo pelo. Para colmo de males tenía unos ojos de un azul intenso como el mar capaces con una mirada de intimidar a cualquiera. Encima bebía como una cosaca y hablaba un español culto y correcto. Además… inteligente y perfectamente compenetrada con Ramón como pareja.

    Al cabo de una hora de departir Ramón no se anduvo con milongas y sacó como tema de conversación el sexo. A Erica se le veía cómoda y cómplice con Ramón. Si bien yo me excité con solo pensar tener la polla de Ramón otra vez en mi boca, no sabía determinar como reaccionaría ese demonio de mujer en la cama.

    Enrique exclamó…

    -Probamos?

    Era evidente Enrique quería probar a esa petarda.

    Erica no se cortó un pelo y sacó sus pequeños pechos al aire quitándose una justa camiseta amarilla que contrastaba a la perfección con el tono de su piel.

    Ramón y Enrique comenzaron a mamárselos. Evidentemente no eran mis grandes tetas de madura que no les cabían en sus manos pero eran unos firmes y bonitos.

    Erica se retorcía como una perra entre los dos hasta que Enrique tuvo el atrevimiento de sacarse su enorme polla y colocársela en la boca. Ramón hizo lo mismo.

    Erica comenzó a mamar esas dos pollas como una poseída.

    -Joder, Ramón si le caben las dos en la boca…

    Erica exclamaba…

    -Mmmm! Chupando sin parar esos dos rabos de distinto color.

    -Chupa! Dijo Ramón refrotando su polla por toda la cara de la negra.

    Estaba atónita de como esa mujer era capaz de satisfacer a esos dos hombres que movían sus vergas como satélites alrededor de esa mujerzuela.

    Erica ponía hasta los ojos en blanco de la pasión a la que se entregaba exclamando…

    -Vamos cerdos, que sois unos cerdos. Os gusta cómo mamo?

    Esa frase me puso cachondísima y comencé a tocarme las tetas colgando ya por encima de mi camiseta erectas. A pesar de estar terriblemente celosa porque no me hacían ni caso esos hombres corrí a mi habitación por mi vibrador.

    -A dónde va Karen? Dijo Ramón.

    -No sé, Ramón. Yo sigo con esto… Exclamó Enrique.

    Me quité las bragas y comencé a tocarme el coño con la ayuda de mi vibrador.

    -Ahhh… mira a lo que ha ido…!!.

    Ramón se deshizo de Erica y con su terrible verga en la mano me la metió en la boca mientras mi vibrador trabajaba mi coño.

    -Tu también quieres, ehhh…?

    A pesar de que asía esa terrible verga con las dos manos los músculos de mi coño los tenía lo suficientemente fuertes y entrenados para que mi aparato no se saliese de mi cueva y vibraba como un loco. De soslayo miraba a Erica como trabajaba la polla de Enrique que gemía sin parar. La polla de ébano de Ramón estaba tan tiesa que esa vena recorría todo su tronco a su largo parecía iba a explotar. Un extraordinario espasmo de placer recorrió todo mi cuerpo y me corrí fácilmente. Ramón sacó su polla de mi boca y mientras me corría pude ver ese tremendo tronco palpitante brillar a la luz mientras mi vibrador se escapaba sin remedio del interior de mi concha y caía al suelo.

    -Te has corrido, ehhh?. Karen…

    -Mmmm… si… Ramón… humm!

    -Ven aquí cielo…

    Ramón se tumbó conmigo en el sofá y comenzó a besarme la nuca y acariciar mis pechos desde atrás. Estaba llena de las manos y boca de ese hombre. Me sentía una diosa. Mientras, Erica seguía chupando a mi novio.

    Una vez recuperada, Ramón cogió su verga subiendo y bajando su piel y refrotando su punta en mi coño que una vez casi enderezada logró introducir en mi cueva, para terminar de ponerse tiesa del todo dentro de el y comenzó a bombear desde atrás besando mi pelo, cuello y diciendo cosas agradables en mis oídos de tal forma que solo yo podía escuchar.

    -Cómo te quiero, Karen… eres la mujer de mi vida, amor… Te amaré siempre…!!!

    -Te gusta, amor?

    -Si, Ramón. Dame más, cariño. Lo necesito…

    Ramón cogió mis pechos en erección con sus manos mientras empujaba dentro de mi con fuerza y pasión.

    El contraste de sus negras manos en mis blancos pechos era electrizante. Yo hacía lo que podía levantando una de mis piernas para que pudiese penetrarme con mayor facilidad pero su gran polla en esa postura daba lo suficiente sin salirse y comencé a acariciar mi clítoris. Quería más.

    Nos dejamos llevar por tal pasión que Erica y Enrique dieron perfecta cuenta de que no estábamos follando sino haciendo el amor. Era así.

    A cada embestida, un pequeño quejido se escapaba de mi boca pues su polla rozaba mi útero. Me sentía llena de amor.

    Un líquido blanco comenzó a rodear la polla de Ramón. Era mi flujo que lo impregnaba todo. Logré coger mi vibrador con mi mano derecha del suelo y lo apagué como pude.

    -Sabes que me está pasando, Karen?

    -Qué, amor?

    -Me voy a correr enseguida.

    -Espérame, amor… solo un rato…

    Ramón sacó su verga de mi entre estertores. Era visible de seguir así hubiese eyaculado en apenas 5 embestidas más.

    -Dime cosas, cariño. Dime cosas bonitas.

    -Te amo, Karen. Desde el primer día te conocí. Has visto lo grande me la pones? Eso es porque te quiero…

    Siguió diciéndome esas cosas al oído de forma solo yo pudiese escucharlas. Mientras, yo acariciaba mi clítoris y me masturbaba con él detrás susurrándome al oído. Puso su mano en la mía siguiendo sus movimientos. Cuando pudo observar me iba volvió a meter su barra dentro de mi y me corrí otra vez al mismo tiempo él eyaculaba en mi coño un buen chorro de su blanca semilla diciendo mi nombre.

    Noté cada espasmo de su verga dentro de mi soltando semen a cada vez entre lo largo y ancho de las paredes de mi vagina. A esas alturas y a pesar de tener a Erica y Enrique en frente ni siquiera pusimos atención en lo que hacían ni nos importaba.

    Ramón, una vez listo ni siquiera sacó su verga de mi y al cabo de unos minutos salió completamente fláccido de entre mis piernas. Para entonces un gran sopor había dominado nuestros cuerpos y nos quedamos dormidos abrazados.

    Ni me limpié de su esperma y si lo hubiese podido hacer tampoco. Quería tener la semilla de ese hombre para siempre dentro de mi.

    Había merecido la pena prestar a Enrique a aquella negra solo para estar con Ramón aunque no hubiese sido a solas.

    Cuando me desperté una terrible vergüenza dominó todo mi ser. Había hecho el amor con Ramón delante de mi novio. Estaba realmente enamorada de ese negro.

    -Cómo lo habéis pasado, eh Karen…?

    Era cierto. Ramón me había dejado llena de cariño.

    -Si… bueno… Dije bajando la mirada. Había sido algo más que sexo.

    Mientras a Enrique y Erica les había perdido la lujuria a Ramón y a mi nos había ganado el amor. Tal fue así que ni siquiera llegamos a fijarnos como habían acabado ellos. Suponíamos que bien. Y es que nos habíamos quedado dormidos abrazados con un simple cobertor.

    Cuando me levanté recogí mi vibrador. Entré en el cuarto de baño para limpiarlo y Erica estaba vistiéndose. Me miró de reojo pero no dijo nada.

    Ni siquiera hice observación alguna hacia lo que habían hecho Enrique y Erica porque daba por hecho lo nuestro había sido jugar con ventaja.

    Aquel día, se presentó Ramón en mi casa. Estaba sola puesto que a pesar de que Enrique era mi novio no vivíamos juntos.

    -Hola! Vengo a despedirme. Nos vamos esta tarde.

    -Pasa, Ramón.

    Estaba radiante. Señalar que Ramón ya era un hombre maduro. De unos 50 años. Vestía una camiseta de manga corta con unos vaqueros negros.

    -Me escribirás, Karen?

    -Si, claro. Te mandaré unas fotos también de vez en cuando.

    -Querras?

    -Oh, si quiero.

    -Te gustarían fotos mías desnudita?

    -Me encantarían, Karen.

    Me dio dos besos y dispuso a irse.

    -Ramón…

    -Que?

    -Te gustaría algo para que en el camino pienses en mi?

    Por la cara que puso no supo a que me refería. Lo llevé a mi habitación, me quité los pantalones de mi pijama y me puse a 4 patas en la cama.

    Él se sintió un poco sorprendido pero en esa situación sabía lo que tenía que hacer. Me puse las manos en mi culo y abrí mis carrillos enseñándole mi ano y mi coño sin lubricar clavando mis uñas rojas. En un momento pude oír como la hebilla de sus pantalones hacía un ruido metálico y de como sus pantalones bajaban. Giré mi cabeza hacia el espejo de mi habitación y contemplé como Ramón tanteaba la dureza de su verga y se rascaba los huevos.

    Cuando consiguió poner su polla como una tabla la puso en la boca de mi coño empujando con cuidado.

    -Joder, Karen. No imaginaba esta despedida…

    -Eso quiero, que me jodas. Descarga antes de irte en tu ex, cariño porque te voy a echar mucho de menos…

    En un principio noté como su glande se hacía paso en mi concha que empezaba a lubricarse. Luego, la mitad de su polla y cuando pudo meterla hasta los huevos Ramón comenzó a gruñir como un animal. Lo bueno tenía la polla de Ramón era que nunca acababa de entrar del todo. Siempre se guardaba unos centímetros para meter aún más y en esa postura quería disfrutarlo y que él también lo hiciera.

    Para entonces ya estaba terriblemente mojada. Ni siquiera me había levantado cachonda pero quería ese hombre simplemente se desahogase antes de marchar.

    Una vez me hubo penetrado movió su cadera de lado a lado para que notara su polla ajustándose en mi coño y como señal de que iba comenzar a bombear dentro de mi. Así lo hizo. Conforme ensanchaba mis entrañas comenzó a moverse más y más rápido jadeando hasta que cuando notaba estaba a punto de irse pasaba a ir más despacio o incluso sacar su verga chorreando en frente de mi espejo.

    Yo, revisaba todos los movimientos y expresiones de ese hombre desde el espejo y como bramaba tal que un animal montándome.

    Mis tetas iban de lado a lado rozando los pezones en mis sábanas terriblemente tiesos en sus aureolas. Él me los asía con sus largos brazos y fuertes manos diciéndome cosas cariñosas y obscenas y alabando su tamaño. Se estaba poniendo hecho un animal y noté como no tardaría en correrse mientras me agarraba fuerte pero con amor de mis bamboleantes tetas de madura.

    Mi madurez sexual y experiencia con los hombres había logrado que me pudiese correr a demanda. Pero esta vez no iba a ser así. Quería que se corriera solo él. Era un regalo de despedida.

    -Qué tetas tienes, amor.

    Visto lo visto no le faltaba razón porque mis grandes tetas que no le cabían en las manos las sobaba como un loco.

    -Quieres correrte en ellas, amor?

    -Si, cielo. Ahora mismo.

    Me separé de su gran polla y cuando me di la vuelta observé como esa verga palpitaba ya sin control alguno encima de unos huevos chorreaban flujo entre blanco y transparente. Brillaba como una espada sacada de su vaina.

    Vi como Ramón la ponía en mis tetas y subía y bajaba su piel a lo largo de su verga expulsando tres largos disparos de semen inundando mis blancas tetas de su crema que soportaba con mis manos para que no se escapara ni una sola gota.

    -Uhhh! Cuánto ha salido… amor. Y qué calentito… Mira mis cántaros llenos de tu lechecita. De tu amor…

    Una última y tímida gota de blanco esperma asomó por la ranura se su polla. La absorbí con mi boca como si fuese caramelo y él se derrumbó en mi cama jadeando y en posición fetal. Acaricié y besé como una loca a ese en esos momentos insignificante hombre a pesar de sus 100 kilos de peso. Creo se había aliviado de largo en mi pequeño cuerpo.

    Ahí quedó hecho una piltrafa y yo corrí al baño a limpiarme de su semen que ya me resbalaba por mi estómago. Mientras lo hacía no pude reprimir chupar una gota. Era dulce y delicioso y mis tetas estaban llenas de la esencia de ese negro hombre.

    Regresé a mi habitación y lo seguí besando. Se levantó y se puso su camiseta.

    -Ya te vas?

    -Si, Karen. Me espera mi mujer.

    -Me puse un poco celosa con esa frase.

    -Quieres que te bese y te coma el coño?

    -No, amor… ya lo verás igual…

    Él se quedó un poco desconcertado por aquello pero asintió.

    Se vistió y se fue.

    -Hasta la próxima, Karen.

    -Hasta la próxima, Ramón. Espero te hayas ido bien satisfecho.

    -Si, mucho. Dijo bajando la mirada sonriendo entre satisfacción y consternación

    -Mándame mensaje cuando lleguéis, vale?

    -Vale…

    (Fin de la tercera parte).

    Espero os haya gustado…

  • Eran solo amigas

    Eran solo amigas

    En mi carrera he visto casos que impactarían a cualquiera y yo no soy la excepción. Trato mis casos de manera profesional y no hago juicios sobre ellos. Tuve uno que, aunque lo litigue de manera imparcial si tengo que reconocer que impactó mi vida privada. Al final del día soy de carne y hueso y bastante sensible a los temas que envuelven las relaciones y el erotismo.

    Todo comenzó cuando vino a mi oficina una chica a la que llamaré Amanda. Ella quería buscar asesoramiento legal pues había sido suspendida de su empleo por tener una relación en su entorno laboral. De primera le dije que tenía las de ganar pues no veía porque ese detalle pudiera lograr aquella sanción.

    Amanda comenzó como supervisora de enfermeras para el tercer turno de un conocido hospital de la capital. Ella es una chica de linda cara y espectacular pecho, al menos es lo que su recatado atuendo me dejo apreciar. Además de eso ella tenía una peculiar sensualidad en su manera de hablar que luego de varias entrevistas con ella me di cuenta de que no era nada malintencionado. Me comentó que esto le había traído problemas por malas interpretaciones de la gente, pero que lo había manejado bien.

    En el turno de Amanda ya trabajaba una técnica de terapia respiratoria a la cual llamaré Sofía. Sofía era de aspecto tímido y callada. Ella era casada y tenía una niña pequeña. Era de baja estatura y de cuerpo muy proporcionado. Hasta que llegó Amanda era la chica más codiciada del turno.

    Dado a que compartían muchas horas de trabajo juntas se hicieron buenas amigas. Sofía le comentaba a Amanda sobre sus situaciones matrimoniales, y vida íntima. Amanda también le compartía lo que pasaba en su vida con los dos chicos que frecuentaba en ese momento. Ambas se protegían de quienes acechaban su área de trabajo y se reían de los atrevimientos que estos tenían. Habían desarrollado tanta confianza que Sofía constantemente hacia bromas sobre el cuerpo de su amiga y lo que haría de tenerlo muy en especial su pecho. Ese comentario era tan seguido que daba la impresión de envidia, cosa que Amanda ya había pensado, pero no le había hecho mucho caso.

    Un día Amanda tuvo que cubrir múltiples turnos dado a las numerosas ausencias de personal de enfermería. Solo sobrevivía cogiendo pequeñas siestas en una sala que el hospital tenía para descanso de personal que trabajaba más de un turno. En el turno que compartía con Sofía se veía exhausta por lo que la mandaron a dormir unas horas para que pudiera asistir cuando más flujo de pacientes llegara. Amanda le dejo instrucciones a Sofía que solo ella podía ir a despertarla pues era la de confianza allí. Además, le dio la llave para que solo ella pudiera entrar.

    Una vez llegó al cuarto se quitó el pantalón y se abrió su blusa para estar más cómoda. Se arropo con una pequeña frisa e inmediatamente se quedó dormida. Paso una hora y Sofía quiso ver si su amiga estaba bien por lo que se dirigió al cuarto usando la copia de la llave que tenía. Cuando entro se encontró a Amanda profundamente dormida en el sofá. La frisa se había caído así que vio su cuerpo casi desnudo. Se le quedo mirando detenidamente a su pecho, pero no con envidia sino con algo de curiosidad. Cerró la puerta con seguro y busco una silla la cual puso junto al sofá.

    Por un rato velo el sueño de Amanda y admiro su cuerpo como si lo deseara. Se había dado cuenta que su fijación por aquel pecho provenía del deseo que le tenía y se preguntaba la razón de ello pues nunca había sentido atracción por una mujer. La atracción y curiosidad cada vez se apoderaban de ella. En un impulso incontrolable puso la mano sobre un seno de Amanda. Era duro y tan amplio que la mano no lo podía cubrir completo. Con la misma mano toco el otro una y otra vez, pero Amanda no se despertaba. Su morbo la llevo a querer saber cómo sería el seno descubierto o al menos como Amanda tenía los pezones. Procedió a bajar poco a poco el sostén hasta que pudo lograr que el pezón se asomara.

    El hecho de ver la desnudez de su amiga hizo latir sus partes en clara indicación de excitación. Su curiosidad ahora estaba en cómo se sentiría tocar el pecho de otra mujer. Con duda y casi temblando agarro aquel erecto pezón. Se sentía suave, más que los de ella. Lo frotó por un rato hasta escuchar la voz de su amiga increpando el acto. Su corazón se detuvo, no sabía qué hacer. Por el mismo nerviosismo no se percató de que nunca dejo de tocarla. Amanda la miraba pasmada sin moverse. Su cara denotaba asombro, su cuerpo estaba inmóvil.

    Se miraron a los ojos, pero Amanda no reaccionaba. Sofía al ver que su amiga no hacía nada por evitar la situación cogió confianza y desabrocho el sostén dejando aquellos impresionantes pechos al descubierto. Agarro los dos pechos y comenzó a frotar los pezones usando sus pulgares. La cara de Amanda era de incredulidad y solo se limitaba a mirar. Sofía mirándola fijo a los ojos bajo su cabeza hasta que probó el sabor de cada uno de los pechos. Pasaba su lengua de forma circular causando un leve jadeo en Amanda. Tomo la punta de uno de los pezones y lo succiono causando el primer gemido. De pronto miro a su amiga a los ojos y pregunto si quería que se detuviera a lo que esta movió su cabeza en señal de negación.

    Con sonrisa en la boca Sofía continúo su tarea esta vez besando el cuello hasta que llego a los labios. Dio un pequeño beso y bajo su cabeza para seguir su exploración. Siguió con los pechos hasta que se percató que Amanda tenía su mano dentro de su panty. Ya había reaccionado y se daba placer. Sofía le saco la mano e introdujo la de ella. Usando su dedo anular e índice froto la ya húmeda vulva hasta sacarle los primeros gemidos.

    Recordando que estaban en el trabajo tapo la boca de Amanda para mantener su encuentro en secreto. Sofía siguió frotando el área mirando a Amanda directo a los ojos y disfrutando la cara que ella ponía. Amanda prosiguió a quitarla la blusa a Sofía. Esta se detuvo y se puso de pie frente a ella. Amanda luego quito el pantalón y sostén. Allí estaban las dos desnudas del torso para arriba. Sofía se sentó a su lado y Amanda por primera vez toco sus senos. Sus caras se hicieron una nuevamente, pero esta vez ambas cooperaron en el beso. Amanda beso el cuello de Sofía y los hombros mientras Sofía mordía sus orejas. Bajo y besó los no tan grandes pechos de Sofía hasta que esta sacara un gemido. Amanda siguió chupando los pezones y Sofía volvió a masajear su área hasta logro llevarla a su primer orgasmo.

    Cuando Amanda volvió a recuperar su foco devolvió la dosis poniendo sus dedos en la cavidad de Sofía. Allí estaban las dos masturbándose mutuamente mientras sus labios no se separaban. Sofía llegó al orgasmo el cual disfrutó en silencio y no gritando como hubiese querido. Estaban exhaustas, pero querían seguir. Fue Sofía quien tuvo la iniciativa de conocer con su boca a qué sabía el tesoro de su amiga. Quitó su panty y abrió sus piernas. Inexperta al fin comenzó a aplicar placer bajo la guía de su compañera quien decía lo que tenía que hacer. Por fin consiguió el ritmo y Amanda se dejó llevar hasta que exploto en la boca de Sofía.

    Le tocó el turno a Amanda de experimentar y tal como lo hizo su amiga siguió instrucciones al pie de la letra. Estaba llevando al clímax a Sofía cuando esta la tomo por la cabeza, la levanto y la puso en posición para que ambas dieran y recibieran placer a la vez. Así, una sobre la otra en posición de sesenta y nueve hicieron una coreografía de sexo que hacía que cada vez sus gemidos fueran más altos. Ambas al unísono introdujeron sus dedos en sus ya hinchadas cavidades y lamieron sus clítoris a la vez. Ya en el clímax de momento ambas usaron dos dedos para darse placer mutuamente. El ritmo fue cada vez más rápido hasta que ambas se estremecieron por el que fue el más poderoso orgasmo que habían experimentado en su vida. Ya exhaustas y sudadas se vistieron. Se reían pasmadas de lo que había ocurrido hasta que alguien toco a la puerta. Era la seguridad del hospital que le pedía que los acompañaran.

    En el puesto de comando de la seguridad estaba esperando la gerente de recursos humanos. Les pidió que vieran por un momento el monitor. En él estaba la escena de ellas teniendo sexo. No lo sabían, pero el cuarto al ser una sala solitaria había sido equipado con equipo de seguridad. Fueron suspendidas de empleo y sueldo de inmediato. Eso trajo a Amanda a mi oficina esa mañana. Quería demandar a su empleador por violación a la privacidad. Una vez conocí los detalles del caso le informé que tenía las de perder, pero ella así lo quiso. Como parte de la recolección de pruebas pedí el video. No lo presente pues le informe que no quería exponer a su amiga. El caso se vio y llegaron a un acuerdo con el hospital. Ambas continúan laborando en su empleo, pero no en el mismo edificio. Aún conservan una amistad especial fuera del trabajo. Por mi parte, conservo una copia del video para mí. Su encuentro se convirtió desde ese día en la pieza preferida de mi colección.

  • El sofá de la señorita R

    El sofá de la señorita R

    Uno de estos días, cuando fantaseo con la Señorita R, la imaginé sentada en el sofá sin poder dejar de mirarle a los ojos, con las mejillas ardiendo por la excitación. Totalmente desnuda solo tapada con una mantita de esas que se ponen en el sofá.

    Me arrodillé delante de ella y con un gesto hice que se moviera más hacia el borde del sofá, quedando ligeramente tumbada. Y comencé con el ritual.

    Bajé hasta sus pies y saque mi lengua. Comencé a lamer la cuidadosa punta de sus pies, cosa que odia, así que estuve poco tiempo. Estirando sus piernas, ella se dejó hacer. Fui ascendiendo hasta llegar a la zona del pie que quedaba expuesta a la vista entre la mantita; sin guardar mi lengua ni un instante recorrí su empeine dejando un rastro de saliva por donde pasaba. Ella sintió un escalofrío recorrer su espalda al notar por primera vez el contacto de aquella húmeda y dulce tortura en su piel. Sentí aquella suave piel en mi lengua y el sabor de alguna crema en mis papilas gustativas, sin duda alguna leche corporal que ella había utilizado tras la depilación para dejarse la piel más suave.

    Llegué al tobillo y tomándola por éste, subió por la espinilla, aunque ya no me limitaba a recorrerla con la lengua, pues alternaba los lametones con húmedos besos, dejando que la cara interna de mi labio inferior también recorriera la piel. Llegando a la rodilla, donde le planté un enorme beso y me detuve.

    Me acomodé en el suelo, con mi cabeza justo a la altura del vientre de ella y fije su vista en su deseado sexo. Tapando mi cabeza con la manta y rodeando mi cabeza con sus muslos, muy despacio, disfrutando del instante, separó las piernas de ellas, descubriendo el tesoro que se escondía entre sus muslos, ansioso, ávido de ella, revelando el misterio igual que cuando se abre el telón de un teatro en el día de un estreno.

    Gozaba con la visión de la entrada al paraíso que se mostraba delante de mí. Los labios de su sexo se abrieron mágicamente, dejando entrever su clítoris, la entrada de su vagina cuando ella separó sus piernas completamente. Estaba ya mojada, húmeda, pero nada a cómo iba a estar cuando pasara mi lengua por él. Acerqué mi cara a la puerta del cielo y, cerrando los ojos, aspiró profundamente por la nariz. Su olfato se inundó de aromas de la Señorita R. Primero me llegó el suave y dulzón a jabón. Sin duda ella se había preparado para la ocasión lavándose a fondo. Pero el jabón no lograba ocultar todos los aromas que aquella caja guardaba.

    Un aroma más agrio, como a brisa marina, a salitre y puerto de mar embarrancó en mi hocico. Ese era el olor de la mujer, el que ansiaba sentir, el que guardaría para siempre y con el que la recordaría durante el resto de su vida. Jugué a con mi lengua, notando como ella se excitaba más, como, aún sin articular palabra, me estaba rogando que iniciara el sexo oral. Esto le gustó, porque ella, al excitarse, comenzó a segregar más fluidos, que a su vez aumentaron el olor y saturaron mi nariz de aromas. El aroma de la mujer era lo único que percibía.

    Ella dirigió sus manos a mi nuca, enredando sus dedos entre mis cabellos. Yo respondí con dulces besos en su ombligo y vientre, algunos apenas un roce, otros húmedos, aumentando su cadencia a medida que iba descendiendo, hasta llegar a las puertas de sus labios externos.

    Con ambas manos separe suavemente los labios vaginales, recibiendo un gemido de aprobación por parte de ella. Quedó así toda su rajita expuesta a mi voluntad, situación que le excitaba enormemente. Mirándola fijamente a los ojos, para estudiar y disfrutar de su reacción, acerqué mi boca con la lengua fuera y rocé el clítoris. Fue apenas una caricia, casi como un soplido, como el roce de pluma o una gota de agua. Pero ella lo sintió como si la rozaran con un hierro ardiente. Un nuevo roce, igualmente suave, hizo que ella arqueara su espalda como si hubiera recibido un calambre. Otro roce, y otro más, suaves, nada más que utilizando la punta de la lengua. Ella lanzó un gemido, inundado de sensaciones, trataba de organizarlas en su mente. El clítoris tenía un sabor salado, no excesivamente fuerte.

    Tras esta primera aproximación saque totalmente la lengua de mi boca y con un fuerte lametón, igual que un perro, hice que ella diera un respingo ante el brusco cambio de ritmo. Mi lengua se volvió loca sobre el clítoris, lamiendo en círculos, unas veces dura, otras suaves, rozando con la punta, apretando, lamiendo, apenas tocando o aplastándolo. Saboreaba aquel bombón de pequeño tamaño con las diferentes partes de mi lengua, notando a veces un sabor más agrio, otras más salado, algunas incluso dulce y afrutado.

    Mantuve este juego durante unos minutos, hasta que estuve seguro de haber recorrido el clítoris con cada zona de mi lengua y notar que ella pedía algo más. Entonces le di un beso y, sin retirar los labios, succioné, absorbiendo el clítoris con fuerza perfectamente medida. Ella lanzó un sonoro suspiro cuando el placer llegó desbordado desde su entrepierna. Sin dejar que el clítoris se escapara de mi boca, mi lengua jugaba con él dentro de mi boca, estimulándolo a la vez con mis labios.

    Cuando la respiración de la Señorita R se aceleró me detuve de nuevo. Dirigí mi boca a la entrada de su sexo y con avidez, como un hambriento ante su primer bocado, abriendo la boca, intenté «comerme» aquel delicioso manjar que se presentaba ante mí. Mientras mi boca abierta cubría todo el exterior, la lengua lamía de arriba a abajo, recorriendo los labios, forzando a que se abrieran. Cuando ella notó la lengua pasando en la entrada de su seo, no pudo reprimir que se le escapara un “SI” profundo.

    Y ese «SI» se transformó en un grito de gusto cuando yo, al fin, introduje mi lengua en aquella cavidad que me atraía como un imán. En principio sólo la punta, pero luego, sacando mi lengua todo lo que podía, intente penetrarla con ella. El sabor era mucho más intenso que en los labios externos o en el clítoris. Era sabor a mujer en toda su intensidad. Los flujos, entre ácidos y salados, el aroma, mucho más intenso… todo era más exageradamente notorio. Mi lengua luchaba por entrar más y más profundamente, intentando lamer el interior de su vagina. Separando los labios con mis manos, en un intento de abrir aún más aquel estrecho conducto, para llegar con mi lengua más y más adentro, para poder lamer hasta el último milímetro de su interior.

    Y ella, retorciéndose de gusto, me atraía con ambas manos hacia ella, ayudándome en su intento de penetrarla oralmente, aplastando mi cara, empapada en sus jugos, contra sus labios. Yo saboreaba, sacando su lengua hasta que casi me dolía para instantes después retirarla y saborear en mi boca aquella amalgama de gustos.

    Ambos aceleramos los movimientos, yo haciendo que la lengua entrara cada vez más profunda y violentamente, ella atrayéndome hacia sí y gimiendo cada vez más fuerte y alto.

    Y llegó lo que ambos esperábamos. Ella sintió como el placer aumentaba y aumentaba, con un remolino de sensaciones que, brotando de su vientre, recorrían su cuerpo como ríos de lava. Recibí en mi boca una dulce descarga de jugos de ella, el mejor y más caro cáliz que un hombre puede comprar. Ella estaba con los muslos rociada en aquellos líquidos, derramaba su ser para que yo disfrutara del caldo de la vida que me ofrecía, con un sabor único y distinto a cualquier otro.

    Mire de arriba a abajo a aquella mujer. Subí con mi lengua por su abdomen, sus pechos, su cuello, y acabamos saboreando los dos sus fluidos.

    Espero que les gustare mi relato, y recordarles que los comentarios y valoraciones son gratis y ayudan a seguir escribiendo.

  • Un paseo en el campo

    Un paseo en el campo

    Hola lectores. Me presento, mi nombre es Ely, soy de mediana estatura 1,65, cabello largo lacio, un lindo rostro, un cuerpo torneado, unos senos medianos, una cintura delgada y lo más atractivo de mi cuerpo mis nalgas bien paradas grandes y mis caderas anchas que llaman la atención a cualquier hombre. La historia que contaré fue cuando con mi pareja actual Paul decidimos ir a su lugar de nacimiento en el campo a unas 2 horas de la ciudad de donde vivimos para hacer una diligencia.

    Cuando ya nos desocupamos de su trámite me llevo en su auto a dar un paseo por el campo, mientras disfrutábamos el paisaje que podíamos observar desde el auto en movimiento. Mi novio empezó acariciar muy delicadamente mi pierna, pero debo decir que esa caricia me agradó tanto al grado de sentir un deseo sexual muy fuerte, él continuaba acariciando mi pierna pero está ahora empezó a rozar su mano en mi concha por encima del pantalón eso me llevo a un punto de éxtasis a lo cual le correspondí con unos besos apasionados llenos de deseo con la necesidad de sentirlo, empecé a pasar suavemente mi mano sobre su verga la cual estaba dura como si estuviera a punto de salir rompiendo aquel jean que usaba ese día, su respiración se aceleró y pude sentir como su verga palpitaba.

    La excitación que sentíamos era muy evidente, hasta ese momento no habíamos mencionado ninguno de los dos hablaba solo nos besábamos cada vez más intenso por lo cual el paro la marcha del auto y me sujeto de la cabeza para darme unos besos que le llevarían al máximo de la excitación, no aguanté más y abrí su cremallera, saqué su verga para manosearla y sobe sus bolas para suavemente mandar su pedazo de carne en mi boca lamía desde la cabeza de su verga hasta sus bolas.

    Mi pareja tiene una verga de un tamaño normal pero con un grosor rico que me cabía con dificultad en la boca, la deje bien ensalivada se hacía un hilo de los jugos de su verga con mis labios, ya el deseo descontrolado de cogernos era inmenso que no teníamos el menor miedo que alguien pudiera vernos y aunque no había mucha gente tampoco era imposible que alguien pasará por ahí para poder ver su ganado o simplemente ver sus cultivos, recordemos que estábamos en el campo.

    Ahora nuestra pregunta era… En qué lugar podríamos consumar lo que ya empezamos? Estábamos alejados de la ciudad, lejos de un hotel o por lo menos un motel pero ya nos encontrábamos muy calientes buscamos un sitio donde estacionar el auto, lo más alejado posible o que no estuviera cerca de alguna de las pequeñas casas que habían por el lugar.

    Así que él me dijo “vamos algún lugar más alejado de aquí porque quiero hacerte mía” y era evidente que yo deseaba lo mismo.

    Ya encontrado un sitio nos dejamos llevar por la pasión y el calor de nuestros cuerpos. Paul me besaba de una forma muy cachonda besos con lengua que me ponían más húmeda mi concha podía sentir como al pasar de los minutos se lubricaba más y más.

    Nos pasamos al haciendo de atrás para mayor espacio una vez allí me sacó mi top sin dejarme de besar, dejando al aire mis tetas con los pezones bien erguidos.

    Me lamía, me mamaba las tetas de una forma que me devoraba en ocasiones, me daba mordiscos pequeños que me excitaban más y más, con mis manos cogí su cabeza y la apretaba contra mis tetas, lo separé de mi ser y le quite el pantalón de una forma desesperada para dejar a la vista total su verga erecta la cual me lo metí en la boca de un solo movimiento estaba tan caliente que no me importaba si alguien pasaba cerca y nos veía.

    Estuve mamando su rica verga por casi unos 15 minutos, saboreaba los jugos de su verga, lamía sus bolas me las metía en la boca como si fuese una puta, Paul me agarraba de mi cabello largo lo enrollaba en su mano y con fuerza hacía de mi boca lo que él quería lo cual me fascina, me fascina que me haga su puta y me trate como tal, me metía su verga en mi boca con fuerza que me hacía lagrimear. Creo que la excitación y el morbo que alguien nos vea me calentaban más.

    Después de dejar bien mojada la verga de Paul, me tumbo boca arriba en el sillón del auto me quito el pantalón que llevaba puesta y mi panti bien mojado por los jugos de tanta calentura que tenía, me abrió las piernas y puso su boca justo a la entrada de mi concha para que el proceda a lamer alrededor de mi clítoris me metía su lengua en mi concha causándome gritos de placer en ese instante no me importó si me escuchaban.

    Me lamía alrededor de mi culo lo cual me estremecía de una forma extraña pero rica ya que hasta ese momento no conocía el sexo anal (lo contaré en otro relato), ya mojados los dos se incorporó y me dejó boca arriba con las piernas abiertas, poniendo la punta de su verga en la entrada de mi concha me hacía desearlo más quería que ya me haga suya que meta ese pedazo de verga en mi concha lo necesitaba ya pero él me golpeaba con su miembro en mi concha.

    Haciéndome que le pida que me penetre, lo deseaba tanto que agarre su verga con mi mano y me la metí yo misma, el calor de su verga eran tan rico que me la introduje de un solo empujón lo cual me causo un poco de dolor pero un placer muy alto, el empezó a moverse de una manera única, tiene un ritmo delicioso ya con la excitación que sentíamos lo que queríamos es coger duro porque el romanticismo no estaba presente ese día, era el deseo de coger así que el empezó a meter su verga tan rápido y duro que fue imposible no gritar de placer yo abría más y más las piernas puse una pierna en su hombro y la otra sobre el apoya cabezas del auto.

    Decidimos cambiar de posición él se sentó en el sillón del auto y yo me subí en la verga de frente de él, empecé a moverme quería comerme toda su verga que estaba tan parada tan lubricada, no le importaba que alguien pudiera llegar y me saque la blusa con el brasier así que quede completamente desnuda, seguí moviéndome, golpeando mi culo en sus bolas mientras su verga entraba en mi concha lo besaba y el me apretaba las tetas me las besaba y yo estaba en un punto máximo de excitación sentía como mi cuerpo se estremeció del placer.

    Él tenía una cara de placer que se controlaba para no terminar por lo cual decidió cambiarme de posición pero está posición fue la más rica para los dos y nos llevó a disfrutar mucho más, él me puso en cuatro patas dejando ver mi culo en todo su esplendor y su disposición me cacheteo mis nalgas lo cual sonaba súper rico y me gusta mi pareja me metió la verga completa en mi chucha mientras con uno de sus dedos me masajeaba mi ano, me susurraba en el oído que ese ano va a ser de él y me lo va a partir.

    Uf me encendí y pedí que haga correr como me gusta, podía sentir claramente sus bolas golpeando mi zona pélvica no podía más y le pedí a gritos que me diera más duro porque estaba por correrme no quise ser egoísta pero estaba tan caliente que no pude controlarme y grite que me corría a lo cual él contestó que también se venía y solo nos dejamos llevar con sus movimientos hizo que me corriera tan fuerte que pude sentir como se mezclaban mis jugos con su seme, se mantuvo ahí un minuto dejando que salga su leche por completo, cuando saco su verga sentí como bajaba por mis piernas los jugos de los dos, debo aclarar que a nosotros no nos gusta usar condón todo es a pelo.

    Nos sacamos el calor que teníamos la verga de mi hombre esta total mente mojada por eso me pidió que le limpie con la boca y yo muy gustosa me la metí en mi boca para limpiar su rico semen fue demasiado rico y excitante. Nos vestimos y presurosos salimos de ese sitio, fue una experiencia demasiada rica que la volveremos a repetir.

  • De oficio golfa

    De oficio golfa

    Las dos mujeres en prendas sugerentes propias de su oficio habían salido del lupanar donde ambas trabajaban. Nila lo había hecho sólo para fumar, pero su compañera Estrella salió con intención de pescar cliente. Bien sabía que era mejor lucirse en la calle al paso de los hombres, y así atraer a alguno, que únicamente esperar en el interior del prostíbulo a que llegara uno que se interesara por ella. Allí había mucha competencia.

    “Estoy harta”, dijo de pronto Nila. Por supuesto se refería al trabajo, pero no porque le fuera mal, de hecho ella era la más popular del lugar.

    “Ay, no sé de qué te quejas”, le respondió la otra.

    Estrella no podía comprender las quejas de Nila, la más solicitada de la casa de citas. Ya quisiera la “suerte” de aquella quien bien podía echarse de diez a quince en una noche, y eso en una jornada regular. Además cobraba caro, a diferencia de ella. Nila fácilmente sacaba en una noche lo que Estrella en una quincena, o hasta más.

    «Cómo hay gente tan malagradecida en el mundo, me cae, si ya lleva siete seguiditos. Ya quisiera tener su suerte… caray», se decía para sus adentros Estrella.

    Pero claro que no era cosa de suerte, Nila tenía sus atributos. Algunos sumamente evidentes (como aquel par de dilatadas posaderas entre las cuales bien que había acomodado el tronco del árbol en el que en ese momento se recargaba mientras fumaba y reflexionaba) pero otros más sutiles, como el saber escuchar al cliente y así ofrecerle algo más que una relación sexual. La mayoría de sus compañeras creían que todo estaba en desnudarse, ponerse de a perro o abrirse de piernas y dejarse coger, eso era todo lo que hacían; pero no todo está en montar o ser montada. Nila bien lo sabía, los hombres buscan algo más, algo más de lo que ni ellos mismos son conscientes muchas de las veces.

    La mayoría buscan lo que no tienen en casa. Algunos necesitan ser escuchados, apapachados; que se rían de sus chistes, otros requieren reconocimiento de sus cualidades, de sus logros; hay quienes les viene bien recibir comentarios halagadores que les brinden seguridad, mientras que otros entre menos cháchara mejor. Incluso existen los que buscan una figura materna que los mime como su madre nunca lo hizo; más de un cliente le había pedido que lo recibiera en su seno, a manera de bebé recibiendo su maternal amamantamiento.

    «Los hombres que acuden a un “servicio” siempre están carentes de algo», pensaba Nila, y ella era experta en reconocer las carencias de los hombres, tenía el “don” de la comprensión en ese ámbito de la naturaleza humana.

    Era por eso que hacerlo con ella era lo más cercano a hacerlo con la mejor amiga que se hubiese tenido en la vida. Nila sabía darse en la cama, pero también sabía escuchar e incluso brindar buenos consejos.

    Era tan inteligente que a muchos les servía de terapeuta sólo que, además de orientarles en su vida cotidiana, los cogía muy, pero que muy rico.

    Por ello cualquier hombre que pasara por sus piernas se enamoraba de ella. Estaba muy por encima de sus colegas. A diferencia de aquellas sabía dar un buen trato y sus clientes lo reconocían, por eso era la más solicitada.

    Claro que a Estrella le caía mal por pura envidia, pero se le acercaba por conveniencia, a ver si se quedaba con las migajas de su trabajo, hacerse de alguno de los clientes que no pudiera atender.

    Lo que no podía entender Estrella es que Nila, a diferencia de ella o de otras de sus compañeras, pensaba más allá del día que se vivía, pensaba en el futuro, en su futuro. A diferencia de otras chicas del lupanar no vivía como si pudiera dedicarse a eso toda la vida. Nila estaba consciente de que llegaría el momento de retirarse ya fuera por propia decisión o porque no le quedaría de otra, y ella prefería decidir cuando dejar el oficio y no verse obligada por los años.

    Tras llegar a su departamento Nila, como habitualmente hacía luego de una jornada de trabajo, se dio una merecida ducha. Tras el baño que limpió su cuerpo de las sudoraciones propias y ajenas, se vistió con su ropa de cama y se untó la crema que le brindaba esa suavidad exquisita a su piel. Era ya de madrugada, sin embargo, había alguien más que estaba despierto y quien la espiaba mediante unos binoculares desde otro edificio.

    Esto también ya era habitual, aquél era Mauricio, un joven de diecinueve años quien adoraba a la mujer años mayor que él. La admiraba por su obvia belleza desde hacía tiempo, se hacía una chaqueta en su honor cada vez que se iba a la cama luego de verla. A sus años el joven increíblemente no tenía novia, esto se debía a que Martha, su madre, era muy posesiva con él y no se lo permitía. Lo tenía controlado como si aún fuera un niño. Siendo su único hijo lo celaba demasiado, y si en lo material era mezquina lo era más con su hijo, su “posesión” más valiosa.

    Un día, no obstante, Martha dio pie a algo que pondría en riesgo justamente aquello que más cuidaba, pero claro, ella no podría habérselo imaginado. Le ordenó a su hijo que se encargara de cobrar las rentas de uno de sus edificios de departamentos, según ella ya era hora de que el joven se hiciera responsable y supiera exigir los pagos a los inquilinos. El chico como siempre obedeció.

    “Buenos días, soy el hijo de Doña Martha, vengo por la renta”, le dijo Mauricio a Carolina, una de las dos mujeres que vivían en aquel departamento.

    “Ah claro, recibí la llamada de tu mamá, me dijo que tú cobrarías este mes, permíteme”, le respondió Carolina y fue a buscar el dinero.

    Como aquella dejó la puerta abierta, al joven se le aceleró el ritmo cardiaco, pues vio pasar, en prendas muy ligeras, al amor de su vida, Nila, quien era la roommate de Carolina.

    El impacto en el rostro del chico fue evidente. Ella era aún más bella así de cerca; estaba a tan sólo unos pasos y casi podía apreciar su aroma.

    Dada su falta de experiencia con las mujeres, el sólo hecho de estar tan cerca de la instigadora de sus chaquetas, quien le obsesionaba, le provocó un engrosamiento en la extremidad que le colgaba de su entrepierna. De pronto sintió y tomó consciencia del hecho pues su ajustado pantalón lo hacía aún más evidente, pero como no llevaba nada con qué cubrirse hizo lo que pudo con sus manos.

    Para colmo de males justo en ese momento Nila se percató del muchacho y le sonrió a manera de cordial saludo. Aquél se sonrojó.

    Cuando regresó Caro y le entregó el pago, notó la erección que el joven había estado cubriendo pues la destapó al recibir el dinero.

    La expresión en el rostro de Carolina lo dijo todo.

    El pobre chico no supo qué decir ni cómo disculparse.

    Carolina volvió su vista a su amiga y entendió que aquella había sido la motivación para que el joven reaccionara de esa manera.

    Mauricio, sin decir nada más, se fue.

    Carolina cerró la puerta riendo y luego se dirigió a Nila.

    “Ay amiga, cómo eres, mira lo que le provocaste al hijo de la casera”

    “Ah, pero él es el tan mentado hijo de Doña Martha, pensé que sería más chico”, comentó Nila.

    “Sí, él es el heredero. Es su único hijo, bueno, eso me han dicho. Él es quien va a heredar su fortuna de la vieja esa”

    Fue en ese momento en que Nila tuvo una inspiración. Era la oportunidad que tanto deseaba. Nila vislumbró la manera de dejar el sexoservicio.

    Sin ponerse otra prenda más que su ropa interior que vestía, Nila fue tras él. Por suerte, con su erección, el joven no había caminado muy rápido y logró alcanzarlo antes de que dejara el edificio.

    “Oye, ven, sube. Mi amiga y yo necesitamos de tu ayuda”, le dijo. No fue nada difícil convencer a Mauricio de que la acompañara de nuevo al departamento, pese a la vergüenza pasada.

    “¿Cómo te llamas?”, le inquirió Nila al joven que esta vez no se quedaba en el umbral sino que ingresaba al interior. Ella cerró la puerta tras de aquél.

    “Mau-mauricio”, respondió nervioso.

    “Bien pues mira Mauricio, a mi amiga la dejó plantada su novio (aquí Nila le dirigió una mirada cómplice a Carolina tratándole de indicar que le siguiera el juego), y ¿sabes?, mi amiga es muy caliente y necesita hombre”

    Oír aquellas palabras le provocaron unas palpitaciones aún más fuertes que antes al núbil muchacho.

    “¿Tú crees que nos puedas ayudar?”

    Mauricio negó con la cabeza. No sabía si todo se trataba de una pesada broma o qué.

    “Es que si no recibe sexo le puede pasar algo grave ¿me comprendes?”

    Como Mauricio volteó a ver a Caro ésta le siguió el juego a su amiga y se metió las manos bajo el vestido para bajar sus calzones, así sus manos dieron con su raja desnuda la cual expuso ante los ojos desorbitados del chavo. Mauricio atestiguó como la mujer se dedeaba a sí misma con exagerada lujuria haciendo movimientos pélvicos tan repetitivos y exasperados que el chico creyó que lo que había escuchado era verdad.

    Carolina le puso más enjundia a su actuación y, al ver por vez primera una expresión de éxtasis sexual en el rostro de una mujer, Mauricio se le erectó al máximo su hombría. Estaba en su punto, listo para actuar como un hombre por primera vez en su vida. Ellas lo sabían.

    “¿Ya se te puso dura?”, le preguntó Nila, a la vez que ella misma lo comprobaba mediante un apretón de mano que hizo sobre el evidente abultamiento en el pantalón del chico.

    Era demasiado, la primera vez que alguien le tomaba de su verga. Sin embargo aún siguió enterito.

    “¿Me lo enseñas? Quiero conocerlo”, le dijo Nila.

    Él con cierta torpeza; era su primera vez y estaba alterado; se desabotonó el pantalón y se abrió la bragueta. Una vez al aire Nila lo tomó a palma abierta. Estaba que babeaba por tanta excitación y ella embarró aquel líquido lubricante por todo el fuste.

    Aproximándose de tal forma que su boca quedaba bien cerca del oído del chico le dijo: “Lo tienes grueso y grande. ¿Me lo prestas?”, y dicho esto lo tiró del miembro como si de una rienda se tratara y él fuera un potro que fuera conducido por su dueña y futura jinete. Nila lo fue llevando así hasta la recámara donde la cama aguardaba a lo que vendría.

    El rostro de Mauricio estaba en éxtasis, nunca se había sentido tan caliente y a la vez tan reconfortado en su calentura, y es que estaba siendo mamado por la boca de Carolina, una experta al igual que Nila en las artes sexuales.

    Mientras tanto Nila se retiraba las únicas prendas que la habían estado cubriendo, sus pantaletas y su sostén. Mauricio la contempló y admiró al natural.

    El panorama era increíble. Los senos eran hermosos, se adivinaban suaves al tacto; con areolas apenas definidas pues eran casi tan claras como la piel que las rodeaba; pero aquellas caderas, ¡esas nalgas!, eran lo máximo. Bueno, aún no las había visto bien pues la mujer estaba de frente a él, pero las podía mirar gracias al espejo del tocador que estaba detrás de Nila, y ya podía notarse que eran un par de imponentes gajos de carne bien formados. Y no sólo imponían por su tamaño; volumen bastante considerable; sino su delicada forma y buena tonificación lo que los hacían bellísimos.

    Viendo a aquella dama del placer, y siendo mamado por la otra quien además lo manueleaba con ansias locas, le fue inevitable llegar al punto del derrame.

    “¡Ah… voy a…!”, emitió, pero sus espermas llegaron más pronto que sus palabras.

    Mauricio se le había venido en toda la boca a Carolina y ésta, una vez lo tuvo dentro, jugó con su semen como si de enjuague bucal se tratara. El joven miraba aquello con atención ya que era la primera vez que lo veía, una mujer con la venida de un hombre en su boca. Él no sabía que iba a hacer aquella, ¿se lo iba a tragar?, ¿lo escupiría?

    Unos segundos más tarde lo supo. Carolina se incorporó, dejando la cama, para acercarse a su compañera de departamento a quien besó transmitiéndole en el acto el esperma del chico.

    Ver a Nila hacer eso fue superlativo, y más cuando ella le sonrió. La mujer que tanto deseaba tenía su simiente en la boca y él ni siquiera la había penetrado.

    Aún con el producto del joven dentro de sus mejillas fue hacia él avanzando a gatas sobre la cama. Sin darle tiempo de reflexión así mismo lo besó. Fue la primera vez que Mauricio probara el sabor de su propia esperma y no le asqueó, dada la calidad de la transmisora.

    Siendo toda una maestra en ello, Nila fue conduciendo al chico por los caminos del placer.

    “Ya estoy bien mojadita mi amor, ya es hora, ya dámela”, le dijo acariciándolo del cabello como si de un cachorro se tratara.

    Mauricio siguiendo sus indicaciones le había estado lamiendo su “pepa” con el fin de darle placer y a la vez lubricarla para su prometido ingreso. Se le despegó sonriendo (obviamente teniendo en cuenta lo que vendría).

    Carolina como única espectadora, miraba a la pareja sentada frente al tocador.

    “Bájate más”, tuvo que indicarle Nila, pues dada la inexperiencia del muchacho no había apuntado bien al acceso femenino. Ella lo recibía recostada, con las piernas abiertas y flexionadas, una pose convencional y sencilla para que él no tuviera problemas durante su primer ingreso. Una vez halló camino el pene de Mauricio resbaló por primera vez en una vagina, inaugurando así su desempeño sexual. A pesar de ser su vez primera el chico se mantuvo en ese mete y saque instintivo por bastante tiempo. Nila lo animada llamándole “cogelón”.

    Esa no sería más que la primera de otras ocasiones que “educaría” al joven en el ámbito sexual.

    “Esta es mi posición favorita”, mientras se le montaba a manera de vaquerita invertida.

    Ella bien sabía que así lo excitaría demasiado pues sus nalgas quedaban ante su vista y al alcance de sus manos.

    “Válgame Dios”, pareció decir Mauricio por la expresión de su mirada, mientras veía como entraba su propia hombría a través del canal femenino. Y es que el panorama ante él expuesto era aún más placentero que el la vez anterior. Esas tremendas nalgas se veían hermosas y estaban ahí delante, sobre él, subiendo y bajando, subiendo y bajando, en un movimiento hipnotizador que de sólo verlo provocaba el mayor de los deleites; adicionalmente sentía el delicioso estrechamiento de las paredes interiores de su montadora, y ya novia, Nila.

    Según ella ya eran novios lo que a Mauricio le hacía la felicidad. Él no era uno de esos que sólo se la querían coger, la quería para esposa y madre de sus hijos. Dada su inexperiencia e ingenuidad no podía verla de otra forma.

    “Son estupendas”, dijo Mauricio mientras se asía de las enormes mejillas traseras que le eran inabarcables.

    La dama que lo montaba sonreía pues bien sabía que lo tenía donde lo quería. Lo siguiente fue colocarle aquellos dos mofletes de carne encima del rostro del cual no se levantaba sino hasta casi ahogarlo.

    La asfixia sentida era el mayor de los éxtasis para el joven imberbe quien apenas librado de aquello deseaba más.

    Nila lo tenía dominado y era momento de dar el siguiente paso.

    “Creo que es hora de que me presentes con tu mamá”, le dijo.

    Y por supuesto que Mauricio, completamente obsesionado por aquella “dama” estuvo de acuerdo. Una noche llevó a Nila a casa con el objetivo de presentarla a su madre.

    “Mamá, quiero presentarte a Nila, mi novia”, le dijo el ingenuo muchacho a su progenitora quien no podía creer que su hijo fuera tan…

    Pero el joven estaba tan ilusionado de que Nila fuese su esposa que no podía ver lo obvio, su madre jamás lo consentiría. Nila sin embargo sonreía. Ella bien lo sabía, conocía bastante la naturaleza humana como para darse cuenta de que Martha, una mujer posesiva, avara, la dueña de aquellos edificios, y de una considerable fortuna; ella jamás aceptaría entregar a su único hijo a una…

    “¡Bueno tú estás pendejo o qué!”, descargó Martha sobre su hijo como si éste no pudiera ver lo obvio. Luego se le fue directamente a ella:

    “¡Te me largas de esta casa!”, le gritó la enojada señora a la mujer evidentemente generosa de carnes que le había traído su hijo.

    Martha, por supuesto, había estallado de coraje. Mauricio, por su parte, defendió a la mujer de sus sueños, aquella a quien deseaba para madre de sus hijos.

    “Si así la corres me voy con ella”, amenazó en un arrebato el muchacho.

    “Espera Mauricio —le dijo Nila al chico deteniéndolo, y luego se dirigió a la madre—. Señora, por favor, permítame unas palabras a solas y luego le prometo retirarme de aquí sin ningún escándalo”

    La señora, considerando unos segundos la situación, sabía que corría el riesgo de que su hijo hiciera una tontería largándose con esa cualquiera, aceptó. Ella se sabía mucho para enfrentarse a una facilona como aquella.

    “Mire, su hijo me quiere, está enamorado”, había comenzado Nila.

    “¿Bueno y tú qué quieres? ¿Quién eres, a qué te dedicas…?”, correspondió Martha.

    “Soy de oficio Golfa”

    Martha quedó impactada por el descaro, como bien había pretendido Nila.

    “¡Pero ¿cómo…?! ¡Cómo te atreves a…!”

    “Mire señora, como ya le dije, Mauricio, su hijo, está enamorado de mí y, créame, a pesar de mi oficio él me seguirá a donde yo vaya. Y estoy dispuesta, de hecho, a irme de aquí, así que considere, me puedo ir sin que él se entere y él nunca sabrá nada más de mí, o me lo llevo conmigo, usted decide”, Nila extendía la premisa de su propuesta.

    Martha lo entendió, la mujer la estaba chantajeando, ella sólo quería dinero. Era momento de decidir que le pesaba más perder: una cuantiosa cantidad, o a su bien más preciado, su hijo.

    “Todo está arreglado Mauricio”, sorpresivamente escuchó el muchacho, unos momentos más tarde de boca de aquella a quien amaba cuando ésta salió.

    Tras un beso de despedida Nila le dijo que al día siguiente se verían, cosa que no sucedió por supuesto. Carolina y Nila se mudaron inmediatamente, según lo prometido. Mauricio quedó abatido gracias a la decisión de su madre, ella había pagado por ello.

    Con el dinero recibido Nila emprendió un negocio de edecanes mediante el cual no sólo se retiró del sexoservicio sino que conoció a un rico empresario con quien se casó. No obstante aquel joven le caló de tal forma que, de vez en cuando, se levantaba a un jovencillo de similares características con fin de saciarse de esa necesidad.

    “Lo que te propongo es esto, si aguantas la respiración y mi peso hasta que yo diga y sin protestas, podrás penetrarme. ¿Estás de acuerdo?”, le decía Nila al joven que ya tenía debajo, pues ella estaba de cuclillas con el culo a sólo unos centímetros del rostro de aquél. Ella estaba dispuesta a sentarse sobre él.

    El chico quien veía con ojos muy abiertos esas tremendas mejillas situadas arriba, las cuales amenazaban con precipitarse hacia él, respiró agitadamente y con notable nerviosismo y excitación aceptó el trato. Nila con aires de gran señora se sentó entonces, dejando reposar esas tremendas nalgas que poseía en la cara del pobre que las cargaba con el rostro.

    La cara del joven era notablemente más chica que ese trasero que se le había sentado encima. Tal como cuando Nila acudía a un inodoro aquel par de cachetes sobresalían de los bordes. Ver aquello daba la impresión de que el rostro del joven estaba siendo tragado por el amplio trasero de aquella hermosa mujer.

    Sin miedo a asfixiarlo, o provocarle algún daño físico por obligarle a cargar todo su peso con la cara, Nila permaneció muy oronda sentada sobre él mientras recordaba a Mauricio, aquel chico quien la amó y quien hubiese dado todo (bien lo sabía) por hacerla madre de sus hijos, sin importarle que hubiese sido sexoservidora.

    FIN